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Pacific Coast Academy.

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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por brillantina. el Sáb 12 Dic 2015, 6:59 pm

Gracias por los comentariooooooos (: MEEEEEEEY Que hermoso comentarioooooooo Ya quiero leer el próximo cap. Cuando pueda usar la compu respondo los comentarios, lo prometo<3 amarrrrrlas
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por Meteora el Dom 13 Dic 2015, 3:57 pm

Capítulo 03.
Who do you think you are?

—¿No me dejas darte ni un beso de bienvenida, nena?

Llevaba casi media hora teniendo que escuchar al idiota más grande de la Academia intentando besarme. Yo solamente buscaba un batido de fresa para Kate, y me encuentro con... eso. Era lo que me tocaba por separarme de Astrid y Violet.
Era lindo, no se podía negar. Ojos grises, pelo rubio, bronceado. El estereotipo de chico californiano por el que las chicas no-californianas deberíamos babear. Bueno, mensaje para ellos: en el resto del mundo también hay chicos rubios con ojos claros; y la mayoría no cree que se puede llevar el mundo por delante. No era el caso de este imbécil.
Así que, unas horas después de haber llegado a PCA, ya quería irme. Había intentado encontrar la cafetería del lugar, sin éxito; así que había comenzado a caminar de vuelta a la habitación, con él (ni me había molestado en saber su nombre) siguiéndome.

—¿Cómo sabes que soy nueva?—inquirí, demasiado determinada a pasar por alto su insinuación.
—Estuviste quince minutos buscando un batido en la sala de reuniones—me hizo notar, haciendo mis mejillas sonrojar—. Además, he besado a la mayoría de las chicas de aquí, y estoy seguro de que recordaría tus labios.

El tono en el que lo dijo no sólo me dio asco, sino que me enfadó. ¿Quién se creía? Era una copia barata de un Max Steel y yo no iba a dejar que nadie me tratara así. Por muy lindo que pudiera ser, se notaba muy artificial. Y si un chico de verdad no podía pasarse de listo conmigo, menos lo iba a hacer uno de plástico.
Así que en un impulso me detuve en el medio del pasillo que da entrada a las habitaciones femeninas, con las manos en las caderas y mirada furibunda. Extendí mi brazo derecho y le pegué una de las cómicas cachetadas que tanto se ven en las telenovelas. El problema es que yo esperaba que su reacción fuera una mirada de resignación y una retirada. En cambio, sus ojos se tornaron oscuros, sus expresiones se endurecieron y me tiró del cabello con tanta fuerza que me tuve que poner de puntas de pie, mientras soltaba un alarido.
Fue demasiado rápido como para procesar todo lo que sucedió luego. Pero en un segundo estaba suspendida en el aire, chillando, y en el otro había caído al piso. Max Steel me había soltado, y ahora era él quien gritaba. Mi vista se nubló un momento debido al golpe, pero cuando pude ver bien e incorporarme seguía sin descifrar lo que sucedía. En una fracción de segundo, alguien había salido en mi defensa, y golpeaba brutalmente a mi maltratador. Para aumentarle histeria a la escena, y como se había formado un círculo a mi alrededor (no sé cómo, no sé cuándo) que aclamaba pelea, comencé a chillar mientras me levantaba.

—¡Basta! ¡Largo de aquí! ¡Déjenme en paz!

Y luego de recibir miradas de eres-una-lunática, comenzamos a quedarnos los tres solos en el pasillo. Mi defensor sostenía a mi atacante de la camiseta y lo amenazaba en voz baja, mientras el idiota asentía, presa del pánico. Si no hubiera sido momento de risas, habría carcajeado al ver su expresión de súplica.
En ese momento, mientras Max se alejaba, pude ver bien al chico que había puesto la cara por mí, y se me cayó el alma a los pies al reconocerlo: era el copiloto de la camioneta monstruosa que Kate casi atropella. Mi mente pasó de querer abrazarlo y hacerle un altar a recordar nuestro primer encuentro. Mi actitud, lógicamente, cambió.
Se acercó a mí, con paso resuelto y sonrisa de satisfacción, mientras se acomodaba la mandíbula. Al parecer, él también había recibido. Le dirigí una mueca de disgusto.

—Agh, eres tú.
—¿Así le agradeces a tu salvador?—preguntó, con una ceja arqueada. Todavía con ese tono de broma que me irritaba.

Parecía vestido para el casting de Hombres de Negro. Pantalón negro, remera negra lisa que complementaba con una chaqueta de cuero, negra. A pesar de todo eso, se veían los tatuajes trepando por su cuello. Sus ojos azules pálidos completaban la idea de que no había que meterse con él. Incluso después de pensar eso, noté que había muchos Max Steels en Portland, pero no chicos como él.

—¿Tú también quieres darme un beso de bienvenida?—me burlé, conteniéndome para no romper en llanto por lo que acababa de suceder. Ya estaba lúcida y no podía dejar de acordarme del maltrato que acababa de sufrir. Mi cabeza sufría feroces puntadas. Tenía que apresurarme a encontrar a las chicas.
—La verdad, sí.
—No empieces, que ya me he dado cuenta de que tú y ese idiota tienen el mismo tipo de humor—murmuré, alejándome un poco de él. Sin darme cuenta, habíamos comenzado a caminar.
—Él tiene (o intenta tener) el mismo humor que yo. Desde el año pasado cree que se puede parecer a mí. No puede porque le dan miedo las motos, y eso es la esencia de mi imagen.

Me reí un poco al pensar en que ese chico, que se había osado a tirarme del cabello, pudiera asustarse por las motos. Pero yo no estaba para charlas, y no se me podía olvidar que su actitud no inspiraba confianza. Menos luego de ver cómo golpeaba a Max.
Así que le sonreí, musité un pequeño agradecimiento y di vuelta en dirección a la habitación. Para poder darme un baño de dos horas escuchando Pink Floyd.
Pero él me detuvo.

—Hey, ¿estás bien?—con sus largas zancadas, se puso al lado mío rápidamente. Su tono había pasado a denotar más seriedad de la que yo esperaba para alguien como él. Se suponía que los "chicos malos" no tenían tiempo para preocuparse por dramas de mujeres, ¿no? Seguro tenía su agenda muy ocupada con todas las peleas y robos que estaban pendientes.
—Sí, sólo que no he tenido un primer día muy... acojedor—comenté, con una mueca de consternación al recordar todo, una vez más.
—Bueno, si no vas a besarme, ¿por qué no me cuentas qué sucedió?

Y lo hice. Le hablé de mi llegada, mis expectativas y mi buena voluntad para comenzar aquí. Le dije cómo todo eso se fue por la borda debido a la personalidad de la gente. No se me olvidó contarle con muchos detalles mi encuentro con el idiota, y por qué había terminado de esa forma. Me escuchó atentamente, sin aportar ningún comentario. Sonreía cuando yo comenzaba a actuar lo que le estaba relatando y chispearon sus ojos mientras le contaba aquel reciente maltrato.
Nos habíamos sentado en alguna parte del terreno del cámpus, en el césped. El sol había comenzado a ponerse, lo que me dio una idea de la hora. Mi mamá sólo me había enseñado una cosa útil en todo el tiempo que estuvo conmigo: cómo leer el cielo. Pero me llevaba al menos cinco minutos últimamente, porque mi habilidad adquirida estaba oxidada. De modo que no le presté atención al tiempo y concluí mi relato, con un supiro.
Entonces él meditó su respuesta mientras sacaba una caja de cigarrilos, luego uno, luego un encendedor. Dio una inhalada, me miró de reojo, y dijo:

—¿Sigues necesitando ese batido de fresa?

**

Al final, sí me di un baño escuchando Pink Floyd, pero de veinte minutos, porque por quedarme hablando se me pasó el tiempo y llegábamos tarde a la fiesta. Mientras me cambiaba, les conté lo sucedido con el idiota (que luego de conversar un poco más con mi salvador, descubrí que realmente se llamaba Max, vaya ironía). Como era de esperarse, se horrorizaron.

—¡Es un hijo de...!—empezó a exclamar Kate, lanzando a continuación la mayor cantidad de insultos que le había oído decir nunca.

Todas parecían dispuestas a atravesar la puerta y triturar su cara a patadas, repetidas veces. Kate ya había dejado de prepararse para la fiesta: ahora se alistaba para ir a matarlo. Se levantó y le exijió a Astrid que le diga dónde había dejado las tijeras.
Violet, sin embargo, tan callada pero tan escéptica, puso una mano en la rodilla de nuestra furiosa amiga, y me preguntó:

—¿Cómo saliste de esa?

Y maldecí, porque yo esperaba cambiar el tema a la campaña de reciclaje que planeaba comenzar el lunes. En su lugar, tuve que contarles sobre "el idiota número dos", como lo llamaba Kate. Estaba segura de que a ellas no les caería bien, para nada. No con la primera impresión que nos dejó a todas, al bajarse de la camioneta.

—Y no sé qué hacer, porque me ha dicho que quizás podríamos seguir hablando en la fiesta. Pero cuando lo pienso más, creo que ha hecho todo ésto para burlarse de mí. Puede que haya tenido compasión al defenderme, pero después puede haber estado fingiendo. Y seguro me ha dicho que nos veamos en la fiesta para que me ilusione y lo busque; y así se pueda reír un rato con sus amigos—empecé, aumentando la velocidad de mis palabras a medida que se me ocurrían desgracias.
Luego de unos segundos silenciosos, Violet aportó: —Creo que estás en uno de tus ataques de dramatismo, Ruth. Yo opino que se interesa en ti, pero no estoy segura de que tú debas interesarte por él.
—Con esos chicos hay que ir con cuidado—sentenció Astrid.

Y ahí sanjamos la conversación. Yo debería alejarme de chicos como esos, que tenían intenciones difusas. Había que ignorar lo atractivo que me parecía, y lo interesante que sonaba tener una aventura con él. Era seguramente el chico más peligroso de la Academia, y yo iba y me hacía amiga de él. Aunque llamarme amiga de él ya era ir muy lejos. Otra gran posibilidad es que me haya salvado porque es lo que se debe hacer en situaciones como esas; y luego se quedó hablando conmigo por compasión y su "nos vemos en la fiesta" fue una forma de deshacerse de mí.

—¿Al menos le sabes el nombre?—preguntó Kate.

**

La fiesta me estaba aburriendo. Astrid había desaparecido con un chico (ya nos contaría luego) y las tres mosqueteras restantes reposábamos en un sillón. Kate y Violet conversaban sobre los temas más variados hace una hora, y yo por primera vez en mucho tiempo no sentía deseos de hablar. Mi hilo de pensamiento se centraba en si debería ir a buscarlo o no. Hasta que mis dos amigas comenzaron a sugerir películas para ver. De acuerdo a mi estado de ánimo, "Los tres chiflados" me haría bien, según las chicas. Yo estaba pensando en Titanic, en realidad.

Me incorporé de un salto, cansada de la misma monótona posición, tan desapropiada para una fiesta. —Bueno, chicas, yo me voy a pedir una copa. ¿Alguna viene?

Así que me encaminé sola a la barra de tragos improvisada, donde un barman (también improvisado, pero bastante habilidoso)  llenaba toda una ronda de tragos. Cuando se encontraba liberado, me sonrió y enarcó una ceja, preguntándome qué iba a tomar.

—Daiquiri, de fresa, por favor.
—¿Tú y tus amigas tienen una obsesión rara con las fresas, o algo?

Debo confesar que sí que fui a la barra con la esperanza de cruzarme con él. Pero a parte de eso, estaba completamente decidida a evitarlo. La parte racional y fuerte de mi cerebro comenzó a procesar velozmente lo que debía hacer: me iba a dar vuelta, murmurar un "algo así" y retirarme de la escena.
Así que me volteé, y le dije:

—Es una especie de tradición que tenemos las cuatro. Hace unos años armé una campaña para reducir el uso de pesticidas en las fresas, y para demostrar que así se venderían más, las consumimos todo el tiempo.

¡¡NO!! No podía tener tan poco autocontrol. Yo no era así, de ninguna manera. Así que cuando replicó que nunca había conocido a alguien tan Green Peace como yo; en vez de agradecerle lo que había considerado un cumplido, me puse firme.

—Sí, vale, pero no creo que debamos hablar. No tenemos nada en común, y no creo que seas... saludable para mí.
—¿Vamos a jugar a Hush Hush, preciosa?

No me convenía jugar a nada con él, lo tenía bien claro. Así que me concentré en mi daiquiri, esperando a que se fuera. No tenía sentido lo que estaba diciendo, no concordaba con las teorías que se presentaban en mi mente. Ya estaba descartado que había hecho todo por pena. Si no, no se habría sentado al lado mío ni pagado mi trago, por mucho que protesté.
Pero la Nora realista se dispuso a retirarse para proceder a perder todo contacto con Patch. Pero él, como felino cazando a una presa, se puso al frente mío, inmovilizándome en mi banqueta.

—A ver, muñeca. No por poder convencer a los agricultores para que dejen de envenenar las estúpidas fresas me vas a convencer a mí de que no quieres estar conmigo. No va a ser la última vez que nos veamos, y si quieres jugar a ser la chica difícil, está bien. Pero cuando me interesa algo, lo consigo. ¿Trato, Green Peace?

Estaba estupefacta. ¿Quién se creía? No podía decir todo eso con tanta seguridad, menos con el volumen tan alto de la música de fondo. Intenté recopilar lo que acababa de decir, pero estaba atontada mientras me esforzaba en regularizar mis latidos. Lo aparté de un manotazo y sólo se me ocurrió decir:

—No me llamo Green Peace.
Él rio entre dientes, seguramente por el temblor en mi voz y la estupidez de mi afirmación. —Lo sé, te llamas Ruth. Leí tu solicitud de ingreso. Yo soy Kurt—y luego de guiñarme un ojo, se fue. Dejándome con la boca abierta, de nuevo.

**

Con el fin de distraerme, y también porque la fiesta ya estaba muriendo, busqué a las chicas. Encontré a Violet y a Kate en distintos lugares, pero ni rastro de Astrid. ¿Es que la estaba pasando bien con ese tipo que conoció? No tuvimos forma de saberlo hasta que las tres abrimos la puerta de la habitación. Astrid dormitaba en su cama, y a su lado estaba el chico desconocido. Había una película en el televisor, pero él había dejado de prestarle atención y contemplaba embobado a Astrid.
No sé si fue porque veníamos sensibles por la fiesta, pero mientras Violet se sonrojaba (porque ¡había un chico en la habitación!), Kate y yo nos pusimos histéricas.

—¡Eh, te vas calmando, que nuestra amiga no es una escultura para que la mires así!
—Seguro está drogada. ¡¿LA HAS DROGADO, CANALLA?!
—Tienes medio segundo para volar de aquí e irte a ser un adolescente precoz a otro lado, o lo vas a lamentar.
—¡Nadie se aprovecha de nuestra Astrid, ¿escuchas?
—Chicas, quizás no son así los hechos...—intentó intervenir Violet, tímidamente.
—Ya veía venir que ibas a ser un pervertido. ¿No te dije, Violet, que tenía cara de degenerado?

Precipitadamente o no, lo pusimos en su lugar. El pobre no tuvo tiempo de dar explicaciones cuando Kate ya estaba apuntándole con sus tacos. No le quedó otra que salir volando del cuarto. En el medio de los gritos, no nos habíamos dado cuenta de que Astrid nos miraba con cara de querer pasarnos un tractor encima de los pechos.
¿Ups?


:
BUENO CHICAS YA SÉ QUE ES UNA MIERDA, SABEN. NO TUVE MUCHO TIEMPO, USTEDES SABEN QUE ANDO OCUPADA. ASÍ QUE PERDONEN, EL PRÓXIMO VA A SALIR MEJOR. LAS QUIERO


Última edición por knee socks. el Miér 13 Ene 2016, 9:51 pm, editado 2 veces
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bigtimerush. el Dom 13 Dic 2015, 4:39 pm

Bueno, ¿que decirles? Ya estoy mas o menos equilibrada entre la decencia (y no locura de perra excitada) y la emoción. siento orgullo de mi misma.
..............
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡MENTIRA, ES MENTIRA!!!!!!!!!!! ¿A QUIEN QUIERO MENTIRLE? NO CONVENZO A NADIE NI PORQUE ME PAGUEN. NO SABES, MAY, ESTABA EN EL CARRO Y ESTABA MEDIO SALTANDO PERO NO QUERÍA SER MUY OBVIA PORQUE NO ESTABA SOOOOLA, ASÍ QUE LLEGUE A MI CASA Y ENTRE RISITAS POR LA TEMPERAMENTALIDAD DE RUTH , LA SEXOSIDAD QUE EMANABA CADA LINEA DE KURT , Y LO TAN INCREÍBLE DE TU ESCRITURA muack , HICE MAS O MENOS EL RIDÍCULO EN FRENTE DE MI HERMANA.
Pero finalmente lo leí.
LO LEÍ Y ESTABA TAN AGITADA QUE TUVE QUE IR A MI CUARTO A DESAHOGARME Y GRITAR POR MUCHOS SEGUNDOS CON MI CABEZA FIELMENTE PEGADA A LA ALMOHADA.
Estoy tratando de desahogarme un poco, pero cOMO QUE NO FUNCIONA, ¿¿¿O SOY YO??? Esto es lo que pasa por escribir una colectiva con tus mejores amigas, entras en la D E M E N C I A. Todo paso tan rápido que en menos de tres días pase de estar estresaenamorada con mi capitulo hasta pensar detenidamente que haré a continuación porque AH, SI, UN CAPITULO MAS Y VOY YO DE NUEVO . Me voy el martes de viaje, y aunque Ani no haya subido, hoy mismo me pongo de acuerdo con ello para que me comente sus ideas (y me de spoilers) para ir escribiendo y le digo a una amiga o algo que lo suba por mi.
Ya yéndonos hacia el capitulo. Primero TENGO que decir que me encanta locamente la manera en que escribes (TU NO PUEDES HACER ESO BASTA DÉJAME NO ME TOQUEN DIJE QUE NO ME TOCARAN), y es demasiado formidable porque es de una manera tan singular que expresa puntual y hermosamente hasta el rincón mas recóndito y loco de la mente de Ruth, y sencillamente (aunque no hubo nada de sencillo ahí, obvio) te transporta directamente a la historia. No hacen faltan esas largas y fastidiosas descripciones (que a veces hasta yo hago D:) que demuestren que estas segura de lo que estas haciendo, porque resulta que leerte hace que detalles como esos sean insignificantes. Te hace reír en toda la lectura, el desarrollo es IMPRESIONANTE y sin contar la mezcla de sentimientos que aplastan la sinapsis de tus neuronas, biológicamente hablando, todo me encanto. No voy a negar que no me enojo cuando haces que lo que haces parezca menos, pero cuando lo dejes de hacer, YO TE MANDO UN IPHONE 10 A ARGENTINA.
Ya dejándome de protocolos y demás, ADJASKJFHAKJJFHDSGJLKGJSAKGKFDJHKFWH4T3I9E2DINJVCNSK NISIQUIERA IBA POR LA MITAD DEL CAPITULO Y YA TENGO UNA PRIMERA PARTE FAVORITA:
Yo solamente buscaba un batido de fresa para Kate, y me encuentro con... eso.
AME ESTO Y CABE DESTACAR QUE YO PENSÉ QUE TE HABÍAS IDO DIRECTAMENTE CON KURT PORQUE YA SABES, LOS IDIOTAS DICEN LINEAS IDIOTAS Y YO SABIA COMO ERA KURT(?) PERO NO PORQUE EL NO ERA RUBIO Y FUE COMO DDDDUUUUUUHHHH ESTÚPIDA :
El estereotipo de chico californiano por el que las chicas no-californianas deberíamos babear. Bueno, mensaje para ellos: en el resto del mundo también hay chicos rubios con ojos claros; y la mayoría no cree que se puede llevar el mundo por delante. No era el caso de este imbécil.
ESTO ME PARECIÓ TAN ARROGANTE QUE CASI LO ESCRIBO YO DE NUEVO Y LE AGREGO QUE LO ESCUPÍA A LA CARA O ALGO ASÍ O SEA EXTINGUETE PERO ME DIO RISA PORQUE IMAGÍNATE A RUTH PASANDO PENA JAJAJAJAJAJA y nada me tente para la mierda:
—Estuviste quince minutos buscando un batido en la sala de reuniones—me hizo notar, haciendo mis mejillas sonrojar—. Además, he besado a la mayoría de las chicas de aquí, y estoy seguro de que recordaría tus labios.
Y ENTONCES PASO LO DE LA CACHETADA Y QUE EL IDIOTA NO SE QUEDO CON ESA, NO, SINO QUE GOLPEO A LA POBRE RUTH O SEA QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE QUE TE PASA MIJO ANDA A DROGARTE CON CEMENTO
Y Y LUEGO COMO REACCIONO RUTH FUE TAN YO TODO EL TIEMPO NO SE QUE ME PASA PEro bue TIPO NO ME TOQUEEEEEN CHAO:
... y como se había formado un círculo a mi alrededor (no sé cómo, no sé cuándo) que aclamaba pelea, comencé a chillar mientras me levantaba.
—¡Basta! ¡Largo de aquí! ¡Déjenme en paz!

(Nota de la Mey serena y coherente> Bueno, se pude visualizar... NO, QUE TANTAS PALABRAS TÉCNICAS?, SE NOTO QUE ERA UN IDIOTA PORQUE CUALQUIER PRÍNCIPE AZUL Y NO NEGRO *tose viendo a kurt* LA HUBIERA LLEVADO AL HOSPITAL ahqueno)
ME REÍ CON LO DE A CONTINUACIÓN QUEDO DEMASIADO SHOCKEADA POBRE Y TU ACTITUD DE BESTIA SEGURA NO AYUDA, KURT, SI ME ESTAS LEYENDO EN ALGUN LUGAR, gracias:
—¿Tú también quieres darme un beso de bienvenida?—me burlé, conteniéndome para no romper en llanto por lo que acababa de suceder.
OHHH RESULTA QUE KURT SI ME ENAMORO CUANDO PREGUNTO SI ESTABA BIEN:
Seguro tenía su agenda muy ocupada con todas las peleas y robos que estaban pendientes.
TODO LO DE LAS FRESAS COMENZÓ PORQUE YO LAS AMO Y OBVIO KATE TENIA QUE AMARLAS Y LO PIDIÓ Y RESULTA QUE A RUTH LE GUSTA Y ES MUY SAJADJASDJSJFF.
No sentía mi pulso aquí:
—¿Vamos a jugar a Hush Hush, preciosa?
Y NUESTRA ESCENA AY DIOS NUESTRA ESCENA FUE TAN LINDAAAAA ERA TODO LO QUE KATE PODÍA DECIR Y RUHT Y VIOLET TODA AVERGONZADA SIENTO QUE LA AVERGONZAMOS SIEMPRE COMO ES POSIBLE Y NUESTRAS BUBIS APLASTADAS POR UN TRACTOR EN LA MENTE DE DEBY ASTRID
Es un comentario muy largo (?) Espero pronto el de Ani, las amodoro chicas xoxoxo!


Última edición por bigtimerush. el Dom 13 Dic 2015, 5:28 pm, editado 1 vez
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por brillantina. el Dom 13 Dic 2015, 5:15 pm

yo iba a comentar pero pensé pobre Mey nunca es primera(?) así que te esperé. Mañana a la mañana probablemente responda los cometario y comente el capítulo. Ya quiero leer a Ani y principalmente escribir de nuevo sbavdjsbsks las quieroooo
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bigtimerush. el Dom 13 Dic 2015, 5:30 pm

thank u for ur mercy deby
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bigtimerush. el Mar 05 Ene 2016, 8:33 pm

Capítulo 04.
I forgot how to breathe when he touch me - Shes not typical. Ans its killing me.
Hay puntos bajos y hay puntos bajos. Este, avanzando a trompicones con la palabra ansiedad colándose en mi pecho, por el estrecho pasillo escasamente iluminado y con el olor a tequila y algo más adherido a mis fosas nasales con una cinta (no tan literal como sonaba), era mi punto bajo.
—Veras, querida Let —tomé un pequeño sorbo de un extraño trago purpura que el lindo bartender (adjetivo producto de mi leve ensoñación para nada fantasiosa) me otorgó por “Cortesía de la casa”. Me reí para mis adentros; idiota. —No tengo ganas de discutir contigo, pero resulta obvio que Santa si existe.
—Pero Kate —ella rió musicalmente y casi me reí con ella, pero estropearía su armonía con mi estruendo vergonzoso. —Ya tienes casi diecisiete, querida, ¿Cómo es posible que no…?
Katelyn alzó un dedo de manera irreverente. —No, lo siento. Te ofendí.
Violet, adorablemente confundido por los síntomas de mi locura momentánea, escaneó mis dedos enrojecidos y húmedos por la condensación del vaso que tenía tamborileando en mi mano.
Parecía como si estuviera irritada por mi arrebato de impulsividad al decidir que quería “refrescarme”. Pero no podía saberlo por las intermitentes luces de colores que parpadeaban como un festival en su rostro.
—¿Qué hay dentro, Kat? —preguntó Violet con fingida inocencia, tratando de tomar el vaso entre sus agiles dedos. Aun no veía borroso y mi control estaba intacto, así que entrecerré los ojos en su dirección y no solté mi vaso rojo. —Vamos, déjame ver.
—Ya te dije: Refresco de uva.
Let asintió con aire distraído y parecía estar pensando en algo específico con mucho detenimiento. —Refresco, ¿eh? Yo quiero uno de esos también.
Sonreí como el gato de Cheshire en respuesta.
—En ese caso, ve y pídele uno al chico de la barra. Pero solo uno, ¿trato?
La castaña frunció el ceño. —Pero tú ya vas por el tercero.
—Resistencia, bebé —le aseguré, encogiéndome de hombros.

Pegué mi espalda sudorosa a la pared izquierda del largo pasillo.
Resistencia, un infierno que sí.
Miré como mi reloj Guess daba vueltas en mi muñeca mientras intentaba concentrarme en que volviera al estado de reposo que debería tener. Bueno, muchas cosas definitivamente no deberían estar pasando. Eran las once y un cuarto y los segundos pasaban tan rápido como los latidos pesados de mi corazón.
Visualizando a Violet mientras se zambullía en la multitud alocada de adolescentes desde los asientos de una recóndita esquina, me sentí patética. Patéticamente enojada conmigo misma, también. Desde que pisé el aeropuerto de Portland, la sangre caliente golpeteando en mi cerebro era tan emocionalmente tangente que me impedía ver más allá de mi misma y lo que quería. Paseé mí vista por la pista y observé como Astrid se dejaba llevar sin ningún inconvenientemente visible: Sabía que la idea de salir de Portland no había resultado tan atemorizante de no ser por la introversión que pintaba sus ojos. Estaba cien por ciento segura de que una vez que Ruth instalara su contienda ecologista, no iba a sentirse tan fuera de tono y eso aumentaría su buen humor, lo que se traduce en No Molestia. Violet, por su parte, era probable que estuviera aquí por la sanidad mental del resto de nosotras y era la evidente representación, por supuesto, del contrario a mi faceta incurablemente dramática.
Yo era la única que se aferraba con uñas y dientes a la posibilidad (o más bien mínima esperanza) de estar bien allá, a pesar de todo y con la ayuda de las sonrisas optimistas de mi mejor amigo Maslow. La sensación de invencibilidad era tan poderosa que estaba increíblemente contenta por mi futuro.
Hasta esa noche.
Sin irme hasta allí de ninguna manera, se me ocurrió que tal vez no era tan malo.
Sí, estaba harta de todo el drama y harta de mí tratando de lidiar con él.
Ya estaba hecho. Concretado. Era oficial, aunque no quería considerar que prácticamente hui sin querer, y el atípico alivio que se instaló en mis entrañas me reconfortó lo suficiente para levantarme, alisar las arrugas inexistentes de mi camiseta por la cintura rosa claro y escanear el lugar en busca de una distracción.
Y tan rápido como noté que necesitaba otro vaso con la deliciosa pero adictiva sustancia purpura, lo sentí.
Mi cerebro ni siquiera se tomó el tiempo de registrar el choque eléctrico entre mis neuronas que me llevó a volverme con los ojos medio centellando con irritación, mis manos volviéndose puños por el acto, mi cuerpo entero estremeciendo desagradablemente por la sensación de un hielo deslizándose por mi espalda baja descubierta y mi boca preparada para destruir al causante.
Todo el procesamiento en mi mente se produjo en cuestión de segundos y me di la vuelta, ignorando el frío que experimentaba en aquel momento.
—Tengo que darte mis más sinceras felicitaciones. Realmente eres un gran inepto. —resoplé, llegando solo a ver un suéter gris Polo en cuanto me volteé…
El sujeto en cuestión me doblaba en altura, y de pronto una ola tan fuerte que casi provoca que mi espalda impactara contra el piso y me revolviera la medula de la fragancia One Million me golpeó. Y ni siquiera tuve que alzar la mirada.
Sin embargo, la traicionera chispa instantánea que sentí en el pecho me empujó a hacerlo y una vez más en un solo (no maldeciré) día, reprimí un jadeo.
Sus pectorales eran más grandes que mis pechos y me dolió, ¿saben?
Era el joven del pasillo.
—Hola para ti también, encanto —me saludó, su voz arrojándome lentamente a un pozo de molestia. —Gran inepto, ¿eh? —continuó, sosteniendo mi barbilla con su dedo y clavándome los ojos azules. —Fascinante.
Me concentré en mirar el punto medio de su frente, negándome a devolverme la mirada de nuevo. —Te faltó él lo siento —escupí, ganándome una sonrisa que tiró de sus labios apuesto a que inconscientemente—, ¿sabes cuánto amo esta camisa? Está. Arruinada. Por. Ti.
Aparté su dedo gentilmente y di un paso hacia atrás o tendría torticolis, salvaguardando mis deseos de echar raíces y admirarlo por un día entero.
—¿Sabes cuánto amo como luces con esa camiseta? —y lo miré con mis cejas juntas solo porque con un comentario como ese, nunca flaquearía. —Y odio haberte mojad… —el azul de sus ojos se tornó oscuro y relamió su labio inferior—: Bueno, absolutamente no odio la relación de la palabra “mojada” y tú. No —deslizó un dedo por el puente de mi nariz y antes de que bajara a mis labios, le pegué un manotazo. —Nunca.
Hice una mueca, sin embargo, mi cuerpo reaccionó en contra enviándome una densa sensación de cosquilleo en los labios por lo que pudo haber sido.
—Eres tan desagradable. No sé si culpar al destino por nuestros encuentros o solo conformarme con la peor versión del karma.
El joven por el que me esforzaba no suspirar se pasó una mano por el casi rubio cabello. —Lo siento, Kat. Algún chico del que me olvide golpear en cuanto vi la adorable arruga entre tus cejas debió haber chocado con mi espalda. Malditos ebrios, los encuentras en todas partes.
Me pregunté si lo sentía por sus comentarios sonroja-chicas-inocentes o por arruinar mi camiseta, pero lo dejé pasar pues tenía prioridades. La parte débil pero siempre coherente de lo que quedaba de mí estaba renuente a la idea de establecer un dialogo prolongado con sonrisitas.
—Si me disculpas, necesito otro de éstos —agité el vaso con una sonrisa cortante—. Hasta des…
—Mmm —él tomó mi mano con vaso incluido y la bajó, aumentando un poco la fuerza de su agarre. Si me hubiese dolido, me hubiese quejado en su rostro, peor no fue así. —Así que Katelyn —arrastró sus palabras con la intención de sonar “seductor”. Como sea. —No me has preguntando aun mi nombre, ¿supongo que no quieres ponerle nombre a tu delirio?
Puse los ojos en blanco porque uno, no recuerdo haberle dicho mi nombre y dos, su seguridad explotaba a la mía en un dos por tres.
—No. No quiero ponerle uno a mis pesadillas, Payne.
Su mano aun tomaba la mía y cuando traté de zafarme, el negó con la cabeza, así que le dije:
—Se te está haciendo una muy descortés costumbre impedir que me aleje, ¿así que asumo que eres una especie de chico obsesivo que vigilará mis sueños?
El no dudó: —Solo si gimes mi nombre en ellos.
Mi quijada se abrió hasta probablemente caer. El descaro en sus labios me enfadó miserablemente. Miserablemente porque si él seguía haciéndolo, tendría que sucumbir en algún punto. Así que necesité cambiar de táctica. Solo usaba ese comodín en casos de emergencia y la verdad era que aunque el sujeto me inspiraba confianza (no parecía ser un asesino serial. Quizás un violador serial… Ja. ¿Ven? Eso hacen los malditos tragos purpuras), no se sentía correcto fiarme de él.
—Si me dices cómo te llamas, puedo hacerlo ahora mismo —le sonreí dulcemente.
Pero no. La señorita Jaz de recepción se había enamorado de mí cortesía y atención y había sentenciado que era un rayito de sol, lo que me beneficiaria si hacia un plan maestro que me permitiera husmear un poco en el archivo de este chico que me susurraba con sus agitados ojos azules, en aquel momento, que debía escapar. El número de su dormitorio tan cargado de testosterona como debería, sus clases, quizás sus alergias…
Seguro estaba recibiendo una descarga de veneno implícita a través de mis ojos.
Si no había nada que contrarrestara sus comentarios, calmaría un poco su intensa mente, me dije a mí misma.
—Max. Mi nombre es Max Payne.
Estaba imperturbablemente concentrado en mis labios. Los fruncí un poco.
—¡Max! —exclamé, asintiendo con furor. —Max, es un lindo nombre.
Confundido por el giro de la conversación, inclinó su cabeza y me miro tal y como un científico miraba a un ratón de laboratorio mutado.
Una chica rubia de una grande provisión de pechos, labios gigantes y rosas, y aparentemente el estereotipo en persona, se encontraba a sus espaldas, apuntando con su arma de francotirador; porque sí, sentía el punto rojo en mi frente. Por supuesto, ¡era de su club de fans! Debía estar reclamando a Dios por la ironía de que él estuviera con alguien como yo. Si por mi organismo no estuviera corriendo aunque sea una minúscula cantidad de alcohol, me hubiese sentido insignificante. Pero, ¿bromeas?, tenía más que una minúscula cantidad de alcohol disparando mi adrenalina con cada pensamiento.
Sorpresivamente, la chica se encaminó a nuestra posición una vez que fue consciente de mi mirada y agradecí a Jesús por perdonar mis pecados. Nunca más diría una palabrota otra vez.
—¡Max, mira a esta… —busqué una palabra adecuada para no sonar falsa cuando lanzara un adjetivo—, chica que vino por ti! —lo animé, señalando con los ojos a la ahora tonta chica de tonta sonrisa.
Aproveché su momento de interrogación mientras miraba a su fan en vivo y en directo para deshacerme de su determinado agarre y escabullirme unos pasos a la izquierda.
—¿Ah? —inquirió Max con su ceño fruncido hacia mí, ignorando la mirada profunda y salvaje de la pobre rubia.
—Es rubia. Te gustan las rubias, ¿cierto? —él se quedó mirándome seriamente. Casi río. Casi. —A él le gustan  las rubias —le aseguré a la chica, guiñándole un ojo con una sonrisa triunfadora mientras me desplazaba un poco más lejos. —¡Que no te intimide, querida!
Ella lo miraba encantada y extrañamente tenia cara de llamarse Molly.
Deteniendo mi divagamiento, le di una sonrisa socarrona a Max: —Desfruta, galán. Después… No —carcajeé—, no me agradezcas. A un kilómetro de mí la próxima vez.
Y salí de ahí tan rápido como mis tacos lo permitieron, soltando risitas en mi camino. Tal vez me adoraría y me compraría una linda mascota para expresarlo después.
Tal vez no.
Lo que si era seguro era que necesitaba salir de ahí antes de que me encontrara de nuevo. Tenía eso don y se lo concedía: Siempre me encontraba. En la mayoría de mis sueños, una fantasía silenciosa se arrastraba por mi mente y era la de ser encontrada. Ya saben, el comienzo de un final feliz, pero en mi mundo no había espacio entre tanto equipaje para una maleta más. Pobremente en mi interior una vocecilla la mayoría de las veces marginada me decía que necesitaba hacer un espacio.
Estaba mentalmente al borde, y había que añadir que quizás los tacos blancos en juego con la cinta que ataba mi cabello estaban matándome un poco. Pero conforme pasaban los segundos, el mareo de los shots anteriores se iba disipando hasta dejarme con ganas de más.

Me reincorporé luego de recordar semejante espectáculo y presioné mi palma contra mí frente, que estaba jodidamente caliente. La parte de atrás de mi camiseta se adhería a mi espalda cada tanto y hacía rato que la bebida que Max derramó sobre mí se había secado.
Estaba inconfundiblemente al borde de desplomarme, pero necesitaba encontrarlo.
Fiel a la excitación de adolescente inmadura que estaba formada en mi vientre, me adentré a la zona de la que me habló tan secretamente el chico de la entrada. Quedaba dentro del lugar de la fiesta, claro está, y al parecer estaba calificada para entrar. Seguramente se trataba de una cosa V.I.P de las que gozaban los que tenían mayor poder adquisitivo y un montón de cosas de la sociedad moderna.  Y Liam parecía ser uno de esos chicos que obtenían más que sonrisas atontadas de chicas como yo.
Era ridículo.
Mientras pedía mi tan ansiada bebida purpura para después ir a bailar un poco y hacer mi retirada definitiva, noté que el chico que atendía la barra improvisada de hace una hora ya no estaba allí; un moreno lo reemplazaba, y registré una mirada de su parte digna de una arcada.
Trataba de mirarme con deseo, pero de una manera retorcida y para nada halagadora.
Tragué duro y obligué a las palabras salir: —Quiero una de esas bebidas purpuras, ¿sabes de que hablo?
Con un asentimiento pero sin articular ni una palabra, se giró y empezó a prepararla. En alerta pero a la vez relajada, decidí checar el móvil que descansaba en el bolsillo delantero de mis jeans desteñidos. Deslicé la pantalla hacia la derecha y la notificación de un mensaje me llamó la atención.
¡Kate! Espero que la estés pasando bomba. Ya estoy por irme a los dormitorios, ¿dónde estás? Aun no sé nada de las chicas, ¿tú sí? Bueno, solo hazme saber que estas bien.
Ruth.

En el justo momento en el que mi pulgar rozó la pantalla, el chico hizo su aparición con un carraspeo nervioso.
Sin mirarlo realmente, tomé el vaso que me ofrecía. —Gracias.
Concentrándome en tomar el vaso con mis dientes para poder escribir el mensaje de vuelta y no sólo dejarlo ahí porque algún despistado podría tirarlo, no me sobresalté cuando un chico demandó con voz severa la presencia del que atendía.
Por fin respiré y me relajé en el asiento guardando el teléfono de vuelta y sabiendo que el raro se había marchado. Cerré los ojos al mismo tiempo que acercaba el vaso a mis labios una vez más, pero no pude finalizar la acción porque, ah, bueno...
¡El vaso había volado lejos de mi mano!
Abrí los ojos a tope por la gran falta de cortesía y tacto, encendida e irritada por segunda vez en la noche y mis ojos no pudieron dar crédito a lo que se presentaba ante mí.
Estuve de acuerdo con la pregunta expresada con voz cansina en mi fuero interno: ¿Max?
—O te golpearon muy fuerte la cabeza o en serio necesitas un golpe muy fuerte en ella. Aún no me decido.
Tomó cada onza de mí hacer un contacto netamente puntual entre el procesamiento de mi cabeza y mi lengua afilada.
El, por supuesto, arrugó su nariz ante la perspectiva de mi voz aburrida y automática. Sentí su cálida mano en mi nuca, sus dedos cerrándose suavemente alrededor mientras se posaba a mi lado, inescrutable y definido.
Mierda.
—No me toques —empecé a murmurar, apretando los dientes…
Pero hubo algo más allá de su contacto que me envió un choque de energía esparciéndose por cada centímetro de mi cuerpo.
Yo había visto a ese chico. En mis recuerdos estaba tatuado la imagen de perfil del chico de leve ceño fruncido y labios rosados carnosos de la biblioteca, con  actitud de luzco V.I.P y por ello jamás cuestionaría de lo que mis ojos fueron testigos.
Mis pensamientos enfrentaron una carrera desenfrenada y en el proceso se revolvieron unos con otros. Mi boca se entumeció y mi cerebro solo podía grabar cada pequeño detalle del rostro de aquel chico que presionaba hasta el punto de casi hacer que sus ojos salieron disparados el rostro del chico moreno contra el alargado mesón que hace unos segundos había sido amablemente extraño. Las venas de su mano marcándose, su mandíbula sobresaliendo con un tic irresistible y sus ojos siendo tan fríos como nieve en tu entrepierna en una tarde de verano.
¿Por qué demonios…?
El corazón repiqueteaba en mis oídos arrítmicamente, al son de una canción de rock tremendamente pesado, y quise obligar a mis piernas a moverse. El toque de Max había pasado a un segundo plano en cuanto vi al caliente chico no perder ni una onza de control y casi ahorcar con su mirada a otro, pero sólo se añadió a mi estrafalaria presión en la cien cuando el rostro del chico se empezó a tornar violeta.
¿Qué tan mal estaba mentalmente como para apreciar al ardiente chico mientras estaba por hacer algo ilegal en frente de mis ojos?
—¡Oye! —vociferé, notando la irracionalidad en quedarme sentada como un perrito al que le hacen cosquillas en la panza. —¿Qué demonios crees que haces?
A pesar de que mis palabras salían sin problema, internamente estaba congelada. El amedrentador, que parecía ser capaz de salir en un anuncio comercial besándole la nariz a perritos, no quito sus ojos del moreno que no tenía la habilidad de pronunciar una palabra que lo salvara.
—Kat —la gran e intimidante palma de Max se dirigió de mi cuello a la barbilla, tomándome el mentón con sus dedos calientes. Todo mi rostro se descompuso en interrogantes. —Quédate quieta.
Mi mano fue la que empezó a temblar, aferrándose a la silla para no desmayarme.
—Pero le está haciendo mucho daño, ¡ese chico hace un rato estaba aquí haciendo su trabajo y ahora…!
Max rodó los ojos ante mi frenética replica. Inmediatamente la voz automatizada y sepulcralmente intimidadora a la que nadie tendría respuesta puso mis ojos directo en la escena.
—Esta noche tienes que estar malditamente yendo de esta Academia, ¿está claro o necesitas un estimulante? —levantó al moreno por el cuello de la camisa, ni siquiera inmutándose un poco por la audiencia que empezaba a formarse alrededor. —Si alguna vez mis ojos vuelven a registrarte siquiera, daré rienda suelta a mi gancho derecho y no pagaré tu estancia permanente en el hospital.
Dicho esto, lo empujó fuertemente contra una estantería de atrás.
Si no me iba en ese momento, empezaría a hiperventilar.
Max, en última estancia, rompió el agarré de mi barbilla y carcajeó hacia su copia andante igualmente de hermosa, tocando su hombro juguetonamente.
—Hubieses visto su cara, campeón. Era invaluable.
Alcé mis cejas y le recriminé con una mirada su reacción. ¿La muerte predestinada pero no lograda era divertida? Vayas tiempos.
El castaño de ahora semblante dulce me golpeó como un gran camión de rocas llamado “Sonrisa encantadora”. Mis pensamientos eran agua entre mis dedos mientras intentaba describir la gran estampida de toda la maldita selva en mi estómago, y, también su apariencia como tal.
—Lo siento —un suave acento británico alteró mis emociones encontradas. Su rostro de modelo era inescrutable—, pero debo decirte que estabas a punto de formar parte de la larga lista de chicas drogadas por inocencia.
Había algo en su voz que susurraba protección, pero su aspecto de “Tengo un abrigo con las solapas levantas e impecable camisa blanca, y deberías sentirte derrotada por mi ridícula belleza moderna”, me asustaba como la mierda.
Posé la palma de mi mano a la altura de mis labios solo para jadear por debajo de mi aliento en cuánto me di cuenta de que el chico que acababa de salvarme en conjunto con IdioMax era el mismo que había provocado que casi cayera de rodillas al piso en la biblioteca.
Temí por la ausencia del oxígeno en mis pulmones, así que inhalé y traté de no ser una idiota débil y recibí a cambio un curvamiento de labios realmente adorable.
La contradicción era tan gigante en este chico que me desorbitaba.
—Guau, espera —pedí y toqué mis cienes. Creí que estaba a punto de caer de bruces en el taburete del frente. —¿Hablas en serio? Dios, no quiero sonar predecible ni nada, pero muchas gracias.
No podía ser capaz de decidir que me noqueaba más. Si el hecho de que Max se hubiera casi fotocopiado o lo que acaba de pasar. Cabe y es necesario destacar que era i-m-p-o-s-i-b-l-e que fueran el mismo chico. Max parecía mayor de diecisiete, y era rubio arena, además. Pero él…
El chico que me miraba pacientemente y deslizaba su dedo por su labio inferior estaba matando mis nervios duramente. Era algo en su forma de escudriñarme, de hacer que me sintiera para nada reprimida pero cautelosa. El conocimiento de cosas que yo ni siquiera sabía acerca de mí misma era todo lo que necesitaba y nunca había visto. Algo que lo hacía parecer tan experto en irradiar lindura, pero también un aderezo en sus ojos que te ordenaba quedarte quieta y erguida.
Me sacó de orbita su respuesta.
—Sí, hablo en serio, Ángel. ¿No es cierto, Max? —el castaño miró a Max, quién ahora arreglaba su cabello.
La manera en la que me llamó “ángel” automáticamente hizo que me centrara en Max. Parpadeé varias veces, el estómago se me plantó en las piernas cuando arregló su cabello que no podía estar más prolijo. Era como ver un espejo.

—Sip, es así. Mi hermano y yo estábamos tratando de conseguir un par de Dewars antes de irnos, y entonces, de la nada y por casualidad —me guiñó un ojo y añadió una mirada inocente—, te vimos aquí, recibiendo porquería de la bestia que obviamente a simpe vista es un lunático.
Su hermano me ofreció una mirada divertida. —Tuviste suerte, Katelyn.
—Impresionante —murmuré para mí misma más que otra cosa. Un par de ojos azules y otros almendra me miraron fijamente. —Vaya que si son hermanos. No pueden ser gemelos porque algo genéticamente salió mal si es el caso, así que, Max tiene diecinueve, ¿cierto? Y tú…
Max despeinó mi cabello y casi le gruñí, pero no pude hacerlo una vez que lo miré. —Bueno, Kate, ha sido un extremo placer, pero ya tengo que correr. Liam —llamó a su hermano, quién ya estaba mirándolo incluso antes. —Me voy con Daniel. Piensa lo que te dije.
Asentí tal y como una foca cuando aplaudía, y solo quería escabullirme por debajo del asiento y evitar las dobles miradas.
Se estrecharon las manos y compartieron sonrisas, por lo que me sentí como una intrusa.  
—Hasta luego, Max —prometí, dándole una mirada significativa. —Cuídate.
—Demonios, sí. Tú ten cuidado, ¿sí? Liam, vigila que no se desmaye en el camino a su dormitorio.
El chico de nombre Liam asintió mirándome. Al cabo de dos segundos, Max ya no estaba.
Arqueé una ceja. —¿Y…? —seguí mirándolo, tratando duro para no titubear por la profundidad de sus ojos.
El hermano de Max se ruborizó un poco y lo escondió con una cortés seriedad.
—Oh, lo siento. Mi nombre es Liam —tomó mi mano entre las suyas y me empujó a estrecharla contra la de él. Claramente podía ver que estaba petrificada. La suya, tan grande y tan suave que creerías que es imposible temblaba ligeramente y furiosamente el calor se concentró esta vez en mis mejillas.  —Liam Payne y tengo dieciocho. También puedo asegurarte que eres lo más dulce y curioso que me he encontrado hasta ahora. Un placer conocerte.
Seguramente después de eso parecía un árbol de navidad encendido.
No pude ser lo suficientemente inteligente o suspicaz como para despegar los ojos de los suyos a tiempo para evitar que me mareara de nuevo. Posterior a que me hipnotizo con la pureza pero oscuridad de su perfección número uno de color de las avellanas, no había ninguna razón justificable para romper el contacto visual o el de su mano con la mía. O por lo menos en aquel momento.
Lo que me transmitía no era más que una sobrecogedora calidez. Una calidez suficiente para representar todo lo bien en el mundo.
Inexplicablemente (y podía culpar al jodido trago purpura), aparté mi mano de un tirón algo brusco.
—Vaya, tu panorama debe ser realmente limitado. Lo siento por eso.
Había estado sensacionalmente en el cielo sino me hubiese dado cuenta de los límites. El control del que tanto presumía estaba siendo administrado a mí con un cuenta gotas y básicamente me detuve a mí misma de avergonzarme más y ser objeto de las intenciones aun no conocidas de ese muchacho.
Casi quise devolver el tiempo y borrar de cualquier forma la expresión de su rostro, pero solo porque me hizo querer cubrir mis ojos y deslizarme por el asiento.
Solo supe lo que más sabia hacer.
—Lo siento, Swartz. No era para nada mi intención. Y, creo que tu comentario de listilla solo afianza el mío.
La forma en que sus ojos y sus labios se sincronizaron para que darme a entender que estaba siendo todo lo que él no esperaba no hizo que me sintiera tan culpable como debería.  Estuve segura de que el calor en mi cuello y rostro completo lo evidenciaban perfectamente, además.
Le di una sonrisa simple por la que me esforcé y el deseo de no cortar nuestro impasse se abrió pasó. En mis pensamientos concurridos no zarandeaban más que insensateces en respuesta al rostro ligeramente divertido de Liam.
—No, ahm… —caí en sus ojos y solo porque mi móvil vibró en mi pierna salí del trance. —Quiero decir, no te preocupes. Yo soy Katelyn Swartz —le tendí mi mano en un acto reflejo y con una carcajada la volvió a tomar. ¡Estúpida! Ya pasamos esa parte. La aparte por el fuerte cosquilleo que se esparció. —Yo puedo asegurarte que estoy en deuda contigo. Si hay algo que pueda hacer por ti, cualquier cosa, solo dímelo.
Casi le deletreo la parte de cualquier cosa. Tomó asiento a mi lado y la pequeña yo que nunca recibió la atención de chicos, celebró con un par de pompones al aire. Con la conmoción de Liam y Max, me había olvidado de absolutamente todo a mí alrededor. Literalmente todo. El moreno desgraciado de la barra había corrido por su vida y ahora nadie atendía la barra, por lo que me sentí frustrada. Los demás chicos en el local tomaban parte de los shots de gelatina que habían quedado servidos en el mesón.
Los nombres de mis mejores amigas salieron a  flote entre el montón de pensamientos frenéticos en mi cabeza y mordí mis labios.
Liam continuaba mirándome como si no tuviera nada que hacer. Frente a frente, era difícil evadir el peso de su mirada así que hice lo mismo. Fingí estar tan seria como el, tratando de fruncir el ceño y bajar el mentón, solo para que el resultado fuera mejor.
—Hey —se rió en voz baja, levantando mi barbilla con su pulgar y alisando las arrugas entre mis cejas. —Tu sonrisa me envía al maldito cielo, no lo arruines.
Casi me reí en su cara burlonamente, pero me detuve. —Por supuesto que sí.
Sus rodillas empezaron a tocar las mías y la energía ondeó por todas partes. Tomé una bocanada de aire.
—Katelyn Swartz, conozco a las de su tipo. Disculpe, señorita, si hiero su orgullo —su aliento hizo cosquillas en mi rostro. —Pero tengo el criterio y la base suficiente para argumentar cualquier réplica a mi teoría sobre ti. Aquí te va una: No le sonríe a todo el mundo, y la razón por la que me sonreíste a mí está sobrevalorada.
No pude descifrar nada más que la arrogancia en sus ojos café.
Fruncí los labios, indispuesta a un examen psicológico prematuro.
—Liam, por favor, tócame —a pesar de la odiosa música, leyó mis labios.
El deslizó su dedo por mi nariz dulcemente y se detuvo antes de tomar mis labios. Fui crudamente consciente de mi error.
—Puedo tocarte todo lo quieras, Kat. Podría solo —casi desmenuzo la palabra— tocarte. Pero a juzgar por el arrastre de tus palabras y la híper sensibilidad de tú piel, tomaste uno que otro trago demás, y quizá quisiste decir…
Me golpeé la frente con una mano. —Tutéame, sí, eso.
No podía creerme que estuviera tan cómoda y tan típica-adolescente con un desconocido.
—Genial, Kat. Ahora que no tienes más preguntas, ¿puedo saber por qué estás aquí delirando conmigo y no en tú cama, donde deberías estar a esta hora? —posó su codo en su pierna y su mano se transportó semi tapando sus labios y tocando su barbilla con el pulgar; le daba un aspecto más profesional.
Las conversaciones serias o que implicaran pensar mucho no estaban en mi radar si el continuaba dándome su atención. —Estoy out, Liam.
—Entonces tendrás que acompañarme a mi habitación hasta que estés en perfectas condiciones para no perderte en el campus.
Abrí los ojos ante su propuesta. Parecía en serio. —Invítame cuando esté sobria y lo pensaré.
El negó, ajustado su reloj en la muñeca. —Cuando estés sobria, probablemente patees mi ego abajo si tan sólo lo pienso. Sin embargo, me encantan los desafíos que están disfrazados de chica a la defensiva y fría todo el tiempo. Lo cual es irónico porque eres tan caliente…
Mi insulso corazón no pudo evitar acelerarse por ese adjetivo saliendo de su perfecta boca.
—No te metas conmigo, Payne.
Sin avisar para que me preparara y el shock no me matara, tomó mi mano y la volteó, dejando mi palma a la vista. Tan rápido que pensarías que lo hace todo el tiempo, tomó mi pulso.
Ja, ja. Maldición.
—Creo que tengo la razón esta vez, dulce. Tu pulso puede sincronizarse con el mío fácilmente, relames tus labios cada dos segundos y ni siquiera lo sabes… —señaló con una sonrisita. La misma sonrisita de Max—, ¿Lo peor? Que me está matando.
Iba a replicar con tanto hincapié… que me dio un ataque de hipo.
—No —hipé, seguido de su risa, grave y capaz de erizarte la piel.
—Seas…
De nuevo.
—UnIdiota —lancé rápidamente pero hipé un milisegundo después.

Liam se acercó un poco más y deslizó su pulgar a lo largo del puente de mi nariz. Temblé.
—Tan jodidamente linda —me susurró.

El flashback de su sonrisa me cegó en la penumbra de la zona reservada. Las luces  de colores y el humo me llevaron al tope de las náuseas; mi estómago revuelto; el peso de un shot de gelatina asentándose en el fondo de mi garganta…
Pero no solo podía irme a mi habitación, aunque quisiera: No sabía cómo demonios llegar.
Ruth estaba en no-sé-dónde-demonios, Astrid no contestaba el celular (¡No era un adorno!) y Let, por texto, había prometido que me buscaría.
Pero no.
Estaba varada en una fiesta que apenas estaba empezando: Cuerpos moviéndose en colectivo, alguna que otra escena subida de tono en los contornos y las cervezas siendo lanzadas por el aire. Si otro día se me ocurría volver a venir, me aseguraría de atar un correa a mis mejores amigas.
Entonces salí huyendo. Liam me estaba orillando al “no pensar antes de hablar”, a la susceptibilidad… A todo lo que yo no era y las punzadas de alerta eran demasiado fuertes para ignorarlas.
Cerré la puerta del baño detrás de mí y presioné mi espalda contra ella solo por si a Liam se le ocurría ser insistente. El sudor de la maniobra perló mi frente.
Por desgracia, hipé.
—¡Katelyn, por favor! —resopló. Sentí un peso proveniente del otro lado. —Lo siento, encanto, yo no…
—¡No es tú culpa, Liam! —exclamé entre hipos, sonando totalmente estúpida.
—Entonces déjame entrar, ¿sí? Te prometo que no haré nada más que asegurarme de que estés bien.
Silencio.
—Bueno, a tu manera será, pero solo mientras estés ahí adentro. No te muevas de allí, ¿es mucho pedir? —ordenó omitiendo el derecho a responder. —Olvidé mi teléfono, pero volveré por ti.

¡Y si lo hice, eh! Sólo que él nunca apareció de vuelta.
Pensarías que después de eso yo no tendría que estar organizando un recuentro con la personificación que traía mis errores.
Pensarías que hacer el ridículo en frente del chico más guapo del planeta (o al menos a mis ojos) era un suficiente necesario.
Y pensarías, también, que debería estar en la cama de mi dormitorio, con mis chicas, acabando con el helado de chocolate y crema cucharada a cucharada.
Pero te equivocarías en cada punto si lo hicieras.
Una mezcla de Afrojack resonó por las vocinas de una esquina, y recordé que no había bailado ni una sola vez. Mi vista se adaptó a la oscuridad y avancé entre los cuerpos en movimiento. Poco a poco dejé que el ritmo se filtrara en cada parte de mí y me dejé llevar, estableciendo una barrera entre la sonrisa de Liam en mis recuerdos, los guiños de Max y mi cordura por un segundo. Estaba lejos de tener mi espacio, pero por un minuto sentí que me relajaba por primera vez en la noche.
Hasta que sentí como era jalada hacia adelante por una de las hebillas de mis jeans. Abrí los ojos, la barrera rompiéndose y deseando a gritos que no fuera alguno de mis tormentos nuevo personales.
—Hora de irnos a casa, Kat.
Sonreí hundiéndome en la determinación de sus ojos. Un tormento nunca se había visto tan jodidamente bien.

Liam deslizó, por tercera vez la noche, su dedo por el puente de mi nariz, sosteniendo mi rostro hacia el con su pulgar. No pude evitar sonreír. Era su cosa.
—¿Existirá una ocasión en la que te… detengas? Comienza a darme una taquicardia —solté una risita por mi imprudencia.
Cielos.
—Katelyn —habló suavemente, su acento británico siendo orgásmico. Como siempre. —¿Estás bien?
Aspiré la fragancia casi latente en su abrigo negro con solapas con la digna marca de la elegancia casual de Edward Cullen en ellas.
—Perfectamente, ¿sa… —perdí el hilo oralmente y miré el lunar en su cuello; ¿cómo no lo había notado antes?
—¿Sí…?
—Ah —reí tontamente. Me puse seria. —¿Sabes? —continué, haciendo un puchero ridículo antes de añadir—: Pero me siento algo tonta.
El interés se congeló en su semblante.
—Tienes toda mi atención.  
Apenas podía sostenerme a mí misma. La escena de mí rompiéndome la jeta contra el piso de la estancia me hizo abrir los ojos, literalmente, ya que estaba probando mi teoría de ver con los ojos entrecerrados a Liam todo el camino sólo para ver si se inmutaba. Pero no, no lo hizo; creo que su simpatía se incrementó cuando me puso los ojos en blanco. Era una pizca más de sus acciones que me arrojaban que el rostro de Liam gritaba la garantía de su cero margen de error: Su seriedad. Como decía, era una noche estrellada. La luna bailaba en sus ojos…
¿Qué diablos? Estábamos en la estancia de chicas ahora, violando el límite de entrada de los chicos. La idea de sentarme me estaba tentando, pero también la idea de mí quedándome dormida en medio de una oración no me tentaba para nada.
Volví mis cinco sentidos a Liam.
—Es sólo que llegué haciendo una exageración colosal acerca de mi estancia en los próximos meses aquí. Pero entonces la racionalidad llego a mí y después te vi —me encogí en su abrigo, sintiéndome pequeña por mi honestidad. —Con tu ceño fruncido y sonrisas escazas, gritándome que corriera en dirección contraria porque he leído suficientes libros como para saber que vienes después de esto.
El miraba su suéter en mis hombros, frunciendo su ceño. Sentí que mi diarrea verbal iba a hacer que fuera a la playa a unos metros y me sumergiera sin respirar unos cinco minutos.
Abotonando los botones a lo largo de mí pecho con una concentración que delataba más bien evasión, comenzó a murmurar: —Quiero que duermas con él hoy. Transfiérele ese aroma a vainilla y canela que hace que quiera ir en contra de mis límites.
Necesitaba hacerme experta en lograr ignorar los latidos rápidos de mi corazón y las decididas a quedarse mariposas volando como locas dentro de mí.
—Crees que puedes llegar con… eso —articulé desesperadamente señalando su cara—, y hacer que todas quieran lamer tu sonrisa, pero no. No…
Liam sonrió, retándome en silencio a decirlo con más firmeza. Vi el mundo a través de sus ojos chocolates detenerse, dejando solo la señal de un secreto avecinándose hacia mí.
O tal vez era solo yo y mi imaginación en cámara lenta.
—Usualmente no sonrío a rubias desconocidas con aspecto de patear traseros —escondió una mirada divertida con una que revelaba obviedad. —No doy mierda por lo que las hormonales  de este campo piensen o el aspecto que tengo.
—¡Hey! —me defendí, aplastando un bostezo. —No soy solo una rubia desconocida patea traseros.
—Eres mi excepción.
Y juro que no debía sentirme como si me acabara de ganar la lotería mirando sus labios pronunciarlo, pero así fue justo como me sentí y un tumulto de sensaciones casi me derribó.
¿Cómo era posible que estuviera ahí, parada en frente de un chico fuera de mi liga, sintiendo las lágrimas asomarse en mis ojos?
Juré (y no iba a ser en vano) que no tomaría más de dos vasos de alcohol si salía de nuevo, muchísimo menos en compañía de Liam. El control que estaba tratando de mantener inestablemente por los sucesos del día se resbaló de mis manos. No era Max y su actitud golpeadora de racionalidad, tampoco el hecho de que no vería a mi familia ni a James por unos tres meses para el receso, ni el hecho de que Liam desordenara su cabello con su mano y me diera sonrisas de lado (su lunar captando mi atención)… Era el hecho de yo haciendo malabares con situaciones que me tiraron lejos de mi zona de confort.
—Tengo que… —miré abajo y rogué porque mis ojos se secaran un poco—, eh, irme ya. Un gusto, de verdad e infinitas gracias por cuidar mi espalda.
Tragando saliva y mirando el piso todo el tiempo mientras daba la vuelta y emprendía mi salida, empecé a sentirme ansiosa, pero de una mala manera. No esperaba menos que su mano en mi codo haciéndome chocar contra su pecho. Inspiré disimuladamente, subiendo con timidez mis ojos aun deseosos de desahogarse hacia los suyos, cargados de preocupación. Tal como debería. Pestañeé varias veces, luchando con no hacer una escena dramática; bastante estúpida había sido ya el día de hoy. Seguro que el periodo venia en camino, tenía que verificarlo en el calendario.
—No tan rápido. Lo vi —me sentí rendida por el peso de sus palabras, y el nudo en mi garganta se intensificó.
—Ya detente, ¿sí? —lo alejé poniendo mi mano en su pecho a través de su camiseta blanca. —Es uno más de mis desastres hormonales, ¡así que empuja lejos esa mirada! —reí ligeramente, pero sonó más como nerviosa-psicopáta.
—Mírame —demandó, su acento sonando fuerte y claro: Autoridad.
Con un fugaz deseo de convertirme un charco en el piso, lo miré directo a los ojos, lista para ser golpeada con su perspicaz y adecuada boca.
—No te conozco, es cierto. ¿Pero sabes que también lo es? El hecho de que te ocultes detrás de tus subterfugios inteligentes, reservando tus sonrisas y limitando tu contacto. Incluso cuando estabas algo fuera de ti misma por tus tragos púrpuras, pude verlo. No solo te haces la difícil, Kate, te esfuerzas porque nadie te lleve la contraria. Y te funciona hasta conmigo.
Mis labios temblaron ante la veracidad en cada silaba, y tapé mi rostro entre mis manos. Sólo para que no pudiera ver el reconocimiento y el impacto de su dulzura y consternación e mí.
—Mañana. Mañana tienes oportunidad de ser tan perfecto como hoy —hablé a través de mis manos y mi voz a punto de quebrar. —Hoy solo quiero cerrar los ojos y desear que con suerte, en la mañana, pueda ser capaz de verte a la cara una vez más.
—Lo que quieras, Katelyn —aseguró—, pero déjame hacer algo antes, ¿sí?
Destapé mi rostro, vacilante, y me encontré con su expresión educada.
—Sí —susurré.
Y entonces deslizó su pulgar por el puente de mi nariz. La energía ondeó por mi rostro y se calentó. Pesada y demandante, la sensación de entumecimiento mental me atacó.
—Buenas noches, Kat —me sonrió débilmente, peor su seguridad no parpadeó. —Espero verte tan pronto como quieras que lo haga.
Unos largos tres minutos después, sin moverme ni una décima, contemplé las grandes puertas de la estancia y me invadió tortuosamente un temor incierto. Las inseguridades adomercidas por el alcohol tiraron sobre mí un balde agua helada.
Quitando mis tacos e impidiendo que me fracturara el tobillo, caminé con pasos quejumbrosos hacia las escaleras. Una que otra chica pasaba casi corriendo por mi flanco izquierdo a medida de que subía un escalón por minuto, no advertiendo mi presencia, pero de resto la gran habitación estaba sumida en un silencio agradable luego del estreduoso de la fiesta. La iluminación ya provocaba ardor en mis ojos y no eran más de la una de la mañana aún.
Ruth, fiel a su promesa por mensaje de texto, se encontraba golpeando con su pie la máquina expendora de bocadillos a pocos metros de nuestro cuarto. Con su labial medianamente rojo, cabello sujeto en una coleta desarreglada que solo se le vería bien a ella, y los tacos negros descansando a un lado del rectangulo de metal, me dió una mirada agradecida.
—¡Kate! Gracias al creador de las bebidas orgánicas estás aquí, estuve esperándote un largo rato —me disculpé con una sonrisa traviesa. El movimiento de sus labios en una curva me avisó que quería detalles y más. —Cuando estemos todas juntas, narrarás las razones por las cuales un chico que te prestó su abrigo.
Recogí sus tacos del piso y me moví a su lado. —Por supuesto que sí, pero antes, ¿tú podrías explicarme por qué ignoras el hecho de que tenemos una consejera por estos lares y decides hacer todo un escándalo?
Ella rodó los ojos. —Al diantre con la consejera, ¡yo quiero una barra de chocolate o me desmayaré por falta de azúcar, Kat, y Dios sabe que es así!
Aguardé a que dejara de soltar quejidos para ofrecerle una sonrisa cerrada.
—Bien, entonces, ¿Qué te lo impide, querida?
Me pareció ver a sus lindas pecas burlarse de mí mientras danzaba en su rostro. Mieeeeerda.
—Que esta cosa no tiene más que chocolates bajos en azúcar, y yo no soy una maldita diabética.
Pestañeé una sola vez para aclarar la visión y solté una risita aguda.
—Bueno, jódete.
Ruth rodó los ojos porque estaba consciente que lo estaba. Sin embargo, su pequeño mohín me llenó de debilidad lentamente.
—Mañana tendrás una caja de chocolates —me rendí, ya empujándola con mi costado para irnos de una vez a la habitación.
Ella canturreó todo el camino a la habitación, lo cual presentaba un contraste con mi rostro de entierro.
Si Astrid no estaba ya durmiendo plácidamente en su cama iría a buscarla con un bate en mano; igualmente con Violet, quién aseguró en una llamada que no esperaría en la entrada. Suspirando de alivio en mi interior, recibí gustosa el abrazo de Lettie sonriente.
—Querida —observé sus pupilas. No estaba dilatadas, proseguí: —Estoy tan avergonzada, debí buscarte después de que fuiste por tu trago…
Ella me interrumpió negando con su frente contra la puerta de nuestra habitación, un destello de sonrisa no pasó por debajo de la mesa.
—Eh, señorita, espero que no te hayas metido en problemas —Ruth guiñó un ojo, transmitiendo con sus ojos el deseo de que hubiese pasado lo contrario.
Entonces, las tres abrimos la puerta, riendo en conjunto, pero no duró mucho. A pesar de la oscuridad de nuestra residencia temporal, el resplandor de la gran televisión de plasma dejaba en evidencia la escena de, justamente, la cama de Astrid. La película el Origen (la cual, he de suponer que trajo un buen dolor de cabeza a mi pobre nena) se reproducía llegando al final, mientras un joven castaño claro la ignoraba por una razón que hizo que Violet, Ruth y yo nos adentráramos con aplomo en la habitación; Violet abriendo los ojos desmesuradamente y Ruth y yo, en cambio, lanzando miradas mordaces y un gruñido plano.
Estaba demasiado en estado fuera de este planeta para fijarme bien en que expresión exacta tenía el rubio en su rostro, pero puedo decir que claramente se alarmó en cuanto Ruth vociferó:
—¡Eh, te vas calmando, que nuestra amiga no es una escultura para que la mires así!
Con la nueva iluminación de la luz por efecto de Violet nos dio una versión de Astrid perdidamente acostada, una alarma roja me encandiló.
—Seguro está drogada. ¡¿LA HAS DROGADO, CANALLA?!
El chico de ojos cafés apenados nos miraba de hito en hito, no creyéndose que lo hayan cachado en un momento  personal.
—Tienes medio segundo para volar de aquí e irte a ser un adolescente precoz a otro lado, o lo vas a lamentar —murmuró la pelinegra amenazadoramente, cayendo en la cuenta de que Astrid podría despertar.
Con mi tacón en mano apretándome la palma, me acerqué a grandes zancadas. —¡Nadie se aprovecha de nuestra Astrid! ¿Escuchas?
—Chicas, quizás así no son los hechos… —intentó intervenir Violet tímidamente, dándole una sonrisa incomoda al desconocido que gozaba de la suavidad con Astrid inconsciente.
Ruth negó con la cabeza, transmitiendo ira con sus ojos azules. —Ya veía venir que ibas a ser un pervertido. ¿No te dije, Violet, que tenía cara de degenerado?
El chico se levantó rápidamente de su comodidad, y no nos miró a los ojos ni una vez. La vergüenza se sentía como un par de nubes negras arriba de él. Tomé mis tacos y lo apunté a centímetros de su cara cuando pasó por mí lado, y como si tuviera poderes mágicos, desapareció.
—Vaya —suspiré, lanzando los zapatos lejos de mi vista—. Eso estuvo cerca, ¿no, chicas…?
Me volví para captar la expresión colorada de Ruth, y posteriormente mi mirada se posó en la de Astrid, su cabello café desordenado, y sus ojos disparándonos filosas dagas directo en la frente.
—Ja —cantó Let, pasando por encima de nuestras miradas suplicantes dirigidas a Astrid. Empezó a despojarse de su conjunto de falda con top negro con azul turquesa con una sonrisita de listilla. —Se los dije. Ahora, Astrid, tienes mi permiso de matarlas. Aseguraré a la policía que no vi nada.
—Querida —empecé a excusarme—, has de admitir que la situación en la que los hemos encontrados podía ser interpretada de una sola forma.
Ruth se apresuró a estar de acuerdo:
—Sí, Astrid, ¿qué clase de loca se duerme con un desconocido en nuestra habitación?
Astrid, con las mejillas todavía encendidas por el infortunio, no dijo una palabra y salió de ahí tras dar un portazo.
—Ah…. —miré a Ruth y le di un zape. —La cagamos.
Violet se asomó por la puerta del baño, sosteniendo con sus labios su cepillo de dientes. —No entiendo porque nunca me hacen caso. Siempre, siempre, siendo tan odiosas e inoportunas.
Le arroje una almohada que esquivo con una risita, y me recosté en mi cama, mirando el blanco techo girar sobre nosotras. Ruth, por su parte, estaba escaneando el mini refrigerador con sus grandes ojos azules vivos y activos.
—Mañana tendremos que ir de compras al supermercado más cercano, chicas —sentencio, sentándose a mi lado.
—Creo que la llamare —les comunique, a una Violet boca abajo en su cama y a una Ruth pensativa al extremo de la mía, luego de unos segundos.
—Hazlo —dijeron al unísono.
Tome mi teléfono con esfuerzo de mi estrecho bolsillo y marque el número de Astrid. La culpa empezaba a corroer mis nervios.
—Astrid —la salude, sonriendo por su tono calmado. —Lo sentimos, en serio. No fue nuestra intención hacer que tu amigo huyera. Estoy segura de que le desagradamos ahora, pero me preocupo por ti.
—Ya se, Kat —dijo, restándole importancia. El silencio detrás de su voz me intrigo. —Hay guardias en cada entrada, y ni siquiera estoy a más de unos pocos metros.
Mordí la uña de mi dedo índice y cerré los ojos. —Sí, lo sé, solo cuídate y muévete hacia aquí cuando termines de excusarnos. ¿Puedes? Te quiero.
—Yo te quiero —ella afirmo, y pude sentir la sonrisa en sus palabras. —Volveré pronto.
Espere unos segundo el típico pitido que daba fin a la conversación, pero este nunca llego. Fruncí el ceño y me senté al lado de Ruth. Vi la pantalla del teléfono y la llamada estaba en curso. Los ojos ansiosos de Ruth me decían que a Astrid se le había olvidado cortar la llamada.
—No… —empecé a negar, pero el sonido de una voz masculino provoco que nos volviéramos al mismo tiempo al teléfono en mis manos.
Violet corrió hacia nosotras y se situó a mi izquierda, interrogando con la mirada.
—No, Scott, yo lo siento. Mis mejores amigas son algo… peculiares.
Los detalles menores no se podían percibir, y nuestras cabezas se acercaron más a la bocina.
—Lo comprendo, Astrid. Dios, me siento tan avergonzado. ¿Es posible que un día me perdonen?
Las chicas y yo nos miramos y articulamos un Aww con rostros conmovidos.
—Tu solo puedes sentirte culpable por ser lo más adorable de mi noche.
Mi boca se abrió en una O, y las chicas casi se atragantan con risas silenciosas. Debido a que íbamos a quedar al descubierto y porque sabía que estaba mal en muchos sentidos, corte la llamada tan rápido que los dedos casi se queman.
—Chicas —les dije, forzándome en no unirme a sus fuertes risas—, vamos. No sean asi.
—Tu solo puedes —estaba imitando Violet a Astrid con voz melosa, pero fue interrumpida por sus hilarantes risas.
—Sentirte culpable por ser lo más adorable de mi noche —culmino Ruth, sacudiéndose.
Entorne a los ojos y sonreí, levantándome y señalándolas, como un cura señala a los pecadores. —Mañana por la mañana, se sentirán tan culpables que compraran a Astrid un montón de pastelitos rosas, de esos que tanto le enloquecen. Y yo me retorceré de risas en un rincón, pequeñas.
♡ note:
Perdonen por lo largo y lo poco que le dedique a las chicas como tal, espero que ustedes sean mas conscientes gg. Bueno, no se quien sigue, creo que May (?) Y ani, descuida, ya te pondrás al corriente. Las amo      
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por Meteora el Miér 06 Ene 2016, 11:26 am

MEY, CORTALA(?).
BUENO LA VERDAD LEÍ EL CAPÍTULO A LA NOCHE PERO ESTUVE TODO ESTE TIEMPO INTENTANDO DIGERIRLO PORQUE ME PARECIÓ IMPRESIONANTE.
PRIMERO, QUE SEA TAN LARGO DEMUESTRA TU COMPROMISO Y AMOR POR LA IDEA QUE VOS EMPEZASTE HACE COMO DOS AÑOS Y NO ME ARREPIENTO DE HABERLA RETOMADO. aunque desde el año pasado que esperábamos el capítulo ahre seguía.
voy a dejar las mayúsculas y ponerme más profunda para intentar decirte todo lo que te merecés leer. el capítulo es una genialidad, boluda. los pensamientos que le hacés tener a Kate son los que cualquier chica normal tendría, sí. pero tu forma de escribir es tan rebuscada y resuelta que parecen pensamientos de Cortázar, y los tengo que leer y releer. ENCIMA HACÉS QUE COSAS CHIQUITAS COMO UN PAR DE PARÉNTESIS ME HAGAN REÍR MUCHO.
si te admiraba hace dos años, imaginate ahora.
siguiendo, el capítulo entero me hace sonreír porque está impregnado con esos toques tuyos. Kate habla como vos, y probablemente piensa como vos. y tiene esa forma de comportarse muy tierna con sus amigas y muy mala y fría con todo el mundo que me hace acordar a vos. Kate (vos) me parece el tipo de amiga perfecta y me emociono.
BUENO, AHORA SOBRE LAS COSAS QUE PASARON EN EL CAPÍTULO. YA EN EL ANTERIOR ME ACORDÉ DE LO DIFÍCIL QUE ERA LEERTE, Y ME PREPARÉ MENTALMENTE PARA ÉSTE. PERO NO FUE SUFICIENTE, BOLUDA. tTE JURO QUE TERMINÉ DE LEER LO DE LA FIESTA Y ME SENTÍA DESORIENTADA. ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿MAX???????????????? ¿¿¿¿¿¿¿LIAM??????????? NO CAPTABA NADA NO SABÍA CON QUIÉN HABÍA ESTADO ANTES EN CADA MOMENTO. PERO SÍ SÉ CON QUIÉN QUIERO QUE ESTÉ, AL MENOS POR AHORA, ASÍ QUE SOY TEAM LIAM.
Y LA PARTE DEL CUARTO ME VOLVIÓ A TENTAR FUE BUENÍSIMO FUE BUENÍSIMO FUE BUENÍSIMO. POBRE ASTRID LE CAGAMOS TODO Y ENCIMA LE ESCUCHAMOS LA CONVERSACIÓN. ME ENCANTÓ VIOLET EN EL CAPÍTULO, SABEN, ME PARECIÓ QUE ESE ATISBO DE PERSONALIDAD FUERA DE LO TÍMIDO QUE LE PUSISTE FUE PERFECTO Y JUSTO.
BUENO ESTOY DESBORDANDO INSPIRACIÓN Y AMOR POR LA NOVELA ASÍ QUE VOY A IRME A ESCRIBIR.
NO SEAN PAJERAS, CHICAS, Y VENGAN Y LEAN PORQUE VALE LA PENA ENTIENDEN VALE LA PENA.
TE AMO MEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEY
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por brillantina. el Jue 07 Ene 2016, 3:21 pm

OOOOOOOOOOOO MAAAAAAAAAAAIIIIIIIIIIIII GAAAAAAAAAAAAAAAAAAAD

Porqué
escribís
tan bien
y yo no.

djlsbkjgbskjgbshdkg ES CHISTE no es verdad PERO ES QUE AMO TANTO COMO ESCRIBIS MEY, LEERTE ES COMO TOMAR UN CURSO DE ESCRITURA E INTENTAR RETENER TODAS TUS TECNICAS PARA PODER ESCRIBIR TAN BIEN PORQUE MIERDA, FUE COMO UN PUTO LIBRO Y ME ENCANTÓ. PROBABLEMENTE EL MEJOR CAPÍTULO TUYO QUE HE LEÍDO.

Todo fue tan intenso, todo el tiempo. Creo que es porque Kate es muy intensa. Pero cada oración, cada párrafo tenía esa tensión, ese acento seductor, ESE SARCASMO E IRONÍA, tus frases son excelentes. A veces me cotaba seguir el hilo, y me decía a mi misma MIERDA KATE NO TE CANSAS? MANDA TODO A LA MIERDA Y COJETE AL POBRE CHICO QUE SE VE QUE TAMBIÉN LO DESEA. bueno eso hubiera hecho yo, ya vez que mi dominio propio no es tan fuerte(?)

A ver, Max... Max me intimida. Capaz demasiado. Ya sabes como soy con los chicos malos. POR LO QUE ME DECLARO TOTALMENTE PARTE DEL TEAM LIAM. Porque él fue perfecto, tanto que me costó creer que no faltaba un comentario sarcástico o malicioso en todos sus diálogos, Y FUE PERFECTO TAL Y COMO LO HICISTE. Pobre Kate, la verdad que con todo lo que vivio en su lugar yo habría terminado llorando(??????) Por eso me gustó que se haya quebrado al final, eso la hizo más humana. Ahque. Digo, fue muy realista, porque nadie aguanta tanta tension sexual y puede fingir que no es nada.

Ame tooooodo, hubo diálogo y una perfecta descripción de los pensamientos de Kate. Una de mis partes favoritas: (y lo digo porque no me la saqué de la cabeza y me río cada vez que la recuerdo) fue la de ¿Te gustan las rubias verdad? A él le gustan las rubias *le guiña un ojo* MATOOOOOOOO, muy de Bridgit Mendler (?????) No sé porque en cada cosa que pasaba yo te imaginaba a vos y era como BRIDGIT, DÉBORA, ACORDATE DE BRIDGIT. Pero bueeeeeeeeeeeeeee


Y qué decir del fin. MI fin. Ah porqué. JAJAJAJJAJAJAJAJAAJAJAJA Las amo, amo a las amigas de Astrid. Aunque son unas perras por burlarse de mí. Pero me encantó lo que hiciste, es justo lo que esperaba, que ellas sigan pensando que Astrid tuv algo, o al menos lo tendrá, con Scott.
No puedo esperar más para que May suba pronto porque YO TAMBIÉN QUIERO ESCRIBIIIIIIIIIIIIIR antes de que no pueda hacerlo ): ¿No sienten que el verano ya termina y que las vacaciones tambien? Re que empiezo el 9 de marzo jeje. Bueno, me despido. Las super duper quiero y MAY SUBI RAPIDO LA CONCHA DE TU MADRE me pongo hormonal cuando estoy en mis días.

Besos
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bwiyomi. el Mar 12 Ene 2016, 10:52 pm

ABRIR ESTO PLZ:
OMG, PRIMERO QUE NADA PERDONEN LA TARDANZA Y PERDONEN MIS FALTAS DE ORTOGRAFÍA Y TAMBIÉN MI CAPÍTULO CORTO Y MI HORRIBLE REDACCIÓN AKSJKAS Literal hace milenios que no escribo nada que hasta ya se me fue la ondis NO ME PEGUEN, NO ME ODIEN, YO LAS AMO, SON LAS MEJORES AY  muack      


Capítulo 05.
And I know I shouldn't say it but my heart don't understand, boy I got you on my mind.



¿Alguna vez han llegado a preguntarse como demonios llegaron al lugar en el que se encuentran? Yo sí, y definitivamente no sentía la misma emoción y ánimo que mis amigas cuando anunciaron que iríamos a una fiesta. Ni si quiera mi vestimenta era lo que muchos llamarían totalmente “adecuado” para ir a una fiesta con tal magnitud; ganándome miradas de desaprobación por personas que se cruzaban conmigo. Hace unos minutos solamente, Kate y Ruth trataban de distraerme de todo lo que estaba pasando pero lo último que quería es que no se divirtieran por una razón u otra por lo que simplemente les trate de decir con todo el retumbante sonido que salían de las bocinas que me iba a dirigir al baño y en efecto, eso fue lo que hice.

Santo Dios, ya nadie podría entrar al baño sin que hubiera un poco de privacidad. Sin poder evitarlo una mueca de desagrado se formó sobre mi rostro al notar como varias parejas se encontraban comiéndose sobre las paredes y espejos del baño ¿tan si quiera podían respirar? Y oh claro, no podemos olvidar a esas chicas que no pudieron resistir los efectos del alcohol y ahora no hacían nada más que vomitar sobre los escusados como si sus vidas dependieran de ello. De alguna manera le agradezco a mi propio ser que no me haya encontrado en ninguna de las dos situaciones.

Los minutos pasaban y mi cuerpo no respondía a nada, parecía uno de esos zombies que aparecen en la tele cuando están reposando de comerse a los humanos. Escuché como una de las puertas del baño se abría más no volteé a ver de quién se trataba y tampoco era como que me importaba mucho, si me preguntas. Una mano se atravesó en mi vista y ahí fue cuando reaccioné, volteando a ver con el ceño fruncido a quién sea que me haya interrumpido de mi momento de paz y tranquilidad. Me sorprendí un poco al ver unos ojos azules que me miraban fijamente ¿cuánto tiempo llevaba mirándome? ¿Y por qué se me hacía tan conocido?

— ¡Hey, te me haces conocida! —Logré escuchar como aquel chico desconocido decía y más dudas se formaron en mi cabeza. Primero que nada ¿Qué hacía un chico en el baño para mujeres? Esperen.. ¡Lo recuerdo, lo recuerdo! Era el chico que Kate y Ruth casi mataban cuando iban manejando. Había recordado que parecía semejante Dios griego pero ¡ahora se veía mejor que aquella vez! Sus mejillas se pusieron un color carmesí sin aviso alguno y en ese instante sólo deseaba que la tierra la tragara por completo. Las manos comenzaron a sudarle y sus ojos trataban de mirar a cualquier lado que no fueran los cautivadores ojos del chico. Demonios Violet ¡haz algo! Se gritó internamente a si misma y sacando una gran bocanada de aire, salió corriendo del baño a toda velocidad. Se golpeó internamente por semejante cobardía y estupidez de su parte, sin tener en cuenta de que aquel chico rubio la seguía por detrás. — ¡Espera! —La voz del chico retumbó por sus oídos, mareándose un poco al ver que ya se encontraba totalmente perdida en todo el mar de personas que estaban bailando, si podría decirse así. El olor a alcohol se impregnó sobre mi nariz, tapándome aquella en solo unos instantes, por alguna razón era completamente intolerable al olor a alcohol, cigarro y demás, simplemente me mareaban.

Cuando creí que había perdido al chico rubio entre todo aquel mar de gente, un jalón de brazo fue lo único que necesite para saber que no me había librado de el. Una vez más me encontraba pérdida en sus preciosos ojos.

— Tienes unos ojos muy lindos ¿lo sabías? —Musité sin si quiera pensar en lo que decía, ¿En serio Violet? ¿Vuelves a ridiculizarte en la cara de tan atractivo chico? A cambio recibí su melodiosa risa, mi cuerpo se estremeció al escucharla.
— Me lo habían dicho antes pero definitivamente me hace más feliz que lo diga alguien como tú —He ahí de nuevo, había logrado que mis mejillas se tornaran carmesí de nuevo. — ¿Ves eso de ahí? Es adorable —Lo miré estupefacta, no podía creer que un chico como el estuviera diciéndome cosas tan halagadoras por lo que solo le dediqué una dulce sonrisa antes de presentarme.
— ¡Soy Violet! Mucho gusto.
— Mi nombre es Percy, el gusto el mío linda.

Bueno, después podría agradecerle a las demás el haberme traído a la fiesta, si no, no hubiera conocido a el Dios griego que lleva el nombre de Percy, un nombre que no olvidaría nunca. Después se lo diría a las chicas, no quiero que entren en pánico o se asusten de que estuviera hablando con un chico, se lo sobreprotectoras que pueden llegar a ser a veces pero así las amo. Tal vez la forma en que nos conocimos no haya sido la mejor, es decir, ¿habernos conocidos en un baño de mujeres? Esas son cosas que solo podrían pasarme a mi. Intercambiamos números de celular, sintiéndome ligeramente nerviosa mientras le dictaba mi número, este chico me estaba haciendo mucho mal y no sé si vaya a ser bueno para mi corazón.

Las horas habían pasado y por fin me encontraba recostada sobre mi cama, sonriendo como estúpida al ver el contacto de Percy sobre mi celular, debía tranquilizarme. Con un pequeño buenas noches hacía las chicas cerré mis ojos, guardé mi celular por debajo de mi almohada y me fui a dormir. Mañana sería un gran día.


***


Una vez que el sol ya había salido la siguiente mañana, lo primero que escuché fueron los gritos de Kate sobre algo que tenía que ver con un montón de pastelitos rosas de esos que tanto le encantan a Astrid. Oh ¡es verdad! Gracias al incidente de la noche anterior con Astrid y su chico desconocido con el nombre de Scott; Ruth y yo nos sentimos tan culpables como nos advirtió Kate que le dijimos que le compraríamos un montón de pastelitos rosas que tanto le encantan. Así que me alisté rápido y también apuré a Ruth por que por alguna razón se hacía una fila bastante larga para esos pastelitos, y además de que vendían otros postres, ya lo habíamos comprobado antes.

— ¡Ya nos vamos chicas! —Anunciamos al unísono Ruth y yo.
— ¡Quiero esos pastelitos rápido! —Comentó Astrid en un tono juguetón a la vez que soltaba una risa. Ruth solamente rodó los ojos y yo al igual que Astrid, solté una risita. Cerramos la puerta y así salimos del dormitorio para dirigirnos a la pequeña tienda de postres, no quedaba muy lejos así que no tuvimos que caminar tanto, cosa que nos alegró mucho.

Una vez ahí, como era de esperarse estaba aquella fila tan larga para todas las personas que querían comprar de esos deliciosos postres. Ruth solo bufó y se fue a sentar en una de las mesas que tenían cerca, dejándome a mi haciendo la fila que parecía infinita. Le formé uno de mis muy famosos pucheros, sintiéndome sola allí parada y algo cansada pues estar tanto tiempo parada hacía que me dolieran las piernas.

— Lo siento Violet pero ese lindo puchero no va a funcionar esta vez conmigo —La miré totalmente indignada y crucé mis brazos como si fuera una niña a quién recién habían regañado. Mis piernas habían comenzado a temblar debido al cansancio y como si un milagro hubiera ocurrido, sentí como la persona de atrás me empujaba un poco, indicándome de que ya era nuestro turno.
— ¡Ruth, ya es nuestro turno! —Mi grito retumbó por todo el lugar, mordiéndome después mi labio inferior por la vergüenza. Ruth se encontraba en un tipo de trance pero con mi grito inmediatamente reaccionó y se posicionó a mi lado. Le pedimos a la señorita de la caja unos 10 pastelitos rosas, todos eran para Astrid. Pagamos de inmediato y un poco hartas de estar tan rodeadas de personas, íbamos a salir y regresar a nuestro dormitorio para entregarle los pastelitos a Astrid cuando una persona se nos atravesó en el camino, Ruth y yo nos miramos algo confundidas al no saber quién era esa persona desconocida, se le veía algo nervioso y solo nos entregó una notita antes de salir corriendo.

Miramos fijamente ese papel por varios minutos, sin darle importancia a las personas que pasaban por nuestros costados y nos empujaban levemente. Le hice un ademan con las manos a Ruth para que ella lo abriera e inmediatamente una sonrisa apareció sobre mi rostro, podía notar que Ruth también se encontraba emocionada.
Aquel papelito era de parte de Kurt y Percy, y querían que nos encontráramos a la hora del almuerzo sobre aquellos campos verdes que estaban en el campus. La emoción y nerviosismo se apoderó de mi cuerpo y por instinto jalé el brazo de Ruth hacía los campos verdes donde se encontraban nuestros chicos, o por lo menos mi chico.

— ¡Violet! ¿Cuál es la prisa? —Me gritó Ruth con un tono algo adolorido al estarla jalando por medio campus. Ignoré sus palabras cuando noté los campos verdes a lo lejos y lo único que hice fue acelerar el paso, tenía bastante curiosidad de por qué nos habían citado en los campos verdes sí había muchos más lugares a los que ir.

Cada vez nos acercábamos más y alcancé a ver dos cuerpos no tan lejos de nosotras, encontrándonos con la sorpresa de que había una pequeña mantita junto con un poco de comida y.. ¿acaso esos eran pétalos de rosa sobre el suelo? ¿Y por qué Percy traía un ramo de rosas sobre sus brazos? Al parecer los chicos aún no habían notado nuestra presencia pues estábamos a solo un metro de ellos y parecían estar más interesados en su discusión.

— ¿¡Por qué trajiste pétalos de rosa!? ¿Qué parte de que esto no iba a ser romántico y cursi entendiste? —Kurt se veía un poco estresado y desesperado mientras le decía eso a Percy.
— Los pétalos de rosa son lindos ¡y a las chicas les encantan! —Rosas, pétalos de rosa.. No tuve más tiempo para pensar cuando estornudé, haciendo que ambos notaran nuestra presencia pues había un problema, era alérgica al polen.  
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por brillantina. el Miér 13 Ene 2016, 9:06 am

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA AY DIO SITO,  ME RÍO POR EL EFECTO QUE TENGO DE LA ULTIMA PARTE JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJ
Percy ay Dios mío PERCY, lo amo lo amo lo amo. Tan poquito leí de él y ya lo amo. PETALOS DE ROSAAAAA Es un tierno la puta madre. Ani extrañaba leerteeeeee y te salió muy bieeeen, excepto por esa mezcla de tercera y primera persona que hubo en algunos momentos,pero en capítulo me encantó de todas formas. Porque amé tus personajes, Violeta es como yo me la imaginaba, y lo mejor de todo es que ¡Escribiste sobre la mañana siguiente!  PASTELISTOS ROSAS NO BASTARAN PARA REGOMPENSAR LA VERGÜENZA QUE LE HICIERON PASAR A ASTRID(?) Mentira, si son de chocolate, lo harán. Porque amo, digo Astrid ama los pastelitos de chocolate (?) 
Quiero leer y quiero escribiiiiiiir quiero ser una ñoña en toda mi escenciaaaaaa ah. Sigue May o sigo yooooo? Asdfghjklñ no me importa pero sigan así que vamos por el cap 5 ya. Ah
Las súper amooooo gracias por esta nc tan genial ah
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por Meteora el Miér 13 Ene 2016, 10:15 am

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA AY ESTOY FELIZ PORQUE LA IDEA SALIÓ MEJOR DE LO QUE YO ME IMAGINABA, ANI(?) ME REÍ MUCHÍSIMO BASTA
me gusta mucho la sencillez con la que escribís en general, es tan lindo y fácil de leer<3 Y TE EXTRAÑABA, ME HIZO BIEN QUE HABLEMOS AYER
Y SOBRE EL CAPÍTULO ME ENCANTÓ ME ENCANTÓ ME ENCANTÓ Y NO SÉ SI YA SABÍAN (SEGURO SÍ) PERO SOMOS IGUALES A NUESTRAS CHICAS.
Y YO QUIERO UN CHICO COMO PERCY SABEN; ME ENCANTA ESA TERNURA QUE HASTA DA GRACIA Y LO QUIERO YA.
y amo además que sean amigos con Kurt porque se complementan con las actitutes y fue un capítulo hERMOSO ANI EN SERIO, SALIÓ GENIAL
BUENO VOY A EMPEZAR A ESCRIBIR YO HOY PARA PODER PUBLICARLO ANTES DEL VIERNES QUE ME VOY DE VIAJE
LAS QUIERO MUCHO SABEN
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bigtimerush. el Miér 13 Ene 2016, 5:47 pm

OOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH MAI GADDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD AY ANI, ME ENCANTA VIOLET!!!!!!!!!!!!!!! muack
Annnnnnnns, absolutamente me case con el capitulo y tuvimos hijos No entiendo como puedes decir que estas oxidada (creo que todas lo dijimos), porque te puedo decir con honestidad que todo fue perfecto. En excelentes condiciones para definirlo como estupendo. Formidable. Entretenido y malditamente lindo. Es genial como la atolondrada y tierna mente de Let puede hacer que te mueras de encanto. Creeme que si escribieras mal o tan solo decentemente, no estarías aquí ni querría tanto hacerte saber lo mucho que me gusto, ahremala. Buena gramatica, ortografia, narracion y creatividad. Diez y mas dieces JAJAJAJAJAJAJAJA Y SI, SOMOS NUESTROS PJS TOTALMENTE Somos tan lindas, no se por que Harry Styles (O Jeremy Irvine, Deby tiene muchos aps je), o Ash, Nialler, o Liam no nos han venido a buscar
Sobre el capitulo... BUENO, TE DIJE QUE ME ENCANTO? O seeeeeeea
— Me lo habían dicho antes pero definitivamente me hace más feliz que lo diga alguien como tu.
BUENO BASTA, STOP. XQ ESO NO ME PASA AH AH? Es una linea tan lindis, y sabes? me encanta que Percy no sea un idiota, porque a veces me dan migra;a, no se como soporto a mis propios pjs A mi me ENCANTAN los chicos así, es que, AINS!
— ¿Ves eso de ahí? Es adorable.

Ay no puedo, en serio, SI ALGUNA VEZ UN TIPO ME HABLA QUE DIGA ESO (?).
Y que atenta eres, con lo del dios griego y todo. Me encantaron los gritos de Kate al principio Honestamente lindo. Y me rei tanto cuando grito, o sea, JAJAJAJA ahre. Y después con lo de los pétalos de flores, JAJAJAJAJA MIERDA Soy fan de Percy, ya dije.
Bueno Ani, gracias por subir y hacer mi dia
Las amo sigamos sigamos
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por Meteora el Miér 13 Ene 2016, 9:49 pm

Capítulo 06.
Not quick enough, can I have it quicker?


En una de las miles formas de clasificar a la gente, que la propia gente hacía porque era imposible la homogeneidad en la vida cotidiana, estaban las personas que le dejaban las cosas al destino; y las que no. Y por muy fácil y relajante que sonara el primer grupo, y por mucho que lo había intentado, yo no podía pertener a él. Lo que me hacía, por descarte, una chica de desiciones. También me hacía ser una nerviosa, pero era un título más feo estéticamente.
Por eso me encontraba alterada al ver la escena frente a mí. Cómo había dejado yo que pasara todo ésto. Era como si me hubiera echado a tomar sol y hubiera dejado que la vida haga lo que se le plazca. Kurt y Percy, en realidad. Yo debería haberle dicho que no quería mantener el contacto con él y había evitado ese encuentro intencionalmente. Y ahora había llegado.
Iba a empezar despacio.

—¿Qué es ésto, chicos? ¿Se van a casar y nos necesitan como testigos?—bromeé, riendo suavemente.

Violet me dio un codazo que significaba un reproche a mi falta de amabilidad. Kurt sonrió, mirándome fijamente; y mientras se me aceleraba el corazón, Percy se rascó la nuca, incómodo.

—Bueno, no. Armamos todo... para ustedes—explicó, mirando fijamente a la hormiga que trepaba por la suela de su zapato. Violet se sonrojó incluso más que él y la miré, extrañada. Me había contado sobre su encuentro en la fiesta, pero no sabía que él producía ese efecto en Violet.

Así que no, no podía arruinarle este detalle de parte de él, no podía irme. La forma en la que se miraban era demasiado incluso para mis instintos de aléjate-de-Kurt. Y si ella tiene la capacidad del amor fácil, ¿quién era yo para quitársela? De modo que resoplé, di una palmada en el aire y me acerqué a donde estaba el enorme mantel negro (estaba segura de que no había sido Percy el que lo había traído) y la cesta que parecía a rebosar de cosas. Divisé un poco de pan y queso en el interior. Seguían habiendo pétalos de rosas que Kurt disimuladamente pateaba afuera de la zona de almuerzo.

—¿Los sandwiches tienen jamón?—inquirí, con una ceja levantada que indicaba que la respuesta equivocada les restaría al menos veinte puntos.

**

Estábamos los cuatro sentados en el mantel oscuro, rodeados de tanta comida que se me duplicó el tamaño del estómago en esa hora. Yo me encontraba al lado de Let y enfrentada a Kurt, a quien me rehusaba a mirar; a pesar de su insistente mirada. Ya había comido tres de esos sandwiches de tomate y queso, y estaba observando con ojo crítico una ensalada de frutas.
Las conversaciones que habíamos tenido hasta ahora me excluían a mí o a Kurt, y no por deseo de él. Yo estaba totalmente decidida a ignorarlo hasta que entendiera que estaba permaneciendo allí contra mi voluntad y para hacerle un favor a mi mejor amiga; que no había dejado de sonreír desde que llegamos.
Percy, por su parte, se encontraba bastante intranquilo e intentaba leer a escondidas un libro que todos habíamos visto que tenía. Por el momento, no le dijimos nada. Pareció escojer algo al azar, con cara de confundido, y repetir eso un poco, mientras entre los tres nos tirábamos miradas de extrañeza. Ahí sí miré a Kurt, y con las cejas le pregunté qué tramaba. El muy idiota movió los labios, y en silencio, me dijo "bonita".
Aparté la mirada, totalmente fastidiada, y la centré en el rubio, que tartamudeaba en dirección a Violet:

—Nunca vi unas... ojeras tan lindas como las tuyas. Eh, no... digo, orejas—apresuró a corregir.

Y la reacción que desencadenó fue como la que se da después de que toque el timbre del recreo en la primaria. Es decir, todo súbitamente. Mi amiga se puso del color de las rosas y agachó la cabeza, cubriéndose las orejas con el cabello, yo me tapé la boca para disimular mi risa, y Kurt se estrelló la mano en la frente, mientras lo miraba indignado.

—¡¿OREJAS, PERCY?! Primero lo de las rosas y ahora lo de las orejas. La verdad, sonaba mejor lo de las ojeras. ¡Te dije que no era buena idea traer ese estúpido librito!—le reprochó, con aire de frustración. Su amigo agachó la cabeza, apenado.
—¿De qué estúpido librito hablamos?—preguntó suavemente Violet, más calmada.

Kurt le quitó el libro a Percy, que estaba demasiado distraído estando avergonzado como para forcejear. Nos lo mostró, con cara de abatido. La portada anunciaba "FRASES PARA COQUETEAR". Volvimos a reír hasta que la compasión llamó a la seriedad.

—Yo creo que es adorable—musitó Let, y yo asentí con la cabeza. Percy le sonrió débilmente.
—Sí, pero Kurt no necesita esas cosas, ¿no?—dije, mirándolo fríamente—. Él mira a las chicas y ya se derriten.
El aludido se pasó la lengua por los labios y sonrió: —Así que te derrites cuando te miro.

El comentario no me había salido como esperaba. Me puse roja demasiado rápido y en mi intento de parecer enojada, balbuceé.

—¡No! Yo no... Es que... ¡Agh! Para ti todo es una broma, ¿verdad?—lo fulminé, ignorando que una escena de histeria frente a Lettie y Percy no quedaría bien.
—Tú no—contestó, sin dudarlo dos veces. No, él no necesitaba ningún librito.
—Bueno... mejor será que nos vayamos yendo, Ruth. Dicen que la profesora de física no es agradable, ¿saben?—intentó salvar mi amiga.
—¡Nosotros también tenemos física!—se alegró Percy. Yo maldecí.

Entre los cuatro (Percy y Violet) levantamos las cosas y nos marchamos en dirección a la clase de física cargados de nuestro almuerzo (Percy y Violet). De camino a la Residencia, tiramos las cosas en la camioneta monstruosa que tenían los chicos. Kurt se encargó de ponerme la piel de gallina al decirme que si quería, podíamos pasar allí la hora de física. Cerdo.
Cuando terminamos la caminata hacia la Residencia -que se realizó rápidamente por exigencia mía- y todos corrían hacia las clases, Kurt me pasó un brazo por los hombros. Iba a decirle que era un idiota engreído, y que si no quería que lo exprima como naranja sin pesticida que no me tocara, pero empezaron a surgir murmullos de inmediato, que me detuvieron.

—¿Quién es esa? ¿Quién se cree? ¿No es nueva?
—¿Están saliendo?
—Sí, yo los vi en la fiesta.
—Deben ser amigos, mírala...

Y me molestaron. Al parecer las nuevas que no éramos rubias, ni teníamos cirujías en los pechos, ni andábamos desnudas por el cámpus, no estábamos a la altura del misterioso Kurt ni de aquel aquelarre de brillos. Ya verán.
Mirándolo sonriente, le pasé un brazo por la cintura y apoyé la cabeza en su hombro. Y ante la mirada boquiabierta de todo el mundo (porque los hombres le arrojaban miradas de felicitación o de reproche a Kurt; y las mujeres me querían matar en su mayoría), enfilamos hasta el salón. Perdí de vista a Violet hasta que me senté en el salón, en el medio de Astrid y Kate, que me miraban con cara de desconcierto por el suceso que acababa de acontecer en la entrada del salón. El idiota intergaláctico me había tomado por la cintura y se había acercado a mis labios. Pero yo tan buena actriz no me consideraba; así que puse mis manos en su pecho y lo empujé. Se apoyó sobre sus antebrazos sobre el banco que estaba detrás de él y demostró fingida tristeza en su rostro.

—¿Estás cortando conmigo, bonita?

Le bufé, encolerizada, y me apresuré a ir a mi asiento.

—Supongo que había mucha fila para los pastelitos, ¿no?—dijo As, mirando de reojo a Violet, que tenía cara de estar viviendo el mejor sueño de su vida.

Perdimos toda la hora de física, gracias a Dios, hablando de nuestro interesante almuerzo. A Violet no se le escapó detalle. De vez en cuando volteaba hacia donde Kurt y Percy se sentaban, y este último la saludaba sonriente. Cuando yo volteé y Kurt me guiñó el ojo, claramente satisfecho de haber caminado conmigo de esa forma, no se me ocurrió nada más que enseñarle el dedo del medio.
Mientras copiábamos la tarea de física, las chicas me dieron su opinión. Astrid lo consideraba un violento problema del que había que mantenerse alejada, Kate dijo que se merecía una lección. Luego, hizo crujir sus nudillos.

—Ay, chicas, pero eso es porque no han visto cómo es cuando están juntos—dijo Violet, mordaz—. Cuando olvidas esa idea que tienes de que no te gusta y dejas de rehusarte a dejarte llevar por tus emociones, es muy evidente que algo pasa. Tienes que admitir que hay una conexión muy fuerte entre los dos—me miró con cariño.
—¡¿Y porque a ella le guste vamos a olvidar que probablemente sea un psicópata salvaje y persuasivo?!—estalló Kate, negando repetidas veces con la cabeza.
—¡Pero es que ni lo conoces, Kate!—insistió Let—. Seguro que él piensa lo mismo de ti desde que intentaste matarlo apenas lo viste.
—No lo sé, no me convence. Además, ¿quién demonios lleva un mantel negro a un picnic romántico?—observó, y me miró por primera vez en la discusión—. Seguro que eso tiene un significado tenebroso, y cree que somos lo bastante idiotas como para no saberlo. Vamos, Ruth, tú sabes de psicología y mensajes subliminales.

Iba a comentar que efectivamente, un mantel negro cuando no tiene nada encima, puede tener significados relacionados a la oscuridad, el vacío y las tinieblas según lapazinteriorvencealmal; una de mis páginas web favoritas. Pero en ese momento, la profesora de física; una mujer demasiado delgada y excesivamente alta, que debía tener al menos sesenta años y era apodada "la escoba", nos mandó a callar.
Así que volví a prestarle atención a la fórmula de la resistencia y la elasticidad, hasta que Astrid me dio un suave codazo en las costillas. La miré, y con la cabeza me señaló su cuaderno de apuntes, en el que, además de haber anotado los ejercicios, me había mandado un mensaje.

"No te dejes influenciar, Ray Ray. Después de todo, es a ti a quien le gusta."


Su notita me dejó pensando el resto de la clase, hasta que la campana sonó y todos guardaron las cosas. Menos Kurt, que no traía ni una lapicera. Yo me demoré un poco más de lo normal, y les susurré a las chicas que me esperaran afuera del salón. Quedábamos nosostros dos solamente, aunque se había acumulado una pequeña multitud en el marco de la puerta, que nos observaba con curiosidad. Estaba Percy entre ellos, diciéndole a Violet que su madre era probablemente repostera por haber hecho tremendo bombón.
Era sólo la segunda vez en la que veía a Kurt con actitud un poco más humana. Desde que me había escuchado con mis preocupaciones, no había pasado. Se pasó la mano por el cabello mientras me miraba, buscando palabras.

—Mira, Ruth, lo siento. Si quieres, yo... si quieres te dejo en paz—lo dijo en un tono tan sincero y abierto que me sorprendió. Me causó una inmensa ternura y gratitud que el que era conocido como el chico malo de la Academia me dijera algo así. Hasta tal punto que el discurso de Let, que no convenció a Kate, me convenció a mí.

Me acerqué, con una enorme sonrisa hacia Kurt, que ahora se veía más vulnerable de lo que lo había visto en toda su vida. Me puse de puntas de pie y le di un beso en la mejilla derecha. Luego, hablando fuerte y claro para que la parvada de Barbies que espiaba afuera me escuchara, le dije:

—Deberíamos salir el sábado.

do not open:
BUENO CHICAS ESPERO QUE LES GUSTE EL CAPÍTULO; ME APURÉ A ESCRIBIRLO AHORA PORQUE YA ME VOY DE VIAJE Y NO QUERÍA QUE DE VUELTA ME PASARAN AL FINAL. PERDÓN PORQUE ESTÉ CORTO, COMO LES DIJE NO TENÍA MUCHO TIEMPO Y LA FALTA DE TIEMPO LLEVÓ A LA FALTA DE INSPIRACIÓN. SEPAN QUE LAS ADORO Y QUE ADORO LA NOVELA<333

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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bwiyomi. el Vie 15 Ene 2016, 4:24 pm

OMG, LAMENTO LA TARDANZA PARA EL COMENTARIO PERO PRIMERO QUE NADA Y SÉ QUE YA LO DIJE COMO 50 MIL VECES, QUE PRECIOSOOO CAPÍTULO, TAN PERF MAY, AS ALWAYS.
ESO ES RUTH, ABRETE AL AMOR, DEJATE AMAR POR EL BB PRECIOSO DE KURT, DEJA DE MENTIRTE A TI MISMA Y ADMITE QUE TE GUSTA DE UNA BUENA VEZ. ¿?
Y KASJKAJKS ME ENCANTÓ LO DEL MANTEL NEGRO DE KURT, QUE RUDO baba
Y JAJAJAJAJAJAJAJA
LAS FRASES DE PERCY, CHAO, ME MATARON
NO DEBERÍA GUSTARLE LAS OJERAS DE VIOLET, NONONONO, LAS OJERAS ES ALGO QUE QUIERE ESCONDER DE TODOS ¿? PERO PERCY TIENE SUERTE DE SER UN PANQUECITO LINDO Y POR ESO LE PERDONAMOS EL ERROR DE CONFUNDIR OJERA CON OREJA.
KURT ESTABA A NADA DE GOLPEARLO CON TANTA COSA RARA
LE VOY A DECIR A PERCY QUE ME PRESTE ESE LIBRO PA GANARME LOS CORAZONES DE TODOS creepygusta
Y OMG, RUTH SE SONROJOOOOOOOOOOOOOO
YA TENDREMOS ALGO CON QUE MOLESTARLA, AHQ.
Y QUE PERSONAS TAN MÁS INTERESADAS, QUE LES IMPORTA SI ESTAN SALIENDO JUNTOS, NO ES SU PROBLEMA, BOLA DE CHISMOSOS, SHU DEJEN A LOS TORTOLITOS TENER UN MOMENTO ROMÁNTICO JUNTOS OC  

RUTH, SIGUE A TU CORAZÓN, YO SÉ QUE AMAS A KURT Y QUE SERÁN NOVIECITOS PRONTOOO, APARTE KURT ES UNA COSITA PRECIOSA QUE ESCONDE SU LADO TODO TIERNO Y ADORABLE, ES UN AMOR, SI NO LO QUIERES, YO ME PUEDO QUEDAR CON EL, AHNO ¿?
COSITAS BEBÉS, SE VEN BIEN TIERNOS JUNTITOS Y AYYY, YA QUIERO VER SU CITA DEL SÁBADO, OMG, YA NO ESTÁN A NADA DE DARSE UNOS BUENOS BESITOS, POR LO MENOS YA LLEGARON A LA FASE DE LOS BESITOS EN LA MEJILLA, OMG, TODO FUE PERFECTO MAY, ME ENCANTÓ TU CAP Y YA QUIERO SABER QUE PASA ENTRE RUTH Y KURT     SON MI NUEVO OTP  

Las amo chicas y perdonen las mayúsculas sangrientas ¿? NO PUEDO EVITARLO OC
Y AHORA A ESPERAR EL CAP DE DEBY, CREO ¿? BYEEEEE.    
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bigtimerush. el Vie 15 Ene 2016, 6:09 pm




May, ya tu sabes que amo como tu ingeniosa mente hace que ame todos tus capítulos Eres. Genial. Hablo en serio. Bueno, primero que todo, discúlpame por no haber comentado hasta ahora, ya sabes, yo y mis dramas Ame sentirme tan identificada con Ruth en el primer párrafo, el noventa por ciento de las veces me pasa
Aquí viene mis partes favs.
—¿Qué es ésto, chicos? ¿Se van a casar y nos necesitan como testigos?—bromeé, riendo suavemente.
cállate Ruth, por favor. Ahre.
Ay por FAVOR, JESUS, AYUDAME AQUI. UN MANTEL NEGRO??????????????? ES LITERALMENTE UN CHICO OSCURO. ENTENDIERON? OSCURO. O S C U R O.
Ya había comido tres de esos sándwiches de tomate y queso, y estaba observando con ojo crítico una ensalada de frutas.
VES?????????????????????????????? DESPUES TE QUEJAS DE MI OBESIDAD. Ahre.
Nos lo mostró, con cara de abatido. La portada anunciaba "FRASES PARA COQUETEAR". Volvimos a reír hasta que la compasión llamó a la seriedad.
Percy y su libro (Ya les dije que amo a Percy?)
—Sí, pero Kurt no necesita esas cosas, ¿no?—dije, mirándolo fríamente—. Él mira a las chicas y ya se derriten.
El aludido se pasó la lengua por los labios y sonrió: —Así que te derrites cuando te miro.

Kurt hace que quiera mojarme. Que. XQ NO SE CALLA Y DEJA DE HACERME ESTAS COSAS. Definitivamente es un estúpido
Ruth es tan listilla, me cae demasiado bien
Vieron que Kate es una dramática Tendré que soportar lo que cree. Ah.
LA ESCOBA LE DECÍAN
Y DESPUÉS, DESPUÉS CUANDO SE DISCULPO, O SEA, STOP
Amo el desarrollo de tus capítulos, en serio. Ya quiero saber con que saldrá Kurt la próxima vez.
Deby, te esperamos
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