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Mensaje por ANTI el Sáb 25 Feb 2017, 9:48 am

Debido a la falta de escritos completados recientes de mi autoría, he recopilado partes de varios WIPs en los que he trabajado en el último año para mostrar mi(s) estilo(s) de escritura. Por favor, tengan en cuenta que el objetivo final de estos textos son novelas completas, por lo que es posible que no se finalicen en ningún tiempo próximo.

Además, a pesar de que corregí varios errores ortográficos, escribí estos textos con la idea de que serían primeros borradores, lejos de ser un trabajo terminado, revisado y editado apropiadamente. Mantengan eso en mente al leer.

La razón de haber tan pocos extractos y con tantos meses de diferencia es porque me he concentrado en escribir en inglés por la gran mayoría del año. Estos son simplemente los textos en español que siento que más se mantienen verdaderos a mi estilo de escritura.

He puesto esto bajo One Shot's Originales a pesar de no tratarse de un one shot. Consideré ponerlo bajo otra sección, pero ya que todas las demás tratan con novelas de publicación continua y estos trabajos no serán actualizados de momento, decidí en contra de eso. Si hay una sección más adecuada para este tipo de tema, me aseguraré que éste sea movido a tal sección.

Todos los personajes en estas historias son creaciones mías salvo que se indique lo contrario.


SAMPLE A:

Titulo: nyoom.docx
Autor: Litten
Adaptación: No
Género: Drama, sobrenatural
Contenido: Una falla de ser humano adicto al café, tal como el autor, y otros errores de la vida
Advertencias: Ninguna
Otras páginas: No

Actualizado por última vez 17/12/17.


Sus ojos eran negros.

Sacando ese pequeño detalle, el resto de la apariencia de Neona podía ser clasificada como “normal” en una gran mayoría de países: altura promedio, más delgado de lo que debería, piel con una cantidad no alarmante de cicatrices y uñas con todas sus medialunas en ellas. Estaba su cabello, el cual había sido de un castaño claro en algún momento antes de que decidiera bañarlo en decolorante diariamente hasta que terminara blanco, y el cual comenzaría a caer pronto, si las palabras de literalmente todo aquél que lo viera eran de confiar. Metiendo sus lentes de sol a la mezcla, hasta podría ser considerado como un joven con un sentido de la moda influenciado por las modas coreanas y nada más. Nada fuera de lo ordinario.

Pero no podía utilizar lentes de sol todo el tiempo. O podría, pero obtendría algunos comentarios no deseados, además de que haciendo eso ocultaría su maquillaje, y si Neona gustaba de algo, era de presumir sus alas perfectamente delineadas. Así que utilizaba los lentes de sol cuando había sol, se los quitaba cuando estaba adentro, y soportaba los problemas que traía consigo tener ojos negros.

Eran más de los que uno imagina.

Así es como terminó con una gran cantidad de problemas que lo siguieron hasta la adultez, de los cuales una buena cantidad podían ser atribuidos al color de sus ojos. Otros no tenían excusa, como su incapacidad de estar en lugares con demasiada gente, o estar en lugares donde era forzado a hablar con gente, o gente en general; su ansiedad era completamente su culpa, y si tenía que apuntar dedos, sería a su cerebro, no a sus ojos. Pero la idea estaba ahí, a simple vista, y era un concepto que ya había aceptado como realidad: Neona era una basura de persona, lejos de ser un adulto apropiado como debería, y siempre sería así. No tenía que ver nada con ojos negros, maldiciones, o mala suerte; así es como era su personaje, y no había nada que hacer al respecto.

—No sos tan malo —opinó Saru, con esa misma arruga que aparecía en sus cejas cada vez que hablaba sobre esto, labios curvados en descontento. Lucía ridículo en la campera dos veces más grande que él que insistía en utilizar en la época invernal, pero lo que evitaba que Neona pudiera tomarlo en serio era su bufanda, la cual imitaba las patas de un oso, y la capucha que completaba la imagen del tierno animal.

Si alguien le fuera a preguntar qué estaba haciendo tomando un café con un estudiante de secundaria, no sabría qué responder, pues no tenía idea alguna de cómo llegó a esta situación. Su relación con Saru Naero era tan complicada como el pasado de mudanza entre los dos, el cual se cruzaba y enredaba de maneras tan ridículas y frecuentes que parecería que viajaron juntos toda su vida; sólo se rehusaban a compartir vehículo. Desarrollar una amistad en esas circunstancias sería extraño, pero no inusual, aunque no iría a los extremos de llamar lo que sea que había entre ambos “amistad”. Era más como una relación mutua en la que dos antisociales se beneficiaban de la presencia de otro ser humano, si bien sólo para no terminar enloqueciendo.

El hecho de que ambos tenían un gusto por la cafeína y compartían la opinión de que el café dulce era superior al amargo era un plus. Se veían frecuentemente en el invierno, y aunque sus fondos monetarios sufrían durante esta época, no le importaba pagar siempre y cuando el café fuera bueno.

—¿Cómo anda Soléis? —cambió de tema, sabiendo bien que su estatus como basura humana no era algo de lo que Saru le gustara hablar.

Saru siguió frunciendo el labio, pero al menos la arruga se había ido de su rostro. Envolviendo sus manos en la taza caliente en frente suyo, tomó un sorbo largo de la bebida antes de responder.

—Como siempre.

—¿Qué problemas anda causando ahora nuestro querido Sol ahora?

—Causando, no; pero se está metiendo en uno en la escuela. Uno grande. Algunos dicen que va a terminar en guerra.

Neona arqueó una ceja.

—¿Guerra?

—No querés saber —respondió Saru antes de tomar otro sorbo, y Neona no preguntó más. Saru disfrutaba de contar las aventuras de Soléis; Neona tenía la teoría de que era algo sobre ser la mitad con sentido común de la amistad, en la que Saru lograba sentirse superior al relatar las estupideces de su amigo y cómo, inevitablemente, terminaba ayudando. Si es que Saru no quería hablar de algo, significaba que era demasiado complicado de explicar, o demasiado exasperante para recordar; tenía la leve sospecha de que eran ambos en este caso.

De todas formas, si de veras terminaba habiendo una guerra, terminaría escuchando de ella. Ya sea por parte de Saru en una de sus citas tomando café, o de Soléis, posiblemente desde el otro lado de una línea telefónica en una comisaría.

Neona tomó un sorbo de su propio café mientras esperaba a que Saru comenzara a hablar de nuevo. Gran parte de su no-amistad estaba conformada por silencio, algo de esperar de dos personas con las habilidades sociales de una piedra, pero no era un silencio incómodo, así que ninguno tenía la necesidad de llenar el vacío con palabras. Esto terminaba en momentos donde lo único que tenían para hacer era tomar café y observar sus alrededores, pero como Neona ya había visto suficiente del restaurante para saber que no había absolutamente nada interesante sobre éste, decidió observar a Saru en su lugar.

No había mucho para decir: era más bajo que Neona por casi una cabeza y contaba con un cuerpo tonificado y la cara de un bebé, lo primero gracias a todo el ejercicio que sus padres lo forzaron a hacer, siempre un deporte nuevo por cada ciudad que visitaban. Aunque últimamente dejó la actividad física, por lo que su cuerpo musculoso estaba lentamente convirtiéndose en huesos, mostrando lo realmente delgado que era. Su piel era blanca como la porcelana y su cabello negro como el abismo, con unos ojos marrones que eran rojos cuando no tenía sus lentes y era forzado a utilizar los contactos que Soléis había alterado detrás de su espalda y aún no cambiaba. Era alguien más con problemas por sus ojos, aunque no en el mismo nivel que Neona, por lo que nunca entendería por completo la situación del mismo.

No sabía si era la mirada intensamente incómoda que iba en su dirección o el hecho de que había terminado su café, pero Saru aclaró su garganta y volvió a hablar, esta vez con ese indicio de emoción que había en su voz cada vez que hablaban sobre su cosa favorita.

Café.

—Escuché de este lugar —comenzó, una sonrisa emocionada adornando su rostro— que se supone que vende el mejor café de la ciudad por nada. Na. Da. Tienen los precios de hace diez años cuando ustedes adultos aún no habían arruinado la economía —Neona sonrió ante eso, encontrando divertido el hecho de que Saru lo incluyera con los adultos de esa época cuando sólo era 5 años mayor que el chico— y funcionan exclusivamente con propinas.

—¿Sólo propinas? ¿En serio?

—No sé, supongo. Es es lo que escuché. El lugar es exclusivo o algo por el estilo: sólo gente que conoce a los empleados puede ir, ni siquiera gente con mucha plata, políticos, mafiosos…

—¿Mafiosos? —preguntó, su sonrisa estirándose hasta mostrar sus dientes, completamente entretenido por las palabras de Saru. Mientras que el problema de Neona era que no sabía interactuar con gente, sumado con su ansiedad social, la raíz de la antisocialidad de Saru recaía en su inhabilidad de expresarse de una manera que no era a) fácilmente malinterpretada, o b) vergonzosa.

Las mejillas de Saru se tornaron un color rosáceo, pero siguió hablando como si nada.

—Qué se yo. Gente exclusiva. Si escuchás de un lugar secreto, exclusivo sólo para aquéllos con los contactos correctos, pensás en gente así, no en… No sé, gente como vos y yo. O en Fiamá. Él me contó de esto.

—¿No se suponía que fuera un secreto?

Saru le dio una mirada.

—Ambos sabemos que la tumba de Fiamá no va a tener ningún secreto en ella. Ese chico es físicamente incapaz de mantener secretos.

Neona rió ante eso, pero su mente ya estaba olvidando a Fiamá y concentrándose únicamente en este lugar. Nunca había escuchado de un café con esas características, al menos no en esta ciudad, y si bien no hablaba con casi nadie en su vida diaria, esto sería un tema que definitivamente habría encontrado en un foro online. El hecho de que esta era su primera vez enterándose de este negocio no era sólo inusual, sino que emocionante también.

Notando algo en su rostro, Saru le dio la más felinas de las sonrisas. Lucía extraña en su cara de bebé, aún más considerando que era una sonrisa que estaba acostumbrado a ver en Soléis, no en Saru.

—¿Querés ir?

[…]

SAMPLE B:

Titulo: dead yuna v(?).docx
Autor: Litten
Adaptación: No
Género: Fantasía, drama, romance
Contenido: Otro inicio para la misma historia
Advertencias: Ninguna
Otras páginas: No

Actualizado por última vez 23/09/17. (Edited again 11/12/17.)


A diferencia de lo que se muestra en esas series donde el protagonista puede ver fantasmas que fueron populares en su época, antes de ser tristemente reemplazadas por series de policías con dúos dinámicos y películas rehusadas de superhéroes, no es tan fácil distinguir a alguien muerto de uno vivo. Por eso, cuando Alestar tomó asiento en la pequeña sala de espera, al principio pensó que habían otras dos personas también esperando con él.

La que inmediatamente llamó su atención fue la del chico esperando frente suyo, quien lucía más como una bolsa de golpear que como una persona por el estado de su rostro, cubierto de gasa y cinta de papel y pintado de violeta y verde donde no había vendaje. Era obvio por sus nudillos cortados y las manchas en su uniforme, sangre seca que nunca salió por completo, que el estudiante era Problemas con una P mayúscula, y la pregunta de cómo es que no había sido suspendido o expulsado de la institución rondaba en la cabeza de Alestar como una mosca molesta de la que no podía deshacerse sin importar cuantos manotazos diera. ¿Tal vez por eso estaba esperando afuera de la oficina de la directora? Finalmente habían decidido que suficiente era suficiente; estaban listos para limpiar sus manos del delincuente y deshacerse de él.

Su cabello era blanco como la nieve y no podía ver sus ojos, escondidos por su flequillo mientras miraba abajo a su celular, pero sí podía ver su nariz arrugada y sus dedos apretando el aparato con más fuerza de la necesaria. Lo que sea que estuviera viendo en la pantalla, no debía ser bueno, y Alestar no podía esperar para que lo llamaran así podía alejarse del chico que, por todo lo que sabía, que era casi nada, podría tener un arrebato violento y atacar a cualquiera que estuviera cerca.

Siendo una de las otras dos personas en la sala, Alestar tenía razones para estar preocupado, incluso si no tenían base alguna. El chico podría ser la víctima de un bullying intenso que terminó a los golpes, pero lo dudaba bastante; había visto suficiente fantasmas para saber cuáles eran ocasionados por situaciones así, y el albino no tenía el mismo aire que ellos. Parecía más como el hostigador que la víctima.

Si alguien parecía una víctima, tendría que ser el otro chico en la sala. Estaba alejado de ambos, cruzado de piernas en una silla cerca de la esquina, pero su miraba nunca dejaba la figura del delincuente. Había una sonrisa en la esquina de sus labios que no tenía razón alguna, pero algo era claro: había algo sobre el albino que le causaba inmensa gracia.

Se habría quedado mirando sus hombros subir y bajar en una risa silenciosa si su cabello no fuera tan llamativo, distrayéndolo de su probablemente intrusiva observación: mechones rosados tomaban la forma de unos rulos desarmados que caían sobre su frente, cubriendo cejas marrones y casi llegando a unos ojos verdes apagados.

Ah.

[...]

SAMPLE C:

Titulo: glaive daemon prompto v1.docx
Autor: Litten
Adaptación: No
Género: Fantasía, drama, romance
Contenido: El primer borrador de un primer borrador de un borrador cero
Advertencias: Ninguna
Otras páginas: No

Actualizado por última vez 15/08/17. (Edited again 11/12/17.)
Nota: los personajes de este relato pertenecen a la franquicia de Final Fantasy XV.



Todo era destrucción a su alrededor. Los daemons, atacando desde todas partes, intentando trepar el muro y por poco consiguiendolo; los MTs, apareciendo en naves que nunca parecían terminar de llegar, disparando a todo lo que se moviera y no llevara los colores del Imperio; los Glaive, warping de lado a lado y haciendo lo mejor para sobrevivir, pero más que nada, para proteger el muro, for hearth and home.

Y Prompto estaba en el medio del caos, dagas en mano y listo para morir en cualquier momento.

Oh, esto sí que había sido una muy mala idea.

Desde un punto de vista objetivo, infiltrarse a Lucis a través de los Kingsglaive había sido una idea estúpida. Ni siquiera estaban cerca de Insomnia: pasaban sus días protegiendo el muro exterior de ataques de Niflheim y sus noches bebiendo en tabernas de mala muerte. Habría sido mejor entrar con documentos falsos, o dentro de la cajuela de un auto, o robandole la identidad a un pobre bastardo con suficiente autoridad para que no fuera cuestionada su entrada y salida de la ciudad. Pero no; Prompto había decidido tomar la identidad de un refugiado, de alguien que había visto todo lo que amaba ser destruido por el mismo Imperio al que servía.

“Servir” era una palabra engañosa. Él no estaba a favor del Imperio, no luego de lo que le hicieron. Pero él era parte de la unidad de Aranea, escogida personalmente por ella cuando el Imperio fue a su puerta exigiendo que se una a las fuerzas. Fueron las bolsas de gil que trajeron con ellos las que la convencieron, pero Aranea es una mujer que juega por sus propias reglas: su propia unidad, llena de gente que puede confiar, y cuánta libertad pudiera tener bajo el mando del Canciller.

Todas sus demandas fueron satisfechas, creando lo que podría ser el lugar perfecto para comenzar una revolución.

Y Prompto no estaba seguro de si eso es lo que estaba sucediendo. Aranea, a pesar de ser guiada únicamente por monedas, era alguien con morales tallados en piedra. Seguramente alguno de estos días algo pasaría, y Prompto tendría la oportunidad de clavarle una bala en la cabeza al Emperador, al Canciller y al resto de las personas que controlaban lo que en otro momento hubiera llamado su hogar con orgullo.

Ahora, sin embargo, tenía otro objetivo. Otra persona a la cual matar con una sola bala, y quien estaba demasiado lejos para su gusto.

Ugh, en serio, ser un Kingsglaive había sido una muy, muy mala idea.

—¡Prompto! —La voz de Nyx cortó en el aire mientras el hombre se encargaba de muy amablemente quitarlo del camino cuando un daemon fue por su cabeza. En otras palabras, lo había tackleado al piso y ahora su uniforme estaba rasgado. Bien. Genial—. No es momento de soñar despierto, ¡vamos!

Nyx era uno de los pocos Glaive que le agradaba a Prompto. El Héroe. No lucía como uno a menos que estuviera en el campo de batalla, y Prompto lo prefería cuando estaba fuera de éste, actuando como lo haría Aranea antes de convertirse en mercenaria.

Culpaba su nostalgia, encontrando un poco de su hogar en un hombre que tampoco era de Lucis. Si bien no extrañaba el Imperio, extrañaba Niflheim, con su nieve blanca y su gente y sus comidas, cosas que nunca pensó que echaría de menos y llegaban a su mente en los peores momentos, pensando en un buen plato de pirozhki a las 3 de la mañana o en un juego de póker con Biggs y Wedge en medio de una reunión con Drautos y Cor.

[...]

SAMPLE D:

Titulo: starstruck + stareater prom v1.docx
Autor: Litten
Adaptación: No
Género: Ciencia ficción
Contenido: Las estrellas no son digeribles, en serio deberían saber esto
Advertencias: Ninguna
Otras páginas: No

Actualizado por última vez 10/08/17. (Edited again 11/12/17.)
Nota: el personaje de Prompto pertenece a la franquicia de Final Fantasy XV.



Prompto no debería haber comido esa estrella.

No sabía por qué lo hizo. Fue una decisión de último momento, nacida del pánico de ver la estrella lentamente perder su brillo, yendo de una pequeña bola de luz tibia al tacto a lo que pronto no sería más que una piedra negra, fría, apenas diferente de cualquiera que había a su alrededor sólo porque, ahora que la luz no era tan cegadora, podía ver una grieta en su superficie.

Sabía vagamente que había sangre en su rostro y un dolor punzante en su pecho, resultado de la colisión con la estrella cuando ésta cayó del cielo en medio de su sesión de fotos solitaria, colisionando con varios árboles antes de llegar a él; pero no podía preocuparse por esto cuando la estrella estaba muriendo. La urgencia de la situación, la cruda necesidad de salvarla cueste lo que cueste, era suficiente para inundar su mente con maneras de mantenerla viva, ideas absurdas y sin sentido porque ¿cómo se salva una estrella?

Y luego vino la voz. Un susurro apenas audible sobre el sonido de la sangre corriendo en sus oídos.

¿Por qué no la comés?

Era estúpido, la más ridícula de las pocas soluciones que encontró en los minutos que tuvo la estrella entre sus frías manos, pero por un momento pareció como la mejor idea que se le hubiera ocurrido en su vida. Claro, ¡comer la estrella! ¡Obvio! ¿Cómo no se le ocurrió antes? Así que, con una sonrisa dolorosa, soltó una risa desesperada antes de llevar la pequeña bola de luz a su boca.

Lo primero que sintió fue el gusto. Como a azúcar quemado, y tal vez fue su imaginación la que agregó el toque de vainilla, casi como si estuviera degustando un flan del espacio exterior. Luego siguió la sensación de haber tomado agua hirviendo, quemando su boca y garganta mientras la estrella seguía su camino; la había tragado entera, y pronto el calor se extendió de su boca a su estómago y de su estómago al resto de su cuerpo. Todo se sentía como si se estuviera quemando desde adentro, y Prompto se preguntó entre pensamientos de dolor y muerte si así es como se sentía la combustión espontánea humana de la que tanto hablaban los canales de misterio y teorías conspirativas que miraba con Iris.

Sus rodillas fueron al piso cuando sus piernas no pudieron sostenerlo más y sus manos terminaron contra algunas de las piedras, cortandolas y sacando sangre. Esta herida apenas podía ser distinguida del daño causado por la estrella, y Prompto hizo de un puño sus manos, intentando detener el sangrado, dando arcadas y llorando lágrimas que no eran lo suficientemente saladas para ahogar el sabor dulce en su boca.

El dolor comenzó a disminuir horas más tardes. Prompto apoyó su frente contra sus nudillos y cerró sus ojos con fuerza, aguantando lo último de la estrella y sintiendo nada más que alivio cuando ésta se volvió tolerable hasta el punto en el que no prefería la muerte antes del fuego dentro suyo.

Si bien se sentían como horas, la realidad es que no habían pasado más de quince minutos desde que la estrella hizo contacto, pero Prompto colapsó como si así hubiera sido. Estaba exhausto, su garganta ardía como el infierno mismo, y una parte suya, la parte más racional en esta situación fantástica que no estaba cuestionando apropiadamente como debería, no ayudaba mucho, estando algo decepcionada cuando no se quemó desde adentro hacia afuera como una víctima de SHC.

Sólo Prompto podría estar pensando en algo así cuando casi acababa de morir por una estrella que cayó del cielo y que, en su gran momento de pánico, puso en su boca y tragó completa.

Es por eso que, si se habla de Prompto, tiene completo sentido que su preocupación inminente, después de la realización de que no había muerto en una pila de cenizas con sólo sus piernas, medias y zapatillas de chocobos quedando intactas, era saber si la estrella dentro suyo seguía viva. Ciertamente parecía así: podía sentirla dentro suyo, calentándolo en la fría noche de invierno como su propio calefactor interno, dándole la misma sensación que tenía luego de comer hasta quedar lleno. Y sí, estaba lleno: había comido una estrella; suponía que eso debía llenarte en un sentido cósmico.

[...]

SAMPLE E:

Titulo: high school au but with dead yuna.odt
Autor: Litten
Adaptación: No
Género: Fantasía, romance, drama
Contenido: Una sorpresa en una fecha especial y charlas del pasado
Advertencias: Menciones de muerte
Otras páginas: No

Actualizado por última vez 25/02/17. (Edited again 6/12/17.)


Era el aniversario de la muerte de Yuna. Qytia, como siempre, salía de su casa a la mañana, bajo la luz del sol veraniego y escapando de ésta entre sombras de edificios y árboles verdes. Era un largo camino por las calles pequeñas hacia la playa, trepando montañas asfaltadas y bajando colinas torpemente, pero era una buena manera de hacerle pensar, meciendo la pequeña bolsa en su mano de un lado a otro.

La tela era de un color rosáceo medio transparente, cerrada con un listón blanco atado en un moño. La bolsita contenía un par de piedras pequeñas, lisas y de un tono rosa, que hacían un sonido gracioso cada vez que se mezclaban. Qytia disfrutaba de moverlas de un lado a otro, aprovechando de ellas antes de que tuviera que entregarlas.

Era el primer regalo apropiado que conseguía. En años anteriores había llevado las piedras en su bolsillo o en el mismo envoltorio en las que las había comprado, lo cual no le había parecido tan mal, pero conociendo a Yuna, él seguro gustaría de una mejor presentación. Tal vez le agregaría estrellas a la bolsa el año que viene.

El camino a la playa pronto apareció en su vista, pero ese no era el lugar a donde quería ir. Siguió de largo, pasando el cartel con un gato pintado en aerosol arriba del nombre de la playa, adentrándose a los bosques que subían la montaña al lado del mar. A pesar de ser un gran bosque donde los niños no se suponían que fueran, le fue fácil encontrar el camino hacia su escondite, habiendo pasado por allí cientos de veces desde que tenía memoria. Las primeras veces fue con su hermana mayor, quien con sólo once años ya arrastraba a sus hermanos y hermanas menores a investigar el bosque en busca de aventuras. Qytia tenía apenas dos años la primera vez que entró de la mano de Ituna, pero desde entonces nunca se ha podido mantener alejado de los árboles y la tranquilidad que venía de estar lejos de todo el mundo.

Fue idea de Yuna construir una base. Un escondite debajo de un árbol de grandes ramas en el borde del acantilado que daba a la playa. Qytia nunca le dijo a su familia y Yuna no le contó a nadie, permaneciendo un secreto entre los dos por el pasar de los años.

Ahora era un secreto que una sola persona mantenía. Fácil de guardar, pero solitario.

En el escondite, sin embargo, no se sentía como si Yuna ya no estuviera vivo. Cuando Qytia visitaba el lugar en días donde el mundo se volvía demasiado para enfrentarlo solo, podía sentir a Yuna a su lado, ofreciendo apoyo desde la tumba. Si se concentraba lo suficiente, podría sentir una mano rozando la suya, un vistazo de rosado de reojo, una risa que la llevaba el viento y le traía un sentimiento profundo de melancolía. Por eso era el lugar al que iba cuando quería ver a Yuna de nuevo; no una tumba con flores, sino un árbol con piedras.

Este año, sin embargo, había alguien más.

[…]

—¿Qytia sabe cómo moriste? —No había querido que la pregunta saliera de sus labios. Yuna ni siquiera estaba alrededor suyo cuando lo dijo, pero apareció a su lado en un instante, su rostro blanco en una perfecta cara de póker.

—Sabe una parte —contestó, antes de mirarlo con genuina curiosidad—. ¿Estamos en esa parte ya? ¿La parte de la amistad donde desbloqueas mi pasado trágico?

—Uhh...

—Porque si es así, quiero escuchar el tuyo primero. —Yuna se elevó hasta sentarse en una de las ramas de los árboles. Ésta se movió en lo más mínimo, prueba de que Yuna tenía nada más que una vaga presencia en el mundo terrenal.

Yuna había muerto recientemente. Sólo espíritus que llevaban mucho tiempo recorriendo la tierra, dejando que su enojo y tristeza les consumieran desde adentro por años, podían afectar el mundo de manera significativa.

—No es que tenga un Pasado Trágico...

—Me estás diciendo que un nene que puede ver fantasmas desde los pañales nunca tuvo ningún evento traumático, ningún encuentro con un demonio, un espíritu vengativo, ¿nada?

Aunque sí tuvo varias experiencias desagradables a lo largo de los años, lo peor que se le venía a la mente era esa vez que sus amigos en la escuela decidieron jugar con una ouija. Eso terminó mal. Muy mal. Pero el único trauma que había salido de ese incidente eran las náuseas y la reacción instintiva de huir al ver un tablero de ouija.

Alestar suspiró. Hablar con Yuna le recordaba a hablar con su excéntrico padre y sólo había una manera de hacer eso.

—Supongo que lo que moldeó mi personaje no fue un evento en específico, sino un cambio gradual causado en su mayoría por el hecho de que puedo ver fantasmas y las consecuencias directamente vinculadas con ese hecho, como mi incapacidad de ir a cementerios o esa vez en el viaje de séptimo que me pasé gritando todo el día que estuvimos en el parque de diversiones.

Yuna lucia impresionado.

—¿Tan mal? —preguntó.

—De ahí viene mi firme posición en el debate sobre si los parques de diversiones son divertidos o sólo grandes máquinas de la muerte esperando por víctimas.

—Me imagino cuál es tu opinión.

[…]

SAMPLE F:

Titulo: ñagsuñdgañdadga.docx
Autor: Litten
Adaptación: No
Género: Fantasía
Contenido: Tormentas, gatos y malos vecinos
Advertencias: Ninguna
Otras páginas: No

Actualizado por última vez 03/02/17.


Era una noche fresca, con un viento frío trayendo una tormenta desde el mar y el calor del sol ya habiendo desaparecido del asfalto hace rato. No estaba vestido para esto; su remera era demasiado fina para ser considerada apropiada para la estación de invierno, sus pantalones le llegaban hasta debajo de la rodilla y no traía zapatos o medias. Tal vez si hubiera tenido un poco más de tiempo podría haberse detenido para buscar una campera o ponerse las zapatillas que estaban cerca de la puerta desde que comenzaron las vacaciones, pero Chuchi se había movido demasiado rápido y no tenía intenciones de dejarla escaparse con este mal tiempo.

Chuchi era una gata callejera, con pelaje negro y blanco, su marca característica siendo una mancha negra debajo de su nariz que se parecía peligrosamente a un bigote y sus patas siendo blancas, luciendo como unas botas. Ella era, lejos, la gata más hermosa de todo el vecindario. Y era una diva, haciendo lo que se le cantaba la gana a toda hora del día, como ahora, que se le pareció dar un paseo.

Y ahora debía ir a buscarla, en pijamas y con una tormenta avecinándose. Tal vez debería haberse detenido para buscar un paraguas.

Bueno, Qytia nunca había sido la persona más inteligente. Salir corriendo detrás de su mascota sin pensarlo dos veces era algo que él haría; parar para pensar claramente, juntar las cosas que necesitaba, o sólo idear un plan para buscarla más efectivamente no era lo suyo.

El piso estaba frío, sucio y lleno de porquerías que le hacían pensar que el calzado debió haber sido una de las mejores invenciones de la humanidad. Aun si estaba caminando (corriendo, en realidad, mientras gritaba el nombre de su gata esperando que fuera lo suficientemente alto para que ella le escuchara, pero no tanto como para que los vecinos se quejaran más tarde) por la vereda, ésta no era la cosa más cuidada del mundo. Pero era mejor que caminar por la calle; no pasaba ningún auto, siendo ya de madrugada, pero el asfalto estaba descuidado y completamente arruinado en algunas partes que podía imaginar lo doloroso que sería pisar la superficie.

Sólo podía concentrarse en dos cosas por ahora: encontrar a Chuchi y no pisar un vidrio por accidente. Había pasado suficiente tiempo para que la tormenta estuviera a punto de llegar, cargando el aire de electricidad y haciendo que su ansiedad se volviera peor. Se sentía urgente que encontrara a Chuchi antes de que la primera gota cayera y los rayos, luces a la distancia de momento, le alcanzaran.

Ale, su hermano mayor, estaba obsesionado con las tormentas, siempre diciéndole que estaba sorprendido que más personas no murieran al ser alcanzados por rayos considerando lo descuidadas que podían ser. Aunque nunca le prestó mucha atención, entendía que los rayos podían ser peligrosos. Mortales, incluso. Más que preocupado por sí mismo, temía que Chuchi fuera alcanzada por uno.

—¡Chuchi…! Mierda, ¡Chuchi, vení!

—¿Quién está gritando a esta hora? –se quejó uno de sus vecinos, asomándose por la ventana—. ¡Ey, vos, callate!

—Mierda —dijo Qytia bajo su aliento—. Perdón, yo sólo-

Antes de que pudiera terminar, Qytia mordió su lengua.

Fue involuntario. En un momento estaba bien, y de la nada, un dolor agudo venia de todo su cuerpo. Sus manos se cerraron en puños, sus piernas perdieron la fuerza y cayó al suelo con la sensación de que su cuerpo estaba dormido, sintiendo ese hormigueo doloroso igual a cuando movía su mano o su pierna luego de mantenerla en una posición incómoda por mucho tiempo.

Tenía la vaga sensación de que había visto una luz intensa antes de que esto pasara. Su vista estaba nublada, como si hubiera observado un foco por mucho tiempo, pero en vez de ser una pequeña mancha, eran varias manchas grandes que lo dejaban casi ciego.

Aunque la sensación se fue tan rápido como vino, aun así le costó mover sus dedos y tenía un pitido en su oído del cual recién se daba cuenta. Su pecho también dolía, aunque no se sentía como algo grave; su corazón no iba a parar de repente, al menos. Tal vez.

¿Esto es lo que pasa cuando te alcanza un rayo? Bueno, creía que le había alcanzado un rayo. Si no había sucedido eso, ¿entonces qué?

Estaba intentando levantarse del suelo cuando vio al vecino de antes salir de su casa con su celular en mano. Era un hombre a la vuelta de su casa con el que había hablado tal vez dos veces desde que se mudó; una para preguntarle dónde había un kiosko cerca, y otra cuando el hombre creyó que estaba viéndole el culo a su hija. Debió soportar una advertencia que sonaba peligrosamente cercana a un monólogo por un hombre triste que solo tenía a su hija, a quien tenía que proteger de los oh tan horribles hombres persiguiéndola diariamente. Aunque desde el principio pensaba decirle, no tuvo oportunidad alguna para aclararle al hombre que era gay.

—Ey, amigo, ¡te alcanzó un rayo! ¿Estás bien? –preguntó el hombre antes de llegar a su lado. Había extendido su mano para ayudarle a levantarse cuando se dio cuenta de quién se trataba, inmediatamente retirando su mano—. Ah, sos vos. Entonces no necesito llamar a la ambulancia.

Dejándolo en la vereda por su cuenta, el hombre guardó su celular en su bolsillo, dio media vuelta y volvió a su casa. Vaya vecinos buenos que tenía.

Amasó todos los insultos en la punta de su lengua, dejándolos escapar como una gran bola de comida que no quería tragar. Puso sus manos en el piso e intentó levantarse, encontrándolo más fácil de lo que creía, salvo por su balance que casi le hace caerse de nuevo. Lo único que quería era encontrar a Chuchi e irse a su casa a dormir. ¿O debería llamar a la ambulancia que su vecino había mencionado? No sabía exactamente qué tan peligrosos eran los rayos. Aunque sabía que podían ser mortales, se sentía bien. Bastante bien, de hecho. Sus dedos seguían crispándose cada tanto, pero más que eso, se sentía como si el dolor de antes no hubiera sido nada más que una desilusión creada por el rayo; en realidad, no había nada malo en él ni nunca lo hubo.

Un maullido vino de un arbusto cercano del que Chuchi salió, tan elegante como siempre, sin darse cuenta de todos los problemas que había causado. Y si se daba cuenta, elegía ignorarlo, caminando hacia Qytia tranquilamente y refregándose contra su pierna.

—Ahí estas –sonrió antes de levantarla. Aunque la tormenta ya estaba arriba suyo y las primeras gotas habían comenzado a caer, no se apresuró a su casa, confortado por el saber de que un rayo no caía en el mismo lugar dos veces.

[…]

SAMPLE G:

Titulo: ane alexe alien au.odt
Autor: Litten
Adaptación: No
Género: Ciencia ficción
Contenido: Un chico desilusionado con demasiada cafeína en su sistema
Advertencias: Ninguna
Otras páginas: No

Actualizado por última vez 28/01/17.
Nota: el personaje de Ane le pertenece a un amigo mío.



Ane no podía dejar de mirar su celular, deseando que alguien le contactara de una vez. Sabía que eran las tres de la mañana en un martes en el medio del invierno, lo cual aseguraba que todos sus amigos estuvieran escondiéndose en sus camas en vez de escuchando a Ane hablar sobre el ultimo avistamiento en su ciudad, pero estaba funcionando puramente en cafeína y adrenalina y eso también aseguraba que no le importara una mierda. Eventualmente terminaría despertando a alguno y tendrían que prestarle atención.

Estaba tomando un descanso de abusar su teclado para tomar otro sorbo de su taza cuando la notificación le llegó. Su celular vibró a su lado, pero era más rápido fijarse en la computadora, donde la foto de un chico de cabello negro se encontraba severamente distorsionada. Apenas podía notarse su expresión irritada, aunque era obvio que era Alestar por su peinado de alguien recién salido de la cama.

«Que mierda queres» leía el mensaje. Ane sonrió satisfecho y decidió mandarle un audio a su amigo, sabiendo muy bien que pedirle que leyera algo ahora mismo sólo lograría que volviera a dormirse. Usar la voz era igual de riesgoso, por lo que su única opción era meter algunas bocinas cada cuantas oraciones para despertar a Alestar, sólo por si acaso.

Describió todo con puro detalle, tal como lo recordaba. Habló sobre el viento frio mientras caminaba por el bosque, las hojas crujiendo debajo de sus zapatillas y la luz que vio entre los árboles. El olor a metal quemado fue tan fuerte que se detuvo un poco en éste para asegurarse de que Alestar entendiera exactamente lo que había sentido cuando lo olió mientras se acercaba a la nave. Omitió la parte en la que casi se cayó de culo cuando bajaba el pequeño cráter que la colisión había creado; Alestar no necesitaba saber eso.

Estaba bien pasando siete audios, cada uno de tres minutos, cuando se dio cuenta de que Alestar no había escuchado ni uno. Frunció el ceño y decidió llamarlo, ya que seguro se había dormido de vuelta sin siquiera escuchar sobre su descubrimiento, lo cual estaba mal porque todo el mundo debería saber sobre esto. Una vez saliera el sol intentaría llamar a la radio local para ver si iban a hacer una nota en la nave espacial que encontró en el bosque, preguntándose si esta vez serian lo suficientemente rápidos para llegar antes que los agentes gubernamentales.

Alestar contestó a la tercera llamada, su voz áspera rompiendo cada palabra que salía de su boca.

—Ane, quiero dormir —manejó para comprender Ane, aunque Alestar podría estar hablando en otro idioma completamente por lo poco que se le entendía; por esto era mejor mensajearse—. No me importa si encontraste un alien o a la Reina en tu patio, me lo podés decir mañana.

—Fue un alien —confirmó, su voz animada sonando mucho más fuerte de lo que quería en el silencio de la noche. Esperaba que su vecina, la vieja y posiblemente asesina serial Cordelia Quinn, no se quejara de nuevo.

—Siempre es lo mismo, Ane —suspiró Alestar—. ¿Encontraste el alien?

—Bueno, no, pero la nave-

—Ane, —Un plof se escuchó del otro lado de la línea, seguro Alestar desplomándose sobre su almohada, contando los segundos para volver a dormir—, sabés cómo funciona esto. Sin cuerpo, no sirve.

Un minuto pasó en silencio, luego dos y tres. Varias veces Ane abrió la boca listo para explicarle a Alestar que eso no importaba, que esto era grande, importante, aun si no había encontrado al alien dentro de la nave, pero terminó cerrando la boca porque era verdad: sin un cuerpo, no importara cuánta evidencia recolectara, cuántas luces en el cielo filmara, cuántos pedazos de chatarra espacial encontrara, no serviría de nada.

—Ya sé —terminó susurrando, finalmente sintiendo lo exhausto que estaba—. Pero quiero creer.

[…]
ANTI


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