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Samariv.

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Re: Samariv.

Mensaje por Stark. el Miér 07 Mar 2018, 4:22 pm

no puedo leerla sabiendo que hay una segunda parte mujer xD esperare, esperaree
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Re: Samariv.

Mensaje por Ariel. el Miér 07 Mar 2018, 5:32 pm

jajajajajaja ahhh bueno, que constee!!
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Re: Samariv.

Mensaje por Ritza. el Miér 07 Mar 2018, 8:12 pm

exacto, eso es malo para la salud(?
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Re: Samariv.

Mensaje por Ariel. el Sáb 24 Mar 2018, 12:37 pm

Bueno, comienzo pidiendo disculpas desde el fondo de mi corazon. Pero bueno,   mas vale tarde que nunca. No soy de comentarios porque siempre se me olvidan o me vuelvo un ocho comentando.  Siempre les escribo por Skype lo que opino del Cap. Pero te quejaste tanto (candela) que bueno     Aqui esta.

Kandelin:
Una de las cosas que mas me gusta de esta novela, es lo diferente que son todooos sus personajes. La actitud de Valeska me encanta! porque a pesar de que Akari parece la mama de las chicas, Val tiene un muy fuerte caracter y esta bien que alguien en el grupo lo tenga. Inlcuso con todo y ese humor de perro que tiene      
Bueno, La cosa de la muerte del sensei de Val es muy triste. Debio ser genial tener a alguien que cuidara de ti y te diera calor familiar cuando nadie mas lo hiso. Ese viejito tiene mi corazon por eso, es una lastima que muriera y que tenga familia tan de mierda.  
—¿Está descansando en paz, sensei? —pregunto mirando atenta a la imagen del fallecido —Espero que al menos tu si estés bien donde quiera que te encuentres.
Sentada en el frio pasto, poco a poco comienzo a hablar sabiendo que tal vez no está escuchándome y simplemente estoy perdiendo el tiempo, pero es mi necesidad más grande de hablar con alguien que realmente me entienda. Él me comprendía, mi maestro era sabio y siempre sabía que decir ante cada ocasión.
Lo extraño.
eso fue muy triste T.T De verdad me da mucha cosa que Valeska sienta que nadie la entiende o que nadie realmente la quiera comprender. Que se sienta taan sola. Pero se que es algo que mejorara despues de empeorar mas adelante    
No quiero grandezas ni premios, solo paz. Hacía mucho tiempo las expectativas que tenía desde niña desaparecieron, antes mis deseos era ser alguien invencible e intocable para que jamás pudiesen volver a insultarme o golpearme.
    Lo sabemos chiquita. Creeme, tu avaricia volvera. Y encima tendras quien te la alimente -.-! aunque es engorroso, ya quiero que llegue esa epoca en la que se pasa al lado obscuro de la fuerza. y a la vez no   [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

—Nunca debes soltar tu arma. Nunca. Porque no la sostienes firmes es que la dejas caer.
—¡No estamos en una maldita guerra!
—Pues, ahora sí; mi clase es un campo de guerra.
—Bah, solo hay que moverlo y ya —el niño tira el florete al suelo y se cruza de brazos —Esto apesta.
—Si no te gusta entonces vete a otro lado, mocoso.
Esto me causo mucha gracia XDXD Malditos mocosos creen que se las saben todas mas una. Me recordo a cuando tuve que montarle la coreo a mi primita para la escuela y las mocosas me retaban   pude matar a alguien ese dia.
En cuanto al entrenamiento con Val, ya sabemos que se acercan malos momentos. La chica es un arma con patas. y encima se viene con todo ese mal genio que tiene. Estamos en grandes problemas con ella T.T    [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].
—Lo lamento, señor Hutch. Verá, es una niña tonta y...
—Ja, ¿"señor" este pendejo? —señalo al chico y este hace una mueca de desagrado por como lo llamo. —Solo tiene trece años.
—¡Trece años y millones más que tú! ¡Podría incluso cerrar esta maldita academia!
—¡No!
—Hazlo —cruzo mis brazos y lo miro desafiante.
—¡Estoy hablando enserio!
—¿Y crees que yo no? Atrévete, niñito. Ya veremos quién es el que perderá la cabeza de los dos.
—¡Valeska! ¡Estas despedida!
—¿Otra vez? —digo con ironía y le sonrió con desagrado —Nunca encontrara una maestra en el Esgrima como yo, es preferible perder a este mocoso bueno para nada que a sus demás estudiantes. ¿O acaso no recuerda lo inconforme que estuvieron la primera vez que me despidió?
La amo! LITERAL!   Ese mal genio me eencantaaa!!!! A parte me mata como se pone a discutir con un chiquillo de 13, asi me pongo yo. Y mi mama me ddice mete de pollo.  
Pero Val tiene razón, jamas encontraran una maestra como ella. Porque ella es genial, sexy, fuerte, ágil, inteligente y ¿Mencione que tiene poderes?     Es como un Itachi con pechos.
Pero sabes que fue lo que mas me gusto del despido de Val? QUE EL HOMBRE LE QUERIA ROGAR!!!! JAJAJAJAAJAJ el creyo que valeska lo haria, pobre imbecil. como se nota que no la conoce, Val no le rogaria, nunca. Ni que necesitara el trabajo. El si estuvo a punto de hacerlo     pobre, pequeño y estupido Mark. Te vere arrastrarte por el infierno chiquitin.
Amo esa actitud de Valeska en la que no se rebaja por nada ni por nadie. Mas que nada cuando sabe que tiene la razon.
Dejare que sufra por mi unos días y el lunes volveré a ver si le quedan más ganas de seguir amaneándome con despedirme.
chica inteligente   Lo dije.

Cuando el sol se oculta hay nostalgia y tristeza, ansiedad y resignación. Hay muchas emociones abrumadoras que me atrapan.
son cosas. Pequeños detalles de esta trama que me encantan.  
La voz femenina interrumpe mis pensamientos, bajo la mirada y allí esta una mujer con un paño en la cabeza, un sweater de lana y una pollera roja oscura. Es una gitana. En sus pies se encuentra un mantel con estampado blanco, rojo y negro. Está vendiendo anillos y pulseras.
—¿Le gustaría echar un vistazo?
Estoy por decirle que no y seguir mi camino, sin embargo un anillo peculiar logra llamar mi atención. Me agacho para observar mejor la joya, cuando la escucho decir que puedo tomarla no lo pienso dos veces. Sostengo el anillo en mis dedos en mis dedos y pienso que lo he visto en alguna parte antes. Es rojo y grueso en la parte de adelante, tiene pequeños diamantes blancos que forman una llama. Es bellísimo.
Gyula y sus cosas    siempre haciendo que algo se prenda en las chicas. Ciertamente es uno de mis caracteres favoritos     Porque como que siempre ha estado cuidando de las chicas. Desde que su madre las dejo en la tierra ella se ha encargado de vigilaras desde las sombras. Y hace esas pequeñas cosas para crear dudas y confusión  en la mente de las chicas.    
Si pensaba que el día había sido una completa mierda, pues le termino de rematar que me despidieran del restaurante por golpear al Jefe de cocina.
esta chica necesita ir a talleres del control de la ira.   ya es serio, quiere golpear a todo el mundo. Un dia de estos va a matar a alguien T.T. NAHHHH, MENTIRA.      que lo haga, yo le echo porras desde aca porque me encantan este tipo de peos.       Yo tambien fuese asi si tuviera poderes, seria mi As bajo la manga. Sin poderes no, despues me joden y quedo cuadraplejica.  El tipo se mereciauna paliza severa por andar metiendo mano donde no debe. Me alegra que Val lo pusiera en su lugar. Por abusador. Me chocan los hombres que se creen con poder sobre una!!    
Estoy harta de trabajar y trabajar para que las cosas terminen resultando así: despedida, denunciada y encima tachada como loca. Estoy cansada que pasen encima de mí solo porque no tengo dinero ni contactos. Como si fuera la única mierda que importara.
Pasan diez, veinte y treinta minutos, pero no dejo de correr. Siento que estoy huyendo de lo que soy y de lo que me condiciona a esta forma, y es inútil porque la realidad me está alcanzando con dos o tres pasos más cuando doy uno.
Esto cambiara mi pequeña niña       Eres una princesa y seras una reina, te besaran el culo. Yo de verdad espero que algun dia (Luego de toda la crisis) Valeska de verdad comience a sentirse segura y bien consigo misma. Es muy problematico que te sientas todo el tiempo en guerra contigo misma. Esto difiere mucho con lo de que Val de verdad no quiere saber de donde viene, pero asumo que es por el hecho de que siente que la abandonaron.
Es esa carta de mierda. Vedetta sigue nombrándola y estoy casi segura que le llenara la cabeza a Kari para asistir a la dichosa cita. No quiero ir, no me interesa encontrar nada de allí ni aunque fuesen millones de euros. Si alguna vez alguien te suelta la mano es porque es de seguro que volverá a hacerlo. Las decisiones no se toman así porque si, y abandonar a una bebe de ocho meses debió ser fácil si nunca se presentó nuevamente.
Soy resentida y orgullosa, sin embargo es lo que me ha llevado a pensar y sentir eso después de tantos años. Si Vedetta y Kari quieren ir a la cita, entonces no voy a negarles el derecho que tienen, pero tampoco pueden obligarme a aceptar una carga que no quiero. Si ellas quieren irse y marcharse, no hay razón tampoco para detenerlas. Con estar conmigo es más que suficiente.
Cariño, ya sabemos que eres todo eso.      Pero hay que apasiguarse un poquito. No me gusta cuando se ve a si misma estando sola por su jodido orgullo. Aqui es donde entra la cosa de todos para uno y uno para todos. Aunque al final mi Kari hara de las suyas a espaldas de ambas. Y no me gusta. Me habria gustado mas si todas hubiesen estado de acuerdo.   Pero ya ven como es la niña. Me habria gustado que ella decidiera aceptar, no por reencontrarse con quienes la abandonaron, sino por saber quien es, de donde viene, y porque coño parece sacada de una pelicula de mutantes.    cielito, si fueses alguien normal, hasta yo estaria contigo. Pero escupes fuego como un dragon nena, eso no es normal. A menos de que tu desayuno sea a base de gasolina y fosforos.   y mi Kari se ocupa muy bien de alimentarlas.
El sentimiento de abandono volvió a atacarme cuando su cajón bajaba y la tierra comenzó a encubrirla. Nunca más pude sentirme a gusto con nadie ni dejar de sentir esta ira y tristeza que va mezclándose y cambiándose de traje una y otra vez. Nunca más volví a ser la misma Valeska, y si significara volver a sentir esa perdida, preferiría no volver a serla nunca más.
insisto en lo de que Val no se da cuenta de que tiene personas en su vida a demas de su sensei muerto, que de verdad la quieren y se preocupan por ella. Es muy triste sentirse asi constantemente y debe de ser muy cansado estar enojado y enfurruñado todo el tiempo.    no es sano para nadie.
Llego a casa aun con el corazón tibio por los recuerdos que me envuelven. Si estoy sensible es porque hace poco fue su el aniversario de la muerte de sensei, me hubiese gustado volver al cementerio y hablar con él, pero mañana Kari tiene el festival y prometí ayudar en el dichoso Zoo.
Me quito la chaqueta y la dejo en el perchero para ir a la cocina a buscar algo comestible, para mi sorpresa hay una hamburguesa. La culpa reclama y suspiro, a veces soy demasiado mala con Kari. No me pasa con Vedetta porque siempre me busca, pero con Kari es diferente porque al menos ella no trata de sacarme de las casillas.
Leo la nota a la vez que doy un mordisco a mi hamburguesa y pienso una y otra vez que es lo que está sucediendo conmigo.
Mi chica es un bombon relleno de moras. Dulce pero ácida. Y si, no importa cuan amargada se ponga Valeska, Kari siempre le va a cuidar la espalda. Me gusta la relacion de las chicas a pesar de que sean tan distintas y Valeska y Vedetta discutan tanto. Asi son las familias, realmente. Asi son.
Kari se asoma por el comedor restregándose los ojos a la vez que suelta un bostezo. Carraspeo con la garganta y la castaña voltea a mirarme y regala una sonrisa. No es hasta que abre bien los ojos y se sorprende al encontrar que le he hecho el desayuno.
—Leska...
—Para la próxima quiero más queso en la hamburguesa —digo sin más y dejo las tostadas de huevo al lado de su taza y le corro la silla —Es un día largo, así que desayuna.
Kari sonríe aún más grande y se acerca a darme un abrazo fuerte. No lo respondo porque no me gustan los abrazos y estoy sintiéndome muy incómoda ahora, pero como ella ya lo sabe no tarda en soltarme.
—Eres adorable, Leska.
—Bah —aleteo la mano tratando de quitar los kilos de azúcar que mi amiga me echa encima. —Voy a despertar a Vede.
—Déjala dormir un poco más. Anoche se quedó terminando sus cuadros —dice a la vez que se sienta en la silla y agarra una tostada de huevo. —Diablos, Less, deberías hacer el desayuno más seguido.
—No te pases, ojos de rana.
Camino hacia la puerta de la cocina donde deje el balde con agua fría. Kari recién nota la existencia de este y abre los ojos aún más grandes.
—Less, por favor.
—No creas que no voy a cobrarme lo del sweater. Era mi preferido.
—Pero Less...
—Incluso le puse hielo y deje que se derritiera —la sonrisa malvada que cruza mi rostro hace que Kari menee con la cabeza.
—Valeska...
—¿Qué? ¿Quieres que te lo tire a ti? —hago un amago para tirárselo y Kari de inmediato pone sus manos hacia arriba de su cabeza.
—¡No, Less! ¡No!
Suelto una pequeña risita y voy contenta a vengarme de Vedetta. Va a aprender a no volver a manchar mi ropa con pintura.
Esto fue tan perfecto y hermoso que tuve que ponerlo todo T.T Esos pequeños detalles de Val enamoran a cualquiera T.T Me hiso muy feliz cuando lo lei la primera vez, y me pone igual de feliz ahora que leo el cap por cuarta vez T.T No tiene precio, y su forma de despertar a Vedetta tampoco. Son una familia, una muy loquita. Pero Familia al final de cuentas
Pronto la marca de nacimiento que tengo debajo de la nuca cerca de mi oreja izquierda llama mi atención y corro todo el cabello para el otro lado y la observo con atención: es una corona. No importa cuántas veces la vea y se las muestre a los demás, todos me dicen que es una corona y yo no comprendo como una marca de nacimiento puede ser de esa forma. Es tan extraño.
Pienso en la marca de nacimiento y de inmediato en la cita del día del cumpleaños de Kari. Pienso en mis poderes, los poderes de las chicas y que nos hayan citado a las tres al mismo tiempo, al igual que nos abandonaron el mismo día.
La curiosidad y las dudas comienzan a galopear en mi pecho, rápidamente las tomo y las tiro lo más lejos que puedo. Ya hemos tomado una decisión, no es el momento de dudar.
Deja de luchar niña, y dejate fluirrr nada malo pasara porque te sueltes un poco. Ves, tienes que averiguar cosas. y a las tuyas sumale; los ojos de rana que se le ponen a Kari, sus jardines que florecen en la epoca que sea, sus sueños locos, los dibujos locos de vedetta, su cosa quebrando ventanas... Son muchas para prosesar, niña. dejate llevar
Dejo de tironearme el pelo y comienzo a darme cabezazos hacia la pared para controlar la furia que siento en estos momentos.
Cielito, te va a salir un chichon despues.
La sirena de la alarma suena de la nada y me distrae de mi descargue. Suspiro con malhumor. Otra vez estos pendejos tiraron de la palanca, pero ahora que lo pienso me vale mierda porque ya me despidieron.
Abro los ojos y un grito ahogado se escapa de mis labios al notar que estoy rodeada de llamas. Volteo hacia atrás y veo a Mark detrás del fuego tirado en el suelo y con los ojos como plato.
—¿Qué hiciste...? —balbucea y su respiración se agita con más fuerza —¡¿Qué hiciste?!
Mis manos bajan hacia mis manos y allí las veo con el fuego rojo casi naranja saliendo de ellas. Subo la mirada hacia el viejo nuevamente, pero este se hace hacia atrás lloriqueando, en un segundo se levanta y sale corriendo hacia una de las salidas de emergencia.
Miro hacia mis manos nuevamente y ahora delante del retrato colgado de Aleksandr Ramonkov, por el reflejo del vidrio noto las dos aspas de mis ojos y el color de estos rojos.
Mierda, lo hice de nuevo.
Equipo para el control de la ira, necesario. Val nena, T.T Esto es grave, porque el Mark ese puede abrir su bocota de forma innecesaria. Nena, tienes cero en autocontrol. VEN PORQUE HAY QUEAVERIGUAR LO QUE SON?!!!!! Porque hay que tener conocimiento de lo que eres niña, para poder controlarlo porque despues vienes y te dejas fluirrr demasiado por tus rabietas y prendes fuego a todo nena. Te imaginas que las chicas vuelvan de Samariv y Mark haya denunciado a Val???? Ese seria un hombre valiente,. No le teme a morir quemado.
Una mano posa sobre mi hombro y sin siquiera pensarlo, tomo al sujeto y le hago una maniobra para que caiga sobre el suelo. El grito de Vede llega a mis oídos y detengo el puño que se dirige hacia su rostro. Vedetta esta con los ojos bien abiertos y muy asustada.
—¡¿Qué mierda te pasa, Valeska?!
pero que tensa estas.
Si, suena a X-Men y todas sus malditas trayectorias de películas con mala cronologia temporal, pero estoy hablando enserio.
lo diras en juego. Pero se siente como que pertenecen al mundo de Marvel. xDXDXD
Incendie la academia. Había personas allí, niños incluido. No quise hacerlo, enserio, realmente no quería incendiarla, pero el odio que sentía en ese momento pudo más que cualquier sentimiento o pensamiento. De no ser porque la estación de bomberos está a la vuelta, no sé qué habría pasado. Entre más intentaba controlar las llamas, estas aumentaban aún más sin ninguna compasión.
alerta de culpa!!!
Es muy jodido esto. Habian niño dentro y me puso muy mal que la pobre Val tratara de controlar las cosas y no pudiera. Ves cariño, necesitamos ir al taller para el control de ira con el doctor Sora. El hara un excelente trabajo con Akari. estas a tiempo de unirte al lado de la luz.
No sé de qué se queja, sabe que no logro controlar mis reacciones.
Todos lo sabemos. Pero no es excusa suficiente. CONTROL MOCOSA!
—Oigan, basta de pelear —interviene Kari colocándose en medio de ambas y nos pasa el brazo a cada una por los hombros—Estaba pensando: ¿por qué no vamos al bar? Hace muchísimo que no salimos juntas. Mañana es feriado, significa media jornada.
—Tengo entrenamiento —replico zafándome de su brazo para caminar más rápido.
—No seas aguafiestas. Ha pasado tiempo que estamos las tres —insiste con su voz acaramelada que me hace sentir escalofríos.
—No.
—¡Vamos Val! La vez anterior también rechazaste y terminamos saliendo solo nosotras —insiste Vede y me toma del brazo izquierdo y Kari el derecho. —Prometiste que la próxima vez pagarías una ronda de tragos. ¿Recuerdas?
No, la verdad es que no lo recuerdo. Digo tantas cosas para que dejen de fastidiar.
Volteo a ver del otro lado donde esta la castaña para encontrarla con la misma expresión. Largo un enorme suspiro y mis amigas festejan porque hoy pagare una ronda de tragos.
Al mal tiempo buena cara, Val. Kari y sus cosas de borracha, igualita a su madre. Estoy orgullosa de mi chiquita T.T tan manipuladora tambien Pero es bueno que Val se deje vencer por un dia al menos, especialmente despues de lo que paso. Necesita una cuartada. Aunque la poli no le crea a Mark, ella necesita tener una cuartada porsiaaa.
Esta vez Kari pide un ron, Vede un vodka y yo un whisky en las rocas.
Siento que esas son Daniela, Emilia y cande pidiendo tragos. No abandono el ron por nada del mundo
—No pensaba hacerlo, pero debido a las circunstancias…
—¡Quítame las manos encima!
—¡Suéltame, animal!
OK, todo el tramo de la pelea fue A P O T I O S I C O ! Los nervios estaban a flor de piel!!!. Y de nuevo los ojos de Val cambiaron para darle una palisa al nieto del Sensei!!! fue genialllllll Lo unico malo fue obviamente que se la quisieron tomar con las chicas y por ahi casi joden a Val. Pero fue epico y grandioso!!! Este capitulo fue genial bebe, te lo dije. Pero tu insististe en que no lo hice, No estoy tan loca. Se que lo hice porque jamas abria pasado por alto un capitulo tan genial como lo son los tuyos. Me gusto mucho que el capitulo mostrara mucho sobre la personalidad y los motivos de Valeska para ser como es. Su fuerza, tenacidad y la magnitud de su orgullo herido por la creencia del abandono. Pero Se vienen muchas cosas, y personas, para la vida de Val y espero de verdad, que incluso con todo lo malo que viene, Val pueda encontrar esa paz que dice querer Se la merece, porque vivir llevando tanta carga debe de ser muy duro. Ella necesita dejarse ir un poco y aprender a confiar un poquito mas. Las chicas la Aman, incluso Vedetta aunque la vuelva tan loca. Estan ahi para ella podrian llegar a comprenderla si ella se abriera mas con ellas y les permitiera entrar. AMO esta novela. Sus personajes me encantan y me emociona un monton el ver como se va a desarrollar la historia y sus involucrados ADORE TU CAPITULO KANDELIN. SERIA RARO QUE NO AME ALGO QUE TU Y EMILIA ESCRIBAN
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Re: Samariv.

Mensaje por Ariel. el Sáb 24 Mar 2018, 12:43 pm

estoy comentando sus caps como lo prometi porque ya solo me queda transcribir tres tramos y editar. Las amo. Quizás hoy termine
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Re: Samariv.

Mensaje por Ariel. el Sáb 24 Mar 2018, 12:51 pm

en realidad, transcribir dos y escribir dos T.T. Gracias a dios son cortos
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Re: Samariv.

Mensaje por Ritza. el Sáb 24 Mar 2018, 3:33 pm

AAAAA, GENIAAAL!!
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Re: Samariv.

Mensaje por Ariel. el Dom 01 Abr 2018, 11:47 pm

Capítulo 4.1
Akari|| Ariel.


Spoiler:

Caminaba con pies pequeños y descalzos en pasos lentos sobre las rocas mohosas que cubrían la mayor parte del suelo hasta la orilla del gran lago en medio del valle entre los arboles del bosque que parecía estar oculto detrás del orfanato. Todo parecía  tan húmedo como el inicio del invierno se lo permitía, copos de hielo cubrían las espigas del pasto y algunas de las ramas decadentes  de los enormes  árboles que me rodeaban. Ellos parecían estar conscientes de mí; sus largas ramas se extendían por el suelo hasta mis pies jugando conmigo al igual que lo hacían los pequeños animales que me habían traído hasta aquí desde el patio del orfanato.

Mis pies dejan de andar cuando me siento en la piedra más alta a la orilla del lago y mi amigo conejo se sienta sobre mis piernas jugando con mis dedos, mientras las ramas de los arboles dejan de sus pocas hojas y flores en la cima de mi cabeza.

Miro mi reflejo en las obscuras aguas del lago encontrando mi infantil rostro adornado con una corona de ramas en la cabeza y mi vestido blanco de pijama. La pequeña Kari debería de estar en la cama y sin embargo se hallaba en el bosque jugando con los animales y los árboles. Las luciérnagas me habían llevado hacia el conejo y él me había traído aquí donde los arboles me recibían con sus largas ramas.

Un fuerte estruendo sale desde los grandes árboles a mis espaldas en el obscuro bosque haciendo que mis amigos corran lejos y las ramas de los árboles se recojan tirando de mi vestido para que vaya con ellos, así que los sacudo quejándome. Una manada de enormes mariposas blancas salen despavoridas volando sobre mí y haciéndome soltar risas al tenerlas tomándome de mí vestido como si quisieran llevarme con ellas también. Cuando insisten un poco más en llevarme con ellas me enfurruño haciendo que me suelten, entonces otro rugido sale de entre los árboles y ellas me dejan caer en el suelo mohoso huyendo.

- ¡Oigan!- chillo antes de levantarme para sobarme las pompas y mirar en el reflejo del agua que mi corona de flores y hojas hecha por mis amigos arboles sigue intacta.

Acomodo una de las ramitas donde va y asiento satisfecha, tomo una roca y la lanzo al aire para golpear a la tonta mariposa, pero la roca cae contra el suelo así que les saco la lengua y me vuelvo hacia el bosque para ver qué fue lo que hiso huir a todos encontrando dos grandes ojos que resaltan de color rojo entre la obscuridad. El cuerpo se me eriza pero aun así no me asusto ni me hago para atrás cuando le escucho ronronear de nuevo. Doy un paso hacia adelante para acercarme y el suelta un gruñido de advertencia. Sería un lince si no fuera por los grandes ojos, sin embargo no huyo. Los animales no me lastiman.

Detengo mi paso cuando lo veo moverse y enseñar una de sus enormes patas negras hasta  salir de su escondite permitiendo que la luz de la luna le ilumine y sean los ojos  verdes de un enorme zorro blanco con dientes afilados en una boca  monstruosa.


{**}
Me despierto de golpe con la respiración agitada y la espalda sudorosa. Necesitaba dormir, llevaba noches soñando cosas que me despertaban a esta hora. Mi cabeza creaba películas locas mientras dormía que no me dejaban permanecer en la cama. Lo positivo era que cuando Valeska se despertaba yo ya estaba lista para ir a entrenar. Lo malo es que pasaba todo el día como en un estado de incertidumbre total, me sentía amenazada en cada esquina, comenzaba a sentirme paranoica pero era una sensación de agobio total.

Me levanto de la cama y le doy una mirada al dibujo del zorro en mi mesita de noche. Vedetta  me lo regalo porque desde que le dije que soñé con él hace años ahora se siente rara y cree que es bruja, así que prefiere no verlo. Hiso lo mismo con el dibujo del zorro de la semana pasada, el una cola que me parece es idéntico al de esa gitana rara con su tatuaje que se mueve. No se lo dije  Leska porque después empezaría a discutir sobre nosotras imaginando cosas y eso conllevaría a una pelea entre Vede y la pelinegra, y honestamente mis nervios no estaban para eso. Respiraba profundo todas las mañanas cada vez que iba a salir de mi cuarto para que mi mal genio no me atropellara.

Me acerco hacia mi ventana abriéndola para mirar las flores en la rama de mi árbol a la orilla de la casa, aún estaban dormidas. La rama pronto estaría totalmente dentro de mi cuarto y no podría cerrar la ventana.

- Hora de despertarse.- susurro al pasar mi mano por las rosadas flores y estas responden ante mí comenzando a abrirse.

Ya no me parece extraño, ya no sé qué me parece. Creo que solo estoy aceptando ciertas cosas raras de mi vida como el hecho de que Vede reventó las ventanas y Valeska juega con el fuego.
Levanto la mirada de mis despiertas flores y miro el amanecer iniciarse por el este junto con la aparición del astro rey. Solo quedan tres días para mi cumpleaños. Me vuelvo para mirar hacia mi puerta esperando los dos golpes justo a la salida del sol y no me queda mal cuando Valeska toca y abre la puerta como en cada amanecer.

- Hora de entrenar, ojos de rana.
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Luego del arduo entrenamiento de combate con Valeska  -quien parece impresionada con mi velocidad- regresamos a casa para preparar el desayuno. Por supuesto, Vedetta sigue dormida y hay que subir a despertarla, cosa que Valeska acepta encantada.

Para cuando termino de montar el desayuno lo único que se escucha es agua repicoteando en el suelo y el grito de Vedetta con mil maldiciones y las burlas de Valeska. Aquí vamos de nuevo, con otra mañana para discutir en vez de comer. Es rutinario de hecho, algo agobiantemente rutinario. Necesitan un novio con carácter de urgencia que las mantenga animadas.

Termino de preparar la comida y salgo a poner la mesa para desayunar y las veo bajar las escaleras. Vedetta con el cabello mojado y enfurruñada con otra pijama y Valeska con una sonrisa socarrona y arrogante de ganadora. Son imposibles y me aturden, tengo que respirar profundo todos los días para no explotar.

- Siéntense. – pido entre dientes y las dejo para irme a buscar la comida.

Preparo todo y me dirijo al comedor de nuevo. Ellas no dicen nada y en silencio agradezco que no estén atacándose, quizás hoy sea mi día de suerte y me dejen comer en paz. Esto no pasa seguido, es mejor disfrutarlo mientras dure.

- Sírvanse- dejo todo en la mesa y ellas empiezan a servirse, sin pasarme por alto la pesadez de la pobre y mojada Vedetta.- ¿Dormiste bien?
- No.- gruñe y mira de reojo a mi otra amiga, pero esta está cubriendo sus tostadas y no le presta atención.- No tengo hambre.
- Tienes que desayunar- le digo pacientemente- Luego vuelves a dormir.
- No voy a recuperar el sueño después. - masculla mirándome mal.
- Si no pasaras toda la noche despierta...- insinúa Valeska provocándola.
- ¿Qué significa eso?- gruñe la otra.
- Que pierdes demasiado tiempo tonteando con ese cuaderno.
- Y tú siendo una perra rabiosa irrespetuosa.- escupe.
- Respétense- les pido en un tono lento y  soy ignorada.
- Necesitas encontrar un nuevo trabajo, así no andas pendiente de mi vida.
- Tu vida me importa poco, y ya conseguí un trabajo.- se encoge de hombros arrogante. - comenzare cuando volvamos de la excursión.
- Querrás decir el cumpleaños de Akari.
- El cual será una excursión.
- Ustedes acaban con la paciencia de un santo.- farfullo levantándome del comedor con mi plato.- que tengan buen provecho.
- ¿A donde vas?
- Lejos de ambas a comer en paz.

Ellas se quejan detrás de mí sobre no dejarlas a solas con la otra pero las ignoro y me siento en la barra de la cocina para terminar mi desayuno en paz. No puedo creer que creyera que hoy sería mi día de suerte.

No es posible que todos los días sean iguales, que se la pasen en " que tu esto, que tu aquello, porque tú, que si tu" vuelven loco a cualquiera. Quizás debería de hacer el viaje sola para relajarme unos días y ver que pasa con la fulana carta, así no tendría que aguantar las rabietas de Valeska y luego los alardeos de Vedetta. Sería sano para mí irme sola, pero la tonta dentro de mí no pasaría su cumpleaños sin las dos únicas personas que han estado a mí alrededor desde que llegue al mundo. A veces quisiera dejar salir un poco a la Kari mala para darles su merecido como lo hice en el festival, pero me esfuerzo por llevar la fiesta en paz y mantener un equilibrio sano entre nuestras distintas y complejas personalidades.

Miro sobre mi hombro cuando la puerta de la cocina se abre y ambas entran con sus platos de comida luciendo enfurruñadas. Se detienen frente a la barra de desayuno y me observan dudosas de que decir durante unos segundos, luego se miran entre ambas como si se pelearan internamente entre ellas por ver quién de las dos habla primero. Es impresionante, discuten hasta mentalmente. No es hasta que Valeska empuja con el hombro a Vede que la castaña habla.

- ¿Podemos desayunar aquí?
- ¿Van a seguir haciendo el tonto? Si es así retírense, quiero comer en paz.

Comparten una mirada corta e incómoda entre ambas  antes de asentir. No les digo nada y solo señalo las sillas frente a mí del otro lado de la barra y ellas se sientan a comer. Espero unos minutos a que comiencen de nuevo la riña pero en vista de que no lo hacen me permito relajarme. Bien, podría hacerles esto de vez en cuando a ver si dejan de ser tan ruidosas.
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Hoy no tendría que ir al vivero a trabajar, era una buena noticia. Pasaría el día metida en mi sembradío dándole cariño a mis plantas y árboles antes de desaparecerme por estos tres días. Las piedras estaban comenzado a volverse mohosas y mis arboles estaban húmedos la mayor parte del tiempo. Estaban hermosos, pero pronto estarían desnudos bajo el invierno.

La vista del valle me lleva de vuelta a mi sueño de anoche y como se sintió tan real. No es la primera vez que  soñaba con ese animal, es solo la primera vez que siento creer saber algo. Un Kyubi no Kitsune es el nombre que tiene semejante bestia de la mitología japonesa. Al menos esa es la explicación que me dio san google luego de mi conversación con la gitana el otro día.  Entre sus descripciones estaba lo grande, poderoso, fuerte e imponente que es, eso coincide con mi sueño, al menos lo imponente. El frío y húmedo piso se sintió tan real entre mis pies como el helado viento acompañado de sus gruñidos.

- Te noto muy concentrada, niña. - me sobresalto al escuchar la familiar voz de la mujer detrás de mí y me vuelvo hacia ella.
- ¿Qué haces aquí?  
- Estaba de paso.- sonríe- ¿en qué pensabas tan concentrada? Si puedo saber, claro. – solo asiento y ella sonríe cálidamente- ¿Tus sueños?
- Algo así - murmuro antes de levantarme y acercarme hasta ella-¿La cosa que se mueve está ahí?
- Así es.- asiente y arremanga la manga de su vestido enseñándome al animal dormido.- Creí que te incomodaba.
- Hago lo que puedo para no huir asustada.
- Sé que no le temes a los animales, Akari.
- Pareces saber muchas cosas de mí.
- Lo hago.

Maldición. Ella me frustraba demasiado al decir tanto y no decirme nada al mismo tiempo, es jodido eso y de mala educación también. Ella parece conocerme mejor que yo misma o las chicas, oculta  muchas cosas. Cosas raras como su zorro tatuaje viviente.

- ¿Porque no terminas de decirme lo que sabes de mí? No entiendo porque te acercas y comienzas a hablarme como si todas estas cosas fuesen comunes.
- Es porque son comunes para nosotras- dice volviéndose hacia mis flores y arrancando unas pocas hierbas malas- y aun no es el momento de que sepas nada.
- No son comunes para mí- le corrijo de mala gana. - ¿qué es eso de que no es el momento? No seas ridícula, ¡y discúlpame si te ofendo! pero esto no es una película de James Bond.
- Simplemente no  es el momento. - suelta una risita- y si es común, te he visto jugando con la naturales, y  estoy segura que tienes influencia sobre los animales. También se de lo que son capaces Valeska y Vedetta.

Tengo preguntas, pero ella no me dirá nada y solo me sacara de mis casillas, así que me trago todas y me vuelvo para seguir limpiando mis árboles de las bacterias que insisten en crecer en ellos. Peleo a diario con el popo de pájaros que producen estas jodidas bacterias, sé que son naturales, pero eso no hace que me gusten un poco más. Pongo la mano sobre mi árbol y cierro los ojos, no se exactamente que es lo que hago, pero lo hago a diario y cuando abro los ojos la bacteria ya no está. Sonrió encantada y me acerco dejando un beso en el tronco del árbol. Es mejor que haga esto y no le de atención a esa loca con sus historias locas, quizá si tenga razón, pero es agobiante que no termine de decirme nada y que encima conozca el nombre de las chicas y según ella sus “habilidades” joder, a ellas no les gustaría eso. Son tan quejumbrosas y Valeska es tan paranoica, creería que nos tienen cámaras en casa.

Un ronroneo familiar me hace voltear rápidamente hacia la gitana y esta suelta una carcajada al darse cuenta de que le estoy mirando buscando el origen del sonido.

- Tarde, Kari. Ya se fue.
- Siempre dices lo mismo.
- Siempre miras tarde.

Mascullo una maldición y ella solo se ríe de mi mal humor antes de arrodillarse y seguir arrancando las hierbas malas de mis flores. Encima va a quedarse, este si es el colmo. Me va a dar un ataque si sigo llevándome estos ratos agobio y molestia, la gente parece disfrutar mi mal humor, eso es porque aún no conocen mi lado asesino. Algún día no podrán contentarme fácilmente.
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Me han llamado como locas durante toda la hora del almuerzo sin obtener ninguna respuesta de mi parte más que mi completa indiferencia, está bueno, lo merecen. Por una tarde quiero almorzar en paz y tranquilidad como dios manda. Probablemente Valeska tenga cocinar esas comidas japonesas que tanto odia Vedetta y pues pasaran todo el rato discutiendo a menos de que Vedetta decida ir a comer a otro lado o Valeska decida no hacer nada e irse a comer en otra parte. Ciertamente no me importa y están comiendo tierra en este momento, me llevan loca desde hace un tiempo y estos últimos días ha sido peor. El mal genio de Valeska y la impertinencia de Vedetta  han estado floreciendo últimamente, si le agrego a la gitana intrigante esa que me persigue, pues merezco un almuerzo normal.

- Aquí tienes, Kari.- El sr Arlington deja el plato con mis preciadas costillas de cerdo frente a mi y una taza de bbq para untarles. También merecía este almuerzo espectacular.- Tu puré de papas sale en unos segundos.
- Gracias.- sonrío agradecida y comienzo a untar mis costillas con la bbq.

Podría haber ido a comer a lo de mi jefes, Maira cocina divino y con Jorge no se la pasan discutiendo ni haciéndose caras. Creo que necesitaba estar sola un rato y disfrutar de mi comida en sana paz, degustarla, saborearla, tener unos minutos donde solo fuéramos mi plato y yo. En vez de estar haciendo de réferi.

- Su puré, señorita.- uno de los meseros deja el plato frente a mi, le sonrío agradecida y el me devuelve una sonrisita coqueta.- ¿Recargo su limonada?
- Por favor.- asiento y el se marcha. No me pasa por alto su extraño acento y el hecho de que no lo había visto antes aquí.

Desde mi puesto veo en la cocina como el sr Arlington  le arranca el vaso de mala gana y es el quien me trae la limonada como un abuelo gruñón y cuida. No evito reírme suavemente cuando se planta frente a mi farfullando y me deja el vaso.

- No tenía que ser tan grosero.- me apresuro a decir- Estaba haciendo un buen trabajo.
- Un buen trabajo de baboso.- niega- es nuevo en la ciudad, vino de intercambio desde Madrid, ya sabes cómo son esos españoles. Me olvide de preguntar, ¿Dónde están las otras dos?
- Permitiéndome tener un almuerzo decente, bien lejos de mí.
- Bien merecido, niña.- da un aplauso celebrante, todo el mundo conoce mi trabajo de mediadora, es chistoso para mí y vergonzoso para ellas- Hoy te invita la casa, como regalo de cumpleaños y además te daremos de postre ese Pie de Limón que tanto te gusta, para ti sola. No compartas con ese par.
- ¡Es muy amable!- celebre encantada- Por supuesto que no les daré ni un poco- Miento, lo cierto es que no puedo ser tampoco tan mala- Muchas gracias.
- Es un placer.- pone la mano sobre mi cabeza y la sacude revolviendo mi cabello- Feliz casi cumpleaños, Kari.
{**}

- ¿Dónde estabas?
- Te llamamos un montón.
- Almorzando.- contesto con simplicidad
- ¿Almorzando con quién?- inquiere Valeska.
- Si, el almuerzo es en familia. Maleducada. – Me regaña la otra.

Me vuelvo a mirarlas y no sé cómo no les grito o las empujo o simplemente les hago algo, encima de que se la pasan todo el día como perros y gatos ahora vienen a mí con todo este espectáculo de orgullo familiar herido e indignación. Indignación me causa a mí tener que estar siempre en el medio.

- Tienen razón, el almuerzo es en familia- digo pacientemente gracias a lo relajada que me dejo mi almuerzo tranquilo- Entonces  empiecen a comportarse como una.

Ambas se quedan con los ojos abiertos incrédulas de lo que les acabo de decir y seguramente en el tono desinteresado que se los dije. Suelto un largo suspiro y me llevo las manos a la cadera preparándome para el debate.

- No pueden estar todos los días como perros y gatos, las amo pero me vuelven loca cuando empiezan a discutir hasta por el color del cielo; que si es azul, que si no tiene color, que es del color del mar, ¡Joder, a nadie le importa! Es el cielo, está ahí y punto.
- Akari…
- Ssh, Vedetta- la interrumpo antes de que venga con sus comentarios inteligentes- Últimamente las tres estamos un poco irritables y ciertamente no sé qué carajo nos pasa, lo cierto es que nos pasan demasiadas cosas, empezando por el hecho de que no somos normales y nos estamos haciéndonos las locas al respecto, encima de eso ustedes le agregan más estrés con sus tonterías y discusiones de que si “esta vaga duerme todo el día, tú te levantas muy temprano, quemaste la cocina, dañaste una olla” ¡Me vuelven loca!.
- Es que…
- Vedetta no es la única culpable, Valeska- la interrumpo también antes de que empiece a señalar- No puedo estar siempre en medio de ambas, es injusto. Sé que con toda esta saliva que estoy gastando no voy a lograr nada,  comenzaran de nuevo en menos de cinco minutos, pero ¿sería posible que me den un respiro?

Ambas se quedan calladas y observándome. No suelo hablarles así, no me nace, son mis hermanas, hasta me siento mal de hacerlo. Pero no es posible que entre ellas y la gitana me vuelvan loca.

Ambas asienten en silencio y agradecida le extiendo a Valeska la caja que traje con el Pie de limón.

- La mitad del Pie es de ambas.- señalo- la otra mitad es mía.

Probablemente quieran llamarme glotona, gordita, cerdita, pero no lo harán, no luego de todo lo que les dije, quizá me lo digan más tarde cuando despierte de mi preciado sueño para hacer el bolso y partir al terminal de los trenes e ir a nuestra excursión. Necesito recargar las pilas. No será un buen rato cuando Valeska sepa hacia donde nos dirigimos.
{**}

No tenía una siesta tan larga y placentera –probablemente- desde que era un bebe. Mis sueños se apiadaron de mi esta vez y me dejaron descansar. Mientras crecía y tenía esas raras visiones y sueños, llegue a creer que me encerrarían en un manicomio como lo hicieron con Alice Cullen de crepúsculo, era el pensamiento más aterrador de todos, por lo tanto me quedaba callada y nunca contaba lo que veía o soñaba. Tanto si mi mente iba al futuro como si retrocedía al pasado, jamás lo decía. Era refrescante despertar cuando me provocaba y con mi corazón estable en vez de galopando cuan manada antílopes.

Dos toques en la puerta me hacen levantar de y sentarme mientras restriego mi rostro alejando la pereza. Cuando vuelvo a mirar hacia la puerta encuentro la cabeza a medio asomar de Vedetta y sus ojos curiosos.

- ¿Todo bien?
- Eso te pregunto a ti, ¿ya se te paso el calentón?
- No lo sé, ¿ya dejaron de joder?- inquiero con el rostro escondido entre mis manos mientras bostezo.
- Preparamos la cena.
- ¿y siguen vivas?- levanto la cara impresionada y ella rueda los ojos sin mucho entusiasmo- No seas dramática, no está mal que se lleven bien quince minutos.
- Como digas.- farfulla y se da la vuelta para marcharse- Baja a comer.

Bueno, no tuve sueños y estas dos no se mataron, solo el que la gitana apareciera y escupiera la sopa sobre nosotras seria la cereza de mi perfecta siesta de la tarde. Debería hacerlo más seguido.
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- Empaca ropas más abrigadas, Kari- se acerca Valeska desde la puerta con Vede  detrás de ella- El invierno está casi aquí.
- El bañador es sólo para el pozo de aguas termales, llevo suficiente ropa abrigada, mamá.

Me burló de ella y al menos no se lo toma de mala manera y sonríe a medias antes de sentarse en la silla de mi escritorio y echarle un ojo a mi laptop prendida aún con mi nueva lectura en pantalla.

- ¿Ahora que lees?- pegunta esta vez Vede acercándose.
- Es un libro de refranes japoneses
- Tiene algunos buenos- señala la pelinegra- "si una mujer quiere algo atravesara las montañas" me gusta este. Tiene fuerza.
- Sí, hay muchos buenos.- me acerco al escritorio y sacó la hoja de mi agenda donde anoté los dos que más me gustaron- estos dos me marcaron en lo personal: "si quieres conocer  el pasado mira el presente que es su resultado, si quieres conocer el futuro mira el presente que es su causa"
- Ese me gusta- asiente Vede mientras se sienta en la alfombra - te da que pensar.
- ¿cuál es el otro, Akari?- pregunta Leska ignorando por completo a Vedetta.
- "Si no existiera la gente común, no existirían las personas extraordinarias"

Ninguna dice nada y sólo se quedan mirando hacia la nada en la pared de mi cuarto. Bueno, no era mi intención que les pegara. Para mí fue positivo encontrarlo, siempre quise ser normal y ese proverbio me dio algo lindo en que pensar. Quizá no sea tan malo ser diferente, no le hago daño a nadie con mi diferencia.

- Ese sonó muy bien- suspira la pelinegra al final- fue el que mejor sonó  en realidad.
- Si, estuvo lindo. - se encoge de hombros la castaña- son palabras lindas que ayudan a no sentirse tan bicho raro.

Sonrío complacida y dejando la hoja en la mesa junto a mi lapicero y laptop, me vuelvo a la cama y cierro mi pequeño bolso de acampar.

- Yo también sentí igual.
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Era un animal hermoso, con un gran  tamaño y una boca que podría tragarme de una mordida, aunque podría pisarme tranquilamente con sus patas para deshacerse de mí en vez de masticarme. Su pelaje era un rasgo increíble, unas flamas negras cubrían sus patas llegando un poco más arriba donde el color blanco más brillante y hermoso que había visto se mezclaba. El marco de sus ojos era negro mientras sus ojos eran tan verdes como los míos lo eran. Las puntas de sus orejas también eran negras y en el centro de su frente  descansaba una Mancha en forma de cristal la cual también era negra. No fue hasta que algo detrás de él se movió que pude notar, no sólo una, sino nueve colas que al igual que sus patas tenían flamas negras hasta mezclarse con el blanco.

Sin duda la criatura más impresionante y hermosa que haya visto alguna vez.

- ¿No me temes, niña?- preguntó sin siquiera abrir su boca.

Negué con la cabeza en respuesta a su pregunta y di un paso al frente. No le temía, quería tocarle.

- ¡Detente!- gruñe y le hago caso mirandolo de vuelta a los ojos.

Un brillo se mezcló en ellos haciéndome sonreír y olvidarme de su gruñido, así que seguí acercándome a el. No podía llegarle ni a la mitad de la pierna, pero eso no me incomodaba. Su pelaje se sentía agradable entre mis dedos al punto de hacerme cosquillas y provocarme  risitas.

Al darme la vuelta me sobresalto al ver su enorme rostro curvado frente a mí ahora sin mostrar sus espeluznantes dientes y me atrevo a levantar la mano para tocarle. Al principio retrocede, pero el enorme zorro cierra los ojos y deja que mi pequeña mano llegue a su rostro justo donde está la Mancha de su frente. Me acerco un poco más cuando baja su cabeza por completo a mi altura y sonriendo me abrazo a él uniendo mi frente a la suya.

La sensación de suavidad me apaña y me reconforta a la vez con un pesar extraño que me hacía extrañar  algo, algo que no tenía. La vibrante sensación de sentirme en casa estaba produciendo ese pesar y la emoción de plenitud al mismo tiempo. Hasta que un hormigueo extraño invade mi cuerpo y brillantes luces de color fucsia me iluminan el rostro haciendo que me separé un poco. Estelas, líneas de luz fucsia desprendía por todo su rostro y todas provenían de la Mancha negra en su frente que ahora no estaba. Las líneas se cruzaban desde el centro de su frente hasta el rostro,  todo su cuerpo y luego cubrían mis brazos que aún lo sostenían.

Soltándolo llevo una mano a mi frente donde el centro me arde y la tocó tratando de sentir alguna diferencia allí. Corro hacía el agua para mirar mi frente ardida, encontrándome con mi rostro cubierto de las mismas líneas de luces. Una vez que el enorme zorro se acerca y se mira al agua las luces desaparecen y se unen todas en el centro de su frente y luego en la mía dejando ver el pequeño diamante negro. Sonrió tocando mi propia marca y me levanto abrazándome a el de nuevo.

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Me despierto de golpe con los ojos fijos en el techo y las manos puestas en mi pecho sosteniendo mi desbocado corazón. Pude sentirlo otra vez, de nuevo se sintió demasiado real. Dos noches seguidas soñando la misma escena conmigo de niña. Tiro mis ojos a la mesa de noche y observó el dibujo de Vedetta cuestionándome como ella podría imaginar algo que sólo estaba en mi cabeza. Ella había logrado ilustras esos dos perfectos zorros sin que yo le diera ningún detalle de ambos. El otro zorro de una cola estaba en mi otra mesa, no había vuelto a soñar con él.

Me levanto hasta quedar sentada en mi cama cuando de nuevo soy sorprendida y sobresaltada por una sombra, pero en  cuanto identifico a la mujer gitana y está vez no puedo evitar escandalizarme.

- ¡¿Estás loca?!- gruño mientras me levanto de mi cama.
- No grites, se despertaran las otras dos.
- Probablemente Valeska este despierta.
- No, aún no sale el sol. - se encoge de hombros y continúa viendo por mi ventada- ella sólo despierta cuando aparece el sol.
- ¡¿cómo carajo sabes eso?!

Ella se mofa con disgusto, encima tiene el descaro de disgustarse y bufar cuando está metida en mi cuarto sin invitación, aún no me explico como entró, nunca me da una explicación coherente y racional de las cosas, y aparte de que me marea con sus cosas. Con todo y eso tiene el tupé de ofenderse y bufarse. El descaro de algunas personas no conoce límites.

- Creí que ya habíamos superado esa etapa, Akari- tuerce los labios en una mueca enfurruñada- las conozco bien- se sacude con simplicidad.

De acuerdo, eso había quedado claro en las veces anteriores en las que nos habíamos encontrado, no lo entendía pero ya estaba aprendiendo a lidiar con el hecho de que una cuarta persona sepa sobre nuestras anormalidades. Pero, ¿porque la tortura era sólo para mí? También podía atosigar a las chicas, aunque probablemente con Valeska no resulte bien y Vedetta, pues Vedetta quizá si la escuche pero luego la señalaría de loca o llamaría a la Policía. Supongo que soy el blanco fácil.

- Bien.- digo en un suspiro sentándose de nuevo en mi cama.- ¿Qué haces aquí? Estaba dormida, no se le vela el sueño a la gente, Gyula.
- Ni siquiera te vi dormir hasta que comenzaste a moverte- se encoge de hombros- No fue por mí que se te espanto el sueño.
- Gracias por aclarar lo obvio- farfullo. Es raro hablar con alguien de afuera que sabe por lo que pasas- ¿Qué haces en mi casa? En mi cuarto, siendo más específica.
- Tengo que hablar contigo de algo importante, así que deja de refunfuñar - dice con tono regañón antes de sentarse en la banqueta de mi ventana
- Me viste en la tarde, ¿porque no me lo dijiste o esperaste hasta hoy en una hora y lugar aceptable? Tenías opciones y escogiste la más espeluznante.
- No te lo mencioné en la tarde porque no quería preocuparte y hacer que cambiaras de opinión...
- ¿opinión sobre qué?
- No me interrumpas- me lanza una mirada sepulcral y cruzándome de brazos asiento- como decía, no estaba segura de hablarlo contigo, y luego lo de venir más tarde hoy; te irías temprano, así que no tenía más opciones.

Si bien Gyula me exasperaba la mayor parte de las veces que nos veíamos, ciertamente había algo en ella que me hacía sentir confiada. Sabía que ella no era una mala persona, jamás me ha dado señales de serlo pero aun así algo dentro de mí sabía que ella era confiable. Ese debía ser por qué yo no reaccionaba como loca cuando me acosaba a solas o incluso se escabullía así como lo acaba de hacer. Ella no me haría daño, era tan rara como nosotras tres lo éramos. La diferencia es que ella sabe lo que es y nosotras lo desconocemos.

- ¿Qué es lo que no podía esperar?
- Cuando te hablé de "cambiar de opinión" me refería que sé que cambiaste esos boletos de autobús por unos de tren y que no lo hiciste por el confort como le dijiste a las chicas.
- ¿Porque no me sorprende? Eres una Stalker de categoría amateur.

La testaruda y enfurruñada mujer se levanta y camina hacia mi sosteniendo una revista de las que estaban en mi mesa, enrollada en su mano atestándomela en la cabeza con un golpecito.
- ¡Eh!
- Deja de interrumpirme, mocosa sabelotodo. - gruñe y yo me llevo la mano hasta el picor en mi cabeza. - Como te decía, sé que irás a la cita en la carta para tu cumpleaños número 19, y eso está bien. Es como debe de ser.
- ¿Entonces porque estas tan enfurruñada y rara? - inquiero confundida- eres complicada.
- El problema de esto es que probablemente ustedes discutan y...
- Valeska va a quemarme viva, lejos de eso todo irá bien.

La preocupación tiñe aún más el aceitunado rostro de la mujer frente a mi cama y eso me para los pelos de punta. ¿Porque esto sería un problema? Valeska siempre está con los cables pelados ¿tendríamos que ir cuando ella este de buen humor y acepte ir? Eso no pasará jamás. Si estaba haciendo lo correcto yendo a ese lugar ¿Cuál es el problema entonces?
- Quiero que me prometas algo.

Sus palabras son dichas de forma tan suave que casi parecen un murmullo. La seriedad en su rostro y la rigidez de sus facciones es realmente preocupante. Sólo asiento en respuesta y  ella se aleja hacia la ventana para mirar.

- Aunque discutan, quiero que tengan cuidado y no se separen. Si ven algo que las inquiete, corran. No confíen en nadie, no hablen con nadie. Manténganse juntas y cuídense entre ustedes.
- Estas asustándome luego de haberme, prácticamente, convencido de hacer esto.
- Sólo quiero que estén a salvo.- agrega devolviéndome la mirada aún con el rastro de preocupación en ella. Se acerca hasta mi cama y tiende su mano para ponerla sobre mi hombro- debes ser valiente, Akari. Pero no debes jugar con lo que no conoces. Prométeme que tendrás cuidado.
- Lo prometo- le aseguro con un tono suave para brindarle algo de traquilidad.
La beta verde en los ojos de Gyula de tranquiliza un poco y se relaja sentándose de nuevo en la banqueta de mi ventana al alejarse de mí.
- Bueno, de todos modos no estarán solas.- sonríe con cariño- tendré a alguien cuidándolas desde la distancia.

No dije más, sólo me quedé ahí sentada mirando a la nada tratando de no pensarlo mucho. Había algo en Gyula y su faceta protectora que me provocaba sensaciones familiares y raras en el cuerpo. Era raro, tener a alguien que sepa tanto de ti, llevar conociéndose sólo unos días y sentir que en realidad ha sido toda una vida. Como si siempre hubiera estado cerca.

- Gyula- ella se vuelve  ante mi llamado- ¿desde cuando nos conocemos?

La mujer sonríe ampliamente como si acabará de preguntarle algo que conlleva a la respuesta más linda del mundo. Su simpatía brilla en su rostro sobre pasando la preocupación de antes y aun así ella niega con las cabeza antes de que dos toques suenen en la puerta de mi habitación interrumpiendo mi iniciado interrogatorio. Esa sería Valeska. No necesito mirar hacia la ventana para saber que el sol y Leska ya están despiertos.

- Pronto tendrás todas las respuestas, Kari. - se levanta de la banqueta acercándose al ventanal- una última cosa,- vuelve a mirarme- No pierdan las piedras.
¿Las piedras? ¿Qué piedras?

Otros dos toques me distraen de preguntar y cuando vuelvo a buscar a la gitana ella ya se ha marchado y con resignación me dejó caer en mi cama. De nuevo estoy confundida por obra suya. Esa mujer iba a volverme loca.

- ¡Akari!- el llamado de Valeska seguido por su cabeza asomándose por la puerta tan fresca y radiante como todas las mañanas- ¿porque no contestas?
- Creo que sigo dormida.- farfullo y me vuelvo a mirarla- ¿vamos a correr antes de irnos?
- Sí, pero sácate esa cara de dormida que tienes- zarandea su mano con desdén.
- Está bien ¿Vedetta no va?
- No me voy a molestar en ir a por ella. Ya se volvió una rutina nuestra, a ella no le gusta así que mantengámoslo entre nosotras dos.- se encoge de hombros y me hace sonreír. Al fin una a mi favor esta mañana.
- Me alegra que está mañana no tengas ganas de discutir.
- Nunca tengo ganas de discutir- se encoje de hombros de nuevo– pero me gusta verla frustrada.  A cada quien su hobby, que se yo.

No le respondo nada, definitivamente es gastar saliva con ellas y hoy es diferente, no quiero que el viaje se reduzca a discusiones innecesarias, ya podremos matarnos cuando se den cuenta de nuestro verdadero destino. Me encantaría creer que Valeska mantendrá una mente abierta y no discutirá, que por el contrario entender a el porque de mi acción. Pero creer eso sería borrar de mi memoria lo que conozco de la pelinegra, es absurdo. Estará encolerizada.  

Me levanto de mi cama para ir al baño y le tiendo a ella mi pasaporte para que lo deje sobre la mesa junto al suyo y el de Vedetta

- Ponlo en el comedor con los de ustedes mientras me alistó para ir a correr.
- Bien, te espero entonces ¿los pasajes?
- Los pasajes los llevo yo porque están a mi nombre. Ya los empaque, no te preocupes. Sólo ocúpate de los pasaportes y los ID.
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Vedetta parecía emocionada de viajar en tren y no en bus. A cada rato hacia comparaciones de que en el bus era cansado y no hacían paradas. Por el contrario, Valeska estaba rara. Cuando volvimos de correr y miro los pasaportes en el comedor me preguntó porque necesitaríamos los pasaportes si no saldríamos del país, que ella había estado tan sumida en sus pensamientos cuando le pedí que los llevará al comedor que se le olvidó preguntarme para que, por un segundo quise tirarme de la ventana, pero le dije que había encontrado un lugar mejor para ir, pero que era fronterizo y por eso teníamos que llevar los pasaportes. Cada vez que abre la boca para decir algo se me eriza todo y creo que hasta se me baja el color de las mejillas, a este paso se va a dar cuenta de que algo no es como se lo dije, antes de que lleguemos a la primera parada.

- ¿cuántas horas de viaje son?
- Seis, llegaremos a las dos de la tarde.- le explico a la castaña mientras busco mi libro entre mis cosas- tendremos tiempo para armar el campamento y luego ir a por esas aguas termales y la cascada.
- Jamás había escuchado de ese lugar antes, muy poca gente hace turismo en la frontera.
- Es por la cantidad de linces y gatos de montaña que hay- interviene Val.
- No es sólo eso, según esta revista turística, las montañas de la frontera están llenas de cosas misteriosas, hay un montón de leyendas aquí.  – la castaña le extiende el folleto a Vale y ambas lo observan detenidamente- dice que mucha gente desaparece cuando se adentran en los bosques y por eso no recomiendan a nadie que se separe del grupo de acampar.
- Aquí dice que muchos llegaron hablando cosas disparatadas.-argumenta la pelinegra señalando en alguna parte de la revista.
- Esta re interesante esto la verdad. – ambas se ven tan sumidas en todo lo que leen que no notan mi cara de horror. Estoy al horno. Sólo espero que no se den cuenta o noten mi incomodidad hasta que lleguemos.- aquí dice que hay personas que se han perdido y aparecido con historias muy locas y diciendo que todas las leyendas son verdad.
- Busquemos las leyendas- sugiere la pelinegra buscando entre las hojas.- debe de haber alguna interesante. La última vez que acampamos la leyenda más interesante fue la de Nessie el monstruo del lago Ness.
- Lo más interesante justo ahora es que las estoy viendo colaborar, eso es lindo.

Ambas suben la mirada de sus revistas y folletos para mirarme sin comprender mis palabras hasta que luego de unos segundos intercambian miradas entre ellas y lo que tienen en sus manos. Al final se encogen de hombros  y vuelven a ponerse en ello.  Eso las distraerá de mi actitud nerviosa y me librara de meter la pata de aquí a un buen rato. Debería de dormirme, corro menos peligro dormida.

- Es que está interesante la cosa -aclara Val – es un lugar misterioso y mítico al que vamos, es genial. Al menos no será aburrido. ¿Cómo descubriste este lugar?
- ¿Los Highland?- trago pesado cuando le pregunto y ella asiente- Pues… me los recomendaron, son famosos. ¿Qué se yo? Esta bueno variar de vez en cuando.
- Estas muy nerviosa.- dice ella suspicaz y siento desfallecer.
- ¡Nada que ver!- chillo y finjo una risotada- Estoy ansiosa, eso es todo.
- ¿Segura?
- Si…
- Oigan, aquí hablan sobre augurios, profecías y ese tipo de cosas. – interviene Vedetta gracias a dios.
- Busca en las leyendas, quiero leer alguna.
- Aquí hay una que habla sobre tres cabezas que sostienen el equilibrio.
- ¿De qué trata?- pregunto yo esta vez.
- “Los relámpagos pintaban el cielo con su magnífico esplendor mientras los rayos chocaban contra los picos en Highland cuán Catatumbo en el pueblo llano. El choque de luces y los sonidos retumbantes provocaban revuelo en todas las direcciones. Las manadas se movían en todas direcciones huyendo del choque feroz de los rayos. Los primeros hombres miraban con horror como los bosques brillaban bajo la ira del fuego y sus sacerdotisas no profetizaban más que el horror. Mientras que los niños del bosque huían a las orillas del Fiordo de lo que ellos llamaban La Rebelión del Rayo. Los niños del bosque habían creado un arma, una que podía mantener el equilibrio natural, esa que también podría ser su propia destrucción. Acudieron al llamado de las nórdicas mujeres focas a la orilla del fiordo cuando estas solo auguraban el fin de todo lo conocido hasta ahora. Que todo acabaría cuando lo rayos hubieran quemado cada bosque, el fuego acabar con cada vida en ellos, cuando el aire se viera sofocado y los mares congelados, ese sería el final del equilibrio…”
- Oye, ¿no hay leyendas bonitas?
- ¡Sssh! esta interesante- me calla Valeska – sigue, tumbera.
- Odio que me digas así.
- ¡sigue!
- “…En el fondo, cuando los relámpagos y los truenos dejaron de sonar se pudo escuchar el llanto de un bebe  proveniente de la cima de Highland fundiéndose con el estruendoso llanto de los árboles al ser quemados. Los primeros hombres y sus sacerdotisas rojas profetizaban la cólera de la naturaleza para con ellos, decían que el llanto de ese bebe significaba la muerte de los nacidos en sus tierras. Pronto no fue el llanto de un bebe, fueron todos, en una de las más grandes tormentas que se había vivido. Las antorchas no faltaban al igual que las barricadas para contener a los jinetes que descendía de la sima de la montaña en busca de la primera cabeza del equilibrio, pero nadie podía contener la ira del rayo. Bebes murieron bajo la redada del rayo y el fuego acabo con los pueblos donde los primeros hombres y los ándalos habían echado raíces…”
- Ok, demasiado.- intervengo de nuevo- esa historia puede que no me deje dormir hoy. De por si mira como está el clima, pareciera que va a haber una tormenta.
- No seas cagona, Kari.
- No soy cagona, Val. Pero hay que respetar ciertas cosas, y ahí están hablando de bebes muertos.
- ¿Puedo continuar?- inquiere la castaña ya fastidiada de que la interrumpa.- Tomo una larga boconada de aire y la dejo salir en reproche, pero asiento a la final.-  “… Una vez que seso la tormenta, los niños del bosque esperaron a orillas del fiordo junto a las Selkies nórdicas, a la aparición de la primera pieza de su arma. La primera cabeza del equilibrio; cuando un enorme animal alado cubierto de escamas, de enormes dientes y cuernos aparecía delante de ellos. El jefe de los niños del bosque fue quien se acercó para tomar lo que el enorme dragón escondía entre sus patas. El pequeño cuerpo del bebe que lloraba, cubierto de ardientes y doradas flamas. El jefe tomo al bebe y hubo un cese al fuego mientras él lo proclamaba como la primera pieza de la salvación y la primera reencarnación de la diosa del sol.  Pero los augurios de las selkies sólo se agudizaban, profetizaban que sólo faltaban dos tormentas antes del final. Desde entonces se dice en los alrededores de Highland que cuando se escucha el llanto de un bebe  durante una noche de tormenta es un augurio de la vida y la muerte. Que la vida corre peligro ante la ira del trueno y que el equilibrio podría quebrarse, o también podría ser indestructible.”

Vedetta al fin se queda callada pero aun sin despegar los ojos de la revista la veo modular con los labios y cerrar los ojos.

- ¿Vede?
- ¿Qué?
- ¿estás bien, tumbera?- inquiere esta vez Valeska pero se gana una mala mirada.
- Sí,  no me digas así. – cierra las revistas y se reclina de la ventana mirando a través de ella.- no me gustan los cuentos de miedo.

El paisaje que se va enriqueciendo a medida que el tren avanza en los hermosos valles y las rocosas montañas que se aprecian a la distancia. Incluso se puede n ver las ruinas de antiguas ciudades y castillos medievales. Sin embargo, los incesantes latidos de mi corazón no se deben a la belleza de la naturaleza. Un remolino de sensaciones se abatían dentro de mí, si bien Vedetta había quedado clavada por la leyenda que acababa de leer, yo no tenía cabeza para ella en lo absoluto. El miedo me hacía pensar muchas cosas y entre ellas estaba a resaltar el que Valeska se enojaría, o en otra estancia el tema de la decepción, de no encontrar nada e irme con las manos vacías más que con la rabieta de Vale, eso me encajonaba. Pero por otro lado estaba emocionada, la gitana dijo que había que tener cuidado. Pero eso no me quitaba la emoción, podía sentir cuando llegamos a la estación de trenes como el viento me empujaba a subir al tren, como el pasto me abría el paso para caminar, y ahora veía como los arboles bailaban al compás del viento. Era la sensación de ser llamada por ellos y la imagen que me permitía pensar que hacia lo correcto.
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Vedetta y Valeska estaban encantadas con el viaje en tren, desde que nos bajamos parecían coincidir en que no volveríamos a viajar en bus nunca más cuando se tratara de distancias largas. Ya veríamos cuánto duraría esa emoción entre ambas, aun no se daban cuenta y yo estaba rezándoles a todos los santos para que no se dieran cuenta, no encontráramos ni pasara nada y yo lograra salir ilesa de este viaje.
¿Por qué tuve que hacerle caso a Gyula? Apenas la conocía, tenía que estar loca para hacerle caso o siquiera tomar en cuenta la opinión de una desconocida.

- Lista mi tienda- aparece Vedetta desde donde armamos el campamento y se sienta junto a mí en la orilla del riachuelo – Valeska está revisando los mapas para ir de excursión al bosque.
- Está bien.- asiento y me vuelvo a mirarla- ¿Te gusta el lugar?
- Esta bonito.- sonríe complacida- Desde que llegamos tengo ganas de sentarme a dibujar, pero Valeska no va a dejarme tranquila.
- Me alegra que lo tengas en cuenta.

Ambas nos reímos suavemente  y nos quedamos en silencio luego de unos segundos solo mirando el paisaje frente a nosotros. Sí, es un lugar increíble que inspiraría a cualquiera de forma creativa, y a pesar de que  estoy nerviosa, puedo darme cuenta y disfrutar de ello. El aire fresco y el olor a pasto mojado son embriagadores. Es refrescante salir de casa, pero la tensión que siento por la situación presente no me deja disfrutar.
- Te siento tensa. Desde que salimos de casa te noto rara- habla de nuevo y esta vez coloca una mano en mi hombro- ¿Estas teniendo pesadillas de nuevo?

Sacudo la cabeza en negación. A demás de soñar con el enorme zorro y todas las marcas en nuestra piel, no había estado teniendo sueños raros. Me hacía sentir culpable que Vedetta pensara en razones por las que yo estaría tensa, `por supuesto pensaría en ms sueños, los cuales siempre me atormenta, pero estaba más allá de eso y me sentía culpable de ocultárselo.
- Kari, lo que sea puedes decírmelo.
- No es nada- niego de nuevo pero mi voz se quiebra cuando miento así que pienso en algo rápido- Solo estoy estresada.
- Estas mintiendo- bufa- siempre desvías la mirada y arrugas la boca cuando lo haces.
- No es cierto- refuto ofendida.
- Si lo es, así que dime- insiste- sabes que puedes confiar en mi.- coloca la otra mano sobre mi otro hombro y me mira con total seriedad- ¿Qué es? ¿Es un chico? O… ¿Chica?
- ¡¿Qué?!
- ¡Bueno no lo sé! Estoy tirando a pegar.- chilla exasperada ante mi impresión- Si eres lesbiana todo bien eh, lo juro.
- No soy lesbiana, Vedetta- le digo pausadamente sin dejar de mirarla mal. Ella suelta el aire que parecía estar reprimiendo y parece aliviada.- Estas loca.
- Una nunca sabe.- sacude sus manos en su defensa- ¿Chico entones?
- Tampoco…- me exaspero- Vede, deja de sacar ideas locas, solo estoy estresada.
- Pero quiero saber porque.

¿Por qué tenía que ser tan curiosa? Bueno, curiosa no ¿Por qué tenía que ser tan observadora y sensorial? Siempre se daba cuenta de las cosas, era molesto antes y en este momento aún más. Bien podría decirle la verdad, sé que ella reaccionara mejor que Val, pero estaba rezándole a dios y todos los ángeles porque no pasara nada en este fulano viaje y nadie se diera cuenta donde estábamos. Volvería a casa entera y sin quemaduras de tercer grado.
No le respondo nada y vuelvo a sentarme en mi roca ignorando por completo su mirada demandante por respuestas. Lo mejor era que nada pasara y que ellas no se enteraban, pero si seguía así de insistente terminaría diciéndole. Así que cierro los ojos y cruzo mis piernas para volver a meditar en paz y calma, aun sintiendo su inquisitiva mirada sobre mí. Incluso podía imaginarla de brazos cruzados a un costado de donde me encontraba. Sigo en lo mío y siento como el viento se hace más frio e incluso más fuerte a cada segundo.  Cada segundo que pasaba sentía como algo cambiaba dentro de mí, de a segundos podía verlo; era blanca, y brillaba intensamente dentro de mí.

Un fuerte chasquido acompañado de un ronroneo me hiso abrir los ojos de golpe y mirar hacia el bosque sin encontrar nada, pero cada vello de mi piel estaba erizado.
- ¿Todo bien?
- ¿No escuchaste eso?- le pregunto sin alejar mis ojos del bosque.
- ¿Qué cosa? No escucho nada.- mis cejas se fruncen y me muerdo los labios con inquietud antes de voltear a mirar a Vedetta. Pero sus ojos se abren en grande cuando me mira e vuelta- Tus ojos son de rana de nuevo, Kari.
- ¿En serio?- ella me entrega su teléfono para mirar mi reflejo y tiene razón.- Mierda.- chasqueo devolviéndoselo- No traje los lentes de contacto, nadie puede verme así.
- Lo bueno es que todos acampan más arriba.
- ¿Qué tal si vuelven?
- Nah, pero si pasa te pones los lentes de sol y listo.
- Tendré que quitármelos en algún momento, Vede.- sacudo la cabeza.- Joder, odio cuando esto me pasa.
- ¡AKARI!

Se me eriza hasta el cuero cabelludo cuando escucho el sonoro llamado de Valeska desde el campamento y siento que esta por bajárseme la tensión cuando la veo caminar hacia nosotras con un incendio de ira en su rostro. Mis nervios se activan sabiendo que ya se ha dado cuenta de todo al verla caminar con el mapa y la cata en sus manos. Cierro los ojos con pesar y resignación mientras Vedetta pregunta que le pasa ahora; no le respondo.

- ¡Me engañaste!- ruge la pelinegra deteniéndose frente a mí- ¿Estas estúpida? ¿Por qué carajo hiciste esto? ¡Joder!- me tira la carta junto al mapa a la cara- Me trajiste aquí sin tomar en cuenta mi jodida opinión.
- ¿De qué hablas?- inquiere Vedetta toda confundida levantando los papeles- ¿Qué está pasando?
- Nada, no pasa nada-le respondo con el tono más tranquilo que mi voz puede proyectar.
- ¿Nada? ¿De verdad, Akari? Nos trajiste aquí sin nuestro consentimiento- vuelve a gruñir pero esta vez me empuja.
- ¡Valeska!- chilla Vede tomándome del brazo- Necesitas calmarte, por dios. – entonces me mira y vuelve a preguntar señalando a los papeles en su otra mano- ¿Qué pasa?

No le respondo nada, solo me separo un poco y señalo a los papeles invitándola a que lea lo que tiene entre sus manos. Confundida lo hace observando y leyendo detalladamente todo lo que tiene entre sus manos, mientras Valeska abre y cierra sus puños con frustración mirando en mi dirección con rabia mezclada con la más pura decepción, y eso me duele. Nunca he sido una mentirosa ni he ocultado cosas a ellas, así que es comprensible que se sienta traicionada por mí, no me gusta el sentimiento pero lo entiendo. Pero si se lo hubiera dicho ella jamás habría aceptado hacerlo.

- Esto es… Dios.- ambas nos volvemos a mirar a la castaña que parece consternada- No lo puedo creer.
- Vede, lo lamento, de verdad. No quería herir a nadie, pero tenemos que saber de dónde venimos y porque somos esto. Lo siento si…De la nada unas fuertes carcajada/chillidos, brotan de la boca de Vedetta con la emoción latente y eufórica.
- ¡Dios!- rechista Leska sacudiendo su mano.
- ¿Vede?- pruebo llamándola pero ella no para de reír y gritar con euforia. Entonces me abraza y me carga dándome vueltas.
- ¡Es el mejor día de  mi vida!- celebra logrando marearme antes de detenerse y soltarme- ¿Era esto lo que no querías decirme?

Asiento con una media sonrisa ante su emoción, al menos hice feliz a alguien con mi locura de venir aquí haciendo caso de la loca de Gyula. Vede quería venir desde un principio, ella si estaba interesada en nuestro pasado. Me costaba comprender como Valeska no tenía el mismo interés. Me vuelvo a mirarla y la encuentro observándome con sus brazos cruzados sobre su pecho, su rostro esta rojo por la rabia al igual que sus brazos y el pecho que se ve sobre el cuello V de su camisa. Podría estar ardiendo por dentro.

- Escucha, no quería ofenderte, ni engañarte o traicionarte- comienzo tratando de exponer mi opinión a pesar de que ella no parece estar escuchándome por estar ocupada quemándome con la mirada- Yo no paso por alto tu opinión, siempre soy la conciliadora entre ambas, y la mayor parte del tiempo siempre te apoyo o busco de hacer las cosas que te agradan para que estés un poco más contenta con la vida.
- Dices no querer traicionarme ni herirme, pero esto que hiciste fue a traición.
- Valeska, necesitamos saber de dónde venimos y quienes somos.
- ¡Habla por ti!- me señala de forma feroz- ¿Por qué tenemos que venir a buscar a la gente que nos abandonó? Nos desecharon, Akari. Nos dejaron en un jodido orfanato.
- No sabemos el trasfondo de eso. No conocemos los motivos, no sabemos nada.
- No me importa por qué lo hicieron. – refuta entre dientes apretando la mandíbula- Lo hicieron y punto.
- Oigan, ya basta- interviene Vedetta metiéndose en medio de ambas- Val, tiene razón; no debiste ocultarnos esto. Pero también tengo que aceptar que es injusto para Kari y para mí el que no conozcamos nuestro pasado pro tu orgullo herido, Val.
- ¿Mi orgullo herido?- da un paso hacia delante encarando a la castaña- No fui el único bebe abandonado en las puestas de ese orfanato.- esta vez la empuja y Vedetta le toma de los brazos furiosa.
- ¡Deja de empujarnos!- gruñe y le hecha hacia atrás- a la mierda con eso del abandono, no conocemos los hechos. No podemos juzgar a nadie aun.
- Eso no me interesa ¿no lo entienden?
- Sí que te entendemos, Valeska. Como tú lo dijiste; no fuiste a la única que abandonaron- Me meto yo de nuevo entre ambas. – Pero necesitamos esto. No es normal lo que hacemos. No somos normales.
- ¿Normales?- se mofa- ¿Quién en el mundo lo es? Estamos bien como estamos.
- ¡Joder! ¡que terca eres!- gruñe Vedetta a mis espaldas.

Un gruñido acompañado del crujido del pasto me toma en alerta de nuevo. Ellas no parecían escucharlo, pero yo claramente escuchaba el ronroneo y podía ver el color rojo brillante de una luz que salía de los arbustos. Sea lo que sea estaba ahí, así que me separe de las chicas y di unos pasos al frente cuando la luz desapareció de mi vista. Había sido como la luz blanca como meditaba, pero no la veía por mucho.

Todos los vellos de mi cuerpo se erizan al máximo cuando un par de ojos gatunos me devuelven la mirada de entre las sombras y doy unos cautelosos pasos hacia atrás mientras él me mira.
- Chicas…- murmuro pero soy ignorada por ambas.

Me comienzo a mover lentamente mientras le sigo mirando al enorme lince que sale de entre los arbustos acercándose cautelosamente hacia nosotras. Choco con las chicas y estas refutan hacia mí con disgusto por haberlas pisado.
- Chicas, miren.

Vuelvo a murmurar y esta vez sí me hacen caso.
- Oh por dios.
- ¡mierda!

El animal ruge y se lanza a correr cuando las tres comenzamos a correr desesperadamente por la orilla del lago hasta meternos al bosque con el enorme animal pisándonos los talones. Vede no deja de gritar y Valeska no para de lanzar maldiciones al azar. Por mi parte ni siquiera respiro. Los animales nunca me lastiman, pero este parece querer cenarme. El enorme gato ruge hambriento haciendo que corramos más desesperadamente.
- ¡Hagan algo!- chilla Vedetta.
- ¡No puedo!- ruge Val sacudiendo sus manos pero nada sale de ellas.
- ¡Akari!

Cuando gritan por mi hago lo que puedo y miro hacia las raíces de los arboles no consiguiendo nada de ellas. Solo maldigo y sigo corriendo. Pero me detengo cuando unas líneas de luces blancas aparecen a un costado de nosotras. Miro hacia atrás encontrando el enorme gato aun corriendo en nuestra dirección y las chicas gritan mi nombre.
- ¡Vengan!- les hago una seña con la mano y sigo el camino de luces sin dejar de correr.

El camino de luces va desapareciendo de mi vista cada que nos adentramos más en la montaña pero aun no me detengo y le pido en voz baja a lo que sea que me permita ver esas luces que me deje mirarlas un poco más. Escucho el chasquido a mis espaldas y volteo encontrando a Valeska lanzando fuego al animal y una de estas impacta contra un árbol,  incinerando al momento y haciendo que la rama caiga, eso era imposible, pero lo estaba viendo con mis propios ojos. Aun así el animal lo esquiva y continúa detrás de nosotras.

El camino de luces desaparece a la orilla de un barranco haciéndome detener de golpe y a las chicas detrás de mi. Miro hacia abajo encontrando una caída de agua de al menos veinte metros.
- No lo haremos.- chasquea la castaña exasperada junto a mi- Podría ser muy bajo, nos mataremos.
- O es eso o nos come el gato.- afirma Valeska sin inmutarse y la empuja.
- ¡Valeska!- chilla pero el grito queda en el aire.

El ronroneo del animal nos acorrala pero ni siquiera le damos mucho tiempo a mirarlo cuando ambas intercambiamos una rápida mirada y nos lanzamos al agua.

Cuando mi cuerpo toca el agua helada es empujado hacia abajo por más que lucho por llevarlo hacia arriba, pero las chicas toman mis brazos llevándome hacia arriba. Cuando nuestras cabezas salen lo único que escucho son maldiciones e insultos de Vedetta hacia Valeska, las dos parecen tan impactas y exasperadas que no parecen darse cuenta de que la corriente está llevándonos. Por lo que yo misma volteo en todas direcciones hasta encontrar el final del rio con otra caída de agua, íbamos a caer.
- ¡Agárrense de algo!- comienzo a moverme y tratando de suéltame de ellas en busca de una rama o alguna piedra de la cual pueda retenerme de la corriente.
- ¡Joder, vamos a caer!
- ¡tranquilízate Vedetta!- le regaña la pelinegra- busca algo de que agarrarte.

Pero la corriente a duras penas nos deja movernos. Aun así consigo una roca fuerte en medio del canal y tomo el brazo de Vede asustada y la retengo contra la roca haciendo que se sostenga. Una vez que ella lo hace estiro mi mano hacia Valeska y esta hace todo lo que puede por estirarse a tomarla, pero nuestros dedos a penas se tocan.
- ¡Estírate mas Val! – le pido pero aun así la veo batallar.
- ¡La corriente no me deja!
- ¡Kari, sujétate de mí y ve por ella!- Vedetta me da su mano y yo la tomo para poder llegar hasta Val, pero esta no resiste más y solo recoge sus manos- ¡Val!
- ¡Caeremos las tres si hacen eso!
- ¡Valeska toma mi maldita mano!

Pero la pelinegra se reúsa y la corriente la aleja más de mi llevándola más al borde de la caída. Las luces aparecen de nuevo esta vez sobre Valeska con un color azul muy frio; estaba asustada.  Un montón de verde y blanco al final de la caída también parecía visible a mis ojos. Así que me suelto de la mano de Vedetta y dejo que la rápida corriente me lleve con ella hasta chocar con Valeska y esta me gruñe.

- ¡¿Estás loca ojos de rana?!- me grita yo solo sacudo la cabeza y volteo cuando veo a Vedetta también ser arrestada con nosotras.- ¡Las dos lo están!
- ¡Si cae una, caemos todas!- sentencia la castaña. Yo solo puedo asentir. Los ojos de Val brillan pero rápidamente cubre eso por una emoción distinta asintiendo con la cabeza y volviéndose hacia la caída del agua.
- ¡Después no digan que yo las obligue!- Siento su mano en la mía y me vuelvo a mirarla al igual que Vede lo hace del otro lado- ¡Recuerden que todo esto es culpa de Kari!

Suelto una carcajada y ella solo aprieta mi mano antes de que la corriente termine de empujarnos y nuestro cuerpo caiga por la enorme cascada.


Última edición por Ariel. el Jue 17 Mayo 2018, 9:59 pm, editado 1 vez
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Re: Samariv.

Mensaje por Ariel. el Lun 02 Abr 2018, 12:33 am

Capítulo 04.2
Akari|| Ariel.


Spoiler:

Escupo y escupo agua apenas logro arrastrarme por la orilla del rio, sintiendo mis entrañas arder de la cantidad de agua que trague y lo mucho que toso. Escucho a las chicas hacer lo mismo mientras se arrastran junto a mí con sus cuerpos igual de pesados y agotados que el mío. La corriente y la fuerza del agua nos llevaron lejos de donde estábamos. Solo dios sabría cómo coño íbamos a volver a nuestro campamento.

Me doy la vuelta respirando de forma acelerada, retorciéndome contra las pequeñas piedras de la orilla con todo mi pequeño cuerpo doliendo de la cantidad de golpes que lleve. Mi corazón está a punto de salirse de mi cuerpo por la boca y creo que no siento mis dedos.

- ¿Están bien?- yo solo asiento sin saber si Vedetta está mirando mi respuesta.
- Define bien.
- Bueno, pareces estar bien.- refuta la castaña hacia la ironía de Val. - ¿Kari?
- Creo.- es lo que logro decir.
- Es lo que mereces.
- Un respiro por favor.- pide solemnemente Vede. – Acabamos de saltar de un acantilado, ser arrastradas por rápidos, arrojadas por una cascada y de nuevo arrolladas por la corriente, y todo en menos de 40 minutos.

Mierda. No había llevado la cuenta de todo, pero ahora mi cerebro comprendía porque mi cuerpo de rana no reaccionaba. Había llevado más golpes que una pera de boxeo. Maldición ¿Cómo es que no morimos? Esa cascada tenía al menos quince metros. Nuestros cuerpos larguruchos y delgados no deberían aguantar tanto.

- Estoy tan moribunda que creo que seguiré aquí esperando a que el huesudo venga por mí.
- ¡No digas sandeces, Valeska!- le gruñe Vede, yo solo me rio.
- Es la verdad, no siento mis extremidades.- farfulla- y estoy cansada, ni ganas de vivir tengo.
- Pues no parece, estás hablando demasiado.
- Es lo que me mantiene viva, creo.
- Deja de decir o mencionar a la muerte.
- Es lo único seguro en la vida.
- Bueno, deja de invocarla.
- Oigan, ya basta.- intervengo con la voz rasposa- Solo hacen que me duela más la cabeza.
- Todo esto es tú culpa.
- Lo se Valeska- ruedo los ojos - ¿Podrías dejar de decírmelo? Un lince pudo salirnos en cualquier parte, incluso en el otro retiro.
- Pero esa no sería tu culpa.

No le contesto. Seria en vano. Ella solo seguirá discutiendo si le sigo contestando o si Vedetta le sigue pidiendo que no invoque a la muerte.  Me arden los pulmones, no estoy para seguir con las riñas “De tu culpa, o mi culpa” ya está, casi morimos. Debería de estar feliz que no fue así. El sarcasmo de Valeska no parece agotarse ni porque trague litros de agua. Lo cierto es que yo si no tengo energía.

Levanto mi torso del suelo hasta quedar sentada y le echo un ojo a las chicas encontrándolas despeinadas, con golpes, rasguños y bastante mojadas, lo que me lleva a escanear mis manos y brazos igual de rotos por todas partes. Encima el frio era de la puta madre. El invierno estaba llegando y nosotras estábamos mojadas, apaleadas y sin nada de que cubrirnos. Ha, y perdidas.  Pero todo bien, nada de qué preocuparse. Valeska estaba atrayendo al huesudo y Vedetta debía de estar a punto de ponerse neurótica en cuanto se diera cuenta de todo lo que yo acabo de darme cuenta.

Mi cuerpo se pone rígido cuando el sonido de la grava junto con el caminar de caballos se escucha a nuestras espaldas desde las penumbras del bosque. Algo de esto me parece familiar y mi cuerpo parece pensar lo mismo ya que se eriza desde la punta de mis dedos hasta mi último cabello.

- Chicas- las llamo echándome hacia atrás para levantarme- ¿Escuchan eso?
- ¿Escuchar que?- ambas me miran sin comprender y el sonido vuelve, pero parecen no escuchar.- ¿Kari estas bien?
- ¿No escuchan los caballos?
- ¿Qué caballos, Akari? – inquiere de mala gana la pelinegra- Lo que falta es que hayas quedado loca de tanto golpe.

No les respondo porque mis alarmas se activan de inmediato y me pongo de pie con sus miradas confundidas siguiéndome. No estaba escuchándolos ahora. Era una de esas putas sensaciones o visiones como Gyula las llamaba. Estábamos en problemas y muy cerca.

- Hay que movernos.
- ¿Estas demente?- gruñe Valeska poniéndose de pie- A penas puedo moverme.
- Pues tenemos que irnos. – digo enarcando una de mis cejas y ella me devuelve una fea mirada.- Yo también estoy cansada, el agua me molió a golpes.-digo con mal gesto y bufando al final-  Así que deja de quejarte.
- Te lo mereces por cambiar los planes.
- Estas actuando como una niñita, Valeska.
- ¡Estoy cansada! ¿Qué es lo que esperas?- ruge dando unos pasos hacia mí pero siendo detenida cuando esta vez todas escuchan el galope de los caballos.- ¿Qué mierda?
- Estabas prediciendo de nuevo- murmura la castaña levantándose nerviosa.
- Nos vamos, ahora.  Tengo un mal presentimiento.- esta vez ellas asienten.

Comenzamos a movernos en otra dirección pero un latigazo quiebra el viento e impacta sobre la tierra deteniéndonos y haciendo que nos quedemos congeladas mirando el suelo quemado debajo del látigo del cual brotan chispas. Incluso se me escapa un gritito ahogado de impresión.

Eran al menos veinte caballos todos negros y enormes. Iban con cuerdas y emblemas alrededor de su cuello y en sus monturas, todas con un trueno en el centro. La misma cantidad de jinetes pero también habían hombres a pie sosteniendo lo que parecían armas y banderas. Era, o al menos parecía, un batallón de guerra de otra época, aunque no se veían tan anticuados realmente, solo que no lucían como los batallones que solemos mirar en la tele o en el desfile de independencia. Incluso los cuatro enormes osos negros lucían imponentes e irrealistas cuando las chispas eléctricas les pasaban sobre el pelaje como una descarga de estática.

Me hago hacia atrás de un salto cuando uno de los caballos relincha y choco contra Vedetta parada detrás de mí. Mi castaña amiga me toma del brazo para luego volver a mirar hacia los hombres en cuestión frente a nosotras, pero mis ojos viajan a los enormes dientes de esos osos.

- ¿Por qué tenemos a tres aldeanas merodeando en la frontera?- pregunta el hombre que, supongo, es el jefe.
- ¿Aldeanas?- inquiere Val y se vuelve a mirarnos antes de susurrarnos- No somos aldeanas.
- ¿Qué hacen aquí?- repite el hombre. Mis ojos viajan a través del batallón frente a nosotras y escaneo parte por parte a todos encontrándome con la mirada de uno de los hombres, estudiándome fijamente.
- Vera señor, nos perseguía un Lince enorme y con hambre que nos llevó a saltar de un acantilado…- Comienza Vede a explicar detalladamente nuestra situación, pero no le presto atención.

El hombre que me estudia detalladamente cambia su mirada hacia Valeska  y se queda mirándola fijamente, de nuevo estudiando a una de nosotras. Podía sentir cada vello de mi cuerpo erizado y cada terminación nerviosa palpitando, aun así no podía moverme. Estábamos con mucha desventaja en esta situación.

Los hombres comienzan a murmurar entre ellos muchas cosas que no alcanzo a escuchar, pero es obvio que se trata de nosotras y esa idea hace que mi pecho se apriete de anticipación.

- El rio nos trajo hasta aquí. Pero ya estábamos por regresar a nuestro campamento.- Vedetta termina de explicarle al hombre y vuelve a quedarse en silencio mientras el tipo nos estudia y procesa la información.
- ¿De qué campamento dicen ser?
- Nos estábamos hospedando el los Highland. –responde esta vez Vale tomando mi otro brazo disimuladamente.

El hombre que nos escaneaba hace un rato abre los ojos en grande al igual que su jefe y se acerca a este murmurándole unas cosas al oído. La confusión en el resto del batallón es palpable. La sorpresa de los dos hombres parece ser cubierta poco a poco con algo más. Algo malo. Los colores vuelven también, podía ver el mismo color en los demás, salvo en ellos dos.
- ¿Cómo cruzaron el velo?
- ¿Velo? ¿De qué habla?- inquiere Vedetta confundida y ambos hombres insisten.
- ¿Cómo cruzaron el velo?- repite, esta vez marcando cada palabra.
- No sabemos de qué nos habla. Lo único que cruzamos fue un maldito rio. – Val se exaspera- ya le explicamos que caímos de una cascada.

Los osos rugen y esta vez comienzan a hacerse para el frente provocando que nosotras nos movamos hacia atrás apretando nuestros agarres en la otra. Tenemos que correr y no parecemos ser capaces de hacerlo. Gyula me advertía de esto. Ella dijo que no confiáramos en nadie.

Los colores desaparecen de nuevo y mi vista se vuelve un poco borrosa haciendo que suelte a las chicas para restregármelos ante el ardor.
- ¿Kari?
- Me arden.- murmuro sin dejar de restregármelos. No podía abrir los ojos. Siento sus manos tomar mis brazos con preocupación. – Hay que irnos- murmuro de nuevo.
- No podemos correr si no vez a dónde vas.
- Algo tenemos que hacer.- susurra Vedetta- Kari, intenta mirar.
- No puedo- sacudo la cabeza.
- Nos están mirando muy mal.- chasquea Valeska.

De nuevo se escucha a los oso y esta vez tienen un impacto de algo chocando contra la tierra que me obliga abrir los ojos con todo y el ardor. Cuando subo la mirada del poco pasto quemado frente a nosotras, miro a ambos hombres y sus caras caen aún más.
- Tu…- el hombre me mira exaltado- ¿de dónde vienes?
- ¿Tienen problemas auditivos?- escupe Valeska comenzando a molestarse- Highland.

La cara de ambos hombres se distorsiona, esta vez la de sus hombres también y los animales comienzan a moverse como locos haciendo que nosotras nos hagamos para atrás. Cuando Vedetta me mira murmura que tengo ojos de Rana de nuevo. Pero eso parece haber dejado de importarles a los hombres porque ya no me miran a mí. Miran a una exasperada Valeska.

- ¿Dónde conseguiste esa piedra, niña?- inquiere señalando el cuello de Valeska.
- ¿Ah?
- ¡La piedra en tu cuello!- ruge- ¿De dónde la sacaste?

“- No pierdan las piedras.”
La advertencia de Gyula vuelve a mi mente llevándome a mirar hacia el cuello de Valeska donde su piedra de nacimiento ha sido expuesta. Rápidamente miro hacia Vedetta pero su cadena sigue dentro de su camiseta.
“- Si ven algo que las inquiete, corran. No confíen en nadie, no hablen con nadie.”

- Es mi piedra de nacimiento.- responde con recelo llevándose una mano al pecho.

Los ojos de los hombres se oscurecen luciendo sombríos y esa es la advertencia que mi cuerpo necesita para correr cuando el comportamiento de todos los animales se vuelve aún más loco y el viento comienza a soplar con demasiada fuerza creando una resistencia para el batallón. Miro a Vedetta quien luce aún más pálida. Ella no ha sido, obviamente. Alguien está ayudándonos, o quizás dios nos está echando una manito.

Tomo su mano y me lanzo a correr tan rápido como puedo a las orillas del rio hasta encontrarnos con la maleza espesa de los bosques. Valeska Farfulla unas cuantas cosas pero no le presto mucha atención. Mis ojos aun me arden, nunca me habían ardido antes cuando los ojos de sapo aparecían. Aun con la vista algo borrosa puedo ver como los árboles y sus ramas nos abren el paso, incluso sentía mi cuerpo vibrante por algún motivo, no era yo. Yo no les estaba pidiendo que me ayudaran.

El galope de los caballos y las exclamaciones de los hombres en ellos volvieron a escucharse detrás de nosotras. También vinieron con latigazos como la vez anterior, los rayos iluminaban la penumbra de los bosques. Estaban dispuestos a fundirnos como queso suizo si no lográbamos escapar. Me detengo en medio del bosque y me volteo enfrentándome a los hombres. Podría hacer lo que hice con las chicas en el festival. Las escucho gritar mi nombre, pero no les doy mi atención hasta que ubico un árbol enorme a mi derecha y corro hacia el dejando mi mano en sus enormes raíces. De nuevo siento la vibración en mi cuerpo y las veo acomodarse a lo largo del camino, no solo ellas, sino también las de otros dos árboles hasta crear una especie de pared. Miro impresionada lo que acabo de hacer y me vuelvo a mirar a las chicas que me observan jadeantes e inexpresivas. Esto no fue lo que intente hacer, pero está mejor.

- Eso nos dará tiempo.- dice Val escaneando mi trabajo. Vedetta levanta la mano como si estuviésemos en la escuela.
- ¿Cómo hiciste eso?- sacudo la cabeza en respuesta y veo de nuevo los colores rodeándolas con un azul pálido. El ardor se intensifica obligándome a cerrar los ojos.
- ¡Arg!- chillo llevándome las manos a ambos ojos.
- ¡Mierda!- las escucho a ambas acercarse. Pero es Valeska quien me levanta- ¿Qué te pasa?
- Me arden.
- ¿de nuevo?
- Peor.- me quejo. Siento a ambas pasar sus brazos sobre mí para llevarme a rastras- Puedo caminar, chicas.
- ¿A ciegas? ¡Ja!
- Esa cosa que hiciste nos dará tiempo. Hay que adelantarnos un montón.

Hago lo que puedo por abrir un ojo pero fallo cerrándolo de nuevo. Jamás me habían ardido así, jamás había visto colores rodeando a las personas, nunca en la vida me habría imaginado que habían osos que echaban chispas. Bien, mi cosa con los arboles no es norma, pero osos con chispas ya es demasiado.

- ¿Les conté que yo ya había soñado con esto?
- ¡¿Qué?!- chillan ambas soltándome. Abro la boca para responderles pero soy silenciada ante el enorme estruendo de los rayos.- 1Mierda! Tenemos que correr- Valeska me coge del brazo con fuerza.
- ¿Rompieron la pared?
- Están en eso.- responde Vedetta. Otro rayo impacta. Pero es el rugido de los animales lo que hace que mi cuerpo entero se erice.
- ¡Corran!
- ¡Kari Apresúrate!

Era fácil pedirlo y difícil hacerlo estando ciega. Pero hice lo que pude por abrir mis ojos. Maldición. Ardían. Ahora definitivamente se que veo el futuro. Y no me gusta. Para nada. Si antes lo sospechaba, y lo dude cuando Gyula me lo dijo, ahora no me quedaba duda. Soy bruja. Y de verdad no me gusta. Ni un poquito. Daba miedo. Estoy cagada de miedo.

- ¡Atrápelas!

Grita el jefe de los hombres tras nosotras y los caballos relincharon con más fuerza mientras su galope se volvió más cercano, estaban tan cerca que casi escuchaba sus respiraciones junto a mi oreja, y también a los malditos osos que venían aún más cerca. Entre los cuatro estaban rodeándonos.

- ¡Maldición!- escupe jadeante Leska- No iremos más de excursión.

De pronto todo se pone incluso peor cuando nos detenemos en lo que parece un callejón sin salida, una enorme roca llena de musgo en medio del bosque. La había visto antes, en ese puto sueño. A penas y manteníamos nuestra respiración entre jadeaos cuando somos sorprendidas ante el gruñido de los malditos osos que habían logrado acorralarnos.

- ¡No quiero ser su jodido salmón!
- Vedetta no grites.
- ¿Cómo no quieres que grite?
- ¡Cerrando el puto pico!

Los osos rugen y me catapulto hacia atrás chocando con la enorme roca mohosa. Los cuatro estaban frente a nosotras y no parecían con ánimos de esperar a que sus líderes llegaran. Uno de los osos, el más grande, se comenzó a acercar de forma intimidante y mostrando sus enormes dientes. La piel del animal se eriza en su nuca y cierro los ojos con fuerza conociendo lo que hará.

- Mierda, mierda, mierda.

Cuando abro los ojos de nuevo para tomar la mano de Vedetta, un fuerte rugido nos sobre salta y este es detenido por uno incluso más fuerte de un animal diferente. Uno pesado. Las tres nos sacudimos un poco cuando vuelve a rugir y esta vez noto que el sonido viene de encima de nosotras. Subo la mirada lentamente encontrándome con dos patas de perro delanteras en largas piernas en color dorado. Mi corazón se detiene y mi sistema respiratorio deja de funcionar. Inmediatamente miro hacia atrás pero solo encuentro una cola.

“- Tendré a alguien cuidándolas desde la distancia.”

- Hiro.- murmuro.
- ¿Quién?- inquiere Valeska tomándome del brazo y zarandeándome.
- Es mi dibujo.- Vedetta susurra totalmente sorprendida, pero cuando le voy a decir que si lo es, Hiro salta frente a nosotras quedando de frente a los osos.

Los osos retroceden, salvo por el grandote que quería comernos. Parece querer enfrentar al Zorro. Como que no tienen mucha percepción de tamaño, Hiro les dobla la altura. Pero eso no parece detener al animal. Al menos parece que la pared de raíces ha logrado detener al batallón por un tiempo, eso es algo bueno. El oso se va sobre Hiro pero este se lo sacude con facilidad. Ambos animales se enfrascan en una pelea, incluso los demás osos se van sobre el zorro, pero Hiro no se deja lastimar. No es hasta que veo la carga eléctrica sobre la piel de los osos que verdaderamente me asusto por el zorro de Gyula.

- ¡Lo van a freír!
- ¡Vedetta!- gritamos al unísono.

Ella nos mira exasperada y señalando lo obvio pero yo solo niego con la  cabeza cuando una fuete luz ilumina la penumbra al final del bosque. Las tres nos miramos con los ojos bien abiertos.
- ¡Los tipos!- Valeska comienza a moverse- Encontremos una salida.

Ellas se ponen en eso, pero yo me quedo mirando a Hiro. El también ha notado el peligro, y al igual que los osos, su pelaje comienza a erizarse reteniendo cargas, pero estas no eran eléctricas, eran moradas y lucían como luces de neón. Era energía, la había visto antes en uno de mis sueños. Era esa cosa que nos cubría al zorro y a mí en mi sueño.

Escucho a las chicas preguntar cosas pero no les doy mi atención por estar impresionada cuando la descarga del animal explota y se expande como una onda a su alrededor desapareciendo a los osos del lugar. Mi boca se abre y escucho los jadeos impresionados de las chicas. Hiro se da la vuelta enfrentándome y agacha la cabeza a nuestra altura.

“- Suban. Las sacare de aquí.”
- ¿Qué?
“- Dígales que suban.”
- ¿Tú hablas?- inquiero confundida y sorprendida.
- ¿Akari, que pasa?
- Tenemos que subirnos en él.
- ¡No!- chilla Vedetta- ¿No viste lo que hiso?
- Nos estaba defendiendo.
- Es cierto.- concuerdo con Valeska- Él quiere que subamos a su lomo.
“- No tenemos tiempo, señorita. Deben subir.”

El galope de los caballos vuelve y es todo el incentivo que necesito para acceder y subirme a él. Hiro se agacha para permitir que subamos a su lomo y al final Valeska termina empujando a Vedetta sobre el animal. Una vez que estamos las tres, Hiro se echa a correr por el bosque demasiado rápido. Tanto que nos tenemos que apretar entre nosotras y abrazarnos a su pelaje.
{**}
- ¿A dónde nos lleva?
- No lo sé.

Duramos demasiado tiempo corriendo. Alrededor de media hora o más, lo cierto es que ya no escuchamos a nadie siguiéndonos, ni las quejas de Vedetta. La castaña se ha dejado vencer y yace dormida en mi espalda. Lo que me espera una vez que lleguemos a casa no me agrada. Quizás me quede en el lomo de Hiro o a vivir con Gyula de por vida.  Sé que no será bueno cuando volvemos, puedo sentir las feas miradas que Valeska me está dando desde atrás. Ni siquiera me molesto en voltear a mirarla, se perfectamente que es así.

Unas luces moradas aparecen en el camino cuando Hiro se detiene. Todas las luces comienzan a aglomerarse en el centro y Val pregunta que son, pero yo tampoco sé. De pronto estas estallan y se abren en un círculo mostrando una imagen en el fondo. Yo conozco ese lugar. El rostro consternado de Gyula aparece del otro lado del círculo. Hiro se agacha y nos pide que bajemos. Me bajo y le digo a Val que lo haga también y entre las dos bajamos a Vedetta.

- Demasiada actividad física para ella.- murmuro como explicación hacia el zorro.
- Fue demasiada para todas.- me corrige la pelinegra.- ¿Ahora qué?
“- Entren ahí.”
- Entremos.- le digo.

Ella no me discute. Solo sacude la cabeza y me sigue hacia el círculo. Extendemos el cuerpo lánguido de Vedetta hacia Gyula y ella la toma llevándola hasta sus cojines felpudos en el centro de su tienda. Valeska entre y yo me vuelvo a mirar a Hiro encontrándolo del tamaño de un zorro normal bebe.
- Te vez menos intimidante así.

El hace un ruidito como un ronroneo y se pasa entre mis pies para que lo levante. Cuando lo hago me dispongo a cruzar el circulo para llegar con las demás. Una vez dentro el círculo desaparece y de nuevo estamos en casa. No me había dado cuenta de lo cansada que estaba y de lo mal que estaba respirando hasta que Gyula se acercó a mí para revisarme toda preocupada.

- Por los dioses.- suspira- Están bien.
{**}

Vedetta durmió como un bebe por al menos una hora  y algo. Desde que se levantó parece una liebre de lo hiperactiva y no para de hacer preguntas por todo, hasta de que si la cascada que nos arrastro era real o una alucinación creada por su psiquis nerviosa. Mucho no le entendía entre todo su palabrerío. Valeska por su parte esta recostada de una de las tablas que sostenía la tienda de Gyula en el centro de esta, observándonos a todos en silencio. Desde que llegamos no dijo nada, eso era malo. Muy malo. No me gustaba para nada. Quizás deba mudarme aquí con Gyula realmente.  

- Vedetta, necesito que te calmes- le pide amablemente la mujer- Siéntate tranquila.
- ¿Cómo me piden que este sentada y tranquila? ¡Casi morimos! Vi osos eléctricos y ese zorro era por lo menos cinco veces más grande que ahora- señala exasperada sin dejar de moverse hacia Hiro acostado en los cojines.
- Estamos alteradas por todo lo que paso, pero tienes que tranquilizarte un poco- le pido yo esta vez- y deja de moverte.
- Si, vas a abrir un hoyo en el suelo.-concuerda Gyula antes de volverse a señalarme.- Akari sirve un poco de Té.
- No queremos ningún Te. – sentencia Valeska hablando por primera vez desde que llegamos. Pero aun así la ignoro y voy hasta la tetera.- ¿fue esta mujer la que te hiso cambiar los boletos y exponernos?
- Nos está ayudando, Valeska.
- ¿Ah qué? ¡Casi nos matan!- gruñe- Te volviste completamente loca, Akari. ¿Cómo confías en alguien que no conoces? Nos engañaste a ambas y nos llevaste a vivir el mayor peligro que hemos vivido nunca. ¿Por qué? ¿una predicción de esta mujer?
- Gyula no es cualquier gitana- contraataco soltando la tetera en la mesilla.- Es como nosotras.
- ¿Qué sabes tú si ella también quiere matarnos?
- ¡Nos salvó la puta vida!
- ¡El perro lo hizo!- señala a Hiro dormido esta vez en los cojines junto a Vedetta, esta al notarlo ahí se echa hacia un lado con recelo.- Pudimos morir.
- Pero gracias a los dioses no fue así.- agradece solemnemente Gyula hacia su altar.
- ¡¿Qué dioses?!- exclamamos todas a la vez con exasperación.
- Gyula, intento defenderte, no vengas con mamadas de los dioses.
- Me vale mierda que la defiendas. –masculla la pelinegra- íbamos a morir.
- Éramos el salmón de esos osos.
- Deja de decir eso, Vedetta- la mira mal.
- Casi nos comen esos osos que hacían corto circuito ¿Qué esperas?- chilla indignada- estoy jodidamente agotada- se tumba hacia atrás en los cojines y suspira- Creo que dormiré unos 10 años.
Hiro la mira acostarse y rápidamente se escabulle acurrucándose en ella para seguir con su siesta mientras Vedetta lo mira sin saber qué hacer ante su cercanía.
- Chicas, sé que están alteradas. Que todo fue muy loco para ustedes y que además  estaban asustadas.- comienza a hablar tranquilamente la mujer acercándose a la mesita- Le advertí a Akari que tuviera cuidado y especialmente que no confiara en nadie.
- Ella te advirtió y aun así tu seguiste adelante con esto ¿estás loca?- me increpa Val- Si querías morir te hubieses lanzado del último piso de la torre en el palacio negro. No tenemos que morir nosotras también.

Ignoro toda la mala leche que Val me está lanzando porque en parte la entiendo y no puedo quitarle la razón en ciertas cosas. Nos puse en peligro y casi morimos, estamos cansadas, golpeadas, heridas y asustadas. Sin embargo me siento jodidamente más curiosa de lo que estaba antes.  Había visto cosas en ese lugar que jamás en mi vida me habría imagino que existían. El zorro, los osos, los rayos y por momentos esos colores que podía ver que hacían arder mis ojos después. No podía dejar de revivir cada momento en mi cabeza.

Sé que lo peor que pude haber hecho fue llevarlas engañadas, pero fue la única manera que se me ocurrió o tendría que haber peleado muy feo con Val.  Pude decirle a Vede, pero es tan pésima ocultando cosas que nos habría descubierto. Y según como yo lo veía, esto era algo que nos compete a las tres, no solo a Vedetta y a mí, a Leska también. Aunque ella no quiera saber nada.

Tomo ambas tazas de té, dos galletas y me acerco a las chicas entregándole una primero a Vedetta hasta llegar con Valeska y extenderla. Ella sacude su cabeza y me pone los ojos en blanco.
- Bébetelo.
- No quiero.
- Por favor- le pido suavemente esta vez logrando que ella me ponga mala cara pero aun así toma la taza y se sienta.

Miro a Gyula de reojo encontrándola bebiendo su Te en silencio. Ella había estado preocupada, por eso envió a Hiro para esperarnos en lo que ella creyó seria nuestro punto de encuentro. Desde que apareció solo me ha hecho dudar de muchas cosas, parece conocernos más de lo que cualquier persona nos conoce. Ella nos estuvo cuidando desde la distancia, pero ¿Por qué?

La observo levantarse e ir hasta su pequeño zorro. De la frente de ambos veo como se les dibuja el cristal negro exactamente igual al de mi sueño. Ambos unen sus frentes y las luces y líneas aparecen, pero a diferencia de mi sueño, en ellos solo se marca en el rostro y no en su cuerpo. Vedetta junto a ellos los mira con la taza de Té a medio camino y el rostro consternado. Mientras Val del otro lado les mira por el rabillo del ojo  fingiendo indiferencia.

Me siento en una de las butacas observando lo que Gyula hace hasta que termina y se separa de Hiro para sentarse de nuevo en su sofá.
- ¿Qué fue eso?- pregunta Vedetta señalándolos a ambos.
- Es la unión entre un Kitsune y una persona.
- ¿y qué significa?
- Unión.- se ríe- Es como se crea un lazo entre nosotras. Lo que acabamos de hacer fue unir nuestra energía ya que utilizo un poco de la suya hoy. Lo que hice fue acelerar el proceso de sanación y cargo de energía. Esas marcas son nuestra marca de unión y podemos activarlas siempre que queramos para utilizar la energía del otro. Significan, fuerza, lealtad y amor. Los kitsune son creaturas quisquillosas y muy rebeldes, por lo que son difíciles de obtener como aliados, son muy desconfiados. Pero una vez que te ganas su confianza son muy leales, incluso en la muerte.
- ¿Qué significa eso?- Gyula le da una mirada triste a Vedetta.
- Que si yo muero, Hiro muere también.
- ¿y si el muere?- pregunta Val esta vez.
- Una parte de mi muere.- la mujer bebe un sorbo de su Te y observa a su zorro con una sonrisa- Son odiosos, pero muy emocionales.
- Lucia más intimidante hace un rato.
- Toman esta forma más pequeña para estar junto a nosotros.- le responde a la pelinegra- Pero cuando está en mi piel o se siente amenazado toma su forma real.
- ¿En tu piel?- inquiere Vedetta horrorizada.
- Si, veras…
- ¡Bueno ya basta!- la interrumpe Valeska levantándose de sus cojines- Tengo un límite para lo raro y este día ya lo excedió, no quiero más cosas raras, ni osos, ni zorros ni nada de animales en la piel. Nos vamos- sentencia al final y nos hace upa con sus manos para que nos levantemos también.
- Ya es muy tarde, es mejor que se queden- señala Gyula con amabilidad levantándose de su puesto.
- Gracias, pero tenemos hambre, estamos cansadas, golpeadas y esto es muy pequeño para las cuatro. Cinco con el perro.

Gyula mueve las manos y de la nada aparece una mesita en medio de nosotras llena de comida de McDonalds, luego chasquea sus dedos y aparecen tres camas más y la tienda se hace un poco más grande. Nadie argumenta palabra alguna más que los jadeos que se nos escapan. Honestamente ya no tengo nada que decir. Solo quiero comer y dormir.

- Bien, solo porque tengo hambre y estoy agotada física y mentalmente.- Val se va hasta la mesa sin decir nada más y se sienta a sacar toda la comida de las bolsas.
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Me sentía entre derrotada y confundida al mismo tiempo, mas confundida que derrotada debido a toda la información captada recientemente. El sentir de derrota era el jodido desgaste físico había sufrido ayer. Mis pantorrillas ardían y tenía más moretones que un dálmata con sus manchas, también me dolían las costillas y la cabeza no me dejaba de latir. Si a eso le agregaba el que Valeska no había hablado en todo el camino de regreso a casa; mi pobre cabeza estallaría.  Vedetta no había hablado pero se debía a que la castaña lucia cansada, Val se veía que estaba enojada todavía, incluso más.

Entramos a casa y cada quien pasa en silencio, lo único que escuchábamos era el sonar del piso de madera bajo nuestros pies. Las dejo a ellas de lado para ir a la cocina a tomarme un vaso de agua fría y una pastilla. Quedarnos a dormir donde Gyula no fue relajante para nada, me sentí tensa toda la noche por el susto de que Valeska decidiera matar Gyula, o a mí, mientras dormíamos.

Cuando salgo de la cocina me encuentro a las chicas en el centro de la sala tomando cosas del suelo y revisándolas. No pregunto nada y solo me acerco encontrando nuestros bolsos.

- Bueno, al menos no perdimos nuestras cosas- susurra Vedetta tomando su cuaderno y celular antes de mirarme- Yo necesito dormir un poco más- suspira- un año tal vez.
- Pues ve.

Ella asiente y tomando sus cosas, se marcha escaleras arriba dejándome sola con la chica que no me aprecia para nada en este momento. Le miro de reojo mientras recoge sus cosas y comienza a andar en dirección a su habitación. Suelto el aire que no sabía que tenía retenido en los pulmones, tomo algo de valor y decido hablarle.
- Val…- la llamo pero no se detiene
- No te gastes.- sentencia antes de subir los escalones y desaparecer de mi vista.

Genial, tendré que hacer hamburguesas toda la semana y comprar comida asiática por dos
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Ella aún seguía sin hablarme. Dos días desde que estábamos en casa y Valeska ni siquiera me miraba por equivocación. Era espantoso a la hora de la cena cuando debíamos comer en ese jodido silencio, nadie tocaba el tema de Samariv ni tampoco lo de Gyula, o animales con poderes. Nadie decía nada. Vedetta esperaba hasta que nos quedáramos solas para hacerme cualquier pregunta. Pero ciertamente no sabía que responderle porque no tenía idea alguna de nada.

Hacerle una visita a Gyula me parecía lo más sano y oportuno, aun habían demasiadas cosas que no entendía. Tampoco quería aturdirla con todo, por lo que comencé con mis sueños y poco a poco ella fue ayudándome. También me hablo de los dibujos de Vedetta. Hasta ahora me había reservado mi sueño con el otro zorro.

- Soñé con ese lugar antes – murmuro agachándome para tomar una de sus bolas de cristal con el bosque dentro y agitarla para ver la nieve cubrir el pico de los pinos- Era chica en el sueño, iba con una de esos pijamas blancos de muñeca que mi cuidadora adoraba ponerme.  Los arboles eran enormes; me hablaban, o eso parecía. También jugaban con mi cabello y dejaban flores también, había animales jugando.
- ¿lo sueñas muy seguido?- pregunta curiosa.
- Al menos dos veces por mes- me muerdo el labio – todos los años.
- ¿Qué más recuerdas de ese sueño?
- Se sintió muy real, de verdad sentía la grama bajo mis pies y la fría briza- le digo sentándome en sus cojines- También, bueno, ¿sabes lo que hiciste con Hiro? Eso de la unión y las líneas que se formaron en tu cuerpo.
- Aja.
- También paso eso- señalo- Él era más grande que Hiro, y aterraba ciertamente. Tenía nueve colas. Al principio me gruño, pero creo que cuando noto que no le temía el solo se acercó más y más hasta pegar su frente con la mía, la diferencia es que las líneas de nosotros cubrían todo nuestro cuerpo.

El rostro de Gyula parecía distorsionado, no podía leer bien su verdadera expresión porque tenían de todo pasando por su rostro. Lucia enojada, confundida y luego de nuevo enojada, pero exhausta. No le comprendí. Pero se levantó del sofá luciendo exaltada.
- Ese imbécil.- la escucho mascullar- No puedo creerlo.
- ¿De qué hablas?
- De que ese cretino fue quien te puso en peligro esa vez.- ruge- No lo puedo creer.
- ¿Qué cretino? Gyula, habla claro.
- Kari, se sintió real porque fue real.- me responde poniendo los ojos en blanco- Y fue por culpa de ese imbécil zorro, amargado y arrogante.
- No me jodas Gyula, solo fue un sueño.- chasqueo soltando una risita. Que mujer tan exagerada.
- Fui yo quien te trajo de vuelta, niña. – me mira mal y yo me quedo congelada- Pensé que se había abierto algún portal o que los arboles querían hablarte, ahora resulta que todo fue por ese cretino.
- ¿tú me trajiste de vuelta?
- Kari, te he cuidado desde que naciste.- dice esta vez usando un tono más suave y sentándose de nuevo- A las tres las he cuidado desde bebes. Esa noche no pude sentir tu energía cerca y me asuste, yo era una niña también; tenia catorce años.

No le digo nada porque honestamente nada puede salir de mis labios cuando ella al fin admite lo que yo ya me venía suponiendo hace un tiempo. Era imposible que nos conociera tan bien por solo cruzarse con nosotras.
- Si no me sentías, ¿Cómo me encontraste?
- Dejaste un rastro. Fue así como llegue a ti- sonríe- Estabas dormida en una roca, todo alrededor te arropaba, incluso los arboles lo hacían, ellas estaban acariciándote hasta que yo me acerque lo suficiente. Tenías cuatro años en ese momento, eras una bebe, no puedo creer que el culpable de ponerte en peligro fuera ese idiota. – sacude la cabeza con incredulidad.- Esa noche mi madre tuvo que venir para esconder los recuerdos en tu subconsciente antes de que te llevara de vuelta al orfanato.
- ¿Por eso lo recuerdo como un sueño?
- Sí.
- ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- No quería caer ahí, eras una niña. – se encoge de hombros- y no creía que algo pasara, los arboles no dijeron nada.
- Aun así, debiste decirme.- señalo tajante- ¿Quién era ese zorro? ¿Qué quería de mí?
- Ten paciencia, Akari. Aun no es momento de que sepas algunas cosas.
- No me salgas con esa mierda, Gyula.
- Pronto sabrás más de lo que quieres, entiendo que quieres que te hable de él, pero por ahora disfruta de no saber nada.
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Toda la información que Gyula me había proporcionado solo me había hecho doler más la cabeza, tanto que no me provocaba cocinar para nada. Así que solo tome dos tazones, serví cereal y leche y me senté con Vedetta en la barra de desayuno para comer.  La chica había tomado su propia palabra en serio sobre dormir un año entero. No la criticaría, justo ahora yo quería dormir unos diez años y despertar cuando toda esta confusión hubiera pasado. Me sentía impotente ante tanta curiosidad.

- Me encontré con Gyula ayer en tu jardín. Me dijo que había estado más temprano contigo.
- Si, estuvimos charlando.
- ¿Por qué no me llevaste?
- Estabas dormida.
- Me hubieses despertado.- subo la mirada de mi cereal para darle una ceja enarcada.
- La última vez que te desperté para algo rompiste las ventanas.
- Cierto, pero eran situaciones distintas- se zarandea arrogante- Me interesa lo que esa mujer tenga para decirnos.
- Solo hará que te duela más la cabeza.
- Tengo curiosidad.- se encoje de hombros.

No le digo nada y solo niego con la cabeza volviendo a mi cereal. Ciertamente no sabía cómo sentirme al respecto.  Al menos Vedetta no quería matarme ni aplicarme la ley del hielo. No estaría mal que alguien viniera y pusiera las cosas más claras para mí. Por más que Gyula me explicara que puedo ver atisbos del futuro, que tengo ciertas habilidades, que los colores que vi en las personas se deben a que puedo leer el alma de las personas – algo que nunca me había pasado- que el ardor en mis ojos se debía a que mis ojos de sapo estaba sufriendo cambios por el cambio de energía natural. Por más que ella había explicado esas cosas, aun habían como un millón más sin explicación. Por ejemplo: ¿Por qué me cambian los ojos de azul a esos de sapo? Eso tampoco me lo quiso decir. Esa mujer acaba con la paz de un santo.

Suelto la cuchara y arrimo el plato hacia un lado, de pronto no sintiendo hambre y recostando la mejilla en el dorso de mi mano. Que confuso es todo y esa malvada mujer me dice que aún no es momento de que sepa nada.
- ¿Qué te pasa?
- Es que…- mis palabras se quedan en el aire cuando una luz de color purpura ilumina nuestra cocina.- Ahora que.

Ambas volteamos para mirar el enorme círculo que se abre frente a nosotras. Idéntico al que se abrió cuando Hiro nos sacó para llevar con Gyula. Pero esta vez el portal llevaba a un pasillo vacío. Por el rabillo del ojo observo a Vedetta quien mira con la boca abierta del portal a mí.
- No.- advierto en cuanto noto su intención.- Nos meteremos en problemas y esta vez Hiro no estará para salvarnos el culo, Vedetta.
- Y una mierda.- masculla- entraremos ahí y preguntaremos todo lo que queremos saber.
- Es peligroso.
- Gyula me dijo que por ahora no podríamos ir a menos de que alguien dentro nos llamara.
- ¿y que si es alguien que quiere matarnos?
- Corremos- se encoge de hombros antes de levantarse y extender una mano hacia mí- ¿Qué es de la vida sin riesgos?
- ¿Estás loca, verdad?
- Me lo debes, casi muero por tu culpa.- me quedo boqui abierta ante semejante chantaje y niego con la cabeza.
- Eres una pésima persona.- me quejo una vez que estoy de pie tomando su mano.- Valeska se va a enojar.
- Ya está enojada. – se encoje de hombros.
{**}
Este lugar parecía un palacio, uno bañado de oro. No tenía cabeza para describirlo porque aún estaba impresionada con todos los alrededores. Los pasillos tenían enormes ventanales en forma de arcos y estaban bañados en oro, entraba la fría brisa también. Era espectacular, lucia incluso irreal. Vedetta no dejaba de tocar los enormes dibujos en las paredes, ni de señalar cada cosa enorme que veía. Yo solo asentía sin decir nada.

Para nuestra suerte el lugar estaba solo y nadie notaria nuestra impresión. Parecíamos dos locas sacadas de otro lugar. Nuestras ropas casuales no combinaban en nada con la decoración y el estilo del lugar. No lucia como un lugar anticuado, parecía un castillo medieval pero remodelado y actualizado totalmente. Pero aun así lucíamos fuera de tono.

- Esto es espectacular.
- Totalmente de acuerdo- asiento. Me vuelvo para tomarla del brazo y comenzar a caminar de nuevo cuando una alarma se activa sorprendiéndonos a las dos.- ¿tendremos que correr de nuevo?
- Tú eres la que ve el futuro, tú dime.
- No seas estúpida- le miro mal y le suelto un manotazo.- tampoco funciona así.

Ella está a punto de hacerme uno de esos comentarios suyos cuando las puertas por todos lados se abren y un montón de chicos comienzan a salir con libros en manos. Ambas nos miramos confundidas cuando somos atropelladas por las tuyas de chicos caminando por el pasillo. Era un instituto. Había jóvenes de nuestra edad, pero la mayoría eran chicos.
- ¡Permiso!- un mocoso sacude su mano y nosotras terminamos apartándonos bruscamente.- ¡Lo siento!- nos grita alejándose.
- ¿Lo siente? ¡nos movió sin tocarnos!
- ¿Te sorprende?- le cuestiono suspicaz- Mejor mezclémonos.
- ¿Cómo? Somos los bichos raros entre un montón de bichos raros, Akari.
- ¿Puedes dejar de ponerme nerviosa?
- ¿Yo?- masculla ofendida- Aquel mapache está hablando, ¡hablando! Esto parece una película de los guardianes de la galaxia.
- Vedetta, esto es un jodido crossover de todas las películas fantasiosas existentes. Tu solo camina y mézclate.

Ella asiente y comienza a moverse detrás de mí mientras avanzamos pasillo abajo junto con el rio de gente arrastrándonos. En el camino veo tantas cosas raras que cuando llegamos a lo que parece la cafetería, no me sorprendo de ver que la comida se sirve sola al estilo de Harry Potter.
- ¿Esto es Hogwarts? Exijo mi carta de ingreso.- le doy una mirada agobiada a  la castaña y ella se encoje de hombros- Estoy tratando de no hacerme pis.
- Pensé lo mismo de Harry Potter, pero no lo dije. – suspiro.- ¿Crees que debamos sentarnos también?
- ¿Crees que la comida sea de calabaza también?
- Yo veo aquel pollo muy normal- me encojo señalando a la mesa más cercana. La castaña me pone cara de póker.
- De normal no tiene nada, se sirvió solo, Akari.
- Sentémonos y ya, estamos llamando la atención.- La jalo del brazo acercándome a la mesa más cercana y sentándome.

Inmediatamente se presentan unos platos frente a nosotras. Los chicos a nuestro lado nos sonríen y continúan con sus conversaciones. La comida comienza a servirse sola y nos damos una mirada de reojo tratando de disimular nuestra inquietud al respecto. La gente ni parece notar que somos dos completas y aturdidas turistas. Agradecida de eso me dispongo a comer mientras escaneo el lugar tanto como puedo en caso de tener que correr.
- ¿No sientes que estamos dentro de una de esas películas tipo narnia?
- Nah, siento que estoy en un anime. Esta gente no se viste como en narnia.
- Tampoco se visten como los chinos.- arruga la nariz.
- Te escucha Valeska y te golpea por llamarlos chinos.

Se encoje de hombros y continua comiendo. Yo me rio de lo ridícula que es esta situación. Por más que esta gente no vista como la gente de Narnia, nos seguimos viendo fuera de tono, solo que nadie parece notarlo. Mierda. Incluso hay chicos lindos sentados en la típica mesa de atrás donde se sientan los malos. Me siento una de esas tontas buenas que se fijan en la mesa de los bravucones y se queda prendada de alguno. Detallo a cada uno encontrándolos de todos tamaños, razas, colores y estilos. Asiáticos, negros… todos con buena pinta.

- Límpiate la baba. – la castaña me da un empujón con el hombros.
- ¿También los estás viendo?
- Todo el mundo los ve.- rueda los ojos- como que son los one direction del lugar.
- No están mal.- me vuelvo a mi comida- Los de nuestro instituto eran un asco.
- No me extraña que aquí si valga la pena mirar.
- Gyula no menciono que habían chicos con buen lomo.
- ¿Y no lo notaste con el ejército que nos persiguió?
- Habían muchos feos, Vedetta- le digo arrugando la cara al recordarlo.
- Pero unos tres estaban lindos.- se encoje de hombros.
- Me sorprende que con lo asustada que estabas lo notaras.
- Estaba asustada, no ciega, nena.

Me rio de su comentario contagiándola y por unos segundo llamamos la atención de algunos en la mesa. Pero nada que nos alerte. De hecho toda la tensión de la mesa se re direcciona  cuando un estruendo suena dentro del comedor y el canto de “Pelea, Pelea, Pelea” invade la sala. Ambas nos damos una mirada y nos ponemos de pie igual que todos para buscar el centro del bullicio encontrando a dos chicos peleando. Ambos implementaban un estilo de pelea impresionante. Jamás había visto pelear a alguien así. Valeska era excelente, pero estos chicos parecían sacados de una película.
- ¿Rock lee vs Neji Hiuga?
- Así parece- murmuro en respuesta.

Eran dos chicos de la mesa de los guapos. Los demás chicos guapos estaban detrás de ellos sonriendo y apoyando a su luchador. Escuchaba a uno decir algo sobre Solei siendo una apuesta segura y otro decir que Primott era mucho más grande. No entendía una mierda, asumí que eran sus nombres. Lo cierto es que el castaño que parecía más bajo, era por lo menos cuatro veces más rápido que el moreno. El pelinegro que apostaba por el Solei estaba más que seguro de que la pelea terminaría pronto con el cómo vencedor, el chico blanco de ojos rasgados lo apoyaba también. No entendía como nadie no se metía a hacer nada o a separarlos si quiera. Bueno, recibir un golpe de alguno de los dos no debe de ser nada placentero.

- Se van a  matar.

No le digo nada a Vedetta porque no puedo quitar mis ojos de encima de los luchadores. Se movían demasiado rápido. Ninguno de los dos utilizaba nada más que su lucha cuerpo a cuerpo, en esta pelea no había rayos, ni fuego, ni nada de eso. Solo patadas, saltos, puños y esas cosas. Al final el castaño termina por noquear al grandote y sus compañeros celebran. Los dos pelinegros que parecían apostar por el aplauden y se acercan para apremiarlo. El chico no lleva ni un rasguño en su cara o brazos. Lucia arrogante y nada cansado de lo que había hecho, mientras el otro chico moreno estaba siendo recogido por sus otros compañeros. Mis ojos vuelven a ponerse sobre el vencedor y esta vez logro tener una mejor visión de su cara. Joder, era lindo. Mandíbula marcada al igual que el resto de sus rasgos, ojos cafés con una mirada arrogante que hacía que cualquier chica le temblara las piernas. Era difícil quitarle los ojos de encima, y no parecía ser la única. Habían chicas a su alrededor y del de sus amigos también, era esa típica escena de los chicos populares. Ese maldito cliché que tanto nos gustaba a las mujeres.

- ¡Solei y Primott!- una voz masculina retumbo en la sala y la gente comenzó a movilizarse, salvo por nosotras dos que fuimos empujadas.- Ambos se vienen conmigo.
- General…
- ¡Silencio, Rek!- El hombre se acerca – Tú y tu vienen conmigo.- dice tomando a ambos luchadores por el cabello y arrastrándolos con el hasta detenerse a mitad de camino. Cuando el hombre voltea nos mira a nosotras dos y de inmediato siento que mi tensión baja y mis ojos quieren salirse de mi cara.- Akari, Vedetta… Ustedes también vienen.
{**}
Llevábamos alrededor de quince minutos sentadas fuera de la “oficina del director” sin podernos mover a ningún lado debido a la mujer que nos vigilaba del otro lado del pasillo. Vedetta estaba inquieta y ciertamente yo también. Ese hombre conocía nuestros nombres ¿este también nos había estado cuidando? Jamás lo había visto. Me sentía enfurruñada por la incertidumbre de no tener conocimiento de nada.

La puerta por la que el general había entrado con los dos chicos se abre y el primero en salir es el moreno con una tarjeta en sus manos, luego sale el general y nos señala.
- Su turno, señoritas.

Cuando nos ponemos de pie sale el último chico dándonos una mirada a ambas. Al final sus ojos cafés recaen en mí y esa sonrisa arrogante aparece en sus labios. Casi de inmediato siento como las orejas se me ponen calientes y las mejillas me arden. Que injusto.

Niego con la cabeza sintiéndome indignada con mis propias hormonas y paso de el para pasar hacia la oficina del director junto a Vedetta cuando le escuchó la voz malditamente grave.

- ¡Eh, Bonita!- a mi lado, Vedetta también se tensa y la miro voltear hacia el chico.- No, tu no, la otra bonita. – abro los ojos en grande ante su arrebatada actitud y me doy la vuelta cruzándome de brazos.
- ¿Qué?
- Quería ver tu rostro sonrojado un poco más. ¿sueles sonrojarte con facilidad?- se burla relamiendo su labio inferior y haciéndome sentir incluso más indignada. Ahora el ardor en mis orejas y mejillas se debe a la molestia.- ¿Por qué no me dices quién eres?
- ¿debería?- inquiero con mala gana-veo que  Mami y Papi no te enseñaron a tratar a las chicas ¿necesitas llenar ese ego ridículo haciéndome sentir incomoda?- me mofo-  imbécil. – chasqueo la lengua, el chico me observa sin decir nada ni quitar esa mirada arrogante y socarrona de su rostro.
- Aun no me has dicho tu nombre, bonita.- insiste.
- No lo haré, así que deja de pavonearte por ahí como si fueras la gran cosa.

Al final mi voz se vuelve altanera pero no me importa. El chico no cambia esa expresión prepotente de su rostro, pero no le doy atención y lo ignoro dándome la vuelta para entrar en la oficina arrastrando a Vedetta quien me mira incrédula por mi actitud tan fea. No suelo ser así. Pero odio que me hagan sentir incomoda conmigo misma. Y menos un idiota creído, que por más que este bueno y pelee como un personaje de naruto, no tiene por qué pavonearse como si fuese la última coca cola del desierto.

Me detengo una vez que estoy dentro del enorme lugar y me encuentro con un montón de cosas flotando y moviéndose de un lado a otro. Detallo el lugar encontrando todo cada vez más increíble y salido de un libro de Potter. No se cómo reaccionar al respecto, hace un rato se me apareció un plato de comida solo en el comedor. Ya no me sorprende ver cosas voladoras. Pero Vedetta a mi lado si parecía sorprendida.

De una puerta en la parte posterior aparece un hombre de unos 60 años vestido con ropas raras, supongo que es el Dumbledore moderno de este Hogwarts. El hombre nos da una sonrisa y se apresura a tomar asiento en su escritorio.

- Sean bienvenidas.- dice en un tono jovial y entusiasta.- Por favor, siéntense.

Ambas intercambiamos una mirada. Al final nos acercamos hasta las sillas frente a su escritorio, una vez sentadas escuchamos que la puerta detrás de nosotras se cierra y volteo encontrando al otro hombre que nos trajo caminando hacia una silla frente al ventanal. Su expresión enfurruñada ha cambiado y esta vez luce más relajado y menos intimidante.  
- ¿Te?- pregunta el anciano y yo asiento.- Genial.- mueve su mano y la tetera con cuatro tazas de té vienen flotando hacia nosotros.- ¿Frutos rojos o negro?
- Negro.- respondemos ambas.
- ¿leche?
- Por favor.- asentimos.
- Los británicos y sus gustos.- se ríe el hombre- ¿galletas?
- De avena, por favor- habla Vedetta.

El anciano chasquea los dedos y un frasco de galletas llega de la nada. Quizá no sea tan malo todo esto, debería pedir una hamburguesa para llevar así le pido perdón por vez numero 100 a Valeska. Esto era una locura. Pero era encantador.

- Lamento la tardanza.- la voz de Gyula llega a la habitación a través de la puerta en la parte posterior.
Inmediatamente Vedetta y yo nos levantamos y prácticamente corremos hasta ella como dos niñas miedosas. Y se supone que no estábamos nerviosas, Ja. Si claro, vimos a mama Gyula y corrimos.

- ¿Las asustaron?- inquiere sonando disgustada al tenernos agarrándola.
- Ellas estaban aquí adentro jugando a las detectives, Gyula.- explica el general- nadie las asusto.
- El chico Solei y Primott pelearon, pero ellas no tuvieron nada que ver.
- Bien.- asiente ella relajando el entrecejo- ¿Cómo llegaron aquí esta vez?
- Tu dijiste que la única forma de entrar era que nos llamaran.- le dice Vedetta confundida- El portal se abrió en la casa y nosotras cruzamos.
- Eso fue algo inconsciente.- señala el general.- El portal pudo llevarlas a un lugar peligroso.
- Si ustedes no nos llamaron, ¿Cómo se abrió?- inquiero- se supone que alguien nos llama de este lado ¿no?- miro a Gyula esperando una respuesta.
- Hay muchas formas de crear portales, pero ustedes no tienen esa capacidad, así que alguien debe hacerlo, así que no tengo idea de quien pudo hacerlo- los ojos de la castaña demuestran que realmente esta confundida. Coloca una mano en mi hombro y le da un apretón- Pero lo averiguaremos, por lo pronto; debo llevarlas de vuelta a casa. Gracias por avisarme maestre Vadim.- señala hacia el anciano y luego hace un gesto hacia el otro hombre- General Nat.
- Espera, Gyula.- El anciano se levanta- Las chicas no terminaron su te.

Ella se detiene y nos da una breve mirada antes de notar el té y las galletas sobre el escritorio. Ella nos da otra mirada como preguntándonos. Me encojo de hombros.
- Unos minutos más de rareza mientras tomamos el té no nos hará daño.
- Pues vengan a sentarse, se enfriaran pronto.

Asiento y camino de regreso hacia la silla para tomar mi lugar y esperar a que el anciano me sirva el té y las galletas. Vedetta también toma su lugar cuando otra silla aparece junto al ventanal y otra taza de té vuela hasta llegar a las manos de Gyula. Ambas miramos la escena pero yo no digo nada, Vedetta es quien suspira y finge relajarse en su silla antes de hablar.
- ¿saben qué? Hare de cuenta que estoy en Hogwarts y no comentare nada sobre lo raro que ha sido este día.
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Aparecemos en casa luego de una tarde de té con el maestre Vadim y el general Nat en la oficina del hechicero, oficina en la cual todo vuela y se mueve solo. ¿Cuán normal suena todo eso? Pues ni siquiera en mi cabeza suena lógico. El anciano no resulto ser más que un viejo brujo simpático que hacia chistes muy malos para entrar en calor con nosotras. Incluso cuando se despidió diciendo “nos vemos pronto” lucio como un abuelito tierno. ¿De verdad le veríamos pronto? No entiendo como aun estando cada vez más dentro de lo que debió ser nuestra vida, entiendo cada vez menos.

- ¿quieren que les prepare algo para cenar?- pregunta Gyula señalando hacia la estufa.
- No, está bien. Cuando Valeska regrese preparare la comida. – me encojo.
- Bueno, como quieran.- sonríe y se acerca a nosotras sentándose en la barra de desayuno- ¿están bien?
- Sip.- responde Vedetta- confundida, pero ya honestamente no sé qué pensar al respecto.
- Estoy de acuerdo- concuerdo con la castaña- y lo peor es que tú nos confundes aún más en vez de decirnos las cosas.
- Aun no es momento.- se encoje de hombros y hace una mueca culpable con el rostro antes de suspirar- Tengan un poco más de paciencia, solo déjense llevar.
- Es difícil dejarse llevar cuando llegas a un lugar donde todo está levitando y el pollo se sirve solo en la mesa- suspira mi hermana desparramándose en la silla- si no me voy a la cama para seguir con mi promesa de dormir por un año entero es porque tengo hambre.
- Les dije que podía cocinar.
- Esperaremos a Val, pero gracias Gyula. – le da un apretón en el hombro y se levanta para ir a la nevera- ¿alguna quiere jugo?
- Yo quiero.- asiento a la vez que Gyula niega con la cabeza y agradece.

Desde donde estoy sentada en la cocina puedo sentir que Valeska ya está llegando a casa. Anticipar las cosas ya no me parece tan raro luego de todo lo que hemos pasado estos días. Y de todo lo que vi levitando hoy. Escucho las llaves de Val chocar en la mesa y también sus pasos hacia acá.

- ¡Ojos de rana! ¡Tumbera!- Nos llama antes de entrar en la cocina y cruzar su mirada con la mía.- Aquí estas, vayamos por comida china…- se detiene al darse cuenta de que Gyula también está en la cocina. Inmediatamente su semblante cambia y está a la defensiva- ¿Qué hace esta mujer aquí?
- Val, por favor- pido en el tono más solemne que puedo proyectar en este momento.
- Creí haber sido clara sobre no querer saber nada de esta mierda loca, Akari.
- Oye, relájate- interviene Vedetta pero Gyula se levanta deteniéndolas.
- No quiero peleas- dice recargándose de la mesa con autoridad- Valeska, necesitas relajarte un poco y ser más comprensiva.
- ¿Quién lo dice?
- Yo lo digo.- sentencia. Un segundo después suelta un suspiro agotado al ver que la postura de Valeska no cambia y niega con la cabeza- ¿quieres comida china? Bien, las llevare a Hong Kong por una buena.

Las tres nos quedamos mirándola y luego intercambiamos una mirada entre nosotras antes de señalar a Valeska con el dedo obligándola a que ella decida si quiere comer comida china real o no. Al final la pelinegra masculla una maldición y suelta un suspiro bastante frustrado.
- ¡Bien!- chasquea de mala gana- Aunque,  si es así llévanos a Tokio; mejor que sea un buen sushi.


Última edición por Ariel. el Jue 17 Mayo 2018, 10:00 pm, editado 1 vez
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Re: Samariv.

Mensaje por Stark. el Mar 10 Abr 2018, 12:34 am

voy a estar comentando pronto y a ponerme a escribir cuando salga de las demás colectivas, pero sabes que es imposible no amar algo tuyo, bebe
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Re: Samariv.

Mensaje por Stark. el Jue 17 Mayo 2018, 9:20 pm

Dani, amorcito, voy a estar haciendote el comentario en estos días. Perdón! Queria subir si o si hoy asi me saco una de encima. Te comento prontito
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Re: Samariv.

Mensaje por Stark. el Jue 17 Mayo 2018, 9:29 pm

Capítulo 05
Valeska Hae || Stark.


Mistery:
Tengo cierta envidia hacia Gyula y su poder de teletransportarnos hacia donde se le diera la gana, incluso en un lujoso restaurante de sushi en Tokio, Japón. ¿De qué sirve el fuego si no podía ir a Francia por pastas o a Italia por pizza?

Nos dijo muy en claro que no saliéramos de la tienda sin ella o podríamos quedarnos aquí sin retorno atrás—una amenaza que yo estoy por cumplir. Nos conformamos con pegar nuestros ojos hacia la ventana, observando todo con las bocas abiertas. Las calles se veían repletas de personas caminando de un lado a otro y en distintas direcciones, carros transitando la avenida y carteles escritos en japonés. Es de día aquí. Estamos del otro lado del mundo.

—Como una oveja acarreada —murmura Vedetta sin despegarse del vidrio—Debe ser lindo para ti estar entre tus hermanos asiáticos.

—Cállate.

—Hay que ir al museo de Naruto —propone Kari de inmediato y creo que jamás ha tenido una idea más maravillosa que esa.

—No, esperen —Gyula con un movimiento de su mano nos hace retroceder—Compórtense, dan vergüenza.

Las personas nos miran con un pésimo disimulo y comentan entre ellos en su idioma. Las mejillas de Kari se ponen rojas mientras Vedetta los ignora al igual que yo, aún más cuando el perfecto aroma empieza a inundar las fosas nasales de ambas. Su estómago gruñe y ella igual.

Seguimos a Gyula una de las mesas del fondo, cerca de los ventanales. Me siento al lado de Kari, yo por la ventana mientras ella en el otro lado. Vedetta se sienta con la gitana y le protesta cambiar de lugar para que ella también pueda observar hacia afuera. Gyula lo hace con los ojos en blanco. Una chica japonesa se acerca con la orden. Intercambian palabras que no entendemos ninguna.

—Tanto anime debió servir de algo —Vede lleva dos dedos a ambas sien y empieza a masajearlas—Creo… creo que está preguntando la orden.

—No me digas —rechisto por la obviedad mientras Kari suelta una risita.

—Dile que queremos Coca-Cola para beber, por favor —pide la otra castaña a mi lado mientras que Gyula acepta sin mirarla.

La chica hace una pequeña reverencia antes de darse la vuelta y caminar hacia donde está la cocina para dar la orden. Poco después, nos deja a todas una botella de Coca-Cola más un vaso de vidrio para llenarlo. Bebo del pico directamente sin importarme demasiado en los modales. Estoy sedienta y tengo hambre, ni siquiera en el otro lado del mundo va a quitarme ello.

—Bueno chicas, ¿prefieren hablar antes de comer o comer y después hablar?

—Vamos a tener que esperar la comida de todas formas —Kari se encoge de hombros—Por favor, habla.

—Excelente —Gyula brinda una sonrisa que ambas responden pero yo no—Nuevamente, tengo que advertirles que entrar al portal es peligroso. Muy peligroso. No pueden volver a hacerlo.

Las chicas agachan la cabeza ante el regaño mientras mi ceño se frunce.

—¿Fueron ahí de nuevo? —inquiero molesta y sin disimularlo—No me la puedo creer.

—¿Y qué queríamos que hiciéramos? —replica Vedetta frente a mí —Tenemos preguntas y queremos respuestas. Que tú no estés interesada no significa que tenga que afectarnos a nosotras.

—Haz lo que quieras. Akari, tú también has lo que se te dé la regalada gana —le fulmino con la mirada. Kari me observa nerviosa—Pero no me metan en sus estupideces. Me afectan, incluso indirectamente —miro hacia Gyula, haciendo entender mi punto.

—No seas hipócrita, vas a comer sushi verdadero.

—Es lo mínimo después de tener que entrar en una charla que no quiero—me cruzo de brazos y me hago hacia atrás, llevándome suspiros de todas. Que les joda todo lo que quieran, a mí me jode que volvamos siempre a lo mismo. ¿No pueden dejarlo pasar y ya?

—Tus protestas nunca nos dejan avanzar en la conversación —Gyula me envía una mirada cansina—¿Puedes dejarme hablar?

—¿Puedes dejar de aparecerte?

—No.

—¿Ves? La vida no es justa.

—Ya, Valeska, por favor —ruega Kari a mi lado, frustrada—Gyula no nos dirá nada si no escuchas también.

—Exacto—asiente la gitana—Ahora, cierren sus bocas y escúchenme.

—Sí, Leska, más vale que...

Mis ojos se abren en grande y nos damos un vistazo con Akari para asegurarnos que ambas vemos lo mismo: Vedetta sigue modulando palabras que no emiten sonido. No es hasta que se da cuenta que empieza a hacer gestos raros e intenta gritar, zarandeando el brazo de Gyula para que vea que no habla.

—Les quite la voz a las tres para que sea equitativo.

Intento hablar sin ningún éxito. Kari hace lo mismo mientras que tumbera no ha dejado de gritar en silencio. La comida llega más rápido de lo que creemos mientras Gyula y la mesera intercambian palabras, aun así la gitana no nos devuelve la voz. Si se hubiese esperado un minuto más, nos hubiera callado a las tres por igual solo por la comida. Comenzamos a comer con los palillos, yo los domino a la perfección al igual que Gyula, Kari parece tener un poco de problemas en manejarlo, pero nada que no pueda solucionar. Vedetta se rinde y se los come con la mano sin más.

—Los portales son peligrosos. Fin de la discusión. —continua Gyula, bebiendo un poco de su Coca-Cola—Aun no estoy segura porque se activó, pero si ven alguno, solo aléjense. Desaparecerá por su cuenta. Solo nosotros, quienes tenemos poderes, podemos verlo.

Ninguna responde porque ninguna puede, si fuera por Vedetta y Akari estarían preguntando hasta los codos. Yo no me hago demasiado drama y sigo comiendo, saboreando el verdadero sushi en un restaurante de Japón. Mierda, esto es gloria pura.

Vedetta se las ingenia para escribir desde su celular la pregunta y se la muestra.

—“¿Qué es ese lugar?” —lee desde la pantalla antes de mirarnos a todas—Se llama Samariv.

Dejo masticar de inmediato con un sentimiento vacío en el estómago. Trago de golpe y bebo un poco de coca para que no se note lo extraña que me sabe esa palabra. Se siente como si la hubiese escuchado toda mi vida aunque fuese la primera vez que realmente la escucho.

—Samariv es un mundo mágico paralelo a la Tierra —prosigue, sorprendiéndonos a todas—Lo cierto es que no existen demasiadas diferencias entre aquí o allá, salvo que en Samariv gran parte de la población tiene poderes. En la Tierra, pocos humanos pueden llegar a tener uno, pero no son capaces de explotarlo a todo su poder porque son poderes que descienden de sus antepasados, verdaderos Samarivanos.

Kari saca su celular y teclea tan rápido que creo que va a romper la pantalla. Se lo muestra a Gyula, esta solo asiente, dejándola plasmada.

—Sí, ustedes son de Samariv, chicas.

Nos miramos entre las tres con los ojos bien abiertos, sorprendidas. No debería hacerlo, no cuando ya hemos visto demasiadas cosas sacadas de Narnia y Harry Potter, pero es inevitable cuando Gyula nos lo confirma.

—Ustedes llegaron aquí por qué… humm —se muerde los labios sin saber cómo proseguir—Creo que hasta aquí está bien.

Vedetta teclea tan rápido como Kari la pantalla del celular. Ambas por poco no le dan en la cara a la gitana ante la ansiedad. Gyula solo baja los celulares.

—Ya habrá tiempo para contarles sobre porque llegaron aquí y si tienen padres… no puedo dar más respuestas. Y si quieren preguntarle el porqué, solo les diré que no es el momento para decirles.

Pero la insistencia de Vedetta y Kari no cesa ni porque haya más sushi arriba de la mesa. Yo me los voy tragando porque están sabrosos, no sé cuándo volveré a comer esto y porque me mantiene distraída de no preguntar nada.

—Sus familias…—la voz de Gyula tiembla—Pueden… pueden que estén vivas. No puedo decirles más que eso. Basta. —Vedetta y Kari suspiran, resignadas. A mí se me exprime el pecho de escuchar la posibilidad, pero lo entierro en lo profundo y no cambio mi actitud indiferente—Solo tengan un poco más de paciencia. Eviten los portales y no pierdan sus piedras.

Ojos de rana teclea la pantalla con más lentitud esta vez. Gyula lo lee exasperada. Ni porque nos saque la voz van a dejar de joderla, eso es seguro.

—Todo se responderá a su tiempo, incluso el por qué tú no tienes una, Akari. Terminen su sushi a tiempo y puede que las lleve a ver el museo de Naruto.

Nuevamente, las energías se re animan para las dos y hacerlas tragar sin parar. Sin embargo, el truco no sirve en mí. Solo la fulmino con la mirada a la vez que ella me corresponde. Las respuestas a medias no me satisfacen para nada y quiero respuestas de inmediatamente ahora que han despertado mi curiosidad. Pero tampoco es como si pudiera darle la razón de que ponga puras mierdas en mi cabeza.

Ignoro a Gyula y llevo un rollo de sushi a mi boca. Es suficiente por hoy.

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Se siente como si hubiese estado aquí toda la vida y al mismo tiempo es tan desconocido y extraño. El gran invernadero mantiene un techo de vidrio especial, no sé exactamente de qué, solo sé que nadie puede entrar o salir con facilidad, sobretodo lo último. Rosas de todos colores, colores que jamás creí que existirían en los pétalos. El aroma de las flores inunda mis fosas nasales, revolviendo mis sentimientos internos. Puede que el aire sea más puro que nunca, pero este brillante y hermoso lugar no me trasmite más que tristeza y soledad.

Camino por las baldosas de mármol directo hacia la fuente de agua. La figura de una mujer echa de piedra sosteniendo una flor de loto en sus manos lanza el agua chorreante que cae en los costados. Pero el agua es negra, para mi sorpresa. Intrigada, dejo caer mi mano dentro de ella. Lo increíble pasa, asombrándome. El agua se vuelve clara al segundo que mis dedos se sumergen, como si estuviese limpiando las impurezas.

La presencia de alguien capta mi interés y levanto la vista, encontrándome con la mitad del rostro de la persona, la otra mitad esta tapada por la figura de la fuente. Es una chica, quizá unos años más que yo o de mi misma edad. Su cabello negro azabache le llega hasta poco más debajo de los hombros, ojos rasgados y color café, piel blanca como la nieve y sonrisa risueña y dulce. Me recuerda a Kari.

La garganta se me seca al instante cuando intento decir algo, así que emitir palabras no es una opción. Sin embargo, la observo y mientras más lo hago, me doy cuenta que la he visto anteriormente en alguna parte, solo que no sé dónde. Otra vez me fuerzo a hablar, nuevamente en vano.

—Es mejor no decir nada —su voz es tan dulce como su presencia, causándome escalofríos—Puede que nos escuchen.

Quiero preguntarle quien, su sonrisa solo se marchita con tristeza.

—Estoy esperándote.


El amanecer me abre paso a despertar del sueño. Me siento en la cama a los pocos segundos de despertarme con la cabeza pesada y un sentimiento de angustia. Corro la cortina de la ventana y observo el sol comenzando a salir al igual que mis lágrimas. Suelto unas pocas antes de secarlas y decirme a mí misma que los sueños no son premoniciones, tal vez si los de Kari, no los mios. Puede que sea fría e indiferente en muchas cosas, pero cuando sueño con ella lo único que puedo hacer es sentarme en mi cama y observar el sol salir lentamente mientras más lagrimas surcan de mis ojos.

Ha pasado años desde que sueño con aquella muchacha. No sé quién es, no sé su nombre, solo sé que su presencia me afecta más de lo que puedo llegar a pensar. Nunca hablamos demasiado, siempre que la encuentro nos observamos y no puedo hablar. Siempre que la veo, el agua esta negra o las rosas están muriendo. Y cada vez que toco algo, se transforma, vuelve a la vida.

Por mucho tiempo reprimí esta tristeza y angustia que siento cada vez que despierto con su rostro golpeando mi mente, ahora ya no lucho contra ello y me dejo llorar. Jamás lo conté, es extremadamente raro y de por si las cosas aquí ya son raras. Pero son los sentimientos que me dejan extrañada, confundida y hasta agotada. No quiero indagar porque no quiero saber de qué se trata, aplasto todo tipo de curiosidad porque no lo necesito. Lo peor es que entre más lo niego, más aparece en mis sueños.

Tiro las sabanas de mi cuerpo y decido que ir a correr sola será mejor opción que quedarme esperando encontrar una respuesta. De todas formas, no puedo permanecer mucho tiempo en cama porque me pone de malhumor. Un fuerte sonido raspa por dentro mis tímpanos y me causa dolor en la cabeza, la sostengo entre mis manos mientras trato de no gritar, apretando los dientes. Un flash de imágenes viene tan rápido que apenas soy capaz de memorizarlo.

La chica esta parada sobre la fuente con sus ojos tristes hacia a mí.

—Te necesitamos.

Me caigo de la cama directo al suelo, golpeándome la frente, pero creo que es el golpe que me hace salir del trance. Me sobo la parte adolorida mientras aun las puntadas en mi cabeza revolotean, agitándome. ¿Qué mierda fue eso?
Siento algo viscoso salir de mi nariz y al tocar veo la sangre en mis dedos. Me levanto con precaución y tomo confianza a medida que camino directo hacia el baño. Los ojos cafés con su inmensa tristeza parecen perseguirme en cada pestañeo. ¿Ir a dónde? ¿Dónde diablos quiere que vaya?

La angustia y ansiedad vuelven, desesperándome. Necesito salir a correr ya.

—¿Less? —me llama ojos de rana apoyada en las barandas de arriba de la escalera, está fregando uno de sus ojos con sus puños. Apenas y puede abrir los ojos.

Tapo mi nariz con la otra mano y me doy media vuelta, yendo directo hacia el baño.

—¿Estas bien? Escuche un ruido.

—Solo me caí de la cama. Hoy no iremos a entrenar, así que acuéstate—contesto sin más y no espero respuesta, cerrando la puerta detrás de mí.

Lo que menos necesito es preocupar a Kari innecesariamente, por lo menos hasta que no sepa que es lo que está pasando.


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Hay dos cosas en las que no creo: que el tiempo se recupera y la buena fortuna. El tiempo que pasa simplemente se va y no regresa, tan invaluable e irremplazable como ninguna otra cosa que existe en la faz de la tierra. La suerte es solo la esperanza o la explicación que le damos cuando las cosas nos van bien o mal. No existe tal cosa como dar algo sin recibir nada a cambio. Lo bueno debe pagarse y lo malo también. Constantemente le estamos debiendo favores a lo que sea que se encuentra manipulando nuestras vidas, si es que existe. Quizás simplemente le debemos a la vida por dejarnos respirar, sea una vida buena o mala. Importa una mierda las circunstancias. Si no te gusta, es fácil dejar de respirar.

Por eso no me gustan los niños como Bobby, rogando por un poco de suerte cada día.

—Por favor, señorita, ¿puede comprarme un cartón de lotería?

Bobby es un niño que vive con su madre y sus dos hermanos menores. Prácticamente, a sus diez años, es quien lleva pan a la casa repartiendo diarios a la mañana y vendiendo cartones de lotería antes de clases y después de clases. Pía, su madre, ha estado enferma desde hace unos meses por cáncer y no puede costear sus remedios, solo está dejándose morir. Trabajábamos juntas en el restaurante hasta que no pudo aguantar más los abusos del chef y termino por renunciar. A veces me siento culpable, si hubiese actuado a tiempo, quizá ella haya tenido al indemnización que le correspondía, solo que evito meterme en problemas ajenos. Si Pía no hablaba por si sola y esperaba que el milagro llegara porque si, entonces se merecía irse casi sin ningún centavo por estúpida.

—No—paso de él sin más, siguiendo mi trote.

El sol está subiendo poco a poco hacia el centro del cielo mientras aun los rayos rojizos y anaranjados destellan a todo dar la ciudad. Mis energías parecen renovarse a cada segundo que la dulzura de la luz me llega, ni siquiera el frío matutino me molesta, sino que me siento más calentita. Es raro el calor en Edimburgo, incluso en verano, pero ha pasado tiempo desde la última vez que realmente tuve frio. No corre una sola brisa, lo que me anima a ir hasta un poco más lejos, alejándome de la ciudad. Mi trabajo no empieza hasta las nueve, siendo mesera de un café cerca de casa. Son apenas las seis y media, lo que me da suficiente tiempo para ir, regresar y darme una ducha antes de entrar. La paga es buena para solo seis horas de empleo, quizá hasta me dejen hacer otro turno.

Lo he estado pensando mucho últimamente, pero creo que ya llego hora de que me marche del departamento. Arriba del café, hay un pequeño monoambiente vacío y disponible. La renta no sale cara, el próximo semestre en la salida de la universidad solo tendría que llegar a trabajar a la cafetería y subir un par de escalones para estar en casa con mi soledad y mi silencio. No hay nada más perfecto que ello.

No es que odie a Akari o Vedetta, pero lo cierto es que estoy harta de las peleas con Vedetta y Akari intentando ser la que salva el jodido mundo. Somos grandes, ya no somos niñas que necesitan estar juntas para sentirse una familia. Cada una debe tomar su propio camino, sobre todo si tenemos perspectivas diferentes y deseos distintos. Bien por ellas si desean descubrir la exótica dimensión a la que acabamos la última vez. Yo no tengo un buen presentimiento de ello, todas mis alarmas me joden con que me mantenga alejada y cada vez que lo hacen es por algo. Mi instinto nunca falla, rara vez me ha dejado pegarme un porrazo contra el suelo, y si lo hice alguna vez, fue porque decidí ignorarlo.

Samariv me ha tenido con la cabeza revoloteando todo el tiempo en el mismo tema, aunque ni siquiera lo he tocado con las chicas. Tengo preguntas, muchas, que necesitan respuestas sí o sí. ¿Qué es eso sobre mis padres? ¿Tengo padres? ¿Cómo son? Las mismas que me he hecho a lo largo de mi vida, solo que ahora parece que hay una explicación de la porque me abandonaron a pocos meses de nacer. Ahora se le suma otro problema: los sueños con esa chica martillando mi cabeza con más frecuencia desde que regresamos la primera vez de Samariv. No sé qué es lo que pretende, que es lo que quiere y por qué está esperándome, pero no cabe duda que sea real y que trate de comunicarse conmigo.

«No vayas por ese camino. No vayas» me repite la voz interior de mi consciencia. Ir es mala idea y ya, no hay que pensar mucho en ello.

Subo los escalones del puente de la avenida principal a mi vuelta mientras de mis audífonos escucho gorillaz acompañándome. Apenas doblo para entrar en el puente, mis pies se clavan en el suelo mientras observo con frialdad a la gitana Gyula parada detrás de una pequeña mesa cuadrada con un mantel rojo sobre ella y cajas de madera tallada con distintos tipos de anillos y pulseras. Su sonrisa cordial no disminuye el desprecio que siento al verla. Vuelvo a correr, pasando de ella y de su estúpido saludo. Bajo las escaleras más rápido de lo que las subí, pero al doblar e intentar seguir por la calle, me encuentro nuevamente en la otra punta del puente, arriba. Gyula me sonríe con cierta burla destellando en sus ojos mientras yo quito bruscamente mis auriculares de mis orejas de un tirón y la fulmino con la mirada. Camino hasta ella con pasos largos y rápidos, cruzándome de brazos. Freno una vez que la tengo a delante.

—Buenos días, Valeska.

—¿Qué demonios quieres?

Golpeo la punta de mi pie contra el suelo con impaciencia, esperando a que hable de una buena vez.

—Vine a ofrecerte uno de mis accesorios. ¿Gustarías probarte…?

—No, gracias —interrumpo brusca —No me gustan las baratijas baratas y sucias.

—No es como si pudieras permitirte una cara —levanta las cejas con cierto cinismo.

Le sonrió de la misma manera.

—Eso lo veremos —doy un paso hacia atrás para irme corriendo, pero vuelvo a mirarla —No hagas eso de nuevo.

—¿Qué cosa? —inquiere, fingiendo desinterés.

—Esa mierda que hiciste, no te hagas la tonta —entrecierro la mirada sin siquiera importarme que le moleste —Te incendiare todo si vuelves hacerlo.

—No puedes controlar tu fuego.

Levanto las cejas en alto. Realmente odio a esta gitana.

—Pero si mis puños —me estiro hacia ella sin siquiera pestañar, una lucha entre miradas —Yo no soy tan estúpida como Akari y Vedetta para confiar en alguien que no conozco, sobre todo si parece saber tanto sobre nosotras.

—Eres demasiado desconfiada, Valeska. Podría jugarte en contra alguna vez.

—Déjame que yo me ocupe de ello, tu solo tienes que mantenerte fuera de mi vida.

—¿Y la de tus amigas?

—Esas vidas ya le pertenecen a ellas, no me interesa —me distancia, a punto de retomar tu camino.

—Es realmente triste que enserio no te interesen —frunce el ceño, parece querer decir algo más, pero aprieta fuerte los dientes para no hacerlo. —Tu alma es tan… negra. ¿No te preocupan?

—¿Quiénes?

—Vedetta y Akari.

—¿Por qué debería?

—Pensé que eran como hermanas…

—Entre el “como” y el “ser” hay una distancia muy larga —le doy una última mirada, ignorando la decepción de sus ojos—Yo solo tengo que ocuparme de mi misma.

—¿Y qué hay sobre tus padres?

Me paro de inmediato, maldiciendo mis piernas por no moverse.

—Te lo dije en Tokio: puede que estén vivos.

—Si saber sobre ellos significa volver a Samariv —volteo a mirarla con mi peor cara de perro—Entonces prefiero no saber. Ve a hostigar a las demás, estoy segura que ellas te seguirán, las tienes como tus perros falderos.

Retomo mi trote y vuelvo a bajar las escaleras con más velocidad que antes. Llego a la calle y sigo corriendo sin más, esta vez me deja ir. No me agrada tenerla dando vueltas alrededor de la ciudad, debería dejar de transitar el puente al menos un tiempo hasta que la loca decida desaparecerse. También debería empezar a tramitar con más rapidez los planes de mudarme. No necesito más tiempo. Tengo los ahorros desde mis catorce años como para seguir en el departamento.

Paso nuevamente frente a Bobby, quien está levantando los cartones de la lotería con los ojos llorosos y un moretón en la mejilla. No la tenía cuando pase hace media hora.

—¿Qué te paso? —pregunto deteniéndome, observándolo.

El niño rubio y mejillas sucias levanta la vista hacia a mí, pasando su brazo por su nariz chorreando de mocos.

—Unos chicos me golpearon y se llevaron el dinero—lloriquea—¿Y ahora qué hago?

Inspiro profundamente y busco a mí alrededor.

—Allí hay un oficial de policía.

—Ya le dije pero no me hizo caso —gimotea con tristeza. No me extraña, a mí también me ignoraban cuando les decía que había niños queriendo golpearme con palos y cuerdas —¿Ahora qué voy a decir?

—Que fuiste un niño estúpido y débil y que por eso te robaron.

Los ojos tristes de Bobby se llenan aún más de lágrimas y a mí me da arcadas seguir viendo esta triste y decepcionante escena.

—Nada es fácil en el mundo, mocoso. Se van a aprovechar de ti más veces de las que crees, así que mejor deja esas lágrimas y vete a tu casa. Ya va a ser hora de que vayas a la escuela.

Vuelvo a mi trote a casa poniéndome los auriculares en el proceso. Capto a una señora cerca de un puesto de revistas con el ceño fruncido y meneando la cabeza. Revoleo los ojos y sigo de largo. Si quiere justicia, entonces ella misma debería hacer algo por Bobby. Puede que una parte de mi me diga que estoy siendo injusta. Yo aprendí a defenderme con paliza tras paliza y mi defensa y ataque fueron mejor porque tenía a sensei enseñándome bajo su tutela, pero no es como si yo pudiera hacer algo tan humano y noble como enseñarle a un borrego a pelear por lo suyo y por lo que quiere. Le falta determinación, espíritu. Rogar todos los días que compren un cartón de lotería no me gusta, aunque entiendo que no tenga opción. No sé qué hace servicios sociales que no se los llevan a un orfanato, es mucho mejor que tener a una madre moribunda a punto de morir y dejando pasar hambre a sus otros bastardos. Eso sí es jodidamente injusto.

Paso por la farmacia en la esquina de la cuadra y compro mis vitaminas. Estoy por tomar las de Kari, pero creo que a partir de ahora ella debería recordar comprarse sus propias medicinas. Planeo no estar aquí la próxima semana y ya le es hora de acostumbrarse. No sé si ella se ira a Samariv o Vedetta también. No es mi asunto y ya, mejor ni quemarme la cabeza en ello.

Llego al edificio y subo las escaleras hasta llegar al pasillo. Me detengo de golpe cuando observo a dos hombres con trajes en mi puerta, golpeándola. Las chicas deben estar dormidas, por lo que ni cuenta deben darse de que tenemos visitas. Camino con rapidez hacia ellos, llamando su atención. Uno es alto y moreno, con el cabello rapado en los costados. El otro es más bajo, albino completamente. Se ven jóvenes, quizás unos cinco años más.

—¿Puedo ayudarlos en algo?

—Buenos días —saluda el albino y levanta en alto su placa al igual que su compañero—Somos los detectives Rogers y Swan. Tenemos unas preguntas que hacerle a la señorita Valeska Hae.

—Esa soy yo —me cruzo de brazos, sintiéndome alarmada. Hay algo que no me está gustando, pero tampoco es como si pudiese dejárselos ver.

—¿Podríamos pasar o prefiere mantener la conversación aquí? —inquiere el moreno.

—Aquí me parece perfecto —levanto un hombro, desinteresada.

No se muestran convencidos ni cómodos, me vale. No me gustan extraños en casa y es una regla sagrada que les hago cumplir a Akari y Vedetta desde que nos mudamos. Hemos vivido tantos años con niños que iban y venían, años de infierno con desconocidos que robaban mis cosas e intentaban pisarme, incluso sus presencias me irritaban a morir.

—No tengo toda la mañana, estoy ocupada.

—Queremos hablar sobre el incendio que ocurrió en la Academia de Esgrima Joulling.

—¿Y yo que tengo que ver?

—Nos dijeron que estuvo aquel día.

—Sí, pero yo me marche pocos minutos antes.

Miento bien, así que debería poder sacármelos de encima.

—Mark Joulling la ha denunciado como principal sospechosa en este caso.

Mis ojos se abren en grande, fingiendo sorpresa.

—¿Yo? ¿Y cómo se supone que lo hice?

—Pues…—se miran entre ellos, indecisos—Según él, usted saca fuego de sus manos.

Una sonrisa sorna se cruza en mis labios, burlándome de ellos.

—Así que todo este lio porque sé hacer trucos de magia. ¿Qué más les dijo? ¿Qué saque de mi sombrero un dragón o un dinosaurio?

—A nosotros también se nos hizo absurdo, señorita, pero no fue hasta que ese mismo día se presentó una denuncia de homicidio contra una muchacha de ojos rasgados—el albino me evalúa con detenimiento. Me muestro tal cual aburrida e indiferente como siempre, aunque la alerta en cabeza no deja de sonar—Decían que sus ojos cambiaban a rojo y que de sus manos salía fuego. Lo mismo que Mark Joulling dijo.

Me echo a reír con cinismo mientras meneo con la cabeza.

—Demonios, me descubrieron —finjo una mueca de decepción antes de encogerme de hombros. Estiro los brazos frente a ellos con los dedos a punto de chasquear. Ambos hombres se tensan, y llevan una mano sobre la parte detrás de su cinturón—Ahora que saben la verdad, tengo que matarlos. Uno…

—¿Qué se supone que hace? —pregunta el moreno al albino, extrañado.

—Dos…

—Si cree que es una broma, entonces…

—¡Tres!

Se cubren con los brazos al mismo tiempo que chasqueo los dedos. Pasan unos segundos hasta que se dan cuenta que les estuve jodiendo, fulminándome con los ojos.

—¡No es gracioso, señorita Hae! —exclama el moreno enojado—Es un caso de incendio donde fue una tentativa de homicidio y tiene otro por un homicidio agravado. Los testigos la señalaron como principal culpable de la muerte de Kim Chen. ¿Lo conoce?

—Casi nada y hace años no lo veo. ¿Cómo voy a matarlo si no sé nada de él?—vuelvo a cruzarme de brazos, ya aburrida del tema—Además, ¿Cómo podría la academia incendiarse tan rápido? Mark tal vez debe querer cobrarse alguna absurda venganza por mi renuncia.

—¿Podemos saber por qué renuncio?

—Véase en explotación laboral, señores —camino hacia la puerta, tomando la perilla en mis manos—Si no les molesta, estoy ocupada y tengo una mañana productiva. No tengo tiempo de saber sobre incendios y homicidios. Si quiero enterarme, solo tengo que ver las noticias.

—Señorita Hae, le advierto que tendrá consecuencias muy graves si…

—¿Qué? ¿Van a encerrarme por estúpidas ilusiones de un viejo cuarentón y un par de locos? —tiro de la puerta, abriéndola—Cuando tengan pruebas concretas sobre ambos casos, entonces asumiré la responsabilidad de mis actos. Mientras tanto, déjenme desayunar tranquila en las mañanas sin tener que escuchar absurdas teorías de dos incompetentes. Buena vida, espero no volver a verlos.

Paso dentro de la casa sin siquiera prestarles atención a sus reclamos y cierro de un portazo.

—¿Val? —Kari se acerca hacia el vestíbulo, lleva el cabello atado en un rodete desarreglado y un delantal de flores que le regale en navidad. —¿Qué paso? ¿Qué más te dijeron?

La observo detenidamente con sus expresiones preocupadas y asustadizas.

—Lo viste, ¿cierto?

—Solo hasta la parte en que llegabas. Decidí dejártelo a ti.

—Mark me denuncio por incendiar la academia y Chen se murió —los ojos de Kari se abren en grande al igual que su boca.

—¡¿Qué?! ¿Cómo pueden culparte por el incendio? ¿Realmente ese tal Chen murió?

Me encojo de hombros a la vez que me quito mi campera deportiva.

—Si se murió nos haría un gran favor.

Kari no dice nada, pero se nota nerviosa.

—No te preocupes demasiado y termina el desayuno. Vedetta se pondrá insoportable si se despierta y no lo ve.

Paso de ella aun sintiendo sus ojos en mi espalda. Menos mal que no abrió la puerta, Kari es tan transparente que le cuesta ocultar cosas, todavía no me creo que caí en su jueguito cuando nos llevó a las coordenadas de la dichosa carta. Si los detectives se encuentran con Vedetta o con ella será un lio, nos dejaran al descubierto. Lo bueno es que podrá anticipar cuando vengan a buscarnos, lo que me dará tiempo de callarle la boca a Mark y a esos imbéciles.

Un muerto más, un muerto menos. No es como si la sangre ajena pueda realmente ser un peso en mi espalda, ni siquiera porque se derrame por mi propia mano.

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Me gustan los atardeceres porque me recuerdan a la madrugada cuando el sol recién está saliendo, pero es inevitable la tristeza que se siente cuando se está perdiendo. Siendo las seis y media de la tarde, el sol entra en su modo escape. Poco más de una hora, ya pronto estará escondiéndose por el oeste y no podré observarlo hasta el próximo día.

Mi turno en la cafetería en realidad acaba a las tres, estoy haciendo uno extra porque mi reemplazo no ha llegado y aviso tarde que tuvo inconvenientes de camino al trabajo, por lo que Jodie, la encargada, me pidió que la cubriera esta vez. Acepte porque es paga demás y no me molestaba llegar tarde a casa, evitaría peleas con Vedetta y más nervios a Kari por tratar de calmar nuestros humos, también me llevaría de las ricas hamburguesas que hacen aquí. Pese que la cafetería no es demasiado grande, si lo bastante concurrida en la ciudad. Me mantengo constantemente ocupada entre pedidos de aquí para allá, por lo que las horas se pasan más rápido de lo que creo.

—Valeska —me llama Jodie. Tiene al menos unos cuarenta, de cabello largo y negro hasta la cintura atado en una coleta—Perdón por pedirte esto, pero ¿podrías ir a rellenar el papel en el sanitario? Hay que aprovechar ahora que no hay tantos clientes.

—Está bien.

Voy hasta el depósito y busco una caja donde tengan los rollos de papel grandes. Jodie me pregunta si necesito ayuda para llevarlo porque son pesados, le restó importancia con un gesto en la mano y lo llevo sin problemas hasta el baño de mujeres. Después de entrenar tantos años, mis músculos pueden levantar el doble de mi peso, por lo que no tengo problemas en lo absoluto con ello.

Casi finalizando mi tarea, solo me queda un rollo por poner. Abro la puerta del último compartimiento, el de discapacitados, dispuesta a volver a mis mesas y seguir atendiendo. Pero mis manos de pronto sueltan el rollo, cayendo directo al suelo con un sonido sordo. Mis ojos no se despegan en ningún momento sobre el panorama que me brinda lo que se supone debería estar la pared: es igual al que nos llevó el zorro en aquella ocasión: un portal. Hay un castillo a metros, un castillo abandonado; la tierra es negra y muerta al igual que los troncos de árboles que hay en el suelo o aun sosteniéndose, secos y sin vida. Detrás del castillo, se ve un lago con el agua oscura, mientras que el sol poco y nada está alumbrando el lugar. Sin embargo, pese a que se ve todo muerto, alrededor hay nieve por doquier, cantidades y cantidades de nieve, como si no hubiese dejado de nevar en meses o incluso años. Solo lo que rodea el castillo y sus pocos metros, es donde no cae ni un solo copo.

Doy pasos torpes hasta llegar frente a la pared, sintiéndome atraída hacia el lugar. La garganta se me cierra al mismo tiempo que mi corazón galopea con fuerza. La tristeza e impotencia me surge del pecho que me saca un sollozo contra mi voluntad. La cabeza empieza a dolerme un montón, aun así no despego la mirada del lugar. El sol se empieza a ocultar con lentitud contra el oeste, despidiendo el lugar con dolor. Pronto queda a todo oscuras con las aves, perdiéndose a lo lejos del solsticio.

El círculo empieza a achicarse y mi primer impulso es abalanzarme sobre el agujero, pero la cordura llega en el momento más indicado. Retrocedo, Gyula dijo que era peligroso, y aunque preferiría morir que hacerle caso a todas sus mierdas, es inevitable no tomarlas en cuenta después de que intentaran asesinarnos la última vez que estuve en ese extraño mundo.

Del bolsillo de mi delantal, algo empieza a vibrar y a brillar. Me detengo un momento a tirar de la tela para fijarme que es lo que vibra, temiendo encontrarme con algo que no me guste. Pero finalmente la curiosidad y el coraje me ganan, por lo que tiro de ella hasta encontrarme con el reloj que me regalo sensei antes de morir. Lo saco de allí de inmediato, notando como comienza a relucir con intensidad, creando una luz propia. Abro la tapa, sorprendiéndome de que las agujas estén girando rápidamente una y otra vez hasta que finalmente se clavan en las doce, señalando el portal. Las letras a un costado escritas, aquellas letras que nunca pude descifrar que se trataban, se vuelven leíbles para mí.

“7 de Junio. No lo olvides, Senna.
Jae”

El reloj deja de brillar al mismo tiempo que el portal finalmente se cierra abruptamente, arrebatándome un suspiro de mis labios. La triste y amarga sensación del pecho no se va por más que intento decirme a mí misma que fue lo correcto, que no debería entrar en lo que no conozco ni prenderme en las locuras de Akari y Vedetta. Pero tampoco soy tan tonta. Sé que las cosas están extrañas y deberíamos saber qué es lo que está pasando, quienes somos realmente y porque estamos en la Tierra si nuestro lugar era Samariv. Y no solo eso, porqué esa chica aparece en mis sueños, porque siento todo esta desahucie solo con observar un castillo en ruinas. ¿Y quien es Senna y Jae?

—¿Valeska?

La voz de mi jefa me saca de transe. De inmediato doy media vuelta para tomar el rollo de papel y dejarlo dentro de su estuche, cerrándolo con la llave. Salgo encontrándome con Jodie echando un vistazo al primer compartimiento, seguramente buscándome.

—Oh, ahí... ¿Estás bien, cariño?—se acerca con preocupación. Estira una mano hacia a mí, doy un paso atrás evitando que me toque.

—Sí, estoy bien —me fuerzo a mí misma decir aquellas palabras con más frialdad de la que espero —¿Por qué?

—Estas llorando—dice suavemente mirándome con lastima.

Toco mis mejillas sintiéndolas húmedas, extrañándome aún más.

—Solo te decía que debo ir a casa, al parecer mi hija Sally volvió de viaje, cerrare más temprano. Ya puedes irte—me brinda una sonrisa comprensiva, dándome una palmadita en el brazo.

Jodie sale por la puerta mientras yo seco mi cara húmeda con mis manos, maldiciendo en voz alta por verme como una pobre estúpida delante de sus ojos.

Su salida me deja más tranquila, aunque no menos inestable. Mis piernas me tiemblan aun y cada vez que parpadeo esta la imagen del castillo abandonado, tan triste y derrotado como ninguno. La conmoción vuelve a mí y trato de empujarla con toda la voluntad del mundo para no caer en ella. Solo estoy demasiado sensible, demasiado como que la entrada a ese mundo me ponga de esta manera.

Saco nuevamente el reloj y le echo un vistazo hacia dentro. La hora marca las siete en punto de la noche mientras que las letras volvieron a mostrarse extrañas. La angustia se me aumenta y rápidamente guardo el reloj dentro de mi bolsillo. Ahora si necesito respuestas.

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La irritante sensación no me abandona incluso cuando me saco el uniforme y espero a que Barry termine mis hamburguesas para llevar a casa. En todo el lapso de tiempo, el corazón me sigue latiendo tan fuerte que puede se me salga de la boca y tenga que ponerme a correr para alcanzarlo.

Subo el puente para llegar a la otra calle con mis pies yendo sin ganas. La noche ya se ha hecho presente al igual que el frio, aunque apenas y puedo sentirlo. Solo llevo unos jeans junto con una remera mangas cortas, una campera liviana y la bufanda roja. Nunca me enfermo ni nada, una gran ventaja de tener un cuerpo saludable y constantemente en entrenamiento. Las personas a mi lado suelen mirarme como si estuviera loca, porque ellos si van emponchados hasta la madre por un poco de brisa. Edimburgo es frio como gran parte de los países Europeos, el verano no parece afectar el clima en las noches, solo nos mantiene alejados de la nieve.

—Buenas noches, Valeska.

Cierro los ojos a la vez que suelto el suspiro muy lento por mis labios. Giro a ver a Gyula con su puesto, abrigada con un poncho rojo y una bufanda negra enrollada en su cuello. Hace apenas dos segundos pase y no estaba aquí, estoy empezando a odiar sus extraños poderes mágicos cuando hasta hace poco les tenía envidia.

—No estoy de humor, Gyula, así que dímelo otro día. Me duele la cabeza

—Tranquila, solo vengo a preguntarte como estas —dice con verdadera preocupación—Viste el portal, ¿cierto?

Me gustaría preguntarle cómo lo sabe, pero es algo innecesario saberlo, me conformare con solo pensar que tiene una bola de cristal y ya. En cambio, saco el reloj del bolsillo de mi campera y se lo extiendo. Ella lo toma con sorpresa, sin creerse que este cooperando.

—Las agujas señalaban hacia el portal. Brillo con fuerza y las letras esas —señalo en la tapa de adentro del reloj—Esas letras... las pude leer.

—Están escritas en samarivano antiguo —mascullo en voz alta, tocando levemente la escritura. Levanta sus ojos en mi con seriedad, poniéndome en alerta—¿Sabes lo que dice aquí?

—Pude leerlo, solo que ahora...

Gyula capta lo que quiero decir y asiente, volviendo su vista hacia el reloj. Espero impaciente a que hable de una buena vez, pero parece más encimada en el objeto que en mis preguntas.

—¿Por qué paso eso, Gyula?

—No lo sé, pudo haber reaccionado a la magia del portal —comenta pensativa—Lo que no entiendo es porque se están abriendo portales... alguien debe estar haciéndolo... ¿pero quién?

—¿Alguien?—repito con las cejas en alto—¿Quieres decir que hay gente allí en Samariv que sabe sobre nosotras?

Su reacción lo dice todo: los nervios flotan de sus poros, di en el blanco. Le arrebato el reloj y lo guardo de nuevo.

—No puedo hablarles de ello ahora...

—Está bien, deja pasar el tiempo y mi curiosidad. Cuando te des cuenta, enserio me va a importar una mierda esto de Samariv.

—Valeska...

—Te dije que está bien —insisto frustrada—Algún día no vas a poder escaparte y vas a tener que contestar todas nuestras preguntas. Aquí hay algo que sabe mal. Lo supe desde el instante en que esos tipos raros nos atacaron apenas vieron los ojos de rana de Kari y mi piedra. Si existe una cosa que pueda perjudicarnos, entonces lo ideal sería que hables ahora.

Gyula se queda callada y hasta ahí llega mi paciencia. Ignorándola, camino hasta bajar las escaleras, esperando a que haga su tonto juego de volverme al puente. No lo hace, sigo caminando en dirección hacia el departamento, maldiciendo a los vientos por no quedarme y exigir. No puedo volver, no sin que mi orgullo quede manchado.

Hoy no es un buen día para nada en ningún sentido. Gyula acosando, los detectives investigándome por cosas que si hice, el portal en el baño y le sigue con esta horrible sensación que aún persiste en mi pecho. Solo tengo ganas de correr hasta que mis pensamientos se pierdan en el viento, solo que estoy en mitad del centro y me la pasaría chocándome con todo aquel que me cruce.

—¡Devuélvanme eso!

—¡Atrápalo si puedes, enano!

Cruzando la calle de al frente, Bobby nuevamente está siendo intimidado por unos tres mocosos. No lleva nada más que apenas una campera degastada, descalzo; sus zapatillas se la han quitado. La gente pasa mirando de reojo y sin hacer nada, lo usual cuando no es su asunto o de sus personas allegadas. Estoy por pasar y sin decir absolutamente nada, consciente que no puedo luchar todas sus batallas, pero la impotencia y los recuerdos de mi niñez siendo abusada por desgraciados así hace que paro y le quito el estuche de dinero.

—¡Oiga, señora! ¡Devuélvame eso y siga su camino! —chilla el mocoso dándose vuelta y fulminándome con la mirada.

Encarno una ceja, molesta.

—¿Señora?

—¡Si, señora horrible! —grita otro niñato. Siento una vena hinchándose en mi cuello.

—Lárguense ahora que se los pido amable —entrecierro la mirada, intimidándolos.

Los mocosos retroceden, pero el líder es más corajudo y me da una patada en la pierna. Echo un vistazo hacia abajo donde mi jean quedo manchado por el polvo de la suela y chasqueo la lengua.

—Es mi preferido. ¿Te largas o te golpeo?

—¡No puede golpearnos! —espeta el tercero—Somos menores, va contra la ley. No va a pegar…

Le interrumpo cuando le doy un zape en la cabeza, haciéndole que choque su cabeza contra la pared. Se queda estático al igual que los otros niños. Miro al líder, al que me dio la patada en la pierna y le propino una, larga un grito de dolor junto con algunas lágrimas y cae en el suelo.

—¡Me rompió la pierna, me rompió la pierna! —grita a todo dar. Las personas comienzan a parar, observándonos con curiosidad.

—Así es como se pega una patada—miro al segundo, quien enseguida me entrega los zapatos de Bobby. —Ahora fuera.

Los dos levantan al líder y se lo llevan a rastras, aun lloriqueando.

—¡No puede golpear a los niños! —me grita una señora, pero la ignoro.

—Póntelos, hace frio.

Le dejo los zapatos con brusquedad a Bobby mientras voy camino a casa, ignorando las miradas de desaprobación de las personas en la calle. Si un niño abusa de otro niño solo están jugando, pero si un adulto golpea a un niño es un maldito. Hipócritas.

Doblo en las esquina para subir tres cuadras más que me llevaran al departamento. Bobby me intercede de pronto con la respiración agitada y una sonrisa en el rostro.

—Gra-gracias —dice finalmente, aun tratando de recuperar el aliento—Gracias por ayudarme, no tenía que hacerlo.

—Aja.

Intento pasar de él y el canijo vuelve a meterse en mi camino.

—¿Tienes algo más que decir, mocoso?

—Sí, tome —me extiende el cartón de la lotería.

—¿No vendes eso para conseguir dinero?

—Sí, pero quiero regalarle esto por ayudarme. Mama dice que siempre debemos ser agradecidos con quienes nos brindan una mano.

—Madre sabia —comento sin más y meneo la cabeza—No lo necesito.

—¡Pero podría ganar! ¿Sabe que esta es la lotería nacional, por ende, millones? —levanta las cejas repetidas veces, tratando de convencerme—Sé que no es mucho, pero debería probar su suerte.

—No me gustan ese tipo de juegos.

—Por favor…

Si hay algo con lo que me cuesta ser jodida y me pruebo a mí misma para serlo, es con los niños, sobre todo los educados. Le arrebato el cartón con brusquedad al mismo tiempo que le pasó la bolsa con las hamburguesas. Bobby mira la bolsa y luego a mi sin entender.

—Comida.

—No podría aceptarlo, usted pago por ellas.

—En verdad, no. Son un regalo —me encojo de hombros y cojo su mano para dejarle las mangas de la bolsa—Ve y lleva esto a tu casa. Seguro tu madre no tendrá ánimos para cocinar.

Bobby abre la boca pero la cierra al instante, unas lágrimas se asoman en sus ojos y luego sonríe, quitando las que salieron.

—Mi mama murió el mes pasado.

Mi estómago da un vuelco fuerte. No sabía que Pía había muerto.

—Lo siento —digo sin más. No sé qué decir, consolar viene muy bien de la mano con Kari e incluso con Vedetta, no conmigo.

—Está bien, la señorita Mary dice que ya no sufre—su intento de sonrisa me hace pensar que es más fuerte de muchas personas que conozco.

Reacciono ante el nombre.

—Espera, ¿Dónde estás parando?

—En un orfanato junto a mis hermanos. El Orfanato Divina Caridad. Queda a las afueras de la ciudad.

Asiento con la cabeza. Sí, es en el que estuvimos las chicas y yo.

—¿Y qué haces a estas horas en la ciudad? Van a mandar a una patrulla a buscarte. Se supone que debes volver después de la escuela…

—Tengo que seguir vendiendo cartones de lotería —explica y pasa la manga de su campera sobre su nariz, quitándose los mocos—Cuando tenga dieciocho voy a tener que irme del orfanato, así que debería empezar a ganar dinero desde ya para tener una casa y así adoptar a mis hermanos.

Diez años y ya está pensando en ello. Lo juzgue mal. El chico si tiene espíritu.

—Ya veo —saco un pañuelo de mi bolsillo y se lo dejo en la mano—Quédatelo, no me gusta el color.

—Gracias, señorita —sonríe contento y no evito revolverle el cabello.

—Mis saludos a la señorita Mary.

Sus ojos se abren en grande.

—¿Conoce a la señorita Mary?

—Sí, y te va a ser limpiar todos los baños por escaparte, chiquillo.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque yo los limpiaba regularmente —me encojo de hombros. —Andando.

—¿A dónde?

—A la comisaria. Si se entera que te vi y no hice nada, ya me pondrá de nuevo con esa tarea odiosa. Dejemos que un patrullero te lleve sano y salvo.

Bobby me sigue sin rechistar, sacando una hamburguesa para comerla y me pasa una a mí, le doy un mordisco apenas la tengo en mis manos.

—¿También eres huérfana? —Inquiere en la caminata.

—Sí.

—¿Tus padres fallecieron?

—No lo sé —contesto con sinceridad. Esa es una de las grandes incógnitas de mi vida.

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Oscuridad, frio y silencio. Tres cosas que odio más en la vida.

Me veo a mi misma obligada estar encerrada en este espacio infinito sin siquiera una luz. A ciegas, voy caminando mientras que el frio va calando por todos mis huesos, tengo que abrazarme a mí misma y frotarme los brazos para tratar de entrar en calor, pero ni siquiera ello logra calmarlo un poquito.

Este lugar parece mi pesadilla personal, rodeada y acorralada ante mis miedos más profundos. Por extraño que parezca, el desespero no me llega porque el sentimiento de deja vú me perturba aún más que ello. Es como si hubiese estado aquí antes y por mucho tiempo, como si los rincones inexistentes de esta fría oscuridad los supiera de memoria, como si cada sonido inaudible estuviese grabado en mi mente. Este sitio fue creado para mí, para encerrarme y castigarme, pero no puedo recordar porque o quien lo hizo. Tan pronto viene a mi cabeza la respuesta se esfuma. Tan pronto quiero decirla en voz alta, mis labios la borran.

Solo quiero salir de aquí. Aun no puedo hacerlo. Estoy esperando a alguien.

Pero... ¿a quién?

Jade.

Siento un tirón profundo y fuerte desde mi estómago. Mi cuerpo se levita y sale disparado con velocidad hacia delante, adentrándome aún más en el corazón de la oscuridad. Mi cabello danza en el aire mientras la corriente me golpea en la cara, cerrando mis ojos en el acto. Pronto dejo de moverme, quedando en el suelo con suavidad sobre mis pies. Una suave y triste melodía llega a mis oídos, removiéndome todo por dentro. El nudo en mi garganta se forma de inmediato al igual que los sentimientos de tristeza y dolor me van carcomiendo poco a poco hasta en grandes cantidades. Casi no puedo respirar, los sollozos luchan por salir.

La tenue luz capta mi atención, molestando a mis ojos que ya se estaban acostumbrando a lo oscuro. No hay sorpresa alguna cuando veo el reloj de plata en el suelo, brillando más que nunca antes. Desprende una suave luz blanca hacia arriba mientras proyecta a un dragón plateado y pequeño volar dentro de ella, danzando al son de la triste melodía. Voy hacia allí, arrodillándome. Lentamente, tomo el reloj en mi mano y me quedo hipnotizada con la melodía y el dragón bailando en ella, lanzándome un dulce gruñido de tristeza, como si estuviese consolándome.

Mis ojos pesan mientras las lágrimas comienzan a acumularse y a caer, nublando mi vista, aun así, alcanzo a leer en la tapa de adentro la fecha del esperado encuentro y el nombre de quien lo prometió.

El 7 de Junio ha llegado de nuevo y él no ha vuelto. Otro año más sin él, sin Jae. Otro años más encerrada en la oscuridad, oculta de todo y de todos, sufriendo el castigo que los dioses han dejado en mí, sufriendo por un amor que me abandono.

No hay manera de explicar este dolor tan insoportable. No hay palabras que pudiesen hacer comprender a alguien más lo difícil que es esto.

¿Por qué no puedo morir?

Esto es peor que la muerte.

Espera incesante y desesperanzada.

¿Dónde estás, Jae? ¿Dónde estás?

¿Realmente me dejaste? ¿Realmente me abandonaste?

Jae…

Grito cuando algo se clava en mi corazón, algo tan fuerte que lo está cortando a la mitad. Llevo una mano en el pecho, encontrándome con una flecha incrustada. La sangre comienza a brotar.

Suelto de inmediato el reloj de mis manos, cayéndose al suelo con fuerza, más aun no deja de sonar
Ahogo un grito nuevamente con dolor en otra parte del cuerpo. El dragón llora, lo escucho llorar mientras sus alas se van prendiendo fuego. Si el dueño muere, pues él también.

Bajo la vista hacia mi abdomen, impactada. La hoja de la espada esta clavada en mi estómago, incrustada hasta casi al fondo. Reconozco la empuñadura de oro con un dragón tallado. La reconozco porque esa era mi espada y yo misma lo talle. No puedes matar a una divinidad como yo sino es por su propia arma, arma que le confié a la única persona que le entregue mi vida.

La sangre comienza a extenderse por mi vestido blanco mientras el dolor aumenta aún más.

El suelo deja de ser negro, sino de mármol. Yo ya no estoy sentada, estoy parada. Ya no esta oscuro, es de día. No estoy encerrada, sino en otro espacio. Mi dragón no chilla de sufrimiento dentro de la luz, sino a mis espaldas.
Levanto la vista para encontrarme con sus ojos marrones llenos de lágrimas, tanto como los míos. Todavía se ve perfecto, hermoso como la primera vez que lo vi. Sus facciones han envejecido a través de los años, pero su cabello largo y negro sigue intacto. El amor sigue en sus pupilas, pero ese amor ya no se siente complemente mío.

Jae.

—¿Qué hiciste, Senna?  

Otra espada se incrusta por detrás de mi cuerpo, alcanzándole. La sangre comienza a brotar de sus labios, yo solo puedo seguir observando como muere y como muero yo en sus brazos. Arranca de mí la flecha, tirándola a un costado. Jae me abraza y juntos vamos hacia el suelo de rodillas.

—Lo siento, Senna —las lágrimas brotan de su rostro mientras que yo solo trato de limpiar las gotas de sus mejillas con la poca fuerza que me queda—Debí haber llegado a tiempo.

—Jae…

Jae dice algo que no entiendo, se va borrando de mi cabeza a la vez que las voces se van disminuyendo. El dragón solo llora y grita con más fuerza, con más dolor y más odio. Parte de ello viene a mí, sofocándome.

Soy apartada de Jae, abrazada en otros brazos. No distingo bien a la persona, solo sé que es un hombre llorando porque sus lágrimas caen sobre mí. Mi dolor se multiplica, porque no quiero que llore, ni tampoco quiero que muera. Él también está muriendo junto a nosotros.

Miro hacia arriba, aun en sus brazos. Trato de distinguirlo, pero su cara se ve cada vez más borrosa ante mis ojos llorosos. Solo sé que esta nublado, que el sol me ha abandonado incluso antes del anochecer, que hace frio, mucho frio, que el silencio se va apropiando de mis sentidos y la oscuridad me roba absolutamente todo.

Aun no puedo morir. Todavía no. Aún no.

Un estruendoso grito del dragón me llega por última vez.

—No debiste haber muerto—ruge una voz masculina, gruesa y con rencor—No debiste, Senna.

Solo puedo sonreírle a aquella voz sin saber quién es, extrañamente, resulta demasiado familiar.

—Senna, tienes que despertar—ruega—Tienes que volver a tu tierra. La mataron, Senna. La mataron.

No…

Una fugaz imagen del castillo abandonado llega ante mí, sintiéndose todo más real que nunca. Toco el suelo. Tiene razón. La tierra ya no palpita. Está muerta. La mataron.

Pero no puedo volver. No puedo.

—¡Senna! ¡Tienes que volver!

¡No puedo, no quiero!

—¡Senna!

¡Basta, basta!

—¡Senna!


—¡No! ¡No! ¡Basta, basta!—el chillido sale de mis labios de golpe, asustándome.

Me siento sobre mi cama con la respiración agitada y tratando de distinguir algo sobre la oscuridad, pero apenas puedo, los rayos del sol recién comienzan a salir. Los sollozos salen disparado de mis labios sin darme chance a retenerlos aunque sea un momento. No dejo de llorar ni dejar de sentir esta horrible sensación carcomiéndome por dentro.

¿Qué mierda está pasando? ¿Qué fue todo eso?

La melodía todavía resuena en mi cabeza, por lo que tiro de la gaveta de mi mesa de luz donde deje el reloj apenas llegue al cuarto. Lo abro con los dedos temblándome y la respiración irregular, mi llanto no da revancha. No pasa nada. Vuelvo a intentarlo, desesperada porque algo ocurra. Lo cierro y lo abro. Pero nada.

Comienzo a llorar aún más, desesperada. ¿Dónde está la melodía? ¿Dónde está lo único que me dejo él?
La puerta de mi habitación de abre de golpe, ni siquiera la presencia de alguien más puede disminuir todo el dolor que estoy sintiendo en estos momentos. Es insoportable. Incontrolable. No puedo parar.

—Val, ¿Qué pasa? ¿Qué tienes?—Kari se acerca tan rápido que en un segundo ya está en mi cama, sosteniéndome de los brazos.

Trato de decirle que ya no suena, que ya no está la melodía, pero no puedo parar de llorar, solo salen balbuceos incoherentes. Kari se desespera porque de pronto empieza a llorar conmigo sin siquiera saber qué es lo que me pasa. Dejo caer mi cabeza sobre sus hombros mientras los sollozos se van aumentando, apretando con fuerza el reloj sobre mi pecho. Sus brazos me envuelven mientras susurra palabras dulces, no son lo suficiente para detenerme. Nada es suficiente para el dolor que siento.


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Re: Samariv.

Mensaje por Stark. el Jue 17 Mayo 2018, 9:34 pm

capitulo 5.2


Im not sober:
Diez minutos antes que saliera de casa, Jodie me llamo para avisarme que la cafetería estaría cerrada por el resto del día con la llegada de su hija y que no me preocupase de ir mañana, que mejor me quedara en casa a descansar y el lunes volviera con energías renovada. Supongo que verme llorar en el baño hizo que creara una fantasía en su cabeza y hallara miles de razones para que su reciente empleada lloriquee en uno de los compartimientos mientras deja el papel para limpiarse el culo. En otra ocasión, me hubiese molestado y habría ido igual a trabajar, no me gusta que me regalen nada ni tener beneficios, pero hoy me siento como una mismísima mierda como para ir a pelear, incluso ignore a Vedetta y sus desesperantes comentarios, cosa que le hizo raro.

—¿Estas bien, Val?—pregunta por enésima vez en la mañana. Apenas hace media hora se había despertado y ya estaba pinchando en la agalla.

Respondo por un monosílabo mientras sigo recostada sobre la mesa, observando al reloj de bolsillo frente a mí. Todavía la melodía resuena en mi cabeza, una melodía que la he llevado en mi mente por más tiempo de lo que hubiese querido. Es como una balada de amor triste. De pequeña me parecía escucharla por todos lados y cada vez que lo hacía me ponía a llorar. Hace años que no la escucho, incluso desde que no la pienso. Y ahora ha vuelto. ¿Por qué? ¿Qué significa todo eso? El castillo, el reloj, el portal, esos ojos marrones...

Jae.

El escalofrío recorre mi columna vertebral, me pongo derecha para evitar una segunda corrida y me subo el cierre de mi campera. Es verano, pero yo tengo frio, mucho frio. Llevo dos sweaters por encima junto con una campera gruesa vieja, enrede en mi cuello la bufanda roja que Kari me hizo hace muchos años.

¿Quién putas es Jae y Senna?

—¿Quieres que prenda la calefacción, Leska?—inquiere ojos de rana viniendo de la cocina con su delantal y una espátula en la mano. Sus ojos dulces muestran preocupación y atención. Ha estado así desde que me desperté, tan servicial y atenta, más de lo común. Le habré pegado un susto cuando me encontró llorando, ha pasado un tiempo desde que me vio llorar, prácticamente éramos niñas.

—¿Qué? ¡Estás loca! —chilla Vede fulminándola con la mirada—¡Hace como treinta grados afuera!

—Pero Less tiene frio.

—Ella es la loca del fuego, que se prenda una llama y ya.

—¡Vedetta!

—Tranquila, Kari. Vedetta tiene razón—digo sin más, siento la cabeza martillarme con tanta intensidad, no me hace bien que griten.

Ambas se miran entre ellas para luego observarme con los ojos en grande. Sí, es raro que le dé la razón a Tumbera, nunca lo hago y juraría que es la primera vez. Lo cierto es que si hace como treinta grados y el problema lo tengo yo, así que no debería arrastrarlas en esto. Me levanto de la silla tomando el reloj para ir hacia el sillón donde hay un cobertor, lo enredo en mi cuerpo y me dejo caer sobre los almohadones, suspirando.

—Definitivamente, te pasa algo, bunny—masculla Vede, llamándome por el característico apodo que llevo por mis dientes de conejo.

—¿Quieres hablar sobre ello, Less? —pregunta Kari con suavidad.

Meneo con la cabeza y solo me concentro en el reloj de bolsillo, abriéndolo y cerrándolo, esperando inútilmente a que la melodía suene de nuevo. Nada.

Las chicas me dejan ser, lo cual agradezco en silencio. Repaso de nuevo el sueño: la oscuridad, las sensaciones tristes y dolorosas, el reloj sonando junto a un pequeño dragón volando dentro de su luz, la espada en mi abdomen, ese hombre, el otro hombre, lo que aparenta ser mi muerte y alguien hablándome, pidiéndome volver. Luego ese lugar, ese castillo abandonado y en ruinas junto a un paisaje muerto y lleno de nieve. No puedo ir y preguntarle a Gyula que es lo que pasa porque no confió en ella, sé que no dirá nada, saldrá con el mismo discurso de que todavía no es tiempo. A mí me parece completamente lo contrario. Vienen sucediéndome cosas demasiado fuertes como para seguir ignorándolas, como para ser aún más terca y orgullosa. Odio tener que darle la razón a los demás, sobre todo a Vedetta, pero tenemos que ir de nuevo a Samariv.

—El desayuno está listo —canturrea Kari, en mis fosas nasales puedo sentir el aroma del café—A comer, Less.

—No tengo hambre —replico sin ánimos.

—Vamos, solo un poquito —insiste acercándose al sillón. Subo la cabeza para mirarla, aún se mantiene preocupada, pero trata de disimularlo, y que mal lo hace—Por favor.

—Ven antes que me coma tu parte —advierte Vede desde su asiento con la comida llena de boca, apenas y se le entiende.

Me dejo vencer por esta vez porque no estoy de ánimos para ser terca. Llevo el cobertor conmigo aun enredado en mi cuerpo y me dejo caer en una de las sillas. Kari se sienta delante de mí y sirve mi café en mi taza mientras que Vedetta está a mi lado, comiendo sus medialunas mientras que a su lado esta su libreta y sus lápices desparramados por la mesa. Frunzo el ceño al ver ello, mi mirada cruza con la de Kari, que ruega porque no le diga nada. Ambas saben que odio que tenga que ponerse a dibujar o pintar cuando estamos comiendo. Podría hacerlo en cualquier momento del día, no exactamente tiene que ser ahora. Lo dejo pasar y llevo el café a mis labios, bebiéndolo de a poco.

—Hoy tienes el día libre, ¿no? —asiento aun con la taza en mis labios—¡Genial! Podremos ir hoy al orfanato. Es el cumpleaños de la señorita Mary —dice extendiendo una sonrisa en su rostro, pero parece flaquear cuando la observo. Estoy triste y ella lo nota, Kari siempre fue buena para leer mis estados de ánimo—Podemos ir a comprarle un regalo juntas, si quieres.

—No tengo ganas de ir.

—Pero es el cumpleaños de la señorita Mary —interviene Vedetta terminando de masticar—Ella nos crio.

—Era su trabajo.

—No seas odiosa. Solo vamos.

No contesto y sigo tomando mi café, esperando a que haga efectos y caliente mi cuerpo. Al menos el cobertor me está ayudando bastante.

—¿No estarás por enfermarte? —trata de poner una mano sobre mi frente, pero le doy un golpecito—Ya, ya. No te jodo.

—Solo serán pocas horas —insiste Akari —Le hicimos una torta ayer, ¿recuerdas?

—Además, prometiste ir.

Pero tampoco les respondo y pronto las dos se dan cuenta que no voy a ir a ninguna parte. No estoy de humor, ni de ánimos. Tengo frió y mi corazón se siente roto. No pienso salir de casa ni hoy ni mañana, voy a holgazanear como hace tiempo no lo hago.

Vedetta me da un codazo en lo que trata de buscarle la vuelta para dibujar algo, derramando un poco de mi café en la mesa. Frunzo el ceño mientras volteo a mirarla fulminante, escucho a Kari contener el aliento porque seguramente se espera otra batalla entre nosotras, pero mis palabras quedan atragantadas cuando observo lo que ha estado dibujando.

—¡Fue sin querer! —chilla Vedetta—En mi defensa, yo me sentí aquí primero.

—¿Qué es eso? —señalo el dibujo del dragón, paralizándome.

—¿Ah? ¿Esto? —inquiere con sorpresa. Nunca pregunto por sus dibujos ni por sus pinturas, es la primera vez que lo hago. —No sé quién es, solo sé que aparece en mis sueños a veces. Yo creo que es un modelo o algo as— ¡Ey!

Le arranco el dibujo de inmediato, observándolo con fijes. El rostro es exactamente igual al que vi en mis sueños. La barbilla bien marcada, labios gruesos, nariz ancha y recta, ojos rasgados con cejas gruesas, el cabello largo y negro con una mirada triste observándome.

Jae.


Muerdo mis labios mientras parpadeo con rapidez, tratando de deshacerme de las lágrimas. Es aquel hombre del sueño.

—¿Val?

Ahora entiendo porque Kari se emocionaba tanto ante los dibujos de Vedetta y creían que tenían relación con sus sueños y sus visiones. La castaña retrato perfectamente el rostro del hombre.

—Ey, dientes de conejo, ¿estás bien? —insiste Vedetta a mi lado.

Inspiro profundo y me trago toda la tristeza que tengo, recordándome a mí misma que no tengo que verme débil delante de nadie, mucho menos delante de Kari y Vedetta. Aclaro mi garganta antes de hablar.

—¿Puedo quedarme el dibujo?

—¿Ah? ¿Enserio lo quieres?

—¿Puedo quedármelo o no?

—S-sí, claro —dice un poco extrañada—Enserio, Valeska, ¿Qué te pasa?

Meneo con la cabeza y miento.—Nada.

Dejo el dibujo a mi otro costado y boca abajo sin devolver ninguna mirada interrogativa de mis amigas. Saben cómo soy y me conocen. Si atajo demasiado es porque no quiero hablar, y si no quiero hablar, nada en el mundo me hará hacerlo.

El desayuno pronto toma otro rumbo de conversación dirigido por ellas, dejando de lado mi extraño comportamiento. El cumpleaños de la señorita Mary es hoy y solemos ir todos los años desde que nos fuimos del orfanato. Una señora de buen corazón y amorosa con los niños, con un buen carácter y un repertorio de castigos dignos para evitar querer meterse en más problemas. Kari era como la niña de sus ojos, Vedetta era quien la hacía reír a carcajadas, yo siempre fui su dolor de cabeza personal. No la culpo que haya sido más dura conmigo que con otros, siempre trato de brindarme cariño y amor y siempre se lo rechace. Me metía en problemas y me escapaba seguido. No había castigo alguno que me hiciera sentar cabeza. No me importaba si me enviara a la cama sin comer, si tendría que limpiar los cuartos o el baño, cocinar y atender a los más pequeños; yo hacía lo que quería y le rompería la cara a cualquiera que se metiera conmigo.

Después del desayuno, tome el dibujo y corrí hasta mi cuarto para dejarlo escondido en uno de mis cuadernos para después observarlo con más tranquilidad, cuando las chicas se fuesen. Bajo las escaleras y voy hacia la cocina, obligándome a salir del bello cobertor, ya con menos frio en el cuerpo. Me toca lavar los platos y Kari y Vede no piensan hacerlo, se tiraron las dos sobre el sillón para ver Friends antes de prepararse y marchar. Arremangue mis mangas y llene la esponja con detergente, prendo la radio a que está arriba de la heladera, encontrándome con el cartón de lotería pegado a uno de los imanes. Pensé de pronto en Bobby y en sus hermanos en el orfanato. Estarían bien con la señorita Mary.

La propaganda con anuncios llego luego de un repertorio de canciones canción.

—Y los números ganadores de la lotería son los siguientes: 28, 30, 39, 59, 70. Reiteramos: 28, 30, 39, 59, 70. El ganador aún no se ha presentado en las oficinas, esperamos que el mensaje le llegue pronto.

—Está ganando unos 50 millones de euros, ¿cierto, Lou? ¿Qué harías tú con 50 millones de euros?

Cambio la estación de radio una más, me tengo en cuanto Gorillaz sueña con 19 400, dándole una chispa de alegría a mi ánimo. Mis ojos pasan por el cartón de la lotería y lo saco para tirarlo a la basura. No es hasta que veo el número 28 seguido por el 30 y 39 que mi corazón se detiene de golpe. Avanzo al siguiente número, sacándome un grito ahogado para luego chillar ante el 70.

—¡Santa mierda, santa mierda! —grito con impresión y el corazón latiéndome a mí.

Escucho pasos llegar hasta la cocina, volteo y veo a Vede entrar.

—¿Qué pasa, loca?

—¿Te pasa algo?

Que va, necesito contarlo. Saco el cartón y se lo muestro. Vedetta lo lee extrañada.

—¿Lotería? Tú odias esos juegos, ni siquiera te importa tener suerte en ellos.

—La gane.

—¿Ah?

—¡Gane!

—¿Qué cosa?

Revoleo los ojos e insisto señalando el cartón. Su boca se abre en grande al igual que sus ojos.

—¡Gane la lotería, idiota!

Nuestros gritos se combinan y creo que toda la ciudad lo ha escuchado. Nos abrazamos mientras saltamos con euforia. Akari llega a la cocina observándonos como si fuéramos una loca, la obligamos a entrar en nuestro salto victorioso, aunque todavía no parece entender porque estamos tan contentas, solo se ríe y salta de alegría.

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No puedo apartar la vista de mi hermosa tarjeta de débito en la que han depositado hace menos de un instante 50 millones de euros. Un suspiro de puro amor sale de mis labios. No es sorpresa que amo el dinero y tengo en mi cuenta de ahorro lo suficiente para vivir un año sin trabajar. Pero con 50 millones es suficiente para dos vidas más.
Kari y Vedetta se mantienen a mi lado, las dos asomando su cabeza para mirar con amor la tarjeta. 50 millones de euros.

—Esto se llama tener un buen culo.

—Y muuucha suerte —coincide Kari soltando un silbido.

—Todavía no me la puedo creer.

No creo en la suerte y no me gusta ganarme nada por ello, pero tampoco soy tan estúpida como para rechazar millones de euros.

—¿En que lo gastamos?

—Es mi dinero —le recuerdo a Vedetta.

—Exijo al menos un mínimo de un millón por suportar tu odiosa personalidad por diecinueve años.

—Pues, me desaparezco y te recompenso con 19 años o todo lo que queda de la vida sin aparecerme.

Su ceño se frunce al máximo al igual que Kari.

—Eso no es gracioso.

—No pretendía que lo fuera —me encojo de hombros—Creo que es un buen momento para decirles que me voy a vivir sola.

—¡¿Qué?! —chillan ambas en mis dos oídos, sobresaltándome y llamando la atención. No hay mejor manera que contar las cosas en un McDonald.

—¿Cómo que te vas a vivir sola? ¿Estás loca? —pregunta Akari molesta—No puedes simplemente irte solo porque ganaste la lotería.

—En verdad, lo vengo pensando hace un tiempo —confieso sintiéndome extraña porque estén observándome como si fuese una vil traidora—No me miren así. La convivencia no es la mejor y en cualquier momento tendríamos que separarnos.

—Sí, pero pensaba que sería cuando hiciéramos nuestras propias familias y ya no dependiéramos una de la otra —replica Vedetta, mucho más molesta que Akari.

Estoy por decirles que no dependo de la una ni de la otra. Tal vez de Kari porque ella cocina para mí, pero perfectamente puedo prepararme mi propia comida. Para otra cosa, no las necesito. Sin embargo, hasta yo sé que eso sería herirlas demasiado y no planeo ser tan perra con ellas.

—Además las tres somos una familia. ¿Lo recuerdas? —murmura Kari —¿Y qué pasa si un día llegas y no esta lista la cena? Te puedes morir de hambre.

—O si olvidas poner a lavar tu ropa. Irías a todos lados apestosa.

—¿O si olvidas pagar los impuestos? Estarás sin luz y sin gas.

—Y sin agua caliente. Vivirás de malas porque no tendrás tus baños relajantes.

Era obvio que iba a pasar esto cuando les soltara la bomba, quizá lo mejor era simplemente contarles cuando ya me hubiese mudado, lo seguro es que ninguna me habría hablado en años después de ello.

—Ya pues —me levanto de mi asiento, ambas me imitan, como si estuvieran listas para amarrarme—¡Okey, no voy a mudarme! Solo vamos a comprar un regalo para la señorita Mary y dejar esa torta. Quiero llegar a casa temprano.

—Lo compras tu —dicen ambas y toman sus bolsos antes de irse directo a la salida.

Revoleo los ojos y resoplo, pensando si en verdad fue buena idea contarles sobre mis 50 millones de euros.

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La consiga era comprar un regalo para la señorita Mary, pero ni siquiera eso podíamos hacer bien. Vestidos, vaqueros, chaquetas y remeras; todo lo que vimos fue directamente para nosotros. El que dijo que el dinero no compraba la felicidad era un cochino millonario o un maldito envidioso, porque a mí me cambio la cara de culo y la de las chicas luego de soltarles la bomba de la mudanza. El jodido shopping es nuestro, solamente nuestro.

Vedetta abre la cortina del mostrador para caminar directamente hacia nosotras con un vestido negro de encaje con cuello alto y dos aberturas en forma de triángulo en la cintura.

—¿Qué tal me veo?

—¡Te ves genial! —exclama Kari a su lado.

—¿Entonces? ¿Te lo llevas o no?

—No sé —se encoge de hombros la castaña—Es genial, ¿pero cuando voy a usarlo? Nunca me invitan a lugares geniales.

—Creo que es demasiado —comenta ojos de rana con una mano en la barbilla—Pareciera que vas a ir a una premiación.

—Solo elijan el que quieran. La idea es ir como divas a almorzar —les recuerdo y me levanto del sillón en forma de corazón que hay en la tienda. Camino hacia donde están los vestidos colgados.

—¿Segura? No nos vas a salir con el cuento de que tenemos que pagarlo nosotras…

—Claro que no, Tumbera, solo fíjate cual te gusta más.

—Te dejo pasar el apodo porque te hare gastar, bunny.

Media hora después, Akari lleva un vestido de encaje blanco con una tela negra por debajo, apenas dos centímetros, ajustado en su cintura y suelto en la caída, llegando un poco más arriba de sus rodillas. Una chaqueta en las puntas del hombro holgadas y unos tacos negros que le combinan junto a una cartera negra de Prada original. Vedetta lleva uno azul eléctrico, corto y sin mangas, tiene una tira de gasa en mitad del pecho que llega hasta el corte de la cintura. Zapatos rosa pálido y una cartera de Louis Vuitton del mismo color. Yo llevo un vestido de encaje negro cerrado, con gaza arriba del pecho y mangas largas de la misma tela. Me compre unos aros de diamante que relucen al estar mi cabello hacia un costado, zapatos también negros y un bolso de Hermes rojo claro. Todas con nuestros nuevos lentes de sol.

Salimos del centro comercial con nuestras bolsas acumuladas en nuestros brazos mientras caminamos directo hacia uno de los restaurantes más caros de la ciudad, el China Red. Las personas se abren paso a nosotras, casi sin poder apartar la vista sobre nosotras. Sonrió con orgullo y pura vanidad, a las chicas también le gusta la atención que están recibiendo porque no paran de hablar por debajo de lo geniales que debemos vernos. Pasamos frente a una vidriera y puedo ver nuestro reflejo: somos completamente distintas a las tres huérfanas que crecieron sin tener absolutamente nada más que una carta. La lotería nos cambió por completo la vida. Ya no estoy tan segura de querer volver a Samariv.

Mis ojos no se despegan de la agencia de automóviles por la que pasamos, justo quedando frente al restaurante.

—Oigan, tengo que hacer algo —digo afuera del restaurante y les paso mis bolsas sin preguntarles, no les queda otra que tomarlas—Ya vengo.

—¡No te vayas! —chilla Vedetta—Eres tú la que tiene la tarjeta mágica. No nos vas a dejar aquí. Incluso acepte comer comida china.

—Mucha queja de tu parte, pero sé que amas la comida china.

—No tanto como tu ni me gusta comerla todos los días.

—Ya pues—me bajo los lentes y le guiño un ojo—Para la próxima eliges tú, Tumbera.

La sonrisa de satisfacción de Vedetta lo dice todo, por lo que es la primera en entrar al restaurante.

—¿Arriba o abajo? —inquiere Kari abriendo la puerta.

—Arriba, siempre en la cima.

La castaña suelta una risita por mi comentario y se adentra, yo solo cruzo de calle con la idea de gastar un poquito más de dinero. Entro a la agencia, llamando de inmediato la atención de un vendedor.

—Señorita, buenas tardes —me dice con una sonrisa cordial. Walter, según su etiqueta.

—Buenas tardes. Me gustaría ver un modelo en especial.

—Dígame cual.

Echo una mirada por el lugar buscando el que quiero, lo encuentro a pocos metros, sintiendo el amor a primera vista. Lo señalo, sorprendiendo al hombre.

—¿Ese?

Sonrió con vanidad, subiendo mis lentes hacia arriba.

—Justamente, ese.

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Subo las escaleras sosteniéndome de la baranda dorada que hay al costado del camino. Las chicas han elegido una mesa de arriba, como lo habíamos acordado con Akari. Las veo sentadas en el extremo del restaurante de comida china, el lugar de por si brilla por los lujos, desde su alfombra roja y sus paredes color hueso hasta las mesas y sillas de madera majestuosa y quizá horrorosamente cara. Hay de todo tipo de comida, la china es la especialidad, pero también sirven desde italiana, tailandesa, francesa, mexicana y muchas más. Seguramente, Vedetta habrá pedido otra cosa. No me equivoco cuando llego al frente de ellas y la veo tragar su lomo con papas a la creme.

—Come despacio y tranquila, maleducada —gruño viéndola con la cara manchada.

Kari le limpia la cara mientras que Vedetta poco y nada le importa.

—Ordenamos por ti, ya deben estar por traerlo.

La predicción de Kari acierta cuando dejan frente a mí un plato rectangular con variedades de sushi y recipientes de mármol con muchas salsas. Separo los palillos y llevo un rollo a mi boca, degustándolo por completo. No son tan ricos como los de Tokio, pero ciertamente están a la altura.

—Necesito la carta de vinos —le hablo a uno de los meseros.

Este me mira directamente a los ojos, abriéndolos en grande.

—¿Valeska?

—Que tal, Roy —digo con aires desinteresados.

Mis amigas nos observan a ambos sin comprender.

—La carta, Roy.

El chico asiente tontamente mientras se gira hacia la barra, buscando la dichosa carta.

—Aquí trabajaba —comento llevando otro rollo a mi boca.

—¿Aquí? ¿Aquí fue donde golpeaste al chef? —pregunta Vedetta sin creerlo —¿Entonces, qué hacemos aquí? ¡El tipo te denuncio!

—Shhh.

Roy llega con la carta de vinos y solo le echó un vistazo para pedir el más caro. Asiente sin rechistar y se va.

—¿Qué pretendes, Leska? —Kari entrecierra los ojos en mi dirección—No tengo un buen presentimiento.

—Ustedes solo disfruten su almuerzo, yo me ocupo de lo mío.

Roy llega con el vino y los vasos. Las chicas aceptan tomar una copa, aun desconfiando de mis acciones. Roy no es un mal chico, pero lo cierto es que le gusta chuparle las medias al maldito degenerado y cuando denuncie al tipo por acoso, él lo respaldo, así que también es culpable. Su pulso tiembla cuando me sirve, voy corriendo lentamente la copa mientras él trata de rellenarla sin tirar siquiera una gota. La muevo bruscamente y un chorro sale disparado justo en el mantel blanco carísimo. Le van a descontar.

—¡Lo siento, Valeska!

—Perdona, pero preferiría que no me llames por mi nombre —sonrió socarrona—Después de todo, soy un cliente.

Aprieta con fuerza los dientes, molesto. Se marcha hacia la cocina, seguramente yéndole con el chisme al viejo asqueroso.

—¿Qué te pasa, Valeska? —inquiere Kari entre sorprendida y decepcionada—Tú no eres así.

—Si soy así, soy una perra rabiosa ¿lo olvidas?

—¿Qué te hizo el chico?

Le respondo a Vedetta con la verdad. El tipo cubre al cocinero y todo porque tiene miedo de perder su empleo. Me parece perfecto que lo cuide, pero no que pierda su moral en el intento. No fui la única ni Pía tampoco, aún hay chicas soportando el abuso.

—Deberías denunciarlo.

—Eso intente, pero todas tienen miedo. Y ese imbécil me hizo quedar como loca.

—Tortúralo, entonces.

—¡Vedetta!

—¿Qué? A veces puedo estar de acuerdo con Valeska, Kari.

—Solo disfruten el vino y ya, hay que irnos en veinte minutos o vamos a llegar tarde.

Ninguna replica y seguimos comiendo hasta terminar. Pediría otra porción, lo cierto es que tengo miedo que le echen algo ahora que saben que estoy aquí. Antes de tomar nuestras cosas, esperando a que me traigan la tarjeta de débito con la factura del pago, Clayton Brown sale de la cocina con su traje de chef. Es un hombre bajo y regordete de unos cincuenta años. Completamente un puerco.

—Señoritas, buenas tardes —dice con su sonrisa lasciva, repugnándome. La mirada que me envía de pies a cabeza me revuelve el estómago—Valeska.

—Clayton.

—¿Qué tal ha estado la comida?

Vede y Akari se quedan calladas, consciente que este es el momento de mi venganza.

—Un auténtico horror—dejo caer uno de los tenedores con fuerza sobre el plato, llamando la atención—Encontré dos cabellos en un mismo rollo.

Los cabellos son míos, pero ellos no lo saben. La sonrisa de Clayton no decae.

—Le ofrezco una disculpa por mis asistentes, después de todo, soy responsable por ellas.

—Me imagino que sí. Dime, ¿todavía sigues toqueteándolas o invadiendo los vestidores?

Las pocas personas que hay allí dejan poco a poco sus conversaciones para mirar hacia donde estamos. Clayton comienza a ponerse nervioso.

—No sé de qué habla, señorita.

—Hasta hace un rato me llamaste por mi nombre, ¿ahora soy una extraña porque ya no trabajo aquí?

—Debe estar confundiéndose.

—Claro que no. Veo que tu ojo mejoro bastante, lastima, debería pintarlo de morado de nuevo —bebo un poco de mi vino antes de lanzarle la copa entera en la cara.

Las chicas ahogan un grito como gran parte de los que están allí. Acomodo mi bolso y le quito bruscamente a Roy cuando me trae mi tarjeta.

—Maldita perra.

—Solo quería comentarte una cosa —me acerco hacia él y susurro despacio, obviando su mirada de odio—Cuando me echaste de aquí, dijiste que nadie podría creerme porque era una muerta de hambre. Pero ahora tengo dinero, como verás, y pienso comprar este restaurante de segunda. ¿Puedes adivinar quién será el primero en irse?

Clayton no contesta y a mí me vale, mi venganza aún no termina. Tomo mis bolsas pasándolas en lo largo de mi brazo. Es la señal para que las chicas me imiten y salgamos de allí sin más.

—¿Eso es todo? Pensé que lo ibas a prender fuego —dice Vedetta extrañada.

—Tranquila. Vamos lento, Tumbera.

La escucho gruñir, no le queda otra que aceptar que le diga así en adelante. Saco de mi bolso el asegurador y aprieto el botón, desactivando la alarma.

—¿Y eso? —murmura Akari, ahogando un grito.

—Lo compre. Regalo de cumpleaños para mí —me encojo de hombros.

—¿Regalo de cumpleaños? —repite Vedetta y suelta un chillido, divirtiéndome—¡Es un jodido Lamborghini, el Aventador!

—Súbanse.

Mis locas lo hacen con euforia mientras van guardando las bolsas y chismeando todo lo que hay dentro. Siempre quise un Lamborghini, no importaba que modelo, y que sea rojo, por supuesto. Guardo las bolsas detrás del baúl y abro la puerta hacia arriba para entrar en el lado del conductor, teniendo a Akari como mi copiloto. Antes de entrar, volteo nuevamente hacia el restaurante, justo en el piso de arriba donde esta Clayton haciéndome un gesto del pene en la boca, modulando palabras como “ramera” y “prostituta”. Lo típico de un hombre asqueroso y degenerado como él. Solo le sonrió antes de chasquear los dedos.

La explosión del restaurante hace que todos suelten un grito, incluida mis amigas dentro del auto. Subo de inmediato con la satisfacción de que el maldito restaurante se esté prendiendo fuego, deseando que Clayton también se muera en el proceso.

—¿Qué haces? ¡Hay que ayudar! —exclama Akari aun con la mirada hacia atrás.

—La estación de bomberos está a la vuelta—le recuerdo con tranquilidad—Además, no es como si pudiésemos hacer mucho.

—¡Pero había personas ahí adentro! —chilla Vedetta.

Paro en el semáforo en rojo y pongo los seguros, conscientes de que alguna podría bajarse. La sirena de los bomberos se escucha llegando y por el retrovisor veo que ya se han estacionado. Esto les hace soltar un suspiro de alivio.

—¿Ven? A la vuelta de la cuadra.

—¿Cómo mierda sucedió eso?

—¿No tendrás algo que ver en ello? —inquiere Kari, desconfiada.

—Siempre hubo fallas de gas—miento con naturalidad. Una de lo mejor que se me da es mentir, sobre todo a las personas que me conocen bien—También quisimos denunciarlo por ello, pero nos seguían tomando de locas.

—Encima de degenerado, es un inconsciente —rechista Vedetta.

Kari no parece muy satisfecha con mi respuesta, seguramente porque lo mismo le dije con respecto a Mark y la academia. No es como si nunca vaya a saberlo, de seguro alguna de sus visiones me mande al frente por las cosas que hago a sus espaldas, cosas que demuestran que no soy tan buena como creen.

Ya casi saliendo de la ciudad y en camino al orfanato, aprieto el botón que abre el entretecho, robando más gritos ahogados. El viento sopla contra nuestra cara y en este momento me siento como en esas películas americanas en medio de Los Ángeles, conduciendo con el sol a nuestro favor. Vedetta suelta un grito al estilo indio que nos hace reír a carcajadas. Los gritos y chillidos por parte de las tres no se hacen esperar en ningún momento. Esto si es perfecto.

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—¿Y ahora que hacemos? —gime Kari observando el orfanato delante nuestro sin atreverse a golpear la puerta.

Entre compras, almuerzo y venganza, olvidamos lo más importante: el regalo para Mary.

—Se supone que Valeska lo compraba.

—Te dije lo seleccionaras, Vedetta.

—¡No puedo concentrarme si tengo un Louis Vuitton al frente, hermana!

—No podemos llegar así sin ningún regalo—murmura Kari y le da el pastel a Vedetta, quien casi se le cae. —Hay que ponerse nuestra ropa anterior.

—¡No! A ella le encantara vernos así—le detengo antes que se saque su chaqueta negra—Tranquilas, yo lo soluciono.

—La señorita Mary ni loca se pondrá esos vestidos cortos que te compraste, dientes de conejo —advierte Vedetta señalándome—La adoro, pero no le pienso dar mi hermosa chaqueta de cuero.

Revoleo los ojos y las empujo a ambas—Solo entren.

Dos toques en el timbre son suficientes para que la mujer que nos ha criado nos pegue el grito de que ya va. Se escuchan por dentro risitas de muchos niños correteando de un lado a otro. Retengo el gruñido pensando si era realmente necesario venir, luego recuerdo que fue lo más cercano a una madre y me la aguanto. No me queda otra.

De unos sesenta años, cabello negro canoso, ojos azules dulces y sonrisa cariñosa, la señorita Mary nos abre la puerta con mucho cariño, abriendo sus brazos hacia Kari y Vedetta. Ambas aceptan gustosas el abrazo mientras yo me quedo atrás, esperando a que no le brinde uno.

—Es mi cumpleaños, Valeska —dice divertida abriendo sus brazos. No me gustan los abrazos y ella lo sabe, solo en su cumpleaños aceptaba darle uno.

Vedetta me empuja para que avance y tengo que aceptar a regañadientes su afecto. Me separo apenas tengo la oportunidad, tratando de darle una sonrisa que no sea tan falsa.

—Feliz cumpleaños, vieja. ¿Cuántos van?¿90?

Me gano un zape de su parte. Me lo merecía.

—¡Están preciosas! —exclama al vernos de pies a cabeza, luego asoma su mirada hacia el auto, abriendo en grande la boca—Creo que han pasado muchas cosas desde que nos vimos en la feria.

Nos damos una mirada de las tres antes de decir que no mucho. Si tan solo la vieja supiera ya bastaría para que la pobre estire la pata. El orfanato es una vieja casona con dos pisos y cinco cuartos bastante grandes. Están el de los niños pequeños desde cuatro a once, separados entre niño y niña, después de doce a dieciocho. Solo hay uno para los bebes, el que queda al lado del cuarto de la señorita Mary. Ella es la única que está oficialmente viviendo en el orfanato desde casi toda su vida, siendo solo una vieja solterona cuidando a montones de huérfanos con un poco de dinero que brinda el estado y encargándose de que las trabajadoras sociales programen entrevistas de adopción. Lo divino solo sabe cuántas veces intento que nos adoptaran, sin éxito. Siempre nos encontraban una falla, yo me harte a la séptima entrevista y le dije que iría por mi cuenta, poniéndola triste. Mucho de los chicos con los que nos criamos fueron adoptados o quién sabe dónde habrán terminado. Algunos se van y nunca regresan. Lo que los salvo una vez, les dio abrigo y protección, lo ven como el peor lugar al que pudieron parar. Hay peores, pero supongo que cada uno vive con el dolor que siente y ya.

Pasamos al gigantesco comedor donde están todos los mocosos tomando el té y con platos repletos de galletitas en la mesa, charlando entre ellos con alegría. Algunos nos reconocen y nos saludan con euforia, o más bien hacia Kari y Vedetta, yo los golpeaba con lo que tuviera en la mano si los veía demasiado cerca de mí. Noto a Bobby junto con dos pequeños a su costado, son parecidos a su madre: gemelos. Les está alcanzando dos galletas para cada uno.

—Ya no peleen, hay suficiente para todos —les dice sonriendo con cariño. Nota mi mirada y enseguida me brinda una sonrisa—¡Señorita!

—Me llamo Valeska —replico. Que me diga así solo me hace pensar que soy la siguiente señorita Mary.

—Valeska —repite soltando una risita—¡Qué bueno es volver a verla! La señorita Mary me contó sobre usted, vivió aquí desde que nació.

—Aja.

—¿Lo conoces, Val? —pregunta Akari a mi lado.

—Algo. —me encojo de hombros.

—¡Trajeron torta! —chilla Mary con euforia.

Vedetta la deja en el centro de la mesa, llamando la atención a los mocosos. Hicimos una bien grandota para que todos pudieran tener su porción. Por mi parte, no me gustan las tortas así que no voy a tener ninguna, ya vengo llena del restaurante, de todas formas.

Kari quita la envoltura de cartón que armamos anoche para que no se desarme. La torta llega intacta pese a todo el movimiento de hoy. Ponemos dos velas largas —porque si pusiéramos cuantos números lleva la vieja, entonces nos golpea o se nos acaba el dinero de la lotería— y las encendemos. Cantamos el feliz cumpleaños, acompañados con aplausos y los mocosos también cantando. Mary sonríe con vergüenza delante de la torta, pero siendo amorosa y súper feliz al momento de soplarla. De sus ojos salen un par de lágrimas, de inmediato las chicas van a su abrazo para reconfortarla mientras yo me quedo a un costado, bebiendo de mi vaso de jugo.

Me voy de la sala caminando directo hacia el salón de juegos, el único lugar donde podíamos jugar cuando afuera no se nos dejaba salir por castigos o por lluvias. Tiene el piso de madera viejo que rechina ante cada pisada, tapizado en las paredes viejas y manchadas por los años, juguetes por doquier, algunos rotos y otros en buen estado, una biblioteca un poco gastada con libros que leí durante toda mi infancia. Solo hay una cosa que me gustaba de allí y era el piano viejo que estaba en un rincón, acumulando polvo. Aun así, me permito volver a tener nueve años, me siento en la butaca y abro la tapa de las teclas. Tienen una capa de tierra por arriba, por lo que soplo un poco, tosiendo por el polvo que entra en mi boca.

Me concentro con los ojos cerrados y recuerdo la melodía con la que soñé esta mañana. Los abro y empiezo a tocar.

Jae.

Golpeo fuerte las teclas cuando las lágrimas comienzan a golpear mis ojos a la vez que el nombre se repite en mi cabeza. Esto ya es absurdo y yo lo soy aún más por ser una masoquista.

—Veo que estas enojada.

No me sorprende que la señorita Mary este detrás de mi chismeando. Siempre se le dio bien encontrarme en mis malos momentos.

—Un poco —carraspeo y comienzo a tocar la sinfonía de Debussy—Me gane la lotería.

—¿Enserio? —murmura sorprendida—Bueno, creo que eso podría explicar el semejante auto que tienen y Vedetta besando a su bolso.

Sonrió sin evitarlo, las teclas siguen sonando ante el impulso de mis dedos.

—Lo supimos hoy.

—¿Hoy y ya se compraron todo ello? No me imagino en una semana.

—Pienso invertirla. Comprar en bienes raíces o restaurantes. Lo que genere más dinero.

Se queda callada un momento, dejando que la melodía gobierne el espacio.

—Bueno, siempre supe que de las tres, tu serias la que tuviera más éxito en lo que se refiere a lo económico—comenta no muy animada.

—¿Eso es malo?

—Solo si te vendes al dinero.

Me encojo de hombros. Ella sabe que lo haré por eso la idea no le agrada. Lo cierto es que a mí tampoco me agrada tener que trabajar tanto solo para tener una mísera de ganancia y me traten como una estúpida que no lo vale. Tengo dinero, millones de dinero, y debo aprovecharlos para duplicarlo o incluso triplicarlo. Es el golpe de suerte que no esperaba, no puedo desaprovecharlo. Dinero es dinero y equivale a poder.

Después de unos minutos, termino de tocar. La señorita Mary aplaude a mis espaldas y deja caer sus manos sobre mi hombro, dándome un beso en el cuero cabelludo.

—Te has convertido en una gran mujer, Valeska.

—Mujer si, “gran” aún le falta—replico cerrando la tapa del piano.

Busco mi bolso la chequera que compre en el banco y una lapicera. Escribo el monto de 25 millones de euros al nombre de Mary Stewart siguiendo de mi firma. Lo dejo arriba del piano, llamando su atención.

—Tu regalo de cumpleaños.

Mary lo toma indecisa y enviándome una mirada sin comprender, no es hasta que lo lee y sus ojos se abren en grande. Niega con la cabeza.

—No puedo aceptar esto.

—Tengo otros 24 millones en el banco, no iba a darte todo —me levanto del asiento y sacudo mi vestido por el polvo—Lo cierto es que no me gusta deberle nada a nadie, como sabes, y a ti te debo bastante. Me criaste.

—Valeska, yo lo hice por amor.

—Lo sé—asiento, sintiéndome incomoda por como sus ojos se llenan de lágrimas—Y por amor deberías aceptarlo. Este lugar esta que se cae a ruinas, Mary, ya no puedes seguir viviendo de los actos de caridad y del poco dinero que el gobierno te envía. Toma esto como una donación para el orfanato. Todavía hay muchos niños sin padres o en hogares horribles. Si vas a ser un ángel, que sea un ángel con unos buenos millones en el banco.

Mary no lo soporta más y estalla en lágrimas, dándome un fuerte abrazo de oso. Estará por sus sesenta, pero el vejestorio todavía tiene suficientemente fuerza. Sin embargo, le correspondo el abrazo acariciándole la espalda. Solo ella sabe amar a huérfanos como sus propios hijos y luchar por darle lo mejor. Se lo merece y mucho más.

En el marco de la puerta, Vedetta y Akari están mirándome con orgullo con los ojos llorosos. Rechisto y aleteo la mano para que se marchen, avergonzada porque me vean siendo cariñosa, pero ninguna se marcha, a lo contrario, se acercan hacia nosotras y se unen al abrazo, sofocándome. Que va, un poco de cariño nunca está mal aunque me empalague.

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No hay como un sábado en la noche entre pizzas y cerveza junto con los Kooks sonando de fondo. Y, por supuesto, helado. Todas tenemos nuestro propio pote de un kilo: Kari de chocolate, Vedetta de fresa natural y yo de limón al agua. Con Vodka, por obviedad.

Le echo un chorro más al mío, falta poco para que lo termine. Pero vamos tranquilas, después de este kilo no vamos a querer más helado, sino beber, festejar a morir, para ello compre tres botellas del buen vino. Hoy es noche para darnos gustillo, mañana no hay trabajo así que bien aprovechado estará.

—Creo que ya estoy llena —dice Kari dejando de lado el pote, cerrándolo con la tapa y suspirado—Voy a guardarlo. ¿Alguien más quiere que le guarde el suyo?

Vede y yo nos negamos mientras que Kari va a la cocina.

—¡Trae el vino!

—Aun no terminaste tu helado, Vede.

—Solo hazle caso —digo con helado en la boca.

Kari suelta una leve risita y hasta que vuelve, nosotras ya vamos por el ultimo bocado. Lanzo un eructo al aire al igual que Vedetta. Hacemos un rápido piedra, papel o tijeras para ver quien tira los potes y ayuda a Kari con las copas. Gano.

Las dos vuelven con la botella de vino y tres copas, las cuales pronto se llenan de uno de mis bebidas preferidas. Un brindis entre las tres nos saca a todas una sonrisa.

—Por los 50 millones de Valeska. O los 24 que quedan en el banco—inquiere ojos de rana y es la primera en beber de su copa.

Bebo un poco de mi vino y observo con atención el contenido, preguntándome si debería hablar de esto o no. El alcohol me está afectando un poco, no por ello es que este titubeando si tocar el tema. El problema es que una vez que suelte a la bestia, no se calmara con nada. Así son Kari y Vedetta con su curiosidad y cuando les doy la razón en algo. De todas formas, ya no quiero ignorar nada de lo que paso estas últimas semanas, sobre todo aquellos sueños y sensaciones extrañas.

Me sirvo un poco más de vino y en el proceso a Vedetta, quien termina de comentar sobre sus cuadros y Kari de sus plantas en la florería.

—Oigan—interrumpo la charla entre ambas, llamando su atención—Deberíamos hablar sobre Samariv.

La reacción de asombro y sorpresa exagerada no se deja esperar por ninguna de las dos partes.

—¿Estás hablando enserio? —murmura Vedetta sin poder creérselo.

—Pensamos que ya no querías saber sobre ello…

—No quería, pero es inevitable.

—¡Al fin comprendiste!

—Sí, sí, tumbera. No arruines mi humor.

—¿Entonces? —Kari se apoya en la mesa, atenta.

Me levanto en busca de un papel y un lápiz. Las dos se asoman apoyando casi todo el cuerpo sobre la mesa para poder observar mejor, aun bebiendo del vino cada vez más ansiosas.

—Primero, estamos nosotras —hago tres cruces en el papel, poniendo las iniciales de cada una.

—¿Por qué una “H”?

—Por mi apellido, es más fácil distinguirnos así—contesto a Vede y golpeo con la punta del lápiz al papel—Ahora escúchenme: las tres fuimos llevadas al orfanato el mismo día y al mismo tiempo, según Mary. Ese día es el cumpleaños de Akari. ¿Alguna tiene la carta a mano?

Kari baja de la silla para ir rápidamente a su bolso, extendiéndola.

—Pensé que nos serviría por si volvíamos a ir a Samariv—explica, acomodándose de nuevo en su puesto.

—Bien. Aquí solo hay coordenadas y una petición sobre ir hacia allí en su cumpleaños. Solo ese día. También están los nombres completos de Vedetta y de mí, menos el de Kari. —Coloco una cruz en el costado y escribo las preguntas—La primera pregunta es porque llegamos al mismo tiempo, la segunda seria porque Kari no tiene apellido como nosotras y la tercera es porque no tiene una piedra mientras nosotras sí. Según Gyula te dijo, ojos de rana, no hay que perder las piedras. Ósea, las piedras son importantes.

Vedetta saca su collar escondido entre su pecho y yo hago lo mismo, juntándolas. Una chispa se provoca entre ambas, alejándonos de golpe, asustadas. Nos observamos entre las tres antes de que volvamos a guardar las piedras.

—Okey, no hagamos eso. Puede ser peligroso.

—Concuerdo—asiento hacia la castaña—Lo segundo — hago palitos múltiples y le coloco arriba “ejercito” —Nos quisieron atacar apenas vieron los ojos de Kari y nuestras piedras. Otra pregunta —anoto al costado— porque los ojos de Kari parecen ser importantes en este asunto y porque quieren nuestras piedras. ¿Alguna tiene algo que comentar? ¿Gyula les dijo algo? ¿Qué vieron cuando entraron en Samariv la segunda vez?

Kari y Vedetta se miran entre ellas, todavía no muy seguras sin contarme. Sin embargo, yo me mantengo con paciencia esperando a que ellas decidan si hablar o no. Finalmente, Kari termina por contarme sobre Hogwarts, los extraños chicos con poderes como nosotras, el general Nat y el maestro Vadim, el Dumbledore de la academia.

—Había un chico que la hizo ponerse rojita—susurra Vedetta molestando a la castaña, esta se pone roja.

—¡Mentira!

—Claro que sí, te llamo bonita y todo.

—A ti también te dijo bonita.

—No, no. Te llamo bonita a ti, y para no quedar mal, dijo “tu no, la otra bonita”.

—Creo que para él solo Kari era bonita—comento, ganándome una mala mirada de parte de Vede.

—¡Les recuerdo que soy la más linda de las tres, fieras! ¡Mary lo decía todo el tiempo!

—La señorita Mary decía que yo era la más linda—replica ojos de rana con el ceño fruncido.

—Chicas, yo soy la más linda y fin de la discusión.

—¿Y qué referencias tienes de ello?

—Que yo gane el concurso de belleza y fui la jodida reina del baile.

Ambas gruñen, recordando una victoria que no pedí ni luche.

—Siguiéndole el tema, Gyula dijo que los portales podrían abrirse de la nada —comenta Kari.

—No lo sé, creo que alguien los está abriendo—replico y les cuento sobre el portal en el baño de la cafetería.

—¿Por qué no nos dijiste antes?

—Porque no quería hablar de ello, ¿lo recuerdas, Vedetta?

—Bien, pero tenías que contarlo.

—Ya paso. Sigamos—hago otra cruz—Quien es el que quiere que vayamos a Samariv —agrego otra—Porque estamos en la Tierra si somos supuestamente de allí.

—Son demasiadas preguntas—Vede se masajea la frente—Ya me da migraña.

—Este tema es complicado, es obvio que va a dar migraña. Ustedes querían hablar de esto.

—¡Si, pero tú haces todo tu plan estratégico!

—Necesitamos analizar todo.

—Es verdad, no podemos volver si no analizamos bien esto —Kari bebe un poco más de su copa. —Voy por más vino.

La esperamos unos segundos hasta que vuelve y rellena nuestros vasos. Sin darnos cuenta, bajamos una botella y vamos por la tercera. No sé si nos hará falta otra. La realidad es que, si somos realmente de otro mundo paralelo, que razones hay para llegar a la Tierra y vivir durante 19 años con temor a que nuestros poderes se manifiesten y tratando de ignorarlos. Surgen miles de teorías en las que, por una razón o por otra, a alguna de las tres no nos llega a satisfacer. Las dudas y pensamientos de todas van plasmándose entre los papeles y bajando copa tras copa.

Jamás habíamos hablado de esto con tanta profundidad. No sé si fue porque yo no quería o porque ya compartieron este tipo de teorías entre ellas, pero lo cierto es que me doy cuenta lo perdidas que estamos en este asunto. Se trata de nuestras vidas y no sabemos de dónde venimos y tampoco hacia dónde vamos. Si nos llaman de Samariv, es porque hay algo que quiere que estemos allí por X razón.

—Aquí hay otra cuestión—levanto un dedo en alto mientras la habitación parece girar. Kari y Vedetta vuelven a prestarme atención, aunque las dos están tan borrachas como yo.—Nosotras tres estamos conectadas. Es como si fuese el destino estar juntas...

—Nunca creí que dirías eso—lloriquea Kari y estira los brazos para obligarnos a juntarnos aunque la mesa nos este separando—¡Las amo, chicas!

—Calma, loca, yo también las amo —Vedetta la abraza con cariño, también emocionándose, mientras yo lucho por despegarme con éxito.

—Eso no, tontas—ambas hacen un puchero por lo aguafiestas que soy—Digo que por algo las tres fuimos al orfanato siendo apenas unas bebes y debe haber un porque.

—¿Y cual es?

—Que se yo, solo estoy dando un punto —tomo la botella de vino para servirnos mas pero no hay nada —Voy a buscar otra —balbuceo torpemente parándome en el suelo. Siento las piernas como gelatinas. Joder, amo el vino.

—Pero ya no hay más.

—Tengo una guardada.

Fetiche de guardar botellas de vinos para momentos como estos en que nos sigue faltando alcohol para abrirnos más y razonar. Extraña costumbre, pero eficiente. Las chicas se ríen de mí y mis fetiches extraños, yo también suelto una risita en camino a la cocina, abro la gaveta donde están los productos de limpieza y al fondo saco una botella de vino que tengo guardado hace unos meses. En cuanto giro, casi se me cae de las manos: hay un portal delante de mí, mostrando las oscuras de una cabaña en medio del campo. Volteo a mirar a mis costados, como si de repente pensara que aparecerá Gyula para decirnos que ni se nos ocurra entrar. En cambio, veo el reloj marcando las tres de la mañana, lo que se supondría que a estas horas estaría durmiendo, no la veo saliendo de fiestas con su excéntrica ropa y su perro raro.

—¡Ojos de rana! ¡Tumbera! —las llamo a gritos, caminando hasta quedar delante de la pared—¡Vengan a ver esto!

Ambas gimen y no tardan en correr hacia la cocina, como si ya lo hubiesen visto antes. El portal delante de nosotras sigue allí con el mismo paisaje. El trasero empieza a vibrarme y saco de allí mi reloj de bolsillo, está brillando con intensidad tal cual aquella vez en el baño de la cafetería. Lo abro y las agujas van como locas girando hasta apuntar al portal.

—¿Qué carajos es eso?

—Mi reloj, creo que quiere que entremos—doy un paso al frente.

—¡No! —Kari me sostiene del brazo—No puedes ir, Gyula dijo que era peligroso. ¿Y si nos vuelven perseguir a esos tipos?

—Por eso es que llevo un buen vino—levanto en alto la botella y me encojo de hombres—Negociamos y ya.

—Pero…

—¡Yo también quiero ir! —Vede saca del cajón de las utensilios un palo de amasar bien grueso—Ya tengo mi arma, decide la tuya, Kari, o nos vamos sin ti.

La pobre no tiene más escapatoria que seguirnos, no nos va a dejar irnos a las dos por nuestra cuenta. Agarra un bate de baseball que dejamos escondido en la cocina por si alguien entra a robar y nos adentramos al portal. Menos mal que nos cambiamos cuando llegamos, hubiese sido difícil ir a romper huesos con esas fachas, aunque el piyama tampoco es de los mejores atuendos. Apenas cruzo el portal, el frio me golpea en los huesos y resoplo por el cambio de clima abrupto. Un abrigo nos hubiese venido bien. Estoy a punto de decirle a Vedetta que entre para buscarlos y ella parece tener la misma idea, pero al intentar volver el portal se cierra de golpe.

—Maldición, si nos atrapan…

—Deja el pesimismo, Akari, y andando —Vedetta lidera la marcha con su palo de amasar.

La sigo sin perder de vista el paisaje. La cabaña parecer la única entre el lugar, completamente alejado de todo. Hay césped debajo de mis pies y muchos árboles rodeándola junto a un pequeño rio que pasa a pocos metros, el sonido del agua pasar se combina con los otros sonidos de la naturaleza: grillos, ardillas, aves.  Miro hacia el cielo para descubrir la noche estrellada sin ninguna nube por encima. Incluso pareciera que las estrellas son mucho más grandes de lo que es en la Tierra. A lo lejos hay un castillo enorme.

—Ahí está Hogwarts—susurra tumbera señalándola y asiento. Me gustaría echarle un vistazo por dentro—No te sientas mal si en un momento piensas que eres el chico de las profecías.

La cabaña me recuerda a la de Hagrid en Harry Potter, así de estilo rocoso,  techo en punta, escalones de madera y una puerta trasera. Nos movemos con sigilo o al menos eso intentamos, el alcohol brota de nuestros poros y con el airecito peor nos pega. Vede pisa despacio uno de los escalones, este cruje suavemente, le sigue otro escalón bien lento y al final el tercero. La sigo con Kari detrás de mí, mirando por si no hay muros en la costa con el bate hacia arriba, lista para atacar a cualquiera que se presente. La puerta se abre despacio, la castaña le echa un vistazo hacia a dentro antes de hacernos una seña para que prosigamos. Entro y luego Kari, quien cierra la puerta muy suave sin causar ningún sonido.

Parece una pequeña choza por fuera, por dentro es tres veces más grande. Lleva una sala donde hay sillones de color violeta y una alfombra tapiz rojo en el suelo frente a una chimenea prendida. Una biblioteca gigante ocupando gran parte de las paredes altas y anchas, demasiados libros para leerlos en toda una vida. Me adentro un poco más junto a las chicas, explorando el lugar. No parece haber nadie que este, o al menos nadie despierto. La sala conecta a dos lugares: un comedor sencillo con una cocina cerca y a un pasillo con cuatro cuartos, me asomo a uno que esta la puerta abierta, es el baño. Me voy hacia el otro donde parece ser un estudio: más libros, instrumentos de música desde guitarras, flautas y bombos hasta cosas extrañas como recipientes de vidrios acumulados en un estante, se divide entre vacíos y llenos. Lo cierto es que no puedo estudiar bien el lugar por la oscuridad, pero juraría que hay cosas que flotan allí.

Escucho el sonido de una flauta. Las tontas debieron estar jugando con algo. Doy media vuelta para irme hacia donde, ahogo un grito cuando un chico de ojos marrones y cabello negro me fulmina con la mirada.

—¿Quién eres tú y qué se supone que haces aquí?

Mi primera reacción es darle un golpe en la entrepierna con mi rodilla, pero se ataja al instante.

—Ese es un golpe bajo.

Intento darle un puñetazo, pero me esquiva con facilidad. Mena con la cabeza mientras chasquea la lengua.

—Entrar sin permiso a una casa ajena y encima reaccionar ante la violencia, no me parece nada digno.

—Eso me vale —como mi última medida, le doy un cabezazo, dándole justo en la nariz y haciéndole retroceder.

El chico gime de dolor mientras yo corro hacia la sala, esperando a ver a las chicas para largarnos, pero, para mi sorpresa, las dos están levitando en el aire, sacándome un grito ahogado.

—¡¿Qué demonios?!

—¡No lo sé, solo ayúdanos! —Vedetta tira de su mano y trato de alcanzarla. Se mueve aún más hacia arriba, lanzando un chillido.

El castaño parece haberse recuperado del golpe, no parece muy contento.

—Basta de juegos.

Como mi última medida, le lanzo la botella de vino, tan pronto lo hago solo levita en el aire. Mi cuerpo se eleva, sufriendo los efectos de lo que sea que haya hecho. Toma el vino en sus manos, observándolo.

—Se ve bueno —lo inspecciona con curiosidad y lo abre, olfateándolo.

—¡Ey, es mío! —protesto y trato de llegar hasta allí como si estuviera nadando, pero nada.

—Ahora me pertenece—bebe un poco de pico y lo degusta, abriendo en grande los ojos para volver a beberlo—Jamás probé un vino así. ¿De dónde es?

—¿Sabes? Bebimos un montón de esos y podríamos vomitarte todo tu precioso suelo sino nos bajas —le advierte Vedetta girando sobre si misma—Te daré como cinco de esos si quieres. Solo bájanos.

—Todavía no —el chico le vuelve a poner el corcho y lo deja a un lado, acercándose hacia la castaña—Primero que nada, quiero saber quiénes son ustedes y porqué…

Pero su voz se entrecorta cuando la piedra de Vedetta sale a flore, también levitando. Ella reacciona ante ello y la aprieta con fuerza, intentando esconderla inútilmente. El sujeto se mueve hacia a Kari, observando al parecer si lleva algo en el cuello, pero nada. Luego se dirige hacia a mí, lo veo de cabeza, no sé cómo mierda le hice para acabar así y ahora no puedo enderezarme. Corre mi cabello hasta encontrar la piedra, y no solo ello lo sorprende, sino que también roza sus dedos sobre mi mancha de nacimiento en forma de corona debajo de mi oreja. Le pego un manotazo, alejándolo. Sin embargo, su expresión de asombro no decae en ningún momento.

—Ustedes… ustedes son…

—¡Tres preciosas chicas que vamos a vomitar en tu alfombra si no nos bajas! —vuelve a chillar Vedetta.

—Sí, mira, ya la estoy escupiendo —Kari tira baba hacia el suelo, pero esta también levita—Maldición.

—Más vale que eso no me dé o te mato —le advierto tratando de alejarme, pero sin gravedad todo se ve más difícil.

—¡Espera! —chilla Kari, llamando su atención—¡Tú eres Rek! Eres el que estaba el día de la pelea cuando el general Nat intervino.

El tal Rek frunce el ceño.

—¿Conocen al general Nat?

—¡Si, y al maestro Vadmir!

—¡También a Gyula, la gitana!

Me observa a mí, esperando que le diga a quien yo conozco, solo me encojo de hombros.

—Ni idea, esta es la segunda vez que entro.

—No entiendo, ¿no es la primera vez que están aquí? —inquiere sorprendido—¿Ya estuvieron más veces en Samariv?

—¡Claro! Dos veces, esta es la tercera —Vede levanta dos dedos para luego levantar otro más—¿Eres un chico de Hogwarts, cierto?

—¿Hogwarts?

—Ya sabes, Harry Potter.

Pero el chico no parece entender absolutamente nada. Es lo obvio, Harry Potter pertenece a la Tierra donde la magia es ciencia ficción y fantasía, aquí es una realidad pura con la que viven a diario.

—Quiere decir de la academia —aclara Kari—Nos llevaron a la oficina con esos dos chicos, Solei y el otro.

—Solei es el que le dijo bonita—masculla Vedetta como si Kari no nos pudiera escuchar.

Ojos de rana solo pone los ojos en blanco.

—Escucha, estoy segura que si le dices al maestro Vadmir o al general Nat…

—No están en la Academia —interrumpe al instante, observándonos con seriedad—Ambos salieron y no volverán hasta mañana en la mañana.

—Ugh, eh, entonces, ¿podrías llamar a Gyula para que venga a buscarnos?

—¿Qué? ¡No! Va a empezar con su actitud sabionda diciendo que no debimos venir —espeto al instante. No la soporto.

—¿Tienes otra idea?

Gruño, consciente de que es la única que puede llevarnos a casa. Rek se muestra titubeante, pero finalmente habla.

—No sé cómo contactarla—dice, sumiéndonos en un silencio incomodo—Creo que tendrán que esperar a que lleguen el maestro o el general.

—Okey, genial. Entonces, ¿no vas atacarnos?

Menea con la cabeza.

—No ahora que sé quiénes son. Es una suerte que hayan llegado, están a salvo aquí, o al menos por el momento.

Nos echamos un vistazo entre las tres.

—¿Ah sí? ¿Podrías refrescarnos la memoria?

Entrecierra la mirada, confundido y curioso.—¿Es que no les han contado?

—Pues, el general dijo que uno de sus alumnos debía contarnos —miente Vedetta descaradamente, la observo sorprendida al igual que Akari. Cero disimulo. Culpa del alcohol.

—El general nunca diría eso —sonríe como si hubiese descubierto a un niño robando dulces. —Pero no puedo decirles nada. No quiero tener líos. Si gustan, puedo ofrecerles lugar esta noche, tengo un cuarto de más. Por la mañana, las llevare con ellos.

—Bueno, al menos es algo —dice Akari.

—Sí, súper genial. Ahora —aclaro mi garganta y me señalo aun boca abajo—¿Crees que puedes bajarnos? Ya se me está yendo toda la sangre a la cabeza.

—Claro. Pero antes, ¿pueden decirme sus nombres?

—Vedetta, Valeska y Akari—señala Vede a cada una. —Ahora si, por fis, bájanos.

El chico nos deja suavemente en el suelo, a pocos centímetros del piso, nos deja caer de golpe.

—¡Auch! ¿Qué mierda contigo? —le grito molesta, masajeando mi nariz.

—Eso por entrar a propiedad privada y el cabezazo —me señala y luego a los sillones—Espérenme, les traeré un té. Tanta bebida debió entrarles hambre.

—No te preocupes, tenemos vino—replica Vedetta y va hacia la botella, sacándole el corcho y a punto de darle un sorbo.

—¡No, no! —exclama Rek y se la saca de las manos para volver a encorcharla—Traeré otra, necesito esta para mis experimentos. Puede que tenga algún componente que haga que este vino sea tan rico.

—¿Ah?

Pero el tipo no contesta, solo se va apurado hasta la cocina murmurando para él mismo, palabras que no logro entender. Hacemos contacto visual entre las tres y coincidimos cuando Vede hace con gira su dedo por su cabeza en señal de que está loco.

Si, está chiflado, él y nosotras por entrar ebrias a Samariv.

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Re: Samariv.

Mensaje por Stark. el Jue 17 Mayo 2018, 9:35 pm

capitulo 5.3


You're my end and my beginning:

Rek se tarda más de lo que esperamos, por lo que en nuestra borrachera aprovechamos a chismosear a los alrededores, sobretodo Vedetta que no deja de murmurar para sí misma que algún día ella también hará levitar las cosas. Kari se mantiene distraída con los numerosos libros que están en la biblioteca contra la pared mientras que yo solo me dejo caer en el suelo, cerca de la chimenea. Ha pasado como veinte minutos desde que estamos aquí y cinco en las que observo la leña en el fuego, no parece consumirse en ningún momento y me pregunto si es un tipo de magia.

Estiro una mano por puro instinto, sorprendiéndome cuando el fuego comienza a venir en forma lineal hacia a mí. Ejerzo más presión, concentrándome para que venga más rápido. Parte de las llamas sobrevive en la palma de mi mano sin quemarme y yo me maravillo ante ello. Intento intensificar la llama, pero solo disminuye. Casi muriendo, intento nuevamente intensificarla con más concentración, saliendo de pronto una llama tan alta y grande que llega hasta el techo. Caigo hacia atrás soltando un grito ahogado, por suerte el fuego desaparece en el instante.

—¡Cuidado, tonta! ¡No andes jugando con fuego! —me regaña Vedetta mirándome, chasqueando la lengua mientras menea la cabeza—Luego la inmadura soy yo.

—Solo estaba probando—replico y observo si queme algo. Por suerte nada.

—¿Estas bien, bunny? —pregunta Kari acercándose. La detengo con la mano y le levanto el pulgar arriba—Debes ser cuidadosa, Less. Sería un problema si quemamos algo.

—Ya lo sé —aprieto los dientes para no maldecirla. No es necesario que lo digan dos veces, solo quería probar algo y ya.

Kari se da vuelta y choca contra una torre de libros sobre el suelo, tirándolos. Maldice en voz baja y yo sonrió con burla por ello, Vedetta se acerca y la ayuda a levantarlos.

—Lo siento.

—Descuida, a cualquiera le pasa.

Revoleo los ojos. Luego se quejan porque hay preferidas. Terminan de acomodar nuevamente la torre, uno de los libros cayó cerca de mí por lo que lo levanto y le echo un vistazo antes de pasárselo. Hay un mapa de la Tierra, pero muy diferente a los continentes que solemos conocer. Mis ojos se abren de sorpresa al darme cuenta que es un mapa de Samariv.

—Chicas —las llamo de inmediato, ni siquiera es necesario decirles que se vengan, ya lo hacen, sentándose a mi lado—Esto es Samariv.

—Uno, dos, tres…—cuenta tumbera—Son seis continentes.

—Países—corrige la castaña, señalando la descripción de abajo—No se dividen por continentes, sino por países. Cada uno tiene su símbolo.

—Agua, Aire, Fuego, Tierra, Rayo y Magia —leo en voz alta, dejo el libro sobre mis pies para que tengan un mejor panorama. En la hoja de al lado hay una breve descripción de cada país. —¿En qué país debemos estar?

—No lo sé, ¿agua?

—Es incierto, deberíamos preguntarle a Rek cuando vuelva. Pasa las hojas, Val, quizá no nos deje ver cuando venga.

Hago caso la sugerencia de Kari antes de echarle un vistazo hacia donde se fue Rek. Aun no vuelve. Paso las hojas con rapidez sin detenerme demasiado a observar las descripciones. Hay palabras y términos que desconozco, están escritos en otra lengua, se parece a la del reloj, por lo que puede ser el samariviano antiguo. Llegamos hacia donde está la segunda parte del gran manual en el que sobresale la palabra “Reyes y Reinos” en una sola hoja. Primero es el agua, la primera hoja es la imagen de un hombre de piel morena y ojos oscuros sobre el trono, al lado hay una mujer también morena y de cabello blanco; ambos visten ropa majestuosa, joyas de oro y coronas. Arriba de ellos hay una insignia: la insignia del Agua. Por debajo de la fotografía hay un escrito hecho a mano.

—“Rey Yaxha y Reina Nayda: muertos en combate durante la batalla contra el País del Rayo. Príncipe Dax y princesa Dalila: desparecidos. En nuestro poder absoluto.”

—Síguele.

Paso otra hoja y aparecen los reyes de la aparecen los reyes del aire, al igual que anterior, sentados en el trono con el emblema del aire sobre ellos.

—“País del Aire. Rey Wardell y Reina Dayshaun: aún con vida. Próximamente a... eliminar.”

Entre las chicas nos echamos un vistazo antes de proseguir. El mal presentimiento y la tensión se asienta en la sala y a las tres por igual. Hay algo que no está bien aquí.

—“País de la Magia. Rey Said y Reina Themis. Posición neutral. Se esperan órdenes para atacar…”
Tiro de la punta de la hoja con más rapidez.

—“País de la Tierra. Rey Ibuki y Reina Haruka. La Reina y el heredero de la Tierra fusilados. Las murallas de la Tierra aun no decaen. Se supervisaran estrategias y ordenes llevada a cabo la primera tarea.”

Lo extraño es que el rostro de la Reina esta tachado, escondiendo su rostro tras la tinta, como si quisieran dar el punto de que está muerta. Estoy por pasar de hoja cuando la mano de Kari me sostiene de golpe, sus cejas se fruncen mientras observa con atención la imagen.

—Espera un momento…

—¿Qué pasa? ¿Los viste en tus visiones o en tus sueños? —inquiere de inmediato Vedetta, curiosa.

—No, no. Es que… no lo sé, es raro—parece meditar un momento antes de menear la cabeza—No me hagas caso. Sigue.

En la siguiente hoja sale el emblema del fuego, pero los rostros de los reyes han sido tachados con cruces negros, remarcados con mucha presión, casi rompiendo la hoja.

—“País del Fuego. Rey Gun y Reina Tittavi: muertos en combate. Princesa Vales…”—me detengo por un momento a leer la inscripción con el corazón latiéndome tan fuerte que creo que se me va a romper en mil pedazos—“Princesa Valeska, desaparecida. Reconocer por la marca de la realeza del Fuego: una corona...”

Llevo de golpe mi mano sobre la marca de nacimiento sin poder creer nada de lo que dice. Mi mente se queda en blanco cuando de repente miles de imágenes comienzan a azotar en mi cabeza, imágenes de mi niñez preguntándome porque no tengo padres, porque me abandonaron, porque podía producir fuego y el miedo que sentía al hacerlo. La vista se me nubla cuando las lágrimas se juntan y ni siquiera soy capaz de suprimirlas. Observo la fotografía tachada con los rostros rayados. Un jadeo se me escapa de los labios cuando veo mi piedra alrededor del cuello del rey y el reloj de bolsillo colgando de la muñeca de la reina. Se supone que era de sensei, ¿Cómo diablos es que esta allí?

—Valeska…

—Debe ser un error —cierro de golpe el libro y lo tiro hacia un costado. Me seco las lágrimas con brusquedad mientras me paro, seguida por Kari y Vedetta, quienes no dejan de mirarme con compasión—Esto es estúpido. Solo vámonos de aquí.

—¡Espera! —Vedetta me intercede, sus ojos preocupados me molestan, por lo que tengo que correrle la mirada—Gyula nos dijo que éramos de Samariv, que pertenecíamos aquí. ¡Eres la princesa desaparecida! Por eso puedes hacer fuego con tus manos, por eso tienes esa marca de nacimiento. ¿De qué ves esto un error?

Muerdo mis labios para no llorar, una tarea lo bastante difícil pero en la que salgo victoriosa. La miro con indiferencia, recuperando mi postura. Kari se ha puesto a su lado, ambos con esa mirada de lastima y preocupación, revolviéndome las entrañas y causándome más enojo.

—¿Y qué? Los dos están muertos—mis frías palabras azotan su rostro—¿Debería alegrarme por qué ahora sé que tuve padres, pero se murieron? No le veo lo lindo.

—¡Pero sabes quienes son! —inquiere Akari. Trata de tomar mi mano, se la arrebató al instante. Me deja ser, suspirando levemente—Nosotras ni siquiera sabemos eso…

—¿Acaso tengo que sentirme mal por ello?

—¡Valeska!

—Ya decía yo que esa actitud de perra tenía que ser por algo. Nada más que una princesita—rechista Vedetta por debajo.

—¡Vedetta!

—¿Qué? No me culpes, ojos de rana. Intento ser de ayuda, pero no la quiere.

—Ja —suelto una sonrisa cínica—¿Por qué la necesitaría? Sobretodo viniendo de ti.

El gesto de dolor que hace Vedetta no pasa por desapercibido, aun así mi actitud no cambia.

—Cierto, ¿Por qué necesitarías ayuda? Tu no necesitas nada, solo eres una egoísta de mierda.

—¡Oigan, respétense! —Kari se pone en el medio, separándonos cuando ambas avanzamos.

—¿Egoísta? Creo haberte visto hoy lamer el suelo donde pisaba en el centro comercial.

—¿Así que vas por ahí? Descuida, cariño, todo tuyo. Yo no soy tan superficial ni materialista como tú.

—Sí, y por ello siempre andas tonteando con tu mierda de arte. Siempre siendo tan poco e inferior.

—¡Valeska!

—¡Repite eso! —exclama Vedetta, intentando darme unos manotazos. Kari la detiene para que no se me lance encima.

Me cruzo de brazos fulminándola con la mirada, sintiendo el fuego interno arder con tanto dolor, retorciéndose cada vez más duro y fuerte. Mis defensas están arriba del tope, protegiéndome. Aun sabiendo que las tome con Vedetta, la pisque de arrepentimiento se nubla al igual que los chillidos de Vedetta y Akari, ahora ambas discutiendo porque la última no deja que me golpeen.

Toda una maldita vida odiando la pequeña parte de mí que deseaban que llegaran de pronto al orfanato y pasaran a buscarme. Toda una vida observando el rostro de las personas, preguntándome si serian mis padres, si algún día tocarían la puerta del departamento o llegarían a mí trabajo. Y están muertos.

—¿No pueden hacer un poco de silencio?

Suena una corta nota desde una flauta para elevarnos nuevamente en el aire, flotando. Rek nos observa desde la puerta de la cocina con Gyula a su lado, sorprendiéndonos.

—¡Ya casi le daba! —le grita Vedetta molesta e intenta venir hacia a mí, moviendo sus piernas y manos como si estuviera nadando, pero solo logra girar sobre si misma —¡Mismísima mierda! ¡De esta no te salvas, perra rabiosa!

La ignoro, simplemente apretando con fuerza mis puños mientras le dirijo una mirada cargada de odio hacia Gyula, quien nos observa con tristeza en los ojos.

—Pensé que no sabías como contactarla—dice Kari con la respiración un poco agitada, y como no si Vedetta casi se la come encima.

—No lo sabía, pero recordé un viejo talismán que el maestro Vadmir me obsequio hace unos días—saca de su pecho una moneda grande y redonda de oro sujeta a los metales de la cadena que rodea su cuello—Supongo que él ya predecía que podría ocurrir esta noche.

—Con esto pude saber dónde estaban—Gyula saca una moneda igual de la cantidad de cadenas que lleva colgadas en su cuello—¿Cómo pudieron entrar? Les dije que era peligroso.

—¡Mejor déjate de sermones y habla de una maldita vez! —le grito enojada, sintiendo nuevamente el pecho arder al igual que mis ojos, pero es tanta la impotencia y el dolor que ni siquiera me importan. Mi pecho se eleva con rapidez mientras mi respiración se entrecorta. Estoy haciendo hasta lo imposible para no lloriquear como estúpida—¡Estoy harta de tus jodidos juegos!

—No me hables así —entrecierra la mirada con molestia—Estoy cansándome de tu falta de respeto.

—¡Me la vale, gitana de mierda!

—¡Valeska, ya basta! —chilla Kari en mi dirección, enojándose—¡Gyula no tiene la culpa! ¡Ella nos ha cuidado todo este tiempo!

—¿Ella nos cuidó? ¡Ja! ¡Si nos hubiese cuidado, entonces no nos habría dejado en ese orfanato tanto tiempo, no nos hubiera ocultado nuestros orígenes! ¡No me vengas con sandeces, Akari!

—¡No te las tomes con ellas! —interviene Vedetta también furiosa—¡Estoy acostumbrada que la tomes conmigo, pero Gyula y Kari no tienen nada que ver!

—¡Entonces que no se te meta!

—¡Solo estoy tratando de que dejemos de discutir! —vocifera la ojiazul.

—¿No te cansas de jugar a la niña buena? ¡Es tan despreciable que siempre hagas eso!

—¿Ah sí? —los ojos de Kari cambian al instante a los de rana, pero no me retracto por más enojada que este—¡Debería actuar como tú: una perra odiosa!

—¡Si, deberías hacerlo! ¡Te vendría bien un poco de carácter, tarada!

—¡Ash, ya cállense que me duele la cabeza! —Vedetta agita sus manos.

Mi cuerpo sale disparado junto con el de la castaña, chocando en un breve momento. Tiro de la mano de Akari para abrazarla por delante de mí. Lo próximo que siento es el impacto de mi espalda contra una de las bibliotecas de Rek, quitándome la respiración de golpe.

—¡Akari, Valeska! —chilla Gyula mientras Vedetta suelta un grito.

Los libros caen al suelo y nosotras somos las siguientes, pero levitamos pocos centímetros sobre el suelo. Esta vez, Rek nos baja con cuidado. Suelto a Kari con brusquedad mientras el dolor de mi espalda comienza a palpitar con fuerza. El aire comienza a llegar con dolor hacia mis pulmones. Cierro fuerte mis ojos cuando queman tanto que creo que voy a gritar. Me las arreglo para no hacerlo.

—Santa mierda, ¡no fue a propósito! —se excusa Vedetta con la voz rebalsando de culpa y arrepentimiento—Lo siento tanto, no sé qué hice…

—¿Estas bien, Akari? —pregunta Gyula hacia la castaña.

—Si —la siento titubear, pero no puedo verla. Mis manos se vuelven puños ante el ardor de mis ojos y del pecho—Valeska…

Su mano apenas me roza y la golpeo, apartándola. Abro los ojos dirigiéndole una mirada fulminante. Suelta un jadeo de sorpresa al igual que los demás.

—Tus ojos… —susurra Rek sorprendido, parado aun lado de Vedetta—¿Ese es el sharingan?

Frunzo el ceño y volteo hacia el costado donde hay un espejo de cuerpo. Mis ojos están teñidos por el color de la sangre mientras hay dos aspas alrededor de mi pupila. Mi ceño frunce a todo dar, apretando esta vez con fuerza mis dientes.

—Genial. Simplemente, genial.

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Pasa al menos una media hora para que nos sentemos a hablar con franqueza. Rek me llevo hacia su habitación rara de experimentos, no permití que nadie más me ayudara, fui a duras penas con la espalda echa una mierda. Me dio algo raro y viscoso para beber.

—Si no te lo tomas entero, entonces no sanaras—advirtió.

—¿Y cómo sé que esto me hará bien?

—Soy un experto en esto. Créeme. Delante de ti esta uno de los tres mejores alumnos de la Academia del País de la Magia —se elogió con orgullo, pero al menos me revelo nuestro paradero.

Lo hice y fue horrible. Jamás volveré a beber algo que me de este sujeto aunque me esté muriendo. Es un asco.
En mi vuelta, después de esperar a los veinte minutos en que surge el efecto, mi espalda esta como nueva y hasta me quita algunas contracturas. Gyula está sentada en un sillón individual mientras Kari y Vedetta tienen una mano en cada hombro, paradas aun lado.

—Ya llego, Valeska. Ya puedes contarnos todo —dice Akari con seriedad, no sin antes mirarme con los ojos arrepentidos.

No es necesaria una disculpa entre nosotras, con echarnos un vistazo sabemos que las cosas simplemente se fueron de control y hay que dejarlo pasar. Protegerla con mi cuerpo fue una reacción, instinto puro, pero al menos me sirve de disculpas. Mi mente esta más calmada, más no mi corazón.

—Les dije que no era el momento—Gyula intenta levantarse, pero las chicas ejercen presión, sentándola de nuevo.

—Lo prometiste.

—Dije que puede ser.

—Solo habla de una maldita vez—me cruzo de brazos.

—Ya sabemos que Valeska es una princesa —dice Vedetta, sorprendiéndola. Mi pecho arde al escucharla, sintiendo de pronto tristeza.

Me abrazo a mí misma, tengo frio de golpe.

Gyula lo medita un poco más y simplemente suspira. Mira a Rek y asiente, este va hacia el estante donde cayeron los libros y toma uno entre sus manos. Lo abre y da vuelta unas páginas hasta llegar a la indicada.

“Aquel rey del amor y de la guerra querrá cambiar la historia
Querrá dominar más que los sabios,
Más que sus antiguos, más que sus colegas.
Ensuciará su mano en sangre noble.
Pero, de igual forma,
Nacerá un lucero con la herencia del equilibrio total
Y del dominio de la madre natura
Que podrá cortarle la mano ensangrentada
Y con los frutos del equilibrio devolver la paz a la tierra samarivana.
Tres fuertes guerreras,
las tres guerreras más poderosas, sabias y valientes
Que han nacido en las seis naciones,
Serán la clave para que el heredero lleve a cabo su misión.”


Nos sumimos en el silencio en el que Rek solo cierra el libro, observándonos con los labios apretados. Las tres hacemos contacto visual en un momento.

—¿Y eso qué quiere decir? —Vedetta es la primera en hablar, cruzándose de brazos—No entiendo. ¿Qué tiene que ver eso con nosotras?

—Es una profecía —explica Rek—Esta profecía ha estado en los tiempos en que Samariv fue creada, hace miles de años.

—¿Y eso que tiene que ver con nosotras?

—Ustedes tres —nos señala a cada una—Son las guerreras de la profecía. Las legendarias guerreras que ayudaran al heredero del equilibrio y restauraran la paz en Samariv.

Nuevamente, el silencio nos consume. Mi mente procesa rápidamente la información, mareándome, todavía sin comprender realmente si esto es un chiste o que mierda se les pasa por la cabeza toda la palabrería. Pero no objeto nada, aún demasiado impactada por toda la información. Soy una princesa de un país con miles de raros con poderes, mis padres están muertos y ahora soy una profecía junto a mis amigas. No me la puedo creer, maldición.

La risa escandalosa y nerviosa de Vedetta rompe el silencio, sacando de onda  Rek, quien la observa como si estuviera loca. No debería hacerlo, él parece menos cuerdo contándonos todo eso.

—¿Nosotras? ¿Guerreras? —toma una bocanada de aire antes de soltar otra risita nerviosa—Nah, no puede ser. Solo somos una jardinera genial, una ninja amante del sushi y una gran artista. No somos unas guerreras legendarias, ni de chiste. De Valeska me la creo porque es Sasuke Uchiha en persona, pero ¿Kari y yo? Nah.

—¿Sasuke Uchiha? —inquiere Rek, ladeando la cabeza hacia un lado como un perrito que no entiende.

—Lo que dice Rek es cierto —Gyula se levanta, todas dirigimos la mirada hacia ella. Se da vuelta, enfrentándonos. Se acerca a Vedetta y extiende su mano con la palma abierta. Una energía sale de su mano, sacándonos un jadeo a todas. En ella, la energía brillante se eleva unos centímetros, formándose el signo del Aire de color celeste, lo rodea un pequeño remolino. Vedetta se queda estática, observando a Gyula y la figura—Vedetta Zinia, la valiente más fuerte nacida en el Aire y protectora de la piedra Hawada. Nacida entre la Elite 1 del País del Aire.

Los ojos de Vedetta se llenan de impresión e incredibilidad, sostiene con fuerza su piedra.

Gyula camina hasta Akari, la energía se transforma en el signo de la Tierra, brillando con el color marrón con arena revoloteando alrededor.

—Akari Zubiri, la sabía más fuerte nacida en la Tierra y protectora de la piedra Dhulka. Nacida entre los guerreros del País de la Tierra.

El pecho de Akari baja y sube con fuerza, parece retener sus emociones pero sin éxito, pronto las lágrimas la azotan.

Por último, la gitana se para frente a mí. No me quiebro. Aún sigo sin creerme nada de esto. La energía se transforma en el signo del fuego con llamas entre rojas y azules.

—Valeska Hae, la más poderosa guerrera nacida en el Fuego y protectora de la piedra Dabka. Nacida entre la nobleza del País del Fuego. La única heredera del trono—se detiene un momento, alejándose unos pasos hacia atrás para mirarnos. Inconscientemente, nos hemos acercado una a la otra—Esas son ustedes, chicas. Esa es su verdad; la que tanto anhelaron escuchar. Quise decirles antes, lo cierto es que no estaban preparadas y aun no lo están, pero ustedes insistieron, y es que casi no hay tiempo. Samariv necesita de ustedes antes que el Rayo acabe con lo poco que queda.

—¿Quién? —susurra Vedetta, aun sorprendida.

—El rey del Rayo —interviene Rek, acercándose con el semblante serio—El rey del amor y la guerra. Por casi veinte años, Samariv ha estado en guerras constantes. Muchos han muerto en el proceso de detenerlo. Sus tropas son fuertes, casi invencibles. Países han caído en sus manos, reyes se han sacrificado protegiendo a su nación y su gente. En vano, claro está. Por ejemplo…—se detiene un momento a observarme y proseguir—El país del Fuego y el país del Agua. Actualmente, la Magia mantiene un tratado de paz con ellos, pero no se sabe cuándo podría romperse. El Rayo es el rayo. Traicionero y sin aviso.

—¡Espera un maldito momento! —exclama Vedetta, agitada y rompiendo la compostura—¿Estás diciendo que este mundo está en guerra y nosotras somos quienes tenemos que salvarla? ¿Me estas jodiendo?

—No, esa es la verdad —insiste Gyula con serenidad—Sé que debe ser difícil para ustedes, tienen que estar tranquilas. Pronto…

—¿Difícil? —repite Kari, incrédula—Esto es de pinches locos. ¡No me pidas que esté tranquila!

—Puta madre… ¡Santísima mierda, carajo! ¡Preferiría no haberlo sabido nunca!

—Te la aguantas, tú fuiste la que más me insistió—me recuerda la gitana echándome una mirada fulminante—Así que ahora, trio de mimadas, es hora de que asuman la responsabilidad que tienen aquí. Solo ustedes pueden…

—¡Quiero volver a la Tierra ya! —chilla Vedetta, sobresaltando a Rek y Gyula. Nosotras asentimos, complemente de su parte—¡Y no me refiero al país ese donde supuestamente es Akari, sino al otro mundo donde hay gente normal!

Vedetta camina directo hacia la puerta y nosotras la seguimos de inmediato. ¿A dónde vamos? Que carajos importa, tiene que ser lejos de aquí ya.

—¡Espera! —como una ráfaga de viento, Rek está delante de Vedetta, sorprendiéndonos. Esta se hace hacia atrás empujando a Kari y ella a mí—Hemos estado esperando por mucho tiempo. ¡No pueden irse! ¡Mucha gente depende de ustedes! ¡Muchos han sacrificado sus vidas en su espera!

—¡Aléjate, raro! —Vedetta lo empuja, pero el tipo no se corre un centímetro y eso que ella tiene fuerza—¡No me vengas a pedir algo así! ¡No sobreviviremos ante esos locos! ¡Ni siquiera sabemos usar nuestros poderes!

—¡Pero aprenderán! ¡Enserio! —insiste el pelinegro con cierta desesperación en su voz—¡No pueden largarse y dejarlos morir! ¡El rey del Rayo planea atacar a las tierras que queden sin conquistar!

Vedetta nuevamente intenta irse y Rek la sostiene desde los brazos, impidiéndole el paso. Se remueve con brusquedad, intentando salir de su agarre. Yo estoy por adelantarme y darle una tunda sino suelta ahora mismo a mi chica, pero la desesperación pura de sus ojos hace que me detenga, y creo que por ello Vede ya no se retuerce.

—Las necesitamos.

La sala se queda en silencio mientras él la sigue sujetando. Kari aprieta fuerte mi mano sin voltearse y le devuelvo el apretón. Está asustada, impactada por todo lo que se nos fue revelado y lo cierto es que yo también lo estoy. No sé qué mierda podríamos hacer, no lo sé. Una cosa es enfrentarse a Chen y sus mierdas y otra es salvar a seis naciones enteras porque un psicópata se le ocurrió gobernar al mundo. ¿Qué no tenía otra maldita idea? Tan cliché.

—Siéntense, tranquilas. —dice suavemente Gyula —Respiren profundo y relájense.

Kari lo hace, inspira por la nariz y exhala. Vedetta igual. Yo no puedo, en cualquier momento me voy corriendo de aquí.

—Todavía hay cosas que explicar, así que cálmense. Traeré té.

—¡No quiero té, quiero mi vino! —chillo exasperada, dirigiéndole una mirada fulminante a Rek, quien suelta de inmediato a Vedetta.

—No puedo dártelo.

—¡Entonces, dame otro que tengas, pero dame alcohol!

Ni tonto ni perezoso, el chico a la velocidad de la luz ya ha dejado una copa en mi mano y me sirve. Me cae un agua de valde frio por la sorpresa ¿Espera que seamos tan veloces como él?

—¿Qué tienes? ¿Súper rapidez? —suelta Vedetta con sarcasmo.

—No, solo use el shumpo.

—¿El qué?

—Variaciones aparte —interviene Gyula y acepta la copa que Rek le ofrece.

—¿Ustedes quieren?

Le sirve a Vedetta y se lo pasa, antes de que pueda servirle a Kari, le paso mi copa y le arrebato la botella, tomando del pico un largo sorbo.

—Que fina.

—¡Fina y brutal, no me jodas!

Se sobresalta, mirándome como si fuera una rareza.

—Cuando te alteras el sharingan aparece—saca una libreta del bolsillo trasero de su pantalón y una lapicera. Empieza a notar. Yo lo mato—Es un poco distinto de Koen, pero suponiendo que el sharingan reacciona ante emociones muy fuertes. Los del Fuego sí que son una rareza…

—¡Déjate de juegos, tonto! —Vedetta le da un zape, distrayéndolo—Si te mata no nos hacemos responsables.

—Solo eran unas notitas —rechista de mala gana y la guarda.

—Ya pues, ya tienen los vinos, ahora cálmense y siéntense—ordena Gyula, pero ninguna acata la orden. Suspira cansina—Chicas, sé que es difícil, pero, por favor, intenten tomárselo más relajadas.

—Habla, Gyula. Estoy lo bastante emocional como para sentarme —Kari bebe de a tragos largos su vino. Su mano tiembla al igual que su barbilla. —Empieza desde el principio.

La gitana abre la boca para hablar, pero unos fuertes golpes se escuchan desde la puerta, alertándonos. Nos quedamos calladas al instante con la vista en aquella dirección. Vuelve a sonar con más fuerza, alertándonos.

—¡Escóndanse! —modula Gyula.

Nos alteramos y chocamos entre nosotras, tratando de hallar un lugarcito entre este loquero para escondernos. Vedetta se tira arriba del sillón y se tapa con una frazada, revoleo los ojos por su genial idea. Ojos de rana le quita la frazada y le hace señas para ir hacia la habitación. La puerta suena más fuerte esta vez. Nos vamos de puntitas de pie hacia el escondite, pero a Kari se le enredan las piernas y termina por empujar a Vedetta que me empuja a mí: término tirando una de las pilas de libros. Rek y Gyula se dan golpean la frente con la palma de la mano.

—¡Atther ya sé que estás ahí! ¡Ábreme! —exclama una voz masculina desde el otro lado y golpea con más fuerza—¡Abre o voy a carbonizar tu puerta!

Rek suspira resignado y nos hace una seña para que nos calmemos.

—Tranquilos, es un amigo.

—Nadie puede saber que ellas están aquí.

—Es uno de los alumnos de elite, no te preocupes, Gyula—afirma Rek, dándonos una sonrisa confiable—El general y el maestro lo han elegido como uno de los guarda espaldas. Seguro viene con Solei, el otro guerrero.

Pese al impacto, Vedetta se las arregla para darle un codazo bromista hacia Akari, aliviando mi tensión pero causando que esta le mire mal. Rek se dirige hacia la puerta y la abre, casi siendo arrollado por el muchacho. Es alto, tez pálida, de contextura delgada y hombros anchos, cabello negro hacia un costado y sonrisa juguetona en el rostro.

—Sí que te tardaste, idiota. No podíamos ir a la academia con Solei muerto de ebriedad—camina aun mirando en dirección hacia Rek con el chico a su espalda como si no pasara nada—Tuviste que verlo beber a montones solo porque lo rete a una competencia, no se dio cuenta que lo único que tome fue agua. Vaya tont—

El discurso se le corta cuando nota que esta Gyula, levantando las cejas, burlón.

—Oh, así que estas con una señorita. Sabía que te gustaba lo extravagante, pero no tan grandes—Gyula le echa una mala mirada, haciendo que su sonrisa de idiota se extienda aún más. —Y parece que tienes más visitas.

Su mirada de pronto recae en nosotras. Hacemos contacto visual.

Y simplemente sucede.

Me desconecto.

El pecho se me cierra mientras los retorcijones en mi estómago me hacen perder el aliento. Imágenes pasan por mi cabeza tan rápido que no puedo memorizarlas, ni una se queda en mi mente, pero si la pesadumbre y un fuego interno que me rompe por dentro. Son sus ojos marrones que me envuelven, tirando de mí hasta una profundidad que hasta el momento no recordaba, mas no desconocía. El mal presentimiento se asienta de golpe al igual que el temblor en todo mi cuerpo. Me exaspero, diciéndome a mí misma que es el instinto, solo eso. Mi mentira no funciona tan bien.

El chico deja caer al otro de golpe, cayendo al suelo como si fuese un saco de patatas. No se despierta, solo suelta un quejido de dolor. Rek suelta una maldición al aire mientras levanta al pobre ebrio y lo acuesta en el sillón.

—¡Cuidado que de por sí ya está medio muerto!

Pero ni le pela. Su sonrisa juguetona ha desaparecido mientras sus ojos simplemente pueden observarme con tanta profundidad que me cala hasta lo más profundo de mí ser. Se acerca con pasos lentos y marcados, tensándonos. No le quito la mirada en ningún momento, no puedo hacerlo. Es como si en cualquier momento desapareciera y solo tuviera estos segundos para observarlo, casi con temor. Queda al frente de mí, tengo que levantar la cabeza para mirarlo, es muy alto, quizá un metro ochenta o más.

Suelta un suspiro como si hubiese retenido la respiración.

—No puede ser.

—¿Qué? —me atrevo a preguntar dando un paso hacia atrás.

Me detiene sujetándome de uno de mis brazos, sacando jadeos a las chicas.

—Por los dioses —susurra, aun sin perderme de vista.

La incomodidad me azota, pero no puedo alejarme de él.

—Oye, Zero, las estas incomodand…

—Shhh —lo calla el tal Zero. Mi corazón late tan fuerte, como nunca en la vida lo hizo. Jamás. La sonrisa juguetona del chico comienza a extenderse muy despacio y menea con la cabeza—Mierda, creo que me enamore.

Recupero mi postura de un santiamén, fulminándolo con la mirada. Le saco su mano con brusquedad y él se deja sin perder esa sonrisa y sus ojos en los míos.

—Genial, un imbécil.

—Mal carácter—asiente con la cabeza levemente. Su sonrisa se extiende aún más, ladeando la cabeza hacia un costado— Me encanta.

Frunzo el ceño observando al idiota e intento pasar de él, demasiado tensa como para seguir tan cerca de él. Me bloquea al instante, divertido por mi reacción. Intento pasar del otro lado, pero vuelve a bloquearme.

—No estoy de buen humor —aprieto con fuerza los dientes al igual que mis puños.

—Y yo estoy de muy buenas.

Chasqueo con la lengua, perdiendo la paciencia.

—Tranquila, solo bromea —dice Kari a mi lado.

—Esto es mejor que tu drama con Solei —le susurra Vedetta, ganándose un zape de la castaña.

—Yo no estoy bromeando, muñeca —Zero se dirige a Kari sin quitarme los ojos de encima—Nunca había visto una chica tan hermosa y perfecta como tú. ¿Cómo te llamas?

—Que ti.

—¿Queti? —frunce el ceño, divertido—Jamás escuche ese nombre.

—¡Que te importa! ¡Solo sal de mi camino!

Intento darle un puñetazo. Todo sucede muy rápido. Se hace hacia un costado y levemente siento su pie tocar mi pierna, impulsándome con fuerza hacia adelante. Las chicas sueltan un chillido mientras yo recién estoy reaccionando que iré contra el suelo, y, en un momento a otro, estoy como una maldita película cliché: sus brazos sosteniendo mi cintura, tan cerca de su rostro que casi me da un paro cardiaco. Nuevamente, sus ojos me desconectan de la realidad mientras su sonrisa hace que aguante la respiración.

—Definitivamente, vas a ser mía.

La sorpresa me dura poco y lo empujo en vano porque no se mueve para nada, solo consigo hacer que se divierta aún más.

—¡Quita tus manos de mí, idiota!

—¡Oye, suéltala!

—¡No lo toques, Vedetta! —grita Rek. De un momento a otro, esta frente a las chicas, impidiéndole el paso. Yo sigo luchando contra él, impotente por no poder quitarlo—Zero, déjate de bromas. Suéltala.

—No estoy bromeando —su rostro se vuelve serio, pero no pierde el brillo juguetón ni apasionado en sus ojos—Me encanta. Tiene que ser mía.

—¡Suéltala ahora mismo! —exclama Gyula, haciendo vibrar la tierra. Si hace que me suelte, juro no volver a joderla—¡No sabes quién es! ¡No seas irrespetuoso y suéltala!

Zero se ríe como si todo resultara una jodida broma para él.

—Claro que se quién es— lleva una mano hacia mi pecho, quitando la cadena de plata que lleva directo hacia mi piedra, sacándola hacia afuera. Sus ojos brillan de emoción—Valeska Hae, la princesa del Fuego.

—¡Dijiste que estaba con nosotros! —reclama Kari hacia Rek —¡Haz algo!

Un espiral de rayos amarillos nos rodean en círculos, asustándome. Esto ya no es una joda, es un maldito psicópata.

—No intervengas, Rek. Sabes que me pongo violento cuando no obtengo lo que quiero —basta una mirada seria y asesina para detenerlo, pero Rek aún se ve dispuesto a intervenir.

—Sabes que yo también puedo ser lo bastante violento cuando actúas como imbécil.

—Lo sé —se encoge de hombros, no quita el circulo de rayos de nosotros. Vuelve hacia a mí, intimidándome con sus ojos de depredador. Ahora mismo el apodo bunny me viene bastante bien en brazos de un lobo feroz. Sin embargo, su mirada se suaviza, casi con ruego y amor. Toma un mechón de mi cabello y lo lleva hacia sus labios, besándolo. La respiración termina por abandonar mis pulmones, sintiéndome cautivada. —Es un placer conocerla, Su Majestad.

Mi corazón me duele a montones, no deja de latir que tengo miedo que lo note. Sus ojos varían de mis labios a mis ojos. Empieza a acercarse, muy lentamente. El jadeo mis amigas me vuelven a la realidad, así que aprovecho el momento en que cierra sus ojos, tan cercano a besarme, para encajarle un puñetazo en la mejilla. El chico sale volando con una ráfaga de fuego hacia el costado, lejos de mí. Gyula tiene que correrse rápido porque el tipo acaba en el sofá y este se da vueltas, provocando un ruido estruendoso. Menos mal que Rek puso al otro chico en el otro sillón.

Caigo de pompas al suelo y de inmediato mis amigas me levantan. Tengo que sostenerme de ellas con la respiración agitada y las piernas temblando.

—¡Mi sofá del mundo humano! —chilla Rek con dolor.

Las carcajadas del chico resuenan por toda la cabaña, intentando levantarse mientras Rek va con una botella de agua cercana a sus extrañas plantas para apagar el fuego.

—¡Eso estuvo de putas madres! —chilla el chico lanzando un grito al aire, apareciendo de golpe con su sonrisa juguetona. Rek lo asesina con la mirada, seguramente deseando que se muera ahí mismo y no es el único. —¿Viste eso? ¡¿Viste eso?! —le da dos golpes en la espalda, saltando de alegría. Expulsa el aire contenido con emoción, mirándome. Sus ojos me ponen tensa, por lo que las chicas me toman de la mano—¡Carajos! ¡Solo cásate conmigo, princesa! ¡No me la puedo creer!

—¡Cállate, descerebrado, y aléjate de nuestra chica! —Vedetta se interpone en delante de mi mientras Kari me abraza. Yo le abrazo devuelta, realmente asustada. Ese chico no me gusta.

—¡No puedes pedirme eso, lindura! —le grita Zero de regreso, aun emocionado y saltando. Se tira al suelo sobre el sillón, dejando caer sus manos alrededor de su rostro y observándome con sus ojos brillando—Creo que jamás, enserio que jamás, me había sentido así. Tiene que ser amor, ¿cierto, Atther? —le da un manotazo a Rek, haciéndolo rabiar más.

—¡Que se yo, estúpido! ¡Ya la asustaste así que olvídate!

—¡No puedo! —se para de inmediato. Parece como un niño, de aquí para allá. Se va hacia Gyula, quien no retrocede, pero no le quita la mirada fulminante—Usted es una gitana ¿verdad? ¡Solo predígale el futuro que se casara conmigo! ¡Que está destinada a estar en mis brazos!

—Así que tú eres Zero Rockbell —masculla Gyula, desconfiada—El general y el maestro me hablaron de ti y de tu… peculiar personalidad…

El pelinegro se para recto como soldado y le toma la mano, dándole un beso en el dorso. Gyula ni se inmuta y se la quita con brusquedad.

—Aquí el mismísimo poderoso y guapo, Zero Rockbell. Para servirle a las guerreras, sobre todo a la princesa del Fuego—me guiña un ojo, causándome escalofríos.

—¡Muérete, imbécil! —lo insulto, odiándome por ponerme así ante él.

Se lleva una mano al corazón y finge dolor, soltando una estruendosa risa.

—¡Esta desquiciado! —vocifera Kari molesta.

—¡Desquiciado le queda poco! —Vedetta se para en forma de grulla—¡Atrévete a pasar sobre mí, loco! ¡Te voy a pulverizar! ¡Se kung fu!

Pero eso no hace más que darle más gracia al chico, tanto que se quita un par de lágrimas de sus ojos. Se acerca, esta vez más tranquilo. De todas formas, nos amontonamos, yo en el medio y con miedo, como una completa cobarde refugiándome en mis amigas cuando he sido yo la que siempre las protegí. Rek no interviene, más preocupado por su sillón que en nosotras, Gyula tampoco, pero no baja la guardia. Zero queda frente a nuestro con una sonrisa juguetona en el rostro y se para bien derecho, llevando una mano hacia atrás y la otra convertida en puño directo al corazón.

—Guerrero Zero Rockbell para servirles, señoritas—nos guiña un ojo juguetón—Siento que haya sido demasiado explosivo nuestro primer encuentro, pero no se encuentra un ser tan bello y perfecto como la princesa del Fuego. Será un placer para mi dar mi propia vida para que cumplan su misión.

—¡Tu ni loco te vienes con nosotras! —Akari me aprieta más contra si—¡Mucho menos por lo bruto que fuiste!

—Lo lamento, no pude evitarlo. Es hermosa—suspira observándome. Me da de nuevo escalofríos.

—¡Ya lo sabemos y lo sabe, pero no te pases!

—Ya, ya —levanta las manos al aire sin perder su actitud juguetona y da tres pasos hacia atrás—Prometo comportarme de ahora en adelante. Soy un poco impulsivo, lo siento.

—Solo mantente alejado de mí, fenómeno—junto coraje y paso al lado de él con las manos entrelazadas de Kari y está sujeta a Vedetta. Vamos hacia Gyula, quien enseguida me recibe preocupada, echándome un vistazo mientras me sostiene de los brazos—Estoy bien. Solo ignora lo que paso y cuéntanos que fue lo que sucedió.

Ella parece dudar porque de reojo observa a Zero. Este se cruza de brazos parado donde está, aun sonriendo. Me gustaría borrarle esa sonrisa de un puñetazo al estúpido.

—Descuida, gitana, yo ya estoy enterado de todo. Soy una persona leal, por lo que verás.

—No lo serás tanto si antes estabas del bando enemigo—replica Gyula.

Frunzo el ceño con confusión y volteo a ver hacia Zero, quien deja su actitud juguetona para dirigirle una mirada fuerte. El ambiente se tensa, sintiendo la gravedad más pesada. De golpe se aligera y vuelve a sonreír.

—Te pediría que no hables de lo que no sabes, gitana. Hoy me encuentro demasiado exaltado, podría hacer algo de lo que me regañaran después.

—Zero—advierte simplemente Rek sin dejar de mirarlo.

—Tranquilo, amigo —le sonríe con confianza—Solo es una pequeña advertencia.

—Carajo, ¿por qué no está Koen despierto? —masculla Rek exhausto. Debe ser difícil lidiar siempre con él.

—Ni que Solei pueda hacer mucho. Tenemos el mismo nivel los tres.

—Sí, pero al menos los dos te patearíamos el trasero

Zero se ríe —Eso creen ustedes, estúpidos.

—¡Ya! —chilla Vedetta, exasperada, sobresaltando al pelinegro y divirtiéndolo al mismo tiempo —¡Estamos tratando de averiguar nuestro triste pasado con un futuro incierto y al parecer jodido! ¡Deja de interrumpir!

—Espera —Zero frunce el ceño y mirar hacia la gitana y Rek—¿Aun no les han dicho?

—¡Eso iban a hacer hasta que tu viniste y armaste todo ese lio!

Abre la boca con sorpresa falsa y asiente. Hace como si cerrara su boca y eche la llave hacia un lado, sonriendo finalmente. Gyula suspira, mascullando que luego maldecirá al general Nat por ponerle semejante chico en el grupo, pero Rek le dice que es uno de los mejores y que sin él sería difícil completar la misión. Lo cierto es que no me agrada saber que podría estar con nosotras más tiempo del que quisiera. Simplemente escuchare y me largo, lejos de ese loco.

Con el ambiente más tranquilo, Gyula se para en el centro de la habitación, detrás de la chimenea. Nosotras nos sentamos en el sillón una vez que Rek lo vuelve a poner correctamente.

—Atther, ¿quieres hacer los honores? —pregunta la mujer hacia el chico, quien asiente

Saca la libreta detrás de su bolsillo. Nosotras retomamos nuestro amor al vino gracias a que Gyula nos pasa la botella, no queremos ni acercarnos al desquiciado.

—Valeska Hae: princesa del Fuego. No hay necesidad de explicar demasiado tu paradero—aclara su garganta y se dirige a ojos de rana —Akari Zubiri, precedente del país de la Tierra e hija de guerreros del lugar.  Vedetta Zinia es hija de los Elite 1 del País del Aire.

—Ósea, que nosotras somos de distintos países —comenta Vede con el ceño fruncido—¿Pero cómo es que acabamos en la Tierra y juntas? Y no hablo de donde es Kari, sino de…

—Sí, lo sé —le interrumpe Rek asintiendo—a eso me dirigía.

—Yo lo único que escucho es que repites lo mismo que Gyula.

—Chicas, paciencia —pide Kari igual de ansiosa y nerviosa como nosotras.

—Bien, les contare un cuento que suelen leerles a los niños de aquí —Rek toma el mismo libro con el que leyó la profecía.—Es importante que escuchen bien la profecía de nuevo. No se quejen.

Pongo los ojos en blanco. Para mi desgracia, hago contacto visual nuevamente con Zero, quien me lanza un beso. Le muestro mi dedo del medio, pero el maldito solo se divierte.

“Hace siglos atrás, mucho antes que sus padres nacieran, mucho antes que sus abuelos, bis abuelos, tara abuelos y tara-tara abuelos nacieran, el mundo en el que lo conocemos se dividía en dos: personas con poderes y personas sin poderes. La paz reino durante mucho tiempo en el que no importaba nada más que sentarse en la misma mesa a compartir el pan y el vino para adorar a los dioses, creadores del universo.

Pero, la ambición y envidia del hombre fue creciendo alimentados por Susanoo, el dios del mar, las tormentas y las batallas, asentó en los corazones de aquellos que no nacían con alguna particularidad, ósea, sin poderes o dones. Azotados por la injusticia, se levantaron contra los demás dioses y crearon caos, disturbios; destruyendo la paz en lo que hoy llamamos “Planeta Tierra”. Buscando una solución ante esto, los dioses decidieron formar un nuevo lugar donde aquellos con particularidades fueran enviados a una tierra. Un paraíso en el cual no habría represión para sus poderes y serían libres de usarlo.

Desterrado por su maldad y Susanoo, el dios del mar, las tormentas y las batallas, juró vengarse por evitar la sangrienta guerra que había cosechado con tanto fervor.

Finalmente, se creó Samariv.

Sāmariv significa armonía viva y es el nombre del mundo mágico paralelo a la Tierra. El origen del nombre se da por el equilibrio perfecto que hay entre los seis países que lo componen, y con los seis países, las 6 piedras preciosas que constituyen la magia suprema. "Viva" viene de que, mientras haya equilibrio y paz, habrá vida y prosperidad. Si esta paz se ve amenazada o rota, la vida decaerá gradualmente, acabando con todo Sāmariv.

Es por eso que las seis piedras pertenecen a los reyes de cada país, que viven en paz y equilibrio en cada generación.

Eso fue hasta que el Rey del amor y la guerra rompió con aquel tratado.

El Rey del Rayo, Thanatos Ozk, siempre tuvo conflictos con los demás Reyes en sus generaciones de gobierno. Sus ideales siempre han sido diferentes: cree en el dominio por el poder y el temor, no apoya la igualdad entre mestizos y samarivanos puros, cree en las clases sociales dadas por la magnitud del poder de cada individuo. Comenzó cambiando las leyes y la sociedad en su reino, y fue apoyado por las familias más viejas y apegadas a la roca izquierda.

Sus ideales provienen del antiguo Rey Tempesta del Rayo, quien fue el más poderoso e invencible elemental del Rayo Azul de la historia de Arkayv. Él creía en dominar a los demás elementos, porque el rayo, con su devoción al amor y la guerra, era la causa y principio de todo.

Cientos de generaciones después, la historia se repitió con el Rey Thanatos. Suele escucharse por los ancianos que fue un guerrero leal y audaz, dedicado a su pueblo y a la misión encomendada por sus ancestros. Se cree que Susanoo ha metido su influencia sobre él, desarrollando un amor insano y enfermizo hacia el poder y deseos de venganza.

Los sabios de Samariv, hace cientos de años, escribieron profecías cuya mayoría permanece oculta para todos menos para los reyes y los élites, y unos cuantos samarivanos confiables. En una de las profecías, se escribió que uno de los Reyes del amor y la guerra, acabaría ensuciando su mano con sangre noble.”


“Aquel rey del amor y de la guerra
Querrá cambiar la historia
Querrá dominar más que los sabios,
Más que sus antiguos, más que sus colegas
Ensuciará su mano en sangre noble.
Pero, de igual forma, nacerá un lucero con la herencia del equilibrio total
Y del dominio de la madre natura
Que podrá cortarle la mano ensangrentada
Y devolver la paz a la tierra samarivana.
Tres fuertes guerreras,
Las tres guerreras más poderosas, sabias y valientes
Que han nacido entre las seis naciones
Serán la clave para que el heredero lleve a cabo su misión.”


Y eso fue lo que pasó.

El día en que la paz murió contaba con un nacimiento peculiar. Un nacimiento que debía ser motivo de celebración para los habitantes del país de la Tierra: el nacimiento del heredero del trono, el primogénito de la Nación. El heredero que Samariv esperaba hace antaño.

El Rey del Rayo calculó y sus espías le informaron cuando el heredero de la Tierra estaba naciendo. Y esa noche, atacó simultáneamente. Sus espías y tropas atacaron a los diversos palacios, en busca de cada piedra mágica. Al mismo tiempo, él fue a la aldea de la Tierra, con el único propósito de asesinar al bebé y de tomar la piedra para sí.

Sin embargo, los reyes de la Tierra estaban preparados para aquello, junto con la Elite 1 del Aire, la nobleza del Fuego y sus guerreros más fieles. Encargaron a una hechicera hacerse cargo de las piedras, y de sus bebés: la primera recién nacida, la segunda de seis meses y la tercera de cuatro. Las tres acompañarían al heredero del equilibrio en su travesía.

Por desgracia, el Rey del Rayo salió victorioso. Mato al heredero del equilibrio, trayendo desgracias en todo el mundo.

Poco y nada se sabe del paradero de las demás niñas. Se dice que la procedente del País de los Vientos fue entregada a las ninfas, las únicas que podrían protegerla de las manos del rey, quien la ansiaba por una habilidad única y especial que él quería y podría ser motivo de su destrucción.

La segunda se especula que también haya muerto, pues nació el mismo día que el heredero de la Tierra y puede que el Rey del Rayo la haya matado para cerciorarse.

Se cree que la princesa del Fuego está desaparecida en algún pueblo perdido, sin saber sobre sí misma y su existencia. La Reina Fuego desapareció aquel día. Poco tiempo después, el Rey Fuego también. El trono vacío ha quedado en manos de la Nación del Rayo, sumergiéndolo en un profundo invierno.”


—¿Ya terminaste? —inquiero al cabo de unos segundos de un incómodo silencio. Rek asiente—Muy bonita la historia.

—Un poco escalofriante si piensas detenidamente que es cuento de niños—comenta Vedetta.

—Y pensar que nosotras nos quejábamos por Caperucita Roja cuando éramos niñas —murmura Akari y estamos de acuerdo con ella.

—¿El punto? —insiste Gyula para que vayamos directo al grano.

—Akari está muerta. Vedetta se fue con las ninfas y yo ando vagando en algún lugar sin saber que soy princesa.

—Hasta esta noche no lo sabias —señala Rek.

—Sí, pero…

—Es raro —completa Akari por mí—A lo que voy es que estamos vivas. Esa historia no es real. Y no le veo el chiste de contársela a los niños de noche.

—Es para que tengan esperanzas—dice Zero hablando por primera vez con una sonrisa más suave en el rostro—Esta profecía ha estado entre los nobles durante siglos. Después de la guerra, decidieron hacerla publica junto con lo que sucedió aquella noche. Lee la última parte, es mi preferida.

Rek asiente, retomando el libro.

—“Así que, niños míos, en este cuento, por muy triste que sea, hay una moreleja como en todos: No inventes con lo que no conoces”—el estómago se me revuelve y no es necesario mirar hacia las chicas, lo saben también: Mary solía decirnos todo el tiempo aquella frase cuando correteábamos asustadas ante la manifestación de nuestros poderes—“No conocemos si de verdad se han perdido estas vidas. Si están desaparecidas, si han ido con las ninfas o con los dioses. Si realmente el heredero del equilibrio ha muerto al igual que sus guerreras y nosotros nos hallamos desamparados entre los rayos y relámpagos. Si realmente tenemos salvación.

Lo cierto es que las historias son escritas por aquellos que ganan las guerras, o, en este caso, la batalla. Solo tenemos una sola cosa a la que aferrarnos para mirar hacia el futuro: esperanza. Sigamos creyendo en los sabios que dictaron hace años esta profecía. Hasta ahora, no se han equivocado. La guerra acabara y en Samariv volverá a gobernar la paz.”


—Sabemos que no es real, por algo están aquí—Gyula nos saca la botella de vino media vacía y ninguna rechista por ello—Esta historia se creó luego de que ustedes desaparecieran de Samariv para mantener la esperanza en los habitantes. Muchos han esperado por ustedes. Muchos hombres han ido a la guerra y muerto esperando a que aparezcan. Se lo deben.

Si soy sincera, no creo deberle nada a nadie. No los mande a morir por mí ni por las chicas. Sus elecciones basadas en una profecía y un cuento para niños no son lo ideal si se plantea ir a las batallas con una muerte segura. Sin embargo, no digo nada. No podría hacer tal deshonra a sus memorias aunque por dentro piense lo que pienso y sienta lo que sienta.

—¿Y qué paso con nuestros padres? —inquiere Vedetta, haciendo la pregunta que todas esperamos saber desde hace años.

—Eso es otra historia —dice Gyula de inmediato sin ninguna expresión—Y no creo que sea un momento para contárselos. Todavía es demasiado pronto.

—Yo quiero saber —insisto con ansiedad.

—Creo que tenemos el derecho, Gyula—Kari se levanta y nosotras la seguimos—Por favor, necesitamos saberlo. Hemos esperado esto por diecinueve años.

La gitana parece indecisa. No quiere hacerlo. Algo en su mirada me dice que no va a gustar para nada, pero no es como si de todo esto hubiera algo lindo.

—En vez de contárselos, pídanle que lo muestre.

—¡Zero! —chilla Rek en dirección—No.

—¿Mostrarlo?

—Las mujeres como ella pueden mostrar una visión del futuro en forma de ilusión.

—Gracias por brindar el dato —Gyula le envía una fulminante que Zero responde con una sonrisa divertida.

Sin escapatoria, las tres rodeamos a Gyula con los brazos cruzados, listas para lincharla si la desgraciada se atreve a negársele. Hablo por todas cuando digo que el vino nos pone violentas y no querrá saber hasta dónde. Suelta palabrotas y maldiciones, pero la decisión está tomada. Eso o la dejamos calva, que luego no ande lloriqueando.

—Lo que verán a continuación es una visión del pasado, por lo tanto, no se asusten por lo que continua—advierte mirándonos fijamente, quizá esperando que nos arrepintamos, cosa que no va a suceder. De pronto mira hacia a mí con mala gana. No es hasta que me doy cuenta que Zero esta atrás de mí, sonriéndome como chico bueno.

—¡Aléjate! —le empujo y queda al lado de Rek, divirtiéndolo. —Que sea rápido, por favor.

Kari lo mira feo al igual que Vedetta, rodeándome. Yo me dejo, aun perturbada por el tipo y odiándome porque se haga notar. Este loco.

Gyula empieza a murmurar palabras que no comprendo del todo, parece un latín viejo, de inmediato supongo que debe ser la antigua lengua samariviana. Sus ojos se ponen blancos mientras la intensidad de las llamas de la chimenea comienza a elevarse con más y más fuerza. Una ventisca nos golpea el rostro y nosotras no nos separamos. Puedo sentir mi corazón latir con fuerza ante la ansiedad y el de las chicas. La verdad, la absoluta verdad está delante de nosotras y la descubriremos en este instante.

La gitana lleva sus manos hacia arriba, grita palabras que se distorsionan y golpea sus manos en el tope, sumiéndonos en la oscuridad.


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Re: Samariv.

Mensaje por Stark. el Jue 17 Mayo 2018, 9:37 pm

Once upon a time


19 years old:

Como si sufriera de vértigo, la garganta se me cierra y mi respiración se vuelve irregular. Aprieto fuerte las manos de las chicas, siendo el único tacto que tengo en estos momentos.

—Tranquila —dice Kari, reconfortandome—Estamos aquí contigo.

Vedetta asiente apretando mi otra mano. Es lo único que me alivia, aunque sea un poco. La oscuridad jamás fue de mi agrado, me hacía temer tanto que me costaba dormirme y por mucho tiempo tuve que dormir con la lámpara prendida. Estar así a completa oscuras no hace más que revivir viejos miedos, sobre todo cuando viene a mí el sueño que tuve la noche pasada.

Jae.

Empujo toda idea del sujeto lejos, recordando que todavía tengo el dibujo de Vedetta guardado. No le he echado otro vistazo.

De golpe y porrazo, somos arrastrados en la oscuridad, aproximándonos a una luz roja. De mi vientre siento un tirón y como nos vamos volviendo líneas, delgados y casi inexistentes. La luz roja se va haciendo cada vez más grande, mas y más, tanto que ya casi llegamos, ya casi...

Fuego. Todo es completamente fuego. Estamos en medio de una guerra a nuestro alrededor. Hay soldados peleando unos contra otros, utilizando poderes de tierra y rayo, otros usan el fuego, dominándolos con maestría. Vedetta suelta un gritito, y solo le sostengo con más fuerza la mano.

—Aquí es donde inicio la guerra—dice Gyula dándose la vuelta y caminando sin más hacia donde está el castillo—Apúrense.

Titubeamos en ir, es Kari quien tira de nosotras y nos obligamos a nosotras mismas avanzando. Hay charcos de sangre por todas partes. Acelero el paso con una sensación de miedo y amargura en mi garganta. Van muriendo, cayendo de dolor. Me produce escalofríos pese a que paso hace 19 años, pese a que solo sea una ilusión: vidas que se perdieron para proteger el castillo.

Apenas ponemos un pie dentro somos transportados hacia una recamara oscura. Hay mujeres allí, no podemos distinguirlas por la oscuridad, lo único que alumbra es una vela con una suave llama.

—A sus posiciones, mis damas —dice una señora grande, por sus vestimentas y joyas, sé que es una gitana. Gyula murmura que es su madre.

El espejo de la habitación que ocupa el alto de la pared y casi la mitad del ancho, cambia drásticamente. La superficie parece derretirse, ondeando como si fuera líquido. Aparece un lugar de inmediato y lo reconozco: el orfanato. Se oyen gritos tras gritos y estallidos por doquier. La puerta empieza a ceder por más que este siendo retenida por un tipo de magia. Tres veces lloran con toda la fuerza de sus pulmones, asustados. Se voltea hacia las tres mujeres, asintiendo con la cabeza y se mantiene aún lado del espejo.

La primera en acercarse es una mujer de vestido celeste con el cabello castaño ondulado cayendo sobre su espalda en forma de cascada. Tez morena, ojos marrones y facciones bellas, no es difícil reconocer quien es y a quien lleva en brazos: es la mama de Vedetta. Aprieto con fuerza su mano. No puedo verla, pero sé que esta echa un mar de lágrimas. Su madre también está llorando, solo que se muestra más calmada y tranquila. Le besa la frente y le susurra algo en el oído como si fuera solo el secreto de ellas. Con dolor y pesar, le entrega él bebe a la gitana. Vedetta es introducida al portal, desapareciendo de inmediato.

La segunda que avanza es una mujer de vestido rojo elegante. Su cabello rojizo se mueve al son de sus pasos, lo bastante largo para llegar a sus rodillas. La observo de perfil con la luz que alumbra desde el portal y se me escapa el aliento: ojos rasgados, ojos marrones, dientes de conejo y atractiva, rebalsando elegancia digna de una reina: es mi mama. Sus labios tiemblan mientras su expresión dolorida no se oculta, parece tragarse las lágrimas aunque están por rebalsar de sus ojos. Le da una última acaricia al bebe antes de entregársela a la gitana. Hally la espera a un lado, aun sufriendo por la pérdida de su bebe. Ambas pasan al lado de una mujer de cabellos castaños casi rubios con un piyama blanco, esta de espaldas sosteniendo a un bebe recién nacido entre sus brazos, maceándola con amor. Kari suelta un sollozo y se tapa la boca. Es su mama.

La madre de Vedetta y la mía caminan en nuestra dirección y el corazón me tiembla con fuerza: quizá es la primera y última vez que vea a mi madre y no pierdo ningún detalle de ella. Me parezco lo bastante para decir que soy su hija. Ese rostro que miles de veces quise conocer, un rostro para recordarla en vez de tener una imagen en blanco cada vez que pensara en ella: está aquí, directa a mí. Casi siento la necesidad de abrazarla y, por un momento, Vede y yo damos un paso hacia al frente, pero nos pasan de mas, como si fuéramos fantasmas, yendo hacia la puerta, hacia la muerte.

La tercera mujer de cabellos castaños y rizos sueltos es tan bella como las demás mujeres. La sonrisa de amor puro que cruza por su rostro mientras sostiene con amor a su hija es única. Susurra muy despacio, pero aun así somos capaces de escucharla.

—Cuídate mucho, mi Akari. Se siempre alegre y feliz.

Akari es entregada a la gitana.

Otra mujer de cabellera negra y larga se acerca con un bebe llorando en sus brazos. La luz reluce con fuerza de su cuerpo y de inmediato lo sé: el heredero del equilibrio.

En ese momento, la estrella estalla de golpe y todas soltamos un grito.

La visión termina de golpe encontrándonos en un día lluvioso como ningún otro. Hay truenos y relámpagos en el atardecer nublado. La lluvia logra empaparnos por más que sea una visión, no más el frio en el cuerpo no nos afecta, solo tenemos otro tipo de frio, como el de un corazón roto. Tres canastos de niñas flotan en el aire mientras que las gotas de lluvias parecen evitarlas, el llanto no cesa de sus pequeñas bocas soltando con fuerza. La gitana los lleva con una pequeña a su lado, lloriqueando al igual que las bebes, triste.

—No llores, Gyula. No eres tú la que ha perdido a su madre.

—¡Esto no tuvo que haber ocurrido! ¡Es tan injusto!—exclama la niña aun llorando, dejando que sus lágrimas se mezclen con el temporal.

La mujer no responde, llega hasta el pórtico con las bebes flotando y nosotras siguiéndola por detrás. Solo nosotras tres. Nos han dejado este momento. Los canastos son dejados en el suelo, la gitana se agacha y nos toca la frente, calmándonos y haciéndonos dormir. Toma la bebe del extremo izquierdo y le coloca alrededor del cuello una piedra negra, toma la del extremo derecho y deja una la otra naranja-rojiza. En el medio de la última bebe, deja la carta.

Gyula lloriquea aún más.

—No te sientas triste, cariño—la consuela su madre, acariciándole su rebelde y ondulado cabello—Al menos se tendrán entre ellas.

El escenario cambia a un cementerio, pero no ha dejado de llover. Frente a nosotras, la imagen de la madre de Vedetta siendo unos años más grande nos saca un jadeo de sorpresa. Hay dos lapidas. En ambas deja un ramo de rosas: una blanca y otra rojas. Se agacha observando con fijes a un punto perdido.

—Ya casi es hora de que lleguen. Las puedo sentir—lleva una mano hacia su pecho, tomando con fuerza una medalla—Pronto Samariv volverá a su paz y sus muertes no serán en vano, mis amigas.  

Vedetta se adelanta queriendo tocarla. Sin embargo, la presencia de un hombre con un paraguas y vistiendo una armadura la sorprende, deteniéndola.

—¿Viniste en su aniversario, cariño? —le dice con dulzura rebalsando en sus ojos y le tiende una mano para ayudarla a levantar.

Es el padre de Vedetta.

—¿Has sabido sobre Tittavi?

La mujer menea la cabeza con tristeza.

—No desde aquella noche.

—Puede que esté viva.

—Puede que no. Puede que el Rey Fuego tampoco este vivo. No lo sé. Ha pasado tanto tiempo…

Su esposo la aprieta contra si con amor. La mujer le sonríe con cariño mezclado con tristeza y lo abraza, sin dejar de mirar las lapidas.

—Ya son 19 años como estaban pactados.

—Volveremos a verla, ¿cierto? —susurra como si no lo creyera.

El hombre le da un beso en la cabeza.

—Por supuesto que sí.

Todo desaparece de nosotras, nuestro alrededor.



Cuando me doy cuenta, estamos paradas en el mismo lugar que antes, Rek y Zero detrás de nosotras y yo en el medio de Kari y Vedetta, sin una gota de agua. Gyula frente nuestro nos observa con suavidad.

—Así es como se inició todo. Siento si les mostré algo que les doliera, pero, en el caso de Kari y Valeska, al menos pudieron ver a sus madres.

—¿Mis padres…?

—Sí, están vivos. Actualmente, residen en el país del Aire, siendo aún la Elite 1 y una gran defensa contra los ataques del Rayo.

La castaña asiente suavemente con la cabeza. Yo me siento perdida, desconectada. Como si ninguna palabra pudiera describirme como realmente me siento en estos momentos.

—¿Los míos?

Gyula menea la cabeza en dirección de Akari, quien también asiente suave. Me mira como si esperara mi pregunta.

—No se sabe nada del paradero del Rey Fuego ni la Reina Fuego. No se hallaron cuerpos ni evidencia de que murieran, pero que tampoco vivieran. Lo siento.

Sumidas en silencio, cada una se toma un momento para pensar en lo suyo. Lo cierto es que no puedo pensar en nada mas hasta que no respire aire puro.

—Necesito ir a fuera—dice Vedetta despacio. No hay emoción en su voz.

Sale disparada y cierra de un portazo. La sigo casi de inmediato con Kari pisándome los talones. Por poco y nos empujamos para salir. Afuera está lloviendo y no dudo ni un solo segundo en lanzarme hacia afuera con las lágrimas contenidas y la respiración agitada.

Vedetta solloza hasta que su llanto se va haciendo aún más fuerte y por poco está gritando. Está llorando de felicidad, de felicidad pura. Kari, en cambio, se queda junto a mi lado, mojándose conmigo. Suelta una pequeña risita con pesar.

—Al menos sabemos que nos amaron. Y mucho. Dieron su vida por nosotras.

—Supongo…—mi voz se rompe, pero no me contengo—Supongo que eso es lo que hacen las madres, ¿cierto?

Kari se ríe y asiente, seguramente sintiendo la misma felicidad al saber una sola cosa: ahora finalmente sabemos lo que es tener una madre aunque no esté aquí presente. Su risa se transforma en llanto que no logra contener, entre mezcla de dolor y felicidad. Vedetta viene de inmediato, aun lloriqueando. La abraza con cariño y se unen a un abrazo rebosante de emociones. Esto ha sido demasiado  fuerte para nosotras en tan pocas horas. Vinimos ebrias sin ninguna idea y terminamos sabiendo completamente todo sobre nosotras, la verdad absoluta.

Yo me quedo al lado de ellas, prefiriendo no unirme a su abrazo lleno de contención. En cambio, dejo que mis lágrimas fluyan y se mezclen con la lluvia, observando al este como el sol da un primer rayo en el cielo. Aprieto con fuerza mi piedra, cerrando con fuerza los ojos y llamando a la imagen de mi madre: aparece por primera vez en mi vida, causándome una completa euforia, derrocando toda muralla llena de dureza. El cálido abrazo de Vedetta y Akari y sus risas mezclado en llanto me hace reír y llorar al mismo tiempo.

El sol sale y la lluvia aun no cesa como tampoco nuestras lágrimas.

La gitana tenía razón. Nos tenemos entre nosotras.

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Una ducha y ropa seca de Rek fue lo suficiente para que Kari y Vede se durmieran sobre la King sise de su habitación, abrazaditas. Yo no pude dormir. Siempre que sale el sol no puedo, ni siquiera una maldita siesta. Pese a que me bañe y uso ropas secas, tengo frio, tanto que tirita todo mi cuerpo. Me gustaría preguntar si es porque soy procedente de la tierra del Fuego, pero ya estoy cansada de tanta información.

Gyula habla sobre algo con Rek en la cocina a puros murmullos mientras que Zero está tirando en el sofá, durmiendo. Yo me mantengo con mi taza de café observando el sol resplandecer a la hora de la mañana. Apenas serán las siete y media, quizás.

Un quejido llega a mis oídos, así que volteo de inmediato.

—¿Ya salió el sol? —murmura el chico de tez morena y cabello castaño, restregándose los ojos. Se sienta en el sillón apretando con fuerza su cabeza. —Maldición.

Resaca.

Sus ojos se levantan en mi dirección y hacemos contacto visual. Creí que no podía sentir más dolor que ahora, pero eso cambia cuando sus oscuros ojos marrones chocan contra los míos. Siento el quiebre por dentro. La familiaridad pasa por mi cabeza, pensando una y otra vez donde lo he visto, rindiéndome casi al instante. Últimamente, desde que comenzó todo esto, no puedo evitar pensar que siempre estoy teniendo deja vú, algo así como una maldición.

Sus facciones se endurecen y su mirada se afila, incorporándose.

—¿Quién eres? —pregunta.

No contesto, solo lo observo. Me recuerda a alguien, alguien que quise a montones en el pasado, a alguien que le hice daño. Pero no puedo recordar, ni siquiera sé si realmente ese sentir es mío. Es como si fuera ajeno, perteneciente a otra persona, tan propio al mismo tiempo.

—Ey, te estoy haciendo una pregunta —insiste con la voz dura y fuerte—¿Quién eres?

No contesto nuevamente.

—¿Qué te pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones?

—Ya déjala en paz, Solei —habla Zero abriendo los ojos y una expresión seria, mirándolo—No deberías hablarle así a tu princesa, amigo.

—¿Qué? —la incredibilidad se hace notar, evitándome una mirada furtiva.

Pronto parece recomponer su compostura, pestañando rápidamente. Se ve confundido y creo entenderlo. Es ese “algo” que ha estado rodeando últimamente. Él debe tener algo que ver. Solei, Zero, el reloj, Jae y esa chica. Todo está conectado y yo me desespero porque no sé el por qué.

—Hay café en la cocina —susurro sin ganas. Voy hacia la puerta para ir hacia afuera. Necesito estar sola.

—¡Espera! —me detiene el chico. Se ve desconfiado—¿Realmente eres la princesa del Fuego?

Corazón tibio y lágrimas golpeando, aun así no cedo ante el dolor. Sin más, le muestro mi marca de nacimiento, haciéndole soltar un gemido ahogado.

—Eso parece.

Salgo sin más dejando la taza a un lado y cierro suavemente la puerta en mis espaldas. Me siento sobre una roca a las orillas del rio, siendo de lo poco que se secó con el sol. El frio azota a mi cuerpo por más que el tiempo este cálido y no corra una sola brisa, aun así, siento como si estuviera en mitad del polo norte.

Una cobija descansa en mis hombros. Zero ha llegado de pronto y está tapándome como si fuese una niña. Se sienta en la otra roca, callado.

—Quiero estar sola.

—De nada —dice como si nada. Deja caer unas leñas en el suelo y tira un disparo de rayos hacia los troncos, prendiéndose fuego—Estabas tiritando incluso estando adentro. ¿Por qué sales?

Lo observo con cansancio, sin ganas de pelear. Pero curiosa, extrañamente.

—Pensé que estabas durmiendo.

—Fingía —se encoge de hombros—Creí que necesitabas tiempo a solas.

—Aun lo necesito.

—Nah —menea con la cabeza. Pese lo conocí siendo un idiota psicópata, ahora mismo se mantiene sereno—Podemos estar solos un tiempo, no todo el tiempo. Eso solo sumaria más dolor.

—Me gusta estar sola.

—Pero no sentirte sola. Es distinto —la sonrisa sincera cruza en su rostro, llamando mi atención. Vuelve directo hacia el frente. —Una vez conocí a un gran hombre que me dijo esto: “La soledad es el silencio y el silencio es un grito. A veces es un llanto, a veces es una profunda felicidad. Pero nunca deja de sonar fuerte ni por asombro”.

—¿Y eso que tiene que ver conmigo?

—Tu silencio se me hace familiar —sonríe sin ganas, sin apartar si vista del río—Es como si pidieras que te saquen de él.

Me hace soltar una risa seca sin gracia.

—¿Quieres consolarme? ¿Qué vas a decirme? ¿Qué al menos sé que mis padres murieron por el bien de su país, que me amaron y por ello no debería sufrir?

El chico solo menea con la cabeza, su sonrisa cambia a una más relajada, casi triste. Sigue sin mirarme.

—Claro que no. Tu dolor es tu dolor. Tú lo comprendes solamente. No puedes poner algo al lado que solo para tratar de aliviarlo. Si quieres sentir furia y enojo, bienvenido sea. Nada es más terrible que querer matar el periodo del dolor. Ardera como loco, siempre lo hace y por eso sufrimos. Pero si vas a arder —voltea a mirarme, sonriéndome—asegúrate de llevar a alguien contigo.

Mi corazón late tan fuerte como la primera vez que lo vi, tanto que opaca todo el dolor por mis padres, pero no deja de doler. Su rostro, su voz… su presencia… es familiar y desgarradora a la vez.

Llevo una mano a mi frente, queriendo retener el llanto. Ya no lo soporto, necesito volver a casa y aclarar mi mente. Estoy agotada física y mentalmente. Necesito volver a ser esa Valeska que no se quiebra, que no se rompe. Sin embargo, me quedo ahí a su lado con las lágrimas solo fluyendo. Zero no vuelve a mirarme en ningún momento, observa el rio fluir al igual que mis lágrimas.

No hay nada de reconfortante con su presencia. No hay molestias, humillación ni enojo. Solamente soy yo devastada por la mierda de realidad golpeándome, llorando por haber odiado a mis padres tantos años sin saber nada, siendo solo una chiquilla estúpida y una maldita resentida por pensar que me dejaron atrás y siguieron sus vidas. Solo soy yo dejando de ser lo que creía que alguna vez fui yo. La Valeska que enterré hace años, esa que es sensible, blanda y libre de murallas, aparece, desnudándome por completo ante un desconocido.

Cierro fuerte los ojos y pienso de nuevo en la imagen de mi madre, rellenando un espacio vacío que creí que jamás se pudiera llenar.

La princesa del Fuego, Valeska Hae. Ni ganar la lotería se siente tan impactante como esto.


—Por cierto —aclara su garganta. Me limpio las lágrimas sin ningún disimulo, reteniéndolas—Creo que no me presente formalmente…

—Ya se cómo te llamas.

—Sí, pero no sabes mi posición en la actualidad—su sonrisa juguetona aparece y vuelvo a odiarlo. Era mejor que se quedara simplemente callado—Como sabes, no solo somos de la Elite por algo, además de ser los mejores entre los mejores de esa parranda de perdedores. Sino que… ja, estamos ligados a la nobleza.

Levanto las cejas en alto, un poco curiosa por lo que tenga que decir.

—Rek es de la Elite 1 del país de la Magia, ósea, de aquí. Koen, el chico tan simpático que viste ahí adentro, es de la Elite 1 del país del Fuego. Si, cariño, mangonéalo como quieras, te la debe. Eres su jodida princesa.

—Ah —digo desinteresada.

—¡Espera, esto es lo mas importante! —exclama divertido y lleva una mano hacia su cabello, fingiendo galantería con ello—Yo soy Zero Rockbell, príncipe del país del Rayo.

Volteo a mirarlo con fijes sin ninguna emoción. Su sonrisa engreída rebalsa en su rostro.

—¿Qué? ¿Sorprendida?

—¿Eres el hijo del Rey Rayo? —pregunto con cada palabra rebalsando poco a poco de odio de mi garganta.

—En verdad, soy su sobrino. No había nadie para el puesto así que me preguntaron si lo quería y…—se queda callado de repente—Tus ojos… tienes el sharingan…

—Y tu una muerte asegurada.

Las llamas inundan por completo mi cuerpo, quemando la frazada que hasta el momento me cubría. Zero se levanta con precaución, aun con sus ojos divertidos.

—Santa mierda, ¡sabes usar tus poderes! Por allí, la gitana le decía a Rek que no sabías pero… Preciosa, no querrás hacerme carne asada, ¿cierto? No debo saber rico…

—Muerte al Rayo —suelto el veredicto y lo ataco, jurando que acabare matando a este imbécil y a su mierda de nación.



Por el Fuego.
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