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WOLVES (Jos Canela x Atl Garza)

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WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Empty WOLVES (Jos Canela x Atl Garza)

Mensaje por Mike Gallagherry Lun 22 Nov 2021, 10:22 am


Ficha de la serie


• Titulo: Wolves
• Autor: El Chico de las Estrellas 
• Adaptación: No
• Género: Fanfic
• Contenido: Alto lenguaje.
• Advertencias: Alto lenguaje.
• Otras páginas: Facebook Wattpad Twitter
Las cosas no son como parecen en la vida de Jos Canela y mucho menos de Atl. 
Mike Gallagherry
Mike Gallagherry


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WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Empty PROLOGO

Mensaje por Mike Gallagherry Lun 22 Nov 2021, 10:29 am

WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Img_2023


PROLOGO


Despierto y no encuentro el rumbo en el que estoy viviendo, alzo mi mirada de mis lentes de sol, su suave movimiento al caminar hace mi corazón palpitar igual que gritos de libertad. Sus cabellos oscuros se mecen con el viento dejando a la vista una ligera cicatriz que se esconde debajo de su remera, no puedo ignorar el hecho de que soy igual que una nube, lo puedo ver pero no lo puedo tocar. 
— Ya vámonos — lo asesino de reojo, aunque si se pudiera asesinar con tan sólo tener el deseo, sería ya unos de los asesinos seriales y psicóticos que se emocionan al ver a las personas plañir por su existencia. — ¿Disfrutas la vista? — se acerca, sé que trata realmente de comprender ese estado tan terco que tengo de quererlo — ¿¡Por qué demonios no puede enamorarse de mí?, ¡carajo! — me levanto de la silla de plástico y arrojo el envase a la arena con la estúpida idea de que se haría añicos, arena llueve entre la botella, caminamos por la  escalinata, me gusta imaginar que algún día lo veré de nuevo, junto con su atrapasueño turquesa.
Llegamos al final de la escalinata a donde está el Jeep, camino a la cabina del lado del piloto, Beto se sube del lado de pasajeros, el mejor que nadie me ha llegado a conocer, aunque a veces siento que él solo le dice lo que me pasa a los demás y no me da un consejo siendo Beto, sino que lo da siendo miembro de la banda, enciendo el auto y acelero de regreso a lo que es la carretera. — ¿Algo que me quieras contar? — niego con la mandíbula apretada, cruzamos con gran velocidad el boulevard Miguel Alemán, el sol comienza a morir igual que yo. 
— José, desacelera — me niego a escucharlo, nos acercamos hacía la Diana Cazadora, doy un volantazo a la izquierda, el olor de la bahía junto con su humedad refrescan mi rostro, aprieto más el volante, acelero para tomar de lleno la avenida que nos llevará a la punta del cerro que divide el área de hoteles con el resto de Acapulco. Pongo segunda y acelero un poco más, Alberto se aferra en su asiento, podría ser un descarado e irme por la montaña, la verdad me importa muy poco lo que tenga que decirme, hace mucho que me perdió, solo cuento conmigo y los chicos.
Doy vuelta a la derecha e ingreso al Maxi-túnel, nos detenemos en la caseta de cobro. — Hola — le sonrió a la chica de la caseta, desvió mi mirada por una fracción de segundo a Beto, tiene el ceño fruncido y la cara roja. Abro la guantera que hay entre los dos y saco la tarjeta de mi billetera, se la entrego, casi de inmediato pongo mi vista hacía enfrente, me entrega mi tarjeta. — Gracias — entramos. — Te pasaste de pinche lanza, cabrón — niego, dentro de unas horas estaremos en un avión para después estar en el apartamento. Concentro toda mi atención en el camino, me fascina ver las señalizaciones neones que hay, me recuerda mucho cuando era más pequeño y me llevaban a la cafetería de Coyoacán a comer hamburguesas y malteadas con mis padres. 
El trayecto no dura tanto, recuerdo que antes se me era eterno entrar por este lado pero después me di cuenta que no, que lo que lo hacía eterno era que ponía atención a mi alrededor y no a cuanto faltaba para llegar al final, a lo lejos diviso el final del túnel. La luz del ocaso comienza a bañar los barrios pobres y favelas que hay, salimos del túnel, me orillo a la izquierda para irnos al aeropuerto. Son vacaciones de fin de año, me gustaría estar ahí a tiempo y no dando las campanadas en el avión.
Ir al aeropuerto es sencillo al igual que la flora de la región, es esteparia así que la considero tranquila, recuerdo que por aquí una vez escuche un coyote y un águila, quizá fue un buitre, pero el chiste era que volaba y era gigante, de hecho me gusta venir cuando llueve, es lindo ver llover en zonas como estas. Pero lo que más me gusta es ver las estrellas en este tipo de zonas, realmente increíble.
La llegada al aeropuerto no fue nada fuera de lo usual, solo tuve que verle la cara a Beto un rato antes de escabullirme entre las personas para irme en un vuelo distinto al suyo, realmente cuando esta de ese humor lo detesto, es casi insoportable.
Mike Gallagherry
Mike Gallagherry


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WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Empty Capítulo 1

Mensaje por Mike Gallagherry Vie 17 Dic 2021, 11:45 pm

WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Img_2010

Capítulo 1.


Corrían los fríos y crudos días de Enero sobre la gran cosmopolita Ciudad de México, el invierno dejaba una ligera niebla que descanzaba sobre el valle dejando a los grandes edificios destacar de la gran urbe. El sol comenzaba a salir, zarpazos dorados pintaban el cielo morado, alumbrando la bóveda nocturna.  
Era ya la cuarta ocasión que me levantaba en la madrugada a causa de la maldita alarma del hotel, a veces detestaba tener que  estar continuamente estar sonriendo para que Jos no pensará que todos estábamos  molestos con él, siendo honesto es algo torpe y romántico. Parece que es un niño todavía su maraña de cabello oscuro y su pálida piel lo hacen ver como zombie. — Porquería de alarma, cállate de una buena vez — masculle mientras cubría de nuevo mi cabeza tratando reconciliar el sueño aunque la verdad no sirvió de nada ya que el sueño nunca volvió.
— ¡Alonso! ¿Viste a Jos? — entró Freddy mientras gritaba por la alcoba. Quería extrangularlo con la almohada y después tirar su cuerpo al río. De verdad tengo ganas de dormir y más porque será un día cansado, un día que de verdad no quiero ni que empiece hasta que Enero acabe — No me mires así — alcé una ceja — Ya lo buscamos por todo el piso e incluso en el restaurante y la terraza pero no lo encontramos, además, creo que te escucho mientras hacías Facetime — sentí como si un balde de agua fría cayera de frente, maldita sea, me incorpore. Será un largo día.

Despertaba sobre una cama de pasto y hojas secas, alcé mi mirada al cielo del ocaso, sentía como los últimos rayos de luz galopaban mi rostro mientras el aire jugaba a mi alrededor. En ocasiones me gusta ver como caen las hojas desde los árboles, cerré los ojos de nuevo mientras veía la luz. 
— Veo que de nuevo disfrutas la vista — abrí mis ojos de golpe, su voz rebotaba en la ahora celda, el pasto era un piso frío de mármol, los árboles se habían convertido en cuatro frías paredes blancas, baje mi mirada tenía los grilletes de nuevo, — ¿Por qué lo haces? — susurre mientras tiraba de las cadenas, el encierro era inevitable en mi cabeza, sólo lograba hacerme daño con las cadenas de recuerdos.
Su sonrisa se ensanchó al verme luchar, para él en vano, para mí era una cuestión de liberación. — ¡Déjame en paz!- me lance sobre él, pero la sensación de caída se hizo presente y para cuando me di cuenta estaba en la parte más oscura del bosque. Mientras caía alcé mi vista al firmamento ya oscurecido, la sensación de tranquilidad se evaporaba conforme un dolor agudo aumentaba junto con las ganas de llorar" 
Estaba en el piso de la habitación, fije mi mirada hacía la ventana en donde la Luna se asomaba, el espectro que dejaba estaba lleno de paz, no me volvería a dormir y necesitaba hablarlo con alguien. Me levanté del piso, me acerque a la ventana para dejar que la Luna cubriera mi rostro con un hermoso manto plateado.
Tome mis pantalones para encaminarme hacia el desolado pasillo del hotel, estaba descalzo entonces podía sentir como la alfombra acariciaba mis pies, tenía un suéter exageradamente largo para mí pero era cómodo para dormir al igual que el pantalón que tome, no sé porque estaba sin el. Encontré la habitación de Alonso, gire con cuidado la perilla. — Maldita sea, es como cuidar a un niño. Sabes que odio estar detrás de él — por alguna razón supuse que hablaba de mí, baje mi cabeza arrepentido de haber entrado a la alcoba. 
Seguí caminando para llegar con Freddy o Alan; Freddy dormía con Bryan entonces al tratar de girar la perilla estaba cerrada con llave así que no había razón de tocar así que fui con Alan, me estaba mordiendo las uñas de nuevo, pero esta vez no era por nervios sino por el miedo a la soledad. — ¿Alan? — abrí la puerta y lo encontré con Julieta, su novia, ambos estaban dormidos. He llegado a considerarlos grandes amigos para mí, mañana habrá tiempo
Camine sin rumbo por el Hotel, ya era más allá de la media noche y lo único en lo que podía pensar era en regresar a casa donde solamente mi sombra me acomodaría. Mis padres y hermana están de viaje en Vancouver así que ni para donde arrimarme, baje mi mirada a mis agujetas, desamarradas claro, negué mientras trataba de saber que haría, por accidente pise mis agujetas y para mi mala suerte había un chico frente a mí
— Perdón — solté después de que lo tirara y termináramos en el piso, alcé mi mirada, un chico de cabello oscuro estaba frente a mi, llevaba un atrapasueños turquesa y una cicatriz, un tanto gruesa de color violácea roja. — No te preocupes — asentí. — Nos hemos visto antes, ¿No? — ladee mi cabeza rítmicamente. — Si — baje mi cabeza un poco. — ¿Me quieres acompañar? — me quede callado, no es que me diera miedo, tenía vergüenza, estábamos sentados en el piso, recogí mis pies para amarrar mis agujetas, vi como se levanto, sus botas eran divertidas, tenían estrellas en la suela. — Ven — me tendió la mano, una vez de pie fuimos a su cuarto. 
— ¿Qué hacías vagando por el hotel tan de noche? — Caminábamos por el pasillo, un vaho salió de mi boca al tratar de hablar, metí mis manos en los bolsillos — Tenía pesadillas, suele pasarme muy a menudo pero en esta ocasión se sentía muy real, sentía como si el miedo lo pudiera tocar, el peligro premonitorio de algo — me miró curioso. Bajamos por las escaleras, sentía el frio de estas — Que maleducado soy, me llamo Atl — sonreí de lado — Es un muy bonito nombre — se detuvo en el rellano, — Gracias — me devolvió la sonrisa. 
Llegamos a otro pasillo, sus manos se mecían de una forma despreocupada, arqueo una ceja y se detuvo frente a una puerta blanca. La mía es azul, giro la perilla, entramos junto con el olor a café, era agradable e incluso reconfortante para mí, por unos momentos logró recobrar mi paz, algo que realmente me hacía falta. — ¿Quieres tomar algo mientras hablamos o solo quieres hablar? — me senté en la orilla de la cama. Su mirada era clara, realmente me recordaba al café con leche. — Fue hace mucho tiempo, supongo que solo debería dejarlo ir, ni siquiera sé porque te lo voy a decir — sonreí nerviosamente — Porque me tienes confianza —exhale. 

“Los árboles del vecindario estaban desnudos ante la plomiza luz del cielo, la muerte me susurraba al oído mientras me arropaba más, mi gorro de lana comenzaba a querer volar, deje de abrazarme para enterrar más el gorro. Iba a su casa, supongo que era una costumbre de cada martes, pero esta vez sería distinto. Se lo iba a decir.
Los carros estacionados frente a las casas eran igual que lapidas, de hecho todo este clima sombrío me recordaba mucho a un panteón, la hojarasca se arremolinaba en el asfalto y en mis pies. Llegué a su casa, toque la puerta, junte las puntas de mis zapatos, odiaba ser inseguro y en cierto punto torpe a la hora de hablar, la mayoría piensa que soy la persona más segura e incluso un buen orador pero siendo honesto siempre me desconecto del mundo por lo nervioso que estoy. 
Salió con una jovial sonrisa, esa sonrisa que siempre me encantaba ver cuando nos veíamos en clase o estábamos en los ensayos e incluso cuando íbamos de gira. Nos adentramos a su casa de nuevo, la tibieza de la casa era agradable. Llegamos a su sala de donde estaba una mesita de café frente a una chimenea a gas y un piano a un costado, casi hasta la esquina. — Voy por algo de café — el realmente detesta el sabor real del café así que usa una cucharada por dos de azúcar y un chorrito de leche. Regresó de la cocina con dos tazas, una era chocolate y la otra era su café, siempre servía exageradamente caliente las cosas.
Recuerdo que ese día platicamos casi por dos horas seguidas, ni siquiera recuerdo a qué hora anocheció. — Tengo algo que decirte — se detuvo mientras bajaba su segunda taza, ni siquiera había empezado con esa taza. — ¿Quién te gusta? — mi rostro se sonrojo al máximo, mi corazón se aceleró de gran manera e incluso llegaba a sentir como punzaba todo mi cuerpo. — Tú — su sonrisa se borró, me tomo del cuello de la sudadera para arrojarme contra la mesa, los trozos de cerámica de las tazas se incrustaron en mi espalda, el líquido de ambas se pegó a mi ropa, sentía cómo sudaba sangre.
— ¡Ah! — rugió mi garganta pero fue silenciado por un puñetazo de Alonso, estaba arriba de mí, se levantó de mí para tomarme del cabello, estaba en ese momento de trance, supongo que me golpeo en la sien o fue el miedo de ese momento, realmente me asombro la fuerza que tenía, me arrastraba desde la sala a la planta de arriba de mi cabello — Detente — trataba torpemente con mis manos de soltarme pero me era muy difícil.  
Trataba de hacerlo razonar pero evidentemente no lo logre, trataba de recuperar la movilidad de mis extremidades pero era difícil, cerré los ojos al momento en que se detuvo, escuche abrir la puerta y percibí el olor de la humedad. ¿Qué demonios hago en el baño? — Basta — solte débilmente, miles de pensamientos me acosaban en ese momento, seguía con los ojos cerrados así que no podía ver algo. — Le daremos un buen uso — el vapor acaricio mi rostro. — No es cierto — alcance a susurrar, el calor del agua quemaba mi rostro lentamente, sentí como entraba por mi nariz y mi boca mientras gritaba, burbujas y chapoteos salían de la tina. Buscaba cualquier cosa para defenderme, sentía cómo el agua oscurecía mi visión, con mis manos logre encontrar un objeto de metal, cerré los ojos y lo estampe contra Alonso, me soltó siendo ese momento en el que resbale dentro de la tina.
Salí como pude en medio de chapuzones, aun no recuperaba mi respiración, me trato de matar. Estaba en el piso, no sabía si estaba inconsciente pero lo que si supe fue que era momento para correr, peine mi cabello hacía atrás y aventé el palo de madera aún lado, camine a un costado de él. No observe ningún golpe, corrí escaleras abajo, pero en los últimos escalones resbale por el agua, caí rodando hasta llegar al piso, me levante apoyándome de la pared. Cojeaba un poco pero logré salir de la casa. La lluvia arreciaba contra las casas, relámpagos caían uno tras otro creando venas de oro en el cielo, resbale de nuevo en el piso pero esta vez escuche el crujir de mi tobillo, el chapoteo de las gotas en los charcos empapo mi rostro.
— ¡José! — un rugido se escuchó dentro de la casa, giré hacía debajo de un carro,  me tapé la boca con mis manos, escuche su puerta abrirse y cerrarse. Giré mi rostro hacia donde oía las pisadas, vi sus converse. — ¡Maldita sea! — pateo el carro, escuche un tintineo y una puerta cerrarse. Rodé fuera del auto, trate de levantarme apoyado del pie bueno, me puse la capucha de mi sudadera, comencé a cojear de regreso a casa, más bien arrastraba mi pie, dolia pero no tanto como si lo pusiera bien. 
Las luces de la calle me ayudaban un poco para ubicarme, me apoye contra un poste de alumbrado, realmente estaba agotado pero me faltaba poco para llegar a casa de nuevo. Como era costumbre mis padres no estaban al igual que mi hermana, ellos por trabajo y mi hermana por su especialización como médica, a veces no llega a casa y se queda con una de sus amigas en su departamento. Me solté del poste para seguir caminando, si es que se le podía llamar así. 
Llegue a la puerta de casa, introduje la llave y empuje la puerta, caí de bruces al piso, me arrastre hasta estar dentro completamente, patee la puerta como pude para cerrarla, hice la misma acción que hice todo el trayecto para levantarme, jale mi pierna hasta llegar a las escaleras, inhale sonoramente, me senté en las escaleras, arremangue mi sudadera y comencé a subirlas así, sentado y con ayuda de mis brazos. Podía sentir la cerámica moverse e incluso soltarse de mi espalda. Llegue al descanso, me levante con ayuda del barandal. 
Entre a mi cuarto, ya estaba cerca del baño. De cierta manera eso me alentó, al llegar al baño me senté en la taza, me quite las botas con cuidado junto con los calcétines, pude ver mi tobillo hinchado, tenía una bola en vez de tobillo, se estaba poniendo de un rojo intenso. Me quite toda la ropa con cuidado, abrí la llave y espere a que se templara el agua y me metí a bañar. El agua eliminaba los rastros de la pegajosa nata. 
Un ardor me invadió toda la espalda, me sostuve de las llaves y recargue mi cabeza, lentamente abrí los ojos, el agua salía roja, comencé a llorar del coraje y desesperación, giré mi cabeza lentamente a mi playera, estaba manchada de sangre y nata, mi respiración se aceleró. Con cuidado me agache y pude verlo, no era nata lo que estaba pegado a la camisa, era un pedazo de piel lo que estaba en ella. — José, ¿Todo está en orden? — trate de hablar pero no pude, estaba del otro lado mi hermana. — No — susurre, pero supongo que ella lo escucho bien, giro la manija de la puerta. — Dios — salió del baño pero regreso al poco rato con una toalla y una sábana azul. 
Me ayudo a enrollar la toalla en mi cintura. — ¿Puedes sentarte? — asentí. — Bien, tendrás que ayudarme con esto, ¿Has visto como levantan a una persona de la silla de ruedas? — asentí de nuevo. — Bien, haremos lo mismo pero por favor. Si sientes que te vas a resbalar avísame, ¿Okay? — volví a asentir, no es que no pudiera hablar, pero sabía que si abria la boca volvería a llorar. — Una, dos, Tres — puso sus manos en mis axilas y me levanto, sabía que no me aguantaría por sí sola, así que me apoye del empuje hacia ella lo suficiente para que no me cargara de lleno. Me gire con cuidado y pase uno de mis brazos sobre su cuello — Bien — arrastre mi pie al caminar de nuevo. Al estar frente a la cama nos sentamos, ella se levantó y yo solo me gire con cuidado para poder estar boca abajo. — José, ¿Qué paso? — 
Antes de que pudiera contestar salió del cuarto, la escuche llegar de nuevo pero esta vez arrastraba algo pesado. — Ves, si ocupo tus regalos de navidad — era una maleta médica. Prendió las luces del cuarto, cerró los ojos por instinto. — Necesitaré que te relajes, voy a sacar la lasca de tu espalda — asentí. Una a una las fue quitando, unas dolían más que otras, unas eran más largas que otras pero sin duda, las que dolieron más fueron en donde me faltaba piel. — Esto es una quemadura de segundo grado, la lluvia te ayudo pero no lo suficiente, voy a colocar gasas y encima de estas compresas frías — abrió un paquete de gasas, me preparé mentalmente. — Resiste — su voz resonó en la habitación, el contacto de la tela en mis heridas, me hacían maldecir hacía dentro. — ¡Puta madre! — solté cuando unas gotas de agua cayeron en donde el área de la quemadura. — No puedo aplicarte nada ahí, existe el riesgo de irritación — eso significaba que existía la posibilidad de tener que ir a urgencias. 
— Ahora iremos con tu tobillo — tomo la sabana azul y la dejo caer sobre mí. — No queda de otra, hermano. Tendremos que ir al hospital para ver la gravedad de tu fractura — baje la mirada, si tendríamos que ir después de todo. — ¿Qué sucedió? — exhale profundamente. Ella sabía el rollo que tenía con Alonso así que cuando le dije lo que sucedió se limitó a besarme en algún punto de mi cabeza, acarició mi cabello. — Vámonos — se levantó de aun lado mío, me arrojo una muda de ropa que fuera fácil de quitarme. Salió del cuarto para que me vistiera, me gire con cuidado tirando las compresas y una que otra gasa, era mi tobillo derecho el que estaba fracturado. Exhale, sabía que estaba emputada pero que dejaría que yo tomará el asunto en mis manos y si veía que iba a caerme de nuevo intervendría.
— Termine — dije, entró, la luz dejo verla bien, tenía los ojos cansados pero aun así seguía de pie. Me ayudó a levantarme para ir al carro, una vez dentro aceleró y nos fuimos al Hospital. Ella dijo que estaba en la cocina haciendo la cena pero no me di cuenta que estaba estrellado el garrafón de agua y eso fue lo que origino todo. Siendo franco, ni yo me lo creía pero al parecer para los doctores fue suficiente, me dieron un par de analgésicos para aliviar el dolor de la espalda, me enyesaron el pie y me dieron una crema que ayudaría a cicatrizar mi quemadura. Al girarme a ver el reloj me di cuenta que apenas eran las cuatro de la mañana. Me dieron un par de muletas. 
— Gracias Yaya — me volteo a ver mientras caminaba con las muletas. — No agradezcas, Jos. Mereces personas que te den, no que te quiten, ya te lo he dicho — baje la mirada — Tranquilo, estaré aquí para ayudarte — nos detuvimos y me abrazo, solté las muletas para corresponder también, su calidez arrullaba mis miedos en ese momento. Se separó de mí con los ojos llorosos, se agacho a recoger lar muletas y me las entrego. — Vamos a casa — me abrió la puerta. Una vez dentro caí rendido en el auto, el trayecto no era largo, no sé qué paso mientras dormía, solo supe que amanecí en la cama.
Había una tarjeta en mi buró. “No saben”, sonreí de lado. — Jos, ¿Ya despertaste? — mi madre estaba del otro lado de la puerta. — Si má — giro la manija, se recargó sobre el marco de esta. — ¿Qué intentabas hacer allá abajo? — Dijo mientras negaba — Me debes una vajilla nueva, José Miguel — asentí. — Me alegro que no haya pasado a mayores y cuida ese tobillo, carajo — empecé a reírme nerviosamente. — No te preocupes por los chicos, aún no saben — baje un poco la mirada. — Les puedes decir que me enferme — alzo una ceja — ¿Tu? ¿El chico que come helado bajo la lluvia, que come en la calle cualquier porquería y no necesariamente comida, enfermo? — mis mejillas empezaron a arder. — Déjamelo a mí — se acercó a la orilla de la cama, se sentó y me abrazo mientras inclinaba su cabeza sobre la mía. — Descansa, Cinaferonte — rodé los ojos. — Ma — se giró mientras sostenía la manija — Gracias — me regalo una sonrisa y cerró la puerta.             
Atl estaba recargado contra la pared, tenía los brazos cruzados y una mirada difícil de describir, no sabía si era enojo, tristeza o alegría. Se separó de la pared — ¿Alguien sabe de esto aparte de mi o tu hermana? — Asentí — Mi madre, lo supo ese día, no quería mentirle, además ella es mi guía y yo su aprendiz. Todo lo que pueda decirme mientras esté viva lo voy a aprovechar, también lo sabe mi padre pero él es más reservado — tomó una almohada — Me alegro de saber eso Jos, no te quedes callado — se levantó y me arrojó la almohada, tome su campera y se la arroje dando inicio a una guerrilla de cosas, creo que eso fue el inicio de algo que quizá no estaba en mis planes pero hay algo de cierto. Sería algo de lo que estaba seguro que no me arrepentiría. 
Mike Gallagherry
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WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Empty Capítulo 2.

Mensaje por Mike Gallagherry Vie 17 Dic 2021, 11:48 pm

WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Img_2024

Capítulo 2.


La mañana parecía ir cada vez más lento, alcé mi vista y lo vi durmiendo sobre la cama de manera horizontal, parecía muerto, tenía los brazos extendidos pero estaba de manera vertical, la luz del amanecer pintaba su cabello, ahora sé que es una maraña castaña y no negra como la mía. Lo que me confirmo que aún estaba vivo era que tenía sus labios ligeramente separados dejando escapar un silbido. 
Trate de levantarme con cuidado, a pesar de que ha pasado ya seis meses desde el accidente aún me duele mi tobillo en las mañanas, con sumo cuidado flexione mi pie para no mover tanto a Atl. Logré sacar mi pie y ahora sí, busque mis botas, no recuerdo en que momento las avente o en qué momento me las quite pero eso es lo que menos me preocupa, las encontré y me las calcé, me encamine a la puerta, comenzaba a dolerme horriblemente, era como si me lo quebraran de nuevo. 
— ¿A dónde crees vas bestia?- me giré — ¿Bestia? — me recargue contra la pared, de verdad me está doliendo — sí, Bestia, duermes igual que una pero golpeas tan débil como un pug — lo mire de reojo, en realidad no me molestaba que me dijera bestia, lo que me enojaba era que comparara con un pug — Voy a mi cuarto por mi cargador y después iré a desayunar — Aprendí a guardar la calma ante el dolor así que era fácil engañar a las personas cuando me dolía, sentía como martillarán sobre mi tobillo — Te veo en el café de enfrente, ¿vale? — asentí.
Salí de su cuarto caminado bien, lento pero seguro. Me sentía como la bruja de Blanca Nieves de los Hermanos Grimm, bailando en zapatos de acero caliente como castigo, el dolor es intenso todo el día y es difícil apaciguarlo con analgésicos durante todo el día, aparte de que no puedo estar medicándome todo el tiempo. Llame al elevador, las puertas se abrieron, afortunadamente estaba vacío, llegue a mi piso y con cuidado comencé a caminar. Juro que podía oír crujir mi tobillo, el dolor se elevaba, comenzaba a detenerme, a ser paralizado por la intensidad, logré arrojarme a la perilla girándola, comencé a arrastrarme a la cama, pase de sentir un cinco a un siete, me levante sobre mis codos, estaba cerca, aceleré mi paso.
— Aquí estas — saque el estuche, arremangue mi suéter arriba de los codos. Mis manos temblaban, inhale controlando mis temblores. La jeringa ya estaba preparada así que solo tuve que clavarla en mi antebrazo, la sensación de adormecimiento comenzó, me inyecte los cinco mililitros. 
— No serás ni eres un adicto, Jos. Es para aminorar el dolor, no es medicamente correcto. Puede generar problemas a corto plazo debido a las cantidades que te prescriben — mi madre y Fernanda estaban paradas a un lado de la cama con un estuche turquesa — Te ayudaré a controlarlo y como calcular cuánto debes inyectarte, Jos — asentí. Levantó las cobijas para descubrir mi brazo — Relájate y platícame algo — cerré los ojos al sentirme raramente anestesiado — Duerme Jos, lo lograrás con el tiempo — escuché a mi madre. 
Los doctores dijeron que el dolor iba a ser permanente pero que sería más intenso en climas fríos y en las mañanas, tiene que ver con algo residual. Como a las personas que les quitan la vesícula y a la mayoría les duele el hombro derecho cuando hace frio, es el ejemplo más cercano que tengo. Traté de incorporarme lentamente, ya estaba acostumbrado a la sensación e incluso a sus efectos que vendrían después. Me acerque a la mesita de noche para sacar el cargador, ronde alrededor de la habitación para ir acostumbrando mi caminar. Salí de la habitación hacia el elevador, lo llame. 
Las luces neones blancuzcas iluminaban mi rostro, me miré en los espejos. No había forma de aminorar el efecto en las pupilas más que usar lentes de sol, salí al lobby. Las calles estaban desiertas, no los culpo, ni yo me recuperaría de las vacaciones de fin de año, cruce Campos Elíseos a la cafetería que estaba frente al W. Entre lentamente, realmente trato de ser veloz mientras estoy bajo el efecto las primeras horas pero me resulta difícil, aparte de que parezco autómata.
— ¡Ey! — giré mi cabeza a donde estaba Atl. Espero no cagarla, en serio no quiero. Salude con mi mano, me balanceaba al ritmo de la música del local. Me senté frente a él. — ¿Fuiste por eso? — agite el cargador que estaba en mi mano. — Lo puedes conectar, por favor — asintió lentamente, sonrió de lado mientras se agachaba. — Hola bienvenidos a Entre semillas de café. ¿Ya saben que pedir o gustan una recomendación? — Atl se levantó rápidamente — Un smore’s con un Frappe de Oreo, por favor — sus cabellos se habían despeinado, las luces del local eran amarillas y cálidas. — Una malteada de chocolate y una dona Homero — el chico nos vio y se fue.
— Deberías probar esas donas, son muy buenas — asintió de nuevo — Lo haré, deberías de probar el frappe de Oreo, es muy bueno — dijo alzando la mirada al techo. — Lo haré — me recargué contra la ventana del establecimiento. — ¿Estás cansado? — Asentí mientras le daba una sonrisa o el intento de una. No lo negaré, a veces siento la necesidad de irme, como el instinto de un pájaro que le dice que es tiempo de migrar. — Sabes, a veces siento que soy tan monótono, cómo el blanco en un hospital. Siento que si yo me fuera de la banda muchas cosas marcharían bien e incluso les iría mejor — me veía con expectación. — No te menosprecies tanto José, todos tenemos rachas malas e incluso llegamos a sentir que el mundo se desmorona, pero vamos es parte de madurar. Cada nuevo número en nuestra escala de emociones nos acerca al diez, un diez tan metamórfico que puede ser alegre, triste, frustrante, doloroso — me despeinó del cabello — ¿Cómo las grageas de chocolate de Harry Potter? — me sonrió — Exacto, igual a las grageas — llegaron nuestras bebidas. Realmente no estoy seguro de cómo hacer las cosas, quiero salirme de la banda de una manera amigable pero dejando en claro porque me voy y quiero llevar mi vida. No quiero estar atado a tiempos prediseñados, quiero disfrutarlo y envejecer bien, cómo los vinos. 
— Me saldré de CD9, Atl — bajo su vaso mientras acercaba más la silla. — ¿Por qué Jos? — sentí una pesadumbre nacer de mi nuca, me giré hacía el lobby del hotel, estaban ahí. — ¿Tienes algo que hacer? — sacó su celular del bolsillo. Movió su pulgar de manera ágil. — No hasta las tres en Plaza de las Estrellas“Vive tu vida como debes, no cómo sabes hijo”, asentí. Tome la dona y el celular mientras Atl iba a pagar, la sensación de ingravidez y lentitud se había disipado con la azúcar así que no tendría problemas al correr. Salimos del restaurante. — Ven, vamos lejos — caminé rápido hacía el Parque Wistorn Churchill, Atl venía detrás de mí — ¿A dónde vamos, Jos? — miré hacía el otro lado de Paseo de la Reforma, estaba el parabus del metrobús frente a nosotros. — Vamos a dar un paseo —
Cruzamos el parque, no era necesario que volteará hacia atrás para confirmar que nos habían visto; las luces lamian la tierra en colores y nuestros pasos sacudían las hojas caídas, corrimos sobre la avenida al ver que se acercaba el autobús. Abordamos el autobús justo en el momento en el que ellos se quedaban en medio del camellón, saqué mi cartera: “La necesitarás José”. Gracias madre, pasé dos veces la tarjeta y subimos al segundo piso. — Ya no me siento a gusto estando ahí, simplemente ya no, incluso me es difícil decirlo. — estábamos sentados hasta atrás.
— Qué tus decisiones no se basen completamente en una persona y menos si es una decisión de ese grueso — suspire. Recargue mi cabeza sobre su hombro mientras comía la dona, eso era lo que menos quería, que esto se basará completamente en  Alonso.
— Tranquilo, ¿Tienen algo grueso que hacer juntos? — asentí — Todo menos una gira o grabar un disco — suspiré sonoramente — Solo un disco, Atl — nos desparramamos sobre los asientos. — ¿Cómo piensas salirte? — mi bolsillo comenzó a vibrar, sabía que eran ellos. — Pienso decírselos individualmente, primero con Alan, él ha sido quien me ha cuidado después al final de cuentas — me sorprendía que realmente fuera a tomar esa decisión. — Empezaré a vivir mi vida como debo y no como sé — sentí como giró su cabeza hacía mi, beso mi coronilla — Todo estará bien, Jos. Ya lo verás — nos acomodamos mejor en los asientos. Me encanta eso de las mañanas en las vacaciones de Enero, no hay muchas personas que se atrevan a salir con este frio. El estaba recargado del lado de la ventana y yo sobre su regazo, era tan maravillosa la vista trasera del asiento de enfrente. “Llegando a Hamburgo, correspondencia con línea 1, dirección Indios Verdes – El Caminero” Giré mi cuerpo, ahora mis ojos ven hacia el techo y las largas pestañas de Atl. — Antes de que te duermas, ¿Dónde nos bajamos? — miro hacia la ventana. — En la Alameda Central, vamos a la pista de hielo antes de que la quiten, ¿Qué hora es? — revisa su reloj. — Son dos y media, hagamos esto, acompáñame a Plaza de las Estrellas y después no venimos a la pista de hielo. ¿Te parece? — Asentí. 
“Llegando a: Glorieta de Colón, correspondencia con línea 4 Ruta sur, dirección Buenavista – San Lázaro” — Aquí — nos levantamos y corrimos a la salida, las puertas se cerraron detrás nuestro. — Pido un Uber y nos vamos para allá — asentí. — Viejo, ni siquiera nos hemos bañado — bloquea su teléfono, hace boca de pato mientras revisa a su alrededor. — Hacemos esto, entramos al Hotel Imperial reservamos una habitación por una noche y dos días, nos bañamos… ¿De que número calzas? — fruncí el ceño, mierda ¿Qué talla soy?. Me desamarre la bota y revisé. — Soy del siete y medio — asiente. — nos cambiamos de camisas, sudaderas y zapatos. ¿Va? — asentí. Entramos corriendo al lobby del hotel. Era completamente blanco con excepción de ligeros manchones maple y verdaceos de las bancas que eran adornadas por un cipres limón. Me encantan esos árboles diminutos, le daban un toque soberbio a la recepción.
Atl hizo la reservación, me aleje del mostrador observando el enorme tragaluz que adornaba el techo de una manera cómicamente divina, la escasa luz de ese día nublado bastaba para iluminar tenuemente. — Vamos — asentí, caminamos sobre el pasillo en carcacol, la luz le daba un toque galáctico espectacular. Tomamos un pasillo a la derecha –de lo que creo es el primer piso- adentrándonos, el susurro de mis botas era acompañados por el goteo de sus Vans, pasamos varias puertas al cruzar el pasillo de luces crema, paramos frente a una puerta, deslizo la tarjeta y nos adentramos, el contraste de los tipos de azul era semejantes al cielo al anochecer, nos adentramos casi corriendo al cuarto, Atl comenzó a sacarse la sudadera con todo y camisa mientras trataba de quitarme las botas.
Salió corriendo sin zapatos al baño, la lluvia comenzó a caer, yo ya estaba solamente en pantalones así que saque mi celular con el cargador de mi sudadera, los conecte a un costado de la cama. Lo desbloquee y comencé a revisarlo. 
>>”José, es lo más irresponsable que has hecho, largarte del hotel en medio de la noche. Estas jodido, cabrón.” 
>>”Viejo, ¿Dónde estuviste toda la noche? Si era por las pesadillas sabes que tenías la puerta abierta a mi cuarto, aunque me alegra que Atl te haya encontrado, espero y estés bien. Avísame cuando llegues a casa, dejaré tus cosas ahí.”    
Bloquee el teléfono, peine mi cabello hacía atrás. — ¿Qué sucede? — Eso había sido rápido, Atl estaba frente a mí con la piel escurrida en perlas. — El primer mensaje es de Alonso y el segundo de Alan — le entregue mi teléfono antes de meterme al baño, corrí la puerta antes de levantar la manija para que lloviera de nuevo, el agua comenzó a caer de nuevo, mi piel se despintaba en ella dejando mis tatuajes libres de nuevo. El ancla en la muñeca salía de la arena de mi piel hasta quedar a la vista, el fénix broto de mi antebrazo junto con la telaraña en mi codo. 
La espuma nevaba a las baldosas del baño, vi el antebrazo en el que me inyectaba, tenía un aspecto más pálido que el derecho y con ligeros puntitos morados verdeceos, “No soy un adicto, no lo soy” puse mis brazos en la pared, serpientes de agua se deslizaban hasta el suelo, baje la mirada. “Realmente no soy un adicto” alcé mi vista, baje la manija y la lluvia paro. Me vestí mientras secaba mi cuerpo, salí con la toalla enrollada en mi pecho. — Flash ¿En qué piensas? — negué mientras agarraba su ropa, realmente me sorprendía que me cupiera su ropa e incluso sus zapatos. — El Uber ya está afuera — tome el celular con cargador antes de irnos corriendo de nuevo al lobby.
Mike Gallagherry
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WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Empty Capítulo 3.

Mensaje por Mike Gallagherry Lun 10 Ene 2022, 10:32 am

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Capítulo 3. 


Estaba finalizando el concierto de Atl en Plaza de las Estrellas, me había dejado con su Staff desde el inicio del concierto, me parece realmente asombroso como a pesar de que es de familia es un chico con una humildad increíble. De vez en cuando revisaba mi celular en caso de que me llegará un mensaje de Yaya o de Alan, pero lo único que tenía era un mensaje de WhatsApp de Alonso, guarde mi celular, las luces del escenario convertían el recinto en un ambiente bohemio. 
— Oye, pregunta Atl que si quieres salir al escenario — se me acerco un chico de ojos venado con una diadema en la cabeza — Claro — el chico se quito la diadema y me la entregó. “Ahora conmigo un invitado muy especial”  me fui acercando a la escalinata, antes de salir me detuve, escuche las voces rugir estallar. “Alan, Plaza de las Estrellas” lo envié, “Un aplauso para Jos” voces gritaron aún más. Salí por un costado entrando al escenario, había un banco alto junto con una guitarra. Salude, realmente me era raro estar compartiendo escenario sin la banda, me senté. — ¿Qué vamos a cantar? — tome la guitarra nervioso, la adrenalina se sentía cómo el primer escenario. — New Rules — sentí una presión en mi pecho. 
One, don’t pick up the phone. You know he´s only calling ’cause he’s drunk and alone1
“Apenas había pasado una semana desde el accidente, Alan junto con Julieta y Freddy eran los únicos que se habían parado a verme desde el accidente. Alan sospechaba que no había sido un accidente de cocina, sospechaba de Alonso. La noche en la que me vinieron a ver estaba con el cielo despejado, la luna entraba tranquilamente por la ventana. Mi celular comenzó a vibrar en el buro, me estiré para tomarlo, era Alonso.
La luz de la luna se volvió espesa, comenzó a arrastrarse el aire frio debajo de la cama, un crujido rasguño mi tranquilidad. Comencé a inhalar miedo, las sombras se escurrían por mis ojos. No estaba listo aún para enfrentarlo, me faltaba coraje para encararlo. El teléfono ceso, quizá se equivocó. La pantalla se iluminó de nuevo, el miedo brillo en mis ojos, cerré los ojos y fui devorado por mis miedos, realmente quería desaparecer en ese momento, sentí la sensación de humedad sobre mi piel. No podrás esconderte siempre, José. Su voz retumbaba en mi cuarto, sentí cómo si me estuviera ahogando, abrí los ojos y estaba mi mirada lechosa, solo veía en crema y húmedo. El calor volvía. — ¡No! — sentí mis manos sujetadas mientras luchaba por salir, el ardor comenzaba a atacarme  de nuevo. La vista lechada se iba escurriendo en oscuridad. — ¡Hijo estás conmigo! — giré hacia donde estaba mi madre. Mi cuerpo estaba húmedo. — No podrá hacerte nada, es solo un recuerdo — gire mi vista pensando que estaría Yaya o mi padre ahí. Solo estaba ella, se acostó conmigo, sus latidos eran fuertes y tranquilos. Comenzó a tararear una canción, lo que más recuerdo de la letra era: Hay veces que quisiera ahogarte en un grito y olvidarme de esa imagen tuya, pero no me atrevo.”
Two, don’t let him in. You’ll have to kick him out again.
“Estaba frente a Alonso de nuevo, todos pensaban que éramos los mejores amigos e incluso que éramos pareja, pero las personas que estuvieron desde el inicio de la banda sabían que la persona a la que soy más cercana en la banda era Alan. Siempre fue así y siempre lo será, él era quien me ayudaba cuando estaba mal, él era quien sanaba las heridas cuando me peleaba con Alonso o con alguno de mis novios. No él. Quiero a Alonso, la verdad y no negaré que es atractivo pero simplemente éramos imagen, solamente eso. 
El atardecer peinaba su cabello tras los cristales arcoíris del metrobrús, era cómo ver un arcoíris en el infierno, un infierno en donde hay agua. Simplemente la maldad tenía nombre y apellido. Muchos lo conocía como Edom, yo lo conocí con el nombre de Alonso Villalpaldo. 
Los autobús venían e iban — Vamos, borrón y cuenta nueva — sabía que volvería a pasar, baje mi mirada al tobillo. Un metrobús se acercaba hacía El Caminero, le toque la mejilla, tensó su mandibula. — No puedo perdonarte, pero si puedo ayudarte a que este sueño no acabe — comencé a caminar con las muletas hacía el bús que iba llegando, lo aborde dejándolo ahí. 



Three, don’t  be his friend. You know you’re gonna wake up in his bed in the morning and if you’re under him, you ain’t getting over him.
Su recuerdo me corroía, sentía cada segundo peor que el anterior, el portazo detrás de mi madre me regresó a un estado de somnolencia, quería ir a buscarlo, estar a su lado. Las lágrimas comenzaron a salir, sentía cómo una presión en mi pecho acababa con mis ganas de vivir, con mis ganas de salir adelante. — ¿Por qué no me mataste? — mi voz resonó en la tarde del cuarto.   
—  ¿Algo que quieras decirme Jos? — me levanté de golpe, me giré con el corazón en la garganta y con el rostro ardiendo. Estaba ahí, no se había ido. Claro que le dije todo, sus ojos arena me veían con suma atención. — Tenías muchas razones para irte, ¿Por qué te quedaste? — mis hombros se hicieron plomo, un dolor abisal crujió en mi columna fragmentando mi espíritu, mi amor. — Porque lo amaba — sus ojos me vieron con dureza, una dureza que vivía dentro de ella. — Escucha lo que te diré José, nadie a quien dices amar te daña de adrede y mucho menos trata de asesinarte, no quiero decir te lo dije, pero… él era malo, muy malo pero creiste que podías cambiarlo — hizó una pausa — No puedes cambiar a las personas — inhale, me dolía todo el pecho. — Alonso es de Alonso y nada más, José — “

Acabamos, baje la guitarra mientras veía a Atl. Se levantó de su banco hasta donde estaba, me levanté y me abrazó, sabía que aún no lo hubiera sentido ya era un mar de lágrimas. — Lamento mucho lo que te haya pasado — beso mi coronilla — No te preocupes, ya pasó — nos acercamos a la orilla del escenario, nos despedimos en una reverencia antes de bajarnos. — No había visto que tenías tatuajes — me rasque la cabeza. — No me dejan tenerlos, pero bueno como te diste cuenta no soy muy bueno haciendo caso — reí nerviosamente. 
Salimos por el estacionamiento, realmente no queríamos lidiar con la prensa. — Yo pido el Uber esta vez — asintió mientras guardaba su celular. Salimos del lado de Marina Nacional, nos sentamos en la banqueta mientras lo esperábamos. — Tengo un ancla en la muñeca — alcé mi brazo y baje mi manga — una telaraña y un fénix — arremangue la sudadera un poco del otro brazo. — Wow, también tengo tatuajes, son cuatro apenas — un auto se detuvo frente a nosotros. — ¿José Miguel? — nos levantamos, ambos nos pusimos atrás. Iríamos a la pista de hielo del Zócalo y al Filux, creo que eso ameritaba una deliciosa cena, realmente me moría de hambre y bueno, siendo honesto creo que es momento de que sea libre, igual de libre que los leones en lo salvaje.     
El auto giro a la derecha, el Sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas de la Ciudad, me acosté en el asiento y recargue mi cabeza sobre el regazo de Atl, a veces el ocaso iluminaba mi rostro, él solo se dedicaba a acariciar mi cabello mientras yo me encargaba de ver el techo y muy de vez en cuando por lo que me dejaba ver la ventana. Entraríamos por Rio Mississippi para arribar la Diana Cazadora y con ello Reforma. — Me voy a dormir un ratito — el arrullo del auto junto con el apapacho de Atl me gustaba y era algo que me tranquilizaba. 

“El atardecer soplaba sobre mi cabello al igual que sobre mis pensamientos, me tiré de espaldas y un par de brazos me sostuvieron, me giré y ahí estaba una melena pelinegra, me regresé y comencé a correr. Mi playera ondeaba con la luz, giré mi rostro, Atl venía detrás de mí, su risa era contagiosa y se perdía con el viento que colorea la noche detrás de él, giré mi rostro observando cómo los campos de trigo se abrían paso hacía nosotros. El aire despeinaba su cabello que lo hacía ver un borrón de tinta sobre el anochecer, giré mi cabeza justo en el momento en el que me abrazaba para tirarnos sobre el pastizal” 

— Jos, levántate — me incorporo  en cuanto sale Atl salgo detrás de él, estábamos sobre Balderas, cruzamos la avenida esquivando el metrobús. Estabamos en la Plaza de la Soledad, los puestos de comida y ropa estaban enfilados en los costados, recuerdo que al salir del Palacio de Bellas Artes por algún trabajo de la prepa o después de surtirme de Comics en la Friki Plaza venía a comer aquí.  — Venden unos Hot Dogs muy buenos ahí — Atl me giró a ver con rareza. — Hazme caso — caminamos esquivando a la gente, el vapor a salchicha y pan golpearon mi rostro. — Jovenazo, ¿Cuánto tiempo? — nos sentamos en los bancos verdes, puesto que se respeta sus bancos son verdes o azules — Ya mucho, Ferras. Me das tres con todo y… — Atl se quedó viendo el menú. — Unas papas sin crema — Ferras caminó hacia otro puesto en donde estaba Zuricata, uno era lo contrario del otro. Ferras era alto, con cuerpo y agilidad de mesero que era acompañado de un cabello cobre con ojos hazel y Zuricata era un exjugador de americano de cabello miel y ojos grises. Ambos estudiaron en Ciudad Universitaria pero uno en Negocios Internacionales y otro Economía y formaban parte del Sindicato de Comerciantes del Corredor Turístico Juárez – Alameda, mejor conocido como Jabalí. Ni yo entiendo de donde salió el nombre clave.
Al poco tiempo regreso Ferras con las papas de Atl, ni corto ni perezoso comenzó a prepararlos. — ¿Para llevar? — asentí, los puso en una charola con las servilletas encima. Pagué y nos fuimos. — Ahí me saludas a todos — me chiflo antes de perdernos entre la gente. — Me cayeron bien — acoto Atl mientras buscaba un lugar donde sentarnos. — Si — sonreí de lado, ¿Por qué diablos todas mis historias comienzan con algo trágico? Es algo que me he preguntado desde que tengo conciencia. La forma en que he conocido a las personas que quiero inicia con algo triste, tan triste como la misma decepción amorosa. — ¿Quieres? — me tendió las papas y yo los Hot Dogs, les dio un mordisco mientras yo me llevaba varias a la boca. 
— Jos, saben deliciosos — dijo mientras trataba de comerse ese mordisco que tenía en la boca. — El tocino le da el toque — alzo su mirada al cielo e hizo un llamado a Chewbacca o algo parecido. Ambos estallamos en carcajadas, el trato de pasarse el bocado sin morir en el intento. — Teasy Romero lo logró — negué, reía sonoramente. Nos sentamos en los peldaños que subían a la plazoleta. El festival estaba frente a nosotros, no sé en qué momento termine de comer y comencé a tararear la canción, no era una canción cualquiera. Era la canción, la canción con la que estaba aquella noche de regreso del hospital. — Oh, I've been shaking i love it when you go crazy, You take all my inhibitions, baby, there's nothing holding me back —
Es una muy buena canción, Jos. — Lo giré a ver, tiramos la basura en el bote que ahí estaba, me tomo de la mano mientras comenzábamos a correr, nuestras pisadas levantaban las hojas que habían caído, la oscuridad del cielo reflejaba los colores del aire y proyectores que ahí estaban. Algunos de los árboles se elevaban cómo grandes pilares que sostenían la ligereza del viento. Las fuentes de Poseidón y Atenea eran iluminadas por el Filux, seguíamos corriendo tomados de la mano esquivando mentadas de madre, codazos y carriolas. — ¿A dónde me llevas? — se detuvo frente al kiosco, estaba cubierto por un tela en la que se alumbraban elefantes y jirafas. El agua de las fuentes se pintaban en atardecer. — Es muy bonito — gire a ver a Atl que tenía la mirada fija hacia la estatua de Beethoven. 
Mike Gallagherry
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WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Empty Re: WOLVES (Jos Canela x Atl Garza)

Mensaje por Mike Gallagherry Lun 10 Ene 2022, 10:35 am

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Capítulo 4


Cruzamos Eje Central hacia Madero, un arco de “hielo” nos recibió, el aire soplo trayendo nieve y hojas. Me abrazo por detrás mientras caminábamos al Zocalo, realmente se veía fantástico. Las series deslizaban sus luces por los balcones y se escurrían hasta el piso, hileras de faroles con heno y esferas decoraban todo la calle dando un toque chingón. 
Las luces coloreaban la oscuridad de la calle, el aire soplaba moviendo las hileras de los faroles y espirales metálicos en la calle, luces de bengala escurrían de las varitas que traían mis primos. Una inmensa piñata era movida de izquierda a derecha mientras Alan trataba de alcanzarla, las risas y las voces derretían mi dolor. — Vamos Jos, con las muletas — dijeron cuando termino Alan. Mi madre estallo en carcajadas al igual que Yaya. 
— ¿Qué recordaste? — nos detuvimos en el último de los semáforos antes de llegar a la plancha. Una iglesia se alzaba, una mole del color del chocolate con torres puntiagudas y un enorme campanario nos veía. — Un día bonito nada más — me recargue sobre la reja que las separaba de la calle. — ¿Sabes? Esta iglesia me recuerda un poco a una historia de guerreros que matan demonios — me miro mientras la ciudad se reflejaba en ellos. — Si, Nefilim se llaman. Guerreros al servicio de la Iglesia, se decía que tenían sangre de ángel — asentí, me tomo de la mano y cruzamos la calle, se abria paso un enorme árbol de navidad iluminado de rosa, verde, blanco, morado y azul. 
La calle estaba cada vez más concurrida, de hecho estaba muy concurrida. Cruzamos hacia la plancha del zocalo, hasta ahorita agradezco que todos estén metidos en sus teléfonos. Mi bolsillo vibro:
>> Jos, viejo. Llámame cuando llegues. 
>> Okay.
La “nieve” seguía cayendo, los toboganes eran iluminados en base al color del árbol, me detuve por unos minutos. Me sentía por un momento bien, no tenía que esforzarme por estar bien porque ya lo estaba, simplemente era genial, simplemente esa era la palabra que lo definía. Genial. — Ven — caminamos hacia el tobogán. — Hola chicos, sus boletos — me giré hacia Atl, el solo saco su celular y le enseño un documento. — El chico sonrió y nos acompañó hacía arriba — Bien, les daré estos tapetes, por nada del mundo se les vaya a ocurrir sacar las manos o pies de este tapete, ¿Entendido? — asentimos, ya estábamos arriba. Sin duda alguna tenía la mejor vista de todas, la catedral iluminada en un fulgor perlado, los palacios antiguos de gobierno eran iluminados de navidad y posadas. Realmente me gusta como prospera esto. — ¿Estás listo, Jos? — mire a Atl, me acosté sobre el tapete, Caray, si estaba alto, gire a verlo, estaba sentado sobre el tapete, dos chicos nos empujaron.
Nos deslizamos sobre el tobogán, este se iluminaba conforme a la presión que se le ejercia. El color rasguño el aire, sentía la velocidad despeinarme, cerré los ojos por esos instantes en los que era libre y feliz. 

“— Vamos Jos tu puedes — me habían quitado el yeso del tobillo y era momento de que comenzará a caminar, Fer ya me había dado mis primeras dosis para comenzar a controlarla. Me levante del sillón de la sala, miré a mis padres y comencé a caminar, al dar mi primer  paso con mi pie derecho me tambalee mi madre estaba a punto de correr hacia mi cuando estiré mis manos en gesto de que se detuviera. — Tropezaré pero no caeré, no otra vez. — mi madre junto sus manos en un puño sobre su pecho. Estaba con las rodillas semi-flexionadas, me erguí. Es hora. Comencé a caminar, camine a mis padres que me sostuvieron en un abrazo. — No creí que la vida me regalaría otra vez el momento de ver como aprendes a caminar —“

— ¡Jos! — me giré hacia Atl, me tendió la mano para ayudarme a levantarme, realmente este chico es increíble. Me ayudo a levantarme, les entregamos a los chicos los tapetes para ir a la pista de hielo. — Vámonos — comenzamos a caminar hacia la pista — Hola Jos — una niña me detuvo, tenía un par de colitas de caballo que reflejaban la luz. — ¿Puedo tomarme una foto con ustedes? — Atl se agacho a la altura en la que estaba, saco su celular de su abrigo esmeralda. Sonreímos y me di cuenta, Atl me estaba viendo en la foto. — Gracias, ¿es tu novio? — Mis mejillas ardieron, estaba por contestar cuando sus padres llegaron —  hija no vuelvas a irte así — sus padres alzaron su mirada. — Amor, esos no son los chicos que te gustan — asintió — Ya les pedí una foto — se soltó y me abrazo, apenas me llegaba a la cintura su cabeza, me soltó para ir con Atl y abrazarlo — Serían una bonita pareja — regreso con sus padres, los tomo de las manos y se fueron perdiéndose entre la gente con su abrigo esmeralda. — ¡Lindo abrigo! — la chica giro su cabeza y nos dedicó una mirada. 
Llegamos a la pista de hielo, dejamos nuestros zapatos y nos calzamos los patines de hielo. — Recuerden en no poner todo su peso de un solo lado porque podrían caerse feo, piernas rectas y como si fuera en tierra — nos recordó otro chico, salimos de las gradas a la pista, había un muchacho alto de cabellera castaña que sostenía a otro más bajo, la pista iluminaba los ojos zafiro del menor. Ambos estaban tomados de la mano mientras el mayor cargaba al de ojos cielo, el chico enrollo sus piernas en la cadera de este al igual que sus manos en el cuello, el más grande lo sostuvo de los muslos. Sonreí de lado, realmente hacían una linda pareja, el mayor patinaba como si fuera respirar, con esa sencillez. 
— ¿Hacen linda pareja no? — Atl asintió mientras me tomaba de la mano para adentrarme un poco a la pista, mis pies estaban rigidos, bastante diría yo parecían de plomo, caí con fuerza hacia delante. Atl se arrodillo — ¿Te duele algo? — me gire para ver el cielo — Solo el orgullo — se me había ido el aire cabrón. — ¿Si quieres los podemos ayudar? — eran los chicos que estaban ahí, Atl me ayudo a levantarme — Soy Hayes y el es Aaron — ya una vez bien incorporado pude verlos bien. Aaron, el más grande, tenía un rostro salpicado de pecas — Soy el novio de Hayes — lo tomo de la cintura. — Claro, ¿Cuál es el secreto para no morir en el intento? — se adelanto Atl — Esta en confiar en que tu pareja no te va a dejar caer, también en estar bien con tu confianza, sumando eso a que no recargues todo tu peso hacia un lado ya tienes esto ganado — Hayes vio a Aaron. — Gracias chicos — ambos se despidieron no sin dejarnos sus teléfonos por si se armaba algo. 
— En vez de bestia te diré Bambi, Jos. —  ya era la enésima vez que me resbalaba y la enésima vez que me levantaba. — Tengo que lograrlo — Atl ya lo había dominado, se agacho a donde estaba — Y lo harás, no lo dudo, pero hoy no. Ven, vamos por algo que comer y despues te llevo a cualquier lado — asentí. Patinamos  hacia la salida, realmente trataba de no morir en el intento pero era difícil, simplemente era como si correr sobre los carriles de Paseo de la Reforma fuera más fácil que patinar, Atl me tomo de la mano llevándome a la salida, entregamos los patines. Algo de lo que me di cuenta apenas es que los patines tenían un LED detrás que dejaba un espectro de luz de color. 

— ¿Estás bien? —me gire hacia él, en ocasiones pienso que hubiera pasado si yo no hubiera estado en la banda, si me hubiera negado desde un principio; las luces siguen iluminando la noche y brillando en su rostro, caray. ¿Tendría todo lo que tengo ahora? Y no me refiero a las cosas si no a las personas, las lecciones aprendidas, ¿Las tendría? — Si, solo pensaba… — — … un mundo alterno donde no eres un CD9 — asentí apenado — Jos, que te quede claro, estarán las personas que tengan que estar en tu vida, no importa si decidias ser abogado, veterinario o un conductor de trenes. Estarán las personas que tengan que estar — le sonreí, realmente agradezco haberlo encontrado hoy en la madrugada. 

Caminamos hacia la azotea de uno de los palacios aledaños al zócalo, realmente me parecía increíble lo rápido que pasó el tiempo y la poca hambre que tenía, diablos. Subimos por una escalera sumamente estrecha que era iluminada por series amarillo perlado, ¿Sabes? En algún momento creí que encontraría el amor en Alonso, no importaba que me peleará con él, siempre estaba a su disposición y lo cuidaba, recuerdo una vez que estábamos en la Prepa y estábamos peleados; mandé a Alan que lo vigilará, que me avisará si se iba con Victoria o con alguno de sus amigos. Al final del día me dijo que se había ido con ella. Ese día lloré, una de tantas veces por él, eventualmente nos volvimos a hablar, me llevo a tomar un café y platicamos por horas. Lo había vuelto a hacer y volvía a caer. Antes del accidente recuerdo que el estaba soltero y yo estaba empecinado en que lo lograría pero al final de su cumpleaños, de haber sabido que mis esperanzas se irían con el atardecer no hubiera ido. 

“ — Entonces Villalpaldo, ¿Ya tienes a una chica? — gire a ver a Freddy, las luces de los autos se escurrían en su rostro, realmente me sorprendía que no me lo hubiera dicho. — Claro, solo espero a conocerla bien — Mi tiempo se detuvo, me sentí un estúpido en ese momento, Freddy sospechaba que me gustaba Alonso, creo que trato que la regara. —Viejo me tengo que ir — me despedí, tomé un taxi al azar y subí.”

Fue cuando entendí que el problema radicaba en las ilusiones, la mayor parte del tiempo era así. Piensas que esa persona te va a dar una chance y una oportunidad porque piensas que te dió una señal pero la realidad es otra, una muy distinta, algunos tienen el tino de darse cuenta que es una ilusión, una utopía; pero está el otro lado de la moneda, quienes nos estrellamos, en mi caso, casi morir en manos de quién amo y ahí está el problema. A pesar de que casi me mata lo sigo queriendo y esperando a que tenga una oportunidad con él. ¿Síndrome de Estocolmo, dónde? Aunque no creo estar tan mal de la cabeza, espero.
Las luces que iluminan el pasillo de la escalera deslavaban en luz el rostro de Atl, sonreí al ver como sus ojos desaparecían en la sombra que creaban  sus pestañas o quizá su cabello, solo se que se ve genial. — ¿Que sucede? — me sonrió — Me recuerdas a Cato, el hijo de la Catrina y el Catrín — se recargo contra la pared, ahora sus pómulos sombreaban sus mejillas — Te ves increíblemente guapo — sentí mis orejas arder, realmente se lo había dicho. Atl por su parte ladeó su rostro a manera tal de que sus “cuencas” me vieran, camine hasta quedar a un lado de él. Caray, subimos hasta llegar a la terraza, una chica nos sonrió y nos llevo hasta nuestra mesa, estábamos en una esquina en donde se veía perfectamente la plancha del Zócalo. Las sillas eran sillones individuales de respaldo alto.
Mike Gallagherry
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WOLVES (Jos Canela x Atl Garza) Empty Capítulo 5

Mensaje por Mike Gallagherry Lun 10 Ene 2022, 10:38 am

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[size=48]Capítulo 5.[/size]


— Van a ser dos capuchinos y una orden de galletas de las que son amarillitas y suavecitas — dije mientras el mesero se acercaba con él menú, Atl me sonrio mientras yo me cruzaba de piernas sobre el sillon. — De mantequilla —  informó el mesero con mal genio, asentí con una sonrisa, rodó los ojos y se retiró. Atl se recargó sobre el respaldo mientras me veía fijamente. — Creo que dejamos una platica inconclusa desde la mañana —  La brisa de la ciudad arrullaba mi cabello al igual que el de Atl, tuve la fortuna de que no nos cegó la luz de villa navideña. Me gusta venir a este lugar, en donde no encierras luciérnagas en frascos sino focos. Focos muy bonitos, no hay sillas, hay sillones que ocultan a las personas y las dejan comer a gusto. 
— ¿Qué quieres hacer si te sales de la banda? — solté un largo suspiro, ¿Qué vergas quiero hacer con mi vida? — Tiempo después de cuando pasó el accidente me hice la misma pregunta, quiero ser veterinario. — ladeo un poco su cabeza — ¿Por qué? — inhale un poco.

“Estábamos en la hacienda del hermano de mi padre, íbamos cada verano a la fiesta que hacían en el pueblo en honor al Arcángel Samuel. Estaba en una región, que a pesar de ser un lugar estepario no era tan seco, nos quedábamos  en la casa solariega de mi padre que estaba dentro de la hacienda. Era una casa espectacular, tenía unos ventanales tan grandes que dejaba entrar la luz del sol y de la luna, simplemente genial.
Recuerdo una tarde en específico, estaba en la cocina ayudando a mi madre a hacer de comer cuando giré mi cabeza hacia el patio de la hacienda vi a mi padre y su hermano tirar a una oveja, la iban a sacrificar, deje de hacer lo que estaba haciendo y corrí, corrí tan rápido como podía y sin dudarlo me lancé sobre el animal.
— José, ¿Qué haces? — me giré hacia ellos — No la van a matar, ayuden con la pirotecnia o den de comer otra cosa. Pero no lo maten — mi padre ladeó su cabeza entrecerrando sus ojos — Es un animal — me gire a ver a la oveja, tenía miedo, tenía los pies  y el hocico amarrados. Mi tio lanzo el cuchillo al estómago del animal — Salvalo y haremos otra cosa de comer, falla y lo vas a desollar, solo — ambos se retiraron. 
Corrí a casa de nuevo, mi madre me vio — José ¿qué te pasó? — señalo mi camisa de franela manchada de sangre — Luego te explico — corrí a su cuarto y saque su kit de costura del esquinero, me giré al cuarto de baño y tome el botiquín. Regresé al patio, la oveja gimoteaba dejé las cosas a un lado, abrí el botiquín y tome el agua oxigenada y desinfecte la aguja al igual que alrededor de su herida  — ¿Cómo te anestesio? — trate de insertar el hilo en el ojal pero no podía. — ¡Puta madre! — sentí como mi madre se ponía a mi lado. 
— Increible que no puedes ni realizar una simple tarea — mis ojos ardía de impotencia — Respira y dime ¿Cómo llegamos a esto? — inhale mientras seguía intentando meter el hilo — Clinicamente y sin emociones — desvie mi mirada a la casa de mi tia, detrás de los cristales veía a mi padre y a mi tio verme, me levante de nuevo y esta vez corrí del patio a la cocina, fui al refrigerador y saque del congelador la compresa. El hielo amortigüaría el dolor junto con la adrenalina del animal. Regresé y volví a desinfectar mis materiales mientras colocaba la compresa sobre la herida, logré meter el hilo en el ojal y comencé a coserlo”
— Wow, cómo describes a tu madre pensé que era un pan de Dios — lo vi divertido — Me educo para dar un 20 en vez de 10, ella supo que si me exigía lo lograría — llegaron dos enormes tazas vaporosas junto con una charola de estrellas comestibles — Tengo dos preguntas ¿Lograste salvarlo? y ¿Cuántos años tenías? — me recoste un poco — Tenia 18 cuando paso y si pero murió despues, al finalizar mis vacaciones en esa casa llegó el capataz, se quito el sombrero y me dijo que había muerto por la mordida de un perro en la madrugada —  no logré decifrar la mirada de Atl pero esperaba que fuera algo bueno.
— ¿Cómo te hiciste esa cicatriz? — exhalo — No es un linda historia pero creo que eres de las pocas personas que ha sido tan directo para preguntarme eso — se rasco la barbilla 
Era el principio del verano, realmente me dolia la garganta a madres, el doctor decia que era una tos de calor pero yo sentía que era demasiado, hasta me dolia tomar agua. Si me ves pálido ahorita, en ese momento era un cadáver andante, pensé que era cáncer porque había comenzado a comer poco; esa noche recuerdo que ibamos a irnos a La Habana pero no paso.
Era de noche cuando paso, comencé a sentir que me ahogaba me levante de golpe y comencé a toser, pero a madres, pensé que escupiría mis pulmones pero no, escupí sangre. Me levanté y fui al cuarto de mis padres, cuando iba para allá me tope a mi madre, me vió. Se acerco a mi y me ayudo a bajar las escaleras, mi padre estaba abajo con mi hermana planeando el Airbnb al que nos iriamos.
El viaje al hospital fue rápido, me internaron y ahí supe que tenía cancer de garganta y requería de una operación. Mi mundo se detuvo, ¿Cómo carajos tenía cáncer?, esa era la pregunta. La respuesta llegó rápidamente, mi padre al fumar, no importaba que fuera en el jardín, nos intoxicaba a todos, ese cáncer me había estado matando desde que tenía 18 y apenas a los 19 había cimbrado mi salud.   
El doctor se fue para dejarme con mi familia, abrace a mi hermana y a mis padres. Ellos dieron luz verde para la operación, me cambie para ponerme la bata y antes de que me llevaran al quirofano mi padre me abrazó, era el unico que no aceptaba que hubiera dejado la carrera de música trunca a pesar de que ya estaba promocionando mi primer disco. Me abrazó y me pidió perdón, hasta a mi se me hizo raro — No tienes porque disculparte — me acoste en la camilla y me conectaron el suero para pasar al quirófano. 
¿Sabes? cada persona siente y ve distinto la forma en que te anestecian, cuando salí de la operación y estaba en recuperación una de las enfermeras me hablo, me dijo que cuando a ella le hicieron su cesaria sintió como se consumía en llamas, cómo si fuera un fénix. Me pregunto que había visto y yo le dije que oscuridad perpetua, ¿la verdad sabes que sentí? sentí como si cayera sobre un monte de hojas secas y después sobre agua, agua oscura que me envolvía. Podía respirar en ella pero no podía hablar. 
Ya en cuidados intensivos otra enfermera me dijo que nosotros somos los unicos que nos podemos regresar, que si nosotros decidimos quedarnos es por nuestra decision.”

 — Vaya, ¿Qué nos sucede somos perfectos el uno al otro? — soltó sin más Atl, mis mejillas ardieron, realmente creo que estaban igual que un par de jitomates. Las estrellas caían sobre nosotros igual que flashes de una cabina de fotografías, desde el momento en que lo vi en el Acapulco sabía que pondría mi mundo de cabeza. — ¿Quizá le tenemos miedo al exito? — comencé a reír mientras él sorbía de su taza. Baje la cabeza negando — Vamos, no le tengas miedo al éxito — inhale sonoramente. 
Seguimos hablando por un par de horas más hasta que la host se acercó a nosotros para decirnos que estaban a punto de cerrar, salimos por Madero, teníamos que regresar al Hotel Imperial tan siquiera para dormir un poco. Estábamos caminando por la ya solitaria calle cuando Atl se subió a una de las bancas y salto hacia mi espalda, lo agarre bien de los muslos y comenzamos a caminar hacia el Metro Allende, solo era cuestión de bajar unas calles. Me abrazaba del cuello, giramos en Motolinia para llegar a Allende. Ese tramo estaba desolado pero con varios macetones que le daban un aspecto un tanto siniestro. Se bajo de mi espalda y comenzó hacer parkour. Metí mis manos en mis bolsillos mientras lo veía moverse dando maromas de un lado a otro, llegamos a la estación y bajamos las escaleras. 
— Hola buenas noches — la muchacha que estaba ahí me vio extrañada, arrancó dos boletos de su faja y me los entrego, le di el dinero pero en ningún momento despego su mirada de mis ojos. — ¿Cómo le haces para tener unas pestañas así? — negué mientras reía — No lo sé, las herede de mi madre — le di un boleto a Atl y los pasamos por los torniquetes. Bajamos las escaleras para el cambio de dirección, me tomó de la mano y comenzó a correr, empezó a subir de dos en dos las escaleras mientras yo trataba de seguirle el paso. Nos fuimos hasta atras y justo en ese momento llegó el tren, el aire nos despeino, me tomó del cuello de la camisa y me beso. Atl Garza me estaba besando.     
Lo tome de la mejilla, el tren se detuvo, nos separamos para subirnos al vació vagón, nos bajabamos en Revolución no eran tantas estaciones pero vamos, estaba por comenzar una nueva versión de mi. Espero. Se agarro del pasamanos mientras yo me recargaba entre el espacio que había de las puertas de la izquierda y la “pared”. Se solto de ahí, me tomo de la cintura, yo lo atraje hacia mi abrazandolo.  
Mike Gallagherry
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