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Ethereal

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Re: Ethereal

Mensaje por J. M. W. Turner el Vie 19 Mayo 2017, 6:32 pm

¡Hola de nuevo! me pasó a contestar sus preciosos comentarios~
 
Admito que no estoy usando mi manera habitual de escribir, quise hacerlo de una manera más sencilla para que no se hiciera tan tedioso. Siempre he escrito cosas como ensayos o tesis (ese es mi trabajo en realidad). Nunca me he centrado en narrar una historia, así que esta es una nueva experiencia.  
 
Me alegra ver que les agrado Jasper. Al principio él tenía una personalidad completamente diferente, era más irrespetuoso y busca problemas. Luego me lo plantee mejor y decidí que yo no sabría como describir a alguien así correctamente. Para el resultado final me base en el personaje de Los 100, Aden. (De los libros)
 
Todos parecen pensar que Scott está muerto, eso no lo había especificado pero bueno… 
 
Por ahora me gusta el camino que está tomando la historia. 
Al igual que ustedes, estaré esperando el tercer capítulo con ansias.
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Re: Ethereal

Mensaje por yagmur. el Miér 24 Mayo 2017, 8:30 am

Que suerte que no fui la única que pensó que scott era un niño hasta que leí perro cjau  opino como roman esa onda de stranger things con lo niños es tan fab.
Ya esta para mi madeline se comio al perro ahre bueno no pero yo pienso que debe estar por ahí todo traumado, pobre mascotita. 
Resalto tu manera de narrar turner, me mantuvo ahí sin ni siquiera distraerme y eso que soy de las suelen distraerse mucho bue ya quiero leer más. 
Pd: haces tesis? Omg entonces ya sé a quien pedir ayuda cuando deba hacerla en unos años 
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Re: Ethereal

Mensaje por cute. el Miér 24 Mayo 2017, 9:01 pm

perdón por la tardanza, la facultad me tiene mal
me gustó mucho el capítulo, coincido con las chicas, tu forma de narrar hacía que me metiera más y más en la historia. la verdad hace años estoy en el foro y de todas las nc que estuve jamás había leído un personaje como jasper, me encanta el hecho de que haya algo distinto en la nc a los personajes que son más habituales, ver la historia desde los ojos de alguien más pequeño. esta nc es MUY genial. a medida de cada capítulo me gusta mas la forma en la que se está desarrollando y el sentido que le da cada escritora, con algo especial. espero el próximo
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Re: Ethereal

Mensaje por mieczyslaw el Sáb 27 Mayo 2017, 11:59 am

disculpen la demora, tuve una semana muy pesada     subo el lunes

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Re: Ethereal

Mensaje por mieczyslaw Ayer a las 11:42 am


capitulo 3
gillian odair

Restregó sus manos como por milésima vez en el corto lapso que llevaba frente a la soga que revoloteaba de izquierda a derecha enfrente de sus ojos, gotas de sudor perlaban su frente y recorrían los costados de su anguloso rostro, el aire que expulsaban sus pulmones con fuerza hacia un ruidoso sonido que parecía molestar a los presentes.

Su mirada se dirigió de abajo hacia arriba en la explanada del gimnasio, el corpulento rubio que se aferra a los nudos de la cuerda boquea como un pez cada que estira sus brazos para agarrarse del próximo agarre de la cuerda, Gillian calculó con una aproximación de 10 metros la caída del recluta novato en caso de resbalar.
Para las manos no era agradable la áspera soga que debían de trepar todos los días después del desayuno, las callosidades en las manos de todos estaban presentes por naturaleza, pero él podía apostar a que el joven que había llegado un mes atrás todavía le costaba ignorar el ardor de sus manos a diario.

—¡Sigue subiendo, Timothy, ya casi llegas! —exclamó colocando sus manos a los costados de su boca para improvisar un megáfono, que lamentablemente todos en la base estaban a la disposición de los capitanes malhumorados, dejando de lado el hecho de que aquel grito le costó aire que trataba de recuperar.
—No lo sé, Gillian, no puedo más. —En un grito un tanto desconfiado le mira desde arriba—. Y está muy alto, ¿por qué volteo siquiera?

Timothy Anderson había llegado como un musculoso chico de dieciocho el cual cumplía con su servicio militar y temía subirse a la cuerda todas las mañanas, tan asustadizo que parecía un crío con esteroides, fue una desgracia que acabara en la parte del circuito diario junto con Ian al haber trabajado solo desde un año atrás. Incluso parecía más extraño evitado a Gillian lo más que podía últimamente aunque no era algo que le tenía sin cuidado.
Por lo general era un tipo solitario el cual prefería trabajar por su cuenta, sus esfuerzos parecían siempre el doble de lo que otros hacían ya que no contaba con distracciones, pero no había tenido suerte desde que le colocaron con el adolescente.

—¡Mira arriba, rayo de sol! —La rasposa voz del teniente Bob aulló justo en la nuca del castaño, se lanzó hacia adelante de un brinco y abrió sus ojos de par en par, a los veteranos de altos rangos les gustaba asustar a todos que habían adoptado una sigilosa capacidad de aparecer por doquier con un megáfono—. La cuerda no te ayudará a terminar de trepar, ignora a Odair y prosigue, ¡vamos!

La cabellera rubia de Timothy rebotó de arriba hacia abajo y se impulsó para seguir con su trabajo. Gillian rascó su nuca antes de erguirse con respeto a su superior, una pose que le resultaba tan natural después de practicarla ocho años, su mirada seria puesta en el hombre canoso.

—¿No hay progreso en Anderson?
—No señor.
—¿Por qué?
—Es joven e inexperto, señor.
—Igual que tú cuando llegaste, Odair. —Sonrió forzado y se dio media vuelta—. ¡Sigan subiendo, vagos, deberían hacerlo hasta con los ojos cerrados!

El castaño cubrió su nariz con las manos clavando la mirada en el suelo, la actitud de los superiores le habían resultado siempre de lo más normal como un entrenador de secundaria haría pero más viejos y ágiles como ninjas, el problema con todos ellos era que terminaban mencionando cada que podían sus primeros años en la base; aquellos que tanto evitaba recordar.

En un pasado había sido un chico problemático, el grano en el culo de su familia el cual nadie quería cerca, fue internado en una escuela militar a los dieciocho y tiempo después trasladado a la base para ejercer como soldado. El duro entrenamiento y preparación dieron sus frutos poco tiempo después, era de los mejores en su rango que todos los generales se encontraban fascinados con él, sus padres jamás se aparecieron por ahí para compartir los únicos momentos de gloria que llevaba a su corta edad. Después de haberlo llevado a rastras con la milicia no tuvieron la molestia de pasar a saludarlo, o siquiera ver cómo la había ido en aquella nueva vida a la que le arrojaron en contra de su voluntad, una vez al año su hermana menor aparecía por ahí para compartir unas horas que añoraba durante el resto de los días; Mad era su única adoración y lo que le mantenía con la mente en el juego para no mandar todo por la borda una vez más.

Gillian llevaba un conteo en una libreta la cual cubría el plazo para que su hermana realizara la visita anual, cada que lo hacia le sorprendía al verla más grande y hermosa con el paso del tiempo, pero por aquel entonces ya tenía una semana de atraso lo que tenía a Ian bastante inquieto. Su hermana pequeña era lo único que tenía, no soportaría la idea de que, al igual que sus padres, le diera la espalda en un momento dado.

Retiró las manos de su rostro y paseó su mirada por la explanada con colchonetas para adormecer la caída de los practicantes desde el techo, descubrió que una gran parte de los presentes le miraban y apartaron su curiosa mirada cuando él los miró fijo, bufó antes de cruzarse de brazos con el ceño fruncido.

—Eh... ¿Gillian?
—¡Tim! —exclamó alarmado al ver que se encontraba con la cabeza inclinada en el techo en la meta de la escalada— ¡Lo lograste! Bien, ahora baja.
—Uh... ese es el problema, no sé cómo.
—Solamente... no, no, no. Quédate ahí.
—¿Qué? No podré bajar. Tengo que saltar.
—Es muy alto, espera, yo subo por ti.

Aferró la cuerda en sus manos y se impulsó hacia arriba, sus músculos se tensaron ante la repentina fuerza ejercida que se agarrotaron y le hicieron el trabajo más difícil, aún así siguió subiendo diciendo maldiciones por lo bajo al imaginarse cargar al rubio desde arriba sin caer. Podía ver su muerte bastante clara en caso de fallar; una motivación que siempre le bastaba para hacer las cosas bien.

—¡Eh! ¡Odair está subiendo mientras Anderson está ahí también!

Apostaba a que de nueva cuenta todas las miradas estaban puestas en él, cosa que le molestó de sobremanera dado que podían ayudar en vez de mirar únicamente, decidió ignorar todo el bullicio de abajo tomando un nudo superior al otro cada vez más rápido. El ejercicio de la cuerda era de sus favoritos y siempre disfrutaba despertar con aquel circuito en primer lugar después del desayuno, sus manos ásperas sabían a la perfección el camino hacia arriba que trabajaban por sí mismas mientras él miraba con el ceño ligeramente fruncido al rubio, Timothy parecía una estatua de carne y hueso aferrada a lo más alto de la cuerda.

—Gillian irá por Tim, woa, ¡que valor!
—No lo hará.
—Si lo hará, pero parece imposible.
—Puede caerse, ambos caerán.
—Llamen al teniente Bob, ¡alguien llame a un superior ahora!
—No, mejor a los médicos, debemos amontonar todas las colchonetas alrededor para que no caigan. ¡Ahora!

Los demás reclutas parecían una horda de mujeres chismosas en lugar de unos respetables soldados corriendo de un lado a otro y discutiendo sobre si era bueno o no avisar a los tenientes que parecían estar molestos en su mayoría, todo aquel ruido parecía tan lejano cuando Ian hacia un gran esfuerzo después de haber acabado con su rutina, el ardor que se expandía por sus brazos se agrandaba conforme subía y cuando tuvo el rostro bajo los pies de Timothy sentía en carne viva todo su cuerpo. Lenguas de fuego parecían llamear en su bronceada piel mientras que el sudor comenzaba a surgir de nueva cuenta por todo su cuerpo.

—Tim, baja, gira un poco y has como si me abrazaras.
—Eso no suena bien. —Hizo una mueca negando con la cabeza—. Oh, Dios, ¿qué he hecho? Te he condenado conmigo en este infierno.
—Sólo escúchame, Tim, si haces lo que te digo todo estará bien.
—¿Lo crees? —Cruza su mirada con la de Gillian y le mira con desesperación—. ¿Realmente lo crees? Puedes bajar sin mi y no te pasará nada, mejor date la vuelta, debería de lidiar con mis problemas yo solo.

El castaño relamió sus labios, molesto ante la actitud déspota del adolescente que tanto le molestaba, puso los ojos en blanco y con cuidado se bajó un poco de la soga para permitirle más espacio al rubio.

—Esto es algo que lleva más de un mes de práctica para lograrse —habló lo más tranquilo que pudo—, no puedes pretender que lo harás en el poco tiempo que llevas con nosotros, te harás daño únicamente y...
—¿Y qué importa si me lastimo o no? ¡A todos les importaría mucho menos de lo que tú crees! Soy una vergüenza para mis padres y en la escuela no importa el ser popular si soy un inútil bueno para nada, dime, ¿por qué te importa realmente?
—Tengo una hermana —confesó—, Madeline, está en Seanway a muchos kilómetros de aquí y lo único que puedo pensar cuando estoy acá arriba es en ella. Llevo ocho años en la base y la veo una vez al año solamente, ¿y sabes por qué?, bueno, tuve muchas oportunidades de cambiar en un pasado pero no lo hice... me convertí en la peor pesadilla de mis padres y se deshicieron de mí tan pronto como logré la mayoría de edad. Ahora, no tenía planeado contarte esto, pero ya que lo he hecho, espero que me hayas escuchado bien y te sirva de motivación, Tim, ¡porque no fue en vano!

Los ojos claros del chico se agrandaron para mirar abajo una última vez, asintió finalmente y descendió con cuidado por la soga, cuando sus pies rozaron las costillas de Ian él le indicó que se aferrara a su torso como un koala, abajo de ellos todo era gritos y movimientos que sonaban como el fondo de una escena con bastante acción.

A Gillian le costó toda su condición física lograr llegar hasta abajo cargando a una criatura de ochenta kilos pero fue recibido como un héroe. Un logro más en la vida militar de Gillian Odair que su familia jamás compartiría con él.
No hubo palmaditas en la espalda por parte de su padre y un sonoro beso en la mejilla de su madre; había aprendido que si quería en verdad a sobrevivir en aquel entorno debía dejar de lado los sentimientos familiares aunque le costaran la mitad de su alma desprenderlos.

Los tenientes asintieron cuando le vieron pasar por el comedor en la hora de la comida y los soldados de otros circuitos se acercaron a bromear con él un rato, toda la atención estaba puesta en su persona por segunda vez desde que llegaba a la base, se divirtió un rato pero ansiaba compartir su logro con la única persona que le comprendía de verdad: su hermana.

—Eh, Gillian, me salvaste la vida hoy. Gracias.
—Me has dicho eso unas veinte veces en el día y comienzas a molestarme, Tim. —Miró de reojo al rubio tomar asiento en la misma mesa que él y otros reclutas de grandes edades—. Para de una vez.
—No, es que lo has hecho realmente, de no ser por ti yo hubiese terminado arriba por el resto de mis días a menos que el teniente Bob se hubiera animado a subir y lanzarme.
—Déjalo ya, hombre.
—Por ello yo... quería mostrarte algo.

Todos los ojos de los presentes en la mesa se clavaron en él, lo notó Gillian de inmediato, y ambos se levantaron para poder estar fuera de las curiosas miradas de los demás.

Timothy caminó hasta los dormitorios e invitó a pasar al castaño en la suya, una que estaba en uno de los edificios más decentes para los invitados, mientras buscaba entre sus cajones y evitaba contar a Gillian sobre lo que iba aquello.
El muchacho sacó un periódico en el tercer cajón de su mueble y con desconfianza lo dobló por la mitad, su mirada se posó en la marrón de Ian en una manera que jamás le había visto, bastante serio para tratarse del mismo chico que no podía bajar la soga horas atrás.

—Mis padres vinieron de visita el pasado fin de semana —comenzó él—, somos de un pueblo no muy lejos de aquí, pero se debe cruzar por Seanway para llegar a la base.

Gillian esperó, no comprendía a qué iba todo eso con él ni con lo ocurrido en la mañana, asintió con la cabeza y guardó silencio al ver que el adolescente todavía tenía más por decirle.

—Me gusta leer el periódico, en casa leo las noticias ahí todas las mañanas, y mis padres me trajeron los números de la última semana, del periódico local en nuestro pueblo natal, pero cuando pasaron por Seanway les llamó bastante la atención lo que estaba sucediendo ahí y decidieron traerme uno también. —Desvío la mirada al suelo pareciendo ausente—. Creía que era una coincidencia tu apellido, pero hoy lo has confirmado, me diste la información necesaria para atar cabos y por tu presencia aquí... creo que todavía no lo sabes.
—¿Qué todavía no sé, Tim? —Sintió su quijada tensarse al preguntar, todo su cuerpo se estremeció, pero se mantuvo firme—. ¿De qué estás hablando?
—Tu hermana, Madeline, está perdida.

Rápidamente se acercó y le tendió el periódico a un estupefacto Ian, sus dedos temblaron cuando se lo arrebató de las manos y lo extendió bruscamente para verlo, en letras rojas estaba el gran titular del día Un misterio en Seanway: Madeline Odair desapareció debajo salía una fotografía que enfocaba el frondoso bosque que estaba a los alrededores del pueblo en el cual habían sido criados ambos hermanos.

El bosque.

Un misterioso lugar el cual había sido el escenario de las pesadillas de todos los niños del pueblo, incluido él mismo, más sin embargo no podía pensar con nitidez cuando el nombre de su hermana pequeña estaba impreso en el titular del periódico a causa de una supuesta desaparición.
El extraño desequilibrio emocional que presentó se esfumó tan pronto como vino si sabía que debía de enfrentarse a algo, además de que Tim estaba ahí y fácilmente podría darse cuenta de que tan afectado estaba en aquel momento, se cerró como había aprendido en el momento que sus padres le dejaron en las puertas del reformatorio.

—¿De cuándo es esto?
—Hace una semana.
—¿Sabes algo más, entonces?
—No realmente. —Relamió sus labios y se cruzó de brazos el adolescente—. Ese fue el único número que me trajeron de Seanway, posiblemente ya la hayan encontrado, solamente quería contártelo pero suponía que ya lo sabias o al menos... estaba equivocado sobre que fuera tu hermana.

La columna era tan extensa que Gillian leyó lo que pudo tan rápido como le fue posible y al terminar el artículo se contuvo de romper por la mitad el periódico.

—¿No te avisaron antes tus padres?
—Llevo ocho años sin verlos —habló con amargura caminando hacia la salida del cuarto—, ellos me dejaron en las manos de la milicia y Madeline era la única que se tomaba la molestia de pasar por acá a escondidas, no es un secreto el que no me haya enterado.
—Yo... lo siento.

El castaño negó con la cabeza antes de darle las gracias y salir corriendo del edificio que no correspondía al suyo, afuera estaba lloviendo y se veía la explanada tan vacía que parecía ser más tarde del mediodía.
Una llovizna paraba las actividades del exterior pero no las del gimnasio, las luces del interior estaban encendidas y parpadeaban ante los ojos de Ian con las gotas de lluvia obstruyendo, se suponía que debía de estar ahí en cinco minutos para seguir con el circuito junto con Timothy.

Bajó la mirada al periódico aferrado en su mano derecha al recordar que había sido el muchacho inexperto el cual le había contado algo que se suponía correspondía a su familia, una burbujeante carcajada quiso escapar de su garganta mientras las gotas de agua empapaban sus prendas cada vez más al estar parado en la nada, la ira corría por sus venas y creía que debía de llegar a su habitación antes de que cualquier otro recluta pudiese toparse en su camino para enfrentar la furia que estaba incrementando en su ser. Desprecio, furia y tristeza regían su cabeza únicamente.

Corrió hasta su edificio, esquivando charcos y personas para llegar lo antes posible, con una clara idea en la cabeza: volver a su viejo hogar.

Con una maleta llena de ropa, algunas armas, sus documentos y dinero en efectivo partió hacia el edificio más elitista de toda la base, en donde sólo los altos rangos podían estar, era un completo riesgo él acercarse sin permiso tan siquiera pero era el lugar en el cual las llaves estaban de todos los vehículos aparcados en el lugar.
Gillian no pretendía robar un tanque o un helicóptero, sería algo absurdo cuando lo único que evitaba era llamar mucho la atención afuera de la base, el auto de cualquier teniente bastaría para lograrlo.

La tarde estaba en su apogeo por lo cual la mayoría de los líderes se encontraban fuera cuando él ingresó en el lugar, la vieja recepcionista se encontraba hablando por teléfono y prefirió ignorar al castaño que cruzó confiado tal cual hacían los tenientes por ahí, había estado sólo dos veces dentro del lugar con anterioridad y le costó llegar a la oficina principal. Sabía que de todos los tenientes podría sólo encontrase a uno, su menos favorito, en el camino; Bob Hayes se encontraba sentado en una silla de espaldas a la puerta lanzando dardos a un tablero en la pared.
Un nudo se hizo presente en el estómago de Ian que le impidió dar un paso más para adentrarse en el cuarto, aquel hombre había atormentado sus días desde que había pisado la base por primera vez y era la primera vez en la cual se proponía a desafiarle realmente, era viejo pero sus habilidades seguían siendo sorprendentes incluso para el mejor soldado del lugar.

Exploró con la mirada el cuarto hasta que dio con las llaves colgadas en la padre derecha, justo del lado en el cual Bob —irritante— Hayes sostiene dardos con su mano, el camino hacia ellas resultaba un tanto complicado al ser el viejo teniente con reflejos ninjas el que las cuidaba. Gillian quiso dar marcha atrás de inmediato, el respeto de hace años que le tenía al hombre comenzaba a ganar la voz de su razón, el teniente no había sido en los últimos ocho años de su vida el común entrenador americano que ofendía a gritos para que se esforzaran más; aunque a él le gustaba ofender realmente y siempre le echaba en cara lo débil que había sido cuando llegó.
Justo en el más grande orgullo de un Odair.

Se impulsó hacia adelante en cuclillas y caminó tan sigiloso como pudo por el suelo de la oficina, con cada paso que daba en falso se apoyaba con sus manos logrando ponerle mucho más nervioso de lo que ha estaba, cuando llegó a la pared estiró la mano lo más que pudo para obtenerlas con el ceño fruncido.
Era su máximo esfuerzo por hacer la peligrosa acción sin el menor ruido posible aunque no fue suficiente para mantener al teniente sin cuidado.

—Odair.
—Teniente.
—¿Quieres que me haga el tonto y te pregunte qué es lo que quieres o vamos directamente a la parte en la cual me das un motivo por el cual querías llevarte las llaves? —indagó dándose vuelta con una ceja alzada—, habla.
—Mi hermana desapareció y nadie me lo dijo, señor. Necesito ir a mi pueblo para encontrarla.
—Oh, lo siento Gillian, es una verdadera tragedia. Pero recuerda que no puedes irte de aquí a menos que estés autorizado.
—¿Lo podría hacer? Mi hermana está en peligro y no puedo quedarme aquí de brazos cruzados...
—Ella está muerta, Odair, no hace falta ser un genio para adivinarlo.
—¿Disculpe? —La boca del muchacho se sentía seca por la adrenalina, aquellas palabras le resultaron como un puñetazo en el estómago, no podía creer que el desagradable hombre seguía haciendo de las suyas cuando no era para nada graciosa la situación.
—Lo has escuchado, muchacho, lleva una semana perdida y ninguna muchacha puede sobrevivir en el bosque sola por tantos días.
—Madeline está en problemas y no pienso darla por muerta aún. —El alto tono que usó hizo al hombre arrugar su rostro más de lo normal, entreabrió sus labios pero Gillian fue más rápido al levantarse de un salto para tomar las primeras llaves que alcanzó, se estiró en toda su altura para enfrentar al teniente por primera y posiblemente última vez—. Y es mi última palabra, señor.
—¡Ven aquí ahora mismo, Odair, y tal vez consideraré no arrancarte las extremidades!

Pero él no se detuvo en ningún momento, corrió hacia la salida sin mirar atrás, los pasillos que con anterioridad había recorrido comenzaban a parecerle mucho más largos de lo que eran gracias a los gritos del hombre haciendo eco por todo el edificio. La maleta que llevaba colgada al hombro rebotaba en su espalda irregularmente hasta que fue ganando velocidad y salió al exterior con su respiración alterada.
Afuera todo seguía igual, lluvia y el sol medio oculto dándole un color grisáceo a todo, el camino al estacionamiento estaba lleno de charcos los cuales esquivó saltando en un sprint con sus botas de combate.

Cuando hizo sonar la alarma para quitar el seguir del auto con el botón de la llave una camioneta gris encendió sus farolas justo al lado de él y se frenó con rapidez, abrió la puerta de un tirón para adentrarse en el vehículo ignorando que estaba todo empapado y la tapicería quedaría arruinada de lodo, no era su especialidad conducir camionetas último modelo pero podía igualarse a los vehículos especiales para los soldados.

Salió del estacionamiento condiciendo igual que un ebrio evitando a todos los que comenzaban a salir para buscarle, seguramente el teniente Bob había lanzado la alarma para que le atrapasen por quién sabe qué motivo que debió de exagerar, maniobró con el volante asimilando las escenas de Rápidos y Furiosos aunque detestaba esa clase de películas.
Atravesando vallas de madera con alta velocidad salió volando de la base, fue el único momento en el cual miró hacia atrás por el espejo retrovisor, a lo lejos estaba la inconfundible figura de Bib Hayes y Gillian podía apostar a que el hombre estaba sonriendo.

Aferró sus manos al volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos conduciendo con una velocidad más allá del límite enumerando los problemas que tendría que enfrentar al haber escapado de la base. Todo lo hacía por su pequeña hermano menor al negarse a creer que estuviera muerta aún, Ian creía que ella aún seguía en el bosque de Seanway, y sería él quien la encontraría independientemente de lo que estarían dando por hecho los egoístas que se hacían llamar sus padres.

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