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¿participarías en un rol colectivo?

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¿participarías en un rol colectivo?

Mensaje por pxrasomnia el Dom 28 Ago - 18:49

lo del título, ah.

pxrasomnia


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Re: ¿participarías en un rol colectivo?

Mensaje por Invitado el Miér 31 Ago - 20:26

claro q me gustaria. Mi nombre es Jessica

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Re: ¿participarías en un rol colectivo?

Mensaje por Anonymouscriptor652 el Jue 1 Sep - 10:55

Por supuesto,

Anonymouscriptor652


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Re: ¿participarías en un rol colectivo?

Mensaje por pxrasomnia el Jue 1 Sep - 11:47

yo soy kira y desde hace tiempo he tenido la idea de hacer un rol colectivo sooo, si podéis dejarme un link de vuestros escritos o del formato en el que roleais estaría muy bien<3.

pxrasomnia


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Re: ¿participarías en un rol colectivo?

Mensaje por Anonymouscriptor652 el Jue 1 Sep - 13:00

Yo soy Mack xD
Mi formato de rol es algo así:

Me despierto y al sentir un punzante dolor en mi cuello no puedo evitar negarme, llevo mi mano a mi cuello y al hacerlo puedo escuchar el ruido de unas cadenas, observo mis manos y me doy cuenta del hecho de que estoy amarrada al suelo. ¿Donde demonios estoy? Bajo mis manos y me dedico a observar mi entorno, la decoración parece sacada del siglo diecinueve. ¿Donde diablos estoy? No entiendo por que estoy encadenada, ¡No entiendo nada!
Muevo mis manos con toda la fuerza que tengo y logro romper las cadenas, esto no me lo esperaba. Con rapidez me levanto y me dirijo a la ventana, observo a través de esta y el brillo de la luz solar me causa un horrible dolor en los ojos, que extraño es todo esto.
Me vuelvo hacía la habitación y comienzo a escuchar pasos pesado haciendo crujir el suelo de madera, observo la puerta y niego con la cabeza, el sonido de un corazón latiendo hace que me desespere, despierta en mí un hambre insaciable. Escucho la puerta abrirse.

¿De qué género será el rol colectivo?

Anonymouscriptor652


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Re: ¿participarías en un rol colectivo?

Mensaje por pxrasomnia el Jue 1 Sep - 13:24

aquí dejo varias respuestas de roles míos para que veáis cómo roleo yo.
estoy pensando en hacer audiciones pero en vez de una nc un rol colectivo.
1:
De la noche a la mañana, Los Ángeles había amanecido con casi toda la población afectada por un extraño virus que había hecho que las personas se convirtiesen en zombies. Sí, cual película de ciencia ficción y terror ahora estábamos sufriendo un apocalipsis zombie. No es que antes me dedicase a dar alegres paseos por la ciudad pero por lo que observaba desde mi humilde morada la gente no tenía la costumbre de salir por miedo a que volviesen a aparecer. La Guardia Nacional parecía haber puesto un poco de orden pero no me fiaba ni un pelo de sus intenciones pues cuando el virus había acabado con la vida de miles de personas no habían hecho nada por advertir al resto de la población. Por otro lado, me sentía afortunada de estar sola y no tener que cuidar de la vida de nadie más. Mi madre había fallecido hace tiempo y bueno, mi querido padre se había largado en cuanto supo lo de la enfermedad. El muy idiota había dejado parte de sus armas en casa y aunque nunca se había preocupado por enseñarme a usarlas, solamente a darme alguna que otra paliza, había aprendido alguna que otra cosa durante sus escapadas con sus amigos. Debía decir que también había mejorado en el arte de dar puñetazos aunque la última vez que lo demostré, acabé con el labio partido. En resumen, me alegraba de que aquel ser que decía ser progenitor mío se hubiese ido. Ahora podría pasar los días y las noches haciendo absolutamente lo que me diese la gana.

Observé desde mi balcón cómo los soldados pasaban a su zona como todas las madrugadas. A veces se llevaban a gente herida o a gente que les servía como médico o enfermera mas siempre había tenido curiosidad por saber a dónde los llevaban. Hace apenas dos días, se habían llevado al señor Henry Caufield, mi amable vecino, el cuál estaba muy grave por una herida causada por la huida de un caminante. Tuve que verlo y también tuve que consolar a su mujer Anna mientras partían con él, ambos habían sido buenos conmigo durante mi infancia y no dudaba en devolverles el favor. Por su parte, estos dos días la señora Caufield me había estado haciendo compañía y compartiendo su comida conmigo, estaba por terminar mi cigarrillo cuando reconocí sus gritos desde mi casa. -¿Señora Caufield?- llamé al verla siendo trasladada por aquellos soldados- ¿a dónde se la llevan?- pregunté a uno de aquellos que la sostenían. -¿Qué más te da?- me contestó otro de mala forma. Antes de desaparecer con ellos, le dediqué una sonrisa alentadora a aquella bondadosa mujer. Cuando la hubieron metido en el vehículo, les saqué el dedo a los soldados y entré de nuevo en mi casa. Me planteé ir a buscarla cruzando aquella barrera pero necesitaba pensar más razonadamente. Volví a mi desordenada y devastada habitación y encendí otro cigarrillo, aún pensando en lo que acababa de suceder. Definitivamente algo no estaba bien en lo que estaba haciendo la Guardia. Me encontraba pensando en mis asuntos cuando comencé a oír ruidos dentro de la cosa. ¿Sería un caminante?  Apagué el cigarro de un pisotón y me dirigí al origen de los ruidos,  maldiciendo el no tener ningún arma a mano. Estaba ya con mis puños alzados cuando un chico armado con una escoba apareció en el pasillo. -¿Qué haces aquí?- pregunté desconfiada. Entonces reparé de nuevo en la escoba y no pude evitar una pequeña risa. -¿Pretendías matar a un caminante con una escoba?- alce una ceja a la espera de una explicación decente de por qué un extraño acababa de irrumpir en una casa ajena.
2:
Después de rogar a los mejores editores de la ciudad y de pedir consejo a conocidos míos, por fin tenía la oportunidad de publicar una novela. Desde adolescente me había apasionado la lectura y cuando comencé a escribir sentí que había encontrado mi verdadera vocación, no podía negar que venía de una familia de artistas siendo mi padre un pintor y mi madre una antigua bailarina. Pero ahora, ya habían pasado algunas semanas desde la increíble noticia y seguía sin tener ni siquiera una buena idea. No paraba de escribir varias historias para luego borrarlas al segundo de releerlas y sin conseguir algo claro. Lo que más me asustaba era el hecho de que pudiera estropear aquella oportunidad que no se iba a volver a presentar. "Eres un buen escritor, hijo" me había dicho mi padre cuando le conté el problema, "al final darás con una buena historia". Y deseaba que eso sucediera más pronto que tarde.

Me encontraba en el café al que solía acudir un tiempo atrás para escribir, durante esa época había escrito numerosos relatos por los que incluso me habían dado algún que otro premio local así que supuse que quizás me vendría bien para salir de mi monótono despacho y poder aclararme un poco. Con una taza de café con leche al lado del ordenador portátil y un nuevo documento listo, mis dedos empezaron a teclear con rapidez. Lo bueno de escribir era que podías crear historias con tu imaginación y plasmarlas en un papel sin necesidad de preguntarse qué va a suceder luego: es cierto que cuando escribes tienes que tener un plan fijado pero una vez que encuentras la inspiración y una historia interesante, tu creatividad y las imágenes en tu cabeza hacen el resto del trabajo. Comenzaba a vislumbrar algo grandioso cuando algo impactó contra mi taza, derramando el contenido por el suelo y por mi pantalón. Algo aturdido, comprobé que la bebida no había ido a parar al ordenador y suspiré aliviado cuando no vi ni una sola gota de café en él. Levanté la cabeza y di con una melena rubia y unos ojos verdes que podían quitar la respiración en un segundo. -Tranquila, no es nada- le respondí a la muchacha brindando una sonrisa para restarle importancia- te sorprendería la cantidad de veces que me ha pasado lo mismo- intenté bromear mirando mi pantalón y el suelo, ambos manchados con el café. -Yo soy Aaron- me presenté levantándome y recogiendo mis cosas, dado que tendría que volver a mi apartamento a cambiarme. Reparé en el folleto que tenía Elizabeth en sus manos y no pude evitar sonreír de nuevo. -¿Los Miserables?- indiqué con la cabeza el papel- es mi obra favorita de Victor Hugo- hice un breve pausa- ¿vas a ir a verla?- Desde hacia tiempo tenía la entrada y estaba deseando acudir pero ahora solamente podía pensar en que si el destino había querido que aquella atractiva rubia se cruzase en mi camino una vez para hacerlo otra vez en cuestión de horas, yo no me iba a quejar. Además, si Elizabeth tenía tan buen gusto para los libros, no podía evitar sentir aún más interés y curiosidad por ella.
3:
Así que al parecer todas las leyendas sobre seres mitológicos eran verdad, o al menos casi todas. Primero, Rubén había sido mordido por un hombre lobo y ahora yo era medio pez. ¿Qué había hecho yo para merecer esto? Por suerte mi hermano, su amigo y yo contábamos con la ayuda del extraño Derek Hale, quién nos había explicado toda la situación: un hombre lobo alfa, es decir el jefe de la manada, había mordido a Rubén para convertirlo y posteriormente también me había convertido a mí pero al parecer yo no era una mujer lobo ni nada por el estilo, yo era algo más especial. Qué sorpresa la mía cuando estaba tomando un relajante baño y en vez de piernas pase a tener una cola de pez, el grito que pegué era digno de una banshee, como lo llamaban mis amigos. Decían que era porque cuando te mordían, te transformabas en algo acorde a ti, a tu personalidad pero yo no comprendía por qué era una sirena; era cierto que había estado en el equipo de natación años atrás pero hasta ahí se daba mi vida marina. Lo peor se había dado cuando el chico Hale nos había comunicado que cualquier roce con el agua activaría mis poderes y me saldría la cola otra vez, revelando mi identidad sobrenatural así que mi fanático hermano empezó a urdir todo tipo de planes, poniéndome nerviosa como siempre. -Stiles, sé como cuidarme yo sola, gracias- le había dicho pero cuál acto del karma, un chico me salpicó con su botella en medio de los pasillos del instituto y tuvimos que correr hasta el vacío vestuario de los chicos. En resumen, mi vida ahora era un asco y no sabía como podía sobrellevar estas capacidades. Lo peor era que Beacon Hills era una población que daba al mar, tenía todo tipo de playas y aficionados al sur, etc. ¿Cómo iba a  poder vivir aquí sin mojarme? Tenía fe en Stiles, a pesar de lo loco que pareciera, me apoyaba al igual que a Rubén y sabía al cien por cien que íbamos a poder contar con él para lo que fuese, desde la muerte de nuestra madre y la adicción de nuestro padre, hubo un tiempo en el que estábamos los dos solos pero afortunadamente nuestro padre se recuperó y ahora podíamos decir que éramos una familia feliz y normal, hasta ahora por lo menos.

Después de haberme quedado más tiempo de lo debido en el baño dado mi "pequeño" problema por fin había salido de casa. Media hora hasta que había conseguido salir de la bañera y secarme completamente y además me tenía que preparar, por suerte adelante algo cogiendo algún dulce del armario y un batido para desayunar por el camino. -Creo que no hace falta que pregunte por qué has tardado tanto en el baño- comentó Stiles divertido mientras conducía su jeep en dirección al instituto. -Esto es una maldición, lo juro- respondí rodando los ojos- Rubén tiene súper reflejos, super oído y fuerza y esa clase de poderes que tienen los superhéroes- hice una pausa alzando las manos- y mira yo, que me sale una cola de pez si me toca la mínima gota de agua- puse cara de enfado y él me alentó diciendo que cuando controlase mis poderes todo sería más fácil y me gustarían más, esperaba que eso se cumpliese pronto. -¿Hoy tienes las pruebas de lacrosse, verdad? Con los nuevos todo- él asintió y yo le deseé buena suerte en cuanto llegamos al recinto y nos separamos por distintos pasillos. Después de las primeras horas, estaba pensando en librarme de la clase de natación y fingir que estaba mala para ir a ver a Stiles y a la vez evitar un desastre cuando me choqué con alguien y mis cosas acabaron por todo el suelo. -Tranquilo, yo tampoco prestaba atención- le respondí al tal Dylan, quién suponía que era nuevo porque no recordaba verle. Además de que en el caso de haberlo hecho, estaba segura de que le recordaría pues aquellos ojos azules no eran fáciles de olvidar. -Soy Kira- me presenté sonriendo y recogiendo mis libros, hasta que reparé en el palo de lacrosse- vaya, ¿juegas a lacrosse? ¿Vas ahora a hacer la prueba para entrar en el equipo?- comenté alegremente, pues hacer un amigo de mi edad no estaría mal, además de que también podría animarle a él y no solamente a Rubén y a Stiles- si vas te acompaño- declaré firmemente emprendiendo el camino hasta el campo donde se practicaba tal deporte, seguida de aquel chico que desde que había hablado no había emitido sonido aunque quizás eso se debiera a la gran bocaza que teníamos los Stilinski que hacía que no pudiésemos parar de hablar.

pxrasomnia


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Re: ¿participarías en un rol colectivo?

Mensaje por Anonymouscriptor652 el Jue 1 Sep - 18:42

Nuestras formas de rolear son similares, me gusta esa idea, pero fuera de eso. ¿Podríamos hacer un rol solo nosotras? Y de este sacar una historia. Solo es una sugerencia.

Anonymouscriptor652


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Re: ¿participarías en un rol colectivo?

Mensaje por Invitado el Jue 1 Sep - 23:45

Escrito:

Capitulo 01
Jessie Burn||El hombre perfecto
»кιтту



Trece años antes…






—Preparadas o no, allá voy— 
Jessie una niña, llena de vida grito, se quitó las manos de los ojos se dio media vuelta. En aquel jardín inmenso de la casa de una de sus mejores amigas, ella claramente sintió a sus amigas cerca. Mientras se echó a correr los sonidos de pequeñas ramas y el césped crujían bajo sus zapatillas. 

Con todos sus sentidos muy atentos, ser dirigió al lugar donde comúnmente su amiga Maggie hacia su escondite, tan solo un par de hojas revelo que no había nada. Jessie agilizo el paso y cuando estaba a punto de girarse escucho una voz. 

—No estás un poco mayorcita para jugar al escondite, ¿no?Jessie  se volvió y lo fulmino con la mirada, el hermano mayor de su mejor amiga estaba burlándose de ella.
—Es divertido— Resoplo con desdén, habían estado muy unidos, hasta que un día como sino el despertó y decidió de repente que no merecía la pena perder el tiempo con ella.  Ya no entraba a su casa a molestarla o jugar ahora al parecer le gustaban las chicas mayores, tontas y con tetas. ¿A quién le importaba?, se negaba totalmente a seguirlo de un lado a otro como un perrito faldero. —Además, tú no lo entiendes. Ya no juegas con nosotras ¿Qué haces aquí afuera? 

Él se levantó del suelo y se acercó a ella. Christian Emerson tenía diecisiete años y era un incordio de lo peor. Se burlaba y reía de todo lo que ella hacia y parecía que tenía derecho a jugar a ser Dios  porque era dos años mayor.

Tenía piernas largas y fuertes. El pelo se le rizaba un poco formando un flequillo por encima de la frente, la mezcla de tonos desde el castaño al dorado. Su cara era delgada, de rasgos definidos, con un carnoso labio inferior que siempre le había intrigado. Esos ojos de color azul con una mezcla de verde que tenían un brillo inteligente y con un destello de melancolía. Jessie conocía esa tristeza. Era lo único que los dos tenían en común. 

“Christian Emerson era un niño rico que se aislaba en su mundo y parecía que no tenía amigos. Jessie se había  preguntado muchas veces como su hermana, Maggie eran tan extrovertida.”
 

—Deberías tener cuidado, mocosa. Podrías caerte. 
—Me conozco cada lugar del jardín mejor que tú.
Lo único que pudo hacer fue encogerse de hombros para quitarle la importancia al asunto.
—Seguramente. Deberías haber sido un chico.
Le hirvió la sangre al escucharlo. Apretó los puños a los costados y meneo la cabeza, haciendo que la coleta que llevaba se agitara.
—Y tú deberías haber sido una chica. Todo el mundo sabe que no te gusta mancharte las manos, niño bonito. Eso fue un golpe bajo. Que pareció tener efecto, porque se enfadó. 

Así empezó una nueva pelea entre aquellos dos muchachos. Christian empezó a burlarse y retarle con cada frase sobre la manera en la que Jessie se comportaba. Jessie era así una chica muy sencilla, odiaba los vestidos, o cosas relacionadas con maquillaje según ella no le hacía falta y malgastar dinero en esas tonterías no le agradaba,  menuda experiencia estaba tomando con lo que su ex mejor amigo le estaba diciendo. Cuando Christian se burló de su poco experiencia en besar o más bien le había dicho que jamás ella beso a alguien. Todas sus amigas a sus catorce años ya habían experimentado sus primeros besos, incluida Maggie, pero esa idea para ella le revolvía el estómago. Antes de que Christian se diera cuenta o afirmarle delante de él prefería mentirle.  

Vaya que el destino sí que estaba en contra de Jessie, su adorable amigo le estaba desafiando a que le mostrara que ella si sabía besar. Ella no sabía qué hacer y su estómago dio un vuelco, se le acelero el corazón y empezaron a sudarle las manos y puso cara de asco. Cada palabra le escocia sus pensamientos. Todas las dudas y las incertidumbre que la consumían salieron a la superficie para darse cuenta que era distinta. ¿Por qué no era como Maggie? ¿Por qué prefería pintar, leer y jugar con los animales antes que fijarse en los chicos? Y la idea tonta de que Christian tuviera razón de que en verdad fuera defectuosa, le sucumbió sabía que estaría cometiendo un error pero no le daría gusto a Christian que se burlara.  

Tomo valor y acorto la distancia. Chris adopto un poso de arrogante como si estuviera aburrido de todo eso. Jess inspiro profundo se acercó y como había visto en películas se inclinó hacia adelante  -"No voy a meter la pata. Solo relájate, ladea un poco la cabeza para evitar cualquier golpe. Besar es muy sencillo"-. Cuando siento el pequeño roce y un tibio aliento en los labios. Echo la cabeza hacia atrás y se detuvo, acto seguido, los labios de Christian  rozaron los suyos.

Esa pequeña caricia, la hizo experimentar un sinfín de emociones. El contacto de sus dedos sobre los hombros. La dulce presión de su boca. En ese breve instante él le dio  un regalo extraordinario. Abrió las alas que su corazón tenia, mientras esa extraña felicidad corría por las venas. Ese fue su primer beso de verdad ¿Cuántas veces había temido la experiencia, tan solo por dejarse llevar por el pánico de que odiaría a los chicos y los besos? En ese momento ya sabía que no era así y jamás se volvería a cuestionar esa parte. 

Christian se apartó muy despacio mientras ella abría los ojos. Sus miradas se encontraron Jessie sintió que las emociones le saltaban por todo el cuerpo, como si estuviera a punto en una montaña rusa, contuvo el aliento y espero. En cambio él tenía una expresión rara. La miraba como si no la hubiera visto en la vida. Por un glorioso momento el sintió algo en las profundidades de su corazón, esbozó una sonrisilla a la cual Jessie correspondió pensando que no se burlaría y se olvidaría de ella y como una niña recién aprendiendo a nadar se lanzó a la piscina sin salvavidas.  

—Te quiero—

Ella no dudo de su respuesta en ningún momento, segura de la amistad que tenían y después del beso. El confiara más en ella y se lanzara a la piscina con ella, lo dijo. Sin embargo él tuvo una expresión de asco y seguidamente una carcajada. Jessie parpadeo para lograr entender su reacción, pero cuando volvió a mirarlos a los ojos, el hielo se apodero de su pecho.

Christian meneo la cabeza con expresión socarrona y desdeñosa,  y con unos comentarios fuera de lo normal él se marchó riéndose.  Segundos después unas pequeñas risillas conocidas para ella supo que ahí estaba una de sus amigas escondida entre los arbustos. Ahora sí que todo el mundo se enteraría. En ese preciso momento, tomo su primera decisión adulta; jamás permitiría que Christian o que cualquier otro chico la humillaran de nuevo. Se dio media vuelta y salió corriendo del jardín, olvidando ya el juego del escondite, mientras se preguntaba que era el dolor que le invadía el pecho. 

Jessie Burn  (...)






 Miraba el reloj incesantemente, hacia horas que estaba contemplando en silencio la pequeña fogata que ardía en el centro de su salón y se preguntaba si aquello daría resultado. Sí que estaba loca no era de esas brujas o malas mujeres que hacían hechizos, pero estaba desesperada necesitaba a un hombre  y a ser posible uno que tenga y le sobre ciento cincuenta mil dólares. Aún tenía aquel trozo de papel que contenía la descripción de las cualidades de mi alma gemela. Lealtad, inteligencia, sentido del humor, fuertes vínculos familiares y amor por los animales e ingresos importantes.


La mayoría de los ingredientes ya se estaban cocinando. Tuve que arrancarle unos cuantos cabellos a mi hermano y el aún esta cabreado conmigo. Una mezcla de hierbas aromáticas (seguramente serian para que mi alma gemela tenga su lado tierno). Y un palito para…. Mejor eso ni pensar. Tomo el valor y con una bocanada de aire lance el trozo de papel a la cubeta y observe como ardía.  –Que tonta– mi conciencia, sí que me sentía una tonta por lanzar un hechizo de amor, pero eso es la única opción que tengo y no tengo mucho que perder. Ser la dueña de una librería en una moderna ciudad universitaria al norte de New York, pensaba que me permitiría ciertas cosas pero no ahora estoy aquí como una tonta haciendo hechizos para que me mandara al hombre perfecto. Sacándome todos esos pensamientos tome el extintor que estaba cerca, sabía que lo necesitaría si por algún motivo me echaría para tras, pero los recuerdos cuando queme la pizza en el horno,  sonreí, lo que ahora necesitaba era una copa de vino tinto para celebrar la maravilla.

 


Todo lo que estaba haciendo era por mi familia, y por mí misma. La librería ya  tenía una hipoteca y los ingresos no ayudaban mucho para pagarla. Los proyectos de remodelarla e implementar una cafetería se estaban quedando en solo ideas. Los negocios de mi padre estaban en un momento malo, estaban a punto de vender la casa, el hogar donde crecí y viví muchas cosas y eso no lo permitiría. 

Ya encontraría la solución para mi librería ahora lo más importante era ayudar a mi familia. A mis veintisiete años  con un negocio y profesión debería vivir en un bloque de pisos modernos, vestir ropa de marca y salir con hombres todas las noches. Pero no en cambio yo apto por adoptar perros, comprar cosas sencillas. Este estilo no salvara a mi familia de la ruina. 

Un sorbo de vino calmaría mis pensamientos, reconozco que nadie tiene el dinero suficiente y si existiera esa persona con tanto dinero, yo no acabaría bien, además este patético hechizo no traería al hombre perfecto. El timbro sonó después de mis pensamientos. << ¡Dios mío!>> pensé e inmediatamente me fije en mi atuendo no  me daría tiempo a cambiar, solté un suspiro y abrí. 
—Ya era hora que abrieras.  
Cuando la vi mis esperanzas cayeron. Maggie Emerson mi mejor amiga estaba de visita una vez más.
—Se suponías que deberías ser un hombre.
Maggie resoplo, entro mientras se sentaba en el sofá, me pude fijar que llevaba las uñas pintadas de color rojo.
–Sigue soñando. Asustaste al último con el que saliste, así que no pienso a concertarte otra cita en la vida ¿Qué ha pasado aquí?
— ¡Asustarle! Yo pensé que me atacaría.
—Jess, Jess, solo se inclinó para darte un beso, es un ritual después de una cita.
Me encogí de hombros, empecé a recoger loa papeles que había por medio, los metí en la bolsa de basura y después tome la cubeta.
—Si mal no recuerdo, llevas sin acostarte con nadie unos diez años, ¿no?
—Bruja
—Monja.

Con ella no podía, hice un mohín he eche a reír. Hablar con mi mejor amiga me hacía bien, olvidarme de los problemas que tenía. En este caso Maggie era muy buena escuchando pero dando consejos mejor ni hablar. La curiosidad me entro por saber que hacia ella en mi casa un sábado. La respuesta estaba clara otra cita, según ella no le gustaba pero como está demasiado bueno no dejaría escapar la oportunidad. 

—Ojala pudiera ser como tú, Maggie. ¿Por qué no soy tan desinhibida?
—Pues a mí me gustaría ser un pelín menos. —Las dos reímos, pero la risa de Maggie era de tristeza pero para no indagar en sus temas ella desvió la vista hacia el cubo—. Dime, ¿Qué pinta la cubeta?
Diablos me había atrapado, note que mi cara tomaba el color como el tomate, Maggie se burló y enarco las cejas esperando respuesta.  
—El fuego era en honor de la Madre Tierra— susurre.
— ¡Por Dios Bendito!
—Escúchame, estoy desesperada. Todavía no he encontrado al hombre de mi vida y me ha surgido otro problemita que debo solucionar. Así que no vi la mejor manera de unir las dos cosas para reducir la lista.  
Maggie me miro sorprendida y con señales que a ti se te cruzaron los cables. Me explicación fue rápida y precisa. Una de mis clientas me había contado de un  libro de hechizos de amor, y me sugirió al principio pensé que estaría mal. Me explico cada detalle del hechizo, es así como ella había conseguido al amor de su vida. Claro mi mejor amiga aún estaba intentándome comprender. Pero ella no se quedaría con las dudas y siguió con el interrogatorio.  

—Ya comprendí todo, ahora déjame ver la lista.
—La he quemado. — maldita, sonrió y con toda una triunfadora se levantó.
—Te conozco desde hace….dieciocho años, sé que tienes una copia debajo del colchón. 
Tomo la dichosa copia de la lista,  volvió a su sitio anterior, tomo la copa de vino a medio acabar y empezó la lectura. Para mí la humillación. Por cada número hacia su pequeño análisis en una cosas estaba de acuerdo conmigo en otras simplemente le parecían bobas. Alzo la vista volvió la vista al parecer llego a la numero diez. 
— "-Que tenga ciento cincuenta mil dólares en efectivo y disponibles-".—Alzo la mirada—. Necesito detalles.
—Necesito a un hombre a quien pueda querer y al que le sobren ciento cincuenta mil dólares. Y los necesito ya.
— ¿Para qué?
—Para salvar Tara— vi como Maggie se confundía más —La casa de mi madre, es el patrimonio familiar. Maggs, yo ya sabía que había problemas, ellos aun así me decían que todo iría bien ahora me entero que quieren vender y eso no lo puedo permitir. Además ellos no tienen dinero y mucho menos un lugar a donde ir. Haré cualquier cosa con tal de ayudarlos, incluso casarme. Como Escarlata.
Pasaron algunos minutos hasta que Maggs reacciono, gimió y cogió su bolso. Saco el teléfono y marco un número. 
— ¿Qué estás haciendo?
Me estaba esforzando para controlar el pánico que me estaba invadiendo, el solo pensar que mi amiga no me entendería.
—Estoy llamando a tu solución—
Maggie era una buena amiga pero que ella tuviera la solución si daba miedo, las citas que me solía hacer siempre han acabo mal. 

—Emerson— se escuchó al otro lado de la línea
—Christian, soy yo. Maggie. — Mi corazón se paró, un silencio se hizo — ¿Has encontrado ya esposa?

Escrito 2:
Capítulo 05


Elemento I || Jessie Burn || New York.


Jazmines, rosas y el olor a un hermoso jardín de pequeñas flores. Rodeaba e inundaba a una pequeña niña que con su sonrisa iluminaba el día. Dos figuras observaban a la niña, sus miradas indicaban que estaban muy felices por aquel ángel que tenían a su lado. Lentamente se acercaron, la niña corrió a sus brazos. Un hombre de brazos fuertes la levanto en brazos después de unos largos besos y cariños una guerra de cosquillas empezó.
La madre de Jessie solo miraba. En sus ojos aparecieron algunas lágrimas pero esas lágrimas eran de felicidad. Susan era una joven que como toda mujer sueña en casarse y tener muchos hijos a quine cuidar y mimar. Casarse se la había cumplido pero el tener hijos no; Jessie llego a ellos como un milagro,  ella no podía tener su propia sangre, eso a ellos no le importaba era su hija y eso nadie lo negaría. 
 
Porque tan pensativa–  su esposo, la tomó por sorpresa y ella se asustó. 
–Eres un tonto. Solo que me cuesta creer que al fin este con nosotros–  La adopción de Jessie no fue fácil. Los señores Burn tuvieron que realizar algunos viajes, para buscar el lugar y casa perfecta para poder cuidar a la niña. La noticia que la adopción fue aceptada  Susan paso un día completo llorando, siempre contando con el apoyo de su esposo Nick. 
–Lo se cariño. Ahora disfrutemos, sabes que crecerá  y ya no será más una niña. Quera salir, vivir su juventud.
– ¡Mami y Papi! – grito Jessie, saltando al divisar unas mariposas y ella iba tras ellas.
–Ten cuidado puedes caer.
 

(****)












       Una joven de estatura media, cabellera negra el cual resplandecía por los rayos de sol que iluminaban toda su habitación. Se movía tras las sedosas sabanas que cubrían su cuerpo. Lentamente fue abriendo sus ojos que inmediatamente ella los cerros por la luz, se molestó mucho; unos minutos más tardo en levantarse, tomando el teléfono que estaba en la mesilla, la incesante canción Bad Girl anunciaba que sus padres la estaban llamando. 
 
     Susan y Nick decidieron tomarse unas vacaciones. El trabajo los mantenía ocupados  cada vez se les hacía difícil pasar más tiempo con su hija. Los regalos, viajes, entre otras cosas no parecía que estaban haciendo efecto a medida que Jessie creció; las cosas cambiaron se convirtió en una joven rebelde, un tanto fresa, y rencorosa por la poca atención que le dan sus padres. 
 
      Jessie se fijó en la hora aún era las ocho de la mañana. No entraba hasta las diez a clases. Con algunas maldiciones contesto la llamada. Al escuchar la dulce voz de su madre, ella se estremeció, la misma voz del sueño. Apretó su celular para poder entender, últimamente aquellas escenas de su niñez que no lograba recordar ahora aparecían en sueños. Era como si ella hubiera viajado en el tiempo y estaba viviendo eso –Es producto de tu imaginación– se dijo pero su ara indicaba que no se quedaría con la duda. 
 
–Mami, alguna vez tuvimos una casa con un jardín con variedad de flores– al otro lado de la línea solo se escuchó un ahogado respiro por parte de la señora Susan. 
– ¿Cómo…?– 
–Lo tuvimos o no–
–No– fue la respuesta más rápida que Susan dio. –A qué se debe su pregunta señorita–
–Te advierto que si te burlas no me vuelves a ver– le contesto Jessie a su madre antes de contarle su sueño.  –Eso es lo que paso, en fin. Tengo que colgar, o tendré que tomar la moto para llegar a tiempo.
 
El sonido que la llamada había sido terminada se escuchó. Jess solo sonrió, su madre sabía que ella era un peligro conduciendo motos. A estas alturas sabe bien que ella es mejor conduciendo autos que motos.  Jess no tardó mucho en cambiarse. Hoy iría con sus típicos vestidos, zapatos de tacón, un bolso que combinaría su conjunto. Al terminar recogió un poco su habitación, tomo su bolso. El sonido de sus tacones resonó por toda la casa. Más porque ella ahora estaba corriendo buscando sus libros y llaves. El orden no era común en ella. Cuando al fin encontró sus llaves, soltó un suspiro. 
 

(****)












      Las notas de  Bed of roses resonaba por todo el vehículo. La joven que lo conducía al parecer no se daba cuenta de que su aceleración estaba descontrolada. La flecha que indicaba la aceleración cada vez marcaba más. A tan alta velocidad un accidente estaba a las puertas. Jessie al parecer eso era lo menos que le importaba. Al parecer esa adrenalina era el remedio más seguro que ahora tenía.  
     Otro auto le estaba pisando los talones. Al parecer igual aquella persona no se daría por vencido. Jessie lo estaba observando por el retrovisor y su ira aumentaba. Jessie sabía que sería imposible perderlo de vista era tan bueno como ella conduciendo. 
      Cuando Jessie se había mudado a una de las ciudades más pobladas. Ni por sus más remotos pensamientos imagino volverlo a ver. Ahora él todo un hombre de 24 años, claro que había desarrollado ahora tenía unos músculos que ella podía mirar. Un porte de caballero andante, esos ojos marrones que alguna vez la miraron de una manera especial. Ahora se volvieron a encontrar –Esto debe ser una pesadilla– se dijo mientras baja la velocidad de su auto. Cuando diviso una de sus cafeterías favoritas, estaciono, tomo su bolso y bajo del auto. 
    Jessie al fin pudo respirar al sentir que no la seguía. La puerta de  Café Grumpy se abrió. La persona que estaba tras el servidor sonrió al verla.  La joven se relajó, tomo el lugar que siempre estaba apartado para ella. Pidió un café bien cargado.
 
–Tus amigos han llamado muy preocupados– Maggie es una joven muy activa, risueña, a sus 23 años, es la dueña de una de las cafeterías más conocidas. Se casó cuando había cumplido la mayoría de edad. Es madre de un hermoso niño, con ojos azules, rubio como su padre. Ella siempre ha sido el apoyo de Jessie cuando sus padres no están con ella. La mujer estaba preocupada.
–Necesito estar sola– contesto Jessie, sus pensamientos eran confusos y necesitaba ordenarlos. 
–Recuerda que aquí me tienes– Maggie dejo la taza de café y se retiró, no sin antes  darle una mirada y negar con la cabeza.
 
    Tanto como ella y la otra persona del auto necesitaban su tiempo para aclararse. Solo que el joven que conducía el otro auto y tenía las cosas. Su regreso era inevitable, sabía que Jessie se sorprendería con su llegada y de la manera. Al verla supo que no se lo había tomado muy bien. No dudo ni un poco en seguirla, luego se arreglaría con las autoridades y sus nuevos alumnos.
      Jessie seguía sentada en esa cafetería. Su rostro estaba lleno de lágrimas, sus manos temblaban, la taza de café casi termina en el suelo, su respiración era muy irregular. 
   La familia de Jessie antes de establecer raíces en New York, tuvieron  que mudarse varias veces. La razón era que siempre que llegaban a algún lugar su hija sufría de dolores insoportables en la marca en forma de reloj que Jessie tenía en la parte baja de su cadera. Susan y Nick como no soportaban ver a su hija hicieron lo posible para que ella no tuviera más dolor. Los dolores terminaron cuando llegaron a New York. Así es como Susan y Nick deshicieron todas las pruebas o cosas que hicieran recordar a Jessie esas cosas de niñez. 
  Lo que no se percataron era que Zayn McBane volvió a la vida de Jessie. Zayn es el hijo menor de la familia McBane. Una familia de dinero con grandes influencia y socio de una de las empresas de los padres de Jessie. Zayn y Jessie perdieron contacto cuando dejaron California. Jessie era una niña de 10 años y Zayn un adolescente de 15 años. Eran como hermanos Zayn siempre estaba al pendiente de las cosas que hacia Jessie, la defendía cuando ella cometía errores o travesuras que a sus padres no les gustaban. Ella también ayudaba a Zayn con sus escapadas, sus citas, sus amigas, y novias. Todo era perfecto para los ojos de Jessie cuando al fin pudo hacerse la idea que estaría bien, el dolor volvió. Y nuevamente tuvieron que irse. 
  Todos esos recuerdos que muchos pensaron no sería fácil para Jessie recordar. Fueron inútiles los recuerdos uno tras otro llegaban como flash a su cabeza. Mientras los flashes se posesionaban en su cabeza, el dolor de cabeza se hizo profundo y aumentaba cada vez. La taza que tenía en sus manos se desvaneció en la mesa regando todo el líquido sobre la mantelería que cubría la mesa  y segundos después caer al suelo.  Sus ojos se fueron cerrando poco a poco.

te dejo mis escritos

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Re: ¿participarías en un rol colectivo?

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 17:18


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