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Coven of salem

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Re: Coven of salem

Mensaje por Ariel. el Mar 10 Abr 2018, 3:54 pm

cap listo, tengo una semana sin inter T.T
subo entre hoy y ma;ana porque no me siento muy bien.
estoy con un tratamiento en las muelas y me duele demasiado
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Re: Coven of salem

Mensaje por Stark. el Mar 10 Abr 2018, 6:35 pm

Ya te operaron, beba?
te esperamos dani

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Re: Coven of salem

Mensaje por Ariel. el Miér 11 Abr 2018, 10:18 am

No, me hicieron un tratamiento conducto T.T es el peor dolor que he tenido en la vida
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Re: Coven of salem

Mensaje por Ariel. el Jue 12 Abr 2018, 2:52 pm


CAPÍTULO 03
Ava & Klaus

Resulta engorroso ser la responsable de este anillo de pacotilla. Por más que mi papa diga que es un honor solo me genera molestia. Me gusta la idea de tener poderes geniales, pero no me hace mucha ilusión ser la “suprema” demasiadas responsabilidades. Yo solo quisiera graduarme e irme de aquí a cualquier parte a conseguir una vida normal sin tanto rollo, donde si alguien me estorba le tiro un truquito y listo, cero problemas. El cabron que haya empezado la guerra tiene un lugar especial en mi lista negra, la cual últimamente crece cada día encabezada por mi primo Elliot, el idiota se está jugando todos los numeritos conmigo, y a su “mamita” no le van a alcanzar los conjuros para esconderlo de mí cuando la paciencia se me agote. Desde que sus padres murieron la tía Josefine lo tiene bajo sus axilas como si fuese de ella. Eso no cambia que encabeza mi lista negra.

Por más que Elliot, mi padre y la vieja Dorotea me molestaban, no quiero ir a ese septum. Me priva de muchas cosas y me agrega más responsabilidades de las que puedo soportar. Vivir con un montón de chicas locas y hormonales como yo, no sería nada cómodo o placentero. Si dios existe me permitirá tener mi propio cuarto.

- ¿Ya terminaste la maleta? – mis pensamientos tortuosos son interrumpidos por Atta, asomándose por la puerta entreabierta de mi cuarto.
- Ni siquiera la he empezado. –me encojo de hombros. Mi hermana menor sonríe con diversión en su expresión y entra en mi cuarto de lleno.

Atta no se parece a mí más que en ciertos rasgos físicos heredados de la tía Safaa, pero en personalidad no coincidimos en nada. La morena es aplicada, concentrada, callada y atlética. Yo soy atlética, solo que no con la constancia de mi hermanita, me gustan los deportes, pero no me aferro a ninguno porque cambio de opinión cada vez que arranco con uno. Ella es todo lo contrario, es bastante decidida, como mi madre. Mientras que Anya es todo lo contrario. Habla mucho, no se puede estar quieta, es temperamental… la menor de mis hermanas es mucho de todo al mismo tiempo.

- ¿Qué vas a llevar?- me pregunta desde el closet. Con fastidio dejo el libro en la cama y me levanto de esta para ir con mi hermana. - ¿Puedo quedarme con algunas cosas?

La encuentra parada frente a mis perchas mirando con detenimiento cada ropa guindada, como si estudiara cual le quedaría mejor. Pequeña mierdita.

- Revisemos a ver que puedes quedarte.- me estiro y comienzo a bajar ropa.
- Me gusta esta- dice tomando una camiseta de los rollings blanca
- Tómala, tengo varias.
- ¡Bien!
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Bueno, y una mierda la paz y la tranquilidad de mi rutinaria vida. Mi padre estaba ofendido por la falta de entusiasmo de mi parte por irme al septum. Encima la vieja Dorotea se ofendía con facilidad, así que se sofocó cuando le dije a mi papa que no estaba interesada en el privilegio y tampoco en mantener en alto el nombre de la familia. Este anillo estaba en mi dedo por la familia de mi madre, no por ellos.  Estaba tocándole las entrañas a la vieja, pero poco me importaba.

- ¿Pasta de nuevo?- pregunta Elliot acercándose a la mesa y observando con fastidio la cena.
- Fue lo más rápido- se encoge de hombros la anciana.
- Si quieres algo más producido podrías llegar antes y hacer la cena tú.
- Hay un millón de mujeres en esta casa y solo dos hombres, ¿Por qué tendría que hacerlo?- me responde con la típica mueca de repugnancia en el rostro- No es como si tu hicieras mucho durante el día.
- ¿Solo dos hombres?- pregunto fingiendo confusión- Creí que solo estaba papa.
- Cenemos en paz- sentencia mi madre desde la otra punta de la mesa.

Rara vez ella hablaba, al igual que Atta y la tía Daphnee. Pero mi abuelita era un encanto y una mujer conversadora hasta que el último plato se levanta. Lo único que hace es hablar mierda. Se ponía peor  cuando venia la familia de mi madre de visita, en especial mi abuela Agatha. Vivian en una batalla campal y educada entre ellas. Las veía conversar amenamente pero era obvio que por dentro se insultaban.

- ¿hiciste la maleta?
- Si, Atta me ayudo- le respondo a mi hermana pequeña sentada junto a mi.- Me voy mañana.
- ¿De verdad te tienes que mudar? –pregunta enfurruñada- Podrías ir a entrenarte allá pero igual vives aquí.
- Lo que el septum ofrece es más que un entrenamiento; es protección, Anya- le explica mi padre- ella, al igual que las otras chicas, tiene que quedarse allá por su bien y el de los suyos.
- ¿por nosotros también?- inquiere Atta esta vez y veo como la cara de mi abuela se distorsiona.
- Por supuesto- interviene de mala gana la anciana- No han venido por nosotros por el pacto con los vampiros, y porque tu padre en miembro del comité fundador. Pero en lo que sepan que uno de los anillos está aquí, no habrá pacto que nos mantenga a salvo. Los cazadores nos tendrán en la mira.
- O sea que Ava tiene que sacrificarse por todos.
- ¿Prefieres ser tú?- inquiere el castaño con tono burlón hacia mi hermanita- Mejor que se joda ella que nosotros, enana. Es ella la del problema.

A Elliot constantemente le gustaba tocarle las entrañas a mi hermanita, pero hoy era diferente. Los ojos de Anya reflejaban desdén hacia mi primo y a duras penas  se podía notar que sus labios se movían, ni se notaba que estaba modulando. Así que solo me mordí los labios para no reírme cuando el plato de mi primo estallo con una llamarada intensa asustándolo y haciéndole caer de su silla. Mi abuela con horror se agacho para levantarlo mientras  Atta, Anya y yo nos reímos de la travesura de mi hermanita ganándonos una mirada fea por parte de mi padre y un suspiro por parte de mi madre antes de que sacudiera su mano haciendo que el fuego se disipe.

- ¡Loca de mierda!- gruñe Elliot hacia la pequeña- ¿Querías matarme?
- No exageres, solo queme tu comida.- se burla la castaña luciendo descarada.
- Voy a extrañar estas amenas cenas familiares.- mascullo mordiéndome los labios
- Ava, por favor.- pide mi padre- Elliot siéntate
- Brujas- rechista mi primo mientras ocupa su lugar de nuevo.
- Te recuerdo que tú también eres una Brujita.

La mirada de desprecio que me da solo hace que su nombre se siga manteniendo en mi lista negra y mi diversión continúe a su costo. Pero de la nada una presión se hace presente en mi cuerpo impidiéndome mover mis dedos, luego mis brazos y al final estoy inmóvil sintiendo como el aire se me escapa de los pulmones, asfixiándome. No puedo ni siquiera ver, pero se y estoy completamente segura de que es mi abuela la que lo está haciendo. Como dije, es adorable la mujer.

- ¡Basta!- sentencia mi madre dando un golpe sobre la mesa y de pronto mi visión vuelve, al igual que puedo comenzar a respirar bien. Atta coloca una mano en mi hombro por apoyo. Pero debió la mirada para encontrarme con  mi abuela siendo ella esta vez quien se queda sin aire  para respirar.- No vuelvas a usar tu mierda con mis hijas, Dorotea.

La intensidad de la rabia de mi madre consigue que de apoco mi abuela se vuelva incluso morada. Elliot a su lado parece exaltado mientras la tía Daphnee solo sigue con su comida ignorándonos a todos a su alrededor, como siempre lo hace.

- Cariño, por favor.- pide mi padre levantándose de la mesa para ir con la anciana y poner las manos sobre sus hombros para tranquilizarla. Pero la vieja sigue siendo asfixiada por mi madre. Al ver que no consigue que ella la libere, intenta de nuevo- Ainhoa, por favor. Libérala.  

Por más que mi abuela fuera una perra, mi padre la adoraba. Y supongo que está bien, todos los hijos deberían de adorar a sus padres.

Al final mi madre la deja ir y la vieja vuelve a respirar con regularidad mientras Elliot y mi padre la atienden. Mi mama no era fácil de sacar de sus casillas, y aquí a nadie le gustaba hacerlo tampoco porque sabían que les patearía el culo. Ella daba miedo cuando quería.

- Como dije, extrañare estas amenas cenas familiares.- repito con fingida nostalgia y mis hermanas escupen la comida al reírse.

Al final logro ver una sonrisa divertida en el rostro de mi madre mientras vuelve a comer, pero del otro lado de la mesa hay dos pares de ojos que me fulminan con la mirada y un padre que me mira agotado por mi actitud tan desinteresada.

- Control, Ava.
- Estas enviándome a prisión.- me encojo de hombros inafectada por su desdén hacia mí- Al fin dejaras de mortificarte por mí.
- El septum es un…
- Honor- le interrumpo de mala gana arrojando los cubiertos en mi plato y dándole una mirada fría – Me los has dicho un millón de veces.- chasqueo la lengua con mala leche- Si es tan honorable asiste tú. Deja de escudar esa mierda con el honor, esto no es más que tu enviándome a ese lugar para que nadie venga a por tu culo porque estas asustado. Así que deja tus palabras bonitas para alguien que te las crea. El septum es un refugio para brujas potenciales a suprema. Y es el lugar al que quieres enviarme para que tú y tu vieja madre no mueran en la ridícula guerra que nos rodea, acéptalo y supéralo.

Arrojo la servilleta sobre la mesa y me levanto dejándolo con la palabra en la boca. Quizá no sea tan mala idea irme de casa un rato para que el imbécil deje de molestarme, no tuviera que verle la cara tan seguida. No entiendo cómo puede molestarle alguien que pasa todo el día en la universidad o en su cuarto leyendo un jodido libro. Elliot molestaba más. Si el hombre ya quería deshacerse de mí, este anillo termino de darle los motivos.
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Tenía horas acostada en las raíces de un sauce a las afueras de la parcela de mi familia. Era el único lugar relajante en toda la casa donde podría leerme un libro sin nadie molestándome con que ya debía irme. A la mierda. Después de la discusión de anoche, me iría cuando me diera la regalada gana. Simplemente me daba muchísima flojera tener que establecerme en otro lado. Y quería hacerle las noches de cena miserables a mi abuela, primo y padre al menos por una noche más.  

- ¡Oye, chica!- me sobre salto al escuchar la voz grave a mis espaldas y me vuelvo con una sonrisa.
- Hola tío San – saludo cuando diviso al enorme hombre en la entrada de la parcela.
- Hola pequeña sinvergüenza – abre sus enormes brazos y me apretuja con efusividad.

Las familias de mis padres son tan distintas que cuesta lidiar correctamente con cada una. Mis tías por parte de papa solo están rezando porque me llueve un perro en la boca así ellas asumen la responsabilidad del clan cuando mi abuela y mi padre se retiren. Bueno, sinceramente no sé qué es lo que quiere la tía Daphnee en realidad. No es tan comunicativa o expresiva como lo es Josefine.

En cuanto a la familia de mi madre, pues ellos solo están felices y orgullosos por el anillo que relumbra en mi dedo. Incluso con lo volátil que es la melliza de mi madre.

- ¿Cómo te preparas para Coven?
- ¿con honestidad? – asiente con una burlona sonrisa en su rostro – No quiero ir.
- ¡Venga ya, mocosa! – me da una palmada juguetona en el hombro que me impulsa hacia adelante. Este hombre no mide su fuerza. – Es un honor, además de que estarás a salvo y van a entrenarte hasta saber si eres la suprema – me encojo de hombros. Este también anda con la mamada del honor
- No me interesa ser la suprema ni nada de eso del honor, solo quiero estar tranquila…

Ni siquiera termino de hablar cuando mi extrovertido tío me golpea duro y pesado en la cabeza con sus nudillos haciéndome encoger como si fuese un bebe.

- ¡Aush!.
- No puedes decir eso, Ava. – aquí viene el sermón – Es un honor ser la suprema o al menos el creer en la posibilidad de serlo. Deja de ser tan holgazana
- Ah, pero mira quién habla de holgazanes – mascullo y me cruza de brazos - ¿con que moral? Todo lo malo que tengo lo herede de ti.
- Lo malo no, lo genial lo heredaste de mi.- se auto acredita señalándose a sí mismo- Pero por eso mismo te lo digo.
- ¿Sansón?

Ambos nos giramos al escuchar la voz de mi madre desde la entrada del pórtico y una sonrisa de dibuja en el rostro de ambos hermanos. Si bien el tío San era muy distinto a mi madre, esta lo amaba con mucha locura.
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Siempre que el tío Sansón venia de visita las mujeres de la casa actuaban más disparatadas que de costumbre. Si normalmente las cenas eran para locos, con el tío San aquí era peor. La anciana madre de mi padre lo detestaba, argumentando que llevaba una vida de libertinajes; un completo vago. La vida que yo deseaba. Josefine también se ponía como la anciana, respingaba la nariz como si estuviese oliendo mierda. En cuanto a la tía Daphnee, era diferente. Ella era más comunicativa que de costumbre, desde mi puesto la vi mirar a mi tío de reojo, siempre se comportaba más humana cuando él está por los alrededores; pavoneándose todo varonil. Podía comprenderla, la vieja no la dejaba salir, a pesar de que es una mujer hecha y derecha, Dorotea no deja que asome la nariz por la puerta más que para hacer trabajos, de resto estaba encerrada. A la más mínima señal de testosterona asomándose por la puerta era comprensible que decidiera charlar, o respirar. Sinceramente a veces me pregunto si está viva realmente o es un zombi.

Por lo menos la cena transcurrió tranquila, solo porque no sucumbí ante las repetitivas provocaciones de Eliott. Porque el cretino de verdad que intento sacarme de mis casillas, Pero estaba tan agotada física y mentalmente que ni siquiera chasquee un dedo para hacerlo sacudirse, o utilice mis habilidades para joder sus emociones como hago regularmente. Detesto tener que moverme mucho para hacer su vida miserable, ese don de joderlo desde la distancia era un precioso regalo devino. A parte de eso, Sansón me mantenía entretenida haciendo preguntas sobre la universidad. Esta noche nadie hablo del Septum, estaba agradecida.

Llego a mi habitación caminando directamente hasta mi estantería de libros privada, cojo uno de mis favoritos con anotaciones antes de tirarme en mi cama para leer y seguir resaltando cosas relevantes sobre la relación de Graice y Julián.   Un soldado macedonio que es víctima de su propio hermano, ambos hijos de Afrodita. Me tiene ciertamente entretenida últimamente. Cuando no me mandan a leer vainas viejas en la universidad.

Debería de considerar el escabullirme a leer en el sótano. Anya está frenética desde que Sansón llego y probablemente no tarde en venir por mí para pasar tiempo juntos viendo películas, y no estoy de humor para eso.

- Tu nunca estas de humor.- me sobresalto ante la intromisión de mi hermana pequeña dentro de mi habitación- Y siempre las pagas conmigo.
- Parece que te traje con la mente.- mascullo- Eres demasiado hiperactiva.
- ¡Debes disfrutarme, Ava!-  chilla extendiendo los brazos en un gesto exagerado. Inmediatamente pongo los ojos en blanco.
- ¿Por? ¿morirás mañana?
- ¡No lo sé!- chilla de nuevo llevándose las manos a las caderas con reproche- Pero te iras a esa casa y ya no veras tanto.
- Que la naturaleza bendiga tus palabras, hermanita.- digo dramáticamente fastidiando a la chica.- Al fin algo de paz.
La mocosa se queda mirándome de forma gélida e insatisfecha. ¿De verdad creyó que me convencería con lo de que no la veré casi? La amaba, pero mi libro requería de mi atención también, y él era más tentador.
- Eres una pésima persona por preferir a ese libro que a mi.- me acusa señalando entre ella y mi edición de bolcillo de Un Amante De Ensueño.

Al verla tan enfurruñada me apiado un poco de mi pequeña Edward Cullen, leedora de mentes e impetuosa piromaníaca. Suelto una risotada al ver su ceño fruncido y boca abierta indígena, odia que la llame Edward Cullen. Me acerco y le doy un corto abrazo, solo por ser un poco empática con ella y luego me alejo.

- Demasiado seca, exijo mis disculpas por esa comparación. – dice señalándome con su dedo acusador.
- Yo quiero que dejes de meterte en mi cabeza, ¿lo harás?- le pregunto enarcando una de mis cejas a la espera de su respuesta. Aunque ya la conozco. Ella se cruza de brazos pero en su rostro veo la lucha por sonreír de esa forma diabólica en que lo hace. Solo niega con la cabeza- Eso pensé. Así que no exijas más cariño del que puedo brindar.
- ¡Uish! Pero que odiosa eres, Ava.-  vuelve a acusarme toda enojada- Tu nunca das cariño.
- No seas codiciosa, niña.
- Y tú no seas mezquina.
- ¿Mezquina?- enarco las cejas con escepticismo- Estoy aquí regalándote mi tiempo, tan valioso, en vez de estar echada leyendo.
- ¡Por favor!- se mofa toda enfurruñada- Solo estas esperando el momento oportuno para mover tu mano y sacarme lejos de tu vista.
- Cierto, pero antes te estoy dando algo de tiempo con mi compañía.- puntualizo mientras me acerco lentamente hacia la puerta de mi habitación- ¿ves? No soy mezquina.
- ¡Prff! Eres una pésima persona, Ava…- Ruedo los ojos ya exhausta de escucharla quejarse y solo sacudo mi mano para provocar una buena corriente de aire para sacarla de mi habitación- ¡Ava!- grita una vez que cierro la puerta.
- Creí que ya sabias lo que haría.- grito a través de la puerta pasando el seguro.
- ¡Eres la reina de las mezquinas!- grita ofuscada desde el otro lado.

No le respondo de vuelta. Quizá tenga razón, pero no pienso decírselo. Es el momento para echarme y tener intimidad con mi libro en sana paz.
{**}

Tomo mi copa de agua junto con el paquete de Oreos y me dispongo a salir de la cocina en dirección a mi habitación de nuevo. Por suerte, la noche de películas entre las chicas y los tíos Sansón y Daphnee, dejo algo de golosinas para mí.  Anya insistió bastante hasta que se dio cuenta de que, hiciera lo que hiciera, yo no saldría de mi habitación.
La historia pasional que había estado leyendo hace un rato despertaba hormigueos dentro de mi cuerpo y traía imágenes a mi cabeza. Supongo que es la sensación que tienes cuando ves pornografía, leerla o verla te dejaba sensaciones. Con razón hay tantos adictos a ella. Tuve que esperar a que Anya se durmiera para poder salir de mi habitación por un buen vaso de agua fría y algo dulce que relajara mis hormonas cachondas.

Me detengo en medio del pasillo entre la escalera y la cocina, ante el sonido lejano de las voces conocidas de mi madre y Sansón. Rápidamente busco de donde provienen encontrándome con las luces de la sala encendidas. Mis sensores de chusma se encienden, pero la hija asustada de que su madre la mate, le advierte que mejor suba. Pero la voz de mi madre suena más fuerte con un deje de preocupación que envía a la chica indiferente a volar y a la chusma a caminar hasta esconderse en una columna. El enorme cuerpo del tío San tapaba el de mi madre, sentada en el sillón favorito de mi padre. La delgada mujer lucia cansada y preocupada. Y estaría furiosa si me descubría aquí.

- ¿Entonces lo harás?- pregunta Sansón moviéndose hacia la ventana. El rostro agotado de mi madre quedando a la vista. Asiente.
- Sí, es lo más seguro.
- Si estas tan mortificada ¿Por qué no hablas con esa mujer? Si alguien ha sufrido a raíz de esta guerra, por las manos de su propia gente; esa es ella.
- No podemos confiar en ella, ni en nadie. – se lleva las manos a la cabeza con frustración- No desde que ese anillo reclamo a Ava.
- Ella va a estar bien.- le dice con confianza- No podrás mantener oculto todo esto por mucho tiempo- agrega moviendo una mano en círculos señalando la situación- a Ava tampoco.
- Esta renuente a marcharse con las siete.- farfulla sofocada- Las maletas están listas desde el lunes y no termina de irse. Es terca.
- Se parece a nosotros. – se encoje de hombros el castaño con una expresión divertida. Toma asiento en la mesita frente a la silla donde mi madre está sentada- Tienes que hablar con Isabelle Blanchard- mis ojos casi se salen de mi cara al escuchar ese nombre- Creí que el pacto con los vampiros estaba bien.
- Son tiempos obscuros, Sansón. No podemos fiarnos. Nadie va a preocuparse por nadie más que por los suyos.
- No me gusta esa actitud negativa tuya, no sueles ser así, hermana. Su relación con los vampiros, con esa familia en particular, jamás ha presentado inconvenientes.
- Es diferente ahora. Ya no confió en ellos. No confió en los lobos, no confió en los cazadores… no confió en nuestra propia gente.- la voz de mi madre se distorsiona al final pero toma aire y prosigue- No confió en los vampiros. No son tiempos para confiar.

Se hace un silencio pesado entre ambos durante unos minutos mientras mi madre bebe de su te, y el tío San solo observa hacia la nada. Tomo eso como una señal para escapar a mi habitación, cuando el tío vuelve a hablar.

- No voy a juzgar tu desconfianza, Ainhoa. Pero sigo creyendo que deberías de hablar con Isabelle, o incluso el mismo Khlaus.
- No puedo hablar con Isabelle. Me he enterado que Cruz ha vuelto y han estado teniendo reuniones- mi madre vuelve a  llevarse las manos al rostro con frustración.- Y Khlaus va por la vida todo desinteresado, no puedo confiar en él. Hablará con Ava.
- ¿Pasa algo entre ellos?
- Honestamente… No lo sé, Ava es tan cerrada y antipática.- farfulla exasperada- y Khlaus no es mucho mejor. Solo tengo claro que no puedo seguir fiándome de los niños de la noche como protección. – hace una pausa antes de mirar de lleno a su hermano con un gesto más desesperado en los ojos- Y tengo que hacer que Ava entre en razón antes de que algo malo ocurra.
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Sansón preocupado ante la desconfianza de mi madre con el pacto de los vampiros no resultaba nada alentador, en ninguna forma posible. Desde que la familia más antigua de Vampiros llego a New Orleans junto con los colonizadores franceses, nuestro aquelarre tuvo conexión con ellos por un beneficio entre ambas especies. Sin embargo, mucha confianza no se podía tener en ellos, eso lo entendía. Pero desde que los Blanchard llegaron aquí hace ya mucho tiempo, la conexión se volvió más fuerte, el pacto con esa familia y con los originales se hiso más fuerte. Al igual que nuestras relaciones. Escuchar que debemos de tener cuidado con la Vieja Isabelle Blanchard fue desconcertante, más aun sabiendo que ella detesta la situación en la que nos encontramos: Perdió a su hija menor debido a esta guerra absurda con la que nos enfrentábamos. Aun la lloraba cada vez que venía a casa para ver su hermoso cuerpo dormido en el sótano. Incluso Khlaus venía para verla en ese ataúd de cristal donde yacía como si fuese la misma Blanca Nieves.

Por otra parte, los cazadores y los hombres lobo nunca han sido mayor problema. Nunca cruzamos territorio de lobos, mi abuela Agatha tiene buenas relaciones allí. En cuanto a los cazadores, nos hemos mantenido siempre en el ojo público como “brujitos” del barrio francés. Josefine podía pasar como una de esas videntes raras de las películas, muy pocas personas sabían de nosotros realmente como aquelarre, aun así; el negocio del barrio francés se había vuelto algo familiar. Desde hace un tiempo vengo notando que los cazadores han estado vigilándonos, no siempre, pero los sentía cerca.

La gente común era demasiado básica para mi gusto, pero los envidiaba con frecuencia. Ellos también tenían sus guerras, pero podían escoger si estar en ellas o no. Son crédulos, vanos, avaros y todo lo más mundanamente detestable. Pero al menos ellos podían escoger.

- Te noto estresada.

Cierro el libro con brusquedad en cuanto escucho la áspera voz de Khlaus y le encuentro sentado junto a mí en la banqueta, siempre apareciendo de la nada. Su semblante relajado y ese brillo de ganador que le desborda por los poros. Cualquier cosa que usara, incluso esa melena de risos negros amarrada sobre su cabeza le lucia sexy. Ni hablar de esa camiseta gris perfectamente combinada con el saco europeo negro y unos sexis pantalones a tono. Le gustaba alardear su galantería europea.

No le digo nada más que encogerme de hombros simplemente. El se levanta y camina hasta quedar detrás de mí colocando sus manos en la zona tensa entre hombros y cuello. El toque de sus dedos y la fuerza que implementaba relajarían a un sumo luego de una pelea ruda. Su casi siglo y medio de experiencia no había sido en vano.  De no ser porque sentía su inquietud oculta bajo esa faceta relajada, me habría relajado por completo.

- ¿Necesitas algo?
- Muchas cosas.- murmura cerca de mi oído.
- Que impliquen la ropa puesta, sanguijuela.- mascullo entre masaje y masaje aun sin abrir los ojos- ¿Qué quieres?
- ¿Cómo sabes que quiero algo, nena? Solo estoy aquí para ver a mi brujita como lo hago todos los días. ¿No disfrutas del masaje que te hago?
- Estoy segura de que lo utilizas a menudo para follarte a las mujeres.- me encojo de hombros con indiferencia.
- Nah, lo reservo solo para ti. Me gusta como tu piel se eriza cuando la toco- dice pasando un dedo a lo largo de mi cuello antes de depositar un suave beso escondido en él, provocándome un escalofrió delicioso. Le miro por el rabillo del ojo sonreír complacido y pasa a sentarse junto a mí.- Con esas utilizo truquitos diferentes, cosas insignificantes.
- Tu promiscuidad no es de mi incumbencia, pero me siento halagada de que tengas truquitos solo para mi.- asiento con gesto desinteresado y él sonríe maliciosamente.
- Tú también haces de las tuyas, nena.
- Y no son de tu incumbencia tampoco.- me encojo de hombros-  Ya dime que es lo que quieres.
- Bien…- suspira antes de sentarse más derecho y encararme- Necesito ayuda, Ava. Boris desapareció y tengo que encontrarlo; si porque sí.
- ¿Por qué en el mundo crees que te ayudare a traerlo? Ve con mis padres, Khlaus.
- No me ayudaran.- afirma sacándose los lentes de sol. Sus ojos  no tienen ese brillo divertido habitual.
- ¿Por qué lo dices?- inquiero sin comprender la situación.
- ¿No has notado las nuevas salva guardas?
- ¿Salva guardas?- mascullo más confundida que antes.
- No, no las notaste.- sacude la cabeza en desaprobación con mi falta de atención- Ten más detalle con las cosas, cariño. Es esta guerra de mierda que está haciendo que tus padres desconfíen, los entiendo.
- Deben haberlas cambiado anoche.- sopeso al recordar a Sansón hablando con mi madre.

Khlaus se encoje de hombros antes de estirarse para tomar mi libro y cuaderno. El los escanea mientras yo lo observo a él. Mi madre está perdiendo los papeles. Comprendo que este nerviosa con el asunto de la guerra entre todas nuestras especies locas, pero ¿cambiar las salva guardas? Eso era exagerado.

- Puedo terminar este ensayo por ti.

No le respondo nada porque no me lo esta preguntado. Por mi bien, si alguien más quiere hacer ese puto ensayo todo bien. Detesto esa novela. Si alguien puede escribir un buen ensayo acerca de ella es esta sanguijuela.

Él se concentra en eso y yo me recargo de la banqueta a mutilarme mentalmente por el constante ajetreo de esta guerra que vivimos los raros en este momento. ¡Dios, era un fastidio! Un real, y engorroso fastidio. Me dejaban exhausta aunque no hacía nada. Ni siquiera había notado esas salva guardas esta mañana. Pensé que mi familia se iría con cuidado con los vampiros, no creí que fuera tanta la desconfianza como para poner nuevas salva guardas. Incluso los Blanchard tendrán que pedir permiso para entrar de nuevo.

- Listo, nena.- sacudo la cabeza saliendo de mis pensamientos cuando Khlaus me entrega el cuaderno.
- Que rápido.
- Me se esa mierda de memoria- señala el libro con desdén y se hace para atrás recargándose de la banca.-Ahora, mi favor.
- Nada de favor, tu familia paga por el servicio.
- Te daré lo que quieras, Ava- ruega los ojos con fastidio- De todos modos siempre te doy lo que quieres. – me encojo de hombros de forma altanera. Es verdad.- Necesito que encuentres a Boris.
- ¿Por qué quieres traerlo de vuelta?- inquiero ofuscada de solo escuchar el nombre del moreno- Intento matarme, Khlaus. Déjalo lejos.
- Casi lo mato por eso, no tienes que recordármelo.- masculla agregando un sonidito sexy al final, como el ronroneo de un gato enojado- Pero se llevó algo importante para mí y lo quiero de vuelta.
- Insisto, ve con mis padres. Y no me salgas con lo de las salva guardas. Solo pide permiso para entrar y ya.
- No solo son las salvaguardas, - se muerde los labios con un gesto dudoso.
- ¿Entonces?
- Los cazadores están vigilando de cerca a tu familia. No quiero ponerlos en peligro.

Me quedo callada un segundo pensando en sus palabras. Él también los noto, así que tan loca no debo de estar. Pero entonces caigo en cuenta de algo y mis cejas se juntan.

- ¿Así que vienes y me pones en peligro a mí?
- No seas ridícula.- rueda los ojos y me da una mirada indulgente- Me asegure primero de que no anduvieran cerca, soy más rápido. No les dejaría matarte tampoco.
- Aun así es peligro para ambos.

Me da una de esas gélidas miradas que suele darme cuando estoy comenzando a ser un real  fastidio para él. Irónico, él siempre me fastidiaba con más frecuencia. Su mirada envenenada podría causarle un temor a cualquier persona, pero para mí solo era una mirada enfurruñada. Si bien lo último que dije no lo dije en serio, me encojo de hombros avalando mis palabras. Tengo claro que el niño de la noche, con todo y su actitud prepotente, su sanguinaria forma de ser, cinismo y todo lo malo que lo representa, no dejaría que me hirieran nada, podía sentir su honestidad cuando él me lo decía.

En esta extraña relación que teníamos, tenía esa certeza.  No éramos amigos, pero tampoco enemigos, disfrutábamos de la compañía del otro tanto como aburríamos de hablar entre nosotros. Con lo sobreprotector que fue mi padre, Khlaus se las había arreglado para estar cerca de mi desde que era una niña. Y el que me conociera desde niña no fue impedimento para que jugara sus cartas conmigo y termináramos enrollados.

¿Inapropiado? Quizás ¿indecoroso? Tal vez. No me importaba mucho tampoco, llevábamos una vida parecida, acostándonos quien nos provocara. Lo que mi padre no supiera no le haría daño a su orgullo paternal. Además, fue delicioso. Por supuesto  me hice la desinteresada cuando todo paso, pero ese era mi modus operandi,  él no tenía que agregarme a la lista de sus “chicas halagadoras” ya tenía el ego bastante gordo, no me interesaba agrandárselo más. De todos modos no volvería a pasar, no suelo repetir mis acostones; eso trae sentimientos que me generan problemas y mucho estrés, como ya me ha pasado  anteriormente. Con Khlaus sería distinto, no soy estúpida como para negármelo a mí misma, él es una constante en mi vida. No correría el riesgo. Podía jugar con él un a su jueguito con el coqueteo y otras cositas porque me gusta jugar también. Pero nada de enrollarme con el de nuevo. Ya tengo suficiente presión emocional con lo que se me viene como para agregarle problemas con pollas mágicas y vampiros sexis.

Suelto un largo y cansado suspiro antes de acostarme a lo largo de la banqueta, recargar mi cabeza en su regazo y cerrar los ojos para descansar la vista en busca de liberar un poco mi mente. Últimamente estoy pensando mucho, no me gusta. Me deja cansada emocionalmente. Soy una persona vaga, no me gusta el trabajo y menos enredar mi cabeza pensado cosas que no me interesan. De imaginarme con tanto enredo emocional por un hombre, mas toda la cosa del septum y lo de la suprema, y agregándole la guerra; siento que la cabeza podría explotarme. Extraño mis días de solo dormir, comer, cagar, e ir a la escuela a seguirme durmiendo.

Los dedos del pelinegro no tardan en llegar a mi rostro y trazar líneas en el antes de acariciar mi larga melena castaña.

- ¿Qué ocurre?
- No estoy interesada en nada de lo que ocurre.- me encojo de hombros- Y no quiero ir a esa casa.
- Es el único lugar donde estarás segura, Ava.- Afirma utilizando un tono más serio.

Bueno, al fin alguien que solo hablaba de mi protección y no me tiraba a la cara la mierda esa del honor y protección familiar. Todos parecían más interesados en cubrirse ellos sus espaldas. Al menos alguien parecía interesado en mi protección.

- Aun así no quiero ir.- murmuro abriendo al fin los ojos pero sin alejarme de las carisias de Khlaus. – Quiero estar en paz, acostada haciendo nada más que leyendo, no preocuparme por nada, ir por un café y una torta de zanahoria sin miedo de que algún cazador quiera matarme… Luego no lo sé, estar tranquila.
- Huyamos entonces.- su simple y honesta respuesta me hace mirarle suspicaz antes de soltar una risita.
- No es tan fácil.

El se encoje de hombros restándole importancia a mis palabras y me ayuda a incorporarme sin alejarme mucho de su costado y pasando un brazo sobre mis hombros. Sus ojos cafés luciendo serenos aun con ese rastro de depredador que hay en ellos.

- Yo lo veo tan fácil como que subamos a mi auto y nos larguemos al aeropuerto más cercano, luego a donde tú desees.

Sin borrar la mueca divertida de mi rostro, me quedo mirándole fijamente con el fin de incomodarlo y deleitarme personalmente con su exquisito ser.  Khlaus era placentero a la vista de cualquier persona viva. Un buen cuerpo con muy buenos músculos marcados, No era bajo pero tampoco muy alto. Tenía la estatura perfecta. Su melena negra y risada,  una barba sexi, ojos fieros de color café, una sonrisa encantadora llena de hoyuelos y otra ladeada y arrogante que bajaba bragas. Esa actitud tan volátil que derrochaba por los poros. Sin duda su atractivo resaltaba con todo lo que le rodeara o todo lo que usara. Era injusto que los vampiros dispusieran de su cuerpo como un arma, eran el perfecto depredador.

- Si continuas mirándome así, seremos el centro de un espectáculo candente justo aquí.
- No me gusta repetir. Ya lo sabes.
- Pero conmigo es diferente- y ahí estaba el Khlaus engreído, con esa diabólica sonrisa cada vez más cerca de mi rostro. Me encojo de hombros con fingida indiferencia.
- Solo fue un follón, no te creas la gran cosa.
- Sigue repitiéndote eso una, y otra, y otra vez. – murmura con el tono suave que el mismo diablo le había dado para seducir a su presa. Sus dedos viajan a la comisura de mis labios cuando su lengua relame los suyos con anticipación- Solo te vuelves más tentadora.

Sus labios llegan hasta los míos en un suave, pero hambriento roce. Siempre hacia lo que le daba la gana, tanto si me parecía como si no. Pero no me quejaría cuando me besaba con tanta demanda y sutileza a la vez. Disfrutaba de ciertas libertades con él. Luego me hacia la ofendida.

La fiereza de sus labios se vuelve un poco más lenta hasta que se detiene y se separa luego de dejar otro casto beso. Me trataba como a una muñeca que podía hacerle lo que quisiera sin ningún permiso. Y yo era demasiado floja como para discutirlo.

- Te tomas demasiadas libertades conmigo, sanguijuela.
- No te escuche quejarte cuando me chupabas la lengua hace un segundo.
- Que básico eres.- niego con fingida indignación- Abusas de mi confianza.- puntualizo y el hace un puchero con su labio inferior para fastidiarme.
- Lo se.- pongo los ojos en blanco y le golpeo a un costado.- ¡Auch!

El pelinegro se pasa la mano por la zona donde mi golpe le conecto, exagerando más en su actuación, ambos sabemos que ni siquiera lo sintió. Me enfurruño por eso, y  suelta una enorme carcajada antes de levantarse de la banqueta.

- Mi existencia seria aburridisi si no estuvieras aquí para fastidiarte.
- Estas muy mal acostumbrado.- Encoje sus hombros en respuesta – Deberías pedirme disculpas.
- De acuerdo.- asiente- Me disculpo por permitir que chuparas mi lengua hace un minuto- su expresión dramáticamente fingida me hace enarcar una ceja y él se ríe antes de extender su mano hacia mi.- Bien, que tal si para pedirte disculpas te llevo por ese café y la torta esa asquerosa que tanto ¿Qué dices?
- Que tú pagas.- afirmo tomando su manos para levantarme. Una sonora carcajada de indignación sale de entre sus labios.
- Siempre pago yo.- señala. Se agacha y toma mi bolso antes de pasar un brazo sobre mis hombros.
- Eres tú el que viene a por mi compañía, hazte cargo.
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Mi torta de zanahoria resulto ser el soplo delicioso y relajante que mi día necesitaba. Acompañada por un buen café y mi libro pasional, la tarde se me estaba pasando relajada. Khlaus solo me trajo y dejo aquí con una de sus tarjetas para que pagara la cuenta porque su madre lo llamo para pedirle que se fuera a casa. Cruz quería reunirse con ellos y Khlaus no estaba feliz. Por lo menos no paso por alto que tenia que pagarme la merienda y me dejo la tarjeta.  

Anoche había escuchado cuando mi madre menciono que Cruz estaba de vuelta a la ciudad luego de tanto tiempo. También menciono sobre las reuniones que ha estado teniendo con Isabelle. Jamás he visto a ese hombre, no tengo idea de cómo es. Lo único que se me viene a la cabeza cuando escucho su nombre, es la descripción que Josefine me dio de el: hombre alto, de cabello negro y tez blanca. La vieja Dorotea decía que el jefe de los vampiros era un hombre hermoso y poderoso, al igual que el resto de sus hermanos. Tampoco los había visto nunca. Khlaus lo odiaba por muchos motivos, pero el más resaltante tenía que ver con la muerte de su hermana menor. Creí que Isabelle también odiaba al vampiro.

Soltando mi libro y dándole un sorbo a mi café, tomo mi teléfono para deslizar el dedo por la pantalla y desbloquearlo. Atta ha estado escribiéndome al igual que Clarisa, mi compañera de la facultad. Ambas necesitando de mi ropa, Atta para una reunión con sus compañeras de la escuela y Clarisa para ir a una tequilada a la que ambas estamos invitadas. Suena tentador, pero no tenia cabeza para salir de joda por la noche. Tampoco para aguantarme las advertencias y regaños de mis padres. Que busque la ropa y se marche sola. Tener amigas comúnmente humanas resultaba cansado, siempre tenía que desistir en ciertas cosas y controlarme para no asustarlas y quedar en evidencia.

Un ardor en mi pecho me hace soltar el teléfono para llevarme la mano hasta donde el anillo guindado en mi cadena esta quemándome la piel.

- ¡Mierda!

Chasqueo por el dolor que me genera pero no lo saco de entre mi camisa, lo llevaba escondido como un colgante en mi cadena de nacimiento. El hijo de puta estaba ardiendo. Fue entonces cuando lo sentí. Alguien más estaba experimentando ese mismo ardor. Podía percibir las emociones de otros con tanta facilidad que me disgustaba, por eso siempre estaba tan inexpresiva o indiferente, con las emociones y sentir  de los demás tenía suficiente.

Giro sobre mi propio eje encontrando a dos chicas a las afueras del café. Ambas lucían confundidas mirándose entre ellas. Ellas tenían anillos, podía sentir que las estaban quemando también. La chica asiática parecía estar buscando a alguien con la mirada mientras que la otra morena solo miraba su mano abriéndola y cerrándola. Probablemente se trataban de mis futuras compañeras.

- Y yo que pensaba que mi día había mejorado.- farfullo tomando mis cosas para salir del café.

Es hora de ir a encerrarme en casa. Ese maldito anillo nunca ardía, estaba segura de eso. Era mi bruja, zorra, ancestro haciéndome coger escarmiento. A la mierda con ella. Triste que esas dos chicas también salgan afectadas por culpa del anillo de mierda en mí pecho. Pero a la vez tampoco me importaba.
{**}

- ¡Hola, pequeña sabandija!
- Tío San.- saludo no muy entusiasmada.
- ¿Qué tal tu día?- se acerca para darme un abrazo de oso que yo no correspondo.
- Agotador.

Respondo simplemente y paso a sentarme en los escalones del pórtico. Reconozco las intenciones de mi tío Sansón. Él quiere hablar conmigo. No tengo ánimos, pero no va a dejar que me vaya. ¿Para qué resistirme?

- Khlaus vino hoy.
- ¿Entonces?- inquiero con fingido desinterés. Se supone que él estaba en su casa lidiando con Cruz y su madre.
- Vino a pedir ayuda.- se encoje de hombros- se fue hace como diez minutos.
- ¿Qué quería?
- Encontrar a un amigo suyo, pero tu madre no le permitió pasar. Renovó la salva guarda por otras nuevas.

No le respondo nada porque me incomoda el que Sansón pueda oler mi fingida indiferencia. No me convenía. Ni siquiera le pregunto por las nuevas salva guarda. Definitivamente mi madre había perdido los papeles. Jamás se les había negado un servicio  a los Blanchard, algo tenía que estar mal para que ella reaccione así.

- Tú y Khlaus... ¿son amigos?
- No. Nos toleramos, pero no somos amigos.
- Bueno, ten cuidado.
- Tío, con mama y papa tengo suficiente. Solo quiero que me dejen en paz.
- Está bien, chica.- levanta las manos en señal de rendición- pero quiero que sepas que así como fui yo quien te vio con él en esa banca, pudo ser alguien más.

Me quedo inmóvil justo donde estoy con los ojos a punto de salirse de mi rostro por la misma ira que siento. ¿Me había estado espiando? Este era el colmo, y se debía a la mierda de mi madre. Su desconfianza estaba colmando mi paciencia.

- Mi vida privada es mía, no la comparto con nadie. Es mi problema lo que hago y lo que no hago, de nadie más.
- Solo quiero que tengas cuidado, Ava.- dice tomándome del brazo para detenerme cuando hago para entrar en casa.
- Bien, pero no te metas en mi vida, tío San. Ni siquiera a ti te lo voy a permitir.
- Está bien, chica. Lo siento.

Me quedo mirándole fijamente a los ojos durante unos segundos. Odio que se metan en mis asuntos sin mi permiso. Aunque sea el, adoro al tío San, pero mi vida es mía. Decido pasarlo por alto al ver que de verdad se está disculpando y asiento con la cabeza disculpando su intromisión, pero eso no hace que mi molestia disminuya. Tendré que empezar a ser más cuidados.

- Vamos,- se acerca pasando un brazo sobre mis hombros- te preparare Waffles para disculparme.
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- Tu tío me dio esto…

Atajo el sobre de manila que Khlaus me lanza cuando bajamos del auto y me tumbo en el pasto, bajo la sombra del enorme sauce. El pelinegro me sigue, interponiéndose entre mi cuerpo y el tronco del árbol, me recuesto aun costado y abro el sobre, encontrando un pergamino de seguimiento con una dirección.

- ¿Decidió ayudarte?- pregunto en cuento noto de que se trata.- Cuando volví a casa dijeron que habían declinado tu solicitud.
- Y así fue.- asiente – Pero tu tío llamo como a eso de las once de la noche y me cito en el Mystic Call.- hace una pausa para pasarme su teléfono y mostrarme el registro de llamadas.
- No necesito que me enseñes eso- pongo los ojos en blanco exasperada- No soy una niña.

Y porque no era una niña podía darme cuenta del trasfondo de esto. Sansón lo llamo  justo después de haber hablado y cenado conmigo. Algo estaba mal en eso ¿Cómo dices que no ayudaras a alguien y luego le llamas de vuelta? Se supone que no están confiando en los vampiros, no quieren saber nada con ellos. Pero Sansón estaba obviamente tanteando el terreno. Se aseguraba de algo.

- ¿Qué fue lo que te pidió a cambio?

El pelinegro, jamás, ha sido del tipo de persona que se queda callada cuando algo resulta una piedra en sus zapatos, y aunque no dice palabras; su cara demuestra su molestia. Solo niega con la cabeza y se echa hacia atrás recostándose del árbol.

- Está preocupado de nuestra relación- dice con tono duro y la mandíbula apretada- Detesto a la gente entrometida.
- Le dije que no se metiera en mi vida, unas horas antes de  que te llamara.- mascullo ofuscada por la situación- ¿Utilizaras esto?
- No, no confío en él.

Escaneo el pergamino y la dirección, inmediatamente sé que esto no está bien. Pero no puedo decirle y vender a mi familia. Ya hay suficiente desconfianza y no quiero verme envuelta en más situaciones que requieran de mi tiempo. Por lo menos Khlaus estaba haciendo bien en no aceptar seguir esto. Al menos estaba siendo inteligente.

Tomo los papeles entre mis manos haciéndolos por la mitad y luego volviéndolos confeti. No me agrada Boris, no lo quiero de vuelta y la verdad, quiero pasar  de Khlaus la mayor parte del tiempo, eso no significa que vaya a permitir que Sansón y la paranoia de mi madre arruinaran aún más las cosas.  Mi familia hablaba de la traición, deslealtad y desconfianza cuando al parecer ellos estaban utilizando la misma carta.

Suelto un suspiro cansado antes de inclinarme para sacar mí libro del bolso. Que agobiante se está volviendo mi vida. Hace un año no tenía tanta carga mental.

Los dedos de Khlaus se enrollan en mi brazo para hacerme hacia atrás dejándome acostada sobre su pecho. No me quejo al respecto, es más cómodo que el tronco.  Abro mi libro donde lo deje y me meto en el hasta que la sanguijuela vuelve  a hablar.

- Lee en voz alta.
- Es una novela erótica.- advierto.
- ¡Bien!- celebra soltando una carcajada- Así te pones caliente y te olvidas de la mierda “No repetir”

Le doy una mirada desdeñosa antes de rodar los ojos y volver a mirar mi libro.

- Que básico. – digo irritada ante su insistencia con el tema- ¿No hay un día que no saques eso?
- No, - se burla antes de morderme la oreja de forma sexi.- Me lo haces difícil.

Bueno, él tampoco  hacia las cosas fáciles a mí.

- Pues esfuérzate. – el farfulla con fastidio una maldición.
- No te aseguro nada.- pasa un brazo sobre mis hombros descansándolo en mi pecho alrededor del cuello.- Lee esa mierda romántica para mí.
{**}

Odiaba darle más motivos para fastidiarme. Dios, darle la razón era peor. Pero era malditamente inevitable no hacerlo cuando leía esos descarados libros y él estaba cerca con esas manos atrevidas que tiene, poniéndome más caliente de lo que ya lo hacían las palabras en el libro. Éramos igual de cachondos y ese era mi mayor problema. No podía darme el lujo de acostarme con Khlaus otra vez, sin embargo aquí estaba. Montada a horcajadas sobre él. Con sus manos apretando la parte baja de mi espalda y dejándole comerme la boca mientras yo también se la comía a él.

Solo un capítulo de la novela y el ambiente se puso caliente, sus manos no tardaron en llegar por todas partes. Y mierda, yo no me negué. ¿Quién podría? Besuquearse con él era el cielo, sabia como hacerlo, sabia donde tocar, como moverse y que hacer. Si bien yo no era una niña “buena” con Khlaus me sentía novata, solo que lo disimulaba muy bien.

En un rápido movimiento se hace para adelante sin alejar nuestras bocas, dejándome debajo de él. Mi cuerpo reacciona involuntariamente cuando sus manos suben desde mi trasero hasta el borde de mi camisa y las desliza por debajo hasta mi estómago. La ansiedad me apaña y mi orgullo ha sido dejado de lado. A la mierda con eso. Una segunda probada no me haría daño.  Arrastro las manos a lo largo de su espalda y le saco la camiseta. Siento sus músculos apretarse debajo de mis dedos y trago pesado de pura anticipación.

Cuando sus manos están por llegar a mi pecho, quien espera ansiosamente, mi teléfono comienza a sonar desde mi bolso. Pero ninguno de los dos hace nada para separarse y contestar.  No es más o menos hasta la quinta vez que mi teléfono suena que ambos nos separamos. Khlaus masculla una maldición y yo farfullo exasperada por el fastidio. Extiendo mi brazo hacia mi bolso para sacar el celular, sin poder quitar los ojos de torso desnudo del pelinegro contesto la llamada de mi madre.

- ¿Qué?- inquiero de mala gana
- ¿Anya está contigo?- pongo los ojos en blanco al escuchar el tono acelerado de mi madre.
- No, y estoy ocupada.- mascullo exasperada.
- ¡tu hermana está desaparecida!
- Debe de estar con Emma.
- ¿Me crees estúpida? Descarte lo más obvio antes de pensar en llamarte.
- Entonces rastréala.- argumento levantándome.- ¿Por qué en el mundo Anya estaría conmigo?
- ¡No lo sé, Ava!- grita desesperada- Por una vez en tu vida deja de ser tan desinteresada.
- ¡Madre solo rastréala!- grito ofuscada- Deja de gritarme y solo rastréala.
- Es lo que Sansón hace.

El tono preocupado y la frustración de mi madre me aleja totalmente de lo que estaba sintiendo hace unos minutos y me quedo a la espera de que me diga algo más.  De reojo veo a Khlaus ponerse la camisa y recoger mis cosas. No sé si estar agradecida por que me salvo la campana, o desdichada.

- No está, No puede localizarla.-lloriquea.
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Hacía más de dos horas que Khlaus me había dejado cerca de mi casa para que corriera hasta ella, si bien me frustro la situación, el que Sansón no pudiera encontrar a Anya fue todo lo que necesite para correr a buscar a mi hermana. Duramos más de una hora tratando de localizarla hasta que por fin pude hacerlo. Alguien había estado haciendo una contra para que no pudiéramos rastrearla. Quien sea que la tuviera tenía que tener a un brujo de su lado.  

Teníamos quince minutos de haberla encontrado y estábamos en la penumbra del bosque corriendo tras el rastro. Eliott y Sansón siguiéndome desde atrás mientras rastreaba la zona exacta donde mi hermana debía estar. Mi madre había quedado exhausta y mi padre no se movería sin ella.  Nunca he sabido cómo interpretar eso. Pero no me iba a detener en ese momento para pensarlo y dar mi opinión.

A cada paso que daba podía sentirla; estaba asustada. Ella no era fácil de asustar, mi pequeña hermana era demasiado intrépida para ser asustada.

- Ava.- Me vuelvo para mirar a Eliott y este señala hacia la izquierda.

Miro en esa dirección encontrando arboles caídos, todos quemados. El pasto estaba incinerado y todo lo que le rodeaba también. Esa era ella. Sin pensarlo corro en esa dirección siendo seguida por ambos hombres y deteniéndome al encontrar el pequeño cuerpo de Anya en el suelo todo mallugado con todo a su alrededor cubierto de cenizas.

- ¡Anya!- me acerco a todo lo que mis piernas me dan y me arrojo al suelo para levantarla y cogerla en mis brazos. No reacciona- ¿Anya? Responde enana.
- Ava, tranquilízate.
- No me responde.
- Esta inconsciente.- se acerca mi primo observándola y agachándose para tomarla- Dámela.
- Tenemos que irnos.

Asiento entregándosela al castaño. En cuanto el cuerpo de Anya se desliza a los brazos de mi primo logro ver una marca en su cuello que me eriza los vellos y congela la respiración. No reacciono ante ella pero Sansón si lo hace inmovilizando con sus manos el cuello de mi hermana para observa la marca de ambos colmillos.

- Vampiros.
- Imposible.- sacudo la cabeza incrédula- Un brujo estaba bloqueándonos, podía sentir su barrera bloqueando el seguimiento.
- Podrían tener más aquelarres aliados.- prueba mi primo y vuelve a mirar a Sansón- ¿Es eso posible?
- En la guerra todo se vale, niños
{**}

Mi padre estaba como loco cuando vio las marcas en el cuello de la niña. Todos en la casa no paraban de moverse de un lado al otro. Fue Daphnee quien la curo mientras mi padre, madre y abuela perdían la cabeza. Josefine solo se fumaba unos cuantos cigarros junto a su protegido desde la ventana sin acercarse mucho. Tanto Atta como yo nos mostrábamos incrédulas ante todo lo que estaba pasando.

- El tratado termino- sentencia mi padre- No estaremos más a su disposición.
- Ese tratado no es algo que puedas romper, tío.
- Soy la cabeza de esta familia, puedo hacerlo.
- Es un pacto de sangre Gaspar, no es algo sencillo.- interviene al fin Josefine acercándose- Nos quitaran la cabeza.
- Ellos fueron los traidores.
- Ellos son quienes han comenzado esta guerra- agrega mi madre- Casi matan a Anya.
- Sigue siendo peligroso que nos alcemos en su contra.
- No nos alzaremos en contra de todos. – Le doy una mirada a mi padre, confundida,  pero el continua.- Los Blanchard han sido aliados desde las épocas de la colonia y ahora nos traicionan por seguir a Cruz.
- Padre, no creo que los Blanchard tengan algo que ver- interviene Atta- Isabelle ha sufrido mucho por todo esto.
- Ellos estuvieron reunidos ayer con Cruz y su gente.- le dice Dorotea- Ya no podemos confiar en ellos.

Todos se quedan en silencio durante unos largos minutos y yo solo estudio las posibilidades. Es posible que Khlaus supiera todo esto, pero si fue así, lo oculto muy bien de mí. Sigo creyendo que los Blanchard no tuvieron nada que ver. ¿Por qué atacar a Anya? Khlaus sabe que soy yo quien tiene el anillo, el problema soy yo y el conoce ese secreto.

- Quemaremos el cuerpo de Eva.
- ¡¿Qué?!- me exalto ante las palabras de mi padre- ¿Te volviste loco?
- Ellos intentaron matar a Anya…
- Pero no lo hicieron.- interrumpo a mi acalorado padre- No puedes estar hablando en serio.
- Una vida por otra, esto es guerra, Ava. Ya no hay tratado.
- ¡A la mierda con eso!- escupo levantándome del sofá y acercándome a el- Eva y Anya son solo niñas, ellas no tienen por qué pagar los platos rotos.
- ¡Tu hermana ya los pago!
- Esta viva, padre- interviene Atta con una expresión afligida en el rostro- Espera a que despierte y te diga si los Blanchard estuvieron ahí.

Eso no serviría de nada. Khlaus estuvo conmigo y podría estar más que segura de que ni Isabelle, ni Arlette se ensuciarían las manos. Pero si le hacían caso a Atta, tendría tiempo para saber qué hacer con Eva.
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- No puedes dejar que hagan eso, Ava.
- Tú no te preocupes, yo me encargo.

Mi pequeña hermana asiente relajándose un poco. Atta está sentada del otro lado de la cama mientras ambas hablamos con Anya. Con todo y que la niña conto no haber visto rastro de los Blanchard en el ataque, tampoco de Cruz, mis padres tomaron la decisión de quemar el cuerpo dormido de Eva.  Otra niña inocente de toda esta mierda. Según lo que Anya dice, los vampiros creen que es especial y por eso se la llevaron, pero que fue un acto premeditado obviamente.

- Ya no puedes seguir jugando en el bosque.
- Lo se.- asiente- pero no le digan a papa y a mama. Se pondrán como locos si se enteran que los vampiros sospechan que un anillo pertenece a la familia.
- Se han encargado de mantenerlo tan oculto que no entiendo cómo pudieron sospechar- argumenta la castaña del otro lado de la cama observándome- ¿Cómo podría ser?

De nuevo mi cabeza se va y recae en el idiota de Khlaus. Él lo sabe, demasiado sabe. Bien pudo haber tramado todo esto y haber ido por mí a la universidad para distraerme mientras atacaban a Anya. Pero eso no tendría sentido, él sabe que Anya es solo una niña con mucho poder, pero no es la portadora del anillo.

- No, el no haría eso.- miro a mi hermana de reojo.
- Deja de meterte en mi cabeza, Anya.
- Aprende a bloquearla- me reta la mocosa- Khlaus no haría eso. A él no le importa esta guerra, tiene otras prioridades. Estuve en su mente el día que vino a pedir ayuda.
- Tienes que dejar de meterte en la cabeza de los demás.
- Me lo ponen muy fácil.- se encoge de hombros.- Tenemos que hacer algo, o nuestros padres quemaran el cuerpo de Eva.
- Ya me encargo yo.
- Yo quiero ayudar.
- ¡yo también!- la miro mal.
- Estas herida.
- Puedo ayudar.- masculla ofendida- Sansón y madre estarán en el barrio francés averiguando sobre lo que paso. Padre estará en el cementerio con la abuela, irán a hablar con los ancestros. Esa es nuestra oportunidad.
- ¿Qué haremos con Eliott?
- No se dará cuenta.- le aseguro a la castaña- Seremos cuidadosas.
- Pero tu tendrás que irte de inmediato, Ava.

Atta voltea a mirar a Anya con el ceño fruncido, para luego bajar la mirada con pesar. Ellas saben que debo huir si salvo el cuerpo de Eva. Parece que llego el día de la mudanza.

- No se preocupen.- les pongo una mano en el hombro a cada una en el hombro- Solo no dejen que ellos sepan que ustedes ayudaron.

Al principio mis hermanas se muestran renuentes a aceptar mi condición, pero no les doy más opción y aceptan.
{**}

Enciendo la luz del sótano y bajo las escaleras acompañada por las niñas. Podía sentir los nervios de Atta por infligir las reglas de mis padres y el entusiasmo de Anya por hacerlo. Me toma solo unos segundos manipular un poco las cosas y hacer que se relajen.

Cuando llegamos abajo, Anya es la primera en acercarse al ataúd de cristal donde duerme Eva rodeada por flores. Flores que su madre viene a cambiar cada dos días.

- Siempre que la veo, imagino que es blanca nieves.

Mi hermana menor la mira con deje de admiración bailando en sus ojos cafes, pasando las manos sobre el cristal y sonriendo. Habíamos crecido mirando el cuerpo dormido de Eva en esta caja. Era una chica hermosa, su hermano decía que también lo era por dentro. Yo no la había conocido, pero no por eso dejaría que una niña dormida pague los platos rotos. Ya estaba muerta, ¿qué daño hacia su cuerpo dormido en esta caja? Mis padres solo querían encender una mecha que volvería las cosas más complicadas de lo que ya estaban, y serian mis hermanas quienes pagaran el precio. No lo permitiría.

- Atta, tu a la izquierda- señalo al costado del ataúd cuando me posiciono en la cabeza de Eva- tu a la derecha, Anya.- Mis hermanas obedecen colocándose a cada lado y levanto las manos- Tómense de las manos.
- Nos dirás a donde la vas a enviar, ¿cierto?
- Mientras menos sepan es mejor, An.
- ¿No debemos saber por el conjuro?- pregunta Atta levantando sus cejas confundida. Yo niego con la cabeza.
- Solo concéntrense en no soltarse y en pronunciar las palabras que yo diré primero. El resto lo hago yo.
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Re: Coven of salem

Mensaje por Ariel. el Jue 12 Abr 2018, 2:52 pm


CAPÍTULO 03.2
Ava & Klaus

Bajo del taxi sintiéndome emocional en un vaivén de sensaciones que me incomodan, especialmente porque no sé cómo sentirme, no hay poder en el mundo que logre ayudarme a entender mi sentir en este momento de mi vida donde no se ni que pensar. Molestia, rabia, confusión, dolor, ira, perdida, premura, frustración… ¿Flojera? Mierda, sí. Todo esto me daba demasiada flojera. Has esto, has aquello, ahora móntate aquí, ahora vente para acá; que desafortunada vida. Estaba bastante segura de que no me sentía como Ava en este momento, me había tomado demasiadas molestias ¿desde cuándo me detengo a pensar en el sentir de los demás? Soy el tipo de persona holgazana, que piensa en si debe o no debe hablar porque resulta agotador.

Hoy hice más de lo que mi cuerpo y mente hacen a diario, besuquearme con Khlaus intensamente, rastrear a Anya, salvarla,  discutir con los locos de mi casa, salvar a Eva del crematorio  y ahora estaba en frente de la puta casa del “Sol naciente” como decía aquella tenebrosa canción dedicada a la cacería de brujas de Salem.  Odiaba esa canción, y el detestable de Khlaus la cantaba siempre que la recordaba.

Anya había llorado cuando subí la última maleta al taxi, mi hermanita era un poco demasiado emocional para mi paciencia, sin embargo la deje abrazarme para no ser tan osca. Atta por su parte solo me miraba en silencio, asintiendo a todo lo que le decía, sabía que no era muy cariñosa, y tampoco era como que me iba del estado de Luisiana, ni siquiera me estaba yendo de New Orleans, aun así podía verla luchar por alejar el deje triste de sus ojos.
En ningún momento me detuve a pensar en mis padres o tíos, y mucho menos en la vieja Dorotea, no tenía que despedirme de ellos. Ciertamente no me importaba. Cuando regresaran ya no estaría aquí y el único lado positivo que le veía a todo esto es que, aunque no los dejare de ver, al menos ya no tendré que verlos tooodo el día tooodos los días.

Me detengo frente al pórtico de la impecable casa blanca, tan impecable que luce tétrica para mí. Por un segundo me detengo a pensar en cómo serán las cosas de ahora en adelante y dejo salir un lloriqueo de fastidio y resignación precoz. Me harán trabajar más de la cuenta.  Cuando tomo mis maletas de vuelta luego de una pequeña pataleta, la puerta principal se abre y aparece la chica del café; la asiática. Vestida con un lindo pijama blanco y con una sonrisa dulce en el rostro. Genial, el tipo de gente que me agrada.

- Bienvenida, Ava. Hace rato que te estamos esperando.

Nunca he sido de esas chicas que destilan gracia y entusiasmo, ella parecía serlo. Por lo que fue difícil que alguna palabra saliera de mis fruncidos e incomodos labios. No soy particularmente el tipo de persona agradable, así de buenas a primeras. La chica baja los escalones con sutileza pero sin apartar la cálida sonrisa de su rostro.

- Te vi venir.- me dice con normalidad- casi me vence el sueño, pero te esperamos.
- ¿Eres vidente?- pregunto consiguiendo al fin algo que decir. Ella asiente y recuerdo a Atta cuando tuvo sus primeros presentimientos.- ¿Así que me viste venir?
- Sí, pero eso ya te lo dije-  hace una mueca divertida con la cara.
- Solo me aseguraba.- me encojo de hombros. Ella señala mis maletas.
- ¿Te ayudo?
- No hace falta- mascullo mirando mi equipaje. En realidad si quería su ayuda, si fuera por mi le diría que lleve todo. Pero no me sentía cómoda haciéndolo en este momento, quizá más adelante.
- Insisto.- toma dos di mis bolsos- El viene para acá, necesita hablar contigo. Así que yo voy llevando esto y tú vas con él. – enarco una de mis cejas completamente confundida.
- ¿El?
- Si, tu novio.
- Yo no tengo novio.- arrugo la cara.
- Bueno, - parece pensar en mis palabras antes de hacer unas muecas con sus dientes de forma burlona y llevando sus índices como si fuesen colmillos- El vampiro.
- Khlaus.- murmuro más que nada para mí. Sabía que tendría que enfrentarme a él, pero no esperaba que hoy.- No puedo hablar con él aquí.
- Si puedes, aléjate hacia aquella zona obscura. Así no se darán cuenta en la casa- dice señalando hacia el otro lado de la calle- Te espera ahí. Sabe que no puede acercarse mucho.- me mira confundida antes de preguntar-  ¿Cómo sabe que iras por él?

No le respondo, solo me encojo de hombros y me doy la vuelta para buscarlo con la mirada. Él sabía que apenas sintiera sus emociones – las que dejara salir- iría a por él. No necesitaba llamarme, o tocar el timbre.

Miro de vuelta a la casa y luego a la chica incrédula de ciertas cosas. Acabo de alejarme de Atta y sus presentimientos y ahora tenía a una vidente bien desarrollada. Por un momento mi mente se queda en blanco y mi corazón comienza a bombear. ¿Ella me vio venir? ¿No? ¿Ella vio lo que hice?

- ¿Qué más sabes sobre mi llegada?- la expresión dulce y relajada desaparece de su rostro. Bueno, no intento mentir al menos. Sabe que la descubrí.
- A veces se más de lo que quiero saber.- se encoge de hombros antes de mirarme con el brillo de la honestidad destilando por todo su ser - pero soy buena guardando secretos, lo que hiciste no es de mi incumbencia y no se sabrá de mi boca.
- Pero se sabrá- sopeso y ella solo asiente con la cabeza antes de mirar  hacia las maletas.
- Hay cosas que son inevitables, Ava.- vuelve a subir la mirada y esta vez el deje desganado de sus ojos se marcha para que la dulce chica aparezca de nuevo. Sacude su mano señalando hacia el otro lado- Ve. Yo te cubro dentro.

Dudo durante unos segundos sin saber si puedo fiarme de esta chica. Soy desconfiada por naturaleza, pero solo puedo ver lo real de sus palabras cuando intento buscar la trampa. Bien podría estar utilizando su magia en contra de mi don. Uno nunca sabe. Pero al final me dejo vencer y acepto su cordialidad.

- Gracias.
- No hay de que- sonríe tomando mis maletas y alejándose por el pórtico hacia la casa, pero se detiene a medio camino- Por cierto, soy Ran.

Asiento, mirando d un lado a otro sin saber que decir. Es ridículo que me presente puesto que al parecer sabe más de mí que yo misma.

Ella entra con mis maletas y decido alejarme de la casa hacia la obscuridad del otro lado de la calle. Sobre mis hombros siento que alguien me sigue con la mirada, pero evado la horrenda sensación de ser vigilado y camino un poco más rápido. Me preparo para el debate que de palabras con el vampiro y pienso bien en lo que le voy a decir.
Podía sentir su inquietud, incluso cuando alcance a ver su rostro inexpresivo y sus obscuros ojos irritados bajo la penumbra. Estaba recostado de la pared en el callejón con las manos en los bolcillos y los hombros tensos contra la pared. Se veía como un gato a punto de cazar a su presa. Eso me recordó que casi meto la pata en la tarde, así que con mi dignidad algo golpeada y aun así en alto, me acerco en silencio hasta donde él está, y me siento en la acera. De pronto me siento más cansada y hambrienta que antes.

- Se rápido, mi noche ha sido espantosa.- le digo sin mucho entusiasmo- Tengo hambre, sueño y necesito un baño. Siendo nueva en esa casa, lo más seguro en que las “jefas” quieran hablar conmigo- me quejo haciendo énfasis en las comillas.
- Vi fuego en las catatumbas de tu casa.

Mi familia ya había quemado el cuerpo de “Eva”. Por un momento creí que no lo haría, por lo visto los subestime.

- Tu gente casi mata a mi hermana.
- No tuve nada que ver- se apresura a decir.
- Estabas conmigo.- me señalo como si no fuese obvio.
- Me refiero a que no tenía idea de lo que pasaría con Anya- se autocorrige antes de sentarse junto a mí con el ceño fruncido por la frustración- Te lo habría dicho. Respeto a las familias.
- Tú no respetas a nadie, Khlaus- digo con la burla bailando en mi voz.
- Pocas personas se merecen mi respeto.
- Como sea.- sacudo la mano con desdén antes de retomar el tema- Sé que no tuviste nada que ver. Pero no puedo decir que crea lo mismo de tu madre, incluso de tu hermana.

Lo escucho farfullar una maldición y chasquear la lengua durante unos segundos con ese deje molesto y exasperado que puedo percibir de él. He dado en el clavo. Su madre parecía estar del lado de Cruz.

- ¿Cómo supieron que había un anillo en mi familia?- inquiero mordiéndome los labios con inquietud.
- Jamás te traicionaría- gruñe oscamente.
- ¿le dijiste a tu madre?
- ¡Mierda, no!- masculla- no soy estúpido. Tengo demasiados años conociendo a mi madre y a los míos como para hacer seméjate idiotez.
- ¿Entonces?- inquiero exasperada- Creyeron que Anya era la “especial” y  casi la matan.
- No tengo idea de nada, Ava.- dice con tono duro antes de mirarme directamente a los ojos- Solo sé que mi madre lo sabía. Esta maldita guerra está comenzando a ser molesta.
- Siempre lo ha sido- murmuro con el agotamiento destilando por mi voz- ¿Qué te dijo tu madre?
- Está asustada por el cuerpo de Eva, dijo que no tuvo opción. Que tiene que seguir a Cruz porque aún le quedan dos hijo mas.- bufa- tengo casi doscientos años y esa mujer aun escuda sus acciones en nosotros. – toma una pausa antes de soltar un suspiro y mirarme con la especulación y el dolor en sus ojos - ¿mi Eva?

Ahí estaba el lado humano del visceral y sanguinario vampiro. Su culo arrogante y sabelotodo siempre se aplacaba cuando salía Eva a relucir o la visitaba en las catatumbas. En este momento me daba las gracias a mi misma por salvar el cuerpo de Eva. Por no ser una perra fría por una vez en mi triste y vaga vida.

- Iban a quemar el cuerpo de tu hermana- sus ojos se abren enormes y la ira se mezcla con las demás emociones.
- ¿El fuego?
- Me hice cargo, deja de hacerte la película.- sacudo la cabeza con mi propia frustración- No le diré al aquelarre lo que acabas de decirme, ya tengo suficiente de su mierda. Les diga lo que les diga, de todos modos el pacto con tu familia termino. Ellos creen que incineraron el cuerpo de Eva.
- ¿La salvaste?- el ápice de incredulidad en su voz me ofendió. Cretino de mierda.
- Es una niña- mascullo entre dientes- no iba a dejar que pague los platos rotos.
- ¿a quién quemaron entonces?
- Tengo mis truquitos.

El pelinegro no dice nada y solo me mira con incredulidad y otra emoción que mi radar no logra identificar. Es tanto que de verdad me ofende. No soy tampoco taan fría, tengo mis momentos de sutileza y el los conoce. Imbécil de mierda. Él tampoco es muy lindo todo el tiempo, siempre es un jodido dolor de cabeza, frio, arrogante, cruel y cínico; aun así no lo creí capaz de ir contra Anya.

Luego de unos minutos en silencio vuelve a su lejana e inexpresiva postura y de nuevo me siento cómoda a su alrededor. Verlo preocupado era nuevo para mí. Siempre iba por la vida pateando perros, ese era por qué nuestra relación “amistosa”, si es que se le podía llamar así, funcionaba. Éramos igual de cínicos e inexpresivos. Nos brotaba la misma vena patea perros.

Miro hacia la casa que me aguarda del otro lado de la calle y suspiro. No me gustaban las ventanas, lucían como las ventanas donde largo esperaba a que el resto de la familia Adams llegara.

- Esa casa es tan…creepy.
- Creepy se queda corto.- concuerdo con él. Parece que ambos estábamos detallando lo mismo.- La bienvenida me la dio una chica vidente con actitud muy dulce.
- Tu tipo de persona favorita- se burla de mi mal humor. El Khlaus de siempre había vuelto.- Ahora que recuerdo, esa casa me hace querer cantar.
- ¡ni se te ocurra!- mascullo mi advertencia dándole la mirada más repugnante que puedo brindar.
- “There is a House in New Orleans, they call the rising sun…”
- Calla, Khlaus- siseo dándole un empujo.- esa canción es aún más creepy que la casa.

El pelinegro se ríe con su encantadora risa y se levanta extendiendo una mano hacia mí.

- Te acompaño hasta donde la sombra cubre.- tomo su mano y me levanta de un tirón. Comienza a tararear.
- Sanguijuela.- advierto de mala manera y el estalla en risas antes de volver a cantar la horrenda canción
- “Its been the ruin of many a por girls. And god, i know im one”

No le digo nada porque el solo se burla de mis palabras, pero la fea mirada que le doy le hace callarse la puta canción.

- Eres detestable.
- Esta detestable sanguijuela tiene que encontrar una bruja nueva que le ayude a encontrar a Boris.
- ¿tan desesperado estas?- inquiero de mala gana, sintiendo una punzada en el estómago con disgusto.
- Tanto como lo están ellas porque entres a esa casa, nena.

Miro hacia la casa encontrando a la asiática con la otra chica morena que estaba en el café el otro día. La morena sostenía un asqueroso gato negro. Inmediatamente arrugo la nariz al ver el animal, pero cuando volteo para mirar a Khlaus y quejarme de mi vida, el pelinegro arrogante ya se ha ido. Imbécil.

Derrotada, camino con pies de plomo hacia la casa. No tenía ánimos de tener mi cursito introductorio con las ancianas. Con ambas chicas diciéndome donde quedaba la cocina y mi cuarto era suficiente. No tenía ganas de nada más. Ambas sonríen.

- ¡Bienvenida!- chilla la morena con efusividad- Me nombre es Cathasach Hazal-Shual- dice rápidamente presentándose a sí misma.
- Disculpa, me perdí luego de “mi nombre es…”
- Puedes llamarme Catha, es más fácil- se encoje de hombros con simplicidad sin borrar el entusiasmo de todos sus gestos.
- ¿siempre eres tan eufórica?
- Si, bueno, no…- duda un momento y luego retoma-  cuando duermo estoy más relajada.

Genial, parece que ese será mi momento del día favorito.
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Mierda. Creí que me había librado de la asfixiante personalidad de Anya, pero no. Ahora estaba Catha que hablaba demasiado rápido como para seguirle, era inquieta y curiosa. Dios, todo lo que detesto en una persona. No parecía mala persona, para nada. Todas sus emociones parecían reales, no era deshonesta. Pero, mierda ¿tenía que ser tan inquieta?  Ella y Anya tumbarían un gobierno juntas.

Llevaba más de una hora sentada en el bar de la avenida, escondiéndome de la euforia de la morena. Ran necesitaba estudiar para un examen y yo estaba atascada con la morena en un día libre. Para mi suerte, vio una tienda voodo que le llamo la atención.  Así haría tiempo antes de que Atta viniera a encontrarme. Le había llamado temprano para que viniera, la mocosa se daba el lujo de llegar tarde.

- ¿te recargo el té?- pregunta la chica de la barra frente a mí.
- Por favor.- asiento.

La chica no se había marchado cuando lo sentí. Ni siquiera por sus emociones, si no por las de ella. Estaba chorreando cuando lo vio entrar. Mire de reojo y ahí venia. Con su enmarañado cabello negro, camiseta negra, jeans negros, tan gótico como siempre. El vampiro no parecía entender que no podíamos vernos en público, y al parecer mi hermana tampoco. Esa pequeña traidora lo había enviado conmigo.

Se detiene junto a mí con una galante sonrisa y de inmediato echo los ojos alrededor encontrándome con la mirada de algunas personas. Mi padre había puesto gente para vigilarme.  Que molesto.

- ¿Qué?- mascullo de mala gana.
- Buenos días, cariño.- le doy una mirada pésima.
- Termina de entenderlo, sanguijuela: Ya no estamos a tu disposición.
- Que  estupidez.- sisea mientras se deja caer en el taburete- Tu familia siempre ha servido a la mía.
- Prestado apoyo- corrijo.
- Tú entiendes.- me pone los ojos en blanco y se vuelve hacia la chica para pedir su habitual trago de whisky- ¿Quieres uno?
- Estoy tomando te.- señalo la taza frente a mí. De reojo veo a los hombres que me observan al final.
- ¿No bebes té y whisky a la vez?- enarca una ceja incrédulo- ¿desde cuándo?
Suelto un gruñido y me vuelvo a mirarlo de mala manera. Klaus es insoportablemente manipulador, egocéntrico, sínico, terriblemente sexi y muy bueno actuando. Se comportaba con la misma galantería de siempre en frente de la gente. Lo ideal sería que no apareciera en un buen rato, mucho menos hablando conmigo.
- No debería de hablarte siquiera.
- Siempre es entretenido molestar a la pequeña bruja.
- Odio eso- mascullo.
- Lo se.- asegura tomándose su copa hasta el fondo- Ava, cielito estoy más que seguro que te importa una mierda toda esta loca guerra que hay. – Pone la mano sobre la mesa de un golpe. Le miro confundida, y desvía su mirada hacia abajo.
- Tienes toda la razón. – asiento deslizando mi mano para tomar lo que oculta la suya y volviendo a mi posición- no me importa la guerra. Simplemente no me interesa lidiar contigo.
- ¿Es eso o sigues molesta por lo que ocurrió la última vez?

La burla en su voz me hace enojar  y pienso seriamente en si arrojarle su propio trago en la cabeza, se estaba pasando de la raya y lo estaba disfrutando. Tiene que actuar como el imbécil de siempre asi nadie sospecha pero, ¿tenía que dejar en evidencia el enrollo?

Cuando estoy por escupirle, su estúpida sonrisa socarrona me recuerda que puedo jugar su mismo juego y recapacito en cuanto a palabras y actitud.

- Siempre podemos repetirlo.- dice dejando salir la lengua de forma juguetona entre sus labios para luego chuparlos. Me toma un segundo pasar por alto el acto y mirarlo con indiferencia. El cretino jugaba con mi cabeza. Tenía a mis hormonas amaestradas.
- Yo no repito, no soy tan básica como tú.- digo con mi mejor cara de perra- Además, no fue nada memorable.- miento cochina y descaradamente. Pero el no tiene que saberlo-  Así que supéralo. Sh, sh…- sacudo la mano con desdén.
- Auch.- se lleva la mano al pecho fingiendo dolor. Como si tuviera corazón.- Me lastimas, nena.
- Bueno, ya sabes cómo se sienten las pobres diablas de las que te aprovechas para tener sexo y alimentarte.- me encojo de hombros- No quiero problemas con ningún aquelarre, me dan flojera, así que deja de buscarme.- me levanto del taburete para dirigirme al baño-  Oh, y hazte el favor de superar lo que paso la última vez- agrego acercándome a el de la forma en la que mejor nos entendemos y le dejo un suave beso en la mejilla, mientras paso mi mano por su pecho antes de separarme- No te hace bien encapricharte, sanguijuela.
- Siempre tan linda, brujita.
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Salgo por la puerta de servicio del bar luego de una hora encerrada en el baño, esperando a que los idiotas que mi padre puso a vigilar mi culo, se fueran. Salí con cuidado fijándome en que de verdad no estaban y fue que pude llegar hasta la parte de servicio para ir al callejón. Para mi suerte, Catha aún no volvía ¿Qué tanto hacia esa chica en esa tienda?

Cierro la puerta con cuidado, asegurándome de que nadie me viera y cuando me giro encuentro la figura relajada de Khlaus del otro lado del callejón, esperándome. Por supuesto me sobresalte al verlo y eso le genero gracia. Llevaba rato ya burlándose de mí, incluso en la nota lo hiso. Cuando deja de reír mira hacia los lados para cerciorarse de que no hay nadie y me hace seña para que avance.

- Estoy acostumbrado a que me llames “Sanguijuela” con ese tono despectivo tuyo, pero hoy de verdad que me resulto doloroso entre tanto desdén.
- No seas llorón- me quejo dándole una mala mirada- Hiciste comentarios fuera de lugar.
- Solo estaba siendo yo mismo- se encoje de hombros con cinismo. Claro que solo estaba siendo el mismo.

Tuerzo los ojos y le arrojo el pergamino que Atta debería de estar entregándole, no yo. Esa traidora me escucharía luego.

- ¿y esto?- pregunta antes de abrirlo.
- Tu rastro para localizar a la mierda Boris. – chasqueo de mala gana.

El pelinegro le da una ojeada a los papeles en sus manos y suelta una risita antes de mirarme mostrando esos arrogantes colmillos.

- Alguien se puso celosa cuando dije que buscaría otra brujita.
- No te entusiasmes.- advierto, aun así siento la puñalada en el estómago de nuevo.
- Bueno,- se acerca hasta mí y me da un apretón en el hombro- Gracias, nena.
- Nada de gracias.- sacudo la cabeza con altanería y extiendo mi mano.

El vampiro se ríe y lleva una mano a la parte trasera de sus pantalones para sacar la cartera y entregarme una de sus acaudaladas tarjetas.

- Gasta cuanto quieras.
- Lo hare- le aseguro- Pero la tarjeta no es lo único que quiero.
- Me sales bastante cara, nena. –suspira mirándome fijamente con esos envolventes ojos oscuros.
- Lo bueno es caro.- me encojo de hombros desinteresadamente- Quiero al brujo que vendió a mi hermana.

La serenidad de mis palabras no es para nada el reflejo de mis emociones. Pensar que uno de los nuestros pudo, no, vendió a Anya, me ponía enferma. Prácticamente pase toda la noche en vela rastreando a Boris y pensando en quien pudo traicionar a mi familia.

La mueca relajada de Khlaus cambia por una más maliciosa. El brillo sádico en sus ojos y la sonrisa macabra en sus labios eran buena señal para mí.

- ¿Vivo o muerto?
- Vivo.- sentencio y el relame la macabra mueca de sus labios.
- Bien, podremos torturarlo juntos después.

No respondo más que con un encogimiento de hombros, no está mal su idea, pero primero tenía que dejar al traidor en evidencia. Después podíamos jugar sus juegos macabros.

El pelinegro sonríe negando con la cabeza antes de sentarse en la acera para estudiar los papeles en sus manos con el celular y su App de google maps. Me siento con él para no quedarme toda tiesa pegada a la pared y estudio mis manos durante un rato. Catha ya debería de haber regresado, hace más de dos horas que se fue. Pensé que era yo quien se escondía de ella.

- ¿te sientes bien en esa casa?- me sorprendo ante la pregunta y me vuelvo a mirarlo justo cuando sube la mirada de sus coordenadas. - ¿La chica dulce no está resultando molesta?
- No, ella parece entender que no soy muy cariñosa. La otra chica es un poco más hiperactiva.
- Tu otro tipo de persona favorita en el mundo.- se burla- pero aun no contestas la pregunta.
- No sé si me siento bien, solo estoy sobrellevando las cosas.- le digo con las palabras más rebuscadas que he dicho en mi vida- Si te soy honesta, me alegra tener mi propio cuarto y estar lejos de mis padres.
- Tu madre no es tan mala, Ava.- suelta el aire en una risita haciéndome sentir exagerada.

No le digo nada. De solo recordar lo que mi familia tenía pensado hacer anoche con el cuerpo dormido de Eva, me da asco. Me molesta y me indigna a la vez. Fue suerte lo que hice con las niñas y que mis padres no se dieran cuenta que quemaron el cuerpo equivocado. No podía permitir que ellos supieran que las niñas habían ayudado. Con una sola oveja negra bastaba.

- ¿Qué pasara con Eva?
- No la van a encontrar, me asegure de ello- el asiente.- Relájate, estas tenso desde ayer. Me gusta más el otro Khlaus.
- Hasta que lo admites, brujita.

Suelto una suave carcajada para liberar un poco de mi propia tensión. Es absurdo que pueda ayudar con las emociones de la gente y en mí solo pueda controlar mi ira y no alejar mi tensión. Parece que la tensión no era algo emocional.  Que porquería.

- ¿Cuánto tiempo te iras?
- No mucho. Buscare a Boris, recuperare lo que me robo y volveré.
- Está bien.- asiento procesando la información- está bueno que desaparezcas un tiempo así las cosas se calman un poco.
- Dile eso a tu cara, brujita.- se burla señalando mi rostro- parece que no te gusta la idea de que me vaya lejos.
- Vete a la mierda, sanguijuela.- gruño de mala gana mostrándole mi dedo medio.

El pelinegro se ríe con sus malditos aires arrogantes antes de tomar mi dedo y luego mi mano para tirarme hacia él y estrecharme. A regañadientes, le pongo los ojos en blanco cuando pasa un brazo sobre mí.

- Solo me iré unos días. No puedo dejarte sola mucho tiempo.- dice con suavidad y luego suspira- tampoco a mi idiota madre.
- No seas tan arrogante.- golpeo su estómago- me cuido bien sola. Y tu madre necesita un novio.
- Soy consciente de ambas cosas. Aun así prefiero asegurarme yo mismo.- sonríe- además, tengo un brujo que cazar. Me hace ilusión que juguemos al juego del miedo con el.- algo en las palabras del pelinegro me hace sonreír a medias de pura anticipación- Me alegra saber que te hace ilusión a ti también. Definitivamente naciste para mí.  
- Deja tu fase de poeta para otra persona.- mascullo volviendo a la realidad- ya estas siendo fastidioso- me saco de sus brazos- vete ya.
- ¡Ok!- se levanta pero vuelve a encararme- una cosita más. Mientras no esté, nada de follones.
- ¿disculpa?- inquiero incrédula.- Mi vida, Khlaus. No te metas.
- Solo te estoy cuidando de la decepción.- se encoje cínicamente- No has estado con nadie después de que falláramos.
- No he tenido sexo con nadie porque no he tenido tiempo. No porque fueras algo memorable-  lo bueno de ser una buena actriz es que podía mentir descaradamente.
- Te llevaras una decepción.- levanta las manos con inocencia argumentada-  esos brujos, hombres lobos, humanos y todo lo que te follas, no me llega ni a los talones.
- Pues tendré que aprender a vivir decepcionada. Puesto que no pienso acostarme contigo de nuevo.
- Eso estabas diciendo ayer por la tarde- sonríe malicioso relamiendo sus labios. Pero me muestro imperturbable aunque mi pulso se acelera.- y esas palabras no fueron impedimento para tenerte debajo de mí. Tampoco note resistencia de tu parte cuando metí mis manos debajo de tu camisa.
- Una falla de juicio- me encojo de hombros con el más falso desinterés que he fingido en mi vida- no volverá a pasar.
- ¿Segura?- pregunta acercándose lentamente de nuevo hipnotizándome con esos ojos oscuros.
- ¡Ava!

El grito de Catha me sobresalta sacándome de la hipnosis del imbécil frente a mí. Khlaus sacude su cabeza victorioso y se acerca rápidamente soplándome un corto beso en los labios como está tomando la costumbre de hacer. Entonces solo desaparece cuando me distraigo al escuchar la puerta de servicio abrirse y la morena saliendo con bolsas en la mano me mira confundida.

- ¿Por qué estás sola aquí afuera?
- Cosa mía.- respondo rápidamente.
- Claro.- sopesa haciendo una mueca con los labios- hace un montón que estoy buscándote.
- Se nota que buscas terrible, te dije que estaría aquí- le digo retomando mi hostil compostura y ella se ríe.
- ¡Eres tan antipática!- exclama como si eso fuese algo que celebrar- Vámonos, Ran nos espera para tomar la merienda.

Su entusiasmo era abrumador, la arrogancia de Khlaus era abrumadora, la dulzura de Ran también me abrumaba y toda esta mierda me abrumaba. Yo solo quería echarme en alguna parte a leer un puto libro y luego dormir, comer, ir al baño y repetir esa secuencia. Agregaría el sexo mediante necesitara trabajo físico. Pero eso era lo que quería. Debo haber sido muy cruel en mi otra vida. Estaba rodeada de gente dulce, hiperactiva  y un vampiro sin escrúpulos algunos, ni hablar de mi familia. Todos parecían competir a ver quién me dejaba más agotada mentalmente.
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Re: Coven of salem

Mensaje por Ariel. el Jue 12 Abr 2018, 2:54 pm

Listo!!! disculpen la tardanza T.T
Espero ansiosa el cap que sigue
Emilio, Kandelin... Les dejare su comentario. Tarde pero seguro
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Re: Coven of salem

Mensaje por Stark. el Vie 13 Abr 2018, 11:54 pm

AYYYY SUBISTE estoy atrasada con comentarios, pero prometo comentar aquí, bebe

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Re: Coven of salem

Mensaje por Ariel. el Miér 18 Abr 2018, 12:20 pm

Tranquila bebita
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Re: Coven of salem

Mensaje por chihiro el Miér 18 Abr 2018, 12:25 pm

yo trataré de leerlo el fin de semana ♥️

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