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Badlands | Novela Colectiva.

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Re: Badlands | Novela Colectiva.

Mensaje por hypatia. el Miér 11 Abr 2018, 10:10 am

Leer, por favor:
Hola Bueno, procedo a contaros mi drama aunque os interese más bien poco xd. Como ha pasado tanto tiempo desde que hice las fichas, he olvidado casi todo lo que tenía planeado para mis personajes. Debo reorganizarme y ver bien qué haré con mis personajes. El caso es que ahora no tengo tiempo para hacerlo, así que os he subido esto, que realmente no me gusta ni cómo está escrito ni lo que he escrito (pero tampoco quería retrasar la nc en exceso). Aún así espero que os guste un poco :posmecallo:

Pd: Zoe y Roman, si hay algo mal decírmelo sin problema y lo corrijo.
Sigue Andy (creo).


CAPITULO 03.
FROM MY ASHES I WILL RISE.


Fue de noche. Bajo un manto de oscuridad perpetua. Un compás de pasos insonoros.
Dos sombras de arena serpenteando hacia la libertad.

El alambre del cercado se clavaba en sus manos con placer. Estaban cerca, muy cerca… Tanto que casi podían sentir en sus rostros la brisa de un aire sin jaula, desordenado y sin opresión. Sin reglas, sin terror.

Entonces el silencio se inundó de metralla y la oscuridad se iluminó con sangre.


Saltó del todoterreno con apremio, con ansía, con nervios. Sus pies chocaron contra el asfalto. Abrasaba, cosquilleaba. A veces le daba por pensar qué pasaría si se abriera una grieta y se la tragase. Una extraña paz la embargaba al esbozar la idea. El aire de sus pulmones pesaba menos…

Ideas como aquella se encontraban al orden del día en su cabeza. Un «qué pasaría si…» inagotable que la estrangulaba. Su cerebro los procesaba como órdenes naturales y su cuerpo reaccionaba de la misma forma.
Ardientes por materializar aquellas ideas. Por terminar de una vez. Acabar la lucha. Quitarse el peso.  

Carraspeo ahogado por parte de su compañero de expedición de aquella mañana. Era un hombre de ojos hundidos, sin cejas que los respaldasen, acusando una eterna expresión de sorpresa. Lado izquierdo en erupción a la altura de la boca; desde cerca se podían apreciar los dientes, como si sonriera de lado. El lado derecho eran heridas, imposible aclarar dónde acababa la mejilla y empezaba la mandíbula.

El virus se lo está comiendo. Cada día que pasaba hacía su aspecto más monstruoso. Pero no era un monstruo, Maddox diría que era casi más humano que ella misma. Porque los monstruos, los de verdad, son bellos.

—Odio sus miradas —masculló Drake a continuación.

Maddox comprendía. Eran las miradas. Esas que te clavan el aguijonazo incluso sin ver. Esas que te siguen siempre y lejos. A todas partes, sin parangón. Desesperadas, con anhelo. Esperanza, miedo. Y hambre. Sobretodo hambre.

Respondió con una mirada cargada de ganas de subirse en el todoterreno y no regresar hasta el día siguiente. O nunca.

—Vamos —ordenó la muchacha. Un movimiento de cabeza acompañó sus palabras. Los sables cruzados que cargaba a la espalda chocaron, emitiendo un sonido hermético.

Con pasos a conjunto recorrieron los escasos metros que separaban la zona de vehículos de la entrada al zulo que era su morada. Donde las miradas aguardaban listas para encararse en un pulso con ellos. Para intentar comérselos.

El grupo de gente era amplio, más que de costumbre. Maddox se adelantó un par de pasos a Drake. Se situó frente a la aglomeración convirtiéndose en la estrella de esos ojos que reprochaban cosas que escapaban a su control.

—¿Traes algo? —preguntó una mujer mayor dando un paso al frente.

Una gota de sudor descendió por su cuerpo,  delineando las amplias cicatrices en su espalda. Se concedió un puñado de segundos para observarlos. Manteniendo el vilo, la tensión y la angustia. Drake se detuvo a su lado, resollando.

—Sí —suspiró al fin, con su voz fría y monocorde—. Drake, llévate a cuatro para que te ayuden a descargar. Vosotras dos—señaló a las chicas que flanquean a la mujer que acababa de hablar—, sois el relevo de la guardia. El resto, tratad de no estorbar.

Tenía intención de introducirse en el edificio. Sin embargo, Eduardo se encaró con ella. Como una montaña que emerge sin aviso y te dificulta la caminata. Dos palmos más alto que Maddox, casi cien kilos de pura rabia y desconfianza que se escondían tras una barba ensortijada, sucia y maloliente.

—¿Tú por qué no ayudas? —incriminí gutural. Los murmullos corearon a Eduardo, conformes.

Maddox ni se inmutó, ya aburrida de la situación. En ese momento, solo le preocupaba que la piel le abrasaba y lo molesto que resultaba. En que tenía que internarse en el subsuelo y hacer frente a algo con lo que Eduardo y todos los que la acuchillaban con resquemor, tendrían pesadillas durante años.

—Cualquier problema que tengáis hacérselo saber a Odin y Zy cuando regresen. —Que esperaba, fuese pronto. Hacía dos días que se habían marchado de expedición con una fracción de los Desert Wolves. Cuanto mayor era el tiempo que se ausentaban, a más sublevaciones tenía que hacer frente.

La barba de Eduardo se zarandeó sin argumentos con los que atacarla. Porque no los había, no al menos ese día. Cuestionaba a Maddox sin motivo, escudado en una única razón: que era una niña. Y las niñas no lideran, ni dan órdenes. Las niñas no piensan, ni toman decisiones acertadas. Porque las niñas son ingenuas y lo único que pueden hacer cuando solo quedan cenizas, es adecentarse y aguardar a que algún hombre fuerte y curtido en la vida como Eduardo les diga qué hacer.

Pero ella no era una niña. Ni siquiera estaba segura de ser humana. Era la cosa que había quedado después de mirar a los ojos al Padre de Todos. Después de que su hermana la traicionara. Después de Theo. Del desierto, de las heridas y las calamidades. Por alguna razón que Maddox desconocía, Odin y Zy habían decidido confiar en esa cosa para dejarla al mando cuando ellos se ausentaban. Para tomar en cuenta sus opiniones. Para darle una voz y un motivo.

En el fondo, sabía que aquellas personas no la odiaban. Solo necesitaban a alguien al que culpar, una distracción, un saco de boxeo que con el que librar tensión y desempolvar demonios.

—Aparta —pidió a Eduardo.

El hombre, antes de ceder, porque no le quedaba otra, escupió en las zapatillas sucias de Maddox. Un silencio
estrepitoso se instaló en el ambiente. Al contrario que unos minutos atrás, nadie hizo nada. La muchacha se acercó a él con suma lentitud. No frenó hasta que su boca quedó pegada a su oído.

—Sé las cosas que haces, Eduardo —susurró. Una pausa. Tomó aire —. Te he visto pedir favores de moral cuestionable a cambio de alimento… Estoy segura de que no quieres que Odin se entere ni de que robas ni de lo otro. Así que guárdate la saliva la próxima vez—. Puede que aquello no fuese la Colonia. Pero había monstruos entre sus filas. No existía virus lo suficientemente letal que los exterminara.

Le propinó un empellón en el hombro y lo rodeó para proseguir su camino. El resto de personas se apartaron, no queriendo enfrentarse a ella. No les gustaba aquella niña, pero sabían que podía ser letal.


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Respiraba humedad que se adhería a sus pulmones. Casi era peor que el sol que amenazaba con incendiarlos tan solo un piso por encima. Una única bombilla colgaba del techo desnudo. Las puertas chirriaban solas, sin necesidad de ser abiertas. Cada una de ellas escondía una pesadilla. Las más terrorífica era la última, frente a la que se congregaban tres cuerpos que discutían y mandaban susurros tensos hasta el cuerpo de Maddox.

La recibieron con uno de esos suspiros que sustituían plegarias. Entre ellos se encontraba Gavriel, sereno y circunspecto. Mantenía los labios sellados, reteniendo cientos de palabras. Contacto visual. Sus ojos se reconocían enseguida, hablaban por sus bocas. Tenían esa clase de conexión que se consigue cuando dos personas han visitado el Infierno, han ardido y resurgido juntos de las cenizas.

Por eso Maddox lo supo de inmediato, sin necesidad de que alguien hablara: había empeorado desde que ella se marchara por la mañana.

—¿Ha ido bien? —quiso saber Gavriel. Su voz pausada y ronca recogió el silencio, lo sustituyó por diplomacia, paz. La voz de Gavriel era una de las escasas cosas que la mantenían cuerda. Una de las buenas.

—Encontramos alimento para un par de días…

—Maddox, tenemos que hacer algo. —El sonido emergió de la garganta de Gin, una de las veteranas de los Desert Wolves. Siempre llevaba un pañuelo de colores atado a la cabeza. Tras el que escondía su melena azabache y los llantos agudos que Maddox en ocasiones la escuchaba entonar.

—¿Se sabe algo de Odin y Zy? —preguntó Ricky, el último de los presentes.

Trataba de pensar en su tardío retorno lo menos posible. Evitaba cavilar, imaginar qué pasaría si no regresaban. Qué sería de ella, la manera en la que podría afectar al precario orden del grupo. Maddox no era líder. Solo era una chica con ansías de venganza que tenía la información adecuada para que la tomasen en cuenta. ¿Líder? Ni de broma.

—Volverán. Siempre vuelven —dijo, más para convencerse a ella misma que a las personas que la miraban.

Sin las palabras de Gavriel, el silencio se convirtió en una masa pegajosa: más densa que la humedad que perlaba sus rostros de sudor. Un silencio precedente a una verdad ineludible.

Un grito de agonía lo rompió.

Una tos desesperada.

Un quejido cavernoso, más antiguo que la propia vida.

Todos miraron hacia la puerta frente a la que estaban reunidos. Maddox estremeció. Sabía que tenía que entrar, hacer frente al grito, la tos y el quejido. «Los soldados no titubean. No piensan. Ni hacen preguntas. Actúan». Llevaba un año tratando de olvidarse de esa voz. Pero su cerebro la tenía asimilada como una orden.

Obligó a su pierna a dar un paso al frente. Tanto Gin como Ricky se hicieron a un lado, adivinando sus intenciones. Gavriel, en cambio, se interpuso en sus intenciones. Su reacción fue empujarlo. «Acción y reacción». Pero se contuvo. Observó sus facciones tensas, las tres cicatrices: barbilla, mejilla y ojo. Era como contemplar una obra de arte maltratada. Pero no menos bella.

El chico pestañeó. Maddox supo que tenía intenciones de tocarla antes incluso de que lo hiciera. Por eso se apartó. No lo soportaba. Ni siquiera por parte Gavriel, sobretodo si venían de él. Evita cualquier afección humana que pudiese entorpecer su camino hacia su objetivo.

—Espera un poco.

Tensó los puños. Quería protegerla.

—No.

Ya no había nada que proteger.

—Entonces, te acompaño.

—No. —Esquivó su cuerpo y se introdujo en la habitación. Echó el pestillo por dentro, el chasquido retumbó en la diminuta estancia. Escuchó al chico maldecir desde el otro lado.

Primero llegó el olor. Nauseabundo, sanguinolento e insoportable. Olor a muerte, desesperación. Maddox se quedó anclada junto a la puerta, con la cabeza gacha y el cuerpo quieto. Trató de calmarse, controlar las arcadas. En cada respiración, sus ojos se acostumbraban un poco más a aquella oscuridad absoluta de universo y agujero negro.

«No pienses. Solo hazlo».

Lentamente, se apartó de la puerta y miró la habitación de paredes de cemento liso y agrietado. En una esquina, un camastro soportaba el peso de un virus que había tomado el control. El peso de un muchacho de catorce años ya sin vida por delante. Se acercó con cautela, sin ruido.

Tenía peor aspecto. Lo había visto por la mañana y ahora casi no lo reconocía. La piel caída en los huesos, amarilla, gris, enferma. Se derretía, como su humanidad. Heridas abiertas en todo el cuerpo. Escena grotesca que ni las pinturas oscuras de Goya. Más que respirar, gruñía, como un animal.

Abrió los ojos. Maddox por poco salió despedida a la pared contraria. Ya no eran marrones, ni cálidos como las hojas caídas de otoño. Carecían de la inocencia y la picardía que definían a su dueño. Habían tornado a un negro absoluto, sin pupila, sin nada. Así, como la nada. Pero la veían. Y a ella le espantaba lo que veía. Retrocedió un paso.

—Hazlo… —Logan apenas movió los labios—. Hazlo.

—Yo...

«Los soldados no titubean».

—¡Maddox, abre la maldita puerta! —Gavriel acompañó los gritos con unos fuertes golpes que hicieron retumbar el lugar.

Logan suspiró, un silbido hueco sonó en su pecho.

—Mientras siga siendo yo, hazlo —suplicó medio llorando medio delirando.

Un niño de catorce años acababa de pedirle que lo matara. En el fondo ya lo sabía, lo había notado en el ambiente durante aquellos días. Lo supo casi en el momento en el que Logan se desplomó en el suelo. Desde que pidió que lo ataran a la cama porque se daba miedo. Desde que se enteró que tenía el virus. Todos eran cadáveres, todos destinados a la monstruosidad. La imagen de Gavriel cruzó su cerebro de manera fugaz.

—Por favor, Maddox, por favor… —continuó, revolviéndose en el catre. Al mover la cabeza, vio que un trozo de mejilla se le había quedado pegado a la almohada.

—Por favor, Maddox. Si me atrapan será peor.

—¡No, no! Te vas a poner bien.


La niña, la cosa que había quedado y la Maddox de ese momento alzaron la mano y la llevaron a su espalda. Agarró el mango de cuero de uno de los sables. Logan observó su movimiento. Cerró los ojos, resignado y en paz.

Más golpes en la puerta.

Tomó aire.

Tiró del sable y su sonido metálico rompió el aire. Retuvo la vida en su hoja afilada. Lo sostuvo por encima de su cabeza, esperando que algo cambiase, que alguien interfiriese y que ojalá el mundo no se hubiese ido a la mierda. Y entonces sus recuerdos tocaron la puerta de la realidad.

Arena y sangre.

Disparos.

Perros rabiosos.

Gritos.

—Mátame y vete.

—Theo, venga, intenta levantarte —suplicó.


Maddox cuadró las piernas, apretó la empuñadura con tanta fuerza que le crujieron los nudillos. Dolor en los hombros. Cicatrices y demonios tirantes.

—¡Abre! ¡Maddox, joder! —continuaba Gavriel, queriendo salvarla de un pozo al que ya había caído tiempo atrás.

—Gracias —masculló el niño, quieto como el cadáver en el que se quería transformar.

Sístole.

El sable bajó.

Diástole.

Atravesó su corazón y el camastro. Rebotó contra el suelo, devolviendo la intensidad del impacto al cuerpo de Maddox. Como una fuerte ráfaga de electricidad. Selló los párpados. Pensó en Logan, en el que no parecía enfermo. En aquel niño que le regaló una manzana el día que ella y Gavriel fueron encontrados. Pensó en él, no en eso.

Y Maddox Blossom se alejó un poco más de aquella chica que los domingos iba con su familia al lago, que se pintaba los labios todas las mañanas y que perdía la vida por su cantante favorito; se acercó a la cosa que había quedado. Esa cosa rota, malograda y que estaba dispuesta a quitar la vida a un chaval porque podía ser un peligro, un contratiempo. No por compasión. Sino por ella y sus motivos.

Tiró del arma con fuerza, sin querer mirar. Emergió un sonido viscoso, de succión. Maddox dejó caer el brazo a su costado, vaciada de toda fuerza. Se dio la vuelta. El sable se arrastraba, acompañaba sus andar con el lamento chirriante al rozar el suelo.

—No dejes… —Pausa. Tose. La sangre de sus labios se mezcla con la arena—…que te atrapen.

—Te quiero.

Y le cortó la yugular.


Una vez que has matado, deja de tener importancia. Tanto dan las veces que te prometas a ti mismo que no volverás hacerlo. Al final, acabas matando una vez más. Y otra, y otra y otra más. Porque te das cuenta de que es fácil. Que basta con apretar un gatillo o clavar el hierro. Se trata de una simple decisión. Una más en medio de todo ese caos que eres.

Maddox tomaría cualquier decisión con tal de perpetuar su venganza. Algún día, en algún lugar, uno de sus sables se clavaría en el corazón del Padre de Todos, con el peso de las vidas que se había visto y se vería obligada a arrebatar para conseguirlo.

Descorrió el cerrojo. La luz le hizo daño en las retinas. Parpadeó y tres rostros que se debatían entre la sorpresa y el espanto intentaron tragársela. Los ignoró. De la misma manera que ignoraba sus pensamientos.

—Lo enterraremos esta noche.


Última edición por hypatia. el Miér 11 Abr 2018, 10:35 am, editado 1 vez
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Re: Badlands | Novela Colectiva.

Mensaje por Andy Belmar. el Miér 11 Abr 2018, 10:18 am

oooo recien me acorde que tenia que comentar, he sido irresponsable con esta novela, juro ponerme al dia con mis comentarios y comenzar mi cap!
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Re: Badlands | Novela Colectiva.

Mensaje por chihiro el Miér 18 Abr 2018, 12:26 pm

kate! te leo en cuanto pille un ratito ♥️

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Re: Badlands | Novela Colectiva.

Mensaje por roman. el Miér 16 Mayo 2018, 1:00 am

Hola, después de mucho tiempo fuera del foro, por fin pude tener un tiempo para entrar y ponerme al corriente con esta nc. 
Kate, ahora voy con tu capítulo:

:
Debo admitir que después de casi dos meses sin haber leído nada de esta nc, se me hizo un poco confuso al inicio del capítulo, volví a leer los capítulos anteriores y volví a emocionarme con la trama de esto... no quiero decir que el capítulo sea confuso, si no que después de bastante tiempo sin haber leído algo sobre esto, mi cerebro se revolvió lol.

Bueno, aclarado eso...  
Déjame decirte que me encantó el personaje de Maddox, es una chica sumamente interesante de leer. Sus motivaciones y mentalidad es única. 
Y las niñas no lideran, ni dan órdenes. Las niñas no piensan, ni toman decisiones acertadas. Porque las niñas son ingenuas y lo único que pueden hacer cuando solo quedan cenizas, es adecentarse y aguardar a que algún hombre fuerte y curtido en la vida como Eduardo les diga qué hacer.
Me quedo con esta brillante frase... ¡Bravo!   Excelentemente pensada, y refleja totalmente como es que Maddox siente que encaja en esa nueva sociedad; su autoestima es totalmente inexistente.

La segunda parte del capítulo, es realmente atrapante... Está sumamente bien pensada y la redacción es más que excelente.

Supiste llevar el suspenso durante todo el capítulo, para que al final fuera así de genial. 
Tenía peor aspecto. Lo había visto por la mañana y ahora casi no lo reconocía. La piel caída en los huesos, amarilla, gris, enferma. Se derretía, como su humanidad. Heridas abiertas en todo el cuerpo. Escena grotesca que ni las pinturas oscuras de Goya. Más que respirar, gruñía, como un animal.
Justamente estaba esperando a que comenzaran a agregar el tema de los infectados en fase terminal... supiste ponerlo en un contexto donde aunque no se conozca mucho de los personajes que luchaban contra el, podía sentir algo al momento que estaban siendo atacados...

Una vez que has matado, deja de tener importancia. Tanto dan las veces que te prometas a ti mismo que no volverás hacerlo. Al final, acabas matando una vez más. Y otra, y otra y otra más. Porque te das cuenta de que es fácil. Que basta con apretar un gatillo o clavar el hierro. Se trata de una simple decisión. Una más en medio de todo ese caos que eres.
Gran, gran, ¡gran frase!

Maddox tomaría cualquier decisión con tal de perpetuar su venganza. Algún día, en algún lugar, uno de sus sables se clavaría en el corazón del Padre de Todos, con el peso de las vidas que se había visto y se vería obligada a arrebatar para conseguirlo.
Ya quiero leer cómo es que Maddox tratará de llevar a cabo esa venganza que tanto desea en contra de ese hombre, y de los demás que tanto daño han causado a la sociedad. El Padre de Todos es un enemigo que todos tienen en común, pues a todos les ha arrebatado algo en algún sentido u otro.

No puedo esperar a seguir leyendo sobre esta nc, hay un sinfín de posibilidades por escribir y hacer de la trama algo interesante. Espero el siguiente capítulo con ansias, y desde ya me pongo a pensar en cómo haré el mío, porque justo ahora no tengo idea lol. 

Nos leemos pronto, y espero esta nc siga por más tiempo.   
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Re: Badlands | Novela Colectiva.

Mensaje por chihiro el Sáb 19 Mayo 2018, 2:53 pm


holi kate, al fin me he sacado un ratito para ver tu capítulo ♥️

Spoiler:

se me han juntado dos cosas; que hacía tiempo que no leía nada tuyo + está nc = obviamente no podía ser una mala suma jeje

Me ha gustado mucho la descripción que has dado del mutante, has hecho que recordara esa parte que momentáneamente había olvidado al parecer la existencia de estos  y los has descrito de forma que me lo he imaginado aqui a mi lado, muy majamente babeando sobre la mesa lol y con drake has obviado la vista que tienen sobre este tipo de seres que les repelen.


Maddox comprendía. Eran las miradas. Esas que te clavan el aguijonazo incluso sin ver. Esas que te siguen siempre y lejos. A todas partes, sin parangón. Desesperadas, con anhelo. Esperanza, miedo. Y hambre. Sobretodo hambre.
de alguna forma esto me hace entender que maddox de alguna forma entiende que algún día fue humano

Spoiler:
Pero ella no era una niña. Ni siquiera estaba segura de ser humana. Era la cosa que había quedado después de mirar a los ojos al Padre de Todos. Después de que su hermana la traicionara. Después de Theo. Del desierto, de las heridas y las calamidades. Por alguna razón que Maddox desconocía, Odin y Zy habían decidido confiar en esa cosa para dejarla al mando cuando ellos se ausentaban. Para tomar en cuenta sus opiniones. Para darle una voz y un motivo.
Podemos amar más a Maddox?, supongo que con el tiempo si pero en ese párrafo resumiste de alguna forma a toda ella, como lo que le representa y su motivación. y está ahí en el mando por que seguro que vieron su fuerza monumental para seguir adelante sin bajar la cabeza como una cobarde, y al mismo tiempo me confunde por que en parte como que no se valora(?), aun que en cierto modo comprendo que el rechazo y la situación a la que ha sido llevada hace que piense así.   y al mismo tiempo tiene los santos ovarios de no dejar que ninguno la ningunee por mucho que se crea con el derecho solo por verla más "inocente" aparentemente, y es capaz de enfrentarse a ello como el caso de Eduardo.

además me has intrigado todavía más para descubrir que pasó con su hermana y el desierto  


Y ay gad, la siguiente parte no me la esperaba pero al mismo tiempo me emociona que hayas integrado esta parte de la trama durante todo el relato y hayas ido jugando con eso.

me parece muy bien como has descrito la conexión que tienen Gavriel y Maddox, ciertamente tierna pero con una realidad bastante trágica. Después como has sobrellevado el estado de la situación en la que o se toman las riendas o se deja que lo peor pase, en como toma la iniciativa y asume el cargo de remediar con ello. Obligándose como si fuera una máquina.

Después, el estado de un pobre muchacho desmaterializandose hasta que no quedara ni una pizca de su humanidad y ese giño a los cuadros de goya, chapó!
admás de sus palabras aceptando su destino ay i'm sorry pero me recordó a Carl y sus últimos momentos no se por que pero me lo imaginé a él y me dieron más feels aún

—Gracias —masculló el niño, quieto como el cadáver en el que se quería transformar.

Sístole.

El sable bajó.

Diástole.
primero, ese relato me marcó bueno como todo pero sentí la pausa y sus palabras en la cabeza, hasta escuché el sable. y después de todo se recuerda que las personas deben ser recordadas por como eran y no como acaban, como el caso del pobre chico. Pero que sin embargo lo haga por un fin no compasivo, eso si sorprendió y a la vez me hace pensar, joder que mente tan altiva.

Me parece fascinante como al final recalcas su objetivo y como de alguna manera este parece mantenerla cuerda (y que me hace pensar que van a tener que inventar alguna máquina para revivir al padre de todos y que muera por cada una de las personas que quiere vengarse, por que la lista no es corta... xd)

kate por corto que pueda parecer el escrito o cualquier cosa siempre es un placer leerte y siempre tienes esa esencia de tu escritura (que no se describir) pero que se nota que el escrito es tuyo y bueno pues que me ha encantado    

Lo dicho, y al igual que roman me has hecho tener de nuevo todo el hype de esta nc, que le tengo cierto cariño y aun que va lenta, sigue yendo (o eso espero)

btw hola roman!  

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