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I solemnly swear that I am up to no good.

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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por erhaben el Dom 09 Oct 2016, 11:00 pm

Spoiler:
Primero que nada voy a disculparme por: tardar tanto (nunca me pasó y me siento culpable), deber tantos comentarios y traerles un capítulo tan corto a comparación de los demás. Iba a incluir más cosas pero preferí dejarlo así para subir antes, si no iba a tardar otros años más. También destaco que la escena del duelo es similar a la de Ems por coincidencia, la escribí antes de leer su cap, aclaro por si acaso porque al menos para mí se parecen (estamos conectadas Ems, I know). Creo que eso. Ah, y si hay faltas, también perdón, que no revisé el cap.
Sigue: Gina.  

Capítulo 010
Roxanne Weasley, Dyer Rothesay, Nyx Laoghaire, Hydra Kafka, Wyatt Wadlow. ➡ erhaben.


Roxanne Weasley era una chica hecha y derecha, aunque a su manera, con sus propios lemas y límites en la vida. Podía ser un grano en el trasero como también la cura para todo, el equilibrio del ambiente y el ambiente mismo. Casi nadie no la quería, era imposible. ¿Qué detestar de la chica que reía, hacía bromas, corría feliz y sonreía de oreja a oreja sinceramente todos los días de su vida? Su hiperactividad, bromas pesadas y falta de sutileza, podría ser… ¡Pero qué va, como si nadie tuviera defectos! De alguna u otra forma, con amigos o enemigos, lo que importaba era que a Roxanne siempre le iba bien, tarde o temprano, porque se amaba desde pequeña.
Había cinco cosas fundamentales en la vida de la hija más pequeña del profesional bromista, George Weasley: su hermano, su primo, su padre, su tío difunto y la vida en sí, aunque suene general, obvio e indiferente. Si algo de aquello le faltaba, no sabía qué sería de ella, ni nadie. Tenía una fuerte dependencia con todo lo que estaba relacionado a la familia, y todos lo notaban en cierto punto. Pero, ni aunque ella lo crea, sola también haría todo lo que hace acompañada, pero debería esmerarse un poco más. 
Roxanne significa alba. Debe ser por eso que Roxanne despertaba todos los días exactamente siete minutos antes de que se asomara el sol; ella decía que era su forma de contactarse con Fred, su tío, quien por las noches la cuidaba y cuando salía el sol se iba dulcemente, alarmándola y despertándola. Pero al ver el paisaje a través de la ventana, volvía la calma y todo estaba bien.


 — Angelina, los niños no pueden verme así —escuchaba la pequeña Roxy escondida detrás del sillón. Su padre derramaba lágrimas como nunca. ¿Qué le pasaba a su héroe? 
 — Tranquilo, puedo llevarlos con Ron a la tienda un rato —su madre era una de las pocas personas, además de su abuela, capaz de calmar a George en esa situación. 

El último asintió y se fue por la puerta trasera a quién sabe dónde, con los ojos bastante hinchados y apretando los labios con excesiva fuerza para evitar llorar. Roxy, como toda niña de seis años, era extremadamente talentosa para ser escurridiza, por lo que, sin que su madre se enterase, siguió a su papá. Con sus rulos negros volando (pues era un dos de mayo bastante ventoso a pesar de que era una linda primavera), atravesó un largo camino detrás de su papá, hasta llegar a una lápida rodeada de flores, a un lado del árbol más enorme del lugar.

FRED WEASLEY 
(1 DE ABRIL DE 1978 – 2 DE MAYO DE 1998)

 — Hola, hermano —sonrió con debilidad. Roxy se encontraba algo camuflada por un arbusto a menos de dos metros de distancia. Miraba todo con cierta seriedad e intentaba comprender la situación —, ¿cómo estás? —soltó un sollozo e inmediatamente lo calló —. Lo siento, es difícil oírte con una oreja —fue la carcajada más triste que Roxanne pudo oír alguna vez. De repente, su padre se abalanzó contra el suelo, apoyándose en sus rodillas y con sus manos tapando su rostro, llorando desquiciadamente —. No sabes lo que te extraño, Fred. Es una pesadilla entrar a la tienda y ver que no estás ahí para ver lo que hemos logrado, o lo maravillosos que son tus sobrinos… Unos bromistas prodigio, ¿sabes? Si no fuera por ellos, no sé qué haría. 

Volvió a sollozar con fuerza, esta vez de la manera más desgarradora posible, casi tirándose al suelo por completo. Roxanne nunca creyó que vería a la persona más fuerte del planeta llorar (tal vez fue por eso que, a partir de allí, comprendería que llorar es signo de vitalidad y no de cobardía), pero la alegró hacerlo, porque era lindo ver que incluso las mejores personas lloraban y no sólo ella cuando le quitaban su oso de peluche favorito.
Se acercó hacia su padre con lentitud, tímida. Un paso más era el ojo más cristalino que antes. Cuando estuvo detrás de él, a un milímetro, dejó el muñeco que tenía en mano a un lado de la lápida de su tío difunto y abrazó a su papá por la espalda con fuerza, toda la que podía dar una niña de seis años, y aunque era mínima, para ella no había mayor logro. George se volteó inmediatamente y al notar que era su hija, le correspondió el abrazo aún llorando a más no poder. 

 — Roxy, ¿quieres hablar con el tío Fred? —preguntó algo más calmado, luego de unos minutos de abrazo. La pequeña asintió, secándose las lágrimas con ayuda de su papá. 
 — Mmm, hola, tío Fred. Te he obsequiado a Parches, es un oso de peluche que me regaló la abuela para Navidad. ¡Y me llamo Roxanne! ¡Y tú te llamas como mi hermano! —sonrió feliz. Pero después de tres segundos de silencio, se acercó a la lápida, puso sus manos alrededor de su boca, como para contar un secreto, y susurró: — Si quieres, puedo visitarte todos los días, pero debo pedirle permiso a papá —se alejó —. Te quiero mucho, tío Fred, aunque no nos veamos seguido —se tornó a su papá, con una expresión dudosa —. ¿Verlo en los sueños cuenta? —George sonrió. 
 — Claro que sí. 
 — ¡Entonces nos veremos mucho y te querré cada vez más! Adiós, tío Fred, nos vemos en la noche.

Desde ese día, no había noche en la que Roxanne no soñara con su tío. 

La primera clase del día era herbología. Claro que no era su fuerte. No le agradaban mucho las plantas, lo único que le gustaba de la clase era su profesor, Neville Longbottom, amigo de la familia y jefe de su casa. Lily era especialmente buena en la materia, y era muy usual que ganara puntos para los leones. Tristemente, Roxanne sólo servía para dos cosas: volar y cosas muggles, más que nada los deportes. Justamente, una de las pocas cosas que no puede hacer en Hogwarts. Por más que intentara, nada le llamaba la atención y no era para nada una alumna ejemplar, mucho menos cuando una tan mala influencia como Louis Weasley era tu primo y mejor amigo, y con quien más pasabas el rato todos los días de tu vida. 

 — ¡Weasleys, cállense o les restaré puntos! 

Como ye sobre equis es una constante en la proporcionalidad directa, aquel comentario era la constante de todos sus profesores en todas las clases. Juntos eran insoportables. E inseparables.
Roxanne y Louis se dirigieron juntos a la Sala Común al final del día. Parecían interminables las primeras semanas de clase, que eran las que más cansaban a Roxy. Pero ese año, específicamente, no quería que se terminaran. Quería quedarse en sexto año para toda la vida, porque séptimo significaban tantas cosas horribles… No estaría su hermano para regañarla por las bromas que la metían en problemas, sería el último año por disfrutar en la maravillosa escuela, tendría que comenzar a pensar qué quería ser profesionalmente y eso la aterraba. Por eso, sexto equivalía a la perfección. Lástima que el tiempo era, es y será imposible de acariciar. 
Cuando llegaron a la sala, Fred, Gen y tres de los merodeadores habían ocupado los sillones. 

 — Mira quiénes llegaron: los diablillos de sexto —rió Dominique. 
 — Estoy llegando al punto en que no me gusta verlos juntos, y mucho menos solos —Fred parecía cansado del lío que causaban siempre. 
 — ¡Por favor, no seas aguafiestas! Son primos y se aman, eso está perfecto —los apoyó James. 
 — Exacto —sonrieron Roxy y Louis. 
 — Ustedes lo dicen porque son peores que ellos. 
 — Eso no viene al caso. 
 — Viene al caso, Zeus. 
 — ¿Qué caso? —preguntó Gen, volviendo de Marte. 
 — No importa, Gen —dijeron los restantes al unísono, riendo. 

Roxy y Louis subieron para dirigirse a sus habitaciones. Era rutina que hablen un rato antes de dormir. McGonagall no era tan estricta con respecto a las habitaciones, y eso era genial para la mayoría. Entraron a la habitación de los varones, que estaba despejada, y se sentaron en el suelo. 

 — ¿Le has dicho a tus padres lo de tus TIMO’s? 
 — ¿Decirles qué? —Roxy se hizo la distraída. 
 — Que tus notas más altas fueron un supera las expectativas en estudios muggles y un aceptable en cuidado de criaturas mágicas —le dijo en forma de reproche. Roxanne bajó la mirada —. No puedes mirar hacia otro lado, Roxy. Es importante. 
 — ¿Por qué me estás diciendo esto justo tú? Pareces mi hermano. 
 — Porque eres una de las personas que más me importan. Ni siquiera yo sé por qué te lo estoy diciendo, pero no importa. A tu padre no le importan tus calificaciones. 
 — Pero a mamá sí. Y creo que a papá también; sé que él es un bromista predilecto, pero a la vez quiere que Fred y yo seamos buenos estudiantes. El que más se decepcionará es Fred. Todavía no sé cómo decírselo a él. Me mataría. ¿Quién tiene siete insatisfactorio? ¡Roxanne Weasley! 
 — Las calificaciones no definen a nadie, Roxy. 
 — No quiero hablar de esto. 
 — De acuerdo —dijo Louis encogiéndose de hombros —, yo sólo decía. 
 — No me interesa mucho aprobar los exámenes, de todas formas. 
 — Pero Roxy… 
 — Tengo una idea. 
 — ¿Qué cosa? 
 — Una estupenda idea. 

Roxy se levantó con una sonrisa pícara en el rostro. Parecía que había encontrado una escapatoria al mal humor por sus calificaciones. Claro que le importaban, mentía al negarlo, pero prefería luchar consigo misma más tarde, no era el fin del mundo (en teoría) y ya podría hacer algo al respecto. Su familia la adoraba como era, con su razonamiento lento y malas calificaciones. No era algo de qué preocuparse. 
Lo que sí era preocupante era la expresión traviesa en el rostro de la hija menor de George Weasley, uno de los más grandes bromistas en Hogwarts de su época. Esa sonrisita no significaba nada bueno, y hasta Louis lo notaba. 
Se dirigió a la puerta y la cerró con sigilo, haciéndola rechinar un poco. Volvió a sentarse en el suelo, miró a su alrededor como asegurándose de que nadie la escuchaba y se acercó a su primo. 

 — ¿Ya estás preparado para la primera broma del año, pequeño Veela? 
 — Siempre estoy preparado, prima. 
 — Por eso te elijo a ti. 

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En la Sala Común de Hufflepuff, cerca de la cocina, la única persona despierta en su habitación era Dyer. Adoraba dormir allí la mayoría de los días del año, era uno de sus lugares preferidos en el mundo, pero no siempre fue así. Los primeros tres años de su estadía en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería se los pasó preguntándose por qué terminó en aquella casa donde reinan la lealtad, la justicia y el trabajo; sí, él era leal, justo y trabajador (especialmente lo primero), pero tenía mucha más ambición, ingenio y determinación que otra cosa, como debe tener un Slytherin. Toda su familia había tenido alguna vez una bandera verde y plateada en su pared y tal vez un collar en forma de serpiente en el cuello, como lo seguía teniendo su padre, Pierce Rothesay. No había una sola persona en su familia, a excepción de sus hermanas Pamela y Noelle, que habían asistido a Beauxbatons, que no haya quedado en Slytherin. Pero después venía él, el más pequeño de la familia, que terminó siendo un tejón. A pesar de que se lo preguntaba una y otra vez, no se sentía avergonzado de asistir a aquella casa, al contrario; ¿pero por qué? 
Un día como cualquier otro, en medio de un partido de Quidditch de su casa contra las serpientes, Dyer respondió a su propia pregunta, aquella pregunta que tanta curiosidad le causaba, porque el Sombrero no se equivoca, y por varios años sintió que no se conocía a sí mismo. Fue allí donde no sólo encontró la respuesta, sino que la vio. La vio con un bate golpeando una bludger. Su mejor amiga, Isis Ventor, era la única razón por la cual él había quedado en Hufflepuff. Apenas se reunió en los botes con sus compañeros de primer año la vio y algo le llamaba de ella. No sabía qué, pero le prestó atención; ella fue seleccionada justo antes que Dyer y cuando quedó en la que no planeaba ser su casa se le cayeron los esquemas, pero le dio más importancia a encontrarse lo más que pueda con aquella rubia de ojos celestes que a un color de corbata. Tal vez no le caería bien, tal vez sí, tal vez y tal vez. Pero se arriesgó. Y así conoció a su mejor amiga, a una de las personas más importantes de su vida, y nunca pudo estar más seguro de algo: él era un Hufflepuff.
Se levantó de la cama con el rostro de su mejor amiga en su mente, y por consiguiente, con una sonrisa boba en la cara. No encontró otra alternativa imprudente que salir de su habitación y adentrarse en la de mujeres, donde tres chicas por coincidencia rubias dormían plácidamente. Ni siquiera se dio cuenta de que no llevaba remera y tenía el torso descubierto, él simplemente despertó con ganas de ver los ojos de su mejor amiga y ya. 

 — Oye, rubia loca —la llamó divertido en un susurro mientras movía levemente su brazo izquierdo —. Despierta, ya es hora de… 
 — ¡¡Qué demonios!! —gritó Saoirse, chillona, y de un salto se levantó de la cama. Fue un grito bastante aturdidor, por lo que Isis se despertó al instante —. ¡¿Y tú qué haces aquí, Rothesay?! 
 — Yo… 
 — ¡Dyer! —su mejor amiga lo llamó, se encontraba confundida como él por ese grito desgarrador (que no despertó a la tercera en la habitación) —. ¿Qué estás haciendo aquí…? —estaba calmada, pero Saoirse la interrumpió. 
 — ¡Sal de aquí ahora mismo! 
 — Pero yo sólo quería… —no pudo terminar la oración ya que Siri lo empujaba hacia la puerta con brusquedad. Dyer ya estando fuera de la habitación y Saoirse frente a él con la puerta en mano, lo miró con desdén y musitó: 
 — Pervertido —y dio un portazo.  

Se quedó mirando la puerta cerrada dos segundos más, digamos que todavía sus neuronas no hacían la sinapsis suficiente. Sacudió su cabello, se encogió de hombros y fue directo a cambiarse, bufando. “Chicas”, murmuró. 
Sus compañeros estaban despiertos aunque bostezando, y les sorprendió ver entrar a Dyer con una sonrisa tranquila en el rostro, especialmente Shia, quien ya estaba acomodando su corbata amarilla y negra. 

 — Esa amiga tuya está un poco loca —fue lo único que dijo Dyer, y Shia sólo se encogió de hombros, neutralizado ante la situación. 

Al cabo de diez minutos, el muchacho ya estaba vestido y peinado (si a ese cabello negro azabache algo alborotado se lo podía llamar peinado). Su típico perfume fue el toque final para dirigirse a desayunar junto con Brendan, su mejor amigo. Ambos tenían las camisas fuera de sus pantalones, las túnicas algo desordenadas y las corbatas alrededor del cuello. Bueno, ya estando en el séptimo año de escuela, no daban muchas ganas de acomodarse correctamente el uniforme. 
Recorrieron los pasillos entregando varios ademanes y varias miradas coquetas, principalmente por parte de Dyer. Según la mayoría, se tornaba molesto ese carácter mujeriego que tanto lo caracterizaba, pero él, sin molestar a nadie intencionalmente, lo disfrutaba. ¿Por qué tanto escándalo, si sólo era un muchacho disfrutando de sus virtudes y admirando las del sexo opuesto? Él tenía esa vaga teoría, originada luego de alguna pelea debido a su comportamiento seguramente, de que a la gente le molestaba mucho lo pasajero, y casi nadie podía soportar que él gozara tanto de lo momentáneo. Pero él estaba hecho para eso, para lo efímero. Intentó tener algo serio con su compañera de Ravenclaw, Taylinne, y no funcionó: ¿tenía caso intentar con alguien más? Todavía agradecía que hubiera estado con alguien tan agradable como su ex novia, con quien puede hablar tranquilamente sin ningún problema, prefería no arriesgarse a otra cosa. 
Aparte de Isis y Brendan, sus dos mejores amigos desde siempre y las dos personas más permanentes de su vida, alguien que era una excepción extraña a esta regla de que todo era pasajero, era Skyler Lamassoure. En ella veía una sonrisa que lo conquistaba al instante, y nunca pudo lanzarle esa mirada cautivadora que él tiene, porque Sky le ganaba sin ninguna duda. 

 — Chicos, ¿van a desayunar? —sonrió con dulzura, como siempre. 
 — ¡Sky, acompáñanos! —ofreció Brendan. 
 — De acuerdo, pero deberán esperarme un segundo, que olvidé mi varita en la habitación. Ya vuelvo —con pasos rápidos, se dirigió a las escaleras. Dyer no hizo más que mirarla de reojo por su hombro. 
 — Jamás te había gustado alguien menor, ¿eh? —rió. 
 — ¿Te refieres a ella o a su prima? —Dyer se lamió los labios mientras sonreía con picardía, haciendo referencia a Troian. Brendan carcajeó secamente, negando con la cabeza. 

Una vez que la rubia ya estaba otra vez con ellos, se dirigieron al Gran Comedor.
Se sentaron en la mesa de Hufflepuff y comenzaron a platicar trivialidades. Sin embargo, Dyer no podía prestarle atención a lo que decía Sky, sino que se embobaba mirándola; era extraño, porque él prestaba atención a todo tipo de conversación que sea sobre pociones (que era de lo que estaban hablando), pero la sonrisa de la pequeña Sky lo desviaba. Era hermosa y sabía de pociones, ¿qué más? Ah, sí, era hermosa. 

 — ¿No es cierto, Rothesay? —dijo Finn Crownwell, quien se había unido a la conversación, por lo que se ve, hacía varios minutos. 
 — ¿Qué cosa? —estaba algo perdido. 
 — Que la poción más solicitada es amortentia. Es algo aterrador. 
 — Ah, sí, cierto. 
 — ¿Estás bien? —carcajeó Austin Guthris. 
 — Sí, es sólo que… —antes de hablar miró a Sky, quien sonreía dulcemente. 
 — Bueno, me voy con Troian y las demás, porque me asesinan si no desayuno con ellas. ¿Te veo más tarde, Dyer? 
 — Ajám.
 
La vio alejarse a la par que veía a Isis acercarse. Le sonrió con esa sonrisa que, por más bella que Skyler fuese, o cualquier chica, sólo a Isis le pertenecía, y le ofreció sentarse a su lado. 
Al finalizar el desayuno, los chicos salieron del Gran Comedor y se dirigieron a clases.  
Ese día tenía muchas ganas de hablar con Skyler toda la tarde, por lo que después de terminar la jornada de clases, no bien la vio, se dirigió a hablarle. Estar con ella era estar rodeado de simpatía, positividad, tal vez eso era lo que más le gustaba. Pero todos tienen algún defecto, y en este caso el defecto no lo traía Sky dentro de ella, sino fuera. 

 — ¿No ves por dónde caminas? 

Louis Weasley era el gran problema que traía Skyler consigo.

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El día ya era un hecho cuando Nyx abrió sus ojos verdosos debido a los fuertes rayos del sol. 

 — El sol: un misterio para los muggles y para los magos —se dijo.

Luego de escuchar a Lily reír por su comentario impredecible, como la mayoría, sonrió y se cambió. Ese día había amanecido con ganas de todo, el mal humor no era muy usual en ella pero esa mañana era intensa la alegría. Simplemente estaba en casa. 
Bajó las escaleras contando los escalones con cierta distracción del mundo a su alrededor, por lo que mientras se dirigía a un sofá de la sala, chocó con alguien bastante grande en comparación a ella misma, que tenía un cuerpo casi diminuto y delgado. 

 — Vuelve a la Tierra, Nyx —le dijo James Potter soltando una pequeña risita. Detrás de él estaban Dominique y Louis Weasley. 
 — Mis neuronas no hacen sinapsis todavía. 
 — Oh, Dios, ya empieza a hablar de cosas raras —acotó Louis, rodando los ojos. Nyx sonrió divertida y siguió su camino. 

Todavía le faltaba alguien con quien hablar de cualquier cosa. Con Alice podía hablar de mitología, con Gen de varitas, con Roxanne de música, con Neth de criaturas mágicas, pero con nadie podía hablar de todo a la vez. 
En la mañana, Nyx no podía controlar mucho sus cambios de color de cabello como lo hacía siempre. A la hora del desayuno se la podía ver desde color rojo fuego, hasta un tranquilo verde agua. Y le molestaba eternamente, porque cambiar constantemente de color de cabello mientras comía tranquila sus tostadas la convertían en el centro de atención; una gran pesadilla para ella. 
Cuando entró al Gran Comedor, la mayor parte de la escuela se encontraba allí. Lo primero que divisó fue una discusión entre los hermanos Scamander en la mesa de Ravenclaw, que terminó con Lysander haciendo una burla algo grotesca a su hermano y dirigiéndose a su mejor amiga. 

 — ¿Dejarás alguna vez en paz a tu hermano? Suficiente tiene con vivir contigo como para que lo molestes aquí también. 
 — ¿Por qué siempre es él quien me aguanta a mí, y no viceversa? 
 — Oh, Sander, porque nadie te soporta —dijo Nyx con esa sonrisa extraña de siempre. Sander bufó y la acompañó hasta la mesa de la casa de ambos. 
 — ¡Nyx! ¿Lista para patear traseros hoy en el duelo de Defensa Contra las Artes Oscuras? —esa era la forma de Roxanne para decir “buenos días”. 
 — Eh, sabes que no me gustan muchos los duelos, Roxy. 
 — Dímelo a mí —bufó Byron. 
 — Por favor, eso fue en segundo año.
 — Recuerdo muchas cosas que sucedieron en segundo año —sonrió pícaro, y Nyx hizo todo lo posible para evitar soltar una sonora carcajada. 
 — No hablemos de eso, ¿quieres? —luego de decir aquello, se acercó más a su amigo —Sander no está enterado —susurró. 
 — Ni yo, al parecer —esta vez, Domi habló, llegando con el resto de los merodeadores, incluidos Wyatt y su hermano menor.  
 — Nada importante, sólo nuestro beso en segundo año —soltó Byron con distracción. 
 — ¿QUÉ COSA? —exclamó Roxanne. 

Era una tarde particularmente calurosa de primavera, casi verano, y el año estaba por terminar en unas semanas, sólo faltaban los fastidiosos exámenes finales. Nyx, Jake y Genevive se encontraban en los pasillos, pues cada uno había terminado su respectivo examen y obtenido su calificación, pero Byron no. De los cuatro, él era el peor estudiante. Nyx tenía un talento innato, Jake era insoportablemente estudioso y Gen tenía un talento innato pero sólo para las materias teóricas. Byron era sólo Byron. Tenía suerte, sus padres eran muggles y no se enteraban de su estado académico, pero tenía a su mejor amigo reprochándolo desde que lo conoció, que era similar, o peor.
Los tres esperaban a su amigo. Había que ser sinceros: no tenían demasiadas expectativas. Era su último examen, y para el que menos había estudiado. Por suerte, la mayoría de los exámenes los había aprobado (aunque por un pelo), pero este era distinto, pues era de historia de la magia, su peor asignatura. Nyx le había hecho cantidades de resúmenes lo más cortos y entendibles como era posible, le había seleccionado libros y hasta le había explicado la asignatura en lugar de estudiar para sus propios exámenes. Byron se lo había agradecido eternamente, pero para él nunca era suficiente cuando se trataba de estudiar. No podía ser tan tosco para aquello. 
Cuando lo vieron salir del aula con una expresión indescifrable, los tres se acercaron eufóricamente a su amigo, con la esperanza de ver en su rostro una sonrisa, algo. Pero sólo caminaba con la cabeza gacha hacia los demás, sin dejar ver su cara. Cuando la elevó, Jake, Nyx y Gen estaban expectantes, con los ojos más abiertos de lo normal. 

 — ¿Y? ¡Di algo! —exclamó Jake, ansioso. 
 — ¡Pasé el examen! —anunció, con una sonrisa de oreja a oreja. 

Jake y Gen no tuvieron tiempo para reaccionar cuando Nyx corrió de manera fugaz hacia Byron y saltó sobre él con alegría, como un gato sobre su comida. Byron no se lo esperaba para nada, por lo que no preparó su cuerpo para el choque y cayó de espaldas al suelo con su amiga sobre él. Así, por accidente, chocaron sus labios no bien tocaron el suelo. Luego de unos cinco segundos de beso, se miraron el uno al otro ruborizados, se pararon de inmediato y, finalmente, los cuatro estallaron a carcajadas en medio del pasillo, con todos mirándolos de forma extraña. 

 — Luego de eso, estuve enamorado de ti un año —confesó —. Eres una rompe-corazones, ¿lo sabías? —fingió estar dolido y puso su mano en su pecho. Pero al ver el rostro de Sander al otro lado de la mesa cambió su expresión a una más seria —. Es broma, es broma.

Después de desayunar entre varias risas, Nyx se marchó con sus amigos de su mismo año a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Además de que era su clase por excelencia, el profesor Hurican era definitivamente su preferido, y se podría decir que él tenía para con Nyx una especie de favoritismo desde que llegó a primer año. De cualquier manera, ella era de esas alumnas que se llevan o muy bien con los profesores, o pésimo. Era más común la segunda opción, con sus respectivas excepciones. 
Aquel año, la clase la compartían con los de Slytherin. A diferencia de algunos de sus amigos, como Louis, Nyx no tenía ningún problema con las serpientes; de hecho, varios de sus amigos eran de aquella casa, como Albus, Scorpius y Anguis, y lo que nadie sabe es que ella estaba preparada para oír al Sombrero Seleccionador enviarla a alguna de estas dos casas: Ravenclaw o Slytherin, pero nunca Gryffindor, y el mismo sombrero se lo dijo. Pero, al parecer, una parte de ella quería ser representada por el rojo escarlata, y así fue.  
La mayoría de los años, excepto primero, ya había comenzado con las clases de duelo con el profesor Hurican, por lo cual todos estaban bastante emocionados. Nyx, por otro lado, no era muy fanática de las peleas, al contrario, le causaban un sentimiento de repugnancia e impotencia total. Cuando era pequeña, lloraba cada vez que participaba o veía una pelea verbal o física. La sacaba de sus casillas. 

 — ¡Bienvenidos a una de las pocas clases que verdaderamente les servirá para vivir en el Mundo Mágico! Espero que sepan usar sus varitas, porque por más que tengan una desde hace cinco años, he visto a muchos que no saben utilizar hechizos — hace una pausa para observar directamente a determinados alumnos y sonríe exageradamente —. Woldin, Laoghaire, arriba. 

Dante la observó con una sonrisa confiada, como desafiándola. Tal vez el punto débil de Nyx era ése, que la desafíen. 
Todos se alejaron a una distancia adecuada para no ser lastimados si algo salía mal. Eran dos de los mejores alumnos de la clase, lo que le agregaba algo de picante al asunto. Parecía una batalla, como casi siempre, entre Gryffindor y Slytherin. 
Enfrentados, elevaron sus varitas y las bajaron como en todo duelo, agregando un comentario competitivo de algún Slytherin de fondo. Se alejaron. Nyx quería ganar. Y si quería, iba a ganar.
Antes de que Dante pudiera pronunciar una palabra, una letra, Nyx ya lo había desarmado. 

 — ¡Expelliarmus! —exclamó agitando su varita. Un segundo después, tenía la varita de su oponente en su mano derecha —. Vaya, creí que una persona como tú tendría una varita bastante rígida —y se la devolvió. Quería algo más de acción. 
 — ¡Everte Statum! —dijo Dante con fuerza, sin embargo Nyx bloqueó el hechizo con facilidad —. ¡Locomotor Mortis!

No pudo hacerla caer, hasta que la leona lanzó un hechizo no verbal, Expulso, haciendo volar por los aires a su oponente. Se le escapó una mueca sonriente, pero la ocultó con rapidez. 

 — ¡Ah, Laoghaire, has vuelto a las pistas! —el profesor parecía más que feliz. Nyx podía adorarlo, pero era un demente. 

Iba a ganar, y ganó.


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 — ¿Estás segura de que esta cosa puede volar sin magia? 
 — Sí, Sander, segura —respondió Nyx con cierta irritación.
 — Entonces los muggles no están tan lejos de la magia como yo creía. 
 — Qué soberbio de tu parte pensarlo —le dijo con un gesto burlón —. Sostén esto —Lysander la observó, escéptico —. ¡Que lo sostengas! 

Él tomó el objeto entre sus manos y Nyx se alejó eufórica de su mejor amigo para quedar a unos tres metros de distancia.
 
— ¡Tira!

Con un fuerte tironeo instintivo, Lysander jaló el hilo mientras que Nyx revoleaba el barrilete. Era como una niña pequeña cuando se trataba de artefactos muggles, principalmente de cosas tan simples con las que la gente se divertía demasiado, o solía hacerlo. La hermana mayor de Nyx, Hera, siempre le comentaba cosas de su mundo ya que, al ser una squib, estaba más adentrada en todo aquello. 
No retuvo el grito de felicidad por haber elevado un barrilete de colores. De su mochila sacó su cámara, capturó el momento de su mejor amigo con un barrilete y una linda foto de éste en el cielo con el castillo de fondo. 

 — Deberías dejar de pensar en estupideces como los barriletes y ponerte a estudiar, ¿no crees? —reprochó, mientras guardaba aquel “triángulo volador”.
 — ¿Por qué tan aguafiestas, eh? 

A la par de las quejas de Nyx sobre las actitudes tan aburridas del chico, se podía observar una cabellera rubia corriendo hacia ellos con tal desesperación que la mejor noticia que podían esperar de esa boca afligida era que tenían tres exámenes la próxima semana. Lysander estaba muy entretenido intentando guardar el barrilete, pero Nyx miraba fijamente a su amiga venir desde lo lejos. Se acercó unos pasos hacia ella, con lentitud, sólo para divisar si estaba respirando bien o no (parecía que tenía espasmos). 

 — ¿Han visto a Roxanne? —preguntó exaltada Sky, con la mano en el pecho.
 — No, ¿qué sucede?
 — Louis y Dyer se están peleando en la entrada —dijo finalmente. 
 — ¿Por qué? 

Estaba entrando al castillo después de dar un paseo con Troian, y luego me dijo que quería ir un rato a la habitación, ya sabes cómo es. Iba de camino a la biblioteca, cuando me encontré a Dyer (no sé qué bicho le ha picado últimamente, pero quiere ir a todas partes conmigo), así que nos quedamos platicando. Comenzamos a planear una salida a Hogsmeade para el próximo fin de semana, también me pidió que lo ayudara con su tarea de aritmancia, porque, bueno, el pobre es pésimo en todo lo que no sea pociones o estudios muggles, seamos sinceras. ¡Y, de repente, vino el lunático de Louis, chocó a Dyer y comenzaron a pelear! “¿No ves por dónde caminas?”, dijo Dyer. “Tal vez tú no me viste porque estabas muy ocupado ligándotela”, le dijo Louis. ¡Es que yo no me lo creo! ¡Son un par de locos! ¡Empezaron a pelear y a mí me empujaron al demonio, como si fuese una mosca molestando! No sé quién se piensa Louis que es, pero yo le pondré los puntos y ya verá… 

Nyx puso los ojos en blanco con fastidio y tomó a Skyler del brazo para arrastrarla hasta la pelea, y de paso interrumpió su historia tan mal narrada. El rostro confundido de Sander se iba achicando en el campo visual de Nyx, y con su boca dibujó un “perdón, te veo en la Sala Común”. Estaba bien que Sky buscara a Roxanne, quien era la única junto con Kat capaz de calmar a Louis, pero a su vez, era capaz de calmar al imbécil de Dyer. Ahora que lo pensaba, era digno de admirar: ¿quién podía calmar a ese par de locos a la vez? 
Una vez que llegaron a la entrada, vieron una oleada de gente, casi multitud, rodeando la pelea con gran curiosidad. 
Cuando nadie tiene nada mejor para hacer, bufó Nyx.
Pudo notar una cabellera rubia en medio de aquellos metiches, y la mitad de una cabellera negra azabache. Empujó a las personas que pudo, con Skyler ayudándola a su lado. Llegó un punto en el que clavaba su codo en la costilla de los demás para que se metan en algo que les importe. 

 — ¡Pelea sin varita, si te crees tan valiente! —gritó Louis, golpeando con brusquedad a su adversario en el pecho, por poco no tirándolo al suelo. 
 — ¿Por qué, no eres bueno con ella? —peleó Dyer, y en una fracción de segundo, Nyx se interpuso entre ambos cuando se estaban lanzando los puñetazos. 
 — ¡¿Pero cuántos años tienen?! ¡¿Cinco, o los estoy tratando de ancianos?! —exclamó con furia. A pesar de que Nyx fuera pacífica, tranquila y amigable, tenía un carácter que no era difícil de exprimir, y cuando salía a la luz era un peligro. Por poco no recibe los puños de ambos —. ¡Par de niñatos! 
 — Déjame romperle la cara —se podría decir que Louis le rogó terminar la pelea, pero la mirada de su amiga fue severa. 
 — Por favor, sería lindo que maduren un poco —estaba indignada, hasta ofendida. Miró a Dyer con el ceño fruncido y se giró hacia Louis, acercándose a él —. ¿Todo porque estaba entablando conversación con tu ex novia? Vamos. 

Tomó a su amigo, quien era una combinación de amarillo y rojo escarlata por su jopo rubio y su rostro lleno de ira, del brazo para llevárselo a la Sala Común. Antes de pegar la media vuelta y marcharse, ambos le dirigieron una última mirada al Hufflepuff de séptimo, que, si no fuera porque Sky lo estaba sosteniendo por la cintura, seguiría la pelea. Y ambos bandos se fueron por su lado, Nyx con Louis, y Sky con Dyer.
No hablaron en todo el camino, Louis ni siquiera quiso decir la contraseña para entrar a la sala. Cuando él se enfadaba, podía ser muy insoportable. Para bien de todos, Roxanne debía interferir en la situación, más que nada por la simple razón de que, extrañamente, era muy amiga de todos los partícipes de la pelea, incluyendo a las chicas; ella sería algo así como la redentora.
Sólo estaban ellos dos en el lugar, y a Nyx le pareció mejor para que su amigo descargara de la manera que se le cantase la ira (o los celos) que reprimía. No era la persona más adecuada para consolarlo o ayudarlo en aquello, pero al menos lo intentaría. Sabía que Louis tenía una forma especial de afrontar sus sentimientos, y estaba bien, él era bastante especial de por sí.

 — Oye —empezó Nyx, poniendo una mano en su espalda con delicadeza —, mejor no pienses en eso, sabes que Dyer es un poco idiota y Skyler… bueno, ella es… es orgullosa. 

Con brusquedad, Louis se sentó en el sofá frente a la chimenea, colocando la cabeza entre sus manos. Nyx realmente no tenía mucha idea de qué hacer. No se conocían tanto, eran amigos gracias a Alyssa, generalmente sólo hablaban cuando ella estaba presente, pero nunca habían estado solos, mucho menos en una situación semejante. Además, ella podía ser muy empática, pero eso no significaba que sabía aconsejar ni tenía las palabras exactas para las situaciones.

 — Sé que terminamos hace tiempo ya, pero pareciera que soy un estorbo. Ella ni siquiera ha intentado que nos llevemos bien después de todo —de golpe escupió —. Es como si nadie me tolerara. 
 — ¡Louis! Ni lo pienses —su tono revelaba sorpresa. Tomó una silla y se sentó frente a él —. No te dejes llevar por los celos, ni por las actitudes de Skyler, que a veces es algo dura, como ya te dije. La conoces. 
 — Nunca fui lo suficiente, ¿o sí? Lo que me hierve la sangre es que no creo que Dyer lo sea tampoco —sus ojos se empezaron a aguar —. Qué digo, ella ni siquiera debe pensar en mí. No hago más que estancarme en un eterno retorno. 
 — Espera, espera. Cálmate por un segundo. ¿Escuchas lo que dices? ¿Que no eres suficiente? ¡Por favor, Louis! Si me dejas opinar, y respetando la decisión de una gran amiga como es Skyler, creo que el haberte dejado por lo que lo hizo fue estúpido. Ella te adora, Louis, sólo le cuesta asimilarlo —se mordió el labio con nerviosismo al ver que el rubio no se movía —. A veces pareciera que todo lo que hace es para molestarte a ti. 
 — ¿Qué dices? No cruzamos miradas desde que terminamos, Nyx. 
 — Bueno, ya, soy pésima para esto y tú eres pésimo para darte cuenta de las cosas. Arriba, vamos a divertirnos con los demás un rato, que el día está hermoso y dejé a Lysander plantado. 

Nyx se levantó con fervor tomando la mano de su amigo y lo arrastró por los pasillos hasta llegar a la primera persona amiga que se cruzaron: Roxanne, la más buscada. 

 — ¿Qué sería de ustedes sin mí? —preguntó ella, divertida. 
 — Habitantes de la enfermería, eso seguro. 

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Cuando Hydra abrió los ojos, era la única despierta. Era lo más usual que ella despertara primero, desde pequeña tuvo sueño ligero y no dormía mucho. Recién bañada, con su cabello rubio ya seco y el uniforme correctamente puesto, salió de su habitación para dirigirse al Gran Comedor. 
Su rutina siempre era la misma: bañarse, vestirse, desayunar, acomodar sus libros e irse a la primera clase del día, las personas que se encontraba en el camino eran extras. Cualquier muggle podría llegar a decir que era una obsesivo-compulsiva, y era muy probable. También una asocial. 
Había algo, además de sus actitudes caprichosas, impulsivas y soberbias, que era extremadamente criticable sobre Hydra, algo que era lo peor de sí: su negatividad. En primavera, estar a su lado era marchitarse. La convertía en alguien con quien no se debía pasar el rato, incluso mirarla. Claro que no era su intención, al menos no la mayoría del tiempo, pero ella misma daba el bocadillo final. 

 — Quítate del camino, Louvre —dijo con desdén. Genevive sólo bajó la cabeza y se corrió hacia la derecha, cuando ni siquiera había chocado a la rubia —. No llores, eh. A ver si Brendan te ve más estúpida de lo usual y sale corriendo. 
 — Ay, Hydra, te abrazaría tan fuerte. Lo siento por ti —Nyx sonrió con pena poniendo su brazo sobre los hombros de Gen, como protegiéndola. 
 — Tú la abrazas y yo la hago añicos, ¿qué tal eso, eh? —Roxanne dio un paso hacia adelante, acercándose a Hydra y acariciando su puño. 
 — ¡Ya, las dos! —justo a tiempo apareció Adrien de la mano de Circe, su novia. 

Las tres leonas, cada una con su expresión característica, se marcharon, escuchando el grito de Hydra en el aire, «¡Lo terminaremos luego, Weasley!». Adrien la miró en forma de reproche, con las cejas levantadas, mientras que Circe observaba divertida la situación; conocía a su mejor amiga y sabía que era totalmente incorregible, por lo que lo único que podía hacer era reír. 
El día a día de Hydra estaba lleno de agresividad, y eso, aunque no lo admitiera, le daba ganas de gritar. 

 — ¿La has escuchado a la loca de Laoghaire? “Te abrazaría tan fuerte”, ¡por Merlín! 
 — Nyx jamás te ha hecho nada, es la única persona con la que no te llevas bien que no ha intentado golpearte hasta ahora. Y lo único que te molesta es que Wyatt esté perdidamente enamorado de ella —Circe le dio al clavo, no había más que decir. 

Se marchó sin decir nada. El día había arrancado mal, y estaba muy acostumbrada, pero aquel día había arrancado peculiarmente mal.
Antes de comenzar su clase de pociones, se dirigió al Lago Negro. Lo primero que hacía los días anteriores a empezar el año escolar era alistarse: infinitos cigarrillos en su bolsa sin fondo. Era malo, pero la abstinencia era peor, y su ansiedad resultaba imposible de soportar para sus amigos. 
Fumaba y se acariciaba el brazo izquierdo con cierto desprecio, casi con intención de arrancárselo. Era difícil de llevar, había pensado mil y una veces hacer todo lo posible para no verlo más, de pequeña se rascaba por horas pensando que se iba a ir. Pero no. Así que tuvo que aprender a lidiar con ello, aunque se le hacía increíblemente dificultoso, más que nada porque tenía que afrontarlo sola, e Hydra era pésima cuando no tenía ayuda de nadie. A veces maldecía a todo el mundo por no darse cuenta de lo mal que se encontraba, por ser apáticos, pero en el fondo sabía que era su culpa: ser cerrada, ser cruel, ser una terrible imbécil. Claro que no hacía nada para evitarlo. Tenía la excusa de que ella era así, y no había nada que pudiera cambiarla. Mentira.    
Mientras observaba el agua con “tranquilidad” (no era eso con exactitud, sino una máscara con ese nombre, la tranquilidad nunca llegaba verdaderamente a su cabeza), apareció una lechuza que conocía hace mucho y que, extrañamente, adoraba. No sabía por qué, pero la lechuza de Wyatt, a pesar de que habían cortado y durante su relación sólo la había visto unas pocas veces en el hombro de su ex novio, siempre le llevaba el correo, y no en la hora que correspondía, sino a cualquier hora. Esta vez, Venecia (así se llamaba el animal), le había llevado una carta de sus padres. 

Hydra, 
    Nos iremos en vacaciones de invierno a Alemania, por lo que queríamos comunicarte de antemano que no podrás venir en Navidad. También debes saber que no puedes ir a casa de ninguno de tus amigos, sabes que no nos agradan del todo. 
   Si haces algo malo lo sabremos. Compórtate, y no hables con nadie sobre lo que sabes, o habrá pésimas consecuencias. 
   Saludos, Maximus y Ophelia.

“¿Tienen algún problema con llamarse a sí mismos mamá y papá?”, pensó, y luego hizo de la carta un bollito para metérsela en el bolsillo. Acarició a Venecia y ésta se marchó volando. 
Suspiró, iba a quedarse un rato más pero eso la deprimiría más. Cuando se levantó, casi cae al suelo encima de su mejor amiga y tal vez la persona que más la comprendía: Amira Ebonywood. 

 — Al fin puedo estar contigo, parece que no te separas de los imbéciles últimamente. 
 — Ya sabes cómo son. 
 — Insoportables. 

Para una persona como Hydra, la amistad tendría que ser un concepto desconocido, no se merece conocerlo, pero lo hacía, y más que varios. Era increíble, tenía a Pipper, Circe, Adrien y Amira, cuando algunas personas que desbordan bondad no llegaban ni a las dos amistades. Pero eso fue lo que le tocó. A pesar de que los amara a los cuatro, con Amira tenía una conexión especial. 

 — Me acaban de comunicar que debo quedarme aquí en vacaciones —comentó.
 — Tus padres son tan adorables. Me caen excelentemente bien. 
 — Morirías en el intento de vivir con ellos diecisiete años. ¿Vamos?, tenemos pociones. Era mucho mejor el año anterior, cuando teníamos aritmancia como primera clase. 
 — Claro, porque eso lo piensa toda la escuela. Pero no importa, porque estamos en el último año y pronto seremos libres. 
 — ¿Libres? Si mis padres se enteran que quiero dedicarme al quidditch, me desheredan. 
 — Si te sirve de apoyo, creo que Ophelia dudaría antes de hacerlo —sonrió irónica. 
 — No, no sirve. 
 — No veo por qué sería desagradable que te dediques al quidditch, eres buena, además es un lindo deporte, aunque… —Hydra la interrumpió. 
 — Espera —de pronto, se paró en seco. Amira la miró confundida. 
 — ¿Qué…? 
 — Hay un puesto libre en el equipo este año. 
 — ¿Y…? 
 — Y si no audicionas, te mato. 
 — ¡Hydra! 
 — ¡Ya mismo le diré a Scorpius! ¡Te veo en pociones! —Amira no pudo decir nada más, porque su mejor amiga ya había salido corriendo con más emoción que nadie. 

Le parecía extraordinaria la idea de compartir partidos con una de sus personas favoritas, patear traseros con ella e incluso ganarle mil puntos a Gryffindor. Sólo pensar en esa escena le daba fervor. Mientras se dirigía a la primera clase, se le escapaba una sonrisa soberbia; se sobrevaloraba mucho, y más cuando se trataba de su deporte favorito. Ni hablar. 
Entró al aula y se sentó a un lado de Amira. Estaba algo molesta, no le convencía mucho la idea de ser parte del equipo, pero cuando a Hydra se le metía una idea en la cabeza, ¿quién podía sacársela? Absolutamente nadie. Ni siquiera ella misma podía controlarse. 
Estaban ambas discutiendo en susurros, “debes estar en el equipo”, “no eres quién para decidirlo”, “quieras o no, audicionarás”, “de verdad, Hydra, te pegaré”, pero una voz, que había hablado durante cinco minutos y ninguna de las dos muchachas le había prestado la más mínima atención, las calló.

 — Kafka, haga la poción con Wadlow, por favor —dijo amablemente el profesor, a lo que Hydra soltó un bufido —. Sí, es obligatorio.

Hydra se sentó a la izquierda del muchacho. Fue la única persona de la que alguna vez se haya enamorado y a la cual le demostró algo de debilidad, por lo que desde el momento en el que dejaron de estar juntos, se le hizo bastante difícil mirarlo a la cara. Sin embargo, él no parecía mostrar un signo de debilidad ni vulnerabilidad, sino más bien indiferencia. Y eso la sacaba de sus casillas. 

 — ¿Qué tal, Hydra? —sonrió de lado, sin mostrar sus dientes, con esa voz tranquila y lenta de siempre, que tanto le había gustado. Wyatt podía ser inexplicablemente atractivo. Hydra sólo se atrevió a asentir.
 — ¿Tienes todo lo necesario? —preguntó con frialdad. 
 — Sí; hagamos el mejor filtro de muertos en vida.

Podía parecer que Hydra seguía perdidamente enamorada de aquel chico de cabello negro azabache, mirada profunda, sonrisa tranquila, voz grave y aspecto solitario, pero lo único que seguía presente en ella cuando lo veía era envidia. Envidia de su paz, de su indiferencia, de su aspecto feliz, de que la haya olvidado más rápido que ella y de que, en su relación, no tenía problema para demostrar un poco de cariño. Pero Hydra era todo lo contrario. Hydra era puro rencor.

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Wyatt Wadlow era, tal vez, uno de los chicos más especiales que se podía conocer. No era más que nadie, según él era menos, pero escucharlo hablar siempre transmitió paz, porque Wyatt estaba repleto, lleno, enfermo de bondad. Toda acción se la dedicaba al otro, en pocas ocasiones a sí mismo, y jamás, pero jamás perjudicaba a alguien. Era inspirador. 

Si había algo que él valoraba más que nada, era a sus amigos y, claro, a su madre, su persona favorita en todo el mundo. Pero cuando se trataba de sus amigos, se trataba de su vida. Podría decirse que él siempre fue, es y será el amigo incondicional. Excluyendo a Gregory, Wyatt fue el único de sus mejores amigos que el Sombrero Seleccionador seleccionó para ser una serpiente; le habría encantado compartir habitación con James, Zeus y Gregory a la vez, sí; le habría encantado quedarse hasta las cuatro de la mañana frente a la chimenea con sus cuatro mejores amigos, incluida Dominique, riendo de cualquier estupidez, sí. Pero estaba muy satisfecho con el verde esmeralda.    

 — Sonríe un poco, Wy, estás con tus amigos luego de tres meses de vacaciones —le dijo Jenna Oliphant de buen humor, cuando lo vio salir de su primera clase. Jenna era como una hermana menor para él, y la apreciaba mucho. Wyatt sonrió de lado, tímido, como siempre. 
 — Sólo estoy un poco cansado, pero sabes que estoy más feliz que nadie. 

Claro que estaba feliz. Estaba feliz de aprender magia todos los días otra vez, de ver a sus amigos, de estar en el castillo, de comer los deliciosos platos que se servían en el Gran Comedor, de volver a Hogsmeade y, especialmente, de ver a Nyx de tanto en tanto. Y eso lo sabían todos. Excepto Nyx.

Daba pena verlo tan enamorado, a la vez ternura, lo mejor era que no le daba miedo ocultar lo que sentía; al contrario, parecía muy orgulloso de haberse enamorado.

 — ¡Wyatt! —gritó Dominique en su oreja —. Deja de vaguear y préstame atención. 
 — ¿Qué? —carcajeó algo aturdido. 
 — Queríamos decirte que ya tenemos todo listo —dijo James, guiñándole. 
 — ¿Entonces hablo con Jake y Byron? 
 — Sí, lo más pronto posible. 
 — De acuerdo. 

De los merodeadores, se podría decir que Wyatt era el más tranquilo, pero no podía ser merodeador sin amar las travesuras, ¿o sí? 

Después de ir a cenar, se dedicó a buscar a los dos Ravenclaw de sexto que últimamente causaban casi tanto lío como los merodeadores mismos. Wyatt le tenía mucho cariño a Byron desde que éste había llegado al colegio, cuando el último se perdió y en lugar de ir a su Sala Común, fue a la de Slytherin y casi enloquece. Además, sus familias eran cercanas entre sí ya que sus casas estaban cerca la una de la otra, de vez en cuando se juntaban en vacaciones de verano. 

 — ¿Cuántas veces te he dicho que no leas mi diario íntimo? —se escuchó una voz ofendida, pero unas carcajadas la tapaban —. ¡Ya para, no es gracioso! 
 — Querido Diario, hoy vi a Cordelia sonreír y creo que ya sé lo que significa enamorarse… —decía otra entre risas, casi ahogada. 
 — ¡Dame eso, Byron!
 — Si tuviera hijos con ella, los llamaría Lucy y Allan —luego de esto, Wyatt pudo ver a Byron cayendo al suelo por la risa —. ¡Esto debe ser publicado!
 — ¡BYRON! 

Wyatt frunció los labios intentando no reír, se acercó a ellos con los brazos cruzados y esperó a que noten su presencia, es decir, tuvo que esperar a que Jake se tirara encima de su mejor amigo e intentara arrebatarle el cuaderno. 


 — Sé que están en medio de una discusión importante (quiero decir, Allan es un nombre horrendo), pero necesito decirles algo, chicos. 
 — ¡Allan, como Edgar Allan Poe! —gritó indignado. 
 — Pobre niño —añadió Byron, pero antes de que Jake siga gritando histérico, Wyatt se apresuró a comentarles la idea. 
 — Necesito que me ayuden en algo. 
 — Lo que diga, comandante. 

El plan parecía haber dejado maravillado a Byron, como si nunca hubiese escuchado cosa más hermosa. Por otro lado, Jake observaba cada cinco segundos a su mejor amigo de reojo con un toque de indignación en su mirada, mientras acariciaba su diario, pero también quedó bastante agradecido por haber sido incluido en todo aquello. 

 — Entonces, ¿entendieron todo? 
 — Sí, más que entendido —Byron estaba bastante entusiasmado. 
 — Perfecto. Nos vemos luego, muchachos.
 — Adiós, Wyatt —respondieron al unísono. 


Jake y Byron se dirigieron a la Sala Común de Ravenclaw, y Wyatt a la suya. 

 — ¿De veras Allan te parece tan horrendo?

erhaben
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Finnellark. el Lun 10 Oct 2016, 12:31 am

LEONELA, ACABO DE TERMINAR TU CAP, FUE HERMOSO, LO SABES NO?? BUENO, TE LO DIGO, FUE BELLO Y ME ENCANTO TODO, DESDE EL PRINCIPIO (CON ALGO DE TRISTEZA EN ESE MOMENTO) HASTA EL FINAL (DONDE CREO QUE IBA A LLORAR DE LA RISA)

Mi comentario es kk, i know, pero queria que supieras que lo ame por completo comentare mas lindo junto con los que ya debo

Y rashos, me toca subir muack

Finnellark.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Grey Lady. el Lun 10 Oct 2016, 6:52 pm

Perdonennnn tanto que ando tan alejada de todo esto que ya hasta me dan ganas de llorar  :posnoveo: cuando, en un futuro no muy lejano, mi inspiracion vuelva escribiré ♥ mientras me adelantaré con comentarios kajslakjsalksja las amo muchisimo  c:

Grey Lady.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Finnellark. el Lun 10 Oct 2016, 10:44 pm

MILUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU, se te extraña por acá

Finnellark.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Megara. el Mar 11 Oct 2016, 7:51 am

¡LEOOOOOOOOOOOOOO!
Amé tu capítulo mujer EN SERIO. TODO. Roxy es un amor de persona, por favor, se lo merece todo y eso cuando vio a George llorar frente a la tumba de Fred, se me partió el alma
Amé las relaciones de tus personajes, y la amistad/hermandad entre Louis y Roxanne, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]
Y Dyer siendo super raro, acosando a Isis (PARA MI SON SHIP, NO ME IMPORTA NADA) pero después quedánsose embobado son Sky no sé por qué me haces esto

LO AMÉ. Comentaré como es debido pronto, y espero el cap de Andy

Megara.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Megara. el Mar 11 Oct 2016, 7:51 am

Milu, ¿estás viva?

Megara.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por wanheda. el Mar 11 Oct 2016, 2:29 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Perdonennnn tanto que ando tan alejada de todo esto que ya hasta me dan ganas de llorar  :posnoveo: cuando, en un futuro no muy lejano, mi inspiracion vuelva escribiré ♥ mientras me adelantaré con comentarios kajslakjsalksja las amo muchisimo  c:

La hija pródiga
Que me tiene anbandonada como a un perro aquí

wanheda.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Finnellark. el Lun 24 Oct 2016, 12:08 am

Yo os iré subiendo capitulo después de mis parciales, que terminan en dos semanas y espero poder ir avanzando con los comentarios igual muack

Finnellark.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Supertramp. el Sáb 29 Oct 2016, 3:19 pm


Supertramp.


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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por wanheda. el Dom 20 Nov 2016, 2:19 pm

¡Accio escritoras! No me seáis muggles y manifestaros  

wanheda.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Megara. el Dom 20 Nov 2016, 3:11 pm

presente

Megara.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Finnellark. el Dom 20 Nov 2016, 4:59 pm

Me falta la ultima parte de mi cap para ya subirlo

Finnellark.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Finnellark. el Miér 23 Nov 2016, 11:16 pm

Bueno, en vista que estoy tardando algo para subirles cap les dejaré un adelanto...

Es la primera vez que dejo adelanto

adelanto aquí :

— ¿Cuánto tiempo más piensas seguir en esa posición, mirando al árbol como si fuese la cosa más interesante? —Dirigió su mirada verdina a su primo Hugo, quien lo veía con un rostro que dejaba entre dicho “ya deja de ponerte reflexivo, eso no va contigo”— Vamos tarde, y no lo digo porque me preocupe mucho el llegar tarde a una clase, pero no creo que debamos empezar mal tan temprano con el historial académico.

— Capullo —le llamó Louis bajándose del borde del muro de ladrillos. Vio el rostro confundido de su primo y no pudo evitar reírse.

— ¿Cómo me dijiste?

— Capullo —repitió, con las comisuras de sus labios en una sonrisa socarrona—. Te reto a que no entremos a la clase de pociones y nos vayamos de incognito por lo que resta del día.

— Louis… —rezongó Hugo, no muy convencido de hacer aquello.

— ¿Ves? Capullo. Me decepcionas, primo —le hizo saber estando cruzado de brazos y lanzándole una mirada de desaprobación.

— No me insultes —terció Hugo señalándolo—. Además, el seguirte la corriente me dará más problemas a mí que a ti. Eso todo el mundo lo sabe ya. Ya tuve suficientes con lo que le hice a Kapule la otra vez.

— Já, que gallina te me estas portando —dejó entre ver con su descares peculiar. Vio que Hugo abría la boca para probablemente lanzarle un mal comentario, pero volvió a cerrar sus labios. Fue cuando sintió la presencia de alguien a sus espaldas.

— Louis —se quedó estático al reconocer la voz de Katrina, pero ya que el recuerdo del cómo lo petrificó seguía fresco, decidió ignorarla súbitamente, y hacer como si no la hubiese escuchado, mientras pensaba que otro comentario lanzarle a su primo para seguir con la plática.

— Como te decía, Hugo…

— Weasley te estoy hablando —sonrió disfrutando el momento, porque si daba algo por sentado es que no sería él quien diese su brazo a torcer primero.

— Como te decía, primo…

— ¡Louis!

— Oh, Katrina, no te había visto o escuchado sinceramente. ¿Qué se te ofrecía? —Observó cómo la castaña apretaba la mandíbula y no era para menos ante el comportamiento tan obstinado que podía tener él a veces.

La mayoría de las peleas que sucedían entre ambos se debían principalmente a eso: la gran boca de Louis y lo terco que podía ser si se lo proponía.

— No empieces Louis.

— ¿O qué? ¿Me vas a petrificar de nuevo?

— Yo… —Su amiga se quedó sin palabras, así que decidió dar por finalizado el encuentro.

— Tengo clase, Katrina, nos vemos luego —se retiró del pasillo para “dirigirse” a la clase de Pociones—. Vamos, Hugo.

Finnellark.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Megara. Ayer a las 11:16 am

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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Megara. Ayer a las 11:17 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Bueno, en vista que estoy tardando algo para subirles cap les dejaré un adelanto...

Es la primera vez que dejo adelanto

adelanto aquí

— ¿Cuánto tiempo más piensas seguir en esa posición, mirando al árbol como si fuese la cosa más interesante? —Dirigió su mirada verdina a su primo Hugo, quien lo veía con un rostro que dejaba entre dicho “ya deja de ponerte reflexivo, eso no va contigo”— Vamos tarde, y no lo digo porque me preocupe mucho el llegar tarde a una clase, pero no creo que debamos empezar mal tan temprano con el historial académico.

— Capullo —le llamó Louis bajándose del borde del muro de ladrillos. Vio el rostro confundido de su primo y no pudo evitar reírse.

— ¿Cómo me dijiste?

— Capullo —repitió, con las comisuras de sus labios en una sonrisa socarrona—. Te reto a que no entremos a la clase de pociones y nos vayamos de incognito por lo que resta del día.

— Louis… —rezongó Hugo, no muy convencido de hacer aquello.

— ¿Ves? Capullo. Me decepcionas, primo —le hizo saber estando cruzado de brazos y lanzándole una mirada de desaprobación.

— No me insultes —terció Hugo señalándolo—. Además, el seguirte la corriente me dará más problemas a mí que a ti. Eso todo el mundo lo sabe ya. Ya tuve suficientes con lo que le hice a Kapule la otra vez.

— Já, que gallina te me estas portando —dejó entre ver con su descares peculiar. Vio que Hugo abría la boca para probablemente lanzarle un mal comentario, pero volvió a cerrar sus labios. Fue cuando sintió la presencia de alguien a sus espaldas.

— Louis —se quedó estático al reconocer la voz de Katrina, pero ya que el recuerdo del cómo lo petrificó seguía fresco, decidió ignorarla súbitamente, y hacer como si no la hubiese escuchado, mientras pensaba que otro comentario lanzarle a su primo para seguir con la plática.

— Como te decía, Hugo…

— Weasley te estoy hablando —sonrió disfrutando el momento, porque si daba algo por sentado es que no sería él quien diese su brazo a torcer primero.

— Como te decía, primo…

— ¡Louis!

— Oh, Katrina, no te había visto o escuchado sinceramente. ¿Qué se te ofrecía? —Observó cómo la castaña apretaba la mandíbula y no era para menos ante el comportamiento tan obstinado que podía tener él a veces.

La mayoría de las peleas que sucedían entre ambos se debían principalmente a eso: la gran boca de Louis y lo terco que podía ser si se lo proponía.

— No empieces Louis.

— ¿O qué? ¿Me vas a petrificar de nuevo?

— Yo… —Su amiga se quedó sin palabras, así que decidió dar por finalizado el encuentro.

— Tengo clase, Katrina, nos vemos luego —se retiró del pasillo para “dirigirse” a la clase de Pociones—. Vamos, Hugo.

LO AMÉEEEEEEEEEEEEEEEE HUGO Y LOUIS OMG SON TAN LINDOS
Y Katrina y Louis peleados, como si pudieran vivir sin el otro(? quiero ver cuánto durará eso

Megara.
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Re: I solemnly swear that I am up to no good.

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 5:35 am


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