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Mensaje por Mike Gallagherry Dom 29 Ago 2021, 6:47 pm

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I N F E R N O



─ ¿Tomas medicamentos? ─ nos sentamos en nuestro gabinete, Gabriel aún no se recuperaba del todo y tenía un aspecto terrible con su pómulo morado y su playera hecha girones ─ Si Dante, no los he dejado de tomar si eso es lo que te preocupa ─ se recargo en su asiento ─ Claro que eso no me preocupa, me preocupa saber que estes bien con o sin medicamento y me lastima que no nos hayas comentado algo de esto ─ desvie mi mirada a la ventana ─ No creí que fuera importante ─ Gabriel me miró con una sonrisa rota mientras tomaba mis manos ─ Lo es, cualquier cosa que puedan ocupar en tu contra lo es ─ sonreí de lado mientras besaba su dorso.

─ Les contaré una historia pero quiero que sepan que hay dos maneras de ver esto, mantengan la mente abierta, por favor ─ asintieron, inhale fuerte, bien aquí voy ─ Conozco a Julieta desde que tengo memoria en pocas palabras éramos inseparables, íbamos al mismo colegio e incluso en la misma universidad, nuestras familias se conocían desde antes así que les hacía una linda ilusión que ambos terminaramos juntos en plan novios y casarnos e incluso formar una familia. Pero ese plan se vino abajo cuando me di cuenta que era gay, fue todo un proceso para un niño de doce años así que me refugiaba en el baile y el piano cosa que hacía que las chicas me voltearan a ver. Fue como poner un reflector encima de mi y que Julieta se empeñara en que fueramos novios así que decidí por mí decirle aunque no le veía la relevancia, vamos no es como que un hetero diga que es hetero. En fin, se lo dije y eso pareció molestarle, tal vez creía que era una técnica para librarme de ella e incluso me llegó a mencionar si había ido muy rápido o si había hecho algo mal, le dije que no y pensé que estábamos bien, le conté que había un chico que me gustaba, se llamaba Julio e incluso yo iba a su casa con sus padres quienes sabían que éramos novios. Me sorprendió bastante saber que tenía un espacio para ser quien era pero pronto comencé a notar que Julieta se volvía un poco más agresiva con Julio así que entré al quite y me dijo “Yo no diré nada de tu juguete si me ayudas en lo que yo quiera” entonces me di cuenta que me tenía comiendo de la palma de su mano ─ un dolorcito en mi pecho crujió anunciando el quebrar de mi temple ─ ¿Qué pasó con él?¿Lo sabía? ─ miré a Gabriel ─ Él estaba ahí cuando me lo dijo, pero no lo pensé mucho y acepte. Obvio que Julio se molesto conmigo pero vamos, aún no estaba preparado para enfrentarme a ello así que desde la secundaria hasta principios de la universidad era su medio para obtener lo que ella quisiera hasta la llegada de Marcelo que fue en el tercer semestre, lo quise tan profundamente que me arme de valor y decidí que ya no dejaría que me trataran así pero creo que mi error fue no vislumbrar su plan. Había aceptado muy rápido que me gustaba Marcelo, demasiado rápido ─

Había invitado a Julieta a la casa de mis padres en Chiapas, era la primera vez que alguien que no fuera un Landon visitaba aquella residencia. El sol brillaba con viveza iluminando con fuerza la gran hacienda en donde cultivamos el café, estábamos jugando un buen partido de Voleibol cuando mi padre se tuvo que ausentar por motivos de trabajo así que seguimos como si nada. Que equivocado estaba. Cuando el sol comenzó a caer el cielo se pintó de dorado y rosa, pero más dorado, incluso parecía que no tenía intenciones de oscurecer pero de todas maneras me metí a la casa, así que nos dispusimos en la mesa cuando de la nada Julieta dijo que me metía drogas en la escuela y que se lo había contado Marcelo quien era mi novio y remato diciendo que era gay, me levanté de la mesa y le dije que era una perra traidora, mi papá me miró indignado y me soltó una cachetada que me regreso a mi asiento, no había dado cuenta que yo me había condenado, mis palabras y mi reaccionar le habían dado la razón a Julieta, yo estaba de frente a Julieta y mis padres estaban uno enfrente del otro y ahora me veían dándole la espalda a ella quien sonreía victoriosa, en aquel momento quería que mi asiento me devorara, miré a mi madre buscando que al menos alguien me creyera. Era inocente y ella lo sabía, se levantó e iba hacia mi pero un par de enfermeros la detuvieron, ella lloraba que me soltaran y entonces un rayo dorado entró por los ventanales que estaban dispuestos sobre nosotros deslumbrando a mis enfermeros por unos instantes, así que me solté y corrí hacía afuera pero cuando corrí la puerta sentí un aguijonazo en mi cuello y esa fue mi primer dosis de Diazepam. Caí en la alberca y por lo que cuenta mi madre, llegue al fondo de ella, casi cuatro metros sumergido.

─ Desde ahí no volví a confiar en ella, me aterraba lo que podía hacerme e incluso que pudiera poner en mi contra a las personas que me querían, mi madre no cayó gracias a Dios y a ella a es quien le debo que pueda estar aquí ─ la tarde comenzaba a ponerse y el olor a mar era cada vez más intenso ─ ¿Por qué a ella? Entiendo que te haya creído pero… ─ sorbí mis lágrimas ─ Ella pagó para que me sacaran, mas bien me dieran de alto pero no todo fue malo, supe que tenía problemas de sueño así que me recetaron Diazepam y Sertralina ─ sonreí mientras el tren se detenía ─ Supongo que la otra tramposa tiene su versión ─ sonreí mientras nos levantábamos ─ Si pero no hablemos de ello, tenemos que concentrarnos en nuestro objetivo que es entrar a Inferno y llegar al último anillo y ver si podemos cruzar a otra dimensión ─ Dante me vio intrigado ─ Si mi viejo amigo hay un solo infierno para el multiverso ─ negó mientras caminábamos al andén. 

─ Vamos a Alyscamps y de ahí a lo que nos encontremos ─ aún nos quedaba un poco de tiempo ─ ¿Podemos comer algo de camino allá y me puedes hablar del Tiempo de los Ángeles ─ levanté mis cejas mientras asentía tosiendo una risa ─ Claro aunque también podemos dar un paseo por la ribera del río ─ ¿Qué? ─ ¿Hay un río aquí? ─ asintió mientras salíamos de la zona de andenes y caminábamos ─ Si, se llama Ródano y si lo seguimos podemos llegar a la zona de las catacumbas ─  miramos a Dante ─ ¿Tú qué opinas? ─ asintió con una sonrisa ─ Necesito un respiro para pensar en cómo voy a llevar a la justicia a Josh y aun no averigüo que le paso a Arnold ─ el sentimiento de culpa se apoderó de mí, me había concentrado tanto en Nirvana que había olvidado que Dante tenía también sus asuntos ─ Lo lamento Dante ─ negó con una sonrisa ─ No hay cuidado ─ salimos de la estación por fin. 

─ Oye, ¿Me puedo cambiar? ─ también había olvidado que tenía su playera hecha un caos ─ No me preguntes eso, solo ve ─ sonrió y me atrajo a él con un abrazo y por ende también jale a Dante, nos fuímos a la primer tienda que vimos ─ No me gusta comprar en Pull&Bear ─ dijo en gemido ─ Solo es ropa, Gabriel así que mueve tu trasero y ve a cambiarte ─ seguíamos hechos un muégano y así cruzamos la acera hacía la tienda ─ Ve y busca algo que te guste ─ negó y nos separamos, se fue a la sección de caballeros y solo había outfits de verano y en color pastel ─ Oye, ¿Me puedes ayudar a escoger? ─ miré a Dante contrariado, con una sonrisa pero contrariado ─ Claro ─ camino hacia las camisetas con frutas y aves tropicales, no le van esos estampados ─ Pensaba en no sé, no tengo idea de lo que hago ─ negué en una sonrisa.

─ Pruébate estos ─ tomé un par de camisas lisas y unas a rayas  ─ ¿En serio? ─ asentí, las tomó y se fue a perder al probador junto con Gabriel ─ ¿Te diviertes? ─ sonreí al oír la voz de Agramón detrás de mí ─ Creo que debo disfrutar está situación por más mundana que te parezca ¿No? ─ se colocó a mi lado, hizo una mueca de pensar y los ojos hacia arriba ─ Claro, estás por entrar a Inferno y tal vez no seas el mismo cuando salgas o ni siquieras salgas ─ negué mientras tosía una risa ─ Claro que no seré el mismo, pero no me da miedo ya enfrentarme a lo que sea; lo mínimo que te pido o espero es que me logres avisar si necesito otra cosa o saber antes de abrir Las puertas de Inferno ─ ví por mi rabillo como sonreía maliciosamente ─ Necesitas sangre para dibujar el pentagrama y orientarlo hacia la Arena de Arlés y no te preocupes por lo que suceda después ─ fruncí mi ceño ─ ¿Cómo mierdas debo interpretar eso? Es más, ¿Por qué me estás ayudando? ─ sonrió con ironía ─ No seas ridículo mancebo malagradecido, también soy un ángel pero cuerdo de otra manera, aparte solo tenemos un hogar y espero que ayudes a alguien a recuperar algo que necesitamos por acá abajo ─ y en ese momento desapareció sin decir otra cosa ─ ¿Que chingados? ─ da miedo, la verdad ─ Hey, ¿Cómo nos vemos? ─ sonreí al verlos. Dante vestía una camisa gris con cuello mao que resaltaba sus rizos delineados perfectamente y bueno, Gabriel tenía una playera de un pescador pescando estrellas en su bote color blanca  ─ Se ven divinos los dos ─ se fueron a cambiar, de nuevo pero estoy seguro que se las van a llevar puestas.   

[***]

─ Gracias ─ me dijeron mientras salíamos de Pull&Bear con una mochila llena de ropa, negué en una sonrisa ─ Nada de eso, mejor vayamos viendo que vamos a comer ─ sonrieron mientras los diamantes en el Ródano me deslumbraban un poco, caray tuve que haber comprado un par de esos lentes antes de abandonar la tienda ─ Podemos comer foie gras o ratatouille ─ mire a Dante con hambre ─ Lo que sea pero tengo hambre y debe ser rápido porque ya está bajando el Sol ─ se vieron entre si ─ Vamos por hamburguesas de pato, creo que hay un Dulce Veneno a la vuelta ─ giramos y efectivamente había uno que estaba a unas tres cuadras de Alyscamps

Entramos a Dulce Veneno y nos sentamos en una de las mesas que daban a la calle ─ Hola ─ se nos acercó un chico veneno ─ Hola, serán seis hamburguesas de pato con sus respectivas bebidas ─ asintió y se retiró ─ Bien, antes de entrar a Inferno háblame del Tiempo de los Ángeles ─ dije con una voz super grave.

Canten, oh querubines, el Tiempo de los Ángeles, Tiempo funesto que causó infinitos males a los demonios que rondaban por las tinieblas en la Tierra pero precipitó la venida a la Tierra de Nirvana así como de la milicia celestial, en donde cientos de héroes y valerosos feéricos cayeron e hicieron presa de perros y pasto de aves de carroña cumpliendose la voluntad de quienes estan sobre nosotros desde que se disputó la separación del Paraíso a manos de Miguel Arcángel e Inferno a manos de la Estrella del Alba, Lucifer.

─ Wow ─ miré a Dante quien estaba anonadado ─ ¿Qué fue eso? ─ Gabriel me sonrió enseñando sus dientes ─ Te acaba de cantar el Tiempo de los Ángeles ─ seguía anonadado, mierda creo que también debería estar así  ─ No te preocupes Peet, solo fue una parte pero fue el resumen o preludio de lo que sucedió, ya al menos sabes que no fue una rebelión como nos dice la biblia sino fue una separación como cuando la primera guerra mundial, que delimitaron las fronteras de Alemania solo que en esta ocasión fue el Paraíso e Inferno ─ las hamburguesas llegaron humeantes junto con bebidas de durazno ─ Se dice que después de la separación vino la aparición de otras deidades así como otros puntos de llegada en todo el globo ─ Dante tenía todavía su rostro de asombro .

─ Si ocurrió eso ─ Gabriel sonrió antes de darle un mordisco a su hamburguesa ─ Tío estoy flipando de la emoción ─ es muy surreal lo que está pasando, no sé estamos comiendo hamburguesas como si nada nos preocupara como si no fuéramos a enfrentarnos a medio infierno o tal vez a todo el infierno ─ Chicos si no salgo del… ─ ─ Saldremos, todos no lo dudes y no pienses eso ─ me miró con furia Gabriel ─ ¿Ves lo que te digo? ─ se limpió la boca Dante ─ Te menosprecias bien feo, te dio una habilidad Agramón tal vez no lo sepas ahorita pero después quizá lo sepas ─ sonreí mientras acercaba mi otra hamburguesa.

─ Oye, tus amigos nos siguieron hasta aquí ─ miré a Gabriel, también me había percatado de eso pero no los encontraba ─ ¿Donde? ─ Dante cambió sus ojos de olivo a amabar ─ Están cerca, no estan aquí pero están cerca ─ desvié mi mirada al cielo ─ Nos tenemos que ir ya o no lo lograremos ─ levanté mi mano y el chico se acerco presuroso ─ Me las pones para llevar, por favor ─ le entregue mi tarjeta ─ Te cobras y con 15% de propina ─ se fue con la tarjeta, mi mano rozó con la de Dante “No te acerques tanto, te podrían ver” “Marcelo, ¿Listo?” presione mi oido y baje mi mirada “Ya se dio cuenta, voy a disparar”  el chico regreso con mi tarjeta ─ ¿Qué tienes, Peet? ─ trague seco ─ No me siento bien, creo que me va a dar el vaguido ─ se miraron extrañados ─ ¿El qué? ─ miré a Gabriel ─ Que tengo que salir a caminar ─ nos levantamos, hijo de perra, estaba en una patriot azul “No te atrevas” susurre y disparó arrojando a Gabriel al piso, los comensales se arrojaron contra el piso.

─ Gabo, ¿Qué carajos es? ─ sacó de su pecho la punta de lo que parecía una flecha oscura ─ El descenso al infierno es fácil, te veo en donde la sangre ahoga las coronas y sientos de saetas caen sobre ellas ─ su espada de doble hoja apareció en sus manos, la tome y desvié mi mirada a Dante ─ ¡Arrastrate! ─ me giré para tomar a Gabriel pero ya no estaba ─ ¡Apurate! ─ las lágrimas empezarón a correr, me levanté y comenzamos a correr, a la mierda la discreción. Salimos y comenzamos a correr hacia Alyscamps, logré ver como se levantaban algunas edificaciones de época, el cielo se tornó translúcido y multicolor. Teníamos que vencer a Marcelo ─ ¡Corre! ─ el arco de la acrópolis se levantaba ─ ¡Detente ya! ─ escuche a René ─ ¿Los no feéricos pueden entrar a una arena? ─ miré a Dante que ya tenía sus rizos pegados en la frente ─ Solo con una invitación ─ dijo jadeante, entramos ─ ¡Ahí! ─ había un corredor que nos llevaba a una cúpula que daba frente a la Arena de Arlés, aceleré el paso ya jadeante cuando tuve que detenerme en seco abriendo mi compás.

─ Cruzaste la línea, Peet ─ y entonces tensé mi diestra y lancé la espada cortando su hombro y mi palma ─ ¡¡Qué mierdas te pasa!! ─ comencé a correr de nuevo, ella estaba en el piso sangrando; recogí la espada y la dividi, si no servía su ofrenda de sangre debería de servir la mía ─ Peet, ¿Qué haces? ─ comencé a dibujar el pentagrama con la punta mirando a la ArenaOh vosotros que entraremos a Inferno, permitiros el acceso y aceptar estas ofrendas en la que abandonamos toda esperanza, temor y cobardía. ¡Oh musas!¡Oh alto ingenio! Venid en vuestra ayuda si así lo requerimos y tracen en vuestra memoria el mapa de Inferno ─ termine y un terremoto abrió una fisura en el suelo, Dante me jaló a la salida y entonces vi a lo que se refería Agramón con no te preocupes por lo que suceda después”

El cielo era de tonalidades rojizas y naranjas, como cuando está sucio, relámpagos negros surcaban el cielo. La tierra volvió a temblar y de la fisura brotó sangre coagulada en llamas creando una barrera, se oían lamentos desgarradores en la calle que destruían mi cordura poco a poco, otro relámpago cayo creando un tornado que elevaba el río Ródano al cielo ─ ¡Peter! ─ una mano carbonizada y en llamas me tomo de la pantorrilla, miré a Dante y un aire que se calentaba cada vez más prendió en llamas su playera, lo  tomé de la mano. Tengo miedo.



Mike Gallagherry
Mike Gallagherry


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All We Know - Página 2 Empty SEGUNDA PARTE:

Mensaje por Mike Gallagherry Dom 05 Sep 2021, 9:41 pm


SEGUNDA PARTE: EL INFIERNO


 Conviene abandonar aquí todo temor, conviene que aquí termine toda cobardía. Hemos llegado al lugar donde te te he dicho que verías a la dolorida gente, que ha perdido el bien de la inteligencia 
Mike Gallagherry
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All We Know - Página 2 Empty PHYSICAL

Mensaje por Mike Gallagherry Dom 05 Sep 2021, 9:45 pm

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Physical
Estaba acostado sobre algo frío e incómodo, abrí los ojos. Conozco esas mamparas, me incorporo sin levantarme del todo, estaba en una estación del metro. Mi cabeza me dolía horrores, sentía una sensación terrible en el estomago, como cuando te estresas a lo animal. Giré sobre mi eje, reconozco la estación o más bien el arte de la estación. Un par de escaleras eléctricas para cambiar de dirección, wl mural de azulejos se elevaba por ambos lados de la estación ─ Lindo, ¿No? ─ miré a Agramón que estaba del otro lado del andén ─ ¿Serás Virgilio? ─ lo vi pensar, como pensandola muy detenidamente ─ Si descifras lo que está en los murales, hasta yo le pago a Caronte, apurate que ya viene el tren ─ rodé los ojos ─ ¿Alguna pista? ─ lo mire sonreír enseñandome sus colmillos ─ Sono ciò che divora le stelle. Sono quello che vedrai con la testa storta. Sono quello che nascondi tra le fiamme. Mi vedrai attraverso il messia.Soy aquello que devora las estrellas. Soy aquel que verás con la cabeza torcida. Soy lo que ocultas en las llamas. Me verás a través del mesías. ─ ¿En serio? ─ asintió con esa sonrisa.
─ Es… ─ ─ No me lo digas ahora, lo verás pronto ─ sonrió y se giro para cambiar de dirección ─ Carajo ─ me recargue en uno de los pilares de la estación “El descenso al infierno es fácil, te veo en donde la sangre ahoga las coronas y cientos de saetas caen sobre ellas”  ─ No te preocupes, lo verás pronto ─ mire a Agramón negué y lo seguí ─ ¿Estamos en Inferno? ─ negó ─ Inferno es muy subjetivo pero te facilitaré las cosas; lo que buscas lo custodia alguien que estaba mucho antes que nosotros, de cuando Nirvana tenía rivales. En fin ─ sacó un par de monedas de oro ─ Dracmas, galeones, centenarios; no importa el nombre solo importa que sea de oro ─ sonrió mostrando sus colmillos ─ Me acostumbrare a eso ─ comenzamos a caminar por el pasillo y giramos hacia un corredor ─ ¿Atlalilco es el Limbo? ─ me miró con el ceño fruncido ─ Recuerda que es subjetivo, pero si así se llama aquí si ─ seguimos caminando y pronto un hedor a podredumbre me llegó, las luces parpadearon y en los pequeños lapsos de oscuridad podía sentir corrientes de aire frío pasar a mi lado ─ ¿Y aquí hay Sol? ─ me miró divertido ─ Recuerda que te dije, no te preocupes por lo que suceda después ─ sonrió y seguimos caminando ─ Lo que sientes como aire frío son las almas de aquellos niños que nacieron muertos y de la gente que murió antes de ser bautizada, buena en su mayoría ─ tragué seco y la luz regresó revelando a las personas ─ ¿Y los otros puntos de llegada? Osea el Mictlán y … ─  levantó dos dedos, guarde silencio ─ Todos van a donde sus creencias los llevan, así que relájate, aquí no verás a todos ─ asentí. 
Veía a niños corriendo hacía el fondo del pasillo, a lo lejos vislumbre una sombra alta con barba larga y negra igual que sus ojos; tenía puesto una túnica púrpura que resaltaba aún más su cabello negro y espeso como la noche. Esta sombra se apostaba a un costado de la puertecilla de excentos de pago, a un lado de una hilera de torniquetas. Agramón me tomo de la mano, ahora caía en cuentas que había dejado atrás sus dedos humanos por unos puntiagudos de color durazno, con garras verdes y grietas moradas ─ Dame espacio Caronte ─ le entregó las monedas ─ No, a él no ─ me señaló con una rama dorada ─ Dios, esa es la rama de olivo de EneasAgramón me volteó a ver de mala manera ─ No es una visita turistica y tu dejanos pasar, no te estoy preguntando ─ a regañadientes nos abrió la puerta de excentos de pago pero antes de que nos fueramos me tomo del hombro ─ Escucha bien mis palabras hijo del Príncipe del Miedo, debes de cuidarte de aquel que inició todo y de aquel que devora estrellas y tiene figura blasfema ─ me soltó y cerró la puerta.  Un  letrero de dirección se iluminaba débilmente entre las penumbras  ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!  
─ ¿Caronte puede dar profecías? ─ giramos a la izquierda y un gemido grave se escuchó, inhale sonoramente. Estoy acojonado ─ No era una profecía, es una advertencia ─ mis ojos comenzaban a picar ─ ¿Es enserio? ¿Lágrimas? ─ caían discretamente mientras el tintineo de las luces las iluminaba ─ Sigo siendo humano, no lo olvides. No sé cuántos más entraron con nosotros, ni siquiera sé donde está Dante y tengo miedo ─ me empujo contra una pared y con un bateo de dedos salió un vapor morado ─ ¿Listo? ─ lo vi contrariado ─ Te quitaré tu parte humana ─ lo alejé instintivamente ─ No, heroes antes que yo bajaron ─ me miró incrédulo ─ Eran semidioses ─ inflame mi pecho ─ Y seré el primer humano en lograrlo ─ ─ ¿Y Dante Alighieri? ─ lo ví de la misma manera en que me veía ─ Él no era humano y bien lo sabes, él era… ─ rodó los ojos ─ Él era un ángel menor que bajó a bailar con Judas y murió calcinado ─ negué ─ No, él es la respuesta a todo Cuidado con el que inició todo; es obvio que se refiere a él ─ me soltó y comenzó a caminar a donde el gemido del aire se hacia cada vez más intenso ─ ¿Cómo estás tan seguro?¿Quien no te dice que es alguien más? ─ aceleré mi paso para quedar a su lado ─ Porque es lo único que tengo ─ negó instintivamente ─ Abre los ojos y ve más allá de lo evidente ─  los gemidos se intensificaban cada vez más y la temperatura comenzaba a bajar un poco más.
Las luces parpadeaban cada vez más rápido, era como ver una película Stop Motion, almas y sombras goteantes se empujaban y se arremolinaban hacia aquella voz ─ Algo no esta bien ─ miré a Agramón ─ Podrías ser más específico ─ tocó la pared y esta se iluminó en morado, me tomo de la mano y comenzamos a correr más aprisa hacia donde iban las almas ─ No se supone que lo que viene es normal ─ me miró furioso ─ No lo tomes tan realista, recuerda que te dije que era subjetivo ─ se detuvo frente a una escalera que daba hacia abajo, en la realidad esta escalera te lleva a un pasillo que te regresa a Atlalilco verde, pero bueno esto no es la realidad. Seguimos bajando a toda velocidad ─ Aférrate al barandal ─ me tome del barandal justo en el momento que una rafaga de aire nos hacía retroceder, no puede ser que ya llegamos al segundo anillo caray ─ Y si te lo imaginabas, no, aún no llegamos al segundo anillo apenas vamos acercándonos ─ y un gutural gemido resonó en las paredes y así mismo nos arrojó contra las escaleras. Temblaron y un poco de escombro cayó sobre mi cara ─ ¡Puta madre! ─ volvió a rugir y un rafaja nos incrusto aún más en las escaleras ─ ¡Resiste y no hagas ningún movimiento estúpido! ─ seguía rugiendo con más fuerza al igual que el viento, cerré los ojos mientras las escaleras crujían. Imagine a Gabriel, en cómo movía de manera ágil sus espadas duales, en su fuerza, abrí los ojos y observe cómo Agramón trataba de levantarse o alcanzar el barandal, el aire era cada vez más fuerte, gire mi rostro a mi zurda y ahí estaba, resplandeciendo débilmente.
La hoja era un morado traslúcido que iluminaba levemente la oscuridad que ahora reinaba, incruste la hoja en las escaleras y comencé a apoyarme en ella para levantarme ─ ¿¡Qué haces!? ¡Agachate! ─ negué, inhale y desincruste la espada para colocarla frente a mí creando dos corrientes de aire pero dejando un espacio ─ Detrás de mí ─ y así comenzamos a bajar por lo que era ahora una escalera de caracol.
Mike Gallagherry
Mike Gallagherry


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All We Know - Página 2 Empty ALLEGRO MOLTO

Mensaje por Mike Gallagherry Dom 12 Sep 2021, 11:33 pm


ALLEGRO MOLTO
Y de pronto el aire se detuvo, como si se hubiera cansado de soplar y soplar. Nos miramos enrarecidos y continuamos bajando por las ahora escaleras de caracol a la vez que comenzábamos a escuchar lamentos de otro lado de la escalera ─ Estamos en Camarones ─ se colocó a mi lado ─ ¿Así se llama aquí? ─ asentí, eran inconfundibles aquellas extensas escaleras siamesas de caracol ─ Si, aparte de que jamás sirven del todo las escaleras eléctricas, creo que aquí no las hay ─ seguimos bajando y entonces comencé a vislumbrar al minotauro, tenía unos cuernos color marfil y una cabeza blanca adornada con una cadena de bronce alrededor del cuello. ─ Se la hizo Hefesto y solo lo ocupa en ciertas ocasiones ─ seguimos bajando con cautela, creo que necesitaré un carcaj para esto. 
─ No hables y por favor quédate detrás de mí; ah que bueno que ya guardaste eso. Tiene una mala relación con las espadas ─ seguimos avanzando con un cautela, hasta que terminaron las escaleras y solo quedaba cruzar el umbral que custodiaba ─ Minos, dame permiso ─ bufo con fiereza ─ No lo repetiré otra vez, apártate ─ y entonces una sombra se lanzó contra mí derribandome de bruces ─ Sácame de aquí ─ me giré asustado ─ ¡QUE TE REGRESES! ─ castañeo el piso con sus enorme pies y fue arrojada contra el ojo brotante de almas, me levanté y se hizo a un lado dejando que pasaramos pero me tomo de la misma forma que Caronte y giró su cola dos veces ocho, una vez cuatro y tres, y por último dos veces nueve ─ Gracias ─ me soltó y volvió a golpear el piso
─ Pensé que vería al menos a alguien aquí ─ exhale con angustia ─ No comas ansias, pronto verás que nos prepara esta velada ─ seguimos caminando hacia el andén, mi mano vibró y ya tenía de nuevo la Espada Dual en mis manos ─ Si te lo preguntas se llama Angelus literalmente significa mensajero en latín pero todos la conocemos como Ilustrísima, lo sé muy de ellos  ─ asentí pero creo que me quedaré con Espada Dual, conforme nos íbamos acercando veíamos como las personas se arremolinaban hacía la plataforma, la espada comenzó a destellar en morado ─ Vamos hacia las escaleras para cambiar de dirección ─ asentí pero conforme íbamos avanzando un gemido grave se oía cada vez más cerca, mire a Agramón quien comenzaba a ponerse nervioso por la cantidad de personas que iban apareciendo, no importaba que tanto las empujaramos o nos escurrieramos entre ellos seguíamos lejos de la dichosa escalera.
─ ¿Cómo supondrás que inicia la ventisca? ─ me preguntó mientras me tomaba de la mano, miré a las bocinas de la estación que empezaban a transmitir algún tipo de ruido ─ Por ahí ─ lo jale hacia mí señalando un tipo de respiración o tragaluz ─ Tal vez pero es más sencillo de lo que crees ─ lo miré contrariado, negó y siguió jalandome ─ Ahí viene ─ un rumor comenzó a crecer, las personas lloraban y comenzaban a aferrarse a las paredes, es curioso que les siga diciendo personas cuando realmente son almas. En fin, algunas se tiraron al piso pero dejaron un espacio libre para que pudiéramos correr hacia las escaleras, comenzamos a correr pero de nuevo, una sombra se abalanzó sobre mí tirándome de bruces ─ ¡Ay no mames! ─ me enfureci y me giré para ver de quien se trataba.
Su diadema con flores rojas era excepcionalmente característico, su ceja bien delineada por primera vez, aquella nariz aguileña que era decorada por unos labios rojos bien delineados e intensos. Su huipil negro con bordados de animales en el escote resaltaban a pesar de que las luces comenzaron a tintinear ─ Como siempre, cundo me alejo de mi Tierra me llevo en mis entrañas mis amorios, mis besos, mis pinturas. ¿Cómo están allá arriba? Los extraño rete harto, a mi nieto Cato mandale mis besos y ve si sus ojitos siguen bienAgramón me tomo por los hombros para levantarme ─ Entrégale esto ─ me dio un alcatraz ─ Dile que me saqué y que descubra quien me metió en es cuchitril ─ me soltó y me pude levantar, comenzamos a correr y mientras el gemido se hacía cada vez más grave ─ ¡Vagones! Cuando los trenes lleguen al mismo tiempo a la estación crearán un vacío ─ ─ Tardaste demasiado en averiguarlo ─ y entonces escuche la bocina. Ya había llegado.
Nos arrojamos hacia la escaleras y entonces se creó el vacío que tanto temía Agramón, las almas salieron disparadas con el rugir del aire al igual que nosotros, Ilustrísima apareció en mi mano y la incruste en una pared. Las almas iban con dirección a Minos quien comenzaba a rugir, baje mi mirada y vi como eran regresadas en una ola, eran simples hojas en una tormenta, Agramón se sostenía de mi cintura, sus garras comenzaban a incrustarse debajo debajo de mis costillas, separé la espada y empecé a escalar hacia las escaleras. Veían como se estrellaban contra el techo de la estación, gritaban de dolor pero no sangraban, mi corazón se apretujo al verla aferrarse de un letrero de dirección, Su vestido era rasgado por el mismo aire y las personas que trataban de aferrarse a ella ─ Avisaleeee ─ se soltó y fue succionada por el tragaluz, ami me daría miedo eso.
Incruste las espadas en el suelo, ya faltaba poco y el sonido de los trenes aumentaba de manera rápida, solté un gemido de dolor, comenzaba a desgarrar mi carne, baje la mirada y un grupo de almas se sujetaban de Agramón. Mi sangre comenzó a pintarles el rostro ─ No mires ─ llevé mi rostro al frente y seguí escalando, faltaba poco pero mis brazos se hacían pesados, un rugido volvió a sonar, agache mi rostro pero un par de manos me tomaron de los hombros de la camisa y nos arrojo a las escaleras, rodamos por ella ─ Peter, levantate ─ fue lo último que escuche.
Abrí los ojos, las llamas consumían las paredes, me sentía como si no fuera yo mas bien como un espectador en primera persona. Comenzaba a bajar las escaleras que se desmoronaban a pedazos, el sudor se juntaba con la sangre y el polvo, tenía un saco en mis manos junto con un folder. Hanzel Osborne Rivera, estaba membretado en ese folder, corría hacia un enorme agujero en una de las paredes pero las escaleras sucumbieron justo en el momento que un hombre me disparaba, cerré los ojos con fuerza. Baje uno, baje dos, baje tres pisos largos.
Me levanté con pesadez, me dolía todo mi cuerpo. Estaba en una boveda de un banco, inhale fuertemente y comencé a caminar pero caí al piso, baje mi mirada mi tobillo estaba morado; me volví a levantar y comencé a cojear, comencé a caminar hacia una estación de metro. Otro anillo, no ─ No puedes huir de mi, Hanzel ─ yo soy Hanzel, me relaje y deje que Hanzel nos llevara por donde él creía mejor, lo sentía desesperado y de cierta manera desorientado pero no por la caída sino por no saber en quien confiar. Escuchaba como los charcos resonaban por las paredes, pero al parecer él iba siguiendo unas luces fluorescentes que estaban detrás de una rejilla. Comenzó a bajar la velocidad conforme íbamos llegando a donde estaban las luces. Es una trampa. Vimos policías armados hasta los dientes y entonces se recargo contra la pared. ¿A donde voy? Giramos nuestra cabeza a la izquierda y una tenue luz alumbraba un pedazo del túnel avanzamos por el estrecho pasillo hasta llegar a donde provenía la luz, era un farol que iluminaba sobre nosotros, nos acerquemos más a la pared, tenía huecos que formaba una escalera, comenzamos a subir, quite con cuidado la reja, estaba un poco gastada por lo que se quebró en sus orillas. 
¿¡A donde crees que vas!? nos tomaron de los tobillos incrustando parte de la rejilla, escupimos sangre en el momento que nos comenzó a jalar de regreso al túnel, trataba de buscar que arrojarle. La pistola, tenemos una pistola, apuntamos y disparamos a su brazo, nos soltó de ambos pies y giramos fuera. Nos levantamos dando tumbos, baje mi mirada y escurría sangre de ambos lados de mis costillas.
─ ¡Despierta! ─ mi rostro se estrelló contra algo frío, comencé a abrir mis ojos lentamente. Una marea de gemidos y golpes huecos me pusieron en alerta. Estaba sentado contra la pared ─ ¿Quien mierda es Hanzel? ─ negué ─ No sé, desde siempre he tenido sueños raros pero ahora se han hecho cada vez más intensos y frecuentes ─ comenzaba a hipar, me limpie la nariz con el dorso de mi mano. Estaba llorando ─ He soñado con un chico llamado Hanzel, con un chico llamado Jos, con otro llamado Sebastian y todos parecen que mueren o ya lo están, como cuando me detuviste de salvar a ese chico en aquella isla ─ su rostro estaba cubierto por arañazos ─ Tienes la forma de aquel al que quise pero tu consejo no me aleja del dolor ─ bajo su mirada a mi playera ─ ¿Eso lo hice yo? ─ estaba manchado de una sangre oscura y babosa ─ Si parecen zarpazos es tuyo, pero si parecen perforaciones son del padre de Hanzel ─  se puso en cuclillas y me levantó la playera, olía a caño ─ Definitivamente es mío, lo lamento ─ un vapor morado brotó de la palma de su mano ─ Te voy a curar por esta ocasión pero debes aprender a sanarte tu solo, por favor eres mi hijo ahora, eres capaz de adoptar cualquier habilidad de cualquier ser, niñato ─ me metió un zape y comenzó a trabajar, sentía como mi piel comenzaba a hervir pero a comparación de lo que pasó hace unos momentos y lo que ocurrió con Hanzel, duele menos.  
─ ¿Cómo se curan los ángeles? ─ se detuvo y me miró a los ojos ─ Pasan su arma sobre la herida y listos ─ chasqueo sus dedos ─ Como juguete nuevo ─ me recargue contra la pared pero una sensación fría apareció en mi espalda, Agramón desvió su mirada hacia mi espalda ─ Normalmente las vainas van atadas a la cintura pero bueno, se trabajo con lo que se tiene ─ saqué a Ilustrísima y la pase sobre la herida, ya no estaba ─ Dios, eso si que es oportuno ─ nos levantamos con pesadez, lo tome del hombro ─ Guiadme, oh ilustrísimo maestro ─ rodó los ojos y toco la pared, un par de ladridos fuertes y desgarradores brotaron de aquel arco que había emergido ─ Yo y mi enorme bocota ─ me empujo con su diestra al arco, comenzamos a bajar por las escaleras.
Mike Gallagherry
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Mensaje por Mike Gallagherry Dom 26 Sep 2021, 10:36 am


You never met a monster you couldn't love 

Comenzamos a bajar con cuidado, se lograban oír los rugidos de Cerbero en el fondo ─ Detente ─ saqué la espada de su vaina, comenzó a brillar levemente cuando la escalera despertó en un crujido. Ya no bajabamos, ahora subiríamos ─ ¿Podemos subir en el infierno? ─ comenzamos a caminar con cuidado ─ Todo es subjetivo ─ las escaleras parecían dormitar, una luz plomiza brillaba al final de este pasillo débilmente iluminado por la espada y las mamparas, un aire gélido nos arropó mientras más trataba de subir. Exhale vaho, me aferré más a mi espada aunque, a pesar de ya estar a mitad del pasillo, mis manos comenzaban a temblar ─ Te he de confesar que pensé que íbamos a pasar por Insurgentes ─ exhalo ─ Apenas vamos en el tercer anillo, tal vez si se te hace ─ hacía cada vez más frío y la espada comenzaba a vestirse de escarcha.
─ Preparate que ya vamos a llegar ─  asentí, aullidos y gritos se oían a cada vez más cerca ─ Estaba a punto de preguntarte de qué tamaño era el sabueso pero creo que la respuesta será la misma. Subjetivo ─ se adelantó para quedar a mi lado ─ En eso no te equivocas, ponte en guardia ─ levanté la espada y llegamos al otro umbral. No había nadie y estábamos en Canal de Norte ─ Una vez que crucemos tendremos que encontrar las otras escaleras para bajar, ¿Sabes donde están? ─ asentí ─ Oye, aquí hay alguien que debo encontrar ─ asintió ─ En ese caso debemos tener más cuidado ─ inhale ─ Pues iniciemos pues con esto ─ cruzó él primero ─ Bien, mi turno ─ crucé y lo primero que me recibió fueron una bola de granizo en el pecho lo que me regreso al piso, se supone que tuve que haber rodado por las escaleras. Me levanté de un brinco y era un pasillo con vacío. Me gire y no había nadie ─ ¡Corre, Peter! ─ regresé a la plataforma y lo vi corriendo hacia unas escaleras de cambio, a lo lejos vislumbre un tren.  
Comencé a correr en el momento que empezaron a caer bolas de granizo, eran de tamaños irregulares, Llovían destrozando el techo y todo lo que estuviera a su alcance, algunas me alcanzaron pero solo sentía leves quemaduras así que no me era necesario sacar la Espada Dual,  la bocina del tren se hacía cada vez más próxima ─ ¡Agramón! ¿Qué pasa si dejo a alguien en su anillo? ─  lo vi detenerse a la mitad del puente de cambio de dirección, comencé a subir de dos en dos los peldaños y el granizo se detuvo momentáneamente ─ Es obvio, ¿no? Se quedará aquí sin posibilidad de ser rescatado o salvado, bueno solo lo podría sacar ese presumido y cara bonita de Michelangelo ─ y los trenes llegaron de ambos lados arrojandonos al piso, comenzó a granizar de nuevo, el agua se filtraba por las grietas y agujeros, comenzaron a escucharse alaridos de dolor y gimoteos, nos levantamos para asomarnos por el barandal. Los vagones se balanceaban estrellandose entre si pero nadie salía.
─ Bien, entonces buscaremos a ese idiota que vino contigo y nos largamos de aquí ─ lo miré contrariado ─ Para ser un Demonio Mayor, pareces temer demasiado a este anillo ─ saqué a Ilustrísima, comenzó a vibrar e irradiar luz ─ Y parece que a ti te va de puta madre con ese juguetito de ese Celestial ─ sonreí y comenzamos a bajar lentamente, sostenía a Ilustrísima en posición de ataque pero sea lo que estuviera dentro de los vagones parecía agitarse más ya que comenzaron a estrellarse de manera más rápida y violenta entre sí ─ ¿Quién dijiste que estaba en este anillo? ─ negué mientras trataba de ver a través de las ventanas del vagón pero simplemente no se podía pero sí se oían los gritos más fuertes, más desesperados ─ No lo dije, ni siquiera se quien puede estar ─  Inhale mientras caminábamos en guardia.
─ ¡Dante sácame de aquí! ─ guíe mi vista con dirección al grito, algo en mi pecho se hundió de un vuelco ─ Hay alguien ahí que conoce a Dante y creo que se quien es ─ vi por el rabillo de mi ojo como rodaba los ojos ─ ¿Crees? Estas de joda ─ lo siento nervioso, demasiado hasta dejó su faceta arrogante de Patrón y sumo señor del miedo a uno de adolescente ─ Si ─ comenzamos a acercarnos cautelosos, el dolor agudo y breve así como el hecho de estar empapados había pasado a ser el menor de nuestros problemas. Veía como el agua negra y turbia comenzaba a emanar de los cajones de tormenta inundando la plataforma. El tren dió otro pitido y una puerta se abrió de golpe, nos giramos a ver, el maquinista yacía en el piso y sobre él un Cerbero del tamaño de un Gran Danés desgarraba y devoraba su espina dorsal ─ Hay que movernos ─ comencé a correr al vagón de donde creía había venido el grito, nuestro chapoteos resonaban por toda la estación, me giré a ver a Cerbero quien nos miraba detenidamente. 
Aulló haciendo que una a una las puertas se abrieran, cientos de personas comenzaron a arrastrarse por las aguas negras de la plataforma, la sangre parecía hacer hervir el agua. ─ No es cierto ─ dijimos entre dientes, Comenzamos a correr hacia atrás ─ ¡Dante! ─ vimos como del penúltimo vagón salió un chico con el cabello rubio castaño con su camisa hecha jirones, de su pecho brotaba sangre, nos volteo a ver ─ Ayuda ─ susurro y un Cerbero se arrojó hacia derribandolo y masticando su carotina ─ ¡AYUDA! ─ corrimos hacia él y de un tajo corte la pierna del sabueso ─ Ven ─ lo tomamos por los hombros ─ Vamos tenemos que sacarte de aquí ─ giró a vernos ─ ¿Los mando Dante? ─ intercambiamos mirada Agramón ─ ¿Cómo te llamas? ─ un par de garras me derribaron, me abstraje tanto que me descuide, sus tres cabezas trataban de perscarme, cerré los ojos e incruste a Ilustrísima en su esternón, el sabueso cayó de lado sin vida, me incorporé y vi como eran rodeados por sabuesos, me levanté y comencé a correr, pero caí de bruces unos metros antes, baje mi mirada hacia mi tobillo, una mano nivea me prensaba con fuerza ─ ¡Sácame de aquí! ─ vestía un vestido de satín azul hecho tirones, su encaje en el escote se oscurecía con el agua ─ ¿Y tu quien carajos eres? ─ dio un alarido, un Cerbero le devoraba los muslos ─ Soy aquella que gobernó desde los Elíseos, tu delfín y tu celestial fueron a mi boda, por favor ─ un alarido rugió de nuevo y fue arrastrada al interior del vagón.
Me levanté, mierda, me giré ─ ¡Jofiel! ─ y de un tajo azote la espada al suelo, una pared amarilla rugió calcinando algunos sabuesos, corrí hacia ellos, tome por un hombro a Arnold y corrimos hacia las escaleras que daban hacia abajo, giré a verle su herida en la carótida. No había nada, seguímos caminando hacia las escaleras, me sorprendía que en esta estación no me sostuvieran de la mano para darme una advertencia, no faltaba nada para comenzar a bajar cuando de pronto siento como me toman del cuello de camisa jalandome de regreso a la plataforma ─ ¡Peter! ─ se giró Agramón pero vi como perdía el color, saqué a Ilustrísima y de un tajo corte mi playera, me giré para levantarme de un brinco.
─ Hermano, ¿A donde te llevas a ese? ─ tragó seco ─ Veo que tienes un nuevo hijo ─ llevaba puesto un traje de lino azul celeste, su cabello bien peinado hacia atrás y con una ligera barba castaña ─ ¿Quien demonios eres? ─ la espada resplandeció con fuerza ─ Belcebú ─ sonrió alargando su boca enseñando sus dos hileras de puntiagudos dientes ─ Veo que traes un juguetito celestial, espera no es tuya, no claro que no. Es de ese patético arcángel que está nadando en sangre con los centauros ─ comenzó a acercarse, puse la espada en alto ─ Eres temerario, típico de un suicida. No le temes a morir, ansias que llegue y profane tu velo de vida, que lo haga tiras ─ tocó la espada con su índice ─ Esperaba que atacaras ─ desvió su mirada hacia Agramón ─ Llevo prisa ─ conteste, desvié mi mirada hacia los perros que venían asechando. 
─ Claro, no te quito mas el tiempo, ah pero para salir de aquí deberás ganarme en un simple juego ─ chasqueo los dedos e Ilustrísima desapareció de mi mano, me giré hacia donde deberían estar Dante y Agramón, voltee a ver a Belcebú ─ ¿Qué mierdas hiciste? ─ sonrió de lado ─ Deberás compensar el peso que valen esos tres ─ señaló una vidriera en donde estaban con la espada ─ Con algo tuyo ─ sonrió torciendo una risa ─ Miré hacia la vidriera, el agua y el granizo comenzaban a llenarla, mis ojos comenzaron a picar ─ ¿Lágrimas? ─ acarició mi cabello ─ Cuando conocí a Marcelo, eso valen para mi esas tres personas  ─ me giré para encararlo ─ Ellos no han hecho nada por ti que valga eso. Por la culpa de ese vampiro es que estás aquí, por la culpa de ese Demonio Mayor es que casi mueres en el segundo anillo. Nadie lo llamará o verá esto como un acto de amor, nadie merece ese amor que le tienes a él ─ el agua comenzaba a anegar todo el piso del pasillo, los vagones se azotaban con una intensidad que formaba olas. Los gritos y el aire que soplaba mecían los anuncios de señalización.
─ Es un acto de amor hacia mi, ni siquiera el se merece el amor que yo le he dado; no lo supo cuidar y no voy a esperar a que lo haga ─ el agua comenzaba a escurrirse por las escaleras, sonrió mostrando sus hileras de dientes ─ ¿Solo sabes sonreír y desaparecer cosas? ─ colocó su mano sobre mi sien ─ Pero escúchame de una vez, para llevarte mi humanidad tendrás que arrancarlo de mi frío cadáver, ¿Entendiste? ─ sonrió con los ojos ─ No podría ser de otra forma ─ cerré los ojos mientras sostenía por el antebrazo a Belcebú
─ Vamos Peter, vas a llegar tarde a Teoría Económica ─ Carlos me sostenía de la mano empujándome por los pasillos de la Universidad, de verdad que no quiero ir a tomar clase y tener que ver a Julieta  ─ Carlos, en un segundo voy no es necesario que me empujes por toda la Universidad ─ me hice a un lado, me vio molesto con los ojos frustrados y un suspiro mientras se adelantaba, tenía una sensación de impotencia. No me podía concentrar en otra cosa que no fuera un plan para poder librarme de ella, camine por los pasillos deambulando y me senté en uno de los sillones individuales que había regados por la Universidad ─ Creo que tienes un día pesado ─ un chico de cabello castaño y quebrado se sentó justo en el sillón frente a mi ─ Ni me lo recuerdes ─ el sol comenzaba a oscurecerse ─ ¿Qué te tiene tan agobiado? ─ tosi una risa ─ Mi amiga me chantajea con decirle a mis padres  que soy gay aparte de decirle que me drogo con mis medicamentos psiquiátricos y a cambio de que no lo haga tengo que hacer lo que ella me pida, prácticamente me ocupa para alcanzar chicos ─ lo miré con una sonrisa, se sentía bien decirlo ─ ¿Y por qué no se los dices de una vez? ─ tosí una risa mientras negaba, tal vez lo haga, baje mi mirada ─ Porque sería como incendiar Troya y… ─ levanté mi vista y ya no estaba, genial me estoy volviendo loco. Me levanté y choque con un chico de ojos grandes como los venados. El sol resplandecío de un lado de la ventana iluminando su perfil, mi corazón dió un vuelco y la realidad se evaporó ─ Lo siento mucho ─ baje mi mirada y estaba lleno de mermelada mi bomber Dolce&Gabbana ─ No te preocupes, la lleva a una lavandería y queda ─ me miró con extrañeza ─ No como crees ─ sonreí ─ En serio, estoy bien ─ sus ojos me gustan mucho sus ojos azules ─ Marcelo, mucho gusto ─ tome su mano ─ ¿Marcelo Bianchi? ─ sonrió ─ Un gusto, Peter Landon ─ sostuve su mano y una sensación de ingravidez me envolvió. Carajo.
Una explosión los arrojó al suelo, el cristal se reventó liberando a Agramón y a Arnold junto con Ilustrísima, cayeron de bruces. La tranquilidad gobernó por unos instantes en la estación, el granizo seguía chapoteando sobre la acuarela de la estación ─ Muchacho, ¿estás bien? ─ Agramón movió a Arnold, asintió y se tratarón de levantar ─ Peter ─ susuró mientras corría hacia él. Su cabeza estaba ladeada, las ligeras olas elevaban sus cabellos, un hilo de sangre navegaba por el canal de su oreja ─ Peter, vamos levántate, ¡Ayudame! ─ Arnold corrió a donde estaban, lo tomaron de los hombros y lo levantaron, sus pies se arrastraban flojos ─ ¿A donde vamos? ─ preguntó Arnold ─ Vamos al cuarto anillo y descansaremos unas horas ─ lo vio contrariado ─ ¿Y la espada? ─ se girarón a verla, pero ya no estaba, un calambre en su nuca avisaba que las cosas iban a empeorar.
Mike Gallagherry
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Mensaje por Mike Gallagherry Dom 03 Oct 2021, 8:33 pm


Raising Hell
Mis padres me educaron bien, pero no quiero ir al cielo sin pasar por el infierno.


Todo estaba oscuro y mi cabeza palpitaba tan fuerte que creo que todo el infierno podría escucharlo, entreabrí mis ojos y visualice a Arnold acostado frente a mi ─ Que bueno que despiertas ─ me giré hacia la voz, un chico de cabello azabache con lumbre en el,  me sonreía ─ No te preocupes, me llamo Caredubus un gusto joven Landon ─ trate de tomar su mano pero un dolor agudo me imposibilitaba hacerlo ─ Tranquilo, es normal que después de pasar una prueba con un Demonio Mayor sientas el cuerpo entumecido pero no debes alarmarte. Estas bien ─ recargue mi cabeza en el suelo.
Caredubus se acercó con sigilo para sentarse a un lado mio ─ Despliega tu runa ─ lo miré extrañado, sonrió mientras tomaba mi mano, la levantó y tenía una par de espirales entrelazados a un ocho o un infinito el cual comenzó a vibrar desplegandose como la tierna hierba ante el amanecer, era como las zarzas que crecían en el patio de mi madre ─ Las espinas blancas son para curar ─ tomó con gracia uno ─ Lo vas a poner donde duele ─ asentí mientras veía como la clavaba en mi frente ─ No te preocupes, estarás como nuevo en unos instantes, ve y duerme ─ de mis empeines empezó a crecer un frío que me acurrucaba, acaricio mi cabello y me deje vencer ante la tranquilidad.  
Abrí con lentitud mis ojos tratando de acostumbrarme el cielo estaba atardeciendo y tenía algunas nubes. Sonreí, sé que no estoy muerto pero al menos me siento tranquilo, me senté y logré ver donde estaba; estaba en la Hacienda frente al atardecer, un pétalo cayó grácilmente frente a mí, alcé mi vista hacia la lluvia de pétalos que se aproximaba, me levanté con cuidado, sentí mi mano pesada, Ilustrísima ya estaba en ella Peter Landon, acércate me giré con cuidado y frente a mí había un hombre con cabello ondulado y castaño que era decorado con una corona de laurel de oro; alcé la Espada y con cuidado se acercó a mí Vengo de parte de Gabriel mis ojos se humedecieron ¿Está bien? asintió mientras seguía acercándose a mí, solté a Ilustrísima Mi niño me abrazó y recargue mi cabeza Estoy cansado y no quiero enfrentarlo sentí su mano acariciar mi espalda Tranquilo, estarás bien y ambos sabemos que lo tienes que hacer alcé mi mirada y no había nadie, me tengo que apurar. El cielo comenzó a resplandecer en dorado, creo que al final de esta travesía sabré quién era esa sombra dorada que salvó a Jos, que evitó que el tornado de Agramón se extendiera por París y el que deslumbró a los enfermeros para que pudiera escapar. Tome a Ilustrísima y me giré hacia la puesta de Sol. Estoy listo, los pétalos seguían cayendo y aún tenía que recuperar a Gabriel y la parte que escondió Miguel hasta abajo.
Abrí los ojos y me senté sobre el piso frío ─ Peter ─ desvié mi mirada hacía Agramón quien tenía ya un aspecto desalineado, ahora tenía unas poderosas garras que sin duda serían capaces de descuartizarme si él lo quisiera y en nada se parecían a las que tenía en el segundo anillo, sus ojos en la parte de la esclerótica era de color mostaza haciendo contraste con sus iris azul cielo ─ Wow, ¿Qué te pasó? ─ sonrió de lado, si es que ha eso se le puede llamar sonrisa ─ Conforme vayamos descendiendo iré cambiando a mi forma real ─ asentí, me levanté con cuidado ─ ¿Hacia donde vamos ahora? ─  me miraron y señalaron hacia enfrente. Había un largo pasillo con paredes puntiagudas de piedra que sangraban oro, el piso seguía siendo de baldosas marmoleadas y el techo tenía sus mamparas colgando.  
El sonido de alaridos se escuchaban próximos, asentí mientras desenvainaba a Ilustrísima ─ Vamos ─ comenzamos a caminar, el sonido seco de algo arrastrándose comenzó a crecer, supongo que será sencillo que los dos últimos anillos ─ ¿Cómo van tus heridas? ─ me giré hacia Agramón ─ Supongo que bien, no le he echado un ojo ─ seguimos avanzando, las mamparas comenzaron a parpadear mientras vibraban de manera rítmica, a lo lejos un puñado de torniquetes eran débilmente iluminados, ─ La entrada está muy cerca ─ detuve a Arnold con la espada ─ Espera ─ Agramón se adelantó, baje la espada y comenzamos a correr hacia donde se había ido.        
Las luces palpaban cada vez más rápido y el ruido se hacía cada vez más grueso  ─ ¿Qué sucede? ─ lograba oírlo aterrado ─ Nada, no te preocupes ─ pero un golpe seco me derribo, Hades ─ ¡Peter! ─ se giró pero Agramón lo abrazo con su diestra y le tapo la boca con la otra. Es la única manera en que podremos avanzar, tiene que ganarle a Hades para que podamos avanzar, es la condición que puso. Tienen que buscar maneras más sencillas de cruzar esto, me levanté de un brinco, como puedes atacar a algo que no ves, un golpe seco de un mangual me arrojó al piso, sentía mi espada sangrar, me levanté con cuidado, no lo podía oir y no lo podía ver y lo único que olía era ese estupido azufre, levante a Ilustrísima. Alumbra a mi enemigo. Me pegue a la pared y un fulgor dorado me comenzó a alumbrar ─ Así que aún no lo saben ─ trague seco ─ Te escondes detrás de un velo sacro y todo para que ─ las picos me golpearon la mejilla arrojandome al piso, el aire escapo de mis pulmones e Ilustrísima se fue de mi mano, comencé a arrastrarme hacia ella.
Sentía los hilos de sangre correr por mi cuerpo, alcé mi mirada justo en el momento que desaparecía Ilustrísima, levante mi mano y una espina salió disparada de mi dorso, sangre dorada y de color cielo comenzaron a caer incinerando el piso y alumbrando a Hades. Su cabello gris se elevaba como si tuviera vida propia, sus ojos amatista brillaban con fuerza resaltando de su tez tostada ─ Escucha bien lo que he de anunciarte hijo de Agramón, los arcanos valoramos el sacrificio, nada es más valioso que la vida misma excepto la verdad. Considera mi palabrasTe doy la habilidad de replicar habilidades y que esto a su vez te lleve a manipular instrumentos y accesos, me levante con pesadez mientras veía como caía de espaldas; comencé a dar tumbos mientras caminaba a su cuerpo, la sangre incineraba todo a su paso.
Las paredes borboteaban ríos de oro, caí de rodillas a los pies de Hades y los abrace, las lágrimas se estampaban contra la piel tostada. No quería hacerlo, no quería matarlo; me levanté, no sé cómo pero lo logré, y camine hacia donde había caído su yelmo; resplandeciente y con un crin que era consumido por ligeras brasas. Podía verme reflejado en el lustroso acero, replicar habilidades resonaba en mente. Las llamas avanzaban conforme desangraba el cuerpo, me coloque el yelmo, mi sien comenzó a arder en ambos lados, me inque y tome un poco de icor en llamas, dibuje la runa en la frente del casco y fui envuelto en llamas. 
Sentía mi cuerpo quemarse, arder y regenerarse, ahora sé lo que sintió Prometeo cada vez que le devoraba su hígado el águila de Zeus cada mañana, cerré los ojos y me deje caer hacía atrás pero jamás toque el piso, solo seguía cayendo. Abrí los ojos y enfrente de mí había un destello de luz, como una estrella, levanté mi mano mientras seguía cayendo, la luz se iba extinguiendo, cerré los ojos.
La lluvia caía con fuerza haciendo borrones los edificios y sus luces, sentía como mi corazón se agitaba con demasiada fuerza mientras corría de regreso al departamento; mi sudor se mezclaba con las lágrimas del cielo, gire a la derecha y me adentre a la plaza comercial que unía las cuatro torres de departamentos. Un relámpago quebró la luz dejando a oscuras la plaza. Tenía que llegar a su departamento, tenía que llegar. Salté los torniquetes de acceso y comencé a subir por las escaleras de incendios, con cada relámpago el edificio crujía haciendo parpadear las luces de emergencia, era la peor lluvia de los últimos  trescientos años ¡Peter!
Abrí los ojos topándome con los de Agramón, parpadee para acostumbrarme ─ ¿Estás bien? ─ asentí levemente y estiré mis manos para que me ayudara a levantarme, mi cabeza daba vueltas de verdad ─ Pareces un fantasma ─ desvié mi mirada hacia él ─ Estarías igual si te enfrentarás a alguien que no puedes oír ni ver ─ comenzamos a caminar hacia el otro lado de los torniquetes, el ruido de cosas arrastrándose era cada vez más intenso ─ ¿Te dijo algo? ─ negué ─ ¿En serio no te dijo el Dios que cuida el hades? ─ asentí ─ Digamos que no era de muchas palabras y cuando le incruste a Ilustrísima solo se inmolo ─ asintió vagamente ─ Pensé que al menos te daría una pista de quien está abajo o por lo menos te enseñaría algo ─ negué y aprete mis labios, Ilustrísima vibro en mi mano ─ ¿Quien esta en este anillo? ─ caminamos por un pasillo que se hacia estrecho, giramos y Pantitlán se abrió ante nosotros. Lo veo y no me lo creo, miles de personas empujando vitrinas de dos metros, unas mas llenas que otras pero sin duda estaban llenas y eran pesadas  ─ ¿Donde mierdas está Arnold? ─ puta madre ─ Se adelantó ─ ahora tenemos que encontrar a dos personas en un solo anillo, si estoy molesto pero estar molesto no me va a decir dónde están así que lo mejor que podemos hacer es pensar ─ ¿Cuál es el miedo de Arnold? ─ cerró los ojos y aspiró ─ Perder a Dante ─ asentí ─ ¿Puedes oler su miedo? ─ ─ Soy un maldito Demonio Mayor, no un estúpido Bloodhound ─ rodé los ojos y alcé mi mirada a los claros de la estación ─ Es de día ─ me miró buscando una explicación ─ ¿No te parece interesante que este soleado en un anillo del infierno? ─ negó mientras comenzábamos a caminar esquivando las personas.
─ La última vez que se puso así medio infierno se fue al demonio ─ lo miré contrariado ─ ¿Por? ─ se hizo a un lado el cuello de la camiseta enseñando una cicatriz ─ En una ocasión el niño bonito de Miguel decidió bajar aquí pero Gloriosa simplemente comenzó a palpitar y el noveno anillo se incineró. Muchos fuimos alcanzados por la explosión, no era su intención pero de todas maneras ya estaba hecho ─ alcé mi mirada de nuevo ─ ¿Así se pone cuando algún arcano baja? ─ negó mientras esquivamos una señora que empujaba una vitrina llena de puentes en miniatura y aviones ─ Es un prodigio de que debemos apresurarnos ─ ¿Y si me tengo que enfrentar a Miguel? mi corazón dio un vuelco, no estoy listo ─ Estamos en el transbordo de la línea rosa y debemos ir al tren férreo, a la línea A  ─ miró las señalizaciones esperando que algo le indicará a dónde ir ─ Tu mismo lo dijiste ─ miré hacia atrás ─ Esta versión del infierno es una adaptación de mi realidad ─ y pasó lo que me temía, dos hombres chocaron con sus vitrinas y comenzaron a pelearse ─ ¿Quien cuida este anillo? ─ un par de oficiales con pinzas de alacrán los tomaron de la cintura y los arrojaron contra su respectiva vitrina y se esfumaron con el viento.    
Mammón ─ lo vi mal ─ Si tienes un problema conmigo y mis direcciónes me lo puedes decir ─ negó tosiendo una risa ¿Que se cree este idiota? ─ Se llama así mi hermano y quien cuida este anillo, Peter ─ asentí vagamente mientras avanzabamos hacia la línea A, teníamos que subir unas escaleras que estás a su vez nos llevarían allá.  Las encontramos y comenzamos a subir con cuidado ─ Hermanito ¿Eres tu? ─ maldije bajo y comenzamos a subir más a prisa ─ Claro que eres tu ─ escuche como el sonido de monedas cayendo comenzaba a aumentar ─ Que no te entretenga y tu sigue avanzando y por lo que más quieras no dejes de avanzar ─ asentí y llegamos al inicio del pasillo ─ Hermanito, trajiste compañía me alegro mucho ─ seguímos avanzando por el pasillo esquivando personas ─ SI pero no nos quedaremos, venimos a buscar ─ ─ Vinieron a buscar a ese guapo arcángel que está con los Centauros, que romántico, ¿eso que huelo es celos? ─ rodé los ojos mientras seguíamos avanzando, desvié mi mirada por curiosidad. Las casas en obra negra y el paisaje gris de la ciudad era alumbrado por un cielo dorado de donde llovían estrellas que quemaban al contacto con el piso ─ ¿Hermoso, verdad? ─ inhale, de verdad que no nos quedaba mucho tiempo.
─ Ah ya, buscan a los dos vampiros que mandó Minos para acá abajo ─ lo sentí sonreír con malicia ─ Si los tengo pero no te diré donde están ─ ─ No esperaba que lo hicieras ─ escuche como apresuraba sus gordos pasos ─ ¿Qué te parece si hacemos un trato? ─ giramos a la derecha y una pendiente comenzó, sentí como me empujo contra la barandilla ─ ¡DAME EL PUTO YELMO DE ESE ARCANO, SUCIO MESTIZO! ─ sus ojos diamante me miraban fijamente ─ ¿Y qué te hace creer que lo tengo? ─ me tomó del cuello y me levanto, giré a ver a Agramón quien estaba derribado en el piso paralizado ─ Te vi como te lo ponías y lo marcabas ─ siseo, sentí mi mano hormiguear tenía el mangual de Hades en mis manos y justo en el momento que bajó la mirada atine un golpe en su mandíbula soltandome, su boca sangraba icor del que brotaban diminutos alacranes. Levante a Agramón del piso y comencé a arrastrarlo hacia el final del transbordo ─ ¿Cómo lo sabes? ─ negué mientras avanzaba presuroso, podía oír como se incorporaba, miré por encima de mi hombro como se ponía de pie pero de la cadera hacia arriba estaba literlamente doblado, se giró y su rostro estaba torcido, la sangre de su boca escurría por su nuca y espalda.    
Soy aquello que devora las estrellas. Soy aquel que verás con la cabeza torcida. Soy lo que ocultas en las llamas. Me verás a través del mesías. Soy aquel que verás con la cabeza torcida, mierda regrese mi mirada hacia enfrente, De un impulso puse a Agramón sobre mis hombros y comencé a correr, avente a las personas con sus vitrinas sin importarme nada. Cruzamos el umbral y baje las escaleras de dos en dos ─ ¡DAME EL YELMO! ─ escuche como se estampaba contra la pared del inicio de las escaleras. Un crujido rugió con una fuerza avasallante dando paso a una explosión que nos arrojó contra los muros de dosificación, ambos caímos al suelo, las personas seguían arrastrando sus estúpidas vitrinas en llamas, me recargue contra la pared y un par de tenazas me tomaron por el cuello levantándome, el humo se iba disipando mientras el rostro desfigurado me miraba con odio.
 Sus ojos diamante brillaban con peligro ─ Quiero… que me des… ese puto yelmo… AHORA ─ su lengua era parecida a la de una res, oscura y seca. Sentía como me comenzaba a entumirme mientras las pinzas cortaban mi carne, sentí a vibrar a Ilustrísima en mi mano; si he de morir será peleando ─ Sobre mi cadáver ─ e incruste la espada en la tenaza, me soltó de inmediato. Di una bocanada de aire y toque mi cuello y de verdad sangraba un río, me apoye en la espada para levantarme ─ Mugroso abandonado, morirás al igual que el resto ─ pase la hoja de la espada sobre mi cuello ─ Pero no hoy ─ levante a Ilustrísima sobre mi ─ Que las estrellas ardan hasta el final de los tiempos a tu alrededor ─ y le apunte. Se lanzó sobre mí como lo hacen los leones con las gacelas, di un tajo ascendente cortando uno de sus ojos haciendo que errara en su ataque ─ Ven, levántate viejo aún nos queda mucho que recorrer y muy poco tiempo ─ lo levanté por la cintura y lo arrojé a mi hombro, cruce el laberinto de rejas y salí al andén, comencé a bajar las escaleras. 
Vi  que Arnold estaba amarrado a una de las plumas de corriente. Me adentre hacía un vagón y deje a Agramón en uno de los asientos ─ Peet ─ me giré hacia él pero las palabras murieron en su boca desvie mi mirada y me subí a unos asientos para salir por la ventana. Incruste a Ilustrísima en el vagón y me impulse quedando en el toldo ─ Arnold ─ lo moví un poco, como saber si un vampiro estaba vivo, bien no tengo tiempo para averiguarlo, mi mano vibró e Ilustrísima estaba en ella, la dejé caer de un tajo pero al contacto un fulgor azul me arrojó al final del tren. Me incorpore, cadenas irrompibles lo que me faltaba, el tren crujió y corrí hacia Arnold. Si las cadenas no se pueden romper creo que debo cortar las plumas de corriente o tal vez el cabezal con la pluma. Llegue a donde él ─ Son de Hefesto, no las puedes romper con un arma de arcángeles ─ jadeo Arnold ─ Pero esto no ─ de dos porrazos rompí los cabezales y las plumas cayeron hacia atrás, me acerque a Arnold ─ ¡No las toques! ─ puse mis manos sobre las cadenas y lo jale para liberarlo ─ O puedes arder ─ lo saque y lo coloque sobre mi hombro, el techo crujió y caímos dentro de un vagón ─ Puta madre ─ jadeé y me senté ─ ¿Desde cuando eres así de fuerte? ─ me giré hacia él con enojo ─ Desde que clavaron unas espadas duales y me arrojaron al Sena ─ me apoye en el barandal y me levanté ─ ¿Donde está Dante? ─ negó ─ No sé, pensé que estaba contigo, que o habían encontrado ─ 
El tren vibro de nuevo y un timbrazo anunció el cierre de puertas Próxima Estación: Peñón Viejo, ─ Dante ─ dijimos al unísono ─ Quédate ahí ─ comencé a correr hacía delante. El tren comenzó a avanzar, podía ver perfectamente como las sombras se arremolinaban creando oficiales con tenazas de alacrán, me repliegue a la pared, mis manos vibraron y frente a mí tenía el yelmo, el mangual y a Ilustrísima; me coloque el yelmo y tome la espada, comencé a caminar decidido a acabar con los oficiales que fueran necesarios en caso de que el yelmo fallara. Me coloque sobre la articulación e inhale antes de caminar hacia ellos, camine con cautela y con la espada en alto, el primer oficial tenía una esclerótica cobalto y dientes como los peces linterna, sus pinzas tenían una vellosidad rígida de la que escurría un líquido translúcido. Seguí avanzando con cuidado hasta que llegue a la articulación que daba al otro vagón, ya solo me faltaban dos vagones más. 
Dividí a Ilustrísima en las espadas duales y las lancé como si fueran saetas, una incrusto a un oficial a la pared de su cuello y la otra se incrusto en el pecho del último oficial, corrí hacia él al igual que oficial hacia mi y salte pateando la empuñadura de la espada incrustandola, su sangre ahogó un grito y cayo al piso ─ Ven aquí ─ me prenso del cuello y me levanto, mi mano peso y le estampe el mangual de Hades en la cabeza que de inmediato explotó tirandome. Me solte de su tenaza y me apoye en uno de los asientos para levantarme, la sangre escurría de mi abdomen, me giré y tome el mangual de nuevo, la sangre escurría por los picos de la bola. Lo alcé y lo deje caer rompiendo la manija abriendo así la puerta del maquinista.
Dante estaba desparramado sobre el tablero y con el dedo clavado -literalmente- en el dispositivo de hombre muerto ─ Dante ─ lo moví un poco y abrió los ojos ─ Viniste ─ fruncí mi ceño contrariado, ¿A qué venía eso? ─ Claro que si ─ el clavo resplandecía igual que las cadenas ─ Hefesto, ¿No? ─ asintió, desvié mi mirada sobre las vías del tren las cuales nos llevaban directo a un lago que anegaba el horizonte. Toque el clavo y un fulgor azul rezo por mi mano, no lo iba a poder sacar pero si rompía el tablero tendría chance de quitarselo y detener el tren ─ ¿Por qué estás sobre el tablero? ─ me adentre a la cabina y comencé a hacer círculos con el mangual ─ El cobre celestial arde como la puta madre ─ asentí y di el primer porrazo, di el segundo y en el tercero el dispositivo de hombre muerto salió desprendido con un pedazo de tablero, una sirena se escuchó a lo largo del tren y fuimos expulsados por la ventana, giramos unos metros más adelante del tren que frenaba en un alarido.
Quede viendo al cielo dorado del que llovían estrellas, trague seco y cerré los ojos. Sentí mi mano pesada, Ilustrísima estaba de nuevo conmigo; la pase por mi cuerpo y un ligero ardor me comenzó a invadir, ya iba a terminar la curación. Exhale ─ ¡Peter! ─ abrí mis ojos y gire furtivamente buscando a Dante pero no lo veía, me gire y las esquirlas cayeron entre los durmientes de las vías, me levante con cuidado y vi a Dante inconsciente unos metros más adelante, camine rápido hacia él pero ya no tenía clavado el dedo, de hecho el clavo de Hefesto estaba incrustado en el muro de contención de la vía  ─ Mierda ─ camine hacia el y comencé a jalar para sacarlo de la pared, no sé si era yo o algo más pero salió como si de una astilla se tratara ─ ¿Qué? ─ ─ Mierda Peter, la próxima vez que intentes una acrobacia así ten la decencia de avisar ─ me giré y vi a Dante quien comenzaba a levantarse ─ Aunque te hubiera dicho estabas demasiado ido como para atenderme pero descuida, si hay una próxima y espero que no, te avisare ─  exhalo. Me giré para ver la estación que era consumida por las llamas, mierda por un momento creí que era Mammón a quien me tenía que enfrentar. 
Mike Gallagherry
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Mensaje por Mike Gallagherry Dom 10 Oct 2021, 6:07 pm


Blinding Lights


Caminamos a un costado del tren, y  de las puertas del primer vagón se escurría un icor de color verdoso ─ ¿Qué es eso? ─ miré a Dante ─ Nada de lo que nos debamos preocupar por ahora ─  seguimos caminando hasta llegar al segundo vagón, me detuve y empuje la puerta mientras un chirrido anunciaba que se iba abriendo. Saltamos hacia dentro del vagón ─ ¿Donde están? ─ ─ Están más adelante ─ comenzamos a caminar ─ Oye ─ me detuvo del brazo ─ ¿Estás bien? ─ trague seco, y me dejé caer sobre uno de los asientos, negué ─ Son demasiadas emociones en muy poco tiempo ─ una luz dorada alumbró los vagones, era la misma luz de los atardeceres en el metro cuando iba a perderme por la Ciudad, me gustaba cuando los vagones estaban vacíos y podía sentarme como me diera la maldita gana ─ Tengo miedo ─ se sentó en los asientos delante de mí ─ ¿De no sobrevivir? ─ ay si tu supieras ─ Si ─ en parte sí aunque iba más evocado a lo que me tengo que enfrentar, espero equivocarme ─ Estarás a la altura ─ acarició mi mejilla
─ Ven, vamos por Agramón ─ se levantó ─ Antes de que vayamos a buscarlo debes saber algo, Arnold está con nosotros ─ inflo su pecho y frunció su ceño ─ ¿Donde se les juntó? ─ abrí mi boca, ¿de verdad es necesario decírselo? ─ Estaba en el tercer anillo ─ asintió levemente mientras desviaba su mirada hacia afuera ─ Lo hubieran dejado que se pudriera ahí ─ ─ No digas eso, aún no sabes, bueno sabemos del porqué actuó como actuó ─ sus labios formaban una línea recta, contuvo el aire antes de suavizar su expresión ─ Bien, vamos por esos dos y apresuremonos. Tu novio te ha de estar esperando ─ tosí una risa ─ Dios te oiga ─ me levante y comenzamos a caminar hacia ellos pero a lo lejos logré divisar a Arnold ser arrastrado por Agramón hacia nosotros, se le veía realmente molesto ─ Toma tu porquería de humanidad ─ y nos arrojó a Arnold, nos replegamos a los asientos dejando que se estampara contra un par de tubos ─ Hijos de perra, ¿Por qué no me han sostenido ninguno? ─ Dante y yo intercambiamos miradas y negamos irónicos ─ ¿Y a ti que te hizo? ─ levanto su camisa una enorme quemadura avanzaba de su cadera hacia arriba, volteamos a ver a Arnold ─ ¿Cómo lo hiciste? ─ sonrió con malicia y su rostro comenzó a rotar dejando su boca hacia arriba, cerré los ojos. Puta madre, ¿es enserio?
─ Yo voto que lo matemos ─ miré a ver a Agramón ─ No vamos a matar a alguien, por Dios. ¿Queremos respuestas, no? y nos las vas a dar ─ sonrió más ─ Jamás sucio Abandonado, mereces arder en medio de esta brea y que… ─ una estrella explotó afuera de las vías ─ Dices que Miguel lo provocó, ¿no? ─ asintió levemente ─ ¿Entonces si existe el fuego celestial? ─ asintió levemente ─ Pero solo él y únicamente él puede invocarlo ─ sonreí ─ En teoría, lo que está lloviendo son estrellas de fuego celestial ─ asintió ─ ¿Qué es lo que quieres hacer? ─ mi mano vibró e Ilustrísima estaba entre mis dedos ─ Una locura ─ susurró Agramón, abrí una de las puertas y salte hacia las vías de nuevo, divisé una bola de fuego que venía hacía mí, coloqué la espada frente a mi y esta recibió el impacto, sentí mi cuerpo arder al igual que todo a mi alrededor, comenzaba a patinar sobre la grava ─ ¡Peter! ─ miré por mi rabillo a Dante ─ ¡No! Tengo que hacerlo solo ─ cerré los ojos e inhale, el fuego celestial entro por mis pulmones quemándome, era como inhalar menta caliente y de pronto todo se volvió negro.
¡Peter! abrí los ojos, el olor a sangre invadió mis sentidos, Quirón sostenía del cuello a Gabriel ¡Nooo! trate de correr pero una bofetada me derribó al piso, levanté mi rostro ¿¡Quién demonios eres!?  galopo tratando de aplastarme con sus cascos Humano ingrato gire hacia atrás y me levanté de un brinco, mis manos no vibraban. Carajo, levanto su saeta, retrocedí Ven aca me levantarón del piso y me sostuvo otro centauro haciendome ver a Gabriel, Quiron lo sostenía del nacimiento de sus alas ¡No! lo arrojo al arroyo de sangre hirviente
─ Peter ─ abrí los ojos de golpe, me incorporé de un brinco ─ ¿Estás bien? ─ escuche a Dante, comencé a caminar hacia el vagón, brinque y Agramón veía a Arnold o lo que simulaba ser ─ ¡Mugroso abandonado, regresaste! ─ tome a Ilustrísima y se la incruste en el hombro, comenzó a retorcerse ─ ¡Me vas a decir como llegar al septimo anillo, ahora! ─ comenzó a reirse y a borbotear sangre de su boca, comencé a rotar la espada y ahora si comenzó a gemir ─ Así te tenga que arrancar la piel aún vivo ─ saco una larga lengua negra dividida en dos con puntas de aguijón, trato de atacarme pero fueron cremadas en cuanto estuvieron a no menos de cinco centímetros de mi, tal vez menos ─ ¡Fatue, fatue, fatue! ─ lo tomé por el cuello y comencé a apretarlo y a su vez a quemarlo con el fuego en mis manos, de hecho recorría todo mi cuerpo, comenzó a convulsionarse ─ Habla y solo para decirme como llegar al séptimo anillo sin cruzar los otros dos ─  vi por el rabillo como Dante venía a separarme pero Agramón lo detuvo ─ Peet, relájate. Es un demonio Shax, un cambiaformas no te dirá algo que ni siquiera sabe ─ apreté la empuñadura de Ilustrísima y liberando una pequeña flama que incineró en segundos a todo el demonio.
Me giré y voltee a ver a Agramón, ─ He de suponer que tu sabes ─ negó ─ Quién sabe yacé ardiendo en llamas de estas mismas estrellas te lo recuerdo ─ y me dejé caer la pared para poder sentarme, recargue mi cabeza contra esta y vi mis manos. Estaban blanquecinas y con ligeras piras doradas en ellas era como ver un ocote prendido ─ ¿Estás bien? osea te desconectaste feo ─ cerré los ojos e inhale mientras pasaba un poco de saliva y asentí levemente ─ Es la primera vez que pierdo así el control ─ y una lágrima salió ─ Tengo miedo a perder mi humanidad en este viaje ─ abrí los ojos y miré a Agramón, se puso en cuclillas quedando a mi altura, las lágrimas salían y con su infernal mano limpió las lágrimas ─ Sería hipócrita de mi parte decir que te entiendo pero puedo serte sincero y decirte que si te aferras a ti no pasará. Tal vez por el concepto judeocristiano y por mi atractivo natural creas que no sentimos pero si, tal vez nosotros somos más humanos que los arcanos esos, bueno exceptuando al cara bonita de Miguel pero lo que te quiero decir es que, no pienses que por ser un demonio soy malo de cajón, solo hago mi labor, alguien lo tiene que hacer ─ sus garras verdes trataban torpemente de limpiar mis lágrimas ─ Me estás arañando ─ tosio una risa ─ Lo sé tarado, estás garras no son para limpiar lágrimas ─ se levantó y me tendió la mano, la tome y me levante ─ Ahora vamos por tu novio y amigas ─ 
─ ¿Entonces tenemos que cruzar el quinto y el sexto? ─ miramos a Dante ─ Me temo que sí vampiro y tal vez encontremos a tu amigo en alguno de ellos o tal vez no ─ negué y voltee a ver las cadenas humeantes ─ Tu hermano no dejaría a un shax con algo tan valioso así por así, ¿verdad? ─ negó mientras dirigía su mirada a las cadenas también ─ Ten cuidado ─ asentí mientras me agachaba para tomarlas, vibraron y se convirtieron en una pulsera unida por una diminuta estaca, bien creo que sabremos después para que es esto ─ Tal vez podamos convencer a Flegias para poder adelantarnos ─ lo miré mal ─ No, ya tuve suficiente de amigos de Hades o hijos, en serio ─ me regreso la misma mirada ─ Es lo mejor que te puedo ofrecer ─ Inhale mientras acomodaba mi cabello hacia atrás ─ Bien, no perdemos nada con intentar.
─ Ahora como hacemos avanzar esta porquería ─ mire a Dante y después a Agramón ─ Con energía de demonio, no es obvio ─ comenzamos a caminar hacia la cabina del maquinista, los cuerpos de los oficiales se habían reducido a diminutos alacranes que Agramón se encargaba de comer ─ No hay mejor platillo que esté ─ sentí náuseas mientras lo decía, tenía la boca llena y los labios pintados de verde ─ Ignorare que dijiste eso ─ los tres entramos ─ ¿Y como lo hacemos arrancar? ─  desplegué mi runa haciendo que se enredara con el cableado  ─ Toma mi mano, Marcelo ─ Agramón gruño y me afianzo ─ Esto es lo más cercano que estarás de sostenerle la mano ─ tosí una risa ─ Con eso me basta ─ el tren crujió y comenzó a avanzar ─ ¿Por qué no lo sostiene directamente? ─ miré a Dante ─ Porque si lo toma tuesta el tablero, veme como un pararrayos o un regulador ─ frunció el ceño ─ ¿Y por qué yo no lo necesite? ─  ─ ¿Quien dice que no, guapo? ─ levanta mi mano donde tengo la pulsera de Hefesto, ─ El pararrayos era el clavo ─ 
El tren comenzaba a moverse de manera rápida, aumentando su traqueteo ─ Estamos por entrar a otro anillo ─ a lo lejos vislumbramos un túnel del que comenzaba a emanar agua, cerré los ojos y escuche un portazo ─ Por si nos comenzamos a ahogar ─ negué y Agramón me solto de la mano, abrí los ojos y el tren se detuvo en seco arrojandome por el parabrisas ─ ¡Peter! ─ y de pronto todo se volvió negro y húmedo.
Podía sentir como mi espalda ardía de dolor al igual que mis pulmones; me sentía traicionado hasta cierto punto, Tal vez supo que de verdad me dijo algo Hades o que tengo su mangual, de verdad que todo pasó muy rápido, abrí mis ojos a pesar de sentir que mi cabeza en cualquier minuto terminaría estallando , todo era oscuro y húmedo, sentía como fuertes corrientes de agua (creo), me arrastraban e incluso llegaban a empujarme. Levanté mi mano y comenzó a brillar las cadenas alumbrado a mi alrededor, no había nada, alcé mi rostro y logré divisar una ligera claresencia; trate de nadar pero mi cuerpo ardió y se quebró, levanté con cuidado las cadenas y estas salieron disparadas a gran velocidad, se enraizó a lo largo de mi brazo.
Se tensaron las cadenas y me arrastraron con fuerza hacia lo que creo que es la superficie, la fuerza con la que me jalaba era tanta que sentía como mi brazo se iba a separar de mi hombro, sentía como las corrientes se arremolinaban a mi alrededor, como me jalaban o empujaban. Era como si me golpearan, apreté más las cadenas aumentando su brillo y menuda sorpresa la que me lleve. Miles de personas golpeandose y mordiendose, veía como se ahorcaban o como soltaban zarpazos y varios de ellos me alcanzaron ─ ¡Verás el hijo de puta que puedo ser! ─ un alma me sostuvo del cuello ahorcandome ─ ¿Y tu quien demonios eres? ─ logré hablar, por un momento llegó a creer que me ahogaría pero me doy cuenta que no, que ni siquiera el agua entra por mi boca ─ Soy aquel que golpeó a su primogénito y su primer hija, aquel que osó a ultrajar a su esposa a golpes y amenazarla de muerte ─ no podía levantar mi otra mano por la misma fuerza que llevaba el agua así que desvié mi rostro hacia él, ojos oscuros, cabello como el de un cerdo, grueso y seboso; grandes mejillas con ligeras cicatrices en el rabillo de sus ojos. Abrí su boca gritando como si le incrustarán un acero en su pecho, su lengua estaba agrietada y negra ─ Te compadezco alma en pena ─ alcé mi rostro y rompí la superficie, las cadenas se habían incrustado en un techo. 
¡Vamos hijo de Agramón, demuestrame de lo que eres capaz! ─ baje la mirada y había piso, jale la cadena y caímos. Rode alejandome de él, me recargue contra la pared y levanté mi mirada al otro lado. "No rebase la línea amarilla", parpadee varias veces tratando de acostumbrarme a la luz blanquecina que deslumbraba mi vista, gire mi mirada hacia la derecha ya que un sonido de agua comenzaba a crecer; efectivamente una cristalina película de agua salía de acceso que daba al cambio de dirección y a un pasillo. — ¡Ven aquí! — me gire pero era tarde, se abalanzó tirandome al piso, sus ojos negros me miraban con odio — ¡Provocaste problemas, por ti estoy aquí — le di un cabezazo y cayó a un lado, Ilustrísima vibró en mis dedos así que rápidamente la pasé por mi cuerpo y pude levantarme de un brinco. Guarde la Espada en su vaina, también se levantó de brinco y de inmediato me soltó un gancho en mi mandíbula arrojandome de espalda al piso. 
— En ninguna pelea me tomé a personal ningún golpe, ningún insulto pero voy a disfrutar esto como no tienes idea — levanté mi mano y de mi dorso dispare una espina morada que se incrustó en su pecho, comenzó a tener espasmos mientras caía de rodillas, me senté — Vas a perecer niñato — y cayó de lado hundiéndose en el agua, comenzaron a aplaudir del otro lado de la plataforma, me fui incorporando con lentitud — ¿Quien demonios eres? — sus ojos rubí destellaban un fulgor negro — Amon, un gusto — se acomodo su cabello plateado hacia atrás, era largo y bien cuidado — Descendiente de Lucifer, ¿No? — Ilustrísima vibró en mi mano, ambos caminábamos sin perder de vista al otro y nos detuvimos bajo el reloj — Parecía que lo conocías — me dedique a mirarlo — ¿No hablas? Bien, entonces supongo que llevas prisa por llegar a dónde Gabriel — sonrió y comenzó a caminar sobre el agua, las almas que intentaban bañarlo eran incineradas o explotaban — No te asustes muchacho, se regeneran — puse mi Espada en guardía, ingle mi pecho y sentí como las llamas comenzaban a avivarse dentro de mi — ¿De dónde sacaste Fuego Celestial? — se detuvo en seco. 
— Te harán pedazos allá abajo si no controlas tu temperamento — inhale con fuerza — Peter, no te voy hacer nada — sonrió y las llamas brotaron de la hoja de la espada — Estás dolido porque te traicionaron pero… — espera ¿Qué? — ¿Traicionaron? — asintio — Dante sabía que Agramón iba a soltarte la mano por eso se fue a la puerta pero no te diste cuenta ya que tenías los ojos cerrados — mi pecho sentía quebrarse e irse a la mierda, baje la espada y comencé a caminar hacía el pasillo de dónde salía el agua. No quiero saber nada de nadie, solo los saco de aquí y obtengo esa cosa que escondió Miguel y me largo. ¿Por qué habría de confiar en los demonios o por qué debería creer en lo que me digan? Escuché como otro chapoteo corría a dónde estaba, cruce un amplio corredor blanquecino que era decorado por diferentes escenas de la concepción de Inferno, podía oír como los gritos se hacían cada vez más graves — Déjame acompañarte — seguí caminando corriente arriba, de verdad que no quiero hablar con nadie — Peter, déjame ayudarte — apreté mi mandíbula y me gire levanté mi mano disparando las cadenas que atravesaron su hombro — ¡Hijo de perra! — grito transfigurandose en una enorme serpiente con brazos alargados y huesudos, levanté mi dorso y comencé a disparar espinas doradas con morado; las cadenas se atoraron en un pilar que estaba del otro lado del andén, con cada disparo retrocedía un poco — ¡Mugroso infeliz! ¡Tus estúpidas espinas no me hacen nada, yo soy tu miedo encarnado! — seguí disparando — ¡No puedes matarme, soy un DIOS! — tome la cadena y la azote, Fuego azul rugió arrojando a Amon hacia el río de almas que comenzaban a arremolinarse a su alrededor — ¡Aaah! — explotó en fuego plateado creando un torbellino plateado con negro, jale las cadenas hacia mi y comencé a correr hacia el pasillo, iría con Flegias para que me lleve al séptimo anillo, el tiempo se agota para poder salvarlo. 
Mike Gallagherry
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