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I solemnly swear that I am up to no good.

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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Asclepio. el Dom 04 Dic 2016, 12:57 pm

Lo sabràs pronto ems
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por hypatia. el Lun 26 Dic 2016, 4:35 pm

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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Asclepio. el Lun 26 Dic 2016, 4:49 pm

Subo cap entre esta noche y mañana
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Ritza. el Lun 26 Dic 2016, 7:45 pm

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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Supertramp. el Jue 29 Dic 2016, 12:54 pm

Megara. escribió:
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Omg lmao hahahaahahahahaha
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PRIMERA PARTE

Mensaje por Asclepio. el Vie 30 Dic 2016, 1:07 am

leanme antes de leer el cap (?):

Bueno, vale que me peguen y todo. Primero porque les dije que subiria para navidad pero no lo hice... pero aqui se los traigo, como regalo de año nuevo  

En mi defensa, el cap me salio largo, largo, lo que se dice largo. No me pregunten como pero esta colectiva me inspira de mas , y siendo honesta con ustedes vengo trabajando en el cap por ahi de julio

Asi que bueno, espero que LO DISFRUTEN DEMASIADO Y QUE NO LES ABURRA, que es lo ultimo que quisiera xd Me gusto escribir todo el cap, aunque la primera parte es la que mas disfrute<3

Las quiero, y les deseo un muy hermoso año nuevo chicas mis mejores deseos para todas

Capítulo 011, parte 1
Declan Wolley, Alastor Lassender, Louis Weasley, Dante Woldin, Fred Weasley ➡️Finnellark.




En el cuarto jueves devuelta a clases Declan Wolley deambulaba por los pasillos del castillo de Hogwarts, silbando, expresando su alegría de al fin volver a las inmediaciones de su escuela. Donde podía ser él mismo, sin preocuparse ante la espera de una replicaría por parte de sus padres por no ser el mejor en cuanto a calificaciones, comparándolo siempre con su hermano mayor en base al éxito que éste tenía, o con su pequeño hermano Peter, que tenía un talento innato para todo.

Por ello, él aborrecía las temporadas de vacaciones. Porque lo exhortaban a volver con su familia. Regresando a la cotidianidad que ellos le daban, siguiendo con eso las reglas que le estipulaban sin siquiera dejarlo objetar. Presionándolo a ser algo que no quería.

¿Qué tenía de malo el no salir excelente en los exámenes? No por eso quería decir que era un tonto. ¿Qué tenía de malo que su hermano mayor aun le ganase en todo? Eso no significaba que era un inútil. ¿Qué tenía de malo que su hermano menor tuviera el encanto y la gracia que él nunca tuvo para agradarles a los demás, junto con las visitas que llegaban a su casa? No por eso él debía resultar en un amargado de primera.

Había crecido bajo las constantes comparaciones, pero siempre huyéndoles, restándoles importancia, porque no le servían de nada. Hizo amago de no seguir las riendas de su familia y así ser él mismo. Un chico que solo quería hacer las cosas como se le viniesen a la mente y disfrutarlas.

Y era por esa misma razón, que durante las vacaciones de invierno o verano, trataba de pasar el menor tiempo dentro de su casa, visitando a Dante o a Percy tanto como se pudiese, dándose escapas con sus dos mejores amigos a algún sitio del mundo muggle tanto como aquel par quería.

Se detuvo al ver a Katrina sola en una esquina del pasillo, y pensó que sería buena idea hacerle compañía. Pero lo medito dos veces antes de ir, porque no quería interrumpirla si se encontraba pensativa, ni parecer un chismoso por querer saber lo que le ocurría.

Estando ahí en el pasillo, recordó cuando en el primer curso había visto a una niña lloriqueando a moco tendido. Esa niña resultó ser una de sus compañeras de clase, Katrina Berrycloth, perteneciente a la casa de Gryffindor. El pequeño niño se había preguntado qué le había pasado para que estuviera en ese estado. Pensó en acercarse, pero se llevó más tiempo pensándolo que haciéndolo, puesto que siempre tuvo en cuenta, debido a lo que le contaban sus padres y su hermano mayor, que los de Slytherin y Gryffindor normalmente no se llevaban. Lo último que quería era que la niña lo acusase de solo llegar para burlarse.

El niño se armó de valor, tomó dos grandes bocados de aire y fue en su dirección, tocándole el hombro con suavidad.

— ¿Oye niñita, porque estas chillando? —se dio cuenta que se limpió el rastro de lágrimas antes de verle la cara, posiblemente para no sentir más vergüenza.

— Es que… es que…

— Hey, tranquila, no pasa nada —comentó ya con algo de empatía para que se sintiera en confianza, y colocándose enfrente de ella, sentado sobre el piso.

— Es que un niño odioso de mi salón… me-me cortó mis coletas —La pequeña Kat respiraba entrecortadamente, como resultado de los lloriqueos.

Declan no supo porque de que le entraran ganas de ir con aquel niño odioso y cortarle el cabello para que aprendiera que eso no se debe de hacer, menos a una niña. Por mucho que la presencia de una niña te irritara teniendo apenas once años.

— ¿Y por qué lo hizo?

— No sé, supongo que le caigo mal, o solo le gusta molestar.

— Pues que odioso niño. Seguro que no tiene amigos —aseguró, sintiendo pena por el niño odioso.

— Bueno… lo conozco desde pequeña igual, pero siempre hemos vivido peleando el uno con el otro —le confesó Kat elevando sus hombros al final de la oración y ya dejando de llorar.

— Bueno, pero eso no lo justifica —rectificó Declan con molestia—. Igual, tú me dices si necesitas a alguien para cortarle un poco su cabello, sino quieres raparle por completo…

— ¡Pero que malévolo eres! —comentó la pequeña castaña entre risas.

— Como si no lo tuviera merecido —alegó, y solo recibió como respuesta de parte de su compañerita una elevación de hombros—. Además, si me lo preguntas, pienso que te sigues viendo linda con coletas cortas —informó, siendo honesto completamente.

Y fue desde aquel entonces en que Declan pensó que Katrina era una niña muy linda, agarrando la manía de observarla a diario, en la lejanía, porque le empezaba a gustar y porque quería cerciorarse si aquel niño odioso de las coletas actuaba de nuevo.

Así que en resumida cuenta, podría decirse que su atracción/enamoramiento/gusto por Katrina tenía ya cinco años. Cinco años ya de que ella ni enterada estuviese de sus verdaderos sentimientos.

« Solo respira, Declan, no es como si ella te fuese a comer.» se dijo, tratando de tranquilizar a sus nervios, los cuales le entraban cuando quería hablarle a Katrina.

Una vez recuperada su seguridad camino hacia ella.

— Katrina Berrycloth —saludó en tono galante una vez que la alcanzó.

— Declan Wolley —le imitó, con una sonrisa mientras empezaban a caminar a la par.

— Respóndeme.

— Pregúntame.

— ¿Sí o no, Kat? —preguntó, sin decir lo más importante, posicionándose enfrente de ella para detener su andado.

— Depende realmente lo que conlleva la petición, Declan —aclaró cruzándose de brazos y divertida ante su comportamiento.

— ¿Me aceptas una ida por una cerveza de mantequilla a las Tres escobas? —le exhortó, dibujando la mejor de sus sonrisas para convencerla.

— Hm.

— Vamos, Kat, puedo anticiparte que al menos mal no la vas a pasar —aseguró con algo de altanería logrando hacerla reír. Aunque Declan no sabía si era porque o le sonó gracioso aquello o le daba gracia él.

— De acuerdo, Declan.

— ¿Es un sí entonces? —quería creer realmente que la emoción en su voz solo había sido producto de su imaginación.

— Un completo si —le sonrió, volviendo a andar por el pasillo.

— Oh vale —comentó tratando que su voz no sonara muy feliz, aunque en su mente podía fácilmente verse gritando una y otra vez un “al fin”—. ¿Mañana en la tarde te parece bien?

— Me parece —aceptó. Fue entonces cuando Declan reconoció en su voz que no estaba del todo feliz.

Creyó que era por él, y que realmente no le interesaba lo de la cita, pero luego supuso que se trataba de Louis, porque usualmente cuando ese par se peleaba, cualquiera se enteraba, aunque siempre le restaban importancia.

— Oye… ¿todo bien?

— Por supuesto, ¿por qué no habría de estarlo?

— ¿Louis y tú ya se hablan? —inquirió de pronto, arrepintiéndose al final porque no era su asunto, y tampoco era como si fuese la persona más cercana de alguno de ellos dos.

— Sí y no.

— ¿Cómo es eso?

— Es complicado —comentó sin más, y aquello le pareció tan irracional que no evito la carcajada.

— Kat, sinceramente, ustedes son los complicados.

— Tienes un punto ahí —señaló ella sonriendo.

— Pero igual no es la primera vez que pasan por esto.

Declan aún seguía sin poder entender como era que aquel chamaquito odioso que le había cortado las coletas a Katrina se convirtió en su mejor amigo. Y tal vez nunca llegaría a comprenderlo del todo. Porque sabía que había de amistades a amistades tan complicadas y enredosas que uno terminaba cuestionando si se querían o se odiaban en secreto.

A veces le pasaba con Dante, o con Percy, cuando aquellos dos se las daba con sus aires juguetones para con él.

Llegaron al Gran Comedor y sus ojos almendrados se dispusieron a buscar a aquel par y así asegurarse que se habían levantado y llegado para desayunar antes de las clases. Los vio en la mesa que le correspondía a los de Slytherin, riéndose de cualquier payasada que estuviesen diciendo.

Se devolvió para despedirse de Kat, notando como ella igual buscaba a sus amigas.

— Este… me preguntaba si… en caso de… —empezó, tratando de que las palabras le salieran correctamente, pero fallando estrepitosamente al ver como Kat ladeaba una sonrisa por su trabalenguas— que en caso de que no tengas compañero de asiento para la clase de Pociones, podríamos sentarnos juntos —terminó como propuesta, esperando una respuesta positiva.

Al menos así disminuiría un poco la escala de ridiculez en la que se sentía.

— De acuerdo, Declan —aceptó Kat, dándole una sonrisa que le encantó, aunque ella siempre lo hacía sin siquiera saberlo.

— Entonces… nos vemos más tarde, Kat —se despidió sin saber qué otra cosa añadir, así que se acercó para darle un beso en la mejilla a modo de despedida y se retiró sin voltear a ver el posible sonrojo de su compañera, o al menos así era como se plasmaba la escena dentro de su imaginación.


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— ¡Buenos días familia! —chilló Roxanne llegando a la mesa de Gryffindor, en donde estaban sentados todos los Weasley.

Incluidos Molly, Lucy y Albus, que a pesar de que pertenecían a otra casa, se había decidido, de manera unánime, que desayunaran todos juntos.

— Niña, no grites que me dejas sordo —gruñó James a su prima.

— Eso es porque eres una nena y no aguantas nada —reiteró Roxy, haciendo reír a todos y logrando que James le dirigiera una mirada pesada, y sentándose entre Lily y Lucy.

— ¿No podemos simplemente desayunar en paz por una vez, sin tener que burlarnos de nosotros mismos? —pidió Fred, mientras masticaba una tostada.

— Ha hablado el pacifista de la familia —Como era usual, Louis reluciendo con algún comentario burlesco aun siendo tan temprano.

— Solo come, Louis —alegó Fred, frunciendo sus cejas y tratando de seguir con su desayuno.

— Oye, Fred, ¿y cómo van las prácticas con Kat para lo de la prueba?

— ¿Bien? —le respondió en tono de pregunta a Dom, quien rio por su reacción— Agotador debería decir. Yo pensaba que no vería a alguien más fanática de lo que tú ya eres de por sí, pero Kat… bueno, ha sobrepasado todo limite.

— Uh, deberías conocer a Siri entonces —propuso Dominique riendo.

— No creo que quiera conocerla, Dom —se entrometió James antes de dirigirse a su primo—. Pobrecito de ti, ¿no puedes con Kat? —Fred miró a James, intentando pensar que no podía ser más irritante, pero habría que ver que siempre encontraba la manera de superarse.

— Lo dice quien dijo que jamás se metería con ella.

— Con justa razón: no quiero que me petrifique como a alguien de esta mesa —recordó el rizado, trayendo a la conversación el tema de Louis.

Todos miraron al rubio, que tenía puesta su atención devorando los panqueques, como si su estómago no tuviese fondo. Se detuvo ante el extraño silencio y dio un rápido vistazo a todos. Elevó una de sus cejas, preguntándose qué esperaban de él. Terminó su porción antes de hablar:

— ¿Qué miran?

— ¿Ya se hablan? —preguntó Molly estando sentada enfrente.

Louis la miró por unos segundos, sabiendo que ella sabía la respuesta de aquello, porque era una de las mejores amigas de Katrina. Respondió negando con su cabeza y volviendo a su desayuno, queriendo aun obviar ese tema.

— ¿Y a qué esperas, Louis? —cuestionó Lucy, sentada a un lado de Molly.

— No te haces joven, eh —agregó Lily en tono de burla—. Y aquí entre nos, ninguno de los dos tiene la razón —dejó en claro, batiendo en el aire el tenedor.

Louis intercaló su mirada entre las tres, con el ceño fruncido, cuestionándose la insistencia que tenían. Colocó sus codos sobre la mesa, recargando su mentón sobre sus manos entrelazadas y sonriendo. Como solo Louis lo hacía. Con aquella sonrisa socarrona que le caracterizaba.

— Trío de chismosas, no es de su incumbencia —siseo, batiendo sus pestañas con sarna.

— ¡Oye! —se quejaron las tres a la par.

— ¡Que no griten mujeres! —Exclamó nuevamente James— ¿Por qué la mayor parte de la familia la tenían que conformar mujeres?

— Porque los hombres no tienen suficiente cerebro para pensar dos veces sus ideas —acotó Lily, dándole una sonrisa fanfarrona a su hermano—. Si crees que te volverás loco con tantas mujeres, lo harías al doble si fueran más hombres.

Antes que algún miembro de la familia agregara otra cosa, una lechuza arribó en el salón, entrando por el ventanal que había en la parte más alta de una de las paredes del Comedor. De sus garras soltó un sobre encima de donde estaban sentados, cayendo justo en el plato ya vació de Fred. Cogió la entrega con sus manos, y no daba crédito a lo que era.

— Roxanne, dime que no hiciste lo que te pedí que no hicieras —vio la sonrisa de culpabilidad de su hermana y Fred solo pudo suspirar.

— No hice nada malo.

— Te pedí que no lo hicieras.

— ¿Qué es? —Rose, que se hallaba al lado izquierdo de Fred se inclinó para ver de qué iba el asunto. Tomó el sobre y al ver el citatorio sonrió en grande— Es un vociferador del tío George —anunció con alegría hacia los demás, que reaccionaron inclinándose hacia donde ella y Fred.

— Ábrelo, Fred, quiero saber qué dice el tío —insistió Lucy, acompañándole los otros Weasley.

— A ver, no entiendo, ¿qué le pediste a Roxanne que no hiciera? —Dominique miró a Fred, y luego a la pequeña rizada, quien se mordía el labio inferior con algo de nerviosismo.

— Le dije a papa de que Fred iba a hacer la prueba para entrar al equipo.

— Te dije que no le dijeras, Roxanne —volvió a comentar Fred en tono serio, aun viendo a su hermana.

— ¿No querías que tu papa se enterara?

— No antes de que fueran las pruebas y supiera si quedé o no —señaló, con algo de molestia que no pudo ocultar, respondiendo la pregunta de Dom.

— Patrañas, Fred, es más que obvio que quedaras —delegó Albus, tomando de su jugo de calabaza, enfrente del moreno.

— Dame eso —se interpuso James, arrebatándole el sobre a Rose, y antes de que Fred reaccionara, le quitó el sello.

— ¡Fred Weasley II! —El nombrado ocultó su rostro lentamente entre sus brazos ante el tono enérgico de su padre, mientras que todos los demás sonreían— ¿Cómo es posible que no nos hayas comentado a tu madre ni a mí el que ibas a postularte para quedar en el equipo de Quidditch? Mira que el que tu hermana nos lo haya dicho no cambia nada —el sobre giró ciento ochenta grados hacia la izquierda, donde se hallaba Roxanne, sentada enfrente de Fred—. Por cierto, pequeña, gracias por avisarnos, hiciste muy bien —y volvió hacia donde estaba el protagonista de todo—. Estoy algo molesto contigo hijo, pero ya hablaremos de eso cuando sean vacaciones —No le hacía falta que su padre estuviera presente en ese momento, porque se podía imaginar perfectamente la escena—. Además que me parece de sobra el que te hayas puesto a practicar para lo de la prueba. Está en tu sangre el quedar en el equipo, campeón. ¡Así que muchas felicidades por este logro y estamos orgullosos de ti! —La voz de George podría alcanzar a escucharse hasta en las demás mesas— Y les mando saludo al resto de la familia, porque apuesto a que están de chismosos escuchando todo esto, los quiero, chicos —fue lo último, antes de que el sobre se rompiera en varios pedacitos.

— ¿Ves Fred? El tío George sabe lo dice —animó Dominique.

Todos voltearon a ver al nombrado, quien ya se encontraba de pie y dándoles una sonrisa acomedida.

— Por supuesto que lo sabe —concordó, con un tono de voz que no siempre se escuchaba, uno que les dejaba saber que no siempre se mostraría feliz y pasivo.

Antes de que alguien dijera algo más, se retiró en completo silencio, dejando a todos extrañados por su comportamiento.

— De acuerdo, no entiendo nada de lo que pasa aquí —anunció Hugo, en referencia a la salida de Fred.

— ¿De cuándo a acá tu entiendes algo? —inquirió Lily, recibiendo una mirada pesada por parte de su primo.

— Pasa que metí la pata, y hasta el fondo —les hizo saber Roxanne, sonriendo con tristeza y dejando caer su cabeza sobre la mesa.

Louis al verla pensó que con el plan que tenían en mente para mañana se pondría de mejor humor. Contando que también él necesitaba algo que le pusiera de mejor humor.


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Llevaban transcurridas ya cuatro semanas del nuevo curso y Alastor sentía como se escurrían los días de sus manos, como si fueran la arena de la playa que él siempre visitaba; incontenible, que por más que tratabas de sostenerla se escapaba al ras del viento, así como el tiempo mismo lo hacía, burlándose de aquellos que querían pausarlo por breves momentos, si no es que para siempre.

Alastor a veces quería eso. Detener el tiempo y disfrutar un poco más de lo que la vida le daba, de lo que Hogwarts y la magia le ofrecían. O si no se podía detener, que al menos cursara con más lentitud, para así poder permanecer más tiempo entre las clases y los pasillos del colegio. Aprendiendo más hechizos, más pociones, más de ese mundo que para muchos seguía siendo algo que solo existía en los cuentos, algo irreal.

Tan irreal como lo fue para él hasta sus doce años.

Sus padres habían fallecido en una explosión a unos meses de nacido, dejándolo huérfano y bajo la crianza de su tía materna, Hortensia. Quien lo había privado de todo lo relacionada a la magia, de su destino como mago, siendo que los padres del chico lo habían sido.

Alastor había crecido dentro del mundo muggle, siendo uno más de ellos, creyendo que era uno más del montón, pero sintiendo siempre en su interior que algo lo hacía diferente del resto.

Algo único, algo mágico.

Algo que la tía Hortensia siempre supo pero que nunca dijo, temiendo que su sobrino se convirtiese en lo que su hermana había sido: un bicho, algo raro, algo no humano.

Porque la magia para los muggles seguía siendo una rareza, tachando de locos a los que conocían que la practicaban.

No fue sino hasta que Alastor cumplió los doce años, que una señora había llegado a su casa, presentándose como la tía May, la hermana de su padre. No recordaba a la tía May. Es más, no sabía la existencia de esa persona hasta ese día, donde supo que la tía Hortensia no era la única familia que tenía.

La tía May le había enseñado fotografías de sus padres, de cuando estaban vivos, y otras de mucho antes de que él naciera. También le contó tantas historias sobre ellos que lo habían dejado anonadado y maravillado, sintiendo orgullo de quienes fueron, pero igualmente habiendo una opresión en su pecho al no haberlos conocido. Se dio cuenta que la tía Hortensia le había dicho otras cosas, mintiendo sobre lo que eran realmente sus padres, ocultándole que fueron magos. Porque el creció con el conocimiento de que ellos habían sido simples humanos que trabajaban en fábricas, siempre aminorándolos.

Siempre tuvo la corazonada de que algo lo hacía diferente, pero nunca espero que su vida se había moldeado con mentiras, engaños y secretos.

En ese día, empacó sus pertenencias y se fue a vivir con la tía May. No había vuelto a ver a la tía Hortensia desde entonces, aunque nunca le entraron ganas de hacerlo. Porque así como ella renegó lo de sus padres, él lo hizo sobre ella. Renegando de cierta forma la vida de muggle llena de mentiras que tuvo.

Se había esforzado en sus estudios desde un principio. Leyendo, estudiando y practicando. Mejorando en su destreza, en sus habilidades y su inteligencia. Y es que no por nada era uno de los mejores promedios del colegio.

Aunque principalmente lo hacía porque le nacía el superarse día con día, también le surgía el llamado ante la competencia, tratando de ser el mejor en todo; no en un sentido ambicioso y receloso, si no que él esperaba llegar a ser tan buen mago como para ser recordado, y que sus padres, donde quiera que se encuentren, se hincharan de orgullo por su hijo.

Y porque no también para dejar atrás su pasado, uno que en la actualidad aun le atosigaba como si fuese su sombra, haciéndole recordar la farsa en la que había vivido.

Porque ahora no se imaginaba su vida sin la magia a su alrededor. Viendo como las fotografías se movían, al igual que muchos objetos inanimados lo hacían, o como flotaban, al igual que uno lo podía hacer, elevándose en los aires con una escoba. O como con un simple encantamiento, podías lograr algo que de no verlo por ti mismo no creerías que sea real.

Aun recordaba el asombro en sus ojos la primera vez que escuchó sobre la magia. Y el primer día que llegó a Hogwarts, en la cena de bienvenida, se la había pasado más tiempo observando le techo transparente, las estrellas de la noche oscura y las velas flotando sobre su cabeza con una sonrisa bobalicona puesta en su rostro, que en el festín para devorar.

Tocó las varitas de sus padres, a través de la túnica de su uniforme. Sintiendo con eso como ellos le acompañaban cada día. Al igual que sentía la presencia de ellos cerca cuando veía aquel muñeco de madera que tenía desde bebe, siendo un obsequio de ellos.

Porque tal vez y era algo simple, pero de las cosas que él más atesoraba.

Media hora después de despertar, se encontraba camino al Gran Comedor para ir a desayunar, siendo acompañado por Jake y Byron. Alastor tenía en sus manos dos hojas garabateadas con números y palabras. Una de ellas contenía sus resultados de los T.M.I.O’s, y en la otra estaban los de Jake.

Ambos, desde que empezaron con la afición del estudio, habían cogido la ridícula manía de comparar sus calificaciones para ver quién era el más aplicado. A veces salía mejor Jake, a veces lo hacía Alastor, mientras que Byron simplemente se quedaba en medio de la situación, tratando de comprender porque le daban tanta importancia a un tema de tan poco interés para él.

— En serio no entiendo por qué arman tanto pleito por los resultados, chicos —comentó Byron a la izquierda de Alastor, llegando a las puertas del salón.

— Porque, mi querido amigo, es de suma importancia que sepamos quien es el mejor de nuestro grupito… quiero decir, de nuestro grupo.

— Que nerds en serio —se rio Byron, ante el comportamiento de sus amigos.

— Y claramente yo soy el mejor —indicó ahora Jake con seguridad y sonriendo con burla hacia su castaño amigo—. Puedes preguntarle a Ada si gustas, Sebis —empezó, llamándolo por su segundo nombre con aquel indicativo de pequeño que tanto le fastidiaba—, o a Cordelia. Ellas mismas te lo dirán.

Alastor se le quedo viendo con sequedad, lo cual hacía cuando se burlaban de él, o cuando le llamaban por su segundo nombre. O cuando le declaraban la guerra. En ese momento Jake hacía las tres cosas en la lista, sabiendo fácilmente el cómo molestarlo.

Aunque tampoco era como si él fuera la persona más tolerante y amigable del colegio.

— ¿Sabes? Lo que crean tu amiga y tu otra amiga por la cual te desvives desde hace tiempo no cuentan, Jaki —reiteró, dando en el clavo al ver la mirada de su amigo.

— Yo no me desvivo por Cordelia —se defendió Jake, dejándose en evidencia por completo.

— Nunca dije quién era quien, ¿o sí? —señaló Al, con tono de victoria— Tu solito te acabas de quemar, pero mira, justo viene a saludarnos tu enamorada —fueron unos cuantos segundos entre que Jake le lanzaba una mirada de “pagaras por eso” y entre que Cordelia llegaba, saludaba a cada uno, y se llevaba a Jake del brazo para que se sentasen a desayunar.

Alastor simplemente se burló por lo bajo. Pareciéndole absurdo el que Jake tuviera tan fuerte su crush. Y agradeciendo en su mente, el no pasar por la misma situación, desviviéndose él por una chica.

Sin tener en cuenta que en un tiempo el destino se reiría en su cara.


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Hubo una ocasión, tres años atrás, durante las vacaciones de verano, que pasó una semana en casa del tío George, en donde éste le había citado unas palabras que de cierta forma le marcaron:

“Una persona, comienza a dejar de ser quién es desde el momento que se pone límites, sean de cualquier tipo. Si tú te dejas llevar por la negatividad en las opiniones de otras personas, pues te volverás una persona negativa, que al tratar de seguir los estándares podría quebrantar sus propios ideales. Así que Louis, nunca limites a quién eres realmente.”

Y había seguido aquel consejo al pie de la letra desde entonces. Si le decían que no, el rebatía con un sí; si le planteaban el que no podía estudiar en un día todo lo visto para un examen, el demostraba que si lo lograría, reflejándose en su rostro las ojeras largas y las grandes bolsas del desvelo; si le adjudicaban algún reto, Louis terminaba echando en cara que había sido poco para su propia capacidad, que mejoraran y que no lo subestimaran tanto.

Aunque para los demás, el que Louis Weasley no se planteara límite alguno conllevaba a una catástrofe asegurada. Considerando aquello más que libertad y ser fiel a tus principios, como él solía argumentar para defenderse y no recibir una sanción, a un sobre-descaro por sus tendencias al revelamiento. Muchos sabían ya en la actualidad su fanatismo por hacer lo que se la cantase en gana: desde una broma inocente a una meticulosamente planeada, el retar a todo aquel miembro de Slytherin debido a su desagrado por los de aquella casa, el dormirse a veces en las clases cuando el aburrimiento o el sueño le llegaban, y el de irritar la paciencia de cualquiera de sus amistades por mera diversión.

Él podía ser el más grande grano en el culo que alguien pudiese tener, de las personas que colman la paciencia de hasta el ser humano más tolerante y el orgullo arraigado en todo su organismo.

Pero así mismo, con un sinfín de defectos (que siempre le señalaban), también tenía sus virtudes, como que era de las personas más fieles y leales, de esas que jamás te abandonan. Que a lo que los demás le decían descaro de su parte, para él era valentía al no temerle a las consecuencias que acarrearía con sus torpezas; y vaya que en su historial ha tenido muchas. Su firmeza e ímpetu ante que nadie le quitaba un pensamiento cuando se cruzaba en su mente (siendo aquello no tan genial para terceras personas), y de que a pesar que el mundo le dijera lo pesadas que resultaban sus bromas, él solo quería pasarla bien, divertirse con la gente que apreciaba y que su entorno no fuese aburrido para así evitar amargarse la vida.

Bien era conocido aquello de que los Weasley se inclinaban por las bromas y la diversión, así como que era Louis el que más tenía el sentido bromista/problemático desarrollado; era como una capa adherida a su piel, sin poder quitársela por mucho que a veces la mayoría desistiese de su comportamiento.

Louis solo hacia oídos sordos ante el pesimismo de la gente y seguía por su cuenta. Tal y como George le había aconsejado, que no se limitara al tratar de ser él mismo.

— ¿Cuánto tiempo más piensas seguir en esa posición, mirando al árbol como si fuese la cosa más interesante? —Dirigió su mirada verdina a su primo Hugo, quien lo veía con un rostro que dejaba entre dicho “ya deja de ponerte reflexivo, eso no va contigo”— Vamos tarde, y no lo digo porque me preocupe mucho el llegar tarde a una clase, pero no creo que debamos empezar mal tan temprano con el historial académico.

— Capullo —le llamó Louis bajándose del borde del muro de ladrillos. Vio el rostro confundido de su primo y no pudo evitar reírse.

— ¿Cómo me dijiste?

— Capullo —repitió, con las comisuras de sus labios en una sonrisa socarrona—. Te reto a que no entremos a la clase de pociones y nos vayamos de incognito por lo que resta del día.

— Louis… —rezongó Hugo, no muy convencido de hacer aquello.

— ¿Ves? Capullo. Me decepcionas, primo —le hizo saber estando cruzado de brazos y lanzándole una mirada de desaprobación.

— No me insultes —terció Hugo señalándolo—. Además, el seguirte la corriente me dará más problemas a mí que a ti. Eso todo el mundo lo sabe ya. Ya tuve suficientes con lo que le hice a Kapule la otra vez.

— Já, que gallina te me estas portando —dejó entre ver con su descares peculiar. Vio que Hugo abría la boca para probablemente lanzarle un mal comentario, pero volvió a cerrar sus labios. Fue cuando sintió la presencia de alguien a sus espaldas.

— Louis —se quedó estático al reconocer la voz de Katrina, pero ya que el recuerdo del cómo lo petrificó seguía fresco, decidió ignorarla súbitamente, y hacer como si no la hubiese escuchado, mientras pensaba que otro comentario lanzarle a su primo para seguir con la plática.

— Como te decía, Hugo…

— Weasley te estoy hablando —sonrió disfrutando el momento, porque si daba algo por sentado es que no sería él quien diese su brazo a torcer primero.

— Como te decía, primo…

— ¡Louis!

— Oh, Katrina, no te había visto o escuchado sinceramente. ¿Qué se te ofrecía? —Observó cómo la castaña apretaba la mandíbula y no era para menos ante el comportamiento tan obstinado que podía tener él a veces.

La mayoría de las peleas que sucedían entre ambos se debían principalmente a eso: la gran boca de Louis y lo terco que podía ser si se lo proponía.

— No empieces Louis.

— ¿O qué? ¿Me vas a petrificar de nuevo?

— Yo… —Su amiga se quedó sin palabras, así que decidió dar por finalizado el encuentro.

— Tengo clase, Katrina, nos vemos luego —se retiró del pasillo para “dirigirse” a la clase de Pociones—. Vamos, Hugo.

De cierta forma, resultó ser la conversación más larga que habían tenido desde el incidente, siendo que aquello ya tenía dos semanas. Las clases que compartían siempre como pareja de banco se habían vuelto aburridas e insoportables ante el hecho de no poder interactuar como antes: Louis molestándola para que su amiga no se concentrara en la tarea asignada. O en los desayunos, tratando de ignorarla olímpicamente para que de cierta manera ella se diera cuenta que si le había lastimado su acción, al menos un poco.

O cuando cruzaban miradas en la sala común de su casa, con los dos volteando hacia otro lado inmediatamente para que no se notase que se observaban en la lejanía. Y que se extrañaban en el silencio que ambos se habían proclamado.

Extrañaba a Kat, no lo negaba, era su mejor amiga después de todo, una persona que conocía desde que tenía uso de razón; pero aquello para él había sido como cruzar un poco el límite sobre las maneras en cómo sacar de quicio a tu mejor amigo.

Y no era porque Louis fuera alguien malo, o al menos eso pensaba, ni porque fuese de aquellas personas que amaba el que otros rogaran por un poco de atención. No era por alguna de esas opciones su comportamiento tan desinteresado de ese momento (o el de unos cientos en el pasado), el cual siempre aparentaba ante los demás; porque para Louis le era más fácil a veces el evadir un asunto y restarle importancia que enfrentarlo y empeorar la situación.

Todo se ligaba al final a que para él, el que tu mejor amiga te deje tirado convertido en una piedra humana no era algo apreciado de recordar.

O tal vez y era que sobre exageraba la situación. Como siempre le decían.

— Oye… ¿entonces si entraremos a la clase de Pociones? —volvió su atención a Hugo, quien detuvo su paso para ver qué harían realmente.

Louis sonrió. No le quedaba nada más que sonreír y fingir que siempre estaba bien. No le quedaba más que volver a acumular los malos sentimientos hasta que llegara un punto en que no lograría contenerlos más. Como con Nyx en la Sala Común, sacando cómo se sentía realmente con todo el tema de Skyler, posterior a la estúpida pelea con Dyer.

— Pero por supuesto que no, Hugo. Encontraremos algo mejor que hacer. Tú solo déjate llevar —le indicó, colocando un brazo sobre uno de sus hombros y sonriéndole con toda la autoconfianza que alguien como Louis podía exponer—. De todas formas tus calificaciones no son magníficas. Y ambos somos un asco en esa clase.


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Si había alguien a quien Dante no podría molestar, ya sea con alguna broma empleando productos de Sortilegios Weasley o con palabras, era a Samantha Lamassoure. Esa chica siempre había sabido cómo ponerlo en su lugar para que no le hiciera alguna jalada, y a lo largo de los años, dentro de las paredes de Hogwarts habían logrado acoplarse el uno con el otro, llegando a ser inseparables, sea para repasar en algún examen, para compartir asiento en alguna clase, o para pasar parte de las vacaciones en la casa del otro. Y si no se veían, las cartas servían de intermediario entre ambos.

Por ello de que fuera la única chica con la que había llegado a empatizar. Tal vez y era por el carácter fuerte que tenía ella, además que siempre lo comprendía. Aunque no hubieran muchas palabras de por medio, sabían entenderse el uno al otro.

— Me alegro que al menos hayan tenido la calificación necesaria para seguir en Pociones chicos —agradeció su amiga, caminando a su lado.

— Eh…

— ¿Percy no te dijo que no retomara esa clase? —comentó Dante, disfrutando cuando Skyler le dedicó una mirada al nombrado.

— ¡Perseus!

— ¡¿Qué?! Detesto que exploten cosas en mi cara.  Además que odio esa materia desde que el profesor se apañó por siempre ridiculizarme ante todos.

— Eso es porque apestas en Pociones —aclaró Declan.

— Era la única clase que podríamos seguir compartiendo —refunfuñó la castaña, aun con su mirada fúrica sobre él.

— Lo sé, pero descuida, igual te seguiré molestando en los ratos libres —empatizó el chico, con su mano puesta sobre el hombro de su amiga.

— Que lindo —mofó Skyler, con su sonrisa sarcástica a la mano—. Los dejó, trío del mal. Y a ustedes dos —mencionó, señalando a Dante y Declan—, los veo en la clase, no se atrevan a faltar —se despidió, revolviendo el cabello de los tres.

De pronto, en su campo visual apareció una cabellera larga y lisa. Rubia. El rostro de Dante cambió por completo, llegándole el sabor de diversión al ver a su víctima favorita de todos los días cuando volvía al colegio: Bambie Bassett.

— Dante —el tono de Percy denotaba advertencia, o tal vez plegaria—, es muy temprano para que vayas a molestarla.

— Calla traidor.

— ¿Por qué traidor? —curioseó Declan, recargándose en el hombro de ambos.

— Porque es el mejor amigo de la niña Bassett.

— El que sea su amigo no quiere decir que resulte un traidor —se defendió Percy, frunciendo sus labios.

— Sabes que sí.

— Me voy antes de que tengan su pleito de pareja —bufó Declan, añadiendo algo más que no logró entender Dante, ya que seguía con su mirada en Bambie.

Ella se mantenía ocupada rebuscando entre el contenido de su mochila, refunfuñando por lo bajo ante su falta de éxito por no encontrar su libreta de apuntes para la primera clase del día. Sí, era buena en la clase de Pociones, y tal vez no necesitase de la libreta, pero le gustaba anotar cada procedimiento, para memorizarlos y en una próxima vez agilizar su paso.

— Athenea —dio un brinco de sorpresa, y clavó su mirada en el payaso que tenía en frente.

Porque solo había alguien inmaduro que la llamaba por su segundo nombre, y ese era nada más y nada menos que Dante Woldin. Su gran dolor de cabeza siempre que se volvía a Hogwarts.

— ¿Qué quieres, Dante? —soltó cansada, porque no quería empezar mal su día. Y sería así si se quedaba discutiendo con él— Hola, Percy —se acercó para saludar a su mejor amigo con un beso en la mejilla.

El rostro de Perseus se puso ligeramente de un tono rosáceo. Pero de eso no se percató Bambie. Aunque si Dante. Viéndolo de soslayo y extrañado ante su reacción.

— Oh sí. Solamente venía a darte los buenos días, Athenea.

— ¿Cuántas veces deberé de repetirte el que odio que me llames por mi segundo nombre?

— ¿Y cuantas veces deberé repetirte yo el que me da igual si lo odias? —devolvió con cinismo.

Trató de desistir el impulso de sonreír en grande cuando los ojos marrones de Bambie le indicaron que parara a su intromisión, o pagaría por ello.

Así que se arriesgó, y sonrió en grande, para molestarla aún más.

— Deja de molestar.

— De acuerdo —Bambie levantó tan rápido el rostro de su mochila que de milagros no se lo dislocó—. Lo haré cuando saque la mejor nota del curso al menos en alguna materia.

Bambie cerró los ojos. Tratando de contar hasta diez para serenarse y no sacar ahí mismo su varita para lanzarle un silencio que lograra cerrarle la boca, por no pensar en algo más grave.

— Te odio.

— Adivina, Athenea —dio un par de pasos, acortando la distancia entre ambos y viendo directo a aquel par de iris marrón—. Yo también.

Bambie no mencionó algo más. Simplemente se le quedó viendo. Tratando de no romper con la conexión para que le entrara en la cabeza que algún día debía madurar. Exhaló con fuerza, para después dirigirse hacia Percy:

— Nos vemos más tarde, Percy —le sonrió con cariño y Dante gruñó por lo bajo ante la escena. Ella le dedicó una última mirada, ahora sí llena de irritabilidad, para retirarse con pasos largos del pasillo.

— Te dije que era muy temprano, hombre.

— Da igual Perseus —recordó el sonrojo que tuvo y la pregunta llegó a su mente sin darse cuenta, pero reprimió el impulso de soltarla. Ya sabría cuando sería el momento para esa plática. De pronto algo le llamó la atención, como si faltara alguien. Miró a ambos lados buscando al tercer miembro de la pandilla— Oye, ¿y aquel donde se metió? —ni se había percatado de cuando Declan se alejó del grupo al entretenerse tanto con Bambie.

— ¿Declan? No sé, creo que dijo algo de ir a reservar un lugar para Kat.

— ¿Qué?

— Dante, pon más atención —pidió Percy, dándole unos toquecitos en su cabeza—. ¿No escuchaste todo el parloteo que nos dio Declan en el desayuno? —Negó con la cabeza y su amigo suspiró ante su desinterés— Bueno, pues mencionó, todo emocionado habría que decir, el que Kat al fin le aceptó una cita.

— Lo dices como si ya se lo hubiera propuesto antes —ironizó—. Pero me alegro por él. Y por mí. No iba a soportar otro día escuchando sus lamentos de que Katrina no lo pelase.

— Eres cruel —señaló Percy, tras la carcajada que dio por lo mencionado.

— Lo dices como si tú no hubieras pensado en eso —le expuso, sabiendo que era cierto, aunque nunca lo hubiese dicho—. Te juro, Percy, que de pasar otra semana con sus quejas o de “hubieran visto lo hermosa que se veía hoy”, iba a hacer un trato con Anguis y Cyril para ser su compañero de cuarto.

— ¿Aunque signifique el soportar a Koanu?

— Aunque tenga que soportar a Kapule más tiempo de lo que hago a diario, sí.

— Déjame ver si entendí —dejaron de caminar, porque su amigo se colocó en un modo pensativo, con los dedos acariciando su mentón—. ¿Prefieres a Koanu antes que a Declan? Por no decir que me traicionarías a mí, tu mejor amigo.

— No dramatices, Perseus.

— Has roto mi corazón.

— Eres peor que una novia.

— ¿Y cómo sabes eso si no has tenido una? —encaró su mejor amigo, sonriéndole con diversión.

— Ni idea —Dante solo elevó sus hombros, en parte dándole la razón y en parte no—. Es lo que dice mi abuelo —Al doblar en el siguiente pasillo, vislumbró la mata de cabellos de su hermano y recordó el porqué de que lo estaba buscando—. ¡Amos! —emprendió camino hacia él, agarrando a Percy de la túnica para que le siguiera el paso.

— Eh que me la vas a romper.

Estando frente a Amos trató de recuperar el aliento, teniendo sobre él la mirada recelosa de su amigo.

— Enano —dijo Amos, a modo de saludo.

— Solo me rebasas como por veinte centímetros —refutó, con las cejas fruncidas.

— Por eso, enano —sonrió Amos, con la burla pintada en su rostro—. ¿Qué querías?

— Eh… escuche lo que te pasó en tu combate con Wood —empezó Dante, tratando de buscar como pedirle algo a su hermano, sin verse en la necesidad de pagarle el favor.

— ¿Qué cosa?

— Lo de que hiciste hechizos no verbales.

— Ah, eso. Me fue tan sencillo que no lo tomé muy en cuenta. Espera, ¿quieres que te enseñe, no es así?

— ¿Cómo…?

— Porque eso haces con la abuela cuando quieres que te haga un favor —señaló Amos—. Te interesas de pronto en lo que está haciendo y terminas pidiéndole algo, con la cara de cachorro que sabes hacer.

— ¡No es cierto! —Amos carcajeo, al igual que Percy, que se encontraba como un espectador ante la plática de los hermanos.

— ¿Entonces?

— ¿Entonces qué?

— ¿Quieres mi ayuda sí o no? Supongo que la deseas para mejorar en tu combate, después de la humillación que pasaste porque Nyx te ganó. Aunque hubiera sido igual si un chico lo hiciese.

— ¿Cómo…?

— Los chismes vuelan —comentó sin más el mayor—. Pero vamos, si quieres mi ayuda, debes de pedirlo bien.

Dante suspiró. Porque eso era lo que no quería tener que decir, siendo que se le daba pésimo el pedirle ayuda a alguien al pensar que no le hacía falta; claro que eso era cuando no le entraban sus momentos de vagues extrema.

— Hermano mío, ¿podrías ser tan amable de enseñarme a hacer hechizos no verbales para poder mejorar en mi combate?

— Vamos, termina la frase: y que así no me vuelva a humillar una chica o chico frente a la clase.

— Eres un idiota.

— Pero soy el idiota al que le pides ayuda —reiteró Amos—. Y dime ahora que me darás a cambio.

— ¡Soy tu hermano! —Puntualizó Dante, como si eso no lo supiese el mayor— Debería tener algunos privilegios.

— No es como si todo mago naciese sabiendo hacer hechizos no verbales. ¿Sabes? El proceso es largo y algo tedioso, así que si quieres que te enseñe, debo recibir algo a cambio por el tiempo que invertiré contigo.

— De acuerdo —pensó en algo, hasta que el foco de su cerebro se iluminó—. En las vacaciones de diciembre no les diré a los abuelos lo revoltoso que estuviste en todo este tiempo. Y tampoco lo haré para las vacaciones de verano.

— Chismoso. Siempre pensé que los abuelos sabían de aquello porque les mandaba citatorio la profesora Vedrix o la directora —Dante sonrió, regañándose mentalmente ante su propia quemazón—. Pero si quieres mi ayuda, debes mejorar la oferta.

— ¿Qué quieres exactamente?

— El relicario de mama —tomó la pertenencia en un auto reflejo, sintiéndose en alerta.

— No —fue una respuesta automática, ni siquiera pensó antes de decirla.

— También era mi madre, Dante —le recordó Amos, con la mirada seria, y puesta en el artículo de metal que llevaba su hermano en el cuello.

— Bien —le tendió el relicario, con creces ante su impulso de ocultarlo donde nadie se lo llevase—. Pero cuídalo como si tu vida dependiese de eso —encomendó, tratando de usar el tono más amenazante posible.

— Lo haré, deja tu paranoia.

— ¿Y cuando empezamos con las clases?

— ¿Te parece la otra semana?

— ¡Mañana!

— Hey, no es como si con una clase salieras siendo un experto. Es un repertorio algo extenso, así que debo de ver por donde iniciar —puntualizó Amos, colocándose el relicario en su cuello, oculto bajo el uniforme—. Nos vemos, enano.

Dante se masajeo las sienes. Tratando de suprimir las ganas que tenía de perseguirle y arrancarle el relicario de tajo. Nunca se lo había quitado, desde el día en que se lo dio su abuela. Pero su hermano tenía razón. Sophie no solo había sido su madre. También había sido la de Amos, y ambos tenían el mismo derecho sobre el relicario.

A veces trataba de recordarse que no debía ser tan egoísta hasta con su propia familia.

— ¿Por qué no me ayudaste? —regañó a Percy, volviendo a caminar para ir a la primera clase del día: Pociones con el profesor Gaspard; al menos para Dante.

— Era plática de hermanos, no me iba a meter.

— Vaya mejor amigo que me conseguí.

Sonrió, viendo de soslayo a Percy mientras caminaban, estando éste en su propio mundo. Se recordó que a pesar de lo idiota que a veces se portara su amigo, o él  mismo, su día no estaría completo sin la presencia de aquel ser humano irritante. Picándole cuando quería algo de tranquilidad, burlándose cuando algo le salía mal o simplemente molestándose como ellos podían.

Y tal vez Declan se les sumaba, siendo un tercio de niños revoltosos que causaban dolor de cabeza cuando se lo proponían.

Pero y a pesar del gran cariño que le tenía a Declan, a veces era como si fueran solo él  y Percy contra los demás. Yendo de aquí a allá, juntos en todo momento. Una amistad como aquel chicle viejo que es casi imposible de despegar. Porque así resultaba, con las palabras de Declan citadas: eran uña y mugre. Si uno saltaba, el otro le seguía. Si uno faltaba a una clase, el otro se escabullía para hacerle compañía. Y si a uno le desagrada alguien, el otro tenía la obligación de que le desagradara también.


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La Torre de Astronomía era conocida por ser la zona más alta del castillo, donde solo se visitaba cuando la clase lo requería, reinando la mayor parte del tiempo el silencio en ella.

Por eso era el mejor escondite para alguien como Fred Weasley II. Nadie venía a esta parte del castillo, así que no se preocupaba de ser encontrado cuando le daban sus momentos de duda existencial. Porque los tenía, como a muchas personas les podía suceder, solo que en su caso, nadie se esperaría que le entrasen aquellos episodios de no saber qué hacía de bien en su vida.

Porque él sabía bien como ocultar aquello que le frustraba, que le hacía enojar y entristecer. Así que cuando le daban sus bajones, se ocultaba para que nadie le viese en aquel estado.

Por ejemplo, en estos momentos quería estar a solas, para pensar y no pensar en nada a la vez. No fue a ninguna de las clases en todo el día, después del episodio con el vociferador de su padre, su energía descendió escalas, siendo algo que pasaba cuando la presión se hacía presente sobre sus hombros.

No quería traerlas en contra de su hermana por el hecho de que le haya comentado a George lo de las pruebas para lo del Quidditch. Y no lo estaba. Era más la frustración para consigo mismo por no poder sentirse autosuficiente cuando hacia las cosas. Dudar de su propio talento y no sentir del todo la recompensa de sus éxitos.

Por ello de su decisión de mantener oculto aun lo del equipo. No quería animar a su padre, dándole falsas esperanzas. ¿Y si fallaba? Podría fácilmente caerse de la escoba mientras hacia la prueba, o en el peor de los casos, tal vez ni poder elevarse por los aires al dejarse influenciar por los nervios y su propio pesimismo, y con ello escuchando las risas de los espectadores ante lo patético que podía resultar aquello.

Fred era de aquellos que alentaba porque siempre se hablara con la verdad, por muy dura que fuese el escucharla. La ponía en práctica en todos los aspectos de su vida, excepto tratándose de él. Porque nunca decía lo que en verdad pensaba de sí mismo, o de cómo se sentía de vez en cuando. Quitándole la importancia que merecía el ser escuchado por alguien.

— Hey —el ritmo de sus latidos se aceleraron al escuchar a alguien más. Relajó los hombros al reconocer a Pressya, quien le sonreía con timidez—. Lamento si interrumpí tu momento a solas.

— Descuida, no es que importase de todas formas —nuevamente, queriendo restarle importancia cuando se traba de él, y al hecho de que ya no estaba solo con sus pensamientos.

Le caía bien Press, muy bien a decir verdad. Y la consideraba una gran amiga, además del hecho de que era la novia de James. Pero aunque fuese alguno de su familia, Fred no quería estar acompañado. Al menos no por ahora.

Se concentró en la vista que tenía del paisaje estando en el balcón de la Torre, con la oscuridad cerniéndose sobre ellos, dando el aviso de que ya era turno de la noche para asomarse, notando como algunas nubes ocultaban la belleza de la luna, al igual que la presencia de las estrellas. Aun así Fred podía notar la mirada de Pressya sobre él, tal vez tratando de adivinar cómo se sentía o que lo tenía tan perturbado. Volteó a verla, para que se diera cuenta en sus ojos que no quería hablar del asunto. Respondiendo ella al entender su silencio, decidiendo que al menos podría acompañarlo, sin pronunciar palabra, y darle tiempo para que meditara por su cuenta, de ser que era lo que necesitaba.

— ¿Sabes que puedes confiarme lo que sea, verdad? —los orbes azules de Press le invitaban a hablar, a que todo estaría bien si lo hacía.

Fred le dedicó una sonrisa. Pero aquello no hacía que se sintiera mejor. Lo que quería era quitar aquellas barreras que construyó en sí mismo para con su exposición de sentimientos y así poder decirle todo a Press.

Incluido aquello que cargaba desde hace ya un tiempo. Como por ejemplo su nombre. Y no es que no le gustase, sino todo lo contrario. El orgullo siempre se arremolinaba en él, por el hecho de que le hayan puesto el nombre de su tío difunto. Lo hacía sentirse especial y único. Pero en otras ocasiones, le llegaba esa ideología de que el nombre tenía mucho peso sobre él, como si albergara más de lo que podía atribuirle. Sobre todo con su papa, pensando por momentos que cuando le veía a los ojos, no trataba de ver a su hijo, si no a su hermano muerto y el recuerdo que aún le quedaba de él.

— Lo sé, Press, sé que puedo confiar en ti —comentó, intentando dar una buena sonrisa, pero resultando en una mueca sin animo alguno.

Pressya en cambio, le tendió una sonrisa cariñosa, a modo de rendición claro. Aunque ya tenía en cuenta que sería muy difícil hacerle hablar.

Tal vez no era la mejor respuesta que Fred pudo darle, ni la que ella esperaba, pero de momento era lo único que podía ofrecer.
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SEGUNDA PARTE

Mensaje por Asclepio. el Vie 30 Dic 2016, 1:16 am

Capítulo 011, parte 2
Louis Weasley, Amira Ebonywood, Alyssa Decont, Troian Lamassoure, Fred Weasley, Caden Scato, Gregory Stuyvesant
➡ Finnellark.





Madrugada del viernes y dos jóvenes pertenecientes a la casa del león se hallaban dentro de la cocina de Hogwarts. Urdiendo su plan, con todos los demás privados de conocimiento sobre lo que harían.

— Niña, estate quieta y no hagas mucho ruido —le exigió Louis en voz baja para que nadie los atrapara, literalmente, con las manos en la masa—. Recuerda que cerca de la cocina es por donde está la torre de Hufflepuff.

— ¿Qué yo guarde silencio? Tú eres el que no para de chitarme cuando ni he dicho nada.

— Bueno, es que haces mucho ruido para hacer las cosas, Roxanne.

— No empecemos, Louis Weasley Delacour —le amenazó su prima apuntándole con una poción de amor antes de verter un poco en cada uno de los panes, danzando sus rizos al compás de sus movimientos.

Ya habían colocado en las charolas de plata (donde siempre estaban los dulces o golosinas, como cupcakes y brownies) caramelos de la verdad de variados sabores, bombones desmayo, caramelos longuilinguos, galletas de canario y agregado a las enormes cacerolas (donde se hacían los guisos) pastillas vomitivas, mezclando todo para que se disolvieran perfectamente. Dejaron por último las innumerables botellas de filtros de amor, inyectando una pequeña cantidad del líquido en cada pan, cupcake y brownie que se cruzaba en la vista de los traviesos.

El gran arsenal lo habían adquirido gracias a Roxanne, puesto que George se los había regalado sin hacer alguna pregunta por la petición de su hija. Además que Louis había cogido unos cuantos del gran bulto que siempre se traía Fred.

— ¿Terminaste? —inquirió el rubio cuando inyectó el ultimo pan salado que quedaba. Recibió una ancha sonrisa de la morena, por lo que la imitó, mostrando ambos una hilera de dientes relucientes que dejaba entrever lo satisfechos que estaban ahora— De acuerdo, larguémonos antes de que nos pillen —propuso tomando la pequeña bolsa en donde venían los sortilegios Weasley y caminando a un paso veloz detrás de la rizada.

Caminaban de puntillas por los pasillos del castillo para llegar hasta la torre de Gryffindor antes de que se despertara alguien. Los dos se habían levantado al alba para llevar a cabo la idea que propuso Roxanne hace un par días.

— Roxanne.

— Si, Lou.

— ¿Tienes en cuenta el enorme castigo que nos espera a la vuelta de la esquina después de hacer esto, verdad? —interrogó, tal vez por tercera ocasión desde la propuesta, para volver a asegurarse el que la morena seguía firme con el plan, aunque haya sido idea de ella.

— Oh, pequeño Veela, pero claro que lo tengo presente —le sonrió con diversión su prima—. Así como también tengo en cuenta que nos echaremos a la bolsa el odio de todos los estudiantes.

— ¿Qué es vivir la vida sin las miradas penetrantes y rencorosas de unos cuantos, Roxy? —cuestionó en tono lúgubre para restarle importancia a las consecuencias que se avecinaban por la colosal broma que ya habían armado. Siendo usual en ellos, y más en Louis, el nunca medir las consecuencias de sus actos.

— ¿Deberíamos avisar a alguien de la familia para que no caigan? —preguntó la morena entrando a la sala común con el mayor sigilo, evitando hacer el menor ruido y dar a saber lo que hacían en la madrugada.

— ¿Y qué le adviertan a alguien más? Ni creas —Louis quería que todo fuera sorpresa, y aunque dentro de las posibles víctimas se encontrarían algunos de sus primos, no quería delatar nada, aunque no le llegasen a perdonar—. Y eso incluye a Fred, Roxanne.

— ¿Pero qué?

— Si se lo mencionas, él no tratara de advertir a nadie, sino el que detengamos nuestra magnifica hazaña antes de que se convierta en una pesadilla viviente para todos.

— Nunca le he guardado un secreto, Louis —reprochó su prima con algo de enfado, puesto que si había alguien que conocía todo de ella y hasta sus peores travesías era su hermano, Fred.

— De acuerdo, se lo dices y yo mismo me regreso a la cocina a detener esto antes de que sirvan el primer plato —le reto para persuadirla.

— ¡Está bien, gruñón! —le gritó lo más bajo que pudo Roxanne, con su rostro reflejando un gran enojo.

— Solo recuerda que esto será recordado por el resto del curso, mi queridísima prima. Tú y yo seremos leyendas este sexto año —se agasajó dentro de su mente, con el sabor de la victoria mostrado en una extensa sonrisa. Roxanne le siguió, comenzando a sentir nuevamente esa sensación de adrenalina que tenía cada que hacían alguna travesura juntos.

Se despidieron para volver a sus respectivas recamaras antes de que sus compañeros vieran vacías sus camas. El oji verde abrió la puerta de la suya muy lentamente, aunque sin lograr evitar que rechinara y maldiciendo internamente lo vieja que estaba. Vio que los tres chicos: Lysander, Conall y Hugo; seguían dormidos. Suspiró de alivio, ya que con eso al menos se quitaba el pensar que los atraparían antes de tiempo. Faltaba media hora para que demandaran el que los alumnos se levantasen por lo que se recostó en su suave colchón y se dejó llevar los pocos minutos que le quedaban para descansar.


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— ¿Odias a Greg? —le preguntó a Prudence, sin tapujo alguno, como si fuesen amigas desde siempre.
Prudence entrecerró la mirada, tal vez preguntándose el que Amira le hablase, o tal vez por la pregunta tan fuera de contexto.

— ¿Por qué el de que preguntes eso? —Amira gruñó por lo bajo.

Odiaba cuando le respondían con otra pregunta. ¿Qué no podían llegar al grano de una vez sin darle tantas vueltas a un asunto? Como ella hacía. Aunque tal vez no a todos se les daba por ser tan directos como lo era Amira.

— Tal vez quiero hacer tiempo para ir al Comedor, o tal vez es que este aburrida.

— ¿Quién me crees? ¿Tu payaso? —escupió Prudence, con algo de molestia.

Amira intentó con todas sus fuerzas contener una risotada. La gente de hoy día era más sensible. A veces le gustaba, y otras veces no.

— Calma, Milngavie —exhortó, volviendo a acomodarse la corbata de color esmeralda y plata—. Solo quería saber eso. Además, no me sorprendería que le odiases.

— ¿A quién?

— A Greg, babas —aclaró, golpeándole la frente con una de sus libretas, de forma “cariñosa”.

— No le odio.

— Pero tampoco es como si le amases —comentó retóricamente—. Tranquila, es normal. Siendo que él es un experto en cuanto a desesperar a la gente —guardó silencio por un par segundos, llegando a su mente una idea, y ladeando una sonrisa. De aquellas que hacía cuando tenía un plan brillante para una de sus travesuras—. Solo que…

— ¿Solo que qué?

— Oh nada —movió su mano en el aire, como restándole importancia a la situación, siguiendo con su idea al ver la curiosidad en la voz de su compañera de cuarto—. Es solo que pareciera que disfruta más que nada el fastidiarte a ti. Me pregunto a qué se deberá eso.

Al cerciorarse que Prudence no diría algo más, tomó su túnica y su bolso con las cosas para las materias del día. Con su varita a la mano, se despidió de la castaña, que tenía aun el rostro desvelando confusión por lo que le comentó. Al voltearse para salir de la recamara, sonrió con anchura, sintiendo como empezaría bien el día ahora que se salió con la suya.

« Amo volver a este lugar.»


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El rubio observaba tranquilamente, parado a un lado de las grandes puertas del Comedor, con una genuina sonrisa siendo acompañado por Roxanne. El caos comenzaba a cernirse en la inmensa habitación, y ambos autores no podían estar más satisfechos con el resultado.

Miraron como algunos de sus compañeros de Gryffindor, entre ellos Theresa y Katrina, se retorcían colocando sus brazos sobre sus estómagos para detener el vómito. Louis no pudo evitar pensar en la barbaridad de cosas que le diría su mejor amiga tras todo ese show, pero le restó importancia, creyendo que con esto estarían a deudas tras el episodio de ser petrificado.

También habían algunos compañeros de la casa del tejón, como Brendan, que habían sido afectados por las pastillas de vomito. El hermano de Alyssa también estaba siendo, lamentablemente, perseguido por una obsesiva Genevive. Louis al percatarse de la mira enérgica de la castaña, que igual portaba una ancha sonrisa y sin dejar de parlotear, llegó a la conclusión que un poco del filtro de amor le había tocado, porque en todos sus años de conocerla parecía que nunca había hablado tanto.

« Fred me va a matar» pensó mientras veía como la mejor amiga de su primo se volvía loca por un pobre Brendan que no sabía qué hacer para quitársela de encima. Aunque igual aquello no lo detuvo de seguir disfrutando el show.

Igualmente estaba un chico de un curso mayor, Dentlev (el cual su prima reconoció), que no dejaba de vomitar mientras se recargaba sobre la mesa asignada para los de Slytherin. Aquello le causó cierta gracia, porque si a algo le gustaba a Louis era jugarle bromas a los de aquella casa.

Así como había gente vomitando, también se encontraban entre el montón unos cuantos a los que les comenzaban a salir plumas para convertirse en unos grandes canarios. Entre esas personas se hallaban Faith (la cual su primo Albus trataba de ayudar aunque sin saber muy bien cómo, manteniéndose a una prudente distancia mientras la chica elevaba sus brazos convertidos en grandes alas), quien a su vez su primo Hugo admiraba, con la cara de tonto por una chica como nunca lo había visto, tras posiblemente consumir uno de los panes rellenos de filtro de amor.

Louis sabía que nunca en la vida le dejaría de recordar esa escena a Hugo. Ahora tenía algo con que molestarlo a diario.

Estaba Prudence (que de no ser porque Nate se veía afectado por el filtro de amor, y se encontraba persiguiendo a una Jenna que huía de él, habría acudido para ayudarla), la pequeña Bambie (que mientras alzaba sus alas, una Gwyneth que aun con una lengua diez veces más larga de normal se acercaba para arrancarle un par de plumas, aunque estuviera siendo atosigada por Peter, quien sufría los estragos, al igual que muchos, de una poción de amor). Además de otros próximos canarios humanos como Amos, Hettie, la hermana de Katrina, Pimpernel, y un chico de Slytherin que tampoco le agradaba y con quien muy comúnmente chocaba, Cyril.

Esparcidos por todo el lugar también se hallaban muchos con lenguas extremadamente largas, como Hydra. Un Adrien desesperado, que a la par de que lidiaba con su lengua mantenía sus brazos en modo protector alrededor de Circe, siendo ésta perseguida por un Oliver enloquecido de amor. Igual se sumaban al grupo Lei, Orion, que era una de las personas que le caían peor que un traga caracoles a Louis; su encantadora prima Rose, Jarek, que trataba a la vez de tranquilizar a su hermana Amira, que por lo que él llego a observar, la chica se mostraba loca por Wyatt, quien a la par de que lidiaba con su flechazo, lo hacía con el que tenía su hermana Dominique para con él.

Y en la lejanía, notó a uno de los gemelos Scamander, Lorcan, que trataba de sostener su lengua con el horror reflejado con creces en su rostro.

Mientras tanto, en un lado del enorme comedor una pequeña rubia se acercaba con un enorme brillo en sus ojos a la escena que estaban dando una Faith como canario, un Hugo idiotizado por el pajarraco, y un Albus que estaba por perder los estribos. Alyssa de inmediato abrazó a Albus por su espalda tomándolo de sorpresa. El chico intentaba soltarse de su agarre, pero parecía que la chica en vez de ingerir una poción de amor hubiese tomado algo para tener la fuerza que nunca tenía.

— Oye, este… Aly, ¿sería mucho pedirte el que me soltaras?

— ¿Pero por qué soltaría a alguien tan bello como tú, Albus? —comentó ensanchando su sonrisa antes de subirse a su espalda sin dejarle tiempo para reaccionar.

— Ehm, este… no creo que sepas lo que estás diciendo.

— ¡Claro que sí! —chilló cerca de su oído dejándolo casi sordo— Siempre me has parecido alguien muy lindo sabes —Alyssa le dio una mirada llena de emoción, como si Albus fuera la octava maravilla del mundo—. ¿Puedo darte un beso?

— ¡¿Qué?! ¡No! —exclamó, girando sobre su propio eje para que la chica se bajara de su espalda mientras observaba a su novia como un canario gigante y aun siendo embestida por Hugo.

— Oh, vamos, solo será un picorete besito.

— ¡Alyssa! —no pudo evitar cohibirse por el comportamiento de la oji verde. Pero quería quitársela de su espalda para poder ayudar a Faith.

— ¡Alyssa Evelyne Decont Greengrass, bájate de la espalda de ese pobre muchacho! —se giró hacia la voz demandante de Nyx.

— ¡Heather, largo! Nunca había estado tan cerca de él, déjame un rato por lo menos para disfrutarlo.

— ¡Estás idiotizada niña! —Agarró a la blonda con determinación, logrando quitarla de la espalda del castaño— Sabrás disculparla después cuando vuelva a la normalidad, Albus —le pidió, recibiendo un asentimiento no muy seguro de su parte, antes de arrastrar a su amiga para salir del comedor, tratando de mantener aun el barullo de palabras que quería sacar de sopetón.

— ¿Pero porque me sacas si quiero estar con el hombre de mis sueños? —le cuestionó Alyssa mientras forcejeaba, aun con su mirada en Albus estando ya fuera de esa enorme habitación.

— Alyssa, ésta no eres tu —comenzó Nyx haciendo que le mirara a los ojos para analizarlos, llegando a una garrafal conclusión que a pesar que ya sospechaba de eso, nunca lo había comentado por la timidez de su amiga:— ¡Te gusta de verdad Albus, oh dios!

— ¡Pero si es bello! ¿A quién no le gustaría? —Se defendió la pequeña cruzándose de brazos— ¡Y tú me acabas de alejar de él, ¿qué clase de mejor amiga tengo si haces eso?!

— No solo te gusta…

— Me encanta.

— No, tú estás enamorada, ¿o me equivoco? —Siguió la mirada de Alyssa, para ver que aún seguía puesta en Albus, que ahora tranquilizaba a Faith ya que las plumas le empezaban a caer. Colocó sus manos sobre los hombros de su amiga para que la viera mientras le decía las siguientes palabras—: ¿Sabes que tiene novia y que nunca se fijaría en ti?

— ¿Quién dice? ¿Tu? —le retó Aly soltándose de su agarre y comenzando a dirigirse nuevamente al comedor. Nyx la tomó rápidamente del brazo, para que su amiga no se volviera a humillar y la empezó a arrastrar tomando camino hacia la enfermería— ¡Suéltame!

— Iremos a que te den un remedio o algo, y espero realmente que no recuerdes nada de esto, porque si fuera tú, me escondería mejor en la habitación de mí recamara para no verle la cara a Albus y así no humillarme más de la cuenta —le aconsejó, sin saber muy el porqué de su gran sinceridad para en ese entonces—. De paso y aprovecho para esconderme de Dante y de Lysander. ¡Están locos por dios! No paran de perseguirme, como si fuera su presa o algo. Juro que estuve a punto de petrificarlos para que se quedaran quietos.

— Estás muy boca suelta, ¿no crees Heather? —fue cuando Alyssa señaló aquello que Nyx se dio cuenta del porqué de su parloteo de cosas que nunca habría dicho con su fuerza de voluntad habitual.

— Malditos caramelos de la verdad —farfulló irritada por todo lo que llevaba sucediendo en la mañana.


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— ¡Te lo advierto, Keith Townsend, aléjate de mí o…o… no sé, solo aléjate! —Le exigió Troian con desesperación a su compañero de casa el cual no dejaba de seguirla por todo el comedor.

Hasta se había subido en las mesas, corriendo encima de estas para alejarse lo más posible de él. Pasaron primero por sobre la de Hufflepuff, luego la de Ravenclaw y ahora estaban sobre la de Slytherin, en donde la castaña le pateaba tanto copas como platos y le lanzaba uno que otro desmaius para aturdirlo, siendo esquivada toda distracción.

Sabía que estaba por demás mal el lanzarle algún hechizo, pero si tenía éxito, ya sabría cómo disculparse, además de que todo este caos no era culpa suya.

Tomó una de las copas con su mano y dio un gran salto para que sus pies cayeran en el piso.

— Detente ahí si no quieres que te lance esta copa a la cabeza, y juro que si atinare esta vez, Keith —le advirtió con tono demandante y alargando su mano libre para tener un poco de espacio.

— Solo quiero compartir un rato con la chica más linda de Hufflepuff —pidió con un tono acaramelado que solo logro aterrorizar más a Troian, puesto que no era la fanática número uno para muestras de afecto—. Que digo de Hufflepuff, de todo Hogwarts.

— Uhg, voy a vomitar y eso que no ingerí pastillas vomitivas.

De pronto era como si un foco se hubiese prendido en su mente. Rebuscó entre el tiradero que había encima de la mesa de Ravenclaw hasta dar con una charola que tenía unos cuantos pastelillos, caramelos y bombones, tomando lo primero que su mano libre alcanzó, mientras que la otra aún se ocupaba por la copa.

— Oh, ¿tienes hambre? Porque yo también, ¿me das un poco? ¿O que te parece si desayunamos juntos hoy y todos los días de la semana siguiente? —le preguntó Keith sonriéndole bobamente y empezando a acortar la distancia entre ambos.

— Atrás, Towsend —le encaró la copa dorada para que se mantuviera a una prudente distancia—. Me agradas, pero sea lo que sea que me cause este caramelo lo elijo antes de que me sigas hostigando, espero que me perdones luego por esto —le comentó arriesgándose cual sea el efecto que sufriría con aquella golosina, deseando fervientemente que no la pusiera en un estado como su amigo.

Para cuando se terminó todo el bombón, sintió como si todo su cuerpo se aflojara y el bullicio que había en todo el comedor cesaba. Lo último que sus ojos observaron fue a Keith corriendo hacia ella, con las facciones de su cara llenas de espanto, en cámara lenta con todo el escenario a sus espaldas inclinándose mientras caía al piso.


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Juraba que las ganas de ir para lanzarle un petrificus totallus a Koanu Kapule para que se quedara quieto y dejara de perseguir a su Skyler —aunque ella haya sido quien lo mando a volar en el curso pasado—, eran insoportables. Se maldijo internamente porque de cierta forma él era el causante de que aquel Slytherin, con tendencias bromistas que irritaban a todo el mundo, y que le caía en la punta del pie se encontrase persiguiendo como un enfermo de amor a la castaña.

— No te quejes, no puedes, es tu culpa —recordó Roxanne, con una pequeña sonrisa al ver la cara de pocos amigos de su primo.

— Tu no digas nada —le advirtió, con un tono que dejaba muy claro que ardía en su interior de los celos.

— Alguien está celoso…

— Nada que ver, ya la supere —expuso, pero más que para convencer a su prima, para convencerse a sí mismo.

— Oh, pero por supuesto…

— ¿No habíamos acordado no tocar ese tema? —comentó con poco humor.

Aquel acuerdo había quedado estipulado desde el día en que Skyler cortó su relación porque “quería más libertad”, dejándolo, por muy dramático que sonase, destrozado y sin haberla podido superar desde entonces.

Tenía que volver a recordar la pelea anterior con Dyer, y el como ella había defendido a ese chico de Hufflepuff en vez de a él, para así tratar de disminuir el gran afecto que aún le guardaba.

Debía dejar de quererla. Solo así podría cerrar aquel capítulo en su vida que llegaron a compartir juntos (por muy corto que fue) y en el que al parecer Louis era el único atascado. Así como Skyler pudo superarlo con facilidad. Así como Louis debía hacerlo.

— Como diga su majestad.

— Oye, Roxy —empezó para tratar de cambiar el tema de conversación, aun con su mirada en como su ex novia le lanzaba lo que alcanzara su mano a Kapule.

— Dime, Lou.

— ¿Cuántos de la familia crees que nos lleguen a odiar después de esto?

— Preguntas para saber quiénes nos odiaran o quiénes probablemente se venguen de nosotros.

— Ambos —aclaró, mientras sacaba de su túnica un par de pastillas vomitivas, una para él y una para su prima, y de aquella manera guardar un poco las apariencias ante todos.

— ¿Odiarnos? Todos —comenzó la morena tomando su pastilla aunque dándole una mirada de repulsión al imaginarse vomitando sin control—. ¿Qué busquen venganza? Me inclino igual  por todos, aunque no estoy muy segura. Pero bueno, sabemos que todos tenemos algo de locura y el sentido bromista muy arraigado, así que démonos por muertos, Lou.

— Creo que me quedaré en mi habitación todo el fin de semana.

— Oye, que buen plan, lo tomaré en cuenta también —comentó con sarcasmo la morena—. Funcionará más conmigo, puesto que tus compañeros serán lo que sea pero la palabra “tranquilidad” no la conocen —le recordó, y Louis no pudo estar más lamentablemente de acuerdo. Compartir habitación con Lysander, Conall y Hugo durante cinco años le había bastado para saber que la paz no se respiraba en aquel lugar junto con ellos—. ¿Listo para no dejar de vomitar, pequeño Veela?

— Te odio, pero sí —le sonrió antes de tragarse la pastilla y a los pocos momentos sacando el poco desayuno que tenía en su estómago.


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Fred solo negaba internamente ante todo el quilombo que se desarrollaba frente a sus ojos. Estaba de pie en una esquina sobre la mesa de Slytherin, observando la locura en cada uno de sus compañeros. Veía en la mesa de Gryffindor a su primo James inconsciente, con una Pressya preocupada a su lado mientras le cogía con sus brazos y le gritaba para que reaccionara. Así mismo a unos metros de distancia de la pareja, sus otros dos compañeros de habitación, Zeus y Mars, se encontraban desparramados sobre el piso, uno en cima del otro, desmayados. No pudo evitar reír dentro de su mente ante aquella imagen de sus amigos, deseando en esos momentos tener una cámara para tomarles una captura y que aquel momento los persiguiera por el resto de sus vidas.

— ¿Disfrutando del show, no es así? —vio como Gregory enfocaba algo con su cámara para captar el momento.

A ese chico realmente le fascinaba la fotografía. Fred recordaba que cada que se lo topaba, llevaba colgada una cámara en el cuello.

— Hm, no del todo, como quisiera al menos —se sinceró, porque a pesar de que a él le gustasen hacer bromas, nunca había llegado ni llegaría al límite que su primo y su pequeña hermana habían cometido.

— Tu familia sí que sabe poner ambiente en el lugar —Greg no pudo evitar reírse, por lo gracioso que le parecía todo lo que ocurría en el comedor.

Varios de sus conocidos habían sufrido algún efecto por la broma, así que agradecía que él se haya despertado tarde. Cuando entró a la gran habitación al instante volvió corriendo a su recamara y cogió una cámara mágica para regresar al caos y así fotografiar a cada uno de sus compañeros.

— ¿Cómo puedes estar disfrutando esto cuando tu hermano tiene una lengua de tamaño anormal, al igual que Hydra y Orion, además que creo que Amira trataba de derribar a Dominique para quedarse con Wyatt? ¿Qué te divierte de todo ese caos?

— Fred Weasley, me sorprende que seas tú el que no disfrute de este caos —comentó retóricamente—. Está en tu sangre digo. Además, ¿Por qué no disfrutar un poco de locura? Si no te afectó yo no le veo el problema —cogió su cámara y le tomo una fotografía instantánea al moreno, que se cubrió el rostro por el flash.

— ¡Fred! —se giró a tiempo para ser embestido por una pequeña peli anaranjado, para caer estrepitosamente con su espalda sobre la mesa y viendo con desconcierto a la chica que le sonreía ampliamente estando encima de él.

— ¿Ehm, algo de ayuda? —Le pidió a Greg con una sonrisa de súplica. En vez de que le respondiera, su amigo lo enfocó nuevamente con su cámara y sonrió con satisfacción ante el resultado.

— Lo siento, Fred, pero tengo varias cosas que capturar —se disculpó el rubio antes de reír levemente y bajar de la mesa con un salto.

Fred solo pudo lanzarle una mirada molesta ante su poca generosidad, por no decir poco tacto de compadecerse. Ya vería como cobrárselas cuando le pidiese ayuda en alguna materia.

— ¡Faelle, hey! —Trató de dar la mejor de sus sonrisas, para evitar que ella se molestase, o hacerla sentir mal— ¿Qué tal te va?

— ¡Muy bien sabes, al fin estoy junto a ti! —le respondió con alegría antes de abrazarlo. El moreno soltó una risa, por lo incomodo que le resultaba la situación en estos momentos.

— Oh, me imagino, ¿tu hermano dónde está? —la quitó de encima con delicadeza aun sin borrar su sonrisa, porque sabía de más que el comportamiento que tenía para con él no estaba bajo su control.

Ya estando de pie, con Faelle abrazándolo de la cintura tal vez por temor a que la dejara ahí, buscó con la mirada a Caden. Lo visualizó en la esquina más alejada del recinto y supo por las expresiones de su compañero de Hufflepuff que estaba en una disputa con una castaña, que cuando se puso de perfil la reconoció, cayendo en cuenta que se trataba de Skyler, la ex novia de su primo Louis.

Aun desde donde estaba Fred podía sentir la energía de más de aquella conversación. Vio entonces como este chico, Dyer, estaba a un lado de aquel par, que peleaban a todo pulmón, tirado en el piso. Así como que a un lado del peli negro, que estaba más que privado de todo lo que sucedía a su alrededor, se encontraban tanto Taylinne y Siri inclinadas mientras intentaban despertarlo. Diferenció en las facciones de ambas chicas un deje de preocupación y como discutían entre las dos tal vez para ver quién tomaba el control de la situación y cuidaba de aquel pobre inconsciente.

« Dios mío, ¿Qué hicieron esos dos locos que tengo por familia? » se preguntó, agudizando su mirada en busca de aquel par de bromistas.


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Le dolía la cabeza. Aún seguía el ruido en el comedor, y eso solo hacía que el martilleo en su mente no cesase.

Estaba molesto y aun le dolía la cabeza.

Había despertado de tan buen humor el día de hoy. Con la idea de salir con su novia a algún lugar, tal vez Hogsmeade o al lago, una vez terminado el periodo de clases. O simplemente salir para disfrutar ambos un poco de privacidad. Pero con todo lo que pasaba en estos momentos, su magnífico plan se había ido por el retrete. Junto con la casi nula paciencia que le quedaba en su cuerpo.

Despeinó su cabello, tratando de que con ello se apagasen sus pensamientos. Veía con ojos de loco a sus compañeros. Unas corbatas de color esmeralda con plata de un lado, otras de negro y amarillo. Veía a unos cuantos tirados en el piso, llevando la singular corbata de rojo escarlata y dorado. Y algunos de azul y bronce tratando de ayudar a los afectados.

Solo había caos, exclamaciones y un desorden garrafal. Caden pensó que lo último que faltaba para adornar el pastel era que se incendiase el gran salón.

Necesitaba abrir su boca y hablar. Sacar aquellas palabras que mantenía atascadas en su boca, apretando sus dientes y mordiendo la lengua. Dio bocados de aire cortos y rápidos, tratando de tranquilizarse y buscando la cabellera larga y singular de Ada entre todo el montón.

La vio en una esquina, con la mano en su boca, siendo usual cuando le llegaban los nervios y se comía las uñas. Corrió hacia ella, para asegurarse de que no le pasaba nada malo.

— ¿Ada, estás bien?

— Eh, sí. ¿Has visto a James? —inquirió su novia como si nada.

— ¿Por qué quieres saber dónde anda el fanfarrón de James Potter? —Maldecía internamente no poder detener su boca a la hora de hablar.

« Estúpidos sortilegios Weasley.»

— Eh… —vio como Ada retenía lo que de verdad quería decir, así que comenzó a preocuparse.

— Ada Loughty, dime por qué quieres ir a buscar al idiota de Potter —demandó con molestia y aflojándose aún más la corbata de su uniforme.

Ni siquiera se había percatado que ya no traía su túnica después de su discusión con Samantha.

— Por nada —respondió con rapidez, mordiéndose el labio inferior. Caden inmediatamente reconoció su nerviosismo—. Es que vi que estaba desmayado y Pressya intentaba despertarlo. Creí que necesitarían ayuda —y cerró de nuevo su boca, como si temiera el añadir algo más.

— ¿Por qué es que no te creo? —chistó sin más, cruzado de brazos. Inspeccionando con ojos dudosos el raro comportamiento de su novia.

Maldijo de nuevo para sus adentros. Porque él no era así, no sacaba todo así como si nada. Y lo último que quería era decirle algo fuera de lugar. Confiaba en Ada, siempre lo había hecho, pero algo le decía que ella no estaba siendo del todo honesta.

— ¿Por qué estás siendo tan grosero? —se sintió mal cuando notó el cambio de voz de Ada e intentó remediar la situación.

Pero no podía. Pensaba bien como decir las cosas, de la forma correcta, pero era como si su lengua cobrase vida por sí misma y sacara lo que se le cantase en gana, impulsando a que hablase más de la cuenta.

— ¿Porque no me dices la verdad?

Ada se volvió a morder el labio, y él se exaspero. ¿Por qué no le decía qué pasaba en realidad? ¿Qué era aquello que no quería decirle? ¿Y porque debía de insistir tanto con algo que tal vez y terminaría siendo una tontería más? Se agarró su cabello, para serenarse. Estaba pensando de más, era eso. Pero quería hablar, y que ella también lo hiciera.

— ¡Ada Loughty!

— Porque quiero decirle que me gusta desde que lo vi en el andén del tren en el primer año —soltó Ada, cubriéndose la boca al darse cuenta de lo que había confesado—. Oh dios.

Su rostro se frunció de forma automática. Se quedó de piedra y viéndola con la boca abierta. En estos momentos sí no sabía qué decir. Esperaba lo que sea, tal vez el que quería reclamarle a James por haberle copiado alguna tarea siendo que Ada era de las más aplicadas. Cualquier cosa, menos eso. Bajó la mirada por un momento, para intentar pensar qué decir.

— Caden… no quise decir eso.

— ¿No? —La vio con molestia, pero se mordió la lengua para no soltarle algo de lo que después se arrepentiría.

— Yo… no, no quise.

— Estúpido Louis —escupió de pronto, apretando sus puños y dando a notar en su rostro lo enojado que se encontraba—. Me las va a pagar.

— ¿Quién? ¿Louis?

— No. Potter —corrigió, con una sonrisa llena de malas intenciones.

Empezó a caminar hacia las puertas del comedor para ir a darle una paliza a James, si es que ya estaba consciente. Y de ser lo contrario, lo despertaría para luego noquearlo.

— ¡No Caden! —Ada lo abrazó por la espalda, para detenerlo de hacer alguna estupidez.

— Ada Loughty suéltame.

— No lo haré. Sabes que no quise decir realmente eso, es solo que no puedo detener mi bocota —lamentó, con sus labios cerca de su oído.

A Caden le llegó un escalofrío, al sentir tan cerca su aliento. Se tranquilizó al pensar que nada le saldría bien si iba a golpear a James y que de hacerlo, ella no se lo perdonaría, porque estaba en contra de la violencia. Tomó a Ada de los hombros, para que lo viese a los ojos.

— Por supuesto que no querías decir eso, Ada. No querías decirle a tu novio que Potter te ha gustado desde el primer instante que le viste aquellos rizos y ojos tan estúpidamente hipnotizantes —le aclaró, citando las palabras que escuchaba de algunas chicas en los pasillos sobre lo asombroso que era James Sirius Potter.

— Vamos Caden.

— Mira. Ambos estamos irreconocibles e intranquilos —señaló, ante la situación que sucedía alrededor—. Hablamos cuando estemos más tranquilos, y…

— Caden… —esquivó los ojos de cachorro de su novia. Si los seguía viendo tal vez y hacían efecto. Y no quería que hicieran efecto justo ahora.

— Me voy.


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El ala de la enfermería estaba demasiado atestada para su gusto personal. Hasta casi podía asegurar que al menos, la mitad del alumnado se encontraba ahí, tal vez unos bajos los efectos de la estúpida broma ideada por Louis y Roxanne, y otros acompañando a aquellas pobres almas indefensas que no pudieron prever lo que les ocurriría.

Como él. Que tuvo que verse en la obligación de llevar a Orion para que le dieran algo y se le fueran los efectos de los caramelos longuilinguos que se atascó en el desayuno.

— Te dije muchas veces que tu manía por tragarte los dulces como cavernícola te traería problemas a la larga —regañó, elevando un poco la voz ante el caos que había en el lugar.

Orion le dedicó una mirada enfurecida, pero Greg no se empequeñeció ante ella. Más bien, le causó satisfacción, dejándola ver con su sonrisa llena de arrogancia. Conocía a Orion, y a su hobbie por agasajarse haciendo que los demás le temieran, con tan solo darles una mirada gélida y escalofriante.

La primera vez que vio esa mirada, a él también le había dado un escalofrío. Pero tras recibirla con más constancia, le llegó la costumbre, y lo siguiente que pasó fue que se había hecho amigo de Orion Dankworth. De aquel chico de que tal vez y todo Hogwarts hablaba sin escrúpulos para tacharlo de cruel, de un villano sin corazón el cual se divertía humillando a los demás.

Y sí, Greg aceptaba que lo era muy a menudo, o a diario. Aunque también tenía su lado bueno, que nadie creía que tuviese. Tal vez y porque Gregory era fiel creyente de que tu historia te hacia quien eras. Porque era tu pasado el que forjaba en quien te convertirías.

Y Orion Dankworth tenía su historia, al igual que todo el mundo. Los buenos eran buenos, y los malos eran malos según sus propias experiencias. Ya lo demás quedaba en la percepción que tenía cada uno y la manera en que juzgabas a la gente, por algo que tal vez y no estaba del todo bajo su control.

— Edes un idiota sin demedio, Gegody —balbuceó su moreno amigo, aun con la lengua de tamaño astral.

— ¿Qué tu eres un idiota sin remedio, Orion? Estamos de acuerdo.

— ¿Te quedadas simplemente ahí budandote de mí?

— ¿Tu qué crees, pichoncito? —Comentó retóricamente, riéndose en grande cuando Orion se cruzó de brazos y volteó la mirada hacia otra parte que no fueran sus ojos llenos de burla, como si disfrutara de esto— Oh vamos, no te me pongas sensible, Orion.

— ¿No debedias id con ed bobo de tu hedmano?

— Debería sí. Pero Circe está cuidando magníficamente de él. Odiaría ser mal tercio —le hizo saber, como si aquello de verdad le importase.

Ha habido tantas veces que Greg ha llegado donde su hermano estuviese con Circe solo para fastidiar. Así como lo hacía ahora, porque si seguía con Orion, era porque quería disfrutar el sufrimiento de su amigo, ya que no se repetiría una misma ocasión.

— Pued vete con Hyda y Amida, a ellad led dada muto guto vete.

— Hm, mejor no. ¿Puedes creer que Amira le soltó a Wyatt que Hydra seguía sin superarlo? Por supuesto que estaba bajo los efectos de un filtro, pero ¿muy feo no? —Chismoseó, con una mueca al final de la oración— Así que créeme que no quiero estar metido en una contienda con ese par.

— Sodo ladgate, Ged —escupió, literalmente, Orion, sin poder tolerar más comentarios estúpidos por parte del rubio.

— ¿Estas queriendo decirme que no te gusta el que te acompañe? —argumentó, con dramatismo exagerado, y dándole una mirada de cachorro a su amigo— Me acabas de ofender seriamente.

— Piedete.

Antes de que Greg le saliera con otro comentario irritante, la enfermera se hizo presente, comenzando a examinar al pobre convaleciente de Orion.

— Bueno, siendo que lo que te sucede es efecto de un caramelo, los síntomas desaparecerán en un par de horas.

— Udted no va a dejadme aquí sin soducionad nada, ¿entendo? ¡Hadga su tabajo!

— ¿Qué quiso decir tu amigo? —preguntó la enfermera en tono neutral, dirigiéndose a Gregory.

— Dijo que no puede simplemente dejarlo así como así, y que debería hacer su trabajo.

— Bueno pues, Orion, no eres el único al que debo atender en estos momentos, y hay casos más serios que el tuyo, así que lo siento —comentó sin más, para después ir a ver a los demás alumnos.

— Lo siento amigo, pero creo que también deberías tratar bien a la gente que trabaja aquí. No siempre logras intimidar.

Orion inhaló profundamente, preparado para soltarle un par de palabras entre su balbuceo, pero justo a tiempo, la cortina de alado se jaló, dejando ver a una Nyx con una sonrisa socarrona, y a una Alyssa inquieta sobre la camilla.

Greg se preguntó qué les había pasado para que dieran ahí. Luego recordó lo del desayuno y unió la secuencia de los sucesos.

— Oh vamos, Orion. Creo que a los demás les haría bien el no escuchar tu voz helada por un par de horas. Tomate con calma el reposo —mencionó la castaña, con total sarcasmo.

Tal vez Greg no la había tratado mucho, pero identificaba la inocencia en aquello que dijo, y no con dobles intenciones, como por ejemplo el burlarse del estado de Orion; aunque éste último no pensaba lo mismo.

— Cieda la boca niña —los ojos de Orion brillaban de molestia. Greg sopesó el que tal vez y su amigo hubiese preferido comer un bombón desmayo a ser testigo de cómo otros se alegraban por su estado.

— ¿Ah? —suspiró, ante el hecho de que se había vuelto el traductor de Orion.

— Dijo que mejor cierres la boca. Y aunque no lo haya mencionado, que luego se encargara de ti —aclaró Greg, recibiendo una mala mirada de Orion ante su gran bocota, pero ya que la curiosidad le picaba más por saber de Nyx y Alyssa, no le tomó importancia a esa mirada gélida. Después señaló con el mentón en dirección a la pequeña rubia que estaba en la camilla, jugando con sus manos con la hiperactividad saliendo de sus poros—. ¿Y a ella que le pasó?

— Un filtro de amor —respondió Nyx, viendo con pesar el estado en el que aún estaba su amiga.

— No me digas —se cruzó de brazos, concentrado ahora en la rubia, que parecía inmersa en sus pensamientos, como si tramase algo—. ¿Y a quien te le abalanzaste?

— Preguntas como si hubiera alguien mejor que Albus —comentó Alyssa, mirándolo despectivamente.

Greg casi se atraganta con su propia saliva ante la respuesta. Orion se la quedó viendo igual, pero ahora con sus ojos destilando maldosidad.

— Quién diría que el pequeño Potter tiene tan buena racha con las chicas —observó Greg—. Primero Ailis y ahora tú.

— Alyssa…

— Alyssa nada, Heather —le calló, completamente descolocada. Greg realmente no la reconocía. Siendo tan pequeña y callada, nunca se imaginó verla así—. Es más, me largo ya mismo de aquí. Iré a ver si alcanzó a Albus. Tal vez y este aquí en la enfermería. Epa, déjame ir —exclamó Aly, en cuanto Nyx trató de retenerla.

Greg se le sumó, para ayudarla a que no hiciera alguna otra estupidez. Alyssa se calmó, al darse cuenta que no podía ganarle a alguien del tamaño de él.

— Ode, Aly —llamó Orion, a lo que el trío volteó—. ¿Sabiad que Albus ed mi companedo de cuato?

— ¿¡En serio, Orion!? —Chilló con emoción, dejándolos casi sordos— ¿Tienes algo de él que puedas regalarme?

— ¡Alyssa!

— ¡Orion basta!

Hablaron a la vez Greg y Nyx, ante el comportamiento errático de aquellos dos. La rubia se cruzó de brazos, bufando ante el hecho que no le dejaban estar con Albus. Greg por su parte, se volvió a sentar a un lado de Orion, desaprobando su comportamiento con la mirada.

— A veces me cuestiono cómo es que tú y yo podemos ser amigos.

— Lo midmo me pegunto —expresó Orion de igual manera.

Algo despertó en la mente de Greg. Levantándose de súbito, tomando su cámara mágica y señalando a su amigo.

— Me doy cuenta que a ti no te he tomado foto para el recordatorio de este fantabuloso día de bromas.

— No te atevas —amenazó, antes de que el flash saliera de la cámara, anunciando que había sido tarde para las advertencias.

— Hermoso —agregó Greg, sonriendo ante el resultado y notándose en como las orillas de sus ojos se arrugaban cuando lo hacía en grande, brillando con diversión el azul de éstos, tal y como lo hacían la mayor parte del tiempo.

En definitiva, no olvidaría este día por lo que le restase de vida. Y tampoco haría que se le olvidase a Orion, por lo que le restase de su vida.


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Querido tío Fred:

¡Hoy fue un muy excelente día! ¿Lo sabes no? Bueno, en realidad apuesto la mesada que me dan a que estabas maravillado y con una gran sonrisa llena de orgullo mientras observabas nuestra “pequeña” broma. Todo salió tal y como lo habíamos planeado, a pesar de solo elaborarlo en un día, pero creo que tu bien sabes que las mentes brillantes trabajan más rápido que las ordinarias.

Queríamos pasarla bien, y creo que eso nunca ha sido un pecado, al menos no del todo. Pero bueno, no puedo culpar el que la mayoría de todos aquí en Hogwarts tengan una definición completamente diferente a la que tengo yo sobre “pasarla bien”. Como si no me hubiese llevado ya varias reprimendas de parte de los maestros y hasta de mis padres por aquello; los adultos son tan aburridos cuando quieren.

Pero en fin, todo iba viento en popa, y quiero pensar que habrás disfrutado la ocasión de ver a muchos alterados vomitando, unos cuantos desmayados, otros convertidos en grandes canarios y los más divertidos: “los locos de amor”. Nunca creí llegar a ver a tantas personas con lenguas de un tamaño astral. Nadie salió ileso, eso sí puedo asegurarlo. Aunque muchos a diferencia mía lo habían llamado “pesadilla”, ¿podrás creer eso? La gente hoy día se toma las cosas muy a pecho para mi gusto.

Pero como sabemos, todo lo bueno siempre viene acompañado de algo malo, que para mí viene siendo un castigo. La directora McGonagall nos restó 80 puntos, por cada uno, a nuestra casa. Si me dejas opinar, a mí me resulta un castigo muy elevado, siendo que ella estuvo en la misma casa, pero creo que esa clase de métodos por un mal comportamiento lo viene imponiendo desde que tú y todos mis tíos (incluyendo a papa) estudiaban aquí. Así que realmente espero que recuperen esos puntos nuestra casa en los partidos de Quidditch.

Sé que es mi culpa, aunque también un poco de Roxanne ¿pero qué puedo hacer yo para cambiar eso? No es como si una criatura gigante, séase un troll de montaña o acromántula, llegara a la escuela y me le enfrentara para revelar mi heroísmo y ser premiado por eso. Tan buena suerte no me cargo y el resultado más probable sería el que yo termine devorado por esa araña patuda o aplastado por el gigante maso del troll. Y aquí entre nos, aun aprecio lo suficiente mi vida como para hacer tal locura.

Sé que tal vez todos mis primos nos guarden un poco de rencor a Roxy y a mí por haberlos echo pasar “semejante atrocidad”, como escuche que decía una chica de Ravenclaw. ¿Aunque te puedo ser honesto? No me retracto de nada, y realmente tengo mi consciencia limpia a pesar de las consecuencias que podrían venirme tras lo sucedido. Mama dice que aquello ya es descaro de mi parte y que debo bajarle a mi alma libre, además de que papa menciona que deje de revelarme tanto y asumir las responsabilidades de mis actos. Padres… ¡¿Quién les entiende?! Un minuto te echan una plática sobre que sigas a tu corazón y hagas lo que quieres hacer y seas tú mismo, y después una charla de más de media hora sobre lo que debes y tienes que hacer en realidad.

De cierta forma, siempre me pregunto si así eran como tú y el tío George hacían bromas, y espero realmente que donde sea que estés te sientas orgullosos de los sobrinos que tienes. Y no me refiero solo a Roxanne y a mí, después de todo, cada miembro del clan Weasley tiene lo suyo.

Y bien, esa es la historia nueva que tenía por platicar. Te escribiré de nuevo para cuando suceda un acontecimiento parecido o cuando sienta que necesito platicar con alguien, sabiendo de más que siempre me escuchas. Buenas noches tío Fred.


Con cariño, Louis.



Puso la pluma a un lado del diario en cuanto termino el relato, teniendo en su rostro una sonrisa melancólica.

Siempre había querido conocer en persona a su tío Fred, tras la cantidad de historias que les contaban sus abuelos y tíos, sobre todo George, ya que sin lugar a dudas, Louis se sentía muy identificado con los gemelos. Así que el hábito de escribirle a su difunto tío la adquirió desde hace un año. Tras su ruptura con Skyler. Queriendo desahogarse, pero sin dejar en evidencia su dolor a alguien que se lo recordara todos los días.

Le escribía al tío Fred cada que pasaba algún acontecimiento importante, como algún cumpleaños; cuando le iba milagrosamente bien en algún examen; o cuando hacía una de sus travesuras. Y si no pasaba alguna de esas cosas, simplemente le escribía para contarle sobre cómo se sentía.

— ¿El pequeño se encuentra pensativo? —alzó la vista para ver a Katrina parada en el umbral de la puerta de su habitación. Portaba una sonrisa que no sabía cómo interpretar, y a sabiendas habría que decir que aún no se había dado una “reconciliación” entre ambos.

Ella se mantenía reacia a dar su brazo a torcer porque realmente no creía importante lo sucedido, o el disculparse por lanzarle aquel petrificus totallus que lo había dejado tendido sobre el piso como una piedra e imposibilitado de decir palabra alguna antes las risas de los demás por verlo en aquel estado. Y bueno, habría que decir que Louis era demasiado terco y orgulloso como para ceder, siendo aquello uno de los factores para que se alargaran los periodos de ausencia entre los dos.

— Más que pensar, meditar —guardó su diario en el cajón de la mesita de noche a un lado de su cama—. ¿A qué se debe tu visita, Treena? —le interrogó cruzado de brazos y recargándose ligeramente en un pilar que sostenía la parte de arriba de su cama.

— ¿Estás de mal humor? ¿Conmigo? ¿En serio, Louis?

— No, es solo que…

— Yo creo que deberíamos decir que quedamos a mano tras el dejarte petrificado, ¿no crees?

— ¿A mano dices?

— Bueno… disculpa el haberte petrificado, Lou, pero no te hagas el amnésico que gracias a ti me pase un buen rato con vómitos —le recordó apuntándole con su dedo índice y sacándole una sonrisa a Louis, porque de cierta forma si había extrañado la compañía de Katrina en estas dos semanas que se la habían pasado ignorándose en espera de ver quién de los dos se rendía primero para dar sus disculpas.

— De acuerdo, estás disculpada, Treena —hizo saber sonriéndole con diversión al ver la cara de pocos amigos que puso tras nombrar aquel desagradable apodo—. Ahora, ¿qué tal si me ayudas a hacer un recuento de los daños causados por mi hazaña?


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Era la mañana del día sábado y se notaba en como los alumnos exhalaban de alivio ante que los fines de semana no habrían clases. Aunque eso no les exoneraba de las tareas para la semana entrante. Había sido una semana cansada. Peor aún el día anterior con la broma que hicieron Louis y Roxanne.

Troian aun sentía el sabor de aquel bombón desmayo que se vio en la necesidad de comer.

Después de que Keith la llevó a la enfermería para que le ayudasen. Mucho más tarde, cuando él también ya estaba lúcido, con todos los efectos del filtro de amor fuera de su organismo, se disculparon el uno al otro, estando ya en la Sala Común de Hufflepuff. Keith por la vergüenza que sintió al enterarse lo que le sucedió. Y Troian porque no podía perdonarse el haber preferido desmayarse que seguir lidiando con su amigo. Creyó que había sido muy egoísta de su parte, así que tal vez y en la noche anterior se disculpó más de la cuenta con el chico.

Estaba en posición de mariposa sobre su cama, tratando de organizar dentro de su mente su fin de semana. Porque luego se le iba como una ráfaga de viento y nunca hacía nada productivo. Le gustaba adelantar trabajos, o leer cosas que vendrían más adelante con respecto a sus materias. Hasta que su radar captara otra cosa con la cual distraerse mejor.

Era cerca de medio día y no sabía en qué ocupar su tiempo. Todas sus compañeras de habitación: Henrietta, Sam y Thea; no estaban, y bufó ante ello. De pronto, la idea de ir a la biblioteca para leer algo le pareció lo suficiente como para entretenerse. Cogió la primera bufanda que encontró y salió por el hoyo que dirigía a las habitaciones de las chicas. Justo el momento en el que su prima venía entrando a la Sala Común.

Recordó lo sucedido el día anterior y su segunda reacción fue ir directo con la recién llegada.

— Debemos hablar —impuso con autoridad, posicionándose enfrente de Sam.

— ¿De qué si se puede saber? —Sam le dedicó una sonrisa torcida, dejando su chamarra en el sofá.

— De Louis por supuesto —sentenció, mirándola con seriedad.

El semblante de Samantha cambio por completo, poniendo una mueca de incomodidad, que siempre hacía cuando el tema de Louis volvía a resurgir.

— No tenemos nada de qué hablar sobre Louis.

— Oh, claro que sí.

— ¡Troian!

— ¡Samantha! —chilló, copiando la actitud infantil de su prima.

— Ese tema dejó de ser relevante desde hace un año —le recordó Sam, con la molestia completamente palpable en su voz.

— Y lo era, hasta que pasó lo del desayuno de ayer —reiteró Troian. Su prima bufó ante su insistencia, y le siguió el paso hasta sentarse ambas en el piso alfombrado, frente a frente.

— No pasó nada en el desayuno, así que tema olvidado.

— Sí, sí que pasó algo, Samantha Skyler —le señaló con el dedo índice, el cual su prima apartó de un manotazo—. Después que comiste aquel caramelo de la verdad y soltaste que aun extrañabas a Louis.

Las facciones de Sam se relajaron, pero solo para terminar en una mueca triste. Los ojos ya no chisporroteaban de molestia o enojo, sino que tenían un pequeño halo de melancolía que Troian al fin notó. Uno que tal vez y Samantha no sabía que tenía.

— No lo extraño, ¿vale?

— Sky… —empezó, porque sabía que no aceptaría que tenía razón.

— Fue solo un impulso, Troian, solamente eso, ¿vale? No es como si dijese la verdad.

— Skyler, comiste un caramelo de la verdad. ¿El nombre te dice algo?

— No uses la lógica conmigo —ahora era ella quien le señalaba con el índice a Troian.

Ella entornó una risa tierna, porque no había caso con su prima. Era demasiado cabezota como para aceptar que aquello era aún verdad, y porque era de aquellas personas que no daban marcha atrás a lo que decían.

Lo único que esperaba, era que para cuando Samantha se chocara con la realidad, no fuese demasiado tarde.

— Me rindo, sigue viviendo en tu burbuja, Skyler —se levantó de la alfombra y se acomodó su bufanda.

— No es una burbuja, es la realidad —le aseguró su prima, cruzándose de brazos—. ¿Y a dónde vas?

— Por ahí —Le sopló en el rostro como despedida y se encamino al hoyo de la salida de las mazmorras.

— Eh, Troian…

— Si dime.

— ¿Nada de esto a nadie verdad?

— Como osas desconfiar de mí si soy la mejor prima del mundo —siseó, colocando una mano en su corazón para dramatizar—. Te preocuparas más por Dante, a ver si no es el quien parlotea sobre el tema con alguien más.


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Bitácora de daños tras la mejor hazaña de este sexto curso. Por Louis Weasley.

1. Afectados por filtros de amor (me encanta esta lista, aunque creo que es muy extensa): Shia de Roxanne (¿puedo mencionar lo divertido que resultó ver eso? No, ups). Vayamos por orden de casas. Tenemos a Austin de Gen (la pobre también termino flechada por Brendan, y desmayada al final del todo, sí, Fred me terminó regañando mucho por eso). Peter de Gwyneth, Keith de Troian, Faelle de Fred (creo que a Fred le iba a dar un colapso ahí mismo), Siri de Dyer (uhg, lo detesto, me sentí mal por Siri, y también por Taylinne). Cordelia de Jake, Oliver de Circe. Leander de Adamaris. Nate de Jenna (hubiera pagado por ver a Nate en ese momento jajaja). Hugo de Faith (ya saben todos qué opino), Alyssa de Albus (creo que solo me arrepiento de este), Lily del galán del año (¿sienten el sarcasmo?), Conall. Paige de Byron, Amira de Wyatt (Dominique también de su querido amigo, vaya, ya me imagino con que hará que se lo pague). Pea de Greg, Koanu de Skyler (sin comentarios) y Wentworth de Prudence. Oh, y Dante de Nyx, igual que Lysander de ella.

2. Por pastillas vomitivas: Theresa, Katrina (te quiero amiga, aunque no negare que me divertí con eso), Brendan, Dentlev, Bruno. Louis y Roxanne (bueno, eran para cubrirnos, pero aun así no fue una linda experiencia).

3. Por galletas canarios: Faith (Albus me odia por esto), Bambie, Amos, Hettie, Prudence, Pimpernel, Cyril.

4. Caramelos longuilinguos: Gwyneth, Lorcan, Lei, Rose (lo siento mucho primita), Adrien, Hydra, Orion, Jarek. Nota: Louis, deja de escribir tus pensamientos, es solo una lista (cortesía de Katrina).

5. Bombones desmayo: Troian (que sepan que ella sola comió con propósito aquel bombón, así que culpa mía no fue, del todo no al menos), Gen, Ailis, James (jajajaja), Zeus, Mars, Frank, Rowena, Declan, Malie, Anguis, Dyer (¿soy malo por haber gozado mucho de este último?).

6. Caramelos de la verdad: Skyler, Caden, Helena, Ada, Nyx, Alyssum. Nota: me pregunto si entre ellos se causó algún problema.

7. Sin secuelas ya que los aguafiestas no se comieron nada: Gregory, Wyatt, Jenna, Albus, Scorpious, Perseus. Byron, Charlie, Lucy, Molly, Circe, Willow, Adamaris, Jake, Vladimir, Alastor. Fred, Pressya, Conall, Alice. Isis, Spencer, Finn, Thea. ¿Ven? No todo fue tan horripilante como…



— ¡Louis! Era solo una lista —le arrebató Kat el pergamino, sin dejarle terminar de escribir—. No para que escribieras cuanto disfrutaste de todo tu jueguito —su mejor amiga lo veía con ojos chispeantes, llenos de irritación.

Sonrió. Había extrañado esos ojos irritados. Sentía que las cosas ya volvían a la normalidad, y aquello hacía que su escala de felicidad aumentara unos niveles.

— Mi bitácora —empezó, arrancándole el pergamino de sus manos, recibiendo una exclamación como queja—. Mis pensamientos.

— ¿Ya te pusiste a pensar en lo que se te vendrá encima por todo esto? —Kat señaló al pergamino para después darle un zape— ¿Qué no viste las miradas nada sutiles de todos durante las clases de ayer? Te odian, tenlo por seguro.

— Por supuesto que lo hice, Treena. Me siento bien sabiendo que aun te preocupas por mí. A pesar que me habías cambiado por Declan para la clase de Pociones del jueves.

— ¡Que estábamos peleados!

— Estábamos, tú lo dijiste. Tiempo pasado.

— ¿Cómo te enteraste? A todo esto —soltó, viéndole con ojos acusatorios, porque ya lo conocía.

— Treena, ¿Cuándo entenderás que Louis Weasley Delacour se entera de todo? —Corroboró, con una sonrisa de lado— Y por todo, me refiero a todo. Además, se lo que sea que planeen en mi contra, me da igual.

— Sorpresa, sorpresa —captó el sarcasmo en el tono de Katrina, y blanqueó los ojos, porque odiaba cuando hacia eso.

— Estoy feliz, y nada hará que eso cambie —sentenció con su brazo sobre los hombros de su mejor amiga, comenzando a sentir en el centro de su cuerpo como crecía la esperanza de que todo sería mejor de ahora en adelante.

Y con la idea de que los malos recuerdos se irían drenando de su mente, desapareciendo por completo cuando menos se lo esperase, junto con la pequeña tristeza que aún quedaba en su corazón.

Porque al menos le quedaba la esperanza de ello.
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TERCERA PARTE

Mensaje por Asclepio. el Vie 30 Dic 2016, 1:40 am

Capítulo 011, parte 3
Troian Lamassoure, Louis Weasley, Gregory Stuyvesant, Alyssa Decont, Amira Ebonywood, Fred Weasley        ➡ Finnellark.



Tal vez podría encontrar algo en la biblioteca que le ayudara son su tarea para Historia de la Magia. Aun se preguntaba cómo era que no se quedaba dormida durante esas clases, o como es que seguía cursando la materia. No prestaba la atención debida, ya sea por su tendencia a distraerse hasta con el color de la madera en el suelo, o porque se le hacía aburrido. Pero igual era como si en los exámenes viniera a su mente todo lo visto.

Agradecía aquello, aunque se sentía mal por el profesor Binns y al hecho de que su voz entraba por un oído y le salía por el otro.

En vez de tomar un libro sobre Historia de la Magia, cogió uno para Herbología. No la podían culpar porque amara las plantas y le fuera de maravilla en la materia.

Se sentó en el piso, recargada en uno de los estantes. Que cualquiera que pasara a su lado tal vez y ni llegaría a notarla siendo tan pequeña.

— Te lo digo hombre. Tú confía en mi palabra —escuchó a sus espaldas la voz de Dyer. No hizo caso y siguió con su lectura sobre las diferentes plantas que existían, y los remedios que podían conseguirse gracias a ellas.

— No lo sé, Dyer. No creo que sea buena idea hacer la prueba para el equipo.

Se quedó estática al reconocer la voz de Brendan. Su cuerpo reaccionó de inmediato, poniéndose rígidos todos sus músculos y como si su garganta se hubiera cerrado. Pero podía jurar que escuchó un grito de ella dentro de su mente.

Normal siendo que le pasaba siempre que se topaba a Brendan. Excepto cuando iba acompañada de sus amigas, porque ellas sabían “entretenerla” para que no flipara de los nervios. Tenía que esforzarse al doble para que sus ojos no se clavaran en él. En sus lindos ojos azules, en lo tierna que le resultaba su mirada, en el rubio de su cabello y en su sonrisa tan roba aliento.

Porque así era desde finales del cuarto curso. Babeando por Brendan Decont, y éste privado de todo eso.

— Caray, Brendan. A veces se me olvida lo inseguro que te me pones —hubo un par de segundos de silencio, pero seguían aun las voces detrás de ella. En el pasillo de junto. Agradecía que no la vieran aun—. Piensa que así tal vez y ella te voltee a ver.

— Creo que sería más fácil si voy y le hablo directamente —refutó Brendan.

— Pero no lo has hecho.

— Lo haré muy pronto.

— Claro, y de paso le dices que no dejas de pensar en ella.

Escuchaba como sus latidos retumbaban en sus oídos. Inmersa en el silencio, tratando de que no la notasen. No ahora que podía saber más sobre Brendan.

— No llegaré y le diré “oye, fíjate que no dejó de pensar en ti desde las vacaciones de primavera”. ¿Y si la espanto?

— Sabremos si valió el riesgo.

— Das asco con los consejos, Dyer.

— No, pequeño Brendan. Soy tu mejor opción para consejos de este tema. Así que te quede esto en tu pequeña cabeza: haz la prueba, queda, y veras que te darás a notar más de lo normal.

Lo siguiente que escuchó fueron pasos alejándose y el silencio volviendo a situarse en la habitación. Sacó todo el aire que contuvo, junto con sus nervios y la sensación que le daba cuando Brendan estaba cerca.

Luego recordó la conversación que espió, y su emoción empezó a disminuir lentamente.

Porque Troian pensó que la chica de la que hablaban. De aquella por la que cual Brendan no dejaba de pensar desde las vacaciones de primavera. Era nada más y nada menos que Journey Garland, quien casualmente era una de sus mejores amigas. Y con quien Brendan tuvo algo que ver volviendo de las vacaciones de primavera del curso pasado.

« ¿A quién quiero engañar? No la ha olvidado. »

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Aguamenti.

El agua fría le obligó a retirarse de sus tranquilos sueños. Estaba empapado, por completo. Y hasta deducía que tanto sus sabanas como el colchón también lo estaban. Empezó a tiritar del frío mientras buscaba al agresor, y se encontró a Hugo, de pie a lado de la puerta del dormitorio. Completamente tranquilo mientras soplaba a la punta de su varita, como si nada hubiese pasado.

— Se supone que está prohibido usar la varita en contra de tus compañeros, a no ser que estemos en clase de Defensa —acusó Louis levantándose y buscando algo con que secarse—. Y me temo que no estamos en la clase del profesor Hurican.

— Se supone, Lou. Ciertamente verte dormido aburre demasiado, así que quise entretenerme un poco.

— ¿Qué hay de Conall o Lysander?

— Date cuenta de algo, ellos ya no están. Tú eres el único que sigue echado en la cama.

— ¡Es domingo! ¿Piensas que iba a madrugar?

— No, no esperaba eso. Aunque eso sí pudiste hacerlo el viernes para tu bromita.

— Y fue todo un espectáculo —añadió Louis sonriendo, antes de que Hugo le aventara su ropa a la cara—. Eh, fue suficiente con el agua, gracias.

— Date prisa, holgazán. Vamos tarde para ir a ver a Fred con lo de la prueba —informó su primo antes de darse la vuelta—. Oh, y no me hagas volver por ti, Lou. No querrás otro baño de agua fría.

— ¡Me alegro que seamos familia!

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Domingo. Fin de semana. No había necesidad de llevar puesto el uniforme. No había que asistir a las clases, y lo mejor de todo: no tenía deberes por hacer.

Bueno, si los había. Y Gregory tal vez y debería de estar ocupando el tiempo libre que tiene en terminar sus tareas. Lo haría, de no ser porque le funcionaba magníficamente el método de hacerlo todo al último momento. Sintiendo la adrenalina correr por sus venas mientras movía con rapidez la pluma, escribiendo sobre algún pergamino y regañándose por ser tan flojo.

¿Pero qué decir de alguien como Greg? Que prefería pasar todo lo que pudiese de su tiempo captando la esencia de la vida mediante su cámara. Atrapando momentos aquí y allá. Siendo varias veces una molestia para los demás.

Pero que para él valía la pena congelar ese momento.

Vio al final del pasillo a quien había estado buscando desde hace ratos platicando animadamente. E inconscientemente a Greg se le pintó una sonrisa.

— Oye, Prudence.

— Oh, eres tú, Greg —comentó con desdén, alejándose un poco de Nate para ver qué le diría el rubio.

— No lo digas como si no estuvieras feliz de verme, porque ambos sabemos que lo estás, pero descuida que tu secreto está guardado conmigo —le aseguró con una de sus sonrisas arrogantes que siempre le irritaban a la castaña.

— ¿Ibas a decirme algo o ya me puedo marchar? —Greg borró su sonrisa ante el tono seco de ella y se decidió por mostrarle la fotografía.

Esa chica sí que sabía cómo acabarle su buen humor con un par de palabras cortantes.

— A que no te habías imaginado como te verías siendo un pajarraco gigante —empezó en tono burlón, logrando el efecto que deseaba: Prudence borro su ceño fruncido en una mueca con más seriedad al recordar lo del desayuno—. Pero si tu imaginación no es tan grande, te puedo mostrar con mucho gusto.

Le mostró una fotografía, que había tomado con su cámara mágica, donde la castaña salía convertida en un gran pájaro lleno de plumas por doquier, el cual aleteaba sus alas en un modo desesperado por lo que pasaba.

— Te ves más linda como un pájaro, ¿lo sabías? —recibió una mirada fulminante de la oji verde respondiéndosela con una llena de burla— Aunque hubiese sido mejor si Wentworth no estuviera en la escena embelesado por tus plumas. Fue muy chistoso sabes, el verte llena de plumas, con un pico gigante y a nuestro compañero obsesionado hasta por arrancarte una pluma para tenerla como recuerdo.

— Quiero que elimines esa fotografía y la destruyas para siempre, Gregory —le divirtió lo demandante que se había puesto su compañera de curso, pero trato de no reírse de toda esta situación.

— ¿Pero por qué? Si sales divina —aseguró como un galán, pero logrando que en vez de que se riera la chica lo viera con unos ojos que daban a entender que quería lanzarse un avada kedavra ahí mismo—. Prudence no la voy a borrar solo porque tú no quieres verla, ¿de acuerdo? —le hizo saber en tono serio, dejando a un lado su buen humor y guardando su cámara y la fotografía en su mochila.

— Que ganas las tuyas de irritar siempre, Greg.

— Oh, querida, realmente no has visto de lo que soy capaz completamente —dijo en un tono que dejaba entrever algunas malas intenciones y se fue del pasillo para buscar a Pea. Y de paso a Nyx, sabiendo que las encontraría juntas.

Quería mostrarle a ambas las fotografías que había tomado de todo el acontecimiento. Especialmente aquellas donde salían las dos sufriendo los efectos de la broma.

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— Alyssa —le llamó cuando al fin la encontró. Sin embargo, parecía o como si la rubia no le hubiese escuchado o como si le estuviera evadiendo.

« No, ella jamás me evadiría» se autorespondió Louis, sin creer que tal vez y su amiga sencillamente no quería verle.

— ¡Hey rubia! —Nada. Alyssa seguía con su paso firme aunque lento, como si pensara dos veces el seguir ignorándolo— ¡Greengrass, a ti te hablo! —vio que se detuvo, así que corrió hasta ella antes de que se le ocurriera nuevamente huirle.

— Si dime.

— ¿Si dime? ¿Solo eso me dirás después de que me estuviste evadiendo todo este tiempo? El único lugar que me faltaba por hurgar para dar contigo era tal vez el baño de mujeres —se quejó, cual niño reprochando.

— No sé de qué me estás hablando, Lou. Es la primera vez que hablamos desde lo de la broma del desayuno —comentó la rubia, haciéndose la desentendida.

— Exactamente mi pequeña amiga. ¿Y porque es la primera vez que hablamos desde entonces? —recibió una negación con la cabeza a modo de respuesta y simplemente soltó un suspiro, porque conocía a Alyssa y sabía que ella jamás aceptaría estar molesta con alguien.

Se la quedó mirando, incitándola a que podía hablar, y que podía confiar en él, como los buenos amigos que eran desde hace tiempo. Alyssa evadía verlo a los ojos, una porque nunca fue buena con aquello del contacto visual, y otra de las razones era que si empezaba a platicarle a Louis el porqué, terminaría confesando todo, hasta aquello que siempre trató de ocultar.

— Alyssa…

— No pasa nada, Lou. Todo está bien, es solo que… nada —le aseguró, para que se evadiera el tema. Cosa que a veces le salía bien cuando se comenzaba a sentir incomoda al hablar de sus sentimientos.

Pero se trataba de Louis, y él era de esas personas que seguían escarbando en una situación, hasta donde no había razón, para hallar la verdad.

— Vamos, puedes decírmelo. Es más, creí que me tenías confianza —agregó como si se estuviera quejando, lo cual de cierta forma hacía.

— Lo hago, es solo que… no importa, ¿vale?

— Estas molesta conmigo por lo sucedido en el desayuno y que sientas que te hayas humillado frente a mi primo, lo entiendo —dijo Louis sin tapujos, adivinando el porqué del comportamiento de la oji verde.

Pero no era molestia lo que Alyssa sentía. Bueno, al menos no para con Louis, siendo que difícilmente se molestaba con alguien. Más que nada, la molestia era consigo misma, por haberse humillado frente a Albus.

Si alguna vez tuvo la mínima esperanza de que pasaría algo entre ambos, aquello ya no lo creía después del episodio de ella vuelta loca de amor. No razonaba en su momento lo que hacía, pero había pasado, y aquello jamás lo olvidaría. Y sabía que Albus tampoco lo haría.

— Lo siento, Aly —elevó la mirada para ver a Louis a los ojos y sintió aquella disculpa llena de sinceridad—. Sé que no debí haber hecho lo de la broma y no pensé muy bien a quienes terminaría afectando. Y me siento mal, porque tú saliste perjudicada.

— Está bien, Lou. No estoy enojada contigo si eso es lo que piensas. Es solo que…

— ¿Es solo que qué, Alyssa? Vamos, dime.

— Nada, es solo que hubiera preferido que fuera alguien más y no Albus de quien me viera afectada por la poción de amor, y… —se calló, al darse cuenta que hablaba de más.

— ¿Y qué Alyssa? —Volvió a insistir Louis— ¿Por qué te preocupa tanto que haya sido de Albus y no de alguien más?

— No es nada, Louis, olvídalo.

— ¿Te cae mal mi primo, es eso?

— No, no es eso.

— ¿Te gusta entonces, es eso? —dio la opción riéndose, porque no creía aquello y solo lo había sugerido para molestarla.

Al no recibir respuesta, dejó la risa de lado y se puso serio. Vio a su amiga y enseguida empezó a unir los puntos, hallando el sentido de todo. De que Alyssa se sintiera mal posiblemente consigo misma porque paso vergüenza frente a quien le gustaba. Y esa persona había resultado ser nada más y nada menos que Albus.

— Bueno, supongo que algún día lo sabrías —comentó la rubia algo cohibida y sonriendo con pena.

— ¿De Albus, en serio? ¿Por qué no me habías dicho nada?

— Porque no era importante, ¿sí? —respondió algo cansada, porque ya no quería hablar ni pensar en eso.

Louis no comentó más nada. Porque no sabía que más decir, o al menos algo que ayudara a su amiga a ya no sentirse tan mal. Y se sintió mal por eso, porque ahora sabía el porqué de que no haya querido verlo desde lo de la broma: gracias a él, se había puesto en evidencia frente a Albus, cuando lo más probable era que no quería que se supiese.

— Lo siento, Aly —dijo sin más. Aun sin poder creerse que gustase de su primo.

— Bueno, de todas formas da igual. Él tiene novia, a la cual quiere mucho y jamás se fijaría en mí, la chica tímida del montón que nunca tuvo las agallas para hablarle, pero que en un arranque de locura terminó en su espalda pidiéndole un beso.

Y ahora se sentía molesto por el tema, y porque Alyssa se menospreciaba sin siquiera pensarlo. Louis no quería decirle nada sobre su primo y de que no valía la pena el sentirse mal por alguien que no te tomaba en cuenta; porque se trataba de Albus, y le quería, y sabía que era un gran chico, así que no podía decir comentarios negativos solo porque ella había tenido la mala suerte de haberse fijado en él.

De cierta forma se sintió familiarizado con la situación. Porque eso le sucedía con Skyler. Eran diferentes los escenarios por supuesto, porque Albus ni enterado estaba de lo que pasaba, mientras que Skyler había echado de su vida a Louis desde que terminaron y se resistía a ceder; al final de día, algo que si les pasaba por igual a Louis y a Alyssa era que pasaban ignorados.

— ¿Sabes Aly? Creo que tú y yo juntos podremos superar a quien sea —le comunicó con aliento, rodeando los hombros de su amiga con un brazo y empezando a caminar.

— Estás loco, Louis.

— Oh vamos, al menos debemos intentarlo, ¿no? —rogó, sonriéndole con encanto para que confiara en él.

— Bueno —aceptó Alyssa al final, devolviendo la sonrisa—. Por cierto, ¿te has disculpado con cada uno de los afectados así como lo hiciste conmigo? —inquirió ahora con diversión.

— No, que va —contestó, restándole importancia como siempre—. De hecho, solo contigo me he disculpado —admitió, dándose cuenta de aquello, y sonriendo inconscientemente hacia su amiga—. Ahora, pequeña, vamos al campo a ver como Fred destroza a todos en la prueba.

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— Y aquí sales tú, Pea, como una total maniática.

La rubia tomó entre sus manos la fotografía. Salía ella estirando sus brazos hacia la lente de la cámara portando una gran sonrisa y con unos ojos llenos de ese brillo característico de alguien enfermo de amor mientras perseguía como una loca obsesionada a Gregory por todo el comedor como resultado de haber comido un pedazo de pastel de chocolate, que él le había servido, inyectado con filtro de amor. Greg sabía que su amiga jamás olvidaría aquel embarazoso momento, así como él jamás olvidaría haberse visto perseguido como si fuese una carnada, que sutilmente ya había etiquetado y guardado dentro de su colección de “momentos embarazosamente graciosos” para sacarlos a la luz cada que la ocasión lo ameritara. Que si fuera por cuenta propia, sería a diario.

— ¿No te cansas de fastidiar la existencia de las personas, verdad? —comentó Pea con sarcasmo, dándole una mirada de reproche antes de seguir viendo las demás fotografías.

Se encontraban en el lago, pasando el rato lejos de los compañeros. Respirando un poco de aire fresco, algo de tranquilidad.

— Obviamente no, mi estimada amiga —concordó Gregory, con su usual arrogancia desbordante. Detuvo su mirada azulina sobre Nyx, quien al igual que su mejor amiga, observaba las fotografías en silencio—. Mira, Nyx, para que veas que tampoco me olvide de ti —le tendió una de las instantáneas que capturó con una cámara muggle, en donde salía la castaña arrastrando a una Alyssa descolocada.

Una pequeña risa salió de los labios de Nyx, cosa que le agradó a Greg.

Desde la escena en la enfermería, veía con otros ojos a esa chica de Gryffindor. Ya no le resultaba alguien sobreestimado, según conclusiones suyas ante toda la letanía que Wyatt le echaba sobre ella. Ahora, ya tratándola, le parecía una persona que se llevaba con medio mundo, y que aun así se daba tiempo para ser esa amiga que necesites con su gente cercana. Así que al menos quería considerar que ya tenía una amiga de la casa del león en su colección por atesorar.

— Son estas ocasiones en las que me cuestiono porque los maleficios están prohibidos —confesó Pea viéndolo.

— ¿Porqué? ¿Me lanzarías uno ahora? —cuestionó Greg con sarcasmo. Retando a su amiga con la mirada.

— Oh, eso y mucho más.

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— Eres muy exasperante, ¿te lo han dicho ya?

— Y tu una fría malévola, ¿te lo han dicho ya? —Contraatacó Spencer con su ya sutil tono sarcástico.

— Tantas veces que lo tengo como un lema en el techo de mi habitación —se mofó Amira, sonriéndole con descaro, para molestarlo, tal y como él hacía con ella siempre que se topaban.

— Tan petulante como siempre.

— Gracias.

— No era un cumplido.

— Lo sé —añadió, sonriendo con satisfacción cuando el castaño blanqueo los ojos.

— ¿Y a donde ibas con tanta rapidez que casi me llevas entre las patas? —Interrogó Spencer ahora de brazos cruzados. Amira elevó una ceja, porque le sorprendía el que le preguntara algo, por mera curiosidad, y no por ser sarcástico o irónico.

— ¿Ahora me preguntas algo personal?

— Oh vamos, fue solo una pregunta y no tiene nada de personal. Ni que te preguntara por el peor día de tu vida —comentó Spencer restándole importancia.

— ¿Se te acabaron los insultos chico tejón?

— ¿Chico tejón? ¿Pero qué…? ¿Sabes? Solo olvídalo, tienes razón, tu vida y lo que hagas me es indiferente —aseguró con firmeza y dio la vuelta para retirarse del lugar.

— ¡Bien! Iba rápido porque iré a hacer la prueba para quedar en el equipo de Quidditch —confesó con algo de incomodidad, porque solo sus dos mejores amigos (y valga decir que los únicos de todo Hogwarts), Hydra y Adrien, sabían del tema. Y Brendan claro, pero a él prefería no tomarlo en cuenta. Así que hacérselo saber a Spencer no le agradaba mucho.

Una de las razones era que si no le comentaba a nadie más, no le daría más importancia al hecho de entrar al equipo, y la otra razón, era que se trataba de Spencer. El chico tejón, con quien siempre se peleaba y discutía cada que cruzaban palabra alguna. Aunque ahorita que lo tenía enfrente podía decir que de cierta manera había extrañado durante sus vacaciones estos encuentros casuales de discutir y ver quien irritaba más al otro.

Se preguntaba si igual Spencer había extrañado eso.

« No, espera un segundo, Amira, tu no estas preguntando eso, porque sencillamente no te importa si el chico tejón extrañó o no el gruñirte. » se recordó a sí misma, aun esperando para ver con que la atacaba ahora.

— ¿En serio? ¿Tú, Amira, harás la prueba para entrar al equipo de tu casa? Já, que buen chiste.

— Sabía que no podías tomarte algo con seriedad.

— Oh vamos, es que es por demás gracioso. Pero ya en serio, poniéndonos serios —le fue inevitable para Amira reírse por lo estúpido que había sonado eso último. Y valga añadir que ella nunca se reía, al menos que fuera para burlarse de alguien—. ¿Es verdad lo que me dices?

— Vamos, Hufflepuff, yo no miento —se defendió, recibiendo una mirada de “engaña a alguien más con eso”—. Bueno, no siempre, pero esto no es una mentira.

— ¿Y por qué?

— ¿Por que qué, chico tejón?

— Porque quieres entrar al equipo —preguntó de nuevo, molesto por el nuevo apodo.

— No sé. Hay puestos libres y me pareció interesante el por primera vez ocupar algo de mi tiempo en algo que no sea hacer infelices a los demás.

— Te creo eso.

— No soy tan cruel como tú piensas, Spenc.

— Oh vamos, tú y tu amiguísima  Hydra se vengaron de Roxanne por lo de la broma del desayuno.

— Nuestra pequeña venganza tuvo buenos fundamentos para llevarse a cabo. Y no se compara en nada a lo que sufrimos Hydra y yo en el desayuno —señaló, sabiendo que aquello era cierto.

— Pero igual se vengaron. La hechizaron con un locomotor mortis para que se cayera, muy maduro de tu parte —volvió a señalar Spencer—. Y siendo sinceros, creí que odiabas el Quidditch.

— No del todo. Odio el bullicio que todos hacen cuando hay partido. De ahí, me agrada observar un partido, con buenos equipos claro. Además, si logró quedar podré privarme un rato de mi odio hacia todos —se sinceró, sonriendo al final, sin preocuparse de quedar como una mala persona.

— Te diría algo como “no me extraña que seas de Slytherin”, pero no todos son como tú y esa frase se dejó de usar hace mucho.

— Y me alegra, así tengo más diversión para mí —se burló y siguió su camino, golpeando el hombro de su compañero a propósito para volver a molestarlo.

— ¡Odiosa!

— ¡Igualmente!

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Louis se encaminaba hacia el ala de la enfermería, para ver cómo estaba Fred después de su fatídica caída mientras éste hacía la prueba para quedar en el equipo de Quidditch de Gryffindor. Estando en los pasillos, recordó la travesura que le habían hecho Declan y Perseus el día de ayer, sábado.

Había estado dando vueltas entre los pasillos para poder llegar a la torre de Gryffindor. Sabía cómo llegar, por supuesto que sí, pero parecía como si sus piernas no obedecieran las instrucciones que demandaba su cerebro. Había pensado doblar hacia la derecha, pero por alguna razón lo hizo hacia la izquierda.

Se terminó frustrando. ¿Cuánto tiempo había estado caminando así? Luego quiso girar a la izquierda, pero lo hizo a la derecha, sin haberse cruzado aquello por su cabeza. Se encontró llegando al pasillo que daba hacia el Comedor, el cual extrañamente no tenía gente por ahí.

— ¡Basta! —se dio vuelta,  hartó de la situación y buscando al culpable de su falta de coordinación.

Si Louis no era tonto. Sabía que estaban jugando con él, usando el encantamiento de confundus. En una de las esquinas logró encontrarse con el rostro de Perseus Marlow, un chico de Slytherin, que le sonreía con diversión, notándose cómo disfrutaba el haberlo sacado de quicio.

— Tú no saliste perjudicado con la broma —señaló Louis, completamente molesto.

— Él no, pero yo sí, Weasley —giró, estando frente a frente con Declan, quien lo veía con toda la tranquilidad del mundo, junto con una sonrisa de burla—. Y no, no me gusta quedarme desmayado en medio de mi desayuno —Antes de que Louis pudiese predecir lo que le venía, Declan mostró su brazo derecho que lo tenía ocultó tras su espalda y señaló a Louis con la varita—. Melofors.

En efecto, a Louis no le pintó en gracia tener una calabaza alrededor de su cabeza. Lo único que le había mejorado el humor después de aquello, fue ver a Kat molesta, por lo que Declan le hizo. Ya intuía que más nunca le aceptaría compartir asiento en alguna clase a ese fanfarrón bueno para nada.

Volvió a recordarse el asunto de Fred para acelerar el paso. El estómago se le revolvía de solo rememorar la caída de su primo. Cuando nadie se había esperado aquello. Cuando todos creían que a ese querido miembro de la familia le iría más que bien durante la prueba. Si Louis se sentía mal con todo aquello, no quería ni pensar cómo estaría Fred cuando despertase en la enfermería y se diera cuenta de lo que realmente paso.

Traga caracoles —Louis reaccionó tarde ante la luz verde del hechizo que Orion le lanzó al cruzar el pasillo—. Para que vayas aprendiendo con quiénes no debes meterte, mocoso Weasley —fue lo único que le dijo, portando su ya conocida sonrisa maliciosa y chocando con él apropósito antes de desaparecer de su vista.

— ¿Louis? —escuchó a lo lejos, pero sin poner atención ya que comenzaba a sentir los efectos del conjuro. Su estómago comenzaba a retorcerse y las arcadas empezaron a presentarse en su garganta para sacar la primera babosa— ¡Dios míos, Louis! —Sintió un par de brazos sosteniéndolo para no caer al suelo mientras expulsaba las siguientes babosas y reconoció la voz de Katrina entre el ruido que hacía— ¿Quién diantres te hizo esto? —cuestionó su amiga con notable molestia al verlo en ese estado.

— Orion —articuló con esfuerzo antes de vomitar otra vez.

Nunca se había sentido tan nauseabundo e impotente. Lo único que lo mantenía de pie era el odio que comenzaba a bullir en su interior hacia aquel moreno degradante, y hacia los de Slytherin. Si de por si no le caía en gracia nadie de esa casa, tras las “bromas” a modo de venganza que recibió por lo del desayuno solo lograron que su desagrado por ellos creciera un 100 % más.

— Ese maldito —añadió la castaña aun sosteniéndolo—. Vamos a la enfermería para que te den algo, Lou —le indicó, pero él se encontraba ocupado sacando babosas por lo que con fuerzas podía dar un par de pasos, y Katrina no sabía qué otra cosa hacer—. Necesito que hagas un esfuerzo, vamos, Louis.

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Los murmullos le invitaban a despertar, pero él quería seguir sumido en el mar de los sueños, donde se encontraba volando con su escoba por los cielos, pasando desapercibido ante todos, como si fuese invisible, como algunas veces le gustaría serlo. Sentía tanto cansancio, en cada uno de sus músculos, que trato de no mover algo de su cuerpo y que así nadie se percatara que ya estaba consciente.

Escuchó el azote de una puerta y no logro evitar abrir sus parpados como reflejo.

— Listo —reconoció la voz de Kat y tras analizar la habitación vio el rostro de cada uno de sus primos, además del de la recién llegada, de Pressya y de Gen. Y Louis a su izquierda, en una de las camas de la enfermería, plácidamente dormido mientras abrazaba como un niño pequeño un peluche.

— Esperen… ¿es en serio que Louis tiene abrazado a su oso de felpa? —preguntó Fred aun algo atontado por el golpe, añadiéndose el cansancio tras todo el entrenamiento para dar en la prueba.

— Oh, pero miren quién ya despertó, uno de nuestros bellos durmientes, ¿Cómo se encuentra el paciente? —miró de mala gana a James, recibiendo éste un codazo por parte de Rose y Roxanne— Auch, pero que violentas las mujeres de esta familia.

— Cierra el pico, James —le indicó Roxy puesto que no era momento para dárselas de gracioso.

Dos miembros de la familia estaban ahí por razones diferentes: uno por no dejar de sacar babosas, y otro por caer cincuenta metros tras ser golpeado por una bludger. La pequeña morena se colocó a un lado de su hermano, tratando de no molestarlo con la posición. Comprendía lo adolorido que podría sentirse en esos momentos.

— ¿Cómo estás?

— ¿Qué pasó? —respondió Fred con otra pregunta, porque no estaba seguro de sus recuerdos antes de despertar ahí en la enfermería.

— ¿No recuerdas nada? —se metió Kat dando un paso al frente. Ella suspiró, porque en cierta forma se sentía culpable de que él terminase en la enfermería, con una muy probable contusión— Te golpeo una budgler mientras volabas… durante la prueba para quedar en el equipo.

— Oh —fue lo único que articuló tras la información.

Entonces comenzaron a aparecer dentro de su mente imágenes de él volando por el campo de Quidditch, sosteniendo un bate entre sus manos, aferrándolo a su cuerpo para no soltarlo, como si fuese su bien más preciado, a la par que inspeccionaba el cielo por si aparecía una bludger, siendo envestido al final por una de sorpresa.

— ¿Estás seguro que esto no es un sueño o que te estés imaginando a alguien más aquí? —Comenzó a hablar James— La enfermera dijo que sería normal si presentabas confusión mental. Digo, caíste de más de cincuenta metros. Creo que de milagro sigues vivo.

— No tengo confusión mental, sigo viendo y escuchando al mismo James inmaduro de siempre que tengo como primo —comentó Fred con mirada seria. Sin querer queriendo claro está.

— James, amor, mejor no hables —propuso Pressya a su lado para que no dijese algún otro comentario fuera de contexto.

Se colocó un pequeño silencio entre todos, algo poco usual cuando todos los Weasley estaban en una misma habitación. Fred recordó el vociferador que George le había mandado en el desayuno hace tres días, comentando lo orgulloso que estaba porque su hijo estaría en el equipo de Quidditch.

Sintió un gran hueco en su estómago al pensar en eso, y de pronto era como si le hubieran succionado las ganas de hacer cualquier cosa. Ya no era por el cansancio o el sueño, si no que era más la decepción de fallar la prueba, y de paso a su padre. Porque ni de coña tendría aun esperanzas tras su garrafal caída.

« ¿Quién metería al equipo a alguien despistado? » se auto-regañó en su mente, como si hubiese cometido la peor de las torpezas.

— Woao, fueron muchas —Vio a Hugo y a Albus, que se acercaban hacia donde estaban todos—. Hemos terminado de contar, y a que no adivinan cuántas babosas sacó Louis —comentó Hugo con júbilo y una sonrisa en su rostro, al igual que Albus.

— Son grotescos, ¿lo sabían? —les hizo saber Lily, negando con la cabeza como si desaprobara el comportamiento de su hermano.

— Bueno, sumando y restando, porque hubo mucha confusión, fueron cuarenta babosas en total, antes de que el bebé cayera dormido —informó Albus.

— ¿No tienen algo mejor que hacer? —preguntó Rose, casi con la misma actitud que Lily.

Fred solo se preguntaba qué les pasaba por la cabeza a cada uno de su familia.

— Oye, Kat, ¿a qué te referías con “listo” cuando entraste azotando la puerta y despertando a Fred en el acto? —inquirió Molly, devuelta a la realidad. Fred se había dado cuenta lo callada que estuvo en todo ese rato, donde los demás parloteaban y tanto ella como Lucy se hallaban en sus propias lagunas mentales.

— Oh, en que le rompí la nariz a Orion.

— ¡¿Qué?! —vociferaron todos a la par.

— Shh, cállense, Louis sigue dormido —les pidió Dom acercándose a la cama donde su hermano descansaba.

— ¿Por qué hiciste eso, Kat? —inquirió Gen con voz baja ante la petición de Dominique, estando sentada del otro lado de la cama de Fred.

— Si, Katrina, dinos —cuestionó James, dándole una sonrisa de esas que le irritaban a la castaña; muy parecidas a las que le hacía Louis para calar su temperamento.

— Se lo merecía el muy patán.

— ¿Porqué? ¿Te hizo algo Orion? —volvió a preguntar Gen. Fred tomó una de sus manos, para entrelazarla con la suya y que de esa manera la preocupación de su mejor amiga empezara a disiparse.

— No a mí. A Louis —rectificó—. Él fue quien le lanzó el hechizo de traga caracoles.

— ¡¿Qué ese maldito hizo qué?! —Bramó Dom levantándose de la cama del semi rubio y empuñando su varita con la mano derecha señalando al suelo, en un auto reflejo por lo que dijo Kat— ¿Ese canalla bueno para nada le hizo eso a mi hermano?

— Ahm si —Kat para en ese entonces pensó que no había sido buena idea decirles eso. Conocía a Dom, y lo sobreprotectora que resultaba con Louis, siendo que era el menor, así que sabía de más que la rubia se cobraría aquello.

— Es un imbécil —comentó Hugo, estando todos los demás de acuerdo.

— Tú no debiste haberle dado un puñetazo, Kat —reprochó Fred ante el comportamiento descolocado de su amiga. La violencia no generaba nada bueno según él, pero parecía que a los demás aquello les daba igual.

— Se lo tenía merecido —terció Albus.

— ¿Qué no es tu compañero de habitación, Albus? —preguntó Roxanne con una sonrisa.

— Exactamente, pero eso no quita el que reconozca lo idiota que resulta.

— Kat, en serio, recuérdame que nunca me meta contigo. Estás loca —añadió James a la conversación entre risas.

— Ese maldito me las va a pagar —Fred vio las intenciones en las palabras de su prima y se irguió para tomarla del brazo y así evitar que cometiera alguna tontería que le terminara afectando más a ella que al propio villano de la historia.

— No lo hagas —le aconsejó antes de que brotara de sus labios un alarido por el esfuerzo de levantarse. Gen reaccionó de inmediato y le ayudó a devolverlo a su posición con su espalda sobre las suaves almohadas.

— Dame una buena razón para no ir a lanzarse una maldición ahora mismo —pidió Dom estando más tranquila pero viéndolo con seriedad. El moreno suspiró, porque entendía a la rubia y no había forma de hacerle cambiar de parecer cuando se trataba de alguien de la familia; peor aun tratándose de Louis.

— No es el momento al menos, ¿vale? Si te vas a vengar, piénsalo con la cabeza fría y no con el juicio nublado —le aconsejó, recibiendo una sonrisa de rendición por parte de su prima.

— ¿Juicio nublado? ¿Qué?

— Creo que ella si me entendió, James —aclaró, medio burlándose del castaño y medio cansado.

— ¿En serio, familia, que no piensan quedarse callados como las personas normales cuando se está en la enfermería? Hay gente convaleciente aquí ¿saben? —Todos voltearon al escuchar la voz adormilada de Louis, quien los veía con ojos entrecerrados, como si les quisiera matar con la mirada para que lo dejasen dormir plácidamente.

— Hey, ¿cómo te sientes? —preguntó Dominique en una sonrisa al ver que despertó, regresando a su lado.

— Como si fuese a sacar otra babosa si no guardan silencio —respondió con sarcasmo. De inmediato se percató que seguía abrazando a su peluche, por lo que lo dejó a su costado sutilmente para que nadie se diera cuenta de aquello y de la vergüenza que sentía demostrándose en sus mejillas coloradas. Vio el rostro de sorpresa de su hermana, tal vez por su respuesta, así que trató de remediar su tono hosco—. Ehm, lo siento. Pero ya me siento mejor, Dom.

— Uy, pero alguien despertó de muy mal humor —se mofó la pequeña Roxy, siendo recibida por una mirada entrecortada de Louis.

— Roxanne… —pidió Fred para calmarla, contestando su hermana a su petición con un soplido.

Louis buscó con la mirada a su mejor amiga, viendo que platicaba amenamente con Molly.

— Treena —le llamó con voz cantarina y saliendo su lado divertido en el momento— dime que le hiciste pagar lo que me hizo.

— Sí —respondió molesta por que le llamara con aquel estúpido apodo, nuevamente—. Sí, pequeño Veela, le di un puñetazo al gilipollas mientras tú dormías profundamente y a gusto abrazando a tu pequeño osito Teddy —y se fue la diversión y volvió la molestia.

Y solo ocultó su rostro tras la almohada, mientras escucha las risas de sus primos y de los demás que se hallaban en la enfermería.

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— Bueno, esta vez he disfrutado mi desayuno, sin miedo a que terminare enfermo de amor, desparramado e inconsciente en el piso, convertido en un pajarraco gigante o con una lengua de tamaño monstruoso —comentó James con sarcasmo  hacia Louis, recibiéndolo éste con una mirada de pocos amigos, causando que los demás que desayunaban a lado de ambos se rieran.

— Oh, pero no te preocupes, primito, ya pensaré en algo para ti si tanto extrañas mis bromas, tengo un repertorio completo de donde escoger —le aseguró Louis con una sonrisa ancha y llena de descaro.

— Louis… —empezó Dom, como si fuera a reprenderle su comportamiento.

— ¡Pero si es él quien empieza! —se excusó, señalando a James con su tenedor, como el niño pequeño que era cuando alguien le regañaba.

— Pero tú haces mal siguiéndole la corriente al cabezota de mi hermano —terció Lily.

— Exactamente… oye, ¿me dijiste cabezota?

— Hey, si escuchas lo que una te dice entonces —la pelirroja sonrió con sarcasmo antes de volver a su plática con Nyx.

— Oye Lou, ¿me podrías explicar la razón, causa, motivo o circunstancia por la que tú y Hugo no entraron a clases el jueves pasado? —cuestionó Dominique en tono tranquilo mirando a su hermano.

Louis regresó la porción de cereal con leche que masticaba y Hugo se atragantó con el jugo de calabaza tras la pregunta. Le clavó la mirada a Louis, como si quisiera asesinarlo ahí mismo.

— Hm… no sé de qué me hablas, Dom. Es más, la clase de pociones de ese día fue muy interesante —respondió el rubio, haciéndose el tonto.

— ¿En serio? ¿Y cuál poción nos pidió el profesor Gaspard ese día por hacer? Es que no recuerdo, Lou —Insinuó Kat, como queriendo dejarlo en evidencia.

Louis se volvía a preguntar cómo es que ella seguía siendo su mejor amiga.

— Pues… una con un nombre muy raro. Por cierto, Lily, no nos has contado.

— ¿De qué no les he contado? —preguntó la nombrada con ese tono sutil de que esperaba algo no muy agradable por parte de su primo.

— ¿Cómo te sentiste después que se quitaran los efectos de la poción de amor? ¿Qué sentiste al saber que te habías puesto cucú por Conall? —Inmediatamente Lily entrecerró los ojos, viendo a su primo con odio inmenso por recordar lo del desayuno.

— No me metas en tus problemas Louis, y solo asume que te saltaste las clases ese día junto con el otro flojo de la familia.

— Oigan, a mí no me metan —pidió Hugo.

— Yo no esquivo mis responsabilidades —puntualizó Louis, algo que nadie de su familia creía—. Solo quería saber cómo le fue a mi prima querida siendo que siempre le has rechazado las salidas al buen Conall. Es más, creo que Greg llegó a tomarte una foto en pleno ataque de amor. Creo que le compraré la fotografía para dártela y que así la tengas como recuerdo de que nunca le digas nunca a alguien —mencionó, para al final dar una sonrisa inocente.

— Esperen —intercedió James al final de la pelea/conversación— ¿en serio Lily me dijo cabezota? —cuestionó con algo de incredulidad, como si se hubiese pasado los últimos segundo sin aceptar el comentario de su hermana.

— Oh, vamos, como si eso fuese sorpresa para todo el mundo James —todos voltearon hacia el portador de esa voz, encontrándose con Caden, compañero de Hufflepuff y capitán del equipo de Quidditch de su casa. Le sonría al castaño con arrogancia y en sus ojos reflejándose un atisbo de… ¿celos u odio tal vez?—. Buenos días y provecho a todos —saludó con una sonrisa encantadora, la cual correspondió Press, inconscientemente, sentada al lado de James—. Dom, me pidió la profesora Long comentarles que fueran al campo de Quidditch todos los que realizaron la prueba para quedar en los equipos, que ella dará los resultados allá —informó. Y como si aquello fuese una señal, todos los Weasley se levantaron de sus asientos mientras le hablaban a Fred para que se apurara.

— Vamos Fred, vamos a comprobar que si quedaste en el equipo —exclamó Roxanne con emoción por su hermano.

— Otro Weasley que se nos une va que va eh —acompañó James relajado, seguro al igual que todos en la mesa de que Fred había logrado entrar.

— Chicos… no voy a quedar, ¿vale? Vayan ustedes y vean quien quedara como golpeador en el equipo de Gryffindor y los que lograron quedar en los otros equipos y después me cuentan —alegó el moreno sin tanta alegría en sus palabras, siendo que desde el episodio de la enfermería, se notaba su pesimismo con aquella situación.

Pero Fred simplemente no creía que iba a quedar. Su audición tal vez y fue la peor de todas. Hasta podría asegurar que algunos de sus compañeros o de otros cursos se burlaban aun de su caída. ¿Y cómo no? Les daba la razón, porque hasta él mismo se sentía patético al seguir pensando sobre eso. Se sentía frustrado consigo mismo. Había fallado, y lo peor de todo, es que había emocionado a su padre con anticipación de que lograría quedar en el equipo.

— Estaré probablemente en mi habitación… —continuó con su desgano.

— Ni creas que dejaremos que te pongas de pesimista porque sufriste una pequeña e insignificante caída, ¿verdad Gen? Dile que no tome esa posición de antipático que no le va para nada —declamó Katrina para hacerlo entrar en razón.

Genevive, que estaba agarrada del brazo de Fred, lo vio con esa mirada suplicante que lo hacía entrar en razón cuando se ponía de terco, lo cual pasaba muy pocas veces.

— Kat tiene razón. No sabremos si quedaste. O no quedaste —añadió cuando Fred le dio una mirada de “¿en serio crees eso?”—, si no vamos al campo. Después de todo como dice Louis, está en tu sangre —solo le bastó al peli negro otro cruce de miradas con su mejor amiga para dar su brazo a torcer, porque si alguien podía hacerle cambiar de opinión con tanta rapidez era esa castaña que conoció en los pasillos hace seis años atrás.

Dio un largo y pesado suspiro para después asentir con la cabeza y ser arrastrado por todos hacia el campo. Tenía razón su madre. Fred se dejaba influenciar mucho, y a la larga esperaba que aquello no le acarreara problemas.


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La mano de Gen tenía la de él en un apretón, demasiado fuerte para su gusto. Y hasta había jurado escuchar el crujir de sus huesos, sintiendo como si la sangre ya no circulara.

No quería estar ahí. En medio de tanta gente y sintiéndose tan mediocre. Fred creía que todos estaban mal gastando tiempo valioso viniendo a la cancha de Quidditch solo para que al final no le eligiesen. Ya se imaginaba la escena de cuando todos se dieran cuenta de eso, la emoción se les iría de pronto, como si se reventara una burbuja.

— Buenas chicos. Espero que estén aquí todos aquellos que se presentaron para las pruebas del día de ayer, Domingo —empezó a habla profesora de vuelo, Ilona Long—. Así mismo es mi deber comunicarles que no solo se eligieron a algunos para ocupar puestos ya vacíos por anteriores integrantes, sino que también se eligieron a otros para reemplazar a ciertos miembros que dieron por asegurado su lugar y no se esforzaron como debían —Su mirada estaba fija en todos los estudiantes frente a ella, extasiados a la espera de los resultados.

— ¿Qué queda si no me aceptan en el equipo? —Le pregunto Fred en tono bajo a Zeus, que se encontraba a su lado.

Porque sabía que él no le saldría con la misma letanía de “deja tu negatividad”, “quedaras porque está en tu sangre, ya verás”. Sino que iría al grano. Lo que de cierta forma Fred quería escuchar.

— No puedo decirte que el seguir practicando para intentarlo el curso siguiente, porque ya no queda otro para nosotros. Pero si el seguir practicando por ti mismo —aconsejó, antes de volver la mirada al frente—. Y que no veas esto como un fracaso.

— De acuerdo, jóvenes. Empezando con el equipo de Ravenclaw, ya que no se reemplazó a ningún integrante, sigue siendo el mismo equipo del curso pasado. Seguimos con el de Hufflepuff, en donde le damos la bienvenida al compañero Brendan Decont, que se queda en uno de los puestos para cazador.

— ¡Brendan quedaste! —Chilló Alyssa antes de colgarse de la espalda de su hermano.

— Qué tal, chaps —Comentó el rubio, tratando de retener la felicidad que sentía al saber que había logrado quedar en el equipo.

— Felicidades, Brendan —Se acercó Louis, y Alyssa en su ataque de alegría le tomó la mano con rapidez, apretándola a màs no poder—. Ayyyyy, mi mano.

— ¡Louis mi hermano quedó! ¡¿Lo puedes creer?! ¡Quedó! ¡Estoy taaaaan feliz!

— Eh, me doy cuenta, Aly —aseguró Louis, con una sonrisa, ya no sintiendo tanto dolor, a pesar de que tal vez y su amiga le había roto la mano. Simplemente se quedó ahí, admirándola, tan sonriente, como nunca la había visto, y cuestionándose como alguien tan pequeña podía desbordar tanta energía.

— Prosiguiendo con el anuncio. En el equipo de Slytherin queda como nuevo guardián la compañera Amira Ebonywood.

— Aaaaaaaaaaaah —se escucharon chillidos de la parte derecha de donde estaba el conjunto de alumnos. Todos voltearon a ver, encontrándose a Amira y a Hydra saltando de alegría. Algo poco usual en ellas dos.

— ¡Quedé Hydra! ¡Quedé!

— ¡Quedaste, quedaste!

— No pensé que alguien como tu pudiera notarse tan feliz por quedar en el equipo —comentó Brendan para molestarla, estando cerca del par, aun con Alyssa sobre su espalda.

— Puf, da igual —Le restó importancia la castaña antes de voltearse y retirarse del lugar junto con Hydra y Adrien. Aun saltando a un lado de su rubia amiga.

— Y en cuanto al equipo de Gryffindor. Queda como guardián la señorita Theresa Gallagher, reemplazando al anterior integrante, Lysander Scamander —se escucharon más exclamaciones, pero la profesora prosiguió con el anuncio—. Y en el puesto de golpeador, ocupando la vacante que dejó el compañero Red, tenemos a Fred Weasley II.

Para Fred el tiempo se había detenido. Y todo pasaba ante sus ojos en cámara lenta. Sintió que le fallaba la respiración, como si hubiese entrado en estado de shock. Lo cual era cierto. Ya había renunciado a su sueño de quedar en el equipo de Quidditch, por lo que no sabía cómo reaccionar.

Aunque no le dieron tiempo para procesar del todo la noticia. Notó que se alzaba por el aire. Estaba sobre los hombros de alguien. De dos personas. Eran Zeus y James quienes lo llevaban, con toda la familia Weasley, y los amigos más cercanos alrededor de ellos celebrando. Sus ojos se empezaron a aguar ante la escena, viendo cómo se respiraba ahí en aire el inmenso apoyo que le daban todos, y solo pudo empezar a reír de la impresión. Y estando seguro de que no había mejor sentimiento que haber logrado cumplir una de sus metas, uno de sus sueños, en compañía de tus seres queridos.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por hypatia. el Mar 31 Ene 2017, 11:41 am

Gino, sabes que ahora no puedo ponerme a hacer un comentario decente para tu capítulo. Pero también sabes que lo amé por todo lo que te dije en wasap en su momento Espero poder comentar bien en algún punto de los próximos meses muack
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Ritza. el Mar 31 Ene 2017, 4:45 pm

Omg, soy una mala persona. Perdón por no haber dado señales de vida en todo este tiempo por aquí pero me pondré a leer y a comentar lo más pronto posible (cuando termine la tarea de psicología).
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Calore. el Mar 31 Ene 2017, 5:09 pm

I know debo como quince mil comentarios (? prometo que minimamente hare unos medianos porque se merecen cinco hojas de word cada una   me encantaron todos estoy en los feels 
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Asclepio. el Mar 31 Ene 2017, 5:25 pm

Bueno, que igual yo debo comentarios de toda la ronda
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Supertramp. el Mar 31 Ene 2017, 5:31 pm

Meh, de qué se quejan, si luego existo yo xddd
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por hypatia. el Mar 31 Ene 2017, 6:56 pm

Conclusión: todas somos un desastre
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

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