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when i was yours {audiciones.

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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por Invitado el Dom 22 Dic 2013, 8:18 pm

Wanda. escribió:


Nombre: Svetlana Lemkova.
Representante: Àstrid Bergès-Frisbey.
Chico: Sam Claflin.
Capítulo:
to change everything. | prólogo.:


prólogo.


Abril, 2137.
Últimamente me he quedado flotando en el limbo de mis pensamientos y la realidad. De todas maneras, a todos nos ha pasado y supongo que es normal. Ese momento en el que te sientes perdida y acomplejada, incomprendida y juzgada. Somos seres humanos y hasta el más fuerte sufre.
Mi papá solía decirme que yo era una pequeña fuerte, aunque en realidad siempre fui una niña cobarde y tímida. Pero creo que lo dice por el hecho de que todas las veces que me caí en mi niñez, yo me levantaba, aún con rasmillones en las rodillas, y seguía jugando. Sin siquiera botar una lágrima. Al pasar los años me di cuenta que las personas deberíamos aprender de ello. Pequeñas experiencias de nuestra niñez, en realidad son enseñanzas de vida. Y no nos dábamos cuenta. Esa es la razón por la cual las personas han cambiado, la sociedad ha cambiado, aunque yo siempre lo he vivido todo igual.
Papá me contaba que cuando él era niño no era tan así. La tecnología existía, pero ellos tenían claro que habían cosas que eran más importantes. Sus padres lo incentivaban a seguir sus sueños, y él se esforzaba por ello. Ahora tienes el futuro completamente asegurado y pocas veces te encuentras con una persona pobre. Aunque si te puedes encontrar con personas realmente ignorantes.
A veces me pregunto, ¿Quiénes somos realmente?
Las personas somos como una moneda. Tenemos dos caras; la que mostramos a la gente y la que ocultamos. Únicamente conocida por nosotros mismos. Somos quienes queremos ser, uno muestra lo que quieren que vean cuando en realidad todos los sentimientos están escondidos. Escondidos tras nuestra segunda cara. La vida. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción. Nunca el mundo estará hecho solamente de honestidad, porque todos tenemos secretos. Todos escondemos algo y todos ocultamos quien realmente somos. A veces fingimos ser felices cuando en realidad uno solo quiere abrir unas alas imaginarias y volar lejos. Alejarse de los problemas, ser libres. Dejar de fingir todo lo que decimos ser. Podemos arriesgarnos a serlo, pero no lo hacemos. ¿Por qué? Simplemente cobardía. La cobardía, el temor a ser juzgados nos consume. ¿Por qué ahora no puedes ser tu mismo? ¿Por qué no podemos dejar los comentarios atrás? Fácil. El temor a ser juzgado. Y no seré hipócrita, yo tengo miedo de los comentarios hacia mí. Tengo ganas de solamente pasar desapercibida entre la gente. Que no me noten, ni me juzguen. Ser invisible. Y no me afectaría. Ya nada podría afectarme más. Mis alas de los sueños y la esperanza se rompieron. Estoy hueca. Ya no siento nada más que tristeza, y la felicidad que solía tener está cubierta bajo los mantos del temor y la inseguridad. Mis pensamientos encerrados en mi cabeza, sin salir de allí. Permanecen, sin irse, metiéndome en mi mundo. Siempre hay soluciones, pero he perdido las ganas de luchar, de levantarme nuevamente. Me dejo caer sin intentar superar cada problema. No hago el esfuerzo de volver a levantarme, simplemente lo dejo. Me echo a morir. Sin valor para superar todo y seguir adelante. Aunque siempre hay algo que jamás querrás dejar. Cuando leo, por ejemplo. Siento que me voy, me desvanezco poco a poco y luego aparezco encerrada en el mundo de mi imaginación, sin querer salir de allí, con la ilusión de quedarme para siempre. La lectura me lleva a mundos fantásticos, a lugares extraordinarios. Abre las puertas de nuestra mente a reflexionar que es la verdadera vida. Nos hace preguntarnos cosas que jamás nos preguntamos. ¿En realidad existo? ¿Que será de mí? ¿De mi vida? ¿Cuando muera? ¿Quedaré en el olvido o mi ausencia será notada? ¿Habrá vida después de la muerte o simplemente seré...nada? Nosotros elegimos quienes somos. Nosotros elegimos el rumbo que queremos tomar. Solo nosotros. El destino es solo una excusa para no luchar por nuestro futuro o lo que será de nosotros. Nosotros elegimos en que creer. Yo tenía la mentalidad de no pensar en un futuro, vivir del pasado. Vivir de los recuerdos, vivir para respirar y no para vivir.
Recuerdo aquellas mañanas de Invierno que solía sentarme con mi padre en el viejo sofá que teníamos. Nos tomábamos un café y hablábamos sobre diversos temas. Recuerdo que un día quisimos hablar sobre la vida. Él se quedó callado largos segundos, pero luego habló. "La muerte está tan segura de su victoria, que te da toda una vida de ventaja" había dicho. Y allí empecé a mirar las cosas de manera diferente. Lo había comprendido. Nada es más importante que la vida. Aunque estés triste, feliz o enojado. Deprimido o confundido. Solo son etapas. Etapas que nos enseñan a superarnos, porque la vida es una etapa de superación. No hay que rendirse sin intentarlo. Todo problema tiene solución. Todo abismo tiene forma de cruzar. Todo se puede lograr. Simplemente debes luchar por ello. Y eso estoy haciendo yo, superaré cada problema con la frente en alto y saldré adelante. Levantándome una y otra vez si es necesario. Mi padre se va a morir, no tengo amigos y las pocas personas que conozco solo se burlan de mi personalidad. Tengo completamente presente que soy extraña. Me lo repito una y otra vez. Ahora solo me queda recordar sus consejos.
Tomé su mano, fría y algo arrugada debido a la leucemia. Las lágrimas comienzan a brotar por sí solas de mis ojos. Él me sonríe con esfuerzo.
—No llores. —me susurra —Por favor, no lo hagas.
Le sonrío una vez más, como siempre hago para él. Sabía que sería la última vez. El sujeta mi mano, con fuerza, como si no quisiera dejarme.
—Te tengo un regalo, pequeña Samantha. —tose un poco, pero continúa. —En casa, cuando te vayas, ve al laboratorio.
Mi padre era científico.
En realidad, actualmente los estereotipos de “científicos locos” ya no estaban presentes, ya que ellos descubrieron el uso de muchos de los artefactos tecnológicos actuales, hecho que los hizo respetables e incluso dignos de admiración.
Sinceramente, creo que le debo mucho de lo que soy a mi papá. No diré que fue perfecto, porque todos en algún momento tenemos problemas con nuestros padres.
Tengo la suerte de que él no me odia, pero hay gente a la que si le sucede, y lo siento mucho. Además de todo, papá siempre me hacía sentir única. Yo siempre me sentí especial y distinta a los demás, no por lucirme, solo creo que voy mas allá. Soy más…profunda. Y eso en este tiempo es raro. ¡Solo tengo trece años y he leído más libros que cualquier persona adulta de esta generación!
Cuando sentí que el pulso de mi padre desapareció, solté su mano. Sabía que debía hacerlo, no podía seguir viviendo del pasado.
« Se supone que no debo mirar atrás, ¿verdad? »
Decidí hacer la última petición que él me había planteado. Antes de salir realicé los trámites correspondientes después de su muerte. Por alguna razón sentí que luego no podría hacerlo.
Tomé un taxi, el cual se demoró en llegar, y me dirigí a mi casa.
No vivía en una mansión. Mi casa siempre ha sido una humilde vivienda, no pequeña, pero distinta a cualquier otra. Lo que yo tenía entendido era que la casa había pertenecido a mi tatarabuelo, aunque nunca he tenido razones para creer que es verdad o mentira. El piso es de mármol y la mayoría de los objetos que hay dentro son de épocas antiguas, lo cual me parece algo muy interesante. Cada uno de ellos tiene una historia diferente.
Cuando llegué, sentía que debía dar mil pasos para llegar a la puerta. Porque tenía la seguridad de que no volvería a ser lo mismo entrar. Ahora estaría todo callado, sin vida. Y la culpa se estaba apoderando de mi corazón. Dolía mucho saber que de un momento a otro me había quedado sola para siempre.
Suspiré y me adentré, intentando que mis sentimientos no escaparan. Corrí al laboratorio ubicado al otro lado de la vivienda. Coloqué la contraseña para que la compuerta se abriera y esperé unos mínimos segundos. Frente a mis ojos se encontraba aquella sala en la que crecí y viví la mayoría de los mejores momentos de mi vida. Hasta que vi algo extraño, muy extraño.
Comencé a caminar con lentitud hacía el invento desconocido para mí. Era por llamarle de alguna manera “peculiar”. Por suerte, mi padre solía dejar una pequeña descripción cerca de sus máquinas.
Comencé a buscar entre el desorden, hasta que encontré lo que creí era una breve descripción, aunque en realidad era una carta.
“Querida Samantha:
Cuando leas esto yo ya estaré muerto, y por esa misma razón cambiará tu vida para siempre. La máquina que está frente a tus ojos es el objeto que te llevará a cumplir tu mayor sueño.
Yo siempre quise que tú fueras feliz por sobre todo, y después de varios años, he logrado mi objetivo.
No puedo sacar a los personajes de los libros, Sam. Intenté de todo, pero no pude. No me rendí, porque yo te enseñé que eso es incorrecto. Encontré otra manera. Tú puedes adentrarte en ellos. Más abajo te dejaré las instrucciones para ocuparla. Úsala con sabiduría, y espero que de una vez por todas, seas feliz.
Te ama mucho, tu papá.”
Por un momento me sentí en shock, pero bastaron unos segundos para darme cuenta de que yo estaba sonriendo.
Me puse nerviosa luego de comenzar a leer las instrucciones. Esto, como la carta decía, cambiaría completamente toda mi vida.
Cuando ya sabía cómo ocuparla, me posicioné frente a ella y realicé los procedimientos necesarios.
Vi una resplandeciente luz blanca que era tan intensa a tal punto de que sentía que me cegaría.
—Gracias, papá.
Y luego no vi nada.

¿Por qué quieres quedar?:  Casi todas las personas preguntan esto y una les dice: ¡amé la idea! porque uno lo hace, pero está un poco usado, ¿no? a decir verdad, sí amé la idea, porque es una trama completamente atrayente y bien planteada. Bien narrada, escrita y con la gramática perfecta. creo que eso y además la temática de los ex novios y los temas complicados me encantó y atrapó por completo. Más encima, que "renazca el amor" o revivan las emociones que ellos pensaban tener enterradas en el pasado es una idea interesante y me encantaría escribir de ello. Es original también, porque a mi parecer la nc tiene un poco de todo. Me encantaría tener la oportunidad de experimentar este tipo de situación y escribir sobre ello, por que o si no no audicionaría. No sé que más decir, ya que mi cabeza formula muchas respuestas, pero las palabras no pueden escribirlas.


Audición Aceptada


¿Que no te digo Ems? Primero amo tu escritura, te amo okno, tu escritura es bastante buena y ese prologo, dios, como lo amé, me alegro que estés en estas audiciones, suerte.
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por Invitado el Dom 22 Dic 2013, 9:34 pm

Bellezas de este planeta
Me gusto mucho la idea. Voy a audicionar... ¿Adivinen para quien?
Bueno luego dejo todo. Besos.
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por demons. el Dom 22 Dic 2013, 11:35 pm

Priscilla.- escribió:Bellezas de este planeta
Me gusto mucho la idea. Voy a audicionar... ¿Adivinen para quien?
Bueno luego dejo todo. Besos.
¿para harry? ahquepelotuda.
pal nialler.
lo esperamos.
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por Rayis el Lun 23 Dic 2013, 3:14 am

Hola chicas?) Bueno, la idea de la colectiva me ha gustado mucho<3, el campo de amor-drama me encanta . Ya tengo la ficha medio hecha, sólo quería dejar un comentario primero para no parecer tan brusca. La historia con el rol de Hazza me llama mucho la atención  , así que iré a por él. And I miss you, *gif zenzual de Bruno Mars*
PD: Podéis llamarme Ann, o Annie, o Anna... como queráis<3
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por Rayis el Lun 23 Dic 2013, 5:20 am


Nombre: Elisabet Pierce.
Representante:  Barbara Palvin.  
Chico: Harry Styles.
Capítulo:
FIC:

No consentí más, no soñé más.

Cuando el despertador suena



Me desmoroné. La oscuridad se compuso sobre mi ser. Era incapaz de ejercer la fuerza suficiente como para levantar mis párpados. La noche aún era presente y por mucho que mi pensamiento tuviera la certeza de que hacía ya unas horas el sol se habría despegado de la línea del horizonte, y sus rayos penetrado sin compasión a través de mi ventana, no existía claridad alguna que pudiera iluminar mi porvenir. No sentía ningún tipo de dolor físico pero mi espíritu agonizaba perdido en la penumbra. Pude, a duras penas, tragar saliva. En mi boca había dos cuerpos extraños que al tacto con la lengua me recordaban lo mucho que había perdido con aquel golpe. Tan sólo quise ser yo misma, decirle que no le pertenecía, que yo era dueña de mis decisiones y esclava de mis errores, pero nunca más prisionera de su voluntad. A cambio de mi osadía recibí mi golpe de gracia. Y en ese instante, deseando con impotencia poder ver la luz del día, los recuerdos comenzaron de nuevo a torturarme.

Sus nudillos impactaron contra mi mandíbula nublando y a la vez despejando todos mis sentidos. Teñí de rojo mi vestido blanco. Él, al contrario, no enrojeció. Fui incapaz de escuchar las palabras que vinieron después. Le veía mover los labios, mirarme a los ojos, intentar alcanzarme, pero un insoportable silencio era lo único que pude percibir. Me llevé la mano derecha a la boca y con la izquierda abrí la puerta. Le miré por última vez pero las lágrimas, que desbordándose se precipitaban desbocadas por mi rostro, me impidieron interpretar su gesto. Tragué mi propia sangre, no pudiendo sin embargo engullir mi orgullo, y dejé atrás toda mi vida y mis proyectos. Me marché de mi casa olvidando mis pertenencias, todos mis anhelos y la esperanza de un futuro feliz. No pude mirar atrás. Primero, solté mi verdad por la boca. Después, él me hizo escupir mis dientes. Por último, con la indigesta hemorragia y la posterior huida, di rienda suelta a mi llanto. No me sentí liberada ni aliviada. A pesar de poner tierra de por medio su presencia se hacía más nítida que nunca. Sólo tenía un sitio donde encontrar refugio, pero aunque no hubiera sido así, la parte de mí que él no había conseguido reducir se habría negado a permanecer allí. De manera que no hablé más. No consentí más. No soñé más. Y creí escapar. Creí despertar. La realidad es que jamás lo logré.


Esos y otros recuerdos se desataban ahora en mi pensamiento como si llevaran meses hibernando y el hambre los hubiera avivado. El contraste entre mi aletargado cuerpo y mi actividad cerebral era extraordinario. Me era igual de imposible ignorar mi mente como mover mi cuerpo. 


Visité la comisaría en primer lugar, la clínica dental luego, y por último volví a casa de mis ancianos padres, donde dormí profundamente en cuanto gasté mis lágrimas


Y, sin comprender aún el motivo, seguía siendo incapaz de abrir mis ojos cuando la claridad entró en la habitación. Numerosas escenas del pasado golpeaban mi cabeza sin compasión.


Lloré y lloré aquella amarga noche. Les conté a mis padres lo sucedido e innumerables abrazos y carantoñas no pudieron consolarme lo más mínimo. 


Era imposible perdonarme a mí misma por querer obviar durante tantos años las señales que me indicaban que todo acabaría así. Los recuerdos se sucedían ahora uno tras otro pasando por delante de mis inertes ojos, justo antes de convertirse en remordimientos. Esas visiones me culpaban inexorablemente por haberlas intentado ignorar a pesar de haberse querido mostrar con claridad. Y al contrario de lo que me ocurría entonces, cuando parecía no querer dejar atrás un placentero sueño mientras el despertador de la realidad no dejaba de sonar, ahora era una pesadilla la que se hacía camino al tiempo que mi subconsciente se negaba a dar la bienvenida al nuevo día. 


El dolor físico producto del puñetazo suponía un placentero cosquilleo comparado con lo que ese golpe desencadenaba en mi alma. Ver a mis padres sufriendo por ello me atormentaba en aquella insoportable aflicción. El terror que me producía que mi agresor pudiera venir a mi encuentro me paralizaba completamente. La agonía de pensar que tan sólo unas horas atrás yo me veía a su lado por el resto de nuestras vidas me castigaba sin compasión. Preferir la muerte a tal pena era la conclusión final a la que mi lógica arribaba en todo caso. 


Es duro abandonar un agradable sueño, pero más duro es no poder despertar de una terrible pesadilla. A mí, ahora, me ocurrían las dos circunstancias. No solo mis ojos tenían la firme intención de permanecer ocultos tras los hinchados párpados. Toda yo estaba ausente mientras a mi alrededor la vida fluía con normalidad. Podía oír el cantar del gallo y de los pájaros. Escuchar voces y pasos que parecían perderse por lo que intuía sería un largo pasillo. Podía oler el pan recién hecho, mezclado con otro extraño olor que me resultaba familiar pero no lograba identificar. Era capaz de sentir una ligera brisa a la vez que oír el agitar de unas ramas a través de lo que sin duda sería una ventana abierta. Podía ver el tono cálido que había adquirido la anterior negrura, señal inequívoca de que la habitación se había llenado de luz. Pero ahora no podía despertar, mi pesadilla se dejaba notar y era incapaz de determinar cuánto tiempo llevaba instalada en mi cabeza, si acababa de comenzar o si estaría a punto de terminar. Por un instante, los recuerdos del pasado firmaron una breve tregua para dar paso a los interrogantes. ¿Dónde me encontraba? ¿Por qué no podía moverme? ¿Qué me ocurría? ¿Qué eran esas voces y pasos que oía? ¿De dónde provenían el olor a pan y la suave brisa? Pero enseguida, sin dar tiempo siquiera a que respuesta alguna pudiera surgir de la nada, se presentaron de nuevo las espeluznantes escenas, ignorando por completo mis esfuerzos por liberar mis retinas de su encierro.


Días después, aún seguía agazapada en mi habitación, sin poder apenas comer ni beber alimento alguno. Permanecía atenta a cualquier sonido del exterior como un asustado felino que siente la presencia de un depredador cercano. Cuando por fin pude comenzar a ingerir caldos, y por lo tanto empezaba a recobrar fuerzas, me llegaron noticias muy inquietantes. Al parecer mi verdugo había quedado en libertad. Un estúpido papel le decía que debía mantenerse alejado de mí para poder conservar su libertad. Ese fue todo el amparo que recibí de quienes decían protegerme. Un estúpido papel.


En ese momento me percaté de un extraño sonido, una especie de señal acústica que llevaba ahí desde que mis sentidos parecieron despertar. Se repetía cada pocos segundos de manera intermitente y tan sólo se me ocurría que la intensidad de las imágenes que se comenzaron a agitar en mi mente me habían distraído lo suficiente como para no haber detectado su presencia. Sin embargo, me extrañaba el hecho de que sí que escuché el gallo, los pájaros, las ramas, los pasos y las voces del pasillo. Supuse que aquella monótona señal debía haber estado sonando un largo tiempo, de manera que mis oídos se habían acostumbrado a su intermitente aparición hasta el punto de ignorarla. Por eso, cuando nuevos sonidos aparecieron, mis sentidos les prestaron atención a éstos por encima del monótono pitido. Y concluí que aquella señal no podía provenir de otro sitio que no fuera un despertador. Era hora de levantarme. Quise aprovechar aquel nuevo descubrimiento para darle vida a mi cuerpo. Empezaba un nuevo día, tenía que abrir los ojos, incorporarme y andar. Pero la pesadilla me agarró firmemente atándome de pies y manos a mi recuerdo, amordazando mi voluntad e impidiendo mi resurrección.


Pasé varios meses recluida presa del pánico y era incapaz de asomarme a una ventana. Todo cambió el día en que me informaron de que él había empezado a salir con otra chica. Ese fue el primer día que pisé la calle. Me aseguré de que mi torturador estaba en su puesto de trabajo y me apresté a visitar a aquella joven. No podía permitir que le ocurriera como a mí, que fuera la siguiente víctima. No quería que empezara a soñar porque sabía perfectamente que mi pesadilla sería también la suya. Me reuní con ella y le conté quién era él, todo lo que me había hecho y todo lo que seguía sufriendo en su cercana ausencia. Simplemente le advertí, creyendo que hacía lo correcto. Aquella mujer enmudeció, esa fue toda su reacción. Nunca supe si me creyó ni tuve idea de qué consecuencias tuvieron mis revelaciones en su relación. Ignoré el crédito que concedió a mis palabras y tampoco quise esperar a comprobarlo. Retorné lo más veloz que pude a mi refugio con la esperanza de que la intensidad de mi desgarradora experiencia fuera suficiente para sacudir a la adormilada muchacha. ¿Qué manera más efectiva podría existir para despertar a alguien que lanzar una dosis helada de realidad sobre su rostro?


Continuaba concentrada en aquel intermitente e interminable pitido. Sin comprender el motivo, tenía la certeza de que agarrándome firmemente a esa señal podría dar término a mi parálisis. Que si persistía en mi empeño, prestando atención al despertador podría al final recuperarme. Sin embargo, mi interés comenzó a desviarse de nuevo. Me percaté de la humedad de lo que debían ser las sábanas sobre las que yacía mi estático organismo. Intuí por ello que la postura mantenida no era ni mucho menos reciente. Debía haber pasado así muchas horas, posiblemente días incluso. El sonido del despertador se hacía cada vez más insoportable. ¿Cómo no lo había escuchado antes? Pronto conseguiría despertarme, no podía significar otra cosa. La luz, la brisa, el gallo, el olor a pan, el despertador. Estaba claro que era la hora, pero... ¿Por qué me era imposible mover un músculo?


Cuando regresé a casa de mis padres estaba temblando de miedo. Sin embargo, al igual que el día en que huí de él, sentía que acababa de hacer lo correcto a pesar del pánico. Afortunadamente, la casa estaba sola y respiré aliviada por haber evitado que mis padres se llevaran el disgusto de verme en ese estado de nerviosismo. Me di un relajante baño e intenté distraerme con un libro. Oí llegar unos pasos y me sobresalté, como siempre que escuchaba acercarse a alguien a la puerta. -Seguro que serán mis padres -estaba pensando yo justo cuando la puerta se vino abajo.


Noté repentinamente una caricia. No pude expresar de ninguna forma mi sorpresa por descubrir una presencia humana a mi lado. No había escuchado pasos acercarse, ni sonido alguno durante el rato que llevaba consciente. Así que esa silenciosa persona debía haber estado allí todo el tiempo, casi que conteniendo la respiración. La mano, cálida como una fina lámina de tela meciéndose con la ligera brisa en un soleado día, recorría con suavidad mi frente. Un pulgar se detenía dibujando pequeños círculos en mi mejilla para luego perfilar mis labios con dulzura. Fuera quien fuera el dueño de esa mano, debía de haber notado algún tipo de reacción por mi parte ante el recuerdo que acababa de pasar por mi pensamiento. Seguro que mi cuerpo habría efectuado un ligero movimiento o pequeña convulsión al momento de revivir semejante visión. Y no cabía la menor duda del cariño, me atrevería a decir incluso del amor, que el dueño de aquella mano me profesaba. 


Fue entonces cuando le vi, apuntándome con una escopeta de caza, y yo dejé caer mi libro justo al tiempo que él apretaba el gatillo.


Mis párpados por fin lograron separarse lentamente. Me pareció distinguir unos barrotes, y más allá todo se nublaba. El gallo y los pájaros habían dejado ya de cantar. La suave brisa que entraba por la ventana se había convertido en una desagradable corriente de aire frío. El olor a pan recién hecho era solo un recuerdo cercano, sin embargo, el otro olor extraño se hacía más presente aún. Poco a poco fui descubriendo que lo que parecían barrotes eran en realidad mis pestañas, ya que éstos oscilaban, arriba y abajo, al tiempo que la luz se incrustaba poco a poco en mi cerebro. Entonces comenzaron a aparecer las primeras respuestas. Giré unos centímetros la cabeza y seguí el rastro de la mano que continuaba reposada en mi frente, hasta descubrir el rostro enflaquecido de mi querida madre. Parecía muy desmejorada y tenía los ojos enrojecidos. A su lado, mi padre, sobre una silla de ruedas parecía agitarse nervioso ante mis leves movimientos. Aquella habitación no pertenecía a su casa. Enseguida me percaté del instrumental médico que adornaba toda la estancia. Fue justo en ese momento cuando el despertador, que nunca llegué a ver, cambió su monótona e intermitente sinfonía por un pitido igual de estridente pero esta vez continuo, agudo e infinito, que se perpetuó en el tiempo hasta que ya no hubo nada.
-Yo te quería mucho, Barbara. 
Fue lo último que le escuché decir a él antes de perder la conciencia.



Rayis
¿Por qué quieres quedar?:  Creo que en la mayoría de las novelas colectivas la relación de los personajes está latente, y en el proceso, hay que ir construyendo una relación amorosa entre ellos. La idea de poder escribir sobre un amor, visiblemente hecho trizas, y tener que ir recogiendo las cenizas me atrae muchísimo. He elegido la historia del rol de Harry, porque un amor prohibido da mucho a la imaginación, quieres más, supongo que será como la manzana prohibida de Eva?) En fin, que sería magnífico poder escribir en esta novela con este trama y unas escritoras como vosotras, así que crucemos los dedos.
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por Sunrise. el Lun 23 Dic 2013, 8:31 am

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Nombre:  Sadie Anne Weasley.
Representante:  Chloë mía Moretz.
Chico: Colin Ford.
Capítulo:  
Spoiler:

prólogo

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Mis ojos se abren, con pesadez y sin gana alguna, pero lo hacen. Eso es bueno, ¿verdad? O bueno, eso supongo. Me refregó los ojos para que mi vista deje de estar nublada y me siento en la cama. Al hacerlo, mi cabeza comienza a dar mil vueltas.
No tengo ganas de levantarme, ni siquiera tenía ganas de despertarme, pero aún así lo hice. ¡Bienvenida a la realidad, Effy! Otra vez a la maldita realidad…

— Arriba, Stonem —escuche la voz de mi madre. Gire mi cabeza hacia la puerta, con la esperanza de que realmente estuviera aquí, pero no fue así. Oh, cierto, Katrina no está en casa.

Me quito las sabanas de encima y apoyo, con extremo cuidado, los pies en la alfombra verde oscuro. Doy un bufido al reconocer que era una alfombra, ya que las odio.

Me adentro en la ducha fría. Detesto que este fría, pero no me queda otra opción, ya que si, el agua está caliente, puedo quedarme por horas bajo ella. Busco en los cajones que ponerme, aunque en realidad no importa mucho, tan solo voy a la aburrida escuela. Termino de ponerme mi calzado y bajo las escaleras.

— Buen día —digo a la nada misma, solo lo hago para sentirme un poco más a gusto con mi ‘’hogar’’, si es que así puedo llamarlo. Tomo la mochila y antes cerrar la puerta detrás de mí, me despido de la casa, la gran y solitaria casa.

¿Tomar el autobús, caminar o faltar a clases? La opción que más me gusta es la tercera, pero por más que quiera hoy no, ya he tenido muchas faltas, además la profesora Grace quiere que hagamos un nuevo proyecto, pero aún no sé de que puede llegar a ser.

Antes de que el gran colectivo amarillo pase a mi lado, abro la puerta de cristal de la cafetería y tomo asiento en uno de los cómodos sofás. La señora McHale se me acerca, como siempre, con una sonrisa en el rostro. Me da el menú y elijo unas simples tostadas con mantequilla y un café con leche.

Huelo unos panes recién horneados y el estomago hace ruidos extraños, rugiendo al igual que un león. Río al darme cuenta de aquella comparación, ya que en serio se sentía como si tuviera un león en mi estomago.

Al cabo de unos minutos, un muchacho de muchos rulos en su cabellera castaña me trae mi pedido y me sonríe, al igual que la señora McHale y me doy cuenta de que tienen los mismos ojos marrones esmeralda, como las nueces.

Le doy un sorbo a mi café caliente y me como mis tostadas en un minuto, sin duda moría de hambre. Me alisto para seguir mi camino hacía la preparatoria y dejo una propina muy grande, solo por el hecho de que los empleados siempre me reciben con una sonrisa plasmada en la cara y un aura tan resplandeciente. Me pregunto si el venir a trabajar les hace bien, ya que la mayoría del tiempo, siempre están felices o por lo menos así lo veo yo.

Camino un par de calles más y justo cuando veo el colegio se escucha el timbre de que se acabo el tiempo y es hora de entrar a los salones. Corro lo más rápido que puedo por los pasillos y la puerta del salón se me cierra en la cara, como si se burlase de mí, ¡pero yo no le he hecho nada a la puerta!

Me deslizo hacia abajo, apoyando mi espalda en los casilleros y pienso en quedarme aquí hasta que toque la campana de cambio de hora, pero estoy totalmente conciente de que el profesor Weasley no me perdonara por faltar a su importante clase de biología.

Con la decisión de quedarme aquí sentada por cuarenta minutos, me pongo los auriculares y prendo mi reproductor para rematar el tiempo. Cierro mis ojos para crear un ambiente de paz y siento una presencia frente de mí.

Abro los ojos y veo a un muchacho alto y moreno algo malhumorado, como si estuviese esperando algo hace horas. Veo como su boca se mueve, pero no escucho ninguna palabra de lo que dice. Me quito los audífonos.

— ¿Disculpa? —pregunto para que me vuelva a repetir lo que acaba de decir.

— Estás acostada en mi casillero, genio—me dice con un tono exasperante. Me levanto y me hago un lado para que el pueda hacer lo que quiera con su maldito casillero —. ¿No deberías de estar en clases? —me pregunta guardando sus libros en su mochila.

— Debería, ¿y tú? —lo apunto con la cabeza, él tan solo se ríe.

— Soy nuevo, acaban de transferirme —se encoge de hombros como si no importara, porqué realmente no importa.

— Pues, suerte —murmuro para luego dar la vuelta y seguir caminando, pero siento sus pasos detrás de mí.

— Y dime, ¿por qué no estas en clases? ¿Eres una chica mala o algo parecido? —pregunta con algo de arrogancia. Perfecto otra molestia más, pienso.

— Llegue tarde y mi profesor jamás nos deja entrar si llegas tarde —contesto algo molesta con Weasley ya que pude ver como me cerraba la puerta.

— Que idiota, yo quisiera tenerte en todas mis clases —sonríe de lado. ¿Acaso me estaba coqueteando? Genial, lo que faltaba —. Y dime, ¿hay algo divertido en esta escuela además de molestar a los profesores?

— Depende de que diversión estés hablando.

— De la buena, supongo —doblamos en la esquina de un pasillo y pasamos los la sala de computación.

— Define ‘’buena’’, genio —imito su acento de egocentrismo cuando me hablo por primera vez. Él se da cuenta de esto y da una carcajada.

— No lo sé —con movimientos rápidos me acorrala entre los casilleros y sus fuertes brazos de los que trato de zafarme, pero es inútil —. Acostarme contigo, fumar en los baños, traer alcohol a escondidas, tener sexo aquí mismo con una cualquiera y… ¿Qué más? Acostarme contigo —una sonrisa malvada se forma entre sus labios.

Me acerco a su rostro y miro de frente sus ojos azules con una pequeña sonrisita. Me paro de puntas y llego hasta su oído.

— Si crees que voy a ser tan estúpida como para acostarme contigo estás muy equivocado —levanto la pierna derecha y le pego en el miembro con la rodilla. Este se aleja del dolor y se lleva las manos hacia sus pantalones.

— ¡Stonem! —grita una voz chillona a mis espaldas; Pandora —. ¡A la dirección, ya mismo! Y tú también, Lerman —lo señala con su uña larga y mal pintada.

Llegamos a la dirección y después de una larga charla para explicar lo sucedido, ella nos da la sanción que, realmente, no merezco.

— Están castigados por una semana.

— Era de esperarse —decimos los dos al mismo tiempo como si fuera la cosa más normal del mundo, a lo que a Pandora no le gusta para nada.

— Solo salgan de aquí, por favor —nos señala la puerta y nos encaminamos hacía ella para salir, de nuevo, a los pasillos. Solo que esta vez esta lleno de alumnos.

— Gracias, Stonem —espeta sarcástico. ¿Sarcasmo? No conmigo, pequeño.

— De nada, Lerman —sonrío eficaz y lo dejo con la palabra en la boca.

Suena el timbre y la profesora Grace nos cuenta de que consiste nuestro proyecto y solo hay un tema de lo que Grace la vuelve loca además del arte, el amor. Si, el amor, esta señora jamás pudo encontrar el amor y lo añora demasiado como para ser verdad.

¿Qué es el amor?


Si tan solo lo supiera, señorita Grace…. Lo peor de todo es que en mi clase esta el mismo odioso de Lerman. Oh, lo olvide, es mi compañero de proyecto.

{…}

Llego a casa después de un día algo molesto en la escuela. Literalmente, me tiro en la litera porqué mis pies no daban más. Abro una gaveta de la mesita de luz a mi lado y saque el pequeño diario que me regalo mi padre hace mucho tiempo. Seguro que el quería que fuera escritora, al igual que él. Solo he escrito varias historias y todas tienen el mismo final, la muerte.

Voy a la página de mis deseos antes de suicidarme y comienzo a escribir.

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

¿Por qué quieres quedar?:  Ya me van pidiendo esto muchas veces, que no se les haga una costumbre bc no .l. idk, siempre me gustaron las tramas de que el amor vuelve a renacer, como dije, leí muchas así y me gustaría hacer una yo misma. creo que con este rol me sentiría muy a gusto ya que escribo mucho sobre engaños, desencuentros, equivocaciones y todavía no me aburro de esto, simplemente amo la trama. además la sinopsis fue muy bien narrada, creo que da lo suficiente, ni más ni menos, solo lo que uno debe saber para imaginarse miles de cosas hermosas al igual que dolorosas en su cabeza. supongo que no es la mejor respuesta, pero así lo veo yo.


Última edición por O'shea. el Lun 23 Dic 2013, 11:59 am, editado 1 vez
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por demons. el Lun 23 Dic 2013, 11:53 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Hola chicas?) Bueno, la idea de la colectiva me ha gustado mucho<3, el campo de amor-drama me encanta . Ya tengo la ficha medio hecha, sólo quería dejar un comentario primero para no parecer tan brusca. La historia con el rol de Hazza me llama mucho la atención  , así que iré a por él. And I miss you, *gif zenzual de Bruno Mars*
PD: Podéis llamarme Ann, o Annie, o Anna... como queráis<3
vas por hazza, y luego de ver tu ficha, con harbara. ya me caíste bien ahque.
me voy a aceptar tu ficha, bai. :corre:
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por demons. el Lun 23 Dic 2013, 11:58 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:

Nombre: Elisabet Pierce.
Representante:  Barbara Palvin.  
Chico: Harry Styles.
Capítulo:
FIC:

No consentí más, no soñé más.

Cuando el despertador suena



Me desmoroné. La oscuridad se compuso sobre mi ser. Era incapaz de ejercer la fuerza suficiente como para levantar mis párpados. La noche aún era presente y por mucho que mi pensamiento tuviera la certeza de que hacía ya unas horas el sol se habría despegado de la línea del horizonte, y sus rayos penetrado sin compasión a través de mi ventana, no existía claridad alguna que pudiera iluminar mi porvenir. No sentía ningún tipo de dolor físico pero mi espíritu agonizaba perdido en la penumbra. Pude, a duras penas, tragar saliva. En mi boca había dos cuerpos extraños que al tacto con la lengua me recordaban lo mucho que había perdido con aquel golpe. Tan sólo quise ser yo misma, decirle que no le pertenecía, que yo era dueña de mis decisiones y esclava de mis errores, pero nunca más prisionera de su voluntad. A cambio de mi osadía recibí mi golpe de gracia. Y en ese instante, deseando con impotencia poder ver la luz del día, los recuerdos comenzaron de nuevo a torturarme.

Sus nudillos impactaron contra mi mandíbula nublando y a la vez despejando todos mis sentidos. Teñí de rojo mi vestido blanco. Él, al contrario, no enrojeció. Fui incapaz de escuchar las palabras que vinieron después. Le veía mover los labios, mirarme a los ojos, intentar alcanzarme, pero un insoportable silencio era lo único que pude percibir. Me llevé la mano derecha a la boca y con la izquierda abrí la puerta. Le miré por última vez pero las lágrimas, que desbordándose se precipitaban desbocadas por mi rostro, me impidieron interpretar su gesto. Tragué mi propia sangre, no pudiendo sin embargo engullir mi orgullo, y dejé atrás toda mi vida y mis proyectos. Me marché de mi casa olvidando mis pertenencias, todos mis anhelos y la esperanza de un futuro feliz. No pude mirar atrás. Primero, solté mi verdad por la boca. Después, él me hizo escupir mis dientes. Por último, con la indigesta hemorragia y la posterior huida, di rienda suelta a mi llanto. No me sentí liberada ni aliviada. A pesar de poner tierra de por medio su presencia se hacía más nítida que nunca. Sólo tenía un sitio donde encontrar refugio, pero aunque no hubiera sido así, la parte de mí que él no había conseguido reducir se habría negado a permanecer allí. De manera que no hablé más. No consentí más. No soñé más. Y creí escapar. Creí despertar. La realidad es que jamás lo logré.


Esos y otros recuerdos se desataban ahora en mi pensamiento como si llevaran meses hibernando y el hambre los hubiera avivado. El contraste entre mi aletargado cuerpo y mi actividad cerebral era extraordinario. Me era igual de imposible ignorar mi mente como mover mi cuerpo. 


Visité la comisaría en primer lugar, la clínica dental luego, y por último volví a casa de mis ancianos padres, donde dormí profundamente en cuanto gasté mis lágrimas


Y, sin comprender aún el motivo, seguía siendo incapaz de abrir mis ojos cuando la claridad entró en la habitación. Numerosas escenas del pasado golpeaban mi cabeza sin compasión.


Lloré y lloré aquella amarga noche. Les conté a mis padres lo sucedido e innumerables abrazos y carantoñas no pudieron consolarme lo más mínimo. 


Era imposible perdonarme a mí misma por querer obviar durante tantos años las señales que me indicaban que todo acabaría así. Los recuerdos se sucedían ahora uno tras otro pasando por delante de mis inertes ojos, justo antes de convertirse en remordimientos. Esas visiones me culpaban inexorablemente por haberlas intentado ignorar a pesar de haberse querido mostrar con claridad. Y al contrario de lo que me ocurría entonces, cuando parecía no querer dejar atrás un placentero sueño mientras el despertador de la realidad no dejaba de sonar, ahora era una pesadilla la que se hacía camino al tiempo que mi subconsciente se negaba a dar la bienvenida al nuevo día. 


El dolor físico producto del puñetazo suponía un placentero cosquilleo comparado con lo que ese golpe desencadenaba en mi alma. Ver a mis padres sufriendo por ello me atormentaba en aquella insoportable aflicción. El terror que me producía que mi agresor pudiera venir a mi encuentro me paralizaba completamente. La agonía de pensar que tan sólo unas horas atrás yo me veía a su lado por el resto de nuestras vidas me castigaba sin compasión. Preferir la muerte a tal pena era la conclusión final a la que mi lógica arribaba en todo caso. 


Es duro abandonar un agradable sueño, pero más duro es no poder despertar de una terrible pesadilla. A mí, ahora, me ocurrían las dos circunstancias. No solo mis ojos tenían la firme intención de permanecer ocultos tras los hinchados párpados. Toda yo estaba ausente mientras a mi alrededor la vida fluía con normalidad. Podía oír el cantar del gallo y de los pájaros. Escuchar voces y pasos que parecían perderse por lo que intuía sería un largo pasillo. Podía oler el pan recién hecho, mezclado con otro extraño olor que me resultaba familiar pero no lograba identificar. Era capaz de sentir una ligera brisa a la vez que oír el agitar de unas ramas a través de lo que sin duda sería una ventana abierta. Podía ver el tono cálido que había adquirido la anterior negrura, señal inequívoca de que la habitación se había llenado de luz. Pero ahora no podía despertar, mi pesadilla se dejaba notar y era incapaz de determinar cuánto tiempo llevaba instalada en mi cabeza, si acababa de comenzar o si estaría a punto de terminar. Por un instante, los recuerdos del pasado firmaron una breve tregua para dar paso a los interrogantes. ¿Dónde me encontraba? ¿Por qué no podía moverme? ¿Qué me ocurría? ¿Qué eran esas voces y pasos que oía? ¿De dónde provenían el olor a pan y la suave brisa? Pero enseguida, sin dar tiempo siquiera a que respuesta alguna pudiera surgir de la nada, se presentaron de nuevo las espeluznantes escenas, ignorando por completo mis esfuerzos por liberar mis retinas de su encierro.


Días después, aún seguía agazapada en mi habitación, sin poder apenas comer ni beber alimento alguno. Permanecía atenta a cualquier sonido del exterior como un asustado felino que siente la presencia de un depredador cercano. Cuando por fin pude comenzar a ingerir caldos, y por lo tanto empezaba a recobrar fuerzas, me llegaron noticias muy inquietantes. Al parecer mi verdugo había quedado en libertad. Un estúpido papel le decía que debía mantenerse alejado de mí para poder conservar su libertad. Ese fue todo el amparo que recibí de quienes decían protegerme. Un estúpido papel.


En ese momento me percaté de un extraño sonido, una especie de señal acústica que llevaba ahí desde que mis sentidos parecieron despertar. Se repetía cada pocos segundos de manera intermitente y tan sólo se me ocurría que la intensidad de las imágenes que se comenzaron a agitar en mi mente me habían distraído lo suficiente como para no haber detectado su presencia. Sin embargo, me extrañaba el hecho de que sí que escuché el gallo, los pájaros, las ramas, los pasos y las voces del pasillo. Supuse que aquella monótona señal debía haber estado sonando un largo tiempo, de manera que mis oídos se habían acostumbrado a su intermitente aparición hasta el punto de ignorarla. Por eso, cuando nuevos sonidos aparecieron, mis sentidos les prestaron atención a éstos por encima del monótono pitido. Y concluí que aquella señal no podía provenir de otro sitio que no fuera un despertador. Era hora de levantarme. Quise aprovechar aquel nuevo descubrimiento para darle vida a mi cuerpo. Empezaba un nuevo día, tenía que abrir los ojos, incorporarme y andar. Pero la pesadilla me agarró firmemente atándome de pies y manos a mi recuerdo, amordazando mi voluntad e impidiendo mi resurrección.


Pasé varios meses recluida presa del pánico y era incapaz de asomarme a una ventana. Todo cambió el día en que me informaron de que él había empezado a salir con otra chica. Ese fue el primer día que pisé la calle. Me aseguré de que mi torturador estaba en su puesto de trabajo y me apresté a visitar a aquella joven. No podía permitir que le ocurriera como a mí, que fuera la siguiente víctima. No quería que empezara a soñar porque sabía perfectamente que mi pesadilla sería también la suya. Me reuní con ella y le conté quién era él, todo lo que me había hecho y todo lo que seguía sufriendo en su cercana ausencia. Simplemente le advertí, creyendo que hacía lo correcto. Aquella mujer enmudeció, esa fue toda su reacción. Nunca supe si me creyó ni tuve idea de qué consecuencias tuvieron mis revelaciones en su relación. Ignoré el crédito que concedió a mis palabras y tampoco quise esperar a comprobarlo. Retorné lo más veloz que pude a mi refugio con la esperanza de que la intensidad de mi desgarradora experiencia fuera suficiente para sacudir a la adormilada muchacha. ¿Qué manera más efectiva podría existir para despertar a alguien que lanzar una dosis helada de realidad sobre su rostro?


Continuaba concentrada en aquel intermitente e interminable pitido. Sin comprender el motivo, tenía la certeza de que agarrándome firmemente a esa señal podría dar término a mi parálisis. Que si persistía en mi empeño, prestando atención al despertador podría al final recuperarme. Sin embargo, mi interés comenzó a desviarse de nuevo. Me percaté de la humedad de lo que debían ser las sábanas sobre las que yacía mi estático organismo. Intuí por ello que la postura mantenida no era ni mucho menos reciente. Debía haber pasado así muchas horas, posiblemente días incluso. El sonido del despertador se hacía cada vez más insoportable. ¿Cómo no lo había escuchado antes? Pronto conseguiría despertarme, no podía significar otra cosa. La luz, la brisa, el gallo, el olor a pan, el despertador. Estaba claro que era la hora, pero... ¿Por qué me era imposible mover un músculo?


Cuando regresé a casa de mis padres estaba temblando de miedo. Sin embargo, al igual que el día en que huí de él, sentía que acababa de hacer lo correcto a pesar del pánico. Afortunadamente, la casa estaba sola y respiré aliviada por haber evitado que mis padres se llevaran el disgusto de verme en ese estado de nerviosismo. Me di un relajante baño e intenté distraerme con un libro. Oí llegar unos pasos y me sobresalté, como siempre que escuchaba acercarse a alguien a la puerta. -Seguro que serán mis padres -estaba pensando yo justo cuando la puerta se vino abajo.


Noté repentinamente una caricia. No pude expresar de ninguna forma mi sorpresa por descubrir una presencia humana a mi lado. No había escuchado pasos acercarse, ni sonido alguno durante el rato que llevaba consciente. Así que esa silenciosa persona debía haber estado allí todo el tiempo, casi que conteniendo la respiración. La mano, cálida como una fina lámina de tela meciéndose con la ligera brisa en un soleado día, recorría con suavidad mi frente. Un pulgar se detenía dibujando pequeños círculos en mi mejilla para luego perfilar mis labios con dulzura. Fuera quien fuera el dueño de esa mano, debía de haber notado algún tipo de reacción por mi parte ante el recuerdo que acababa de pasar por mi pensamiento. Seguro que mi cuerpo habría efectuado un ligero movimiento o pequeña convulsión al momento de revivir semejante visión. Y no cabía la menor duda del cariño, me atrevería a decir incluso del amor, que el dueño de aquella mano me profesaba. 


Fue entonces cuando le vi, apuntándome con una escopeta de caza, y yo dejé caer mi libro justo al tiempo que él apretaba el gatillo.


Mis párpados por fin lograron separarse lentamente. Me pareció distinguir unos barrotes, y más allá todo se nublaba. El gallo y los pájaros habían dejado ya de cantar. La suave brisa que entraba por la ventana se había convertido en una desagradable corriente de aire frío. El olor a pan recién hecho era solo un recuerdo cercano, sin embargo, el otro olor extraño se hacía más presente aún. Poco a poco fui descubriendo que lo que parecían barrotes eran en realidad mis pestañas, ya que éstos oscilaban, arriba y abajo, al tiempo que la luz se incrustaba poco a poco en mi cerebro. Entonces comenzaron a aparecer las primeras respuestas. Giré unos centímetros la cabeza y seguí el rastro de la mano que continuaba reposada en mi frente, hasta descubrir el rostro enflaquecido de mi querida madre. Parecía muy desmejorada y tenía los ojos enrojecidos. A su lado, mi padre, sobre una silla de ruedas parecía agitarse nervioso ante mis leves movimientos. Aquella habitación no pertenecía a su casa. Enseguida me percaté del instrumental médico que adornaba toda la estancia. Fue justo en ese momento cuando el despertador, que nunca llegué a ver, cambió su monótona e intermitente sinfonía por un pitido igual de estridente pero esta vez continuo, agudo e infinito, que se perpetuó en el tiempo hasta que ya no hubo nada.
-Yo te quería mucho, Barbara. 
Fue lo último que le escuché decir a él antes de perder la conciencia.



Rayis
¿Por qué quieres quedar?:  Creo que en la mayoría de las novelas colectivas la relación de los personajes está latente, y en el proceso, hay que ir construyendo una relación amorosa entre ellos. La idea de poder escribir sobre un amor, visiblemente hecho trizas, y tener que ir recogiendo las cenizas me atrae muchísimo. He elegido la historia del rol de Harry, porque un amor prohibido da mucho a la imaginación, quieres más, supongo que será como la manzana prohibida de Eva?) En fin, que sería magnífico poder escribir en esta novela con este trama y unas escritoras como vosotras, así que crucemos los dedos.
Audición Aceptada


may amó tu ficha.
no había tenido el placer de conocerte antes, pero ahora que sí, me he enamorado de tu escritura. <3
me gustó tu respuesta a la última pregunta, me parece muy original y está bien definida.
estás participando, te deso muchísima suerte. <3
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por demons. el Lun 23 Dic 2013, 11:59 am

estoy entre aceptar a mía, y que leils me odie por no dejarla aceptar nada, o no aceptar la ficha y morirme.
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por Invitado el Lun 23 Dic 2013, 12:36 pm

Acepta la de mia yo acepte la de ems y fue genial (?)
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por demons. el Lun 23 Dic 2013, 1:23 pm

JAJAJAJA ya voy. <3
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por demons. el Lun 23 Dic 2013, 4:14 pm

O'shea. escribió:
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Nombre:  Sadie Anne Weasley.
Representante:  Chloë mía Moretz.
Chico: Colin Ford.
Capítulo:  
Spoiler:

prólogo


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Mis ojos se abren, con pesadez y sin gana alguna, pero lo hacen. Eso es bueno, ¿verdad? O bueno, eso supongo. Me refregó los ojos para que mi vista deje de estar nublada y me siento en la cama. Al hacerlo, mi cabeza comienza a dar mil vueltas.
No tengo ganas de levantarme, ni siquiera tenía ganas de despertarme, pero aún así lo hice. ¡Bienvenida a la realidad, Effy! Otra vez a la maldita realidad…

— Arriba, Stonem —escuche la voz de mi madre. Gire mi cabeza hacia la puerta, con la esperanza de que realmente estuviera aquí, pero no fue así. Oh, cierto, Katrina no está en casa.

Me quito las sabanas de encima y apoyo, con extremo cuidado, los pies en la alfombra verde oscuro. Doy un bufido al reconocer que era una alfombra, ya que las odio.

Me adentro en la ducha fría. Detesto que este fría, pero no me queda otra opción, ya que si, el agua está caliente, puedo quedarme por horas bajo ella. Busco en los cajones que ponerme, aunque en realidad no importa mucho, tan solo voy a la aburrida escuela. Termino de ponerme mi calzado y bajo las escaleras.

— Buen día —digo a la nada misma, solo lo hago para sentirme un poco más a gusto con mi ‘’hogar’’, si es que así puedo llamarlo. Tomo la mochila y antes cerrar la puerta detrás de mí, me despido de la casa, la gran y solitaria casa.

¿Tomar el autobús, caminar o faltar a clases? La opción que más me gusta es la tercera, pero por más que quiera hoy no, ya he tenido muchas faltas, además la profesora Grace quiere que hagamos un nuevo proyecto, pero aún no sé de que puede llegar a ser.

Antes de que el gran colectivo amarillo pase a mi lado, abro la puerta de cristal de la cafetería y tomo asiento en uno de los cómodos sofás. La señora McHale se me acerca, como siempre, con una sonrisa en el rostro. Me da el menú y elijo unas simples tostadas con mantequilla y un café con leche.

Huelo unos panes recién horneados y el estomago hace ruidos extraños, rugiendo al igual que un león. Río al darme cuenta de aquella comparación, ya que en serio se sentía como si tuviera un león en mi estomago.

Al cabo de unos minutos, un muchacho de muchos rulos en su cabellera castaña me trae mi pedido y me sonríe, al igual que la señora McHale y me doy cuenta de que tienen los mismos ojos marrones esmeralda, como las nueces.

Le doy un sorbo a mi café caliente y me como mis tostadas en un minuto, sin duda moría de hambre. Me alisto para seguir mi camino hacía la preparatoria y dejo una propina muy grande, solo por el hecho de que los empleados siempre me reciben con una sonrisa plasmada en la cara y un aura tan resplandeciente. Me pregunto si el venir a trabajar les hace bien, ya que la mayoría del tiempo, siempre están felices o por lo menos así lo veo yo.

Camino un par de calles más y justo cuando veo el colegio se escucha el timbre de que se acabo el tiempo y es hora de entrar a los salones. Corro lo más rápido que puedo por los pasillos y la puerta del salón se me cierra en la cara, como si se burlase de mí, ¡pero yo no le he hecho nada a la puerta!

Me deslizo hacia abajo, apoyando mi espalda en los casilleros y pienso en quedarme aquí hasta que toque la campana de cambio de hora, pero estoy totalmente conciente de que el profesor Weasley no me perdonara por faltar a su importante clase de biología.

Con la decisión de quedarme aquí sentada por cuarenta minutos, me pongo los auriculares y prendo mi reproductor para rematar el tiempo. Cierro mis ojos para crear un ambiente de paz y siento una presencia frente de mí.

Abro los ojos y veo a un muchacho alto y moreno algo malhumorado, como si estuviese esperando algo hace horas. Veo como su boca se mueve, pero no escucho ninguna palabra de lo que dice. Me quito los audífonos.

— ¿Disculpa? —pregunto para que me vuelva a repetir lo que acaba de decir.

— Estás acostada en mi casillero, genio—me dice con un tono exasperante. Me levanto y me hago un lado para que el pueda hacer lo que quiera con su maldito casillero —. ¿No deberías de estar en clases? —me pregunta guardando sus libros en su mochila.

— Debería, ¿y tú? —lo apunto con la cabeza, él tan solo se ríe.

— Soy nuevo, acaban de transferirme —se encoge de hombros como si no importara, porqué realmente no importa.

— Pues, suerte —murmuro para luego dar la vuelta y seguir caminando, pero siento sus pasos detrás de mí.

— Y dime, ¿por qué no estas en clases? ¿Eres una chica mala o algo parecido? —pregunta con algo de arrogancia. Perfecto otra molestia más, pienso.

— Llegue tarde y mi profesor jamás nos deja entrar si llegas tarde —contesto algo molesta con Weasley ya que pude ver como me cerraba la puerta.

— Que idiota, yo quisiera tenerte en todas mis clases —sonríe de lado. ¿Acaso me estaba coqueteando? Genial, lo que faltaba —. Y dime, ¿hay algo divertido en esta escuela además de molestar a los profesores?

— Depende de que diversión estés hablando.

— De la buena, supongo —doblamos en la esquina de un pasillo y pasamos los la sala de computación.

— Define ‘’buena’’, genio —imito su acento de egocentrismo cuando me hablo por primera vez. Él se da cuenta de esto y da una carcajada.

— No lo sé —con movimientos rápidos me acorrala entre los casilleros y sus fuertes brazos de los que trato de zafarme, pero es inútil —. Acostarme contigo, fumar en los baños, traer alcohol a escondidas, tener sexo aquí mismo con una cualquiera y… ¿Qué más? Acostarme contigo —una sonrisa malvada se forma entre sus labios.

Me acerco a su rostro y miro de frente sus ojos azules con una pequeña sonrisita. Me paro de puntas y llego hasta su oído.

— Si crees que voy a ser tan estúpida como para acostarme contigo estás muy equivocado —levanto la pierna derecha y le pego en el miembro con la rodilla. Este se aleja del dolor y se lleva las manos hacia sus pantalones.

— ¡Stonem! —grita una voz chillona a mis espaldas; Pandora —. ¡A la dirección, ya mismo! Y tú también, Lerman —lo señala con su uña larga y mal pintada.

Llegamos a la dirección y después de una larga charla para explicar lo sucedido, ella nos da la sanción que, realmente, no merezco.

— Están castigados por una semana.

— Era de esperarse —decimos los dos al mismo tiempo como si fuera la cosa más normal del mundo, a lo que a Pandora no le gusta para nada.

— Solo salgan de aquí, por favor —nos señala la puerta y nos encaminamos hacía ella para salir, de nuevo, a los pasillos. Solo que esta vez esta lleno de alumnos.

— Gracias, Stonem —espeta sarcástico. ¿Sarcasmo? No conmigo, pequeño.

— De nada, Lerman —sonrío eficaz y lo dejo con la palabra en la boca.

Suena el timbre y la profesora Grace nos cuenta de que consiste nuestro proyecto y solo hay un tema de lo que Grace la vuelve loca además del arte, el amor. Si, el amor, esta señora jamás pudo encontrar el amor y lo añora demasiado como para ser verdad.


¿Qué es el amor?



Si tan solo lo supiera, señorita Grace…. Lo peor de todo es que en mi clase esta el mismo odioso de Lerman. Oh, lo olvide, es mi compañero de proyecto.


{…}


Llego a casa después de un día algo molesto en la escuela. Literalmente, me tiro en la litera porqué mis pies no daban más. Abro una gaveta de la mesita de luz a mi lado y saque el pequeño diario que me regalo mi padre hace mucho tiempo. Seguro que el quería que fuera escritora, al igual que él. Solo he escrito varias historias y todas tienen el mismo final, la muerte.

Voy a la página de mis deseos antes de suicidarme y comienzo a escribir.

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

¿Por qué quieres quedar?:  Ya me van pidiendo esto muchas veces, que no se les haga una costumbre bc no .l. idk, siempre me gustaron las tramas de que el amor vuelve a renacer, como dije, leí muchas así y me gustaría hacer una yo misma. creo que con este rol me sentiría muy a gusto ya que escribo mucho sobre engaños, desencuentros, equivocaciones y todavía no me aburro de esto, simplemente amo la trama. además la sinopsis fue muy bien narrada, creo que da lo suficiente, ni más ni menos, solo lo que uno debe saber para imaginarse miles de cosas hermosas al igual que dolorosas en su cabeza. supongo que no es la mejor respuesta, pero así lo veo yo.
Audición Aceptada


me encantó, srsly. <3
like omg. <3
lo que no me gusta es que vayas por el artista libre.
¿por qué me odia el mundo, eh? ahque.
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por demons. el Miér 25 Dic 2013, 5:36 pm

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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por Invitado el Miér 25 Dic 2013, 7:50 pm

omg
May :c tengo la sensación de que estás enojada conmigo :'cc
Leils<33333 ¿todo bien beibi?
Hsnxhs hola chicas *-* La idea que tuvieron me enamoró, srsly. Es demasiado geniaaaal xd Mierda, sus imaginaciones me superan Rolling Eyes Voy a audicionar, no lo duden. Ya saben por quien voy<3333 bdhdbsdbc esperen mi ficha u.u
"Inserte gif de Mars en un spoiler llamado i miss you* (?
Las amo<3
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Re: when i was yours {audiciones.

Mensaje por demons. el Miér 25 Dic 2013, 8:44 pm

Deby. escribió:omg
May :c tengo la sensación de que estás enojada conmigo :'cc
Leils<33333 ¿todo bien beibi?
Hsnxhs hola chicas *-* La idea que tuvieron me enamoró, srsly. Es demasiado geniaaaal xd Mierda, sus imaginaciones me superan :roll:Voy a audicionar, no lo duden. Ya saben por quien voy<3333 bdhdbsdbc esperen mi ficha u.u
"Inserte gif de Mars en un spoiler llamado i miss you* (?
Las amo<3
no, no, por supuesto que no, pero me enoja que no hablemos. ah.
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Re: when i was yours {audiciones.

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