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Winter Love. |NC|

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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por peeta. el Mar 22 Oct 2013, 3:16 pm

worldwide with you♡ escribió:
no loco, esto es un pecado capital. deberías dar tutoriales, en serio): te ganaste un comentario hermoso de mi parte, lo cual no es mucho pero hará que sonrías un poquis. no, no es nada. soy mey, es un gusto<3, creo que te conzoco, but... idk. sólo se que escribes demasiado PERFECTO♡ y yo no miento, ¿eh? imagino que debes de saberlo, ¿a que sí? escribes hermoso, en serio, incluso mejor que yo:c y eso me deprime mucho:c. vale, vale, me callo. tal vez no tenga un comentario largo para decirte cuán hermoso escribes pero ansío que así tengas presente lo perfecto que escribes, corazón. eres una escritora a la cual admiro, listou<3. a parte de mack, úsea. amé como zayn saltaba en un pie, se enamoro de kat, ¡más tierno! y que el narrador agregara esto: "Quizá si lo llevaba con ella Dios le perdonaría lo de los ancianitos." srsly, una de la mejores que he visto y no se lo digo a todo el mundo, eh, eh. ya te quiero c': amo el ship de zayn y lily, aunque lily sea de mi auñumio ally :fry:la amo por si lee esto, oks. nada, despidete de lasininspiración.com
un besote a todas, iré esperando que llegue mi turno con muchas ansias<3.

JAJAJAJAJAJAJA harás que se me suba el ego XDD Oh, tutoriales yo quería ser de ahí pero ya era del equipo de ayuda XDD
Mey yo te conozco, estoy segura de aquello. Anyway, me llamo Génesis Gracias por tu comentario, en serio.
No escribo perfecto XDD pero gracias de todas formas
¡Yo he visto como escribes, y déjame decirte que jamás lograré asemejarme a tu perfecta escritura!<3
Aaay, ya, me harás llorar<333 no soy alguien digno de admirar, but Mack sí, bc she is perfect<3333
jnfkjfnnfkrnfjr Es que Zayn irradia ternura, plz. Y Kat is special XDDDDD
jknknekjfnenfejken Lily es mía, because, yo la reclamé hace muuuuuuuuuuuuuuuuuuucho, pero soy amiga de Ally, y podré compartirla con ella
Yo no soy una persona tierna, cabe aclarar, pero te has ganado mi aprecio, y no porque me hayas dicho palabras bonitas, ya que las palabras se las lleva el viento, sino por tu forma de ser. Eres querible(?) ¡Chau!


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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por prinsloo. el Mar 22 Oct 2013, 9:25 pm

Subo mañana (? aunque tal vez lo suba en un ratito 
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tres.

Mensaje por prinsloo. el Miér 23 Oct 2013, 12:00 am

Capítulo 3


Jack Harries | Jenna Miller.

Jenna frunció el ceño al dirigir su mirada hacia la ventana del compartimiento, el cielo estaba nublado y triste pero de igual manera le incomodaba la vista a pesar de la ausencia del sol. Jeremy bufó al lado de la muchacha al verla hacer aquel gesto, pues había mantenido su mirada fija en su hermana desde que habían abordado el tren, toda la vida él había sido un burlón y con eso siempre había conseguido algún golpe por parte de la rubia, aquella vez no era la excepción.

—No seas agresiva Jenna— se quejó molesto luego de ser golpeado en el hombro, el castaño acomodó su chaqueta de cuero negra que vestía en su intento de ser un chico malo y rebelde.— Si no querías que la luz del día te molestara pequeña anormal, hubieras pedido un compartimiento en el vagón de primera clase con el cristal polarizado en las ventanas.

—Claro ¿por qué no se me ocurrió?— río sarcástica su rubia hermana— Oh cierto, por poco estamos en la calle sin dinero, Jeremy, y tú te quejas por más comodidad...

—Cálmate enana.— la interrumpió, eso la enfureció, no solía ser una amargada, excepto con su hermano, él era el único ser en la tierra que lograba sacarla de sus casillas, en particular si la llamaba "Enana", Jen no era baja de estatura, pero él sí era bastante alto para sus cortos dieciséis, lo que la hacía parecer menor a pesar de la diferencia de dos años que ella le llevaba.

—No. No me calmo Jeremy. — protestó ella molesta, regalándole un golpe más en el otro hombro. Su hermano, en su intento de ignorarla, se acomodó en el asiento dándole la espalda. Peor para él. Jenna en medio de su enojo por ser ignorada por él, se lanzó sobre él a su espalda, juguetona. Su dulzura de caramelo relucía aún así en sus arrebatos.— Por favor Jeremy, entiende. Aún no podemos hacer uso de los ahorros de papá.— dijo en su espalda mientras el castaño se quejaba, aunque sin motivo, pues Jenna era capaz de ser levantada cual pluma por su delgadez.

—Bájate— ordenó él siendo aplastado y ante la negativa respuesta de su hermana continuó— ¿Aún sigues creyendo que aquel alojamiento de la tal señora...— se detuvo a recordar el nombre— Martha, creo... Podrás pagarlo con tu sueldo de un año trabajando en Starbucks?

—Señora Myrtle, cabeza de chorlito.— le corrigió.

—Como sea.—replicó Jeremy— ¿Aún sigues creyendo eso?

—Eso intento... No queda mucho de mi última paga— respondió Jenna pensativa recostada sobre la espalda de su hermano, sacando cuentas del dinero que poseía— considerando que no quieres usar nada de tus ahorros, ni siquiera para el boleto de tren que le permite a tu trasero reposar en ese asiento.— ambos rieron.

Justo en aquel momento, ellos pudieron ver a una anciana, que tenía aquel aspecto de dama refinada, aquellas señoras que abundaban en Inglaterra, tenía un rostro amable pero al ver tras el cristal de la puerta del compartimiento a los hermanos Miller, uno recostado sobre el otro, la mujer de considerable edad con sus blancos cabellos y su collar de perlas que lo contrastaba bien, se asombró y se apresuró en alejarse de ahí. Los irlandeses rieron juntos, Jenna se acomodó en su asiento con una sonrisa, podían estar pasando una difícil situación, pero era agradable que aún abundaban las risas entre ambos por momentos.

—No me eches la culpa Jen morbosa. Guardo eso para emergencias.— dijo Jeremy volviendo a su altitud seca, luego de la risa. Ambos Miller podían tener sus momentos de bipolaridad épicos.

—Bueno... Aún faltan un par de horas para llegar a Lacock— dijo la rubia intentando calcular en su mente el tiempo que les quedaba en el tren que los llevaba de Dublin a Lacock— tendremos suficiente tiempo para discutir que son verdaderas emergencias. Como la necesidad de un mapa, por ejemplo— dijo recordando lo que le había pedido a su hermano que comprara en el estación de trenes. La muchacha comenzó a rebuscar dentro del bolso rojo que reposaba en el asiento junto a ella. Dos pasaportes y su permiso de conducir fue lo que encontró dentro, pero ni rastro del mapa. — Jeremy compraste el mapa ¿verdad?— preguntó pero lo único que obtuvo como respuesta fue ser ignorada por aquel castaño frente a ella mientras éste se colocaba sus auriculares, haciendo caso omiso a lo que pasaba a su alrededor.— ¡Eres un idiota Jeremy! — dijo la rubia quitándole aquellos audífonos bruscamente. — Ahora ¿cómo propones que lleguemos a Lacock pedazo de imbécil?— preguntó enojada dirigiéndose hacia la salida del compartimiento.

—¿A dónde vas amargada?— escuchó tras ella.

—A conseguir un mapa— dijo la rubia, ya en la puerta.

—Nunca lo conseguirás. — el castaño rodó los ojos.

—Las señoras británicas me adoran, ya verás que sí hermanito.— antes de cerrar la puerta con brusquedad, Jenna le lanzó los auriculares a su hermano, quien apenas ludo atraparlos.


Minutos más tarde, la rubia de ojos azul claros cruzaba aquella misma puerta del compartimiento con una sonrisa triunfante y un mapa en la mano. Jeremy volvió a rodar los ojos, algunas veces su hermana mayor podría ser muy brillante si realmente quería lograr las cosas. Había un punto a su favor, no había gastado aquellas cinco libras por el mapa, por lo que consideraba cinco libras más en sus ahorros.



Por otro lado, dos castaños idénticos volvían al compartimiento donde habían dejado a su abuela, después de haber ido al vagón principal para preguntar en cuanto tiempo arribarían a la ciudad de Essex. Los dos adolescentes atravesaron la puerta y fueron recibidos por su abuela quien les regalaba una sonrisa honesta mientras intentaba resolver una sopa de letras de su revista.

La anciana del collar de perlas, invitó a sentarse a sus dos nietos gemelos con un ademán con su mano, sin dejar de sonreír como siempre había hecho.

—Abuela ¿me puedes alcanzar el mapa que te entregué en la estación?— le preguntó Finn, luego de mirar su teléfono y refunfuñar, el crudo invierno que atravesaba la nación británica había arruinado el servicio de comunicaciones, su teléfono celular no servía.

—Claro pequeño— dijo la anciana tomando aquel mapa de su gran bolso y entregándoselo rápidamente.

Finn lo abrió y comenzó a observar el camino que irían a tomar al llegar a la estación de Essex. Jack se acercó e intentó imitarlo, recibiendo como respuesta que su hermano se alejara y le impidiera visualizar bien los caminos que el gran mapa contenía.

Jack maldijo a su gemelo por lo bajo, y se acercó a su abuela.

—Abuela ¿Me darías el otro mapa por favor? — le preguntó a la mujer de blancos cabellos.

—Lo siento hijo, pero deberán aprender a compartir durante el trayecto a Essex, regalé el otro a una adorable chica rubia.— Finn soltó una carcajada sin quitar la vista del mapa. Jack lo fulminó con la mirada.

—¿Por qué lo regalaste? — balbuceó apenas Jack. Sabía que su abuela era una mujer solidaria, más de sesenta años de recorrido de vida no habían sido en vano después de todo, pero jamás había regalado algo que perteneciera a sus nietos. Era mucha la adoración que les tenía como para arrebatarles algo de sus pertenencias a los niños de sus ojos.

—Era una muchacha de cabello rubio, muy hermosa y tierna, que perdió a su padre hace unos meses en un accidente automovilístico, tiene sólo 18 años, al igual que ustedes, según lo que me dijo...— se quedó pensativa la mujer para plantear sus siguientes oraciones.— Esta a cargo de su hermano de 16 y cuando ella le pidió que comprara el mapa de Essex en la estación, no lo hizo. Ella va a Lacock al igual que ustedes. —explicó Regina— Además es hora de que ambos aprendan a compartir.— sentenció por último volviendo la vista a su periódico.



Jenna miraba perdida a través del cristal de la ventana de nuevo. No lo aparentaba quizá pero una tormenta se llevaba cabo, dentro de ella. Estaba escapando de nuevo después de todo. No había planeado que cuando fuera a sacar a
Jeremy de Dublin, volviera a ver a aquel muchacho de ojos grises y cabello rubio platinado, no desde aquel día que ella huyó de Irlanda hacia Cambridge. Había vivido entre las nubes de una falsa realidad con ilusiones en la escuela, y fue muy tarde cuando ella cayó en picada de las alturas con un corazón destrozado.

Los años habían pasado pero sin embargo, las mariposas que alzaban vuelo en su estómago, aún seguían ahí, listas para desperezarse y partir en vuelo de nuevo, las ilusiones habían dejado una cicatriz profunda en Jen, ilusiones de su estúpida cabeza enamorada.



El vapor salía por la chimenea de la locomotora, el tren poco a poco iba deteniendo su paso en la estación de Essex. La rubia odiaba aquel olor del molesto vapor, realmente le enfermaba. Cuando el humo llegó a sus fosas nasales, el malestar y ña descomposición de su cuerpo, se presentaba como un mareo fugaz, su cabeza daba vueltas, y el piso temblaba. El castaño a su lado notó el estado de su hermana y posicionó sus manos en la cintura, la muchacha podía perder el equilibrio en cualquier momento.

—Descuida Jenna, te tengo — dijo Jeremy, comenzando a hacerla avanzar, con su equipaje de mano sujetado a su espalda — Hay que salir de este maldito tren de una buena vez.

—Estoy bien.— repitió considerables veces la rubia tratando de soltarse de su hermano al salir del tren— puedo sola— dijo a la hora de buscar su maleta en el almacén de equipaje del tren.

El hombre, con uniforme de la compañía de ferrocarriles, esperaba irritadamente que la rubia tomara su equipaje y se largara, pues ya llevaba demorando varios minutos más que su hermano, sin embargo no había ninguna señal de la maleta roja de Jenna a la vista.

—Date prisa niña, no eres la única pasajera— la intimidó aquel regordete hombre. Jeremy iba a protestar furioso, pero Jen lo detuvo algo nerviosa señalando aquella maleta color rojo pasión, que yacía junto a una celeste del mismo diseño la cuál jamás había sido vista por los ojos azules de la rubia en su vida. Las coincidencias existen todos los días pensó ella, tomando su maleta y alejándose de una vez de aquel hombre que refunfuñaba cada segundo por aquel miserable empleo que tenía.


—Espera— pidió la ojiazul, deteniéndose en la salida de la estación de trenes— Guardé los boletos del bus a Lacock en mi libreta— explicó poniéndose de cuclillas rebuscando en los bolsillos la maleta que le había causado tantos problemas.— Jeremy — llamó a su hermano— esto no es mío — dijo la rubia observando aquella libreta color marrón que encontró— Esto es de un chico. ¿Quién es Jack Harries?—se cuestionó Jenna en voz alta.

Detrás de ella, por obra del destino ambos gemelos Harries pasaban caminando hacia la salida, luego de haberse despedido de su abuela en la zona de taxis, Regina partía rumbo a América, a diferencia de sus nietos, aquel continente la continente la apasionaba desde pequeña, sus nietos ya eran hombres hechos y derechos, podían arreglársela por su cuenta en la casa de la señora Myrtle.

—Ese soy yo, hermosa. — dijo el castaño luego de intercambiar una mirada cómplice con su hermano, comenzarían sus ligues en un lugar nuevo, ese era el trato de gemelos.

La rubia levantó la vista, anonadada, perpleja, el chico le estaba hablando y su lengua se trabó. Desde aquella decepción con Draco, el irlandés ojigris, había perdido el habla con todo ser masculino excepto su hermano. Miro al lado del castaño que le hablaba y había otro chico igual, Jenna se sintió idiota, pensaba que estaba viendo doble.

—¿Tú eres Jack Harries?— preguntó Jeremy al ver a su hermana muda, el castaño mencionado asintió.— ¿y tú eres?— preguntó al muchacho idéntico que se hallaba ahí, junto a su hermano.

—Soy Jack— se presentó ante la chica, el dueño de la maleta, sin quitar los ojos de los de ella— él es Finn, mi hermano gemelo.—dijo señalando al castaño que había sido por poco excluido de la conversación en grupo.

—Creo que eso ya era evidente— contestó burlón el hermano de la chica.

—Jeremy...— apenas pronunció la rubia. Nerviosa por la mirada del tal Jack sobre ella.

—Oh si hablas— habló por primera vez Finn— pensé que el gato te había comido la lengua.— dijo con sorna, Jeremy estalló en carcajadas, gran hermano menor... Jack golpeó a su hermano en el estómago, era el único que mantenía la compostura mientras los otros dos se ahogaban en risa y la rubia estallaba en vergüenza.

—Es tu maleta.— habló sonrojada la ojiazul, mirando hacia el piso.

—Creo que ambos tuvimos una equivocación.— dijo Jack, entregándole la maleta a la rubia— Asumiré que eres Jenna— la ojiazul asintió tomando su maleta y devolviéndole la suya al castaño, ruborizándose más de lo que estaba.— Lindo nombre.— peor, la rubia de tez pálida ahora era un tomate.

—¿A qué hora parte el bus a Lacock?— habló Jeremy, recuperándose de la risa.

—En veinte minutos.— respondió la rubia.

—¿Van a Lacock?— cuestionó Jack.

—Sí, al hospedaje de la señora Myrtle.— explicó Jeremy. Jenna se preguntaba muy en el fondo ¿por qué su hermano no pudo equivocarse en el nombre de la señora como tantas veces que lo había hecho, de tal manera que los gemelos se irían?

—Nosotros también vamos para allá— Oh genial pensaron al mismo tiempo Jack y Jenna, aunque claramente la rubia hablaba con ironía a diferencia del castaño.



Las luces dentro de la gran mansión de la señora Myrtle, de pronto se apagaron junto con la lámpara que la ojiazul tenía prendida, Jenna lo notó desde la habitación donde la muy amable anciana les condujo para que los hermanos Miller se acomodaran, la rubia observaba con magnificencia a la luna desde el alféizar de su ventana, como siempre le había gustado. Se puso de pie poniéndose sus pantuflas en media oscuridad, cogió su bata de dormir, fue hacia la mochila de su hermano y se sacó de ahí una linterna, por lo menos así no sería consumida por la oscuridad. Finalmente salió de ahí sumamente en silencio, con cuidado de no despertar a Jeremy que ya se hallaba roncando en una de las dos camas que se hallaban en la habitación.

Bajó con cuidado, iluminando con la linterna las escaleras de madera que recorrían toda aquella gran casa y algunas veces resonaban pequeños chirridos. Jen observó un cuerpo acurrucado frente a la chimenea, la pobre anciana se veía agotada, pero con calidez junto al pequeño gato que sostenía en su regazo frente al calor del fuego.

—Señora Myrtle— la sacudió levemente Jenna.— Señora Mytle— repitió, y por respuesta, la amable anciana abría sus ojos levemente.

—Hola pequeña— susurró sonriendo, al parecer no quería despertar a la pequeña bola de pelos que descansaba en su regazo.

—Se fue la luz ¿necesita que la ayude?— preguntó amable la rubia sonriendo levemente.

—Oh, veo que Brooke, Harry y los otros chicos no han regresado aún ¿verdad?— inquirió la dueña de la casa, Jenna la miró confusa.

—Lo siento, no los conozco.— respondió ella.

—Ya no me quedan más fósforos, les di a ellos los que me quedaban. Fueron al sótano, necesitan mover una palanca y ya está.—explicó a la muchacha, quien escuchó atentamente.

—Tengo una linterna.— mostró la rubia.

—Muchas gracias Jenna, ahora acompáñame. — Agradeció honesta la mujer.— Tú siempre tan tierna.— Era un hecho. La rubia ya se había ganado el cariño de la anciana que tenia en frente definitivamente.




La ojiazul avanzaba hasta el final del pasillo en busca de aquella puerta que dirigía al sótano, mientras iluminaba el camino para la señora Myrtle, sintió unos pasos que hacían la madera chirriar tras ella, aquello parecía una película de terror, pues estaba en media oscuridad, siendo alumbrada sólo por la linterna, que su hermano había traído gracias a las enseñanzas del Campamento de los Niños Scout en Irlanda.

La rubia moría de frío con cada paso con que se acercaba a la entrada del sótano, Jenna se arropó más con aquella bata azul que traía, intentando conservar el calor que le quedaba.

Otro chirrido más tras ella.

Jenna volteó inmediatamente alumbrando tras ella con la linterna, mas no había rastro de algún ser viviente, ella resopló frustrada.

Volteó a ver a Myrtle de nuevo, más la anciana no se encontraba allí, ahora estaba sola, pero su oído pudo diferenciar distintas voces conforme se acercaba al sótano.

Llegó a la puerta al final del pasillo y apenas sus dedos rozaron con el metal de la manija de la puerta, pudieron advertirle del congelador que se avecinaba dentro del sótano.

La muchacha empujo la puerta con cierta dificultad, y apagó la linterna pues ya la luz iluminaba la habitación. Notó que la puerta podía cerrarse en cualquier momento y dejarla atrapada dentro con aquellos chicos que habían entrado previamente sin salida, por lo que dejó su zapato entre la puerta y el marco de tal manera que fuera imposible que se cerrara.

Descendió por las escaleras con un solo pie, pues el suelo estaba helado para su pie descalzo. Y visualizó cuatro figuras además de la diminuta señora Myrtle, que la miraban atentamente.

—Señora Myrtle, se ve cansada. ¿No quiere que la lleve a su habitación?— preguntó sin mirar a los demás chicos.

—¿No quieres presentarte ante los chicos junto con tu amigo?— pronunció la anciana, acercándose a donde la rubia estaba envolviéndola en una especie de abrazo.

—Yo estoy bien así, no se preocupe señora Myrtle, no creo que sea del agrado de ellos, después de todo, soy rubia de ojos azules.— dijo Jenna sonrojada, estaba algo ofendida después de oír lo que la pelirroja que estaba frente a ella había dicho. — Y no traigo a...— dijo antes de voltear y encontrarse con un par de ojos castaños que conocía bien desde hacia unas horas.— nadie.— Pronunció finalmente en casi un susurro.

Al pie de las escaleras del sótano, se encontraba de pie el castaño de la estación de trenes, la sangre se le subió aún más a su cabeza rubia al recordar su fija mirada sobre ella, durante todo el trayecto en bus a Lacock.

En aquel momento estaba claro para Jenna, que no estaba loca por oír esos chirridos antes de adentrarse al sótano, de seguro aquel muchacho Jack la había estado siguiendo.

La muchacha irlandesa intentó ignorar a aquel Harries pues en realidad no sabía exactamente de aquel y volvió la vista a las dos parejas y la señora de la blanca cabellera.

—¿La acompaño, señora Myrtle? — la rubia preguntó, evitando mirar a los demás muchachos, hasta que se le acercó el gemelo por atrás de ella y se agachó a la altura de sus rodillas intentando tomar el pie descalzo de la rubia. — ¿Pero que haces? — preguntó exaltada y nerviosa.

—Dándote las gracias por haber encontrado mi mochila.— dijo el castaño, que la rubia reconoció como Jack por aquel incidente, tomando de una vez el pie de la rubia y encajándolo en la pantufla que ella había dejado atrás.— Algún asesino de mochilas en serie pudo haberla tomado y ahí estaba mis cosas más valiosas. —Jenna sin embargo no notaba la escena de cuento de hadas que el castaño hacía real, su mente dentro de su rubia cabeza pensaba en que el tonto había sacado el obstáculo que impedía que la puerta se cierre. Abrió la boca para gritarle algo, pero fue interrumpida.

—Oh que tierna escena...— habló la castaña del cuarteto, conmovida.

—Yo algún día te bajaré el cielo Brooke— respondió el rizado a su lado— Ya verás.

El morocho quiso decirle lo mismo a la pelirroja a su lado, con un movimiento de cejas, sin embargo ambas chicas rodaron los ojos incómodas.

—No te preocupes, dejé mi botella de agua entre el marco y la puerta. — habló Jack mirándola, luego de haberse reincorporado a su lado, era como si hubiera leído su mente. — No me quieras muerto. — Dijo sonriéndole. Tal vez Jeremy tenía razón en decir que los gestos de Jenna cuando estaba molesta, daban terror.

No. Para Jenna, la primera teoría tenía más lógica. El chico era un lector de mentes.

—Lo siento Jack, estoy cansada. Ha sido un agotador día de viaje. — se disculpó Jen, evitando por completo mirarlo.

—Oh pequeña, se te nota el cansancio en tus ojos.— habló la anciana a su lado, después de haberse mantenido en silencio por un tiempo. — Muchachos, que duerman bien...— en aquel momento se escuchó un maullido por las escaleras— Brooke, creo que no somos las únicas, el pequeño Jules está agotado.




Un carraspeo sonó tras ella, cuando se encontraba frente a su puerta, buscando su llave entre los bolsillos de su bata, rogaba a Dios que no las hubiera dejado dentro por la prisa de ir a ayudar a la señora Myrtle, quien ya se encontraba durmiendo en su habitación.

Jenna temía ver de nuevo al gemelo Jack, ya lo había visto demasiadas veces en el día y realmente su presencia la intimidaba.

Volteó con la mirada gacha, le aterraba mirarlo, la sorpresa que se llevó fue que las botas que aquel tipo estaba usando, no eran las converse que el gemelo llevaba.

Alzó la vista para encontrarse con el rizado del sótano, aquel que acompañaba a la castaña al parecer. La luz del pasillo de habitaciones era muy tenue, pero podía reconocer que los ojos de aquel muchacho eran muy bonitos. Sin embargo no pudo visualizarlos más porque se sentía demasiado incómoda mirando a las personas a los ojos.

—Creo que te llevaste una mala impresión de mí allá abajo— dijo en voz baja aquel chico, era tarde y la mayoría de los jóvenes que se encontraban en habitaciones cercanas de seguro estaban descansando.— En realidad no creo que ser rubia ser algo falso.— prosiguió.

—No es lo que toda la gente piensa.— dijo ella, enredándose con sus propias palabras, su lengua no estaba de su lado, ya había tenido suficiente intentando guardar la compostura ante la mirada de Jack.— Y lo entiendo.

—No creo que lo sea, tampoco tiene sentido.— la interrumpió el rizado— Es sólo un color de cabello, mi hermana se lo tiñó por que le quedaba bien según ella. — explicó.

—De acuerdo, no te juzgo a ti, tú después de todo no fuiste quien habló o rió de eso.— la rubia buscaba en sus bolsillos sin embargo no encontraba la bendita llave de la habitación.

—Si te refieres a Brooke, no creo que lo haya hecho con intención de ofender...— empezó a defender a la chica con la que había quedado atrapado hacía unos minutos.

—Lo sé...— interrumpió Jenna— Vaya... Se te ve realmente interesado en ella.

—Puede ser, hay una mínima posibilidad de eso... —respondió el rizado— pero yo no estoy siendo un arrastrado con ella como el tal Jack.— contraatacó levantando las cejas.

—Apenas conozco su nombre, no seas ridículo.— dijo ella intentando mirar su barbilla, para aunque sea ponerse firme en aquella respuesta.— Supuse que tenían algo por lo que le dijiste abajo, ricitos.

—No estoy siendo ridículo, rubia, sólo realista. Brooke me quiere en mi tumba— respondió.— ¿Qué te parece empezar de cero? Soy Harry Styles, rubia.— se presentó ofreciéndole su mano. La muchacha lo miró dudosa.

—Jenna Miller, rizos.— respondió estrechando su mano.

Un ronquido se escapó por la puerta de la habitación de la irlandesa.

—¿Duermes con tu novio?— preguntó Harry— Jack tiene competencia.— dijo con sorna.

—Es mi hermano menor.— le corrigió Jen. Acomodó su pisada en el suelo y escuchó el sonido del choque de metal con el piso de madera siendo aplastado por la pantufla de la chica que se encontraba en pijama. Ella retrocedió y visualizó bien, y encontró su llave debajo su pie.

—¿Es tu llave?— inquirió el rizado muchacho, la muchacha asintió mientras insertaba la pequeña pieza de metal en la manija.— No la encontrabas ¿verdad?

—¿Me seguiste, rizos?

—No, mi habitación es la del frente. — dijo señalando la puerta que estaba en frente de la de Jen.— Consideré pedirte perdón cuando te vi frente a la puerta.

—Cielo santo, vaya que eres un acosador...—la rubia rió por primera vez en la conversación— Es por eso que Brooke te quiere lejos de seguro.

—Buenas noches rubiecita.— se despidió el castaño abriendo la puerta de su habitación y entrando a ella.

—Adiós rizos.— respondió Jen de igual manera en su habitación.

—Me pisaste. — se quejó la castaña, el muchacho que se encontraba delante de ella ocultándose tras la pared de la esquina del pasillo junto a ella, ahora volteaba para mirarla, luego que las puertas de ambas habitaciones se encontraran cerradas.

Llevaban ya un par de segundos en aquella posición oculta, espiando la conversación de la rubia y el rizado. Sin embargo, aquellos chicos sólo habían alcanzado a oír las despedidas de los nuevos amigos, lo cual era muy posible que pudiera ser mal interpretado como una despedida de amantes prohibidos.

La castaña, sentía una presión en el pecho, ese sentimiento de posesión con respecto al rizado que acababa de ir a dormir. El castaño repasaba todo lo que había pasado con aquella rubia ojiazul, ella había salvado su mochila, él le había agradecido montándole una escena de un cuento de hadas, aún así la muchacha tenía una relación fría e indiferente con él, ahora la relación entre aquellos vecinos de habitaciones lucía más que un resentimiento, como el que la rubia tenía con Jack y eso le enojaba.

Ambos chicos ardían en celos, pues no habían escuchado la primera parte de la conversación entre Miller y Styles, donde claramente Jack y Brooke eran mencionados, sin embargo éstos últimos se metían en un gran lío pues estaban juzgando aquel libro solo por su portada.


Holo, ábreme y te regalo a un Zac Efron:
Holi babes, ahdfhsjaka he estado trabajando en este capítulo dos semanas enteras, ya lo tenía listo antes de que la bella Gen subiera su capitulo, pero me cambió la escena del rescate, y por eso demoré, Gennu en un rato te escribo tu largo commentario, tu capitulo realmente me encanto<333 lo de Kat y Jenna algo de enemistad algo comienzo espero que no te moleste tuve que improvisar xddd
en realidad pienso que mi capitulo esta horroroso :cccc asi que no me maten luego de leerlo. Además quiero decirles que son libres de usar a cualquiera de los tres: Jenna, Jack o Jeremy, sólo basta un emepé y vemos como encaja la tramac: El personaje de Jeremy esta interpretado por Steven R. McQueen agdhaks apoyaria al incesto si Jack no estuviese asgdhjfsls xddd

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Sigue: Sophia.


Última edición por Mari el Miér 23 Oct 2013, 6:43 pm, editado 2 veces
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por dragón. el Miér 23 Oct 2013, 12:42 am

Yeii primera en comentar... nuevamente e.e
primera en el cap de Gen y ahora en el de Mari .. ahora si que sere muy pero muy popular    
ok ok   lgo me dice que has visto Vampire diaries.. acaso quieres matarme.. Jeremy... te falto poner a Damon y stefan .. okno enserio fue un capitulo hermoso.. largo y genial que puedo decir me enamore  de todo
—¿Duermes con tu novio?— preguntó Harry— Jack tiene competencia.— dijo con sorna.
eso me mato e.e  si claro duermen e.e si tan solo no fueran hermanos e.e 3c3c


—Dándote las gracias por haber encontrado mi mochila.— dijo el castaño, que la rubia reconoció como Jack por aquel incidente, tomando de una vez el pie de la rubia y encajándolo en la pantufla que ella había dejado atrás.— Algún asesino de mochilas en serie pudo haberla tomado y ahí estaba mis cosas más valiosas. —Jenna sin embargo no notaba la escena de cuento de hadas que el castaño hacía real, su mente dentro de su rubia cabeza pensaba en que el tonto había sacado el obstáculo que impedía que la puerta se cierre. Abrió la boca para gritarle algo, pero fue interrumpida.


hahaha xD un asesino muy psicopata de mochilas.. e,e
aww la mochila de Jack es mas importante que la de dora e.e
okno  pero enserio mari.. santo dios tu capitulo fue letal me mato
pd: nahh Zac efron es sexy... pero yo quiero un rubio         
nahh enserio Mari tienes talento weon amo el cap.. ya quiero otro
Pd: la señora Myrtle es mas famosa que el Greg el pollis
pd; greg el pollo es la mascota de esta ene ce.. aprobado por mi e.e okno

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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por Invitado el Miér 23 Oct 2013, 11:38 am

jajaja me encantó el cap
—¿Duermes con tu novio?— preguntó Harry— Jack tiene competencia.— dijo con sorna.
omg esa parte me mató XD Ojalá Jack no hubiese sabido que Jeremy era el hermano de Jenna Rolling Eyes ahq.
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por sugar. el Miér 23 Oct 2013, 4:11 pm

FBFNMXFSHDJFKHASKJ, ay Mari :'D
Jenna y Hazza, friends.
Brooke y Jack, jealous.
OHGOD.
Es que...no lo sé, muero mucho cuando Styles hace de las suyas con Brooke en los capítulos ;-; y allí estaba Zayn tratando de decirle a Katherine lo mismo gkjsdghjk.
Pero no, yo grité así a todo pulmón cuando leí esto: —Me pisaste. — se quejó la castaña, el muchacho que se encontraba delante de ella ocultándose tras la pared de la esquina del pasillo junto a ella, ahora volteaba para mirarla, luego que las puertas de ambas habitaciones se encontraran cerradas.
Because...I was like: ¡OH GOD, JACK, BROOKE, WHAT?! DHDKJGHKJ pero no, el primer grito que solté fue cuando leí el "ese soy yo, hermosa" y yo como: puto Harries, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo.
Igual...fuera del tema, ¿cuánto mide Jenna {AnnaSophia}? leí que medía 1.52 o-ó, huhu, cute.
yei, yei, yei. ghjskdhgkjs
¿Duermes con tu novio? Jack tiene competencia.
Inteligente comentario, mi querido Styles. gghskjd
ya quiero ver las futuras conversaciones de Jack y Brooke...It's something like...
Jenna: Y él dijo, "banana" hahaha.
Harry: Oh, Dios. HAHAHAHA.
Brooke: oh, los weónes ._.
Jack: te entiendo weón ._. , están cagados de la cabeza.
Ah. ghdskjghkj, wí<3
love you<3
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por Invitado el Miér 23 Oct 2013, 6:27 pm

Me encantaron ambos capítulos<3 perdón por no comentar antes :c pero, me encantaron.
Empezaré por el de Gen. Diablos, escribes perfecto<3 te agregaré a la lista de escritoras que escriben me encantan<3 really, escribes hermoso<3
"—Por cierto... Me llamo Zayn Malik— habló rápidamente. Mas la chica no se dio vuelta.— ¡Me llamo Zayn Malik!— repitió, esta vez con un tono más alto y levantando una mano, a la vez que la agitaba, intentando llamar su atención."
Morí con esa parte<3 Zayn tendrá que hacer un gran esfuerzo para conquistar a Kat (?) xd

Y el de Mari, omg, estuvo muy lindo. Me emocioné durante todo el capítulo<3
"—¿Duermes con tu novio?— preguntó Harry— Jack tiene competencia.— dijo con sorna."
Morí con esa parte, escribes hermoso<3
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por Haven. el Miér 23 Oct 2013, 6:33 pm

Ay diosh mio  escriben tan beautiful<3
De verdad, es que Gen, ya te he repetido que escribes hermoso y me fascino tu capitulo Zayn pidiendole a la pobre que le comprara una camisa nueva XD Me fascino

Y Mari Amo a Jenn y a Jeremy <33 Y los Harries ay dghsj no sé ni que decir, me encantó el capitulo, no tienes idea no sé como llegué con escritoras tan buenas

No puedo esperar el proximo
¡Besos a todas!
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por khaleesi. el Vie 25 Oct 2013, 11:11 pm

Ajdljsfdlsfjsdfldsjfdslfjsdflsdjdlfjdslfds.,
Llego tarde  Pero llego. (????????
Me han encantado todos los capítulos, absolutamente todos.
El de Mack, el de Gen, y el de Mari
Estuvieron hermosos, y escriben como los dios muchachas
Les pondría un comentario más largo, but quiero comentar, y después me olvido
Las amo <3333333333333333333333
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por Welcome To My Life el Sáb 26 Oct 2013, 11:25 am

Asdfghjkl ame tu capitulo, en serio :chkt:
-¿Duermes con tu novio?- pregunto Harry-. Jack tiene competencia- dijo con sorna
DEOZ, ame esa parte... Escribes hermoso, no lo dudes c: Me gusta la propuesta de usar a Jeremy en mi capitulo, pero idk :meh: ... Nuevamente te digo que me encanta como escribes
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por Vicky. el Sáb 26 Oct 2013, 11:56 am

aksjdkasjkdjaskd
Me han encantado sus capítulos.
Gen & Mari, escriben perfectooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo.    :sersi: 

<3  

¡Necesito leer más!  

Perdon por no comentar algo laaargo, bc no soy buena en eso.
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por Invitado el Sáb 26 Oct 2013, 12:06 pm

Mari, que hermoso, cielo. Jen es un pan dulce(?) peor que Jeremy es insoportable, me recuerda tanto al mió. Escribís hermosa ;-; todo fue magnifico. Tengo ganas de saber más de los gemelos Harries, ellos son tan jakskjask. La conversación fue un tanto incomoda, en especial porque estaban en contra de la pobre Jen. Lo esperaba venir, sabía que de alguna forma Harry se haría amiga de Jen y terminarían así XDDD, ah. Espero a sofúcc: ilysm.
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por Sophia. el Sáb 26 Oct 2013, 8:51 pm

Ay, Mari me encantó el capitulo, fue muy hermoso todo. Nunca había leído algo tuyo. pero con esto sin duda me sorprendiste, idk, me encantó de verdad c: Ay, los gemelos wn asdfghjklkjhgfd<3
subo en unas horas o mañana :meh:
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por Sky. el Dom 27 Oct 2013, 8:09 pm

KSDSKLADFNLKJSDFKL MARIII!
    
Me ha encantado tu cap, escribes perfectamente hermoso *-*<3
Ya eres una de mis escritoras favoritas, si que si, aunque bueno, ya te había dicho que te stalkeaba *-*<3 asi que ya sabes que amo como escribes

—¿Duermes con tu novio?— preguntó Harry— Jack tiene competencia.— dijo con sorna.

JAJAJAJAJA, me mataste e.e, y más con como respondio<33 ahsdkajfhlkhsad. Tu capitulo fue perfección, pequeña<333
Lo ame y se que el de Sofi va a estar hermoso igual   
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Re: Winter Love. |NC|

Mensaje por Sophia. el Dom 27 Oct 2013, 9:51 pm

Capítulo 4

Kaliska Woodgate | Thomas Lowell


La cabeza de la castaña se vio hostigada ante la gran cantidad de pensamientos e ideas que la azotaron de repente. Frotó ambas manos en sus pantalones, esperando encontrar un poco del reconfortante calor que tanto ansiaba en tales situaciones; repitió la acción un par de veces más por el fracaso de su objetivo a la primera.

Las voces y murmullos provenientes de la parte trasera del local la hicieron —de una manera particular—, sopesar la situación en la que se encontraba. Miró sutilmente a su alrededor, en un intento por no ser muy evidente; lo cual solo obtuvo un fracaso en respuesta, su mirada se vio fascinada ante las consecuencias positivas que el invierno dejaba a su paso. Con un rápido paseo de ojos, recorrió las blancas —las cuales no sabía realmente si eran a causa de la nieve o por simple naturaleza—, firmes y bien construidas paredes, analizándolas minuciosamente, con el propósito de no dejar el más mínimo detalle.

Estalactitas. Los bordes de la ya antigua construcción estaban casi en su totalidad repletos de las finas estacas de nieve; sonrió por defecto. Aun el gesto que denotaba una felicidad palpable pero inexplicable, dirigió nuevamente su mirada a la pequeña taza que mantenía entre sus manos: era una extraña —pero exquisita— mezcla de unos cuantos tipos de café, y unas dos o tres gotas de extracto de vainilla. Con cuidado, y disfrutando cada momento, acercó el objeto que sostenía firmemente, entre la calidez de sus manos.  

El líquido caliente le recorrió la garganta, brindándole un placer casi quimérico. Repasó y gravó en su mente una réplica exacta de tan delicioso sorbo, manteniéndolo bien presente entre sus recuerdos.

—Señorita, ¿puedo retirarle ya la taza? —inquirió un joven de cabellos negros junto a ella. Enfocó la mirada en él, brindándole una cálida sonrisa en forma de asentimiento.
—Muchas gracias, estuvo realmente exquisito. —Ayudada del impulso que ambas manos sobre la mesa se proporcionaron, despego su cuerpo de la silla y se levantó con suma diligencia.

Observó con detenimiento el recorrido del joven hasta desaparecer sobre la puerta de lo que suponía era la cocina. Sus hombros anchos lo ayudaban acentuar de una manera extraordinaria el vaivén de su caminar; y los dulces cabellos negros que poseía marcaban con precisión las finas líneas de su rostro y complementaban la palidez de su piel.

Palpó cada rincón del pequeño bolso que atravesaba su torso; desde lo más alto de su hombro derecho, hasta su cadera izquierda. En uno de los pequeños bolsillos laterales se encontraba una de sus pequeñas reservas de dinero para situaciones como esa. Depositó la cantidad precisa de libras esterlinas, acompañadas claramente por una propina adecuada ante el amable servicio prestado por el muchacho.

Instintivamente, reprimió las ganas de tomar el autobús; además, el clima impedía también el paso de la mayoría de vehículos.

Introdujo una mano dentro del bolsillo trasero de sus pantalones, sacando su teléfono móvil unos cuantos segundos después. Debía encontrar aquella dirección, cada minuto de espera solo aumentaba el constante sentimiento de desesperación que crecía paulatinamente en su interior. Si llegaba tarde, debería excusarse con más de uno. Así que lo mejor era acelerar el paso.

Caminó vertiginosamente por el centro de la angosta acera, ahora totalmente blanca por la presencia del invierno. En repetida ocasiones, pasó su mirada por la esquinas, imaginando las líneas amarillas y blancas que normalmente atraviesan las calles; al igual que lo hacía con una que otra señal de transito que había perdido casi la totalidad de sus resplandecientes colores, viéndose ahora cubierto totalmente por la palidez y utopía de la nieve.

Bufó con frustración, tras observar una de las señales —donde se suponía se debía encontrar el número de la calle en la cual estaba— cubierta por una ostentosa cantidad de nieve, y dejando imposible a la vista las diferentes letras y números.

Volvió entonces la mirada al pequeño aparato que aún mantenía entre los dedos de su mano derecha, preguntándose interiormente todas las posibilidades que el —ahora a sus ojos— pésimo clima le otorgaba. Mordió el interior de su mejilla intentando reprimir un pequeño sollozo que amenazaba con  colarse por sus labios. Aunque debía admitir que la situación en que se encontraba era realmente patética, su orgullo reprimía instintivamente las cada vez más intensas ganas de quebrarse e intentar recurrir a la ayuda de alguien.

Continúo su camino, reprochando cada tanto por la insensatez de algunos seres que no se percataban en esparcir pequeñas cantidades de sal en el borde de la acera; casi trastabilla en un par de ocasiones, suerte que el camino estuviera totalmente yerno.  


✖✖✖


Un gran puñado de toda clase de blasfemias y execraciones después por fin pudo sentir el reconfortante calor que el pequeño recinto emanaba. Cabe admitir que en tales situaciones —después de afligirse al terrible clima y condiciones que le proporcionaba el mismo—, el llegar a un lugar que desprendiera sensaciones de calidez y amabilidad a unos cincuenta metros a la redonda era un gran placer para cualquier ser humano.

Escrutó con la mirada algo vaga la totalidad de la fachada; sin duda la pequeña residencia ya había pasado por sus años de gloria, pero también era más de lo que esperaba por semejante precio.

Miro a sus pies, observando por unos pocos segundos sus zapatos marrones, un poco gastados por el uso y la ardua caminata; movió sus pies, aun con la mirada clavada hacia abajo, detallando también la pequeña cantidad de nieve que levantaba de vez en cuando con sus pasos. Con unos veinte pasos —amplios a su parecer—, por fin llego a los pequeños escalones blancos, estos si por la pintura ya que se notaba que le retiraban repetidas veces en un solo día la pequeña capa de nieve que suponía debía formarse.

Una vez adentro, sin percatarse mucho de la delicadeza con que había cerrado la antigua puerta, avanzó dos trancadas mientras retiraba el cálido gorrito de lana de su cabeza y espolvoreaba la nieve del mismo al costado opuesto a la dulce y bien decorada mesa de bienvenida.

—¡Eh! —una voz desconocida; al parecer un hombre por su tono, o una mujer que ha ingerido una gran cantidad de esteroides.

Giro en sus talones, manteniendo la cabeza y mirada siempre al frente; agregándole un poco de ligereza a cada movimiento.

—¿Sí?, ¿me hablas a mí? —Agradeció mentalmente; era un varón. Enfrentó poco a poco su mirada, esperando al menos una contestación un poco más amable que la primera silaba que había obtenido por parte del castaño.
—Sí, lo que pasa es que no creo que haya espacio suficiente para otra persona más; es decir, no te lo tomes a mal, pero en verdad no creo que posible que aquí podamos compartir la reducida cantidad de aire entre los que ya estamos.

Apretó fervorosamente la lengua a su paladar, reprimiendo los penetrantes impulsos de sacar a flote un tono con retintín, o lanzar un par blasfemias hacia él.

Sus piernas se movieron sin quiera saberlo, ignorando por completo los repetidos llamados que estaba recibiendo por parte del muchacho. De soslayo, diviso entonces a la anciana; quien suponía debía ser la señora Myrtle. Al pie de la chimenea, con un pequeño gato en los brazos entrelazados y la mirada un poco perdida en el salón; la imagen de su abuela entro en su neurosis por unos cuantos segundos, parpadeo una, tal vez dos veces para reprimirla.

—¡Oye! —Sitió un fuerte apretón en su brazo, pero evitó soltar algún tipo de quejido o sonido.

El aroma que el otro ser le agregaba al ambiente era realmente único. ¿Tropical? No exactamente. ¿Acido o cítrico? Tampoco parecía. ¿Vainilla? En efecto. El dulce olor logró inundar las fosas nasales de la blonda, penetrándose y quedando marcado como una huella de carbón.

—Primero: si tanto me reprocharas durante mi estadía aquí, llámame por mi nombre, Kaliska. Segundo: … —Sus palabras se vieron interrumpidas, ante una gran risotada por parte del castaño —. ¡¿Qué?!
—¿Kaliska? ¿Es enserio?
La mirada de la rubia se tornó nublada, ahora el verde de sus costados era más apreciable y potente que unos pocos segundos atrás.
—Sí, ese es mi nombre. ¿Tienes algún problema con él? —preguntó agregándole retintín en las últimas dos palabras.
—Es ridículo.
Apretó firmemente sus dos manos a sus costados, agradeciendo internamente por tener aún los cómodos y acolchonados guantes de lana, que impedían exitosamente unas cuantas heridas gracias a sus uñas.
—¿Y tú? —Entornó los ojos, después de mirar a un costado del gran abrigo que lo recubría por completo, donde había un pequeño bordado en hilo color plata—. ¿Thomas?, ¿cómo el patético tren parlante?
Touché.

La repentina sonrisa que había esbozado la descoloco por completo. Cerró sus ojos, esmerándose en reprimir, o no, extinguir todas las potentes y cada vez más fuertes ganas de plantar un gran puñetazo capaz de desfigurar su precioso y delicado rostro. Afirmó nuevamente el bolso de piel que mantenía en su espalda, con sus pertenencias esenciales; las únicas que había llevado también.

Dio un amplio paso a la derecha, con la intención de evadir cualquier tipo de comentarios que provinieran por parte de Thomas, dio las pocas zancadas que le faltaban para llegar al sillón donde apenas unos minutos atrás había estado la señora Myrtle. Bufó inmediatamente y volvió sus ojos al castaño; la anciana no estaba allí. La posición que el muchacho había adoptado podría hacer delirar a cualquier fémina que lo observara tan solo unos nanosegundos —con su hombro derecho apoyado desprolijamente sobre la gran pared de ladrillos que daba con la chimenea y del otro lado con las escaleras, la camisa color chocolate y uno que mechón de cabello desordenado sobre su frente—; pero no a Kaliska, aparentemente la sensación de sumisión que suponía esperaba crear era nula para la rubia.

—Guarda tus garras, fiera —dijo con causticidad—. La vi salir por la puerta trasera, hacia el jardín.
—¡Oh! ¿Enserio? ¡¿Con medio metro de nieve sobre el suelo?!

Dio dos pasos atrás, alejándose del castaño. Después de girar rápidamente sobre sus talones analizó con esmero las llamas del fuego; pintadas de un intenso color rojo, más fuerte que el tono carmesí, pero más suave que el color de una gota de sangre; contó mentalmente los segundos en que una pequeña llama con ligeros acercamientos al verde se colaba entre ellas, desfigurando y arruinando la majestuosidad de las mismas.

Se sentó plácidamente en sus talones, con la mirada aun perdida en las llamas.
—¿Qué haces? —preguntó Thomas. Dejo de lado su anterior posición y por el contrario se encaminó próximamente hacia Kaliska.
—¿No ves? —respondió con sorna—, espero a la señora Myrtle. Su gato aún está ahí, por lo que creo que deberá regresar por él… Claro, si no quiere que alguno de esta manada de homo sapiens mal desarrollados lo destruya.
Thomas rodo los ojos, quizás aplicándole más fuerza al movimiento de lo que la rubia lo había hecho tiempo atrás. Avanzó las pocas trancadas que los separaban, se agachó y adoptó la misma posición que Kaliska mantenía, solo que éste, en vez de reposar la totalidad de su peso sobre sus talones, estiró por completo sus piernas, apoyándose de igual manera en sus manos.
—¿Sabes? —Logró capturar la mirada azulada de Kaliska con la suya—. Creo que no comenzamos de la mejor manera. —Hizo una especie de ademan con su cabeza, rebotando la mirada entre las llamas y sus zafiros. Humedeció sus labios, sonriendo a la vez cuando noto que los ojos de la rubia no reprimieron la tentación de enfocarse en ellos —. Thomas Lowell —dijo, extendiendo su mano derecha hacia la rubia.
—Kaliska Woodgate. —Ignoró el gesto del castaño y volvió diligentemente la mirada a las llamas del fuego.

El silencio los encerró en una pequeña burbuja, quedando absortos de la baraúnda que los rodeaba; la tensión que mantenían también era altamente palpable, capaz de calarse por entre las tantas capas de lana y demás telas que ambos poseían.

Su pequeño encierro se vio interrumpido ante la presencia de un nuevo ser; el felino se coló por los brazos de Kaliska. Sonrió al instante, acariciando suavemente a ¿Jules? Sí, la plaquita de metal que se sostenía decía eso. La cabeza del minino acaricio dulcemente la barbilla de la blonda, ocasionando que un par de risitas contenidas salieran al aire después de ello.

—Vaya, el gato logró lo que yo no he logrado en toda la noche.
—¿Ah?
—Hacerte reír, cabeza de chorlito.

Sin tener motivos firmes para ello, las mejillas de Kaliska se tiñeron de un dulce color rojo, tal vez magenta por el efecto que el abrigo producía con la presencia de la luz. Giró su cabeza ante tan pomposa reacción. Como si la suerte no le sonriera, Jules comenzó a  mordisquear su zapatilla derecha, ayudando de manera implícita a que Thomas logrará su cometido y capturara nuevamente la mirada de Kaliska.

—Oh, niña. —La anciana apareció a sus espaldas, catapultando ambos pares de ojos hacia ella—. Pensé que no llegarías. —La mueca de confusión logró preocupar a la rubia, que después de apartar al minino de su regazo se impulsó con ambas manos para apoyarse sobre sus pies y quedar así solo unos quince centímetros más alta que la señora.

—Sí, lo sé. Solo que me entretuve un par de minutos en un café a unas cuantas calles —repuso y miro atentamente cada movimiento de la señora.
—Tranquila, pequeña —su voz dudo un poco, pero continúo con un pequeño titubeo instaurado en sus palabras—: Ante tu posible ausencia reubique convenientemente los dormitorios, ocupándolos esta vez por completo.
—O sea que… no tengo uno —concluyó Kaliska. Subió ambas manos hasta su rostro, negando a la vez. «Y que el precipicio no estaba cerca». Su respiración comenzó a tornarse mucho más superficial, cerrando su garganta lentamente para reprimir el paso de aire de una vez por todas. «Inhala, exhala. Inhala, exhala…», se repitió mentalmente repetidas veces, pero las señales que su cerebro estaba mandando al resto de su cuerpo eran totalmente apuestas a las acciones que debía realizar en un momento como ese.

Con la absorta de la situación, la señora Myrtle comenzó a palpar sus bolsillos, buscando la pequeña libreta donde se suponía tenía la organización concreta de cada habitación y dormitorio. Pasó con presteza las hojas amarillentas una vez ya la tenía entre sus manos, observando velozmente los garabatos de letras y números que alguna vez había copiado ahí.

—Joven, ayúdela, por favor —se dirigió esta vez al castaño, que veía la situación en un estado de total aislamiento, casi reprimiendo cualquier tipo de deseo por intervenir en ella.

La mirada hostil por parte de la anciana calo en sus entrañas, siendo capaz de trasmitirle todo tipo de pensamientos y posibles soluciones ante tal calamidad.

—Oh, sí… claro. —Se apresuró a decir, lanzándole órdenes a sus músculos al azar, aun sin saber muy claramente las conjeturas de la anciana.

Desesperado, quizás también hasta un poco preocupado ayudo a Kaliska a tomar asiento en el sillón que un amplio lapso de tiempo atrás había sido ocupado por la mujer y posteriormente por el felino.

—¡Kaliska! —exclamó la fémina —. ¡Pero qué suerte la tuya! El cuarto en donde se suponía dormirías está capacitado para dos personas. Por el momento solo se encuentra una persona allí asignada —explicó—. ¿No te molesta compartir habitación con alguien más?

Con la respiración más pausada, pero aun un poco más superficial que de costumbre los zafiros de Kaliska encontraron la cálida mirada de Myrtle. Sopesó la idea unos cuantos segundos ¡Seguro tener una compañera la mantendría entretenida en su constante aburrimiento!  

—Okey. Tomaré tu silencio como “no” —repuso Myrtle —. Tu habitación es la cuarta puerta a la derecha, segunda planta, está seguida por la mesilla con las lilas.
—¡Oh, mierda! —profirió Thomas, llevándose ambas manos la parte trasera de su abrigo, cerrando fuertemente sus ojos mientras soltaba un par de blasfemias entre dientes y caminaba en círculos—. Esa es mi habitación.


Última edición por Sophia. el Dom 27 Oct 2013, 11:06 pm, editado 4 veces
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