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back to that summer {audiciones cerradas}

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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por khaleesi. el Miér 18 Dic 2013, 12:11 pm

Míaaaaaaaaaaaaaaaaashu. Wanduuuuuuuuuu. <3
ya les vine a cagar todo, estoy acá .|.
se suponía que no tenía que haber mas nc, pero ustedes con esta idea  y ya. No me pude resistir .|. Me encanta, me encanta, todo, absolutamente todo.
so, como sea, voy a ir por el rol de amantes, bc idk, me atrae lo prohibido (?)  el ship, idk, ahora veo por quienes, ;________________; estoy indecisa. Más tarde dejo todo.
Las amo <333333333333


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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por khaleesi. el Miér 18 Dic 2013, 12:15 pm

y les paso de página encima :meh:
era el destino  
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por Miluh. el Miér 18 Dic 2013, 12:17 pm

Hola, ah, comento para que me lleguen los mensajes
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por Sunrise. el Miér 18 Dic 2013, 12:35 pm

me da paja todo bc tengo ganas de dormir :c
esperamos tu ficha, pushila ♡
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por khaleesi. el Miér 18 Dic 2013, 12:58 pm

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nombres completos: Dylan O'Brien - Jennifer Lawrence.
roles: amantes
escrito de tu autoría:  
Special A.:

[size=3]La luz del sol a la una de la tarde, era de todo, menos agradable. Claro, excepto si quieres obtener un bronceado que afectara a cada centímetro de tu cuerpo –al menos que no te quites el sostén-, en ese caso sí.

Una suave brisa acariciaba de forma constante mi cara, logrando que un par de cabellos rebeldes hicieran cosquillas en él al moverse. La velocidad era solamente un factor que sumar a la hora de todo el viento que se estampaba. Había querido caminar, y tomar un poco de aire. Relajarme, y distanciarme un poco de todo lo que había sucedido en los últimos días.

Pertenecer a Special A. no era exactamente un pase directo a la tranquilidad. Todo Tomlinson College parecía tener intenciones de querer saber y deducir tu próximo movimiento –desde el más mínimo, como ir al baño; hasta quizás lo más privados, como que nota te sacaste en lenguas extranjeras-.

Claro, que estar en el grupo más privilegiado no te salvaban de los rumores molestos e insistentes. Y muchas veces, éstos corrían más rápido que la propia pólvora quemándose.

Para mi desgracia, uno de los más mediáticos del año pasado, fue que yo estaba saliendo con el hijo de los dueños de Tomlinson College: Louis Tomlinson. Arrogante, asquerosamente simpático, un idiota y mi mayor competencia. O al menos eso creía, porque no teníamos nada que ver. Yo me dedicaba al Tenis, y él se especializaba en fútbol. No había motivo alguno para que ambos nos cruzáramos, sin embargo, siempre algo lo colocaba en mi camino como una piedra enorme el cual no podía saltear.

Nunca tuve algo con él, ni nunca lo tendríamos.

Los bloques de cemento que conformaban la vereda desaparecían por debajo de mis pies. Mi mano se alternaba al costado de mi cuerpo hacia atrás y hacia delante creyendo que eso me daría más velocidad, o al menos el impulso necesario para moverme más rápido.

Si no me apuraba, llegaría tarde.

[/size]
°°°
[size=undefined][size=undefined]

La clase de álgebra avanzaba más lento de lo que yo hubiera deseado. El aburrimiento se demostraba claramente en mi posición física: Mi cabeza estaba apoyada en mí mano derecha como si pesara más de lo que mi cuello pudiera sostener, y la izquierda se cerraba alrededor de un lápiz mientras lo golpeaba contra el pupitre.

Las matemáticas nunca habían sido mi primera opción, no obstante, esto no significaba que no fuera buena en ellas.

El profesor terminaba de explicar unas cuentas que tendríamos que hacer para la siguiente clase, cuando la campana anunció el receso tan ansiado. 

Todos agarraron sus pertenencias, y corrieron hacia el pasillo para liberarse del encierro del aula. 

-¡Emily!- Siento como alguien me llama. Me di la vuelta, y mi mejor amiga trotaba hacia mí con una sonrisa radiante. –Viniste bastante agitada esta mañana ¿No?- Reí por lo bajo, mientras dándole la razón, asentí con la cabeza.

-Quise tomar aire, Sky. Pero…

-Se te hizo tarde- Finalizó por mí. Una vez más, me había quitado las palabras de la boca, gracias a que ella sabía perfectamente como era. –Tendrás que sacarte esa costumbre, amiga.

-Por supuesto que sí- Escuché detrás de mío. No fue necesario agudizar mis oídos para saber con quién estábamos tratando. Bufé por lo bajo, mientras que con una simple mirada le supliqué a Skylar que me ayudara a salir de ésta. No quería hablar, puesto que, es obvio que cuando uno detesta a alguien, hace todo lo posible por mantenerse alejado de él. Al menos en mi caso, yo intentaba eso cuando no estábamos compitiendo. 

-Yo tengo cosas que hacer, nos vemos luego Ems- Mi apodo fue lo último que pronunció antes de desaparecer por los pasillos del colegio, dejándome en la completa soledad –trágicamente- con la compañía de Louis. No quería darme vuelta, quería salir corriendo, porque cada encuentro con Louis significaba drama. Drama para mí, drama para cualquiera que fuera testigo de los acontecimientos que creaban nuestras discusiones. 

Una vez, ahora que recuerdo, con Louis jugamos al tenis de mesa –mejor conocido vulgarmente como ping pong-. Estábamos empatados 40 a 40, y quedaba solo un minuto para que terminara el receso –sí, gastaba mi tiempo libre en intentos por ganarle a Louis-. En fin, Louis me empezó a desafiar todavía más, y a retarme diciendo que en ese tiro no podría ni llegar a quebrar la muñeca para pegarle con la paleta a la pelota. Mi orgullo estaba por las nubes, y no iba a dejar que mi dignidad se cayera por los suelos –al menos no más-. Así que, sin más tiempo que desperdiciar, golpeé  la pelotita contra la mesa pintada de verde, y posteriormente la golpeé. La lucha estuvo equitativa, ninguno bajaba de nivel, sin embargo una sola mirada de Louis durante el juego fue suficiente para que bajara la guardia. Louis casi me gana, sin embargo yo lo rematé… para peor.

La pelota rebotó y rompió un vidrio, además de noquear a la profesora de lengua y literatura, que estaba a punto de jubilarse.

“Al menos le adelanté las vacaciones” Pensé positivamente. Pero, esa fue una historia para que Louis me la recordara todas la veces que pudiera, con el mensaje subliminal de “Yo soy mejor” entre palabras.

-Ni siquiera sabes de que estábamos hablando- Espeté, animándome a darme vuelta y encararlo. Y ahí estaba de nuevo: Pelo ligeramente alborotado hacia arriba, sonrisa cínica y burlona, y esa mirada… Esos ojos celestes. Mis pensamientos eran automáticamente criticados por mi sub consciente: No podía pensar ningún halago hacia el muchacho que me torturaba de lunes a viernes, y cuando quería, los fines de semana. No obstante, vamos, era casi imposible no notar esos ojos.

-Oh, sí lo sé, Emily- Indicó, ensanchando su sonrisa aún más. –Tarde, de nuevo.

-No llegué tarde-Negué con la cabeza, mientras estrechaba mis ojos. Mis brazos se cruzaron enfrente de mi pecho en señal de protesta.

-Casi- Señaló con su dedo índice. -¿Sabes? La próxima vez que estés en un apuro como ese, podría pasarte a buscar.-Levanté la ceja, y solté una risa irónica. No creía que estuviera dispuesto a hacer un favor como ese, en realidad, ningún favor en general.

-¿Qué es? ¿Alguna clase de broma?- Gruñí. Louis se colocó la mano en el pecho, mientras hacía una mueca de falsa ofensa.

-No- Negó dramáticamente. Mi mirada estudiaba cada centímetro de su rostro, tratando de emplear los métodos que había aprendido en la serie ‘Miénteme’. No pude encontrar ninguna mentira, a diferencia del nerviosismo de un criminal –aunque no sé porque lo consideraba tal- el mantenía firmes sus facciones en estado burlesco. Decidí dejar de “luchar” y giré sobre mi propio eje lista para irme. Sin embargo, una vez más, la voz de Louis me detuvo. –Solo mi intento de caridad- Sus palabras me causaron gracia, y al mismo tiempo una ofensa, y grande.

-¡Sabía que no te podías resistir!- Aclamé mientras estampé mi dedo contra su pecho, pese a eso, Louis no se movió ni un centímetro.

-Culpable- Levantó las manos en señal de paz, pero no había señal de rendición en él –Pero sí, podría traerte alguna vez- Levanté una ceja, sin creer sus palabras. –Serías afortunada. Imagínate bajando del auto de Louis Tomlinson- Mis manos se cernieron alrededor de las riendas de mi mochila, y la subieron ligeramente encima de mi hombro. Una sonrisa auténtica se formó en mi cara, mientras inclinaba sutilmente mi cabeza hacia un costado.

-¿Afortunada?- Inquirí. Louis asintió con su inconfundible egocentrismo, y yo volví a hacer una mueca. Sin esperar a dirigir más palabras a él, o que él me las dirigiera a mí, retrocedí unos pasos y finalmente me di vuelta alejándome de él. –Preferiría que me llevaran al infierno, Louis- Aseguré, seguido de una risa jocosa. 

[/size][/size]
°°°
[size=undefined][size=undefined]

La limosina me vino a recoger a las siete de la tarde en punto. Nunca tenía por qué quejarme de mi chofer, y al parecer nunca tendría que hacerlo. Walt era una persona muy responsable, y como no, un excelente hombre. Tenía 41 años, más no aparentaba esa edad, sino menos. Sin embargo, él vivía para su pequeño hijo, Ben, y su esposa –que era muy agradable- Jane.

Miraba a través de los vidrios, con la tranquilidad de que no me miraban a mí –ya que eran polarizados-

El viaje se hacía más corto hacia casa. Special A. podía ser un lugar privilegiado, sin embargo, como todo privilegio había que luchar por él. Y así se formaban descansadamente los días agotadores.

Mis ansias por llegar a casa solo era cuestión de comodidad, y no tanto de la necesidad cariñosa que brindaba un hogar. Es más, me sentía sorprendida cada vez que encontraba a alguien dentro de los metros cuadrados que rodeaban mi vivienda. 

Mamá y papá trabajaban todo el día, o simplemente llegaban a casa cuando yo ya estaba descansando para ir al siguiente día al instituto; y para colmo, se levantaba bien temprano antes de que siquiera les pudiera decir un pobre “hola”. 

No los veía muy a menudo, sin embargo, eso no borraba el hecho de que los quisiera. Dicen que la distancia solo refuerza el amor, pero ese no era mi caso. El amor que yo les tenía era puro agradecimiento por todo lo que me habían otorgado, y lo que habían hecho por mí.

Los extrañaba, si, pero no por eso iba a hacer un berrinche cada vez que se fueran.

Unas rejas enormes se alzaron frente a la vereda mientras la limusina se detenía exactamente al costado.

-¿Si?- Habló alguien a través del comunicador que estaba colocado en el muro que limitaba la entrada de mi casa. Su voz dulce y amable me confirmó que era la única mucama posible en mi casa: Olga.

-Traigo a la señorita Recker- Indicó Walt. Olga emitió un sonido de asentimiento, y posteriormente las puertas se abrieron de forma automática.

Mi transporte recorrió una entrada iluminada por el sol y decorada por unos arbustos. Luego, una fuente redonda se centraba justo en el medio armonizando el ambiente con el sonido producido por la cascada del agua. La limusina recorrió la rotonda producida, y se estacionó justo enfrente de los escalones que luego tendría que subir para llegar a la puerta.

Ni bien tuve la oportunidad, bajé de la limusina y le agradecí a Walt por haberme traído.

Traspasé las puertas de madera, y me encontré con el interior de mi casa. 

Una enorme escalera se ajustaba alineada perfectamente, a sus costados nada m{as que porta retratos familiares desde hace años. 

-¿Hola?- Pregunté. Nadie contestaba, y si mis predicaciones estaban en lo correcto, nadie iba a contestar.

Caminé escaleras arriba con una velocidad de trote, mientras ansiaba llegar y descansar de una vez por todas. 

Divisé mi habitación al final del pasillo, contenta por estar al fin en un lugar privado y tranquilo. Me bañaría, luego me pondría en pijamas y quizás llamaría a Skylar o Hayley, para hablar con ellas o de seguro terminar contando mil y un razones para odiar a Louis Tomlinson.

Recorría el pasillo con ansias, cuando pasé por la habitación de mis padres y escuché el sonido de la aspiradora recorriendo la alfombra. Me volví entonces unos pasos atrás para saludar a Olga, quien se encargaba de esa tarea y muchas más. 

-Olga- La llamé, mientras que ella reaccionó y me dedicó una cálida sonrisa.

-Emily, suponía que correrías a tu habitación- Declaró, mientras yo simplemente reí y le otorgué un abrazo. 

Olga era una señora de ya avanzada edad. O bueno, no tanto ya que poseía cincuenta primaveras encima. Su pelo canoso se encontraba corto y levemente ondulado, dejando a sus ojos celestes toda la atención de su rostro.

-Sí. Es difícil comenzar después de unas vacaciones, pero bueno…- Suspiré y coloqué mis brazos en forma de jarra. –Ya me acostumbraré. – Olga asintió y rió ante mis palabras.

-Eso espero- Indicó, mientras me señalaba en forma cómplice. Olga suele ser la mayoría de las veces una mamá sustituta para mí, y es lógico, ya que mis papás –como bien saben- no están y ella muchas veces es mi única compañía en casa.

-Me voy a duchar, y quizás me quede el resto del día echada en cama- Aclaré, imitando un gesto bastante holgazán. Ella asintió, mientras yo me empezaba a retirar de la habitación. Pero me tuve que detener a los pocos segundos, en el marco de la puerta, ya que parecía ser que Olga tenía unas palabras más que otorgarme.

-Oh, y Emily- Anunció captando mi atención- Llamó una amigo tuyo- ¿Amigo mío? La información parecía ser bastante sospechosa, ya que, conociendo a mis amigos, ellos llamarían a mi celular antes que a mi casa. Era mucho más rápido y fácil para contactarme.

Fruncí el ceño ante una señal de confusión, y me crucé de brazos.

-¿Amigo?

-Sí, me dijo que tenía que hablar- Prosiguió. No se me ocurría nadie de quien estuviera hablando, por lo que decidí hacerle la pregunta más directa.

-¿Dijo como se llamaba?- Interrogué, esperando ansiosa la respuesta, ya que me intrigaba hasta los nervios.

-Oh, claro que sí, espera que lo recuerde- Olga golpeteó su dedo índice delicadamente contra su pera, haciéndome saber que estaba haciendo un esfuerzo por recordar. Pensé que se iba a dar vencida fácilmente contra la duda, pero no fue necesario, ya que ella misma anunció la identidad. –Si!- Chasqueó los dedos. –Se llamaba Louis. Louis Tomlinson- Si mi quijada no hubiera estado pegada por naturaleza, ésa se hubiera caído fácilmente contra el piso en ofensa. ¿Por qué me llamaría? ¿Qué necesidad de irrumpir mi línea telefónica? Cobré la compostura y nuevamente me dediqué a enfocarme en el castaño que tantas pesadillas me causaba.

-¿Y qué quería?- Indagué, levantando una ceja.

-Dijo que tenía asuntos pendientes contigo, eso nomás- Soltó mi mucama. Respiré hondo, y luego solté el aire comprimido por mi pecho. Parpadeé unas veces, y finalmente luego de unos segundos cortos –pero intensos- de debate, decidí tomar ese baño que tanto ansiaba. El agua significaba relajación, distracción, y calma en el alma. Y en ese momento quizás necesitaría trescientos litros de agua.

-Oh, claro que tenemos asuntos pendientes Olga- Sentencié mientras cruzaba la puerta y agradecía por tener el número de teléfono de Louis entre el marcado rápido. En ocasiones como éstas, servía mucho. 

the great escape:
-No. Ya no. Basta y déjame en paz, Tate- 

Tate Samuels. Tres años más grande que yo, y a punto de graduarse. Por supuesto, acostumbrada a cometer errores estúpidos y que me perjudicaran horrorosamente, me había puesto de novia con él ni bien lo había conocido. O había creído conocerlos. 

El castaño de ojos marrones profundos, había terminado siendo un misterio, pero no por mucho. Me había dado cuenta que era celoso, y posesivo; y no faltaba mucho para que lo que ya estaba corrompido empeorara. Pero no. No iba a dejar que esto fuera más allá de lo incontrolable. 

Yo era quien decidía sobre mi vida, que hacía con ella, y con quien estaba para compartirla. Y digamos que en éste momento, Tate no era mi elección número uno. 

-No. Tú no me dejarás, Sophia. Por favor, yo te amo- Los ojos de Tate pedían piedad, sin embargo yo venía rogando desde hace tiempo. Asfixia es la primera sensación que se me venía a la cabeza cuando pensaba en pasar más momentos con el que era mi novio. Al principio había sido divertido, una aventura placentera sabiendo que mis instintos rebeldes estaban al tope cuando me encontraba en plena adolescencia. Pero luego ya era… terrorífico. No era estúpida, y mucho menos ciegas. Ya había visto como éstas cosas empezaban, y lo peor… ya predecía como terminaban; y yo no iba a dejar que mi vida se arruinara cuando apenas llevaba una década y media de vida.

-Amar no es retener, Tate. Amar no es desconfiar, y mucho menos castigar por tus inseguridades. ¡Me has advertido, e incluso amenazado por cosas que yo jamás haría!- Chillé, apuntándome, agregando nada más que un poco de dramatización a la situación. Pero si no soltaba todo lo que tenía adentro, todo lo que sentía y quería expresar hace tiempo, cortar con él no iba a ser suficiente. Además, era una especie de auto convencimiento hacia mí misma, alegando que lo que estaba haciendo, era con razones verídicas y justificables. Porque, por más que quisiera cortar, por más daño sentimental que me hubiera hecho él, yo lo estaba lastimando de vuelta. Y yo no creía en esas cosas.

Yo no justificaba el dolor por más dolor, nunca lo había hecho y no empezaría en ese momento. 

Pero era lo correcto, y el bien en ese momento, era mayor que el mal.

-Solo quiero asegurarme…

-No- Corté. –Ya no puedes asegurar nada, y nunca lo has hecho en verdad, Tate- Suspiré, incitándome a seguir todavía más, y terminar con esto de una vez. –Soy libre de hacer lo que quiera. Siempre lo he sido, y eso no va a cambiar. Y ni tú, ni neadie más me va a restringir de hacer cosas que quiero hacer. Ni mucho menos obligarme a realizar las que no quiero… Y yo ya no quiero seguir con esto, Tate. Fue demasiado lejos, y no voy a dejar que siga. Lo siento…- Sin esperar respuesta alguna, me giré sobre mi propio eje y empecé a caminar por los pasillos de la escuela.

Me sentía alguien nuevo, o al menos alguien renovado. Me sentía libre, pero no en el sentido de que ya no estaba en una relación. Sino libre de todo aquello que me venía presionando hace tiempo. Mamá me había dicho que hablar, llorar, o incluso gritar sobre lo que a uno le estorbaba por dentro, de alguna forma ayudaba, y mucho. Y ese día lo había puesto en práctica. Y vaya de que manera.

Sin embargo, la felicidad no duró mucho, ya que solo segundos después reconocí ese tacto tan familiar tomando control de mi brazo y estampándome contra los casilleros.

-Escúchame bien, Laila. Porque solo lo voy a decir una vez…- Me había acorralado por completo, y yo estaba encerrada entre cuatro paredes que constituían mis mayores temores. Sus ojos se encontraban desorbitados, y el parecía a punto de perder el control. Si es que no lo había perdido ya. –Tú no me dejarás, porque eres mía. Y de nadie más. Y si llegas a insinuar la próxima vez que siquiera estás pensando en dejarme, juro que te…

-¿Juras qué, Samuels?- Una voz desde mi izquierda había interrumpido la batalla entre los dos –que por cierto, yo no estaba ganando- Automáticamente, giré mi cabeza para observar a quien había decidido enfrentar a Tate y por supuesto no tenía porque sorprenderme. Niall se encontraba allí, rodeado de sus amigos, Zayn y Harry. Por supuesto, la mayoría siempre se ganaba el favoritismo. Y yo estaba a favor del grupo que acababa de irrumpir en el lugar. –Antes de que sigas hablando, te aviso que los juramentos y promesas no son para maricones…- Espetó, lanzando una indirecta, que no había caído tan indirectamente. Niall había dado en el blanco justo, destrozando cualquier posible rastro de orgullo en el castaño. –Solo decía- Alzó las manos en señal de paz, como si su intención no fuera lastimarlo, u ofenderlo. Por detrás, se escucharon unas risitas tratando de ser sofocadas y unos “oh” que señalaba que algunos estaban disfrutando la confrontación. 

-¿Y quién eres tú, Horan para decirme que hacer?- Interrogó, sin liberarme todavía. El rubio se cruzó de brazos, y rió sarcásticamente tomándose a chiste la pregunta que le habían hecho. Claramente no le daba importancia a cualquier palabra que viniera de parte de la Tate.

-Alguien mucho mejor que tú, de seguro- Con eso parecía haber dicho todo lo necesario por explicar, pero cuando pensé que se iba a quedar callado, me señaló con la cabeza. –Y el mejor amigo de tu ex novia, a la cual no dejaré que le toques ni un pelo imbécil- Sentenció. Si hubiera estado del otro lado de la pelea, mi quijada ya estaría en el piso por la contestación de Niall; pero estaba ahí, en el medio de la discusión, siendo testigo de cómo aquel rubio de ojos celestes me salvaba una vez más.

Los ojos de Tate se achicaron, hasta parecer que tenía descendencia asiática y no americana. Había una guerra de miradas entre mi amigo rubio, y mi ex novio, ambos estaban firmemente decididos a prevalecer, pero había una claridad en el aire, y esa era que uno de los dos tenía ventaja.

-Esto no se termina aquí, Horan- Finalmente, Tate fue el derrotado, y –resignado- golpeó un casillero justo al lado mío y se marchó sin dar tiempo a que los demás dieran crédito a lo que acababa de suceder.

-Bueno gente, se acabó la fiesta, dispérsense- Zayn tomó el mando durante un instante, pero lo suficiente para ser escuchado y obedecido. Todos los adolescentes entrometidos y curiosos empezaron a vagar por los pasillos –por suerte- lejos de nosotros. Harry por su parte, luego de que todo volviera a la normalidad, invitó a su amigo castaño a retirarse junto a él, con la intención de dejarnos solo a Niall y a mí.

Nos quedamos un rato en silencio, realizando ninguna otra acción más que mirarnos y agradecernos mutuamente. Sin embargo, necesitaba dejarle bastante en claro cuánto le agradecía lo que había hecho, por lo que ni bien tuve la oportunidad, recorrí los metros que nos separaban y lo estrujé en un abrazo completamente honesto y retribuido.

-Niall…- Comencé, pero él me interrumpió.

-No tienes que decir nada, Laila- Sentí como sonreía aún a pesar de no tenerlo en mi vista, y al mismo tiempo, en mi cara una señal de felicidad se estampaba también.

-Gracias, igual.

-Era un idiota ¿No?- Preguntó con humor sin embargo yo no le encontraba la gracia a mi error. Un error completamente mío, y estúpido. Negué con la cabeza y le contesté:

-Si… pero yo fui una idiota también- Respuesta que había sido más para mí misma que para Niall. El rubio se cruzó de brazos y prosiguió con la discusión, sabiendo que no iba a ganar. En nuestras peleas, Laila Evans conseguía ventaja e indiscutiblemente una victoria.

-No. Quizás un poco ciega, pero no una idiota- Aclaró. –El amor muchas veces tiene ese efecto en nosotros- Terminó. Solté una risotada, mientras el simplemente fruncía el ceño. Es que no entendía la gracia que me causaba el verlo así, tan serio y… filosófico. Pero no era algo chistoso, sino desgraciadamente verdadero. Solo que en éste caso no estaba ciega por amor, sino ciega por rencor. Tanta distracción quería obtener, tanta fue la necesidad de que alguien me sacara de mi casa por el máximo tiempo posible, que al primero que se me acercó, fue con el que me fui. Fue una decisión apresurada el haberme relacionado con Tate, sin embargo, quizás muy dentro mío, en el fondo de todo lo sucedido con él, estaba agradecida. Porque vaya infierno que me iba a tocar vivir si me quedaba a ver como mamá al fin se terminó convirtiendo en una mujer despreocupada y completamente irreconocible, y papá un drogadicto que llamaba a cada rato para culparme de lo sucedido.

Pero, el tiro me había salido por la culata, y me había dado de lleno en el corazón. Tate, con el paso del tiempo, solo se convirtió en la otra orilla del lago apestado. No tenía más ese escape que yo necesitaba, o que buscaba. 

Al final, solo había corrido para volver a tropezar. Pero no importa, porque esa segunda caída me había valido enormemente, porque me enseñó que de los problemas no se escapan, se enfrentan. Se lucha por arreglarlo, y si no tiene arreglo, tenemos que seguir con las ansias de reparar lo irreparable. Porque esa es la naturaleza humana: luchar. Luchar por lo que uno quiere, y desea.

-Y… ¿Qué vas a hacer mañana?- Comenzó Niall. Yo lo observé curiosamente, mientras una ceja se elevaba ansiosa de deducir que lo que decía era un chiste.

-¿Mañana? ¿Te refieres al baile de invierno?- Interrogué, incrédula. El oji-celeste asintió y simplemente me dediqué a soltar una risa sarcástica. Obviamente, mi rutina original era vestirme, esperar por Tate y él me llevaría en su carrusel con caballos –que en realidad era un Jeep de color negro descastado- hacia el baile para volver a medianoche. Sin embargo, la actividad que significó nuestro rompimiento esta mañana no estaba en esa rutina, y no me quedaba otra cosa que modificar la misma drásticamente –Supongo que me quedaré en casa, me vestiré con mi mejor elección de pijama, compraré pizza, y me quedaré a ver como Grey’s Anatomy se acerca cada vez más a un final épico- Ese plan era excelente, pensé internamente. Sine embargo, la cara de Niall parecía no estar de acuerdo con mi agenda nocturna del día Sábado. -¿Qué?- Pregunté. El rubio se colocó sus manos en el bolsillo, y miró hacia el suelo, haciéndome acordar a los niños de las películas que se observan el pie cuando están frente a una niña.

-Pues… pensaba que sería una pena desperdiciar ese vestido que no te quieres poner, y…- se trabó.

-¿Y?- Volví a incitar. Niall suspiró y me miró a los ojos.

-¿Qué te parece si vamos al baile juntos?- Interrogó, dándome apenas tiempo para entenderle. Lo miré, incrédula de su petición, pero contenta de que tuviera esa valentía de pedirme algo tan… simple, pero que sabía que le intimidaba. Es que Niall era tan… tímido. Y vaya que se día era un día de cambios, enfrentamiento a un ex lleno de esteroides, petición a su mejor amigo al baile… se estaba transformando. Y no era la pubertad, permítanme decirles.

Lo pensé durante unos segundos, cuando luego me arrepentí de siquiera haberlo dudado. ¿Por qué le daba tantas vueltas? ¡Era Niall Horan, por dios santo! Él que siempre había estado para mi, el que desde el primer momento se había preocupado. Definitivamente no había mejor persona que él en ese momento.

-Al diablo Meredith Grey, puede abrir cuerpos ella sola- Sonreí. Niall río sobre mi broma referida a la serie, y me colgué de su brazo. –Voy a ir al baile de invierno con mi mejor amigo.- El rubio sonrió, tanto que sus ojos celestes parecían haberse escondido bajo sus párpados y caminamos juntos, justo para el toque de timbre.
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sha, espero que esté bien  dejé dos capítulos por las dudas  pero sha.
bai & ilyyy <3333333333333333
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por Invitado el Miér 18 Dic 2013, 1:12 pm

el ship pushi ¡yo también los shipeo wn ccccccccccccccccccc':
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por khaleesi. el Miér 18 Dic 2013, 1:16 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:el ship pushi [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] ¡yo también los shipeo wn ccccccccccccccccccc':

oh mai gad  en serio? alsdjsdlsdhsdlsd

es que mi Jei Jei con el Dylan se ve muy bello
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por Invitado el Miér 18 Dic 2013, 2:09 pm

Pushi. escribió:
@Lizzie. escribió:el ship pushi  ¡yo también los shipeo wn ccccccccccccccccccc':

oh mai gad  en serio? alsdjsdlsdhsdlsd

es que mi Jei Jei con el Dylan se ve muy bello
ASDFGHJKL; hay wn lo sé, son tan beios ccccc':
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por Invitado el Miér 18 Dic 2013, 3:53 pm


nombres completos: Theo Grace {Alexander Ludwig} - Annabeth Monroe {Allie DeBerry}
roles: Criticas.
escrito de tu autoría:
The revenge:

El jueves por la tarde, Carrie paró en frente de un bar luego de haberse juntado con Ally. Aquel letrero que había fuera se le hacía conocido, y sabía perfectamente el por qué. Logan le había mencionado que era su bar favorito, y que la mayoría de las veces iba por la noche.

— Hey, niña, ¿Entrarás? —preguntó un hombre barbudo, al parecer dueño del local, o algo por el estilo. Su barba era larga y blanca, tanto que le recordaba a Papá Noel.

— En un momento, por ahora estoy bien aquí —contestó Carrie. El hombre rodó los ojos, y se fue diciendo algo parecido a “Estúpidos adolescentes”. Si Carrie había pensado que se parecía a Papá Noel, ahora decía todo lo contrario.

La Navidad estaba por llegar, y las calles de Moscú estaban llenas de adornos muy coloridos y lindos, mientras que el clima hacía de lo suyo con llenar de nieve la ciudad. A Carrie le gustaba la Navidad, pensaba que era un momento en el cual todas las personas deberían disfrutar. Ser felices por un día. Además, para la rubia era un instante para pasar en familia, aunque esta Navidad ella estaría lejos de su padre. Después de un largo rato parada allí afuera, contemplando el paisaje, y decidiendo si pasar o no al bar, alguien llamó la atención de Carrie.

— Muñeca, ¿No tienes nada que hacer por la tarde? —preguntó una voz reconocible para la rubia.

— ¿Logan? —ella se dio la vuelta para verlo, el lucía bastante mal, y tenía una botella de algún trago en su mano— Dame eso —ella estiró la mano—, que me lo des, Logan. Ahora.

El rió fuertemente, captando la atención de la multitud que pasaba por los lados. Carrie bajó la mirada, y de un momento a otro le quitó el licor que llevaba en su mano.

— ¿Por qué me lo quitas? —él se movió hacia Carrie y tropezó con una piedra que estaba allí.

— Diablos, Lerman —ella lo agarró del brazo, mientras él seguía riendo—, te llevaré a casa, dime donde está tu auto.

Logan la miró con una mirada bastante divertida, haciendo que Carrie riera un poco. Ella dejó la botella en una mesa que había fuera del bar, y le tendió su mano libre, a lo que Logan la tomó inmediatamente. Él le indicó donde se ubicaba su auto, y Carrie caminó hacia él, obviamente, junto a Logan.

— ¡Hey! —reclamó Logan, cuando la rubia lo empujó hacia el asiento de copiloto.

— Hey —suspiró Carrie una vez que hubiera cerrado la puerta del vehículo.

— ¡YUPI! —Logan gritó.

— Vaya, sí que estás tomado —dijo Carrie cuando estaba dentro del auto.

Logan y Carrie tuvieron un gran viaje en auto, pues la rubia se había perdido cuando iba camino a casa de Logan. Agregando que este no quería decir hacia donde quedaba su casa. Se sentía bien reír, bromear, y cantar las canciones que ambos se sabían a la perfección. Seguramente, si Lila o el padre de Carrie estuvieran allí con ella, la hubieran retado por las risas que lanzaba de vez en cuando. Logan tenía una sonrisa enorme, pues le contaba todas las anécdotas que le habían ocurrido cuando recién había llegado a Moscú.

Un suspiro se escapó de la boca de Carrie, y paró en un semáforo en rojo. Logan la miró atentamente, y esta sentía sus ojos encima de ella. El sonrió nuevamente, pero era de aquellas sonrisas que escondían algo. Pero no era odio, o algo parecido, debajo de aquella sonrisa, había tristeza, y Carrie notó eso. ¿Era el trago? ¿O en verdad se sentía así?

— Carrie, yo… —se sentía tan lindo escuchar nuevamente su nombre en los labios del chico—, yo lo siento, enserio, lo siento demasiado.

Logan comenzó a sollozar, y Carrie se sintió incomoda. ¿Logan, llorando? Eso era malo. Pero estaba casi segura de que era el efecto del alcohol. El semáforo cambió a verde, haciendo que la rubia apretara el acelerador. De vez en cuando miraba a Logan, y este miraba fijamente hacia abajo, mientras seguía llorando. Carrie suspiró, pensando en que debía decir. Su madre le había dicho alguna vez que se debía dejar tranquilas a las personas por un momento, hasta que su pena se fuera, y luego hablar tranquilamente sobre lo que le pasaba.

— ¿Quieres hablar cuando estemos en tu casa? —preguntó en un susurro, mientras doblaba hacia la derecha—, es mejor conversar sobre el tema, yo… debo hablar contigo sobre eso. No importa si estás tomado.

— Seguro. Y, no estoy tan tomado, solo exageré para estar un rato contigo.

— Tenía un leve presentimiento de que fuera eso —dijo Carrie tratando de alegrar el ambiente.

— Ajá —fue lo único que respondió Logan.

— ¿Crees que mi…? —Carrie no pudo terminar la pregunta, un nudo se había formado en su garganta.

Logan la miró, al parecer sabía lo que Carrie deseaba decir. La rubia suspiró, tratando de calmarse. Era mejor no hablar de ese tema.

— Dobla aquí —indicó Logan, mientras miraba por la ventana.

— Está bien —dijo en un susurro la rubia, mientras doblaba lentamente.

Manejó hasta llegar al gran condominio. El guardia estaba en la puerta, y miró con el ceño fruncido a Logan, quien tenía los ojos llorosos.

— Pasen —dijo con una voz dura, mientras abría el portón eléctrico.

— Gracias —Carrie lo miró para luego seguir conduciendo a casa de Logan. Era la cuarta casa, del segundo pasaje.

Y si, era un condominio muy grande.




— Mis padre me mataría, o peor aún, me calcinaría —dijo agarrando otra frutilla bañada en chocolate.

— ¿Por? —preguntó él—, debes decir “Papá, estoy con Logan, ¿Te molesta mucho?”.

Ambos chicos rieron ante la ocurrencia de Logan. En ese entonces, estaban acomodados en el sillón de la casa, comiendo frutillas bañadas en chocolate, y viendo una película, aunque hacían todo menos eso. Carrie había accedido a quedarse esa noche con Logan, pues la nieve afuera era horrible, y ninguno de los dos quería separarse del otro. La rubia se preguntó qué sería de su amiga Lila, la cual había estado muy distanciada de ella luego de que Carrie le contara lo ocurrido con Ally. También se preguntó por Ally, ¿Estaría viendo una película? Y, igualmente, se preguntó por su padre, ¿Cómo estaría?

— Bien, creo que es hora de hablar sobre lo que realmente íbamos a conversar —susurró Logan, y Carrie sintió que no estaba lista para escuchar la versión de Logan. Pero la curiosidad era más fuerte que la inseguridad.

— Seguro, pues… dispara —nuevamente el intento de hacer el ambiente más alegre, o más liviano. Cualquier cosa que bajara la tensión que había en la habitación, ayudaba a eliminar los nervios de Carrie.

Logan limpió el sudor que tenía en sus manos, pasándolas por el pantalón, y suspiró, al parecer dispuesto a contar toda la verdad. Y nadie los iba a interrumpir, esta vez, nadie salvaría a Logan, y menos a Carrie.

— Bien, la verdad es…

Carrie sintió un revoltijo en su estómago, y vio como Logan estaba completamente nervioso. ¿Qué pasaría si la verdad es peor de lo que pensaba Carrie? La respiración de la rubia comenzó a agitarse, y estaba a punto de estallar como una bomba y gritar a Logan que contara todo luego.

— ¿Es…? —preguntó Carrie, algo irritada.

—Bien… Carrie, esto, puede que te duela, pero —el suspiró—, esa vez, cuando estuvimos de novios… yo no te amaba. Es así como empezó todo.

— Entonces estuviste conmigo por dinero, ¿No? —ella lloraba.

Logan solo bajó la mirada y asintió lentamente.

— Déjame terminar, ¿Vale? —preguntó Logan—, luego, con el pasar de los días, sentí a alguien con… malas intenciones.

¿Malas intenciones? Se preguntó a si misma Carrie. Ella temblaba, y trataba de mantener sus manos juntas, para que el temblor no se notara.

— Si, malas intenciones. Resulta que era una chica, ella me amenazó con que si no le daba algo del dinero de tu padre, haría tu vida imposible.

La boca de Carrie se abrió completamente.

— ¿Qué? —preguntó algo confundida.

— Deja terminar —prosiguió Logan—. Esta chica comenzó a utilizarme. Carrie, yo tuve un poco de dinero, solo lo que deseé en ese momento. La chica tiene todo lo demás.

— Pe… pero —tartamudeo Carrie—, la casa, el auto, todo tan lujoso… es imposible Logan. Imposible, mi padre había gastado mucho en ese tiempo.

— La casa me la compré con el dinero que mi madre me dio. Necesitaba un respiro, nada más que eso —explicó—, el auto… fue de tu dinero, al igual que las joyas y lo demás.

— ¿Por qué no me contaste la verdad cuando íbamos a terminar? —preguntó en un sollozo, refiriéndose a la supuesta chica.

— No te merecía. Te hice daño por una estupidez. No debí haberlo hecho, Carrie —respondió Logan, mientras lagrimas caían por su mejilla.

— Ahora —dijo Carrie—, dime, ¿Quién es la chica?

El la miró con una cara de alerta, mientras comenzaba a negar con la cabeza.

— No te diré…

— ¡Habla! —gritó sollozando—, ¿No fuiste tan hombrecito como para estar conmigo solo por dinero? ¡Pues habla, Logan!  

— ¡Fue Lila! —gritó fuertemente el chico, enfadado— ¡¿Estás feliz?! ¡¿O quieres que te diga que me acosté con ella?! ¡Porque lo hice!

Carrie sintió como el mundo a su alrededor se rompía. Las lágrimas no dejaban de salir, y corrían por su mejilla como la lluvia cuando corre en un temporal. Se sentía una basura, podría esperarlo de Logan, pero no de Lila. Y cada palabra que pronunció Logan, eran dagas que se enterraban en su corazón. Miró a Logan, y este lloraba. Carrie solo negó con la cabeza, y este se dio cuenta de lo que había dicho. Y se dio cuenta de que había echado a perder todo, otra vez.

Ella simplemente se paró y pasó por el lado de Logan, aun llorando. Corrió hacia la puerta, y al abrirla, sintió el frío en su cara. Se sentía como la primera vez que había peleado con Logan, pero esta había sido peor. Antes de salir, Logan la tomó del brazo.

— Lo siento, Carrie, por favor, te amo, antes no tenía sentimientos, era un maldito adolescente. Por favor, Carrie.

Pero Carrie no lo iba a perdonar. Ella se dio vuelta, quedando a cinco centímetros de distancia con la cara de Logan, recordando la frase que el viejo del bar había dicho.

— ¿Sabes? —dijo, tragando un sollozo—, pensé que podría darte una oportunidad, pero, seguimos siendo unos malditos adolescentes, Logan.

Y con esto soltó su agarre del brazo de Logan, para luego caminar. No se iría en auto, pues no tenía, pero no se quedaría en casa de Logan.

— ¿A dónde iré? —se preguntó una vez fuera del condominio.

Carrie sabía perfectamente que no podía quedarse en casa del chico, pero tampoco podía volver a su hotel, en donde estaría Lila, y fingir que nada había pasado. Marcó un número en su celular, y la chica respondió al tercer pitido.

— ¿Carrie? —preguntó riendo.

— ¿Ally? ¿Estás ocupada?

— No, ¿Te ha pasado algo? —inquirió, por el tono de voz que llevaba Carrie.

— Si… ¿Crees que puedas pasarme a buscar? —Carrie sollozó nuevamente.

— Seguro, en unos minutos estaré allá, pero, ¿Dónde estás?  

— Te estaré esperando en él café, donde nos juntamos la primera vez.

— Voy para allá.

Y cortó. Carrie comenzó a caminar rápidamente al café, mientras veía a sus lados. Era de noche, y no había nadie por la nieve que caía. Ella comenzó a tiritar, mientras sus pies se congelaban del frío. Las botas eran insuficientes para el frío que sentía. Pero no me refiero al frío de la ciudad, si no que al frío que había dentro de ella.

Al llegar a la cafetería, se sentó junto a la ventana que estaba allí. Vio pasar a un niño de unos cuatro años, junto a su madre, y se preguntó si ella terminaría así. Y también se preguntó si el padre del niño está presente en su vida. Pero sacó todos esos pensamientos cuando el niño la miró, y se acercó a ella, mientras la madre pedía un café y una malteada.

— ¿Por qué lloras? —preguntó el pequeño, con el típico acento ruso.

Carrie sonrió, pero no respondió nada, pues la mamá había llegado al lado del niño.

— Perdón por las molestias, Alex es un chico muy molestoso a veces.

La madre miró al niño, y este se devolvió a mí, mirándome con sus ojos cafés.

— Perdón, señorita —se disculpó Alex.

— No pasa nada, pequeño —dijo revolviéndole el cabello.

— Espero que tengas unas buenas fiestas —el pequeño sonrío para luego correr detrás de su madre.

— Espero que tú también las tengas, Alex —respondió para sí misma.

— ¿Alex? ¿Quién es Alex? —preguntó Ally, quien estaba congelada por el frío.

Carrie miró a su amiga, aunque ya no sabía si debía confiar en cualquier chica. Se largó a llorar mientras su celular sonaba fuertemente, pero aquel no era su celular… era el de Logan.

Revisó rápidamente su bolso, y también estaba el suyo, no había de que preocuparse, excepto de que tendría que ir a visitarlo nuevamente.

— Ahora, dime por qué lloras —Ally la miró fijamente—. No deberías estar llorando si eso —indicó con su cabeza el celular de Logan—, está en tus manos.

— ¿Qué? —preguntó Carrie, tratando de no llorar más.

— Le estás pagando con la misma moneda, de eso se trata, ¿No? —preguntó Ally con una sonrisa—, robarle todo, y dejarlo sin nada.

— Puede ser un buen plan, pero ya no quiero pensar en eso.

— ¿Y bien? ¿Quién lo llama?

Carrie miró el celular de Logan, pensando que podría ser él mismo, tratando de encontrar su celular. Pero no era él, de eso estaba segura, pues el identificador de llamadas mencionaba otro nombre.

— Lila —la rubia miró hacia al frente, algo paralizada.

Ally le quitó el celular de sus manos, y cortó.

— ¿Se… se siguen viendo? —preguntó Carrie, aunque no le preguntaba a Ally, si no que se preguntaba a sí misma.

¿Se seguían viendo? Preguntó la irritante vocecita en su cabeza.

The hunger games:


— Respira, uno, dos, tres, y cuatro. Camina, uno, dos, tres, y cuatro. Por último, ataca. Eres sigilosa, como una serpiente. Eres fuerte, como un león…
— Rápida, como un leopardo —continué yo—, solo mira al contrincante, camina despacio, y ataca por detrás.
Miré a Mathew, y me dirigió una amplia sonrisa. Yo solo lo miré con una cara seria.
— Hermanos, siempre juntos —siguió él.
— Un grupo, equipo, y familia… —terminó Alexander, quien había llegado de un momento a otro.
Alex se tiró a mis brazos, y comenzó a llorar. Hoy era el día de la cosecha, y habíamos acordado que si yo salía, saldría Mathew como voluntario, haciendo que Alex quedara en casa, mientras mi amiga lo cuidaba.
— Alex, cariño —lo tomé de la cara, era igual que mamá—, no hay nada dicho aún, quizá nos quedaremos aquí, juntos.
El asintió, y se fue hacia fuera de la habitación. Mathew solo suspiró, y siguió al pequeño. Los tres éramos los hermanos Blackburn, y además, los más queridos por el distrito cinco. Mi padre había sido un conocido trabajador de la central eléctrica, por lo que nuestra familia se hizo rápidamente famosa. Pero todo cambió el día en que nuestra madre murió.
Ella murió en los juegos, lamentablemente hizo una alianza con un chico equivocado. Luego de lo ocurrido con ella, mi padre desapareció por unos días, y fue cuando Mathew me dio la noticia de que había fallecido por un cuchillo enterrado por sí mismo en su cuello. Por aquellas razones, odiaba al Capitolio, es más, odiaba a toda la puta gente de los demás distritos, sobre todo los privilegiados.
De repente sentí un cuchillo volar por la habitación, enterrándose en la puerta de entrada. Y si, había lanzado un cuchillo a través de la habitación.
— Linda forma de desquitarse, Debby —me dije a mi misma, imitando la voz de mi hermano, si es que hubiera estado en la habitación conmigo.
Suspiré y me paré, para dirigirme fuera de la casa. Caminé lentamente hacia un lugar que era muy conocido para mí, y ese era la central eléctrica. Vi en la entrada a John, un viejo apodado como loco, aunque era más bien de cariño, pues todos sabían que era el viejo más sabio del distrito. Lo más raro que había en él, era que nunca usaba su voz, si no que en una pizarra colocaba lo que deseaba decir.
— Hey, John —lo saludé con mi mano.
El escribió rápidamente en su pizarra, la levantó, y decía “Hey, Deborah. ¿Lista para la cosecha?”.
— Más que nunca —sonreí, y me senté al lado de el—, ¿No crees que deberías dejar de trabajar, y mandar a tus nietos? Digo, para que te ayudasen, no estás en una buena edad, viejo.
El sonrió felizmente, y comenzó a escribir nuevamente en su pizarra, la cual ahora decía: “No, aún son muy jóvenes. Pero tienes razón en algo, ya no trabajo como antes, todo me sale mal”.
— ¿Sabes qué, viejo? Eres el mejor vigilante, aunque estés pasado de tu edad, haces todo perfecto.
El sonrió y me abrazó repentinamente. Yo me asombré al principio, pero lo abracé fuertemente, quizá, sería la última vez que lo vería.
— ¡Debby! —escuché un grito detrás de mí, era Mathew.
— Creo que es hora de irme, te quiero, viejo.
El asintió con la cabeza, y se despidió de mí con la mano. Me paré y corrí hacia donde estaba Mathew.
— ¿Qué pasa? —pregunté irritada.
— Faltan dos horas para la cosecha, y no estás arreglada.
— Vamos, Mat, estoy bien. Mira mi cabello, radiante y eléctrico, estoy lista para ser voluntaria —le pegué en el hombro, a lo que él se quejó.
— No te harás voluntaria —mi sonrisa pasó a ser una seria línea.
Mathew también estaba serio, pero podía imaginar la cara que yo llevaba. Sentía mis mejillas arder, y era como si de repente mi cabello si fuera eléctrico.
— ¡¿Qué has dicho?! –grité fuertemente.
— He dicho, que no serás voluntaria —me ordenó, mientras colocaba sus manos en mis hombros.
— Dame razones.
— Primera razón, no podemos dejar solo a Alex —explicó, mirándome fijamente.
— Alexander, se quedará en casa de Jessica…
— Segundo, no quiero verte morir —el agarró mi brazo y lo dobló ligeramente, no hice nada.
— No moriré, de eso estoy segura —respondí.
— Y tercero, no estás preparada para esto.
— Claro que estoy preparada —susurré, palabra por palabra.
Me solté de su agarre y caminé decididamente a casa de Jessica, mi mejor y única amiga. Toqué la puerta y al instante salió ella, con su pelo amarrado en un perfecto peinado alto.  
— ¿Estoy bien? ¿Qué pasa si muero? ¿Y si sobrevivo? De todas formas, ¿Crees que salga elegida? ¿Te harías voluntaria por mí? —bombardeo de preguntas.
— Cálmate, todo está bien, estúpida. Respira hondo, bota, respira, bota…
— ¿Enserio soy estúpida? —yo pasé por su lado y me dirigí a saludar.
— ¡Mi niña! ¡Buen día, buen día! —exclamó la madre de Jessie, mientras me abrazaba y daba besos en ambas mejillas.
¿Era yo, o esta familia estaba chalada?
— Buen día, señora… —ella me interrumpió.
— ¿Vienes para hacerte un peinado? Porque tienes un lindo cabello, muy eléctrico, cariño —abrió sus ojos, transformándolos en unos muy grandes ojos.
— Así es, déjelo a su elección, cualquier peinado que usted haga es hermoso —yo sonreí, y vi a Jessica aplaudir.
— Jessie, trae las pinzas, hay mucho trabajo por hacer —dijo tocando mi cabello.
Yo sonreí irónicamente. A la mierda lo que decía mi hermano, a la mierda si muero, a la mierda todo.




Paré cuando me fijé que ya estaba donde debía estar. En el grupo de chicas, exactamente entre las de quince años. Miré hacia el frente, y vi las urnas respectivas, una para hombres, y otra, para mujeres. Sentí mi respiración agitada, mi miedo comenzaba a aparecer. Pero, vamos, tenía derecho de tenerlo, tan solo tengo quince años.
Miré hacia el lado rápidamente, y me encontré con la mirada de Mathew a la distancia, negando con la cabeza, insinuando que no me debía de hacer voluntaria. Y quizá tenía razón, tan solo quizás…
— Tengo miedo —susurró Jessica, quien estaba al lado mío.
Todas las chicas hicieron un ruido para que se callara. Y yo también quería que se quedara callada.
Vi al alcalde a lo lejos, y también vi a la vieja eléctrica, Marie… no recuerdo su apellido, pero ahora estaba vestida con un vestido dorado, y llevaba como peinado un gran tomate, con cintas igualmente doradas. Ella sonreía y miraba para todos lados, mientras que yo la fulminaba con la mirada.
Fue cuando el alcalde se paró, para acercarse al micrófono, el cual al principio dio un chirrido, haciendo que muchos rieran nerviosamente. Era lo mismo de siempre, comenzaba hablando, mostraron un video que no quise ver, y luego lee la lista de quienes han ganado en nuestro distrito.
Luego de unos largos minutos, Marie se levanta de su silla, y camina hacia el micrófono. Sonríe alegremente, y mira a todo el público, en este caso, el distrito.
— ¡Felices Juegos del Hambre! —exclamó felizmente—, ¡Y que la suerte, esté siempre de su lado!
Rodé los ojos y sentí la mano de Jessie en mi brazo, indicándome que debíamos hacer nuestra tradición. Crucé el dedo índice con el medio, y junte mis dedos con los de ella, que también estaban de la misma manera. Era algo así como doble suerte, o así le llamábamos nosotras.
Luego de hablar con su voz chillona, y asustándonos con su increíbles gritos, llega el tiempo de mencionar a los suertudos. Aunque, es todo lo contrario, más bien, son… estúpidos que morirán.
— ¡Damas primero! —exclama mientras se dirige a la urna.
Siento como a Jessie comienza a entrar en desesperación.
— Tranqui…
— ¡Deborah Blackburn! —grita con fuerza, y siento como Jessie me mira con ojos llorosos.
Todas las chicas me miran, pues la mayoría me conoce. Comienzo a caminar con seguridad, pero lentamente, repitiendo la frase o canción que mamá nos cantó antes de irse a los juegos. “Respira, uno, dos, tres, y cuatro. Camina, uno, dos, tres, y cuatro. Por último, ataca. Eres sigilosa, como una serpiente. Eres fuerte, como un león. Rápida, como un leopardo, solo mira al contrincante, camina despacio, y ataca por detrás…”
Subí las escaleras agarrando mi vestido amarillo sol, y me dirigí al lado de Marie. Vi a la distancia a todos. Estaba Mathew, con su cara seria, Jessie, quien lloraba, Alex, quien susurraba, seguramente, la canción de mamá, y también estaba el viejo John, que asentía con la cabeza, con sus ojos llorosos. Marie preguntó por voluntarios, pero nadie dijo nada.
— Bien, vamos por el varón —exclamó.
Volvió con el papelito que todos ansiaban por escuchar. Miró al público, y sonrío.
— Alexander Blackburn —todos hacen un ruido de sorpresa.
Definitivamente la suerte no estaba de mi lado. Alex queda atónito, mirándome, y yo solo le hago una mueca con mi boca, pronunciando un “espera”. Miro rápidamente a Mathew, pero él ya había alzado la mano.
— ¡Soy voluntario! —grita, y el distrito se vuelve loco.
Los dos hermanos más fuertes del distrito, están en camino hacia el peligro.




— Cinco minutos —escucho que dice el guardia.
Estoy dentro del edificio, más conocido como el edificio de las despedidas. Siento el ruido de la puerta abrirse, y veo a Alex corriendo a mis brazos, detrás de él viene el viejo John.
— ¡No quiero que mueras! ¡No quiero! —grita mientras me golpea las manos, tratando de desquitarse con algo, mientras llora.
— Estaré bien, lo estaré.
Siento un brazo en mi hombro, es John.
— No estoy preparada —susurro, haciendo que Alex no escuchara por el sonido de sus sollozos.
— Claro que lo estás —me sorprendo al escuchar su voz.
Alex sales de mi abrazo y mira a John. Nadie había escuchado su voz, jamás.
— Eres la mejor con los cuchillos. La mejor en el arco, pequeña gigante —yo reí, con lágrimas en mis ojos—, nunca nadie te matará, porque tu madre y tu padre están protegiéndote.
Siento una lágrima caer por mi mejilla, lo cual es raro, pues no lloraba desde que mi madre falleció.
— Y Alex, junto a mí, junto a Jessie, junto al distrito entero —me dijo—, estaremos alentándote, a ti, y a tu hermano.
Comienzo a sollozar, y siento que no quiero irme, nunca. Alex me abraza y me besa la mejilla.
— Porque tú —dice Alex—, eres Deborah Alexandra Blackburn, la mejor guerrera, y la mejor hermana.
— ¡Deben salir! —grita el guardia desde afuera.
Ambos se despiden de mí, y antes de que salgan, los detengo.
— Dos cosas —dije.
Ellos me miraron.
— La primera, los quiero mucho —revolví el cabello de Alex.
Ambos rieron.
— Y lo segundo —sonreí ferozmente—, en los juegos correrá mucha sangre, pero no será mía.
Ellos me aplaudieron, y salieron luego de despedirse por segunda vez. Y es que, todos sabrán quien soy, todos sabrán, que soy Deborah Alexandra Blackburn, la chica eléctrica.  

Icon<3:

Ahí está todo, mierdas<3. Am, espero que esté bien, y también espero que nadie me robe a mis dos bebés.
Eso, ily Mía, ily Ems<3.
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por Sunrise. el Miér 18 Dic 2013, 4:33 pm

pos obvio las dos están aceptadas pero ustedes saben, paja
o'brien jlaw alex grace nada, esop.
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por Guest el Miér 18 Dic 2013, 9:00 pm

she's per-fect:


dejé dos bc no me resistí. (?)
hooooooooola. <33
me encantó la idea, y justo andaba buscando una nc para participar, así que kdnckjdhj acá estoy.
creo que iré por mejores amigos, o ciegos, idk.
es extraño, porque conozco a todas las que comentaron acá pero ninguna me conoce a mí. excepto la pushi, ella la caga. (?)
meh, ya dejo la ficha.
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por khaleesi. el Jue 19 Dic 2013, 8:03 am

Yo solo puedo decir que la cago, bc sino me ofendo  Ah.
Gato te vigilo
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por .wonderwall. el Jue 19 Dic 2013, 10:41 am

pUES YO VOY A AUDICIONAR PORQUE LA IDEA ME ENCANTÓ :) Más tarde dejo mi ficha
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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por .wonderwall. el Vie 20 Dic 2013, 4:52 am

Antes que nada, aqui les dejo el icon de la hermosa de Selena:

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Re: back to that summer {audiciones cerradas}

Mensaje por .wonderwall. el Vie 20 Dic 2013, 5:21 am

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nombres completos: Niall James Horan- Ellen Katherine Jones
roles: mejores amigos/ críticas (la verdad es que me gustan los dos y no puedo elegir, así que realmente me daría igual con tal de quedar :P)
escrito de tu autoría:
Capítulos  :(L): :
Los imprevistos de una boda {N.C} :
Capítulo 02



Elena Jones | katiejones

-¿Qué está pasando aquí?- preguntó una voz detrás de ellos, una voz que más de uno de los presentes sabía de quién era- Tanto abrazo a qué se debe….
-¡Harry, me voy a casar!- dijo la joven entusiasmada.
-Algo había oído.- contestó haciendo que todos se quedaran con un gesto extraño.- Nada, que este atontado- dijo cogiendo a Louis por la espalda y dándole un golpe cariñoso.- vino a pedirme permiso, ¿os lo podéis creer?

Todos rieron menos Elena y su amiga Zoe. La castaña veía como su amiga se había quedado paralizada mirando al chico de rizos y ella debía hacer algo para salir de su trance. Elena recordaba a Harry por ser el hermano de su mejor amiga Kate y todas las veces que ella había estado en su casa, el chico siempre se pasaba por la habitación de la chica a pasar un rato con ellas. Pero también lo recordaba por haber sido el último amor de instituto de Zoe y por eso ella había quedado paralizada. Justo entonces entró un chico rubio completamente empapado por la puerta. Elena abrió los ojos como platos mientras que su amiga no separaba la vista del de rizos.

-Hola, perdón por llegar tarde. He venido corriendo en cuánto he recibido el mensaje. Literalmente corriendo.- dijo sonriendo mientras echaba  un vistazo a sus ropas mojadas y su cabello empapado. Siempre sonreía, no importaba si las cosas salían mal, él siempre llevaba esa sonrisa en la cara.- ¿Qué me he perdido?
-Niall, nos casamos.- dijo Louis sonriendo y abrazando a su prometida.
-¿En serio? Por fin, ya era hora de que esto pasara.- parecía que el rubio no se había percatado de que allí había más gente.
El chico cogió una silla y se sentó entre la nueva amiga de Kate, Chloe, y Elena. Entonces miró a su izquierda y allí se encontró a la chica que siempre había querido y de la que nunca se había olvidado. Dejó de sonreír y sus mofletes se tornaron de un color rojo intenso.
-Ho-hola.- dijo él tartamudeando sin dejar de mirarla.
-Hola.- dijo ella sin embargo seca y dedicándole tan sólo una mirada de reojo. Miró a la feliz pareja.- ¿Entonces ahora podréis reservar vuestra melosidad para la noche de bodas no?-ambos rieron pero ella no dibujó gesto alguno en su cara aunque finalmente también rió.

La situación era incómoda. Harry estaba sentado al lado de Zoe, a su lado Elena y al lado de esta estaba Niall. No eran los mejores asientos para dos relaciones rotas hace años y menos siendo ésta la primera vez que se volvían a encontrar después de tantos años. Elena observaba la situación detenidamente mientras reflexionaba sobre lo que pasaría los próximos meses. No podría huir de él tan fácilmente. No esta vez. Debía estar con su amiga en todo momento, ahora era lo importante. Pero no quería volver a sufrir como ya lo había hecho, a pesar de que ella había sido la que decidió dejar la relación. Una voz la hizo salir de sus pensamientos:

-¿Ya no cantas Elena? Me gustaba oírte cantar, lo hacías realmente bien.- miro hacia el hermano de su amiga que estaba sonriendo. Ella se limitó a sentir.- ¿Por qué no nos cantas algo?- insistió el de rizos. Todos empezaron a animarla y a decirle que empezara a cantar. Todos menos Zoe que sabía exactamente como se sentía ella en ese momento.
-No quiero.- dijo ella suavemente.
-Venga… -le dijo el rubio colocando la mano sobre el muslo de la chica.
-No.- dijo ella seca quitando la mano del chico y levantándose.- Perdón, tengo que ir al baño.
-Te acompaño.- dijo su amiga de ojos verdes. La primera chica asintió y se fueron juntas.

Ya en el baño la castaña arrojó su bolso contra el lavabo y se sentó en él. Sacó de su bolso un cigarro y empezó a fumar. Zoe la miró con una mirada de desaprobación mientras negaba con sus ojos.

-¿Qué?- le dijo secamente Elena.
-No puedes fumar aquí.
-Lo sé, debería salir fuera y blablablá. Pero como no va a entrar nadie, nadie se va a enterar.- dijo mientras cerraba la puerta del baño con pestillo.
-Sé cómo te sientes pero tenemos que soportar esto… por Kate.
-Lo sé, pero no pienso caer otra vez. Sufrí ya mucho una vez y no puedo volver a sufrir como la otra vez. ¿Sabes qué?- hace una pausa para fumar de su cigarro- Me encantaría tener una historia de amor tan bonita como la que tiene Kate con Louis. Poder tener planes de futuro. Me encantaría que aquella historia hubiera durado y poder seguir ahora con él pero no pudo ser. Y para mí, una vez que termina una relación no puede volver a funcionar. Simplemente se acabó y queda en el pasado.- silencio.
-Y, ¿por qué no has cantado? Podrías haberlo hecho y haberte liberado de todo. Esa es tu escapatoria.
-No quiero que él me oiga cantar. Recuerdo que le encantaba que cantara y no quiero que eso pase, es algo del pasado.- dijo mientras apagaba su cigarro contra él lavabo.

Fue el váter y tiró la colilla por este, mientras que su amiga abría el grifo para limpiar la ceniza que había dejado la castaña. Elena abrió la puerta y su amiga le siguió. Ambas se sentaron en sus respectivos sitios. Todos las miraron en silencio y Kate lo rompió haciéndole una pregunta a su amiga Elena:

-¿Podrías cantar en nuestra boda? Nos encantaría que cantaras allí, sería magnífico. Por favor.- acto seguido sonrió. Elena miró a su amiga Zoe y esta última hizo un leve gesto con su cabeza asintiendo.
-Está bien, lo haré.- le dijo ella dejando asomar una pequeña sonrisa.

Pasaron el resto de la noche allí, siempre en una situación bastante incómoda. Ni siquiera se podría imaginar cómo serían los próximos 6 meses teniendo que aguantar eso, pero lo hacía por Kate. Ella era una de las cosas más importantes en su vida y por eso debería soportar eso. Seis meses se pasaban rápido ¿no? Zoe y Elena se fueron en el coche, ambas con un gesto un tanto apagado. En cuanto llegaron al piso, la primera fue directa a la cama mientras que la segunda cogió su botella de vodka e intentó ahogarlo todo en el alcohol. No quería volver a estar mal y menos por un chico, ese chico.


Zombie world {N.C}:



Capitulo 005
✯By 'Mily.♡


“On my own
pretending he's beside me.
All alone
I walk with him 'til morning.
Without him,
I feel his arms around me
and when I lose my way,
I close my eyes
and he has found me.

In the rain,
the pavement shines like silver.
All the lights
are misty in the river.
In the darkness,
the trees are full of starlight
and all I  see
is him and me
forever and forever.

And I know
it's only in my mind
that I'm talking to myself
and not to him.
And although
I know that he is blind
still I say
‘There's a way for us!’

I love him
but when the night is over
he is gone.
The river's just a river.
Without him,
the world around me changes,
the trees are bare
and everywhere the streets
are full of strangers.

I love him
but everyday I'm learning.
All my life,
I've only been pretending.
Without me
his world will go on turning.
The world is full of happiness
that I have never known.

I love him
I love him
I love him
but only on my own. “




La chica que estaba totalmente metida en el papel, dejando resbalar unas pocas lágrimas sobre su rostro, despierta al escuchar el aplauso del resto del elenco.


-¡Genial! ¡Maravilloso! ¡Bravo Helen!- dice el director sonriéndole a la chica. La chica se ruboriza levemente y se seca las lágrimas con disimulo.- Tenemos a la mejor Eponine de todas, sabía que no nos equivocaríamos dándote a ti el trabajo. –hace una breve pausa y se dirige a todos ahora.- Bien, hemos terminado el ensayo de hoy. El estreno  será magnífico, lo presiento.


Los actores y actrices van a recoger sus cosas a bastidores. Helen suspira felizmente pero agotada. Después de todos esos problemas que había tenido, por fin había encontrado el trabajo de su vida. Sabe que su padre estaría orgulloso de ella y que todo el esfuerzo realizado había merecido la pena. Coge su bolso y su guitarra y se va directa al coche. Lo único que quiere hacer es llegar a casa y descansar y que al despertar poder comprobar que no ha sido todo un sueño. La noche empieza a caer en Los Ángeles, dejando salir todas esas almas y revelando esos secretos ocultos que la gente no deja ver durante el día.
De camino a casa en su coche, pasa por su bar favorito y se detiene viendo que hoy hay noche de micro abierto. Ama las noches de micro abierto y siempre que tiene ocasión, va a ellas disfrutando del espectáculo y formando a su vez parte de él. Además, ya que tiene su guitarra con ella, debe aprovechar la oportunidad. Entra en el bar y va directa a sentarse a una mesa sin causar demasiado ruido y no interrumpir la actuación: un chico está haciendo un pequeño monólogo sobre tópicos de la ciudad de Los Ángeles. Es bastante bueno, todos allí lo son. Así pasa la noche hasta que le toca a ella. Decide cantar una canción que siempre le cantaba su padre cuando era pequeña. Esta canción es Tears in heaven de Eric Clapton. Cuando acaba de cantarla nota el sabor salado de las lágrimas en sus labios. Se levanta y cuando está guardando su guitarra en su funda, oye un fuerte estruendo fuera del local y acto seguido gritos. La gente se asusta pero Helen cree que simplemente serán los típicos estudiantes que salen una noche a emborracharse después de haber pasado toda la semana estudiando. Todo el mundo empieza a correr y ella se queda paralizada, no entiende que pasa. Pero un chico rubio la saca de su ensimismamiento:


-¿Qué haces? Corre, este lugar ya no es seguro.- grita él mientras la agarra de la mano.
-Espera.- dice ella.
-¡No podemos esperar o nos matarán!
-Pero…la guitarra de mi padre.- dice ella librándose del brazo del chico y retrocediendo a por aquel preciado instrumento musical para ella.
-¿Qué haces? Esto es peligroso y tan sólo es un objeto. ¡Vamos!- grita el chico mientras el local se vacía y empiezan a entrar unos seres en este.
-Ni siquiera me conoces, ¿qué más te da lo que yo haga? Vamos, vete.- le grita ella ya enfadada y colgándose su guitarra a la espalda.
-¡Venga, ya la has cogido! ¡Ahora vámonos!- dice él cogiendo a la castaña del brazo y tirando de ella.


Los dos salen corriendo y justo en ese momento uno de esos seres la coge por la pierna. Ella chilla pero él actúa rápido y le pisa la cabeza a ese monstruo y la coge en brazos huyendo. La mete en su coche mientras ella se queda pensando. ¿Qué era eso? ¿Zombies? No puede ser, eso sólo existe en las películas. Se pellizca para ver si es real y al sentir el dolor en su brazo suelta un leve alarido y cae en la realidad de repente. El chico arranca el coche y arrasa con unos cuantos de esos seres mientras se dirigen a dios sabe dónde.


-¿A dónde vamos? ¿Por qué me has ayudado? ¿Quién eres? Joder, ¿esto sólo está pasando aquí o está pasando en todo el mundo? ¿No será una cámara oculta no? Porque si lo es no es una broma de buen gusto la verdad. ¿Y qué pasa con mi familia? Mierda, mi madre y Luke… ¿Qué será de ellos? También están aquí. Espero que estén bien.
-Cálmate un momento.- dice él mientras para el coche en un parking de un gran edificio.- Primero tenemos que llegar a un lugar seguro, así que sal del coche y subiremos a mi apartamento. Los zombies aún no han llegado a esta parte de la ciudad así que vamos, rápido.- ordena el rubio ayudando a Helen a salir y asegurándose de que el coche está bien cerrado. Ambos suben en el ascensor en completo silencio y el chico abre rápidamente la puerta de su apartamento y asegurándose de haber cerrado bien la puerta para que nadie o nada pueda pasar y atacarlos, por lo menos esa noche.
-Vaya, nunca me había resultado tan fácil traer a una chica a mi apartamento.- bromea él a lo que ella le responde con una mirada amenazante.- Tranquila, tan solo intentaba suavizar la situación.
-¿Puedes responderme a las preguntas que te he hecho antes, por favor?
-Bueno, ya sabes a dónde íbamos ya que estamos aquí. Es el lugar más seguro de la ciudad por el momento, hasta que vengan los zombies y tengamos que volver a huir. Te he ayudado porque veía que si no lo hacía te convertirías en una de ellos y no quiero ver a nadie más transformándose en uno de esos monstruos. Bueno, mi nombre es Niall Horan. Creo que de momento se ha originado todo en Los Ángeles pero como no se acabe con la plaga inicial acabará extendiéndose al resto del mundo. No, no es una cámara oculta, o eso creo.- dice riendo.- No sé quiénes son, espero que si estén bien y si podemos los buscaremos pero a partir de ahora no nos podemos separar, simplemente por seguridad, ¿está claro?- ella asiente.- Ahora si quieres siéntate y prepararé algo para comer.
-Por cierto, me llamo Helen.- dice la chica.
-Lo sé, lo has dicho en tu actuación.- sonríe y va hacia la cocina.
-Gracias.- susurra la chica acercándose a él.
-¿Qué?
-Gracias.- repite un poco más alto y le da un abrazo al chico dejándolo un poco aturdido aunque este responde bien al gesto de la chica.- Lo siento pero no sé agradecerlo de otra manera.
-No hace falta que lo agradezcas, simplemente haz lo que te he dicho. Ten cuidado y a partir de ahora debemos cubrirnos las espaldas aunque no nos conozcamos pero mejor tener algún aliado en esta guerra que está a punto de comenzar que estar solos contra todo, ¿no crees?- ella asiente y se sienta en el sofá.


El chico tiene razón. Si esto va a ser una guerra prefiere tener a alguien a su lado aunque sea un completo desconocido. Además, cree que puede confiar en él ya que alguien normal no hubiera salvado a una chica que ni siquiera conoce. Además, lo único que le preocupa ahora mismo es encontrar a su madre y a su hermano con vida y si él la va a ayudar no ve motivo para alejarse de él. Todo iba tan bien y de repente todo se ha desmoronado. Peor que es un sueño, lo cual era lo que más temía ella. Tan efímero que ni siquiera le ha dado tiempo a saborearlo lo suficiente y de repente todo se había arruinado, convirtiendo su sueño en pedazos y tornándolo en el deseo de sobrevivir a algo que jamás habría imaginado.
 
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