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Death of a bachelor III

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Death of a bachelor III

Mensaje por Andy Belmar. el Mar 02 Ene 2018, 11:14 pm



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Mensaje por Andy Belmar. el Mar 02 Ene 2018, 11:14 pm

Leer esto antes de leer el capítulo:
Hola chicas y lectoras y lectores. Aquí les dejo el quinto capítulo de la novela. El capítulo no es tan perfecto que digamos, pero como había dicho antes, no había tenido inspiración para hacer el capítulo hasta hace poco, así que le pido disculpas de ante mano si es que no se entiende alguna escena.
El capítulo está medio fome, pero quise caracterizar a mis personajes, contar un poco de ellos y su historia.
Me faltó por presentar a tres personajes, Rina, Emir Zalachenco y Dylan Cole, los cuales serán presentados al principio de mi segundo capitulo.
La última parte del capítulo tiene una escena +18, la cual no es tan explícita, pero quise avisar de ante mano para que estuvieran preparadas y también para que no digan que no avisé sobre la escena.


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Scott Caldwell :: Alice Sharp :: Nala :: Emily Sharp :: Zorus :: Dean Summers :: Lena Sorenson :: James Cooper



Centro de Londres
Inglaterra, Europa.

Scott Caldwell se consideraba un hombre afortunado, a pesar de que su infancia no había sido una de las mejores. Scott era oriundo de Estados Unidos y padre había muerto cuando él era muy joven. Su madre después de la muerte de este, se alejó de sus hijos yéndose de viaje, dejándolos a manos de su tío Merrick durante aquel verano, un hombre el cual emanaba un aura bastante peligrosa.

Durante ese verano y los siguientes años Scott extrañaba a su padre y para recordarlo comenzó a incursionar en el mundo de la creación de humanoides la cual era la profesión su padre —a pesar de que su madre insistiera en que no lo hiciera por considerarlo una profesión mediocre—,  y además siguiendo los pasos de su hermano mayor Dimitri, con el cual es muy unido a pesar de la personalidad arisca de este último.

Sus primeros diseños no habían sido perfectos, los humanoides tenían fallas, pero en vez de rendirse, Scott se esforzaba cada día para estar a la altura de sus contrincantes, poder ganar las ferias científicas y su objetivo principal; una beca para estudiar en Harvard. A él siempre le había gustado el diseño de humanoides — cuando era niño veía fascinado como su padre los diseñaba y a veces los construía—.  

Al conseguir la beca, estudió robótica e inteligencia artificial en Harvard. Durante los años en la universidad, se esforzó el máximo por conseguir todo lo que se proponía, siempre ha sido un chico que se esfuerza para conseguir lo que quiere. Al terminar sus estudios estuvo trabajando por un tiempo en un centro de inteligencia artificial en Estados Unidos, pero al tener conflictos con su madre por su trabajo, decidió seguir los pasos de su hermano Dimitri e irse a trabajar a Inglaterra, específicamente a Londres.

Irse a Londres fue la mejor decisión que podría haber tomado ya hace tres años. Llegó a trabajar como robotista al centro de investigación de inteligencia artificial avanzada Mechanical Men y allí conoció al amor de su vida, Alice Sharp; la chica que le robó el corazón, la cual en ese momento estaba durmiendo en su pecho. Desde el momento en que la vio, había caído enamorado de aquella trabajólica científica. Al principio ella lo detestaba porque él, constantemente realizaba bromas a su alrededor, pero con el tiempo él la conquistó.

Scott miraba a su novia, ella se arrimaba a su pecho y de vez en cuando suspiraba. La mayor parte de la noche anterior, ella había estado en una video conferencia con su mejor amigo Emir, el cual estaba proyectado vía holograma gracias a un holus —Emir vive en Estados Unidos—. Hablaban sobre una humanoide llamada Rina, la cual tenía fallas graves en su programación, que era un misterio que Emir no podía resolver, etc, etc, etc. Scott solo sabía una cosa. Su novia necesitaba descansar por lo que le dijo a Emir que fuera a preguntarle a otra persona y cortó la comunicación. Alice se había molestado, pero el enojo se le pasó cuando él la besó.

Scott miró el reloj que estaba en la mesita de noche. Aún era temprano para levantarse, pero de todos modos se levantó, le dio un beso a su novia en la frente y fue a nadar un poco en la piscina del ático que compartía con su novia.

{#}

Nala sabía perfectamente que era una humanoide. Había sido diseñada hace un año y medio por Scott Caldwell y Emir Zalachenco como una humanoide de organización y la habían regalado a Alice Sharp, la novia de Scott.

Su programación consistía en una personalidad dulce y servicial, la cual por un tiempo fue así y realizaba todas las tareas que Alice le pedía. Hasta que la programación de Nala comenzó a fallar inesperadamente hace cuatro meses. Ella pensó que era una falla pequeña, por lo que no le dio importancia y no dijo nada — y nadie se ha dado cuenta de esa “pequeña” falla—, pero comenzó a coleccionar muñecas de todo tipo e inexplicablemente comenzó a sentir una gran atracción hacia Scott y un gran odio hacia Alice por ser la novia de él.

Nala caminaba por el salón mirando constantemente la habitación de Scott y Alice. Sentía odio hacia ella, algo raro considerando que uno de los pilares de su programación es amar a los humanos, pero solo amaba a una sola persona, a Scott.

De repente la puerta de la habitación se abrió y salió el guapo Scott el cual solo iba vestido con un pequeño bóxer. Ella lo siguió, hasta que él llegó a la piscina que estaba en el ático y se quedó en una esquina mirando como él nadaba. Lo observaba con mucha devoción, miraba los cómo sus fuertes músculos se movían mientras nadaba, soñaba con tocar cariñosamente su cabello castaño claro y que aquellos ojos de color almendra la miraran amorosamente. Nala salió de su escondite cuando él llegó a la orilla y descansó un poco.

— ¿Tiene hambre? —le preguntó emocionada a Scott—. Puedo prepararle un rico desayuno. ¿O tiene sed? ¿Tal vez un jugo de naranja?

Nala iba a hacer cualquier cosa para que él se fijara en ella, quería desesperadamente que él se enamorara de ella —tenía la esperanza, sabía que los humanos se enamoraban de humanoides—.

— Tráeme algo de comer, Nala —Scott le respondió sonriendo—. ¡Tengo tanta hambre que creo que me comeré un banquete yo solito!

— Le traeré algo de comer —contestó entusiasmada—. Pero algo liviano porque a esta hora de la mañana un banquete le caería mal al estómago y no quiero que se enferme.

Ella le guiñó un ojo y se fue pensando que ojalá se enfermara para poder cuidarlo y que él se enamore de ella. Al llegar a la cocina, fue hasta la despensa, tomó varias cosas para hacer homeless y comenzó a cocinar. Hace unos días había visto un programa antiguo de televisión, en él decían que la mejor manera de conquistar a un hombre era a través de la comida, por lo que se esforzaría al máximo por conquistarlo y dejara a su tonta novia.

Al terminar de preparar la comida, fue hasta el baño, se miró al espejo y pensó cambiar su look. Como humanoide, podía cambiar con un pensamiento el color de sus ojos y su cabello; en ese momento tenía los ojos de color almendra y el cabello de color negro. Pensó un poco en su elección y decidió cambiar el color de sus ojos a un azul eléctrico y el de su cabello a un rubio dorado. Se ajustó la ropa —una blusa de color azul, una falta de tuvo negra y tacones negros, los cuales eran una especie de “uniforme profesional”—, fue hasta la cocina, tomó la comida y se dirigió al comedor, pero se llevó una sorpresa al llegar, Scott y Alice estaban desnudos, haciendo el amor en la mesa del comedor.

En ese momento lo único que sintió fue odio hacia Alice, unos deseos de tomar su lindo cabello castaño oscuro y retorcerlo varias veces, pero sabía que si llegaba a hacer eso, ellos la enviarían a Japón a repararla —se supone que por ser una humanoide ella debe sentir amor por los humanos y no tener pensamientos negativos—  y no podría seguir observando y anhelando a Scott. En vez de hacer lo que había pensado, dejó caer la bandeja con comida, al sentir el ruido, Scott y Alice dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se sintieron un poco cohibidos al haber sido encontrados en aquella situación a pesar de que Nala es una humanoide.

— Lo siento —dijo Nala haciéndose un poco la inocente—. Debí comprobar la habitación antes de entrar.

Salió a toda prisa del comedor, fue hasta la habitación de limpieza y programó a unos mini robots para que fueran a limpiar. Estaba furiosa, Scott se iba a enamorar de ella costara lo que costara.

{#}

Alice Sharp estaba trabajando en su laboratorio en el centro de investigación de inteligencia avanzada integrada Mechanical Men, el cual se encontraba ubicado en el centro de Londres. Se encontraba frente de un touchjet observando distintos números y  gráficos, los cuales correspondían a una programación que estaba desarrollando para una nueva línea de humanoides.

— Esto debe ir aquí —murmuró para sí misma mientras tocaba la pantalla touch—. ¡Le ganaremos a esos jodidos japoneses! ¡En Europa también podemos crear humanoides, los cuales puedo afirmar que son mejores que los de ellos!

Todos los que conocían a Alice —sea de manera profesional o personal— sabían que se destacaba por ser una chica un poco competitiva en su trabajo. Es más, la consideraban como una chica trabajólica y ella se consideraba así también, pero se decía a si misma que para poder destacar en un mundo machista, debía trabajar mucho y ser lo más competitiva que pudiera.

Ella miraba el touchjet mientras calculaba los gráficos de manera mental. Cuando era niña, su mente siempre había estado rodeada de números, prácticamente soñaba con ellos, así que calcular mentalmente las cifras de los gráficos para ella era una tarea bastante fácil.

Siempre había querido ser una diseñadora de redes neuronales artificiales tal como lo son sus prestigiados padres. Al ser la hija mayor, había sentido la presión de ellos para ser una buena programadora y creadora de redes neuronales, producto de esta presión surgió aquella personalidad competitiva.

Abrió un documento en el touchjet y comenzó a escribir distintas anotaciones en la pantalla táctil. Llevaba dos meses construyendo aquella programación y quería hacerlo perfecto para construir un humanoide que revolucionara la industria tecnológica.

—Señorita Alice —dijo de repente Nala, su humanoide personal—. Recuerde que en una hora hay una reunión con el director del centro. Ha llegado un humanoide defectuoso y su dueño lo dejó aquí para repararlo en vez de enviarlo a Japón.

— Sé perfectamente que hay una reunión, Nala —Alice le respondió y a la vez seguía escribiendo en la pantalla—. Me lo has dicho toda la mañana y mi hermana también vendrá. Necesito que llames a Emir y le digas que hoy en la noche seguiremos hablando sobre Rina.

Nala ante aquella orden, fue hasta la habitación contigua para hacer la llamada.

Su amigo Emir estaba trabajando con una humanoide un poco problemática. La noche anterior habían hablado sobre el asunto, pero Scott —el novio de Alice— desconectó la video conferencia diciendo que ella necesitaba descansar. Amaba a su novio y sabía que él tenía razón en algo, necesitaba descansar o en algún momento iba a explotar o a enfermar por el cansancio.

De repente sintió como la puerta corrediza se abría, al mirar hacia aquella dirección, vio cómo su novio entraba con un café en la mano y un par de rosquillas. Al verlo se sonrojó.

Aquella mañana se había despertado, al no verlo sabía que estaba nadando en la piscina por lo que se levantó y lo fue a buscar. Al encontrarlo y verlo mojado y sexy, se lanzó hacia él y terminaron haciendo el amor en la mesa del comedor. Nunca había tenido una reacción tan desinhibida con él; generalmente era Scott el que tomaba la iniciativa, pero esa mañana al verlo, sintió un fuerte deseo por hacer el amor con él.

— Estás pensando en lo que pasó esta mañana —dijo Scott sonriendo mientras se acercaba—. Necesitamos repetirlo todas las mañanas —le giñó un ojo—. ¡Enserio mujer, me atacaste! ¡Mi novia es una fiera!

Él dejó el café junto con las rosquillas en una mesa y la abrazó. Ella le respondió el abrazo y escondió su rostro en la curva del cuello de Scott. Tenía trabajo por hacer, pero cada vez que lo veía, se le olvidaba todo el trabajo acumulado.

— El señor Emir dijo que lo llamara en la noche —Nala entró a la habitación interrumpiendo el momento—. Y además dijo que el señor Scott le debía una disculpa.

Alice sonrió. Sabía que su mejor amigo tenía celos de su novio —celos de mejor amigo, nada más que eso—.

— ¡Hiciste que Emir se enojara! —sonrió a su novio—. Tienes que disculparte, porque si no lo haces, él viajara desde Estados Unidos y te pateará el trasero. Sabes que prácticamente somos hermanos y él me proteger mucho.

— Lo sé —Scott masculló poniendo los ojos en blanco—. Te traje esto —le entregó un pequeño dispositivo USB—. Lo manda el encargado de robótica, es el diseño básico del nuevo humanoide que según ustedes, revolucionará la industria tecnológica —esto último lo dijo haciendo comillas con sus dedos—. Mandó el diseño, porque está cansado de que lo llames cada cinco minutos pidiendo verlos.

— Pero el encargado debería saber que yo me tomo muy enserio mi trabajo —le contestó a su novio con una ceja levantada.

— ¡Trabajólica! —él masculló—. Pero sabes que te amo.

Ella sonrió, le gustaba que él la hiciera reír con pequeñeces. Recibió el dispositivo, lo conectó a una computadora y revisó el diseño. Los especialistas en robótica y los de impresión 3D estaban haciendo un excelente trabajo.

— Está quedando lindo el humanoide —dijo Scott a su espalda—. Y no lo digo solamente porque estoy ayudando en el diseño ¡Soy un robotista genial!

Ella sonrió conectó la computadora a un holus y este proyectó un holograma del diseño. El humanoide era magnifico. Sabía que solamente era un diseño básico, pero en vez de un humanoide, el holograma reflejaba claramente a un ser humano. Las facciones del rostro y el cuerpo del humanoide eran tan reales que por una fracción de segundo quiso abrazarlo.

— ¡Perfecto! —suspiró—. Sin lugar a dudas será un humanoide perfecto.

Él la abrazó por detrás y se quedó contemplando el holograma.

— Se supone que deberías estar trabajando —reprendió a su novio—. Pero me agrada que hayas venido.

Él la abrazó más fuerte.

— Hay un nuevo empleado en el centro de inteligencia —le contó—. Le estaba mostrando el lugar, pero él fue al baño. Debe estar por llegar porque le dije que venía a este laboratorio.

Como su hubiera sido invocado, la puerta corrediza se abrió y entró un hombre al laboratorio. Alice al verlo se sorprendió. El hombre estaba vestido con un pulcro traje de negocios, su cabello negro estaba perfectamente peinado en punta, sus ojos color caoba la miraban fríamente y sus labios mostraban una sonrisa torcida.

— Mi amor, te presento a James Cooper. Es un nuevo científico de datos—Scott presentó al hombre—. James, te presento al amor de mi vida, Alice Sharp. Ella trabaja en el centro como diseñadora de redes neuronales artificiales.

James la miró.

— ¡Hola Alice! —su sonrisa aumentó—. Es un gusto volver a vernos después de tantos años. ¿Cómo has estado? —le preguntó con una sonrisa sínica.

Ella no le contestó. Lo miró fríamente y de manera dura.

— ¿Ustedes se conocen? —preguntó Scott un poco confundido.

— Nos conocimos hace muchos años —respondió Alice fríamente—. Estudiábamos en la misma universidad.

Ella no podía creerlo. De todos los centros de inteligencia artificial en los cuales podían darle trabajo, el jodido James Cooper entró trabajar Mechanical Men.

Su pasado y su presente estaban colisionando. El destino era una jodida perra. Había algo que no podía controlar, y eso la aterraba.

{#}


Emily Sharp colocó su mano derecha en el lector de huellas, su ojo derecho en el lector de retina y esperó a que el scanner leyera la información. Al terminar de leer la información, las puertas del centro de investigación de inteligencia avanzada integrada Mechanical Men se abrieron.

Ella trabajaba a tiempo parcial como terapeuta de empatía artificial en aquel centro. La tarde anterior, uno de los científicos la había llamado pidiéndole que fuera, había llegado un humanoide con una falla y ellos la necesitaban para que lo evaluara.

Entró al centro de investigación, fue al laboratorio de contención para humanoides defectuosos y al abrirse la puerta corrediza, encontró a tres científicos, de entre los cuales estaba su hermana mayor Alice.

Emily fue hasta donde estaba sentada su hermana. Alice se veía abrumada, sus ojos se notaban llorosos y sus manos estaban temblorosas.

— ¿Qué sucedió? —Emily le preguntó preocupada por su hermana—. Tú nunca lloras, eres de esas personas que ocultan sus emociones.

Alice la miró. Emily sabía que a su hermana no le gustaba hablar de sí misma, pero sabía que en ese momento necesitaba desahogarse.

— James Cooper entró a trabajar al centro de investigación —respondió Alice limpiándose los ojos con el dorso de la mano—. Y eso no es lo peor. A Scott le agradó y ahora son amigos.

Emily sabía que Alice se alteraba con tan solo nombrar a James Cooper. Ellos tenían una historia pasada, la cual no era precisamente muy bonita.

— No lo tomes en cuenta —le aconsejó dulcemente—. Se aburrirá y se irá.

— Eso espero hermanita —Alice respondió limpiándose las làgrimas—. Eso espero.

Emily abrazó a su hermana y ella le respondió el abrazo.

— Todo se solucionará —dijo cariñosamente—. No dejes que la felicidad que tanto te costó en encontrar, se vaya. Tienes que luchar con tus demonios para ser feliz, Alice. Y descuida, Scott está enamorado de ti, por lo que si el idiota de James le dice algo en contra de ti, ten por seguro que él no le creerá.

Alice la miró cariñosamente. No le extrañaba que Emily hubiera estudiado para ser terapeuta de empatía artificial. De las dos, siempre había sido la más sensible.

La puerta corrediza se abrió y entró el director del centro de investigación de inteligencia avanzada integrada Mechanical Men. El doctor Marcus Sharp caminó hacia el frente del laboratorio. A lo largo de los años, él ha sido considerado como uno de los científicos más prestigiados del mundo y él siempre ha esperado que sus hijas también lo sean. El doctor Sharp es el padre de Alice y Emily.

Esta última lo miró enojada. Ellos dos no tenían una buena relación, porque tanto él como su madre, no estaban felices de que ella hubiera estudiado para ser una terapeuta de empatía artificial —sus padres consideraban y todavía consideran aquella profesión como mediocre—. Pero Emily no estaba enojada por eso —se había acostumbrado a los comentarios—, ella estaba enojada con él, por haber contratado a James Cooper, sabiendo que aquel hombre le había hecho daño a Alice.

El doctor Sharp carraspeó y ellos lo miraron.

— Hace unos días —explicó—. Un empresario dedicado al rubro sexual, dejó a uno de sus humanoides. Al parecer el humanoide no quiere que sus clientas lo toquen, las insulta y cuando lo obligan a hacer su trabajo, lo hace de mala forma. Además dice que los seres humanos no son de fiar, que él es solo un sirviente de los humanos, incluso ha sido agresivo, en pocas palabras, está descontrolado. Claramente este humanoide tiene una falla bastante grave, pero cada vez que intentamos hablar con él, simplemente no contesta, se retrae y gruñe —él miró a Emily— necesitamos de tu experiencia con humanoides Emily. Si la resistencia clandestina se entera de este esto, utilizará la información en nuestra contra y en contra de toda la comunidad científica para que los humanos no confíen más en la efectividad de los humanoides.

— ¿Por qué simplemente no lo reprogramamos? —preguntó uno de los científico—. ¿O lo destruimos?

— Necesitamos saber cuál es la falla y como repararla —el doctor Sharp respondió—. La mejor solución en este caso es estudiar al humanoide defectuoso. Podríamos encontrar nuevamente esta falla en otro, pero en ese escenario, ya sabríamos como solucionar la falla.
Los científicos asistieron con la cabeza. Aquello era verdad, estudiar al humanoide era la mejor opción. Por primera vez en mucho tiempo, Emily encontró que su padre tenía razón.

Miró su brazo izquierdo. Su smartphone bracelet emitía una luz. Al activarlo, su teléfono móvil se proyectó en su antebrazo, lo revisó y vio que tenía un correo electrónico, al abrirlo vio el expediente del humanoide.

Miró su número de registro, Nº Z78O93R06U54S22, pero su dueño lo había nombrado Zorus para que fuera más atractivo para sus clientas. Siguió analizando el expediente, el cual decía lo que su padre había dicho —además de información extra—. Miró la fotografía del humanoide. Zorus tenía el cabello de color castaño y los ojos de color azul. Aquellos ojos le resultaban un poco familiares.

— Emily —su padre le habló—. Estarás a cargo junto con Alice. Necesito que recluten a los mejores científicos del centro de investigación para este proyecto. No descansarán hasta encontrar la falla y repararla.

Emily arqueó una castaña ceja. Su padre nunca preguntaba, siempre mandaba. Fue hasta la parte trasera del laboratorio y vio los monitores de las cámaras de vigilancia de la sala donde tenían recluido al humanoide. Zorus estaba sentado frente a una mesa, sus manos estaban cerradas en puños encima de ella, tenía la cabeza agachada, por lo que no podía ver sus ojos.

— Alice —le dijo a su hermana—. Iré a hablar con Zorus.

— Ok —ella respondió—. Pero ten cuidado. Vamos a intervenir si comienza a ser violento.

Emily asistió con la cabeza, pero confiaba en sus capacidades. Abrió la puerta y entró a la sala. Zorus no se movió, ni la miró. Ella se sentó frente a él.

— Hola Zorus — dijo dulcemente—. Soy la doctora Emily Sharp, es un gusto conocerte.

Al escuchar el nombre de la doctora, Zorus levantó rápidamente la cabeza y la miró. Emily pensó nuevamente que aquellos ojos le resultaban demasiado familiares.

{#}

Oeste de Londres
Inglaterra, Europa.

Dean Summers se encontraba sentado en el sillón de su departamento con una cerveza en la mano. Estaba enojado consigo mismo, se sentía inútil, frustrado, incapaz de ayudar a la resistencia.

Dejó la cerveza en el suelo, se quitó la ropa, se dirigió hasta su habitación, dejando la ropa votada por todo el camino y miró su cuerpo desnudo en un espejo de cuerpo completo. Al mirarse se enojó aún más.

Miró su cabello color castaño claro, el cual estaba desordenado por tantas veces que había pasado su mano, debido a la frustración. Sus ojos de color azul eléctrico, estaban más azules de lo normal debido a su enojo. Siguió mirando su cuerpo y se detuvo en sus miembros izquierdos —brazo y pierna—, los cuales eran mecánicos. Se definía a sí mismo como un medio hombre. Un hombre incompleto, inútil, un monstruo. Si no fuera por su trabajo en el interior de la resistencia, se habría suicidado hace mucho tiempo.

Sus padres habían sido miembros de un grupo activistas en Australia, pero el gobierno australiano los persiguió por terroristas. Por aquel motivo él y su familia se fueron a vivir a Inglaterra hace dieciocho años.

Ellos tenían un pensamiento anti tecnológico, por lo que Dean había crecido con aquel pensamiento. Al llegar a Inglaterra, se habían unido a un grupo de personas que años más tarde pasaron a llamarse la resistencia clandestina de Inglaterra.

Pasaron los años, él, su familia y los miembros de la resistencia, vieron como de a poco los humanoides iban ganando importancia en la sociedad, hasta el punto de quitarles sus trabajos a los humanos.La resistencia comenzó a actuar después de que algunos miembros perdieran sus trabajos por culpa de los humanoides —entre los afectados estaban sus padres—.

En una de las manifestaciones, los padres de Dean murieron atropellados. Él estuvo devastado, quería venganza, quería ser útil para la resistencia. Lionel Sorenson, el líder de la resistencia inglesa, le dijo que la mejor forma de ser útil era infiltrarse en la policía inglesa. A los dieciocho años, Dean realizó los exámenes para entrar al cuerpo de policía, los exámenes fueron fàciles, por lo que entró al cuerpo policiaco y actualmente es un infiltrado de la resistencia en la policía inglesa.

Sin embargo hace un año su vida cambió radicalmente. Estaba patrullando en el este de Londres, cuando escuchó ruidos y gritos, fue hasta el lugar y vio a un grupo de chicos que protestaba frente a un centro de investigación. Su amiga Lena Sorenson —integrante de la resistencia— no le había dicho nada de aquella protesta, por lo que sabía que aquellos chicos no formaban parte de la resistencia. Iba a ir hacia ellos y decirles que se fueran, pero antes de decirles algo, hubo una explosión.

Producto de aquella explosión,  Dean perdió su brazo izquierdo y su pierna izquierda. Tras varias cirugías —que pagó el seguro policiaco—, le implantaron unos miembros mecánicos —brazo y pierna—. Desde ese momento comenzó a odiarse. Desde que sus padres perdieron  sus empleos por culpa de los humanoides, él les tenía un profundo odio. Ciertamente no es un humanoide, pero cada vez que se mira al espejo, siente que lo es.

Seguía mirándose al espejo, hasta que no pudo más y con su brazo izquierdo quebró el espejo, dejándolo en miles de pedacitos. Fue hasta el baño y se ducho. Al salir escuchó un teléfono móvil sonando, al buscarlo y encontrarlo vio un mensaje de texto de su amiga Lena.

“Gracias por el dato”

Lena es un miembro activo de la resistencia y esa misma tarde estaba en una manifestación frente al congreso de Inglaterra. Él le había dado el dato de como entrar al congreso de manera segura, para que los policías no los atraparan.

Dean se vistió, tenía que una cita con una nueva terapeuta de empatía artificial.

Desde la explosión, tras las operaciones y las instalaciones de sus nuevos miembros, al llegar nuevamente a la policía para ser un miembro activo, le habían asignado a un terapeuta de empatía artificial para que se acostumbrara a su cuerpo y para aceptar a su nuevo compañero, un humanoide policiaco. Tras el fracaso de varios terapeutas, el capitán de su unidad le dio un ultimátum, si no era capaz de adaptarse a su nuevo cuerpo y a su compañero, lo iban a dar de baja, en pocas palabras, lo iban a despedir. Los planes de la resistencia se irían a pique si a él lo despedían, por lo que no le quedaba más alternativa que escuchar las porquerías que la terapeuta le dijera y tratar de ser amable para que ella le diera el alta médica, así no perdería su trabajo y le sería útil a la resistencia.

Tomó las llaves de su departamento y salió del lugar. Tenía un auto en el garaje del edificio, pero decidió caminar porque la consulta de la terapeuta estaba cerca. Vivía en una zona medianamente regular en el oeste de Londres. Al pasa por las casas y los negocios, vio varios humanoides realizando distintas tareas, por ejemplo limpiando las casas, cortando el pasto, atendiendo negocios e incluso cuidando a niños. Dean se enfadó más. Los humanoides estaban invadiendo la sociedad, quitando los empleos de las personas e incluso enamorando a los humanos. Para Dean, eso último es estúpido, antinatural, algo que definitivamente no debería ser real.

Llegó hasta la consulta de la doctora Emily Sharp, al poner un pie frente la puerta, esta se abrió automáticamente. Entró a la consulta, caminó hasta la recepción y vio a una humanoide atendiendo.

—Tengo una cita en cinco minutos con la terapeuta Emily Sharp —dijo de manera brusca.

Ella lo miró y sonrió amablemente.

— Lamentablemente la señorita Sharp en este momento no está disponible —la humanoide le respondió animada—. Pero puedo reprogramar su cita.

Dean enfureció y golpeó el mesón con su mano izquierda, dejado una pequeña abolladura en él. Estaba muy enojado, necesitaba que la terapeuta lo atendiera lo más pronto posible.

— ¿Cuándo puede ser la próxima cita? —masculló con la mandíbula apretada.

La humanoide inmediatamente revisó una tablet.

— Hay un espacio libre en tres días —ella le respondió—. Programaré la cita para las dos de la tarde. Tiene que llegar a la consulta con diez minutos de antelación.

— Está bien —masculló nuevamente.

Salió apresuradamente de la consulta, estaba furioso —aunque la mayoría del tiempo siempre lo estaba—. Fue hasta su casa, se vistió con ropa deportiva y salió a correr un rato. Tenía que despejar su mente.

{#}

Cuartel general de la resistencia
ubicado en algún lugar de Londres
Inglaterra, Europa
.


La sonrisa de Lena Sorenson era radiante. Miraba las noticias en la televisión y su sonrisa crecía aún más.

Aquella tarde, ella y un grupo de jóvenes de la resistencia, habían armado un caos al interior del congreso de Londres. Con máscaras en el rostro, habían ido a asustar a  los políticos que estaban a favor de los humanoides, les gritaron muchas cosas y dejaron grafitis escritos en las paredes del congreso. Gracias a su amigo Dean Summers, pudieron entrar y salir del congreso sin que la policía los atrapara.

Dean es un miembro de la resistencia infiltrado en la policía, él les ayudó con los planos del congreso y una manera de como eludir a la policía. Sabía que podía contar con él porque siempre hace lo que ella quiere.

Hablando de Dean, en ese momento entró a la habitación, fue al lugar donde ella estaba sentada y se sentó al lado.

— Hola Lena —la saludó ariscamente.

— Hola Dean —respondió coquetamente.

Se acomodó la blusa que llevaba puesta, de tal modo que se viera su sostén y se realzaran un poco sus pechos, subió su falda para que se vieran sus muslos y se arrimó a Dean.

— Dean necesito otro favor —le susurró al oído, mientras que con su mano tocaba el muslo derecho del chico.

Él se tensó un poco.

— ¿Qué es lo que necesitas? —preguntó con la respiración acelerada.

Ella siguió subiendo su mano, hasta que tocó la entrepierna de Dean y no se sorprendió al notar una erección. Con sus labios mordió el lóbulo de la oreja derecha de chico.

— Necesito que me ayudes a encontrar los planos de las instalaciones de Mechanical Men, el centro de investigación de inteligencia avanzada integrada que está en el centro de Londres —respondió seductoramente—. Pero no quiero que se lo digas a mi padre.

Quitó la mano de la erección de Dean. Fue hasta la parte superior de los pantalones deportivos del chico, los bajó un poco y comenzó a acariciar su erección de arriba hacia abajo y viceversa.

— Sabes que le tengo mucha estima a tu padre —él contestó con la respiración muy acelerada—. No me gusta ocultarle nada, ni mucho menos algo que se relacione con las actividades de la resistencia.

Ella aumentó la fricción y él comenzó a gemir.

— Por favor —le suplicó lamiendo su oído—. Será nuestro secreto, además, cuando se haga realidad mi plan, todos terminaremos ganando. Será una pequeña mentirita piadosa.

Ella necesitaba ayuda con la búsqueda de aquellos planos, no sabía con exactitud dónde estaban, pero sabía que estaban resguardados en un lugar muy seguro.

Se levantó y se arrodilló frente a Dean. Bajó hasta el suelo los pantalones deportivos que el chico utilizaba, junto con su bóxer e introdujo la erección en su boca. Él inmediatamente comenzó a gemir ante la deliciosa mamada que Lena le estaba realizando.

— Sabes convencerme de cualquier modo —dijo entre gemidos.

Ella soltó la erección de su boca y lo miró.

— ¿Vas a ayudarme a conseguir los planos? —preguntó dando un pequeño apretón a la erección del chico.

— Sí —contestó entre gemidos—. Haré todo lo que tú quieras.

Lena sonrió ante su pequeña victoria. Siguió haciéndole la mamada a Dean hasta que él llegó al clímax y ella tomó cada gota su semen. De repente un carraspeo los interrumpió, ella se levantó y vio cómo su novio, James Cooper, se dirigía hacia ellos.

— Veo que disfrutaste de mi chica —dijo fríamente a Dean —. Vete, antes de que te golpee.

Dean subió sus pantalones, sus ojos azules se veían furiosos.

— ¿Tú? ¿Tú me quieres golpear? —preguntó enojado a James—. ¡Mira niño bonito, estoy cansado de que creas que puedes llegar aquí y hacer lo que quieres!

James fingió un bostezo de aburrimiento.

— Me da lo mismo lo que pienses —contestó con una sonrisa sínica—. Además no sé por qué eres un miembro activo de la resistencia, eres mitad máquina, un fenómeno. Si tanto odias a los humanoides, debiste morir en vez de dejar que te implantaran aquellos miembros mecánicos. Ahora eres parecido a ellos y todos te miran con asco.

Dean enfureció. Colocó sus manos en puños, pensó en golpear a James en el estómago, pero antes de hacerlo, Lena le tomó el brazo.

— No lo tomes en cuenta —susurró a su oído—. Déjame sola con James. Hablaré con él y después te iré a buscar para terminar lo que comenzamos.

Lamió el oído de Dean. Él miró a James con odio, pero se fue, cerrando la puerta bruscamente. Lena miró a James seriamente.

— ¿Conseguiste el trabajo en Mechanical Men? —le preguntó con una ceja levantada.

James la miró sonriendo. Sus ojos color caoba la miraban con deseo.
— Por supuesto que sí —respondió desabrochando sus pantalones—. Sabes que soy el mejor científico de datos en el mundo y el mejor de todos los tiempos, aquellos ilusos tenían que contratarme si o si.

Lena se acercó a él  y lo besó. Ambos se besaban sensualmente, sus lenguas chocaban en sus bocas, batallando para saber cuál ganaba. Sus manos —ávidas de deseo— se movían en torno a sus cuerpos sus cuerpos, tocaban partes que estaban necesitadas. James paró de besar a Lena, tomó el borde de la blusa y la desgarró, dejando que los botones cayeran al suelo. La tomó de la cintura, dejó a Lena en el borde de una mesa, tiró fuertemente sus sostenes, hasta que se desgarraron, dejando los senos de la chica al descubierto, tomó el seno izquierdo y comenzó a succionarlo con su boca, mientras que con la otra mano izquierda amasaba el seno derecho de la chica.

Lena no se había quedado atrás, mientras él prestaba atención a sus senos, ella había bajado los pantalones de James y acariciaba su gran erección. Él quitó su mano derecha del seno de Lena, dirigió sus manos a los muslos de la chica y de manera brusca le quitó las bragas. James nuevamente tomó la cintura de Lena, le dio a vuelta, de tal manera que ahora ella le daba la espalda, tomó sus brazos, los dejó en su espalda y amarró sus muñecas de la chica con las bragas que anteriormente le había quitado. Subió su falda hasta arriba —quedando como un fino cinturón—, con su mano derecha tomó rudamente el cuello de Lena y estampó su cara en la mesa, mientras que con la otra mano comenzó a tocar el clítoris de la chica. Ella comenzó a gemir, siempre le había encantado la manera en que ellos tenían relaciones sexuales.

Él con sus piernas, abrió las piernas de Lena y la penetró sin ningún otro juego previo. Ambos comenzaron a gemir y a gritar cada vez que James entraba y salía del interior de la chica. Él tomó rudamente el cabello castaño oscuro largo de Lena y lo tiró fuertemente, quedando la espalda de ella en el pecho del chico — el cual todavía vestía una camisa—, James dirigió sus manos a los senos de ella y los amasó, mientras la seguía penetrando una y otra vez.

Ella disfrutaba cada caricia y cada penetración, mientras en su cabeza comenzaba a trazar un plan para que su gran proyecto se llevara a cabo.
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Mis cap The cinderella contract

Mensaje por Andy Belmar. el Vie 26 Ene 2018, 6:00 pm

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Emma Castle y Nathaniel de Bélgica.



Emma.


Todos los días me cuesta levantarme, odio levantarme temprano, pero tengo que hacerlo porque salgo a correr todas las mañanas con mi amigo Gabriel.

Sin embargo había dormido pocas horas. Anoche acompañé a un viejo baboso —multimillonario—  a una cena de negocios, el imbécil se la pasó tocándome toda la noche, diciendo a sus amigos que yo era su ligue de una sola noche y además diciendo que yo era buena en la cama. Además durante toda la noche, aguanté las miradas lascivas de sus amigos y las preguntas asquerosas que hacían. Tuve que soportar todo, no podía dejar el trabajo incompleto porque necesitaba el dinero para pagar las cuentas médicas de mi madre y mi abuela, la escuela de mi hermana y la extorsión de la enfermera de mi madre.

El trabajo de dama de compañía de caballeros multimillonarios es uno de los trabajos en los cuales se gana mucho dinero. Había intentado vender drogas, pero me di cuenta que el peligro era muy grande —porque mi familia depende de mí—, un día mi vecino Gabriel me vio cabizbaja, le conté mis problemas y él encontró la solución perfecta, ser dama de compañía.

Pero mi vida nunca había sido de esta manera, cambió hace cuatro años. Por aquel entonces yo era una chica común y corriente que llevaba un año estudiando la carrera de ciencias políticas en la universidad de Oxford en mi amada en Inglaterra, país en el cual siempre he vivido. Tenía una familia que por aquel entonces era muy feliz, mi padre Rick, mi madre Amaya, mi hermana menor Marie y mi abuela América eran el pilar fundamental de mi vida, pero todo cambio de la noche a la mañana.

Mi padre desde joven ha sido activista social, ha estado en muchas protestas en contra de la política de Inglaterra, empresas que dañan en medioambiente, en fin. Siempre hablaba que la justicia debía ser ejercida por las mismas personas, pero lamentablemente hace cuatro años mientras estaba en una protesta, unos policías lo tomaron detenido y lo acusaron de asesinato y terrorismo. En ese instante mi vida se derrumbó, sabía que mi padre era inocente, pero habían muchas pruebas en su contra. Además la prensa nos acosaba constantemente, mi madre fue despedida de su trabajo y en banco nos embargó todo lo que teníamos porque mi madre se gastó todo el dinero que teníamos en abogados para mi padre, al cual le dieron cadena perpetua por un crimen que estoy segura que no cometió.

Mi madre trabajaba todos los días para poder sacarnos adelante a mi hermana, mi abuela y a mí, sin embargo cada día se notaba que ella no podía con todas las responsabilidades. Dejé la universidad — al principio mi madre no quería, pero era un gasto menos para ella—, busqué algunos trabajos, entre ellos de mesera, limpiadora de baños, cajera en un supermercado, entre otros trabajos que nos ayudaron con los gastos.

Todo iba bien hasta que hace un año mi madre me comentó que algunas veces los músculos de su cuerpo no reaccionaban bien, algunas veces se atrofiaban, por lo que la llevé al médico y tras varios exámenes le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica, más conocida como ELA, la cual es una enfermedad grave.

En el momento en el que a mi madre le diagnosticaron la enfermedad, mi vida se derrumbó. Mi padre estaba en la cárcel, mi madre enferma, mi hermana menor entrando a la adolescencia y mi abuela enferma de Parkinson. Allí, en ese episodio oscuro y desesperante de mi vida, conocí a Gabriel, el cual ahora es mi mejor amigo.

Algunas veces había visto a Gabriel en el edificio de departamentos en el cual mi familia y yo vivimos, pero nunca habíamos hablado porque él  se mostraba como  un chico muy misterioso, hasta que realmente lo conocí. Él es el que me contó sobre el trabajo de dama de compañía para caballeros multimillonarios porque él es caballero de compañía para damas multimillonarias, pero es gay y lo mantiene en secreto para que no le falte trabajo. Al principio lo había rechazado, pero al pensarlo me di cuenta que era mi mejor opción.  Necesitaba dinero para los tratamientos de mi madre, de mi abuela, además pagar la educación de mi hermana y los gastos diarios, por lo que la mejor opción para conseguir dinero de manera rápida era el trabajo que me ofrecía. Con el tiempo, Gabriel ha sido uno de los pilares fundamentales en este momento de mi vida. Siento que la vida ha sido tan injusta conmigo, pero seré fuerte y afrontaré todos los problemas que tengo y que llegaré a tener.

— ¡Emma! —grita mi hermana Marie desde la cocina—. ¡Gabriel se está comiendo todas las galletas!

Gabriel viene todas las mañanas a recogerme para que salgamos a correr, pero siempre pasa a la cocina y se come las galletas favoritas de mi hermana.

— ¡No seas aguafiestas, Marie! — le contesta—. Te compraré más galletas, ¡Tengo hambre!

— ¡Compra algo con tu dinero! — mi hermana le grita.

Riendo me levante de la cama, fui hasta el closet, saque un top, unas calzas negras, una pequeña chaqueta deportiva y mis zapatillas para correr. Me vestí, fui hasta el baño y me miré en el espejo. Siempre he sido una chica muy hermosa, mi cuerpo siempre ha estado marcado con curvas, mis ojos gris verdosos llaman la atención y mi cabello castaño oscuro, hasta los hombros, siempre trato de tenerlo bien cuidado. Me lavé el rostro, los dientes, me hice una pequeña coleta de caballo y fui hasta la cocina.

Al entrar vi inmediatamente a mi hermana y a Gabriel sentados en la mesa comiendo galletas con leche.

— Marie —le dije reprendiéndola—. En las mañanas debes comer algo más que galletas con leche.

Ella simplemente me miró sonriendo.

— Helen me iba a hacer el desayuno —me contestó—. Pero llegó Gabriel y comenzó a comerse mis galletas.

Helen ha sido nuestra nana por más de veinte años, es como una segunda madre para mí, es una persona de confianza, además de Gabriel, ella es la única que sabe sobre mi verdadero trabajo, mi madre, mi abuela y Marie piensan que trabajo en un restaurant de lujo.

— ¿Dónde está Helen? —les pregunte a ambos.

— Fue a darle los remedios a tu mamá —me contestó Gabriel comiéndose una galleta—. Irina no ha llegado aún, debes contratar a otra enfermera, esa chica es inútil.

Sabía desde hace mucho tiempo que tenía que despedir a Irina y buscar otra enfermera, pero ella sabía sobre mi trabajo. Un día me escuchó hablando con Gabriel sobre un cliente y desde ese entonces me chantajea, me pide llegar tarde, irse más temprano e incluso todas las semanas me pide dinero para mantener la boca cerrada.

En ese momento escucho la puerta principal abrirse, voy hacia ella y veo que Iris viene llegando. Es una joven de 25 años, que sinceramente se vestía como una puta, en el momento de la entrevista igualmente fue vestida como una puta, en su currículm decía que recién había ingresado de la universidad y al averiguar sus notas, me di cuenta que sacó la carrera apenas. En ese momento no la habría contratado, pero ella cobraba poco y necesitaba urgentemente una enfermera para mi madre porque Helen no podía cuidar a mi madre y a la vez hacer los quehaceres de la casa.

— ¿Y estas son horas de llegar? — pregunto encarándola—. Sabes perfectamente que mi madre debe tomar sus medicinas a esta hora.

Ella me miró.

— Dame más dinero —me dijo sonriendo—. Encontré unos zapatos muy hermosos que quiero comprar, pero se me acabó todo el dinero que tenía.

Estaba cansada de sus chantajes.

— No te daré más dinero —le digo enojada—. Estoy cansada de tus chantajes, ¡estás despedida!
Ella simplemente me miró.

— ¿Quieres que le cuente a tu mamita  que su hija es una puta que se acuesta con viejos multimillonarios? —me preguntó con malicia—. ¿O mejor le cuento a tu hermanita que su hermana, la que se supone que es su ejemplo a seguir es una puta bataclana?

En ese momento me sentí muy mal, pero lo que dice es mentira, nunca me he acostado con alguno de mis los clientes y nunca lo haría. Sin embargo, sentía que era una persona horrible al ocultarle la verdad de mi familia, pero si lo hiciera, lo más probable es que nunca me perdonen lo que estoy haciendo.

— Tendrás tu dinero durante la tarde —le contesté.

— Emma —escucho a Gabriel detrás de mí—. No deberías seguir su chantaje.

Lo miro y veo que su cara es de tristeza.

— No tengo poción— le contesto.

Tomo mi pequeña mochila, abro la puerta, salgo lo más rápido posible, bajo las escaleras del edificio y salgo a correr. Siento que detrás de mí, viene Gabriel, pero él sabe que necesito espacio.



Última edición por Andy Belmar. el Vie 26 Ene 2018, 6:11 pm, editado 1 vez
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Mi cap Sixteen and Pregnant

Mensaje por Andy Belmar. el Vie 26 Ene 2018, 6:10 pm

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Violet Vanderbilt y Nathan Abrams




Violet Vanderbilt


Amo a Nathan con todo mi corazón desde que me salvó de aquellos pandilleros que querían violarme hace casi un año. Lo amo con toda mi alma, pero a veces lo odio por ser un hombre cabeza dura y últimamente muy insistente.

Desde que le dije que estaba embarazada, se ha empeñado en pedirme matrimonio una y otra vez. Desde que me lo preguntó por primera vez, siempre le he dicho que no, pero el muy idiota me realiza la pregunta cada vez que nos vemos.

Él sabe perfectamente que no nos podemos casar, hay muchas cosas en nuestra contra las cuales nos impiden estar plenamente como pareja. Tengo diecisiete años, por lo tato soy menor de edad y para colmo todavía no he terminado la escuela. Además, él tiene un futuro en el boxeo profesional, todavía ningún reclutador ha visto su talento, pero sé que pronto alguien lo verá y podrá competir profesionalmente.

Pero la cosa más importante que nos impide casarnos es mi familia, sobe todo mis padres. Para ellos hay dos cosas que son importantes, la clase social y el estatus económico, Nathan no tiene ninguna de aquellas cosas, lo amo demasiado y no quiero que mi familia lo desprecie por ser de distinta clase social y por tener poco dinero.
Odio ser una Vanderbilt. Somos una de las familias más prestigiosas de Estados Unidos, mis padres y mis hermanos se vanaglorian diciendo que somos muy importantes y muy ricos —menos mi hermano menor Charles, él todavía no se ha contaminado por ellos—, yo pienso que son una banda de elitistas, por eso desde niña he sido diferente y ellos me ven como la oveja negra de la familia. Siempre sigo mis ideales —los cuales van en contra de los de mi familia—, he estado en muchos líos y en general, hago lo que quiero.

Conocer a Nathan es lo mejor que me ha sucedido. Él me cuida, me quiere y me ama de la misma manera en que yo lo amo a él. Me comprende de una manera que no puedo explicar. La noche que nos conocimos no la olvidaré nunca, a pesar de que estaba un poco borracha.

{Flash back}

Nuevamente me había peleado con mis padres. Ellos quieren que sea una persona que en realidad no soy. Esperan que sea como mi hermana Claudina, una chica que viste de ropa de diseñador, visita sitios elegantes y va de vacaciones a Ibiza o París, pero lamentablemente no soy como ella. A mí me gusta pasarlo bien, ir de fiesta en fiesta, ayudar a los más necesitados y luchar por mis ideales, algo que para mis padres es totalmente inaceptable.

Salí a caminar un rato sin rumbo por las calles de Nueva York, hasta que sin darme cuenta llegue a un bar en el Bronx. Tenía deseos de olvidar por un rato mi vida, por lo que entré y pedí un trago; lo malo, ese trago se convirtió en dos, en tres hasta que finalmente me emborraché. No quería llamar mucho la atención —habían hombres que me miraban con deseo—, por lo que pagué la cuenta y salí rápido del lugar.

Era de noche, por lo que caminé deprisa, pero sentí que alguien me seguía. Miré por encima de mi hombro y vi a varios hombres detrás de mí. Eran los mismos hombres que me estaban mirando en el bar, sentí miedo, mucho miedo y caminé más deprisa.

— Lindura —uno de los hombres gritó—. ¿Qué es lo que haces esta noche? ¿Cuánto cobras? ¡Tengo mucho dinero para pagarte!

Esos hombres pensaban que era una prostituta, pero ni si quiera iba vestida como una.

— ¡Déjenme en paz! —grité mirándolos sobre mis hombros—. ¡No soy una prostituta!.

Caminé más rápido, pero sentí como los hombres hacían lo mismo, así que comencé a correr y los hombres hicieron lo mismo. Estaba asustada, nunca en mi vida había sentido tanto miedo como en este momento. Giré una curva y me encontré con un callejón sin salida, presentía que este era mi fin.

Los hombres se detuvieron en el callejón, eran solamente dos —uno rubio y el otro moreno—; al perecer los otros se habían rendido. No iba a dejar que ellos me violaran, iba a pelear por mi vida.

— ¿Se creen muy fuertes porque son hombres? —pregunté tratando de hacerme la valiente—. ¿Van por las calles buscando mujeres indefensas para molestar? ¡LES DIJE QUE NO SOY UNA PROSTITUTA!

Ellos simplemente se rieron, el rubio era un poco mayor y me miraba lascivamente. Ambos eran mayores, los consideré unos viejos asquerosos. El rubio avanzó hacía mí, al parecer él estaba más ansioso por tenerme. Tomó mi brazo izquierdo, intenté con toda mi fuerza, pero él fue más hábil porque me empujó hasta chocar la pared del callejón. Forcejé con él, no iba a dejar que me violara, antes muerta a que me tocara, no estaba tan borracha y sabía que podía defenderme de algún modo. Él inclinó su rostro al mío, percibí un fuerte olor a alcohol, intentó besarme, pero le mordí fuertemente el labio.

Él rápidamente se separó de mí, vi como su labio sangraba, levantó su mano, me dio una cachetada la cual dobló completamente mi rostro e incluso hirió mi labio porque sentí el sabor de la sangre en ellos.

— Eres una fiera—dijo mi atacante—. Me encantan las fieras ¡Hey Jim, tenemos una fiera aquí!

Jim —el hombre moreno— llegó y entré los dos me tomaron a la fuerza. A pesar de las patadas, arañazos y gritos, entre los dos me inmovilizaron en el piso.

— ¡Ayuda! —grité con todo mi corazón—. ¡Ayuda por favor!

Estaba aterrada, sentía como las lágrimas corrían por mi rostro, por más que forcejaba y gritaba, mis atacantes  no me soltaban, disfrutaban hacerme sufrir. Sentí que el rubio subía mi vestido, tocaba mis muslos, rasgaba mi ropa interior y abría mis piernas.

— ¡AYUDA! —grité a todo pulmón—. ¡Que alguien me ayude!

Intenté patear al rubio, pero él tomó mi pierna firmemente. No tenía escapatoria, gritaba con todas mis fuerzas, pero al parecer nadie escuchaba o nadie quería ayudarme. Me iban a violar, no tenía escapatoria, sentí como una cremallera se abría, cerré mis ojos y recé para que esta pesadilla terminara pronto.

De repente las manos del rubio no estaban en mis piernas y escuché como a alguien le daban un puñetazo.

— ¿Crees que puedes violar a una mujer indefensa? —escuché la voz de un chico—. ¡Son unos hijos de perra!
Abrí mis ojos y vi como un chico de cabello corto golpeaba con los puños al hombre rubio. Jim soltó mis brazos y fue a ayudar a su amigo, mientras me escabullía hacía una esquina del callejón. Mi salvador era fuerte, tenía brazos musculosos —aunque no exagerados—  y se notaba en su contextura que era fuerte. Temí por él, eran dos contra uno, pero él golpeaba a mis dos atacantes con un mínimo de esfuerzo. Le dio un puñetazo en la mandíbula al rubio y a Jim le dio una parada en el estómago, hasta que los muy cobardes salieron corriendo.

— ¡Si los encuentro por algún lado, tengan por seguro que los mataré! —les gritó mi salvador.

Él se giró y miró hacia mi dirección. Estaba acurrucada en la esquina, lloraba un poco y con mis manos bajaba el vestido lo más que podía. Él dio un paso a mi dirección e inmediatamente me estremecí, no quería que nadie me hiciera más daño.

— No te haré daño —dijo levantando las manos—. Te lo juro.

Asentí con la cabeza y él se agacho quedando a escasos centímetros de mí. Miré sus ojos de color almendra, los cuales me miraban cálidamente. Su cabello era de color castaño oscuro, el cual lo tenía rapado al estilo militar.
— Mi nombre es Nathan —me dijo—. Nathan Abrams ¿Y el tuyo?

Lo miré fijamente, parecía de confianza.

— Mi nombre es Violet —le susurré—. Violet Vanderbilt.

— Violet, esto es muy delicado, pero necesito preguntártelo —él vaciló un poco—. ¿Ese hombre te violó?

Me estremecí ante aquella pregunta y al recordar comencé a tiritar de miedo. Él al ver mi miedo, tomó mi mano, pero la soltó inmediatamente y masculló una maldición.

— Esos hijos de perra te violaron —me miró seriamente—. Tenemos que ir a al hospital para que ellos te revisen y llamen a la policía.

Estaba enojado, pero le tomé la mano para tranquilizarlo y me sorprendí que al tocarlo, igual me tranquilicé.

— No me violaron —lo miré a los ojos—. Y tampoco quiero que llames a la policía.

— ¡Estás loca! —me miró con el ceño fruncido—. ¡Debes denunciar a esos asquerosos!

Me encantó su personalidad defensora. Ningún hombre —salvo mi hermano mayor— me había defendido hasta golpear a alguien y él me defendió sin conocerme.

Sabía que no debía acudir a la policía, mis padres se iban a enterar y lo más seguro es que me lleven a un internado a Suiza, llevan amenazando hace meses con eso. Sé que esto no fue mi culpa, pero ellos siempre buscan excusas para castigar a la oveja negra de la prestigiosa familia Vanderbilt.

— No quiero llamar a la policía —le insistí—. Sólo quiero un lugar para estar tranquila, descansar, curar mis heridas y salir del shock.

Nathan me miró por varios segundos, sentía la tensión de su cuerpo. Acercó su mano derecha hasta mi cabeza y con su dedo pulgar delineó mis labios. Su mirada era una mezcla entre furia, impotencia, pero también ternura.

— Necesitas ir a un hospital —insistió.

— No —le dije firmemente—. La relación con mis padres no es muy buena, si ellos saben de esto, estaré en graves problemas.

Me miró confundido.

— Esto no fue tu culpa —me dijo en un tono irritado—. ¡No fue tu culpa! Tus padres no deberían culparte.

— Mis padres buscan cualquier excusa para regañarme —le tomé la mano que estaba en mi rostro—. Soy la oveja negra de mi familia, estoy acostumbrada.

Nos miramos por unos minutos. Después comenzó a revisar mi cabeza y le prestó atención a mi labio roto. Me miró pidiéndome permiso para revisarme y asentí con la cabeza. Revisó mis brazos los cuales tenían unos pequeños raspones y mis muñecas las cuales tenían unos moretones muy grandes.

— ¿Eres doctor? —le pregunte.

— No —me respondió sonriendo un poco—. Pero soy boxeador y trabajo en un gimnasio donde entrenan otros deportes, estoy acostumbrado a ver todo tipo de lesiones.

Es boxeador, eso explica lo tonificado de su cuerpo y la manera en que dio los golpes precisos sin que le hicieran daño.

— Gracias —le sonreí un poco—. Gracias por salvarme de aquellos hombres.

— Eres una chica hermosa —sonrió—. Lo haría una y mil veces más.

Me estaba coqueteando, a pesar de la situación Nathan me estaba coqueteando. Y estaba feliz con eso.

— No quieres ir a un hospital, ni llamar a la policía —me dijo—. Pero necesitas que te curen las heridas para que no se infecten. ¿Quieres ir a mi departamento para que te cure las heridas? Te juro que no te haré daño.

Lo miré y supe que él jamás me haría daño. Es un chico muy noble y tierno.

— Sé que no me harás daño —le contesté tomando mi bolso del suelo—. Vamos a tu departamento.

Nathan se acercó, pensé que iba a ayudarme a colocarme de pie, pero en vez de eso dejó una mano en mi espalda, la otra en mis rodillas y me levantó, quedando acurrucada en su pecho. Sentí la calidez de su cuerpo y el latido de su corazón. Me acurruqué más a él, me sentía tranquila.

— Mi auto está cerca y vivo en Brooklyn  —me informó—. Conduciré rápido para que puedas descansar. Además me preocupa que las heridas se infecten.

— Sólo son pequeños rasguños —le contesté—. Se curarán en poco tiempo.

— Sé que son rasguños —él estaba preocupado—. Pero lastiman tu cuerpo y eso no me gusta.

Caminó llevándome en sus brazos, salió del callejón y fue hasta un auto de color negro que estaba cerca. Al llegar me di cuenta que era un Chevrolet Impala modelo 1967 —me encantan los autos, por eso supe cuál era el  modelo y el año del auto—. Él sacó las llaves de su chaqueta, abrió el auto y me dejó en el asiento del pasajero.

Miré el interior de su auto, estaba limpio, miré el asiento de atrás y vi unos guantes de boxeo. Llegó a la puerta del pasajero, la abrió y se sentó en el asiento. Nos miramos y tomó una de mis manos.

— Yo te cuidaré —aseguró mirándome intensamente.

— Sé que lo harás —le contesté sonriéndole—. Eres mi héroe.

Él sonrió ante este comentario. Colocó las llaves en el contacto del auto, las retorció y el auto comenzó a vibrar. Movió el freno de mano y el auto se movió llevándonos a nuestro destino.  

{Fin del flash back}

Nathan fue mi héroe en ese momento y ha estado conmigo durante los buenos y los malos momentos. El embarazo nos tomó por sorpresa, sé que soy joven, una adolescente todavía, pero este bebé fue concebido con amor por lo que lo amo con todo mi corazón a pesar de las molestias que he tenido.

Todas las mañanas al momento de levantarme, he sentido náuseas y he tenido que ir a vomitar al baño. Antes del embarazo, había pensado que algo que había comido me había caído mal al estómago, pero ahora sé que todas aquellas nauseas son por el pequeño renacuajo que está creciendo en mi interior. Nathan se preocupaba por mí, compra galletas saladas, agua sin gas y las deja en su departamento  —desde que conozco a Nathan la mayoría de las noches me escapo de mi casa y me quedo en su departamento—, también ha comprado varios libros que hablan sobre cómo ser padre y varias veces lo he visto buscando cursos de paternidad en internet. Sé que está preocupado por nuestro futuro, ha insistido en casarnos, me duele decirle que no, pero no quiero un matrimonio basado en el bebé, siento que cada vez que me lo pide, lo hace para darle un futuro al bebé y no porque me ama, es egoísta de mi parte pensar de ese modo.

Sé que Nathan me ama y yo lo amo, pero casarme con él es exponerlo ante mi familia, una familia clasista la cual no lo aceptaría por lo que es, la cual solamente le haría daño hasta el punto de querer separarnos. Él me dice que no les tiene miedo y que jamás nos separarán, pero sé que mi familia —sobre todo mis padres— pueden hacerle la vida imposible a cualquier persona, dañarla e incluso quebrarla con tal de cumplir sus objetivos. No quiero que ellos le hagan daño a Nathan, es por eso que mi relación con él la he mantenido a escondidas de mi familia, salvo por mi hermano menor Charlie el cual es una persona de mi entera confianza.

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Era las ocho de la noche, había estado encerrada en mi habitación todo el día con la excusa de estar estudiando, pero en realidad había dormido toda la tarde. Estaba tendida en mi cama boca arriba y acaricié mi barriga con amor, tengo solo ocho semanas —dos meses— de embarazo y estoy cansada, por lo que este pequeño me hace dormir la mayor parte del tiempo, la obstetra que lleva mi embarazo dijo que era algo normal y que al pasar las semanas no me sentiría tan cansada.

Tocaron la puerta de mi habitación, rápidamente tomé mi mochila del suelo, saqué un cuaderno, un libro y un lápiz.

— ¡Pase! —dije a la persona que estaba en la puerta y fingí estudiar en mi libro de cálculo.

Sentí como la puerta se abría y mi hermano menor Charles alias Charlie, entraba con una bandeja con comida y algo de beber. Charlie sabe sobre mi embarazo, estuvo conmigo el día que me hice el test, sabe de mi relación con Nathan y en más de una ocasión me ha tenido que cubrir con nuestros padres cuando por las noches me quedo en el departamento de mi novio.

— Te traje comida —dijo cerrando la puerta—. Ese pequeño bebé necesita ser alimentado. Además Nathan me dijo que debía cuidarte.

Dejó la bandeja en la cama, se sentó en un extremo de ella y me miró esperado a que comiera. Debido a las náuseas comía poco porque cada vez que comía algo, lo vomitaba, pero Charlie me había llevado comida liviana, una ensalada de lechuga aliñada con limón y un jugo de naranja.

— ¡Te adoro hermanito! —besé su mejilla como un gesto de agradecimiento—. Tenía hambre.

Comencé a comer la ensalada, la cual estaba riquísima y tomé el jugo de naranja. Al terminar de comer pensé que la comida iba a ir directo al retrete, pero pasaron los minutos y no pasó nada.

— ¿Cuándo hablaste con Nathan? —pregunté confundida—. No sabía que ustedes dos hablaran a menudo.

— Hablé con él hace un rato —contestó mi hermano mirándome cariñosamente—. Ese chico te ama y hace días se dio cuenta que no estabas comiendo por lo que me dijo que te vigilara para que comieras algo. Me cae bien tu novio, no como los idiotas de tus ex novios, esos tipos me caían mal, porque te usaban, pero se nota que Nathan te ama por lo que lo acepto, pero lo mantendré vigilado.

Charlie al igual que mi hermano mayor Thomas, es muy sobre protector conmigo. En el pasado había tenido novios que solo estaban conmigo porque sus padres eran socios del mío y querían quedar bien con él, porque yo les gustaba físicamente o porque querían estar con la famosa oveja negra de la familia Vanderbilt. En conclusión todos mis novios habían sido unos idiotas.

— Pero —masculló mi hermano un poco molesto—. Si te hace daño tendré que darle unos cuantos golpes y no me importa que el tipo sea boxeador, lo golpearé hasta dejarlo sangrando.

Me levanté y lo abracé. Charlie siempre ha sido un apoyo para mí, algunas veces me ha defendido de nuestros padres, pero ellos no lo toman en cuenta diciendo que es un chico de quince años que todavía no ha madurado. Sin embargo Charlie es maduro para su edad, sabe muchas cosas, las cuales ni siquiera me ha contado a mí.

— ¡Te quiero hermanito! —sentí como una lágrima caía por mi mejilla—. Te quiero mucho.

Me senté al lado suyo y él me quito una lágrima con su dedo. Odio llorar, no soy una chica que demuestra sus sentimientos con facilidad, pero el embarazo ha hecho que mis hormonas se disparen hasta el punto de llorar por un comercial de comida para cachorros.

Charlie me abrazó, permanecimos abrazados hasta que mi teléfono móvil sonó con el tono característico de Nathan. Lo tomé de mi escritorio y vi que era un mensaje de whatsapp.

“Nathan: quiero verte, te extraño, ven a mi departamento. Te amo.”

Sonreí con su mensaje, anoche había sido la última vez que nos vimos, nos mandamos mensajes y me había llamado cuatro veces durante el día, pero quería un abrazo de mi novio y por supuesto unos cuantos besos.

— ¿Quieres que te cubra nuevamente con nuestros padres? —mi hermano me guiñó un ojo—. Sabes, me debes muchos favores, algún día de estos te los cobraré.

— En cualquier momento me los puedes cobrar —sonreí con cariño a mi hermano.

Él tomó la bandeja y salió de mi habitación. Fui a mi armario, elegí unas prendas para vestirme —unos jeans pitillo, una camiseta negra, un polerón gigante que era de Nathan de color negro y unas zapatillas blancas — y me vestí. Fui hasta el bañó, me cepillé los dientes, el cabello y me maquillé solo con un brillo de labios rosa pálido. Tomé mi mochila, bajé las escaleras sin que nadie se diera cuenta y salí de mi casa en un tiempo record.
Caminé por las calles de Nueva York, era de noche, pero no tenía miedo porque Nathan se encargó de darme algunas lecciones de defensa personal por lo que si alguna persona intentaba hacerme daño, vería la furia de mi puño.

El trayecto desde Manhattan a Brooklyn fue sin complicaciones. Llegué hasta el edificio de departamentos en el que vivía mi novio, subí las escaleras hasta que llegue a su departamento, saqué las llaves de mi bolsillo y abrí la puerta. Nathan todavía no había llegado, lo más seguro es que todavía está trabajando, tomó horas extras en su trabajo en el gimnasio desde que le dije que estaba embarazada, creo que está un poco paranoico con el futuro.

Me quité las zapatillas, fui a la habitación, me acosté en la cama, prendí la televisión y busqué por los canales hasta que encontré una película. Me quedé viendo Harry Potter y la orden del fénix mientras esperaba a que llegara mi novio.



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Re: Death of a bachelor III

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