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the way back {novela.

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the way back {novela.

Mensaje por ácido. el Dom 28 Ago 2016, 6:19 pm

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"Soy un fantasma, Dylan. Nada más, nada menos."
Dylan Sanders sabía que había algo extraño sucediendo en la casa de su vecina, Julie Hopkins, solo que no creía que era tan malo como para colgarse en su patio trasero con una manguera de jardinería.

ficha:
título: the way back (el camino devuelta)
autor: yo, lucy.
adaptación: nop.
género: romance, drama, angst, un poco de sobrenatural.
contenido: fffaaannnttttaaasssmmaalllll.  
advertencia: va a ser un poco (bastante) triste, un poco cínica. bastante sarcástica.
otras páginas: nop. aunque puede ser que la suba a wattpad porke soi re malah.
a/n:
ola i vienbenidos a mi knal de youtube   ojalá les guste la novela, tengo muchas ideas planeadas para esto y espero poder llevarlas a cabo y que sean de su agrado (rimó!!) (creo). un poco de resumen sobre lo que se viene: esta es la historia de dylan y julie, uno esta vivo y el otro no.
(?)
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Re: the way back {novela.

Mensaje por Invitado el Dom 28 Ago 2016, 6:29 pm



Hola lucy tanto tiempo :') 
(si es que no me recuerdas soy Almendra y hace bastante tiempo estábamos en la n.c de glee! )
Tu historia me parece demasiado interesante, espero que la continues pronto, seré tu fiel lectora 

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Re: the way back {novela.

Mensaje por ácido. el Lun 29 Ago 2016, 12:18 pm

Bálor escribió:


Hola lucy tanto tiempo :') 
(si es que no me recuerdas soy Almendra y hace bastante tiempo estábamos en la n.c de glee! )
Tu historia me parece demasiado interesante, espero que la continues pronto, seré tu fiel lectora 

hola alme!! ¿cómo estas? hace como mil años que no nos encontramos en el foro
me alegra que te guste y espero poder subir pronto.
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Re: the way back {novela.

Mensaje por ácido. el Vie 02 Sep 2016, 3:06 pm

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Prólogo, O Como Comienza Una Historia

Cuando era más pequeño, tenía esta pequeña cajita de música al lado de mi cama, en mi mesa de luz. Como era rosa y tenía una bailarina en ella, tenía miedo de que alguien se enterara que ese tipo de cosas de niñas me gustaran, así que la mantenía escondida, guardada en las confinidades de un cajón con aroma a humedad y años perdidos. Solo dejará que viera la luz las veces que no había – En las noches, cuando estaba seguro de que mi madre dormía y mi padre estaba demasiado ocupado como para darse cuenta.
Aquella música me daba fuerza. Había una historia detrás de la pequeña melodía, como en cualquier otra, en la que me dejaba perder y escuchaba solamente su silbidito. Me hacía feliz, y eso siempre se me hizo algo… difícil. Así que siempre buscaba la manera de hacerlo funcionar.
Eso era hacía ya diez años atrás, cuando todo era simple y yo seguía mi vida en Brooklyn. Aún ahora escribiendo esto recuerdo aquella cajita de música escondida por mis propios méritos, esperando a que el reloj dictara que al fin caía la noche, media noche, para poder salir y cantar su cancioncita.
Gracias a aquella cajita había descubierto mi verdadera pasión, lo que iba definirme por el resto de mi vida: Quería ser músico. No un músico, quería ser él músico. Traerle la sonrisa devuelta a la gente, o, mejor dicho, hacerles sentir algo.
En el tiempo en que esta historia está situada, yo era un adolescente, algo perdido, confundido y sobretodo, me ponía a mí por sobre todos los demás. Tenía una estúpida banda (¿Podía realmente llamarle eso? Éramos tres adolescentes enfadados con el universo por hacernos sentir como inadaptados así que tomamos un par de guitarras y nos llamamos a nosotros mismos músicos independientes) y eramos meramente conocidos en mi pequeña pocilga de pueblo, Hillsbrook, Arizona.
(Y no me hagáis comenzar con Hillsbrook).
Mis padres estaban fuera de la ciudad trabajando la mayoría de las veces, y estaban en casa a duras penas. Mi cabeza me dolía y aunque me costara muchísimo admitirlo, a pesar de estar acostumbrado a este tipo de cosas, las heridas constantes de un abandono no intencional me dejaban marcas en la piel. Invisibles, pero marcas, dolorosas y latientes al fin.
¿Recordáis ese tío que todos conocisteis en la secundaria que siempre había conocido una banda antes que tú? ¿O una moda? Sí, el de los beanies y que se creía un revolucionario. Ese era yo para West End High. Un inadaptado que se creía mejor que ellos y en ese momento verdaderamente lo pensaba.
Especialmente porque alrededor de ese momento mis padres habían decidió dejar Brooklyn atrás para convertirse en personas “rurales”, y yo les detesté más que nunca. Era en aquella época en la que más en des-sintonía me sentía con mis alrededores, o las personas con las que me rodeaba. Hillsbrook no era el lugar para mí, yo necesitaba el smog de la ciudad, el ruido, el descontrol. Hillsbrook me resultaba aburrido, sin valor, desechable. No me importaban las pequeñas cosas que podía ofrecer y definitivamente no las quería.
Estaba solo.
Mi nombre es Dylan Sanders, y esta debería ser mi historia, pero no lo es.
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Re: the way back {novela.

Mensaje por Invitado el Dom 04 Sep 2016, 10:32 am



Necesitó saber más sobre esta historia, se ve demasiado interesante, y como siempre debo admitir que tu siempre has escrito genial, me encanta en la manera que escribes es impresionante.
Siguela cuando puedes :)

p.d: He estado bien y tu? Después de tanto tiempo nos volvemos a encontrar en este foro. ¿Qué tal la vida? 

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Re: the way back {novela.

Mensaje por ceonella. el Lun 05 Sep 2016, 6:37 pm

Me encanta, aparte de encontrar el mensaje de alme y recordar nuestras épocas con la nc de glee  cada día que pasa, tu escritura mejora muchísimo lucy. Sos totalmente talentosa y no lo digo por ser experta, creo que hasta el ser más ignorante sabría que tu escritura es de otro planeta. Original. Creativa. Continúa con la novela por favor que me ha encantado.  Besos.

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Re: the way back {novela.

Mensaje por Karasuno el Mar 06 Sep 2016, 4:32 pm



OH DIOS MIO CAMI! que hermoso es volver a encontrarme con ustedes :')
(tal ves comente desde esta cuenta porque tengo problemas con la otra)
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Re: the way back {novela.

Mensaje por ácido. el Mar 27 Sep 2016, 7:32 pm


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Capítulo I, O El Día que Julie Hopkins me Hizo Pensar

Si algo sabía sobre Julie Hopkins, era que su familia era extraña.
Cuando nos mudamos por primera vez a Hilsbrook cuando mis padres decidieron que la vida urbana me sentaba mal, hacía ya tres años, la había conocido por primera vez debajo de un árbol viejo, arrugado y mal oliente. La naturaleza no era lo mío, aquél entonces ni ahora.
Ese mismo día estaba escupiendo fuego, con mi rostro enrojecido de la furia y mi mente llena de humo. Es imposible para mí describir el odio que sentía contra mis padres en el mismísimo momento en el que me habían contado sobre las “buenas” noticias: Mi familia se estaba por mudar a Arizona, lejos de la ciudad. Lejos de mi hogar. Las explicaciones que mis padres me habían dado eran vagas, algo como “dejar el mundo urbanizado atrás” o “inspiración” para una de las más recientes obras de mi padre.
Mi padre era un pintor, y uno muy malo, por cierto. Sus pinturas nunca parecieron agradarme, y no le veía sentido a las mismas. ¿Qué era un cuadrado rojo dentro de un rectángulo azul más que eso? Cada vez que abría la boca para vociferar mis comentarios acerca de sus obras, mi madre me callaba con una mirada que podía congelar el desierto del Sahara. Claramente, a ella tampoco le gustaban, pero se percataba de que mi padre era un hombre muy sensible cuando se hablaba de su arte, y saltaba a la defensiva ante cualquier crítica.
Mi madre en cambio, era su manager, y se encargaba de enviar sus pinturas de aquí para allá, o de que él se encontrase en cualquier evento que pudiese darle un mejor nombre. Mi madre era muy buena en lo que hacía - lograba que los hombres más ricos compren cuadrados dentro de rectángulos. No era mal negocio, pero si era uno muy ocupado.
Durante mi adolescencia mis padres casi no se encontraban en casa. Según mi madre era el “punto más importante” en la carrera de mi padre. Bueno, sin contar después de su muerte. Todos saben que la vida de un artista vale más muerta que viva.
¿Qué? No me miren así. Es verdad.
Lo que sea. El punto es, que mi padre nunca se encontraba en casa. Y por supuesto, mi madre, siendo su manager, debía de permanecer cerca de él e intentar de limpiar su imagen de cualquier cosa extraña que estuviera haciendo él. Lo cual, créanlo o no, podían ser muchas cosas. A veces, le gustaba pretender que era un árbol, y se ponía de pie enfrentándose a los rayos del sol, y abría a los brazos y, aparentemente “respiraba el sol” y lograba canalizar un árbol. Todo eso podía tomar horas.
Sí. Un demente.
Después de mi cumpleaños número catorce, mi padre decidió que Brooklyn, mi hogar, ya le daba un mal sabor a la boca y a su arte. Sus rectángulos ya no estaban tan derechos, supongo. Así que mi madre arregló para mudarnos a la ciudad donde vivían nuestros tíos, Larry y Stephanie, un lugar rural en la parte olvidada de Arizona.
Habían de conseguido esta casita en un vecindario agradable, y la atracción principal del pueblucho era un mercado gigante donde los granjeros de todo el Estado venían a vender un vez cada milenio. Sin embargo, Hillsbrook tenía, a duras penas, mil habitantes y medio. Más tres autos, un par de perros callejeros y dos mapaches.
Llegado el temible día en el que se suponía que debida de besar buenas noches a mi hogar y saludar de buenos días al nuevo, estaba listo para asesinar a cualquier criatura que se cruzara en mi camino. Consecuentemente, esa persona resultó ser nada más y nada menos que Julie Hopkins, una pequeña muchacha con trenzas de color cobre y piel pálida como la nieve. Llevaba ropas un tanto sucias y sus uñas estaban casi desaparecidas, encarnadas en su piel.
Debajo del árbol (uno que se encontraba en el nuevo patio delantero de mi hogar) la observé, indiferente y completamente enfurecido con todos, la ignoré cuando oí su pequeño saludo. Con mis catorce años bien puestos encima, me dije a mi mismo que no la asesinaría por que parecía una chica buena. O lo que sea.
"¿Qué haces aquí abajo, tu solo?" Interrumpió mis pensamientos ella, y nuevamente volví a observarla. Su piel era pálida como el papel, inusualmente, y me recordaba a las protagonistas de libros fantásticos, con su cabello cobre y su personalidad un poco tímida. Intenté ignorarla pero un sentimiento de pena me inundó las malas intenciones.
"Pienso," Dije, sin muchos detalles. Mi tono sonaba algo agresivo, pero más que nada, perdido.
"¿Es qué no lo hacemos todos?" Habló ella, con un tono melancólico poco característico de una niña de trece, como ella. La sorpresa permaneció en mi rostro por un milisegundo cuando recobré mi compostura, "Este es mi árbol para pensar, cuando no hay nadie para escuchar. Soy tu nueva vecina, me llamo Julie Hopkins."
"Soy Dylan. Sanders," Le contesté el saludo, un poco fuera de mi elemento con lo que decía. ¿Quién era esta chica? Antes de poder continuar con nuestra corta conversación, a través de la ventana de la casa de enfrente, las cortinas se abrieron repentinamente y se oyó un grito.
"¡Julie, Julie!" La voz de una mujer resonó por el vecindario, que parecía estar algo desesperada y enfadada. Rápidamente los ojos de Julie se abrieron como platos, y mirándome a mí y a la extraña residencia, como intentando decidir qué hacer, me miró una última vez, y con la voz pesada habló.
"Debo de irme, Dylan, espero verte pronto," Y echó a correr.
Sus ojos miel brillaron un poco reflejando la luz del sol y Julie Hopkins me importó poco y nada.


Mi primer día en la secundaria, a la mañana siguiente, no fue la gran cosa. Muchos de los estudiantes ya conocían de mí debido a que las noticias viajaban rápido en un pueblucho como Hilsbrook donde no había nada para hacer. Desafortunadamente, esto significaba que la mayoría de las personas se dedicó a observarme en clases, en el almuerzo y en el receso. Muchos consideraban que era un tío mimado de ciudad y que debía de volver de donde había salido. Y créanme, si pudiera, lo habría hecho.
Con la mirada de doscientas personas clavándoseme como dagas en la espalda me aproximé a la mesa más cercana al baño de muchachos, la que estaba seguro que nadie tomaría, y en el momento en el que me deje caer exhausto en una de las sillas, sentí como otros dos cuerpos caían entusiasmados en las sillas a mi lado.
"¿Qu -?" Comencé, cuando la chica a mi izquierda soltó un gritito.
"¡Eres el nuevo!" Exclamó. La observé: tenía pelo magenta, una nariz pequeña y piel exótica. Sus brazos largos estaban recostados sobre la mesa, y sus ojos amarillos se me incrustaron en el rosto. Sus labios pintados de negro mostraban una sonrisa de millón de dólares. ¿Quién era esta chica y que hacía tan cerca de mí? Como leyéndome la mente, respondió, "Soy Bianca, y él es Hiro," Señaló al muchacho a mi derecha, "y tenemos una banda. ¿Quieres unirte?"
"Bianca… " Masculló el chico, Hiro, como si estuviese regañándola. Lo miré de reojo: Era un chico asiático, con cabello a rulos y una camisa hawaiana. Tenía unos anteojos con forma de estrella y lo primero que pensé cuando lo miré fue en la palabra ridículo.
"¿Qué?" Preguntó la muchacha, cruzándose de brazos, oponiéndose a ser regañada frente a alguien. Bianca era bonita, pero parecía demasiado ruidosa para mi gusto, "Miralo, esta solito. Como una cachorrito. Además, oíste a Kelsy. En Brooklyn solía tener una banda."
Era mentira, pero asentí de todas formas.
"¿Y?" Masculló nuevamente Hiro, frustrado, cruzándose de brazos como su amiga y pretendiendo como si yo no estuviese allí, "Ni siquiera sabes si toca bien. O en qué tipo de banda estaba."
"¿Tocas bien?" Habló Bianca, y nuevamente, asentí, "¡Ves!"
"Dios Santo, Bianca…" Murmuró, mirando el piso, y probablemente cuestionando el porqué era su amiga. Después de tres largos segundos, levantó la mirada nuevamente y exclamó, "Vale, estas dentro."
"¿… Qué?" Pregunte, intelectualmente. Esta gente me confundía a más no poder. Ignorando mi pregunta, Bianca se levantó con una exclamación de felicidad y junto con ella lo hizo Hiro. Pude apreciar las ropas que llevaban: Bianca llevaba botas góticas, medias rasgadas y un vestido lolita negro que me intimidaba a más no poder. Hiro, su paralelo, llevaba su camisa hawaiana, unas sandalias color arena y pantalones rasgados que me recordaron a un típico turista. Bianca extendió su mano llena de joyería negra, esperando a que la acepte.
No sabía qué hacer. Ambos me confundían a más no poder y ni siquiera sabían mi nombre, ¿Y ya querían que formara parte de su banda? No los conocía, y ellos no me conocían. ¿Cómo podían confiar tanto en alguien en tan poco tiempo? ¿No estaban preocupados de que apestara?
"Esperen un segundo," Hablé yo, interrumpiendo los pensamientos de ambos, quiénes volvieron a la realidad y me observaron con una mueca de confusión, "No me conocéis. No saben que instrumento tocó, o si siquiera toco uno, o si canto, o si apesto o cual es mi nombre o..."
"¿Cómo te llamas?" Interrumpió una vez más Bianca, y yo suprimí mis increíbles ganas de rodar los ojos ante su segunda interrupción.
"Dylan, pero..."
"Entonces creo que ya esta. Es lo único que debemos de saber de tí," Dijo, y se encogió de hombros. Hiro parecía un poco menos convencido pero asintió de igual manera, "Si crees que tocas bien, entonces es suficiente. Te creo."
Extendió nuevamente su mano, y la observe por unos segundos.
"Vale."
El resto del día permanecí pegado a ambos. Descubrí que Bianca tocaba la batería, le gustaban las caricaturas más que respirar y podía hablar un poco de japonés. Bianca era completamente lo opuesto de Hiro, un tipo callado y que solía asentir a todo lo que Bianca decía. Descubrí que eran hermanastros y que nadie en la escuela les quería mucho.
Me confiaron el nombre de la banda, "La Reina Abeja y sus Japoneses" y pense que era una mierda. Pero bah, no podía quejarme. Tenía amigos y estaba dentro de una banda. Una no muy buena, pero una banda al fin y al cabo.
En el segundo receso, reconocí a Julie, mirandome desde un rincón del jardín. Sus ojos miel me penetraron de una manera extraña, las esquinas de sus labios se dispararon hacía arriba y me mostró sus dientes blancos. Tenía dos coletas y su ropa seguía igual de enmarañada y sucia, y de un momento a otro levanta el brazo y me saluda en silencio. Le devuelvo y el saludo y cuando vuelvo a concentrarme en mis amigos, ambos me observan extrañados.
"¿Porqué Julie Hopkins acaba de saludarte?" Pregunta Bianca, imitando la mueca de su hermanastro.
"... Es mi vecina," Contesté completamente extrañado. ¿Había algo de malo en eso?
"Es la primera vez que le veo sonreír," Murmura Hiro, cambiando su mueca de confusión por una de intriga, y de un momento a otro comienza a rascarse la barbilla.
"No conoces la historia de Julie, ¿no?" La peli-magenta pregunta, sus ojos amarillos danzando en la luz del sol. Negué con la cabeza, y Bianca se muerde el labio de la anticipación. Tomá un sorbo de su jugo de uva y comienza, "Un día Julie Hopkins se muda de Denver, Colorado a este pueblucho, y nadie sabe porqué. No hace amigos, no habla con sus vecinos, y nadie ve el camión de mudanza. Su primer día de clases, cuando una muchacha le pregunta cómo son sus padres, Julie se levanta y la golpea. Nadie sabe quiénes son sus padres, mucho menos cómo se ven. Muchos dicen que están muertos escondidos en su armario."
"Yo creo que no deberías creer en tantas estupideces, Bianca," Le reprocha Hiro, rodando los ojos, pero ella continúa.
"Cuando la directora Willows le pregunta por qué la golpeó, Julie dice que su madre le dijo que lo haga," Concluye la hermanastra, con un tono salido de una película de terror.
"No suena como ella," Admite, totalmente enganchado con la historia, "Cuando la conocí por primera vez, parecía tímida..."
"Oh, pues lo es," Responde Hiro, "Después de ese 'incidente' nadie más le ha hablado y eso resultó en que se esconda detrás de su propia sombra. Ahora se encuentra sola todo el tiempo," Se encoge de hombros, "Su familia es el pequeño misterio de Hillsbrook."

Eso había sido ya tres años atrás, antes de que a historia de Julie me carcomiera. Mi vecina me resultaba un completo misterio que, no importase cuantos deseos tuviese yo de querer averiguar que sucedía detrás de aquellas persianas americanas, nunca lo logré. Por lo menos, no en mi cuenta.
Cada vez que Julie salía de su hogar, ya sea para sacar la basura o ir al instituto, no había nadie más que ella. Me volvía loco no saber nada sobre ella, y que ella supiese tanto de mí, como me decían otros. Nadie siquiera sabía si tenía hermanos, o si sus padres estaban siquiera vivos. Si quería mantenerlo en secreto, lo hacía bien. Demasiado, diría yo.
Culpo a este pueblucho por no tener nada más que hacer además de obsesionarme por la historia de vida de mi vecina, que parecía inofensiva. Personalmente, aquellas leyendas que los estudiantes inventaban sobre su vida no podía creerlas, como aquella que declaraba que sus padres estaban muertos y que efectivamente, Julie les había asesinado. No había motivos, no había pruebas, no había nada que pudiera probar que aquellas historias eran verdaderas. Además de que estaba el hecho de que Julie no podía lastimar una mosca, incluso si quisiera.
A mi madre le preocupaba un poco. Cuando la veía salir de su hogar, tan pequeña, tan frágil como parecía ella, refunfuñaba y se preguntaba si se encontraba bien. Remarcaba que parecía famélica y señalaba que una que otra vez la había visto cubierta de moretones un día en el mercado. A mi padre le parecía poético, y aquellos días en lugar de dibujar cuadrados, dibujaba siluetas de muchachas.
Hiro y Bianca la mencionaban de cuando en cuando, y Hiro incluso escribió una canción inspirada en ella, llamada “La Chica de al Lado” y hablaba de lo solitaria que estaba. Cuando la cantó por primera vez, a Bianca se le cayeron un par de lágrimas mientras mi estómago revoloteaba con melancolía.
Como el primer día que la vi, Julie permanecía sola a todo momento. Pocas veces le veía con alguien, y ese alguien era casi siempre Kelsy Rockett, la cometilla del instituto, y se encontraba con ella cuando deseaba preguntarle sobre su familia y que demonios sucedía a puertas cerradas. La mueca de miedo que Julie dibujaba cada vez que ella se le acercaba era penosa, y más de una vez alguien tuvo que intervenir por el bien de Julie.
O más bien, el de ambas. Por lo que había oído, me comentaron que podía ser violenta cuando la provocaban, y aunque no podía creerlo, prefería permanecer lejos y no enredarme en la leyenda de Julie Hopkins.
“No puedo creer que me están haciendo esto,” En realidad, podía. Sostenía el teléfono contra mi oído con fuerza bruta, tanto era mi enfado que en un momento creí que podía de romperle con mis propias manos. Caminaba impasible por la sala de estar, de una esquina a otra.
“Lo siento, cariño,” Se escucha a mi madre de la otra línea, pero su voz suena igual de fría que siempre, “pero tu padre tiene una junta muy importante con un comprador de Milán y…”
“Es mi primer show, mamá,” Le digo, deteniéndome en la esquina derecha, respirando dolor y el corazón me da un vuelco. Bah, show. Estábamos a punto de presentarnos en un pequeño bar al que ni siquiera los muertos se atrevían a ir, pero era una noche importante para mí de igual manera, y que mis padres no estuviesen allí ni siquiera para desearme suerte me lastimaba hasta más no poder, “Dijiste que estarían aquí.”
“Lo sé, lo sé,” Dice ella, y esta vez parece un poco más humana, menos muerta, “te lo recompensa…”
“No quiero tu recompensa,” Exclamé, cortando la llamada con un movimiento brusco, arrojando el celular al sofá y tomando rápida y erráticamente mis cigarrillos de por encima de la chimenea.
Estaba que escupía fuego por la boca. Me enfermaba la manera en la que mi familia podía deshacerse de sus responsabilidades o del solo hecho de apoyarme con un “te daremos una recompensa”, porque eso no era lo que yo deseaba. Deseaba que, por alguna vez, me pusieran primero, antes de los cuadros de mi padre, de los viajes a Europa o de sus amigos ricos.
Sabía que, a pesar de desearlo con todas mis fuerzas, eso era solo un sueño. Algo que nunca podría suceder, ni en un millón de años.
Me abalancé sobre el mismo sofá donde había lanzado el celular temblando de la furia, y con dificultad encendí alguno de esos cigarrillos. Dejar el lugar apestando de humo no me molestaba, al contrario, era mi cometido. Quería que mis padres regresarán en ese instante para ver a su hijo fumando en su propia sala de estar, llenando su preciado sofá blanco con aroma a humo y cáncer de pulmón. Quería que regresarán y me odiarán tanto como yo los detestaba en esos momentos.
No era sano pero, bah. A quién le importa lo que es sano o no.
Tomando otra bocanada de humo, observé el blanco techo y me pregunté sí se iba a poner mejor que eso. Mejor que padres que abandonan y no quieren. Mejor que rectángulos y cuadrados, cuando un grito resonó por todo el vecindario. Un grito que desgarra el silencio profundo de una tormenta que se aproxima, uno que me hiela la sangre. Rápidamente y dejando el cigarrillo en el suelo estúpidamente, corro hasta la ventana y lo que esta fuera me paraliza hasta que solo puedo ver sangre.
Fuera, con el cielo pintado de gris y nubes negras y su precaria casa, se encuentra el cuerpo de Julie más pálido que nunca, colgando de su árbol favorito con una manguera alrededor del cuello y sangre goteando de sus labios partidos.


a/n:
AY, CHICAS, otra vez glee esa nc siempre va a estar en mi cora porque fue de las primeras cosas que hice cuando entré al foro. las cosas que dicen me hacen sonrojar, ahq. Tardé mil, ya lo sé, pero me daba japa porq soy muy pajerta (??) pero ojalá les guste.
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Re: the way back {novela.

Mensaje por Karasuno el Miér 28 Sep 2016, 3:10 pm

 
Me encanto el capitulo. 
Fue extenso, y muy interesante. Quiero seguir leyendo para conocer más a los personajes. Quiero conocer más de Dylan y Julie
No importa si te demoraste en subir, con tu capitulo se perdona todo *-*
Eres asombrosa Lucy, síguela cuando puedas :)
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Re: the way back {novela.

Mensaje por ácido. el Dom 09 Oct 2016, 7:21 pm


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Capítulo II, O Aquella vez que me Hice Preguntas en un Banco de Iglesia

No recuerdo mucho más luego de eso. Puedo decirles que luego de verla colgando de allí los ojos me dieron un vuelco y caí en la alfombra de mi sala de estar, con los gritos de mis vecinos resonándome en los oídos hasta el olvido. Tengo memorias de lo que parece ser un hospital, médicos abalanzándome y hasta el rostro preocupado de mi madre sobre el mío.
Cuando recupero la memoria estoy en una Iglesia, vestido con ropas negras y rostros largos y tristes rodeándome. Frente a mi yace el cajón de la infame Julie Hopkins, y en su cuello no hay rastro del fantasma de una manguera de jardín asfixiante, en sus ojos cerrados ya no se podía ver el dolor artístico reflejante y brillante, y sus labios hasta parecían curvados hacía arriba vistiendo una sonrisa retocada. La sangre ya no estaba, y parece que hubiese muerto mientras dormía.
Toda esa gente que me rodeaba podía pretender todo lo que quería. Que Julie era feliz, que había muerto durmiendo, que ahora estaba en un lugar mejor. Pero yo sabía, Dios Mío, yo sabía que aunque la manguera no estuviese sofocándola o que su bonito cadáver estuviese llevando una sonrisa, ella siempre iba a estar muerta e infeliz.
Una no se mata por nada, ¿Verdad?, pensé, y la amargura de mi pensamiento me dejo sintiéndome vacío.
Tomé la rosa que no sabía que llevaba en la mano y la acosté sobre su cuerpo sin vida, delicadamente, intentando desesperadamente de no tocarla. La veía tan frágil, tan muerta, que el solo hecho de tocarla me helaba la sangre, como si al hacerlo su cuerpo se volvería polvo y no podría apreciar nunca más de su cabello rojo fuego, de su piel pálida como la nieve. Mis manos temblaron con el mero pensamiento y me alejé del cajón antes de hacer algo estúpido.
Busqué un asiento en uno de los bancos de la Iglesia y fácilmente noté que había un espacio libre junto a mis padres, en el primero de todos, justo frente al cuerpo de Julie. Evitándolos a toda costa, encontré uno en el fondo y me arroje sobre él, al mismo tiempo que una bañada en lágrimas Bianca y un deprimido Hiro lo hacían.
El maquillaje negro de Bianca estaba en todas partes y cuando habló sus labios inferiores temblaron, como si el frío de invierno la estuviese ahogando cuando en realidad nos encontrábamos en pleno verano, “No puedo… No puedo creerlo.”
Hiro la miró, en acuerdo silencioso, “Ni yo.”
“Nunca,” Comenzó, para luego interrumpirse y volver a tragarse el nudo en su garganta, “… Nunca la conocí.”
“La chica de piel pálida, de cabello color rojo sangre y ojos amarillos como el oro,” Citó sus propias letras Hiro, con un suspiro fatigado que acentúo sus ojeras purpuras, “El pequeño misterio de Hillsbrook.”
“¿Saben lo que me molesta aún más que todo esto?” Hablé yo, observando la sala luego de unos segundos de silencio fúnebre, “Sus padres ni siquiera están aquí.”
“¿Qué esperabas, Dylan?” Pregunta Bianca, sus ojos rojos y aguados, “Ni siquiera pagaron por el puto funeral. Tus padres tuvieron que hacerlo.”
Me tragué mi bufido y mis exorbitantes deseos de golpear una pared. O de correr al hogar de los Hopkins y tirar la puerta debajo de una patada. ¿Qué clase de padre no asiste al funeral de su hija? ¿Quién, por cierto, se suicidó? ¿Qué clase de enfermo hacía ese tipo de cosas?
¿Y por qué Julie había decidido terminar tan abruptamente su vida? ¿Por qué en mi jardín delantero, con una estúpida manguera? ¿Qué significaba? ¿Qué pasaba por la mente de Julie cuando me veía inhalar humo desde mi ventana mientras ella ataba aquella manguera en su cuello? Mientras moría, ¿Me observaba sentado en mi sofá pensando en mis propios problemas estúpidos? ¿Por qué deseó pasar sus últimos momentos observándome desde aquella ventana del demonio, envidiando mi tranquilidad, el humo que escapaba de mis labios mientras su último aliento se despedía de los suyos?
Parecía que, incluso después de su muerte, Julie seguía siendo el misterio de Hillsbrook. O solo el mío. La muerte solo hace de las personas más valiosas, algunos dicen.
Mis pensamientos los interrumpió Kelsy Rockett, aclarándose la garganta mientras permanecía parada frente al cajón, un micrófono en sus temblorosas manos y en su piel color chocolate habían rastros de lágrimas secas, “Ho… Hola a todos,” Kelsy no esperó a por la respuesta de nadie, un rasgo típico de la misma, “Se supone que debo de dar un discurso. Así que eso haré. ¿Debo de hablar de Julie, verdad?” Nuevamente, no se inmutó al silencio que recibió como respuesta de su pregunta, “Julie y yo no éramos grandes amigas. A decir verdad, yo era la única. O… lo más cercano que tenía de una.”
Tenía que darle crédito por eso. Las había visto hablando más de una vez, y a pesar de que Kelsy parecía intimidarle hasta la muerte, disfrutaban de la compañía de la una y de la otra. Bianca había intentado aproximárseles pero Julie huía como ratón asustado cada vez que se le acercaba. Y, ¿Quién lo hubiese imaginado? La cotilla del instituto y la tímiducha con ojos color sol.
“Solo desearía que más personas hubiesen de experimentado lo dulce que Julie era, o lo inocente, o lo buena persona, o cuanto le importaban todos y cada uno de nosotros…” Respira (Parece habérsele olvidado como hacerlo, por un segundo e inconscientemente me digo a mi mismo, Inhala, exhala, inhala…), “Y tenía más demonios de los que puedo hablar… más de los que puedo contar con mis dedos… No se lo merecía, Dios mío, no se lo merecía... Pero supongo que nadie lo hace.
“Ojalá… Ojalá tenga un respiro. En donde sea que este, porque Dios sabe cuánto se lo merece,” Dice, con lágrimas escurriendo por sus mejillas, y se calla.

Desgastado tanto física como emocionalmente, decidí  pasar de largo la recepción que mis padres habían preparado en nuestro patio trasero. Mi madre había decidido convertir esto en una manera de conseguir nuevos clientes y se la pasaba presumiendo los cuadros de mi padre, mientras el mismo estaba encerrado en el ático pintando.
Me encontraba en el patio delantero, observando mi gran árbol, fumando cigarrillos y pensando en Julie, inevitablemente. La tragedia me había quemado la piel y pensar en ella me traía dolor impalpable y casi inentendible. ¿Por qué me traía tanto dolor pensar en alguien quién estando viva no me importó nunca? Las ramas secas por el calor del verano colgaban del árbol casi sin vida, imitando la poesía de una adolescente muerta colgando de la mismísima rama que parecía más decolorada que las demás. La más fuerte. Julie escogió bien, pensé para mismo, mientras apagaba uno de los cigarrillos con el pie.
Había algo sobre ese puto árbol. Algo que me helaba la sangre, incluso después de observarlo por dos horas y media. Tal vez era el simple hecho de que la manguera que mamá decidió quemar el día después de la muerte de Julie se me seguía dibujando en la mirada. Lo único que podía ver era a la dulce vecina de enfrente colgada de aquella rama.
Detrás del triste árbol podía observar el hogar de los Hopkins. Con desdicha y enojo recordé el hecho de que ninguno de los familiares de Julie se había presentado a su funeral, ni siquiera sus propios padres, y la sangre comenzó a bombearme al corazón con rabia acumulada. Podía aceptar negligencia de mis padres pero no de los de alguien más. Mi cabeza me daba vueltas de la furia cuando de repente, tan rápido como un milisegundo, la persiana de la ventana se abrió y fuera se asomó un rostro.
Aquella mujer se quedaría en mi memoria hasta que el día de mi muerte. Con bolsas debajo de los ojos tan violetas como una uva, ojos amarillos que imitaban los colores del sol mismo estaban bañados en paranoia, miedo y confusión. Su piel pálida parecía frágil como papel, y lo primero que pensé cuando le vi fue en Julie Hopkins. Cuando sus ojos cayeron en los míos, se abrieron como platos y rápidamente la persiana cayó tan rápido como cuando fue abierta.
Innegablemente esa mujer se trataba de nada más y nada menos que de la madre de Julie, y ahora yo sabía algo que todo Hilsbrook no. Sin darme cuenta de que mis pies se estaban moviendo, comencé a avanzar, pero algo me detuvo.
Allí, en el medio de la calle, estaba Julie Hopkins, con una manguera atada al cuello y sangre goteándole de los labios. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, sus labios se curvaron hacía arriba y me saludó con la mano izquierda. Como los viejos tiempos, como cuando Julie estaba viva, como cuando me sonreía cuando me veía espiarla por la ventana de mi habitación.
Sin pensarlo dos veces me eché a correr. Tenía que alcanzarla, ¿Estás viva, Julie? ¿Por qué, Julie? ¿Por qué? ¿Valió la pena?
Antes de poner un pie en la calle, un auto vino directo a mí, con el claxon sonando desde hacían ya cinco segundos. El conductor sacó la cabeza por la ventanilla en el momento que yo caí hacía atrás para evitar el impacto, ¡Cuida por donde vas, niño estúpido!”
No más distraído, volví a dirigir mi mirada hacía el lugar donde Julie había estado, pero no había nadie más allí. Cuando quise levantar la mirada hacía el hogar Hopkins, la persiana permanecía baja.
¡Demonios!

Aquella noche, encerrado en mi habitación en el silencio de la oscuridad, escuché con la voz más suave que alguna vez oí susurrarme al oído letras de la canción de Hiro, cargada con dolor y dulzura, "La chica de piel pálida, de cabello color rojo sangre y ojos amarillos como el oro..."
A la mañana siguiente mi padre bajó del ático con un cuadro nuevo. Destapándolo con una sonrisa temblorosa muestra la pintura de un árbol negro y la silueta de una muchacha saludando con su mano izquierda y una cuerda atada en su cuello.


a/n:
muchas gracias por tu comentario alme, sos la uno este cap va para vos, ahre.
perdón que no sea super largo pero la verdad que se cortó la imaginación. próximamente nos vamos a encontrar con la madre de julie, un grupo caza fantasmas y una carta.  baba
en fin, de nuevo con las demoras, es que de verdad soy muy pajera y no me comprometo con nada jeje pero esta si que la quiero terminar, así que, creo que voy por buen camino. si alguien esta interesada en leer algo más, creo que dentro de poco tengo programado subir un OS bastante (y por bastante me refiero a muY) extenso que probablemente tenga que cortar en dos.
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Re: the way back {novela.

Mensaje por TecnoPanda2419 el Lun 10 Oct 2016, 10:30 am

Ohhh, siguelaa!! , vaya esta super, me encanta, te has ganado a una nueva lectora.
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Re: the way back {novela.

Mensaje por Karasuno el Lun 10 Oct 2016, 10:52 am

Un capitulo dedicado a mi 
Ya quiero leer sobre los padres de Julie, más encima los padres de Dylan tuvieron que pagar el funeral .-.
Tu sabes todo lo que opino acerca de tus escritos así que no es necesario decirlo, pero si debo decir que esta novela se esta convirtiendo en una de mis favoritas ;)
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Re: the way back {novela.

Mensaje por ácido. el Miér 12 Oct 2016, 7:20 pm

me alegra muchoo que les guste la historia, me pone super feliz  ya empecé el tercer cap, así que ya para la semana que viene tiene que estar 
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Re: the way back {novela.

Mensaje por PARACETAMOL el Mar 18 Oct 2016, 3:52 pm

pero yo quiero capítulo ya.
nada es justo
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Re: the way back {novela.

Mensaje por Dena Vega el Sáb 22 Oct 2016, 7:38 pm



Hola Lucy; 

Soy Dena pero puedes llamarme como gustes (hasta un apodo bien kawai como mi nombre ahr  baba), decirte que me ha encantado tu historia, de verdad he quedado enganchada a ella y simplemente es algo distinto a todo aquello que he leído. Me agrada mucho la manera en la que narras la historia desde el punto de vista de Dylan, hasta tal punto de imaginarme una serie con este escenario; si lo sé, mi mente puede llegar a ser exagerada pero idk. 

El primer capítulo para mí fue muy emocionante y atrapó mucho mi atención, puedo decirte que me gusta que escribas de manera extensa y te esmeres de tal manera y crear algo así, es germoso . Hasta ahora mi personaje favorito es Hiro, me imagino a un japonés vestido de turista y te juro que si veo a alguien parecido a Hiro no dudaré en tacharlo de japonés con complejo de hawaiano( no me mates X'D).

El segundo capítulo, como diría un amigo mío fue la leche, de verdad, no pude evitar salir al patio de mi casa y ver el árbol seco y casi muerto que está al lado y preguntarme si mi vecina haría eso, pero en vez de una manguera sería con su colección de tangas, ahr, que es bien rara la pija esa  . Creo que me salí del contexto, vuelvo a ello, ya sabía lo que venía, pero saber que Julie muere tan pronto en lo que lleva de vida en la historia me sorprende, pensé que la niña moriría luego pero no, mis filins  . Presiento que ahora sí llegará lo interesante kajskakka. 

PD: se que es largo el comentario, pero me gusta dejar comentarios así, no sé, me gusta expresar mis filins  .

PD2: Soy tu fan, quizás no la nomber uan, pero si tú fan panda  .

PD3: Jamo la manera en la que escribes  baba.

—Dena Vega fuera.

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