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Guerra de Sexos

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Re: Guerra de Sexos

Mensaje por mieczyslaw el Vie 06 Oct 2017, 1:31 pm

¿qué decir? bueno, yo soy adicta a los personajes cool y los de ésta nc son todos súper cool   ¿cómo no amarlos?, tania y karls, de verdad me gusta su manera de escribir que estoy enamorada de sus capítulos aunque los vuelva a leer; lo haría y jamás me enfadaría, ¿saben?  
disfruté mucho el lío de lavinia y ni hablar de mia con thomas, INSUPERABLES, ah, basta, me emocioné mucho. ¡pero es que ya progresamos de nuevo que es inevitable no emocionarme!    espero el próximo cap con ansias  

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Re: Guerra de Sexos

Mensaje por roman. el Sáb 07 Oct 2017, 9:43 pm

 
Me emociona volver a leer sus capítulos, es muy entretenido y para nada cansan al hacerlo :) 
Cada uno de sus personajes son únicos e interesantes, y ya falta menos para leer nuevos capítulos 
Mañana mismo publico entre más rápido, mejor? :)
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Re: Guerra de Sexos

Mensaje por roman. el Dom 08 Oct 2017, 8:01 pm

capítulo 006 - roman.
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 Llegar hasta aquí no había sido una tarea fácil; tuve que esforzarme doblemente en mis dos empleos, y hacer algunos ajustes aquí y allá para siquiera, considerar entrar a Sangre de Campeón. Nunca tuve problema con trabajar, de hecho, empecé desde que era muy pequeña (gracias a que un viejo amigo de la familia se apiadó de mis grandes y suplicantes ojos que sólo una tierna niñita de once años, pudiese tener). Al entrar a la universidad, nada fue sencillo, incluso mi madre tuvo que doblar esfuerzos para que yo tuviera la oportunidad de estudiar. Cuando me enteré de que Sangre de Campeón aceptaría la entrada de campistas femeninas, no lo podía creer, ya que viajar era uno de mis sueños, además de acampar, y tener ambos en uno sólo, era una oportunidad que no iba a desperdiciar. Y no lo hice.

El viaje había sido un desastre, y enterarme de que habían perdido una de mis maletas fue la gota que derramó el vaso.  Pero todo el esfuerzo, las horas extras en el bar y el estrés de trabajar para la señora Anderson, habían  valido la pena. Tan sólo respirar el aire fresco de los árboles y poder ver tanta naturaleza reunida a mi alrededor, era simplemente relajante. Pero al cabo de un tiempo, esa relajación se vino abajo con la presencia masculina, era algo que de verdad no podía entender. ¿Cómo es que un grupo de hombres (porque sí, ya eran hombres), podrían comportarse tan infantilmente? Era simplemente ridículo la razón de su molestia. Sí, Sangre de Campeón había sido un campamento para varones durante muchísimo tiempo, pero las cosas cambian, y las chicas no teníamos la culpa de nada. A todo mundo le gusta la naturaleza, ¿Por qué no disfrutarla todos juntos, tranquilamente?

La primera noche no había podido conciliar el sueño con rapidéz, estaba segura de que el colchón de mi cama tenía serias abolladuras, de tantas veces que rodaba sobre el mismo. De mi lado derecho, mal. Mi lado izquierdo, peor. Boca abajo era simplemente demasiado asfixiante. Viendo al techo tampoco era una posición muy cómoda, resoplé frustrada por mi falta de sueño, la razón no debería ser lo que estaba pensando, de seguro era la cama y no el revivir ese momento en mi cabeza una y otra vez, como una película de una sóla escena. Era una broma, seguro. Ni siquiera me había parecido algo tan memorable como para perder el sueño por la noche, fue simplemente algo normal… pero aun así, seguía ahí, metido en mi cabeza y no dejándome tranquila, vaya hombre. 

El despertar tranquilamente fue algo que agradecí; el ruido de maquinaria pesada y la ruidosa gente de la ciudad, eran mi despertador en casa. No tomé mucho en cuenta cómo vestirme, eran pasadas las ocho de la mañana, la mayoría probablemente seguía en su pijama. Hice mi cama, y puse un gorro para cubrir mi cabeza del frío, y salí del lugar con rumbo a la cafetería. 

La cosa es que, aunque no lo crean, sí hay personas que se visten como si fuese una cena de gala… ¡A las ocho de la mañana! Me sentía un poco avergonzada, incluso mi blusa tenía un pequeño agujero en la parte de adelante.   El ruido en el lugar era fuerte, mientras caminaba podía escuchar a algunos chicos reír de manera exagerada de algún chiste, discusiones sobre temas sin importancia, que al juzgar por sus argumentos subidos de tono, el saber “que actriz tenía el mejor cuerpo”, era un tema de vida o muerte para ellos. Las chicas, por otra parte, eran un poco más calladas, conversando con un pequeño grupo o simplemente viendo a sus alrededores. Tomé mi charola y después de decidir qué desayunar, caminé hacia alguna mesa libre. No tenía ni siquiera cinco minutos ahí, y ya había un par de gente discutiendo en el lugar. De un rato para otro, la chica que había estado discutiendo por el estado de su blusa arruinada, decidió arrojar la prenda al chico frente a ella, las reacciones fueron variadas, yo reí por lo bajo y aplaudí por ella, en lo personal, no tengo ningún tipo de vergüenza con mi propio cuerpo, y estar sin alguna capa tan importante de ropa frente a bastante gente, era digno de mi aplauso. Mientras la emoción del suceso disminuye, pude darme cuenta de una nueva presencia en el lugar, camina por las puertas acompañado de un chico de estatura más baja, ambos compartiendo una conversación animada. Me pongo nerviosa sin ningún motivo, juego con mi cabello un poco, apartándolo de mi rostro. Al levantar mi mirada de nuevo, veo a ambos pares de ojos  en mi dirección, sostengo la mirada con uno de ellos, quien sonríe sin gracia y aparta su mirada, regresando a sus actividades previas. Los veo moverse frente a la isla de comida, tomando un poco de todos lados, y dando media vuelta. Ambos compartiendo miradas, mientras siguen con su conversación. Mi nerviosismo se dispara por los cielos al verlos caminar en dirección a la mesa donde estoy sentada.    
   
“Tranquila, es sólo un chico. No pasa nada”. Me repito una y otra vez en mi mente.

Me arreglo el cabello disimuladamente y seco mis manos contra mi pantalón de mezclilla (es culpa de los nervios, el sudar es normal, shh). Miro hacia delante una vez más con una sonrisa, que después de unos segundos comienza a desvanecerse de mi rostro, al ver que ambos chicos pasan de largo, sin siquiera decir una palabra. Me sonrojo de la vergüenza, miro a mi plato de alimentos a medio comer, y niego con la cabeza un par de veces. No sé si la sensación de malestar en mi garganta, es por lo que acaba de pasar o es por creer que por el simple hecho de haber conversado un poco la noche anterior, este chico tenía alguna obligación de hablarme de nuevo. Vaya boba.
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Había una gran variedad de actividades para mantener la mente ocupada en el campamento, eran tantas que a decir verdad, era abrumador. Decidí pasarme por la clase de baile, había tomado algunas clases de pequeña, me gustaba mucho el sentir esa fuerza que me transmite la música, mientras estoy dando mi rutina. No era la mejor, por lejos era sólo una principiante. Pero era un pasatiempo que me gusta para distraerme cuando algo me molesta. En la siguiente clase, las cosas tampoco parecían muy prometedoras, la mayoría de las chicas y alguna parte de los chicos, subían por la pared de escalada para luego perder el agarre y caer (obviamente a salvo, gracias al equipo de seguridad). Debo admitir que aunque no todos podían llegar a la cima, todos parecían estar pasándola bien. Me puse de pie, y me retiré del lugar con una risa discreta, al escuchar cómo una chica gritaba histérica, pues le temía a las alturas (no estaba ni a dos pies de distancia del suelo). Opté simplemente por caminar por uno de tantos senderos, siguiendo los señalamientos que servían de guía para que nadie terminara extraviado. Crucé ambos brazos sobre mi pecho, cubriéndome un poco de las corrientes de aire helado.

— ¡Oye! ¡Hey! — salté ligeramente por la sorpresa. La voz provenía de mis espaldas, resoplé y seguí con mi camino, para después volver a escuchar ese mismo grito de la misma dirección. Escuché a alguien apresurando el paso y llegó hasta mi costado, tomándome del brazo izquierdo. Me tensé por la acción, y levanté la mirada, encontrándome con un par de ojos verdes. Tenía una sonrisa de lado, y era alguien de gran altura, sin mencionar el cabello rojizo que adornaba su cabeza. 

— Okay, okay… perdón por asustarte, no era mi intención —aclaró, retirando su agarre lentamente de mi cuerpo. Me relajé un poco, y lo miré con curiosidad, jamás lo había visto antes. Pero era lógico, era un campamento grande, después de todo —. Es sólo que, te vi pasar hace unos segundos, estabas distraída y tuve que correr hasta acá para no perderte de vista. —una sonrisa grande adornaba su rostro. 

Miré un poco hacia atrás, y efectivamente, un grupo pequeño de chicos se encontraban viendo en nuestra dirección, mientras reían y miraban con sorpresa. Me sentí un poco incómoda, obviamente por la actitud de esos chicos a lo lejos, y por la extraña amabilidad de este extraño. Nada bueno puede venir de los chicos de Sangre de Campeón, eso ya lo tenía claro. 

— Creo que estás perdiendo el tiempo conmigo, amigo.—musité en tono divertido. Este chico no podía ir en serio. 

— ¿Y por qué es eso, hmm? ¿Es porque tienes algún novio en casa o algo parecido? No serías la primera en tener algún amiguito extra, ya sabes, uno se siente solo a veces. —la manera en que lo dijo, era obviamente para molestarme, que claramente consiguió. 

— Si eso es una táctica para atraer a alguien, déjame decirte que es una muy estúpida. Pero si sólo lo dices para hacerme enojar, yo también puedo pelear de vuelta. —advertí, con una expresión de determinación y una poblada ceja levantada en señal de desafío. Este no era el primer tonto que creía que por ser bien parecido, podía hacer lo que se le diera la gana. Y yo parecía un imán de estos idiotas, al parecer.        

— Wow, okay… esto se puso más serio de lo que realmente es. Lo siento si te ofendí, pero vamos, no puedes negar que una chica bonita como tú, tiene que tener a alguien. Las chicas bonitas siempre tienen a alguien. Por cierto, ¿Cuál es tu nombre? Si se puede saber, claro. 

Me irrité más con aquel comentario, me crucé de brazos una vez más, y lo miré con una expresión cansada. — Bueno, siento romper con tus estereotipos tontos, pero no, no todas las chicas tenemos a “alguien”, sin importar nuestro aspecto. Y por lo segundo, prefiero que mi nombre siga siendo anónimo. —di media vuelta, por el mismo sendero con la intención de seguir con mi recorrido por el bosque, cuando de nuevo, sentí el fuerte agarre en mi brazo. Que después de unos segundos, perdió su fuerza y la mano se retiró otra vez. 

— Sólo deja que adivine tu nombre, y te dejaré tranquila, lo prometo. —hizo un ademán con sus manos, en señal de promesa. Yo sólo lo miré incrédula.   

— Vaya, ahora eres mago o algo parecido. ¡Bien por tí! —la felicitación era falsa, pero eso no impidió al chico de sonreír ampliamente. 

— Magia de duende, ya sabes… —dijo, mientras apuntaba a su cabello color mandarina. Reí inconscientemente por el comentario, para luego regresar a mi expresión anterior, al ver su rostro iluminarse por haber logrado hacerme reír —Bueno, vamos a hacer un trato, si puedo escribir tu nombre en este pedazo de papel, yo gano y tienes que hacer algo que yo te pida, si tú ganas, puedes darme un golpe lo más fuerte que puedas. ¿Qué dices, trato?

Me quedé perpleja de lo preparado que estaba todo, miré el trozo de papel que había sacado del bolsillo derecho de su chamarra azul, junto con un bolígrafo. Negué con la cabeza varias veces con una risa baja. Pero aun así, acepté el trato, no desperdiciaría la oportunidad de darle un golpe a este chico de malos modales. Era imposible perder. El chico tomó el papel, y comenzó a escribir, mientras levantaba la vista para mirarme por un momento y regresar a lo suyo. Después de unos segundos, dobló el papel por la mitad y guardó el bolígrafo en su lugar. Con la sonrisa más grande que pudo reunir, estiró la mano y me entregó la pieza con su respuesta.

— Estoy listo para reclamar mi premio. 

Su expresión era confiada, como si supiera que realmente había ganado. Tomé el papel entre mis dedos y lo abrí. El ruido que salió de entre mis labios seguramente había llamado la atención de más de un campista. Todo era tan obvio, pero ridículo a la vez. En el pedazo de papel se leía: “Tu nombre”.

— El trato era que si podía escribir tu nombre en el papel, yo ganaba, y como ves, si pude —explicó. Ambos reímos un poco más, y se adentró a mi espacio personal —. ¿Puedo reclamar mi premio ahora o qué?

— Y eso sería…

— Un beso, obviamente —se inclinó más a mi, esperando un movimiento de mi parte. Reí, pero aun así, me incliné hacia delante y él cerró los ojos. Podía sentir el calor de su respiración contra mi rostro, a escasos centímetros desvié mi cabeza, y sin pensarlo dos veces, conecté mi mano contra la superficie de su mejilla. Me retiré un poco, y empecé mi camino por donde había llegado, giré mi cabeza y lo vi sosteniendo la parte, ahora rojiza, con la palma de su mano, mientras me veía sin creerlo. Sabía que nada bueno podía venir de los chicos de Sangre de Campeón. 
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— Creo que no logro entenderlo, K. —el pequeño chico frente a él en el campo de tiro, lo miró curioso. El otro sólo resopló molesto.

— No es ciencia de la NASA, Quentin, no hay mucho que pensar sobre esto. Las mujeres son fáciles de entender, si sabes en dónde mirar. Sólo hace falta un pequeño gesto amable, y tendrás su interés. Obviamente eso no es todo, pero la mayoría tienen una ilusión o algo así, después de que las tratas bien por primera vez. Pero no todo tiene que ser así, porque después de tratarlas bien, las ignoras. —mientras Kian daba su explicación sobre el tema, Quentin lo miraba incrédulo, no podía funcionar así, ¿o sí?

— ¿Cómo esperas que una chica se interese en tí, si la ignoras? No lo entiendo, K. —se rascó el cuero cabelludo en confusión. 

— Es fácil, si las ignoras, se esforzarán mucho más en llamar tu atención a como dé lugar. Es algo que no se puede explicar muy bien, pero pasa. ¿O por qué crees que las mujeres les atrae lo inalcanzable, o se quedan con el que las trata mal, y no con los chicos “románticos” que sólo piensan en recitar poemas y estar todo el tiempo a su lado? Si las ignoras, las haces que piensen por qué pasó, o qué hicieron mal para que no le dirijas la palabra. Y entre más piensen en ello, estarás en su mente más tiempo, y es por eso que quieran o no, las tendrás en la palma de tu mano aunque no te esfuerces. 

Aunque ni el mismo Quentin lo crea, eso es lo que realmente siente que es correcto. Kian siempre a sido un poco “patán”, pero a él no le importa, esa es su forma de pensar y si no les gusta, ni modo. Había tratado de explicar su comportamiento a su “amigo”, durante la última media hora, pero el otro chico pareciera no captar el punto aún. Quentin era un chico muy ingenuo, pero a Kian le resultaba agradable su compañía, por así decirlo. 

— Entonces, ¿Piensas ignorarla para siempre, o…? —el otro chico tomó su arco con ambas manos, respirando profundamente y concentrándose para poder hacer un tiro limpio. La flecha salió a gran velocidad, atravesando el campo e impactándose contra el blanco a unos metros de distancia. El chico sonrió triunfante, al ver la flecha en el centro del blanco. 

— El truco está en no pensar que jamás existió, después de la primera vez que intercambiaron palabras. Ya sabes, volver a darle buenos tratos y para cuando vuelvas a tratarla mal, ya no le importará —dejó su arco junto con el resto, y después de darle una palmada firme en el hombro al otro chico, comenzó con su camino lejos de ahí —. Y eso es precisamente lo que voy a hacer, Quentin. 

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El bosque al atardecer era increíble, escuchar a los animales silvestres a lo lejos, y ver las fogatas por todas partes, adornando el lugar con llamaradas color naranja. Comencé a hacer pequeños patrones en la arena, a la orilla del lago. Con ayuda de alguien pude tener mi propia fogata, y estaba realmente disfrutando de mi tiempo a solas. Había sido un día largo, eché un vistazo por la mayoría de los talleres o clases del campamento, y aunque muchos llamaron mi atención, tenía que decidirme primero por uno, pero eso podía esperar un poco más. Las puestas de Sol en esta parte de Canadá eran bastante heladas, me encontraba con un gorro sobre mi cabeza, un par de capas de ropa y aún así, las corrientes de aire lograban hacerme temblar. Por poco y doy un grito por lo alto, en cuanto mis ojos fueron cerrados de golpe, incapaces de ver más allá de pura oscuridad. El par de manos sobre mis ojos no se movían, y todo lo que hice fue tratar de quitarlas de mi rostro lo mejor que pude. Mi codo conectó con una buena porción de piel, y por el sonido que emanó de la otra persona, había golpeado con una fuerza considerable.

— No tenías que ser tan ruda, sabes… no es como si quisiera robarte, o  algo así. Mierda… —se lamentó. La cara contorsionada en dolor, mientras sostenía el costado de su estómago. Estuve a punto de disculparme, pero las palabras murieron en mis labios, antes de decirlas. 

— ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? —mi voz sonaba cansada. Él sólo frunció el ceño.

— Es un lugar libre, ¿no? Todos pueden venir por aquí —tomó asiento a un costado del mío, demasiado cerca para mi gusto, y sonrió descaradamente —. Además, pensé que podrías querer compartir esto. —de entre su ropa, sacó una mediana botella de vidrio. Yo reí incrédula.

— ¿De dónde sacaste eso? Si alguno de los guías te ve, te meterás en problemas. —advertí. Aunque él sólo se encogió de hombros. 

— Es un campamento, no una cárcel. ¿Vas a ser la chica aguafiestas o quieres un poco? 

Tomó la botella, balanceándola un poco en su mano derecha. Sus ojos fijos en mí, se podía ver el desafío en ellos. Soltó una risa triunfante, y sonrió ampliamente, al verme tomar la botella entre mis propias manos. — No piensas irte de aquí si te lo pido, ¿cierto? —él negó con la cabeza, yo resoplé, tomando un buen trago del líquido, quemando mi garganta en el proceso. 

— Bueno, señorita Renn, ¿No piensa contarme nada sobre usted? —dijo, fingiendo caballerosidad. Pero a pesar de ello, su sonrisa coqueta no se borraba de su rostro. 

Era oficial, Kian era un completo cabrón, pero aún así, no podía evitar sentirme atraída hacia su persona. Soy un imán de idiotas, ¿recuerdan?
:
Hola de nuevo, espero que se encuentren bien, y me alegra mucho poner este escrito, porque significa que el siguiente que ponga, será uno totalmente nuevo    
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Re: Guerra de Sexos

Mensaje por jackson. el Jue 12 Oct 2017, 10:34 am

Ya había leído el capítulo pero hasta hoy tuve la oportunidad de comentarlo. También me alegra ver el último capítulo que estaba en el otro tema, ahora si comenzaremos con cosas nuevas    
Bueno, volviendo al tema:
roman. escribió:— ¿Y por qué es eso, hmm? ¿Es porque tienes algún novio en casa o algo parecido? No serías la primera en tener algún amiguito extra, ya sabes, uno se siente solo a veces. —la manera en que lo dijo, era obviamente para molestarme, que claramente consiguió.
¿Enserio aceptaría él algo así? Ese chico es tan atrevido, pero ella sabe como calmarlo xD
Nunca pode superar cuando el espera un beso de su parte y lo que recibe en una buena cachetada  
La historia de tus personajes y sus personalidades me encantan, cada parte del capítulo me tiene con la intriga y la emoción de que va a suceder después.

Me encanta la manera en la que escribes, ya, lo dije otra vez  
Espero con ansias el próximo capítulo  
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Re: Guerra de Sexos

Mensaje por mieczyslaw el Jue 12 Oct 2017, 2:39 pm

neta que sigo amando el cap aunque es la segunda vez que lo leo  
peocuraré no tardarme más y subir el cap apenas lo tenga  

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Re: Guerra de Sexos

Mensaje por roman. el Vie 13 Oct 2017, 10:29 pm

¡Gracias por sus comentarios! 
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Re: Guerra de Sexos

Mensaje por mieczyslaw Hoy a las 10:07 pm

capítulo 007 - mieczyslaw
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La sensación de transpirar en exceso después de haber hecho ejercicio estaba diariamente conmigo y prefería llegar tarde a desayunar en lugar de acercarme a alguien con la capa de sudor extra en mi piel. No era que me molestase el increíble efecto de brillo que causaba en conjunto al color bronceado de mi pigmentación sino que prefería tomar una ducha para eliminar cualquier rastro de esfuerzo en mi cuerpo para no arriesgarme por si el desodorante antitranspirante no funcionaba. Era exagerado, probablemente, pero podía vivir con ello antes que con el mal olor.

Era una ley de Bastian Devis aparecer por el comedor a horas extrañas y poco concurridas, la mayoría pasaba a tomar su desayuno apenas se levantaban o después de alguna actividad matutina en lugar de tomar una ducha como yo hacia, por ello a partir de las once podía considerarse mi hora habitual para tomar el desayuno. Pocos frecuentaban el mismo horario de almuerzo que yo y no me sorprendió ver a los mismos chicos de todos los días con algunas de las invitadas por ahí también, incluso se habían mezclado en las mesas esparcidas por la explanada para mi sorpresa, aunque todavía irradiaban desconfianza en todas sus acciones cuando socializaban con los campistas; yo tampoco me sentiría a gusto con el montón de sujetos que me lanzó agua en mi primer día, las comprendía bastante bien.
Me abstuve de mostrarme bastante interesado en ellas mientras hacia mi camino al buffet, como le había mencionado ayer a los chicos... no creía que la idea de tener chicas en el campamento era una monstruosidad si implicaba un plus en la diversión del verano, todas parecían atractivas a mis ojos por no estar acostumbrado a tanta variedad de nacionalidades rodeándome. No estaba para nada mal.

Tomé un plato y me formé para rellenarlo con la comida expuesta en la mesa, mis ojos se posaron en la bandeja con hot cakes de inmediato, sin dudad alguna mi desayuno predilecto consistía en panqueques dulces bañados en más dulce. Cinco personas tomaron sus alimentos con una terrible calma que casi me hacia querer gritarles pero finalmente mi plato se encontraba con una torre de tres niveles de pancakes inundados en miel de maple con arándanos, un exquisito desayuno que mi estómago exigía a gruñidos devorar los antes posible, como no había revisado con exactitud quién se encontraba por ahí de mis conocidos me senté en el primer asiento libre que encontré: una mesa aparentemente llena de chic y chicas por igual que se ignoraban olímpicamente.
Me uní al despistado grupo de silenciosos campistas y no despegué la mirada de la mesa ni cuando llevaba la comida a mi boca, no me interesaba hacer contacto visual con gente que me ignoraría y posiblemente yo igual, así que me me tuve de incógnito en mi asiento escuchando las conversaciones de otras mesas.

Era fascinante como algunos podían hablar prácticamente de cualquier cosa, incluso pude escuchar una vez algo sobre que los CDs fueron diseñados para recibir 72 minutos de música porque esa es la duración de la Novena Sinfonía de Beethoven, no podía comprender como había personas tan extrañas en el campamento. ¿Por qué no hablaban sobre trivialidades como sus gustos o algo que indicara que eras alguien cool y valía la pena hablar contigo? 
Jamás me haría amigo a alguien que hablaba sobre el verdadero origen de las cosas, para ser sincero, y era por eso mismo me veía limitado a una vida social excepcional en comparación de otros sujetos a mi edad.

Veintiún años, último año en Negocios Internacionales y único varón en la familia que no ingresó a una fraternidad en la universidad para evitar encontronazos... pero no podía rodearme de gente que parecía ir en una sincronía diferente a la mía. Tenía suerte de que algunos encontraban mi presencia reconfortante a pesar de mi mal humor.

—¿Puedo sentarme? 

No alcé la vista porque sabía que no se dirigían a mí, había otros en la mesa y cualquiera podía aceptar o rechazar la petición, seguí devorando mi panqueque con gusto silencioso. Los cocineros del campamento eran buenos con la repostería.

—Seguro. —El sujeto a mi lado derecho exclamó risueño, su voz que con anterioridad se mostraba desinteresada cambió drásticamente a un tono incluso coqueto, resultó ser una chica la que tomó asiento enfrente mío. Los susurros por parte de las demás chicas sentadas cesaron, me imaginé que no se sentían cómodas con la recién llegada, aunque consideraba grosero parar de hablar para mirar fijamente a alguien y criticar. ¿Por qué ellas eran tan complicadas?

Unos delgados dedos con las uñas pintadas de blanco tomaron un arándano de mi plato y desapareció de mi campo de visión, de no ser porque estaba concentrado en mi plato al cien por ciento no me hubiese percatado de ello, fruncí el ceño al reconocer la risa que llenó el silencio en la mesa. Era la rubia que me había tirado el refresco encima durante la fogata.

—Me gustan los arándanos. —Una maliciosa sonrisa me dio la bienvenida cuando alcé el rostro y poder mirarla bien, me guiñó un ojo mientras lamía de sus dedos el jugo del fruto seco que había robado de mi plato, no podía creer que tuviera las agallas para presentarse como si nada ante mí después de lo de ayer—. Pero la miel de maple no, puag.
—Inundo mis panqueques en miel de maple desde que tengo cuatro —comenté con pesadez, odiaba que se metieran conmigo y mi comida, ella se había metido con ambos en menos de veinticuatro horas—, si vas a robar comida de un plato, procura que no sea del mío.

Las puntas de mi cabello aún húmedo me bloqueaban parte de la vista a mis costados y lo agradecía porque escuché a los sujetos sentados a mis lados pasar saliva con fuerza, estaba consciente de que tenía cierta fama en el campamento relacionada a jamás dar mi brazo a torcer pero, venga, ¿en serio creían que saltaría en la mesa y la estrangularía por comerse lo mío como hice con un chico el verano pasado? No. La respuesta debía de ser no pero me creían capaz de ello al parecer.
Tuve que mostrarme menos reacio a tratarla mal si quería realmente tener al enemigo cerca.

—Lo siento. —Suspiré antes de soltar un bufido—. Dicen que soy egoísta y no puedo evitar enojarme cuando toman mis cosas sin consultarlo. También por el balde de agua ayer.
—Y dicen que yo soy imprudente —respondió encogiéndose de hombros dirigiendo su mirada brevemente al plato que tenía enfrente lleno de tocino con huevos, un desayuno completamente americano como ella, muy conveniente—. Discúlpame a mí; por haberte lanzado el refresco ayer y haberte robado un arándano hoy.
—Es un empate. 
—Por el momento.
—Puedo vivir con un empate por hoy.

Extendió su mano y no dudé en tomarla sin dejar de mirarla, sentí que dio un apretón al agarre a lo que negué con la cabeza, sonrió con autosuficiencia cuando separamos nuestras manos.

—Que feliz me siento, he socializado en mi segundo día aquí, Bastian es mi nuevo amigo.
—Puedes considerarte afortunada porque no tengo muchos amigos. 
—¿Ah, no? ¿Con quienes estabas ayer entonces?
—Simples conocidos, Joshua es un imbécil que cree merecer una vida en bandeja de playa, jamás sería amigo de alguien que insulta a los de mi especie. 

Soltó una risa que comenzó a iniciar la mía pero decidí contenerme porque no apreciaba el molesto ruido que salía de mi garganta cuando encontraba algo gracioso, si era muy bien parecido como mis padres, ¿por qué tuve que heredar la horripilante risa del abuelo?, era injusto; en cambio, el sonido de la risa de June parecía meloso e irritablemente contagioso.
Me removí en el banco de madera con una ligera sonrisa en los labios hasta que me dieron un codazo justo encima de las costillas que me hizo fruncir el ceño.

—¿La presentas? —El sujeto que había permitido a la chica sentarse susurró disimuladamente y le contesté una negación—. ¿Qué te sucede?
 —¿A mí? Nada. —La rubia arqueó una ceja al responder la pregunta que no era para ella pero había oído, cruzó sus brazos encima de la mesa y miró al sujeto de mi lado, no había visto una cara tan desinteresada salvo en el espejo cuando miraba mi reflejo por las mañanas—. Pero, ¿a ti?, ¿de qué hablas con mi amigo Bash?

Hizo un énfasis en el mi que no sabía si estaba exagerando a propósito o no, tomó tiempo descubrirlo después, además de que su semblante serio explicaba el que estuviera usando un tono gélido en la voz.
Conocía a la perfección esa señal que indicaba peligro después, si el sujeto quería salir ileso debía de mantener la distancia, pero, como al parecer creía que era una broma, contestó.

—De ti, lindura, no quiso darme tu nombre. —Me giré a verlo con los ojos entrecerrados pero él estaba atento con mi “amiga”—. ¿Podrías ayudarme con eso, amor?
—Creo que sí. —Se inclinó en la mesa con una sonrisa plasmada en sus labios color cereza esa mañana, le lanzó un beso desde su posición al otro tipo causando que se inclinara también, y cuando él estaba a escasos centímetros del rostro de June ella se echó hacia atrás para lanzarle en el pecho de su camiseta el resto de un jugo de naranja—. Soy June Lawrence, la chica que lanza bebidas a los chicos idiotas. Y, por cierto, sólo Bastian me llama amor.
—¡¿Qué les sucede a todas?! —exclamó lanzándose hacia atrás con brusquedad y cayendo en el suelo por lo que varios pares de ojos se habían puesto en él, incluidos los de la mesa—. ¡Se supone que ustedes no pueden actuar como las dueñas de éste lugar!
—No lo haríamos sí ustedes no hubieran atacado primero.
—¡Invadieron el campamento!
—Nos invitaron, no invadimos, son cosas diferentes. Además de que son unos groseros que se creen capaces de piropear para después ignorar; somos chicas, no  objetos.

Las palabras de ella se impregnaron en mi sorprendido estado como si las hubiera dirigido a mí, aunque suponía que había sido una indirecta en parte, miré boquiabierto a la rubia mientras fulminaba al pelinegro en el suelo. Mi cabeza era un torbellino de pensamientos incoherentes sobre lo mucho que me sorprendía el parecido de la actitud de June y la mía, sin un exclusivo círculo social ni una increíble lista de buena conducta en los primeros días, actuaba para defenderse sin importarle quedarse sin buena reputación.

Sin más qué hacer después del enfrentamiento la rubia de ojos oscuros se sentó para terminar su desayuno ignorando a todos en la mesa excepto a mí.



Era difícil mantenerte inactivo por la tarde en el campamento, especialmente en los días tan soleados y espectaculares como el de aquel día, cualquier actividad estaba llena a todas horas que era complicado a veces encontrar algún cupo en las más solicitadas.

Por suerte a nadie parecía atraerle el tenis cuando estaban las actividades en el lago y lo encontré casi desértico cuando llegué.
Las tres primeras canchas estaban siendo ocupadas por otros campistas que se mantenían ocupados corriendo y gritando lo suficiente para crear un ambiente deportivo al igual que divertido me gustaba el satisfactorio sonido inconsciente que las personas hacían cuando las cosas les salían bien y más si provenía de mí, golpear la pelota para hacer puntos se sentía como tener la gloria en tus manos por cinco minutos.

Caminé con mi mochila y raqueta en mano a la cancha más próxima que estuviese vacía cuando escuché que alguien me llamaba, no decían mi nombre pero eran exclamaciones en voz alta, medio dudando voltee a todas partes hasta que di con June que se encontraba sentada en un banco al lado de una cancha ocupada por unas chicas. Me hizo señas para que me acercara y así lo hice.

No le había visto después de que terminó su desayuno en la mañana, nos despedimos con un simple bye que estaba seguro de que se repetiría en otras ocasiones pero jamás en el mismo día, se había cambiado el suéter por una camiseta de tirantes y los jeans por una corta falda del mismo color que la camisa. Un uniforme de tenis que la hacia ver como una Barbie a tamaño real.
No había notado la enorme similitud con la comparación dada; una enorme coincidencia.

—¿Vienes a jugar?
—No vendría con una raqueta sólo para ver. —Se la mostré—. Aunque tú tienes una y estas acá sentada en lugar de jugar.
—Son retas, la próxima que pierda sale y entro en su lugar. —Señaló y observé a una morena jugar contra una rojiza en algo que parecía nunca acabar.
—¿Por qué mejor no jugamos tres sets? —indagué en cuanto la idea hizo acto de presencia en mi cabeza, la pregunta captó su atención y me miró curiosa, aclaré mi garganta antes de hablar—. Si jugamos tres en lugar de seis podemos terminar rápido y así vuelves a jugar con ellas.
—Son seis o nada, Bash, que sea un partido de verdad.

Se levantó y caminó hasta la cancha más próxima con una mirada desafiante dirigida a mí, demonios, no sabía en lo que me había metido.
Le seguí a poca distancia mientras disimuladamente miraba las largas piernas al descubierto que poseía y se veían increíbles con la falda de su uniforme deportivo.

Acordamos que ella sacaría en el primer juego y tomé con fuerza mi raqueta una vez que ella estaba en posición para hacerlo.

—¿Listo?
—Cuando quieras, amor. —La tenté con aquella palabra y la vi sonreír aún más—. Hazlo.

No esperó más y lo hizo, esperaba que fuese una rival fácil cuando desde el comienzo noté que no sería así, la pelota voló tan rápido que no la vi venir y calló en mi lado bastante cerca de la red, cuando intenté correr para golpearla dio el segundo bote y se hizo el primer punto a favor de ella. 
Comenzó a gritar y dar saltos de su lado mientras mantenía mi vista en la pelota aún, ¿cómo lo había hecho?, estaba obviamente distraído por el endemoniado uniforme que traía puesto. Me convencía de que había sido eso yo mismo para evitar la idea de que no presté atención a un saque en el partido.

—¡Punto!
—No te emociones, ¡te faltan más para acabar el juego y todavía quedan cinco sets! —grité en respuesta tratando de sonar burlón mientras la veía tomar otra pelota de su bolso deportivo en el suelo.
—¡No importa porque he anotado un punto sin que te dieras cuenta!

Agradecí en silencio que nadie estaba prestando atención a nuestros gritos por estar en sus propios juegos porque nadie me había pillado con la guardia baja antes en el tenis.

Me aferré aún más a la raqueta y miré con los ojos entrecerrados a la rubia preparando el próximo saque, nada de distracciones ésta vez, comenzando la faceta competitiva que tanto me caracterizaba y la cual no disfrutaba las derrotas.

El tiempo pasó volando al igual que los sets, cuando menos me di cuenta estábamos empatados al terminar el último set, los demás jugadores se habían agrupado a los costados de la cancha para ver el partido que les resultaba entretenido y a mí una tortura. ¿Perder contra June? Eso ni de broma lo soñaría.
Sudor se agrupaba en mi frente y debía de secarme cada cinco minutos con una pequeña toalla para que mis manos no soltaran la raqueta, mi oponente estaba igual o peor de cansada, su pecho subía y bajaba irregularmente mientras gotas de sudor bajaban de sus sienes hasta el cuello.

—¿Desempate? —preguntó una chica con un grito.
—¡Muerte súbita! —exclamó un chico y los demás comenzaron a corear con él.
—¡¿Qué dices, Ken?! 

Ella alzó el mentón y me miró con las cejas arqueadas después de gritarme, me lo pensé por unos segundos porque no quería perder frente a una mujer enfrente de otros campistas y menos si era contra Lawrence, pero el espíritu de la diosa griega Niké pareció poseer mi razonamiento al querer ser el primer lugar del partido.

—¡Hagámoslo, Barbie, muéstrame tu último esfuerzo!

Y sin más preámbulos tomé la pelota con la cual se disidiría el ganador de aquel desastroso empate, no sólo en un partido de tenis sino también en aquella puntuación de logros que teníamos sobre ambos la rubia y yo, era tan importante como si me fuesen a dar un millón de dólares al ganar.

Me planté confiado en donde debía y con un último vistazo a June disparé.

¿La sensación de vivir algo que te pone los pelos de punta? La sentí, mis piernas flaquearon y mi boca se abrió por la sorpresa, el color fosforescente de la pelota fue un rápido destello que rebotó poco después de la red en el lado contrario tal cual había sido el primer tiro que ella me había mandado, estaba a medias de llegar para golpearla cuando dio el segundo bote y se hizo punto.

—¡Ja, gané!

Mi espantosa risa se escapó de mis labios y salí corriendo por toda la cancha para festejar mi victoria, entre saltos e incomprensibles exclamaciones llegué hasta con June, cruzada de brazos con su expresión sombría muy visible.

—¿Terminaste de parecer un simio?
—¿Molesta?
—No, decepcionada. —Me miró con los ojos entrecerrados—. Creía que lo nuestro podía funcionar pero te comportas como los demás. Disfrutas humillarme, ¿no es así?, descuida, sigue regocijándote con la victoria. Llegará mi turno después y lamentarás haberte burlado así. Bastian tres, June dos, de momento.

Me dio una palmada en el hombro y se alejó sin decir más o mirarme siquiera sobre el hombro. June era incomprensible a pesar de que me veía reflejado en ella la mayor parte del tiempo.
sorry:
lamento la tardanza y si hay errores en el capítulo, llevaba escribiéndolo con tiempo y se me cortó la inspiración pero lo terminé como pude, espero que les guste aún así y prometo algo mejor la próxima ronda. 

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