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The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por parachutes. el Sáb 21 Ene 2017, 8:00 pm

03.
De tesoros perdidos y animales parlantes


Edmund se detuvo frente a una muralla; la contempló un rato, y luego se arrodilló al lado de una roca. Echó otro vistazo a la estructura, juntando las piezas del rompecabezas.

—Catapultas —musitó meditabundo, lo suficientemente fuerte para que sus hermanos lo escucharan.

—¿Qué? —Peter parecía confundido.

—No... esto no se derrumbó —dijo el pelinegro, desviando su mirada hacia ellos—. Cair Paravel fue atacado.

Susan y Lucy intercambiaron una mirada, desconcertadas. El rubio caminó hacia el muro y Edmund lo siguió. Hicieron a un lado unas ramas que cubrían el ladrillo y, al estudiar el cimiento, advirtieron que había un paredón que obstaculizaba la muralla principal; estaba flojo, así que no les tomó mucho tiempo moverlo.

Había una puerta al otro lado, cerrada con llave, así que Peter hizo un hueco alrededor de la cerradura; la madera podrida rechinó cuando la puerta se abrió, dejando ver una escalera oscura y fría que se extendía hacia abajo.

El mayor rasgó el borde inferior de su camiseta y amarró el jirón de tela alrededor de una rama, haciendo los intentos de una antorcha.

—Supongo que no traes fósforos, ¿o sí? —preguntó Peter, dirigiéndose a Edmund.

—Eh... no, pero... ¿esto te sirve? —inquirió el muchacho, mientras sacaba de su bolso la linterna eléctrica que había recibido en su cumpleaños.

—¿Y por qué no lo mencionaste un poco antes? —dijo su hermano; su voz con un atisbo de diversión.

Edmund rió suavemente y bajó primero por los peldaños, llevando la luz. Lo seguía Susan, luego Lucy, y Peter cerraba la marcha. Cuando llegaron al pie de las escaleras, un agujero en el techo dejaba escapar los rayos de sol que inundaban la habitación.

Los ojos de Lucy se iluminaron cuando reconocieron la estancia.

Era la antigua Sala del tesoro de Cair Paravel.

—Vean, es increíble —dijo Peter, admirando el lugar—, todo sigue aquí.

Sus estatuas aún seguían en pie, cada una detrás de un cofre de roble cubierto de polvo, protegiendo sus tesoros. Susan, Edmund y Lucy fueron hacia los suyos; Peter se quedó atrás y recogió un escudo de forma circular para limpiarlo.

—¿Éramos tan altos? —preguntó Lucy, sacando un vestido de su cofre; si se lo colocaba encima, casi la mitad de la falda se arrastraba por el suelo.

—Bueno, entonces eras adulta —respondió Susan, sonriéndole.

—A diferencia de cientos de años después... cuando eres niña —Edmund se había colocado un yelmo en la cabeza que le quedaba demasiado grande. Sus hermanas se burlaron al verlo.

Peter sopló el polvo del escudo que sostenía en las manos; tenía un león minuciosamente tallado en oro. Lo dejó a un lado y caminó hacia su cofre.

La voz de Lucy lo interrumpió de golpe.

—¿Qué sucede? —preguntó la niña a Susan.

—Mi cuerno... debí dejarlo en la montura el día que regresamos.

El rubio reanudó su acción, abrió el cofre, sacó una funda escarlata y desenvainó a Rhindon; la espada real centelló a la luz. No mostraba señales de estar oxidada: relucía como la recordaba.

—El gran invierno ha caído, con su potente rugido —dijo Peter, repitiendo la antigua leyenda grabada en el acero con una solemnidad digna del rey que había sido tiempo atrás.

—Al sacudir su melena... la primavera llega —completó Lucy, con la voz quebrada y los ojos cristalizados—. Todos nuestros amigos... el señor Tumnus y también los castores... ya no están.

Fue en ese momento que repararon en el frío que rodeaba el lugar; una sensación vacía, casi estremecedora. El silencio era tan grande que podían escuchar su propia respiración. Nadie dijo una palabra durante unos segundos; todos se liaban con sentimientos encontrados.

La voz del Rey Magnífico fue la encargada de romper el sosiego inquietante que se había cernido sobre ellos.

—Ya es tiempo de averiguar qué sucede.


✽•✽•✽


A los Señores del Consejo les había parecido que la mejor manera de deshacerse del enano, era ahogarlo en las aguas del canal, al otro lado del bosque; lejos de los ojos curiosos del pueblo de Telmar, que aún desconocía la presencia de narnianos.

Todos los soldados se habían echado atrás, alegando deberes que tenían que terminarse o turnos de guardia en los alrededores. Al final, Caporal y Nabor, uno de los nuevos reclutas, fueron los elegidos para llevar a cabo tan digna labor; exterminar a la plaga que amenazaba la seguridad de la Corona tenía que considerarse casi un honor, según Lord Miraz.

Nabor desaceleró la velocidad de la barca cuando llegaron a la desembocadura del río y cruzaron el canal; los remos se zambullían en el agua pesadamente y salpicaban al salir.

Luego, se removió en su asiento, incómodo.

El enano no había dejado de observarlo desde que partieron del desembarcadero; la criatura estaba atada de pies y manos y tenía la boca amordazada, lo que lo hacía prácticamente indefenso, pero el soldado pensó que nunca en su vida había visto unos ojos tan atemorizantes.

—No deja de ver hacia acá.

—Ignóralo y ya —replicó Caporal, quien se había sentado en la popa del bote sin mover ni un solo dedo durante todo el recorrido.

Nabor desvío la mirada hacia el bosque, inquieto, y luego echó otro vistazo al enano.

Si las miradas mataran...

—Hay que dejarlo aquí —escupió.

Los ojos azules del narniano se llenaron pavor mientras formulaba palabras incomprensibles debajo de la mordaza.

Los telmarinos lo alzaron en el aire, listos para arrojarlo al agua, cuando una flecha se clavó en el costado derecho de la barca.

—¡Libérenlo!

Ambos voltearon.

La dueña de aquella voz era una muchacha morena que se encontraba en la orilla; una niña y dos chicos llegaron detrás de ella.

Susan ya había colocado una segunda flecha en la cuerda.

Los soldados balancearon al enano, para tomar impulso, y lo lanzaron al agua.

Edmund y Peter corrieron para ayudar.

Nabor tomó una ballesta y se preparó para accionarla cuando una flecha golpeó su escarcela, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera de espaldas al río. En cuanto vio caer a su compañero, Caporal saltó fuera del bote y escapó, arrastrándose torpemente por el agua.


✽•✽•✽


Peter llegó jadeante a la orilla, colocó al enano sobre la arena y fue Lucy quien se encargó de cortar sus ataduras, mientras Edmund atracaba la barca en la arena. Una vez que la niña liberó sus manos, el enano se hizo a un lado, se quitó la mordaza y tosió, escupiendo el agua que le quemaba los pulmones.

El narniano se levantó del suelo con dificultad, y luego dedicó una mirada fulminante a Susan.

—¡¿Qué me liberen?! —soltó, hecho una furia. Los cuatro hermanos lo miraron, desconcertados—. ¿No se te ocurrió algo más brillante?

—Un simple gracias es suficiente —la voz de Susan, al igual que la expresión en su rostro, tenía aires de indignación.

—¡Ellos sin tu ayuda estaban ahogándome perfectamente!

—¿Ósea que no querías que te salvaran? —Trumpkin observó fugazmente a Peter, bajó la mirada y no respondió.

—¿Pero por qué trataban de ahogarte? —inquirió Lucy, con voz más amigable.

—Son telmarinos —dijo, como si eso fuera la respuesta de todo—, eso es lo que hacen.

—¿Telmarinos... en Narnia? —preguntó Edmund, notablemente confundido.

—¿Dónde has vivido los últimos cien años?

—Es una larga historia —dijo Lucy.

En ese momento, Susan le devolvió la espada a Peter —ya que él se la había entregado antes de lanzarse al agua—; Trumpkin advirtió de inmediato la pequeña cabeza de león dorada en la punta de la empuñadura.

—Díganme que esto no es verdad —farfulló con voz ronca, con un atisbo de incredulidad—. ¿Son ustedes? ¿Son los Reyes y Reinas de Antaño?

—Soy el Gran Rey Peter, el Magnífico —se adelantó el mayor, tendiendo una mano al enano, quien dio un paso atrás ante aquel acto.

Edmund ladeó la cabeza; tuvo que morderse los labios para no reír.

—Quizá debiste omitir eso último —dijo Susan.

—Probablemente —le dio la razón Trumpkin, mientras reía burlonamente.

—Tal vez te sorprendas —Peter desenvainó a Rhindon frente a él, desafiante.

—Oh... —formuló el enano, negando con la cabeza—, no creo que quieras hacer eso, muchacho.

—Yo no —contestó, volteando hacia su hermano—. Él.

Edmund se sorprendió ligeramente ante tal propuesta, pero esbozó una pequeña sonrisa, desenvainó su espada y se puso en posición.

Trumpkin parpadeó, vacilante.

El Rey Justo era bien recordado por ser el mejor espadachín de toda Narnia durante la Edad de Oro; no existía caballero o hazaña, ni siquiera hasta el momento, lo hubiese superado.

El enano trastabilló cuando cogió el arma que Peter le tendía; apenas y podía sostenerla.

Edmund volteó hacia sus hermanos con una sonrisa juguetona, casi saboreando la victoria... error del que se arrepintió cuando, en un abrir y cerrar de ojos, Trumpkin blandió la espada y descargó un golpe violento contra la suya; el muchacho tuvo que agacharse para esquivar el segundo ataque, y no tuvo tanta suerte con el siguiente, puesto que la parte plana del acero se estrelló contra el puente de su nariz, provocando que perdiera el equilibrio.

—Ay, ¿te hice daño? —preguntó el enano en tono irónico, y lanzó otro golpe.

Esta vez, Edmund lo evadió ágilmente; giró sobre sus talones y golpeó la espalda de su contrincante. El naniano se dio la vuelta y, con un grito feroz, atacó de nuevo; el sonido del acero contra el acero resonó cuando las espadas chocaron. El pelinegro detuvo un mandoble salvaje que le iba directo a las costillas, pero el impacto del metal hizo que una calambre le recorriera el brazo, así que saltó para  esquivar un contraataque bajo.

Medio segundo después, ya recompuesto, alzó su espada para asestar un nuevo golpe y aumentó la velocidad con agilidad diestra. Trumpkin apenas tuvo tiempo para detener los ataques.

Edmund lo hizo retroceder; cada golpe era un ataque. Y, de pronto, con un golpe firme, desarmó al enano y alzó su espada con ambas manos, apuntándole en la cabeza, poniéndole punto final a la contienda.

Trumpkin lo observó con ojos abiertos como platos y cayó sentado sobre la arena, impresionado.

—¡Barcos y bigotes! —exclamó; cualquier rastro de incredulidad en él despareció en ese instante—. Después de todo, el cuerno funcionó.

—¿Qué cuerno? —preguntó Susan.

Aunque todos sabían a qué cuerno se refería.


✽•✽•✽


Lo primero que Caspian sintió cuando despertó, fue el dolor punzante en su cabeza.

Apretó los ojos con fuerza, como si así pudiese olvidar aquella sensación, y luego los abrió, reparando en que se encontraba en un lugar distinto al que recordaba por última vez: la habitación estaba a oscuras, una clase de cueva, pero notó que en el cielo falso había dibujos de figuras extrañas.

Se reincorporó con dificultad hasta quedar sentado sobre la cama; el dolor le llegó con una ola de calor y se llevó una mano a la cabeza, sorprendiéndose al sentir un jirón de tela alrededor del lugar de donde la molestia provenía.

—Este pan está rancio —escuchó que dijo una voz.

—Entonces te daré sopa —respondió otro con cansancio.

Caspian se quitó el vendaje de la cabeza y lo colocó sobre la mesa que estaba al lado de la cama.

—No tardará en despertar —dijo la segunda voz.

—Sí... no lo golpeé con suficiente fuerza.

—Nikabrik, solo es un muchacho.

El pelinegro se levantó del colchón y, con paso sigiloso, se acercó a la puerta para escuchar mejor la conversación.

—Es un telmarino, no un cachorrito perdido. ¡Dijiste que te desharías de él!

—No, lo que dije fue que me encargaría de él —Caspian se asomó un poco y sintió como las rodillas le fallaban cuando volvía a esconderse. Inhaló con fuerza, el miedo invadiéndole las entrañas: un tejón parlante y un enano negro, el mismo que lo había noqueado, eran los dueños de aquellas voces—. No puedo matarlo ahora... le vendé la cabeza. Sería... como matar a un invitado.

—¿Y cómo crees que sus amigos traten a los suyos? ¡La chica lo dejó tendido ahí sin más! —exclamó. El muchacho supo que se refería a Coleen—. Al fin y al cabo, fue bueno que se me escapara de las manos, así tenemos un problema menos del cuál preocuparnos...

—Trumpkin conocía todos los riesgos... no es culpa de ellos.

Caspian no pudo soportarlo más; tomó valor y salió corriendo de la habitación. Los dos inquilinos se sobresaltaron, pero fue el enano quien se levantó primero, se deslizó hacia la puerta y desenvainó su espada, colocándose entre el muchacho y la salida. El joven telmarino echó un vistazo a la chimenea a su lado y tomó uno de los atizadores como arma.

El enano fue el encargado de lanzar los golpes; Caspian se ocupó de detenerlos.

De cualquier forma, no había mucho que pudiera hacer para defenderse con una vara metálica.

—¡Ey, ey! ¡Alto! ¡Paren! ¡Detente! ¡No, no! —suplicó el tejón, tratando de interponerse entre ellos.

—Te dije que nos deshiciéramos de él antes de que fuera tarde —dijo el tal Nikabrik, sin dejar de apuntar al muchacho.

—¡Ya sabes por qué no lo hice!

—Si van a votar, apoyo a tu amigo —intervino Caspian, haciendo movimiento rápido con la cabeza hacia el tejón.

—Nos ha descubierto, ¡no hay que dejarlo ir! —gritó el enano, lanzando un ataque que hizo que el pelinegro cayera sentado sobre un pequeño peldaño detrás de él.

—¡Ya, Nikabrik! O me vuelvo a sentar en tu cabeza, ¿eso quieres? —Nikabrik miró a Buscatrufas con una mueca de disgusto—. ¡Y tú! ¡Mira lo que me hiciste hacer! —dijo a Caspian, levantando del suelo un cuenco vacío; la sopa estaba por todo el suelo—. Pasé toda la mañana cocinándola...

—¿Q... qué... qué eres? —balbuceó el chico, observándolo con escepticismo.

—¿Sabes? Es gracioso que hagas esa pregunta —contestó él—. ¡Ja! Supongo que no reconoces a un tejón cuando lo ves.

—No, la verdad es que... —se detuvo para desviar su mirada hacia el enano—, son narnianos... se supone que están extintos.

—Siento decepcionarte —la voz del Nikabrik sonó amarga; soltó un largo suspiro y caminó de nuevo hacia su asiento.

—Aquí tienes —dijo el tejón, mientras colocaba un plato de sopa en la mesa y se volteaba hacia Caspian—, está caliente.

—¿Desde cuándo albergamos soldados telmarinos en este lugar? —preguntó el enano negro con irritación.

—No soy un soldado —por primera vez en los últimos cinco minutos, la voz del muchacho sonó con la autoridad de un verdadero caballero—. Soy el príncipe Caspian... décimo.

—¿Qué estás haciendo aquí? —inquirió el Nikabrik, con tono más tranquilo; la expresión en su rostro era de completa confusión.

—Estoy huyendo —respondió, luego de meditar un momento la respuesta. Los dos narnianos lo observaron con detenimiento e intercambiaron una mirada—. Mi tío... siempre ha querido mi trono... nuestro trono —se corrigió. El último recuerdo que tenía de su hermana provocó que los ojos se le cristalizaran; solo esperaba que ella y Jackson se hubieran reencontrado en alguna parte del bosque—, supongo que... nos dejó vivir hasta ahora porque no tenía un heredero propio.

—Pues... eso cambia las cosas —dijo Buscatrufas con serenidad.

—Sí... —asintió el enano, con una mueca que hacía las de sonrisa—, entonces asesinarte no será nuestra tarea.

—Tienes razón —reafirmó Caspian, y cruzó la estancia con paso decidido hacia la chimenea para dejar el atizador en donde lo había encontrado. Luego, caminó hacia el perchero en el que colgaba su escarcela y se la colocó encima.

—¡Eh! ¿A dónde quieres ir? —preguntó el tejón.

—Mi tío no se rendirá hasta que nosotros muramos —explicó, caminando hacia la puerta—. Mi hermana está allá afuera, y tengo que encontrarla antes de que él o sus hombres lo hagan.

—Pero... no puedes irte... ¡has venido a salvarnos!

—Lo siento, pero Coleen...

—¿Tienes idea... de qué es esto? —lo interrumpió el narniano.

Caspian se detuvo a medio camino y giró sobre sus talones para observar al tejón.

Buscatrufas sostenía en sus manos el cuerno de caza que el profesor Cornelius le había encomendado; el mismo que él había hecho sonar.

Por supuesto que conocía la respuesta a esa pregunta.

Era el cuerno de la reina Susan.


tócame (?):
Y se alargó la introducción, ahque (?) Pero en el próximo capítulo comienza la acción, sí o sí ; saludos a todas .

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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por Isavalentina el Lun 23 Ene 2017, 6:52 am

Holaaaa   Me llamo isabella soy venezolana , y soy tu nueva lectora  jejeje, siempre e leído novelas de narnia y esta me párese interesante es diferente a lo que e leído, siguela  o ya veras 
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por Spidey ♥ el Miér 25 Ene 2017, 3:24 pm

ME EMOCIONE MAS!!!   me dieron unas ganas giganges de ver las tres peliculas de Narnia (y lo voy hacer) tengo un montón de tiempo sin verlas y siento que me estoy traicionando, cuando ellos entran y ven sus ropas y leen la leyenda y pasa esa hermosa música de fondo SIENTO DE TODO DENTRO DE MI!!! AYYY la parte de la pelea de Ed siempre ha sido mi fav ES UN TAN HERMOSO!!! "Era el cuerno de la reina Susan" ASDFGHJKLÑ!!! cuando al principio los telmarinos decían que era leyenda y esas cosas sentía un no se que, que no se explicar es que o sea es tan emocionante (si me pagaran por la veces que diré "emocionante" ya seré rica y ya habré visto todo el sistema solar) ES QUE TODO ES TAN LINDO Y NARNIA ES....NI SE COMO EXPRESAR LO TANTO QUE ME ENCANTA!!! ya quiero mas cap 7u7 síguela pronto Beca.

PD: hoy estaban pasando esta en TNT, no la vi por que quiero verlas en orden.

Gabbe.xxx
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por Daissy♥ el Dom 29 Ene 2017, 9:12 am

Holaaa! Nueva lectora! me encanta tu nove, síguela por favor!  
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por Daissy♥ el Miér 01 Feb 2017, 9:52 am

Síguela por favor!! No nos dejes con la intriga 
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por parachutes. el Miér 01 Feb 2017, 7:53 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Holaaaa   Me llamo isabella soy venezolana , y soy tu nueva lectora  jejeje, siempre e leído novelas de narnia y esta me párese interesante es diferente a lo que e leído, siguela  o ya veras 
Hola, Isabelle, bienvenida Gracias por el comentario y por la amenaza, creo (?) ; nos leemos luego .
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por parachutes. el Miér 01 Feb 2017, 8:07 pm


gabs:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
ME EMOCIONE MAS!!!   me dieron unas ganas giganges de ver las tres peliculas de Narnia (y lo voy hacer) tengo un montón de tiempo sin verlas y siento que me estoy traicionando, cuando ellos entran y ven sus ropas y leen la leyenda y pasa esa hermosa música de fondo SIENTO DE TODO DENTRO DE MI!!! AYYY la parte de la pelea de Ed siempre ha sido mi fav ES UN TAN HERMOSO!!! "Era el cuerno de la reina Susan" ASDFGHJKLÑ!!! cuando al principio los telmarinos decían que era leyenda y esas cosas sentía un no se que, que no se explicar es que o sea es tan emocionante (si me pagaran por la veces que diré "emocionante" ya seré rica y ya habré visto todo el sistema solar) ES QUE TODO ES TAN LINDO Y NARNIA ES....NI SE COMO EXPRESAR LO TANTO QUE ME ENCANTA!!! ya quiero mas cap 7u7 síguela pronto Beca.
PD: hoy estaban pasando esta en TNT, no la vi por que quiero verlas en orden.


Gabbe.xxx

Me emociona que te emocione, ah (?) Y ni hablar del lindo de Ed La seguiré tan pronto como pueda .

P.S. a tu P.S. Justo ese día la estaba viendo Y, ¿sabés? Después de que la pasaron, sacaron la primera, así, seguidas Solo que a diferencia tuya, yo no me pude resistir, lol (?)

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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por parachutes. el Miér 01 Feb 2017, 8:10 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Holaaa! Nueva lectora! me encanta tu nove, síguela por favor!  
Bienvenida, Daissy Gracias por comentar; nos leemos pronto .
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por parachutes. el Miér 01 Feb 2017, 8:15 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Síguela por favor!! No nos dejes con la intriga 
Ya, ya El capítulo está casi listo Solo me falta agregar dos escenas y pulir detalles... porque aún no me convence, je (?)

Lamento la demora, lindas ; saludos a todas .
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por parachutes. el Sáb 25 Feb 2017, 10:10 pm

04.
De historias olvidadas y encuentros inesperados


El profesor Cornelius caminaba tranquilamente por los pasillos del castillo; había pasado toda la mañana leyendo libros de astrología en la Gran Biblioteca, y se dirigía de regreso a su estudio, como normalmente hacía. Su rostro lucía sereno, incluso silbaba una cancioncilla alegre que rondaba en su memoria, pero la expresión en su rostro cambió cuando advirtió que la puerta de su pequeña guarida estaba abierta; una rendija dejaba ver los muebles de la habitación al otro lado.

El anciano echó un vistazo a su alrededor antes de entrar, y lo que vio ahí lo dejó petrificado; no del miedo, sino por el desconcierto.

—Qué impresionante biblioteca, doctor —se adelantó Miraz. El hombre se encontraba dándole la espalda a la entrada y, al parecer, sostenía un libro en sus manos.

—¿Hay alguna cosa en particular que desee, mi lord? —inquirió, dejando sobre el buró un par de pergaminos y cartas que cargaba con él.

—De hecho, creo que encontré lo que estaba buscando... —respondió el telmarino, dándose media vuelta y caminando hacia él—, ¡en uno de mis soldados! —exclamó con furia, clavando con su mano una flecha en el escritorio.

El profesor se quitó los lentes, maravillado, y se detuvo a contemplar aquel objeto: las plumas de la flecha eran de un brillante color escarlata y el astil estaba hecho de una fina madera rojiza; la punta era de oro, y había quedado incrustada en medio de una pila de páginas que se encontraban sobre el despacho.

Cornelius tuvo que reprimir la emoción en su interior.

Miraz se reclinó en una silla, puso los pies sobre el buró, colocó ambas manos sobre su estómago y escudriñó al profesor con la mirada, expectante.

—El cuerno de la Reina Susan, ¿lo conoce? —demandó el hombre con impaciencia.

—Eh... dice la leyenda que era mágico.

—¿Mágico?

—Los narnianos creían que este llamaría a los Reyes y a las Reinas de Antaño... —contestó el profesor con vacilación fingida, mientras se acariciaba las barbas color ceniza—, o al menos, eso decía la superstición.

—¿Y qué tanto saben mis sobrinos sobre esta... superstición? —preguntó, poniéndose de pie para acercarse al tutor de forma amenazante.

—Mi lord, usted me prohibió que mencionara las antiguas leyendas —le recordó, pero un atisbo de sonrisa se asomó en sus labios, provocando que Miraz rechinara los dientes.  

—¿Eso hice? —farfulló amargamente, y se vio interrumpido por un tintineo metálico detrás de él que provocó que echara un vistazo sobre su hombro.

Lord Glozelle entró al estudio de pronto... y no para preguntarle a Cornelius sobre Jackson, exactamente.

Dos guardias lo acompañaban.

E iban armados.

En ese momento, el anciano comprendió que el Lord Protector no estaba ahí para buscar su consejo.

—Le diré una cosa —el profesor encaró a Miraz con ojos penetrantes, sombríos y severos—, si Caspian y Coleen oyeron sobre la gran magia, mi señor, tiene buenas razones para estar nervioso —esta vez, sonrío abiertamente; su mirada tenía un brillo de osadía.

Miraz tuvo que contenerse para no golpearlo frente a sus hombres y, en cambio, ordenó que lo escoltaran al calabozo.

Lord Sobespian caminaba por el lugar cuando presenció cómo los dos soldados arrastraban al profesor Cornelius por las escaleras. Glozelle venía detrás de ellos, pero no los siguió, por lo que el telmarino encontró una más oportunidad para inyectar su veneno en la herida del general.

—Primero los príncipes y tu hijo... ahora, su tutor —siseó el hombre con cinismo. Glozelle se limitó a observarlo en silencio—. Si los miembros de la Casa de Miraz no están a salvo, ¿quién lo está?

—¡Lord Sobespian! —el grito del susodicho se elevó desde la biblioteca, como si hubiese escuchado aquella acusación.

—No es seguro decir eso, Lord Sobespian —hizo notar el otro hombre con cautela.

—Nada es seguro en estos tiempos, general... y nadie mejor que usted lo sabe —dijo, asegurándose de que Glozelle entendiera el significado oculto en aquella oración—. Hay que cuidar nuestras palabras con el mismo cuidado con que se elige a los amigos —susurró con una sonrisa ladina, antes de entrar al estudio del profesor Cornelius.

—¿Cuánto falta para terminar el puente? —interrogó Miraz al notar su presencia en la habitación.

—La construcción continúa sin retrasos.

—Eso no es suficiente —señaló, apoyando sus manos sobre el despacho para inclinarse hacia adelante—. Necesito que mis tropas ya pasen ese río.

—Puedo sugerir que contribuya con más hombres... yo no tengo muchos a mí disposición —insinuó; su sed de poder era desmesurada.

—Es verdad, y harías bien en jamás olvidarlo —reiteró Miraz entre dientes, mirando a Sobespian con dureza—. Ve a Beruna —ordenó a Glozelle, quien había entrado detrás de él y se encontraba de pie en la puerta—. Lleva a todas las tropas que necesites... alcanzaremos a mis sobrinos y a Jackson antes que ellos.

—¿Ellos, mi lord? —preguntó Sobespian, conteniendo la ira en su interior.

—Quizá debas estudiar algo de historia —masculló el Lord Protector, dando una mirada fugaz al escritorio.

Lord Sobespian esperó a que Miraz saliera de la estancia para echar un vistazo al buró. Algo captó su atención de inmediato; una cosa en particular que se encontraba fuera de lugar: una flecha incrustada en una columna de páginas.

Y ahí, en un dibujo, el telmarino contempló a los Reyes y Reinas de Antaño en su máximo esplendor.


✽•✽•✽


Trumpkin se había hecho cargo del mando una vez que Peter y Edmund desatracaron la barca de la orilla. Los remos eran demasiado grandes para él, de manera que el muchacho mayor remaba y el enano lo guiaba; primero hacia el norte del canal, de regreso a la desembocadura del Gran Río, y luego por el caudal que atravesaba las profundidades del bosque.

Los cuatro hermanos creyeron que reconocerían el paisaje, pero los árboles habían crecido tanto desde que estuvieron ahí por última vez, que daban una apariencia completamente diferente al lugar.

—Qué quietos están —suspiró Lucy, mirando como la vegetación se amotinaba en las rocas del acantilado.

—Son árboles —obvió Trumpkin con brusquedad—, ¿qué esperabas?

Edmund desvió su mirada del paraje y observó al enano en silencio. Un brillo relució en sus ojos oscuros; una mezcla de preocupación y tristeza.

¿Tanto tiempo había pasado?

—Solían danzar —declaró la pequeña con voz trémula, mirando al narniano.

Trumpkin esperó un momento antes de volver a hablar.

—Poco después de que se fueron, los Telmarinos nos invadieron. Los sobrevivientes se ocultaron en el bosque y los árboles... ellos... —el enano se detuvo, buscando cómo explicar aquello de manera sencilla—, se sumieron en un sueño profundo del que no han vuelto a despertar.

—No lo entiendo... —admitió Lucy, sintiendo que todavía había algo que no encajaba—, ¿Aslan dejó que esto pasara?

—¿Aslan? —el narniano casi escupió aquel nombre en la cara de la niña—. Nos abandonó al mismo tiempo que ustedes.

Trumpkin observó a los cuatro hermanos con un deje de resentimiento y desvío la mirada hacia el frente, claramente indignado.

—No quisimos abandonarlos —dijo Peter con serenidad, en un intento por romper la tensión que crecía a su alrededor.

—Pero eso no cambia las cosas, ¿o sí?

—Llévanos con los narnianos —repuso el Magnífico, haciendo que Trumpkin fijara su mirada en él—. Eso sí.


✽•✽•✽


Era mediodía cuando Coleen estuvo segura de que había llegado, por fin, a las orillas del Arroyo Cristalino.

Desmontó a Ergo y, de inmediato, se sintió adolorida; el tiempo que había pasado sentada en la silla de montar le estaba cobrando factura.

Y sí que dolía.

Estando aún en la frontera entre el bosque y el arroyo, la pelinegra encontró un pequeño claro cubierto de pasto donde podrían descansar; quitó las bridas a Ergo para dejarlo pastar, dejó a un lado su alforja y caminó hacia el río. Se arrodilló al lado del torrente y, formando un cuenco con sus manos, llevó un poco de líquido a sus labios.

La muchacha cerró los ojos ante el tacto y suspiró suavemente.

El agua sabía a gloria.

Lavó su rostro con lentitud, deleitándose con el efímero placer que el Arroyo le había provocado, y se detuvo un momento a estudiar el lugar que la rodeaba.

Era hermoso.

Podía ver como los destellos del sol relucían en el agua virgen, y escuchaba como las ramas de los árboles danzaban al compás de la brisa en una dulce melodía. Echó un vistazo detrás de ella; Ergo seguía pastando en medio de la tranquilidad del bosque...

El bosque.

El rostro de Jackson y su hermano acudieron a su memoria.

Aún estaban ahí... en quién sabía dónde.

De pronto, se sintió asustada e insignificante al encontrarse en un lugar tan grande y, aparentemente, vacío.

Trató de alejar ese sentimiento y se preguntó cuáles eran sus opciones.

Podía tratar de cruzar la frontera sur y llegar a la corte del Rey Nain de Archenland; había escuchado decir al profesor que el Monarca de las tierras sureñas era un hombre gentil y bueno, así que él podría ayudarla.

O podía quedarse ahí y esperar...

¿Qué tal si Caspian estaba buscándola?

Tal vez Jackson estuviese cerca...

Lo último que quería, era estar más lejos de ellos.

Coleen humedeció su rostro con el agua fría para secar las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos y se limpió frenéticamente la faz con la capucha, maldiciéndose por querer llorar en una situación como esa. Luego, se puso de pie, y regresó a la pequeña sensación de esperanza y seguridad que ahora le brindaba el bosque.


✽•✽•✽


Cuando Jackson despertó, se encontró a sí mismo en un lugar frío, oscuro y húmedo; las ramas de los árboles cubrían cualquier rastro de sol fuera del espesor de sus hojas. Un segundo después, reparó en que estaba atado de pies y manos... y tenía una mordaza cubriéndole la boca.

Un ruido lo alertó; hojas secas siendo pisadas.

Ladeó la cabeza: Malka y Destrier pastaban a unos metros de donde estaba.

Entrecerró los ojos, confundido.

¿Cómo demonios había llegado ahí?

Se removió, incómodo; su espalda quejándose mudamente ante el contacto áspero del tronco en el que se encontraba apoyado. Esbozó una mueca de dolor, la cabeza le dolía inmensurablemente.

Y ahora recordaba todo.

—Al fin despertaste.

El muchacho sintió como se le erizaba la piel al escuchar eso; el alma se le habría salido de la boca si no hubiese tenido un trozo de tela cubriéndole los labios. Volteó lentamente hacia el lugar de dónde provenía aquella voz, suplicando que lo que estuviese a su lado no fuese lo que él creía que era...

El minotauro estaba sentado en el tronco contiguo a él y lo observaba con sus grandes ojos negros.

—¿Qué? —preguntó; su voz era grave, profunda, estremecedora... y le hacía justicia—, ¿por qué me miras así, niño telmarino?

Jackson parpadeó rápidamente, frunció el ceño y enduró su mirada; las iris metálicas inexpresivas en un intento por ocultar su temor.

La criatura soltó una risita por lo bajo y apartó la mirada. Tenía un cuenco en sus manos y bebió un poco del líquido en su interior.

El chico de cabellos cobrizos lo observó y tragó secamente; la garganta comenzaba a arderle.

—¿Tienes sed? —el narniano había notado la expresión de su rostro. El castaño solo se encogió de hombros—. Si te quito la mordaza, ¿prometes que no vas a gritar?

¿Cómo podría?

Apenas y lograba mantener los ojos abiertos. Sentía la tráquea hecha polvo, tenía un hambre descomunal y le dolía todo.

El muchacho asintió, derrotado.

—Bien —dijo el minotauro, levantándose. El chico no pudo evitar sentir un poco de miedo cuando desenvainó su espada y cortó con habilidad diestra la parte trasera de la mordaza y las ataduras de sus manos para que pudiese tomar el cuenco. Luego, regresó con tranquilidad a su asiento.

Jackson no apartó su mirada de él, desconfiado, y sintió la necesidad de llevar su mano hacia la empuñadura de su espada, más no se atrevió a hacerlo.

En cambio, se llevó el cuenco a los labios sin siquiera olerlo o darle un vistazo, bebió un sorbo del fluido y se arrepintió al momento de hacerlo, escupiéndolo al instante: el líquido era amargo, espeso, de color marrón... y dudaba de su procedencia.

—¡Maldición! ¡¿Qué demonios es esto?!

—Jugo de trufas negras.

—¡Es asqueroso! —exclamó, limpiando su lengua con la manga de su capa.

La criatura soltó una risa profunda y apoyó su espalda en el tronco detrás de él.

—¿Y cómo te llamas, niño?

—Jackson —dijo con disgusto; aún podía sentir el sabor amargo quemándole la garganta—. ¿Y tú?

—Me llamo Tavros —contestó, su voz casi con un tono amigable—. ¿Qué hacías rondando por estos lugares, Jackson?

—Buscaba al caballo de un amigo... ese, el de color negro... —explicó, señalando a Destrier—, y me estaba yendo bastante bien hasta que llegaste, para ser sinceros.

—¿Y qué hacían tu amigo y tú en el bosque?

Los ojos grisáceos lo miraron con cautela antes de responder.

—Nada importante —se  limitó a decir, aclarándose la garganta. El castaño estudió un segundo al narniano. Ni en sus más locos sueños hubiese imaginado que, algún día, hablaría con uno de ellos; incluso, hace unas horas, podría haber jurado que estaban extintos—. ¿Y qué eres? —inquirió, buscando reafirmar lo que ya sabía.

—¿Tú qué crees que soy?

—¿Un hombre vaca con cuernos? —respondió en interrogante con voz rebosante de sorna; la criatura le dedicó una mirada monótona, a lo que el muchacho sonrió con burla. Jack podría estar al borde de la muerte y seguiría siendo un idiota—. Bueno, Tavros, gracias por tu interés al querer ayudarme, pero me has hecho de todo, menos un favor...

—Así que, además de ser un telmarino irritante, eres desagradecido.

—Sí... eso dice papá —farfulló, encogiéndose de hombros para restarle importancia—. Ahora, si pudieras quitarme esta cosa —dijo, señalando la cuerda que ataba sus pies—, fingiré que nada de esto pasó. Ya sabes, no tendrás que preocuparte más por mí y podrás vivir feliz el resto de tu vida en tu cabaña con tus hijos y esposa... ¿hombres-vacas?

El minotauro suspiró con cansancio y se levantó de su asiento.

—¿Sabes, niño? Creo que me agradas más cuando estás dormido.

Los ojos de Jackson se abrieron como platos, dejando caer el cuenco... y todo intento de valentía que había mostrado hasta ese momento.

—Por favor, no otra vez...

La empuñadura de la espada de Tavros se estrelló contra la cabeza del chico por tercera vez en esa mañana.


✽•✽•✽


Trumpkin y los Pevensie desembarcaron en el Arroyo Cristalino a sugerencia de Peter; ahí podrían beber del agua dulce, además de que no podrían seguir andando en la barca porque era la parte menos profunda del río.

El enano fue el primero en bajar, seguido de Lucy; luego, él y los tres muchachos mayores, se encargaron de atracar el bote en la arena.

La niña tenía dolor de cabeza por las largas horas al sol y el reflejo de este en el agua, por lo que el aire fresco del bosque se estampó contra su rostro como una amena caricia. Aprovechó la ocasión para tomar la delantera y explorar un poco el lugar.

De cualquier forma, no iba a serles de mucha ayuda...

Caminaba por la orilla, observando la espesura de los árboles a su izquierda, cuando un gruñido llamó su atención: un oso pardo se encontraba a unos metros delante de donde ella estaba.

—¡Hola! ¿Qué tal? —dijo la niña con tono alegre, provocando que sus acompañantes repararan en la pequeña castaña. Por su parte, el animal se levantó sobre sus cuartos traseros para mirarla; la Reina Valiente no se detuvo—. No te asustes, ¡somos amigos!

—¡No se mueva, majestad! —gritó Trumpkin, quien había advertido que algo estaba mal.

Lucy se giró para ver al enano... y el oso vio la oportunidad perfecta para atacar. La niña escuchó el sonido de pisadas apresuradas que se acercaban y volteó a tiempo para ver como el oso corría hacia ella.

Sus piernas comenzaron a moverse en dirección contraria al depredador como si se tratase de un instinto.

—¡Aléjate de inmediato! —ordenó Susan, tensando el arco mientras apuntaba a la criatura.

En su desesperación, Lucy la castaña un vistazo hacia atrás, tropezando de inmediato. Cayó al suelo de bruces, giró sobre su espalda y sintió como el corazón casi se le salía del pecho cuando el oso estuvo frente a ella.

—¡Dispara, Susan, dispara! —gritó Edmund, al momento en el que él y Peter corrían hacia su pequeña hermana con las espadas desenvainadas.

Demasiadas cosas sucedieron en el siguiente segundo.

La niña gritó con tanta fuerza que estuvo a punto de desgarrarse la garganta.

El oso se inclinó sobre ella, lanzando un feroz rugido.

Y un débil silbido se encargó de terminar con todo el alboroto: una flecha había atravesado el pecho del animal, haciéndolo caer con un bramido estremecedor.

Lucy volteó hacia atrás; hacia donde sus hermanos y el enano se encontraban.

Susan aún tenía la flecha cargada.

Trumpkin también tensaba el arco; el dardo seguía en su lugar.

De pronto, algo llamó la atención de la Reina Valiente... o, más bien, alguien: una figura encapuchada se encontraba de pie a lo lejos, justo detrás de ellos.

Sostenía un arco.

Y no había flecha en su cuerda.

Los demás voltearon, advirtiendo la expresión en la cara de Lucy, y tampoco pudieron evitar que la sorpresa se reflejara en sus rostros: no recordaban haber visto a aquel sujeto cuando desembarcaron.

Trumpkin observó la silueta con recelo por unos segundos, sintiendo como sus ojos lo escudriñaban debajo de la capucha, y luego caminó hacia el lugar donde yacía el cuerpo inerte del oso. Los Reyes de Antaño se vieron obligados a apartar la vista del encapuchado para prestar debida atención al problema que acababa de surgir.

—¿Por qué el oso no se detuvo? —preguntó Susan, quien no había disparado pensando que, tal vez, el oso sería un animal parlante; un verdadero narniano.

—Creo que el hambre no lo dejó —manifestó el enano.

Peter corrió hacia Lucy, la ayudó a levantarse, la abrazó y apuntó al animal con su espada como medida preventiva; Edmund y Susan llegaron detrás de él.

—Era salvaje —hizo notar el pelinegro.

El enano daba ligeros toques al oso con una de las puntas de su arco.

—Creo que ya no era inteligente —añadió el rubio.

—Cuando te tratan como si fueras un animal, en eso te conviertes —manifestó Trumpkin, desenvainando la daga que cargaba en su cinturón—. Nada es como lo recuerdan... Narnia es mucho más salvaje.

Y dicho esto, hundió la hoja metálica en el tórax del oso.

Lucy escondió su rostro en el pecho de Peter y sollozó; su hermano se aferró a ella con fuerza, intentando brindarle seguridad. Sin embargo, apartó la mirada para no observar la atrocidad que ocurría frente a ellos; el simple hecho de pensar en aquello, le causó escalofríos.

En ese momento, percibió un movimiento detrás de ellos.

El encapuchado se había dado la vuelta y caminaba de regreso a las profundidades del bosque; aun llevaba el arco en las manos.

—¡Espera! —ordenó, Peter soltándose del agarre de su pequeña hermana; su voz se alzó sobre el silencio que reinaba en ese lugar—. ¿Quién eres?

Trumpkin y los demás voltearon a verlo. Casi olvidaban que había un asunto pendiente por resolver...

En cambio, Peter no logró obtener reacción alguna por parte del extraño, quien, ante tal actitud, solo siguió con su camino.

—¡En nombre de Aslan, ordeno que me digas cuál es tu nombre! —exigió el rubio con autoridad.

La silueta oscura se detuvo en seco y ladeo su cabeza.

—Oye, no creo que sea la manera adecuada de hablarle así —reprochó Susan, mirándolo con desaprobación.

—¿Y por qué no?

—Salvó a Lucy hace un minuto, por si lo olvidabas.

—Su tiene razón —intervino Edmund, encogiéndose de hombros.

El mayor lo miró con irritación y puso los ojos en blanco.

Era consciente de que Susan tenía razón sin que se lo dijeran.

El muchacho de ojos azules reparó que llevaba a Rhindon aún al aire, así que la envainó como primera muestra de paz.

—Supongo que tengo que disculparme por lo que dije —vaciló, dirigiéndose al encapuchado. No hubo respuesta. El chico resopló antes de seguir—. En nombre de Cair Paravel y las Islas Solitarias, yo, el Gran Rey Peter, el Magnífico...

—No de nuevo, Pet —lo interrumpió su hermano, recordando lo sucedido con Trumpkin hace unas horas—. Solo discúlpate.

—Lo siento —la voz le salió con un deje de tono airado.

Sus hermanos suspiraron con cansancio.

—Creo que puedes hacer algo mejor que eso —dijo Lucy.

—No sé a qué te refieres...

—¿Podrías ser menos orgulloso? —inquirió Trumpkin con brusquedad; el enano había permanecido detrás de ellos, estudiando al forastero en silencio, hasta ese momento.

Peter tragó con fuerza ante la pregunta; la vergüenza lo hizo pedazos por dentro. Alzó el rostro y se aclaró la garganta para ocultar su debilidad, rezando para que sus mejillas no se hubiesen ruborizado.

—Yo... eh... me disculpo... señor, lamento mi actitud y Narnia agradece... no, yo... gracias por...—de pronto, no pudo formular palabras que juntas tuvieran sentido—, por...

Simplemente, no podía.

Miró a su alrededor en busca de ayuda, y encontró la solución en la mirada oscura de su hermano; el pelinegro negó con la cabeza. Pet lo miró suplicante, provocándole una sensación de... ¿lástima?

Sí, a Edmund le provocó lástima.

El muchacho cerró los parpados con fuerza y respiró profundamente.

—Lo que Peter quiere decir... —comenzó el Rey Justo, llevándose una mano a la cabeza; ni siquiera estaba seguro de por qué le estaba haciendo ese favor a su hermano—, es que estamos agradecidos. Muy agradecidos —recalcó, dedicando una mirada elocuente al rubio—. Así que, si hay algo que podamos hacer para pagarte por haber salvado a nuestra hermana, puedes decirlo.

El encapuchado regresó su cabeza hacia el bosque, pero no caminó. Colgó su arco en el carcaj que llevaba en la espalda y, luego, desenvainó una espada.

Peter llevó una mano hacia la empuñadura de Rhindon ante tal acción.

Edmund se aferró a la suya con fuerza, listo para luchar en caso de que fuera necesario.

Trumpkin aún sostenía su daga.

Tres contra uno.

El triunfo sería inevitable.

Lucy y Susan miraron con ojos de confusión al extraño.

¿Ahora quería matarlos?

De repente, el encapuchado giró sobre sus talones y, ante la sorpresa de los Reyes y Reinas, ancló el metal en la arena con ambas manos y se inclinó, hincando una rodilla en el suelo. El desconcierto se intensificó aún más en el rostro de todos cuando el sujeto hizo hacia atrás su capucha; la faz pálida contrastaba con las telas oscuras y su cabellera color azabache.

Trumpkin la reconoció enseguida.

—Mi nombre es Coleen —dijo al fin la muchacha de ojos pardos—. Y necesito su ayuda.


tócame (?):
Sí... creo que merezco que pongan mi cabeza en una pica (?) Ya ha pasado un mes y cuatro días desde que actualicé, así que, en muestra de que lamento mucho la espera, hice el capítulo más largo de lo que planeaba "gracias", de nada (???)
Como siempre, espero que les haya gustado y siéntanse libres de comentar qué les pareció Saludos


Última edición por parachutes. el Vie 10 Nov 2017, 2:53 pm, editado 2 veces
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por Ritza. el Dom 26 Feb 2017, 7:29 am

Hola, Rebe
Como ya te dije, estaba stalkeando (?) Realmente, hace muchísimo que no leo una fic, y nunca encontré una buena de Narnia pero anoche encontré esta y me encanta como va Escribes genial, mujer, y lamento haber esperado hasta el 2017 para leerte (?) y adkahdkad amo que Caspian tenga una hermana y las posibilidades de lo que pueda cambiar con ella y con Jackson me intriga y me emociona

Edmund me encanta Ed, me encanta su actitud sassy y sarcástica y que siempre tiene uno de esos comentarios que te hacen pensar "¿qué tan idiota soy?" de forma divertida y me encanta Mis feels de Narnia resurgen, y todo es tu culpa

. Ahora, si pudieras quitarme esta cosa —dijo, señalando la cuerda que ataba sus pies—, fingiré que nada de esto pasó. Ya sabes, no tendrás que preocuparte más por mí y podrás vivir feliz el resto de tu vida en tu cabaña con tus hijos y esposa... ¿hombres-vacas?

AJAJAJAJA LO SIENTO PERO MORÍ AHÍ DIOS MÍO, HOMBRES VACAS ¿como se le ocurre decirle así cuando el minotauro fácilmente puede lanzarlo a volar por los aires? su primer y último vuelo, sería

Lo que mas me choca de cuando vuelven a Narnia por segunda vez es que todos estábamos emocionados porque volverían a andar con los animales que hablan y los árboles que bailan y la naturaleza que está tan viva y que todo el mundo respeta...pero no, se topan con esta mierda de los telmarinos ahogando enanos y diciendo que los narnianos son una leyenda o que están extintos así que, cuando Caspian sonó el cuerno y los chicos pasaron de estar en el tren hartos de su vida normal (? a estar en la playa, fue tan genial

Ya quiero ver como sigue todo, mujer a ver si Peter el magnífico aprende a pedir disculpas sin recurir a Ed
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

Mensaje por parachutes. el Miér 01 Mar 2017, 5:05 pm


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[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Hola, Rebe
Como ya te dije, estaba stalkeando (?) Realmente, hace muchísimo que no leo una fic, y nunca encontré una buena de Narnia pero anoche encontré esta y me encanta como va Escribes genial, mujer, y lamento haber esperado hasta el 2017 para leerte (?) y adkahdkad amo que Caspian tenga una hermana y las posibilidades de lo que pueda cambiar con ella y con Jackson me intriga y me emociona

Edmund me encanta Ed, me encanta su actitud sassy y sarcástica y que siempre tiene uno de esos comentarios que te hacen pensar "¿qué tan idiota soy?" de forma divertida y me encanta Mis feels de Narnia resurgen, y todo es tu culpa  

. Ahora, si pudieras quitarme esta cosa —dijo, señalando la cuerda que ataba sus pies—, fingiré que nada de esto pasó. Ya sabes, no tendrás que preocuparte más por mí y podrás vivir feliz el resto de tu vida en tu cabaña con tus hijos y esposa... ¿hombres-vacas?

AJAJAJAJA LO SIENTO PERO MORÍ AHÍ DIOS MÍO, HOMBRES VACAS ¿como se le ocurre decirle así cuando el minotauro fácilmente puede lanzarlo a volar por los aires? su primer y último vuelo, sería

Lo que mas me choca de cuando vuelven a Narnia por segunda vez es que todos estábamos emocionados porque volverían a andar con los animales que hablan y los árboles que bailan y la naturaleza que está tan viva y que todo el mundo respeta...pero no, se topan con esta mierda de los telmarinos ahogando enanos y diciendo que los narnianos son una leyenda o que están extintos así que, cuando Caspian sonó el cuerno y los chicos pasaron de estar en el tren hartos de su vida normal (? a estar en la playa, fue tan genial

Ya quiero ver como sigue todo, mujer a ver si Peter el magnífico aprende a pedir disculpas sin recurir a Ed

Pero que comentario más lindo (?) Es la segunda vez que me lo decís, pero el feel sigue siendo el mismo, ah Y no lamentes no haberme leído antes, porque ya estás aquí... además de que no te perdiste de mucho, lol (???) ¡Ay! Soy culpable de avivar tu llama narniana interior de nada

Está de más decir que mis sentimientos por Ed son los mismos, pero ya lo dije (?) Y sobre Jackson, bueno... el niño no fue amamantado, ke dezirteh (?)

Gracias por comentar, Ems La seguiré tan pronto como pueda; nos leemos luego
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Re: The Chronicles of Narnia: Prince Caspian and Lady Coleen.

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