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Triángulo de las Bermudas

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Triángulo de las Bermudas  Empty Triángulo de las Bermudas

Mensaje por Stark. el Lun 17 Sep 2018, 4:37 pm

lol:
Ficha reglamentaria
∞ Título: Once Upon a Time
∞ Autoras: Escritoras (idea de Dani (Ariel.))
∞ Adaptación: No
∞ Género: Drama, romance, comedia.
∞ Advertencias: Escenas y/o vocabularios subidos de tono.
∞ Otras páginas: Solo en OnlyWn.






triángulo de las bermudas

SINOPSIS
Tras el paso del Huracán Irma el 16 de Septiembre de 2017, Puerto Rico está en estado de emergencia y requiere toda la ayuda posible. La Onu, la Cruz Roja y universidades distribuidas por los continentes, firman un pacto para brindar apoyo voluntario.

Tres aviones de direcciones opuestas pasan por el misterioso y peligroso Triangulo de las Bermudas. Solo uno de ellos alcanza a llegar al destino.

Se realiza una serie de investigaciones en busca de los tripulantes de los otros dos aviones sin hallar ninguna pista que los oriente al paradero. Desaparecieron por completo.


Lo que se supondría un viaje de apoyo voluntario, se convirtió en un viaje de terror y con un objetivo casi imposible: volver a casa. Perdidos en una isla fantasma, el grupo debe sobrevivir a las mas extrañas criaturas y a la misma naturaleza acechándolos constantemente. Lo único que tienen son sus conocimientos como herramientas y la escasa esperanza que disminuye día a día de salir con vida.

¿En que momento pensaste que lo perderías todo?
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Mensaje por Bart Simpson el Lun 17 Sep 2018, 5:14 pm


TRIANGULO DE LAS BERMUDAS


20/sep/2017. Sin tiempo para recuperarse del paso del hucacán Irma, Puerto Rico ha quedado arrasada por el huracan María.
prólogo

El impacto del huracán María sobre Puerto Rico:
The New York Times.


La luz del amanecer del jueves expuso la destrucción creada por el huracán María en Puerto Rico: hogares destrozados, balcones derrumbados, árboles arrancados desde las raíces y el agua inundaba las calles. Desde 1932, no llegaba un huracán a la isla.
El miércoles, la tormenta dejó sin electricidad a la mayoría del territorio puertorriqueño, además, las alertas de inundaciones están activadas y los meteorólogos afirman que se producirán intensas lluvias hasta el viernes. En algunos lugares las precipitaciones podrían llegar hasta los 89 centímetros.
Puerto Rico enfrenta numerosos problemas mientras comienza a salir de la emergencia de la tormenta: el peso de la extensa deuda y la crisis por la bancarrota; un proceso de recuperación iniciado después del huracán Irma, que causó la muerte de tres personas y dejó a cerca del 70 por ciento de los hogares sin energía eléctrica y las presiones de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por su sigla en inglés) y otros grupos que ya están saturados ante la gran cantidad de tormentas recientes.
“Irma nos perdonó pero María nos destruyó”, dijo Edwin Serrano, un trabajador de la construcción en San Juan.


**

La pequeña castaña deja el reporte sobre el enorme escritorio de madera en la sala de prensa estudiantil y deja caer su frente con desdicha y pesadez sobre sus brazos. La situación se estaba complicando para los damnificados en San Juan y sentía que el viaje estaba lejos de concretarse, comenzaba a impacientarse. Ser las organizadoras de algo tan grande era abrumador, incluso con la buena intención con la que estaban trabajando. Era demasiado para un par de gemelas de 20 años, o así lo veía una de ellas.

- Tienes que calmarte, sólo llevamos cuatro días organizando esto y vamos bien.
- Ya deberíamos estar allá.- se queja enfurruñada.- ¿No estamos estancadas?
- Cosette, deja de ser tan paranoica.- rueda los ojos- Ni los movimientos más ricos han logrado llegar a tiempo.- se burla - Estamos bien, las sedes en Alemania, China, Brasil, Reino Unido y Japón cerraron, ¡en sólo cuatro días! Es un gran movimiento el que estamos manejando aquí.
- Lo sé, pero esa gente está sufriendo, Colette. Siento que estamos retrasadas.- se levanta del taburete para tomar las planillas- ¿Ya imprimiste la lista de personas?
- Si, sólo faltan unos pocos por cerrar su reclutamiento.- señala de casi 900 nombres.
- ¿Las recolectas?
- Por ahora la cesta más grande es la de USA, bueno la de Hong Kong también está buena.- le muestra la otra cartelera en la pared con las fotos y listas- Pero estamos bien, hemos recogido muchísima ropa y comida.
- ¿Insumos médicos?
- De eso se está encargando la escuela de medicina de Taiwán. Todos los insumos médicos están siendo enviados por vía marítima. - le entrega la lista- Los demás sólo estamos recolectando cosas pequeñas como medicinas, vendas y esas cosas. Ellos están encargándose de lo grande.
- ¿Vamos bien entonces? – inquiere arrugando los labios.

La gemela se detiene un momento para dedicarle una escrupulosa mirada a su paranoica hermana antes de reírse y señalar todas las cientos de cajas a su alrededor con los donativos.

- Necesitas calmarte. - le da un suave apretón en el hombro- y esto es sólo en nuestra universidad. Tranquilizante un poco. Deberías estar orgullosa de lo que estamos haciendo.
- Lo estaré cuando todo esto esté en esa isla con la gente que lo necesita.
- Así será.- sentencia Colette con entusiasmo antes de voltearse hacia el ordenador para seguir con su trabajo.


Necesitaban organizar tantas cosas que ya había perdido el orden de todo. Cuando ambas presentaron la idea ante el consejo estudiantil y luego a los superiores del rectorado, no creyeron que tuviera tanta relatividad en cuestión. Pensaron que sería tomado como otra gran idea que no se realizaría por falta de recursos. Pero fue una sorpresa cuando el rectorado accedió y busco patrocinio por distintas compañías para lograr la meta. Entonces se pusieron en marcha, en cuestión de dos días ya habían logrado que 15 universidades se unieran a la causa por medio de los convenios universitarios. Podrían prestarle servicios de todo tipo a los damnificados gracias a la gran cantidad de universitarios y gente capacitada que estaba interesada en la causa.

Colette veía esto como un movimiento supremo por parte de los milenarios y la idea de sacar ese absurdo concepto de que eran la generación vaga. La cantidad de gente con ganas de ayudar era alta y sobrepasaba sus expectativas.

Conseguir el patrocinio de Iberia Airlines fue la parte más tediosa, pero al final la compañía accedió a prestar tres aviones para transportar a más de 300 personas en el primer día. Los primeros en salir serían los asiáticos, quienes aterrizarían con la mayoría de los insumos médicos. Horas después viajaría el segundo avión con la carga y pasajeros desde USA y por ultimo saldría el vuelo de Europa. Aún faltaban coordinar ciertas cosas, pero al menos ya se tenía la primera parte del viaje, las primeras 300 personas que viajarían y la aerolínea que patrocinaría el vuelo. Cosette se preocupaba demasiado, pero ella no la culpaba, era su lado controlador y perfeccionista el que estaba dominándola.

- ¿Cómo vas con los postulantes? ¿Ya seleccionaste los primeros 100 de cada continente? ¿Cuál de las aerolíneas va a cubrir el primer lote?
- Como dije, aún falta gente por cerrar - le pone los ojos en blanco- pero al menos ya tenemos los 300 que harán el primer viaje. Iberia cubrirá los tres vuelos del días 20, luego organizamos desde allá que aerolínea cubrirá el viaje del día 30 con los otros 300. Creo que American Airlines cubrirá ese…- le entrega la lista.- Luego de 15 días saldrá el último lote de tres aviones.
- ¿Tenemos suficiente gente para abarcar los 300 cupos de las tres fechas?
- Si, serían un total de 900 universitarios y apenas hemos reclutado 795. – Revisa en la pantalla y se voltea hacia su hermana- Cuando lleguemos a la fecha final ya tendremos el lote completo, así que relájate y tómatela con té. Checa la lista de todos modos.

La castaña le da un asentimiento a su hermana y se fija primero en la lista de los quince universitarios franceses y arruga la cara al leer el tercer postulante.

- ¡¿Seleccionaste a Ivo?!
- Fue el primero en postularse, aunque te suene increíble. - se ríe- Sólo ira a prestar servicio con los alimentos.
- Bueno, no me lo imaginaba levantando escombros tampoco. – bufa- ¿Elegiste algún medico en el lote Europeo?
- Obvio- rueda los ojos- ¿Por quién me tomas? Soy la más efectiva de las dos. Revisa el registro.

Cosette respira profundo y deja caer las listas encogiéndose de hombros, le sonríe a su hermana y le da un apretón de hombros.

- Bueno, si todo va tan bien… Entonces envía la información sobre el itinerario de vuelo y todas las especificaciones sobre las previsiones a tomar.
- Dah, ya lo hice.

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Mensaje por Ritza. el Mar 18 Sep 2018, 7:11 pm

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Mensaje por gxnesis. el Miér 19 Sep 2018, 4:25 am

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Mensaje por Ritza. el Miér 19 Sep 2018, 12:43 pm

POR FIN COMENZAMOSSSS Triángulo de las Bermudas  1857533193 Triángulo de las Bermudas  1857533193

“Irma nos perdonó pero María nos destruyó”, dijo Edwin Serrano, un trabajador de la construcción en San Juan.

Leer el reporte y ver la foto me recordó al Huracán y lo horrible que fue. Encima, que en los medios anunciaron menos muertos de los que hubo. Es toda una mierda. Dios Triángulo de las Bermudas  2333868493 espero que la temporada de este año no sea así de sádica.

No sabes lo que me emociona esta nc, Dani Triángulo de las Bermudas  1054092304 es que fue donde las conocí por primera vez (cuando escribía 4 páginas de caps horrible AJAJJAJAJJAJ) y no sé Triángulo de las Bermudas  1054092304 todo es muy nostálgico Triángulo de las Bermudas  1054092304

Me encantó el prólogoooo Triángulo de las Bermudas  1796689324 que hayan sido ellas que hayan tomado la iniciativa para ayudar a los países necesitados. Que es horrible que tengan que pasar estas catástrofes para que la humanidad de una; pero amo cuando la gente se une de esta forma por una buena causa Triángulo de las Bermudas  1477071114

AAAAAA ya quiero que empiece todo Triángulo de las Bermudas  4098373783
Ritza.


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Mensaje por Stark. el Sáb 22 Sep 2018, 5:01 pm

No queda mas que decir que estoy emocionadisima que hayamos empezado con la nc  Triángulo de las Bermudas  3275125450 saben que siempre es un placer y un honor escribir con ustedes cinco Triángulo de las Bermudas  1477071114 las adoro Triángulo de las Bermudas  1477071114

“Irma nos perdonó pero María nos destruyó
Que penita esto de los huracanes :( de verdad arrazan con todo y es una catástrofe las consecuencias que tienen por ello  Triángulo de las Bermudas  1022085747
Me encanta que las gemelas hayan tomado la iniciativa a algo tan lindo como ayudar al país. Lo mejor es que muchas universidades lo escucharon y habrá montones Triángulo de las Bermudas  2841648573 Lastima que nuestros chicos nunca llegaran(?  Triángulo de las Bermudas  1466735912


- Bueno, si todo va tan bien… Entonces envía la información sobre el itinerario de vuelo y todas las especificaciones sobre las previsiones a tomar.
- Dah, ya lo hice.

Ame a las gemelas Triángulo de las Bermudas  1313521601 una toda paranoica y la otra "cálmate que ya hice todo" que eficiencia, yo quiero una hermana asi Triángulo de las Bermudas  1313521601
Me encanto el prólogo, Dani Triángulo de las Bermudas  1477071114 Gracias Jen por subirlo Triángulo de las Bermudas  1477071114

Ya subo el primer cap!
Stark.


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Triángulo de las Bermudas  Empty Re: Triángulo de las Bermudas

Mensaje por Stark. el Sáb 22 Sep 2018, 5:07 pm



Capítulo 01.1
Rita & Ren ✘ escrito por: Stark.

Pasar el cursor por la imagen.



without you:

—Te dije que te haría bien.

Volteo a mirar a Maxwell con una sonrisa en el rostro, dándole toda la razón. Salimos del curso de primeros auxilios en la facultad de Medicina con destino a la facultad de arte. Nos estamos preparando para el viaje del domingo hacia Miami y de allí directo a Puerto Rico, siendo de las pocas universidades del país en que se habían solidarizado con la causa y decidieron enviar apoyo.

Puede que en mi vida haya más de un problema que resolver y esto tal vez solo me dé más estrés, pero la idea de alejarme de la ciudad unos días lo volvía tan atractivo que acepte cuando Max me pregunto si quería inscribirme. Solo somos siete estudiantes en la universidad de San Diego.

—Y aprendes mucho —dice Dylan apareciendo a mi lado, alcanzándonos. —¿Quién diría que colocar una venda sería tan difícil?

—Lo es si tienes manos torpes como las tuyas. Creí que ibas a cortarme la circulación de la sangre —masajeo mi muñeca aun sintiendo el amarre fuerte de Dylan.

—¡Es que el profe no explica bien!

—Tienes instintos asesinos—se encoge de hombros Max—Se entiende.

—¿Qué se entiende, idiota?

Mis amigos comienzan una de sus matutinas discusiones en las que solo me quedo callada y los observo con diversión caminando en medio de ambos. Dylan Channel tiene el cabello negro corto con un flequillo delgado cubriendo su frente, ojos rasgados y oscuros y de piel tan pálida como la nieve. A veces creo que es una versión de Blanca Nieves con estilo y gran personalidad. Hemos sido amigas desde el primer año, congeniamos bien nuestros pasos al igual que nuestro sentido del humor.

—Blablablá. Es lo único que sale de ti.

—¡Saldrá de mi otra cosa sino te dejas de molestarme, Harrison!

Max Harrison es mi mejor amigo de toda la vida. Ojos marrones y cabello castaño corto, es tan alto tengo que levantar la cabeza para mirarlo. A diferencia del temperamento explosivo de Dylan, Max es relajado y sarcástico. Adora sacar de quicio a las personas y tocar la guitarra siempre que puede, y claro, ir a mi trabajo a buscar chocolatada gratis y tartas dulces.

—Ey, Max.

La espalda se me eriza y detengo mis pasos un momento. Observo de reojo a mi amigo girar hacia atrás con la mirada indiferente de siempre.

—¿Qué sucede?

—Nos vemos después—digo sin más y apresuro el paso con Dylan siguiéndome.

No espero respuesta, voy en dirección hacia la salida del edificio para caminar hacia la facultad de arte donde me espera mi próxima clase. Hemos tenido permiso de faltar a la anterior por el curso, pero no puedo seguir perdiendo otra más.

Dylan me alcanza con sus ojos interrogantes sobre los míos.

—¿Pasa algo con el hermano de Max?

Finjo la mejor sonrisa que tengo. Generalmente, soy buena mintiendo y escondiendo lo que pienso o siento. Sin embargo, esto ha pasado más de una vez, sobre todo si Ren y yo asistimos a la misma universidad y ahora al mismo curso. E iremos al viaje hacia Puerto Rico. Dylan ya no se cree las escusas que le doy, sus ojos entrecerrados y la curiosidad golpea en todo su rostro.

—Solo no nos llevamos bien —contesto despreocupada y miro hacia el frente, detectando la salida—Ya sabes. Prefiero no hablar con gente que no me gusta.

—Rita, odias a Louis y aun así te hablas con él.

—Louis es mi compañero de baile, ¿Cómo voy a ignorarlo?

—Pues no hablándole, dah.

—Y eso llevaría a un quiebre importante en la coreografía y en el grupo en general. Prefiero soportarlo a que eso pase.

—Exageras. A nadie le jode ignorarlo.

Dylan se distrae fácilmente del anterior tema y enumera todas las razones por las cuales el mundo odia a Louis, el compañero más odioso y competitivo de la clase. De por si es pura competencia la carrera de Licenciatura en coreografía, pero Louis lo llevaba a otro extremo.

Mi corazón se tranquiliza una vez que atravesamos las puertas. Dylan ya no vuelve a preguntar sobre el hermano de Max, por lo que bajo todas mis defensas y me permito relajarme. Sé que puedo confiar en ella y contarle sobre la tragedia de hace tres años atrás, pero no hablar de ello me ayuda a pensar que nunca ocurrió y, por lo tanto, es más fácil ignorar a Ren Harrison cuando lo único que quiero hacer en realidad es correr hacia él y rogarle por otra oportunidad.

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La respiración agitada y el cuerpo sudoroso, la profesora finalmente dio por terminada la práctica de esta semana. Con la toalla sobre mi cuello, limpio las gotas de sudor que caen de mi frente a la vez que estiro el cuerpo y los músculos.

—¡Ha sido todo por hoy, alumnos! —exclama Lea Hale, la profesora de danza contemporánea.—No olviden que cerramos la presentación mañana, lleguen a tiempo.

Mi sonrisa decayó de inmediato. Dylan y yo nos echamos una mirada entre nosotras. Levanta la mano por mí.

—¿Alguna consulta, Chanel?

—Creímos que la presentación sería después del almuerzo.

—Decidimos cambiar el horario.

—Pero si hace eso, Rita no podrá ir y es su bailarina principal.

Los ojos de Lea se mueven hacia a mi como el de todos mis compañeros, inquietándome. Se suponía que yo era Michel en la coreografía, vine trabajando en ser la pieza principal para el baile de los viernes toda la semana. Estrenamos el comienzo de clases con ello y sería una de las mejores aperturas que tendríamos.

—Estoy trabajando a esa hora. Si podría moverlo solo un poco…

—Lo siento, Rita, pero aquí no hacemos excepciones solo por uno de nuestros alumnos—Lea me ignora y se va -hacia donde está su bolso—Ya pueden irse.

El primero en abrir la puerta en marcharse es Louis Rowan. Me da una de esas sonrisas de pura burla y se marcha con la victoria saboreada incluso en sus pasos. Es obvio que no ser el centro principal una vez iba a joderle lo suficiente para influenciar en el cambio de horario. Después de todo, su madre es la decana.

Intercedo en el camino de la profesora. Esta suspira con resignación, como si supiera de antemano que iría tras ella. No debe de extrañarla cuando la acose prácticamente para que me dejara hacer un solo este año, pues el semestre pasado fui la mejor promedio y, luego de cederle mi papel a Louis en el acto de fin de año, le hice jurar que me lo daría a mí en el comienzo del nuevo año.

Y es tan fácil romper promesas para algunas personas.

—Rita, por favor, estoy hambrienta…

—Yo también lo estoy, pero es injusto. Dijo que sería a las cuatro y cambie mis horarios para adecuarme a la presentación…

—No puedo hacer una excepción por ti, Rita. Tómalo o déjalo.

—No puedo tomarlo y dejarlo. No cuando esto es injusto y no es la primera vez que me hace esto—aprieto mis manos con fuerza hasta volverlas puño. Intento decirme a mí misma que no me deje llevar por la ira, lo que no resulta fácil.

—A veces se puede y otras no —se encoge de hombros con cinismo e intenta pasar. No la dejo. —Muévete, Starkey.

—¿Esto es por Jackson? —los ojos de la profesora se inquietan—¿Acaso la soborna para que le de los papeles principales?

—No permitiré que inventes esas calumnias, Starkey—me señala con el índice, achicando la mirada—No quiero que esto llegue a otros alumnos y digan más boberías como esas.

—Si lo que tiene miedo es que los demás sepan su preferencia hacia el hijo de la decana, déjeme decirle que ya se ha vendido sola. Se han dado cuenta.

—No tengo preferen…

—Entonces, demuestre lo contrario. Hasta ahora lo único que ha hecho es beneficiarlo.

—A las 6:30pm es la presentación. Asiste si puedes, sino sigue sirviendo café—sentencia con una mirada fría y pasa de mí, prácticamente empujándome.

La fulmino con la mirada mientras sale del salón de baile. Dylan se acerca hacia a mi tan furiosa como lo estoy yo.

—Vamos a vengarnos—dice una vez que llega a mi lado.

—De ambos.

—Obvio.

Salimos del aula en dirección hacia las mesas del patio. La furia va pasando ante mis pasos largos y rápidos, dejando espacio a la desilusión, impotencia y tristeza. No es fácil sobresalir en este mundo. Siempre hay competencia con conexiones y malas intenciones. Sino fuera porque amo bailar, realmente estaría planteándome si es necesario seguir con ella. Es lo único en lo que soy buena e intento todos los días ser cada vez mejor, pero es tan jodido cuando suceden cosas así.

—¿Qué vas a hacer?

—No sé, es tan frustrante…

Salimos de la facultad de Arte y caminamos en dirección hacia la cafetería en común de la universidad, el único lugar donde las demás facultades se unen en el campus. La universidad Delacour de San Diego es conocida por ser amplia y con montones de edificios con distintas facultades dentro de ella. Césped fresco debajo de mis pies, arboles de troncos grandes y hojas bien verdes y cientos de estudiantes revoloteando de un lugar a otro. Y pensar que tuve que trabajar un año entero de cualquier cosa para poder pagar la matricula, y aún sigo trabajando de lo que sea para seguir pagándola.

—¿Y Bob no puede dejarte ir una hora antes?

—Lana se enfermó y solo estaré yo. Bob sale mañana de viaje y no puedo dejarle todo a Shawn.

—¿Y si le dices a Cherry que te cubra mañana?

—Tiene una cita y hace dos años que no sale con nadie. Me va a matar si se la cago.

Llegamos a nuestro destino y nos dejamos caer sobre nuestra habitual mesa con las respectivas botellas de agua mientras hablábamos sobre cómo demonios le haría para asistir al evento. Los viernes de baile es una tradición en la facultad de arte. Después de las tres, los de la carrera de dibujo invitarían a echarle un vistazo a sus creaciones en el zoom del edificio mientras que los músicos estarían afuera tocando en conjunto o solitario, con pequeños recitales y cantando covers de lo que se les pidiese. Nosotros finalizábamos con un baile. A veces rotábamos turnos, se supondría que íbamos nosotros más temprano esta vez, pero, nuevamente, Louis metió sus narices. Primero lo había hecho con Mike, un chico de nuestro año, luego con Dylan y ahora conmigo. El tipo está obsesionado con Prada, pero todo eso no era nada a comparación de ser el número uno en la pista.

—Hay que vengarse. Ya es demasiado.

—Pronto, amiga mía, pronto —me promete sobándome la espalda—Solo déjame pensar. Para mañana tendré algo, lo prometo.

—¿Qué piensas hacer?

—No lo sé, algo se me ocurrirá.

Dejo caer mi cabeza sobre su hombro mientras la siento acariciarme el largo del cabello. Dylan es buena amiga, es la primera que hice y me quiso por tal cual soy, no porque mis padres tengan dinero y quieran usar mis conexiones. Lo cierto es que desde que ya no soy rica, los amigos que creía tener me abandonaron o fingieron no conocerme.

Excepto uno.

Max se acerca con una bandeja llena de comida hacia nuestra mesa. Se voltea para decirles algo al grupo de chicos que le acompaña y se despide. Jugueteo con mi pulsera de oro con dijes, observando con el corazón latiéndome con fuerza a uno de ellos en particular, uno que conozco o conocía muy bien. Sus ojos marrones me miran fijamente. De inmediato, volteo hacia Dylan y le pregunto qué tal ha estado su madre después de su operación mientras subo las mangas de mi chaqueta, intentando ocultar toda prueba del pasado. El vértigo y la sensación de vacío casi me sofocan, pero lo disimulo bastante bien. Después de tantos años y verlo con regularidad por casi uno, sigue siendo difícil hacer de cuentas que nada paso.

La presencia de mi amigo logra calmarme, asegurándome que han seguido de largo.

—Señoritas—saluda llevando la bandeja llena.

—¡Comida! —chilla Dylan con emoción y se estira para robarle su manzana—O manzana, mejor dicho.

—¿Aun estas a dieta? —Max se sienta en el banco y me regala una corta sonrisa que correspondo. —Lo tuyo.

Tres buenas rebanadas de pizza para mí, dos hamburguesas, tres rebanadas y papas fritas para él, y una ensalada con aderezo y manzana para Dylan.

—He subido casi cinco kilos. Necesito bajarlos de inmediato.

—¿Y por qué Rita no hace dieta?

—Porque yo tomo licuados para una mejor digestión y sopa de verduras en la noche —contesto con una sonrisa socarrona en mi rostro, burlándome de Dylan—No me la paso en el restaurante de comida chatarra de mis padres, por ejemplo.

—¡Son ellos los que hacen comida no saludable!

—Pero tú deberías no sucumbir ante la tentación, amiga.

—Mejor cállate y come tu horrible comida.

Muerdo un pedazo en su cara y mastico con exageración. Max le hace lo mismo y Dylan por poco y se nos lanza encima. Nos burlamos de ella y nuestra conversación ahora se dirige hacia las clases con nosotras contándole sobre Louis y sus perreadas. En tres semanas estará la prueba de ballet para la obra de fin de año, y si subimos de peso y nuestros movimientos se ven afectado por ello, entonces son puntos menos y la posibilidad de no ser elegidas. Dylan es tan exigente consigo misma y perfeccionista en el baile, mucho más de lo que yo soy. Me gusta ballet y me encanta dejarme fluir, pero no soy tan buena como ella, me va más los ritmos urbanos u otros tipos de danzas como el flamenco o el tango.

—¿Qué harás entonces?

—No lo sé. Dylan tiene un plan, o lo tendrá antes de las seis.

—Luego tú y yo podremos patearle el culo a Louis y sus perras.

—¿Y por qué no lo denuncian y ya?

—¡Hijo de la decana! ¿Por qué nunca escuchas los datos importantes?

Max se encoge de hombros con indiferencia y se pone a comer su hamburguesa. Siempre ha sido así desde niño. Las cosas que no le importan no lo harán jamás, las que si les pone más o menos atención. Escucha poco porque sabe que nos exaspera con su actitud de mierda y por ello anda como nuestro saco de boxeo, de lo contrario solo estaría atragantándose con su comida.

—Dejando a un lado el tema, ¿qué vas a presentar hoy?

Se vuelve a encoger hombros aun centrado en su almuerzo.

—¿Vas a improvisar de nuevo? —asiente con la cabeza hacia a mí—¿Sabes? Sería bueno si fueses un poco más comunicativo conmigo.

Otra vez se encoge. Dylan suelta un gruñido no soportándolo, yo ya estoy acostumbrada a ello.

—Que irritante—su celular suena, lo saca de su bolsillo trasero mientras se levanta—Seguro es mama, ya vengo.

La pelinegra se aleja llevándose el teléfono al oído mientras comienza a parlotear. Max y yo nos quedamos en silencio, cada uno centrado en su almuerzo. Pese a que somos mejores amigos desde niños y hayamos sobrepuesto nuestra amistad delante de todo, todavía me resulta un poco incómodo quedarme a solas con él. Max es muy directo y honesto como todos en su familia, lo cual me pone nerviosa. Nunca sé que dirá o preguntara.

—¿Cómo está tu papa?

Como eso, exactamente.

—Bien —me hago tonta y lleno mi boca de comida.

—Supe que vas a internarlo en un psiquiátrico.

Mastico más leve, mirando de reojo hacia donde esta Dylan.

—No deberías culparla—Max toma su botella de sprite y bebe de la pajita dentro de esta, observándome con fijes—Ella pensó que yo lo sabía y estaba preocupada por ti. Lo cierto es que debería haberlo sabido antes.

Se me hunden los brazos con culpabilidad.

—Lo siento.

—Tranquila, entiendo porque no lo haces. De todas formas, no deberías cargar todo tú sola, Rita. No fue tu culpa.

Me quedo callada sin decir nada más, intentando rechazar el sentimiento de vergüenza que siento como cada vez que veo a Max o a su familia. Pasaron años y es lo mejor para todos dejarlo ir, pero cuando recuerdo lo horrible que fue ese tiempo es imposible. Es casi irreal que lo tenga frente a mí cuando hace tres años atrás elegimos bandos diferentes y apenas volvimos a retomar nuestra amistad el año pasado, cuando ambos nos encontramos por casualidad una materia en común. Fue extraño volver a entablar una amistad y casi era como empezar desde cero.
Dylan llega hacia la mesa y despeja el ambiente tenso que se ha formado. Comienza a parlotear y me uno a ella, esperando que mis músculos se relajen al igual que mi mente. Max vuelve a ignorarnos con los audífonos sobre las orejas y la música resonando.

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Lo cansador de mi vida diaria no es tener que ir a la universidad en toda la mañana, trabajar en el Starbucks hasta las siete o ir los fines de semana al antro de Lucy, mi tía, sino es el momento en que llego a casa. Bajo de la bicicleta y la dejo a un costado del patio trasero, disfrutando por completo las olas rompiéndose en la costa frente a la casa. El lugar esta oscuro, como siempre lo está cada vez que estoy de regreso. Prendo todas las luces y me fijo la hora, dándome cuenta que son las ocho y media.

—¡Des! ¿Estás en casa? —chillo mientras termino de quitarme la chaqueta y dejo el bolso arriba de la mesa.

Nada.

Subo las escaleras hasta llegar al segundo piso donde hay cuatro habitaciones. La primera que abro es la de mi hermano, quien está sentado en el escritorio con los audífonos puestos y escribiendo en su libreta, seguramente en su curso online de español. Me acerco de puntitas mientras una sonrisa maléfica se va extendiendo en mi rostro. Espero un segundo antes de saltar sobre él, pero el canijo se da vuelta rápido y con su tarántula en la cara. Chillo y me tiro hacia atrás, dándome un golpe fuerte en la cabeza. Se baja los audífonos y a la araña hasta sus piernas mientras se ríe de mí.

—Santa mierda, Des, ¡te dije que dejaras esa cosa en su jaula!

—No es una jaula, bruta. Es un vidrio especial para ella, para mantenerla calentita—acaricia con amor su repugnante mascota—¿Cómo te fue en la presentación?

—Es mañana, idiota—mascullo sacudiéndome las prendas, aun adolorida—Tu cuarto esta echo un chiquero. ¿Cuándo vas a limpiarlo?

—¿Cuándo tienes tiempo libre?

—Ja-ja. Limpia esto o tu cosa se va al basurero.

—Buscara venganza, Rita, cuidado —me la asoma y doy dos pasos hacia atrás. Des se vuelve a reír, dejando esta vez a Baby, su tarántula, en su vidrio—Ya hice mi tarea y la comida. Le serví a papa, pero creo que no quiere comer.
Suspiro con pesadez y le sonrió a mi pequeño bebe. Tendrá quince años y replicara que ya es un adulto, pero para mí seguirá siendo mi niño.

—Gracias, yo me ocupare en adelante.

—¿Vas donde Lucy hoy?

—Sí, solo hasta las dos. ¿Puedes quedarte?

—Claro, ve.

Le estrecho con un fuerte abrazo, casi necesitándolo en todo el día. Des me lo devuelve y me da un beso en la mejilla antes de dejarlo solo con su tarea. Cierro la puerta detrás de mí, apoyándome en ella y pensando que tal vez estoy pidiéndole muchas cosas a un chico de quince. Él también quiere salir a divertirse a fiestas e ir a partidos escolares. Pero después de lo último que pasó con papa, es difícil dejarlo solo, incluso si en las mañanas viene una enfermera pagada por la tía Lucy.

Voy al cuarto de mi padre abriendo la puerta lentamente. Esta sentado en su sillón rojo terciopelado mientras mira la televisión el programa de los anuncios. A su lado hay una mesa ratona donde está su plato de estofado intacto.

—Papa, ya volví—digo acercándome hacia él. Lo observo con su rostro demacrado por la amargura. Me agacho y le tomo una de las manos, acariciándola—Mañana voy a tener mi solo en la uni. ¿Puedes creerlo? Aunque no sé cómo le hare para asistir…

Silencio. Solo silencio.

—Bailare Michael Jackson.

No contesta.

—¿Te gusta el estofado de Des? Cocina mejor que yo, a decir verdad—sus ojos grises no pierden de vista la tele. —Solo come un poquito, ¿sí? Solo un poquito. Luego iras a dormir, ¿Qué te parece?

Pero Steve no me responde. Tomo el plato y le doy cucharadas en la boca, casi obligándolo a abrir. Lo hace, por lo que hoy no es una noche para batallar. Se come la mayoría hasta que ya no abre más la boca, lo cual es señal para que lo lleve a la cama. Me recuesto con él y le acaricio el brazo con mimos, sintiendo por su espalda sus huesos remarcarse en la piel. Tarareo una canción tratando de no sentirme triste por ello.

Su respiración se hace leve y tranquila, por lo que ya se durmió. Me quedo un momento más abrazándolo con las lágrimas queriendo escaparse de mi interior. Mañana a primera hora se lo llevaran al psiquiatra, ya no tendré que sentirme tensa todo el día o llamar a la enfermera en todos los tiempos libres que tenga para saber cómo esta o si ha atentado contra su vida de nuevo. Más que dolerme mantenerlo lejos, siento el alivio y mucho peso menos en mi espalda. Cruel y realista, pero ya no quiero que Des siga viendo en lo que se convirtió nuestro padre y que este termine con su vida.

Un segundo más y me levanto en silencio, corriendo las lágrimas que se me han escapado y cierro la puerta detrás de mí. Pese a que el hambre se me fue, soy consciente que no he mantenido nada en el estómago desde el almuerzo, sí que voy hacia abajo para comer algo antes de irme.

—Llámame si sucede algo—le digo a Des cuando baja a la cocina a buscar un poco de agua.

—De acuerdo —levanta el pulgar arriba y le envió un beso antes de despedirme.

Me subo en la bicicleta y me voy pedaleando a todo dar hacia el antro de mi tía. Lo bueno es que mi casa está cerca del centro, entrando a unas siete cuadras desde la playa. Hemos vivido en esa casa desde hace tres años. Nuestro hogar principal quedaba a las afueras de la ciudad, en una mansión tan grande que era fácil perderse, pero que yo la conocía tan bien que podía ir con los ojos vendados y no equivocarme.

Al llegar, paso por la salida de emergencia con la bici a mi costado, saludando a Barry, uno de los monos de seguridad. La rueda del frente se me desinflo del camino, por lo que tendré que volver caminado. Lejos de desanimarme, la dejo dentro del almacén, mañana le cambiare por una nueva. Si me dejo deprimir o enfurecer, solo me hará sentir más cansada.

Subo las escaleras hasta llegar al segundo piso del antro dividido en cuatro pistas. Es de los más grandes y geniales en San Diego.

—Llegaste temprano, cielito —Lucy me estrecha con sus brazos musculosos y peludos hacia sí.

—Tía, despacio.

Me suelta con una sonrisa.

—¿Tú papa?

—Durmiendo y fresco—suspiro de puro alivio al no verlo beber alcohol como si fuese agua del desierto. Me ato el cabello en una coleta—Supe que también iras al viaje de Puerto Rico…

—Fui una de mis mejores enfermeras en mi tiempo—dice con arrogancia, pura satisfacción para ella—Me despidieron por travestirme y ahora andan rogando por mí.

—Todos andan de rogones contigo —le guiño el ojo, sacándole una carcajada.

—También por ti, nena—me da una nalgada, haciéndome reír. —Ahora ve a la barra, en dos minutos se abre.

La despido lanzándole un beso en el aire y ella me manda otro. Cuando fuimos a la quiebra y tuvimos que aprender a sobrevivir con escaso dinero, la tía Lucy apareció. Es el hermano mellizo de mi mama, pero dejaron de hablar definitivo cuando decidió que los tacones le calzaban mejor. Nunca antes había tenido tías o tíos, papa era hijo único y mis abuelos maternos y Clare hacían de cuenta que no existía nadie más en la familia. Lo cierto es que me alegraba tenerla conmigo, me ayudo bastante cuando todo se fue a la mierda, más aun en los tiempos en que Clare se largó y Jaden también.

Las puertas del antro están abiertas y el cartel del happy hour esta prendido, por lo que no me sorprende cuando veo montones acercarse a la barra. Sonrió, recibiendo al primer cliente. Larga noche pero buena paga, eso es lo que importa.

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Ayer llegue a casa pasada las 3 am después de limpiar la barra, cerrar la caja y ayudar a dos chicos a tomar un taxi destino a su hogar. A las seis y media estaba levantada de nuevo con sueño y fiaca, pero rápidamente se evaporo cuando recordé que sucedería hoy.

Steve hoy se marcha.

Lo observo sentado en su silla de ruedas mientras la tía Lucy le acomoda la camisa azul oscuro. Parece decirle algo en voz baja, bien suave para que Des y yo no podamos escuchar. Según ella, ellos siempre se han llevado bien y eran amigos en el pasado. Todo cambio cuando Lucy se travistió y Clare se volvió loco. Ni siquiera papa pudo mantener contacto.

Termina por decirle otra cosa y le echa una sonrisa triste antes de revolverle el cabello casi inexistente. El coche ya está aquí y sus maletas adentro, Des ya se despidió prometiendo ir a verlo después de la escuela todos los días y llevarle a Baby. Papa no le contesta. Me acerco hacia él, siendo mi turno el de despedirme.

—Vas a estar en un lugar lindo, pa —le prometo agachándome hasta quedar a su altura, brindándole una sonrisa. Ni siquiera me mira—Lo siento, no quería hacer esto… pero Des…

No continúo. No creo que este escuchándome al menos. De todas formas, creo que él sabe porque lo estoy enviando a un psiquiatra. Su depresión y sus intentos de suicidio no es algo que haya podido controlar nunca, sé que tuve que haberlo hecho tratar antes, pero era demasiado joven y estaba sola como para soltarlo. Ahora tengo que proteger a Des. No quiero que llegue un día de la escuela y lo encuentre muerto.

—Iré a verte en cuanto pueda —le doy un beso en la mejilla. Steve no se inmuta—Cuidare bien de Des, solo preocúpate en recuperarte.

—Ya es hora, cielito—dice mi tía apareciendo tras de mi tomando una de mis manos.

Steve es llevado dentro del coche que lo llevara hacia la institución de psiquiatría a las afueras de San Diego. Lo veo marcharse sin mirar atrás, aun perdido en su mundo. El corazón se me estruja y las lágrimas queman por salir, pero no lloro delante de Des ni de Lucy. Así que solo sonrió mientras paso mi brazo por el cuello de mi hermano y lo atraigo hacia a mi

—¿Estas bien, Rita?

—Claro que sí. ¿Y tú?

—Aliviado, supongo. ¿Eso es malo?

Meneo con la cabeza, comprendiéndolo. Él también se siente culpable, como si lo estuviéramos abandonando.

—Nah. Ahora recibirá la ayuda que necesita —nos anima Lucy siguiéndonos. Llegamos al pórtico del patio trasero, cruzando la puerta corrediza—Lo que importa en este momento es que tienen que ir a desayunar. Se les hará tarde para la escuela.

—Iré a terminar el desayuno —Des se aleja con una media sonrisa directo hacia la cocina.
Lucy y yo nos quedamos en la sala, solo observando sus pies desganados y su energía triste.

—¿Crees que hice bien?

—Claro que sí, amorcito—pasa un brazo por mis hombros y me atrae hacia ella—Lo has salvado muchas veces, Rita. Es hora de que se salve a sí mismo.

Con la garganta estrangulada, solo me queda asentir con la cabeza. Si bien, lo he salvado de ahogarse, lo he llevado a la madrugada al hospital solo a mis espaldas cuando tomo tres frascos de pastillas y tuve que quemar todas las sogas y esconder los cables de la casa por si intentaba de nuevo ahorcarse. Podía haber aguantado mucho más, pero fue suficiente cuando giro las perillas de las hornallas y dejo correr el gas. No solo casi se mata a él mismo, también casi mata a Des. Si yo hubiese llegado solo una hora más tarde, no podría haberlos rescatado a ninguno de los dos.

A veces me gustaría que estuviese Jaden con nosotros. Al menos él hubiese actuado más rápido que yo en estas situaciones y las cosas podrían haber ido mejor para nosotros. Sin embargo, Jaden prefirió ir con Clare a Londres donde viven sus padres. Clare dijo que solo llevaría a uno de nosotros y, por un momento, creí que estaría bien si se llevaba a Des consigo. Pero cuando eligió marcharse con Jaden y este acepto, comprendí que para ella no importábamos si nos quedábamos con nuestro padre depresivo y alcohólico, y que para mi hermano esta era la oportunidad de continuar sus estudios universitarios y heredar la compañía del abuelo.

Lo único de todo esto es que tengo a Lucy y Des conmigo, sobretodo este último. Tengo que protegerlo cueste lo que cueste, aun signifique que Steve deba marcharse.

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—¿Qué tal las practicas?

No tengo idea de que hora es en Barcelona, lo que si sé es que tuve que salirme de mitad de la clase para contestar la llamada de Mara. La conoci a un viaje a Europa junto con los Harrison en donde Steve y Roger fueron los abogados de sus padres. En ese entonces, Mara nos enseño la belleza de su ciudad y de su cultura, además de buenos bares con ricas cervezas. Fueron de las pocas personas que siguieron conmigo cuando todo se vino abajo.

Ahora es mi turno de ayudarla. Hace un año, dieron por muertos a sus padres cuando encontraron partes del navio al que iban. El mundo de Mara se quebró y se volvió negro, y aunque no podía estar con ella, sugerí el viaje de voluntariados a Puerto Rico apenas Max me inscribió. Ayudar a quienes necesitan mas nos dara otra mirada y nos sentara mas sobre el suelo del presente y no del pasado.

—Bien, aprendí a usar gasas, vendas y a poner una curita con decencia —responde con cierta ironía—Todavía no estoy muy convencida de esto, Rita.

—No nos hemos visto desde hace casi cuatro años. No solo pienses en esto como una ayuda a la comunidad, también para volver a ver a la grandiosa Rita Starkey.

Puedo sentirla sonreír tras la línea.

—No podría perdérmelo. Osea, ¿Quién se niega a ver a la fabulosa Rita con los pies de Dios?

—¡Eso es de lo que hablo! —suelto una risita al mismo tiempo que me dejo caer sobre la banca del patio. —Te despejara, enserio.

—No lo sé… Puerto Rico es una isla.

—¿Y?

—Ya sabes…—dudo un momento en seguir hablando—Mi miedo al agua.

—Tranquila, no es como si fuese una isla pequeña y desierta. Es grande y viven mas de diez mil personas allí.

—O quizás menos. Con esto de los huracanes…

—Si, pero mejor ni pensar en eso.

—¿Y si nos encontramos cadáveres?

—¿Por qué tan pendeja? No me des ideas que me hagan arrepentirme, Santiago.

—Esas son las ideas que me andan revoloteando por la cabeza desde que me inscribi.

—Deja el pesimismo aun lado y piensa en esto como vacaciones. Nos dan un viaje gratis. ¿Qué dices si apenas llegamos vamos a…?

—No y no. Olvida cualquier locura que tengas en mente. No volveré a subir a un avión con resaca contigo en la vida.

—Solo teníamos dieciséis, no jodas.

—No me creo que tus costumbres hayan cambiado, Starkey.

Me rió de su sinceridad, pero no puedo darle la razón ahora. Si era un desastre cuando tenía dieciséis, pero ya tengo veintiuno y no bebo tanto alcohol como antes. No desde que vi como transformaba a mi padre en un ser depresivo y triste.

—Entonces… ¿te veo en Puerto Rico?

Tras un suspiro derrotado, no tardo en sonreír por mi victoria.

—Ya hice el curso y no me puedo echar atrás. Solo asegúrate que Max no se beba toda mi cerveza ni se coma toda mi comida.

—Tratare de domar a la bestia.

—Por cierto, lo vi a Lion hace menos de una semana.

Siento un sabor amargo en la boca de solo recordarlo.

—¿Lion?

—Si. Me dijo que Ren esta en San Diego. ¿Lo has visto?

Me tardo unos segundos antes de contestarle. Lion Harrison es el segundo hermano y ha sido por mucho tiempo un gran amigo. Lo cierto es que no escondió el odio hacia mi familia al caer en la quiebra. Lion estaba furioso y juro hacernos pagar por ello. Y claro que lo hizo. Se encargo de alejar a todos los que amaba lejos de mi, incluyendo a Ren.

Mara si sabia que nuestras familias se odian y no pueden soportar verse los unos a los otros. Pero yo nunca le había contado que Ren volvió a la ciudad.

—¿No has pensado en buscarlo?

Sé que debería decirle ahora mismo, sobre que Ren asiste a la misma universidad que yo. De todas formas, lo verá en Puerto Rico porque también esta en el viaje..

—Tengo que irme. Ya sabes, clases.

—Esta bien, pero solo piénsalo ¿si? Ustedes eran geniales juntos.

—Adiós, nena, te veré pronto.

Tranco la llamada y suelto un cargado suspiro de mis labios. Si, Ren y yo eramos geniales juntos, eso todo el mundo podía verlo. Pero ya no somos mas “Ren y Rita”. Solo somos Ren por separado y Rita por separado. Nunca podríamos volver a estar juntos, mucho menos si Lion esta de por medio.

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Cherry no contesta mi mensaje y Dylan no aparece, por ende, no voy a poder ir a la presentación. Friego la barra del mostrador mientras maldigo en susurros a Louis y su mierda por hacerme esto. Venganza. Quiero venganza.

Entre a las dos de la tarde con la esperanza de hacer horas extras con tal de hacer dinero de más y quizás me dejasen salir por una hora. Pero con la cara de perro de Bob, el encargado, me abstuve de siquiera preguntarle. Y cuando se fue sin darme cuenta, supe que perdí mi oportunidad de irme antes. Sé que Shawn no diría nada porque me vaya unos treinta minutos, pero el lugar estuvo tan lleno en la tarde que temía que volviera a llenarse nuevamente y dejarlo solo con los pedidos. No puedo irme si al menos Cherry no aparece y me cubre.

Suelto un suspiro derrotado.

—¿Qué sucede, Rita? —pregunta Shawn desde la cocina, preparando los cup cake de colores.

—Odio a los gays competitivos.

—Creí que estabas de su lado.

—Y lo estoy para que se casen y adopten niños, no para que me boicoteen—tiro con fuerza el trapo sobre el mostrador de color rojo, suspirando nuevamente—Odio a las personas competitivas.

—Sin competencia no podemos sacar lo mejor de nosotros.

—Tampoco es para sacar lo peor.

Shawn asiente con una sonrisa y vuelve a su trabajo. Me tomo el tiempo de prepararle un café y dejarlo en la barra que divide la recepción de la cocina.

—Amárgate un poco, así al menos no me siento culpable por ser una compañera horrible.

Suelta una leve risita y deja un plato con un pie de limón sobre la barra.

—Endúlzate un poco, así al menos no me siento culpable por ser el único de buen humor.

El gesto de su parte logra cambiar mi mala cara y le regalo una sonrisa, recibiendo con gusto y agradecimiento el pie. Siempre hay personas lindas en el mundo que compensan lo horrible que son otras.

Me dedico a comer el pie con una malteada a mi lado mientras reviso mi Instagram. El local está vacío, así que tengo unos minutos para degustar mi merienda a la vez que chusmeo el inicio.

La campanilla de la puerta suena anunciando más clientes en el momento en que termino mi pie. Dejo el celular aun lado y levanto la cabeza con una sonrisa en mi rostro.

—¡Bienvenidos!

—Hola Rita —saluda Jenks, uno de los chicos que regularmente viene aquí con un par de personas más detrás de él.

—Ey, Rita —Bowie, otro de los chicos, me guiña el ojo mientras me dedica una sonrisa coqueta. Lo ignoro.

De golpe y porrón, lo veo entrar también. Siento como el calor de mi rostro se baja de golpe cuando vuelvo a encontrarme con esos ojos marrones tan familiar. Desvió la mirada y formo una sonrisa automática mientras tanteo en el mostrador mi libreta y la birome con las manos por poco temblándome. Ellos se sientan al fondo en una de las mesas más grandes, específicamente él contra la ventana y cruzado de brazos, mantiene el ceño fruncido y una expresión seria en el rostro. Advierto que va a voltear la cabeza y bajo la mirada, repitiéndome a mí misma que estoy en horario de trabajo.

—Rita, las mesas —me recuerda Shawn.

—Sí, lo siento.

Maldigo a Lana por enfermarse y Cherry por no contestar el maldito mensaje. No es que sea la primera vez que se encuentra aquí, pero si es la primera vez en que tengo que atenderlo. Lo peor es que también esta Bowie, mi acosador personal desde que me negué a salir a una segunda cita con él.

Con coraje retenido y una sonrisa en el rostro, camino hasta donde está el grupo de Jenks. Generalmente, anda con los mismos amigos de siempre de la carrera de piloto. Esta vez, dos chicas lo acompañan. Una sentada a su lado enrollando su brazo con el de Jenks; es Camille, su novia. La otra chica es Dana, sentada a un lado de Ren. Es su novia o eso es lo que parece, siempre que lo veo esta con ella. Ren es el único que no me mira cuando llego a la mesa, solo mantiene su mirada hacia afuera de la ventana, ignorando todo a su alrededor.

—Buenas tardes.

—¿Qué tal esos pasos, Starkey? —pregunta Jenks.

—Sincronizados, como siempre. ¿Y tú, Jenks? ¿Qué tal ese piloteo?

Los demás se ríen y Jenks refunfuña. Todos saben que antes de terminar el semestre pasado fue a las prácticas y el idiota casi se muere cuando hizo volar el avión. Por poco y lo estrella contra uno de los edificios.

—Ya querrás que pilotee para ti, cariño.

—Tu querrás pilotear para mí, nene —finjo falsa modestia y le saco una sonrisa.—¿Qué van a ordenar?

—Dos lattes y cuatro americanos, preciosa —contesta Bowie, obligándome a voltear hacia su dirección. Es de los seres más detestables que he conocido y no entiendo porque salí a una cita con él, lo único que intento en toda la noche fue mandarme mano y por poco no se la quiebro—Y deberías escribir tu número en mi café, así tal vez te invite más tarde a tomar algo, ¿qué te parece?

Ni loca le pasaría mi nuevo número, todavía recibo sus llamadas y textos en el viejo.

—Ella no saldría contigo, Bowie, así que olvídalo—interviene Brad, el cuarto chico—Rita de seguro tiene novio. ¿Cierto?

—Claro que sí.

Veo a Ren tensarse, mas no se voltea.

—¿Ah sí? ¿Y cómo se llama? —insiste el odioso.

—Trabajo, chico. Y se pone muy celoso cuando no le prestó atención. Con permiso…

—Espera, ¿puedes traerme dos pie de manzana? —pide amablemente Camille.

—Claro, enseguida los traeré —le echo otra sonrisa y voy directamente detrás de la barra.

Shawn escucha el pedido y lo prepara mientras yo estoy haciendo los cafés. La campanilla del local vuelve a sonar. Me sorprende encontrarme a Max frente a mí con la guitarra colgando detrás de su brazo y los auriculares sobre su cuello. Le echa una mirada hacia el fondo y levanta la mano en un saludo rápido y corto hacia su hermano antes de apoyarse en la barra. Preparo un mokaccino de más y se lo paso.

—¿Qué haces aquí?

—Café gratis—levanta arriba su vaso y le da un sorbo—No prepare nada y me escape.

—Lo usual.

—Es tedioso que jodan tanto con la creatividad. Se me seca antes del fin de semana. Que le paren un poco…

—Deberías unirte a uno de los grupos —me giro para tomar los dos platos con pie y los dejo en la bandeja—Ya sabes, el coro o alguna banda.

—Me gusta más en solitario. Me ahorro el tiempo en practicar con otros.

—¿Por qué eres tan antisocial?

—Detesto a las personas.

—¿No has pensado que es porque te sientes intimidado? —me apoyo sobre el mostrador, divirtiéndome por lo odioso que todo resulta serle a Max.

—O tal vez porque temo deslumbrar demasiado a las personas con esta hermosura—palmea el escuche de su guitarra, haciéndome soltar una risita—¿El imbécil te molesto?

—No, está bien.

Lo cierto es que Bowie acosándome no me preocupa demasiado. Le rompería las piernas antes que volvería a joderme. Si el tipo no se acerca demasiado hacia a mi es porque le tiene miedo a Max y sus siete años de práctica en boxeo. Ya lo ha tenido amenazándolo con volverlo una completa mierda si sigue molestándome, y no dudo en que cumplirá su promesa, así que es mejor no tentarlo. No quiero que se meta en problemas por mi culpa.

—Yo también quiero un pie.

—Pídeselo a Shawn y págalo. Ya suficiente te aprovechas de mí.

Max acepta y pasa de la barra para exigir su pie, pero Shawn le grita de regreso que espere porque él ya no cuenta como cliente. Me rio por la pequeña discusión de ambos mientras camino con la cabeza hacia abajo, temiendo encontrarme por con los ojos de Ren de nuevo. Dejo la bandeja sobre la mesa, aun así las charlas no se interrumpen.

—¿Cuándo viajaran?

—El domingo en la madrugada. Pararemos a dormir en un hotel en Miami y al día siguiente tomaremos el avión a Puerto Rico.

—¿Alguno de ustedes ira? —pregunta Dana. Me regala una sonrisa cuando le dejo el latte y su platillo adelante—Gracias.

Le sonrió aunque por dentro solo tenga ganas de verter la bebida sobre ella, conteniéndome. No tiene la culpa. Ni siquiera debería sentirme así.

—Ren y yo iremos —responde Jenks pasando un brazo por el hombro de su chica.

Le dejo el café delante de él, lista para retirarme y querer golpear a Max por anotarme en el listado de voluntarios.

—Rita también ira —comenta Jenks, llamando la atención de todos y deteniendo mis pasos—¿Cierto Rita?

—Claro—sonrió automáticamente e intento irme otra vez.

—Tal vez yo también debería ir…

—Cerraron las inscripciones y se terminaron los cursos —me encojo de hombros dándole una sonrisa falsa.

Trato de renovar mi marcha, en vano.

—Esto no es americano —Dana sostiene el vaso de Ren en su mano, lo destapa para olerlo y le da un sorbo, sorprendiéndose—Esto es un mokaccino. ¿Por qué le trajiste esto?

—No le gusta el americano. No le da más de dos sorbos y lo deja—respondo de inmediato, dándome cuenta de mi error apenas sale de mis labios. Ren se tensa y aun así no me mira, yo solo puedo observar la cara de todos deformándose por la curiosidad.

—¿Ustedes se conocen? —inquiere Brad señalándonos.

Ninguno de los dos contestamos.

—¿Ese no es tu hermano, Darren? —Jenks asiente hacia Max, quien sigue devorando lo que le dio Shawn.

—Sí, ¿y?

—Con Max nos conocemos hace años—volteo hacia el castaño, dando por obvio que lo conozco por él—Es más del mokaccino que del café amargo, así que lo intuí.

—Eh, está bien —murmura Dana sin estar demasiado convencida y voltea a verlo un poco molesta y celosa—¿Por qué no me dijiste que no te gustaba?

Porque para Ren es una fachada el tomarse un americano y a escondidas un buen mokaccino junto con platos dulces. Los Harrison aman lo dulce.

Quiero escaparme de nuevo, pero parece que no puedo hacerlo tan fácilmente.

—Espera, preciosa—Bowie me llama y me extiende el café—Te olvidaste de algo.

—¿De qué?

—Tu número—sonríe todo engreído.

Las chicas sueltan una risita por ello mientras que sus amigos le dicen que deje de molestar. Ren solo lo ignora. Lo cierto es que fue la única persona con la que salí a una cita después de tanto tiempo y fue un fiasco. Gracias a él, no quiero saber nada con los chicos hasta que termine la universidad. Con lo agitado que es mi vida día tras día, un romance o una cita es todo un privilegio y a la vez un desgaste mental.

—Mi celular se averió —miento descaradamente, y como si fuese poco, justo suena en el bolsillo de mi delantal.

Las carcajadas no se hacen esperar en la mesa mientras trato de no echarme a reír porque Bowie no se ve demasiado feliz. Incluso Ren está casi sonriendo, casi porque ni se le nota. Saco mi celular, el nombre de mi amigo aparece en la pantalla antes de cortar la llamada. Lo observo con la boca llena de tarta y el teléfono levantado con mi nombre marcando. Esta vez sí me rió.

—No es gracioso —replica Bowie con el ceño fruncido—¿Por qué no quieres salir conmigo, Rita? La última vez no la pasaste tan mal.

—Cierto. Siempre puedes hacer una cita más irritante—su seguridad decae de golpe y me fulmina con la mirada. Solo le sonrió—El café va por mi cuenta, disfrútalo.

Max me espera con su mokaccino en la mano, apoyado sobre la barra con una sonrisa corta y burlona en el rostro. Chocamos los cinco y me da lo que queda de su pie. Me lo quedo sin pensarlo.

—Supe que Louis estuvo encerrado en el armario del conserje con un chico hasta hace un rato.

—¡¿Qué?! —exclamo con la boca abierta sin poder creérmelo. —¿Cómo?

—Al parecer estaban haciendo cositas y alguien los encerró con llave.

—¿Alguien?

—Alguien que podría saber que esta enrollándose con su compañero de música y tiene confianza con el conserje porque en el pasado trabajo en su casa —el castaño me guiña el ojo.

—No debiste hacer eso, seguro fue un escándalo—le regaño con cariño, dándole golpecitos en el pecho.

—Tenía que vengarme por ti. Seguramente, tu habrías echo algo peor y te hubieses dejado al descubierto.

—Yo los habría filmado y enviado por correo a su madre.

—Sí, pero sabrían que eras tú y ahora tienes coartada: estuviste trabajando—Max pasa un brazo por mi hombro, atrayéndome hacia él. Dejo caer mi cabeza sobre él mientras lo rodeo en un abrazo—Ahora tienes que prepararte para dar tu baile.

Me separo lentamente de él con el ceño fruncido, sin entenderle. Le echa un vistazo hacia atrás donde esta Shawn asomándose por la abertura, guiñándome un ojo.

—Dylan me llamo temprano. No te preocupes y ve. Es viernes. Bob nunca sabrá que cerramos, él ya debe estar arriba de ese avión.

—Pero mis cosas…

—Las tengo yo—Max deja el estuche de la guitarra sobre la mesada y dentro de este se encuentra mi conjunto, lo deja a un costado para volver a cerrarlo—Dylan tuvo que hacer unos recados para su madre, dijo que te vería allí.

Los observo por un momento sin creerlo. Meneo con la cabeza en negación.

—No. Si pierdo este trabajo…

La campanilla suena y Cherry entra por la puerta con el ceño fruncido y las facciones enfurecidas.

—¿Cherry? ¿Qué haces aquí? ¿No tenías una cita?

Sus ojos fulminantes me callan. Pasa hacia detrás del mostrador y solo se coloca la camisa de su uniforme por encima de su blusa escotada, abrochándola.

—Ni me hables de esa mierda. ¡Odio a los hombres! —rechista por debajo con ira—Sino fuese porque tienen su cosita que me sienta bastante bien, haría que los  asesinen a todos.

Shawn retiene las risas al igual que Max y yo, pero es casi imposible cuando ves a Cherry enojada. Tiene el cabello corto rojo y los ojos verdes. Parece un duendecillo gran parte del tiempo y aun más cuando está furiosa como ahora.

—¿No te vas ya? —pregunta esta vez menos enojada—Creí que tenías una presentación.

—¿Puedes reemplazarme?

—¿Para qué crees que vine en vez de ir a casa y beber cerveza? Solo vete antes que me arrepienta.

Le dedico una sonrisa enorme hacia Max antes de darle un beso en la mejilla y tomar mis cosas, corriendo hacia los vestidores de los empleados. Me cambio y doblo el uniforme, dejándolo dentro de mi casillero. Visto las ropas del baile, seguido por maquillarme y arreglarme el cabello en una cola de caballo colgando.

Si Louis o la profesora Hale creían que me detendrían, es que no conocían a mis amigos: lo mejor de lo mejor y siempre salvándome en el momento más oportuno. Hoy es cuando haré la entrada de la facultad mi pista de baile y lo dejare todo ahí. No les dará tiempo de embaucarme de nuevo.

Tras unos quince minutos de tardanza, salgo de los vestidores en dirección hacia la recepción, dispuesta a decirle a Max que nos marchemos. Sin embargo, Bowie se interpone en mi camino, echo un vistazo detrás de él donde los demás están pagando la cuenta, listos para irse.

—¿Vas a algún lado?

—Estoy un poco ocupada—intento moverme hacia un lado, me imita de inmediato, impidiéndome el paso. —Lo siento, pero tengo prisa.

—Solo quiero hablar contigo, Rita, no te pongas así—estira una mano para tomar la mía. Me alejo, no gustándome el contacto repentino. Bowie se muestra molesto, no es bueno disimulándolo—No tengo una enfermedad contagiosa, chica, solo estoy tratando de invitarte a salir.

—Ya te dije que no quiero.

Bowie vuelve a interponerse en mi camino. En cualquier momento voy a perder la paciencia.

—¿Qué te parece hoy en la noche? Podemos ir a comer.

—No estoy interesada, con permiso.

—¿Por qué no? Creí que lo habíamos pasado genial esa vez en el cine…

—¿Dices de ti tratando de tocarme la vagina y las tetas? Ja.

—No seas exagerada, la película era perfecta para la ocasión.

—No, Bowie. Una película sobre el cáncer no es lo ideal para una cita romántica y menos si intentas sobrepasarte—le miro con ira contenida. De solo recordar ese día me pone de malas. —Ahora córrete. Necesito irme y no haces más que atrasarme.

Pero me empuja cuando trato de pasarlo. Llevo una mano hacia mi hombro donde ejerció demasiada fuerza y con una mueca de asombro. ¿Qué mierda?

—No te creas tan importante. Solo eres una mesera que…—

De un momento a otro, Max lo lanza bruscamente hacia un costado y el castaño cae bruscamente sobre una de las mesas, llamando la atención de sus amigos. Intenta tirarse sobre él, le sostengo de inmediato del brazo.

—Max, tranquilo —le ruego conectando su mirada con la mía. Está furioso.

—Ella no sale con perdedores, Benson, así que aléjate de Rita.

Tira de mi mano brusco para ir directo hacia la salida. El corazón me da un vuelco al cruzarme las perlas cafés de Ren, de inmediato me siento incomoda y trato de quitar mi mano de la de Max, pero no me da chance a hacerlo.

—¿Paso algo? —inquiere Jenks deteniéndonos.

Los demás ponen atención sobre nosotros. Ren sostiene la mirada en nuestras manos unidas. Los nervios revolotean por mi estómago con tanta fuerza que me duele.

—No es nada…

—Tu amigo está acosándola, y eso está prohibido en los 50 estados —interrumpe Max con seriedad. Sus ojos van hacia Ren con rencor, enfrentándolo—Tuviste que haber hecho algo al respecto desde el principio.

El corazón me late a toda prisa. Max está loco. ¿Cómo mierda se le ocurre decirle eso a Ren?

La mirada de su hermano se enfría.

No, por favor, no.

—¿Por qué debería? —su voz me tensa aún más que su presencia, al igual que me lástima que lo diga como si le importase una mierda.

Sus amigos se miran entre ellos, intrigados. Los hermanos Harrison no desisten de su batalla de miradas mientras yo solo quiero que se abra la tierra y me saque de este lugar. Incluso le envió miradas de auxilios hacia Cherry y Shawn, pero se ven emocionados por el nuevo chisme en el trabajo que desisto de su ayuda.

—Max, vamos a llegar tarde…

—¿Qué? ¿Enserio estas preguntándolo?

Ren se cruza de brazos.

—Estás haciendo un lio por nada.

—¿Crees que ese imbécil joda a Rita es nada? —pregunta incrédulo. Lo veo tensar la mandíbula—Pensé que tenías más huevos que eso.

—Max —advierte Ren. Sé que no va a ponerse a pelear con él, siempre ha sido demasiado sobre protector con Max y lo que menos haría es golpearlo, pero no puedo decir lo mismo de mi amigo.

—No sales con alguien tantos años y luego dejas que la traten como mierda, Darren.

Los ojos de todos se abren en grande, incluso Cherry abre tan grande su boca que se le cae el chicle en el mostrador. Dana voltea hacia Ren observándolo con el ceño fruncido, molesta. Su mirada va a hacia a mi sin nada de la amabilidad de antes. Genial.

—¿Saliste con Rita? —Jenks es el primero en hablar, señalándome.

—¿Saliste con ella? —esta vez pregunta Dana enojada.

Ren no le contesta, sino que sigue observando con fijes hacia su hermano menor.

—Eso fue hace años.

—¿Y qué? No va a cambiar nada aunque pasen diez—Max me pasa la chaqueta sobre el mostrador y le deja sobre mis hombros. Se gira sobre sí mismo donde esta Bowie, fulminándolo con la mirada—Te mato para la próxima, no estoy jodiendo.

Brusco y rápido, Max me saca de allí no sin antes pedirle a Shawn que deje mis cosas en la uni. Salimos tan rápido que casi me cuesta seguirle el paso, y como mide casi dos metros y sus piernas son largas, por poco y no me caigo de trompa al suelo.

—¡Espera! —sacudo el brazo hasta que me suelta, masajeo una de mis muñecas—No te pongas bruto. No tenías que pelear con Ren.

—No lo defiendas, Rita. Odio que lo hagas —rechista molesto. Casi nunca se le nota nada porque siempre mantiene esa faceta indiferente y madura, solo que yo lo conozco bastante bien para saber que está enojado—Permite que ese imbécil de Benson te moleste. Debería matarlo a golpes, es una lacra. Si hubiésemos estado fuera de tu trabajo, ya le abría pateado el culo.

—Pero él tiene razón. Fue hace años y… —las palabras se me quedan suspendidas en el aire. Tengo un nudo en la garganta y mis ojos pican—Ya paso, Max, solo vámonos.

—Rita…

—Enserio, Max. Vamos.

No le queda otra que seguirme el paso. Puede doler y lo que sea, aun así Ren tiene razones para estar resentido conmigo y odiarme a toda libertad, no lo culpo. Después de todo, yo le rompí el corazón y lo deje en el momento en que más me necesito. Ninguna excusa vale para lo que hice y lo sé. Que haya idiotas como Bowie hay montones, no es difícil deshacerme de ellos. Pero es jodidamente difícil deshacerme de otras cosas como mis sentimientos de culpa, vergüenza y amor que siento cada vez que Ren está cerca.
Stark.


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Triángulo de las Bermudas  Empty Re: Triángulo de las Bermudas

Mensaje por Stark. el Sáb 22 Sep 2018, 5:07 pm



Capítulo 01.2
Rita & Ren ✘ escrito por: Stark.

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just beat it:

La idea de tener un solo en las presentaciones de los viernes es demostrar la habilidad de un solo bailarín y los pasos que ha creado para la coreografía, ya sea que tenga o no. Captar la esencia del bailarín y agregarle la nuestra. En esta segunda semana de clases, la profesora Hale eligió Michael Jackson como inspiración para el hit semanal. Dios y todos aquellos que me conocen saben que amo el Rey del Pop, y como fui elegida como la mejor bailarina del año pasado y es la apertura de un gran año, elegí Beat it para mi presentación.

Me pongo mi chaqueta de cuero mientras tomo un profundo respiro. Tengo dos minutos treinta y cinco para llamar la atención del resto de los alumnados y dar la mejor presentación que han visto en el mundo, o al menos en esta semana, con eso me conformo. Salgo caminando hacia las afueras del edificio, notando que están gran parte del alumnado de nuestra facultad y de otras observando con curiosidad, reunidos en un círculo grande. Es lo mágico de los viernes, tenemos nuestro propio escenario con nuestros propios fans.

Uno, dos, tres.

They told him don't you ever come around here
Don't want to see your face, you better disappear
The fire's in their eyes and their words are really clear
So beat it, just beat it

Los chillidos de las personas a mí alrededor no se hacen esperar, menos el de Dylan que chilla como loca desesperada. Mis pasos se van marcando con sincronización de la música, mezclándose con los del Michel Jackson. Suena el estribillo y la tribuna estalla. Me dejo llevar aún más por la música mientras canto junto a ellos y bailo, improvisando esta vez. Muevo mis hombros marcando el ritmo y sacudo todo mi cuerpo hasta llegar a mis pies, haciendo la caminata lunar.

Siguen mis pasos propios en la segunda parte de la canción donde me acerco al público e interactuó con ellos. Algunos me siguen los pasos, tonteando y haciéndome reír a mí y a otros. No es hasta que me acerco hacia otra parte donde veo a Ren y Jenks, este último sosteniendo mi mochila. Por poco y caigo al suelo, pero doy una pirueta hacia atrás, sacando muchas exclamaciones.

Mi parte termina cuando el próximo estribillo esta por empezar y me escondo detrás de una columna cercana. Salen mis compañeros haciéndose paso entre la muchedumbre y otra parte sale de la entrada de la facultad, todos con chaqueta negra de cuero y pantalones ajustados, bien al look de los ochenta. Pasos aquí y allá, la coreo que armaron le sale mucho mejor de lo que se veían en el ensayo. No sé si es por la noche, las luces de los faroles o el atuendo, pero se lucen diez veces mejor.

Dylan y Troy son atados de las muñecas y simulan la pelea con navajas de mentira. Los espectadores chillan, gritan y exclaman sorprendidos por la destreza con la que bailan. Bajo las escaleras moviéndome al ritmo y chasqueando los dedos mientras simulo cantar, llego hasta ellos al momento justo en que deshago el amarre y comienzo a liderar la épica coreografía de la canción.

Just beat it, beat it, beat it, beat it
No one wants to be defeated
Showin' how funky and strong is your fight
It doesn't matter who's wrong or right
Just beat it, beat it, beat it, beat it
No one wants to be defeated
Showin' how funky and strong is your fight
It doesn't matter who's wrong or right
Just beat it, beat it
Beat it, beat it, beat it
Y como si no fuese suficiente, el estribillo se vuelve a repetir otras dos veces en el que repetimos toda la coreografía. La gente a nuestro alrededor baila junto a nosotros sin saber los pasos, pero suficiente como para moverse al son de la música. Max esta entre el público, siendo mi fan nº 1. Sonríe abiertamente como pocas veces lo hace y le envió un beso. No dejo de observarlo ni de sonreírle mientras vamos terminando el baile, pero en cuanto veo a Ren pasar por detrás, ahora es él quien llama mi atención. No hay alguna expresión en su rostro, y pese a que son solo pocos segundos, se siente como una eternidad. Quita su mirada sobre mí cuando Dana le toma del brazo y le susurra algo para después mandarme una mala mirada. Ren le deja mi mochila a Max y se marcha con un brazo pasando sobre los hombros de su novia, dejándome con un sentimiento agrio.

Dylan me da un culazo en la que casi me caigo hacia adelante, sin mas no rompe la coreografía, solo me saca de mi triste transe y me echo a reír por ello, aliviada de tenerla para distraerme, aunque lo haya hecho sin querer. Que Ren me ignore o que haya seguido su vida está bien, yo tengo la música, el baile y mi gente para quitarme la tristeza.

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Mi viernes no iba a cambiar por cerrar la semana con mi solo, pero sí que lo había hecho mucho mejor. Lucy me felicito cuando le mostré el video e incluso me invito un trago para celebrar—extraño que me dejara beber en horas de trabajo.

El happy hour se terminó hace diez minutos, por lo que la locura ha terminado hasta dentro de un buen rato. Aprovecho a limpiar mi espacio y rellenar el alcohol que falta.

—Descuida, yo iré a la bodega—dice Aaron, uno de mis compañeros de trabajo—¿Puedes ayudar a Natalie con las mesas? Se ve un poco en problemas.

—Claro, ahí voy.

Aaron agradece y se marcha, yo saque una bandeja redonda de aluminio junto con una libreta y lapicera en mano. La sección de mesas siempre tiene dos meseras especiales para ocuparse de ella, pero Anne se retiró temprano porque su bebe tenía fiebre y Lucy no iba a negarle el paso si había un niño de por medio. Generalmente, atender las mesas siempre era un poco más difícil porque las personas estaban más ebrias y a veces más agresivas. Apenas llego a la sección, diviso a Mark parado en una esquina, asintiendo en mi dirección. Al menos están los monos de Lucy para cuidarnos.

Atiendo la mesa de dos mujeres riéndose a carcajadas y anoto dos botellas de champagne, Natalie aparece mágicamente con ellos y su sonrisa risueña.

—¿Cómo…?

—Piden lo mismo todos los viernes —revolea los ojos divertida —Atiende la otra mesa por mí, yo me encargo de esta.

Le echo una sonrisa y camino hacia la mesa final, arrepintiéndome casi de inmediato: Ren esta con Jenks y su grupo, eso incluye a su novia y el odioso de Bowie. Me detengo un momento antes de continuar y volver para pedirle a Natalie que los atienda ella. No creo estar lista para un segundo enfrentamiento con todos ellos, menos con lo que sucedió en la tarde. Pero tan pronto lo pienso, desecho la idea y continuo con una media sonrisa. Él es quien debería evitarme, yo solo estoy en mi lugar de trabajo.

—Buenas noches, bienvenidos a De La Cruz —aparezco frente a ellos, recibiendo todo tipo de miradas. Las ignora a todas y me centro en lo principal—Soy Rita y seré su mesera hoy. ¿Qué puedo servirles?

—Últimamente, te veo en todas partes —suelta Dana ácidamente, nada contenta.

—También trabajo aquí.

—¿Desde cuándo?

—Basta, Dana —replica Camille.

—Desde hace un año o un poco más —contesto tras sonreírle, frustrándola aún más—Hay promoción de 2x1 de champagne hasta dentro de una hora.

—Entonces, tráenos de eso, belleza —Bowie estira el brazo hasta envolver mi cintura y estrecharme hacia él—¿Por qué no te sientas un poquito arriba de mis piernas? Puedo ser tu daddy sugar.

Le envió la peor mirada fulminante que tengo mientras salgo de su agarre bruscamente. Muerdo fuertemente mis labios para no sucumbir a la humillación que estoy sintiendo, mucho más que Ren solo este de brazos cruzados sin hacer nada.

—Ya tengo un daddy sugar, y es ese —señalo a Mark con la mirada sobre nosotros—Te va a moler a golpes si intentas otra vez hacer tu mierda, Benson.

—Ya no la jodas, Bowie. No nos pongas en ridículo —interviene Jenks—Perdón, Rita. Solo tráenos las dos botellas.

—Bien.

Me voy apretando con fuerza la bandeja entre mis manos hacia la barra. Lucy me espera con los ojos entrecerrados, ha visto toda la escena.

—Dime en que momento y le saco a patadas.

—No vale la pena.

—Claro que sí. Es un acosador. La vez pasada también estuvo aquí y vino a molestarte. No creí que atentara contra su vida el venir otra vez.

—Esta con sus amigos, ellos lo controlan…

—Pero no siempre estarán sus amigos —insiste, solo meneo con la cabeza—De acuerdo, nena. Ya sabes que cuentas conmigo.

Me dejo acariciar la mejilla por ella y tras regalarle una sonrisa para tranquilizarla, voy hacia la mesa. Bowie ya no está. Las chicas tampoco. Ninguno tiene una buena cara.

—Dos champagne —les dejo las dos cubetas sobre la mesa junto con las copas—Y aquí está el ticket.

Brad ya tiene el dinero en mano y me lo pasa con una sonrisa de disculpas.

—Lo sentimos, Rita. No volverá a joderte.

—Y si lo hace, nos dices que le patearemos la cabeza—promete Jenks con los brazos cruzados.

—Gracias, chicos. No debieron…

—Claro que sí. Es un asno. No tiene que tratarte de esa manera.

—Eres mucho para él, chica.

Pese a que Jenks y Brad tratan de hacerme sentir mejor y se los agradezco, lo cierto es que me gustaría escuchar algo salir de la boca de Ren, pero este solo se está sirviendo champagne en la copa. Él ama el champagne.

—Por cierto, Ren dijo que le iba a hacer comer su mierda si te volvía a joder—habla Jenks de repente.

Me sobresalto al escucharlo y miro hacia Ren, quien le observa de reojo con el ceño fruncido.

—Sí, también le dijo que…

—Ya está bien —los detiene sirviéndoles champagne—Solo beban.

—Le dijo que…

—Jenks.

—¿Qué? Solo voy a decirle lo que le dijiste al imbécil de Benson.

—Está bien, chicos. Es un poco incómodo para ambos —les sonrió tratando de no cruzar miradas con Harrison—Disfruten de su noche y avísenme si quieren más champagne, les hare descuento—les guiño un ojo.

Me marcho en dirección hacia otra mesa donde tomo el pedido. Aunque trato de disimular mi estúpida sonrisa, el saber que a Ren sigo importándole me acongoje el corazón y me dan ganas de gritar y llorar, pero sería estúpido que lo hiciera. No debería, no cuando esto no va enserio y solo sintió la necesidad de decir algo porque Bowie ya estaba siendo un pelmazo.

Tranquilizo mi corazón el resto de la noche yendo y viniendo entre las mesas y ocupándome también de la barra. Me cruzo en algún momento a Camille y Dana bailando con dos chicas más. Pese a que cruzo miradas con la última, esta no hace más que voltearme la cara en cuanto le brindo una simple sonrisa. No debería ser tan celosa, a Ren no le gustan las chicas así. Pero que va, tengo que dejar de pensar en él.

El celular vibra en mi bolsillo trasero y me tomo unos segundos para abrir un mensaje. Es uno de Max sobre que ir a dormir a mi casa luego de la fiesta electrónica que hay en la playa, a pocas cuadras de mi hogar. Ahora que Steve se marcho va a ser más fácil meter a Max a casa. No es que no fuera menos incomodo pese a que hayan pasado los años, pero hace unos meses Steve vio a Max y se pasó tres días encerrado solo bebiendo y llorando, y como no si Max es idéntico a Roger Harrison, su más grande socio y amigo.

Y algo más, claro está.

Quito eso ultimo de mi cabeza con la horrible sensación en el pecho y voy hacia el baño para buscar a Mery, la que vigila que no se tiren las mechas allí mismo. Está sentada en un taburete en la esquina del baño fumando un cigarrillo con la ventana redonda abierta arriba de ella. Tiene el cabello tan largo hasta el trasero y faroles azules que resaltan con fuerza. Nadie pensaría que tuviera más de 40 años.

—¿No has traído mi trago, Rita?

—Sabes que no se puede—replico de inmediato regalándole una sonrisa—Lucy te busca, dijo que tenía algo para darte.

—Que sea un maldito whisky o me largo.

Le acompaño a la salida con la intención de seguir mi trabajo, pero Dana me intercepta antes que pueda salir. Se ve ebria y molesta, Camille a su lado parece avergonzada. Mery me da una mirada preguntándome si está todo bien. Solo le asiento en su dirección antes que se marche.

—¿Si?

—¿Tu eres esa novia que Ren no puede olvidar? —balbucea con la lengua vaga.

Mis ojos se abren de golpe y observo a Camille golpearse la frente con la palma de la mano.

—No le hagas caso, Rita, solo esta ebria.

—¡No estoy ebria! ¡Lo escuche a Jenks decirle a Brad!

Abro la boca y la cierro de golpe sin saber que decir. El verla tan triste y confundida hace que sienta cierta empatía con ella. Puedo verme a mí misma con 15 años y la maldita de Dev detrás de Ren y este aun estúpido por ella.

—Dana, lo que paso con Ren es pasado y ya. Solo soy la amiga de su hermano, no tenemos otra cosa en común.

—Pero te defendió ahí en la mesa de Bowie…

—Cualquiera que tuviera un poco de simpatía por otra persona lo haría. No creas que es algo personal—insisto y le paso un pañuelo al ver sus lágrimas caer y desparramar su maquillaje—Ren odia a los tipos como él. Si no se metió antes es porque no le gusta entrometerse en problemas ajenos, pero supongo que ya estaba en su límite.

Pese a mis excusas, Dana no toma mi pañuelo y menea con la cabeza. Camille nos envía miradas una a la otra, sin saber bien que decir. No quiero problemas en mi trabajo y menos por Darren, Dana debería apreciar lo que tiene con él.

—Ese es el problema.

—¿Cuál?

—Conoces demasiado bien a Ren, mucho mejor que yo.

—Nos conocemos desde hace años, es por eso que…

—Yo también lo conozco hace mucho y nunca supe que odiaba el americano, que le gustaba el mokaccino o siquiera que alguna vez fuiste su novia. ¡Y siempre venimos aquí o a Starbucks! ¡Te cruzamos un montón de veces!

—Ya, Dana, estás haciendo un espectáculo —Camille trata de persuadirla. Las chicas del baño empezaron a rodearnos.

Esto ya está bien. Creo que está lo suficientemente borracha como para hacer omiso a mis palabras y no puedo perder más tiempo con ella. Ren debería ser más atento con Dana para que estas cosas no ocurrieran. Y yo tampoco tendría que estar dando explicaciones que no me corresponden.

—Podemos hablar de esto otro día…

—No, quiero hablarlo ahora —insiste tan terca.

—Estoy en horario de trabajo, Dana. Por favor.

Paso de ella rápidamente, aprovechando que sus movimientos se vuelven torpes por el alcohol. Camille la toma de brazos, pero aun así no evita que chille a mis espaldas que soy una roba novios. Ignoro las miradas curiosas de las chicas de adentro y salgo por la puerta lanzando un gran suspiro. Primero fue mi novio, en todo caso ella seria quien me lo robo.

No, no, Rita. Nadie le robo nada nadie. Ren no es una cosa y ya no es tu novio.

Por si fuera poco, Bowie aparece frente a mi cuando paso por la pista de baile para ir directo a la barra. Se ve más ebrio que antes, puesto que apenas y puede mantenerse en pie. ¿No es que se había ido?

—Rita, espera —dice con la voz arrastrada y me sujeta con fuerza de ambos brazos.

Hago una mueca de dolor y trato de quitármelo de encima, todo en vano. Su aliento a alcohol y el asqueroso olor de su perfume me invaden las fosas nasales y trato de no vomitar. No tengo que verme asustada, eso solo le dará más poder.

—Bowie, suéltame.

—No, espera, no quería hacerte sentir mal. Solo quería que estuviésemos muy juntitos—rodea con sus brazos sobre los míos y me apega hacia él.

—Bowie, basta, me estas incomodando.

—¿Por qué? Estuviste con Harrison. Fuiste su putita. ¿Por qué no ser la mía?

—Es tu última advertencia, Benson.

Me sonríe burlón, seguramente pensando que podría hacerle una enana como yo. Apenas intenta acercarse hacia mis labios, le piso con fuerza el pie. Bowie suelta un grito tan alto que hace que algunas personas volteen a mirarnos, yo me escabullo entre la montonera, pero ni siquiera eso me salva. Me sujeta fuerte del brazo y tira de él. Sus ojos rojos inyectados de sangre me paralizan por un momento. Está furioso.

Abre la boca para decir algo, y tan pronto lo intenta, se cae bruscamente hacia un costado. Mis ojos se abren al tope al ver a Ren a mi lado. Nuestras miradas se conectan, tan cerca y profundo como hace años no pasaba. La respiración se me irregulariza mientras que la garganta se me cierra. Las puntas de los dedos me pican con el anhelo de tocarlo nuevamente.

Se rompe la conexión. Ren es golpeado por Bowie y se hace unos pasos hacia atrás, no cayendo. Intento meterme en la pelea que comienza a desarrollarse entre los dos, Jenks me sostiene de atrás impidiéndolo.

—Ni se te ocurra.

—¡Pero va a matarlo!

—Deja que lo mate. Se lo merece.

Con las luces de neón aun en la pista y la música resonando con fuerza, se abre un circulo en el que Ren y Bowie se dan golpe tras golpe, siendo el primero quien tiene mayor ventaja. La cosa se complica al ver a Bowie tomar una botella de vidrio del suelo y la rompe en el suelo, amenazándolo con los pedazos de la botella rota. Intenta dársela en cualquier parte del cuerpo, Darren es lo suficientemente ágil para esquivarla, pero la oscuridad y los tragos que tomo no parecen estar ayudándolo.

Nadie quiere meterse por miedo y las masas tampoco ayudan a dejar que los de seguridad pasen. Diviso la botella que tiene uno de los chicos que está en primera fila y no lo pienso más. Me suelto del agarre de Jenks, tomo la botella entre mis manos y me acerco rápido por detrás de Bowie.

—¡No, Rita! —le escucho gritarme, siendo la primera vez en tres años que escucho mi nombre salir de mis labios.

Demasiado tarde. Impacto la botella de vidrio contra la cabeza de Bowie, desmayándolo en el acto. Casi al instante, la tía Lucy con sus monos llega para observar la escena. La música se detiene al tener a la reina del lugar pisar la pista.

—¡Mark, Barry! ¡Saquen a este pedazo de mierda de mi antro! Llévenlo al agujero.

El agujero serían los tanques de basura que hay en el callejón de al lado. Bowie mañana se despertará con ratas en sus pantalones. Lucy se acerca a Ren y me dirige una mirada antes de voltear hacia él. No lo conoce, nunca le he contado a nadie sobre Ren después de que él se marchó. Le dice algo, no comprendo que, solo observo al chico sonreírle y asentir con la cabeza, siendo acompañado por uno de los monos.

—¡Espera, tía! —me acerco rápidamente—Él solo me defendió, no hizo nada…

—Por ello va a ir al vip y beber gratis las veces que quiera —se cruza de brazos con el ceño fruncido en mi dirección—¿Y a ti que mierda te pasa, Rita? ¿Cómo vas a meterte en la pelea?

—Es que sucedió demasiado rápido. Tenía que hacer algo.

—Si, tal vez esperar a que Mark, Barry u Owen lleguen, no arriesgarte.

—Pero…

—Vete a la barra.

Lucy me deja con las excusas en la boca y no me queda otra que tragármela. Miro por donde se fue Ren, esta con Dana frente a frente. Está observándolo con amor y preocupación, fijando cada detalle de su cuerpo de que no se haya lastimado. Ren le sonríe con cariño y le abraza para tranquilizarla, maceándose entre ellos.

Quito la mirada de la dulce escena mientras voy caminando detrás de la barra. Sirvo un trago de whisky en un vaso y me agacho, bebiéndolo de golpe.

—No podemos tomar en horas de trabajo —dice Aaron mirando hacia mí con las cejas alzadas—Tu eres la primera en joder con ello.

—Ahora no me molestes y sirve otro trago.

Se encoge de hombros y me lo entrega. Bebo dos vasos más, lo suficiente para que la garganta me queme y me pase la amargura que llevo atascada. Me levanto y de inmediato le sonrió al cliente, tomando su orden.

No vivas en el pasado, Rita. Ren ya siguió su vida y también deberías hacerlo.

Qué fácil es decirlo y tan difícil hacerlo.

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Llegan las cinco y finalmente el antro está cerrando. La barra termino hace veinte minutos y hay que limpiarla, por suerte yo mantengo mi parte limpia en los poquitos ratos que nadie viene a pedir tragos, por lo que soy la primera en marcharme, despidiéndome de mis compañeros.

Estoy tan cansada y abolida hasta la mierda que de solo pensar que tengo que ir caminando hacia casa y levantarme mañana a las diez para ir a la última practica de voluntariados, hace que quiera morir. El domingo me la pasare durmiendo, Barry me dejo el día libre para que terminara de preparar mis cosas para el vuelo de la noche directo hacia Miami. Creo estar arrepintiéndome del viaje. Apenas ayer a la mañana papa está en el psiquiátrico, y me preocupa dejar a Des solo. En verdad, se quedará con Perrie, el marido de la tía Lucy, solo que me es raro separarme tanto tiempo de él. A veces creo que lo necesito más de lo que él me necesita a mí.
Acepte ir porque es una buena causa y me ayudara a despejarme de los problemas de aquí, además Max me lo pidió, y él generalmente no me pide nada más que comida. De todas formas, estoy llevándome otro problema que tiene nombre y apellido y ha sido el amor de mi vida en gran parte de ella. Lo único que me consuela es que estaremos tan ocupados como para preocuparnos el uno del otro, así que mejor olvidar todo lo que tenga que ver con Darren Harrison.

Lucy parece estar lidiando con uno de los borrachos que no quiere irse, pero nada que ella con sus brazos fuertes y grandotes y sus amigos de seguridad no puedan arreglar. Apenas y nos despedimos con un saludo de manos al aire mientras ella sigue regañando al tipo por no irse a la hora del cierre. Salgo hacia afuera con el frio golpeándome y la lluvia torrencial. Sofoco un grito por la mala suerte, pero tampoco me dejo vencer tan fácil. Subo la capucha y me obligo a salir. El agua fría me abraza mientras me cruzo de brazos y comienzo a caminar con siete cuadras larguísimas por delante en dirección a la playa. Maldita sea la hora en que no arregle la desgraciada bicicleta.

Dos bocinazos llaman mi atención. Un falcón al estilo de los noventa se estaciona a mi lado y baja la ventanilla. Es Jenks.

—¡Sube, Rita! ¡Vas a morir de pulmonía si caminas con esta lluvia! —chilla desde adentro.

Sonrió por el aventón y no dudo en correr hacia la puerta trasera, abriéndola y adentrándome.

—¡Gracias! Creí que iba a tener que ponerme a correr y…

Pero Jenks no está solo. En el asiento detrás esta Ren y Dana, este por la otra ventana y ella a mi lado, mostrando cuan molesta es tener que verme, y como no si su novio hasta hace poco casi lo matan por mi culpa. Camille está en el asiento del copiloto. Ni siquiera he cerrado la puerta.

—Eh, creo que debería irme caminando…

—¡No! Déjate de bobadas y entra, vamos —dice Camille con confianza, y para convencerme, me sonríe.

Observo de reojo hacia Ren y Dana, ambos me ignoran. Decido no darle demasiada importancia al asunto si ellos no lo hacen y cierro la puerta, solo callándome.

—Es por la playa, ¿cierto?

—Sí.

El silencio profundo puede más que los Stone sonando en la radio. La incomodidad palpita con fuerza entre nosotros y es casi asfixiante. Creo que tuve que irme caminando.

Como toda masoquista que soy, observo a Ren y Dana de reojo. Él tiene un brazo alrededor de los hombros de ella y la atrae hacia sí, dejando que ella apoye su cabeza en su hombro. Me remuevo incomoda apegándome a la puerta, casi deseando que se abra y me tire a la calle. Solo me quedaría levantarme y echarme a correr para no tener que subirme de nuevo en el auto. Creo entenderla un poco y porque me odia. Debe ser una regla para todas odiar a la ex de tu novio, yo también lo hice cuando salía con Ren, pero tenía mis razones más justificadas que ella. No estoy interviniendo en la relación ni ando de buscona.

—Escuche que Lucy es tu tía, ¿cierto, Rita? —pregunta Camille desde adelante, cortando el silencio.

—Oh, sí. Lo es —contesto, agradecida por cortar la tensión.

—Debe ser toda una locura trabajar en su antro. Ya de por si es loco meterse ahí—se ríe Jenks, siendo el más suelto de todos.

—Solo un poco. Pero es divertido estar sobria y ver a todos ebrios.

—¿Alguna vez te has cruzado a alguien famoso?

—Pues en el vip una vez estuvo Mick Jagger.

Todos voltean a mirarme extrañados.

—¿Qué? Es verdad. Yo le serví su Martini.

—¿Mick Jagger?

—Lucy es su amiga desde hace años. Yo también me caí de culo cuando me enteré.

Y le cuento brevemente el colapso mental que tuve al tener al cantante de los Stone frente a mí y como derramé las bebidas que llevaba en la bandeja sobre mí. Omito la invitación formal a asistir a la habitación de su hotel porque ese secreto solo lo compartía con Max.

Jenks y Camilla se ríen de mis anécdotas donde siempre termino cayendo de las escaleras, derramando cosas sobre mi o liándome en mitad de peleas de chicas y siempre se llevan un mechón de mi cabello. Dana y Ren se mantienen ajenos, y mejor que se sigan manteniendo así.

—No pensé que eras tan torpe con esos pasos, Starkey.

—No todos sincronizan como tú, Jenks. No discrimines a los mortales.

—Oye, ¿supiste que el hijo de la decana fue descubierto en el armario con un chico? Estaban a medios vestir cuando abrieron la puerta.

—Incluso hay un video.

—¿Enserio?

Camille me pasa su celular y pone a reproducir el video. Allí veo a Louis con su actitud de diva saliendo del armario con la camisa desbotonada, los ojos casi saliendo de la órbita y la cara toda roja de vergüenza. A su lado aparece su madre y no piensa dos veces antes de darle manotazos en la cabeza. Suelto una carcajada a lo alto y más me rio al ver que Jenks se asusta con ello.

—¡Santos Beatles! ¡Estaba furiosa!

La chica empieza a reírse conmigo en lo que bromeamos de que tal vez debió ir al baño del quinto piso.

—¿Por qué ese baño? —inquiere Jenks con inocencia.

Camille y yo nos mandamos una mirada cómplice. Todos saben que ese baño es para tener sexo. Nadie va a allí porque no hay asesor y son lo suficientemente vagos para subir un piso.

—Vamos, ¿nunca fuiste a ese baño?

—No soy de la facultad de arte, chicas.

—Cierto, cierto.

—Ya díganme, ¿para qué es?

—Lo usan para hacer cositas —me encojo de hombros—Nadie nunca se mete ahí.

—Es un poco siniestro y nunca hay papel. Yo nunca fui porque me da miedo, pero si he escuchado historias sobre allí.

—¿Y tú, Rita? ¿Has ido? —habla Dana por primera vez, incomodándome. —¿También has escuchado historias?

Sin embargo, no le dejo que me haga sentir mal. Le sonrió simple y asiento con la cabeza.

—Una vez fui con Max para ver si de verdad los rumores eran ciertos, así que nos encerramos en un compartimiento hasta que…

Callo de golpe mi relato cuando me doy cuenta en la manera en que me miran. Incluso Ren. Me rio nerviosa.

—¿No creerán que Max y yo…?

Me da un ataque de risa nerviosa de solo pensarlo o que ellos lo piensen. Antes me cosería lo de allí abajo antes de siquiera pensar en Max como un hombre.

La tensión disminuye, sí; las malas vibras proviniendo de Ren no. En el pasado, mi amistad con Max había sido un problema. Obviamente, yo no iba a interponerlo a él sobre mi amigo. Nunca. Max ha sido mi mejor amigo por años y es el único con quien siempre voy a contar. La incondicionalidad de Max y yo va más allá del amor que tengamos por otras personas, incluso su hermano.

Llegando a la esquina de mi casa, por suerte el incómodo paseo se termina y estoy casi de regreso. Diviso con curiosidad un cuerpo familiar cojeando con una pierna sobre la acera, se sostiene de las paredes sin poder caminar por su propia cuenta. Mis ojos se abren al tope al reconocer a Max.

—¡Para, para! —le chillo a Jenks, quien lo hace de inmediato.

Salgo del auto deprisa y corro hasta llegar al pelinegro. Tengo que levantar mi cabeza porque su metro ochenta es demasiado para mí y la lluvia no me da chance. Su ojo esta hinchado al igual que su mejilla, tiene el labio roto y una ceja cortada.

—¡¿Qué demonios te paso?! —exclamo asustada. Trato de agarrarlo, se hace hacia atrás y se cae en sentado en el suelo—¡Ren, baja! ¡Es Max!

Apenas escucha el nombre de su hermano sale disparado del auto junto con Jenks. Me muevo para dejarle espacio. Ren intenta hablarle, pero este apenas reacciona.

—Mierda. ¿Quién te hizo esto, Max? ¡¿Quién fue?!

No contesta. Me agacho quedando al lado de Ren, solo nos observamos de reojo, la punta de mis dedos vuelve a picar y mi corazón a latir fuerte, pero los ignoro. Ahora solo importa Max. Tiro del parpado de su ojo izquierdo y noto un pequeño cartón cuadrado por dentro. Maldigo en voz baja y le quito la mierda, mostrándoselo a Ren.

—Carajo, esta drogado.

—Este imbécil —rechisto molesta y asustada. Odio cuando se droga con estas mierdas y no se cuida.

Ren lo levanta con ayuda de Jenks, pero Max se resiste con fuerza y cae al suelo de nuevo, golpeándose la cabeza. Suelto una maldición al aire y me agacho, tomando sus manos y rodeándolo en mi cuello. Tiro de él con fuerza, incorporándome. Aunque es ridículo llevarlo a caballito hasta mi casa, es lo mínimo que puedo hacer incluso si sus pies se van arrastrando en el piso.

—¿Dónde lo llevas? —Ren se interpone, molesto.

La primera vez en tres años que me habla directamente mirando mis ojos. Este día es de muchas primeras veces, y ninguna de ellas es muy buena.

—¡A mi casa! ¡No va a querer llegar así frente a tu madre! —le explico entre gritos.

—¡No, a tu casa no! —no se mueve frente a mí, desesperándome.

—¡Deja de ser terco, tengo revisar si tiene más heridas!

—¡Voy a llevarlo a un hospital, olvídalo! ¡Dame a mi hermano!

Me alejo y le encesto una patada en la pierna. Darren suelta una maldición y una mirada fulminante a mi persona.

—¡Deja de ser tan terco y orgulloso! ¡Yo lo cuido, no es la primera vez!

—¡No me importa! ¡No quiero que entre a tu casa nunca más!

—¡¿Por qué no?! ¡También es su casa!

Ren se queda callado de golpe, seguramente no esperando que le recordara que la casa de la playa fue comprada por ambas familias, pero nosotros nos la apropiamos después de que todo se fuese a la mierda. Aprovecho su distracción y termino por correr hacia mi hogar. Llego al pórtico con la respiración agitada pensando en cómo si es tan largo y delgado puede pesar tanto. Tanteo las llaves en mi bolsillo pero no las encuentro. Gruño molesta y pateo la puerta, esperando a que eso despierte a Des.

—¡Des, abre! —chillo, apocada por el sonido de la lluvia. Pateo una vez más—¡Des!

—Tranquila —la voz de Jenks me sobresalta. Doy media vuelta y veo a Camille, Dana y Ren detrás de él con las llaves en sus manos. —Vamos, te ayudaremos.

Me hago aun lado y Jenks abre la puerta. Entramos hacia la sala y con ayuda de Ren y Camille dejamos a Max en el sillón.

—¿Dónde está el botiquín?

—En el baño.

El mayor de los Harrison no necesita que le expliquen donde está, sabe todo de aquí como la palma de su mano. Yo me saco la chaqueta tirándola a un costado y le saco el buzo negro que lleva puesto con delicadeza, reaccionando ante los quejidos de dolor.

—Necesito leche. ¿Puedes buscarla en la heladera? —Camille asiente a mi petición—Necesito la caja entera.

La chica va hacia la cocina sin saber demasiado por donde, pero Ren aparece con el botiquín y le indica. Levanto la remera de Max, notando que tiene moretones y golpes por todos lados. Suelto un grito ahogado, mañana termino por matarlo.

—Hazte a un lado, Rita.

Me muevo dándole paso a Ren. Lo revisa con cuidado haciendo presión en las costillas, Max se queja.

—¿Le rompieron algo?

—No, por suerte no, pero le dieron una buena golpiza.

—¡Aquí está la leche y un vaso! —dice Camille apareciendo rápidamente.

—Gracias. Será mejor que beba lácteos para bajar la droga.

Dejo la leche y el vaso en la mesa ratona de madera. Le paso una mano al rostro de mi amigo, sintiéndome triste por verlo allí. Abre sus ojos.

—¿Estas bien, grandote?

Sonríe sin más, aun así, sigue quejándose.

—¿Qué te paso, Maxie?

—Hay… hay un mono detrás de ti, y te está comiendo los piojos —se ríe como idiota, haciéndome reír a mí.

Alcanzo una manta y se la tiro encima mientras que Jenks prende la chimenea.

—Puede quedarse conmigo esta noche—volteo a mirar hacia Ren, quien no se ve para nada contento—Me asegurare de que le baje la droga y se cambie.

—No es necesario. Me lo llevo.

—Solo lárgate, Darren —masculla Max, llevando una mano sobre sus labios, soltando más quejidos—Si vine aquí fue porque quería estar con Rita. Lovely Rita, ven conmigo.

La declaración de Max es malinterpretada por Ren, lo noto en lo duro que se pone su rostro y sus ojos acusadores hacia a mí, como si hubiese engatusado a su hermano. Dana se coloca a su lado, fulminándome con la mirada también.

—No pudiste volver con Ren ¿y ahora estas con su hermano?

—¿Disculpa? —mi boca se abre engrande. No me lo creo.

—¡Eso! ¡Acosas a mi novio y ahora vas por su hermanito menor! ¿No te da vergüenza?

—Dana, basta —interviene Camille y tira de ella—Vamos al auto.

Ambas se marchan, pero Dana no deja de mirarme en ningún momento. Jenks la sigue, diciéndole a Darren que lo esperara en el auto. Nos quedamos callados con la mirada sobre el otro. Hace años que no lo tenía así junto a mí, ni siquiera en una pelea. El año pasado fue cuando lo vi por primera vez y mi mundo se detuvo. Ren había crecido y poco quedaba algo del muchacho del que me enamore, esta echo todo un hombre. No entendía porque estaba en la universidad si se supondría que se habría recibido. Luego Max me explico que Ren se había separado de su familia después de que termináramos. Trabajo y se mantuvo por su cuenta hasta ahorrar y tener el suficiente dinero para terminar de pagar la cuota de los dos últimos semestres que le quedaban para recibirse. Me sentí peor por ello, mucho peor, porque todavía estaba luchando por tener su título de piloto aéreo y mi familia solo les había arruinado la vida a los Harrison como a muchos otros.  

—No puedes llevártelo —fui la primera que hable, rompiendo el silencio entre los dos—Esta golpeado y agotado. Es mejor que se quede aquí.

—Ya te lo dije. No quiero.

—Pero que terco. ¿No puedes simplemente dejarlo?

—No quiero que siga relacionándose contigo o con tu familia—sus palabras me duelen y sé que también le duelen a él, lo noto en sus ojos—Mi madre hace poco se enteró que volvieron a ser amigos. ¿Y sabes qué hizo? Lo echo de la casa. ¿Quieres realmente que lo echen para siempre?

Miro hacia donde esta Max, adolorido y drogado hasta la mierda. No me había dicho nada de eso. En realidad, Max nunca me dice nada que pueda llegar a dolerme. Nunca habla del odio de su familia hacia la mía o los años difíciles que afrontaron por nuestra culpa.

—Yo…

—Escucha, sé que lo aprecias y lo quieres, pero si mi madre se entera que durmió aquí y no en mi departamento…
Max se abraza a si mismo con frio, le toco la frente y noto que tiene fiebre muy alta.

—Santa mierda —tomo otra cobija y se la dejo encima—Lo siento, Ren, pero guste o no a tu madre o a ti, se tiene que quedar. Puede emporar y esta drogadisimo con LSD.

—No puedo dejarlo aquí. No contigo.

—¿Acaso piensas que voy a abusar de tu hermano? —inquiero con sarcasmo. Su silencio me responde. —¿Me estas jodiendo o que mierda?

No me contesta y saca su celular del bolsillo para marcar. Me observa en todo momento en que la llamada se manifiesta.

—Jenks, vete. Voy a quedarme aquí. Sí, sí. Estoy seguro.

El pecho se me cierra de solo pensar en tener que quedarme toda una noche entera con Ren, pero mierda que late con fuerza de solo pensar en que podemos aprovechar todo ese tiempo.

Estúpida, estúpida imaginación.


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Si me creía que habría una charla profunda y sincera, una noche de romance o una reconciliación, fue puro cuento de hadas. Primero tuvimos que encender todas las estufas para calentar la casa. La lluvia no cesaba y dudaba que lo hiciera. Lo curamos un poco limpiando las heridas y deteniendo el sangrado de su ceja antes de bañarlo. Llene una tina de agua caliente y lo desnudamos dejándolo solo en bóxer, sumergiéndolo. Max seguía quejándose y delirando estupideces, por suerte no hablaba mucho porque le dolía la mejilla y el labio.

A la hora de cambiarlo, fue otra lucha.

—Yo puedo hacerlo solo.

—¿Estás seguro?

—Sí, tengo que desnudarlo—me advierte secándole las piernas con una toalla. Por suerte y Max tiene la costumbre de dejar ropa aquí. Creo que tiene más aquí que en su casa.

—No es problema para mí.

Suelta las piernas con brusquedad de su hermano, haciéndole soltar una exclamación ahogada.

—¿Qué? ¿Acaso ya lo viste desnudo? —inquiere incrédulo.

—Sí, muchas veces —me encojo de hombros. Sus orejas se ponen rojas como cada vez que se enoja—¡Pero no de esa forma! ¿Qué te pasa? ¡Es tu hermano!

—¡Por eso es que estoy desconfiando!

—¿De mi o de él?

—¿Debería desconfiar de ti también? ¡Lo viste desnudo!

—¡Él es quien se pasea desnudo en casa ajena!

—Ósea que no es la primera vez que se queda a dormir.

—¡Ya párale! Estoy acostumbrada a ver cuerpos, soy bailarina. Tengo que desnudarme tras telones y otros también. No hay nada de que asombrarse.

—¿Qué? ¡¿Qué tiene eso de normal?!

Resoplo con ganas de matarlo. Siempre tuve un buen humor, pero Ren me exaspera hasta la medula y no lo soporto. Casi siento volver hace tres años atrás cuando peleábamos todo el tiempo. Nuestras personalidades no combinan y aun así duramos más de tres años como novios.

—Los médicos también ven cuerpos desnudos.

—Pero ellos son médicos, no bailarines. ¡No me la puedo creer!

—¿Qué le temes? ¿Qué tu hermanito tenga su arma más grande que la tuya o qué?

Ren se detiene de su berrinche, observándome serio.

—Mierda, enserio lo viste desnudo.

Mi rostro se pone caliente. Las carcajadas de mi drogado amigo no se hacen esperar.

—¡Aghh! ¡Eres tan odioso!

Voy a la cocina y dejo que lo cambie, que se las arregle él solito si no quiere ayuda. Pongo el agua a calentar mientras recojo del cesto de la ropa seca otra sudadera de Max. Una vez que el agua hierve, sirvo dos tés y vuelvo a la sala. Ren termina por dejarle dos cobijas gruesas sobre su hermano. Max está sentado aun drogado, pero bebiendo su segunda caja de leche antes de recostarse de nuevo, intentado dormirse. No hay nada mejor que el lácteo para bajar la droga.

—Gracias —dice Ren tomando su té y lo bebe despacio. Le paso la sudadera junto a una toalla—¿Y esto?

—De Max. Te mojaste, mejor sécate y cámbiate.

—¿Por qué hay tanta ropa de Max aquí?

—Dice que tu madre lo hace lavar la ropa a mano. Prefiere dármela y que se la lave.

Su ceño fruncido no disminuye.

—¿Tan rápido han vuelto a ser amigos?

La garganta se me cierra. Esto era lo que no quería. Tener esta charla.

—No fue fácil. En verdad, todavía no lo es—contesto con seguridad, observando en la oscuridad sus perlas cafés—Solo estamos intentándolo mejor de lo que podamos.

—Estas intentándolo con Max.

—Si.

—Estas intentando seguir—no pregunta, afirma.

—Si. No lo quiero fuera de mi vida.

—Entonces…—vacila un breve segundo, pero en seguida su determinación habitual vuelve y me mira a los ojos, tan profundos y tristes al mismo tiempo. El corazón me da un vuelco—¿Por qué no lo intentaste conmigo, Rita?

La pregunta no hace más que partirme en miles de pedazos y seguramente a él también. Éramos perfectos el uno con el otro, tan diferentes, pero tan dispuestos a mantenernos unidos. No importaban las discusiones o que tan aceite y agua éramos, solo nos amábamos. Y todo se fue a la mierda. Todo.

Ren fue de las cosas más hermosas que perdí en la vida.

Mi silencio no da respuesta negativa o positiva, solo que me conoce lo suficiente para saber lo que siento. Sabe que todavía lo quiero, que todavía lo amo y anhelo volver al pasado. El problema es que cambiamos, somos distintos. No sabemos nada de la vida del otro desde hace tres años y no fuimos lo suficientemente fuertes para seguir. En verdad, yo no lo fui y lo dejé cuando su padre se voló los sesos. No tiene la culpa de odiarme.

—Ya, olvídalo.

Deja la taza de té sobre arriba de la mesa y le veo tomar su chaqueta del sillón. Mis manos pican con fuerza y ya no lo resisto más. He sido muy fuerte todo este tiempo que lo mantuve tan cerca y tan lejos a la vez, que ya no quiero sentirlo más así. Necesito sentirlo mío, a mi lado, conmigo.

Me acerco rápido y le tomo de la mano, sujetándole con fuerza con temor a que me rechace. Nos miramos a los ojos por instantes fuertes y tan largos que mi corazón se acelera con fuerza y el huracán me llega desde la punta de los pies hasta el último cabello de mi cabeza. Después de tanto tiempo, todavía se siente la atracción entre nosotros, todavía esta esa chispa revolucionaria que podía acabar con todo a nuestro alrededor. Siempre supe que lo extrañaba como loca y pase noches enteras llorando solo por tenerlo a mi lado y abrazarlo, pero hasta este momento no supe cuánto lo extrañe, lo añore y lo ame.

Se acerca despacio hacia a mí, como si temiera que me escapara. Me quedo quieta, también temiendo que esto sea una mentira o que se arrepienta. Pero la distancia poco a poco se va acortando, mareándome por completo. Ni siquiera me importa mi familia o la suya, ahora que finalmente esta frente a mí, no puedo simplemente apartarlo. No a Ren. Nunca.

Nuestros alientos chocan entre ellos. En un segundo, sus labios rozan los míos en un breve, pero profundo beso. Me dejo vencer ante mis sentimientos con un tirón fuerte en el estómago y el dulce dolor en el pecho brotando con más fuerza. Nada a ha cambiado, todo parece nuevo y viejo al mismo tiempo. Él sigue siendo mi Ren y yo sigo siendo su Rita. Los años desaparecen al igual que las discordias y los resentimientos. Y realmente espero que desaparezcan para siempre.

Tan pronto lo pienso, se separa de mí, dejándome con un sabor amargo y una sensación de tristeza.

—¡Mierda, mierda! —grita de golpe, asustándome.

Observo su pantalón mojado y llevo la mano hacia mi boca, soltando un grito ahogado. Le derrame el té encima.

—¡Esta caliente, la puta madre!

Corre hacia el baño y yo lo sigo por detrás con la culpa carcomiendo por dentro y odiándome por sabotearme a mí misma un perfecto momento. Para cuando llego, Ren esta con la regadera entre las piernas, aun quejándose por el dolor. Me acerco a darle una toalla y me la arrebata con brusquedad.

—¿Qué demonios tenías en la cabeza para tirarme tu té? —espeta furioso—¿No había otra manera de decirme que no querías que te besara?

—Yo… eh… —muerdo mis labios hacia adentro, pero no puedo evitarlo.

—¿Qué? ¿Ahora te estas riendo?

Suelto unas cuantas risitas antes de reírme a carcajadas como desquiciadas. Al principio, Ren me mira como si fuera a matarme, pero poco a poco su sonrisa va formándose en contra de su voluntad.
—No te rías, tonta. No es gracioso.

—¡Pero también te estas riendo!

—Claro que no.

—¡Si, lo estas—! ¡Ay! ¡Basta! —Me cubro la cara cuando levanta el regadero justo a mi cara, mojándome—¡Basta, idiota!

Suelta una sonora risa antes de cerrar la canilla. Me seco la cara empapada con una toalla a mano.
—¡Que idiota, no puedes tomarte nada en broma que ya—!

No me deja terminar y me da gusto por ello. Sus labios vuelven a pegarse contra los míos, esta vez dándonos un beso más profundo. Enredo mis brazos sobre su cuello, deseando jamás soltarlo. Me impulsa hacia arriba y enredo mis piernas contra sus caderas mientras él las sostiene. Nos saca a ambos un gemido el contacto, lo que es suficiente para desbordar la pasión contenida desde hace años.

Salimos del baño en todo momento con peligro de caer al piso, pero Ren no se detiene y no deja de besarme hasta que llegamos al cuarto de invitados en el primer piso, cerrando la puerta tras una patada. Me recuesta en la cama, dejo salir un quejido cuando se separa, casi rogándole. Distingo entre la oscuridad sus ojos llenos de deseo y yo estoy igual que él: simplemente ardiendo. Me quita la blusa y se acerca para besarme de nuevo mientras yo intento quitarle la suya, teniendo éxito. Nos enredamos uno en el otro. Sus manos acarician y toman mi cuerpo con fuerza y delicadeza a la vez, sintiendo mi cuerpo mil veces más caliente de lo que recordaba. Mis dedos se enredan en sus cabellos mientras tiro más de él, no sintiéndome satisfecha por la cercanía. Necesito más, mucho más de él y lo sabe. Lo extrañe tanto por años. Tanto que mi corazón se rompía de solo pensar en él.

Llevo mis manos hacia los botones de su jean, ansiosa por tenerlo. Cuando voy por el segundo botón, Ren toma muñecas en sus manos, separándose. Nos observamos con la respiración agitada, aun manteniéndonos cerca, atraídos el uno por el otro. Menea la cabeza bruscamente y termina por poner distancia entre nosotros.

—No podemos hacer esto Rita—la cordura llega a su sistema, dando un paso hacia atrás—Tengo que irme.
Siento un vacío por dentro y los ojos llenándose de lágrimas. Aparto la vista sintiéndome completamente humillada. Demonios, ¿Cómo carajos paso?

Levanta su remera del suelo y se la coloca con dirección a la puerta

—Ren, espera… ¡Espera, Ren!

Pero no se detiene y yo tengo miedo de seguirlo. Mis lágrimas comienzan a salir sin más mientras intento reprimir el sollozo sin éxito. Me quedo en la cama abrazando la almohada mientras intento que mi llanto no se escuche, solo se eclipse por la lluvia. Era obvio que porque convivamos un momento en la noche no signifique vayamos a estar juntos o que estos tres años se esfumen de la nada y volvamos a ser los mismos. Es lo mejor para ambos, sobre todo para él. ¿Cómo podría estar al lado de una persona que su familia le arruino la vida a la suya y a él?

Así de rápido como empezó, así de rápido termino. Me cubro con las cobijas aun abrazando la almohada y llorando. Ren siguió su vida, tiene novia y hacerlo caer en el pasado no es lo mejor. Esa es la realidad. Tengo que dejarlo ir, sinceramente dejarlo ir o nunca voy a poder superarlo.

¿Pero cómo superar a Ren Harrison? Just beat it, dire Michael Jackson. Mi corazón y la esperanza solo piden que me aferren.


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Intento maquillar las ojeras que tengo por debajo de los ojos con corrector y base, pero no parece funcionar demasiado. Ayer llore a montones hasta que me canse y fui al sótano donde esta mi pista personal de baile. Baile hasta que los pies me dolieron y el cuerpo me exigía descanso. Pero ya eran las ocho y media de la mañana, Des dentro de poco se levantaba para ir a sus clases de portugués y Max y yo debíamos ir hacia la última practica para nuestro viaje a Puerto Rico dentro de unos días. Así que solo subí al primer piso y preparé hotcakes y café bien cargado para los tres.

Des fue el primero en levantarse y no dudo en patearle el trasero a Max para que también lo hiciera.

—Te ves como una mierda—le dice en tono burlón pasando de él.

Max intenta incorporarse, en vano. Enseguida se pone a exclamar de dolor que le duele todo.

—Eso es porque te andas metiendo en donde no debes —le regaño de inmediato y le paso calmantes junto con un poco de agua.

—Y una mierda. Era mi chica.

—Siempre es por una chica.

—Pero estaba buena. Tenía una delantera que juraba que su tuerca…

—¡Cállate asqueroso! —le brindo un buen zape en la cabeza, haciéndole soltar un quejido de dolor.

—¡No, demonios!

—No jodas con Lovely Rita, sabes que ella también puede ser Nasty Rita.

—Dejen de llamarme así, es molesto. Vayan a desayunar de una buena vez.

Ni tontos ni perezosos, los dos dirigieron sus pasos hacia la mesa de la cocina donde están sus respectivos desayunos. Llevo la taza de café hacia mi boca y bebo un sorbo. Desde niña he tenido ese apodo, lo irónico es que fue Roger Harrison quien me lo puso. Steve y él solían cantar los Beatles con sus guitarras y en cada cumpleaños la cantaban para mí. Es una de las cosas que extraño del pasado.

—Por cierto, ¿Ren estuvo aquí? —pregunta Max confundido.

Intento verme lo más natural posible, pero es difícil frente a él y su mirada insistente y fuerte.

—Sí, me ayudo a mover tu culo para adentro.

—¿Y dejo que me quede?

—Tuve que golpearlo para ello.

Suelta una risa por ello. Des frunce el ceño.

—¿Ren? ¿Tu ex novio?

—No mi ex novio, el hermano de Max.

—Es lo mismo. Saliste con él como cuatro años.

—¿Y qué? Eso ya es pasado.

Ninguno se traga mi mentira, lo noto cuando se observan entre ellos de reojo. Con más atención, Max analiza mi rostro. Yo solo espero que las cucharas frías y el maquillaje hagan magia.

—¿Estuviste llorando?

—No.

—¿Y por qué tienes los ojos hinchados?

—Estuve despierta toda la noche terminando mi baile y ocupándome de tu trasero, Max. ¿A qué viene ese interrogatorio?

—A que, si en verdad Ren estuvo aquí, entonces si debe ser cierto cuando lo vi marcharse todo apurado y con la remera a medio ponerse.

El rostro se enrojece al instante. Si tenía que sacármelo en cara que lo hiciera, pero no delante de Des.

—No pasó nada. Terminen el maldito desayuno.

Me retiro de la cocina con sus miradas encima de mí. Voy hasta el baño para obtener un poco de privacidad, y tan pronto estoy allí puedo recordar la noche anterior de como nuestros labios sincronizaban el uno con el otro y lo hermoso que se sintió volver a ser nosotros: Ren y Rita. Me dejo caer apoyada en la puerta mientras suspiro y trato de no llorar de nuevo. Tengo que endurecerme antes de ir a la última lección de voluntariados. También estará allí. Lo que menos quiero es que sienta que soy un estorbo en su nueva vida. Lo único que yo podría traerle es tristeza y recuerdos horribles.


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—Rita, ¿estás bien? —pregunta Dylan en mi dirección.

Lo cierto es que no. Tuve que contarle a Max sobre la noche anterior con Darren y no evite echarme a llorar como una estúpida. Lejos de regañarme, Max me abrazo y dijo que ambos deberíamos hacer lo que realmente sentíamos. El problema es que lo que siente Ren es distinto a lo mío. Ayer lo comprobé por mano propia.

—Solo déjala, Dylan.

—Pero quiero saber—insiste con un puchero en los labios.

—Esta triste por lo de su papa. No preguntes más —Max le envía una mala mirada en su dirección. Dylan se remueve incomoda.

—Lo siento, yo solo…

—No las tomes con ella, Max. Solo está preocupada—le regaño y vuelvo a mi amiga, brindándole una sonrisa afectuosa—No te preocupes.

—Está bien. ¿Tampoco debería preguntar que le paso a tu rostro, Harrison?

Max no le contesta y sigue de largo. Esta malhumorado por andar como mierda andante, pero el muy imbécil se lo merece por andar peleando.

—No le hagas caso—enredo mi brazo con el suyo. —Está enojado porque le patearon el trasero.

—Y como no. Esta todo hinchado y golpeado. Así no creo que le dejen ir al voluntariado.

—Si tenemos suerte nos dejaran usar nuestros dotes médicos con él.

La sonrisa maliciosa de Dylan no pasa desapercibida por mí y nos echamos a reír con la sola idea de molestarlo un poco.

Me siento un poco más aliviada y fuerte ahora que estoy con mis amigos, de lo contrario sería difícil enfrentar a Ren por mí misma. Doblamos la esquina del pasillo del primer piso de la facultad de medicina para ir directo hacia la sala. Allí están los otros cuatro voluntarios, incluyendo a Ren y Jenks. Mi corazón se acelera de golpe y comienzo a recordar todo lo mágico de ayer, pero así tan pronto lo siento, así de rápido se marcha al ver a Dana enrollar su brazo con el suyo. Camille también esta, manteniéndose a un lado de su novio.

—¿Qué hacen ustedes aquí? —pregunta Max apenas los tiene enfrente.

Ren y yo cruzamos la mirada. Él la desvía al instante, rompiéndome las ilusiones que trate de no armar en mi cabeza y que fueron inevitables.

—Camille y yo hablamos y pensamos que sería bueno asistir —la sonrisa cínica que me envía Dana me hace pensar que sus ideas sobre yo tratando de robarle el novio no están muy lejos de la realidad.

—Ah.

—¿Te molesta, Rita?

Su pregunta me incomoda y me sorprende. Ni siquiera le dije nada

—Dana…—advierte Camille mientras Ren solo suspira frustrado.

—¿Qué? Solo pregunto.

—No, claro que no. Mientras más ayudemos, debe suponer que es mejor.

—Sí, si es que vamos con esas intenciones—ataca nuevamente.

—¿Y cómo es que pueden ir? Se supone que, si no tienen conocimientos previos en medicina, no pueden —inquiere Dylan con curiosidad.

—Había dos cupos más, y como ambas hicimos el curso el semestre pasado de primeros auxilios, nos dejaron asistir.

La sonrisa de Dylan no me gusta, mucho menos la de Max. Él también lo noto.

—Genial, podrás ser la mascota del equipo—suelta Dylan con acidez, sorprendiéndola.

—¿Disculpa?

—Claro que te disculpo. No es tu culpa, cielito—la pelicorto le sonríe con falsa inocencia—Tienes la apariencia y todos los puntos a tu favor. Me parece razonable.

—¿Tienes algún problema conmigo? —Dana se pone roja de la furia. Todos nos callamos observando la pelea entre las dos.

—No, pero se ve que si lo tienes con Rita, y no me gusta que jodan a mis amigos.

—A mí no me gusta que tu amiga ande de buscona con mi novio.

—¡Dana! —exclama Ren molestándose.

—¿Qué? La viste ayer. Se quiso quedar a solas contigo.

—Deja de hablar boberías. Es tu novio el que no le quita la mirada a Rita cada vez que la ve—declara mi amiga, tomándome por sorpresa a mi esta vez—Así que mejor que lo mantengas bien satisfecho antes que siga viendo faldas ajenas.

—¡¿Qué dijiste?!

—¿Qué sucede aquí?

El profesor a cargo nos observa a todos con el ceño fruncido. Nadie dice nada y la pelea se da por terminada.

—Solo entren y pónganse en sus puestos. Ahora que somos nueve, quiero equipos de tres para la última lección. Recuerden que esto es n voluntariado. El que quiera retirarse aun está a tiempo.

Pero ninguno se retira y solo entramos a la sala. Internamente, agradezco a Dylan por haberse entrometido y ponerla en su lugar. Me quede callada porque me siento culpable hacia ella por como termine besando a su novio anoche, pero no es mi culpa.

Me dejo caer en uno de los asientos de adelante, aun sintiéndome triste y confundida por todo lo que sucede. Puedo recordar las palabras de Dylan, sobre como Ren siempre mantiene una mirada sobre mí. Curiosa, volteo hacia atrás con la idea de que todo podría ser su imaginación o solo palabras para molestar a Dana. Todo cambia cuando noto que sí, que Ren está mirándome directamente y no aparta la vista ni yo puedo apartar la mía sobre él.

Mi corazón se revoluciona y me cuestiono a mí misma: no necesitamos volver al pasado, siempre podemos construir un Ren y Rita si aún nos amamos.


Última edición por Stark. el Miér 26 Sep 2018, 8:24 am, editado 1 vez
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Mensaje por Charlie. el Sáb 22 Sep 2018, 6:42 pm

Ni siquiera tengo mis fichas y ya subiste, Candela Triángulo de las Bermudas  1926951358
Prometo ponerme al día apenas termine con mi entrega de la tortura Triángulo de las Bermudas  1054092304
Charlie.


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Mensaje por Ritza. el Sáb 22 Sep 2018, 7:06 pm

Es el poder bendito de Candela Triángulo de las Bermudas  1054092304
Ritza.


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Mensaje por Stark. el Sáb 22 Sep 2018, 7:07 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Ni siquiera tengo mis fichas y ya subiste, Candela Triángulo de las Bermudas  1926951358
Prometo ponerme al día apenas termine con mi entrega de la tortura Triángulo de las Bermudas  1054092304

tengo el cap escrito como hace dos meses Triángulo de las Bermudas  1313521601 ya era hora de que lo subiera.
Te esperamos, Catita Triángulo de las Bermudas  1477071114 suerte en tu tesis!!
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Mensaje por Stark. el Sáb 22 Sep 2018, 7:08 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Es el poder bendito de Candela Triángulo de las Bermudas  1054092304

JAJAJAJA no subestimen mi inspiración Triángulo de las Bermudas  77880782
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Mensaje por Ritza. el Sáb 22 Sep 2018, 8:26 pm

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Mensaje por Bart Simpson el Sáb 22 Sep 2018, 8:45 pm

Yo tampoco tengo las fichas Triángulo de las Bermudas  1313521601
Odio hacer fichas porque nunca sé qué brga escribir y quedan horribles las pobres Triángulo de las Bermudas  917567405
Primero leeré el capítulo y lo postearé Triángulo de las Bermudas  1857533193

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Mensaje por Bart Simpson el Sáb 22 Sep 2018, 9:52 pm

¡EAEAEAEAEAEA! Hemos comenzado Triángulo de las Bermudas  300321724 Triángulo de las Bermudas  300321724 Triángulo de las Bermudas  300321724 Triángulo de las Bermudas  300321724


“Irma nos perdonó pero María nos destruyó”, dijo Edwin Serrano, un trabajador de la construcción en San Juan.

Triángulo de las Bermudas  3590139688 Triángulo de las Bermudas  3590139688 Triángulo de las Bermudas  3590139688 Triángulo de las Bermudas  3590139688 Triángulo de las Bermudas  3590139688

Puta María(?) Triángulo de las Bermudas  2256176263 Triángulo de las Bermudas  2256176263
Recuerdo esos días, sin duda alguna fueron jodidamente horribles para nuestros hermanos puertorriqueños. Gracias a Dios existen demasiadas personas empáticas en el mundo y tal vez mi aportación no fue grandísima pero una vez todos unidos, pues fue mayor.

Era demasiado para un par de gemelas de 20 años, o así lo veía una de ellas.

Bueno, es que en realidad es un dolor de culo, marida. Si una excursión escolar realizada por varios profesores ya veteranos es demasiado, ahora algo así ha de ser demasiado Triángulo de las Bermudas  3232760151

- Lo sé, pero esa gente está sufriendo, Colette.

Me fascina la preocupación de Cosette y la calma de Colette Triángulo de las Bermudas  1313521601
Después de todo, no es como si pudiera hacer demasiado, es algo que está fuera de sus manos. Por suerte su Colette sabe tranquilizarla Triángulo de las Bermudas  2754838029

Pero fue una sorpresa cuando el rectorado accedió y busco patrocinio por distintas compañías para lograr la meta.


L-A E-M-P-A-T-Í-A-!-!-!
Recuerdo cuando sucedió lo del terremoto en Haití y el tsunami que afectó horrible en Tailandia Triángulo de las Bermudas  1407456114 Triángulo de las Bermudas  1407456114
Todo el mundo se movilizó para enviar ayuda Triángulo de las Bermudas  2416783629
Así que es un gran trabajo el de estas gemelas...

- ¡¿Seleccionaste a Ivo?!

Y aquí es cuando me entra la duda... ¿quién coño es Ivo? Triángulo de las Bermudas  3232760151
Supongo que lo descubriré más adelante Triángulo de las Bermudas  1857533193 Triángulo de las Bermudas  1857533193 Triángulo de las Bermudas  1857533193 Triángulo de las Bermudas  1857533193


- Dah, ya lo hice.

¡Pero qué eficiencia! Triángulo de las Bermudas  2027361961 Triángulo de las Bermudas  2027361961 Triángulo de las Bermudas  2027361961

Estoy emocionada de que hayamos empezado, a pesar de que no he terminado mis fichas Triángulo de las Bermudas  1313521601
Lo siento, estaré en eso estos días Triángulo de las Bermudas  4098373783

Marida, me encantó el prólogo, creo que quedó a la perfección para comenzar con esta fic Triángulo de las Bermudas  1857533193
Ahora está el capítulo (s) de la Cande y me pondré a leer y comentar Triángulo de las Bermudas  82537658









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