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Isolated Key Motel.

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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Megara. el Mar 29 Mar 2016, 7:05 am

yo siempre he estado aqui  no sé que onda con las demas

Megara.
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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por wanheda. el Mar 29 Mar 2016, 11:37 am

mickey mouse es un ratón:

Ignorar mis títulos estúpidos, que siempre pongo lo primero que se me ocurre   En primer lugar, siento la tardanza, pero estaba de vacaciones y bueno, quería aprovechar para hacer más cosas que escribir. Segundo, quería narrar de todos los personajes (como siempre) pero mi inspiración me abandonó, así que solo fueron tres. Y ya no os molesto más, usé todas las tramas que se me ocurrieron, porque para variar, me olvidé de apuntar las últimas que hice

Besos a todas, ya leí vuestros capítulos, aunque no dijera nada (lo siento por eso también) y espero comentarlos cuanto antes. Pero los amé, amo a vuestros personajes y todo amor siempre Ah, si hay incoherencias, lo corrijo mañana.  

Capítulo 09


Hugo Kentver, Adolph Lupin, Willow Tanner. || wanheda || Sigue: Kida.


Hugo Kentver era como la lluvia en un día soleado. Pasaba sin más, caía en la gente sin permiso. Sus decisiones podían calarte los huesos y, su voz, empaparte el alma. También actuaba así: imprudente como la lluvia, veloz como un trueno. Por eso, a nadie podía extrañarle sus últimas decisiones. Abandonó la carrera y decidió recluirse en el Isolated Key Motel durante un tiempo. No es que tuviese motivos, simplemente le apetecía dejarse caer por allí. Ya os lo he dicho; Hugo caía, sin más.

Sin embargo, Hugo había cometido un pequeño error, y podía echarle la culpa de ello a su excesiva confianza…

Llevaba horas vagando por el bosque. Allá a donde mirase, solo veía pinos, rocas y tierra seca. Un calor asfixiante le hacía sudar a mares y le nublaba el pensamiento. Se dejó caer al pie de un árbol, con los músculos vibrantes de cansancio, resollando. Por la mañana, le había parecido una buena idea llegar al motel caminando. La casa de sus padres estaba en la linde del bosque y, desde allí, tan solo tenía que recorrer cinco kilómetros a pie. Que no era mucho más de su marca corriendo.

Pero, su temperamento impulsivo no contó con el «factor pérdida.» Si sus cálculos no le fallaban, hacía cosa de dos horas que daba vueltas en círculo. Aunque claro, quedaba confirmado que sus cálculos no eran muy certeros y la frondosidad de las ramas de los pinos no le dejaban ver si todavía era de día o no. Encima para colmo de males, había dejado el móvil en su casa y no podía poner el GPS.

―Tío, que mierda… ―masculló con dientes rechinantes. Frustrado, agarró un guijarro y lo lanzó.

―¡Joder! ―exclamó una voz.

De detrás de un árbol, apareció un chico rubio con el pelo alborotado hacia el cielo. Tenía el rostro completamente rojo y lleno de sudor, al igual que su camiseta. Cargaba con una mochila y se frotaba el brazo con ganas. Hugo se incorporó con tanta rapidez que se raspó la espalda con la corteza del árbol.

«Ya estoy flipando, ¡ahora veo duendes!», pensó para sí. Tenía todo el cuerpo en tensión, como si se preparase para atacar. El duende, lo miraba con el rostro fruncido y también posición de defensa. Si una cámara oculta los grabase en ese instante, parecerían bastante idiotas los dos.

Pasaron así un rato, analizándose como dos machos alfa recelosos de su territorio. Hasta que al final, un azote de razón le dio a Hugo en el cerebro. ¿Qué estaba haciendo? Era la primera persona que veía en todo el día, a lo mejor podía ayudarlo a salir de allí. La verdad, es que con sus bermudas y sus botas, parecía todo un senderista. Negó con la cabeza por su estúpida forma de actuar y se relajó.

―Oye, no voy a pegarte ―aclaró, tendiendo una mano conciliadora hacia él.

El chico duende alzó su ceja rubia con desconfianza, pero pareció razonar lo mismo que Hugo al final y también abandonó la posición de Depredador Jefe.

―Como si fuese a dejar que lo hicieras, chaval.

Una oleada de rabia bañó a Hugo, como siempre. Era el problema de ser tan temperamental e impulsivo, que le costaba mucho luchar contra sus primeras reacciones. Pero se contuvo, no era tan idiota.

―Una tregua, ¿vale? No nos pegamos mutuamente ―propuso dando un paso hacia él. Que a su vez, asintió en acuerdo―. Llevo horas dando vueltas por este bosque y no tengo ni idea de cómo salir de aquí ―. Le costó bastante reconocer que se había equivocado, aunque fuese delante de un completo desconocido.

El chico se pasó el dorso de la mano por la frente, suspirando. Parecía igual de agotado y rendido que él. No, los pronósticos de ayuda no parecían ser muy buenos.

―Pues ya somos dos ―decretó, caminando hacia Hugo―. El móvil se me quedó sin batería hace una hora y esto parece el maldito Laberinto del Fauno. Tengo un mapa, que compre en la tienda de caza del pueblo, pero… ―. «Pero no tienes ni idea de cómo leerlo», terminó Hugo en su cabeza.

―Soy Hugo ―se presentó tendiéndole la mano. Lo primero era lo primero, su madre le había metido con taladradora que era de mala educación hablar con alguien sin presentarse primero. Y por razones extrañas, Hugo le había hecho caso en eso.

―Carter Aldridge ―estrechó la mano que le tendía.

Hugo sonrió por educación. Le ponía nervioso que las personas dijeran su apellido. Como si Hugo no pudiera ser Hugo sin su apellido. Los apellidos le recordaban a los números bordados en los uniformes de las cárceles. Eras el número, no la persona. Eres el apellido, no el nombre.
Se soltaron al segundo. Hugo no daba apretones de manos que fuesen eternos; a no ser que estuviese enamorado o quisiera dejar claro a la otra mano que estaba por encima de él. Sin embargo, Carter El Duende le caía bien. En cierta manera le recordaba a Killian. Por la manera en la que alzaba la barbilla. Con determinación y titubeo al mismo tiempo.

Sintió una fuga de aire en sus pulmones. Pensar en Killian estaba mal, era inútil.

―Veamos ese mapa. A lo mejor entre los dos conseguimos salir de este infierno ―dijo tosiendo con disimulo. Carter parecía haber notado el cambio de actitud de su nuevo compañero, pero lo ignoró

Se agachó para sacar el mapa de la mochila. Hugo lo imitó. Extendió el mapa en el suelo, todo arrugado y manoseado. Hugo al principio solo vio líneas sobrepuestas de distintos colores. Estaba exhausto, en lo único que podía pensar era en darse una ducha con agua congelada. Se concentró en leerlo con atención.  La carretera más cercana estaba a dos kilómetros en dirección oeste. Línea recta. Sin pérdida.

Hugo alzó la vista para comunicárselo a Carter. Éste estaba siguiendo una ruta con el dedo, sonrió con pesar cuando el dedo tocó el destino.

―Aquí está el dicho motel ―comentó para sí.

―¿Vas al Isolated Key Motel? ―preguntó Hugo alzando las cejas.

―Eso es.

―Yo también.

―Entonces es una suerte que no nos matáramos el uno al otro.

Hugo rio. Después ambos se incorporaron y comenzaron a recoger sus pertenencias. Se sentía un poco descansado, pero notaba la lengua como una lija y seguía sudando.

―Mirándolo por el lado bueno, si no salimos de aquí no moriré solo ―bromeó Hugo al comenzar a andar.

―Sí, qué maravilla. Dos bonitos y apestosos cadáveres acurrucados en la muerte.


Hubo un momento en que pensaron, que de verdad, terminarían siendo dos bonitos cadáveres. Carter se encargó de dejar constancia de ello en repetidas ocasiones. Pero después de una hora alcanzaron la carretera, y apenas medio kilómetro más adelante; el cartel que conducía al motel. Para entonces, Hugo flotaba en una nube de cansancio y deshidratación. Recorrieron el trayecto que les quedaba en completo silencio, arrastrando los pies por la tierra caliente, levantando polvo a su paso. Cinco minutos después, de la nada, emergió el Isolated Key Motel, arropado en el centro de una hondonada de pinos. Carter y Hugo arrastraron los pies un poco más hasta el pie de las escaleras. Y, al mismo tiempo, soltaron un resoplido que entró en competencia con el del lobo de Los tres cerditos.

―Colega, lo hemos conseguido ―habló Hugo dándole una palmada en la espalda. Carter asintió, poniéndose en jarras.

Hugo oteó el lugar de izquierda a derecha. No era su primera vez en aquel sitio, había acudido en otras ocasiones con sus novias (ya os imagináis para qué). Sin embargo, estaba mucho más diferente que cuando él lo frecuentaba. Aunque se notaba que habían realizado un buen trabajo de limpieza, todavía se notaba el abandono flotando por allí.

―Vamos a registrarnos, porque estoy a punto de desmayarme aquí ―dijo Carter, emprendiendo camino por las escaleras de madera. Hugo lo siguió.

Lo primero que notó al abrir la puerta fue el aire acondicionado. Lo segundo, la voz de Ro Betton tarareando una canción incomprensible. Estaba detrás del mostrador de recepción, con la vista fija en lo que parecían unas facturas. Se conocían del instituto, más que nada porque Killian era el novio de la mejor amiga de Ro, Willow. Inmediatamente, notó cómo un trozo de roca le estrujaba el corazón.

―Buenas tardes, me gustaría reservar una habitación.

Carter ya estaba apoyado en el mostrador. Bueno, más bien colgaba de él, como si hubiesen dejado de funcionarle las piernas. Hugo caminó a su lado en el momento en el que Ro alzó la vista de sus papeles. Sus ojos se cruzaron.

―¿Hugo? ―dijo entre la pregunta y la exclamación.

―Me alegro de verte ―saludó con una sonrisa sincera―. Te abrazaría, pero huelo a gorila que se ha dado un baño en huevos podridos.
Ro hizo una mueca de asco fingida. En seguida sonrió. Y miró a su alrededor, como si buscara, o temiera que algo apareciera.

―Pensé que estabas en Los Ángeles.

―He decidido tomarme unos meses sabáticos antes de continuar con los estudios ―mintió. No tenía intención de volver a la universidad. Por no tener intención, no tenía intención de hacer nada. Salvo componer música.

―¡Hola!, chico a punto de desmayarse aquí al lado ―interrumpió Carter, meneando la mano entre ellos. Ro le dirigió una mirada.

―¿Amigo tuyo? ―le preguntó a Hugo.

Carter y Hugo se contemplaron unos segundos. Se conocían desde hacía unas horas, pero ya eran amigos. Pocas cosas unen más que una caminata de la muerte por un bosque.

―Ahora sí ―respondió Carter.

―Menos mal que no te has dejado pegar, colega ―respondió Hugo y se dieron unas palmadas mutuas en la espalda, de estás que deben de dejar marca.

Ro asintió y sonrió por cortesía, después los registró a ambos y les explicó el programa de actividades y los horarios de comidas. Que Hugo preguntaría después, porque no se enteró de nada. Solo penaba en la ducha. Se despidió de Carter y se fue directo a su nuevo dormitorio. Tiró la mochila en una de las camas individuales, y se catapultó hacia el baño.

No sabía qué tenía el agua de las cañerías (aparte de un leve olor a azufre), pero fue como sumergirse en la Fuente de la Juventud. Al salir de la tina, se dio cuenta de que no había ninguna toalla. Justo en ese momento, la puerta del baño se abrió. Hugo se quedó petrificado, y como reflejo, se tapó el amiguito con las manos.

―¡Lo siento! ―chilló la intrusa, dándose la vuelta enseguida, sin darle tiempo a Hugo a reconocerla. Aun así, su voz le sonó familiar. Vio que estrujaba una montaña de toallas contra su pecho.

―¿Me pasas una toalla? ―preguntó, completamente cortado. Le había vuelto todo el calor de pronto.

La chica extendió una de las toallas hacia él sin volverse. Hugo se la arrancó de la mano y se la anudó a la cintura de inmediato. Menudo día.

―Ya puedes girarte ―carraspeó.

Con lentitud, comenzó a darse la vuelta. Ojalá no lo hubiese hecho, porque lo que vio fue peor que la caminata infernal por el bosque.

―Hugo… ―exhaló la chica, igual de incómoda que él.

Solo había una persona en el mundo capaz de hacer que Hugo Kentver se quedara sin aliento y hacerle pensar que en su estómago, habitaba una manada de rinocerontes. Y esa era Willow Tanner, la novia de su mejor amigo. Ella era la razón por la que se había ido a una universidad tan lejana, arraigado por la esperanza de deshacerse de sus sentimientos. Con la certeza, que una vez se diese cuenta que era imposible, la gravedad tiraría de sus pies hacia la Tierra. Que conseguiría dejar de pensar que en un mundo paralelo, quizá se hubiese enamorado de él y no
de Killian.

«Di algo, cenutrio.»

―Pensé que-e estabas en Nueva York ―tartamudeó. Se había quedado paralizado, él, tan brabucón como era. Willow parecía una inoportuna aparición pasada. Ahí de pie, con su melena despeinada y sus ojos tormentosos.

―Perdí la beca, estoy echándoles una mano a Ro y a Caleb con el motel ―explicó, rascándose el codo con nerviosismo.

La última vez que se vieron, fue cuatro meses atrás; en el funeral de Killian. Para entonces, Hugo llevaba ocho meses fuera de Southport, salvo por las visitas esporádicas para visitar a su mejor amigos En Los Últimos Días. Como pasaba en ésas visitas, al encontrarse con Willow, sintió aflorar sus sentimientos, junto con la culpa por no sentirse culpable de ellos.

El silencio se hizo con las riendas de la situación. Un charco de agua se había formado a sus pies, mojando una de las toallas.

―¿Por qué estás aquí? ―preguntó bastante hostil.

―De vacaciones ―respondió Hugo con la misma hostilidad. No había necesidad de ser tan borde.

―Supongo que nos veremos por aquí.

Hugo asintió, sin añadir nada más. La chica recogió las toallas el suelo, y presurosa salió de allí. El portazo que dio reverberó en sus huesos. Quedó paralizado en el suelo frío del baño un rato. Incapaz de reaccionar. La presencia de Willow lo truncaba todo. Convivir con ella día tras día iba a ser toda una prueba de fuego.

Pero es lo que tenía caer sin miramientos. Que nunca sabías a quién te encontrarías abajo.

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Regresar a casa siempre resultaba ser una experiencia gratificante. Conocer lugares, personas y culturas diferentes era agradable. Sin embargo, para Adolph Lupin, nada podía compararse a volver a casa. Le proporcionaba paz, parte del desasosiego que lo acompañaba en sus viajes, desaparecía. Los olores, las calles y el ambiente suponían un viaje de retorno al pasado. Lleno de recuerdos de su niñez.

Tras pasar cuatro años de mochilero por el mundo, había llegado el momento de asentarse de nuevo en Southport. Y no encontraba mejor motivo para ello que prestar ayuda a un viejo conocido. Había coincidido con Caleb un par de meses atrás, en la fiesta anual de viejos alumnos que ofrecía el instituto. Si bien era cierto que nunca solidificaron su amistad, mantenían una relación cordial, y de cuando en cuando, se escribían correos electrónicos. Fue en uno de ésos correos, un par de semanas atrás, en el que Caleb le comunicó que junto con su hermana
reabrirían el motel que durante años regentó su familia. Adolph no dudó en ofrecerse a ayudar en lo que fuera posible.

En ese momento estaba en España, trabajando como recogedor de fresas en los campos de cultivo de Málaga, al sur del país. Aguardó allí hasta que terminó el trabajo, y antes de partir de nuevo hacia Estados Unidos, realizó una visita a sus padres en Francia. Que regresaron a su país
oriundo dos años atrás, para disfrutar de su merecida jubilación.

Adolph arribó en al motel el día anterior, cuando ya era noche cerrada. Había llegado en el momento justo para no tener que dormir en su vieja camioneta. Pues ya estaban todos a punto de irse a dormir. Condujo a su antiguo compañero hasta la cabaña que le habían asignado y se despidieron al día siguiente.

―Vamos chicos, ¡cómo si fuésemos Los Enanitos! ―exclamó Edik con ánimo, barnizando la barra con más ímpetu.

Adolph se pasó el dorso de la mano para sacarse el sudor de la frente. Llevaban media hora barnizando la barra del bar de la piscina. El sol no les daba tregua alguna. Pero Edik había puesto su cedé de Los mejores éxitos de los 80 a todo volumen y el toldo del chiringuito les proporcionaba un poco de sombra. Además, después de pasar meses trabajando en el campo de sol a sol, a Adolph no le molestaba.

Otros cuantos voluntarios, entre ellos su amigo Connor, al que había reclutado para la causa, se encargaban de la decoración para la fiesta de reapertura del motel, que tendría lugar esa misma noche. Cedric, Willow, Vennie y Kalia trabajaban en equipo para colgar filas de farolillos en diagonal, colgando de la piscina.

―Entonces, ¿me ayudarás con mis clases de aerobic? ―preguntó Edik, desde el otro lado de la barra.

Se habían conocido en la universidad y, era uno de los muchos amigos con los que había mantenido relación gracias a la tecnología. Y le había preguntado, dos días antes de que Adolph llegara, si le ayudaría a impartir sus clases de aerobic. No es que estuviese muy puesto en el tema, pero nada que no pudiera enseñarle Youtube. Por otra parte, se trataba de una experiencia nueva, en lo cual era un experto.

―Claro, el aerobic es beneficioso para el organismo, pierdes peso y además es una de las mejores formas de conocer gente nueva. Está demostrado ―respondió Adolph, blandiendo su brocha hasta el bote de barniz.

―Chaval, sigues siendo el mismo «¿Sabías qué?» que en la universidad ―se burló Edik.

Era cierto, le encantaba leer sobre cosas nuevas. Se pasaba el día navegando en Internet en busca de cosas nuevas. Ya era todo un experto preparando comida Hindú, en mitología griega y sabía decir «palomitas de maíz» en veinticinco idiomas.

―Así que lo de WikiAdolph le viene de tiempo atrás ―Connor había aparecido a su lado, bebiendo un refresco. A él, lo conoció en su viaje a Inglaterra hacía dos años atrás. Se trataba de un chico risueño, con un gran sentido del humor. Que había entretenido por llamada de vídeo a Adolph durante muchos transbordos en el aeropuerto.

―Todavía recuerdo la clase que me dio sobre todos los tipos de metal que existen en el mundo. La mejor siesta de toda mi vida ―prosiguió Edik, burlándose.

―¿Sabéis lo que se dice ? ―intervino Adolph. Sus dos amigos aguardaron a que respondiera ―. Para qué tener enemigos con unos amigos como vosotros.

Después de que siguieran metiéndose con su curiosidad un rato más, Adolph comenzó a contar cosas de sus últimos viajes, mientras lo escuchaban atentos, y de fondo, sonaba Girls just want to have fun.

Prosiguieron trabajando hasta la hora de comer. Después de tantas horas de trabajo, la zona de la piscina se había convertido en el escenario perfecto para fiesta. Iban a extender mantas de picnic en el césped que había en el lado izquierdo de la piscina, detrás de la barra y habían desperdigado altavoces por toda la explanada. Tras la comida, muchos se fueron a sus cabañas a descansar un rato. Adolph y Connor se quedaron en la piscina, dándose un baño, como alguno de los huéspedes del motel. Adolph estaba atento por si aparecía Brooke (sí, una de las muchas amigas que había conocido en Canadá), pues no la había visto desde su llegada.

Los chicos se encontraban en el borde de la piscina, con los pies metidos en el agua y los rostros alzados hacia el cielo. De haber tenido una hoja a mano, Adolph se habría puesto a dibujar o, a escribir. El buen tiempo siempre era inspirador para él. En ese momento, Connor le propinó un leve codazo bajo las costillas.

―Mira a esa chica ―murmuró.

Adolph se bajó las gafas de sol hasta la punta de la nariz. Le costó un rato saber de qué chica se trataba, porque era difícil seguir la trayectoria de los ojos de Connor porque también llevaba gafas. Al final, supuso que se trataba de una chica morena. Tenía el pelo rizado y brillante, ojos oscuros rodeados por unas facciones atrevidas y bonitas.

―Te gusta, ¿no?

Connor asintió, sonriendo de lado.

―¿Puedes hablar con ella y hacerme la segunda?

―Que ya no estamos en el colegio.

―¿Por favor? ―pidió Connor girándose hacia él, poniendo el tono de voz de todo un niño de preescolar.

―Está bien, hablaré con ella en la fiesta ―cedió, a su pesar. Connor extendió su sonrisa hasta que estuvo a punto de escapársele del rostro.

WikiAdolph, eres un gran amigo.

―Cállate, idiota.

Sin embargo, Connor estaba en lo cierto. Adolph podía ser voluble, cambiar de opinión cada dos segundos y lanzarse a distintos países con la facilidad con la que una persona se cambia la ropa interior. Pero era fiel a sus amigos, hacía cualquier cosa por ellos. Incluso hacer de Celestina…

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De niña, el tío Josh reunía a Willow y sus dos hermanas mayores en su cuarto todas las noches para leerles un capítulo nuevo de Harry Potter. Sin duda, después de los conciertos de Elvis Presley que representaban, eran el segundo gran acontecimiento del día. Las tres arrebujadas bajo la colcha, con el tío Josh sentado a los pies de la cama, recitando a la viva voz de un consagrado cuenta cuentos.

Willow acostumbraba a tener pesadillas con dementores y, entre gritos, se despertaba histérica. Entonces su padre, Joey y el tío Josh aparecían y la convencían que no había ningún dementor escondido debajo de la cama.

A los diecinueve años, los dementores rodeaban a Willow, eran reales. Presencias frías que apagaban la felicidad. Que la aislaban del mundo, de las personas. Willow se había convertido en una presencia a la mitad. La parte autómata de su existencia era la que ponía buena cara frente a los demás. Después estaba la otra, encarcelada en el pasado, custodiada por los dementores. Sin tregua.

Después de tantos meses, estaba cansada de que la mínima evocación de Killian la exhortara a llorar sin remedio durante horas. Odiaba que el aire se le condesara en el pecho, ahogándola en sus recuerdos. Odiaba la terrible certeza de que ninguna de ésas cosas haría que volviese Killian.  

Por eso ayudar en el motel había sido una buena idea. Hasta que el día anterior Hugo Kentver llegó al motel. Era como si el tío que controlase el universo estuviera jugándole una mala pasada. Justo el mejor amigo de Killian tenía que ir a parar al mismo sitio que ella. Así sería imposible olvidarse de todo lo que había pasado.

Willow pensaba en eso mientras bebía un vaso de cerveza, sentada en uno de los taburetes del chiringuito, con las piernas cruzadas. La fiesta de reapertura del motel comenzó oficialmente dos horas atrás. Para entonces, la mitad de los asistentes estaban borrachos. Adam, servía bebidas a los huéspedes, que cada vez estaban más animados. René charlaba animadamente con Kalia y Saga, que era la única huésped con la que había hablado Willow hasta el momento. Buscó a Ro con la mirada, pero estaba con el indeseable de Jeff y se le quitaron las ganas de ir con ellos. Si soltaba una de sus tonterías, probablemente le tiraría la cerveza que no se estaba bebiendo.

Resopló, al otro lado de la piscina, sentada en una hamaca, estaba Zoey. Tenía la misma pinta de aburrida que ella. Pero aburrirse juntas no era una opción. En el instituto, fueron amigas cercanas. Hasta que Willow, se centró tanto en Killian que descuidó a todo el mundo. Nunca estaba cuando Zoey la necesitaba, no se preocupaba por ella, porque tenía demasiado con preocuparse de su novio moribundo. Por eso su amiga se cansó de buscarla y decidió que no iba a perdonarla. Y estaba en todo su derecho.

La muerte te aleja de las personas que amas, aunque sigas vivo.

―Según la definición, las fiestas son para pasarlo bien.

Willow se sobresaltó, a su lado había aparecido Edik, que sonreía mostrando sus precisos hoyuelos.

―Según la experiencia, son para beber hasta perder la consciencia ―contraatacó, dando un trago a su cerveza. Arrugó la nariz debido a su sabor.

―A ese ritmo no pierdes la consciencia hasta pasado mañana. ―Edik miró el contenido del vaso de Willow, que seguía casi a rebosar.

―No he dicho que quiera hacerlo. ―Adoraba a Edik, era como el hermano mayor que nunca había tenido. Era la mar de gracioso sacarlo de quicio. De los pocos que la hacía reír ésos días.

―Willow, cariño, muestra un poco más de actitud ―dijo con fastidio. Dejó su vaso abandonado en la barra, tiró de ella hasta la improvisada pista de baile alrededor de la piscina. ―¿Me concede este baile, señorita Elizabeth?― preguntó, extendiendo una mano en pos a Willow.

Estaba sonando una canción de jazz que no conocía, pero enseguida le entraron ganas de moverse a su ritmo, de seguirla hasta donde la llevara. La música era revitalizante, paliativa. Y Edik, sabía siempre lo que tenía que hacer para sacarla del círculo vicioso en el que se sumía.

―Será un placer, señor Darcy ―respondió con solemnidad fingida, aceptando la mano que le tendía―. Tienes que practicar para tus clases de aerobic. No puedo esperar para verte con mayas.

―Más sexi que voy a estar ―espetó Edik, comenzando a moverse al ritmo de las trompetas y los saxofones.

―¡Creído! ―exclamó Willow entre risas. En venganza, Edik la hizo dar vueltas como una peonza, hasta casi desencajarle el hombro.

En la siguiente canción, Willow ya había olvidado de todo. Bailaba con Edik, lentas, rápidas, lo que fuese. Reía y hacía el tonto, como todos los presentes. Incluso pasó por alto que los profundos ojos verdes de Hugo, la observaban desde la explanada de césped. Deseando ser él el chico con el que bailaba.

Porque así son los vivos, a veces aparecen y te recuerdan, que tú también lo estás. Y los dementores, vuelven a ser los monstruos ficticios de debajo de la cama.


Última edición por wanheda. el Miér 30 Mar 2016, 1:57 pm, editado 1 vez

wanheda.
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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por wanheda. el Mar 29 Mar 2016, 11:39 am

Por cierto, no puse quién seguía porque no sé si seguirá Ally (ya que cambiamos turnos) o sigue Ems

wanheda.
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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Megara. el Mar 29 Mar 2016, 3:50 pm

AYYY LO AMÉEEEEE No puedo ponerme a comentar como debería porque tengo un montón de cosas por hacer PERO TENGO QUE DECIRTE QUE ME MATASTE. POBRE HUGO. ENCIMA DE QUE SE MURIÓ SU MEJOR AMIGO, A ÉL LE GUSTA LA NOVIA DE SU MEJOR AMIGO. Y ESO DUELE MUCHÍSIMO SABES. YO LO SÉ POR CARNE PROPIA. Y AY DIOS. Y ENTONCES WILLOW, WILLOW NO LO QUIERE VERPORQUE LE RECUERDA A KILLIAN Y ESTO ES TODO MUY TRISTE PARA MÍ. ESTÁS PASÁNDOTE Y A PENAS ES LA SEGUNDA RONDA.
También amé muchísimo nuestras tramas con Edik PLZ SI LO HACES GENIAL, ASÍ CON ADOLPH ( ) y CON WILLOW, QUÉ BELLOS. LO AMÉ MUCHO. Amé mucho tu cap, Kate Lo comentaré como es debido tan pronto pueda. Y espero que no me toque a mí  

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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por changkyun. el Mar 29 Mar 2016, 4:10 pm

yo estoy media ausente y entre solo unos segundos para ver si seguían, yo seguiré en la nc porque no me gusta abandonarlas.
mas tarde comento, las clases me matan.

changkyun.


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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Kida el Miér 30 Mar 2016, 5:36 am

Yo sigo Kate luego comento todo chicas, lamento la tardanza

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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Kida el Miér 10 Ago 2016, 12:59 am

lean primero:

Hooooolii! al fin capi, lo sé, lo siento. Sólo quería decir que espero que les guste. De nuevo, lamento la tardanza y aunque siento que hay unas partes aburridas y malas no quería atrasarme más con el capítulo, entonces espero que les guste.

Capítulo 10


Caleb Betton. Ro Betton. || escrito por Ally || Sigue: Ems.

― Dustin no me hagas esto, me estás matando ― gritó exageradamente al muchacho que abandonaba la cocina, sabiendo que probablemente no lo había escuchado. Bufó y se dejó caer en el mueble de cocina ― Nunca voy a lograr esto, ouch ― exclamó al sentir un latigazo en su espalda. Se levantó de la mesa y miró a Edik que no dejaba de reírse.
― Deja de quejarte y mueve tu trasero, el Caleb que yo conozco no se rinde tan fácil, además el rubio se fue sin terminar de limpiar y yo no voy a arreglar solo tu desastre. ― Edik aún tenía el paño tenso entre sus manos y Caleb no dudaba que le pegaría de nuevo si le daba una razón para hacerlo. No obstante, no fue el paño entre sus manos el que lo hizo levantarse y ayudarle al castaño a limpiar, si no sus palabras, su amigo tenía razón, él no se rendiría tan fácil.

Debido a que se trataba de él y Edik, no podían limpiar sin hacer bromas entre ellos, lo que pasaba el desastre del suelo a ellos. Ambos se estaban riendo cuando Vennie entró de nuevo a la cocina.

― Fuera de aquí antes de que ensucies de nuevo mi cocina ― se dirigió a Caleb con una sonrisa chistosa. La cocina ya estaba limpia, pero no se podía decir lo mismo de ellos ― tú ― le habló esta vez a Edik ― largo de mi cocina ― dijo claramente frustrada de que tuviera que decirlo de nuevo, toda la amabilidad que le había dirigido a Caleb desapareciendo por completo hacia Edik.

Antes de que su amigo dijera algo, Caleb habló primero.

― Yo ya me iba, tengo que conseguir la cena de todas maneras, no hay forma de que yo pueda cocinar algo y no les voy a poner más trabajo a ustedes. ― le guiñó un ojo Edik y salió corriendo de ahí antes de que esos comenzar a pelear de nuevo.

Sabía que lo correcto era evitar la situación, pero también sabía que Edik era lo suficientemente terco como para seguir molestando a Vennie por lo que, al final, era su problema, sólo rogaba que no ensuciaran la cocina de nuevo.

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― Ro ― llamó entrando a la habitación número veinte, la última que faltaba por arreglar. Admiró la habitación y sonrió, su hermana había hecho un excelente trabajo con la pintura de las habitaciones. En lugar de un color monótono, había variado un color en dos tonos dándole más dinamismo y profundidad a la habitación, haciéndola parecer más grande y llamativa a la vista.
― ¿Sí? ― escuchó la voz más adentro en la habitación. Caminó hasta al baño donde se encontraba su hermana terminando unos detalles de las paredes.
― Voy al mercado, tengo que comprar comida, entonces, quedas a cargo.
― ¿Vas a cocinar algo? ― interrumpió
― No, iba a comprar jugos y aperitivos que ya estuvieran hechos para traerles y que comieran por mientras, luego iba a ir a Ivan’s por la cena. ― Ro rió, Caleb sabía que le divertía el hecho de verlo en la cocina.
― Yo puedo ir a comprar los aperitivos y a hacer el pedido a Ivan’s, ya terminé acá y no hay mucho más que pueda hacer hasta que la pintura se seque y podamos traer los muebles. A ti te queda mejor lo de quedarte a cargo. Luego vas más tarde a recoger el pedido. ― Caleb evaluó sus opciones, la verdad le quedaba mejor que su hermana fuera, sabía que si ella iba traería algo mejor que sólo las frituras que él iba a tomar.
― De acuerdo, toma el dinero que necesites de la recepción, tu dinero es para el bus de la universidad así que no quiero que uses el tuyo, ya repondré yo esa plata. ― se acercó a ella y besó su frente.

Se fue antes de que ella le dijera algo. Sabía que a su hermana no le agradaba que él pusiera la mayoría del dinero de ambos, no obstante, él era el mayor, era su trabajo ocuparse de ella y aunque a ella no le agradara, lo seguiría haciendo de todas maneras.

Se dirigió a la “sala de entretenimiento” recordando que todavía habían un par de computadoras que debía instalar, ya que, probablemente llegarían a ser una de las pocas cosas buenas de esa sala. Lo único que se encontraba allí eran un par de sillones, un escritorio largo en el cual reposaban las dos computadoras, un par de sillas frente a cada una, en el otro lado del salón se encontraba un piano y a su lado unas cuatro guitarras, no le había sido sencillo conseguir tantas guitarras, pero Willow quería dar clases de guitarra y para ello necesitaría más de un instrumento. Al fin y al cabo, Willow era como su hermana pequeña también, por lo que si ella decía que quería dar clases de buceo, buscaría arrecifes y peces y los metería en la piscina sólo para hacerla feliz. También había conseguido sillas de plástico, las cuales estaban apiladas a una esquina de la sala, ya fuera para que las usaran durante la clase o sólo por si los sillones no eran suficientes.

Aunque la “sala de entretenimiento” se viera prácticamente vacía, debía admitir que su hermana y Kalia habían hecho un excelente trabajo con la pintura de las paredes. No obstante, sabía que la responsable del diseño era Ro, principalmente porque la pintura y las decoraciones en ella eran iguales a como lo había hecho su abuelo. Sólo alguien que hubiera estado aquí hace al menos unos siete años podría replicarlo.

Todo era tan diferente cuando su abuelo era el que llevaba el mando. La vida no faltaba en ni un solo rincón del motel. Este cuarto contaba con una rockola que su abuelo mantenía siempre encendida, una mesa de billar, una pista de baile y dos mesas gigantes donde ponía a los huéspedes a jugar bingo. Cosas sencillas que no necesitaban más que un buen animador para ser la mejor actividad del día y su abuelo era el mejor animador de todo Southport, por no decir del país. Este motel estaba tan lleno de vida, hasta que su padre lo arruinó.

Apartó el pensamiento y se acercó a las computadoras, tenía que poner algún tipo de entretenimiento y esto serviría por ahora, al menos hasta que los huéspedes se dieran cuenta que el internet no era el mejor. Logró conseguir un buen servidor de internet, el problema era que el hotel estaba tan adentrado que la señal llegaba pobremente, pero de algo serviría.

Al terminar de instalar ambas, miró a su alrededor de nuevo imaginando el sonido del blues mientras la rockola reproducía la canción favorita de su abuelo, Hound dog – Big Mama Thornton, decía que era la canción que la abuela de Caleb debía dedicarle. Rió ante el recuerdo y en eso una idea vino a su mente, su abuela. Se levantó emocionado de la silla y corrió fuera de allí. Primero encontró a Willow a quien dejó a cargo del lugar mientras él no estaba y luego corrió hacia Edik a quien nada más tomó del brazo y lo arrastró hacia su carro sin darle ninguna explicación, sobraba decir que todos los miraban como si estuvieran locos, no obstante, se trataban de Caleb y Edik, por lo que no se extrañaron tanto.

― ¿Me puedes decir que fue eso? ― preguntó Edik ya cuando ambos estaban en el auto y Caleb arrancaba el motor para dirigirlo hacia la casa de su abuela.
― Tuve una idea ― respondió entrecortado debido a la falta de aire, primero por correr y luego por tener que arrastrar a Ed.
― ¿Y?
― Y te necesito.
― Sí, ya sé que no puedes vivir sin mí pero… un momento ― se detuvo como si un nuevo pensamiento tomara lugar en su mente. ― ¿tú idea es raptarme?

Caleb golpeó a Edik mentalmente ya que no podía soltar el volante.

―  No Edik, no lo es. Mi abuelo tenía una rockola, una que creo está en la casa de mi abuela, si está ahí, hay que arreglarla para llevarla al motel.
―  Ah! Necesitas mi ayuda para arreglarla.
―  Claro que no, te necesito para cargarla dentro del auto. ―  claro que lo necesitaba para ayudarlo a arreglarla, no obstante, la cara que puso Edik cuando escuchó eso hizo que la broma de Caleb valiera la pena. El pelinegro estalló en risas, era tan sencillo molestarlo cuando se trataba de su orgullo.

Una media hora después, ya estaban siendo recibidos dentro de la casa de su abuela.

―  Edik, qué linda sorpresa, hace mucho no venías por acá ―  exclamó su abuela emocionada al ver al castaño, lo abrazó un gran rato y Ed le devolvió el abrazo.
― Grace, siempre un placer verte.  
― Caleb ― recibió al muchacho sólo con una palmada en el hombro.
― Abuela ― se quejó Caleb mientras Edik se reía como si no hubiera un mañana.
― ¿De qué te quejas niño? Has estado viniendo todas las noches a mi casa y te has robado todos mis libros de cocina. ― Caleb sonrió apenado y rascó la parte trasera de su cabeza.
― ¿Y aún así quemas la cocina? ― preguntó Ed riendo aún más.
― ¿Cómo que quemaste mi cocina? ― su abuela lo miró reprobatoriamente.
― Yo no quemé nada, apagamos el fuego ― antes de que su abuela lo regañara de nuevo y le diera más razones a Edik para burlarse de él, cambió de tema ― Esa no es la razón por la que venimos acá, te quería preguntar si tenías la rockola del abuelo.

Ante la mención de su abuelo, el ceño fruncido desapareció del rostro de su abuela remplazándolo con una sonrisa nostálgica.

― Esa vieja rockola, ―  suspiró ―  tu abuelo se levantaría de su tumba y me perseguiría por toda la eternidad si me deshiciera de ese pedazo de metal. Está en el depósito junto con otras cosas ― se acercó a un pequeño baúl que reposaba encima del librero, lo abrió y sacó una llave de él. Se acercó de nuevo a Caleb y se la tendió ― Ya sabes dónde queda el depósito ― Caleb asintió.
― Gracias nana ― besó su mejilla y esta vez ella lo abrazó.
― Gracias a ti, gracias por querer revivir el recuerdo de tu abuelo. ― Caleb asintió de nuevo, reteniendo las lágrimas y besó una última vez la mejilla de su abuela antes de salir junto con Edik en dirección al auto. En el camino al auto, Edik rodeó los hombros de Caleb con su brazo. Ed era uno de las pocas personas que sabía qué tan unidos eran Caleb y su abuelo y cuanto le había afectado al pelinegro su muerte.

Caleb nunca hablaba de las cosas que le dolían a él o de sus problemas, siempre se mostraba feliz y atento hacia las demás personas, preocupándose sólo por ellas y haciendo todo lo que esté a su alcance para sacar una sonrisa de sus rostros a pesar de como se sintiera el mismo, y esa era una de las cosas que Edik más admiraba de Caleb. Puede que Caleb se mostrara juguetón e inmaduro, pero era una de las personas que más carga llevaba en sus hombros.  

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― Jeff ― llamó al muchacho que transportaba unas cajas hacia el cobertizo. Él se volvió para mirarla y Ro perdió el aire por unos momentos.
Jeff se encontraba sin camisa, con un paño colgando de su cuello y unas cuantas gotas de sudor resbalando por su frente. Los músculos de sus brazos se flexionaban y tensaban por estar sujetando las cajas. Lo vio poner la caja en el cobertizo y como los músculos de su espalda se movían acorde de sus movimientos, se acercó a ella mientras limpiaba las gotas de sudor con el paño y la miró expectante de que hablara. ¿Para qué lo había ido a buscar?
― Ah, claro, necesito que me lleves al mercado, hay unas cosas que necesito comprar.
― De acuerdo, deja voy a buscar una camisa y nos vemos en mi auto.
Ro asintió, lo vio marcharse y bufó, ¿por qué tenía que ponerse una camisa?

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― Jeff, Morgan, Morgan, Jeff. ― presentó a ambos hombres al momento en el que ella y Morgan se acercaban al auto de Jeff y este la miraba con una ceja elevada.
― Pensé que sólo venías por comida.
― Encontré ayuda extra en el camino. ― Ro se encogió de hombros y se montó al lado del copiloto, indicándole a Morgan que entrara a la parte trasera del auto. Jeff sólo rió y entró nuevamente al auto, dedicándose a manejar de vuelta al motel.

Al llegar, entre los tres llevaron las bolsas con los aperitivos al restaurante dónde comenzaron a acomodar todo en una mesa grande bajo las instrucciones de Ro, dejándolos en un lugar donde todos pudieran agarrar.

― Morgan ― llamó al muchacho que se veía incómodo a unos metros de la mesa. Le hizo una seña para que tomara un aperitivo, pero él negó, claramente apenado. Ro rió y tomó un jugo junto con un par de bollos de pan con queso y una manzana y se acercó a Morgan. ― ten ― le acercó la comida ― si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma.

Morgan rió ante el refrán y tomó los productos, mirándose indeciso.

― ¿Segura que alcanza para los demás? No tenías planeado alimentar a una persona más.
― Alcanza perfectamente para los demás, no te preocupes. Siéntate y come tranquilo, acá nadie muerde, todos son buenas personas una vez que los conoces. Tu cabaña será la número cuatro, luego puedes pasar por la recepción y pedir una de las copias de la llave. Si quieres hoy puedes descansar y empiezas a ayudarnos mañana. ― Morgan asintió y le sonrió, ella le sonrió de vuelta y se dedicó a caminar a la recepción, antes de poder salir del restaurante, Jeff la frenó tomándola del brazo.
― Ten ― le dio su jugo y la manzana. Ro estaba a punto de negar cuando Jeff habló de nuevo ― le diste tu comida al nuevo, así que no digas que ya comiste. Tú también has trabajado todo el día. ― colocó ambas cosas en las manos de Ro y le dio un beso en la frente antes de irse.

Ella sonrió ante el tacto de sus labios contra la piel de su frente, mas la sonrisa no duró mucho.

― Estás tanto en la friend-zone ― escuchó una voz a su lado.

Se volteó para mirar al muchacho que se encontraba apoyado en la puerta del restaurante, con una sonrisa divertida en su rostro. Puesto que no lo había visto antes asumió que era uno de los huéspedes.

― El restaurante aún no está abierto a los huéspedes, si desea pedir algo puede hacerlo en recepción y se lo haremos llegar a su habitación. ― el muchacho simplemente asintió, aún con una sonrisa en su rostro.
― Sí, el restaurante abre para mañana al desayuno, lo sé, lo dice en el folleto. Eso no quita el hecho de que sigues estando en la friend-zone.
― ¿Disculpa?
― Un beso en la frente significa amiga o hermana, y por tu sonrisa me imagino que te gusta el muchacho, por lo tanto, no eres su hermana ― Ro nada más rodó los ojos, él no sabía nada de ella y Jeff ― Así que, lamento desilusionarte, pero estás en la friend-zone cariño.
― No me digas cariño ― espetó comenzando a molestarse, ¿quién se creía ese tipo?
― Deberías alegrarte, al menos alguien te lo dice, cariño ― antes de que pudiera responder el muchacho se dio vuelta y se fue de allí, con las manos en sus bolsillos y caminando con la mayor tranquilidad y paz del mundo. Bufó molesta y puso los aperitivos en la mesa, cualquier apetito que tuviera desapareció.
― Tranquila fiera ― habló divertido René mientras abrazaba a Ro, evitando que fuera a arrancarle la cabeza a su primer huésped. ― Si no vive, no paga. ― rió, provocando que Ro riera también.
― De acuerdo, tienes razón, sólo me tomó por sorpresa, eso es todo.
― No te preocupes, no te juzgo ― despeinó el cabello de Ro, besó su frente y luego la soltó ― ahora si me disculpas, la comida llama ― señaló hacia la mesa de aperitivos y con una última sonrisa se dirigió hacia allá.

Ro volvió a acomodar su cabello y bufó “Un beso en la frente significa amiga”, el idiota tenía razón. Decidió no pensar en ello, tomó otro conjunto de aperitivos y caminó hacia la recepción, con todo el asunto de Morgan, se había olvidado de pasar por Ivan’s y el único teléfono con señal se encontraba en la recepción, además, estaba muy segura que Olivia estaba en la recepción, por lo que ella aún no había comido.

Al llegar, allí se encontraba Olivia, como había predicho. Arreglaba las solicitudes de algunos de los huéspedes y las acomodaba en carpeta. No sabía que habían tantos huéspedes.

― Olivia ― habló llamando la atención de la muchacha, cuando esta se volvió, la miró con una sonrisa. ― Traje los aperitivos, era muy probable que de aquí a que llegaras ya no hubiera nada en la mesa. ― rió, poniendo la comida en la mesa de recepción.
― Gracias, pensé que Caleb iba por ellos. ― frunció el ceño, viéndose confundida.
― No, yo me ofrecí, pensé que Caleb estaba acá
― Salió hace algún tiempo con Edik, pero en realidad no dijeron hacia dónde. ― Ro frunció el ceño también, ¿a dónde iría su hermano?
― Supongo que ya volverán luego con la cena. Hablando de ello, tengo que pedirla. ― se acercó al teléfono y marcó el número del restaurante, luego de pedir la orden le agradeció a Maddie y le indicó que Caleb pasaría por el pedido y cortó. Olivia la miraba un poco sorprendida.
― ¿Qué? ― preguntó Ro, sin notar nada extraño.
― ¿Cómo recuerdas que nos gusta a cada uno? Somos más de veinte personas, pensé que hoy sería pizza también ― explicó. Con Caleb habían hablado que la última cena que pidieran le pedirían algo diferente a cada uno en lugar de pizza, teniendo en cuenta que luego de una semana todos deberían estar cansados de la pizza. Por lo tanto, ella y Caleb habían hecho un poco de investigación discreta a lo largo de la semana, incluso a Morgan le había preguntado durante el viaje en el auto.  
― Es la última noche que pediremos algo, después vamos sólo con el restaurante, bueno, considerando que Caleb es uno de los cocineros probablemente pediremos comida seguido, pero técnicamente, hoy es el último día, Caleb y yo queríamos hacer algo diferente para agradecerles, ustedes hicieron mucho por nosotros, es lo menos que podemos hacer por ustedes.

Tomándola por sorpresa, Olivia se levantó de su asiento y la abrazó. Ellas no habían tratado mucho durante su estadía en el motel, pero Caleb hablaba siempre de sus amigos y Olivia era una de ellos, su hermano se preocupaba por ella, y si Caleb se preocupaba por alguien entonces Ro, por naturaleza, se preocuparía también. Ro le devolvió el abrazo y le sonrió cuando se separaron.

― Por ahora quiero que comas eso ― Ro señaló los aperitivos que estaban en la mesa y Olivia asintió ― Si necesitas descansar o si te aburres sólo me avisas y yo te cubro acá, ¿sí?
― Claro, aunque no lo parezca, esto no es tan aburrido, puedo conocer a los huéspedes de primera mano y, además, no todo lo que pasa por esa puerta es aburrido.
Al momento en el que Olivia terminó de hablar, la puerta se abrió, dejando ver a Caleb y a Edik.
― No lo botes, no lo botes ― le gritaba Caleb a Ed. Ambos cargaban una rockola que se veía realmente pesada y se veían a punto de desfallecer. Pusieron la rockola a un lado de la recepción y ambos cayeron al suelo, tratando de recuperar el aliento.
― Tienes razón ― le dijo Ro a Olivia sin poder contener la risa.
―Yo muriendo y Kida riendo, ¿por qué esa situación me parece tan familiar? ― la voz de Caleb sonaba entrecortada por el esfuerzo. ― Ro rió aún más y se acercó a ellos, puede que se riera, pero de todas maneras les iba a ayudar, eventualmente.

Detuvo sus pasos a unos metros de ellos al tomar detalle de la rockola, su risa muriendo por completo. Era la de su abuelo. Se acercó a ella y rozó el vidrio, temiendo que este se desvaneciera al momento que lo tocara, pero no, ahí estaba, frente a ella. Sintió que unos brazos se envolvieron a su alrededor y por el calor que emanaba de la persona sabía que era su hermano. Se volvió y se escondió en el pecho de su hermano. No iba a llorar, sólo que los recuerdos llegaban rápidamente y necesitaba aferrarse de algo.

― Perdón, debí preguntarte antes de traerla de vuelta ― habló Caleb acariciando su cabello.
― No, no ― respondió rápidamente, apartándose un poco de su hermano para que él pudiera ver que ella lo decía en serio ― Me alegra que la trajeras, esa rockola pertenece acá. ― le sonrió y se apartó completamente para ver la caja gigante de música de nuevo, rió, recordando cuantas veces su abuelo la había arrastrado a la pista de baile al son del blues de ese viejo aparato.
― No sólo encontramos eso, también estaba la mesa de billar y un par de cuadros que podemos usar para decorar la habitación que nos falta. Los cuadros están en el auto, la mesa de billar la traerá Tucker mañana con su camión. ― le informó Caleb a su hermana para que no se llevara más sorpresas cuando viera la mesa.
― Claro, iré a revisar la pintura de la habitación para ver si podemos pasar los muebles de una vez. ― no le dio tiempo a Caleb de responder, sólo besó su mejilla y se encaminó a la habitación.
― Bueno, llevemos esto al restaurante ― escuchó a Caleb decir animado. Escuchó unas cuantas negaciones y quejas por parte de Edik, las cuales no comprendió muy bien debido a la lejanía.

Llegó a la habitación veinte y cerró la puerta detrás de ella. Se sentó en el centro del cuarto y reposó su cabeza en sus manos, quitando el pelo que había caído encima de su rostro. Aún tenía un hueco en el pecho. Esa rockola le había traído muchos recuerdos y no todos buenos. Escuchó la puerta abrirse y cerrarse un momento luego, no tuvo la necesidad de voltear ya que la persona llegó a su lado y se sentó. Ro subió la mirada sólo para ver a Willow que la miraba preocupada.

― Está bien llorar algunas veces Ro ― la abrazó y Ro reposó la cabeza en su hombro. Ni siquiera su hermano la había visto llorar desde que era pequeña, Willow era la que siempre estuvo ahí. Willow era la única que sabía Ro también podía llorar.
Comenzó a llorar, más que todo por rabia hacia su supuesto padre, ni siquiera habían pasado dos días de la muerte de su abuelo cuando Dick comenzó a sacar todo lo que le acordara a él. Aunque la mayoría de lágrimas fueran por resentimiento y enojo, sabía que también una parte de ella lloraba porque extrañaba a su abuelo, ese hombre fue mucho más padre para ella que lo que Dick jamás sería.
No sabía qué tanto era lo que sabía Willow de lo que había pasado hace unos momentos, pero ella no dijo nada, sólo calló y la dejó llorar mientras acariciaba su espalda. Como muchas veces también había hecho Ro en momentos pasados.

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Ya era de noche cuando terminaron de acomodar todo en la habitación, con la ayuda de Willow y Alaska entre risas lograron hacerlo todo más rápido, cualquier sentimiento de dolor o de ira hace mucho que lo había olvidado.

Cerraron la puerta de la habitación, con una sonrisa de satisfacción en su rostro mientras se dirigían a la recepción.

― ¿Terminaron? ― preguntó Caleb con una sonrisa cuando las vio llegar a las tres. Ro le tendió la llave de la habitación sonriendo, feliz por al fin haber completado todas las habitaciones. ― Perfecto, gracias chicas. ― puso la llave junto a las otras que quedan disponibles, las cuales no eran muchas, y se volteó de nuevo hacia ellas. ― Iré a recoger la comida, ¿te quedas acá hasta que vuelva? ― le preguntó, a lo que Ro sólo asintió.
― Yo llevaré la basura de la habitación afuera ― habló Alaska antes de caminar los pasos de vuelta a la habitación.
― Yo debería ir a darme un baño ― Willow estaba completamente manchada de pintura, hubo una pequeña confusión sobre cuál era el balde que estaba vacío y cuál aún estaba prácticamente lleno ― ¿o prefieres que me quede contigo?
― No, tranquila, ve a bañarte antes de que la pintura se seque más. ― la castaña asintió y salió de ahí, probablemente tomando camino a su cabaña.

Ro tomó los papeles que antes estaban en las manos de Caleb. Eran más que todo facturas de agua, electricidad, el cargamento de alimentos, los permisos de manipulación de alimentos y la licencia para vender alcohol, entre otros papales. La campana de la puerta sonó, avisando que alguien había llegado. Levantó la vista y su corazón calló a sus pies.

Hugo la miraba de la misma manera sorprendida que ella lo miraba a él. No era que no le agradara Hugo, era más que todo que no lo quería en el mismo edificio que Willow. Se suponía que este trabajo que le dio a Willow era para distraerla de todo el tema de Killian, no para juntarla con el mejor amigo del susodicho. Miró a su alrededor teniendo en cuenta que hace unos minutos ella estaba ahí mismo con Ro e internamente agradeció la equivocación del bote de pintura. Vio que Hugo no venía solo y algo en su acompañante se le hacía extrañamente conocido.

Les dio toda la presentación, junto con la información, informándoles que los pagos se hacían al final de cada semana o cuando se fueran, las actividades por venir, el baile de apertura mañana, el servicio de comida a la habitación, la apertura del restaurante hasta el día siguiente, junto con los folletos y la información que tenían que llenar. Pudo sentir la mirada del rubio pegada en ella mientras hablaba y sobraba decir que le parecía más que incómodo como no dejaba de verla.

― Entonces ― habló, quien ahora conocía como el amigo de Hugo, al momento en el que Hugo se fue de la recepción ― ¿cuál dijiste que era tu nombre?
― Ro
― Es extrañamente corto, ¿es el apodo de algo?
― No, sólo Ro ― negó con cabeza, aún sin comprender qué trataba de decirle.
― Tan interesante y bello como su dueña ― sintió como él tomaba su mano y depositaba un beso en el dorso de ella. ¿Estaba tratando de coquetear con ella? Tuvo que reprimir la risa que quería escapar de ella, lamentablemente para ella, no tuvo que retenerla mucho tiempo más porque un brazo encima de sus hombros y un beso en su mejilla la desconcertó rápidamente.
― ¿Algún problema cariño? ― no tuvo que subir la mirada para verlo ya que ese irritante acento inglés y la forma en la que le decía cariño le recordaban exactamente al idiota del restaurante.
― Ninguno, disculpa, no sabía que tenía novio ― habló rápidamente el rubio antes de tomar su llave y salir de ahí tan rápido como pudo. Cobarde, pensó Ro.
― Uno, no me toques ― aclaró quitando su brazo y alejándose de él ― dos, no deberías estar detrás del escritorio de recepción y tres, no me digas cariño ― puntualizó el último mientras lo empujaba detrás del escritorio. En realidad, no sabía si fue su encuentro pasado, algo en él que simplemente la irritaba o el hecho de que fuera absurdamente guapo y eso se viera arruinado por su personalidad, pero realmente no lo quería cerca. Se golpeó mentalmente descartando la última opción que había incluido.
― Como quieras, sólo intentaba hacerte un favor ― se encogió de hombros y se volteó para irse, sólo para asomarse por la puerta unos segundos después. ― Hasta luego cariño ― le guiñó el ojo y esta vez sí desapareció por completo.
― Idiota ― dijo esperando que todavía pudiera oírla, pero si lo hizo no lo supo.

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― Solo tú le dirías idiota a un actor internacional Kida ― le habló a su hermana llamando su atención, siendo incapaz de contener la risa por más tiempo.

Toda la situación desde la llegada de Hugo hasta la salida del tal Noah le parecía de novela y no pudo retener la risa por más tiempo. Y sí, estuvo ahí todo ese tiempo, o al menos el tiempo suficiente para ver a Carter en la recepción, tuvo que recordarse que le tendría que avisar a Dustin que su hermano había llegado al motel y que estaba coqueteando, inútilmente, con su hermana.

― ¿Estuviste ahí todo ese tiempo? ― preguntó Ro indignada por el hecho de que su hermano no interviniera.
― El suficiente ― se encogió de hombros y puso la caja de comida encima del escritorio de recepción, sus brazos se habían adormecido por el peso de la caja, pero valió la pena. Estiró sus brazos tratando de quitar el dolor.
― ¿Ahora qué hiciste? ― le preguntó Willow a Caleb entrando a la recepción y viendo como Ro fulminaba al pelinegro con la mirada.
― Nada, no hizo nada, ese es el problema ― le recriminó Ro antes de irse de la recepción, Caleb aún riéndose por toda la situación anterior.
― ¿Debería saber?
― No me creerías si te lo dijera. ― se pasó al otro lado del mueble de recepción para ver que habitaciones les había dado Ro a sus nuevos huéspedes. ― Rayos ― dijo luego de ver el número diecinueve en el registro.
― ¿Qué sucede?
― Alaska me dijo que aún no habían llevado toallas a las últimas tres habitaciones porque quería esperar a que terminaran de arreglar la última. ¿Te importaría ir a dejarlas?
― No, claro que no. ― le sonrió a Caleb.
― Después de eso vas al restaurante ― señaló la comida enfrente de él y Willow asintió antes de irse.

Caleb agarró la caja con la comida y tomó camino al restaurante donde sabía que estarían todos esperando su cena. Al llegar, como lo había supuesto, ahí estaban todos, hablando y riendo entre ellos mientras esperaban, probablemente, otra pizza. Todos se sorprendieron cuando lo vieron llegar con una enorme caja en sus manos y el primero en reaccionar fue Zack quien se acercó rápidamente a Caleb ayudándole con la caja.

― La próxima vez me lo llevo a él ― le dijo Caleb a Edik que estaba a unos pasos de él. Todos rieron. ― ¿A dónde está Ro?
― Se fue a buscar a un tal Luke ― respondió Alaska y como si fuera una señal, Ro entró en el restaurante, aparentemente sola. ― ¿y Luke?
― Está ocupado, dentro de un rato voy a cenar con él. ― tanto Alaska como Caleb asintieron.
― Bueno, entonces supongo que podemos empezar. Esta noche, queríamos hacer algo diferente, ― le indicó a Ro que se acercara a él y así lo hizo, sentándose en la mesa al lado de su hermano. ― un tipo de agradecimiento, sé que las cosas no han terminado y aún falta mucho por recorrer, pero ya hicimos gran parte del trabajo, arreglamos el motel y mañana abrimos. Hace una semana cuando por primera vez pisaron el motel cuántos creyeron que sería imposible arreglarlo en una semana, y no quiero que nadie me diga que no porque yo sé que si no le dijeron al menos lo pensaron, pero todos se quedaron. Nadie me dio la espalda, nadie dijo que no, vinieron desde otros países incluso, no estaban obligados a esto, ni siquiera podemos pagarles el trabajo que están haciendo y menos podremos retribuírselos, entonces gracias, gracias por confiar en nosotros, por decirnos a nosotros y ustedes mismos que sí era posible. Así que, si abrimos propiamente mañana, no es sólo por nosotros, es por todos ustedes, por su trabajo, por su confianza y sepan que les estamos eternamente agradecidos. Con amigos como ustedes, no, amigos no, con mi familia, sé que no necesito nada más en mi vida.

Ro fue la primera en abrazarlo y tras un “Awwww” de Edik y Cedric todo el resto de las personas en la sala, entre risas, formaron parte del abrazo también.

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Llevaba rato buscando a Luke y cuando llegó a encontrarlo la dejó hablando sola.

― Luke ― lo persiguió de nuevo ― No lo hice apropósito, ¿sí? Lo siento ― se puso delante de él ― sólo que me preocupo y a veces exagero, pero mi intención no es hacerte sentir mal, sólo, lo siento.

Luke asintió sin decir nada y dejó salir un suspiro.

― ¿Aún quieres cenar conmigo?
― Me encantaría, pero como acabas de notar acaba de llegar una nueva huésped y no hay nadie en la recepción, por lo que debería correr. Pero ten ― le tendió la caja con su comida y Luke sonrió.
― ¿Cómo lo recordaste?
― Sería una pésima amiga si no supiera cómo hacer tu estómago feliz. ― besó la mejilla de Luke ― disfrútalo ― luego de eso corrió hacia la recepción con cuidado de que la otra caja que llevaba su comida no se abriera.  

Al llegar allí, vio a la misma muchacha de antes sentada en uno de los sillones de espera que tenían en la recepción, se veía pensativa mientras jugaba con sus dedos, viéndose como si estuviera al borde de un colapso.

― Disculpa la tardanza, no esperábamos a nadie a estas horas. ― la pelinegra levantó la cabeza ante el sonido de la voz de Ro y se vio verdaderamente aliviada.
― No hay problema, es comprensible ― se limpió unas lágrimas que habían escapado de sus ojos y se acercó a Ro, tendiéndole su mano ― mi nombre es Megumi.
― Ro ― respondió aceptando su mano. A diferencia de otras personas que preguntaban el origen de su nombre, Megumi sólo sonrió y asintió. Ro le sonrió de vuelta, era refrescante que por primera vez alguien aceptara que su nombre era sólo Ro. ― Necesitas una habitación, ¿supongo? ― preguntó al ver que no dijo nada.
― Si
― De acuerdo ― se acercó al escritorio de recepción y puso la caja con comida ahí, luego tomó una de las llaves disponibles y el papeleo junto con los panfletos y un lapicero. ― Necesitas llenar esta información, ― le tendió el papeleo y el lapicero, Megumi los tomó y comenzó a llenarlos ―  los pagos se hacen al final de cada semana o al momento de que te vayas, las actividades están en este panfleto y las reglas del motel en este otro, ahí puedes encontrar el número de recepción o el número del encargado del hotel en caso de alguna emergencia si no te contestan acá, pero normalmente siempre hay alguien. La piscina está abierta las veinticuatro horas. Mañana tenemos la fiesta de inauguración y el restaurante abre el desayuno a las ocho de la mañana.
― ¿El restaurante está abierto ahora?
― No, lo lamento ― Ro se mordió el labio al ver la decepción en los ojos de la muchacha.
― Pero, sobró esto ― tomó la caja que estaba en la recepción y se la tendió a Megumi, quien se veía dividida entre tomarla o no.
― ¿No es eso tuyo?
― No, yo ya comí, era para otro de los empleados, pero dijo que no tenía hambre, así que es tuyo, tómalo. ― Megumi sonrió y la agradeció, tomando la caja. ― En la habitación podrás encontrar botellas de agua si necesitas algo para bajar la comida. ―Ro le dio la llave también y Megumi la agarró con su otro brazo, quedándose sin ninguna mano para llevar la maleta. ― Yo te la llevo ― agarró la maleta ― Sígueme.

Caminaron a lo largo del pasillo y Ro le indicó la puerta con el mismo número que marcaba en la llave para que Megumi la abriera. Apenas entraron, Ro puso la maleta a un lado de la cama y vio como Megumi sonreía evaluando su entorno.

― ¿Necesitas algo más? ― le preguntó antes de irse. La pelinegra, apenada, asintió.
― ¿Cómo enciendo eso? ― señaló el televisor y a Ro se le escapó una risa, pensando que bromeaba, cuando vio que hablaba en serio dejó de reír y se acercó al control remoto que estaba encima del aparato, luego se acercó a ella y comenzó a explicarle qué hacía cada botón. No preguntó por qué no sabía, tampoco por qué estaba ahí, ni por qué su cabello se veía como si hubiera sido cortado por podadora, y no iba a preguntar, la vida de los demás no le incumbía, pero si podía ayudar a alguien, lo haría.
― ¿Me dejarías arreglar tu pelo? ― le preguntó luego de un rato donde Megumi se dedicaba a cambiar canales. Ella separó la vista del televisor y la enfocó en Ro, más que todo en el color blanco de su cabello ― No teñiría tu cabello, lo tienes lindo, sólo, no parejo y tienes las puntas abiertas, sólo te lo emparejaría. ― Megumi sonrió y asintió. ― Excelente ― chilló emocionada ― iré a traer las cosas.

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― Listo ― exclamó Ro cuando terminó. Como prometió, no lo tiñó ni le hizo nada extravagante, sólo lo emparejó y le dio forma. ― Meg ― llamó de nuevo a la muchacha, no obstante, ella estaba perdida en la película que se reproducía en el televisor. Ro rió, se veía tan entretenida con la película que no se atrevió a distraerla. Tomó un papel y un lapicero que estaban en la cómoda de la cama y le dejó un mensaje para que lo viera cuando terminara la película y salió de la habitación, dirigiéndose por fin a su cabaña.

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Luego de la cena, cuando todos tomaron camino a sus respectivas cabañas, Caleb tomó camino a la recepción.

― Hey, ¿adónde vas? ― le preguntó Cedric.
― Tengo que cerrar el hotel y despedir a Laura ― Cedric asintió.
― ¿Quieres que te acompañe?
― No, todo está bien, no te preocupes, ahora nos vemos. ― se despidió y continuó su camino.

Al llegar miró a su alrededor viendo la Rockola aún en la recepción. Edik había huido de él en el momento en el que dijo que debían llevarla al restaurante. Por lo que decidió dejarla ahí y pedirle ayuda a Tucker cuando llegara a dejar la mesa de billar. Aunque, pensándolo bien, había muchas otras personas en ese motel a las cuáles les podía pedir ayuda.

La campanilla sonó y Caleb se volteó con una sonrisa esperando recibir al siguiente huésped, hasta que vio que la persona que había entrado era Dick y su sonrisa cayó.

― ¿Qué estás haciendo aquí?
― Tranquilo, sólo vine a recoger a tu madre ― levantó las manos en modo de defensa
― Estoy seguro que Laura bajará en cualquier momento, puedes esperarla afuera. ― respondió Caleb remarcando el nombre Laura. Parte del trato de ellos encargarse del motel era que su padre no volviera a pisar terreno del motel. Al principio no querían que ninguno de los dos estuviera cerca del motel, al final aceptaron que Laura les ayudara a limpiar sólo hasta que ellos inauguraran el motel de nuevo, lo que significaba que hoy sería su último día.

Debía admitir que su trato con su madre se había relajado un poco a lo largo de la última semana, pero no admitiría eso frente a Dick, si no ver a Laura significaría no volver a ver a Dick, bien por él.

Como muchas otras veces lo hacía, Dick lo ignoró y dejó vagar su mirada por toda la recepción, deteniéndose unos segundos en el mural que había hecho Ro.

― ¿Lo hizo Aurora? ― preguntó señalando la pared.
― Ro ― corrigió
― El nombre que tu madre y yo le pusimos fue Aurora.
― Y exactamente por eso no le gusta. Y mi nombre lo mantengo por ser el mismo de mi abuelo, no por ustedes.
― Y ahí vas con tu abuelo de nuevo ― Dick rodó los ojos y al hacerlo vio de reojo la rockola que reposaba a uno metros de él. ― ¿Qué hace eso aquí?
― No es tu problema
― Claro que lo es, yo no cambié todo este motel para que tú lo devolvieras a la misma porquería que era antes
― No me interesa, largo ― habló tratando de no perder la calma, Dick no lo valía. La campanilla sonó de nuevo y Caleb miró detrás del hombre quien lastimosamente era su padre y, a pesar de las circunstancias, una sonrisa escapó de sus labios a ver a Adolph, mas Adolph no le sonrió de vuelta al sentir la tensión que emanaba del hombre a unos metros suyo. ― No te preocupes, él ya se iba.
Ignorando a Caleb, y ahora a Adolph, Dick comenzó a caminar a la rockola, antes de que pudiera llegar a ella, Caleb logró ver sus intenciones y corrió, poniéndose enfrente de la rockola y evitando que Dick llegara a tocarla.
― No te atrevas a tocarla ― espetó empujándolo para que se alejara aún más del aparto. Antes de que Dick pudiera decir algo más, una tercera voz se unió a la conversación.
― Dick ― todos en la sala voltearon a ver a Laura quien recién entraba a la recepción. ― Suficiente, espérame en el auto.
― Pero ― lo interrumpió
― Qué me esperes en el auto, ― al ver que Dick no se movía, prosiguió ―  mis dos hijos no soportan verme por tu culpa, no creí que fuera posible, pero no empeores las cosas, espérame en el auto. ― Dick se vio desorientado por un segundo, luego se fue sin decir nada más. Adolph miraba la situación sin saber realmente que hacer o decir. Laura se acercó a Caleb y acarició la mejilla del muchacho con miedo de que él se quitara, para su sorpresa, no lo hizo. Caleb estaba sorprendido, era la primera vez en toda su vida que Laura se había puesto de su lado y no del de Dick. ― Perdón porque me haya tomado tanto tiempo entenderlo. Mañana es la apertura y quiero desearles la mejor suerte del mundo, todo el mérito les pertenece a ustedes. ― Con los ojos llorosos, besó el lugar donde antes estuvo su mano y se fue de la recepción, dejando a Caleb aún más confundido, ¿su madre le había dicho que eran buenos para algo?
― ¿Caleb? ― preguntó Adolph dudoso al ver que su amigo no reaccionaba, estaba seguro que era la primera vez que veía a Caleb desconcertado o sin estar balbuceando idioteces, si no hubiera presenciado la gravedad de la situación hasta se reiría.
― Adolph ― exclamó Caleb saliendo de su asombro, mirándolo con una sonrisa, como si toda la situación con sus padres nunca hubiera pasado, no obstante, al verlo más de cerca a los ojos, pudo ver que estaban levemente llorosos, pero que intentaba ocultarlo, por lo que le siguió la conversación y el cambio de humor. ― ¡Qué bueno verte! Hubieras llegado un poco más tarde y nos hubieras encontrado dormidos, estaba a punto de cerrar.
― ¿Quieres que me devuelva y entre mañana? ― preguntó riendo mientras Caleb le daba un abrazo amistoso.
― Ja, gracioso. ― Caleb se acercó a la puerta del lugar y la cerró con una llave que sacó de su bolsillo ― muy tarde, estás encerrado. ― bromeó, palmeando el hombro de Adolph. ― Ven, te llevo a tu cabaña, debes estar cansado.

En el transcurso del camino a la cabaña, Caleb volvió a ser el mismo de siempre mientras hablaban y contaban anécdotas hasta llegar a su cabaña.

― Edik va estar extasiado de verte, me ha estado preguntado toda la semana que cuando llegas.
― Me imagino, ¿el mismo Edik de siempre?
― El mismo de siempre, hasta mañana Adolph. ― se despidió con un golpe amistoso en la espalda y luego se encaminó hasta su cabaña.

Incluso desde antes de abrir la puerta podía escuchar las risas que provenían de adentro.

― Sabía que no era buena idea agruparnos ― dijo para sí mismo, preparándose para lo que fuera a ver detrás de la puerta. Al abrirla las risas se hicieron más fuertes y rió él también ante la situación.
― Edik, baja a mi prima ― regañó al castaño que tenía a Alaska en su hombro y le daba vueltas por toda la sala. Cedric se encontraba en uno de los sillones de la sala, riendo como si no hubiera un mañana y grabando todo, muy posiblemente en Snapchat, Ro estaba en la cama matrimonial de una de las habitaciones, riendo igual o más que Ced, ambas puertas estaban abiertas por lo que se podía ver perfectamente desde las habitaciones hasta la sala. Edik se detuvo al escuchar su voz, mirándolo con una sonrisa en su rostro.
― Caleb ― gritó emocionado
― Bájala ― le dijo Caleb de nuevo, no preocupándose mucho debido a que Alaska también reía.

La puerta del baño se abrió, Willow salió de este y se quedó igual o más sorprendida que como estaba Caleb hace unos segundos.

― Edik, baja a la pobre chica ― apoyó willow. Cedric ya no grababa, pero igual reía, intercambiando miradas entre Caleb y Edik.
― No la bajo hasta que me deje dormir con Ro en la cama matrimonial
― Pero yo voy a dormir con Ro, ella duerme en la individual ― aclaró Willow mientras una sonrisa escapaba de su rostro
― Oh no ― bajó a Alaska, esta viéndose levemente agradecida pero al mismo tiempo divertida. Alaska corrió al cuarto de nuevo, ocultándose detrás de Ro. Edik, a su vez, corrió hacia la dirección de Willow, quien dio un pequeño grito y luego corrió escondiéndose a las espaldas de Caleb.
― ¿En serio creés que yo te voy a dejar siquiera pararte en el mismo cuarto donde mis hermanas y mi prima van a dormir? No no, tu duermes conmigo, tengo que tenerte vigilado.
― Hey ― interrumpió Ced desde el sillón ― dijiste que yo dormiría contigo hoy.
― Tiene razón, lo dije ― Caleb quedó pensativo unos segundos ― Está bien, Edik duerme en la individual, pero no creas que no voy a cerrar la puerta con llave ― completó señalando acusatoriamente a Edik mientras Cedric sonreía victorioso.
― 23, 23 y 22 años, ¿quién lo diría? ―completó Ro, más para su grabación que para ellos.
― Ro ― dijeron los tres acusatoriamente acercándose a ella
― Posteado ― se encogió de hombros, cerrando la puerta antes de ellos llegaran a ella. Las risas de las tres mujeres escuchándose dentro de la habitación.
― Lo he dicho antes y lo repito, algunas veces creo que esa niña tiene un placer oculto por hacer mi vida imposible.
― Oh y lo tiene amigo, lo tiene. ― completó Edik tirándole una almohada en la cara a Caleb, haciendo que Cedric riera. En serio, qué se le había ocurrido al aceptar la idea de Ro de estar los seis juntos.

------------

Eran pasadas las dos de la mañana cuando un ruido despertó a Caleb. Al principio pensó que era Edik, pero al levantarse vio que él estaba plácidamente dormido en la cama a su lado. Se rascó la cabeza y dejó salir un bostezo mientras se levantaba de la cama y abría la puerta. Salió por completo a la sala, cerrando la puerta detrás de él y caminó hacia la cocina que era donde había escuchado el sonido. Pudo divisar una silueta a unos metros de él, encendió la luz y se restregó los ojos para ver mejor.

Al tener la luz encendida pudo ver que la silueta le pertenecía a Willow, quien se veía asustada por el hecho de que alguien la hubiera escuchado. Sus ojos estaban rojos e hinchados y su pulso temblaba. Willow había dormido varias veces en su casa antes por lo que sabía que se trataba de una pesadilla. Como muchas veces había hecho antes con ella, y con Ro también, abrió sus brazos y Willow lo abrazó. Acarició el cabello castaño de Willow mientras ella lloraba, no le gustaba para nada verla triste.

Luego de un rato, Willow dejó de llorar y se sentó en uno de los taburetes de la cocina, Caleb le preparó un té y lo dejó en frente de ella cuando estuvo listo. Ella le agradeció con una sonrisa.

― ¿De qué fue la pesadilla esta vez?
― No lo entenderías ― contestó tomando un sorbo de su té.
― Pruébame.
― Era sobre Killian, intento no pensar en él, pero al ver a Hugo, todo volvió. ― Caleb asintió.
― Te entiendo ― respondió Caleb rascándose el cuello.
― No, no lo haces ― bufó.
― Sí lo hago. ¿Recuerdas mi viaje a Inglaterra? ― Willow asintió, sin entender a dónde se dirigía con ello.
― No me fui porque quería conocer otro país, me fui porque necesitaba olvidar. Me fui unas semanas después de la ruptura con Maggie ― Willow asintió de nuevo recordando a Margaret, nunca le agradó esa chica como novia de Caleb, pero en ese momento ella tenía sus razones. ― Nosotros nunca terminamos, ― Caleb suspiró, llamando la atención de la menor ― ella, ella simplemente se fue, sin ninguna palabra, sin ninguna nota, sólo desapareció, después de dos años de noviazgo, sólo se fue. Por lo tanto, te entiendo.
― No es lo mismo ― Willow negó. Su novio había muerto.
― Tienes razón, no es lo mismo, porque Killian murió amándote, Maggie escogió dejarme.
― Lo siento ― se disculpó, detectando el dolor en las palabras de Caleb cuando dijo la última parte de la oración.
― No lo dije para hacerte sentir mal, sólo quiero que sepas que no estás sola.
― Lo sé, ahora lo sé. ― Willow tomó la mano de Caleb y le sonrió.
― Bien, ahora vamos a dormir, necesitamos de toda nuestra energía para levantar a Edik y Ro en la mañana. ― Willow rió junto con Caleb, haciendo que el muchacho se tranquilizara un poco. Él había logrado salir adelante, Willow era mucho más inteligente y valiente que él, por lo que sabía que estaría bien, sólo necesitaba que ella lo supiera.  

------------

― Esta es mi cocina muchacho, no dejaré que la quemes de nuevo.

Caleb suspiró y masajeó sus sienes, era muy temprano para esto.

― Abuela, no voy a dejar que trabajes todo el día de pie. Tía, ayúdame en esto.
― Lo siento Caleb, intenté todo lo que pude en la casa, hasta amenazó con venir sola si no le ayudaba, no la vas a hacer cambiar de opinión.
― Cuando tu abuelo abrió este motel no teníamos más dinero para personal y adivina quién atendió los huéspedes, la recepción, el restaurante y la limpieza de las habitaciones mientras el viejo gritaba BINGO.
― Lo sé abuela, pero
― Pero nada, puedo manejar esto. Además, tengo a tu tía para ayudarme y esta adorable muchacha que hace los pasteles más deliciosos que he probado hasta al momento ― completó poniendo un brazo alrededor de los hombros de Vennie, quien desde hace rato miraba con gracia la situación.
― Si te cansas, tomas un descanso y no quiero que te presiones, esos son mis términos, promételo o no acepto.
― Ya vi de dónde sacó Caleb lo terco ― le susurró Cedric a la tía de Caleb. Ambos rieron.
― Lo prometo ― aceptó su abuela, conociendo lo suficiente a su nieto para saber que como había dicho Cedric, ambos tenían la misma terquedad.
― Mamá ― exclamó sorprendida Alaska al entrar a la cocina ― Abuela ― ¿qué hacen acá?
― Al parecer quitándome mi puesto en la cocina. ― se quejó Caleb aún no muy contento con la idea.
― Excelente, ya temía que los huéspedes nos demandaran por intoxicación, los baños no serían agradables de limpiar ― arrugó la nariz mientras se acercaba a su madre y la abrazaba y después hacía lo mismo con su abuela.
― Ja, sigo aquí.
― Y no deberás niño, fuera de mi cocina. Tenemos trabajo que hacer. ― entendió la indirecta, estorbaba. Rodó los ojos y salió al área de la piscina, la música de Edik escuchándose a todo volumen. Caleb negó mientras veía a lo lejos los ridículos pasos de baile de su amigo mientras trabajaba. Rió y despejó su mente, dispuesto a comenzar a trabajar, todavía había muchas cosas que debían hacer antes de la fiesta.

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La música resonaba sobre las paredes del restaurante a todo volumen. Miró orgulloso la rockola que reproducía la música, al parecer ese viejo aparto aún servía perfectamente. Ya que tomar no era lo suyo, había dedicado la mayoría del tiempo a bailar o ayudando a Adam en la barra ya que él sólo no daba abasto.

Le encantaba ver ese lugar así, tan lleno de vida, con risas y música en cada rincón del salón, como si todas esas personas estuvieran disfrutando de ese momento gracias a todo el trabajo que habían hecho y, siendo sincero, todos ellos se merecían una fiesta, incluso él.

Vio a Willow bailando con Edik a lo lejos y se acercó a ellos, tomándola a ella por atrás y dándole vueltas haciéndola reír, provocando que Edik riera también. La bajó y bailó con ellos un rato, hasta que la canción cambió a una lenta y Olivia se ofreció a bailar con él. La música cambiaba de un ritmo a otro y todos sus amigos se encontraban a su alrededor y estaba seguro de una cosa, no cambiaría ese momento por nada del mundo.

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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Megara. el Vie 12 Ago 2016, 9:23 am

yo AMEEE el capítulooo en serio, fue de lo más genial y divertido y amo esta nc Comentaré mejor después, porque por ahora estoy corta de tiempo pero lo amé

Megara.
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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Water Lily. el Vie 12 Ago 2016, 8:14 pm

Yo todavía tengo que leer Ally, pero prometo hacerlo a penas pueda, para colmo se me rompió la compu. Comento luego, las quierooo

Water Lily.


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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por ácido. el Sáb 13 Ago 2016, 8:32 am

Edito  

ácido.


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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Kida el Vie 19 Ago 2016, 8:41 am


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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Tessa el Vie 19 Ago 2016, 10:25 pm

ay yisus perdona perdona ally debo tantos comentarios en todos lados, pero en serio que amo tu capítulo tener de regreso esta colectiva es demasiado bello y espero el siguiente cap con ansias ;-; y no sé si lo he dicho antes, pero amo amo a Caleb lo pido

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no wonder it's missing, Don't know how to be so close to someone so distant..." {M}

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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por changkyun. el Sáb 20 Ago 2016, 9:43 am

prometo comentar más tarde bien lindo porque justo me escape mientras hacía un trabajo y ahora tengo que volver a hacerlo.
me encanta el capitulo, ally, lo lei como unas cinco veces porque es realmente hermoso.
espero a la siguiente con ansias y comenzare a escribir mi capitulo para que esto no tarde mucho.

changkyun.


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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Megara. el Miér 19 Oct 2016, 7:17 pm

Estoy tardando más de lo que dije para el cap. Lo sé, lo lamento Aquí les dejo un pequeño adelanto


~

—¡Hijo de tu grandísima-!
—¡Ey, hay niños aquí! —la interrumpió.
—¡Claro que no! ¡Bájame, pedazo de animal!

En vez de bajarla, Edik comenzó a caminar. Caleb, que salía a la piscina, se dio una palmada en la frente al ver como los huéspedes cercanos observaban la escena. Vaya profesionalismo demostramos, pensó.

Los que estaban viendo la divertida escena, soltaban carcajadas —unas menos disimuladas que otras. Como Marley, que estaba riendo a más no poder mientras buscaba su celular para grabarlo todo.

—¡Edik Isaac Hathaway, bájame ahora mismo! —Vennie seguía gritando y golpeando la espalda del chico.
—Si fueras inteligente, ya habrías dejado de golpearme —canturreó el castaño—. Porque ya sabes que no te bajaré, ¿cierto?

°

—¿A quién acosas?
—No acoso a nadie —Marley rodó los ojos.
—Estás babeando debajo de los lentes de sol, Marley —chasqueó la lengua—. Es el primer día y ya tienes un crush con alguien, haz roto tu record.

Las cejas de Marley se juntaron y entrecerró los ojos. Pero Nathaniel no la miró, sino que la empujó hacia un lado para recostarse en el charlong y cruzar los brazos por detrás de la cabeza. Solo estaba cubierto por los lentes y el traje de baño —quería tomar un poco de sol.

—No estoy babeando. Es que, ¿no te parece conocido?
—¿Quién?

Marley se levantó para pegar su chairlong al de él. Se sentó y movió el mentón de Nathaniel en dirección al chico. Mientras más lo veía, más se le hacía parecido a alguien. Y a alguien muy apuesto. Su cabello marrón estaba desarreglado, pero le lucía. El cutis de todo su rostro era perfecto. A menos, a distancia. Y tenía los pómulos altos, definidos. Estaba segura de que debajo de sus lentes oscuros habría dos hermosos ojos. Parecía modelo.

Y ahí fue cuando soltó una exclamación ahogada.

—Ah, ¿ya recordaste quién es? —musitó Nathaniel.

°

Estaba ensimismada, subiendo la mirada con velocidad mientras trataba de mover sus dedos con rapidez. Antes de que el cliente decidiera irse o cambiar de posición. Sus dedos afincaban el lápiz con ligereza, su muñeca se retorcía por el pequeño tamaño de la hoja con flexibilidad.
Y estuvo en el trance hasta que alguien sopló en su oído.

Como si le dieran un latigazo, se detuvo. Cerró el cuaderno de golpe y afirmó sus dedos sobre el lápiz negro de rayas rojas. Con el corazón casi en la boca, subió la mirada y se encontró con los ojos azules y brillantes de Edik.

—¿Te asusté, cariño?
—No, solo estoy exaltada porque tengo calor —Kalia frunció el ceño.
—Ah, ¿en serio? Pues ve a refrescarte, puedo-
—¡No te hagas el loco! —lo interrumpió y Edik se rio— ¿Por qué casi me matas del susto?
—Porque está contra el protocolo del empleado acosar a los huéspedes —Edik alzó una ceja y se cruzó de brazos—, y tu parecías que ibas a llenar un balde de baba mirando al chico de allá.


Megara.
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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por wanheda. el Jue 20 Oct 2016, 11:27 am

Mi relación con los adelantos es de amorodio   Amo que estén porque calman mis ansías. Pero al terminarlos los odio porque necesito leer más    

ESTE NO FUE LA EXCEPCIÓN EMS. ENCIMA PONES A EDIK SIENDO TAN EDIK. Y MARLEY TODA CURIOSA OBSERVANDO AL QUE IMAGINO QUE ES NOAH Y DESPUÉS EDIK CON KALIA. ¿A QUIÉN ESTABA MIRANDO KALIA?   Tantas incógnitas

Espero tu capítulo y tranquila, entendemos cuando no puedes terminar de escribir un capítulo cuando quieres

wanheda.
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Re: Isolated Key Motel.

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 5:32 am


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