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Mensaje por hemmo. el Dom 12 Feb 2017, 11:30 pm


Ficha de la serie

• Titulo: Stay
• Autor: hemmo.
• Adaptación: No
• Género: Comedia romántica
• Contenido: Uso de malas palabras y alcohol.
• Advertencias: Solo la subo acá porque le tengo mucho aprecio al foro y tenía ganas de publicar algo.
• Otras páginas: stay en wattpad




STAY

De todas las cosas del mundo, Zara Cillessen sólo odiaba tres.
 
La primera de ellas eran las arañas. La segunda,  las zanahorias. Y la tercera no era una cosa, sino una persona llamada Michael Clifford... lástima que viviese con él.

© ALDANA
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Mensaje por hemmo. el Dom 12 Feb 2017, 11:37 pm


capítulo uno


Cuando mi mamá abrió la puerta, supe que mi hermana mayor y su novio habían llegado. Sus visitas siempre eran meticulosamente previstas de tal forma que la reunión familiar que se llevase a cabo fuese totalmente correcta. Mi madre era el tipo de mujer que se fijaba en todo, desde la posición de los cubiertos hasta la suela de los zapatos, ella había tenido suerte al casarse con alguien de mucho dinero y tener la vida servida, sin embargo, siempre se había dedicado a juzgar y tratar de tener todo en perfecto orden. Mi hermana Clara era igual que ella.
Clara era una pequeña Bianca Rocuzzo en potencia: cabello rubio, ojos claros, pómulos marcados… las dos parecían muñecas de porcelana –incluso si mi mamá rozaba los cincuenta años. Ella se llamaba así porque mi mamá decía que había llegado como una luz a su vida y que era, a parte, un pequeño homenaje a mi abuela Clara Vaccani, yo me llamaba Zara porque mi mamá rompió fuente en esa tienda.
Aún así, tanto mi mamá como mi hermana, y también podría decirse que mi abuela, causaban algo en las personas; ese algo que las niñas pequeñas ven y dicen “¡Wow! Quiero ser como ellas”, y yo, lamentablemente, no lo había heredado. Lo único parecido que tenía a la familia de mi mamá eran los ojos azules y las pecas de mi abuelo Carlo; mis facciones se parecían más a las de mi padre y nadie entendía el porqué de mi cabello pelirrojo. A mí no me molestaba ser pelirroja, era algo más que me diferenciaba de mi familia y me gustaba.
— ¡Zara Cillessen! –la voz de mi mamá resonó en mi alcoba, a pesar de los años su acento italiano seguía siendo marcado y tosco. –Tu hermana ya está aquí, baja a verla.
Yo asentí con la cabeza porque no quería hacerla enfadar. Me levanté de mi casa con cansancio y dejé mis auriculares y mi iPod en la mesa de luz, con la música de The Maine sonando aún. Bajé pesada y lentamente cada escalón. Al construir mi casa, mi mamá quería unas escaleras cortas, pero mi papá se opuso y dijo que quería unas largas como las de una mansión. Aún seguía sin entender cómo mis padres se casaron y mucho menos cómo llegaron a superar todos los años de convivencia juntos. A mamá le gusta presumir la historia de amor –que antes creía, ahora dudo de su veracidad–, donde mi papá fue a buscarla a Italia en el aeropuerto después de dos meses de relación en Australia. Mi hermana Clara siempre había soñado con una historia así, y la tuvo.
Su novio se llamaba Ashton Irwin, de veintitrés años, y había sido nuestro vecino durante toda nuestra infancia y parte de la adolescencia. Él era un adicto al deporte-cabeza hueca y siempre se reía por todo. Un estúpido total. Pero él se enamoró de Clara a penas la vio y un día se apareció por mi ventana creyendo que era la de ella, comenzó a cantar una canción de los Beatles que yo amaba –y que luego de eso comencé a odiar–, y me dio un pánico enorme porque ¡vamos! Él tenía un flequillo horrendo, acné y una ridícula camiseta púrpura. Mamá pensó que estaba drogado y llamó a la policía, pero la única droga que había tomado era el amor y sólo quería declarársele a mi hermana. Yo no pude dormir una semana luego de eso.
Al poco tiempo, ellos comenzaron a salir y mis padres aceptaron la relación, al igual que los de Ashton –es que todo el mundo quería a Clara Cillessen como nuera, seguramente–. Quizás un año más tarde, a Ashton se le dio por crear un videojuego de fútbol que terminó siendo un éxito en Sídney y luego lo llevaron a Melbourne, luego a Nueva Zelanda, así hasta completar el globo y hacer millonario a Ashton en menos de doce meses. En ese momento fue cuando Clara llamó llorando y diciendo que probablemente Ashton la cambiaría por alguna modelo y que no quería perderlo y todas esas mariconadas y al final él se quedó con ella y con ninguna modelo.
Al llegar al comedor, vi a mi bonita hermana abrazada a Ashton y a mi papá sonriéndoles. Al contrario de Clara o mi madre, yo no quería depender de nadie y si tenía suerte en la vida, podría buscar un buen trabajo y ganar mi propio dinero, porque no planeaba ir a la Universidad.
— ¡Zara! –ella me saludó con una sonrisa y un abrazo. Yo la imité. – ¿Cómo estás?
Nunca había sido particularmente cercana a mi hermana.
— Estoy muy bien, ¿tú? –le respondí con honestidad. Ashton se acercó a mí y me saludó con un beso en la mejilla.
— ¡Pecas! –dijo él y yo le guiñé el ojo.
— Hoyuelos… ¿qué tal?

Pecas y hoyuelos eran unos apodos que habíamos inventado unos… diez, once años atrás. Cuando yo tenía seis y él once. Yo le dije que su hoyuelo era deforme y feo y él dijo que mis pecas eran más feas y que me quedaban mal con mi cabello de zanahoria –aún seguía diciéndome así, pero sólo cuando estábamos solos, porque mi hermana entraría en crisis de celos y mis padres me dirían que no era correcto tener esos juegos –ni que fuesen sexuales–, con el novio de un familiar.
Este tipo de reuniones sólo se daban en los cumpleaños o cuando uno tuviese que decir algo verdaderamente importante, también jugábamos al Star Power para ver qué logros había conseguido cada uno. Mi madre siempre trataba de alentarme con “Seguro la próxima vez harás algo mejor que vencer a tus amigos de Internet en algún juego online" pero yo sabía –y ella también– que no iba a ser así. Usualmente mi mamá decía cosas como "He llamado al podador para que arregle las rosas", Clara algo como "He ido a comprar sandalias que no llegan aquí hasta fines de diciembre" y la disputa sería entre Ashton y mi papá sobre negocios.
— Pasen a la mesa. –mi mamá nos llamó antes de que Ashton y yo nos sumergiésemos en una charla sobre videojuegos, mi hermana se sentiría excluida y probablemente trataría de hacerme hablar sobre moda y ropa y todas esas cosas.
Cada uno ocupó el lugar de siempre; yo me senté a la par de mi mamá, frente a Ashton. La comida estaba servida, básicamente, cada uno tenía dos canelones de carne con salsa encima y un poco de queso. Era un plato bastante sencillo en comparación a los que acostumbraba a hacer mi mamá, pero lo comí sin decir nada porque tenía hambre. Me serví un poco de agua, ya que según mi madre tomar Coca Cola en la mesa estaba mal.
— ¿Qué les parece la comida? –mi papá preguntó en tono amable. Yo levanté el pulgar afirmando. –Me alegra que te guste, Zara. ¿Ustedes, chicos?
Ashton se notaba incómodo, lo que me pareció raro. Mi hermana asintió con la cabeza un par de veces. Al parecer, mamá también notó que ellos estaban incómodos así que miró fijamente a Clara antes de hablar.
— ¿Sucede algo?
Algo en mi instinto de hermana menor me decía que debía ayudar a la pareja a salir de la situación incómoda, así que pensé…
— ¿Y si jugamos Star Power? –intervine. – Tengo algo realmente importante que decirles.
— ¿Qué cosa? –ahora mi mamá volteó a mirarme. –Espero que tu logro de la semana no sea para decirme que derrotaste a otro de tus amigos de Internet.
— No, no. –musité, sin saber que decir. Ese era mi logro. Tuve que vagar en mi mente hasta encontrar algo que complaciese a todos. Ya había metido la pata al tener la atención de mis padres. –Yo… ehm…
— ¿Es lo de la música, verdad? –Ashton farfulló. –Mi amigo Mike está enseñándole algunos acordes en la guitarra, ese es el logro de Zara.
Yo era pésima para tocar instrumentos. No conocía al tal Mike. Aún así, juré por Fall Out Boy que le agradecería mil veces a Ashton por la pequeña ayuda.
— ¿En serio, Zara? ¡Es magnífico! –mamá no salía de su estado de sorpresa. –Me alegro mucho que decidas hacer algo más de tu vida que estar echada frente al televisor.
Bianca Rocuzzo podía parecer compresiva, eso no significaba que lo fuese.
Yo asentí con la cabeza y miré a mi hermana, ella me guiñó el ojo. Sabía que algo muy importante iba a venir, pero… quizás debería dejarlo para el final. La persona con la noticia más escandalosa era la última en hablar en el Star Power, usualmente, era mi papá, aunque a veces Ashton le ganaba. Suspiré y le indiqué a mi mamá que debía seguir.
— Oh, bueno… yo le he llevado una cesta de bienvenida a los nuevos vecinos, lástima que sólo haya visto a uno de ellos. Pero la señora Peterson me ha contado que es un matrimonio joven que viene de Nueva Zelanda, la chica se llama Hayley y…
— Bianca –mi papá interrumpió. –Yo creo que Ashton quiere decir algo.
La relación entre mi papá y Ashton parecía estable, sin embargo nunca me fijé con profundidad cómo eran las cosas entre ellos. Obviamente, y poniéndome en el lugar de mi papá, sería incómodo tener una relación de negocios-familiar con el novio de tu hija predilecta. Sólo esperaba que el día de mañana, si llegaba a conseguir alguien con quién estar, no tuviese que lidiar con lo pesado que era mi papá.
Ashton sólo comentó que su logro había sido terminar de pintar las paredes de su casa solo, mi mamá hizo un chiste al respecto y luego Clara miró a papá, esperando que él continuase.
— Mi logro de la semana es que he aumentado las ganancias un 15% en el último mes.
Mamá le palmeó el hombro y yo le sonreí. Ahora era el turno de mi hermana, que antes de hablar tomó una boconada de aire.
— ¡Ashton y yo vamos a casarnos!
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Re: stay | michael clifford.

Mensaje por hemmo. el Dom 12 Feb 2017, 11:38 pm


capítulo dos



Lo mejor de estar llegando tarde a la prueba de vestuario era poder disfrutar el programa de Lana del Rey en la radio. Fucked my way to the top sonaba en los parlantes de mi Mercedes Benz –regalo de hacía un tiempo, al cumplir la mayoría de edad– , pero la música se vio interrumpida al tener una llamada entrante de Bianca Rocuzzo.
— ¿¡Dónde estás, Zara Cillessen!? –me alejé el celular de la oreja porque mi mamá chilló. Yo odiaba cuando se ponía así.
— En camino, llego en diez. –corté, no tenía ganas de escucharla. Además, estaba segura que cuando pisase el local donde estaba, ella ardería en retos sobre la impuntualidad.
Lo cierto era que no tenía ni una pizca de emoción por el casamiento de mi hermana, mi mamá en cambio estaba hecha una bola de nervios porque su única hija decente iría al altar con un joven encantador, lo que ella había querido siempre, quizás no para mí, pero sí para Clara porque ella era mil y un veces mejor que yo. Mardy Bum de Arctic Monkeys comenzó, anunciando que la hora de Lana había terminado y que yo estaba más de un cuarto de hora atrasada.
Suspiré. ¿Por qué de todos los estudios de diseñadores mi hermana había elegido uno que quedaba a cuarenta minutos de casa? Probablemente, llegaría cuando todas hubiesen terminado de probarse sus cosas y ya tuviesen todo listo, como siempre. Había muchas cosas que a Clara y a mi mamá no le gustaban de mí –y se encargaban de hacérmelo saber–, y que nunca estuviese a horario era una de ellas. Me reproché mentalmente por no haber oído la alarma antes; si me hubiese levantado al menos media hora antes, podría llegar a tiempo y no correr este riesgo.
La diseñadora que Clara había elegido se llamaba Sloane Hudson y era la más popular de Sídney, ella hacía los mejores vestidos y tenía un exquisito sentido de la moda, siempre a vanguardia. El problema era que yo no compartía su misma pasión por lo in que ella y las mujeres en general. Mi hermana y mi mamá siempre ocupaban ropas delicadas, de colores rosados y con un toque señorial, yo al contrario utilizaba viejas camisetas con nombres de bandas y jeans desgastados. La única vez que había usado una falda estando consciente había sido años atrás en el cumpleaños de una prima lejana.
Los siguientes veintidós minutos de trayecto me los pasé cantando las canciones que conocía y descargando las que no, en mi iPhone tenía casi 800 canciones y me sabía cada una de ellas completamente. Un chico en moto pasó muy rápido por mi lado cuando frené en un semáforo y estaba segurísima que había rasgado mi auto. Saqué la cabeza por la ventanilla.
— ¡Hey! –le grité, pero él tenía un casco puesto y no se inmutó. – ¡Tú me has rallado el auto!
Bufé de resignación y el semáforo cambió por verde al mismo tiempo que la melodía de Fallingforyou empezaba. Tenía ganas de pegarle una bofetada a ese tarado. Las posibilidades de que mi auto tuviese una marca eran del 99% y me sentía estúpida por haberlo dejado ir. Escanee la alternativa que quizás mi padre conocía a alguien que monitorease las cámaras de las calles, tal vez podría buscar su número de patente y que le llegase una multa. Yo no necesitaba el dinero, sino su prudencia a la hora de manejar. Desde que me habían comprado el auto mi papá repetía que “conducir no era una obligación, sino un compromiso” y que requería estar atenta para no perjudicar a nadie incluida a mí misma. La verdad era que me lo había dicho después de chocar su coche contra un poste cuando aprendía a recién manejar.
Divisé a lo lejos el estudio de Sloane, al cual había visto en fotos antes de venir –una idea de mi hermana para que no me extraviase–. Estacioné mi auto al frente y bajé de él con una mochila donde tenía unos zapatos altos que me había comprado para la ocasión. Por lo que tenía entendido, mi hermana pretendía que las damas de honor vistiésemos algo lavanda, yo no estaba de acuerdo porque ese color me quedaba fatal con mi cabello rojo.
Subí unos escalones que me llevaron al segundo piso, donde me estaban esperando. Me fijé en las paredes, blancas y con cuadros de París, Milán y Nueva York, y en unos adorables sillones de estilo vintage en un color café crema, pero no pude entrar en detalles porque mi mamá me esperaba de brazos cruzados y con una expresión de disgusto en su rostro.
— Dame una razón por la que no debería castigarte.
Ella estaba seria. Bueno, la mayoría del tiempo lo estaba. Resoplé pensando en qué decirle.
— Mamá...
De alguna u otra forma agradecí que Sloane Hudson apareciese frente a mí. Tenía puesto un traje negro y su cabello estaba atado en una tirante —por lo que se veía— cola de caballo. Algo en ella inspiraba glamour y por un momento quise lucir así, tan llamativa pero discreta a la vez. Ella tenía ese mismo algo que Clara y mi familia materna.
— ¿Tú eres la dama de honor que faltaba, verdad? —me preguntó y asentí. —1.76, pelirroja y bonita, ¿no has pensado en ser la futura Cintia Dicker?
La miré fijamente. Tenía ojos marrones enmarcados por unas pestañas postizas. Me mordí el labio, ¿por qué me decía eso? No era bonita ni tampoco tenía idea de quién era Cintia Dicker.
— No sé quién es... —murmuré con honestidad.
Ella y algunas de sus asistentes, que miraban divertidas la escena, abrieron la boca sin poder creerlo. Podría apostar que no tenían idea que era WoW pero sí todas esas it girls que nadie conocía excepto los verdaderos aficionados a la moda.
— Sloane. —mi hermana habló. Entendí por su interrupción que le estaba quitando el protagonismo de alguna forma. Ni siquiera la había saludado. —¿Me queda bien así?
Ella salió del vestidor en el que estaba —y que yo no había notado— y todas nos quedamos encantadas con lo que llevaba puesto. Su vestido blanco era largo y sencillo, tenía bordados y casi nada de brillos. Era strapless y realmente hermoso. Mi mamá comenzó a llorar —escandalosamente— y a dar su espectáculo de "Mi hija mayor está tan grande", quise que la tierra me tragase. Pese a todo, había dos sentimientos que reinaban en mi interior.
El primero, el más abundante: felicidad. Me alegraba enormemente que ella hubiese encontrado a su otra mitad y que resultase una excelente persona como Ashton. Había tenido suerte en el amor y eso me ponía feliz. Cuando ella iba a la secundaria y los chicos la dejaban, solía llorar mucho y como hermana menor siempre quise patearle el trasero a esos idiotas. Ahora, verla en frente de mí con un vestido que le quedaba precioso, no podía evitar sentirme con orgullo porque a pesar de las discusiones que podíamos llegar a tener, Clara era mi hermana, la quería y quería lo mejor para ella. Entendí entonces porque mi mamá se emocionaba tanto; la había visto crecer así como yo había crecido con ella.
Por otro lado, tenía un pinchazo de envidia porque no era ni la mitad de bonita que ella, ni tampoco encontraría a alguien que fuese la mitad de atento que Ashton Irwin con mi hermana.
Sacudí la cabeza porque mi pensamiento egoísta me dio ganas de golpearme.
— Estás muy hermosa, Clari. —me animé a decir entre todas las felicitaciones por haber encontrado el vestido ideal.
Yo solía decirle Clari pero a ella dejó de gustarle cuando entró a la secundaria.
Me miró y sonrió. En todo nuestro tiempo de hermanas este había sido el momento más íntimo que habíamos tenido alguna vez, incluso si nuestro alrededor estaba lleno de gente. Quizás sentí una conexión especial con ella, nunca habíamos sido muy cercanas pero me sentía feliz por todo lo que había logrado en su corta vida. Decir que estaba orgullosa era poco.
Obviamente, todos los buenos momentos tienen que parar.
— Niña, ¿por qué no te pruebas el vestido también? –Sloane Hudson preguntó y no me quedó otra que asentir con la cabeza.
Dos segundos más tarde, me encontraba adentro del probador con un vestido lila claro. Por lo poco que se podía ver, era liso y de strapless, como el de Clara. El color no me gustaba, pero era la voluntad de mi hermana y luego podría elegir los otros dos vestidos que utilizaría, uno en el Registro Civil y el otro en la fiesta. Nunca había sido muy fanática de comprar ropa, pero hoy utilizaría mi tarde libre recorriendo tiendas y tratando de encontrar mis dos atuendos para esos eventos. Y si podía también me compraría nuevas zapatillas y una camisa.
Tuve que apresurarme a la hora de ponerme el vestido, Sloane y mi mamá esperaban impacientes y no dejaban de preguntar cuándo iba a salir. A pesar del color, éste me sentaba bien, como si estuviese hecho para mí: sencillo y bonito. Tomé una boconada de aire antes de abrir la puerta del vestidor. Al hacerlo, mi mamá prácticamente chilló.
— ¡Estás hermosa, Zara! –chilló y sollozó a la vez. Aún no terminaba de calmarse luego de ver a mi hermana. –No puedo creer que mis dos hijas estén tan grandes.
Lo cierto era que yo tampoco podía creer qué rápido había pasado el tiempo.
— Increíble. –Clara murmuró, ella ya se había devuelto a sus usuales pantalones blancos y tacones chinos. Sus ojos azules estaban vidriosos. –Estás preciosa. –dijo con honestidad, le agradecí sonriéndole. –En serio, Zara, estás preciosa.
— Gracias. –me atreví a contestar. Todas las miradas ahora se posaban en mí; las amigas de mi hermana estaban deslumbradas al igual que Sloane y sus asistentes. –Yo… –abrí la boca para hablar pero al final no dije nada.
Estaba incómoda. No me gustaba ser el centro de atención y por suerte nunca lo había sido –a excepción cuando hacía algo mal, por ejemplo, tirar la bandeja de McDonald’s o caerme en la escalera mecánica–. Era extraño que todas las personas se hubiesen parado para verme, yo no tenía esa luz que tenía mi madre o mi hermana, pero por un instante, un mínimo instante, sentí que sí.


Una vez que la prueba de vestidos hubo finalizado, mi hermana me invitó a pasar el día entero con ella. Tenía dos opciones, decir que sí y recorrer el centro comercial, comer algo e ir a su casa a ver películas o quedarme en mi habitación, escuchando música y viendo televisión. Aunque la última sonaba tentadora, me decidí por acompañar a Clara. ¿Razones? Una de ellas era mi madre, que exclamó demasiado alto lo feliz que se sentiría si pasásemos más tiempo juntas. Y la otra era que las series y películas en Netflix no alcanzaban para mantenerme entretenida.
— ¿Qué haremos hoy? –inquirí mientras ambas nos dirigíamos hacia nuestros autos.
— Primero iremos a casa, guardarás tu auto y traerás algo de ropa porque esta noche tenemos una fiesta. –comenzó, su política de organización era demasiado buena, así que siempre llegaba puntual y tenía todo muy bien ordenado. –Y luego vamos a ir a comprar ropa y lo que tú quieras, pasaremos por el supermercado, iremos a mi apartamento a vestirnos para la fiesta y si quieres podemos ver una película o lo que sea. –ella habló tan atropelladamente que me costó entenderla y seguirle el ritmo.
Sólo asentí.
Casi una hora más tarde, con mi bolso de pertenencias en el maletero del auto de Clara, las dos nos encaminamos al Centro Comercial, donde probablemente veríamos tiendas y ella se compraría cosas y yo trataría de buscar algo para utilizar en su boda.
El trayecto hacia allí fue sumamente cómodo. Al segundo que sonó Pumpin Blood, mi hermana aumentó el volumen y comenzó a cantar a todo lo que sus pulmones daban, igual que yo… después le siguieron canciones de The Kooks, Alt-J y otras bandas indie que a mí me gustaban y ni siquiera sabía que a ella también. Había descuidado mucho mi relación con ella en este último tiempo, aunque no fuésemos muy unidas.
— ¡A Moschino! –ordenó una vez que Best Day of my Life comenzó a sonar. -¿No te encanta esa tienda? –quiso saber.
Le dije que sí, pero las únicas tiendas que conocían tenían que ver con ropa de skaters incluso si apenas podía dominar mi Penny. Las dos caminamos entre los locales mirando vidrieras, ella soltaba exclamaciones cada vez que veía algo que le gustaba y yo sólo me dedicaba a decir que eran cosas muy bonitas.
— Entremos… –me agarró del brazo y me metió a la tienda de Moschino. –Oh, Dios…
Y luego fui yo quien dijo “oh dios…” cuando encontré el vestido más simple pero más bonito que había visto alguna vez. Corto, ajustado y de manga larga, de cuello redondo y una cadena de corte dorada alrededor. Era bellísimo. Elegante y natural, tal como me gustaban.
Al parecer, Clara se percató de mi embobamiento y tomó la determinación de hablar con la vendedora.
— Ella quiere probárselo.
La miré.
— ¿Qué? No. Está bien. –intenté decir, pero la vendedora, una mujer de unos treinta, rubia y con enormes ojeras cubiertas de corrector, se acercó a nosotras.
— Pasa por aquí. –dijo y sonrió.
La seguí por un pasillo donde había vestidores y tan pronto como estuve en uno me deshice de mi ropa y me coloqué el vestido, de lana suave, que me sentaba perfecto y no hice más que sonreír y sacar mi tarjeta de crédito. Mi madre me había enseñado que, mientras pudiese permitírmelo, podría gastar toneladas de dinero en ropa, siempre y cuando le comprase algún pequeño obsequio –aunque parecía broma, yo sabía que mi mamá amaba recibir joyas o prendas de vestir–. Salí del vestidor, con el vestido en la mano y mi tarjeta en la otra, pero Clara ya estaba en la caja.
— Regalo para mi hermana pequeña. –me guiñó el ojo. – ¿No amas venir de compras?



Vimos seis capítulos seguidos de How I met your mother cuando Ashton llegó al departamento. Clara y yo habíamos pasado toda la tarde recorriendo tiendas y al final yo había terminado comprando tres vestidos además del de Moschino –uno de los cuales era para mi hermana y era un precioso Ralph Lauren que al verlo sólo pude decir “¡Es para Clara!”–, y a mis padres les había comprado algo también, incluso a Ashton. Para papá, dos corbatas que combinaban con mis vestidos; a mamá un par de zapatos y unas revistas Vogue; a Ashton unos cuantos CDs que sabía que le gustaban pero no había comprado por alguna razón.
— Hey tú, Zara. –el novio de mi hermana saludó. – ¿Estás lista para la fiesta?
Arrugué la nariz.
— Ni siquiera sé de quién es la fiesta, pero igual voy. –contesté. – ¿No se enojará el dueño si se entera que voy yo?
— Para nada. –replicó, sonriente como el gato de Cheshire. –Voy a prepararme, ¿y mi prometida?
Le señalé la habitación principal, donde había estado yo hacía unos veinte minutos, alistándome. De todos los vestidos que había comprado, decidí ponerme uno corto, negro, sin mangas y con volantes en la parte delantera, había dejado mi cabello suelto y sólo me había maquillado un poco. A decir verdad, esta sería la segunda o tercera fiesta a la que asistiría en mi vida, omitiendo el hecho que había faltado a mi propia graduación –porque ese día me había quebrado la pierna, literal, intentando ponerme zapatos de tacón y terminé enyesada y en silla de ruedas por un mes–.
Para cuando Clara y Ashton terminaron de prepararse, ya eran pasadas las diez de la noche y la fiesta comenzaba –supuestamente– a las diez. Nos subimos al auto de Ashton, yo en el asiento trasero, y la música de The Black Keys nos acompañó durante los siguientes quince minutos que tardamos en llegar a la casa de un tal Luke.
— ¿No has pensado en tener novio? –en medio de lo que se suponía un viaje tranquilo, Ashton soltó y me ahogué con mi propia saliva.
— ¿Qué? ¿Yo? –casi reí. –No Ash, si piensas que tendré novio alguna vez, estás equivocado. Estoy destinada a ser solterona de por vida y tener cien lagartos.
— ¿No te basta con Peeta? –Peeta era mi lagarto, que estaba en una pecera en mi habitación y mi mamá no dejaba salir a ninguna parte de la casa por miedo. Me encogí de hombros.
— No vas a ser soltera de por vida. –Clara amenazó. –No lo permitiré. Quizás esta noche conozcas a alguien.
— ¿Qué pasa si no? –indagué. –Tal vez hoy lo único que conozca sea la resaca.

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Re: stay | michael clifford.

Mensaje por hemmo. el Jue 02 Mar 2017, 8:23 pm


capítulo tres


Cuando bajé del auto, lo único bueno que pude admirar fue la melodía de This Too Shall Pass de OK Go sonando, lo que significaba que la música de aquí era buena. La casa era enorme por lo que se veía. De estilo moderno, con una pared de lajas que cambiaban de color por el reflejo de la luz y un camino de piedras hasta la puerta. Para mi mala suerte, tenía zapatos altos y había un 80% que mi intento de llegar sana y salva hasta la entrada resultase vano, sobre todo cuando Ashton y Clara dejaron de sostenerme para saludar a un amigo.

Nunca había estado en una fiesta así, como las de la televisión, elegante y con mucha gente bebiendo champagne caro y utilizando atuendos costosos –como yo en ese momento–. Era el tipo de reunión a la que mi mamá solía asistir por los socios de mi papá, y estaba segura que Clara debía estar acostumbrada porque seguramente solía frecuentarlas. Solté un bufido al mismo tiempo que trataba de caminar sobre las piedras y no torcerme el pie en la proeza.

Había un chico alto, quizás de un metro noventa, con el cabello rubio y sin peinar, los ojos azules y una sonrisa en el rostro. Tenía un piercing en el labio inferior, y pese a ser –lo que parecía– una fiesta de gala, él estaba tan simple con unos skinny jeans negros y una camisa roja a cuadros. Me guiñó el ojo antes de dejarme entrar.

— ¿Cómo te llamas? –preguntó y me mordí el labio inferior. No pretendía parecer sexy con eso, solo era algo que hacía cuando estaba nerviosa.

— Soy Zara Cillessen. –contesté.

Abrí la boca para agregar algo más, pero un chico un poco más bajo apareció y apoyó un brazo en el hombro del rubio. Tenía rasgos asiáticos, aunque no llegaba a serlo. Su piel era de un color canela suave, y su cabello, relativamente frondoso, era negro y despeinado. ¿Nadie se peinaba bien para asistir a una fiesta? Él me miró antes de decir algo.

— ¿Hermana de Clara? –quiso saber y asentí tímidamente con la cabeza. Él sonrió, se le marcaron arrugas al costado de los ojos. –Ah, pero si eres igual.

No supe si lo decía con sarcasmo o realmente era ciego, porque no me parecía a Clara para nada.

Me encogí de hombros y me quedé parada, sin decir nada. Un par de segundos más tarde, mi hermana y Ashton aparecieron, los dos se mostraban muy contentos. Ashton saludó con un abrazo a los chicos que estaban en la puerta y Clara solo les dio un beso en la mejilla. Quería saber quiénes eran, pero tendría que esperar a que me los presentasen –si lo hacían, por supuesto–.

— Veo que ya conocieron a mi hermanita. –Clara farfulló. – ¿No es hermosa?

Sin preocuparme por lo que pudiesen decir, me llevé la mano a la frente. Clara era una exagerada, y en el momento que decidió volverse Cupido del siglo XXI dejó de caerme bien.

— Clara... –no pude hacer nada más que ponerme roja. Los dos chicos sonrieron. –No es momento.

— Soy Luke. –el rubio se presentó amablemente y luego señaló al moreno. –Él es mi mejor amigo Calum.

— Pensé que yo era tu mejor amigo... -Ashton dijo y recordé que también estaba allí. La situación habría sido más divertida si entrase en confianza. –Tú eres un vil mentiroso, Hemmings.

Los siguientes minutos me entretuve cantando Hold On We're Going Home, la versión de Alex Turner, mientras todos platicaban. Amaba esa canción, principalmente porque uno de mis conjuntos favoritos la había vuelto un cover. Era preciosa. Oh, just hold on we're going home...

Al parecer, canté demasiado alto porque de repente todos pararon de hablar para mirarme. En un día había sido el centro de atención dos veces, lo que no me favorecía en absoluto. Sentí mis orejas enrojecer al igual que el calor agruparse en mis mejillas.

— No sabía que cantabas. –Ashton dijo con sorpresa en su voz.

— No lo hago.

— Hombre, tu voz es genial. –el chico Calum exclamó. Se notaba emocionado.

La pregunta era porqué.

En principio, no sabía por qué me había dicho "hombre". No era Clara Cillessen 2.0 pero tampoco tenía un gran bulto entre mis pantalones –los cuales no llevaba puestos–. Además, mi voz no era nada más que ordinaria, como cualquier otra. De hecho, lo único que resaltaba de mí era mi cabello, el cual se salvó de volverse castaño si no fuese por un montón de reclamaciones de mi madre cuando me vio en la peluquería, a punto de teñirlo.

El cover de New Found Glory de esa canción de los noventa, Kiss Me, comenzó a sonar, pero no me animaba a cantar porque las miradas volverían a posarse en mí y yo obtendría toda la atención y no era algo que precisamente me gustase.

— ¿Por qué no pasamos? –mi hermana preguntó, para sacarnos del silencio. Asentí al igual que los demás y entramos a la casa.

Un gran living se extendió frente a mis ojos. Paredes oliva claro con beige, un juego de sillones enfundados de verde oliva, un gran televisor de 55' y una mesa ratonera en medio con varias pelotas en tonalidades verdes dentro de un plato. Quien fuese quien había decorado esto, había hecho un excelente trabajo. No sabría decir si estaba boquiabierta o no, pero Luke me apoyó su mano en mi hombro y sonrió.

— ¿Te gusta? Yo lo elegí.

Afirmé con la cabeza.

Descubrí en ese momento que Luke Hemmings –no sabía si era su apellido, pero Ashton lo había mencionado antes–, no sólo era lindo y se vestía bien, sino también tenía un gusto perfecto en diseño de interiores. Me pregunté a mí misma qué era lo que hacía. ¿Estudiaba? ¿Era rico de nacimiento? ¿O había sido un golpe de suerte como Ashton? Porque ese tipo de casa no la tenía cualquiera. Oh, ya... él probablemente era modelo y ganaba millonadas y podía permitirse esta clase de lujos. Suspiré porque todo lo que me gustaba era imposible.

Estuve media hora con Luke, recibiendo miradas de soslayo por parte de Calum y afirmativas por parte de Clara. Ashton se mantenía imparcial, pero inquieto. No sabía si estaba inquieto porque yo estaba pasando un buen momento con Luke o qué, pero me llamó la atención que estuviese nervioso, porque usualmente era el más tranquilo de nosotros.

Yo debería ser la que estaba nerviosa, recién conocía a sus amigos y hacía tiempo que él salía con mi hermana. Pero mejor era conocerlos ahora, porque Clara me había dicho que podía elegir al padrino con quién quisiese salir en la foto una vez que ellos se casasen.

Volviendo al tema de Luke, me enteré muchas cosas de él como él de mí. No era un modelo ni nada de eso, al contrario, era muy tímido y odiaba la atención, como yo. Él era el hijo del dueño de la empresa donde trabajaba Ashton y se podía decir que funcionaba como probador de videojuegos, al igual que Calum. Ellos vivían juntos también, dado que Cal había sido despachado de la casa de sus padres al dejar la universidad y comenzar a trabajar con la familia Hemmings. Yo no era de moverme en el ambiente de la gente con mucho dinero, de hecho no me movía en ningún ambiente en general.

— Oh, yo amo Red Hot Chili Peppers. –confesé cuando Snow comenzó a sonar. Definitivamente, la música en este lugar era fenomenal. –Fui a verlos el año pasado.

— ¿En serio? –él elevó sus cejas curvas. –Yo igual. –sonrió. –Fuimos con Calum, estábamos en Platea.

— Lo siento mucho, denme lugar.

Grosero fue lo primero que pensé cuando lo vi. Cabello rosa, piel pálida, alto y vestido de negro, con una cerveza en la mano se metió entre nosotros para pasar, pero luego frenó en seco y no se movió. Se dio vuelta lentamente para mirarnos y me fijé en su rostro, era hermoso. Pero no hermoso como Luke, tenía una belleza extraña. Aún así era un idiota.

Nos miró. O mejor dicho, miró a Luke.

— ¿Estás con una chica, Luke? Siempre pensé que eras gay.

Las mejillas de Luke se ruborizaron. Tal vez Luke era bastante tímido como para tener una novia y presentársela a sus amigos, aunque no lo creía porque él era demasiado lindo como para estar soltero y era muy probable que tuviese decenas de chicas detrás de él. Me concentré en mis pies y el bonito suelo de parque en el que estaba parada.

— No lo soy. –Luke replicó con la voz ahogada. –Ella es Zara, la hermana de Clara Cillessen.

— Clara, Clara... ¿Clara? –el chico de pelo rosa pensó. –Oh, la novia de Ash. Mmm, pero ella es muy linda para estar hablando contigo. –farfulló, me enrojecí levemente e intenté que no se notase. Aún por el cumplido, no me caía bien. –Hola, amor. –me dijo.

— Hola, por favor no me digas amor. –aclaré con una sonrisa fingida. Él rió.

— Como sea, amor. –hizo una mueca. –Espero que tengas suerte con Luke, aunque no sé si las vaginas son de su agrado.

Irrespetuoso cruzó por mi mente.

El chico de cabello de algodón de azúcar me caía totalmente mal y no hacía tres minutos que lo había conocido. Era, sin duda alguna, un idiota... con razón no tenía acompañante.

Fruncí los labios y sentí a Luke tensarse a mi lado, aunque segundos después, al mismo tiempo que Rude de Magic! empezaba a sonar, volvió a su posición normal. De seguro estaba acostumbrado a esta clase de comportamiento por parte del desconocido –que posiblemente era su amigo–. Sólo suspiró, y por inercia, también lo hice.

— Michael, ¿por qué mejor no te vas? –Luke pidió, y el muchacho se encogió de hombros antes de desaparecer.

— Me gusta esta canción. –murmuré. El rubio ahora me miró.

— Es buena, no el tipo de música que suelo escuchar. Pensé que estabas más en All Time Low o My Chemical Romance.

Abrí algo mis ojos, eran precisamente dos de mis bandas preferidas. Se lo dije, y él pareció comprender porque eran sus favoritas también, agregando Blink 182. Terminamos hablando de bandas punk viejas durante un rato. Era divertido hablar con él, sobretodo porque teníamos gustos similares en casi todo.

Pero nuestra conversación no duró mucho más porque Clara apareció con un vaso de champagne y me excusó con Luke diciendo que teníamos que hablar.

Terminamos saliendo al patio delantero y tuve que volver a enfrentarme con las dichosas piedras de la entrada sin golpearme el pie. El reto estaba casi terminado, sólo que me choqué de cara con la espalda de un extraño que terminó bañado en mi copa de champaña y yo no pude evitar sentirme mal hasta que lo vi.

— Lo lamento. –musité, el chico se volteó. Era Michael, el de cabello rosa. –Ah, no.

— ¿Por qué me tiraste alcohol en mi camisa nueva?

Vale, era una camisa negra cualquiera que podrías encontrar en Wal-Mart por dos dólares.

Abrí la boca con la intención de contestar, pero Clara se adelantó.

— Michael, fue un error. Además, tú eres demasiado grande y ocupas todo el espacio.

— ¡Clara! –él saludó a mi hermana con un abrazo, como si de repente no le interesase lo que acababa de ocurrir. -¿Qué tal todos esos preparativos?

Clara comenzó a hablar de su boda y me indagué por qué me habría sacado aquí afuera, y por lo tanto, interrumpido mi plática con Luke. Carraspee en busca de atención, resultado negativo porque los dos parecían absortos en su conversación sobre algún tema que probablemente no me interesaba.

Bufé por la resignación.

— Clara... -agarré a mi hermana del brazo y me sentí como una niña pequeña intentando que le prestasen atención.

Ella se giró, como notando que estaba detrás de ella.

— Oh, por cierto, Mike, ¿conoces a Zara? Ella es mi hermana menor.

Michael y Clara sonrieron a la vez, fue tétrico.

— ¿Es la nueva conquista de Luke? Ah, te vi por ahí. Por cierto, me debes una camisa.

— Hey... no la asustes. Luke no es así, tranquila Zara.

— Sí, no tiene conquistas. De hecho, siempre creí que estaba en los penes.

El tal Michael desconocía la palabra pudor.

Se podría decir que pasamos gran parte de la noche hablando, y, por más estúpido que me pareciese, Michael se había comportado bien conmigo. Hablamos, principalmente, de la boda de Ashton y Clara y de lo bonitas que eran las tarjetas de invitación que habían enviado un mes atrás. También hablamos de Luke y de mí, y yo me sonrojé un poco durante todo ese tiempo porque no podía negar que Luke era ardiente y si lo conocía un poco más, podría llegar a gustarme.

— Pero eres muy linda para él.

Fue lo que Michael dijo, y sin dudas, me quedó grabado el resto de la noche.

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Re: stay | michael clifford.

Mensaje por hemmo. el Jue 02 Mar 2017, 8:26 pm


capítulo cuatro


El día finalmente había llegado y yo podía decir que estaba muerta de cansancio. Estos últimos días mi hermana me había taladrado la cabeza diciendo cosas como que su vestido no le quedaba del todo bien o que había engordado por comer tanto chocolate –lo cual era culpa de Ashton por haberle obsequiado una caja entera–.

Honestamente, yo sólo esperaba que este día pasase lo más rápido posible, aunque a la vez quería disfrutarlo mucho porque pasaría gran parte de él con Luke. Y Calum. Y Michael. No era que me afectase tener que aguantar veinticuatro horas a Michael, pero simplemente quería –e imploraba– que justo hoy no se le diese por molestarme con Luke o hacerme bromas pesadas. Sí, Michael y yo nos habíamos visto durante las semanas consecuentes a su cumpleaños, y nos llevábamos bien, siempre y cuando no estuviese intentando que yo hiciese el ridículo.

Como cuando fuimos a McDonald's el viernes pasado con Ashton, Clara y Luke, y Michael pensó que sería buena idea poner el pie delante así yo me cayese con la bandeja llena de comida. O cuando sutilmente me empujó en los escalones de una tienda donde estábamos para elegir las flores de mi hermana. A sus diecinueve años, Michael se comportaba como alguien de cinco.

A mi mamá no le caía bien él, decía que era patético –y si bien lo era– y que Ashton no debería haberlo escogido como padrino pero vale... las opiniones de mi mamá no eran escuchadas y menos por Ashton.

Y hablando de ella... me arrebató el teléfono de las manos y desconectó los auriculares, haciendo que una canción de Atlas Genius comenzase a sonar. La miré con reproche, pero ella me devolvió la mirada con enfado.

— Ma... -musité, cruzándome de brazos. Eran las siete de la mañana, ¿qué podía esperar de mí?

— Zara, te pedí que te fueras a peinar hace media hora. Al menos ya te has duchado. ¿Puedes apresurarte, por favor? No hay tiempo que perder.

No hay tiempo que perder era la frase favorita de mi mamá, luego de eso, me agarró del brazo para que me levantase del sofá y me apuró para que fuese con ella al otro lado del estudio de Sloane. Dado que mi hermana prefería tener toda la tarde para almorzar en familia y con algunos amigos, para luego hacer una gran fiesta a la noche, su boda sería a las once de la mañana, por lo que yo veía completamente innecesario tener que levantarme y duchar a las seis y media.

— ¡Aquí, Zara! –una de las estilistas me llamó en cuanto me vio. Yo traía puestos unos shorts Reebok que había comprado para hacer deportes, y encima una camisa abotonada. Sabía que no pegaba para nada –y menos si los combinabas con ojotas, como yo había hecho–, pero de esa forma sería más fácil desvestirme para ponerme el vestido de dama de honor.

Antes de sentarme en una de las sillas frente al espejo, me metí un chicle con sabor a menta a la boca y le pedí a mi mamá que me devolviese mi celular, aunque la estilista terminó quitándomelo al decir que no podía ponerme auriculares ya que harían más difícil peinarme. Aunque después se apenó de mí y puso música desde la computadora, que luego comenzó a sonar por todo el lugar.

Acompañada del éxito de Wolf Gang, The King And All Of His Men, dejé que mi estilista –que se llamaba Marisa, se encargase de la maraña desordenada de cabello rojo que tenía en la cabeza.

No podía mirarme al espejo, ni tampoco podía mirar a las demás personas que estaban siendo peinadas. Sólo podía centrarme en cantar Gold Rays, y cantar tratando de no tragarme el chicle. Marisa estaba sumamente concentrada mi cabello, así que no me hablaba ni nada. Solté un suspiro mientras miraba mi teléfono. Eran casi las ocho de la mañana, lo que indicaba que llevaba una hora sentada aquí.

— ¿Falta mucho? –quise saber, mirando a Marisa.

— No, ya casi termino.

Me asusté cuando vi cosas como sprays y unas pequeñas botellas que Marisa me echó en la cabeza. Me pidió que cerrase los ojos, y lo hice sin decir nada –tenía miedo a quedar ciega por los sprays, o quizás no ciega, sólo con ardor y esas cosas–. Lo único que esperaba era no tener rulos ni parecer un poodle...

Y con honestidad, no esperaba que Marisa fuera a lograr tanto con mi cabello. Estaba trenzado a los lados y me quedaba bastante bien, creo que incluso era más lindo que el vestido –cualquier cosa era mejor que ese trozo de tela lavanda–.

— ¿Te gusta? –Marisa preguntó, y yo asentí con la cabeza.

Mi mamá se emocionó mucho al verme.

Y para peor, mi hermana también lo hizo.

— ¡Estás preciosa! –chillaron a la vez. De tal madre, tal hija.

— Gracias. –murmuré. –Ustedes también se ven bien.

Los siguientes minutos fueron incómodos y lentos, ya que mi mamá hablaba con Clara sobre que llegarían tarde y yo no sabía que hacer. Cuando las amigas de mi hermana estuvieron listas, las cinco tuvimos que empezar a maquillarnos. Yo tenía pecas –muchísimas pecas– y mis ojeras eran inmensas, así que básicamente acabé el corrector y la base de maquillaje, e hice reír todo el tiempo a Marisa con mis comentarios, tanto que amenazó con decirle a mi mamá que estaba comportándome horriblemente mal. Pero yo era feliz cantando Come with me now y Shut up and Dance. Sin dudas, tendrían que poner la última Canción en la fiesta de Clara y Ashton sí o sí.

Fue otra hora más de sufrimiento mientras me pintaban las uñas, y me maquillaban. Me sentía como si estuviese viviendo la vida de una supermodelo rusa, incluso le pedí a una de las asistentes de Sloane que me alcanzase un vaso de limonada con hielo... y lo hizo. Era grandioso y extraño a la vez.

— Son casi las diez. Tenemos que vestirnos. –mi mamá era algo así como el conejo blanco de Alicia en el País de las maravillas, constantemente con su reloj y pidiendo practicidad y rapidez en todo.

Terminaron de maquillar a mi hermana unos minutos antes que a todas nosotras, así que ella fue la primera en vestirse. Estaba realmente preciosa con su vestido blanco y unos pendientes que mi mamá le dio, diciéndole que eran algo así como una reliquia y que ella debía dármelos cuando yo me casase –si era que lo hacía, mi mamá omitió esa parte–.

Como no tenía abuelos por parte de mi mamá –en paz descansen, Carlo y Clara Rocuzzo–, ni tampoco tías o tíos, o mejor dicho parientes; los únicos que estaban aquí eran mi abuelo Neil por parte de mi papá, y sus dos hermanos, con sus familias... una de las esposas de ellos le había pedido a mi mamá si podía prepararse con todas nosotras, pero como a mi mamá no le caía muy bien le dijo que no –fue algo así como: "te pasaré la dirección" y no se la pasó–. De todas formas, y volviendo a lo importante, estaba segura que mis abuelos se habrían sentido muy orgullosos de mi hermana, así como yo lo estaba.

— ¡Zara! –mi mamá exclamó, chasqueando los dedos frente a mí. –Tienes que vestirte aún.

Sólo resoplé.

Para haber sido una ceremonia de una boda, fue bastante corta y entretenida. Sobre todo cuando a Ashton, que estaba temblando, se le cayó el anillo de mi hermana al suelo y no lo encontraba. Luke, Calum, y Michael tuvieron que agacharse y buscarlo junto a Ashton, al igual que a la gente que estaba sentada. La alianza resultó estar debajo del asiento de mi mamá, y fue realmente divertido ver a Michael intentar meter su mano por debajo de la banca para poder alcanzarlo. Terminaron pidiendo a un niño, hijo de un matrimonio amigo de mis padres, que lo alcanzara.

Ashton estuvo rojo por el resto de la ceremonia, Michael y Calum estaban serios, y Luke me mandaba miradas divertidas que, para desgracia de Ash, él alcanzaba a ver y no podía contener la risa. Yo sabía que si Ashton soltaba una carcajada en ese momento, yo no podría contenerme así que rogué que no lo hiciese. Mi hermana trató de mantenerse sin expresión, pero soltaba algunas sonrisas a cada rato.

Al final, cuando el cura dijo que Ashton podía besar a la novia, mi hermana sonrió mucho y los dos se besaron. Muchas personas soltaron exclamaciones cuando lo hicieron, especialmente mi mamá a la que pude escuchar sollozando. Mi papá también estaba contento, o eso se notaba... Los padres de Ashton se veían felices, y su abuela –que yo conocía, y era una gran mujer– también lloraba. Fue algo muy emotivo para todos los presentes.

Clara se merecía lo mejor, y Ashton era lo mejor para ella.

Después de unos minutos, cuando ya tenían que desocupar la iglesia, la gente comenzó a salir de las bancas y se agruparon afuera para echarle arroz a los recién casados, como era tradición. Aún teníamos que hacernos fotos con Clara, Ashton y mi familia.

Suspiré con pesadez mientras me acomodaba el vestido y me dirigía con Michael, Calum y Luke. Las otras dos damas de honor parecían bastante interesadas en acomodarse el cabello, así que ni siquiera notaron cuando me fui de su lado.

— Hola –saludé a los tres chicos que había frente a mí. Incluso si yo tenía tacos considerablemente altos, y yo ya era considerablemente alta, Luke seguía siendo más alto que yo.

— Hey –los tres dijeron a coro. Me fijé que tenían los mismos smokings y Michael había teñido su cabello de color lila, como mi vestido. — ¿Cómo estás? –agregó Calum.

— Bien, ¿ustedes?

Nuestra conversación no pudo durar mucho más porque mi hermana pegó un grito para llamarnos a que nos saquemos una foto. De lo único que estaba segura, era que quería estar al lado de Luke. Y también quería una foto sola con él.

Las demás damas de honor y yo nos pusimos a la izquierda, detrás de Clara. Los chicos hicieron lo mismo sólo que a la par de Ashton. Nos tomaron tres fotos en esa posición, y luego pidieron que nos sacásemos una en parejas. Yo habría ido con Luke de no ser porque una de las amigas de mi hermana, Kathryn, se acomodó a su lado. Yo bufé y me resigné a quedarme con Michael, ya que la otra amiga de Clara se quedó con Calum.

— Esto es un desastre –susurré, entrecerrando los ojos.

Michael estaba callado. Sólo sonrió cuando se lo pidieron. Estaba bastante tranquilo conmigo hasta que...

El ruido de una tela al cortarse.

Michael me había pisado el vestido.

Iba a matarlo.

En serio iba a hacerlo.

— Oh, por dios –alguien que estaba ahí adentro exclamó. Yo tenía ganas de estrangular a Michael. Cerré los ojos y conté hasta veinte, pero fallé cuando Michael dijo que lo sentía. Aún así, yo no estaba tan enfadada como mi mamá. Ella se había puesto colérica y ni siquiera era su vestido.

— Hay que arreglar esto –Ashton intervino, observando con reproche al de cabello lila. — ¿Por qué no te vas a donde estaba yo antes que entre Clara y te cambias ahí?

— Uh, sí –alcancé a mascullar... lo único bueno era que me sacaría el vestido antes de lo esperado, el problema era que aún quería una bonita foto con Luke donde yo estuviera presentable. — ¿Dónde es?

Michael abrió la boca para decir algo, pero con una mueca lo callé. Podía decir que no estaba muerta de la vergüenza, ya que me habían pasado cosas peores... aún así, la gente me miraba –a mí y a mi mamá– mientras ella gesticulaba algo y tenía el trozo de vestido que se me había salido en sus manos.

— Luke –Ashton llamó, y el rubio apareció. Él había estado ahí todo el tiempo, mirando desde un costado. — ¿Por qué no acompañas a Zara a dónde estábamos antes? Clara y yo tenemos que salir a saludar gente.

Luke asintió y yo no estaba emocionalmente preparada para cuando tomó mi mano y me guió a través de la iglesia hasta una pequeña habitación, que supuse que sería donde Ashton se había preparado antes.

— Supongo que tenemos que quedarnos aquí –soltó. El cuarto tenía un sofá y dos sillones, y un gran espejo con aparador, además de un perchero. Había un pequeño estéreo conectado, que seguramente Ashton habría traído. Luke me vio mirándolo y lo prendió.

Knee Socks empezó a sonar.

Hubo un silencio durante el primer minuto de la canción, al parecer ninguno de los dos sabía que decir.

— Así que... –quise romper el hielo. Pensé que decir y las palabras sólo salieron de mi boca, como si estuviesen escapando. –Quería sacarme una foto contigo antes que mi vestido se rompiera... no es como si yo hubiera estado esperando que el estúpido de Michael me hubiera pisado, pero... tú entiendes.

Y Luke se sonrojó, lo que fue verdaderamente tierno porque él era, sin dudas, el chico más tierno que había conocido alguna vez. Cuando fuimos a McDonald's la semana pasada, él se ofreció a buscar una nueva bandeja con cosas –y pagarlas él–, después que Michael hubiese tirado la mía.

Un par de segundos después, Luke sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón y me pidió que me acercara a él. Lo hice sin decir nada, luego se acomodó un poco y encendió la cámara.

— ¿Qué haces? –pregunté.

— Una selfie... ¿No querías una foto conmigo?

No me refería a eso... aún así, cuando él sonrió a la cámara, yo lo hice también.

Y nos sacamos la mejor selfie de todos los tiempos.
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Re: stay | michael clifford.

Mensaje por hemmo. el Sáb 24 Jun 2017, 9:10 pm


capítulo cinco


De camino al salón, yo ya no tenía puesto mí vestido lavanda y mi cabello ya no estaba trenzado. Ahora tenía ese vestido de Moschino que había comprado casi un mes atrás, y el pelo suelto. Estaba bastante cómoda, salvo por el hecho que tuve que viajar desde mi casa hasta el salón con mi mamá hablando sobre cómo la casa necesitaba una remodelación y ella necesitaba un buen viaje a Italia a visitar a sus primos.
— Genial –había dicho yo. — ¿Y cuándo iremos?
Mi mamá casi se me rió en la cara.
— No, Zara… tú no irás a ninguna parte. Son vacaciones para tu papá y para mí. Puedes quedarte con Ashton y Clara si quieres, porque durante ese tiempo nosotros le pediremos a tu tío Will que se encargue de ver la remodelación y todo eso. ¿No era que querías una habitación más grande?
No supe que decir, así que me mantuve en silencio hasta que llegamos al salón. Ni siquiera canté las canciones de San Cisco que sonaban mientras mi mamá conducía. Eran casi las diez de la noche, y habíamos pasado parte de la tarde en uno de los campos de la familia de mi mamá, donde habían hecho una gran barbacoa que era –en un comienzo– para treinta personas, y terminaron siendo sesenta.
Fue el almuerzo más incómodo de mi vida.
Después de que se me rompiera el vestido, mi mamá tardó como veinte minutos en conseguirme un par de shorts decentes y una camiseta de los Arctic Monkeys que había comprado en el concierto de mayo, y yo estuve con Luke hablando todo ese tiempo.
— Mamá, tengo sueño. –simplemente no supe por qué lo dije, porque estaba acostumbrada a jugar videojuegos toda la noche y levantarme tarde, pero eran sólo las diez y yo ya me sentía cansada.
— Zara, ya luego podrás dormir.
— Mamá…
— Zara, es la noche de tu hermana. Compórtate, sólo por hoy.
La verdad era que ella tenía razón, después de todo yo arruiné en parte la sesión fotográfica de la Iglesia porque la estupidez de Michael era más grande que Groenlandia.
Llegamos al salón y un montón de luces me encandilaron. Lo único bueno que podía percibir era la melodía Be Above It de Tame Impala sonando, yo sabía que Ashton era un fan de la banda y esperaba que, durante el resto de la noche, hubieran más canciones de este tipo.
No tardé mucho en divisar a Luke, era anormalmente alto entre el resto de las personas, así que caminé lo más rápido que mis zapatos altos me permitieron hasta llegar a él, aunque casi tropecé en el intento… de no ser porque Michael –sí, Michael– estaba ahí para ayudarme.
— Creo que tienes que tener más cuidado, bonita. –él dijo, yo sólo lo miré con las cejas fruncidas. Por lo que noté, él se había cambiado de ropa. Ya no traía puesto su esmoquin desaliñado, ahora lo reemplazaba unos jeans negros y una camiseta blanca debajo de una chaqueta de cuero. Me pregunté si no le haría calor… después de todo, estábamos en diciembre y el verano se aproximaba cada vez más.
— Creo que tienes que dejar de decirme bonita. –mascullé; Luke estaba alejándose con Calum y dos muchachas. Quería golpear a Michael en la nariz.
— ¿Por qué? Eres bonita. –farfulló, mirándome a los ojos.
Me crucé de brazos y suspiré, ahora había perdido de vista a Luke. No dudaba que Calum y él estarían coqueteando con esas chicas –aunque Luke no parecía ese tipo de chico– y yo me quedaría sola toda la noche. La vida era injusta a veces.
— Michael. –suspiré. –No lo soy, ahora no me molestes.
Él también suspiró y miró a su alrededor.
— Son las diez y cuarto. –expresó, echándole un vistazo al reloj de su muñeca. –Y te apuesto una porción de pizza que tú no quieres estar aquí como yo. Por cierto, perdón por lo de hoy, soy algo torpe.
La ira invadió de a poco cada célula de mi cuerpo, pero se fue rápidamente porque no tenía ganas de discutir con él, especialmente ahora que estábamos llevándonos bien. Acepté sus disculpas y le dije que, en efecto, me había ganado una porción de pizza porque no quería estar aquí, aunque lo estaba… después de todo, era la fiesta de la boda de mi hermana y no podía salir huyendo, incluso si quería.
Michael me contó que él simplemente quería pasar un buen rato viendo Friends en su apartamento rentado, pero que no podía porque le habían cortado el cable hacía un par de días por no pagar. Honestamente, Michael parecía ser el único que no pertenecía al estilo de vida de sus amigos. Ashton tenía padres trabajadores, que ganaban lo normal y tenían una linda casa en los suburbios, la vida le había dado frutos y ahora tenía más dinero de lo que había soñado antes; la familia de Luke tenía millones y poco y nada sabía de Calum, salvo que sus padres eran importantes abogados que se enojaron cuando él dejó la universidad para hacer lo que realmente le gustaba. Los tres trabajaban, en cambio Michael sólo dijo que lo corrieron del trabajo hacía unos meses atrás –no mencionó cuantos– y que vivía como podía.
No era interesada, o al menos no creía serlo… pero todo eso me llevó a pensar en cómo vivía Michael y cómo él y Ashton eran amigos.
— Tu hermana está saludando a todos, ¿no quieres ir con ella? –Michael preguntó, para sacarme de mi silencio. Asentí con la cabeza y volví a concentrarme en mi búsqueda de Luke, pero él no estaba, al menos visiblemente, en ninguna parte del salón.
Michael y yo nos dirigimos a dónde estaba Clara.
— Oh, por dios. –ella exclamó al vernos. –Dios, Zara, pensé que te gustaba Luke.
Claro.
Yo me enrojecí un poco y Michael sólo rió. Hice algunos gestos con la mano, explicando que no era así.
— No, no. –negué. –Michael y yo no estamos de ese modo, Clara, es sólo que los dos estamos solos.
— ¿Y es que no pueden estar solos en una boda? –ella completó, formulándolo como una pregunta. Después sonrió. –Bueno, da igual. ¿No han visto a mi esposo?
Michael y yo nos encogimos de hombros a la vez.
— Vaya. –Michael murmuró, su voz intentando sonar por sobre la música. Una canción de Two Door Cinema Club sonaba. -¿No quieres comer?
Moví a cabeza en señal de afirmación y los dos nos dirigimos hacia dónde habían aperitivos. Mi mamá estaba allí y alzó una ceja cuando me vio con Michael, pero decidí no hacerle caso. Me sentía algo incómoda, a decir verdad. Además, también estaba el hecho que yo planeaba pasar la noche con Luke y no con su mejor amigo.
De todas formas, la pasé relativamente bien. Michael y yo comimos algunos aperitivos y cantamos las canciones que sabíamos –resultó ser que, pese a su apariencia punk rock, él amaba algunas bandas independientes–, y hablamos de nosotros mismos, de nuestras aspiraciones y de lo que realmente éramos. Cuando llegó el momento de pasar a sentarnos porque sería el momento del brindis y de pasar un vídeo, Michael y yo decidimos ir a nuestra mesa.
Y Luke estaba allí.
Él me saludó con una sonrisa y luego volvió con Calum. Fue extraño considerando que yo creía que él estaba interesado en mí… y lo más raro aún, fue que ni siquiera me molestaba su actitud, aunque, pensándolo bien, no debería molestarme porque él nunca había dado indicios de interés, por más que para mí si lo fuesen. Además, si a él yo le hubiese atraído de alguna manera, seguro se lo habría contado a los chicos y Ashton, como no puede guardar un secreto, se lo habría dicho a mi hermana y ella totalmente me hubiera pasado esa información a penas se hubiese enterado.
Suspiré un poco confundida y Michael centró mi atención en mí.
— ¿Un dólar por tus pensamientos? -inquirió. Yo solamente me encogí de hombros.
— No creo que mis pensamientos valgan un dólar –contesté-. Valen quinientos, acepto tarjeta de crédito.
Michael sonrió un poco y yo me reí.
En la hora que llevaba aquí, comiendo aperitivos y hablando con Michael, no la había pasado para nada mal. Generalmente si me gustaba la recepción de las bodas, pero la hora de la comida, sumando la parte emotiva, se me hacía eterna y aburrida. Ahora al menos tenía a alguien con quién hablar.

Poco a poco, los demás invitados comenzaron a tomar asiento para que pudiesen servir la comida. La música cambió, ahora sonaban melodías folk y alguna que otra canción indie suave. Me gustaba el ambiente, era ameno. Mi hermana y Ashton habían desaparecido, seguramente, porque entrarían de nuevo por la puerta principal y todos nos levantaríamos a saludarlos –de nuevo–, se sentarían y podríamos empezar a comer. El momento de entrada de la feliz pareja era el perfecto instante para que los mozos acomodasen los platos en los lugares de los más de doscientos invitados. Lo irónico es que mi hermana quería una boda pequeña, en la playa, pero tenía demasiados compromisos sociales que básicamente la obligaron a tener una gran fiesta e invitar a sus amigos e incluso a aquellos no tan amigos.
— ¿Sabes? –musitó Michael, sentado a mi lado. Estábamos en la mesa principal, la cual era rectangular mientras las demás eran circulares; no era una cuestión estética, sino que éramos catorce y de la única forma que cabíamos era ésta.
Él hizo una pausa mientras nos parábamos a recibir a mi hermana y a Ashton. Teníamos la suerte de estar sentados justo frente a ellos; mi mamá estaba al lado de Clara y la mamá de Ashton, al lado de su hijo.
— Dime –murmuré en voz baja. Lo único malo era que estaríamos frente a mi mamá también, y sabía que a ella no le agradaba demasiado.
— Cuando decidas casarte, vas a estar incluso más bonita que tu hermana –inevitablemente me sonrojé. No solo por el comentario, sino porque lo había dicho en una voz muy baja y cerca de mi oído. ¿Atrás quedó el Michael que me arrojó la bandeja de comida en McDonald’s?–. Lo digo en serio, Zara.
No quise darle mucha importancia. Recordé que las primeras veces que me crucé con Michael en mi vida, siempre solía decirme cosas como bonita o amor para dirigirse a mí, así que no lo tomé personal. Yo sabía cómo venía la mano con él, o al menos, me lo imaginaba: no parecía ser el tipo de chico que se entregaba a alguien completamente; él era… Michael, y era lo único que podía decir a ciencia cierta por el poco tiempo que nos conocíamos.
— No me voy a casar –le cambié de tema.
— Nunca sabes –soltó–. Yo siempre digo que no perderé el trabajo y lo pierdo; la vida da vueltas.
Me reí un poquito.
— Eres imposible.
Había demasiadas palabras para describir a Michael: idiota, grosero, irrespetuoso, imposible… cada vez que hablaba con él, más palabras se sumaban a mi lista.
Él se rió. Y con eso nos sentamos, porque nos dimos cuenta que éramos casi los únicos parados luego de que mi hermana y Ashton tomasen asiento frente a nosotros, y ni siquiera nos dimos cuenta de no ser porque Calum le golpeó la pierna e hizo una seña.
Después de eso, comimos. Y vino el brindis. Le pedí a mi hermana explícitamente que no me hiciera hablar, no porque no quisiera, sino porque yo era realmente pésima en esas cosas, las palabras no me salían y si tenía un discurso en mano seguro se me caería o las manos me transpirarían lo suficiente como para borrar la tinta. Le dije que, cuando tuviese la oportunidad, le diría todo lo que significó su boda para mí pero que este no era el momento, que quería que fuese feliz y disfrutara, y reiteré que no quería hablar porque seguro la arruinaría más de lo que podría decir. También le comenté a Ashton, quien me dijo que él se moría por escucharme hablar, sin embargo me comprendía porque en su época de escuela le costaba bastante dar discursos emotivos y todas esas cosas.
Como yo no iba a hablar en el brindis, sus amigas hicieron un sorteo para saber quién hablaría. Terminó ganando Kathryn. De los chicos, Calum diría unas palabras. Y de hecho, fue él quien empezó. Se paró con una copa de champagne y la golpeó con una cuchara, atrayendo la atención del público hacia él. Carraspeó y miró nerviosamente a todos.
— Estamos aquí para celebrar el amor. Todos vivimos del amor, porque el amor nos mueve a hacer cosas que quizás no queríamos o que considerábamos imposibles. El amor es capaz de mover montañas, de elevarnos a lo más alto, pero también de derrumbarnos en el peor de los casos –suspiró. No miraba a nadie en sí, observaba a todos pero a nadie a la vez–. Cuando Ashton comenzó a salir con Clara, yo era un poco más joven y realmente no estaba interesado en el amor ni en esas cosas porque para mí eran cursilerías, además siempre había sido un poco… retraído, y desinteresado. Pero a medida que fue pasando el tiempo, que fui conociendo a Clara y que fui conociendo la relación que tenía con mi mejor amigo, me di cuenta que quería vivir algo así. Ellos dos son una verdadera prueba de que el amor existe, de que es real, de que el amor joven es el más puro que hay. Son la pareja que me inspira cada día a buscar a mi persona ideal, persona que tal vez esté frente a mí ahora o quizás todavía me falte conocer. Ellos estuvieron a su lado todo el tiempo y tuvieron que crecer un poco para darse cuenta que estaban hechos el uno para el otro. Son perfectos –suspiró otra vez y esta vez miró a la pareja. Mi hermana no se aguantaba las ganas de llorar mientras se acurrucaba en el hombro de su ahora esposo. Ashton miraba a Calum con una sonrisa y podría jurar que tenía los ojos medio brillosos–. Son las personas más dinámicas, alegres y amorosas que conozco. Se hacen bien mutuamente y hacen bien a todos los demás, y las personas que estamos aquí reunidas los apreciamos y sabemos todo lo que su amor nos transmite. En esta nueva etapa, solo quiero desearles felicidad y que sigan así. Hoy estamos aquí para celebrar el amor, y ojalá este amor nunca muera –finalizó y sonrió. Luego levantó su copa para brindar–. ¡Por Ashton y Clara!
— ¡Por Ashton y Clara! –todos repitieron a coro.
Calum tomó asiento y Luke le dio unas palmadas en el hombro, parecía más interesado en él que en otra cosa. Yo tomé una bocanada de aire y luego miré a mi hermana. Kathryn se paró unos segundos para dar inicio a su discurso, el cual fue aburrido y con menos sentimiento. En realidad, si podría haber sido un buen discurso pero a mí en lo personal no me gustó, quizás porque seguía un poco resentida ya que me había robado a Luke para la foto. Cuando terminó, mi hermana lloraba muchísimo y también mi mamá, tanto, que las dos se levantaron para abrazar a Kathryn al tiempo que los invitados aplaudían y vitoreaban.
Yo me relajé porque no había hablado, aunque de repente sentí arrepentimiento… y luego se me pasó al recordar lo pésima que era para dar discursos y decir algo con público en general.
Una música instrumental comenzó a sonar cuando todos se tranquilizaron. Me costó un poco reconocer la melodía y no lo habría hecho si no fuese por Michael, que murmuró un “qué patético” al mismo tiempo que Luke y Calum sonreían al igual que mi hermana y su radiante esposo y las luces se apagaban. La canción era una de A Rocket to the Moon, se llamaba If I’m Gonna Fall in Love, y yo sabía que esa canción –junto a algunas otras que supuse que también pasarían– era parte de su historia como pareja. Un día que estuve en su apartamento ambos cantaban esta canción a gritos y se besaron como si fuese la última vez que se viesen, quizás luego podría preguntar a qué se debía.
La música daba indicio al inicio del video que habían hecho. Eran en realidad fotografías de todos sus años de pareja, incluso una vieja foto de Ashton con flequillo y su camiseta púrpura de cuando se declaró, y a partir de eso, la melodía se transformó en Something in the way she moves de The Beatles, canción que Ashton le dedicó en ese momento. Por su ritmo, la canción no duró demasiado y finalizó cuando él y mi hermana se pararon para dar inicio al vals. A todo esto, no eran más de la una de la madrugada, bastante temprano considerando que Ashton quería que su fiesta durase hasta las seis de la mañana, y luego ir de after –mamá dijo que ir de after era mala idea, pero lo mismo iríamos–.
Después, todo el mundo se paró para bailar un rato el vals con la feliz pareja. Yo también lo hice, y bailé con Ashton justo después que mi mamá.
— ¿Sabes? –él empezó a decir y tuve que elevar la cabeza para verlo, nuestra diferencia de altura era notable incluso con tacos.
— ¿Qué cosa? –inquirí.
— Tengo un amigo que está interesado en ti. Solo que no se da cuenta, pero lo conozco hace demasiado y él nunca se ha portado así con una chica.
Me sorprendí demasiado. ¿Su amigo del que hablaba sería Luke?
Carraspee.
— ¿Ah sí? –dije, sin saber exactamente que responder.
— Si –respondió y me dedicó una sonrisa de dientes blancos antes de dejarme partir–. Baila con él.
Y eso fue suficiente como para que me acercase a Luke. Pero no sin cruzarme a Michael antes.
— Deberíamos bailar –propuso.
— Lo pensaré –respondí, pero no estaba interesada así que me justifiqué para ir a sentarme–. Estoy algo cansada ahora, iré a sentarme y luego voy.
No esperé una respuesta, simplemente me fui y no divisé a Luke por ninguna parte. Terminé sentándome en la mesa con mi mamá, que también ya había bailado con Ashton y con Clara –cosa que no hice, me había olvidado– y se dedicó a decirme lo bien que lo estaba pasando y lo organizado que era todo y lo maravillosa que lucían todos, en especial yo ya que me había dignado a vestirme como una señorita. A veces mi mamá podía tener instinto maternal por su hija que no era Clara Cillessen. Me cansé de escucharla así que me paré para bailar con mi hermana, sabiendo que en poco tiempo terminaría todo este lío del vals y me perdería la oportunidad por completo. Los peores arrepentimientos son de las cosas que no nos atrevimos a hacer, me recordé a mí misma… en este caso, no era porque no me atrevía, sino porque me quedaría sin tiempo.
No intercambié palabras con mi hermana mientras bailábamos, porque a lo lejos distinguía a su organizadora de bodas haciéndole señas para que retome a los brazos de su esposo y la canción Here comes the sun, también de los Beatles, empezó a sonar. Yo sabía que era otro tema especial para ellos, y lo mejor de todo fue cuando la introducción empezó a ser tocada por una guitarra acústica y un bajo. La luz se oscureció y se iluminó una pequeña tarima.
Luke y Calum estaban ahí. Cantando. Oh, que noche llena de sorpresas. La canción luego se transformó en la conocida melodía de All you need is love, y me sorprendió aún más que ahora Michael apareciese y cantase también. Definitivamente, a esto no me lo veía venir. Pero tenía que admitir que tocaban y cantaban bien, hacían un buen grupo. No tenía idea que los amigos de Ashton tocasen algún instrumento, y lo hacían de maravillas.
Cuando terminaron, todos aplaudieron. Mi hermana y Ashton los abrazaron y finalizaron, y pusieron una versión remixada de Midnight City de M83 –un clásico de toda la vida– para dar inicio a la fiesta. Lo cierto era que me lo pasé bien, bastante bien. Pasaron mucha música independiente que yo conocía y que le era amena a la mayoría de las personas que nos rodeaban. Lo malo es que, durante al menos dos horas, casi no tuve posibilidad de hablar con Luke porque no lo encontré; pero estuve con Clara, que se había cambiado de vestido por uno blanco y corto y con Ashton, quien había hecho desaparecer el saco de su traje y se había arremangado las mangas de la camisa. Todos sabían que a Ashton le gustaban mucho las fiestas, pero era un pésimo bailarín… a menos que tuviese demasiado champagne o vodka en su sangre y comenzaría a bailar como si hubiese sido criado en Brasil.
Oh, y hablando de Brasil… ellos irían a Maceió por su luna de miel, dentro de tres semanas. Pasarían un mes entero en la playa, y habían elegido ese destino porque no conocían Sudamérica –y porque Maldivas era demasiado costoso, incluso para ellos–.
— Así que… -una voz sonó detrás de mí. La reconocí casi al instante–. ¿Cansada de tanto bailar? –Michael me preguntó, con una sonrisa en el rostro.
Suspiré.
— No bailo en fiestas, creí que ya lo sabías –repliqué y añadí en voz baja–, soy pésima.
— Yo también –se rió–. ¿Ya comiste el postre?
Negué con la cabeza. Ni siquiera sabía que estaban dando el postre… pero él me explicó que en realidad, se había parado en la puerta de la cocina para que le den uno, aunque luego me dijo que Ashton le pidió que se sentase, porque pasarían otro video, solo que este duraba menos y era de cómo Ashton y Clara se habían preparado antes de la boda, algo para entretener mientras se comía el postre.
Los dos nos sentamos después de eso, y esperé a recibir mi pedazo de brownie de chocolate con crema americana y frutos rojos. Sí, ahora podía coincidir con mi mamá que todo en esta boda era excelente. Cuando yo me casase, quería algo así –si es que lograba conseguir a alguien que me aguantase lo suficiente como para querer vivir conmigo el resto de nuestras vidas–. El video también se pasó, tenía la canción Trojans de Atlas Genius, lo cual me pareció acertado porque tenía un ritmo bonito y una letra sencilla. La canté mientras estábamos en la mesa y Calum Hood me escuchó.
— Ya te lo dije, Zara, pero tu voz es fenomenal. Deberíamos cantar juntos. ¿No es cierto, Luke?
Luke se atragantó con una cereza.
— Sí, Zara, es cierto.
Me extrañó la reacción, pero no le tomé importancia. Sólo me concentré en terminar mi postre y bailar al ritmo de Shut up and dance… y así, la noche pasó volando.

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