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Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 11:55 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
¡Hola! Quiero felicitarte por haber creado esta maravillosa idea. Me ha encantado así que quiero concursar(? Aunque sé que no quedaré xd. Me llamo Jacqueline y algunas me dicen Crayola —por si querías saber—. En un rato más te dejo todo lo que pediste. Saludos.

Loquito:
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Gracias hermosa.
¿Quién sabe? El futuro es incierto y esas weadas que dicen. XD
Crayola, es cool <33 espero entonces
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Mensaje por Spark. el Mar 03 Dic 2013, 11:56 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Angel Of Darkness escribió:¡Más tarde te dejo todo y el gif de homero!
Ahora estoy en clases y falta un cuarto de hora para que toque la campana y tengo al profesor en frente.
Bye!
¡Hermosa! :aah:<3
jksjk Que malota. :shimi: jskjks ¿es feo? el profesor, me refiero. (?) :serio:XD
Con todo el respeto posible: tienes más de cincuenta años, está gordo, y para que te hagas una mejor idea, su apodo entre estudiantes es "El Troll". :shimi:
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Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 11:59 am

Vicky2001 escribió:¡Hola!, omg, tú idea es tan ajhsdjkahsdjkhasjk.
Ahorita te dejo mi audición.
Beso.
Hola jksjks me alegra que te gustara
la espero
Besos x
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Mensaje por hypatia. el Mar 03 Dic 2013, 12:03 pm

Gracias jksjks La espero yo soy Beau (?) ahno.__.

¿Qué hace con la pizza?
Ohh tu nombre es muy cul, suena bien.
Jajaja cosas de Homer, ¿quién lo entiende?
Bueno como mi presentación fue sosita voy a añadirle detalles xD.
Tengo diecinueve años y vivo en el país más bello del world!
¿esperarás mucho para los resultados?
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Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 12:06 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Buenas nomesetunombreperomegustamuchotuusuario. ¿Brooks va por Beau y y Luke? ¿De los Janoskians? shasfkad si es así te amaré mucho y si no igual(?[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Soy Melany, pero por deoh dime Mel, Melu, Miel, bah, como quieras.
Estoy enamorada de la idea, simplemente me fascinó y mis dedos no han tardado ni dos segundos en redactar esto. Well, soy española y tengo 16 años, se, soy un vieja pelleja.(? :ala:y nada que hoy no te puedo poner la ficha so mañana a la tarde la tienes aquí (aún nosé a por quién voy) <3
Llámame Beau. :meh: Nah, mi nombre de user va por todos por Beau mío de mi Por Jai de Ana Y por Luke De Camz
no solo por Luke y mi bebé (?) pero también amo a mis niños Skip y James c':
jksjks Te llamaré Mel <3 Gracias, enserio no me lo pensé mucho :scratch: viejaaa. ahno.___. (?) piénsalo y súbela cuando puedas
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Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 12:09 pm

JAJAJA el troll eso es que es hermoso (?)
jksjks Kathe, plz. (?) yo tengo catorce soy una niñita aún no crezco nunca aaand soy de Francia pero estoy viviendo en España .___. Y para los resultados, bueeeeno, tengo previsto cerrarlas el veintiuno o quizá más pronto (?)
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Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 12:10 pm

ahora a por las fichas.
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Mensaje por Vicky. el Mar 03 Dic 2013, 12:12 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
» Nombre completo: Louise Amelia Adams.
» Pareja: Zayn Malik.
» Representante: Perrie Edwards.
» Escrito de vuestra autoría:

Are you alice?:
Capítulo O25

"Siempre se llega a alguna parte si se camina lo bastante."


Svitlana Wyclif - Drew Roy { el dragón }

Corrió y por más que lo intentó no lo logró, a pesar de que muchas Alices han tomado cariño al lugar, ella no podía, tenía que volver a casa, aduciendo que; “por más dura que fuera la vida allá no era tan ‘estúpida’ como la de allí”. El la alcanzó rápido, aunque logró escapársele por más de quince minutos: ¡nuevo record!

Se encontraba en un árbol, recostada en el tronco, en los jardines del rey rojo, él no lo sabía, pero debía estar cerca de Drew, obligatoriamente. Pensando simples maneras de salir de allí, ninguna lógica, el dragón siempre arruinaba sus intentos fallidos de escapar. Por más lindo que fuera el dragón, era muy molesto y estricto, cosa que le molestaba. Jugaba con su cabello, mirando un punto fijo.

A simple vista pudo divisar al rey rojo, estaba preocupado, lo demostraba, también alterado, e incluso aterrado. Raro en él, nunca lo había visto preocupado y mucho menos, triste, sus ojos lo delataban. ¿Por qué estaba aterrado?, se paró y se acercó un poco más. Este le estaba gritando a… casi todo el mundo.

Caminó esperando enterarse un poco más de la situación. El rey ya se había marchado, había estado con alguien más, aburrida, caminó un poco más allá, no planeaba escaparse otra vez, por más divertido que fuera ver al dragón molesto, quería saber porque el rey estaba así. Vio motas de sangre, pequeñas, pero reconocibles fácilmente, hacían un camino hasta llegar a un gran charco, estaba aterrada por la situación.

Escuchó no tan lejos quejidos, de una voz chillona y molesta.
Pensó que lo más seguro era una flor, seguramente habían visto que había ocurrido. Preguntarles sería interesante.

Se acercó y vio a la flor brotando ¿lágrimas?

— ¡Que linda estas hoy! – alagó a la flor.

— Verdad que sí – contestó, olvidando que hacer tan solo segundos lloraba.

— Y… ¿Qué ha pasado de nuevo? – preguntó fingiendo amabilidad.

— Como te parece que una de las Alices ha intentado matar a Eleanor. – Afirmó – Se dice que esta poseída por… alguien.

— ¿A?, ¿cómo que poseída? – frunció el entrecejo – ¿por quién?, ¿quién intentó asesinarla?

— Creo que es mejor que yo me vaya – hablo nerviosamente.

— ¡Pero si no tienes pies! – dijo aún más confundida Svitlana.

— Tienes razón. – miró hacia el suelo y dijo: – En ese caso, es mejor que tú te vayas. – Svitlana insatisfecha por la información dada se marchó.

Pensó y llego a la conclusión de que tenía que ser Perrie, aparte de ser la única con la que realmente ha entablado una conversación por más de tres minutos, la locura que escucho el otro día la lleva a sospechar, además de ser la más demente de todas, y para finalizar el comportamiento de esta chica.

Pero, da igual.

Después de todo, no conoce a Eleanor.

No ha entablado una conversación con ella.

No sabe cómo se comporta.

Quizás hizo enojar a Perrie.

Quizás no fue ella. Pues, tampoco ha entablado una relación con las otras Alices.

Tal vez son malas.

Tal vez no.

Pero, las flores no mienten, tal vez sí, pero el charco de líquido rojo, dice que si es verdad. Atentaron contra su vida. Y quería averiguar porque alguien querría hacer eso.

Igual, ella siempre se entera de última.

Pero, ¿para qué meterse en asuntos ajenos?, ella sólo quiere salir de allí.

Bueno, por simple curiosidad.

Pero como dicen por allí “la curiosidad mató al gato”.

¿Y sí por entrometerse en asuntos ajenos, le hacen daño?

Pero existía la pequeña posibilidad, aunque grande a la vez, de que todo fuera un mal sueño.

Y no le pasaría nada.

Quizás.

Sí, solo quizás.

Pero, ella es muy curiosa.

No se resistiría a esto.

Como siempre su mente le hacía un cuestionario, un molesto cuestionario.

En la mente de Lana, todo es un problema y una cosa lleva a la otra.

Como siempre, tenía que enterarse de lo que no le convenía.

Se sentó en el mismo lugar por un rato largo.

Uno muy largo.



{*}



— ¿Por qué te molestas Alice? – preguntó el.

— ¡Ahhh! ¡Aun no lo entiendes! ¡Y por vigésima vez! ¡Mi nombre no es Alice! – grito exaltada.

— ¿Qué? – frunció el ceño. Ignorando el problema con el nombre.

— ¡Me quiero ir de este maldito lugar! – él levanto las cejas por la mala palabra de la chica – ¡y estoy segura de que tú sabes cómo!

— No lo sé.

— No te creo.

— Pues… me da igual. – ella comenzó a llorar de desesperación. Si esto era real, ¿qué haría?, corrió, salió de la pequeña casa de Drew y se adentró en el bosque.

Estaba todo oscuro, era de noche, había ruidos extraños, pero no le importó, quería salir con urgencia de allí.

Ella no es el tipo de persona al que le cuentas un chiste y se ríe, ella es el tipo de persona que te pone mala cara y te hace una seña obscena. Un prototipo de persona “aguafiestas”.

Vio muchos animales, empezaba a asustarse.

Pero no, Svitlana Wyclif es valiente y no regresaría a casa.

También muy orgullosa.

Perdón no a su casa, a la del dragón.

Era raro que ella llorara, ella nunca se pone muy triste, ni muy enojada, permanece en un estado neutral.

No lloraba desde la boda de su padre.

Y eso le hacía enfurecer, estaba cambiando, y eso le asustaba.

Aún seguía corriendo, miraba hacia atrás repetidas veces.

Tropezó, y se desmayó.

«Despertó en un lugar bastante pintoresco; lleno de color y armonía. Flores parlantes por allí, flores parlantes por allá. Extrañas criaturas por allí, extraña criaturas por allá. Locuras por allí, locuras por allá. Sin duda era Wonderland. Lana se maldijo por no despertar aun de la “pesadilla”.

Se encontraba en el mismo bosque en el que estaba antes, sólo, que era de día, además se veía más lleno de luz, de felicidad. Más colorido.

Prosiguió a levantarse, ¿ahora qué haría?

Camino un poco más allá y vio a una pequeña niña de una cabellera rubia rizada. Una linda cara.
Caminaba sola por el bosque sin ningún destino. La niña se detuvo. Miró hacia los lados y siguió su camino firmemente.

Svitlana no se dejaba de preguntar quién era ella.


¿Será la Alice de la que todos hablan?


¿Ella?


¿Pero si era la Alice para que buscarían otra?


Seguramente no lo es.


Intentó hablarle pero fue inútil.


La niña la ignoraba.
O tal vez no.


Dejó de intentarlo y la siguió durante un rato.


Se veía perdida y sin destino alguno.

Hasta que se topó con Tweedledee y Tweedledum.

— ¡Pero que hombrecitos tan raros! – habló la joven. – Tweedledee y Tweedledum – leyó las camisetas de los gemelos.

— ¡Si crees que somos de mentiras paga por vernos! – habló uno.

— ¡Si crees que somos de a deberás tienes que hablarnos! – dijo el otro.

— ¡Es lógico! – dijeron al unísono levantando el dedo índice izquierdo.

— Bueno, pues mucho gusto en conocerlos, y… ¡adiós!

— ¡Adiós es lo último!

Después de un rato la pequeña siguió su camino.
Llegó a una pequeña casita, donde vivía el conejo, que al parecer, es a quien perseguía.


— ¿¡Pero Mariana que estás haciendo aquí!? – exclamo el conejo.

— ¿Mariana? – frunció ligeramente el ceño.

— ¡Anda trae mis guantes!, ¡pronto, pronto! ¿Qué no oyes?

La rubia subió las escaleras, mientras, Lana por alguna razón seguía expectante a lo que hacía ella, sin perderla un segundo de vista.

— ¿Si yo fuera un conejo?, ¿Dónde guardaría mis guantes? – se preguntó a sí misma.

Abriendo los cajones encontró un montón de galletas, que decían “cómeme” y otras “agarra uno”.


Se comió solo un trozo.


De la nada, comenzó a crecer y crecer.


El conejo blanco solo empezó a gritar:


— ¡Socorro! ¡Un monstruo!

Mientras Alice no cabía en la casa.

De ahí llego la tortuga. Y un par de locuras más empezaron a ocurrir.
Allí también conoció al el dragón quien ofreció su ayuda para sacarla de allí.


Después de eso, conoció a las flores. Quienes fueron un poco odiosas con la niña.


Solo un poco más adelante conoció a la oruga.


Y después de un rato muy largo, conoció a Cheshire, quien le dejó un poco asustada.


Él le indicó un camino, llegando a toparse con el sombrerero loco y a la liebre, quienes le cayeron mejor que los personajes anteriores.


Y así fue conociendo poco a poco cada personaje de Wonderland.
Svitlana no hizo más que verla, sin articular palabra alguna.»

Despertó sobresaltada, y, no se encontraba en el bosque en donde anteriormente se había caído.

¿Dónde estaba?

As long as you love me:
Louis Tomlinson | Emily Hamilton

Capítulo OO7


Me pellizque, no pude evitarlo; lo que acababa de escuchar tenía que ser un pesadilla.

― ¿Qué?

― Sí, así como lo oyes Emily. ‒ dijo mi padre, quién, veo una vez por semana.

― ¡No, esto no puede estar pasando! ‒ bramé. El señor seguía expectante.

― ¡Emily! ‒ chilló mi madre.

― ¿Por qué no te casas tú con él? ‒ vociferé ‒. ¿Acaso no te das cuenta que esto arruinará mi vida?

Sentí mi mejilla arder, sí que me había dolido ese golpe.

Mi madre me había cacheteado.
Enseguida la aparte de mí y corrí hacia mi habitación.

No debí contestarle mal, pero, después de todo ella es la que me obliga a casarme con un hombre mucho mayor que yo.
¿Cómo va a hacerme eso?
Además de que no me deja salir durante todo el día

Realmente detesto esto.

Mi vida apesta.

Mi rutina es simplemente aburrida.

Casa, universidad, casa, universidad, casa, universidad.

Parece que esa aburrida rutina no acaba.

Bueno acabará pronto, en un mes exacto, justo cuando tengo mi título de abogada.

Recuerdo cuanto le rogué a mi mamá porque me apoyara en mi decisión de ser diseñadora de modas, obviamente, ganó ella.

Aún, con veintiún años, siendo mayor de edad, tengo que salir o con un guardaespaldas o con un chofer, sino, tengo que olvidarme la idea de salir. Y con veintiún años, nunca he ido a un club, es detestable que todas mis amigas en la universidad se burlen de mí como si estuviéramos en la secundaria; como cuando se burlan de ti porque tienen todo tipo de aventuras por las noches, mientras tú duermes. O peor aún, cuando las chicas te restriegan en la cara que ya no son vírgenes y tú sí. Aunque debo admitir de que me siento feliz de no haber caído tan bajo. Pero esos comentarios así sean de tus amigas, duelen.

Abrí la puerta y ella estaba justo enfrente de mí.

― ¿En qué estás pensando? ‒ dijo la mujer que estaba en frente de mí, no mi madre, mi mamá nunca me tocaría un solo cabello ‒. ¿Acaso no te importa tú padre?

― Mamá, yo sólo quiero ser feliz ‒ exclamé ‒, y sé que con ese señor no lo seré. Quiero cumplir mis sueños, no atarme con un anillo por el resto de mi vida mientras tengo una soga en el cuello que sé que después de dar ese forzoso sí nunca me podré quitar.

― Emily, tu sabes que lo que hacemos es para que tengas un buen futuro junto a un hombre que te dará todo lo que desees – dijo ahora un poco más calmada –. Además, esto es por tu padre, ¿acaso no lo quieres?, ¿por qué eres tan egoísta?

― ¿Egoísta yo?, siempre he hecho lo que me piden, he sido novia de más de siete sujetos, sólo por ustedes. Elegí la abogacía por ustedes. Nunca les he mentido. He sido la hija ejemplar. ¿Acaso no puedo hacer lo que me plazca por una vez en la vida?; ¿acaso no puedo cambiar mi futuro? Porque yo sé lo que ustedes tienen planeado para mí, dirigen mi vida sin consultármelo. Yo… – no había terminado de hablar cuando sentí por segunda vez un gran ardor en mi mejilla, un fuerte impulso de rabia hizo que empujara al ser que alguna vez me dio la vida. Salí corriendo, simplemente lo hice. Escuché cómo me llamaban, yo, simplemente no quería volver, sí era posible, nunca más saber sobre ellos.

Estaba asustada.

Me sentía mal por haberla tratado así.

Pero no podía guardarme más eso.

Tenía que decirlo.

Finalmente me siento aliviada.

Libre.

Y con tanta libertad; ¿a dónde iría?

Pensé por ir a la casa de alguna amiga.

Caminé bastante y me encontré con mi café preferido, bonito y con pinta de los 50’s

Entré sonriente, yo soy así, primero estoy agonizando por algo y luego de la nada lo olvido.

{***}

Este era el tercero, lo tragué amargamente, planeaba pedir el cuarto mientras aburrí al chico de los batidos con mis estúpidas historias. Ni siquiera lo había mirado.

― Entonces, de la nada escuché gemidos, me adentré en una habitación y… ¡bam! encontré a mi primer novio teniendo sexo con mi mejor amiga. ‒dije, estaba medio aturdida.

― ¡Vaya!, nunca había visto que alguien se pusiera ebrio por tomar tres batidos de fresa. ‒ habló el joven que me atendía.

― No estoy ebria ‒dije‒. Estoy, expresándome.

― Pues, con la forma en que hablas, pareciera. ‒bufé.‒ ¿Te traigo el “cuarto”? ‒ironizó.

― No, tranquilo. Mejor me cambio de café. Aquí, son unos metidos. ‒giré sobre mis talones lista para salir del lugar, ni siquiera había pagado, pero, por suerte no iba por cuenta mía, eso se anotaba por cuenta de mi ex-padre.

Dispuesta a salir cuando un chico abrió la puerta de cristal, ¿qué no se veía por fuera que iba a salir?, caí en el duro piso, recibiendo burlas de todos los que se encontraban allí. El joven intentó tomarme de la mano por yo por orgullo me levanté por mí misma, golpeándole en la nariz con mi cabeza. Las risas seguían al redor.

― Creo que estamos a mano ‒dijo entre risas.

― Sí, creo que sí. ‒miré sus ojos sublimes, quedando totalmente atraída, eran realmente celestiales‒. ¿Te hice daño?

― No, la pregunta aquí… ¿tú estás bien?

― Sí ‒hablé sin pensarlo‒, eso creo.

― ¿Te invito un batido de fresa? ‒dijo. El chico del café no evitó soltar una sonora carcajada, pues, ya me había tomado tres, lo miré fulminantemente y el simplemente se mordió los labios.

― Claro. ‒lo dije más bien por cortesía, realmente, no quería ninguno más.

Si hubiese sabido que ese batido de fresa y esa sonrisa ocultarían tal cosa, jamás lo hubiese aceptado.

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Re: back to december. {audiciones cerradas} resultados.

Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 12:17 pm

Miry escribió:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
» Nombre completo: Blair Collinwood.
» Pareja: Harry Styles.
» Representante: Selena Gomez.
» Escrito de vuestra autoría:  
OS:
Maldigo el día el cual conocí esa mujer, esa maldita mujer arruinó mi vida. Creí en su amor, en sus promesas; en todo. Como un total enamorado. Llorando, por ella, de nuevo. Recordando sus palabras de "amor incondicional", claro.

Y cada vez más lágrimas resbalan por mi mejilla. No por tristeza, sino por la decepción que me he llevado. La ayudé en su adicción, le di mi casa, comida, ¡amor! todo para que estuviera bien y solamente me lo pagó de la peor manera.
Sin un "por qué", solamente un papel que decía "Lo siento. No me busques". ¿Lo siento? por dios, que caradura.

Ya habían pasado dos meses de lo sucedido. Todavía no logro superarlo. Cada vez me destrozo más. Mis amigos han intentado sacarme de aquí, para conocer nuevas chicas, pero no puedo. Solamente salgo para ir a mi trabajo.

1 año atrás...

Las frías calles de Nueva York traspasaban el poco abrigo que llevaba. Las calles movidas como siempre y los autos con sus pasajeros un poco alocados por llegar a sus casas después de una dura jornada de trabajo.
Unas cuadras más alejadas, por donde nadie caminaba a esas horas de la noche, escuche un ruido como si alguien hubiese tosido. Me acerque hasta el lugar proveniente de aquel sonido. Me había encontrado con una chica, pelo marrón, ojos azules; muy linda. Pero su ropa estaba descuidad y ella también lo estaba. Así que me anime a preguntarle:
-¿Estas bien? - Fue lo único que mis labios pronunciaron.
Ella levanto su vista lentamente hacía mi - s-s-si - pronunció tartamudeando por causa del frío.
- Se que soy un extraño para ti, pero, ¿Quieres hospedarte en mi casa? por esta noche, hace mucho frío te vas a enfermar, trabajo en el hospital a unas cuadras de aquí - Dije lo más cálido posible para que no me tenga miedo, ya he pasado por estas situaciones, solo que las llevaba al hospital no a mi casa.

Me miro un tanto extrañada por lo dicho, claro un extraño que venga y le diga que se hospede en su casa, es un tanto raro.
Como vi que no iba responder me acerque despacio y me senté frente de ella.

-Toma- le dije y me saque mi chaqueta poniéndola sobre los hombros de ella para proporcionarle un poco de calor.
-Gracias- Me dijo en un susurro mientras se la aferraba al cuerpo.
-¿Cuántos años tienes? - pregunte mirándola fijamente.
-veintiséis ¿tú? - me sorprendí, ya que hasta ahora no me había preguntado nada.
-Treinta- Sonreí delicadamente y ella también lo hizo.
-¿Qué haces acá, sola? - Tuve que preguntarle, la duda ya me mataba. Ella agacho la miraba y supuse que no querría contarlo. - Si no quiere decirme esta bien, te entiendo.
-No, esta bien te digo - dio un largo suspiro- Mis padres se enteraron que yo... - cerro los ojos dejando escapar una lágrima - que yo me drogaba - Lo dijo en un pequeño susurro que apenas escuche, pero entendí.
-Oh... lo siento- dije mirando el suelo.
-N-no importa- me sonrío y miro para otro lado- ¿cómo te llamas?
-Stefan, ¿tú?- dije jugando con los dedos de mi mano.
-Willow - dijo con su fina voz.

Hablamos por unos minutos más y cuando obtuve su confianza le pregunte si quería ir a mi casa. Acepto, pero solamente por esa noche.
Ella me contó varias cosas sobre su vida y yo de la mía. Finalmente acepto hospedarse por un tiempo. Yo en ese tiempo aproveche para ayudarla con su adicción.
Sin darnos cuenta o mejor dicho sin darme cuenta me fui enamorando de su sonrisa, de sus ojos; de ella.
Ella me había dicho que sentía algo por mi y yo también se dije lo que sentía. Así que decidimos darnos una oportunidad mutuamente, podría decirse que era una relación sólida y cálida.
Ya habían pasado unos cinco o seis meses y esa noche tenía planeado hacer una cena especial porque ese día cumplíamos tres meses de estar juntos. Pero me lleve una no grata sorpresa...

-¡Willow! ¿dónde estas?- la había buscado en casi toda la casa pero no había señal o rastro de ella, y eso era raro, ya que ella me decía si salía o cualquier cosa. Me dirigí hacía mi habitación y allí encontré lo que parecía ser una carta o un papel con un escrito sobre la cama, lo tome y la empecé a leer...

Termine de leerla y me senté sobre la cama, las lagrimas empezaban a resbalar por mi mejilla. Ella se había ido. Me dejo. Simplemente no sabía que pensar, no escribió algo coherente del por qué se fue así.

Actualidad...

Sólo recordar eso me hacía peor. Me ponía muy mal.
Tomé mi chaqueta y salí a caminar para respirar un poco de aire. Ya me estaba ahogando.
Solo queda volver a mi vida, y olvidarme de ella. Solo eso.
Iba tan concentrado en mis pensamientos que no me di cuenta cuando choque contra un chica. No podía ser ella, no podía ser Willow. Cuando levantó su vista y me vio palideció, como si hubiese visto un fantasma o mejor dicho alguien a quien no querría volver a ver más. Quería hablar con ella, pero solo dijo "Lo siento por todo, te amo" y se fue corriendo. Otra vez se había ido, y me dejo con una nueva angustia.
Prólogo :
Todo alrededor de ella estaba oscuro, todo era un profundo silencio, ni su propia voz resonaba en aquel extraño lugar. De pronto árboles empezaron a salir del suelo, parecía que llevaban varios años allí, pero no. Instantáneamente empezó a correr como si fuera de vida o muerte, aunque verdaderamente lo sentía así. Lo extraño era que ningún ser humano la perseguía en esos momentos, pero ella juraba que sí había alguien detrás de la oscuridad. De pronto otra vez no había nada alrededor, los árboles habían desaparecido y ella ya no corría más. Había alguien llamándola por su nombre, su voz era conocida pero su mente no recordaba a quién. Abrió los ojos y se encontraba en su habitación, con la respiración exageradamente acelerada y los latidos del corazón resonaban en su mente. Después de unos minutos de repasar esa pesadilla que venía teniendo hacía semana logró calmarse y reconciliar el sueño.  

La tenue luz del sol traspasaba la fina cortina de color salmón que se encontraba cubriendo los vidrios de la ventaba que se encontraba al lateral de ella. Fue abriendo lentamente sus ojos para acostumbrase a aquella luz, y cuando los abrió apagó la alarma ya que el ruido que producía aquel aparato era un tanto molesto. Se sentó en la calentita y confortante cama estirando sus brazos hacía arriba. Se levantó lentamente y se encamino hacía el baño para darse una ducha, así se relajaría un poco, aunque siendo sincera eso no la relajaba mucho. Más bien la relajaba leer un buen libro mientras escuchaba música y un rico café a su lado, ese exquisito olor era una de las cosas más relajantes para ella. Después de eso, se puso la vestimenta de su colegio que consistía de una remera blanca con un pequeño escudo verde situado en la parte derecha arriba, un Jean azul y sus zapatillas negras. Dejó su pelo suelto y apenas se puso un poco de rimel y delineador de color negro y, en sus labios, un labial de color rosa pálido. Después de terminar de arreglarse bajó las escaleras pacientemente y una vez allí abajo se encamino directo a la cocina encontrándose sobre la mesa su desayuno. Lo comió tranquilamente, una vez terminado se fue a cepillar sus dientes, no sin antes no haberle dado el último sorbo a su vaso de jugo de naranja.

Los demás autos pasaban a lado de ella ferozmente, como si todos se hubiesen levantado después de una hora prevista y llegaban tarde a sus respectivos trabajos o como ella a la escuela. Las bocinas sonaban una detrás de la otra más el ruido de la música que cada uno tenía en un sus autos y el calor que hacía parecía una bomba de tiempo. Su cabeza ya empezaba a molestarle  otra vez con los dolores y -para peor- en el colegio tendría que aguantarse los gritos de todos, a las estúpidas zorreando al primero que pasé frente de ellas, los insultos dirigidos hacía ella y varias cosas más. Y eso que recién comenzaba la semana, parecía que ayer recién fue viernes. No pudo disfrutar nada de su fin de semana, ya que estuvo encerrada la mayor parte del día en su habitación estudiando para los exámenes finales que se venían bastantes difíciles para ella.

Una vez que llegó a su destino apagó el motor del auto y salió de el poniéndole seguro. Entró al colegio y se dirigió hacía su casillero para tomar los libros de biología, economía y geografía. Los guardó en su mochila y cuando se dio la vuelta divisó a unos pasos a Nina; su mejor amiga.

—¡Nina!— Le gritó llamando su atención aquella cabellera pelirroja de su amiga la notó y fue corriendo hacia ella.

—Hey, Mack. —Le dio un beso en la mejilla —Hasta que llegas mujer.—Dijo soltando una pequeña risa lo que produjo que Elle también lo hiciera.

—El trafico estaba tan... —Dijo moviendo sus manos —liviano—.Finalizó la oración con un toque sarcástico en su voz.

—Oh, te entiendo perfectamente. —Dicho esto las dos lanzaron una carcajada un tanto escandalosa obteniendo algunas miradas.

—Bueno, ¿vamos al salón? —Espetó elevando sus cejas.

—Sí, no quiero que ocupen nuestro lugar.—Dijo haciendo una mueca.

—Uhm... —Murmuró como si no hubiese prestado atención a lo dicho.

—Hay... ya tenía que aparecer Romeo —Anunció burlándose mientras enfatizaba la última palabra.

—Cállate, ah no cierto que tú como no tienes ningún Romeo te burlas de mí —Respondió, un tanto enfadada.

—Dios, solo era una broma mujer —Suspiro y prosiguió— no era para que te lo tomaras a mal, ¿perdón? —. Alegó mientras la miraba como se relajaba.

—No importa, fue. Perdóname tú a mí... —Dijo mientras negaba con la cabeza— no me levante del todo bien, no sé qué me pasa... es solo que... — Espetó mientras movía sus manos y negaba.

—Esta bien... te entiendo, sólo hagamos que esto no ha sucedido y ya. —Sonrío y tomo su mano para transmitirle confianza.

—Gracias... —Susurró tomando fuerte la mano de su amiga.

En la transcurso hacia el salón ninguna de las dos pronunció alguna palabra. Mack estaba pensando en su "Romeo" y otras cosas que tendría que desahogarse con Nina, ya no podía seguir aguantando todo en su pequeño corazón. Mientras que Nina estaba con su celular, como siempre. Mack también lo utilizaba pero no con tanta frecuencia. Su amiga ya estaba un tanto viciada con eso. Una vez que llegaron al salón se sentaron contra la pared delante de todo como lo hacían habitualmente.

Después de una rato el timbre sonó y los demás entraron, al rato, el profesor también lo hizo. La clase pasó lentamente y fue muy aburrida al igual que las demás, excepto en economía que tenía que compartir la clase con Francisco y por eso era su favorita, aunque también estaba Marcie, su estúpida novia, y por ello en parte también odiaba esa materia, aunque no le daba mucha importancia a ella. Siempre tenía que refregar en la cara de todos que Francisco era su novio y eso le daba repulsión porque ni siquiera se amaban y eso le daba una gran impotencia. Cuando Marcie insultaba a alguien Francisco nunca se reía porque él -aunque salga con una víbora- era bueno.  

A la salida Mack estaba un tanto distraída que no notó cuando chocó contra un chico, dudosa levantó la vista y para su suerte se había chocado con él, por un momento sintió que no existía nada más que ellos dos, pero después volvió a la realidad -obligada- cuando escuchó la voz de Marcie. Cuando se iba a disculpar él se le adelanto susurrándole un "Perdón, Mack" y dicho esto se fue. Podría tener la fama de chico malo pero era muy educado y eso le encantaba, también cuando pronunciaba -de esos dulces labios que anhelaba algún día besar- su nombre. Suspiro, y aspiro aquel perfume que tanto le encantaba, ese perfume tan varonil que producía a sus hormonas volverse totalmente locas. Sonrío y se dirigió a su auto para irse a su casa.

Al llegar a su hogar notó un auto azul perlado frente a su casa, y ese auto sólo podría ser perteneciente a una persona. Ya de anticipación se escuchaban los gritos desde allí afuera. Estacionó su auto y caminó hacía hacia la puerta y sus manos con temor tomaron el picaporte abriendo para encontrase con aquella persona que hace tanto no veía y tanto temor le tenía su...


Si me falta algo ó haya algo mal sólo dime.
¡Ficha aceptada!


está hermosa ¡Suerte, ya estás audicionando!
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Re: back to december. {audiciones cerradas} resultados.

Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 12:22 pm

°Agethe° escribió: 
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» Nombre completo: Kourtney Jameson Benneth.
» Pareja: Louis Tomlinson.
» Representante: Jennifer Lawrence.
» Escrito de vuestra autoría:  
Spoiler:
El funeral había comenzado bien al principio.
La gente iba arreglada, seria, y con ramos de violetas que -según Harry-, eran las flores preferidas de Anabette.
Louis y Jamie habían estado junto a él cuando la caja se hundió en la tierra, se quedaron con él cuando la gente llegó a darle un ligero pésame y no se movieron de su lado cuando el colocho se tiró en el suelo a llorar por cinco minutos.
-Señora Houston- la pelirroja se acercó a la madre de la difunta -de verdad, lo lamento mucho.
La mujer, vestida con un pantalon acampanado negro y una vieja blusa blanca, se tiró encima de Jamie y la rodeó con sus lánguidos brazos.
-Ella era un ángel- le susurró al borde de la desesperación -¡una buena persona!
La chica se limitó a no deshacer el abrazo y a decirle palabras reconfortantes.
-Cuando era pequeña- continúo la mujer -solía despertarse llorando en las noches de tormenta, entonces yo me levantaba y le cantaba canciones de cuna.
Rompió en llanto por unos minutos, manchando de maquillaje y lágrimas saladas el hombro de Jamie.
-Y cuando regresaba a la cama- contó -escuchaba la voz de ella desde su habitación, ¿sabes que hacía?
El silencio de la chica le sirvió como respuesta.
-Cantaba- lloró -se quedaba cantando para tranquilizarse, ella sola. 
-Señora- comenzó a hablar Jamie, pasando una mano por su espalda.
-Y creo que aún la escucho cantar- interrumpió mirando hacia la parte fresca de la tierra, donde horas antes habían enterrado a su única hija. -Y creo que quiere que la saque, ¡sigue viva! ¡Sigue viva!
-Señora- repitió Jamie, sujetándola débilmente por los hombros, impidiendo que se desplomara o echara a correr a escarbar el pasado.
La señora Houston la miró con los ojos cansados, perdidos.
-Anabette ya no está- se atrevió a decirle.
-¿Dónde está ahora?- Preguntó la mujer subiendo la mirada hacia el cielo.
-Está en un lugar mucho mejor a este- murmuró la pelrroja -un lugar más sano, más lindo. Ella está bien, está mejor.
-Jamie- Louis apareció entre los familiares afligidos de Anabette -¿puedes venir conmigo?
Los ojos azules de la muchacha lanzaron chispas, con la mirada señaló a la mujer que estaba consolando.
-Estoy algo ocupada, Louis- espetó.
-Será rápido- insistió el castaño y tiró de su mano, separándola de la mujer, quien fue atendida por una maraña de gente al instante.
-Por si no lo has notado- empezó a alegar ella -estamos en un entierro, no en el parque.
-Necesito que me ayudes a buscar a Harry- le dijo cuando estuvieron entre tumbas -se separó de la gente y tengo miedo de que haga algo estúpido.
-Es Harry Styles- lo tranquilizó Jamie -hará algo estúpido de una manera u otra.
En vez de fulminarla con la mirada, su amigo se separó de ella y empezó a buscar al muchacho pálido de cabeza infestada de rulos.
Jamie, a regañadientes y apretando con miedo su suéter gris de encaje, se adentró más al cementerio.
Los llantos del chico eran ruidosos, seguidos por sus espacios para tragarse la flema y gritar.
-Harry- se acercó con dificultad a él, con cuidado de no pisar ninguna lápida -nene, ven acá.
El chico se asustó al principio, al escuchar su nombre y cuando según él estaba solo; Pero cuando examinó la cara pálida y los ojos azules de Jamie, se lanzó sobre ella, quedando los dos sobre el césped recién cortado y mojado por el rocío.
La estrujó con fuerza, como al oso de peluche que tenía cuando era niño, como estrujaba a Anabette cuando estaba contento. Sólo que la diferencia ahora es que estaba como la mierda misma y, era Jamie.
-Me voy a morir- le dijo entrecortado.
-Cállate, Harry- le dio unas fuertes palmadas en la espalda -no te vas a morir, te quedarás con nosotros y lo superaremos juntos.
-Una vez le dije que sin ella no vivía- le confesó a su amiga -y de verdad que se me hace difícil tratar de sobrevivir ahora.
-¡Aquí están!- La voz de Louis hizo que Jamie lo soltara, aunque Harry siguió con los brazos ceñidos al cuerpo de ella, con su cabeza escondida en el cuello de la chica y donde ahora notaba que olía a flores, a violetas quizá.
-Vamos, levántate- Jamie le tendió una mano cuando logró zafarse de su agarre, el ruloso la ignoró y se paró por su cuenta, caminando de nuevo lejos de los dos.
-Hey- Louis tomó a su amigo del hombro.
-Ya no quiero regresar allá, no puedo- admitió, y se dio la vuelta para abrazar al castaño, con fuerza.


» Otra cosa:
Él me había dicho que los humanos pecaban mucho. Y en cierto modo, le había comenzado a agarrar odio a aquella raza, parecía que no les importaba nada de lo que nosotros sentíamos y, romper corazones era como una especie de deporte.
De igual manera, quería que él me rompiera el corzón tantas veces quisiera, porque eso significaba que me tomaría en cuenta y que pasaría cierto tiempo conmigo. Y con tla de que hiciera eso, no importaba que pudiera pasarm después.
Sin embargo, no se dignó a hablarme si no hasta dos semanas más tarde, y para esa fecha yo ya había perdido el interés.
-¿Qué tal?- Preguntó, se acercó y me tomó de la mano.
-Estoy muy bien- me zafé de él y solté una risita lejos de ser natural. 
-Escucha- su intención era pasarse una mano por el cabello, pero la detuvo cuando su brazo llegó a la altura de su oreja. -Quería preguntarte sobre lo que había pasado en el club.
Oh, encima de que me habló tarde, se atrevió a tocar el incidente de la semana pasada. 
Yo, por otra parte, no le miraba ningún problema al besar a algún chico. Digo, él y yo no éramos novios ni nada y que yo besara a alguien más no debía de molestarlo. De igual manera, sabía que Louis no estaba celoso, no, los humanos no eran celosos. Eso me había dicho él.
-Claro- sonreí socarronamente -¿qué quieres saber?
-Todos te creyeron una especie de cualquiera- espetó -no puedes andar por ahí besando a la persona que se te dé la gana.
-Yo no soy ninguna cualquiera- levanté la cabeza, en señal de autoconfianza, pero la verdad el tono y las palabras de él habían bastado para que cualquier migaja de autoestima desapareciera de mí.
-Ya sé- está vez sí pasó una mano por su cabello, lo revolvió y lo reacomodó -pero eso pareciste, me demostraste que no tengo que sacarte nunca más.
-¿Y qué crees que soy?- Elevé la voz -¿una especie de perro el cual hay que sacar a pasear cuando ya se ha aburrido de estar encerrado en casa?
-¡No estoy diciendo eso!- Exclamó, vaya, ahora él era el enojado.
-No me importa si no querías decir eso- eché a andar lejor de él, pero con segura de que me seguía, proseguí: -Y puedo hacer lo que se me venga en gana, Louis, tú no eres nadie para decirme qué hacer y qué no.
-Sólo te diré una cosa- susurró y me dio la vuelta, agarrándome por los hombros -¡no beses a cualquiera!
-¿Y a quién tengo que besar, entonces?- Pregunté sin pensar -¡peudo hacer lo que yo quiera!
-Yo también- agregó él antes de estampar sus labios en mi boca. 
Entusiasmada, moví mis labios sobre los suyos, pero él pareció quedarse quieto, aún confundido. Él me había besado, y luego no mueve ni la boca. Entonces, avergonzada, separé mi cara de la suya. 
No me soltó de los hombros y volvió a pegar nuestras bocas. Pero no le seguí el beso, sin embargo eso no pareció afectarlo ya que siguió besándome y demostrándome que dos semanas no bastaban para olvidar a Louis Tomlinson. 



:p bai.
alec es mío, bai otra vez.
¡Ficha aceptada!


Mierda. ¿Qué hiciste? Me mataste. Escribir así debería ser pecado. Te detendré y te llevaré ante un tribunal (?) ahque. Escribes hermoso y Harold llorando me, me, me dio filings(?) ¡Suerte, ya estás audicionando!
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Re: back to december. {audiciones cerradas} resultados.

Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 12:29 pm

Frazer. escribió:
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» Nombre completo: Heather Hollinger.
» Pareja: Harry Styles.
» Representante: Bárbara Palvin.
» Escrito de vuestra autoría:
prólogo. :

El exquisito olor a café era tan manipulador como nunca lo imaginó. Cuando entró a la pequeña tienda pareció clavarse en su nariz, y respiró el puro aire que envolvía a tal olor. Agradecía que fueran considerados con el buen invierno que se les presentaba, —sin reclamos se llevaba el premio al más frío durante dos años—, y encendieran la calefacción. 
Era tan placentero que su piel bajo ese montón de abrigos se sintiera cálida. Una campanilla había sonado, la misma que anunció su llegada. Giró su cabeza hacia un lado, y una sonrisa se fue extendiendo por su pálido rostro. Tiró de su abrigo, y lo colgó de manera despreocupada en su hombro para así disponer tranquilo de hacer lo propio con la mujer que lo acompañaba. Ella le regaló una cordial sonrisa, mientras recorría con la mirada el lugar. 
Por su parte, él tomó su mano con profunda delicadeza, tironeando con suavidad. Dirigiéndose a una mesa desocupada, limpia, y justo al fondo pudo oler aún más el inconfundible olor a café recién preparado, ¡y qué decir de las delicias que los esperaban! Era magnífico.
—Buenas tardes, ¿qué desean ordenar? — una joven muchacha se acercó a ellos, parecía entrenada para satisfacer a los clientes. Amable, paciente, encantadora. 
—Dos cafés, por favor. 
Por ahí, mejor dicho en Nueva York decían que ésa cafetería tan solicitada era poderosa. Y no sólo por las cortesías, las exquisiteces y la preciada calefacción; era por su título tan veredicto. Parecía que todas las personas que iban allí, terminaban cayendo en las garras del amor.  
Cuando un par de bizcochos con glaseado se sirvieron junto con lo pedido, ambas personas sentadas en la ordenada mesa de madera oscura miraron intrigados a la camarera que con deleite sonreía. 
—Cortesía de la casa. 
Era pura satisfacción, no importaba si sonaba típico, pero el ver sus rostros con un suave rubor, 
—por lo menos en la mujer. — daba entender que hacía lo correcto. Eso tenía de maravilloso Coffee Love, que con un simple pedido se originaba la pureza propia del ser enamorado. Y al final, todas esas personas tenían razón. 



one. primera parte.:



Alzó la cabeza y dejó de escribir. La birome de tinta azul quedó apoyada sobre las páginas llenas de su cuaderno. Respiró con tranquilidad, estiró su mano derecha y observó los dedos de la misma; manchados de un color azul índigo. Los frotó un poco, siseando por el entumecimiento que le recorría. Había escrito sin parar, por media hora tal vez, no era un superhéroe para tardar más y no detenerse, mas igual le cansaba. 
Apoyó sus manos en su regazo y miró el cuaderno que reposaba en su escritorio. Una pequeña lámpara a un lado, miles de lápices revueltos por doquier, notas arrugadas esparcidas hasta por el suelo, así se encontraba éste. Tengo que tirar eso, pensó.
Sonrió satisfecha al leerlo por tercera vez. Su informe acerca del comportamiento del enamorado había sido acabado. Parecía una estupidez, pero para Taissa no lo era. Escribir alrededor de cinco páginas —de reverso cabe aclarar— sobre cómo era el procedimiento del hombre en una relación sentimental no era un problema para ella.
Tal vez sí. Nunca estuvo enamorada, al menos no realmente. Había tenido cientos de amores platónicos, pero eran celebridades que veía en televisión o en vídeos, hasta le gustaron chicos de su preparatoria sin embargo era una cosa distinta. Sentir ese profundo sentimiento que te hacía querer no despegarte de tu pareja era algo de otro mundo para ella, conocía bastante como eran las mujeres enamoradas. Muchas películas. Mas, ¿cómo era el hombre? Eso se planteaba cada día, desde que comenzó con su tesis hace, prácticamente, tres días atrás. 
...
Se sentó en la cafetería, con una bandeja en frente suyo que luego de una inspección cualquiera se daría cuenta de que la comida no había sido probada. Taissa sostenía una limpia, —luego de frotarla por precaución— manzana roja, aún sin morder, y miraba a su alrededor. Era por un simple chiclé que existieran tantos grupos; populares, extraños, inteligentes en demasiada cantidad, —vulgarmente llamados nerds— y luego su grupo, los normales. Toda institución tenía cerca de esa cantidad, nunca podría decir que era una sociedad comunicativa y amistosa porque, si ella tan sólo hablara de juzgar no pararía hasta terminar con las porristas. Simplemente, se encontraban divididos, y nadie podía acceder a la comunidad del otro sin permiso. 
La chica detuvo su mirada en una mesa. Alzó una ceja cuando Liam Payne manoteó a un chico de cabello castaño, cuando al parecer éste intentó balancearse de su silla como un niño pequeño. Ilusos, pensó. La inmadurez era algo tan propio de sus compañeros, claro que no tenía un ego, mucho menos exclamaría que era el ser más maduro del planeta, ni se acercaba, pero aseguraba tener más prudencia. 
Liam era sereno, responsable, y popular. Una combinación inusual pero acertada, iba en su perfección. Taissa abrió los ojos lo más que pudo, Bonnie una de sus amigas la miró expectante. 
—Me gusta el color de tus ojos, aunque esa no es la mejor manera de lucirlos. — comentó con diversión, y luego regresó a la plática general. 
El verde musgo era tan atractivo para ella. La miró de reojo, sin darle importancia en lo absoluto, tenía que preocuparse por otras cosas. Un ejemplo, en descubrir como Liam lograba sobrevivir en una población de ignorantes superficiales, y ser un auténtico chico de película. Ella lo había notado, una gran cantidad de novias que habían sido atendidas con mejor cariño posible, regalos costosos, y besos apasionados, sin convertirse en un pervertido más. Estaba un poco segura, —según porque los hombres son iguales— que no quería intimidad, sólo amor. Tal vez no tendría que confiarse y ser más distante en ese sentido pero, no pasó nunca desapercibida su deleitante mirada miel, llena de adoración. 
El cuestionario comenzó. Tom, un muchacho de último año era un atrevido sin censura, siendo más grotesco que otra cosa, aunque podría ser un caso aparte ya que sólo tuvo dos novias formales. También estaba Jeremy, que bien no era un idiota como el anterior, era más bien demasiado, 
—demasiado— afectuoso en una relación, a tal punto de no despegarse, y parecía que hasta al baño iban juntos. Pero, no sabía si lo hacía de acompañante o era la opción más lógica. En fin, ésos dos estúpidos incompetentes eran otro ejemplo de lo anteriormente dicho. Eran distintos comportamientos a su parecer, y ninguno se asemejaba al de una película romántica barata. 
Liam, ahora llamado ejemplo ‘a’ era un enigma, no se conocía si era tierno por voluntad propia, o si creía que era el mejor modo de obtener lo que quería de una manera eficaz. La curiosidad picó a Taissa. Los ejemplos ‘b’ y ‘c’ dejaron de importarle, su actitud era diversa, pero por ahora le interesaba alguien más. Y no del modo cursi. 
Era apuesto, muy apuesto. ¿Qué chica no querría tenerlo? Tal vez ella, pero ¿coquetear en su cara, masticar chicle de manera grosera y vestirse provocadora cual prostituta en plena acción sería lo correcto? Al menos, así lo había hecho la mayoría de las féminas. 
Lo observó por última vez en la hora y por fin mordió su manzana. 
...
—¿Qué es lo que haces? — Bonnie habló en su oído, mirando con disimulo al grupo de chicos que reían entre sí. 
Taissa procuró que no se dieran cuenta, y tomó a su amiga del brazo dirigiéndola unos pasos más lejos. Respiró tres veces para intentar calmar la adrenalina que sentía al espiar a alguien.
—Nada, nada. — mintió. —¿Pasa algo? 
—¿Cómo que pasa algo? — Bonnie la miró incrédula. —Estás asechando a alguien, no, ¡A Liam!
Escuchó el intento de regaño, al menos eso quiso, sus ojos habían parado en la silueta del muchacho, quien se despedía cuando el timbre había sonado. El momento había llegado de más pronto de lo que pensaba, pero cuando él se disponía a entrar a su salón, Taissa se apartó de su amiga ignorando los reclamos de ésta. 
Alcanzó a tirar de su mochila, luego un simple roce en su hombre y quedó estática cuando él se dio vuelta. 
—Disculpa, sé que no tienes idea de quién soy pero, ¿podría hacerte una encuesta? Es para un trabajo. — mintió, de nuevo. 
Había ensayado su conversación —al menos de su parte— la mayoría del día. Luego de salir de la cafetería, se instaló con una hoja en blanco y una birome en el tiempo libre, pensando en todo lo que había notado en aquel lugar. Básicamente, los comportamientos de los chicos respecto a una relación sentimental de más de un día.
Lo había nombrado muchas veces, pero era una curiosidad que debía saciar. No podía mentirse más, libros y películas eran porquería que no demostraba nada. El amor,  ¿qué sabía ella de el? Precisamente por eso debía averiguarlo. 
—Claro, no hay problema. — regaló una cordial sonrisa. —Te veo después de clases, ¿quieres? Antes de irnos por distintos caminos, creo que estaremos más tranquilos. 
—¡Por supuesto! Te veré luego. — se sintió conforme con su actitud empleada, pensó que tartamudearía por los nervios que podría ocasionarle, pero no, Liam era tranquilo. 
—Si te soy sincero, tengo la sensación de que quieres correr y escapar de mí. — rió. —¿Podría saber tu nombre? — inquirió con amabilidad. 
El corazón de la chica aceleró sus latidos. Podría tener fiebre, porque sencillamente un escalofrío le recorrió la espalda. 
—Taissa. — musitó aún aturdida.
—Es un bonito nombre. Soy Liam. — elogió antes de girarse y levantar la mano. —Tengo que entrar pero, te veré luego. Un gusto, Taissa. — sin más, se largó de allí.
Cada estudiante que pasara por su lado podía visualizar el sonrojo que habían adquirido las mejillas de la chica. El golpeteó interno se hizo más fuerte, un cosquilleo se apoderó de su boca y sólo quiso reír cual estúpida. 
—Igualmente, Liam. — murmuró al aire. 
Sacudió la cabeza en un intento de despejarse, meditando por unos segundos si lo que haría sería lo correcto. Era probable que se reiría y lo tomaría como una broma mas, debía tratar.
...
Esperó después de un rato. Terminó de ver como Bonnie se alejaba de la institución, mejor dicho como la mayoría lo hacía pero ella se quedó. Tenía que esperarlo, de un tipo tan atento no esperaría que la plantara, porque sería imposible. Sin embargo, tenía cinco minutos de demora. 
—¡Taissa! — un grito se escuchó desde el otro extremo. Un mechón de su cabello castaño se pegó a su boca, escupió un poco en un vago intento por sacarlo pero desistió de la idea cuando terminó apartándolo de un brusco movimiento con su mano.
—Liam, hola. —  saludó cuando éste llegó a su lado, caminando con su pintoresco estilo conquistador. —Pensé que no vendrías. 
—¿Ah sí? — alzó una ceja juguetón. —No te preocupes, no dejaría sola a una bella chica como tú. — acomodó la tira de su mochila con una sonrisa. 
—Lo que tú digas. — musitó girando su rostro. El rojo en sus mejillas parecía no querer desaparecer, y Taissa se preguntó porque se daba cuando él le hablaba. 
—Al parecer no estás acostumbrada a los cumplidos. 
—Deberíamos hablar de la encuesta, tengo que volver a casa. 
—Entonces, vamos a hacerlo. — aplaudió con sus manos, y acomodó por segunda vez su mochila. —¿Qué necesitas saber? 
Taissa contó mentalmente hasta tres, abrió la boca para tomar una respiración y luego botarla, eso le ayudaba muchísimo. 
—¿Cómo eres cuando estás enamorado? — soltó, mas no se sintió del todo estúpida. 
Y Liam rió. 
—¿Para qué trabajo tienes que hacer eso? — añadió entre risas. 
—Oh, practico como futura estudiante de psicología. Sólo quería saber qué pensamientos tienen las personas acerca del amor. — mintió por tercera vez. 
—No sabía eso. ¿Qué edad tienes?
—Dieciséis. 
—¿Y no eres muy joven para hacer eso? 
—Lo hago por voluntad propia. — respondió apresurada. 
Liam mordió sus labios, mirando hacia arriba. Él tenía algo, definitivamente, ¿cómo podía ser tan seductor e inteligente? Taissa no quería pensar eso. 
—Te ayudaré, no tengo ningún problema con eso. —se encogió de hombros y la miró directamente. 
—Pero tal vez podríamos hacerlo en un lugar privado, creo que el estacionamiento no es la mejor opción. 
—Puedes venir a mi casa, estaríamos tranquilos. — ofreció. Luego cayó en cuenta de que sonó desesperada, al menos esa fue su propia impresión. 
Liam no apartó sus ojos. 
—Claro, me agradaría eso.




quería hacer harbara.
sólo tuyo, magnus. 
¡Ficha aceptada!


La verdad es que a mi nunca me gustó Harbara :c , pero todo eso quedó atrás cuando leí como escribes. jkjskjsk Escribes hermoso, ¡no!, fabuloso, ¡no! increíble, ¡no! perfecto nah, perfecto queda corto ¡Suerte, ya estás audicionando!
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Re: back to december. {audiciones cerradas} resultados.

Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 12:50 pm

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» Nombre completo: Haley Lee.
» Pareja: Zayn Malik.
» Representante: Emma Watson.
» Escrito de vuestra autoría:  
One shot:
Era un bonito día para hacer un picnic en el parque, para dar un paseo o simplemente asomarse a la ventana a disfrutar de los rayos de sol. Era uno de esos días que escaseaban en la ciudad, normalmente encapotada y gris. Normal que Inglaterra tenga uno de los índices más altos de suicidio, con este tiempo… ¿quién no se suicidaría por disfrutar de un poco de luz, aunque solo fuera esa que supuestamente ves antes de morir?, pensaba con frecuencia Bryony.  

Sí, definitivamente era un buen día para hacer casi cualquier cosa al aire libre. Menos para asistir a un funeral. Una gran cantidad de gente vestida de negro se encontraba congregada en la parte oeste del cementerio, alrededor de una bonita tumba de caoba rodeada de coronas de flores de diversos colores. A su lado, un caballete de madera portaba la fotografía de una mujer mayor que bajo sus innumerables y adorables arrugas escondía unos bonitos ojos verdes acompañados por una sonrisa del tamaño de América, como mínimo. Mientras el reverendo Roy entonaba las plegarias, algunos de los presentes lloraban, unos miraban a la nada y los más mayores decían repetidamente; él siguiente soy yo, seguro que  no llego a las próximas Navidades. Salvo Bryony, ella sostenía la rosa blanca bien aferrada entre sus manos,  provocando que las espinas penetraran en su piel. Parecía que el dolor físico y el emocional estaban enzarzados en una ridícula competición por ver cuál le causaba más daño. No lloraba, ya no le quedaban lágrimas que soltar. Se sentía seca y vacía, como un desierto. La melodía alegre y alentadora de Here comes the sun proporcionaba a la situación un toque irónico.

Florence Relish dejaba el mundo en un día magnífico. Seguro que si Bryony pudiera oír la voz de su abuela diría algo como; ¡Aquí os quedáis pringados, pudriros en este mundo decrépito mientras yo me lo paso bomba de uno de esos banquetes celestiales! La chica fue incapaz de retener la risa y sus labios se elevaron hacia arriba, pero segundos después las lágrimas volvieron a asomarse por debajo de sus gafas negras. ¿Qué haría a partir de ese momento sin su adoraba abuela?, nunca había conocido a otra familia. Siempre caminó agarrada de su mano y con su presencia el mundo parecía un poco menos malo, menos enfermo. Pero las cosas buenas tienen su final antes o después, solía decir Florence y el cáncer terminó con una de las pocas cosas buenas que tenía Bryony.

Sus hombros empezaron a convulsionarse arriba y abajo. Inmediatamente un fuerte brazo rodeó su cuerpo con firmeza, ayudando a que continuará quieta en medio de ese tumulto de emociones que la acosaban.

-Si estas adorables ancianitas siguen lamentándose de esa forma, seré yo quien se meta en ese agujero –susurró el chico en su oído con tono burlón.

Bryony tampoco pudo contener la risa en esa ocasión. Se deshizo de las gafas de sol dejando al descubierto los dos moratones bajo sus ojos marrones, empequeñecidos por el sol y el cansancio. Miró a su amigo, que le sonreía desde todo lo alto que era con una dentadura perfecta. Zayn Malik había sido su mejor amigo desde que entró a trabajar a la redacción de la revista Hot News hacía tres años. Era de esas personas puras, de las que solía hablar su abuela. De ese tipo que iba por la vida regalando sonrisas, buen humor y bondad sin esperar recibir una recompensa. No se había separado de él desde aquel día. Zayn era la otra cosa buena que tenía en el mundo, cuando estaban juntos todo lo demás carecía de importancia. Era un bonito descanso de la realidad. Y muy en el fondo sabía que sus sentimientos hacia él superaban los límites de la amistad. No se trataba de amor, hacía tiempo que dejó atrás su faceta de adolescente que se enamoraba hasta de una flor. Pero podía calificar sus sentimientos como una atracción irrefrenable por sus labios, su sonrisa, sus ojos e incluso de la arruga que se formaba en su barbilla cuando se enfadaba. Sin embargo, su miedo a perderle y que él no sintiera lo mismo frenaba todos esos impulsos. Necesitaba a Zayn en su vida, de la forma que fuera. Sobre todo en ese momento, ya no quedaba nadie en la tierra que le importase de verdad. Ni siquiera las personas que fingían ser sus amigas.

-Gracias por estar aquí, eres un buen amigo –descansó su mejilla en el brazo de Zayn.

-Apreciaba a tu abuela, y tú me necesitas, merece la pena perder un día de trabajo por esto –depositó un beso en la coronilla de la muchacha con ternura.

El silencio volvió a tornarse sobre todos los presentes, era el momento de dedicar unas palabras a la fallecida, pero Bryony deshizo la idea. Se sentía sin fuerzas para hablar de ella en pasado, de contar como la enfermedad la fue consumiendo hasta la muerte. Las personas aquí presentes sabían cómo era, no necesitan un recordatorio absurdo. Durante el descenso del ataúd Bryony tuvo que reprimir sus ganas de tirarse tras él, sacar a su abuela y regañarla porque su broma dejó de tener gracia hacía unas horas. Pero su raciocinio la ayudó a controlarse. Una hora más tarde tenía entumecidos los huesos de la mano derecha de tantos apretones, holía a una mezcla de los perfumes empalagosos de las amigas de su abuela y sentía la necesidad de dormir durante una semana. Aunque sabía que una vez en la cama no podría pegar ojo.

Metió la llave dentro de la cerradura del pequeño piso que compartía con su abuela cerca de Piccadilly Circus. Al abrir la puerta una ráfaga de recuerdos la invadió. El pequeño salón comedor se encontraba bien iluminado e igual de acogedor que siempre. Las flores de su abuela no se habían marchitado (como iban a hacerlo, si solo había sido una noche) y en el aire todavía podía apreciarse un leve olor a las magdalenas de arándanos de Florence. Par la chica el mundo se vino abajo de nuevo y ella caía junto con él.

-Puedes venir a mi casa unos días, hasta que sepas que vas a hacer –Zayn la rescató de nuevo y con delicadeza condujo su cuerpo hasta el sofá de color morado.

Se desplomó en él embriagada por el dolor de sus piernas por haber pasado tantas horas en pie. Dejó caer la cabeza en el respaldo y cerró los ojos momentáneamente. Su amigo esperó paciente a que se recompusiera.

-He vivido aquí con ella toda mi vida… -dijo Bryony poco después, reprimiendo las lágrimas incipientes -, no sé, es como si ya no tuviera sentido estar aquí.

Apoyó los codos sobre sus rodillas y enterró la cara entre las manos. Su abuela nunca fue una persona con un poder monetario elevado, de hecho siempre habían vivido con lo justo y necesario. El piso era lo único que le pertenecía por completo, y sin embargo sin ella no quería nada de lo que había en ese lugar. Ni siquiera los recuerdos, si pudiera los dejaría encerrados ahí dentro bajo siete candados.

-¿Piensas venderlo? –preguntó el chico, como si hubiera leído los pensamientos de su amiga.

-Quizá, creo que es una decisión que debo tomar con la cabeza un poco despejada y tras al menos diez horas de sueño seguido. Pero creo que la respuesta es casi evidente, no tengo donde ir y mi sueldo de periodista no me da para cogerme un piso decente que no cargue con tres compañeros de piso. Esto es mío, al fin y al cabo… -abrió los brazos queriendo abarcar toda la amplitud de su casa.

-La proposición de antes era seria, puedes venir a mi casa, por un tiempo indefinido –sus ojos mostraban una intensidad sobrecogedora.

Lo rechazó con una sonrisa y una leve negación de cabeza. Apreciaba su preocupación, y la hubiera aceptado si se tratara de un amigo “cualquiera”. Bryony conocía de primera mano la inestable vida amorosa de Zayn, no solía pasar solo la mayoría de las noches. Y con sus sentimientos a flor de piel, no se creía capaz de soportar con frialdad una de esas escenas.

-Como he dicho, es algo que debo pensar con detenimiento. Lo tendré en cuenta –sonrió de la manera más amplia que pudo.

Zayn notó crecer la impotencia en su estómago. Verla de esa manera le mataba de una forma que no quería conocer. Bryony, de por sí tan alegre y alocada parecía consumirse por segundos. Podía notar ese dolor como si se tratase del suyo propio. La quería, de una forma antes desconocida para él. Por eso nunca se había atrevido a ir más allá, porque temía que su corazón se destrozará si esa muchacha no sentía lo mismo.

-¿Necesitas que me quede, quieres comer algo…?

Bryony río ante el nerviosismo de su amigo, estaba desacostumbrado a no poder hacer nada para solucionar los problemas de los demás. Él era así… y le encantaba.

-Estoy bien, me enfundaré una sudadera que me llegue hasta las rodillas y unos leggins y me echaré en la cama hasta que consiga descansar un poco. Vete a casa, ya es tarde y mañana tienes que ir a trabajar. Todo estará bien por aquí.

Zayn perdió unos segundos mirando el rostro aceitunado de la muchacha y sus profundos ojos marrones surcados de ojeras y dolor. Suspiró con pesar, cuando Bryony quería estar sola, era mejor respetar su decisión. Agarró una de sus pequeñas manos entre las suyas por unos momentos.

-Llámame si necesitas cualquier cosa, vendré corriendo.

-Gracias, estaré bien de verdad. Quita esa cara de muerto, que no te sienta nada bien –disfrutó del contacto de sus pieles un poco más.

Finalmente Zayn se levantó, depositó un beso de despedida en su mejilla y a regañadientes, abandonó el piso.

A la mañana siguiente todo volvió a la normalidad, el cielo estaba cubierto por la neblina de cada día y los rayos de sol no habían dejado ningún rastro de haber existido. Londres volvía a ser la ciudad enferma y gris en la que creció. Bryony tenía la sensación de haber dormido por algunos años ya que a cada rincón que miraba todo le resultaba desconocido. Esa sensación radicaba en una sola cosa, la muerte de su abuela. Al abrir los ojos deseó que todo lo del día anterior fuera una tomadura de pelo, que su abuela entrara en su dormitorio tarareando la melodía de la canción de cuna que solía cantarle de pequeña, levantara la persiana y le arrancara las sábanas de entre las manos. Sin embargo, la habitación continuó en penumbra con ella hecha un ovillo bajo las sábanas mientras esperaba algo que no llegaría.

¿Qué hago ahora?

Se repetía incansablemente en su mente buscando la respuesta en algún lugar de su cerebro. Y cada vez que creía obtener la respuesta una nueva preguntaba caía en su mente, ¿por qué venimos a un mundo como esté?, ¿qué finalidad tiene existir si luego puede venir una enfermedad y matarnos?, la muerte de su abuela le estaba haciendo plantearse tantas cosas… se sentía tan perdida y no encontraba ninguna vía de escape que la hiciera volver a poner los pies en la tierra. Tenía la ligera sensación de llevar días encerrada en esa habitación.

Cuando pensó que ya no llegaría a levantarse nunca más las palabras que le dijo su abuela cuando Peter, su último novio, la dejó acuden a su mente. En la vida nada será como pretendas que sea, las personas pasarán por tu vida como tú pasas los canales de la televisión. Por eso no puedes permitir perder ni un solo día de tu vida lamentándote por nadie, porque esas personas no se quedarán en la cama lamentándose por ti.

Con una fuerza que no parecía suya se levantó de la cama y se metió en la ducha. Fue como bañarse en un manantial de agua caliente que la rejuveneció al menos tres años. El dolor de sus huesos desapareció y se lamentó porque el de su interior no lo hizo. Con tranquilidad secó su pelo con el secador. Aunque le hubiera gustado que el motivo de sus vacaciones en la redacción fuera otro, agradeció tener unos cuantos días para ella sin tener que ir con prisas en todo lo que hacía. Una vez vestida salió de su habitación, decidida a enfrentarse a los recuerdos intensos que la llevaban acosando horas. Hasta que no llegó al salón no se dio cuenta de lo vacío que resultaba todo sin la presencia de Florence. A través del único ventanal de la sala comprobó que llovía y parecía hacerlo de una forma más intensa que de costumbre, como si lo hiciera con rabia. Los cielos también lloran tu pérdida, se dijo así misma. Como no tenía hambre se acurrucó en el sofá con los brazos apretados contra el estómago tratando de hacer desaparecer esa sensación de nervios, vacío y dolor que había en ella. Sin resultados.

Tenía que vender esa casa, o al menos alquilarla hasta que no fuera tan duro estar metida dentro de esas cuatro paredes. Si tenía suerte podría salir de allí en menos de una semana, varias chicas de la redacción estaban pensando en independizarse y el piso estaba bien localizado. No sería difícil, pero qué pensaría su abuela, ¿pensaría que estaba huyendo como un cachorrito asustado?

Su teléfono comenzó a vibrar poco después y la foto de un sonriente Zayn apareció en la pantalla. Durante la noche había tenido la necesidad de llamarle en innumerables ocasiones solo que se contuvo. Seguro que Zayn había aprovechado su día libre para quedar con alguna chica, aunque le dolía sabía que no tenía derecho a sentirse así porque solo eran amigos y Zayn se ofreció a quedarse con ella muchas veces antes de marcharse anoche.

-Buenos días –saludó una agradable voz desde el otro lado de la línea. -¿Has descansado algo?

Bryony sonrió y notó que el peso de su estómago desaparecía parcialmente.

-Pude hacerlo después de pasar horas y horas dando vueltas en la cama.

Un suspiró de descontento llegó desde el otro lado de la línea telefónica.

-Debiste haberme llamado, te lo dije –la regañó Zayn como si fuera una niña pequeña, lo que le sacó de quicio, eso es lo único que odiaba de él. Que a veces la hablara como si estuviera tratando con una niña pequeña.

-¿No deberías estar trabajando? –decidió cambiar de tema.

-Hoy también me he tomado el día libre, me sentía culpable por dejarte sola… -el pequeño enfado de antes se volatizó al escuchar sus palabras.

-Gracias, pero no era necesario –dijo ella.

-Claro que es necesario, me necesitas aunque no quieras reconocerlo. No te conviene estar sola, puedo ir a tu casa si quieres.

Bryony miró  a su alrededor y sus ojos volvieron a anegarse por las lágrimas. Estaba totalmente decidido, alquilaría al piso y se marcharía de allí. No podía sobrellevar la situación levantándose cada día en esa casa.

-¿Me ayudarías a guardar todo en cajas?, quiero marcharme cuanto antes.

Tras esas palabras no podría dar marcha atrás y no estaba segura de querer hacerlo. Puede que un cambio de aires le viniera bien. Vivir en una parte más relajada de la ciudad… sí, es una buena decisión se mire por donde se mire, se convenció.

-Veo que has decidido venderla, ¿sabes a dónde irás? –pregunto él en lo que Bryony entendió en un tono de emoción.

-Si me dejas, me gustaría quedarme en tu casa hasta que encuentre algo y a alguien que quiera el piso. –Si bien no le hacía gracias ver a Zayn con otras chicas, menos gracias le hacía gastarse sus escasos ahorros en un hotel.

-Por supuesto que sí, y sabes de sobra que no hace falta que busques un piso –su insistencia por irse a vivir con él indefinidamente le molestaba un poco, ¿acaso quería que viera con sus propios ojos la influencia que tenía en las mujeres?

-Lo iremos viendo, ¿a qué hora vienes?

-Trataré de tardar lo menos posible, nos vemos en un rato.

Colgó el teléfono y se quedó observando la pantalla. Necesitaba urgentemente una distracción hasta que su amigo viniera, porque si no corría el riesgo de tirarse por la ventana. No se atrevía a sacar las cajas y guardar las cosas de su abuela ella sola. Entonces algo acudió a su mente. Se vestiría con el viejo jersey de lana blanco de Florence. Cuando era una niña, su abuela para llegar a fin de mes trabajaba por las noches en un bar algunos días por semana y dejaba a Bryony con una niñera. La niña solía tener pesadillas en esa época por la reciente muerte de sus padres. La señora, para evitar esos episodios de terror le dijo a su nieta que se metiera dentro del jersey, impregnado en su olor a lavanda, cerrara los ojos e imaginara que la estaba abrazando. Tal vez,  ese suave contacto la calmara en esos momentos.

Sin detenerse a pensarlo se levantó y caminó hacia la habitación de su abuela. Una vez dentro trató de no fijarse mucho en todo lo que allí había, esa habitación era la que más recuerdos portaba. Cogió el taburete de madera y del estante más alto del armario saco la prenda bien doblada. Una vez en el suelo se sentó en la cama y lo desdobló con cuidado. Para la sorpresa de Bryony dentro había un sobre blanco con su nombre escrito con la inconfundible letra de Florence. Su corazón comenzó a palpitar dentro de su cuerpo desenfrenadamente. Se echó hacia atrás para poder cruzar las piernas sobre la cama y con manos temblorosas abrió el sobre. Desdobló la hoja con cuidado y con una mezcla de sensaciones se decidió a leer. En la cabecera del folio estaban escritos con letra grande una serie de dígitos. Y después, comenzaba a hablar su abuela:

"Para mi querida y hermosa nieta:

Te escribo para darte mi último regalo y mi último consejo, dos cosas que espero que te cambien la vida radicalmente. Pero antes de nada, un pequeño paréntesis, como esos que solían hacer en las escenas de alta tensión de las películas que veíamos los domingos, ¿lo recuerdas?... deseo que sigas con nuestro ritual aunque yo no esté.

Antes de guardar la carta en el jersey pasé un día entero pensando en el escondite perfecto para ella, temía que la encontraras antes de que muriera. Supe que este era el lugar idóneo porque sabía que acudirías a la prenda buscando uno de mis abrazos. Siempre fuiste una niña asustada, con el espíritu más valiente que he conocido. He tratado de criarte ajena a todas las maldades del mundo, creo que lo hice bien, porque te has convertido en una mujer decidida, sincera y atrevida, cualidades que si se emplean bien te harán llegar a lugares que el resto del mundo no se atreve a imaginar. Solo te falta usar ese valor y perderle miedo a vivir.

Te estarás preguntando que son los dígitos que hay escritos arriba. Bueno, esos números son tu pasaporte a una vida mejor. Cuando tus padres murieron te dejaron una herencia y yo he ido aportando durante estos años todo lo que he podido. Sí hija, has pasado de una dura lucha para llegar a fin de mes a ser millonaria, ¿de verdad pensabas que te dejaríamos así sin más?

No tendrás problemas en el banco, el señor Collins conocía mis deseos, te entregará la tarjeta de crédito en cuanto acudas a buscarla. Solo has de decir tu nombre y enseñarle la pulsera de oro de cuando eras una niña.

Y después de ello, quiero que cumplas mi última voluntad.

Has pasado la mayoría de tu vida estudiando, trabajando y soportando las puñaladas traperas de la gente. Este mundo te está contaminando poco a poco las malas energías. Por eso quiero que cojas el dinero y huyas de esta ciudad enferma. Recorre el mundo, conoce gente, culturas y aprende el verdadero sentido de vivir. Necesito que a partir de ahora, vivas tu vida sin rendirle cuentas a nadie. Porque tú, mi adorada niña, no viniste al mundo a sufrir, sino a ser feliz. Y sé que tu felicidad solo empezará cuando huyas de este lugar.  

No merece la pena que te compadezcas de mí, he dejado de ser una esclava del trabajo  y de la
maldad de las personas. Estaré bien, en donde quiera que me encuentre.

Y antes de irte, te obligo a que hagas una cosa. Dile a ese encantador muchacho todo lo que sientes por él, merece la pena gastar un par de segundos en confesarle tu amor a Zayn. Tienes que perderle el miedo a la vida, Bryony. Di lo que te plazca, siente lo que te plazca y nunca ocultes tus sentimientos. ¿Qué es lo peor que te puede pasar si te rechaza?, nada. Porque si lo hace significará que hay otra persona en el mundo destinada para ti. De verdad, espero que uses ese espíritu valiente que tienes escondido y te lances a la piscina.

Siempre estaré a tu lado, mi niña querida. Y si alguna vez me echas de menos, eleva la vista y yo seré el trozo de cielo que veas en ese momento. Te quiero."


Tras la última palabra, las lágrimas cayeron sobre el papel haciendo que la tinta se corriera. Por supuesto que su abuela no se iría así sin más. Bryony se encontraba en un dulce estado de shock. Florence le estaba dando la oportunidad de vivir la vida como quisiera. Ya no debería vivir para sobrevivir, sino para disfrutar. ¡Por Dios, era asquerosamente rica!

Se puso el jersey sobre la camiseta de tirantes blanca, así su abuela la acompañaría.

Rápidamente fue a su habitación y de debajo de la cama sacó su maleta. La puso encima de la cama, la abrió y empezó a echar montones de ropa. Haría caso a su abuela, perdería el miedo a vivir y a partir de ese momento sería como ella quisiera.

Y la mejor forma de empezar era confesando a Zayn que llevaba loco por él tanto tiempo como se conocían. Le pediría que se marchara con ella, que huyeran juntos. Era una idea descabellada, tal vez él se riera de ella, pero la vida se basaba en locuras. Y deseaba con todas sus fuerzas que Zayn formara parte de su nueva locura.

Los minutos comenzaron a pasar con una tortuosa lentitud. En su interior sentía que se avecinaba tormenta y lo que más le aquejaba era la calma que precedía a ese hecho. Para evitar tirarse por la ventana comenzó a prepararlo todo. Dejó la maleta al lado del sofá y se fue en busca del pasaporte en blanco. Se emocionó como una niña pequeña al pensar en todos los sitios que visitaría. Tal vez encontrara inspiración para escribir. Había tantos tal vez que le gustaría convertir en realidad y en todos ellos se imaginaba a Zayn al lado. Se sentó a esperar y poco después sonó el telefonillo. Corrió a abrir y dejó la puerta entornada.

Sus piernas se habían convertido en mantequilla y las manos le sudaban de una forma descomunal. Este es tu momento, date una oportunidad, saca ese espíritu valiente que tu abuela dice que posees. Escuchó el sonido de unos pasos y al verle entrar con su radiante sonrisa su corazón dio una voltereta lateral. Vestía con ropa oscura que acentuaba aún más sus preciosos ojos. Le dedicó una sonrisa que acto seguido se esfumó al ver la enorme maleta.

-¿Y eso? –preguntó sentándose en la mesilla de madera, frente a Bryony.

La chica decidió empezar por lo más sencillo de contar. Poco a poco, todo sería más fácil, trataba de convencerse a sí misma.

-Me marcho –dijo simplemente, con uno enorme nudo en la garganta, era como si sus cuerdas vocales estuvieran agarradas con una goma del pelo, impidiendo hablar claro.

-¿Cómo qué te vas,  a dónde te vas? –preguntó con tono de alarma el chico.

-Pues había pensado en empezar por Roma, sabes que siempre me ha gustado…

-¡Te vas de la ciudad, pero no te mudabas conmigo!

En pánico comenzó a dominar el cuerpo de Zayn. Ella no podía irse y dejarle allí, simplemente no podía.

-Tengo una herencia de millones de libras, soy asquerosamente rica.

Bryony apretaba sus manos y miraba a Zayn con los ojos empequeñecidos. Tenía que decírselo de una vez, ¡díselo de una vez!, se gritaba a sí misma.

-Ser rica no te obliga a irte de la ciudad –su miedo a perderla se había transforma en enfado, hacía sí mismo, por no atreverse a decir todo lo que sentía.

-No me voy por ser rica. Lo hago por mi abuela y por mí… -tomó aire tres veces, ese era el momento, el espíritu valiente era liberado por fin –Pero antes tengo que hacer una cosa, bueno, más bien decir una cosa. –Zayn la miraba atentamente, y por alguna razón, perdió cualquier miedo que hasta entonces había tenido –Me gustas… no de la forma que te gusta un amigo, sino como algo más. Me gustas siempre, cuando estás enfadado, cuando sonríes. Me gustas desde todas las perspectivas que sea posible mirarte y…

Antes de que tuviera la oportunidad de exponer por completo sus sentimientos. Los labios de Zayn la hicieron callar. Primero fue un contacto suave, de reconocimiento. Se miraron a los ojos por unos instantes y está vez fue Bryony quien se lanzó a sus labios. Eran como las imperfectas piezas de un puzle, sus lenguas encajaban la una con la otra como si ninguna de ellas estuviera hecha para nadie más. Ninguno de los dos cabía en su cuerpo de felicidad al comprobar que el otro sentía lo mismo. Si tenían algo que reprocharse, eran esos tres años de miedo a exponer sus sentimientos. Florence tenía razón; la vida va demasiado deprisa como para pararse un solo segundo a esperar.

Minutos después se separaron a regañadientes, aunque solo lo suficiente para poder hablar. Sus frentes seguían unidas y Zayn frotó con delicadeza su nariz sobre la de la chica. Ninguno abrió los ojos, queriendo disfrutar de ese momento.

-Huye conmigo –susurró Bryony con la respiración agitada –Ven a vivir a mi lado, lejos de todo el mundo.

Zayn pensé que se la había parado el corazón momentáneamente. ¿Irse con ella, dejar toda su vida de lado así de un día para otro? Abrió los ojos y se vio reflejado en los suyos marrones. Sí… merecía la pena dejar todo por ella.

-Sí –aceptó volviendo a unir sus labios, como si se tratara de una sello –Me voy contigo a donde sea, de la forma que sea. Solo me importa estar a tu lado.

Y así se marcharon lejos de las ataduras a las que les tenía atados la sociedad. Juntos, como llevaban tanto tiempo deseando. Dejando a todo el mundo con la boca abierta, tachados como locos. Una decisión precipitada. Pero la vida era una montaña rusa, y ellos se encontraban en la primera fila del vagón a puntos de ser lanzados hacia un nuevo capítulo de su vida, un capítulo mejor. Y todo gracias a una mujer, la valiente y especial Florence Relish.
¡Ficha aceptada!


Escribes tan hermoso, tan perfecto, tan todo. me dejaste sin palabras, enserio. ¡Suerte, ya estás audicionando!
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Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 12:54 pm

Angel Of Darkness escribió:
homer simpson:
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Mandy White.


» Nombre completo: Amanda Louise García White
» Pareja: Louis Tomlinson.
» Representante: Lucy Hale.
» Escrito de vuestra autoría:

Prólogo | A Different Story:

Prólogo.


El amor. Una palabra aparentemente fácil pero, ¿qué me decís de las historias de amor? Sí. Esas que duran un período de tiempo el cual se les hace corto o largo a sus protagonistas pero que normalmente suelen tener el mismo final: triste. Siempre una de las dos partes -o de las tres- sale dañada. Esa parte “dañada” es un corazón que tardará en reponerse, un corazón que suele pertenecerle a una mujer, aunque no siempre es así.

Hace cinco años, siete chicos que aparentemente no tenían nada en común, compartieron un mismo sentimiento: la tristeza. La tristeza de que te rompa el corazón la persona de la cual te has enamorado, la persona en la que confiabas y la persona a la que veías como un ángel caído del cielo al cual no se le veían las alas negras que portaba.

— ¿Por qué me haces esto? ¡Yo te amo, y tú también a mí! — Exclamó él con ojos vidriosos.
— Yo no te amo, nunca te he amado y nunca te amaré. — Dijo ella fríamente abandonando el lugar y dejando al chico desolado.

¿Qué necesidad tenía ella de romperle el corazón? ¿Qué necesidad tenía de hacerle sentir como una mierda por enamorarse de la persona incorrecta? ¡Maldito Cúpido! Ya podría pasarse las flechas por donde pudiese…

Pero como dije antes, Cúpido era bastante… Fastidioso por decirlo de una manera fina y hacía con las flechas y los corazones lo que le daba en gana.

Yo creo que se encontraba él un día sentado en alguna nube contemplando la ciudad y pensando «¿Qué pasaría con aquellas chicas que rompieron los corazones de sus novios? ¿Y con ellos? ¿Por qué no juego un rato y les clavo unas flechas? ¡Pero esta vez a todos!»

Y así fue -digo yo-  como estas catorce personas volvieron a encontrarte después de cinco largos años.

¡Pero las cosas han cambiado! Ellos ya no son tan ilusos ni tiernos; ni ellas tan hipócritas y frías. No todo el mundo merece una segunda oportunidad, aunque ellas estén dispuestas a conseguirla, a enamorarse, esta vez los chicos no lo tendrán tan claro como hace cinco años.

Como ya adelanta el título, esta es una historia diferente. Esta vez, los primeros en sufrir fueron ellos, aunque quizás ya llegó la hora de las chicas. ¡Tarde o temprano nos toca sufrir!

¿Estás dispuesto a conocer la historia de estas siete parejas?
Capítulo 3 | Fuckin' Perfect:
Capítulo 03.


─ ¡Adiós, señor McGire! – Exclamó Angie con una sonrisa mientras iba comiendo sus chuches de colores.
─ ¡Adiós, chica gominola!
Así la conocían en su barrio. Siempre que paseaba las mañanas de los  días festivos, la acompañaba una pequeña bolsa rosa llena de pequeñas bolitas de gominolas de colores. Eran sus favoritas, y estaban llenas de droga, la cual era diferente dependiendo el color exterior de la chuche escogida.
Aparentemente podía parecer una niña bien y pija, tonta y distraída, aunque eso era a causa de los mágicos polvos. Por la noche era diferente.
Angie llegó al estudio que compartía con Jennifer, su compañera de hazañas. Des de que sus padres descubrieron lo que realmente hacía su preciosa hija, le ofrecieron cambiar o se marcharía de casa, y directamente eligió lo segundo.
─ ¿Conseguiste más ropa? – Preguntó la morena a su pelirroja amiga obteniendo una respuesta afirmativa de su parte. La ropa la cogían de los contenedores que había detrás de la Iglesia.
Llegadas las diez de la noche, Angie cambió sus ropas por otras más oscuras, los botines marrones por unos negros, y sus chuches por una botella de vodka rumbo a la mejor –y más lejana- discoteca de la ciudad donde la conocían como Angel, Angel White.
Se acabó la botella a mitad de camino, y a duras penas llegó a la disco donde el guardia la dejó pasar pese a no cumplir la edad permitida.
Entró y fue directa a la barra donde se puso a charlar con el camarero, Mark, quien la conocía des de corta edad.
Angel dejó de prestarle atención cuando un chico, muy diferente de los que por aquí vagaban, se acercó a la barra para pedir dos chupitos, vodka y una Coca-Cola. «Qué raro…» Pensó Angie.
Casi nunca nadie pedía nada que no fuese alcohol, cosa que también extrañó a Mark pero a ese chico no pareció importarle.
El desconocido hizo una especie de seña a sus amigos mientras él le daba un trago a la Coca-Cola que había pedido. Angie empezó a caminar para dirigirse a los servicios chocándose con él en el camino.
─ Perdón... – Dijo ella visiblemente borracha obteniendo una mirada aparentemente de desaprobación por parte del chico.
La chica siguió caminando hacía el servicio y él empezó a seguirla. Al salir, encontró al chico enfrente.
─ Hola, chico-cola, ¿me acompañas a por un poco de vodka? – Dijo ella casi sin sostenerse sola.
─ No, claro que no. Donde te acompañaré será a tu casa. ¿Te acuerdas de tu dirección? – Preguntó aunque ya se imaginaba la respuesta.
─ ¡Pff…! ¡Ni siquiera me acuerdo de mi nombre! Creo que empezaba por “A”. ¿O era por “N”?...
– Angel soltó una pequeña risa e hizo un amago de caerse pero él la agarró a tiempo. Con la chica apoyada en su hombro, se dirigió hacia la barra para haber si conseguía algo de información del camarero acerca de la chica.
─ Se llama Angel White, vive a dos manzanas de la iglesia del pueblo, enfrente de un estanco. – Le contestó. «Mierda, eso está bastante lejos.»
Le pidió el coche a su mejor amigo, Jordan y le dijo que era una conocida, lo cual le extrañó puesto que des de hace tres años no se relacionaba con gente que se alcoholizara demasiado. Cuando superó su problema se prometió a si mismo que nunca volvería a beber, y llevaba treinta y seis meses seco.
Angie se pasó todo el camino haciendo preguntas que él no contestaba, y mirando por la ventana contemplando las calles vacías. Al llegar, ayudó a Angie salir del coche.
─ No necesito ayuda, estoy borracha no paralítica. – Contestó seria aunque seguidamente se puso a reír.
Ella picó al timbre, y nadie abrió. El castaño observó como una chica pelirroja se asomaba pero no se acercaba a la puerta.
─ Mierda. Estará con Mike. – Dijo sentándose en el escalón e intentando encontrar una mejor posición. ─ Tendré que esperar aquí hasta que se vaya…
Era una auténtica desconocida pero tampoco iba a dejar que se quedase sola aguantando el frío de las heladas calles de esa ciudad inglesa.
─ Vamos, te vienes conmigo. – Le dijo no del todo convencido.
─ Pero ni siquiera sé tu nombre. – Habló Angie mirándole con los ojos entrecerrados.
─ ¿Para qué decírtelo si mañana no te acordarás? – Preguntó irónico pero ella seguía mirándole.  ─ Liam, me llamo Liam. Ahora vamos a mi casa.
Aish… Si es que soy atractiva hasta borracha. – Exclamó ella y seguidamente cayó en los brazos de Morfeo.
¡Ficha aceptada!


jskjks tu ficha está hermosa, hermosa, hermosa me encanta, enserio. pero, no sabía que homero era tan hermoso XD jskjsk
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Mensaje por Brooks. el Mar 03 Dic 2013, 12:57 pm

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» Nombre completo: Jodie Williams.
» Pareja: Liam Payne.
» Representante: Shailene Woodley.
» Escrito de vuestra autoría:  

Capítulo:

Un nuevo día más y yo aún seguía acostada envuelta entre mis cobijas. Tome mi iPhone del mueble que está al lado de mi cama para revisar si no tenía novedades. Un recordatorio deslumbró la pantalla de este: Shopping con Britt. Tuve que poner eso en recordatorios porque suelo ser muy olvidadiza.
Brittney  O’Connor era mi mejor amiga desde siempre; nos conocimos gracias a nuestros padres ya que ellos son muy buenos amigos.
Rápidamente me levanté y me metí a la bañera, tenía pensado darme una ducha relajante de burbujas en la tina pero no tenía tiempo para eso, me había levantado demasiado tarde.
Envuelta en mi bata de seda rosa me dirigí a mi armario para buscar algo presentable para la ocasión. Obvio no tenía ropa pasada de moda ni de esas cosas que compran en las rebajas, por dios, que naco. Me decidí por una blusa de manga larga blanca y un short azul con encaje, sólo para terminar mi atuendo agregué unas cuantas pulseras y un bolso que combinaba perfectamente con mi vestimenta, por supuesto, no podían faltar mis tacones beige.  
Llegué a la cocina y tomé una manzana del refrigerador para comérmela en el camino. Agradecí a Dios que mis padres no se encontraran si no me hubieran obligado a quedarme a desayunar con ellos porque según eso “nos une más”.


{…}


Al llegar bajé de mi limusina y a lo lejos divisé a Britt. Espero no haberla hecho esperar mucho, ella siempre era muy puntual y solía ser estricta con eso.
Nos saludamos con dos besos al aire y nos pusimos en marcha para cumplir nuestro objetivo: comprar.  
Algunos hubieran pensado que nos excedimos con nuestras compras, pero no; sólo compramos lo necesario.
Queríamos seguir comprando sin embargo todas las bolsas que cargábamos impedían que siguiéramos caminando así que decidimos que ya era hora de regresar a casa.
En cuanto entré a mi hogar me despojé de mis tacones. Joder, me dolían horrible los pies. Me encaminé a mi habitación y ordené que subieran todas las bolsas.  
Me acosté y me puse a pensar.
Esta noche tendríamos una cena con la familia de Britt y al parecer sería muy importante porque nada más hacían esas cenas cuando querían hablar sobre el dinero —que por obviedad eran súper aburridas— o tal vez tenían algo importante que decirnos pero ¿qué será?


{…}


Estaba intrigada por saber qué era lo que nos anunciarían a Brittney y a mí.
Para ir a la cena me puse una blusa negra con un saco rosa para combinar y una falda con rayas, aunque todavía me dolían los pies por la caminata de la tarde no dudé en ponerme unos tacones negros para terminar el conjunto perfecto.
Cuando llegamos a la mansión O’Connor nos recibió Britt, nos saludamos como siempre y nos encaminamos al jardín.

— Siempre la misma charla sobre el dinero. — Dije frustrada. Odiaba estas charlas.
— Por suerte el mío hoy no me ha dicho nada, pero me da la sensación de que esta cena no será simplemente una cena entre amigos. — Me respondió, pero en vez de aclararme algo, su comentario me dejó más ansiosa por saber que era tan importante saber.

Nos sirvieron el primer plato y nuestros padres empezaron a hablar sobre cosas a las que no puse atención porque no me interesaban. Britt estaba igual o más aburrida así que sacamos nuestros celulares.

— Brittney, deja el móvil. — Los padres de Britt le llamaron la atención.
— Tu también Jodie. Estamos cenando y es de mala educación. — Me reprendió mi padre. Rodé los ojos y guarde mi iPhone. Por dios, están viendo que estamos aburridas y no nos dejan divertirnos un poco.

Cuando terminamos de comer nuestros padres seguía platicando entre ellos excluyéndonos de la conversación. De repente todas las miradas se centraron en nosotras dos. Ya era tiempo de que se dieran cuenta de nuestra existencia.

— Bueno chicas, esta cena era para comunicarles algo. — Comenzó mi madre y puse toda la atención en la conversación. Esto se iba a poner interesante.
— Ya ha llegado el momento de saber que era. — Prosiguió la madre de Brittney.

Yo estaba ansiosa por saber qué era eso que nos tenían comunicar. En cambio a Britt no se le hacía que iba  ser una buena noticia. Se le notaba en la cara que no le gustaría oír lo que dirían nuestros padres.

— Se irán de viaje. — Anunció mi padre.

Al parecer Britt cambió de parecer, nos volteamos a ver, y las dos estábamos sorprendidas y emocionadas que nos pusimos a gritar.

— ¿A dónde? — Preguntó Britt intrigada. En su voz se podía notar que estaba muy emocionada.
— ¿A París? — Me adelanté antes de que contestaran.
— ¿A Italia? — Interrogó mi amiga.
— ¿A Suecia? — Volví a interrumpir. Estaba muy ansiosa y nuestros padres no decían nada así que continué: — ¿A las Maldivas? — dijimos Britt y yo al unísono. Vaya aparte de ser mejores amigas estamos conectadas, pensamos lo mismo.
— No, no. — Intervinieron nuestras madres. Hay no, ahora qué se les ocurrirá. Apenas cuando iba todo tan bien.
— Se irán a un sitio muy lejos, apartado de todo esto, de la ciudad. — No puede ser. — Se irán al campo. — Concluyó el padre de Britt.
Nuestras caras se desfiguraron y gritamos con horror: — ¡¿Qué?!
— Sí. Creemos que es lo mejor. — Habló mi padre.
— ¿Lo mejor para quién? — Interrumpió Britt. — Yo no me quiero ir al campo. Ahí hay bichos y… buah — Hizo una cara de asco sacando la lengua como si de verdad ya estuviera allí.
— Se van a ir y se acabó. — Dijo mi padre con firmeza.

Todos nos levantamos de la mesa y nos dirigimos al salón. Brittney y yo totalmente enojadas.

— No nos pueden hacer esto. — Supliqué.
— Sí podemos y lo vamos hacer, es por su bien. Están muy cambiadas y no parecen las chicas que eran antes. — Otra vez habló mi padre.

Nuestras madres no habían dicho ni una palabra desde que estábamos en el jardín. Al parecer ellas no estaban de acuerdo con nuestros padres. Después de un silencio sepulcral mis padres decidieron que era tiempo de regresar a casa.

En el camino no dije nada, estaba muy molesta como para razonar lo que decía y no quería arruinar más las cosas. Estaba tan frustrada que mis ojos se humedecieron y empezaron a correr las lágrimas por mis mejillas.
Cuando llegamos me dirigí corriendo a mi cuarto y di un portazo para que se enteraran que estaba furiosa por la decisión que acababan de tomar.

— Jodie, mañana te vas. Tus maletas ya están hechas, los boletos comprados. Ya no hay vuelta atrás. — Escuché por el otro lado la voz de mi padre.


{…}


Me levanté muy temprano para no perder el vuelo, aunque fuera lo que más quería en estos momentos, tenía que obedecer.
Bajé y mis padres se encontraban ya en el living, esperándome.

— ¿Están seguros de esto? — Pregunté con los ojos llorosos esperando que se arrepintieran.
— Sí, ahora sube, si no perderás tu vuelo. — Contestó mi padre sin mirarme, él sabía que si hacía eso se podía arrepentir.
Mi madre no dijo nada, sólo agachó la cabeza. Ella no estaba de acuerdo en esto.

Llegamos al aeropuerto y tuvimos que esperar que llegara la familia O’Connor. Cuando  llegó Britt vi que tenía la misma cara que yo. Nos hablaron para nuestro vuelo y abordamos.

— ¡Cuídense! — Gritaron nuestros padres al unísono.

Nos tocó juntas. Ella aprovechó las cuatro horas en el avión para dormir, en cambio yo no pude ni cerrar los ojos.
Estábamos a punto de aterrizar y Britt seguía dormida por lo que la tuve que zarandear hasta que ella abriera los ojos.

— Ya vamos a aterrizar, ponte el cinturón.
Asintió y se lo puso.

Cuando bajamos del avión se me ocurrió la idea de salir corriendo, al parecer a Britt igual. Pero como nuestros padres ya nos conocían contrataron a unos guardaespaldas.
A lo lejos vimos un letrero que decía “Señoritas O’Connor y Smith”. Nos dirigimos hacía el señor que llevaba el cartel y nos llevó a su coche. Hice cara de asco al subir. Desde aquí ya empezaba la pesadilla. Los guardaespaldas no se subieron pues ellos ya habían cumplido su misión de no escaparnos.


{...}


Fue muy largo el camino y lo único que se podía ver desde la ventana era puro pastizal, la verdad se veía hermoso pero no lo admitiría. Llegamos a una casa en medio de la nada.

— Dios, pero ¿qué es esto? — Preguntó Britt viendo todo su alrededor.

El coche se fue dejándonos solas y confundidas. Como vi que Brittney estaba estática en su lugar me acerqué a la puerta y toqué, nadie abrió. Volví a insistir, esta vez duré un poco más y ahora sí abrió un joven en boxers. Joder, ese tipo sí que era sexy, en especial sus ojos verdes y sus rulos destacaban. Hay dios, ya ni sé que estoy pensando. Al parecer no tiene modales, ¿cómo se le ocurre recibirnos así?

— ¿Quién es? — habló a un rubio muy apuesto asomándose por las escaleras.
— Por sus pintas deduzco que unas de las princesitas que tenían que venir — Respondió el rizado. A parte de que no tiene modales, también es un grosero.

Britt iba a responderle pero  me di cuenta antes de que hiciera una locura y le di un codazo en la costilla para que no hiciera nada e hicimos unas falsas sonrisas.
Se hizo a un lado para dejarnos pasar.

— Disculpa, ¿nos podrían ayudar con las maletas? Es que son muy pesadas. — Hablé tratando de sonar lo más amable posible. Britt me miró como preguntándome que estaba haciendo pero le hice un ademán para que me dejara seguir actuando.
— Lo siento, no somos sus sirvientes, ustedes pueden hacerlo por sí mismas. — Habló el rubio. — Para eso tienen manos y pies, ¿no?

Y eso fue la gota que derramó el vaso.

— ¡NO CREES QUE SI PUDIERA HACERLO NO TE PEDIRÍA AYUDA, IMBÉCIL!
— Hey tranquila princesita. — Levantó las manos haciendo como si no tuviera la culpa. — Ya sacaste la fiera que tienes dentro. — dijo burlón, y junto con él varios muchachos que también se encontraban se empezaron a reír a carcajadas.

Lo único que hice, como todas las veces que me hacen enojar y no sé qué responder, fue… llorar. Mis ojos se cristalizaron y traté de que se me salieran las lágrimas.

— ¿Dónde está nuestra habitación? — pregunté con la voz entrecortada y con la mirada puesta en el suelo. Ya se había esfumado toda la valentía que tenía cuando había llegado.
Las risas cesaron.
— Es el primer cuarto a la derecha de la segunda planta. — Contestó un castaño de ojos azulados.
— Gracias. — Susurré y me dirigí a la habitación. Mientras las lágrimas se empezaron a escapar de mis ojos.

Britt seguía anonadada y petrificada en su lugar, nunca me había visto perder la paciencia hasta el día de hoy.
Le di un jalón para que me siguiera y ella se adelantó.
Cuando llegué hasta la segunda planta sentí pasos detrás de mí pero no me interesaban, lo único que quería hacer era llorar, ahora había sido el peor día de mi vida.
En un dos por tres estaba el rubio acorralándome a la pared.

— ¡Suéltame! — grité y forcejee para que me soltara, él no se inmutó y siguió en su posición. — No crees que ya fui humillada lo suficiente allá abajo.
Me tapó la boca y comenzó hablar: — Mira, discúlpame, no fue mi intención. Suelo actuar sin pensarlo.
Me sorprendí que tuviera las agallas de pedir perdón.
— Que te parece si comenzamos de nuevo. — Me soltó y continuó: — Me llamo Niall Horan.
Me extendió su mano, dude un poco en tomarla pero al final la estreché.
— Yo me llamo Jodie Smith.
— Mucho gusto conocerla, señorita Smith. — Besó mi mano, me sorprendí con ese gesto y me sonrojé. La soltó y me miró a los ojos. Y si antes estaba rojita ahora parecía un jitomate.
— Que linda te vez sonrojada. — Acuno mi rostro con sus dos manos y se fue acercando lentamente. Si su intención era besarme no estaba dispuesta a rechazarlo.
— Hey Jo, ya viste que mi conjunto se… — Salió Britt de la habitación con su ropa en la mano, en cuanto nos vio se quedó estática y yo me separé inmediatamente de Niall. Él sólo sonrió de lado al ver mi rostro totalmente rojo. — Arruinó.

Me metí a la habitación corriendo, jalé a Britt y cerré la puerta.

— ¿Qué mierda fue eso? — Me preguntó.
Me senté en el suelto y después de varios minutos al fin contesté: — No lo sé.
¡Ficha aceptada!


Me encantó, jskjks Niall es tan jskjks Britt interrumpió, maldita sea. jskjsk escribes hermoso, linda. ¡Suerte, ya estás audicionando!
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Re: back to december. {audiciones cerradas} resultados.

Mensaje por hypatia. el Mar 03 Dic 2013, 1:01 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:JAJAJA el troll :plz:eso es que es hermoso (?)
jksjks Kathe, plz. (?) yo tengo catorce soy una niñita aún :nah:no crezco nunca :nah:aaand soy de Francia pero estoy viviendo en España .___. Y para los resultados, bueeeeno, tengo previsto cerrarlas el veintiuno o quizá más pronto (?)
Ahora sí que sí, soy una vieja... no me gusta esto de crecer.
Ohh entonces eres como yo, made in otropaís xD, eso ha sonado ridículo. En fin, gracias por aceptar mi fisi  me alegra que te gustara.
Estaré al pendiente de los resultados y crearé spam xD.
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