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La cura de Alexandra

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La cura de Alexandra

Mensaje por Andy Belmar. el Sáb 16 Jul 2016, 6:42 pm

La cura de Alexandra
Sin pensarlo él se trasformó en la cura para todos sus males




Todos los días eran una rutina para Alexandra Summers. Por las mañanas se levantaba a las siete de la mañana, se duchaba y se cepillaba los dientes.  Iba a su closet, tomaba unos pantalones oscuros; una remera de alguna banda de rock, calzaba botines negros y se vestía. Caminaba hasta la cocina de su casa, tomaba un cuenco, del refrigerador sacaba la caja de leche, vaciaba un poco en el cuenco el cual calentaba unos minutos en el microondas, para posteriormente sacarlo y le vertía un poco de avena a la leche. Se sentaba en la sala de estar, encendía la televisión en las noticias y las veía mientras comía la avena. Después iba a su habitación, tomaba los cuadernos de las materias que ese día le tocaban y los metía en su bolso. Iba hacia la cocina, sacaba la bolsa de basura, tomaba sus llaves, cerraba la puerta, posteriormente dejaba la bolsa de basura en el contenedor y al darse la vuelta el mismo gato blanco de manchas negras, el cual le maullaba todos los días.
— ¡Estúpido gato! —siempre le decía tratando de asustarlo—. ¡Déjame tranquila! Odio a los gatos, así que nunca te adoptaré.
A pesar de eso el gato maullaba aún más, he incluso la perseguía por tres cuadras antes de cruzar una avenida. Ella seguía su camino  sin importarle el gato, hasta llegar a la universidad, ella estudiaba su segundo año de derecho. Entraba a la universidad, caminaba por los pasillos he iba a  los mismos salones, los cuales pertenecían a su carrera. Después de las clases por las tardes una hora a la biblioteca para estudiar, después iba a trabajar a una cafetería que estaba a tres cuadas de su casa, al terminar su turno nuevamente iba a su casa, se encontraba con el mismo gato blanco de manchas negras, entraba a su casa, comía avena con leche, se iba a acostar y al otro día realizaba las mismas acciones.
Se podría decir que la vida de una chica de veinte años debería ser un poco más emocionante, considerando que vivía en Nueva York, pero la vida le había dado malos tratos, los cuales influyeron en que ella fuera una persona aburrida, un poco brusca y enojona. Primero e sus padres murieron cuando ella tenía diez años en un incendio. Trató de salir adelante, pero al no tener ningún familiar los asistentes sociales gubernamentales la dejaron en varias familias que acogían niños, pero en esos lugares siempre la maltrataban tanto física como psicológicamente. Después cuando tenía diecisiete años se enamoró por primera vez, pero el chico la rechazó por ser pobre y la humilló en el baile de graduación. Se podría considerar que después de todos estos hechos ella decidió endurecer su corazón, para que nuevamente no le hicieran daño.
El día de hoy era exactamente el mismo que todos los días, al llegar a la universidad tomó asiento en la parte de al medio del salón —era el mismo asiento de siempre sin importar que salón fuera— y esperó a que llegara el profesor de derecho laboral. Estaba tranquila repasando la materia de la clase anterior cuando siente que alguien se sienta al lado de ella, al girarse vio que era Colin Hamilton, el payaso de su generación y además de eso el chico que la acosaba constantemente pidiéndole una cita.
— Hola princesa —él la saludó—. ¿Crees que hoy es un buen día para que al fin me digas que sí a la cita que siempre te estoy pidiendo?
Ella lo miró. Era un chico alto, de ojos azules y cabello castaño oscuro y desde que el primer día de clases y lo había visto, ella lo encontraba el tipo más desagradable que pisaba la faz de la tierra. Constantemente estaba haciéndole bromas a todo el mundo, a sus compañeros de clases, a las cocineras del casino, los auxiliares he incluso a los profesores. Era milagro que el chico todavía estuviera estudiando en la universidad.
— Te he dicho millones de veces que no saldré contigo —ella le contestó tajantemente—. Tienes a muchas mujeres a tu alrededor ¿Por qué simplemente no le pides a alguna de ellas que salga contigo y a mí me dejas en paz?
Él simplemente le sonrió.
— Algún día me dirás que sí —le guiñó el ojo—. Cambiando de tema, fíjate en Natalie, hoy le toca a ella recibir una de mis bromas porque siempre te molesta y eso no puede quedar impune.
Natalie era una de las chicas más populares de la universidad, sus padres tenían mucho dinero y ella se jactaba de eso humillando a las personas, entre ellas a Alexandra porque ella era pobre y estudiaba con una beca.
— No tienes por qué librar mis batallas —ella le contestó enojada—. ¡Deja de meterte en mi vida!
— ¡Jamás! —él le contestó mirándola con ojos sinceros—. Algún día tú serás mi novia, nos casaremos y tendremos muchos hijos. Ahora fíjate en la puerta porque Natalie está a punto de llegar.
Efectivamente Natalie estaba abriendo la puerta y de la nada un cubo de agua con barro la mojó desde la cabeza hasta los pies. Había muchas personas en el salón y todas comenzaron a reírse a carcajadas.
— ¿QUIÉN HIZO ESTO? —ella gritó y miró a Colin—. Seguro que fuiste tú ¡IDIOTA!
En ese momento el profesor Carlos llegó, miró todo lo que estaba sucediendo y en su mirada había mucho humor. Él era el único de los profesores que se reía de las bromas de Colin y también sabía que Natalie era la más odiada de la universidad.
— Es solo una broma Natalie —él trató de tranquilizarla—. Toma la ropa que tienes en el auto, te cambias y listo.
— ¡Pero profesor esto no puede quedar así! —exclamó enojada.
— No, de hecho Colin tendrás que limpiar —le dijo mirándolo.
— Está bien profesor —él chico aludido exclamó.
Natalie se fue muy enojada. Colin se levantó del asiento y antes de irse le dio un beso en la mejilla a Alexandra.
— Siempre te cuidaré a pesar de que me rechaces,  no te librarás de mí tan fácilmente —y con estas palabras se fue a hacer lo que el profesor le había dicho.
{#}

Había pasado una hora desde el inicio de la clase, estaban haciendo unos ejercicios, pero Alexandra ya los había terminado. Ella todavía estaba pensando en lo que le había dicho Colin hasta que sintió que el profesor comenzaba nuevamente a hacer la clase.
— En una semana expondrán un trabajo acerca de que cuáles son los requisitos de distintas empresas en la contratación de trabajadores —dijo dando las instrucciones del trabajo—. Será en parejas y yo las asignaré.
Los estudiantes asistieron, el profesor decía los nombres de las parejas y daba el nombre de la empresa que tenían que estudiar.
— Alexandra Summers —dijo el profesor mientras estudiaba la lista—. Con Colin Hamilton.
A Alexandra inmediatamente no le gustó la idea de ser compañera de Colin. Se estaba levantando para ir hasta el escritorio del profesor y decirle que no lo quería a él como compañero, pero Colin se adelantó y recibió la información que el profesor le estaba dando. Al recibir los papeles Colin fue hasta Alexandra y se sentó en el banquillo al lado de ella.
— Te dije que no te ibas a librar de mí tan fácilmente —le dijo alegremente—. Pienso que tal vez podríamos juntarnos en la tarde para realizar este trabajo.
— En las tardes trabajo en el café que está aquí cerca —ella le respondió secamente—. Por lo que no podremos, mi turno termina tarde.
— Entonces después de que trabajes —él continuó—. Pero tenemos un problema, después de que termines tu turno la biblioteca estará cerrada y mi casa no es una opción porque mis hermanos menores son muy molestos.
Ella lo meditó un poco, debían obtener una buena calificación en ese trabajo porque ella tenía buenas notas y esa no iba a ser la excepción. Aunque no le gustara la idea, ellos tendrían que hacer el trabajo en su casa.
— Lo haremos en mi casa —lo miró con mucha rabia—. Tendremos que obtener una buena calificación o si no, eres hombre muerto. Nos veremos a las 20: 00 hrs en mi casa.
Tomando el cuaderno de Colin anotó su dirección  y ya era la hora del término de la clase tomó sus cosas y se fue.
{#}
Durante todo el día Alexandra estuvo enojada, estaba convencida que la mejor opción hacer el trabajo ella sola y después para la exposición entregarle sus partes a Colin y listo. No tendría que ver su bonita cara ni tendría que escuchar sus payasadas. Ya era casi la hora del término de su turno, al mirar hacia las ventanas de la cafetería se percató de que alguien estaba haciendo bromas en la ventana. Cada vez que pasaba realizaba distintas muecas, alegre, con miedo, enamorado, cara de payaso, etc. Miró al hombre y vio que era Colin, su rabia comenzó a aumentar, él no tenía por qué molestarla en el trabajo. Salió a la calle y lo miró enojada.
— Vas a hacer que me despidan —le dijo—. ¿Qué es lo que quieres?
Él se detuvo y la miró.
— Quiero tener una cita contigo—le respondió.
— Tendré una cita contigo cuando los cerdos vuelen —le contestó.
— Bien haré que un cerdo vuele —se fue corriendo quizás dios sabe dónde.
Entró y comenzó a limpiar las mesas, pero vio que su jefe comenzó a  reír, ella miró por la ventana y vio como Colin llevaba un globo en forma de cerdo, él miró fijamente la ventana de la cafetería, en el momento en que  sus ojos se encontraron soltó el globo y entró a la cafetería.
— Ves un cerdo voló así que  me debes una cita —le dijo sonriendo.
Alexandra estaba impresionada, ningún chico desde los diecisiete años la había tratado de conquistar de ese modo tan insistente. Sin embargo sabía que no debía caer en su juego.
— Un globo en forma de cerdo no cuenta —ella le señaló—. Además no tenemos tiempo para una cita, sabes que tenemos que hacer el trabajo para recursos humanos.
— Eso ya lo tengo cubierto —él le sonrió—. Un amigo es guardia de seguridad en la empresa que nos tocó, dice que hoy en la noche podemos colarnos en la oficina de recursos humanos he investigar todo.
¿Él quería entrar a una oficina de noche? Básicamente eso es entrar en una propiedad privada, iban a tener muchos líos si entraban en ella.
— ¿Estás loco? —le preguntó—. Si nos atrapan nos puede arrestar y tu amigo puede perder su trabajo.
No le importaba en lo más mínimo el amigo de Colin, pero sí que los arrestaran.
— Descuida —le dijo tomándole un brazo—. No nos atraparán, además mi amigo está aburrido de ese trabajo, considera esa.
La intensidad con la que Colin la miraba era algo nuevo para ella, al mirar sus ojos azules, sintió que su corazón estaba en paz. No estaba segura de por qué sentía esa sensación de paz, pero le agradaba.
— Deja de mirarme así —él le dijo acercándose aún más.
— No entiendo de que estas hablando —ella le contestó confundida.
— Me miras como si quisieras besarme —él le contestó acercándose más—. Desde que te vi el año pasado he tenido estas ganas locas de besarte.
De repente ella se fue por un momento al pasado, Daniel, el chico que la había humillado en la secundaria le había dicho exactamente lo mismo la primera vez que se habían besado. Ella se alejó de Colin y lo miró.
— Jamás me besarás —le dijo fríamente—. Tendría que estar muerta antes de dejar que me besaras, un chico como tú nunca tendrá una oportunidad conmigo.
Eso le dolió a Colin, se notaba en su mirada.
— Nos vemos a las 21:00 hrs a las afueras de la empresa —él le dijo muy dolido—. Terminemos con ese jodido trabajo de una buena vez.
Dicho esto él se fue sin mirar atrás, había sonado tan dolido y frío en su última frase. A ella le dolió el corazón, quería a su chico payaso, a ese chico divertido. Esperen ¿Su chico payaso? ¿Por qué había pensado en él de esa manera? ¿Qué estaba sucediendo con ella?
{#}

— ¡Joder! —exclamó Colin saliendo de la cafetería—. ¿Quién te hizo tanto daño? Esa es la única explicación en la que puedo imaginar para que no puedas creer darme una oportunidad.  
Él había estado enamorado de Alexandra desde el primer día que la vio. Siempre trataba de llamar su atención de distintas maneras, esa era la razón por la que siempre se comportaba como un payado, quería hacer reír a esa chica y además quería que se enamorara de él. Pasó el día planeando la última locura para poder conquistar a Alexandra, si esta no resultaba, era hora de dejarla partir. Llamó a  Vicent, su amigo que era guardia de seguridad en la empresa que les había tocado y concretó todos los detalles para esa noche.
Estaba muy nervioso, no sabía lo que iba a suceder, solo sabía que si el ese plan le resultaba, iba a cambiar su vida por completo.


spoiler:
Hola! Segunda parte y final en breve
Nombre: La cura de Alexandra
Autora: Andy Freud-Belmar.
Género: Romance con un toque de humor y comedia


Última edición por Andy Freud-Belmar. el Sáb 16 Jul 2016, 11:57 pm, editado 1 vez
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Re: La cura de Alexandra

Mensaje por Andy Belmar. el Sáb 16 Jul 2016, 11:51 pm

{#}

Colin estaba esperando a Alexandra en una esquina que estaba cerca de la empresa, esa noche la temperatura había bajado considerablemente, por lo que se estaba muriendo de frío, pero sólo le importaba una cosa, que Alexandra no lo dejara plantado.
Miraba para ambos lados de la calle, tenía fe en que iría, ella era una de las mejores estudiantes de la universidad por lo que sabía que haría el trabajo a pesar de la locura en la que se estaban metiendo. Cuando daba su tercer paseo la vio, estaba vestida completamente de negro, él comenzó a reír un poco porque igual iba vestido de negro. Cuando ella llegó a su lado, utilizó la máscara de frialdad que había planeado tener mientras estuviera a su lado, tenía que parecer que realmente estaba herido por lo que le había dicho la última vez que se habían visto.
— Hola —ella lo saludo sonriendo.
Eran pocas las veces en las que la había visto sonreír.
— Hola—le contestó fríamente, debía interpretar su papel.
Ella lo miró un poco raro.
— Siento que estás enojado conmigo —le dijo, sus mejillas estaban sonrosadas—. Te pido disculpas por eso, si no te has dado cuenta soy un poco antisocial.
En ese momento Colin decidió que no valía la pena, interpretar el papel de frío, sentía que Alexandra de a poco se estaba abriendo y en breve le iba a dar su confianza y quizás su corazón.
— Te perdono —le dijo sonriendo—. Pero tienes que tener confianza en mí, yo nunca te lastimaría.
Ella lo miró y en sus ojos había signos de esperanza, al parecer su plan de conquista iba bien encaminado.
— Entremos —la condujo hasta la entrada—. Son las nueve de la noche por lo que en recursos humanos no hay nadie trabajando, aunque si en las otras oficinas, así que tenemos que estar callados.
— Esto es una locura —le contestó—. Debimos haber hecho este trabajo de manera legal, haber pedido una cita con alguien y listo.
— En mi experiencia como estudiante me he dado cuenta que cuando le pides información a una empresa, ellos nuca te dice la verdad — él le contestó—. Y como tú dijiste que tenemos que obtener una buena nota pensé que era la mejor opción.
Sin decir más, fueron hasta un guardia, Colin lo saludó y le presentó a Alexandra. El chico la miró y levantó una ceja en dirección a Colin, pero les entregó las llaves y no dijo nada más. Antes de entrar a las oficinas, Colin le pasó un pasamontañas.
— Es para que te lo pongas en la cara y así las cámaras de seguridad no nos graben —le dijo al ver su cara de confusión.
Fueron a las oficinas, abrieron la puerta, comenzaron a hurgar por todos los papeles. Encontraron mucha información e incluso de dieron cuenta que los requisitos eran muy discriminadores, por ejemplo no contrataban a las personas sin que hayan tenido al menor diez años de experiencia, no contrataban a mujeres que tenían hijos, entre otras cosas. También encontraron muchas demandas de trabajadores diciendo que los habían despedido injustamente he incluso que no les habían pagado. Entre los dos se miraron y en ambos ojos tenían una pizca de felicidad. Pero de la nada sintieron un ruido, ambos se escondieron detrás del escritorio. En cuanto la puerta se abrió supieron que estaban en peligro porque un guardia entró y no era el amigo de Colin.
— Estamos en problemas —le susurró Alexandra—. Nos van a encontrar.
— Descuida —él le contestó—. No nos atraparán.
Colin se paró, tomó una lámpara y le dio fuertemente en la cabeza al guardia.
— ¿Estás loco? —Alexandra casi le gritó—. ¡Lo mataste!
Él fue hasta el guardia y tomó sus signos de vida en el cuello.
— No está muerto — le respondió—. Sólo lo noquee.
La tomó de la mano, ella tomó algunos de los papeles y se fueron corriendo. Vincent, el amigo de Colin los estaba esperando en el estacionamiento con un auto encendido, se los pasó, ellos se subieron al auto y se fueron antes de que otro guardia los encontrata.
Colin condujo lo más lejos posible de la empresa, en todo el camino ambos se estaban riendo a carcajadas, él disfrutaba viendo a Alexandra reír.
— Tenemos que celebrar este robo—él le dijo—. ¿Qué tal si vamos a un bar a tomarnos unos tragos?
Ella dejo de reír, pero en vez de darle una bofetada por la invitación, le dio un beso en la mejilla.
— Sería un excelente plan —le dijo—. Pero te advierto que no soy muy buena tomando alcohol, con un par de tragos me embriago.
— Te dije que siempre te voy a proteger —le contestó—. Así que si eso sucede, nada malo te pasará.
Una sonrisa muy amplia apareció en su boca y en sus mejillas habían unas pequeñas margaritas, Colin descubrió que era la cosa más hermosa que había visto.
Llegaron a un bar, pidieron tequila para celebrar. Al principio ella arrugaba la frente al tomar un trago, por lo que Colin adivinó que ella no salía mucho a fiestas. Hablaron de muchas cosas, la universidad, sus notas, los profesores, pero después de un rato ella comenzó a hablar sobre su vida y Colin se dio cuenta que estaba borracha. Estaba a punto de decirle que debían irse para sus casa cuando ella le comenzó a decir que tenía el corazón roto porque un chico la humillo durante la secundaria y que ese era el motivo porque nunca le había dado una oportunidad, porque no quería que le rompieran el corazón otra vez. También le contó sobre la muerte de sus padres y que vivió con una familia de acogida que la maltrataba física y psicológicamente.
Colin entendió todo y decidió que en ese momento nadie más la iba a maltratar. Fue a pagar la cuenta y al llegar nuevamente a la mesa se dio cuenta que ella no estaba. La buscó y la vio salir del baño, pero antes de llegar a ella un imbécil la tomó de la cintura y la besó, ella inmediatamente forcejeó con él, pero no la soltó.
— ¡OYE IMBÉCIL! —le gritó al chico—. ¡DEJA EN PAZ A MI NOVIA!
El imbécil no la quería soltar, por lo que Colin se acercó y le dio un golpe en la mandíbula al sujeto, pero el sujeto no se quedó de brazos cruzados y le devolvió el golpe. Comenzaron a pelear por todo el lugar, Colin estaba furioso, nadie tocaba a su chica. Lo que no sabía era que la pelea se iba a trasformar en una batalla campal porque en el bar la mayoría de las personas estaban borrachas, —y al ver una pelea simplemente reaccionaron—combos iban y combos venían.
De repente Work de Rihanna comenzó a sonar, Alexandra fue hasta la barra, se subió a ella y comenzó a bailar. La pelea paró casi inmediatamente, unos que otros seguían en ella, pero las demás personas la miraban porque la manera en la que bailaba era muy sensual. Le estaba dedicando el baile a Colin, el cual por un breve momento quedó hipnotizado, pero al salir de este trance, fue a la barra, la tomó en brazos y se la llevó fuera del bar. Él quería ir a dejar a Alexandra a su casa, antes de que pasara algo a mayores, pero al subir al auto fue atacado por los labios de ella. Él siempre había querido besarla, pero sabía que estaba borracha, por lo que la apartó delicadamente; el hacerlo ella lo miró muy dolida.
— No quiero aprovecharme de ti — le dijo—. Estas borracha y cuando nos besemos, quiero que lo recuerdes.
— No estoy tan borracha— ella le dijo acercándose nuevamente.
— Si lo estas —le respondió—. Por lo que no lo haré.
Encendió el auto y se fue a la casa de Alexandra porque había memorizado su dirección. Al llegar, ella salió del auto a toda prisa y vomitó en uno de los contenedores de basura. Se bajó a toda prisa para ayudarla, le tomó el cabello en una coleta y espero a que expulsara todo el contenido de su estómago. De repente sintió un gruñido, al mirar hacia al lado vio a un gato blanco con manchas negras, el cual de la nada se le tiró encima. Ambos cayeron al suelo, Colin se peleaba con el gato el cual estaba poseído tratando de rasguñarlo.
— ¡EN LA CARA NO, MALDITO GATO! —le gritaba tratando de quitárselo de encima.
El gato literalmente pelaba con uñas y dientes, Colin no sabía lo que le sucedía, pero sabía que tenía que quitarse a ese gato de encima a como dé lugar. El gato lo miró con furia, creía que lo iba a morder, pero apareció Alexandra y se lo quitó de encima.
— ¿ESE MALDITO GATO ES TUYO? —le gritó.
— No —ella le contestó—. Pero ahora lo es.
El maldito gato estaba en sus brazos y lo miraba como diciendo “a mí me quiere más que a ti”. Ella se fue hasta su casa, abrió la puerta y lo miró.
— Sé que no quieres hacer nada mientras esté en estas condiciones—le dijo—. Pero no me quiero quedar sola.
— Tienes a ese gato—él le respondió.
— Es una indirecta para decirte que te quedaras — ella le contestó—. Pero si no quieres, no importa porque tengo a este gato.
Entró a la casa, pero dejó la puerta abierta, él rápidamente entró a la casa y la cerró. Vio como Alexandra dejaba al gato —el cual todavía lo miraba feo—y se fue a su dormitorio. El la siguió, se tumbaron en la cama, se abrazaron y quedaron dormidos casi al instante.
{#}


A la mañana siguiente Alexandra despertó con un fuerte dolor de cabeza, vio a su lado y allí estaba Colin. Ella recordaba todo lo que había sucedido en la noche anterior, ese hombre le había dado la mejor noche de su vida. Para ella era difícil confiar en alguien, pero Colin ya había entrado a su corazón desde que la había comenzado a defender de los insultos que Natalie, sólo que su corazón no lo había querido admitir, pero ahora era definitivo, estaba enamorada de ese chico.
Se levantó con cuidado, fue hasta el baño, se dio una ducha, se vistió y fue a la cocina a hacer el desayuno. Al llegar al salón vio al gato, hasta en eso había cambiado, ahora había adoptado al gato que tantos dolores de cabeza le había dado, pero cuando la defendió de Colin ella decidió que debía adoptarlo. Le acarició el lomo y él ronroneó. Fue a la cocina, se lavó las manos he hizo el desayuno, esta vez exprimió jugo de naranja, hizo café unas tostadas y huevo. Fue al dormitorio, se dirigió a Colin y lo despertó con un beso en la frente.
— Despierta dormilón — le dijo en el oído—. Es hora de tomar desayuno, hoy es nuestro día libre, tenemos que hacer el trabajo. Además sé que estas despierto desde antes de que yo lo hiciera.
Él despertó con un una sonrisa.
— Me gusta verte dormir —le contestó—. Se convirtió en mi nuevo fetiche.
Ella le sonrió y se lanzó encima de él.
— Ahora no estoy borracha—le dijo—. Así que quiero mi beso.
Pero él la apartó un poco.
— Antes de eso quiero decirte que yo nunca te romperé el corazón —le aseguró solemnemente—. No seré como ese tal Daniel.
Ella se sentó en la cama y bajó la mirada, pero él le tomó la barbilla.
— Jamás escondas tu mirada ante mí— la miraba intensamente—. Te lo he dicho un montón de veces, jamás te haré daño.
Sin decir más la besó. Al principio el beso era suave y delicado, pero al pasar el tiempo se volvió cada vez más atrevido y fogoso. Pero como toda situación romántica tiene que ser interrumpida, el gato apareció y comenzó a maullar pidiendo cariño. Alexandra se apartó y lo tomó en brazos.
— Estúpido gato— Colin masculló despacio.
— Tendrás que acostumbrarte a él si quieres que sea tu novia— ella le respondió.
Alexandra se fue a la cocina y Colin la siguió. Tomaron desayuno entre mimos y besos. Al terminar ambos lavaron la loza, fueron al salón y comenzaron a preparar su disertación de derecho laboral, tenían mucho material, por lo que era muy probable que obtuviera una buena calificación.
{#}
UNA SEMANA DESPUÉS
Alexandra y Colin salieron felices del salón, su disertación había sido una de las mejores por lo que el profesor les dio la calificación más alta. En su relación ellos iban bien, ella de a poco le abría su corazón y su confianza a Colin, mientras él tenía que soportar a Robin alias el mandito gato.
Para celebrar simplemente fueron a la casa de Alexandra, pidieron una pizza y vieron una película. Ella se levantó hacia la cocina para buscar más servilletas, pero se detuvo en el umbral al ver que Colin intentaba hacer las paces con Roberto, pero no había caso el gato era muy sobre protector con ella y sabía que todavía no quería a Colin porque él le estaba robando el cariño de su ama. Ella simplemente movió la cabeza y sonrió, quién iba a pensar que la cura de todos sus males había estado por dos años al frente de ella, lo decía tanto por Colin, como por el gato.


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