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Teenage Love.

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Teenage Love.

Mensaje por Kurisu el Sáb 16 Jul 2016, 10:59 pm

Teenage Love
Mi encantadora y sobre todo, inspiradora historia...
— Levántate de una buena vez – escucho vagamente a mi hermana menor gritar detrás de mi puerta, hermoso inicio.
— Cinco minutos – murmuro a pesar de que ella no va a escucharme.
— ¡Me comeré tu porción de tocino! – amenaza como si mi vida dependiera del tocino.

Me levanto como puedo mientras reprimo un bostezo y me encamino a paso lento para abrirle la puerta a Jenna, quien levanta la cabeza cuando por fin abro, sus ojos azules me inspeccionan de arriba abajo, como viendo el desastre de hermano mayor que tiene.

— Realmente eres un caso perdido – dice al final.
— Eh, gracias por decirlo – bostezo estirando mis brazos y la hago a un lado para ir al baño – me pregunto si en realidad tienes once años – comento mientras arrastro los pies.
— Si, si – mueve la mano de un lado a otro, luego, recuerda algo y chasquea los dedos – por cierto, tu novia está aquí.
— ¿Eh?
— Si, la chica que vive a unas casas, ya sabes… - ladeo mi cabeza intentando conectar dos de mis neuronas – si te despertaste más atarantado de lo que mi mamá decía – susurro.

En cuanto termina de decirlo, corro como alma en pena bajando las escaleras, a la vez que me apresuro por llegar a la sala de estar de donde provienen las risas. Dentro de la habitación, me encuentro a mi madre quien está bebiendo un té acompañado de Crystal. Apenas nuestros ojos se cruzan y todo el aire que tenía en mis pobres pulmones sale de golpe, sería poco decir que me gusta mi mejor amiga, por más cliché que se escuche, más nunca le había dicho algo, tal vez sea un cobarde, y si, definitivamente es eso.
Crystal y yo hemos estado juntos desde el último año de primaria cuando ella se mudó a dos casas de la mía, donde mis padres me obligaron a ir con ellos a conocer a los nuevos vecinos, y aunque al principio no nos llevamos del todo bien, estamos aquí.

— ¿Qué diablos…?
— Bonita mañana – saluda mi amiga levantando la taza de té, sus ojos marrones brillan como si se estuviera burlando de mí dentro en su mente.  
— ¿Qué hora es? – pregunto de pronto.
— Pasan las siete – habla mi mamá mientras me ve confundida - ¿Qué tan noche estuviste en la computadora? – entrecierra los ojos e intento no ponerme rojo.
— ¿Sonó mi alarma?
— Treinta minutos – me sobresalto al escuchar la voz de mi hermana.
— Diablos – maldigo echándome a correr escaleras arriba – estoy listo en quince minutos – logro gritar apresurado para poder alistarme.
— Es así todos los días… - escucho a mi mamá decir.

Puedo decir con toda certeza, que me bañe y aliste mis cosas en tiempo récord, ni la caída que logre darme en la ducha me había detenido, tenía que partir antes de que mi mamá “corriera” a Cris alegando que ella iba a llegar tarde por mi culpa. Guarde los cuadernos de mis clases de golpe en la mochila y me la eche al hombro para irme, cerrando la puerta detrás de mí.

— ¿A dónde vas? – pregunto mi otra hermana menor abrazando su peluche.
— Voy de viaje con Cris –mentí mientras ella se veía molesta.
— ¿Puedo ir contigo?
— No lo creo Marie – negué con una ligera sonrisa – de lo contrario, nadie cuidaría mi cuarto de las garras de Jenna y mamá.
— Cierto, déjalo a mi cargo – sonrió con confianza y asentí reprimiendo una risa.
— Hola pequeña mujer – escucho a Crystal detrás de mí - ¿Listo?
— Claro – me levante tras revolverle el pelo a mi hermana.
— Cuida de mi hermano – advierte la pequeña.
— Oye, ¿Las cosas no serían al revés? – pregunta Cris sonriendo.
— No, porque él no se sabe cuidar solo – comenta Marie cruzándose de brazos. Vaya familia que tengo.

Me despedí de mi mamá mientras ella me decía una y otra vez que no ocasionara peleas, y otras cosas que me hicieron pasar la peor vergüenza de mi vida. Cuando al fin pusimos las cosas en el auto de la castaña y partimos, sentí que podía respirar. Después de todo, había ganado al poner mi música.


Entramos a la escuela seguidos de las típicas miradas chismosas que los demás nos habían dado, seguramente, Peter había corrido el rumor de que yo me le iba a declarar a Crystal, si es muy probable que el “mejor” amigo del mundo haya hecho eso. Lo voy a matar.
Apenas llegamos a la primera clase y cada uno se fue a su asiento designado por los maestros, por lo tanto, Crystal se quedó en los asientos de enfrente encontrándose con sus amigas, mientras que por mi parte, yo me tuve que encontrar con el pesado de Peter, como lo odio.

— ¡¿Cómo vas?! – grito como si estuviéramos solos y me tuve que volver a contener.
— ¿De qué estás hablando? – sonreí forzadamente, dándole a entender que se callara, pero eso no lo detuvo, solo el cielo sabe que no.
— Hablo de tu declaración de a…
— Ah, te refieres a mi declaración de guerra en contra de los del laboratorio de ciencias – sonreí aún más, asemejándome al guasón – demasiado bien…
— Me alegra, pensaba que se te iba a ir viva.
— A veces no sabes cuánto te odio – le susurre acercándome a su rostro.

Peter sonrió burlonamente y reconsidere el título de “mejor amigo”, como quisiera estrangularlo – tres veces al día, siete en la semana – pero no tenía de otra. Cuando llego el maestro finalmente, todos se centraron en la clase del profesor más duro del colegio, inspiraba cierta aura maligna cada vez que pasaba por los pasillos, era hasta temido por sus compañeros, pero claro, ese tipo de temor, no le llegó a Peter ni a los talones.
Mi celular comenzó a vibrar en mi bolsillo y tuve que sacarlo con cautela mientras observaba los mensajes de Peter, quien los enviaba mientras seguía observando el pizarrón, este chico era experto en esta clase de cosas.
Conteste algunos demasiado absurdos, hasta que el muy desgraciado se quiso soltar riendo, haciendo un sonido que por supuesto, llamo la atención del maestro, y seguido de eso todos voltearon a verlo confundidos.

— ¿De qué se ríe joven? – pregunto el maestro caminando hacia él. Oh dios mío.
— No es nada, recordé algo gracioso de Reed – diablos, necesito más amigos.
— Señor Reed, señor Peter, préstenme sus teléfonos – pidió encolerizado por la risa de Peter.

Le pase el teléfono con la mano temblorosa y comenzó a leer con cuidado los mensajes que nos habíamos estado mandando, tuve la suerte de no mencionar si quiera el nombre de Crystal, pero diablos, las claves que Peter y yo utilizábamos eran demasiado estúpidas, en exceso.

— No mientas, le tienes ganas a esa carne – leyó el maestro haciendo que me hundiera en el asiento – y el señor Reed contesta – ¿En serio me está pasando esto? – idiota, no en ese sentido, si lo describiera, sería una ensalada con aderezo…
— Maestro…
— Jóvenes, tendrán que guardar su hambre para después – sonrió de una forma que dejo helado a todo el salón, el cual se estaba conteniendo la risa – tendrán detención por una semana completa.
— Pero…
— Su ensalada puede esperar joven Reed – finalizo el maestro dándome una de sus célebres miradas gélidas.

Y por si la situación no estuviera de lo peor, Peter se soltó riendo como el desgraciado que solo él, puede ser.


— Ya en serio – hablo Peter sentado a tres bancas a distancia mía – no esperaba que el buitre nos encontrara hablando – sonrió al recordarlo.

Luego de eso, en donde toda la escuela prácticamente pensaba que me había vuelto loco, a la vez que los del laboratorio de ciencias me perseguían preguntándome que tenía en contra de ellos, fue que designe a este el peor día del mes. Tras un corto regaño de Crystal, tuve que quedarme en detención junto con Peter y una chica que traía puestos sus audífonos a un volumen excesivo, además de mi pésima tarde, tendría que caminar a mi casa ese día.

— ¿Cuándo le vas a preguntar a Crystal? – pregunto Peter, lo tuve que fulminar con la mirada para que no siguiera hablando – vamos, la vieja Patrice está dormida, hasta se le sale la baba – argumento señalando a nuestra cuidadora – y la chica del fondo esta con el volumen más inhumano que nunca.
— No estoy de humor…
— Nunca lo estas – canturreo jugando con sus dedos.
— No lo sé – conteste al final para que se callara – tal vez en la fiesta de Clary, el fin de semana, creo que las cosas se pusieron demasiado obvias…
— Ni que lo digas, toda la escuela sabe que algún día, tú y ella terminarán juntos.
— Espero… ¡Oye! – chille haciendo que me volteara a ver – es la cosa más inteligente que has dicho en este día – me cubrí la boca simulando sorpresa y Peter me lanzó una bola de papel que estaba en el suelo.
— Acabas de arruinar mi humor de filósofo del Renacimiento.


Para asegurarme de que las cosas iban a marchar bien, me había pasado planeando mi “declaración” durante la semana que le siguió, escribí las palabras en un papel y luego las ensayaba cuando estaba solo en mi cuarto por las noches. No fue sino, hasta el jueves por la noche, cuando llegó mi hermana molesta a mi cuarto, azotando la puerta con una mueca enfadada.
No miento al decir, que parecía el diablo en el cuerpo de una niña de once años, hasta su presencia emanaba un aura negra.

— ¿Te puedes callar? – pidió o más bien, exigió – estoy queriendo dormir.
— Oh vamos, no es como si hablara demasiado alto – reste importancia mientras devolvía mi vista a mi hoja de ensayo.
— Crystal, tus ojos son como dos mundos en los que me gustaría perderme – canturreo mi hermana exageradamente – eres patético.
— Haber, muy madura, dime tu consejo – pedí con el orgullo que me quedaba.
— Solo díselo y déjame dormir – chillo enfadada azotando de nuevo la puerta.

Como si las cosas fueran tan fáciles.
Al día siguiente y para sorpresa de todos, estaba despierto mientras esperaba a mi familia, sentado tomando un café cargado, intentando disimular que no dormí nada en la noche anterior.
Mi papá se sentó a un lado de mí con cautela como si tuviera miedo de espantarme y tomo su periódico, leyéndolo y observándome a la vez.

— Papá – hable de pronto haciendo que arrugara el periódico - ¿Cómo le dijiste a mamá que saliera contigo?
— Solo le dije – respondió aturdido.
— No puede ser – comente sorprendido mientras mi hermana rodaba los ojos.
— ¿Eso es lo que tanto estás pensando hijo? – cuestiono mi mamá con una sonrisa cariñosa.
— Crystal aceptara – me tranquilizo mi padre.
— Espera ¿Cómo supiste?
— Hasta un ciego se daría cuenta – hablaron al unísono mis hermanas.
— Yo opino – intervino mamá – llévale flores, unos chocolates y una película romántica.
— No creo que ese plan sirva en ella, mamá – negué con una vaga sonrisa – si fuera a llevarle algo, sería un nuevo cargador de computadora, unas papas fritas de limón y una película de terror.
— ¿Si es tu mejor amiga porque lo piensas tanto? – pregunto mi papá dejando de lado su periódico – solo debes armarte de valor y listo – concluyo.
— Supongo, pero…quería que fuera algo especial – confesé mientras todos se centraban en su almuerzo.

Terminando de comer, me despedí de todos y partí a la escuela.


— Abuela, ayúdeme – rogué a la anciana del café que frecuento.

Peter negaba con la cabeza mientras observaba como la señora me estaba ignorando olímpicamente.
Tras un día horrible en el colegio, donde ninguno de mis amigos me pudo dar respuestas concretas, tuve recurrir a mi arma más letal y secreta, la abuela del café donde trabaja Peter por las tardes. La diferencia ahora, era que Crystal no iba conmigo, cosa que extraño a la mujer.  

— Sé que usted tiene experiencia, no mienta.

La abuela avanzó a zancadas hasta quedar enfrente de mí y darme en la cabeza con la charola que estaba utilizando hace poco, Peter carraspeo intentando no reírse.

— Sé hombre – chillo exasperada – dile lo que verdaderamente sientes y todo irá bien, si te corresponde está perfecto…
— ¿Y si no? – hablo Peter detrás.
— Tendrás mi famoso chocolate especial – sonrió la mayor haciendo que tuviera al menos un poco más de confianza en mí.


Era el día de la fiesta, y las cosas eran totalmente diferentes a como en realidad me lo había imaginado, la atmosfera “romántica” que quería tener en el patio, era invadida por un grupo de personas totalmente ebrias a treinta minutos de haber iniciado la verdadera fiesta, aunque al parecer, ellos estaban en una sintonía diferente.
Atravesé como pude el jardín y llegué a la sala de estar, en donde decidí esperar a Crystal, quien estaba seguro, iba a llegar tarde al no saber que ponerse, algo muy común.
Sentí como alguien se sentaba en el reposabrazos del sillón y al levantar la cabeza, me encontré con Katherine, una diminuta chica que chillaba de emoción cada vez que veía algo que le agradaba.

— Oye, Reed – me hablo moviendo mi hombro con entusiasmo.
— Dime.
— ¿Por qué pareces deprimido?
— No lo estoy – negué sonriendo forzadamente – estoy nervioso.
— Oh, por lo de Crystal – movió la mano restando importancia y me tuve que contener para salir corriendo – medio colegio lo sabe, pero tu secreto está a salvo conmigo – guiño el ojo y sonrió.
— Eso me hace sentir mejor – rodé los ojos – por cierto, ¿Por qué no buscas a Peter?
— ¿Por qué lo haría?
— Le gustas – sincere haciendo que ella pegara el chillido, dulce venganza.
— ¿En serio? – sus ojos brillaban y algo me dijo, que era mutuo.
— Si, ve y dile – alenté mientras Kat se levantaba de un salto – y por amor a todo, no tomes ninguna bebida que te den.

Katherine asintió sonriendo, como agradeciéndome y salió en busca de Peter. Decidí dejar de esperar sentado en el sillón y comencé a estirar las piernas, observando a lo lejos como Peter se ponía rojo de pies a cabeza al ver a Katherine dando saltitos hacia él, algo había hecho bien al menos.

— ¿A quién espiamos? – pregunto alguien en mi espalda haciendo que diera un salto para alejarme – me ofende que reacciones así con tu mejor amiga.
— Tú muy bien sabes que no me gusta que me sorprendan así – respire hondo y di mi mejor sonrisa.
— ¿Qué pasa? – pregunto al final – ya sabes que cumpliré mi palabra de llevarte luego de la fiesta…
— No es eso – negué firmemente mientras tomaba valor, era la hora - ¿Podemos hablar afuera?
— Pero acabo de llegar.
— Será algo rápido, no es como si hubiera otra cosa aparte de embriagarse – apunte mientras me encogía de hombros.

Ella asintió más convencida y yo hice mi esfuerzo por mover mis piernas para llegar afuera de la casa, en esos momentos, se me estaba acabando mi momentánea valentía, pero de tan solo recordar lo que me dijeron todos – la abuela, mis dos hermanas, mis padres… - fue suficiente para que la recobrara.

— Oye – me llamo Crystal – recuerdas cuando estábamos más jóvenes, que nos creíamos gimnastas caminando por la orilla de la banqueta – se ríe al recordar y no puedo evitar unírmele.
— Si, hasta que te caíste de boca.
— Desde ese entonces tengo sueños frustrados ¿Sabias? – expresa exageradamente con una sonrisa – ahora bien, ¿Qué era lo que me tenías que decir?

Tome la mayor cantidad de aire que pude y me gire hacia ella.

— Cris – ella me miro atenta – no sé ¿Alguna vez pensaste en algo más que amigos?
— Somos mejores amigos no – respondió ladeando la cabeza. Mierda que me iba a aventar al tren.
— No de esa forma – pase mis manos por mi cara – me refiero, a llevar la relación más allá de amigos.

En cuanto lo dije, poco a poco comenzó a comprender a lo que me estaba refiriendo, puesto que el color se le fue de la cara y sus ojos parecían estar en un mundo lejano, había de dos: me había entendido o estaba pensando que puede ser más que mejores amigos.
Pero fue la primera opción.

— Reed, yo…
— Crystal – interrumpí – yo quiero salir contigo – vaya que me salió lo directo – sé que es una locura en este momento, pero en serio, te quiero demasiado y… mucho más que a una amiga, aún con tus manías y corajes que siempre haces cuando no te doy algo por lo que me has estado molestando siempre, me gustas y mucho.

Finalice de la mejor manera que mi mente me dejo terminar, pero algo no iba bien, o no estaba tomando el camino que había pensado, en absoluto. En lugar de darme un abrazo y un beso de los que mi imaginación estaba maquinando, Crystal se quedó estática sin saber que decir, vaya que he metido la pata, y hasta el fondo.

— Gra-gracias – tartamudea confundida.
— De nada – contesto mientras los dos nos quedamos petrificados viéndonos el uno al otro.

Pasan largos minutos antes de que se escuche como la policía está llegando a la fiesta de Clary, seguramente es el fin de la noche por un exceso de ruido en la primera hora de fiesta, algo penoso, y la desperdiciamos de esta forma.

— ¿Sigue en pie lo de llevarme a casa? – logro preguntar haciendo que Crystal me diera una bofetada.


Crystal no había ido a mi casa luego de lo que había pasado en la fiesta. En el camino, la pasamos en un silencio demasiado tenso, que ni la música logro disipar. Y aquí estamos, dos semanas habían pasado y me encontraba en un estado de semi-depresión. Me levante de la cama hasta la computadora que no había abierto en tres largos días y comencé a ver una película para evitar seguir pensando en ridiculeces.
Y todo marchaba bien, yo viendo “Como entrenar a tu dragón” con mi refresco y palomitas, si mis hermanas me vieran, de seguro dirían algo como “estas muy viejo para ver eso”, pero estaba condenadamente triste para preocuparme por eso.
Hubiera seguido así, hasta que una notificación de Facebook me apareció en una esquina de la ventana. Le puse pausa a la película y me dispuse a ver de lo que se trataba.
Un amigo de la escuela había comentado en una foto y desee no haber abierto eso, puesto que en la foto estábamos Crystal y yo, sonriendo como dos idiotas, me quede embobado durante – tal vez – media hora. Viendo como habían cambiado las cosas sin que yo lo quisiera, por eso mismo, me dispuse de todo el valor que pude reunir y salir en busca de Crystal, era suficiente de lamentarme viendo películas que normalmente no vería. Salí de casa recibiendo apoyo de mis hermanas y mi mamá me grito que volviera para la cena.  
Camine el trayecto a casa de Crystal tres veces, puesto que fueron dos las que desee regresarme a casa, pero en la tercera…

— ¡Deja de hacer eso, estúpido Reed! – grito Crystal desde su ventana, pegué el salto de mi vida y me tuve que contener a lanzarme a los arbustos del vecino - ¡¿Qué quieres?!
— ¡¿Puedo hablar contigo?! – grite desde la acera.
— ¡Dime!
— ¡No te voy a gritar lo que estoy por decirte, tonta!

Crystal rodo los ojos y cerró la ventana. Varios minutos después – los cuales me cuestione si en realidad iba a salir -, Crystal salió caminando con los brazos cruzados y un rostro de terror.

— ¿Qué quieres? – directo al grano, bien.
— Pues…quería hablar contigo sobre lo que paso – pase una mano por mi cabello desordenándolo – no debí de haber hecho lo que hice…
— No me digas – dijo con sarcasmo, que linda.
— Déjame terminar – murmure cansado – siento haberte dicho eso en las circunstancias en las que estábamos, tal vez, lo debí de guardar pero– suspire mientras sonreía ligeramente – en verdad, es lo que pienso, te quiero y no me arrepiento de nada de lo poco que te dije – afirme aun sonriendo – espero que no afecte nuestra amistad, eres la persona más especial que tengo, te prometo que no volveré a molestarte con eso – asentí poniendo las manos en mis bolsillos – ahora…eh, me tengo que ir, solo…quería decirte eso – sonreí lo más amplio que pude y Crystal me miraba con los ojos abiertos, sin pestañear – iré por un chocolate a donde la abuela, lamento interrumpir tu tarde.

Me gire sobre mis talones y comencé a caminar por la calle, una parte de mí, la más profunda y la que todavía conservaba esperanza, murió al ver que no me seguía o me detenía.


— El amor juvenil – comento decepcionada la abuela mientras me servía un té de cortesía, a un lado, mi chocolate con chispas, para el consuelo – debes de ponerte más guapo, eso es – suspiro mientras negaba con la cabeza – te puedo arreglar esa mata castaña que tienes por cabello – ofreció.
— Abuela, está pasando por la friendzone – consoló Peter.
— ¿La qué? – pregunto aturdida la mayor – ya no les entiendo a los jóvenes – murmuro molesta a la vez que hacía un café.
— Siempre puedo venir aquí a que se burlen de mí – sonreí con sarcasmo recordando como Peter se soltó riendo de mí al contarle mi historia.
— Por favor, hazlo más seguido – pidió el chico guiñándome un ojo.

Pase la tarde hablando con Peter de como las cosas funcionaron bien con Katherine, además de escuchar como la abuela regañaba a dos chicos por estarse pasando de tono en su café, las cosas me sonaron tan familiares que no pude evitar sentir una punzada de nostalgia al ver la silla vacía al lado de mí, aquella que ocuparía Crystal.

— Diablos, pasan las seis – murmure mientras dejaba el dinero en la mesa enseguida de Peter – después vengo por otro de esos chocolates con chispas – comente hacía la abuela quien negó.
— Solo era por la ocasión especial, no todos los días te rompen el corazón – regaño haciendo que sonriera.
— Es cruel – dije intentando hacerme el ofendido.

Me despedí de los dos y emprendí mi camino, más apenas dar tres pasos fuera del local y que se cerrara la puerta del café, choque con una figura que provoco que los dos cayéramos al piso, definitivamente, no era mi día de suerte.

— Lo siento mucho – me disculpe, mientras me levantaba con los ojos cerrados.
— No te preocupes – escuche una suave voz del piso.

Giré mi cabeza un poco y observe como la abuela y Peter estaban pegados al vidrio, viendo la escena con ojos curiosos, malditos chismosos.

— ¿Estás bien? – pregunte volteando al suelo, viendo a una chica que intentaba orientarse.

Toda ella era completamente diferente a mi mejor amiga, su ropa estaba desordenada tal vez por la caída, pero su pelo rojizo brillaba con fuerza a pesar de estar en plena noche, me encontré observando como ella volteaba a todos lados hasta reparar en mi existencia.

— Sí, estoy bien – asintió.
— Déjame ayudarte – ofrecí una mano al salir de mi trance y ella la tomo con confianza – vaya encuentro – los dos sonreímos – mi nombre es Reed.
— Marianne – sonrió con más confianza esta vez, sus ojos verdes resplandeciendo.

Y a partir de ahí, es otra historia demasiado larga por contar, pero que por el momento, no tengo las energías para iniciarla.

info:
Nombre: Teenage Love
Autora: Tessa {Teph}
Palabras en total: 3844 palabras
Géneros: Comedia/Drama

Gracias por leerC: espero que haya sido de su agrado:)

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