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The Selection.

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Re: The Selection.

Mensaje por Megara. el Lun 06 Jun 2016, 8:13 pm

voy lento pero seguro con los comentarios(?

andyy:
DISCULPA LA HORRIBLE LARGA TARDANZA, pero mi vida es más complicada de lo que me gusta admitir.

¿Y todo por qué? Por las castas. Y estaba más que 100% seguro que aun después de acabado ese evento, aquel descontento que tenía la población con el gobierno por la forma tan absurda en que los clasificaron seguiría latente, porque eso mismo sentía el, un fuego interno cada que miraba a algún gobernante ya sea a una gran distancia o por el pequeño cajón de metal que tenían de televisor en su casa.

A pesar de que no tengo la menor idea de quién es Tyson me gustó esa parte de su actitud. No es que quiera que el muchacho vaya a armarse de bombas y se lance contra el gobierno a la clara(? probablemente acabaría muerto en un parpadeo si lo hace. Pero me parece genial que no se deje engañar por los medios y sus inútiles formas de acabar con el descontento de la población

No permitiría que su hermana menor fuera parte de aquel teatro, o que la entrevistaran para ser proyectada frente a millones de personas, o que fuera la comidilla de sus posibles competidoras. Tenía en cuenta que sabría defenderse ella misma, pero también que aquella imagen de “me vale cualquier opinión que tengas sobre mi” era solo una fachada y que estando sola se resquebrajaba con facilidad.

PERO es muy sobreprotector(?) si la chica se quiere ir, déjenla(?) ella aprenderá por qué no querían después

— Oh, tranquilo, Ty. Sabes que detesto esas payasadas televisivas tanto como tú.

Juraba que algún día no perdería la cabeza ni los estribos por la falta de comida, si no por los cambios de actitud que tenía la menor. Lo sacaba de quicio, realmente lo hacía. Era peor que Timothy tratando de ligar con cuanta chica apareciera en su vista, diciendo lo asombroso que se le daba el pintar y que no cobraría por hacerles algún retrato a cambio de que aceptaran una cita con él.

AJAJAJAJAJAJAJAJA TY TENIENDO UN ATAQUE PORQUE SU HERMANA SE PUSO TRISTE, Y LUEGO ELLA DE LO MÁS NORMAL
y Timothy, ajajajaja, qué galante

Si comenzaba a cernirse el cansancio sobre él por las labores que conlleva ser un heredero, siempre recurría a su preciado arco para lanzar flechas hasta que su subconsciente dijera basta, estando más tranquilo y relajado después del entrenamiento.

Por eso en aquel momento seguía practicando, porque aun trataba de digerir completamente la noticia de que la tan famosa selección no solo se llevaría a cabo con los príncipes de Illéa, sino también en los demás reinos, incluyéndose el suyo, incluyéndolo a él.

Ya te dije lo mucho que me encanta Cyrus, ¿no? porque es un amor y no sé, adjakdhakda que sea el más calmado de los tres me hace pensar que es como el ancla...o el chicle...o algo simplemente bueno entre los herederos de Rottingham(? Mira que no está enojado porque lo obliguen a buscar una esposa, ¡CUANDO NI TIENE 20!, sino que sorprendido. Alguien dele un listón por dulce

— Su alteza —saludó con diversión para molestarla, porque sabía cuánto le desagradaba el que la llamaran así.

— Ugh, no me llames así, Cyrus, estas advertido.

— Pero que humor te traes…

— No empieces…

— ¿Sera que algún seleccionado tuyo podrá llegar a quitarte algo de tu humor negro y explosivo? —cuestionó con burla colocando una mano en su barbilla para fingir estar pensativo.

AMÉ ESTO. Bueno, amo todo de los hermanos Aldridge, eso debería ser obvio pERO AÚN ASÍ TENGO QUE DECIRLO. POrque estos dos se viven peleando pero se quieren y Cyrus ama joderla tanto porque sabe que Jeanne se enoja fácil y son vida

—. Yo gano, por lo que elegiré con quien de tus seleccionados tendrás tu primera cita, desde el primer día en que los conozcas.

—. No. No y no. No tendré ninguna cita el primer día, y menos dejare que tú seas quien elija a ese espécimen de ser humano con testosterona.

— Ni creas que cumpliré con mi palabra —dijo la morena con algo de reproche para darse la vuelta sin dejar que Cyrus pudiera objetar algo.

— ¡Ya veremos, Jeanne!

WUAHAHAHAHAHA IDEAS, ME DISTE MUCHAS MUCHAS IDEAS. YA VERÁS CON MI CAPÍTULO, JA.    
Lo repito: amo a los hermanos Aldridge. Son todo.

— Si, Cyrus, tu manera de irritar a tu hermana mayor cuando sabes perfectamente como es ella —le hizo saber con un tono de fastidio—, y tu confianza para con el personal.

viejo creído  

— Igualmente era para eso, pero te quería por otra cosa: que intentes lograr que Jeanne se comporte durante lo que dure la selección.

quiero ver que lo intenten   a ver cómo les va  

Y Daniel… su pérdida fue la que más le había afectado. No había mucha diferencia de edad entre ambos, por lo que siempre se identificaban con el otro. La muerte de su padre aun le ponía melancólico, pero la de su hermano, con la de él aun sentía como si le golpeasen nuevamente en el fondo del estómago cada que lo recordaba; cosa que pasaba a diario.

Nunca comprenderé cual es tu afán por ponerle situaciones tan trágicas a tus personajes al menos solo que se muera uno, no todos y luego él tiene que lidiar con doble trauma, como si uno no fuera lo sficiente

Pobre Donovan, que solo procura no estar en el medio para no meter la pata

Le gustaba el porte serio que tenía aquella chica cuando le encomendaban alguna tarea, o cuando se veía relajada y sonriendo, que era muy raro el momento.

yo huelo amor yo huelo ship alerta ship
Donovan es como un niño, ama molestar a la chica que le gusta si supieran que es mucho más fácil hacerle cariños como una persona normal(?)

— ¿Tanta fe tienes en mi mama? —inquirió sin poder evitar que se le quebrara algo la voz. Vio dentro de aquel par de ojos como la pared para retener los sentimientos, la cual construyó tras las perdidas, se desmoronaba un poco.

— Nunca la perdí, Donovan. Y sé que lo harás bien, no solo por lo riesgosa que es y que tu vida dependa de ello —le sonrió de lado, logrando sacarle una pequeña risa

Que lindo yo quiero ver cómo le hace Donovan para no meter la pata en el palacio y ENCIMA VA SOPHIE. LA CHICA QUE LE GUSTA. A mi no me digan que no HUELO DRAMAAAA. Quiero drama

—. Algún día te darás cuenta que estás tan loca por mí, como yo lo estoy de ti, Sophie Finnegartt —habló como si fuese una promesa.

SHIP. SHIP. SHIP HE DICHO.

— Pero crees que Gytta sería mejor reina que nosotras —mofó, confiada en haber dado en el clavo.

— Yo no dije eso, alteza —el ver como William trataba de cubrirse le divirtió, aunque igual le dio ternura.

Porque vamos, ante los ojos de Annelyss, habría que ser un ciego para no ver que ese chico estaba que brillaban sus ojos cuando Gytta aparecía en el radar.

Creo que con uno de los ships que más sufriré es con Gyta y Will muack porque son tan bellos pERO NO DEBEN ESTAR JUNTOS.    

Reconocía que la emoción iba en relación con aquella pequeña ilusión de querer conocer por experiencia propia lo que era el querer a alguien. El sentir amor por otra persona. Ese bello sentimiento que describían los libros empolvados en los viejos estantes de la gran biblioteca dentro del palacio.

Annelyss es como un dulce de leche, Dios espero qe nadie trate de romperle el corazón, en serio o aquí correrá sangre

Sabía que Casper la inspeccionaba para tratar de adivinar sus pensamientos, como si ella fuese una enemiga más y en un segundo lo llegase a traicionar; como si se tratase de una competencia, en la cual ninguno tenía el mando del control. Él había empezado con esa pesada actitud de portarse como el jefe de la familia desde la pérdida de Julissa, empeorando el asunto cuando les llegó la noticia de que su padre tenía cáncer.

¿¿¿¿¿¿????????
¿POR QUÉ? no es lógico, es cruel      

Pero son un grupo de niños que están al mando de los hermanos más grandes, qué difícil es eso. Deben ser muy valientes para enfrentar eso por sí solos. Su papá con cáncer no da para mucho. Es demasiado cruel y me enoja

Razonó antes de lanzarle una mirada seca a Jasmine, porque ella sabía bien de que iba todo esto: July no iba al castillo para enamorarse del príncipe, ella iba por aquellos imprescindibles documentos que les daría a los sureños las bases para que la gente apoyara el inicio de una revolución, y que con ello se lograse terminar con el sistema de las castas.

nunca digas de esa agua no voy a beber    Me encantaría ver que pasa con July cuando llegue al papalcio y se encuentre con que no es tan fácil odiar a los príncipes que no tienen la culpa de nada. heheheehe

Aun recordaba con exactitud las palabras trazadas en aquel papel, en donde les hacían saber sus disculpas para con sus pequeños hermanos porque ninguna les acogió en su casa tras la muerte de la madre de los cuatro, la cual se había dejado sumir en una profunda depresión tras la pérdida de su esposo, quien había perdido la vida en combate, siendo un soldado en las tropas italianas.

YO NO SABÍA ESO. NO SABÍA QUE SUS HERMANAS HICIERON ESO. Bueno, sime lo dijiste, seme olvidó sabes que a veces se me borran las cosas. PERO AUN ASÍ, NO LO PUEDO CREER. ¿COMO PUDIERON SER TAN PERRAS???? ¿TAN HIJAS DE PUTTTT???? ojalá y les pese la conciencia por el resto de la eternidad eso no se hace, no se hace por suerte, Ed está en el palacio. Y TIENE UNA CASTA MÁS ALTA. Vale, ya que se eso sonó feo pero es que entiende mi punto

— Oh, tu sabes, podría proponerle a Violetta unas clases de cocina para ayudarle a mejorar —Vio la sonrisa de arrogancia de su amigo y su propia reacción confirmaba el disgusto que tenía cuando veía a ella pasando el tiempo con otra persona que no fuese él.

No sabía si catalogarlo como celos. Aunque si así fuesen serían de esos celos que sientes cuando ves a tu mejor amiga pasándola bien con alguien más, aparte de ti.

Querido Ed, es un pecado mentir es un pecado mentirte a ti mismo, encima de todo Si esos no son celos, entonces no me quiero imaginar los celos de verdad

Se detuvo en seco al reconocer la voz de Violetta. Diferenció en su rostro sereno, aunque serio tal vez por el comportamiento de ellos, un atisbo de diversión. No pudo evitar sonreír al verla ahí frente a ellos. Con su cabello castaño recogido en una alta coleta y con el habitual uniforme de doncella. A pesar del look simple que portaba, no dejaba de ser linda ante los ojos de Edrich.

¿Ves? Este chico tiene problemas serios si cree que no siente algo más que amistad por Vi ¿por qué se empeñan en estar en negación? la negación no resuelve nada

Tenía justo adelante la de su padre, en el flanco izquierdo la de su abuelo y en el derecho la de su hermano.
Sus ojos almendrados veían con pesar aquellos tres nombres. Llevaba tal vez ya una hora en la misma posición sin decir una sola palabra, y regañándose mentalmente por no haber traído siquiera unas flores, puesto que ya tenía un año desde la última vez que fue a ese lugar.

« ¿Por qué viniste aquí, Donovan?»

Yo tengo la respuesta: el chico es masoquista
dale, tal vez los extrañe y esa sea su forma más...eficiente(?) de recordarlos. Pero no. No hay que lastimarse a uno mismo de esa manera; yo veo una foto o recuerdo algún momento con ellos. No, ir al cementerio me pone con los pelos de punta. :c

. Pero que sepan que no dejo de extrañarlos, me hacen mucha falta. Demasiada… —su voz se había convertido en un hilo delgado, así que trato de calmarse un poco, para poder hablar.

» Pero les prometo algo: voy a conseguir esos documentos. Nadie me sacara de la selección hasta que logre aquello. Se los juro por mi vida, por lo que representa ser un rebelde sureño y porque es lo menos que puedo hacer para honrarlos.

Me puso sentimental odio que se sienta que es una carga para los demás, clARO QUE NO LO ERES, DONOVAN no tienes que sentirte así porque no lo eres y la promesa que les hizo, deoh, espero que lo logre y todos sean felices lo dudo, porque siempre me haces sufrir con tus pjs....pero por lo menos la mitad de feliz

El hecho de que no podía decidir con completa libertad ningún tema en su vida privada siempre le había oprimido, por lo que, si no podía hacer de su vida lo que él quisiese, al menos trataría de darle gusto a la gente.

Qué horrible. No la parte de darle gusto a la gente, aunque sería mejor que dijera tratar de hacer a todos felices. Pero qué horrible que no tenga libertad para hacer lo que a ÉL le haga feliz. Odio estas castas y esta falta de libertad que tienen los herederos

— Que a pesar de que yo sea la última en nacer, para las dos tu eres el menor.

— ¿Por qué es que ustedes acordaron en eso?

— Porque eres el único varón —respondió ahora la mayor con un tono de “ya deberías saber eso, duh”—. Así que vete enterando que estaremos muy al pendiente de tus seleccionadas.

— De Skyler lo creo, pero tú —señalo a la morena como si la acusara de algo—, las vas a intimidar.

— Yo puedo ser muy dulce cuando quiero.

— Já, si claro.

— ¡Skyler se supone que estas de mi lado!

WUAHAHAHAH los amo, los amo tanto son tan bellos, estan en competencia con los hermanos Di Lorenzo qué poca fe tienen que en Jeanne vaya a vigilar de forma no dañina a las seleccionadas de Cyrus la chica puede controlarse cuando quiere *no se lo cree ni ella* Pero en serio, amo la relación de hermanos que tienen estos tres, es hermosa
Amé mucho tu cap y lamento haber tardado tanto para comentar, Andy

Megara.
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Re: The Selection.

Mensaje por Finnellark. el Lun 06 Jun 2016, 10:40 pm

Ando del celu y me acabo de leer tu comentario, Ems...

Deosssss, muchas gracias tu comentario me ha alegrado el diaaaaaaa de tan cansada y agotada que termine ;-;esto fue como un rasho de luz durante la tormenta (y epa que donde vivo la lluvia está a todo lo que da jajaja) pero en serio muchas gracias, tu comentario fue hermoso muack muack muack me encantoooo aunque cites mi tendencia por hacer sufrir a mis pjs

Tus comentarios siempre son vidahhhh

Finnellark.
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Re: The Selection.

Mensaje por Supertramp. el Jue 09 Jun 2016, 12:21 pm

SE ME HA DAÑADO EL CELULAR SABEN Y AHÍ TENIA ESCRITA LA PARTE DE SYLVAN, OKEY 
bueno, está confirmado que subo el sábado u-ú quería subir dos partes, pero bue, las escritoras novatas no pueden con tanta carga en la espalda 
plus el AVY DE EMS 
plus EL PERFIL DE TEPH

okey): eso era):

Supertramp.


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Re: The Selection.

Mensaje por Megara. el Vie 10 Jun 2016, 5:12 am

Siempre citaré eso, Andy, porque siempre me van a doler las cosas que le haces a tus pjs(?

Lauuuu, ay geniaaal y gracias por lo del avy(? Espero que tengas celular de vuelta pronto

Megara.
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Re: The Selection.

Mensaje por Finnellark. el Vie 10 Jun 2016, 9:29 pm

¿Larga vida al drama, Ems?

Finnellark.
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Re: The Selection.

Mensaje por Megara. el Vie 10 Jun 2016, 9:45 pm

sí pero no

Megara.
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Re: The Selection.

Mensaje por Tessa el Sáb 11 Jun 2016, 12:33 am

Laaaaaauuuuu muack te extraño mucho mucho mucho mucho te quiero
Gracias C:

___________________________________________

"The scar I can't reverse, When the more it heals the worse it hurts, Gave u every piece of me,
no wonder it's missing, Don't know how to be so close to someone so distant..." {M}

Tessa
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Re: The Selection.

Mensaje por Supertramp. el Sáb 11 Jun 2016, 7:10 pm

OKAY I GIVE UP
llevo todo el día tratando de hacer cuadra el capítulo a cómo yo lo quería but i can't, right, me distraigo más haciendo los comentarios ¡QUE EL MISMO CAPÍTULO! y'all can kill me Y-Y En ese caso sigue Mari):
me iré al final como en i solemnly
Por cierto Kathe, me di cuenta en la guía de capítulos, que no pusiste el cap de Teph, ya que ese ere el sexto y no el de georgie u-ú
disculpeneme, pensé que hoy tendría el capítulo listo, pero no esta, y me siento como la peor always
Y OMG TEPH YO TAMBIÉN TE QUIERO Y TE EXTRAÑO SABES):
Y Ems, yo también espero recuperar pronto mi celular *la verdad es que explotó* mentira): se le daño el táctil así que yep):

Supertramp.


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Re: The Selection.

Mensaje por wanheda. el Dom 12 Jun 2016, 5:09 am

Ese momento en el que sabes que será imposible subir Seguiré esperando por mi príncipe Sylvan baba baba  Qué cabeza de chorlito que soy, ahora lo corrijo Por cierto, sigue [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] (Ems), Mari es cuarta Y Lau luego te mando un mp

wanheda.
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Re: The Selection.

Mensaje por Megara. el Dom 12 Jun 2016, 8:28 am

Ya me pongo a escribir

Megara.
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Re: The Selection.

Mensaje por Megara. el Jue 23 Jun 2016, 9:41 pm

katee:
LAMENTO TARDARR TANTO PARA COMENTAR, KATE     pero life is tough, tu sabes  

Primero que nada, tus capítulos siempre son super genialosos no importa si los terminas con toda la paciencia del mundo o tan rápido que tus dedos superan tus ideas en velocidad(?

Los músculos le hormigueaban por el cansancio, y notaba palpitar las mejillas de las agujetas que le había provocado sonreír durante todo el día. Su abuelo le había hablado de los entrenamientos a los que se sometían los rebeldes. Artyca también había pasado por una versión de éstos semanas atrás. Pero podía afirmar con conocimiento de causa, que ningún entrenamiento, era tan duro como el primer día en La Selección. A sus ojos, parecían haber transcurrido años desde que abandonó su casa aquella mañana.

Me imagino a Artyca toda frustrada porque solo quería descansar y ponerse ropa normal, después de estar todo el tiempo sonriendo para la gente y las cámaras. Yo no sé como aguantan, la verdad, con todo los medios encima xd es frustrante. Además, la chica estaba dando trompicones desde la fiesta de despedida, pobre Arty
Yo le voy a Artyca pero quiero ver a Bonnie en acción ya sabes, un poco de drama nunca viene mal quiero una demostración de sus habilidades en su forma más competente

Que tenía preparado para ella un vestido amarillo canario raso, con hombreras voluptuosas en color rosa fucsia. Puede que su limitado guardarropa no convirtiese a Artyca en una experta en moda. Pero desde luego, sabía que ese vestido la haría quedar como una completa estúpida ante las cámaras.

AAHAHAHAHAHAHAAH PERO A QUIÉN SE LE OCURRE UN VESTIDO ASI????
Horrible. Yo que no aprecio mucho el amarillo en la ropa de por sí, entonces vienen estos a querer disfrazarla de loro humanizado Artyca llegó a discutir con todos los estilistas a la selección (????

La familia real no hablaba entre sí, miraban su plato todo el rato. Como si fuese parte de una obra ensayada. Tan solo se oía el sonido de los cubiertos y de toses disimuladas.

Eso fue un poco triste, ¿sabes? Porque cualquiera se daría cuenta de su "bella" relación familiar. Es triste que no hablen en la cena en mi casa no nos callamos por más de cinco minutos xd

Dio otra vuelta en su nueva cama. Demasiado blanda y grande. A pesar del cansancio le resultaba imposible conciliar el sueño. Echaba de menos su colchón lleno de nudos.

Este es el vivo ejemplo de lo que pasa cuando estás muuuuy acostumbrado a algo que a otros no le parece tan genial(? pERO NO. YO ME HABRÍA DORMIDO SUPER RÁPIDO. Sería como esos colchones mágicos del hotel, que te hacen sentir en el cielo

Spoiler:

La música reverberó en la inmensidad de la sala, tan solitaria y apacible. Lo que buscaba, lo que no podía conseguir. Su ansiedad se transmitió en las notas; temblorosas e indecisas. Quería gritar, tan alto como para hacerse daño. Salir corriendo, hasta que se le cayesen las piernas. Daría lo que fuera por estar en el salón de su casa, escuchando a su hermana tararear una canción y viendo a su abuelo sentado en el sillón, pensativo.

No debió haber aceptado la misión. Era demasiado. Su primer día y ya se había quebrado. Artyca no era una guerrera. Tan solo era una Cinco, que nació bajo otro título, otra casta; prohibida y peligrosa. Que tampoco pudo escoger. Nunca tuvo la oportunidad de escoger.

Un grito estrangulado espiró de sus labios temblorosos y mojados por las lágrimas. Sin embargo, sus manos autómatas, se sobrepusieron a su desasosiego. Y cambiaron la melodía discordante por un clara y concisa. La de la canción de cuna que solía interpretar su padre para ella después de un mal sueño.

Poco a poco, la calma de la música pertrechó en Artyca, matando el desconcierto. Recordó por quién y para qué estaba allí. Era más fuerte que todo eso, que un programa de entretenimiento y una panda de títeres reales. No lo había elegido, pero sí; era una Cinco y, también, una rebelde. Por nacimiento, por derecho. Significase aquello lo que significase. Pero si por algo se caracterizaban los Sureños era por su determinación, su valía, su sentido del deber.

LO SIENTO TUVE QUE CITARLO TODO PORQUE LO AMÉ. AMÉ TANTO ESA PARTE. NO SÉ. LA ANSIEDAD DE ARTYCA, SU ATAQUE DE PÁNICO Y COMO FUE DESCENDIENDO CON AYUDA DE SU MÚSICA Y LUEGO QUE LO DE LAS CASTAS Y LO DE ELEGIR Y SU MISIÓN MÁS ALLÁ DE LO DE ILLÉA Y AY DIOS. TE QUEDÓ MUY GENIAL OK. DEMASIADO. FUE HERMOSO.

―«Hola» está bien ―la tranquilizó sonriendo. Con una voz comedida, tranquila―. Lady Artyca, ¿no es así? ―preguntó, señalándola.

Artyca quería que se la tragara la tierra. Ahí, con su sudadera raída y descalza, incapaz de comportarse de forma apropiada frente al príncipe Sylvan. Su lealtad no estaba con la corona, estaba ahí para encontrar una forma de derrocarla. Pero Sylvan Shawcross inspiraba respeto.

Sylvan tiene esa aura de realiza que no se, me pone mala. Porque no es realeza de la que enoja, sino tipo que quieres ayudarlo o hacer lo que te diga porque el sabe. Yo no sé si me entiendas, pero si me lo encuentro de madrugada con pijama, me derrito y me evaporo.

―Haces arte, nunca pidas disculpas por ello. ―Con una inclinación de cabeza, se dio la vuelta en la dirección contraria.

¿Alguien que me explique por qué no es el rey todavía?????? ¡MIRENLO!

Las doncellas se miraron entre sí, meditando en un idioma silencioso. Artyca necesitaba que estuvieran de acuerdo, estar en buenos términos con ellas. Bien era sabido por cualquiera que los sirvientes podían proporcionar la mejor información. Y ello era crucial para su misión; conocer hasta el último detalle de lo que sucedía allí.

A veces se me olvida que Artyca es sureña y que está en una misión luego lo recuerdo y es como "qUE VENGA LA ACCIÓN"

Noah Shawcross tenía que quedar prendado (o, al menos, no decepcionado) de Artyca sino quería que su misión se fuera al garete.

Esto es como mean girl planeando la seducción de su futuro esposo, para tenerlo enredado en su dedo desde el primer encuentro

―Le encantan las galletas de naranja ―siguió Selly―. Cuando no puede moverse de la cama yo…

―¡Monta a caballo y juega a videojuegos de coches! ―exclamó Kelly para interrumpir a su compañera. Lo ojos le llameaban de advertencia. Aunque sonrió en dirección a Artyca para ocultarlo.

no, el no hace eso cuando no puede moverse de la cama   artyca, no quieres saberlo   nadie quiere  

―Entraréis ahí y os mostraréis de lo más encantadores ―prosiguió el rey, viendo que contaba con toda la atención―. No eliminaréis a ninguna de vuestras concursantes hasta que el consejo real, los productores y yo lo decidamos. Al final del día tenéis que proponer una cita a tres de vuestras pretendientas.

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

―Gracias, Sondra ―respondió Sylvan, que miraba a sus hermanos pequeños con desaprobación por encima del hombro.

―No las espantes, hermanito ―siseó Ripcard.

―Pero si eres tú el que tiene cara de trol.

SON TAN LINDOS. LOS AMO. ¿YA TE DIJE QUE LOS AMO? SU RELACIÓN DE HERMANOS ES DEMASIADO HERMOSA. Sylvan todo serio, Rip todo fastidioso y Noah todo rebelde. Ay.

Las primeras fueron dos gemelas, Poppy y Pipper, dos chicas con aspecto fantasmagórico, que tenían la espeluznante costumbre de completar las frases de la otra y hablar al mismo tiempo. Provenían de Panama, decían ser granjeras, les gustaba el olor a lodo y comer patatas fritas (extrañamente, una mezcla de ésos olores emanaba de ellas).

AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJ AY DIOS NO SABES LO QUE ME REÍ. ME IMAGINÉ LAS CHICAS CON OLOR A LODO Y AY DIOS pobre Noah

―Imagino que se preguntará qué hago aquí, ¿me equivoco? ―preguntó Ivory, lo que lo desconcertó por completo.

―La verdad es que sí ―carraspeó, removiéndose en su asiento. Tenía que aclarar cuanto antes las cosas. Para gustos los colores, Noah lo respetaba. Pero no quería dar falsas esperanzas.

―Aunque pueda sorprenderlo, no estoy aquí por usted.

Ivory es lo mejor xd me encanta que se haya atrevido a mandar la solicitud para investigaciones de escritura xd lo mas que he echo no le llega a los talones a ese esfuerzo por ver las experiencias en primera plana xd te aplaudo, Ivory

Noah puso todo su interés en contemplarla. Estaba buenísima..., no, era algo distinto. No le parecía que estaba buena sin más, sino que le resultaba preciosa. De ese tipo de chicas que levantaban pasiones (y otras cosas) incluso recién levantadas. Poseía una belleza peligrosa, asalvajada. El rostro ovalado, fino y la piel tostada, del color de los melocotones maduros.

AMOR A PRIMERA VISTA. YO LO SÉ. TU LO SABES. LOSABEMOS TODOS. NO ME IMPORTA NADA
La verdad es que en ese momento lancé por la borda los deseos de libertad de Noah y la misión de Artyca, ¿sabes? PORQUE ESTOS DOS TERMINAN JUNTOS O HAGO UNA REVOLUCIÓN. no sé, despertaron a la bestia de los ships. Me hacen mal.

Había algo en la forma en la que lo observaba, que le generaba cierta desconfianza. Como si Noah se tratase de un presa y ella la cazadora.
eso que aun no sabes nada, príncipe        

―¿Y qué hay de mí? ―Movió las cejas de arriba abajo, tratando de mostrarse lo más irresistible posible. Lo que no era difícil, las chicas solían quedarse sin aliento cuando él entraba en algún sitio. Susurraban y reían entre ellas.

―Tú no estás mal, pero dudo que sepas tan bien como las tartaletas de arándanos ―espetó, aunque Noah comprobó que si él también jugaba a lo de no apartar la mirada, Artyca se pellizcaba la cara interior de la muñeca.

―Cierto, ni siquiera yo puedo competir con las tartaletas.

Artyca soltó la primera carcajada que Noah Shawcross escucharía de ella; estridente, chillona, sin miedo. Una risa que su padre mandaría castigar. Quizá por eso, le gustó tanto. Quizá por eso, con el tiempo, se convertiría en su sonido preferido en el mundo.

O SEA KATE LA INTERACCIÓN ENTRE ESTOS DOS TE SALIÓ DEMASIADO GENIAL. LA QUÍMICA ESTÁ DESDE EL PRIMER MOMENTO. ASÍ DE ESAS PERSONAS QUE SE CONOCEN Y HACEN CLIC AL INSTANTE. LO AMÉ MUCHÍSIMO SABES. MUCHO.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] son horribles pero bueh [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] (???) con los apellidos suena más sorportable. Pero son ship, en el nombre de los ships del universo onlywn    

Pero esta vez no competían por intimidar al otro. Se miraban, sin más. Algo pasó, como si el mundo guardara silencio por ellos.
a penas es su primer encuentro, qué te pasa  Jake  Jake

―Qué clase de caballero se ríe de una damisela en apuros.

―Yo no soy un caballero, damisela.
Oh Dios. Ya. Los amo. Son el ship supremo de esta nc. Estan en mi top 5.  Jake  Jake

―¡Una cosa más! ―recordó Noah ―¿Te gustan las galletas de naranja?

Artyca frunció el ceño y despegó los labios, sorprendida por la pregunta. Su hermano Sylvan carraspeó tan alto que se formó eco en la sala.

―Son mis preferidas.

Tras su respuesta, se dio la vuelta para marcharse. Acompañada por Sondra. Todo lo que podía razonar Noah mientras la veía alejarse era; «¡Jo, cómo mola esta chica!»

―Es probable que con tus babas podamos llenar una bañera entera ―trató de enfadarlo Ripcard.

―Capullo.

el brotp de los shawcross es vida vida pura

«Por eso estás aquí», se recordó. Todavía no podía ofrecerles manjares como los que paladar había probado, pero por el momento se contentaba con haberle salvado la vida a Tommy, su hermanito de siete años. Que sufría una disfunción en la aorta, que solo se curaba con un caro tratamiento. Sin la compensación económica que recibiría su familia, el desenlace habría tenido lugar en un cementerio; con los pedazos de lo que quedaba de los Snow esparcidos sobre un ataúd.

Monday se ganó mi corazoncito de melón mira que no puede ser más tierna, yendo por su hermano y se nota que lo ama muchísimo

―Podrías escribir una novela con todos los trapos sucios de la familia ―propuso Sunshine, tratando de seguir con la broma.

―Entonces me temo que terminarías detenido o, ya sabes, ejecutado. ―El comentario de Antonietta, completamente cierto, inundó el ambiente con plomo.

―Imagina la fama que alcanzarías. ―Al parecer, el plomo no alcanzó a Artyca―. Hasta te construirían un monumento. El Escritor Decapitado.

―El príncipe Noah ha quedado maravillado conmigo. ―Bonnie, que se encontraba a dos asientos al lado de Artyca, alzó tanto la voz que fue complicado desatenderla―. Casi ha resultado incómodo, pues no paraba de mirarme. Estoy acostumbrada a ello, por el trabajo que tengo. Soy modelo, ¿sabes? ―Amika Proust no parecía para nada entusiasmada con el dato, pues prestaba más atención a sus huevos revueltos―. Pero claro, que te mire un príncipe así…

―A lo mejor trataba de encontrar rastros de vida inteligente en tu cerebro, Bonnie ―la cortó Artyca, que puso los ojos en blanco mientras se llevaba un trozo de plátano a la boca.

Amé todo estooo La interacción entre los concursantes. Además, lo dije y lo repito, Ivory es lo mejor y Artyca me encanta, tan desatendida de que no tiene que hacer esto de tal mnera y LO QUE LE DIJO A BONNIE, DIOS. BONNIE me imagino la cara que puso y quiero ver una pelea entre ellas dos(? lo presiento, habrá algo de conflicto(?

―No te lo tomes a mal, pero yo creo que para ser de una clase elevada tienes menos educación que un primate ―rebatió Monday, sonriendo, sin alterar el tono de su voz. No quería que la acusaran por pelearse, porque ello supondría el fin.

TODOS CONTRA BONNIE. ok no, yo promuevo el amor y la paz. Pero ella se lo buscó por bitch No sabes lo que eme cantó esto

Tenían el día libre para invertir su tiempo en lo que quisieran. Las clases no empezarían hasta el día siguiente. Monday se sentía nerviosa, pues su formación académica terminó muchos años atrás y, era muy limitada. Por lo que tras el desayuno, se despidió de Ant. Se encaminó hacia la biblioteca que estaba en esa planta, dispuesta a invertir su día en aprender un par de cosas básicas sobre las materias que impartirían.

MONDAY SE MERECE TODO LO BUENO EN ESTA VIDA. mIRA QUE EStar preocupándose por eso, dios. Es tan linda. No sé, creo que debería relajarse un ppoco pero igual, que sea tan detallista me pone medio sentimental. Está preocupándose por cada cosita y y y y yo no sé, espero que todo lo salga bien

Pero yo tuviera un castigo y hago una biblioteca así o más grande. Tipo la bella y la bestia. Sería mi refugio de toda la vida algún día

―¿Se encuentra bien, Lady Snow? ―preguntó el guardia, también incorporándose. Estaba tan nerviosa que ni siquiera le sorprendió que supiese su nombre.

Monday comprobó que era dos cabezas más alto que ella y que se le notaba el movimiento de los músculos incluso bajo la chaqueta del uniforme.

―Esto…, sí, sí ―logró balbucear―. Gracias…

―Soldado Davies. Hunter Davies.

¿puedo delantarme a los hechos y shipearlos solo por este encuentro?                                lo haré aunque digas que no          soy un caso perdido, Kate.

Cuando componía música, sufría una de esas imperdonables amnesias. Las palabras eran expulsadas de su brazo antes siquiera de poder procesarlo. Todos sus sentimientos reprimidos, las opiniones que debía acallar, terminaban convertidas en una canción. Era su manera de expresarse. Quizá por eso había logrado alcanzar la fama, quizá por eso, Roland, el productor que la sacó de aquella casa de Doses dos años atrás, se fijó en ella.

Margó (le diré así, sorry not sorry) me encantó. En serio. Amé su historia. Aunque ahora viva prácticamente como esclava y sea castigada con lo que más ama, que ni siquiera pueda desahogarse con el método de autoexpresión mejor de la vida...sin embargo, lo hizo por una buena causa. La canción llegó a quien tenía que llegar y espero que pronto se rebele y se vaya(? pERO LA TIENEN AMENAZADA. Odio el gobierno. En este caso, la realeza no sé cual de los dos es peor, la verdad

Creo que la guillotina es un mejor castigo que el que tiene. Si la mataban, podría ser una mártir, y el rey no quiere eso desgraciadamente, son inteligentes Por lo menos, tiene una amiga u.u

Pues por razones que ni el universo podía explicar, se había sentido cómoda hablando con él. No sabía que era capaz de filtrear con un desconocido con tanta naturalidad.  

                               
mi carita de luna lo dice todo

―Bienvenida a mi mundo. ―Extendió los brazos hacia los lados, abarcando la habitación. Habló con amargura y frustración. Como si quisiera gritar, como si escondes grandes secretos que lo atormentaban.

―¿Adónde me vas a llevar? ―preguntó, conmocionada por verlo así. Las apariencias sí engañaban, más de lo que ella creía.

Noah arrugó la frente, como si acabara de darse cuenta de algo muy incómodo.

―Hasta mañana, Artyca.  

Sin dar ninguna clase de explicación a su cambio de actitud, se marchó. Pues a lo mejor, no lo tenía tanto donde ella quería.

No me voy a cansar de decir lo mucho que amé los diálogos de Arty y Noah. Fueron lo mejor. Es que fueron tan espontáneos y naturales y los amé mucho, de verdad. Quiero ver qué más va a suceder con ellos T.T Y el desliz de Noah con el  "bienvenido a mi mundo" su mundo de apariencia feliz y realidad infernal  

Ameeeee muchísimo tu cap, ya quiero saber más de tus personajes      

Megara.
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Re: The Selection.

Mensaje por Megara. el Jue 23 Jun 2016, 9:48 pm

hellooooo:

¡Hola! Bueno, me faltaron los pjs de Direfall, porque se me apagó el cerebro para seguir y además, no quería saturar el capítulo con todo. Prometo escribir de ellos más adelante. Espero que el capítulo no les parezca aburrido y solo es el comienzo del final(?) así que bueno. No puse las conversaciones de Ross o Jeanne o Helena con sus pjs porque se los dejo a ustedes(? además de que aún tengo que ver tramas En fin, ya dejo de hablar boberías xd Espero que disfruten el capítulo, perdonen los errores que pueda haber.

¡Sigue Mari! creo (?) Besooos

Capítulo 09

Escrito por:  Megara. || Personajes: Ross Di Lorenzo, Lettie Marchi, Elizabetta Fallani, Giannia Bianchi.



A Elizabetta nadie le había dicho que iba a tener que someterse a un cambio de imagen. Pensaba que solo le iban a peinar el cabello y pintarle las uñas —porque lo aceptaba, ella no se peinaba. Pero en la sala ajustada salón de belleza, había chicas colocándose mechones y un montón de cosas que olían raro.

La transformación fue particularmente frustrante para Lettie. Ella no quería poner su cabello más oscuro ni mechones rubios, porque parecería una muñeca de carnaval. Así que ella y su estilista llegaron a la conclusión de darle más brillo a su cabello con un color similar, además de unos cuantos reflejos que casi pasaban desapercibidos. Algo sutil, pero hermoso cuando llegabas a notarlo. Como ella. Además de eso, se lo onduralon, en vez de llevarlo liso siempre.

Después de ahí, todo fue más o menos sencillo. Agradecía que su estilista, Pierre, tenía el lema “la simplicidad es la mayor belleza que hay”, porque si no, estaría como Lali, una 3, sometiéndose a un tinte pelirrojo en todo su cabello. Igualmente, eso no detuvo a Pierre de hacer una mueca de disgusto al ver sus dedos llenos de ampollas de los años tocando música.

Elizabetta, por otro lado, llevaba unos minutos conversando animada con su estilista sobre cómo enfatizar sus ondas. Su madre siempre le decía que se peinara los rizos, pero al parecer, no haberlo hecho la estaba favoreciendo ahora. Quiso llamarla para decirle “¡en tu cara, mujer!”.

—Entonces, ¿no a teñirlo?
—No —sacudió la cabeza— A menos que puedas teñirme las puntas de azul eléctrico, entonces no.

Subió y bajó las cejas, tratando de convencer a Zack, el hombre de cabello plateado. Él soltó una risita. Comenzó a jugar con el cabello de Lizzie, mientras miraba por el espejo el resto de su pelo y pensaba en qué hacer. Ella no se quejó, adoraba que jugaran con su cabello.

—Qué tal si hacemos esto: le doy un tono caoba a tu cabello, así marrón rojizo —le mostró el tinte— Y resaltamos tu ondas. ¿Qué crees?

Los ojos de Elizabetta brillaron.

—¿Cómo una leona?
—Sí —sonrió divertido— Ahora, ¿de qué color te gustaría que pintemos tus uñas?
—¡Negro!
—¿Por qué no me sorprende? —musitó el hombre— Ya la oyeron, chicas.

Cuando terminaron con ella, atendieron a otra chica y se fue a sentar a un sillón a esperar que le dijeran lo que tenía que hacer. Nunca se había pintado las uñas de negro, porque su abuela tenía una especie de creencia ridícula con aquel color. Pero ahora su abuela no estaba aquí, así que podía darse el lujo. Disfrutaría de la comodidad y libertad por el poco tiempo que durara en el castillo.

A lo lejos, se esuchaba como Geannia le gritaba a una de las estilistas que ese no era el color que quería de uñas. Y que ella sabía maquillarse mejor que ellos. A Lettie le dio pena por las mujeres y Elizabetta quiso ir a estamparle un tinte naranja en la cara.

Después de ahí, no las dejaron descansar. Le hicieron una especie de entrevista de qué les parecía todo hasta ahora y cómo se sentían para la competencia. Luego llegó la parte que más le gustó a las chicas: el recorrido por el palacio. Cada una de la habitaciones parecían una obra de arte individual, conglomeradas en una final magnífica que era todo el palacio. Los suelos y paredes de mármol, las cortinas color pastel que le daban un toque de dulzura y optimisto al interior, los muebles de estampado sutil y los cuadros de los mejores pintores del mundo.

Los jardines eran diferentes en cada ala de la casa. El del frente tenía varias fuentes, una terraza enorme para fiestas al aire libre y varios bancos repartidos por el lugar. El sur era similar, daba con el inicio a un bosque extenso y varias veces era utilizado por los militares. El este contaba con una piscina grande y una más pequeña que asemejaba a un jaccuzzi, y el oeste tenía el campo de Polo. Ya sabían por qué los de la realeza casi nunca salían: si vivieran en un lugar así, tampoco saldrían mucho.

Lizzie estaba tan agotada por el viaje y el ajetreo del día que cuando le indicaron su habitación, que estaba en el medio del pasillo, entró y caminó directo a la cama. No se puso a ver los instrumentos que le habían dejado y estaba a punto de tirarse en el colchón con la ropa puesta cuando de pronto, se fijó en tres figuras junto al biuro. Se detuvo de súbito y abrió los ojos con exageración, olvidándose del sueño.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó, confundida.

Las tres vestían uniformes de limpieza: faldas hasta las rodillas y camisas de algodón blancas. Una de ellas, de cabello rubio, le sonrió amablemente.

—Somos sus doncellas, Lady Elizabetta. Es un gusto conocerla —explicó.

Como si fueran máquinas, las tres le hicieron una reverencia corta y se pusieron en frente de ella en línea. Elizabetta dio un paso hacia detrás, torció los labios y se rascó la cabeza. ¿También le habían dicho de las doncellas? ¿Por qué no lo recordaba?

—Igualmente. Eh…¿cómo se llaman?
—Somos Penélope —dijo la de sonrisa amable— Ella es Julianne —señaló a una de trenza negra— Y Kristine —la más baja y cabello corto en forma de hongo.

Elizabetta parpadeó sin decir nada por un momento, luego asintió, como si le hubieran presionado un botón.

—Esos nombres son muy largos —dijo— Y yo soy mala en eso. Así qué…¿qué tal si las llamo Penny, Juli y Kris? ¿Eh?

Sonrió y esperó al sí de las doncellas. Ellas aceptaron, por supuesto. No eran de negarse ante lo que su seleccionada asignada les ordenara. Cuando le explicaron que le ayudarían a bañarse, vestirse y arreglarse en general, la expresión de Lizzie cambió.

—Vamos a poner los puntos claros —dijo Elizabetta, sin sonreír— No me van a decir lady ni nada por el estilo, porque somos como de la misma edad —enumeró con los dedos y con la otra mano hizo una seña de agrupación a todas— Tampoco me van a bañar. No soy una anciana que lo necesita —hizo una pausa y miró hacia el techo— Ah, tal vez si necesite su ayuda para levantarme porque…lo admito, soy dormilona. Pero después de ahí, no quiero que me traten como alguien superior, ¿lo comprenden?

—Pero se supone que las reglas dicen…
—Bueno, algunas reglas son estúpidas —Elizabetta sonrió— Así que, por favor, son libres de tutearme.

Las doncellas tardaron un minuto, pero al final, le devolvieron la sonrisa. Elizabetta se relajó y soltó aire. En serio la ponía incómoda que la estuvieran tratando como si fueran dos personas totalmente diferentes, como si ella no fuera alguien más que una simple chica a la que le gustaba la música. No sabía cómo iba a lidiar con las personas fuera de las chicas que la trataran de “lady esto, lady aquello”.

Cuando se dejó caer en la cama de colchones de puro algodón mágico, quedó dormida al instante. Como una niña de diez años a la que le acababan de leerle un cuento. Las doncellas se retiraron rápidamente, entre divertidas y enternecidas.

Lettie, por otro lado, tardó más en dormirse. No porque la cama fuera incómoda —la verdad, era la mejor cama en la que se había acostado en su vida. Sino porque se sentía fuera de su ambiente, de todo lo que conocía. La incertidumbre de lo que serían estos tres meses haciendo algo que no acostumbraba: no trabajar. Todo lo contrario. Tendría que modelar, sonreír, estudiar etiqueta, actuar como una persona de casta superior. Todos esos pensamientos no la dejaban conciliar el sueño; al menos, no hasta altas horas de la noche.

Sin embargo, las doncellas no tuvieron que remolcarla para que se despertara. Con el primer sonido de las pisadas dentro de su habitación, la morena abrió los ojos, topándose con que aún seguía en el castillo y que esa era su nueva realidad. Las doncellas le desearon los buenos días y le mandaron a bañarse a la tina preparada con aguas y jabón de olor a lirios, mientras le escogían los vestidos para aquel día.

—Gracias —les sonrió al ver el baño— Creo que nunca me habían preparado un baño en toda mi vida.
—Es un placer, lady Lettie —musitó Jodi, la más baja de todas.
—Ya les dije que no me llamen lady, por favor —suspiró, con tono gentil— Solo soy Lettie.
—No queremos ser irrespetuosas, lady Lettie —replicó Lola, frunciendo el ceño.
—No son irrespetuosas por llamarme por mi nombre, ¿o sí? —contraatacó Lettie— Además, es mucho más cómodo llamarme Lettie que lady Lettie todo el tiempo. Todo el mundo feliz.

Se metió al baño con una sonrisa y se relajó por unos minutos, en los que las doncellas arreglaban el resto de las cosas. Agradecieron que les tocó una muchacha que no tenía problemas para levantarse o problemas de actitud. Como Geannia, que se despertó chillando que si su baño estaba listo y que fueran a buscarle el mejor vestido. O como Elizabetta, que recibió a sus doncellas aún dormida, con la cabeza colgando del borde de la cama y las piernas flexionadas hacia arriba.

—Lady Elizabetta —la llamó Penny y le dio unos toquecitos en el hombros— Despierte, lady Elizabetta.
—Recuerda que no le gusta que le digamos lady —reprochó Kris.

Elizabetta se despertó con un sobresalto. Soltó un grito ahogado y se incorporó tan rápido que chocó de frente con Penny. Ambas chillaron de dolor; la seleccionada cayó de la cama al suelo y Penny se incorporó, con ambas manos en la frente. Las otras dos chicas se apresuraron a auxiliarlas, con los rostros desfigurados por la sorpresa y el miedo.

—¡Qué mierda! —chilló Elizabetta, incorporándose del suelo— ¿Qué hora es?

Con el cabello alborotado, marcas de la sabana en la mitad de la cara y baba en la otra, parecía todo menos una aspirante a prometida del príncipe. A Juli le dieron ganas de reírse, pero se cubrió la boca y tosió para disimular. Elizabetta miró el reloj en la muñeca de Kris y soltó otra exclamación ahogada, volviendo su boca una perfecta “o”.

—¡Ni siquiera son las 7! —exclamó— Yo trabajo y no me levanto a esta hora. ¿Qué clase de palacio es este? ¿Una escuela militar?
—Es que tiene que prepararse para el desayuno —le explicó Juli— Antes, va a conocer al príncipe.
—¿Qué pasa si voy en pijama a conocerlo? ¿Me expulsan? —se cruzó de brazos y apoyó su peso en su pierna derecha.

Las doncellas la miraron sorprendidas, con las cejas arqueadas y sin parpadear. ¿Acaso estaba hablando en serio? Elizabetta quiso reírse. Hablaba en serio. Tenía un plan perfecto para salir de aquel lugar lo antes posible.

—Esta bien, no les pareció gracioso —alzó los brazos— ¿Qué se supone que me voy a poner?

Las doncellas suspiraron de alivio y relajaron las posturas. Los cambios de humor de Elizabetta estaban probando todo el entrenamiento que tenían —y a penas comenzaba su estadía en el palacio.

—Bueno, hicimos unos vestidos para usted —comenzó Kris— escoga el que más le agrade o le buscamos algún otro si así lo prefiere.

Elizabetta frunció los labios, pensativa.

—Creo que les dije que me tuteen, ¿verdad? —las tres asintieron— No estaba bromeando. Aunque parezca que sí. Odio que me traten de usted —explicó y señaló a su cara— ¿Ven esta cara? Es de odio. A que me traten de usted. Así que no lo hagan.

Ella no cambió su expresión facial inexpresiva hasta que las tres doncellas asintieron. Luego, como si no hubiese pasado nada, aplaudió y sonrió.

—¡Bien! Como me han hecho madrugar, ya no me queda de otra —se encaminó al baño— Gracias por levantarme. Me iré a duchar. Busquen los vestidos y —se detuvo en el marco de la puerta del baño— Solo para que lo sepan —alzó la mano—No me pondré ningún vestido de princesa fresa. Me rehúso a vestirme como en la edad media.

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Bajaron a la primera planta por las escaleras alfombradas. Lizzie tenía ganas de sacarse los zapatos de tacón para sentir el suelo alfombrado con sus pies, pero Lettie la detuvo cuando la atrapó infraganti en el inicio de las escaleras. Ella llevaba un vestido con flores hermoso, mientras Lizzie optó por uno verde manzana de mangas hasta la mitad del brazo y escote cuadrado. Todos pasaron a una sala, donde habían mesas para tres personas con un montón de cubiertos y platos vacíos. Cuando Alessia, la morena asistente de la reina, anunció que antes de pasar a desayunar les darían unas clases de Etiqueta y Protocolo, Lizzie quiso llorar.

—Esto es injusto —protestó y se cruzó de brazos.
—Que no te escuche Alessia —aconsejó Mackenzie, sonriendo— No le va a gustar que estés berrinchando.

Mackenzie llevaba el cabello recogido hacia un lado, peinado que la hacía ver mucho más hermosa de lo que ya era. Lizzie infló las mejillas.

—¡Yo no estoy…!

Lettie y Mackenzie la miraron con cejas arqueadas y sonrisas ladinas. Lizzie soltó un bufido.

—Bien, tal vez sí —refunfuñó— Pero, ¿qué no han escuchado que el mal comido no piensa?
—Ellos nunca comen mal —le recordó Lettie.
—Oh, sí, debe ser por eso —asintió pensativa.
—¿Podrían hacer silencio? —siseó Geannia, girándose a mirarlas con los ojos entrecerrados.

Las chicas se callaron. No porque ella las ordenara, sino porque Alessia las estaba mirando con reproche. Antes de girarse a prestar atención de nuevo, Lizzie le sacó la lengua a Geannia. Realmente le había caído pésimo. No importaba que la chica tuviera habilidades de socializar espectaculares. Sabía reconocerlo —Geannia sabía como “presentarse” ante los demás. Y era muy linda. Sin embargo, los vistazos que tenía de su personalidad dejaban mucho que desear.

Todas las chicas tenían vestidos hermosos. La mayoría eran tipos cóctel, hasta las rodillas o por encima, con tonos vivos y alegres. Lettie llevaba un vestido con estampado floral, escote corazon, mangas cortas y falda de vuelos que llegaba hasta la mitad de su mundo. Lizzie pensó que si Ross no se quedaba babeando por su cara, lo haría por lo bien que le quedaba todo el conjunto. Incluso Geannia la miró despectivamente cuando bajó las escaleras. Ella llevaba su melena suelta, con un vestido corto, azul cielo, ajustado al cuerpo, que dejaba relucir sus largas piernas.

Alessia continuó mostrándoles cuáles eran los cubiertos que tenían que utilizar primero en la mesa, la diferencia entre la cuchara del postre y la del azúcar, cuándo había que pararse y cuando había que sentarse. Reglas tediosas que solo servían para aparentar que uno tenía la educación de alguien “superior”, cuando al final, todos eran de la misma especie.

Mientras la clase iba en curso, los herederos de Italia ya estaban listos, rondando por los pasillos de fuera, esperando a que les dieran la señal para entrar. El más dormilón de los tres era Brett, y hasta él se había alistado con tiempo de más para el evento. Una combinación de nervios, ansiedad y emoción se sentía entre ellos. A pesar de las discusiones con sus padres. Al final, la selección estaba ocurriendo y tendrían que conocer a nueve prospectos para terminar “enamorados” de alguno de ellos.

—¿Y si son todos unos superficiales idiotas? —preguntó Helena por centésima vez— No sé que voy a hacer si todos son una copia barata de los amigos del primo Bruce.

Helena se mordía el labio a cada dos segundos. A Ross le impresionaba que aún no se hubiese comido todo el brillo labial —probablemente era una de esas cosas a prueba de todo.

—¿Quieres dejar de preguntar eso? —bufó Brett— No lo serán. No todos son de castas altas, así que eso debe influir en algo.
—Él tiene razón —señaló Ross— Además, nos estas poniendo más nerviosos con tus tacones resonando por todo el lugar.

Helena se detuvo. Había caminado de un lado a otro sin parar, el repiquete de sus tacones sonando casi como una melodía insesante y repetitiva. No se había percatado de que podría ayudar menos porque el sonido la calmaba. Se concentraba en contar los pasos y no en lo que tenía que hacer en unos momentos.

Ross, por su parte, había tratado de ensayar lo que le diría a las chicas. Sin embargo, en sus primeros cinco intentos, falló colosalmente. Así que haría lo de siempre: improvisar. Su rostro sereno hacía pensar a todo el mundo que él siempre tenía todo planeado. Cuando la verdad era que casi siempre llegaba a planear el comienzo de todo, y hacer lo demás como lo sintiera en el momento. Haber nacido y crecido con cada segundo de su vida planeada, lo había dejado así. Con las inmesas ganas de no pensar en el “y si” ni en las posibilidades por el resto de su vida.

—¿Y si…?
—Helena, por el amor a Dios —se quejó Brett y se llevó una mano a la frente.
—Brett, tu también te pones insoportable cuando estás nervioso —dijo Ross— A decir verdad, ambos deberían calmarse.
—Me choca tanto que seas tan buenón, ¿sabes? —inquirió Brett, con el ceño fruncido.
—No soy buenón. Soy más racional que tú.
—¿Y cuál es…?
—Chicos —los llamó Helena.

Ambos se voltearon, porque su tono de voz era de advertencia. Al subir la mirada, se enconraron con Gianluca Severino, el consejero principal del Rey. El que más mal les caía. Siempre tenía la nariz arrugada, como si todo le diera asco, y miraba a todos por debajo. Menos a los Reyes.

—Buenos días, principes, princesa —inclinó la cabeza e hizo una corta reverencia—  Les informo que ya pueden pasar a la sala. Siempre sonrientes, calmados y dispuestos. Las cámaras estarán captando todo para el report de esta semana, capito?

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Las primeras chicas fueron un par de treses. Una de ellas era hija de negociantes; y los colores de su vestido tenían más vida que ella. Le habló con monotonía, rapidez y como si estuviera en una entrevista de trabajo. La siguiente era una hija de escritores, que le habló de su deseo de expandir la literatura y que le encantaría visitar la biblioteca del palacio. Otra chica fue una dos que le coqueteó en todo momento: guiños de ojos, sonrisas ladinas, miradas fijas y le acarició el hombro cuando se despidieron. Ross solo atinó a alzar ambas cejas mientras Brett sonreía a sus expensas.

Emmeline le pareció una chica estupenda. En un principio no despertó algo más que un sentimiento fraternal en él, ganas de protegerla. Hablaron sobre sus acuarelas y de que le encantaría capturar el atardecer en el jardín frontal. Una de las últimas fue una chica de vestido floral. La reconoció al instante: Lettie Marchi. Cuando le sonrió, le pareció lo más dulce que había visto.

—Príncipe Ross, es un honor conocerlo —le dijo.

Su acento tenía un tono más cantarín que el de Rome, que le encantó al instante. Ross le sonrió de vuelta y tomaron asiento.

—Encantado de conocerla, Lettie. Pero si no le molesta, preferiría que no me llamara príncipe —hizo un ademán de manos— Suena demasiado formal.
—No me molesta, pero tomaría un tiempo —se encogió de hombros— Como sabe, lo he conocido la vida completa por “príncipe” y más nada.

Ross arqueó una ceja y cruzó una pierna por encima de su rodilla, en forma de cuatro. Lucía más relajado que nunca. Poseía todo el temple que se esperaba de él.

—¿Entonces me has conocido toda tu vida? —inquirió.

Las mejillas de Lettie se tornaron rosadas por unos cortos momentos.

—Ya sabe, en la tele a veces…o cuando se habla de usted en los restaurantes entre concierto y concierto…—musitó— Así que si tardaré en acostumbrarme a tratarlo solo de Ross.
—No se preocupe —sonrió— Háblame de eso de los conciertos. ¿Tocas el chelo, verdad?

Lettie pareció sorprendida por eso. Pero Ross no solo se había aprendido la información básica de sus seleccionadas, sino que revisó todo el informe. Desde sus cumpleaños hasta sus talentos. También sabía que Lettie hacía duetos con otra de las chicas, Elizabetta Fallani. Sin embargo, tendría que actuar naturalmente. Suprimiendo que se aprendió todo eso en un ataque de ansiedad.

—Sí —Lettie sonrió tanto que las esquinas de sus ojos se arrugaron— También toco otros instrumentos, pero el chelo es el que más me gusta. Por cierto, gracias por poner uno en mi habitación. Me recuerda a casa.

Volvió a sonreír, esta vez con un deje de nostalgia en la expresión. Ross quiso cambiar de tema al instante.

—¿Cuáles otros instrumentos tocas?
—El piano y la guitarra. Quiero aprender a tocar más, cuando tenga el tiempo.
—Vaya, yo con suerte sé tocar la guitarra —Ross se rió y sacudió la cabeza— Me siento como medio inútil cuando vienen chicas como tú a decirme que tocan más de dos.
—Sí, pero usted usa sus talentos para otras cosas.

Ross fijó sus ojos claros en ella. Pudo jurar que vio un atisbo de vergüenza en su expresión, que se desvaneció de inmediato.

—Buen punto de visa  —murmuró— Sería estupendo escucharla  tocar algún día. Me han hablado de sus conciertos.

Eso provocó otro sonrojo en Lettie. Además de apuesto, Ross estaba siendo más galante de lo que se imaginó. No entendía cómo nunca había tenido novia —al menos, de conocimiento público. Era mucho mejor de lo que se había imaginado. Después de prometerle que le tocaría algún día, se retiró y dieron paso a la siguiente chica. Se quedó perdido en la espalda de rosas del vestido de Lettie. Tanto que no se dio cuenta de la siguiente chica hasta que sus zapatos resonaron justo al frente de él.

Ross se puso de pie rápido, para saludarla y con suerte, que no haya notado su desliz. Era tan pequeña que a penas le llegaba al hombro, aún con tacones puestos. Elizabetta Fallani. Sus rizos eran abundantes, descontrolados, se podría apostar que casi ni se los peinó. Sin embargo, no le pareció que se veía mal. Lo primero que hizo ella no fue una reverencia ni sonreír con toda su fuerza. Sino que se puso las manos a cada lado de la cadera, apoyó su peso en la pierna izquierda y ladeó la cabeza.

—¿Alguna vez haz besado una ballena?
—Esto…¿qué?

La pregunta lo dejó tan sorprendido que abrió la boca sin decir nada por varios momentos. Su reacción la hizo sonreír. Su expresión lo hizo sentir como si ella estuviera ocultando un chiste.

—Eh...¿Cuál fue la pregunta? —Ross torció el gesto, aún desconcertado.
—Nada —Elizabetta sonrió más— Solo quería ver si podía sorprender al príncipe más calmado de la historia de Italia. ¿A qué no lo vió venir?

Eso lo desorientó más. ¿Qué rayos? Sacudió la cabeza para recomponerse y le tendió la mano a la chica. Elizabetta se irguió y trató de ponerse seria, aunque sus ojos seguían brillando de la diversión.

—No, no lo vi venir —le estrechó la mano— Encantado de conocerle, Elizabetta. Si no le molesta que le pregunte, ¿por qué quería sorprenderme?
—Le responderé si no me vuelve a llamar así por el resto de su vida —contestó, mientras tomaba asiento— Solo me llaman así cuando están enojados.
—¿Y cómo le gustaría que la llamara?
—Lizzie. Lettie me dice Bet —señaló hacia detrás con la cabeza— Aquella chica que se quedó mirando como un bobo.

Otra vez, Ross se asombró. La chica parecía no tener escrúpulos ni vergüenza de decir lo que sea que le pasara por la cabeza. Temió haberla ofendido, porque no le había prestado atención por estar viendo a Lettie.

—Yo…eh…

La carcajada sonora de Lizzie le ganó una mirada repleta de reproche de Alessia. Pero ella estaba lejos, así que no le importó.

—Ya van dos veces —dijo para sí misma— Tenía que haber apostado esto.

Entonces el cerebro del Ross hizo corto circuito y pareció reconectarse. Entendió que ella estaba tratando de tomarle el pelo. Se acomodó más en el asiento y la miró con una sonrisa.

—¿Te molesta si te pongo otro apodo? —le preguntó— Algo como…Bettie.
—Solo si no le molesta que lo llame Ross en vez de príncipe Ross —lo retó, sonriendo— Es más corto y la verdad es que, si vamos a estar aquí para conocernos y “salir” —enfatizó haciendo comillas con los dedos— Tendríamos que tratarnos de iguales, ¿no cree?

Lizzie lo estaba probando. Quería confirmar si era verdad aquello que decían todos sobre su temperamento. Porque si era verdad, entonces tendría que tomar más medidas para que la sacaran de la selección antes del primer mes. Pero Ross no se volvía loco, sino que se recomponía luego de pocos momentos y le sonreía.

—Esta bien, puedes llamarme Ross —asintió calmado.
—¿Y tratarlo de tú?
—Claro que sí.
—¿En serio?

Cuando volvió a asentir, Lizzie se planteó otra forma de acercarse para desequilibrarlo.

—¿Y yo, puedo llamarla Bettie?
—No —sacudió la cabeza de inmediato— No tengo cara de Bettie, ¿acaso ves que tengo cara de Bettie?

Su ceño fruncido y labios torcidos en un puchero lo hicieron sonreír. Parecía más pequeña que su hermana.

—De hecho, sí —respondió, solo para molestarla.
—No eres gracioso, príncipe —se cruzó de brazos.

Cuando él soltó una carcajada, Lizzie refunfuñó en su mente. Ahora quien parecía querer desequilibrarla era él. Tenía que voltear el juego de nuevo. Sin embargo, antes de poder hacer nada, el carraspeo de Alessia señaló que ya era tiempo de pasar a la chica siguiente.

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En la tarde, una gran parte de las chicas quiso hacer un recorrido por el laberinto del jardin trasero.  Alessia aceptó y les dio a todas un plazo de dos horas, porque el toque de queda para estar fuera era hasta la hora de la cena. Los ataques rebeldes no frecuentaban mucho en Italia, pero nunca había que bajar la guardia. Un montón de guardias se postraron en puntos estratégicos del laberinto, para cualquier cosa. Lettie decidió irse con Mackenzie a explorarlo. Estaba deseosa por grabarse cada rincón de los jardines. Soñaba con un patio por lo menos la quinta parte del tamaño de ese, cuando tuviera su propia casa.

Cuando se enteraron que Ross iba a asistir, la mayoría decidió alistarse un poco más para la ocasión. Sería una salida con todas para conocerlo más.

—Entonces, ¿no piensas ir? —le preguntó Lettie a Lizzie en el pasillo.

La más pequeña estaba apoyada en el marco de su puerta, enrrollada en una bata de baño de las que tenían mangas largas y cinturones de tela.

—No —arrugó la nariz— Sabes que no soy buena con espacios como los laberintos.
—Cierto —asintió— ¿No quieres que…?
—¡Ni se te ocurra! Vete a disfrutar tranquila —hizo un ademán de manos para que se fuera.

Conocía a Lettie tan bien que si se lo pedía, la chica probablemente se quedaría con ella antes de ir a disfrutar su paseo. A veces Lettie se pasaba de buena.

—Además, le gustaste mucho al príncipe Ross —la alentó— Se te quedó mirando con sus ojazos brillando cuando te fuiste a sentar.
—Eso no-
—Shh, Lettie, no tienes que decirme nada —Lizzie le palmeó el hombro— Yo lo vi todo.
—Pero no-
—¡Vete! ¿O tengo que empujarte?
—Eres un caso tremendo, ¿lo sabías?

Al final, sonrió y le dio un beso en la mejilla de despedida. Cuando estuvo segura de que nadie más quedaba en el pasillo, se metió en la habitación, dejando la puerta medio abierta. Allí la esperaban sus tres doncellas, que duraron más de media hora tratando de convencerla que se fuera al jardín con las demás. Se detuvo en frente de las tres y se sacó la bata de baño; debajo llevaba unos pantalones morados de pijama y una camiseta de una banda de rock que compró en una tienda de segunda mano. La verdad es que las doncellas le habían dado un camisón de esos de cuatro siglos atrás, pero ella lo ignoró deliberadamente.

—¡Ahora, amigas mías, les enseñaré el arte del poker!

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Cuando salieron al jardín, Geannia fue la primera en alcanzar al príncipe. A pesar de llevar los tacones más altos. Tenía un vestido rosado pálido que se ajustaba a su parte superior, con una falda más suelta que llegaba hasta la mitad del muslo. Lo saludo con un sonoro beso en la mejilla, cuidando de no mancharlo con el lapiz labial y le sonrió como si quisiera hechizarlo.

—Hay que admitir que fue una maravillosa sorpresa que se uniera a nosotras hoy —dijo, aguantándose las ganas de referirse solo a ella misma.

Geannia notó como una de las 3 la miró con mala cara, para después sonreírle al príncipe. No le molestó. Estaba acostumbrada a las personas que le tenían envidia. Era un emoción que ellos no podían evitar sentir, después de todo. Lo que le molestó fue cuando Ross la dejó por un momento para ir a saludar a Lettie Marchi y Mackenzie Roseclaw. Se cruzó de brazos e intentó evaporarlas con la mirada.

—¿Solo estaremos nosotras ocho? —preguntó Emmeline, confundida por los otros grupos de seleccionados.
—Así es —contestó Ross, sonriéndole— Mis hermanos están con sus respectivos seleccionados en otros puntos de los jardines. Ahora, ¿me aclaran eso de que solo son ocho? —comenzó a contarlas con la mirada— ¿Acaso se escapó una y me lo perdí?

Un grupo se rió. En parte, para acompañar la broma de Ross; por otra, deseando que realmente fuera así. Cuando Ross se percató de quien faltaba, sintió un poco de decepción. Estaba esperando poder tener otra conversación extrañamente divertida con Elizabetta. Se acercó a Lettie en silencio.

—Usted que es más cercana a ella, ¿tiene alguna idea de por qué no asistió? —cuestionó.

No quería haberla molestado en serio con eso de Bettie en la mañana. Lettie le dedicó una pequeña sonrisa.

—No está en mi lugar decirlo, pero ella tiene una fobia a lugares como estos —señaló a la entrada del laberinto— Y prefirió quedarse en su habitación.
—Oh —Ross asintió— Comprendo. Gracias —le sonrió.

Luego, como saliendo de su ensoñación, aplaudió para llamar la atención de todas. Las chicas que habían comenzado a conversar entre ellas, lo miraron expectantes. Geannie se descruzó de brazos y avanzó para estar a la misma distancia de él que Lettie.

—Bueno, señoritas, ¿comenzamos con el recorrido?

Cuando todas dieron el sí, él comenzó dirigiendo la caminata. No sabía si le iba a salir bien, pero mientras iban caminando y Ross relatándoles la historia del jardín, pudo pasarse a conversar de chica en chica sin mucho problema. Ellas ayudaban cuando se ponían a conversar en grupo mientras él estaba teniendo un uno a uno con una de ellas. Todavía le parecía parcialmente surreal que estuviera haciendo esto, pero cada vez lograba convencerse más.

En unos momentos, los camarógrafos pasaron a filmar unas cuántas conversaciones a lo lejos, o a preguntarles a algunas chicas qué les parecía el príncipe y la estadía. Todo sea por el report. Ross agradecía que ya estaba acostumbrado a las cámaras y no lo fastidiaban en lo absoluto.

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Al terminar el recorrido, Ross fue a dejar a cada una en su habitación. Y dejó a Lettie de último. Cuando la chica se detuvo en su puerta, para despedirse y entrar, Ross la detuvo.

—Me gustaría dar un paseo contigo por el jardín del sur mañana en la tarde —sonrió.

La invitación le había salido más natural de lo que pensó. Se concentró en dejar su rostro tan sereno como siempre, dejando de lado el revolteo de pensamientos en su cabeza. Lettie le sonrió, tan encantadora como la primera vez y asintió.

—Sería un placer.
—Perfecto. Pasaré por ti entonces.

Se despidió con un beso en la mejilla y esperó a que ella entrara para moverse. A decir verdad, con ella las cosas le salían fáciles. Aún no sabía si habría algo más ahí, pero Lettie lo hacía sentirse más cómodo.

Antes de subir a su habitación, decidió pasar a la de Elizabetta, la única chica que no había asistido al paseo por el laberinto. Cuando se paró en el marco de la puerta de la habitación, se encontró con algo que definitivamente no esperó. Elizabetta se encontraba sentada junto con sus doncellas, formando un círculo, con cartas y fichas círculares de póker. Había entrado justo cuando Lizzie gritaba: “¡gano yo, los brownies son míos!”. Su risotada provocó que se notara su presencia.

Lizzie tenía la mitad del brownie en la boca cuando todas se giraron para verlo. Ross les sonrió, más que divertido.

—Hola Julianne, Kristine, Penélope —dio un asentimiento de cabeza a cada una— Veo que se divierten.
—¡Príncipe Ross! —exclamaron las tres, y se levantaron tan pronto que Lizzie se sorprendió.

Ella se levantó del suelo casi sin ganas y se metió el último pedazo del brownie en la boca. Ross miró su atuendo divertido y no pudo evitar sonreír.

—Nosotras…eh…
—No se preocupen, no hay ningún problema —ladeó la cabeza— No están haciendo nada malo y lo saben.
—Tratamos de convencerla para que vaya al paseo de hoy, ¿sabe? —le contó Kris— Pero esta niña…

Chasqueó la lengua. Lizzie tuvo ganas de gritarle “¡traidora!” pero la carcajada de Ross la detuvo. La relación que parecía tener con las doncellas la sorprendió de buena manera. No se imaginó que conociera sus nombres.

—Sí, entiendo. No importa —sacudió la cabeza— ¿Les molestaría dejarnos a solas un momento?
—Oh, claro que no —Penny sonrió— Ya teníamos que irnos a diseñarle el vestido del viernes, de todos modos.
—Sí, eso mismo —asintió Juli— Nos vemos, príncipe Ross.

Las tres hicieron una reverencia y salieron de la habitación a paso rápido. Ya Lizzie había terminado de comerse el brownie, y ahora estaba mirándolo sonriente y con los brazos cruzados.

—Vaya, te sabes sus nombres…—dijo, como quien no se lo creía.
—¿Pensabas que no? —le retó Ross, sonriendo.
—Bueno…—suspiró teatralmente— Lo admito. Realmente no eres un cabeza de aire y malcriado como pensé alguna vez —rodó los ojos— ¿Feliz?
—¿Malcriado? ¿Cuándo me he comportado de esa manera? —preguntó, contrariado.
—No lo sé. No lo has hecho con tu imagen pública, pero eso es solo eso…tu imagen pública —se encogió de hombros y descruzó los brazos para señalarlo con la mano abierta— No te conozco, así que solo especulo. Y todos los doses que he conocido, que son lo más parecido a alguien de la realeza, son unos malcriados sin consideración.
—¿De verdad? —cuestionó.

Ross sabía que había muchas personas de castas superiores con problemas de actitud. Pero su primo era un dos y los militares del palacio eran doses y ellos no se comportaban de esa manera.

—¡Claro! Te puedo poner un ejemplo: hay una de las chicas que es la viva imagen de eso, ¿te digo quién es? —le sonrió de lado.

A Ross le llegó una imagen de inmediato. Se rió y negó con la cabeza, al mismo tiempo que se pasaba una mano por el cabello negro.

—No, está bien. Yo venía por otra cosa.

Lizzie hizo la reverencia con más burla que respeto y alzó ambas cejas.

—Diga usted, mi príncipe —subió una de sus manos al estilo militar— Sus deseos son órdenes.
—Algo me dice que te estás burlando de mí —se cruzó de brazos y trató de no sonreír.

Lizzie se llevó una mano al pecho y abrió la boca sorprendida.

—¿Yo? ¿Burlarme de usted? ¡Nunca jamás de los jamases!

Ross la miró sin decir nada. Lizzie suspiró y se puso seria, o trató de hacerlo.

—Ya, ¿a qué vienes? —le preguntó.
—Eh…realmente para verificar por qué no fuiste al recorrido —ladeó la cabeza y se metió las manos a los bolsillos— Por si te hice sentir incómodo o algo similar, no ha sido mi intención.

Lizzie sonrió lentamente y Ross supo que no le gustaría lo que diría.

—Es muy mono tierno usted, príncipe —se mofó— No te preocupes, toma mucho para incomodarme de la manera que dices. Puedes ir en paz.

Ross abrió la boca para decir algo más, pero se detuvo a mitad de camino. Sintió que sus orejas se calentaron. Se despidió con un asentimiento de cabeza y cerró la puerta detrás de él. Aquella chica era demasiado intrigante. Lizzie contó hasta veinte para asegurarse que el príncipe ya no merodeara por el pasillo. Sacó primero la cabeza y al solo ver a los guardias allí, salió de su habitación para meterse en la de Lettie. Estuvieron hablando sobre lo que pasó en el laberinto hasta que sus doncellas las llamaron a alistarse para la cena.

Megara.
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Re: The Selection.

Mensaje por Megara. el Jue 23 Jun 2016, 9:50 pm

Capítulo 09

Escrito por:  Megara. || Personajes: Jeanne Aldridge, Darrell Attias, Leah Bauer, Simon Lassoga.




La selección había comenzado. Y con eso, las ganas de Jeanne de cometer un crimen aumentaron a su máximo punto. La impotencia se mezcló con la ansiedad, provocando una especie de catástrofe en sus intestinos y que no descansara por más de dos horas seguidas la noche de la llegada de los seleccionados, los tan suertudos ciudadanos. Por lo menos, ellos gozarían con este evento. A expensas de los herederos, pero si uno se ponía a meditarlo, los herederos gozaban a expensas de los ciudadanos.

Estaba tan mal que se puso a delirar y llegó a la conclusión de que por eso aceptaron sus padres. Aunque sea alguna parte de la población vería eso como un indicio al trato justo; mientras, tras bambalinas, ocurría una investigación masiva para dar con los rebeldes.

Le encantaría ayudar con ese tema. Si le dieran la opción, preferiría estar buscando pistas que entreteniendo a una multitud con sonrisas falsas. Porque ella no sabía cómo ocultar su verdadero ser y el hecho de que todo le parecía ridículo. Ese era su defecto fatídico y  los reyes lo detestaban. Su padre, el rey Dorian, siempre les había enseñado el arte de ocultar todas tus emociones bajo una máscara de rostro monótono: labios rectos, ojos parpadeando a una velocidad normal, nada de arqueos de cejas exagerados. Era todo un experto.

Ella…ella ya había aceptado lo que era y no quería cambiarlo. El problema residía en que todo el mundo quería que lo hiciera.

—¿Qué vestido se pondrá hoy? —preguntó Elina, una de sus doncellas.

Elina era una mujer morena de cabello oscuro y ondulado y sonrisa amable, que casi siempre llevaba en una cola o un moño. Estaba en frente de su gigantezca cama con postes, mostrándole tres vestidos confeccionados para el día. En unas horas, iba a conocer a los nueve chicos que tendría que soportar durante más de un mes.

Jeanne pasó sus ojos oscuros por los vestidos: había uno que de seguro quedaría demasiado largo para su gusto, de escote corazón y seda —apostaría a que lo escogió su madre—; otro de color naranja chillón de un solo hombro —que le dio asco— y otro azul grisáceo que se veía casi normal. Después volvió a mirar a Elina.

—Deja de tratarme de usted —le recriminó— Y, ¿por qué tengo que usar vestido? —se cruzó de brazos— Solo uso vestidos cuando hay eventos super importantes con otros reinos y ese tipo de cosas.
—Bueno, este es un evento muy importante —Elina intentó no sonreír, pero falló— Así que tiene que elegir un vestido. Hoy conocerá a sus seleccionados, aunque de seguro ya les hechó el ojo en el Report, ¿no?

La mirada que le dio Jeanne fue una tremenda y fulminante. En vez de intimidarse, Elina sonrió más, acentuando las arrugas en las esquinas de sus ojos. Era la única de las doncellas que no parecía querer despegarse de ella lo más rápido posible o que se sentía intimidada cuando se encontraba irritada. Casi todas se asustaban, porque sabía de lo que era capaz. Pero lo que no sabían (o ignoraban) es que Jeanne solo actuaba así con las personas que se lo merecían.

—Para mí, eso no es tan importante como para que me ponga un vestido —chasqueó la lengua.
—Lamentablemente, es su palabra en contra del resto del reino —dijo Elina— Debe elegir uno, o si quiere puedo ir a buscarle otras opciones…

La oferta sonaba tentadora. Mientra más tardara, más haría esperar a los muchachos aquellos. Pero le ganó el lado racional: mientras más rápido comenzaba, más rápido terminaba. Así que sacudió la cabeza de un lado a otro.

—Está bien, me pondré el azul —señaló el vestido de la esquina— Y siéntete libre de donar o quemar el vestido naranja, por favor. Es horrible.

La risotada de Elina hizo que Jeanne medio sonriera. Por lo menos, estaba haciéndole compañía para que ella no se pusiera a darle mente a todo lo que vendría ahora. Se metió al baño y se preparó antes de que a su madre se le ocurriera venir a apresurarla. El vestido era azul grisáceo oscuro, de seda, sin mangas y sin escote. En la cintura tenía un lazo delgado del mismo color del vestido, que holgaba la parte superior; la parte inferior era suelta y le llegaba a la mitad del muslo. Se lo combinó con unos zapatos altos cerrados negros y de tacón normal.

—Creo que usted y yo estamos seguras de que los reyes no aprobarán su vestido —comentó Elina cuando Jeanne estuvo cambiada— ¿Qué tal si enfriamos las aguas con accesorios?

Jeanne soltó un suspiro y rodó los ojos. Elina tenía razón, por mucho que no le gustara. Sus padres detestaban que ella usara vestidos más cortos que dos dedos por encima de la rodilla y su madre tenía una obsesión por el encaje que le provocaba arcadas. Por eso (además de sus gustos personales), Jeanne se empeñaba en usar vestidos cortos —cuando los usaba. Detestaba los vestidos largos porque le hacían sentir aprisionada. Y aunque no se lo contara a nadie, le encantaban sus piernas.

Elina le pasó un grupo de brazaletes delgados de plata para uno de sus brazos, dos pendientes del mismo material y un anilo que le regaló su abuela cuando cumplió quince años. El maquillaje fue tan sencillo como el resto de su imagen: polvo, delineador negro y pintalabios de un tono pastel que se confundía con el de sus labios. Se dejó el cabello marrón suelto y sin ningún arreglo, más que un perfume con brillantina que le roció Elina.

—Incluso me veo demasiado arreglada para un desayuno —dijo Jeanne, al verse lista en frente del enorme espejo y arrugó la nariz— Pero buen trabajo, Elina —le sonrió— Me voy a ver si no todavía los reyes no tienen canas verdes, ¡cruza los dedos para que sí!

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Simon nunca había estado tan nervioso en su corta vida. Ni cuando fue a su primera entrevista de trabajo. Tal vez sí cuando tuvo que ayudar a su madre con el parto de la vecina. Estaba tan mal que no podía dejar de menear la pierna; estuvo meseándose en su silla durante toda la clase de etiqueta y protocolo y ni siquiera se detuvo cuando el muchacho que estaba junto a él lo fulminó con la mirada.

Junto a él estaba Darrell Attias, un muchacho de una casta más baja que la suya. Cuando lo vio en la lista, casi no se lo creyó. Que ellos dos estuvieran allí. La suerte del azar había estado de su lado. Ahora se lo estaba creyendo más, porque Phillips acababa de anunciar que las princesas y el príncipe pasarían a la sala.

La Sala era una habitación enorme, con el techo mucho más alto de lo normal y un candelabro gigantezco en el medio. El suelo era de mármol de diferentes tonos de marrón y las columnas le recordaban a la catedral del país. Sin embargo, el lugar no tenía ventanas que dieran la vista al hermoso jardín, así que él prefirió otras habitaciones por eso.

Phillips, el encargado de darles las clases y el tour y todo lo demás, se paseó por la sala hasta estar junto a los camarógrafos. Su andar coqueto y su voz nasal entretenían más que cualquier otra cosa, sinceramente.

El sonido de las gigantes puertas abriéndose lo sacó de su corta distracción. Automáticamente, su movimiento de pierna aumentó y Darrell volvió a lanzarle una advertencia con los ojos, muy a pesar de que la chica pelirroja a su lado lo mandó a estarse tranquilo. Simon no le prestó atención a eso, sino que se fijó en las tres figuras entrando al salón. Primero estaba Jeanne, con un vestido más sencillo que el de muchas seleccionadas y la vista fija en la pared que tenía en frente. Luego Cyrus, que sin duda lucía más relajado que su hermana, con una camisa verde azulado y pantalones oscuros. Por último, Skyler, con un vestido azul cielo.

Simon se fijó en que Jeanne parecía querer apresurarse a los sillones en donde se sentarían para conversar de uno en uno con los seleccionados. Durante pocos segundos, pudo jurar que vio una de sus manos encerrarse en un puño tenso. La curiosidad le picó en el cerebro.

La vista de todos estaba cerrada en los herederos. Skyler y Cyrus saludaron con sonrisas ladinas e inclinaciones de cabeza antes de sentarse, pero Jeanne no. Igual, no muchos repararon en eso. Estaban ocupados apreciando las piernas de las dos princesas. Al parecer, se habían combinado para llevar vestidos casuales y primaverales. Cada uno se sentó en el sillón respectivo, al fondo de la sala y Phillips llamó a las primeras filas.

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Quienquiera que había inventado los mantras de relajación, nunca se había topado con alguien con el temperamento de Jeanne. Sentía que iba a explotar constantemente y tenía que obligarse a sí misma a no andar con los puños apretados ni a dar zancadas que asemejaran más a indicios de una patada ninja. Al mirar a sus hermanos, le habría gustado tener un poco del temple de ellos para esto. Cuando se sentó en el sillón, se dispuso a dejar de volverse loca y se dio una cachetada mental. Iba a tener que sacar la paciencia de donde no la tenía —quien merecía su ira no eran los pobres ilusos que tenía en frente.

—Alteza, encantado de conocerle —se presentó el primer chico y le estrechó la mano.

Tenía cabello castaño claro peinado hacia detrás, rostro rectangular y llevaba una camisa verde pálido. No se veía nada mal. Y no estuvo tan mal hasta que le besó la mano antes de soltársela.

—Igualmente —contestó Jeanne, sentándose de vuelta.

Trató de sonreírle y cuando le sonrió de vuelta, entonces asumió que no fue tan  mal. No se sabía el nombre del chico hasta que Cyrus le susurró que era Mark, un tres, mientras él se levantaba para irse. Cyrus tuvo que decirle el nombre de los demás cuando llegaban, porque en un ataque de rabia, se rehusó a aprenderse la información básica de sus seleccionados. Fue algo inmaduro, pero le daba igual.

El siguiente era un muchacho llamado Jordan, casta 3 igual, parecía estar intimidado con ella. No la miraba a los ojos por más de quince segundos y tenía un tic de rascarse la punta de la nariz. Le pareció tierno y bajó sus defensas cuando le habló sobre su sueño de construir una obra arquitectónica tan increíble como el palacio. Los demás chicos la hicieron reír con sus intentos de “seducirla”, con chistes malos a cada segundo y guiños que parecían más raros que cuando ella intentaba sonreír en situaciones incómodas. Darrell Attias, un siete, parecía ser el que tenía más temple —además de ser extremadamente apuesto. Incluso sintió su nariz calentarse y rezó para que sus hermanos no se dieran cuenta.

Estaba esperando a que su hermana terminara de hablar con un chico rubio para que dieran paso a los que faltaban. Solo quedaban dos y, por nada del mundo, iba a admitirle a alguien que no había sido tan mal como se lo imaginó.

—¿Cómo se llama el que viene ahí? —le susurró a Cyrus, sin voltear la cara.
—Es Greg Mallore, un dos —contestó el.
—Pssst —Skyler llamó su atención.

Cuando voltearon a verla, la chica señaló disimuladamente hacia el tal Greg, que avanzaba al sillón con un andar que le hizo pensar que estaban en medio de una pasarela y nadie se lo avisó. Skyler levantó el pulgar y asintió repetidas veces; luego, movió sus labios sin hacer ningún sonido, diciendo “está buenísimo”. Jeanne la fulminó con la mirada y Cyrus rodó los ojos.

—Princesa Jeanne —el acento pronunciado de Greg la hizo girarse— Es un honor.

Se levantó para saludarlo bien y al clavar su mirada en los ojos verdes del muchacho, algo se le removió en el cerebro. Lo había visto antes, solo que no recordaba dónde. Su cabello estaba peinado hacia arriba, con excepción de unos mechones que le caían del lado derecho de la frente. Cuando le estrechó la mano, le acarició la palma con el pulgar antes de soltársela. Una ola de furia le recorrió el pecho, pero las cámaras en los extremos del salón la obligaron a tranquilizarse. Sonrió y se sentó.

—Dime, Greg, ¿a qué te dedicas?
—Principalmente, soy jugador de tenis profesional —sonrió encantadoramente— También he estado interesándome en proyectos de modelaje y actuación, últimamente. Las propuestas vienen y van —guiñó un ojo— ¿No ha pensado en hacer algo en esos ámbitos?
—¿Algo cómo qué? —Jeanne frunció el ceño.
—Algo como actuar o modelar —hizo un ademán de manos a su figura— Estoy segurísimo de que todos adorarían tener a alguien como usted modelando. Y no lo digo solo porque sea la princesa.

Su tono le estaba encendiendo algo. Y no era agradable. Jeanne se cruzó de brazos y las comisuras de sus labios se alzaron un poco.

—Oh —arqueó una ceja— ¿Por qué lo dices, entonces?
—Pero si es obvio que es de lejos una de las bellezas más grandes del reino —Greg no perdió tiempo en contestar— Solo hay que echarle un vistazo para darse cuenta.

Y entonces, la miró de pies a cabeza sin disimular en lo más mínimo. Lo hizo tan adrede que se sintió violada. Habían personas que miraban con intenciones de apreciar, y había otras que la miraban como lo estaba haciendo Greg en ese momento. Y ella tenía experiencia de sobra con personas de esa calibre. Cuando le sonrió, esa vez con más “sensualidad”, el foco se le encendió.

—Creo que ya sé dónde te he visto, Greg.

Ambos se pusieron de pie, porque ya el tiempo había acabado. Jeanne se acercó a él con una sonrisa de oreja a oreja, que Greg correspondió más que feliz. Cuando Cyrus y Skyler la vieron, sus expresiones fueron lo contrario e intercambiaron miradas preocupadas.
Greg la miraba peor que antes, pero no se atrevió a hacer algo con sus manos porque no sabía si estaba permitido.

—Aquel baile enmascarado, sí —un paso más cerca— Dónde tuve el placer de bailar contigo y tú…—Jeanne pasó su dedo por el hombro de su camisa— terminaste manoseándome.

Su expresión cambió radicalmente: frunció el ceño y sus ojos brillaron con furia, tomó impulso y estampó el tacón de su zapato en la punta del pie de Greg. Él aulló de dolor y casi terminó cayéndose en el suelo, pero uno de los guardias se apresuró a ayudarlo. Todos miraron la escena con ojos abiertos de par en par, Phillips incluso dejó caer su libreta de apuntes. Los camarográfos estaban filmando todo con más emoción que todos los días anteriores.

Greg la miró con el rostro rojo, no sabía si de la furia o de la vergüenza. Ella le devolvió la mirada con una sonrisa fría y preligrosa, se cruzó de brazos y apoyó su peso en su pierna izquierda.

—Puedes retirarte —le informó, antes de volver a sentarse.

Jeanne estaba segura de que todos la sermonearían cuando saliera del salón. Pero aquel chico había logrado tocarla y salirse con la suya, estaba en todo su derecho de darle un poco de escarmiento. Phillips no hizo perder tiempo para llamar a los últimos tres seleccionados. La “buena” vibra que tenía Jeanne se habia esfumado. Ver a Greg la dejó con ganas de acribillar un árbol con sus flechas.

—Um, ¿no me va a golpear también, o sí?

La voz de un chico la hizo voltear la mirada. No le pudo preguntar el nombre a Cyrus, porque él se encontraba hablando con una chica. El muchacho tenía una enorme altura y lucía incómodo. Jeanne suspiró. Probablemente ahora vayan a tenerle miedo más de la mitad. No era su culpa que hayan elegido a un cabrón para su selección.

—Claro que no, eso fue un caso especial —se levantó y trató de recomponerse— Encantada…lo siento, no me sé tu nombre.
—No se preocupe, alteza —él estrechó su mano y sonrió— Soy Simon Lassoga.

Cuando se sentaron, Jeanne se fijó en sus abundantes rizos negros, que le llegaban hasta los hombros. Arrugó la nariz al recordar cómo la llamó.

—No me llames alteza, soy Jeanne.

Hasta ahora, solo había hecho eso con el chico intimidado Jordan, Darrell y ahora él. Había algo en sus portes que no le gritaban que querían seducirla a como dé lugar —lo que era un alivio. Ya había tenido demasiado por un mes y a penas era el primer día.

—Con que especial, ¿eh? —bromeó Simon— ¿Acaso debo preocuparme?
—Especial en el otro sentido —Jeanne rodó los ojos.

Quiso cambiar de tema, así que dijo lo primero que se le vino a la cabeza.

—Tus rizos —señaló— ¿Son naturales? Es decir, ¿no te hicieron nada en el cabello?
—Mis…—Simon se llevó una mano a la cabeza, desconcertado— Oh, no. Siempre han sido así. Querían cortarlos más, ya sabe, para dar una imagen más “seria”. Pero me gustan mis rizos así.

Eso la hizo sonreír. No con incomodidad, burla o ira. Sino de verdad, provocando que se acentúen las líneas en las esquinas de sus ojos, porque le gustó su respuesta. Simon no pudo evitar pensar que se veía demasiado linda cuando sonreía así —y no parecía que tenía un utensilio atascado en la garganta.

—¿Por qué no los dejaste cambiarte? —preguntó ella.
—Pues —la miró directo a los ojos— Me prometí que si llegaba aquí, iba a ganar siendo yo, no una imagen de lo que las personas quieren que sea.

Y eso le gustó mucho más. El Rey Dorian habría dicho que las cosas no siempre eran como uno las quería —excepto para él. Cuando abrió la boca para contestarle, Phillips se deslizó a su lado.

—Lamento interrumpir —dijo, con su voz nasal— Pero ya es tiempo de que Simon se reúna con los demás seleccionados para pasar al desayuno.

Jeanne rodó los ojos y asintió. Phillips se retiró para que se despidieran, así que ambos se pusieron de pie. Le habría gustado seguir conversando con el chico rizado que ir a sentarse en la misma mesa que sus padres, pero lamentablemente, no era dueña de su vida la mayor parte del tiempo.

—¿No quieres ir a desayunar? —murmuró Simon.

Jeanne subió los ojos hasta los de él. Incluso con tacones, tenía que inclinar un poco la cabeza. Le sorprendió su pregunta tan directa.

—El desayuno no es el problema —contestó ella.

Simon la miró en silencio, con una intensidad que la dejó sin nada más que decir. Era como si quisiera meterse a su cabeza para ver qué había querido decir con eso. Jeanne le devolvió la mirada con los ojos entrecerrados, retándolo.

—Mejor me retiro antes de que el señorito vuelva—dijo al final, estrechándole la mano de nuevo— Fue un placer, princesa.

Le sonrió, no por cortesía, sino con diversión y simpatía. Fue tan contagiosa que Jeanne no se dio cuenta de que le sonrió de vuelta, hasta que se encontró con la mirada inquisitiva de Cyrus. Skyler solo subía y alzaba las cejas como si le presionaran un botón de la cara.

—No me jodan, ¿ok?

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Cuando los seleccionados salieron para pasar al comedor, Rudnt entró a la sala. Solo tuvo que darle una mirada a Jeanne para que supiera que sus padres ya sabían del altercado con Greg. Sin embargo, no conversaron con ella hasta después del desayuno, cuando los seleccionados se retiraron para una clae de Historia y la familia Aldridge se quedó en la mesa. Los ojos fríos y oscuros de Dorian la miraron con regaño. Ella le devolvió la mirada, sin intimidarse.

—¿Puedes decirnos qué fue eso? —reclamó— ¿Sabes el lío que ha sido convencer a los camarógrafos de eliminar aquella grabación?
—Y de todos modos, no estamos 100% seguros de que alguien no la vaya a filtrar —agregó su madre.
—Te advertimos que esto es un evento en el que deben estar con su mejor comportamiento —dijo Dorian— ¿Y lo primero que haces es acribillar a un muchacho?

Jeanne lo miró como si estuviera loco. Porque tenía que estarlo. Solo le dio un pisotón. Ella en realidad había querido hacer más, pero lo racional le ganó en aquel momento.

—Vaya, ¿en realidad lo acribillé? —masculló, mirando hacia el techo— Porque habría jurado que le di un pequeño pisotón. En realidad, solo fue una cosita.
—Jeanne, no estamos bromeando —le advirtió su madre.
—¿Qué crees que pensarían de la realeza si ven eso en la televisión? —preguntó su padre.
—¿Qué me sé defender? —Jeanne chasqueó la lengua.

Cyrus se palmeó la frente. Sabía que ella los estaba provocando a propósito. Y su padre, que compartía su temperamento —cuando dejaba su máscara de frialdad—, le respondía con igual fuerza. Eran discusiones horribles. Skyler miraba de un rostro a otro, buscando la oportunidad adecuada para salir de allí.

—¡Basta, Jeanne! —exclamó su madre— El muchacho no te hizo nada. No tenías por qué golpearlo así.
—Así que te vas a disculpar con él —continuó su padre— Ahora mismo.
—¿Qué voy a…? ¿Acaso saben por qué lo hice? —chilló ella, con ojos desorbitados.

Todos en la sala se sorprendieron por el brusco cambio de levemente irritada a una bola de enojo. La furia sacudió a Jeanne y de pronto, no podía estar sentada. Se levantó para largarse de allí, pero después se devolvió, con el ceño fruncido y la nariz arrugada.

—Para su información, reyes —bramó, con un tono de voz alto— Aquella bazofia de hombre ya me había visto antes. En una fiesta. Donde estaba borracho e intentó propasarse conmigo —apretó los dedos, formando puños y respiraba forzosamente— Me importa una mierda si la escena sale al público. No voy a dejarme manosear de nadie solo porque ustedes crean que deba ser una princesa sumisa de pacotilla.  Y no me voy a disculpar con él, se puede ir al mismo infierno.

Salió de la sala con largas zancadas, sin relajas los puños y sin reparar en la mirada inquisitiva de los guardias postrados en ambos lados del pasillo. Ya estaban acostumbrados a los berrinches de la princesa, pero aquel parecía tener una razón lógica. Los reyes agradecían que las paredes eran a prueba de sonido.

Esmeralda, la reina, se puso de pie de inmediato al escuchar todo eso. No tenía idea de que su hija llegó a pasar por algo así. La expresión de Dorian no se dejaba leer: mantenía su misma máscara de siempre. Cuando ella quiso comenzar a caminar, Cyrus la detuvo, sujetándola por el hombro.

—No vayas aún, te lo digo por experiencia —dijo— Deja que se calme. Habla con ella en la tarde.
—Pero, hijo…
—Lo sé, mamá. Pero es mejor dejarla enfriarse —trató de hacerle entender.
—Cyrus tiene razón, mamá —dijo Skyler, haciendo una mueca— Con Jeanne es más fácil hablar luego de que está un par de horas sola.

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Jeanne fue directamente a el área de entrenamiento. Con coraje, sin cambiar la vista del frente y sin responder a las preguntas de algunos cuantos. El área de entrenamiento tenía circuitos que hacían los militares, herramientas para ejercitarse y la sección donde practicaban con armas y con arco y flecha. Fue directamente a su casillero, sacó su ropa de arquería y se metió a uno de los vestidores. Al estar lista, dejó el vestido colgando y salió en busca de sus armas.

No podía creer que comenzaran a acusarla sin preguntarle primero cuál fue su razón. Que la quisieran obligar a disculparse con un cerdo como aquel. Preferiría teñirse las cejas de rosado a humillarse de esa manera.

Caminó hasta los postes de blancos más alejados, donde nadie fuera a molestarla. Probablemente la vigilarían los guardias, pero estaba acostumbrada a eso. Se colocó en posición y comenzó a lanzar flecha tras flecha. La concentración que requería el ejercicio, la hacía alejarse de lo malos pensamientos aunque fuera por un momento.

Estaba tan concentrada en su tarea que no se percató que alguien la observaba desde la segunda planta. Aquella parte del área de entrenamiento estaba ubicado del lado del castillo donde se alojaban los hombres. Aquellos balcones aún no tenían barrotes.

Simon tenía el balcón abierto y había estado escribiendo una carta, cuando escuchó el sonido de filo cortando aire y clavándose en algo sólido. Dejó el papel y el bolígrafo en el escritorio y salió al pasillo del balcón. Se encontró con una escena fascinante e intrigante.

La princesa Jeanne estaba allí, en el patio, lanzando flechas al centro exacto de varios blancos. Llevaba una especie de uniforme que consistía en una camiseta marrón, pantalones negros de cuero y botas marrones. Tenía guantes en las manos y el cabello alzado en un moño desordenado. El sudor le bajaba por el cuello y el esfuerzo del ejercicio la hacía ver mucho más atractiva. Lo tenía que admitir.

Sin embargo, le intrigó la fuerza con que lanzaba las flechas. Parecía hacerlo con fiereza, como si quisiera romper el blanco además de clavar la flecha. Su expresión era de frialdad pura, con los ojos fijos en su objetivo y los labios formando una línea recta. Se preguntó que la tendría así.

Comenzó a examinar las paredes junto al balcón, hasta ubicar las enredaderas a su derecha. Sin pensar en las posibles y perjudiciales consecuencias, saltó al barandal del balcón y caminó hasta estar cerca de las plantas. Se obligó a sí mismo a no mirar hacia debajo. Calculó la distancia y se lanzó hasta las enredaderas, sin chillar, disfrutando de los pocos segundos de adrenalina intensa. Cuando chocó contra la pared, se sujetó con rapidez de las lianas y comenzó a descender con torpeza. Cuando estuvo a una distancia prudente del suelo, se dejó caer. Aterrizó con un golpe seco y se quedó tranquilo, respirando con jadeos, con la cabeza inclinada hacia el balcón.

—Sí, aún no he perdido el toque —dijo.
—¿Acaso estás demente? —chilló una voz femenina.

Simon se giró tan rápido que casi se enreda con sus propios pies. La princesa Jeanne estaba en frente de él, a unos cuantos metros, mirándolo con los ojos bien abiertos. Tenía las cejas arqueadas y lo miraba como si tuviera una protuberancia en los oídos.

—Eh…¿de qué habla? —musitó Simon.

No podía mentirle. Así que le quedaba confundirla. Además, ¿para qué había saltado de la nada?

La expresión de Jeanne pasó de sorpresa a irritación. Frunció el ceño y entornó los ojos. Aún tenía el arco en una mano, pero con la otra lo señaló con la palma abierta.

—Ni se te ocurra tomarme por estúpida. Te vi saltando desde el balcón —lo acusó sin reparos.

Simon maldijo para sus adentros. Si confundirla no servía…

—Si le digo que salté solo para verla más de cerca, ¿me creería? —sonrió, mostrándole todos sus dientes.

No obtuvo la reacción esperada. Jeanne se vio mucho más confundida que antes. Sus labios se abrieron y curvaron en una mueca; además de sacudir la cabeza varias veces.

—¿Por qué diablos harías eso? —inquirió— ¿Acaso tuviste un colapso temporal o algo?

La sonrisa de Simon se esfumó. Estaba seguro de que eso habría echo sonreír a Keke, la vecina que siempre le hacía galletas de chocolate. Pero Jeanne no era Keke. Dejó salir aire con pesadez y se pasó una mano por la cara.

—Bien, sí salté del balcón, princesa —contestó— Y no, no tuve ningún tipo de colapso.
—¿Entonces por qué saltaste? —preguntó con urgencia.

La mente de Jeanne iba a mil por segundo. Estaba examinándolo con los ojos, buscando alún gesto que le diera la respuesta. Simon curvó sus labios en una pequeña sonrisa ladina.

—¿La verdad? La vi ahí, disparando flechas como si quisiera pulverizar el blanco y el resto del mundo con ello —señaló hacia el campo de entrenamiento— Y pensé que estaba enojada. Y no me gusta ver a las personas enojadas —hizo un ademán de manos— Así que pensé en bajar para distraerla un poco…y este fue el camino más corto.

Al final, volvió a sonreír. Del tipo de sonrisa que le daba a su madre para librarse de algún sermón. Jeanne pareció consternada por su respuesta, pero tambien aflojó las cejas. Ladeó la cabeza y relajó sus hombros.

—Eso es…eh, ¿halagador? —chasqueó la lengua— Pero ni vuelvas a pensar en hacer algo así. Si los guardias te ven, serás penalizado.
—En las reglas no dice nada de saltar por balcones…—los ojos de Simon brillaron.

Jeanne casi sonrió, pero apretó los labios para no hacerlo. Simon sonrió más.

—Técnicamente. Pero cualquiera puede pensar mal si te ven saltando como mono por ahí —sacudió la cabeza— Para algo existen las escaleras.
—Ya, lo tendré en cuenta, princesa —dijo, ocultando una sonrisa.

Habló con un tono de voz que prometía lo contrario e inclinó la cabeza con más burla que otra cosa. Y sorpresivamente, a ella le agradó eso. Tendría que leer el informe de Simon.

—Y creo que te dije que me trates de tú esta mañana —le reprochó.
—Disculpa, todavía es algo raro porque eres…la princesa —Simon se rascó el cuello.
—Soy una humana. Igual que tú —masculló y suspiró cansada— Solo que mi apellido pesa más que el tuyo.

Dijo algo más entredientes que Simon no entendió, pero eso fue suficiente para hacerlo preguntarse muchas cosas. Sin embargo, Jeanne no lo dejó, porque inclinó la cabeza y se largó de allí dando largas zancadas. De seguro quería bañarse, aunque a él no le molestó verla así.

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Cuando salió del baño, Jeanne no se encontró con Elina esperándola para ayudarle a alistarse para la cena. Sino que se encontró con la Reina Esmeralda, sentada en el borde de su cama con un vestido dorado sin mangas y cuello alto, impecable como siempre. Jeanne se ajustó el nudo de la cuerda de su bata de baño y caminó hasta una distancia prudente de su madre.

—¿Dónde está Elina? —le preguntó.
—La mandé fuera por unos minutos.
—Tengo que prepararme para la cena —masculló Jeanne.

Realmente, ella no tardaba tanto preparándose. Elina casi siempre tenía una buena opción escogida y nunca hacía demasiados arreglos con su rostro o cabello. No obstante, recordaba el argumento con sus padres y a pesar de que ya se encontraba con el temperamento un poco más frío, aún no quería hablar con ninguno de los dos.

—No te preocupes, no tardaré mucho —dijo la Reina— De parte de tu padre y yo, queremos decirte que fue muy apresurado de nosotros haber juzgado tus acciones de esa manera sin escuchar tu versión primero.

La quijada de Jeanne pega al suelo. Su madre la mira con rostro serio, impávido, con la marca de la inexpresibilidad que caracteriza a los reyes. Pero también la mira expectante. Como si quisiera escuchar una respuesta positiva.

—A pesar de que no nos sentimos cómodos con la violencia…—suspiró— Creo que ya todos sabemos que es algo de ti que al parecer no va a cambiar.

Jeanne examinó el rostro de su madre con la mirada. Algo le estaba molestando. ¿Estarían tratando de ablandarla por un motivo oculto? Desde hace meses, sentía que sus padres le ocultaban más del cincuenta porciento de todo.

—¿Eso significa que no tendré que disculparme con él? —inquirió Jeanne. Su madre la miró expasperada— Solo para confirmar.
—No. Y tú decidirás que harás con él, como dueña de tu selección que eres.

Eso también hizo dudar a Jeanne. ¿Sus padres, dándole pase libre sin advertencias, dos veces? Entornó los ojos.

—¿Me estoy perdiendo de algo? —cuestionó.
—No, hija —contestó su madre.

Sin embargo, había algo en su semblante que no le inspiró confianza. Ella que ya tenía problemas con eso de por sí. De todos modos, asintió, aceptando las “disculpas” de sus padres. Si le daban un pase libre sin consecuencias, lo menos que podía hacer era aceptarlo sin negarse. Después investigaría sus segundas intenciones.

Luego de eso, su madre no tardó mucho en irse. Lo cual fue un alivio, porque tenerla en la misma habitación que ella cuando estaban las dos solas, siempre terminaba en un argumento. La reina Esmeralda siempre encontraba algo que opinar hasta de la mala respiración de Jeanne. Llevaban las discusiones madre-hija a todo un nuevo nivel. Con la excepción de que Esmeralda nunca gritaba, y Jeanne siempre lo hacía.

Elina pasó a la habitación y le sonrió con simpatía. Detestaba cuando las personas sentían pena por ella, pero sabía que en realidad, lo que Elina quería era que Jeanne tuviera una vida más fácil. Se lo había confesado una vez que casi se arranca el cabello de la frustración. Era la única que entendía por lo que pasaba, además de sus hermanos y Ross Di Lorenzo, la única persona que podía llamar su amigo de verdad, en toda aquella vida de pretenciones y materialismo.

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Jeanne se enteró de las segundas intenciones de los reyes exactamente dos días después del comienzo de la selección, cuando bajaba a desayunar con un vestido corto color lila. El guardia que mandaron a llevar el mensaje era joven, de cabello cenizo y ojos claros que la miraban con inseguridad. Parecía bastante seguro de pelear contra cualquier criminal, pero la mirada dura de la princesa era algo muy diferente.

Había dormido en paz porque mandó al diablo a Greg la noche anterior. Sin ninguna censura ni reparo. Había disfrutado de su rostro contraído por la furia y soltó una risotada cuando azotó la puerta de la sala común. Sin embargo, ahora sentía todo menos paz. Todo lo contrario.
Sus dedos se arrugaron alrededor del sobre de papel grueso en el que estaba el mensaje. Con letras cursivas y pulcras. Tan claro como el agua. Resumiendo, contenía una orden:

“Para que no saquen al aire aquel video donde te encuentras agrediendo a un seleccionado, se ha pedido una toma de una cita con alguno de los restantes.”

Y tenía que hacerlo hoy, para que lo presentaran al final de la semana en el report. Inspiró y exahló con tanta fuerza que el guardia abrió los ojos y extendió los brazos, creyendo que le daría un bajón. Pero no era eso lo que la tenía con la quijada apretada, el papel destruído y la nariz roja. Podría rechazarlo perfectamente. No obstante, sabía las consecuencias. No porque le importara su imagen pública mucho más que sus valores personales —el asunto era más que eso. Si algún video de ella golpeando a un idiota salía a la luz, tendría que responder muchísimas preguntas en el report. Y a penas si podía estar allí sin querer golpear al presentador por su cotilleo insesante.

—¿Alteza?

La voz queda del guardia la sacó de sus pensamientos. Disparó los ojos hacia él, sin calmarse, con tanta furia que el muchacho dio un paso hacia detrás. Jeanne cerró los ojos y trató de controlarse dejando salir suspiros más profundos.

—Gracias por traer el mensaje —miró su pecho de reojo— soldado Howard. Puede retirarse.

El soldado no perdió tiempo en acatar la orden. Jeanne se quedó de pie en medio del pasillo, a pocos metros de la puerta que llevaba al comedor donde se encontraban todos para desayunar. Estaba segura de que lo habían hecho a propósito. Enviarle la orden justo en ese momento, donde no podría vociferar a los cuatro vientos todos los dichos que le pasaban por la cabeza. Su respiración estaba tornándose más forzada, nada que ver con sus deseos de auto-controlarse.

—Princesa, debe entrar, ya es hora de servir el desayuno.

La voz calmada de Rudnt la hizo abrir los ojos y erguirse. Él la miraba con preocupación y tal vez algo más, pero no podía leerlo. Llevaba su uniforme azul oscuro tan pulcro como siempre y la barba canosa cubriendo la parte inferior de su rostro.

Jeanne le devolvió la mirada con todas las emociones acumuladas y la impotencia casi haciéndole brotar lágrimas. Cuando sintió su labio inferior temblar, se lo mordió.

—Recuerde que la dueña de la selección es usted y más nadie —murmuró Rudnt— Y el que ríe de último, ríe mejor.

Si no fuera por su estado actual, incluso le sonreiría. Asintió con la cabeza y sorbió por la nariz. Era algo maleducado hacerlo en público, pero ni loca iría a subir las escaleras para sobarse la nariz en el baño. Parpadeó hasta que estuvo segura de que las lágrimas no se le saldrían. Cuando inclinó la cabeza en dirección a Rudnt, él hizo una señal para que los soldados postrados en la puerta, las abrieran al mismo tiempo. Jeanne ignoró los latidos de su corazón y lanzó todo el remolino de sus emociones al rincón más lejano de sus interiores. Lo último que querría era darle el gusto a sus justos Reyes.

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Leah aún no podía creer muchas cosas. No podía creer que le habían ondulado el cabello —ni lo mucho que le encantaba. No podía creer que tenía un montón de flores exóticas en su balcón —desde lirios lili hasta gardenias. Tampoco que ahora era de una casta más alta. Ni siquiera asimilaba bien que a Darrell le habían cortado todo el cabello, dejándolo peinado hacia arriba. Ella que amaba tanto su cabello largo.

Y no podía creer lo encantador que era el príncipe Cyrus. Bueno, si podía creerlo. Siempre se mostró simpático en los reports y eventos públicos. Sin embargo, ahora que lo trataba de cara a cara, era todo más real. Como si verlo por medio de la pantalla por todos estos años haya sido como una mera ilusión, y ahora se encontraba con la imagen verdadera.

—Pensaba que estarías obsesionándote con el jardín —dijo una voz masculina.

Leah se giró para toparse con Darrell. Llevaba una camisa de seda rosa pálida y unos pantalones jeans. Era tan raro verlo sin su cola pegada a la nuca.

—A eso iba —dijo ella, sonriendo de lado— Pero no encuentro por donde comenzar.

Les habían dicho a los concursantes que no podían permanecer en espacios cerrados si eran de diferente sexo (como si no tuviera concepto de autocontrol o razocinio) y que serían penalizados de ser encontrados fraternizando con los herededos opuestos. Así que Darrell y Leah estaban limitados a hablar solamente en las horas de comida o en tiempos libres después de las clases.

A Darrell le había fastidiado aquello en extremo. Primero, porque Leah era su mejor amiga. Y después porque lo decían como si pensaran que los seleccionados eran meras herramientas para entretener a los príncipes. Que no tenían derecho a hacer amigos con otras personas porque estaban en el castillo exclusivamente para ellos. Era lo más estúpido que había escuchado.

—¿Podemos ir a cualquiera de los jardines? —preguntó Leah, señalando hacia el patio en frente de ellos.

Estaban en el pasillo exterior del ala este del castillo, por donde se iba a las habitaciones. Los jardines de ese lado tenían un montón de arbustos en forma de animales, algo que ella siempre quiso aprender a hacer.

—No estoy seguro. ¿Te acuerdas de las reglas que dijo Phillips? —preguntó Darrell.

Ambos se miraron sin decir nada. La voz nasal de Phillips había provocado la misma reacción en ambos: ganas de explotar de la risa. Porque parecía que hablaba con un silbato atravesado en las cuerdas vocales. No prestaron mucha atencion a lo que decía con aquel turbio. Soltaron una risotada al unísono.

—No pude concentrarme con esa voz —Leah sacudió la cabeza.
—Habla peor que la señora Lallels —agregó Darrell.

La señora Lalles era una mujer de su barrio que hablaba con voz de pato con amigdalitis. No importa cuando intentaran no burlarse, cuando ella chillaba, era sencillamente imposible. Phillips y ella tendrían que ser familiares lejanos.

—¡La señora Lallels! —exclamó Leah— Me pregunto cómo estarán sus orquídeas.

Sin darse cuenta, hizo un puchero. La nostalgia le provocó un tirón en el pecho. La verdad es que no había nada más que le encantara que cuidar flores.Tal vez reírse hasta llorar. Ella cuidaba la mayoría de las flores de su vencindario. Ahora que estaba en la selección, ¿quién se ocuparía?

—Eh, no estés triste —dijo Darrell, acercándose a ella— Estoy segura de que alguien mantendrá a tus flores vivas —sonrió de lado.
—No son mis flores —suspiró la pelirroja— Aunque sí, son como mis bebés…
—Te contradices —señaló Darrell.
—La vida es una contradicción —rodó los ojos.
—En eso estoy de acuerdo contigo.

Darrell y Leah se tensaron y se giraron con velocidad al escuchar esa voz. Al ver a la princesa Jeanne allí, no supieron como reaccionar. Prácticamente estaban fraternizando, aunque fuera un espacio libre y los soldados estuvieran cerca. ¿Estarían rompiendo las reglas?

Jeanne sonrió, pero eso no mejoró el ambiente. Ninguno de los dos sabía como interpretar su sonrisa, porque había algo de sarcasmo y frialdad en ella que intimidaba. Darrell fue el primero en reaccionar.

—Princesa Jeanne —inclinó la cabeza y el cuerpo— Nosotros estábamos…
—No te preocupes —lo interrumpió— Y recuerdo haberte dicho que me dijeras Jeanne únicamente.

Leah abrió los ojos sorprendida. Disparó sus ojos hacia Darrell, buscando la confirmación de eso. Y cuando él asintió con un diminuto deje de vergüenza, volvió a mirar a la princesa.

—Mis disculpas. Eso va a tomar un poco de tiempo —Darrell sonrió— Esta es…
—Leah Bauer, lo sé —Jeanne volvió a interrumpir— Cyrus me habló de ti.

Leah no supo como interpretar eso. Principalmente por la mirada que le echó Jeanne. Era como si quisiera saber sus intenciones con un solo vistazo, lo que la hizo removerse incómoda. Sin embargo, sonrió, saludó e hizo la reverencia que le enseñaron en las clases. Tuvo que aguantarse las ganas de salir de allí hasta el jardín, estuviera prohibido o no. Algo le decía que no le simpatizaba a Jeanne.

—Eh…—balbuceó.
—¿Te molestaría dejarnos a solas por un momento? —preguntó Jeanne— …Por favor —añadió.

Leah no tardó más de tres minutos en darse la vuelta e irse. Todavía no había escuchado qué pensaba Darrell de la princesa, así que estaba tratando de no hacerse prejuicios por los rumores que escuchaba. Sin embargo, él tuvo que haberle agradado mucho. Para que le dijera que podía llamarla “Jeanne”, sin prefijos ni nada. Caminó hacia delante sin darse cuenta de sus alrededores, tratando de asimilar aquello y la reacción de Darrell. Esperaba que la princesa no hubiese pensado mal de ellos dos. Solo eran amigos. Aunque sintiera una sensación desagradable en el estómago.

Megara.
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Re: The Selection.

Mensaje por Swan. el Jue 23 Jun 2016, 10:33 pm


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do you wonder what I'm up to, without you.

Swan.
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Re: The Selection.

Mensaje por wanheda. el Vie 24 Jun 2016, 4:33 pm

OMG MAÑANA LEO EL CAP Y EL COMENTARIO. PERO ES SÚPER LARGO Y YA ME ESTÁN DANDO LOS FILZS

wanheda.
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Re: The Selection.

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 4:34 am


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