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The Honey System

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The Honey System - Página 3 Empty Re: The Honey System

Mensaje por gxnesis. el Vie 06 Sep 2019, 10:36 am

Capítulo 02.
Honey is Lua || Master is Jonathan || gxnesis.


Mi camino y el de Jonathan Lys se cruzaron poco antes de que cumpliera catorce años. Recuerdo estar en el patio del instituto y desear con todas mis fuerzas que los deberes de Literatura se resolvieran mágicamente porque yo era incapaz de concentrarme.

Entonces apareció Jonathan, larguirucho, esmirriado y con un gorro de lana en la cabeza. Supe de inmediato que era una de las Flores por su uniforme. En la parte menos exclusiva del Hoj este grupo era el tema de conversación por excelencia. Circulaban toda clase de rumores a su alrededor. Desde que vivían en islas exclusivas hasta que las honeys que no cumplían con sus deseos eran encarceladas. En el instituto es difícil saber qué leyenda urbana es verídica. Pues no son más que híbridos que cabalgan entre realidad y ficción. Pero tardé poco en comprender que Jonathan no encajaba en ellos.

Se dejó caer a mi lado con la seguridad de aquel que no teme a las consecuencias de romper las reglas. Y sin más, me preguntó si quería que me hiciera los deberes, como si de verdad hubiera venido para eso. En ese rato, hablamos de Virginia Woolf y el último capítulo de The Walking Dead. Mientras una parte de mi cerebro alucinaba porque tenía haciéndome los deberes a un tío que esclavizaba a una chica para que se los hiciera a él.  

Cuando sonó el timbre se marchó tan rápido como había llegado, sin siquiera decirme su nombre. Corrí a contárselo a Leah pensando que no volvería a verlo.

Para mi sorpresa, Jonathan regresó al día siguiente y al siguiente y al siguiente… Todavía hoy no sé por qué prefería pasar los recreos sentado conmigo tras el edificio de la cafetería, con el culo adolorido por la gravilla, pudiendo estar en su torre de lujo.

Durante un tiempo me sentí como el nuevo juguete del niño pijo. Una excusa para desafiar las reglas y escaparse de su bonita jaula de diamantes. Pero nunca me marché. Me gustaba discutir con Jonathan sobre series, libros, las honey y la manera adecuada de comer tortitas. Nos retábamos el uno a la otra y nos cuestionábamos en todo.

Pasado el tiempo dejé de verlo como un niño pijo aburrido de los almidones en su vida. Supongo que a partir de entonces comenzamos una amistad. Profundizamos en las charlas, compartimos preocupaciones, frustraciones y las abandonábamos en ese trozo de patio.

Era fácil y en parte revitalizante estar con Jonathan. O al menos con la versión que mostraba en esa media hora de recreo. A mediados del año pasado descubrí que posee otro puñado de versiones que tolero menos.

Me llamo Lua Stryker. Hasta no hace mucho creí que amar y ser alérgica a los gatos era lo peor que me había pasado en mis dieciséis años de vida. Pero eso fue antes de perder una apuesta y que el patriarcado me diera una bofetada en toda la cara…

—¡Ha desaparecido!

El grito despedazado de Willa me recorre el tímpano, lo destroza y termina encajado en mi sistema nervioso. Pego un bote torpe sobre la cama, todavía dormida, con el infarto preparado para atacar en el pecho.

—¿Señora Morrison? ¿Qué…?

Aparto el móvil de la oreja, intentando distinguir la hora a través de mi visión desenfocada. Son las tres de la tarde o las ocho de la noche. Una de dos.

—Lua, no damos con él —habla cuando vuelvo a acercar el teléfono a la oreja. Su voz se ha vuelto comedida, aunque tomada y frágil.

—¿Con quién?

Me rasco la cabeza conteniendo un bostezo. Un capítulo de Hawaii 5. 0 se reproduce en el portátil a los pies de mi cama. El aire dentro de la habitación es pegajoso y sofocante por el sol abrasador que se cuela por la ventana abierta.

Debí quedarme dormida mientras veía la serie. Me he levantado a las cinco de la mañana para recibir el pedido de libros. No he sido capaz de aguantar la falta de sueño.

Mi reconstrucción de los hechos es interrumpida por un gemido contenido en la línea telefónica. Recordándome que tengo a Willa Morrison y sus gritos destrozando mi canal auditivo.

—Con Jonathan. Tenía que acompañarme a una reunión hace una hora y no se ha presentado. —Hago esfuerzos por que mi atención se centre en sus palabras y delego el sueño a segundo plano. —¡Su teléfono está apagado! Y yo… —. Willa deja el final de la frase a mi imaginación.

«Por supuesto». Habría caído en la cuenta de inmediato si no me acabaran de levantar de la siesta. Muerdo uña y tormentas ante la implicación de la llamada. Cuando firmé para ser honey, suavizaron el asunto aclarando que mis funciones se limitaban al ámbito académico. Publicidad engañosa, que ni la Teletienda, vaya.

—Tranquilícese, señora Morrison. —Levanto el culo y camino al armario—. Tal vez esté con sus amigos.

Saco unos shorts y me los pongo haciendo malabares con el móvil. Después meto los pies en las zapatillas que uso para correr.

—Alba los ha llamado, no saben nada de él.

—¿Su coche?

—En el garaje.

—Vale, pues… —Me aparto el pelo de la cara —¿Habéis echado un vistazo en el invernadero?

Descarto opciones. Jonathan es escurridizo, pero alguien de costumbres. Solo hay un puñado de lugares a los que se escapa cuando quiere estar solo. Si su madre no se pusiera así de histérica ya lo habrían encontrado hace rato y mi siesta seguiría su curso.

El suspiro de Willa impacta contra mi piel a pesar de la distancia.

—¡Hemos mirado en todas partes! —brama—. ¡No somos estúpidos!

Mi reflejo en el tocador discrepa en silencio. Aprieto el borde del mueble y ordeno a mi pulso relajarse. Mastico las palabras que quisiera decirle. Que no es estúpida, pero sí una impertinente. Y que yo no soy una máquina que se apaga hasta que alguno de los Lys requiere mis servicios de nuevo.

—Sé dónde está —digo al fin. Willa inspira con fuerza—. Lo llevaré a casa. No se preocupe, señora Morrison.

—Gracias, Lua. No sé qué haríamos sin ti.

Si soy justa y me alejo de la irritación, la madre de Jonathan no me trata como una máquina. Solo que la preocupación le nubla las buenas formas. Cuando su hijo desaparece y llama, significa que soy la última esperanza para dar con él.

—Ponerle una pulsera GPS —bromeo, animada ante el cumplido.

—¿Es eso posible?

—No, no… Era una broma. Muy mala. —rectifico.

Olvido que esta mujer no tiene sentido del humor.

—Estaré esperando.

La llamada finaliza. Me ato el pelo con un lápiz, guardo el teléfono entre pantalón y cadera antes de abandonar la habitación. Mi casa se encuentra en un silencio absoluto. Me asomo al salón y veo a los abuelos dormitando cada uno en un sillón con la telenovela de fondo. Recojo el monopatín del armario de la entrada y rebusco entre mis chaquetas el manojo de llaves de las propiedades de los Lys y me marcho.

El barrio de Hensley está sumido en el silencio de la tarde de verano. Tan solo se escucha el trajín del monopatín en el asfalto bajo el sol abrasador, pisando las sombras danzantes de los árboles. Empiezo a cantar Lover de Taylor Swift para entretenerme. Desde la vez en la que casi me atropellaron por ir escuchando música, he tomado la sabia decisión no usar auriculares.

Tardo media hora en llegar a Horace Mann. Concretamente, al 441 de St. John St.

Freno enfrente de un local en apariencia abandonado que solía ser una tienda de jabones artesanales. Con papel tapando las ventanas y un cartel que informa que está disponible para alquilar.  

Me seco el sudor de la nariz antes de sacar las llaves del bolsillo y dar con la correcta. Introducirla en la hendidura despierta un cosquilleo molesto en mi estómago, que me acompaña mientras entro en el local. Se transforma en un zumbido de avispas al ver que está vacío.

Abandono el monopatín a un lado de la puerta y cierro a tientas. Es una sala diáfana, con una bombilla desnuda en el techo que no alcanza a iluminarla del todo. Varias sábanas machadas de pintura se extienden en el suelo. Contra las paredes hay una gran cantidad de lienzos, terminados, a medias, unos visibles y otros ocultos a la vista.
En el centro descansan varios caballetes que portan dibujos en proceso. Por el suelo hay desperdigadas cajas con pinturas, pinceles en botes o tirados de cualquier manera sobre este. Cuadernos de dibujo y papeles rotos.

El caos de Jonathan, pero ni rastro de él.

Este local forma parte del gran elenco de propiedades de su familia. Jonathan lo transformó en su estudio de pintura el año pasado, tras tomar su padre la costumbre de analizar sus cuadros en busca de un estado de ánimo depresivo. Evian y yo somos los únicos que estamos al tanto del uso que hace de él. Nos dio una copia de las llaves a cada uno para emergencias.

Estaba convencida de que lo encontraría aquí.

Pruebo a llamarlo tras sentarme en la butaca redonda que está colocada frente a los lienzos. Apagado. No desespero. He encontrado a Jonathan más veces de las que Steve y Daniel han resuelto crímenes. Rebusco en mi cabeza. Willa ha mencionado una reunión en la editorial, motivo suficiente para no dar señales de vida. No se ha llevado el coche, así que es improbable que esté fuera de la ciudad. Lo que reduce las opciones a cualquier lugar de San José.

Pierdo la concentración al toparme con el cuadro que tengo delante. Me quedo atrapada. Es el fondo del océano. Compuesto por colores que van desde el índigo al amarillo, apenas se adivina una silueta humana que flota en la inmensidad, hecha con trazos borrosos. Como si fuera una ilusión óptica generada por los oscuros del océano y la luz que se filtra desde la superficie.

Es increíble. Agobiante, triste, dolorosa… Genera conflicto entre la urgencia de apartar la mirada y el deseo de zambullirse en ese océano para rescatar a la silueta.

No poseo el menor conocimiento sobre arte. Solo sé que el de Jonathan sacude y despierta emociones y dice más de sí mismo que cualquier otra cosa.

Un quejido de madera llama mi atención. La puerta que conduce a la trastienda se entorna. Jonathan sale de espaldas a través del hueco. El hormigueo secundario en mi estómago termina por disolverse.

—Hostia, Lua.

Verme de brazos cruzados en medio de su estudio hace que se sobresalte. Se da contra la puerta en la espalda y se le cae la paleta al suelo. Al incorporarse nos quedamos observándonos unos segundos que se antojan eternos.
No lo veía desde la discusión de la semana pasada. Peleamos por una tontería que olvidé hace días. Lo que no he olvidado, sin embargo, es que me dejó su tarea de alemán del verano como castigo.

Dejo que sea él quien tenga la primera palabra y, mientras repliega el orgullo, me dedico a reconocerlo tras tantos días. En busca de cambios que no encuentro. La misma piel pálida. Rostro rectangular de barbilla afilada. Sus ojos marrones, ávidos pero escurridizos tras las gafas. El pelo castaño, alborotado, con un inamovible mechón cayendo sobre la frente. Y, por último, la línea recta de sus labios. Con ese aire de inaccesibilidad, huracán  y lejanía que lo acompaña.

—Qué haces aquí.

La frialdad monótona de su voz me sobresalta, sumida como estoy en contemplarlo. Camina a mi encuentro.

—Pasar mi último día de vacaciones buscando tu culo.

Sueno más cortante de lo que pretendo. Jonathan lanza los materiales al sillón inclinándose sobre mí. Me nariz se inunda de olor a pintura y colonia varonil, fresca e intensa.

—¿Me echabas de menos? —levanta una ceja cómica.

Pues la verdad es que sí. Estoy tan acostumbrada a estar con él que es raro no estarlo. Claro que decido guardarme esa honestidad para mí.  

—Tu madre ha llamado desquiciada porque no has aparecido en una reunión —respondo en su lugar, sentándome al borde del sillón—. Te imaginas el resto.

La frente se le llena de pequeñas arrugas. Une las manos tras el cuello y me mira desde las alturas con los ojos entrecerrados y la boca tirante.

—Vaya.

—Sí, vaya. Eres un desconsiderado. Cualquier día le provocas un infarto.  

Jonathan pierde la pose. Se aleja de mí y me da la espalda. Comienza a limpiar un pincel con el trozo de tela que le cuelga del bolsillo trasero del pantalón.

—Es su problema.

Sube y baja los hombros, indiferente. Odio cuando adopta este comportamiento. El Jonathan insensible de bordes afilados, tajante como un corte limpio, sin titubeos. Que le dan igual las consecuencias que acarren sus actos. Que nada más se preocupa de él y no tiene en cuenta los sentimientos de los demás.

—Ahí te equivocas. Porque me salpica a mí. No soy un monigote a la espera de que me necesites.  

—¿Te necesitaba? Primera noticia. —Me lanza una mirada por encima del hombro. —Si seguro que estabas viendo la serie esa de policías. Tampoco he interrumpido nada.

—Mi vida, poca cosa, ¿no? Qué tiene mi tiempo de importancia si lo comparamos con el de un heredero mimado.

Jonathan no responde. He tocado hueso. Utilizar sus debilidades a mi favor no me produce placer alguno. Herirlo con ellas mucho menos. Pero a veces es la única manera de hacer que reaccione.

—Márchate.

Escribo un mensaje rápido a su madre informándole de que ya lo he encontrado. Me levanto del sofá y me acerco a Jonathan. Limpia el pincel con tanta intensidad que parece determinado a arrancarle las cedras. Se lo arrebato de las manos y lo lanzo al suelo. Sigue la trayectoria del pincel con el paño colgando de la mano antes de mirarme molesto.

—Vienes conmigo.

—Dile a mi madre que no estaba muerto en ninguna cuneta. Voy a quedarme un rato.

Le agarro la mano y tiro de él. A mí sus burradas me entran por un oído y me salen por el otro. Las ignoro todas.

—Suelta.

Estira el brazo cuan largo es, pero no se mueve un centímetro. Se le marcan los tendones de la mano. Afianzo los pies en el suelo flexionando las rodillas. Coloco la otra mano en su muñeca. Vuelvo a tirar con todas mis fuerzas. Se me quejan los músculos de la espalda.

Lo miro echando chispas y soplo para sacarme un mechón de la cara. Jonathan sonríe de lado. Divertido por la situación. Al parecer se le ha pasado el cabreo.  

—Jonathan. Por. Favor.

Tiro otra vez. Nada.

Le dije a Willa que lo llevaría a casa y no pretendo faltar a mi palabra. Pero no a costa de desencajarme los hombros. Me incorporo en busca de otra táctica de extracción. Jonathan se observa las uñas de la mano libre con premeditado aburrimiento. Es parte de su interpretación para alterar mis nervios.

Soy una chica tranquila, paz, amor y esas cosas. Pero alguien le pasó la fórmula mágica con la que crisparme hasta los átomos a Jonathan Lys. No sé si es mi Némesis. Mi karma o un grano en la punta de la nariz. Solo sé que es capaz de transformarme el carácter en segundos, tanto para bien como para mal.

Antes de poder trazar mi siguiente plan, Jonathan recoge el brazo y salgo volando con él. Choco contra su pecho. Me separo unos centímetros y le observo desde abajo.

—Oye, no te me tires encima —bromea.

Sonríe y entrecierra los párpados de manera seductora. Nuestras manos aún están unidas, colgando en el aire.

—Es que con ese cuerpo…

Ironizo con una sonrisa abriéndose paso en mi rostro. Reímos al mismo tiempo. La mía es más estridente y la de Jonathan calmada y reverberante. El ambiente se relaja y vuelve a la normalidad. Entre nosotros todo es incoherente. Volátil, sobretodo. Podemos pasar de discutir a jugar en cuestión de segundos. Vamos del blanco al negro sin pasar por los grises. Es lo mejor de nuestra amistad. Nunca saber en qué acabará una conversación.

Le suelto la mano. Retrocedo un paso. Entonces reparo en las gafas que le cubren los ojos. Las he visto antes. Solo que mi cabeza acaba de procesar que Jonathan no lleva, que no deberían estar allí. Son de esta variedad moderna vintage, con los cristales grandes y la montura dorada.

—¿Desde cuándo te pones gafas?

—Un mes o así. Solo para pintar.

Asiento con los labios apretados. Sacudo la cabeza.

—Son gafas no un tercer ojo —replica descolocado.

—Es que estás raro.

Me echo a reír sin poder evitarlo. Resulta de lo más tierno cuando está confuso. La forma en la que se le arruga el ceño y se le deforman las cejas.

—¿Quieres acomplejarme?

—Raro pero guapo, tranquilo.

Le doy unas palmaditas en el hombro para animarlo. Carraspea y ahora es Jonathan quien aparta la vista. Se agacha para recoger el pincel y guardarlo en el bote.

—Ordeno un poco y nos vamos.

Realizo un gesto victorioso con el brazo sin que me vea. No he tenido que emplear ni una pizca de mi paciencia de titanio para convencerlo.

—Te ayudo.

Ordenamos el estudio en silencio y nos marchamos. Recibo un mensaje de su madre diciendo que mandará la limusina a mi casa para recogerlo. Se lo digo a Jonathan cuando está cerrando el local. Asiente sin presentar batalla. A pesar de lo poco que le gusta ir en limusina.  

El silencio se prolonga todo el camino. Patino a su ritmo de pisadas, planeando con los brazos como si fuera un pájaro. Jonathan va con las manos en los bolsillos, recluido en su interior y pensativo. Me alegra que las cosas han vuelto a la normalidad por el momento, pues nunca se sabe cuándo se le cruzará el cable a alguno.

—¿Estaba muy preocupada?

Pregunta cuando desembocamos en mi calle. La caída de la temperatura ha sacado a la gente de sus casas y estamos rodeados de familias que van al parque, paseantes de mascotas y ancianos que beben limonada en el porche.

Bajo del monopatín antes de responder. Jonathan se agacha para recogerlo y se lo coloca bajo el brazo. De lo más caballero él.

—No ha llamado a la Gestapo porque ya no existe.

El arrepentimiento cruza sus ojos. Se rasca la nuca y tensa los labios.

—Lo siento.

Siempre tarda un rato en darse cuenta de lo que suponen sus desapariciones. Aunque ya debería saberlo de sobra. Su problema es que es de lo más impulsivo. Se deja arrastrar por  lo que quiere en el momento y no es hasta que estas pasan cuando logra ver el conjunto completo.

—He llegado a la editorial —añade.

—Un paso cada vez, campeón.

—Eres un gran apoyo —resopla.

—Se me rifan en las subastas como roca emocional. —Lo cierto es que soy deplorable en ese trabajo. No soy nada intuitiva, me distraigo y dejo de escuchar aunque no quiera. —Va, cuéntame. —Pero con Jonathan lo intento.

—No hay nada que contar. —Deja escapar el aire de los pulmones con fuerza. Más como un quejido—. La misma historia de siempre.

Su familia es dueña de Lys Editorial, creada en 1920 pero un antepasado del que no memoricé el nombre. Es la editorial más importante del mundo. Cuenta con sucursales en todos los continentes y tienen comprados otros sellos editoriales más modestos. Los autores más exitosos del globo terráqueo firman con ellos. Nadie les hace sombra y su competencia es más bien vacua. Por si ser los dueños del mercado literario no fuera suficiente, también tienen en propiedad varias cadenas de supermercados, empresas de cosméticos y unos cuantos hoteles por Europa. Los millones de libros que vende Christopher, el padre de Jonathan, les agasaja otros cuantos ceros en la cuenta bancaria cada año.

El año pasado figuraron en el top diez de las familias más ricas del mundo. De las más prestigiosas, además. Colaboran con gran cantidad de ONG’S, financian investigaciones sobre el cáncer y donan dinero para limpiar los océanos.

Su hermana Alba ha tomado el mando de las empresas de cosmética —a veces pienso que sus padres las crearon solo para ella— y de dos hoteles. Pero el resto es para Jonathan. La editorial, los supermercados y lo que sea que les dé por comprar. Todos ellos quedarán bajo su cargo una vez se gradúe en la universidad.

¿El problema? Que Jonathan no quiere nada esto. Básicamente, todo cuanto desea es que lo dejen en paz. Durante los últimos años el futuro financiero de la familia ha estado en pausa. Ahora que la salud de Jonathan ha mejorado, han comenzado a exigir de él lo que se espera. Compromiso, entrega y responsabilidad.

Estoy cansada de decirle que ponerse en plan transgresor y huir de sus compromisos no servirá para nada. Que debe sincerarse con sus padres, hablar de sus sentimientos. Claro que eso es como pedirle a una nube que sea tangible.

—Escaparte a tu estudio no va a solucionarlo. Habla con tu madre o haz una huelga. No desaparezcas así.

—No puedo decirles que esto me parece una tontería porque es posible que no cumpla los diecinueve.

Ya se ha puesto en plan catártico…

—Pues a mí bien que me lo dices.

—A ti te da igual.

Vale que yo no ponga el grito en el cielo cuando se las da de escapista o recurre a este humor sin risa. Perder la calma no se encuentra en mi sangre. Y, muchas veces, es lo único que busca con sus comentarios. Alterar la paz de los demás. Sin embargo, también me afecta. Quiero a Jonathan, a pesar de todo. Forma parte de mi vida desde hace años. Es la persona con la que más tiempo comparto. Plantearme la posibilidad de una realidad en la que no esté me agujerea el pecho.

Jonathan me observa con los ojos bien abiertos tras las gafas. Me muerdo la uña. «No me das igual». Cuatro sencillas palabras, de no ser porque se me cierra la garganta y mis cuerdas vocales olvidan su capacidad de generar sonido.

La conversación se zanja y nace un silencio viciado y tirante entre nosotros.

Llegamos a mi casa. La limusina de su familia está aparcada en la acera y ocupa todo el largo de la fachada. Negra y reluciente al sol. Algunos paseantes reducen el paso para curiosear. Así como lo clientes que salen de la librería, que miran por encima de su espalda mientras se alejan. Quizás preguntándose a qué persona importante pertenece y si existe posibilidad de que estuviera en la librería.

Nadie la relaciona al adolescente con la ropa manchada de pintura que se acerca. Lo miro de reojo buscando enfado. Pero se muestra circunspecto y contenido. Oculta bien sus emociones. Si es que está sufriendo alguna. Quizás a él le trae sin cuidado que me importe o no. Y estoy aquí arrepentida por nada.

—¡Jack!

La cabeza de Alba asoma por la ventanilla de la limusina. Abre la puerta y se cuelga del cuello de su hermano pequeño en cuestión de segundos. Jonathan tira mi monopatín al suelo para recibirla. Se tambalea unos centímetros hacia atrás por el impacto. Rodea a su hermana con fuerza y le apoya la barbilla entre su cabellera morena.
Nunca he echado de menos tener hermanos. Pero cuando veo a Alba y Jonathan Lys siéndolo me da un poco de envidia. Eso de tener un compinche de travesuras y alguien que me guarde las espaldas.

—¿Dónde estabas? —dice con la voz ahogada. Se aparta de él y le da un puñetazo suave en el estómago.

—Por ahí.

—Déjate de crípticos, idiota. —Alba hace amagos por darle otro puñetazo, a lo que Jonathan extiende los brazos por defensa—. A los papás miénteles cuanto quieras. A mí me lo dices.

Alba tiene la voz dulce y titilante, como campanillas mecidas al viento. Ahora suena autoritaria, sin tonterías. Sin embargo, por detrás del cuerpo de Jonathan advierto el empaño en sus ojos, el dolor y preocupación que nunca se marchan.

—Venga, tranquila. No ha sido para tanto.

—Eres…

Su hermana aprieta la mandíbula frustrada. Jonathan es de hierro cuando se lo propone. Cabezota sin remedio.

—¿Tú no me dirás dónde estaba?

Alba aparta a su hermano y se encara conmigo. Echo un vistazo a Jonathan pasando el dedo por la superficie rugosa del monopatín. Siempre acabo en medio de estas discusiones.

Su mirada me reta, fuerte e incisiva. Busca intimidarme para que confiese. Alba se cree que le debo alguna clase de favor y respeto como honey de su hermano. En algunas ocasiones me ha tomado por una sirvienta, incluso.

—En el parque —miento sin culpa.

—La tienes bien entrenada. —Le dice a su hermano.

Alba suspira y se da la vuelta para regresar a la limusina. Despego los labios para decirle que no soy una mascota a la que enseñar truquitos estúpidos antes que desaparezca. Jonathan se posiciona a mi lado. Me aprieta el brazo para contenerme.

—¿Puedo meterle el tacón por…?

Jonathan se ríe y frena mi petición.

—Perdón.

—No eres tú quien debe pedirlo.  

—Te veo mañana.

Choca su cuerpo con el mío a modo de despedida. Sonrío y se lo devuelvo. Abandono el escozor venenoso que me ha provocado Alba. No voy a permitir que una niña hueca me altere el humor.  

Jonathan se adelanta a la limusina para marcharse. Ya con la mano sobre la manilla, tuerce el cuello. El mechón rebelde cae hacia la izquierda. Sonríe deslumbrante, marca los pliegues de la boca y le salen pequeñas arrugas en la comisura de los ojos.

—Entonces, ¿me has echado de menos?

Siento una leve opresión en el pecho. De estas raras que me dan de pronto, sin motivo. Pero solo es un segundo. Acorto la distancia entre los dos para no alzar la voz. Como si estuviera a punto de confesar un secreto.  

—Un poco.  

—Lo sabía.

La sonrisa y el ego de Jonathan se ensanchan. Tener razón es su objetivo en la vida. Salirse con la suya. Ya sea en temas serios o preguntas tontas como esta.

Me da un beso rápido en la mejilla y finalmente se mete en la limusina. Que arranca de inmediato. Permanezco en la acera, con el fantasma de sus labios haciendo cosquillas en mi piel.

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—Luaaaaaa, ven perrita.

—Tía, no seas cabrona.

No tenía que haberle contado mi altercado con Alba Lys.

Le sacudo el plumero en la cara. Daia echa una carcajada que se propaga por los pasillos de la librería. Hemos cerrado hace media hora y mandado a mis abuelos al piso de arriba. Estamos ordenando la tienda mientras escuchamos a Drake.

—Solo de imaginarme tu cara. —Se seca una lágrima invisible del ojo, con la voz tomada aún por la risa—. La honey perruna.

Acabo riendo también mientras sacudo el polvo de la parte superior de la estantería. La vida es mejor tomársela con humor. Daia Martínez es la mejor compañera para hacerlo.

La conocí el año pasado al entrar en el programa de honeys. Era la encargada de hacerme un tour por las instalaciones y explicarme el funcionamiento. En su lugar, me llevó a la cafetería a beber refrescos mientras nos contamos nuestras historias y el por qué acabamos como niñeras de dos niños ricos.

Daia es esa clase de personas que no pide explicaciones para ser, transparente y dada a las aventuras. Se rige por sus reglas y las de nadie más. Hicimos clic desde el principio. Este verano hemos pasado mucho tiempo juntas porque ha trabajado en la librería de mi familia a tiempo parcial.

Acabar el verano siendo objeto de sus burlas es una gran manera de darle un cierre.

—He estado a punto de partirle el monopatín en la cabeza.

—¿Por qué no lo has hecho? —Daia sigue colocando libros a mi lado. Mueve el torso al ritmo de God’s Plan.

—Una posible denuncia por homicidio… y Jonathan.

Tengo la lengua aplastada de todas las veces que me la he mordido delante de Alba. Solo por él. A mí no me gustaría que dijeran cosas malas de las personas que quiero. Por acertadas que fueran.

—Recuerda lo que te dije cuando nos conocimos, mi joven padawan.

Frunzo el ceño.

—Me gusta tu culo.

—Lo otro.

Espera demasiado por mi parte. Ni siquiera me acuerdo de mi desayuno de hoy. Rebusco en mi cabeza hasta que me duele. Pero se me enciende la bombilla al fin.

—Dos tetas tiran más que dos carretas.

Asiente y se deja caer en el suelo para sacar el resto de libros de la caja. Estamos colocando el pedido que ha interrumpido mi sueño esta mañana.

—Y tiran del cerebro de los tíos. No hay nada que un vistazo que a estas dos—Se señala las preciosas tetas que tiene—no puedan solucionar. Ni siquiera un homicidio.

Me echo a reír.

—También me dijiste que tuviera cuidado con Jonathan.

—Has demostrado ser más inteligente que Eli.

Eli era la antigua honey de Jonathan y su novia. La ruptura de esa relación es el motivo por el que yo terminé ocupando su puesto. Jonathan nunca me ha hablado de ella ni qué pasó entre ellos. Nadie lo sabe. Solo que un día Eli no apareció más por Hoj y unos cuantos más tarde llegué yo. Porque soy gilipollas y no me sé estar quieta.

—Somos amigos —explico sin necesidad—. Ni él caerá a mis encantos ni yo a los suyos.

—Razón de más para usarlos.

Continúo sacando libros de la caja sin hacer caso a su recomendación. No soy una letrada en el arte de la seducción como Daia. Pero a veces consigo realizar una caída de ojos que me cede el sitio en el tranvía o que los proveedores traigan los pedidos a tiempo. Algún provecho tenemos que sacarle a que nos vean como meros agujeros donde meter su cerebro.

Pese a ello, no quiero aprovecharme de Jonathan. Complicaría la situación más de lo que ya lo está. Nuestra relación ha cambiado irremediablemente desde que soy su honey. Y no quiero que llegue el día en el que deje de ver al chico que me traía Snickers en el recreo. Con el que puedo hablar sobre cosas que me dan apuro con el resto. Al Jonathan que se le ilumina la mirada cuando discutimos de Harry Potter. Quien se enfada, refunfuña y me provoca ganas de ahorcarlo. El que me abraza de improvisto y abandona besos en mi mejilla porque sí.

Solo quiero que nuestra amistad salga ilesa de este entuerto.

Daia me da un toque con la zapatilla en el tobillo para captar mi atención de nuevo.

—Mejor no —digo con retraso.

—Oh no, disfrutas siendo el sabueso de esa familia.

Pongo los ojos en blanco. Cuando le he explicado el motivo por el que he llegado tarde a trabajar Daia ha estado a punto de exorcizarme.

—Claro que no. Pero no me queda más remedio.

—Negarte es mejor que el paracetamol.

—Quedarme tres años sin estudiar no.

—Es Jonathan quien tiene la última palabra, no su madre —recuerda perdida en la portada de un libro.

Daia piensa que los Lys se han hecho con el control de mi vida. Aunque no sea así en lo absoluto. Claro que mi amiga desconoce la conversación que tuve con Willa el día que la conocí. No puede entender que la razón por la que salgo a buscar a Jonathan no está sujeta al contrato como honey.

Regreso a ese momento de hace tantos meses atrás…

La residencia de los Lys era algo sin igual. Pensé que, si a partir de entonces tenía que gastar mis tardes detrás de Jonathan, no me importaba si era en ese lugar.

Era alucinante, desde el estanque con palmeras y cascada que adornaba la entrada hasta el vestíbulo. Todo de mármol y cristal. Techos que se extendían al infinito. Una escalera que ni la de los castillos de las princesas Disney.

—¿Eso es un Velázquez?

Pregunté a Jonathan cuando entramos.

—No te entretengas.

Me agarró por la muñeca para arrastrarme a través de un pasillo que podría haber pertenecido al Louvre.

—Vives en un museo.

—Es una casa, Lua —replicó desinteresado.

Me molestó que le diera tan poco valor. Como si cualquiera pudiera vivir en un palacio como aquel. Cuando había millones de personas en el mundo que ni tan siquiera podían acceder a agua potable.

—¿Me vas a decir por qué estamos en tu casa?

Había sido mi primer día como honey. Había echado mucho de menos a Leah y William. Pero fue mejor de lo que esperaba. Las clases no parecían más complicadas que las que daban en mi lado de la escuela. El resto de honey eran simpáticas y había hecho buenas migas con Daia y Mei, quien también era nueva y amaba a Los Beatles tanto como yo. Una parte de mí estaba emocionada por descubrir esta nueva aventura.

Pero tras salir de clases lo único que había querido era marcharme al hospital a ver cómo estaba el abuelo. No venir de excursión a casa de Jonathan.

—Mi madre quiere conocerte.

Frené en seco en mitad del pasillo, arrastrando a Jonathan conmigo. Se giró con una expresión cáustica preparada en los ojos.

—¿¡Con estas pintas!?

Me echó un vistazo calculador de arriba abajo. Hizo un gesto desinteresado con los labios.

—Estás bien.

Jonathan no se fijaba lo suficiente en mi aspecto como para dar una opinión objetiva.

—Para ti siempre estoy bien, tu opinión no cuenta.

Había cambiado la chaqueta del uniforme por una sudadera abierta de color verde. La camisa estaba arrugada por los bordes y tenía una mancha de zumo de arándanos a la altura del pecho. Por no mencionar que llevaba el pelo sucio atado en una coleta porque me había quedado dormida y no tuve tiempo de ducharme por la mañana.

—Ya estás contratada. Quiere conocerte, sin más —explicó retomando la marcha. Lo seguía medio corriendo para no rezagarme—. Solo evita parlotear sobre los olmecas o alguna de tus cosas raras.

—He visto Dowtown Abbey. Sabré comportarme.

—No me refería a eso. —Jonathan me miró de reojo.

—Sí que era eso.

Llegamos a otro pasillo que se perdía en dos direcciones distintas. Jonathan abrió las puertas correderas que ejercían de pared. Daban a un porche amplio de piedra, que desembocaba en un jardín infinito. A lo lejos podía apreciarse una piscina impresionante.

—Mamá.

Me había quedado tan absorta con el paisaje que no me di cuenta que sentada a una mesa de al menos tres metros, estaba la madre de Jonathan. Se me retorció el estómago.

Jonathan se separó de mí y acudió a su encuentro. La mujer se levantó con ímpetu y lo atrapó en sus brazos. Jonathan se revolvió entre quejas. Me mordí el labio para no reírme.

—¿Qué tal el día, cariño? ¿Cómo te sientes? ¿Has estado bien?

Soltó todas estas preguntas como si las tuviera memorizadas. Al tiempo que recorría a Jonathan y le toqueteaba la frente. Él se apartó con la mandíbula tensa, un poco colorado.

—Esta es Lua Stryker.

Su madre me miró. Una mujer despampanante, aquella. Poseía la belleza de los ricos. El pelo liso hasta los hombros, de color castaño claro, perfecto y brillante. Un rostro indulgente, con facciones marcadas pero delicadas. Llevaba un vestido negro de corte recto que le llegaba hasta las rodillas. Se le ceñía al cuerpo como una segunda piel.

Era tan alta como su hijo. Lo que no colaboró a que no me sintiera diminuta. Jonathan volvió conmigo para situarse detrás de mi cuerpo. No sé si para brindar apoyo o para evitar que saliera por patas.

—Es un placer conocerla, señora Lys. —Mi voz emergió sin fuerza, vergonzosa y aguda.

«Solo es una persona», me reprendí. Claro que era la mujer que iba a ingresar en mi cuenta bancaria varios miles de dólares al mes. Y de su bolsillo había salido el dinero para la operación de mi abuelo.

—En realidad es Morrison. No adopté el apellido de mi marido cuando nos casamos.

No supe descifrar sus emociones, ni la monotonía en su tono de voz. En eso me recordó a Jonathan. Los dos impertérritos.

—Disculpe.

Empezó a sudarme la espalda. Escondí las manos dentro de las mangas de la sudadera. Cuanto notaba era mi pulso despedido dando un concierto acústico a mis huesos. Tenía la sensación de que aquella mujer solo veía todas las fallas que tenía. Odiaba experimentar esa vieja inseguridad.

—Me gustaría hablar contigo —dijo sin atender mi metedura de pata—. Jack, déjanos solas.

La mano de Jonathan apareció en mi hombro. Quise esconderme detrás de él o estamparlo contra la pared por tremenda emboscada.

—Mamá… —advirtió. Escuché cómo le crujía la mandíbula.

Vale, puede que la emboscada también se la hubieran tendido a él.

—Tráele un refresco a tu amiga.

—Pero…

—Ahora, Jack.

Incluso un agente de inteligencia del gobierno se hubiera derrumbado ante tal tono. Por lo que Jonathan me soltó después de darme un apretón animoso y desapareció dentro de la casa.

—Siéntate, por favor.

La señora Morrison se sentó a la cabecera de la mesa y yo en la silla del lateral. Me mordisqué la uña. Sabía que esa mujer podía notar mi perturbación. A mí todo se me refleja en el rostro. No poseo la habilidad de ocultar mis emociones.

—Pierde cuidado, tan solo quiero saber un poco sobre ti.

Willa estaba recta como un palo, con las manos apoyadas sobre el regazo. Me sentía como si fueran a juzgarme por un crimen.

—Puedo tocarme la punta de la nariz con la lengua. —Me pellizqué el muslo—. No sé por qué he dicho eso. Olvídelo, por favor.  

—Háblame de tu historial académico —dijo sin hacerme el menor caso.  

—Estudio en el Hoj…, en la otra parte—. Interpreté la aclaración realizando un gesto con el dedo—. Me dieron una beca completa.

—¿Cuáles son tus planes de futuro?

Empecé a tomarme aquello como una entrevista de trabajo y me relajé de inmediato.

—Me gustaría estudiar Periodismo e Historia.  

Willa movió la cabeza con aprobación.

—Eres una chica de letras.

Arrugué la nariz.

—Prefiero el mundo audiovisual. Quiero ser documentalista —aclaré. Me di cuenta de que acababa de desestimar su profesión sin que me temblara el pulso—. ¡Pero valoro mucho las palabras!

Hizo una mueca que se asemejaba a una sonrisa.

—No debes matizar todo lo que dices por temor a ofenderme.

Enrojecí. Me hundí en la silla. Aquella conversación era como estar montada en una montaña rusa. Arriba y abajo si tiempo a prepararme.

—Vale.

—Jack ha insistido mucho en que seas su honey. Dice que sois amigos.

—Sí.

Si eso le parecía bien o mal, era imposible decidirlo. Así que me mordí la lengua para no mencionar que todo nació por una apuesta absurda entre los dos. Parte de un juego que se salió de madre.

—E imagino que estás al tanto de su situación.

Una afirmación de lo más ambigua. ¿Qué heredaría la empresa? ¿Que no sabía silbar? Mis absurdas dudas se resolvieron al ver que la careta indulgente se le fue a pique. La piel tersa se llenó de arrugas y en su mirada nació esa clase de miedo que te deja sin palabras.

Se refería a su estado de salud.

—Lo estoy.

—Bien. —Apretó los labios—. Porque él parece olvidarlo. Es imprudente y no tiene en cuenta todos los peligros que corre con su forma de comportarse. No hay quien le haga entrar en razón.

Desde mi perspectiva estaba exagerando, quizás influenciada por todas las conversaciones con Jonathan acerca de la sobreprotección de su familia. Pero la entendí. Su hijo estaba en una situación complicada.

—Es bastante testarudo —concordé.

Apartó la mirada unos segundos. La dejó suspendida en el aire, en un punto detrás de mí. Aguardé lo más tranquila que pude. Comenzaba a sentirme inquieta ahí sentada, sin moverme.

—Sé que lo que te voy a pedir no compete a tus responsabilidades como honey.

Tragué saliva. Me obligué a asentir, a sabiendas de que me causaría problemas.

—Usted dirá.

—Vas a pasar mucho tiempo con él a partir de ahora —comenzó, rascaba la superficie de la mesa con la uña de manera inconsciente—. Quiero pedirte que lo vigiles e intentes que no haga muchas tonterías. Tiene muy buenos pronósticos, pero si no se cuida…

Solté el aire aliviada. No era nada del otro mundo. Podría hacerlo mientras me aseguraba de que fuera a clase y a los eventos sociales de alta sociedad.

—Lo haré.

Asintió repetidas veces, como para asimilarlo. Cuando sus ojos volvieron a chocar con los míos, me sobresaltó la impetuosidad que cargaban. Vi en esos iris negros una desesperación antigua, infinita e indescriptible. Era como sumergirte en un agua helada.

—Él…, mi hijo resta importancia a su estado de salud. —Continuó hablando. En un tono decadente e implorante—. Puede pasarse días en mal estado antes de contárselo a alguien. Arriesgando su recuperación. Confío en que tú serás más responsable y…

—Se lo contaré. No tiene de qué preocuparse.

Apoyó la mano en mi antebrazo a modo de agradecimiento. En ese gesto yo sentí que me traspasaba el peso de una responsabilidad inmensa. Pero, cómo negarme. Aquella mujer estaba desesperada.

—Gracias.


Y este es el motivo por el que hago todo lo que hago. Por un madre temerosa con un hijo cabezota e irresponsable.

—Eh, nave nodriza. Pon los pies en la tierra.

Sacudo la cabeza de vuelta al presente. Sin ser consciente de cuánto tiempo he estado ausente. Daia me observa a expensas de que hable. Retomo el hilo de la conversación:

—Jonathan no tiene la última palabra. La tengo yo.

Sonríe malévola.

—Y la alumna, se convierte en maestra.

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Nací en Turquía y los diez primeros años de mi vida recorrí el mundo junto a mis padres. He conocido culturas, lo mejor y lo peor de las personas, amaneceres que arden y atardeceres helados. Pero no conocí hogar alguno hasta que llegué a San José. Tener un sitio al que volver, donde refugiarme y sentirme segura cuando todo tiembla.
Dudo que lo hubiera llegado a encontrar sin mis abuelos. Si no hubieran aceptado acogerme en su casa, seguiría dando tumbos entre países en busca de animales exóticos. Nunca habría ido al colegio ni tendría amistades que durasen más allá de la estancia en el país en cuestión.

Cuando me mudé a su casa, solo los había visto en un par de ocasiones y escuchado su voz en llamadas esporádicas de contados minutos. Para mí eran personajes en las historias que mamá me relataba durante las horas muertas de aeropuerto.

Elena Pryce y Alfred Geiszler: cocineros, libreros y supervivientes. Judíos nacidos en la Alemania nazi. Su historia, como la de millones de personas, está teñida por la sangre y horrores del Holocausto.

Mi abuelo tenía diez años cuando lo mandaron a Auschwitz. Había pasado los tres primeros años de la guerra escondido en el sótano de una familia junto a su hermana pequeña. Pero la SS dio con ellos. A su hermana la mandaron a la cámara de gas nada más bajar del tren. Él la evadió escapándose a la fila de los útiles. Durante el registro, el hombre que se encargaba la tarea, cambió su fecha de nacimiento. Fue uno de los muchos gestos humanos que le salvó la vida. Llegó al final de la guerra y pasó años buscando a sus padres. Emigró a Estados Unidos tras descubrir que su padre fue fusilado y su madre murió de inanición en Birkenau.

La abuela no estuvo en ningún campo de concentración. Era un bebé cuando estalló la guerra. Sus padres lograron sacarla de Alemania en 1938 y creció con la hermana de su padre en San José. Pero el resto de su familia no tuvo tanta suerte. Sus padres, hermanos, tíos, tías, primos… Todos murieron en el Holocausto.

Se conocieron en los años cincuenta, en la cafetería en la que trabajaba ella. El abuelo iba allí todas las noches después de salir del trabajo. Él siempre se quedaba hasta al cierre para acompañarla a casa. Ella no le cobraba el primer café. Se enamoraron, por supuesto. Mamá dice que nada une más que un trauma compartido.  

Años después, al morir la tía de Elena, se mudaron a San José. Invirtieron sus ahorros en su negocio y se embarcaron el sueño americano. Son unos luchadores, este par. Según los médicos, la abuela tenía un útero hostil y existía muy poca probabilidad de que se quedara embarazada. Pero no dejaron de intentarlo hasta que, tras varios abortos, nació mamá.

Y esto es lo que eran mis abuelos cuando llegué a su casa con una mochila enorme a la espalda. Historias sobre masacres, superación y rechazo a una religión que les cambió irremediablemente la vida. Pero después de seis años viviendo con ellos, he descubierto que sobretodo son amor. La abuela que me atiborra a comida y nuestras conversaciones mientras lavamos los platos. Los domingos sentada a los pies de la butaca del abuelo y el vaso de leche que me trae todas las noches.

Su historia es importante porque también es la mía. Son mis ejemplos a seguir y todo cuanto quiero es que se sientan orgullosos.

—Solo una taza, por favooooor.

Suplico por tercera vez con las manos en posición de rezo, los labios fruncidos hacia afuera. Las arrugas del rostro de la abuela se contraen en una sonrisa dulce. No me mira, sin embargo. Sino que sigue cepillándome el pelo con movimientos profesionales y constantes, igual que todas las noches.

—Cielo, si tomas té no vas a dormir. Mañana es el primer día de clase.

—Ya, pues díselo a la tarea de alemán.

Mi resquemor hacia Jonathan ha renacido con aires renovados cuando he vuelto a mi habitación tras la cena y he visto los deberes que me encasquetó la semana pasada. Llevo dos horas traduciendo textos y aún me faltan cuatro más. Tengo buen dominio del alemán. Pero me distraigo con tanta facilidad que casi voy a frase por cuarto de hora.
La abuela me da unos toquecitos en la coronilla entre la reprobación y el cariño. Coloca sus manos venosas en mis hombros y sus ojos azules se reúnen con los míos en el espejo del tocador. Sonrío con cariño. Es tan guapa… Con su rostro redondo lleno de arrugas, de ojos amorosos y boca en forma de corazón. Los rulos en el pelo canoso y su bata de algodón color púrpura.

—Si esta bonita cabecita tuya se estuviera quieta…

—Me aburriría mucho.

—¿Estás emocionada por tu último año?

Apoyo la cabeza en su estómago con cuidado y cubro sus manos con las mías. Son suaves y cálidas. Son hogar. Encojo los hombros ante su pregunta.

—Mucho. Quiero ver cuánto aguanto antes de matar a Jonathan —bromeo.

La abuela chista repetidas veces con desaprobación. Se toma lo que digo con demasiada seriedad.

—Esta familia ha sido un regalo que nos ha mandado Dios, querida. Asegurarte de que Jack cumple con sus obligaciones es lo menos que podrías hacer.

Voy a morderme la uña, pero la abuela me lo impide de un manotazo rápido. Escondo las manos en el regazo. Se me dispara el corazón. Los Lys no nos han regalado nada. Darme una beca para la universidad e ingresarme dinero mensualmente es el pago por mis servicios. Trabajo para ellos. No son mis mecenas.

Me molesta que la abuela piense que me han hecho algún favor. Es cierto que no podría haber optado a la Ivy League de no ser por el programa de honey. Aunque consiguiera que me admitieran, no tendríamos dinero para pagar las cuotas. Pero no es ningún regalo. Me lo voy a ganar este año asegurándome de que Jonathan se gradúe y cumpla con sus obligaciones.

—Lo sé.

—Y han pasado por mucho. Si puedes contribuir a mejorar la situación debes hacerlo.

Suspiro. La abuela creció en una época en la que la consciencia social era más importante que la personal. No existía el yo, sino el nosotros. Tiene está predisposición natural a tender la mano a quien lo necesite y la creencia de que el mundo funciona a favores. Si ella sirve una porción de tarta, está haciendo el favor de alimentar a una persona y esta se lo agradece con dinero, para que pueda continuar alimentando a los demás.

Por mucho que me guste esta versión, no es la realidad. Pero me guardo de contradecir a mi abuela.

—También lo sé. Haré todo cuanto esté en mi mano.

—¡Se me olvidaba! —exclama. Se da una palmada en la frente—. Wilbur vino a buscarte mientras estabas fuera.

—William, ¿dices? —Es terrible para memorizar nombres.

—Ese, ese.

—Mañana le llamo.

Me fastidia no haber podido verlo. Ha pasado todo el verano en Ámsterdam en casa de unos parientes. Estaba deseando que llegara para que me contara todas sus aventuras. Para mí el verano ha sido de lo más aburrido. Podría haberme ido a Rabaul con mis padres. O a la villa italiana de los Lys en julio. Pero me daba apuro dejar a los abuelos aquí solos.

—Ajá.

Un brillo travieso cruza su mirada. Se da unos toquecitos conspirativos en la barbilla. Me cubro las mejillas con las manos, enternecida.

—William es homosexual.

—Hoy en día los hombres se depilan, gracias al cielo.

Irrumpo en carcajadas.

—No, abuela —corrijo—. Es homosexual, no metrosexual.  Eso quiere decir que le gustan los chicos.

—Oh. —Se atusa los rulos mirándose al espejo—. Una lástima, es un muchacho encantador.

Cualquier chico que se me acerca le causa la misma impresión. Es una romántica sin remedio. Ama el concepto del amor. Piensa que yo caeré en sus garras cualquier día próximo, entre las estanterías de la librería. Pero a mi edad el amor no es más que un concepto lejano de las películas. Se confunde con las feromonas adolescentes. Crees estar enamorada cuando solo es una atracción que dura un par de semanas y que te hace cometer tonterías.

—De todas formas, sabes que no salgo con chicos.

Tomé esta decisión a una edad bien temprana. No me gusta perder mi tiempo en cosas inservibles. Así que prefiero aplazar el asunto de los chicos hasta la universidad. Una regla fácil de cumplir, pues no he conocido a uno solo que
la haga tambalear.

—Te encanta hacer las cosas al revés ¡Estás en la edad! Luego te haces mayor y con todas las responsabilidades no encuentras hueco.

La puerta de la habitación se abre. Mi abuelo aparece sujetando un platito en el que lleva un vaso de leche.

—Aquí están mis chicas. ¿A quién estáis calumniando esta noche?

Camina a pasitos cortos, procurando que la leche no se derrame. Lo deja al filo del tocador y me pellizca la mejilla antes de colocarse las gafas, que siempre le resbalan hasta la punta de la nariz.

—A tu nieta.

—Está enfadada porque no sigo los designios del amor.

Me levanto del escritorio y le doy un beso al abuelo en su cabeza pelada. En los últimos años ha menguado en estatura y soy más alta que él. La abuela se sitúa a su lado.

—Mi Lua es una chica inteligente. —Cabecea con orgullo.

Su mujer rebolea los ojos al tiempo que le coloca el jersey sobre los hombros.

—Con lo poco romántico que eres, qué vas a decir.

—¿No lo soy?

Se ofende. A continuación, se inclina a su oído y le susurra unas palabras que escapan a mi audición. La abuela enrojece riendo como un ratoncito.

—Viejo pícaro.

—Soy romántico.

Me dice rodeando a la abuela por los hombros. Los observo conmovida y el pecho lleno de nudos. Parpadeo para deshacer las lágrimas. Soy una sentimental…

—Es hora de irse a la cama —concluye la abuela—. Puedes levantarte temprano para terminar la tarea.

Asiento. Me acerco para darles un abrazo y las buenas noches. Marchan hacia la puerta cogidos de la mano. El abuelo se detiene en el pasillo para lanzarme una última mirada. Alza el dedo índice y me apunta con él.

—El último año de instituto, cómo pasa el tiempo… Princeton está a la vuelta de la esquina. Cada vez queda menos para que eches a volar.

De pronto, la idea de marcharme a la otra punta del país me aterra. Separarme de ellos y no estar aquí para cuidarlos. Que pase cualquier cosa y… Deshago esta idea. Aún me quedan muchos años para disfrutar de ellos.


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Me bajo del tranvía unas cuantas paradas antes de llegar a la Academia Hoj. Las mañanas son mi parte preferida del día para patinar. La humedad sigue dormida y el viento fresco me acaricia las mejillas.

Me termino mi desayuno —una piruleta de fresa— y espero a que el sueño que agacha mis párpados desaparezca. He puesto el despertador a las cuatro para terminar la tarea de alemán.

La Academia Hoj se materializa, como si de la Atlántida se tratara, frente a mí; impoluta y brillante. Rodeada de alumnos con uniforme. Busco a Leah y William al sumergirme en el gentío, con la esperanza de pasar un rato juntos antes del comienzo de clases, sin éxito. Mi ánimo se tambalea. En estos meses me he distanciado mucho de ellos. Con tantas responsabilidades es imposible hacer un hueco para quedar. Ser honey absorbe todo mi tiempo. Pero me niego a pensar en la adversidad. Las cosas son como son. Ya encontraré la manera de ver a mis amigos.

Lo que sí encuentro entre el gentío son miradas a mi uniforme. Hay de todo. Curiosidad, desprecio, lástima… No les presto atención. Hasta no hace mucho, yo era una de esas miradas.

Veo a Jonathan a un par de metros de distancia, bajándose de la limusina. También atrayendo miradas. Cojo impulso con el monopatín para ganar velocidad.

—¡Piensa rápido! —grito.

Jonathan reacciona y usa las manos para frenarme y evitar que me estampe contra él. Yo también freno con el pie un poco. No es plan de romperme la rodilla el primer día.

—Hola a ti también.

—Hoy no te mezclas con la plebe.

Señalo la limusina con la barbilla al tiempo que coloco el monopatín entre las asas de la mochila. Pone los ojos en blanco y empieza a caminar hacia la entrada. Con las manos en el bolsillo y la mochila colgada de un hombro.

—Mi madre ha amenazado con ponerme una pulsera GPS. —Tomo nota mental de no darle más ideas a Willa—. Prefiero esto, hasta que se relaje.

—¿Quieres decir que vas a ir a clase y hacer los deberes como un niño bueno? —chillo emocionada.

Me vendrían bien unos días para habituarme a la rutina sin tener que estar pendiente de que no haga una de las suyas.

—Depende, ¿tienes pensado ponerme una pulsera? —reta con expresión elocuente. Lo que significa que está de buen humor.

—Depende —imito su tono arrastrado. Me adelanto a él cuando caminamos hacia el edificio de la Flores y empiezo a caminar de espaldas—. ¿Puede ser rosa, con purpurina y lentejuelas?

—Sin lentejuelas.

Me hace girar a tiempo de que no me tropiece con las escaleras. Las subo de carrerilla y espero a Jonathan en lo alto. Resopla cuando llega arriba, con las manos en las caderas y sin aliento.

Se me encienden unas cuantas alarmas. Le sostengo la barbilla para que me mire. Comienzo a buscar algún rastro de malestar en su rostro. Salvo por las ojeras y el tono pálido de su piel, no veo nada fuera de lo normal.

—Hey, ¿estás bien?

Jonathan asiente con los ojos cerrados. Me apoya una mano en el hombro. Sus respiraciones me revuelven el pelo. Aguardo a que se recupere. A veces se fatiga más de la cuenta por actividades pequeñas como subir las escaleras.

—Ya está.

Me suelta y se aparta un paso. Amaga una sonrisa para afianzar sus palabras. El problema es que con Jonathan es muy difícil saber si no está fingiendo. En esto Willa no exageró. De verdad tiene la mala costumbre de restar importancia a su estado de salud.

Le sostengo la puerta para que entre. Decidida a echarle un ojo más exhaustivo hoy, solo por si acaso.

El pasillo se encuentra desierto, en un silencio sepulcral. Echo de menos el alboroto de los pasillos del otro lado de la academia. Las charlas junto a las taquillas, chocarte con alguien que conoces y quejarte del profesor de turno. Aquí somos tan pocos que es imposible.

Aun así, me alegra volver. Tengo ganas de ver a la loca de Sakura, hacer experimentos con Evian desde el tejado y hablar con Mei sobre Los Beatles a la hora del almuerzo. Este lado tampoco está tan mal. Quizás un tanto irreal porque lo construyeron para un puñado de adolescentes y porque permiten la esclavitud. Pero disfruto de la variedad de personalidades e historias que ofrece.

—Se me olvidaba.

Giro el cuello hacia Jonathan, que rebusca algo en el bolsillo de la chaqueta mientras avanzamos por el pasillo. Cuando lo encuentra, me tiende un rectángulo de cartón. Al ver de qué se trata una sonrisa inmensa me tira de todos los músculos de la cara. Es una postal de Ringo Starr en blanco y negro, con él detrás de la batería, las baquetas alzadas y la mirada perdida en un lugar que escapa a la fotografía.

—¡Te has acordado! —Lo zarandeo por el brazo presa de la felicidad.

Colecciono postales desde que soy niña. Tengo una de todos los países, ciudades y pueblos que he visitado. También de artistas, películas o animales. De cualquier cosa. Cuando Jonathan se fue a Italia en junio le pedí que me trajera una.

—Iba a dártela antes, pero como no me hablabas… —comenta con una ceja alzada y expresión de falsa indignación.

Me llevo una mano al pecho.

—¡Tú no me hablabas!

Se le desencaja la mandíbula.

—Joder, si me echaste de tu casa a patadas.  —Entrecierro los ojos rebuscando en mi cabeza. Jonathan pone los ojos en blanco—. Ni siquiera te acuerdas.

—Bueno…, sería porque…, esto. —Jonathan suelta una carcajada y a mí me asciende un calor furioso por el estómago— ¡Tendría motivos de peso!

—Conclusión, no me hablabas tú.

Le saco la lengua. Miro la hora en el móvil, ya extrañada porque no hay nadie por aquí. Y con razón.

—¡Puñetas!

—¿Y ahora qué te pasa?

—Llego tarde a la reunión.

Salgo corriendo escaleras arriba.

«Empieza el espectáculo».


Última edición por gxnesis. el Sáb 07 Sep 2019, 6:30 am, editado 3 veces
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The Honey System - Página 3 Empty Re: The Honey System

Mensaje por gxnesis. el Vie 06 Sep 2019, 10:37 am

Capítulo 02.02
Honey is Lua || Master is Jonathan || gxnesis.


¿Cosas que me ha aportado ser honey? Responsabilidad. Soy buena estudiante, pero de lo más vaga. La posibilidad de quedarme tres años sin estudiar ayuda a que me aplique. El dinero también es un buen aliciente. Mis gastos para el primer año de universidad están cubiertos y hemos podido contratar a una persona que ayude a mis abuelos en las tareas más pesadas, ya que yo no paso mucho por casa entre semana.

En las desventajas prefiero no pensar. Claro que a veces encuentran la forma de entrometerse...

—Lua, espera un momento.

Lola me corta el paso cuando me dispongo a abandonar la sala, ya vacía, para ir a clase. La reunión del primer lunes del año acaba de finalizar. Todo ha sucedido como siempre. Salvo por la novedad de los nuevos honey: Baztan e Ian.

—Dime.

Lola sonríe para hacer ver que todo está en orden. Su melena pelirroja reluce bajo la luz del techo.

—¿Cómo está Jonathan?

—Bien. Mucho mejor.

—¿Y tú?

—Perfecta. Un poco hambrienta, eso sí. —Una piruleta de fresa no es el desayuno más nutritivo del catálogo. —¿Ocurre algo? —Intento cotillear los papeles que está mirando poniéndome de puntillas

Lola es nuestra consejera. Se asegura que la situación con nuestro máster sea adecuada y está disponible siempre que necesitemos orientación. Pero me sorprende que quiera hablar conmigo tan pronto.

—Lo cierto es que sí. —Levanta la cabeza y me pilla observando—. Quiero hablar sobre tu rendimiento.

—Vale.

¿A qué rendimiento se refiere si aún no he empezado el curso?

—Del tuyo y del de Jonathan, en realidad. Los profesores se han quejado de la falta de este —explica. Sonríe de nuevo, solo que a mí no me tranquiliza—. Sé que tuviste que hacer todos sus trabajos y tareas al final del curso. Además de estudiar para los finales.

—¿Adónde quieres llegar?

Estoy muy orgullosa de mi desempeño académico. Lola acaba de decirlo, hice mi trabajo y el del vago de Jonathan y logré aprobar todo.

—Es vuestro último año. Va a ser el más difícil de todos y a estos chicos se les exige excelencia. Si no la alcanzan, la dirección culpa a su honey. Porque es vuestro trabajo aseguraros de que cumplan con las expectativas. —Voy a replicar, pero Lola me detiene apoyando la mano en mi hombro—. Ya sé que es injusto, pero sabes cómo funcionan las cosas aquí.

Respiro hondo. Lo sé. Espero a que Lola continúe hablando con el dedo enrollado en un mechón. Ya que no me quedan uñas que morderme.  

—Debes poner empeño en que Jonathan atienda sus responsabilidades. Ayudarlo, no hacer las cosas por él—. Me río, decirlo es de lo más sencillo. Que lo haga es lo complicado—. Porque si él no da lo mejor de sí, tú no podrás dar lo mejor de ti. Tienes una beca asegurada, pero aún tienen que aceptarte en Princeton.

Lo que traduzco a «O mantienes tu historial impecable o despídete de tus sueños». Si no logro que Jonathan mueva el culo, me relegarán de mis funciones como honey. Es lo que está diciendo. No solo perderé Princeton. Puedo perderlo todo.

La determinación se abre paso por mis venas con la fuerza de una ola.

—No te preocupes, Lola. Me las arreglaré.

Me despido de ella y abandono la sala de honey. Justo cuando suea el timbre de la primera clase. Jonathan está sentado en el suelo, con su cuaderno de dibujo abierto sobre el regazo y un carbonzillo en la oreja mientras que usa un bolígrafo para dibujar.

—A clase —digo seria.

Le arranco el cuaderno y empiezo a andar hacia las escaleras. El laboratorio de Físicoquímica está en la planta baja del edificio.

—¡Qué mosca te ha picado!

Jonathan me alcanza y recupera su cuaderno.

—Ninguna. Arréglate el uniforme. —Con manos bruscas, le aprieto la corbata y bajo las solapas de la chaqueta.
Jonathan me analiza, labios apretados y gesto receloso.

—Lua…

—Tienes que ponerte las pilas. Vamos a quedar para estudiar tres veces por semana a partir de ahora. Estudiarás para los exámenes. Harás los trabajos y no te saltarás ninguna clase. El empollón más empollón del país será un mediocre a tu lado, ¿lo pillas?

Reprime una carcajada, inclinado sobre mí cuando empezamos a bajar las escaleras. Y es esto lo que hace que me detenga un escalón por encima de él.

—Estoy hablando en serio —rebato desde mi atalaya. Sienta la mar de bien poder mirarlo a los ojos sin tener que dejarme las cervicales—. La dirección me culpa de que vayas de culo.

Rueda los ojos.

—Siempre están igual. Ya se les pasará. —Resta importancia con un encogimiento de hombros.

Y ahí está. El Jonathan del apellido que vale oro. Que hace y deshace a su antojo, más narcisista que quince reflejos de Adonis. El que no se toma nada en serio porque sabe que nunca habrá consecuencias porque mamá, papá y sus millones lo arreglarán.

Me duele esa falta de consideración hacía mí y lo que pueda pasar con mi futuro. Aparto la sensación amarga. Las lamentaciones no valen.

—Lua, todo va a ir bien —añade.

Extiende la mano, supongo que para tocarme. Pero subo otro escalón para apartarme. Ser encantador no le va a librar de está. Deja caer la mano y se le ensanchan las aletas de la nariz. El resto de su rostro se mantiene impasible.

—Por supuesto que irá bien —respondo todo lo calmada que puedo. No quiero discutir, solo quiero que alce la cabeza de su ombligo—. En cuanto entiendas que tu vida está resuelta pero la mía no. Y que estoy en esto—abro los brazos para abarcar la inmensidad del edificio—por uno de tus caprichos.  

A medida que las palabras salen de mi boca, Jonathan se endurece. Se oscurece el marrón de sus ojos y se vacían en emoción alguna. Cuando habla, su voz es helada y distante:

—Perdón por joderte tanto la vida.

Se me cae la posee y me doy cuenta que he sido un poco injusta. Estamos en este lío por culpa de los dos. Pude haberme negado a participar en aquella apuesta y no lo hice.

—No es eso lo que quería decir… —rectifico acercándome a él—. ¡Es que es complicado! Y tú a veces…—Me sale un tono infantil nada conveniente. Ordeno mis pensamientos antes de continuar—.  Solo quiero saber si puedo contar contigo para aprobar el curso. Siempre, no cuando a ti te apetezca. Perdona si te he hecho pensar…

—Vamos a clase.

Gira sobre sus pies y desaparece por el descansillo.

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Me centro en las clases durante toda la mañana. A ratos, miro a Jonathan de reojo, quien toma apuntes de cada asignatura sentado a mi lado. Parece que ha captado el mensaje. Aunque no arriesgaría ninguna extremidad en asegurarlo. Quizás solo está en plan responsable para echarme en cara lo que le he dicho antes y demostrar que no tenía motivos para ponerme así.

Es de lo más vengativo, y si lo combinamos con su fijación por llevar razón obtenemos una bomba atómica. Suelo ignorarlo cuando está así. Sin importar cuanto me fastidie esta actitud y las ganas de zarandearlo como una bandera que me zarandean a mí.  

Cuando mi concentración se echa la siesta en la cuarta clase, me entretengo en desentrañar su indiferencia entrenada. Busco las emociones que esconde en cada movimiento contenido que realiza. Somos tan diferentes... A mí las emociones me invaden y zarandean y mueven, actúo acorde a ellas. Mientras que Jonathan las domestica, filtra y rechaza. En mí no perduran más que lo justo para que las note. Nunca tardo mucho en dejarlas ir y retornar a mi tranquilidad perpetua. En Jonathan pueden quedarse viviendo días, meses; hasta que explota y salen mezcladas, contrariadas y malogradas.

Me da tanta pena que sea así, pero supongo que lo comprendo.

La vida llega a ser muy cruel y te da unos reveses con la mano abierta que no sabes en qué dirección te queda la cara. Y a él le ha dado unos cuantos. Sin embargo, también creo que todo depende de con qué enfoque decidamos mirar. Como en La Noche Estrellada de Van Gogh. Ver el amarillo o perderte en la gama de azules. La realidad es la que es, cómo interpretarla y qué hacer con ella depende enteramente de nosotros.

Yo me cansé del azul y me pasé al amarillo hace años. Quizás porque él solo percibe el azul, se toma las cosas tan a pecho.

Reconozco que he sobre reaccionado al principio. No ha faltado a su promesa, los estudios le traen sin cuidado y debo estar encima de él, pero acaba aplicándose. Si el año pasado tuve que hacer todos sus trabajos finales fue porque estuvo ingresado en el hospital, no por capricho suyo.

Ahora que la discusión ha pasado, me doy cuenta que mi verdadero enfado es con este sistema de mierda. No con Jonathan.

Sin embargo, le dejo a su aire. Porque él también ha sobre reaccionado. Porque todo es complicado a veces y porque no quiero dar cabida a las versiones oscuras forman parte de él. Así que olvido las entretenciones y vuelvo a concentrarme en la clase.

Cuando llega la hora del almuerzo, sigue dispensando el mismo trato huraño a cualquiera que se le acerque. Lamento que Evian no haya venido a la escuela, pues es la única persona que logra templarlo. Paso la hora de la comida hablando con Mei sobre la salida que tenemos planeada para esta noche en La Bahía. Nada mejor para coger impulso que una borrachera con amigas.

Una vez finaliza, camino con Daia hacia la clase de Matemáticas. Ella no ha lamentado la ausencia de Evian, por supuesto. Lleva todo el día con una sonrisa placentera en el rostro.

—¿Qué le pasa a Jonathan? Está más arisco que de costumbre. —Lo señala con la barbilla. Camina unos metros por delante de nosotras en compañía de Jude y Mei, quien parece estar reprendiendo al primero.

—Echa de menos a su novio —miento medio en broma. No me apetece tratar el asunto.

—Prueba otra excusa.

Claro que Daia es de lo más perspicaz.

—¡No es una excusa! En serio pienso que echa en falta a Evian.

—Pues tiene toda la pinta de que se va a ir a buscarlo —comenta mi amiga con una expresión suspicaz.

—¿Qué…?

Daia me agarra por el brazo y señala hacia delante. Llego a ver cómo Jonathan se despide de Jude con la mano y toma una dirección distinta. Los alcanzamos momentos después.

—¿Adónde va? —pregunto a Jude, viendo cómo la silueta de Jonathan se aleja por el pasillo. Mi lado más optimista sopesa la idea de que solo vaya al baño.

El chico me mira por encima del hombro y encoge los hombros. Es todo simpatía este muchacho.

—Ha dicho que se iba a casa —explica Mei.

«Ni un día».

—Me estoy empezando a plantear lo de la pulsera GPS como una posibilidad… —suspiro preparada para salir detrás de él. Mei y Daia me miran con las cejas alzadas—. Olvidadlo. Nos vemos luego.

—¡Ánimo, perrita!

Chilla Daia con las manos colocadas a ambos lados de la boca como megáfono cuando ya me estoy marchando.

—¡Que te den!

Alcanzo a Jonathan en el segundo piso. El profesor de Matemáticas siempre da dos minutos de margen a los alumnos. Con suerte consigo arrastrarlo al aula en este lapso.

—Podrías esperar al menos hasta el segundo día para faltar a clase —espeto. Me planto delante de él impidiendo que continúe andando.

Agacha el cuello con cara de pocos amigos. Al tiempo, subo mi barbilla con cara de que me importan una mierda sus pocos amigos. Se acabó lo de darle espacio. Agarra las asas de la mochila con tanta fuerza que los nudillos se le ponen blancos. Más si es posible.

—Me encuentro mal, Lua —confiesa a regañadientes—. He avisado al profesor. Nadie te echará la bronca por mi culpa.

Hago caso omiso a su pulla porque estoy demasiado ocupada buscando indicios de ese malestar que ha mencionado. Ahora que me fijo bien, luce un poco apagado. Los ojos enrojecidos e hinchados y los hombros hundidos como si le pesara mucho el cuerpo. Pero es que siempre parece un poco enfermo por los síntomas que le producen la cantidad de pastillas que toma.

—Ah. —Me quedo bloqueada. Reconozco que lo peor de ser honey es lidiar con estas situaciones. No sé en qué clase de persona me convierte esto. Pero es la verdad—. ¿Quieres que vaya contigo?

—No, vete a clase.

Me esquiva. Me doy la vuelta en el acto y observo a Jonathan desaparecer por las escaleras. Sus pasos resuenan en la inmensidad de las paredes. Debería marcharme a clase si quiero evitarme una amonestación. Sin embargo, permanezco quieta, debatiéndome. Es cierto que cuando necesita ayuda de verdad la pide, si no lo ha hecho es buena señal. O quizás no lo ha hecho porque sigue enfadado.

Dejo caer la barbilla contra el pecho. Salgo corriendo detrás de él. Si le pasa algo su madre reabrirá Alcatraz solo para mí. Vuelvo a alcanzarlo cuando casi está traspasando las puertas de entrada. Siempre camina lento, como si le diera pereza mover los pies. Acelero el paso para adelantarlo. Me planto delante de él, jadeando, medio encorvada, con las manos sobre las caderas. Levanto un dedo para que se espere a que retome el aliento.

—Te… acompaño —resuello.

Jonathan alza una ceja.

—¿Y eso de esperar al segundo día para saltarse las clases? —inquiere, cruzándose de brazos.

—Tú serás mi justificante.  

Por un par de clases que me salte, no pasará nada. Me tomaré el primer día como un ensayo. Mañana empezaré en serio. Y estoy cumpliendo con mis funciones. No es que vaya a irme al parque a tomar el sol.

Abro la puerta y salgo del edificio. El sol me pega en la cara y me veo obligada a parar para no despeñarme por las escaleras de piedra. Jonathan se choca con mi espalda.  Estiro el cuello hacia atrás para mirarlo del revés.

—¿Llamo a Ella? —pregunto.

Niega con la cabeza, frunciendo levemente los labios. La luz del sol hace asomar unas diminutas motas doradas en sus ojos que le resalta el atractivo.  En otra vida, estoy segura de que hubiera perdido la cabeza por Jonathan. Siempre me ha parecido guapísimo. Con ese punto carismático y misterioso, la sonrisa conspirativa y el mechón de pelo encantador que le baila en la frente.

En esta, sin embargo, hace que pierda las cabezas de otras formas.

—Vamos andando hasta el tranvía. —Sortea mi cuerpo y empieza a bajar los escalones de dos en dos.

—¿Tú no te encontrabas mal? —chillo.

Aterriza al pie de las escaleras de un salto. Me mira por encima del hombro y guiña un ojo.

—Me apetece caminar.

Dudo y enfurezco, no sé bien en  qué orden. ¿De verdad está mal o solo lo ha usado como excusa para que no lo arrastrara a clase? No sería la primera vez. Odia que lo traten como una víctima, pero tampoco le tiembla la hipocresía cuando quiere sacarle provecho.

—A veces, cuando haces algo, pienso—empiezo a decir cuando me reúno con él abajo—: Jonathan no puede ser más gilipollas, ha alcanzado su límite. Pero es que no paras de superarte.

—Qué cosas más bonitas me dices.  

No desmiente mis sospechas. Le hago un corte de mangas y muevo los pies. Andamos en silencio hasta que llegamos al tranvía, a unas cuantas manzanas del instituto. Me siento en el banco con los pies adoloridos por los zapatos del uniforme.

Jonathan me da un toque en el tobillo. Echo el cuello hacia atrás para poder mirarlo a los ojos. Está de pie frente a mí, largo como una montaña.

—¿Sigues enfadada? —pregunta.

Debería estarlo. Por sus berrinches, porque no me ha hecho el menor caso y porque todavía estoy tratando de decidir si se encuentra mal de verdad. Pese a ello, no lo estoy. Soy poco rencorosa y mis enfados duran más bien poco.

—¿Y tú? —contraataco.

Aprieta los labios y se le marca el hoyuelo diminuto que tiene en el mentón. Continua en silencio unos minutos. En su lucha interna con las emociones que oculta.

—Puedes contar conmigo. Siempre…, casi siempre —rectifica, en su manera peculiar de pedir perdón, con una sonrisa que promete unos cuantos líos en el futuro.

Sacudo la cabeza, medio sonriendo. Jonathan se sienta a mi lado, las piernas abiertas y las manos colgando en el arco que describen. Me muevo para dejar el cuerpo orientado hacia el suyo. Observo su perfil recortado por el sol, que se le cuela entre las pestañas y le ilumina la piel. Aún lo advierto frío y distante.

Apoyo una mano en su rodilla, con una leve sospecha del motivo por el que sigue así.

—No me has jodido la vida, ¿vale?

Las palabras se atragantan un momento entre mis cuerdas vocales y debo tirarlas hacia el exterior. No entiendo por qué batallo tanto en estas situaciones. Decirle que lo echo de menos, que me importa o que ha errado creyendo que me ha jodido la vida. Es de lo más contradictorio. Expresar mis emociones en voz alta nunca ha sido un problema y menos si se trata de mis amigos.

Termina de liberar la tensión. Se le funden los bordes afilados, me dedica una sonrisa dulce y ácida a partes iguales.  

—Ya lo sé —bufa muy pagado de sí mismo.

Le doy un manotazo en el muslo.

—Luego me salen moratones, bestia.

—Así te acuerdas de mí.

Jonathan se muerde el labio inferior al tiempo que se frota allí donde lo he atizado. Dibuja una expresión que no sé descifrar. Acto seguido, me saca la lengua con burla infantil. Señal de que estamos bien otra vez.

El alivio me invade el pecho. Asoma a esa diminuta facción de mí que teme a que llegue el día que alguna discusión sea irreversible. Que este asunto de honey y máster, finalmente nos venza.

El tranvía anuncia su llegada a traqueteos. Cuando frena, nos precipitamos a su interior. Me dejo caer en uno de los asientos del final, contra la ventana. Jonathan se sienta a mi lado. A estas horas, el tranvía está prácticamente vacío. Todo el mundo está aún trabajando.

Busco los auriculares en la mochila, dispuesta a amenizar el camino con música. Pero mi grano en el culo tiene otros planes:

—Antes te lo he dicho en serio, no me acompañes porque te dé pena. No eres mi niñera. —Lo dice tan en serio que parece hasta enfadado. No entiendo su fijación por pensar que todo lo que mueve a las personas que lo rodean es la pena.

—Es lo que soy, a fin de cuentas. Tu niñera —rebato, dejándome caer contra el respaldo. Miro por la ventana, a los edificios de colores desdibujados de San José.

Suspira y en mi cerebro veo cómo pone los ojos en blanco.

—Lo nuestro no es así —reniega.

Sonrío para mis adentros antes de darme la vuelta para volver a mirarlo. Me acerco a él con parsimonia, tentativa.

—¿Lo nuestro? —pregunto con voz insinuante. Al final no ha estado tan mal esto de saltarme la última clase. Perturbar a Jonathan es uno de mis pasatiempos preferidos.

Deja caer la frente contra el asiento de delante. Agotado. Emito una sonrisa triunfal.

—Recuérdame que te los dé mis deberes de Literatura —dice de pronto, con una expresión maligna.

—No hagas esto —advierto.

—¿El qué? —Se incorpora y vuelve a apoyarse contra el respaldo. Entrecruza las manos sobre el estómago.

—Encasquetarme tus deberes cuando te enfadas. Como hiciste con la tarea de alemán. —Le recuerdo. Jonathan me mira con la ceja alzada.

—Igualmente vas a tener que hacerme los deberes —reafirma.

El labio superior le tiembla, reprimiendo una risa. Le propino un empellón en el hombro.

—Encima no te regodees, que todavía te tiro por la ventana.



Jonathan se baja en mi parada en lugar de irse a casa. Supongo que para hacer tiempo hasta que finalice el horario escolar. Va a ganarse una regañina monumental de sus padres por saltarse las clases. Pero que Willa no haya llamado poniendo el grito en el cielo es buena señal. Significa que la dirección no ha avisado de que se ha marchado.

La Academia Hoj ejerce mucha presión sobre las Flores, con todo esto de que heredarán el podrido capitalismo. Con Jonathan son un pelín más permisivos, sin embargo, por las circunstancias atenuantes.

Entramos a mi casa por la puerta abierta al público. A estas horas la librería está a rebosar. Desde que la introdujeron en un blog de viajes como uno de los sitios con más encanto de San José, hemos duplicado las ventas. Las recetas de la abuela también nos han agasajado una gran clientela.

Un par de chicas con pinta de turistas están bebiendo café y comiendo tarta en la zona de mesas que hay junto a la entrada. Y otro grupo de gente se pierde entre las estanterías. De quienes no hay rastro es de mis abuelos y Max.
Dejamos las mochilas tras el mostrador y nos dirigimos al pasillo en dirección a la cocina. Dentro está la abuela, con un delantal rosa que reza «La abuela más chachi del mundo», que le regalé el año pasado. Está decorando unas galletas en forma de libro en la isleta. Huele a mantequilla, chocolate y hace un calor un poco agobiante por los hornos.

Es un espacio de lo más acogedor. Con las vigas asomando en el techo, una pared entera y los muebles de madera blanca. Las cacerolas cuelgan de la pared de piedra, junto a la mesita en la que cenamos. La isleta ocupa la parte central de la cocina, donde está la abuela, acompañada por una gran cantidad de tartas y galletas. En la repisa de la ventana hay un par de macetas con pensamientos y fotografías con la historia de la librería en la pared que queda junto a la puerta.

Me encanta pasar el rato aquí dentro, haciendo los deberes o intentando que la abuela me enseña a cocinar.

—Mira a quién te he traído.

Se sobresalta al escuchar mi voz, tan concentrada como está escribiendo el nombre de la tienda en la portada de los libros. Tras unos segundos de confusión, alza la cabeza. Le crece una sonrisa arrebatadoramente tierna al ver a Jonathan a mi lado.

—A quién tenemos aquí —exclama de lo más alegre.

Adora a Jonathan. Piensa que es un chico muy bien educado, encantador y dulce. Por supuesto, mi entrañable abuelita desconoce sus otras caras.

Abandona la manga pastelera y se limpia las manos en el delantal al tiempo que rodea la isla para acercarse a nosotros. Tiene manchas de harina en la mejilla y su pelo rubio canoso asoma bajo la redecilla.

—Hola, Elena —dice Jonathan con un tono meloso, desacostumbrado a él.

La abuela le agarra por las mejillas y le da un beso sonoro y fuerte a cada lado. Él se agacha para que no tenga que estirarse. La deja ser, sin fruncir el ceño ni alejarse, como sí hace con su madre.

—¿Cómo estás, querido? —pregunta al separarse, tras darle unas cuantas palmaditas en el hombro.

—Bien, gracias.

—Tan guapo como siempre ¿A que está guapo, Lua?

Me dedica su sonrisa de más pícara y poco disimulada. Jonathan es su candidato preferido. Le he dicho incontables veces que borre esa idea de su romántica cabeza. Que nunca vamos a ser nada más que amigos. Pero es más tozuda que una mula.

—Irresistible —respondo sarcástica.

Jonathan se rasca la nuca, incómodo. Solo por verlo así, merece la pena que la abuela sea de ideas fijas. Me acerco a la encimera para hacerme con un muffin de arándanos, pero la abuela me da un manotazo cuando pasa por mi lado.

—Vosotros dos deberías estar en clase —menciona cuando vuelve a hacerse con la manga pastelera.

Miro a Jonathan de reojo mientras me siento en el taburete. Él hace lo mismo antes de responder, dejándose caer como un saco de patatas.

—Han faltado los profesores de las últimas clases.

La abuela asiente satisfecha por la excusa y le devuelve a Jonathan la sonrisa. Es experto en embaucar. Y con mi abuela es sencillo.

—¿Dónde está el abuelo?

Agarro unas cuantas pepitas de chocolate de manera disimulada.

—Con Max en alguna parte de la ciudad —suspira—. Terminará por volver majara al pobre muchacho.

Max es el chico que los ayuda en la tienda. Pero que especialmente se asegura de que mi abuelo no se fuerce demasiado. El año pasado se cayó de las escaleras mientras ordenaba unos libros y se hizo una fisura muy fea en la espalda. Esa es la razón por la que al final decidí convertirme en honey. El seguro médico no cubría la operación y no iba a permitir que usaran sus ahorros para el viaje a Australia que tienen planeado para el año que viene. Es su sueño de toda la vida. Y yo tenía la oportunidad de que no se hiciera añicos. Así que no me lo pensé dos veces.

Esta es también, la razón por la que mi abuela piensa que los Lys son nuestro salvavidas. Pagaron la operación y gracias al dinero que me dan todos los meses, podemos pagar a Max. Mi abuelo es más testarudo que su mujer y siempre quiere hacerlo todo él, a pesar de la prohibición del médico de forzar la espalda. Así que Max se pasa el día detrás de él, asegurándose de que no hace tonterías.

—Hay gente en la tienda —comenta Jonathan.

—Por favor, quedaos en el mostrador hasta que vuelvan. Tengo galletas en el horno.

—Claro —dice este levantándose.

—Eres un encanto.

Pongo los ojos en blanco.

—Llevaos estas magdalenas. —La abuela coloca unas cuantas en el plato y se lo tiende a Jonathan.

—Gracias, pero…

—Tonterías —interrumpe. Le apunta con el dedo de manera amenazante—. Debes alimentarte bien para estar fuerte.

Jonathan tensa la mandíbula. Está muy acostumbrado a salirse con la suya. Pero a mi abuela no se atrevería a contradecirla ni el diablo.

—Sí, señora —cede con un suspiro.

—A mí sí que me apetecen.

Agarro una magdalena y me marcho de la cocina.

La siguiente hora la paso cobrando a los clientes y comiendo magdalenas. Jonathan dibuja en su cuaderno a mi lado de lo más callado. Una vez desciende la actividad me meto en mi blog preferido desde el ordenador para ver si hay alguna actualización. Está dedicado a civilizaciones perdidas.

Leo sobre una cultura matriarcal que existió en Ucrania durante el Neolítico. Voy a comentarle una curiosidad a Jonathan, pero me detengo al ver que está apoyado en la mesa, usando los brazos como almohada con las facciones tirantes.

—Pareces hecho una mierda.

Comento al tiempo que extiendo la mano y la coloco en su mejilla. Por si tiene la piel caliente o algo así o porque es lo que suele hacer su madre en estas situaciones. A mí el gesto no me dice nada.

—Creí que era irresistible. —Mena las cejas con elocuencia.

—Déjate de tonterías.

—Solo estoy cansado. —Se incorpora frotándose la cara para despejarse—. Voy a irme a casa.

Jonathan se despereza y reprime un bostezo. Mientras tanto, pido un Uber desde mi teléfono.

—El coche estará aquí en tres minutos, vamos fuera.

Me levanto de la silla y agarro la mochila de Jonathan. También se levanta, solo que se queda quieto tras el mostrador.

—¿Qué coche?

—Te he pedido un Uber. —Tiro de la manga de su chaqueta para que camine. Abre la boca para replicar, pero le interrumpo—. Ahórratelo.

Si va en el Uber puedo seguirle el rastro hasta su casa. No sería la primera vez que dice una cosa y luego me manda una foto desde Tokio, Cancún o donde sea que le haya llevado su jet privado. El año pasado se fue con Evian a por algo de comer a la cafetería y lo siguiente que supimos de ellos fue un vídeo que grabó Evian montando en burro en Atenas.

—Iba a irme a casa de verdad —refunfuña con un mohín en los labios.

—Claro que sí, Willy Fog.

Cuando salimos, el coche ya está esperando en la acera. Jonathan abre la mochila y me tiende una carpeta transparente.

—Los deberes de Literatura. Así te acuerdas de mí.

Se marcha antes de que pueda replicar. Retuerzo la carpeta entre mis manos echando humo por las orejas.


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Cuando salta la notificación con el nombre de Jonathan y el icono de una fotografía, lo primero que pienso es que ha encontrado la forma de escaquearse a la otra punta del mundo. Pero solo es una captura en la que salen sus piernas y la pantalla plana de su habitación, donde está viendo The Walking Dead. Su confirmación de que está en casa.

Ayudo a mis abuelos en la librería hasta que llega Daia. Nos arreglamos en mi habitación con nuestro querido J Balvin de sintonía y cuando las chicas nos avisan que están listas cogemos un autobús hacia La Bahía.

La noche está yendo de perlas. No tardo mucho en emborracharme. Hablo con un pelirrojo de lo más simpático
sobre sus gatos antes de irme a la pista a bailar. O al menos intentarlo. Pero nuestra iniciación alcohólica del curso se va a pique al aparecer Jude y Evian, cuáles ángeles vengadores, posesivos y con serrín en el cerebro.
Jude se lleva a Mei en contra de su voluntad después de montar un numerito que atrae la atención de todos los presentes. No se ve todos los días que veinte gorilas uniformados arrastren a un grupo de chicos fuera del local por orden de dos adolescentes estúpidos.

—Julián vendrá a por mí —dice Olivia, rompiendo el silencio que se ha instaurado entre nosotras.

La música retumba en mi cuerpo.

—Nosotras hemos pedido un taxi —añade Maxie.

—¿Qué? —chilla Daia—. Si la noche no ha hecho más que empezar.

Lily mira de reojo a Evian que enarbola las llaves que le ha dado Jude en el dedo, de lo más prepotente. No lo soporto cuando se transforma en Niño Pijo.

Los clientes vuelven a sus actividades al ver que el espectáculo ha terminado. Bailan a nuestro alrededor como si fuéramos un agujero negro, evitando acercarse demasiado.

—Voy a pedir más daikiris —anuncio dispuesta a acercarme a la barra.

—Alto ahí.

Evian me detiene agarrándome por la muñeca. Me suelto de un tirón, mirándolo con desprecio.

—Perdona, no veo el papel donde pone que soy tu propiedad.

—Lua, te vienes con nosotros.

Me echo a reír. Vaya iluso. He venido a bailar hasta que me duelan los pies y de momento solo me duele el orgullo.

—¿Nosotros? —interfiere Daia. Se enreda un mechón en el dedo y se le acerca con actitud seductora—. ¿Te refieres a ti y a tu falta de inteligencia?

Evian ensancha las aletas de la nariz. De sus ojos verdes saltan chispas.

—Sabes a qué me refiero ¡Moved el culo!

Daia lo empuja en el pecho.

—Mira qué bien lo muevo.

Pilla el ritmo de la canción y se pone a menear el trasero para provocarlo. Me uno a ella y empiezo a bailar, con mucha menos gracia.

—¡Basta! —chilla Evian con la cara roja.

Cruzamos una mirada conspirativa y nos ponemos a bailar a su alrededor. Impidiendo que se mueva.

—Julián ya está aquí. Nos vemos mañana.

Olivia se despide apresurada.

—Y el taxi.

Jennie agarra a su gemela de la mano. Lily nos guiña un ojo antes de seguirlas.

—¡Traidoras! —grito parando de bailar.

—Se acabó, vámonos.

Evian agarra a Daia por los antebrazos para que deje de moverse. Esta se retuerce. Voy a su rescate y le tiro de la oreja, haciendo que chille como un bebé.

—¡Auch, auch!

—Al único sitio al que voy a ir contigo es al vertedero. Para dejarte allí. —Daia da un paso atrás recolocándose el pelo. Desprende poder y peligro.

Evian se frota la oreja intentando pulverizarme con la mirada. Le mando un beso.

—No seáis cabezotas. Este sitio es chungo, podéis tener problemas.

Cambia a la táctica de la preocupación.

—El único problema aquí sois tú y el gilipollas de Jude —replico, la voz me sale arrastrada y gangosa. Cada vez me noto más mareada y ligera.

—¡Tengo una idea! —exclama Daia—. Iremos a rescatar a Mei.

Aplaudo emocionada. Una aventura nocturna.

—Steve McGarrett y Daniel Williams en misión de rescate de Kono Kalakakuaaa. —Se me enreda la lengua en el último apellido. Me río de mi propia estupidez.

—Planearemos la maniobra de extracción en el coche.

Daia y yo chocamos los cinco sin mirarnos. Evian se aprieta el puente de la nariz resoplando.

—Dame las llaves. Conduzco yo.

Mi amiga se lanza a por su máster como una ardilla voladora.

—Suelta.

Evian trata de zafarse dando vueltas en círculo sobre sus pies. Parpadeo para enfocar la vista entre tantas luces de neón. Me saco el móvil del escote para grabar la situación. Es entonces cuando veo las diez llamadas perdidas de la madre de Jonathan y el mensaje que reza: «No puedo localizarte. Han ingresado a Jack. Pensé que deberías saberlo».

El mensaje es como un bofetón. Pierdo el aire festivo, grados de alcohol y quizás un poco de vida. Pero solo son unos segundos. Recupero la calma de inmediato. Willa siempre es muy catártica, quizás no ha pasado nada.

—¡Evian!

El chico se detiene, con Daia medio subida a su espalda, tratando de hacerse con las llaves.

—¿Tú sabías que han ingresado a Jonathan?

Su rostro ensombrece de inmediato. Se sacude a Daia de la espalda con un movimiento brusco.

—No. Hemos estado en su casa hace unas horas. Estaba bien.

Explica sacándose el móvil del bolsillo. Supongo que para escribirle.

—Bueno, esto sí que ha terminado con la diversión —comenta Daia. Evian le lanza una mirada aviesa que logra encogerla—. Solo era una contemplación, no me estoy burlando ¿Por quién me tomas?

—Voy a llamar a su madre.

Salgo del local como puedo. Tambaleándome por el alcohol y siendo zarandea por bailarines penosos. La brisa fresca me despeja un poco. Marco el número de Willa. No me lo coge. Pruebo con Christopher y Alba. Nada. Como último recurso llamo a Jonathan. El teléfono suena sin respuesta.

—¿Qué te ha dicho?

Evian aparece acompañado por Daia. Se planta delante de mí en actitud exigente.

—No lo coge —aprieto el móvil entre los dedos—. Creo que voy a ir a ver qué pasa...

Si fuera grave, Willa habría mandado a alguien a peinar San José en mi busca. Como ya ha hecho en otras ocasiones. Pero que no me respondan el teléfono me inquieta. Suspiro. «Solo es para asegurarte. Todo está bien».  

—Te llevo.

Evian echa a andar hacia el aparcamiento sin comprobar que lo seguimos. Tenemos que correr para alcanzarlo. El coche ya está en marcha cuando llegamos.  

Nadie habla durante el trayecto. Yo abro la ventana trasera para que se me pase un poco el mareo. Mi cabeza da vueltas a toda velocidad. No puedo evitar enfadarme conmigo misma. Esta mañana no tendría que haberle restado importancia al malestar que se reflejaba en su cara. Debería haber llamado a su madre o alguien que no sea tan desastre.

Evian da un volantazo que me estampa contra la puerta y me libre del bucle. Estamos entrando en el centro de la ciudad.

—Quieres desacelerar. Si sigues así llegaremos en ambulancia. —Le reprende Daia cuando nos detenemos en un semáforo.

—Seguro que está bien.

Trato de tranquilizarlo cuando nuestras miradas se cruzan por el espejo retrovisor.  Aprieta el volante con fuerza, sin decir nada. Él no es tan optimista como yo.

Llegamos al Santa Clara Medical Center unos diez minutos después.

—Voy a dejar a Daia. Vuelvo ahora. —Me dice Evian desde la ventanilla, cuando ya he salido del coche.

—Le he dicho a mi abuela que dormía en tu casa.

Daia hace un gesto desinteresado con la mano, inclinada hacia delante.

—Llámame cuando llegues, te abriré la puerta.

Sonrío y me quedo observando cómo se marchan.


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A Jonathan le diagnosticaron leucemia mieloblástica aguda a los siete años. Un trasplante de médula ósea terminó con la enfermedad por primera vez. Volvió a aparecer para un segundo asalto cuando tenía trece años. En esa ocasión, inició un tratamiento de quimioterapia y radioterapia que acabó con las células cancerígenas de nuevo. Hace un año entró en remisión y ahora hay una actividad residual mínima de la enfermedad. Está siguiendo un tratamiento de post-remisión desde entonces para eliminar las células cancerígenas de su médula ósea por completo. Recibe dosis de quimioterapia cada cuatro semanas y toma unas cuantas drogas prescritas para paliar las secuelas que le han dejado tantos tratamiento.

El problema con la quimioterapia es que deja su sistema inmunológico para el arrastre. Lo expone a infecciones graves que su cuerpo no está en condiciones de combatir. Además de generar otros problemas a largo plazo: como fallos hepáticos, renales, deterioro de los pulmones y problemas cardíacos, entre otros.

El caso es que siempre hay algo dispuesto a amenazar su salud. Aunque la teoría diga que está curado. Por eso sus padres están tan encima de él. Cualquier inconveniente puede mandar a la mierda los progresos de los dos últimos años.

No estuve muy al tanto de todo el asunto de su enfermedad hasta que me convertí en su honey. Creo que al principio solo me lo contó porque no le dejé más remedio. Hubo una época en la que estuvo sin aparecer a nuestras citas en el recreo durante cinco meses. Me enfadé mucho con él porque pensaba que se había cansado de mí, como si fuera un juguete roto. Resulta que había estado ingresado en el hospital. Cuando regresó, tras pasarme quince minutos seguidos gritándole, me lo soltó a bocajarro. Pero no dio detalles.

Tengo esa conversación grabada a fuego en mi cabeza. Porque ahí fue que me di cuenta cuánto me importaba ese niño rico que me hacía compañía en los recreos.

—¿Te vas a morir?

—No sé.

—No te vas a morir —sentencié tras pensarlo un momento.

—¿Por qué estás tan segura?

—Porque lo digo yo.

No volvimos a hablar del tema —sin importar cuánto insistiera yo— hasta que un día cualquiera, sin más, me dijo: «Al parecer tenías razón, no me voy a morir». Eso sucedió hace un año, pocos meses antes de que me convirtiera en su honey.

Siempre he tenido la impresión de que quiere ocultarme esa parte de su vida. Restarle importancia, borrarla de mi memoria. A mí también me gustaría. No voy a mentir. Sigo segura de que no morirá. Terminará el tratamiento y la leucemia no regresará a por más asaltos y que esta es la definitiva. Pero a veces quisiera librarme de ese miedo secundario pero latente que vive en mi caja torácica y que se manifiesta en momentos como este.    

La magnitud sobria del edificio me marea. Todo cristal y metal. Dudo unos segundos antes de precipitarme dentro. La luz intensa me ciega. Estiro las manos como viseras intentando frenarla. El chico que está en la recepción principal me mira como si fuera gilipollas. Cuadro los hombros y procuro erguirme. No parecer tan borracha como estoy.

Me dirijo hacia los ascensores. Cuando llega uno me precipito hacia dentro. Durante el ascenso observo mi aspecto en el espejo. El maquillaje un poco corrido, las pupilas dilatadas. Me hago un moño rápido y me palmeo las mejillas tratando de espabilarme.

Desemboco en la planta de oncología infantil. Primero llega el olor peculiar de los hospitales. A desinfectante, comida hervida y desesperación. Después, me veo rodeada por la semioscuridad de la planta. Varias personas están en la sala de espera. Sus sombras cansadas se alzan sobre las paredes pintadas con arcoíris, nubes y mariposas. Un hombre me sigue con la mirada cuando paso por delante.

—Disculpa, no puedes pasar. La hora de visitas ha finalizado.

Retrocedo unos pasos hacia el mostrador. No conozco a la enfermera que me ha detenido. Ni tampoco al que está sentado detrás de ella, jugando al solitario en el ordenador.

—He venido a ver a Jonathan Lys.

Incluso en un hospital, ese nombre tiene peso. Más que nada porque sus padres son los dueños. No sé si lo compraron antes o después de que Jonathan cayera enfermo. Pero debido a ello, no existen restricciones de visitas —a no ser que esté en la UCI o tenga una infección— y tiene una habitación privada que nadie usa en su ausencia.

La enfermera suspira con desaprobación, pero me indica que continúe caminando. Sonrío a modo de disculpa. También pienso que en un sitio como este no deberían existir eslabones.

Me introduzco en el pasillo. Ando con la cabeza gacha, intentando no mirar hacia los lados y no hacer mucho ruido. El pitido de las máquinas inunda mis oídos y se une al que me ha dejado la música del bar.

Siento el alcohol balanceándose en mis tripas. Mis movimientos son lentos, torpes. Me cuesta horrores coordinar las piernas. Llego a la habitación de Jonathan. Procuro ser silenciosa como un ninja cuando bajo la manilla de la puerta. Pero esta chirría como una sirena a la que le están pisando la cola. Y, para más índole, termino estrellándome contra ella. Me cuelo por el hueco antes de que la enfermera venga a echarme a patadas.

Hago mi segundo intento por ser un ninja. De nuevo, al ir a cerrarla, se me escapa de las manos y se cierra de forma abrupta, generando un ruido seco.

—Shhhhh. —Le digo al objeto con un dedo en los labios.

—¿Lua?

Cierro los ojos a modo de preparación, por lo que pueda encontrarme, antes de darme la vuelta. Pero no hay nada.

—Estás bien.

Parpadeo, aun acostumbrándome a la oscuridad de la habitación. Quizás la falta de luz me ha jugado una mala pasada. Pero no es así. Jonathan están tumbado en la camilla, con el cuaderno de bocetos sobre las rodillas y la lámpara alumbrando débilmente. A parte de su expresión, dividida entre asombro y fastidio, lo veo bien. Mejor que esta mañana, incluso.

—Claro que estoy bien —resopla, a media voz. Abandona el cuaderno y se baja de la camilla tras quitarse algo que no alcanzo a ver del dedo. Agarra el gotero para arrastrarlo con él—. ¿Qué narices haces aquí? —En su última palabra, se sitúa frente a mí.

—Tu madre me ha escrito. —Trasteo con mis pantalones para sacar el móvil. La luminosidad me agujera las retinas cuando busco el mensaje. Levanto el brazo para que lo lea. No calculo bien la distancia y le doy en la nariz. Se echa hacia atrás—. ¿Ves? Me ha asustado, te he llamado y…, solo quería saber qué te pasaba.

Me guardo el teléfono en el bolsillo. Jonathan dulcifica la expresión. O eso creo. La verdad es que es todo sombras. Lo único que distingo con exactitud son sus ojos, relucientes.

—Lo tengo en silencio. Lo siento —susurra.

—¿Por qué te han ingresado?

Tarda más de la cuenta en responder.

—Fiebre, una tontería —dice escueto. Le alzo una ceja para que se explaye—. Pocos grados, pero era el día libre de Mario. Así que mi madre me ha traído a rastras. No hay infección, los glóbulos blancos están bien y hoy no voy a morirme. Me han dejado aquí encerrado hasta mañana para vigilarme.

—Vale, gruñón. Tranquilo.

El hospital le empeora el humor a límites insospechados.

—No hacía falta que vinieras —bisbisea.

Ignoro su comentario y lo empujo de vuelta a la cama. Se tumba y coloco el gotero en su sitio. Cierro los ojos un momento saboreando el alivio de que esté bien. La fiebre en una persona en su situación es como una partida a la ruleta rusa.

—Qué te parece si no me ahogas.

Cuando me giro para mirarlo, el cable que le sale del pecho le rodea el cuello. Me frunce el ceño, sacándoselo de encima. Aprieto los labios para no reírme. Tampoco es que me haga gracia, pero el alcohol es de lo más inoportuno. Vuelve a colocarse el tensiómetro en el dedo y la máquina empieza a pitar, midiendo sus constantes.

—¿No está tu madre?

De pronto me acuerdo de ella. En lo raro que resulta que no esté como un centinela a los pies de su cama.

—Le he pagado al residente que me ha hecho las pruebas para que le dijera que era mejor que me quedara solo. Así evitaba el riesgo de infecciones.  

Resoplo con desaprobación. Me dejo caer en la silla de las visitas, de cuero frío y demasiado dura para resultar cómoda. Las costuras se me clavan en la espalda y el trasero. Cuando apoyo las manos en los reposabrazos de madera, casi puedo sentir que dos grilletes se ciernen en torno a mis muñecas. Odio esta silla. Y lo que a veces implica.

—Al final era verdad que salíais de fiesta —suelta Jonathan, cerrando el cuaderno para depositarlo encima de la mesilla.

—Sí —respondo—. ¿Cómo lo sabes?

Encoge los hombros, hunde el cuerpo en los almohadones, con las manos enganchadas en la nuca. Clava la mirada en el techo. Con la luz de lámpara bañándole a trozos, su expresión toma un cariz cadavérico. Me obligo a desechar ese pensamiento de inmediato, como si estuviera prohibido tener ese tipo de reflexiones frente a una persona que baila con la muerte desde hace años.

—Evian y Jude se han pasado horas investigando y apestas a alcohol.

La mención de su mejor amigo enciende una bombilla en mi cabeza. Le escribo un mensaje rápido a Evian diciéndole que todo está en orden, que no es necesario que venga al hospital.  

—Han montado todo un espectáculo en el bar. —Noto un azote de rabia al recordar la forma en la que han irrumpido en el lugar, sin plantearse siquiera que estaban haciendo algo erróneo. Es lo que tiene ser rico y a cientos de personas orbitando a tu alrededor cumpliendo tus deseos, que acabas creyendo que tienes derecho a todo—. Tus amigos son bastante gilipollas. —Sentencio, presa de una renacida impotencia.

—Al final todos damos la imagen de nosotros mismos que más nos conviene —suspira, cerrando los ojos, hundiéndose un poco más en la camilla.

Tiene razón, elegimos quienes queremos ser dependiendo de quién nos rodeamos o cómo nos sintamos. Jonathan el primero. Conozco tantas versiones de sí mismo que a veces no sé cuáles finge o cuáles son reales. El Jonathan distante, narcisista e irritable o, por el contrario, el Jonathan divertido, amable y bromista. Lo único que sé a ciencia cierta es que siempre hay una parte que esconde. Y que solo se atisba en algunos de sus dibujos.

—Gracias por no venir a sacarme a rastras de allí —comento, sin ser consciente del todo de lo que estoy diciendo. Supongo que cuando Jude y Evian se presentaron en la discoteca en busca de mis amigas, fue todo un alivio que Jonathan no los acompañara.

—Bueno, por lo que parece no ha hecho falta —bromea, aún sin mirarme a la cara.

—Sabes a qué me refiero.

Comienzo a trazar círculos invisibles con los pies, incapaz de estarme quieta. Jonathan abre los ojos, volcando toda la intensidad avellana de estos en los míos.

—No me perteneces. Puedes hacer lo que quieras cuando quieras.

Sonrío. Puede que se aproveche de su posición en más de una ocasión para sacarme de quicio. Pero hay límites que nunca traspasa.

—Ahora mismo lo que quiero es una montaña de Snickers —confieso en tono lastimero, llevándome las manos al estómago.

Casi saborear la celestial mezcla de cacahuete, caramelo y chocolate fundiéndose en mi boca me da ganas de llorar.
Salgo de mi ensoñación, pegando un bote sobre la silla, cuando algo duro me impacta en la mejilla.

—Toma, borracha —dice Jonathan, que está apoyado sobre el codo, ladeado en mi dirección.

Bajo la vista para ver lo que me ha tirado y se siento una emoción infantil en mi cuerpo cuando veo que es un Snicker, que aguarda en mi regazo a que lo despedace. Rajo el envoltorio con ansía y pego un bocado de inmediato. Me hundo en el asiento de puro placer.

Escucho la risa de Jonathan inundando el silencio atroz de la habitación. Abro un ojo y realizo un corte de mangas.

—Si tu madre se entera que tienes esto escondido, te matará —advierto, dando otro mordisco—. Será mejor que me des todas tus reservas para que no acaben en la basura.

—No puedo alimentarme solo de batido de alcachofas porque ha leído que ataca las células cancerígenas —argumenta irritado, rechazando mi idea—. Correré el riesgo. Después de todo, no es la única que quiere matarme.

Un trozo de cacahuete se me atasca en el pecho. Trago con fuerza, intentando no toser. Mantengo una expresión neutra sin alterar ni un solo músculo. Porque Jonathan es exhaustivo en su forma de taladrarme, aguardando el cambio de actitud que siempre conllevan palabras como aquellas. Como si me retara a que fuese como sus padres y su hermana. Como si buscase una excusa para cerrarse en banda.

—Si alguien se merece matarte soy yo —rebato, bocetando una sonrisa que no me alcanza los ojos—. El resto que se ponga a la cola.

Es mi forma de decirle que se vaya a la mierda. Puede ponerse todo lo grotesco, duro y radical que quiera respecto a su situación, que no conseguirá que lo mire con pena. No sé por qué lo busca, ni qué tipo de satisfacción puede hallar en ello. Solo sé que es una costumbre que tiene desde hace unos meses.

Para mí sigue siendo el mismo chico que se escabullía desde su exclusivo edificio en el colegio hasta el mío para
hablar de Harry Potter. El que me envía mensajes a las tres de la mañana para obligarme a leer un libro. El mismo chico que tan pronto como le apetece jugar a un videojuego cambia de opinión, se monta en el coche y acaba en Santa Monica porque le vuelven loco los perritos calientes de uno de los puestos del paseo marítimo y no ve motivos para no comerse no.

Es Jonathan y ya. No todas las células malignas de su sangre.

—Vete a casa, Lua.

Sin darme la oportunidad de responder, me da la espalda mientras se tapa con la sábana hasta la barbilla. Pero yo no he venido hasta aquí y he abandonado la misión de rescate de Mei para que se enfurruñe.

Escribo un nuevo mensaje, estaba vez a Daia, para que se duerma tranquila. Camino al pequeño armario que hay empotrado en la pared para coger ropa antes de ir al baño. Me lavo la cara y las manos e intento quitarme el maquillaje con jabón. A continuación, me pongo la camiseta y el pantalón que le he cogido a Jonathan. Tengo que remangarme las perneras para no pisármelas.

Al salir tiro mis prendas sobre la silla. Jonathan sigue dándome la espalda. Lo único que se escucha es el pitido de la máquina. Me subo a la cama por la parte que donde no están los barrotes y gateo hasta llegar a la parte de arriba.
En cuanto mi espalda toca el colchón, todo empieza a darme vueltas como si me hubiera caído dentro de una batidora.

—Te has equivocado de cama. —Escucho la voz de Jonathan entre el mareo.

—¿En serio? ¿No duerme aquí el tío más desagradecido del planeta?

Abro los ojos a tiempo de ver cómo se revuelve en la camilla para quedar de cara a mí. El espacio es tan reducido que noto el calor de su piel invadiendo la mía. Nuestras miradas se cruzan en la oscuridad, tan cerca que veo me veo reflejada en sus ojos.

—Me voy a quedar a dormir. Por si no te has dado cuenta —comento en voz baja.

—¿Por qué?

Siempre buscando respuestas este chico.

—Porque estoy borracha y fuera hace frío y tú estás calentito.

Presa de un sueño atroz a causa del alcohol, me acurruco contra él. Jonathan abre los brazos y los deja caer alrededor de mi cuerpo. Apoya la barbilla en mi cabeza y su respiración me hace cosquillas. Escucho el latido de su corazón retumbando. El sonido me relaja. Paro de sentirme dentro de una batidora casi de inmediato.

Me doy cuenta que esto es algo extraño. Una parte de mí me susurra que no está bien y que estar borracha me vuelve estúpida. Pero yo me siento bien. Segura y cómoda entre sus brazos. Como si encajara en ellos.

Todo es confuso en este momento. Invadida por pensamientos que estallan en mi cabeza, que se distorsionan, se pierden, se mezclan y se borran en el acto mientras caigo en el sueño. Lo último escucho es la voz de Jonathan decir:

—Vale, pero no me des patadas.

—Hmmm.

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—Señorita.

—¡No he sido yo!

El subconsciente tira de mi cuerpo hacia delante. Y la resaca me saluda con un pinchazo sórdido en el cráneo.

—Joder —lloriqueo colocando las manos a ambos lados de la cabeza para que mi cerebro deje de bailar.

—Señorita, está incumpliendo la política del hospital.

Consigo abrir un ojo. Una mujer de media edad, de pelo ensortijado y malas pulgas me taladra con la mirada.

—¿Qué política? ¿Quién es usted? ¿Por qué está en mi casa?

—Esto es un hospital, no su casa. —Hace un gesto con la mano que abarca la habitación—. Haga el favor de bajarse de la camilla.

La miro sin tener ni idea de lo que está diciendo. Entonces noto un movimiento a mi lado. Giro la cabeza y veo a Jonathan. Despeinado, somnoliento y a mi lado.

Recuerdo todo de pronto. Que vine al hospital para ver qué le pasaba y que me quedé a dormir. Una imagen fugaz de mí abrazada a Jonathan me pega una bofetada. Trago saliva. Aún medio inconsciente.

—Roncas —dice este sin apenas voz. Se tumba de espaldas y vuelve a cerrar los ojos.

—Buenos días a ti también.

—Los acompañantes deben usar esa cama. Esta es una zona esterilizada...

La enfermera de malas pulgas continúa con su perorata. Al mirarla de nuevo me doy cuenta de que es la mujer que estaba ayer en recepción.

—Que ya me bajo.

Me arrastro hasta los pies de la camilla con la cabeza zumbando. La mujer sigue mis movimientos con exhaustividad.

—Debería darle vergüenza —recrimina en cuanto mis pies tocan el suelo.

—Susan, no es para tanto —interfiere Jonathan.

Esta se calla, no sin antes mandarme un gruñido. Me dejo caer en la silla, donde está desperdigada mi ropa. Susan se acerca a la camilla.

—¿Cómo te sientes? —Le pregunta sacándose un termómetro electrónico del bolsillo del uniforme.

Jonathan se encoge de hombros bostezando. Susan le pone el termómetro en la oreja.

—36 grados. Buena temperatura —asiente satisfecha.

A continuación, rodea la camilla para comprobar el monitor al que está enchufado.

—¿Significa que puedo largarme?

—Esperemos a que llegue tu madre.

—Si depende de ella no veo la luz del sol en cinco años.

Susan lo reprende con una mirada de reojo.

—Voy a tomarte la tensión —anuncia sin atender a sus quejas.

—Te espero fuera.

Recojo todas mis cosas y me marcho de la habitación. En el pasillo, varias enfermeras reparten el desayuno en las habitaciones. El ambiente es menos tétrico que ayer por la noche, pero sigue pareciéndome agobiante.
Camino rápido en busca del baño público. Por suerte no está ocupado y me precipito dentro. Me siento en la taza del váter con la ropa entre los brazos. Me palpita la cabeza y noto la garganta como una lija.

Me quedo ahí unos segundos antes de cambiarme. Saco el móvil del bolsillo del pantalón. Son las ocho de la mañana y las clases empiezan dentro de media hora. Mi mochila y mi uniforme están en casa de Daia. Donde tendría que haber ido tras comprobar que Jonathan estaba bien.

Marco su número. Descuelga al segundo tono.

—¡Hola, Steve McGarrett! —saluda con ánimo por encima del ruido de fondo que la acompaña—. ¿Lista para otra misión de rescate?

—Sí, de la mía —respondo—. Necesito que…

—Llevo tus cosas al Hoj. —Me interrumpe.

Sonrío.

—¡Eres la mejor!

Yo, sin embargo, una irresponsable. Ni dos días de curso y ya he acumulado, como mínimo, tres faltas que no dicen nada bueno de mi rendimiento. Tengo que empezar a centrarme de verdad si no quiero perder Princeton.

—Antes de que lo pidas. Sí, avisaré a Lola del motivo de tu retraso… ¡Que ahora se lo pregunto, pesado! —Escucho el sonido de una voz mezclada con el ruido. Imagino que la de Evian, por lo que acaba de decir mi amiga—. ¿Cómo va todo por allí?

—Salvo mi cabeza, todo de perlas —explico observando mi deplorable aspecto en el espejo—. Posiblemente le den el alta. Dile a Romeo que se relaje.

—Tu Julieta está bien. —Le pasa la información. Silencio—. Pues bien significa bien, te hago un esquema si quieres.

Suelto una carcajada cuando la discusión estalla. Finalizo la llamada sin despedirme, consciente de que no se va a enterar.

Me aseo lo mejor que puedo. Compro un cepillo de viaje de la máquina expendedora y me froto los dientes con fuerza para deshacer el mal sabor de boca. Intento desenredarme el pelo, pero no hay forma. Así que me hago un moño más o menos decente.

Cuando salgo del baño, me cruzo con la madre de Jonathan en recepción. Camina con prisas sobre sus tacones y está a punto de arrollarme.

—Lua, no esperaba encontrarte aquí.

Echo un vistazo por detrás de su espalda, esperando encontrar a Christopher o Alba.

—Mi marido tenía una reunión inamovible. No ha podido acompañarme.

«No se le escapa una a esta mujer». Me rasco el codo con una sonrisa impostada. Ya tengo asumido que nunca me sentiré cómoda en presencia de Willa Morrison. Siempre me dispensa un trato amable. Pero es demasiado correcta y distante. Un témpano sin emociones con el que no sé tratar.  

—Vi su mensaje. Perdón por no responderle el teléfono… No es que no quisiera, claro. —Frases coherentes, Lua—. Solo quería ver cómo estaba Jonathan y se me hizo tarde. Tome su ropa.

Un atisbo de emoción le cruza como una estrella por los ojos cuando le pongo las prendas en la mano.

—Me alegra que no haya pasado la noche solo. —Echa a andar por el pasillo. Tengo que correr para alcanzar su ritmo—. Eres la única a la que no evita.

—Tampoco le dejo muchas opciones. —«Qué puede hacer si me cuelo en su cama y me niego a marcharme».

Me gustaría decirle que, si no lo atosigara tanto, sería distinto. Pero eso sería meterme donde no me llaman.

—¿Se encuentra bien?

—La enfermera está con él ahora —digo cuando llegamos a la puerta.

La señora Morrison se precipita hacia dentro antes de que termine de hablar. Me abandona en el pasillo. Dudo si entrar o quedarme fuera, ya que me ha cerrado la puerta en las narices. Al final me marcho a la sala de espera y me bebo un té aguado de máquina esperando a recibir noticias. Pasa una media hora cuando una sudadera me cae encima de la cara.

—Vámonos.

Me la saco de la cara. Jonathan está de pie frente a mí, fresco como una rosa. Con el uniforme puesto y una sonrisa deslumbrante. Hoy parece tener todo el humor que me ha robado la resaca.

—¿Qué quieres que haga con esto? ¿Estrangularte?

—Ponértela. Hace frío fuera.

Recorre con la mirada la facción de estómago desnudo que no alcanza a tapar el top de tirantes que llevo. Me paso la sudadera por la cabeza. Huele a una mezcla entre suavizante y su colonia. Además de quedarme inmensa. Parezco una niña con la ropa de su hermano mayor.

—Venga.

Hace un gesto hacia los ascensores. Me tiende la mano y se la acepto. Dejo que tire de mi cuerpo sin fuerzas. Cuando ya estamos en el ascensor, una idea acude a mi cabeza.

—¿Te han dejado marcharte?

Lo observo a través del espejo del ascensor con el ceño fruncido.  

—No sé, me he largado de la habitación cuando mi madre ha empezado a hablar de mi depresión —bufa a mi reflejo, con incredulidad—. ¿Sabías que estaba deprimido? Yo me acabo de enterar.

—Por favor, dime que no nos estamos dando a la fuga.

Suplico con las manos en posición de rezo bajo la barbilla, ya mirándolo a él, no al del espejo. Sonríe tanto que se le arruga la cara.

—¡Jonathan!

Le doy una patada.

—Me han dado el alta. No nos estamos fugando —confiesa echándose a un lado para librarse de mis patadas.

—Jo, que tengo resaca. No me vaciles —pido en tono infantil y pedante.

El ascensor se detiene y Jonathan me arrastra fuera riendo. Esta mañana hemos intercambiado papeles. Él es el enérgico y yo a la que hay que tirar. Aunque me gusta verlo así. La perspectiva del Jonathan alegre, fácil y sin tormentas me levanta el ánimo.

Me impulso por sus hombros y le salto a la espalda como un koala al árbol.  

—¿Adónde, señorita? —imita a Jack Dawson, agarrándome por debajo de las pantorrillas para que no me caiga.

A las estrellas–mi imitación de Rose deja mucho que desear—y al Starbucks. Me muero de hambre.

Jonathan empieza a andar conmigo a la espalda. Y por unos segundos, experimento una sensación de calma y Déjá vu que no sé muy bien a qué viene.


Última edición por gxnesis. el Lun 09 Sep 2019, 4:16 pm, editado 5 veces
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The Honey System - Página 3 Empty Re: The Honey System

Mensaje por gxnesis. el Vie 06 Sep 2019, 10:39 am

Extra.
mmmmmmmmmmmm


Llegamos a la escuela a tercera hora, en el pequeño descanso de quince minutos. El suculento desayuno me revive lo suficiente para recordar que no he hecho los deberes de Literatura, ni los de ninguna asignatura. Se lo digo a Jonathan cuando entramos al vestíbulo.

—Yo los tengo, los de los dos —dice como si nada.

—¿Seguro que se te ha ido la fiebre?

—A lo mejor no —bromea—. Porque también he hecho un horario de estudio y entrenamiento para los juegos.

La mandíbula está a punto de arrastrarse escaleras arriba de lo atónita que me quedo. De pronto, la irresponsable parezco yo, no él.

—Quién eres. Dónde está mi Jonathan.

—Aquí mismo, inmejorable e irrepetible. —Se señala con los pulgares, muy pagado de sí mismo.  

—¿Cuál es mi segundo nombre?

—Adalgisa.

Mi madre quiso honrar a su bisabuela materna y me puso su nombre. Sé que debería ser un honor y todo eso, pero es que es horrible. Jonathan es el único que lo sabe fuera de mi familia. En mi carnet de identidad solo figura la inicial y es un secreto que guardo bajo ochenta llaves.

—Sí que eres tú.

Que fuera un clon usurpador me parecía más factible que Jonathan hiciera nuestros deberes. Conducida por la emoción, me pongo de puntillas y le doy un beso torpe en la mejilla. Como vamos andando, termino dándoselo más cerca de la barbilla que de esta.

—Gracias.

Me mira de reojo, acelerando el paso.

—Como tengas que organizar tú algo suspendemos fijo —comenta para restarle importancia, unos cuantos pasos por delante de mí.

Llegamos al aula de Historia segundos después.

—¡Colega!

Evian empuja a Mei para llegar hasta Jonathan.

—Oye —reclama la chica.

Se dan un abrazo lleno de palmadas resonantes en la espalda. Son de lo que no hay. Traspaso a los amantes trágicos para llegar a mis amigas, que están en compañía de Jude y Khal. La segunda está más concentrada en su teléfono que en otra cosa.

—La perra pródiga. —Mei me rodea por el brazo.

Me alegra comprobar que parece de buen humor, a pesar de lo que le pasó ayer con Jude.

—Dejad de hablarme como a una mascota.

—Ay que se ha enfadado la perrita —pincha Daia pellizcándome la mejilla.

—¿Qué tal, tío?

Jude le estrecha la mano a Jonathan cuando este y Evian se unen al círculo. Me entran ganas de ser un perro de verdad y engancharme a su pantorrilla por el numerito de ayer.

—¿Dónde estabais? —pregunta Mei con su tono de voz dulce y tranquilo.

—Durmiendo acaramelados.

Evian se abraza a sí mismo y hace muescas raras con la cara. Jonathan le da un codazo poco disimulado.

—Creo que le ha dado una embolia —comenta Jude divertido, con las manos a la espalda al ver sus expresiones.

—Ojalá te diera a ti una. —Se me escapa.

—¡Lua! —Mei me zarandea para que me calle. Daia suelta una carcajada.

—Tiene resaca, no le hagas caso —interviene Jonathan.

Jude es gilipollas, pero es amigo suyo desde que son niños. Así que se pone de su parte. Tira de mí hasta que mi espalda se choca contra su pecho. Me agarra por los hombros para contenerme. El muy exagerado. No es que vaya a agredir a Jude.

Este me observa desde todo lo alto que es. Sus labios tironean, vanidosos. Con esa pose de amo y señor del universo.  

—Es una suerte que no me haya dado ninguna, porque somos compañeros de proyecto en Economía.

—Menudo giro de los acontecimientos. —Evian está disfrutando como un enano.

—Cállate —sisea Daia, aunque también parece disfrutar.

Giro la cabeza hacia Mei, escandalizada. No es que odie a Jude. Esa es una palabra muy fuerte y yo casi no tengo trato con él. Solo que no me gusta que trate a Mei como si fuera una de sus posesiones. Mi amiga se esfuerza mucho por desempeñar bien sus funciones, todo amor y ternura. A pesar de esconder unos cuantos pecados bajo esta apariencia.  

—Tenemos que crear una empresa para dentro de dos semanas.

—Será divertido.

Jude guiña un ojo, prometiendo torturas durante el proceso de ese trabajo con el gesto. Mi cuerpo se impulsa hacia delante por inercia, pero Jonathan hace un collar con sus brazos alrededor de mis clavículas que me frena.

—Cuanto tocamiento veo aquí.

Ante el comentario de Evian, Jonathan me suelta como si me hubiera dado calambre y fulmina a su amigo con la mandíbula apretada.

—No te pongas celoso que ya te devuelvo a tu novio.

Entro en clase y me acerco al pupitre de Daia, donde está mi mochila. Aún tengo cinco minutos para adecentarme antes de que llegue la profesora. Saludo a las gemelas, Lily, Olivia y los dos chicos nuevos antes de volver a marcharme. Es entonces cuando veo a un chico de rasgos asiáticos sentado en uno de los pupitres del fondo. El pelo negro le cae sobre la frente, de ojos redondos y curiosos.

—Tú ayer no estabas —comento al detenerme a su lado.

—Soy Zack, he llegado hoy.

—Lua, un placer.

Sonrío para darle la bienvenida y salgo al pasillo.

—¿Por qué hay un chico llamado Zack en clase? —pregunto colocándome la mochila al hombro.

—Es el nuevo honey de Sakura —explica Khal antes de meterse en el aula, todavía centrada en su teléfono.

«Pobre chico». Si aguanta más de un mes le fabrico yo misma una medalla conmemorativa. Sakura los espanta a todos.

—He oído pronunciar mi precioso nombre.

Sakura llega por el pasillo como invocada. Trae consigo una nube de tormenta y el veneno en sus bonitos ojos verdes. Es como una de estos anfibios con la piel preciosa pero letal al tacto. Claro que eso no me impide abrazarla cuando la tengo al alcance. Ayer me llevé una gran decepción cuando no la vi en clase.

—Me estás arrugando el uniforme.

Se sacude de mis brazos, pero me dedica una sonrisa casi imperceptible. Sakura es un terror para gran parte de las personas. Caprichosa, mezquina y de ideas fijas. Si te quedas un rato con ella, también es divertida. Su mayor virtud es que es honesta. Se muestra como es y no da expectativas falsas a nadie. Es lo que más me gusta de ella.

—Ayer no viniste. —Le digo cuando nos separamos.

—Estuve aquí y allá.

—Allá tiene mucho encanto en esta época del año.

Sakura pone los ojos en blanco por mi intento de chiste. Acto seguido, mira a Jonathan. Le reluce la mirada con inquina.

—Mala hierba nunca muere.

Jonathan le guiña un ojo. Es el que mejor se toma el comentario, porque Evian parece a punto de desterrarla del universo y Jude la mira con desaprobación más contenida.

—Por eso sigues en el mundo, Belceboob. —Le dedica una sonrisa ladina.

—¡No me llames así! —aprieta los puños a los costados y da una patada contra el suelo.

Estos dos se llevan a matar. Pelean todo el tiempo y se hacen jugarretas el uno a la otra. Sakura suele ganarle siempre. Y para Jonathan, que adora salirse con la suya, es como la mayor de las vergüenzas. Pero en el fondo sé que le tiene cariño. Especialmente porque nunca lo trata como si fuera a deshacerse con un simple soplo de aire.

—A las cosas hay que llamarlas por lo que son.

—En ese caso... ¿Retrasado mental? ¿Adefesio deforme? Los dos te van bien, no puedo decantarme.

Por mucho que me gustaría quedarme a presenciar su primera pelea del año. Me marcho al baño para ponerme el uniforme. Regreso al aula justo unos segundos antes que la profesora. Evian me ha quitado el sitio al lado de Jonathan. Así que me siento con Daia en la parte más alejada de la clase, justo detrás de Khal y Batzan.

Mi promesa de empezar a aplicarme de verdad muere cuando nos ponemos a jugar al tres en raya en la contraportada de su cuaderno.

—Has dormido con Jonathan.

Suelta de súbito, tras hacerse con la victoria de la tercera partida. Empieza a dibujar la siguiente tabla escrutándome de reojo. Me agacho en el pupitre para salir del radio de la profesora.

—Menudo don para darle una connotación sexual a todo.

Daia frunce los labios.

—Perrito caliente… —expone con su tono sugerente.

Reprimo la risa.

—¿La tiene?

—Depende de tus fetiches personales —medito.

Daia resopla, dibujando un círculo en la tabla. Coloco una cruz al lado de este.

—Me refiero a ti durmiendo con Jonathan.

—A qué viene eso.

Esta mañana ni siquiera me acordaba de dónde estaba y sigo sin recordar el momento en el que me tumbé en la cama. Fue una decisión impulsiva que influenciada por los cuatro daikiris en mi sangre. Le explico esto mismo a Daia.

—Sin connotaciones sexuales —termino—. Como si durmiera con mi hermano.

Mi amiga asiente cautelosa. Su mano acaba sobre la mía.

—Espero que seas consciente de lo jodido que sería mantener una relación con tu máster. No tengo que recordarte lo que pasó con Eli.

Me sorprende que Daia pase de decirme que utilice mis armas de mujer con Jonathan para beneficiarme a pensar que existe una posibilidad real de que Jonathan y yo tengamos una relación. La sola idea me hace reír de manera estruendosa.

—¿Quiere compartir algo con la clase, Stryker?

«Mierda». Daia aprieta los labios para no echarse a reír también. La taladro con la mirada.

—No —respondo a la profesora. Toda la clase está girada hacia mí—. Solo que es desternillante que los españoles se dejaran engañar por Napoleón. Solo conquistaré Portugal, tranquilos vecinos. —Pongo voz de señor mayor. La profesora me mira con intención de lanzarme la Tablet a la cabeza—. Mejor me callo.

—Será mejor, sí —concuerda.

Escondo la cara contra la superficie del pupitre, muerta de la vergüenza.

—Me mata tu capacidad para ponerte en evidencia.

Empujo a Daia con el brazo a la que me incorporo. Mi comienzo académico de este año es deplorable.

—Tus jodidas connotaciones sexuales tienen la culpa —rechino los dientes, inclinada hacia ella.

—Lo decía en serio. Ten cuidado.

Decido no responder para no darle alas a su imaginación. Es absurdo. ¿Jonathan y yo? Nunca. Hubiera sido más probable que Rose le hiciera un hueco a Jack en la puerta que acabar saliendo con Jonathan. No existe chispa, ni calor abrasador que conduce a los adolescentes a babearse la cara contra las taquillas. Ni tampoco esa atracción convulsa que te hace escribir iniciales unidas en el cuaderno y trazar planes inviables de futuro.

Lo que tengo con Jonathan Lys no es más que una amistad. De eso estoy completamente segura. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme qué ha visto Daia para pensar que podría transformarse en otra cosa.

Me doy cuenta de que tengo los ojos fijos en él cuando se da la vuelta en la silla, como atraído. Me saca la lengua antes de girarse de nuevo. Las manos empiezan a sudarme y se me resbala el lápiz.

«Maldita Daia».
gxnesis.
gxnesis.


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Mensaje por Bart Simpson el Lun 09 Sep 2019, 1:57 am

Prólogo:
¡Hola! The Honey System - Página 3 1857533193 The Honey System - Página 3 1857533193
Nuevamente, gracias por invitarme a participar, comenzaré realizando los comentarios correspondientes.


por haber estado casi diez años en el sistema educativo

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Okay, me sorprende el hecho de que tenga demasiado tiempo siendo Honey, supongo que estas chicas, tanto Maxie como Jennie y Lily, deben tener una excelente capacidad de adaptación. De otro modo ya hubieran mandado todo al carajo.


—Es porque siempre se enfrenta a Jude en las finales. Mei también es buena. Serán un equipo difícil de derrotar.

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Hacen un buen equipo, pero quizás aún no se percatan de ello. Quiero ver cómo avanza el asunto entre esos dos loquitos  The Honey System - Página 3 3292025920


—¿Podemos escondernos de nuestros master?

—Pues si se puede o no, ella lo hace

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Algo debe de haber ahí, de otro modo, por cómo es Evian, osease un enorme dolor de trasero, ya hubiese mandado a volar a nuestra querida Daia The Honey System - Página 3 3232760151


—Si me llevan a París con ellos, entonces con gusto le cargo las bolsas. Por cierto, ¿y Lua?

—Jonathan le dio su tarea de vacaciones a última hora, así que está loca haciéndola lo más rápido posible

Yo hubiese querido tener a alguien que haga mi tarea a última hora, sin que tuviera derecho de replicar nada  The Honey System - Página 3 1407456114
Aunque igual, pobre de Lua, le arruinaron por completo el fin de las vacaciones.

Jennie y Lily se miraron entre ellas antes de ignorarla. Maxie suspiro, pues siempre le tocaba a ella y ya se le acababan las ideas.

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Debió obligar a una de las dos para hacerlo, es justificado puesto que ella lleva haciéndolo quién sabe desde cuándo The Honey System - Página 3 3417461789


Maxie a veces pensaba que era como un lavado de cerebro, porque eran odiosos y siempre hacían lo que querían, y al mismo tiempo eran como niños abandonados y tristes.

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Ese modo de pensar The Honey System - Página 3 3232760151, me hace creer que no es sólo un "lavado de cerebro", más bien esa es la excusa para no admitir lo evidente  The Honey System - Página 3 3292025920


El estomago de Maxie rugió y no dudo en pasarle el marcador a la recién llegada.

JAJAJAJAJAJAJAJAJA Pobre Maxie, está bien, tiene hambre y lo comprendo pero qué onda con las demás y Olivia, es como si los Honeys tuvieran sus propios Honeys The Honey System - Página 3 3417461789
Y Olivia fuera Honey de ellas  The Honey System - Página 3 82537658, pobre chica  The Honey System - Página 3 82537658


“Somos niñeros, hermanos, padres, madres, amigos, enemigos, cocineros, maestros, compañeros, enfermeros, etc. Somos todo y a la vez nada para ellos. Somos su fuerza y su debilidad, su felicidad y su tristeza, sus molestias y su comodidad, su hogar y su refugio al mismo tiempo. Ser honey nunca será fácil, pero vale la pena cuando encuentras al maestro indicado.”

Perdón, pero tuve que citarlo todo The Honey System - Página 3 4098373783, tardó mucho en escribir el discurso de bienvenida, supongo. Pero va comenzando bien.
Me fascina el prólogo, fue un grandioso inicio The Honey System - Página 3 4098373783
Me emociono como loquita(?)  The Honey System - Página 3 300321724  The Honey System - Página 3 300321724, así que seguiré con el capítulo de la Cande The Honey System - Página 3 1857533193

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Mensaje por Bart Simpson el Lun 09 Sep 2019, 2:01 am

CANDE!  The Honey System - Página 3 2917199994 :
HOLA!! The Honey System - Página 3 1857533193
Por fin vengo a comentar tu bellísimo capítulo, así que siguiendo tus enseñanzas(?), leeré y comentaré The Honey System - Página 3 4098373783


—Oremos.

Padrenuestroqueestásenloscielossanditifcadoseatunombrehrilhlak
No sé por qué recuerdo ese "dicho" tan sonado de "las más 'santitas' son las más cabronas" con la Mei, we.

lo único que puedo hacer es apretar con fuerza mi celular mientras vibra sin cesar con la llamada entrante de cierto engendro que no soporto

The Honey System - Página 3 3292025920  The Honey System - Página 3 3292025920  The Honey System - Página 3 3292025920  The Honey System - Página 3 3292025920
Bien que te gusta que te llame el engendro, amika

Rata inmunda. Animal rastrero. Desprecio de la vida. Adefesio malhecho.

¡Ándese! Mei aka Paquita la del barrio The Honey System - Página 3 4222964207, la primera vez que viajé a Acapulco la miré. Es toda pequeña, tipo tapón de laberca The Honey System - Página 3 3232760151
Aunque bueno, esa canción seguro le queda bien a Jude, aunque no sé, de algún modo siento que a los Honey les gusta serlo, o quizás sólo les gusta los beneficios, porque de otro modo, ¿para qué lo hacen? The Honey System - Página 3 3417461789


Seré una zorra, pero Dios también las ama así que ya que.

We, no olvides a María Madgalena The Honey System - Página 3 3417461789, si Jesús la perdonó, seguro también a la Mei(?) The Honey System - Página 3 481143288


Tal vez con un balazo en la cabeza podrían hacerlo.

Tal vez no se necesite de tanto, tal vez sólo con un putazo bien dado entiendan...

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Me gustan los chicos como Jude; son altos y brazos entrenados,  ojos cafés intensos, cabello castaño corto y sexy, muy sexy. Tiene un noséqué, un aura de misterio y seducción que atrae a las personas hacia él, sobre todo las mujeres. Y, por supuesto, yo no soy la excepción.

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Eres bien trabiezzzaa The Honey System - Página 3 3292025920 jaja, a leguas s e nota(?) que aMei le gusta Jude y a Jude le gusta Mei, apenas voy empezando el capítulo, apenas apareció Jude y bueno, la tensión sexual entre ambos es palpable  The Honey System - Página 3 779623427  


Yo soy una zorra falsa, pero este va a otro nivel.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Jude es la zorra MÁS falsa. Recordé la posición de Sakura en su familia de "La oveja más negra de la familia" The Honey System - Página 3 1313521601
Y para terminar de joder la situación, el padre de Mei realmente lo quiere :hee:m esto es divino, comienza el drama de manera hermosa(?)
Mira que Mei lo trata más como su igual, eso sí, hace saber que Jude tiene millones una y otra vez, pero no parece ni una pizca algo sumisa. Creo que eso es lo que le gusta a Jude de ella The Honey System - Página 3 4098373783, lo digo porque la deja manejar su auto baba, ya debe tenerle amor, wna.


Supe que esta oportunidad no se la daban a cualquiera, la aprovecho al máximo y trato de alcanzar sus expectativas, que haya una mirada orgullosa cuando voltean a mirarme, que no se arrepientan de haberme recogido de ese basurero.

Y por eso ahora soy honey.

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¡AY NO JODAS, CANDELA!  The Honey System - Página 3 1129725545
Me encanta la historia de Mei, la historia de sus padres, cómo dejaron todo para estar juntos, y Mei se convirtió en ese "pegamento" para ambos  The Honey System - Página 3 4242539333
Es demasiado bello que ella quiera esforzarse para convertirse en la persona ideal para sus padres, ahora sigo leyendo para saber el por qué se convirtió en Honey The Honey System - Página 3 3232760151

—¿Quién te dijo?
Lo mire entre confundida y molesta.
—¿Qué cosa?
Levanto las cejas en alto y con dos nudillos golpeo la pared.
—Que este pedazo de mierda no es mía.

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Creo que se trata de Jude  The Honey System - Página 3 2785603980
Okay, es una mierda que su papá haya tenido problemas económicos, y es admirable que Mei se hiciera cargo de eso The Honey System - Página 3 3232760151


—El hijo de los Uddobain-Daffodil
—Exacto.

Lo sabía, su destino está unido al otro de un modo u otro  The Honey System - Página 3 2551348540, así que no hubiese importado la forma en que se conocieran. Por cierto, en verdad quería que le tirara uno o dos dientes  The Honey System - Página 3 1903305068


El interrogatorio no estaba gustándome así que lance un +4 a mamá, llevándome una mirada fulminante de su parte.

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JAJAJAJAJAJAJAJAJA Me encanta esa parte del juego, aunque casi no me han lanzado +4 The Honey System - Página 3 3232760151, pero recuerdo mucho una ocasión en la que me lanzaron un +2, yo tenía otro +2 así que lo lancé, por lo que al que le toca después de mí tenía que tomar 4 cartas, pero resulta que tenía otro +2, so, ya iban 6, y la última persona (éramos 4 jugando) tenía otro +2, así que la primera persona que lo lanzó, terminó tomando 8 cartas The Honey System - Página 3 4222964207
Eso le pasa por ser malvado ashkashkashkashk


Delacour

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Me odie a mí misma cuando fui a buscar la tarjeta y los malditos aros al tacho en la madrugada, esperando a la próxima noche para llamar a Jude.

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De cualquier modo lo amas, Mei. Y eso no puedes negarlo  The Honey System - Página 3 2529252940


—¿Su novia?
Les sonrió con desprecio.
—Soy la que le limpia el culo

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA No jodas, Candela The Honey System - Página 3 1313521601
Okay, Jude es un cerdo The Honey System - Página 3 3417461789, aunque qué puedo decir, no deja de ser hombre The Honey System - Página 3 4222964207
Y las tipas, queriendo hacer sentir mal a Mei cuando ella les da clases de hacer mierda a las descerebradas  o sea
Luego cuando tomó el arma falsa...  The Honey System - Página 3 2632422674  The Honey System - Página 3 2632422674  The Honey System - Página 3 2632422674, amé en serio eso, imaginé a las otras dos peladas corriendo tan rápido que levantaban el polvo del piso jaja.


—Siempre con tus amenazas vacías —se acerca con seguridad hasta llegar a mis labios, rozándolos —¿Cuándo va a ser el día en que tu boca complicada haga otras cosas?

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Qué perro maldito desvergonzado The Honey System - Página 3 481143288, ya sólo le falta que la bese o de plano le toque las tetas(?), no sé, pero dentro de lo que cabe, se está conteniendo demasiado, lo digo por su comentario hacia Mei, y ella también lo quiere (?)  The Honey System - Página 3 2787663562
Es cuestión de tiempo para que ambos estén dándole vuelo a la hilacha  The Honey System - Página 3 2592836091  The Honey System - Página 3 2592836091


Me impulse hacia adelante y le mordí fuerte el labio, haciéndole soltar un gruñido. Me soltó, sí, pero ese gruñido formulo miles de fantasías estúpidas en mi cabeza.

¡ÍRALA, ÍRALA! ¿Qué te digo?  The Honey System - Página 3 3292025920
Son dos críos calenturientos ambos The Honey System - Página 3 2787663562


Nota mental: lo primero que haré después de dejar de ser honey es tirármelo si o si.

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¡Amika, date cuenta! No lo hagas, te quedarás tildada de él y así menos querrás dejarlo ir(?), no es que yo lo sepa por experiencia propia, por supuesto, pero he visto demasiadas películas dramáticas/románticas y siempre sucede... ¡SIEMPRE!  The Honey System - Página 3 2039594227


Solo un perezoso que llega tarde a todos lados puede odiar la impuntualidad. Quien lo entiende.

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Wna, comprendo a Jude(?), yo sy demasiado impuntual, en serio, aunque me prepare dos o tres horas antes, siempre termino llegando tarde The Honey System - Página 3 481143288, ah pero cuando alguien es más impuntual que yo, lo odio  The Honey System - Página 3 2998878722


—Tenemos que asegurarnos que vengan con el uniforme correcto según la estación del año

Debo ponerme a investigar cuál uniforme (forma, color, etc., etc.) va en cada estación del año.  The Honey System - Página 3 2360623917  The Honey System - Página 3 2360623917


Siempre voy a admirar que tenga la capacidad de dormirse donde sea y al instante.

Justo como lo hacen los gatos  The Honey System - Página 3 82537658, así al menos Mei sabe dónde está. Debería ponerle una correa, wna. De esas que usan las mamás con sus críos, sólo que la de Jude debería de ser de acero reforzado, pegada a un collar en su cuello jaja


Según ella, es lo más cercano que tiene a un hijo. Pese a que él está enamorado como loco de ella y se la pasa de mujeriego tratando de ponerla celosa, Maxie no mezcla el placer con el trabajo al igual que yo.

Mientras más leo, más inspiración me llega  The Honey System - Página 3 300321724  The Honey System - Página 3 300321724  The Honey System - Página 3 300321724  The Honey System - Página 3 300321724
Anotaré todas las ideas para que no se me vaya nada The Honey System - Página 3 1857533193


—Pues, dame tu numero —le paso mi libreta junto a una pluma—Te enviare un mensaje para confirmar la asistencia en el antro.

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We, no quiero mal pensar de mi hermosa Mei pero... ¿Jude, Baztan y Zack?  The Honey System - Página 3 2529252940, no sé, simplemente no diré nada hasta que vea que pase algo más adelante The Honey System - Página 3 4222964207


—Jude, me juraste que jamás te ayudaría en los idiomas.
—Mentí.
Hijo de puta.


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Alguien se está desquitando con alguien(?) por andar de coqueta (sin que ella se haya dando cuenta) con alguien  The Honey System - Página 3 35511020
Me encantan las escenas de celos  The Honey System - Página 3 2206569979, simplemente me hacen fangirlear como tonta  The Honey System - Página 3 2018004571


—Lo dices como si tú fueses un terrón de azúcar. No me jodas.

JAJAJAJAJAJAJAJA Oye, pues sí The Honey System - Página 3 3417461789, se la lleva a conocer a sus padres sin ninguna información que la haga prepararse para lo que se viene, entonces Mei intuye que su comportamiento de mierda lo heredó de alguno de sus padres The Honey System - Página 3 3417461789, es obvio que tiene que andarse con cuidado hasta averiguar qué onda con ellos  The Honey System - Página 3 3305821808


¿Por qué los ricos, además de tener dinero, no pueden ser feos?

The Honey System - Página 3 1313521601 The Honey System - Página 3 1313521601 The Honey System - Página 3 1313521601

Lo mismo me pregunto, aunque luego pienso en nutricionistas, entrenadores personales, cirujanos plásticos y de más, y ya comprendo todo  The Honey System - Página 3 2754838029


—Además, papa también está jugando.

Amelie voltea a su marido, quien efectivamente también mantiene su celular en forma horizontal mientras teclea en la pantalla.

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Amé esa parte The Honey System - Página 3 1313521601, no cabe duda de que son tal para cuál. No me imagino cómo hizo Alexander para conquistar a Amelie, aunque en realidad, se me afiguran como a ellos, o sea, Alexander a Jude y Amelie a Mei The Honey System - Página 3 3232760151
¿Será esto una repetición de patrones?  The Honey System - Página 3 300321724 Aunque si lo fuera, sería por parte de Jude The Honey System - Página 3 3232760151


—¡Alexander Uddobain!

—¿Qué?

Sin embargo, Amelie le da un zape en la cabeza sonando con fuerza. Debería darle las gracias por ello.

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Este hombre lengua suelta The Honey System - Página 3 3417461789, por suerte Amelie está ahí, para propinarle sus zapes, aunque en realidad, debió hacerlo desde un principio puesto que al parecer al señor Uddobain no se le para esa boca floja que tiene  The Honey System - Página 3 1407456114
Wna, me encanta Amelie The Honey System - Página 3 4098373783, creo que es la única que puede ponerle un auto a ambos Uddobain The Honey System - Página 3 4222964207, la forma en que le dijo a Jude si tiene una queja se la presente a sus secretaria me hizo reír como hiena  The Honey System - Página 3 1113326116


Termino de planchar mi cabello en el baño de la casa de Olivia y prosigo a maquillarme suavemente.

PINCHEMADRE, CANDELA  The Honey System - Página 3 1407456114  The Honey System - Página 3 3912905262  The Honey System - Página 3 1712497321  The Honey System - Página 3 1712497321
¿Por qué no pusiste el secreto? The Honey System - Página 3 3417461789
Ahora estoy toda chismosa sin saber qué pedo, espero esté escrito más adelante o te estaré jodiendo para que me lo digas  The Honey System - Página 3 88550944


—¿Para mí? —hacemos contacto visual con la pelirroja, adivinando quien podría ser.

—¿No crees que será…?

—Un tal Jude, creo.

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¿Se dio cuenta? The Honey System - Página 3 481143288, creo que sí tiene a alguien vigilándola, después de todo sabe en dónde está cada jodido segundo del día The Honey System - Página 3 3417461789


Hace meses que no lo veía, y lo cierto es que no estoy preparada.

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Okay, estoy comenzando a sospechar que este tipo es un ex de Mei, por el cual quizás sintió un montón de mierdas, terminaron mal y ahí están, echándose miradas entre sí The Honey System - Página 3 3232760151


No hay ninguno no por respuesta. Y como hay un chico para cada una, de inmediato las parejas se forman entre miradas y comienzan a bailar entre ellos. Maxie y Jennie se lían con los gemelos del grupo. Lua parece encantada por el pelirrojo de ojos verdes que le toca, Lily con otro castaño mucho más alto que los demás mientras que Daia se liaron con un moreno sexy y Liv con un albino.

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¡COQUETAS DE MIERDA!  The Honey System - Página 3 2917199994  The Honey System - Página 3 2917199994
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA Cada vez me encanta más esto The Honey System - Página 3 4098373783, es que, estas mujeres son tan jdslajda  The Honey System - Página 3 1455854798
No sé, quiero seguir leyendo  The Honey System - Página 3 1440745896


Necesito un beso caliente. Doy el primer paso y choco mis labios contra los de él, sorprendiéndolo. No tarda en devolverme el beso, rodeo los brazos alrededor de su cuello mientras sus manos me estrechan más hacia él.

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¡MEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEI!  fffuu


—Esa es una pregunta muy compleja —contestas con arrogancia. Pasa un brazo por el hombro de Daia y la estrecha con fuerza hacia él—Pero te puedo asegurar que esta chica es mía.

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¡NO JODAS! El asunto se puso bueno The Honey System - Página 3 4098373783, y ahora está confirmadísimo, de alguna manera Jude sigue a Mei, sospecho que quizá tiene algún chip de rastreo The Honey System - Página 3 3232760151, no sé, algo por el estilo puesto que, de un modo, él sabe en dónde se encuentra Mei siempre, y como está enamorado de ella, pues ahí va a seguirla. Pero, Evian diciendo que Daia es suya, me hace fangirlear y shippearlos  The Honey System - Página 3 3275125450  The Honey System - Página 3 3275125450
No jodas, ya hasta se me fue el sueño dhadhajslkjdalkjdsla


Ellos solo se casan con quienes sus padres le dicen.

Además, ¿Jude? ¿Enamorado de mí? Ja.

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We, no quiero tener que darte unas buenas patadas para que entiendas cómo son las cosas  The Honey System - Página 3 1903305068  The Honey System - Página 3 1903305068


Jude me obliga a sentarme en una de las mesas de afuera con él devorando una pizza entera. Yo no puedo comer. Estoy castigada.

JAJAJAJAJAJA No inventes, como si fuera su hija  The Honey System - Página 3 1313521601  The Honey System - Página 3 1313521601  The Honey System - Página 3 1313521601
Jude es demasiado The Honey System - Página 3 481143288, pero Mei lo es más por soportar eso The Honey System - Página 3 3417461789


—Solo vete a dormir, ya no quiero ver tu mentirosa cara delante de mí.

Okay, me encanta esa pelea, y me sorprende lo que reveló acerca de que él es quien paga los gastos que conllevan a Mei y no sus padres pero, no sé, usa eso para chantajearla y es caer demasiado bajo. Además, la última frase que cité es tan Jude The Honey System - Página 3 1313521601
Como un papá que está discutiendo con su hija adolescente The Honey System - Página 3 4222964207


Nos amábamos como locos, desesperadamente e incondicionales como es el primer amor.

Perdón pero no, a esa edad no saben ni qué pedo con la vida. No saben una mierda del amor, por eso hacen tantísimas pendejadas que me dan ganas de agarrarlos a palos por idiotas  The Honey System - Página 3 233978492


Al principio creí que estaba enamorado de ella, y nada más lejos de la realidad. En verdad, es al revés: Elise está loca por él, sufriendo porque el imbécil no puede verla más que la hermana pequeña que nunca tuvo y nunca supo que quería tener hasta que la conoció.


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Esto es tan... wow. Haré que Sakura le quite el lugar a Elise(?)
Aunque me da un poco de pena por ella, siempre hermana, nunca inhermana(?) ah
Lo siento pero Jude sólo tiene ojos para Mei, hablando de algo que va más allá de lo sexual, por supuesto The Honey System - Página 3 3232760151


No deja de mirarme hasta que finalmente cree en la mentirosa honestidad de mis ojos. No debió haberme creído. Después de todo, soy una mierda de mentira.

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Jamás revelaste el secreto, Candela The Honey System - Página 3 481143288, te joderé por whats hasta que me lo digas The Honey System - Página 3 3417461789

AMÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ! Por completo tu cap The Honey System - Página 3 4098373783
Me quedan demasiadas dudas con respecto a ambos The Honey System - Página 3 295635823, en serio, quiero leer sobre los dos, Candela :gad. Lamento la tardanza, pero al menos ya estoy al corriente en esta enecé.
Nuevamente, me encantó tu capítulo, me encantan Mei y Jude, aunque ambos son mentirosos el uno con el otro  The Honey System - Página 3 1744785743
Y ya los quiero leer besándose o algo  The Honey System - Página 3 2018004571
Esperaré impaciente  The Honey System - Página 3 837735280
Bye The Honey System - Página 3 1857533193

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Bart Simpson
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The Honey System - Página 3 Empty Re: The Honey System

Mensaje por Bart Simpson el Lun 09 Sep 2019, 2:07 am

Kate  The Honey System - Página 3 1440745896 :
HOLACRAYOLA!!(?) The Honey System - Página 3 77880782  The Honey System - Página 3 77880782
Al fin estoy aquí para leer y comentar tu bello cap The Honey System - Página 3 4098373783
So... aquí voy The Honey System - Página 3 1857533193

En la parte menos exclusiva del Hoj este grupo era el tema de conversación por excelencia.

Espera...
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¿Eso quiere decir que Lua ya estudiaba en Hoj desde un inicio? The Honey System - Página 3 481143288, iré a releer las fichas porque leí que comentaste que las modificaste... o algo así(?)  badumtss
Listo, ya las releí, ahora podré seguir con mi lectura The Honey System - Página 3 1857533193


Mientras una parte de mi cerebro alucinaba porque tenía haciéndome los deberes a un tío que esclavizaba a una chica para que se los hiciera a él.  

Aprovéchate y hazlo tu esclavo... sexual
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Supongo que a partir de entonces comenzamos una amistad.

Amistad...  The Honey System - Página 3 77880782  The Honey System - Página 3 77880782  The Honey System - Página 3 77880782
¡Claro!
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Apuesto que desde ese momento. inclusive antes, ambos comenzaron a generar sentimientos a los cuales llamaron "amistad". Aunque, el hecho de que Lua siguiera viéndolo una y otra vez, probablemente generó que ella ya lo esperara ahí, a que llegara a platicar The Honey System - Página 3 4098373783
Esto es emocionante! The Honey System - Página 3 1857533193


—Con Jonathan. Tenía que acompañarme a una reunión hace una hora y no se ha presentado.

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¿Ahora a dónde se fue este wacho? Supongo que todos y cada uno seguirán poniéndome la piel de gallina ante tantas pendejadas que hacen The Honey System - Página 3 481143288, apenas estoy conociendo a Jonathan, y no es tan diferente de los otros The Honey System - Página 3 3417461789, es un desconsiderado(?). Y Lua... pues bueno, ella es esclava como los demás, veremos qué la hace hacer nuestro querido Jonathan The Honey System - Página 3 1903305068


Cuando su hijo desaparece y llama, significa que soy la última esperanza para dar con él.

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Siento algo de pena pos los padres, ¿sabes?
Todos preocupados por su hijo, y la confianza que le tienen a Lua, sin duda es muy grande. Creo que es algo que ella sabe de antemano The Honey System - Página 3 3232760151


Al incorporarse nos quedamos observándonos unos segundos que se antojan eternos.

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¡Hay amor en el aire! Acércate a mí, y apuesta por lo que siento... (no tengo idea de dónde pinches haya escuchado ese trozo de canción, pero estoy segura que de Disney Channel). Eso es suficiente para hacerme shippear y fangirlear como tonta  The Honey System - Página 3 1113326116


—¿Me echabas de menos? —levanta una ceja cómica.

Pues la verdad es que sí. Estoy tan acostumbrada a estar con él que es raro no estarlo. Claro que decido guardarme esa honestidad para mí.

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AAMMOOOOOOOOOOOOOOOR!  The Honey System - Página 3 1440745896


—Oye, no te me tires encima —bromea.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA KAAATTEEEEEEEE!
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Me encantan The Honey System - Página 3 4098373783, ya quiero que se besen(?)  The Honey System - Página 3 837735280, además, su forma tan tonta de discutir, al menos a mí me pareció una discusión The Honey System - Página 3 3232760151, se nota que ambos se tienen cariño The Honey System - Página 3 4098373783, y la forma en que Jonathan se pone tímido ante ciertos comentarios de Lua...  The Honey System - Página 3 2018004571
¡Kate, que ya se besen!  The Honey System - Página 3 1440745896


—No puedo decirles que esto me parece una tontería porque es posible que no cumpla los diecinueve.

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Okay, no quiero pensar en eso The Honey System - Página 3 481143288, me irrita y hace sentir mal por él al mismo tiempo. Pero me muero con los pensamientos de Lua, ella admite que él no le da igual  The Honey System - Página 3 961472736, y en serio quiero que se den unos besitos pero ya  The Honey System - Página 3 4162775227


—Entonces, ¿me has echado de menos?

Siento una leve opresión en el pecho...  

—Un poco.  

—Lo sabía.

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¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!! No jodas, Kate  The Honey System - Página 3 3275125450  The Honey System - Página 3 3275125450  The Honey System - Página 3 3275125450, ya, weeeee
Que se beseeeeeeen chingadamadre   The Honey System - Página 3 3258640905, es que... con Jude y Mei siento toda la tensión sexual del planeta, pero con Jonathan y Lua  The Honey System - Página 3 4242539333, es como la unión de almas gemelas(?). Ya estoy fangirleando demasiado The Honey System - Página 3 3232760151


—Recuerda lo que te dije cuando nos conocimos, mi joven padawan.

Frunzo el ceño.

—Me gusta tu culo.

—Lo otro.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA No inventes The Honey System - Página 3 1313521601, creo que estás dos mujeres juntas me harán reír demasiado  The Honey System - Página 3 2551348540


Eli era la antigua honey de Jonathan y su novia.

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REPETICIÓN DE PATRONES... (?), al igual que Lua, me intriga saber qué sucedió entre Jonathan y la ex The Honey System - Página 3 481143288, lo siento, soy chusma, además lo dejas todo en el aire y mi mente empieza a divagar  :posnoveo:
Luego cuando narra el momento en que conoció a la mamá de Jonathan...  The Honey System - Página 3 2360623917, seguro fue jodidamente estresante jaja, pero después de todo, tenía que hacerlo en un momento u otro, me encantó cuando mandó a su hijo por un refresco para Lua  The Honey System - Página 3 91771400


Apoyó la mano en mi antebrazo a modo de agradecimiento. En ese gesto yo sentí que me traspasaba el peso de una responsabilidad inmensa. Pero, cómo negarme. Aquella mujer estaba desesperada.

—Gracias.

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¿Por qué tiene todo que ser tan triste? Siento la necesidad de proteger a Jonathan, y al mismo tiempo se me ocurren apodos y bromas de Sakura hacia él  The Honey System - Página 3 3449931570
¿Sabes? Lua piensa demasiado en Jonathan... en realidad, quizás sólo sea que estás tratando de explicar las circunstancias que lo llevaron a ese punto, pero quiero pensar que él esta siempre presente en ella(?)  The Honey System - Página 3 3800005825


Y esto es lo que eran mis abuelos cuando llegué a su casa con una mochila enorme a la espalda. Historias sobre masacres, superación y rechazo a una religión que les cambió irremediablemente la vida.

Jake  Jake  Jake

Su historia es trágicamente hermosa, desde ya, estoy flechada por sus abuelos  The Honey System - Página 3 4171550386, son tan lindos, espero puedas mencionarlos mucho más en adelante The Honey System - Página 3 1857533193


Es tan guapa… Con su rostro redondo lleno de arrugas, de ojos amorosos y boca en forma de corazón. Los rulos en el pelo canoso y su bata de algodón color púrpura.

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Ya proyecté a mi abue en ella(?) The Honey System - Página 3 481143288, lo siento, pero me es imposible el no proyectar a mis conocidos con todo lo que leo acá  The Honey System - Página 3 3800005825
Igual en la forma de pensar jajaja, qué cosas  The Honey System - Página 3 178903236, aunque es algo fastidioso, creo que tiene su lado bueno. Más porque la abuela de Lua nació en tiempos demasiado... cómo podría decirlo para que suene adecuado The Honey System - Página 3 3232760151, en tiempos muy pinches(?), pero a pesar de que éstos cambian, no entiendo porque la señora no ha cambiado absolutamente nada (aunque todos los viejitos y viejitas son así), de igual manera me encanta


—William es homosexual.

—Hoy en día los hombres se depilan, gracias al cielo.

Irrumpo en carcajadas.

—No, abuela —corrijo—. Es homosexual, no metrosexual.  Eso quiere decir que le gustan los chicos.

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¡Tan cute!

The Honey System - Página 3 837735280


sí que prefiero aplazar el asunto de los chicos hasta la universidad. Una regla fácil de cumplir, pues no he conocido a uno solo que
la haga tambalear.

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¡Ci, klaro! The Honey System - Página 3 4222964207
No nos engañas, Lua  The Honey System - Página 3 3305821808
Probablemente ahora siga teniendo control en ella misma, es notable, por supuesto, sin embargo, creo que mientras avance aún más su relación, será más obvio el asunto, y yo estaré ahí para decir "Te lo dije, Lua"  The Honey System - Página 3 1426497009
Luego cuando llega el abuelo...  The Honey System - Página 3 4242539333  The Honey System - Página 3 4242539333  The Honey System - Página 3 4242539333, me hacen enternecer por completo, son demasiado lindos  The Honey System - Página 3 1608199403


—Llego tarde a la reunión.

Salgo corriendo escaleras arriba.

«Empieza el espectáculo».

JAJAJAJAJAJAJA Vaya que Lua es olvidadiza The Honey System - Página 3 1313521601, estaba toda extrañada porque no había nadie más ahí, con excepción de Jonathan  The Honey System - Página 3 3613945505, aunque, no me has emocionado con otro besito entre ellos... me emocioné demasiado con el beso en la mejilla, obviamente prefiero que se besen los labios(?), pero por el momento me conformo con cosas pequeñas  The Honey System - Página 3 1903305068


—Debes poner empeño en que Jonathan atienda sus responsabilidades. Ayudarlo, no hacer las cosas por él—. Me río, decirlo es de lo más sencillo. Que lo haga es lo complicado—. Porque si él no da lo mejor de sí, tú no podrás dar lo mejor de ti. Tienes una beca asegurada, pero aún tienen que aceptarte en Princeton.

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We... o sea, ¿si capta que son casi como esclavos? The Honey System - Página 3 3417461789
Porque tal parece que no le pasaron el memorándum. Aparte de que los masters son odiosos, O - D - I - O - S - O - S. Tal vez ella no ha lidiado en lo absoluto con ellos, por eso anda ahí pavoneándose diciéndoles que mejoren y la mierda  The Honey System - Página 3 1903305068


La realidad es la que es, cómo interpretarla y qué hacer con ella depende enteramente de nosotros.


Estoy completamente de acuerdo  The Honey System - Página 3 2754838029, justo tengo planeado mencionar algo relacionado a eso cuando me toque subir a mí The Honey System - Página 3 1857533193


—Echa de menos a su novio —miento medio en broma. No me apetece tratar el asunto.

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JAJAJAJAJAJAJAJA Si de verdad tuviera un novio, no creo que Lua lo dijese con tanta tranquilidad  The Honey System - Página 3 2529252940


En otra vida, estoy segura de que hubiera perdido la cabeza por Jonathan. Siempre me ha parecido guapísimo. Con ese punto carismático y misterioso, la sonrisa conspirativa y el mechón de pelo encantador que le baila en la frente.

En esta, sin embargo, hace que pierda las cabezas de otras formas.

Eso crees tú, mi querida Lua. Sospecho que en un no muy lejano tiempo, te darás cuenta que "En otra vida" más bien es en esta vida(?), suena como un trabalenguas, pero así será The Honey System - Página 3 1857533193, y yo estaré como mensa fangirleándolos y sufriendo si le haces algo a Jonathan y su enfermedad  The Honey System - Página 3 2787663562


—Qué cosas más bonitas me dices.  

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Sin vergüenza hijo de perra  The Honey System - Página 3 2787663562, por un momento estaba empezando a sentirme mal por él, incluso antes de que Lua decidiera seguirlo e irse con Jonathan yo ya estaba como "Vete con él, weona. No lo dejes solo, el chico se siente mal". Luego viene con esto  The Honey System - Página 3 2787663562, pinche Jonathan, le voy a partir su madre(?)


Acto seguido, me saca la lengua con burla infantil. Señal de que estamos bien otra vez.

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¡¡¡¡¡YA BÉSENSEEEEEEEEEEEEE!!!!


En serio, Kate... ¡YA!  The Honey System - Página 3 1421880775, es demasiada larga la espera, incluso Mei le mordió el labio a Jude en el primer capítulo de la Cande, we  Jake
Pero esperaré  The Honey System - Página 3 3800005825, seguro la espera valdrá la pena The Honey System - Página 3 4098373783
Luego, ella preocupándose por el hecho de que se termine la relación Máster/Honey... ¡¡¡ES PORQUE AHÍ HAY AMOR!!!  The Honey System - Página 3 1431322064


Está decorando unas galletas en forma de libro en la isleta. Huele a mantequilla, chocolate y hace un calor un poco agobiante por los hornos.

Soy de las personas que no es fan de lo dulce, pero se me acaba de hacer agua la boca(?). Me acordé de unas galletas que mi hermana compró para que yo probase ( The Honey System - Página 3 1233900128 ), sabían a mantequilla/almendra (la amo) y tenían un poco de jalea de fresa con nueces The Honey System - Página 3 3232760151, creo que en realidad fue por las nueces; me gustan demasiado. Sigo amando a la abue de Lua.


El año pasado se cayó de las escaleras mientras ordenaba unos libros y se hizo una fisura muy fea en la espalda. Esa es la razón por la que al final decidí convertirme en honey. El seguro médico no cubría la operación y no iba a permitir que usaran sus ahorros para el viaje a Australia que tienen planeado para el año que viene. Es su sueño de toda la vida. Y yo tenía la oportunidad de que no se hiciera añicos. Así que no me lo pensé dos veces.

Me encanta cómo es que todos los Honey(?), bueno, al menos Mei, Lua y Zack, tienen excusas lo bastante buenas para haberse convertido en esclavos(?). Todas tienen qué ver con aquellas personas que aman y no exactamente por sí mismos y lo que garantiza en convertirse en Honey  The Honey System - Página 3 3514117543, me encantan The Honey System - Página 3 4098373783
Creo que su abuelo quiere hacer las cosas por sí mismo porque de esta manera va a sentir que aporta algo y no ser una "carga", es lo que suelen decir, me da mucha penita por eso  The Honey System - Página 3 1407456114


Jonathan tensa la mandíbula. Está muy acostumbrado a salirse con la suya. Pero a mi abuela no se atrevería a contradecirla ni el diablo.

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Kate! Me estás dando demasiadas ideas de interacción entre Sakura y Elena  The Honey System - Página 3 2027361961, espero me dejas usarla en mi cap  The Honey System - Página 3 300321724


Es entonces cuando veo las diez llamadas perdidas de la madre de Jonathan y el mensaje que reza: «No puedo localizarte. Han ingresado a Jack. Pensé que deberías saberlo».

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¡¿QUÉ MIERDAAAAA?! Todo estaba yendo tan bien, justo estaba riendo por la wea con Evian siendo niñero de un par de borrachas, pero ahora, creo que a Lua se le ha bajado por completo la borrachera  The Honey System - Página 3 3797107778


El caso es que siempre hay algo dispuesto a amenazar su salud.

We, le das uno de los que tienen pronósticos más mierda. ¡¿Qué pasa contigo, Kate?!  The Honey System - Página 3 2256176263  The Honey System - Página 3 2256176263  The Honey System - Página 3 2256176263, aunque puede que le hayas dado un subtipo que sea más tratable(?) The Honey System - Página 3 3232760151
Ahora me da más pena mi Jonathancito(?), weona, acá la remisión dura 5 años. La verdad sigo sin entender cómo funciona el sistema médico en los distintos países. Por cierto, esto no tiene nada qué ver pero mientras estaba en la maestría, aprendí que España es de los países que más trasplantes de persona cadavérica hace... eso es más que genial  The Honey System - Página 3 3590139688
Pero volviendo a la enecé.... Pinche Kate (?)  The Honey System - Página 3 1129725545  The Honey System - Página 3 1129725545  The Honey System - Página 3 1129725545
Perdón, siempre termino insultando a las escritoras jsshadjkashksjhkds, pero es con amor  The Honey System - Página 3 1922094727  The Honey System - Página 3 1477071114  The Honey System - Página 3 1327349762


Porque ahí fue que me di cuenta cuánto me importaba ese niño rico que me hacía compañía en los recreos.

¡¡¡ES PORQUE LO AMAAAAAAAS!!!  The Honey System - Página 3 3275125450  The Honey System - Página 3 3275125450  The Honey System - Página 3 3275125450  The Honey System - Página 3 1244184562  The Honey System - Página 3 1244184562  The Honey System - Página 3 1244184562


—Shhhhh. —Le digo al objeto con un dedo en los labios.

JAJAJAJAJAJAJA ¡No jodas! Me identifiqué a horrores, también hago eso. Como si la puerta tuviese control sobre sí misma sólo porque la mando callar The Honey System - Página 3 1313521601, Lua cada vez me encanta más  The Honey System - Página 3 77880782


—Te has equivocado de cama. —Escucho la voz de Jonathan entre el mareo.

—¿En serio? ¿No duerme aquí el tío más desagradecido del planeta?

Abro los ojos a tiempo de ver cómo se revuelve en la camilla para quedar de cara a mí. El espacio es tan reducido que noto el calor de su piel invadiendo la mía. Nuestras miradas se cruzan en la oscuridad, tan cerca que veo me veo reflejada en sus ojos.

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¡DAMN, DANIEL!   The Honey System - Página 3 1455854798  The Honey System - Página 3 1455854798  The Honey System - Página 3 1455854798  
Ahora sí... ¡Beso! ¡Ay, noooo!  The Honey System - Página 3 1440745896  The Honey System - Página 3 1440745896  The Honey System - Página 3 1440745896
¡Qué lindo! Fue tan lindo, Kaaaaaaaaateeeeee  The Honey System - Página 3 2018004571  The Honey System - Página 3 2018004571, faltó el besito, por supuesto, pero aún así, la cosa se está poniento buena  The Honey System - Página 3 1426497009  The Honey System - Página 3 1426497009


—¡No he sido yo!

El subconsciente tira de mi cuerpo hacia delante. Y la resaca me saluda con un pinchazo sórdido en el cráneo.

—Joder —lloriqueo colocando las manos a ambos lados de la cabeza para que mi cerebro deje de bailar.

—Señorita, está incumpliendo la política del hospital.

Consigo abrir un ojo. Una mujer de media edad, de pelo ensortijado y malas pulgas me taladra con la mirada.

—¿Qué política? ¿Quién es usted? ¿Por qué está en mi casa?

—Esto es un hospital, no su casa.

Lo siento, tuve que citarlo todo The Honey System - Página 3 1313521601 The Honey System - Página 3 1313521601 The Honey System - Página 3 1313521601
Estaba toda fangirleadora y shippeadora y sigue eso The Honey System - Página 3 1313521601 The Honey System - Página 3 1313521601 JAJAJAJAJAJAJA
Qué risa, pobre de Lua con resaca, ah pero seguro durmió súper a gusto  The Honey System - Página 3 2917199994  The Honey System - Página 3 77880782, en los brazos de su amadísimo  The Honey System - Página 3 285151902  The Honey System - Página 3 285151902  The Honey System - Página 3 285151902


—Tu Julieta está bien. —Le pasa la información. Silencio—. Pues bien significa bien, te hago un esquema si quieres.

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Esta mujer es todo un caso The Honey System - Página 3 4222964207, sigo amando la relación que llevan Daia y Lua The Honey System - Página 3 4098373783, y el hecho de que Evian se preocupe tanto por Jonathan, me hace shippearlos  The Honey System - Página 3 285151902


Jonathan empieza a andar conmigo a la espalda. Y por unos segundos, experimento una sensación de calma y Déjá vu que no sé muy bien a qué viene.

Literalmente, yo leyendo toda esa parte:

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Conducida por la emoción, me pongo de puntillas y le doy un beso torpe en la mejilla. Como vamos andando, termino dándoselo más cerca de la barbilla que de esta.

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¡Parecen novios! No puedo  The Honey System - Página 3 4242539333, deja de jugar con mis sentimientos, Kate  The Honey System - Página 3 1129725545  The Honey System - Página 3 1129725545
Creo que los soñaré a ambos después de tantas emociones The Honey System - Página 3 2787663562


—Cuanto tocamiento veo aquí.

Ante el comentario de Evian, Jonathan me suelta como si me hubiera dado calambre y fulmina a su amigo con la mandíbula apretada.

—No te pongas celoso que ya te devuelvo a tu novio.

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Romeo reclamando a su Julieta jajajaja
Estas escenas(?) son las que más me gustan, cuando pueden estar perdiendo el tiempo conviviendo entre sí, haciendo un montón de pendejadas  The Honey System - Página 3 2529252940


Es entonces cuando veo a un chico de rasgos asiáticos sentado en uno de los pupitres del fondo. El pelo negro le cae sobre la frente, de ojos redondos y curiosos.

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Diría mi abue: "Lo curioso es pariente de lo feo" The Honey System - Página 3 481143288
Me emociono cuando mis personajes hacen una aparición en los capítulos de las demás The Honey System - Página 3 4098373783

—Por eso sigues en el mundo, Belceboob. —Le dedica una sonrisa ladina.

¡¡¡LO AGREGASTE!!!

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Además, la forma en que la describiste fue más que perfecta, así que gracias  The Honey System - Página 3 2027361961  The Honey System - Página 3 2027361961
Y siguiendo con tu hermosísimo cap...


—Has dormido con Jonathan.

Suelta de súbito, tras hacerse con la victoria de la tercera partida. Empieza a dibujar la siguiente tabla escrutándome de reojo. Me agacho en el pupitre para salir del radio de la profesora.

—Menudo don para darle una connotación sexual a todo.

Wna, en serio Lua debe empezar a aplicarse, de otro modo, se quedará tres años sin estudiar The Honey System - Página 3 4222964207
Y Daia, bueno, la verdad no entiendo cómo puede ser Honey. Supongo que se complementa tan bien con Evian que ella y nadie más es la elegida The Honey System - Página 3 3232760151


Sin embargo, no puedo evitar preguntarme qué ha visto Daia para pensar que podría transformarse en otra cosa.

Seguro ha visto TOOOOOOOOOOOODO lo que los demás hemos visto  The Honey System - Página 3 82537658  The Honey System - Página 3 82537658
Es tan evidente, mi querida Lua, que incluso tú lo vieses si no fueras la enamorada  The Honey System - Página 3 2027361961

Kate, ya lo he dicho como mil veces mientras he estado comentando, simplemente me fascina The Honey System - Página 3 2027361961, de verdad no puedo esperar para que se besen de una vez por todas  The Honey System - Página 3 481143288, es que, es tan evidente, y luego le da vueltas al asunto haciéndose la loca y me desespera  The Honey System - Página 3 3912905262
Necesito que se demuestren su amor mutuo The Honey System - Página 3 481143288, o explotaré(?)
Espero se pasen rápido los turnos para leer más de ellos The Honey System - Página 3 4098373783
Ciao  

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Mensaje por Kida el Sáb 05 Oct 2019, 6:15 pm

OMAIGA tengo demasiado que leer The Honey System - Página 3 961472736

Voy leyendo y haciendo comentarios a ver si en algún momento los termino The Honey System - Página 3 3136398239

(Las amo)

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I'm just not sure whether my heart is working. And yours is beating double time. Cole & Ro. New Rules
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Mensaje por Bart Simpson el Jue 07 Nov 2019, 1:33 am


Capitulo 03
Master is Sakura || Honey is Zack || Bart Simpson.




- No creo que esto sea correcto.
- ¿Quieres relajarte, abuela?

Revoleo los ojos ante sus persistentes ojos pardos llenos de sentimientos de culpa. Ignoro el ligero puchero en su rostro y me concentro en colocar de manera correcta la hierba en la pipa que Alex, la honey pasada, “olvidó”. Claramente, no soy la fumadora experta, y obviamente, la nueva honey tampoco lo es.

- Sakura, ¿qué pasará si tus padres nos descubren?
- No pasará nada, no te preocupes, los patrones seguro se encuentran en Japón ahora mismo. Ahora fuma – acerco la boquilla de la pipa a sus labios y ella me observa espantada – Anda – su entrecejo fruncido y el ligero sudor que empieza a aparecer en su frente me hacen soltar una risa. La chica da una calada larga – Pusiste el seguro a la puerta de cualquier modo, ¿verdad?

De inmediato se atraganta con el humo y comienza a toser como loca, se levanta enseguida tomándose la garganta y corriendo en dirección de la ventana en busca de oxígeno, me quedo sentada en mi lugar conteniendo las risas hasta el momento en que la puerta se abre de golpe dejándome ver a una rubia con expresión de verdugo, me limito a deshacer la sonrisa en mis labios y observarla. La mujer apuñala con la mirada a la morena que se asoma casi por completo en la ventana, ella ni siquiera se ha percatado de la presencia de mi madre.

- Buenas tardes, señoritas – su voz suena profunda y grave. La chica se gira de inmediato con expresión aterrada – ¿Puedo saber qué estaban haciendo?
- Yo… yo – las palabras se tropiezan en su boca sin oportunidad de salir por completo, la chica lucha contra sí misma en busca de un frase coherente para decir, mi madre exasperada voltea a verme a mí.
- Fumando – levanto ambos hombros con desdén.

Regreso la vista hacia Marie quien continúa la batalla contra sí misma, luego observo a Serena, sus ojos verdes se han tornado azules, casi como si fuese una bruja conjugando alguna clase de hechizo poderoso contra mí. Señalo a la morena culpabilizándola del todo y luego recargo la mandíbula sobre mis manos, segura de que la poca diversión que comenzaba a tener se ha esfumado por completo.

- ¡Estás despedida! – la observo al instante, jamás le había levantado la voz a ninguna de mis honeys, me observa apretando la mandíbula, seguro conteniéndose a sí misma de hablar.

Revoleo los ojos antes de observar a Marie, de alguna manera ella sigue esforzándose por formar al menos una oración que suene coherente.

- Estás despedida, Marie.

Me levanto de ahí y me encamino hacia la salida del cuarto de baño siendo detenida por mi madre.

- Dame eso. Y ve a la sala de juntas de tu padre.

Me arrebata con bastante fuerza, debo agregar, la pequeña pipa entre mis manos. Continúo mi camino por mi habitación alcanzando a escuchar la voz de mi madre dando un sermón a Marie sobre las obligaciones de un honey.
De cualquier modo Marie no me agradaba, parecía como si estuviese preparándose para ser regañada casi cada minuto de las últimas veinticuatro horas que compartimos.

Camino a través del pasillo esperando llegar a la sala de juntas de mi padre, fuera de la enorme puerta de sequoia, yacen de pie ambas rubias, honeys de mis hermanos. Las observo extrañada, cuando se percatan de mi presencia ambas sincronizan un respingo, se observan un instante y después me dirigen una sonrisa bastante forzada. Sonrío de oreja a oreja, es divertido cuando ambas están cerca.

- ¿Qué suceso histórico ha ocurrido para que se hagan presentes en esta casa?

Digo mientras llego hacia ellas y las observo hacia abajo, ambas son como dos pequeños  duendes. Jennie da un pequeño codazo a su gemela quien al instante carraspea.

- Tu madre nos llamó para ajustar el papeleo correspondiente para ti y tu honey, y no esperar a que transcurran todas las vacaciones.

Me recargo sobre la puerta con los brazos cruzados, a continuación levanto una ceja y chasqueo la lengua negando despacio.

- No creo que eso sea posible en este momento.
- ¿Por qué no? – pregunta Jennie con intriga genuina.

Es fácil distinguir quién es quién, Jennie usa lentes y su vestimenta es más cómoda, además que su cabello es notablemente más lacio, en cambio, Maxie tiene cabello como un  estropajo con treinta años de uso, e intenta disimular su estatura de enano con zapatos de tacón. Me toco la garganta y carraspeo antes de hablar.

- Antes necesito un poco de agua, mi garganta está seca.

Las observo a ambas apostando contra mí misma cuál de las dos reaccionará primero.

- Iré por un vaso con agua – la ganadora es Maxie.
- Gracias, Jennie.

Sonrío sin mostrar los dientes  y la sigo con la mirada hasta perderse por el pasillo.

- Mamá no tardará, ella les va a explicar.
- ¿Sucedió algo?

Observo mis uñas tomándome todo el tiempo del mundo antes de responder la pregunta de la rubia.

- Algo terrible – aprieto la mandíbula. Jennie abre los ojos como dos enormes platos.
- ¿Qué? – puedo percibir el tono de preocupación en su voz.
- Necesito un manicure inmediatamente.

Giro las manos frente a su rostro, de tal manera que pueda apreciar mis uñas. Las observa con la boca entre abierta y luego se obliga a bajar la mirada para guardarse sus palabras. Suelto una carcajada ante su reacción, seguro me maldice en sus adentros. Mi vista viaja hacia los pendientes en sus orejas y mi estómago se revuelve, me disgusta que lleve la flor que distingue a mi familia porque simplemente no termina de agradarme por completo. Bajo la mirada hacia sus manos, entre ellas sostiene un folder color amarillo, reparo en el anillo adornado con un pequeño globo en su dedo anular de la mano derecha; es color dorado y una gema rosa le da el relleno al globo. Tomo su mano, ella ni siquiera se esfuerza por apartarla, a continuación, deslizo el anillo sin dejar de observarla, su expresión es tal cual estuviese extrayendo su propia alma.

- Me quedaré con esto, es lindo… – anuncio mientras coloco el anillo en mis dedos – Tus dedos son bastante gordos, Maxie.

Le echo una mirada burlona, finalmente el anillo queda bien en el dedo índice de mi mano derecha.

- Tu vaso con agua – Maxie, quien se había ido hacia la cocina minutos atrás, estira el vaso con agua hacia mí.

Observo en su dedo anular derecho el mismo anillo que acabo de quitarle a su hermana, sin embargo, la gema de éste es color azul. Detrás de ella distingo a Serena acercarse.

- Gracias, enana.

Tomo el vaso y camino hacia el lado contrario.

- ¿A dónde crees que vas? – se interpone en mi camino bloqueándome el paso.
- Por ahí – la observo directamente a los ojos.
- Más te vale estar presente para la cena, señorita.

Dice con voz autoritaria una vez que me abro camino y paso a su lado, como si de antemano supiese cuál será mi próximo movimiento. Lo que no sabe, es que estoy ansiosa por saber cuál será el tema de conversación en la cena el cual, puedo adivinar, será por mí y mi honey quien no duró más de un día a cargo de mí a pesar de que hoy fue nuestro último día de clases antes de vacaciones de verano.



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Presiono los botones del control con extrema rapidez, Lyel frunce el entrecejo y la lengua de Elliot se asoma entre sus labios.

- ¡Sí!

Me pongo de pie y levanto ambas manos en el aire, no sólo he vencido a ambos tontos, también he logrado un nuevo récord en uno de los mini juegos. Estamos jugando Mario party en el nintendo switch de mis hermanos.

- Espero que el rápido movimiento de tu mano no sea por practicar con chicos.

Lyel me observa con expresión seria refiriéndose a que esa habilidad pudiese obtenerse después de masturbar  una cantidad considerable de chicos.

- Qué idiota.

Lo empujo y regreso la mirada al televisor esperando la ceremonia de premiación para poder ir a cenar.

- Ya quítalo, es obvio que ganó Sakura – Elliot lanza el control sobre la cama de Lyel y a continuación se levanta de la misma con la finalidad de salir de la habitación de nuestro hermano.
- No, no, no – jalo su playera para que no se vaya – Vamos a quedarnos hasta el final.
- Bien – revolea los ojos y toma asiento.
- Creí que estarían aquí para recibir a duende uno y duende dos – anuncio sin dejar de observar el televisor, por el rabillo del ojo distingo que ambos castaños se echan un vistazo entre sí.
- ¿Jennie y Maxie estuvieron aquí? – pregunta con bastante interés Lyel.
- ¿No lo sabían?
- No – responde Elliot con amargura.
- Parecen interesados en ambas enanas – los miro de mala gana.

Es bastante evidente que ambos se hacen los locos, y es ahora que yo me pregunto si la idiotez viene de familia y debería preocuparme por mí, vaya que interesarse en tremendo par de hobbits es algo de otro planeta. Meses atrás, ambas tipas estarían rondando la casa tanto que pareciera que son parte de esta familia, a veces me pregunto si hice bien en provocar que sus visitas sean cada vez más distanciadas, después de todo era gracioso joderlas con cualquier tontería mientras estaban por aquí.

- ¿Viste a papá? – pregunta Lyel cambiando repentinamente el tema.
- ¿Crees que podría verlo si me la pasé en casa con la nueva honey?
- ¿Dónde está ella, por cierto? – interviene Elliot.

Sonrío de lado y el chico comprende del todo.

- ¡Hora de cenar! – anuncian mientras golpetean la puerta.

Me levanto de ahí y me encamino hacia el comedor, detrás de mí viene Elliot y mucho más atrás viene Lyel quien se encargó de apagar la consola y la televisión.
Cuando abro la puerta distingo a papá hablando con Marjorie, la jefa del equipo de limpieza y cocina, ellas ayudan a mi madre a mantener el orden en casa mientras ella y papá están fuera.

- ¡Papi!

Corro hacia el hombre, éste me atrapa en el aire y da unas tres vueltas sosteniéndome entre sus brazos.

- ¡Princesa! Te extrañé – me paro de puntitas para poder abrazarlo, mi padre es un hombre muy alto – Hola, otros hijos.
- ¡Oye! – se quejan al unísono.
- ¡Hey! Vengan para acá – sin dejar de abrazarme los saluda chocando los cinco y con un pequeño abrazo.
- ¿Cómo van los negocios? – pregunta Elliot tomando asiento.
- Acabamos de expandirnos a las farmacéuticas – papá toma asiento a mi lado – ¿Dónde está Serena?

Levanto ambos hombros sin saber la respuesta, y justo como invocada, la rubia aparece en el comedor con el teléfono celular pegado a su oído derecho.

- Está bien, lo pensaremos – me echa un vistazo, el cual respondo formando un corazón con mis manos – Sí, claro. Mañana lo llamaré, hasta luego.

Se lleva las manos a las caderas y respira de manera controlada durante unos segundos, antes de volver a caminar, me observa un instante con bastante frustración, y respira profundamente. Primero abraza a Lyel con fuerza, Elliot y yo nos echamos una mirada burlona ya que nuestro hermano ha sido de alguna manera su consentido desde que tengo memoria. A continuación, abraza a Elliot y besa su mejilla, éste la levanta entre sus brazos emocionado de verla, luego, camina hacia papá, besa la comisura de sus labios, después de todo viajaron juntos, no creo que lo extrañe demasiado. A continuación besa mi frente, despeina mi cabello intentando ser maternal, no lo logra obviamente, y luego toma lugar en la mesa.

- Elliot me envió un larguísimo vídeo de tu presentación – irgo la espalda instantáneamente – Lo hiciste excelente.
- Lo sé, ensayé demasiado – sonrío sin mostrar los dientes.
- Hay algo que quiero preguntarte, Sakura – el tono tranquilo y lento de mi madre hace que todos volteemos a verla.  Sus manos tomadas entre sí ocultan su barbilla, y sus ojos están perdidos en algún punto de la mesa.

Observo a Lyel y Elliot, ambos me miran fijamente con el ceño fruncido, como si rebuscasen en sus más escondidos recuerdos alguna travesura que haya realizado para ponerla tan seria.

- Sólo pregunta – la animo a hablar, ella desvía la vista hacia mí.
- ¿Por qué específicamente despediste Mónica?
- ¿De qué Mónica hablas?

Levanto una ceja completamente extrañada.

- Cariño, Mónica es la anterior honey a Alex – explica papá, acto seguido bebe de su copa.

Ahora recuerdo a Mónica, una chica tan pálida que parecía fantasma, y tan flacucha que creí que en cualquier momento se rompería las piernas.

- ¿Qué sucede con ella? – empiezo a devorar la cena que acaba de ser servida.
- Stacey de control escolar me llamó – hace una pausa, como si quisiera agregarle drama al asunto.
- ¿Y?
- Preguntó si ya había una respuesta – hace una pausa nuevamente, revoleo los ojos ante tanto misterio.
- ¿Respuesta de qué? – interviene Lyel. La rubia ni siquiera se inmuta, continua con la vista fija en mí.
- ¿En qué momento ibas a contarnos que vas a saltarte un año?
- ¡¿Qué?! – los gemelos se sobresaltan.
- Ah, eso – doy un bocado y me tomo mi tiempo para masticarlo – Pues… justo ahora. Se supone que sería una sorpresa, pero acabas de arruinarla.
- ¿Vas a estar en nuestro curso? – pregunta Elliot dejando de comer. Levanto los hombros una y otra vez, porque simplemente aún no lo sé, y me da pereza dar explicaciones de cualquier cosa.
- ¿Hiciste que Mónica trabajase duro y luego la despediste? – regresa al tema de la chica fastidiándome por completo – Amor, ellos también tienen tareas. Es duro cumplir con sus deberes y aparte hacer los tuyos.
- Okey – coloco los cubiertos a los lados del plato – Me has fastidiado la cena por completo. En primer lugar, Mónica era una inútil, sus trabajos al igual que su ortografía eran una mierda – enfatizo la “r”.
- Sin palabrotas – pide Darien sin dejar de prestarme atención, blanqueo los ojos y prosigo.
- En segundo lugar, no entregué ninguno de los trabajos de la tal “Mónica” – hago comillas en el aire – Porque, como ya mencioné, eran una mierda. Tercero, adelantaré año porque me lo gané no porque haya explotado a nuestra querida “Mónica”, ahora, ¿quieres dejar de joderme, por favor?
- Sakura…
- ¡Está bien! – alzo ambas manos en son de paz – Sin palabrotas, madre.
- ¿Tienes alguna explicación para lo sucedido el día de hoy? – se lleva la copa con vino tinto a los labios, creí que nunca lo preguntaría.
- Nada en especial, puedes sacar tus propias conclusiones – sonrío de lado y a continuación doy un sorbo a mi copa con agua natural.
- No deberías responder así – interviene Lyel.
- Lyel – advierte Elliot, anunciándole que no debería meterse.
- Encontré a tu hija fumando marihuana en el baño de su habitación en compañía de su honey – explica a mi padre, éste abre los ojos pareciendo un dibujo de anime.
- Dijimos que nada de sustancias ilegales – sus regaños son graciosos y no suelen ser tan restrictivos como los de mi madre.
- Bien, lo siento – revoleo los ojos y levanto nuevamente las manos en señal de paz.
- No vas a adelantar curso, por cierto – introduce un trozo de filete a su boca, lo mastica y prosigue una vez que lo traga – A menos que presentes los exámenes.
- ¡Estás tergiversando todo! Ya te dije que no robe sus ideas, menos sus tareas – endurezco la mirada – ¿Crees que entregaría un proyecto final en el cual mi nombre está mal escrito?
- Si quieres adelantar curso, vas a presentar los exámenes correspondientes, fin de la discusión.
- ¡Mierda! – tomo el único cambio que tengo en mi bolso delantero del pantalón y lo coloco con fuerza sobre la mesa.

Está prohibido decir palabrotas en presencia de mis padres, a la tercera amonestación debemos contribuir con dinero que va directamente al jarrón de gastos de viaje, aunque, en realidad no entiendo el por qué, después de todo no es como si necesitasen de éste para costear los viajes familiares.

- Basta de maldecir en la mesa – pide mi padre tratando de ser mediador entre Serena y yo.
- Tomaré los putos exámenes y cuando los apruebe los restregaré en tu cara, de ese modo no pensarás que me ando robando las tareas de los demás – empujo el plato hacia adelante y me levanto de la silla – Anota en mi cuenta lo que debo por las palabrotas… ¡Mierda, mierda, mierda!

Me alejo a grandes zancadas por el extenso comedor.

- ¡No hemos decidido quién será tu próximo honey! – Serena habla alto para que pueda escuchar debido a la distancia entre nosotras. Paro en seco, giro y regreso hacia ellos nuevamente.
- No necesito un jodido honey para las vacaciones – aprieto los puños.
- Es obligatorio una vez que terminen – anuncia Lyel metiéndose nuevamente a la conversación.
- Buscaré a alguien adecuado para ti para la escuela, despreocúpate por ahora – papá se levanta y me toma del hombro.
- Asegúrate que por lo menos tenga el mínimo conocimiento de ortografía.
- Lo haré – acerca su rostro ligeramente al mío – Y no creas que te has escapado del tema pasado.

Me giro sin responder y prosigo mi camino, una de las chicas que lleva entre sus manos una tarta de fresas para el postre se cruza en mi camino, y por el simple gusto de arruinar un poco de la tranquilidad de todos, empujo el recipiente lejos de sus manos. Éste cae al piso ensuciándolo por completo de fresas.

- ¡Oye! Ese era mi postre favorito – la voz de Elliot se hace presente después de un rato de no hablar.
- ¡Díselo a alguien que le importe!

Dicho esto, salgo de ahí en dirección de mi habitación.



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Mis vacaciones perfectas en Grecia, en compañía de mi familia (la mayor parte del tiempo de mis hermanos), se vio frustrada por el castigo a mi patético intento de fumar la hierba de Alex.
Esas tres semanas de descanso en Mykonos y Santorini fueron intercambiadas por trabajo forzado en un pequeño pueblo en Tanzania. ¿Acaso mi madre es pariente de algún dictador loco? Quién sabe, pronto podría comenzar un campo de concentración en el que yo sería, probablemente, su única prisionera.
Aunque no puedo quejarme del todo, jugar con pequeños fue divertido. Probablemente lo único malo del asunto fue la vacuna para prevenir la malaria.

- ¡Ya vámonos! – alejo la vista de mi desayuno para encontrarme con la rubia – ¿No comiste nada? Ya es tarde, Sakura. Llévatelo, te lo comes en el camino.
- No tengo apetito – me levanto del asiento y tomo mi mochila para encaminarme hacia la salida.

La mujer revolea los ojos pero camina detrás de mí, espero a regañadientes a que la limusina color blanca termine de estacionarse para poder subir, una vez que lo hace, me adentro de un salto estilo Capitán América vs las balas de sus enemigos.

- ¡No te avientes así nada más! Buenos días, Jim – escucho sus tacones resonar contra el piso apresurada detrás de mí – No entiendo cómo no te has roto un hueso.

Se asoma con los ojos bien abiertos en mi dirección, sonrío divertida ante su excesiva preocupación. Acto seguido, se adentra  y toma asiento a un lado de la puerta, la cual es cerrada por Jim, el conductor.
Coloca una pierna encima de la otra sin quitarle la vista a su celular.

- ¿Podré encontrarlos en Malta? – pregunto de repente.
- Primero, ¿podrías sentarte bien? Llevas puesta una falda, Sakura – blanqueo los ojos pero obedezco su orden – Y segundo, sí, hablaré con tu director para saber la fecha de los resultados de tus exámenes, y si no hay problema alguno, nos vamos mañana.

Sonrío triunfante, mis vacaciones comenzaron mal pero al menos terminarán bien.

- Gracias, mami.

Exagero mi mirada tierna, ella despega la vista de su teléfono y me observa con la vista entornada, a continuación, extiende la mano, la tomo y Serena me jala para quedar a su lado.

- ¿Estudiaste mucho? – pregunta después de darme un beso en la sien.
- No necesito estudiar, ya te dije que yo misma hice mis trabajos – levanto ambos hombros restándole importancia al asunto.
- Bien – suelta un suspiro y me rodea con su brazo disponible mientras con la mano del otro sostiene el celular y observa algunas gráficas.

Recargo la cabeza en su hombro y me dispongo a observar por la ventana durante el trayecto restante a la academia Hoj. Cuando Jim estaciona el vehículo bajo de éste y me encamino hacia la entrada, el lugar está completamente vacío, tan sólo el director y un profesor, a quien en realidad jamás había visto, se encuentran en los pilares del pasillo que se dirige hacia la sección donde estudian las Flores.

- Buenos días, señorita Tegeirian – saluda cortés y con ese tono elegante que lo caracteriza.
- ¿Qué hay? – digo sin prestarle atención mientras me llevo la mano a la frente para cubrir el sol de mis ojos en lo que llego hasta ellos.
- Sakura… – dice mi madre entre dientes a modo de regaño – Buenos días, director Ronald. Buen día, profesor Carnahan – asiente con la cabeza mientras estrecha las manos de ambos hombres – Lamentamos las molestias.

Su voz se vuelve repentinamente tímida, quizás al ver que somos las únicas personas ahí.

- ¡Para nada! – responde Carnahan con entusiasmo.
- Es un honor que Sakura quiera rectificar su conocimiento y presentar los exámenes para adelantar curso. No hay muchos alumnos que tengan el valor para hacerlo.

Revoleo los ojos, si no paran de hablar terminaré de responder los jodidos exámenes el siguiente milenio.

- Cuando presente los exámenes tendré sesenta años, ¿puedo tomarlos ya? – los observo sin expresión alguna.
- Eh… sí, vamos. Tus pruebas serán en el aula de conferencias.

El director hace una seña para que avancemos, me encamino a zancadas grandes hasta llegar al edificio, me adentro y tomo las escaleras hacia la planta baja, antes de entrar espero a que los viejos lleguen de una vez por todas.

- ¿Tienes todo listo? – pregunta la rubia con interés, yo asiento – Perfecto, en ese caso, estaré aquí cuando termines – se acerca y me abraza.

Después, me adentro al aula y tomo asiento justo en medio de los asientos de la primera fila. Giro el rostro en busca de un alma más aquí, pero soy la única. No es de esperarse, hasta ahora, no conozco a nadie que haya presentado exámenes para adelantar curso, en primer lugar, porque son demasiado difíciles y los herederos de las Flores son justo eso, unas florecillas cobardes. Y en segundo lugar, al parecer todos quieren permanecer en preparatoria para siempre y de este modo no enfrentarse a la realidad de tener grandes responsabilidades. El profesor coloca una pequeña mesa improvisada frente a mí y empieza a parlotear indicaciones para los exámenes.

- ¿Se entendió todo? – la verdad es que ni siquiera le puse un gramo de atención, de cualquier modo, asiento – Éxito entonces.

Coloca frente a mí el primer examen y no tardo más de dos segundos en darle vuelta y comenzar.



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A estas alturas, debo usar mis anteojos porque tengo la vista muy cansada, no estoy segura de cuánto tiempo me ha tomado pero al parecer me falta la mitad.

- Señorita Tegeirian – giro la cabeza ante el llamado del director August Ronald – Es momento de que tome un descanso.
- Prefiero terminarlo – me giro y tomo el siguiente tomo de hojas.
- Son pasadas las dos de la tarde, debe comer algo antes de seguir.

Suspiro con pesadez antes de dejar el lápiz sobre la mesa, asiento para mí misma y me levanto de ahí para salir. Observo a mamá agitar la mano en el segundo piso, entrecierro los ojos tratando de enfocar la vista y me dirijo hacia las escaleras para llegar hasta ella.

- Te traje algo para comer – pasa su brazo por encima de mis hombros y me guía hasta una sala de descanso, quizás de los profesores.
- ¿Carl’s Jr? – la observo extrañada antes de dejarme caer en uno de los sillones.
- ¿No te gusta? La verdad fue lo primero que se me ocurrió, pero puedo pedir comida, ¿qué te apetece? – pregunta con el celular en sus manos, posiblemente lista para buscar números telefónicos de comida gourmet con servicio a domicilio.
- Esto está bien – tomo el vaso con soda y me llevo el popote a la boca, la verdad no me importa demasiado el precio de un platillo mientras sepa bien.
- Come entonces – toma una hamburguesa y quita la envoltura de tal modo que la mitad queda descubierta, me la entrega y a continuación se levanta – Director Ronald y profesor Carnahan, pedí comida para ustedes también.

Escucho en un murmullo un “en un momento vamos” por parte del director antes de que Serena regresase. Toma asiento y después desenvuelve a medias el papel de una hamburguesa y se la lleva a la boca dando una gran mordida. Al instante suelto una risa, ella me observa con intriga y diversión en su mirada, se apresura a masticar y tragar antes de hablar.  

- ¿Qué sucede? – da un sorbo a su bebida.
- Jamás creí verte comer una hamburguesa que no sea de Honky Tonk – frunce el entrecejo.
- Amo cualquier hamburguesa – sorbe del popote nuevamente – Pero las de Honky Tonk son mis favoritas.

Se encoge de hombros y luego continúa comiendo como si nada. La miro divertida, me es difícil aceptar esta faceta de ella cuando se pasa la mayor parte del tiempo regañándome, aunque siempre ha sido una mujer amable y sencilla con tremenda elegancia, que incluso comiendo una hamburguesa, pareciera que se alimenta de un platillo gourmet y estirado.

- Muchas gracias, Serena. No debió molestarse – dice con timidez el profesor Carnahan.
- No es molestia, adelante – se hace hacia un lado para que puedan tomar asiento – Si quieren más podemos pedirlas, o si no les gusta podemos pedir comida de un restaurante.
- Esto está perfecto, gracias.

Me dispongo a comer lo más rápido que puedo para seguir con mi trabajo, pero una vez que termino, lo único que quiero es dormir una buena siesta, ¿les pasa que están tan llenos que sus sentidos se nublan haciéndolos cabecear del sueño?
Pues justo así me encuentro. Sin embargo, me obligo a levantarme de ahí y dirigirme hacia el aula de conferencias nuevamente.



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- ¿Cómo te fue? – pregunta Elliot entrando a la habitación.

No tengo ni media hora de haber llegado a Malta, y cinco minutos de haberme registrado en el hotel junto a Serena. Mi humor es una mierda justo ahora, no he dormido casi nada y no pudimos volar por el mal tiempo durante tres días; eso quiere decir que tengo menos días para disfrutar de las vacaciones.

- Bien – me recuesto sobre la cama y cierro los ojos.
- ¿Sólo bien? – pregunta nuevamente, siento cómo la cama se hunde a mi derecha.
- Elliot, Sakura, el instructor ya está abajo – ahora es la voz de Lyel.
- ¿Instructor de qué? – abro los ojos para encontrarme con ambos, Elliot está sentado sobre la cama y Lyel está a un lado de él de pie con ambas manos en las caderas.
- Snorkel – explica – Creímos que te gustaría.
- No tengo ánimos de hacer nada, estoy cansada – cubro mi rostro con mis brazos.
- ¡Vamos! Las vacaciones van a terminar en un abrir y cerrar de ojos.
- Está bien, Elliot. Trae a mamá para que le busque un traje de baño – lo observo extrañada antes de que se acerque a mí y me tome en sus brazos – Tus vacaciones hasta ahora han sido una mierda, y nosotros – señala a Elliot con la barbilla – Nos encargaremos de que no terminen así.
- Bien.

Lo abrazo por el cuello y dejo que me lleve por todo el hotel hasta la playa, al menos me está ahorrando la molestia de caminar.



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Lyel construye conmigo un enorme castillo de arena encima de Elliot, éste se ha quedado dormido y aprovechamos para enterrarlo y agregarle más peso para que le sea difícil salir de ahí. Coloco una pequeña bandera con el símbolo de la NASA, que Lyel trajo de quién sabe dónde, en una de las torres y después observo a mi hermano echado sobre la arena, el puente de su nariz está tan enrojecido que creo que se le han formado pecas nuevas.
Echo un vistazo a mi otro hermano y ambos reímos en silencio, acto seguido, mis ojos son cubiertos.

- ¿Quién soy? – su voz gruesa está tan guardada en mi memoria que lo reconocería incluso en una multitud hablando en voz alta.
- Santa Claus y el hada de los dientes, todo en uno – suelto una risita antes de que mi padre me abrace, detrás de él camina Serena hasta llegar y abrazar a Lyel, luego le echa una mirada divertida a Elliot.
- Perdón por no haber ido por ustedes al avión, estuve arreglando unos asuntos…
- Está bien, al menos ya estás aquí – respondo su abrazo.
- ¿Vamos a comer? – pregunta Serena – Muero de hambre.
- Vamos.

Empezamos a caminar de vuelta al hotel en busca del vehículo de papá.

- ¡Tu hermano! – avisa la rubia a Lyel provocándonos una carcajada.
- A la una, a las dos… – Lyel empieza a contar para despertar al chico – Y a las tres.
- ¡Elliot! – gritamos todos al unísono, mi hermano abre los ojos de golpe e intenta moverse sin éxito alguno.
- Te esperamos en el hotel – avisa Darien y seguimos nuestro camino.

Elliot tardó aproximadamente veinte minutos en llegar, al inicio estaba serio pero cambio su semblante cuando mamá se sentó entre él y Lyel en la camioneta. Yo voy de copiloto mientras papá maneja hacia algún lugar ya conocido por los viejos. Una vez que bajo, cierro la puerta detrás de mí y me encamino hacia el local sin despegarme del lado de papá, al entrar, lo primero que percibo es el clima, el aire acondicionado contrarresta el calor de unos 38 grados centígrados que hace afuera. Nos dirigimos a la sección privada del restaurante y tomamos asiento en una de las mesas.
Tomo entre mis manos una carta del menú y mi vista viaja de platillo en platillo antes de levantar la mirada y encontrar a ambos viejos acaramelados entre sí, Serena le sonríe a Darien y luego le da un corto beso en los labios.

- Qué asco – me quejo llamando su atención.
- ¿Te da asco esto? – vuelve a besar a la rubia cortamente en los labios.

Revoleo los ojos y devuelvo la mirada al menú.

- ¿Puedo probar un vino? – pregunto sin despegar la vista de la carta.
- No – responde la voz femenina al instante.
- ¡Oh, vamos! Está con nosotros – excusa mi padre.
- Ni loca – niega.
- ¿Y nosotros? – pregunta ahora Elliot.
- Creo que ya sabes la respuesta, amor – asiente con media sonrisa, mi hermano se limita a blanquear los ojos y seguir buscando en la sección de bebidas.
- ¿Qué hay del champagne rosa? – intento nuevamente.
- Sabes la cantidad de alcohol que contiene, ¿no?
- Serena, sólo tomará una copa, deja que lo pruebe – observo a Elliot y Lyel, probablemente ellos también tengan la esperanza de probar algo de alcohol – ¿Está bien, cariño?
- Bueno – suspira con pesadez – Espero que no hagas de tu hija una borracha.
- No será así – me guiña el ojo – Supongo que ustedes también quieren, ¿es así?
- Si tú lo dices – el primero en responder es Elliot.
- Gracias, pá.

Después de ordenar, observo la manera en que Darien se esfuerza por contentar a Serena. No es como si la rubia estuviese molesta, sin embargo, no está del todo de acuerdo. Si tan sólo supiera que soporto más alcohol en mí organismo que ella, y que sus preciados angelitos Lyel y Elliot también.
Su mirada se cruza con la mía y sonríe, yo imito su acción. Creo que es momento de que se relaje, siempre está pensando en el trabajo.

Quizás siga sintiendo la presión de mis abuelos, aunque ellos ni siquiera toman importancia a cosas estresantes, he escuchado a la abuela pedirle que se relaje una más de una vez en un lapso de cinco minutos. Mamá es empresaria, aunque no comenzó así, al principio inició estudiando medicina y terminó por añadir la especialidad de pediatría a su lista de títulos, luego de un corto lapso de tiempo de dedicarse a la medicina pediátrica, decidió que lo suyo era ser madre, aunque, para ser honesta, no estoy del todo segura en qué momento decidió casarse. Pero en fin, una vez que fue madre de dos monstruos, decidió que quería un tercer monstruo en su vida. Al parecer fue difícil porque luego cambió de parecer y decidió que en lugar de tratar con seres humanos, trataría con máquinas, esto la alentó a estudiar una licenciatura en ingeniería biomédica a la vez que obtenía un título como laboratorista. Esta mujer cambia mucho de parecer, pero en lo último dio justo en el clavo.
En cuanto a mi padre, siempre ha sido bueno con la probabilidad, estadística y economía, quizás debería agregar que es buenísimo participando en conversaciones de estirados. Estudió negocios internacionales y economía, probablemente tenga algún otro título, su oficina está tapizada de tantos reconocimientos que me da flojera observarlos todos, en cada uno está su fotografía a blanco y negro, y él vistiendo un traje y corbata.

- Encontré una honey para ti – las palabras de papá interrumpen mi análisis interno provocando que la pasta que estaba llevando a mi boca quede a medio camino. Corto el espagueti de un mordisco y trago lo que tengo en la boca.
- ¿Una? – levanto la ceja.
- Así es – revuelve el vino en su copa y luego le da un sorbo.
- ¿Por qué deben ser sólo mujeres? – dejo los cubiertos sobre la mesa.
- No estaría tranquilo si tu honey fuera un chico – interviene Elliot.
- ¿Por qué no?
- Duh, los chicos son idiotas.
- ¿Eres idiota? – pregunto entrecerrando los ojos.
- Idiota cuenta como palabrota – anuncia Serena.
- Pues anótala en mi cuenta – respondo de mala gana.
- Ya debes aproximadamente un millón de dólares, amor – sonríe de lado con diversión.
- Chicos no – advierte papá con ese tono de sobreprotección que suele tener conmigo.
- Yo estoy incómoda con Duende uno y Duende dos, no me gusta que estén rondando a Elliot y a Lyel todo el tiempo – me excuso involucrando a las enanas.
- Es diferente – niega.
- ¿Por qué?
- Porque tus hermanos son chicos.
- Vaya, papá, eso sonó estúpidamente machista.
- Sakura – advierte la rubia.
- ¿Tienes miedo de que me enamore de él o algo por el estilo?
- ¿Qué? – su ceño se frunce – No…
- ¿De que me lo tire y termine por convertirte en abuelo?
- ¡Basta, Sakura!
- ¿Entonces Elliot y Lyel pueden tirarse a las enanas y está bien?
- ¡Silencio, Beverly Sakura! – la rubia levanta la voz – Deja de lado tus ideas raras, no se selecciona a tu honey por su sexo, sino por sus habilidades.
- Sí claro. Por eso la ortografía de todas ellas han sido una mierda.
- No creo que sea por sus habilidades académicas, hermana. Más bien es por su habilidad para soportarte – tomo un trozo de pan y se lo lanzo a la cara a Lyel.
- ¡Vete al carajo! – levanto mi dedo medio.
- ¿Podríamos comer sin peleas, por favor? – pide con clemencia Elliot, su rostro está rojo debido al sol, probablemente le arde como la mierda.
- ¿No se supone que debería elegirlo yo? – lo ignoro del todo y regreso al tema.
- Tu criterio aún no es el mejor.

Revoleo los ojos.

- Ya basta de considerarme una idiota, ¿quieres? – me cruzo de brazos.
- No creo que seas una idiota – responde la rubia con tranquilidad – Sólo no considero que tengas la madurez suficiente para hacer una elección adecuada. Te aseguro que si requieres un honey masculino, así será.
- Pues ya qué – bebo de golpe el contenido de mi copa y a continuación la lanzo detrás de mí escuchando cómo el cristal se hace pedazos.
- ¡Sakura! – la miro desafiante, ella se limita a apretar los labios para evitar soltar palabrotas. Tomo la botella y la llevo a mis labios dando un trago largo – ¡Mierda, Sakura! Basta de tus rabietas.
- Dijiste una palabrota – la señalo – Papá, asegúrate de que ponga la cantidad correcta de dinero en el jarrón.
- Sí, ya basta, termina de comer – lleva una mano a la espalda de la rubia para evitar que haga un show completo.
- ¿Puedo beber otra copa?
- Creo que ya bebiste la mayor parte del contenido de la botella, cariño – Darien me mira un instante y después regresa la mirada hacia mi madre quien no deja de observarme como si considerase qué fue lo que hizo mal en esta vida, o la pasada, para tener que lidiar con alguien como yo.
- ¿Y eso qué? ¿puedo? – levanta una ceja advirtiendo que deje el asunto pero lo ignoro – ¿Puedo, puedo, puedo, puedo, puedo? – alargo la última “o”.
- Bien – finaliza alzando ligeramente la voz para que deje de joder – Pero ya guarda silencio.

Mi vista triunfante viaja hacia Elliot, éste me observa entre sorprendido y divertido. Quizás piensa que no puedo llegar a ser más insoportable, pero creo que ni yo conozco mis límites.



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Tomo mi toalla deportiva y me limpio las gotas de sudor acumuladas en mi frente, a continuación, levanto mi botella de agua y sorbo de ésta mientras me observo al espejo.

- ¡Sakura! – escucho la voz de Lyel detrás de la puerta de mi estudio de baile, el castaño se asoma y me ofrece una sonrisa – Te busqué por todas partes.
- Me encontraste – le doy la espalda y practico nuevamente mis piruetas.
- ¡Wow! ¿cómo haces eso? – entre mis vueltas lo observo adentrarse – Los dedos de tus pies van a terminar rotos algún día.

Me detengo en seco, llevo las manos a las caderas y me esfuerzo por controlar mi respiración.

- Para eso son las puntas de los zapatos – levanto una pierna para que mi bobo hermano vea el zapato de ballet en mi pie derecho.
- ¿No te duele? – arruga la nariz con expresión de dolor, no puedo evitar observarlo divertida.
- En lo absoluto.
- El ballet parece una tortura – igual se lleva ambas manos a las caderas.
- El ballet es duro, ¿para qué estabas buscándome?
- Oh, cierto. Los jefes están por irse, papá quiere comunicarte algo.
- ¿Comunicarme algo? – entrecierro los ojos – ¿Algo como qué?
- No lo sé, hermana. Intenté averiguar un poco pero no pude descubrir nada – levanta los hombros – Vamos.

Asiento y a continuación tomo mi toalla para secar el sudor de mi rostro mientras caminamos por los pasillos, Lyel me guía.

- No me toques, estoy asquerosamente sudada – alejo su mano de mi espalda.
- Para mí es nada – vuelve a colocarla – He soportado tus mordidas con litros de baba.

Le doy un manotazo en el brazo. Antes de entrar a la oficina de mi padre, ahí dentro se encuentran él y Serena enfocados en la pantalla de su computador portátil, además, Elliot está tirado sobre uno de los sillones jugando con su nintendo switch, el castaño levanta la mirada percatándose de nuestra presencia.

- No tenemos ni cuatro horas que llegamos al país y ya estás metida en el estudio – sonríe de lado.
- En un mes hay audiciones para El Cascanueces – explico mientras me recuesto pesadamente encima de él.
- Estás sudada, mujer – me empuja y finjo quitarme el sudor de la frente para restregar mi mano en su rostro.
- ¡Sakura! – regaña mamá y me quedo quieta un instante para observarla – No seas sucia.
- Creí que ya te habías ido – Elliot me hace un campo y tomo asiento, mi otro hermano se sienta en el sillón individual.
- Estamos por irnos – responde papá cerrando la pantalla de la laptop.
- ¿Para qué me querías?
- Verás – se acerca y toma asiento en la mesa de centro de la sala de su oficina – ¿Recuerdas que te había dicho que he conseguido una nueva honey para ti?

Al instante blanqueo los ojos, ni siquiera recordaba el asunto.

- ¿Y quién es la afortunada? – pregunto con sarcasmo.
- Su nombre es Shayna – entrecierro los ojos al reconocer un nombre tan único.
- ¿Shayna?
- Shayna Ryan.
- ¿La de Hoj? – pregunto con fastidio – ¿Por qué?
- Ella es buena estudiante – responde mamá.
- Es hipocondriaca – interviene Lyel, metiéndose en la plática como siempre, pero siendo acertado.
- No sé si estaré a gusto con ella persiguiéndome por todos lados.
- Creo que en realidad perseguirá a Lyel y no a ti – comenta con mofa Elliot – El año pasado hizo hasta lo imposible por integrarse a la clase VIP – suelta una carcajada – Todo por Lyel – le lanza un beso.
- ¿Quieres callarte? – le avienta un cojín, el cual impacta en mi cara puesto que mi hermano me usa como escudo humano.
- ¡Idiota!
- ¡Silencio! – la intervención de mamá pone en silencio el estudio de papá – No estamos preguntando si la quieres a ella o no, Shayna será tu honey y punto. Vámonos – ordena a papá.
- Bien – se levanta sin dejar de observarla, a continuación besa mi frente.
- Deberías tener más pantalones en esta relación – sugiero a susurros.
- Tengo muchos pantalones en esta relación…
- Rápido, Darien – apresura al hombre mientras se dirige a despedirse de Lyel.
- Pero ella tiene más y no quiero que me pegue – su broma no me causa gracia en lo absoluto, vuelve a besar mi frente y prosigue a despedirse de Elliot quien permanece acostado detrás de mí.
- Volveremos en dos semanas. Por favor – la rubia me observa directamente a los ojos con mirada de súplica – En serio, por favor, compórtate.

Blanqueo los ojos cuando besa mi cabeza.

- Cuídense – dice Elliot.

Me levanto a regañadientes del sillón y sin decir nada camino a grandes zancadas de vuelta a mi estudio de baile para seguir practicando.


Atrapo una flor de lavanda y soplo para quitarle la espuma de encima, luego la dejo caer nuevamente al agua. Estoy tomando una larga y relajante ducha en el jacuzzi mientras pienso en mis posibilidades con respecto a Shayna, papá pudo haber elegido a cualquier otra persona pero ella está chiflada. Lyel jamás ha opinado respecto a mis honeys, creo que inclusive jamás les ha dirigido siquiera la palabra, pero en este caso, casi me suplicó que la despidiera. He visto la manera en que lo persigue casi corriendo por la entrada general de los estudiantes, mi pobre hermano tiene que correr o escudarse en Duende dos.
Creo que podría hacerla renunciar, de este modo sería prácticamente fácil despedirla. De paso darle una reprimenda por acosar con vehemencia a mi hermano. Si quizás Jude o Evian estuviesen aquí para ayudarme, suspiro hundiendo mi cuerpo hasta la barbilla dentro del agua, tal vez Elliot podrá ayudarme, aunque él no es de hacer travesuras conmigo.
Me siento y giro para tomar una toalla y secar mis manos, a continuación tomo mi celular y marco primero el número de Evian. Suena una, dos, tres y cuatro veces, observo el reloj que marca las siete de la noche y me pregunto si la diferencia de horario provoca que no responda, aunque Evian es de estar despierto toda la noche con tal de seguir la fiesta.
El celular me manda a buzón y maldigo en voz alta, a continuación, marco el número de Jude advirtiéndome a mí misma de que no responderá, después de todo en París son las cuatro de la mañana. El teléfono timbra la primera vez…

- Sakura Card Captor – saluda con emoción en su voz.
- ¡Jude! – al instante me sobresalto – Creí que estarías dormido, ¿qué haces despierto a las cuatro de la mañana?
- No son las cuatro, pequeña, justo ahora son las diez de la mañana.
- ¿No estás en París?
- Nop – suelta una risita – Estoy en Hong Kong.
- Vaya, creí que estarías en el país de la torre Eiffel – empiezo a hacer círculos en el borde del jacuzzi.
- ¿Sucede algo? – pregunta casi leyendo mi pensamiento.
- Papá encontró una nueva honey para mí.
- ¿Nueva? – escucho su tono de confusión – Creí que ya tenías una, ¿cuál era su nombre? – puedo inclusive visualizarlo tomándose la barbilla – ¿No era Marie?
- Sí – rio al recordar lo sucedido – Marie ya no está.

Jude suelta una risa.

- ¿Qué le hiciste?
- Nada – suelto una sonora carcajada – Hubo un pequeño malentendido y mamá me obligó a despedirla.
- Haré de cuenta que eso es cierto – carraspea.
- ¡Lo es!
- Ajá. ¿Qué haces?
- Estoy en la bañera – tomo espuma en la palma de mi mano, la soplo y vuela hasta algún metro lejos de mí.
- Te encuentras en el centro del mediterráneo, rodeada de playas hermosas, pero prefieres estar dentro de un jacuzzi. Creo que sólo tú podrías hacerlo, Cherí.
- Estoy en San Diego, llegué esta mañana.
- Vaya mierda – lo escucho chasquear la lengua, después guarda silencio durante varios segundos – Hay mal clima en el país, estará así por aproximadamente unos tres días más. Ir incluso el jet privado por ti sería jodidamente arriesgado.

Instantáneamente doy por sentado que no puedo hacerlo venir, sería demasiado peligroso que vuele con un clima no adecuado.

- Está bien, ya tendré oportunidad de viajar a Hong Kong algún día.

Su segundo celular suena escuchándose estruendoso incluso desde este lado.

- ¡Diablos! Pequeña…
- Anda, ve – no estoy cien por ciento al tanto de todas las actividades que Jude debe realizar, pero sé que son demasiadas.
- Lo siento, Cherí. Me comunicaré contigo en cuando pueda.
- Está bien, recuerda recompensarme más tarde.
- Lo haré, besos.
- Adiós.


Me recargo sobre el borde de la bañera, es frustrante que Jude no esté aquí y que esté tan ocupado como para ofrecerme al menos diez minutos de su tiempo. Al instante el timbre de llamada entrante empieza a sonar y dirijo la vista hacia la pantalla del teléfono, el nombre “Evian Hightopp”, haciendo referencia a Tarrant Hightopp, mejor conocido como el Sombrerero Loco, brilla en la misma.

- ¿Hola? – saludo curiosa.
- ¡Mi amor! – hace ese tono de voz de chiflado, al fondo distingo el sonido de la música.
- ¡EVIAN! – grito alargando la última sílaba de su nombre por aproximadamente treinta segundos.
- ¡SAKURA! – imita mi acción.
- ¿Dónde estás? Te extraño – me descubro a mí misma haciendo un puchero, justo como si me comunicase con mi mejor amiga, aunque después de todo, a Evian no le da ni una pizca de pena actuar como chica conmigo, está un poco demasiado loco.
- Estoy tomando un trago de pre copeo, con autorización de los jefes claramente, en el restaurante del Tegeirian sede Ipanema
- Río de Janeiro… ¡Ay! Yo quisiera estar allá también – exagero mi tono quejumbroso – ¿Qué estás tomando?
- Perla negra – deja de hablar un momento, luego exagera el sonido al beber de su trago y prosigue con un mini eructo.
- ¡Asqueroso! – arrugo la nariz divertida – Qué rico, quiero uno también.
- Pide uno donde quiera que estés, yo invito – me siento inevitablemente miserable – ¿Qué haces, dónde estás?
- Mi vida es una mierda – hago una mini rabieta provocando que gotas del agua salpiquen fuera de la tina debido a mis pataleos – Estoy en California ya.
- ¡Qué! – lo escucho gruñir del fastidio detrás de la bocina – Mierda, acabo de derramar mi bebida. ¿Podrías traerme otra perla negra, por favor? – dice lejos del teléfono – ¿Por qué ya estás de regreso? Todavía tenemos una semana de vacaciones.
- Darien y Serena tuvieron trabajo de imprevisto, han de seguir en el avión.
- ¿Trabajo dónde? – su voz se rompe un instante evidenciando su corta edad y provocándome una carcajada.
- Todavía tienes voz de niño.
- Tú también – carcajeo aún más – Dime, ¿a dónde fueron?
- Rusia.
- ¿No pudieron llevárselos? O al menos dejarlos en, ¿a dónde me dijiste que irían? ¿Malta?
- Estábamos en Malta, se suponía que iríamos también a Egipto – comento con bastante disgusto – Quería ver el Valle de los Reyes, Evian.
- Pero ya fuiste ahí…
- ¿Y qué? – una nueva rabieta se hace presente.
- Tengo una buena idea – se toma un instante para beber de su trago – ¿Por qué no vienes para acá?
- ¿Crees que Serena me dejará?
- La llamaré si es necesario.
- ¿En serio? – pregunto obvia – ¿Crees que mamá me dejará ir contigo sabiendo cómo eres?
- Bueno – alarga la palabra – Le pediré a Khal que le llame.
- Khal jamás querrá hacerlo, menos por mí, creo que me odia.
- No te odia, sólo le eres indiferente – explica con voz tierna.
- Gracias, me has reconfortado.
- Dirá que sí, ya verás.
- Muy bien – asiento – Pero antes debo hacer algo aquí, mierda, si tan sólo pudieras ayudarme.
- ¿A qué? – su tono me hace preguntar si se trata de interés o sólo anda de chusma.
- Shayna Ryan es mi nueva honey.
- ¿La loca de Hoj?
- Sí.
- ¿Por qué? ¿No estaba obsesionada con tu hermano?
- Yo qué sé, pero debo hacer que quiera irse…
- Eso es fácil, ¿tienes algo en mente?
- Claro, sólo me falta un cómplice – digo insinuando de cierto modo que mi cómplice debe ser él.
- Bien, estaré ahí por la mañana. Iremos a almorzar y armar el plan.
- ¿Qué?
- Prepara tu maleta, después de deshacernos de la loca regresaremos.
- ¿Vendrás a California sólo a ayudarme? – mi boca se abre de la sorpresa.
- Y por ti – suelto un grito – Mierda, mi oído – se queja serenamente.
- Eres lo máximo – festejo con un pequeño bailecito dentro de la bañera.
- Lo sé, justo ahora estoy de buen humor.
- Bien, saldré de la tina para comenzar las maletas. No olvides llamar a mamá.
- No olvides empacar tu traje de baño.
- No lo haré.
- Hasta mañana – truena un beso de manera exagerada.
- Que duermas bien – regreso el beso.

A continuación tranco la llamada y salgo de la tina. Me visto y hago mi maleta en menos de veinte minutos.

- ¡Sakura! – Elliot toca la puerta del otro lado – Lyel y yo tenemos hambre, saldremos por algo para cenar, ¿quieres acompañarnos?
- ¡Sí! – de inmediato me dirijo hacia la puerta – Invitaré a Lua.
- Perfecto – guiña el ojo y después camina de regreso.

Corro por mi celular y busco el número de la rubia. Marco y me responde durante el primer timbre.

- ¿Hola? – su voz suena apresurada.
- Hola, por motivos de odio del destino tuvimos que regresar a California. ¿Te encuentras en San José?
- Sí, aquí estoy, ¿qué sucedió? ¿Están todos bien?
- Oh sí, estamos bien. ¿Estás ocupada? Saldremos por algo para cenar, ¿quieres ir?
- ¿Cenar? – la escucho pasar saliva.
- ¿Se te antoja algo?
- Mi estómago acaba de rugir pero… no puedo por ahora.
- ¿Por qué? – pregunto extrañada.
- Jonathan acaba de darme toda su tarea – blanqueo los ojos.
- Que le den a Jonathan, tómate un momento. Te invitaré lo que quieras – hago la oferta más tentadora.
- Diablos – puedo presentir que se muerde las uñas.
- Puedes llevar la tarea del hijo de perra y hacerla mientras comes – tomo mi chaqueta y me encamino a la puerta.
- No sé…
- Elliot y Lyel quieren saludarte – canturreo escuchando la indecisión de la chica a través de la bocina – Puedo comprarte la comida que quieras – también canto eso.
- ¡Sakura! No me hagas esto…
- Y cualquier postre – continúo con mi canto chantajista.
- Quiero pay de manzana, se me hace agua la boca – su tono de voz revela una profunda nostalgia.
- ¿Mencioné que la barra es ilimitada? Siempre y cuando las bebidas no interfieran con nuestra edad, obviamente.
- ¡Está bien! Iré, ¿dónde los veo?
- No te preocupes por eso, continúa haciendo las tareas del idiota y pasaremos por ti.
- ¡Gracias!
- Te mandaré mensaje cuando vayamos llegando.
- Está bien, nos vemos.
- Bye, bye.

Camino hacia la salida donde Elliot me espera revisando su celular.

- ¿Lista?
- Sí. ¿Dónde está Lyel?
- Ya viene – señala hacia atrás y mi vista viaja hacia él.

Caminamos a la limusina y tomamos lugar.

- Jim, primero a la casa de Lua, por favor.
- Claro, abrochen sus cinturones.
- Pierde el cuidado, amigo – dice Lyel – Qué bueno que Lua nos acompaña.
- ¿A dónde iremos? Por lo que escuché en el teléfono tiene hambre.
- ¿A Elyse?
- Se me antoja más alguna parrillada…
- Podríamos ir a LB, pero esperemos a ver qué se le antoja a Lua.

Mando un mensaje a Lua una vez que Jim está estacionando el vehículo, la chica sale al instante cargando una mochila que parece pesar una tonelada y se adentra a la limo.

- Hola – saluda con voz agitada.
- ¿Irás a acampar? – pregunta Lyel divertido.
- Oh – deja caer la mochila en sus pies – Es la tarea de Jonathan.
- ¿Y por qué la dejaste para último momento? – ahora pregunta Elliot, la mirada azul de la chica viaja hacia el piso del vehículo.
- Apenas me la entregó.

Tal y como si estuviesen sincronizados, Elliot y Lyel abren la boca llenos de sorpresa y a continuación revolean los ojos al mismo tiempo, en serio da miedo que hagan eso.

- Vaya pendejo – Elliot niega.
- Está bien – se obliga a decir la rubia.
- En ese caso, debemos consentirte para que el amargo sabor se pase por lo menos un instante – abrocho su cinturón de seguridad.
- Tenemos dos opciones por lo pronto – interviene Lyel – La primera es comida francesa y la segunda es parrillada.
- ¡Parrillada, por favor! – casi grita provocándonos una risa.
- Parrillada será entonces – Lyel imita el saludo de los militares – Jim a LB, por favor.
- ¿Me dirás por qué están aquí una semana antes de que comiencen las clases?

La observo tomar un cuaderno, un libro y plumas para escribir suficientes de la mochila, a continuación me dirige una mirada para que por fin hable.

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The Honey System - Página 3 Empty Re: The Honey System

Mensaje por Bart Simpson el Jue 07 Nov 2019, 1:35 am

Capitulo 03 |2|
Master is Sakura || Honey is Zack || Bart Simpson.




Estoy en el desayunador bebiendo jugo de naranja junto a Elliot y Lyel, al instante recibo un mensaje de Shayna y revoleo los ojos antes de verlo.


¡Buen día, master!
¿Qué estás haciendo? ¿Estás con tus hermanos? Me preguntaba si puedo visitarte, tú sabes, para hablar sobre mis obligaciones como honey y de paso saludar a Lyel y Elliot, hace mucho que no los veo, espero no confundirme, son iguales. ¿Está Lyel contigo? Regresé a la ciudad sólo para visitarte


Mis facciones gesticulan una mueca de fastidio y extrañeza, inevitablemente mi vista viaja hacia mis hermanos, para mí son bastante diferentes en todos los aspectos, los he bautizado como hermano uno y hermano dos, ordenando de mi hermano favorito al menos favorito; Elliot es hermano uno y Lyel hermano dos.
En cuanto a sus diferencias físicas, Lyel es un poco más alto que Elliot, en cambio el iris de los ojos de Elliot son ligeramente más azulados que los de Lyel, incluso su cabello es un tanto más castaño mientras que el de Lyel es más rubio. Siguiendo con sus personalidades, a pensar de que son bastante similares, Elliot es jodidamente celoso con cualquier chico que se me acerca, Lyel también lo es al principio, pero por alguna razón, termina siendo amigo de aquellos que juró destruir por celos. Con excepción de Jude, Lyel no lo soporta, aunque ciertamente lo hace más que Elliot.
Justo dos segundos después me llega otro mensaje de la loca.


Hola, ¿estás ahí? ¿Puedo marcarte?


Coloco el celular sobre el desayunador y me llevo ambas manos a las sienes, ¿cómo se le ocurrió a papá conseguirme a esta loca como honey?

- ¿Qué pasa? – pregunta Elliot con curiosidad.

Levanto el celular y lo coloco frente a ellos, ambos se dedican a leer el mensaje.

- ¡No! – golpea con ambas manos la superficie de granito del desayunador y se pone de pie – No permitas que esa loca venga a esta casa, Sakura.
- ¿Acaso viste respuesta alguna? – pregunto con hastío – Simplemente la ignoraré.
- ¿Y si viene? – inquiere Elliot divertido.
- No es gracioso, Elliot – se queja Lyel.
- Vaya que lo es – ríe como desquiciado.
- No vendrá…

Al instante el timbre suena y todos nos quedamos estupefactos, los ojos de Lyel se me clavan, me limito a tranquilizarlo con la mirada y dirigirme a revisar la cámara de seguridad. Se trata de Evian, dentro de su land rover 4x4, con lentes de sol puestos.

- ¿Es ella? – pregunta con voz temerosa mi pobre hermano uno.
- No – tomo mi bolso – Voy a salir.
- ¿A dónde vas? – la pregunta ahora es de Elliot.
- Saldré con Evian.
- ¡¿Qué?!

Lo ignoro por completo y salgo de ahí antes de que pueda siquiera continuar hablando, camino a pasos largos hasta la salida. Evian sonríe y agita la mano al verme. Me apresuro a salir y tomo asiento en el lugar del copiloto, luego lo abrazo con fuerza.

- No creí que fueras a llegar tan pronto – digo escéptica.
- Bueno, no pasaron ni dos horas después de nuestra llamada cuando tomé el avión privado hacia acá – mis ojos brillan de la sorpresa.
- Wow…
- Lo sé – pone el auto en marcha.
- ¿Llamaste a mamá?
- ¿Tú qué crees? – levanta una ceja – Oh, por cierto…

De algún lugar, del cual por cierto no tengo idea dónde, toma un vaso con tapa y popote de vidrio; el contenido es verde y las pequeñas semillas me hacen creer que contiene kiwi.

- ¿Y esto? – lo observo con rareza.
- No es una perla negra, ni contiene alcohol – me lo entrega – Pero debes empezar tus próximas mini vacaciones con una bebida refrescante.

Levanto una ceja y dudo un instante antes de tomar la bebida, le doy un trago y mi boca se refresca al instante gracias al hielo triturado.

- Me gusta – el chico guiña el ojo y continúa el camino.

Aparca en la entrada de su restaurante favorito y al salir entrega las llaves al valet parking. A pesar de que sigue siendo bastante temprano, una fila de al menos quince personas esperan fuera para tener la oportunidad de almorzar en el elegante local.

- Buenos días, joven Susique y señorita Tegeirían – saluda la host – Los llevaré a su mesa, síganme.

Pasamos a través de la sala de espera ya dentro del restaurante y tanto Evian como yo, seguimos a la castaña en busca de nuestra mesa, al instante un mesero llega con el menú y dos copas con jugo.

- Bienvenidos, ¿desean ordenar ya?
- Quiero el pollo a la parrilla pero remueve los espárragos de las verduras – sigue con la vista fija en la carta – Para beber quiero un aperol spritz. Y para la señorita – me observa.
- Quiero waffles.
- El desayuno ya pasó, niña – toca la punta de mi nariz.
- No importa – ahora observo al mesero – Quiero dos waffles con cerezas encima, también fruta pero sólo fresa, kiwi y durazno, para acompañar quiero jarabe de arce y café descafeinado. Luego risotto de zanahoria con hongos y un aperol spritz para beber.
- Enseguida llega su almuerzo.
- Tienes apetito.
- Me salté el desayuno – levanto ambos hombros.
- ¿Qué tienes planeado para que Shayna salga corriendo?

Sonrío mientras sorbo lentamente el contenido de mi copa.

- La llevaré al cementerio.

Las cejas del castaño se juntan casi por completo.

- ¿Vas a asesinarla o algo por el estilo?
- Sólo le daré un pequeño susto, ¿recuerdas la historia del asesino de Texas cuya arma era una motosierra?
- ¿Leatherface?
- Sí – levanto las cejas repetidamente.
- Yo seré leatherface, ¿no? – sus ojos se abren y se esfuerza por contener la emoción dentro de su cuerpo. Asiento – ¡Sí!

Se levanta con los brazos en el aire mientras empieza a realizar un baile del robot, el mesero entra sin previo aviso sosteniendo la orden. Tanto Evian como el mesero se quedan estáticos mirándose entre sí, quizás pasaron algunos cuatro segundos antes de que terminara por explotar en risas, Evian se sobresalta y de inmediato se sienta.
El hombre termina de adentrarse por completo, le echa un vistazo apenado al chico y sirve frente a nosotros los platos.

- Es bueno bailando, joven Susique.
- ¿Sí? – su sonrisa se ensancha y el mesero asiento – ¿Ves? Alguien reconoce mi talento.
- No le haga falsas ilusiones, luego lo veremos arruinar los escenarios de cualquier pobre alma que decida contratarlo.

El hombre sonríe medianamente sin saber con exactitud qué decir, se limita a colocar el plato con waffles, la fruta y el café frente a mí.

- No diga eso, señorita Tegeirian. Herirá los sentimientos del joven Susique – volteo a ver al chico quien esboza un puchero exagerado mientras asiente – Una vez que termine con sus waffles traeré su segundo platillo.
- Gracias – decimos al unísono.

Lo veo irse y antes de tomar el tenedor busco en mi celular un grupo de chat en el que alguien me agregó, después de la quincuagésima tercera vez de salir y bloquear los números, simplemente silencié el grupo. En éste, hay chicas que estudian en Hoj, ninguna de las clases VIP, he sido despreciable con ellas porque no me agradan en lo absoluto, pero simplemente parece no importarles ser mi tapete sobre el cual practico mis piruetas de ballet.


“¿Quieren hacer algo hoy?”


Coloco el celular sobre la mesa y a los dos segundos de esto, comienza a sonar y vibrar una y otra vez.

- Al parecer tus seguidoras locas te aman – dice el castaño antes de pinchar las verduras en su plato con el tenedor.
- Las detesto, me enfadan demasiado – utilizo el cuchillo para partir un trozo de waffle, le vierto jarabe de arce y luego lo llevo a mi boca. Mi celular empieza a sonar con un timbre en particular, al instante le dedico una mirada – Oh mierda.
- Es escalofriante que estén tan obsesionadas contigo – menciona divertido.
- Concéntrate en alimentarte – deslizo la pantalla y sonrío sin mostrar los dientes mirando la cámara.
- ¡Sakura! Estás hermosa – saluda la primera, a continuación las demás empiezan a alagarme también.
- Lo sé – alzo los hombros – Las veo esta noche en Calvary catholic, no lleguen tarde, estaré ahí a las ocho.
- ¿El cementerio? – es Shayna quien pregunta con el ceño levemente fruncido.
- Sí, sean puntuales.
- Estoy en Nueva York, no puedo – el tono preocupado de una castaña me hace mirarla detenidamente, no estoy segura de cuál es su nombre.
- Dije que sean puntuales.

Tranco la llamada y lanzo mi celular dentro de mi bolsa.

- Apuesto a que besarán tus pies en cuanto te vean.
- Qué asco.

Evian continúa haciendo bromas respecto a “mi” séquito de fans locas sin dejar de comer.



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- ¿Hablaste con Jude?

La pregunta de hermano uno es lo primero que escucho en cuanto entro a casa, de inmediato me llevo la mano al pecho después del sobresalto que me ha causado.

- Me asustaste, tonto – lanzo un manotazo a su hombro.
- ¡Oye! – se soba lentamente sin dejar de observarme – Sólo pregunté si hablaste con Jude.
- Sí hablé con él, ¿por qué?
- No me agrada que te acerques tanto a él, Sakura.
- No te metas, Elliot. También me molesta que Duende uno se la pase pegada a ti.
- Es diferente – intenta explicarme.
- ¡No lo es! Sé que te gusta y eso me produce náuseas. Tienes gustos pésimos, hermano.

Lo empujo antes de irme casi corriendo a mi recámara, había llegado con un buen humor y mi hermano tan idiota como puede ser acaba de arruinarlo, aunque no me sorprende que Jude no sea del completo agrado de Elliot, mi hermano suele odiar a cualquier chico que está cerca de mí, pero Jude tiende a consentir cualquier tipo de capricho que pueda llegárseme a ocurrir. Lo mismo pasa con Lyel, sin embargo, éste último aprendió a socializar un poco más que hermano uno. Giro el pomo de la puerta y al entrar un penetrante y peculiar aroma llega a mis fosas nasales.
Levanto la mirada y entiendo a la perfección el por qué el interés de Elliot en mi relación con Jude. Mi habitación está casi tapizada de orquídeas. Me acerco a mi cama, en ésta yace un sobre de color lila, lo tomo y me dedico a leer el contenido.


“Nos vemos el lunes, pequeña Cherí”


Sonrío ampliamente y acto seguido me dejo caer sobre la cama en espera de la hora de partir al cementerio. Mi celular suena y me estiro para tomarlo de mi bolsa, es un mensaje de mamá.


Hola, pequeña. Papá y yo estamos bien, lamento que no puedan seguir disfrutando de las vacaciones. Khal Susique habló conmigo, comentó que ella y Evian te invitaron a Brasil. Me comuniqué con Leia y Spencer, y están encantados de que puedas ir, así que está bien. Prepara tu maleta y diviértete, te llamaré en cuanto tenga tiempo de hacerlo.
Saludos a tus hermanos, los amo.


Tecleo la pantalla para responderle.


Gracias, má. Saludos a papi.



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Termino de subir el cierre de mi sudadera negra y a continuación me coloco la gorra de la misma observándome al espejo. Levanto el asa de mi maleta y me encamino hacia la salida evadiendo del todo las preguntas de mis hermanos cuando los encuentro en el lobby. Ahora Evian me espera justo afuera de la entrada, voy directamente al auto y al instante sale de su asiento levantando las manos.

- ¡Boo! – me quedo quieta observándolo, absteniéndome de darle un zape.
- ¿Ghostface? – pregunto con obviedad ante la máscara que ha traído.
- Es genial, ¿cierto? – se levanta la máscara y clava en mí sus traviesos ojos claros.
- Se supone que debías ser Leatherface – tomo asiento a su lado.
- Oh – se quita por completo la máscara y la pone frente a su rostro para observarla – Mierda.
- Así es, oh mierda – rectifico cuando voltea a verme, sigo arrastrando mi equipaje hacia el maletero de su vehículo – De cualquier modo, les daremos un susto de infarto, tan sólo espero que no ensucien sus pantalones.
- Eso sería asquerosamente divertido de observar.
- Ya lo creo – el chico levanta mi maleta y la acomoda – ¿Quién te abrió el portón?
- Lyel – levanta ambos hombros con despreocupación – Por cierto, lo invité a venir a Brasil. Le dije que Elliot también podía acompañarnos si era gustoso pero lo escuché gritar un “No” a través de nuestra llamada.
- ¿Por qué invitaste a mi hermano?
- Me agrada – se dirige hacia la puerta del piloto e imito su acción hacia el lugar del copiloto – Está menos a la defensiva que Elliot, no es como si fuese a lanzarme sobre ti, debe relajarse.
- ¿Aceptó?
- Por supuesto – coloca la llave en el contacto y enciende el motor – Lo veremos en el jet.
- Bueno.
- Echa un vistazo para atrás – lo observo confundida pero obedezco, giro tanto como el cinturón de seguridad me lo permite.
- ¿Me estás jodiendo? – mi mandíbula se abre tanto que creo que se va a dislocar – ¿Es real?
- Lo es – asiente – Pero tiene algunos ajustes; la hoja no tiene filo y sólo hace el ruido estruendoso y peculiar de las motosierras. En pocas palabras, es inofensiva.
- Perfecto.

El camino se fue en averiguar de dónde diablos Evian sacó una motosierra y quién la modificó, esta información podría servirme de ayuda en algún momento.

- ¿Crees que hayan llegado?
- Apuesto a que están ahí – bajo del auto – No olvides tu señal para aparecer, me adelantaré.
- Bien.

Volteo hacia todos lados, el lugar está vació, doy vuelta a la esquina y las encuentro como tontas en la entrada. Sonrío de lado ante eso y levanto una vara seca del piso que se me ha cruzado por la vista.

- Buenas noches, perdedoras – saludo dando un  varazo en el trasero a cada una.
- ¡Sakura!

Sus chillidos son tan agudos que debo cubrir mis oídos.

- ¡Me encanta tu cabello! – una de ellas toma un mechón suelto.
- Es hermoso – interviene Shayna.

En serio me cansan los halagos bobos.

- Sí – quito mi cabello de sus manos y lo escondo en mi capucha – Empecemos, vamos.
- ¿Hablaste con Keffeth? – Shayna se coloca mi lado – Desde que supo que seré tu honey me ha preguntado por ti.

Ni siquiera la observo, me dedico a ignorarla, a continuación las guío hacia la parte trasera y me siento en una roca, las demás toman asiento donde pueden.

- ¿Qué hacemos aquí? – pregunta mi Honey.
- Empezamos una pijamada – sus rostros se iluminan de emoción.
- Pero  está muy oscuro.
- Y no venimos preparadas.
- Está bien, yo les prestaré ropa para dormir – le resto importancia con la mano.
- ¿Conoceremos tu armario? – Jessica pregunta casi gritando.
- Escuché que tienes una tumba de perro egipcio – opina estúpidamente Kendall, la rubia “popular” entre los estudiantes comunes y corrientes de Hoj.

Revoleo los ojos tanto que creo que terminaré con las pupilas mirando hacia dentro de mi cabeza.

- No se llama “tumba de perro egipcio”, estúpida – corrijo con fastidio, tanto como para que ella misma se dé cuenta de que es una idiota – Es un sarcófago de Anubis.
- Eso debió costar una fortuna…
- ¿Han escuchado historias sobre nuestra ciudad? – pregunto cambiando el tema, quiero irme lo antes posible.
- Historias… – su voz se quiebra y antes de proseguir pasa saliva – ¿Historias de qué?
- De terror, por supuesto – de la bolsa de mi sudadera tomo una mini linterna que había guardado con antelación.
- No me gustan las historias de terror, menos aquí, estamos en un lugar santo – echo un vistazo hacia atrás.
- No estamos en las tumbas – levanto el cuello cual avestruz – La tumba más cercana está a unos tres metros de aquí, así que cállate y limítate a escuchar. Cuentan que hace algunos veinte años atrás, San José estuvo bajo amenaza debido a un asesino serial.
- Sakura…
- ¡Shh! – dirijo la luz de la linterna directamente a su rostro para que cierre el pico – Sus víctimas fueron mujeres adultas… pero esto sucedió sólo al inicio de sus crímenes.

El clima parecía estar conmigo hoy, una ventisca fresca remueve el cabello del séquito y bajo mi capucha dejando libre mi media coleta. Luego de esto, un fuerte crujido nos hace girar el rostro, debo morder mis labios con fuerza para no reír debido a sus expresiones.

- ¿Qué fue eso? – la castaña, quien en la mañana se encontraba en Nueva York y ahora está justo frente a mí se levanta.
- Es sólo el viento – asiente y vuelve a sentarse con la preocupación reflejada en el rostro – Como les decía, este asesino, mejor conocido como “El Cuarteador” de California…
- ¿Cuarteador? – escucho su voz temblar.
- Ajá – asiento – Inevitablemente, comenzó a interesarse por las jovencitas, según las investigaciones, las rubias eran sus favoritas – la luz de la linterna viaja del rostro de Shayna al de Kendall.
- ¿Por qué le decían El Cuarteador?
- Te explicaré, Emma.
- Gemma – corrige casi en susurros.
- Era conocido por llevar puesta una máscara de látex de un fantasma, ¿recuerdan la película Scream? – asienten y yo levanto las cejas repetidas veces – Pues fue fuente de inspiración para ocultar su rostro de sus crímenes y al mismo tiempo dejar una marca que lo caracterizase, a éste hombre le gustaba asfixiar a sus víctimas hasta dejarlas inconscientes, luego, dependiendo si eran rubias o no – mis ojos viajan nuevamente hacia las rubias cargados de sorna – Él las violaba.

La atención de todas está completamente centrada en mí, podría decir inclusive, que los ojos de Kendall y Shayna están por salirse de sus cuencas para colocarse frente a mi vista. Al instante, otro crujido más cerca de nosotras se hace presente, inevitablemente se levantan de su asiento soltando un grito.

- ¡¿Qué es eso?! – se abraza a mi cuello gritando con terror. La obligo a soltarme y llamo su atención.
- ¡Hey! – me poso frente a ellas – ¿Quieren tranquilizarse? No es nada, es el viento – camino en dirección de un árbol pasando por en medio de dos arbustos, ahí puedo ver a Evian escondido cubriendo su boca, seguramente muriendo de la risa – ¿Ven?
- ¿Podemos continuar en tu casa? – pregunta Shayna abrazándose a sí misma.
- No.
- ¿Por qué no?

Camino hacia mi lugar y les indico que se sienten, ellas lo hacen a regañadientes.

- Pedí comida tailandesa y va a tardar en llegar, hagamos tiempo aquí.
- ¡Pero tengo miedo!
- ¡A nadie le interesa! – la ignoro y llevo la luz de la linterna hacia mi rostro nuevamente – Una vez que las chicas estaban inconscientes, el hombre las llevaba a su casa. Y no satisfecho con lo que ya había hecho, le gustaba terminar de desnudarlas lentamente – alargo esta última palabra – Luego tomaba su motosierra y mientras ellas seguían con vida empezaba a cortar a sus víctimas en trozos.
- ¡Dios! Eso es asqueroso.
- Pero eso no es todo – apunto la luz en los rostros de cada una – No obstante, el cortarlas en trocitos no era su perversión más rara. Sino que ponía el tapón en su bañera y la llenaba con la sangre de sus víctimas para después desudarse y sumergirse en ésta.
- ¿Qué carajo?
- ¿Qué le pasó a este tipo? – pregunta la castaña.
- Fue capturado, una de sus víctimas pudo escapar de él y acusarlo con la policía. Sin duda alguna le dieron pena de muerte – recuerdo la escena de Hocus Pocus en la que las brujas juran volver antes de ser colgadas – Y antes de ser electrocutado en la silla eléctrica, prometió volver. No fue hasta cinco años atrás en que la gente comenzó a atestiguar haber visto a un hombre con una máscara de fantasma, muchos pensaron que era una broma de algún idiota y lo siguen pensando hasta la fecha, pero no confiaría ni siquiera en un loco que va por la oscuridad gritando las palabras…
- ¡QUIERO SANGRE!

La motosierra se enciende justo después del grito de Evian, éste sale de entre los arbustos sosteniendo el artefacto encima de su cabeza. Los rostros del séquito se giran tan rápido que me preparo para escuchar sus cuellos crujir, luego sus estruendosos gritos se adentran como una espina a mis oídos. De inmediato se levantan de su lugar y corren en todas direcciones, con excepción de Shayna; la rubia se detiene en seco a medio camino y segundos después cae al piso. Al instante volteo a ver a Evian, quien ya no tiene la máscara puesta, y no puedo evitar soltar una risa antes de comenzar a caminar hacia ella.

- Pico, pico, picotón – toco su espalda una y otra vez con la vara de árbol seca que había levantado minutos atrás – ¿Shayna? – pico más fuerte – ¡La mataste, tonto!
- ¿Qué? – sus ojos se abren con una mezcla de sorpresa y temor en ellos – Préstame eso.

Toma la vara y comienza a picotear la espalda de la chica con más fuerza, me inclino y toco el hombro de la rubia con mi dedo índice. Shayna se remueve ligeramente en el piso lanzando un quejido. Echo un vistazo a mi amigo y ambos nos tapamos la boca para no reír fuerte.

- ¿Estás bien, Shay? – por fin abre los ojos.
- ¿Qué pasó?
- Venía por ustedes – me mira y asiento para que siga con su historia, luego se pone en cuclillas a mi lado – Ya sabes, para llevarlas a casa de los Tegeirian y pasar un rato divertido y hacerles compañía, pero un loco salió de los arbustos gritando, así que todas se fueron corriendo y gritando asustadas, pero tú te quedaste a medio camino, te desmayaste.
- Vaya.
- ¿Por qué no vas por el auto para llevar a Shay al hospital? – pido a Evian esperando que la loca se niegue.
- Está bien, creo que estoy bien.
- ¿Segura? Te llevamos a tu casa entonces, podemos dejar la pijamada para otro día – o mejor otro siglo.
- Creo que será lo mejor.
- Ya vuelvo, iré por mi camioneta – anuncia el chico, acto seguido se levanta y se va, lo veo tomar la motosierra modificada con disimulo y llevársela.
- ¿Estás segura de que no quieres que te lleve al hospital?
- Estoy muy segura – asiente y se queda un instante observando el piso – Sakura… sé que es mucho pedir pero, ¿podrías hacerme un favor?

Blanqueo los ojos antes de responder.

- Dime.
- Yo… – muerde su labio dubitativa – No quiero perder tres años…
- Estás…

Creo que mi rostro se ilumina de la felicidad, me esfuerzo demasiado por ocultarlo.

- No pensé demasiado antes de aceptar tomar el cargo como honey, es demasiada responsabilidad, y claramente, no necesito el dinero en lo absoluto.
- ¿Me estás pidiendo que te despida? – me llevo la mano al pecho fingiendo indignación.
- ¡Quiero seguir siendo tu amiga! Sólo quería acercarme más a ti, por favor no te enojes.
- ¿Sabes lo que me harán mis padres si te despido sólo porque sí?
- Puedo hablar con ellos si es necesario, haré todo lo que pueda para que ellos no se molesten contigo.

Honestamente creí que por su loca obsesión a mi hermano, aguantaría un poco más.

- Bien – asiento – Lo haré.
- ¿En serio?
- Sí, pero déjame asegurarme de que llegues bien a casa.
- Eres una gran amiga.
- Yo no soy tu amiga, Shayna.
- Te quiero, Sakura – se abraza a mi cuello. La alejo observando frente a nosotros el vehículo del castaño
- Vámonos.

Me levanto esperando que vaya detrás de mí y subo al asiento del copiloto rápidamente, choco los cinco con Evian y éste entiende que el plan resultó a la perfección.
Una vez que la rubia cierra la puerta de atrás me coloco el cinturón de seguridad y me preparo para mis mini vacaciones en Brasil.



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Zack Blake

Termino de vestirme con la gorra del uniforme del trabajo antes de obligarme a tomar un suspiro largo para seguir teniendo el valor necesario para continuar el día.

- ¡Que no decaiga ese ánimo, ya es jueves! – mi compañero y amigo Sam palmea mi hombro llamando mi atención – ¿Todo bien, hermano?
- No del todo, amigo.

Me dejo caer en sobre el banco de madera en el centro del vestidor para los empleados, Sam se deshace de su sudadera y luego se coloca el mandil verde del trabajo, pone en su lugar la gorra y voltea a verme.

- ¿Qué sucede? Te ves demasiado afligido.

Antes de responder giro el rostro hacia la entrada, temeroso de que alguien más pueda enterarse.

- Van a transferir a mi padre.
- ¿Qué? – sus facciones se arrugan de inmediato – ¿A dónde y por qué?
- No lo sé, mamá apenas y me lo quiso decir, lo llevarán a Detroit.
- Wow… hermano, Detroit está jodidamente lejos de Seattle, ¿qué harán?
- Para serte honesto, no tengo la menor idea, apenas y nos alcanza para sobrevivir día con día. Será imposible mudarnos hasta allá pronto.

Sam observa el piso, suelta un suspiro y luego coloca su mano derecha sobre mi hombro, pareciera no tener palabras pero al menos intenta reconfortarme. Asiento más para mí mismo, como si esto me ayudase a enfrentar la realidad, y después me levanto para comenzar con el trabajo.

- Zack, esa sonrisa.

Dice a modo de reprimenda el gerente, lo miro con expresión de pocos amigos pero me obligo a esbozar una sonrisa, es cierto que los clientes nada de culpa tienen de mi situación.

- Pareciera que los músculos de tu rostro tuvieran espasmos – se burla el pelinegro y me provoca sonreír naturalmente.
- Lo intento, amigo.

Me concentro en el chico frente a mí y tomo su pedido para después alcanzar a Sam quien prepara una bebida.

- Lo sé, así que descuida – se toma un momento antes de seguir hablando – Cambiaré de tema, ¿hiciste la tarea de cálculo? Apenas llevamos cuatro días yendo a clases y ya quiero tirar la toalla, ¿sabes?
- No quiero saber cómo te irá cuando veamos las integrales.
- Estás hablando de barras de trigo, ¿cierto? – pregunta entregando la bebida.
- Pff – lo observo levantando ligeramente la ceja – Vas a morir, amigo, ve preparándote – me giro a entregar la bebida.
- Mierda – su rostro se torna inclusive nostálgico – No sé qué… ¡Wow!

Lo miro extrañado y sigo su mirada hacia una de las ventanas cercanas a la entrada. Acaba de estacionarse una limusina exageradamente larga color blanco, detrás y delante de ésta hay dos camionetas Range Rover Evoque de color negro. De ambas camionetas salen por lo menos seis sujetos.

- ¿Qué sucede? – se acerca cual chusma el gerente.
- ¿Nos visita el presidente? – pregunta Sam más para sí mismo.

Al igual que todos dentro del Starbucks, observo la escena. El chofer de la limo aparece y camina hacia la parte trasera, abre la puerta y una mujer rubia de piernas largas sale de ahí. Camina a paso firme hacia la entrada del local seguida de los hombres. Una vez que se encuentra en la puerta, uno de ellos jala la puerta hacia adentro permitiéndole la entrada y se adentra detrás de ella mientras los demás se quedan vigilando afuera.
Se mantiene quieta en la entrada con el rostro en dirección del mostrador, inevitablemente la observo de arriba hacia abajo, viste un vestido pegado al cuerpo de color blanco, sin embargo, no es un vestido sexy, es uno elegante y sofisticado, además calza unos tacones del mismo color, con tacón de aguja tan alto que seguro sobrepasa el 1.85 de estatura. Regreso la vista hacia su rostro, se quita con elegancia los lentes oscuros revelando un lindo rostro, y sin gesticular ninguna expresión encaja la vista en nuestra dirección; de reojo puedo observar a Sam con la boca extremadamente abierta, casi a punto de babear, y a Roy, el gerente, lamer su mano para peinar su escasa cabellera.
La rubia retoma la caminata hasta quedar justo en frente del mostrador.

- Buenas tardes – saluda observándome.
- Bu… buenas tardes – saluda a tropezones Roy. La mujer lo mira hacia abajo y luego regresa la mirada a mí.
- ¿Podrías atenderme, por favor? – pide con amabilidad, sin embargo, su tono de voz es tan imponente que me sobresalto antes de posarme frente a la caja registradora – Quiero un café americano frío alto, sin crema batida, sin jarabe, con hielos, leche de coco y stevia.
- ¿A nombre de quién? – mi mano tiembla mientras sostengo el plumón frente al vaso.
- Serena – dice con tranquilidad. Lo escribo  y señalo los ingredientes, después tecleo la caja registradora.
- Serían tres dólares con noventa y cinco centavos – la mujer remueve su cabellera rubia de su hombro derecho con un movimiento de cabeza, a continuación, de su bolso toma su cartera y saca una tarjeta de crédito, escucho a Sam atragantarse con su propia saliva detrás de mí al notar que es una “Black”. La tomo con mano temblorosa y prosigo a concretar su compra – En un momento estará listo.

Me alejo de ahí y preparo la bebida tan rápido como mis manos temblorosas me lo permiten. Coloco la tapa, el popote y se lo entrego de inmediato.

- Muchas gracias, Zack.

Se aleja seguida del hombre y la mirada de todos, y toma lugar en uno de los sillones disponibles casi al centro del local

- ¿Cómo sabe tu nombre? – pregunta a susurros Sam.
- Pues por mi placa…

Me llevo la mano al pecho y fijo la mirada una vez que no siento la placa de metal donde se supone debería estar. Sam levanta las cejas con obviedad.

- ¿Crees que sea la mujer de algún capo? – baja la voz tan sólo para que yo lo escuche – ¿O que ella en realidad ella sea la capo?
- ¿De qué rayos estás hablando?
- Trae guaruras – señala hacia afuera y luego a ella – Yo que tú me andaría con cuidado.
- Basta, no seas paranoi…
- Joven – el hombre que acompaña a la rubia está frente al mostrador – La señora Tegeirian quiere hablar con usted un momento.

Se aleja de ahí y yo tan sólo trago saliva comenzando a sentir temor.

- ¿Ves? – exclama Sam con exageración.
- No la hagas esperar – interviene Roy empujándome hacia fuera de la barra.

Le echo una mala mirada antes de decidirme a ir con la mujer. Camino a pasos lentos y precavidos hasta quedar frente a ella.

- Toma asiento – extiende la mano hacia el frente señalando el sillón, yo obedezco – ¿Quieres algo para tomar, Zack?
- No – niego – Gracias.
- Bien – coloca el café sobre la mesa al centro de ambos sillones – Seguro estás curioso por saber el motivo por el cuál estoy aquí.
- Siendo sincero estoy muy confundido.
- ¿Respecto a qué?
- ¿Cómo sabe mi nombre?
- Iré directo al punto – posa una mano sobre la otra encima de su rodilla – Te he investigado, pero antes de que puedas asustarte, te aseguro que no tienes nada de qué preocuparte. Antes de decirte lo demás, ¿podríamos hablar en un lugar más privado?

Ojeo el lugar, no hay demasiados clientes, y no sé si esto me da buena espina.

- El único lugar más privado es el vestidor de los empleados.
- Está bien, no hay problema por mí.
- Por aquí.

Me levanto seguido de ella, paso por el mostrador y sigo por el pasillo hasta colocarme frente a la puerta, la abro y señalo hacia dentro para que pase, el hombre que la acompaña se queda afuera una vez que cierra la puerta. La mujer observa el lugar luciendo calmada, me llevo las manos a mis pantalones para secarme el sudor de las palmas.

- ¿Has vivido siempre en Seattle? – pregunta de repente tomando asiento en uno de los bancos de madera.
- No, solía vivir en Portland – me recargo sobre la pared – Pero usted ya lo sabía, ¿no es así?
- Sí – responde sin pisca alguna de duda – También sé que eres un buen estudiante, las mejores notas en tu anterior escuela y en la actual, ¿sabías que estás entre los mejores treinta promedios del país?

Mi boca se entreabre de la sorpresa y confusión.

- ¿Por qué está aquí?
- No temas, no es lo que piensas. ¿Has escuchado algo sobre la academia Hoj?

Rebusco en mi memoria, y efectivamente, hay un leve recuerdo de la clase de economía del año pasado.

- Algo. Sé que es muy cara.
- ¿Sabes algo más?
- En una de mis clases mencionaron algo sobre las nueve flores, o algo así. Que se supone son familias con poder y dinero debido a sus negocios y…  – le echo otro vistazo comprendiendo el asunto – Oh.
- Oh – esboza una sonrisita – Soy Serena Tegeirian.

Extiende la mano y no puedo reaccionar, por lo contrario me siento agobiado tratando de asimilar por qué esta señora está frente a mí.

- Yo… no entiendo – estrecho su mano de inmediato – Lo siento, no logro entender por completo qué está sucediendo.
- Necesito tu ayuda, Zack.
- ¿Mi ayuda?

¿Por qué una persona como ella necesitaría la ayuda de alguien como yo?

- Así es, ¿sabes algo sobre el programa honey?
- Siendo honesto no sé qué sea eso.
- Te explicaré brevemente, este programa consiste en que estudiantes ejemplares, en este caso tú, ayuden a los estudiantes del curso avanzado de la academia Hoj en lo relacionado a asuntos académicos, puede llegar ser difícil e incluso abrumador para ellos tener tantas responsabilidades, podrías ser requerido inclusive fuera de clases, pero todo lo que hagas también será recompensado.
- Señora Tegeirian, debe saber que no soy exactamente la persona más inteligente. No sé si podría servir como… ¿cómo podría llamarlo? – pienso en la palabra adecuada – Tal vez maestro.
- Creo que tienes las cualidades para desempeñarte bien.  Ten esto – de su bolso toma un folder – Te daré un momento para que puedas leerlo con tranquilidad.

Recibo el documento y de inmediato me dedico a leerlo. Creo que la señora Tegeirian fue demasiado sutil al momento de explicar lo que hace un honey.

- En caso de que yo aceptase, ¿de quién sería Honey?
- De mi hija, su nombre es Sakura.

Asiento y dirijo la vista una vez más hacia las hojas en mis manos y continúo leyendo detenidamente.

- ¿Su hija cursa el último año?
- Bueno – duda un segundo – Ella tiene quince años de edad, sin embargo, fue promovida de curso.

Mi mirada se dirige una vez más hacia el documento. Me tomo mi tempo para leer, paso una hoja tras otra sin pasar por alto ninguna parte de la información hasta terminarla por completo.

- Entonces, ¿prácticamente sería niñero de su hija?
- No diría la palabra niñero para definir las actividades de un honey, más bien utilizaría la palabra “asistente”. No es un trabajo del todo fácil, pero es bien retribuido.
- Lo siento, señora Tegeirian,  no sé si sea un buen candidato. Parece requerir de mucho tiempo y yo no lo tengo, entre el trabajo y cuidar de mis hermanos no me queda demasiado tiempo disponible, además, por lo que tengo entendido, la academia Hoj está muy lejos del estado de Washington.
- Está bien, te dejaré pensarlo. Si decides hacerlo, no tendrás que preocuparte por nada de eso.

Un atisbo de interés aparece en mí, la observo con los ojos ligeramente entrecerrados.

- ¿A qué se refiere?
- Mi intención al venir aquí es que aceptes, Zack, no te lo voy a negar. Phillip – levanta la voz llamando a alguien, de inmediato entra el tipo fortachón y le ofrece una carpeta cuyo contenido es más grueso – Vine preparada con un contrato. Esta es una copia que puedes llevarte y leer con cuidado pero te adelantaré todo de manera general. Verás, no se supone que ofrezca todo hasta que mi hija te acepte como un honey oficial, y debo ser honesta, ella te pondrá a prueba, el lapso es por tres meses, pero esos tres meses no vienen con todos los beneficios, aun así te haré la oferta aunque estés a prueba pero esto debe quedar entre tú y yo. El contrato dice que debes ser su honey durante un año para poder gozar de todos los beneficios. La razón viene señalada en el folder en tus manos, además de lo que puede suceder en caso de que aceptes y renuncies.
- No me malinterprete pero parece darle demasiadas vueltas al asunto, ¿por qué?
- Bueno, mi hija es… – mueve las manos para ayudarse a encontrar las palabras correctas – Un poco difícil de sobrellevar, en realidad debes tener mucha paciencia con ella. Pero hablemos de los beneficios, vienen especificados todos ahí: te ofrezco un nuevo empleo para tu madre, el cual pueda retribuirle hasta cinco veces más de lo que hace el empleo que posee ahora, además, residencia para ti, tu madre y tus hermanos, gastos del hogar como agua, luz, internet, alimentos, etc. cubiertos, por lo tanto lo que tu madre gane en su trabajo será para gastarlo en lo que ella quiera. Aparte tu educación y la de tus hermanos, y si cumples con tu año, pagaré cualquier universidad del país o extranjera a la que quieras asistir, no importa el costo – mi boca se abre tanto que escucho crujir los huesos de mi mandíbula – Además, me encargaré de que tu padre no sea transferido a Detroit, sino al centro penitenciario de San José para que puedas visitarlo siempre que quieras y tus responsabilidades te lo permitan. ¿Qué opinas?

Simplemente me quedo en blanco, es demasiado.

- En realidad no sé qué decir.
- Está bien, puedes pensarlo, pero quiero tu respuesta más tardar a la media noche, las clases comienzan el lunes y es poco tiempo para tu traslado a la ciudad. Puedo permitir que faltes un día, pero ni uno más, debes saber que la educación de mis hijos es extremadamente importante para mí.
- Espere, es prácticamente nada de tiempo para una mudanza – me aclaro la garganta – En caso de aceptar.
- Déjame a mí lo de la mudanza, sólo lee el contrato con detenimiento y comunícate conmigo a este número – extiende una tarjeta, luego se levanta y abre la puerta – Fue un placer hablar contigo, espero tu llamada, Zack.
- Hasta luego.

Como un completo bobo la observo perderse en el pasillo, y una vez que llego al lado de Sam la veo marcharse en su vehículo lujoso seguida por sus empleados.

- ¿Qué quería? – pregunta mi amigo sin nada de disimulo.
- No vas a creerlo si te lo digo.
- ¿Acaso quiere ser tu Sugar Momma? – blanqueo los ojos.
- Claro que no, no seas idiota.
- Dijiste que no lo creería si me decías – levanta ambas manos en son de paz.
- Lee esto.

Le entrego el primer folder y el chico se apresura a leerlo, observo un instante el lugar y al asegurarme de que no hay clientes llegando, tomo mi celular y tecleo el nombre “Serena Tegeirian” en el buscador, al instante aparecen millones de resultados, me concentro en leer los más destacados.

- ¡Wow, es ella! – el rostro de mi amigo se recarga sobre mi hombro y acerco más el teléfono para que ambos podamos observarlo – Esa señora es demasiado bella.
- Ella mencionó algo de las nueve flores.

Tecleo las palabras en el buscador una vez más y de inmediato aparecen los resultados, se trata de nueve familias y su apellido está entre los nueve.

- A ver, quién es esta hermosa – Sam entromete su mano y con el dedo índice selecciona la foto de una rubia.
- Khaleesi Susique – leo en voz alta.
- Su nombre suena como de novela – el chico selecciona otra foto – Evian Susique… seguro son hermanos, se parecen demasiado.

Selecciono otra foto.

- Jonathan Lys – leo nuevamente en voz alta.
- Él me parece conocido de alguna forma – interviene mi amigo – Mira este, a lo mejor resulta ser tu familiar.
- Sam, que ambos tengamos rasgos asiáticos no nos hace parientes.
- Tienes razón, el tal Jude Uddobain es más atractivo que tú, tú eres feo, amigo.
- Cierra la boca – toco en la pantalla la foto de unos gemelos – Estos deben ser sus hijos.
- ¿De la rubia?
- Sí, tienen el mismo apellido: Elliot y Lyel Tegeirian.
- ¿Vas a ser niñero de ellos?
- No, en realidad, en caso de aceptar, sería niñero de ella – selecciono la foto de la chica.
- Sakura Tegeirian – lee lentamente el pelinegro – ¿Por qué los ricos tienen nombres tan raros?
- No lo sé – la observo con detenimiento, la chica sonríe levemente, sin mostrar los dientes.
- Ella es muy bonita, hermano – se acerca más – Pero se ve intimidante, pareciera que sus ojos son los de una serpiente.

Suelto una risa y hago zoom a su rostro, sus ojos se ven azules de lejos, sin embargo, de cerca son verdes. Tiene ciertos rasgos bastante similares a los de su madre, su padre y sus hermanos, no cabe duda de que sean parientes.

- No entiendo para qué me quiere su madre apoyándola con sus estudios si claramente ella puede hacerlo por su cuenta.
- ¿Por qué lo dices?
- Su madre dijo que fue promovida de curso, estudiará el último año y apenas tiene quince años.
- Oye, ¿y si está loca? Quizás por eso su mamá busca quién la contenga. O quizás, le busca futuro marido – levanta ambas cejas.
- ¿Qué dices?
- Es broma, amigo, es broma – palmea mi espalda – Pero considera que ella es millonaria, no tendrías que trabajar ni un día más.
- No seas idiota, Sam.
- Bueno, eso era también una broma. Relájate – continuamos observando la pantalla de mi teléfono celular – ¿Y qué opinas respecto al asunto?
- No lo sé, tendría que mudarme a San José California.
- ¿Qué hay de malo con eso?
- Debo estar allá para el lunes.
- Oh mierda – se toma la barbilla – eso es muy poco tiempo.
- Debo darle mi respuesta hoy.
- ¿Qué hay de tu familia? Espero no hayas pasado por alto el hecho de que tu padre será transferido a Detroit.
- No lo hice – observo a clientes entrar al local – Te contaré bien después del trabajo.

Luego de nuestra jornada laboral, Sam y yo llegamos al McDonald’s. Últimamente mi amigo Sam es quien me ha ayudado a aclarar mi mente y pensar objetivamente. Aunque, sigue siendo una propuesta bastante seria que simplemente no puedo tomar a la ligera.

Una vez que estoy a casa, el teléfono fijo suena y me levanto de la silla para dirigirme hacia la sala y responder.

- Mina, ¿quieres bajar el volumen del televisor un poco, por favor?
- Claro – la pequeña toma el control remoto y obedece sin dejar de mirar Paw Patrol y brincar junto a Seiya.
- ¿Hola?
- ¿Zack? – rápido reconozco la voz de mi padre.
- ¿Papá? ¿Qué sucede?
- ¿Está mamá en casa?
- No, sigue en el trabajo.
- ¡Demonios! – lo escucho tomar un suspiro profundo – Zack, escúchame, no puedo tardar demasiado en la llamada. Por favor avisa a tu madre que me van a trasladar mañana, necesito que se comunique con Ned.
- ¿Por qué lo adelantaron?
- Hijo, por favor hazlo, la llamada va a…
- ¿Papá?

La llamada se ha cortado de repente.

- ¿Es papá? – pregunta Seiya acercándose a mí – ¿Él está bien?
- Él está bien – observo el televisor y me tomo mi tiempo para pasar el nudo en mi garganta – Es tarde, vayan a dormir.
- Pero no hemos cenado – se queja mi hermanita.
- Bueno, les daré de cenar – tomo el control y apago el televisor – Pero vamos ya.

Ambos pequeños se dirigen hacia la cocina dando saltos y festejando por alguna razón ajena a mí, aunque creo que lo hacen simplemente porque son pequeños e inocentes. Toman asiento en la mesa y me encamino hacia la alacena, tomo dos platos, dos cucharas y el cereal, a continuación abro la puerta del refrigerador, el nudo vuelve a aparecer en mi garganta al percatarme que lo único dentro es un cartón de leche lleno a la mitad, un poco de queso y cuatro huevos.
Me las ingenio para verter lo poco que queda dentro de la caja de cereal en los dos platos, sirvo leche dentro y coloco un plato frente a Mina y el otro frente a Seiya. Me toma tres segundos de mi tiempo observando a mis hermanos comer los restos de la caja de cereal para tomar mi cartera y buscar la tarjeta de la señora Tegeirian.
Tecleo el número en mi celular y me alejo de los niños para realizar la llamada.

- Buenas noches, Zack – el celular no timbró ni dos veces.
- ¿Cómo sabía que era yo?
- Intuición. Pero dime, ¿te has decidido?
- Sí – observo a ambos pequeños, mi hermanita cruza la mirada conmigo y mueve su cuchara a modo de saludo, y después lanza un beso en el aire en mi dirección, me limito a sonreírle y responder el beso – Decidí que lo haré.
- Estoy muy feliz por tu decisión – puedo confirmarlo, su tono de voz lo demuestra.
- Pero dígame, ¿cómo haré para la mudanza?
- Ve a clases mañana como normalmente lo haces, y en tu trabajo pues, creo que lo mejor sería que renunciaras de una vez. De lo demás me encargo yo, ¿ya cenaron tú y tus hermanos?
- Estoy en eso – ojeo nuevamente a la pequeña y el pequeño.
- Muy bien, estaré en contacto contigo. Descansa.
- Bien.

La señora Tegeirian tranca la llamada y un escalofrío me recorre por completo.

Cuando mis hermanos terminan su cena me encargo de llevarlos a su habitación y después regreso para asear la cocina. Mientras lo hago escucho la puerta de la entrada abrirse, me asomo por el marco de la puerta y veo a mamá entrar.

- Buenas noches – saluda – ¿Qué haces? ¿Tienen hambre?
- Hola. No realmente, Mina y Seiya acaban de quedarse dormidos, cenaron cereal y yo pasé a McDonald’s. ¿Tú ya cenaste?
- Sí, amor – se quita el saco y lo cuelga en el perchero a un lado de la puerta, después camina a zancadas grandes hasta llegar a mí y me abraza.
- ¿Qué pasa?

Se aferra a mí con más fuerza, por consiguiente yo también la abrazo. De repente empieza a sollozar y doy por sentado que se ha enterado de lo de papá.

- Tengo buenas noticias – se separa de mí para observarme de frente – En realidad son excelentes noticias.

Cubre su boca evitando seguir sollozando y yo no puedo estar más confundido.

- Cuéntame qué pasa.
- Cariño, tu padre ya no va a ser transferido a Detroit.
- ¿Ah?

No ha pasado ni hora y media desde que hablé con papá.

- El director del centro penitenciario de Seattle se comunicó conmigo, lo mandarán a San José, que es mucho más cerca de aquí. Pero eso no es todo – se lleva las manos al pecho y suspira, luego sonríe en grande una vez más – Me hablaron para un trabajo en la ciudad, vamos a estar cerca de papá. ¡Es como un milagro!

¿Qué demonios está sucediendo?

Mi madre vuelve a abrazarme con fuerza y luego sin decir nada más se va hacia su habitación cantando con emoción. Estoy seguro que esto ha sido obra de Serena Tegeirian, ¿acaso esa mujer es el diablo? No me explico cómo hizo tanto en tan poco tiempo.


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The Honey System - Página 3 Empty Re: The Honey System

Mensaje por Bart Simpson el Jue 07 Nov 2019, 1:35 am

Capitulo 03 |3|
Master is Sakura || Honey is Zack || Bart Simpson.




Zack Blake
La mudanza tuvo algunos pequeños e inevitables contratiempos así que hemos llegado el lunes y no el domingo, sin embargo, por fin estamos en San José, California. Creo que la expresión de mi mamá y hermanos es idéntica a la mía; estamos frente a la residencia que Serena ha conseguido para nosotros y no puedo creerlo. Ni siquiera cuando le iba bien a papá en la compañía tuvimos una casa así.

- Vayamos a verla – mamá es la primera en hablar.

Nos adentramos al lugar cargando sólo nuestras mochilas.

- ¡Wow! – exclamo al observar el lobby, es amplio.
- No creo que nuestros muebles puedan llenar este lugar, mami – avisa Mina sin dejar de observar la casa con la boca entreabierta.
- No importa, amor. Vamos a comprar muebles más grandes – carga a la pequeña.
- Me gusta esta casa, ¿puedo elegir mi habitación?
- ¡Elegiré primero! – me adelanto a Seiya y subo las escaleras corriendo.
- ¡No es justo, Zack! – lo escucho quejarse detrás de mí – ¡Mamá, dile algo!
- Cariño, todas las habitaciones son amplias y lindas. Ve a elegir la tuya.

Es lo último que escucho antes de girar el pomo de la que será mi habitación. Me quedo observando como bobo y hago una imagen mental de dónde irá cada uno de mis muebles.

- Zack, ¿podrías ir conmigo? – giro el rostro encontrándome con mi hermana.
- Claro, vamos.

Tomo su mano y salimos de ahí, la pequeña señala una puerta y la abro para ella. Se adentra un instante y observa detenidamente la habitación.

- Me gusta esta – anuncia – ¿Crees que pueda tener una cobija de Elsa cuando llegue mi cama?
- Creo que podrás tener lo que quieras de Elsa – pellizco levemente su mejilla.
- ¡Yo quiero en frente de Mina! – la estruendosa voz de Seiya hace eco en la casa vacía – Así te puedo cuidar.
- Tú no me cuidas, tú me peleas siempre.
- Pero ya va a cuidarte – intervengo – Porque tú eres su hermanita y es deber de los hermanos cuidar de nuestras hermanitas, ¿cierto?

El pequeño asiente.

- Entonces sí.
- Vamos a ver el jardín trasero – el niño toma la mano de Mina y se la lleva escaleras abajo.
- ¡Zack!

Corro por las escaleras rastreando el lugar del cual proviene su voz.

- ¿Qué sucede? – pregunto adentrándome a la cocina.
- ¿Qué es esto? – mantiene abierta la puerta del refrigerador.
- ¿Qué?

Me asomo para encontrarme con la nevera repleta de provisiones, creo que comienzo a enamorarme de la señora Tegeirian.

- ¿No te parece extraño, Zack? – arruga la nariz.
- Neh, seguro lo mandaron de tu nuevo trabajo. Tenías razón al decir que es magnífico.
- ¿Verdad que sí?
- ¡Claro! – mi celular comienza a vibrar dentro de mi bolsillo – Ya vengo, tengo una llamada entrante – salgo de la casa para responder al darme cuenta de que es Serena quien habla – Hola, señora Tegeirian.
- Hola, Zack, ¿qué les pareció su nueva casa? Me comuniqué con la mudanza y los muebles llegarán en aproximadamente media hora para que estén al pendiente.
- Sí, lo haremos.
- Ellos les ayudarán a instalar todo, por lo tanto será rápido, así que necesito que vengas a casa para que puedas conocer a Sakura, Elliot y Lyel, y presentarte a la presidenta y vicepresidenta de los honeys.
- Claro que sí – los gritos de mis hermanos llaman mi atención – Por cierto, gracias por el gesto de la nevera.
- No es nada – suelta una risita – Mandaré la limusina por ti a las cinco de la tarde.
- Está bien. Adiós, señora Serena.
- Sólo Serena.
- Adiós, Serena.
- Bye.

Entro nuevamente a la casa sin dejar de sonreír. El tiempo que tarda el camión de mudanza se pasa rapidísimo, una vez estacionado en la entrada salimos a ayudar, aunque básicamente sólo tenemos que dar indicaciones de dónde irá cada mueble, mamá pudo organizar eso durante el tiempo de espera.
Indico dónde van los muebles en mi habitación y me sorprendo al darme cuenta del espacio sobrante; literalmente tengo media habitación libre.

- Muchas gracias – mi madre sale hasta la entrada del jardín delantero a despedir a las personas de la mudanza – Que tengan una linda tarde.

Agita la mano incluso cuando ellos ya están casi perdiéndose en el horizonte.

- Má – llamo su atención – Debo ir a un lugar para hablar sobre asuntos de la escuela. Puedes dejar trabajo para mí, llegando terminaré de ordenar.
- Está bien, ve sin cuidado. Pero báñate y vístete presentable, no vayas así. John me hizo el favor de conectar las conexiones del gas y me dijo que hay calentador solar.
- ¿Quién es John?
- El de la mudanza – suelto una risa.
- Está bien.

La abrazo un instante y después me adentro a casa para tomar una ducha, no sé a dónde me dirijo pero seguro no puedo llegar luciendo tan informal. Termino por elegir un look monocromático; playera, jeans y tenis Vans de color negro, además de una chaqueta ligera encima del mismo color.
Me coloco mi reloj en la muñeca y antes de salir rocío un poco de loción, bajo corriendo antes de que mamá pueda ver la limusina y empiece a pensar cosas raras.

- Buenas tardes, mi nombre es Sam y voy a llevarlo a la residencia de los Tegeirian – saluda un hombre de mediana edad vestido de manera formal, a continuación abre la puerta para mí.
- Hola, Sam. Buenas tardes, te llamas como mi mejor amigo – sonrío y él me responde con una sonrisa aún más grande – Mi nombre es Zack.
- Adelante, joven Zack.
- Gracias.

Tomo asiento y no puedo evitar sentirme incómodo ante tanto espacio para mí solo.

- Por favor póngase el cinturón de seguridad, joven Zack.
- Ah, sí. Ya está.

Jamás había visitado San José, tiene una vista muy hermosa, así que no paro de observar todo el camino. Le lleva a Sam aproximadamente veinte minutos llegar hasta el lugar.
Tengo que recargar el rostro en la ventana y tallarme los ojos varias veces para ver con claridad el lugar en el que me encuentro, es impresionantemente enorme, en realidad jamás había visto una casa tan grande. Instintivamente empiezo a jugar con mis dedos, causa de mi nerviosismo.

Sam abre la puerta para mí y salgo del vehículo, mi rostro gira de un lado al otro al encontrarme con al menos cuatro limos más. El hombre me guía por unos cuantos metros hasta la entrada donde Serena espera por mí.

- ¡Hola, Zack! – abre sus brazos y de alguna forma me siento pequeño y no merecedor de saludarla de esa forma.
- Buenas tardes, Serena – respondo su pequeño abrazo.
- ¿Cómo fue la mudanza?
- Muy rápida, muchas gracias.
- ¿Hubo algún percance? ¿Necesitan algo más? Tal vez muebles, más comida, o algo por el estilo.
- Oh claro que no, estamos muy bien. Gracias por su preocupación.
- Perfecto, si necesitan algo, lo que sea, díganme. Vamos – abre las puertas de su casa mientras me guía – Primero comeremos algo y después hablaremos sobre tu contrato para que lo firmes. ¿Hablaste con tu madre respecto a esto?
- Lo siento, no lo he hecho. Para ser honesto, no estoy seguro de si pueda contárselo ya.
- No te preocupes, pero por favor no tomes tanto tiempo. Tus padres, ambos, deben estar al tanto.

Mientras la señora Tegeirian continua hablando, principalmente por la razón de que su marido no vaya a acompañarnos hoy, me dispongo a observar el camino, atravesamos un pasillo que me da vista al gigantesco lobby a mi derecha. Lo primero que noto es el cuadro enorme de un retrato de su familia pintado en óleo sobre lienzo, a continuación, mi vista se fija en el cuadro con la foto de su hija vestida de lo que parece ser un traje de ballet, estoy casi seguro que el vestuario es el de la obra “El lago de los cisnes”.

A continuación seguimos el camino por un extenso pasillo hasta atravesar una puerta de algunos tres metros de altura, mi vista viaja hacia arriba al pasar por debajo de los candelabros.

- Buenas tardes, señora Tegeirian – la saludan al unísono dos rubias de bellas facciones y baja estatura.
- Hola, hermosas – saluda a ambas de beso – ¿Cómo han estado? ¿Dónde están Lyel y Elliot?
- Ya nos comunicamos con ellos, Lyel me dijo que venían en camino, creo que no sabían que usted estaría aquí – responde la de lentes.
- No, linda. Yo les avisé.
- Quizás lo olvidaron – ahora la otra rubia.
- Los llamaré. Chicas, él es Zack – me señala – Será honey de Sakura, conózcanse un poco en lo que hago las llamadas.

Las chicas se observan un instante con expresión seria antes de volver a sonreírme.

- Soy Maxie.
- Y yo Jennie.
- Pueden decirme Zack – estrecho mi mano con ambas.
- ¡Ven para acá en este preciso momento, Sakura!

Serena grita al teléfono con notable molestia en su voz, cuando se percata de que fue demasiado ruidosa nos da la espalda y se aleja un poco más.

- ¿Conocen a Sakura? – pregunto con curiosidad a ambas.
- Zack, no voy a mentirte, ella es la reencarnación de Lucifer.
- ¡Jennie! – la regaña su hermana – No lo asustes, tonta. Ignórala por favor, debes tener en cuenta que todos tenemos nuestros momentos y  debes ser paciente. Siempre que recuerdes eso, todo saldrá bien. Te recomiendo también tener una agenda a la mano siempre, o un cuaderno para hacer anotaciones, te salvará la vida.
- Lo siento, Zack.
- Descuida.

Estoy incluso más ansioso de lo que ya estaba, las risas de dos chicos se hacen presentes, volteo por inercia encontrándome con los que parecen ser Elliot y Lyel. Incluso con sus vestimentas para hacer deporte denotan clase y elegancia.

- ¿Por qué no nos avisaste que estarías aquí? – saluda el más rubio abrazando a su madre.
- Yo les avisé, ¿por qué están vestidos así?
- Estábamos por practicar basketball – explica el otro.
- ¿Dónde está Sakura?
- No lo sé, estaba molesta por quién sabe qué cosa así que la dejamos hacer lo que quisiera.
- Lyel… – la rubia se lleva las manos a las caderas.
- ¿Qué podía hacer? Tu hija está loca – voltea a ver a las chicas – ¿Qué hacen ellas aquí?
- Están aquí por él – me señala.
- ¿Quién es este? – pregunta ahora el otro.
- Sin ser despreciable por favor, Elliot – lo regaña su madre.

El chico revolea los ojos y pasa por en medio de las chicas empujándolas levemente, a continuación, al que he reconocido como Lyel, hace lo mismo chocando su brazo izquierdo con la rubia de lentes. La mujer las observa apenada.

- Está bien, señora Tegeirian. No tiene que preocuparse o sentirse mal por nada.
- Tomen asiento por favor.

Me siento del lado de las rubias pequeñas, frente a nosotros están ambos hermanos ignorándonos por completo, simplemente están concentrados en sus teléfonos.

- ¿Qué vamos a comer? – pregunta el más rubio sin quitar la vista de su móvil.
- Comida – responde su mamá con sarcasmo, el chico la observa de mala gana y después regresa la vista a la pantalla de su celular – Primero vamos a esperar a su hermana. No se desesperen, no tarda en llegar – ahora nos dice a nosotros.
- Está bien, pierda cuidado – empieza a hablar la rubia que no lleva anteojos – ¿Cómo le fue en su viaje a Rusia?
- Se supone que debo estar allá, Maxie – explica recargándose con elegancia sobre la mesa – Pero tú sabes qué me hizo regresar.
- ¿Y volverá pronto, o se quedará aquí ya? – ahora cuestiona la rubia que usa los anteojos.
- Debo irme hoy en la madrugada.
- Rayos, imagino que ha de ser difícil.
- Sólo el viaje es pesado, de ahí en más me fascina mi trabajo.

Las tres rubias se enfrascan en una charla sobre trabajo y viajes, me quedo simplemente quieto sin hablar, me desconozco por completo pero en realidad no estoy seguro de qué decir.

- ¿Qué edad tienes, Zack? – pregunta la reconozco como Maxie.
- Cumplí diecisiete hace tres semanas – asiento brindándoles una pequeña sonrisa.
- Genial – da unos cuantos aplausos – Feliz cumpleaños atrasado.
- ¿Cumpleaños atrasado? – pregunta Elliot burlón.
- Sí, Elliot.
- Ya llegó Sakura – anuncia Jennie removiéndose inquieta en su asiento.

Mi vista viaja de inmediato hacia la entrada, se acerca una chica alta y de complexión delgada, ojos claros que parecen los ojos de una serpiente, tal cual lo dijo Sam, y cabello largo de color castaño muy claro amarrado en una coleta de caballo. Centro mi atención en la su pierna derecha al descubierto con lo que parece ser sangre en la misma, luego en su rodilla izquierda. La chica viste un traje, bastante desaliñado, roto y empolvado, de equitación. Su expresión es de pocos amigos mientras camina con el casco debajo de su brazo derecho, cuando pasa por detrás de sus hermanos golpea la cabeza de ambos y ni siquiera voltea a verlos.

- ¡Auch! – se quejan ambos.
- Fíjate por dónde vas – pide Lyel llevándose la mano a la cabeza.
- ¿Qué te pasó? – pregunta su madre.
- ¿No es obvio? – el tono de su voz me provoca un escalofrío, luego lanza el casco sobre la mesa, éste impacta sobre la misma y después cae al piso.
- No es obvio, Sakura, por eso te estoy preguntando – Serena responde con tono calmado.
- Didi me tiró.
- ¡¿Te caíste del caballo?! Dios, espero que no te hayas fracturado ningún hueso.

Se levanta de su asiento y va hacia su hija quien se permite ser abrazada por su madre. La rubia toca ambos brazos de la chica y después la ayuda a sentarse para revisarla mejor, se pone de cuclillas y ve las heridas de la muchacha más de cerca. Segundos después entra una chica corriendo, en sus manos sostiene un botiquín de primeros auxilios y se lo entrega a Serena.

- Te dije que tuvieras cuidado – Elliot regaña a la chica mientras se pone de pie y va hasta ella.
- Tuve cuidado, pero resulta que aún no tengo la habilidad de controlar mentalmente a los caballos – responde la chica a regañadientes
- ¿Hay algo en lo que podamos ayudar? – se levanta de su silla Maxie.
- Tan sólo pega tu trasero en la silla, enana – le echa una mirada envenenada y después suelta un grito – ¡Eso me dolió, madre!
- Deja de ser odiosa.
- Pásame el alcohol, por favor – pide su hermano quien ayuda a Serena a limpiar las heridas.
- ¿Crees que quiero morir? – toma el envase con agua oxigenada – Ten.


Media hora pasó en lo que auxiliaban a la castaña, tanto las rubias pequeñas, Lyel y yo, fuimos inútiles, ya que sólo nos quedamos observando. Pero una vez Elliot y Serena terminaron, la comida fue servida.

- ¿Estás bien? – susurra a mi lado Maxie.
- Sí – respondo de la misma manera.
- Lyel, Elliot, Sakura – los tres la observan momentáneamente – Ahora que Shayna pidió a Sakura que la despidiera – los tres se observan con una sonrisa burlona, en especial Sakura y Lyel – Estuve hablando con su padre. Consideré la opinión de Sakura y este chico frente a ustedes, como ya les había comentado por teléfono, será el nuevo honey de su hermana.

Los tres dirigen la mirada hacia mí, la castaña simplemente parece no entender la situación, me observa como si ni siquiera se hubiese percatado de mi presencia en todo este tiempo a pesar de que estoy sentado frente a ella.

- ¿En qué momento nos dijiste que habías buscado un honey para Sakura? – pregunta el más rubio.
- No puedo creer que en serio le hayas buscado un chico como honey…

Los dos chicos se centran en iniciar una pequeña discusión con su madre por haber elegido un chico y no una chica, en cambio Sakura, bueno, ella no deja de observarme fijamente.

- ¿Por qué te ves tan pálido?

Pregunta sin siquiera gesticular algún tipo de expresión en su rostro.

- Yo... – echo un vistazo hacia las rubias – En realidad no lo sé.
- Más te vale hacer bien tu trabajo y sólo tu trabajo – advierte el más castaño.
- Le doy una semana – opina el otro más para sí mismo.
- Me gusta – la chica alza los hombros un instante – Pero debes cortarte ese cabello, rebaja ambos lados. ¿Ves a mis hermanos? – asiento sin entender del todo – Algo así quedaría bien porque con ese corte de hongo pareces un idiota.
- ¡Beverly!
- ¡¿Qué?! – mira a su madre sin entender la razón de su regaño – Es sólo un consejo de imagen. Si yo luciera como una idiota me gustaría que alguien me lo dijera.
- Guárdate tus comentarios.

Sakura levanta las manos en son de paz y una vez que llega el platillo fuerte se concentra en comer al igual que sus hermanos.

- ¿Cómo pasó sus vacaciones, Serena? – la rubia de lentes rompe el hielo.
- El tiempo que no estuve trabajando, fue asombroso – la sonrisa vuelve a su rostro – ¿Qué hicieron ustedes?
- Visitamos a nuestra abuela  en Arizona.
- ¡Grandioso! ¿Cómo les fue con el calor? Arizona es demasiado caluroso en estas fechas.
- A Jennie le dio insolación – se burla – Pero pasó rápido.
- ¿Qué hay de ti, Zack? – pregunta la mujer entornando su mirada esmeralda en mí.
- Mis vacaciones fueron tranquilas, de hecho estuve trabajando.
- ¿No saliste a ningún lado? – pregunta Maxie.
- No.
- Oh, ya habrá la oportunidad de hacerlo, no te preocupes – intenta consolar, me limito a asentir ante su gesto  – ¿Cómo pasaste tus vacaciones, Elliot?
- Bien – responde sin observarla. La chica asiente, traga saliva y después dirige su vista hacia la castaña.
- ¿Y tú, Sakura?
- Veamos… la mayor parte de mis vacaciones fueron una mierda, Duende uno. Me esperaba disfrutar del sol y las playas de Mykonos y Santorini, pero en su lugar, me la pasé vacunando a niños contra la malaria en un pueblo escondido de Tanzania.
- Es… uhm – aclara su garganta – Tu madre mencionó que se acerca tu fiesta de dulces dieciséis, ¿ya tienes los preparativos?
- ¿Qué te importa? No estarás invitada de todos modos.
- ¡Niña! – los regaños de Serena simplemente son inútiles.

Maxie regresa la vista hacia su plato, evidentemente la castaña frente a mí le ha robado el ánimo de hablar sobre cualquier tema que se le hubiese llegado a ocurrir. Evito la mirada de la castaña y de reojo puedo observar cómo su madre se lleva las manos hacia sus sienes y después las frota con fastidio.



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Sakura Tegeirian

Fijo la vista en la ventana ignorando por completo la charla de hermano uno y hermano dos, hablar de culos de chicas no es exactamente mi especialidad. El camino me lo sé al derecho y al revés, por lo tanto, me aburro casi instantáneamente. A continuación, aliso mi falda a cuadros rojos y negros, este día decidí vestir la falda lisa en lugar de la que lleva tablones, no es exactamente mi uniforme favorito.

- ¿Por qué estás tan seria? – la voz de hermano dos me hace voltear a verlo.
- Estás hablando de culos, ¿qué puedo decir? – levanto la ceja – No admiraré los traseros de quien sea que estén hablando, mucho menos si en su conversación están intrínsecas las enanas.

Lyel carraspea ante mi respuesta y después se dispone a acomodar el nudo de su corbata.

- ¿Ya renunció Zayn? – lo observo extrañada.
- ¿Quién demonios es Zayn?
- Tu honey – responde con tono serio y obvio.
- Ese no es su nombre – cruzo los brazos – Se llama Blake… creo.
- Creí que Will era su nombre – interviene Lyel, vaya sorpresa.
- Como sea, la respuesta es no, no ha renunciado.
- Te lo dije – Lyel levanta la mano a la altura de la barbilla de Elliot – Págame.
- ¿Qué? – me inclino a la par que ellos se pegan completamente al asiento huyendo de mí.
- Elliot apostó conmigo a que no duraría ni veinticuatro horas.

Le echo un vistazo a hermano uno, éste abre tanto sus ojos que parecen dos huevos duros a punto de salírsele de sus cuencas.

- ¿Es por eso que me evitan en la academia? Porque apuestan a mis espaldas, ¿es así, Samay?
- Es sólo un juego, Sakura. No te enojes.
- Ve a jugar con el culo de tu enana, seguro a Duende uno le encantará.
- ¡Oh, vamos!

Toma asiento a mi derecha e intenta sostener mi mano, la cual alejo con rapidez. Elliot ha comenzado a ponerme de genio desde la semana pasada, comenzó a ser especialmente odioso desde que Lyel y yo nos fuimos a Brasil con Evian. Apenas visualizo el instituto, mi mirada viaja directamente al jardín frente al enorme portón de la entrada, normalmente es el lugar donde los honeys esperan a sus masters. Las palabras de Elliot se desvanecen hasta ser un simple susurro inentendible en mis oídos, toda mi atención está completamente centrada en la conversación que sostienen Santa Mei y Blake, a su lado están Daia y Lua.

No observo a Elliot hasta que éste deposita un beso en mi sien, lo miro de mala gana y el chico levanta ambas manos en son de paz, luego abre la puerta detrás de él antes de que Jim pueda hacerlo y sale. Lyel se apresura a salir antes que yo, imito su acción y los observo caminar a grandes zancadas en dirección de la entrada de la academia.

Empiezo a caminar una vez que Jim cierra la puerta y se despide de mí. Escucho las risas estruendosas de Daia y la risa sutil de Lua sin quitar la vista de mis hermanos.

- ¡Concéntrate, Casanova!

Exclama Elliot pasando al lado de Blake y tirando al piso con un manotazo las hojas que sostenía entre sus manos, después besa la mejilla de Lua y a Daia casi en la comisura de los labios, siendo especialmente lento, puedo ver que la chica se derrite como un cono de helado bajo el sol intenso de las playas de Malibú. Lyel choca su hombro contra el chico que apenas iba a inclinarse para recoger lo que hermano uno tiró y después deposita un beso en la mejilla de Daia y otro en la frente de Lua.

Coquetos de mierda.

Aumento la velocidad en mis pasos y al pasar junto a mi honey vuelvo a tirar con otro manotazo los papeles que acaba de levantar esperando liberar un poco de la frustración que hermano uno ha provocado en mí. Tomo la mano de Lua y le lanzo un beso en el aire antes de seguir caminando.

- Te veo en clases.

Ella asiente entregándome una linda sonrisa, suelto su mano y antes de irme miro de mala gana a la morena frente a mí.

- ¿A mí no me vas a mandar beso?

Pregunta sin captar del todo mis celos de hermana, me limito a girar hacia el frente y seguir mi camino.

- Buenos días – saluda Blake alcanzándome.
- ¿Qué hacías con Mei?
- Uhm… Mei me explicaba más sobre el asunto de ser honey – paro en seco y lo miro de frente.
- ¿El “asunto”? – hago las comillas en el aire – No me hagas despedirte, Blake.
- Buenos días, Sakura. Buenos días, Zack.

Ambas enanas saludan con sincronía mientras pasan corriendo por un lado nuestro en busca de hermano uno y hermano dos, ojalá esos pies de pollo se enredaran y cayeran como res al piso.

- Buen día, chicas – el castaño a mi lado levanta la mano a modo de saludo – ¿Notas algo distinto en mí?

Es obvio que lo hice, fue lo segundo que vi después de notar que la madre Mei de Calcuta se ha acercado a él.

- ¿Te refieres a la anorexia extrema? – doy vuelta al pasillo – Sí, lo noté.
- Ah… no. En realidad, seguí tu consejo y rebajé ambos lados – se lleva una mano al cabello.
- ¿Y? ¿Esperas una fiesta de felicitaciones?
- No…

Antes de que pueda decir algo más, me adentro al aula y ubico instantáneamente a Jude, sin pensarlo dos veces corro hasta tomar asiento a su lado y abrazarlo. De inmediato dos pares de ojos claros se posan sobre nosotros, Jude ama joder la existencia de mis hermanos, así que no es de sorprender que me rodeara con sus brazos provocando miradas fulminantes sobre él.

- La madre superiora estaba esperando por ti en la entrada – el chico suelta una risita traviesa.
- Lo sé.

Los demás alumnos entran seguidos del otro al aula, siendo Santa Mei  la última, la chica entra corriendo por la puerta justo cuando la campana de clase está sonando, pasa al lado de nuestro escritorio apuñalando con la mirada a Jude. La observo un instante y después la ignoro por completo, sin embargo, Jude gira el rostro siguiéndola hasta
su asiento copiando con exactitud a la poseída Regan MacNeil.
El profesor de química se hace presente, camina a paso lento sosteniendo un maletín en una mano y un frasco de Dewar con café en la otra.

- Buenos días, alumnos – tan sólo los honeys responden el saludo, el hombre escanea al grupo levantando la ceja, después fija la mirada en nuestra dirección y empieza a golpetear la suela de su zapato contra el piso con impaciencia, por un momento creo que Jude es el dueño de esa mirada envenenada – Sakura Tegeirian…
- ¿Sí? – inquiero recargando la cabeza en el hombro de mi amigo.
- Regresa a tu curso, por favor.
- Yo estoy en este curso, profesor Russo.

El hombre endurece la mirada, al parecer ni se ha tomado la molestia de revisar las listas de clase que actualizan tan seguido como los masters cambian de honey. A continuación, de su portafolio toma una carpeta y sin apuros revisa algunas hojas hasta detenerse en una en específico, su mirada viaja del papel a mí una y otra vez hasta darse por vencido.

- En ese caso – carraspea – La señorita Maddox y el joven – inspecciona la lista una vez más – Blake, deberían saber dónde son sus lugares.

Ahora su mirada viaja en dirección de ambos. Giro el rostro observándolos con burla, Santa Mei hace lo posible por ocultar su expresión de fastidio, mientras que Blake no entiende un carajo de la situación. De reojo observo a Jude levantarse de su asiento, acaricia mi cabeza con delicadeza y procede a encaminarse hasta quedar frente al escritorio de Mei.

- Muévete.

Ordena a Blake, éste se levanta de inmediato aún sin comprender del todo lo que sucede, es como una jirafa con falta de memoria a corto plazo, está perdido en todo momento. Luego toma su mochila y se dirige hacia el asiento a mi lado.



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Mi cabeza yace sobre una de las mesas fuera de la cafetería, es tan sólo mi tercer día y honestamente, estoy muriendo de la aburrición. Un té frío de frambuesa es colocado frente a mí, sin moverme de mi posición, observo a Blake tomar asiento a mi lado.

- Esta escuela es asombrosa.
- Cuando te conocí parecías una oveja asustada, ¿por qué estás tan feliz?

Su sonrisa desaparece por un instante, luego regresa con más intensidad.

- Creo que simplemente estoy acostumbrándome.
- ¡Hola! – Lua nos acompaña en la mesa - ¿Estás bien?
- Estoy bien – alejo su mano de mi espalda y la llevo debajo de mi mejilla, a continuación, vuelvo a recargarme sobre la mesa.
- Sólo falta la última clase, hay que animarnos – con las yemas de sus dedos palmea suavemente mi piel – Zack, ¿te sirvieron las notas?
- Demasiado, te agradezco – ella asiente con una sonrisa –  ¿Mei te explicó lo demás?
- Sí, de hecho quedamos para hoy después de clases, ¿quieres acompañarnos?
- ¡Hola!

La estruendosa voz de Daia se hace presente, antes de siquiera poder voltear, estampa un beso en mi mejilla.

- ¡Ewww, qué asco! – uso la mano de Lua para limpiarme.
- ¡Oye! – se queja la rubia intentando alejar su mano de mí.
- No te duermas, pequeña Lucifer.

Revoleo los ojos.

- Juntarte demasiado con las enanas va a dejar seco tu cerebro como el de ellas, y no vuelvas a besarme, tu saliva de pobre es asquerosa – la morena suelta una carcajada.
- ¡Venga para acá, mi niña hermosa! – me abraza con fuerza mientras balbucea estupideces, ni siquiera puedo molestarme, es tan payasa que lo único que hace es hacerme reír – ¿De qué hablaban?

Se sienta entre Blake y yo.

- Estaba comentando a Lua – ahora soy invisible – Que me reuniré con Mei esta tarde, eres bienvenida si así lo quieres.
- ¡Oh, pero claro! – se acerca hacia él de manera coqueta – Estoy dentro.

Engancha su brazo con el del chico, éste sólo la observa sonriendo y después desvía la mirada hacia Lua sin obtener respuesta de la rubia.

- ¿Vamos, Lua?
- Ella no podrá ir a ningún lado, amigo – una quinta voz irrumpe en la mesa.
- ¿Disculpa? – la rubia lo mira de mala gana.
- ¿Qué? – Jonathan levanta los hombros con desdén.
- Me gustaría saber la razón por la cual no puedo salir con mis amigos.
- Tenemos que practicar para los juegos Drops.
- ¿Eso no es hasta noviembre? – cuestiona Blake más para Lua que para Lys.
- Dije que empezaremos a practicar – finaliza mirando a mi honey de mala gana.
- Lua no puede, irá conmigo de compras – intervengo fastidiando al castaño.
- ¿Por qué no vas a comer algo por ahí, Baal? – recarga su palma sobre la superficie de la mesa observándome desafiante.
- Lo único que me comeré es a tu padre – sonrío burlona, el chico revolea los ojos – Se ve tan bueno.
- ¿Quieren parar? – pide la rubia levantando ambas manos en son de paz.
- No – respondemos al unísono.
- Será mejor que te vayas, Augustus Waters – balbuceo con un gesto de mano, el chico ni siquiera me pone atención del todo, se encuentra sosteniéndole la mirada a Lua, como si estuviesen teniendo una discusión mentalmente, a continuación me observa irritado, su siguiente movimiento es levantar el dedo medio en mi dirección. Lua, nuestra eterna mediadora, lo baja de inmediato y lleva la mano del chico al bolsillo de su pantalón – Me sentaría… si fuera la entrepierna de tu papá.
- ¡Dios, qué asco!

Y dicho eso, simplemente se aleja enfurruñado provocándome una risa estruendosa.

- Su padre está muy bueno... sólo digo – Daia se une a mi pensamiento y no puedo evitar chocar los cinco con ella.
- No vas a librarte de mí esta tarde – sentencio señalando a Lua con el dedo índice, acto seguido me pongo de pie y camino hacia el aula.
- ¡Tu té! – Blake agita la botella en una mano.
- No lo quiero.



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Mi pie golpea el piso de la limusina con ritmo, uno acelerado. Mi mirada se fija en Lua quien ha estado al teléfono desde que tomamos rumbo hacia su casa.

- Diez minutos, Lua – hablo fuerte para que me escuchen del otro lado de la bocina – Llevamos más tiempo dentro del vehículo que los diez minutos que duramos en el centro comercial.
- Lo siento – susurra esbozando una mueca.

Regresa a su llamada y revolea los ojos, no necesito preguntar quién es para saber que habla con mi hijastro. Jim estaciona la limusina fuera de la puerta abierta al público de la librería por mis indicaciones, arrebato el celular de las manos de Lua y lo pongo en mi oído.

- Ya para tu mierda, acosador.

Tranco la llamada y antes de salir, le entrego el teléfono. Me adentro a la librería encontrándome el lugar abarrotado de personas leyendo mientras consumen café, galletas y pastelillos. Escaneo el lugar un instante hasta dar con una persona en específico, es como si los rayos del sol lo iluminaran especialmente a él obligándome a verlo; lee con aguda concentración un libro entre sus manos, en la mesita frente a él hay una taza blanca con lo que apuesto es chocolate caliente, qué absurdo, San José está ardiendo casi como el infierno en este momento y él sigue consumiendo bebidas calientes. Echo un vistazo hacia afuera y el primer vehículo que veo es su camioneta confirmándome que se trata de Keff y no una alucinación mía. Camino entre los clientes de la librería hasta colocarme frente a él.

- Con ese cabello pareces Rapunzel.

Sin alejar la vista de su lectura, sonríe de lado.

- No has ido a clases.
- Claro que sí, sólo que he avanzado un curso – el chico levanta la mirada entornando su mirada azul en mí.

La academia Hoj VIP tiene un curso especial para aquellos hermanos menores como yo, en total íbamos cinco personas más la o el respectivo honey de cada uno. Éste espacio se encuentra en el edificio más cercano al curso regular para aquellos que no son exactamente herederos de las nueve flores, por lo tanto, la convivencia entre el curso especial y los demás estudiantes es más fácil de darse entre sí, esta es la razón de la relación entre Keff y yo.

- ¿Por qué? – su ceño se frunce ligeramente y respondo alzando los hombros – Te llamé varias veces durante las vacaciones.
- Cambié de teléfono – enfoco la vista en el título de su libro “El retrato de Dorian Gray”.
- Entonces pásame tu nuevo número.
- No sabía que te gustaba frecuentar esta librería – cambio de tema instantáneamente.
- Aquí venden las mejores galletas – señala la mesita – Y el chocolate es delicioso.

Asiento, luego simplemente me doy la vuelta para regresar.

- Sakura – giro el rostro – ¿Hice algo mal?
- ¿De qué hablas?
- No me respondiste nada aquél día.

Me giro por completo hacia él.

- Keff, basta.

Sonríe divertido, a continuación, acomoda un mechón de su larga cabellera detrás de su oreja izquierda.

- Daré una fiesta la semana próxima.
- Bien por ti.

Doy la vuelta y camino hacia Lua quien ya se encuentra a un lado de su abuelo detrás del mostrador, éste guarda un libro dentro de una bolsa para regalo y después se lo entrega a un chico.

- ¡Sakura!  Cuánto tiempo sin verte – el hombre estira sus manos, yo las tomo con una sonrisa y después lo saludo con un abrazo pequeño.
- Hola, Alffie. Había estado fuera del país por las vacaciones, ansiaba verlos, ¿dónde está Elena?
- Justo ahora está sacando algunas galletas del horno – observa a Lua – Vayan a verla.
- Ya regresamos – anuncia la rubia tomando mi mano para llevarme hasta su abuela – ¿Con quién estabas hablando?
- La pregunta aquí es, ¿por qué debes actuar como la madre de Jonathan Lys cuando claramente eres la mía?
- Qué idiota.

Acompaño su risa, luego giro el rostro para ver nuevamente a Keff, sin embargo, lo he perdido de vista. Keffeth Uddobain es nada más y nada menos que el primo de Jude, sin embargo, la relación entre ambos es una mierda porque no se llevan en lo absoluto. Quizás el tener una relación de mierda entre familias es lo más afín de las nueve flores. Lo mismo sucede entre mis hermanos y yo, y los hijos de los hermanos de mi padre; mis primos me odian tanto como a Elliot y Lyel, pero a fin de cuentas, no es nuestra culpa que el abuelo creyera más apto a papá para manejar los negocios familiares.

Adentrándonos a la cocina, visualizo a Elena. Toma un muffin del molde que reposa sobre una de las mesas y lo coloca encima de un disco para repostería, a continuación, comienza a decorarlo con una manga rellena de lo que parece ser crema pastelera color rosa.

- Buenas tardes.

Saludo tocando la puerta con los nudillos una vez, la mujer levanta la mirada y sonríe en el acto.

- ¡Sakura! – de inmediato deja la manga repostera sobre la mesa, se limpia las manos en su delantal rosa y camina hacia mí.
- ¡Elena, te extrañé! – la abrazo con fuerza moderada porque si lo hiciera con el aprecio que la tengo, seguro quebraría alguna de sus costillas, ella corresponde mi abrazo.
- Yo a ti, linda.

Lua carraspea en busca de la atención de su abuela, la mujer la observa y sonríe con ternura, luego toma su mano sin dejar de abrazarme.

- Deberíamos intercambiar abuelas – sugiero a la chica, Elena suelta una risita.
- Qué cosas dices – niega divertida mientras se gira.
- Mi abuela está loca en serio.
- Creo que tu abuela se sentiría muy triste si te escuchara decir eso – tomo asiento en una de las sillas altas – Lua ya me había dicho que vendrías, así que te horneé algo especial.

Coloca frente a mí un plato de cristal, sobre el mismo yacen cuatro galletas en forma de unicornio, mas no es uno ordinario. Los colores que Elena utilizó son tonalidades oscuras que oscilan entre azul marino, grises y negros.

- Me hiciste un unicornio oscuro – me llevo la mano al pecho sintiéndome agradecida ante su gesto.
- Pruébalas.
- Yo quiero – la rubia roba una de mis galletas y se la lleva a la boca.
- ¡Hey! Son mías – la observo de mala gana y ella responde sacando la lengua.
- Puedo hornear muchas más, no discutan. Traeré café.

La mujer se retira de la cocina dejándonos a Lua y a mí. Como una de las galletas y concluyo que Keff tiene la razón por completa, Elena hornea las mejores galletas.

- Estuve platicando con Zack, es divertido, ¿cómo fue que lo encontraste?
- ¿Mi honey? – asiente – No lo sé, mamá me dijo que había encontrado a alguien y bueno, era él.
- Es un buen chico.
- ¡El café está listo! – anuncia dejando una taza frente a cada una.
- Amo tus galletas – sonríe con gratitud – Mi madre está planeando una fiesta para mis dieciséis, me preguntaba si podría tener el honor de que tú prepares el pastel.

Elena cubre su boca con la mano un instante y después se toma el pecho.

- Sería un honor, cielo.

Toma una de mis manos y la aprieta entre las suyas.

- ¡Basta de querer robar a mi abuela! – interviene Lua fingiendo celos.
- No la robaré, sólo te la cambiaré por la mía – guiño mordiendo otra galleta – Su novio treintañero viene incluido.
- ¿Novio? No me lo creo.
- Verlos juntos es simplemente asqueroso.
- Sakura…

Elena me brinda su mirada de regaño y yo simplemente levanto ambas manos en son de paz. Ella y Alfred son probablemente las únicas personas a las que no respondo cuando me reprenden.



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Las primeras tres clases han terminado más pronto de lo que pensé me cuelgo del brazo de Jude y lo apresuro a caminar por delante de los demás estudiantes.

- Tengo hambre – sobo mi barriga, Jude me observa al instante.
- ¿Qué se te antoja? – toma su celular del bolsillo y empieza a teclear.
- Muero por panqueques con moras azules y jarabe de arce, y una malteada grande de fresa.
- Eres como un bebé – pellizca suavemente mi mejilla soltando una risa – Vamos, Wiz ya está preparándolo.

Suelto su brazo y salto sobre su espalda, Jude me toma por los chamorros para no caerme y se dirige hacia su sala privada.

- ¡Sakura! Llevas una falda puesta, actúa como una chica, por favor – los regaños de Elliot me hacen revolear los ojos con fastidio pues usa casi exactamente las palabras que mi madre suele decirme.
- No hay problema – Evian interviene quitándose su blazer amarrándolo en mi cintura.
- Sólo por eso estás invitado a los aposentos Uddobain.

Evian dramatiza una escena de emoción mientras nos alejamos, en cambio, hermano uno se queda observando como idiota, uno muy molesto. Entramos al lugar de Jude y vamos directamente a la mesa, Wiz coloca frente a mí un plato con tres panqueques esponjosos y jodidamente apetitosos, además de fruta picada y un vaso grande de cristal con malteada de fresa. Vierte el jarabe de arce sobre el plato y me entrega un tenedor, sin pensarlo dos veces corto un trozo y lo llevo a mi boca.

- Tienes apariencia de ángel con el apetito de un demonio – comenta Evian haciéndome soltar una carcajada.
- Tú eres peor, una aspiradora no se compara a ti, amigo.

Wiz coloca otro plato para Evian y lo que Jude ha pedido, durante ese lapso de tiempo no hablamos, simplemente nos concentramos en comer.

- Esto es delicioso. Wiz, ¿puedes servirme otros dos, por favor?

El hombre sonríe divertido y se acerca a tomar el plato de Evian.

- Yo quiero otra malteada – entrego el vaso de cristal.
- Por supuesto.
- Qué raro que Santa Mei no te esté buscando – como si la invocara, la puerta se abre y la chica entra. Se lleva las manos a las caderas mientras observa a Jude con molestia, el castaño la observa y luego sonríe de lado.
- Grace… que inoportuna.
- Sí, claro. ¿Qué carajo haces? La siguiente clase va a comenzar pronto.

Después de visualizar la vena que sobresale ligeramente en su frente por causa del enojo, observo a Jude. El chico tan sólo levanta los hombros con desdén, así que volteo a ver a Santa Mei en espera de su respuesta mientras me llevo el popote a la boca y sorbo de mi deliciosa malteada. La mirada de Evian y la mía se encuentran ante el repentino silencio entre los otros dos.

- Sé que pareciera que puedo hacerlo, pero en realidad no puedo leer mentes.

El lado chusma de Evian se apresura a hablar, Mei le da una rápida mirada envenenada y después la regresa a Jude.

- Tienes cinco minutos para estar allá, de otro modo vendré y te llevaré de las pelotas.

Mis ojos brillan de sorpresa, la verdad es que jamás la había escuchado hablar así hasta ahora. Aunque su reacción me parece adecuada ante las acciones de Jude, y creo que está siendo infinitamente paciente con el castaño, si hubiese sido alguien más, seguro ni habla; simplemente hubiese entrado, tomado su oreja y se lo hubiera llevado por la fuerza.

- Ella muere por mí – asegura recargando la espalda en el respaldo de la silla.
- Claro – respondemos al unísono con intensa ironía.
- Dejaré que sigas creando esa pequeña realidad que usas como mecanismo de defensa mientras Evian se come hasta al pobre de Wiz. Iré al aula.

Termino por completo la bebida, después me levanto de ahí, deposito un beso en la mejilla de Jude y otro en la de Evian ya que señaló su mejilla con tremenda obviedad, y salgo de sala privada aka “Los aposentos Uddobain” en dirección del aula de “Educación para la vida”, que nombre tan pretencioso para una materia que en realidad nadie toma en serio.

- ¡Sakura!

Giro el cuello en busca de quien ha llamado mi nombre, Blake corre para alcanzarme mientras lo observo detenidamente.

- ¿Por qué mi nombre suena tan bello dicho con tus labios? – me observa aún más extrañado de lo que yo lo miro a él.
- Yo… uhm – se toma un breve momento y después carraspea antes de fijar el rostro en un punto del piso y ojearme esporádicamente – La clase va a comenzar, no sabía dónde estabas así que estaba buscándote.

Agacho el rostro en busca de su mirada, odio que me hablen sin mirarme a los ojos.

- En primer lugar, mírame a los ojos cuando me dirijas la palabra. Y en segundo, no es de tu incumbencia saber dónde estoy, Blake.

Continúo mi recorrido hasta el aula y tomo asiento en mi lugar asignado. Busco mi Nintendo Switch dentro de mi mochila y mato el tiempo jugando en lo que llegan los demás.

- Señorita Tegeirian, guarde su aparato, por favor.

Sin observarla, continúo mi partida durante al menos dos minutos hasta terminarla.

- Por favor, no te metas en problemas.

El tono de Blake suena exactamente como una súplica, aunque para mí es más parecido a un reto. Revoleo los ojos antes de apagar la pequeña consola y dejarla sobre el escritorio, después cruzo los brazos y dirijo la vista hacia la profesora.  La mujer niega provocándome una sonrisa, tiene algo que no me agrada en lo absoluto, quizás simplemente me estoy proyectando en ella pero creo que esta clase será divertida.

- Al mundo le hace falta humildad.

No volteo a ver quién ha casi susurrado esa frase, sin embargo, por esa voz chillona, engorrosa y llena de una pretenciosa moralidad, sé que es Duende uno.

- Concuerdo con eso – la profesora señala a la rubia quien se sorprende, puesto que parece había hablado más para sí misma que para los demás.
- Al mundo le sobra fragilidad – los ojos pardos de la mujer se enfocan en mí de un segundo a otro.
- ¿Disculpa? – pregunta con su marcado acento británico.
- ¡Que al mundo le sobra fragilidad!

Repito tan alto para que puedan escucharme las almas que rondan por los pasillos. De reojo puedo ver la manera en que Lyel parece interesado en mis siguientes palabras y cómo Elliot cubre su boca ocultando su sonrisa.

- No lo creo – se lleva las manos a las caderas – Cada vez la gente es más prepotente y sin una pizca de empatía.
- ¿Cómo define usted el concepto de prepotencia?
- El abuso de poder sería buena referencia, alumna – su ceja se levanta con obviedad.
- ¿En qué contexto? – ahora su entrecejo se frunce ligeramente – Las personas usan a su conveniencia los términos sin siquiera conocer del todo su significado. Un trabajador puede acusar a su jefe de ser soberbio, pretencioso y prepotente sólo porque es exigente con sus empleados, cuando en realidad el trabajador es un flojo de mierda, ¿es correcto denominarlo con ese adjetivo sólo porque no deja que sus empleados hagan lo que quieran en horario de trabajo? Después de todo le están pagando por trabajar.
Un limosnero en la calle puede pensar que una persona que no le ha dado una moneda no tiene un gramo de empatía o humildad, y está ahí juzgándolo por no darle el dinero que gana con esfuerzo mientras él sólo estira la mano. El mundo está lleno de gente frágil y estúpida que culpa a los demás de sus desgracias disfrazando la verdad en falta de empatía, humildad, amor o cualquier otro valor moral sólo porque las cosas no se hacen a su manera o de la forma que le gustaría se hiciesen.
- Las cosas no son así, qué puedes saber tú de la vida a tus quince años de edad.
- ¿Está siendo prepotente conmigo, profesora Umbridge? Después de todo está usando mi edad con respecto a la suya, dándome entender que por ser joven no tengo la sabiduría que usted sí ha llegado a obtener. O quizás simplemente no está teniendo ni una pizca de empatía hacia mí – entorna la mirada de tal manera que pequeñas arrugas se han formado en los extremos de sus ojos – Aunque, en realidad, qué podría saber una chiquilla como yo en comparación de todos los muchos años que ha vivido usted, después de todo, sus títulos, reconocimientos, maestría y doctorado avalan sus conocimientos.  ¿Sabe? – tomo mi mentón y dirijo la vista hacia arriba un instante, después clavo mis ojos en ella – Por alguna razón se me viene a la mente una frase que mi abuela dice con frecuencia: “Un doctorado, no quita lo tarado”.

Sonrío fácilmente con dulzura fingida, la mujer atiesa la mandíbula y noto que se esfuerza por relajarse pasando saliva una y otra vez.

- Quiero que en este momento tome sus cosas y salga de mi clase – ahora dirige la mirada hacia Blake – Joven Blake, usted se queda sólo por hoy y espero me otorgue tiempo extra después de la clase para discutir sobre los modales de su master.

La mirada afligida de Blake se posa sobre mí, lo veo sin gesticular expresión alguna un instante antes de ver nuevamente a Umbridge.

- No está siendo muy empática, profesora Umbridge. De lo contrario, está siendo prepotente al abusar de su poder.
- ¡Dije que te quiero fuera de mi aula! – está casi por completo fuera de sus casillas. Me esfuerzo por no reírme de su expresión y me tomo momento para mirar a mis compañeros, sin embargo, a la única que puedo visualizar por completo es a Daia quien parece morir por soltar una estruendosa carcajada.
- ¿En verdad quiere que me vaya?  
- Por favor… – Blake susurra a mi lado, pero deja de hablar ante el ruido que provoca el manotazo que Verónica le proporciona a su escritorio.
- Creo que no tengo que repetirlo.
- Entonces sáqueme.

Alzo ambos hombros con despreocupación sin dejar de cruzar los brazos. La mujer entreabre la boca con notable sorpresa, en verdad parece pensárselo. No obstante, estoy completamente segura que sabe que si me pone una mano encima le tirare los dientes antes de que pueda parpadear y terminaré saliéndome con la mía con las autoridades educativas, en cambio ella, podría perder la jugosa cantidad de dinero que le genera el dar clases en esta institución así que termina por mirar al piso y acto seguido se gira a escribir sobre la pizarra digital.
El día de hoy, Verónica Umbridge ha aprendido correctamente lo que es ser prepotente y frágil al mismo tiempo, además de probar de su propio chocolate. Me cuesta entender por qué algunos británicos se esfuerzan por pretender ser quienes deben enseñar valores morales y éticos al mundo cuando lo único que deben hacer es ducharse más seguido.




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Mensaje por Jaeger. el Vie 08 Nov 2019, 1:14 am

AHHHHHHHHHHH QUIERO LEER Y COMENTAR!

pero cuando gane la apuesta
Jaeger.
Jaeger.


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