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Mensaje por Jaeger. el Jue 05 Mar 2020, 11:33 pm



Última edición por Jaeger. el Jue 05 Mar 2020, 11:49 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Jaeger. el Jue 05 Mar 2020, 11:34 pm

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Mensaje por Jaeger. el Jue 05 Mar 2020, 11:35 pm

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Mensaje por Jaeger. el Jue 05 Mar 2020, 11:36 pm



Última edición por Jaeger. el Miér 11 Mar 2020, 11:51 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Jaeger. el Jue 05 Mar 2020, 11:37 pm



Última edición por Jaeger. el Miér 11 Mar 2020, 11:40 pm, editado 3 veces
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Mensaje por Jaeger. el Jue 05 Mar 2020, 11:42 pm

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Mensaje por Jaeger. el Jue 05 Mar 2020, 11:43 pm

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Mensaje por Jaeger. el Jue 05 Mar 2020, 11:44 pm

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Mensaje por Jaeger. el Sáb 21 Mar 2020, 5:52 pm



Última edición por Jaeger. el Lun 23 Mar 2020, 1:48 am, editado 5 veces
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Mensaje por Jaeger. el Sáb 21 Mar 2020, 6:15 pm

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Mensaje por Jaeger. el Miér 25 Mar 2020, 8:41 pm

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capítulo 0xx - Jaeger.
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du hast mich:
Lion Starkey

Tras algunos errores, golpes y caídas, había comprendido que las drogas nunca eran un buen negocio. Si ganabas dinerales, y si eras inteligente, jamás podrían atraparte. Y era lo que justamente Eloy escaseaba desde el momento en que nació. Tres años después de vender drogas, la policía logro reunir evidencias y una orden de captura. Ya lleva unos cinco años en prisión estatal de California, y hasta hace unos días lo trasladaron a la prisión de Chicago debido a un motín que organizo con unos compañeros más. Porque Eloy no puede sentarse y hacer buena letra, reflexionar sobre sus acciones y tratar de ser mejor persona. Tampoco puede dejar de ser un bocón de primera.

Aprieto tan fuerte el celular mientras escucho los quejidos de mi hermano y el sonido de los golpes en su dirección. Es difícil de creer que los tipos ahí adentro tienen celular, pero no tanto cuando conoces a policías corruptos como los que hay montones en esta ciudad. Esperaba que este día fuese tranquilo como todos los anteriores, no recibir una llamada de un convicto amenazándome.

—El trato es este, muñeca—reconozco su voz ronca y brusca. He tratado con Barry en el pasado, pero pensé que no volvería a escucharlo después de que lo arrestaran por robos y extorsión—Dejamos a la princesa tranquila si nos das lo que pedimos.

—¿Cuánto?—pregunto tras darle una calada a mi cigarrillo.

—Tráelo rápido antes que empecemos a jugar con su culo —dice sin más y corta la llamada de inmediato.

Me quedo donde estoy con los dientes apretados con fuerza, tiro el cigarro al suelo y lo piso para apagarlo. Tiro el celular aun costado y tomo una llave para seguir con el trabajo. Estoy tan frustrado que termino de arrojarlo al suelo. ¿Por qué mierda Eloy no puede cerrar su puta boca? ¿No ha aprendido nada en la prisión anterior? No te vuelves el rey de esos imbéciles solo por decirles que has traficado droga. Das el efecto contrario, pues te hostigaran hasta que puedan darse el lujo de consumir. Los drogadictos siempre son la misma mierda, y eso también incluye a Eloy.

Mi celular suena de donde quiera que haya caído y me cuesta encontrarlo unos segundos. El nombre de mi hermano menor resalta en la pantalla, y lanzo palabrotas al aire antes de contestar.

—¿Te han llamado a ti también?—pregunto. Desde aquí puedo sentir la angustia de Ben.

—Estaban golpeándolo. Dijeron que lo iban a violar si para el domingo no tienes la droga—dice convertido en un manojo de nervios—Tengo dinero. Todavía tengo parte de lo que me has enviado. Te lo mandare así...

—¿Así le damos lo que quieren y la oportunidad de seguir jodiendonos? Olvídalo.

—Lion, ¡tienes que hacer algo! ¡No puedes dejar que le hagan eso a Eloy!—grita escandalizado—¡Sé que es un pelmazo pero...!

—Ben, deja de preocuparte y bloquea el número de Eloy. Yo me haré cargo.

Parezco decirle lo que necesitaba oír, pues se relaja un poco. Realmente no pienso hacer nada por Eloy, solo le mentí para que tuviese algo de calma. En verdad, no entiendo porque Ben sigue preocupándose por nosotros. Con un futuro tan brillante como el que tiene, ¿por qué debería relacionarse con problemáticos? ¿Es por qué somos hermanos? ¿No se da cuenta que no estamos a su nivel? Eloy drogadicto y preso, y yo sin secundaria completa y solo sobreviviendo por el taller de Félix. Debería solo olvidarnos y seguir con su vida, no verse arrastrado en la mierda que llevamos en la espalda.

—Pensé que estaba todo bien, que ya tenía buena onda con sus compañeros.

Comienzo a arrepentirme por no haberle dado la noticia antes.

—Está en Chicago.

—¿Ah?

—En la prisión de Chicago. Lo enviaron aquí.

—¿Por qué? Ya está por terminar su condena, ¿por qué lo trasladarían?

—Quien sabe.

No le digo que es por su estúpido motín y mucho menos que le han alargado la condena por mala conducta.

—¿Cómo vas a conseguir la droga? Y antes que eso, ¿cómo vas a conseguir el dinero?

—Eso no te importa. Solo cuelga y ve a tus clases.

—No puedo concentrarme si sé que van a coger a mi hermano por el culo.

—Solo estudia, Ben—suspiro frustrado. ¿Por que ninguno de los dos me hace caso?—Hazme las cosas mas fáciles.

—Te estoy preguntando, Lion. Necesito saber que estará todo bien.

Recuesto mi cabeza sobre la pared, suspirando de nuevo.

—Te lo juro, Ben. Todo estará bien.

Al pronunciar esas palabras, Ben parece relajarse y decide cortar la llamada. Sabe que no voy a romperle ninguna promesa, jamás lo he hecho y no quiero empezar ahora. Pero enserio no tengo ganas de soportar meses pagando mierdas para que mi hermano mantenga su trasero a salvo. Se supone que él es el mayor y tendría que dar el maldito ejemplo, sin embargo Eloy siempre fue un gilipollas y una mierda de desconsiderado. Mientras nosotros estamos afuera preocupándonos por él, estoy seguro que si los lugares fuesen distintos le valiera mierda si nos pasara algo. Es así, una mierda por completo. Un mal tipo. De solo pensar en que tendré que ir el domingo, pagarle a algún policía para que deje pasar la droga y tener que ver la cara de mi hermano hace que todos los siguientes días sean grises. Tiene ese efecto cada vez que se trata de Eloy. Me recuerda tanto al hijo de puta de Desmond, nuestro padre, que no evito odiarlo.

Nate entra por la puerta recién bañado y con una mochila colgando en su brazo. Lleva dos tazas de café en la mano, y pese a que su buen humor resalta en él, pronto su sonrisa decae al notar mi expresión.

—¿Qué anda mal?

Tiro arriba de la mesa el celular de nuevo mientras paso una mano por mi rostro, sintiendo que todo es un maldito fiasco. Le cuento brevemente sobre ambas llamadas y el objetivo a cumplir para el fin de semana, sin sentirme seguro del todo si realmente cumplirlo. Nate me escucha atentamente a la vez que se acerca y deja la taza en mis manos. Solo cuando termino de relatar puedo dar un gran sorbo, esperando que la cafeína se lleve el sabor amargo que tengo.

—Necesitas el dinero —asiento a regañadientes—Yo te lo presto.

—No. Tienes demasiados gastos con Nastia.

—Ella prometió controlarse, no seas así —echa una sonrisa y me estira un puño en el brazo de forma amistosa, pero todavía sigo frustrado—Habla con Félix. ¿O esa tampoco es una opción?

Creo que ya lo sabe de por si, por lo que no respondo y prosigo a seguir con mi trabajo. Pedirle el favor a Félix sería más sencillo que ocuparme de esto, solo que ya se ha ocupado de nosotros lo suficiente y ha hecho todo lo que estaba en sus manos para hacernos decentes. A veces creo que tuvo que habernos vetado a Eloy y a mí y solo quedarse con Ben. Es el único que vale la pena.

—¿Vas a algún lado?—cambio de tema, echándole un vistazo sobre mi hombro. Nate sonríe, pues me he dado cuenta que esta vestido con sus mejores prendas.

—Voy a llevar a Nastia al parque de diversiones. No hemos ido hace años y a ella le encantaba.

—¿No crees que es muy grande para ello?

—¿Qué dices? Estará emocionadísima. El viejo siempre la mantuvo encerrada en la mansión, las veces que fuimos fue porque nos escapábamos de sus guardaespaldas.—le da un sorbo a su café, pensando —Aun no entiendo cómo diablos consiguió que la dejara venir. Enserio, Lion, el viejo está loco por ella.

—Es su padre.

—Si, pero raya a la locura—pone los ojos en blanco, casi burlándose de la obsesión de su padre—Incluso me llamo y me amenazo. ¿Puedes creerlo? No sé que se piensa, no debería ser tan sobre protector con ella. Tiene 19 años, puede tomar sus propias decisiones.

—Eso incluiría sus propias relaciones sentimentales, ¿cierto?—le regalo una sonrisa burlona y con doble sentido.

El rostro de Nate se endurece y no tarda en lanzarme una patada que esquivo. Hay puras señales de advertencia y promesas de muerte en sus facciones. Solo le eche la broma para joderlo, y puede que también para saber que tanto le joderia si me le tiro a Nastia. Parece que demasiado.

—Tócale un solo cabello y yo...

—Descuida, no estoy interesado en ella—le miento como todo un actor de primera categoría, incluso procuro en parecer aburrido y desinteresado—Es demasiado inquieta y explosiva.

—¿Y eso que tiene de malo?—replica de inmediato. No tarda en levantar la mano para enumerar todos sus encantos—Es inocente, divertida, inteligente, transparente y muy, muy dulce. Pero claro, a ti esas cualidades te parece bien poco.

—¿Quieres que me fije en tu hermana, entonces?

Intenta encestarme otra patada, falla nuevamente.

—Cuidadito. Mi hermana es demasiado para ti.

—Tú piensas que es demasiado para todos.

—Porque lo es. Hay puros perdedores en esta ciudad, y tú no eres la excepción —entrecierra los ojos y deja la taza arriba de la mesa—Me voy.

Meneo con la cabeza y simplemente me despido sacudiéndole la mano. Que va, tiene razón. Es una chica de una buena posición social, seguramente mejor instruida que yo y con un futuro brillante. Enredarse conmigo sería un problema que no valdría la pena. Lo mejor es ahorrarse dolores de cabeza para ambos, mantener distancia. El maldito inconveniente es que cuando ella me observa con sus exagerados pestañeos y su sonrisa coqueta, no evito pensar un sin fin de cosas que harían que Nate apunte contra mí y apriete el gatillo repetidas veces y con mucho gusto.

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Llega domingo a la mañana y debo pasarle unos billetes a Carl para que cierre el maldito pico y me deje pasar la droga. Camino hasta la mesa más alejada y me dejo caer sobre el asiento, esperando impaciente a que Eloy atraviese esa puerta junto todos los reclusas. He pasado toda la semana estresado sin saber si usar los ahorros que llevo juntado por años para poder ayudar a Ben a comprar su propio departamento una vez que se gradué de la universidad, pero lo cierto es que no me perdonaría jamás si me atreviera a hacerlo. La ocasión perfecta fue el viernes, cuando tomé el dinero que gane en la carrera y conseguí la bolsa de cocaína esa misma noche de uno de los perros de Killian. Ni siquiera me importaba comprarle al gilipollas ese, solo quería terminar con el maldito tema de una buena vez por todas.

Las puertas se abren y dan paso a los convictos para reunirse con sus familias, ni siquiera hay demasiados esperándolos. Eloy es el ultimo en pasar, cojea de una pierna y lleva ambos ojos negros y el labio roto. Se sienta con dificultad en el banco, dando una mueca de dolor.

—Supongo que he llegado tarde y ya te has vuelto señorita.

Mi chiste no le gusta una mierda y me alegro por ello.

—Vete a la mierda.

—Y supongo que no vas a necesitar lo que traje

—Ja —Eloy me envía una mirada llena de desprecio—Si fuese por ti, ya me habrían matado.

Me encojo de hombros. Tiene razón.

—Para mi suerte, si hay alguien que se preocupa por mi—se cruza de brazos. Yo le miro sin entenderle del todo—Félix.

Rechisto molesto. Debí imaginarme que Ben llamaría a Félix para asegurarse.

—¿Qué hizo?

—Tiene algunos conocidos. La mayoría de los convictos y los guardias lo conocen, así que corrió el rumor que le pondría una botella en el culo a quien quiera joderme de nuevo.

Entonces, se explaya contándome sobre su enfrentamiento con el líder de la cárcel y este retrocediendo solo por su miedo a Félix. Me mantengo en mi sitió, simplemente ignorando las palabras de Eloy, más bien pensando y pensando porque diablos Félix tiene que meterse en esto de nuevo. Le costó horrores limpiar su nombre para que dejaran de joderlo y criarnos con tranquilidad. No le veo justo que tenga que cuidar el culo de Eloy solo porque es un maldito bocón y ahora se las dé de súper villano en esta cárcel.

—Estoy pensando en devolvérsela. ¿Sabes? Haré que los demás presos se pongan en su contra, así tal vez aprenda a no meterse conmigo.

—Ya deja de armar revueltos y quédate quieto.

—¿Por qué? En California nadie conocía a Félix, aquí es distinto. Algunos estuvieron bajo su mandato, otros se enfrentaron a él y perdieron. Él todavía tiene poder aquí, ¿puedes creerlo? Después de tantos años...

—Pero eso ya se acabo, Eloy.

—Está claro que no. ¡Solo piénsalo, Lion! —me observa con los ojos brillando, ilusionado. Siento nauseas en estos momentos—Una vez que salga de aquí podemos volver al negocio familiar. Esta en nuestra sangre ser narcotraficantes. Melisa y Desmond lo eran...

—Sí, y por eso todavía están presos.

—Y Félix también lo era. Los tres... no, los cuatro; no olvidemos a Ben —aprieto los puños con fuerza de solo escuchar el nombre de Ben salir de su asquerosa boca—No podemos dejarlo de lado. Él es quien hará mejor trabajo. No tiene una sola mancha negra en su expediente. Podemos...

Entonces, no lo soporto un segundo más. Tomo su cabeza entre mis manos y le estampo contra la mesa con fuerza. El estruendo pone alerta a los guardias que van hacia mi rápidamente, antes que pudiese llegar y separarme de mi hermano, me agacho hasta su altura, apretando cada vez con fuerza su cara contra la madera.

—Te matare si metes a Ben y a Félix en tus mierdas. Te lo juro.

Dos me toman pos los brazos, apartándome del gilipollas de mi hermano. Dejo que me arrastren, consciente que habrá más problemas si me opongo, aunque lo único que quiero es ir contra Eloy y terminar por romperle todos los huesos.

—¡Compórtate de una jodida vez!—exclamo antes que me saquen de la sala de visitas. Al menos, no tendré que volver en un buen tiempo. No me dejarían aun si lo quisiera.

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Llego a casa después de haber pasado por un interrogatorio por Carl y sus estúpidos compañeros. Preguntaron por qué golpee a mi hermano, les dije que por hijo de puta. Me dejaron libre, supongo que ninguno de ellos lo soporta. Eloy es petulante y arrogante, no me extraña que quisieran darle una paliza o se la den cuando nadie este vigilando.

Tiro mi chaqueta arriba de la mesa bruscamente y me tiro de lleno al sillón, sintiéndome mil veces más cansado. Aprieto fuerte los puños de solo pensar en las pendejadas que dijo Eloy y solo me arrepiento por no haberlo golpeado realmente, a ver si con eso deja de meterse en problemas. No sé porque no madura y se hace responsable de sí mismo en vez de esperar que le salvemos el culo cada vez que se mete en problemas.

Escucho un ruido seco y fijo mi mirada en la mesa. Del bolsillo de la chaqueta ha caído la bolsa de cocaína. La dejo estar, ni siquiera quiero levantarme. Ahora no sé qué diablos hacer con eso, quizás venderlo para recuperar el dinero que perdí por nada. Mierda, no solo perdí dinero sino que también tiempo frustrándome y estresándome. Félix debió haberme dicho que él lo había solucionado, aunque creo adivinar por qué no lo ha hecho.

Nate atraviesa la puerta de la casa con dos bolsas en sus manos, dejando la puerta levemente abierta. Me echa una sonrisa con su típico buen humor y deja las bolsas arriba de la mesa para sacar los productos.

—¿Cómo te ha ido?

—Bien, supongo. Félix se hizo cargo.

—Me lo imagine. Ben de seguro lo llamo, ¿cierto?

Lo bueno de mi amistad con Nate es que me ahorro un montón las explicaciones, así que solo me queda asentir y dejar caer un brazo sobre mis ojos. Ahora solo quiero dormir un buen rato, es sábado y por lo tanto es mi día libre. Nada de clientes y motores.

—Oye, ¿no te molesta que Nastia almuerce con nosotros? Quiere prepararnos algo.

No le contesto y él lo toma como una invitación, por lo que se pone a tararear una canción mientras guarda todo en la heladera y las alacenas. Puede que Nastia se haya mudado, pero es como si todavía viviera aquí. No estuvo demasiado tiempo, tan solo una semana y dormía en el cuarto de Nate mientras este lo hacía en el sofa. Por mi parte, yo me mantuve esa semana con más trabajo de lo normal y así lo preferí. Era difícil estar en la misma habitación con ella sin que sus ojos encantadores me buscaran e intentara seducirme, ni tampoco era fácil cuando estaba correteando por todo el espacio con sus delgadas y tostadas piernas, ni mostrando su delgada cintura que lo único que lograba era que mis manos ardieran para poder colocarlas allí. Es injusto que las cosas se dieran así. Pero que voy a hacerle, Nate no tiene la culpa que su hermana sea tan ardiente.

—Ey, se cayó esto—dice y aparto mi brazo de mi cara. Me siento inquieto al verlo con la bolsa de cocaína tan tranquila—¿Que harás con esto?

—Venderlo.

—¿Quieres que te ayude?

Le envió una mirada significativa que él sabe interpretar, pero solo responde con una media sonrisa. Decide guardar la bolsa en mi chaqueta y me la lanza al instante.

—Tranquilo. Puedo ver cocaína sin querer metérmela toda por la nariz.

—Lo siento.

—Está bien, tienes tus motivos —se encoge de hombros sin desanimarse—Descansa un poco, iré a darme una ducha antes que Nastia llegue.

Asiento sin más y dejo la chaqueta por mis piernas. La adicción de Nate fue algo presente desde que nos conocimos. Fue su peor momento, lleno de euforia y furia al mismo tiempo, desesperado por consumir y dispuesto a lo que sea. Incluso cuando empezamos a vivir juntos, notaba que cada vez faltaban más cosas en la casa. Tarde un poco en darme cuenta que era él quien las vendía para seguir consumiendo, y así desataba peleas entre nosotros que nos dejaba sin hablarnos por semanas. Eso fue hasta que Lily llego a su vida y lo ayudo. Nate enserio decidió cambiar. No por ella, ni siquiera por él. Quería ver a Nastia, eso es todo. Así que dejo la mierda, comenzó a estudiar para terminar su último año de preparatoria y para el examen de ingreso a la universidad. Ahora está en su segundo año estudiando ingeniería mecánica, tratando de crear un futuro decente para sí mismo.

Suspiro y me dejo vencer por el sueño, pensando una y otra vez en los recuerdos del pasado cuando consumíamos juntos y Lily nos echaba esas miradas tristes. Era de nuestra edad, una gran amiga. Fue la primera mujer en participar en las carreras y quien cerró la boca a todos los que le dijeron que el volante no era hecho para las mujeres, y mucho menos para ella. Lily estaba llena de adrenalina, de vida, de ganas de superarse. Así que siempre nos miraba tristes cuando estábamos con nuestras mierdas. Siempre decepcionada, corriendo la mirada de nosotros. Sobre todo de Nate. Porque estaba colada por él, demasiado. Y a mí me dolía tanto...

Medio dormido, me sorprendo levemente al recordarme a mí mismo que una vez amé a la chica de mi mejor amigo.

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No sé cuánto tiempo duermo, solo que al despertar música suena y reconozco de inmediato a Frank Sinatra junto a una voz femenina acompañándolo. Confundido, me doy vuelta aun recostado del sillón, Nate está en el otro sillón individual con la mano apoyada en el respaldo y la baba cayéndole, completamente dormido. Vuelvo a escuchar la voz, esta vez resonando más fuerte con el estribillo.

Diviso a lo lejos a Nastia, lleva puesto un delantal y el cabello recogido en una coleta. Se mantiene cantando la canción sonriente mientras mueve su cuerpo levemente al ritmo sin perder la concentración en preparar la comida. Le escucho cantar una vez más, emocionada, recorriendo el camino más largo de la mesa hasta la cocina, dejando una bandeja dentro de ella.

—¡I love you baby, and if it’s quite all right…! —exclama a la vez que se quita el delantal, dejándolo sobre una de las sillas.

Me siento en el sillón, restregándome los ojos mientras la veo interpretar su propio espectáculo sin ser del todo consciente de que he despertado. No es hasta que su mirada cruza con la mía, y en vez de avergonzarse, empieza a girar sobre si misma, cantando con más emoción.

Le sonrió divertido, viendo como parece complementarse ante la melodía y dándole su toque personal a las estrofas. Al terminar la canción, Nastia se ríe de si misma estridentemente, Nate suelta un gruñido, por lo que no tarda en taparse la boca.

—Lo siento, ¿te he despertado? —susurra con una sonrisa, echándole un vistazo a su hermano.

—Está bien, ya tenía qué. —contesto sin más, levantándome.

Tengo la intención de ir hacia mi cuarto, Nastia me intercepta apenas dos pasos. Se queda observándome con las manos hacia atrás, aun sonriendo y sus mirada brillando, como si esperara a que le dijese algo.

—Nate me ha dicho que fuiste tú quien le ayudo cuando llego a Chicago. Gracias.

—No es nada.

Intento pasar a su lado, se corre rápidamente, bloqueándome otra vez.

—Y también quiero preguntarte algo.

Miro por inercia hacia donde esta Nate, todavía durmiendo como marmota. Si pasara un terremoto por encima él no se percataría.

—¿Qué?

—¿Quieres tener una cita conmigo? —dice por debajo sin apartarme la mirada.

Se me cruza una pequeña sonrisa al verla tan dulce y esperanzada. Nastia no solo es ardiente, también es cariñosa, alegre y muy maternal. Pero chicas como ellas no van conmigo por obvias razones: no busco una relación, no quiero que nadie se haga ilusiones conmigo y mucho menos ella.

—Lo siento, Nastia. No puedo.

Pese a mi rechazo, su sonrisa y su actitud no flaquean. Se hace hacia atrás, asintiendo con la cabeza.

—Pero si quieres, ¿cierto? De lo contrario, no sería un “no puedo”.

Lleva la razón, aunque no se lo digo.

—No se dará, de todas formas.

Creo que he hecho algo malo, pues su mirada ha cambiado totalmente. Es como si le hubiese lanzado un reto en frente, uno que parece estar dispuesta a ganar.

—Eso ya lo veremos —se encoge de hombros y se va saltando hacia la cocina—En 20 minutos estará la lasaña. ¡No te duermas de nuevo!

Nate hace un ruido extraño con la garganta pero nada que lo distraiga de su sueño de belleza. Veo a Nastia reproducir la música de nuevo, esta vez aventurándose por Elton John y lavando bajilla. Suspiro y antes de darme una ducha observo a mi amigo, preguntándome cómo le sentaría que fuésemos cuñados al menos una noche.

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La lasaña de Nastia es riquísima, tanto que Nate y yo nos terminamos la bandeja entera más rápido de lo que nos hubiese gustado. Ella apenas ha comido una porción y ahora va por una pequeña ensalada de fruta que ha hecho para ella. No es secreto que ninguno de los dos es experto cocinando, generalmente siempre compramos cosas hechas o que sean fáciles para hacer. Admito que con la llegada de Nastia estamos comiendo mejor, y para que mentir, también teniendo unos kilos más.

Cuando finalmente terminamos y nos quedamos muertos en la silla, Nastia saca un postre que trajo especialmente para nosotros.

—¡Tada! ¡Tarta de manzana! —deja el tuper alegremente sobre la mesa, atrayendo nuestra mirada rápidamente en esta—Lo hornee hoy en la mañana. Les traje la mitad para ustedes, la otra la deje para Rynn.

—¡Yo quiero! —exclama Nate con los ojos brillándole— Diablos, amo la tarta de manzana.

—Lo sé, por eso la hornee —Nastia le guiña un ojo y rápidamente le sirve una porción—A Rynn también le encanta, así que mate dos pájaros de un tiro.

—¿Qué tal es esa Rynn? —pregunta su hermano desconfiado, agradeciendo su pedazo de tarta.

—Es una gran chica. Me cae genial—Nastia prosigue a cortarme una a mí y dejarla en un plato nuevo. Me dedica una sonrisa coqueta antes de voltear a su hermano—Además, siempre me cubre en el trabajo y vamos juntas a la universidad cuando coinciden nuestros horarios.

—Mmm —murmura el gigante, saboreando la tarta, al mismo tiempo que desconfiado—¿No ha llevado chicos al departamento? Tienes que decirle si no estás de acuerdo. También es tu espacio.

La morena se ríe como si le hubiesen contado un buen chiste. Miro de reojo a Nate, frunciendo el ceño, y es que esta enserio paranoico creyendo que esa chica será una mala influencia para su hermanita. Si tanto tenía miedo que Nastia pueda irse por mal camino era mejor que se mudasen juntos.

—Por favor, Rynn es un cielo. Ella jamás traería chicos —pone los ojos en blanco, divertida—Y en todo caso que lo hiciera, pues está en su derecho. Está pagando por el piso también.

Nate suelta su tenedor al instante al escucharla, transformando su expresión de desconfiado a uno molesto.

—¡Pero mira si trae a un pervertido y se mete a tu habitación!

—Soy tercera en shodan de cinta negra y negro en jiu jitsu. ¿Acaso no recuerdas las palizas que te daba?

—No te golpeaba porque después papá me linchaba —masculla por debajo, volviendo a su tarta de manzana. —De todas formas, no es apropiado que traiga chicos al departamento. Hay reglas entre roomies que deben respetar.

—Pero tú debes traer chicas a casa al igual que Lion —se cruza de brazos, mirándonos a los dos esperando una reacción que confirme los hechos. Y la hay, pues nos miramos de reojo con Nate, este parece advertirme que niegue todo, pero Nastia ya nos ha agarrado—No me parece mal, cada uno tiene derecho a ejercer su sexualidad como le plazca. El sexo es una necesidad de todo ser humano.

El pobre de Nate se atora al escucharla y golpea su pecho para pasar la tarta. Nastia le sirve un poco de jugo y se lo deja enfrente con total tranquilidad. A mí me hace gracia que reaccione tan exagerado solo porque su hermanita habla de “cosas de adultos”. Pero vamos a ser sinceros que la razón la lleva ella, independientemente que tan protector sea Nate.

En lo que vemos a Nate pasar de rojo a morado, intentando aun de respirar, la morena y yo cruzamos miradas en un breve segundo que parece decir mucho y a la vez nada. Tengo que quitarle los ojos encima y diluir mi sonrisa, pues la sugerencia no pasa por negativa en mi cabeza.

—Cielos, Nassie, ¡el sexo no es una necesidad! —exclama una vez que se recupera—Solo está sobrevalorado. No es tan importante como para llamarlo una necesidad.

—Puede que  no, no lo sé. Pero todos vivimos y percibimos de distinta manera las cosas así que…—se encoge de hombros, dejando caer su barbilla en sus manos entrelazadas—No me creo que Rynn lleve a ningún chico porque hasta el momento no lo he visto interesarse por nada que no sea el trabajo o la escuela, así que despreocúpate.

—Mmmm, voy a darle el beneficio de la duda por ahora…

—No seas así, Nate. Solo conócela, ¿si? Estoy segura que te caerá bien. ¡Además le gusta Inuyasha! Nosotros amábamos Inuyasha desde niños, ¿te acuerdas?

Me desentiendo de la charla fraternal una vez que termino mi tarta y anunció que me iré a ver a Félix. Otra vez cruzo miradas con Nastia, pero nada demasiado obvio y más inocente. Creo que desde aquella vez que le dijo a Nate que yo tenía curiosidad sobre ella ha estado más cautelosa en sus coqueteos. Aun así, Nate a veces es demasiado distraído como para darse cuenta que su hermana quiere ligar conmigo y, para que mentir, yo también.

Camino pocos metros antes de golpear la puerta nº 24, solo a tres departamentos de la mía. Félix me abre con un emparedado en la boca y una lata de cerveza en la otra mano, solo hace un movimiento en la cabeza para que entre y lo hago. A diferencia de mi departamento, el de Félix tiene paredes color verde manzana que desentona por completo con sus sillones naranja y sus cuadros de Dio. Tiene una biblioteca extensa que está hecha todo un desastre, pues los libros están mal colocados y hay variedades de chucherías sobre este. Félix nunca ha sido un fanático del desorden, y quizá por ello tome la manía de mantener todo limpio y en orden después de vivir casi diez años con él.

—Vi a la linda Nastia ir a tu departamento —dice a medio masticar su sándwich, cerrando la puerta y caminando directo hacia la silla de su mesa—Me dejo un pedazo de tarta de manzana. Tiene buena mano en la cocina.

—¿Por qué no me dijiste que te habías contactado con Eloy? —pregunto de inmediato.

Félix deja de masticar y me mira, dejando la cerveza sobre la mesa y suspirando, cansino.

—No pelees.

—Te dije que no te metieras si te volvía a llamar—le recuerdo controlándome de no exasperarme con él. Es casi imposible, pero todo lo que tenga que ver con mi hermano mayor me hace perder los estribos. —Solo te traerá problemas. Si ya te saliste de la mierda, entonces quédate afuera.

—No te enojes, muchacho. Siéntate—estira una mano hacia la otra silla frente a él. No respondo—Vamos, siéntate y tengamos una conversación. Te traeré una cerveza, ¿si?

El tono de voz pacifico y paternal que entona mi tío me hace ceder. Por momentos me recuerda al de mi madre en sus mejores momentos de lucidez, aunque ese cariño no duraba demasiado para abrirle paso a las golpizas.

Félix deja una lata de cerveza frente a mí y la abro, bebiendo un gran trago. No quiero beber desde tan temprano, me he prometido a mi mismo que no lo haría después de pasar tanto tiempo perdido en el alcohol, por lo que lo dejo de inmediato, resistiendo el impulso de querer tomar otro.

—Ambos sabemos que Eloy es un idiota, y no lo culpo, los genes de tu padre siempre han predominado sobre él. —pongo los ojos en blanco, pues siempre es la misma excusa—Sé que estas cansado y harto de tener que salvarle el culo, pero es tu hermano, Lion. También has tenido tus errores y te he ayudado a solucionarlos, a salir de tus problemas.

—Pero yo si aprendí, Eloy no lo hace—espeto brusco, cruzándome de brazos y apretando fuerte mis puños. Me gustaría darle un buen puñetazo de solo tenerlo enfrente—Ojala se quedara ahí adentro para toda la vida. Lo peor es que mete a Benjamín en todo este lio de mierda, como si necesitara que otro de nosotros se hundiera en su porquería.

—Ben ya no es un niño, Lion. Ya es un hombre y puede tomar sus propias decisiones—dice terminando su sándwich y acompañándolo con un trago de cerveza—Siempre has sido sobreprotector con él, pero con Eloy te comportas agresivo. ¿Qué tanto es tu rencor para odiarlo de esta manera?

—Supongo que es por lo que dices, que porque tiene más genes paternos que ninguno de nosotros—suelto con acidez, casi odiando tener que recordarlo.

Mi tío suspira y parece cuidadoso en lo siguiente que dice.

—Tú también tienes mucho de tu padre, Lion. Más de lo que crees.

Le miro con odio, deseando que cerrara la puta boca y se retracte en este mismo momento. Una angustia junto con una ira descontrolada empieza a expandirse por mi pecho. Si supera cuanto me cuesta controlarme en estos momentos no estaría diciéndolo de manera tan ligera.

—Yo no soy como él —aprieto los dientes ante cada palabra. Félix se ve calmado, pero en guardia.

—Solo digo que estas proyectándolo en Eloy, y él no es Eloy.

—Puede que Eloy no sea tan basura como Desmond, pero eso no quita que sea una mierda. —me levanto y saco de mi bolsillo trasero un rollo de dinero, arrojándolo arriba de la mesa—No te vuelvas a meter, Félix. Solo vive tu vida y deja que ese hijo de perra se las arregle como pueda. Ya has hecho suficiente por nosotros.

—Lion…

—Y dile a quien sea que te haya vendido esa porquería que voy a romperle las piernas si vuelve a hacerlo, ¿entendiste? —Abro bruscamente la puerta, observándolo con determinación. —No voy a permitir que te vuelques en esa mierda de nuevo.

Cierro la puerta de un portazo sin darle oportunidad de decir algo y rebusco en mis bolsillos la caja de cigarrillos. Intento prenderlo, solo que el encendedor no anda y me frustro tanto que termino lanzando el encendedor hacia la pared, rompiéndolo en el impacto.

No hago más que gruñir y maldecir por la puta suerte que me traigo estos días, y ahora lo único que quiero hacer es romperle la cara a alguien solo para quitarme esta mierda de encima. No entiendo porque siempre Félix defiende a Eloy cuando ha hecho hasta lo imposible para que lo odiase. No solo metió droga en su casa, ni tampoco creo disturbios en el edificio y provocara un allanamiento en todos los hogares, sino que también le ha quemado el auto en uno de sus berrinches, le robo dinero, un collar de su fallecida esposa y hasta lo ha dejado pagando sus propias deudas. Puede que yo no haya sido mejor que Eloy en mi época, pero al menos no mordí la mano que me dio de comer ni tampoco le apuñale por la espalda. Simplemente, no entiendo porque sigue protegiéndolo.

Alguien me toca por la espalda y por pura inercia muevo mi brazo con brusquedad, volteando con una mirada fulminante. Encuentro a Nastia con las manos en forma de cruz, bloqueando el golpe, sorprendida. Hago un paso hacia atrás y exhalo con fuerza, irritado el tan solo pensar que me vería en un problema con Nate si la lastimaba. Por suerte, su reacción fue rápida.

—Perdón —mascullo apretando una vez más los dientes. Necesito un cigarrillo ya mismo.

—¿Estas bien? —inquiere preocupada. Da un paso adelante, yo respondo con dos hacia atrás. Se queda quieta, consciente de que no la quiero cerca. —Veo que no.

Le miro para decirle que simplemente vuelva adentro, pero reparo el hecho de que lleva puesta mi chaqueta de cuero. Veo la bolsa de cocaína asomarse en uno de los bolsillos y de inmediato me acerco.

—¿Qué haces con eso puesto?

Nastia se encoge en si misma por la brusquedad de mis palabras y la a proximidad intimidante. Le fulmino con la mirada, reprimiendo las ganas de arrancarle la chaqueta.

—¿Esto? —se mira a si misma hasta que repara en la chaqueta—Lo siento, creí que era de Nate. ¿La quieres de vuel—…?

Ni siquiera espero a que termine de hablar antes de prácticamente sacársela y estrujarla en mi mano. Nastia se queda observándome entre sorprendida y asustada.

—No vuelvas a tocar mis cosas. Si no sabes de quien es, simplemente no lo tomes.

Me giro sin dedicarle otra mirada y camino furioso con destino a las escaleras, tengo que cruzarme al almacén para más cigarrillos y encendedores que funcionen de una puta vez. Algo suave me golpea la cabeza y no dudo en girar, colocando una mano sobre la zona. Veo a Nastia con los ojos envueltos en llamas y mi mirada va hacia abajo, viendo que me ha tirado: la bolsa de cocaína.  

—Se te olvido tu porquería—dice con desprecio. En sus ojos ya no hay esa calidez de esta mañana, más bien resentimiento y frialdad—Estúpido, bruto de mierda.

Gira sobre sus talones mascullando más maldiciones por debajo y entrando bruscamente a mi departamento. Tomo la bolsa mientras intento pensar en no mandarla al diablo a ella, a Félix y a todo el mundo que se me cruce hoy en mi camino. Simplemente, todo se puede ir a la mierda.

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Es difícil olvidar donde uno viene porque el mundo parece conspirar para que lo recuerdes constantemente, como si no pudieses salir de ese agujero de mierda y estés condenado a estar sujeto a ese pasado. No me avergüenza, pero tampoco me enorgullece todo el camino que tuve que recorrer para llegar hasta donde estoy, y que si soy sincero no es demasiado alto.

Mis padres eran unos imbéciles, ambos. Vendían drogas de todo tipo, viviendo todo el tiempo consumiéndola o peleándose entre ellos. A veces se desquitaban con nosotros sus malas decisiones en el negocio o si se descubría una aventura extra matrimonial. No lo entendía bien por qué éramos su saco de arena, pero supongo que a alguien tenía que echarles la culpa. Ben siempre fue de contextura pequeña, creció al borde de la desnutrición que su cuerpo no se había desarrollado correctamente, por lo que solíamos esconderlo en un esquinero detrás de un sillón circular, dejándonos a Eloy y a mí con la desgracia. Eloy era mucho más rápido que yo y se trepaba a arboles gigantescos con tal de no sufrir una paliza que siempre terminaba por recibir yo. Palizas que podían durar eternidades y me dejaban en medio de la oscuridad para despertar a las horas, observándolos una vez más consumir y rezando para que no vuelvan a descargar sus frustraciones en mi.

A veces nos mandaban a dormir a los gallineros, otras nos hacían participes de las orgias en casa. Teníamos suerte si un alma generosa entre toda esa mierda abría una ventana y podíamos escaparnos por allí. Valía una golpiza la próxima vez que volviésemos, pero no tendríamos que ser abusados de nuevo.

Cada vez que esos recuerdos me golpean lo único que quiero es correr. Correr hasta que las piernas no me den más y se me desgarren por completo. Por un tiempo, todo ese dolor y esa adrenalina opacaron los recuerdos y las sensaciones, pero llegue a un punto en que no era suficiente. Entonces me metí en las peleas callejeras donde tampoco salía bien librado, poco y nada me importaba si un hueso se me rompía o quedaba hecho una mierda. Me era suficiente para opacar todas las vivencias borrosas. Y cuando eso tampoco fue suficiente, empecé con las carreras clandestinas. Se volvió casi una adicción, tanto que robe dinero y vendí drogas para arreglar mi auto y volverlo letal para cualquiera que se atreviera a desafiarme, para sentirme nuevamente en el borde de la muerte cada vez que apretara el acelerador con la idea que tal vez fuese mi última carrera. Ese solo pensamiento hace que mi sangre corra miles de veces más rápido por mis venas y se llene mi pecho con una euforia inexplicable, casi asfixiante, pero placentera.

—Oye, Lion—volteo a mirar a Ariet, quien lleva a Kou en sus brazos. Le miro desde la barra de Underground.

—Qué.

—Uy, que humor —se detiene un segundo antes de volver a acercarse—¿Día de mierda?

Simplemente le miro advirtiéndole que no estoy de humor. Lo capta de inmediato y deja al perro sobre sus piernas una vez que se sienta.

—El lame pollas de Killian está apostando un buen dinero para quien le gane. ¿Me cuidas a Kou?

Justo lo que necesitaba. Una carrera.

Bebo mi cerveza de golpe y empujo a Ariet cuando me asoma a Kou.

—¡Cuidado que tengo a mi bebe en brazos! —chilla abrazando a su perro, quien suelta un ladrido.

Le ignoro y un poco borracho, avanzo entre la gente para ir hacia la salida de atrás, listo para sumarme a la mierda. Veo al idiota de Killian y Rustici bebiendo a un costado de sus respectivos automóviles mientras presumen con unas chicas a su alrededor. Pocos tontos se han animado a hacerles de frente, y es que son generalmente los novatos que terminan por apostando sus autos en contra de estos estúpidos. Cruzamos miradas en las que la diversión y la soberbia se les apagan a ambos. No nos llevamos bien, pero tampoco pésimo. Es un respeto mutuo por habernos salvado el culo mutuamente cuando la situación lo amerito después de tantos años y siendo de los primeros en fundar estas carreras, pero no por ello son mis amigos ni yo el suyo.

—¿Entraras, Starkey? —pregunta Killian terminando su cigarrillo, tirándolo al suelo y soltando el humo. Sonríe burlón —¿Acaso trajiste a la barbie para que te respalde?

—Cierra tu boca, Bramson —dice Ariet mirándolo mal. —Mejor dale a Nate el maldito dinero. No vaya a ser como la vez anterior que nos estafaste a todos.

—No peleen, dejen la emoción para las carreras—Nate aparece saliendo por la puerta del bar. Me dedica una mirada interrogante, y como no si no volví al departamento y le ignore por completo cuando lo vi llegar al bar. Él siempre es el encargado del dinero y de calmar las aguas entre nosotros, y aunque tampoco esos dos idiotas son santo de su devoción, tienen un trato más cordial con él—¿Se jugara solo dinero?

—La Barbie nunca quiere apostar el auto—se burla Rusciti—Que servirá de todas maneras, es un pedazo de chatarra.

—No apuesto lo que es de calidad, perro. No soy como tú que no tiene nada que perder.

Rusty se le ríe en la cara y bromea con Killian que deberían ponerlo en un concurso de miss universo. Pese a que se meten con Ariet y este responde, siempre terminan por burlarse de él como si fuese un crio estúpido, y eso es lo que más le jode al rubio.

—¿Dónde dejaste a Kou? —le pregunto al notar que no está el canino con él.

—La chica del lápiz —contesta simplemente, no le entiendo—A la roomie de Nastia.

—Ah.

Todos hacen sus apuestas a la vez que cada uno va a su auto. Aprieto fuerte mis manos sobre el manubrio y volteo a mirar una imagen de Ben y yo el día en que lo despedí para irse a la universidad. Cada vez que me subo a este auto sabiendo que tal vez la locura me lleve a la muerte, no temo en lo absoluto a morir. Lo único que tengo es Ben, y sé que él estará mucho mejor sin mí que conmigo. Así que cuando se dispara la pistola y una de las chicas agita la bandera, aprieto a todo dar el acelerador, dejando que la adrenalina y los revolucionarios sentimientos se apoderen por completo de mí.

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El baboso de Bramson y el estúpido de Rusty se tragan sus palabras cuando Ariet es el primero en llegar y yo le sigo por un pelo. Me quedo un momento hasta que el rubio recibe el premio con su sonrisa socarrona y burlona en dirección al par de idiotas, pero no hacen más que enviarle una mirada asesina y buscar chicas para pasarse el mal momento.

—¿No te quedas? Yo te invito—Ariet me guiña un ojo y palmea el bolsillo donde tiene su dinero.

—Dale el dinero a Nate para que te lo guarde. A él no van a asaltarlo —le aconsejo, sacando nuevamente las llaves de mi auto.

—Kou y yo podemos contra esos chicos —aletea la mano, quitándole importancia. Su ceño se frunce y busca con la mirada a alguien—¿Y la chica del lápiz? ¿Dónde está Kou?

—Hazme caso. Dáselo a Nate —le insisto una vez más, sin embargo Ariet le vale mierda porque sigue buscando a su perro.

Pongo los ojos en blanco y me marcho, espero que no le busquen broncas porque haya ganado. Bramson y Rusty y sus lame pollas pueden ser jodidos cuando quieren.

Estoy más calmado camino a casa. La borrachera ha pasado un poco al igual que la pesadez que albergaba en mi pecho, no demasiado, pero si lo suficiente para despejar algo del malhumor que me asalto desde el medio día. Por un segundo pienso en volver y correr otra vez, solo para librarme de la angustia y la ansiedad aunque sea por unos minutos. Contengo un suspiro y lo suelto cuando decido que es suficiente adrenalina por esta noche. Quizás un libro y un té serían la mejor manera de distraerse y llamar al sueño. Tal vez podré dormir bien esta noche si leo, el problema es que a veces busco en la lectura la posibilidad de descansar y termino por devorarme las paginas, tan consumido por la historia que no me doy cuenta que hora es hasta que son las cuatro de la mañana y sé que mañana será un día de mierda porque no he dormido nada.

Cruzo a Félix en el estacionamiento, yo apenas acabo de salir de mi auto y él se dirige al suyo. Va vestido con sus buenas ropas, y por buenas ropas me refiero a una camisa negro y un jean azul oscuro con una chaqueta de cuero idéntica a la mía. Nos observamos fijamente en lo que una mirada parece existir la reconciliación, por lo que solo sonríe y me da una palmada en el brazo. El pedir perdón no es de mis mejores habilidades, peor reconocer en voz alta mis errores sin que se me caiga la cara de vergüenza por mis momentos estúpidos, pero al menos Félix me conoce lo suficiente para saber que no quise actuar como un idiota hoy, solo que todo el asunto con Eloy se me está yendo de las manos y por momentos no sé cómo  manejar con el problemático de mi hermano.

—Tuviste una buena carrera, ¿cierto?

—Gano Ariet—frunce el ceño sorprendido y sin creérselo —Le he dejado ganar.

—Eso explica mucho —se ríe aunque no creo que haya percibido mi broma. Nunca soy bueno para bromear. Pasa una mano por su cabello, tirándolo hacia atrás. —¿Qué tal me veo? ¿Crees que alguna mujer simpática y linda querrá bailar conmigo esta noche?

Le miro atentamente, sorprendiéndome del cambio en su cabello y…

—¿Estas usando maquillaje? —digo sin poder creérmelo, acercándome más a su rostro. Me aparta con una mano sobre la cara, tirándome hacia atrás.

—Solo es corrector de ojeras, ¿Qué te crees? ¿Qué estas ojeras dicen que he estado trabajando toda la noche? No, solo dicen que me envicio mirando series en netflix y bebiendo cerveza.

—Vaya, creí que se debían a que haces algo productivo y no te la pasas mirando series adolescentes—suelto con sarcasmo, curvando una breve sonrisa en mi rostro.

—No todos podemos mirar Friends quince veces, Lion. No seas presumido —choca su hombro con el mío al pasar, aun sin perder su diversión —Compórtate, ¿escuchaste?

—¿Por qué tengo que comportarme? —pregunto sin entenderle. Félix solo mi guiña un ojo y se monta arriba de su camioneta, arrancando.

Le doy la espalda en dirección al departamento, aun sin entender del todo su advertencia. Una vez que llego al segundo piso, me adentro sacándome las zapatillas y tirando la cacheta sobre el sillón de la sala. Al menos Nate ha dejado todo ordenado una vez que se fue. No sé cómo diablos lo hace para desordenar todo en un segundo, y si no fuese porque jure destruir su preciosa colección de Stars Wars no lo mantendría a diario.

Saco una cerveza de la heladera y voy hasta la biblioteca, elijo a Stoker con La joya de siete estrellas y me tiro al sillón, estirando mis piernas a lo largo. Absorto en la lectura, devoro página por página a la vez que voy adentrándome en la historia de Margaret y Malcom.

Pronto pasa el tiempo y he acabado con los tres primeros capítulos, también me he quedado sin cerveza pero estoy lo suficientemente cómodo como para levantarme a buscar otra. De pronto, siento algo clavarse en mis jeans, rozando mi piel. Me sobresalto y por poco no sacudo la pierna, atribuyéndole a algún bicho. Sin embargo, mis ojos se abren en grande cuando un gatito negro con ojos verdes comienza a maullar en mi dirección, escalando a mi regazo con debilidad en sus patitas, balanceándose. Miro al animal sin entender como carajos se metió a la casa y por inercia viene la imagen de Nate y su insano amor hacia los animales abandonados. Creí que dejaría de hacerlo luego que le advirtiera que le echaría a la calle con animal y todo. Lo que no entiendo es porque los trae aquí en vez al refugio donde es voluntario.

Suspiro algo frustrado, no demasiado como para no aceptar el cariño que el animal me brinda, lamiendo mi mano y restregándose en ella. Dejo el libro al lado y tomo al gatito entre mis manos, acariciándole detrás de la oreja con suavidad. Le escucho maullar hasta que finalmente se acomoda en mi pecho, estirando sus garritas sobre mi ropa, sin llegar a penetrarla. Se ve pequeño y frágil, tanto que me recuerda al gato que teníamos cuando éramos niños. Apareció un día de otoño, era pequeño, estaba desnutrido y pasaba frío por su escaso pelaje. Supongo que se parecía tanto a nosotros que decidimos cuidarlo, abrazándonos en noches frescas y dándole de lo poco que teníamos para comer.

Lo quisimos mucho. Pero mi madre lo descubrió y decidió dárselo de comer a Stephen. Me corre un escalofrío y sacudo la cabeza intentando dispersar la imagen del estofado. El estomago comienza a molestarme.

—¡Luna! ¿Dónde estás?

Nastia aparece saliendo del pasillo de las habitaciones, deteniéndose en seco. Primero mira al gato sobre mi pecho ronroneando y después sus ojos viajan hacia a mí, endureciendo la mirada y sus facciones. Todavía sigue molesta por el encontronazo de esta tarde y no la culpo, prácticamente la trate como mierda. Ahora entiendo porque Félix me dijo que me comportara

—Hola —susurra.

—Hola.

Un tenso silencio se desarrolla en el ambiente, demasiados incómodos como para romperlo. Quiero dejar de mirarla para distraerme con lo que sea en la habitación, pero no puedo hacerlo hasta que ella lo haga primero. Sus ojos penetrantes no pierden de vista los míos, es como si esperara a que le dijese algo, y aunque me hago una idea, soy lo bastante orgulloso para decírselo de buenas a primeras.

—¿Este es tu gato? —rompo el eterno mutismo.

—Si—murmura insegura y se acerca unos pasos, aun cautelosa. Estira las manos para tomarlo—Lamento molestarte.

—Está bien—respondo mas frio de lo que me gustaría, Nastia retrocede un paso por ello. Contengo el suspiro mientras me pregunto porque siempre soy tan gilipollas con ella. No lo merece. Siempre nos trae comida y nos hace postres deliciosos. —Me gustan los gatos, ¿puede quedarse un momento conmigo? —digo esta vez más suave, y aunque pienso en sonreírle, solo me sale una mueca torcida que pronto se desvanece.

Nastia nota el cambio en mi voz, por lo que su postura se relaja.

—Es un poco mala, a mi me ha rasguñado un montón—comenta mostrándome sus brazos. Me sorprendo ante las líneas rojas en sus brazos y manos—Es una bruta, supongo que estaba demasiado asustada cuando la encontré.

Luna la ignora, demasiado encimada en mis mimos que en la morena. Esta refunfuña algo por debajo y se marcha de nuevo hacia el pasillo, adentrándose. Luna es tan pequeña que no me creo que la rasguñase tanto. La chica vuelve con una bola blanca y pequeña entre las manos, sentándose en el suelo con su espalda apoyada en el sillón.

—Este es Artemis —me presenta a un pequeño gatito, levantándolo con cuidado entre sus manos. Noto la diferencia de colores en ambos ojos—Estaban solitos en el callejón de aquí a la vuelta.

—Ya veo.

Se remueve en su lugar, todavía incomoda. Juega un momento con Artemis, quien parece ser más simpático y cariñoso, escalándose entre las piernas de Nastia y saltando de un lugar a otro cuando ella agita una pluma. La veo sonreír con cariño hacia el mínimo, encantada por sus reacciones. De perfil puedo observar bien su largo cuello descubierto, y me encuentro pensando nada sutil respecto a ella. Luna ronronea hasta que finalmente se presta atención a la pluma, levantados y caminando hacia el borde del sillón. La tomo para dejarla en el suelo, evitando la posibilidad de que se caiga. Es muy pequeña para saltar y caer sobre sus patitas.

—Oh, aquí viene la problemática—dice Nastia con falso disgusto, pasando una mano por el pelaje de Luna. Esta, de mejor humor, estira su cuerpo para recibir la caricia. —Veo que te Lion te ha puesto de buen ánimo, ¿eh?

Luna responde uniéndose a Artemis entretenidos en la pluma. Los observamos en silencio mientras sus maullidos y gruñidos nos entretienen. En un momento se aburren del objeto y comienzan a jugar entre ellos, luchando de manera juguetona y corriendo de un lugar a otro, sin irse demasiado lejos.

—Mi padre nunca nos dejo tener gatos. Los odia—Nastia voltea a mirarme con una sonrisa corta, todavía un poco tensa—Aun así, Nate y yo nos las arreglábamos para cuidarlos un tiempo antes que el servicio se los llevara.

—¿Los dejaban en la calle? —pregunto sin saber que mas decir. Todavía me siento un idiota frente a ella.

—No, algunos de ellos siempre terminaba por adoptarlos —sonrió como si lo recordara—Luego nos mostraban imágenes sobre cómo estaban viviendo. Era un poco triste, pero al menos teníamos la certeza de que estaban bien. ¿Has tenido gatos?

—No. —digo sin pensármelo demasiado. No me creo que la historia de cómo termino nuestro gato le agrade demasiado, tampoco me gustaría contarlo.

Tengo que agitar de nuevo la cabeza cuando la imagen regresa al igual que el escalofrió.

—¿Tienes frio?

—No, está bien. Gracias —musito por debajo, dispersando de a poco la imagen.

Nos miramos un momento más en que otra vez parece que quiere escuchar algo de mí. Prosigo a bajar del sillón y sentarme a su lado en el suelo, cuidando de no tirar la lata vacía de cerveza y dejándola a un costado para que los gatos no la volteen.

—Lo siento, te trate mal hoy—digo de pronto, atrayendo nuevamente su mirada, esta vez sorprendida. Aclaro mi garganta, algo tímido—Estaba de un humor de mierda, no debí tomarlas contigo.

Se queda callada unos segundos en que se comienzan a aflorar mis nervios.

—Está bien, debí haberte dado tu espacio y no tomar tus cosas. Lo siento.

—Nate tiene una parecida, no te preocupes.

Otra vez el silencio nos gobierna, aunque no es tan tenso como el anterior, todavía no se despeja la incomodidad. La atracción principal son los gatitos, quienes pronto escalan a las piernas de Nastia, no lleva pantalones por lo que sus garritas le lastima. Tomo a Luna mientras ella toma a Artemis.

—Gracias, son demasiados traviesos —sonríe al blanco y le da un besito en la nariz—Me gustaría quedarme con ambos, pero no estoy segura si a Rynn le gusta los gatos.

—Puedes quedarte con uno.

—No me gustaría separarlos. Son hermanitos.

Asiento, comprendiéndola. Que si se hubiesen llevado a Eloy me habrían hecho un gran favor, pero con Ben sería todo distinto si nos adoptaban por separado. Y si es que nos adoptaban.

—Puede que alguien quiera a ambos —acaricio a Luna y esta ronronea. Nastia frunce los labios.

—A mi no me ronronea, ¿Por qué a ti si?

—Le agrado a los animales—respondo encogiéndome de hombros, recordando de pronto a Kou. Apenas lo acaricio y es suficiente para que ignore a Ariet y se venga conmigo.

—Bueno, no son los únicos —me sonríe con su usual alegría y sus ojos más brillantes que antes, apartando esa mirada cautelosa y desconfiada de antes. Le observo fijamente sin decir nada, variando mis ojos desde sus largas pestañas hasta sus labios rosados y carnosos. Esta tan cerca que apenas se daría cuenta antes que le robase un beso. —¿Qué leías?

—Stoker. La joya de siete estrellas.

—Oh, ¿es de aventuras?

—De terror, específicamente.

—Nate dijo que toda esa biblioteca es tuya —señala el mueble apoyada en la pared, echándole un breve vistazo antes de volver hacia a mi—¿Te has leído todos los libros?

—La mayoría. Compro uno nuevo cada viernes.

Nastia me mira sorprendida, aun sin dejar su linda sonrisa de lado. Me pican la palma de las manos al igual que los dedos, de pronto ansioso por querer tocarla. No puedo entender porque me siento tan atraído hacia ella y menos que este resistiéndome tanto.

—Vaya, realmente te gusta la literatura. ¿Lees desde siempre?

—Desde que aprendí a leer.

Básicamente desde los nueve años, después de que un grupo de chicos me golpeara en la escuela y yo los golpeara de regreso, así que se armo un lio entre Félix y los padres de estos niños y, para evitarme más problemas de los necesarios, me encerraba en la biblioteca de la escuela y leía en los descansos y en el almuerzo. Cuando los libros infantiles dejaron de ser una atracción, pase a los clásicos, a los contemporáneos y luego a los de terror. Me agradaba mas este ultimo.

—No soy fanática de los libros, pero me gusta mucho el cine—noto que se acerca sutilmente unos centímetros más a mí. Nuestros brazos apenas rozan, por lo que me pregunto si lo hace de manera consciente o esa mirada inocente es verdadera—sobre todo los musicales. He visto miles de veces Grease y Saturday night fever.

—Ya veo.

—También me encanta West side story, Funny Girl y The sound of music.

Nastia se explaya explicándome las tramas de estas cuando le digo que no conozco ninguna de ellas. Yo le escucho atentamente mientras Luna se acurruca en mi regazo y le acaricio, asintiendo en dirección de la castaña. Me hace algunas preguntas y contesto algo cortante, pero va moderando las respuestas ante sus insistencias y pronto me veo explicando el por qué mi afición a la lectura y los libros de Stephen King. Incluso le prestó uno: Sensatez y sentimiento. No es del autor, sino de Jane Austen, pero me creo que le gustara más lo romántico que lo de terror.

—Creo que he visto una película adaptada a este libro—menciona leyendo la contra tapa. —Son de tres hermanas, ¿cierto? Dos se enamoran de los hombres equivocados, o  al menos Marianne lo hace.

—Su final es feliz.

—Pero no se caso con Willoughby, sino con el coronel, ¿cierto?

—Willoghby era un aprovechado y un idiota. En libro te explicara mejor sus sentimientos y circunstancias.

—Aun así es injusto —hace un leve puchero con su mirada puesta hacia Artemis y sus manos acariciándole el lomo
—Ellos se amaban.

—Él no se arriesgo lo suficiente por ella. No era reciproco.

Hace una mueca sin estar del todo satisfecha. Yo me entretengo en sus gestos, absorto en ella. Su piel morena que luce brillante a la luz del foco, la curva de su nariz, el cabello levemente ondulado cayéndole por el costado, sus pestañas largas y arqueadas que se agitan con suavidad, sus ojos cafés oscuros que deslumbran al mismo tiempo. Me gusta el aura que desprende Nastia. Es jovial, cálido y alegre, tal como ella lo es. Quizá es por eso que me atrae tanto, porque es todo lo contrario a mí. Generalmente, no me acerco a chicas que destellen inocencia e ingenuidad, pero es inevitable en estas circunstancias no hacerlo. La veo casi siempre y tendré que seguir haciéndolo hasta quien sabe cuánto. No sé si eso es malo o bueno.

Me atrapa mirándola fijamente, correspondiéndome la mirada. Nuevamente mis manos pican y mi mente grita que la tome entre mis brazos y le bese, la cordura es quien evita el desastre. No me creo capaz de soportar demasiado si sigue mirándome de esa forma, con cierta picardía y a la vez dulzura.

—Willoghby no es el único que no arriesga lo suficiente.

—Supongo que es porque también soy un idiota.

Se muerde los labios para no reírse, pero termina soltando una risita. Le sonrió a medias, todavía debatiéndome si besarla o no. Se acerca un poco más hacia a mí, esta vez nuestros hombros chocan y ella estira su cuello de mi lado, más cerca que nunca. Otra vez la conexión en nuestros ojos nos sumerge en un tenso silencio, y no es una mala tensión.

—Tengo una inclinación hacia los idiotas. ¿Eso es malo?

Debo contener la respiración para no oler su perfume a vainilla, fallando en el intento.

—Si.

—No me creo.

—Deberías. Eres más inteligente que eso.

—Bueno—se encoge de hombros sin siquiera apartarse. Una sonrisa tímida se aflora en sus labios, centrando su mirada en los míos. La veo mordérselos, caletandome ese gesto aun más que antes—Yo también soy una idiota.

Es tan rápido que apenas me doy cuenta hasta que siento sus labios darme un pequeño beso, uno corto y tímido. Nastia toma un poco de distancia de mi con el semblante nervioso y el rostro sonrojado. Yo solo respiro profundamente y dejo a Luna y a Artemis sobre el suelo, apartados.

—Lo siento, yo…—balbucea nerviosa, arrepentida.

No le dejo seguir. Simplemente le tomo de ambos costados de la cabeza y tiro de ella a la vez que me acerco, chocando nuestros labios. Por un segundo se queda quita mientras yo prosigo a mover mis labios sobre los suyos, despacio. No quiero asustarla. Una vez que parece recobrar la consciencia, imita mis movimientos con algo de torpeza.

Nos mantenemos en un beso suave y torpe a la vez, todavía demasiados menguados uno con el otro. Sin embargo, a medida que avanza el tiempo, también lo hace el beso. Comienzo a mover mis labios sobre ella más brusco, más rápido. Nastia toma rápidamente el ritmo y comienzo a entrelazar nuestras lenguas una vez que abre la boca. La saboreo por completo y sin una pizca de pena, sintiendo como de pronto todo comienza a volverse más candente a cada paso.

No pienso en nada. No pienso en Nate ni en las consecuencias. Lo único que pienso es en los labios y los besos de Nastia respondiendo a los míos, devorándonos uno al otro con tanta necesidad, con tanta pasión y tensión que hemos acumulado desde que nos conocimos. No sabía cuan deliciosa era hasta este momento y me arrepiento un montón no haber hecho el movimiento la primera vez que la vi.

Paso mis brazos por su pequeña cintura y la alzo de pronto, dejándola sobre mis piernas. Nastia suelta una exclamación ahogada, pero termina por sonreírme y volver a mis labios, pasando sus brazos por mi cuello, estrechándome hacia ella.

Presiento la erección venir cuando se choca su pecho contra el mío. Me siento un adolescente de lo ardiente que estoy por seguir explotando su boca y su cuerpo, casi sin darme cuenta que he dejado mis manos bajo su blusa, sintiendo su piel cálida y la textura de esta suave y caliente, contrarrestando a mis manos gruesas y frías. Me quita un gemido cuando se acomoda dejando caer una pierna y otra a los costados de las mías. El contacto de nuestros sexos le quita un gemido suave de los labios y a mí un gruñido.

Al diablo Nate, al diablo todo.

Estoy duro, joder, y comienza a dolerme. Lo ha notado. Se separa un momento y no evito fruncir el ceño, molesto por la distancia. Le echa un vistazo a mi entrepierna, sonrojándose. Vuelve a mirarme y, por lo que más quiera, que me deje follarmela.

—¿Eso es tu…?

—Mi pene. ¿Te agrada ver lo que le haces? —la voz me sale más gruesa y brusca de lo que puedo evitar. Tengo que apretar los dientes porque enserio me le quiero tirar.

Nastia me mira entre tímida y sonrojada, pareciera que ha tirado toda su picardía por la basura porque la veo ahora tal cual es: una adolescente que apenas está descubriendo el mundo y se ha topado con esta situación que es demasiado para ella.

—Lo siento, no sabía que podía hacer eso —murmura todavía retraída.

—Está bien. Mejor deje…—me callo de pronto cuando la siento frotarse contra mi erección. Retengo una maldición al sentirla nuevamente. —Joder, Nastia. No hagas eso.

—Pero me gusta —corta la distancia, besándome suave y sensualmente. Gruño contra sus labios, aun conteniéndome y sintiendo como me late el miembro. —Se siente… bien.

—¿Te hace sentir bien? —dejo sus labios y voy directo hacia su cuello, saboreándolo con fervor y raspándolo con mis dientes. Nastia se sobresalta. Suelto un suspiro pesado al volverla a sentir restregándose—Quiero hacerte sentir mejor.

Tomo la punta de la blusa y le miro de reojo para pedirle permiso. Nastia tarda en asentir y me pone a mil su expresión inocente y sonrojada. Diablos, joder, ¿Por qué tiene que ser tan linda?

Estoy por quitarle la blusa cuando se escucha la cerradura de la puerta. Ni siquiera hace falta mirarnos entre los dos para que Nastia salte de arriba de mí y yo me levante y corra hacia el baño tal cual Flash. Una maldita ducha fría para calmarme es lo que necesito, además del tiemp


Última edición por Jaeger. el Vie 15 Mayo 2020, 5:09 am, editado 2 veces
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Mensaje por Jaeger. el Miér 25 Mar 2020, 8:42 pm


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Mensaje por Jaeger. el Vie 08 Mayo 2020, 3:01 am

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Mensaje por Jaeger. el Vie 08 Mayo 2020, 3:09 am

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