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when cupid goes wrong

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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por baekhyun. el Vie 09 Oct 2015, 4:12 pm

Aleeeeeec tu firma es vida ;-;
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por bomb. el Vie 09 Oct 2015, 7:56 pm

Chicas debo muchos comentarios but, ya me pongo al día:
Pris::
¿Qué decir? Amé por completo tu capítulo Darcy y Matt, creo que ya me enamoré de tus personajes, no sabes lo mucho que me ha gustado y lo mucho que me emociona que ya comenzamos. aunque debo admitir que Darcy me estresa un poco, muy gruñona y niña buena xd But igual es una diosa, y Matt es genial en serio, es un idiota y lo amo ya ♥️o♥️
Vics:
¡Vida mía! Tu capítulo fue genial... Parker es demasiado adorble te juro que lo amo, es un gran papá y AYYYYYYYYY, no sé me da muchos feels, muchos muchos muchos feels, y se va a encargar del caso de Spencer!!!! Hablando de Spencer, es un hijo de puta .|. Eso le pasa por no pagarle un taxi a la chica y dejarle irle sola, por puta xd Bueno, igualo tampoco es justo que lo culpen de asesinato xd en fin va Papi Parker a rescatarlo ♥️♥️♥️
Dani:
Annabell es genial, (creo que escribí mal su nombre), en fin me encantó tu cap Dan, fue hermoso *O* Enserio!, y no sé la relación de Matt y Ana es tan linda que me hace amarlo más, y el chico ¿Zack? Sí creo que se llamaba Zack (tengo la memoria de Dori xd) es tan lindo aunque apenas lo haya cruzado.
PD: Admito que es raro que no tengas a Luke xd
Ally:
Ally tu capítulo fue vida! En serio, Spencer es tan... bueno, y Theodore, ayyyy... no entendí muy bien qué pasó entre Theo y tu chica pero algo pasó, fue muy extraño, ¡Ya quiero descubrir qué fue lo que pasó!  
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por mieczyslaw el Dom 11 Oct 2015, 11:47 am

Siempre logro matarte con mis firmas Dany 
Pd: en un rato más subo, ténganme paciencia :v

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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por mieczyslaw el Dom 11 Oct 2015, 3:38 pm

Capítulo 05.
Finnegan Morgan | Beverly Stewart | pasar el cursor por la imagen.

Todo mundo destetaba los lunes, primer día de la semana y exactamente después de un gran fin de semana, pero yo podía asegurar incluso que los detestaba con todo mi ser más que los demás.

La costumbre de despertar temprano jamás se había logrado formar en mi persona y pensaba que quizá nunca pudiese lograrlo por el resto de mi vida, de hecho en ello estaba más que convencido, pues no encontraba motivo alguno por el cual debía llegar con algunos minutos u horas de anticipación a alguna parte. Era la desgracia de que el tiempo me daba igual, suponía yo.
Con mucho de mi esfuerzo y pocas ganas de levantarme de mi cama logré alistarme justamente a la hora en la que la clase de biología parecía estar comenzando a penas, podía ser que estaba quedándome ciego o simplemente que me habían faltado algunas horas de sueño debido a que mi campo visual no se encontraba del todo claro cuando había salido de la habitación y caminaba por los pasillos, cada diez segundos no podía evitar el tallar mis ojos con el dorso de la mano. Y de no ser porque tenía la cualidad de gravarme las cosas con facilidad de seguro hubiese terminado perdiéndome o chocando con alguna de las paredes en los corredores casi desiertos de la universidad a aquellas horas.

El color grisáceo de los pilares que se cruzaban por el camino que recorría a paso lento lograba arruinar aún más mi humor, la mayoría de la estructura del campus consistía en altos techos de piedra, porque no podía ser cierto que a pesar de tratarse de una universidad con un sinfín de carreras tuviese tan poca personalidad u originalidad en ello. Lograba ponerme de mal humor incluso.
Muchos solían decir que era pesimista por soltar tantas crudas realidades, pero lo fuese o no debían de ser conscientes de que era la pura verdad, y aún más cuando era un lunes por la mañana. No había algo que lograse ponerme más de malas.

La mayoría del tiempo podían observar claramente que mi humor de perros podía cambiar drásticamente de un segundo a otro, sólo debía de ocurrir algo relevante como para valerlo, y aquella mañana ansiaba desesperadamente que algún despistado tropezase con sus pies o simplemente que algo interesante ocurriese antes de llegar a la primera hora del día. Pero por más que uno que otro universitario corriese por los pasillos porque se le hacía tarde no tropezaban como yo deseaba que ocurriese.
Odiaba todo lo que tuviese que ver con la ciencia, ni siquiera la Biología podía conmigo siendo una de las más interesantes y fáciles de las ramas, a pesar de que me esforzaba vagamente para sacar notas decentes sin llegar a un sobresalientes no podía entender con facilidad nada de lo que me dijesen en aquella asignatura.
Pensaba que al estudiar la carrera de música implicaba dejar de lado las pesadas matemáticas al igual que las ciencias, pero no podía estar más equivocado, pues resultó ser que fuese cual fuese la carrera que tomabas debías de seguir con aquellas tediosas clases hasta el fin de la universidad. Vaya sorpresa había sido esa para mi cuando unos meses atrás recién ingresé y me dieron mi horario. 
Siete horas al día, cinco días a la semana, aquello no estaba en mis planes.

Faltaba únicamente doblar un pasillo más a la derecha para llegar finalmente a la clase de Peterson cuando mi ceño comenzaba a fruncirse al igual que mis labios a causa de que estaba por llegar a mi destino y no había ocurrido nada interesante, de inmediato traté de apresurar mi paso ya siendo más consciente de que llegaba más de veinte minutos tarde, pero justamente cuando iba a doblar hacia mi costado derecho me choqué con algo. O más bien dicho, alguien.

— Ugh...

Únicamente di unos pasos hacia atrás tambaleándome pero no me caí. La otra persona no tuvo la misma suerte que yo debido a que libros y hojas terminaron regadas por todas partes al lado de ella.

Por la longitud de su melena rubia al igual que sus débiles quejas suponía que se trataba de una chica, no era exactamente un caballero de brillante armadura para ser sinceros por lo cual no me importo mucho aquello, y un debate interno se había armado entre sí debía seguir con mi camino o ayudarle hasta que un gruñido de su parte me hizo mirarle más atentamente.

— ¿Piensas quedarte ahí parado estorbando? —cuestionó un tanto molesta.

Jamás había escuchado algo tan brusco en labios de una chica aparentemente tranquila, podía notarse sin mucho esfuerzo que era sencilla por la pequeña blusa suelta blanca que hacia una buena combinación con sus pantalón pesquero y unos oxford marrones, y no pude evitar el sentir una gran curiosidad.
Me coloqué de cuclillas frente a ella, dejando mi mochila al lado de la suya en el suelo, y comencé a aparentar que le ayudaba a recoger sus cosas con el propósito de lograr ver su rostro detrás de los mechones desordenados rubios.

Sus cuadernos y la gran mayoría de sus libros tenían unas hermosas pastas decoradas a mano con las iniciales de "B.S." en cada uno de ellos. 
Aquello había llamado mi intención y no me contuve en aventurarme a observar con detenimiento cada una de aquellas peculiares obras de arte ante mis ojos, la forma en la cual la firma estaba impresa con tinta fina y bella caligrafía, al igual que lo agradable que resultaba al tacto. No había forma para describir semejante caso.
De no haber sido por el carraspeo de la propietaria de aquellas libretas de seguro y hubiese pasado el resto de la clase en el suelo observando como gran idiota cada una de las pastas.

Azul. Lo primero que vi a la hora de girarme fueron unos grandes ojos celestes.
Había muchos tipos de azules, estaba el rey, cielo, marino y demás, pero de todos el que más solía ser de mi agrado era el celeste, idéntico al de los ojos de la rubia cuyo sueño fruncido no había notado hasta que se hizo mucho más notorio en su rostro segundos después, a lo cual estaba anonado por aquella casualidad.

— ¿Ahora sólo quieres quedarte aquí con mis cosas? —preguntó molesta entrecerrando sus ojos, por mi parte no salió palabra alguna aún por el estado en el cual me encontraba, pero al parecer no parecía gustarle mucho aquello— ¿No hablas? ¿O acaso planeas robarte mis cuadernos?

Una sonrisa se abrió pasó en mis labios mientras sacudía mi cabeza para evitar el quedar más en ridículo.

— ¿Por que haces tantas preguntas? —curioseé entregándole sus pertenecías y elevando mis manos en señal de paz.
— Porque tú parecías no reaccionar. —contestó metiendo sus cosas a su mochila rápidamente— Además de que me tiras al suelo, no me ayudas ni en lo más mínimo con mis cosas y te quedas sin decir o hacer nada, ahora crees que esto es divertido.

De inmediato solté una risilla que pareció desconcertarle.
Aquello sin duda alguna había sido diez veces mejor que ver a uno de los profesores caerse con todo y su café en el pasillo, mucho mejor, resultó ser que con su extraña actitud la muchacha había logrado mejorar mi humor radicalmente.

— ¿No te parece divertido?
— Por supuesto que no.
— ¿Y por qué?
— Me estas haciendo enfadar y perder mi tiempo.
— ¿Estas molesta?
— Algo.
— ¿Quieres qué estemos a mano?
— Si.

Entonces con un rápido movimiento tomó mi mochila, abrió el cierre, y la volteó de forma en la que todas mis cosas terminaron regadas como a las suyas lo estaban anteriormente. Sonrió tiernamente y arrugó su nariz en dirección mía.

— Mucho mejor. —habló incorporándose sin dejar de sonreír y comenzando a reír de una manera que resultaba dulce a pesar de que provenía por una maldad que había hecho.

Se alejó doblando el pasillo a la derecha y desapareció de mi campo visual dejándome en el suelo con todas mis cosas ahí esparcidas.
Pero lo extraño era que no estaba del todo cabreado por aquello como hubiese sido en el caso de alguien más, el carácter tan dulce y vengativo de la rubia había causado un gran desconcierto para mi, dedicándome entonces a recoger todo con el ceño ligeramente fruncido y maldiciendo en voz baja.
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Cálculo era la última clase de aquel tedioso día y las mismas ganas que tenía a primera hora de tomar biología las tenia para lidiar con los números.

Había pasado el esto de las horas mirando con cuidado a todas partes cuando caminaba alrededor de los edificios de la universidad tratando de localizar a rubia la cual no podía dejarme en paz aún sin estar presente frente a mi, bastaba con ver como habían terminado mis apuntes regados y revueltos por culpa suya como para querer enfrentarle de nueva cuenta, logrando sacarme de quicio al no lograr toparme con ella una vez más. Parecía cómo sí hubiese desaparecido simplemente.

Además de haber contribuido muy bien en el desorden de mi material académico logró hacer que el señor Peterson me odiase aún más por llegar más de media hora tarde a la clase además de una advertencia más—sumándose al montón que ya tenía acumuladas— para no alcanzar ni siquiera un sesenta y aún con ello no lograba estar del todo molesto con ella.
El verdadero motivo por el cual quería verle en verdad era desconocido hasta para mi en aquel momento, no era consciente de la verdad pero me inclinaba un poco a que se debía por una venganza, logrando consigo ansiar verla aún más.

Mi falta de ganas para querer socializar con los demás universitarios traía como consecuencia el estar completamente solo la gran mayoría del tiempo, no había con qué o quién distraerme como para encontrarle el lado positivo a algún momento, y con ello terminaba de una u otra forma ser el blanco perfecto para rechazar al igual que criticar por tan solitaria vida. No me importaba en lo más mínimo pero no me parecía agradable el pasear por el campus y ser señalado por los demás como una clase de criatura anormal.
Yo no tenía culpa alguna de que me causase gracia lo que a otros no o que disfrutase de la vida a mi propia manera dejando de lado lo que a la gran mayoría les resultaban malos hábitos para alguien de dieciocho años. Era joven, de eso era consciente, pero no por ello iba a dejar de lado las pequeñas cosas que hacían de la vida una gran aventura.

Jamás dejaba de lado la simpleza y evitaba a toda costa el involucrar la seriedad junto con los sentimientos en alguna cosa, aquella era mi forma de ver las cosas y no estaba dispuesto a cambiarla por nada del mundo, pero era exactamente la razón por la cual tenía pinta de málchico al cual no le importaba nada ni nadie.
Era la clase de chico el cual todo padre desearía lejos de su hija.

En los pasillos se aglomeraban todo tipo de personas entre hora y hora destacándose unos más que otros debido a la diferencia que había entre todos por tratarse de una universidad situada en una de las ciudades con una gran variedad de habitantes en ella. Chicago era grande y cualquiera podía asegurarlo llevando desde su nacimiento ahí al igual que yo.
Observaba por el rabillo del ojo las melenas multicolores mezclarse entre ellas pasillo tras pasillo, jamás faltaban aquellos que no se quedaban satisfechos con su color de cabello como para teñirlo de un tono más claro u oscuro e inclusive de algún color extravagante, dándole vida al edificio grisáceo.

Podía encontrar desde peliazules hasta verdosos por completo, era sorprendente el valor que aquellas personas tenían para poseer en su cabello un color no propio del original, más sin embargo aquel día había dejado de contar las cabelleras multicolores para enfocarme plenamente en las rubias. En las enmarañadas y largas cabelleras rubias.

No me importaba que me dirigía a paso exageradamente rápido hacia el salón de cálculo con unos diez minutos de anticipación, de verdad que ni era consciente de ello por lo enfocado que estaba en encontrar de una buena vez a la ojiceleste, esquivando a los que se cruzaban por mi camino y alzando mi cabeza cada que una muchacha poseía cierta similitud con ella.
Era común que la suerte jamás estaba de mi parte y al paso que iba logré llegar a la clase cuando sí acaso se encontraban cinco personas dentro de esta misma. 
A regañadientes lancé mi mochila a uno de los asientos particulares hasta en frente del escritorio, prefería siempre estar adelante para entender las cosas mejor en lugar de hacer el vago hasta atrás, dedicándome a terminar lo de la clase pasada que no había terminado para matar el tiempo con los auriculares puestos.

Billie Armstrong cantaba sobre un idiota americano cuando un olor dulzón me hizo arrugar la nariz y dejar de lado la hoja cuadriculada del cuaderno. 

— ¿Panqueques? —indagué en voz alta olisqueando el aire con el ceño fruncido.
— Vainilla. —contestó alguien en el asiento de atrás.

Alcé la mirada, sorprendiéndome en el acto al descubrir que el profesor estaba ya anotando en la pizarra y los lugares ocupados.
Quité uno de los auriculares para poder escuchar mejor y me giré hacia atrás sólo para afirmar si había alucinado o en verdad aquella voz provenía de la rubia. Ella tenía ese olor dulzón.

— Vaya... eres tú. —dialogó alzando una de sus delgadas cejas y sonriendo.
— Aja. —afirmé imitando su acto— ¿Hay una diferencia entre el panqueque y la vainilla?
— La hay, por supuesto que si. 

Y agachó su mirada para comenzar a anotar lo que el profesor escribía enfrente.
Estaba seguro de que ella no estaba en esta clase, si hubiese sido así de seguro su rostro me hubiera resultado familiar, así que la cuestión comenzó a formarse en mi cabeza justo cuando alzó su cabeza para mirar de nuevo hacía al frente y topándose conmigo aún girado hacia su lugar.

— Hmmm. —murmuró pasándome de largo y siguiendo con sus anotaciones— ¿Necesitas algo?
— Tú no ibas en esta clase antes, ¿no es cierto? —Ignoré su irónica pregunta para hacer la mía y sacarme de las dudas.
— No. —respondió como si nada aún sin prestarme mucha atención— Recién he llegado a esta universidad, me han transferido desde Kansas.

Había dado la charla por terminada puesto que no volvió a conectar su mirada con la mía y se enfocó plenamente en su libreta por dos minutos.
No me importó el que la clase se sumió en un gran silencio y cada quién se sumió en resolver sus propios asuntos, yo seguí girado evadiendo el lugar de la muchacha sin importarme mucho lo demás, crucé mis brazos sobre el respaldo de mi silla y coloqué la cabeza ahí de forma en la que podía ver el rostro de la rubia anclando ligeramente sobre su mesa. 

Observé con detenimiento como fruncía su ceño cada que parecía complicársela alguna operación y como se levantaban las comisuras de sus labios al resolverla.
Y era que ella parecía no importarle o incomodarle mi presencia porque siguió con lo suyo sin inmutarse siquiera porque mi mirada no se despegaba ni un segundo de ella. El silencio lograba incomodarme tanto que después de un buen rato sin hacer nada más que mirarle me aventuré a presentarme formalmente.

— Soy Finnegan Morgan.

No obtuve respuesta alguna en diez segundos, y aquello me hizo girarme de vuelta hacia enfrente para tomar mis propias notas completamente indignado por el hecho de ser ignorado, jamás había sido bueno en tolerar el ser ignorado por lo cual me había frustrado por completo.

Mordí el borrador del lápiz intentando encontrar la manera de resolver el primer cálculo cuando una risilla proveniente de la chica detrás mío me interrumpió.

— Beverly Stewart. —susurró picando de juego debajo de mi hombro derecho con su dedo.

Sonreí y negué con la cabeza mientras volvía a lo mío.
:'v:
¡Lamento el estar tan ausente! Recién entre hace unos días al foro y me di cuenta de que era mi turno, tuve una semana pesada, so, y terminé el capítulo lo más rápido que pude. Aunque sé que pude hacerlo mejor me gustó como quedó, no tuve tiempo para revisarlo así que les pido que me disculpen su hay muchas faltas ortográficas, y pues... creo que es todo xd

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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por Invitado el Lun 12 Oct 2015, 2:44 pm

Aleec! Me ha encantado tu capítulo! Como de costumbre, adoro como escribes! Finn es.. Tan cool y cascarrabias(? xd tienes esa genialidad para crear tus personajes que me encacantaa! No sé, me gustó mucho todo! Me dejaste con ganas de saber mas de ellos, me toca esperar xd ily <3
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por bomb. el Vie 16 Oct 2015, 9:47 am

Alec tu cap fue hermoso lo juro... prometo comentar decentemente cuando suba mi cap, porque sigo yo y bueno, me pongo a escribir. Chau ♥
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por mieczyslaw el Sáb 17 Oct 2015, 6:20 pm

Muchas gracias por sus comentarios chicas   
Espero tú cap, Di ñ.ñ

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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por bomb. el Miér 21 Oct 2015, 6:18 pm

Para mañana o el viernes a más tardar estoy subiendo capítulo, en verdad lamento mi tardanza he tenido algunos problemas de inspiración, en verdad perdón.
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por bomb. el Vie 30 Oct 2015, 7:34 pm

Capítulo 06.
Thomas Waterhouse | Calisto Raymond| pasar el cursor por la imagen.

Thomas

El sol comenzaba ponerse y en el horizonte podía vislumbrar esas luces de colores provenientes de los últimos rayos de sol, el paisaje de un pequeño pueblo francés con sus calles adoquinadas se dibujó en mis pensamientos y entre ellos, como un remolino, apareció la silueta de una chica, una preciosa morena. Su cabello largo y de un negro azabache brillaba con gran intensidad, los colores intensos en su falda y la soltura con la que esta se arremolinaba alrededor de sus piernas, al ritmo que ella bailaba hacían lucir todo aún más encantador y atrayente. El tintinear de los cascabeles hacía una armonía perfecta con el tararear de su risa y comenzaba a perderme otra vez en sus ojos cafés.
— ¡Thomas! — la voz aguda de mi hermanita me sacó de mi ensoñación, ella se giró hacia donde yo estaba mirando, curiosa por saber que me había sacado por completo su atención pero realmente no era más que una pared vacía en lo que mi vista se fijaba, una pared de un color marfil y un pequeño patrón en tonos naranjas y violetas, tonos que me hacían recordar los bordados en la falda de seda de aquella hermosa gitana. — ¡Thomas! Préstame atención, ¡por favor! — volvió a chillar Darcy y fijé mi mirar en ella.
— Lo siento Darcy, — me disculpo con una pequeña sonrisa — Sí, te estaba prestando atención, estabas diciendo algo de tu novio, ¿no? — inquiero con una mueca pues él nunca ha sido de mi agrado, y la razón es muy sencilla: Darcy es mi hermanita, y por ende siempre será una niña y es demasiado buena para cualquier chico que llegue a vivir en este planeta. Ella suspira y asiente.
— Sí, estaba tratando de decirte que… — pausa cuando me vuelvo a quedar en la nada, sus ojos marrones me recuerdan a los de ella y vuelvo a perderme en mis recuerdos. Agita su mano frente a mis ojos. — ¡Thomas me voy a casar! — casi grita desesperada por mi falta de atención y una enorme sonrisa se planta en su rostro cuando se da cuenta de que eso ha captado por completo mi atención, la silueta de la morena se desdibuja de mis pensamientos y clavo mis ojos en los de mi hermanita.  
— ¿Qué? — logró articular y ella ríe con emoción.
— Mira. — dice y me muestra el anillo de compromiso que adorna su dedo anular, puedo ver la alegría y la ilusión dibujadas en su rostro y suspira. — Me lo ha propuesto hace poco, ¿no es genial? — me sonríe y yo no sé qué se supone que debo hacer o decir, mi instinto de hermano sobre protector me impide alegrarme por ella pero, la veo tan feliz que no soy capaz de romper su sueño y sonrío lo mejor que puedo.
— Eso… eso está muy bien, Darcy. — tomo su mano y la aprieto de forma afectuosa, ella me mira con una mueca. — Estoy muy feliz por ti pequeña, en verdad, es solo que me has tomado por sorpresa. — me excuso y ella rueda los ojos pero vuelve  a sonreír.
— Realmente estoy muy emocionada, y quiero que estés de acuerdo con esto. — me dice — Yo sé que … no es de tu agrado pero… — dejo de escucharla cuando al mirar por el ventanal del café en el que estamos merendando, una falda en tonos esmeraldas y purpuras, acompañados con una melena negra y rizada pasan rápidamente.
— Darcy… — la sigo con la mirada desde donde estoy y me excuso con mi hermana porque esto no puede ser posible — Darcy, hablamos después. — digo rápidamente levantándome de mi asiento, y vuelvo a mirar por el ventanal, ella ya no está. Me apresuro y dejo unos billetes sobre la mesa antes de salir del café haciendo oídos sordos a los llamados de Darcy, trato de ubicar entre el tumulto de gente que transita por la calle la falda que he visto antes, no debía ser muy difícil, ¿quién en su sano juicio llevaría una falda de seda en tonos esmeraldas y purpuras, hasta los tobillos en Chicago? Doblando en una esquina casi llegando al mercado de antigüedades la localizo.
Es ella, estoy seguro más lo certifico en un momento en el que se gira hacía un lado y su rostro me es visible. Está más grande, no es para menos, han pasado años desde la última vez que la vi, está más bella y también en un destino que en mi vida hubiese esperado encontrarla. Ella sigue con su camino adentrándose en el mercado, y yo la sigo a ella como si estuviese hechizado, entonces unos pocos toldos más allá ella frena, delante de ella hay un carromato gitano como salido de película, que ha sido fijado al asfalto, abre sus puertas, dejando ver un pequeño escenario, entonces la veo encender las luces, y el incienso mientras se prepara y prepara su puesto, saca una pequeña pizarra escrita con tizas de brillantes colores que pone: “Madam Romanuve; adivinación y magia del corazón”. La característica música alegre de los gitanos inunda las zonas cercanas al carro y ella toma su lugar al centro del pequeño escenario. Empieza con lo que mejor sabe hacer: bailar y brilla con luz propia. No sé cuánto tiempo ha pasado, si son minutos, o segundos o incluso horas, pero ella no ha parado de bailar y más personas, que puedo reconocer como turistas, (en su mayoría), se aglomerado a su alrededor, algunos dejando propinas en un tarro bellamente adornado, otros queriendo saber su fortuna, cuando ella para y se baja para comenzar con el trabajo de adivinación, su ojos chocan los míos. Ella me está mirando, y estoy seguro de que me ha reconocido porque su ceño se frunce y su mirada se torna más oscura de lo normal. No hace falta más que eso para darme por enterado que ella no me ha perdonado, que sigue molesta, y que mi presencia le desagrada, entonces giro sobre mis talones y me voy de ahí.

•♥•♥•♥•

Calisto

Una de las cosas que más amaba poder hacer era bailar, sentirme libre, moviéndome al ritmo de los tambores y flautas, la forma en la que mi falda se movía o como los cascabeles en mis pies y manos hacían armonía con los que colgaban alrededor de mis caderas, me recordaba a mi infancia, a mi familia y no importaba si estaba a miles de kilómetros de distancia, completamente sola y deshonrada, nada importaba porque aquello me hacía feliz. Me transportaba a unos años de mi vida en lo que mi vida como gitana lo era todo, yendo de pueblo en pueblo y ciudad en ciudad, tantos lugares que conocí y visité, tantas personas que formaron parte de mi vida y ahora… Ahora estaba estancada en un misma ciudad desde hacía cinco años, arrebatada del seno de mi familia por un estúpido error, un error con nombre y apellido, un error del que no había sabido nada desde hacía mucho tiempo, un error que me había alcanzado aquí, en Chicago, un error que había tenido en frente de mí hacia solo unos minutos atrás. Deshice el hilo de mis pensamientos con la primera persona que ocupa la silla en frente de mi mesa y me concentro en ella.
— Dígame, ¿en qué puedo ayudarla? — pregunto con amabilidad empezando a barajear mis cartas.
— ¿Es usted una bruja? — me pregunta y hago una mueca ante su acusación.
— Si por bruja me toma bien puede irse, no es mi intención ser grosera ni tratarla mal, pero no soy bruja ni hago el mal. Mi magia viene de su fe y su deseo porque las cosas pasen, nada más. — respondo en tono serio y deslizo mis cartas en una línea curva sobre la mesa.
— Disculpe, no quise ofenderla. — murmura y mira sus manos — Yo tengo un problema, creo… — duda y vuelve a mirarme — Últimamente no me ha estado yendo muy bien, ¿crees poder ayudarme? — pregunta y yo sonrío.
— Seguro, piensa bien en tu conflicto, redúcelo a una pregunta concreta. — digo y señalo mis cartas — Toma tres cartas. — pido y ella así lo hace, las saca de la hilera y las deja más cerca de ella, aún volteadas. Volteó la primera que habla sobre la persona y su problema — Es El Carro, te encuentras en una situación conflictiva. La verdad es que no es tu época más tranquila, sino más bien tempestuosa, ¿me equivoco? — mi pregunta es tácita pero ella igual asiente. — Palabras encendidas y algún que otro objeto de valor roto están a la orden del día. Con una importante ventaja, esta carta representa un enfrentamiento positivo, en el que los sentimientos terminaran por aclararse. Finalmente cada uno afirmará su personalidad. — Sonrío ligeramente y volteo la segunda carta, las vibraciones — La fuerza, las vibraciones que aquí aparecen son bastante tempestuosas — hago una mueca — No son negativas, pero sí ciertamente revoltosas y movidas. Aparentemente tu pregunta es conflictiva. No temas, el desorden de los sentimientos ayuda a avanzar — volteo la última carta, la que me dará la respuesta a su pregunta — El Mago, — susurro — No se puede hablar de encuentro, sino de colisión inesperada, que lo más normal es que te deje bastante aturdida… deliciosamente aturdida, si dejas que las brasas se conviertan en un eterno fuego. Si tu corazón ya está ocupado, podría tratarse de descubrir nuevamente a la otra persona. Deja de comerte la cabeza y aprovecha todo y todo lo que puedas. Con esta carta la sexualidad se vive como un cuerpo a cuerpo, ¡sin reservas! La energía actual se nutre por si sola e impulsa a la pareja a “la proeza” — termino mi predicción y noto algo de confusión en su rostro. — Se solucionará, es cuestión de tiempo y saber entenderse, déjalo fluir. — aconsejo y recojo mis cartas para barajarlas otra vez.
— ¿Tú crees? — duda y yo asiento con una pequeña sonrisa.
— Las cartas no mienten, tienen que redescubrirse y todos los problemas que tienen los ayudaran a terminar en una situación, por mucho, mejor. — afirmo, su rostro se ilumina con una sonrisa y la seguridad ha vuelto a ella. Se levanta y me agradece, la acompaño hasta a salida y ella me paga lo que le parece sensato porque realmente no tengo una tarifa, pues no hago esto por dinero, sino porque es algo que adoro.

•♥•♥•♥•


Las sillas del recibidor eran bastante incómodas o quizás era que llevaba demasiado tiempo sentada en ellas. Estaba en el enorme edificio de oficinas en el que mi tío tenía su despacho de abogado, esperando a que terminara con el cliente con el que estaba hablando para poder hablar con él.
— Señorita Raymond — La voz aguda de Lucía, la recepcionista, me sacó de mis cavilaciones acerca de sí eran cómodas o no las sillas en las qué estaba sentada y llamó mi atención haciéndome señas hacia la puerta del despacho de mi tío. Estaba abierta y de esta salían un par de hombres junto a Parker que se despedía amigablemente de los sujetos. Sonreí, levantándome de mi asiento y me acerqué a él.
— Hola tío Park, — saludo en tono alegre y llamando su atención. Sonríe al verme dándome un corto pero sentido abrazo, seguido por un beso en mi mejilla.
— ¿Cómo has estado? Disculpa si te hice esperar demasiado, pasa por favor — me cede el paso y luego de que ambos estamos dentro cierra la puerta. Niego con la cabeza y me tiro con poca delicadeza en el sillón de su amplia oficina poniéndome cómoda, han pasado años y sigue haciendo la misma mueca de disgusto cada vez que hago eso.
— No, no te preocupes. Eres un hombre ocupado yo entiendo. — sonrío abrazando uno de los cojines — ¿Cómo estás? ¿Cómo están los niños y Margareth? — pregunto con curiosidad pues hace mucho que no sé nada de ellos y es mi culpa porque soy una distraída que de no ser porque tengo la cabeza pegada al cuello también la perdería. Ocupa su lugar en la silla tras el escritorio y teclea un par de veces antes de fijar su completa atención en mí.
—Todos bien, trabajando bastante pero bien, pero dime... ¿Qué te trae por aquí? — pregunta, finjo indignación y me levanto de donde estoy recostada para acercarme a su escritorio.
— ¿No puedo venir a verte? — Pregunto con irritación — ¿Sabes? A veces me siento muy sola, y los extraño. — suspiro y me apoyo en su escritorio. Sonríe adorablemente acercándose a abrazarme.
—Claro que puedes cariño, disculpa —se separa para verme—. De hecho es genial que hayas venido porque estoy con varios casos estresantes — suspira—, un poco de aire me vendría bien ¿Quieres tomar algo? Y charlamos de cómo te está yendo a ti.
— Claro,  ¿un café o un helado? — propongo.  — ¿Qué casos? — fisgoneo — ¿Qué no tratas divorcios y cosas de familia?
—Prefieres helado — dice con obviedad y sonrío porque es verdad, él me conoce demasiado bien —, y yo debería dejar de ingerir cafeína así que... El helado es una buena opción —salimos de su oficina donde avisa a su secretaria que no se tardará demasiado y minutos después estamos fuera del edificio—. Sí, me dedico a los casos de familia, pero un amigo me pidió un favor y no me pude negar.
El conjunto de oficinas en el que tiene su despacho queda céntrico por lo que la heladería a la que vamos está muy cerca y vamos caminando.
— ¿Qué amigo y qué caso? — me veo preguntando mientras vamos caminando y tomo su mano — ¿Por qué es más estresante que los demás? — entramos a la heladería, él abre la puerta por mí.
—Casi olvidaba que hablo con una niña muy curiosa —me burla con simpatía mientras nos sentamos en la mesa—. En realidad es el amigo, de un amigo —explica—. El problema es que es un chico problema al cual acusan de asesinato y su prontuario no es nada bueno —suspira—. Él dice que es inocente pero perdió el conocimiento y sus antecedentes no me ayudan —se encoge de hombros. Hago una mueca y asiento lentamente, comprendiendo su situación.
— Ya veo...  — digo y la chica que atiende llega, le pido mi helado y Parker el suyo y luego del primer bocado vuelvo a hablar — ¿Puedo saber el nombre del chico? — me daba curiosidad, o sea Parker no era de esa clase de abogados y me intrigaba saber por qué había aceptado el caso — ¿Por qué aceptaste el caso si no es de tu índole? — come con la cuchara y la observa.
—Spencer ¿Wayne? —Cuestiona hacia sí mismo para luego asentir— Ese es su nombre. Y acepté porque es un niño y su amigo está desesperado. — Me atraganto con mi helado y abro mis ojos como platos.
— ¡¿Spencer?! — Chillo y algunas personas se sobresaltan por mi grito — ¿Spencer?... Delgado,  cabello rizado,  ojos verdes.  Gruñón... ¿Ese Spencer? — Jadeo y niego con la cabeza — No, no... Es estúpido, Spencer no mataría ni una mosca. — Digo y estoy algo alterada por la noticia — Ya va, dijiste que estaba inconsciente... ¿Qué le pasó?, ¿está bien?
Frunce su ceño con algo de molestia.
— ¿Cómo es que una chica como tú conoce a un chico como él? —Cuestiona aun con su ceño fruncido—. Él está bien, dentro de lo que se puede. Lo encontraron  inconsciente en la calle golpeado, la alcoholemia y el análisis toxicológico dieron positivo, y tenía en sus manos el arma que dio muerte a la chica con la que se lo vio saliendo de una fiesta... Fuera de eso, bien
Dejo mi helado a un lado y niego.
— No,  es que... Es que no, Spencer no es así.  Digo, sí, es un tonto y casi nunca raciona lo que hace pero no es, de ninguna manera, un asesino. — Afirmo con vehemencia — Créeme Parker,  he tenido la fortuna de conocer su lado menos idiota y puedo jurar sobre fuego que él no haría algo así. — Niego, reacia a creer lo que me ha dicho y suspiro — Es cliente frecuente del café en el que trabajo, no deja que otro lo atienda si no soy yo. Hablo en serio Parker, es buen chico. — lo miro a los ojos y vuelvo a negar
—No dudo de tu palabra, pero lo que tengo de su caso todo da a entender que es culpable —dice serio—. Las pruebas están en su contra pero... Si es inocente, soy el primero querer que el culpable pague por haber matado a esa chica —afirma—. Pero... No deberías poner las manos en el fuego por nadie.
Ruedo los ojos.
— Es inocente, yo lo sé. — Vuelvo a afirmar y suspiro — ¿Crees que me dejarían verlo en el hospital? — Pregunto — Ahora no estaré tranquila hasta que no lo vea.  — murmuro y vuelvo a tomar mi helado
—Tu palabra influye en mí, pero no en la justicia, igualmente sabiendo que lo aprecias haré lo posible por averiguar que pasó, además de que es mi trabajo —dice obvio con una media sonrisa—. No creo que haya problema con que lo veas... Aunque su familia no quería que reciba visitas, puedes intentarlo.
Bufo.
— Claro, su familia. — gruño y niego — Ya veré qué hago, pero me gustaría que me mantuvieras informada, por favor. — pido — Cambiando de tema, ¿cómo están mis niños? Lo extraño mucho, ¿cuándo puedo ir a verlos?
— Prometo mantenerte al tanto porque... Cuando le den de alta y lo trasladen a prisión, no quiero que vayas a verlo —habla en su tono de padre protector aunque sé que lo dice porque quiere cuidarme—. Los niños están muy bien, lamentablemente este caso que me se agrega me aleja un poco más de ellos, no estoy el tiempo que me gustaría en la casa, Margareth también está trabajando bastante... Creo que les darías una linda sorpresa si fueses a verlos.
— Pasaré pronto a verlos, quizás me quede un par de días a cuidarlos, en serio los extraño — sonrío con nostalgia y suspiro — ¿Lo llevarán a prisión? — gimo y hago un puchero — No puedo prometer eso, soy su amiga y quiero estar ahí para él. — murmuro
—Habrá un primer juicio apenas salga del hospital, en donde lo declararán culpable porque todas las pruebas están en su contra, luego de eso, de mi depende el tiempo que esté allí, bueno, y de la jueza, claro, el caso de Spencer no es mi prioridad por no ser mi especialidad, pero haré todo lo que esté a mi alcance para que ese chico salga en libertad —afirma—, aun ni siquiera hablo con su familia, eso es fundamental ya que ante la ley, es menor y está bajo su cuidado —hace una breve pausa—. Respecto a los niños... Te aman, serían felices si te quedas con ellos unos días, ya sabes, eres de la familia.
Hago una mueca y resoplo.
— Vale, no me agrada eso. — mascullo y miro la hora, se me está haciendo tarde.  — Iré la semana que viene y me quedaré con ellos esa semana, ¿te parece? — pregunto — Además también quiero ver a tía Maggie. — sonrío
—Así son las cosas, nos gusten o no —se encoge levemente de hombros haciendo un poco de ruido al masticar el cucurucho—. Esta es mi parte favorita —sonríe terminando de comer—. Me parece estupendo, solo si me dejas contribuir con tus estudios, seguro estés necesitando algún libro nuevo o lo que sea.
Hago una mueca.
— Sí... Respecto a eso. — me siento como niña qué ha hecho algo malo en estos momentos — Paralice mis estudios este periodo. — murmuro y me rasco una ceja — Tuve algunos problemas en la cafetería y no logré recolectar el dinero completo de la matriculación. — susurro apenas audible y me encojo en mi lugar esperando que no se enoje mucho. No lo miro a los ojos
— ¿Qué? —Exclama con sorpresa— Oh, Cal debiste haberme llamado, tengo la suerte de que el dinero no es problema para mí, ¿por qué no me lo dijiste? Pude haberte ayudado —suspira con resignación. Niego.
— Ya te debo demasiado, yo solo no quería que esto fuera otra cosa más. — Murmuro y miro la mesa — Pediré una beca, empezaré con los trámites para ella,  no te preocupes, continuaré el siguiente semestre. — afirmo
—No me debes nada Cal, te hubiese ayudado con todo placer, lo sabes, que no es molestia para mi darte una mano, tú me la diste cuando yo necesitaba una niñera para mis hijos —suelta un pequeño suspiro seguido por una sonrisa—. Pero me gusta tu forma de pensar, quieres valerte por ti misma, eres una joven admirable —dice con un gesto orgulloso—, aunque hubiese preferido que por esta vez pidieses mi ayuda y no perdías un semestre.
Sonrío de medio lado y me encojo ligeramente de hombro.
— Bueno, me tocó valerme por mi misma desde muy joven ¿no? — Suspiro — No es tanto tiempo, y quizás haga un curso o algo — digo y vuelvo a mirar la hora, resoplo — Parker se me hace tarde. Tengo turno de tarde en la cafetería, ya tengo que irme — digo y me levanto con pereza de mi silla — Te visitaré pronto y a los niños — sonrío y beso su mejilla antes de salir de ahí.

Holu:
Hola, aquí está, luego de mil años mi capitulo. En verdad lamento mucho la tardanza pero no sabía muy bien como comenzar, ademas de que he tenido problemas con mi internet y estoy a la espera de incribirme en la universidad y me dieron un susto de muerte en el que había perdido mi cupo pues las inscripciones ya habia pasado a según, (casi me suicido) Pero volví a a vida cuando dijeron que no era verdad, en fin... este es mi capítulo, no es mi mejor trabajo pero he tenido capitulos peores, so... que lo disfruten.
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por Invitado el Vie 30 Oct 2015, 9:52 pm

Didi!! <3 a mi me gustó mucho! La chica gitana, aii me gustó demasiado, ya me dejaste con la intriga de que será lo que pasó entre ellos dos! Thomas, dios, me encantaa <3 amo como escribis, tu manera de describir las cosas.. No se, supongo que ya te lo he dicho pero nunca està de mas.. Te amo mucho bella, y el cap estuvo precioso. Amo que sea gitana, no se, meencanta <3
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por wang. el Sáb 31 Oct 2015, 7:28 am

Alec: Siento la tardanza. Tu capitulo fue como todo lo que haces. GENIAL. Enserio, como dijo Vic, tenes ese no se que para crear personajes capados sobre los que me encanta leer, y por supuesto, me hacen enganchar con la historia aun más. Finn ya esta dentro de mis pjts favoritos. Espero la siguiente ronda para leer más sobre ellos.

Di: jdlakjsdlakjs Thomas, veni y se mi hermano por siempre. Quiero un hermano como él, a pesar de su carácter, es demasiado perfecto. Me encanto como trata a Darcy, y como la aguanta. Es que son tan distintos pero se complementan a la vez. Y cuando salio a buscar a Calisto. Me dio algo.
La ame a ella tambien. Es tan única. Enserio que nunca había leído sobre un pjt así, y creo que viene perfecto para la novela y el rol... estoy enamorada de tu rol.
Espero la próxima ronda para saber más.
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por wang. el Sáb 31 Oct 2015, 7:32 am

Sigue Lu, pero no ha comentado en mucho tiempo. Asi que bueno, le doy unos dias para que suba su cap o comente, y si no sigue Yaz. Lo mismo para ella.
Si ninguna de las dos comenta, pasamos a la siguiente ronda.
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por deutch. el Lun 02 Nov 2015, 10:14 am

pfff, perdonen, he estado muy ocupada, he tenido problemas familiares y de más cosas por ahí. 
ya subo capítulo y me pongo a leer el resto.
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por deutch. el Lun 02 Nov 2015, 12:00 pm

Capítulo 07.
killian hyde | emma bennet | pasar el cursor por la imagen.

– Emma.. – susurró el hombre con voz suave tratando de despertar sigilosamente a la rubia. El moreno alzó un poco la voz y la sacudió un poco – Emma.. despierta – el hombre no obtuvo respuesta de parte de la mujer y desesperado le arrebató las cobijas de la mano de la mujer y abrió las cortinas, exactamente como un padre lo hubiera echo. La rubia reaccionó de la peor manera y tiró una almohada cerca de la cara del hombre.
– ¡Por qué jodes tanto, August! – refunfuñó acomodándose en el borde de la cama para poder levantarse.
– Lo siento, querida, no tenía opción.
– No estamos en publico, August, no tienes por qué llamarme "querida" – farfulló la mujer cansada observando al moreno con mirada perdida y entristecida, sin saber qué decir.
Emma estaba casada con August Khan, uno de los hombres más ricos y afortunados de todo el mundo. Ella se había casado por conveniencia; él le ofrecía un hogar, plata y pertenencias mas no amor a cambio de ocultar su orientación sexual. Fue sencillo para ella ya que jamás supo manejar con las relaciones sentimentales y prefería dejarlo de esa manera.

– Igualmente, ¿cuál es el motivo para interrumpir mi maravillosa siesta? – se acercó hacia la cocina para tomar un café y sentarse en la butaca que había cerca de ella.
– Debo salir. Tengo algunas vueltas pendientes.. – 
Sin esperar un segundo Emma lo interrumpió rudamente.
– ¿Y esto me incumbe por qué..? – August suspiró cansado de la actitud de la rubia.
– Si me dejarás terminar sería increíble – Emma fingió una sonrisa y le hizo un ademán para que siguiera – ¿Te acuerdas que te había dicho que le quería hacer varios arreglos a la casa? – Emma asintió sin mucha importancia – Bueno, los empezaré hoy, además he decidido añadirle una piscina a la casa, se verá mejor.
La mujer volteó los ojos y sin decir una palabra se retiró de la habitación.
El moreno volvió a suspirar lleno de frustración. No era nada fácil vivir con Emma Bennet. La mujer demostraba madurez y sencillez pero cuando andaba de mal humor optaba a tener la misma actitud de una adolescente. 
– ¡Emma, por favor! – gritó el hombre alcanzado sus pasos. 
– ¿Qué quieres que te diga, August? – se volteó irritada por la situación.
– Te pido que te quedes en casa todo el día. Es para que supervises su trabajo y que no roben nada.
– No prometo nada. Pero tú sabes perfectamente que jamás salgo de esta casa, ¿así de qué te preocupas? 

La discusión finalizó ante esa última oración y ambos tomaron sus caminos. August salió y Emma se quedó en la casa esperando a los "dichosos" invitados. 

August salió sintiéndose terriblemente mal, aquellas vueltas eran un encuentro sexual con su mejor amigo, pero se sentía necesitado y Emma no le daba lo que él necesitaba, es más, jamás había tenido relaciones con ella y era su esposa. 

Emma carecía de amor en varias ocaciones. Era cierto que no le importaba vivir en aquella enredada situación, pero hay veces necesitaba de un hombre y aunque ella no lo admitiera en el fondo sabía que tenía razón.

La rubia entró a su cuarto para darse una ducha y aclarar sus pensamientos. Todavía tenía dudas sobre lo que su corazón le decía, ella jamás lo escuchaba, pero por alguna razón el corazón le exigía que lo escuchará. La rubia trataba de callarlo, pero parecía que sus sentimientos se habían ablandado y ahora no sabía que hacer. 
Agotada por sus pensamientos, salió del baño enrollando una ligera toalla sobre su cuerpo y al salir chocó contra un cuerpo bastante robusto y grande. Su primer pensamiento fue que era August, pero al sentir sus brazos rodear su cintura para que no cayera, se dio cuenta que no era él. Los brazos de August eran más flacuchos y menos trabajados y los brazos que la sostenían eran todo lo contrario. 
Nerviosa por alguna razón alzó la mirada para encontrarse con el misterioso hombre. Se quedó varios segundos observando sus perfectos rasgos y como combinaban en su cara. El hombre estaba totalmente guapo, pero la pregunta era, ¿quién era él? Emma tomó riendas de la situación y lo separo de un empujo tapándose con la pequeña tela que cubría su cuerpo.
– ¡¿Quien eres?! – lo amenazó con su dedo tratando de parecer lo más desafiante posible. El hombre sonrió de lado acercándose un paso hacia la mujer divertido por la reacción de la rubia. 
– Killian Hyde. He venido a hacer varios arreglos en esta casa, o a eso me han llamado – Emma cruzó ambos brazos analizando al hombre y al final asintió.
– Señor Hyde, le pediré un poco más de respeto. Esta es mi habitación y debe tocar antes de entrar – al hombre le pareció bastante tierna la mujer pero decidió callarse al respecto.
– Me disculpo, el señor Khan me dijo que la casa iba a estar vacía. No volverá a pasar – La rubia volteó los ojos, de nuevo se le había olvidado al idiota de su esposo avisar.
– Puede proseguir con su trabajo.. yo debo vestirme – La mujer se sonrojó al decir lo último y trató de disimularlo mirando hacia otro lado, pero el oji-azul se dio cuenta y con una sonrisa se retiró de la habitación. 

Emma había quedado con cierta duda de la situación anterior. Había algo extraño en el hombre que la hacia sobresaltar y no sabía exactamente qué era, lo cual la inquietaba más.

La mujer trato de no toparse con el hombre y evitar cualquier situación incomoda. Apenas podía mirar al azabache a los ojos. 
Después de varias horas August llegó. Su primera acción fue besar a Emma en los labios, pero ella se removió incómoda después de varios segundos.
– ¿Cómo va todo, querida? 
– Eh.. bien. Están revisando la casa y pronto se irán.
– Muy bien. Acompáñame y me presentó ante nuestros trabajadores.
Emma no quería, sabía que si volvía a encontrarse con Killian, se pondría nerviosa y lo peor era que no sabía el por qué.
August se había presentado con cada trabajador menos con el dichoso Killian y se se acercó a él mirando a su esposa para que se lo presentase. 
– Este es Killian Hyde, querido – Emma pudo sentir la mirada penetrante del hombre que amenazaba con matarla con la mirada. Se sentía increíblemente incomoda y estaba esperando que la tierra la tragará.
– Mucho gusto. August Khan – ambos se tendieron la mano y después de un silencio incomodo alguien llamo a August.
– Un momento. No tardo – el hombre se fue dejando a la rubia y al azabache totalmente solos.
El silencio incomodo volvió a aparecer sin ningún esfuerzo. O al menos así lo sentía Emma. Lo peor de todo era que el hombre no la dejaba de mirar, lo cual lo volvía peor.
– ¿De verdad lo amas, preciosa? – al escuchar esa pregunta, los nervios y el silencio incomodo se fue inmediatamente y la rabia se apoderó de ella. 
– ¿Y eso a ti en que te incumbe? Nuestra relación es privada, no hay nada qué decir – el hombre rio y se acercó demasiado invadiendo el espacio personal de la mujer.
– No lo sé. Digo, desde acá se siente lo mucho que se aman – susurró con sarcasmo. Emma lo miro indignada y llegó August en ese preciso momento.
– Mucho gusto, Killian, debemos irnos. Te espero mañana – dijo August tomando a Emma del brazo arrastrando su cuerpo. Killian se despidió y observando a la mujer que recién había conocido.
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Re: when cupid goes wrong

Mensaje por deutch. el Lun 02 Nov 2015, 12:02 pm

open:
bueno, aquí va el capitulo. esta corto, pero no había nada más qué decir en el. no me convence mucho, pero igual me gusto. me disculpo por hacerlas esperar y estar inactiva, no saben cuan ocupada he estado. espero el próximo capítulo.
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