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I solemnly swear that I am up to no good.

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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Finnellark. el Miér 06 Ene 2016, 7:53 pm

"Con lo facil que es pedirlo prestado" JAJAJAJAJAJJAJAJA AY NO

Esos dos ya me encantan

Kathe, hiciste que ahora aumentaran mis ganas de leer el capitulo

Finnellark.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por wanheda. el Vie 08 Ene 2016, 8:07 am

No os preocupéis, hoy después de siglos subo mi capítulo

wanheda.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por wanheda. el Vie 08 Ene 2016, 10:04 am

did you lost what won't return?:
Ya sabéis los problemas que tuve con la inspiración, así que el capítulo es más bien corto y no tiene mucho contenido, pero como narrase más personajes no lo subía más. Así y todo, espero que lo disfrutéis. La última parte es más bien aburrida, pero es que no se me ocurrió nada más. Perdón si hay incoherencias o faltas, soy despistada. Besos a todas y gracias por la paciencia.

PD: el separador lo hizo Ems y ella me dejó usarlo para la nc, así que todos los créditos a ella.

Sigue Mari

Capítulo 02
James Potter| Katrina Berrycloth| Pressya Havenwatcher  ➡ lovely rita.



James Potter era un chico normal. Salvo por dos cosas; estudiaba para ser mago en la escuela más prestigiosa para ello, y, era el primogénito de Harry Potter. Que era tan famoso que no había ser en el mundo mágico que no conociera su nombre y proezas. James no tenía una cicatriz como su padre, pero en ocasiones, sí la tenía. Un lastre que lo perseguía allá por donde iba. A veces, el apellido le pesaba más de lo que estaba dispuesto a compartir en voz alta. Sus padres se habían esforzado mucho porque él y sus hermanos crecieran ajenos a todo ello. Pero era difícil, teniendo en cuenta que ni el mismo Harry era capaz de pasar ajeno después de tantos años.

Él sólo quería ser James, el chico al que le gustaba el quidditch y meterse en líos tantas veces como horas conformaban los días. Lo que James no entendía, era que esa inclinación suya hacia las travesuras, era la que muchas veces provocaba la comparación con su padre.

El verano había llegado a su fin, trayendo consigo el comienzo de un nuevo curso en Hogwarts. Y James, incapaz de conciliar el sueño de nuevo, se dedicaba a escuchar la respiración apaciguada de Pressya a su lado, que le hacía cosquillas al chocar contra su cuello. Press había ido a pasar las dos últimas semanas del verano a su casa. Y al igual que las catorce noches anteriores, James se había escabullido hasta la habitación de invitados en la que se hospedaba su novia para dormir con ella, a riesgo de que Kreacher lo delatase y que su madre encontrara la manera de encerrarlo en su dormitorio. Pero quería aprovechar todos los momentos disponibles con ella, ya fueran conscientes o inconscientes. Aquel sería el último año para ambos en Hogwarts, y la incertidumbre de no saber lo que les depararía el futuro como pareja era el origen de su comportamiento.

Además, con Pressya se sentía todo lo normal que un joven mago hijo de dos grandes podía sentirse. Ella nunca lo había mirado con el brillo curioso, como si fuese un personaje de papel que figuraba en los libros como el «descendiente de». A su lado, era alguien ordinario enamorado de una chica extraordinaria.

Permaneció tumbado, observando cambiar las luces de la habitación. Que pronto pasaron del añil perpetuo del alba al anaranjado del amanecer. De pronto, la lechuza de Press; Vórtice, comenzó con sus horrorosos ululares matutinos, muy semejantes a los chillidos de una mandrágora.

―Cállate, pajarraco ―murmuró James sin apenas despegar los labios.

―No insultes a mi lechuza. ―Lo amonestó Press, dándole un puñetazo desganado de energías en la tripa.

―Es insoportable ―argumentó, con el atisbo de la primera sonrisa del día.

―Ya tenéis algo en común.

Sin más dilación, como si llevase más de tres horas despierta, se despegó del cuerpo de James y se levantó de la cama. Su figura se transformó en una silueta negra a contraluz de la ventana. Por el contrario, James, que sí llevaba más de tres horas despierto, se revolvió entre las sábanas oponiéndose a levantarse. No quería que el día diera comienzo.

Pressya se subió a la cama de nuevo y gateó hasta él, con el pelo cobrizo formando una cortina en torno a sus mejillas.

―Vamos, vete a tu cuarto antes de que tu madre venga a darme los buenos días ―urgió, y le agarró por el codo intentando que se moviera.

―Si me quedo le ahorro el viaje hasta mi habitación ―bromeó., bajo la atenta mirada azul intensa de la chica.

Press le propinó un pescozón en la frente, produciendo un sonido hueco que planeó por el aire hasta chocarse contra las paredes. Vórtice ululó de júbilo, aleteando con las alas como un pequeño planeador, desde la silla en la que estaba posada.

―Se está muy bien esta cama ―comentó James sin hacer caso a sus advertencias, frotando sus ojos legañosos.

―Mueve el culo.

―Creo que me mudaré a este cuarto, es más acogedor… ―Sonrió con lasciva, le encantaba sacarla de quicio, sobre todo por las mañanas,
cuando su humor sobrepasaba de lo irascible.

Pressya se levantó y caminó hasta el interruptor más próximo. La habitación se iluminó con una luz amarillo artificial, que le fundió las retinas a James. Por descontado, Press tenía un don para lograr que parase de bromear.

―Me he quedado ciego ―murmuró. Se frotó los ojos y cuando los abrió su novia estaba de pie a su lado, en jarras, difuminada por las manchas negras en la visión de James.

Press no respondió, así que a James no le quedó más remedio que incorporarse. Con el sueño zumbando en su rostro, se echó los rizos indomables hacia atrás y se levantó de la cama. El frío del suelo le produjo un aguijonazo en la espina dorsal. Mientras tanto, Pressya se había acercado al baúl que descansaba a los pies de la cama, dispuesta a rellenarlo con sus pertenencias desperdigadas.

―¿Me das un beso de buenos días? ―preguntó, lanzando una camiseta que había en la mesilla de noche, que chocó contra el brazo de Press.

Ella sonrió con tantas ganas que parecía a punto de romper a reír. Se irguió sobre su cuerpo y con la ceja alzada volvió a lanzarle a James la camiseta, que este atrapó al vuelo.

―No sin que te laves los dientes.

James suspiró y encogió los hombros, en actitud resignada.

―Tenía que intentarlo.

Sin decir nada más, se esfumó de la habitación para aparecer un puñado de segundos más tarde en la suya propia. Pero en lugar de pensar en la cama, había pensado en que tenía que hacer su baúl, por lo que aterrizó encima del nombrado, torciéndose el tobillo. La mañana no había empezado del todo bien…

La habitación en la que James había crecido, perteneció antaño al padrino de su padre; Sirius Black, de quien había heredado el segundo nombre y del que afirmaban, también su reticencia a  cumplir las normas. Se trataba de una estancia de gran amplitud, aunque basta en decoración. Dormía en una amplia cama de madera, cuyo cabecero ocupaba una gran parte de la pared, pintada de un gris plateado. Un amplio ventanal, desde el suelo hasta el techo, partía la pared derecha en dos mitades. Un armario descansaba al lado derecho de la puerta, y un escritorio en el centro de la pared izquierda, sobre el que colgaba un estandarte de Gryffindor. Aquí y allá, desperdigadas por distintos puntos, había colgado fotografías de sus amigos y familiares.

Acompañado por la molestia del tobillo, James acudió a su armario para vestirse. Se puso una sudadera azul con capucha, unos vaqueros y sus deportivas preferidas. Bajo el flexo que iluminaba la habitación, dejó escapar el aire de sus pulmones con sumo pesar. Quieto frente al baúl, se dio cuenta de que ese sería su último primer día en Hogwarts. Y no sabía de qué estaba más lleno; si de nostalgia o alivio.

Reunió sus cosas en completo silencio, la ciudad se despertó en el transcurso de la tarea. Grimmauld Place solía ser un sitio tranquilo, pero no sólo era el primer día de clases para un puñado de magos. Sino también para los muggles. Hizo una pausa para ir al baño a lavarse los dientes y la cara. Al volver, recuperó la varita de la mesilla de noche y apuntó hacia su baúl.

Baúl locomotor ―murmuró y el pesado objeto levitó unos centímetros por el suelo.

Desde el pasillo de esa planta no se advertía ningún ruido todavía. Bajó hasta el tercer piso concentrado en que el hechizo no se rompiese y cuando cruzaba el rellano la puerta más cercana a él se abrió. Otro baúl levitador apareció, seguido de su hermano pequeño, Albus. Que portaba la misma expresión adormilada que él.

―Hermanito ―saludó revolviéndole el pelo moreno, despeinándolo más si era posible. Albus recibió el gesto con un gruñido amenazador.

―No me revuelvas el pelo como si fuera tu mascota ―terció, al tiempo que juntos prosiguieron con el descenso, con sus respectivos equipajes precediendo la marcha.

―De pequeño te encantaba, incluso ladrabas de emoción.

Las mejillas de Albus se mancharon un poco de rojo, James sabía muy bien cómo molestarlo y ponerlo en evidencia.

―Tenía tres años ―recalcó con ímpetu.  

Al llegar al término de las escaleras, un agradable olor a huevos y beicon se escapaba por la rendija de la puerta de la cocina. James escuchó a su estómago lamentarse. Pero antes, siguió a Albus hasta el final del pasillo, para depositar su baúl junto con el resto, apilados frente a la puerta de la entrada. Al ver el de su hermana, recordó lo sucedido unas semanas atrás: Cuando Lily se escapó de casa. Las lechuzas de todos comenzaron una sintonía de ululares insoportable. James le lanzó una mirada severa a Chip, su lechuza, para que se calmara.

―Oye, Albus, ¿tienes tu capa? ―preguntó, alzando una ceja interrogante.

Albus alzó las suyas hasta el nacimiento de su cabello, cayendo en la cuenta de que su preciada pertenencia, no figuraba en los enseres de su baúl.

―Lily…, otra vez ―apuntó James, que ni corto ni perezoso se agachó para abrir el baúl de su hermana pequeña para recuperar su mapa.

Se encontraba lleno de cosas, que a sus ojos, resultaban completamente inservibles. En su mayoría libros, por ese motivo James abrió el de Historia de la Magia, la asignatura que menos le atraía, y allí fue donde encontró su querido mapa. Albus hizo lo propio y encontró la capa doblada dentro de una sudadera rosa.

―Es tan inteligente que a veces se olvida de que nosotros también lo somos ―comentó Albus, guardando la capa en su baúl.

―Con lo fácil que es pedirlo prestado ―suspiró James con dramatismo ensayado.

Por supuesto, James nunca le dejaría el Mapa del Merodeador a su hermana pequeña. No quería darle la oportunidad de escabullirse por donde quisiera, haciendo Dios sabe qué. Tal como él hacía.

Sin más preámbulos fueron a la cocina. El silencio del vestíbulo se transformó en charlas cruzadas, las lamentaciones del viejo Kreacher y el olor del desayuno que anteriormente había conseguido que salivara al cruzar el umbral de la puerta. Pressya y Lily se encontraban en la gran mesa de madera de pino que ocupaba el centro de la estancia, charlando animadas. Sus padres terminaban conjuntamente el desayuno en una danza perfeccionada durante los años, para no chocarse el uno con el otro. Kreacher, el elfo doméstico, azuzaba la lumbre entre gruñidos.

―Si mi amo no pagara a Kreacher…, ah, si no le diera vacaciones―. Es decir, la perorata incesante de todos los días. El viejo elfo estaba empeñado en hacer todo él, «Es la obligación de todo elfo», reclamaba siempre. Pero Harry no estaba dispuesto a ello, en gran parte por la tía Hermione y por otra parte, porque no era necesario. Pero James suponía que como todos, le guardaba cierto cariño, y no quería liberarlo. Sin mencionar que Kreacher sufría un ataque al corazón si aquello llegase a suceder.  

―Buenos días ―saludó James, que caminó sin pensarlo hasta Pressya y la rodeó los hombros por detrás, descansando las manos en su clavícula. Ella echó la cabeza hacia atrás, sonriéndolo al revés con plenitud―. ¿Qué hay de mi beso ahora?

―¿Te has lavado los dientes? ―Quiso saber con un brillo malicioso en sus ojos.

James asintió con energía, como un niño pequeño entusiasmado con su primer juguete. Sin esperar una respuesta positiva, se inclinó hacia abajo y juntó sus labios con los de Press, abriendo su boca sólo un poco, lo suficiente. Como de costumbre, un cosquilleo le nadó por el cuerpo, quitándole la razón y el concierto.

Un carraspeo lo sacó del apogeo. Cuando alzó la vista, su madre se hallaba al otro lado de la mesa, con la bandeja de las tostadas levitando unos centímetros por encima de la superficie y un gesto de advertencia en sus ojos, arrugados en las comisuras debido a la edad.

―Lo siento, señora Potter ―se disculpó Pressya, cohibida, que se revolvió entre los brazos de James para retomar las distancias. Ginny sonrió con dulzura y remetió uno de sus mechones entrecanos detrás de la oreja.

Él, por su parte, se limitó a poner los ojos en blanco.

―Tengo dieciocho años, mamá ―terció rodeando la mesa para darle un beso en la mejilla y robar una tostada de la bandeja, que seguía a medio camino de la mesa.

Ginny suspiró con nostalgia. Tan emocional como era, le daba mucha pena ver a su hijo mayor crecer, a pesar de que la mayoría del tiempo lo azuzaba para que madurara. ¡Madres, quién las entendía!

―Como si tienes cincuenta. ―Harry Potter apareció en escena, dejando una cafetera humeante de chocolate caliente en el centro de la mesa. Acentuando las arrugas de la edad por culpa de su sonrisa, igual a la de sus hijos.

―Eres empalagoso tengas la edad que tengas, James ―añadió Lily, con voz perezosa, mientras se remetía uno de sus mechones pelirrojos tras la oreja, tal como había hecho Lily. No se podía negar que eran hijos de sus padres.

―Calla ―la regañó, a lo que ella respondió sacándole la lengua.

―Lleva razón. ―Albus añadió su granito de arena con la boca llena de beicon.

―¡Vacaciones, qué será lo siguiente, que nos paguen por no trabajar! ―sollozó Kreacher, pasando por su lado.

―Genial, sufro un motín por parte de mi familia… ―se lamentó James.

Harry sonrió con más ganas, y le revolvió el pelo a James, como cuando era un niño. James puso los ojos en blanco de nuevo y se dejó caer en el banco, al lado de su hermano. Sus padres lo imitaron y pronto Ginny y Harry los sometieron a un interrogatorio sobre los baúles, la limpieza de las jaulas de sus mascotas y muchas cosas más que James no llegó a escuchar porque dejó de utilizar los oídos.

Mantenía la vista fijada en la pared de piedra, que era con mucho, la habitación que menos cambios había sufrido en la reforma. Sólo que ahora era más cálida y los muebles más modernos, según le habían contado. Y también, era una de las estancias preferidas de James. Cuando tenía diez años, sus padres les habían contado la historia de la estancia, y la casa en general. En la época en la que Voldemort amenazaba su mundo por segunda vez, el número 12 de Grimmauld Place había servido como base para la Orden del Fénix, la sociedad secreta creada por Albus Dumbledore. A James le gustaba pensar que la mesa en la que se sentaba, que las paredes que lo rodeaban, guardaban más secretos de los que su imaginación alcanzaba a elucubrar.

―Hijo, baja a la Tierra. ―James se sobresaltó al ver las manos de Harry haciendo aspavientos delante de su rostro.

―Lo siento, ¿qué decías? ―Era único quedándose absorto.

Harry negó con la cabeza, como resignado a ello. Después habló:

―Es hora de irnos, hemos quedado con Ron y Hermione a la entrada de King’s Cross. Sabes lo nerviosa que se pone tu tía cuando no llegamos a tiempo.

―¡Pagar a Kreacher, qué insulto!

Kreacher se había hecho con una fregona, que movía con su dedo, como si fuese un director de orquesta. El director de las mopas y las fregonas. Le importaba tres pimientos que hubiese gente o no que le estropeara la limpieza. De hecho, James estaba seguro de que lo hacía adrede, sólo para tener una excusa para limpiar de nuevo.

―Además, vuestros abuelos irán a despedirse de todos vosotros, no es bueno para ellos hacerles esperar tanto tiempo…, tu abuela sufre dolores de espalda.

James puso los ojos en blanco, por tercera vez. No era su culpa que el tráfico de Londres fuese horrible. Tras ésas últimas palabras, todos se incorporaron de la mesa. Salieron en fila hasta el vestíbulo. Los acogió un día gris, con nubes densas y negras, dispuesta a bañarlos cuando menos lo esperasen. Lograron meter a duras penas todo el equipaje en el coche, que a pesar de su magnitud, parecía encoger con tantos bártulos.

―Bien, pues podemos irnos ―declamó Harry, cerrando el maletero, recolocándose sus gafas.

El último en montar fue James. Se giró unos breves segundos hacia la fachada de su casa, de la que se despidió en silencio. Él siempre había querido vivir una aventura como la que sus padres vivieron, ser recordado por algo más que su apellido. Tener una historia propia, igual que la casa. Lo que desde luego, James desconocía, era que la próxima vez que abandonase el 12 de Grimmauld Place, sería con una importante y peligrosa misión entre manos.
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El corazón de Katrina siempre había estado entre los pasillos de piedra, rodeada por cientos de personas. Con los pies en las escaleras cambiantes, con el sonido de los cuadros parlantes y de los fantasmas danzantes. En la torre de Astronomía. En el Gran Comedor o volando entre los postes del campo de quidditch, con la adrenalina palpitando bajo la piel disputándose la victoria del partido.

Hogwarts era su hogar, alejado del mundo. Igual que un puerto en medio del océano. Ajeno al pasar del tiempo. Cuando regresaba al colegio después del verano, todo era igual, nada había cambiado. En cambio, cuando se veía obligada a regresar a Londres, al piso que se erigía en medio del bullicioso mundo muggle, todo era diferente. Un nuevo modelo de teléfono volvía locos a los chicos de su edad, otro famoso de la «caja mágica» ingresaba en un centro de desintoxicación. Un país en guerra, atracos, corrupción… En su mundo ese tipo de cosas no existían, no en su tiempo. Todo estaba bien.

Por eso, cuando el expreso del colegio alcanzó la estación, el nudo perpetuo de inquietud que la acompañaba se esfumó. El frío limpió sus pulmones rebosantes de polución y una sonrisa bobalicona se le tatuó en los labios, que no desaparecería hasta que se durmiera aquella noche, tras las cortinas de su cama.

―¡Los de primer año conmigo! ¡Seguidme, por favor! ―tronó la ya conocida voz de Hagrid, el guardabosques y profesor del colegio―. ¡Los de primer año, por aquí!

Una masa de pequeños magos trataba de abrirse paso entre los mayores, para llegar al punto de luz que emitía el farol de Hagrid, el único punto de referencia que tenían entre la grumosa niebla. Katrina también estaba siendo bamboleada, pero no le importó. Entre los alumnos de cursos superiores, divisó la pelambrera cobriza de su hermana mayor, Pipper, que junto con sus amigas se abría paso hasta los carruajes que los llevaban al castillo.

Como sus padres se divorciaron cuando todavía eran unas niñas, los veranos los pasaban separadas. Katrina con su madre, y, Pipper con su padre. Tristán, el mayor de los hermanos, las pasaba cada vez con uno. Las vacaciones de Navidad Katrina las pasaba con su padre. Y así transcurría su vida fuera del colegio, entre custodias compartidas y dos viviendas distintas. Era tal el lío que tenía con ese tema, que a veces se le olvidaba con quién le tocaba.

―Mírala ahí de pie, como si le hubiesen lanzado un petrificus totalus.

La figura de una de sus mejores amigas, Molly Weasley, apareció frente a ella, tapada hasta la nariz con la bufanda azul y ocre de su casa. Tiritaba de frío y casi podía escuchar el castañeo de sus dientes.

―Un día de estos la arrastran hasta el lago y no se da cuenta ―añadió su otra mejor amiga, Jenna Oliphant, de la casa Slytherin. Que la escrutaba con sus grandes ojos azules.

Katrina soltó una risita y entrelazó los brazos con los de ellas. Caminaron a trompicones hasta los carruajes, siguiendo el bullicio exaltado de sus compañeros. Tuvieron que esperar por quince minutos hasta que pudieron subir a uno de los cien carruajes.  Las acompañaron Conall Fleming y Hugo Weasley (uno de los muchos primos de Molly), también de su curso.  

Conall se sentó a su lado y con un aire divertido y despreocupado pasó su brazo por detrás de los hombros de Katrina. «Ya estamos otra vez», pensó, resignada. Mientras el carruaje tirado por fuerzas invisibles emprendía la marcha hacia el castillo.

―¿Qué tal el verano? ―le preguntó Katrina en tono risueño.

―He estado pensado, mi querida Katie ―respondió, obviando su pregunta. Los oscuros ojos del muchacho, que a menudo le recordaban a dos ónices, la observaban con premura. Sin embargo, Katrina sólo podía pensar en lo mucho que odiaba el apelativo con el que la había nombrado―, este es nuestro sexto curso.

La chica se estremeció al recordar las penurias estudiantiles que había pasado el curso anterior. Quinto curso había sido, sin lugar a dudas, el más duro de todos a sus ojos. En muchos momentos llegó a pensar que no sería capaz de alcanzar la nota en los TIMOS para llegar a ser auror, tal y como siempre había soñado.

―¡Qué observador, Conall! ―exclamó Molly con sarcasmo, sentada en los asientos enfrentados del carruaje.

Conall le sacó la lengua y volvió a centrar su atención en Katrina, que por su parte, observaba el paisaje bamboleante a través de la ventanilla.

―Como decía, este es nuestro sexto año. ―Kat asintió, esperando paciente a que Conall soltara el discurso premeditado que seguro entonaba―. Creo que va siendo hora de que te vengas conmigo a tomar una cerveza de mantequilla.

Todos los presentes rompieron en carcajadas. Katrina le propinó un empujón en el esternón y se apartó de su abrazo, también riendo.

―Ni con un filtro de amor.

Conall bufó y se dio un puñetazo en la rodilla.

―¡Vamos, prometo una velada de lo más romántica! ―insistió.

―Ese es el problema, la promesa de un romance contigo, Fleming ―respondió Jenna, entre carcajadas que acentuaron la de los demás.

―Defiéndeme, Hugo ―reclamó, señalando a su amigo con el dedo índice.  

Hugo Weasley negó con la cabeza, dejándolo solo ante el peligro. Dado que las tres chicas, lo observaban con ansías, dispuestas a vapulearlo a él también si era necesario. Conall suspiró y negó con la cabeza, haciendo que sus marcados rizos bailaran con su movimiento.

―En fin, todavía tengo dos años más para conquistaros a todas.

De nuevo más carcajadas. Conall era experto en acosar a las chicas que le parecían guapas, solía hacerlo de broma, pero Katrina sospechaba que en el fondo, Conall esperaba que alguna vez le funcionase el galanteo. Alcanzaron la verja del castillo escasos minutos después, lo primero que vio Katrina al asomarse más de cerca por la ventanilla fueron las estatuas de los cerdos alados que flaqueaban las verjas. Según avanzaban, Hogwarts se hacía más nítido ante sus ojos, los cientos de ventanales del castillo servían de faros diminutos para ella. El carruaje se detuvo frente a la gran puerta de roble. Hugo, el más próximo a la puerta, la abrió y la sostuvo para que pasaran los demás. Fue el último en apearse del carruaje. Faltó poco para que Katrina corriera hasta la puerta, estaba tan emocionada como la primera vez que atravesó las puertas del castillo.

Como iba caminando, a la vez que estiraba el cuello hacia atrás para cerciorarse de que Molly y Jenna la seguían, terminó por pisar el dobladillo de su túnica. Se precipitó hacia delante, en lo que avecinaba ser un doloroso e inevitable abrazo dental contra el suelo de piedra, cuando alguien la agarró fuertemente por encima de los codos para sostenerla. Soltando todo el aire que habían comprimido sus pulmones, alzó la vista. La acogieron los ojos fríos y distantes de Orion Dankworth, que la soltó con tanta premura que pareciera que el cuerpo de Kat desprendía descargas eléctricas.

―A ver si caminas con más cuidado ―la espetó, con el tono gélido de su voz, como el sonido que genera la fricción de dos trozos de piedra.

Estaba a punto de soltarle una contestación para nada bonita cuando Molly y Jenna caminaron a su lado, con el recelo vibrando en sus cuerpos.

―¿Todo bien, Kat? ―preguntó Molly, sin apartar su mirada acusatoria de Orion.

―Sí, todo bien. ―Salvo porque Orion Dankworth era el ser más despreciable que conocía Katrina. Pertenecía a la casa Slytherin e iba un año académico por delante. Solía entretenerse torturando a los alumnos de primero y segundo, persuadiéndolos para que obraran a su antojo o lanzándoles maleficios. Y si por algo se conocía a la familia Dankworth, era por haberse puesto del lado de Voldemort durante las dos guerras, pero de alguna manera, siempre se las habían ingeniado para no parecer culpables. En definitiva, ese chico no le gustaba un pelo.

Se mantuvieron la mirada un puñado de segundos más, hasta que Jenna arrastró a Katrina por la puerta. Mientras era arrastrada, no pudo evitar girar el cuello en dirección a Orion, que para su sorpresa también la observaba. Y entonces lo vio, en sus ojos, que emulaban a la inmensidad del universo; un gran agujero negro.

Jenna la arrastraba con tanta premura que ni siquiera tuvo tiempo de detenerse a contemplar el vestíbulo cavernoso, ni el efecto que provocaban las antorchas que lo iluminaban en el suelo. Se dirigían al Gran Comedor como perseguidas por una docena de cangrejos de fuego.

―¡Jenna, que me dejas sin brazo! ―se quejó Katrina sin aliento, una vez llegaron al piso de arriba.

―Ese chico me pone los pelos de punta ―argumentó, como si eso justificara el triatlón que la había obligado a correr.

―Tampoco es para tanto, seguro que por las noches duerme abrazado a un osito de peluche ―intervino Molly, guiñándolas un ojo.

―Es un fanfarrón, casi hubiera preferido romperme los dientes.

Se miraron las tres y rompieron a reír. Era algo típico en ellas, y, la mayoría del tiempo reían sin ningún motivo aparente.

El Gran Comedor portaba el aspecto espléndido de siempre, decorado especialmente para el banquete de bienvenida. Katrina alzó la vista para deleitarse con las cientos y cientos de velas que flotaban en el aire sobre las mesas, repletas de platos y vasos de oro. Los alumnos charlaban y reían en sus respectivas mesas, todavía con las caras rojas por el frío. Al fondo estaba la quinta mesa, a la que estaban sentados los profesores, de cara a sus alumnos. Katrina vio al jefe de la casa Gryffindor y profesor de Herbología; Neville Longbottom, charlando animadamente con Lester Skriviar, el guapo profesor de Encantamientos.

―Nos vemos mañana en clase ―se despidió Molly a la vez que emprendía el camino  a la mesa de Ravenclaw.

―Adiós, pequeño hipogrifo ―la imitó Jenna, uniéndose a unas compañeras suyas de Slytherin.  

Katrina la fulminó con la mirada, por usar la palabra prohibida. En tercer año, Katrina había cometido el error de probar unos «caramelos» de Sortilegios Weasley  y de la nada habían comenzado a crecerle plumas por toda la cara…, en mitad de clase. Se sonrojaba sólo de pensar en lo vergonzoso que fue, sobre todo porque todos habían pasado semanas llamándola como había hecho Jenna.

―La ceremonia de selección va a empezar, ¡no te quedes ahí pasmada! ―la avisó Nick Casi Decapitado al pasar volando a su lado.

Katrina le hizo caso y se apresuró a hacerse hueco en la mesa, al tiempo que los chicos de primero llegaban al Gran Salón, precedidos por la profesora Cassandra Vedrix, de Adivinación. Entonces, cuando se detuvieron frente a la silla que sostenía el Sombrero Seleccionador, y éste entonaba su canción, volvió a sonreír.

«Bienvenida a casa, Kat.»
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―¡Gryffindor! ―exclamó el Sombrero Seleccionador, dando por finalizada la ceremonia.

Pressya Havenwatcher aplaudió con el resto de alumnos, que llenaron la sala con vítores y júbilo. Alcanzó a ver cómo uno de sus primos
pequeños, Dario, se unía a su hermano Noah, en el otro extremo de la mesa de Gryffindor.

―Era tan previsible ―le chilló su prima Jenna por detrás, que estaba sentada en la mesa contigua, justo a su espalda.

En la familia Havenwatcher era casi una tradición pertenecer a la casa Gryffindor.

―Es que Vlad y tú sois los raros ―bromeó Pressya, a la vez que le lanzaba una mirada a su hermano mayor. Sentado en la mesa de Ravenclaw, al lado de su amiga Ada. Vlad le guiñó un ojo en la lejanía. A pesar de que no eran hermanos completos, no había persona en el mundo a la que Pressya quisiera más.

Se habían quedado huérfanos cuando eran unos bebés y por ello. La madre de Vladimir murió al darlo a luz. Después, el padre de ambos se casó con la madre de Pressya y la tuvieron a ella, pero poco después también murieron en una explosión. Esa era la versión oficial de la historia, la que su abuela les había dado. Sin embargo, había muchas incongruencias nadando en torno a ella. ¿Cómo su padre que había estado tan enamorado de la madre de Vlad había rehecho su vida tan pronto? ¿Cuál fue el origen de la explosión? Y la mejor de todas, Vlad y Pressya se llevaban a penas siete meses de diferencia. Siempre le habían dicho que nació prematura, pero Pressya, tan inquieta como era, había tratado de cerciorarse. En su partida de nacimiento no figuraba nada al respecto, lo cual era raro se mirase por dónde se mirase.

―¿En qué estás pensando? ―preguntó Dominique Weasley, sentada frente a Pressya en el banco.

Para despejar la pregunta, hizo un gesto de indiferencia con la mano. Las dudas sobre lo que había pasado la noche en la que se quedaron huérfanos no las había compartido nunca con nadie, ni siquiera con su hermano. Pressya se disponía a decir algo cuando la directora McGonagall pidió silencio. Automáticamente, todos se giraron hacia ella, sentada en el centro de la mesa de los profesores.  Oteaba sus alumnos detrás de sus gafas, con el gesto severo que la caracterizaba y su melena cana atrapada en un terso moño, que reducía un poco las arrugas de su rostro.

―¡Es un honor para mí daros la bienvenida un año más a Hogwarts! ―El lugar prorrumpió en aplausos una vez más, la directora mandó callar con un gesto de la mano, aunque Pressya juró que sonreía con brevedad―. Como todos los años, pido seriedad, perseverancia y trabajo duro. No hay victorias que no entrañen sacrificios. ¡Dad lo mejor de vosotros mismos y seréis recompensados! ―Más aplausos―. Y ahora, ¡disfrutar del banquete!―. Con un chasquido de dedos, hizo aparecer toda clase de delicias en la mesa.

Pressya, sin pensarlo dos veces, se lanzó a por la comida.

―Oye, que no se va terminar. ―Su novio, James, que había estado muy ocupado hablando con Zeus, se giró hacia ella con una deslumbrante sonrisa. Que le abrió un agujero en el estómago, que nada tenía que ver con el hambre.

―No eres tú el único que puede comer como un animal sin modales ―respondió, metiéndose un buen trozo de carne asada en la boca. James le sacó la lengua.

Pressya no pudo resistirse y le dio un beso en la mejilla, que el correspondió pasando el dorso de sus dedos por la suya. Quién iba a decirle a ella hace dos años, que acabaría enamorada de James Potter, el hechor de problemas por escelencia. Pero a esas alturas, no se imaginaba la vida sin él. Haciendo alarde de su faceta adolescente más acentuada. Y

Prosiguieron comiendo y unas horas más tarde, el banquete de bienvenida llegó a su fin. Con la tripa llena y un sueño que le ascendía por la columna, Pressya siguió a sus compañeros hasta la torre de Gryffindor medio adormilada. Tanto, que por poco se cayó por el agujero cuando una escalera cambió de rumbo repentinamente.

―¡Press! ―escuchó que la llamaban.

Por entre las cabezas localizó el rostro de su mejor amiga, Helena Wood, que se abría paso hasta ella. Se fundieron en un abrazo cuando se alcanzaron. Llevaban sin verse desde junio, ya que Pressya había viajado las primeras semanas del verano a Praga con su familia y después se había ido a casa de los Potter para estar con James.

―Malnacida, me tienes en el olvido. ―Helena le dio un puñetazo amistoso en el brazo al separarse. Amistoso para ella, porque tenía un brazo que podía demolerte sólo con una suave caricia.

―Te he escrito todas las semanas ―se defendió, frotándose ahí donde la había pegado.

―No importa, he dicho que me tenías en el olvido ―prosiguió en sus treces, haciéndose a un lado para que algunos de Gryffindor no la arrollaran―. Mañana desayunamos juntas, tenemos que ponernos al día. Porque como tampoco has venido conmigo en el tren…

―¡Helena! ―dijo Pressya entre risas.., era tan dramática en ocasiones.

―Nada de exclamaciones, traidora. Bueno, te veo mañana.

Y sin más dilación, se fue tan rápido como había venido. Pressya siguió ascendiendo escaleras, recordando el día en el que se habían conocido. En el expreso de Hogwarts, su primer día. Hicieron muy buenas migas y fue una gran tragedia para ellas no estar en la misma casa. Pero siguieron sentándose juntas en el desayuna y pasando los ratos libres jugando al quiddicth. Así que después de todo, no les había ido tan mal.
Pressya llegó a la entrada de su sala común tras un buen rato. Para su suerte, justo estaban atravesando el cuadro de la Señora Gorda unas chicas de tercero. Su memoria no había retenido la contraseña. Sin entretenerse en saludos, ascendió las escaleras hasta su habitación. Donde le esperaba su querida cama.

Al entrar, comprobó que sus compañeras no habían llegado aún. Así que se deshizo del  uniforme y se puso el pijama. Nada más acostarse, cayó rendida a un sueño profundo. Aquella noche soñó con explosiones, una mansión construida en el borde de un acantilado y con una mujer de pelo cobrizo y ojos llenos de locura.

Pressya no lo sabía, pero esa mujer le traería muchos problemas en el futuro.


Última edición por lovely rita. el Vie 08 Ene 2016, 10:25 am, editado 1 vez

wanheda.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por anakin. el Vie 08 Ene 2016, 10:14 am

EDITOPP X2

anakin.


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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por changkyun. el Vie 08 Ene 2016, 11:10 am

ESTOY COMENTANDO CON MAYUSCULAS POR QUE NO PUEDO CREER QUE HAYAS DICHO QUE ESCRIBISTE ESO SIN INSPIRACION PORQUE ME ENCANTOOOOOOOOOOOOO
NO SE COMO VOY A LLEGAR A LA ALTURA DE USTEDES, POR QUE DE VERDAD QUE EL CAPITULO ME ENAMORO.
Me imagine a Harry siendo un padre bromista y cariñoso con James y que el pobre chico haya veces que se sienta avergonzado delante de su novia awwwwwwww[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]
Y los otros personajes, como los desarrollaste y expresaste sus sentimientos y acciones. Sin comentarios.
La verdad que me encanto, seguramente luego edite este comentario y lo haga mas largo, por ahora te digo que me pareció un capitulo genial.

changkyun.


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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por wanheda. el Vie 08 Ene 2016, 1:04 pm

Gracias Angie muack muack

wanheda.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Supertramp. el Vie 08 Ene 2016, 3:39 pm

 estaré comentando

Supertramp.


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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Finnellark. el Vie 08 Ene 2016, 4:06 pm

Omg, Kathe, tu capitulo en serio que fue genial, lo ame James es tan kdsjnasjdnajda su faceta de querer buscar problemas, me encanta, y como es con Pressya son una bella pareja srsly, son muy monos ;____; y como se lleva con Albus y Lily, y toda la familia reunida para desayunar LOS AMO ;____; Luego Katrina, ame su emocion de como inicia cada año, y como la molesta Conall me encantan jajajajajja, aunque igual pienso que Orion es raro u____u y con eso de que sus padres fueron parte de Voldemort no es como de muy fiarse del chico y luego Pressya, ay, es muy linda ella ;____; y su familia jajajaja, son muchos (casi siento como si fueran los Weasly, que son de monton), y la historia de ella con Vladimir me rompio el corazon en serio ;___; y no se, lo del sueño fue raro xd

Pero no puedo con el hecho de que digas que escribiste sin inspiracion jajajajaja, porque en serio ame tu capitulo

Finnellark.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por erhaben el Vie 08 Ene 2016, 4:21 pm

Kate:
Primero que nada: ¿corto y sin inspiración? Hermana, vos me querés humillar. Voy a tener que escribir mucho más de lo que pensaba (con gusto). 
Segundo: James y Pressya.  Son muy tiernos, en serio. Y Pressya se me hace muy no sé, espontánea y carismática, me agrada mucho. Y James ni te cuento, ahr. Se me hace un personaje muy entretenido, más que nada porque es James y es merodeador, je. Ginny y Harry me causaron gracia, me los imaginaba con esas chispas nostálgicas, divertidas y a la vez serias, totalmente. Lo que sí, me da muchísima lástima el tema del apellido Potter, como me pasó con Lily. Me hacen sufrir, pobrecitos. Van a lograr mucho por sí solos, ya se sabe.   
Con respecto a Katrina, también me cayó genial, simplemente por su actitud con respecto a Hogwarts y por ser ella en sí. Orion ya es el Draco Malfoy de la historia, ahr, y por supuesto se ganó un cierto repudio en mi alma pero también lástima, como todos los personajes de este tipo. 
Una de las partes que más me gustó fue en la que Connall molesta a Katrina, JAJAJAJAJAJA, pobrecito, ojalá alguien sí se lo tome en serio y acepte sus ligues (?).  
Como a todas, la historia de Press y Vlad me conmovió. Es un tema tan triste que me da hasta angustia leerlo, pero bueno, es lindo saber que son felices, al menos eso parece por ahora. 
Perdón por el comentario tan corto, lo quería finalizar lo antes posible por si olvidaba editar o algo. Básicamente, tu capítulo me encantó al igual que tus personajes, Kate, y si esto hacés sin inspiración, no me imagino qué podrías escribir con ella..., espero el capítulo de Mari con ansiasssss, además porque tenemos muchas tramas y eso me emociona.  

erhaben
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Megara. el Sáb 09 Ene 2016, 8:10 am

OMGGGGGGGGGG LO AMÉ KATE, no sé, tu sin inspiración es demasiado genial así que no sé de qué hablas, sabes
Conall, jo jo, Conall y Katrina me dieron mucha risa y la familia potter weasley

Comentaré mas lindo más adelante

Megara.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Grey Lady. el Sáb 09 Ene 2016, 8:45 am

Yo como que no habia comentado aun (? Pelotuda 100pre 
Ame los capitulos aldjanxlahxkaj amo esta nc, enloquece todos mis feels ah ya en unos dias cuando vuelvo a casa comento bien

Grey Lady.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Supertramp. el Jue 14 Ene 2016, 9:58 am

NO ESTOY BIEN 

Supertramp.


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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Megara. el Jue 14 Ene 2016, 9:59 am


Megara.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Supertramp. el Jue 14 Ene 2016, 10:00 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
I feel ya, Ems 

Supertramp.


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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Megara. el Jue 14 Ene 2016, 10:03 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
I feel ya, Ems 

por un momento pensé había sido un rumor falso y luego vi el twitter de jk y...*crack* sad

Megara.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 4:35 am


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