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new rules

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Re: new rules

Mensaje por hypatia. el Dom 29 Abr 2018, 12:20 pm

Intento subir hoy, pero si no subo mañana. Perdón por el retraso pero no estoy muy inspirada y me cuesta más escribir :posnoveo:
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Re: new rules

Mensaje por hypatia. el Dom 29 Abr 2018, 3:51 pm

te quiero pero es raro:
Perdón x34958340 por tardar tanto en subir. Pero se me juntó con otro capítulo y luego he tenido serios problemas para escribir y bueno, más dramas con los que no voy a aburriros. Me hubiese gustado escribir un capítulo más largo pero no he podido alargarlo más porque debo en más ncs    No me gusta mucho, pero espero que lo disfrutéis

Pd: Subo vuestro comentarios en estos días, que no me dio tiempo a terminarlos, lo siento  muack
Sigue Kande.


Capítulo 07.

Thelma Bane | Roy Blakeslee || By hypatia || Sigue: Stark.

«Mereces un amor que te quiera despeinada, con todo y las razones que te llevan deprisa…». Las palabras se emborronan antes mis ojos recién despertados. La luz se cuela por la ventana en un ángulo recto que se expande por mi cama y hasta la puerta.  Porta ruido metropolitano, olor a alcantarilla y a desayunos por dos dólares.

Permanezco un rato sentada, con mis legañas y los cuadernos de canciones a medio hacer repartidos por el colchón. Observo la cita de Frida impresa en la pared que me da los buenos días todas las mañanas. Trato de recordar cuándo me quedé dormida. Imagino que por la presión que tengo en la cabeza y la sensación de haber dormido tres horas, debí caer rendida bastante tarde. Últimamente le he cogido miedo a eso de dormir. A la oscuridad, las paredes en blanco y mis pensamientos nocturnos. Poco importa que empiecen centrándose en una mandarina, siempre terminan desembocando en Roy.

Los días, con sus luces y sus distracciones son llevaderos. Sin embargo, las noches son escaladas sin cinturón de seguridad que no consigo sobrellevar de ninguna de las maneras. La parte buena es que mi corazón roto tiene mucho que decir y no hay madrugada en la que no se me ocurra una canción nueva.

Desde que lo vi dos semanas atrás, me duele cada vez más. Es como si hubiese desandado todos los pasos. Vuelve a dolerme. Y me duele él, entero y casi todo el tiempo. Pero hoy es un día crucial en la vida de mi mejor amiga. Hoy es la fiesta de inauguración del hotel. La primera toma de contacto con el público. Acudirán personas importantes: posibles inversores, críticos y los primeros clientes. No puedo permitir que mi catástrofe amorosa interceda. Las posibilidades de que meta la pata son cuantiosas incluso sin que entre la ecuación. «Concentración absoluta, Thelma».

Salto de la cama y a punto estoy de romperme los dientes contra la mesilla de noche porque se me ha quedado un pie enredado en las sábanas. Quizá demasiada efusividad. Saludo a mis cactus, Rómulo y Remo, situados bajo la ventana y guiño el ojo al autorretrato de Frida Kahlo que vive sobre el cabecero de mimbre de mi cama. Al final, me quedé yo la habitación. Ha sido como un regalo, puse tanto cariño decorándola que si alguien más la usara sentiría como si estuviesen violando una parte de mi alma.

Me doy una ducha rápida y cojo las primeras prendas de ropa que encuentro sobre la silla. Una camiseta de manga larga granate con el cuello vuelto, pantalón negro y zapatillas blancas. Lo completo con mi cazadora vaquera oversize y salgo de la habitación.

Ya en el primer tramo de escaleras el ajetreo impacta en mis oídos. Al llegar abajo me encuentro con una actividad frenética. Empleados que caminan de acá para allá, cargados con cajas o sillas destinadas a la cafetería o al patio —donde sucederá parte de la fiesta de esta noche—. Casi me dan ganas de ponerme a correr yo también, aunque no tenga órdenes que acatar. Sin embargo, mi estómago lleva a mis pies en dirección a la cafetería en busca de algo con lo que llenarse.

En el comedor, compruebo que la mayoría de las mesas han sido sacadas y sustituidas por dos amplias mesas de cáterin a ambos lados de la pared. Veo a Momo tras la barra, hablando con un hombre vestido de chef. Imagino que el servicio de cáterin ya ha llegado. Aguardo junto a la puerta hasta que terminan y cuando él se introduce en la cocina acudo al encuentro de mi mejor amiga.

Me llega la tensión y los nervios frenéticos que la poseen y trata de contener en su moño despeinado en cuanto me sitúo frente a ella. Carga con un cuaderno en el que debe de tener apuntado todo lo que hay que hacer a lo largo del día. Se muerde la uña y escucho que da golpes en el suelo con la punta del pie.

—Una taza de café y soy toda tuya —saludo, subiéndome en uno de los taburetes.

Momo da un salto sobre su propio cuerpo, lanzándome una mirada furibunda por asustarla. Le pido perdón juntando las palmas. Abandona su cuaderno para prestarme atención.

—Ya era hora, Bella Durmiente.

—Ayer me quedé dormida mientras componía y no puse a la alarma, lo siento. —No sé si es porque ve algo en mi manera de decirlo o porque sus ojeras son la señal de que ella tampoco duerme por las noches, pero no me dice nada—. Cuando veas que no aparezco, despiértame.  

Pone los ojos en blanco.

—Tenías echado el pestillo y no he podido abrir —se ríe negando con la cabeza.

«Vaya desastre de mano derecha que se ha buscado».  

Paso dentro de la barra para prepararme el café. Hay una bandeja con bollos de chocolate y mientras se muele el café me sirvo seis en un plato. Con el desayuno ya preparado, me subo a una de las cámaras.

—Ponme al día —farfullo dando un gran mordisco a uno de los bollos.

—Creo que vamos bien… —Amoné mordisquea el bolígrafo y se arremete un mechón rebelde de pelo—. La decoración para la fiesta ha llegado y la están preparando en el jardín, la banda de música llega a las tres para empezar los ensayos y el servicio de cáterin está manos a la obra.

Que «crea» que las cosas van bien significa que van viento en popa. Amoné nunca llega a estar satisfecha del todo, siempre encuentra peros, es demasiado perfeccionista. Por lo que me lo tomo como una buena señal.

—¿Qué quieres que haga? —pregunto.

—Me gustaría que fueses a una floristería, quiero comprarle un ramo de flores a tu madre. Y si te acercas a Brooklyn a comprar esas pastas que tanto le gustan a tu padre, mejor que mejor —anuncia con tono cantarín—. Quiero darles las gracias de alguna forma por lo del cáterin…

Su cara de culpa me conmueve y molesta a partes iguales, porque es innecesaria. Mis padres la quieren tanto como nos quieren a Louise y a mí, la ven como a una hija. No son necesarias las muestras de agradecimiento. Pero Momo es así, no le gusta que le regalen nada. Papá y mamá tuvieron que invertir una hora convenciéndola de que pagar el cáterin era nuestro regalo por todo lo que habíamos conseguido con el hotel. Bueno, sobre todo era un regalo para Momo.

—De acuerdo, jefa. —La abrazo de lado. Es mi manera de decirla que yo también estoy orgullosa de ella. Que va a conseguir recuperar lo que es suyo y que tanto las chicas como yo, estaremos a su lado en todo momento.

Salto de la cámara y termino de beberme el café de un trago. Me despido con intención de cumplir sus recados.

Cuando estoy cerca de la salida, me grita:

—No tardes mucho, las chicas vienen a comer y luego nos arreglaremos juntas.

Realizo un gesto con la mano para hacer ver que la he escuchado y me marcho. Por suerte, me acuerdo de subir a mi habitación a por la mochila. Hoy no me apetece colarme en el metro.


Un par de horas más tarde completo los recados de Amoné sin sufrir ningún percance. El ramo de tulipanes naranjas, lo favoritos de mamá, va bien aferrado a mi mano. Y las pastas de papá en mi mochila. Justo cuando estoy a punto de introducirme en el metro el culo empieza a vibrarme a causa del teléfono. Es Will.

—¿Qué se supone que me tengo que poner para la fiesta? —Es lo primero que dice. Escucho música de fondo y un leve murmullo de conversaciones ajenas. Miro la ahora en el reloj. No es ni mediodía y Will ya está metido en un bar. No tiene remedio.

—Traje —especifico—. Y no sirve que te pongas una americana con una camiseta debajo. Es la gran noche de Amoné. No puedes liarla, ni un poco.

—Yo no tengo de eso. —Me recuerda, haciendo caso omiso a mi amenaza.

Me sitúo a un lado de la escalera, para evitar ser arrollada por los transeúntes. El tufo del metro emerge por la entrada y reprimo una arcada.

—Alquílalo o pídeselo a Lucas, no sé.

Hielos chocando contra una superficie de cristal. Will traga: seguramente esté bebiendo. ¿Qué les pasa a mis mejores amigos? Bebiendo desde por la mañana. Aguardo a que hable.

—Por cierto —pregunta con voz pastosa tras el trago— ¿Te quedarías un rato con Sam esta tarde? Tengo que ir al King Kong a cobrar el dinero de mi última actuación y si mi hermano se entera de que he llevado a su hija allí me cortará la cabeza.

—Claro, tráela al hotel un rato. Pero solo un rato, tenemos tarde ocupada —acepto. Desde que me reencontré con la pequeña dos semanas atrás hemos pasado mucho tiempo juntas. Acto seguido, añado—: Espera ¿Quién viene a buscarla?

Formulo la pregunta correspondiente. Accedí a ver a Sam siempre y cuando no tuviera que encontrarme con Roy otra vez. Bastante me trastocó nuestro encontronazo en la puerta de su casa. Me ha provocado insomnio, puñetazos en las costillas y más lágrimas traicioneras de las que estoy dispuesta a reconocer.

—Irá la abuela —asegura—.  Sobre las tres estará allí. Solo serán un par de horas.

Asiento al aire, como si Will pudiera verme. Respiro bien, tranquila. Es increíble y molesto cómo reacciona mi cuerpo con solo imaginar un posible enfrentamiento cara a cara. Me siento idiota. Roy no merece nada de esto: ni siquiera que me tome tantas molestias en evitarlo.

—Nos vemos esta noche, cara de culo. —Me despido de Will y comienzo a bajar las escaleras del metro.

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Antes de que las chicas lleguen para la comida, Momo y yo pasamos el rato en mi habitación. He tenido que invertir quince minutos en convencerla para que soltase su dichosa lista, dejase hacer a los decoradores y se relajara.

Ahora está tumbada en la cama, apuntando notas de la canción que escribí por la noche. Es una tradición que se mantiene desde que Amoné descubrió mi primer cuaderno de canciones. Ella se lo toma como pasatiempo, pero lo que tiene que decir acerca de mis composiciones lo tomo casi más en cuenta que la opinión de Will, supuesto experto. Que lo haga por medio de notas es más impersonal. Así puede exponer su opinión y decirme que algo es un chiste sin miedo a herir mis sentimientos —que se hieren con facilidad—.

Por el altavoz suena 4 Non Blondes. Tarareo mientras me balanceo frente al espejo, observando mi atuendo para esta noche. He elegido un vestido sencillo de tubo. De color negro y ajustado. Cuello de cisne con aberturas triangulares a ambos lados de las caderas, dejando al descubierto una pequeña fracción de piel. Lo he combinado con unas sandalidas altas del mismo color, adornadas con tachuelas en las tiras.

—Pareces una estrella del pop. —Me elogia Amoné.

Le lanzo una mirada a través del espejo a la par que aliso el vestido. Se me escapa un mohín. Si al menos lograse ser la ínfima parte de una estrella del pop… La comparación me recuerda que un productor de Sound Record tiene un pendrive con mis canciones desde hace quince días. Prometió a Will escucharlas. Pero quizá nunca llegue a hacerlo, quizá las haya abandonado en un cajón con la intención de un «en otro momento» que jamás sucederá.
Paciencia, me increpa Will cada vez que desespero. Parece mentira que no sepa que yo carezco de esa cualidad.  

Me dejo caer en la cama y comienzo a desvestirme. La canción cambia: Shout to my ex. Comienzo a cantar en voz baja.

—Por cierto —recuerdo de pronto—, Sam estará con nosotras un rato después de comer.

Observo a mi mejor amiga por encima del hombro, con la barbilla apoyada sobre él. La escritura de Momo se detiene un segundo, temblor de barbilla. Un segundo de quietud. Continúa redactando.

—Perfecto —dice.

Rechisto.

—Escúpelo, Momo.

Sus «perfecto» ocultan opiniones. Mientras se decide a compartirlas conmigo recojo los pantalones del suelo.

—¿Estás segura? —inquiere.

«Lo sabía».

—Nunca estoy segura, por eso hago las cosas que hago. —Le recuerdo.

Suspiro exasperado por su parte. No la estoy mirando en este momento, pero apuesto a que vuelve a temblarle la barbilla.

—Amoné…

Me levanto de la cama al tiempo que giro el cuerpo hacia ella, luchando contra mis pantalones. Ha dejado las notas y el cuaderno a su lado. Me observa circunspecta, con sus rasgados ojos en finas rendijas. Duelo de miradas.

—Solo te digo que mantener una relación con Sam te obliga a mantener una con Roy. Aunque sea de manera indirecta—. Odio tanto sus temblores de barbilla, siempre tan acertados.  

Lucho unos segundos más contra el pantalón hasta que consigo abrochármelos. A lo mejor debería renunciar a los Jumpers una temporada...

Ahora es mi mejor amiga la que pide mis palabras. Pega golpes rítmicos con el bolígrafo en su rodilla.

—Venga, Thel, habla conmigo.

Podría pedirle lo mismo, incluso reprochárselo: de la misma manera que ella me está reprochando en este momento mis silencios. Pero no somos así, nuestra amistad está por encima de ese tipo de cosas. Y tampoco hay nada que reprochar. Le preocupa que Roy me haga más daño al igual que a mí me preocupa que Edward se lo haga ella.

Atuso mi pelo.

—Me siento culpable —decido confesar—. He formado parte de la rutina de Sam desde que es un bebé. Es una niña, no puedo desaparecer así como así porque su padre sea un hijo de puta—. Noto cómo crece el nudo en mi garganta a medida que hablo.

—Te entiendo, pero quizás deberías esperar a…

La freno con un gesto negativo de cabeza. Respiro hondo. Cree que si me encuentro con Roy —otra vez— pueda confundir las cosas. No necesito que siga hablando.

—Me rompió el corazón, Momo —digo, con más frialdad y entereza de la que tengo—. Hizo creer que me quería… Todavía le quiero, pero lo hago con rabia, con rencor—. Es la conversación más sincera que tenemos en mucho tiempo. Amoné agacha la cabeza, afectada. Mis palabras son las suyas y, como ella no puede pronunciarlas decido hacerlo por las dos—. No volvería con él porque sé lo que hay. Y, después de él, me quiero más. Lo suficiente para respetarme y ponerme por delante de cualquier emoción. Sí, sigo teniendo el corazón roto: pero solo necesito canciones, partituras e instrumentos.

Cuando acabo, casi sin aire, veo la verdad en mis palabras. Tiempo hasta que esto solo sea una cicatriz. Un recordatorio de que el amor duele, pero no es determinante. De que te rompen, pero coges las piezas y te arreglas.

Momo mira por la venta, pensativa. Con las sombras que crean la luz en la habitación, parece antigua, como de otra época.

—Primero yo… —cabila.

—Primero nosotras.

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Las chicas llegan poco después de las dos. Cargadas con bolsas de deliciosa comida, un par de packs de cerveza y sus vestidos para la fiesta de esta noche. Hacemos un corro en el suelo, junto a la ventana.

—¡Comida! —proclamo, lanzándome a por una de las bolsas.

—Thelma, respira —increpa Mich, abriendo las cervezas mientras nos da una a cada una.

—Es que habéis tardado demasiado —me quejo.

Zettie me pega en el hombro.

—Culpa de Ronnie —se exculpa Becca, agarrando una quesadilla.

Ronnie pone los ojos en blanco y suspira.

—¿Qué te ha pasado? —se interesa Amoné, sentada a su lado.

—Mi jefa, quería que corrigiera un artículo porque lo veía demasiado subjetivo —masculla, llevándose el botellín a los labios. Las ojeras relucen bajo sus ojos a la luz del sol.

—Deberías dejar ese trabajo —añado al tiempo que mojo un nacho en guacamole.

—Tengo que mantenerme.

—Yo puedo adoptarte. —Se ofrece Mich, bromeando.

Comemos, bebemos y reímos. Estos son los momentos que más disfruto. Al lado de mis amigas, en corro, arreglando el mundo. Me preocupaba que tras el instituto la vida y sus cosas nos separaran. Pero aquí seguimos. Unidas. Resistiendo.

Tras la comida nos tumbamos en el suelo. Yo apoyo la cabeza en el estómago de Mich. Ella se entretiene creando formas con mi pelo. Con el sol dándome en la cara y llena de comida, lucho contra el sueño. Escuchamos una canción a petición de Becca. Habla de una promesa de amor, de un chico a una chica. De esas que no existen en el mundo real.

—Ellos prometen y prometen… —suelta Mich en uno de sus arranques de protesta en contra de los hombres.

—… hasta que te la meten —finalizo con tono cantarín.

—¡Thelma! —me regaña Amoné, dándome una patada. Intento devolvérsela pero acabo dándole una patada al colchón. Me saca la lengua.

—No os hagáis las recatadas, que todas estabais pensando lo mismo —rebato. Mitch ríe y mi cabeza tiembla.

—Eres la única malpensada —escucho decir a Ronnie.

Resoplo.

—Así me comprasteis, así tenéis que quererme. —Un coro de risas.

—¿Alguna guarda el recibo? —dice Becca mirándome con una ceja alzada.

—¡Oye!


Cerca de la cuatro de la tarde recibo un mensaje de Will: está a punto de traer a Sam. Bajo al vestíbulo a esperarles. Momo aprovecha la oportunidad para supervisar que todo marcha bien y me acompaña. Las chicas empiezan a preparar el maquillaje y a esbozar peinados para esta noche. Me separo de mi mejor amiga en las escaleras, ella se marcha hacia la cafetería y yo me siento en los últimos escalones.

Me quedo fascinada con lo que encuentro. La lámpara de araña ha sido encendida, vertiendo luz sobre el suelo pulido. Han colocado enormes jarrones con flores a ambos lados de la puerta y una mesa circular con los programas que redactó Ronnie sobre el hotel.

Estoy a punto de levantarme para ir a ver cómo ha quedado la decoración exterior, que es donde tendrá lugar la mayor parte de la fiesta.

—¡Thelma!

Escucho la voz chillona un par de segundos antes de que un cuerpo diminuto me arrolle. Me pilla tan desprevenida que acabo cayendo hacia atrás y clavándome varios escalones en espalda, cuello y cabeza. Lucho por recuperar la respiración al tiempo que me incorporo, con Sam agarrada a mí como una garrapata.

—¿Qué tal el colegio, renacuaja? —pregunto ahoga. La siento a mi lado en los escalones sonriéndola, haciendo caso omiso al dolor que siento en la espalda.

—Hemos jugado al fútbol —grita. Pega una patada al aire simulando que da a un balón. Rompo a reír. Sam es un chute de adrenalina en estado puro.

—Hola, cara culo.

Will aparece frente a mí, largo y delgado como un junco. Con la mochila de Sam en la mano, su sombrero inseparable y esos aires de superestrella. Emulo un puñetazo en su muslo a modo de saludo.

—Tú sí que tienes cara de culo, pero de verdad.

Está más pálido que de costumbre y sus ojeras trazan un semicírculo que se pronuncia hasta las mejillas: amoratadas, casi negras.

—No he dormido —comenta reprimiendo un bostezo al tiempo que echa un vistazo al vestíbulo. Es la primera vez que viene desde que lo obligué a ayudarnos a limpiar.

Me preocupan sus desfases nocturnos, que no duerma y que viva en una fiesta sin final. Pero como con Momo, que sea su mejor amiga no me da derecho a juzgar. Odio que me juzguen, a mí y mis decisiones: por lo que yo no lo hago.

—El tío Will duerme de día, es un vapiro. —Will realiza una imitación de un vampiro y Sam se parte de la risa, poniendo cara de ratona.

—Bueno, me marcho. —Me tiende la mochila de la niña—. La abuela vendrá a recogerte en un par de horas. Sé fiel a tus genes y da por saco todo lo que puedas, Sammy.

Pongo los ojos en blanco.

—Copiado —en su intento por guiñar un ojo aprieta los párpados.

Es una Blakeslee de los pies a la cabeza. Le pellizco la mejilla pecosa con cariño. Will realiza un saludo militar y se marcha. La niña y yo seguimos sentadas al pie de las escaleras. Sam mira demudada la lámpara de araña: con la boca abierta. El brillo de las bombillas se refleja en sus ojos verdes, haciéndolos brillar más que de costumbre.

—¿Vives aquí? —musita.

—¿Te gusta? —pregunto.

—Es como el castillo de la Bestia.

—Aquí no tenemos de eso —respondo. Lo que más me gusta de Sam es que a pesar de su edad, puedes hablar con ella. Mis conversaciones son casi más serias con esta niña de cuatro años que las que tengo con Will.

—Me gusta la Bestia, es muy bueno. Lo que pasa es que está icomprendido. —Lo dice con tal seriedad…

—Incomprendido —corrijo riendo.

—Claro, lo que he dicho.

Subimos hacia mi habitación. Le cuento a Sam las historias de las mujeres que dan nombre a las habitaciones según pasamos por las puertas. Ella escucha atenta: la que más le gusta es la de Amoné. Cuando llegamos a mi habitación, las chicas ya se han puesto manos a la obra. Los vestidos están tendidos sobre mi cama. Mich maquilla a Zettie con destreza, mientras Becca crea ondas en el pelo de Ronnie: ambas sentadas en el suelo frente al espejo.
Carraspeo para hacerme notar. Sam se agarra a mis piernas y se esconde detrás de mí, avergonzada.

Conoce a mis amigas, me la he llevado varias veces cuando he salido con ellas. Pero Sam sigue siendo tímida. No está acostumbrada a estar con chicas: solo con su abuela y conmigo. En el colegio se relaciona sobre todo con niños. Es como si las mujeres la intimidasen.

Las chicas saludan a Sam con alegría, pero ella se limita a mascullar un tímido «Hola». Con las cejas hago gestos hacia la niña para que la hagan sentir cómoda.

—Sam, ven conmigo —la invita Mich con una sonrisa—. Vamos a maquillar a Zettie juntas.

—Después me ayudas a mí a peinar a Becca. —Ronnie le sonríe desde el espejo.

Sam alza la cabeza desde todo lo pequeñita que es, como pidiéndome permiso. La despego de mis piernas y con un empujón en la espalda la animo a unirse a mis amigas. Al principio se limita a pararse al lado de Mitch, con las manos entrelazadas sobre la tripa. Pero pronto Zettie empieza a hacer muecas divertidas para que se ría y Mitch le da una brocha para enseñándola a maquillar. Sam se anima y empieza a hablarle de sus aventuras escolares.

Las observo desde mi posición, emocionada. Amoné dice que mi relación con Sam puede perjudicarme. Pero a ella le perjudica que salga de su vida.

Pasamos las siguientes horas arreglándonos entre nosotras. Amoné me hace un moño despeinado y Ronnie me maquilla. Sam se dedica a probarse mi ropa y a jugar con la guitarra: la desafina por completo y a mí me dan escalofríos. Una hora después estamos casi todas listas, solo nos falta vestirnos.

—Tu abuela está abajo, Sam —digo después de recibir un mensaje de Taissa—. Dile adiós a las chicas.

—¡Tenemos que jugar más veces! —exclama moviendo sus dos manos despidiéndose—. La próxima vez te maquilo yo a ti.

—Hecho. —Mich guiña un ojo.

Mis amigas le lanzan besos y se despiden al unísono. Mientras nos dirigimos al vestíbulo, comienzan a sudarme las manos. Esta será la primera vez que vea a Taissa desde que su nieto se quitó la careta. Nunca nos dijo nada, pero sé que era consciente de que estábamos juntos. Las sonrisas de suficiencia y los guiños de ojos que me dedicaba empezaron justo después de la azotea.

Empiezo a murmurar tipos de fruta: es un tic nervioso que me sale. Algunas personas se muerden las uñas, yo recito frutas. Sam llega al pie de las escaleras y comienza a bajarlas de dos en dos. Acelero para que no se me escape.

—Manzana…, plátano…, papaya. —Una fruta por escalón— ¡Sam que te vas a caer! —grito cuando veo que empieza a comerse dos escalones en cada salto.

—¡Abu, abu! —chilla dando el salto final. Corre hacia ella, a punto de arrollar a uno de los empleados del hotel—. Que ya se maquillar. En casa te maquilo ¿Vale?

Taissa la recoge con una sonrisa. Yo continúo mascullando frutas en cada paso que doy.

—Hola —saludo y se me escapa un agudo.

Taissa conecta sus ojos con los míos. Con su porte regio y sus facciones duras podría compararse con la mala de Blancanieves. Pero, en realidad, tiene mucho de Hada Madrina. Me sonríe con sus dientes deslumbrantes y me siento un poco mejor.

—Cuánto tiempo. —Se adelanta para darme uno de esos abrazos de abuela que hacen crujir huesos—. ¿Cómo estás?

—Muy bien.

—Thelma no viene a casa porque está ocupada —comenta, mirándonos desde abajo. Enrojezco. Un día mato a esta niña.

Taissa me mira con comprensión y afecto. No necesito que diga nada, me entiende, comprende. Hay personas que se comunican mejor con la mirada. Y lo que más me emociona: cree que su nieto es un completo gilipollas.  

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Caminamos por el pasillo acompasadas por el ritmo de los tacones: yo finalizo la marcha. Observo a mis amigas; Ronnie y Zettie, azul y morado, ambas de largo. Mitch ha escogido un rojo brillante, ajustado y que va cortar alientos a quien se atreva a mirarla. Becca va de negro, al igual que yo. Por último, está Momo; con un vestido granate, ajustado y manga larga; tela transparente y escote imperial. El resto del es de un granate metalizado.
En lo más alto de las escaleras, observamos el vestíbulo: ya han llegado los primeros invitados, que se dedican a examinar el lugar. Los camareros nadan por la zona con bandejas que portan copas y comida. Suena música ambiental de fondo, perdida entre las voces.

Momo tiembla a mi lado. Engancho mi brazo con el suyo, al mismo tiempo que Ronnie se agarra del mío. Así formamos una cadena y juntas descendemos por las escaleras. Me siento un poco princesa en ese momento. Pero sin torre, dragón, ni apuros. Sin caballero andante, porque ya ando yo sola. Sin reino que gobernar, porque yo soy el reino.

Abajo nos dispersamos. Las chicas se van a disfrutar de la fiesta y la comida. Momo empieza a hablar con la gente y yo me sitúo junto a la puerta: dando la bienvenida a los invitados y repartiendo los programas.

Poco después aparecen mis padres.

—Hija, siempre con el negro —chista mi madre, que al contrario que yo lleva un vestido de tonos tierra. Pongo los ojos en blanco—, ni que fueses a un funeral.

—Yo también me alegro de verte —mascullo, poniendo los ojos en blanco. Nos damos un leve abrazo.

Papá, con las manos en las caderas, observa el lugar: suelta un silbido de asombro. Viste un traje negro y una corbata azul, a juego con mi madre. Me quedo muy quieta, a ver si se olvida de que estoy allí y evitarme la vergüenza. No sirve de nada:

—¡Aquí está mi magdalena de chocolate! —Creo que no ha habido ni una sola persona en Nueva York que no lo haya escuchado—. ¡Ven a darle un abrazo a tu padre!—. «¿Hola? ¿La Tierra? Sí…, trágame por favor».  

No me acerco creyendo que puedo evitarlo. Pero mi padre me intercepta y en un pestañeo ya me tiene alzada y me da vueltas. Como si tuviese tres años. Me pongo roja.

—Papá, para —mascullo, intentando que no se me suba el vestido.

—No avergüences a la niña. —Lo regaña mi madre, dándole un manotazo en el hombro cuando me suelta—. Ay, cielo, tienes un poco de pintalabios corrido, ven… —Se pone un poco de saliva en la mano y comienza a aplastarme la cara con su dedo.

Estos son mis padres: expertos en humillarme.

—¡Parad los dos! —pido entre dientes, lanzando miradas a los asistentes—. Se supone que trabajo aquí…

Mis padres se miran con complicidad y estallan en carcajadas. Escondo el rostro entre mis manos, resoplando.

—Ya estáis aquí, perfecto.

Momo aparece a mi espalda, con una gran sonrisa.

—¡Esto ha quedado genial!

—¡Estamos orgullosos de ti!

La felicitan los dos al unísono. Me apartan como si fuese un mueble y abrazan a mi mejor amiga. No me molesta el gesto porque se trata de ella y porque así salgo fuera de su radar por unos minutos.

—¿En serio? —Momo, acongojada, agacha la vista.

Mi madre, con afecto que no pone en ridículo —Momo tiene suerte—, alza su rostro alicaído con sutileza. Se acerca ella y la mira.

—Has montado un hotel de la nada. Debes estar orgullosa.

Por cosas como estás quiero a mis padres. Acogieron a una chica con una familia de mierda y la introdujeron en la nuestra sin preguntas, ni concesiones ni peros.

—Además, has conseguido que Thelma haga algo de provecho en la vida —añade papá, colocándose las mangas del traje.

—Ya estamos…

Y por cosas como estás me cambiaría de familia. Sé que soy una cabeza loca con más pájaros que cerebro. Que probablemente me vaya mal en la música. Pero es mi vida. Mis errores y mis caídas. Me reservo el derecho a darme la hostia. Lo único que le pido a mis padres es que me den la libertad para ello y que estén ahí para recoger mis desilusiones. Soy la primera que no quiere decepcionarlos. Sin embargo, a lo largo de estos dos años, he comprendido que parte del proceso de crecer conlleva desilusionar a mis padres y enfadarme con ellos más que cuando era una adolescente.

Mi padre me guiña un ojo por encima del hombro y mamá, sin dejar de mirar a Momo, tantea con la mano hasta que me da un apretón en la muñeca. Y es por cosas como estas por las que vuelvo a perdonarlos: porque me quieren a pesar de todo.

Pronto se enfrascan en una conversación con mi mejor amiga de la que me distraigo de inmediato. Vuelvo a mi puesto junto a la puerta y prosigo con la bienvenida y la entrega de programas. Me entra un sueño atroz rato después y como me aburro: comienzo a crear melodías con mis pies, tarareando. Soy un desastre para concentrarme.

—¿Puedes ir a por los regalos? —La voz de Amoné pegada a mi oído me hace botar sobre mi cuerpo y perder el equilibrio en los puñeteros tacones que me destrozan los pies.

—Vamos yendo al jardín —anuncia papá, agarrando a mi madre de la mano. Ambas asentimos.

—Claro —afirmo cuando se marchan.

Momo se pasa las manos por el vestido de manera nerviosa y sus ojos viajan por la estancia frenéticos, casi dándole vueltas en sus cuencas. Apoyo una mano en su brazo.

—Edward no ha llegado, tranquila —musito.

—No…

Pongo los ojos en blanco. A día de hoy todavía se piensa que puede engañarme.

—Sé que en cuanto venga empezará a sacar defectos a todo, encontrará fallos y…

—Y si te toca mucho los cojones le clavaré el tacón en sus partes sensibles.

Consigo que suelte una carcajada, pero para mí no es una broma: es toda una declaración de intenciones. No conozco a ese señor ni sé nada de él. Pero me tocó preparar su habitación y su despacho. Una persona con tanta devoción por el orden y la perfección no puede estar bien de la cabeza. Además, le destrozó el corazón a Amoné. Aunque hoy se comporte, seguiré teniendo ganas de clavarle el tacón en las pelotas.

—¿Tu hermana y Aza cuándo vienen? ¿Y Will? —Se interesa para cambiar el cariz tormentoso que ha tomado la conversación.

—Estarán al caer. —Lo cierto es que no he hablado con ninguno—. Venga, vete al jardín, agarra dos copas de vino y me esperas para emborracharnos.

—No podemos emborracharnos —recuerda.

Después se encamina hacia el jardín. Yo decido pasarme por la cocina a prepararme un café antes de cumplir con su encargo. Tengo intención de aguantar hasta el amanecer y la amenaza del sueño no va a impedírmelo.
Acto seguido regreso al vestíbulo, con un humeante vaso de café en la mano. Las puertas del ascensor están a punto de cerrarse y corro para no perderlo: no pienso subir dos pisos con los tacones. Me cuelo de lado por la escasa abertura.

Las puertas se cierran.

Mis fosas nasales se llenan con un olor que conozco demasiado bien. Que recuerdo en sueños y que me hizo perder la cabeza en más de una ocasión.

El ascensor de pone en marcha.

Me doy la vuelta lentamente y le veo.

Roy Blakeslee a mi espalda, mirándome con el mismo asombro.

—Hola.

«Me cago en todo».

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

Pulso todos los botones con fuerza. Tengo calor, frío y una mala leche que no cabe en el cuerpo. La vida no puede tenerme tanta manía…

—Thelma —me llama Roy.

—Cierra la boca —replico con fuerza.

Lo noto cerca de mí, a pocos centímetros de mi espalda. Como una sombra que amenaza con alterarme hasta los huesos. El ascensor continúa subiendo sin pararse en ningún piso. El café me quema en la mano. Frustrada, doy un manotazo a la botonera.

Me aparto de él todo lo que puedo, pegada a la esquina. Parezco un animal acorralado. Roy está apoyado contra el espejo. Brazos cruzados sobre el pecho, el pelo revuelto: con un mechón cayéndole sobre la frente. Está tan guapo que me da hasta rabia.

—¿Qué se supone que haces tú aquí?

Tarda en responder, está analizándome: desde los tacones hasta el último pelo de la cabeza. Aprieto la mano contra el vaso de poliéster. Con sus ojos insondables y la línea fina de sus labios ocultando una sonrisa prepotente.

—¿No sabes a hablar o qué? —inquiero nerviosa. No quiero que me mire de esa manera, ni de ninguna forma.

Roy está a punto de abrir la boca cuando el ascensor da una sacudida. Choco contra la esquina y se me vierte un poco de café en la mano, abrasándola. Las luces se van momentáneamente y un pestañeo después se encienden las de emergencia: iluminando el cubículo parcialmente con una luz amarilla. No nos movemos.

Me he quedado encerrada en un ascensor con el chico que me rompió el corazón. De todas las cosas que podrían haber sucedido esta noche, acabo en un ascensor atrapada con Roy. ¿Por qué me odia tanto la vida?

Silencio absoluto. Nos tanteamos con la mirada. A mí el corazón me va a mil por hora, él se mantiene quieto, sin expresión, como siempre. El móvil me vibra en el esternón. Se rompe el extraño hechizo. Me meto la mano en el escote y saco el móvil.

—¿Dónde estás? —chilla Mitch desde el otro lado, acompañada por cientos de voces. La voz se le entrecorta por la mala cobertura—. Hemos tenido un problema con los fusibles y se ha ido la luz en el hotel. Sheldon lo está solucionando, Amoné está con él, pero…

—Estoy encerrada en el ascensor —informo, con más calma de la que me esperaba. Igual me he quedado en estado de shock o algo. Roy mira al techo, de nuevo con los brazos cruzados—. Dile a Sheldon que, por lo que más quiera en la vida, se dé prisa.

—Vale, tranquila. —En su voz percibo de todo menos tranquilidad—. Cuando vuelva la luz el ascensor tendría que andar de nuevo.

El Rompecorazones bufa, negando con la cabeza. Lo aniquilo con la mirada.

—Qué —escupo en su dirección.

—¿Con quién hablas? —pregunta Mitch entre interferencias. Le digo que luego se lo cuento y cuelgo, pidiéndole que se den prisa.

—Te estás comportando como una cría —suelta con exasperación. Se me dispara la adrenalina—. Vale que no quiere ni verme, pero no hace falta que…

—Sí, soy una cría. Con muy mala hostia, además —rechino los dientes, acercándome un paso hacia él—. Así que cuidado, que voy armada con un vaso de café hirviendo.

Roy frunce los labios, mordiéndose las palabras. Yergue la espalda y da un manotazo al aire: rendido. Una parte de mí se queda con ganas de saber lo que quería decir. Es esa parte que espera que algún día la llame para que la diga que fue un error, que la quiere aún, que por favor empiecen de cero.

Camina hasta la cara interna y se sienta en la pared del fondo, con las rodillas alzadas y los largos brazos colgando. Lo imito, como puedo por culpa del vestido y también me siento. Empiezo a beber mi café a pequeños sorbos: a pesar del calor asfixiante que provoca gotas de sudor en mi frente.

Unos meses atrás no hubiese imaginado que llegaría un día en el que estar en silencio con Roy resultaría incómodo. Cuando antes, eran mis momentos favoritos. Los dos tirados en la azotea, su cama o la mía; mirando techo o estrellas camufladas. Daba igual. Bastaba con estar juntos, sin decir nada. Y es que siempre he creído que en eso consiste el amor: en ser capaz de estar en silencio con una persona sin tener ganas de llenarlo.

—Mereces un amor que se lleve las mentiras, que te traiga el café, la ilusión y la poesía.

Noto que se me estrangula el corazón: como si lo hubiesen condenado a la guillotina. Hacemos contacto visual al mismo tiempo.

—¿Por qué has dicho eso? —A penas logro pronunciar las palabras.

—Porque estás bebiendo café y es tu cita favorita. No sé, me ha venido a la cabeza —murmura; se rasca la sien y agacha la cabeza.

«Me ha venido a la cabeza». Me pregunto si también se habrá acordado de la primera vez que se la recité, desnudos, haciendo el amor. Me pregunto si también siente esa manada de elefantes corriendo por el estómago al recordarlo. Y me contesto sola: la respuesta es no. Porque Roy no se enamoró de mí y no lo experimentó de la misma forma.

Experimento el vacío en el pecho, ese tira y afloja entre el orgullo y las lágrimas.

—No tienes derecho a decir estas cosas. —Trago la emoción y me muestro impasible. No voy a permitir que me vea débil, ni con el corazón roto.

Juguetea con sus manos, entrecejo fruncido y expresión acongojada. No comprendo esta actitud. Esta actitud como si le doliera, como si estuviese enfadado.  

Su actitud me desconcierta. Otra vez aparece esa pequeña parte que ansía una rectificación. Que es consciente de que si estira las piernas podría tocarle. Que todo el espacio está impregnado con su colonia.

—Thelma, yo…

Antes de que tenga oportunidad de decir algo más, interrumpo:

—Cállate.

Segunda regla: A ti te quieres más.
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Re: new rules

Mensaje por hypatia. el Lun 30 Abr 2018, 3:23 pm

Kande :
Y aquí estamos otra vez (Holi ). Creo que esta es la primera vez que voy a hacerte tantos comentarios seguidos   Pero bueno, que ya me dejo de rollos y empiezo:

Aclaración: Voy a hacer le comentario a medida que lo leo, así que es muy probable que esté lleno de incoherencias y mayúsculas chillonas :posmecallo:


Siempre supe que enamorarme de Edward fue el error más grande que pude haber cometido en la vida. No solo estaba acostándome con el enemigo, sino que lo estaba amando más de lo que me amaba a mí misma, y, por ende, me perdí. Si él me hubiese pedido dar un paso al costado, tonta e ilusa, habría dado cien pasos, siempre y cuando su mano sostuviera la mía.  Su mano no me sostuvo. Lo único que hizo fue darme una buena cachetada para que entrara en razón y me diera cuenta que jamás habría sentido algo por mí, que para él todo fue un juego muy fácil en el que caí y creí en todas sus caricias y sus palabras.

Ya desde el principio todo huele a drama    Me vas a hacer sufrir como una total y absoluta condenada con esta historia. Lo sé y lo sabes... Aunque no me quejo, porque aunque me quejo amo el drama    Bueno y ya dejo de hablar de mí (qué egocéntrica soy).

Se me parte el corazón leer esto de Momo. La manera en la que el maldito Edward la utilizó y jugó con ella, cómo se aprovechó de sus sentimientos para controlarla (al menos es lo que yo entendí). Además que refleja muy bien lo que el amor hace con nosotrxs y bueno  muack

Yo trabaje en mi propio proyecto por nueve meses, esforzándome en el trabajo del hotel y en la universidad, tratando de mantener mi vida amorosa a flote y siendo impecable a la hora de lidiar con Connor y su mirada despectiva hacia a mí. No dormía, no comía lo suficiente, se me cayó el cabello innumerables veces y aguante el malhumor de los clientes todos los días y sin excepción.

Mira no, por ahí no   Todo lo que hizo Amoné para que las cosas saliesen bien y cómo terminó... Quiero arrancarle a Connor todos los dedos de los pies con pinzas, uno por uno  

Entonces lo abofetee con fuerza, volteándole la cara hacia un lado. Sentía las lágrimas de rabia y dolor correr por mis mejillas, con tanto odio y amor al mismo tiempo, tanto dolor y negación. No quería creerlo. No quería, realmente que no, pero el vídeo era más que suficiente para abrirme los ojos.

Que es que lo estoy pasando mal de verdad al leer esto. La rabia y la impotencia que me está entrando al ver Amoné tan rota y mal...  


—Te dije que no confiaras en nadie. Ni siquiera en mí.

HIJO DE TU MADREEEEEE   A ver si te piensas que las advertencias te dan derecho a hacer daño a los demás, no te jode. Te voy a dar una clase de moral y valores, tonto  

Y fui despedida, echada como un perro y sin siquiera una sola oportunidad de poder defender mi posición. Ni aunque les mostrase el vídeo hubiese podido convencer a los accionistas. Era obvio que la treta no venía directa de Edward y Connor, venia de todos. Me querían fuera. Y los hijos de puta lo lograron.

Amoné va a recuperar su imperio como que me llamo Katherine, vamos, y después vamos a poner a todos los que se amotinaron contra ella en fila para darles una palmadita en la espalda y mandarlos de una patada a la China    Connor y Edward los primeros.

(De verdad, Kande, no sabes la rabia que me entró al ver lo mal que trataron a Momo, ella no lo merece   )

—Esto es una pocilga —dijo Thelma apenas y entramos con Ronnie a la vieja mansión que debía volver un hotel de lujo.

—Ríndete, es más fácil que perder tiempo aquí —me aconsejo Ro con una mano sobre mi hombro.
—Solo tomen una escoba y ayúdenme a barrer.

Ellas positivas, lloro

Agradezco el tiempo en que nos mantuvimos distanciados, ordene mi cabeza y mis prioridades, aunque es difícil aun lidiar con el corazón. Todavía estoy dolida y lastimada, me siento humillada y avergonzada porque no fui capaz de ver más allá que una historia de amor. Ahora con él de regreso en mi vida, no solo voy a sufrir estrés por el hotel, sino por su presencia.

Sabes esta sensación de que quieres patear algo con todas tus fuerzas. Pues es lo que me está pasando a mí al ver lo destrozada que dejó a Momo este ser repugnante :____

—¡Joder, Michelle!

—¡Son ellas las violentas, no me culpes!

No te haces una idea de lo que me gustó esta escena entre el grupo de amigas. Que estén todas reunidas bebiendo y haciendo el tonto. Que tenga la confianza para tirarse cosas a la cabeza y gritarse y reírse las unas de las otras. Además me gusta ver a Amoné ahí, feliz y olvidándose de todo, siendo consciente de que siempre van a estar allí para ella. P R E C I O S O.

No entiendo bien que fue lo que paso por mi cabeza, solo que no podía dormir y no sacie mi ansiedad hasta que toque la puerta de su habitación.

Pasó que el amor nos vuelve incoherentes, estúpidos y hacemos cosas que de ningún otra manera haríamos   (Aquí Katherine dando lecciones cuando ha sido la primera coherente estúpida xd).

Confió en Marley y en su juicio. Hace cuatro años se recibió de abogada y trabajo en el Hotel Rousseaus encargándose de la parte legal hasta que finalmente decidió marcharse y abrir su propio estudio. No es estúpida, es cierto. No pude haber conseguido alguien mejor para este trabajo y más digno de confianza. De todas formas, no puedo confiar en ella con totalidad, no cuando Connor es su padre, no cuando es amiga de Edward, no cuando…

Entiendo que Amoné no pueda confiar del todo en ella por lo que ha ocurrido y teniendo en cuenta con quién está relacionada Marley, aunque ella no le haya dado motivos para desconfiar. Pero la entiendo. Y amo su relación, la emboscada que le tendió Marley y cómo consigue que vaya a la cita. Lloro.

—¿Por qué eres tan estúpida? —sus palabras me helaron hasta los huesos, quitándome el aire por el dolor—Si te digo que no confíes en nadie, significa que en nadie. Mucho menos en mí. ¿Y ahora que tratas de hacer, Amoné? ¿Tratas de volverme la victima? —soltó una seca risa corta y cínica—¿Alguna vez te dije que te amaba? ¿Alguna vez te prometí que me casaría contigo? No, no lo hice. Te traicioné porque vi que era la ocasión perfecta para relucir entre los candidatos para la herencia de la presidencia. Y lo logre. Gracias a ti.

HIJO DE PUTA, MALDITO HIJO DE TU PUTA MADRE   Va a sentir mi furia por medio de Thelma, que se vigile las espaldas... ¿Cómo la hace eso? ¿Cómo la tira así, como un perro? Encima mi pobre Amoné dispuesta a perdonarlo. Madre mía.

—¿Y vas a hacerlo sola?

—Claro que no, tu vas a ayudarme.

—Ya me lo veía venir —Thelma revolea los ojos—Hay que darle una cálida bienvenida al gerente general del hotel, ¿cierto?

Me encanta la amistad que tienen, ay Realmente no es necesario que hablen mucho, se entienden casi siempre con miradas y son muy goals.

—Ni siquiera estoy borracha. Quiero un vodka, ¿puedes dármelo?

—No. Y si te molestas conmigo, fue Marley la que me dijo que no te diera demasiado.

Todos poniéndola en abstinencia  

—Hay una delgada línea entre el coqueteo y el acoso, y ustedes, los hombres, deberían aprenderlo.

—Tú deberías enseñarme. ¿Qué te parece?

La Momo feminista es mi Momo preferida   Aunque a mí Seth me cayó muy bien, parece bastante simpático y agradable. Veremos a ver qué pasa...

Observo a Seth a mi lado y recuerdo a Marley decirme que un acoston no me haría mal. Voy a arrepentirme de esto mañana, pero con estas copas de más y las siguientes que tendré, creo que no me importa mucho en estos momentos.

—Entonces—suspiro dejando caer mi codo en la barra, apoyando mi mejilla en mi mano. Los ojos de Seth se encienden y la sonrisa coqueta no tarda en curvarse en su rostro, mostrando sus hoyuelos — ¿Deberíamos empezar con la lección?

Eso de que un clavo saca otro clavo. Que buscas cualquier cosa o persona que te haga sentir bien aunque a la mañana siguiente te arrepientas. Es tan normal, tan de ruptura. Ay, no sé, me revolviste todo con tu capítulo mujer. Estoy ansiosa por ver cómo continúan las cosas.

Perdón por mi comentario de porquería, pero es que debo muchísimos y no he podido entretenerme como a mí me hubiese gustado. Pero queda claro que lo amé, como siempre. Que la historia me ha calado hondo y que Amoné ha despertado un instinto protector en mí que ni Thelma

Alec:
Holi :posmecallo: Bueno primero que todo perdón por tardar tanto en comentar tu capítulo, soy un desastre absoluto... Pero finalmente aquí estoy  

—¿Hace cuanto que no asistías a un partido escolar?

Abro los ojos al escuchar la pregunta. Sam se sienta a mi lado en la incomoda grada de concreto y me tiende un refresco con una mano mientras la otra sostiene una gran bandeja de nachos con queso y jalapeños, los acepto en silencio llevándome uno a la boca de inmediato sin dejar de mirarlo, bajo la gorra negra que lleva puesta sus ojos oscuros parecen divertidos mientras lleva la pajilla de su propia soda a los labios.

Mi pobre Zettie pasando frío y viendo un partido (a pesar de que los odie) solo para acompañar a su bebé Sam Yo no estoy segura de si lo haría. Bueno quizá si me ofrecen comida...

Oh, dulce y molesta vida de adolescentes, como te hecho de menos aunque fuiste un grano en el trasero.

Esta frase me representa muchísimo. Cuando eras adolescente estabas deseando crecer para que dejaran de tratarte como a un niño y tomar tus decisiones. Ahora que eres "adulto" y tienes que tomar decisiones quieres que vuelvan a tomarlas por ti. Más complicados y no nacemos    (Menudo monólogo me acabo de montar).

dejar México fue algo que nos costó a todos en la familia pero mucho más a mí que estaba acostumbrada a las caminatas nocturnas y las fogatas en la playa cuando el sol se metía, han pasado desde entonces cinco años pero no dejo de sentirme melancólica en estos aspectos. La comida es tan diferente que suelo pedir salsa picante extra en toda mi comida y cuando estoy bastante conmovida no puedo evitar hablar atropelladamente en español haciendo que todos me miren raro; en verdad creo que jamás me acostumbraré a esto.

Debió de ser muy complicado para Zettie adaptarse a un nuevo país, a una cultura y a un idioma nuevo Y veo completamente normal que no acabe de acostumbrarse nunca. Por cierto, me encanta que tu personaje sea de otro país y que muestres "lo que pasa" al hacerlo. No sé, he dormido poco y realmente no estoy diciendo más que gilipolleces xd. Pero eso, que me encanta Zettie y que sea mejicana  

—No. Quiero ir a Columbia o tal vez Fordham. —Se encoge de hombros pareciendo desinteresado cuando sé que está inquieto—. Tengo todavía un año para pensarlo.
—Columbia no te librará de muchos de ellos, pero Fordham suena bien si quieres ser un buen ciudadano católico, creo que te va, eres el más sensible de todos así que...
—¡Ya, capté, lo pensaré después!

Me parece que no lo he dicho todavía: pero me encanta que Zettie sea de esa manera con Sam. Quiero decir que lo sermonee y que sea porque quiere lo mejor para él. Y no podemos olvidar que está allí congelándose para acompañarlo   Shippeo que sean hermanos y sé que amaré los momentos entre ellos  

—Kay dice que llevemos comida, mamá está a dieta y quiere que todos cenen pasta con ella, papá y ellos parecen desesperados.

Cuando alguien de la familia se pone a dieta y pretende que toda la familia coma lo mismo para evitar las tenciones. La mujer de mi padre siempre hace lo mismo y es como YO NO HE DECIDIDO PONERME A DIETA, TEN TÚ CONSIDERACIÓN MUJER  

—Apuesto por algo más condimentado. ¿Qué tal quesadillas o tacos?
—México corre por tus venas, Sam.
—En las de todos nosotros, incluido papá.

Amé este diálogo, no sé por qué, ay. Jo es que me encantan juntos y que Zettie sea tan maternal con él  

Seremos diferentes entre todas pero siempre encontramos la manera de encontrar algo para discutir y burlarnos por mensajes de texto.

Esto es tan de amigas que ay  

—Por accidente abrí las historias de Lewis en Snapchat. —Entrecierro mis ojos y aprieto mis labios para medir mis próximas palabras—. Entonces he decidido enviarle un mensaje.
—¿Lewis... Stein? ¿Reynolds?
—Ese mismo.

Esto es como cuando te pones a stalkear a tu y pasa lo siguiente: o bien le das mg a una foto antigua sin pretenderlo y tienes que hacer la maleta para mudarte a un mundo paralela tras pertrechar la cagada de tu vida o bien se te revuelve hasta el alma, te entra la morriña y le hablas.

Oye y qué ha pasado con estos tres   Estoy nerviosa por saber el motivo por el que se dejaron de hablar y qué tiene que ver el Johan este en todo esto.

—Pero de todas formas sentías que en parte era su culpa y podías meter a los dos en un saco si eso podía aligerar las cosas desde tu perspectiva. Terminar con Johan fue como haber terminado con Lewis también y nunca más volviste a querer hacer las paces con ellos o su familia.

¿Hola? Sí, quiero un Samuel para llevar. Gracias  

porque todo fue de color rosa hasta que la gran estafa de Johan dio frutos después de todo.

¿Qué le hiciste a Zettie malnacido?  

—¿Quieres que te saque el cinturón también como a un niño?
—Quiero que me respondas.
—Sí, tú ganas, te lo diré todo.
—Genial.

SAM ES LO MEJOR DE ESTE MUNDO YA HAS HECHO QUE ME ENAMORE DE ÉL, TE VOY A DENUNCIAR    Necesito tramas con este chico y con todos tus personajes. Me acabo de acordar que jamás te respondí al mp (como dije, soy un desastre) así que en cuento acabe el comentario me pongo a ello

Ay y me encanta la familia de Zettie, quiero que me adopten porfa    

—Ve y has palomitas, Leonardo, tres minutos o se quemarán. —Con un gesto de la mano nuestro padre ordena a Sammy levantarse de su asiento.
—Un paquete de extra mantequilla para mí —pide Kayden que se tira en el suelo con un par de mantas y almohadas como un niño pequeño.
—Yo quiero uno de los nuevos que tienen queso añadido. —La voz de Bill es cariñosa y menos mandona que la anterior petición.

Pues yo quiero palomitas de colores, por favor y gracias, Leo  

—Eso sería lo correcto. —Me devuelve el teléfono y releo los mensajes de nueva cuenta—. Él no es Johan, Zett, no tirarás a una de tus mejores amistades porque rompiste con su primo, ¿a que se escucha absurdo?

Así que se alejaron porque Zett rompió con el Johan este y se sintió traicionada por parte de Lewis. Oye este hype no, Alec. Yo necesito saber qué está pasando aquí  

—Oh, bien, todos parecen estar de su lado hoy y en contra mía. —Pongo los ojos en blanco antes de caminar de vuelta con los otros—. ¡Gracias, familia, creía que eran Lloyd y no Reynolds!

Cuando toda tu familia empieza a decirte que has cometido un error y tú lo único que quieres que te den la razón porque se supone que es tu familia y deben estar de tu parte Pero en realidad me encanta que sean así con Zettie, quiero decir que se preocupen lo suficiente para decirle cuándo algo que hace no les parece bien. Eso es amor

Me ha gustado muchísimo tu capítulo, Alec Y Zett me gusta mucho también, su manera de ser y su familia numerosa y todo. Espero con ansias tu próximo capítulo  
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