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Pacific Coast Academy.

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Pacific Coast Academy.

Mensaje por Meteora el Miér 09 Dic 2015, 6:03 pm



Ficha


Nombre: Pacific Coast Academy.
Autor: car radio., bigtimerush., bwiyomi., Aesthethic.
Adaptación: No.
Advertencias: Contenido fuerte, malas palabras. Depende de cada escritora.
Genero: Entre romance y generales.
Otras páginas: No.



Pacific Coast Academy.

La Pacific Coast Academy, conocida nacionalmente por albergar no sólo un contenido educativo de primera calidad, sino también por tener el grupo de estudiantes más soberbio del país. Sí, niños mimados.
Los padres de Kate, Violet, Astrid y Ruth no tuvieron eso en consideración cuando las anotaron allí. Ellas no pertenecen a PCA, no con ese tipo de gente. Se verán obligadas a adaptarse mientras que luchan por un buen promedio en el año más radical e importante de sus vidas. Buscando obtener la mezcla perfecta entre responsabilidad y diversión; aparecen las legendarias fiestas organizadas por la Academia, que, de un modo u otro, les darán a conocer gente nueva...
Porque, después de todo, decir que “son todos iguales”, es un prejuicio muy erróneo.
Personajes.

— ♡ Percy Cunningham {Niall Horan; extrovertido y curioso. | Violet Eckhart {Lily Collins; tranquila y humilde. Ana.
— ♡ Liam Payne {Liam Payne; serio y sarcástico. | Kate Kingston {Bridgit Mendler; antipática y listilla. Mey.
— ♡ Drew Anderson {NHarry Styles; independiente con doble personalidad. | Astrid Raymonds {Nina Dobrev; simpática y detallista. Deby.
— ♡ Kurt Lee {Ash Stymest; confiado e indiferente. | Ruth Becker {Emily Rudd; determinada y dramática. May.


Última edición por car radio. el Sáb 12 Dic 2015, 4:39 pm, editado 4 veces
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por Meteora el Miér 09 Dic 2015, 9:56 pm


Prólogo.


Los dedos de Kate se habían puestos rojos por la fuerza con la que apretaba el volante, que parecía a punto de explotar. Llevaba manejando casi dos horas en las que había escuchado las propuestas medioambientalistas de Ruth para un-año-universitario-a-lo-green-peace, durante todo el trayecto. Violet iba en el asiento trasero; con los pies sobre él, leyendo. Ella, Kate y Astrid habían acordado silenciosamente que cuando su amiga empezaba con sus ideas radicales, había que desconectar. Pero la conductora no tenía con que distraerse: debía escuchar a Ruth o la música indie que esta última había decidido poner para “alivianar el camino”. Ya se veía como se le marcaba la vena en la sien a la pobre Kate, que de vez en cuando emitía gruñidos, para mostrar que estaba escuchando.
Definitivamente la alineación de los planetas (o alguna basura astronómica por el estilo) para irritarle la existencia era impresionante.

—Lo de la bomba en el carro de nuestros padres no era broma —Kate le frunció el ceño golpeándose mentalmente por quinceava vez a la carretera con tales vehículos que hacían que su Volkswagen tuviera una repentina escasez de confianza.
Astrid se rió por lo bajo. —Por supuesto que no. Los escoltas que recibieron órdenes estrictas de evitar que te devolvieras e hicieras explotar a tu familia tampoco eran un chiste —Katie abrió su boca, pero fue interrumpida por Astrid—. No oh amiga, no solo tu buen humor por el resto de los próximos días estaba en juego.
—Mi trasero también lo estaba —asintió Violet escudriñando sus uñas recién pintadas de un lindo y brillante color morado.
Ruth alzó un dedo, y arqueó su ceja: —Pero ella nunca está de buen humor, ¿Cuál sería la diferencia?

Obviamente, Astrid tuvo que morder su lengua y usar su teléfono de escudo para que Kate no viera la prefase a una gran carcajada, porque a nadie le gustaría recibir una mirada asesina.

—Bueno, es genial como el demonio contar con ustedes. Es fácil ver que desean ir a esa —saboreó el disgusto y su lengua y se obligó a terminar—: Academia.

Entonces, Katelyn mantuvo su mano presionando el claxon por un minuto más o menos, una enorme Range Rover dificultaba su visión y sus lentes comenzaban a sudar el puente de la nariz.
Para sorpresa de todas, y específicamente para empujar una sonrisa al rostro deformado por la molestia de Kate, Violet exclamó:

—¡Yo la hubiese ayudado! —suspiró gesticulando su exasperación con las manos. Sin embargo, su voz no era suprimida por el sonido del claxon—. Dios, sin dudas. Pero una pequeña. Sip, lo suficiente para quemar sus cabellos. Eso me haría feliz.

Amelia negó levemente, “maldad” no estaba en el vocabulario de Violet.

—A mí me haría sentir mejor que la tan desgraciada Academia estuviera en otro continente, por ejemplo. Sería más fácil para mi decadente cordura. Estar en el mismo país me hace desear huir e ir a casa en medio de la noche, cuando los epi…
Astrid prosiguió, casi leyendo la mente de su mejor amiga: —Cuando te hayas aburrido de ver todos y cada uno de los episodios de Awkward…
—Cuando no hayan reservas de maní porque quizás olvide surtir tu caja fuerte de dulces —sonrió Ruth, recordando sin esfuerzo la cara de desquiciada de Kate al no tener la boca llena de el fruto seco.
—Y, por supuesto, cuando tu chocolate caliente ya no esté tan caliente porque apagué la calefacción —terminó Violet, mirando el perfil casi sonriente de Kate.
—Ay Dios, dejen de conocerme tan malditamente tanto. Sufro chicas, ¡lo hago! —chilló esta última, golpeando un poco no tan suave el volante mientras doblaba.
Ruth acarició su hombro consoladoramente, apresurándose a añadir: —Lo principal que hay que entender sobre los viajes internacionales es que dejan mucha huella de carbono, de todas formas. Los aviones son lindos, sí, pero cuando al final del siglo la temperatura aumente como mínimo dos grados, ya tenemos a qué echarle la culpa. Y no crean que no sea una preocupación de nosotras, sí, que vayamos al vivir al final del siglo. Además…
—¡Oye, maldita sea, amigo! —le gritó Kate al conductor de la no tan decidida camioneta.

Seguidamente pisó su claxon, pero solo un poco. Amelia se apresuró a poner sus manos en los oídos de Violet, con los ojos como platos. La bomba de maldiciones de Kate era más o menos música para sus oídos, pero Violet aún se quedaba pasmada. Aunque no lo admitiera.

—Recuerda la paz interior, Kate. ¡tu paz interior! —espetó Ruth, tratando de divisar al pobre conductor que recibiría una descarga de ira.

Katelyn estaba más o menos a punto de bajarse con una llave mecánica de no ser porque el carro aún estaba andando; su pie presionando con furia el pedal de velocidad, y su mano en la palanca. Sus nudillos podían verse. Sin embargo, aún estaban a una distancia lateral considerable, y a Maggie le costaba mantenerse a la misma altura que la impactante camioneta.
La rubia desconectó por un segundo la vista de la carretera, preparando sus cuerdas vocales un poco, apuntado su mirada avellana directo a la ventana del otro auto. Estaba hasta arriba y parecía que eran unos vidrios a prueba de balas.
Tal vez era Obama.
Violet le hizo señas a Ruth para que tomara el volante rápidamente. Cuando lo hizo, el cinturón estaba matando sus boobies, pero era eso o irse de lleno contra los arboles del alrededor.

—¡Tú, neandertal al volante! —vociferó, ajustado sus gafas de sol.

El vidrio estaba bajándose lentamente por el rubio que conducía semejante bestia negra, pero mantenía la mirada al frente, sin inmutarse por el comportamiento sacado del infierno de Kate. Quizás Violet se había convertido en un charco al observar detenidamente a tal Dios Griego. Con una sonrisa que podía estar valorada por muchísimos millones de dólares (O por Reino Unido entero, a juzgar por su lindura), el joven no aminoró la velocidad y a Kate le irritaron los ojos a causa de su arrebato de diversión.

—¡No estás en un supermercado escogiendo tus estúpidos tampones! —ella le sonsacó, haciendo su mejor cara de WTF—. Apuesto a que un labrador te pasó el jodido examen de conducir.

El chico causante del ataque de Kate, de la vergüenza de Astrid y del embobamiento de Violet, no se molestó en responder y le dedicó un asentimiento acompañado de una linda mueca de gracia.
Katelyn arqueó las cejas, aireada.

—Kate —casi lloró Violet—. Ya vámonos, ¿sí?
—De ninguna manera, compañera —se carcajeó Ruth, manteniendo a Maggie en una sola dirección—. Veamos que hace el rubiecito.
Astrid miró a Violet, y alzó las cejas sugestivamente. —Aw, Violet, pareces un tomatito.

De repente por el vidrio del conductor, apareció un chico de ceño fruncido y actitud de querer golpear a la vida misma. La gorra al revés escondía su cabello castaño y en general, parecía sacado directamente de la fantasía de alguna chica promedio amante del misterio y peligro. Un Patch de carne y huesos, sin embargo Kate pasó por alto esto en cuanto el abrió su bocota (que ojala Dios se la bendiga y no permita que alguien como ella misma o Ruth en su peor día la rompiera un poco) y se dedicó poner sus lentes en la coronilla y rodar sus ojos.

—¡Bonita! —Atrajo sus flameantes llamas cafés—. ¿Qué tal si me prestas esa actitud para el fin de semana?

Violet curvó sus labios en una perfecta ‘o’ y Astrid casi le cosía la boca a su amada, pero algo tostada mejor amiga.

—Vete a robar un banco, tarado —replicó Kate, sintiendo la pesada mirada Ruth ir de la carretera al idiota número dos.

Antes de que Ruth pudiera arruinar su atractiva cara cargada de indiferencia y cierta invitación a su cama, el rubio miró dos milisegundos al auto con peculiares pasajeras.

—Está bien, está bien —alzó una mano e hizo el signo de la paz—. Lo siento, tú, chica desconocida con poca paciencia. Prometo no meterme en tu camino nunca más si tú prometes dejar de herir mis sentimientos.
Katelyn sonrió casi como en un comercial de marca de dientes. —Eso era todo, ¿vieron chicas? —les comunicó, mirando a Violet y Astrid por el retrovisor mientras Ruth volvía a su puesto de copiloto—Una disculpa y un vistazo a la idiotez masculina. Siempre funciona —curvó sus labios, pero esta vez al frente.

Violet decidió jugar con su cabello con leves ondas antes de posar su susceptible vista ante aquel espectáculo de joven. Astrid casi toma sus mejillas y las apretaba con ternura.

—Quizás es el clima —consideró Ruth, agitando la mano a la parte trasera de la camioneta.

Kate se sumergió en un mundo en donde sus amigas no cuestionaban su salud mental.

—¿Lo que le afecta? —inquirió Astrid, posando su vista en el control del estéreo—. No, es una pataleta. Los guapos chicos de hace dos minutos solo fueron pobres víctimas.

Mientras Ruth alisaba los pliegos del ceño de Kate con su dedo, Violet no pudo evitar deslizarse por el cojín hasta casi tocar la tapicería. Era increíblemente estúpido con un muchacho podía haber revuelto sus pensamientos de una forma no tan gradual.

—Lo siguiente que haré es llegar a la habitación y sentarme a pensar en porque no acepté que Ruth trajera ese vodka de fresa —intervino Katelyn, incorporándose a una gran fila de autos que daban con la entrada de la Academia.

—Iríamos a la cárcel porque tú no caminarías rectamente en el piso —aseguró Violet, sus labios articulando un “Duh”.

Astrid apretó el puente de su nariz. Sintió como su frente perlada de sudor se escurría.

—Lo pensaban meter en mi lindo envase rosa para el agua. Y ya saben lo mucho que odio el licor —argumentó, encogiéndose de hombros ante lo siguiente—: Pero tengo jugo de arándanos.

Ruth se volteó un poco y le dio un golpecito de felicitación a Astrid, quien empezaba a tener un tic en el ojo.

—Aplaudo tu iniciativa a tomar jugos naturales, ¿sabes que eso contribuye mucho a nuestro bello planeta? Era preferible traerlo en la botella, y así iríamos a Starbucks porque sí chicas, fui al de Londres y resulta que si hay contendedores de reciclaje.
—Kate posiblemente le hubiese arrojado la botella a los chicos de al lado, ¿sabes?
Violet posó su mano en la barbilla, mirando el despejado cielo casi azul. —Y ellos claro que nos denunciaran. No tenemos pinta de ser mayores de edad.

Kate hizo pucheros, dejando que una fastidiosa y pesada sensación de pérdida se instalara en su estómago.

—Grandes posibilidades —concordó Ruth—. Pero aun así…
—Bueno, ¡hemos llegado! —soltó bruscamente Violet, con cara de no aguantar más, incorporándose de repente y mirando con los ojos desorbitados a lo que será su nueva residencia.

La verdad, se veía impresionante. Era un inmenso campus con el césped recién cortado, caminos adosados con fuentes al final, y rosales por doquier. Un perfecto triangulo de un color oro antiguo con miles de ventanas y balcones al lado derecho del campus constituía la residencia masculina (según indicaba un cartel). Del lado izquierdo, estaban las habitaciones para las mujeres. Y en el medio de ellas, se alzaba la imponente Academia en sí, que daba la impresión de ser la Casa Blanca, en un color ocre. Allí estudiarían allí, se armarían para su futuro.

—Bueno, no parece nada mal —suspiró por primera vez Kate, quien había dejado de ahorcar el volante y contemplaba anonada la vista.
—Si sí, pero ya van a ver que no es gran cosa. Además, no he visto ni un solo clasificador de basura desde que hemos llegado. Seguro piensan que los olores desentonan con la onda antigua que le pusieron a todo. Que mierda de sociedad, elijen lo estético antes que lo ecológico —empezó a farfullar Ruth, con gestos demasiado dramáticos que indicaban que también estaba cohibida por la belleza del panorama.
—Gran alabado Señor, no permitas que tenga que ir a terapia otra vez —pidió Kate, pegando su cabeza del volante.
—Amén —dijeron al unísono el resto de las chicas, siendo capaces de sentir cómo la intriga de un futuro impredecible se instalaba sobre ellas como una gran nube casi negra de problemas.

Aparcaron el auto de Kate en donde indicaban los carteles que se debía hacer, y con todas las maletas se trasladaron a una caseta al lado de la Casa Ocre, como le había apodado Ruth, titulada “Inscripciones”. Bueno, decir que era semejante al vestíbulo de la empresa de Chrstian Grey a simple vista tal vez era un eufemismo.
Con carteras de diseñadores exclusivos, sonrisas brillantes, y tal vez senos más operados que Nicki Minaj, el campus parecía una pasarela de superficialidad a tope. Era el signo más descarado que gritaba que nunca pertenecerían ahí a no ser que abandonaran, por ejemplo, todos sus vestidos con lunares rosas.

—Mi bolso Chanel aún no sale de su empaque. Lo usaré cuando me case, creo —se rió Astrid, ventilándose con su mano en las mejillas sonrosadas.

Era muy notorio que no pertenecían a la Academia. No solo se notaba que eran nuevas, sino que allí, con todas las valijas multicolores de Ruth, la sencilla mochila de Violet, la sonrisa forzada de Astrid y la mirada de incomodidad que les lanzaba Kate, era obvio que no encajaban con el sistema de la Academia. Con la gente de la Academia, mejor dicho.

—Deberían mandarnos un closet totalmente nuevo, ¿qué dicen? Es lo menos que pueden hacer por meternos en este jodido lugar. No tendré una cartera Chanel, sino mil. Es un hecho.
—Yo a favor —dijo Violet, ajustando su mochila de estampado floral a su hombro—. Hoy mismo llamaremos.

Ruth alzó un pulgar en medio del proceso de bajar sus maletas de la pequeña maleta del auto de Kate.

—Demonios, sí. Un maldito Oscar después —les guiñó un ojo Astrid.

Aun así, se inscribieron. Su habitación era la 315, y aun tenían el sábado y el domingo para amoldarse. O por lo menos morir intentándolo.

—Hay una fiesta de inauguración, están todos invitados. Deberían ir —les dijo un ayudante que les indicó como llegar hasta su habitación. Y les guiñó un ojo.

La habitación 315 era un fiel reflejo de la apariencia de la Academia, en miniatura y con tres camas. Ruth definió el cuarto como “vintage fino”. Kate puso los ojos en blanco. Violet rió entre dientes y Astrid, entró acompañada de una expresión con un gran signo de interrogación pronunciado (porque vamos, ¿eso tenía una definición apta para gente normal?).

—Mi trasero sigue dormido —comentó Kate, haciendo unas leves cunclillas.

Ruth se tropezó con sus propias maletas en el camino a un mueble en forma de helado blanco que se encontraba al lado del baño, pero sin embargo golpeó la cabeza de una muy tranquila Astrid en el camino. Esta última parecía un perrito rabioso.

—Si no las amara tanto, me hubiese lanzado del segundo piso —tosió Katelyn, haciéndose una coleta desordenada—. O con menos dramatismo, hubiese amenazado con hacerlo mediante una llamada por Skype a mis padres.

Así comenzaron a desempacar y ordenar sus cosas, con la ayuda de quizás de unos muffins que Kate compró para ahogar su ira de una manera más inofensiva. La habitación también contaba con un baño anexo; para comodidad de las tres, y en especial para el alivio de Ruth, que indicaba que en los baños compartidos se utilizaban más desodorantes de ambiente, los cuales dañaban gravemente la capa de ozono.

Cuando ya se encontraba todo más o menos listo, Ruth se tiró en la cama de arriba, que había elegido, y tarareando Brain Damage, con fingida timidez, preguntó:

—La gente que administra el lugar se irá a enojar si pintamos el cuarto de multicolores, ¿verdad?

Entonces rieron y se abrazaron, y continuaron riendo para no llorar. Porque ese día marcó el resto de sus vidas, le puso fin a una etapa e inició otra. Y estaba muy, muy felices de continuar siendo amigas a pesar de las grandes peleas épicas del pasado.



Última edición por car radio. el Vie 11 Dic 2015, 8:31 am, editado 1 vez
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bigtimerush. el Jue 10 Dic 2015, 9:08 pm

Aqui estoy chicas ♡ Esperen 2morrow mi capitulo
May, tu prologo
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bwiyomi. el Jue 10 Dic 2015, 9:23 pm

Saben que había escrito un comentario hermoso y se me borró por tonta. PERO IGUAL, ME ENCANTÓ EL PRÓLOGO, SOLO ME EMOCIONA MÁS DE QUERER EMPEZAR A ESCRIBIR YA, AUNQUE LA ESCUELA ME LO IMPIDA.
Y AYY, APENAS LLEGARON YA VA A HABER UNA FIESTA DE INAUGURACIÓN DONDE CONOCERÁN A MUCHOS CHICOS, QUE EMOCIÓN.

BRING THE BOYS OUT.

Y AY, ME DIO SENTIMIENTO LA PARTE DONDE SE ABRAZAN, SERÁ EL INICIO DE SUS LOCAS AVENTURAS Y EXPERIENCIAS JUNTAS, más les vale estar preparadas, ahq.
Esperaré ansiosa el capítulo de Mey y las amo, aiñ.
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por brillantina. el Vie 11 Dic 2015, 7:17 am

Me emocioné cuando vi que habían comentado Ame el prólogooooo y también estoy super ansiosa por escribiiiiiiir ya no aguanto maaaaaaas(?) Me aburro demasiado, si Mey no sube rápido voy a empezar a escribir mi capítulo desde ya(?) Nah mentira. Lo escribo después de que Ana Banana suba así están relacionados(?) Bueno repito: lo ameeeee y quiero MAS.
Las quiero mucho chiquis
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por Meteora el Vie 11 Dic 2015, 8:37 am

cHICAS YA ESTÁ EL PRÓLOGO, DE VUELTA(?).
me parece que quedó mucho más lindo, más divertido, y más completo que el anterior
pobre Mey, recién termina el prólogo y ya tiene que hacer el primer capítulo JAJAJAJS
las quiero y espero a Mey
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por brillantina. el Vie 11 Dic 2015, 3:07 pm

Admiren mi super pack perras(?)
Como era de esperarse AME MUCHO EL PROLOGOOOOO y me reí muchísimo con la escena de los chicos jajajajajaja (estaría necesitando las caritas de wp :c) extrañaba leer algo de Mey, algo nuevo(?) Y POR ESOOO es que estoy esperando el primer capítulo con mucha ansiedad. En serio, mucha ansiedad. Ya quiero empezar con mis pejotas. Así que, no te presiono, pero SUBE RAPIDO ah. Besitos a todas, las quiero mucho
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bigtimerush. el Vie 11 Dic 2015, 7:24 pm

Ay chicas que lindas todas, chicas, conmueven mi corazón de pollito La verdad es que amo jodidamente mucho escribir con ustedes, me trae de vuelta a esa época feliz en donde todas parecíamos intocables Pero que mas da, el punto es que seguimos juntas a pesar de todo (arriba meby ), y que de ahora en adelante no se desharán de mi tan fácil. No esta demás agradecer por sus bonitos comentarios y espero que no se rían del capitulo que estoy por subir
P.D. DEBY TU PACK WHAT ES HERMOSO LPM, QUIERO EL MIO YA
Las amo con todo linduras
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Capitulo 01.

Mensaje por bigtimerush. el Vie 11 Dic 2015, 8:52 pm

Capítulo 01.
The beginning of my extensive daily dramas. My life sucks, basically.
Habían muchas razones solidas por las cuales pensar detenida y cautelosamente acerca del mañana no era una opción que aseguraría mi estabilidad mental. Y, en aquella habitación que empezaba a intimidarme, no quería adentrarme tan profundamente en las posibilidades de perder la cabeza. Tan solo la idea conceptual aún no definida de una manera literal de sobrevivir sin mi perrita Sandy o mi mejor amigo James causaba un revuelo desagradablemente común en mi garganta.
No había sopesado la oportunidad de un cambio recientemente, y la mitad y un diez por ciento más de mi cerebro no estaban de acuerdo con ceder el control.
No era una psicótica perfeccionista, pero me encantaba sentir la sensación de que las cosas tenían un desenlace puntual debido a que ejercía previamente un sistema de pasos rigurosos a seguir que debía cumplir o al diablo todo al final del día. Y en Portland, yo me había acostumbrado a la idea de que la mayoría de las cosas que acontecían terminaban a causa de mí y lo que yo deseaba.
Obviamente en California mi integridad estaba en juego.
Mi madre, Kiara, decía que mis dolores de cabeza frecuentes y mal humor eran la prueba de que más veces de las que me gustaría admitir se me iba de las manos el control. En pocas palabras, que era basura. Pero, basura autentica de mi complicada personalidad o no, era lo único que me mantenía cuerda.
—¿No vienes, Kate? —me había preguntado Astrid, calzando sus vans negras con apremio.
Mordí mis labios y negué; mi mente lanzándome una advertencia en rojo brillante que se interpretaba como “Tiempo a solas para digerir el casi jet lag y evitar un ataque de pánico seguramente apoteósico”.
—¿Batido de fresa? —Ruth me sonrió, arqueando sus cejas.
Pero ella ya sabía la respuesta.
—Me tienes —le dije, señalándola y acto seguido metiéndome debajo de mis sabanas de nuevo.
Me incorporé en la cama y fui consciente de que el almuerzo había pasado hace tres horas.
El sonido de un golpe seco me sobresaltó justo cuando yo estaba a punto de abandonar mi libro de Crónicas Vampíricas por ir por un bocadillo. Se escuchó más cerca de lo que a mi seguridad le habría gustado, y me jugó un grito que asfixié con dificultad.
Seguidamente, el sonido inconfundible de un montón de gente extasiada me provocó una ola de curiosidad… ¿Sería que mi primo Josh de las Fuerzas Armadas, si me había mandado la granada después de todo?
Preparando mis palabras de agradecimiento, y con el corazón queriendo tener vida propia y trasladarse a mi garganta, dejé el libro justo en la parte en la que Stefan le advierte a Damon que lo asesinaría si no se detiene con su obsesión enfermiza profunda por Elena, y pegué mi oído a la puerta de madera blanca en la entrada. Aparte de la corriente de aire acondicionado en mi cabeza (el cuadro de ventilación estaba justo en esa zona, arriba), lo único que podía sentir era el olor a fragancia de vainilla y rosas de la habitación.
Hasta que el tan familiar olor metálico de la sangre me  alertó tal como a una pequeña ovejita en un corral de toros. Mi madre era la gerente de un hospital en Portland (Hasta a veces se ponía una bata y fingía estar cumpliendo guardia de enfermera; bastante loca, ¿no?), y tantas veces como hacia brownies de doble chocolate, lo que eran incontables veces, tenía que llevar raciones para ella y sus amigas. Así que sí, el olor a sangre era algo que conocía más bien de lo que debería.
Corrí a introducir mi móvil en el bolsillo trasero de mis shorts,  ignoré que debía debatir entre si salir o no, y la adrenalina bloqueó el hecho de que tal vez debí haber tomado un sweater para cubrir el escote de mi crop top favorito de encaje blanco.
El primer pensamiento que me golpeó en cuanto vi al idiota número dos de la camioneta conectar su puño con la mandíbula de otro sujeto de espaldas, fue que las acciones premeditadas tenían que ser lo mío. Algún día.
Vi las gotas minúsculas de sangre en el blanco e inmaculado piso de mármol y pensé que quizás no había sido la mejor de mis ideas. La gente que hace un rato había estado aclamando una escena perfectamente sacada de una película de acción, se habían colado por las grandes escaleras beige que se encontraban al final del pasillo. Y a juzgar por la expresión fría del chico conocido para mí, era la mejor maldita opción.
Estáticamente, mi boca se abrió en una gran ‘o’ cuando el joven contrincante cayó a menos de medio metro a mi lado. Entonces, como estaba congelada por el asombro de una pelea épicamente inesperada, más allá de los dos tipos y que el pasillo se encontraba vacío, no pude ser capaz de notar a Ruth aunque me hubiera esforzado.
Estaba detrás de él.
—¿Qué? —exclamé, acercándome un paso probablemente demasiado cerca.
Antes de que mi cerebro diera rienda suelta a lo que mis ojos captaban desgraciadamente de forma nítida, mi espalda impactó con la pared al lado de la puerta en un golpe brusco. Ciegamente, el lateral de mi cabeza chocó con una estructura dura.
Eso era mejor que ser tacleada con un tipo tres veces más alto.
Pestañeé varias veces entre mis ojos llorosos y me tragué el gemido de dolor.
Sin poder decir nada (y en serio hablaba de capacidades combinadas de sistema nervioso y motriz), mis ojos hicieron enfoque a lo que se encontraba delante de mí, pero mi visión parecía más como cuando la cámara de un teléfono anticuado no quiere cooperar.
Suponiendo que mis labios se abrían y se cerraban, inhalando el poco aire cargado de su One Million, yo debía parecer a punto de entrar en un ciclo de histeria.
La lisa pared detrás de mí no era mi lugar favorito en el mundo. Menos con un potencial desconocido.
—Agradecería tu silencio —una aterciopelada y destinada a ser dulce pero distante voz sacudió mis sentidos—. Inhala y exhala, agrégale un conteo mental hasta diez y en reversa y estarás perfectamente, amor.
El cálido aliento del chico acariciando mis mejillas no fue el que me obligó a abrir los ojos.
Fue su jodida seguridad la que me envió una descarga de molestia hasta los oídos.
Los tipos con claros potenciales de estúpidos no estaban en mi lista de requerimientos para mantenerme en control. Y estaba tan claro como que Big Time Rush no se había separado aún que iba en contra de mi ADN aceptar tal porquería.
Con el hecho en mente de que me había literalmente empujado contra una pared, que la palma de su mano estaba remotamente lejos de donde debería estar (no en mis caderas, por ejemplo), y que su voz denotaba una deliciosa invitación a cerrar sus labios de cualquier forma, incorporé cuerpo y cerebro.
Me encantaría decir que me había esperado que una copia de Bradley Cooper más sutil y tan rubia que encandilaba mis simples ojos me estuviera dando una invaluable mezcla de sonrisa y mirada penetrantemente difícil de replicar.
Pero no, así que mi corazón llegó más o menos a la posición del subsuelo; casi coexistiendo con el diablo.  Y mientras yo lo miraba directo a esos diamantes extrañamente azul cielo, sintiéndome tan pequeña que si intentaba otra sonrisa podía aplastarme, su nariz se arrugó de una manera tierna mientras me escudriñaba.
—¿Se te perdió algo, compañero? —titubeé, evadiendo su mirada, pero me sentía fuera de mi zona de confort—. Yo agradecería que quites tus manos de encima de mí tan rápido como puedas para evitar mi rodilla en tu ingle.
Visiblemente no tan serena como me gustaría, me di una palmada mental en la espalda por mi gran esfuerzo.
Los casi dos metros de típico Ken en la versión más americana posible se irguió sobre mí, y no divisé nada más que el lunar de su cuello. Y yo quería mirarlo directamente tanto como me encantaban las mañanas, pero el sonido de su carcajada sin humor me fastidió algo.
Y lo hice, sabiendo  que me había jodido hasta la medula.
El chico era toda una maquina atractiva: Ojos azules resbalando en las motitas verdes, cabello rubio ligeramente levantado hacia la derecha pero sin lucir tan arreglado, por lo menos dos veces más alto que yo (pero yo era un elfo, debo decir, Dios me jodió con solo 1,67), sonrisa automatizada, mente creída, piel ligeramente bronceada, labios medianamente rellenos, lindos brazos y estaba casi segura de que tenía un sixpack…  Sep, una máquina que estaba segura no querer manipular ni con un palo de cinco metros.
Me encontraría con un verdadero bombón si tan solo dejara de sonreírme tan tentadoramente, como si tratara de hacer que me enoje por el mero hecho de su presencia.
Fui más consciente de mis latidos arrítmicos de lo que debería cuando posó su pulgar en mi barbilla. El escenario fuera de nuestra burbuja de tensión desapareció en un cerrar de ojos en cuanto sus labios rosados se pegaron a mi oído. Fríos como la nieve, pero tan suaves con un algodón de azúcar haciéndome cosquillas.
Odié que sin esfuerzos una de sus manos tocara la pared por encima de mi cabeza.
—¿Qué tan rápido puedes callarte para evitar mis labios sobre los tuyos?
Y también odié que sin esfuerzos mi pecho se haya inflado hasta tocar el suyo.
—Desaparece de mi maldita vista ya, jugador. Te doy tres segundos y te restan dos.
El juntó sus cejas y me dio una mirada plana. La voz de la razón en mi errante cerebro celebraba el cambio de temperatura en el ambiente.



Ya en la biblioteca, recordé con gran pesar los hoyuelos en la sonrisa de aquel rubio antes de que siquiera pudiera evitarlo. O antes de que en mi mente se reprodujera lo que paso después. Bufé por debajo de mi aliento mientras observaba detenidamente cada lomo de cada libro en la sección romántica juvenil. Como parte de una costumbre cuando tenía frustración creciendo en mi pecho con cada respiración, adoraba hacer una busca furtiva de algún libro de mi género favorito que me ayudara a superarlo al menos por una hora.
Pero sí, básicamente, el idiota numero dos había hecho una espectacular aparición.
—Payne —se acercó sonriéndome burlonamente el sujeto no tan desconocido mientras  Payne-explota-neuronas, desviaba su mirada neutral a la que se cambió en cuanto su apellido fue pronunciado—. Tenemos que irnos. Listo. Gilipollas golpeado; ahora inconsciente.
Parecía, desde mi perspectiva, como una línea que decía después de cada pelea. Lo que debía pasar muy a menudo, por supuesto. Algo dentro de mí tomó lugar, algo como, déjenme pensar, la vergüenza en letras mayúsculas. Recogiendo los pedazos del poco control que me quedaba, decidí suprimir una respuesta por los momentos y pedir con la mirada un poco de consideración.
Su pecho aún seguía dificultando mi maniobra evasiva.
El ángel con complejos de Dios le dio un asentimiento y en aquel momento, cuando no estaba la deriva por la intensidad de sus ojos, pude respirar correctamente.
Pero dos segundos después al aire fue retenido. Nuevamente.
—Tal vez debería llevarte conmigo —me miró, relamiendo sus labios—, pero de ninguna manera podré respetar tu espacio personal —sonrió a las cámaras de arriba en el techo, como si pudiera ver mi resistencia acercándose.
Aparté su mano peligrosamente cerca de mi cadera, y le de mi mejor mirada de “De ninguna maldita manera”, por supuesto con el bonus de una media sonrisa que dejó mucho que desear.
—De todas formas no sería complicado detestarte más de lo que hago. Usualmente evito a los chicos con  personalidad de imbéciles seductores intocables poco inteligentes—posé una mano en su pecho trabajado bajo una camiseta pulcramente blanca y chaqueta azul marino y lo empujé lo suficiente para escabullirme—. Paso contigo, amor —emití una imitación de su voz al final de la oración.
Debía ser suficiente, pero siempre destaco que había que tener en mente que con ese chico, mi seguridad sufría altibajos.
Sin embargo, cuando estaba por voltearme, su mano (la cual dejaba en ridículo a la pequeña mía) se cerró alrededor de mi nuca y descendió por la piel descubierta hasta más o menos casi la mitad de la espalda.
Maldije entre dientes cuando me topé con su rostro de nuevo.
—Eso no está en tus manos, amor.
Divisé el quinto de Crónicas Vampíricas y eso sirvió de colchón para mi caída al recordar sus labios pronunciando una prometa secreta.
Debía ser un juego de mis hormonas, por lo que opté por continuar mi búsqueda. Pensé en lo mucho que me gustaría leer Shakespeare para darle crédito a mis sensaciones, así que me dirigí a tal pasillo. La verdad no había visto mucho de la Academia, pero la biblioteca era muy jodidamente y súper formidable. Lo mejor de ella además de la cafetería, pues mi “dieta” estaba primero.
Me reí en voz alta estruendosamente. —¡Mi dieta! Yo ni siquiera tengo una dieta que no incluya toneladas de gra…
—¡Mantente en silencio, niña! —me gritó la ruda bibliotecaria, mirándome con cara de pocos amigos.
Entorné los ojos y me disculpé alrededor de diez veces.
No estaba demás decir que mi cerebro hacia cortocircuitos cada dos minutos. El frenesí de la mirada del chico Payne en mis recuerdos fue la gasolina.
—Soy un desastre hormonal —le siseé al libro Romeo y Julieta, no sin antes tomarlo y ponerlo en mi carrito—. ¿Cómo llegué a esto?
Miré mi reloj y mi mandíbula casi instala una casa en el suelo; eran casi las cuatro de la tarde y el oxígeno empezaba a faltarme. Sin darle tiempo al pánico porque la verdad era que pedí indicaciones todo el camino hasta ahí, me apresure a chequear los libros que había escogido para el bien de mi futura paciencia y calma interior temporal.
Texteé un mensaje rápido a las chicas mientras esperaba pacientemente en la fila. Mis ojos se deleitaron gradualmente en cuanto más miraba la estructura de la Biblioteca, era el triple de veces más grande que la de Portland y tenía un aire místico pero moderno. Con sillones de cuero rojo, mármol negro y reluciente, escaleras blancas y estantes de un roble más beige que marrón, me sentí en otro mundo.
Pero mis ojos se estrecharon en medio de toda la gloria visual al notar que en una de las sillas tipo estudio de uno de los rincones de aquella, un chico con gafas, cabello café peinado perfectamente hacia arriba y ceño fruncido apreciaba el lomo de una copia de Cumbres Borrascosas. El contraste que causó que sintiera una especia de atracción irrevocable hacia aquel desconocido fue su suéter Polo negro desabotonado y su par de jeans azul claro.
¿Qué hacía alguien como él, sosteniendo uno de mis clásicos favoritos?  No soy de las chicas que creen absolutamente en los estereotipos, pero jamás pongo mi criterio en duda.
Mientras graba su perfil en mi memoria, sentí como todo lo demás era percibido por mí de manera borrosa y confusa.
Tomé fuertemente el teléfono para drenar mi éxtasis cuando alzó su mirada a algún punto de la zona de recepción en donde estaba. Finalmente despegué mi mirada, sintiendo como las náuseas se alzaban sobre mí. Podría decir que era el chico con apellido Payne, pero el color avellana de sus ojos y el color de su lindo cabello iba en contradicción total.
La pesada masa de sensaciones en mi vientre no era parte de mi imaginación.
Por suerte, ni me registró.
Sacudí la cabeza incrédula.
¿Tan rápido iba a necesitar terapias psicológicas?



Cuando irrumpí en el edificio de  a las cuatro con treinta, mi cabeza estaba lista para dejarse ir por las punzadas. En retrospectiva, había sido una tarde para morir por un rato, así que necesitaba con urgencia a mis tres anclas.
Comenzaba a sentirme expuesta con mi crop top y mis pantaloncillos cortos. En Portland jamás fue necesario, y las piernas descubiertas y boobies prominentes no eran fáciles de llevar. Supongo que cualquier otra chica aprovecharía eso al máximo, pero simplemente no iba conmigo.
Toqué la puerta de nuestro dormitorio y alisé el cabello que caía por mi espalda hasta llegar a mis caderas.
La característica sonrisa de Astrid me dio la bienvenida y no pude evitar sentirme como en casa. Me abalancé a sus brazos y lloriqueé en su hombro, cerrando los ojos: —¡Astrid! —alargué las silabas de su nombre—, estoy a punto de internarme en un manicomio.
Ella rió, deslizando su mano por mi espalda. —Ha pasado sólo un día, cariño. Es muy pronto para organizar visitas frecuentes al hospital psiquiátrico.
—Pero, pero… —Astrid arqueó las cejas dulcemente una vez que Kate soltó su agarre—. Helado. Ahora.
Astrid asintió y tomó su mano antes de adentrarse a la habitación.
Menudo primer día.

♡ note:
Aquí esta chicas No se decepcionen de mi ahre. Bueno bebes, eso es lo que me salio y bueno, lo de la fiesta de Inauguración se los dejo a ustedes SIGUELA RAPIDO MAYCIENTA Las amo
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por brillantina. el Vie 11 Dic 2015, 9:47 pm

PRIMERA EN COMENTAR QUE EMOCIONNNNNNNN
MEEEEEEEY AME EL CAPÍTULO POR DIOOOOOOOOOOOS PORQUE ESCRIBIS TAN LINDO MUJER DECIME PORQUEEEEEEEEEEE Me encantó caí p
100% encantada en tu capitulo, siempre que escribís tengo que prestar mucha atención para seguir el hilo y entender porque sin dudas no es algo que se pueda leer así a las apuradas jajajajajajaja ah. Me encantaron muchas partes en especial las de STEFAN Y DAMON Y ELENA y el siguiente dialogo:
—Tal vez debería llevarte conmigo —me miró, relamiendo sus labios—, pero de ninguna manera podré respetar tu espacio personal —sonrió a las cámaras de arriba en el techo, como si pudiera ver mi resistencia acercándose.
Matoooooooooo vsjwjanskabd como ya dije Kate es una PROVOCADORA y EL TAMBIEN ES PROVOCADOR la verdad entro en duda quien es quien pero supongo que ya me voy a ir dando cuenta espero(?)
POR FAVOR MAY SUBE RAPIDO quiero ir conociendo más de sus personajes y más importante QUIERO ESCRIBIR creo que oo dije unas 93716829391371 veces. Espero el capítulo dos, las quiero muchooooo
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bwiyomi. el Sáb 12 Dic 2015, 1:12 pm

MEEEEY, NO SE CUANTAS VECES DEBO DECIR ESTO PERO TU ESCRITURA ES HERMOSAAAAAAA, ENSERIO QUE LO ES. I swear que tu escritura parece sacada de un libro. (?) <3
ESE PAYNE ES TODO UN JUGADOR Y PROVOCADOR, SE APROVECHA DE QUE ESTA BIEN GUAPO PARA TOCAR A KATE COMO SI NADA, OSEA.
Y ahora Kate es todo un desastre hormonal, pobrecita, y eso que apenas es el primer día, no me quiero imaginar como van a andar en la fiesta de inauguración
Y OMGGG, YA QUIERO LEER MÁS, QUIERO SABER QUE VA A PASAR CON ELLOS DOS, CON TODOS LOS DEMÁS
TOY EMOCIONADA Y NO PUEDO ESPERAR PARA EL SIGUIENTE CAPÍTULO, LAS AMO
Precioso capítulo.
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por Meteora el Sáb 12 Dic 2015, 2:47 pm

BUENO YO RECIÉN CAÍ EN QUE NO SE PUEDE LEER A MEY A LAS APURADAS Y LO TUVE QUE LEER DE VUELTA.
M E E N C A N T Ó. BASTA, NO ESPERABA TODO ESO
KATE ES UN LÍO CULPA DE LIAM QUE PRACTICAMENTE LA VIOLA CADA VEZ QUE LA VE
ME ENCANTA SU PERSONALIDAD Y SUS (TUS) PENSAMIENTOS
ESTOY FELIZ CHICAS BASTA
SUBÍ DEBY DALEEEEEEEEEEE E E E E EEEEE
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por brillantina. el Sáb 12 Dic 2015, 3:30 pm

Capítulo 02.
That's me , ladies and gentlemen.

Bien, había logrado mi objetivo de sobrevivir a la primer noche sin dejar muy en evidencia la manera en la que aquel lugar y todas las oportunidades que me ofrecía influenciaban en mí. Si bien estaba rodeada por nada más y nada menos que mis mejores amigas, de ninguna manera iba a permitir que tan solo luego del primer día me vieran perder la cabeza por la emoción que sentía al caminar por aquellos pasillos. Durante la primera mañana mientras Kate permanecía dormida y Ruth hacía una recorrida general de los mejores lugares para instalar campaña, me la pasé arrastrando a Violet de un lugar para otro, descargando en mi –vale la pena destacar –  muy tolerante amiga los sentimientos y curiosidades que me llenaban por dentro.

–Astrid, ¿ya podemos volver al dormitorio? –Violet rascó su nuca con una molestia muy bien disimulada pero que no dejé pasar por alto, la conocía muy bien. Los chicos y chicas que pasaban a nuestro alrededor y miraban curiosamente hacia donde nos encontrábamos estaban causando un efecto no deseado en mi castaña amiga. Así que con un puchero fingido y con un profundo dolor en el alma, me despedí mentalmente de los jardines de flores plantados en la zona oeste del campus que me habían maravillado tanto, y me aferré al brazo de Violet con una sonrisa dejando que ella me llevara de vuelta a nuestro dormitorio.


–Te digo, no sé si podré soportarlo. –Kate intentó pronunciar correctamente las palabras mientras metía una cucharada de helado en su boca. Yo la miré con una muesca graciosa de asco mal fingido y ella me arrojó un almohadón.

–Vete acostumbrando, los chicos que caminan allá afuera aparentan ser más narcicistas que modelos de Calvin Klein. –Advertí a mi rubia amiga, recordando patente los rostros de mis nuevos compañeros. –Pero basta de lloriqueos, no vamos a dejar que este prepotente lugar nos tire abajo. –Intenté sonar más segura de lo que me sentía y me paré sobre la cama para dar más énfasis a mis palabras. –¡Lo importante es que sabemos de dónde venimos y a donde vamos! Así que quiero que muevan sus traseros al baño y se preparen para la mejor noche de sus vidas. –Antes de que Kate y Violet comenzaran a carcajear procuré cerrar mi discurso –¡Le demostraremos a esta academia de lo que estamos hechas! –Agité mi puño en tanto la puerta se abría y entraba una Ruth más exaltada de lo habitual.

–¡Es un hecho! Ni un maldito clasificador de basura. No quiero ser quien tenga que encargarse del trabajo sucio pero… –Me miró confundida. –¿Porqué Atrid está arriba de la cama?

–¡No importa! –De un salto aterricé en el suelo y tomé asiento antes de seguir avergonzándome a mí misma. Está bien, a veces la emoción me alteraba un poco, pero solo de vez en cuando. Y estando en familia, no importa mucho ¿Verdad?

–De acuerdo…–Alargando las vocales nos miró con rareza. –Como les decía, hay mucho trabajo sin hacer en este lugar y…

–Ruth. Calla. No hables. Iremos de fiesta. Ya habrá tiempo para discutir sobre las reformaciones en nuestra nueva academia. –Kate me guiñó un ojo y me alegré internamente de que apoyara mi idea de una noche para divertirnos. Presentía que iba a ser una perfecta oportunidad para integrarnos en la sociedad que conformaba nuestro nuevo hogar, pero luego de darles muchas vueltas al asunto –demasiadas vueltas– caí en la cuenta de que quizás y muy probablemente no todo podría salir como yo lo esperaba, menos teniendo en cuenta que no podía contar con mi inexistente capacidad de hacer amigos nuevos y con el bonus de tener mi mala suerte como fiel compañera. Pero como siempre dije, “lo que temiste te sobrevendrá” y agitando levemente mi cabeza para deshacerme de esos pensamientos pesimistas, me convencí de que si yo le ponía suficiente empeño esta podría ser una de las mejores noches de mi estancia en la academia.

Y como era de esperarse de mí, incontables situaciones improbables en las que podría conocer al chico que me complementaria por el resto de mi vida se filtraron rápidamente en mi mente llenándome de una estúpida ilusión, de la cual me haría cargo luego.  


Perfecto, el lugar era más grande de lo que me había imaginado: punto en contra para mi tranquilidad. Las luces dibujaban figuras sobre las nubes de humo que se cernían sobre las cabezas de cientos de estudiantes jóvenes bailando y refregando sus cuerpos con los otros. La música me había aturdido ni bien entramos al lugar. Me repetí varias veces que el alcohol no estaba permitido para menores de edad, pero cuando un grupo de chicos chocó contra mí y pude observar con detenimiento sus acciones, me golpeé mentalmente por ser tan ilusa y no pensar en la posibilidad del alcohol que muchos chicos habían llevado a escondidas.

¡Estúpida de mí! Y mi manía de relacionar esta academia con los capítulos de Zoe 101, cuando aquella era una maldita serie de ficción. Apreté la mano de Kate y me aferré a su brazo izquierdo como un niño que no quiere alejarse de su madre. En menos de cinco segundos la masa de jóvenes habían logrado esfumar todo deseo de entablar conversaciones con desconocidos, implantando en su lugar un profundo deseo de correr a la habitación, pedir una pizza y ver alguna tonta comedia romántica que lograra hacerme reír y llorar en su lapso de duración. Suspiré. Esa es mi noche perfecta, ¡No esto! Le  dediqué una sonrisa nerviosa y, al mismo tiempo, de disculpa a Violet, que inclinándose por sobre Kate me dirigió una mirada de reproche, a su vez leyéndome la mente:

–Mala, ¡mala idea! –Me espetó, porque claro, yo había sido la idiota que la había arrastrado a ella y a las demás a esta fiesta de tal magnitud.

–¿Qué dices? ¡Esta fiesta promete mucho! Ya dejen de mariconear. –Kate empujó de nosotras hasta lo que parecía una barra, en la que claro no servían más que jugos y gaseosas, quizás algunas bebidas alcohólicas no muy fuertes.

Mientras Kate y Ruth intentaban distraer a Violet con conversaciones triviales, principalmente para fingir que no estábamos aburriéndonos, yo permanecía fija en mi lugar mirando con extremo deseo la pista de baile. Lo admito, mis ganas de filtrarme entre las personas y bailar hasta desmayarme eran inmensas, pero la inseguridad se incrementaba a cada segundo dentro de mí creciendo como un muro que me mantenía en mi lugar. Así que allí me quedé, observando a todos esos chicos bailar.

–Parece que te mueres de ganas por ir allá. –Sentí vértigo cuando me di cuenta de que era a mí a quien ese chico hablaba. Ya había tardado demasiado para responder con palabras así no hice más que sonreír torpemente y asentir con la cabeza, sin mirarlo fijo a los ojos. Luego de unos segundos de que él permaneciera allí y yo no me animara a decirle algo, finalmente su mano se extendió frente a mí. –Scott. –Muy simpáticamente me dedicó una sonrisa tan serena que casi arranca todos mis nervios de un suspiro. Casi.

–Astrid. –Tomé su mano y la agité quizás un poco –muy– bruscamente, pero me animé a sonreírle de la misma manera. No lo sé, me inspiraba confianza.

–Nueva ¿No? –Asentí con la timidez que me caracterizaba. –Vamos. –Con un gesto me señaló la pista de baile, y abrí mis ojos demostrando mi desacuerdo. –Sé que quieres, ¡lo deseas! –No pude evitar reírme mucho con el ridículo gesto que me había dedicado. Tomó de mi mano y tiró de mí. Me giré a ver a las chicas que no se habían ni percatado del desconocido que estaba arrastrándome a la muchedumbre. Mordí mi labio y me deje llevar por él.  En el centro del salón, donde la música llegaba de todos lados hice mi mayor esfuerzo para dejar que la música me controlara más allá de los desconocidos que me rodeaba. Así que cerré los ojos y bailé.

Cuando volví a abrir los ojos, Scott había desaparecido de mi campo visual y en su lugar cientos de rostros desconocidos saltaban y giraban a mi alrededor. Pero por alguna razón en particular no me importó y me olvidé de quién era yo y de los temores que acostumbraban a atormentarme. Incluso hice caso omiso a las manos que en un momento sin que me diera cuenta me habían rodeado, y el cuerpo que bailaba en compás conmigo. Bah, pensé, un desconocido más. Continué bailando, en ese preciso momento saltando con entusiasmo, y de esa manera logré divisar a lo lejos un rostro familiar entre los grupos de personas. Ruth se encontraba quizás demasiado cerca de un chico que yo no conocía. Sonreí interiormente y pensé que con suerte sería alguien que le diera vuelta la cabeza.

Me volteé para seguir bailando quedando, esta vez, de frente a ese desconocido que me acompañaba hace un par de canciones. Su melena rizada se movía graciosamente alrededor de su cara mientras bailaba, y esto me hizo reír. Cuando el chico de perfecta piel blanca se percató de mi mirada curiosa miró directo a mis ojos.

Y el alma se me cayó al piso.

–No puede ser… –Murmuró, muy posiblemente inaudible para todos en aquel lugar pero no para mí, que me encontraba tan cerca. Tarde unos cuantos segundos analizando cuál sería la reacción correcta: a)Escabullirme y encontrar el camino de vuelta a mi dormitorio b)Girarme y seguir bailando con otra persona (aunque en aquel momento me sentía bastante incapaz de llevar a cabo esta acción) o bien c)Sonreír como si nada hubiera pasado y aceptar el hecho de que yo conocía a este chico. Pero cuando intenté abrir la boca para decir un simple “hola”, el oji-verde se giró, me dio la espalda y huyó de mí tal y como yo había pensado huir de él.

–¡Drew! –Grité poseída por la rabia. Y de la misma manera corrí detrás de él, hasta acorralarlo en un lugar donde no había demasiada gente. –Hey. –Tomé su brazo para obligarlo a que me mirara de frente. Pero fue una mala idea de tamaño colosal. Mi compañero de primaria ahora me llevaba unos cuantos pares de centímetros y sin duda se hallaba más apuesto de lo que podía recordar. Su gesto sorprendido derribó la seguridad que me había respaldado desde que comencé a bailar, y me sentí arrepentida de haberlo seguido. Por suerte, la oscuridad del lugar no permitió que el rubor en mis mejillas fuera siquiera notorio.

–Astrid… ¡Tanto tiempo! –Idiota, y muy mal mentiroso. Lo reprendería por ser tan ridículo, pero no tenía la confianza necesaria. De todas formas, mentalmente me aseguré de que su hermosa sonrisa no era más que un falso reflejo y procuré no burlarme.

–Sí, tanto tiempo. –Reí con incomodidad. Lo había seguido y ni siquiera sabía qué quería decirle. Quizás solamente saber cómo no me reconoció desde un principio, o alguna reacción luego de haber bailado tan cerca de mí. Pensamientos estúpidos que probablemente no saldrían de mi cabeza. –Disculpa, es que me sorprendió volver a verte. –-No supe que otra cosa decir, ya que después de todo yo había sido la que lo siguió al irse. –No sabía que te habías mudado a California.

–Sí, hace 5 años –Metió ambas manos en sus bolsillos fingiendo serenidad, cuando estaba notablemente incómodo. Pero no más de lo que yo me sentí cuando por alguna razón se perdió en sus pensamientos mirando a un punto fijo, el cual (para mi desgracia) era mi rostro. Me moví por la inquietud que el tamaño de su figura me provocaba. Conté seis tortuosos segundos completos hasta que él pasó una mano por su rostro y volvió a la realidad, suspire para mis adentros. –Yo… Ya me estaba yendo. Fue genial verte de nuevo. –El beso fogoso que depositó en mi mejilla me desconcertó, quizás más que la luminosa sonrisa que me dedicaba nuevamente. –Te hablaré mañana, ¿en la tres quince, verdad? –Me mostró su pulgar y se alejó antes de que pudiera darle la razón. Dejándome terriblemente confundida, ¿cómo diablos sabía el número de mi habitación? Antes de poder seguir pensando en eso y confundirme más, me dediqué a buscar a cualquiera de mis amigas lo antes posible. Aunque encontrarme en la calidez de sus brazos no se veía en un futuro cercano para mí.

–¡Te encontré! –Un par de manos gruesas me dieron un susto de puta madre. Scott se reía de mí con una confianza desconocida, que por alguna razón también me hizo reír. –Disculpa, te abandoné allá. –Señaló la pista de baile. Pensé decirle que no me había percatado de su ausencia, pero no quería ser cruel cuando él se había portado tan amigablemente.

–No lo vuelvas a hacer, y no habrá problemas. –Me atreví a decir, llenándome de seguridad cuando él respondió con risas a mi ridículo intento de amenaza. Nuevamente me ruboricé al pensar en lo asustada que me debe haber encontrado, y pude confirmarlo cuando él volvió a hablar.

–No lo haré. –Me dio una suave palmada en el brazo y rió. –Estos lugares a veces desorientan un poco, ¿no? –Mi mueca le dio la razón y recordé que no tenía a donde ir ya que volver a bailar no me parecía una buena opción en este momento. Intenté buscar la salida con la mirada, olvidándome de que él seguía allí conmigo. –¿Ya te vas? –Me preguntó, logrando llamar mi atención.

–Sí. No me apetece seguir bailando. –Creí visualizar una leve sombra de decepción cruzando su rostro así que le sonreí. –¿Me acompañas? –Scott volvió a sonreír y empujó levemente de mí hasta llegar a la salida, tomé eso como un “sí”.

–¿Pizza de medianoche, compañera? –Propuso, adelantándose a mí. Supongo que mi reacción confusa se hizo muy obvia, ya que él no hizo más que agrandar su sonrisa para convencerme. Su descaro me sorprendía, pero no me molestaba para nada. Después de todo, al menos había hecho un nuevo amigo.

Durante dos horas que parecieron ser muy cortas, no había rastro de mis amigas pero el tiempo se me había pasado volando con Scott. Me contó que había viajado desde Washington para estudiar en la PCA, allá había dejado a dos padres divorciados y un hermano menor. A pesar de una infancia que a mi parecer se escuchaba dura, lidiando con la separación casi eterna de sus padres, él aparentaba ser un chico muy simpático más que todo, bien parecido. Está bien, admito que no me había dado cuenta de eso hasta que sus ojos se vidriaron inconscientemente en la mejor parte de la película que estábamos viendo. ¡Vamos! A todas les gustan los tipos sensibles. Fue por esa razón que me quedé observando detenidamente su cabello castaño casi rubio y bien peinado y la carita de bebé tan graciosa que poseía. Por suerte volteé antes de que él se diera cuenta de que lo estaba viendo.

El cansancio de un día emocionante comenzó a tirar mis párpados abajo, convirtiéndolos en plomo. Me olvidé completamente del hecho de que Scott se encontraba en una habitación compartida por 4 chicas, y me dormí probablemente por la ayuda del aburrimiento que esta película me había provocado. Las chicas podrían lidiar con ello, estoy segura.

JE:
Sí… eso sucede cuando Deby no escribe durante mucho tiempo :/ ojalá no les parezca muy largo, me divertí escribiendo e imaginando las situaciones. IGNOREN LA MALA CALIDAD DE ESTE CAPITULO, estoy un poco oxidada, prometo escribir mejor en el futuro, cuando me acostumbre nuevamente(?) Las quierooooo


Última edición por aesthetic el Sáb 12 Dic 2015, 6:05 pm, editado 3 veces
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por Meteora el Sáb 12 Dic 2015, 3:42 pm

AY DIOS MÍO FUE DEMASIADO BUENO. PARECE QUE HACE OCHENTA AÑOS QUE ESCRIBÍS, DEBS
NO ESTABA ESPERANDO QUE DREW Y ASTRID YA SE CONOZCAN, Y ME REI FUERTE CUANDO ÉL SE FUE CORRIENDO JAJAJAJAJ
SCOTT SE QUEDÓ EN EL CUARTO DE LAS CHICAS, NO NO NO NO
Me encantó, sigo emocionada:(((((
HAY MUCHA PRESIÓN SOBRE MÍ PARA ESCRIBIR UN BUEN CAPÍTULO AHORA, SABEN
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Re: Pacific Coast Academy.

Mensaje por bigtimerush. el Sáb 12 Dic 2015, 6:15 pm

OH. SANTOS. CONEJITOS. ASADOS.
CREO QUE ESCRIBIRÉ EN MAYÚSCULAS PARA EXPRESAR MI EMOCIÓN PORQUE TUS PERSONAJES SON PERFECTOS, FRUSTRACIÓN PORQUE NO PUEDO ESCRIBIR ALGO SEMEJANTE Y FINALMENTE HISTERIA POR LO QUE VA DE TRAMA.
Dame dos segundos. Me siento algo loca.
LOCA DE AMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOR POR ESE BENDITO CAPITULO! ES TIPO EL MEJOR SEGUNDO CAPITULO EVER. EVER. EVERRRRRRR.
Dos segundos para hacer un pausa y que me tomes en serio por lo que diré a continuación . Siempre te he admirado como escritora, y creo que a muy pocas les tengo tanto respeto (por lo menos aquí en el foro) En realidad desde que entre, has sido mi modelo a seguir y NUNCA me has decepcionado. A pesar de todo, tengo que ser objetiva y decir que escribes tan perfectamente que dan ganas de sentarse en un rincón y preguntar que hiciste mal en la vida (?) Es que tu forma de narrar y hacer que te sientas AHÍ DENTRO en combinación de la esencia de tus personajes, mas obviamente la idea de que tus personajes están basados en la vida real (alguito) coexistiendo en una colectiva de MEJORES AMIGAS hace que me sienta de una manera tan sinigual. Todo del capitulo me encanto, desde:
Cuando el chico de perfecta piel blanca se percató de mi mirada curiosa miró directo a mis ojos.
Y el alma se me cayó al piso.


HASTA:
... aparentaba ser un chico muy simpático más que todo, bien parecido. Está bien, admito que no me había dado cuenta de eso hasta que sus ojos se vidriaron inconscientemente en la mejor parte de la película que estábamos viendo. ¡Vamos! A todas les gustan los tipos sensibles. Fue por esa razón que me quedé observando detenidamente su cabello castaño casi rubio y bien peinado y la carita de bebé tan graciosa que poseía. Por suerte volteé antes de que él se diera cuenta de que lo estaba viendo.


DESTACANDO:
–Yo… Ya me estaba yendo. Fue genial verte de nuevo. –El beso fogoso que depositó en mi mejilla me desconcertó, quizás más que la luminosa sonrisa que me dedicaba nuevamente. –Te hablaré mañana, ¿en la tres quince, verdad? –Me mostró su pulgar y se alejó antes de que pudiera darle la razón.

MIRA QUE BONITO ES ESTO DEBY MIRA MIRA MIRA:
–¡Te encontré! –Un par de manos gruesas me dieron un susto de puta madre.

E S T O:
–Scott. –Muy simpáticamente me dedicó una sonrisa tan serena que casi arranca todos mis nervios de un suspiro. Casi.

Tu capitulo deja mucho que desear y te odio. PARECE QUE NOS ODIARAS. Honestamente tu capitulo cumplió con lo que esperaba de ti y no creo que estés oxidada, como mmmm yo. Casi golpeo mi cabeza con la pantalla laptop de emoción. Y eso significa que me iba a matar en seco, lo cual seria tu culpa. Me encanta como nos incluiste, y me encanta que sepas lo que Kate diría. Estoy tan emocionada de escribir contigo de nuevo que que que, bueno basta, no quiero parecer una sentimental obsesiva (?) Pero de a veritas, ya calmada un poco, adoro como escribes Debs, y adoro también o mas como lograste hacer la idealización de unos personajes tan amplia y profundamente auténticos. AMO la manera de actuar y pensar de Astrid, es tan para nada típica e hizo que sea facil que le agarrara cari;o y me sintiera identificada. YA SABES QUE NO ME GUSTAN LAS HISTORIAS EN LAS QUE NO ME SIENTO IDENTIFICADA CON LA PJ PRINCIPAL. ADEMAS SCOTT SE QUEDO EN LA HABITACIÓN, SI YO ESCRIBIERA LUEGO DE TI HARÍA QUE EL LA VIOLARA MIENTRAS DUERME Te comento aquí entre nos que el chico rubio del principio de mi capitulo también se iba a llamar Scott, pero no pueden haber dos Scotts porque los dos son rubios y todas estarían tipo ES QUE CUANDO LOS POSTEASTE EN EL GRUPO DE WP ME ENAMORE Y RECORDÉ AL CHICO DE GEORDIE SHORE
Y nada, gracias por regalarme unos minutitos de gloria visual.
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