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50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]  - Página 2 Empty Re: 50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]

Mensaje por BlueyesN el Lun 10 Mar 2014, 9:10 pm

Lol ya la habia leido en wattpad XD
BlueyesN
BlueyesN


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50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]  - Página 2 Empty Re: 50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]

Mensaje por BlueyesN el Lun 10 Mar 2014, 9:10 pm

sii.... Perras
Pase de paginaaa<3
BlueyesN
BlueyesN


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50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]  - Página 2 Empty Re: 50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]

Mensaje por LittleRabbit69 el Lun 10 Mar 2014, 9:12 pm



Capitulo 7:


—Estoy ansioso por leer el artículo, Joven Tomlinson —murmura Malik y se vuelve hacia mí, de pie junto a la puerta
—¿Podría caminar conmigo, Joven Horan? —pregunta.

—Claro —digo, totalmente desconcertado. Miro ansiosamente a Louis, quien se encoge de hombros. Me doy cuenta de que Liam tiene el ceño fruncido detrás de el.

—Buen día para todos —dice Malik mientras abre la puerta, parándose a un lado para que yo pueda ir primero.

Infierno Santo... ¿qué es esto? ¿Qué quiere? Me detengo en el pasillo del hotel, moviéndome nerviosamente mientras Malik sale de la habitación, seguido por el Sr. corte de militar en su traje impecable.

—Yo te llamo, Taylor —murmura a corte de militar.

Taylor camina por el pasillo y Malik vuelve sus ardientes ojos marrones hacia mí.

—Me preguntaba si te gustaría acompañarme a tomar café esta mañana.

Mi corazón salta de golpe hasta mi boca. ¿Una cita? Zayn Malik me está pidiendo una cita. Pregunta si deseo tomar un café. Tal vez piensa que no te has despertado todavía, mi subconsciente gime en un modo burlón otra vez. Me aclaro la garganta tratando de controlar mis nervios.

—Debo llevar a todos a casa —murmuro en tono de disculpa, retorciendo mis manos y dedos frente a mí.

—¡Taylor! —llama, haciéndome saltar.

Taylor, que se había retirado por el pasillo, se da la vuelta y se dirige de nuevo hacia nosotros.

— ¿Regresan a la universidad? —pregunta Malik, su voz suave e inquietante. Asiento con la cabeza, demasiado aturdido como para hablar.

—Taylor puede llevarlos. Es mi chofer. Tenemos un amplio 4x4 aquí, así que podrá también con el equipo.

—¿Señor Malik? —pregunta Taylor cuando llega hasta nosotros, dejando algo de distancia.

—Por favor, ¿puedes llevar al fotógrafo, su ayudante y a el Joven Tomlinson de vuelta a casa?

—Por supuesto, señor —responde Taylor.

—Ahí lo tienes. Ahora, ¿puedes acompañarme a tomar un café? —Malik sonríe como si fuera un hecho.

Frunzo el ceño ante él.

—Um, Sr. Malik, eh… esto realmente... mire, Taylor no tiene que llevarlos a casa.

Le doy una breve mirada a Taylor.

—Puedo cambiar de vehículo con Louis, si me da un momento.


Malik muestra una deslumbrante, descontrolada, natural y gloriosa sonrisa mostrando los dientes. Oh mi... y abre la puerta de la suite para que pueda volver a entrar. Me deslizo alrededor de él para entrar en la habitación, encontrando a Louis sumergido en una discusión con Liam.

—Niall, creo que definitivamente le gustas —dice sin preámbulos. Liam me mira con desaprobación—. Pero no confío en él —añade. Levanto mi mano hacia arriba con la esperanza de que deje de hablar. Por algún milagro, lo hace.

—Louis, si tomas el Beetle, ¿puedo quedarme con tu auto?

—¿Por qué?

—Zayn Malik me ha pedido que vaya a tomar un café con él.

Su boca se abre. ¡Louis sin palabras! Saboreo el momento. Me toma por el brazo y me arrastra hacia el dormitorio fuera de la sala de estar de la suite.

—Niall, hay algo en él. —Su tono de voz está lleno de advertencia—. Es hermoso, estoy de acuerdo, pero creo que es peligroso. Especialmente para alguien como tú.

Él sonríe.

—Después de usted, Joven Horan.

Se endereza, extendiendo su mano para que pase primero. Hago mi camino por el pasillo, con mis rodillas inestables, mi estómago lleno de mariposas y mi corazón latiendo en mi boca con un dramático ritmo desigual. Voy a tomar un café con Zayn Malik... y odio el café. Me sentí como una chica enamorada por primera vez...de nuevo.

Caminamos juntos por el pasillo del hotel hasta los ascensores. ¿Qué debo decirle? Mi mente está paralizada repentinamente con aprensión. ¿De qué vamos a hablar? ¿Qué diablos tengo en común con él? Su voz suave y cálida me saca de mi ensueño.

—¿Cuánto tiempo hace que conoce a Louis Tomlinson?

Ah, una pregunta fácil para empezar.

—Desde nuestro primer año. Es un buen amigo.

—Hmm —responde, sin compromiso. ¿Qué está pensando?

En los ascensores, presiona el botón de llamada y suena el timbre casi de inmediato. Las puertas deslizables se abren revelando a una joven pareja en un abrazo apasionado. Sorprendidos y avergonzados, se separan de un salto, mirando con aire de culpabilidad hacia todos lados excepto a nosotros.

Malik y yo subimos al ascensor. Luchando por mantener un rostro serio, miro hacia el suelo, sintiendo mis mejillas volverse rosadas, ¡Por Dios! me siento estúpido, soy un chico que se ruboriza cada 5 minutos, esto nunca antes me había pasado. Cuando fisgoneo a través de mis pestañas hacia Malik, observo una sonrisa en sus labios, pero es muy difícil de decir. La joven pareja no dice nada y viajamos hacia el primer piso en un silencio embarazoso. Ni siquiera tenemos un pretencioso hilo musical que nos distraiga.

Las puertas se abren y, para mi sorpresa, Malik toma mi mano, apretándola con sus largos y fríos dedos. Siento la corriente a través de mí y el latido de mi corazón se acelera. A medida que me ayuda a salir del ascensor, escuchamos la erupción de carcajadas reprimidas de la pareja detrás de nosotros. Malik sonríe.

—¿Qué es lo que tienen los ascensores? —murmura.

Cruzamos el amplio y animado vestíbulo del hotel hacia la entrada, pero Malik evita la puerta giratoria y me pregunto si se debe a que tendría que soltar mi mano.

Afuera, es un templado domingo de mayo. El sol brilla y el tráfico es ligero. Malik gira a la izquierda y camina hacia la esquina, donde nos detenemos a esperar a que cambie la luz del semáforo para peatones.

Todavía está sosteniendo mi mano. Estoy en la calle y Zayn Malik está tomando mi mano. Nadie ha tomado mi mano, y menos un hombre. Me siento mareado y con un hormigueo en todo el cuerpo. Intento sofocar la mueca ridícula que amenaza con dividir mi rostro en dos. Trata de ser genial, Niall, mi subconsciente me implora. Entonces, el hombrecito verde se enciende y comenzamos a caminar otra vez.

Caminamos cuatro cuadras antes de llegar al Café de Portland House, en donde Malik me suelta para mantener la puerta abierta para que pueda entrar.

—¿Por qué no eliges una mesa mientras voy a buscar las bebidas? ¿Qué le gustaría? —pregunta, amable como siempre.

—Voy a tomar... um, un té English Breakfast, con la bolsa afuera.

Levanta las cejas.

—¿No café?

—No estoy interesado en el café.

Sonríe.

—Está bien, bolsa de té. ¿Azúcar?

Por un momento, estoy sorprendido, pensando que es una palabra de cariño, pero afortunadamente, mi subconsciente se activa con los labios fruncidos. No, *beep*. ¿Tomas azúcar?

—No, gracias. —Miro hacia abajo a mis dedos cruzados.

—¿Algo para comer?

—No, gracias. —Niego con la cabeza y se dirige al mostrador.

Lo miro disimuladamente desde debajo de mis pestañas mientras se encuentra en la línea de espera para ser atendido. Podría mirarlo todo el día... es alto, de hombros anchos, delgados y la forma en que los pantalones cuelgan de su cadera... ¡Oh Dios! Pasa una o dos veces sus dedos largos y elegantes por su cabello seco, pero todavía desordenado. Hmm... Me gustaría hacer eso. El pensamiento viene espontáneamente a mi mente y mi rostro quema. Me muerdo el labio y miro abajo hacia mis manos otra vez, sin gustarme el curso de mis pensamientos rebeldes.

—¿Un penique por tus pensamientos? —Malik está de vuelta, sorprendiéndome.
Me pongo color carmesí. Sólo estaba pensando acerca de cómo pasaría mis dedos por tu cabello y me preguntaba si se sentiría suave al tacto. Niego con la cabeza.

Está cargando una bandeja, la cual coloca en la pequeña y redonda mesa de abedul. Me da una taza y un plato, un vaso de agua pequeño y una bandeja que lleva una solitaria bolsita de té etiquetada como Twinings English Breakfast… mi favorito. Él tiene un café que lleva una maravillosa imagen de hoja impresa en la leche. ¿Cómo lo hacen? Me pregunto sin decir nada.

También se compró un muffin de arándanos. Pone la bandeja a un lado, se sienta frente a mí y cruza sus largas piernas. Se le ve tan cómodo, tan a gusto con su cuerpo, lo envidio. Aquí estoy yo, todo torpe y descoordinado, apenas capaz de ir de A a B sin caer de bruces.

—¿Tus pensamientos? —pregunta.

—Éste es mi té favorito.

Mi voz es baja, entrecortada. Simplemente no puedo creer que esté sentado frente a Zayn Malik en una cafetería de Portland. Frunce el ceño. Sabe que estoy ocultando algo. Hago estallar la bolsita de té en la tetera y casi de inmediato la tomo de nuevo con mi cucharilla. Mientras pongo de nuevo la bolsita de té usada en la bandeja, él ladea la cabeza, mirándome con curiosidad.

—Me gusta el té negro y poco cargado —murmuro en tono de explicación.

—Ya veo. ¿Es tu novio?

—¿Quién?

—El fotógrafo. Liam Payne.

Me río, nervioso pero curioso. ¿Qué le daría esa impresión?

—No. Liam es un buen amigo mío, eso es todo. ¿Por qué pensaste que era mi novio?

—La forma en que le sonreíste y él a ti. —Sus ojos marrones sostienen mi mirada. Es tan desconcertante. Quiero mirar hacia otro lado, pero estoy atrapado… hechizado.

—Es más como familia —susurro.

Malik asiente con la cabeza ligeramente, al parecer satisfecho con mi respuesta y mira hacia su muffin de arándanos. Sus largos dedos retiran con habilidad el papel mientras lo miro fascinada.

—¿Quieres un poco? —me pregunta y esa sonrisa secreta y divertida está de regreso.

—No, gracias. —Frunzo el ceño y miro hacia mis manos de nuevo.

—Y la chico que conocí ayer en la tienda. ¿Es tu novio?

—No. Ashton es sólo una amigo. Te lo dije ayer. —Oh, esto se está poniendo tonto.

—¿Por qué me lo preguntas?

—Pareces nervioso alrededor de los hombres, y tu eres uno.

Mi.er.da, eso es personal. Sólo estoy nerviosa a tu alrededor, Malik.

—Te encuentro intimidante.

Me sonrojo hasta llegar a escarlata, pero mentalmente me doy palmaditas en la espalda por mi franqueza y vuelvo la mirada a mis manos otra vez. Puedo escucharlo inhalar fuertemente.

—Deberías encontrarme intimidante. —Asiente con la cabeza—. Eres muy honesto. Por favor, no bajes la mirada. Me gusta ver tu rostro.
Oh. Pongo la mirada en él y me da una sonrisa alentadora, pero irónica—. Me da una especie de idea de lo que podrías estar pensando. —Respira—. Eres un misterio, Joven Horan.

¿Misterioso? ¿Yo?

—No hay nada misterioso en mí.

—Creo que eres muy reservado —murmura.

¿Lo soy? Wow... ¿Cómo voy a manejar eso? Esto es desconcertante. ¿Yo, reservado? De ninguna manera.

—Excepto cuando te ruborizas, por supuesto, lo que sucede a menudo. Sólo desearía saber el por qué de tu rubor.

Lanza un pequeño trozo de muffin a su boca y comienza a masticarlo lentamente, sin despegar sus ojos de mí. Y por supuesto, como si fuera el momento justo, me ruborizo.

—¿Siempre haces ese tipo de observaciones personales?

—No me había dado cuenta que lo hacía. ¿Te he ofendido? —Sonaba sorprendido.

—No —contesto sinceramente.

—Bueno.

—Pero eres muy prepotente —contraataco tranquilamente.

Levanta sus cejas y, si no me equivoco, su cara se enrojece ligeramente también.

—Estoy acostumbrado a hacer las cosas a mi manera, Niall —murmura—. En todas las cosas.

—No lo dudo. ¿Por qué no me pediste que te llamara por tu nombre? —Estoy sorprendido por mi atrevimiento. ¿Por qué esta conversación se ha puesto tan seria?

No va de la manera que en que pensé que iba a ir. No puedo creer que esté sintiendo tanta antipatía hacia él. Es como si estuviera intentando ahuyentarlo.

—Las únicas personas que usan mi nombre son mi familia y unos pocos amigos íntimos. Es así como quiero que sea.

Oh. Él todavía no me ha dicho, llámame Zayn. Es un fanático del control, no hay ninguna otra explicación y una parte de mí está pensando que quizás habría sido mejor que Louis lo hubiera entrevistado. Dos fanáticos del control juntos. Un añadido es que el no es rubio —bueno, rubio oxigenado—, como todas las mujeres en su oficina. Pero es hermoso, me recuerda mi subconsciente. No me gusta la idea de Zayn y Louis juntos. Tomo un sorbo de mi té y Malik come otro pequeño trozo de su muffin.

—¿Eres hijo único? —pregunta.

Oh… cambio de tema.

—Sí.

—Háblame sobre tus padres.

¿Por qué quiere saber esto? Esto es tan aburrido.

—Mi madre vive en Georgia con su nuevo marido, Bob. Mi padrastro vive en Montesano.

—¿Y tu padre?

—Mi padre murió cuando yo era un bebé.

—Se podría decir eso.

Frunce el entrecejo.

—No me das mucha información, ¿verdad? —dice secamente, frotando su barbilla como si pensara profundamente.

—Tú tampoco.

—Lo siento —murmura y una fugaz mirada triste cruza su rostro.

—No lo recuerdo.

—¿Y tu madre volvió a casarse?

Resoplo.

—Tú me has interrogado ya una vez y yo trato de hacer algunas preguntas. —Me sonríe.

¡Mi.er.da! Él está recordando la entrevista vergonzosa. Una vez más, me mortifico. Durante los próximos años, lo sé, necesitaré terapia intensiva para no sentirme avergonzado cada vez que recuerde esa entrevista. Empiezo a balbucear sobre mi madre… cualquier cosa para bloquear ese recuerdo.

—Mi madre es maravillosa. Es una romántica incurable. Actualmente va por su cuarto marido.

Levanta sus cejas sorprendido.

—La echo de menos —continúo—. Ella tiene ahora a Bob. Y sólo espero que él pueda estar pendiente de ella y recoger sus pedacitos cuando sus planes no vayan como estaba previsto. —Sonrío con cariño. No he visto a mi madre desde hace mucho tiempo.

Zayn está mirándome fijamente, tomando sorbos de su café de vez en cuando. Realmente no debería mirar su boca. Esos labios… son inquietantes.

—¿Te llevas bien con tu padrastro?

—Por supuesto. Crecí con él. Es el único padre que conozco.

—¿Y cómo es él?

—¿Ray? Es… reservado.

—¿Eso es todo? —pregunta Malik, sorprendido.

Me encojo de hombros. ¿Qué espera este hombre? ¿La historia de mi vida?

—Reservado como su hijastro —sugiere Malik.

Me abstengo de poner mis ojos en blanco hacia él.

—Le gusta el fútbol, el fútbol europeo sobre todo, los bolos, pescar y hacer muebles. Es carpintero. Ex carpintero —suspiro.

—¿Viviste con él?

—Sí. Mi madre encontró a su tercer marido cuando yo tenía quince años. Y me quedé con Ray.

Frunce el entrecejo como si no entendiera.

—¿No quisiste ir a vivir con tu madre? —pregunta.

Me ruborizo. Esto realmente no es de su incumbencia.

—Su tercer marido vivía en Texas. Mi casa estaba en Montesano. Y… ya sabes, mi mamá estaba recién casada. —Me detengo.

Mamá nunca habla sobre su tercer marido. ¿Hacia dónde quiere ir Malik con esto? Esto no es de su incumbencia. Los dos podemos jugar a este juego.

—Háblame sobre tus padres —pregunto.

Él se encoge de hombros.

—Mi padre es abogado, mi madre es pediatra. Ellos viven en Seattle.

¡Ah…! él pertenece a una familia acomodada. Y me pregunto por la próspera pareja que adopta a tres niños, uno de ellos se convierte en un atractivo hombre que asume el control empresarial y lo conquista sin la ayuda de nadie. ¿Qué lo llevó a ser así? Sus padres deben de estar orgullosos.

—¿Qué hacen tus hermanos?

—Harry trabaja en construcción y mi hermana pequeña está en París, estudiando cocina bajo la supervisión de algún famoso chef francés.

Sus ojos se nublan con irritación. No quiere hablar de su familia o de sí mismo.

—He oído que París es encantador —murmuro. ¿Por qué no quiere hablar sobre su familia? ¿Porque es adoptado?

—Es bonito. ¿Has estado ahí? —pregunta, su irritación desaparece.

—Nunca he salido de Estados Unidos. —Así que ahora regresamos a las trivialidades. ¿Qué está escondiendo?

—¿Te gustaría ir?

—¿A París? —rechino. Esto me desconcierta, ¿quién no querría ir a París?—. Claro —admito—. Pero es Inglaterra lo que realmente me gustaría visitar.

Inclina su cabeza a un lado, recorriendo con su dedo índice su labio inferior… ¡Oh, Dios!

—¿Por qué?

Parpadeo rápidamente. Concéntrate, Horan.

—Está la casa de Shakespeare, Austen, las hermanas Brontë, Thomas Hardy. Me gustaría ver los lugares que inspiraron a esas personas para escribir eso maravillosos libros.

Toda esta charla sobre los clásicos literarios me recuerda que debería estar estudiando. Echo una ojeada a mi reloj.

—Será mejor que me vaya. Tengo que estudiar.

—¿Para tus exámenes?

—Sí. Comienzan el martes.

—¿Dónde está el automóvil de el Joven Tomlinson?

—En el estacionamiento del hotel.

—Te acompaño.

—Gracias por el té, señor Malik.

Sonríe divertido y percibo una enorme sonrisa secreta.


—Eres bienvenido, Niall. Es un placer. Ven —ordena y me tiende su mano.
La tomo, aturdido y lo sigo fuera de la cafetería.

Paseamos de vuelta al hotel y me gustaría decir que el silencio es afable. Él parece tranquilo al menos, seguro de sí mismo. En cuanto a mí, estoy intentando evaluar desesperadamente cómo ha ido nuestro café de la mañana. Me siento como si me hubiera entrevistado para un empleo, pero no estoy seguro de que sea eso.

—¿Desde cuando eres gay? —pregunta inesperadamente. ¿Como sabe que soy gay?.

—Hum...no lo se, desde los 17, creo...

Asiente con la cabeza. Estamos de regreso en la intersección, frente al hotel. Mi mente está dando vueltas. Qué pregunta tan extraña… Y soy consciente de que nuestro tiempo juntos es limitado. Eso es todo. Es así y lo he echado a perder por completo, lo sé. Quizás él tiene a alguien.


—¿Tienes novio? —digo bruscamente. ¡Santo cielo! ¿Acabo de decir eso en voz alta? Sus labios se curvan en una peculiar medio sonrisa y mira hacia abajo, hacia mí.

—No, Niall. No tengo novio —dice suavemente.


¡Oh…! ¿Qué significa? ¿Esta solo? O quizás es Heterosexual y tiene novia. Debe de haberme mentido en su entrevista. Y por un momento, creo que va a continuar con alguna explicación, alguna pista sobre esta criptica declaración, pero no lo hace. Tengo que irme. Tengo que intentar reordenar mis pensamientos. Tengo que alejarme de él. Camino hacia adelante y tropiezo, saliendo precipitadamente hacia el camino.


—¡CUIDADO, Niall! —grita Malik.

Me toma de la mano y lo hace con tanta fuerza que caigo contra él, justo cuando un ciclista pasa a toda velocidad yendo en la dirección incorrecta por la calle de sentido único y casi me atropella.

Todo pasa tan rápido, en un minuto estoy cayendo, al próximo estoy en sus brazos y él me está sosteniendo fuertemente contra su pecho. Inhalo su aroma limpio y vital. Él huele a ropa de lino recién lavada y a algún caro gel de baño. ¡Oh Dios, es embriagador! Inhalo profundamente.

—¿Estás bien? —susurra. Tiene un brazo a mí alrededor, estrechándome contra él, mientras los dedos de su otra mano trazan suavemente mi rostro, sondeando suavemente, examinándome. Su pulgar roza mi labio inferior y escucho cómo contiene la respiración. Está mirándome fijamente a los ojos y sostengo su mirada ansiosa, ardiente durante un momento o quizás sea por siempre… pero finalmente, su hermosa boca atrae mi atención.

¡Oh Dios! Y por primera vez en veintiún años, quiero ser besado. Quiero sentir su boca contra la mía.




Esto fue un mini maratón
LittleRabbit69
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50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]  - Página 2 Empty Re: 50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]

Mensaje por BlueyesN el Lun 10 Mar 2014, 9:29 pm

L.O A.M.E *-*
BlueyesN
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50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]  - Página 2 Empty Re: 50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]

Mensaje por LittleRabbit69 el Lun 10 Mar 2014, 9:32 pm



Último de hoy solo porque comentaron rápido

Capitulo 8:

Bésame, maldita sea! Le suplico, pero no me puedo mover. Estoy paralizado por una extraña y desconocida necesidad, completamente cautivado por él. Miro fijamente la exquisitamente esculpida boca de Zay Malik, hipnotizado y él me devuelve la mirada, sus ojos oscurecidos y entornados. Respira con más fuerza de lo habitual y yo he dejado de respirar por completo. Estoy en tus brazos. Bésame, por favor. Cierra los ojos, respira profundamente y me ofrece una breve señal de negación con la cabeza, como si respondiera a mi silenciosa petición. Cuando abre los ojos de nuevo, lo hace con algún nuevo propósito, una firme resolución.


—Niall, debes mantenerte lejos de mí. No soy el hombre adecuado para ti —susurra.

¿Qué? ¿A qué viene esto? Ciertamente debería ser yo quien decida eso. Le frunzo el ceño y niego con la cabeza.

—Respira, Niall, respira. Voy a ponerte de pie y a dejarte ir —dice en voz baja y me aleja con gentileza.


La adrenalina se ha disparado a través de mi cuerpo, ya sea por el fallido atropellamiento del ciclista o por la embriagadora proximidad de Zayn, dejándome ansioso y débil. ¡No! Grita mi mente cuando él se aleja, dejándome desamparado. Tiene sus manos sobre mis hombros, sosteniéndome con sus brazos extendidos, observando mis reacciones cuidadosamente. Y en lo único en lo que puedo pensar es en que quería ser besado, que lo hice malditamente obvio y él no lo hizo. No me quiere. Realmente no me quiere. He estropeado magníficamente el café de la mañana.

—Lo tengo —respiro, encontrando mi voz—. Gracias —murmuro, inundado de humillación. ¿Cómo pude haber malinterpretado tanto la situación entre nosotros? Tengo que alejarme de él.

—¿Por qué? —Frunce el ceño. Aún mantiene sus manos sobre mis hombros.

—Por salvarme —susurro.

—Ese idiota manejaba en sentido contrario. Me alegro de que estaba aquí. Me estremezco al pensar lo que te podría haber pasado. ¿Quieres venir y sentarte en el hotel por un momento?

Me libera, las manos a ambos lados de su cuerpo y estoy de pie frente a él sintiéndome como un gillipolas.

Con una sacudida, aclaro mi cabeza. Simplemente quiero irme. Todas mis vagas y no articuladas esperanzas han sido frustradas. No me quiere. ¿En qué estaba pensando? Me regaño. ¿Qué querría Zayn Malik contigo? Soy un torpe chico ignorante. Mi subconsciente se burla de mí. Envuelvo mis brazos a mí alrededor, me giro para hacerle frente a la calle y tomo nota con alivio de que el hombre verde ha aparecido. Rápidamente atravieso la calle, consciente de que Malik está detrás de mí. Fuera del Hotel, me volteo brevemente para hacerle frente pero no puedo mirarlo a los ojos.

—Gracias por el té y por hacer la sesión de fotos —murmuro.

—Niall… Yo… —Se detiene, y la angustia en su voz reclama mi atención, por lo que contra mi voluntad me encuentro mirándole detenidamente. Sus ojos marrones lucen sombríos cuando se pasa una mano por el cabello. Se ve contrariado, frustrado, sus expresiones son crudas. Todo su cuidadoso control se ha evaporado.

—¿Qué, Zayn? —espeto con irritación después que él dice… nada. Sólo quiero irme. Tengo que llevarme lejos mi frágil y herido orgullo y de alguna manera cuidar de él hasta que sane.

—Buena suerte con tus exámenes —murmura.

¿Eh? ¿Esta es la razón de por qué se ve tan desolado? ¿Esta es la gran despedida? ¿Simplemente desearme suerte en mis exámenes?

—Gracias. —No puedo ocultar el sarcasmo en mi voz—. Adiós, Señor Malik.

Me vuelvo sobre mis talones, vagamente sorprendido porque no tropiezo y sin darle un segundo vistazo, desaparezco por la vereda hacia el estacionamiento subterráneo.

Una vez bajo el oscuro, frío concreto del estacionamiento con sus sombrías luces fluorescentes, me apoyo contra la pared y pongo la cabeza en mis manos. ¿En qué estaba pensando? Espontáneas e indeseadas lágrimas llenan mis ojos. ¿Por qué estoy llorando? Me hundo en el suelo, enojado conmigo misma por esta reacción de quinceañera sin sentido. Doblando mis rodillas, me doblo sobre mí mismo. Quiero hacerme tan pequeño como sea posible. Quizás así este absurdo dolor sea menor mientras más pequeño me vuelva. Colocando la cabeza sobre mis rodillas, dejo que las irracionales lágrimas caigan sin restricciones. Lloro por la pérdida de algo que nunca tuve. Qué ridículo. Estar en duelo por algo que nunca fue… mis frustrados sueños, esperanzas y mis deterioradas expectativas.


Nunca había recibido un rechazo. De acuerdo… sí era uno de los últimos en ser escogido para el baloncesto o el voleibol, pero entendía eso: correr y hacer algo más mismo tiempo, como hacer rebotar o lanzar una pelota, no es lo mío. Soy realmente pasivo en cualquier tipo de deporte.


Aunque románticamente, nunca me he puesto a mí mismo en esa posición, jamás. Una vida de inseguridad: soy demasiado pálido, demasiado flacucho, demasiado desaliñado, descoordinado y una larga lista de defectos que continúa. He sido siempre el primero en rechazar a cualquiera que pudiera ser considerado como un admirador. Había un chico en mi clase de química que me gustaba, pero nunca nadie ha despertado mi interés, nadie excepto Zayn maldito Malik. Quizá debería ser más amable con gente a la que le gusto, como Liam Payne o Ashton Clayton, esto ultimo no debería considerarlo, el no me atrae en lo absoluto. A demás estoy seguro que ninguno de ellos ha sido encontrado sollozando a solas en lugares oscuros. Quizás todo lo que necesito es un buen llanto.


¡Detente! ¡Detente ahora! Mi subconsciente está gritándome metafóricamente, de brazos cruzados, apoyándose en una pierna y golpeando con su pie en señal de frustración. Sube al auto, ve a casa y continúa con tus estudios. Olvídate de él… ¡Ahora! Y detén toda esta mi.er.da de regodearte en la autocompasión.

Inhalo profundamente, me estabilizo y me levanto. Espabílate Horan. Mientras me dirijo al automóvil de Louis seco las lágrimas de mi rostro. No pensaré en él de nuevo. Puedo lidiar con este incidente como si fuera sólo una experiencia más y concentrarme en mis examenes.

[•••]

Louis está sentado en la mesa del comedor con su computadora portátil cuando llego. Su sonrisa de bienvenida se desvanece en cuanto me ve.

—Ni, ¿qué va mal?

Ay no… no el Interrogatorio Louis Tomlinson . Niego con la cabeza, imitando su estilo de “ríndete ahora”, pero bien podría estar lidiando con un ciego sordomudo. Aun así, en verdad necesitaba un abrazo de mi ruloso.

—Has estado llorando. —El tenía un don excepcional para señalar los malditos hechos obvios algunas veces—. ¿Qué te hizo ese cabrón? —gruñe y su rostro… Jesús, da miedo.

—Nada Boo. —En realidad ese el problema. El pensamiento trae una sonrisa irónica a mi rostro.

—Entonces, ¿por qué has estado llorando? Tú nunca lloras —dice, su voz suavizándose. Se pone de pie, sus ojos verdes rebosantes de preocupación. Pone sus brazos a mí alrededor y me abraza. Necesito decirle algo para hacerlo retroceder.

—Estuve a punto de ser golpeado por un ciclista. —Es lo mejor que puedo hacer, pero lo distrae momentáneamente de… él.

—Por Dios, Ni, ¿Estás bien? ¿Te lastimaste? —Me sostiene con el brazo extendido y me mira rapidamente.

—No. Zayn me salvó —susurro—, pero estaba muy conmocionado. Sabes que ese tipo de experiencias no son lo mio.

—No me sorprende. ¿Cómo estuvo el café? Sé que lo odias.

—Tomé un té. Estuvo bien, nada que reportar en realidad. No sé por qué me lo pidió.

—Le gustas Niall. —Deja caer sus brazos.

—Ya no. No voy a volver a verlo. —Sí, de hecho consigo hacerlo sonar como que no me importa.

—¿De veras?

****. Está intrigado. Me dirijo a la cocina para que no pueda ver mi rostro.

—Sí… él está un poco fuera de mi liga Louis —digo tan secamente como puedo.

—¿Qué quieres decir?

—Ay Louis, es obvio. —Me doy media vuelta y lo enfrento cuando se detiene en el umbral de la cocina.

—No lo es para mí —dice—. De acuerdo, tiene más dinero que tú, pero entonces ¡también tiene más dinero que la mayoría de las personas en América!

—Louis él es… —Me encojo de hombros.

—¡Niall! Por el amor de Dios, ¿Cuántas veces debo decírtelo? Eres absolutamente divino —me interrumpe. Ay no. Va comenzar con eso de nuevo.

—Louis, por favor. Tengo que estudiar —lo interrumpo. El frunce el ceño.

—¿Quieres ver el artículo? Ya está terminado. Liam tomó algunas fotos realmente buenas.

¿Necesito un recordatorio visual del hermoso Zayn no-te-quiero Malik?

—Claro. —Conjuro una sonrisa en mi rostro y camino hasta el portátil. Y allí está él, mirándome en blanco y negro, mirándome y encontrándome carente de algo.
Pretendo leer el artículo, todo el tiempo encontrando su mirada marron, buscando en la fotografía alguna pista que me diga por qué no es el hombre adecuado para mí, según sus propias palabras.

Y de pronto, salta a la vista. Es demasiado gloriosamente bien parecido. Somos polos opuestos y de dos mundos muy diferentes. Tengo una visión de mí mismo como Ícaro volando demasiado cerca del sol, ardiendo y estrellándome como resultado. Sus palabras cobran sentido. No es adecuado para mí. Esto es lo que quería decir y hace que su rechazo sea más fácil de aceptar… casi. Puedo vivir con esto. Lo comprendo.

—Muy buen trabajo, Boo. —Me las arreglo para decir—. Voy a estudiar. —No voy a pensar en él de nuevo por ahora, me comprometo conmigo mismo y abriendo mis apuntes, comienzo a leer.

Es sólo cuando estoy acostado, intentando dormir, que le permito a mis pensamientos ir a la deriva, regresando a mi extraña mañana. Sigo volviendo a lo de “no suelo salir con nadie” y me enfado por haberla recordado antes, cuando estaba en sus brazos suplicándole mentalmente con cada fibra de mi ser que me besara. Lo había dicho allí y antes. No me quería como novio. Me pongo de costado. Ociosamente, me pregunto si tal vez es célibe. Cierro los ojos y comienzo a dejarme ir. Quizás se reserva para alguien especial. Bueno, no para ti, mi subconsciente soñoliento me da un golpe final antes de liberarse dentro de mis sueños.

Y esa noche, sueño con ojos marrones, diferentes formas de hojas verdes en leche, corro a través de lugares oscuros con espectrales luces fluorescentes y no sé si corro hacia o estoy escapando de algo… simplemente no está claro.



Bajo mi lápiz. Terminado. Mi examen final está terminado. Siento la sonrisa del gato Risón extenderse en mi rostro. Probablemente es la primera vez que he sonreído en toda la semana. Es viernes y celebraremos esta noche, celebrar de verdad. ¡Incluso podría emborracharme! Nunca antes he estado borracho. Le doy un vistazo a través de la sala de deportes a Louis, quién continúa garabateando furiosamente, a cinco minutos para terminar. Esto es todo, el final de mi carrera académica. Nunca tendré que volver a sentarme entre filas de ansiosos y aislados estudiantes. Dentro de mi cabeza estoy haciendo elegantes piruetas, sabiendo muy bien que ese es el único lugar en el que puedo hacerlas. Louis deja de escribir y baja su lápiz. Me mira y también veo su sonrisa de gato Risón.

Volvemos a nuestro apartamento en su Mercedes, negándonos a hablar de nuestro examen final. Louis está más preocupado por a que bar vamos a ir. Yo estoy ocupado intentando tomar mis llaves dentro del bolso.

—Ni, hay un paquete para ti. —Louis está de pie en los escalones de la puerta principal sosteniendo un paquete envuelto en papel marrón. Qué raro. No he encargado nada en Amazon recientemente.
Louis me da el paquete y toma mis llaves para abrir la puerta principal. Esta dirigido a el Joven Horan. Niall Horan. No hay un nombre o dirección de remitente. Quizás sea de mi mamá o de Ray.

—Probablemente es de mis padres.

—¡Ábrelo! —Louis está emocionado mientras se dirige a la cocina por nuestra “Champán para celebrar que nuestros exámenes han acabado”

Abro el paquete y dentro encuentro una cajita mediana de cuero que contiene tres libros aparentemente idénticos, cubiertos con tela vieja y una tarjeta blanca. Escrita por un solo lado, con tinta negra y una clara letra cursiva, dice lo siguiente:

¿Por qué no me dijiste que había peligro? ¿Por qué no me advertiste?
Algunas personas saben de lo que deben protegerse, ya que leen novelas en las que se les previene de estos trucos…


Reconozco la cita de Tess. Estoy aturdido por la ironía de que acabo de pasar tres horas escribiendo acerca de las novelas de Thomas Hardy en mi examen final. Quizás no es una ironía… quizás es deliberado. Inspecciono los libros de cerca, tres volúmenes de Tess of the d'Urbervilles. Abro el libro. Escrito en el frente con algún tipo de letra antigua, está lo siguiente: “Londres: Jack R. Osgood, McIlvaine & Co,1981.”

Santa mierda, son primeras ediciones. Deben valer una fortuna y sé de inmediato quién las envía. Louis está sobre mi hombro contemplando los libros. Toma la tarjeta.

—Primeras ediciones —susurro.

—No. —Los ojos de Louis se amplían con incredulidad—. ¿Malik?

Asiento con la cabeza.

—No puedo pensar en nadie más.

—¿Qué significa esta tarjeta?

—No tengo la menor idea. Creo que es una advertencia, honestamente, él continúa advirtiéndome. No tengo ni idea de por qué. No es como si estuviera golpeando a su puerta. —Frunzo el ceño.
—Sé que no quieres hablar de él, Ni, pero de verdad está afectándote. Con o sin advertencias.

No me he permitido obsesionarme con Zayn Malik durante esta última semana. Bueno… sus ojos marrones siguen frecuentando mis sueños y sé que me tomará una eternidad sacar la sensación de sus brazos a mi alrededor y su maravillosa fragancia de mi cerebro. ¿Por qué me envió esto? Me dijo que yo no era para él.

—He encontrado una primera edición de Tess en venta en Nueva York en 14.000 dólares. Pero la tuya se ve mucho mejor. Debe haber costado más. —Louis le está consultando a su buen amigo Google.

—Esta cita, Tess se la dice a su madre luego de que Alec D’Urberville le ha hecho una de sus maldades.

—Ya lo sé —reflexiona Louis—. ¿Qué intenta decir?

—No sé y no me importa. No puedo aceptar estos libros. Los enviaré de regreso con una cita igual de desconcertante de alguna parte oscura del libro.

—¿La cita en la que Angel Clare dice “vete a la mierda”? —pregunta Louis con el rostro completamente serio.

—Sí, esa cita. —Me río. Amo a Louis, es tan leal y solidario. Embalo los libros y los dejo en la mesa del comedor. Louis me da una copa de Champán.

—Por el término de los exámenes y nuestra nueva vida en Seattle. —Louis sonríe abiertamente.

—Por el término de los exámenes, nuestra nueva vida en Seattle y excelentes resultados. —Chocamos las copas y bebemos.

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Mensaje por Rebeca. el Lun 10 Mar 2014, 10:18 pm

Gracias por subir los caps.
Me fui a dormir feliz!
Espero subas mañana.
Buenas noches.

Rebe se despide.
Rebeca.
Rebeca.


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50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]  - Página 2 Empty Re: 50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]

Mensaje por LittleRabbit69 el Mar 11 Mar 2014, 8:29 am


Eh llegado , aquí un cap que las dejara con ganas de saber que pasara ... Chan chan chan chan !!


Capitulo 9:

El bar es ruidoso y agitado, lleno de próximos graduados dispuestos a emborracharse. Liam se une a nosotros. No se graduará hasta el otro año, pero está de ánimo festivo y nos apoya en nuestro espíritu de libertad recién encontrado comprándonos una jarra de margarita. Mientras termino mi quinta, sé que esto no es una buena idea, principalmente por el champán ingerido.

—¿Y ahora qué, Ni? —me grita Liam por encima del ruido.

—Louis y yo nos mudaremos a Seattle. Los padres de Louis le han comprado un departamento allí.
—Dios mío. Así es como vive la otra mitad. Pero estarás de vuelta para mi Show.

—Por supuesto, Leeyum, no me lo perdería por nada en el mundo. —Sonrío y él pone su brazo alrededor de mi cintura y me cerca a él.

—Significa mucho para mí que estés allí, Ni. —Susurra en mi oído—. ¿Otra margarita?

—Liam James Payne, ¿estás intentando emborracharme? Porque creo que está funcionando. —Suelto una risita—. Creo que será mejor que tome una cerveza. Iré a buscarnos una jarra.

—¡Más bebida! —grita Louis.

Louis tiene la constitución de un buey. Tiene su brazo envuelto alrededor de Levi, uno de nuestros compañeros de estudios en Inglés y su fotógrafo habitual en el periódico escolar. Ha renunciado a tomar fotos por la embriaguez que lo rodea. Sólo tiene ojos para Louis. Me libero del agarre de Liam y me levanto de la mesa. Woah. La cabeza me da vueltas. Tengo que afirmarme del respaldo de la silla. Los cocteles a base de tequila no son una buena idea.

Me dirijo hacia la barra y decido que debería visitar el baño mientras puedo mantenerme sobre mis propios pies. Bien pensado, Niall. Me tambaleo a través de la multitud. Por supuesto, hay una fila, pero al menos está tranquilo y fresco en el pasillo. Tomo mi teléfono celular para aliviar el aburrimiento de la fila de espera. Hmm… ¿A quién me llamé la última vez? ¿A Liam? Antes de ese hay un número que no reconozco. Ah, sí. Malik, creo que este es su número. Me río tontamente. No tengo idea de qué hora es, tal vez lo despierte. Quizás pueda decirme porque me envío esos libros y el mensaje críptico. Si quiere que permanezca alejado, debería dejarme en paz. Contengo una sonrisa de borracha y presiono el botón de re llamada. Responde al segundo timbre.

—¿Niall? —Está sorprendido de escucharme. Bueno, francamente, estoy sorprendido de llamarlo. Entonces, mi confundido cerebro registra… ¿Cómo sabe que soy yo?

—¿Por qué me enviaste los libros? —digo, formando mal las palabras.

—¿Niall, estás bien? Tu voz suena extraña. —Su voz está llena de preocupación.
—Yo no soy el extraño, tú lo eres —lo acuso. Ahí, eso se lo dice, mi valor alimentado por el alcohol.

—Ni, ¿has estado bebiendo?

—¿Qué te importa?

—¿Dónde estás?

—En un bar.

—¿Cuál Bar? —Suena exasperado.

—Un bar en Portland.

—¿Cómo regresarás a casa?

—Encontraré una manera. —Esta conversación no está saliendo como esperaba.

—¿En que bar estás?

—¿Por qué me enviaste los libros, Zayn?

—Niall, ¿dónde estás? Dímelo ahora. —Su tono es tan, pero tan dictatorial… como siempre controlador. Me lo imagino como un director de películas antiguas, usando pantalones de montar, sosteniendo un megáfono y una fusta. La imagen me hace reír a carcajadas.

—Eres tan dominante… —Suelto una risita tonta.

—Niall, ayúdame con esto, ¿en dónde diablos estás?

Zayn Malik está maldiciendo frente a mí. Me río de nuevo.

—Estoy en Portland… muy lejos de Seattle.

—¿En qué parte de Portland?

—Adiós, Zayn.

—¡Niall!

Cuelgo. ¡Já! Aunque no me dijo nada de los libros. Frunzo el ceño. Misión no cumplida. Estoy realmente borracho, mi cabeza nada incómoda mientras me arrastro en la fila. Bueno, el objetivo del ejercicio era emborracharse. Lo he logrado. Esto es algo como: una experiencia que probablemente no debe ser repetida. La fila se ha movido y ahora es mi turno.

Me quedo mirando fijamente el cartel en la parte posterior de la puerta del baño que exalta las virtudes del sexo seguro. Santa mierda, ¿acabo de llamar a Zayn Malik? Mierda. Mi teléfono suena y me hace saltar. Grito por la sorpresa.

—Hola —gimo tímidamente al teléfono. No había contado con esto.

—Iré a recogerte —dice y cuelga. Sólo Zayn Malik puede sonar tan tranquilo y amenazante al mismo tiempo.

Santa mierda. Subo mis pantalones. Mi corazón late con fuerza. ¿Vendrá a buscarme? Ay no, me voy a enfermar… no… estoy bien. Espera. Simplemente está jugando con mi cabeza. No le dije en dónde estaba. No puede encontrarme aquí. Además, le tomará horas llegar aquí desde Seattle. Y ya nos habremos ido para entonces. Me lavo las manos y compruebo mi rostro en el espejo. Me veo ruborizado y ligeramente desenfocado. Hmm… Tequila.

Espero en la barra por lo que se siente como una eternidad por la jarra de cerveza y finalmente vuelvo a la mesa.

—Te fuiste por mucho tiempo —me regaña Louis—. ¿Dónde estabas?

—En la fila para ir al baño.

Liam y Levi están teniendo un acalorado debate acerca de nuestro equipo local de beisbol. Liam hace una pausa en su sermón para servirnos cerveza a todos y tomo un largo trago.

—Louis, creo que será mejor que salga y tome un poco de aire fresco.

—Ni, eres verdaderamente un peso ligero.

—Serán cinco minutos.

Me abro paso a través de la multitud de nuevo. Estoy comenzando a sentir náuseas, mi cabeza está girando y no tengo mucho equilibrio. Menos equilibro de lo normal.

Tomar el aire fresco en el estacionamiento hace que me de cuenta de cuan borracho estoy. Mi visión se ha visto afectada y realmente estoy viendo doble todas las cosas, al igual que en las viejas repeticiones de los dibujos animados de Tom y Jerry. Creo que voy a vomitar. ¿Por qué me permití llegar a esto?

—Niall. —Liam ha llegado—. ¿Estás bien?

—Creo que simplemente he bebido un poquito demás. —Le sonrío débilmente.

—Yo también —murmura, sus claros ojos mirándome intensamente—. ¿Necesitas ayuda? —pregunta y da un paso hacia mí, poniendo sus brazos a mi alrededor.

—Liam estoy bien. Puedo hacerlo. —Intento empujarlo para alejarlo pero es un débil intento.

—Ni, por favor —susurra, y ahora me sostiene en sus brazos, acercándome más a él.

—Liam, ¿qué estás haciendo?

—Sabes que me gustas Niall, por favor. —Una de sus manos está en la parte baja de mi espalda apretándome contra él, la otra sobre mi mentón tirando de mi cabeza hacia atrás. Demonios… va a besarme.

—No Liam, detente, no. —Lo empujo, pero es una pared de músculo duro y no lo puedo mover. Su mano se ha deslizado hacia mi cabello y deja quieta mi cabeza.

—Por favor, Ni, cariño —susurra contra mis labios. Su aliento es suave y demasiado dulce, por las Margaritas y la cerveza. Con suavidad, traza un sendero de besos a lo largo de mi mandíbula hasta la comisura de mis labios. Me siento borracho, fuera de control y con pánico. La sensación es sofocante.

—Liam, no —suplico. No quiero esto. Eres mi amigo y creo que voy a vomitar.

—Creo que el joven dijo que no —dice tranquilamente una voz en la oscuridad.


¡Mierda! Zayn Malik, está aquí. ¿Cómo? Liam me libera.

—Malik—dice con sequedad. Miro ansiosamente a Zayn. Él está mirando a Liam con el ceño fruncido. Y está furioso. Mierda. Mi estomago da un tirón y me inclino hacia adelante, mi cuerpo ya no es capaz de tolerar el alcohol y vomito de forma espectacular sobre el suelo.

—Ugh, ¡Dios mío, Niall! —Liam salta hacia atrás, asqueado. Zayn me agarra del brazo, me ayuda a levantarme y me conduce con cuidado a un jardín ubicado en el borde del estacionamiento. Noto, con profunda gratitud, que está relativamente oscuro.

—Si vas a vomitar otra vez, hazlo aquí. Yo te sostendré. —Uno de sus brazos está alrededor de mis hombros. Trato de alejarlo pero vomito de nuevo… y otra vez. Oh, mierda, ¿cuánto tiempo iba a durar esto? Aun cuando mi estómago está vacío y ya nada viene, horribles arcadas sacuden mi cuerpo. Prometo en silencio que jamás volveré a beber. Esto es simplemente demasiado horrible como para poder expresarlo en palabras. Finalmente, se detiene.

Mis manos descansan en la pared de ladrillo que bordea el pequeño jardín, apenas sosteniéndome: vomitar tanto es agotador. Malik retira sus manos y me ofrece un pañuelo. Sólo él tendría un pañuelo de lino recién lavado con las iniciales JTB grabadas en él. No sabía que todavía se podía comprar uno de estos. Vagamente, mientras me limpio la boca, me pregunto que significa la T. No me atrevo a mirarlo. Estoy abrumado por la vergüenza, disgustado conmigo mismo. Quiero que las azaleas del jardín me traguen y estar en cualquier parte menos aquí.


Liam continúa rondando la entrada del bar, vigilándonos. Gimo y pongo mi cabeza entre mis manos. Este tiene que ser simplemente el peor momento de mi vida. Mi cabeza sigue a la deriva mientras trato de recordar uno peor —sólo consigo recordar el rechazo de Zayn—y esto es mucho, mucho más terrible en términos de humillación. Me arriesgo a darle un vistazo. Me está mirando fijamente, su rostro íntegro, sin dejar traslucir nada. Me doy la vuelta y miro a Liam quien luce muy avergonzado y, al igual que yo, intimidado por Malik. Lo fulmino con la mirada. Tengo unas cuantas cosas que decirle a mi supuesto amigo. Ninguna de las cuales puedo repetir delante del Gerente General Zayn Malik. Niall, a quién engañas, acaba de verte vomitar sobre el suelo y la flora local. No hay forma de disfrazar que no sabes comportarte educadamente.

—Ehm... nos vemos adentro —murmura Liam, pero ambos lo ignoramos y él se escabulle dentro del edificio. Estoy solo con Malik.¿Qué debería decirle? Disculparme por la llamada telefónica.

—Lo siento —murmuro, mirando el pañuelo que estoy apretando furiosamente con los dedos. Es tan suave.

—¿Qué es lo que lamentas Niall?

Ah mierda, está exigiendo una explicación.

—La llamada telefónica principalmente, sentirme mal. Ah, la lista es interminable —murmuro, sintiendo como mi piel se sonrojaba. Por favor, por favor ¿puedo morir ahora?

—Todos hemos estado ahí, quizás no tan dramáticamente como tú —dice secamente—. Se trata de conocer tus propios límites, Niall. Quiero decir, estoy a favor de presionar hasta el límite, pero, de verdad, esto es demasiado. ¿Este tipo de comportamiento es un hábito en ti?

La cabeza me zumba por el exceso de alcohol y la irritación ¿Qué demonios tiene que ver esto con él? No lo invité aquí. Suena como un hombre de mediana edad regañándome como si fuera un niño descarriado. Una parte de mí quiere decirle que si quiero emborracharme cada noche como lo hice hoy, entonces es mi decisión y no tenía nada que ver con él, pero no soy lo suficientemente valiente. No ahora que he vomitado frente a él. ¿Por qué sigue aquí?

—No —digo apenado—.Nunca he estado borracho antes y ahora mismo no tengo deseos de volver a estarlo.

Simplemente no entiendo por qué está aquí. Comienzo a sentirme mareado. Él se da cuenta, me toma antes de que caiga y me alza en sus brazos, sosteniéndome contra su pecho como si fuera un niño pequeño.

—Vamos, te llevaré a casa —murmura.

—Tengo que decirle a Louis. —Buen Señor, estoy en sus brazos otra vez.

—Mi hermano puede decirle.

—¿Qué?

—Mi hermano, Harry, está hablando con el Joven Tomlinson.

—¿De veras? —No lo entiendo.

—Él estaba conmigo cuando llamaste.

—¿En Seattle? —Estoy confundido.

—No, me estoy hospedando en el Heathman,Rastreé tu teléfono celular Niall.

Oh, por supuesto que lo hizo. ¿Cómo es posible? ¿Es legal? Acosador, me susurra mi subconsciente a través de la nube de tequila que todavía flota en mi cerebro, pero de alguna manera, porque se trata de él, no me molesta.

—¿Tienes una chaqueta?

—Ehm… Sí. Zayn, por favor, tengo que decirle a Louis. Se preocupará.

Su boca se aprieta en una línea dura y suspira pesadamente.

—Si tienes que hacerlo...

Me pone de pie y, tomando mi mano, me conduce de nuevo dentro del bar. Me siento débil, todavía borracho, avergonzado, exhausto, mortificado y en algún extraño nivel, extremadamente emocionado. Él está tomado mi mano, un despliegue tan confuso de emociones. Necesitaré de al menos una semana para procesarlas todas.

Es ruidoso, está lleno de gente y la música ha comenzado, por lo que hay una gran multitud en la pista de baile. Louis no está en nuestra mesa y Liam ha desaparecido. Levi se ve perdido y desamparado estando solo.

—¿Dónde está Louis? —le grito a Levi por encima del ruido. Mi cabeza comienza a palpitar al ritmo del contrabajo.

—Bailando —grita Levi y puedo decir que está enfadado. Está mirando a Zayn suspicazmente.

Me pongo mi chaqueta negra. Estoy listo para irme una vez que haya visto a Louis.

—El está en la pista de baile. —Toco el brazo de Zayn, me inclino y le grito al oído, rozando su cabello con la nariz, oliendo su aroma limpio y fresco. Ay mi Dios. Todos esos sentimientos prohibidos y desconocidos que he intentado negar salen a la superficie y corren a través de mi agotado cuerpo. Me sonrojo y en algún lugar muy profundo, mis músculos se contraen deliciosamente.

Él pone los ojos en blanco, toma mi mano de nuevo y me guía hasta la barra. Es servido inmediatamente. No hay espera para el señor Controlador Malik, ¿todo le tiene que llegar tan fácilmente? No puedo escuchar lo que ordena. Me entrega un vaso enorme de agua helada.

—Bebe —me ordena.


Las luces se mueven dando vueltas al compás de la música arrojando extraños colores y sombras al bar y a sus clientes. Él alterna entre verde, azul, blanco y un rojo demoniaco. Me observa con atención. Tomo un sorbo tentativo.

—Bébelo todo —grita para hacerse oír por sobre la música.

Es tan autoritario. Se pasa una mano a través de su cabello rebelde. Se ve frustrado, enojado. ¿Cuál es su problema? Aparte de que un tonto niño ebrio lo llame en medio de la noche y él piense que debe rescatarlo. Y resulta ser que si debe salvarlo de su amigo demasiado amoroso. Y luego lo ve vomitando a sus pies. Ay, Ni… ¿Superarás esto alguna vez? Mi subconsciente está chasqueando la lengua y mirándome fijamente por encima de sus anteojos de media luna, figurativamente hablando, claro. Me balanceo un poco y él pone una mano en mi hombro para estabilizarme.

Hago lo que se me dice y me tomo el vaso entero. Me hace sentir mareado. Quitándome el vaso de las manos lo coloca en la barra. En medio del desenfoque, le doy un vistazo a lo que lleva puesto; una camisa blanca holgada de lino, pantalones ajustados, zapatillas converse negras y una chaqueta oscura a rayas. Su camisa está desabrochada en la parte superior y no veo una pizca de pelo. En mi actual estado mental, se ve delicioso.


Toma mi mano una vez más. Santo cielo, me lleva a la pista de baile. Mierda. Yo no bailo. Puede sentir mi resistencia y bajo las luces de colores, puedo ver su ligeramente sarcástica sonrisa divertida. Le da un tirón a mi mano y estoy de nuevo en sus brazos. Comienza a moverse, llevándome con él. Caramba, sabe bailar. Y no puedo creer que esté siguiéndolo paso a paso. Quizá sea porque estoy borracho y puedo seguir el ritmo. Me aprieta con fuerza contra él, su cuerpo contra el mío… Si no me apretara con tanta fuerza, estoy seguro de que me desmayaría a sus pies. En el fondo de mi mente, la advertencia que a menudo mi madre me recitaba resuena en mi cabeza: Nunca confíes en un hombre que sabe bailar.

Nos mueve a través de la multitud de bailarines hasta el otro lado de la pista de baile y llegamos junto a Harry y Louis, el hermano de Zayn. La música martillea con fuerza en mi cabeza. Se me corta la respiración. Louis está haciendo sus movimientos. Baila moviendo su trasero. Y el sólo lo hace cuando realmente le gusta alguien. Lo que significa que habrá tres de nosotros para el desayuno mañana temprano. ¡Louis!

Zayn se inclina y le grita a Harry en el oído. No puedo escuchar lo que dice. Harry es alto pero no mas que Louis, y de hombros mas delicados que los de mi amigo, pelo castaño y unos ojos perversamente brillantes. No puedo decir de qué color son debido al juego de brillantes luces intermitentes. Harry sonríe y tira de Louis a sus brazos, en donde el está más que feliz de estar… ¡Louis! Incluso en mi estado de ebriedad, me asombra. Acaba de conocerlo. El asiente con la cabeza a cualquier cosa que harry le esté diciendo, luego me sonríe y me dice adiós con la mano. Zayn nos saca de la pista de baile en un rápido tiempo doble.

Pero nunca llegué a hablar con el. ¿Está bien? Puedo ver donde terminarán las cosas para ellos dos. Tengo que hacer la charla del sexo seguro. En el fondo de mi mente, espero que lea uno de los carteles en la parte posterior de las puertas de los aseos.

Mis pensamientos se estrellan contra mi cerebro, luchando con la difusa sensación de embriaguez. Hace tanto calor aquí, es demasiado ruidoso, colorido, demasiado brillante. Mi cabeza comienza a ir a la deriva, ay no…y puedo sentir el suelo viniendo al encuentro de mi rostro o al menos así se siente. Lo último que oigo antes de desmayarme en los brazos de Zayn, es su discordante calificativo.

—Mierda.

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Mensaje por Rebeca. el Mar 11 Mar 2014, 6:11 pm

Ya va, ya va...
¿Louis y Harry? JAJAJAJA me encanto *U*
Gracias por subir.
Rebeca.
Rebeca.


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50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]  - Página 2 Empty Re: 50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]

Mensaje por LittleRabbit69 el Mar 11 Mar 2014, 6:17 pm

@Rebeca. escribió:Ya va, ya va...
¿Louis y Harry? JAJAJAJA me encanto *U*
Gracias por subir.

De nada 
Ahorita subo otro , porque no creo subir hasta el viernes 
Tal vez antes si me desocupo
LittleRabbit69
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Mensaje por LittleRabbit69 el Mar 11 Mar 2014, 7:52 pm



CAPITULO 10.

Todo está en silencio, con las luces apagadas. Estoy muy cómodo y calentito en esta cama. Qué bien… Abro los ojos, y por un momento me siento tranquilo y sereno, disfrutando del entorno, que no conozco. No tengo ni idea de dónde me encuentro. El cabezal de la cama tiene la forma de un sol enorme. Me resulta extrañamente familiar. La habitación es grande y está lujosamente decorada en tonos marrones, dorados y beis. La he visto antes. ¿Dónde? Mi ofuscado cerebro busca entre sus recuerdos recientes. ¡Maldita sea! Estoy en el hotel Heathman… en una suite. Estuve en una parecida a esta con Louis. Esta parece más grande. Oh, mierda. Estoy en la suite de Zayn Malik. ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Poco a poco empiezan a torturarme imágenes fragmentarias de la noche. La borrachera —oh, no, la borrachera—, la llamada —oh, no, la llamada—, la vomitera —oh, no, la vomitera—… Liam y después Zayn. Oh, no. Me muero de vergüenza. No recuerdo cómo he llegado aquí. Llevo puesta la camiseta y los boxers. Ni los vaqueros ni la chaqueta. Maldita sea.

Echo un vistazo a la mesita de noche. Hay un vaso de zumo de naranja y dos pastillas. Ibuprofeno. El obseso del control está en todo. Me incorporo en la cama y me tomo las pastillas. La verdad es que no me siento tan mal, seguramente mucho mejor de lo que me merezco. El zumo de naranja está riquísimo. Me quita la sed y me refresca.

Oigo unos golpes en la puerta. El corazón me da un brinco y no me sale la voz, pero aun así Zayn abre la puerta y entra.

Vaya, ha estado haciendo ejercicio. Lleva unos pantalones cortos de chándal negros que le caen ligeramente sobre las caderas y una camiseta gris de tirantes empapada de sudor, como su pelo. Zayn Malik ha sudado y tiene un montón de tatuajes por el pecho y los brazos. La idea me resulta extraña. Respiro profundamente y cierro los ojos. Me siento como un niño de dos años. Si cierro los ojos, no estoy.

—Buenos días, Niall. ¿Cómo te encuentras?

—Mejor de lo que merezco —murmuro.

Levanto la mirada hacia él. Deja una bolsa grande de una tienda de ropa en una silla y agarra ambos extremos de la toalla que lleva alrededor del cuello. Sus impenetrables ojos marrones me miran fijamente. No tengo ni idea de lo que está pensando, como siempre. Sabe esconder lo que piensa y lo que siente.

—¿Cómo he llegado hasta aquí? —le pregunto en voz baja, compungido.

Se sienta a un lado de la cama. Está tan cerca que podría tocarlo, podría olerlo. Madre mía… Sudor, gel y Zayn. Un cóctel embriagador, mucho mejor que el margarita, y ahora lo sé por experiencia.

—Después de que te desmayaras no quise poner en peligro la tapicería de piel de mi coche llevándote a tu casa, así que te traje aquí —me contesta sin inmutarse.

—¿Me metiste tú en la cama?

—Sí —me contesta impasible.

—¿Volví a vomitar? —le pregunto en voz más baja.

—No.

—¿Me quitaste la ropa? —susurro.

—Sí.

Me mira alzando una ceja y me pongo más rojo que nunca.

—¿Nosotros no…?

Lo digo susurrando, con la boca seca de vergüenza, pero no puedo terminar la frase. Me miro las manos.

—Niall, estabas casi en coma. La necrofilia no es lo mío. Me gusta que la gente esté consciente y sea receptiva —me contesta secamente.

—Lo siento mucho.

Sus labios esbozan una sonrisa burlona.

—Fue una noche muy divertida. Tardaré en olvidarla.

Yo también… Oh, está riéndose de mí, el muy… Yo no le pedí que viniera a buscarme. No entiendo por qué tengo que acabar sintiéndome el malo de la película.

—No tenías por qué seguirme la pista con algún artilugio a lo James Bond que estés desarrollando para vendérselo al mejor postor —digo bruscamente.

Me mira fijamente, sorprendido y, si no me equivoco, algo ofendido.

—En primer lugar, la tecnología para localizar móviles está disponible en Internet. En segundo lugar, mi empresa no invierte en ningún aparato de vigilancia, ni los fabrica. Y en tercer lugar, si no hubiera ido a buscarte, seguramente te habrías despertado en la cama del fotógrafo y, si no recuerdo mal, no estabas muy entusiasmado con sus métodos de cortejarte —me dice mordazmente.

¡Sus métodos de cortejarme! Levanto la mirada hacia Zayn, que me mira fijamente con ojos brillantes, ofendido. Intento morderme el labio, pero no consigo reprimir la risa.

—¿De qué crónica medieval te has escapado? Pareces un caballero andante.

Veo que se le pasa el enfado. Sus ojos se dulcifican, su expresión se vuelve más calida y en sus labios parece esbozarse una sonrisa.

—No lo creo, Niall. Un caballero oscuro, quizá —me dice con una sonrisa burlona, cabeceando—. ¿Cenaste ayer?

Su tono es acusador. Niego con la cabeza. ¿Qué gran pecado he cometido ahora? Se le tensa la mandíbula, pero su rostro sigue impasible.

—Tienes que comer. Por eso te pusiste tan mal. De verdad, es la primera norma cuando bebes.

Se pasa la mano por el pelo, pero ahora porque está muy nervioso.

—¿Vas a seguir riñéndome?

—¿Estoy riñéndote?

—Creo que sí.

—Tienes suerte de que solo te riña.

—¿Qué quieres decir?

—Bueno, si fueras mío, después del numerito que montaste ayer no podrías sentarte en una semana. No cenaste, te emborrachaste y te pusiste en peligro.

Cierra los ojos. Por un instante el terror se refleja en su rostro y se estremece. Cuando abre los ojos, me mira fijamente.

—No quiero ni pensar lo que podría haberte pasado.

Lo miro con expresión ceñuda. ¿Qué le pasa? ¿A él qué le importa? Si fuera suyo… Bueno, pues no lo soy. Aunque quizá me gustaría serlo. La idea se abre camino entre mi enfado por sus arrogantes palabras. Me ruborizo por culpa de mi caprichoso subconsciente, que da saltos de alegría solo de pensar que podría ser suyo.

—No me habría pasado nada. Estaba con Louis.

—¿Y el fotógrafo? —me pregunta bruscamente.

Mmm… Liam. En algún momento tendré que enfrentarme a él.

—Liam simplemente se pasó de la raya.

Me encojo de hombros.

—Bueno, la próxima vez que se pase de la raya quizá alguien debería enseñarle modales.

—Eres muy partidario de la disciplina —le digo entre dientes.

—Oh, Niall, no sabes cuánto.

Cierra un poco los ojos y se ríe perversamente. Me deja desarmado. De repente estoy confundido y enfadado, y al momento estoy contemplando su preciosa sonrisa. Woah… Estoy embelesado, porque no suele sonreír. Casi olvido lo que está diciéndome.

—Voy a ducharme. Si no prefieres ducharte tu primero…

Ladea la cabeza, todavía sonriendo. El corazón me late a toda prisa, y el bulbo raquídeo se niega a hacer las conexiones oportunas para que respire. Su sonrisa se hace más amplia. Se acerca a mí, se inclina y me pasa el pulgar por la mejilla y por el labio inferior.

—Respira, Niall —me susurra. Y luego se incorpora y se aparta—. En quince minutos traerán el desayuno. Tienes que estar muerto de hambre.

Se mete en el cuarto de baño y cierra la puerta.

Suelto el aire que he estado reteniendo. ¿Por qué es tan alucinantemente atractivo? Ahora mismo me metería en la ducha con él. Nunca había sentido algo así por nadie. Se me han disparado las hormonas. Me arde la piel por donde ha pasado su dedo, en la mejilla y el labio. Una incómoda y dolorosa sensación me hace retorcerme. No entiendo está reacción. Mmm… Deseo. Es deseo. Así se siente el deseo.

Me tumbo sobre las suaves almohadas de plumas con una erección. Si fueras mío… Ay, ¿qué estaría dispuesto a hacer para ser suyo? Es el único hombre que ha conseguido que sienta la sangre recorriendo mis venas. Pero también me pone de los nervios. Es difícil, complejo y poco claro. De pronto me rechaza, más tarde me manda libros que valen catorce mil dólares, y después me sigue la pista como un acosador. Y pese a todo, he pasado la noche en la suite de su hotel y me siento seguro. Protegido. Le preocupo lo suficiente para que venga a rescatarme de algo que equivocadamente creyó que era peligroso. Para nada es un caballero oscuro. Es un caballero blanco con armadura brillante, resplandeciente. Un héroe romántico. SirGawain o sir Lancelot.

Salgo de su cama y busco frenéticamente mis vaqueros. Se abre la puerta del cuarto de baño y aparece él, mojado y resplandeciente por la ducha, con una toalla alrededor de la cintura, y ahí estoy yo… en boxers, mirándolo boquiabierto y sintiéndome muy incómodo. Le sorprende verme levantado.

—Si estás buscando tus vaqueros, los he mandado a la lavandería —me dice con una mirada impenetrable—. Estaban salpicados de vómito.

—Ah.

Me pongo rojo. ¿Por qué demonios tiene siempre que pillarme descolocado?

—He mandado a Paul a comprar otros y otras Vans. Están en esa bolsa.

Ropa limpia. Un plus inesperado.

—Bueno… Voy a ducharme —musito—. Gracias.

¿Qué otra cosa puedo decir? Cojo la bolsa y entro corriendo en el cuarto de baño para alejarme de la perturbadora proximidad de Zayn desnudo.

El cuarto de baño está lleno de vapor. Me quito la ropa y me meto rápidamente en la ducha, impaciente por sentir el chorro de agua limpia sobre mi cuerpo. Levanto la cara hacia el anhelado torrente. Deseo a Zayn Malik. Lo deseo desesperadamente. Es sencillo. Por primera vez en mi vida quiero irme a la cama con un hombre. Quiero sentir sus manos y su boca en mi cuerpo.

Ha dicho que le gusta que la gente esté consciente. Entonces seguramente sí se acuesta con hombres y mujeres. Pero no ha intentado besarme, como Ashton y Liam. No lo entiendo. ¿Me desea? No quiso besarme la semana pasada. ¿Le resulto repulsivo? Pero estoy aquí, y me ha traído él. No entiendo a qué juega. ¿Qué piensa? Has dormido en su cama toda la noche y no te ha tocado, Ni. Saca tus conclusiones. Mi subconsciente asoma su fea e insidiosa cara. No le hago caso.

El agua caliente me relaja. Mmm… Podría quedarme debajo del chorro, en este cuarto de baño, para siempre. Cojo el gel, que huele a Zayn. Es un olor exquisito. Me froto todo el cuerpo imaginándome que es él quien lo hace, que él me frota este gel que huele de maravilla por todo el cuerpo, por los pectorales, por la barriga y por la entrepierna con sus manos de largos dedos. Madre mía. Se me dispara el corazón. Es una sensación muy… muy placentera.

Llaman a la puerta y doy un respingo.

—Ha llegado el desayuno.

—Va… Vale —tartamudeo arrancándome cruelmente de mi ensoñación erótica.

Acabo de tocarme, porque sé que sino está maldita erección no va a bajarse, salgo de la ducha y cojo dos toallas. Con una me seco el pelo y con la otra me seco a toda prisa obviando la placentera sensación de la toalla frotando mi piel hipersensible.

Abro la bolsa. Paul me ha comprado no solo unos vaqueros y unas Vans, sino también una camiseta azul cielo de cuadros, calcetines, y ropa interior. Madre mía. Boxers limpios… Y además son exactamente de mi talla. Pues claro. Me ruborizo pensando en el Rapado en una tienda de ropa interior comprándome esto. Me pregunto a qué otras cosas se dedica en sus horas de trabajo.

Me visto rápidamente. El resto de la ropa también me queda perfecta. Me seco el pelo con la toalla de nuevo e intento desesperadamente controlarlo, pero, como siempre, se niega a colaborar. Ha llegado la hora de enfrentarse al señor Turbador.

Me alivia encontrar la habitación vacía. Busco mi chaqueta, pero no está por aquí. Vuelvo a respirar hondo y voy a la sala de estar de la suite. Es enorme. Hay una lujosa zona para sentarse, llena de sofás y blandos cojines, una sofisticada mesita con una pila de grandes libros ilustrados, una zona de estudio con el último iMac y una enorme televisión de plasma en la pared. Zayn está sentado a la mesa del comedor, al otro extremo de la sala, leyendo el periódico. La estancia es más o menos del tamaño de una cancha de tenis. No es que juegue al tenis, pero he ido a ver jugar a Louis varias veces. ¡Louis!

—Mierda, Louis —digo con voz ronca.

Zayn alza los ojos hacia mí.

—Sabe que estás aquí y que sigues vivo. Le he mandado un mensaje a Harry —me dice con cierta sorna.

Oh, no. Recuerdo su ardiente baile de ayer, sacando partido a todos sus movimientos exclusivos para seducir al hermano de Zayn Malik, nada menos. ¿Qué va a pensar de que esté aquí? Nunca he pasado una noche fuera de casa. Está todavía con harry. Solo ha hecho algo así dos veces, y las dos me ha tocado aguantar el espantoso boxer del hombre araña. Va a pensar que también yo me he enrollado con Zayn.

Zayn me mira impaciente. Lleva una camisa blanca de lino con el cuello y los puños desabrochados.

—Siéntate —me ordena, señalando hacia la mesa.

Cruzo la sala y me siento frente a él, como me ha indicado. La mesa está llena de comida.

—No sabía lo que te gusta, así que he pedido un poco de todo.

Me dedica una sonrisa a modo de disculpa.

—Eres un despilfarrador —murmuro apabullado por la cantidad de platos, aunque tengo hambre.

—Lo soy —dice en tono culpable.

Opto por tortitas, sirope de arce, huevos revueltos y beicon. Zayn intenta ocultar una sonrisa mientras vuelve la mirada a su tortilla. La comida está deliciosa.

—¿Té? —me pregunta.

—Sí, por favor.

Me tiende una pequeña tetera llena de agua caliente, y en el platillo hay una bolsita de YORKSHIRE TEA. Vaya, se acuerda del té que me gusta.

—Tienes el pelo muy mojado —me regaña.

—No he encontrado el secador —susurro incómodo.

No lo he buscado.

Zayn aprieta los labios, pero no dice nada.

—Gracias por la ropa.

—Es un placer, Niall. Ese color te sienta muy bien.

Me ruborizo y me miro fijamente los dedos.

—¿Sabes? Deberías aprender a encajar los piropos —me dice en tono fustigador.

—Debería darte algo de dinero por la ropa.

Me mira como si estuviera ofendiéndolo. Sigo hablando.

—Ya me has regalado los libros, que no puedo aceptar, por supuesto. Pero la ropa… Por favor, déjame que te la pague —le digo intentando convencerlo con una sonrisa.

—Niall, puedo permitírmelo, créeme.

—No se trata de eso. ¿Por qué tendrías que comprarme esta ropa?

—Porque puedo.

Sus ojos despiden un destello malicioso.

—El hecho de que puedas no implica que debas —le respondo tranquilamente.

Me mira alzando una ceja, con ojos brillantes, y de repente me da la sensación de que estamos hablando de otra cosa, pero no sé de qué. Y eso me recuerda…

—¿Por qué me mandaste los libros, Zayn? —le pregunto en tono suave.

Deja los cubiertos y me mira fijamente, con una insondable emoción ardiendo en sus ojos. Maldita sea… Se me seca la boca.

—Bueno, cuando casi te atropelló el ciclista… y yo te sujetaba entre mis brazos y me mirabas diciéndome: <>… —Se calla un instante y se encoge de hombros—. Bueno, creí que te debía una disculpa y una advertencia. —Se pasa una mano por el pelo—. Niall, no soy un hombre de flores y corazones. No me interesan las historias de amor. Mis gustos son muy peculiares. Deberías mantenerte alejado de mí. —Cierra los ojos, como si se negara a aceptarlo—. Pero hay algo en ti que me impide apartarme. Supongo que ya lo habías imaginado.

De repente ya no siento hambre. ¡No puede apartarse de mí!

—Pues no te apartes —susurro.

Se queda boquiabierto y con los ojos como platos.

—No sabes lo que dices.

—Pues explícamelo.

Nos miramos fijamente. Ninguno de los dos toca la comida.

—Entonces sí que vas con hombres… —le digo.

Sus ojos brillan divertidos.

—Sí, Niall, voy con hombres. Pensé que te lo había dejado claro en la entrevista.

Hace una pausa para que asimile la información y de nuevo me ruborizo. Se ha vuelto a romper el filtro que separa mi cerebro de la boca. No puedo creerme que haya dicho algo así en voz alta.


—Pensé que tal vez te estabas burlando de mi...-susurro. El solo muestra sus enormes y brillantes dientes.

—¿Qué planes tienes para los próximos días? —me pregunta en tono suave.

—Hoy trabajo, a partir del mediodía. ¿Qué hora es? —exclamo asustado.

—Poco más de las diez. Tienes tiempo de sobra. ¿Y mañana?

Ha colocado los codos sobre la mesa y apoya la barbilla en sus largos y finos dedos.

—Louis y yo vamos a empezar a empaquetar. Nos mudamos a Seattle el próximo fin de semana, y yo trabajo en Clayton´s toda esta semana.

—¿Ya tenéis casa en Seattle?

—Sí.

—¿Dónde?

—No recuerdo la dirección. En el distrito de Pike Market.

—No está lejos de mi casa —dice sonriendo—. ¿Y en qué vas a trabajar en Seattle?

¿Dónde quiere ir a parar con todas estas preguntas? El santo inquisidor Zayn Malik es casi tan pesado como el santo inquisidor Louis Tomlinson

—He mandado solicitudes a varios sitios para hacer prácticas. Aún tienen que responderme.

—¿Y a mi empresa, como te comenté?

Me ruborizo… Pues claro que no.

—Bueno… no.

—¿Qué tiene de malo mi empresa?

—¿Tu empresa o tu <>? —le pregunto con una risa maliciosa.

—¿Está riéndose de mí, Joven Horan?

Ladea la cabeza y creo que parece divertido, pero es difícil saberlo. Me ruborizo y desvío la mirada hacia mi desayuno. No puedo mirarlo a los ojos cuando habla en ese tono.

—Me gustaría morder ese labio —susurra turbadoramente.

No soy consciente de que estoy mordiéndome el labio inferior. Tras un leve respingo, me quedo boquiabierto. Es lo más sexy que me han dicho nunca. El corazón me late a toda velocidad y creo que estoy jadeando. Dios mío, estoy temblando, totalmente perdido, y ni siquiera me ha tocado. Me remuevo en la silla y busco su impenetrable mirada.

—¿Por qué no lo haces? —le desafío en voz baja.

—Porque no voy a tocarte, Ni... no hasta que tenga tu consentimiento por escrito —me dice esbozando una sonrisa.

¿Qué?

—¿Qué quieres decir?

—Exactamente lo que he dicho.

Suspira y mueve la cabeza, divertido pero también impaciente.

—Tengo que mostrártelo, Niall. ¿A qué hora sales del trabajo esta tarde?

—A las ocho.

—Bien, podríamos ir a cenar a mi casa de Seattle esta noche o el sábado que viene, y te lo explicaría. Tú decides.

—¿Por qué no puedes decírmelo ahora?

—Porque estoy disfrutando de mi desayuno y de tu compañía. Cuando lo sepas, seguramente no querrás volver a verme.

¿Qué significa todo esto? ¿Trafica con niños de algún recóndito rincón del mundo para prostituirlos? ¿Forma parte de alguna peligrosa banda criminal mafiosa? Eso explicaría por qué es tan rico. ¿Es profundamente religioso? ¿Es impotente? Seguro que no… Podría demostrármelo ahora mismo. Me incomodo pensando en todas las posibilidades. Esto no me lleva a ninguna parte. Me gustaría resolver el enigma de Zayn Malik cuanto antes. Si eso implica que su secreto es tan grave que no voy a querer volver a saber nada de él, entonces, la verdad, será todo un alivio. ¡No te engañes!, me grita mi subconsciente. Tendrá que ser algo muy malo para que salgas corriendo.

—Esta noche.

Levanta una ceja.

—Como Eva, quieres probar cuanto antes el fruto del árbol de la ciencia.

Suelta una risa maliciosa.

—¿Está riéndose de mí, señor Malik? —le pregunto en tono suave.

Pedante gilipollas.

Me mira entornando los ojos y saca su iPhone. Pulsa un número.

—Paul, voy a necesitar el Charlie Tango.

¡Charlie Tango! ¿Quién es ese?

—Desde Portland a… digamos las ocho y media… No, se queda en el Escala… Toda la noche.

¡Toda la noche!

—Sí. Hasta mañana por la mañana. Pilotaré de Portland a Seattle.

¿Pilotará?

—Piloto disponible desde las diez y media.

Deja el teléfono en la mesa. Ni por favor, ni gracias.

—¿La gente siempre hace lo que les dices?

—Suelen hacerlo si no quieren perder su trabajo —me contesta inexpresivo.

—¿Y si no trabajan para ti?

—Bueno, puedo ser muy convincente, Niall. Deberías terminarte el desayuno. Luego te llevaré a casa. Pasaré a buscarte por Clayton´s a las ocho, cuando salgas. Volaremos a Seattle.

Parpadeo.

—¿Volaremos?

—Sí. Tengo un helicóptero.

Lo miro boquiabierto. Segunda cita con el misterioso Zayn Malik. De un café a un paseo en helicóptero. Woah.

—¿Iremos a Seattle en helicóptero?

—Sí.

—¿Por qué?

Sonríe perversamente.

—Porque puedo. Termínate el desayuno.

¿Cómo voy a comer ahora? Voy a ir en Seattle en helicóptero con Zayn Malik. Y quiere morderme el labio… Me estremezco al pensarlo.

—Come —me dice bruscamente—. Niall, no soporto tirar la comida… Come.

—No puedo comerme todo esto —digo mirando lo que queda en la mesa.

—Cómete lo que hay en tu plato. Si ayer hubieras comido como es debido, no estarías aquí y yo no tendría que mostrar mis cartas tan pronto.

Aprieta los labios. Parece enfadado.

Frunzo el ceño y miro la comida que hay en mi plato. Estoy demasiado nervioso para comer, Zayn. ¿No lo entiendes?, explica mi subconsciente. Pero soy demasiado cobarde para decirlo en voz alta, sobre todo cuando parece tan hosco. Mmm… como un niño pequeño. La idea me parece divertida.

—¿Qué te hace tanta gracia? —me pregunta.

Como no me atrevo a decírselo, no levanto los ojos del plato. Mientras me como el último trozo de tortita, alzo la mirada. Me observa con ojos escrutadores.

—Buen chico —me dice—. Te llevaré a casa en cuanto te hayas secado el pelo. No quiero que te pongas enfermo.

Sus palabras tienen algo de promesa implícita. ¿Qué quiere decir? Me levanto de la mesa. Por un segundo me pregunto si debería pedirle permiso, pero descarto la idea. Me parece que sentaría un precedente peligroso. Me dirijo a su habitación, pero una idea me detiene.

—¿Dónde has dormido?

Me giro para mirarlo. Está todavía sentado a la mesa del comedor. No veo mantas ni sábanas por la sala. Quizá las haya recogido ya.

—En mi cama —me responde, de nuevo con mirada impasible.

—Oh.

—Sí, para mí también ha sido toda una novedad —me dice sonriendo.

—Dormir con un alguien… sin sexo.

Sí, digo <>. Y me ruborizo, por supuesto.

—No —me contesta moviendo la cabeza y frunciendo el ceño, como si acabara de recordar algo desagradable—. Sencillamente dormir con alguien.

Coge el periódico y sigue leyendo.

¿Qué narices significa eso? ¿Nunca ha dormido con alguien? ¿Es virgen? Lo dudo, la verdad. Me quedo mirándolo sin terminar de creérmelo. Es la persona más enigmática que he conocido nunca. Caigo en la cuenta de que he dormido con Zayn Malik y me daría de cabezazos contra la pared. ¿Cuánto habría dado por estar consciente y verlo dormir? Verlo vulnerable. Me cuesta imaginarlo. Bueno, se supone que lo descubriré todo esta misma noche.

Ya en el dormitorio, busco en una cómoda y encuentro el secador. Me seco el pelo dándole forma con los dedos. Cuando he terminado, voy al cuarto de baño. Quiero cepillarme los dientes. Veo el cepillo de Zayn. Sería como metérmelo a él en la boca. Mmm… Miro rápidamente hacia la puerta, sintiéndome culpable, y toco las cerdas del cepillo. Están húmedas. Debe de haberlo utilizado ya. Lo cojo a toda prisa, extiendo pasta de dientes y los cepillo en un santiamén. Me siento como un chico malo. Resulta muy emocionante.

Recojo la camiseta y los bóxers de ayer, los meto en la bolsa que ha traído Paul y vuelvo a la sala de estar a buscar la chaqueta. Zayn me observa con expresión impenetrable mientras me la pongo. Noto cómo sus ojos me siguen mientras me siento a esperar que termine. Está hablando con alguien por su iPhone.

—¿Quieren dos?... ¿Cuánto van a costar?... Bien, ¿y qué medidas de seguridad tenemos allí?... ¿Irán por Suez?... ¿Ben Sudan es seguro?... ¿Y cuándo llegan a Darfur?... De acuerdo, adelante. Mantenme informado de cómo van las cosas.

Cuelga.

—¿Estás listo? —me pregunta.

Asiento. Me pregunto de qué iba la conversación. Se pone una americana azul marino de raya diplomática, coge las llaves del coche y se dirige a la puerta.

Tiene un aspecto elegante, aunque informal.

Me quedo mirándole un segundo más de la cuenta. Y pensando que he dormido con él esta noche, y que, pese a los tequilas y las vomiteras, sigue aquí. No solo eso, sino que además quiere llevarme a Seattle. ¿Por qué a mí? No lo entiendo. Cruzo la puerta recordando sus palabras. Bueno, el sentimiento es mutuo, señor Malik, y quiero descubrir cuál es tu secreto.

Recorremos el pasillo en silencio hasta el ascensor. Mientras esperamos, levanto un instante la cabeza hacia él, que está mirándome de reojo. Sonrío y él frunce los labios.

Llega el ascensor y entramos. Estamos solos. De pronto, por alguna inexplicable razón, probablemente por estar tan cerca en un lugar tan reducido, la atmósfera entre nosotros cambia y se carga de electricidad y excitante anticipación. Se me acelera la respiración y el corazón me late a toda prisa. Gira un poco la cara hacia mí con ojos totalmente impenetrables. Me muerdo el labio.

—A la mierda el papeleo —brama.

Se abalanza sobre mí y me empuja contra la pared del ascensor. Antes de que me dé cuenta, me sujeta las dos muñecas con una mano, me las levanta por encima de la cabeza y me inmoviliza contra la pared con las caderas. Madre mía. Con la otra mano me agarra del pelo, tira hacia abajo para levantarme la cara y pega sus labios a los míos. Casi me hace daño. Gimo, lo que le permite aprovechar la ocasión para meterme la lengua y recorrerme la boca con experta pericia. Nunca me han besado así. Mi lengua acaricia tímidamente la suya y se une a ella en una lenta y erótica danza de roces y sensaciones, de sacudidas y empujes. Levanta la mano y me agarra la mandíbula para que no mueva la cara. Estoy indefenso, con las manos unidas por encima de la cabeza, la cara sujeta y sus caderas inmovilizándome. Siento su erección contra mi vientre. Dios mío… Me desea. Zayn Malik, el dios griego, me desea, y yo los deseo a él, aquí… ahora, en el ascensor.

—Eres tan… tan… dulce —murmura entrecortadamente.

El ascensor se detiene, se abre la puerta, y en un abrir y cerrar de ojos me suelta y se aparta de mí.

Tres hombres trajeados nos miran y entran sonriéndose. Me late el corazón a toda prisa. Me siento como si hubiera subido corriendo por una gran pendiente. Quiero inclinarme y sujetarme las rodillas, pero sería demasiado obvio.

Lo miro. Parece absolutamente tranquilo, como si hubiera estado haciendo el crucigrama del Seattle Times. Qué injusto. ¿No le afecta lo más mínimo mi presencia? Me mira de reojo y deja escapar un ligero suspiro. Vale, le afecta, y el pequeño dios que llevo dentro menea las caderas de atrás a delante para celebrar la victoria. Los hombres de negocios se bajan en la primera planta. Solo nos queda una.

—Te has lavado los dientes —me dice mirándome fijamente.

—He utilizado tu cepillo.

Sus labios esbozan una media sonrisa.

—Ay, Niall Horan, ¿qué voy a hacer contigo?

Las puertas se abren en la planta baja, me coge de la mano y tira de mí.

—¿Qué tendrán los ascensores? —murmura para sí mismo cruzando el vestíbulo a grandes zancadas.

Lucho por mantener su paso, porque todo mi raciocinio se ha quedado desparramado por el suelo y las paredes del ascensor número 3 del hotel Heathman.

LittleRabbit69
LittleRabbit69


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Mensaje por Rebeca. el Mar 11 Mar 2014, 8:01 pm

JAJAJAJAJAJAJAJA lo beso xD
Me encanto *----*
Fue como ¡Boom! xD
Ahorita mismo estoy escuchando Midnight memories y bueno... xD
Gracias por subir y no te preocupes, puedo esperar hasta el viernes.

Rebe se despide.
Rebeca.
Rebeca.


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50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]  - Página 2 Empty Re: 50 SOMBRAS DE MALIK [ZIALL]

Mensaje por Miracle. el Mar 11 Mar 2014, 9:48 pm

Holaaa conejito padre :3
Sólo comento para que seoas que si estoy leyendo la nove, lo que pasa es que no eh terminado de leer hasta donde vas xd
Bueno eso, bye! :bye:
Xx
Ash
Miracle.
Miracle.


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Mensaje por BlueyesN el Mar 11 Mar 2014, 9:53 pm

He muerto*-* siguela
BlueyesN
BlueyesN


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Mensaje por LittleRabbit69 el Sáb 15 Mar 2014, 10:57 pm



CAPITULO 11.

Zayn abre la puerta del copiloto del Audi 4 x 4 negro y subo. Menudo cochazo. No ha mencionado el arrebato pasional del ascensor. ¿Debería decir algo yo? ¿Deberíamos comentarlo o fingir que no ha pasado nada? Apenas parece real, mi primer beso con forcejeo. A medida que avanzan los minutos, le asigno un carácter mítico, como una leyenda del rey Arturo o de la Atlántida. No ha sucedido, nunca ha existido. Quizá me lo he imaginado. No. Me toco los labios, hinchados por el beso. Sin la menor duda ha sucedido. Soy otro chico. Deseo a este hombre desesperadamente, y él me ha deseado a mí.

Lo miro. Zayn está como siempre, correcto y ligeramente distante.

No entiendo nada.

Arranca el motor y abandona su plaza de parking. Enciende el equipo de música. El dulce y mágico sonido de dos mujeres cantando invade el coche. Woah… Mis sentidos están alborotados, así que me afecta el doble. Los escalofríos me recorren la columna vertebral. Zayn conduce de forma tranquila y confiada hacia la Southwest Park Avenue.

—¿Qué es lo que suena?

—Es el «Dúo de las flores» de Delibes, de la ópera Lakmé. ¿Te gusta?

—Zayn, es precioso.

—Sí, ¿verdad?

Sonríe y me lanza una rápida mirada. Y por un momento parece de su edad, joven, despreocupado y guapo hasta perder el sentido. ¿Es esta la clave para acceder a él? ¿La música? Escucho las voces angelicales, sugerentes y seductoras.

—¿Puedes volver a ponerlo?

—Claro.

Zayn pulsa un botón, y la música vuelve a acariciarme. Invade mis sentidos de forma lenta, suave y dulce.

—¿Te gusta la música clásica? —le pregunto intentando hacer una incursión en sus gustos personales.

—Mis gustos son eclécticos, Niall. De Thomas Tallis a Kings of Leon. Depende de mi estado de ánimo. ¿Y los tuyos?

—Los míos también. Aunque no conozco a Thomas Tallis.

Se gira, me mira un instante y vuelve a fijar los ojos en la carretera.

—Algún día te tocaré algo de él. Es un compositor británico del siglo XVI. Música coral eclesiástica de la época de los Tudor. —Me sonríe—. Suena muy esotérico, lo sé, pero es mágica.

Pulsa un botón y empiezan a sonar Kings of Leon. A estos los conozco. «Sex on Fire.» Muy oportuno. De pronto el sonido de un teléfono móvil interrumpe la música. Zayn pulsa un botón del volante.

—Malik —contesta bruscamente.

—Señor Malik, soy Welch. Tengo la información que pidió.

Una voz áspera e incorpórea que llega por los altavoces.

—Bien. Mándemela por e-mail. ¿Algo más?

—Nada más, señor.

Pulsa el botón, la llamada se corta y vuelve a sonar la música. Ni adiós ni gracias. Me alegro mucho de no haberme planteado la posibilidad de trabajar para él. Me estremezco solo de pensarlo. Es demasiado controlador y frío con sus empleados. El teléfono vuelve a interrumpir la música.

—Malik.

—Le han mandado por e-mail el acuerdo de confidencialidad, señor Malik.

Es una voz de mujer.

—Bien. Eso es todo, Andrea.

—Que tenga un buen día, señor.

Zayn cuelga pulsando el botón del volante. La música apenas ha empezado a sonar cuando vuelve a sonar el teléfono. ¿En esto consiste su vida, en contestar una y otra vez al teléfono?

—Malik —dice bruscamente.

—Hola, Zayn. ¿Has echado un polvo?

—Hola, Harry… Estoy con el manos libres, y no voy solo en el coche.

Zayn suspira.

—¿Quién va contigo?

Zayn mueve la cabeza.

—Niall Horan.

—¡Hola, Ni!

¡Ni!

—Hola, Hazza.

—Me han hablado mucho de ti —murmura Harry con voz ronca.

Zayn frunce el ceño.

—No te creas una palabra de lo que te cuente Louis —digo.

Harry se ríe.

—Estoy llevando a Niall a su casa —dice Zayn recalcando mi nombre completo—. ¿Quieres que te recoja?

—Claro.

—Hasta ahora.

Zayn cuelga y vuelve a sonar la música.

Casi hemos llegado a mi casa. No hemos tardado mucho.

—Niall...lo que ha pasado en el ascensor… no volverá a pasar. Bueno, a menos que sea premeditado —dice él.

Detiene el coche frente a mi casa. Me doy cuenta de pronto de que no me ha preguntado dónde vivo. Ya lo sabe. Claro que sabe dónde vivo, porque me envió los libros. ¿Cómo no iba a saberlo un acosador que sabe rastrear la localización de un móvil y que tiene un helicóptero?

¿Por qué no va a volver a besarme? Hago un gesto de disgusto al pensarlo. No lo entiendo. La verdad es que debería apellidarse Enigmático, no Malik. Sale del coche y lo rodea caminando con elegancia hasta mi puerta, que abre. Siempre es un perfecto caballero, excepto quizá en raros y preciosos momentos en los ascensores. Me ruborizo al recordar su boca pegada a la mía y se me pasa por la cabeza la idea de que yo no he podido tocarlo. Quería deslizar mis dedos por su pelo alborotado, pero no podía mover las manos. Me siento, en retrospectiva, frustrado.

—A mí me ha gustado lo que ha pasado en el ascensor —murmuro saliendo del coche.
No estoy seguro de si oigo un jadeo ahogado, pero decido hacer caso omiso y subo los escalones de la entrada.

Harry y Louis están sentados a la mesa. Los libros de catorce mil dólares no siguen allí, afortunadamente. Tengo planes para ellos. Louis muestra una sonrisa ridícula y poco habitual en el, y su cabello despeinado le da un aire muy sexy. Zayn me sigue hasta el comedor, y aunque Louis sonríe con cara de habérselo pasado en grande toda la noche, lo mira con desconfianza.

—Hola, Ni.

Se levanta para abrazarme y al momento se separa un poco y me mira de arriba abajo. Frunce el ceño y se gira hacia Zayn.

—Buenos días, Zayn —le dice en tono ligeramente hostil.

—Joven Tomlinson —le contesta en su envarado tono formal.

—Zayn, se llama Louis —refunfuña Harry.

—Louis.

Zayn asiente con educación y mira a Harry, que se ríe y se levanta para abrazarme él también.

—Hola, Ni.

Sonríe y sus ojos marrones brillan. Me cae bien al instante. Es obvio que no tiene nada que ver con Zayn, pero, claro, son hermanos adoptivos.

—Hola, Hazza.

Le sonrío y me doy cuenta de que estoy mordiéndome el labio.

—Harry, tenemos que irnos —dice Zayn en tono suave.

—Claro.

Se gira hacia Louis, lo abraza y le da un beso interminable.

Vaya… meteos en una habitación. Me miro los pies, incómodo. Levanto los ojos hacia Zayn, que está mirándome fijamente. Le sostengo la mirada. ¿Por qué no me besas así? Harry sigue besando a Louis, lo empuja hacia atrás y lo hace doblarse de forma teatral.

—Nos vemos luego, nene —le dice sonriente.

Louis se derrite. Nunca antes lo había visto derritiéndose así. Me vienen a la cabeza las palabras «hermoso» y «complaciente». Louis, complaciente. Harry debe de ser buenísimo. Zayn resopla y me mira con expresión impenetrable, aunque quizá le divierte un poco la situación. Me coge un mechón de pelo que se me ha salido del flequillo y me lo coloca. Se me corta la respiración e inclino la cabeza hacia sus dedos. Sus ojos se suavizan y me pasa el pulgar por el labio inferior. La sangre me quema las venas. Y al instante retira la mano.

—Nos vemos luego, nene —murmura.

No puedo evitar reírme, porque la frase no va con él. Pero aunque sé que está burlándose, aquellas palabras se quedan clavadas dentro de mí.

—Pasaré a buscarte a las ocho.

Se da media vuelta, abre la puerta de la calle y sale al porche. Harry lo sigue hasta el coche, pero se vuelve y le lanza otro beso a Louis. Siento una inesperada punzada de celos.

—¿Por fin? —me pregunta Louis con evidente curiosidad mientras los observamos subir al coche y alejarse.

—No —contesto bruscamente, con la esperanza de que eso impida que siga preguntándome.

Entramos en casa.

—Pero es evidente que tú sí —le digo.

No puedo disimular la envidia. Louis siempre se las arregla para cazar hombres. Es irresistible, guapo, sexy, divertido, atrevido… Todo lo contrario que yo. Pero la sonrisa con la que me contesta es contagiosa.

—Y he quedado con él esta noche.

Aplaude y da saltitos como un niño pequeño. No puede reprimir su entusiasmo y su alegría, y yo no puedo evitar alegrarme por el. Será interesante ver a Louis contento.

—Esta noche Zayn va a llevarme a Seattle.

—¿A Seattle?

—Sí.

—¿Y quizá allí…?
—Eso espero.

—Entonces te gusta, ¿no?

—Sí.

—¿Te gusta lo suficiente para…?

—Sí.

Alza las cejas.

—Woah. Por fin Niall Horan se enamora de un hombre, y es Zayn Malik, el guapo y sexy multimillonario.

—Claro, claro, es solo por el dinero.

Sonrío hasta que al final nos da un ataque de risa a los dos.

—¿Esa camiseta es nueva? —me pregunta.

Le cuento los poco excitantes detalles de mi noche.

—¿Te ha besado ya? —me pregunta mientras prepara un café.

Me ruborizo.

—Una vez.

—¡Una vez! —exclama.

Asiento bastante avergonzado.

—Es muy reservado.

Louis frunce el ceño.

—Qué raro.

—No creo que la palabra sea «raro», la verdad.

—Tenemos que asegurarnos de que esta noche estés irresistible —me dice muy decidido.

Oh, no… Ya veo que va a ser un tiempo perdido, humillante y doloroso.

—Tengo que estar en el trabajo dentro de una hora.

—Me bastará con ese ratito. Vamos.

Louis me coge de la mano y me lleva a su habitación.

Aunque en Clayton’s tenemos trabajo, las horas pasan muy lentas. Como estamos en plena temporada de verano, tengo que pasar dos horas reponiendo las estanterías después de haber cerrado la tienda. Es un trabajo mecánico que me deja tiempo para pensar. La verdad es que en todo el día no he podido hacerlo.

Siguiendo los incansables y francamente fastidiosos consejos de Louis, me he depilado las piernas y las axilas, así que tengo toda la piel irritada. Ha sido una experiencia muy desagradable. Nunca lo había hecho. ¿Qué esperará Zayn? Tengo que convencer a Louis de que quiero hacerlo. Por alguna extraña razón no se fía de él, quizá porque es tan estirado y formal. Afirma que no sabría decir por qué, pero le he prometido que le mandaría un mensaje en cuanto llegara a Seattle. No le he dicho nada del helicóptero para que no le diera un pasmo.

También está el tema de Liam. Tengo tres mensajes y siete llamadas perdidas suyas en el móvil. También ha llamado a casa dos veces. Louis no ha querido concretarle dónde estaba, así que sabrá que está cubriéndome, porque Louis siempre es muy franco. Pero he decidido dejarle sufrir un poco. Todavía estoy enfadado con él.

Zayn comentó algo sobre unos papeles, y no sé si estaba de broma o si voy a tener que firmar algo. Me desespera tener que andar conjeturando todo el tiempo. Y para colmo de desdichas, estoy muy nervioso. Hoy es el gran día. ¿Estoy preparado por fin? El dios que llevo dentro me observa golpeando impaciente el suelo con un pie. Hace años que está preparado, y está preparado para cualquier cosa con Zayn Malik, aunque todavía no entiendo qué ve en mí… el timorato Niall Horan… No tiene sentido.

Es puntual, por supuesto, y cuando salgo de Clayton’s está esperándome, apoyado en la parte de atrás del coche. Se incorpora para abrirme la puerta y me sonríe cordialmente.

—Buenas tardes, Joven Horan —me dice.

—Señor Malik.

Inclino la cabeza educadamente y entro en el asiento trasero del coche. Taylor está sentado al volante.

—Hola, Paul —le digo.

—Buenas tardes, Joven Horan —me contesta en tono educado y profesional.

Zayn entra por la otra puerta y me aprieta la mano suavemente. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo.

—¿Cómo ha ido el trabajo? —me pregunta.

—Interminable —le contesto con voz ronca, demasiado baja y llena de deseo.

—Sí, a mí también se me ha hecho muy largo.

—¿Qué has hecho? —logro preguntarle.

—He ido de excursión con Harry.

Me golpea los nudillos con el pulgar una y otra vez. El corazón deja de latirme y mi respiración se acelera. ¿Cómo es posible que me afecte tanto? Solo está tocando una pequeña parte de mi cuerpo, y ya se me han disparado las hormonas.

El helipuerto está cerca, así que, antes de que me dé cuenta, ya hemos llegado. Me pregunto dónde estará el legendario helicóptero. Estamos en una zona de la ciudad llena de edificios, y hasta yo sé que los helicópteros necesitan espacio para despegar y aterrizar. Paul aparca, sale y me abre la puerta. Al momento Zayn está a mi lado y vuelve a cogerme de la mano.

—¿Preparado? —me pregunta.

Asiento. Quisiera decirle: «Para todo», pero estoy demasiado nervioso para articular palabra.

—Paul.

Hace un gesto al chófer, entramos en el edificio y nos dirigimos hacia los ascensores. ¡Un ascensor! El recuerdo del beso de la mañana vuelve a obsesionarme. No he pensado en otra cosa en todo el día. En Clayton’s no podía quitármelo de la cabeza. El señor Clayton ha tenido que gritarme dos veces para que volviera a la Tierra. Decir que he estado distraído sería quedarse muy corto. Zayn me mira con una ligera sonrisa en los labios. ¡Ajá! También él está pensando en lo mismo.

—Son solo tres plantas —me dice con ojos divertidos.

Tiene telepatía, seguro. Es espeluznante.

Intento mantener el rostro impasible cuando entramos en el ascensor. Las puertas se cierran y ahí está la extraña atracción eléctrica, crepitando entre nosotros, apoderándose de mí. Cierro los ojos en un vano intento de pasarla por alto. Me aprieta la mano con fuerza, y cinco segundos después las puertas se abren en la terraza del edificio. Y ahí está, un helicóptero blanco con las palabras MALIK ENTERPRISES HOLDINGS, INC. en color azul y el logotipo de la empresa a un lado. Seguro que esto es despilfarrar los recursos de la empresa.

Me lleva a un pequeño despacho en el que un hombre mayor está sentado a una mesa.

—Aquí tiene su plan de vuelo, señor Malik. Lo hemos revisado todo. Está listo, esperándole, señor. Puede despegar cuando quiera.

—Gracias, Joe —le contesta Zayb con una cálida sonrisa.

Vaya, alguien que merece que Zayn lo trate con educación. Quizá no trabaja para él. Observo al anciano, asombrado.

—Vamos —me dice Zayn.

Y nos dirigimos al helicóptero. De cerca es mucho más grande de lo que pensaba. Suponía que sería un modelo pequeño, para dos personas, pero tiene como mínimo siete asientos. Zayn abre la puerta y me señala un asiento de los de delante.

—Siéntate. Y no toques nada —me ordena subiendo detrás de mí.

Cierra de un portazo. Me alegro de que toda la zona alrededor esté iluminada, porque de lo contrario apenas vería nada en la cabina. Me acomodo en el asiento que me ha indicado y él se inclina hacia mí para atarme el cinturón de seguridad. Es un arnés de cuatro bandas, todas ellas unidas en una hebilla central. Aprieta tanto las dos bandas superiores que apenas puedo moverme. Está pegado a mí, muy concentrado en lo que hace. Si pudiera inclinarme un poco hacia delante, hundiría la nariz entre su pelo. Huele a limpio, a fresco, a gloria, pero estoy firmemente atado al asiento y no puedo moverme. Levanta la mirada hacia mí y sonríe, como si le divirtiera esa broma que solo él entiende. Le brillan los ojos. Está tentadoramente cerca. Contengo la respiración mientras me aprieta una de las bandas superiores.

—Estás seguro. No puedes escaparte —me susurra—. Respira, Niall —añade en tono dulce.

Se incorpora, me acaricia la mejilla y me pasa sus largos dedos por debajo de la mandíbula, que sujeta con el pulgar y el índice. Se inclina hacia delante y me da un rápido y casto beso. Me quedo impactado, revolviéndome por dentro ante el excitante e inesperado contacto de sus labios.

—Me gusta este arnés —me susurra.

¿Qué?

Se acomoda a mi lado, se ata a su asiento y empieza un largo protocolo de comprobar indicadores, mover palancas y pulsar botones del alucinante despliegue de esferas, luces y mandos. En varias esferas parpadean lucecitas, y todo el cuadro de mandos está iluminado.

—Ponte los cascos —me dice señalando unos auriculares frente a mí.

Me los pongo y el rotor empieza a girar. Es ensordecedor. Se pone también él los auriculares y sigue moviendo palancas.

—Estoy haciendo todas las comprobaciones previas al vuelo.

Oigo la incorpórea voz de Zayn por los auriculares. Me giro y le sonrío.

—¿Sabes lo que haces? —le pregunto.

Se gira y me sonríe.

—He sido piloto cuatro años, Niall. Estás a salvo conmigo —me dice sonriéndome de oreja a oreja—. Bueno, mientras estemos volando —añade guiñándome un ojo.

¡Zayn me ha guiñado un ojo!

—¿Listo?

Asiento con los ojos muy abiertos.

—De acuerdo, torre de control. Aeropuerto de Portland, aquí Charlie Tango Golf-Golf Echo Hotel, listo para despegar. Espero confirmación, cambio.

—Charlie Tango, adelante. Aquí aeropuerto de Portland, avance por uno-cuatro-mil, dirección cero-uno-cero, cambio.

—Recibido, torre, aquí Charlie Tango. Cambio y corto. En marcha —añade dirigiéndose a mí.

El helicóptero se eleva por los aires lenta y suavemente.

Portland desaparece ante nosotros mientras nos introducimos en el espacio aéreo, aunque mi estómago se queda anclado en Oregón. ¡Woah! Las luces van reduciéndose hasta convertirse en un ligero parpadeo a nuestros pies. Es como mirar al exterior desde una pecera. Una vez en lo alto, la verdad es que no se ve nada. Está todo muy oscuro. Ni siquiera la luna ilumina un poco nuestro trayecto. ¿Cómo puede ver por dónde vamos?

—Inquietante, ¿verdad? —me dice Zayn por los auriculares.

—¿Cómo sabes que vas en la dirección correcta?

—Aquí —me contesta señalando con su largo dedo un indicador con una brújula electrónica—. Es un Eurocopter EC135. Uno de los más seguros. Está equipado para volar de noche. —Me mira y sonríe—. En mi edificio hay un helipuerto. Allí nos dirigimos.

Pues claro que en su edificio hay un helipuerto. Me siento totalmente fuera de lugar. Las luces del panel de control le iluminan ligeramente la cara. Está muy concentrado y no deja de controlar las diversas esferas situadas frente a él. Observo sus rasgos con todo detalle. Tiene un perfil muy bonito, la nariz recta y la mandíbula cuadrada. Me gustaría deslizar la lengua por su mandíbula. Mmm… Me gustaría sentir su piel bajo mi lengua y mis dedos, contra mi cara.

—Cuando vuelas de noche, no ves nada. Tienes que confiar en los aparatos —dice interrumpiendo mi fantasía erótica.

—¿Cuánto durará el vuelo? —consigo decir, casi sin aliento.

No estaba pensando en sexo, para nada.

—Menos de una hora… Tenemos el viento a favor.

En Seattle en menos de una hora… No está nada mal. Claro, estamos volando.

Queda menos de una hora para que lo descubra todo. Siento todos los músculos de la barriga contraídos. Tengo un grave problema con las mariposas. Se me reproducen en el estómago. ¿Qué me tendrá preparado?

—¿Estás bien, Niall?

—Sí.

Le contesto con la máxima brevedad porque los nervios me oprimen.

Creo que sonríe, pero es difícil asegurarlo en la oscuridad. Zayn acciona otro botón.

—Aeropuerto de Portland, aquí Charlie Tango, en uno-cuatro-mil, cambio.

Intercambia información con el control de tráfico aéreo. Me suena todo muy profesional. Creo que estamos pasando del espacio aéreo de Portland al del aeropuerto de Seattle.

—Entendido, Seattle, preparado, cambio y corto.

Señala un puntito de luz en la distancia y dice:

—Mira. Aquello es Seattle.

—¿Siempre impresionas así a los hombres? ¿«Ven a dar una vuelta en mi helicóptero»? —le pregunto realmente interesado.

—Nunca he subido a un hombre al helicóptero, Niall. También esto es una novedad —me contesta en tono tranquilo, aunque serio.

Vaya, no me esperaba esta respuesta. ¿También una novedad? Ah, ¿se referirá a lo de dormir con gente?

—¿Estás impresionado?

—Me siento sobrecogido, Zayn.

Sonríe.

—¿Sobrecogido?

Por un instante vuelve a tener su edad.

Asiento.

—Lo haces todo… tan bien.

—Gracias, Joven Horan —me dice educadamente.

Creo que le ha gustado mi comentario, pero no estoy seguro.

Durante un rato atravesamos la oscura noche en silencio. El punto de luz de Seattle es cada vez mayor.

—Torre de Seattle a Charlie Tango. Plan de vuelo al Escala en orden. Adelante, por favor. Preparado. Cambio.

—Aquí Charlie Tango, entendido, Seattle. Preparado, cambio y corto.

—Está claro que te divierte —murmuro.

—¿El qué?

Me mira. A la tenue luz de los instrumentos parece burlón.

—Volar —le contesto.

—Exige control y concentración… ¿cómo no iba a encantarme? Aunque lo que más me gusta es planear.

—¿Planear?

—Sí. Vuelo sin motor, para que me entiendas. Planeadores y helicópteros. Piloto las dos cosas.

—Vaya.

Aficiones caras. Recuerdo que me lo dijo en la entrevista. A mí me gusta leer, y de vez en cuando voy al cine. Nada que ver.

—Charlie Tango, adelante, por favor, cambio.

La voz incorpórea del control de tráfico aéreo interrumpe mis fantasías. Zayn contesta en tono seguro de sí mismo.

Seattle está cada vez más cerca. Ahora estamos a las afueras. ¡Woah! Es absolutamente impresionante. Seattle de noche, desde el cielo…

—Es bonito, ¿verdad? —me pregunta Zayn en un murmullo.

Asiento entusiasmado. Parece de otro mundo, irreal, y siento como si estuviera en un estudio de cine gigante, quizá de la película favorita de Liam, ‘Blade Runner’. El recuerdo de Liam intentando besarme me incomoda. Empiezo a sentirme un poco cruel por no haber contestado a sus llamadas. Seguro que puede esperar hasta mañana.

—Llegaremos en unos minutos —murmura Zayn.

Y de repente siento que me zumban los oídos, que se me dispara el corazón y que la adrenalina me recorre el cuerpo. Empieza a hablar de nuevo con el control de tráfico aéreo, pero ya no lo escucho. Creo que voy a desmayarme. Mi destino está en sus manos.

Volamos entre edificios, y frente a nosotros veo un rascacielos con un helipuerto en la azotea. En ella está pintada en color azul la palabra ESCALA. Está cada vez más cerca, se va haciendo cada vez más grande… como mi ansiedad. Espero que no se dé cuenta. No quiero decepcionarlo. Ojalá hubiera hecho caso a Louis y me hubiera puesto un traje, pero me gustan mis vaqueros negros, y llevo una camisa azul con topos blancos y una chaqueta. Voy bastante elegante. Me agarro al extremo de mi asiento cada vez con más fuerza. Tú puedes, tú puedes, me repito como un mantra mientras nos acercamos al rascacielos.

El helicóptero reduce la velocidad y se queda suspendido en el aire. Zayn aterriza en la pista de la azotea del edificio. Tengo un nudo en el estómago. No sabría decir si son nervios por lo que va a suceder, o alivio por haber llegado vivos, o miedo a que la cosa no vaya bien. Apaga el motor, y el movimiento y el ruido del rotor van disminuyendo hasta que lo único que oigo es el sonido de mi respiración entrecortada. Zayn se quita los auriculares y se inclina para quitarme los míos.

—Hemos llegado —me dice en voz baja.

Su mirada es intensa, la mitad en la oscuridad y la otra mitad iluminada por las luces blancas de aterrizaje. Una metáfora muy adecuada para Zayn: el caballero oscuro y el caballero blanco. Parece tenso. Aprieta la mandíbula y entrecierra los ojos. Se desabrocha el cinturón de seguridad y se inclina para desabrocharme el mío. Su cara está a centímetros de la mía.

—No tienes que hacer nada que no quieras hacer. Lo sabes, ¿verdad?

Su tono es muy serio, incluso angustiado, y sus ojos, ardientes. Me pilla por sorpresa.

—Nunca haría nada que no quisiera hacer, Zayn.

Y mientras lo digo, siento que no estoy del todo convencido, porque en estos momentos seguramente haría cualquier cosa por el hombre que está sentado a mi lado. Pero mis palabras funcionan y Zayn se calma.

Me mira un instante con cautela y luego, pese a ser tan alto, se mueve con elegancia hasta la puerta del helicóptero y la abre. Salta, me espera y me coge de la mano para ayudarme a bajar a la pista. En la azotea del edificio hace mucho viento y me pone nervioso el hecho de estar en un espacio abierto a unos treinta pisos de altura. Zayn me pasa el brazo por los hombros y tira de mí.

—Vamos —me grita por encima del ruido del viento.

Me arrastra hasta un ascensor, teclea un número en un panel, y la puerta se abre. En el ascensor, completamente revestido de espejos, hace calor. Puedo ver a Zayn hasta el infinito mire hacia donde mire, y lo bonito es que también me tiene cogido hasta el infinito. Teclea otro código, las puertas se cierran y el ascensor empieza a bajar.

Al momento estamos en un vestíbulo totalmente blanco. En medio hay una mesa redonda de madera oscura con un enorme ramo de flores blancas. Las paredes están llenas de cuadros. Abre una puerta doble, y el blanco se prolonga por un amplio pasillo que nos lleva hasta la entrada de una habitación inmensa. Es el salón principal, de techos altísimos. Calificarlo de «enorme» sería quedarse muy corto. La pared del fondo es de cristal y da a un balcón con magníficas vistas a la ciudad.

A la derecha hay un imponente sofá en forma de U en el que podrían sentarse cómodamente diez personas. Frente a él, una chimenea ultramoderna de acero inoxidable… o a saber, quizá sea de platino. El fuego encendido llamea suavemente. A la izquierda, junto a la entrada, está la zona de la cocina. Toda blanca, con la encimera de madera oscura y una barra en la que pueden sentarse seis personas.

Junto a la zona de la cocina, frente a la pared de cristal, hay una mesa de comedor rodeada de dieciséis sillas. Y en el rincón hay un enorme piano negro y resplandeciente. Claro… seguramente también toca el piano. En todas las paredes hay cuadros de todo tipo y tamaño. En realidad, el apartamento parece más una galería que una vivienda.

—¿Me das la chaqueta? —me pregunta Zayn.

Niego con la cabeza. He cogido frío en la pista del helicóptero.

—¿Quieres tomar una copa? —me pregunta.

Parpadeo. ¿Después de lo que pasó ayer? ¿Está de broma o qué? Por un segundo pienso en pedirle un margarita, pero no me atrevo.

—Yo tomaré una copa de vino blanco. ¿Quieres tú otra?

—Sí, gracias —murmuro.

Me siento incómodo en este enorme salón. Me acerco a la pared de cristal y me doy cuenta de que la parte inferior del panel se abre al balcón en forma de acordeón. Abajo se ve Seattle, iluminada y animada. Retrocedo hacia la zona de la cocina —tardo unos segundos, porque está muy lejos de la pared de cristal—, donde Zayn está abriendo una botella de vino. Se ha quitado la chaqueta.

—¿Te parece bien un Pouilly Fumé?

—No tengo ni idea de vinos, Zayn. Estoy seguro de que será perfecto.

Hablo en voz baja y entrecortada. El corazón me late muy deprisa. Quiero salir corriendo. Esto es lujo de verdad, de una riqueza exagerada, tipo Bill Gates. ¿Qué estoy haciendo aquí? Sabes muy bien lo que estás haciendo aquí, se burla mi subconsciente. Sí, quiero irme a la cama con Zayn Malik.

—Toma —me dice tendiéndome una copa de vino.

Hasta las copas son lujosas, de cristal grueso y muy modernas. Doy un sorbo. El vino es ligero, fresco y delicioso.

—Estás muy callado y ni siquiera te has puesto rojo. La verdad es que creo que nunca te había visto tan pálido, Niall —murmura—. ¿Tienes hambre?

Niego con la cabeza. No de comida.

—Qué casa tan grande.

—¿Grande?

—Grande.

—Es grande —admite con una mirada divertida.

Doy otro sorbo de vino.

—¿Sabes tocar? —le pregunto señalando el piano.

—Sí.

—¿Bien?

—Sí.

—Claro, cómo no. ¿Hay algo que no hagas bien?

—Sí… un par o tres de cosas.

Da un sorbo de vino sin quitarme los ojos de encima. Siento que su mirada me sigue cuando me giro y observo el inmenso salón. Pero no debería llamarlo «sala». No es un salón, sino una declaración de principios.

—¿Quieres sentarte?

Asiento con la cabeza. Me coge de la mano y me lleva al gran sofá de color crema. Mientras me siento, me asalta la idea de que parezco Tess Durbeyfield observando la nueva casa del notario Alec d’Urberville. La idea me hace sonreír.

—¿Qué te parece tan divertido?

Está sentado a mi lado, mirándome. Ha apoyado el codo derecho en el respaldo del sofá, con la mano bajo la barbilla.

—¿Por qué me regalaste precisamente ‘Tess, la de los d’Urberville’? —le pregunto.


Zayn me mira fijamente un momento. Creo que le ha sorprendido mi pregunta.

—Bueno, me dijiste que te gustaba Thomas Hardy.

—¿Solo por eso?

Hasta yo soy consciente de que mi voz suena decepcionada. Aprieta los labios.

—Me pareció apropiado. Yo podría empujarte a algún ideal imposible, como Angel Clare, o corromperte del todo, como Alec d’Urberville —murmura.

Sus ojos brillan, impenetrables y peligrosos.

—Si solo hay dos posibilidades, elijo la corrupción —susurro mirándole.

Mi subconsciente me observa asombrado. Zayn se queda boquiabierto.

—Niall, deja de morderte el labio, por favor. Me desconcentras. No sabes lo que dices.

—Por eso estoy aquí.

Frunce el ceño.

—Sí. ¿Me disculpas un momento?

Desaparece por una gran puerta al otro extremo del salón. A los dos minutos vuelve con unos papeles en las manos.

—Esto es un acuerdo de confidencialidad. —Se encoge de hombros y parece ligeramente incómodo—. Mi abogado ha insistido.

Me lo tiende. Estoy totalmente perplejo.

—Si eliges la segunda opción, la corrupción, tendrás que firmarlo.

—¿Y si no quiero firmar nada?

—Entonces te quedas con los ideales de Angel Clare, bueno, al menos en la mayor parte del libro.

—¿Qué implica este acuerdo?

—Implica que no puedes contar nada de lo que suceda entre nosotros. Nada a nadie.

Lo observo sin dar crédito. Mierda. Tiene que ser malo, malo de verdad, y ahora tengo mucha curiosidad por saber de qué se trata.

—De acuerdo, lo firmaré.

Me tiende un bolígrafo.

—¿Ni siquiera vas a leerlo?

—No.

Frunce el ceño.

—Niall, siempre deberías leer todo lo que firmas —me riñe.

—Zayn, lo que no entiendes es que en ningún caso hablaría de nosotros con nadie. Ni siquiera con Louis. Así que lo mismo da si firmo un acuerdo o no. Si es tan importante para ti o para tu abogado… con el que es obvio que hablas de mí, de acuerdo. Lo firmaré.

Me observa fijamente y asiente muy serio.

—Buena puntualización, Joven Horan.

Firmo con gesto grandilocuente las dos copias y le devuelvo una. Doblo la otra, me la meto en el bolsillo y doy un largo sorbo de vino. Parezco mucho más valiente de lo que en realidad me siento.

—¿Quiere decir eso que vas a hacerme el amor esta noche, Zayn?

¡Maldita sea! ¿Acabo de decir eso? Abre ligeramente la boca, pero enseguida se recompone.

—No, Niall, no quiere decir eso. En primer lugar, yo no hago el amor. Yo follo… duro. En segundo lugar, tenemos mucho más papeleo que arreglar. Y en tercer lugar, todavía no sabes de lo que se trata. Todavía podrías salir corriendo. Ven, quiero mostrarte mi cuarto de juegos.

Me quedo boquiabierto. ¡Follo duro! Madre mía. Suena de lo más excitante. Pero ¿por qué vamos a ver un cuarto de juegos? Estoy perplejo.

—¿Quieres jugar con la Xbox? —le pregunto.

Se ríe a carcajadas.

—No, Ni, ni a la Xbox ni a la PlayStation. Ven.

Se levanta y me tiende la mano. Dejo que me lleve de nuevo al pasillo. A la derecha de la puerta doble por la que entramos hay otra puerta que da a una escalera. Subimos al piso de arriba y giramos a la derecha. Se saca una llave del bolsillo, la gira en la cerradura de otra puerta y respira hondo.

—Puedes marcharte en cualquier momento. El helicóptero está listo para llevarte a donde quieras. Puedes pasar la noche aquí y marcharte mañana por la mañana. Lo que decidas me parecerá bien.

—Abre la maldita puerta de una vez, Zayn.

Abre la puerta y se aparta a un lado para que entre yo primero. Vuelvo a mirarlo. Quiero saber lo que hay ahí dentro. Respiro hondo y entro.

Y siento como si me hubiera transportado al siglo XVI, a la época de la Inquisición española.

I'm back
Mañana subo otro ahora tengo sueño pero estoy llegando y prometi cap

Comenten y si me pasan de página. Subo maratón
Besos bye
LittleRabbit69
LittleRabbit69


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Mensaje por Rebeca. el Sáb 15 Mar 2014, 11:31 pm

Yo te paso de pagina xD
Zayn no hace el amor... ok puedo vivir con eso xD
Rebeca.
Rebeca.


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