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Capitulo 5. trabajo

Mensaje por JMGon1 el Dom 09 Sep 2018, 2:31 pm


CAPÍTULO 5. TRABAJO
Flash Back.
-No me gusta el inglés, mama- le dije por enésima vez a mi madre, ella lavaba los platos sin prestarme atención.
-Entonces reprueba el examen, ponte a vender cerillos en las calles o lo que quieras, pero ya deja de chingar, Kalila-  la mire con mala cara. -¿Dónde se metió tu hermano? Los caballos no tienen pastura, y lo único que va a hacer es que se enoje Enrique-
Baje mi mirada. Sabía dónde estaba Eduardo. Se había ido con Jimena, su novia. Me caía muy bien, me regalo un peluche de perro. Mi hermano me dijo que era secreto, no tenía que saber mi mamá, si no se iba a enojar bastaste. Me concentre en estudiar para mi examen de inglés avanzado. Solo me faltaba este y dos exámenes más y terminaba la preparatoria. No sabía muy bien que significaba, pero a mi mamá y a Eduardo los ponía muy felices.
En eso, el hijo de Enrique entra a la cocina, con un aire despreocupado. Toma una manzana, me despeina y se sienta a mi lado.
-¿estudiando como siempre, princesa?- Mire Rafael, odiaba que me despeinara.
-Sí. ¿Tú sabes inglés?-
-Of curse, my Darling- hizo un acento muy extraño, y estaba completamente segura que no tenía ni idea de lo que decía. Me reí. Mi mamá lanzo una mirada enfada para que siguiera estudiando.
-Rafael, ¿sabes dónde está mi hijo?- el chico se inclinó de hombros, dándole una mordida a la manzana.
-No lose, señora. Debe de andar con su amiga….- lo patee debajo de la mesa, haciéndole señas para que no lo dijera. El me miro, sonrió y volteo hacia mi madre – Pero desde la mañana no lo veo. Si le preocupa la pastura, yo me encargo-
-Muchas gracias, no quiero que se enoje tu papá-
-No se preocupe, que de ese león me encargo yo- se levantó de la silla, dispuesto a trabajar. En el momento en que se dio la vuelta Eduardo apareció. Mi hermano miro a Rafael como si quisiera golpearlo. No se llevaban bien. No entendía porque. El esposo de mi mamá, Enrique, por ejemplo… el si nos caía mal. Era grosero, y no me gustaba como me miraba. Pero Rafael era bueno. Siempre me hacía reír.
-Eduardo. Suficiente- mi mama lo regaño. Sin bajar la mirada, Rafael siguió su camino. -¿Dónde mierda te metiste, cabrón?- le grito mi mamá.
Mi hermano puso los ojos en blanco. Abrió el refrigerador le hecho una mirada y volvió a cerrarlo. – fui a ver si Doña Chole tenía más de nuestro queso. Y fíjate, no tenía. Asique tuve que ir por cajas, ir a la tienda de Doña Chole y dejárselas. –
-a mí no me haces pendeja, Eduardo. No me gusta que andes de voladito con esa niña. Ya te dije que si sale embarazada….-
-Mamá, se lo que hago. Tranquilízate-
Me asuste por los gritos. Mis uñas ya estaban cortas, pero aun así me las mordí. Mi  hermano se dio cuenta y me acaricio el cabello, apartando mis dedos de mi boca. -¿y tú que tal, niña? ¿Cómo va ese examen?-
-El lunes lo presento-
-Por Dios, lilo. Es sábado. ¿Por qué no vamos a pasear a la plaza? – le sonreí encantada. –Vamos, tráete tus patines.- sin pensarlo dos veces le dije que sí. No me importo el regaño de mi mamá, pero adoraba ir a la plaza con Eduardo. Ahí me enseñó a andar en bicicleta y a patines. Aparte ¡Podía subirme a su moto! 
Salí corriendo a mi habitación, fui por mis tenis y la bolsa de los patines. Volví volando a la cocina, pero me detuve en seco al escuchar la plática de mi mama con su hijo.
-No lo necesito, mamá-
-ya quedamos en eso, Eduardo. Kalila no va a poder ir a México. No tenemos el dinero y Enrique dice que para que va a la Universidad, no quiere apoyar. Y tiene razón. ¿De qué le va a servir todos esos estudios?-
-¿Cómo que para que le van a servir? ¡Para que trabaje! ¡Para que salga de este infierno! –
-Tú necesitas el dinero. Tienes que comprar un terrenito. Eres el mayor, y ya tienes 18. Vas a tener que mantener a tu propia familia.- hubo un silencio –Hijo, yo quiero que tengas tu patrimonio. Ese dinero lo dejo tu papá, es mejor que te lo quedes tú–
-oh mamá- otro silencio. – Yo puedo trabajar. Soy bueno en eso. Pero Kalila es especial. Tiene que ir estudiar a la Ciudad de México. Dices que tu hermana está dispuesta a darle hospedaje. Es perfecto. –
Deje de escuchar cuando vi a Enrique aproximarse. No supe que hacer, asique solo me quede quieta.
-Hola, bonita- me saludo -¿Dónde está tu mami?- sin contestarle se dio cuenta que estaba hablando con mi hermano. No hablo por unos minutos, escuchando también la plática.
 –eso de que quieren que vayas a estudiar con los chilangos esos. Para mí eso es una pendejada. Las mujeres no tienen mente para eso. A la mujer le va mejor en casa. Si no ¿Quién cuida a los pinches mocosos? –
-Elena Poniatowska dice que su mente se abrió a la hora de escribir, que podía escribir de las bellezas y tragedias del mundo. Y por eso, tiene 18 premios por la mejor novelista -
Solo me miro. Con una mueca. Pero esa mueca fue cambiando. Ahora solo me miraba. Me empecé a sentir incomoda.
Pero Eduardo llego. Se puso enfrente de mí, retando al marido de mamá.
-¿Qué se le ofrece?
-Vengo a ver a tu mama- le respondió. Lo ignoro y entro a la cocina.
Eduardo le torció los ojos, susurrándole una majadería. Luego volteo hacia mí, se puso de rodillas y con una sonrisa enorme me dijo.
-tengo una buena noticia- me tomo de las manos – vas a la universidad, Kalila-
Fin del flash back
Estaba sentada en la orilla de la cama. Incomoda, con un poco de estrés y con ganas de golpear algo. Hace mucho que no fumaba. Hace como tres días, pero dejar el vicio no era tan fácil como lo esperaba.
Eran las 10 de la mañana. Tocaron la puerta de mi habitación. A los pocos segundos se abrió, y Carmen me sonrió con lo más amable que podía. Traía una bata, era algo muy chistoso. ¿Para qué usar bata encima de la piyama? Es ilógico.
-buenos días. ¿Quieres algo para desayunar?-
-Ya desayune, gracias-
Ya había desayunado, me bañe, recogí mi cuarto, la cocina, el baño, la sala… toda la puta casa. No tenía ni idea que hacer, era como un reloj. Me daba sueño a las 8 de la noche, me despertaba las 6 de la mañana y duraba activa todas esas horas. En el rancho era así, tenías que trabajar desde que salía el sol, aprovecharlo al máximo.
La rutina de la ciudad me agobiaba, y me aburría demasiado. No sabía que hacer con tanto tiempo libre.
Carmen miro mi cama, se rio y negó la cabeza divertida para dejarme sola en mi habitación. ¿Qué? ¿No era normal que una chica de 20 años estuviera ordenando su ropa en colores?
Suspire.
Ya me sabía el día. Me despertaba a las 6 de la mañana, me preparaba el desayuno, alzaba toda la casa, me metía a bañar, y a las 10 se despertaban estos individuos. A las 11 llegaba Carolina a almorzar y a llevar a su mama al mandado entre otras cosas mientras que mi papá se despertaba a las 11:20, porque por ahora seguía de vacaciones y aprovecha dormir todo lo que se pudiera.
Yo ya empezaba a tener hambre desde las 12 y esta gente apenas y había terminado de desayunar. Asique preparaba comida. Comida de la que se hacía comúnmente en mi casa, con tortillas recién hechas y toda la cosa. Y nunca las hacía, solo en los cumpleaños. Pero tenía tanto tiempo libre que mantenía el ganado en engorda.
Llegando a la una de la tarde, ya había comido, pero la gente comía hasta las 4. Si es que no se acaban las tortillas primero, porque si era así, comían como a las 5 de la tarde. Y cenaban a las 10. Yo cenaba  a las 5.
A veces se quedaba Carolina a platicar, otras veces se iba por sus fiestas. Si me invitaba pero usualmente prefería quedarme a ver películas con Erick. Yo era una chica de fiesta. Lo soy, pero no de esas que hacen aquí. En mi pueblo se llaman “pedas”, y se trataba de no morirte, no recordar a quien te cogiste, pasar vergüenzas, y amanecerla hasta el día siguiente con el menudo de Doña Chole.
Para acabarla, mi maestría iba a empezar en tres chingados meses.
Estaba volviéndome loca.
Tenía que conseguirme un trabajo.
En un ataque de ansiedad, Salí de mi habitación. Baje las escalares y fui directo a la cocina. Carmen, mi padre y Erick estaban desayunando. Al único que salude fue a Erick con un choque de manos.
-Hola, cariño- saludo mi papa
-Voy a buscar trabajo- anuncie con seguridad. El hombre solo bostezo.
-No lo necesitas, puedo darte dinero, si eso es lo que quieres-
-yo quiero dinero- dijo Erick, pero fue cruelmente ignorado
-No quiero ofenderte, papá, pero no lo quiero. Voy a trabajar, ganar mi propio dinero y gastarlo, ahorrarlo, quemarlo. A estas alturas, haría lo que fuera por salir de esta casa-
-¡Hey! Pensé que te divertías jugando conmigo- exclamo el niño
-Y lo hago, me divierto. Pero jugar al Xbox me tiene hasta la….-
-Kalila- me regaño mi padre. Me incline de hombros.
-Todavía me faltan tres meses para entrar a la escuela. Necesito dinero para el departamento, para comprar libros…. Mis cosas-
-Si necesitas dinero, como dice tu papa… no hay problema, podemos pagar tu departamento y…- interrumpí a Carmen, no quería verme grosera. Ella me caía muy bien y sé que sus intenciones eran buenas.
-sin ánimos de ofender, pero todo lo que tengo me lo he ganado con trabajo. No necesite el dinero de otras personas. –
Mi padre suspiro y miro a su esposa. – Tu mamá me hizo prometerle que no te iba a dejar salir de la casa hasta que entraras a la escuela-
Puse los ojos en blanco. -¿es enserio?- me queje –Ya estoy muy grandecita como para que me estén prohibiendo a donde ir-
-Bueno… tiene miedo, tienes que comprenderla. –
-¡Miedo de que, por favor! Se cuidarme muy bien. –
-Tener amigos delincuentes no es cuidarte, Kalila-
Me le quede mirando. No podía creerlo.  Para este punto yo ya me había enojado. ¿Qué le pasaba por la mente para andar haciéndose el papito protector después de todos estos años? –Esos delincuentes, como tú los llamas entienden más de la vida que esta mierda de gente-  tome mi bolso y me dispuse a salirme de la casa.
-Kalila- me llamo, pero yo no le hice caso. –Piensa en lo que te diría tu hermano-
Ya vi de donde herede lo pendejo. ¿En serio se atrevía a hablar de Eduardo? Ni siquiera tuvo el gusto de conocerlo.
-Oh papá-me gire hacia el –Si te digo lo que Eduardo estaría pensando, quedaría muy mal frente a tu otra familia- Lo mire enojada y al salir el estruendo de la puerta hizo que las ventanas temblaran.
 
 
Estaba enfurecida. Era increíble que ese hombre se atreviera a decir algo de Eduardo. Ni siquiera se quedó el día completo en su funeral. ¡Era su hijo, maldita sea! No estuvo con el cuándo se graduó de la escuela, no le enseño a andar en bicicleta, ni estuvo ahí cuando se enamoró por primera vez o cuando le rompieron el corazón. El ni siquiera sabe…. toda la historia.
Trague saliva.
Me resistí las ganas de llorar, no podía andar caminando por la calle y que todo el mundo me viera. Asique solo seguí deambulando por ahí. Quería llegar al centro comercial, me quedaba a poca distancia y posiblemente podía conseguir trabajo.
Me daba un poco de pena haberme comportado así enfrente de su esposa, y más de Erick. La mujer solo quería ayudar y el pobre niño… el nada más quiere que juegue al Xbox con él.
Espero que con esto no me corran de la casa.
Sin darme cuenta, ya había llegado al centro comercial. Canadá era increíble, podía caminar por las calles sin sentirme acosada por hombres o con miedo a que me robaran. Si caminaba por las calles de la ciudad de México era muy seguro que me tocara un poco del acoso callejero y uno que otro intento de robar.
Aquí no. Hasta la gente te sonreía.
Eran amigables.
Y el centro comercial era increíble. Estaba enorme, y había ropa muy bonita. Le di varias vueltas al edificio, me metí a algunos locales para preguntar si buscaban a alguien para trabajar, pero no me tocaba suerte.
Mientras andaba pude leer en letras grandes y verdes un letrero que decía “se solicita empleada”. Era una de esas islas que se ponían en el los centros comercial, vendían fundas para el celular. Me acerque y en el mostrador se encontraba una chica pelirroja. ¿Aquí abundaban los pelirrojos o solo era mi imaginación?
-Hola- Salude. Ella me sonrió y dejo su celular a un lado. Estaba jugando a Candy Cruch.
-Hola ¿en qué puedo ayudarte?
-Vi el letrero y me interesa el trabajo-
-¿de verdad?- Se emocionó. Se veía una chica muy enérgica. Aunque a primera vista no se notará, toda su vestimenta era de color negro y tenía un delineado muy grueso. Parecía de esas chicas suicidas. Me caía bien- Es increíble, la gerente y yo ya estábamos a punto de darnos por vencidas. – de algún lugar secreto saco una carpeta –Rellena esto, con la letra más clara que puedas- me paso una pluma.
-Ehh, gracias- le dije. Wow, que rápido era esto. Empecé a llenar el formulario.
-¿Cómo te llamas?- me pregunto
-Me llamo Kalila, dime Kaly-
-Soy Damaris, un gusto- me tendí su mano y yo se la respondí.  - ¿no eres de aquí, verdad? Tu acento es diferente-
-Soy de México-
-Latina, eh- me guiño el ojo –Dicen que las latinas son muy atrevidas-
Me incline de hombros -¿a quién no le gusta la adrenalina?- Ella sonrió
-Tienes razón… me caes bien, espero que si consigas el trabajo. Mis otras compañeras eran insoportables. –
-No es por desilusionarte, pero a veces también soy insoportable.
-Oh no, debiste de conocerlas. La primera vez que vinieron tuve que limpiar tres veces el vidrio porque su labial no se quitaba. Cuando trabajaron se la mantenían coqueteando con los de las crepas y la dulcería- señalo a las dos islas que estaban al lado. En una vendían crepas y en la otra dulces. Y con razón, los chavos que atendían no se veían para nada mal.
-no las culpo- le dije, atrapando la mirada del chico de las crepas. Damaris se dio cuenta y se rio.
-eso si-
-¿pagan bien?- le dije, cambiando el tema.
-Si…. Bueno, me alcanza para el alquiler y la despensa. No me sobra para lo que quisiera, pero está bien. No se consigue mucho este tipo de trabajo para el salario que es-
-Genial-
-Oye, deberías de pasarme tu número. Así te digo si te conseguiste el trabajo y también podemos salir. Burlington no es tan aburrido como parece-
-Eso sería un milagro-
-las afueras es donde esta lo divertido- me paso su celular para que anotara mi numero –Claro, si lo que buscas es adrenalina-
-Lo estoy esperando desde que llegue aquí-
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Capitulo 6. Buenas amistades

Mensaje por JMGon1 el Dom 09 Sep 2018, 2:35 pm


CAPÍTULO 6. BUENAS AMISTADES.
Me quede como media hora platicando con Damaris. Era bastante graciosa, era de estados unidos, pero su hermano tuvo problemas con alguna gente y tuvieron que mudarse. Viven en un departamento, pero se la pasa en un lote abandonado con sus amigos. Me invito un cigarro. Y se lo agradecí con toda el alma.
El estrés me hacía fumar.
Decidí volver a casa. No quería llegar, pero tenía que disculparme. No lo hacía de corazón, pero no quería dormir debajo de un puente.
En el camino me compre unos chicles para quitar el aroma del cigarro. A pocos metros de mi casa pude notar algo inusual. Había una camioneta color negra estacionada a lado de los vecinos. Supongo que tendrían visitas.
Estaba acostumbrada al chisme, asique me fijaba en eso.
Me entretenía.
También note el carro de Carolina. Genial, ahora tendría que disculparme con más público. Busque mis llaves en mi bolsa, abrí la puerta y lo primero que veo es a un chico castaño, sentado en mi sala. Su estatura hacia que se notara inmediatamente.
Dure unos pocos segundos para entender de quien se trataba.
Carolina, Carmen y Erick estaban a su alrededor, acosándolo con la mirada. En la otra esquina estaba mi padre, no muy cómodo con su presencia.
Cuando cerré la puerta todos se giraron a verme. Me quede quieta, sin poder creerlo.
Los ojos castaños buscaron los míos, su expresión era tranquila, pero al verme sonrió de oreja a oreja.
Shawn Mendes estaba en mi casa.
En mi sala.
 -Esto es nuevo- Dije, dejando mi bolso en la mesa.
-¡Sorpresa!- La voz de Shawn me hizo entrar en un estado de Shock muy extraño.
-¡Kaly! Qué bueno que llegaste, tu amigo te estuvo esperando, debiste de decirnos que iba a venir, le hubiéramos preparado algo…
-No se preocupe, señora. No quiero ser una molestia
-¿Cómo crees? ¡Para nada!- exclamo Carolina fascinada.
Erick camino hacia mí, mirándome con expresión sospechosa. –Te dije que le gustabas- ignore su comentario, acercándome a Shawn.
-La verdad no pensé que lo adivinaras tan pronto- el chico se levantó para saludarme.
-Ni yo- me sonrió. Sus ojos castaños con un brillo inusual. Si yo fuera el estaría demasiado incomodo, pero en realidad se mostraba relajado. Shawn se sentó y yo me senté a su lado, Erick llego y se sentó en mis piernas cómodamente.
-¿Qué te ofrezco, Shawn? ¿Un café? ¿Agua?- Carmen también se levantó, yendo para la cocina.
-¿mi cuerpo?- termino Carolina con un suspiro. Puse los ojos en blanco.
-Carolina- la primera vez que escuche a mi padre hablar.
-Gracias por la oferta- Se rio – Son muy amables, pero de hecho vine a invitar a Kaly a cenar-
-Eres un amor, Shawn. ¿Viniste hasta acá para invitarla a salir?- Suspiro Carmen por el aparente romanticismo. Seguía con los ojos en blanco.
-Así es-
-Esto es extraño- susurre, pero nadie me prestó atención. Todos estaban anonadas por tener a un famoso en la casa. Yo lo veía como un acosador potencial. 
-¿Vas a ir Kaly?- me pregunto mi padre sin dar rodeos-
-eeeh….- Balbuce. No supe que decir. La verdad es que estaba cansada y quería dormir. Me sacaba de onda que estuviera aquí. No había pensado en el cómo… ¿hace un mes? Cuando empecé a mover mi cabeza con un rotundo no, Erick me pellizco la pierna. -¡Auch!-Después la presión social hizo lo suyo -…. Eeh... si-
-Es tan romántico- suspiro Carolina.
-¿a qué hora llegas, Kaly? – Pregunto Erick –Quedaste de ayudarme a hacer la tarea de ciencias- Al parecer a Erick se le había quitado el encanto de tener a su ídolo en la casa. Lo miro con mala cara, era chistoso ver a un niño de 8 años retando a un monstro de dos metros.
-Bueno, son las 6 de la tarde. ¿Qué te parece si llegamos aquí a las 10?- Le dijo Shawn con una sonrisa encantadora.
El niño se inclinó de hombros, asintió y se fue de la sala.
-Entonces… ¿Nos vamos ya?-
-Si- conteste, parándome del sillón y tomando mi bolsa. 
-Te espero a las 10, Kaly- comento mi padre.
-No se preocupe, estaremos aquí a las 10- le confirmo Méndez
No iba a llegar a las 10. ¿Era para fastidiar a mi padre? Indudablemente sí.
-Un gusto conocerte- le Dijo Carmen despidiéndose de el con la mano.
-Igualmente- le correspondió, luego abrazo a Carolina. La chica estaba muy nerviosa –gracias por abrirme-
-Cuando quieras- pude notar como lo olisqueaba. Me reí un poco.
Por ultimo me despedí de todos con la mano. Seguía incomodo con todo esto, asique lo apure para salir de la casa. Cuando por fin estábamos afuera, Shawn mostro una sonrisa de oreja a oreja. Le dio un escalofrió y volteo a verme.
-Nunca había hecho esto. Salió bien ¿no?-
-Esto no es normal-
-¿De qué hablas? Adivine tu misterio, hasta me quede con tus padres un rato. Esto es emocionante, siento adrenalina- Brinco emocionado.
-Exactamente de eso hablo – caminamos hacia su automóvil. Shawn me abrió la puerta, pero yo me quede quieta sin querer entrar. –Eres muy extraño. Tengo que decírtelo, pero creo que eres un acosador-
-Pensé que te alegrarías, me ibas a recibir con un abrazo y un dulce hola-
Me reí. Rodé los ojos. –Hola, Méndez- abrió sus brazos esperando a que me acercara a él. –No- me negué y el con una buena actitud me volvió a dar el pase para que entrara a su carro. Entre y me cerró la puerta. Cuando camino hacia el lado del conductor hizo un gesto victorioso. Se subió y me carcajee.
-¿Qué fue eso?-
-¿sabes lo que batalle para descifrar tu adivinanza? – Dio un suspiro, sin poder creérselo el mismo – Primero me partí la cabeza los primeros tres días, después junte a todos mis amigos para que me ayudaran. No funciono, luego tuve que pedirles ayuda a mi madre y a mi hermana. Creen que estás loca, por cierto, pero tampoco funciono- Prendió el coche y siguió hablando – me sentía como un fracasado cuando mi mejor amigo me pidió que fuera a su casa a jugar videojuegos ¿y adivina que?. Vive en la avenida Queen Elizabeth, a un lado de la calle Maple, donde está un centro comercial. – Dio un largo suspiro –Solo tuve que recordar los números y encontré tu casa. –
-¿y esto lo acabas de averiguar hoy?-
-Si, Ian se volvió loco. No podía creer que por fin lo descubrí.- Dio un largo suspiro –De hecho, todos se volvieron locos con tu acertijo.
-Me preocupa que le pongas mucha atención a esto- volteo a mirarme sin comprender a que me refería –Pensé que lo ibas a dejar por la paz-
-¿Bromeas? – Sonrió de oreja a oreja –Nunca pensé que me gustará el misterio. Y tú lo representas muy bien-
-Está bien- Lo mire con los ojos entrecerrados –Pues este misterio tiene mucha hambre-
-¿A dónde quieres ir?- Me pregunto –conozco un restaurante que….-
Lo interrumpí – Y yo conozco un lugar donde venden las mejores pizzas que has probado en toda tu vida-
-Genial ¿Por dónde está?-
-Dale por aquí- le señale a la derecha.
-Entonces…- susurro Méndez mientras manejaba – Te pareces mucho a tu papá y a tus hermanos, mas con el pequeño-
-Medios hermanos- Lo mire. – Mi mamá esta en México. –
-¡Lo sabía! No eres de Canadá, no tienes el acento- Se quedó en silencio –Ni la actitud-
-¿a qué te refieres con la actitud?-
-Bueno…. Ya sabes. Dicen que en cada país tienen su personalidad, los canadienses somos más… ¿reservados?-
-¿Reservados? Yo soy reservada-
Hizo una mueca –Me refiero a que somos más tímidos, y por lo que he visto los mexicanos son más extrovertidos-
-Yo creo que tú eres el tímido, Méndez- me reí. Al darme cuente que ya estábamos llegando, tuve que interrumpirle antes que me argumentara otra cosa. –Es aquí- le dije, señalando el puesto de pizzas.
Estaba al lado de un parque, se veía muy lindo porque tenía foquitos que iluminaban la noche,  sillas y mesas de metal pintadas en colores pasteles. Había poca gente, me agradaba porque estaban riquísimas y muy poca gente sabía de la existencia de este lugar. Y los que iban eran ancianos. 
Estaciono su carro en el parque, apago el motor y bajo del coche. Antes de que pudiera abrir la puerta el me la abrió. No supo cómo es que llego tan rápido.
-Se ve agradable- me dijo mientras caminábamos
-Y no solo eso, las pizzas son las mejores. Te lo juro, no te vas a arrepentir-
Llegamos al puesto, fui con el que hacia las pizzas. Se llamaba Enzo, era un señor de 50 años, jubilado, con 5 niños y una esposa de 60. Siempre quiso poner su propio restaurante de pizzas, y pues aquí estaba. Feliz en un parque, haciendo lo que amaba.
-Si quieres espérame aquí- le dije cuando llegamos a una mesa. Antes que dijera algo ya estaba en la barra del puesto. Tuve que parame de puntitas para saludar.
-¡Qué onda, Enzo!- Él sonrió de oreja a oreja, feliz de verme.
-¡Kalila! Hace tiempo que no pasabas por acá-  Miro a Shawn atrás de mí. El chico solo nos miraba con extrañeza desde la mesa que estaba más cerca del puesto. –Veo que por fin trajiste a alguien-
-Es solo un amigo- 
-Es guapo-
-Lo sé- me reí. -¿puedes ponernos dos órdenes?-
-Están en camino-
-Gracias, Enzo-
-Para ti lo que quieras, lindura- le chasquee los dedos y me fui con Méndez. Me senté en la mesa, enfrente de él y le guiñe el ojo.
-¿Qué te parece?-
-Interésate-
-¿El lugar te parece interesante?-
-No, tu- se acercó a mí, apoyando sus brazos en la mesa – Es difícil encontrar a alguien que le guste venir a estos lugares… en especial cuando soy el acompañante -
- ¿Por qué? Es decir, si, eres un acosador,  y si, causas alboroto a todos los lados que vas, sin con contar que … eres extraño. Me causa un poco de conflicto tu altura, pero pareces buen chico.-
-¿Por qué te causa conflicto mi estatura?- se rio.
-De donde vengo no estamos tan acostumbrados a ver gente de dos metros-
-Mido 1. 88 – Me incline de hombros
-Dos metros-
-Tú eres una enana. Oh Dios, ¿sabes a quien me recuerdas? A Lilo, de Lilo y Stich-  Sonreí incomoda, pero no dije nada. –Tus ojos grandes, tu cabello…. Solo que tú tienes los ojos azules, claro. Y un poco de pecas… - me observo con cuidado – y tienes más bonita sonrisa
Quería cambiar de tema, asique me fui por el tema de platica más estúpido del mundo - ¿Quién crees que gana en una pelea? ¿Una hormiga o una avispa?-
Me miro raro, pero aun así soltó una carcajada. –Depende. ¿Son varias hormigas contra una avispa?
-Totalmente
-Ganan las hormigas-
-Es lo mismo que yo pienso- Abrí los ojos sorprendida –la mayoría dice que las avispas, pero claro que no. Las hormigas son más fuertes….- Shawn me interrumpió
-Las avispas vuelan, pero si entre todas las hormigas se juntas pueden acabar con ella, fácil-
-Exacto-
En ese momento Enzo llego con nuestra comida, el olor a pizza recién sacado al horno parecía una droga para mí. – Esto huele riquísimo- Le dijo Shawn
-Muchas gracias- sonrió. –Esta vez la casa invita- nos dijo cuándo nos puso dos copas de vino en la mesa. Puse los ojos en blanco.
-¿De verdad? No es necesario…- insistió Shawn. Pero Enzo se negó y le sirvió más vino.
–Me alegro mucho que Kaly allá traído a alguien, me preocupaba que no tuviera compañía-
-Enzo…- empezó a decir.
-Me alegro saber que soy el primero-
Hubo un momento incómodo. Creo que yo nada más lo sentí – Provecho- Enzo se fue y me le quede mirando a Méndez.
-asique… ¿soy el único que ha venido aquí?-
-Sí. Pero acabo de mudarme a Canadá. No tengo amigos. Salvo a Enzo y un niño de ocho años. Se podría decir que eres el único. No te sientas especial, lo que pasa es que no tengo muchas opciones-
En ese segundo, se escuchó como el ritmo de la música que estaba en el fondo cambiaba, por un género más tranquilo y romántico. Voltee a ver a Enzo, con los ojos en  blanco.
-Me agrada -
-a mí ya no- le di un gran trago al vino – Para aclarar, esto no es una cita
-Yo digo que si-
-Tú y yo solo somos… conocidos que se están convirtiendo en amigos. –
-¿y la comida, el ambiente, la música, tu y yo aquí… Solos en una mesa? ¿Qué significa? Porque tú me trajiste aquí, que quede claro- me imito con mi “claro”
-Amigos, Shawn-
-Está bien, como quieras- mordió su pizza –De todos modos la pizza sabe mejor que tu –
-¿¡Que!?- le dije mientras me reía a carcajadas -¿Cómo puedes decir eso? ¡Por supuesto que no!-
El chico solo se inclinó de hombros y siguió comiendo.
Durante la cena los dos charlamos de muchas cosas, sobre sus aventuras en sus viajes, en como tenía manos de mantequilla y siempre se le tenía que caer los celulares de sus fans… me conto sobre su familia. Amaba a su hermana, se podía notar en la manera en que hablaba de ella.
Méndez era muy gracioso, relajado y de una manera muy extraña me traía paz hablar con él. Su sencillez y la simpleza en que se reía de las cosas me causaban ternura. Era muy inocente, de eso no hay duda. Pero me caía bien, muy bien. Me hacía reír.
Un aire frio recorrió el ambiente y después de unos segundos algunos relámpagos alumbraron el cielo.
-Creo que es hora de irnos- Me dijo Shawn mientras miraba el cielo. Algunas gotas de lluvia cayeron en mis mejillas.
-No me digas que le tienes miedo a los truenos, Méndez-
-Claro que no- se sonrojo un poco – pero ya van a hacer las 10, tenemos que irnos-
-Tengo 20 años, yo sé bien lo que hago- Odiaba que me pusieran horarios. Es frustrante. Pero lo estrés se fue con una canción que se escuchaba en el fondo. Desde que llegue a Canadá mi gusto por la música se extendió. Tenía un enamoramiento por Niall Horan. Nunca en mi vida lo había escuchado, pero ahora quería que fuera el padre de mis hijos.
Slow Hands! – Grite de la emoción. -¡Enzo, tienes que subirle!- el hombre al instante le subió, mientras volteaba el pan de la pizza y movía la cabeza con el ritmo de la canción.
-¿Qué haces?- dijo el chico mirándome extraño cuando empezaba a cantarla y a levantarme. Empecé a bailar. Yo no era buena bailando este tipo de cosas, pero el amor que le tenía a esa canción hacía que me valiera madre toda. –Oh Dios- Exclamo Shawn, tapándose los ojos.
Tuve la bendita suerte que solo quedaba una pareja de viejitos en la mesa más lejana a nosotros. Intentaba hacer que Shawn se levantara pero él se resistía.  -Fingertips putting on a show Got me now and I can't say no Wanna be with you all alone Take me home, take me home Fingertips putting on a show Can't you tell that I want you baby
Cantaba con todo el pulmón, ignorando las risas de Shawn. Todo acabo cuando de la nada la lluvia se fue contra nosotros.
Ahora sí, el chico tuvo que parase. -¡Tenemos que irnos!- le grite entre risas mientras sujetaba su mano para correr hacia el automóvil. La lluvia no venía sola, se escuchaban los truenos y los relámpagos, parecía una tormenta que estaba dispuesta a empaparnos por completo. Fue así como llegamos a su carro.
Cuando nos metimos no paramos de carcajearnos. Y no sabía porque. Todo su cabello estaba mojado, su camisa blanca también, mostrando su pecho y los abdominales marcados. Ulala.
-Estas toda mojada- me dijo entre risas
-¿ya te viste a ti?- le reburuje el cabello.
-Espera- miro atrás de su carro y tomo una chamarra de mezclilla, me la paso y yo la mire sin saber qué hacer con ella –Póntela- se rio por mi gesto. Obedecí, y note el aroma que soltaba su chamarra.
-Gracias, Méndez- Le agradecí con una amplia sonrisa.
Encendió el carro y apago el radio para poder escuchar la lluvia. Me quede mirándolo. Posiblemente este chico sea el más guapo del mundo. Y lo digo de la forma más neutral, de verdad. No me gustaba, pero… es lindo, amable, dulce, gracioso, es cantante, besa MUY bien, coge rico…  parece que salió de un cuento hadas.  Algo tenía que tener mal.
-parece que se está cayendo el cielo- me dijo mientras conducía con el mayor cuidado del mundo.
-¿Por qué no tienes novia?- le pregunte de la nada. Volteo a verme con una sonrisa simpática.
-mmmm- no supo que contestarme–lo mismo me pregunto yo-
-Mira, eres guapo, divertido, tienes buena platica, eres famoso, cantas… y además lo haces bien- sus mejillas se sonrojaron. -¿Cómo es que no tienes novia?
-No tengo tiempo para eso – se rio nervioso – Y… no lose. -¿tu porque no tienes novio?-
-Claro que tengo-  Me miro con cara de “No te lo creo”
-Y no solo uno, tengo varios. Tú eres el cuarto-
-Y pensé que solo éramos amigos- Me reí
-De verdad quiero saber, Méndez. ¿Por qué no tienes novia?-
Se inclinó de hombros – Si tengo una novia quiero que sea especial, no solo tener miles y no sentir nada por ellas.
-No puedo creerlo-
-¿Qué?-
-Eres de esos – No me sorprendía. Era un poco ridículo, pero al final cada persona ve las relaciones amorosas como quieran
-explícate-
-Eres de esos chicos que esperan a la mujer perfecta para casarse con ella, que siguen creyendo en el amor. Dime, Méndez. ¿Disney te creo?-
-Oh vamos, Kaly. No tiene nada malo, es bueno tener algo de fe-  intentaba no apartar su vista de la calle, pero era inevitable que no volteara a verme –  De todos modos no es que tenga el tiempo para ello. Estoy enamorado de la música, pero no estaría mal que me rompieran el corazón-
Fruncí el ceño. -¿Por qué desearías eso? ¿Estás loco?-
-Haría muy buenas canciones-
-Si estás loco-
-¿te han roto el corazón, Kaly?- me pregunto con ojos curiosos. Le sostuve la mirada y le sonreí de media luna.
-No- conteste con voz clara.
-el dolor puedo ser una buena inspiración.
-ten cuidado con lo que deseas, Shawn- Estábamos a algunas calles de mi casa –Puede ser que al destino se le pase la mano-
Mire sus labios, igual de tentadores como la primera vez que los vi.
¿Por qué no? Dijo la mini yo vestida de diablito.
-Párate aquí- le dije a Shawn, una calle antes de llegar.
-Pero estamos cerca… puedo dejarte en la entrada…- me quite el cinturón -¿Qué haces?- me pregunto sin entender. Me acerque a él, y antes que reaccionara lo bese.
-¿seguro que no quieres estacionarte?- le susurre en el oído, bajo la velocidad.
-Ya son las 10- miro el reloj.
-Vive un poco, Méndez- Bese su mejilla, recorriendo mis labios a su oreja, bajando a su cuello.  Sentí como se enchinaba su piel. No duro otro segundo para estacionar su automóvil literalmente enfrente de mi casa. Pero llovía tanto que ni siquiera podía notar la puerta.
Se escuchó un trueno fuerte, y con ello mis labios se juntaron a los suyos sin esperar más. El chico se quitó el cinturón, jalo su asiento para atrás, me tomo de la cintura y sin saber cómo le hizo ya me tenía arriba de él.
Sus manos se detuvieron en mi cintura. Lo que me sorprendió fue con la pasión en la que me besaba… o más bien, nos estábamos besando. Sentí una corriente eléctrica pasar desde la planta de mis pies hasta mis labios. Todo se hacía más intenso con la  lluvia caer con una fuerza brutal al carro.
Besaba, lo mordía y le daba ligeros chupetones. El chico jalo mi cabello hacia atrás, levantando mi rostro, dejando expuesto mi cuello y pecho. Sus labios hicieron lo suyo, mientras que con su otra mano fue quitándome la chamarra. Deje que siguiera besándome, pero no duro ni un minuto cuanto mi blusa había desaparecido.
Desabroche su pantalón, y sus manos se fueron a mis pechos. Los apretó, bajando sus besos hacia ellos. Solté un gemido y eso motivo más a Shawn. 
Sentía su paquete en mi entrepierna. Con el pantalón desabrochado roce nuestras partes, moviéndome arriba y abajo. Sus manos no dejaban de acariciar todo mi cuerpo, dando pequeños apretones en mi trasero. Quito mi sostén.
El calor que había adentro del carro se fue reflejado en los vidrios. El chico sonrió al notarlo y nos miramos por un momento. Me mordí el labio y volví a besarlo. Lo tomo con intensidad, empujándome con el volante. Por accidente hice que se escuchara el pito, Shawn me alejo riéndose.
No quería despegarme de sus labios, era como una droga que poco a poco se iba haciendo más fuerte. Desesperada, le baje el pantalón con todo y su boxers. El hiso lo mismo conmigo, era fuerte asique no tuvo problemas con ello.
Sentí una gran satisfacción cuando sentí su miembro meterse dentro de mí, la sensación era increíble. Me fui moviendo, mientras que Shawn me besaba el cuello. Soltaba gemidos, y más altos cuando al chico se le ocurría poner el ritmo más rápido. Puso su mano derecha en mi boca. –te van a escuchar-  fue cuando su otra mano se fue a mi zona más sensible, dando caricias firmes. Cerré los ojos, sintiendo las vibraciones en mi cuerpo.
Era por esto y por más razonas por las que no entendía cómo es que Shawn no tenía a una novia. Si me hacía esto por el resto de mi vida, por Dios, me caso con él.
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Re: Méndez. En mi Sangre (Shawn Mendes)

Mensaje por JMGon1 el Dom 09 Sep 2018, 2:40 pm

@Moonstar escribió:De ya pido perdón por no haber comentado   pero me han encantado ¡Enserio amé los capítulos! Esperaré con ansias el siguiente todo se pone intenso ya que hace que me emocioné  
Muchisimas gracias! espero que te gusten :)
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Re: Méndez. En mi Sangre (Shawn Mendes)

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