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Bella maldición. {Audiciones cerradas}

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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Zarry HorTomPay :) el Mar 24 Sep 2013, 7:13 am

*inserte aquí un gif de Hunter desnudo*
Hm, audiciono en estas novelas porque sé que no quedaré (?
Nah, pero como escribirá mi Brittu seré feliz

Harry Styles | Selena Gomez.
me siento rara, creo que he sido la única que ha audicionado por alguien de uandí.
Capítulo tan suensuel como yo (?:
La navidad estaba por todas partes. Mirase donde mirase. 
Cuando paseaba por las calles, mirando la cara de los niños, éstos corrían libremente por el parque, sin miedo al frío y con la ilusión en sus ojos. 
Hacía tiempo que la navidad ya no era una novedad para mí. Sólo era un día más donde estar con la familia pero, tampoco tenía eso. Ahora, estaba sola en un frío apartamento, no me reencontraría con mi familia, hasta fin de año.
Quedaban muy lejos aquellos días de creer en los milagros navideños.
Di varias vueltas en mi pequeño sofá, era día veinticuatro y aquella noche a las doce, muchas familias, parejas, amigos se desearían feliz navidad.  
Miré a mí alrededor y decidí darle un poco de alegría a aquel triste apartamento. Cogí un anorak y salí por aquella puerta. Las tiendas seguían abiertas aunque, hoy cerrarían más pronto. Me acerqué al centro y entré en un pequeño establecimiento de decoraciones.
Estaba vacío, muchas personas iban con prisa a comprar juguetes para sus hijos y comida para su espectacular cena navideña. En caja, había una joven muchacha asiática sonriente que clavaba en mí, sus rasgados ojos. 
Cogí algunas decoraciones y un curioso peluche en forma de reno. 

–Esta noche es nuestra, pequeño. – Murmuré sonriente a aquel adorable peluche. Él sería mi única compañía en el día de hoy. 


Me acerqué a caja y pagué aquellos complementos. Sonreí modestamente y salí con una bolsa que se rompió nada más girar la esquina. 

–Maldita suerte la mía…– Suspiré, haciendo de mi bocanada de aire una pequeña nube.

Llevé la bolsa como si fuese una de aquellas bolsas americanas. Abrazada a ella, sentía el suave tacto de aquel pequeño peluche.  
Era tarde, las tiendas ya estaban cerrando. Había salido justo a tiempo para comprar todo aquello. Si hubiese tardado un poco más, no lo hubiese logrado.
Entré en el edificio y, posteriormente,  entré en mi apartamento.  Dejé la bolsa en la mesa y empecé a decorar la habitación. La habitación empezó a tomar un nuevo color, una nueva luz. Sonreí ingenuamente. Sería verdad que la navidad es una época llena de alegría. 
Puse aquel curioso peluche en la entrada y le sonreí.

–Espero que Papá Noel se alegre de encontrarte.– Sonreí.  –Aunque, eso no vaya a pasar.–

Me retiré y encendí el televisor. Los canales estaban llenos de programas grabados hace tiempo pero, que se emitían en este día. Era mejor que nada; aunque, a veces, me entraban ganas de coger un DVD y cambiarlos por una película cualquiera.
Mi teléfono empezó a sonar vivazmente. No tenía mucha prisa en cogerlo. Seguramente, era mi madre preguntando por cómo se presentaba aquella noche. Me equivocaba. Su nombre estaba escrito en la pantalla y el móvil empezaba a sonar más fuerte. Una cálida sensación invadió mi corazón. ¿Podría ser posible…?

–¿Zayn?– Descolgué y esperé encontrar su voz.
–¡Por fin contestas!– Una melodiosa y femenina voz sonó desde el otro lado. –¡Soy Eleanor! ¿Qué estás haciendo ahora?–
–¿Eleanor…? ¿Qué haces con el móvil de…?– Muchas preguntas venían a mi cabeza. 
–¡Harry!– Gritó. –¡No! Esa bandeja tiene que estar hacía el otro lado. ¡Tiene que estar todo perfecto!

¿Harry? ¿Eleanor? ¿Móvil de Zayn? Poco a poco, las piezas iban encajando y las dudas se disipaban. Se estaban reuniendo para celebrar algo pero, su llamada…

–Perdona...– Habló nuevamente. –¿Qué estabas haciendo?–
–Realmente, no estaba…– Empecé a explicarme.
–¡Oye! Me vas a gastar el dinero de mi teléfono.– Se oyó replicar su fogosa voz. Ahí estaba; él también, Zayn.
–¡Shhht! Dejad de distraerme.– Sentenciaba Eleanor. –Oye, ¿Quieres venir? Vamos a celebrar la navidad en la trastienda de Louis. Lo estamos colocando todo y… ¡Louis dale eso a Zayn, por favor!– Se interrumpía ella misma. –Bueno, ¿Qué me dices?– Pude sentir como su voz transmitía una cálida sonrisa.
–¡Claro que me gustaría ir!– Exclamé. Me hacía mucha ilusión; aunque, se me hacía raro… No es que nos conociéramos mucho pero, fue un noble acto por parte de Eleanor. Sólo tenía un problema. –Pero, … Yo no sé dónde queda esa tienda exactamente.–
–¡Tranquila no hay problema!– Exclamó. Tapó un poco el móvil pero, se le escuchó claramente hablar. –¡Zayn ve a buscarla!–
–¿Qué? ¿Por qué tengo que ir yo?– Se quejaba el moreno. –¡Que vaya Harry!–
–¿Eh?– Exclamó Harry. –Por mí, no hay problema pero, … Estoy ayudando a Louis, Niall y Liam con esto.–
–¡No! Zayn, agarra lo que te dio Louis y ve.– Le ordenó Eleanor. Realmente, era una chica clara y estricta. Muy convincente. Destapó el móvil y volvió a hablarme. –¿Estás? Ahora te mando a Zayn, en media hora está ahí. ¡Zayn espabila!– Exclamó finalmente.  –¡Hasta ahora!–
–Hasta…– No me dio tiempo a acabar la frase. Al otro lado, sólo se oía un repetitivo y molesto sonido. –¿Qué ha pasado?– Me pregunté. Bajé mi teléfono y miré mi reflejo. –¡Oh no! ¡Tengo que arreglarme un poco!–

Fui a mi habitación y revolví todo el armario. No podía ponerme excesivamente elegante, ni tampoco totalmente informal. No sabía que elegir y el reloj, cada vez, marcaba una hora más próxima a la llegada de aquel moreno que hacia temblar mis piernas.
Finalmente, me puse unas medias lanosas grises y recogí un largo jersey negro que caía suavemente de un hombro. El calzado que me acompañaría serían unas cómodas botas altas negras.  
Corrí rápidamente. Fui al baño. Me peiné. Probé miles de peinados pero, me amargué y acabé por volcarme todo el cabello hacía un lado. Me maquillé los ojos más detalladamente de lo que solía hacer e incluso remarqué mis labios con un tono bastante rojizo. Ya estaba lista.

–¡Tiempo récord!– Suspiré. Me senté en el sofá. Esperaba el momento con los nervios a flor de piel. Tenía todo preparado. Sólo tenía que oír el timbre, exclamar un “ya voy” y salir. Pero, a la salida estaría él. Aquel moreno que me tenía loca.

El timbre sonó. Pegué un brinco, recogí las cosas y cogí el telefonillo con el pulso temblando.

–¿Sí?– Pregunté. “¡Estúpida!” murmuró mi consciencia. ¿Para qué preguntaba? Sólo podría ser él.
–Soy yo.– Sentenció algo malhumorado.  –Baja, anda.–
–Voy…– Colgué y me puse una chaqueta gorda. Busqué las llaves en el bolso y abrí la puerta.

La puerta se fue cerrando, poco a poco, puse la llave para cerrarla bien. De repente, ante mis ojos estaba aquel reno de peluche. Sonreí, con una amplia sonrisa.

–Parece ser que los milagros existen después de todo…– Le confesé, figurándoseme que me contestaba con una sonrisa ingenua.

Salí por el portal y ahí estaba. Mirando al cielo estrellado con sus castaños ojos. Las bocanadas de aire de su boca salían lentamente. Oyó la puerta cerrar y miró hacia mí. Su fría mirada se encontró, nuevamente, con la mía. Otra vez, solos. Otra vez, tú y yo.

–Buenas. Disculpa por…– Empecé a tartamudear.
–Toma.– Dictó. Tendiéndome una bolsa. –Eleanor y Danielle me dijeron que era indispensable…– Suspiró molesto. –Que chicas más molestas…– Murmuré.


Abrí aquella bolsa. En ella, había dos graciosos gorros de navidad. Uno simple y el otro con cuernitos de reno incluidos. Me eché a reír ingenuamente, saqué el segundo y comenté.


–¡Son adorables!– Le enseñé a Zayn. 
–¡Son horribles!– Exclamó él. Seguí riéndome. –¿Qué te parece tan gracioso?– Preguntó.

Cogí el gorro y me lo puse en la cabeza. Le tendí la bolsa a Zayn y sonreí.


–Sólo te imaginaba con el gorro puesto…– Murmuré y sus cejas fueron frunciéndose. –Pero, no creo que seas capaz de ponértelo.– Le tenté.
–¡Por supuesto que no! No porque no sea capaz. Simplemente, porque me parecen horribles.– Cogióla bolsa y echó a andar. –Venga, vamos.–

Le seguí desde atrás. El joven llevaba un anorak negro y unos pantalones negros. Sus bambas rojas y blancas pero, vislumbré una camisa blanca, tras aquel anorak. Zayn, se había arreglado mínimamente para el momento. Seguramente, Eleanor o Danielle le habrían obligado. Volví a sonreír. 
Era mágico pasear por esas calles llenas de ilusión y color con él. Zayn se detuvo en el semáforo para pasar. Yo calculé mal y me golpeé con su espalda, por culpa de mi falta de atención.

–Perdona…– Murmuré. Realmente, era un chico alto y corpulento. Cada vez que lo miraba me gustaba más.


Zayn me miró de reojo, se giró lentamente. Con su mirada me contempló detenidamente. Me eché las manos a la cara y empecé a soplar. Se me había olvidado equiparme unos guantes y empezaba a tenerlas congeladas. El semáforo cambió a verde. 

–Ya podemos…– Empecé a murmurar. 


Zayn se giró por completo y agarró mi mano. La puso en su cara y la mía cambió de color completamente. Su cálida y fina tez ardía comparada con mis gélidas manos. El chico cerró los ojos y deslizó suavemente su mano junto a la mía.

–Estás helada. Te has arreglado tanto y, no has pensado en unos guantes?– Preguntó con la cara seria.
–No, bueno… Se me pasó por alto y…– Mis ojos fueron descendiendo y clavándose en nuestras entrelazadas manos. –Y...–

Zayn sonrió con su perversa sonrisa. Tiró levemente de mi mano y se la metió en el bolsillo junto a la suya. Echó a andar y yo tras él.

–Vamos, antes de que el semáforo se ponga rojo de nuevo.– Comentó. Andando como siempre. Como si no sucediera nada.

Aquel paso de peatones se me hizo eterno. El semáforo parpadeó, volvió a cambiar de color. Está vez, me sentía más identificada con él. Empecé a sonreír estúpidamente. Era como si el frío no hubiese existido nunca. Debajo de aquella gorda capa de ropa nuestras manos estaban unidas. Su mano cubría la mía sin problema alguno y, la mía, ingenua como yo, empezaba a temblar un poco. El moreno no preguntó el porqué. Seguramente pensaba que era por el frío pero, el culpable era él. Siempre él.
Llegamos al local. Zayn dejó su mano salir y soltó la mía fuera del bolsillo.

–Es aquí.– Dijo. Agarró y picó la cobertura de metal que usaban las tiendas para evitar robos.

La puerta empezó a abrirse. El tiempo que tardó fue suficiente para disfrutar de aquel momento que acababan de regalarme. Eché mi mano a la cara y me acaricié con su dorso. La sonrisa en mi rostro parecía ser permanente. 
La calidad esencia y el varonil aroma de Zayn, envolvían aquella pequeña parte de mi cuerpo. Sólo una voz, la suya, pudo despertarme de lo que se me estaba empezando a figurar como un sueño.

–¿Vamos?– Preguntó el moreno. 

Lo seguí, pasé por aquella puerta y un chico con el mismo color de ojos que Louis pero, de cabello rubio me sonrió. Se quedó cerrando la puerta y yo seguí a Zayn.

–¡Por fin llegas!– Exclamó Eleanor. –¿Y el gorro?– Agarró su bolsa. –¡Zayn póntelo! ¡Mira ella lo lleva puesto!–


Entré en una trastienda decorada con amor e ilusión. Eleanor le gritaba a Zayn y éste se defendía. Harry sonreía y Louis, Liam, Niall y Danielle se incorporaba a seguir colocando cosas.
Junté mis manos, como dos polos opuestos que se atraían. Mezclando la temperatura de ambas y tapándome la sonrisa con ellas.

–Feliz navidad, pequeña…– Me murmuré, increíblemente feliz.
–¡Oye!– Gritó Zayn, sacándose el anorak. –No te quedes ahí y pasa.– Sentenció.

Asentí con la cabeza y entré en aquel pequeño Edén, lleno de una efímera y curiosa felicidad.
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Zarry HorTomPay :) el Mar 24 Sep 2013, 7:14 am

Pasé de página, alábenme (?
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Sunrise. el Mar 24 Sep 2013, 10:20 am

h a r l e n a
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Zarry HorTomPay :) el Mar 24 Sep 2013, 10:54 am

O'shea. escribió:
h a r l e n a
l o s a m o
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Sunrise. el Mar 24 Sep 2013, 12:08 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
O'shea. escribió:
h a r l e n a
l o s a m o
somos dos:'3333 hola, soy mía, ah.
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Zarry HorTomPay :) el Mar 24 Sep 2013, 12:25 pm

O'shea. escribió:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
O'shea. escribió:
h a r l e n a
l o s a m o
somos dos:'3333 hola, soy mía, ah.
Muero de alegría    Hola, soy Aida (?
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Invitado el Mar 24 Sep 2013, 1:29 pm

O'shea. escribió:
soy tan cúl que audicionare  esta cosa rlz bc it's so biutiful:'3333 queria audicionar con mi super ship de thaluke, pero la emiliano como siempre me gana  pero idk, haré kogan  despues pongo todo bc paja.

sensualidad everywhere (?):
Ella, la cúl (?) hkjahdk Me emocionas :') (?) Ems, eso no se hace, malo, muy malo (?) Kogan  hajkhdj<3 Bueno, lo espero c: Floja<33 (?)
Ese gif<3 
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Invitado el Mar 24 Sep 2013, 2:17 pm

AnaPaulaHoran escribió:¡Hola! Me encantó la idea :3 Me llamo Ana Paula, pero todas en el foro me dicen diferente, Ann, Annie, Ana, Anne, Pau, ah, demasiados apodos. Bueno, dime el que quieras. 
Sensual Gif:



Jamie Campbell Bower | Lily Collins

Capítulo:

Capitulo 1




[size=13]No podía negar que él era un idiota, pues bien, ahí estaba yo, también de idiota idolatrándolo. ¿Por qué? Simplemente él era todo lo que yo quería ser, era rebelde, atractivo, deseado, egoísta. Todo lo que yo quería y que nunca me atreví a ser. Yo era demasiado responsable, tímida, callada, sencilla, todas aquellas cosas que odiaba, bien, esa era yo.
Muy bien sabía que él era problemas y más problemas, pero no podía alejarme de él, era el único chico al cual le gustaba pasar tiempo conmigo. A todos los demás los aburría, pero a él no. Me llevaba a millones de lugares y me hacía sentir única, ¿cómo alejarme de él? Me parecía imposible, por mucho que me costaba admitirlo estaba completamente a sus pies. Estoy enamorada de él.
Suspiré al recordarlo, su perfecto cabello castaño y alborotado, sus ojos azules, su perfecto cuerpo, su abdomen… Todo él era perfecto, mis padres me decían que me olvidara de él, que me haría daño y que me rompería en el corazón. Tal vez tenían razón, muy en el fondo sabía que él pronto me dejaría por alguien mucho más linda que yo. Debo disfrutar el momento, mi madre siempre me decía eso, ¿qué pasó ahora que ya no piensa lo mismo? 
Salí de mi habitación y baje las escaleras hacia la cocina, ahí estaba mi madre. Yo era muy parecida a ella, teníamos los mismos ojos verdes y el cabello castaño alborotado. La única diferencia entre nosotras era que ella era varios años mayor que yo.
—Saldré —dije encaminándome hacia la puerta.
—¿A dónde? Si es con ese chico.
—Mamá —le reproché—. Iré con él, además no entiendo por qué no te agrada, no te ha hecho nada.
—A mí no, pero a ti va a herirte y jamás se lo perdonaré.
Bufé y salí de la casa. Oí los gritos de mi madre a lo lejos, pero no me importó, lo único que quería era ver a Louis, mi Louis. No entendía cómo podía gustarme tanto, simplemente no. Era imposible que yo, la chica que siempre dijo “nunca me enamoraré” este enamorada del chico más rebelde que conozco. 
Camine por varias calles en busca de mi… ¿Novio? No, no éramos eso, éramos amigos con derecho por así decirlo. Jamás me había pedido ser su novia así que yo lo presentaba como mi amigo. Mi madre al principio creyó que sí era mi amigo, pero nos descubrió en un momento para nada apropiado donde estábamos besándonos si se puede decir así, sobre mi cama. Desde entonces mi mamá lo odia como si no hubiera un mañana.
Me encontré con Louis en el parque hablando con una chica, no pude evitar sentirme celosa, pero no debía hacerlo, ella lloraba así que Louis no debía estarle diciendo nada lindo. Segundos después la chica salió corriendo llorando. Me acerqué a él y me saludó con un beso en los labios, nada fuera de lo normal. 
—¿Qué le dijiste?
—Jamás saldría con ella porque era demasiado fea para mí.
—Eso estuvo mal.
Él soltó una carcajada. 
—¿Bien? ¿Mal? Creo que aquellas cosas a las que llamamos "bien" "mal" son solo palabras que solemos usar para justificar acciones. Pero, ¿qué esta bien? ¿Qué esta mal? Nada, todo esta bien y esta mal a la vez. Para mí algo malo puede ser matar, pero para ti puede ser algo bueno. Nadie sabe lo que es, todos tenemos nuestra propia definición de el bien y el mal.
—¿Eres poeta ahora? —pregunté burlona.
—No. Tengo mi propia definición de lo que es bueno o malo. Lo usamos para justificar acciones, solo eso.
Asentí. Me quedé observándolo unos segundos, le costaba demasiado a mi mente procesar que salía con él, con el chico más deseado, con aquel que con solo parpadear hace suspirar a millones de chicas. Ese chico es mío. No entiendo cómo pero lo es. Me tomó de la mano y me hizo caminar hacia donde él quería, él era posesivo y a veces sentía que era mi dueño, en algún momento del día se disculpaba por como había actuado, pero usualmente era agresivo con todos menos conmigo.
—¿A dónde vamos?
No respondió, sólo siguió caminando conmigo tomada de la mano. Las chicas que nos veían pasar me señalaban y susurraban, sabía bien que les costaba creer que la más nerd del colegio saliera con el chico más lindo y deseado de la ciudad. De igual manera me gustaba que tuvieran celos de mí, nunca los había tenido pero ahora que los tenían descubrí que era agradable que los tuvieran. Te hacías sentir reconocida y especial, perfecto. No del todo, había algunas chicas que llegaban a decirte cosas, cuánto te odiaban, que querían que murieras, que te iban a asesinar, que no descansarían hasta verte muerta. Louis tenía bastantes fans y la mayoría de ellas eran unas psicópatas que iban a matar a cualquiera que se metiera con su hombre. No todas eran así, había algunas agradables, ellas solo te decían qué tenías buena suerte o que lo cuidaras bien. Eso era lindo y me gustaba que me dijeran esas cosas, no que querían verme morir.
Capítulo aceptado.


¡Hola! ¿Te puedo llamar Anne?  Me agrada que te encante  Me gusta como escribes, así que tu capítulo está aceptado. Aún no sé en que persona se narrará, pues eso hay que verlo con todas las que queden. Amm, una cosa xd Aún no sé si Lily está ocupada, es que una amiga quizá la quiera usar, y bue... Cualquier cosa te aviso.
¡Suerte!
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Invitado el Mar 24 Sep 2013, 2:34 pm

Oh my Grey!:
¡Britt! Bella Britt, me encanto la idea. ¡Sos de Chile! Somos vecinas entonces, yo soy de Argentina... No que tiene que ver, pero no importa. Me encanto la idea, asi que voy a audicionar.
Estos son mis personajes.

Niall Horan | Anna Speckhart.

Spoiler:
 
Prologo

“Un esquizofrénico es una persona que ya tiene una tendencia natural para ausentarse de este mundo, hasta que un hecho-grave o superficial, dependiendo de cada caso hace que  cree una realidad solo para el. El caso puede evolucionar hasta un punto en que el paciente te ausenta totalmente de la realidad, que llamamos catatota, o por el contrario puede ir mejorando y permitir que el paciente trabaje y desarrolle una vida prácticamente normal. Depende tan solo de un factor: el ambiente. ”- Verónica decide morir, Pablo Coelho.
“Veinticinco, veinticuatro, veintitrés, veintidós, veintiuno, veinte…”. La castaña contaba los minutos para marcharse de ese horrible lugar. Había pasado tres años de su vida concurriendo a esas monótonas sesiones con su psicólogo en aquella oficina gris que solo contaba con un gran ventanal, dos amplios sillones negros y una biblioteca repleta de libros, algo viejos y polvorientos.
Estaba aburrida. Nunca había logrado entender como el joven de no mas de veintiocho años podía llevar una vida tan organizada y meticulosamente planeada.
Se podía identificar que era un hombre estructurado de familia adinerada, seguramente casado, y con uno o dos hijos. Su psicólogo no era la persona mas divertida del mundo, al igual que sus sesiones no eran tan gratas como las de la Doctora Smith, su psiquiatra.
Pero la había ayudado, ese hombre que estaba sentado frente a ella, observándola, con una mano sobre su pierna, sujetando un anotador y una lapicera, y la otra alrededor de su barbilla, con su dedo índice cruzándole los labios, la había ayudado.
-Aun faltan un par de minutos Coraline… Entiendo que consideres que ya estas curada, es una patología muy común… Pero tu madre…-
-Mi madre cree que aun es conveniente que asista para afinar asperezas-lo interrumpió la castaña con voz suave y algo pausada- Se cual es su opinión, ella misma se encarga de dejarme bien en claro que mi locura ha afectado su vida hasta el punto de llegar a corromper su matrimonio, con mi padre…-continuo, fijando su vista en algún punto indeterminado en la pared.
-Ya hemos hablado acerca de eso Cora-dijo su psicólogo.- Creí que habíamos dejado en claro que lo que te paso debe quedar en el pasado…  Ni tu ni nadie podrá remediarlo-
-Lo se.-susurro Coraline mordiéndose el labio inferior para seguir conectada con esa realidad que todo el mundo compartía, pero que para ella solo era un pasatiempo, luego de su sesión, probablemente volvería a su realidad, esa donde se sentía segura.-Pero mi madre se encarga de recordármelo todos los días, ¿Usted no puede hablar con ella?-pregunto.
-¿Y que quieres que le diga, Cora?-pregunto el psicólogo escribiendo rápidamente cada palabra que salía por la boca de la castaña junto con alguna que otra observación que luego lo ayudarían a analizar su progreso.
Si algo estaba seguro era que su comportamiento era influenciado, en gran parte, por su madre.
Susan, no era no persona mal. Simplemente no había podido perdonar a su hija por cosas que, como bien sabia, no había hecho intencionalmente. Pero la odio y el rencor que sintió en ese momento la cegó, desquitándose con Coraline.
-No lo se… Que ya me ha dado el alta-respondió Coraline haciendo una mueca que bien podía interpretarse como sonrisa, pero que no lo era del todo, aun se podía ver el dolor detrás de sus ojos.
-No puedo hacer eso… Eres tu la que debe decirle cuando parar.-dijo el, observando como la castaña ponía los ojos en blanco.
-¿A usted le parece fácil?-soltó Coraline sin prestarle atención a la pequeña sonrisa que surcaba los labios de su psicólogo.
-¿Fácil?-repitió el- Debemos primero analizar su significado. Es una palabra muy amplia que debe ser usada con respeto… Depende de quien lo mire será mas o menos fácil, Cora... Por ejemplo, para algunos amar es fácil, pero hay quienes, pasan su vida buscando a quien amar, a su alma gemela o a un gran amigo con quien compartir momentos y nunca lo consiguen... Y eso, no es por falta de sentimientos o por que no sean seres humanos... Ese "algo" llamado destino lo quiso así... Y ellos no tienen otra opción mas que aceptarlo.... Por eso, fácil, no es la palabra que yo usaría Coraline.-explico el hombre parándose de su asiento para servirse un poco de café que lo esperaba, caliente, sobre una pequeña mesa a la orilla de la puerta de entrada.
-Entonces… ¿Qué palabra usaría?-pregunto la castaña, volviendo a repasar lo minutos que le faltaban para salir corriendo de ese lugar.
-Preparado… Yo me preguntaría si ya estoy preparado-le respondió dando un sorbo a su café.
-¿Estoy preparada para ponerle un limite a mi madre?-dijo ella pensando seriamente en las palabras que el hombro le había dicho- No, no estoy preparada… Aun no.
-¿Entonces?-
-¿Entonces, que?-
-Entonces por que sigues quejándote de tus secciones semanales conmigo, si aun no eres capaz de enfrentar a tu propia madre…-le respondió el, quitándole las palabras de la boca a la castaña, que ya sabia de antemano cual seria su respuesta.
En esos tres años había llegado a analizar al joven hombre mas que a cualquier otra persona. No lo conocía… ¡Por supuesto que no lo conocía!, pero ella podía ver a través de sus ojos azules cuando el estaba alegre o triste, e incluso cual seria el rumbo de su conversación.
-¿Cree usted que seré capaz de encontrar a mi alma gemela?-pregunto la castaña cambiando de tema. Esa pregunta le había quedado rondado en su mente luego que el mencionara la palabra "amor", además, Cora ya estaba cansada del mismo discurso. No quería hablar de su madre, ni de su pasado.
-¿Es fácil para ti el amor?-respondió el psicólogo, aun de pie frente a la puerta. Cora advirtió que esas serian las ultimas palabras que cruzarían por esa semana. El reloj ya había marcado las cuatro en punto y sus sesión acababa de terminar.
-Yo amo a alguien-soltó la castaña, esta vez formando una verdadera sonrisa.
-Afortunada seas Coraline, no hay nada mas saludable en esta vida que al amor…-
-¿Pero usted cree que alguien pueda llegar a amarme? Soy una esquizofrenia en pleno proceso de rehabilitación… Es casi imposible-hablo Cora, recordando las palabras que su madre le había dicho en mas de una ocasión sobre amar y ser amada.
-Cualquier ser en este mundo que posea sentimiento es libre de amar Coraline… Y ya te he dicho que no me trates de usted, me haces sentir viejo, y solo tengo seis años mas que vos…-dijo el joven, revisando su reloj pulsera para asegurarse que aun le quedaban un par de minutos para llegar a la importante reunión planificada por su prometida desde, hacia ya, un mes.
-Lo siento, Niall. No volverá a pasar, lo prometo-dijo la castaña, poniéndose de pie para despedirse de su psicólogo hasta la siguiente semana.
El joven, rubio y de grandes ojos azules del color del cielo luego de una tormenta, le abrió la puerta a su ultima paciente. Coraline, la joven que había llegado hasta su consultorio un frio día de invierno, inmersa en su propia realidad intentando salir adelante luego de su traumática experiencia.
"Ayuda", fue lo primero que escucho salir de sus labios, y automáticamente, Niall Horan entendió que ella lo necesitaba.
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por ¡Mica! el Mar 24 Sep 2013, 2:35 pm

Britt no aceptaste mi capitulo.. =((
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Pennywise. el Mar 24 Sep 2013, 2:36 pm

santo cristo bendito!! esta idea esta pa' comermela okno VEEEENGO a audicionar eh!!!, en unos momentos dejo el gifo y el capo, esperame no ma, joder
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Invitado el Mar 24 Sep 2013, 2:38 pm

Chicas, ya acepto y respondo comentarios, solo esperen
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por Invitado el Mar 24 Sep 2013, 2:44 pm

worldwide with you♡ escribió:hola brittany, soy mey por si no me conocías.
la verdad amé la idea y espero con todas mis ansias poder quedar, a parte, es un honor estar en una de tus novelas colectivas.
ahí te va todo, besos y cuídate<3.
Kristen Stewart | James Maslow.
{creo que cambiaré el ship en cuánto pueda, te estoy avisando}.
gif:

♡:

Dejándose llevar por la humillación, con el corazón en un puño, destrozada y humillada, corrió tanto como sus inútiles piernas le permitían por los amplios pasillos de la preparatoria Rosewilde. Las risas ofensivas  de los estudiantes de ese instituto resonaban con potencia en su cabeza, la réplica exacta de lo que estaba presenciando. Su pecho se consumía por el fuego de la vergüenza lentamente, destruyendo todo rastro de fuerza que hasta a ese entonces conservaba. Ya todas sus fortalezas se desvanecieron en cuanto comprendió la verdad oculta detrás de las palabras hirientes que le había escupido aquella rubia, sin piedad, sin percatarse de que ella podía sentir, de que ella era un ser humano inmunizado por la pena.
“—Eres una sucia puta. Después de todo es verdad lo que comentan... Te violó tu propio novio, ¿no es cierto? —lanzó una mirada envenenada a la chica que tenía la vista clavada en el suelo, gimoteando en silencio, sin atreverse a articular palabra alguna—. Según Luke, lo disfrutaste mucho, al fin y al cabo, ya todos sabíamos que te vendías fácilmente por un par de centavos.”
Cada palabra que pronunció Tess, las recordaba con tal exactitud y eso era lo que le atemorizaba más. La verdad escrita en una oración de desprecio, rompiendo cada fibra de su ser, acabando poco a poco con su uso de la razón.
El rostro angelical de su ex novio se mostraba petulante y al evidenciar, orgulloso de la desgracia que ahora se recargaba con presión en Deby. Su expresión se había grabado en su cabeza, atormentándola al recordar de inmediato como la noche anterior la había tomado como una mártir sexual, sin remordimientos, ni rastros de culpa.
Se golpeó la cabeza con la mano tratando de despejar los recuerdos que se aproximaban a ella. No era un suceso digno se recordar.
¿Es que nunca se acabaría?
Consideró rápidamente en las posibilidades de suicidarse sin más, pero su cerebro no permitía encajar con dicho anhelo. ¿De cuántas maneras se puede romper un corazón y aun así esperar que siga latiendo? Daños irreversibles tatuados a flor de piel, abrumándola al instante. Sus ojos picaban por la ansiedad que la carcomía y su respiración se hizo regular, como si estuviese sumida en algún tipo de sueño, solo que eso no era un sueño, era la más vivida y terrible de sus pesadillas.
De pronto, su frágil cuerpo chocó con lo que pareció una pared por su solidez, pero al levantar se topó con unos ojos color esmeralda intenso, apagados y sin un atisbo de alegría, pero aun así no dejaron de ser dulces, incluso para la vista dañada por las lágrimas de Deby. El verdor de sus ojos parecía haberse derretido en sus pupilas, dejando un gran vacío imposible de no notar.
Aquel chico de ojos bonitos pareció despegar los labios para decir algo, pero la cerró de golpe al contemplar como lagrimas se deslizaban por su mejilla y caían sin rumbo al comienzo de su vestido.
Sin una sola palabra, ni un gesto o tal vez alguna señal de perplejidad bastó para contener un impulso que se abrió paso en el chico, reacomodando sus prioridades en una sola dirección: verla sonreír. Los fuertes brazos de Harry se cerraron con suavidad entorno al cuerpo de la chica, quien sollozaba, manchando su chaqueta de cuero con lágrimas; mas ese pequeño detalle no lo importo en lo más mínimo.
Se preguntó cuál sería la razón de su tristeza, mas optó por no abrir la boca.
Tras largos minutos, bajo la salpicadura de las gotas chocar contra sus cuerpos de una noche lluviosa en Londres, Deby se zafó torpemente de los brazos del chico cuya identidad desconocía. El rizado, observando como el dolor de Deby no cesaba en lo absoluto, decidió tomar su mano con suavidad para evitar que diera un paso más.
—Ven conmigo, estarás a salvo —su voz sublimaba seguridad; como si no tuviese ánimos de ver como la destruían más.
Los ojos que la habían cautivado en el silencio, emitían suplica.
No la conocía, no sabía su nombre, no estaba al tanto de su situación en forma completa, pero de lo que si estaba consciente era del dolor que abría una brecha en el pecho de ella, a tal punto de que jadeaba sutilmente en busca de aire. No, por ninguna razón la dejaría ir; se negaba a hacerse la idea de no observar nunca más sus bellos ojos cafés.
Sin tomar en cuenta las posibles consecuencias de irse con un completo extraño a altas horas de lo que ya era la noche, se adentró junto a él por las frías calles de Londres mientras era sostenida por la cintura a fin de evitar que resbalara.
Los ojos de Deby se encontraban perdidos, con la vista concentrada en el perfil de Harry bajo la tenue luz de la noche, pero sin ver nada, aparentemente. No sabía con exactitud lo que se desataría después de ese minuto, pero tampoco despertaba su curiosidad.
Para Harry no le fue de mucho esfuerzo levantarla con sus brazos, colocarla en el asiento de copiloto del auto y amarrar el cinturón de seguridad a su pecho.
Condujo con casi toda su atención centrada en ella, pero también en la carretera. Un accidente no sería oportuno.
Deby permanecía inmóvil en su asiento, observando el limpiaparabrisas con inexpresión y vacío.
Con pasos lentos y aminorados, por fin llegaron a la recepción del apartamento de Harry. Era extravagante y elegante al mismo tiempo, y de hecho, no era de su gusto en particular. La empresa con la que se encontraba trabajando le había asignado ese edificio, era parte del paquete de bonificación.
En una oración que Deby no logró descifrar del todo, el chico lanzó palabras rápidas que le parecieron precisas a la recepcionista canosa y de sonrisa amable.
El ascensor funcionaba de maravilla y para su mala suerte, la rapidez venia incluida en el paquete, atributo que solo sirvió para que el estómago de Deby se revolviera y las náuseas se incrementaran.
En un vaivén de emociones de las que no fue consciente, a las que todas catalogo como “irracionales e innecesarias”, se adentraron en el apartamento de Harry y un fuerte olor a vainilla y canela inundo su olfato con frescura.
Harry la dirigió con la mano puesta en su cintura aún hacia el sofá de la estancia principal.
Deby, en un reflejo involuntario se sentó y abrazo sus piernas a sí misma.
Él la examinó por unos segundos que le parecieron injustos para describir cuan belleza se encontraba en frente de sus ojos. Sus facciones de ángel lo dejaron estupefacto, tenía los labios entreabiertos y sonrosados, sus mejillas ligeramente teñidas de un color rosa, la nariz pequeña y roja, y por ultimo sus ojos hinchados, pero no menos maravillosos.
Deby arrugo la nariz al sentirse prisionera de la perspicaz mirada de Harry, gesto que le pareció adorable y confirmo que, Dios, era perfecta.
Seguidamente, recordó que debía preparar la cena, aunque sea solo para ofrecer algo de comer a la chica cuya identidad omitía. Debía comer algo, estaba pálida y por la sucesión de color de su piel, era extraño en su tez. Crecieron sus expectativas y su preocupación se fue en aumento, consideró la certeza de un posible estado trance.
Sacudió la cabeza y se dio la media vuelta. ¿Cómo es que había llegado a esto? Llevándose por el lado coherente, eso era algo absurdo. Una desconocida –muy hermosa, por cierto–, se encontraba sentada en el sofá de su casa por una petición que debido a su estado de agobio no pudo rechazar. No era amor a primera vista, y las razones de esa persuasión eran más que evidentes, era más bien un sentimiento de proteger a una damisela en apuros, como se le determinaría a la situación en otra circunstancia diferente. Estaba como que bloqueado, sin capacidad para pensar con el lado más fiable y el que utilizaba la mayor parte del tiempo; estaba casi seguro de que si hubiese sido Evelyn, la rubia coqueta con la que compartía «visitas casuales» con la que se hubiese topado, la habría dejado ahí, evidenciando lo patán y ególatra que era, pero por alguna razón en específico, este caso fue diferente y apremiante.
Depositó su chaqueta en el perchero y se dispuso a cocinar su lasaña especial, su tiempo de cocción era corto y quizás le gustaría.
Deby, por su parte, estaba aturdida y confundida, tratando de asimilar lo sucedido. Los recuerdos que se incrementaron en su subconsciente pasaron como flashes que la cegaban.
En primera, estaba en el hogar de un extraño –al menos para ella–, sentada en su estancia mientras el desapareció de su vista antes de un parpadeo. Segundo, la pregunta más importante de la cual ignoraba la respuesta era: ¿Por qué él había hecho todo eso por ella? Tomarse la cortesía de llevarla a su casa, estar ahí cuando necesitó saber que le interesaba a alguien, ofrecer una de las sonrisas más maravillosa que haya visto, pero sobre todo y lo que más le extrañó, fue que en ningún momento fue despectivo con ella o trató de humillarla cuando tuvo la oportunidad, en vez de eso, relleno los silencios sepulcrales con miradas de atención y ternura, razón por la cual la incomodidad no formo parte de su conversación silenciosa. Todavía podía recordar sus intensos ojos verdes clavados en cualquier intento de movimiento, su olor a menta combinado con una fragancia amarga, pero tan exquisita al mismo tiempo. Casi saboreo la comodidad y seguridad que la invadía en cuanto su abrazo sirvió para que solo llorara más y no por los recuerdos de su día, sino porque era un sueño maravilloso, del que no quería despertar nunca. De pronto, su pesadilla se tornó mágica, un sueño.
Es decir, a parte de todo el sueño experimentado, la habían degradado a tal punto de hacerla sentir una basura y, ¿Qué tiene de especial una basura?
Mordió su labio inferior y este empezó a sangrar por la presión de sus dientes.
Seguía en blanco, sin obtener respuesta racional a sus interrogantes.
Concluyó que fuera cual fuera la razón de este chico, estaba más que contenta por ello y estaría dispuesta a disfrutar de su sueño. Después de todo, toparse de frente con la realidad sería el paso más difícil.
Se levantó del sofá con pasos tímidos y lentos, como si esperase lo peor. Una fragancia a carne guisada y algún tipo de salsa especial, inundó sus fosas nasales, deleitándola al instante.
Asomó su cabeza por la ranura de la puerta y observó con admiración como el chico de los ojos bonitos se movía de un lado a otro, secaba su frente y se limpiaba las manos con el delantal.
Harry se percató de su presencia y le hizo señas con la mano para que entrara.
Deby obedeció y miró con peculiaridad la cocina del joven.
—¿Te gusta? La verdad es que la moda no se me da bien y pues, tuve algo de ayuda —sonrió amable y alzó los hombros.
—¿Cuál es su nombre? —preguntó de repente Deby, mirándolo con curiosidad.
Paredes de linóleo blanquecinas y lustradas, mesón de granito negro metálico, cuadros que a juzgar por su pinta, sobrepasaban los veinte y pico millones de dólares, también un jarrón de vidrio con rosas blancas y alguna que otra roja, añadiéndole un toque diferente, masculino y moderno.
—Mi nombre es Harry Styles y tutéame, por favor —vertió la salsa roja y brillante arriba de la pasta que contenía la carne y finalmente, roció con parmesano, listo para gratinar.
Al ver como Deby se quedaba sin habla, Harry dispuso proseguir:
—Eres una joven muy hermosa, debes saberlo —carcajeó con nerviosismo apenas notorio—. ¿Cuál es el tuyo?
¿Revelar información a un extraño? Ah, que más da.
—Me llamo Déborah Rossel y… ya me voy —musitó intimidada ante la belleza de un ser tan estupendo.
Tanteó su móvil en el bolsillo delantero de su vestido para llamar a una línea de taxi.
—¿No te quedarás para la cena? —inquirió en un hilo de voz angustiado.
—De ninguna manera, ¿Y si eres un pedófilo violador buscado por todo el país?
Harry soltó una carcajada frustrante pero divertida, no culpaba a la chica por predecir tal situación.
—Deberías dejar de ver películas en Investigacion Discovery, Deby. No soy pedófilo, ni nada por el estilo solo soy un chico de diecinueve años con un trabajo en un bufete de abogados, una vida de locuras y una casa muy elegante para mi gusto, ¿A caso no lo ves?
—¿Deby? —preguntó extrañada.
Nadie la había llamado así durante años.
Sus pies se plantaron como macetas en la cerámica blanca del piso, y por alguna razón, estar en presencia de Styles era sobrecogedoramente cómodo.
—Nuevo sobrenombre inventado, además te queda muy bien —guiñó un ojo en dirección a Deby.
—¿Así que vives la vida loca? —inquirió levantando una ceja.
Su ánimo iba en ascenso, considerando la gran herida que debía enfrentar cuando despertara de su mágico sueño.
Un sueño para ella y la realidad más fascinante para Harry.
—Prácticamente. Mis padres no son de la ciudad y puedo hacer lo que me dé la gana sin que nadie me llame la atención, después de todo, se vive una sola vez, ¿No? —tomó la bandeja con la lasaña y la metió en el horno eléctrico.
Deby frunció el ceño.
—Todo tiene un límite, ¿A que sí? Algún día te toparás de frente con la realidad y el golpe que te darás no será muy reconfortante.
—Tentador, pero me temo que pensamos totalmente diferente. ¿Cuántas veces eres joven? —alzó las cejas, excusando sus errores de adolescente.
—Al demonio con ser joven, eso implica muchas caídas fuertes y levantadas débiles —el giro de la conversación se tornó inesperado e hiriente.
—Todas esas caídas se superan y por alguna razón, te hacen más fuerte.
—¿Para qué ser fuerte si siempre existirá un límite? Todos poseemos ese punto débil que tarde o temprano, se quiebra —replicó con dureza.
Harry se quitó el delantal de cocina blanco y lo dejó sobre el mesón. Se acercó a Deby y tomó sus mejillas entre sus manos con delicadeza.
Deby se estremeció y trató de alejarse del contacto, pero sus fuertes manos se lo impidieron.
—No sé quién te hizo daño, ni la razón de tu agobio, pero debes creerme cuando te digo que mataré con mis propias manos si es necesario al que te lastimó. Una joven tan hermosa y valiente como tú, Deby, nunca debería ser lastimada. Recuerda que no tienes porqué conceder el poder a los demás para destruirte. Confío en ti, sé que puedes soportar esto y mucho más, con mi ayuda, siempre. Ten por seguro que nunca te dejaré, por nada del mundo.
Soltó sus mejillas y presionó sus labios sobre la frente de ella.
Lagrimas se deslizaron por la mejilla de Deby, dando paso a un sentimiento del que no fue del todo sensata en cuanto contempló a Harry por primera vez, un sentimiento que sobrepasaba los términos establecidos por la lógica que ella ejercía, un sentimiento del que estaba segura que era el pase seguro a su felicidad, pero también a su destrucción futura.
—¿Por qué haces todo esto? —farfullo con lágrimas incesantes, las cuales fueron casi imposibles de detener.
—No sé la razón en concreto, pero, ¿Sabes algo, Deby? Jamás en toda mi vida he sentido algo parecido a esto, es como si la razón de mi universo fuera transformada en algo muy diferente, algo especial, algo autentico y fascinante, y ese algo, eres tú —sonrió con tristeza ante la declaración sorpresiva que salió de sus labios y tomo la mano de Deby para colocarla en su pecho, justo en su corazón, que palpitaba desenfrenadamente—. ¿Puedes oírlo? Es increíble, la verdad, como una persona puede cambiar tu orbita cotidiana en sólo una tarde, pero me pasa y la certeza de esto es cien por ciento segura.
—No-no puedes hacerme esto, ¡Mírame, Harry! ¡Mírame de una maldita vez!
A pesar del tono brusco de su tono voz, Harry la abrazo con más fuerza de la necesaria. Sus cuerpos encajaron a la perfección, como si estuviesen destinados a articularse entre sí.
—Todo lo que veo es oro, cielo —murmuró en una nota dulce y silenciosa.
4 años después.
—¡A que no me alcanzas, Harry! —gritó Deby emprendiendo una carrera en medio del césped de la espaciosa casa Styles.
Cuatro años fueron más que suficientes para dar por real y duradero el amor que mantenían Harry y Deby. Deby ya se había graduado de la Universidad de Harvard en Arquitectura general, enorgulleciendo tanto a Harry, como a su familia por el mérito que obtuvo la castaña. Harry había alcanzado culminar su carrera de Abogacía, todavía siendo el mismo arrogante y egoísta de siempre pero con sentimientos intensos hacia su amada. Después de muchas pretendientes, luego de tantas caídas y levantadas, de tantos obstáculos, finalmente, pudieron ser felices, amándose el uno al otro.
Harry corría revelando carcajadas armoniosas mientras perseguía a Deby por el jardín de su actual casa.
—¡Prepárate, Rossel!
Deby se adentró a la casa sofocando una carcajada y pensó rápidamente las opciones para su escondite. Cuarto, no; baño, no; living, no; estudio, no… ¡Cocina, sí! Con pasos sigilosos pasó hacia la cocina; se subió en el mesón que daba con las hornillas y el horno, y se escondió en un lugar muy pequeño, donde solo ella por su contextura delgada pudo introducirse.
—Deby, vamos, no puedes esconderte todo el día… —siseó Harry adentrándose en la casa y cerrando la puerta en un clic silencioso.
Harry revisó por encima todos los lugares de la casa, hasta el más recóndito y no había señal de la chica escurridiza.
En un bufido casi inaudible para despistar a Deby, entró a la cocina y simuló servirse un vaso de agua al mismo tiempo que ladeaba su vista a la izquierda y después a la derecha para asesorarse de que no estuviera por esos lados. Él estaba seguro de que cerca se debía encontrar, pues había percibido su perfume de rosas y canela.
Deby respiró profundo y miró el cuerpo alerta de Harry, preparándose para dar un salto y caerle encima. La idea provocaba excitación en ella.
Se impulsó agitadamente y en un golpe seco y sordo, pero a la vez cargado de risitas reprimidas cayeron los dos al piso.
—Eres una idiota, Deby —dijo Harry soportando todo el peso de la chica sobre sí.
Deby frunció los labios y le saco la lengua, enfurruñada.
Harry se compadeció de su acto y besó con diversión la punta de su nariz.
—Tienes que levantarte ya antes de que mi autocontrol se vea afectado violentamente —cerró los ojos y sus labios se abrían y cerraban, contando los números silenciosamente.
Luego de que su corazón palpitara arrítmicamente contra su pecho, Deby disipó levantarse de un salto. Seguidamente, Harry también lo hizo, suspirando y mirando el reloj de su muñeca con una mueca.
—Tengo que ir al trabajo —avisó, depositando un beso prolongado en la frente de la castaña, que ahora se encontraba algo desanimada.
—¿Volverás temprano? —preguntó esperanzada.
Deby entrelazó sus manos y besó sus nudillos con dulzura.
—Por supuesto —prometió con una sonrisa.
—No olvides mi helado de chocolate de regreso —dijo Deby dirigiéndole una mirada suplicante e inocente.

Deby contempló con la vista ausente como el auto de su novio desaparecía por la carretera del vecindario.
Aprovechó el momento para emplear su tiempo en algo que la traía realmente preocupada: no le había llegado el período menstrual en tres semanas y las posibilidades de un hijo eran del todo posibles.
Ella ya se había graduado de la Universidad y había realizado estudios adicionales de inglés y literatura, no trabajaba porque Harry no se lo permitía debido a que su sueldo mensual sirve para todo un año de lujos y sobraría dinero. Deby salía con sus amigas de vez en cuando, o ir de compras, entre otras cosas que la mantenían ocupada en el día. Un bebé sin duda haría el mismo efecto, pero la idea para ella era atemorizante. No sabía si estaba preparada para traer un hijo al mundo y le preocupaba cual sería la reacción de Harry al enterarse. ¿Y si él no quería un hijo?
Desvió su vista de la ventana de su habitación, acudiría a una persona que la ayudaría y le aconsejaría que hacer. Todavía no había estimado el hacerse un examen para comprobar que sus teorías fueran ciertas y pensó que ya era tiempo de hacerlo y no con Harry, si no con su mejor amiga.
Tomó su bolsa rosa y el móvil de su mesita de noche, cerró la puerta detrás de ella y bajo a trompicones la escalera principal.

Tocó la puerta de cristal unas dos veces antes de que Melanie saliera a su encuentro. Su mejor amiga de años vestía unos shorts tipo jeans y un sweater verde aqua bajo un delantal rosa viejo ya manchado con crema para pasteles y mezcla de galletas.
—¡Melanie! ¿Te quedaste encerrada en una fábrica de repostería? —preguntó Deby largando una risotada burlona al mismo tiempo que plantaba un beso en su mejilla y se adentraba en la casa de su amiga.
—Ja, ja, ja —separó las sílabas de una risa común para hacer que su tono fuese sarcástico.
—¿Cómo estás? ¿Liam? —Deby colocó su bolso en el tope de la elegante cocina y espero a su respuesta, cortés.
—Por aquí todo marcha de maravilla, Liam está alistándose para ir al trabajo —contestó inspeccionando la mirada nerviosa de la chica—. ¿Pasa algo?
—Que no pasa más bien —masculló Deby, al momento de que Liam traspasó el umbral de la cocina.
—¡Que grata visita! —se acercó a la castaña y le di un abrazo amistoso.
Ella correspondió.
—Disculpen la hora, de veras. Es solo que necesito hablar con Melanie —se disculpó tímida, como siempre.
Kendall le regaló una sonrisa y negó con la cabeza levemente. Besó la coronilla de la cabeza de su novia y le susurró algo que Deby no pudo oír muy bien. Melanie asintió y le dirigió una mirada rápida al rubio.
—Pasaré por el bufete de Harry, me ha llamado esta mañana para que charlemos un rato. Le mandaré tus saludos, Deby.
Ella se apresuró a negar con la cabeza.
—De ninguna manera, Liam. Él no está al tanto de mi sorpresiva visita.
Liam asintió confuso y alzó una ceja conforme movía la cabeza.
Un sonido proveniente del escandaloso móvil de Liam interrumpió la escena de silencio en un dos por tres. Este tanteó sus bolsillos traseros para tomar el teléfono y contestar en menos de un parpadeo.
—¿Diga? Oh, sí sé que voy tarde. Sí, te llevo los documentos —hizo una pausa y cerró los ojos de golpe—. Claro que sí, Harry, ¿cómo olvidarme? Claro —cortó la llamada después de una larga prolongación de silencio.
Melanie entornó los ojos y ofreció a Deby una taza de cappuccino de vainilla y coco.
—¿Gustas, cielo? —preguntó Melanie al ver la palidez del rostro de Deby.
Se asustó un poco, pero atestó para sus adentros que quizás no había desayunado… o eso creía ella.
—No, gracias. La verdad es que no quiero comer nada por los momentos —aseguró Deby con una mueca de disgusto.
—Ya me voy, guapas. Nos vemos a la cena, Melanie —interrumpió el intercambio corto de miradas entre las dos comadres.
Besó sus labios fugazmente y una sonrisa torcida fue dirigida hacia Deby.
Deby sacudió la cabeza y de pronto, sintió unas terribles ganas de expulsar toda la cena del día anterior. Era un cosquilleo fuertísimo en su estómago lo que impedía que saliera corriendo al baño, por lo que guardó silencio y trató de no vomitar en la mesa, enfrente de Liam.
Expectativas crecieron en el fuero interno de Melanie, alertándola sobre una situación incontrolable.
Liam abandonó la estancia mientras daba un portazo al cristal apenas inaudible.
Pasaron diez largos segundos antes de que se oyera a lo lejos como el motor del auto de Liam se encendía y los cauchos chocaban contra el asfalto.
—Bien. ¿Ahora me vas a decir porqué demoni…? —Melanie se obligó a dejar la pregunta en aire debido a que cuando se percató de que Deby había salido corriendo ya era demasiado tarde para un interrogatorio.
Con un trote forzado Melanie siguió el perfume de Deby, tratando de averiguar donde se había metido.
Unos gemidos de disgusto fueron los que llamaron su atención en cuanto se adentró por el pasillo principal que daba a la habitación de huéspedes y a uno de los baños de la casa.
Se adentró y se quedó pasmada ante la escena que se encontraba frente a sus ojos.
Los ojos de Deby estaban desorbitados, sus mejillas y su frente estaba perladas de sudor, su nariz estaba roja, su pelo recogido a un lado y unos ojos excitados y nerviosos esperaban que Melanie pudiera articular palabra alguna.
—¿Desde cuándo no estás en período menstrual, Deby? —inquirió Melanie acercándose a Deby, quien estaba de cuclillas en el piso oscuro del baño.
Tomo su rostro entre sus manos y frunció los labios en una sonrisa que parecía una mueca, claramente.
—De eso era justo lo que venía hablar. Estoy muy preocupada y no sé a qué se deba todo esto… —murmuró Deby más para sí misma.
Melanie asintió lentamente y examino las posibles razones de su comportamiento, de su palidez, de sus náuseas y… solo quedaba una sola opción a reconsiderar.
—¿Te hiciste el examen de embarazo? —sonsacó Melanie con autoridad.
—No seas ridícula, Melanie —bufó Deby.
—¿Qué esperas? ¿Tener a tu bebé en el inodoro? Vámonos ya al Doctor. Lávate la cara y toma tus cosas, estaré encendiendo el auto —ordenó Melanie levantándose del piso rápido y torpemente.
Salió del baño con una sonrisa y dando saltitos en el transcurso que implicaba llegar al estacionamiento.
En cambio, Deby se quedó confundida y un poco de temor se vio reflejado en sus ojos color almendra. ¿Un bebé? La planificación de un bebé no estaba en sus planes y ni siquiera había meditado la idea.
¿Qué diría Harry? ¿Su madre y su padre…?
Harry, no lo sabía. Pero sus padres no iban a poder estar más felices; han añorado por años un nieto a quien mimar, consentir y amar.
Deby les concedería ese deseo en tan solo nueve meses, ¿Pero a qué precio?
Se paró del piso débilmente. La falta de ingesta de alimentos en su estómago estaba haciendo efecto. Más no comería nada.
__________________________
—¿Cómo que se le olvidó su aniversario? —preguntó estupefacto, sentándose el amplio sillón de la oficina de Harry.
—Así es, Liam. Tampoco armaré líos, pero aun no me lo creo. ¡Es Deby, hermano! La chica detallista que yo conozco no tiene memoria de pez, en lo absoluto —Harry frunció los labios en un línea delgada y azotó sus rulos al aire.
—¿Sabes algo, Harry? No le digas que yo te dije porque si no Melanie me matará…
Harry asintió rápidamente y se inclinó hacia delante en su escritorio con mirla ansiedad grabada en su semblante.
—Confío en ti, si hablas no me hundiré solo, Harry —el rizado negó—. Bueno, Deby se encontraba hoy en la casa platicando con Melanie y si me permites decirlo, estaban más que extrañas —musitó Liam alzando las cejas y asintió.
La mente de Harry estaba en blanco.
—¿Qué podría ser..?
—No lo sé, Harry. Pero algo se traen entre manos —Liam frunció el ceño y estiró sus pies en la alfombra azul.
—¿Sabes? No importa que lo haya olvidado, sólo sé que este día sí que será inolvidable para ella —remarcó la palabra ‘si’ y sonrío para sus adentros.
—¿Qué harás, Styles? —carcajeó Liam.
—Ya verás, ya verás.
Harry sonrío abiertamente y juntó sus manos.
{…}
Pasado un día entero entre emociones, lágrimas de felicidad, ansiedad y mucho nerviosismo, finalmente, el sol cedió su puesto a una luna nueva deslumbrante.
Deby había pasado todo el día comiendo helado de chocolate y conversando sobre su futuro con Melanie, mientras Liam y Harry ideaban la salida más fenomenal por la que hayan pasado alguna vez.
Una salida en la que muchas cosas saldrían a flote.
Deby había recibido una llamada de Harry a eso de las cinco de la tarde; tan solo escuchar su voz provocó que su estómago se revolviera y no precisamente por las náuseas.
¿Qué pasaba si el la dejaba abandonada, como pasaban en los programas de televisión? Su vida sucumbiría ante la soledad y la depresión que una partida significaba para ella. Harry era su vida entera, su alma gemela, su hermano, su mejor amigo, era absolutamente todo para ella.
Descartó las ideas de su cabeza y se concentró en la salida de esa noche, una de las mejores noches de su vida si todo jugaba a su favor y eso esperaba.
Melanie se comprometió a llevarla a su cita, no la pensaba dejar sola por nada del mundo, ¿y si sus nervios fallaban? No se lo permitiría.
—Muchísima suerte, Deby. Si pasa algo, cualquier cosa, llámame, estaré al pendiente de ti, ¿Vale? —Melanie le sonrío mostrando sus blancos y alineados dientes, infundiéndole valor.
Melanie confiaba en Harry, pero no en lo que pudiera hacer.
—Estaré bien —o eso esperaba—, gracias por todo, Melanie —la abrazó con fuerza desde el asiento copiloto del flamante auto de su mejor amiga.
Con sus pequeñas manos tomó el bolso miniatura que hacía juego con su vestido. Respiró profundo y en la acera contigua al restaurant, se quedó helada viendo como su amiga emprendía marcha hacia su casa. El suave viento que soplaba en la noche causó que su cabello se moviera al son del viento y el frío que hacía la congeló desde la punta de su cabeza hasta el tuétano de sus huesos.
La buena idea es que las náuseas habían pasado y ahora solo se oía su respiración profunda y nerviosa al mismo tiempo.
Un escalofrío le recorrió la nunca en cuánto escucho una voz ronca hablarle con seducción al oído:
—Cielo, entra ya o te congelarás de frío —Harry tomó su mano con sutileza mientras la guiaba con la mano en su cintura hacia la entrada del elegante restaurant.
—Gracias —se limitó a susurrar cerca de su cuello.
El calor que le brindaba la mano del rizado era suficiente para sosegar sus nervios.
Cerró los ojos con fuerza y por un segundo creyó que lloraría a mares en el hombro de Harry.
¿Por qué ahora hacia tanto drama?
Abrió los ojos de golpe al sentir el murmullo incesante de la gente que se encontraba allí. Ya se encontraban adentro y el lugar era sobrecogedor.
—Debo decir que hoy estás más hermosa que nunca —sujetó su cintura con más presión.
Harry le dio la media vuelta y entre sus manos, el rostro sonriente de Deby le brindó la mejor de las sensaciones. Besó sus labios con ternura, acompasando su ritmo lento al de ella. Deby acercó su rostro al suyo y acaricio sus rulos con cuidado.
—¿Qué me dices tú? Luces guapísimo —contestó.
—Para eso estoy, preciosa —bromeó al respecto mientras retiraba la mano de su cintura para jalar la silla de la mesa.
La vista era magnifica, les había tocado una mesa cerca de un ventanal que daba a ver la hermosa y oscura noche de Londres al otro lado del vidrio.
Una vez que los dos estuvieron en sus asientos, Harry aferró su mano a la de ella; para mantener contacto.
—Háblame de tú día, Harry —pidió Deby con simpatía.
—La verdad estuve ocupándome de unos asuntos de suma importancia. Me extraño que no me llamaras, ¿sabes?
La voz aterciopelada de Harry causó un revoloteó de emociones en su estómago.
—Estuve todo el día con Melanie, hacía ya tiempo que no compartíamos mucho, como en los viejos tiempos —osciló Deby con una sonrisa poco convincente.
—¿Estás segura? —persuadió Harry con suspicacia.
—Del todo… amor —dudó un poco de sus poderes de solidez y se venció ante la penetrante mirada del chico.
Era ahora o nunca.
Entonces su mente recordó las páginas de un viejo libro que había leído hace tiempo.
Si no te arriesgas no disfrutas de las maravillas que tiene la vida, no disfrutas el poder estar en tu propio mundo, donde todo es completamente como lo quieres, donde los problemas pasan a segundo plano.
Sonrío con resplandor y sus ojos se enfocaron en los de Harry con timidez y dulzura.
—Harry, tengo que decirte algo muy importante… —comenzó a decir la chica.
—Yo también, Deby —interrumpió con una sonrisa con gracia.
—Tú primero.
—No, tú primero —la miro, esperando una respuesta.
—¿Los dos al mismo tiempo, vale? —sentenció Deby.
—Está bien —aceptó.
El conteo mental se apoderó de sus mentes y por causalidad, iban en perfecta armonía numérica. Por lo que, los dos soltaron lo que tanto se guardaban cerrando los ojos y al unísono.
—Estoy embarazada.
—Quiero que seas mi esposa.
Harry y Deby abrieron los ojos como platos, inspeccionando la mirada del otro.
Lágrimas de alegría se acumularon en los ojos de la castaña al ver como el semblante Harry cambiaba de expresión en menos de segundos, para recaer en la más importante de todas: Alegría absoluta.
Una lágrima salina se deslizó por la mejilla de Harry pero no se molestó en apartarla de su rumbo. Sería padre y esa era la noticia más esplendida que alguien haya pronunciado en toda su existencia.
Se levantó de su asiento y se arrodilló ante su amada, luego comprometida aún con lágrimas brotando de sus verdosos ojos.
—Deby, eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Significas todo para mí y estaría dispuesto a entregarte mi vida entera y más. Con tu sonrisa y tu personalidad lograste cautivarme desde el primer segundo en que te vi, cuando todo lo que vi fue oro bajo dolor, pero siempre oro. No tienes ni idea de lo feliz que me siento ahora, ¡Me darás un hijo, por Dios! Nuestro hijo, nuestro pequeño o pequeña, al que con tan solo ver, me recordará su hermosa madre, tan realista, sencilla y dulce como ninguna. Por esta, y muchísimas razones más, quiero que te conviertas en mi esposa y sólo mi amada, mi frágil pero valiente Deby.
Ecos de lo que hasta ahora había sido lo más maravilloso que había escuchado, resonaban en su cabeza como una perfecta melodía armoniosa.
No aguantó por mucho y sus brazos se vieron entrelazados con fuerza en el fornido cuerpo de Harry, apretándolo contra su pecho, demostrándole con el tacto de sus labios contra los suyos, todo lo que sentía y lo que estaba por venir.
—Te amo. Te amo tanto, Harry —hizo una pausa al tiempo que pronunciaba esas palabras con intensidad y amor, para después plantar pequeños besos en su rostro, deshaciendo las lágrimas del angelical rostro de Harry.
—Déborah Rossel, ¿Me harías el extraordinario honor de ser mi esposa, ahora y siempre? —Harry tendió una cajita pequeña roja y de textura suave enfrente de sus susceptibles ojos, ahora llenos de amor.
La abrió con cautela y dejó al descubierto un hermoso anillo de oro con diamantes diminutos.
—¡Acepto! ¡Me encantaría casarme contigo, Harry! —expresó Deby en un murmuro penetrante, que daba a entender, de una vez por todas, el gran afecto que sentía hacia el rizado.  
Después de todo, su sueño tendría un final feliz, dejando atrás  las preocupaciones y de las agonías, cediéndole el puesto a un sentimiento que marcaría el rumbo de su vida sentimental: El único y verdadero amor.
Capítulo aceptado.

¡Hola Mey! Ow, gracias *-* y me agrada que te gustara c: Si cambias el ship solo dímelo :) Bueno, yendo al capítulo, amo como escribes, estuve emocionada durante todo el shot o capítulo, no sé lo que es :c Pero, me encantó, no tengo palabras para describir como escribes *-*
¡Suerte! 
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

Mensaje por bigtimerush. el Mar 24 Sep 2013, 2:57 pm

gracias por aceptar dulzura.
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Re: Bella maldición. {Audiciones cerradas}

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