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Mensaje por gxnesis. el Mar 12 Feb 2019, 12:59 pm

Pasa el cursor por la imagen.
Capítulo 1.04.

Escrito por: hypatia.








Perth.

A veces, Alva Pullman cree que es algo y no alguien. Dependiendo con quién esté: ven timidez e introspección confundido con lejanía o aburrimiento. Para quienes la conocen, es alegría, despiste y cabezonería. En el colegio, un aparato dental y coleta. En el instituto, progresa adecuadamente y guapa pero no lo suficiente para pedirte una cita.
Y ahí se quedan, en sus ideas preconcebidas y en sus acciones momentáneas. Pero nunca le importó ser la chica del surf. Joven promesa, primeros puestos en los campeonatos y decenas de trofeos. Sus logros, la magia en la tabla, un fenómeno con más sal que átomos.

Se metía al mar y dada igual cómo la vieran, porque en él podía ser sin etiquetas. Había algo en esa inmensidad indomable, hermosa pero fulminante, que le hacía sentir grande. La adrenalina de vencer una ola y dominar por unos minutos el océano... Si tomas una ola, cualquier obstáculo parece más simple.

Pero el mar siempre devuelve a la orilla lo que no le pertenece y, últimamente, Alva es incapaz de abandonar tierra firme. Las angustias la siguen, escondidas entre la espuma del oleaje, preparadas para que resbale o no se levante o, como ahora: sea peso muerto sobre la tabla, dedos rozando la superficie.

Quiere convencerse de que solo es una fase, una mala racha, presión que la hunde. Después de todo, dentro de seis meses se enfrenta al campeonato más importante de toda su carrera. Y su patrocinadora, las marcas, sus madres y la propia Alva, han puesto todas las esperanzas en el primer puesto. Gana y de Perth al mundo. Tiene tanto miedo a fracasar que es todo cuanto ve en el mar. Fallos e imprecisión.

Alva, aunque metódica y disciplinada, levantándose tras cada caída y pasando jornadas completas en el mar hasta que logra completar una rutina a la perfección: cuando se frustra, surfea y ya. Pero en el último mes, resulta imposible. Tiene un bloqueo. Alva nunca tiene bloqueos. Desde que tenía tres años y le compraron una tabla de poliéster de los Looney Tunes, no ha hecho otra cosa que no sea surfear.

¿Quién es si no puede surfear? Solo etiquetas. Entonces los títulos le pesan en la piel. Dañan. No quiere ser la chica del surf si no surfea, si no la llena como antes.

El sol frena su intensidad y el agua se enfría entre sus dedos. Ha perdido la noción del tiempo y no sabe cuántas horas muertas ha estado medio muerta. Se tira de la tabla, tiritando de pasar al frío mojado de la sal, y nada hacia la orilla hasta que sus pies se hunden en la arena.

La arena inundada con paseantes tardíos y últimos bañistas, el sol derritiéndose en la línea en la que se funden cielo y mar: vertiendo rojos, naranjas y amarillos sobre el agua. El viento de otoño sopla sin ganas, nunca demasiado frío. Una línea de casas, de distintos colores, se extiende hasta donde alcanza la vista serpenteando en los límites de la playa. Hacia la izquierda, a unas cuantas casas; el club de surf de Ash lleno de actividad y frente a la chica, su casa. Una construcción en su mayoría de madera, con un amplio porche elevado a unos tres metros sobre la arena: donde suele pasar largas noches con sus compañeros de piso mirando las estrellas, amontonados en el balancín.

Abandona la tabla bajo las escaleras. En casa, Nahele ve la televisión con ojos somnolientos, entre mantas y cojines. Mira al charco que se forma a los pies de Alva.

—¿Buscas que Tony te aniquile?

Alva cambia de Alva en ese segundo, sacudiéndose la pesadumbre de encima.

—Pásame una toalla —pide a su compañera, recogiéndose el pelo para que deje de chorrear sobre la madera blanca. Es cierto, como deje un reguero de agua por la casa, Tony la matará.

Nahele no mueve un solo músculo, le cuesta hasta apartar la mirada de la televisión. Se toca la nariz respingona, meditabunda.

—¿Qué me das a cambio?

—Las gracias —plantea Alva, adoptando la expresión de ternura más completa que encuentra entre su repertorio.

Nahele no hace nada si no obtiene beneficio a cambio y menos si implica movimiento. Hay veces, como esta, en la que ese aspecto de su personalidad le fastidia hasta la médula. Pero la mayor parte del día le apasiona, tener que absorberse el seso con incentivos para Nahele. Además, es una buena amiga, a pesar de su imperturbable quid pro quo, no tiene reparos en entregar su aliento cuando Alva más lo necesita.

—Hmmm…, no me convence —declina Nahele, desperezándose.

—Jo, condenado oso perezoso —bisbisea.

Da un paso para cruzar el salón a toda prisa, agarrar una toalla y limpiar la escena del crimen antes que Tony llegue a casa. Pero no tiene oportunidad, pues el chico aparece por el pasillo que da a la puerta principal.

—¡Cazada! —exclama Nahele alzando el puño de la victoria, como cuando están viendo Castle y adivina el asesino antes que nadie.

Tony, que a pesar de su casi metro noventa de alto y doblando la complexión de Alva hasta dos veces por lo ancho: es la persona más enternecedora, cariñosa e inofensiva que te puedas echar a la cara. Pelo revuelto sobre la frente y ojos de ron con Coca Cola cálidos, es como un niño en cuerpo de mayor. Que ya sea de noche, de día o entre amaneceres Alva se siente segura a su lado…, salvo cuando se olvida de coger una toalla después de un baño en el mar.

Tony cerrando y abriendo la boca a velocidades imposibles, señala de Alva al agua de sus pies con la ceja alzada.

—Agua… madera… muerta —entona, señalándola con el dedo—. ¿Cómo te lo tengo que decir?

—Perdón. —Alva parpadea con inocencia.

—Igual si alguno hiciéramos la colada tendríamos toallas limpias —colabora Nahele, incorporándose lo suficiente para quedar sentada.

—Te tocaba a ti esta semana —regaña Tony, que tiene para las dos.

—Mentira, era a Alva.

—¿No teníamos una tabla de tareas en alguna parte? —medita Alva, contenta porque la atención se ha desviado de ella.

Otea la sala principal, la cocina de concepto americano frente a ella —rebosante de trastos—. La zona de los sofás, con el mueble de la televisión —zapatillas, libros y papeles en la mesa y el suelo—. La mesa de madera que les sirve como estudio, comedor y almacenaje de cualquier trasto que no saben dónde poner. Desde luego, la organización no es el punto fuerte de ninguno de los tres. Pero irse a vivir con Nahele y Tony casi dos años atrás había traído orden a su vida. La encontraron en un momento de inflexión e incertidumbre. Fueron la ola en un día sin ellas cuando Alva estaba desesperada por surfear.

—Cualquier día me mudo —amenaza Tony metiéndose al baño.

—Amenaza número doscientos ochenta —comenta Nahele, con la barbilla sobre el respaldo del sofá.

—¿De verdad las cuentas? —ríe Alva, ya medio congelada bajo el bañador mojado. Evita castañear los dientes.

—Si llega a la amenaza trescientos tiene que fregar los platos un año. Por supuesto que las cuento.

Tony aparece un momento después, con pasos resonantes en la madera hueca. Lleva una toalla en la mano. Envuelve a Alva con destreza, como si fuera un burrito.

—Vas a coger una pulmonía. —Le frota los brazos. Alva, entre molesta y enternecida, sonríe.

—Que no tiene tres años… —canturrea Nahele.

—Como si los tuviera.

Alva los abandona en el salón para que sigan con sus peleas de matrimonio mientras ella se da una ducha. Puede que el mar se haya convertido en un sitio inhóspito, pero con Nahele y Tony es hogar. Y eso es suficiente para erradicar cualquier mal pensamiento que intente arrastrarla a las profundidades de sí misma.



Tras un poco de agua dulce, Alva se prepara para la noche del viernes. Camiseta blanca, vaqueros cortos y las sandalias con flecos de colores que compró el mes pasado en la feria artesanal. El pelo híbrido entre el castaño y el rubio del sol, suelto y sin adornos. Y llega a ese momento en que se mira en el espejo en busca de defectos: las pecas solariegas que le dan aspecto de niña, unas orejas que parecen vencerse bajo un peso invisible por la punta, incisivos un poco más largos que el resto. Delgada y plana como su tabla, sin curvas.

Alva procura pasar por el espejo como un reflejo, fugaz, sin el tiempo suficiente para observarse. Pero es adicta a tirar dardos en la diana de su inseguridad. En ocasiones falla y los dardos se quedan flotando en su sangre pudiendo ignorarlos. Hasta que llega la noche y tocan hueso. Las noches… qué oportunas para su desaliento.

Y la chica sabe que no es cómo la ven, sino como se ve ella, que se derriba.

—¡La cena! —chilla Nahele desde la sala de estar.

Echa el pelo a la espalda y hasta la noche. Sus compañeros están sentados a los pies de la mesa de café, con sus correspondientes hamburguesas en la boca. Alva termina de sacudirse los reproches antes de tirarse al lado de Tony sobre la alfombra. A veces, le da la impresión que es la luna entre sus fases, peleando por cuál pasa antes: si por negación creciente, inseguridad llena, machaque nuevo u optimismo menguante.

Pero ahora es momento de cena y Queer Eye, no de reflexiones.

—Vivo por el día en el que Antoni Porrowski me cocine —suspira llena de anhelo.

—A poder ser solo con el delantal —completa Nahele, dando un trago a su refresco.

Chocan el puño sin mirarse, embobadas con el susodicho.

—Sabéis que es homosexual ¿verdad? —Trata de concienciarlas Tony, que casi ha terminado su cena, como cada noche.

Ambas lo fulminan con la mirada. Este se pone rojo, como autoreflejo de los nervios, aunque a sabiendas que no van a pegarle. No, al menos, por su comentario.

—Detalles, detalles… —deshecha Alva.

Tony mira la pantalla, con el rostro ladeado y expresión de incomprensión.

—No sé qué os mueve tanto, tiene la boca enorme. Ni el Joker, chicas.

Ese comentario sí que merece uno de las collejas de Nahele, que, por detrás de la espalda de Alva, se le propina con fuerza.

—¡Animal!

—Su boca tiene el tamaño perfecto para una sonrisa cálida, desmesuradamente perfecta y afable —argumenta Alva, haciendo migajas su hamburguesa, sin mucho apetito.

—Sois imposibles —concluye Tony, dejándose caer con pereza contra el borde del sofá—. ¿Qué vamos a hacer esta noche?

—Mojitos a dos por uno donde Ash —responde Nahele, pegando una fuerte palmada.

—Bueno, pues abandona el sofá antes de que se acaben —inquiere Alva.

Nahele le pinza la mejilla con fuerza, aunque sonriendo con desmesurado cariño, como si Alva fuera un cachorro que se hubiera hecho caca en sus zapatillas preferidas. Va a devolvérsela, pero en ese momento suena el timbre.
«Mierda, Lester», recuerda de pronto, perdiendo el buen humor que había ganado durante la cena. Nahele y Tony cruzan una mirada que no le pasa desapercibida. Finalmente, no sin pensárselo dos veces, acude a la entrada para abrir la puerta.

Lester aguarda apoyado sobre el marco inmerso en la suciedad inexistente de sus uñas, con su habitual aire de premeditado desinterés.

—Hola. —Saluda, rebuscando entre las costillas la ilusión por verlo después de dos semanas.

Su novio alza la vista con parsimonia fingida, el pelo negro le cae sobre la frente. Sonríe con un afecto que no alcanza sus ojos grises.

—Nena. —Agarra a Alva del brazo para atraerla hacia sí, esta siente el primer impulso de apartarse—. ¿Me has echado de menos?

«La verdad es que no».

—Sí —miente, permitiendo que Lester le dé un beso.

Conoce a Lester desde los diez años, hijo de Bernadette, su representante, han pasado incontables jornadas de sol y sal. Durante años, no fue más que el niño molesto que la tiraba de la tabla en los entrenamientos. Más tarde, adolescente insoportable que se daba el lote con una chica distinta mientras esperaba a que su madre acabara con Alva. Pero un año atrás, pasaron de nivel: a Alva comenzó a atraerle ese desinterés anodino y el aire de misterio del chico, casi como si fuera un acertijo a descifrar. Que se riera de ella porque decía encantarle la forma en la que se le juntaban las cejas. Que Lester era el único que la hablaba con franqueza y sin reparo a la hora de marcarle sus flaquezas, impulsándola a mejorar; con una sinceridad a la que no estaba acostumbrada. Cuando se pasaba tardes enteras mirándola entrenar. Sus bromas, perseverancia y humor narcisista, bajo los que escondía a una chico apasionado, atento y perseverante. Hasta que un día, pasó. Tras ganar un campeonato, Alva corrió de la playa a sus labios.

Todas quedaron encantadas con la unión —salvo sus amigos más cercanos, por lo que sospecha Alva—. Wanda y Pearl, sus madres, y Bernadette mantenían amistad y que sus hijos se enamorasen fue recibido con alegría. Alva y Lester formaban una pareja tierna, adecuada.

Pero desde hace unos meses, las cosas ya no son como eran. Que el desinterés de Lester hacia alguien que no sea sí mismo derriban las ganas de Alva. Las bromas ya no ríen en su piel, porque suelen herir. Y a Alva le gustaría que alguna vez, en lugar de tanto fallo, su novio se fijara en sus aciertos o, al menos, diera importancia a sus problemas. Todas las cosas que le gustaban de él son, a día de hoy, las más irritantes.

Cree que su relación también imita las fases de la luna y que se hallan atascados en pasión menguante. Porque ya no hay ola en su estómago cuando llega y sí alivia cuando se marcha. Sus besos, solo, intercambio de saliva.
Alva, sin embargo, es testaruda y no cesa de asegurar que solo se trata de una racha. Seguramente sea su culpa, que lleva tiempo sin sentirse ella misma y que sus problemas de motivación, la presión y el dichoso campeonato la sumergen en una espiral egoísta. Porque Lester es exactamente la misma persona que antes.

Su novio hace amagos por continuar con los besos, pero Alva se aparta con una sonrisa de pegatina.

—¿Qué tal?

Se deshace de su abrazo y le agarra la mano para ir de nuevo al salón. Sintiéndose culpable porque es fin de semana de visita y lo había olvidado completamente. Morley está a solo veinte minutos en coche hasta Trigg, pero como Lester ha empezado a trabajar con su madre y Alva se pasa toda la semana entrenando, solo se ven los fines de semana y, en ocasiones, ni eso. Solía esperar con ansía los viernes y ahora el ansía se la come. Cuando Lester va de visita, siente que es un imprevisto en sus planeas y ha dejado de pensar en él para idearlos.

—No te lo vas a creer, nena —comienza a decir a su espalda—, el otro día estuve surfeando con Sabrina Urquiza. Ya sabes que mi madre conoce a muchos surfistas famosos y la invitan a fiestas exclusivas… Bien, resulta que allí estaba ella ¿te imaginas? —Alva asiente, conoce a Sabrina, una de las mejores surfistas del país, porque participó de juez invitada en uno de sus campeonatos—. Estuvimos hablando y tuve la oportunidad de enseñarle un vídeo, dijo que mis movimientos eran innovadores, que podrían crear tendencia.

—¡Eso es fantástico!

Pero Alva no está segura cuánta verdad hay en sus palabras. Lester distorsiona la realidad a la que le resulte más favorable, una en la que él siempre salga bien parado. Reconocido, adulado y estrella.

Ya en el salón, Nahele y Tony lo saludan sin ilusión alguna. Lester, sin pedir permiso, se dirige a la nevera para hacerse con una lata de gaseosa de limón. Alva se queda detrás del sofá, incómoda. Su novio es indecoroso y suele pecar de mala educación, por lo que siente que debe estar vigilándolo.

—Sírvete lo que quieras —ofrece Nahele cuando este ya está dando un trago al refresco y se sienta en el sofá.

Tony lo observa demudado, seguro con una ceja alzada por debajo de sus rizos. Nahele, que no se ha movido en toda la tarde, se levanta del suelo: no hay nada que incentive más su actividad que la presencia de Lester y sus ganas de evitarlo. Alva es muy consciente que a sus compañeros de piso no les cae bien. El chico es difícil de pillar. Y una parte de Alva debería sentirse triste o dolida, pero lo cierto es que comprende que no les guste Lester.

—Tony, chaval —Planta unos sonoros manotazos en la pierna del moreno, que se tensa tanto que podría provocar un cortocircuito eléctrico en la casa— ¿Cómo va el trabajo?

Pero Tony odia tanto las confrontaciones que no hace amagos de mostrar su descontento. Y Alva tan estúpida para ciertos asuntos, que observa la escena como espectadora de un documental animal: sin poder evitar que el león se coma al antílope.

—No me puedo quejar —responde aviso, apartándose de Lester con disimulo.

Este, que pasa por alto la falta de interés de Tony por su vida, decide exponerla de todas formas:

—Yo tampoco —suspira melindroso—. Seguro que ya te lo ha contado Alva, pero es muy posible que consiga que me patrocine una gran marca de tablas. Es incluso mejor que todas con las que ha firmado Alva. —La aludida no tiene constancia de dicho dato, así que solo debe ser uno de los muchos intentos de su novio por hacer creer al mundo que alguien se percata de su talento.

El silencio los aplasta, a pesar del intento de Tony por mostrar ilusión. Alva es consciente que solo lo hace por ella y eso aumenta la culpabilidad porque tenga que soportar la peor cara de Lester. «No siempre es así», se dice como consuelo.

—¿Cuáles son nuestros planes? —pregunta todavía con su empeño por acaparar la conversación.

—Bueno, pues… —Se mordisquea la uña—, íbamos a ir al club de Ash a tomar algo.

Lester pone cara de disgusto y sus ojos grises se llenan de desprecio. No es muy fanático del club. A él le gustan las discotecas, las fiestas privadas y los lujos. Un club de surferos significa bajar de categoría desde sus ojos. A pesar que, irónicamente, se considera del gremio.

—Pensé que iríamos a la fiesta de Iago. —Se lamenta dando vueltas al refresco—. Debes relacionarte bien, nena. El prestigio lo es todo en cualquier carrera. Ya sabes lo que dice mi madre: relaciones adecuadas conducen a oportunidades esperadas.

Alva permanece con la uña a escasos milímetros de los labios. Trata de recordar los planes de Lester para esa noche, pero no termina de estar segura de si lo comentó en alguna de sus llamadas o simplemente lo está usando como incentivo para apelar a la culpabilidad y que Alva acepte la propuesta. Lo cierto es que ya no sabe cómo interpretarlo. Por otra parte, suele desconcertarle la visión que tiene Lester respecto al surf. Ni las fiestas, ni los desfases harán de él un buen deportista. Solo el trabajo duro, la constancia y la determinación lo harían mejorar.

—Dudo mucho que vaya a labrarme buena reputación que me vean en fiestas—contravino Alva en un arranque sincero—, soy deportista ¿recuerdas?

—Desde luego, no con esa ropa. —Lester envenena su limitada confianza. Escanea a Alva y ella los recibe como lijas en su carne—. Las impresiones lo son todo, nena. Haz algo al respecto.

Sí, debería arreglarse más o, al menos, peinarse un poco. Su novio, como de costumbre, lleva razón, por eso le duele. La sinceridad no suele sin motivos.

—Lástima que con tu cara no podamos hacer nada al respecto.

El comentario ignominioso proviene de los labios de Nahele, que desde la puerta de su habitación parece decidida a saltar al cuello de Lester de un momento a otro. Este, con la lata suspendida a medio camino entre su boca y el sofá, observa a Nahele sin expresión. Tony carraspea con fuerza. Alva sopesa la idea de interponerse entre ambos.
Por suerte, Lester aboga por una sonora carcajada, no carente de falsedad, que resuena en todo el apartamento.

—Nahele, estás especialmente graciosa hoy. —Y es que uno de los mayores defectos de Lester es creerse sin ninguno de ellos. Nunca piensa que alguien pueda hacer un comentario hiriente hacia él porque piensa que a todos gusta. Su narcisismo lo vuelve crédulo, inocente.

—Verás la gracia que te va a hacer… —Rechina los dientes, dando un paso al frente.

—¿Por qué no salimos al porche? —interrumpe Alva con el pulso en todo su cuerpo. Suplica a Nahele con la mirada que lo deje estar. Y su amiga, a regañadientes, cede. Pero cuando los dos chicos se adelantan a ellas, le susurra.

—No sé a qué esperas para cortar con ese engendro malhecho.

Alva sonríe nerviosa ante la afirmación de Nahele, porque es algo que se ha dicho a sí misma en incontables veces durante los últimos meses. Pero es que quiere a Lester, así es él, así se enamoró. Que haya dejado de gustarle todo, solo demuestra que es Alva quien tiene el problema. Últimamente nada parece llenarla lo suficiente, que se siente más máquina que humana. Que se deja bambolear por la corriente haciendo lo que se espera de ella, pero con el grito acallado en su interior que apela por «pero, quizás, ya no es lo que quieres».  

Pasan un rato en el porche, sobretodo tratando de ignorar el soliloquio de Lester sobre los nuevos movimientos que ha creado y que piensa patentar por miedo a que le roben. Alva se limita a mirar hacia la oscuridad que reina en el horizonte, escuchando el mar romper sobre la arena, disfrutando de la brisa salitrosa que remueve su pelo. Sin pensamientos.

Al final, por consideración a sus amigos; que parecen dispuestos a perderse en el mar con tal de no seguir escuchando a Lester, propone marcharse ya donde Ash. Su novio deja claro que no piensa ir y que será mejor que se vean otro día. Lo acompaña a la puerta tratando de no fijarse en el hecho de que a ninguno de los dos parece afectarles mucho no pasar la noche juntos.

—Pásalo bien—dice este rodeándola por la cintura—en ese bar de mala muerte.

—Lester… —Se lamenta con cansancio, escondiendo la frente en su clavícula.

—De acuerdo, perdón. —Nota sus labios entre su pelo, en un beso silencioso—. ¿Quieres que mañana pasemos el día juntos?

Alva levanta la cabeza y la recibe una sonrisa de su novio; tierna, sin el despotismo que muestra a los demás. Y es que a pesar de todo lo malo que tiene, no es todo cuanto tiene. Que puede ser tierno, amable y cariñoso cuando se olvida de dar la imagen de triunfador despreocupado. Que se interesa por ella cuando no se ve cegado por su desmesurado amor propio. A Alva le gustaría que encontrase un equilibrio entre sus formas de comportarse.

—Tengo que entrenar. —Se disculpa, mordiéndose el labio.

Lester mantiene la compostura, todavía sonriendo, pero sus brazos se tensan a su alrededor. Sí, Alva no ha tenido mucho tiempo, pero sobretodo ha sido evasiva, aprovechando la mínima excusa para no pasar tiempo con él. ¿Por qué? ¿Qué le está pasando?

—Pero el domingo hacemos lo que tú quieras. —Trata de redimirse, dándole también un beso.

Lester se aparta, asintiendo. Un aire de pesadumbre y dolor lo embarga, algo que Alva no esperaba ver. Que hasta entonces, no creía que su indiferencia podría herir a Lester, que siempre se muestra tan por encima de cualquier cosa. Quizás esa voz maligna en su cabeza reniega de pensar que para su novio sea importante, que la quiera lo suficiente para que le duela no pasar tiempo con ella. Pero parece ser que estaba equivocada.

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—Los alienígenas, mucho más interesantes que Antony —habla Tony, jugando a pisar solo el camino de tablas de madera que conducen al Panama Tulip Club, más conocido como el club de Ash, de donde emerge una masa de voces, música y cristales que chocan.

—Me vas a decir que unos muñecajos de dudosa existencia pueden competir contra él…

En el escaso trayecto que separa su casa del club, Nahele y Tony han abierto un debate sobre lo tedioso que le resulta al segundo escuchar hablar de uno de los miembros de Queer Eye constantemente. Debate al que Alva se habría unido con gusto de no ser porque en su cabeza solo hay hueco para pensar en el rostro desencajado de Lester. Estaba convencida que a su novio no le importaba lo más mínimo el agujero que se ha abierto en su relación. Pero, ahora que lo piensa: todos los planes cancelados, los días que han decidido no verse y los mensajes sin respuesta llevan impresos la marca de Alva.

Mientras sigue a sus amigos hacia el club, toma la decisión de poner solución a tantos meses de distancia, esforzarse porque las cosas vuelvan a ser como antes. Quiere a Lester, igual que él a Alva. Ya no hay maremotos en su pecho al verlo, pero un día de calma en el mar no significa que vaya a mantener de ese modo. Sí, puede que en muchas ocasiones su actitud deje mucho que desear. Pero Lester también aguanta sus tonterías. Así es el amor ¿no? Ignorar lo que no te gusta de tu pareja y centrarte en lo bueno.

—¿Tú qué sabes si son muñecajos? —rebate Tony, moviendo los brazos con exasperación.

—¡Jane! —exclama Nahele, haciendo caso omiso de su amigo.

Alva encuentra a la nombrada sentada en los escalones, acompañada por Narel. La chica sostiene el móvil entre ambos, como si fueran a sacarse una fotografía. Al ver a su mejor amiga, Jane deslumbra la noche con su sonrisa. Es preciosa, alta y delicada como una bailarina, ojos azules que recuerdan a una mañana de verano y una sonrisa amable que le arruga la nariz respingona, haciendo que parezca una ardilla.

—Mira quiénes están aquí. —Jane gira el aparato hacia los recién llegados.

Por encima del hombro de Nahele, alcanza a distinguir al que cree que es el hermano menor de Jane. Adivina un rostro moreno con expresivos ojos verdes. Alva saluda tímidamente con la mano, pues no lo conoce. Para cuando llegó a ese distrito de Perth, Javen se había marchado a trabajar a otra provincia.

—¡Nahele! Me encanta tu camiseta —La elogia jovial, a modo de saludo.

Su amiga da un brinco y se alisa la prenda: una camiseta vintage de Greenpeace. Carraspea, mutando a una Nahele nerviosa que Alva no está acostumbrada a tratar. ¿Qué le ocurre?

—Gra-a-cias —tartamudea.

—¿Cómo lo llevas? —Se une Tony, más sereno.

Alva desconecta de la conversación creciente y se dedica a observar a Narel, escondida entre los cuerpos de sus amigos. La herencia de nativo en sus rasgos: piel morena y curtida, pero de aspecto suave, la nariz nubia y dos ojos negros rasgados, de expresión indescifrable. Con una mata de pelo rizado cayéndole sobre la frente y la nuca sin ningún tipo de orden. Diez años mayor y deslustrado. Narel llegó a Perth un año atrás, después de una ausencia que Jane achacó al amor cuando le preguntó. Narel, que no se relaciona con nadie que no sea la rubia o Ash. Malhumorado, con una cara de perros que le llega al suelo. Alva se ve intimidada por él en muchas ocasiones, por lo que nunca habla con él. Tiene la personalidad de un acantilado: escarpado, afilado y peligroso. Y ella, que se vuelve minúscula ante personas así, mantiene las distancias.

—Mañana hablamos, hermanito. —Se despide Jane, volviendo el móvil hacia ella. La luz le baña el rostro y su piel reluce alabastrina, sin impurezas.

Narel hace un gesto con la barbilla.

—¡Tío, que en teoría me echas de menos! —dice la voz entrecortada de Javen—. Pon un poco de tu parte.

Tanto Alva como sus amigos procuran reprimir la carcajada. Salvo Jane, que pellizca la mejilla del chico. Este se limita a poner los ojos en blanco y a falsificar una sonrisa.

—Date por satisfecho.

—Hmm, no me convence. Practica —escuchan rebatir a Javen.

Cruzan unas cuantas palabras más antes de finalizar la llamada. Jane se incorpora de las escaleras, desperezándose cual pantera. Alva se pierde en la gracilidad de sus movimientos, todos imprimidos con un sello de elegancia. Si se compara —algo que no puede evitar hacer—a su lado es una lombriz medio aplastada.

—Os habéis hecho de rogar —regaña Jane, rodeando a Nahele por los hombros.

—Perdón, se nos ha colado una rata en casa —bromea con malicia. Tony mira a Alva pidiendo perdón, aunque Alva está lejos de ofenderse; las formas de Lester con sus amigos merecen esa declaración, aunque le duela que no se lleven bien.

Narel se incorpora con pasividad, limpiándose la arena de los pantalones: como siempre, una inclinación de cabeza para saludar y nada más. Todos juntos, se encaminan hacia el interior.

El ambiente es un híbrido entre ánimos de fiesta y cervezas para desconectar. Algunos mueven los pies al ritmo de la música, otros charlan en las mesas a los costados y, en el centro: Ash sirve su maravillosa cerveza artesanal sin parangón.

Alva está a punto de levantar la mano para saludar cuando alguien se le tira encima: como si hubiera chocado una pared. Pero la pared se llama Dione y no es más que la efusiva de su mejor amiga: enroscada a su cadera y su pelo ensortijado, con aroma a mango, haciéndole cosquillas en la mejilla.

—Pesas. —Se queja entre risas, luchando por no tirarla al suelo. Por entre el pelo de la chica ve al resto de sus acompañantes acercarse a la barra.

Dione baja de un salto.

—Tú que no tienes fuerza suficiente para sostener esta belleza. —Delinea su figura moviendo las caderas a descompás de la música. Acto seguido, suelta una carcajada que acalla los ruidos de fondo. Ríe sin vergüenza, con la cabeza echada hacia el techo y la boca grande.

Alva se contagia del buen humor y su cuerpo se aliviana. Es la magia de Dione, despeja todas las tormentas. No pegan ni con super glue, una extrovertida y la otra tímida, una que hace sin miedo y otra que solo piensa en este antes de dar cualquier paso. Pero Dione es la única persona para la que no es otra cosa que no sea Alva, en todas sus versiones, sin ningún título.

—Podría vencer a Hulk con estos bíceps. —Hace una demostración de fuerza, flexionando el brazo.

Dione frunce sus labios color cereza y agarra a Alva por la muñeca para conducirla hasta la barra. El resto se han apelotado en la mesa de siempre, junto a la puerta.

—¿Dónde andabas metida? —pregunta Alva a su amiga mientras esperan a ser atendidas.

Es usual no tener noticias de Dione por unos cuantos días, efervescente e inquieta, siempre anda dando vueltas por los alrededores de Perth en busca de nuevas aventuras. Procura arrastrar a Alva a sus escapadas, pero esta es tan disciplinada que se ve incapaz de abandonar sus obligaciones. Mucho menos ahora, con el campeonato tan cerca.

—He hecho un viaje relámpago a Adelaide con una chica que conocí en las redes. Acabamos formando parte del cartel de artistas en un festival regional. Hice el ángel con el público, no es tan divertido como suena —habla veloz, contando todo como quien explica que ha entretenido en el pasillo de los cereales en un supermercado.

—Vaya.

Dione encoge los hombros, abanicándose para deshacer la humedad.

—Imagino que te habrás arrugado como una pasa en el mar todos estos días —sentencia. Sin embargo, de Dione no se toma mal los juicios categóricos. Son solo contemplaciones de alguien que la conoce bien—. Y hay algo que te enturbia los ojos…

Alva comienza a mordisquearse la uña, aunque se arrepiente enseguida porque ese gesto será interpretado por Dione como una afirmación. Suspira.

—He estado siendo un poco capulla con Lester. —Dione pone los ojos en blanco, quien encabeza el club del odio hacia su novio—. No, de verdad.

—Un poco ni siquiera alcanza a lo muy capullo que es él todo el tiempo —replica sin filtro—. ¿Qué ha ocurrido?
¿Acaso no llevaste una pancarta a su última demostración de virilidad?

—¡Dione! —regaña Alva. Su mejor amiga la ignora—. Ya sé que es imbécil muchas veces, pero me quiere y en estos meses no paro de apartarlo. Hoy íbamos a pasar la noche juntos, pero…—se detiene, evitando los detalles más aburridos a Dione— tenías que haber visto la cara que ha puesto cuando le he dicho que mañana tampoco podía pasar el día con él.

Dione se mordisquea el labio, guardando su opinión para sí misma. Una acción que se repite a menudo. No soporta a Lester y, por lo que ve de él, se ha formado la idea de que Alva está atrapada en una relación tóxica. Cuando no es así, es solo que el resto no lo ven con sus ojos, solo centrado en lo malo de su novio, no en sus cualidades.

—A veces, hay que querer menos y mejor —acaba escupiendo Dione, con pena en los ojos marrones. Su mano se cierra entorno al hombro de Alva—. En fin, Memo Avieso ya ha tenido su momento de atención ¡Vamos a beber!—. Da una sonora palmada para zanjar el asunto.

Sin embargo, el asunto se queda en Alva. ¿Cuál es la forma correcta de querer a alguien? Si la única relación que ha tenido es esta. ¿Y quién de los dos se supone que debe mejorar? Cierra los ojos para serenarse. Ha decidido trabajar la relación con Lester, da igual lo que diga Dione. Para reafirmarse, saca el móvil y le escribe un mensaje a su novio. «Mañana cancelo el entrenamiento, estoy disponible».

—Pídeme un refresco.

—¡Ash! —chilla Dione, levantando el brazo como si estuviera en clase. El nombrado sonríe desde el otro lado de la barra, esperando las comandas—. ¡Dos mojitos!

Alva le da un codazo de protesta.

—¿Mañana has cancelado el entrenamiento, no? —La chica le guiña un ojo, creando ritmos con las manos sobre la superficie de la barra.

—Está mal cotillear los mensajes de los demás —regaña, no tan molesta como quiere hacer ver.

—Nuestra amistad no tiene límites. —Rodea a Alva por los hombros con fuerza.

Tras cruzar unas cuantas palabras con Ash, ambas chicas se reúnen con el grupo. Alva, por su parte, escéptica con el vaso de mojito en la mano, que suda gotas de condensación por el calor. No es que nunca haya bebido alcohol, pero no forma parte de sus noches de ocio. Es solo que Alva no puede permitirse las resacas con tanto entrenamiento. Pero el líquido blanco chilla en el interior, llamándola a un respiro. Olvidarse por un momento que tiene una rutina que cumplir. No te duermas muy tarde, no comas grasas saturadas y no bebas alcohol. Lleva toda su vida sacrificando ganas por el surf. Y, sin embargo, ninguno de ellos ha impedido que haya alcanzado ese punto muerto, desapasionado. «Una noche por quince años de rectitud».

Lleva el vaso a sus labios y traga, como demostración a su lado más responsable. El alcohol hace que se atragante y le lloren los ojos. Tose, creyendo que va a soltar fuego por la boca en cualquier momento. Tony le da unos golpes en la espalda.

—Vas con todo, eh —comenta, limpiándole una lágrima de la mejilla.

Alva enrojece, pues siente las miradas de todos los inquilinos de la mesa puestos en ella. Dione levanta los pulgares desde encajada entre Narel y Jane. El primero, absorto en su teléfono. Y Jane, hablando a susurros con Nahele, que da vueltas a su bebida con la pajita.

—No dejes que haga tonterías —pide Alva a su amigo, aferrada a la manga de su camiseta.

—¡Tienes que hacer tonterías! Es el propósito de los mojitos —interviene Dione.

—Yo te cubro las espaldas —asegura Tony, mandando los propósitos de su amiga a la basura.

Poco después, van alternando las conversaciones. Dione narra su aventura en Adelaide con todo lujo de detalles, acaparando la atención de los presentes con sus dotes narrativas —incluso las de Narel, que no participa, pero escucha—. A continuación, Tony y Narel hablan de las novedades del centro de recuperación para especies marinas en el que ambos colaboran. Alva se limita a escuchar, hablar cuando le preguntan y nada más. Fuera de su hábitat natural, con personas que no la conocen tanto: como Jane y Narel, se repliega. Igual que una de esas flores que solo se abren una vez al año.

De cuando en cuando, entre mojito y mojito, busca una respuesta de Lester a su mensaje que no llega. ¿Se habrá enfadado o es solo que no ha mirado el móvil aún? Pero con el alcohol cada vez más presente, su atención por el mensaje perdido disminuye. Incluso comienza a participar en la conversación. El alcohol la aleja de las reservas y ya no le da vergüenza expresar su opinión. Incluso se une a Jane cuando esta comienza a cantar una canción infantil Kokomo al tiempo que Dione, Tony y Nahele marcan el ritmo.

Tras un par de horas, el grupo se despliega por el club. Alva y Nahele son las únicas que permanecen en la mesa. Alva mareada y acalorada. Se gira hacia su amiga y le viene a la cabeza su extraña cuando ha visto a Javen.  

—¿Te da miedo el hermano de Jane? —curiosea Alva, hipnotizada con el líquido que se mece en el interior del vaso.
Tercer mojito.

—¡Claro que no! —exclama, dándole una patada por debajo de la mesa. Alva entrecierra los ojos ¿Es rubor eso que ha aparecido en sus mejillas? Nahele mordisquea la pajita, rascándose la barbilla—. El alcohol te hace mal.

Alva se guarda de decirle que, durante la llamada, no estaba borracha, que el alcohol ha llegado después.

—Es que cuando has hablado con él has reaccionado igual a cuando te acuerdas que tienes que hacer un trabajo cuando solo te queda una hora para la entrega.

Nahele la fulmina con la mirada, pero Alva está demasiado bebida para percatarse. Su amiga cambia de actitud en el acto, como si se sacudiera un pensamiento que le disgusta de encima. Revuelve el pelo a Alva, sonrisa impuesta en su rostro.

—Tu última copa, ¿de acuerdo? Si sigues puede que empieces a pensar que Jane y Ash se llevan bien.  

Se siente como una niña, en esas noches en las que Wanda le explicaba que no tuviera miedo de que un tiburón se la comiera mientras dormía porque los tiburones no pueden salir del agua.

—Estoy tomando alcohol, no setas alucinógenas —rebate Alva, mordiéndose la risa.

—¡Vamos a bailar!

Nahele da un salto y tira de Alva, sin darle la oportunidad de aceptar la propuesta o siquiera de pensar. En el fondo sabe que el comportamiento de su compañera tras la pregunta, es, cuanto menos, curioso. Aun así, lo deja pasar.

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Aferrada a la barandilla como si la hubiera pillado una tormenta en medio de un viaje un barco, Alva mira el teléfono, haciendo esfuerzos por enfocar la vista en pantalla. ¿Cuánto ha pasado? ¿Dos horas desde que escribió el mensaje a Lester? No suele tardar tanto en responder, ¿o sí? Ya no recuerda la última vez que estuvo pendiente y ansiosa porque saltara la burbuja de notificación con su nombre. Concluye que es buena señal que vuelva a fijarse. Un paso adelante para solucionar sus problemas.

Se le escapa una risita aguda sin motivo alguno. Emborracharse es como nadar. Alva se nota ingrávida, libre y la mochila de piedras preocupadas que suele cargar a la espalda debe habérsele perdido en la segunda copa. Importándole un bledo si la miran, si está haciendo el ridículo e incluso, que no sea capaz de tomar una ola de menos de un metro. Ha bailado, cantando, bromeado e incluso hablado con una conocido de Jane. Acciones cotidianas que a Alva le resultan imposibles si no está acompañada solo por las personas de su círculo más íntimo.

Dione estaba en lo cierto, necesitaba relajarse. Cierra los ojos y se llena los pulmones de brisa marina. Mechones de pelo pegados a las sienes enfriándose al viento de la madrugada, con el trajín a la espalda.

—¿Quién es?

Alva ve una mano de tendones marcados junto a la suya. Sus ojos ascienden hasta el rostro de Narel, repentinamente cerca. Puede ver las pecas desordenadas en su nariz, perdidas solitarias en las mejillas. Tarda unos segundos en reaccionar: Narel está hablando sin ser coaccionado. Sigue el trayecto de sus ojos, fijos en la pantalla de su móvil. El fondo de pantalla es una fotografía de Lester, repantingado en una toalla mientras le saca la lengua, con el rostro lleno de arrugas combatientes al sol, a la Alva que se sentó en su estómago para tomar la instantánea.

—Un amigo. —Miente ¿Por qué miente? Guarda el teléfono en el bolsillo, al tiempo que se saca el pelo de detrás de las orejas.  

La intervención de Narel le ha pillado tan desprevenida que nota el pulso latirle en el cuello. De todas las cosas que podría haber esperado esa noche, que se acerque a hablar con ella ni siquiera entraba en sus posibilidades.

El chico asiente a su respuesta, una ceja más alzada que la otra. Alva espera no tener la boca abierta por la sorpresa. ¿Por qué ha decidido acercarse? Se conocen desde hace un año y es la primera vez que cruzan más que un saludo. ¡Oh, Dios mío! Igual es un asesino en serie que la ha escogido como víctima. «No seas ridícula», acalla la razón que no está empapada de alcohol. Por supuesto que no es asesino, solo es un borde que, por algún motivo, ha decidido dejar de serlo con Alva.

—No has surfeado hoy —prosigue, apoyando los codos en la barandilla. La camiseta se estrecha a su espalda, marcándole los omoplatos. Alva parpadea, desconcertada. Narel se percata y sonríe desganada, de medio lado—. El puesto de socorrista está junto a tu casa. —explica.

Por supuesto. De hecho, una de sus escasas interacciones consiste en alzarse la barbilla el uno a la otra cuando Alva baja con la tabla y él está sentado oteando a los bañistas. A veces, durante las rondas, si Alva está con Tony se para a hablar con su amigo. Lo que le ha sorprendido es que Narel se fije en ella, insignificante.

—Se supone que vigilas que nadie se ahogue —combate, manteniendo en corto a la creciente alteración. Si Narel ha estado observándola, quiere decir que ha sido testigo de su creciente colección de fracasos.

—Tú entras en la categoría de nadie —bromea.

Alva aprieta la mandíbula para asegurarse que no se le ha caído a los pies. Esta versión del chico es totalmente desconocida. Siempre serio, huraño y con la frente contraída por unos pensamientos cerrados a cal y canto al público. Jane le dijo una vez que a Narel le cuesta abrirse, es de esas personas que se toman su tiempo. Alva desconoce si es timidez, como en su caso. O si es esa necesidad de guardarte porque, también como a ella, le da miedo mostrarse a la primera.

—Me quedo más tranquila —responde con cautela. Y, a continuación, dirigida por un impulso, añade—: Estoy bloqueada.

Es la primera vez que pronuncia esas palabras en voz alta. Una sensación de montaña rusa invade su pecho. Ha renegado tanto de ellas, creyendo que si las guardaba no serían verdad, que por un momento ha creído que el universo explotaría. Sin embargo, el aire sigue revolviéndole el pelo y las olas rompiendo en la arena. La explosión tan solo suya, porque hay palabras que solo te impactan a ti. Es ella la que tendrá que llamar a Bernadette, a sus madres y decirles que la chica del surf se ha olvidado de cómo hacerlo, que quizás ha alcanzado un límite y ya no quiere seguir.

Para Alva, jamás ha supuesto un problema seguir a su corazón, lo que le nace lo lleva a cabo; lo que no, desaparece. Pero las decisiones que podrían cambiarlo todo se le resisten. La paralizan como una intensa fobia.
Lo más radical que ha hecho en su vida ha sido independizarse.

—¿Piensas que pasándote toda la tarde flotando en el agua hará que dejes de estarlo? —Narel la acusa entre los rizos negros, que se le enredan en las largas pestañas. Entonces, se da cuenta que su confesión la ha recibido él. ¿Para qué ha dicho nada?

La lengua de Alva se vuelve pastosa en el paladar, traga saliva.

—¿Y qué debería hacer según tú? —Lo reta, airada, indignada y envalentonada por el alcohol. Narel ya no la intimida y solo ve a una persona que no la conoce juzgando sus actos como los de una niña estúpida.

Narel se incorpora, colocándose de tal forma que queda frente a ella, mirándola desde arriba. Suspira, parece arrepentido, como si pensara que tendría que haberse quedado callado.

—Tú sabrás —responde, lavándose las manos, voz monótona y pausada—. Pero empujar una puerta cerrada solo hará que te agotes. Ocupa tu tiempo en otra cosa y vuelve más tarde a ver si ya la han abierto.

Alva, que tenía preparada una réplica contra su juicio, se queda flotando en su burbuja de alcohol mientras lo observa con curiosidad. El consejo de Narel no es el de una persona remilgada que te habla por encima del hombro, sino el de la persona que se ha chocado tantas veces con la puerta cerrada que sabe de lo que habla. «Tan en contra de los prejuicios y eres la primera que los aplica».

Se rodea con los brazos, mirando más allá de Narel. Hacia la masa negra de alquitrán en la que se convierte el mar alumbrado por la luz de la luna. «Gran consejo», piensa. Lástima que le dé pavor dar la espalda a la puerta. Porque Alva no tiene ni idea de quién es si no surfea…, que no es nadie. No cree que sirva para nada más.  Sus pensamientos y los mojitos las acaloran, nota una pátina de sudor pegajoso sobre su frente, la nariz absorbiendo humedad. Sería agradable darse un baño. «Y a qué esperas, ahí está el agua».  

—¡Voy a bañarme! —exclama. Se saca el móvil del bolsillo, agarra a Narel por la muñeca y le planta el aparato en la mano.

—¿Eh? —Este la observa como si le hubiera dado un ataque extraño. Alternando los ojos entre la chica y su teléfono.

Por toda respuesta, Alva desabrocha sus sandalias, que se sacude con fuerza: una acaba en la entrada del local y otro por poco le da a Dione en la cabeza, que conversa al otro lado con una chica desconocida.

—Que me voy a bañar.

Sonríe y sale corriendo por el camino de tablas, sin pensar. Está harta de pensar. Solo quiere un momento de descanso. El viento le azota el rostro, los pies se le hunde en la arena fría de la noche y Alva se zambulle en el mar.


El agua le ayuda a despejarse la cabeza y, también, trae la vergüenza. La figura de Narel esperándola en la orilla no ayuda. Debe pensar que se ha comportado como una estúpida. Por lo que camina con una lentitud exagerada, las olas haciéndole cosquillas en los tobillos. Tiembla de frío, la camiseta se le funde con la piel y la tela de los vaqueros le raspa en las ingles.

Por mucho que lo intente, al final acaba desembocando en la arena. Pero allí no aguarda el chico enfadado que imaginaba su cerebro. Todo lo contrario, Narel sonríe por primera vez: una sonrisa con pliegues en las mejillas y dentadura deslumbrante. De la mano del cuelgan las sandalias de Alva, quien se detiene chorreando a medio metro de distancia.

—Tu amiga te ha grabado en vídeo.

—¿Cuál? —pregunta, dibujando con el pie en la arena, teniendo así una excusa para no mirarlo.

—La que está loca.

Alva ríe bajito, una risa que se lleva la brisa.

—Ambas lo están. —La calidez inesperada de Narel la anima para levantar la vista. Intenta que los dientes no le castañeen. «Como coja una neumonía Tony me mata».

Narel pone los ojos en blanco. No puede evitar preguntarse de nuevo por qué de súbito ha decidido hablar con ella o por qué ha aguardado ahí hasta que Alva se ha animado a salir del agua. Es extraño incluso ver su cara en acción, con una expresión facial distinta a la rectitud perenne.

—¿Dione? —aventura. Un año y ni siquiera se sabe el nombre de su amiga. ¿Se puede estar tan absorto dentro de una mismo como para ni siquiera prestar atención a un nombre?

Alva asiente, avergonzada, aunque Narel no haya dicho nada al respecto de su baño. Con los brazos trata de cubrirse el pecho para que el chico no vea su sujetador negro con estampado de margaritas.

—Esto…, creo que iré a rogarle Loca Número Uno que no le enseñe el vídeo a nadie —carraspea, meciéndose sobre los tobillos.

Por respuesta, Narel le tiende la sudadera que lleva colgada al hombro.

—Cámbiate.

Cuando la chica la coge, se da la vuelta para darle intimidad. Anonadada por la amabilidad, Alva pierde unos segundos en observarlo. A continuación, comprueba que no haya nadie lo suficientemente cerca y se desviste. Al final, la solo es ropa interior, pero los complejos de Alva hacen que la desnudez la avergüence. La sudadera le llega casi a las rodillas y le resbala por el hombro. Huele a loción para después del afeitado, salitre y canela. Narel huele bastante bien.

—Ya puedes darte la vuelta.

Agachada para recoger su ropa, llena de arena murmura un agradecimiento. Narel encoge lo hombros para restar importancia.

—Avisa a Nahele y Tony que me he ido a casa, por favor. —No quiere volver al club con esas pintas y el maquillaje corrido sobre las mejillas. Por otra parte, el baño la ha dejado exhausta—. Le daré la sudadera a Jane para que te la devuelva.

Narel no responde enseguida y por unos segundos, piensa que se ha abusado de su amabilidad y va a transformarse de nuevo al Narel que está acostumbrada.

—Te acompaño. —Se ofrece antes de que acepte, comienza a caminar siguiendo la línea que dejan las olas en la arena.

Alva corre para alcanzarlo.

—No es necesario, no quiero molestarte más.

—Pero yo necesito una excusa para no volver al club todavía, Alva. —Se sincera, la brisa le revuelve el pelo y la escasa luz hace relucir sus pecas. Hay ruego en el fondo de su garganta: existe una razón concreta por la que no quiere regresar.

—¿No serás el hermano gemelo de Narel? —Se le escapa después de unos cuantos metros de camino contemplativo en el que no ha parado de preguntarse la razón del Narel de esta noche. Y de la Alva borracha, que hace preguntas que no haría estando sobria.

Suelta una carcajada gutural que la pilla tan desprevenida que da un bote por el susto.

—Habla la chica del asiento de atrás, observándolo todo desde la retaguardia. —cuestiona avispado, adivinando el motivo de su pregunta.

—Supongo que prefiero la retaguardia porque nadie se fija en mí —confiesa. Noche de confesiones. Quizás porque Narel es un casi desconocido y es cierto eso que dicen que resulta más sencillo ser honesto. O quizás son los mojitos.

—Yo sí me fijo, así que cambia de táctica —responde Narel, balanceando el brazo del que cuelgan las sandalias de Alva.  

Justo entonces decide que le gusta Narel, porque cree entender su forma de actuar. Al final, ambos son lo mismo; juzgados por aviesos y bordes, cuando son introspectivos, callados ante lo desconocido. Primero observan y más tarde, si acaso, se abren un poco. Por la semejanza que haya en sus formas, pronuncia las siguientes palabras:

—Voy a proponerte un juego.

—De acuerdo. —Frunce los labios, divertido y cauteloso a igual medida. Le sorprende la rápida disposición de Narel, que suele renegar de cualquier actividad— ¿En qué consiste?

Animada, Alva pega un salto cortándole paso. Se detienen frente a su casa. Tira la ropa al suelo y rápido, retiene su pelo en una coleta. Las olas le hacen cosquillas en los pies.

—Bienvenido al test de compatibilidad de Alva Pullman —explica con aire ceremonioso, recreando una pequeña reverencia. El chico sonríe, cruzándose de brazos—. Debes responder tres sencillas preguntas.

—Adelante.

Alva levanta un dedo en advertencia.

—No pienses que es tan fácil, tus respuestas deben coincidir con las mías.

—¿Y qué ocurre si no coinciden? —apostilla, curioso por el repentino cambio de actitud de la chica. Alva se encuentra a sí misma diciéndose que le gusta el rostro de Narel cuando se relaja.

—Entonces mi teoría del arrecife quedará comprobada, una vez más. —Narel contrae la frente, que se le llena de arrugas desconcertadas—. Te hablaré de ella en otra ocasión, ahora vamos a lo que nos concierne—. Se pone en jarras.

—¿Si acierto? —prosigue preguntando Narel.

Alva encoge los hombros.

—Ya veremos, nadie ha acertado nunca, no en todas.

—Dispara.

—Película, escritor y artista preferidos —anuncia.

Se inventó el juego cuando tenía doce años. Empezó como un medio para conocer a las personas que la rodean, después de todo, somos la suma de las cosas que nos gustan. Es más sencillo profundizar en alguien a través de lo que lee, escucha o ve que de lo que dice. Pero, con los años, Alva ha descubierto que la falta de compatibilidad con sus respuestas es equivalente a cuánto termina congeniando con la persona en cuestión. Tanto Nahele y Tony coincidieron en una, Dione en ninguna, pero queda exenta del test porque es Dione. Lester, en ninguna.
Alva sigue esperando a la persona que las acierte todas. Narel se lleva los dedos a la barbilla, meditabundo.

—Vale, los tengo —anuncia minutos después—. Lilo & Stich, Jane Austen y los Beach Boys.

La muchacha se queda muda, con los brazos caídos a los costados. Y, a pesar de tantos intentos a lo largo de la noche porque no se le cayera la mandíbula al suelo: esta se le abre.

—¿Alguna coincidencia? —Quiere saber Narel, extrañado por su reacción.

«Es la persona». Que sabe que su test, en el fondo, resulta absurdo. Igual que su teoría del arrecife, la de los espejismos y la de la Tierra en el centro. Pero cuando vuelve a mirar a Narel, parece la primera vez, pero de muchas antes. Como si lo reconociera de algún mundo paralelo, de una vida pasada o de otra que tal vez esté por llegar. Como dos desconocidos que han estado buscándose: ella mirando al horizonte, él escondido tras una cerveza. Dos desconocidos que por fin se han visto. Inconscientemente, imagina un hilo saliendo de su pecho para unirse al de Narel, que se ha puesto tenso y cuyas facciones regresan a su estado de contención habitual. Todo ocurre en una décima de segunda en la que todo lo demás desaparece.

—Todas. —Logra mascullar.

Con las emociones revueltas, vértigo en la tripa y catarsis en el corazón, sale corriendo hacia su casa. Sin despedidas. Olvidando las sandalias y la ropa. Asustada por esa emoción desconocida que la invade sin permiso, extendiéndose como tsunami que arrasara la ciudad.

«Es el alcohol», se dice Alva, jadeando con la espalda pegada a la puerta, en la oscuridad de su casa. «Sí, estás borracha», repite.  

Y el hilo entre ellos se tensa, pero no se rompe.
gxnesis.
gxnesis.


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Mensaje por Jaeger. el Lun 25 Feb 2019, 3:45 pm

Aun no he leído porque quiero dejarte un comentario, chiqui, pero ya estos dias me pongo con eso I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
Jaeger.
Jaeger.


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Mensaje por Jaeger. el Vie 08 Mar 2019, 12:20 am


Katherine, ma belle:

Holis  I'll be there for you.  - Página 2 77880782 como te dije en el audio, no podía seguir escribiendo sin comentarte los capitulos. He querido leerlos desde que los subiste, pero si lo hacia no comentaba y si los leía se me iba a ir la inspiración de cada ciudad. Sip, soy complicada, pero es mi encanto (?) I'll be there for you.  - Página 2 3098243176
Evitando así el coro de gritos que le dedicará su madre, la abuela Paca y el tío Sirhan por haber intentado, otra vez, disuadir a un cliente para que comiera ensalada y no la especialidad del restaurante: costillas de cerdo bañadas en salsa de vino. O cadáveres aderezados, como los ve ella.
Kennedy me recuerda a mi hermana vegetariana I'll be there for you.  - Página 2 1313521601 una comiendo una rica malinesa y ella insistiendo que llevo cadaver a mi boca. ¡Ya dejame comer! La comida es sagrada, sobre todo las milanesas de pollo  I'll be there for you.  - Página 2 88550944


—Tanto tiempo encerrada ahí dentro y sales casi más fea de lo que entraste.

Kennedy guarda las uñas en las palmas como prevención para no clavárselas en los ojos. Darwin Emmerson siempre escoge los peores momentos para molestar

Uy, amor-odio. ¿Me vas a traer una de tus preciosas historias, Kate? Porque voy preparandome para este dramón de tan poco entre estos dos  I'll be there for you.  - Página 2 2754838029 Darwin siendo tan odioso y Kenny, como toda una experta, le responde de la misma manera. Yo solo digo que se odien todo lo que quieran, van a terminar amandose, eso es seguro  I'll be there for you.  - Página 2 82537658

Salvo por esas máximas, que siempre lleva un libro en el bolsillo y que le gusta la cerveza, es nada lo que sabe de Darwin. Acostumbra a mostrarse déspota, malhumorado y distante. A veces encantador, del modo que puede serlo una serpiente.
El destino le aseguro a Kenny que tendrá a Darwin en su vida y a Darwin le aseguro que Kenny estara en su vida. No importan donde corran, la maldición los perseguira  I'll be there for you.  - Página 2 2027361961 Y es que será una lata con esto de que tengan que verse en todos lados no soportandose. Pero del odio al amor hay un solo paso y nos los enseñaras Kate  I'll be there for you.  - Página 2 1113326116

El sueño de Kennedy no ha cambiado, solo ha sufrido modificaciones: que en su restaurante no servirán animales muertos. Es duro servir en Casa Paca, pues de algún modo se siente cómplice de tanta maldad. Pero Kennedy trata de buscar la luz en la oscuridad. Con el dinero que ha conseguido ahorrar todos estos años, tendrá el necesario para comprar un pequeño local al que ya tiene echado el ojo desde hace tiempo. Por lo que todos sus ratos libres, sin contar los que pasa en el santuario ayudando, los dedica a experimentar con nuevas recetas. Instruyéndose en nutrición y estudiando un curso online de Dirección de Empresas. Pues los sueños no se cumplen, se trabajan y se luchan.

Me encanta el espiritu que tiene Kenny en perseguir lo que quiere. Si, no le agrada su trabajo con los cadaveres y esta atada a un contrato que firmo a los 16 años (que onda con eso, quien te hace firmar un contrato a los 16 años con 10 mil libras cortandote el cuello sino lo cumples?), pero ya esta por cumplir los 20 y zafarse de ello. Esta estudiando e intruyendose, esta trabajando en sus sueños y a mi me llena de optimismo I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 ya la amo  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304

—¿Quién mierda es Patata?

—La radio.

—Estás peor de lo que pensaba

Kenny toda rock, Darwin molesto y encima la radio tiene nombre I'll be there for you.  - Página 2 1313521601 esto es de lo que no hay I'll be there for you.  - Página 2 1313521601

—¡Yo se lo compro! —grita tan fuerte que llama la atención de varias personas que aguardan a ser atendidas. El hombre se sobresalta, así como Pete, el carnicero. El primero la mira entre sorprendido y molesto. Kennedy toma aire—. Le compro al hermano.

Porque no vayamos a separar una familia, seguro piensa Kenny. Me mata que sea así  I'll be there for you.  - Página 2 2632422674

El cordero tiembla como una hoja zarandeada por el viento, sigue balando y Kennedy ve que se orina encima. Es un bebé, solo es un bebé asustado al que han separado de su madre sin piedad. Han matado a su hermano. Iban a matarlo a él.

«¿Cómo no lo ven?».

—Tranquilo, pequeño —susurra con voz dulce, tratando del calmarlo—. Estás a salvo. Estás vivo.

Oh, bebe, pobrecito  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304 leer esto me recuerda porque quiero hacerme vegetariana. Una meta que intento e intento e intento, pero se desvanese con las milanesas. Malditas milanesas  I'll be there for you.  - Página 2 563750256

Pero ya, no sé donde diablos dejara a ese chivo. Quiero ver a Darwin a ver que expresión pone cuando le lleva el chivo vivo y coleando I'll be there for you.  - Página 2 477734387 se preguntara como esa loca puede seguir trabajando en el restaurante I'll be there for you.  - Página 2 1313521601

—Ya está, pequeño. —Procura tranquilizarlo con nana en la voz, más dulce de lo que nunca la ha escuchado Darwin, que se ha encaminado a la parte trasera para cargar la comida en el maletero—. Voy a llevarte a tu nueva casa.

Darwin no puede resistirlo:

—Es una cabra, no te entiende. —Kennedy parece una señora loca que conversa con uno de sus muchos gatos. «No me extrañaría que acabara así en el futuro», medita.

No te das una idea de como me reí con eso JAJAJAJAJA es que Kenny tratando de que el pobre cordero este tranquila, que no cunda el panico y hacerle saber que esta en buenas manos, Darwin pone su granito de arena y la mira como si estuviese loca. ¡Acaba de comprar un cordero! No te entiende, Kenny  I'll be there for you.  - Página 2 2632422674  I'll be there for you.  - Página 2 2632422674  I'll be there for you.  - Página 2 2632422674

Definitivamente, amo a esta pareja I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
—. Y es muy feo de tu parte asumir que, porque tú carezcas de ella, el resto de seres vivos no tengan inteligencia.

Podría ser tu hermano, Darwin I'll be there for you.  - Página 2 1313521601

Kennedy detiene el coche frente a la valla que delimita la entrada, sin apagar el motor. Ya con la puerta abierta y una pierna fuera, responde:
—No estás preparado para ella.

Esa conversación sobre el veganismo me encanto I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 Yo creo que Darwin si admira lo mucho que Kenny plantea su postura muy fuerte y todas sus convicciones, pero no la comparte y deja el hecho perdido.

«Pero hay guerras que solo tienen un final». Darwin piensa en Sophie, en las batallas en las que solo perdió ganas. En las suyas propias, que no sirvieron para nada. Él conoce la verdad: ir contracorriente es una causa perdida, solo es cuestión de tiempo que Kennedy se percate de ello. Y entonces, el témpano de hielo vuelve a encajarse en su corazón. Paralizándolo desde el interior.
Oww, ahora quiero saber de que murio Sophie  I'll be there for you.  - Página 2 2998878722 puede ser de alguna enfermedad? Que tan feo la ha pasado el pobre de Darwin? Supongo que ha sido terrible porque endurece su caparazon cada vez que parece quebrarse un poco.

—¿Y tú quién eres, muchacho? —pregunta, curioso.

—No es de su incumbencia —gruñe, mirando al frente.

—Ignóralo, Gael. Tiene la capacidad social de una ameba.
Hasta con el pobre santa es brusco, ese Darwin I'll be there for you.  - Página 2 1313521601 santa no te traera regalos para navidad (?) Me pone feliz que el cordero se haya salvado, hay que bautizarlo  I'll be there for you.  - Página 2 2416783629

Finalizando con esta pareja, creo que se viene algo muy lindo entre ellos I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 es que Kenny es apasionada y terca, y Darwin es frio y ortiva, pero me encantan que sean tan distintos el uno del otro. Yo ya quiero ver mas de ellos a ver que tal va desarrollando su historia, siento que voy a amarlos a montones  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304

Le prosigo con Kala  I'll be there for you.  - Página 2 77880782

Olvida que el desamor no tiene medicamento, salvo quizás unas pocas noches de whisky, labios para olvidar y mañanas entre sábanas que asfixian buscando carne en el hueco vacío a su lado.  Pero Kala ya ha hecho todo eso y más.

Empezamos mal porque la pobre de Kala esta sufriendo por quien sabe que, pero ya lo odio porque la hace sufrir  I'll be there for you.  - Página 2 1926951358 Es dificil salir de una relación en la que se dio tanto, al final te deja vacia y triste. Pero vamos nena, no dura para siempre.

—Servicio de habitaciones —saluda con ánimo, colándose por el lado de Kala sin esperar su permiso. La mano de Kala aferra el pomo con resignación—. Esto parece una cueva ¿Te crees Bella Swan?
Ves? apareció I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 Amo la referencia a Crepusculo. ¿Acaso has leido lo poco que escribi de Liverpool en mi tema de caps? No te creo capas de stalkearme, Katherine I'll be there for you.  - Página 2 4162775227  aqui candela haciendose la desentendida cuando ella hace lo mismo

Por cierto, yo tambien quiero una Mina que me traiga comida  I'll be there for you.  - Página 2 2529252940  I'll be there for you.  - Página 2 2529252940

—En todo caso, Greta sería mejor compañera —corrige dando un largo y sonoro trago de la botella. Una sonrisa traviesa hace que sus ojos destellen—. Pero trabaja esta noche, así que solo me quedas tú.
Pobre Phillip que lo descartaron. Pero es así la vida de soltera (será? estoy soltera y nada que anda) un día con aquel, un dia con otra... nadie sufre, así que viva las multiples citas I'll be there for you.  - Página 2 1477071114

Aquí es donde Kala tiene que volverse una aprendiz de Mina para que no vuelva a sentirse así de mal. Maldito, John, que le hiciste?  I'll be there for you.  - Página 2 2673534369

—¿Y les parece bien? —Kala sabe que no podría estar con una persona sin exclusividad. Conocer que después de ella, se marcha con otra.

—Si les molesta, es problema suyo —asegura sin ningún tipo de culpa—, yo no me he comprometido con nadie.

JAJAJA yo preocupada por el pobre de phillip y el no siendo tan pobre(? todo romantico se llevara a Mina de viaje. Y pues, es verdad lo que dice: si les molesta es asunto de ellos, ella es soltera, bella y sexy  o sea  o sea
—. ¿Te cuento algo divertido? Darwin y Kennedy llevan una hora discutiendo en el portal. Minnie está haciendo una retransmisión en directo.  
Quiero ver ese directo, por favor I'll be there for you.  - Página 2 1313521601

Wilhelmina sonríe con pena, como si ella fuera una niña a la que acaban de decir que Santa Claus es una invención de los padres.

—Siento decírtelo, pero ya no vas a ser la Kala que eras. Las personas te tocan y te cambian, está en ti decidir si es para bien o para mal.

Excelente reflexión, Wilhelmina. Y es que es cierto. Quienes entran en tu vida, directa o indirectamente, dejan algo en ti y tienes que tomar eso y convertirlo en algo bueno, algo que no te lastime y puedas recordarlo bien. Kala todavía esta mal por la ruptura y no es facil, fueron cinco años en que se convirtio la Kala de John. Ahora tiene que convertirse en la Kala de Kala, volver a empezar desde cero. Odio que sufra así  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304

Bueno, Kate, tu capitulo termino  I'll be there for you.  - Página 2 343344823 se me hizo mucho mas corto de lo que habia pensado que sería. Será por qué es de una parte? Estamos acostumbradas a caps largos xd en verdad, este lo es, solo que lo leí por pedazos y comente de la misma manera.
Voy a estar comentandote pronto el de Perth I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 primero voy a terminar con mi parte de Liverpool y después me deleitaré con la historia de Perth I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
Besitos bebee I'll be there for you.  - Página 2 77880782




Jaeger.
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Mensaje por Jaeger. el Sáb 30 Mar 2019, 5:26 pm


un amor naufragando, y tu solo mirando:
Holiiiiiiii I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 finalmente aquí haciéndote el comentario I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 el ultimo. Esta nc va a ser de varios caps y de comentarios, pero eso me encanta I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
Ya pues, me dejo con las vueltas y empiezo  I'll be there for you.  - Página 2 77880782

Pero en el último mes, resulta imposible. Tiene un bloqueo. Alva nunca tiene bloqueos. Desde que tenía tres años y le compraron una tabla de poliéster de los Looney Tunes, no ha hecho otra cosa que no sea surfear.

Primero que nada, me encanto la introducción al personaje de Alva I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 como generalmente le colocan con etiquetas y se hacen una idea de ella sin conocerla. Lo mucho que ama el surf y lo que le provoca la presión por ganar la competencia. Y es que no es sencillo ser toda una promesa con expectativas para superar.

Me da cosa que este así, presionada y bloqueada. Solo quiero cepillarle el cabello y decirle que estará todo bien, ella va a ganar  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304 o eso espero; no sé, te gusta hacerme sufrir I'll be there for you.  - Página 2 3619577255

—¿Qué me das a cambio?

—Las gracias —plantea Alva, adoptando la expresión de ternura más completa que encuentra entre su repertorio.
JAJAJA esa Nahele no hace nada sino le dan algo a cambio. Te van a dar las gracias, ¿qué mas esperas? es un favor xd  aunque lo cierto es que ser como Nahele daría menos inconvenientes a mas de uno.
Me mato la parte de Nahele toda gritando victoriosa porque descubrió al asesino y Tony a punto de matar a Alva. Es que no entiende que la madera se muere?  I'll be there for you.  - Página 2 1313521601

—¿De verdad las cuentas? —ríe Alva, ya medio congelada bajo el bañador mojado. Evita castañear los dientes.

—Si llega a la amenaza trescientos tiene que fregar los platos un año. Por supuesto que las cuento.

Tony aparece un momento después, con pasos resonantes en la madera hueca. Lleva una toalla en la mano. Envuelve a Alva con destreza, como si fuera un burrito.

Todxs tenemos que hacer eso: contar cuantas veces lleva Tony amenazando así no solo lava los platos de allí, que también lave los mios por fa xd Y ayyy, me mato cuando volvio para secar a Alva I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 lo amo, es como un hermano mayor, un padre amoroso y, pues, no sé I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 quiero un Tony en mi vida  I'll be there for you.  - Página 2 3373640616

Adoro la convivencia de los tres. Ninguno muy ordenado y tratando de no molestar al otro, pero convirtiéndose en family  I'll be there for you.  - Página 2 4098373783 quiero mas de estos tres. Presiento tipo como el trío de oro de HP  I'll be there for you.  - Página 2 4098373783

—¡Animal!

—Su boca tiene el tamaño perfecto para una sonrisa cálida, desmesuradamente perfecta y afable —argumenta Alva, haciendo migajas su hamburguesa, sin mucho apetito.
Cuidadito con meterte con el otro Antoni porque, joker o no, homosexual o no, las chicas saltarana  su defensa  I'll be there for you.  - Página 2 1113326116 pobrecito Tony que me lo golpean. No sé por qué (será porque Emilia hace personajes hermosos que me enamoran o porque los usas hermoso) que siempre termino cayendo, cayendo y cayendo por ellos  I'll be there for you.  - Página 2 2754838029 en lo que vamos aquí, Tony es mi preferido I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 TE AMAAA LOKAAAA

—Yo tampoco —suspira melindroso—. Seguro que ya te lo ha contado Alva, pero es muy posible que consiga que me patrocine una gran marca de tablas. Es incluso mejor que todas con las que ha firmado Alva. —La aludida no tiene constancia de dicho dato, así que solo debe ser uno de los muchos intentos de su novio por hacer creer al mundo que alguien se percata de su talento.

Desde siendo odioso, maleducado, narcisista, hacer levantar a Nahele y que a Tony no le guste ya me da por echo que Lester no es de mis personajes preferidos. El tipejo se adula demasiado y se da demasiada importancia, con historias de fantasias. Puede que en algun momento haya conquistado el corazón de nuestra Alva, pero ya, el tipo es demasiado egoísta e hiriente como para que la relación pueda sobrevivir.

ALVA TERMINA CON ÉL, dicen todos. Alva, terca, piensa que es ella. No, querida, no eres tu, es ese idiota  I'll be there for you.  - Página 2 1407456114

Lester pone cara de disgusto y sus ojos grises se llenan de desprecio. No es muy fanático del club. A él le gustan las discotecas, las fiestas privadas y los lujos. Un club de surferos significa bajar de categoría desde sus ojos. A pesar que, irónicamente, se considera del gremio

Y también un imbecil con complejo de Dios. Matenlo  I'll be there for you.  - Página 2 481143288


—Desde luego, no con esa ropa. —Lester envenena su limitada confianza. Escanea a Alva y ella los recibe como lijas en su carne—. Las impresiones lo son todo, nena. Haz algo al respecto.

.....


—Lástima que con tu cara no podamos hacer nada al respecto.

YAAASSSS, QUE ALGUIEN LE DE UN PREMIO A ESA MUJER I'll be there for you.  - Página 2 158352849  I'll be there for you.  - Página 2 158352849  o lo callaba ella o lo callaba yo. Es insoportable. ¿Cómo Ava puede estar con él? DEJELO, MIJA. VENDRÁN COSAS MEJORES, DICE CANDELA.

Lo bueno es que ya se fue. No sé porque se me hace que ese lamebolas hará algo horrible que lastimira a Alva. O a lo mejor le hace un favor, nunca se sabe.

Pero Lester también aguanta sus tonterías. Así es el amor ¿no? Ignorar lo que no te gusta de tu pareja y centrarte en lo bueno.

No, no. El amor no es ignorar lo que no te gusta de tu pareja. Es plantearselo en la cara y que sea lo que la divinidad quiera(? ya pues, no es exactamente aguantar la mierda del otro. Es todo equilibrio aunque a veces sea dificil. Se supone que una relacion te hace mejor persona, te acompaña. Lester parece solo querer hacerla sentir inferior con sus estupideces. Alva no lo merece y punto final  I'll be there for you.  - Página 2 2673534369


Su amiga da un brinco y se alisa la prenda: una camiseta vintage de Greenpeace. Carraspea, mutando a una Nahele nerviosa que Alva no está acostumbrada a tratar. ¿Qué le ocurre?

Es que allí hay algo, querida  I'll be there for you.  - Página 2 3275125450  I'll be there for you.  - Página 2 3275125450 que vuelva Javen, por favor, que quiero ver a estos dos y su historia  I'll be there for you.  - Página 2 3275125450  I'll be there for you.  - Página 2 3275125450

Debo decir que me emociono el hecho de saber que Narel y Alva estaban cerca  I'll be there for you.  - Página 2 4242539333 y es que yo estoy esperando que me vengas con drama y amor como sabes que me gusta, aunque se que pido demasiado para ser la primera ronda. Esta va a ser de mis parejas preferidas I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 mi intuicion no falla  I'll be there for you.  - Página 2 837735280

—No dejes que haga tonterías —pide Alva a su amigo, aferrada a la manga de su camiseta.

—¡Tienes que hacer tonterías! Es el propósito de los mojitos —interviene Dione.

—Yo te cubro las espaldas —asegura Tony, mandando los propósitos de su amiga a la basura.

Dione queriendo llevarla por el camino del mal mientras que Tony siendo su angel guardian. Repito: quiero un Tony en mi vida, el mío se mudo y tengo que esperar meses para verlo. QUIERO UN TONY  I'll be there for you.  - Página 2 3797107778

—No has surfeado hoy —prosigue, apoyando los codos en la barandilla. La camiseta se estrecha a su espalda, marcándole los omoplatos. Alva parpadea, desconcertada. Narel se percata y sonríe desganada, de medio lado—. El puesto de socorrista está junto a tu casa. —explica.

NADIE LE CREE ESA EXCUSA! yo sé que es porque se siente atraído a la bella Alva. ¿Quien no? Pero AYY POR FIN ELLOS DOS  I'll be there for you.  - Página 2 3275125450  I'll be there for you.  - Página 2 3275125450 lo venia esperando tanto I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
Por cierto, y por que le mintio respecto a Lester? a mi también me da curiosidad I'll be there for you.  - Página 2 779623427

—Que me voy a bañar.

Sonríe y sale corriendo por el camino de tablas, sin pensar. Está harta de pensar. Solo quiere un momento de descanso. El viento le azota el rostro, los pies se le hunde en la arena fría de la noche y Alva se zambulle en el mar.

Ame la conversación que tuvieron I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 Por fin Alva dejo de sentirse intimidad y Narel dejo de ser tan cerrado. Una charla corta, pero profunda y que animo a montones a Alva a tirarse sin mas al agua!! Ahi hay chispas  I'll be there for you.  - Página 2 837735280
Ves? el amor tiene que hacer estas cosas lindas, no tirarte para abajo. Te amo Narel I'll be there for you.  - Página 2 2084810956

—Habla la chica del asiento de atrás, observándolo todo desde la retaguardia. —cuestiona avispado, adivinando el motivo de su pregunta.

—Supongo que prefiero la retaguardia porque nadie se fija en mí —confiesa. Noche de confesiones. Quizás porque Narel es un casi desconocido y es cierto eso que dicen que resulta más sencillo ser honesto. O quizás son los mojitos.

—Yo sí me fijo, así que cambia de táctica —responde Narel, balanceando el brazo del que cuelgan las sandalias de Alva.  

Vos no te das una idea del grito que le pegue al cielo, hasta te mande un audio porque no me aguante y trate de no gritar I'll be there for you.  - Página 2 1313521601 pero es que AYYY ES MUY BELLO, ES NOCHE DE CONFESIONES ES MUY FUERTE PARA MI CORAZÓN  I'll be there for you.  - Página 2 2998878722  I'll be there for you.  - Página 2 2998878722 lo ame, me encanto. ES OBVIO QUE ÉL SE FIJA EN ELLA! ves? ves?! YO TENIA RAZÓN, ahí hay amorrr I'll be there for you.  - Página 2 2416783629


—Película, escritor y artista preferidos —anuncia.

—Vale, los tengo —anuncia minutos después—. Lilo & Stich, Jane Austen y los Beach Boys.

—¿Alguna coincidencia? —Quiere saber Narel, extrañado por su reacción.

—Todas. —Logra mascullar.

Te juro que esa parte también me emociono I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 FUE CONEXIÓN, FUE FUERTE! Y es que la teoría de Alva fue mas que confirmada, el destino mas que confirmado **is your destiny  I'll be there for you.  - Página 2 2592836091 **

Es esa persona. ES ESA PERSONA, ALVA, NO TE EQUIVOCASTE I'll be there for you.  - Página 2 1421880775 me emociona un montón estos dos, me hacen tanta ilusión  I'll be there for you.  - Página 2 2754838029 son super tiernos, tanto que me latió a montones el corazón con toda la interacción entre ellos, Alva borracha y Narel abriendose un poco mas con ella, confesando que nunca le ha pasado por desapercibida. ¿Entiendes lo que me haces? ¿No? Pues te digo que me metí de lleno en esta pareja y no puedo esperar a que te toque de nuevo I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 seguramente voy a estar presionandote para ver dialogos de ellos, asi que te aguantas porque esto lo haces tu y tus hermosas historias I'll be there for you.  - Página 2 2256176263
Te mando un beso enorme, chiquii I'll be there for you.  - Página 2 1477071114



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Mensaje por Jaeger. el Sáb 30 Mar 2019, 5:27 pm

Holi a todas I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 les comento que me falta poco para terminar el capitulo, solo me queda la parte de Perth I'll be there for you.  - Página 2 2841648573
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Mensaje por gxnesis. el Vie 05 Abr 2019, 3:13 pm

AY ME MUERO POR LEER *inserta cincuenta stickers de gente chillando y escupiendo corazones * I'll be there for you.  - Página 2 1054092304
Y gracias por los comentarios, nena, ya te dije que los amé I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
gxnesis.
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https://www.wattpad.com/user/__gxnesis
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Mensaje por Jaeger. el Lun 15 Abr 2019, 2:32 am

abreme  I'll be there for you.  - Página 2 77880782
Hola, chiquis! Siento haberme tardado en escribir los capítulos. No han quedado como me hubiese gustado, pero ya no quería hacerlas esperar mas y, bueno, espero que les guste I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 Las quiero I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
Sigue Gina I'll be there for you.  - Página 2 2841648573

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Capítulo 02

Escrito por: Stark.








Brooklyn Heights

Lo primero que piensa Minnie al despertar en la mañana, además de que la resaca es de los peores castigos para los pecadores como ella, es que tiene que existir un grave error para que Damon Brull este a su lado completamente dormido. Ni siquiera sabe cómo reaccionar. Si gritar de felicidad o de horror, si escaparse o acurrucarse junto a él. Lo único que puede hacer es sentarse en la cama y observarlo mientras duerme porque, aunque muy acosadora que se vea desde esa posición, es extraño admitir que ha llegado al momento que siempre soñó: Damon y ella juntos.

Sin embargo, para Damon es todo distinto al despertar. Se siente confundido y desorientado, la resaca no ayuda a la memoria y se toma más de medio minuto para poder abrir los ojos. Lo primero que ve es a Minnie, con las sabanas cubriendo su torso desnudo y su rostro ruborizándose —cosa que rara vez sucede. Se pregunta qué diablos hace en su habitación y está dispuesto a correrla de allí. Antes que pudiera hacer algo, como si una luz lo iluminara, los recuerdos comienzan a llegar: la noche pasada fue al bar donde trabaja de bartender junto a su equipo para festejar el proyecto terminado, Minnie los atendió con sus movimientos coquetos y hasta les regalo una ronda para felicitarlo. Sus compañeros quedaron encantados con ella, tanto que insistieron en que le pasaran el número y él se negó con la excusa de que Minnie tenía una novia llamada Olivia. Tras unas rondas más, Damon estaba tan ebrio que fue ella quien lo trajo al departamento. Y cuando estaba quitándole la camisa, él…

—Puta madre.

Damon pasa una mano por su rostro con frustración. Se golpearía en ese mismo instante si no fuese porque aun Minnie está a su lado, por primera vez en su vida tan callada y tímida. La observa solo un momento antes de desviar la mirada hacia las sabanas de seda color melocotón.

—Date la vuelta.

Minnie se sorprende ante la proposición y suelta un grito ahogado.

—¿Quieres un mañanero por detrás? Porque te digo que…

Damon pone los ojos en blanco y le da tira una almohada en la cara, aprovechando la breve distracción para buscar su bóxer.

—Ya te vi el culo. En verdad, te vi todo. No tienes nada que esconder —ronronea Minnie, de rodillas se acerca hacia el borde de la cama, sentándose al lado de Damon, quien intenta ponerse el  bóxer debajo del acolchado—No sé porque te pones tan evasivo. Fuiste tú quien empezó con besos indecentes y toqueteos por…

—Minn—le interrumpe Damon, llamándola por el apodo cariñoso. No le agrada la mirada que sostiene en su dirección, y ya intuye que es lo que dirá a continuación. —Lo que paso fue un error. ¿Lo entiendes? Nunca debió pasar.

—Pero paso. ¿No te hace ruido? No es casualidad—replica molesta, amargada más que nada.

—No volverá a suceder—la miro con culpa y meneo con la cabeza—Lo siento.

Damon recoge su ropa desparramada por el suelo y se va de la habitación de Minnie con la resaca partiéndole la madre y la culpa de haber lastimado a la chica que se suponía que tenía que cuidar. Si Milo alguna vez se enterara de ellos, jamás se lo perdonaría. Ya es suficiente que no se perdone a sí mismo.

Minnie solo puede observar aun desde la cama como cierra la puerta tras de sí con los pasos arrastrándose sobre la alfombra. Le hubiese gustado que, si no iban a volver a tener sexo, Damon hubiese sido más atentó con ella, no que huyera como siempre lo ha hecho.

Lo que pasa es que es un maldito cobarde, piensa molesta. Pero, tan pronto lo expresa, se arrepiente y recuerda que Damon y ella se han criado como hermanos, viviendo en la misma casa y pasando largas temporadas juntos; vacaciones, navidades, cumpleaños. Toda una vida.

Pero ya no somos niños, joder. ¿Qué le cuesta aceptar que le gusto? Porque Minnie no es ninguna tonta, por más que los asuntos ajenos poco y nada le importa. Lo sabe desde siempre y desde ese entonces intenta que Damon lo admita. Inútilmente. Damon es tan terco, que compite con Havana a ver quién lleva más tiempo la contraria. No es como si Minnie escaseara de esa característica, pero, hombre, llevas más de diez años negándolo. Date un descanso.

—Espero que se sienta muy culpable —murmura para sí misma, levantándose de la cama y dejando que la sabana caiga sobre el suelo.

Obviamente, las cosas no van a quedarse así como así. Damon le lanzo un desafío que estaba dispuesta a perder en el pasado para darle comodidad y dejarle vivir en su negación. Sin embargo, pasar una noche con ella y luego despertarse para decirle que todo fue un error… que ella fue el error en cuestión, pues el sexo a nadie se lo niega, fue como una doble cachetada.

Abre el grifo de la ducha de su baño personal, estira una mano para comprobar la temperatura del agua mientras piensa su siguiente jugada. Ya no habrá copa de más, hará que Damon realmente admita que está enamorado de ella.

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Olivia mira el techo de su habitación mientras pocos rayos de sol se van filtrando desde su ventana, y solo puede preguntarse cómo es que acaba en la misma situación una y otra, y otra, y otra vez. No aprende. Parece una niña chiquita que pide dulces de cereza cuando solo quedan los de banana, y no entiende, hace todo un berrinche para pedir los de cereza; dulces que no existen y no encontraran en ninguna parte. En realidad, si existen los dulces de cereza, solo que no son para ella. Sino para otras chicas. Así le pasa a Olivia Ronnan con Travis Murphy, su mejor amigo y compañero de piso.

Otra vez está en la misma situación con la que lleva despertando los dos últimos años: ella desnuda en su cama mientras el otro lado está vacío y frió. Lo hacen y él aprovecha el momento en que se duerme para pasarse a su habitación. Olivia lleva preguntándose a sí misma que le costaría al maldito dormir solo una vez a su lado. Solo una. Pero entiende porque Travis lo hace. Despertarse juntos es otro nivel que él no está dispuesto a cruzar.

Pero si cogerme
.

No le queda otra que prepararse para una nueva rutina en la que finge puras sonrisas y desentendimientos. Ya vestida con un simple piyama, sale de su habitación directo hacia el baño. De allí sale Freddie, recién bañado y con el torso desnudo, solo lleva una toalla alrededor de su cintura. Olivia suelta un silbido insinuador.

—Ese abdomen necesita urgente paramédicos.

—¿Por qué? —inquiere Freddie secándose con una toalla más pequeña el cabello.

—Porque a mas de una matara de un ataque al corazón. Grrr —simula garras y suelta un ronroneo.

Freddie le regala una risa y le revuelve el cabello. Pese a que se conocen hace poco tiempo y fue un poco incomoda la convivencia al principio, no evitan mirarse de manera fraternal como si se conocieran toda de toda la vida. Olivia pasa al baño ya con el humor mucho mejor, lista para empezar el día.

Travis sale de su habitación luego de escuchar la puerta cerrarse. Puede que haya pasado tiempo del que viene ligándose con su amiga, pero eso no significa que sea menos tenso. Freddie lo cruza camino a su habitación y le dirige una mirada reprochadora.

—¿Qué?

—Eres un gilipollas.

—Gracias.

Su amigo pone los ojos en blanco antes de entrar a su cuarto. Travis agradece que al menos sea sincero y que no abra la boca delante de los demás. No es como si estuviera mal que dos personas solteras y con tensión sexual quieran satisfacerla, lo malo es si intervienen personas exteriores a la relación.

Travis termina de envolver el almuerzo que Olivia preparo ayer en la noche y que lo obligo a ayudarla. Con Havana embarazada, la pelinegra se niega de ahora en adelante dejarla a Halima y a ella alimentar a 8 personas, 9 considerando a la judía. Lo cierto es que, además de sentirse feliz por sus amigos, cree que lo han saboteado. La pequeña judía, ella lo saboteo. Travis quería conquistar a su madre para por fin cumplir su sueño de chaval: estar con Havana. Ahora no se siente tan seguro de hacerlo. Lo de Max y Havana es un lío de por sí, peor será el esperar un hijo juntos. De todas formas, no puede evitar pensar en la judía con cariño. Solo espera que sea una niña, crezca y le haga sufrir a Max con sus aventuras amorosas. Y el tío Travis la ayudara a escapar de su neurótico padre, eso es seguro.

Tras unos minutos, Freddie llega a su encuentro y lo ayuda a envolver los miles de tappers que Olivia dejo apilados para que ellos hicieran el trabajo fácil.

—¿Hasta cuándo vas a seguir con eso?

La pregunta lo desconcierta.

—¿Con qué?

No pronuncia el nombre, solo hace falta mirar en dirección hacia la puerta adornada con una calavera. Travis se encoge de hombros.

—¿Es tan malo?

—¿Lo dices enserio?

—Fred, Fred, Fred—canturrea el pelinegro pasando un brazo por el hombro de su amigo, atrayéndolo a él de manera amistosa—El sexo es necesario para todo ser humano. Como comunicarse. Moriremos sin él.

—¿Aunque sea con la chica que limpia tus desastres y te cocina todo lo que quieres?

—Todo es dar y recibir. Yo también hago cosas por ella.

—Menciona solo una.

Por un breve momento, se quedó totalmente en blanco. Pero, como Travis Murphy se niega a perder una batalla, contesta con su sonrisa socarrona.

—Placer.

—Cerdo—Freddie lo empuja, alejándolo de él.

Travis finge que no le importa. Si lo hace, en verdad. Pero se niega a darle la satisfacción al otro, así que mejor se hace el desentendido. No es hasta que ve que Olivia sale de su habitación ya cambiada: lleva unos vaqueros que ajustan sus largas y sensuales piernas, un crop top rojo que se abre en sus hombros y mangas largas. Su cabello esta suelto y húmedo, no se ha maquillado porque le da pereza hacerlo en las mañanas. A un costado cuelga el bolso que le regalo hace unos meses, dejándolo en el sillón. Nadie puede negar que Olivia sea una chica preciosa, de ojos rasgados que se vuelven lineas finas cuando sonríe, piel pálida que no cambia por más que tome sol por horas, con una mirada fuerte y dulce al mismo tiempo. Todo en ella es alegría y cariño. Se le hace imposible no idolatrarla.

A veces, Travis se cuestiona a si mismo porque no puede aferrarse a ella y dejar fluir todo entre ellos en vez de forzarlo a quedarse en la misma situación. Comprende que el problema es él, porque si fuese por parte de Olivia…

No la mereces, se recuerda. Y con ello en mente, le sonríe en su dirección, una sonrisa que Liv no tarda en devolver sin rencores.

—¿Ya acabaron?

—Sí, ya está—dice Freddie apilándolos en una bolsa.

—¿No te parece que es demasiado? —pregunta Travis intentando abrir uno para sacar algún bocadillo. Exclama cuando Olivia le da un golpe en la mano.

—Por supuesto que no. Será para toda la semana—le arrebata el tapper y lo deja junto a los otros en la bolsa—Ya abusamos mucho de la solidaridad de las chicas.

—Pero nosotros le damos dinero para que compren suministros.

—¿Y eso las hace tus esclavas, Murphy? —pone las manos en sus caderas, observándolo con regaño y puro regaño.

Travis intenta no reírse mientras que Freddie concuerda con su amiga.

—Ya, no te enojes. ¿Quieres que lleve tu bolso?

—Gracias.

Intenta agarrar una de las bolsas, Freddie la detiene de inmediato.

—Ya hiciste suficiente. Ni siquiera me dejaste ayudarte anoche.

—Trabajas un montón. Tienes que descansar para seguir luchando contra la injusticia.

—¿Y acaso yo no trabajo? —pregunta Travis, fingiendo molestia. Toma el bolso y por poco no se le cae al suelo—¿Qué mierda llevas aquí?

—Si te lo digo, tendría que matarte.

Comparten una mirada divertida con Freddie y este es el primero en salir del departamento, dejando la puerta abierta para los otros dos. Olivia y Travis caminan juntos hacia la salida, menos están incómodos como al principio.

—No lo dejaste cocinar porque lo hace horrible, ¿cierto?

—Guardemos este secreto para nosotros —le susurra la chica, dándole palmaditas en la espalda.

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Pasan al departamento de Halima, Callie y Havana sin pedir permiso, como generalmente lo hacen. Dejan las bolsas sobre la mesa mientras Halima es la primera en aparecer, ya cambiada y lista para preparar el desayuno, uno que ellos ya traen hecho.

—¿Y eso?

—Traje algunos refrigerios para alivianar su trabajo—responde Olivia, es la primera en sacar los tappers.

—¿Todo eso?

—Descuida, son solo los de esta semana —se ríe por la incredibilidad de su amiga. —¿Y las demás?

—Callie tenía una sesión de fotos temprano y Havana…

—¡Ya déjame, que no estoy invalida, joder!

—¡Solo quiero ayudarte a ponerte los zapatos!

—¡Todavía tengo tobillos, no molestes!

De la habitación de la chica, salen Max y está discutiendo. Olivia se tensa un momento al verlos juntos y se imagina la hermosa familia que serán los tres. Intenta despejar todo sentimiento que siente por ello. Es extraño, porque antes le encantaba la relación entre ellos y celebraba cada vez que volvían e intentaban hacer que funcionara. Ahora es una mezcla de tristeza y felicidad.  Se alegra con saber que ambos serán padres y están dispuestos a entregarse de lleno. Pero… mejor ni pensarlo.

—¡Buenos días! —chilla con emoción, dispersándolos de la pelea.

—¿Y eso? —señala Havana, tan sorprendida como Halima hace momentos atrás

—Me niego a dejar que mis amigas sigan alimentando a estos cerdos. Yo voy a ayudarlos —dice con orgullo.

Los tres voltean a mirarla de mala manera.

—¿Cerdos?

—Bueno, quitemos a Freddie de esa ecuación.

—¡Ey! —exclaman Trav y Max, para risa de todos.

Miles entra seguido de Minnie, la conversación entre ellos se interrumpe cuando Miles echa una mirada fulminante en dirección a Max. Al parecer, las cosas siguen tensas.

—Buenos días, chicos.

—¿Qué tienen de buenos? —arrebate Minnie de malhumor y se tira al sillón de brazos cruzados.

—¿Y Damon?

—¿A quién mierda le importa? Porque si a ti si, Max, puedes ir a buscarlo tú mismo.

Solo basta una mirada compartida entre todos los presentes para volver a la rutina de todos los días. Si Damon no viene acompañado de Minnie, significa que pelearon y que Damon está tratando de evitarla. Se conocen demasiado para preguntar de más y que Minnie descargue toda su ira en alguno de los presente, así que a desentenderse del asunto.

Liv se acerca hacia Max y le tiende una barra de chocolate a escondidas, aprovechando que todos están abriendo los tappers y acomodándolos en el refrigerador.

—¿Y esto?

—Un dulce para otro dulce —le pellizca la mejilla, sacándole una sonrisa de inmediato—Solo guárdalo en su mesa de luz. Cuando huela el chocolate, quizás se olvide de lo que sea que tenga antojo y se atragante con esto.

Su amigo frunció el ceño sin dejar de sonreír.

—No sé si es buena idea que se atragante.

—Atragantarse de lo bueno, tranquilo—le guiña el ojo antes de ir hacia la mesa y ayudar.

Dejando los platos y cubiertos para cada espacio, Olivia levanta la cabeza para llamarlos y que se sienten a desayunar, cuando se da cuenta que Max la mira fijamente. No dice nada, solo lo observa con el corazón dándole pequeños galopeos. Es que no es la primera vez que lo cacha mirándola tan directamente. Y, por extraño que parezca, eso no le molesta. Ella también se pierde observándolo. En sus ojos verdes que le recuerdan a esmeraldas preciosas, los hoyuelos que se forman en sus mejillas cuando sonríe, la tranquilidad que trae consigo mismo y una seguridad que no ha encontrado en otra persona.

Pero es Max, Max tu amigo, Max el de Havana, el padre de la judía. Así que hace lo de siempre: distraerlo con tonterías. Lleva su lengua hacia su nariz y la pasa por la punta de esta. Max suelta una carcajada y Halima le pregunta a su lado que diablos le sucede.

—¿Qué haces? —pregunta Travis, llegando a ella.

Se sobresalta al tenerlo tan cerca sin haberse dado cuenta, y es que ahora su aroma comienza a invadirla y a sofocarla. Sin embargo, es tan buena para escaparse de situaciones incomodas y tensas, que solo sonríe y se encoge de hombros.

—Quería comerme un moco.

Travis le empuja brazo con brazo de manera amistosa, un empujón que Olivia le devuelve. Solo basta para que el chico mire hacia delante, justamente donde este Max: serio. Travis, por el contrario, le sonríe con fastidio. Ha notado que, últimamente, han estado compartiendo miradas y sonrisas que conducen a un camino que no le agrada para nada. De por si Max no le agrada, peor aun si se mete con Liv.

Una vez sentados en la mesa, las preguntas comienzan a hacerse en dirección a la próxima mamá.

—¿Qué tal dormiste? ¿Ya empezaste a dormir boca arriba? —pregunta Miles, preocupado por su melliza.

—Todavía no tengo barriga.

—Pero si duermes boca abajo, el bebe podría quedarse aplastado o incómodo. ¿No te parece?

—¡Eso es lo que te decía anoche! —exclama Max, orgulloso de que alguien apoya su teoría.

Miles le lanza un poco de su tocino con odio. Travis le da un golpe en la cabeza.

—¡¿Y eso por qué?!

—Olivia se pasó la noche entera para que tires su comida.

—Compórtate o te lincho—promete la pelinegra calma y concentrada en su plato, no por ello menos dispuesta a hacerle comer mierda la próxima vez que se atreva.

—Aprovecha a dormir, dicen que luego no podrás hacerlo nunca más—comenta Minnie sin comer realmente su comida, está más enfuscada en el comportamiento de Damon en la mañana.

—Minnie—le regaña Freddie suavemente.

—¡¿Qué?! —Explota la chica en su contra y da dos golpes en la mesa con sus puños—¡Tengo la maldita razón! ¡Yo tengo la maldita razón!

La mesa se queda callada y observándola como si le hubiese crecido otra cabeza. Minnie suspira y se levanta.

—Lo siento. Buen provecho.

Sale por la puerta del departamento sin más. El comedor queda en silencio con todos preguntándose qué tan grave fue la situación entre Damon y ella.

—¿Hice algo mal?

—No te preocupes. Solo tiene un mal día—Liv posa una mano en la de su amigo. Es nuevo en el grupo y todavía le cuesta entender la personalidad de Minnie, una con la que ellos vienen tratando desde hace años.
1
Travis se olvida de Minnie y se centra en la mano de Olivia sobre la de Freddie. Sabe que ella siempre ha sido así, cariñosa y cálida, consolando a los demás y poniéndose en un papel de madre o hermana mayor para todos. Pero ha notado que se han vuelto más cercanos. Pasaron de solo saludarse y hablar temas triviales a reírse a carcajadas cuando nadie los ve y a tener un código secreto que les pertenece.

Destierra cualquier sentimiento negativo que le provoca y se centra en volver a la antigua conversación. No sabe si es él o sus amigos siempre han tenido una buena relación.

—¿Ya han pensado que nombre tendrá?

—No, todavía ni siquiera sabemos el sexo de la judía.

—Creo que será niña—intuye Travis.

—No, será un niño—replica Miles—Será un niño bello y talentoso como su tío.

Max se le escapa una risita por debajo. Su amigo no tarda en fulminarlo con la mirada nuevamente.

—¡Ay, mierda! —exclama Halima —¿Acabas de patearme, sanguijuela?

—¡No era para ti, era para Max!

A Halima no parece interesarle para quien era, puesto que devuelve la patada.

—¡Joder, Halima! —exclama Olivia con dolor y devuelve la patada.

—¡Ey! —chilla Max.

—¡Lo siento!

Travis larga una carcajada a lo alto. Pronto le llega una patada.

—¡Oigan! ¡¿Quién diablos fue?!

Todos se quedan un segundo callados antes de explotar a las risotadas. Dicen que no hay nada más hermoso que estar en casa, y de ello no hay duda alguna en el departamento 03.

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Intenta una y otra vez centrarse en los planos que están delante de suyo, pero para Damon es imposible. La resaca no le da revancha y mucho menos los recuerdos de anoche. Se acostó con Minnie. Con Minnie Grainne. Con la hija de los Grainne. Los Grainne que lo criaron cuando su padre se marchaba largas temporadas y se encargaban de hacerlo sentir parte de la familia. Si esto hubiese sucedido hace seis meses atrás, cuando Milo—su mejor amigo y el hermano mayor de Minnie—aún vivía con ellos, estaba seguro que lo habría despellejado sin oportunidad alguna de argumentar. Pero, ¿qué iba a argumentar? Si él fue quien...

Damon suelta el lápiz con brusquedad y se levanta de su asiento, caminando directo hacia la pequeña cocina que hay en la oficina. No tarda en hacerse un té para calmar el malestar de su cabeza y de su estómago. Mientras bebe, no puede sacarse de la cabeza la expresión de odio puro que le dirigió Minnie antes de salir del departamento con un portazo detrás de sí. Y la conoce tan bien que asegura que no se quedara con los brazos cruzados.

Es un dolor de cabeza, piensa amargamente. Una vez que se le mete algo en la mente, perdiste.

—Ey, Damon —le llaman, para su sorpresa es Lea, la pasante que entro el mes pasado—¿Te encuentras bien?

Damon nunca ha sido bueno para conversar con personas que sean ajenas de su entorno. Es tímido e introvertido, aunque con los años ha mejorado sus dotes sociables. Solo alcanza a asentir con la cabeza y volver a su té con la maraña de problemas en su cabeza que se dirigen a una sola persona.

Lea, por el contrario, no se rinde. Saca de su chaqueta un pequeño sobre amarillo, dejándolo frente a él. Damon la mira con intriga mientras Lea se encoge de los nervios.

—Sal efervescente con efecto antiácido y un comprimido de acción analgésica.—señala el medicamento doble—Tómalo con un poco de agua y estarás como nuevo en un par de horas.

—Gracias—se empuja a sí mismo a decirlo.

Se da cuenta que ella espera algo más, y lo cierto es que no le apetece satisfacerla. Lea es una chica linda de rasgos dulces, cabello rizado oscuro y pecas esparcidas por sus mejillas. Tiene algo suave y refrescante en sí, que le hace verse tres veces más bonita. Pero no es el tipo de chica que a Damon le gusta.

Y como si alguien le iluminase, vuelve a mirar a Lea y se pregunta si la decisión que esta por tomar es la correcta. No importa, se dice a sí mismo. Es importante mantener a Minnie lo más lejos posible, insiste.

—¿Tienes que hacer algo después del trabajo?

La sorpresa se asoma en el rostro de Lea, pero rápidamente se recupera y asiente con una sonrisa tímida. Damon asiente y vuelve a su té, un poco incómodo. La chica lo deja solo en la cocina, y lo único que puede pensar es que Minnie tiene razón: es un cobarde.

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—Luck, concéntrate —Travis le da una palmada en la cabeza a su amigo.

—¿Eh?

Trav menea con la cabeza y lo manda a limpiar las duchas. Luck trabaja desde hace un año y medio en el gym, más o menos el tiempo en que empezó a hacerse cargo del Centro Cultural Murphy, cuando su padre comenzó a enseñarle sobre la administración y demás. Admite que al principio no podía comprender nada. Oliver se la pasaba pateándole el culo por preocuparse más en un trasero lindo que en prestar atención a sus clases, y aunque casi su viejo loco lo mata, aprendió lo bastante para no hundirlo. Y eso ya hace casi un año que se responsabilizaba él solo. Con ayuda de Olivia y Damon, claro está.

Travis se rasca el cabello con frustración al solo verla de esa manera, la misma que Luck la miraba hace segundos atrás, haciendo spinning: con el sudor corriéndole por la frente y el pecho, su cabello perfectamente peinado en dos trenzas en cada costado, un top deportivo que remarcaban sus pechos redondos y de un tamaño que iba perfecto en sus manos. Y su trasero, diablos. Es el infierno.

Que no eres un chaval, joder, vas a tener una erección viendo a tu amiga.

Pareciera que, mientras más pasa el tiempo, peor se le hace ocultar las ganas que tiene de estar con Olivia en una cama todo el maldito rato. Le encanta la química que hay en el sexo y también fuera de él. Se conocieron hace tantos años que se alegra que aun este en su vida.

Solo no la cagues. No la cagues y seguirá a tu lado, piensa. Así que se retira de allí, mejor manteniendo distancia por el momento.

—Martha, ¿puedes hacerte cargo? Iré a dar una vuelta

—Claro, chico. Ve—Martha le da un golpecito cariñoso en la espalda. Travis siente que uno de sus pulmones casi le sale por la boca.

Martha es otra de las personal trainner que su padre contrato en el mismo tiempo que Logan. Fue una luchadora en sus tiempos de gloria, pero ahora se había casado y quería una vida más tranquila. Travis odia a sus renacuajos malditos, solo que jamás podría decir nada delante de Martha, no si no quiere que lo linchen.

Bajando las escaleras, se cruza con Havana saliendo de su clase. No puede evitar mirar hacia su abdomen, esperando notar un pequeño bulto o algo. No encuentra nada. Havana usa una blusa holgada, difícilmente podría verlo.

—¿Mr. Neurótico deja que trabajes?

Havana revoleo los ojos.

—Todavía no se le ha ocurrido—le mira de reojo, un poco insegura—Oye, sobre las clases…

—Puedes darlas hasta que sientas que ya no puedas hacerlo—le sonríe para tranquilizarla. Está embarazada, no es que vaya a morirse. —Tomate las cosas sin cuidado.

—Eres el mejor jefe del mundo.

—Cierto. Generoso, inteligente, atractivo—enumera con los dedos—Todo un Adonis.

—Un egocéntrico de primera.

—También—le arrebata una sonrisa y juntos van hasta la máquina expendedora de dulces. Travis pone dos billetes y retira donas glaseadas para ella y una barra de proteínas para él—Así que, ¿Max y tu volvieron?

Havana lo mira como si le hubiese salido un tercer ojo.

—¿Qué te hace pensar que volvimos?

—Bueno, van a tener un hijo…

—Es el siglo XXI, Trav. Las personas tienen hijos sin casarse.

Entonces, su postura relajada y sonrisas amistosas cambian. La judía no lo había saboteado del todo.

—¿Él duerme contigo por qué…?

—Los antojos. No sabes lo horrible que son —contesta comiéndose su primera dona con devoción—Es que es una tortura. Ayer por la noche quería comer chocolate. ¿Puedes creer que toda la habitación olía a chocolate? Casi muero.

Pero a él no le importa si la habitación olía a chocolate o a cerezas, sino el hecho más importante: Havana y Max no están juntos, no en el sentido romántico. Solo van a tener un hijo y ya. Solteros por su lado, sin compromiso con el otro.

—Si es de esa manera, ¿qué te parece una cena esta noche?

Havana frunce el ceño sin entenderlo.

—¿Quieres que te prepare algo en especial? Porque sabes que si te hago un platillo a ti, tengo que…

—Hablo de una cena más… personal.

—¿Personal?

Travis no sabe si está siendo claro o no, puesto que es Havana, ósea, su amor platónico, y nunca ha sabido bien como hablar con ella. Mujeriego de primera y experto en las mujeres, pero hasta él admite que Havana lo lleva a otro nivel. Lo pone nervioso, indeciso. Siempre ha entendido porque Max esta tan enamorado de ella, pues Travis también lo estuvo en su tiempo.

—Cena para dos. Para tres—se corrige a sí mismo, dándole un vistazo a su vientre.

—Travis, solo sé claro—la chica pone las manos sobre sus caderas, ajustando su blusa al cuerpo.

Esta por satisfacerla, solo que la pequeña barriga de Havana le llama la atención. Por impulso, lleva una mano hacia el vientre de su amiga. Ella se sobresalta, un poco incomoda.

—¿Qué haces?

Aleja su mano al instante, dándose cuenta lo que ha hecho.

—Lo siento. Solo que es un poco extraño. Vas a ser mamá.

Comparten una sonrisa al mismo tiempo que sus ojos se conectan. Quizás a otra persona la acción le hubiese hecho retroceder. No en el caso de Travis, pues ahora está más decidido a invitarla a una cita. Esta vez, sin embargo, la deja marcharse. Ya habrá tiempo para ello.

—Vamos, te llevare al departamento.

—Solo queda a unas calles.

—También pasaremos por algo de comer. ¿Qué te gustaría?

Los ojos azules de Havana brillan con alegría y salen juntos del edificio entrelazando su brazo con el suyo.

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—¿Puedes decirme que es lo que te sucede o vas a seguir actuando así?

Minnie mira con evidente molestia hacia Halima. Ambas están trabajando en el café y detrás de la barra, aprovechando que sus mesas están desocupadas, descansan sin más en los asientos.

—¿Así como?

—Así como perra odiosa. Estas espantando a los clientes.

Se encoge de hombros, sin tomarle importancia. Y es que, por mucho que intente cambiar ese humor de perros, a Minnie le cuesta horrores porque se le viene a la mente la expresión de pendejo que expuso Damon al despertarse aquella mañana. Debería superarlo y seguir su camino, pero no puede hacerlo a un lado tan fácil como él.

Tuvo que haber significado algo, se dice a sí misma, aunque las esperanzas se van desvaneciendo a cada segundo que pasa.

—¿Y? ¿Me dirás? —insiste la morena, curiosa.

—Me acosté con Damon anoche —confiesa dejando los codos sobre la barra.

Halima abre la boca tan grande que cree que la mandíbula se le caerá al suelo.

—¿Qué? ¿Cómo?

—¿Quieres que te explique “como”?

—Como llegaron a ese momento, tonta.

—Solo pasó. Es irrelevante cómo sucedió, el problema es como actuó después.

Entonces, Minnie se descarga con Halima sobre la estúpida actitud de Damon hacia ella y lo mucho que se esforzaba en aclararle que todo fue un error. También le confió que siempre había sentido algo por Damon, es decir, se había enamorado de él desde que eran niños. En la adolescencia había superado su estúpido amor platónico hacia el chico, o era eso lo que ella creía hasta unos meses en que empezó a verlo de manera distinta. Damon le gusta, siempre lo ha hecho, solo que antes priorizaba la amistad y la hermandad que construyeron después de criarse juntos.

Minnie comprende que la relación con Damon es difícil. Siempre lo ha sido. Han sentido algo el uno por el otro. No es necesario que se exprese en palabras porque con solo mirarse a los ojos se comprende. Tampoco es necesario decir que, consciente o inconscientemente, los pasos de Minnie siempre van marcando los de Damon y viceversa. El problema es que han cruzado una línea de la cual Damon se ha mantenido estrictamente a no cruzarla ni dejarla cruzar. Ahora no puede parar el torbellino que siente por dentro porque ella misma es una tormenta andante.

—La pregunta es: ¿Cómo seguir después de esto? —suspira con frustración—Damon dice que es un error. Yo no lo veo así.

—Sabes que Damon es muy reservado. Deberías darle tiempo a que aclare sus propias ideas y lo asimile—aconsejo con sabiduría.

—¿Asimilar qué? ¿Qué ayer me tenia de lado a lado y ahora no quiere verme? ¿Cuántos años tiene? Pero ya, aprenderá a las malas que con Minerva Grainne no se jode.

—Me gustaría saber que hay en esa cabecilla tuya, pero temo que no me guste la respuesta.

—Ya verás.

La campanilla de la puerta suena, anunciando la entrada de un nuevo cliente. Las chicas miran hacia al frente para encontrarse con Olivia, recién bañada y su enorme bolso colgando del brazo. Les dirige una sonrisa agotada, llegando hasta ellas.

—Te ves como mierda —expresa Minnie de inmediato.

—Tacto. Ya hablamos de eso —le recuerda Halima.

—Descuida, llevo toda una vida lidiando con mi pequeña ratoncita—Olivia le tira un beso a Minnie, quien la ignora y vuelve a su trabajo. —¿Puedes llevarme un late al sillón? Estoy cansadísima.

—Que sean dos.

Se sobresalta al escuchar la voz de Max tan cerca de ella. Le echa un vistazo sobre su hombro y le regala una sonrisa que su amigo no tarda en responder. Tiene el casco de la mato en su mano y trata de peinar sus cortos rizos hacia atrás. No puede evitar darle otra mirada más antes de volver a sus amigas.

—Dos lates y algo para comer. ¿Qué quieren?

—Pie de limón—responden al mismo tiempo.

Minnie deja la orden casi de inmediato arriba de la barra. Los conoce desde hace años y trabaja hace dos en el café, por lo que ya sabe los pedidos de memoria. Liv juraría que los tiene listos incluso antes de cruzar esa puerta.

—Los veremos dentro de un rato—se despide Halima y rodea el mostrador, un cliente la llama.

Olivia y Max llegan al gran sillón naranja que han compartido desde que han llegado a Brooklyn. Los dos están tan agotados que se dejan caer con un suspiro en él.

—¿Día pesado?

—Pesadísimo, pero gratificante —Liv emboza una sonrisa mientras sostiene con ambas manos su late. Sopla y le da un sorbo—Hoy he empezado a darle clases a los ansianos.

—¿Enserio? ¿Eué tal te ha ido con eso?

Se acomoda en el sillón con las piernas estiradas y arriba de las de Max. Este deja caer una mano sobre estas mientras que la otra apoya su mejilla en el respaldo. Hace tiempo, esos simples veinte minutos en que esperan a que la pandilla se les una, Olivia y Max se quedan solos y hablan de cualquier cosa que les preocupa o les hace felices. Como las nuevas clases de Olivia a personas de la tercera edad o sobre el musical de Max y su excitación de pisar el escenario de Broadway. En los últimos meses, ese espacio ha sido parte de su rutina y, en secreto, la pelinegra la espera con ansiedad cuando la hora se acerca.

Es que nos estamos conociendo en profundidad, se dice a si misma cuando ese sentimiento la invade. Solo te abres con Damon, es normal que quieras pasar tiempo con Max si también se ha vuelto tu confidente. Pero esas palabras, poco a poco, ya no la convencen tanto como antes.

Olivia siempre ha sido una chica cerrada, aunque demuestre todo lo contrario. Sus amigos saben lo básico de ella: sus padres se divorciaron, se fue a vivir con su padrino porque no quería mudarse de Long Island y decidió seguirles a la aventura de vivir en Brooklyn años después. Para ella, la historia es completamente distinta. Solo Damon la sabe completa, y le ha confiado a Max otros secretos. Como el de sus padres, por ejemplo. Que en verdad ninguno quiso hacerse cargo de ella. Su padre porque no soportaba a los niños y su madre porque estaba cansada de vivir para los demás. Incluso pensaron en darla en adopción si no llegaban a un acuerdo. Si no fuese por Collin, su padrino, quien sabe dónde estaría en ese mismo momento.

Contarle todo eso a Max fue algo extraño para ella porque lo pudo hacer con mucha naturalidad. Realmente quiso contárselo. Quizá por ello, le agrada pasar tiempo con él.

—Deberías venir a una de mis clases.

Max la observa con sorpresa, sonriéndole divertido.

—¿Yo en cerámica?

—Si, ¿por qué no?

—Solo puedo tocar la guitarra con estas manos —las levanta al aire, moviendo sus dedos—Pero sería una buena experiencia. Además, quiero verte impartir clases.

—Seré la mejor profesora que tendrás en tu vida—le promete antes de sumergirse en su pie, dándole un gran mordisco.

Olivia gime al disgustar el pie, y es que el limón siempre ha sido su fruta preferida. A todo le echa limón. Desde al pollo hasta la sopa. Sip, todo.

Se prepara para darle otro mordisco y se percata que Max la observa fijamente. La misma situación que han vivido este último tiempo se repite: su amigo se la queda mirando tan directo que su corazón comienza a galopear. Primero despacio, torpe, como si fuera un potrillo recién nacido. Luego los galopeos van creciendo, volviéndose más rápidos y fuertes, como un caballo corriendo en una carrera, ansiando el primer puesto. Por un momento, piensa en volver a hacer lo de siempre: intentar distraerlo y que el ambiente se despeje. Pero, por una extraña razón, esta vez quiere saber hasta qué punto puede llegar.

Cálmate, se repite. Solo está jugando. ¿Pero a qué? No le haya lógica. En verdad, no hay lógica cuando Max la observa con sus ojos esmeraldas, cautivándola; rompiendo su tranquilidad y dejando salir sus nervios a flote.

—¿Qué? —inquiere sin poder soportarlo.

—Tienes crema en los labios.

Se pasa rápidamente la mano por la comisura derecha.

—¿Ya está?

Max menea con la cabeza, y antes que ella pudiera verificar en el otro costado, se hace hacia delante y lleva una mano hacia su mentón, sosteniéndola y quitándole la crema con el pulgar.

—Aquí.

Entonces, aun perdidos el uno al otro, Max pasa el dedo encremado por el labio inferior de Olivia, estirándolo levemente hacia abajo. Un calor parece explotar dentro de ella, tanto que todo aire se evapora y…

—¡Quiero un pie de manzana y un jugo de naranja exprimido! —grita Havana, entrando en el café.

Se alejan bruscamente uno del otro: Max se aparta y voltea a mirar a otro lado mientras que Olivia quita las piernas arriba de las suyas, acomodándose bien a la otra punta. Havana les sonríe en modo de saludo y a Liv le cuesta devolverle el gesto.

¿Nos vio? No hacíamos nada malo. ¿O si? ¿Qué fue eso?


—¡Uy! Pie de limón—murmura contenta y se sienta en medio de ambos, adueñándose del pie de Max. Los observa a los dos, dándose cuenta que están demasiado separados el uno del otro—¿Paso algo?

—Nada —contestan al unisón.

Havana parece sospechar —¿sospechar de qué? No paso nada—pero se encoge de hombros y se centra solo en su comida.

¿Qué mierda acaba de ocurrir? Liv tampoco puede hallarle explicación. Es el pie de limón, revoluciona hormonas. Pero le suena incoherente. Solo te imaginas cosas raras. Pero… ¿siempre habrá un pero en situaciones que involucren a Max Murray?

—¿Qué tal les ha ido? —Freddie se suma a la ronda, sentándose en un sillón individual. Se afloja su corbata y se estira a lo largo, tan agotado como todos.

—¿Pueden creer que un gatito estaba atrapado en una botella de cerveza? ¿Cómo mierda lo logro? —Miles llega sin poder salirse de su asombro, sentándose en el respaldo del sillón de Freddie.

Olivia agradece que el ambiente se haya despejado y que la pandilla comience a aparecer, aunque por dentro se siente algo decepcionada. ¿De qué? No quiere ni pensarlo.

—¿Y Travis? —pregunta Halima trayendo café. Minnie la sigue con tazas que reparte a los recién llegados.

—Dijo que tenía algo que hacer—contesta Havana, recibiendo su pie de manzana.

—Buenas, buenas—Callie entra por la puerta y camina hasta ellos, se sienta en la silla cercana donde aun lado hay una mesa redonda, dejando su bolso arriba de este—¿Que tal ha estado su día?

—Como la mierda —expresa Minnie de malhumor, dejando bruscamente la taza de café Freddie sobre la mesa. —Me voy, tengo que ir al bar de al frente.

—Pero aun te quedan 10 minutos de...—Halima no termina la oración cuando Minnie le arroja el uniforme a la cabeza—Pendeja.

Sin hacer caso, la castaña se despide caminando hacia la sala de empleados para buscar sus cosas y marcharse.
La pandilla se miran entre ellos, intrigados.

—¿Por qué esta tan de malhumor? Generalmente, solo grita, patalea y se le pasa.—murmura Havana, tan sorprendida como los demás.

—Estará en sus días.

Todas miran mal a Miles, quien se encoge de hombros.

—¿Qué? Callie me dio una paliza el otro día y tenía su periodo.

—Porque me dijiste que estaba gorda, pelmazo.

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Retomando camino a casa, Liv y Freddie conversan sobre la posibilidad de comprar un sillón nuevo para el hogar. No es que el que tienen sea viejo, en verdad está en buenas condiciones. Solo que a ambos les incomoda saber que todas las conquistas de Travis acaban ahí y no en la cama de este.

Hay veces en las que Olivia entra a su departamento y la cruel escena esta frente a ella. Y cada vez que ocurre eso, no cede ante sus impulsos y termina por darle una paliza a Travis y dejarlo fuera del departamento. En los seis meses que Freddie vive con ellos, se mantiene como el medidor y la contiene de no quebrarle algún brazo. La convivencia entre los tres es muy buena, en verdad que si. Si solo Travis se las llevara a su cuarto y evitara la incómoda escena sería suficiente. Obviamente, le dolería saber que esta con otra, al menos no los vería.

—¿Estás segura que deberíamos comprar el sillón nuevo?

—Claro que si. Ya prometió que dejaría de hacerlo en la sala y confió en él.

Freddie se queda callado sin decirle nada, y aunque Liv es quien va por delante de él, puede imaginarse la expresión que su amigo tiene en el rostro. Actúa divertida y despreocupada cuando Travis se le relaciona con otras chicas, bromea con ello y se une al bullying cada vez que se presente la oportunidad. Sin embargo, Olivia no deja de ser de esas tontas que se enamoran de un mujeriego sin remedio. Se consuela a si misma diciéndose que tiene razones para valer sus sentimientos hacia él, pues ella lo ha visto en sus mejores y peores momentos, y lo ha acompañado en cada uno de ellos.

Entonces, ¿por qué no soy suficiente?

—Confiar en Murphy es como confiar en el diablo.

—No seas tan malo—voltea a mirarlo sobre su hombro, regalándole una de sus usuales sonrisas alegres—Después de patearle el culo aquella vez, enserio pienso que no lo hará de nuevo.

—Pero... ¿estás bien con eso?

—¿Con qué?

—Ya sabes, con que Travis se acueste con otras chicas mientras también lo hace contigo.

Lleva poco tiempo de conocerlo, pero Liv reconoce que Freddie es buen observador e intuitivo. La profesión de abogado le va bien. Aunque ella también es buena actriz; le sale bien fingir que nada malo pasa y poner una sonrisa en su rostro. Solo se encoge de hombros, tomándose todo en broma.

—Lloro todas las noches por él —finge un suspiro de tristeza—Pobre mi tonto y descuidado corazón.

—Liv...

Finalmente llegan al piso y se paran frente a la puerta de la entrada. Ella rebusca las llaves en su bolso a la vez que levanta la mirada hacia Freddie, ofreciéndole una sonrisa tranquila.

—Estoy bien con Travis y su putería. No soy su novia y tampoco celosa.

—¿No...?

—¿Quieres un trozo de pastel?—coloca la llave en la cerradura y toma el picaporte para girarla—Hoy en la mañana preparé uno y...

Las palabras mueren en sus labios en cuanto abre la puerta: la escena que creyó, que confió que no vería nuevamente, está sucediendo delante de sus ojos. Freddie rápidamente la toma de la mano y tira de ella hacia atrás, queriendo sacarla de allí. Pero Liv lo aparta bruscamente y lanza con fuerza su bolso sobre el suelo, captando la atención de los amantes.

Travis se aparta rápidamente de la flamante rubia que tiene por debajo y se sube los bóxers lo más rápido que puede. La pelinegra lo observa con la mirada fulminante, como si esperara poder matarlo con ello. Freddie hacia atrás le menea la cabeza en total desacuerdo.

—¿Qué tal, chicos?—le echa una vista hacia la rubia, dándole un gesto para que se marche—¿Conocen a Daisy? Es nueva en el edificio y yo...

—¿Qué? ¿Quisiste darle una fiesta de bienvenida personalmente?

En menos de cinco segundos, Olivia esta frente a él con los brazos cruzados y apretando con fuerza los dientes. Se da cuenta de inmediato que está enojada, más que enojada; furiosa es la palabra correcta para definirla. Travis presiente los golpes, pues no es fácil olvidarlos cuando las delicadas manos de su amiga contienen más fuerza de la que le gustaría recordar.

Pierde atención en él para dedicarle a la invitada. Daisy se encoge en si misma, tratando de acomodarse su vestido corto lo mas disimulado posible. Pareciera que quisiera que la tierra se la tragara, y Travis piensa que eso no sería mala idea en estos momentos.

—¿Podrías retirarte? Tenemos asuntos pendientes que solucionar.

—Eh, claro. Lo siento —masculla la rubia y escapa de inmediato, pasando rápidamente por lado de Freddie.

El pelinegro le dirige una mirada a su amigo en busca de compasión. Este niega rápidamente, señalándole a Olivia: los dos le tienen miedo, y ni loco va a meterse de nuevo. La vez pasada hasta ligo unos golpes, pese a que él no fue quien rompió las reglas de la casa. Simplemente, decide esta vez no meterse en el problema y sale hacia afuera.

Maldito cobarde.

—Escucha: no lo planee, solo sucedió —se excusa con ambas manos en alto. —No pudimos llegar a la habitación y yo...

—¿No pudiste llegar a la habitación?—murmura indignada—¿Acaso perdiste el mapa del departamento?

—Yo...

—¿Que mierda contigo, Travis? ¿No es que habías prometido no volver a hacerlo?

—Es que...

—¡Te pedí una sola cosa y no puedes cumplirla!—no duda un segundo más en tomar un cojín y empezar a golpearlo. Travis intenta defenderse, no es fácil cuando ella le suma patadas a sus piernas y lo tiran contra el sillón—¡Eres un asno y un maldito ninfómano!

—¡Lo siento, lo siento!

—¡No lo sientes, cínico de mierda!

La habitación se llena de gritos por parte de ambos, Liv maldiciéndolo y Travis tratando de defenderse, cosa inútil. Puede entender cómo debe sentirse cada vez que la ve con otra chica, sobretodo en el departamento en el que ambos conviven. Por eso soporta los golpes, los insultos y todo lo que provenga de ella.

—¡Eres un atrevido, desubicado y una completa mierda! —chilla a todo dar. La coleta que llevaba echa se desarma y apenas parece ver entre su melena moviéndose para todos lados, aunque los golpes no cesan en ningún momento—¡Cocino, lavo y limpio para ti! ¡Te pido que dejes de convertir la sala en un burdel y te importa un comino!

Le gustaría replicarle que no es así, que él realmente toma en cuenta todo lo que ella le señala y le pide. Pero le erro. ¿Hace cuanto no lo hace? Casi tres meses, al menos. Travis sabe que si expone ese punto solo hará enojarla mucho más, así que se queda callado y recibe todo lo que ella quiera golpearlo.

Entonces, el cojín deja de existir y presiente los puños de Olivia llegar hacia él. Sin embargo, al pasar los segundos, abre los ojos y sale de su pequeña defensa creada por sus brazos para observarla. Liv lo observa con los ojos llenos de lágrimas, con una mirada de dolor, tristeza y decepción. El corazón se le hunde por dentro, cayendo en la cuenta
que la cago más de lo que comúnmente hace.

—Lo siento—dice sinceramente, odiándose por hacerla llorar.

—Repetirlo no lo vuelve real—suelta el cojín sin más y tira su cabello negro hacia atrás, intentando acomodárselo—Te acostaste ayer conmigo. ¿Sabes lo asqueroso que es saber que usas mi sillón para hacerlo con otras chicas?

Traga en seco. Difícilmente hablan sobre su relación sexual. Debe estar enserio furiosa si lo saca a colación.

—Lo de ayer y lo de hoy...

—Si, ya sé que no te importa. Pero a mí sí. No te pido que estés en celibato porque vivamos juntos o que seas mi novio, solo que tengas un poco de respeto.

—Está bien, ya entendí —se levanta del sillón, parándose frente a ella. No quiere que la discusión llegue a peores y termine durmiendo afuera. Freddie ya sentencio que esta vez lo dejaba a merced de su amiga, y eso significa muerte segura—Te prometo. No; te juro que no volveré a hacerlo—la toma de los brazos, tratando hacerlo sonar lo más sincero posible—Ni siquiera traeré a una sola chica al departamento si eso te molesta. Haré mis cosas afuera y...

—Espera —Olivia aleja sus manos de ella. Travis sabe que ha dicho algo malo, no sabe qué, pero lo sabe porque la mandíbula se le tensa—¿Por qué crees que me molesta tanto? Vamos a reflexionar un poco en el asunto a ver si comprendes por qué no debes hacerlo en la sala.

—Porque estas... ¿celosa?

Cruzada de brazos, le dirige una mirada que no le gusta.

—¿Y por qué crees que estoy celosa?

—Porque las chicas son así en estas situaciones, ya sabes.

La sonrisa desagradable que le brinda le hace recordar que debería tener más cuidado con sus palabras. Demasiado tarde.

—¿Así como?

—Tú sabes a lo que me refiero.

El juego de dar respuestas para dejar que la otra persona lo interprete a su gusto no funciona con Liv, y Travis lo sabe a la perfección. Solo que pensó que esta vez podría funcionar; podría ayudarlo a salir de la situación.

—No, no lo sé. ¿Quieres explicarte, Murphy?

—Liv, solo golpéame y olvidemos esto, por favor.

—Primero quiero que me expliques. Luego te golpeo.

La impaciencia empieza a abatirlo y no cree poder resistir más. Si Freddie le hubiese dejado la puerta abierta, al menos podría escaparse y huir por esa noche. Enfrentaría las consecuencias al día siguiente. No ahora.

—Dilo, Travis —insiste—Dime porque las chicas son así en estas situaciones. ¿Qué situación? A ver.

La respuesta de Travis no llega. A Olivia solo basta ver la mirada que le dirige: la lastima sobresale de sus pupilas.

Esta es justamente la conversación que ninguno de los dos quería tener. Es que se sabía, ambos lo notaban al estar juntos. En las miradas, en los besos, en el acto. Saberlo o ignorarlo no cambia las cosas: Travis adora a Liv, pero eso no significa que quiera una novia, y está seguro que ella cambiará de idea cuando caiga en la realidad que no le conviene para nada.

Desviara la conversación hacia cualquier punto, cualquiera en la cual los sentimientos de Olivia no sean aceptados por ninguno de los dos. Es lo mejor: ignorarlo y seguir sin más.

—¿Desde cuándo lo sabes?

Sus palabras lo toman por la guardia baja. No creyó que en algún momento lo aceptara delante de él sin ningún tapujo. Otra parte de si le recrimina que todo tiene un límite, incluso ella. Ha abusado tanto de ello que ahora se siente mil veces peor.

La cague, es lo único que puede pensar.

—Travis, te hice una pregunta.

No quiere contestarle. ¿Para qué? Solo la lastimara más.

—¡Travis!

Cierra los ojos y suspira, odiando con todo lo que puede este momento.

—Desde la preparatoria.

El tenso silencio parece achicar cada vez más la habitación, tanto que se siente sofocado. ¿Y si salgo corriendo? Su lado cobarde le insiste que lo haga. La otra parte le recuerda que Olivia no merece ese desplante.

Al menos compórtate una vez como hombre, se recrimina. Si vas a rechazarla, que sea directamente. Ella no es cualquier chica.

—Escucha, es normal que suceda. ¡Solo mírame! Todo un Adonis.

Pese a su fallido intento de lograr que esa terrible expresión en el rostro de su amiga cambie, Travis prefiere mil veces verla molesta y que lo golpee a tener que presenciar sus lagrimas. Ver llorar a Olivia es horrible, y esta es aun peor porque fue él quien provoca el llanto.

—Sabias que te quiero desde preparatoria...

El "te quiero" de su parte le acelera el corazón por un momento, y al segundo esa emoción es reemplazada por el temor. El rostro orgulloso y enojado de Olivia se deforma, dando paso a las lagrimas y el dolor. De impulso, intenta abrazarla, casi sintiendo como sus rodillas se vuelven gelatina. No, no quiere hacerla llorar. Él no lo vale. Ella no debería llorar por él.

Tan pronto da un paso hacia ella, esta se aparta con brusquedad.

—Sabias que te quiero desde hace años y tu... tu solo jugaste conmigo.

—No, no, no —niega con la cabeza y esta vez si la toma de los hombros, pese a que ella se remueve como si él la quemara—No jugué contigo. Tu en verdad...

—Solo fui una tonta más. Solo me querías tener cerca porque era un ligue seguro. ¿Cierto?

—¡No! ¡Nunca te haría algo así!

—¡Ya lo hiciste, Travis! —lo empuja de si, librándose de su agarre—¡Ya lo hiciste! ¡Lo peor es que seguías trayendo chicas a casa sabiendo lo que sentía! ¿Qué te pasa? ¿Te gusta lastimarme?

—No, yo...

No le haya una respuesta clara a sus acciones. Siempre fue inmaduro y egoísta. Es cierto que sabe los sentimientos de Olivia hacia él desde hace años, pero siempre creyó que ella estaba confundida. Confundir amistad con amor es común, hasta él pensó que se había enamorado de ella. Creyó que lo superaría, que vería que solo perdía su tiempo y encontraría a un buen tipo que la mereciera.  

—¿Sabes lo horrible que me sentía cada vez que llegaba y tú te acostabas con alguien aquí?

Olivia se esconde tras sonrisas, tras carcajadas al aire y palabras maternales. Pero no pensó detenidamente que tan mal la hacía sentir cada vez que él...

Directamente, no pensé.

—Lo siento. Yo... lo siento, Olivia. Yo no...

—¡Vete al carajo! —lo empuja con fuerza sobre el sillón, tirándolo de inmediato. Estira una mano a su cuello donde está la cadena de oro que le regalo hace años atrás y se la tira, aborreciéndola cuando antes era su tesoro.—¡Y despreocúpate! ¡No tendrás que limitarte a tu vida de gigoló ni soportar esta idiota! ¡Me largo!

—¿Qué? ¡No! ¡Espera, Liv!

Desesperado en que ella cumpla con su promesa, trata de agarrarla por los brazos nuevamente. Olivia, quien se retuvo en todo momento de no golpearlo directamente, no evita esta vez dejarse llevar y repartirle manotazos. Le da un golpe directo a las zonas bajas, quitándole el aire. Cae directo con las rodillas al suelo, aun sufriendo. En otra ocasión, quizás le hubiese dado culpa y hasta lo llevaría hasta su habitación para recostarlo. Pero se acabo esa Olivia devota y estúpida, se jura a si misma, y no en vano.

—Que te jodan, Travis.

Ignora la suplica del pelinegro a sus espaldas y abre bruscamente la puerta del departamento. Freddie intenta detenerla, lo esquiva y corre bajando las escaleras, pasando por el piso de Miles y Max. Ambos están en el pasillo, observándola con sorpresa.

—¿Qué paso? Escuchamos gritos y...

No responde la pregunta de Miles y sigue corriendo cuesta bajo, tampoco hace caso al llamado de Max. Simplemente sigue bajando a toda velocidad. Tiene que esconderse antes que empiece a llorar sin más.


Última edición por Stark. el Lun 15 Abr 2019, 2:43 am, editado 1 vez
Jaeger.
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Mensaje por Jaeger. el Lun 15 Abr 2019, 2:41 am

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Escrito por: Stark.








Brooklyn Heights
Ahora que ha retomado la calma, se siente avergonzada y estúpida por toda la escena que armo en el departamento. Un minuto atrás le había asegurado a Freddie que no era celosa, que estaba bien con Travis y su vida sexual, y demostró todo lo contrario cuando vio la situación en la que estaba envuelto.

Pude haber reaccionado mejor. Pude simplemente haberlo golpeado y pateado el culo hacia afuera hasta que lo hiciera firmar un contrato. Pude haberle dicho a Freddie que hiciera ese contrato. Incluso pude haberle hecho jurar que compraría otro sillón en vez de que Fred o yo lo hiciera. Entonces, ¿por que actué así?

Porqué ya no podía soportarlo, se responde a si misma. Fue una experta en los desplantes de Travis, en luchar por ignorarlo cuando posaba sus ojos en otra persona, en intentar que él se enamorara de ella.

Es su límite, ya no puede hacer más. Ahora tiene que mudarse. ¿A dónde? Ni ella misma lo sabe. Si tiene ahorros y le servirán por un tiempo, pero ¿hasta cuándo? ¿Y si se queda con Damon y Minnie por un periodo? ¿Qué tal buscar una compañera de cuarto? ¿O mejor, porque no mudarse de edificio?

Pero tampoco quiero alejarme de los chicos. No por ese imbécil.

Olivia resopla con fuerza y trata de no arrancarse el cabello.

—¿Qué te pasa? Pareces loca tironeándote el pelo —Minnie le deja bruscamente la cerveza delante de ella—¿Mañana no trabajas temprano?

Oh, el trabajo. Su jefe es Travis. ¿Y con eso que hará?

—Mañana es mi día libre.

—Tus días libres son los viernes.

—Ahora este también.

—Te peleaste con Travis —adivina Minnie dejando caer un codo sobre la barra y apoyando su mentón en la mano—Déjame adivinar, ¿descubriste que fue él quien quemo tu cafetera?

—¿Qué dijiste?

—Ups—se encoge de hombros divertida.

Liv gruñe, pensando que hay otra razón para asesinar al pelinegro.

Por la puerta, un grupo de jóvenes con camisetas de hockey comienzan a entrar con las energías por el cielo, gritando y cantando en coro por la victoria. Minnie suspira y se prepara mentalmente para lo siguiente.

—El deber me llama, amiga mía. Dile a Terry que te dé lo que quieras.

—A tus tareas, ratoncita.

Olivia intenta por medio del alcohol ahogar sus penas, la vergüenza y la humillación que paso esta noche y las anteriores. Ni siquiera puede pensar en verle la cara a Freddie porqué él estaba allí detrás de la puerta, seguramente escuchando su sentir hacia Travis y lo histérica que se volvió. No quiere que nadie más lo sepa, aunque tiene miedo que haya sido tan evidente. Tiene miedo que los demás tengan lastima por ella, que se molesten con Travis por haber sido un imbécil. Es suficiente con sentirse humillada delante de Freddie y el imbécil.

—¿Mal día?

Un poco borracha y creyendo que es su imaginación, Olivia se sorprende al ver a Max a su lado. El chico le regala una de sus sonrisas comprensivas, y por un momento sus ojos se desvían hacia los hoyuelos de sus mejillas. Siempre los ha tenido, solo que no entiende porque ahora le parecen tiernos y únicos.

Como es ella, una sonrisa fingida se expande en su rostro. Sale floja, pero al menos no está llorando. Responde la respuesta con un asentimiento, completamente derrotada.

—Mal día. Mala semana. Mal mes. Mal año—responde acompañando su frustración con un largo trago.

—Supongo que ninguno de los dos tiene suerte.

No se siente incómoda con él a su lado. Más bien inquieta y no quiere responder el por qué. Max parece más relajado, por lo que intenta imitarlo. No debería estar tan a la defensiva junto con él. Solo es Max, el divertido Max.
Divertido, lindo, sexy y... basta, Olivia.

—Escuche tu pelea con Travis.

No le extraña que la haya escuchado. Ella le grito tan feo que cree que todo el edificio se enteró de la pelea.

—Sí, cuando quiero puedo tener un gran vozarrón —bromea sin ganas y trata de forzar una sonrisa. Max no se la traga, pues no le corresponde—no es lindo llegar y que este revolcándose con cada loca de lindas piernas.

—Siempre quise preguntarte esto —admite Max, precavido—Solo que no quería incomodarte. Pero... ¿estás enamorada de Travis?

Liv esta tan ebria que ni se molesta en ocultarlo. Desvía la mirada de él para no tener que presenciar la lastima en los ojos de su amigo. Solo Damon sabe sobre sus sentimientos hacia Travis. De los demás, se ha ocupado de que no lo adivinen.

—Lo siento.

—Está bien —se encoge de hombros y suspira—Creo que debería mudarme. Después de la pelea de hoy, no quiero volver al departamento.

—¿Fue tan fea?

—Tan fea como cuando la señora Cox nos grito delante de toda la escuela por haberle tirado del escenario.

Comparten entre ellos carcajadas al recordar las locuras cometidas en el instituto. Aquella vez, Olivia y Max no estuvieron de acuerdo con el castigo que le impusieron a Havana por algo que no había cometido y la culparon solo para dar cerrado el caso. Lo que fue planeado como una venganza discreta, término con exponerlos a ambos y una terrible pelea entre la profesora, la madre de Max y el padrino de Liv. Fue tan fuerte que todos los alumnos salieron de clases para ir a la oficina del director para presenciar el espectáculo.

El silencio se instala tras cesar las risas. Olivia voltea hacia el pasado y piensa que Max estuvo ahí hace tiempo. No comenzaron una relación de amistad porque hayan conectado en alguna conversación, sino porque la convivencia con la pandilla, de alguna manera, lo demando. Pero estaba bien. Max es agradable y Olivia siempre fue extrovertida. Bromeaban juntos, se unían al bullying amistoso y hasta a veces se trolleaban entre ellos. Siempre creyó que era un buen partido, pues es atractivo, de buen corazón y hasta dulce.

Entonces, ¿por qué es distinto ahora?

—Oye, sino te molesta esta sugerencia...—Max titubea un momento, pero luego sigue hablando con seguridad—Hay una habitación disponible en mi departamento.

Lo observa con los ojos abiertos por la propuesta. Intenta buscar algún tipo de expresión que lo delate. Max no está bromeando en lo absoluto.

—¿Enserio?

—Claro. Y la mudanza no te saldrá cara, solo tienes que mudarte de piso —recuesta el codo en la barra y le sonríe—Miles estará de acuerdo. Eso es seguro.

—Max...

—No te niegues ni agradezcas. Solo haz esos brownies de chocolate que sabes que amo.

—No quiero incomodarlos.

—No vas incomodarnos —pone los ojos en blanco—Lo cierto es que necesito una excusa para que Miles deje de pasearse desnudo por todo el departamento. De seguro contigo ahí, lograras que se comporten.

—¿Incluso si soy muy gritona?

—Yo te ayudo a patearle el culo si quieres.

Olivia piensa en alguien en específico y empieza a dudar.

—¿Y Havana?.

El castaño frunce el ceño, sin entenderla

—¿Que sucede con Havana?

—No sé. ¿No le molestara?

—¿Por qué iba a molestarle? Somos amigos, ¿cierto? Los amigos se ayudan.

Se golpea mentalmente, preguntándose a si misma porque sus palabras se dirigen a una dirección que no debería ni siquiera considerar.

—Si, es cierto. Somos amigos.

—Si...

Pero ahora no está segura. No está segura que sean simplemente amigos. No cuando su corazón vuelve a galopear despacio hasta convertirse en una carrera de vida o muerte otra vez. No cuando miles de descabelladas ideas se le cruzan por la mente y tiene que frenar sus impulsos para no cometer ninguna locura. No cuando la mirada de Max es tan profunda que le hace preguntarse si él también se cuestiona a si mismo sobre su relación.

Basta, basta, basta, ruega por dentro. ¿Por qué se está volviendo cada vez mas complicado?

—Entonces —habla de pronto, ahogándose en el tenso silencio—¿Cómo vas con lo de la judía? ¿Estas emocionado?

El tema surge el efecto que esperaba, pues Max cambia de postura, desprevenido.

—Si, lo estoy...

Nota cierta duda en él y lo intuye de inmediato, sintiendo la necesidad de reconfortarlo.

—¿Sabes? A mi clase viene una chica con su bebe, duerme casi todo el tiempo y es muy tranquilo cuando esta despierto. ¿Quieres pasarte y le preguntamos si te deja prácticar con él?

Logra arrebatarle una sonrisa, logrando su objetivo.

—¿Me dejará darle el biberón?

—Solo no lo ahogues y ya.

Pese a que es una broma, Max se tira levemente hacia atrás con una mueca seria.

—¿Los bebes se ahogan con el biberón?

—Pues, si. Pueden ahogarse, pero solo hay que tener cuidado —se encoge de hombros, restandole importancia al asunto.

—¿Y si ahogo a la judía con su biberón?

Liv suelta una carcajada de lleno por la expresión de pura preocupación de Max, haciéndole super tierno que se preocupe de ello. Nota que el chico se ha incomodado, desviando la mirada de ella.

—Lo siento, lo siento. Es solo que estas volviéndote paranoico.

—¿Paranoico? —repite un poco nervioso. Casi lo ve sudando ante la idea, muy preocupado—No sé nada de bebes. Nada.

—Tendrás a Havana contigo...

—Ella es peor.

Le alcanza su vaso de cerveza, luego de notificar que ya no tiene y necesita urgente el trago. Acierta, ya que Max se la termina en un segundo.

—Tranquilo, yo sé de niños y prometo que no dejaré que ahogues a la judía—pone una mano en su corazón y otra hacia arriba, como si estuviese haciendo un juramento en la corte.

—Lo quiero por escrito.

—Bien, pero te cobraré por ello—le señala con el dedo indice, advirtiendo—Y mis costos son elevados. Tendrás que darme algo mas que dinero.

Todo es en broma, se dice a si misma. Entonces, ¿por qué su voz, además de arrastrada y borracha, sale como un coqueteo? Porque ella no le estaba coqueteando. ¿O sí? No, no. Claro que no...

El ambiente vuelve a ser tenso, sobretodo al darse cuenta que Max esta mordiéndose los labios, como si deseara decirle algo y no se atreve. Una parte de si le gustaría patearle y gritarle que lo dijera de una buena vez, y otra solo quiere patearle y gritarle que ni siquiera le diga. De cualquiera de las dos formas, Max terminaría herido y ella humillada. La historia de su vida.

Max se acomoda en el taburete, listo para responderle. Olivia siente que va a mearse allí mismo.

—Entonces, ¿qué propones de pago?

Ay, cielos. Uso ese tono. Si, ese tono encantador que tiene Max. Lo acompañan sus ojos coquetos y su sonrisa de costado, como si ya la tuviera a sus pies. Y es que le falta tan poco para que...

—Oigan, ¿están coqueteando? —pregunta Minnie, rompiendo la conexión.

El rostro de Olivia se pone tan rojo como el de Max mientras ratoncita mueve la mirada del uno al otro.

—¡No!—gritan al mismo tiempo.

—Me vale —se encoge de hombros con indiferencias. Ni que realmente le importara, solo mientras ninguno de los dos le eche mano a Damon.

—No coqueteábamos, solo estábamos jugando —insiste Olivia, aunque sus palabras las siente mas para si misma que para Minnie.

—Si, tu lo haces todo el tiempo con Freddie—replica Max, recomponiéndose.

—Si, pero es que me le quería tirar—reconoce dejando mas cervezas para sus amigos. Se les cae a ambos la mandíbula ante la confesión—¿Qué? Vamos, no me van a decir que esos abdominales son un regalo del Señor.

—Soy heterosexual. Paso.

Olivia no dice nada, pues hasta ella reconoce que Freddie es la reencarnación de un dios griego y hasta ella pensó en tirarsele. Menos mal que no lo hizo.

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Travis siente un fuerte golpe en el rostro que lo despierta al instante. Por poco y cae del sillón donde ha dormido, logra distinguir a Freddie caminar hacia la isla de la cocina. No hay música, ni olor a café ni el dulce perfume que generalmente invade el hogar.

—¿No llego a dormir?—inquiere restregándose la mano en los ojos, poco a poco retomando conciencia.

—¿Hablas de Olivia?

—¿Quién más?

—¿La esperaste toda la noche?

No es necesario que conteste porque es lo obvio. Si, espero toda la noche a que ella cruzara esa puerta y pudiesen hablar, llegar a un acuerdo o lo que sea. Cualquier cosa que Liv quisiese, él estaría dispuesto a ofrecérselo todo. Solo no quería que siguiera molesta ni volver a hacerla llorar. Pero Olivia no llego, de lo contrario le hubiese pateado el culo para que vaya a dormir en su habitación.

Se cambia rápidamente después de lavarse de la cara y comienza a caminar directo hacia la salida.

—¿A dónde vas?—le pregunta Freddie, quien termina de alistarse.

—A buscarla, ¿a dónde más? ¿Y si durmió en el pasillo? ¿O en un motel? Ella odia los moteles.

—Vaya, que bien la conoces—Freddie muerde una manzana y cuestiona—Y dime, ¿suele robarse el jabón o lo deja?

—Es preocupante—ignora el sarcasmo de su amigo, mas ocupado en saber donde está la chica— ¿Y si...?

—¿Y si fue a dormir al departamento de Minnie o de las chicas? ¿No te parece que es la opción más fiable?

Tiene que darle la razón. Se enrollo demasiado, y él ni siquiera es así en ningún asunto. Todo lo que cause estrés o dolores de cabeza es lo que más debe ignorar, es la filosofía de Travis. Obviamente, todo cambia si se trata de su mejor amiga.

—Buena idea, te veo allí.

—Voy contigo.

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—¿Ayer peleaste con Travis?—pregunto Halima cuidadosamente en su dirección.

Olivia, quien prepara el desayuno para todos, asiente tranquilamente mientras observa de reojo a la morena y la rubia compartir una mirada entre ellas. Comprensible, si ayer estaba furiosa con Travis, sus gritos incluso habrán atravesado los pisos. Pero después de emborracharse con Max y jugarle a Minnie una distracción para que ella pague los tragos, se despertó de muy buenas, tanto que se levanto canturreando y lista para enfrentar el mundo.

—¿Y qué onda esa camisa y esos pantalones?—esta vez fue el turno de Callie de preguntar, dejando a un lado el periódico desde el sillón.

—Me los presto Max. Anoche dormí en su casa.

La simple explicación no le basta a ninguna, pues se acercan hasta la mesa donde corta las frutas para los almuerzos. Liv les sonríe ante la curiosidad de sus amigas y procede a explicar sin mayores dramas. Peleo con Travis, se emborracho en el bar de Minnie, se encontró con Max y se negó ir a su departamento. Simple y sin más. Omitió que ambos estaban tan ebrios que, prácticamente, durmieron en la cama del chico y que en la mañana siguiente despertaron juntos por la molesta alarma.

Pero eso se lo guarda para si misma. ¿Cómo podría expresarles en palabras lo raro e inimaginable que fue esa situación? Despertarse y lo primero que ver son unos perlas preciosas observándola con ese brillo particular. Que le sonrió de tal manera que su corazón se acelero a mil. Que el aroma de sus sabanas olía a perfume fresco, suave y dulce. Que luego fue incomodo para ambos porque nuevamente estuvo allí esa chispa que trataba de apagar con la excusa que fuese, pero que no alcanzaba a extinguirla por completo.

—Olvídalo. Ese idiota no va cambiar—dice Halima, atrayendo su atención. Estaba más ocupada en rememorar lo acontecido aquella mañana que en prestarles atención.

—Haces miles de cosas por él, Olivia. Solo dale una patada en el culo y deja que se las arregle solito. Veremos hasta cuanto puede llegar.

—Bueno, sobre eso...

Ahora, ¿cómo explicar su nueva mudanza?

La puerta se abre interrumpiendo su noticia. De allí entran Freddie y Travis, para su desgracia. Es inevitable, puesto que todos se reúnen allí gran parte del tiempo.

—¡Aquí estas! —exclama el chico llegando hacia ella, olvidándose de toda precaución.

Ligeramente, Olivia quita las manos de Travis de sus brazos y se pregunta qué fetiche tiene este con siempre retenerla de esa manera.

—¿Donde creías que estaría?

—En el pasillo o en un motel —responde Freddie por su amigo, llevándose una fresa en la boca.

—Odio los moteles.

—Si, me entere. Por cierto, ¿eres de las que se roba el jabón o lo deja?

—¿Qué?

—Solo ignóralo—el pelinegro vuelve a tomarla de los brazos, captando su atención—Escucha, sé que anoche la cague y soy el peor amigo del mundo. Pero si podemos hablar de esto...

La puerta se abre nuevamente, solo que esta vez de manera brusca: Minnie aparece en el departamento el doble de irritada que ayer. Cierra fuertemente detrás de si, y Max tiene que tirar de Miles porque por poco y le da de lleno en la cara.

—¡Damon tiene novia!

Las exclamaciones ahogadas no se hacen esperar por parte de todos, pues para quienes lo conocen bien saben que el chico no se relaciona con el sexo opuesto más que sus mejores amigas.

—¿Y por eso casi me dejas plana la cara?—inquiere Miles atravesando la puerta, indignado.

—¿Cómo diablos es que Damon tiene novia?

—¡Yo tampoco lo entiendo, Callie! —se tira en el sillón, largando un grito de frustración—Se llama Lea y trabaja con él. Tuvieron una cita anoche y hoy es su novia. ¡Su novia! ¡Damon jamás tuvo una novia!

Olivia quita nuevamente a Travis, esta vez más brusca y le da una mirada de advertencia. La recibe tal cual, sabiendo el significado de ello. "No armes líos aquí, lo que tengamos que hablar será afuera de estas paredes y solos". Se acerca hacia Max, quien le sonríe de inmediato al verla y le deja el café sobre sus manos, devolviéndole el gesto.

—Claro que si tuvo novia. Solo que Damon es reservado, no le gusta que nadie se entere —Es turno de Miles de recibir su café, seguido por Freddie y Travis.

—Estaba Sarah—cuenta Freddie—Yo se la presente hace unos meses.

—Elena, la chica de la malteada —recuerda Max.

—María, la de Starbucks.

—Ofelia, la chef.

—No se olviden de Ivy, la batista.

Las chicas los observan sorprendidas, una más que otra. ¿En qué momento, Damon tuvo tantas novias si se la pasa prácticamente con ellos?

—Por cierto, ¿y Havana?—pregunta Max, fijándose que están todos menos ella.

—Está terminando de alistarse —le responde Halima.

—¡A quien le importa Havana! ¡Volvamos a Damon!—chilla Minnie y le envía una mirada fulminante a Miles, quien se encoge.—Dime, ¿cómo es que Damon tuvo tantas novias y yo no lo sabía?

—Pues, todos sabemos que eres una neurótica y estas obsesionada con él.

Las femeninas sueltan exclamaciones ahogadas, incluida la de Havana que sale de su habitación secándose el cabello con una toalla.

—¿Qué? —Travis se siente intimidado ante pares de ojos penetrándolo con la mirada—Es verdad. Siempre estuvo loca por Damon.

—¿Y eso me convierte en una neurótica?—la voz de Minnie se quiebra y el llanto está llegando.

Havana es la que esta más cerca y le da un abrazo en busca de reconfortarla. Liv le echa una mala mirada al chico a su lado.

—¿Qué? Yo solo dije la verdad.

—¿Y crees que decir la verdad de manera tosca e insensible te hace mejor que los demás?

—No, pero...

—¿Crees que por que una chica quiere a un chico tanto tiempo la convierte en una neurótica?

Sudando, menea la cabeza frenéticamente. ¿Cómo es que sus palabras siempre terminan por hundirlo aun más?

—No, claro que no.

—¡Entonces, cállate!

Cierra los ojos con fuerza y se cubre los brazos, creyendo que Olivia le soltara uno de sus manotazos de hierro. Pero al transcurrir los segundos, no recibe ninguno y se da cuenta que ella se ha ido hasta la sala a consolar al igual que sus amigas a Minnie, quien esta atragantada en llanto.

Max le envia una mueca de desprecio.

—Tú haces que el género masculino quede como la gran mierda.

—No agradezcan, tengo honores en ello—y sin más bebe su taza de café. Mejor quedarse callado antes que sin bolas.

—Por cierto, ¿tienen tiempo libre después del trabajo?—Miles se roba un emparedado para llevárselo en la boca—Es que hay que mover la cama de Olivia y tengo una cita con tres caninas que necesitan esterilizarse.

Travis frunce el ceño al escucharlo e intuitivamente dirige una mirada hacia Max, quien solo sonríe con calma, como si le agradara lo que vendrá. Y si hay algo que a Max le agrada, a él va a joderle bien feo.

—¿Por qué tienes que mover la cama de Liv?

—¿No lo sabes?—se sorprende al ver a Travis menear la cabeza y busca a Freddie, quien también niega—¿No les dijo que va a mudarse con nosotros?

—¡¿A mudarse?!—chillan los dos, captando la atención de todos en la sala.

Olivia los observa de lejos e interpreta la mirada que sus prontos ex compañeros de piso le envían: ya lo saben. El drama de Minnie queda a un lado para darle pasó al suyo, por lo que se incorpora y acepta con incomodidad el revuelo que se arma cuando Miles les dice a las demás que se mudara de departamento

—¿Como que vas a mudarte?—Travis se acerca rápidamente al igual que Freddie, ambos sin poder creerlo—¿Por qué?

—¿Realmente quieres que te conteste eso?—murmura algo apenada. Quería decírselo personalmente, hacerle saber que estaba agradecida por darle un espacio durante dos años. Después de todo, fue Travis quien abrió las puertas de su hogar y le dio una cama calentita.

—Pero...

—Olvídate de él—Fredd lo empuja, quedando frente a su amiga—Sé que Travis es un idiota, pero yo no fui tan mal compañero, ¿cierto?

—¡Claro que no! Es que yo...

—¡Entonces, no te vayas! Que se vaya él con Miles y Max.

—¡No! —exclaman Trav y Max al mismo tiempo, dirigiéndose una mala mirada entre ellos. Sería el caos total.

—¡Ni loco viviría contigo!

—¡Yo tampoco podría vivir con alguien tan babieca como tú!

—¡No soy baba, idiota!

—¡¿Ves?! ¡Babieca!

—¡Dejen de gritar, joder! —alza la voz Havana, dando por terminada la pelea. Se cruza de brazos y dirige su mirada hacia a la pelinegra.—Dinos, Liv. ¿Enserio vas a mudarte?

—Si...

—¿Podemos saber el por qué? Es que es demasiado apresurado y no queremos que tomes una mala decisión—atraviesa el espacio que queda entre ellas para quedar a su lado, apoyándola con una mano en el hombro—Solo si quieres decirnos.

¿Decirles qué? ¿Qué está enamorada de Travis, que él lo sabe y aún así convierte su sala en un burdel? No, suficiente se ha mostrado estúpida y humillada delante de Travis y Freddie ayer. También de Max y de Minnie, para retomar la cuenta.

—Lo siento. Sé que todos tienen curiosidad, pero preferiría reservarlo para nosotros tres.

El silencio en la sala dura unos instantes antes que todos expresen su buena suerte para la convivencia y las intenciones de ayudarla a mudarse de piso. Es Travis quien se siente fuera de lugar, pues no soporta estar un segundo más allí. Toma su chaqueta y camina hacia la salida, dando un portazo tras de si.

—Se le pasara—Callie la despreocupa al verla observar por donde se ha ido—Lo bueno es que estaremos un piso más cerca.

—¡Y habrá brownies en la noche con café!—festeja Miles, chocando los cinco con Max.

Comparte una mirada con Freddie, quien suspira y le envía una sonrisa sin rencores. Estira los brazos hacia ella, por lo que no tarda en ir a abrazarlo.

—Siento dejarte solo con Travis.

—Está bien, sobreviviré.—le acaricia con fraternidad el cabello. Cauteloso, le susurra lo siguiente—Solo invítame en las noches de brownies y cafés.

—¡Olvídalo!—responden sus otros dos amigos a sus espaldas.

—Bien, ya que se soluciono el tema de Olivia y Travis hizo su salida dramática —Minnie se acomoda en el sillón, donde ha estado observando todo el espectáculo—¿Van a seguir consolándome? Porque voy a seguir llorando por Damon y su estúpida novia, ¡y de por que mis amigos nunca me dijeron sobre Damon y sus citas! ¡¿Por qué?!

—Es momento de irnos —Freddie se separa de Liv en un chasquido y se suma a la carrera hacia el trabajo que emprenden Max y Miles, ninguno queriendo contestarle nada. No son tan estúpidos como Travis.

Jaeger.
Jaeger.


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I'll be there for you.  - Página 2 Empty Re: I'll be there for you.

Mensaje por Jaeger. el Lun 15 Abr 2019, 3:29 am

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Capítulo 02.2

Escrito por: Stark.







Liverpool

—¿Estás bien?  

Nina quiere contestarle a Mina, su compañera de piso y una de sus mejores amigas, que si lo está, pero pronto otra arcada la ataca y tiene que inclinarse sobre el retrete para devolver lo que hace unos minutos hacia atrás había desayunado. Siente las manos de Mina recoger su cabello mientras con la otra mano le soba la espalda.

Han pasado unas semanas desde que está así: su cuerpo esta extraño. Vomita luego de comer, a veces se llena con dos bocados y otras no tiene ni apetito. Se le suma los dolores estomacales, los estreñimientos y dolor en los ovarios. Nunca fue irregular, su periodo llega perfecto después de 28 días, pero hace más de dos meses que no menstrua. Muchas teorías se le pasan por la cabeza, especialmente una.

—¿No estarás embarazada? —pregunta su amiga tras ella, luego que finalmente ha terminado de vomitar, solo que se le dificulta levantarse con las piernas tan débiles.

—No lo sé—responde sinceramente. Ni ella sabe que está ocurriendo consigo misma.

Con ayuda de la castaña, se levanta del suelo y va hacia el lavabo, enjuagándose la boca y lista para cepillarse los dientes, ansiosa de que desaparezca el horrible sabor que le ha dejado. Mina se recuesta en el marco de la puerta con los brazos cruzados, mirándola con intensidad. Nina voltea a mirarla con el cepillo de dientes en la boca.

—Sería de Logan, en todo caso.

—No lo digas ni de chiste —advierte rápidamente.

—Yo solo digo. Hace dos meses salías con él.

—Si, pero ahora salgo con Mark. Y no quiero una sorpresa cuando este podría ser el indicado.

La observa poner los ojos en blanco y no puede culparla. De los nueve meses que lleva viviendo con Mina, le ha presentado muchísimos pretendientes que decían estar locos por ella, pero las relaciones con ellos terminaban más rápido de lo que creía. Aun así, no quiere perder las esperanzas de encontrar al indicado solo porque un par (o muchos pares) de tipos no supieron apreciarla o las circunstancias se dieron de otra manera. No todos fueron malos con ella.

—Olvídate del indicado. ¿Cuándo saldrás a tener una noche de exclusiva aventura sin compromisos? No tienes que salir con todos los chicos que te gusten.  

Termina de enjuagar su boca y dejar su cepillo antes de contestarle con la usual sonrisa en su rostro.

—Cuando me presentes una relación formal.

—Buena jugada, Rigganti. Al parecer, ninguna tendrá lo que desea.

—¿Se han ido todos? —cambia el rumbo de la conversación, tratando de ver tras Mina si alguien ha quedado.

—Si, no te preocupes. Ninguno se dio cuenta tu abrazo fraternal con el retrete.

Salen finalmente del baño, yendo hacia la sala. El departamento no es demasiado grande, pero si lo bastante cómodo. Con una habitación para cada una, un balcón con accesibilidad por la ventana y una cocina lo suficiente para albergar a sus amigos durante los descansos y las comidas, Nina ha vivido allí desde hace dos años, cuando regreso a Liverpool.  

Se deja caer en el sillón largo de felfa con una mano sobre su cabeza y otra en su estómago. Todavía le duele desde que despertó.

—Dile a Kala que te eche un vistazo—sugiere la castaña sentándose en otro sillón, estirando sus piernas y dejándolas arriba de la mesa ratona de madera.

—Es oncóloga. Y quita tus piernas sobre mi mesa, era de mi abuela.

—Pero también doctora. Y se nota.

—¿Qué cosa?

—Que era de tu abuela. Esta mesa es viejísima —le da dos toques con su puño—Esta gastada, ¿por qué no la tiras?

—Solo le hace falta un poco de barniz.

—¿Un poco?

—¿Me haces un té? —con otro cambio de tema y un puchero acompañando su expresión, logra que Mina le dé una sonrisa.

Lanza un suspiro al aire una vez que su amiga se levanta y va hacia la cocina. No quiere mostrarle que tan mal se siente, pero casi le llega la arcada al solo pensarse en beber el té. Puede ser un embarazo, sí. Solo que sería extraño que ocurriera. No es tonta, se cuida con preservativos y pastillas anticonceptivas. Nunca olvida tomarlas y va regularmente al ginecólogo. Es cierto que hace unos meses no va, así que supone que ya es hora de hacerle una visita.

Mina llega con el té de limón y lo deja sobre la mesa, acercándola hacia ella. Nina le regala una sonrisa de agradecimiento antes de sentarse.

—Puede que también sea el estrés por el libro —piensa en voz alta.

—O puede que estés embarazada.

—Es preferible la idea del libro.

—Sí, pero el embarazo parece más racionable.

Le envía una mirada cansina a la vez que levanta la taza de té.

—¿Es que siempre tienes que tener la última palabra?

Su amiga la observa con sorpresa y fingida indignación.

—Pensé que ya lo habías asumido.

Le lanza un cojín con diversión, Mina lo agarra en el aire y le sonríe de vuelta. Han sido amigas desde el instituto, siempre con buena química y ha descubierto que convivir con ella es genial. Ambas se levantan temprano, llevan el buen humor como marca registrada y acompañan las locuras de cada una. Como esa vez que no podía describir el Big Ben solo con una imagen desde Google y le pregunto a Mina a las tres de la mañana si quería acompañarla a Londres, solo para poder escribir un capítulo. Mina se calzo al instante y salió con ella sin dudarlo, hasta le hizo de perfecto copiloto permitiendo que The Beatles las acompañaran hasta su destino; los primeros 20 minutos lo hizo genial, luego se durmió tal cual bebe. O como aquella vez, cuando Mina la levanto a las seis de la mañana solo para hacer fila y poder alcanzar los descuentos en una tienda de vestimenta, tienda que abría a las 9 am. Hasta discutieron con señoras y muchachas de su edad o menor que también estaban allí y querían robarle el lugar. Por poco y no terminan en la comisaría, pues la situación se les había ido de las manos y pronto estaban envueltas en una pelea de todas contra todas.

Los meses con su nueva compañera de piso han sido geniales, tanto que Nina agradece que Mina haya vuelto a aparecer de su camino. Se arrepiente del tiempo que se aisló de todos, incluso de su mejor amiga.

—Voy a ir al súper, ¿quieres que te traiga algo?

—Frutos secos. Últimamente, me la he pasado picando snacks en las noches. Tal vez será la respuesta para esto—sube su remera para mostrar su abdomen levemente abultado.

—Bien, también te traeré un evatest para quitarnos las dudas.

Nina se ríe ante la insistencia y la deja ir. Si, también sería lo ideal descartar toda posibilidad.

—Que sean tres.

—Mande —finaliza Mina levantándose de la mesa ratona y caminando hacia su habitación para terminar de prepararse.

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William Bennet casi se arrepiente de haber regresado a su ciudad natal. Cuando vivía en América, regularmente extrañaba el usual frio de Inglaterra, los días nublados y la peculiar humedad. Vivir en Los Ángeles le hizo odiar el calor, los rayos del sol y todo lo que tenga que ver con un ambiente cálido. Pero no extrañaba para nada a Ben, su padre adoptivo. Por lo único que lo soporta parlotear es por Jenna, su madre adoptiva. No es que lo odie, lo quiere tanto que mataría por él: ha sido la figura paterna que nunca ha tenido y lo ha acompañado en todo momento.  

Pero no siempre puedes llevarte bien con quienes amas, piensa para sus adentros antes de incorporarse.

—Este niñato. ¡¿Cuándo vas a dejarme terminar de hablar?!—le grita Ben, indignado.

—Cuando dejes de hablar estupideces. ¿Por qué diablos me importaría que Miley Cyrus se haya casado?

—¡Porque se casó con Liam Hemsworth!  

—Tienes que dejar de ver películas de Nicholas Sparks.

—Y tú tienes que dejar de ser tan borde. No es así como te crie.

—Por suerte, no he seguido tus pasos.

—Eres abogado. ¡Claro que seguiste mis pasos!

—No te creas tan importante, viejo.

—Cielos, realmente extrañaba esto —suspira Jenna apareciendo en la sala con la bandeja de aperitivos en la mano.

—Te ayudo.

Pese a que Jenna está por darle la negativa, Will es más rápido y le arrebata la bandeja para dejarla caer bruscamente sobre Ben, quien le echa una mirada fulminante. Ambos se sientan en el sillón para comenzar a hablar sobre el nuevo pasatiempo de su madre: las flores. Se ha abierto una tienda de flores con las que ha tenido éxito y se pasa la siguiente media hora comentándole sobre sus clientas o los eventos en los que ha trabajado. Will no encuentra nada atractivo sobre ello, pero es Jenna, así que se queda callado escuchándola, ocasionalmente comentando o preguntando y dejándola hablar todo lo que ella quiere. Es preferible que escuchar al viejo hablar sobre chismes de celebridades o casos donde siempre termina ganando con valentía y heroísmo.

Nada ha cambiado desde que se marchó hace tres años. No visitaba regularmente a sus padres cuando vivía en Liverpool, no sin que lo obligasen. Generalmente, cenaban fuera o tomaban un café en las mañanas. Hacia las pasantías y más tarde trabajo en la firma de Ben, se pasaba por el restaurante, regalaría o el negocio en que su madre trabajara en ese momento. Todavía están enmarcadas todas las etapas de su vida repartidas por la sala, como si fuese un santuario. Una vez le pidió a Jenna que las retirara, pues hasta Will mismo se asustaba de verse por todo el espacio. Jenna acepto con una mirada triste y apenada, y él no pudo hacerle ello. Así que la dejo sacarle cuantas fotos quisiera y seguir construyendo sus albumnes que seguramente estarían apilados en su oficina.

 El matrimonio Bennet no tuvo hijos. Jenna no podía concebir, tampoco quisieron adoptar. Fue difícil de asumir y muy triste por partes de ambos. Entonces, la mejor amiga de Jenna murió y dejo a un niño de diez años huérfano. Sus padrinos no lo pensaron dos veces y adoptaron al instante, volviéndose así sus padres en todo el sentido de la palabra. Will agradecía que no lo hayan ignorado cuando pudieron haberlo hecho. Era un chico complicado, demasiado desconfiado y brusco como para querer que sientan misericordia por él. Pero fue el amor incondicional de Jenna que le hizo darse cuenta que realmente lo querían allí, y él realmente quería quedarse con ellos. Esa era su historia. O era parte de ella.

—¿Y por qué volviste? —Ben interrumpe a su esposa.

Jenna se queda callada y lo observo profundamente, seguramente queriendo que respondiera la pregunta. Cuando se marchó, había determinado que no volvería a Liverpool. Era demasiado doloroso en ese momento, por lo que lo único que deseaba era alejarse, alejarse lo mas pronto posible antes de volver a verl y remover el triste evento. Fue duro y seguro ante su decisión. Ni siquiera Jenna pudo hacerlo desistir.

—¿Qué te importa?

—¡Niño malcriado!

—¡Deja de gritarle! —chilla Jenna en dirección a su marido y volteo hacia su hijo, siempre cariñosa—¿Ha pasado algo?

—¿Algo como qué?

—William...

No quería contarle que le habían suspendido la licencia por no haber encubierto un caso de lavado de dinero. No le daba vergüenza admitir que denuncio a su propio jefe por jugadas sucias, pero si le hería el orgullo que lo hayan ensuciado por blasfemias que no tenían nada que ver con él. Aplico una apelación e incluso fue a juicio para que le devolvieran la licencia. Gano el juicio, pero lo desacreditaron en todos los buffet de abogados de Los Ángeles. William odio la injusticia y no dudo en renunciar y marcharse. Su antiguo jefe está bajo investigación, uno de sus compañeros de confianza estaría en el caso. Volver a casa pareció buena idea después de meses de angustia, estrés e indignación.

Lo peor pasó, ya está. Pero Jenna estaría muerta de la preocupación si le contaba, por lo que prefirió omitirlo.

—Extrañaba Liverpool—contesta simplemente, llenándose la boca de las galletas recién horneadas. No era del todo mentira, pero tampoco del todo verdad.

No está del todo convencida, aun así, se lo deja pasar y no evita darle un pequeño abrazo a su hijo.

—Bueno, sea cual sea la razón, estoy feliz que estés de vuelta. Voy a preparar tu habitación y...

—No es necesario —le corta rápidamente, pasando una servilleta por sus labios. —Voy a quedarme con Neo hasta que consiga lugar.

—¿Por qué? —el rostro alegre de Jenna de cae. William casi se siente culpable, casi porque sabe a que atenerse si se queda—Estarás cómodo aquí. ¿Quieres que Ben se vaya a un hotel mientras tanto?

—¡Ey! ¿Por qué yo debería irme? ¡Esta es mi casa!

Pero las protestas de Ben mueren ante una sola mirada asesina de su esposa.

—Dijo que el departamento que ocupaba anteriormente está desocupado. Hablare mañana con el dueño. Además, ya tengo edad suficiente para vivir con mi madre.

—¡Eso no importa! —toma sus manos, envolviéndolas en las suyas— ¿Es que no te preocupa que me dejes aquí con él?

Ben se sorprende al verse señalado por Jenna.

—¿Acaso yo te obligue a que te cases conmigo?  

—Si te quieres divorciar, puedo ser tu abogado —sugiere Will.

—¡Ja! ¡No me la puedo creer!

Will y Jenna comparten una mirada cómplice. Fastidiar a Ben es tan fácil como ponerlo de buen humor.

—Está bien, te dejaré ir. Pero tienes que pasar por aquí más seguido. Te he extrañado mucho.

—De acuerdo.

Le da un beso en la mejilla antes de levantarse e ir hacia la cocina, lista para envolverle la cena de esta noche. A veces William se pregunta cuando dejara de tratarlo como a un niño, puede fácilmente ir a cenar afuera o en el departamento de Neo.  

—¿No te da vergüenza? Ya a esta edad...

—¿Y tú qué? ¿No te da vergüenza ir como adolescente con chismes de personas que ni conoces?

—¡He conocido a Miley!

—Por favor, solo te firmo un autógrafo.

—Ambos coincidimos en muchas cosas.

—Los dos minutos más eternos para ella. Pobre.

Ben parece a punto de replicarle, William está listo para otra ronda de discusiones sin sentido hasta que llegue Jenna y mande a callar al viejo. La expresión de su padre cambia a uno serio, por lo que rápidamente su postura también cambia.

—Escuche sobre lo de Benson y sobre tu suspensión.

Me lo imagine.
Al viejo nunca se le escapa ni el más mínimo detalle. No por nada su buffet es prestigioso en toda Inglaterra. Conoce muchos abogados alto rango, no le sorprende que alguno de ellos le haya comentado lo sucedido.

—Pese a que fue estúpido y temerario denunciar a tu propio jefe cuando, simplemente, podrías haber destinado el caso a otro colega...

—No iba a dejar que...

—Fue valiente y admirable.

Esta vez, sus palabras si toman a Will por sorpresa. Ben le sonríe con esa mirada de puro orgullo en sus ojos.

—Tienes razón. No has seguido mis pasos. Has construido los tuyos.  

Asiente sin poder decir nada más. William es así: pasan millones de sentimientos por dentro al escucharlo hablar de esa manera de él, con tanto orgullo que pareciera que los meses anteriores valen la pena por escucharlo hablar así de él. Pero no pude transmitir la manera en que se siente, solo se queda callado.

—Gracias por no decirle a Jenna.

—Ibas a arruinarme mi crucero por el Caribe.

Sabe que lo dice solo para fastidiarlo, de igual forma deja escapar una sonrisa en sus labios. Para que mentirse, también echaba de menos a Ben.

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Se pasa gran parte de la mañana echada en el sillón viendo la maratón de El Diario de Bridget Jones. Cerca del mediodía, Nina decide finalmente dejar de esperar a que Mina aparezca de una buena vez, segura que algo habrá captado su atención en mitad del camino y tiene que preparar el almuerzo para sus invitados.  

Sin más, se pone manos a la obra y comienza a explorar nuevas recetas. Le encanta ser la anfitriona, por ello siempre soborna de manera culinaria a sus amigos para que la visiten y se instalen en su hogar el tiempo que quieran. Nina no tiene hermanos ni primos. Su familia siempre fue pequeña y muy fría entre ellos, demasiados ocupados en celebrar cumpleaños, navidades o eventos. Al menos, con sus amigos puede lograr tener lo que ha querido con devoción: una familia cálida y unida, con peleas absurdas y griterío en desacuerdos, pero con mucho amor.  

En el almuerzo, generalmente suelen comer en sus trabajos. Pero hay días en que aprovechan esa hora con ella, generalmente los viernes, que pueden tomarse un poco más de tiempo. Los primeros en llegar son Kennedy y Darwin, como siempre, discutiendo sobre el trabajo.  

—Vaya, ¿Qué son esos ánimos? —interrumpe en el medio para evitar que la pelea continúe a mayores. Deja caer sus manos sobre los hombros de Kenny, quien no deja de fruncir el ceño con molestia. —Hice lo que me pediste.  

Eso parece suficiente para la castaña, pues pronto sus ojos se iluminan y le brindan a Nina una sonrisa que no tarda en responder. Se acercan hacia la cocina mientras Darwin se tira sobre el sillón, abriendo el libro de bolsillo que lleva consigo. Kenny acerca sus narices a la olla, destapándola.  

—¡Santo Lennon! ¡Esto huele delicioso!  

—Y sabe aún mejor —le guiña un ojo a la vez que le pasa una cuchara. Kennedy no duda en dos segundos para darle un bocado. Nina voltea hacía en dirección de Darwin, quien las ignora —¿Qué lees esta vez?  

—Los hermanos Karamazov.

—”Para el realista, no es la fe lo que nace del milagro, sino el milagro el que nace de la fe. Si el realista adquiere fe, ha de admitir también el milagro en virtud de su realismo.” —recita de manera teatral y sabia.

Darwin sonrió brevemente antes de volver a concentrarse en su libro. Lo observa un momento más antes que Kennedy atrajera su atención nuevamente. Son los más recientes del grupo, también los más jóvenes. No evita tener cierto sentido protector y maternal hacia sus amigos, especialmente hacia ellos. No tiene hermanas ni hermanos menores, por lo que son lo más cercano de lo que tendrá alguna vez.

—¿Ethel vendrá?  

—Dijo que estaba en camino —comenta Kenny dándole otro sorbo al estofado de verduras. Abre la otra olla y descubre el gnocchi de calabaza —Joder, Nina.  

—Deja de comer. Esperemos a los demás.

Pese a que la chica se resiste, Nina la lleva hacia la mesa donde ambas se sientan.  

—Ayer salve otra vida, Ninn.  

La observa sin entenderla.  

—¿Cómo es eso?  

—Compro un cordero en la carnicería —responde Darwin por ella, parece cabreado de solo recordar la situación —Un cordero vivo.  

—Es un chivo, ya te lo dije.  

Pone los ojos en blanco y vuelve a ignorarlas, perdido en su mundo. A Kennedy no le afecta en nada puesto que se pone a contarle con lujo de detalles la pelea con el carnicero y como quería estafarla con venderle el chivo al doble de lo que vale. Nina le gusta el espíritu apasionado de Kenny, tal vez porque le recuerda a alguien con el mismo espíritu. Quizá no con los animales, pero si relacionado con las injusticias. Gracias a ella, ha comenzado a ser vegetariana, aunque le cueste demasiado esfuerzo cuando Mina llega con una hamburguesa con extra queso y se la refriega en la cara.  

La puerta se abre nuevamente con Neo, Darren y Ethel entrando: los dos primeros hablando entre sí mientras que Ethel está más preocupada en la pantalla de su celular.

—¡Bienvenidos! —Nina salta de su asiento para recibir a sus amigos—¿Dónde está Bernard? ¿Y Kala? ¿Alguien vio a Mina?

—Kala se estaba bañando y creo que Bernard esta de turno —responde Ethel sentándose a un lado de Darwin. Chocan los puños en modo de saludo, volviendo cada uno a su respectivo objeto de interés.

—Pensé que Mina ya estaría aquí —comenta Darren, intenta echarle un vistazo a la comida, pero pronto Nina le da un golpecito en la mano—¡Auch!  

—Fuera de mi cocina ahora mismo.

Darren se aleja no sin antes sacarle la lengua.

—Solo relájense, voy a poner la mesa.

—Te ayudo—Darwin deja su libro aun lado desde que llego y se levanta del sillón, yendo directo a la alacena donde guarda los platos.

Nina esta por decirle que no es necesario, que ella lo hará. Sin embargo, Darwin la ignora y la ayuda de todas formas. Neo también hace lo suyo junto con Darren, comentando entre ellos sobre el partido de la próxima semana.

—Déjalos. Solo ven y siéntate conmigo—la llama Kenny con una revista entre manos—Voy a enseñarte más recetas para que juntas ayudemos a abrirles los ojos a los carnívoros. Empecemos por los que viven aquí.

—Pensé que era un omnívoro —replica Ethel desde el sillón.

—Eso es lo que te hacen creer.  

Nina se ríe por la expresión de Kenny, aunque intenta disimular su gracia cuando esta le envía una mirada fulminante.

La puerta se abre de golpe, sobresaltándolos.

—¡Lo siento, lo siento! —chilla Mina al entrar con Kala detrás de ella —Perdón, me distraje.  

—Lo note —comenta dejando el recipiente con el almuerzo sobre la mesa.

—Al baño, ¡ya, ya! —dice Kala con insistencia, llevándosela arrastras.  

—¡Pero es hora de comer!  

Ninguna de sus dos amigas parece hacerle caso en lo absoluto y tiran de ella. Kenny y Ethel pronto se le suman, curiosas. Se encierran las cinco en el baño, dispuestas a librarse de las dudas. La empujan sobre el retrete, mirándola intensamente. Nina piensa que tal vez, solo tal vez debería darles un zape a las dos por ser tan obvias.

—Hazlo ahora.

—¿Ah? ¿Ahora?

—¿Qué está pasando? —inquiere Ethel con los brazos cruzados. No es hasta que pone sus ojos en los evatest que sostiene Mina en sus manos. Su boca se abre en grande y al igual que sus ojos. —¡No me la puedo creer!

—¡¿Estas embar—?!—Kenny no puede terminar su frase cuando Kala le pone la mano en la boca por detrás.

—Calla, no es necesario asustar a nadie.

—No, no es necesario. ¿Entonces, porque están actuando como neuróticas? —suspira Nina mientras se dispone a bajarse los pantalones. —¿Pueden salir? Quiero hacer pis tranquila.

—Nos quedamos en la bañadera con la cortina extendida y es todo —negocia Mina.

—¡Largo!

No hace falta que hagan tanto lío, piensa Nina después de finalmente quedarse a solas. Deja los predilectos remojándose en la orina y espera con impaciencia los siguientes tres minutos. Es imposible que está embarazada. Se cuida, siempre lo ha hecho. Es responsable con su cuerpo, sobre todo en la intimidad.  

Pero, ¿y si lo estoy?

La idea no le desagrada del todo. Uno de sus sueños es tener numerosos hijos, le encantan los niños y quiere una familia grande. El problema es Logan; sería su bebe y las cosas no terminaron bien entre ellos. Si no fuese porque Neo y Darwin llegaron a tiempo, estaba segura que el sujeto la golpeaba. Cuando conoció a Logan, había notado su comportamiento agresivo hacia los demás, pero con ella jamás actuó de tal manera. No fue hasta que los meses pasaron y su verdadera personalidad empezó a salir a flote: suavemente, le sugería que debía dejar de maquillarse, de usar ropa ajustada y de frecuentar el café-bar. Las sugerencias pasaron a órdenes, y de pequeñas cosas, Logan pretendía que Nina quitara de su vida a sus amigos y renunciara a su trabajo, porque trabajar es de hombres y él podía mantenerla. Ella, que había conocido un amor sano y sin opresiones, se sintió sofocada y atrapada en lo que siempre evito: encontrarse un hombre como su padre. Termino con él lo mejor que pudo, explicándole que ya no sentía nada y que se merecía a alguien quien pudiera cumplir sus expectativas.

Logan se volvió loco. Completamente loco. Mina no estaba, y parte de ella agradecía que no estuviera porque temía que Logan descargara su ira hacia su amiga. El sujeto rompió todo lo que hallaba en el camino, queriendo destrozarle el departamento. Nina quiso detenerlo y solo recibió un fuerte empujón y una mirada amenazante. Le temió por primera vez, pues presentía su siguiente acción. Neo y Darwin entraron en el momento justo, y solo bastaron con dos golpes para tumbarlo al suelo. No supo exactamente qué sucedió con Logan, sus amigos lo cogieron de los brazos y se lo llevaron del departamento a quien sabe dónde. Pero Logan nunca apareció nuevamente, y tener que buscarlo para comentarle que sería padre... no, prefería realmente no tener que hacerlo nunca.

Una vez fuera del baño, nota a todos los presentes atentos a su respuesta. Es obvio que los chicos se han enterado, hicieron todo un lío para darle los predilectos.

—No estoy embarazada.

Un suspiro colectivo resuena en la sala. Nina puede apreciar que están más aliviados que ella, por lo que no tarda en lanzar una risita al aire.

—Pensé que la habías jodido. Estoy feliz por ti —Ethel se acerca y le da un cálido abrazo que no tarda en responder.

—No sé si debería agradecerte, pero lo haré de todas formas.

—Nadie quiere que te ates de por vida a ese engendro —suelta Darwin con desprecio.

—Tiene suerte que no haya estado yo, porque de lo contrario lo hubiera matado—Kenny es la siguiente en abrazarla, tan aliviada como los demás.

—Un aborto hubiese sido lo más conveniente en esa situación.

Nina tiene que estar de acuerdo con Kala. Quiere niños, sí. Pero no de alguien agresivo y machista.
 
La calma vuelve al departamento y todos se predisponen a sentarse en sus respectivos lugares, sacando conversaciones triviales. Nina intenta ir hacia su asiento, Neo la detiene un momento sin que los demás se percaten.

—Hay algo que debo decirte —expresa dudoso, vacilando.

—Claro, dime —le sonríe en busca de tranquilizarlo.

—Verás...

Vacila segundos en que Nina se pregunta qué tan importante puede ser para que Neo no le diga de una buena vez. Mantienen una gran relación, ambos tienen mucho en común por lo que es fácil abrirse uno con el otro.

Su amigo solo menea con la cabeza y le sonríe.

—No te preocupes, no es nada —pasa una mano sobre su cintura y camina junto a ella hacia la mesa.

—¿Seguro?

—Si, no me hagas caso.

La castaña intuye que algo ha pasado, pero supone que todos tenemos nuestro tiempo para hablar sobre ello, por lo que le da su espacio y se sienta en la mesa, uniéndose a la conversación.

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Existen dos cosas que Nina Rigganti necesita para poder concentrarse en su trabajo: buena música y un buen ambiente. Twist & Shout le ofrece estos dos requisitos, por lo que en las noches solitarias en que su propio hogar la encierra y la inspiración parece escaparse, Nina camina hacia el café-bar frente a su edificio con su laptop y se sienta en la mesa que suele reservar con frecuencia.  

Con una cerveza en mano y frituras de cortesía por parte de Bob, el dueño del lugar, Nina empieza a explayar todas las ideas que tiene en su mente para el último libro de su saga. Hace unos tres años, después de mucho esfuerzo y cuestionarse a sí misma, logró publicar en una revista de adolescentes dos capítulos de la novela que trabajaba en ese entonces. No creyó que pudiera tener éxito mundial que se presentó meses después. Pudo publicar dos libros y solo le quedaba uno para cerrar la trilogía.  

—¿Será muy cliché? —se pregunta a si misma tras revisar sus notas. Revisa otras más, pero lo uno y lo otro no está conectando.

Acostumbrada a la inspiración y a dedicarse exclusivamente a lo que ama, Nina rara vez tiene un bloqueo. Suelen durar días, semanas, o incluso meses. Pero este bloqueo ya iba un año y, aunque una parte de si se repetía que solo tenía que escribir y ya, otra la exigía que pusiera cada milímetro de esfuerzo en ella porque terminaría una historia en la que los adolescentes suspiran de amor y desean vivir ese mundo ficticio. Casi puede recordarse a sí misma hace años atrás cuando estaba obsesionada con la saga de Crepúsculo y buscaba un Edward Cullen en su vida.

—Claro que de Stephenie Meyer y yo hay una gran diferencia —se reconoció a sí misma, suspirando.

La animada canción se ve interrumpida cuando una melodía dulce comienza a sonar. Logra reconocerla de inmediato; lo hace porque hace años fue con la que solía dedicarle mañanas, tardes y noches enteras a quien ese entonces tenía su corazón. Cada palabra, cada estrofa y cada sentimiento fueron sinceros y puros. No puede evitar sentirse llena de nostalgia y melancólica. La sonrisa que se forma en su rostro es algo triste, se da cuenta al verse reflejada en la pantalla de su laptop.

Pocas parejas se levantaron y comenzaron a bailar al son de la música, perdidos uno en el otro. Nina suspira derrotada. Otra noche que no podrá escribir, ni siquiera terminar de cuadrar la idea. Pero conmovida por el ambiente. Así que cierra su laptop y deja la palma de su mano sostener su barbilla, admirando como las luces bajan la intensidad y el lugar se inunda de una energía especial y fuerte: el amor.  

Así, romántica y cursi, observa las parejas rodear sus brazos en el de su alma gemela y viceversa, correspondiendo sonrisas, besos dulces, versos de amor y promesas sin fin. Es solo una espectadora más, pues ahora mismo no tiene alguien que esté a su lado. Alguna vez lo tuvo, obvio que sí. Y fue hermoso, tanto que jamás puede recordarlo con oscuridad. Siempre es con un sentimiento que aflora su interior y lo riega cada vez que su imagen viene a su cabeza.

William Bennet, así se llama.

I have died every day, waiting for you
Darling, don't be afraid  
I have loved you for a thousand years
I'll love you for a thousand more


Guarda sus pertenencias dentro de su bolso, lentamente para no perderse de los pocos segundos que le queda a la magia del lugar. Puede que a la mayoría de los solteros les moleste ambientes que no van acorde de su relación sentimental. Pero a ella la transporta al pasado y el pasado fue hermoso. Además, la inspira. Le recuerda al amor de Gabriel y Grace. Amándose con locura. Con tanta devoción que no existe ni cielo ni infierno que los separe. Que no existe un diablo al que temer ni un dios al que respetar. No existe nada. Solo una utopía donde...

Un grito ahogado le rompe su concentración en el espectáculo delante de ella. Y es que su vieja amiga la ha visitado, después de tanto tiempo, la inspiración vino a ella y...

—Tengo que correr a casa —dice en voz alta, tan emocionada que siente que las cosas se le van a caer de las manos.

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Sentado desde la barra y un poco borracho, William sigue mirando en una dirección fija con un vaso de whisky siendo su bebida constante. Generalmente, no toma más de un vaso para pasar los malos ratos del día y sobrellevar la noche, no enroscarse en el trabajo o la presión que ponen sobre él sus padres. No le agrada beber hasta que sus palabras se conviertan en balbuceos, en que sus piernas se vuelvan torpes y pueda llegar a olvidarse hasta su nombre. No. Para nada es su estilo ir de un extremo a otro. Le gusta el equilibrio, y no tiene problemas en quedarse allí.

Pero entro y la vio. Entro al café bar frente al edificio donde solía vivir años atrás y allí estaba Nina Rigganti. Con su piel blanca como la nieve, su cabellera suave y larga cayendo por uno de sus hombros, dejándole espiar su largo cuello. Todavía podía recordar el camino que recorría entre besos hasta llegar a sus labios. Sus labios. Labios delgados y rosados. Labios que adoraba besar y no se cansaba de hacerlo a través de los años.  

Enumero mentalmente todo aquello que fue su perdición. Sus ojos rasgados que se achicaban aún más cuando sonreía. Su mirada comprensiva y alegre. Su voz cantarina y serena. Su risa contagiosa y colorida. Su postura grácil. Su rostro angelical. Las expresiones tan propias de ella. Como morder su labio inferior cuando duda entre un tramo u otro, frunciendo el ceño ante la excesiva concentración de una escena muy esperada o muy detallada.  

La observo, detallando todo lo que había amado, y no lo dudo un segundo más: le pidió al cantinero que reprodujera una canción, una tan melosa que haría que todos los de aquí se marcharan, y hasta tuvo que pagar de más. Pero cada libra valió la pena cuando el preocupado rostro de Nina se transformó por completo. Contemplo como pasaba de sorpresa, nostalgia para finalmente quedarse en un trance conmovido. Era su canción, la canción de ambos. De cuando soñaban que estarían toda la eternidad juntos como Edward Cullen y Bella Swan, que no habría obstáculo alguno que pudiese separarlos.

Y no los hubo. Por cinco largos años no existieron en lo absoluto. Pero llego la desgracia, y con la desgracia trae finales desgarradores. A ellos les toco y tuvieron que seguir por caminos separados; caminos que esta noche los reunía por primera vez después de otros cinco años.

And all along I believed, I would find you
Time has brought your heart to me, I have loved you for a thousand years
I'll love you for a thousand more


Tan pronto termina la canción, el rostro de Nina se deslumbra. Le ha llegado una idea, piensa William con una sonrisa en el rostro. La conoce tan bien. Tanto que se pregunta si algo ha cambiado en todos estos años, pues no parece hacerlo en lo absoluto.

Durante la hora anterior, tuvo el impulso de ir hasta su mesa y abrazarla con todas las fuerzas que tenían. Ese impulso se vio alimentado ante el alcohol en su sistema. Sin embargo, tan pronto se disponía a levantarse y hacerlo, se sentaba nuevamente y se la quedaba observando con atención, no queriendo perderse ningún detalle de ella nuevamente. Han pasado cinco años. Cinco años en que no tuvieron contacto alguno más que unas breves llamadas el primer año. Después de allí, se esforzó en quitarla de su corazón y hacerse entender que no servían para estar juntos. Tuvieron un romance en sueño. Siempre estaban de acuerdo, las discusiones nunca llegaban a gritos y era difícil estar enojados el uno con el otro. Eran incondicionales, compañeros, fieles. El mundo era suyo.  

Pero el contacto se perdió al igual que su relación. No sabe si Nina podría aceptarlo en su vida como él espera; un amigo, un conocido, un buen recuerdo. Quizás, simplemente, no lo quiere y le pega una patada en el culo, algo que él tendría que aceptar porque su orgullo no le permitiría rogarle a nadie.

Entonces, cuando ve que ella se acerca a la barra, es allí donde se pregunta si debería huir de ella de nuevo o quedarse, descubrir que reacción tendrá.

—Ey, Nina —Bob la saluda con una sonrisa fraternal. No le sorprende, Nina se hace querer sin desearlo.

Pronto, la castaña le corresponde de la misma manera: una sonrisa dulce y cariñosa.

—¿Cuánto es?

—La casa invita, cielo. Está bien.

—La casa siempre invita. No me consientas demasiado.

—Es enserio. Después de que tus fanáticos descubrieron que sueles tomar café aquí, este lugar se llena más seguido.

—Exageras —rueda los ojos con diversión.

Su penetrante mirada parece llegarle de pronto y no puede evitar su curiosidad. Voltea a mirar a su dirección y la sorpresa fue evidente en su rostro.

Nina podía comprar su corazón como un tren sin frenos en una vía sin límites. Para William, parecía no ser tan sorprendente el hecho de reencontrarse, apoyando su mejilla en su puño con una sonrisa burlona. Nina quiere llorar y mucho, al mismo tiempo que sonreír y correr hacia él. Debatiéndose entre lo uno y lo otro, decide hacer la última. Ella le regala una sonrisa acompañada de pequeñas lágrimas que se le escapan y va a su encuentro, casi al segundo en que él se levanta del taburete. Se funden en un profundo abrazo, uno fuerte y un latente anhelo.

Es volver a casa. Es volver a cielo despejado. Es volver al fuego ante la intensidad de la calidez que desprende su cuerpo. Es volver a su viejo y gran amor. Ni siquiera quiere separarse, no quiere hacerlo. Ni hoy ni nunca, pues teme que sea pura fantasía suya.

Pero finalmente lo hace, se separa. Muy lento y con cuidado. Y al levantar la cabeza, puede comprobar que no es un sueño y que si es él.

—¡Will! —exclama con felicidad—¿Qué haces aquí? ¡Santo sea Lennon!

—Solo estoy de vuelta —contesta él, acariciándole el largo de su melena.

Entonces vuelve a abrazarlo y, sin duda alguna, su alma gemela corresponde el abrazo. Porque eso es William para ella: su alma gemela, su corazón, su amor. Todo.

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Todavía sigue sin poder creer que esté de vuelta en Liverpool. En la ciudad donde crecieron juntos y vivieron miles de recuerdos que todavía atesora en su corazón. Se siente nerviosa, extasiada y llena de preguntas que no tarda en hacerlas. Habla y habla sin parar, y es que no puede detenerse. Se volvió una completa tonta que solo sabe parlotear cosas sin sentido. Ni siquiera está segura que William la escuche, pues suele hacer oídos sordos cuando la conversación no es de su interés. ¿Qué importa? Lo único que importa es que esta aquí de vuelta.

Al llegar al tercer piso, se da cuenta que la expresión de Will ha cambiado. No sabe si en el camino o hasta recién.

—¿Sucede algo?

—¿Vives aquí? —inquiere con cierta tensión en su voz.

Nina se extraña ante el tono, no es hasta que lo observa echarle un vistazo a la puerta de al frente. Algo le duele por dentro, un pequeño dolor ante la posibilidad de su desagrado al hecho de tenerla como vecina. Pero descarta todo pensamiento negativo.

—¿Volverás a tu antiguo departamento?

Will asiente sin más, aun incómodo. Nina lo nota de inmediato. Todavía puede leerlo a la perfección. Sin embargo, prefiere hacer de cuenta que nada pasa.

—¡Genial! Tendré brazos fuertes para la limpieza de otoño—le da un pequeño puño hacia sus brazos. Se sorprende al darse cuenta de un detalle—Oye, ¿has estado haciendo ejercicio? Porque estos músculos no estaban aquí antes...

El pelinegro se aparta de ella al sentirla apretar sus brazos.

—Siempre los tuve.

—No, eras un flacucho. ¿Acaso estas tomando esteroides o.…?

—Nina—advierte severo.

Suelta una risita y se rinde. Nunca puedes molestar demasiado a William, es demasiado sensible.

Abre la puerta con seguridad de encontrar a la pandilla reunida allí, y no se equivoca al verlos reunidos alrededor de la televisión, atentos a la novela de Maria, la del Barrio.

—¡Gente! ¡Adivinen quien ha vuelto a la ciudad de los Escarabajos!

Los presentes giran sobre sus hombros casi al mismo tiempo, Nina se hace a un lado y deja pasar al nuevo integrante, quien solo brinda una corta sonrisa mientras deja la maleta al costado.

—¡William! —chilla Ethel incorporándose de un salto, yendo directo hacia su amigo.

Se funden en un fraternal abrazo en el que demuestra lo mucho que se han echado de menos. Los siguientes en ir hacia el gran encuentro son Neo, Kala y Bernard. Los conoció a los cuatro en la universidad, y aunque tuvo breve contacto con ellos durante los últimos tres años, todavía persiste el sentimiento de comodidad y familiaridad entre ellos.

Tres rostros nuevos se acercan hacia el circulo, curiosos al verlo. William solo puede ver a tres adolescentes delante de él, y se pregunta qué harán allí.

—Déjame que te presente —como buena anfitriona, Nina se posiciona al lado de los extraños—Este es Darwin, Darren y Kenny. Chicos, este es William. Es de nuestros viejos amigos.

Le sabe amargo al escucharla llamarlo de esa manera, pero no es como si pudiese corregirlo. Indiferente, Will estrecha mano con los recién presentados. Nunca fue bueno para relacionarse con demás personas. No porque tuviera dificultades, sino porque no le agrada conocer extraños. Prefiere la comodidad de amistades con antaño.

—¡Madre mía! —un chillido particularmente agudo le llega hasta los tímpanos, casi por quebrarlos.

William puede reconocerlo con pesar, aunque por dentro reza que no sea así. Pero lo es: Wilhelmina Bloom, su peor pesadilla. Ahí está ella, caminando con pasos largos y marcados saliendo del baño, con una sonrisa divertida en el rostro que rebalsa de burla. Creyó que no volvería a verla, o al menos eso es lo que esperaba.

—¡Willy está de regreso!

—Es Will.

—A mí me dicen Will. Me robaste el apodo.

—A mí me queda mejor.

—A ti nada te queda mejor si lo comparas conmigo —se tira el largo de su cabello hacia atrás con falsa modestia—Que bueno es verte, ¿me extrañaste, Willy Willow?

—Es Will—aprieta la mandíbula. Apenas un minuto adentro y ya lo saca de quicio—y no, no te extrañe para nada.

Mina le hace un puchero inclinando la cabeza hacia un costado.

—Lastima. En fin, no te preocupes. Recuperaremos el tiempo perdido —le palmea en el hombro. Pronto, sus ojos se abren levemente y hace el mismo movimiento que Nina, apretando con sus manos sus brazos—Oye, ¿tomaste esteroides? Porque no recuerdo que...

—¡No tome esteroides, pendeja! —la aparta bruscamente. ¿Por qué todo el mundo cree que tomo esteroides y no que hizo ejercicio?

—Olvídate de ella —Bernard atrae la atención de su amigo y no duda en darle otro abrazo amistoso—¡Estas de vuelta! ¿Sabes qué significa eso?

—¡Ahora, todos, a beber a mi departamento! —responde Neo por su amigo con euforia.

Will quiere negarse, alegando que está cansado y desea simplemente dormir. Solo que Bernard y Neo están tan entusiasmados que ni caso le hacen y lo van empujando hacia la salida, seguidos por un intrigado Darwin y un Darren contagiándose del ambiente. ¡Mas cervezas!

Nina cierra la puerta sin más, seguramente quieren tener tiempo entre hombres como solían hacerlo en el pasado. Ya habrá tiempo para reunirse nuevamente, aunque por dentro solo anhela mantenerse a su lado un momento más.

En el segundo que gira, tres pares de ojos curiosos e insinuadores se le clavan en su persona.

—¿Qué?

—William volvió—dice simplemente Ethel.

—¿Por qué eso es importante? —inquiere Kenny, volviendo al sillón para ponerse al corriente de la novela.

—Ve a buscar las cervezas que tengo escondidas en mi cuarto —le manda Mina sonriendo juguetona—Esto apenas comienza.

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Reunidos en la sala de Neo y Darwin, el interrogatorio que atraviesa Will por poco y lo saca de quicio. Si no fuese porque es el único lugar donde puede dormir, desde hace bastante se habría largado. O tal vez no; no es el único lugar, podría ir a un hotel por esa noche o por las que quedan. No se cree que se librara fácilmente de ellos.
Sentados alrededor del sillón, las preguntas sobre su regreso y su trabajo se dejan de lado para dar paso a lo que realmente les interesa. ¿Qué sucede con Nina?




—Vamos, chicas—se ríe Nina de solo escucharlas mientras se dispone a abrir otra lata de cerveza—No pasa nada con William. Solo me lo encontré allí abajo y me comento que se quedara un tiempo con Neo hasta que desocupen un departamento del edificio.

—¡¿Volverá a vivir aquí?!—exclama Ethel con un grito ahogado.

—No estoy entendiendo nada—refuta Kenny curiosa—¿Qué tan importante es?




—William y Nina salieron por 5 años—contesta Bernard en dirección a Darren. —Y hace 5 años que no se ven.

—¿Cómo diablos es que llevas la cuenta?

—¿Es que acaso tu no?

Solo pone los ojos en blanco, evitando responder cualquier otro tipo de pregunta.

—Antes de salir con ella, éramos buenos amigos.

—No me creo que sigas viendo a Nina como una simple amiga —adivina Neo.

William se pregunta cómo no es que se atraganta con su cerveza. Es difícil mentirle, después de todo, lo conoce bien.

—¿Enserio Nina ha salido tanto tiempo con alguien? —comenta Darren, aun sin salir de su sorpresa. —Sus relaciones nunca duran demasiado.

Capta por completo su atención y lo observa intensamente, logrando que este se incomode.

—¿Con cuántos chicos ha salido?

Bernard y Neo comparten carcajadas ante los evidentes celos de William.




—¿Y qué si ha salido con otras chicas?

—No es como si estuviera aquí para reconquistarme —Nina se lleva un puñado de palomitas a la boca.

—Willy no volvió por nada. De seguro, volvió por ti —insiste Mina con seguridad.

—Pero si no lo hizo en cinco años, ¿por qué ahora?




—Volví porque quería estar en mi hogar. ¿Es necesario relacionarlo con ella?

—Si—responden sus amigos de inmediato.

Darwin bosteza y se levanta del sillón, desinteresado del asunto.

—Buenas noches.

—¡Espera, no te vayas!

—Mañana tengo que levantarme temprano. Un gusto —levanta sin más la mano hacia William en manera de despido, uno que este no corresponde.

—¡Luego te contare todo! —promete Darren y voltea hacia William, aun curioso—Así que, ¿vas a reconquistarla?

—¿Te importa?

Bernard le da un golpe en el hombro.

—No seas borde con él, es un nuevo amigo.

Evita decirle que no es su amigo, solo alguien que recién acaba de conocer y que se encargaron de contarle su dramática historia con Nina. Chismosos.




—¿Por qué terminaron?

La pregunta de Kennedy la toma por sorpresa, puesto que ninguna de las otras tres la hubiese hecho. Pero es que ellas ya saben, conocieron ese momento horrible que paso en su vida y que fue difícil de superar.

—La vida —responde sin más, llevándose la lata de cerveza hacia sus labios.

—Ninn—le llama Kala, observándola intensamente—¿Realmente no sientes nada por William?

Mentiría si dijera que no, pues no lo comprende del todo. William fue su mejor amigo, el amor de su vida y su gran compañero. Su mundo se detuvo cuando lo conoció y, al reencontrarse, es como si él le hubiese devuelto ese mundo que paro. No podría explicar con palabras exactas si aún lo ama o no. Han pasado cinco años, después de todo.

—William siempre será importante para mi —se encoge de hombros, sonriendo con cierta pena—Yo solo quiero que sea feliz.




En el otro piso, William se enfrentaba a la misma pregunta. Era más fácil mentir e ignorar sus insistencias, pero no sería justo con Nina. Después de todo, fue todo lo que estaba bien en su vida.

—Nina es Nina. Nunca habrá otra mujer como ella, lo que no significa que tenga que amarla de nuevo. Fin de la charla.

En contra de las protestas, se levanta del sillón y se encamina hacia la habitación de Neo.

—¡Oye, tú dormirás en el...!

Gira la llave y suspira con pesadez. Si hubiese sabido que lo interrogarían tal cual criminal, nunca habría seguido a Nina hasta el departamento. Ahora lo único que puede pensar es en ella, cuando le había llevado tanto tiempo dejar de hacerlo. Eso de volver a verla, conectar otra vez con sus amigos y que le trajeran el pasado a flote...

Entonces, recordó la promesa hecha hace años: el día que se volvieran a ver, actuarían como los grandes amigos que fueron alguna vez, sin resentimientos y sin recuerdos que podrían quebrarlos aún más. Y está bien para él, le gustase o no. Tiene que aceptarlo y dejarlo ir. Supo que volver a Liverpool era encontrarse de nuevo con ella. Es hora de superarlo y seguir adelante. De lo contrario, ¿cómo podría quedarse?

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Es demasiado temprano cuando Mina la levanta al siguiente día. Anoche se acostaron tarde luego de unas tres rondas más de cerveza, prácticamente tuvo que echarlas para que se fuesen a dormir y así poder sucumbir ante su deseo de sentarse y escribir, aprovechando que la inspiración había vuelto. Sin embargo, Nina no consiguió escribir más que una oración. Una oración que no tenía nada que ver con la historia.

"William ha vuelto a Liverpool" fueron las palabras exactas que tecleo.

Mantuvo la esperanza de centrarse en su trabajo, y todo fue en vano. Sin más, se acostó con la esperanza que llegaría un nuevo día con más posibilidades de escribir. Solo que Morfeo tardo en llegar más de la cuenta, y todo tenía que ver con cierta persona.

Largo un gran bostezo hacia el aire mientras Mina se la pasaba bailoteando por todo el departamento, cantando canciones viajes de Britney Spears con el usual buen humor de siempre.

—¿Qué te pasa que no me sigues?

—Solo tengo sueño—restriega la palma de su mano hacia uno de sus ojos—Y nos quedamos sin café.

—Yo iré a la tienda —se ofrece rápidamente. Se estira para tomar del jarrón arriba del refrigerador, suelen guardar dinero allí—¿Quieres algo más?

—Leche descremada y de soja. Una caja de cereales también.

—¿No tienes ánimo de cocinar hoy? ¡Yo puedo hacerlo!

—No, está bien —aletea la mano para despreocuparla.

—¡A la orden!

Alegre, Mina se va dando saltitos hacia la puerta y la abre de golpe, pero no se marcha tan pronto. Se corre al instante, o eso parece, pues en verdad Will la empuja hacia un lado para entrar.

—Se pide permiso, maleducado.

—Se les pide permiso a las personas, no a... —la mira de pies a cabeza. Mina lleva puesto una sudadera de berenjenas y un gorro con orejas de conejo—lo que sea que seas.

—Uy, pero ese trasero —le da una palmada a los cachetes de Will, sobresaltándolo. Nina tiene que ponerse ambas manos sobre su boca para no echarse a reír. —Al parecer los esteroides también hicieron efecto aquí.

—¡Maldita, lárgate!

Mina, satisfecha, se larga de una buena vez canturreando una nueva canción. El silencio se instala entre ellos con un enojado Will y una Nina a punto de estallar a carcajadas, impulso que tiene que ceder porque ya no se resiste. Pese a que le dirige una mirada fulminante, ella no deja de reírse hasta que comienza a dolerle el estómago. Poco a poco, el malhumor desaparece y deja una sonrisa atravesar por su rostro. Siempre le alegra el día escucharla reír.

—No tomo esteroides—aclara de una buena vez, cruzándose de brazos.

—Lo sé, lo siento —Nina agradece que Mina haya hecho una de las suyas, al menos el ambiente no estaría tan tenso—Te has levantado temprano.

—Vine a buscar mi maleta. Ayer no pude cogerla—señala el dichoso objeto. —Suerte que le puse candado. Esa loca hubiese aprovechado para robarme algo.

—Si, es verdad. Tuviste mucha suerte—coincide divertida. Vaya, si qué extraño las peleas entre su mejor amiga y su... bueno, con William. —Entonces, ¿quieres desayunar?

La duda atravesó sus ojos, y solo basto un segundo más en que lo intuye.

—Los chicos vienen a desayunar aquí todas las mañanas—rompe tres huevos sobre un recipiente y comienza a batirlos—Sería raro que no vinieras ahora que has vuelto.

Pero William no puede contestarle. Sabe que ayer se ha dicho numerosas veces que es hora de superarlo, de volver a ser amigos con Nina como lo fueron en el pasado. Solo que han pasado diez años con montones de cosas y.… es difícil.

—Eres un hombre de palabra, ¿cierto?

La pregunta le toma por desprevenido. Al ver la expresión de ella, luchando contra la pena y el anhelo, se da cuenta que ha estado leyéndolo. Es Nina, después de todo. ¿Quién mejor lo conoce que ella?

—Lo siento.

—Lo sé —se acerca hacia él y acerca una mano hacia su cabello, acariciándole levemente. Su usual sonrisa cariñosa no desaparece en ningún momento—Pero ya somos adultos. Ninguno puede huir por mucho que quisiéramos.

—Fuiste tú la que huyo primero—le recuerda, sin evitar que cierto resentimiento se le escape.

Ella lo percibe, y asiente con comprensión.

—Tienes razón. Pero tú huiste después.

No tiene nada más que decir. A todos les dijo que era una propuesta de trabajo importante y que no podía desperdiciarla. Lo cierto es que el trabajo y todo lo demás quedaba en segundo plano cuando se trataba de Nina, y al tenerla tan cerca, teme que sea como en el pasado.

—Ninguno es exactamente valiente—reconoce por ambos, ella asiente en acuerdo.

—No es tarde para serlo —le palmea el brazo nuevamente—Siempre fuiste mi mejor amigo, William, incluso cuando fuimos pareja. Nunca dejaste de serlo.

Es su turno esta vez de acariciarle el cabello, haciéndola sonreír aún más. En ese momento, se da cuenta que no es la adolescente que conoció, sino que se ha convertido en toda una mujer: más hermosa, más sabia y más madura, mucho mejor que él.

—Está bien. No voy a huir.

—Mas te vale, o de lo contrario tendré que mandarte a Mina para hacerte cambiar de opinión—tira de su muñeca, llevándolo hacia la mesa—Ahora siéntate y cuéntame que ha sido de ti estos años. Tendrás que esperar a que Mina traiga el café. ¿Aun lo tomas sin azúcar y con un poco de leche?

—Si, todavía. Mejor comienza tú. He leído tus libros.

Los ojos de Nina brillan con intensidad al escucharlo. Así que, aun preparando el almuerzo, se dispone a comentarle con lujos de detalles como fue que la contrataron como escritora, las peleas con su editor y la publicación del primer libro. La sensación que causo este en el mundo, el segundo libro siendo igual de exitoso y una jugosa propuesta de recrear su historia en una película e incluso en series.

Puede que sea un poco difícil volver a empezar, pero ninguno quiere perder la oportunidad de estar cerca del otro. No de nuevo.

Jaeger.
Jaeger.


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I'll be there for you.  - Página 2 Empty Re: I'll be there for you.

Mensaje por Jaeger. el Lun 15 Abr 2019, 4:24 am

Capítulo 02.3

Escrito por: Stark.


Perth

La cocina no es lo suyo, nunca lo fue. Jane Reed odia tener que usar un espacio dedicado a algo que simplemente no se le da. Lo suyo es rescatar animales abandonados, asistirlos, brindarles un transito y, finalmente, darlos en adopción. Por eso estudió veterinaria en la universidad y saco préstamo tras préstamo para abrir su propio centro de operaciones. Pero la cocina... era mas sencillo cuando Javen vivía con ella. Ninguno de los dos sabia hervir un huevo y se acompañaban en la desgracia. Al menos, el café le sale espectacular.

—Te extraño —le dice a su hermano, quien la observa detrás de la pantalla.

Javen le hace un puchero.

—Yo también te extraño. Sobre todo tus huevos quemados.

—Y yo tus tostadas negras. ¿Cuándo vuelves?

No le da una respuesta, puesto que solo se encoge de hombros. Tal vez él ni sabe, o se lo habrán dicho y se ha olvidado.

—Los chicos siguen yendo a la casa, ¿cierto?

—Si, no sé por qué se tardan...

—¿Nahele también va?

Jane entrecierra los ojos junto con una sonrisa socarrona. Mas que un hermano mayor, Javen es como su gemelo: sabe lo que piensa y siente, así que no es difícil para ella descifrarlo. Pero, por mas que haya insistido, nada parece pasar entre su hermano y su amiga, así qué ¿por qué no exagerar un poco los hechos?

—No, ya no —finge un suspiro molesto. Javen frunce el ceño, curioso.

—¿Por qué no?

—Es que anda con un latoso que no la suelta —pone los ojos en blanco. Pese a que Javen quiere disimular su molestia, Jane la nota de inmediato en el tensar de su mandíbula. Celos de hermano, si se lo remarcaría, pero no tiene nada de fraternal esos celos—No la deja pasar tiempo con nosotros. Tony me ha dicho que no salen ni de la habitación.

—No mientas. Tony no es chismoso —replica de inmediato. El Javen de malhumor es su preferido, pues es mas fácil hacer que crea en sus mentiras.

—No te miento. Para que Tony me confié algo así, es que tiene que estar muy preocupado o muy incomodo para él. Ya sabes, los gemidos y todo eso...

Escucha algo romperse en el suelo. Su hermano maldice y Jane retiene la risa al darse cuenta que se la ha caído la taza de café que sostenía. Enserio que lo extraña, seria mas gratificante para ella si pudiese joderlo en vivo y en directo.

El timbre de la puerta suena, por lo que se salva de no morir de hambre.

—Te dejo, han llegado los chicos.

—¡Espera, quiero saludarlos!

Pero ella no va a sabotearse a si misma. Le hará creer todas las bobadas que le dijo, a ver si eso le apura el regreso.

—No quiero. Besitos, ¡te amo!

—¡No me co—!

Demasiado tarde.


Ya con su buena acción del día, se levanta rápidamente del sillón violeta y abre la puerta, dejando pasar a sus habituales invitados: Tony, Nahele y Alva entran conversando entre ellos, el primero con tappers y la última con bolsas en la mano.

—Por fin —suspira al aire—Los espere una eternidad.

—Aprende a cocinar —sugiere Nahele, tirándose en el mismo lugar donde estaba ella hace segundos atrás.

—Traje donas, tostadas y huevos revueltos—dice Tony sacando todo y dejándolo arriba de la mesa redonda en compañía de Alva.—¿Que hacías?

—Hablaba con Javen por videollamada.

Echa una mirada hacia donde esta Nahele limándose las uñas, nota que la lima se le cae hacia el suelo. Jane piensa a sus adentros que no es normal que se les resbale cosas de la mano cada vez que escuchan un dato del uno del otro.

—Te ha mandado saludos, Nahe.

La castaña voltea hacia ella con los ojos abiertos par en par.

—¿A mi?

—Si, a ti especialmente. Dijo que te extraña y pronto estará aquí.

La sorpresa se desvanece en el rostro de su amiga. Ha sido demasiado obvia, pero Nahele también y sigue negando sus sentimientos por su hermano. Se lo merece.

—Te conozco desde cría. Sé cuando mientes.

—Y aun así te lo crees, pendeja.

—Que te den.

Sonriendo, Jane se asoma hacia afuera en busca de Narel, pero solo se encuentra con el rubio odioso dueño de cierto club que adora ir, no por ello gustándole también el sujeto que lo dirige. Ash le sonríe con las manos dentro de sus bolsillos delanteros. No es novedad para nadie que se llevan mal. Muy mal. Bueno, en verdad no tanto. Es que él es odioso con ella, mucho. Dice no creer que el mito de que las rubias son tontas, pero que se aplica con ella.  Que debería demandar a sus padres por no darle un buen sentido del humor. Que parece tener 50 en vez de 25, porque su amargura le dobla la edad y las arrugas—que no tiene, porque no tiene, joder. Y miles estupideces que soporta hasta que se cansa y se lanza hacia él. Sin embargo, no importa si le tira la cerveza en la cara, le patea la pierna y lo echa de su casa, su pesadilla personal no le quita esa sonrisa juguetona del rostro ni pierde la oportunidad para recalcarle que se quedara solterona por ser tan explosiva.

Y tengo que soportarlo en mi hogar. ¿Por qué?. Pero eso es fácil responder. Porque hace tres años, antes que Javen se marchara, Ash y él se volvieron amigotes, camaradas. La personalidad divertida y extrovertida del rubio hizo que fuese fácil que integrarlo al grupo y se gano el corazón de todos. Javen se marcho y le dejo ese enorme problema a ella sola para soportar.

Se cruza de brazos, apoyada en el marco de madera y observarlo con una evidente molestia que no pierde tiempo en ocultar.

—¿De nuevo aquí?

—Todas las mañanas son lo mismo. ¿Te lo ahorras?—la copia, cruzando los brazos al igual que ella.

Arruga la nariz y hecha un vistazo hacia atrás, donde sus amigos están pendientes. Trío de chismosos.

—¡Buenos días! —chilla Dione apareciendo de la nada con su usual alegría. Empuja a Ashton dentro de la casa, Jane tiene que apegarse al respaldo antes que la atropellen—Buenos, buenos días.

—Ya entendimos —gruñe y cierra la puerta tras de si.

—¿No te cansas de esa energía negativa?—inquiere Ash con una sonrisa sorna.

A Jane le gustaría borrarsela de un puñetazo.

—¿Y tu no te cansas de respirar? Deberías dejar de hacerlo para que la humanidad no este del todo perdida.

—Sería mas fácil si dedicaras a sonreír una vez al día.

—Sería mas fácil si...

—Es temprano para sus peleas —interrumpe Nahele levantándose del sillón, yendo directo a la mesa—Solo sentémonos a desayunar.

A mala gana, Jane le hace caso para no seguir tensando el ambiente. Además, su estomago comienza a rugir después de olfatear el exquisito aroma. Tony dijo huevos revueltos, pero hay mas comida. Se sienta aun lado de Alva con Ashton dos asientos a distancia. Lo quiere lejos de si.

Pronto, la conversación entre el grupo comienza a fluir de manera natural. Su malhumor pasa y se deja llevar por los comentarios sobre la nueva temporada de Stranger Things y que deberían dejar ese fin de semana libre para poder encerrarse todos a mirarlo. También comentan sobre lo espectaculares que están las olas y las altas temperaturas que se han manifestado incluso en otoño. El entorno familiero y ruidoso hace que el vació de su hogar se vea menos opaco. Desde que Javen se fue, se ha sentido mas solitaria y oscura que de costumbre. Javen le daba vida con ese toque divertido y relajado que siempre ha admirado de su hermano. Pues, no es novedad que Javen sea resplandeciente como el sol y ella mas reservada como la luna.

—¿Narel no vendrá?

—Ya lo conoces—responde Tony simplemente, sirviéndole mas café a su taza.—Es un lobo solitario.

—Debe estar en la fauna marina. Se la pasa allí o en la playa—añade Nahele, despreocupada como siempre.

—O en el club —Ashton se acaba su tostada de una sola bocanada.

Asume que debe ser cierto. A Narel le gusta aislarse gran parte del tiempo y se relaciona poco con sus amigos. Si Jane no lo conociera desde hace tanto, incluso le costaría dirigirle la palabra. Le aburren personas con tanto misterio y secretos, pareciera que nunca terminas por saber con quien tratas. Pero con Narel es distinto, es su mejor amigo y lo adora, comparten su amor por los animales y la ha llevado a sus espaldas cuando estaba borracha hasta la mierda. ¿Cómo no quererlo?

La puerta se abre de golpe, sobresaltándola. Ezekiel entra en escena con su sonrisa juguetona de siempre y sus gafas oscuras.

—Buenos días, mi preciosa gente —saluda con entusiasmo.

—¿Es que no sabes tocar?

—Me gritarías si te hago levantarte en medio de tu desayuno—puntualiza su amigo y se sienta en la silla vacía.—¿Y mi café?

—Sírvete. ¿Qué tienes empleada?

—Para eso esta Tony.

El castaño le envía una mirada fulminante que solo responde encogiéndose de hombros antes de levantarse y servirse por si mismo.

—Escuche sobre un festival la próxima semana.

—¿Festival de qué?—es Alva la que le roba la pregunta a todos.

—Que sé yo. Solo escuche sobre un festival y dije: tenemos que ir. Es el próximo sábado.

Lejos de compartir su alegría, el resto del grupo vuelve a su desayuno con indiferencia y excusas ya listas.

—Tengo una presentación.

—Yo me la pasare operando a caninos y felinos.

—El club ha estado demandando demasiado.

—Debo entrenar.

—Ayudaré a mis primos en una mudanza.

El chico los mira como si fuesen una bola de traidores, hasta que repara en la expresión aburrida de Nahele.

—A diferencia de sus excusas, yo no voy a ir. Ni loca.

—¡¿Por qué?! ¡Nunca hacemos nada juntos!

—Claro que si. Desayunamos casi todos los días.

—También vienen a mi club —se señala Ash—Y hasta cenamos juntos.

—¿No es eso suficiente para ti?

—¡Hablo de hacer otra cosa de lo cotidiano!—replica tras un frustrado suspiro—Chicos, no es como aquella vez que los hice ir al festival de cosplay. Este es distinto.

—¿No dijiste lo mismo cuando nos invitaste a ir a ese festival de barro?

—¡Las chicas peleaban en barro! No me digan que eso no es genial.

Las femeninas lo observaron con una mueca desagradable. Tony omite decir algo mientras que Ash le guiña el ojo.

—Esta bien, ese no fue tan malo.—Nahele le da un puñetazo en el brazo— ¡Auch!

—También el festival del pudin. Tuvimos que correr por todo el lugar con un maldito pudin porque ya nos habrías inscripto.

—Y no nos olvidemos del festival de instrumentos al aire—menciono Tony, quitando a mas de uno la exclamacion de fastidio—También nos inscribiste. Fue horrible.

—Yo me escape, no fui idiota como ustedes —Nahele bebe su café con orgullo, pues los demás fueron atrapados por la multitud y llamados por los parlantes.

Ezekiel los mira derrotados.

—Perdiste, acéptalo —la rubia recoge los trastos en compañía de sus amigos —solo déjenlo ahí, luego los lavo.

—¡No termine de desayunar!

—Pues, apúrate que en cinco me voy—sentencia y se da media vuelta, yéndose directo hacia su cuarto.

Los chicos se quedan discutiendo y negándose a asistir a los raros festivales que Ezekiel puede encontrar en Perth. La humillación a veces es inevitable, pero tampoco es como si fuesen a buscarla. Antes de entrar a su cuarto, Jane repara en la horrible cabeza de bebe hecha de porcelana que reposa en uno de los estantes de su biblioteca. Lo toma con horror, caminando directo a quien presiente que es su dueña. Dione salta de su siento con alegría.

—¡Lo has encontrado!—se lo arrebata de las manos, abrazándolo—Pensé que lo había perdido. ¡Gracias, Jane!

—¡Deja de traer cosas raras a mi casa!

—Eso se ve difícil—Ash se cruza de brazos, apoyándose en el sillón con una sonrisa divertida—Mira si viene sin su cabeza esta vez.

—¡Oye!

Gira los ojos con cuidado que no se le escape una sonrisa y emprende nuevamente camino a su cuarto. No le daría el gusto de hacerle saber que a veces, solo a veces, es agradable.

Pese a que Jane intento que no lo notará, Ash si lo hizo. Del tiempo que lleva conociéndola, con los tirones y peleas, no es como si realmente tuvieran razones para llevarse así de mal. Es que tuvimos mala impresión, piensa. Ella comenzó, claro está. Fue hace tres años, cuando la vio entrar en el club que recientemente había abierto. Mantenía el cabello mucho mas largo, todo ondulado, cayéndole por su delicada espalda. Se veía como una muñeca de porcelana, sacada de una película de Hollywood. Se vio anonadado por lo bella que era, que no dudo un segundo en acercarse con una cerveza en la mano.

—A cuenta de la casa —le dijo tras dirigirle una sonrisa coqueta.

Jane giro hacia él con indiferencia, parecía molesta por su presencia.

—No, gracias.

Se vio un poco sorprendido ante el rechazo tan rotundo. Pero vale, no todos pueden caer ante sus encantos. Así que lo intento la segunda vez que la vio entrar. Su respuesta no fue tan bien recibida, puesto que ella fue grosera.

—¿Eres acosador o qué? No quiero nada que venga servido por ti. ¿Y si le metes drogas?

Eso no le gusto para nada.

—¿Tengo cara de narcotraficante?

—No, solo de idiota.

Ahí empezó. Con un insulto siendo apenas la segunda vez que se cruzaban. Ash dejo de ofrecerle cerveza y solía dársela de mala gana. Ella siguió asistiendo al club, ignorando su presencia y en compañía de sus amigos, nunca sola. Luego comenzaron a compartir mas tiempo juntos, pues se integro al grupo de amigos y se volvió cercano a su hermano mayor, Javen Reed. Las discusiones se volvieron parte de su rutina, al igual que las malas miradas y de aprovechar la oportunidad de joder al otro. Pero lo que nunca pudo cambiar es la manera en que Ash la contempla a escondidas sin que nadie lo note. Todavía hay algo en ella que lo deslumbra, como si fuese la primera vez que la viera. Jane es hermosa, con mal carácter, sí, pero eso no le quita que sea una buena chica.

Lastima que habla.

—Oigan, acérquense —les llama Ezekiel, animándolos con un gesto de mano.

—Olvídate del festival.

—No tiene que ver con el festival, sino con...—dirige una mirada significativa a la habitación de la rubia.

Se reunieron a su alrededor, curiosos por lo que estuviese a punto de decir. Ash se imagina de que se trata, y esta seguro que ellos también.

—Creo que Jordán esta saliendo con otra chica.

—Si hablas de la chica con el tatuaje de mariposa en la cadera, dijo que es su prima —se adelanto Alva. Las miradas cayeron sobre ella, sonrojandola levemente—Los he visto surfear y caminar por la playa.

—Yo también, pero he estado hablando con Rory, y me ha dicho que es pura fachada eso de ser primos. Dijo que los vio franeleando en el asiento detrás de su auto.

—¿Incesto?—murmura Nahele. Las miradas incrédulas caen sobre ella—¿Qué? El mundo esta loco, no me juzguen.

—Ahora que lo dices —Ash repara un instante, recordando una de las tantas conversaciones que escucho en el club—Tara le dijo a Mike que los ha visto juntos muy cariñosos, pero pensé que no sabían que eran familia.

—Al carajo con que sean familia. No lo son —asegura Ezekiel.

—Ese gilipollas. Lo voy a matar —Dione transforma sus expresiones, parece que va a estallar.

—Pendejo. Jane no lo merece.

—Ahora, la pregunta —dice Ezekiel cuidadosamente—Es quien va a decirle.

Todos dan un paso hacia atrás, ninguno queriendo encargarse del asunto.

—Ni loca.

—Paso.

—La ultima vez fui yo.

—A mi no me creyó. Dice que hablo bobadas.

—A mi me odia.

La pobre de Alva se ve atrapada entre pares de ojos que le exigen tomar el papel fundamental en esto. Esta suspira, derrotada.

—Yo no tengo tanta confianza con ella. ¿Y si me pega?

—Tranquila, solo es violenta con Javen, Ash y este atractivo hombre —le despreocupa Eze aleteando la mano—Pero, si me dejan darles una idea aun mejor, deberíamos decirle a Narel. Ella lo adora, mas que a todos nosotros juntos. Él no le tiene miedo y no va a dudar en hacerlo.

—El problema es si no es cierto —Ash se cruza de brazos, dando esa posibilidad—¿Y si los demás son unos imbéciles y solo lo malinterpretan? Estaríamos jodiendola. Nadie de aquí lo vio engañándola.

El grupo se queda callado, analizando esa teoría.

—Hay que decirle, de todas formas —insiste Tony, siempre siendo tan noble—Saldrá lastimada, pero no tanto si sigue con él.

El acuerdo esta hecho. Le dirán a Narel y que Narel se lo diga.

Jane sale de la habitación, lista para un nuevo día laboral.

—¿Y esa reunión? ¿De que hablan?

—De nada—responden al mismo tiempo y dispersándose.

Los observa con los ojos entrecerrados, sospechando que allí hay algo mas. Pero se le hace tarde, ya luego averiguara que esconden.

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La veterinaria queda cerca de su hogar, puesto que solo camina cuatro cuadras donde esta una de las avenidas principales. Caminar hacia el trabajo no le hace ninguna gracia tener que hacerlo, siempre va en su vieja minivan. Nunca se sabe cuando tendrá que salir por una emergencia o que tan cansada estará al finalizar el día. Es impaciente por naturaleza, por lo que si puede ahorrar tiempo, bienvenido sea.

Deja el medicamento dentro de la pequeña bolsa y se la extiende a la adolescente que ha entrado con su gato en brazos. Lila es una cliente habitual, siempre le lleva animales que encuentra en la calle y los cuida hasta que los da en adopción.

—Solo una gota por día en el ojo. Solo una porque el medicamento contiene corticoide —señala con énfasis. La chica asiente, dejando en el canil su mascota—Debes traerla en cinco días para chequear como va el tratamiento.

—Gracias, doctora. Prometo pagarle la próxima semana...

—Esta bien, no te preocupes —aletea la mano, restandole importancia—Ve a dejar el gato a tu casa y directo a la escuela. Ya estas llegando tarde.

Lila se encoge en si misma y le brinda una sonrisa nerviosa. Asiente y se marcha, no sin antes volver a darle las gracias. Ivy, su empleada, se acerca hacia ella para rellenar el estante de alimentos.

—Siempre le haces descuento.

—No puede costearse. Tiene 16.

—Si, pero así no ganaras dinero —puntualiza, quedándose a su lado—Y necesitas el dinero.

Jane suspira, sin mas remedio que darle la razón. Y es que necesita enserio terminar de pagar ese préstamo interminable. Se despierta pensando en él, no duerme en las noches por ello. Lo peor es que la casa que les heredo su abuela fue puesta como garantía, por lo que si no cumple con ello van a rematarla y Javen la asesinará a ella. Ni siquiera lo sabe y es mejor que ni se entere. No soportaría tener que darle la maldita razón.

Pasa la mañana atendiendo a los animales que van llegando a la veterinaria. No es por presumir, pero Jane tiene algo especial con ellos: los entiende y estos a ella. Ninguno se ha rehusado a sus encantos, ni siendo mas gruñón que otro ni mas grande. Crean un trato especial, tanto que muchos en la zona y hasta en zonas mas lejanas de Perth, la tienen como su doctora de cabecera. Desde pequeña, se ha sentido tan fuera de lugar, rodeada de personas sin inocencia y tanta malicia, que se les imposible no ser parte de ellos. Los acoge con amor y cariño, verla trabajar con ellos hace que las personas que la conocen se vean sorprendidos por el cambio en su personalidad. Si, de mal carácter y explosiva, solo que ese lado no llegan a conocer los animalitos que la visitan.

Poco antes de mediodía, le da las llaves de la minivan a Ivy para que pase a recoger un canino vagando en medio de la ciudad. Ambas pertenecen a la asociación de animales de la ciudad, por lo que se encargan de rescatar animales en estado de abandono. Por las fotos, el perro se ve desnutrido y con heridas superficiales. Jane planea cuidarlo hasta que se mejore y luego darlo en adopción. Para su suerte, siempre hay alguien dispuesto a adoptarlo y tiene un pequeño patio en la veterinaria donde deja salir a los cachorros por las tardes y por las mañanas. Solo espera que este canino no sea agresivo con otros de su especie o con los gatos, y sino, pues a educarlo para que tenga tolerancia y respeto.

La campana suena marcando la entrada de un nuevo cliente, pero solo es Jordán, su novio desde hace dos meses. Jane salta del mostrador para ir a su encuentro, abrazándolo por el cuello y poniéndose en puntitas de pie para besarle. Jordán es un surfista que conoció en la playa en el verano, y de inmediato se vio encantada por su personalidad extrovertida.

—¿Qué haces aquí?—pregunta sorprendida, pues es de las pocas veces que va a visitarla al trabajo.

—Pasaba por aquí con los chicos —señala hacia afuera donde esta reunido su grupo de amigos.

Hace hasta lo imposible para no demostrar su desagrado, pues el grupo de Malcom nunca ha sido de su agrado y hasta ha tenido enfrentamientos con este. Pero son amigos de su novio, así que no va a protestarle solo porque a ella no le gustan.

—¿Quieres ir a almorzar con nosotros? Iremos al club.

Jane le echa un vistazo al reloj en forma de gato que cuelga en la pared. Ya casi son las 12:30, por lo que Ivy no tardara en llegar con el canino.

—Eh, no puedo —la sonrisa de Jordán flaquea. Jane se siente horrible, y es que nunca pueden tener tiempo juntos porque siempre surge una emergencia—Lo siento, no te molestes.

—No, esta bien —el castaño se fuerza en sonreirle, pero ella se da cuenta que se ha molestado—Es tu trabajo y de eso vives.

—Si quieres, podemos cenar juntos en mi casa —lo abraza, queriendo compensar el daño.

Jordán hace una mueca y menea con la cabeza. Las ilusiones de Jane se desvanecen.

—Es que pensábamos ir a tomar algo al club y luego iríamos a una fiesta en la casa de Malcom.

—Oh...

Jane espera algo mas, como una invitación. No le haría mal levantarse un día tarde ni estar mal dormida, aunque eso signifique que su mañana se la pasara de malas. Lo que le preocupa es que se vuelvan extraños entre ellos. Sin embargo, la invitación no llega y comprende al instante que no es bienvenida a compartir la celebración. Y lo entiende, le dejo ambos ojos morados a Malcom. No le culpa por tenerle rencor.

—Te veré mañana —Jordan le da un beso en la mejilla como despedida y es todo.

Lo observa irse con sus amigos sin voltear hacia atrás, también como pasa un brazo y atrae a si mismo a Lara, la hermosa morocha que tiene como prima. Si no fuese porque sean familia, Jane explotaría de sus enfermos celos. Porque es malditamente celosa, para que mentir. ¿Qué si eso es para personas inseguras? Pues si, es insegura cuando se tratan de relaciones amorosas. Ha pasado por tantos desengaños que no se le haría extraño que Jordán le engaña.

Aparta esa idea de su cabeza para no comenzar a crear historias en su cabeza, que lo único que harán es darle un gran dolor y problemas en el futuro. Justo cuando piensa en cerrar la tienda e ir hasta la panadería de al frente para comprar algo para llenar su estomago, llega Ivy con el canino. Nota que tiene problemas para bajarlo de la camioneta, por lo que no duda en ir en su ayuda.

—Oh, gracias al cielo —suelta un suspiro de puro alivio y le tiende de inmediato el palo que sostiene la correa del perro—Tómalo, encárgate tu que a mi casi me devora.

No duda un segundo en tomarlo y meter la cabeza dentro de la minivan para echarle un mejor vistazo: es un perro grande, de color negro y ojos oscuros, tristes y heridos. Ha pasado por mucho, piensa, por lo que sería normal que sea un poco agresivo y este a la defensiva.

—Ven, cariño. Vamos adentro para que pueda alimentarte.

Lo escucha gruñir y nota de inmediato que lleva puesto bozal, lo que hace mas fácil la tarea. Tira del palo para alcanzar al perro y lo levanta en contra de su voluntad, sin dejar de hablarle con tranquilidad. Lo lleva en brazos  hasta dentro de la veterinaria. Puede sentir las costillas sobresalirse de la piel y la piel se le eriza, pues nunca puede acostumbrarse a un cuerpo maltratado. Se sienta junto con el en el suelo, acariciándolo y tratando de entrar en confianza.

—Creo que necesitara estar solo al menos hoy. Trae a los cachorros y los gatitos adentro. A Mimi también.

Ivy asiente sin replicar y va hacia el patio trasero para despejar la zona. Jane se centra en el perro nuevamente, acariciándolo por detrás de las orejas, rascadole el cuello y besandole en la punta de la nariz. Racio al principio, pero, poco a poco, comienza a soltarse y tomarle confianza. Incluso intenta darle una langueteada, solo que el bozal se lo impide. Aprovecha a revisarle las heridas mientras Ivy termina su trabajo, y juntas esta vez, llevan al nuevo canino hacia la mesa de operaciones para aplicarle las correspondientes vacunas y desparacitantes, limpiar y curar las heridas y también inyectarle vitaminas.

Finalmente, lo llevan al patio donde Jane le suelta el bozal. El perro se aleja de ella, aun a la defensiva, pero no agresivo. Devora con ansiedad el plato de cereales y el tazón de agua lo deja vació, por lo que deciden rellenarlo nuevamente.

—¿Cómo lograste atraparlo?—pregunta una vez ya dentro del local. Ambas se encargan de hacerles una revisión a los gatitos y cachorros en adopción.

—Landon me ayudo. Le dio de almorzar su sándwich y pudimos atraparlo entre los dos para ponerle el bozal.

Landon es el novio de Ivy y también forma parte de la organización de animales.

—¿Ya has almorzado?

—¿Tu no?—inquiere Ivy ante la mirada acusadora de su jefa y amiga—Fue de camino, es que estaba haciendo un reparto y tomó dos sándwich para nosotros.

—No te haría mal traerme uno a mi —replica con rencor.

—Vi que Jordán salía de aquí antes que llegara. ¿Por que no fuiste por él?

—Por el perro, ¿por qué rechazaría ir a almorzar con mi novio si no fuese por un animal?

—Pues, todavía no pasa la hora de almorzar —se fija en el reloj de su muñeca y le pasa las llaves—Solo ve y pasa la tarde con él. Yo me haré cargo y te llamaré si llega alguna emergencia.

Jane duda un segundo, pero Ivy la empuja con bolso y todo hasta la salida para que se de un respiro. No es que no confié en su amiga, hace poco se recibió y le ha enseñado lo suficiente para dejarle una tarde sola en la veterinaria. Solo que a Ivy le suele costar un poco mas conectar con los animales y las situaciones graves le nublan y se pone un manojo de nervios.

Pero tiene razón, pasar una tarde con su novio se ve bien. La fiesta no es hasta la noche, así que, ¿por que no aprovechar lo que queda de la tarde?

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Después de reponer los barriles de cerveza, observa a Tara ir hasta una de las mesas de al fondo donde está el novio de Jane junto con sus amigos almorzando emparedados con cerveza. Ella les deja nuevas botellas y retira las viejas, ignorando cuando hacen un comentario inapropiado. Tara es joven y ha entrado a trabajar hace poco, Ash sabe que su familia necesita el dinero, por lo que nunca se queja si le faltan el respeto.

—Tráeme una mas, preciosa —le dice Malcom antes de darle una palmada en la nalga.

Tara se sobresalta y por poco corre dentro de la cocina. Ashton espera pacientemente hasta que sale de allí y se la arrebata de las manos, haciéndole una seña para que espere. La pobre de Tara se congela y menea con la cabeza, como si temiera a lo próximo. Pero no le asusta para nada. No le gustan esas mierdas y mucho menos en su negocio. Deja la botella con brusquedad sobre la mesa, atrayendo de inmediato la atención del grupo. Nota que la supuesta prima de Jordán esta sentada en sus piernas, y recuerda la charla de esta mañana.

Da una sonrisa ante tanta seriedad, dirigiéndose hacia Malcom.

—Tu cerveza.

—Oh, gracias, amigo. No tenias que traerla hacia aquí...

—Esta bien. No me molesta —se encoge de hombros y se cruza de brazos—Lo que me molesta es que acoses a mi empleada.

Malcom se ríe con incredibilidad fingida.

—No la acoso. Solo es una broma, ¿cierto, Tara?—asoma la cabeza para sonreirle a la chica.

Ash se molesta aun mas con ese gesto, aunque no lo demuestre. Se acerca hacia Malcom, enfrentándolo. Este se queda serio, pareciera que esta dispuesto a ligarse a los golpes. ¿Cómo no si tiene a cinco idiotas secundándolo? Pero no es como si estuviese realmente solo, tiene a Ezekiel y Narel en la playa siendo de salva vidas y a Dean en la cocina, y todos saben que Dean es un ex convicto y con él no se jode.

—Este club se reserva el derecho de admisión. Solo cálmate y las aguas también lo harán —le sonríe sin perder la promesa en sus palabras. Se dirige hacia el grupo, quienes parecen estar atentos a que se desate la pelea—Esta ronda va por mi cuenta, chicos. Buen provecho.

Ashton es agradecido con exclamaciones y halagos, de todos menos Malcom. Incluso el incestuoso Jordán le dice que es el dios de la cerveza. Ash no lo niega ni lo presume, no después de saber que puede serle infiel a Jane. Y no es como si él fuese fan de ella, eso es claro, pero tampoco le agrada verla triste solo por un lame pollas.

Vuelve hacia su puesto detrás de la barra donde Tara lo espera entre nerviosa y culpable.

—Lo siento, yo no...

—Despreocúpate. No tienes la culpa de que haya imbéciles como él —le envía una sonrisa amigable, una que Tara tarda en responder acompañado con un sonrojo—Deja a Mike con ellos y quédate adentro. Sabes que se pone nervioso a esta hora, se llena demasiado.

Le guiña un ojo que deja a la pobre de Tara tan rojo como un tomate. Ash va directo hacia las mesas que hay afuera, recogiendo la basura y guardando las sobras en una bolsa. Jane siempre pasa a preguntarle a Dean si le han sobrado alimentos para los animales que tiene en transito, por lo que ya se le ha hecho costumbre guardarlos. Pese a que es él quien los junta, la rubia nunca se lo agradece ni le lleva pastel de la panadería de al frente de su veterinaria, le da una porción a sus empleados. Por momentos, le parece odioso que sea de tal forma cuando junta las sobras por consideración a ella. Solo que otras le hace gracia que actué así, como si fuesen archienemigos.

Mike le lleva un rociador junto con un paño y se lo agradece, procediendo a limpiar las mesas de lleno. Puede que lleguen mas personas, por lo que mejor tener todo listo y limpio. Además, le gusta el orden y que su club siga sosteniendo una buena imagen. Le costo mucho poder tenerlo y lograr el éxito que tiene, por lo que no puede descuidarlo. Al voltearse con la intensión de regresar, se queda quieto en su sitio, observando como Jordán se devora a su supuesta prima a besos. Los amigos del idiota se ríen entre ellos y parecen aumentar la tensión sexual entre estos, puesto que solo les falta quitarse la ropa para tener una escena de porno frente a él. Y en medio de su local, justo cuando los demás están almorzando. Esta dispuesto a ir adentro para patearle el culo por dos razones: primero, la jodió con Jane, y segundo, nadie intenta ensuciar su club sin salir herido.

—Oye, Gallager. ¿Esas son sobras?

No es posible, piensa por sus adentros. Pero lo es: Jane esta delante de él con una botella de coca cola en la mano, observando con interés la bolsa de cartón que sostiene. Muchas cosas pasan por su cabeza en este momento, si decirle o no, si mostrarle o llevarla lejos de ello para evitar un lío peor. Decide por lo ultimo, prefiriendo evitarse una dolorosa escena. Rápidamente, se coloca delante de ella y le deja la bolsa en la mano. Jane se ve algo sorprendida ante lo brusco de su movimiento.

—Perdón. Creo que Dean tiene mas adentro, ¿quieres pasar a la cocina?

Jane entrecierra los ojos al verlo tan serio, desconfiada. Ashton maldice porque sea tan intuitiva.

—Genial. —intenta caminar hacia la entrada, pero nuevamente Ash se lo impide—¿Qué?

—Pasa por la puerta de atrás.

—¿Y dar toda la vuelta? Olvídalo. Además, Jordán dijo que estaría aquí. ¿Lo esta?

—No, ya se fue —miente otra vez, solo que Jane no se ve en lo absoluta convencida.

—Que mas da. Déjame pasar.

Ashton le bloquea el camino las veces que sean necesarios, la rubia se cansa pronto del juego y le da un puntapie, quitándole una exclamación.

—¡Joder, Jane!

—Jódete.

Dispuesta a retomar su camino, pasa del chico hasta llegar a los escalones de la entrada. Pero el ventanal del club es grande, por lo que es fácil mirar que hay dentro de este, y lo que ve hace que su corazón se rompa en miles de pedazos. Otra vez.

Se queda allí, plantada. La sangre se le ha congelado y su cabeza comienza a recordarle todas las veces que Jordán le cancelaba los planes por estar con su prima, cuando le decía que dormiría en su casa o pasaría las tardes surfeando con ella. Le mintió desde el principio, porque cuando lo conoció, Lara ya estaba con él y... el resto es historia.

¿Que hago? piensa, de pronto asustada. Pero, ¿por qué asustarse? No cometió ningún crimen. Tampoco es la primera vez que encuentra a uno de sus novios con las manos en la masa. Cree por un momento en retirarse y arreglar las situación en privado, poder desquitarse y gritarle todo lo que quiera. No es una adolescente, se supone que ser adulta te frena en situaciones como estas. Piensa de manera madura, de manera racional. Solo que Jane no es madura ni racional cuando se enamora ni cuando la engañan, así que, tan pronto ese pensamiento se le cruza, da paso a su lado impulsivo y comienza a caminar con pasos rápidos.

Los presentes se quedan sorprendidos cuando la ven entrar, incluso los clientes de allí. Son los que mas frecuentan, por lo que se conocen entre todos: sabían que Jordán y ella salían, y ahora se han enterado que le ha puesto el cuerno. Ya la han humillado, así que sería agradable devolverle el favor a su Romeo.

Agarra una de las cervezas y se la vierte en la cabeza, sacando exclamaciones de los espectadores. Jordán se levanta de golpe, con el descaro de sentirse enojado.

—¡¿Que demonios te sucede?!

—¿Que me sucede?—repite con calma y señala a Lara—Pensé que era tu prima, no tu prostituta personal.

—¡No me digas así!—le grita la descarada.

—Lo siento, tienes razón. Ellas están peldaños mas arriba que tu.

La chica abre la boca con indignación, pero ya no puede replicarle. Jane manda toda cordura al diablo y su objetivo ahora es atacar y humillar a Jordán todo lo que pueda, tirándole encima las sobras que le han dado y revoleando lo que queda en los platos de los demás, hasta se atreve a robarle el almuerzo de otras mesas para seguir cubriendo a Jordán de comida.

Ash la observa subirse arriba de Jordán, tironeándole el cabello y mordiéndole la oreja. No sabe que hacer, mucho menos sus empleados. La gente comienza a salirse del lugar y piensa que no debería preocuparle ese detalle cuando Jane esta a punto de arrancarle la oreja al lame pollas.

—¡Mike, separalos!

El pobre lo intenta, pero Jane, ahora que esta usando sus tacos de punta, se lo de lleno en la cabeza. Mike retrocede adolorido y menea con la cabeza en su dirección.

—¡Esta loca!

—¡Basta, Jane! —Jordán la toma bruscamente de los brazos y la empuja hacia el suelo. Cae de culo y exclamando de dolor, pero no por ello menos dispuesta a ir contra él.—¡Estas exagerando, solo jugábamos!

—¡No me vengas con mierdas, pendejo!

Ash logra tomarla por detrás, sin importarle que vaya a golpearlo o ensuciarle la nueva camisa que estrena este día. Mas que lastimar a Jordán, no quiere que el problema se extienda y llamen a la policía. Se la llevarían a Jane, puesto que fue quien comenzó.

—Eres una inmadura—dice Jordán aceptando de mala gana las servilletas de papel que le tienden sus amigos, quienes se ríen del espectáculo.

La rubia intenta arremeterse contra él, Ashton la sostiene con firmeza.

—¡Y tu eres un asno! ¿No tienes un poco de respeto por los demás?

—¿Y tu tampoco lo tienes? Además, no era para tanto. Solo tonteábamos—Jordán pone los ojos en blanco, enfureciendola.

—¿Tontear? ¡Vete a la mierda, rata inmunda! ¡Me hubieses ahorrado tiempo en vez de perderlo contigo!

—¡Sería mas fácil si no fueses una loca neurótica! —le grita de regreso—Tu me orillaste a esto.

La boca se le abre en grande sin poder creerlo.

—¿Yo te orille?

—¡Si! Siempre con tus estúpidos animales y tus estúpidos amigos. Además no íbamos enserio. No era necesario todo este espectáculo.

Sus ojos se llenan de lagrimas que odia derramar. El chico voltea hacia otro lado, tan cobarde que no es capas de verla llorar. Sabe que esta mintiendo, realmente le miente. Pero ahora se cuestiona si le ha mentido a ellos o a ella. Porque Jane si percibió sinceridad en sus palabras, en los pequeños detalles, en los momentos únicos. O quizás, solo se engaño a si misma. Se engaño creyendo que este sería el correcto y resulto ser un idiota mas que jugo con ella.

Quiere abalanzarse hacia él para darle su merecido, para hacerle tanto daño como se lo ha hecho a ella. Solo que ya no tiene fuerzas, porque un corazón roto se lleva todas tus energías y te deja vació. Así tal cual se siente en ese momento.

Al sentirla relajarse, Ash la suelta, aun manteniéndose a su lado por las dudas.

—Puñetas, esto es lo mejor —Malcom se ríe, y recién notan que ha estado grabando con su celular.

Ambos tienen la intención de ir hacia el imbécil y romperle la madre. Ezekiel aparece en el club con Tara detrás de él, y se adelanta: le quita el móvil a Malcom, no le da el tiempo a decirle nada que lo estrella contra la pared. Ezekiel siempre es simpático y lleva una sonrisa en el rostro, pero ahora se ve tan oscuro que parece que va a matar a alguien.

Empuja a Malcom, tirándolo contra las sillas.

—¿Te parece gracioso? ¿Y a ti?—se acerca hacia Jordán, quien le hace frente—¿Te parece gracioso hacerle eso a Jane?

—No te incumbe.

—Error.

Le encesta el primer golpe, derribandolo. Le alcanza dar un segundo puñetazo cuando Malcom lo ataca por detrás, golpeándolo con una de las bandejas. Ash se mete en la pelea y se va contra Jordán, quien esta a punto de irse contra Ezekiel. Jane se queda estática en el lugar sin saber que hacer, no es hasta que pasa Lara por detrás intentando escapar, que ella decide cobrárselas. Si, puede que una mujer no sea culpable cuando un hombre es una sucia rata, pero esta chica si que sabia sobre su relación y hasta promueve el incesto con sus mentiras. Así que también se le va de lleno, dispuesta a quitarse la rabia.

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No es como si ella creyera todas las absurdas historias de amor con la que le lavan la cabeza desde niña. Jane prefería mirar los power rangers, los caballeros del zodiaco o, su preferido, dragón ball z. Era mil veces mejor vivir la adrenalina que un bobo romance donde siempre un sujeto tenia que salvar a la pobre y estúpida princesa. Excepto Mulán. Cielos, ella adora a Mulán.

Pero hasta la guerrera mas fuerte y valiente se enamora. Así como Mulán, así como ella. Su problema es que no se enamoró una, ni dos ni tres. Al llegar a la tierna edad de catorce años, las historias que había odiado con devoción en el pasado ahora las comparaba con sus actuales romances. Como aquella vez que solo fue a Nueva Zelanda porque el chico que le gustaba le comento sobre un viaje que haría con sus amigos. Ella uso sus ahorros y se escapo de su casa para la nueva aventura de su chico, al cual comparaba con Eric, el de la Sirenita. Ariel había dejado su vida en el mar para ir detrás de su príncipe. Y aunque en un principio todo pintaba sobre ruedas, su Eric no olvidaba a su ex, la cual casualmente estaba en el mismo viaje. Solo estuvo una semana hasta que regreso a Perth con el corazón roto y un millón de palabras que no podía expresar. No era la primera vez que la lastimaban, hubo peores. Pero se engañaba creyendo que ya llegaría el correcto.

Demasiados dramas para amores tan simplones y pasajeros. Jane pronto se volvió aliada de Lucy, su guitarra, y juntas vaciaron su corazón herido con la esperanza de encontrar algo mejor en el futuro. Todos sus amores tuvieron sus momentos de brillar a través de una composición. Ninguna canción fue bien intencionada, salvo algunas que escribía de Narel en sus lapsos mas tiernos, pero él también tuvo su merecido.

Desde que comenzó con sus estúpidos amores, Jane llevaba la cuenta de todos los romances escritos en un cuaderno de terciopelo rojo. Lo abrió para comenzar a escribir los datos de su último romance: Jordán Benson, un sexy surfista que la engatuso con su sonrisa de galán y cuerpo de Adonis. Le hizo pensar que su ligue ocasional era su prima. Que sus amigos y su estilo de vida con los animales lo llevaba bien cuando lo odiaba. Que ellos no iban enserio, entonces no tendría que exagerar.

Otra noche en que la veterinaria es el lugar perfecto para esconderse. Tony le envió un mensaje hace unos minutos atrás preguntándole donde esta, pues la esperan para cenar mariscos en el bar. Jane lo ignora sin más, no preparada para enfrentar la realidad. Mejor concentrarse en Lucy y su nueva composición. Sus espectadores son las mascotas como los perros y los gatos que se reúnen a su alrededor. Jane piensa que sería mas fácil si las personas amaran como los animales, pues su amor es mas sincero y fiel. No como los sin bolas que se ha cruzado a través de los años. Los humanos son mentirosos, traicioneros e infieles.

Y luego me preguntan porque me agradan más los animales, piensa.

Bebe un poco mas de su botella de vino, yendo por su tercer botella y ya ebria. Por muy masoquista que suene, Jane adora estar ebria y con Lucy en sus brazos. La ayuda a desestresarse, a liberarse de todo lo que ha guardado por dentro.

—Voy a renunciar al amor —le dice a Mimi, una de las gatas más antiguas que tiene.

Prácticamente, es la mascota de la veterinaria. Lejos de ser una amargada, Mimi recibe a todos los animales con cariño, cuidándolos desde el primer momento. Jane ha tenido gatos y todos eran ariscos. Nada como Mimi.
Mimi bosteza en grande, estirando toda su carita. Jane sonríe desganada.

—Te lo he dicho millones de veces, ¿cierto? —se estampa la botella contra su boca, bebiendo mas sorbos de vino —Pero enserio, enseeeeerio, dejare de buscarte un chico que juegue contigo. Javen vendrá pronto, de todas formas.

Los tres últimos gatitos que han llegado esta semana rodean a la pobre de Mimi, molestándola. Mimi cierra los ojos a la vez que comienza a ronronear.

—¿Cómo haces para que te quieran? Es jodidamente injusto.

El perro grande y nuevo sale de su la jaula especialmente para él y se acuesta a una breve distancia de ella. Jane a notado que le gustan los gatos y los demás animales, pues los lame y deja que juegan alrededor de él. Tiene mas de diez años, por lo que es viejo. Los perros viejos, generalmente, son los que prefieren descansar en vez de ser malos con otros animales. Eso o Mimi ha usado sus encantos.

Lou, el pequeño cachorrito que encontró en la playa, se tira sobre sus piernas, lanzando un ladrido y moviendo su cola. Jane lo acaricia brevemente con la esperanza que eso sea suficiente, pero no lo es y pronto los siguientes cinco cachorros se tiran sobre ella para buscar el mismo afecto. Intenta quitarlos con suavidad, y se rinde al darse cuenta que puede ser las únicas demostraciones de afecto que tendrá en adelante. Así que se tira en el suelo, borracha y dejando que los cachorros la lengüeteen hasta en la cara.

Al diablo el amor.

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Echa un vistazo sobre el reloj de analógico arriba de él, notando que se está retrasando más de lo esperado. Después de que pudiesen separarlos, Ashton echo a Malcom y a Jordán fuera de su club y les negó la entrada de por vida, a él y a todos sus estúpidos amigos. Jane se quedo con ellos, ayudándolos a limpiar todo el desastre sin soltar una sola lagrima. No decía nada, estaba tan callada que le daba miedo que no volviese hablar nunca. Se sintió tan culpable el haber deseado alguna vez que se quede sin voz.

—Oye, ve a casa. —le dijo Ezekiel, pasandole una mano por la espalda—Terminaremos aquí. Vente en la noche, he recibido mi pago así que te comprare lo que quieras.

—Yo invito —intervino Ash para dar su grano de arena a la situación.

Jane asintio sin mas y fue hacia la salida con pasos vagos. Su amigo no evito acompañarla para asegurarse que realmente fuera a su hogar. Nada que unas buenas cervezas para pasar el corazón roto. El problema era si ese corazón roto no aparecía, pues tenia a todos buscándola por la playa.

—¿Por qué no contesta? —suspira Narel viendo la pantalla de su celular. Lo mandan al correo de voz, por lo que corta y vuelve a marcar.

—Puede que halla tenido una emergencia o quiera estar sola—responde Ash detrás de la barra, acomodando los vasos y tirando botellas vacías. Narel esta del otro lado, sentado en uno de los taburetes.

—Habría avisado.

—¿Y si es muy urgente?

Su amigo se queda pensando hasta que larga un gran suspiro, aun sin estar demasiado convencido de la teoría.

—Debería ir a buscarla.

—En la playa la están buscando las chicas—se apoya sobre la barra, observando las arrugas en la frente de su amigo.—Y Ezekiel ya fue a su casa, no la encontró allí.

—De seguro esta en la veterinaria.

—Entonces, está segura.

—Pasare igual —se encoge de hombros, otra vez terco—Solo serán diez minutos.

Pero Ashton no esta tan seguro que Jane aparezca. No ahora que observa a Jordán Benson, fuera del bar pasando el brazo por el hombro de otra chica, no de Lara, otra; atrayéndola hacia él para darle un beso en los labios. ¿No tuvo suficiente con haberle golpeado hace unas horas? Si se pensaba que lloraría por perder un cliente como él, pues se equivoca.

No quería comentarle a Narel sobre lo ocurrido, pues piensa que es la intimidad de Jane y fue suficiente con soltarle la sopa a Dione—estaba preocupado por la rubia, aunque odie admitirlo, ¿qué mejor que las amigas para consolar? De todas formas, no puede quedarse callado. Esta por decirle a Narel que el bastardo se sentó en una de las mesas de afuera con su nueva conquista, que el muy morboso que la hizo pasar por su prima a otra chica, que hace horas atrás el club parecía Troya, y que juntos deberían ir a patearle el culo a él y los imbéciles.

Antes de poder modular, Jordán es acorralado de cada lado por dos chicas: Dione y Nahele. Ambas parecen comentarle algo con sonrisas falsas en el rostro. Jordán parece divertirse con toda la situación, la muchacha a su lado se ve incomoda, por lo que se sale de la ecuación. Es en ese momento en que sus dos amigas avientan su cerveza arriba de la cabeza de Jordán, seguido por la comida en la mesa. Ashton se ríe, sintiéndolo un deja vu. Para finalizar, un gorro de pene en la cabeza. El griterío llega a los oídos de los internos del bar, por lo que Narel y, el recién llegado del baño, Tony, se quedan sorprendidos ante la reacción de estas.

—Las adoro—se ríe Tony con satisfacción—¿Por que no nos esperaron?

—¿Hay algo que no sepa?—inquiere Narel, aun confundido.

Jordán se levanta y les grita, solo eso porque esta lo suficientemente avergonzado por sus amigos y demás clientes de afuera. Intenta quitarse el gorro, sin éxito. Ashton suelta una carcajada a lo alto, entendiendo porque Dione le pidió el super pegamento. Se va con paso apresurado, completamente humillado.

—Engaño a Jane. Las chicas se están vengando—comenta Tony.

El rostro de Narel se endurece al instante.

—Pendejo.

—¿Cómo es que hay idiotas como ese?—cuestiona el castaño.

—No sé, dímelo tú.

Tony le dio una sonrisa sin gracia mientras que Ash se encoge de hombro.

—Iré a buscarla, seguro que esta bebiendo—Narel guardando su celular en sus pantalones a la vez que saca un par de billetes y los deja sobre la mesa—Nos vemos mañana.

—¡Espera! ¿No cenarán con nosotros?

Pero Narel no le contesto y camino hacia la salida con prisa. Casi choca con Alva, la chica surfista y de las más pequeñas del grupo. Paso de ella apenas saludándola, apresurándose a salir. La castaña se acerco hacia ellos, siguiendo con la mirada por donde se fue Narel.

—¿Qué sucedió?

Ashton deja a Tony contarle las novedades mientras se encarga de servirles una cerveza gratis a cada uno. También tiene que servirles a Dione y Nahele, se lo merecen.

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No sabe cuánto tiempo pasa desde que esta tirada y borracha, solo que, cuando abre los ojos, encuentra a Narel observándola preocupado.

—Un día de estos te devoran, enserio.

Jane suelta una carcajada de lleno y estira la mano que sostiene el vino. Narel se lo quita y la ayuda a levantarse.

—¿Ya te enteraste?

—¿Qué te hicieron un favor de nuevo? Si. Ese idiota no lo valía.

—Ninguno lo vale. Renuncio al amor.

Pese a que suena convencida, Jane y Narel saben que es mentira, pero es preferible no contradecirla y menos ebria. Las consecuencias podrían ser peores. Entonces, Narel la ayuda a poner a todos los cachorros y gatitos en su jaula antes de cerrar la veterinaria. Él es el único de sus amigos que tiene una llave extra y sabe el código de la alarma. Javen se la confió luego que se fuera de viaje, pues regularmente era su hermano mayor quien solía buscarla y la encontraba ebria y con animales a su alrededor.

Jane le lanzo al aire las llaves de su camioneta. Narel las atrapo en el aire y, junto con Lucy, se subieron adelante.

—Vayamos al club. Quiero cantar.

Narel enciende el motor, pero Jane noto que aun duda.

—Por favor, no estoy tan ebria. He estado peor.

—Le prometí a Javen que salvaría tu culo de problemas y humillación.

—Vale, que todos en ese maldito club saben que he sido engañada infinidades de veces, que ya hasta se olvidan de las apuestas de caballo; ahora apuestan por mí.

La broma no parece agradarle a Narel. La rubia le proporciona un golpe en el brazo, tratando de despejar el ambiente tenso.

—Solo deja de ser malhumorado y llévame. Quiero rabas y langostinos con cerveza para curar mi corazón.

No parece una buena idea, solo que ya le da lo mismo. Lucy y ella harán un espectáculo, del bueno y con buenas vibras. Basta de verse patética. Es hora de devolverle la mierda a todos los que se rieron de ella hoy, siempre mas elegante como lo es Jane.

Engañada, otra vez. Humillada, de nuevo. Un ciclo vicioso. ¿Que si ser una idiota en el amor es una enfermedad o adicción? Ella lo cree así. De todos los que salió, Narel fue el mas decente. Con esa idea, voltea a verlo, admirando su concentración en la carretera.

—Oye...

—¿Si?

Jane piensa si decirlo o no, solo que el alcohol la vuelve aun mas sincera de lo normal. Traer el pasado de regreso no es incomodo para ellos, puede que sea el sentimiento que le embarga cada vez que tienen este tipo de conversaciones.

—Cuando salíamos... ¿me engañaste?

Narel le da una sonrisa incrédula que Jane responde con una risita de ebria. La respuesta es obvia

—No soy tan estúpido para engañarte.

—Te hubiese roto las piernas.

—Lo sé.

—Pero, enserio, ¿no se te paso por la cabeza hacerlo?—insiste, curiosa por la mente masculina—Osea, ¿no hubo una chica que te halla echo dudar de tus sentimientos por mi?

Su amigo menea con la cabeza, dándole una mirada rápidamente antes de volver a la carretera.

—Me gustabas, así que no pensaba en otras chicas.

Sin poder evitarlo, Jane suelta un gritito de emoción al escucharlo decir esas palabras. Y es que Narel nunca dice algo tan cursi, nunca de los nunca. Ni siquiera cuando eran críos y formalizaron un noviazgo. Sabe que lo hace para hacerla sentir bien, porque así es Narel. Es de esas personas que no pueden faltar en su vida porque se moriría. Sería tan terrible así como si perdiera a Javen.

—Te mereces una canción. Ahora mismo...

—No, no —la detiene con una mano sobre Lucy—No ahora. Cuando lleguemos.

—Pense que odiabas que te dedicara canciones delante de otras personas.

—No me las dediques, solo canta.

—Vamos, sería como...

—Jane—advierte intentando mostrarse serio, sin demasiado exito.

Decide dejarlo pasar con mas risas de por medio. Llegan al club y se baja algo torpe del asiento del copiloto y cierra de un portazo, abrazando a Lucy. Dione y Nahele junto con Alva la interceptan en la entrada.

—¿Estas bien?

—Sip, sip —asiente con la cabeza.

—Lo linchamos si aparece. No te preocupes —promete Nahele.

Alva no dice nada, pero parece haberse enterado de la cuestión. Lejos de la lastima, se ve determinada a ayudar a sus amigas a patearle el culo a su ex. Jane se conmueve, y es que Nahele nunca hace nada por nadie, ni siquiera porque eres su amiga, pero sabe que la defenderá sin pedirle nada a cambio. Dione es incondicional, siempre apoyándola y acompañándola en cada locura. No ha profundizado su relación con Alva, y aun esta allí para mostrarle su apoyo.

Sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas, y es que todo el mundo sabe que Jane tiene varias facetas ebrias. Esta es la sensible, cuando se pone a llorar por todo. No debería ser así. Es la mas grande de todas, tendría que ser un referente para ellas, un modelo a seguir; en quien puedan confiar plenamente y derramar lágrimas. Sin embargo, es ella quien siempre termina lloriqueando.

—Ustedes si que son mis amigas —las abraza por el cuello, uniéndose en un abrazo grupal.

Observando la escena desde lejos, los muchachos se miran entre ellos antes de sonreír. Y es que es bueno ver que tus amigas se acompañan en todo momento, aun cuando tienen peleas absurdas que son dejadas de lado inmediatamente cuando surge un problema. Ellas son las que ayudan a Jane a llegar al escenario y hablan con los músicos que suelen acompañar el ambiente.

—¿Deberíamos comentarle a Javen sobre lo que le hizo Jordán?

—Por supuesto que sí. Es su hermana —replica Tony.

—Veremos si después de conocer a Javen le quedan ganas de pasarse por el club—piensa Ash en voz alta.

Javen es el sujeto mas simpático y bueno que ha conocido, pero lo ha visto encabronado cada vez que se meten con su hermana menor. No es nada agradable.

Ya sin sentir la preocupación de hace unos minutos atrás, Ash contempla con atención a la rubia intentando conecta el micrófono en el pie, inútilmente. Sonríe, cree que Jane es mas linda cuando esta ebria y se desenvuelve con mas naturalidad. Todavía se arrepiente un poco por no haber hecho hasta lo imposible para que se evitara la escena. Ya ha pasado, así que no tiene sentido pensar en lo que pudo haber hecho. Al menos, ahora esta con sus amigos y tratando de superarlo, a su manera con alcohol intercediendo, pero lo intenta.

Cuando finalmente parece que todo esta bajo control, Jane da dos golpecitos en el micrófono, llamando la atención de todos.

—Buenas noches, preciosos humanos del club —dice solemne, estirando los brazos. La sonrisa de todos decaen. Jane ha entrado en la calma antes de la tormenta —Hoy voy a cantarles una canción que he compuesto. Me han roto el corazón, con toda esta belleza y encanto...

—Demonios, ya empezó —Tony se golpea la frente.

—Solo déjenla —Narel bebe de su cerveza con tranquilidad—Que se desahogue.

—Si, pero que no me vacié el club—replica Ashton—La gente se queja cuando se pone a contar sobre sus tragedias. Luego se dice que son una bola de chismosos.

—Lo son. Mira, la escuchan atentos.

No puede replicar en ello, pues se entretienen un momento antes que terminen por sentirse asfixiados. Y siempre hay un idiota que no puede quedarse callado, tiene que gritarle que esta loca o que...

—Ya empezó la enchavetada de nuevo —comenta un chico hacia otro.

Jane lo escucha, para su desgracia. ¿Como es que entre tantos murmullos puede escuchar ese? Su rostro se transforma, dando paso a la tormenta.

—Oye, si, tu, el de la horrible camisa amarilla. ¿Tienes algo que compartir?

Corren con suerte, el tipo se calla. Entonces, Jane dirige una mirada de odio profundo hacia los espectadores. Como si todos fuesen Jordán, como si fueses esos imbéciles que la jodieron.

—Oh, vaya. Estarán pensando que soy una maldita loca y por eso merezco que me metan el cuerno, ¿verdad?

Ninguno responde. Ash se pregunta cuando deberían ir a detenerla, aunque hay una botella en sus manos. ¿Será por eso que Narel teme acercarse? Porque, una vez ebria, no distingue entre Dios y el diablo. No le extrañaría que se la de en la cabeza a su adorado Narel.

—¡Pues me vale verga, bola pendejos!—grita a través del micrófono, sobresaltándolos—Hoy es un día jodido, no solo porque me vieron la cara, sino porque han preferido callar algo semejante antes de decirme que mi novio se le tiraba a su prima. ¡Su prima! ¡Sentido común, gente! ¡Es incenso! Así que, como castigo, les voy a cantar, de todas formas. Y quien se atreva a detenerme, me lo lincho.

No se oyen protestas, ¿para qué? Si cantara igualmente y va a gustarles; las canciones de Jane siempre les gustan. Entonces, ella toma el microfono en su mano, mas sosteniéndose del pie para no caerse.

Cause baby now we've got bad blood
You know it used to be mad love
So take a look what you've done
Cause baby now we've got bad blood, hey


Se calla esperando a la reacción del publico. Los primeros segundos son silencio puro, no es hasta que Dionne y Ezekiel gritan su nombre y Tony y Alva le chillan que siga cantando.

Now we've got problems
And I don't think we can solve them
You made a really deep cut
And baby now we've got bad blood, hey


Los músicos comienzan a seguir la canción a medida que Jane va soltando estrofa tras estrofa. Entonces, el ambiente se despeja de toda tensión y tiene a la bola de chismosos siendo sus admiradores, cantando junto con ella. El club se anima, se olvidan de sus asientos y se levantan para moverse al son. Ash nunca deja de asombrarle como Jane se la pasa maldiciendo en el micrófono y, como de todas formas, las personas le siguen cada vez que comienza a cantar. Piensa que le iría tan bien siendo cantante como veterinaria.

La noche se transforma ante su música. Ash no tiene demasiado tiempo para dedicarle una apropiada contemplación, puesto que la gente demanda cerveza ante la fiesta que se ha armado. ¿Cual es la celebración? La rubia ha anunciado porque esta soltera y mas lista que nunca para buscar un nuevo amor. ¿Cómo es que le hace? Si a él le basto una vez que le rompieran el corazón para no volver a interesarse en otro romance. Esa es una gran diferencia entre ellos: Jane quiere amar y que la amaran, sin importarle el precio. Ashton esta resignado a ser solterón de por vida, pues amar conlleva a sufrir, y a veces es mejor ahorrarse el sufrimiento.

Es solo un minuto que se toma para observarla bailar arriba del escenario con las chicas secundándola. Tal vez no es tan malo que, de vez en cuando, Jane descargue su frustración y sus malas experiencias en su escenario. Las veces que lo ha hecho le han traído grandes ganancias, el problema es que es difícil tratar con ella ebria y, encima, el corazón roto. Si solo fuese ella ebria, sin corazones tristes de por medio, sería distinto.

The lights are so bright
But they never blind me, me
Welcome to Perth
It's been waiting for you
Welcome to Perth
Welcome to Perth


Para finalizar la canción, la rubia suelta un grito de guerra de los indios, asustando a mas de uno. Ashton ve en cámara lenta como Dionne se echa un gran susto y empuja a Alva, quien a su vez empuja a Jane y esta cae directo hacia el suelo.

—¡Jane!
Mejor olvidar la idea de Jane ebria en un escenario.
Jaeger.
Jaeger.


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Mensaje por gxnesis. el Lun 15 Abr 2019, 12:08 pm

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AAAAAAAAAA subiste I'll be there for you.  - Página 2 1857533193 Pronto estaré dejando comentarios I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
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Mensaje por gxnesis. el Miér 03 Jul 2019, 7:10 am

I know I never think before I jump:
Hola nena I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 Por fin estoy aquí para comentar la primera parte de tu maravilloso capítulo. Como siempre, perdón por la tardanza, no cambio más  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304

—Puta madre.

Sí, chaval, mucho puta madre pero bien que cuando tus compañeros te pidieron el número de Minnie tú te inventaste que tenía novia. Pero ahora es un error, porque los chicos son subnormales y se ponen negadores cuando se asustan. Por cierto, amo a Minnie tan natural y poco pudorosa (porque ella tiene razón, ya se vieron todo, es un despropósito) cuando acostarse con Damon era lo que siempre había querido. Mi hija divina medio arpía va a sufrir por culpa de este estúpido y no me apetece  I'll be there for you.  - Página 2 2278276204  (¿Te das cuenta que adopto a todxs tus personajes? xd)

Si Milo alguna vez se enterara de ellos, jamás se lo perdonaría. Ya es suficiente que no se perdone a sí mismo.

No me acuerdo quién es Milo, creo que el tío de ella o el padre. Pero dejando el parentesco familiar de lado, Minnie es una persona que puede tomar sus decisiones. Que no me estoy poniendo feminista aquí, pero creo que poco tendría que decir Milo al respecto si es lo que ha querido ella. Y por otro lado, ¿por qué no se perdona? ¿Qué le sucede?  I'll be there for you.  - Página 2 4162775227

—Espero que se sienta muy culpable —murmura para sí misma, levantándose de la cama y dejando que la sabana caiga sobre el suelo.

Ella vengativa  I'll be there for you.  - Página 2 1461598887

Olivia lleva preguntándose a sí misma que le costaría al maldito dormir solo una vez a su lado. Solo una. Pero entiende porque Travis lo hace. Despertarse juntos es otro nivel que él no está dispuesto a cruzar.

Ya se lamentará cuando sea Max quien despierte a tu lado por las mañanas, tranquila  I'll be there for you.  - Página 2 779623427  Además quién no va a querer despertarse al lado de esta niña que es la cosa más mona y buena y divina que existe. Travis es tonto.

—Ese abdomen necesita urgente paramédicos.

—¿Por qué? —inquiere Freddie secándose con una toalla más pequeña el cabello.

—Porque a mas de una matara de un ataque al corazón. Grrr —simula garras y suelta un ronroneo.

Amo la amistad de estos dos  I'll be there for you.  - Página 2 2785603980

Travis termina de envolver el almuerzo que Olivia preparo ayer en la noche y que lo obligo a ayudarla. Con Havana embarazada, la pelinegra se niega de ahora en adelante dejarla a Halima y a ella alimentar a 8 personas, 9 considerando a la judía. Lo cierto es que, además de sentirse feliz por sus amigos, cree que lo han saboteado. La pequeña judía, ella lo saboteo. Travis quería conquistar a su madre para por fin cumplir su sueño de chaval: estar con Havana. Ahora no se siente tan seguro de hacerlo. Lo de Max y Havana es un lío de por sí, peor será el esperar un hijo juntos. De todas formas, no puede evitar pensar en la judía con cariño. Solo espera que sea una niña, crezca y le haga sufrir a Max con sus aventuras amorosas. Y el tío Travis la ayudara a escapar de su neurótico padre, eso es seguro.

VES COMO OLIVIA ES UN SER DE LUZ. QUE LES COCINA A TODXS  I'll be there for you.  - Página 2 1129725545 Y luego el idiota este solo pensando en cumplir sus fantasías adolescentes cuando tiene lo que necesita al lado. Mención especial a que Travis solo quiere que el bebé sea una niña para torturar a Max I'll be there for you.  - Página 2 1313521601

—¡Ya déjame, que no estoy invalida, joder!

—¡Solo quiero ayudarte a ponerte los zapatos!

—¡Todavía tengo tobillos, no molestes!

Ten cuidado con lo que pides, Havana  I'll be there for you.  - Página 2 77880782  Y Olivia pensando que serán una bonita familia pero le duele porque le gusta Max aunque ella no lo sepa. Estoy deseando que llegue la segunda ronda para juntar a estos dos  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304

—No, será un niño—replica Miles—Será un niño bello y talentoso como su tío.

Ste men  I'll be there for you.  - Página 2 3614813375

La escena familiar en la que todos se patean por debajo de la mesa me rompió el corazón de felicidad. Es que son una familia y los amo porque se joden todo el tiempo, tienen sus mierdas los unos con los otros, pero luego se sientan a desayunar y I'll be there for you.  - Página 2 1477071114

Y como si alguien le iluminase, vuelve a mirar a Lea y se pregunta si la decisión que esta por tomar es la correcta. No importa, se dice a sí mismo. Es importante mantener a Minnie lo más lejos posible, insiste.

—¿Tienes que hacer algo después del trabajo?

Spoiler: No es la decisión correcta, no vas a mantener a Minnie lejos de ti  I'll be there for you.  - Página 2 77880782

Pareciera que, mientras más pasa el tiempo, peor se le hace ocultar las ganas que tiene de estar con Olivia en una cama todo el maldito rato. Le encanta la química que hay en el sexo y también fuera de él. Se conocieron hace tantos años que se alegra que aun este en su vida.

ENTONCES POR QUÉ TE ESCABULLES TODAS LAS MAÑANAS, ¿EH?  I'll be there for you.  - Página 2 4120812466 Es que parece que Travis creyera que lo que puede joder su relación con Olivia es dar un paso más, precisamente cuando refrenarse es lo que va a hacer que se estropee todo. Tengo el corazón dividido todo el rato con esta gente  I'll be there for you.  - Página 2 1903305068  Porque shippeo mucho a Trav y Olivia, pero también quiero ver a Olivia/Max y Travis/Havana  I'll be there for you.  - Página 2 3373640616

—Puedes darlas hasta que sientas que ya no puedas hacerlo—le sonríe para tranquilizarla. Está embarazada, no es que vaya a morirse. —Tomate las cosas sin cuidado.

Yo quiero un jefe tan guay como Travis  I'll be there for you.  - Página 2 1022085747 Luego se puso a coquetear con Havana, la tensión sexual entre ellos está muy presente y eso que fue todo como muy light PERO CANDELA CASI ME MORÍ  I'll be there for you.  - Página 2 3521255926  Encima cómo le lanzó la pregunta de si estaba con Max a ver si se le había jodido los planes xd

—Vamos, te llevare al departamento.

—Solo queda a unas calles.

—También pasaremos por algo de comer. ¿Qué te gustaría?

Jo es que son monísimos  I'll be there for you.  - Página 2 1421880775

—Te ves como mierda —expresa Minnie de inmediato.

—Tacto. Ya hablamos de eso —le recuerda Halima.

—Descuida, llevo toda una vida lidiando con mi pequeña ratoncita—Olivia le tira un beso a Minnie, quien la ignora y vuelve a su trabajo. —¿Puedes llevarme un late al sillón? Estoy cansadísima.

Me encantó esta escena entre las tres  I'll be there for you.  - Página 2 1327349762 Y lo de Minnie y Damon (que me quedé absorta leyendo y me olvidé de citar xd). ¿Qué le pasa a este grupo de amigxs? Todos sienten cosas por todos y venga a complicar la cuestión  I'll be there for you.  - Página 2 1731003537  

Se acomoda en el sillón con las piernas estiradas y arriba de las de Max.

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NO. PUEDO. CON. ESTOS. DOS.
Me los imaginé tan bien en el sillón, charlando por horas de su día o de cualquier tontería. Olivia con las piernas sobre las de Max. Y CUANDO DICE QUE ES OTRO DE SUS CONFIDENTES Y QUE LE CONTÓ MUCHAS COSAS QUE A LOS DEMÁS NO  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304  CANDELA ME VAS A MATAR Y ES SOLO EL PRIMER CAPÍTULO. Ya no menciones cuando se mancha de crema la tensión sexual que había...

—¡Quiero un pie de manzana y un jugo de naranja exprimido! —grita Havana, entrando en el café.

Llegó Havana a fastidiar, aunque ella no tenga ni idea de lo que está pasando xd  

En menos de cinco segundos, Olivia esta frente a él con los brazos cruzados y apretando con fuerza los dientes. Se da cuenta de inmediato que está enojada, más que enojada; furiosa es la palabra correcta para definirla. Travis presiente los golpes, pues no es fácil olvidarlos cuando las delicadas manos de su amiga contienen más fuerza de la que le gustaría recordar.

Mi pobre muchacha toda confiada con Freddie diciendo que Travis no volvería a hacer lo mismo y es justo esa escena la que se encuentra al llegar al apartamento  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304 Es que ella finge que está bien con el hecho que solo se acuesten, pero tiene ese pensamiento invasivo que le chilla que no es suficiente para él y NO. Olivia es suficiente, más que eso y merece que la valoren y ella tiene que dejar de pensar que van a abandonarla

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PD: Y Travis tiene que aprender a controlar su pene  I'll be there for you.  - Página 2 88550944 Es que lo peor para mí es que el payaso sabe cómo afectan este tipo de cosas a Olivia pero sigue.

—Porque las chicas son así en estas situaciones, ya sabes.

I'll be there for you.  - Página 2 323330209  I'll be there for you.  - Página 2 1842228675  I'll be there for you.  - Página 2 4010650585  (representación gráfica de mi reacción ante tales declaraciones)

Siempre creyó que era un buen partido, pues es atractivo, de buen corazón y hasta dulce.

Entonces, ¿por qué es distinto ahora?

Porque ahora estás empezando a verlo de esta forma, querida mía  I'll be there for you.  - Página 2 2785603980 Encima Max como si nada le dice que se vaya a vivir con ellos y es que las mañanas de tensión sexual van a crear una onda expansiva por todo el mundo  I'll be there for you.  - Página 2 1244184562

—¿Me dejará darle el biberón?

—Solo no lo ahogues y ya.

Pese a que es una broma, Max se tira levemente hacia atrás con una mueca seria.

—¿Los bebes se ahogan con el biberón?

—Pues, si. Pueden ahogarse, pero solo hay que tener cuidado —se encoge de hombros, restandole importancia al asunto.

—¿Y si ahogo a la judía con su biberón?

***

—Tendrás a Havana contigo...

—Ella es peor.

Lo siento, tuve que citarlo todo porque lo amé  I'll be there for you.  - Página 2 3275125450 Pobre niña, a qué padre más inepto le fue a tocar. Pero por suerte tendrá a Olivia para sobrevivir  I'll be there for you.  - Página 2 4242539333

—Oigan, ¿están coqueteando? —pregunta Minnie, rompiendo la conexión.

REINA. ICÓNICA. UN MONUMENTO TE HAGO.
PORQUE DIGA LO QUE DIGA OLIVIA.
NO. SON. AMIGOS.
NOOOOO
SOOOON
AMIGOOOOS
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—Claro que si tuvo novia. Solo que Damon es reservado, no le gusta que nadie se entere —Es turno de Miles de recibir su café, seguido por Freddie y Travis.

—Estaba Sarah—cuenta Freddie—Yo se la presente hace unos meses.

—Elena, la chica de la malteada —recuerda Max.

—María, la de Starbucks.

—Ofelia, la chef.

—No se olviden de Ivy, la batista.

No paro de citar cosas pero no te haces una idea de lo que amo las escenas entre todxs. Cuando se joden o, como en esta ocasión, enumeran todas las novias que tuvo Damon. No sé, es que se nota que tienen historia juntos y como ya he dicho: me van a matar  I'll be there for you.  - Página 2 3912905262 Y cuando se enteraron que Olivia iba a mudarse con el Dúo Dinámico todos curiosos y poniendo el grito en el cielo mientras que Miles y Max chocaban los cinco por los brownies  I'll be there for you.  - Página 2 2256176263

—Bien, ya que se soluciono el tema de Olivia y Travis hizo su salida dramática —Minnie se acomoda en el sillón, donde ha estado observando todo el espectáculo—¿Van a seguir consolándome? Porque voy a seguir llorando por Damon y su estúpida novia, ¡y de por que mis amigos nunca me dijeron sobre Damon y sus citas! ¡¿Por qué?!

Es que la amo, no tengo nada más que añadir  I'll be there for you.  - Página 2 1022085747

En fin, nena, qué decirte. Es la tercera vez que leo la parte de Brooklyn porque sencillamente amo los personajes y las historias que creaste. Con cada capítulo te superas más y adoro escribir contigo y llevar a cabo estas tramas locas que se te ocurren  I'll be there for you.  - Página 2 2256176263 Espero dejar pronto los comentarios de Perth y Liverpool. Un beso, love you I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
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Mensaje por Ritza. el Miér 03 Jul 2019, 7:52 pm

SOY HORRIBLE, PROMETO IRME PONIENDO AL DIA CON TODO
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Mensaje por Andy Belmar. el Dom 07 Jul 2019, 9:34 am

Hola! Creo que a este punto me he pasado por la mayoría de los temas de Kate jajajja
Es que no podía evitar no comentar en esta novela.
Me encanta Friends, es una de las mejores series de todos los tiempos, me encanta que hayan hecho una adaptacion, así que las estaré leyendo :)
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Mensaje por gxnesis. el Jue 11 Jul 2019, 1:19 pm

and you're the kind of guy the ladies wants:

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Y aquí llega la segunda entrega de: Hazle los Comentarios a Cande de Una Vez Vaga  I'll be there for you.  - Página 2 77880782 Bueno que me dejo de hacer humor mediocre y me pongo a ello. Solo diré que como soy stalker, había leído las primeros tramos de la parte de Liverpool antes que subieras e in love con esta gente I'll be there for you.  - Página 2 1477071114

—¿No estarás embarazada? —pregunta su amiga tras ella, luego que finalmente ha terminado de vomitar, solo que se le dificulta levantarse con las piernas tan débiles.

Mina sin sutileza alguna se la suelta xd. todavía tengo struggles para saber quién es Mina y quién Nina, lo reconozco Y al principio dije: está embarazada. Luego me acordé de lo que me constaste y me hizo crack el corazón. Siempre sufriendo contigo  I'll be there for you.  - Página 2 3373640616

le ha presentado muchísimos pretendientes que decían estar locos por ella, pero las relaciones con ellos terminaban más rápido de lo que creía.

Nina es una amiga mía, ha encontrado al amor de su vida 4 veces en lo que va de año. Por cierto, amo la relación que tienen ambas y ya me dieron ganas de ponerme a escribir de ellas I'll be there for you.  - Página 2 2785603980 Presiento que van a ser como Amoné/Thelma, Liberty/Blair I'll be there for you.  - Página 2 1477071114 Que se fueron a las tres de la mañana a Londres a ver el Big Ben con Los Beatles de fondo, define amistad goals.

Pero no siempre puedes llevarte bien con quienes amas, piensa para sus adentros antes de incorporarse.

Tan true, Will, tan true...

Jenna se queda callada y lo observo profundamente, seguramente queriendo que respondiera la pregunta. Cuando se marchó, había determinado que no volvería a Liverpool. Era demasiado doloroso en ese momento, por lo que lo único que deseaba era alejarse, alejarse lo mas pronto posible antes de volver a verl y remover el triste evento. Fue duro y seguro ante su decisión. Ni siquiera Jenna pudo hacerlo desistir.

Se fue por el mismo motivo por el que Nina se aisló y Katherine sufre como una condenada porque es súper triste e injusto todo  I'll be there for you.  - Página 2 1129725545 Y amo la relación con sus padres. Que no llegue a soportar del todo a Ben, que tenga esa debilidad por Jenna y que los considere sus padres y no sé. Estoy sensible hoy  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304

A ver no estoy citando nada porque me quedo atrapada leyendo, pero voy a comentar por partes. Amo a Nina, es tan linda y cariñosa y buena. Cómo le gusta cocinar para sus amigos, que los considere su familia  I'll be there for you.  - Página 2 1022085747 Además de que le sale el instinto protector con Kenn y Darwin (hermosa). Cómo escucha a Kennedy parlotear sobre los animales y se interesa por los libros que lee Darwin. Me muero, de verdad. No quiero que sufra y va a sufrir  I'll be there for you.  - Página 2 2256176263

—Nos quedamos en la bañadera con la cortina extendida y es todo —negocia Mina.

—¡Largo!

Esta niña I'll be there for you.  - Página 2 1313521601 Por cierto, no sé si alguna vez te lo he dicho pero amo cómo usas a mis personajes I'll be there for you.  - Página 2 1477071114

La idea no le desagrada del todo. Uno de sus sueños es tener numerosos hijos, le encantan los niños y quiere una familia grande.

¿Escuchaste eso? Es mi corazón rompiéndose y el click de una pistola que va a terminar en la cabeza de ese tal Logan soy pacífica en realidad, pero no es el punto. En serio, qué mierda con esta clase de tíos que se creen que pasas a pertenecerles cuando empezáis una relación. Lo que más me molesta es que de estos hay miles por el mundo.

Nina tiene que estar de acuerdo con Kala. Quiere niños, sí. Pero no de alguien agresivo y machista.

Amé esto, porque un bebé NO SIEMPRE es una bendición. Muchas cosas influyen en querer tenerlo o no. Me altero con estos temas.

Hace unos tres años, después de mucho esfuerzo y cuestionarse a sí misma, logró publicar en una revista de adolescentes dos capítulos de la novela que trabajaba en ese entonces. No creyó que pudiera tener éxito mundial que se presentó meses después. Pudo publicar dos libros y solo le quedaba uno para cerrar la trilogía.

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Ojalá me ocurriera lo mismo que a Nina, pero claro. Primero tendría que dejar de ser una vaga inconstante que no logra acabar nada.

William Bennet, así se llama.

I have died every day, waiting for you
Darling, don't be afraid  
I have loved you for a thousand years
I'll love you for a thousand more

TÚ TE HAS PROPUESTO MATARME O QUÉ.
ES QUE ME CONSTASTE SU HISTORIA Y NO.
QUIERO QUE SOLUCIONEN TODO Y SE CASEN Y TENGAN BEBÉS.
I'll be there for you.  - Página 2 1327349762  I'll be there for you.  - Página 2 3514117543

Fue pensar en Will lo que le desbloqueó la inspiración después de un año. Nos morimos, ok? Ok.

Era su canción, la canción de ambos. De cuando soñaban que estarían toda la eternidad juntos como Edward Cullen y Bella Swan, que no habría obstáculo alguno que pudiese separarlos.

Es que no tengo ni memes para definir lo que siento.
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Que mandó poner la fakin canción de los dos cuando la vio con esa cara es que me tiro por la ventana. Encima la comparación con Bella y Edward, que la edad te da perspectiva con esa historia pero yo a los 14 años quería una historia de amor como la de ellos dos. Conclusión: Nina y Will tienen que estar juntos por toda la eternidad.  

Y no los hubo. Por cinco largos años no existieron en lo absoluto. Pero llego la desgracia, y con la desgracia trae finales desgarradores.

De verdad que te estoy odiando y amando a partes iguales en este mismo momento  I'll be there for you.  - Página 2 1054092304

Nina podía comprar su corazón como un tren sin frenos en una vía sin límites. Para William, parecía no ser tan sorprendente el hecho de reencontrarse, apoyando su mejilla en su puño con una sonrisa burlona. Nina quiere llorar y mucho, al mismo tiempo que sonreír y correr hacia él. Debatiéndose entre lo uno y lo otro, decide hacer la última. Ella le regala una sonrisa acompañada de pequeñas lágrimas que se le escapan y va a su encuentro, casi al segundo en que él se levanta del taburete. Se funden en un profundo abrazo, uno fuerte y un latente anhelo.

¿Tú estás llorando? Porque yo no, simplemente se me salen las cataratas del Niágara por los ojos, eso es todo. Que se aman, que casi les dio algo cuando se vieron y que odio que les fuera mal porque no lo merecían. Es que lo dice Will, su relación era perfecta, pero lo que ocurrió los separó irremediablemente y yo quiero matarme.

Le sabe amargo al escucharla llamarlo de esa manera, pero no es como si pudiese corregirlo.
Sí que puedes corregirlo, más te vale corregirlo  I'll be there for you.  - Página 2 2278276204

—¡Willy está de regreso!

—Es Will.

—A mí me dicen Will. Me robaste el apodo.

—A mí me queda mejor.

—A ti nada te queda mejor si lo comparas conmigo —se tira el largo de su cabello hacia atrás con falsa modestia—Que bueno es verte, ¿me extrañaste, Willy Willow?

—Es Will—aprieta la mandíbula. Apenas un minuto adentro y ya lo saca de quicio—y no, no te extrañe para nada.

Qué quieres que te diga, los amo  I'll be there for you.  - Página 2 1926951358 Me encanta que Mina lo moleste de una forma tan infantil y Will deseando que la voz chillona que escuchó no fuera la suya. Pero sé que en el fondo echó de menos a Mina  I'll be there for you.  - Página 2 3136398239

—Willy no volvió por nada. De seguro, volvió por ti —insiste Mina con seguridad.

Hacedle caso, que está loca pero las locas siempre dicen la verdad.

—William siempre será importante para mi —se encoge de hombros, sonriendo con cierta pena—Yo solo quiero que sea feliz.

CONTIGO. TIENE. QUE. SER. FELIZ. CONTIGO.
Parezco una sargento pero es que se merecen una segunda oportunidad para ser felices. Aunque tú me lo vayas a complicar todo y todavía quede mucho para que pase como no pase me presento en Argentina, aunque deba vender mi riñón defectuoso.

—Se pide permiso, maleducado.

—Se les pide permiso a las personas, no a... —la mira de pies a cabeza. Mina lleva puesto una sudadera de berenjenas y un gorro con orejas de conejo—lo que sea que seas.

—Uy, pero ese trasero —le da una palmada a los cachetes de Will, sobresaltándolo. Nina tiene que ponerse ambas manos sobre su boca para no echarse a reír. —Al parecer los esteroides también hicieron efecto aquí.

—¡Maldita, lárgate!

Mira a mi corazón no le hace bien pasar del dolor/amor a la risa histérica, eh.
Me va a dar un ataque al corazón.

—Fuiste tú la que huyo primero—le recuerda, sin evitar que cierto resentimiento se le escape.

Ella lo percibe, y asiente con comprensión.

—Tienes razón. Pero tú huiste después.

Qué más da quién huyera primero. Estáis juntos otra vez, casaos coño  I'll be there for you.  - Página 2 4162775227

Puede que sea un poco difícil volver a empezar, pero ninguno quiere perder la oportunidad de estar cerca del otro. No de nuevo.

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Chica, yo que quieres que te diga: me merezco un premio o algo por haber llegado viva al final de este capítulo. Bueno, viva o haber llegado sin más. Nina y Will me han robado lo que me quedaba de corazón. No sé qué tienen, que se me han metido bajo la piel y necesito/exijo seguir leyendo de ellos YA.
Cande, de verdad que con cada capítulo te superas. Creas historias tan bonita, desgarradoras y a la vez reales que es que yo, mira, speechless I'll be there for you.  - Página 2 3797107778

Un beso desde la tumba I'll be there for you.  - Página 2 1477071114
gxnesis.
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