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Pasiones Ocultas (Así te conocí)

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Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Sáb Ago 25, 2012 5:41 pm

Nombre: Pasiones Ocultas: Así te conocí
Autor: Celeste Smith (o sea yo *-*)
Adaptación: No
Género: Romance, erótica
Advertencias: Trataré de subir lo más seguido posible, la tengo escrita a mano así que la iré pasando y haciendo en la marcha porque no está terminada ni mucho menos; contiene escenas algo fuertes pero dentro de los límites de las normas y si no es así, trataré de adaptarla para que lo sea, espero les guste *----*
Otras páginas: http://wattpad.com/Celeste_sl



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#Capitulo1 #




La ciudad de Ocean Beach, se ubica en la zona Sur del país; es un sitio caracterizado por sus extensas playas de arenas blancas, rodeado por grandes acantilados que constituyen lo más llamativo y exótico, del lugar para los turistas que deciden visitarlo. Ocean, se encuentra dentro de la categoría d ciudades privilegiadas, es un lugar de alojamiento principalmente para personas de clase social alta manteniéndose de esa manera a lo largo de la historia, puesto que la mayoría de las familias residentes poseen sus raíces ahí conservando las mismas reglas que marcaban a los estratos sociales hace ya muchos años atrás.
Al ser uno de los principales centros turísticos del país, cuenta con los mejores establecimientos de hospedaje, restaurantes prestigiosos y cientos de comercios con las mejores marcas de vestimenta a los cuales acceden muchas personas por la calidad de sus productos y la excelente atención brindada. El clima es predominantemente caluroso debido a la posición geográfica de la ciudad, resultando los meses de invierno, agradables y algo templados. Las playas y avenidas siempre se encuentran colmadas de personas y la seguridad del lugar es muy estricta con el claro objetivo de mantener una convivencia pacífica.


La casa donde vivo, se encuentra situada sobre uno de los grandes acantilados que rodea las playas, dentro de un pequeño barrio privado donde han crecido mis padres y mis abuelos. La gran estructura ha tenido muchas modificaciones desde ese tiempo a hoy, siendo en la actualidad un sitio sofisticado y moderno que ocupa varias hectáreas y posee una posición privilegiada.
Mi padre, Francisco Flesher, es un importante empresario gastronómico y posee una cadena de restaurantes internacional; es un hombre bastante ocupado que pasa bastante tiempo fuera de casa debido a sus negocios y quizá por esa razón no tengo demasiada comunicación con él. Mi madre, Rose Erning es una mujer muy sofisticada, presidente del club de tennis de la comunidad, y organizadora de eventos en Ocean Beach; finalmente se encuentra mi hermana Susan, tiene 30 años y es abogada pero no vivo con nosotros, sino con su esposo en Europa razón por la cuál la vemos muy poco, solo cuando viene de visita durante las vacaciones.


Mi nombre es Samantha, pero todos me llaman simplemente “Sam”, tengo 17 años y soy una chica delgada puesto que cuido mucho mi físico y soy bastante adicta a los ejercicios. Mi cabello es rubio y ondulado, el mismo cae por mi espalda hasta mi cintura e intento llevarlo siempre largo; mis ojos son grandes, color verde oscuro y según muchos algo distantes aunque lo cierto es que soy bastante distraída. En cuanto a mi personalidad, es algo cambiante, depende del día y de mi estado de ánimo; pero puedo decir que conservo ciertos aspectos en todas las situaciones de la vida: soy directa y espontánea, me gusta decir lo que pienso aunque no soy el tipo de chica extrovertida sino por el contrario muy tímida, sobre todo con aquellos a quienes no conozco o no tengo demasiada confianza. No tolero las traiciones ni las mentiras en mi grupo de amigos y en caso de que pase algo de eso, prefiero alejarme y seguir con lo mío sin perjudicar a nadie.


Nos encontramos al comienzo de las vacaciones, el año escolar finalmente había terminado y como de costumbre había obtenido buenas calificaciones de modo que podía disfrutar de un merecido descanso. Siempre fui buena estudiante, me gustaba poder mantener la reputación de mi familia, de mi misma y hacer que mis padres se sintieran orgullosos de mi y este año no había sido la excepción.


Esa mañana aunque no tenía clases puse el despertador temprano, y me levanté para poder acudir al gimnasio con mis amigas a quienes conocía desde que era pequeña lo cuál las ubicaba en el lugar de mis “Mejores Amigas” quienes sabían todo a cerca de mi y con quienes pasaba la mayor parte del tiempo. Ximena, es la más tímida de ellas, de estatura media, cabello rubio y ojos claros los cuales siempre parecen tener miedo; y Lucía, alta, morena y muy delgada, la más extrovertida y la que le aporta la energía necesaria al grupo cuando estamos un poco cansadas. Solíamos pasar largas tarde de compras en las tiendas, nos gustaba vernos bien, sobre todo a mi porque tenía novio, y me gustaba que sus ojos estuviesen en mi y no en otras; Douglas Adams…presidente del Consejo estudiantil, proviene de una familia muy adinerada y de buena posición social; un chico exigente no solo consigo mismo sino con todo lo que lo rodea, y eso me incluye a mi y aunque hacía casi un año que estábamos juntos no terminaba de acostumbrarme a muchas de sus manías, pero lo quería y suponía que con eso tenía que bastar.
Me puse vestimenta adecuada para hacer gimnasia, recogí mi cabello en una coleta y el chofes me llevó hasta el lugar dónde mis amigas me estaban esperando; tras saludarlas, entramos en el gimnasio y nos dispusimos a comenzar nuestra rutina en las bicicletas estáticas.
-Esta noche iré a cenar a su casa- Dije tomando un poco de agua de la pequeña botella que tenía a mi lado.
-Esa Mansión es todo un espectáculo, he escuchado que los cocineros son italianos- Comentó Lucía.
-Así es, la última vez que fui cocinaron una gran variedad de platos italianos… ellos son tan sofisticados que a veces me siento un poco incómoda, aunque sigo preguntándome por qué su hijo mayor nunca cena con ellos- Añadí pensativa.
-Ni siquiera se presenta en las fiestas sociales, quizá simplemente no le gusten- Comentó Ximena. La familia Adams tenía dos hijos, Douglas era el menos pero el mayor, cuyo nombre era Alexander si no me equivocaba, muy pocas veces estaba presente, y ni siquiera recordaba haberlo visto.
-Sus padres siempre especifican que es porque se encuentra sumido en el estudio y ayudando a su padre en la empresa- Dije pensando en los comentarios que se escuchaban por ahí, como era de esperarse en este ambiente todos siempre se enteraban de todo.
-Pero miren quién ha llegado…- Dijo Lucía sacándonos de nuestra conversación, giré el rostro hacia la puerta para ver a la chica que aparecía; vestía con muy poca clase, siendo ella era entendible, Sheila Hamilton, una “nueva rica” como la llamaban en el ambiente, puesto que su familia había heredado una fortuna relativamente grande que le permitía incorporarse a la sociedad aunque para todos seguía siendo una chica normal tratando de adaptarse a un sitio que no era para ella.
-No entiendo cómo no le da vergüenza aparecer en este lugar- Dijo Ximena riendo por lo bajo; prefería no meterme en esos asuntos, si bien tenía cierta posición en el ambiente, no era de las que andaban desprestigiando a las personas por ser diferentes, mientras no se metieran en mi vida por mi estaba bien lo que quisieran hacer.


Por la tarde opté por una falda color crema y una camisa blanca con el cabello recogido correctamente, como iría a cenar con los Adams prefería verme más presentable de lo normal. Douglas, como siempre, se veía inmaculado y perfecto con su cabello castaño peinado hacia atrás y sus ojos brillantes y risueños; subí en su auto, luego de que abriera a puerta del mismo como todo un caballero y subió por el otro lado; se acercó, depositando un suave beso en mis labios y sonrió levemente.
-Creí que demorarías- Dijo algo sorprendido.
-Se que odias esperar, traté de hacer todo rápido- Dije sintiéndome algo satisfecha por no haber hecho que esperase mucho tiempo. Me observó detenidamente durante unos minutos y suspiré, Douglas no me miraba para decirme si estaba linda o no, lo hacía para saber si todo estaba en orden, si no había nada fuera de lugar en mi y eso me molestaba mucho; había aprendido a adaptarme a sus exigencias pero en muchas ocasiones eso me dañaba, claro que nunca se lo decía, él era un chico de mucho nivel y yo como su novia, se suponía hiciera lo mejor para él y por la relación.
-No traes pendientes ni collar, es un detalle importante en una chica- Me dijo tras sus minutos de exploración haciéndome sentir más una mercadería del puerto que una chica.
-Me apresuré y los olvidé…- Dije a modo de disculpas.
-No te preocupes, ve por ellos y no demores que no quiero llegar tarde, a mis padres no les gusta esperar- Dijo sin más; juro que por momento solo quería salir corriendo lo más lejos posible de él pero trataba de mantener siempre la compostura.
Aunque lo peor eran los momentos en los que nos encontrábamos a solas; él había sido mi primer hombre y no hacía demasiado tiempo atrás, de modo que era muy nueva en lo que a eso refería y él lograba incomodarme todo el tiempo dejando muy claro que yo debía aprender todo, y lo cierto era que no me gustaba, pero mis amigas decían que eso cambiaría con el tiempo, que si me sentía de esa manera era porque se trataba de las primeras veces, así que solo me tocaba esperar a ver si al menos ese ámbito de mi vida con él mejoraba.


Una vez en su casa y luego de que sus padres nos recibieran, nos ubicamos en el amplio comedor; se trataba de una gran sala decorada al estilo antiguo, en tonos color oscuro y madera caoba; sobre las paredes habían grandes obras de arte, la mayoría representaban imágenes también antiguas lo que me llevó a pensar que quizá la señora Adams tenía una pequeña obsesión con los siglos anteriores, la casa bien podría pasar por un museo.
-La semana entrante se realizará el evento de Yates en el puerto, ¿Asistirán tus padres?- Preguntó el Señor Adams y levanté mi vista del plato de pastas.
-Así es, mi padre suele esperar con ansias ese día- Dije sonriendo dando paso a una conversación sobre barcos que verdaderamente me aburría pero al menos no dejó que la cena fuese incómoda o que no hubieran temas de los cuales hablar.
Pasado un largo rato, la puerta principal sonó y apareció él en la sala…Alexander Adams, el hermano de Douglas, a quién definitivamente no recordaba haber visto porque de ser así estaba segura de que mi mente lo hubiese registrado muy bien. En primer lugar porque era muy diferente a Douglas, llevaba una remera negra y pantalones del mismo color, ropa informal pero que dejaba claro que el chico tenía espalda ancha y músculos bien definidos; su cabello era negro y espeso, lo llevaba corto pero algo desordenado, quizá por el viento, quizá porque le gustaba, no lo sabía pero le quedaba demasiado bien. Tenía ojos azules y una mirada penetrante que hizo que desviara mí vista algo avergonzada por estar mirándolo de esa manera, ¿Qué rayos sucedía conmigo? Debía comportarme correctamente si no quería morir de la vergüenza.
Llevaba una mochila negra colgada en su espalda y los auriculares sobre los hombros con la música tan alta que se escuchaba desde donde me encontraba sentada y esos labios… ya, era suficiente, enfoqué la vista en la comida y la mantuve ahí hasta que logré volver a la normalidad.
-Buenas…- Dijo sin mucho preámbulo tomando una manzana de la mesa y dándole un mordisco a lo cuál su hermano lo miró con una expresión que dejaba claro cuánto le desagradaba su actitud.
-Cariño, ¿Por qué no te sientas a cenar?- Preguntó su madre.
-Estoy cansado y ya cené con los chicos- Respondió él dando un beso en la frente de ella y saliendo de la sala sin decir más nada.
-Disculpa a mi hermano, no tiene modales…- Dijo Douglas molesto y eso bastó para que su humor cambiara el resto de la cena y hasta mientras me llevaba a casa en el auto.


-Me avergüenza que sea mi hermano- Soltó camino a casa en su auto; no me parecía que el chico hubiese hecho algo demasiado grave pero no quise decir mucho.
-¿No se llevan bien?- Pregunté como si eso no tuviese respuesta obvia.
-Somos totalmente opuestos, el vive una vida que yo jamás llevaría, nunca está en casa, tiene malas juntas y solo le interesa divertirse, es una vergüenza para la familia- Dijo con un humor algo más alterado, por lo cuál mantuve mi boca cerrada el resto del camino pensando en que mi deseo de correr de él y de todo cada vez era mayor, preguntándome si verdaderamente era esta la vida que quería, una vida de superficialidad donde debía ser siempre “la chica perfecta”


Última edición por celeste smith el Lun Ago 11, 2014 5:40 pm, editado 11 veces
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por lau5997 el Sáb Ago 25, 2012 5:51 pm

Primera lectoraa, wuhuuu, siguela pronto, me parecio genial, estare esperando por el segundo capitulo.
Besos, Lau
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Sáb Ago 25, 2012 5:54 pm

vsghcdghas *----* Muchas Gracias por leer!!! :D :D más tarde trataré de poner mas!! :D :bounce:
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Sáb Ago 25, 2012 11:15 pm


#Capitulo2 #



El día del evento de Yates había llegado finalmente, mi padre se veía emocionado y creo que era el único día del año que estaba así, ya que por lo general lo poco que lo veía solo me mostraba a un hombre cansado y bastante serio pero ¿qué iba a saber yo? Si a penas teníamos un diálogo que se enfocaba únicamente en lo que yo necesitaba y no me refiero necesariamente a afecto sino a dinero. Mi madre tenía un diseñador a su lado para que le mostrase los trajes de última moda específicamente para ese evento mientras que yo me dirigí a mi habitación a decidir qué usaría y para alejarme un poco del tumulto de ropa en la sala principal. Finalmente opté por un vestido color blanco, corto pero discreto, como me gustaba vestir a mí y solo con algunos detalles en plateado; era bonito y se adecuaba a mi sutil manera de vestir, había que tener estilo pero no parecer prostituta. Dejé mi cabello recogido en esta ocasión porque el calor fuera era insoportable y me era más cómodo de esa manera.


El club de yates, el cuál coincidía con el campo de tennis de Ocean, se ubicaba en el puerto de la ciudad, era una estructura enorme con extensos campos verdes y una bajada de piedra hacia el mismo puerto donde se ubicaban los yates y dónde se realizaba la competencia todos los años. Se encontraba presente toda la gente de la alta sociedad y aunque desde pequeña concurría a este tipo de eventos no terminaba de acostumbrarme a que todos me observasen como si hubiese salido de una cajita de muñecas Barbies, me resultaba sofocante.
-Parece que la familia Adams vino completa esta vez- Comentó Ximena mientras estábamos en el jardín conversando.
-No tenía idea lo bueno que esta…- dije Lucía mirando de arriba abajo a Alexander quién se encontraba hablando con otro chico a unos metros y por su expresión pude percibir que no se encontraba demasiado a gusto en ese lugar.
-¡Samantha! ¿Dónde rayos has estado? Te busqué por el club entero- Dijo Douglas sobresaltándome al aparecer junto a mí y de muy mal humor; intenté poner mi mejor cara delante de las chicas y me alejé un poco con él quién me hizo seña para que lo siguiera hasta el camino que bajaba hacia el puerto.
-¿Te encuentras bien?- Le pregunté con un poco de nervios a sus palabras, verdaderamente no me gustaba pelear, quería pasar al menos esta tarde tranquila.
-A veces eres una inútil Sam, habíamos quedado en encontrarnos en un sitio específico y pareces tonta, te olvidas de todo- me respondió de mala gana y casi gritando.
-Lo siento…- dije bajando la vista y conteniendo mis ganas de mandarlo al carajo.
-No se les debe gritar a las mujeres, idiota- escuché la voz de Alexander quién iba pasando junto a nosotros con el chico con el cuál hablaba; no se detuvo, solo dijo esas palabras mirando mal a Douglas y continuó su camino sin más. Mis mejillas enrojecieron, no podía creer que su propio hermano le hubiese avisado que me estaba tratando mal, y a demás… nada menos que su hermano, a quién me había comido con los ojos la noche de la cena, ¿podía ser mi vida peor? Claro que no. Sentí las lagrima en picando en mis ojos y respiré hondo para contenerlas, lo único que me faltaba era largarme a llorar en medio de la maldita alta sociedad, mis padres me matarían, debería controlarme.
-Ni siquiera se te ocurra llorar, solo me harás pasar vergüenza- me dijo de mala manera y se marchó de ahí dejándome sola.
Me dirigí al baño lo más rápido posible para evitar una escena llorosa delante de todos y agradecí que el mismo estuviese vacío; mojé un poco mi rostro y me miré en el gran espejo, ¿Sería tonta de verdad? Me lo repetía tantas veces que al final me hacía cuestionarme si estaba siendo buena novia con él o si mi distracción estaba empeorando cada día más; las lagrimas se deslizaron por mis mejillas y no me percaté de que alguien se encontraba parada a mi lado; las sequé rápidamente y comencé a acomodarme cabello como si nada hubiese pasado.
-No deberías dejar que te tratara de esa manera- Me dijo Sheila mirándome a través del espejo.
-No se de qué hablas…- respondí haciéndome la desentendida.
-De “eso” que tienes por novio- Agregó de manera irónica refiriéndose a Douglas.
-Lamento tu envidia, Douglas y yo estamos mejor que nunca- le dije en defensa a sus palabras y ella rió por lo bajo para luego mirarme con sus ojos castaños.
-¿Envidia? ¿Por un tipo que te trata como basura y porque debes comportarte como la señorita perfecta todo el tiempo? Al menos yo tengo gente a la que le importa si me siento mal y no debo andar fingiendo, no soy superficial- me dijo e inevitablemente me largué a llorar sentándome en una de las bancas que había en el baño.
-Es verdad…- dije en medio de las lagrimas y el desconsuelo.
-Lo siento, no quise ser tan dura, solo no logro entender cómo haces para poder soportar todo esto- me dijo ya con una expresión más comprensiva.
-No lo sé, estoy cansada de todo esto y ni siquiera se por qué estoy contándote esto a ti-
-Tranquila, si me lo dices a mi es porque las personas que te rodean están tan ocupadas acomodando sus vestidos que no tienen un minuto para darse cuenta de que estas mal… no soy tan desagradable como crees Sam- dijo observándome y alcanzándome un pañuelo que tomé.
-Lo sé, la gente habla mierdas… lo siento- me disculpé con ella y por primera vez en el día me sentí al menos escuchada.



Esos días no lo había pasado muy bien había estado algo distante, todo lo acontecido me había hecho pensar en lo atrapada que estaba y lo peor era que nadie se daba cuenta de ello. Todo seguía como siempre a mi alrededor, nada cambiaba, y solo debía simular que me encontraba bien o quizá aunque no lo hiciera nadie se daría cuenta de que me sentía perdida, ni siquiera mi madre, quién se encontraba entre sus decoraciones y organizaciones, ni ella se daba cuenta de que no estaba bien y llegó un momento en que simplemente dejé de pensar en querer que alguien me preguntara si necesitaba algo o si me encontraba bien. Y para completar mi bendito estrés, esa noche tenía cena en casa de Duglas de nuevo, podía mentir y decir que me sentía mal, pero mi madre insistía en que concurriera, puesto que el chico parecía ser un muy buen partido para mi; claro que ella ignoraba que me trataba como si fuese su juguete descartable.
Sin mucha emoción, esa noche me vestí algo informal, falta de jeans y camisa oscura, aunque como siempre, manteniendo mi estilo y porque dentro de todo era lo poco que me gustaba y me animaba.


Una vez en su casa, me llevé la sorpresa de que no solo no cenaríamos nosotros cuatro, sino que a demás estaba Alexander y varias personas más, los cuales según entendí eran parientes de la familia, y lo cuál generaba más presión para mi porque debía simular estar feliz por la cena y por mi relación con Douglas. La conversación se basaba en viajes y cultura, y agradecí no ser el centro de atención mientras comíamos, eso me hizo relajarme un poco más y me dispuse solo a escuchar lo que hablaban.
-¿No participaste en el evento de Yates?- Le preguntó un hombre de gafas a Alex, quién se encontraba sentado en la mesa frente a mi lugar.
-No me interesan los Yates; solo pensar en vestirme de marinerito y subir a uno de esos me resulta repugnante, preferiría que un tiburón me comiera la pierna- respondió con una gran tranquilidad y me mordí el labio para no reírme.
-Alexander, estamos cenando… no seas desagradable-lo regañó su madre como s se tratase de un niño chico cuando en realidad tenía 25 años, dos más que su hermano.
-Esta bien Elena, al chico no tiene por qué agradarle todo- le dijo el hombre de gafas a la madre de Alex y volviendo su mirada de nuevo a él. -¿Qué tipo de actividad te gusta?- volvió a intentar.
-El sexo- respondió sin mucha vuelta y casi me atraganto con el bocado que tenía en mi boca; todos los presentes dirigieron su mirada a él como si hubiese confesado que asesinó al presidente; inmediatamente Elena, puso punto final a la conversación y cambió de tema hablando del clima.
Mantuve la vista fija en el plato; Douglas estaría echando humo por la cabeza con el comportamiento de su hermano y yo trataba de contener la sonrisa y la risa que sentía ganas de expulsar; levanté mi vista y sin pensarlo me encontré con la suya, juro que nunca había visto ojos tan azules, ni una mirada tan penetratante que parecía envolver todo a su paro incluyéndome, me sonrió levemente y desvié la vista avergonzada y color morado fuerte.


Luego de la cena, Douglas me condujo a la terraza de la gran casa, la misma daba al jardín, dónde nos detuvimos a disfrutar del aire fresco de la noche, totalmente despejada; era uno de los sitios de la mansión que más me gustaba.
-Se acerca mi cumpleaños, he estado organizando todo con tiempo, será una fiesta exclusiva y desde ya quiero avisarte que debes verte perfecta, nada de vestimenta informal si es que no quieres que mire a otras- dijo mirándome de arriba abajo, ya me parecía raro que no me hubiese criticado antes lo que llevaba puesto esa noche.
-Es la vestimenta que me gusta… ¿el que vista así es razón suficiente para que mires a otras?- respondí ya molesta y sin aguantarme.
-¡Cállate Sam, no es mi culpa que estés perdiendo el estilo ni que cada día que pase estés mas tonta!- me gritó alterado, ya era suficiente para mi, me giré para irme pero me tomó el brazo con algo de presión. -¿A dónde crees que vas?- dijo casi burlándose de mi.
-¿Otra vez Douglas? ¿De verdad tienes que tratar así a tu novia?- dijo Alex apareciendo en las puertas de la terraza.
-No te metas en cosas que no te incumben Alex, es mi novia y hago lo que quiero- le respondió mal.
-Exacto, es tu novia no tu perro… y estoy seguro que no le gusta que la trates así- le dijo tranquilamente, algo que por lo visto lo caracterizaba y se marchó de ahí. Douglas me soltó alterado y yo mantuve mi boca cerrada solo por si acaso; a los pocos minutos me y luego de tranquilizarse me abrazó.
-Lo siento, vayamos un rato a mi habitación a conversar- dijo y asentí suspirando y deseando que todo esto pasara de una buena vez.


Ni bien cerró la puerta de la misa se acercó a mí besándome de una manera posesiva y casi a la fuerza; me sorprendió pero le respondí correspondiendo sus labios los cuales me besaban de forma prácticamente desesperada. No quería esto, sabía que luego me quitaría la ropa y debería estar con él y no quería, no de esta forma, las pocas veces anteriores habían sido horribles y estaba segura de que este no sería la excepción.
-Douglas no quiero…- dije alejándome de sus labios y de él pero volvió a acercarse haciendo caso omiso a lo que y quería. Sus manos aferraron mis caderas presionándome contra su duro y excitado cuerpo, haciéndome sentir que yo era su pertenencia y que podía hacer conmigo lo que quisiera y a pesar de que hacía fuerza me tenía aprisionada contra la pared. Lo empujé con fuerza alejándome y su mano cayó en mi rostro dándome una cachetada en pocos segundos.
-Mira lo que me haces hacer… esto es tu culpa- dijo con la respiración acelerada; mientras yo miraba el piso y apoyaba mi mano en la mejilla que ahora ardía. A penas podía razonar lo que había pasado y mi único impulso fue salir corriendo de ahí; caminé casi corriendo hacia la salida trasera, por la cocina y lejos de cualquier persona que pudiese cruzarse conmigo mientras las lágrimas caían por mi rostro sin poder contenerlas.
No podía llegar a casa en este estado, ni siquiera sabía dónde quería estar, pero estaba segura de que seria muy lejos de ese infeliz; me sentía en mi punto límite, estaba cansada de tolerar todo esto, cansada de comportarme como la señorita perfecta cuando en realidad estaba sufriendo por dentro; me dolían los retratos de Douglas y que nadie se diera cuenta de que a veces prefería simplemente no estar.
Un auto negro salió del estacionamiento de la casa, por l camino que conducía hacia los grandes portones de salida; había estado recostada a la pared de la casa durante un largo rato, sumida en mis pensamientos y liberando la angustia contenida y cuando abrieron la ventanilla del vehículo vi a Alex observándome confundido.
-¿Estas llorando?- preguntó.
-No… no, solo es alergia- mentí descaradamente sabiendo lo mala que era ara eso. -¿Podrías… sacarme de aquí?- pregunté con la última pizca de coraje que me quedaba por esa noche y desesperada por alejarme de ahí.
-¿Qué demonios te pasó en el rostro?- preguntó preocupado; me abracé y bajé la vista sin decir nada, no quería hablar de lo sucedido, solo necesitaba salir de ahí, tras unos segundos sin respuesta habló. –Sube…-
Hasta que no estuvimos fuera de la propiedad no me sentí segura y tranquila.
-Gracias…- susurré tratando de mirarlo a los ojos.
-Ese cobarde tiene mucha suerte de que no me lo haya cruzado, no puedo creer hasta dónde es capaz de llegar- dijo, claramente no había tenido que decirle mucho porque las cosas estaban a la vista.
-No sabía… que podía llegar a esto, no puedo llegar así a mi casa- dije nerviosa.
-Bueno, dime a dónde quieres que te lleve- preguntó mirando su reloj, seguramente tendría cosas que hacer y yo lo estaba entreteniendo, después de todo a él no tenía por qué importarle lo que me sucedía, no éramos nada, y cuñados tampoco ya. Se acercó un poco para tomar un encendedor y automáticamente me cubrí sin pensarlo como si fuese a golpearme. –Tranquila… no te haré daño- dijo volviendo a su lugar; definitivamente eso me había dejado sobresaltada y sensible.
-Lamento molestar, puedo caminar desde aquí- dije antes de seguir pasando más vergüenza de la que ya sentía.
-Una chica como tu caminando por la zona baja de la ciudad… no creo que sea muy seguro, si no tienes donde ir puedo llevarte conmigo al apartamento- me dijo, directo y decidido… algo que yo jamás sería, y ni siquiera sabía porqué estaba ofreciéndome su ayuda pero no tenía otra opción más que aceptarla.
El apartamento se encontraba en la zona céntrica de la ciudad, ubicado específicamente frente a la playa y en uno de los pisos más altos; me condujo por el mismo, el cuál era amplio y confortable, hacia una de las habitaciones donde me indicó que podía dormir y antes de retirarse me avisó que cualquier cosa le avisara. Así que esa noche intenté no pensar, necesitaba dormir un poco, cerrar los ojos y olvidar todo lo que estaba sucediendo y fue exactamente lo que hice dejándome llevar por un profundo sueño donde las cosas no eran tan malas como en la realidad.
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Dom Ago 26, 2012 5:16 pm


#Capitulo3 #




Desperté algo sobresaltada tratando de ubicarme en tiempo y espacio, hasta que me di cuenta de dónde me encontraba y de lo que había sucedido anoche; me levanté de la cómoda cama y salí hacia la gran sala dónde Alex se encontraba junto a un ventanal que cubría la pared entera y daba vista a la playa, con una taza de café en sus manos y esa forma de mirar que podía desequilibrar los pensamientos de cualquier persona.
-Lo siento, debí irme antes pero me quedé dormida- me disculpé con él.
-No te preocupes, tómate tu tiempo, no debo salir por el momento- dijo haciéndome seña para que lo siguiera; caminé tras él hasta una mesa ubicada junto al ventanal donde me senté y acercó una taza con café a mi.
-Gracias…- dije tomando la taza caliente entre mis manos y bebiendo un poco de la misma, nada mal para una extraña mañana en casa de una persona a la que a penas si conocía, a veces me preguntaba en qué rayos estaba pesando al aceptar venir, pero llegaba a la conclusión de que cualquier sitio era mejor que estar en mi casa o cerca de Douglas.
-Deberías dejar a ese idiota después de lo que hizo- dijo de la nada al cabo de unos minutos y lo miré algo sorprendida por su franqueza.
-No es tan sencillo simplemente alejarse…- respondí tímidamente.
-Lo se, sobre todo para personas como ustedes que se manejan por lo que los demás dicen para mantener la reputación, motivo por el cuál viven frustrados- me dijo haciendo que se me formase un nudo en la garganta, ¿tenía que ser tan directo conmigo?
-Es más difícil para mi siendo mujer y menor de edad, mis padres prácticamente controlan mi vida, no creas que todo esto me gusta, si pudiese simplemente cambiaría todo por un poco de tranquilidad… pero estoy atrapada- confesé sorprendiéndome de mi sinceridad ante un extraño.
-Quizá tengas razón en algunas cuestiones, pero aún así, no debes dejar que nadie te maltrate- finalizó.


No tuve problemas con mis padres al llegar a casa puesto que se creyeron que había pasado la noche en casa de una de las chicas, si llegaban a enterarse de que mi noche había sido en casa de un chico aunque sin hacer nada que para ellos pudiese resultar amoral, simplemente me encerrarían en un convento de monjas. Ignoré los mil mensajes de texto que tenía mi celular de mis amigas preguntándome a qué se debía mi desaparición, y las mil llamadas de Douglas con mensajes pidiéndome perdón por lo sucedido y prometiéndome que todo cambiaría.
Durante la tarde encendí el ordenador y recorrí un poco mi Facebook, tenía una solicitud de amistad pendiente, Sheila… sonreí al mirar su foto con un sombrero mexicano y la acepté; al cabo de unos minutos apareció en el Chat invitándome a la mañana siguiente a tomar un café; aunque quería decirle que no tenía ni las más mínimas ganas en salir terminé aceptando, quizá estar un poco fuera de casa y lejos de las personas que frecuentaba me hiciera bien, y después de todo ella había sido la única en darse cuenta de que no me sentía bien.


Así que por la mañana siguiente nos encontramos en un café junto a la costa, era un sitio abierto y para aprovechar el sol y el freso aire de la mañana nos ubicamos en la terraza del mismo donde pedimos café.
-No quiero sermones…- advertí antes de comenzar a hablar sobre lo sucedido.
-De acuerdo, lo que tu digas, cuéntame por qué tienes esa cara- me dijo levantando las manos unos segundos en señal de paz.
-Solo intento no pensar en el trato de Douglas…- comencé a decirle y proseguí con el resto de la historia mientras ella me escuchaba con grandes ojos de sorpresa y consternación.
-Ese infeliz…. Deberían golpearlo hasta que no pueda levantarse- dijo con rabia. -¿Dónde pasaste la noche si no fue en casa de tus amigas?- preguntó con curiosidad.
-Con Alex… mi ex cuñado- dije algo avergonzada.
-¡¿Qué?! ¿Tenías ánimos para tener sexo con tu ex cuñado?- me dijo reprimiendo una sonrisa.
-¿Qué? No… no, solo dormí en la habitación de huéspedes, no estuve con él, ¿cómo se te ocurre?- pregunté con las mejillas color morado fuerte y mordiendo mi labio con nervios.
-Bueno, es extraño que una chica solo “duerma” en su casa, teniendo en cuenta su reputación en el ambiente en el que se mueve- dijo riendo por lo bajo.
-¿Su reputación? Creí que era de los chicos que nos e metían en temas de reputación- dije bebiendo un poco del café con crema que había pedido, ¡por Dios! Podría beber miles de estos.
-No me refiero a una reputación exactamente buena, verás… le gustan las chicas y todos lo saben, y es más del tipo “fiestas y sexo casual y sin compromiso”, detesta a las chicas como….tu, sin ofender, pero he escuchado que las considera “princesitas” sin cerebro…- me dijo tratando de restarle importancia al asunto; sabía que éramos muy distintos, que yo ni en mis más lejanos sueños sería su tipo de chica y que lo de su apartamento solo había sido un buen gesto por alguien que se veía como un trapo.


Volver a casa no fue una idea demasiado buena, ya que ni bien entré se encontraban mis padres en la sala principal y… Douglas, quién me sonrió y me saludó como si nada hubiese pasado y yo no tenía idea dónde diablos esconderme o qué decir al respecto. Tomó mi mano y me hizo sentar junto a él como si yo fuese su jodida pertenencia, como siempre me había tratado y los miré a todos intentado comprender de qué iba esta reunión.
-Samantha, Douglas ha venido de visita, como no estabas le hemos dicho que esperase un rato y de paso tuvimos tiempo a conversar con él- dijo mi madre con una gran sonrisa de “yo apruebo a este chico”.
-Ha…- dije sin saber qué más acotar al respecto.
-La semana próxima debemos viajar a un congreso en Europa y acompañaré a tu padre, así que nos ha parecido buena idea que te quedes en casa de los Adams, he hablado con Elena esta mañana y me ha dicho que no hay problemas, sabes cuánto te aprecia- dijo ella haciendo que mi humor quedase enterrado bajo tierra. Nunca creí que la amistad entre mi madre y la madre de mi “no- novio” resultase un problema, pero ahora estaba segura de que lo era… ¿quedarme en casa de Douglas? Era un boleto a mi tortura…
-¿No puedo acompañarlos? Me gusta Europa- dije en un intento poco exitoso de que no me dejaran con el enemigo.
-Sammy, seguro tus padres estarán muy ocupados en el Congreso, es mejor que los dejes hacer sus cosas y a demás cariño, estaremos más tiempo juntos- dijo él mirándome de una manera que yo conocía bien y que dejaba claro que debía cerrar la boca.


Tras la horrible conversación y después de despachar a Douglas me encerré en mi habitación caminando de un lado a otro sin saber qué hacer, no podía quedarme cruzada de brazos y en vista de la dedición de mis padres estaba tomada debía entonces buscar la manera de que esos días no fuesen una tortura para mi. Luego de un largo rato de pensar y sin querer llegar a ese extremo, decidí pedirle ayuda a la única persona que podría hacer algo en esos casos… estaría en su casa después de todo y bien podría mandarme a freír papas por molestarlo, pero nuevamente era el único que podía ayudarme, sobre todo después de saber cómo sus palabras a Douglas.
Tomé mi móvil y busqué entre mis contactos su nombre, me había dado su número ayer por alguna emergencia y esta era sin dudas una de esas; suspiré y escribí con un poco de dificultad:

“Hola, lamento molestar, ¿podríamos encontrarnos en una hora en el café “Salinas”? necesito pedirte un gran favor…Sam”

Creí que no respondería, pero pasados unos diez minutos mi móvil sonó indicando un mensaje de texto el cuál miré de inmediato.

“He… claro, ahí nos vemos”

Seguían sonándome tan frías sus palabras, pero ni siquiera sabía por qué lo pensaba, después de todo no teníamos ningún tipo de vínculo, no podía esperar que el tipo me escribiese con corazones y caritas sonrientes. Tomé mi abrigo y mi cartera y salí antes de que mis padres se dieran cuenta de que me estaba yendo a las 7 de la tarde sin decir a dónde; era tanta mi adrenalina que cuando llegué al lugar agradecí que aún no estuviese y pasé al tocador a acomodar un poco mi cabello que parecía más un nido de pájaros que un cabello, ¿en qué momento había olvidado acomodarlo? Estos días habían sido de verdad toda una locura.
Tomé asiento en una de las mesas y pedí un vaso con agua pues si seguía bebiendo café terminaría colgada de la lámpara del local; al cabo de unos minutos él entró en el sitio y a demás de que se veía perfecto como siempre, noté como la mitad de las mujeres se lo comían con la mirada, nada raro para tratarse de él. Me saludé y tomó asiento frente a mí observándome y esperando a que hablara.
-Si no me ayudas… él va a hacerme daño y sé que esto no es tu problema, que no soy del tipo de chicas que te agradan pero… no tengo a nadie más- dije reprimiendo las lagrimas que amenazaban con salir.
-No llores… no me gusta ver a una chica llorar, yo voy a ayudarte, ¿qué necesitas?- dijo con un poco de preocupación en su rostro, le conté lo que sucedía y lo que mis padres habían determinado, que debería quedarme en su casa o más bien la casa de sus padres durante unos días y que tenía miedo; finalmente él suspiró un poco exasperado. –No dejaré que te toque, no te preocupes- dijo y suspiré aliviada, de alguna manera este extraño se había convertido en mi salvador esos últimos días generándome cierta seguridad con sus palabras y muy en mi interior eso me agradaba mucho.
Primera noche en la casa de los Adams, Elena había mandado a preparar una cena puesto que no era yo su única invitada sino que a demás irían unos amigos de la familia a cenar; en cierto sentido el estar entre mucha gente me hacía sentir más tranquila, lo que quería era evitar estar a solas con Douglas pero durante la noche y esperando a que la cena estuviese servida me llevó hasta la terraza para hablar conmigo… mi mente solo hizo un paneo general del lugar por si debía salir corriendo en caso de que hiciera algo que me dañara; no me gustaba tenerlo cerca, no quería hablar con él ni mirarlo y lamentablemente no me quedaban muchas opciones.
-Me gusta que estés aquí Sam, te he notado extraña estos días, por favor… olvidemos lo que ha sucedido y vuelve a ser la misma de siempre- dijo con un tono tranquilo pero que denotaba que no me lo estaba pidiendo sino ordenando.
-No estoy extraña- respondí mirando hacia el jardín y tratando de que mis nervios no me traicionaran.
-Lo estás y esto me está aburriendo- dijo molesto y alterándome del todo a mi; ya había comenzado a hiperventilar cuando mi salvado apareció en escena y sentí un gran peso menos encima; se paró al costado de Douglas y habló mirando hacia el jardín como si le estuviese comentando sobre el clima y la linda luna que había en el cielo.
-Escucha idiota, seré concreto contigo… legas a poner una mano encima de ella y me encargaré no solo de dejarte un ojo morado sino de hundir completamente tu reputación haciéndole saber a todos lo cobarde que eres y lo que has hecho… ¿entendido?- dijo… buena jugada la de él, Douglas moriría si alguien se entraba de lo que en verdad era, para él lo más importante era mantener su reputación y su buena imagen frente a los demás.
-No deberías meterte en esto…- dijo él molesto pero con una clara expresión de miedo.
-No te escuché Douglas… ¿entendido?- dijo Alex como si su hermano jamás hubiese hablado.
-Si, entendido- dijo finalmente él a regañadientes y casi gruñendo la respuesta.
-Bien, así me gusta- respondió Alex con una sonrisa de satisfacción.

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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Miér Ago 29, 2012 6:47 pm

Para quién esté leyendo o le interese *----* postearé el capítulo próximo entre mañana y pasado e.e
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por _ForeverHazza1D el Mar Sep 04, 2012 6:41 pm

siguelaaaaaaaaaaa es geniallllllll e.e



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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Miér Sep 05, 2012 6:27 pm

*O* GRACIAAAAS *-------* subiré más tarde capitulo que pude despegarme un poco del estudio :D gracias por leer :D
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Miér Sep 05, 2012 10:00 pm


#Capitulo4 #




Esa noche esperé a que todos estuviesen dormidos para recién salir de la habitación, temía encontrarme con Douglas y por ese motivo trataba de mantenerme oculta. El reloj marcaba las dos de la mañana, y la casa se encontraba en un silencio total; me puse una de mis batas de dormir oscura y bajé las escaleras con cuidado de no hacer ruidos, puesto que la habitación donde me estaba quedando se encontraba en la segunda planta y cerca de la de ese maldito que quería evitar a toda costa. Una vez en la cocina, abrí el refrigerador y tomé la jarra con jugo sirviéndome un vaso; luego cerré con el pie y pegué un salto hacia atrás al ver a Alex entrando por la puerta.
-Vas a matarme del susto- le dije sin pensarlo mucho mientras los latidos de mi corazón sonaban de forma incesante; pero me alegraba de que fuera él y no Douglas el que estaba parado frente a mi.

-Lo siento, no quise asustarte, acabo de llegar y por lo general todos duermen aquí a esta hora- dijo con una sonrisa divertida, como si le diera gracia asustarme como lo había hecho.
-¿Noche aburrida?- pregunté sentándome en una de las bancas de la cocina, y bebiendo un poco de mi jugo.
-Un poco, estábamos fuera del club y comenzó a llover, la diversión se termina así, de modo que decidí volver temprano- dijo tomando asiento frente a mi y dándole un mordisco a la manzana que había en una fuente… miré sus labios mientras lo hacía y sin darme cuenta pensé en ellos sobre los míos, debía controlar mis pensamientos.
-¿La lluvia te pone de mal humor?- pregunté sonriendo un poco; no era muy buena sacando conversación, pero no quería que me catalogase como la chica rara que no hablaba y le pedía ayuda para protegerse de su hermano.
-Si estoy haciendo algo y me es interrumpido, cualquier cosa me pone de mal humor- respondió.
-A mi me gusta la lluvia, me da sueño- comenté como si a él le importase un carajo lo que provocaba la lluvia en mi; él sonrió por lo bajo y luego de darle otro mordisco a esa bendita manzana me miró.
-¿Mi hermano te ha molestado?-
-No…debe estar entretenido con algo, o con alguien, nose, no me interesa tampoco- dije porque verdaderamente así era, no quería saber nada con él, y me daba lo mismo, cuanto más entretenido estuviese mejor para mi.
-Mejor así, a no ser que quiera que le rompa los dientes de una piña- dijo tranquilamente, a veces tenía comentarios que me daban un poco de susto, pero era lindo escuchar que quería defenderme de alguna manera, o quizá eran simples fantasías mías y siempre actuaba de esa manera.
-¿Siempre se han llevado mal?- pregunté con curiosidad y esperando que no le pareciera una entrometida, pero por lo que había estado viendo y escuchando se detestaban.
-Si, Douglas no tolera que las personas no se adapten a las reglas, siempre actuó para quedar bien con los demás y mantener su reputación y me odia porque mi padre repartió la herencia- dijo.
-¿Y eso que tiene de malo? son sus únicos dos hijos- dije sin entender mucho la idea.
-No… Ernesto no es mi padre… digamos que mi madre se enamoró en su juventud de un empresario que la dejó embarazada… y preferiría no hablar más del tema- dijo algo incómodo y no quise preguntar más, a penas si nos conocíamos y yo ya andaba hurgando en su vida privada, aunque sin dudas no me esperaba una confesión de ese tipo, siempre creí que Douglas y él pertenecían al mismo padre. De modo que rápidamente cambiamos de tema y continuamos hablando sobre cosas banales, aunque interesantes porque el reloj avanzaba y ninguno de los dos se iba a dormir, ni tenía intenciones de hacerlo; era agradable hablar con él sobre todo.
-¿Puedo saber por qué no tienes novia?- le pregunté con un poco de vergüenza, pero era algo que hacía un tiempo me daba curiosidad, era un chico claramente atractivo, de seguro no le faltaban mujeres.
-No estoy interesado en ningún tipo de compromisos, me gustan las mujeres pero solo para sexo y lo dejo claro para evitar confusiones en cada momento- dijo de forma directa y como si estuviese hablando del clima; desvié la vista un poco avergonzada, ¿por qué era tan seguro para hablar y yo a penas si lograba articular oraciones?
-¿Y si alguna se enamora?- seguí con mi maldita curiosidad.
-Pues, que se le pase, me gusta dejar las cosas claras y ninguna está obligada a nada, respeto a cada persona pero soy decidido en lo que quiero- dijo finalmente, y vaya que lo era. -¿Qué hay de ti? No vas a decirme que solo has estado con el tonto de mi hermano- dijo medio riendo u bajé la vista.
-Bueno, si… fue mi primer novio, y mi primer hombre también, supongo que no fue una buena elección pero ya ha pasado- dijo queriendo que la tierra me tragara viva por haber confesado eso.
-No todos son como él, recién tienes 17 años, seguro encontrarás a alguien que se adecue a lo que quieres-me dijo creo que para animarme, asentí levemente y preferí cambiar de tema antes de terminar confesando cosas de las cuales me arrepentiría luego.


Tres días transcurrieron y como mis padres aún no habían regresado y Alex se iba con su grupo de amigos a la casa que tenían en la playa como solía hacer todos los años, y según me había contado, le pedí que me llevara, que no molestaría pero que no me dejara aquí con Douglas que ya había intentado solucionar las cosas conmigo y yo lo único que quería era escapar de él. De modo que tras planteárselo a sus padres y en vista de que irían varias chicas también, y luego de darme mil recomendaciones me permitieron viajar.
La gran casa pertenecía a la familia y era ya tradición que todos los años y durante una semana él fuera ahí con su grupo de amigos, entre los cuales se contaban alrededor de 12 personas y a demás Sheila, pues me había dicho que la llevara para no sentirme tan sola; después de todo ellos eran todos mayores que yo. El lugar era excelente, y se ubicaba frente a la extensa playa, con una vista que de seguro solo tendrían los costosos hoteles, pero no era extraño para una familia con un nivel económico tan alto como el suyo.
Me gustaba estar ahí, me gustaba estar cerca de él y más de lo que me imaginaba, aunque no sabía hasta que punto eso era algo bueno pues temía estar involucrándome con la persona equivocada y sin que me diera motivos para que eso sucediera.
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por DanielaSwift el Vie Sep 07, 2012 1:06 am

Síguela
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Vie Sep 07, 2012 7:59 am

*O* Gracias por leer! *---* a la tarde publico el próximo capitulo :D :D
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por _ForeverHazza1D el Vie Sep 07, 2012 1:37 pm

sigelaaaaaaaaa te esta qedando genial :D que parece en esa playa e.e....



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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Vie Sep 07, 2012 3:06 pm

*OOOOO* [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] en un ratito tengo pronto el siguiente capítulo *---------* :D :D
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por celeste smith el Vie Sep 07, 2012 4:35 pm



#Capitulo5 #




Debía admitir que ese lugar era increíble, las veces que había viajado a la playa lo hacía con mis padres y era demasiado aburrido para ser verdad; los mismos solían ser demasiado protectores conmigo y no me dejaban viajar sola, claro que ahora que no estaban en el país las cosas eran diferentes, aunque temía que Elena, la madre de Alex, les contara de esto y ahí si que tendría problemas con ellos.
Esos dos días desde que llegamos me las había pasado tomando sol en la playa junto con Sheila, con quién aunque pareciera irónico me llevaba muy bien desde que había descubierto que era una chica agradable y que yo la había juzgado muy mal desde el principio. Aún así era bueno que ella se mostrara tan amable conmigo a pesar de que antes la había tratado muy mal.
Era ya de tarde, me encontraba sentada sobre la arena, llevaba unos shorts cortos y la parte de arriba del traje de baño color negro; Sheila había ido a bañarse, de modo que aproveché para mirar la puesta de sol y relajar mi mente durante un rato; no solía hacerlo pero en ese sitio todo era más tranquilo y aunque no había hablado mucho con Alex, el tenerlo cerca me hacía bien.
-¿Qué haces sola aquí?- preguntó justamente él, como si o hubiese llamado con la mente; llevaba solo unas bermudas y tuve que concentrarme en mirar sus ojos para no recorrerlo con la misma y quedar como la más desubicada.
-Miraba la playa…- dije como si no se hubiese dado cuenta, los nervios siempre solían jugarme una mala pasada.
-¿No quieres caminar un rato?- preguntó y le levanté más que rápido… ok, definitivamente iba a tener que comenzar a controlar mis impulsos cerca de él, ¿se daría cuenta cuánto me gustaba? Esperaba que no porque de lo contrario no sabría dónde meterme.
Así que caminamos durante un rato por la arena mientras conversábamos del día, de los planes de fiestas que tenían los chicos para ese fin de semana, y de mil cosas más, porque con él podía pasarme horas hablando que no me aburriría, cada vez que lo escuchaba solo me concentraba en eso y lo demás dejaba de tener sentido para mi y esas sensaciones me asustaban un poco, sobre todo el pensar en las consecuencias que podía tener por involucrarme sentimentalmente con un chico como él, al que solo le importaba el sexo y las mujeres. Un faro que se encontraba a unos metros llamó mi atención alejándome de mis demás pensamientos.
-¿Está abandonado?- pregunté con curiosidad.
-Así es… solía venir aquí cada verano, entremos, desde arriba se ve genial- dijo con una sonrisa divertida y lo seguí.

Entramos en la gran estructura de piedra, la misma tenía escaleras que daban a la sala de control arriba; el sitio olía a mar y estaba casi oscuro puesto que el día ya estaba terminando y grandes nubes oscuras cubrían el cielo anunciando una de esas tormentas de verano que tanto frecuentaba la zona. Y cuando finalmente llegamos arriba, tal como él dijo, la vista era increíble, se observaba el revuelto océano rodeado por grandes rocas y el aire corría frío y fuerte despejando mi mente de todo pensamiento, era sin dudas un sitio increíble. Me senté sobre el borde de la torre mirando hacia dentro y él se acercó a mi empujándome hacia atrás pero sujetándome con sus brazos.
-¡Alex no! Bájame…- grité riendo y sintiendo como la adrenalina corría por mi cuerpo al poder mirar hacia abajo.
-Confía en mi, no voy a soltarte- dijo mientras me sostenía y bastaron sus palabras para que confiara en él, tiré un poco más mi cabeza hacia atrás para tener una panorámica entera del lugar patas arriba, era genial, pero ya me estaba mareando de modo que me sujeté de sus brazos tomando impulso para volver a dónde estaba y me bajó del borde.
-Te odio… me dio miedo- le dije en broma y tratando de que mi corazón latiera con normalidad.
-Un poco de adrenalina es buena para el organismo- me respondió bromeando también y pasando su mano por mi cabello para acomodarlo, iba a desviar la vista tímidamente como de costumbre pero esta vez la sostuve en la suya, azul, oscura y jodidamente sexy y una vez que lo hice no pude apartar mis ojos de él; despacio descendí mi mirada a sus labios y a ese pequeño lunar que tenía debajo de ellos. Levanté mi mano pasándola suavemente por su mejilla mientras él me observaba con detenimiento; realmente era incapaz de razonar lo que estaba haciendo, jamás en mi vida había sido así de impulsiva pero él despertaba sensaciones en mi que ni siquiera conocía, era como si mi cuerpo se manejara solo y mi mente quedara por atrás mirando.
Y para continuar con mis extrañas acciones, no pude contenerme más y acerqué mis labios a los de él dudando unos segundos mientras casi los rozaba, y decidiéndome por fin a pegarlos a los suyos con miedo a que se alejara pero no lo hizo. Por el contrario los suyos respondieron de la misma manera, abriendo los míos con su lengua y fundiéndonos en un intenso beso, un beso como jamás pensé que me darían; mi espiración se disparó y sus manos aferraron mi cintura estrechándome contra su cuerpo mientras hacía el beso más profundo y si que sabía besar, si hubiese sabido habría intentado esto mucho antes.

-Lo siento… me pasé, soy un idiota- dijo a los segundos apartándose de mi y casi lo jalo de nuevo pero me contuve porque su arrepentimiento era evidente y no quería que lo nuestro cambiara, si él se alejaba de mi por esto me daría un ataque, así que hice lo que no quería hacer.
-No te preocupes, fue una tontería, hagamos de cuenta que no paso nada- dije de inmediato en un intento desesperado por hacer que todo volviera a la normalidad.
-Es lo mejor Sam… lo siento- me dijo finalmente.
El camino de nuevo a la casa fue un poco extraño; notaba cierta tensión entre ambos que él se encargó de quitar hablándome de cualquier cosa, pero aun así, lo había besado y yo no estaba arrepentida de eso, pero si debía olvidarlo, si debía hacer que las cosas siguieran como siempre solo para que no se alejara entonces lo haría.


A la noche siguiente los chicos organizaron la fiesta de la que tanto hablaban, y no entendí por qué tanto bullicio hasta que comprobé que a la misma concurrían muchas más personas de las que habían viajado, puesto que era una fiesta abierta en la casa de playa; así que ya temprano en la noche, el lugar contaba con música, alcohol en demasía y mucha gente en traje de baño. No había vuelto a hablar del tema con Alex en todo el día, solo habíamos cruzado alguna que otra palabra como si nada hubiese ocurrido… como le había dicho que hiciéramos y a él eso le salía muy bien. Llevaba un vestido de playa corto esa noche y debajo el traje de baño, no podía arreglarme demasiado en zona de playa pero era cómodo vestir así y todos los presentes parecían estar más preocupados en que no se les terminaran los tragos que en la vestimenta que levaban.
Me encontraba sentada en la amplia terraza de la casa tomando cerveza con Sheila y disfrutando del aire de la noche.
-Y pensar que hace un tiempo atrás te detestaba- me dijo riendo.
-Y sin embargo fuiste la única persona que me escuchó cuando estuve mal… es que la gente habla mierdas- dije suspirando y me miró sorprendida.
-¿Samantha Flesher acaba de decir la palabra “mierda”?- me dijo riendo y en broma, era cierto que yo era “la señorita perfecta” y no solía insultar ni maldecir pero creo que con tanto tiempo con ellos ya eso se estaba perdiendo.
-¿Me veo como una niña caprichosa y perfecta?- le pregunté.
-Bueno…te ves como una princesita inocente con uñas color rosa, pero estoy más que segura que a muchos de aquí les vuela la cabeza eso- me dijo.

Pasado un rato iba entrando hacia la cocina cuando un chico se me acercó algo borracho diciéndome un par de incoherencias que no entendí porque estaba ocupada tratando de quitármelo de encima; entonces una mano lo tomó de la ropa jalándolo lejos de mi como si se tratara de un paquete.
-Camina antes que te mate- le dijo Alex con una tranquilidad que me dio miedo, ¿él nunca se alteraba? El chico lo miró levantando las manos en señal de paz y se marchó de ahí; el giró y me miró. -¿Estás bien?-
-Si… no me hizo nada, gracias- dije acomodando mi cabello un poco incómoda por tenerlo frente a mi después de lo sucedido.
-No ando de buen humor y que se te acerquen así me pone peor, voy a subir un rato a mi habitación, ¿vienes?- preguntó y lo miré como si me estuviese invitando a matar a alguien, mil veces había conversado con él en su habitación, ¿por qué me daba tanto nervio ahora?
-De acuerdo…- dije porque de ninguna manera le diría que no, no tenía ganas de ver cómo entraban y salían chicas de su habitación, prefería mantenerlo conversando conmigo.
Así que subimos al último piso, dónde se encontraba su habitación; la misma era amplia, tenía un pequeño balcón que daba a la playa y a penas si estaba alumbrada con una tenue luz que provenía de la lámpara. Se sentó recostándose contra el respaldo de la misma y yo me senté frente a él a una distancia considerable como para que ninguno de los dos nos sintiéramos incómodos.
-¿Cómo estás pasando?- quiso saber y sonreí levemente.
-Muy bien, gracias por traerme contigo… no tenías por qué hacerlo- le dije.
-No me agradezcas, quería traerte- dijo con esa mirada que podía derretir témpanos de hielo; y lo miré durante unos segundos, sintiendo como las ganas de besarlo de nuevo crecían dentro de mi, apoderándose de mis sentidos y haciéndome mover por impulso contra sus labios pero sin tocarlo. –No estás haciéndome fácil esto…- susurró contra mis labios y no esperó ni medio segundo para besarme deliciosamente durante un largo rato logrando que no solo mi temperatura aumentara sino también descontrolando todos mis pensamientos.
-No debería hacer esto…- dijo buscando mis ojos.
-Lo siento...- dije aunque ni lo sentía, me encantaba besarlo, podría pasarme horas con sus labios en los míos; sonrió de medio lado y me miró detenidamente.
-Lindo vestido…aunque te verías mejor si el- dijo mirándome con esa oscura mirada y despertando mi deseo por él y extrañamente no sentí vergüenza, al contrario, mis siguientes palabras fueron sin pensar y con mi reciente forma impulsiva de hablar.
-¿Qué esperas para quitármelo?- dije sin vueltas mientras sus ojos seguían fijos en los míos.
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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

Mensaje por _ForeverHazza1D el Vie Sep 07, 2012 5:42 pm

oh mi diossssssssssss, no la dejes ahi, siguelaaaaaaaaa, esta genial :D



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Re: Pasiones Ocultas (Así te conocí)

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