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Cazadores de sombras

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Cazadores de sombras Empty Cazadores de sombras

Mensaje por StephRG14 el Dom 03 Mayo 2015, 8:48 pm

    Ficha



• Titulo: Cazadores de sombras
• Autor: Cassandra Clare
• Adaptación: Si, de un libro.
• Género: Drama y Romance
• Contenido: muchas peleas xD
• Advertencias: ninguna
• Otras páginas: solo esta
StephRG14


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Cazadores de sombras Empty RE: CAZADORES DE SOMBRAS

Mensaje por StephRG14 el Dom 03 Mayo 2015, 8:56 pm

Sinopsis



El demonio Lilith ha sido destruído y Jace ha sido liberado de su captividad. Pero cuando los Cazadores de Sombras llegan para rescatarle, solo encuentran sangre y cristales rotos. No solo está el chico al que Clary ama desaparecido - también lo está el chico que ella odia, Sebastian, el hijo de su padre Valentine: un hijo determinado a llevar a cabo con lo que su padre falló, y poner a los Cazadores de Sombras de rodillas.
Ninguna magia que la Clave pueda realidad puede localizar a ninguno de los chicos, pero Jace no puede mantenerse lejos - no de Clary. Cuando se encuentran de nuevo Clary descubre el horror que la muerte mágica de Lilith ha forjado - Jace ya no es el chico al que ella amaba. Él y Sebastian están unidos el uno al otro, y Jace se ha convertido en lo que más temía: un verdadero sirviente de la maldad de Valentine. La Clave está determinada a destruir a Sebastian, pero no hay manera de dañar a un chico sin destruir al otro. ¿Dudarán los Cazadores de Sombras en matar a uno de los suyos?
Solo una pequeña banda de los amigos de Clary y Jace y familiares cren que Jace todavía puede ser salvado - y que el destino del futuro de los Cazadores de Sombras puede depender de esa salvación. Deben desafiar a la Clave y trabajar ellos solos. Alec, Magnus, Simon e Isabelle deben trabajar juntos para salvar a Jace: negociando con la siniestra Reina de las Hadas, las creadoras de las armas solitarias y sin piedad para los Cazadores de Sombras, quienes les dicen que ningún arma en esta tierra puede cortar la unión entre Sebastian y Jace. Su única opción de dejar a Jace libre es desafiar al Cielo y al Infierno - un riesgo que podría reclamar a cualquiera, o todas, sus vidas.
Y deben hacerlo sin Clary. Ya que Clary se ha ido al corazón de la oscuridad, a jugar un juego peligroso absolutamente sola. El precio de perder el juego no es solo el de su propia vida, sino el alma de Jace. Desea hacer cualquier cosa por Jace, ¿pero puede confiar en él? ¿O está verdaderamente perdido? ¿Qué precio es demasiado alto para pagar, incluso por amor?
La oscuridad intenta reclamar a los Cazadores de Sombras en el angustioso quinto libro de Cazadores de Sombras.

"Ningún hombre escoge el mal porque este sea malo.
Solo lo confunde con felicidad, el bien que busca."

-Mary Wollstonecraft 
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Cazadores de sombras Empty RE: CAZADORES DE SOMBRAS

Mensaje por StephRG14 el Mar 05 Mayo 2015, 9:58 am

Capitulo 1; El ultimo consejo

*Dos semanas después*

"¿Cuánto crees que puede tardar el veredicto?" Preguntó Clary. No tenía ni idea de cuánto tiempo llevaban esperando, pero parecía como si fueran 10 horas. No había relojes en la habitación de Isabelle, negra y con toques de rosa. Solo había pilas de ropa, montones de libros, estacas de armas, maquillaje brillante, cepillos usados, cajones abiertos con ropa de encaje resaliendo de ellos, medias transparentes y boas de plumas. Tenía un cierto aire al backstage de LA CAGE AUX FOLLES (La casa de las locas). Pero en las últimas semanas Clary había pasado suficiente tiempo en ése desastre como para empezar a sentirse cómoda. Isabelle estaba de pié en la ventana con Iglesia en sus brazos, acariciando su cabeza en estado ausente. Iglesia la miraba con sus siniestros ojos amarillos. Detrás de la ventana una tormenta típica de Noviembre empezaba a aflorar, la lluvia pegaba en la ventana con furia. "No mucho más", dijo ella lentamente. No llevaba nada de maquillaje, lo cual la hacía parecer más joven y a sus oscuros ojos más grandes. "Cinco minutos probablemente." Clary, sentada en la cama de Izzy entre una pila de revistas y cuchillos serafines, tragó duramente contra el gusto amargo en su garganta. Ahora vuelvo, cinco minutos. Eso fue lo último que le dijo al chico que amaba más que a cualquier otra cosa en el mundo. Ahora pensó, puede que sea lo último que le diga. Clary recordaría aquel momento perfectamente. El techo del invernadero. La cristalina noche de Octubre, las estrellas quemando el cielo negro sin nubes. Las piedras del pavimento escritas con runas, llenas de honduras y sangre. La boca de Jace junto a la de ella, la única cosa caliente en un mundo escalofriante. Se aferraba al anillo Morgenstern que llevaba alrededor de su cuello. El amor que mueve el sol y todas las demás estrellas. Girándose para verlo mientras el ascensor se la llevaba, sumergiéndola de vuelta dentro de las sombras del edificio. Se reunió con los demás en el vestíbulo, abrazando a su madre, Luke, Simon, pero una parte de ella, como siempre ha sido, seguía estando con Jace, flotando por la ciudad encima del techo. Los dos solos en la fría y brillantemente eléctrica ciudad. Maryse y Kadir fueron los que se subieron en el ascensor para acompañar a Jace al tejado y para ver los restos del ritual de Lilith. Pasaron otros diez minutos antes de que Maryse volviera, sola. Cuando las puertas se abrieron y Clary vio su cara (blanca, seria y desenfrenada) lo supo. Lo que paso después fue como un sueño. La multitud de Cazadores de Sombras en el vestíbulo fue al encuentro de Maryse. Alec se fue del lado de Magnus, e Isabelle dio un salto y cayó en sus pies. Pequeñas explosiones de luz cortaron a través de la oscuridad como las suaves explosiones de los flashes de cámaras en una escena de un crimen como, uno después de otro, cuchillos serafines iluminaban la oscuridad. Empujando su camino hacia adelante, Clary oyó la historia en pedazos rotos - el tejado estaba vacío; Jace se había ido. El ataúd de cristal que guardaba a Sebastian había sido roto y abierto; había cristales por todo en fragmentos. Sangre, todavía fresca, caía por el pedestal en dónde había estado el ataúd. Los Cazadores de Sombras estaban haciendo planes rápidamente, para dividirse por el ratio y buscar por el área alrededor del edificio. Magnus estaba allí, sus manos soltando chispas azules, girándose hacia Clary para preguntar si ella tenía algo de Jace para que así pudieran rastrearlo. Aturdida, le dio el anillo Morgenstern y se retiró a un rincón para llamar a Simon. Justo acababa de cerrar el teléfono cuando una voz de un Cazador de Sombras sobresalió del resto. "¿Rastreando? Eso solo funciona si sigue estando vivo. Con tanta sangre no es muy probable -" De alguna forma, eso fue la última palabra. Prolongada hipotermia, cansancio, y shock tomaron su peaje, y sintió que sus rodillas cedían. Su madre la cogió antes de que golpeara el suelo. Hubo un vacío oscuro después de eso. Se levantó la próxima mañana en su cama en casa de Luke, se sentó muy erguida con su corazón como un martilló pilón, segura de que había tenido una pesadilla. Mientras salía de la cama, las contusiones que se desvanecían de sus brazos le contaron una historia diferente, así como lo hizo la ausencia de su anillo. Poniéndose unos vaqueros y una sudadera, salió al comedor y se encontró a Jocelyn, Luke y Simon sentados allí con unas sombrías expresiones en sus caras. No necesitó preguntar, pero lo hizo de todas maneras: "¿Le han encontrado? ¿Ha vuelto?" Jocelyn se levantó: "Cariño, sigue desaparecido -" "¿Pero no está muerto?" Clary preguntó desatinadamente. "¿No han encontrado un cuerpo?" Colapsó en el sofá al lado de Simon. "No - no está muerto. Yo lo sabría." Recordó a Simon sosteniéndole la mano mientras Luke le decía lo que sí sabían: que Jace seguía desaparecido, y también lo estaba Sebastian. Las malas noticias eran que la sangre del pedestal habían sido identificadas como de Jace. Las buenas noticias era que había menos cantidad de la que se pensaban; estaba mezclada con agua del ataúd para dar la impresión de un mayor volumen de sangre del que en realidad había. Ahora pensaban que es muy posible que haya sobrevivido a lo que sea que haya sucedido. "¿Pero qué ha sucedido?" preguntó ella. Luke sacudió la cabeza, sus ojos azules sombríos. "Nadie lo sabe, Clary." Sus venas se sintieron como si su propia sangre hubiera sido reemplazada con agua helada. "Quiero ayudar. Quiero hacer algo. No quiero sentarme aquí mientras que Jace está desaparecido." "No me preocuparía sobre eso," dijo Jocelyn sombríamente. "La Clave quiere verte." Un hilo invisible se rompió en las articulaciones y tendones mientras se levantaba. "Bien. Lo que sea. Les diré lo que sea que quieran si así encontrarán a Jace." "Les dirás lo que quieran saber por qué tienen la Espada Mortal." Había desesperación en la voz de Jocelyn. "Oh, cariño. Lo siento tanto." Y ahora, después de dos semanas de testimonios repetitivos, después de que decenas de testigos han sido llamados, después de haber sostenido la Espada Mortal una docena de veces, Clary se sentó en el dormitorio de Isabelle y esperó para que el Consejo decidiera su destino. No podía dejar de recordar lo que había sentido cuando sostuvo la Espada Mortal. Eran como anzuelos minúsculos que se te incrustan en la piel, tratando de sacarte la verdad. Se había arrodillado, sosteniéndola dentro del círculo de las estrellas parlantes, había escuchado su propia voz diciéndole al Consejo todo: como Valentine había invocado al Ángel Raziel, y cómo había obtenido el poder de controlar al Ángel borrando el nombre de él y colocando el suyo en la arena. Les contó cómo el Ángel le ofreció un deseo, y ella lo había usado para traer a Jace de entre los muertos, les contó como Lilith había controlado a Jace y como había planeado utilizar la sangre de Simon para resucitar a Sebastian, el hermano de Clary, a quién Lilith consideraba como un hijo. Cómo la marca de Simon había terminado con Lilith, y como habían pensado que con Sebastian también, no era una amenaza. Clary suspiró y abrió su teléfono para ver la hora "Han estado allí durante una hora", dijo. "¿Es eso normal? ¿Es una mala señal?" Isabelle tiró a Iglesia, quién dejó escapar un aullido. Se acercó a la cama y se sentó junto a Clary. Isabelle se veía aún más delgada que de costumbre, como Clary, que había perdido peso en las últimas dos semanas, pero elegante como siempre, en pantalones entallados negros y una camiseta ajustada de terciopelo gris. Sus ojos estaban rodeados de máscara, lo que debería haberla hecho lucir como un mapache, pero en su lugar sólo la hacía parecerse a una estrella de cine francés. Estiró los brazos, con sus pulseras eléctricas con runas musicales. "No, no es una mala señal", dijo. "Simplemente significa que tienen mucho de qué hablar otra vez.‖ Giró el anillo de los Lightwood que llevaba en su dedo. "Vas a estar bien. No se violó la ley. Eso es lo importante.‖ Clary suspiró. Incluso con el calor de los hombros de Isabelle junto a ella no podían derretir el hielo en sus venas. Ella sabía que técnicamente no había violado ninguna ley, pero también sabía que la Clave estaba furiosa con ella. Es ilegal que un Cazador de Sombras resucite a los muertos, pero no lo es para el Ángel; sin embargo, era algo grave pedir de nuevo la vida de Jace y accediera a no contarle a nadie sobre esto. Ahora que estaba fuera, y que había perturbado a la Clave, Clary sabía que querían castigarla, aunque sólo sea debido a que su elección había tenido consecuencias tan desastrosas. De alguna manera quería que la castigaran. Que rompieran sus huesos, arrancaran sus uñas de las manos, dejar que los Hermanos Silenciosos vaciaran su cerebro dejándolo en blanco. Era una especie de pacto con el diablo, su propio dolor a cambio del retorno seguro de Jace. "Deja de hacer eso", dijo Isabelle. Por un momento, Clary no estaba segura si Isabelle estaba hablando con ella o con el gato. Iglesia estaba haciendo lo que hacía a menudo, se dejaba caer boca arriba con las cuatro patas en el aire, fingiendo estar muerto con el fin de inducir culpa en sus propietarios. Pero entonces, Isabelle movió su cabello negro a un lado, mirándola, Clary se dio cuenta que le hablaba a ella y no al gato. "¿Dejar qué?" "Deja de pensar en todas las cosas horribles que van a hacerte, o de lo que deseas que te suceda, porque estás viva y Jace. . . está perdido.‖ la voz de Isabelle saltó, como la de un disco rayado. Ella nunca hablaba de Jace como muerto o incluso desaparecido, ella y Alec se negaban a considerar esa posibilidad. Y nunca le reprochaba a Clary por haber mantenido un secreto tan enorme, o haber hecho algo, sin darse cuenta, de llevarlos al lugar en donde estaban ahora. A pesar de todo Isabelle había sido su mayor defensora. Reuniéndose con ella todos los días en las puertas de la Sala del Consejo, había sujetado a Clary firmemente por el brazo, había marchado de forma deslumbrante, sin importar los murmuras de los Cazadores de Sombras. Ella había esperado a los interrogatorios interminables del Consejo, lanzando miradas de puñal a todo aquel que se atreviera a mira hacia los lados de Clary. Clary se había quedado asombrada. Ella e Isabelle nunca habían sido tan cercanas, ella era del tipo de chicas que se sentían más cómodas con los chicos que con otra compañía femenina. Pero Isabelle no se apartó de su lado. Clary estaba desconcertada como ella, pero muy agradecida. "No puedo evitarlo", dijo Clary. "Si se me permitiera salir a buscarlo (**Nota: se organizó una ―patrulla‖ para buscar a Jace, en inglés Clary habla de ser parte de la patrulla), si se me permite hacer cualquier cosa, no creo que sería tan malo." "No sé". Isabelle parecía cansada. Durante las últimas dos semanas, ella y Alec habían realizado búsquedas y guardias de más de 16 horas, se veían muy cansados. Cuando Clary se enteró de que le era prohibido participar en la búsqueda de Jace hasta que el Consejo decidiera qué hacer con ella por haberle traído de entre los muertos, había hecho un agujero en su puerta del dormitorio. "A veces parece algo inútil", añadió Isabelle. El frío hacía crujir los huesos de Clary arriba y abajo. "¿Quieres decir que crees que está muerto?" "No, no lo hago. Quiero decir que creo que no hay forma de que todavía estén en Nueva York." "Pero están patrullando en otras ciudades, ¿no?" Clary se llevó una mano a la garganta, olvidando que ya no llevaba colgado el anillo de los Morgenstern. Magnus estaba todavía tratando de realizar un seguimiento a Jace, aunque su búsqueda no funcionaba todavía. "Por supuesto que sí." Isabelle se acercó con curiosidad y tocó la campanilla de plata delicada que colgaba alrededor del cuello de Clary, ahora, en lugar del anillo. "¿Qué es eso?" Clary dudó. La campana había sido un regalo de la Reina Seelie. No, eso no estaba bien. La reina de las hadas no acostumbra dar regalos. La campana estaba destinada a señalarle a la Reina Seelie que Clary quería su ayuda. Clary se había encontrado pasando su mano por ella, más y más a menudo, sobre todo el día en que no habían tenido señales de Jace. Lo único que detenía a Clary era saber que la Reina Seelie nunca le daría nada sin la expectativa de que recibir algo terrible a cambio. Antes de Clary pudiera responderle a Isabelle, la puerta se abrió. Las dos chicas se sentaron tiesas como un palo, Clary agarró una de las almohadas de color rosa de Izzy con tanta fuerza que los diamantes de imitación se clavaban en las palmas de sus manos. ―Hola.‖ una figura delgada entró en la habitación y cerró la puerta. Alec, el hermano mayor de Isabelle, estaba vestido con ropas del Consejo - una negra túnica con runas de color plata, abierto ahora sobre los vaqueros y una camiseta de manga larga igualmente negra. Todo el negro hacía que su piel pareciera incluso más pálida de lo que era, con sus ojos de azul cristalino más azules y un poco oscuros. Tenía el pelo negro y lacio como el de su hermana, pero más corto, cortado justo por encima de la línea de la mandíbula. Su boca se encontraba en una delgada línea. El corazón de Clary comenzó a latir con fuerza. Alec no se veía feliz. Cualquiera que fuera la noticia que trajera, no podía ser buena. Fue Isabelle quien habló. ―¿Cómo te fue?‖ dijo en voz baja. ―¿Cuál es el veredicto?‖ Alec se sentó a la a la mesa, girando de la silla para mirar a Izzy y Clary sobre el respaldo. En otro momento habría sido cómico, Alec era muy alto, con largas piernas como una bailarina, y la forma en que se plegaba torpemente alrededor de la silla lo hacía parecer como los muebles de casa de muñecas. ―Clary,‖ dijo él. ―Jia Penhallow dio un veredicto. Estás libre de todo cargo. No rompiste ninguna Ley, y Jia siente que ya has sido suficientemente castigada.‖ Isabelle exhaló un suspiro audible y sonrió. Por un instante una sensación de alivio atravesó la delgada capa de hielo que Clary sentía por encima de sus emociones. No iba a ser castigada, encerrada en la Ciudad Silenciosa, atrapada en algún lugar donde no podría ayudar a Jace. Luke, quién, como representante de los hombres lobo en el Consejo no había estado presente durante el veredicto, se había comprometido a llamar a Jocelyn tan pronto como terminara la reunión, pero Clary cogió su teléfono de todos modos, la perspectiva de dar la noticia buena a su madre por una vez era demasiado tentador. ―Clary.‖ dijo Alec mientras ella abría su teléfono. ―Espera‖. Ella lo miró. A pesar de la buena noticia su expresión era aún tan grave como los de un empresario de pompas fúnebres. Con una repentina sensación de aprensión, Clary puso su teléfono de nuevo en la cama. ―Alec, ¿qué sucede?‖ ―No fue tu veredicto el que le tomó al Consejo tanto tiempo.‖ dijo Alec. ―Había otro asunto en discusión.‖ El hielo estaba de vuelta. Clary se estremeció. ―¿Jace?‖ ―No exactamente.‖ Alec se inclinó hacia adelante, cruzando las manos a lo largo de la parte de atrás de la silla. ―Un informe llegó en la madrugada de hoy desde el Instituto de Moscú. Las protecciones de la isla de Wrangel se rompieron ayer. Han enviado a un equipo de reparación, pero que tan importantes salvaguardas se cayeran, esa es una prioridad para el Consejo.‖ Las salvaguardas —que servían, como Clary lo entendía, como una especie de cerco mágico que rodeaba la Tierra, puesto allí por la primera generación de Cazadores de Sombras. Podían ser traspasadas por los demonios, pero no fácilmente, y mantenía fuera a la gran mayoría de ellos, impidiendo que el mundo fuera inundado por una masiva invasión de demonios. Recordó algo que Jace le había dicho, lo que parecía haber sucedido años atrás: Solía haber sólo pequeñas invasiones demonio en este mundo, fáciles de contener. Pero incluso en mi vida cada vez más y más de ellos han pasado a través de las guardas. ―Bueno, eso es malo.‖ dijo Clary. ―Pero no veo qué tiene que ver con-‖ ―La Clave tiene sus prioridades.‖ interrumpió Alec. ―La búsqueda de Jace y Sebastian ha sido prioridad para las últimas dos semanas. Pero han rastreado todo, y no hay señales de cualquiera de ellos en cualquier lugar ni en el mundo subterráneo. Ninguno de los hechizos de rastreo de Magnus han funcionado. Elodie, la mujer que trajo al real Sebastian Verlac, confirmó que nadie ha intentado ponerse en contacto con ella. Esa era una posibilidad muy remota, de todos modos. Ningún espía ha informado de cualquier actividad inusual entre los miembros más conocidos de antiguo Círculo de Valentine. Y los Hermanos Silenciosos, no han sido capaces de averiguar exactamente lo que se suponía que el ritual que realizó Lilith, debe hacer, o si se realizó correctamente. El consenso general es que Sebastian, por supuesto le llaman Jonathan cuando hablan de él, ha secuestrado a Jace, pero eso no algo que no supiéramos ya.‖ ―¿Y?‖ dijo Isabelle. ―¿Qué significa eso? ¿Más búsquedas? ¿Más patrullaje?‖ Alec sacudió la cabeza. ―No estamos discutiendo la expansión de la búsqueda.‖ dijo en voz baja. ―Ellos lo están despriorizando. Ya han pasado dos semanas y no han encontrado nada. Los grupos encargados especialmente traídos de Idris van a ser enviado a casa. La situación de las salvaguardas está tomando prioridad en estos momentos. Por no hablar de que el Consejo ha estado en medio de delicadas negociaciones, la actualización de las leyes para permitir la nueva composición del Consejo, el nombramiento de un nuevo cónsul e Inquisidor, determinando diferentes tratados para los Submundos —que no quieren ser arrojados por completo fuera de pista.” Clary miró. ―¿No quieren que la desaparición de Jace los despite de cambiar un montón de estúpidas leyes viejas? ¿Se están dando por vencidos?‖ ―Ellos no se están rindiendo-‖ ―Alec.‖ dijo Isabelle bruscamente. Alec respiró hondo y levantó las manos para cubrirse la cara. Tenía los dedos largos, como los de Jace, marcados también como los de Jace. La runa de Visión de los Cazadores de Sombras decoraba la parte de atrás de su mano derecha. ―Clary, para ti, para nosotros, esto ha sido siempre la búsqueda de Jace. Para la Clave es la búsqueda de Sebastian. Jace también, pero sobre todo Sebastian. Él es el peligro. Destruyó las guardas de Alicante. Es un asesino de masas. Jace es…‖ ―Otro cazador de sombras.‖ dijo Isabelle. ―Morimos y desaparecemos todo el tiempo.‖ ―Recibe un poco más de atención por ser un héroe de la Guerra Mortal.‖ dijo Alec. ―Pero al final la Clave fue clara: La búsqueda se mantiene, pero ahora se trata de un juego de espera. Ellos esperan que Sebastian de el siguiente paso. Mientras tanto, es la tercera prioridad de la Clave. Si a caso. Ellos esperan que nosotros volvamos a la vida normal.‖ ¿La vida normal? Clary no lo podía creer. ¿Una vida normal sin Jace? ―Eso es lo que nos dijeron después de que Max murió.‖ dijo Izzy, sus ojos negros sin lágrimas, pero ardiendo en ira. ―Así podríamos sanar nuestro dolor más rápido si volviéramos de nuevo a la vida normal.‖ ―Se supone que debe ser un buen consejo.‖ dijo Alec desde detrás de sus dedos. ―Que se lo digan a mi padre. ¿Tan siquiera volvió de Idris para la reunión?" Alec sacudió la cabeza, dejando caer las manos. ―No. Si te sirve de consuelo, había un montón de gente en la reunión hablando con enfado en nombre de mantener la búsqueda de Jace a toda fuerza. Magnus, obviamente, Luke, el Cónsul Penhallow, incluso el hermano Zachariah. Pero, al final del día no fue suficiente.‖ Clary le miró fijamente. ―Alec,‖ dijo ―¿No se sientes nada?‖ Los ojos de Alec se abrieron como platos, su color azul oscuro, y por un momento, Clary recordó al muchacho que la había odiado la primera vez que había llegado al Instituto, el niño con uñas mordidas y los agujeros en sus suéteres y un chip en el hombro que parecían inmovible. ―Sé que estás molesta, Clary‖ dijo, con voz aguda ―pero si estás sugiriendo que a Iz y a mí no nos importa tanto Jace como a ti-‖ ―No estoy diciendo eso.‖ dijo Clary. ―Estoy hablando de su conexión parabatai. Estaba leyendo acerca de la ceremonia en el Código. Sé que siendo parabatai los une. Tú puedes sentir cosas sobre Jace. Las cosas que le ayudarán cuando estás luchando. Así que supongo que me refiero a que… ¿puedes percibir si todavía está vivo?‖ ―Clary‖. Isabelle sonaba preocupada, ―pensé que no hiciste…‘‘ ―Está vivo‖, dijo Alec, cauteloso. ―¿Piensas que yo estaría así de funcional si no estuviera vivo? Definitivamente hay algo que está mal. Puedo sentirlo. Pero aún está respirando.‖ ―¿Podría ‘ese algo que está mal’ ser el hecho de que esté prisionero?‘‘ dijo Clary en voz baja. Alec miró hacia las ventanas, la lluvia parecía láminas de acero color gris. ―Quizás. No puedo explicarlo. Nunca he sentido algo así antes.‖ ―Pero él está vivo‖ Entonces Alec la miró directamente. ―Estoy seguro de ello.‖ ―Entonces pasemos del Consejo. Lo encontraremos nosotros mismos‖, dijo Clary. ―Clary. . . si eso fuera posible. . . ¿no crees que ya hubiéramos…‖, comenzó a Alec. ―Estábamos haciendo lo que la Clave quería que hiciéramos‖, dijo Isabelle. ―Patrullas, búsquedas. Hay otras maneras.‖ ―Maneras de violar la ley, querrás decir‖, dijo Alec. Su voz sonaba vacilante. Clary esperaba que no repitiera el lema de los Cazadores de Sombras: lex, sed, dura lex. ‗La ley es dura, pero es la ley.‘ Ella no creía que pudiera soportarlo. ―La Reina Seelie me ofreció un favor‖, dijo Clary. ―En la fiesta de los fuegos artificiales, en Idris.‖ El recuerdo de aquella noche, lo feliz que había sido, hizo que su corazón se contrajera por un momento, y tuvo que parar y recuperar el aliento. ―Y una manera de comunicarme con ella.‖ ―La Reina de las Hadas nunca da nada gratis.‖ ―Ya lo sé. Soportaré cualquier deuda sobre mis hombros‖. Clary recordó las palabras de la joven hada que le había entregado la campana. Harías cualquier cosa para salvarlo, cueste lo que cueste, no importa lo que debas al Infierno o al Cielo, ¿no crees? ―Sólo quiero que uno de vosotros venga conmigo. No soy buena traduciendo el idioma de las hadas. Por lo menos si estás conmigo se puede reducir el daño. Pero si hay algo que ella puede hacer...‖ ―Iré contigo‖, dijo Isabelle de inmediato. Alec miró a su hermana, sombrío. ―Ya hablamos con las hadas. El Consejo las cuestionó. Y no pueden mentir.‖ ―El Consejo les preguntó si sabían dónde estaban Jace y Sebastian‖, dijo Clary. "No, si estarían dispuestos a buscarlos. La Reina Seelie sabía acerca de mi padre, sabía del ángel que convocó y atrapó, sabía la verdad acerca de mi sangre y de Jace. Creo que no hay nada en el mundo que ella no sepa." ―Es verdad‖, dijo Isabelle, algo de vivacidad entrando en su voz. ―Sabes que tienes que preguntarle a las hadas exactamente la cosa correcta para obtener información útil de ellos, Alec. Son difíciles de preguntar, incluso aunque tengan que decir la verdad. Un favor, de todos modos, es diferente.‖ ―Y su potencial para el peligro es ilimitado‖, dijo Alec. ―Si Jace supiera que he dejado a Clary ir a la Reina Seelie, me…‖ ―No me importa‖, dijo Clary. ―Él lo haría por mí. Dime que no lo haría. Si yo estuviera desaparecida…‖ ―Quemaría el mundo hasta que pudiera escarbarte fuera de sus cenizas. Lo sé‖, dijo Alec, sonando exhausto. ―Diablos, ¿no crees que yo no quiero quemar el mundo ahora mismo? Solo estoy intentando ser…‖ ―Un hermano mayor‖, dijo Isabelle. ―Lo pillo.‖ Alec parecía como si estuviera luchando por controlarse. ―Si algo te pasara a ti Isabelle, después de Max, y Jace…‖ Izzy se puso en pie, cruzó la habitación, y puso sus brazos alrededor de Alec. Su pelo oscuro, exactamente del mismo color, se mezcló según Isabelle le susurraba algo al oído de su hermano; Clary los miró no sin un poco de envidia. Siempre había querido un hermano. Y ahora tenía uno. Sebastian. Era como haber querido siempre un cachorro de mascota y que le dieran un perro del infierno en su lugar. Observó según Alec colocaba el pelo de su hermana con cariño, asentía y la soltaba. ―Deberíamos ir todos,‖ dijo. ―Pero debo decirle a Magnus, al menos, lo que estamos haciendo. No sería justo no hacerlo.‖ ―¿Quieres usar mi teléfono?‖ preguntó Isabelle, ofreciéndole el magullado objeto rosa. Alec sacudió la cabeza. ―Está esperando abajo con los demás. Tendrás que darle algún tipo de excusa a Luke también, Clary. Estoy seguro de que está esperando que regreses a casa con él. Y dice que tu madre ha estado bastante disgustada con todo esto.‖ ―Se culpa a sí misma por la existencia de Sebastian‖. Clary se puso en pie. ―A pesar de que creía que estaba muerto todos esos años.‖ ―No es su culpa‖. Isabelle tiró de su látigo dorado de donde colgaba en la pared y se lo enroscó en su muñeca de manera que parecía una escalera de brazaletes brillantes. ―Nadie la culpa.‖ ―Eso nunca importa‖, dijo Alec. ―No cuando te culpas a ti mismo.‖ En silencio, los tres atravesaron los pasillos del Instituto, extrañamente atestado de Cazadores de Sombras, algunos de los cuales eran parte de la comisión especial que había sido enviada desde Idris para lidiar con la situación. Ninguno de ellos miró verdaderamente a Isabelle, Alec o Clary con mucha curiosidad. Al principio Clary había sentido tanto como si la miraran fijamente- y había oído las palabras susurradas ―la hija de Valentine‖ tantas veces- que le había empezado a dar pavor al Instituto, pero había estado frente al Consejo ya suficientes veces como para que la novedad se hubiera desgastado. Tomaron el ascensor hacia la planta baja; la nave del Instituto estaba intensamente iluminada con luz mágica así como también con las velas habituales y estaba llena con miembros del Consejo y sus familiares. Luke y Magnus estaban sentados en un banco, hablando entre ellos; junto a Luke había una mujer alta de ojos azules que se parecía exactamente a él. Se había rizado el pelo y teñido de gris marrón, pero Clary aún la reconocía- la hermana de Luke, Amatis. Magnus se puso en pie según vio a Alec y vino a hablar con él; Izzy pareció reconocer a alguien a través de los bancos y salió como una flecha en su manera habitual, sin pararse a decir adónde iba. Clary fue a saludar a Luke y Amatis; ambos parecían cansados, y Amatis estaba palmeando el hombro de Luke con compasión. Luke se levantó y abrazó a Clary según la vio. Amatis felicitó a Clary por haber quedado absuelta por el Consejo, y ella asintió; se sentía solo medio-allí, la mayor parte de ella entumecida y el resto respondiendo en automático. Podía ver a Magnus y Alec por el rabillo del ojo. Estaban hablando, Alec inclinándose hacia Magnus, de la manera en que las parejas a menudo parecen curvarse el uno en el otro cuando hablan, en su propio universo contenido. Estaba feliz de verlos felices, pero dolía, también. Se preguntaba si alguna vez volvería a tener eso, o desearlo siquiera otra vez. Recordaba la voz de Jace: Ni siquiera quiero querer a nadie más que a ti. "Tierra a Clary," dijo Luke. "¿Quieres volver a casa? Tu madre se está muriendo por verte y le encantaría ponerse al día con Amatis antes de que ella regrese a Idris mañana. Pensé que podíamos cenar. Tu escoges el restaurante." Estaba tratando de ocultar la preocupación en su voz, pero Clary podía oírlo. Ella no había estado comiendo mucho últimamente, y su ropa había empezado a colgar más suelta sobre su cuerpo. "En realidad, no me siento como para celebrarlo," dijo ella. "No con el Consejo quitando prioridad a la búsqueda de Jace." "Clary, eso no quiere decir que vayan a parar", dijo Luke. "Lo sé. Es simplemente- es como cuando dicen que una misión de búsqueda y rescate es ahora una búsqueda de cuerpos. Eso es lo que parece." Ella tragó. "De todos modos, estaba pensando en ir a Taki's a cenar con Isabelle y Alec", dijo. "Simplemente...para hacer algo normal". Amatis entornó los ojos hacia la puerta. "Está lloviendo muy fuerte ahí afuera". Clary sintió sus labios extenderse en una sonrisa. Se preguntó si se veía tan falsa como la sentía. "No me derretiré." Luke dobló algo de dinero en su mano, claramente aliviado de que estuviera haciendo algo tan normal como salir con amigos. "Sólo promete que comerás algo." "Está bien." A través de la punzada de culpa, logró una verdadera media sonrisa en su dirección antes de darse la vuelta. Magnus y Alec ya no estaban donde habían estado hace un momento. Mirando a su alrededor, Clary vio el familiar pelo largo y negro de Izzy a través de la multitud. Estaba de pie junto a las grandes puertas dobles del Instituto, hablando con alguien que Clary no podía ver. Clary se dirigió hacia Isabelle; a medida que se acercaba, reconoció a alguien del grupo, con una ligera sacudida de sorpresa, era Aline Penhallow. Su pelo negro brillante había sido cortado con estilo, justo por encima de sus hombros. De pie junto a Aline estaba una chica delgada con cabellos tan pálidos como el oro blanco que se rizaban en bucles; estaba echado hacia atrás de su cara, mostrando que las puntas de sus orejas eran ligeramente puntiagudas. Llevaba ropas del Consejo, y como Clary se acercó vio que los ojos de la muchacha eran de un brillante e inusual color azul-verde, un color que hizo que los dedos de Clary anhelaran sus lápices Prismacolor por primera vez en dos semanas. "Debe ser extraño ,con tu madre siendo el nuevo Cónsul", Isabelle estaba diciéndole a Aline cuando Clary se unió a ellos. "No es que Jia no sea mucho mejor que- Oye, Clary. Aline, te acuerdas de Clary." Las dos chicas intercambiaron gestos con la cabeza. Clary había descubierto una vez a Aline besando a Jace. Había sido horrible entonces, pero el recuerdo no tenía ninguna punzada ahora. Ella se sentiría aliviada si descubriera a Jace besándose con alguien más a estas alturas. Por lo menos eso significaría que estaba vivo. "Y esta es la novia de Aline, Helen Blackthorn." dijo Isabelle con un énfasis pesado. Clary le lanzó una mirada matadora. ¿Acaso Isabelle pensaba que era idiota? Además, ella recordaba que Aline le había dicho que besó a Jace solo como un experimento para ver si cualquier chico era su tipo. Aparentemente la respuesta había sido no. "La familia de Helen dirige el Instituto de Los Ángeles. Helen, ésta es Clary Fray." "La Hija de Valentine," dijo Helen. Parecía sorprendida e impresionada. Clary hizo un ligero gesto de dolor. "Intento no pensar mucho en eso." "Lo siento, puedo ver por que no lo harías." Helen se ruborizó. "Voté para que el Consejo mantuviera como prioridad la búsqueda de Jace, por cierto. Lamento que hayamos sido revocados." "Gracias." Sin querer hablar sobre eso, Clary se volvió hacia Aline. "Felicidades por que a tu madre la hayan ascendido a Cónsul. Eso debe ser muy emocionante." Aline se encogió de hombros. "Está más ocupada ahora," y se volvió hacia Isabelle. "Sabías que tu padre fue propuesto para el puesto de Inquisidor?" Clary sintió que Isabelle se congelaba junto a ella. "No. No sabía eso." ―Yo estaba sorprendida‖, añadió Aline. ―Pensé que estaba bastante comprometido para dirigir el Instituto aquí-‖ Ella se interrumpió, mirando a Clary. ―Helen, pienso que tu hermano está tratando de hacer el charco de cera más grande del mundo por allí. Deberías detenerlo.‖ Helen soltó una exasperada respiración, murmurando algo acerca de los chicos de 12 años, y se introdujo entre la gente justo cuando Alec venía camino hacia allí. El saludó a Aline con un abrazo – Clary olvidaba, a veces, que los Penhallows y los Lightwood se conocían de muchos años- y miró a Helen entre la gente. ―¿Ella es tu novia?‖ Aline asintió con la cabeza. ―Helen Blackthorn‖ ―Había escuchado que había algo de sangre de hadas en esa familia,‖ dijo Alec. Ah, Clary pensó. Eso explicaba las orejas puntiagudas. La sangre Nefilim era dominante, y un niño de un hada y un Cazador de Sombras podía ser un Cazador de Sombras también, pero a veces la sangre de hadas podía expresarse a sí misma en algunas maneras, inclusive en generaciones siguientes. ―Un poco,‖ dijo Aline. ―Mira, quiero darte las gracias.‖ Alec la miró honestamente desconcertado.‖¿Gracias por qué?‖ ―Por lo que hiciste en el Salón de los acuerdos‖, dijo Aline. ―Besando a Magnus de esa manera. Me dio el empuje que yo necesitaba... para decirles a ellos. Y si yo no hubiera hecho eso, yo no creo, cuando conocí a Helen, que yo podría haber tenido el coraje para decir cualquier cosa.‖ ―Oh.‖. Alec se veía sorprendido, nunca había considerado el impacto que sus acciones podrían haber tenido en cualquier otro que no fuera su familia inmediata. ―Y tus padres- ¿Fueron buenos en relación a ello?‖ Aline rodó sus ojos. ―Están de algún modo ignorándolo, como si esto fuera a desaparecer si no lo hablan‖. Clary recordó lo que dijo Isabelle acerca de la actitud que toman los miembros de la Clave hacia los miembros gay. Si eso pasa, tú no hablas acerca de eso. ―Pero podría ser peor‖. ―Podría ser mucho peor‖, dijo Alec, había un tono sombrío en el tono de voz que hizo a Clary mirarlo bruscamente. La cara de Aline se fundió en una mirada de simpatía. ―Lo siento,‖ ella dijo ―Si tus padres no han hecho-‖ ―Están bien con esto,‖ dijo Isabelle, un poco más fuerte. ―Bueno, de todas maneras. Yo no debería haber dicho nada ahora. No con Jace perdido. Debes estar tan preocupado.‖ Tomó una respiración profunda. ―Conozco personas que probablemente te han dicho todo tipo de cosas acerca de él. La forma en que ellos lo hacen cuando no saben exactamente que decir. Yo solo- yo quiero decirte algo.‖ Se movió lejos de un transeúntecon impaciencia y se movió más cerca hacia los Lightwood y Clary, bajando su voz. ―Alec, Izzy- recuerdo una vez cuando vinisteis a vernos en Idris. Yo tenía trece y Jace tenía- yo creo que tenía doce. Él quería ver el bosque Brocelind, entonces nosotros cogimos prestados unos caballos y fuimos a andar por ahí un día. Por supuesto, nos perdimos. Brocelind es impenetrable. Se volvió oscuro, el bosque se espesaba y se volvía más oscuro y estaba aterrorizada. Yo pensé que moriríamos ahí. Pero Jace nunca estuvo asustado. Él nunca estuvo otra cosa que no fuera seguro de que encontraríamos nuestro camino para salir. Necesitó horas, pero lo hizo. Nos sacó de ahí. Estaba tan agradecida y solo me miraba como si Nefilims&Wizards Página 16 estuviera loca. Como si fuera algo seguro que nos sacaría de aquí. Caer no era una opción para él. Solo estoy diciendo – que encontrará su camino de vuelta a ti. Lo sé.‖ Clary nunca pensó que vería a Izzy llorar, y claramente estaba tratando de no hacerlo ahora. Sus ojos estaban sospechosamente húmedos y brillantes. Alec se estaba mirando sus zapatos. Clary sintió una fuente de miseria que quería explotar dentro de ella, pero la mandó abajo; no podía pensar en Jace cuando tenía doce, no podía pensar en él perdido en la oscuridad, o se pondría a pensar en él ahora, perdido en alguna parte, atrapado en alguna parte, necesitando su ayuda, esperando que ella fuera, y se quebró. ―Aline‖, dijo ella, viendo que ni Isabelle ni Alec podían hablar. ―Gracias‖ Aline le dedicó una tímida sonrisa.―Lo digo enserio.‖ ―¡Aline!‖. Ésta fue Helen, su mano firmemente sujeta alrededor de la muñeca de un niño pequeño que tenía sus manos cubiertas con cera azul. Debió haber estado jugando con los cirios de los candelabros gigantes que decoraban los lados de la nave. Parecía de doce años, con una pícara sonrisa y los mismos impresionantes ojos azules como los de su hermana, pensaba que su cabello era café oscuro. ―Deberíamos volver. Deberíamos irnos antes de que Jules destruya todo. Sin mencionar que no tengo idea donde Tibs y Livy han ido.‖ ―Estaban comiendo cera,‖ el chico – Jules- dijo amablemente. ―Oh, Dios,‖ Helen gimió, y luego se veía llena de disculpas. ―Nunca te preocupes por mí. Tengo seis hermanos y hermanas menores y uno mayor. Es como un zoológico.‖ Jules miró de Alec a Isabelle y luego hacia Clary. ―¿Cuántos hermanas y hermanos tienes?‖ él preguntó. Helen palideció. Isabelle dijo, en una voz remarcablemente estable, ―Somos tres‖. Los ojos de Jules seguían en Clary. ―Tú no te pareces a ellos‖. ―No estoy emparentada con ellos,‖ dijo Clary. ―No tengo hermanos ni hermanas”. ―¿Ninguno?‖. La incredulidad registrada en el tono del niño, como si ella le hubiera dicho que tenía patas palmeadas. ―¿Es por eso que estás tan triste?‖. Clary pensó en Sebastián, con su pelo blanco como el hielo y sus ojos negros. Si solo, ella pensó. Si solo no tuviera un hermano, nada de esto estaría pasando. Un latido de odio pasó a través de ella, calentando su sangre helada.‖Sí,‖ dijo suavemente. ―Eso es eso que estoy triste.‖
StephRG14


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Mensaje por StephRG14 el Mar 05 Mayo 2015, 10:01 am

Capitulo 2; Espinas


Simon estaba esperado a Clary, Alec e Isabelle afuera del Instituto, debajo de una cornisa de piedra que solo lo protegía de lo peor de la lluvia. Se volvió justo cuando salían por las puertas, y Clary vio que su cabello oscuro estaba pegado a su frente y cuello. Lo hizo a un lado y la miró con una pregunta en los ojos. “Estoy absuelta”, dijo ella, y cuando él comenzaba a sonreír, ella sacudió la cabeza. “Pero están quitándole prioridad a la búsqueda de Jace. Estoy… estoy casi segura de que creen que está muerto.” Simon miró a sus pantalones mojados y camiseta, (una camiseta gris arrugada que decía CLARAMENTE HE TOMADO ALGUNAS MALAS DECISIONES en el frente con letra de molde). El sacudió la cabeza. “Lo siento”. “La Clave puede ser así,” dijo Isabelle. “Supongo que no deberíamos haber esperado otra cosa.” “Basia coquum,” dijo Simon. “O cualquiera que sea su frase.” “Es „Decensus Averno facilis est.‟ El descenso al infierno es fácil,” dijo Alec. “Acabas de decir “Besa al cocinero.” “Maldita sea,” dijo Simon. “Sabía que Jace estaba jodiéndome.” Su húmedo cabello café cayó de vuelta sobre sus ojos; lo quitó con un gesto impaciente, lo bastante como para que Clary tuviera un vistazo de la plateada Marca de Caín en su frente. “¿Ahora qué?” “Ahora vamos con la Reina Seelie”, dijo Clary. Al mismo tiempo que tocaba la campana en su garganta, le explicó a Simon sobre la visita de Kaelie en la recepción de Luke y Jocelyn, y le prometió a Clary la ayuda de la Reina Seelie. Simon parecía dudar. “La dama pelirroja con la mala actitud que hizo que besaras a Jace? No me cae bien.” “¿Eso es lo que recuerdas de ella? Que hizo que Clary besara a Jace?” Isabelle parecía molesta. “La Reina Seelie es peligrosa. Ella solo estaba jugando esa vez. Usualmente le gusta llevar a los gritos de locura a algunos humanos antes del desayuno cada día.” “No soy humano,” dijo Simon. “Ya no.” El miró a Isabelle solo un instante, y luego dejó caer la mirada, y se volvió hacia Clary. “¿Quieres que esté contigo?” “Creo que sería bueno tenerte ahí. Diurno, La Marca de Caín – algunas cosas tienen que impresionar incluso a la Reina.” “No le apostaría a eso.” Dijo Alec. Clary miró más allá de él y preguntó. “Dónde está Magnus?” “El dijo que sería mejor si no venía. Aparentemente él y la Reina Seelie tienen cierto tipo de historia.” Isabelle levantó las cejas. “No esa clase de historia,” dijo Alec irritable. “Algún tipo de deuda. Aunque-" añadió bajo su aliento, “por el modo en que se escabulló delante de mí, no me sorprendería.” “Alec!” Isabelle se retrasó para hablar con su hermano y Clary abrió su sombrilla con un chasquido. Era una que Simon le había regalado años atrás en el Museo de Historia Natural y tenía un diseño de dinosaurios encima. Ella vio su expresión cambiar por una de diversión cuando la reconoció. “¿Caminamos?” la invitó, y le ofreció su brazo. ::: La lluvia estaba cayendo constante, creando pequeños arroyuelos en los canales, y los taxis que pasaban salpicaban agua con las llantas. Era extraño, pensó Simon, que aunque no podía sentir el frío, la sensación de estar mojado y pegajoso todavía era irritante. Movió su mirada ligeramente, mirando a Alec e Isabelle sobre el hombro; Isabelle en realidad no lo había mirado a los ojos desde que salieron del Instituto, y se preguntó que estaría pensando. Ella parecía como si quisiera hablar con su hermano, cuando hicieron una pausa en la esquina de Park Avenue, le escuchó decir “Entonces ¿qué piensas? Sobre Papá poniendo su nombre para el puesto de Inquisidor.” “Creo que suena como un trabajo aburrido.” Isabelle estaba sosteniendo su sombrilla. Era de plástico transparente decorado con pétalos de flores coloridas. Era una de las cosas más de chica que Simon hubiera visto jamás, y no culpaba a Alec quien estaba huyendo de debajo de esta aunque se mojara en la lluvia. “No sé por qué lo querría.” “No me importa si es aburrido,” Susurró Isabelle “Si lo toma, estará en Idris todo el tiempo. Como, TODO el tiempo. No puede llevar el Instituto y ser Inquisidor. No puede tener dos trabajos al mismo tiempo.” “Si no lo has notado Iz, él está en Idris todo el tiempo de cualquier manera.” “Alec-" el resto de lo que ella dijo se perdió cuando la luz cambió y el tráfico comenzó a avanzar, salpicando de agua helada la banqueta. Clary esquivó un géiser y casi choca con Simon. El tomó su mano para estabilizarla. “Lo siento,” dijo ella. Su mano se sentía pequeña y fría en las de él. “No estaba poniendo atención.” “Lo sé.” El trató de mantener la preocupación fuera de su voz. Ella no había estado poniendo atención a nada en las pasadas dos semanas. Al principio ella había llorado, y luego había estado enojada – enojada de que no pudiera unirse a las patrullas de búsqueda de Jace, enojada ante el interminable interrogatorio, enojada de que estuviera siendo mantenida virtualmente como una prisionera en casa porque estaba bajo la sospecha de la Clave. En su mayoría estaba enojada consigo misma por no haber sido capaz de conseguir una runa que ayudara. Se sentaba en su escritorio por las noches por horas, su estela apretada tan fuerte en unos dedos blancos que Simon temía que la fuera a romper a la mitad. Trató de forzar a su mente para que le presentara una imagen que le dijera dónde estaba Jace. Pero noche tras noche, nada sucedía. Se veía mayor, pensó, cuando entraron al parque a través de una grieta en un muro de piedra en Fifth Avenue. No de una mala manera, pero era diferente a la chica que había sido cuando entraron en el Club Pandemonium esa noche que lo cambió todo. Estaba más alta, pero era algo más que eso. Su expresión era más seria, había más gracia y fuerza en el modo en que caminaba, sus ojos verdes danzaban menos y estaban más enfocados. Se dio cuenta con un sobresalto de sorpresa de que estaba comenzando a parecerse a Jocelyn. Clary se detuvo en un círculo de árboles que goteaban; las ramas bloqueaban la mayoría de la lluvia ahí, e Isabelle y Clary inclinaron sus paraguas contra los troncos de los árboles cercanos. Clary abrió el broche de la cadena alrededor de su cuello y dejó que la campana cayera dentro de su palma. Miró alrededor a todos ellos, su expresión seria. “Esto es un riesgo,” dijo, “estoy bastante segura de que si lo tomo, no podré echarme atrás. Así que si alguno de ustedes no quiere venir conmigo está bien. Lo entenderé.” Simon se estiró y puso su mano sobre la de ella. No había necesidad de pensarlo. A donde Clary fuera, él iba. Habían pasado por demasiadas cosas como para que fuera de otro modo. Isabelle lo siguió, y por último Alec; la lluvia goteando de sus largas pestañas negras como lágrimas, pero su expresión era definitiva. Los cuatro de ellos se tomaron de las manos firmemente. Clary sonó la campana. Hubo una sensación como si el mundo estuviera girando – no la misma sensación de ser transportado a través de un Portal, Clary pensó, hacia el corazón de un tornado, sino más como si estuvieran sentados en un carrusel que ha comenzado a girar más rápido y más rápido. Estaba mareada y jadeando cuando la sensación se detuvo de pronto, y estaba parada de nuevo, con su mano apretando la de Isabelle, Alec y Simon. Se liberaron el uno al otro, y Clary miró a su alrededor. Había estado aquí antes, en este corredor oscuro, café y brillante, que parecía como si hubiera sido labrado en una piedra ojo de tigre. El piso era liso, desgastado por el paso de pies de hadas durante miles de años. La luz venía de brillantes pepitas de oro en los muros, y al final del pasaje estaba una cortina multicolor que se balanceaba adelante y atrás como movida por el viento, aunque no había viento bajo tierra. Mientras Clary se acercaba a ella, vio que estaba tejida con mariposas. Algunas de ellas aún estaban vivas, y sus esfuerzos hacían que la cortina se sacudiera como con una tensa brisa. Tragó el sabor ácido en su garganta. “¿Hola?”, llamó. “¿Hay alguien ahí?” La cortina se movió a un lado, el caballero hada, Meliorn, entró al corredor. Usaba la blanca armadura que Clary recordaba, pero había un sigilo sobre su pecho izquierdo ahora – las cuatro C que también decoraban la túnica de Consejo de Luke, que lo señalaban como un miembro. Había una cicatriz también, en el rostro de Meliorn, que era nueva, justo debajo de sus ojos del color de una hoja. La miró con frialdad. “Uno no saluda a la Reina de la Corte Seelie con un bárbaro y humano „Hola,‟” dijo, “como si estuvieras comunicándote con un sirviente. El saludo adecuado es “Un gusto encontrarle.” “Pero no la he encontrado aún,” dijo Clary. “Ni siquiera sé si ella está aquí.” Meliorn la miró con burla. “Si la Reina no estuviera presente y lista para recibirte, el llamar con la campana no te hubiese traído. Ahora ven: sígueme y trae a tus compañeros contigo.” Clary se volvió para indicarles a los otros, y luego siguieron a Meliorn a través de la cortina de mariposas torturadas, encogiendo los hombros con la esperanza de que ninguna parte de sus alas la tocaran. Uno por uno, los cuatro entraron en la cámara de la Reina. Clary parpadeo con sorpresa. Se veía completamente distinto de cómo había sido la última vez que estuvo aquí. La Reina, reclinada en un diván blanco y dorado, y a todo su alrededor se extendía un piso hecho de cuadros alternados blanco y negro, como un gran tablero de ajedrez. Tiras de espinas de apariencia peligrosa colgaban del techo, y en cada espina estaba encajada una lámpara fantasmal, su luz normalmente cegadora, parpadeando mientras moría. La habitación relucía con su brillo. Meliorn fue a pararse junto a la Reina; a parte de ellos la habitación estaba vacía de cortesanos. Lentamente la Reina se sentó derecha. Era tan hermosa como siempre, su vestido una diáfana mezcla de plata y oro, su cabello como brillante cobre cuando se lo acomodó sobre un hombro blanco. Clary se preguntó por qué se molestaba. De todos ellos aquí el único que podría ser movido con su belleza era Simon y él la odiaba. “Un gusto encontrarles, Nefilim, Diurno,” dijo, inclinando su cabeza en su dirección. “Hija de Valentine, ¿qué te ha traído a mí?” Clary abrió su mano. La campana estaba ahí como una acusación. “Enviaste a tu empleada a decirme que hiciera sonar esto si alguna vez necesitaba tu ayuda.” “Y tú me dijiste que no querías nada de mí,” dijo la Reina. “Que tenías todo lo que deseabas.” Clary pensó desesperadamente en que había dicho Jace, cuando tuvieron una audiencia con la Reina antes, como él la había halagado y encantado. Era como si él hubiera adquirido de pronto todo un nuevo vocabulario. Miró por encima del hombro a Isabelle y Alec, pero Isabelle solo hizo un movimiento irritado hacia ella, indicándole que tenía que seguir adelante. “Las cosas cambian,” dijo Clary. La Reina estiró las piernas con lujo. “Muy bien. ¿Qué es lo que quieres de mi?” “Quiero que encuentres a Jace Lightwood.” En el silencio que siguió, el sonido de las lámparas fantasmales llorando en su agonía, era suavemente audible. Al final la Reina dijo, “Debes pensar que somos poderosos de hecho, si tú crees que el Pueblo de las Hadas puede tener éxito en lo que la Clave ha fallado.” “La Clave quiere encontrar a Sebastian. A mí no me importa Sebastian. Yo quiero a Jace,” dijo Clary. “Además, yo ya sé que tu sabes más de lo que dejas traslucir. Tú predijiste que esto pasaría. Nadie más lo sabía, pero no creo que me hayas enviado esa campana cuando lo hiciste – la misma noche que Jace desapareció- sin saber que algo estaba tejiéndose.” “Quizás lo hice” dijo la Reina, admirando sus brillantes uñas de los pies. “He notado que las Hadas a menudo dicen „Quizás‟ cuando hay una verdad que quieren ocultar,” dijo Clary, “Les evita tener que dar una respuesta directa.” “Quizás es así,” dijo la Reina con una sonrisa de diversión. “„Tal vez‟ es una buena opción también,” sugirió Alec. “También “A lo mejor,” dijo Izzy. “No le veo nada malo al „Puede ser,‟” dijo Simon. “Un poco moderno, pero el sentido de la idea sigue.” La Reina sacudió su mano despreciando sus palabras como si no fueran otra cosa más que molestas abejas zumbando alrededor de su cabeza. “No confío en ti, Hija de Valentine,” dijo. “Hubo un tiempo en que quería un favor de ti, pero ese tiempo ha pasado. Meliorn tiene su puesto en el Consejo, no estoy segura de que haya algo que puedas ofrecerme.” “Si pensabas eso,” dijo Clary, “entonces nunca me hubieras enviado la campana.” Por un momento sus ojos se encontraron. La Reina era hermosa pero había algo detrás de su rostro, algo que hacía a Clary pensar en los huesos de un animal pequeño, volviéndose blancos con el sol. Al final la Reina dijo, “Muy bien. Puede que sea capaz de ayudarles. Pero desearé algo en recompensa.” “¡Qué sorpresa!” murmuró Simon. Tenía sus manos metidas en los bolsillos y estaba mirando a la Reina con odio. Alec se rió. Los ojos de la Reina relampaguearon. Un momento después Alec se echó atrás con un llanto. Estaba sujetando sus manos delante de él, jadeando, cuando la piel comenzó a arrugarse y sus manos se curvaron hacia adentro, torcidas, las articulaciones hinchadas. Su espalda se encorvó, su cabello se volvió gris, sus ojos azules decolorándose y hundiéndose en profundas arrugas. Clary jadeó. Donde Alec estuvo ahora un hombre viejo, encorvado y con el pelo blanco, estaba de pie temblando. “Que rápido se desvanece la adorable mortalidad,” se regodeó la Reina. “Mírate, Alexander Lightwood. Te doy un vistazo de ti mismo en meros sesenta años. ¿Qué dirá tu amante brujo entonces de tu belleza?” El pecho de Alec se movía pesadamente. Isabelle se puso rápidamente a su lado y tomó su brazo. “Alec no es nada. Es un glamour.” Miró a la Reina. “Quítaselo! ¡Quítaselo!” “Si tú y los tuyos me hablan con más respeto, entonces puede que lo considere.” “Lo haremos,” dijo Clary rápidamente. “Nos disculpamos por cualquier grosería.” La Reina olisqueó. “Mas bien extraño a su Jace,” dijo ella. “De todos ustedes, él era el más hermoso y el más educado.” “Lo extrañamos también,” dijo Clary en una voz baja. “No pretendíamos tener malas maneras. Nosotros los humanos podemos ser complicados en nuestro dolor.” “Hmph,” dijo la Reina, pero chasqueó los dedos y quitó el glamour de Alec. El era él mismo otra vez, aunque con la cara blanca y una mirada asombrada. La Reina lo miró con superioridad, y volvió su atención a Clary. “Hay un juego de anillos,” dijo la Reina. “Pertenecieron a mi padre. Deseo que regresen esos objetos, porque son hechura de hada, y poseen gran poder. Nos permiten comunicarnos uno con otro, de mente a mente, como lo hacen sus Hermanos Silenciosos. De momento tengo bien entendido que están en exhibición en el Instituto.” “Recuerdo haber visto algo así,” dijo Izzy lentamente. “Dos anillos hechos por hadas, en una caja de cristal en el segundo piso de la biblioteca.” “¿Quieres que robe algo del Instituto?” dijo Clary, sorprendida. De todos los favores que pudo haber sospechado que la Reina podría pedir, este no estaba tan alto en la lista. “No es un robo,” dijo la Reina, “el devolverle un objeto a sus legítimos propietarios. “¿Y entonces, encontrarás a Jace por nosotros?” dijo Clary. “Y no digas „quizás‟. ¿Qué harás exactamente?” “Los ayudaré a encontrarlo,” dijo la Reina. “Te doy mi palabra de que mi ayuda será invaluable. Puedo decirte por ejemplo, por qué todos tus hechizos de rastreo han sido en vano. Puedo decirte en que ciudad es más probable que se encuentre-“ “Pero la Clave te interrogó,” interrumpió Simon. “¿Cómo les mentiste?” “Ellos nunca hicieron las preguntas correctas.” “¿Por qué mentirles?” demandó Isabelle. “¿Dónde está tu alianza en todo esto?” “No tengo ninguna. Jonathan Morgenstern puede ser un poderoso aliado si no lo convierto en mi enemigo primero. ¿Por qué ponerlo en peligro o ganarme su ira sin beneficio para nosotros? El pueblo de las Hadas son gente vieja; no tomamos decisiones precipitadas sin primero esperar a ver en qué dirección sopla el viento.” “¿Pero esos anillos, significan lo bastante para ti, como para arriesgarte a enojarlo?” preguntó Alec. Pero la Reina solo sonrió, una sonrisa floja, llena de promesas. “Creo que ha sido suficiente por hoy,” dijo. “Regresen a mí con los anillos, y hablaremos de nuevo.” Clary dudó, volviéndose a mirar a Alec y luego a Isabelle. “¿Están de acuerdo con esto? ¿Con robar en el Instituto?” “Si eso significa que encontraremos a Jace,” dijo Isabelle. Alec asintió. “Lo que sea que cueste.” Clary volvió a mirar a la Reina, quien estaba viéndola con una mirada expectante. “Entonces, creo que tenemos un trato.” La Reina se estiró y le dio una mirada complaciente. “Qué les vaya bien, pequeños Cazadores de Sombras. Y una palabra de advertencia aunque no han hecho nada para merecerla. Sería bueno que consideraran que tan sabia es esta cacería por su amigo. Porque sucede a menudo con lo que es precioso y se ha perdido, que cuando lo encuentras de nuevo, él puede no estar exactamente como lo dejaron.” ::: Era cerca de las once cuando Alec llegó a la puerta principal del apartamento de Magnus en Greenpoint. Isabelle había persuadido a Alec de que viniera a Taki‟s para cenar con Clary y Simon, y aunque había protestado, estaba contento de haberlo hecho. Necesitaba unas cuantas horas para asentar sus emociones después de lo que pasó en la Corte Seelie. El no quería que Magnus viera que tan profundamente le había sacudido el glamour de la Reina. El ya no tenía que llamar al timbre de Magnus para alertarle en la planta alta. Ahora tenía una llave, un hecho del cual estaba oscuramente orgulloso. Destrabó la puerta y subió las escaleras pasando al vecino del primer piso de Magnus, cuando lo hacía. Aunque Alec nunca había visto a los ocupantes del loft del primer piso, todo indicaba que estaban enredados en un tempestuoso romance. Una vez había un montón de las pertenencias de alguien tiradas por todo el patio con una nota pegada a la solapa de una chaqueta dirigida a “Un arrastrado mentiroso que miente.” Justo ahora había un bouquet de flores pegado en la puerta con una tarjeta acomodada entre los brotes que decía: LO SIENTO. Así las cosas en Nueva York: siempre terminas sabiendo más de los asuntos de tus vecinos de lo que quisieras. La puerta de Magnus estaba entreabierta, y los sonidos de la música tocándose suavemente en el recibidor. Hoy era Tchaikovski. Alec sintió que sus hombros se relajaban cuando la puerta del apartamento se cerró detrás de él. Nunca podía estar seguro de cómo iba a verse este lugar –era minimalista justo ahora, con sillones blancos, mesas rojas y fotos de Paris en blanco y negro – pero había comenzado a sentirse familiar cada vez más, como un hogar. Olía a las cosas que siempre asociaba con Magnus: tinta, colonia, té Lapsang Souchong, el olor a azúcar quemada de la magia. Recogió a Presidente, quien estaba dormido en un alféizar, y se encaminó al estudio. Magnus miró cuando Alec entró. Estaba usando lo que para Magnus era un conjunto sombrío – vaqueros y una camiseta negra con remaches alrededor del cuello y los puños. Su cabello negro estaba caído, desarreglado y enredado como si hubiera pasado las manos a través de él múltiples veces con enfado, y sus ojos de gato tenían los párpados pesados con cansancio. Dejó la pluma cuando Alec apareció, y sonrió. “Al Presidente le agradas.” “A él le gusta quien sea que le rasque detrás de las orejas,” dijo Alec, moviendo al gato dormido de modo que su ronronear pareciera retumbar a través del pecho de Alec. Magnus se reclinó de nuevo en su silla, los músculos de sus brazos flexionándose cuando bostezó. La mesa estaba llena de piezas de papel cubiertas de letras pequeñas y apretadas hechas a mano, y dibujos – el mismo patrón una y otra vez, variaciones del diseño que había estado salpicado en el techo del cual Jace desapareció. “Como fue todo con la Reina Seelie?” “Lo mismo de siempre,” “¿Una perra maldita entonces?” “Bastante.” Alec le dio a Magnus la versión condensada de lo que pasó en la Corte de las Hadas. Era bueno en eso – dejando las cosas en corto, ni una sola palabra desperdiciada. Nunca entendió a las personas que hablaban incesantemente, o incluso el juego de palabras complicado de Jace. “Estoy preocupado por Clary,” dijo Magnus. “Me preocupa lo que ella esté haciendo en esa cabecita pelirroja” Alec dejó a Presidente Miau en la mesa, donde rápidamente se enroscó como bola y volvió a dormirse. “Quiere encontrar a Jace. ¿Puedes culparla?” Los ojos de Magnus se ablandaron. Enredó un dedo en la parte alta de los pantalones de Alec y lo jaló más cerca. “¿Estás diciendo que harías lo mismo si fuera yo?” Alec desvió la cara mirando hacia el papel que Magnus acababa de poner a un lado. “¿Estás mirando estos otra vez?” Viéndose un poco decepcionado, Magnus dejó ir a Alec. “Tiene que haber una llave,” dijo él. “Para desbloquearlos. Algún lenguaje que no he buscado. Algo antiguo. Esto es magia negra vieja, muy oscura, no es nada que haya visto antes.” Miró el papel de nuevo, su cabeza inclinándose a un lado. “¿Puedes pasarme esa cenicera de allá? La plateada, en el borde de la mesa.” Alec siguió la línea del gesto de Magnus y vio una pequeña caja plateada puesta en el lado opuesto de la gran mesa de madera. Se estiró y la cogió. Era como un cofre en miniatura puesto sobre pequeños pies con una tapa curva y las iniciales W.S. grabadas con diamantes a través de la tapa. W, pensó. Will? Magnus le había dicho Will cuando Alec le preguntó sobre el nombre con el que Camille se había burlado de él. Querido Dios, eso fue hace un montón de tiempo. Alec mordió su labio. “¿Qué es esto?” “Es una cenicera,” dijo Magnus, sin mirar más que a sus papeles. “Te lo dije.” “¿Cenicera, como para poner las cenizas de una persona?” Alec tanteó. Magnus miró hacia arriba y se rió. “Como de tabaco. Era muy popular por mil setecientos y mil ochocientos. Ahora uso la caja para guardar cosas dentro.” El extendió la mano y Alec le dio la caja. “Alguna vez te preguntas,” comenzó Alec, y luego comenzó de nuevo. “¿No te molesta que Camille esté ahí afuera en alguna parte? ¿Que se haya escapado?” ¿Y que fue mi culpa? Alec pensó aunque no lo dijo. No había necesidad de que Magnus lo supiera. “Siempre ha estado ahí fuera en algún lado,” dijo Magnus. “Sé que la Clave no está tremendamente complacida, pero estoy acostumbrado a imaginarla viviendo su vida sin contactarme. Si eso alguna vez me molestó, no es así desde hace mucho tiempo.” “Pero la amaste. Una vez.” Magnus pasó los dedos sobre los diamantes insertados en la cenicera. “Pensé que lo hacía.” “¿Ella aún te ama?” “No lo creo,” dijo Magnus secamente. “Ella no fue muy agradable la última vez que la vi. Por supuesto pudo haber sido porque tengo a un novio de dieciocho años con una runa de resistencia y ella no.” Alec farfulló. “Como la persona que está siendo objetivada, pongo objeción a esa descripción sobre mí.” “Ella siempre fue del tipo celoso.” Magnus sonrió. El era muy bueno cambiando el tema, pensó Alec. Magnus había dejado muy claro que no le gustaba hablar sobre su pasada vida amorosa, pero en algún punto durante su conversación, la sensación de familiaridad y confort que Alec tenía de estar en su hogar, se desvaneció. No importa que tan joven se mirara Magnus – y justo ahora, descalzo, con su cabello resaltando, parecía como de dieciocho – océanos infranqueables de tiempo los dividían. Magnus abrió la caja, sacó unas tachuelas, y las usó para fijar el papel que había estado mirando sobre la mesa. Cuando miró hacia arriba y vio la expresión de Alec, se lo pensó mejor. “¿Estás bien?” En vez de responder Alec se estiró y tomó sus manos. Magnus dejó que Alec lo pusiera de pie con una mirada cuestionadora en sus ojos. Antes de que pudiera decir nada, Alec lo jaló más cerca y lo besó. Magnus hizo un sonido suave y complacido y agarró en puños la parte de atrás de la camiseta de Alec, arrugándola, sus dedos fríos en la columna de Alec. Alec se inclinó hacia él, clavando a Magnus entre la mesa y su propio cuerpo. No es como si a Magnus pareciera importarle. “Ven,” dijo Alec al oído de Magnus. “Es tarde, vamos a la cama.” Magnus se mordió el labio y miró sobre su hombro a los papeles en la mesa, su mirada fija en sílabas antiguas y lenguajes olvidados. “¿Por qué no te adelantas?” dijo. “Yo te alcanzo- cinco minutos.” “Seguro.” Alec se enderezó, sabiendo que cuando Magnus se concentraba en sus estudios, cinco minutos podían fácilmente convertirse en cinco horas. “Te veré allá.” ::: “Shhh.” Clary puso su dedo en los labios antes de señalarle a Simon que pasara antes que ella por la puerta del frente de la casa de Luke. Todas las luces estaban apagadas, y la sala de estar estaba oscura y silenciosa. Encaminó a Simon hacia la habitación y ella se fue hacia la cocina por un vaso de agua. A medio camino se quedó quieta. La voz de su madre era audible por el pasillo. Clary podía escuchar la tensión en ella. Justo como el perder a Jace era su peor pesadilla, ella sabía que su madre estaba viviendo su peor pesadilla también. Sabiendo que su hijo estaba vivo y afuera en el mundo, capaz de cualquier cosa, estaba desgarrándola por dentro. “Pero la absolvieron, Jocelyn,” Clary escuchó a Luke responder, su voz entrando y saliendo de un susurro. “No habrá ningún castigo.” “Todo esto es mi culpa.” Jocelyn sonaba amortiguada, como si hubiera enterrado la cabeza en el hombro de Luke. “Si no hubiera traído a esa criatura al mundo, Clary no estuviera pasando por esto ahora.” “No podías haber sabido…” la voz de Luke se desvaneció en un murmullo, y aunque Clary sabía que él estaba en lo correcto, ella tuvo un breve instante de culpa y rabia hacia su madre. Jocelyn debió haber matado a Sebastian en su cuna antes de que tuviera oportunidad de crecer y arruinar sus vidas, pensó, y estuvo al instante horrorizada consigo misma por pensarlo. Se volvió y regresó al otro extremo de la casa metiéndose a su habitación y cerrando la puerta detrás de ella como si la estuvieran siguiendo. Simon, quien había estado sentado en la cama jugando con su DS, la miró con sorpresa. “¿Todo está bien?” Intentó sonreírle. El era una vista familiar en esta habitación – habían dormido juntos en casa de Luke muy seguido cuando estaban creciendo. Ella había hecho lo que había podido para volver esta habitación suya en vez de una habitación libre. Fotos de sí misma y Simon, los Lightwood, ella misma con Jace y su familia estaban pegadas en desorden en el marco del espejo sobre el tocador. Luke le había dado un bloque de dibujo, y sus artículos de arte estaban acomodados ordenadamente en una pila de botecitos junto a él. Había clavado posters de su anime favoritos: Fullmetal Alchemist, Rorouni Kenshin, Bleach. Evidencia de su vida como Cazadora de Sombras yacía desparramada también – una gorda copia del Códice de Cazadores de Sombras con sus notas y dibujos garabateados en los márgenes, un estante con libros de lo oculto y lo paranormal, su estela en la cina de su escritorio, y un nuevo globo, que le dio Luke, que mostraba Idris, bordeado con oro, en el centro de Europa. Y Simon, sentado en medio de su cama, con las piernas cruzadas, era una de las pocas cosas que pertenecían tanto a su vida pasada como a la nueva. El la miró con sus ojos oscuros en su cara pálida, el brillo de la Marca de Caín apenas visible en su frente. “Mi mamá,” dijo ella, y se inclinó contra la puerta. “No está llevándolo bien en realidad.” “¿No está aliviada? Quiero decir, ¿de qué te hayan absuelto?” “No puede dejar de pensar en Sebastian. No puede dejar de culparse a sí misma.” “No fue su culpa, como él resultó ser. Fue de Valentine.” Clary no dijo nada. Estaba recordando la cosa tan horrible que acababa de pensar, que su madre debió matar a Sebastian cuando nació. “Ambas,” dijo Simon, “se culpan a sí mismas por cosas que no son su culpa. Tú te culpas a ti misma por haber dejado a Jace en ese techo-“ Ella levantó la cabeza y lo miró agudamente. No se había dado cuenta de que hubiera dicho alguna vez que se culpaba por eso, aunque lo hacía. “Yo nunca-“ “Lo haces,” dijo él. “Pero yo lo dejé, Izzy lo dejó, Alec lo dejó – y Alec es su parabatai. No hay modo de que hubiéramos podido saber. Y pudo haber sido peor si tú te hubieras quedado.” “Puede ser.” Clary no quería hablar de eso. Evitando la mirada de Simon, se encaminó al baño para lavarse los dientes y ponerse su pijama afelpado. Evitó verse en el espejo. Odiaba lo pálida que se veía, las sombras debajo de sus ojos. Ella era fuerte: no se iba a dejar caer. Tenía un plan. Incluso aunque fuera un tanto enfermo y que involucraba robar el Instituto. Se cepilló los dientes y cuando salió del baño estaba recogiéndose el pelo en una cola de caballo, justo para atrapar a Simon devolviendo en su mochila una botella que casi seguramente era de sangre que compró en Taki‟s. Se acercó y le alborotó el cabello. “Puedes dejar las botellas en el refrigerador, ya sabes,” dijo ella. “Si no te gustan a la temperatura de la habitación.” “Sangre helada como el hielo es peor que a temperatura de la habitación en realidad. Tibia es mejor, pero creo que tu mamá se negaría a que la calentara en las ollas.” “¿A Jordan le importa?” preguntó Clary, pensando en sí de hecho Jordan aun recordaba que Simon vivía con él. Simon había pasado la noche en su casa por toda la semana. En los primeros días que Jace desapareció no había sido capaz de dormir. Había apilado cinco cobijas sobre sí misma, pero le era imposible entrar en calor. Temblando, yacía despierta imaginando sus venas saturadas de sangre congelada, cristales de hielo tejiendo una red con brillo como de coral alrededor de su corazón. Sus sueños estaban llenos de océanos y témpanos de hielo y lagos congelados y Jace, su rostro siempre oculto por sombras, o una nube de aliento, o su propio cabello brillante al darle la espalda. Ella dormía minutos cada vez, siempre despertando con una enfermiza sensación de ahogarse. El primer día que el Consejo la interrogó llegó a casa y se acurrucó en la cama. Estuvo yaciendo ahí despierta hasta que hubo un golpe en su ventana y Simon se metió dentro, casi cayendo al suelo. Se subió a la cama y se estiró sin decir una palabra. Su piel estaba fría del exterior, y olía como a aire de ciudad y al frío del invierno por venir. Había rozado su hombro con el de él, disolviendo una pequeñita parte de la tensión que sujetaba su cuerpo como un puño apretado. Su mano estaba fría pero era familiar, como la textura de su chaqueta de pana contra su brazo. “¿Qué tanto puedes quedarte?” le susurró en la oscuridad. “Tanto como quieras.” Ella se volvió para mirarlo. “¿A Izzy no le importa?” “Ella es la que me dijo que debía venir. Dijo que no estabas durmiendo, y si tenerme aquí contigo te hace sentir mejor, puedo quedarme. O puedo quedarme solo hasta que te quedes dormida.” Clary exhaló con alivio. “Quédate toda la noche,” dijo. “Por favor.” Él lo hizo. Esa noche ella no tuvo malos sueños. Mientras él estuviera ahí, dormía sin sueños y en blanco, un oscuro océano de nada. Un olvido sin dolor. “A Jordan en realidad no le importa lo de la sangre,” dijo Simon ahora. “Todo lo que le importa es que yo esté cómodo con quien soy. Estar en contacto con tu vampiro interior, blah, blah.” Clary se deslizó junto a él en la cama y abrazó una almohada. “¿Es diferente tu vampiro interior de tu… vampiro exterior?” “Definitivamente. El quiere que use camisetas que muestran el torso y un fedora. Estoy combatiéndolo.” Clary sonrió ligeramente. “Entonces tu vampiro interior es Magnus?” “Espera, eso me recuerda.” Simon buscó en su mochila y sacó dos volúmenes de manga. Los agitó triunfante antes de entregárselos a Clary. “Caballero de amor mágico, volúmenes quince y dieciséis,” dijo. “vendidos en ni más ni menos que Midtown Comics.” Ella los cogió, mirando las coloridas cubiertas. Una vez ella hubiera agitado sus brazos con la alegría de una chica fan; ahora todo lo que pudo hacer fue sonreírle a Simon y agradecerle, porque él lo hizo por ella, como gesto de un buen amigo. Incluso aunque no pudiera imaginarse distrayéndose con la lectura justo ahora. “Eres increíble,” dijo ella, empujándolo con el hombro. Se recostó contra las almohadas, los libros de manga balanceándose en su regazo. “Y gracias por venir conmigo a la Corte Seelie. Sé que te trae malos recuerdos, pero siempre estoy mejor cuando tú estás ahí.” “Lo hiciste genial. Manejaste a la Reina como una profesional.” Simon se recostó junto a ella, sus hombros tocándose, ambos mirando al techo, con las conocidas grietas y las viejas estrellas que brillan en la oscuridad y que ya no daban luz. “¿Entonces vas a hacerlo? ¿Robar los anillos para la Reina?” “Si.” Dejó salir el aliento que tenía retenido. “Mañana. Hay una reunión del Conclave local a medio día. Todo el mundo va a estar ahí. Voy a entrar entonces.” “No me gusta, Clary.” Ella sintió que su cuerpo se tensaba. “¿No te gusta qué?” “El que tu tengas algo que ver con las Hadas. Las hadas son mentirosas.” “Ellas no pueden mentir.” “Tú sabes lo que quiero decir. „Las hadas son falsas‟ suena patético.” Ella se volteó para mirarlo, con la barbilla contra su clavícula. Su brazo se levantó en automático y le rodeó los hombros, jalándola contra él. Su cuerpo era frío, su camiseta aún estaba húmeda por la lluvia. Su cabello usualmente lacio y tieso se había secado en rizos con el viento. “Créeme, no me gusta involucrarme con la Corte. Pero lo haría por ti,” dijo. “¿Y tú lo harías por mí, no es así?” “Por supuesto que lo haría. Pero aún así es una mala idea.” El volteó la cabeza para mirarla. “Sé cómo te sientes. Cuando mi padre murió-“ Su cuerpo se tensó. “Jace no está muerto.” “Lo sé. No estaba diciendo eso. Es solo que no necesitas decir que estás mejor cuando estoy aquí. Siempre estoy ahí contigo. El dolor nos hace sentir solos, pero no lo estás. Sé que no crees en- en religión- del mismo modo que yo, pero puedes creer que estás rodeada de personas que te quieren, ¿o no?” Los ojos de él estaban muy abiertos, con esperanza. Eran los mismos ojos café oscuro que siempre fueron, pero diferentes ahora, como si se hubiera añadido otra capa a su color, del mismo modo en que su piel parecía al mismo tiempo sin poros y traslúcida. Lo creo, pensó ella. Solo no estoy segura de si eso importa. Ella golpeó su hombro contra el de él amablemente de nuevo. “Entonces, ¿te importa si te pregunto algo? Es personal pero importante.” Una nota de aprensión se deslizó en su voz. “¿Qué cosa?” “Con todo eso de la Marca de Caín, si yo te pateo accidentalmente durante la noche, ¿significa que voy a ser pateada siete veces en las espinillas por una fuerza invisible?” Ella lo sintió reírse. “Vete a dormir, Fray
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Mensaje por StephRG14 el Mar 05 Mayo 2015, 10:15 am

Capitulo 3; Ángeles malos


“Hombre, creí que habías olvidado que vivías aquí” Jordan dijo en el momento en que Simon caminaba hacia el living de su pequeño departamento, mientras sus llaves seguían tintineando en su mano. Era común hallar a Jordan repatingado sobre su futón, con sus largas piernas colgando desde el costado, y el control de su Xbox en su mano. Hoy el estaba en el futón, pero estaba sentado derecho, con sus manos en los bolsillos de sus jeans, y el control no se veía en ninguna aparte. Sonaba aliviado de ver a Simon, y en un momento, Simon se dio cuenta por qué. Jordan no estaba solo en el departamento. Sentada al otro lado de él en un sillón naranja (ninguno de los muebles de Jordan combinaba) estaba Maia, su pelo salvaje y ondulado atado en dos trenzas. La última vez que Simon la había visto, ella había estado glamorosamente vestida para una fiesta. Ahora ella estaba devuelta informal: jeans deshilachados, una remera manga larga y una chaqueta de cuero. Lucía tan incómoda como Jordan, su espalda recta, mirando a través de la ventana. Cuando vio a Simon, se levanto con gracia y lo abrazó. “Hey” dijo “Solo vine a ver como estabas” “Estoy bien. Digo, tan bien como podría estar con todo lo que está pasando” “No me refería a lo de Jace” ella dijo “Me refería a ti. Como lo llevas” “Yo?” Simon estaba sorprendido “Yo estoy bien. Preocupado por Isabelle y Clary. Sabes que la Clave a estado investigándola..” “Y escuché que la limpiaron. Eso es bueno” Maia lo dejó ir “Pero estaba pensando en ti. En lo que pasó con tu madre” “Cómo es que sabes eso?” Simon miro a Jordan, pero él sacudió la cabeza, casi imperceptiblemente. El no le había dicho. “Corrí hacia Eric, de toda la gente. Me dijo lo que había pasado y que te fuiste de Millenium Lint‟s gigs (Nota: El nombre de la banda) por las últimas dos semanas por eso.” “En realidad, ellos cambiaron su nombre” dijo Jordan “Ellos son Burrito de Medianoche ahora” Maia miro a Jordan irritadamente, y él se deslizo hacia abajo en su asiento. Simon se preguntaba de que habían estado hablando antes de que él llegara a casa. “Has hablado con cualquier otra persona de tu familia?” Preguntó Maia, con la voz apagada. Sus ojos estaban llenos de interés. Había algo sobre ser visto de esa manera que a él no le gustaba. Era como si ella se interesara en hacer el problema real, cuando en realidad el quería pretender que no había sucedido. “Sí” el dijo “Todo está bien con mi familia” “En serio” Porque dejaste tu teléfono aquí” Jordan lo alzó desde la mesita “Y tu hermana ha estado llamándote cada 5 minutos todo el día. Y ayer” Un sentimiento fría se apodero del estómago de Simon. El agarró el teléfono y miró la pantalla. Diecisiete llamadas perdidas de Rebecca. “Maldición” el dijo “Estaba esperando poder evadir esto” “Bueno, es tu hermana” dijo Maia “Ella iba a llamarte en algún momento” “Lo sé, pero he estado algo así como rechazándola.. Dejando sus mensajes cuando yo sabía que ella no iba a estar ahí, ese tipo de cosas. Es solo.. Creo que estaba evadiendo lo inevitable.” “Y ahora?” Simon dejo el teléfono en el alfeizar de la ventana. Lo seguiré evadiendo? “No lo hagas” Jordan puso sus manos en sus bolsillos “Deberías hablarle” “Y decirle qué?” La pregunta salió más dura de lo que Simon esperaba “Tu madre debería haberle dicho algo” dijo Jordan “Ella probablemente está preocupada” Simon sacudió su cabeza “Ella llegara para El día de Acción de Gracias en unas pocas semanas. No quiero que se mezcle lo que está pasando con mi mamá” “Ella ya se mezcló. Ella es tu familia” dijo Maia “Además, esto-lo que está pasando con tu mamá, todo eso-es tú vida ahora. “Entonces, creo que quiero quedarme fuera de mi vida” Simon sabía que estaba siendo irrazonable, pero él no parecía capaz de ayudar. Rebecca era… especial. Diferente. La parte de su vida que parecía intocable por todas estas rarezas. Quizás la única parte. Maia se giró hacia Jordan “Dile algo. Tu eres su guardián”- “Oh, vamos” dijo Simon antes de que Jordan pudiera abrir su boca “No están tampoco cualquiera de los dos en toque con sus padres? Su familia? Ellos intercambiados rápidas miradas “No” dijo Jordan despacio “Pero ninguno de nosotros tenía buenas relaciones con ellos antes..” “No puedes solo ignorar a tu hermana” insistió Maia. “Mírame” “Y cuando Rebecca vuelva a casa y tu casa se vea como el set de El Exorcista? Y tu mamá no tenga explicación de donde estas? Tu hermana llamará la policía y tu mamá terminara detenida” “Solamente no creo que estoy listo para escuchar su voz” Dijo Simon, pero sabía que era un argumento perdido “Tengo que irme, pero prometo que le escribiré”_ “bien” dijo Jordan. El estaba mirando a Maia, no a Simon, como el dijo, como si esperara que ella se diera cuento que él hizo progresos con Simon y que esté complacida. Simon se preguntó si ellos habían estado viéndose durante estas 2 semanas cuando él había estado ausente. El debería haber adivinado, desde la manera en que ellos estaban sentados cuando el llego, pero con estos dos era difícil estar seguro. “Es un comienzo” El ascensor dorado se detuvo en el 3er piso del Instituto; Clary tomó una respiración profunda y camino hacia el pasillo (creo). El lugar estaba, como Alec e Isabelle habían prometido que estaría, desierto y tranquilo. El tráfico en York Avenue era un murmullo apagado. Ella imagino que podía oír el ruido de las motas de polvo danzando en la luz de la ventana. A lo largo de la pared había imágenes de los residentes del Instituto con sus sacos mientras entraban (Al Instituto). (¿?) Una de La chaqueta negra de Jace seguía colgada de un gancho, las mangas vacías y fantasmales. Con un escalofrío ella se sentó en el pasillo. Podía recordar la primera vez que Jace la había llevado a través de estos corredores, su voz contándole sobre los Cazadores de Sombras, sobre Idris, sobre el secreto del mundo que ella nunca supo que existía. Ella lo había mirado mientras que él hablaba –disimuladamente, ella pensó, aunque sabía que Jace notaba todomirando la luz sobre su pelo, los rápidos movimientos de sus hábiles manos, la flexión de los músculos de sus brazos cuando hacía gesto. Ella llegó a la librería sin encontrar ningún Cazador de Sombras, y empujó la puerta abierta. La habitación seguía dándole el mismo temblor que sintió la primera vez que la vio. Circular porque estaba construida en una torre, la librería tenía un segundo piso-galería, que cruzaba a lo largo de la mitad de las paredes, encima de las hileras de repisas con libros. El escritorio que Clary seguía pensando como “El escritorio de Hodge” descansaba en el centro de la habitación cavado en una pieza de roble, descasando sobre la espalda de dos ángeles arrodillados. Clary casi esperaba encontrar a Hodge parado detrás de él con su cuervo, Hugo, en su hombro. Sacudiendo el recuerdo, ella fue rápida por la habitación circular hacia el final de la habitación. Ella estaba usando jeans y unas zapatillas con suela de goma/caucho, y una runa de menos-ruido echa dentro de su tobillo; el silencio era casi misterioso mientras ella subía los escalones hacia la galería. Habían libros también ahí, pero estaban sellados detrás de “vitrinas”. Algunos se veían muy viejos, con sus tapas destrozadas, su encuadernado reducido a unos pocos hilos. Otros eran claramente libros de oscuridad o magia peligrosa: Culturas de las que no se puede hablar, Viruela demoníaca, Una guía práctica para causar la Muerte. Entre las repisas bloqueadas había vitrinas. Cada una tenía algo de extraño y lindo manufacturamiento (Como se dice? La forma en que están hechos?) : un delicado “flacón” de vidrio con una enorme esmeralda, una corona con diamantes en el centro que no se veía como si entrara en una cabeza humana; un colgante con la forma de un ángel cuyas alas eran mecánicas; y al final, como Isabelle había prometido, un par de anillos de oro con la forma de hojas curvas, el trabajo de hadas tan delicado como el aliento de un bebé. Esa vitrina estaba bloqueada, obviamente, pero la runa de Apertura –Clary mordía su labio mientras la dibujada, cuidadosa para no hacerla demasiado poderosa para que rompiera el vidrio y la gente llegara corriendo-abrió el candado. Cuidadosamente ella abrió la vitrina. Era solamente cuando ella deslizó la estela de vuelta a su bolsillo cuando empezó a dudar. Esta era realmente ella? Robándole a la Clave para pagarle a la Reina del Pueblo de las Hadas, cuyas promesas, como Jace le dijo una vez, eran como escorpiones, con un “pincho” en la cola? Ella sacudió la cabeza para sacar las dudas fuera…y se congeló. La puerta de la librería se abrió. Ella pudo escuchar el crujir de la madera, voces apagadas, pasos. Sin pensarlo dos veces, ella se tiró al piso, aplastándose a la helada madera del piso de la galería. “Tenias razón, Jace”, vino una voz-horriblemente familiar- de abajo. “El lugar está desierto” El hielo que había estado en las venas de Clary parecía cristalizado, congelado en su lugar. Ella no se podía mover, no podía respirar. No había sentido un shock de esta intensidad desde que había visto a su padre moviendo una espada a través del pecho de Jace. Muy lentamente ella se asomó al borde de la galería y miro hacia abajo. Y mordió su labio fuerte para no gritar. En el techo húmedo había ubicado un tragaluz (o algo parecido). La luz del sol entraba a través del tragaluz, alumbrando una porción del piso como puesto en un escenario. Ella podía ver trocitos de vidrio y pedacitos de piedras semi-preciosas que estaban incrustadas en el piso formando un dibujo: el Ángel Raziel, la copa y la espada. Parado directamente sobre una de las alas del Ángel estaba Jonathan Christopher Morgenstern. Sebastian. Así que asi era como se veía su hermano. Realmente se veía como, vivo y moviéndose y animado. Una cara pálida, todo ángulos y superficies planas, alto y flaco en negro. Su pelo estaba plateadamente blanco, no oscuro como había sido cuando ella lo había visto por primera vez, teñido para similar el color del real Sebastian Verlac. Su propio color pálido le quedaba mejor. Sus ojos eran negros, esparciendo vida y energía. La última vez que ella lo había visto, sobre un vidrio “conffin” como Blanca Nieve, una de sus manos estaba faltando. Ahora esa mano estaba completa de nuevo, con un brazalete plateado centelleante en la muñeca, pero nada visible mostraba que alguna vez hubiera estado dañada, y más que dañada, había estado faltando. Y allí, a su lado, con cabello dorado brillando en la pálida luz del sol, estaba Jace. No Jace como ella había imaginado, después de estas dos semanas, pegado o sangrando o sufriendo o algo, encerrado lejos en alguna celda oscura, gritando de dolor, o llamándola a ella. Este era el Jace como ella lo recordaba, cuando ella se dejaba a sí misma recordarlo: lleno de vida y saludable, y vibrante y hermoso. Sus manos estaban descuidadas en los bolsillos de sus jeans, sus Marcas visibles a través de su remera blanca. Sobre esta estaba una chaqueta no familiar que resaltaba el tono oro de su piel. Él inclinó su cabeza, como disfrutando el sentimiento del sol en su cara. “Yo siempre tengo razón, Sebastian” el dijo “Ya deberías saber eso sobre mí a estas alturas” Sebastian le dio una mirada medida, y luego una sonrisa. Clary se quedó mirando. Tenía la apariencia de ser una sonrisa real. Pero qué sabía ella? Sebastian le había sonreído a ella antes, y eso se había convertido en una gran mentira. “Entonces, donde están los libros? Hay algún orden en este caos?” “No realmente. No están en orden alfabético. Siguen el especial sistema de Hodge.” “No es él ese que está muerto? Inconvenientemente, entonces”, dijo Sebastian. “Probablemente yo debería revisar el nivel de arriba y tú el de abajo.” El se movió a través de las escaleras que subían a la galería. El corazón de Clary empezó a latir con miedo. Ella asociaba Sebastian con asesinato, sangre, dolor y terror. Ella sabía que Jace había peleado con él y ganado una vez, pero casi murió en el intento. En una pelea mano a mano ella nunca le ganaría a su hermano. Podría ella lanzarse a sí misma desde la galería hacia el piso de abajo sin romperse una pierna? Y si lo hiciera, que pasaría? Qué haría Jace? Sebastian tenía su pie en el primer escalón cuando Jace lo llamó. “Espera. Están ahí. Etiquetados bajo “Magia No-letal” “No-letal? Donde está la diversión en eso?” Dijo Sebastian, pero el bajó su pie del escalón y fue hacia Jace. “Esto es casi una librería” dijo, leyendo los títulos mientras los pasaba. “El cuidado y alimentación de tu mascota “Imp” (¿?) Demonios revelados” El agarró ese último de la estantería y lo miró atentamente. “Qué es eso?” Jace lo miró, con su boca curvándose. Clary quería correr hacia el piso de abajo y tirarse sobre él, lo deseaba tan terriblemente que se mordió el labio otra vez. El dolor era como ácido. “Es pornografía” dijo Sebastian “Mira. Demonios…. Revelados” Jace vino detrás de él, descansando una mano en el brazo de Sebastian mientras leía sobre su hombro. Era como mirar a Jace con Alec, alguien con el que él estaba tan cómodo, que podía tocarlo sin pensar sobre ello... “Okay, como puedes saberlo?” Sebastian cerró el libro y le pego a Jace levemente en su hombro con el libro. “Se más de algunas cosas que tu. Tienes los libros?” “Los tengo” Jace le mostró unos tomos que se veían muy pesados, de una mesa cercana.”Tenemos tiempo de ir hacia mi habitación? Si pudiera tomar algunas de mis cosas….” “Que es lo que quieres?” Jace hizo un gesto “Mayormente ropa, algunas armas” Sebastian sacudió su cabeza. “Demasiado peligroso. Necesitamos entrar y salir rápido. Solamente objetos de emergencia” “Mi chaqueta favorita es un objeto de emergencia” Jace dijo. Era como escucharlo hablar con Alec, o a cualquiera de sus amigos. “Mucho de mí, es ambos, acogedor y fashion” “Mira tenemos todo el dinero que podríamos querer” dijo Sebastian “Compra rompa. Y estarás dirigiendo este lugar en pocas semanas. Puedes poner tu chaqueta favorita en el palo de la bandera y hacerla volar como una” Jace se rió, ese hermoso sonido que Clary amaba. “Te estoy advirtiendo , esa chaqueta es sexy. El Instituto puede irse en sexys, sexys llamas” “Será bueno para el lugar. Demasiado triste en este momento” Sebastian tironeó la parte de atrás de la chaqueta de Jace, y lo empujo hacia el camino “Nos estamos yendo. Toma los libros” El miró hacia su mano derecha, donde había un anillo plateado; con la mano que no estaba agarrando a Jace, usó su pulgar para girar el anillo. “Hey” dijo Jace “Crees que..” El paró, y por un momento Clary pensó que era porque había visto hacia arriba y la había visto, pero cuando ella tomó aliento, ambos desaparecieron, “fading like mirages” en el aire. Lentamente CLary “lowered” su cabeza en su brazo. Su labio estaba sangrando donde ella se había mordido; ella podía saborear la sangre en su boca. Ella sabía que debía pararse, moverse, correr. Ella no se suponía que debía estar aquí. Pero el hielo en sus venas se había vuelto tan frío, ella estaba tan aterrorizada que si ella se hubiera movido, se hubiera desmoronado. Alec se despertó cuando Magnus sacudió su hombre. “Vamos, duraznito” el dijo “Es hora de enfrentar el día” Alec se desenvolvió, todavía “grogui”, fuera de las almohadas y sabanas, y pestañó hacia su novio. Magnus, habiendo dormido muy poco, se veía irritado. Su pelo estaba húmedo, cayendo sobre los hombres de la camisa blanca, haciéndola transparente. Él estaba usando jeans con agujeros en ellos , lo que usualmente quería decir que estaba planeando quedarse todo el día en su departamento. “Duraznito?” “Estaba intentando..” Alec sacudió su cabeza. “No” Magnus hizo un gesto “Lo dejaré.” El agarró una taza azul con café hecho de la manera que Alce le gustaba: negro, con azúcar. “Despierta”. Alec se sentó, refregando sus ojos, y tomó la taza. El primer trago envió un relámpago de energía a través de sus nervios. El recordó haber estado acostado despierto la noche anterior y esperando a que Magnus llegara la cama, pero al final, el cansancio se había apoderado de él, y había caído dormido alrededor de las cinco a.m. “Debo ir a la reunión del Concejo hoy” “Lo sé, pero deberías encontrarte con tu hermana y los demás en el parque del estanque con la tortuga. Me pediste que te lo recordara.” Alec balanceó sus piernas al costado de la cama “Qué hora es?” Magnus tomó la taza gentilmente de su mano antes de que el café se caiga, y lo uso en la mesita de noche. “Estas bien. Tienes una hora” El se puso a su lado y presionó sus labios sobre los de Alce; Alec recordó la primera vez que ellos se besaron, aquí en su apartamento, y él quería poner sus brazos alrededor de su novio y ponerlo más cerca. Pero algo lo sostuvo. El se paró, y salió fuera de la sala. Él tenía un cajón donde poner sus ropas. Un lugar para su cepillo de dientes en el baño. Una llave para la puerta. Un suma decente de propiedad real para tomar parte en la vida de otra persona, y todavía el no podía quitarse el miedo frío de su estómago. Magnus había girado sobre su espalda en la cama, y miró hacia Alec, con un brazo detrás de su cabeza “Usa la bufanda” el dijo, apuntando una bufanda azul de cachemira en un perchero. “Combina con tus ojos” Alec la miró. De repente, el sintió odio. Por la bufanda, por Magnus y más que nada por él mismo. “No me digas” el dijo “La bufanda tiene 100 años de edad, y se te fue dada a ti por la Reina Victoria justo antes de que ella muriera por servicio a la Corona, o algo” Magnus se sentó “Qué te pasa?” Alec se le quedó mirando “Soy la cosa más nueva en este apartamento?” “Creo que ese honor se lo lleva Presidente Miau. Él tiene solo dos años.” “Dije nuevo, no joven” Alec dijo “Quién es W.S? Es Will?” Magnus sacudió su cabeza como si tuviera agua en sus oídos “Que demonios? Te refieres a la cenicera? WS es Woolsey Scott. El…” “Fundo el Praetor Lupus. Lo sé” Alec se puso sus jeans “Lo mencionaste antes, y además, es una figura histórica. Y su cenicera está en tu oficina. ¿Que más hay aquí? ¿El cortaúñas de Jonathan Cazador de Sombras?” Los ojos de gato de Magnus eran fríos. “¿De dónde viene todo esto Alexander? Yo no te miento. Si hay algo sobre mí que quieras saber, puedes preguntarlo.” “Mentiras,” dijo Alec francamente, abotonándose la camisa. “Eres amable y divertido y todas esas cosas increíbles, pero lo que no eres es directo, “duraznito”. Puedes hablar todo el día sobre los problemas de otras personas, pero no quieres hablar de ti mismo, de tu historia, y cuando pregunto, te sacudes como un gusano en un anzuelo.” “Quizás porque no puedes preguntarme sobre mi pasado sin buscar una pelea sobre como yo voy a vivir para siempre y tu no,” replicó Magnus. “Quizás porque la inmortalidad se está volviendo rápidamente en la tercera persona de nuestra relación, Alec.” “No se supone que nuestra relación tenga una tercera persona.” “Exacto.” La garganta de Alec se apretó. Habían miles de cosas que quería decir pero nunca había sido bueno con las palabras como Jace y Magnus. En vez de eso tomó la bufanda azul de su gancho y la enredó desafiante en su cuello. “No me esperes despierto,” dijo. “Puede que patrulle esta noche.” Y cuando azotó la puerta del apartamento, escuchó a Magnus gritar detrás de él, “Y esa bufanda, quiero que sepas, es de Gap! La compré el año pasado!” Alec rodó los ojos y trotó escaleras abajo hacia el lobby. La única lámpara que usualmente iluminaba el espacio estaba apagada, y el espacio estaba tan oscuro que por un momento no vio a la figura encapuchada que se deslizaba hacia él entre las sombras. Cuando lo hizo, estaba tan sorprendido que soltó sus llaves con un traqueteo. La figura se deslizó hacia él. No podía decir nada sobre esta – ni la edad ni el género o incluso la especie. La voz que vino de debajo de la capucha estaba resquebrajada y era fuerte. “Tengo un mensaje para ti, Alec Lightwood,” dijo. “De Camille Belcourt.” ::: “¿Quieres que patrullemos juntos esta noche?” preguntó Jordan de un modo abrupto. Maia se volvió a mirarlo con sorpresa. Estaba inclinado contra la barra de la cocina y con los codos sobre esta. Había una despreocupación en su postura que estaba demasiado estudiada para ser sincera. Ese es el problema de conocer a alguien tan bien, pensó. Es muy difícil pretender con ellos, o ignorar cuando están fingiendo, incluso cuando sería fácil. “¿Patrullar juntos?” repitió. Simon estaba en su habitación cambiándose de ropa; ella le dijo que lo encaminaría a la estación, y ahora deseaba no haberlo hecho. Ella sabía que debió haber contactado con Jordan desde la última vez que lo vio pero, en vez de eso y muy poco sabio de su parte, lo besó. Entonces Jace desapareció y todo el mundo parecía haber explotado en pedazos y eso le dio la excusa perfecta para evitar todo el asunto. Por supuesto, no pensar sobre el ex-novio que te rompió el corazón y te convirtió en un hombre lobo era más fácil cuando él no estaba de pie justo enfrente de ti, usando una camiseta verde que abrazaba su cuerpo delgado y musculoso en todos los lugares correctos y resaltaba el color de sus ojos caramelo. “Pensé que habían cancelado las patrullas de búsqueda de Jace,” dijo ella mirando a otro lado. “Bueno, no tanto que las cancelaran sino que las redujeron. Pero yo soy del Praetor, no de la Clave. Puedo buscar a Jace en mi propio tiempo.” “Cierto,” dijo ella. El estaba jugando con algo en la barra, acomodándolo, pero su atención todavía estaba en ella. “Sabes… Tú querías ir a la Universidad a Stanford. ¿Aún quieres?” Su corazón se saltó un latido. “No he pensado en la Universidad desde que…” se aclaró la garganta. “Desde que cambié.” Las mejillas de él se sonrojaron. “Tú estabas – quiero decir, tu siempre quisiste ir a California. Ibas a estudiar historia, y yo iba a mudarme contigo allá a surfear. ¿Recuerdas?” Maia escondió las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero. Sentía como si debiera estar enojada, pero no lo estaba. Por mucho tiempo había culpado a Jordan por el hecho de que ella dejó de soñar en un futuro humano, con la escuela y una casa, y una familia, quizás algún día. Pero habían otros lobos en la estación de policía que aún siguieron sus sueños, su arte. Bat por ejemplo. Había sido su propia decisión en detener su vida en corto. “Lo recuerdo,” dijo. Sus mejillas se ruborizaron más. “Sobre esta noche. Nadie está buscando en el Navy Yard de Brooklyn, así que pensé que… bueno nunca es muy divertido si lo hago solo. Pero si tú no quieres…” “No,” dio ella, escuchando su propia voz como si fuera la de alguien más. “Digo, claro. Iré contigo.” “¿En serio?” Sus ojos caramelo se iluminaron y Maia se maldijo internamente. No debería darle esperanzas, no cuando ella no estaba segura de lo que sentía. Era demasiado difícil creer que a él le importara tanto. El medallón del Praetor Lupus brillaba en su garganta cuando se inclinó hacia adelante y ella olió la esencia familiar de su jabón y debajo de eso – lobo. Parpadeó y lo miró justo cuando la puerta de Simon se abrió y él salía, poniéndose una chaqueta con capucha. Se detuvo en seco en la puerta, sus ojos moviéndose de Jordan a Maia, con las cejas elevándose muy lentamente. “Sabes qué, puedo llegar al Subterráneo yo solo.” Le dijo a Maia, una ligera sonrisa jalando las comisuras de su boca. “Si quieres quedarte aquí…” “No.” Maia sacó las manos aprisa de sus bolsillos donde habían estado en puños de nervios. “No, iré contigo. Jordan, te – te veo luego.” “Esta noche,” dijo detrás de ella, pero ella no se volteo a mirarlo; ella ya esta apurándose detrás de Simon. ::: Simon subió solo la pequeña elevación de una colina escuchando los gritos de los jugadores de Frisbee en el campo ovejero detrás de él como una música distante. Era un día brillante de Noviembre, fresco y ventoso, la luz del sol iluminando lo que quedaba de las hojas en los árboles con brillantes tonos de escarlata oro y ámbar. La cima de la colina estaba cubierta de piedras. Podías ver como el parque había sido sacado de lo que alguna vez fue una campiña de árboles y piedra. Isabelle estaba sentada en la cima de una de esas rocas, usando un vestido largo verde botella de seda con un tejido negro y un abrigo plateado encima de eso. Miró a hacia arriba cuando Simon caminó hacia ella, quitándose el largo cabello de la cara. “Pensé que estarías con Clary,” dijo cuando él se acercó. “¿Dónde está ella?” “Dejando el Instituto,” dijo él, sentándose junto a Isabelle en la roca, y metiendo las manos en los bolsillos de su rompe vientos. “Me envió un mensaje. Estará aquí pronto.” “Alec está en camino,” comenzó pero se interrumpió cuando su bolsillo vibró. O mejor dicho, el teléfono en su bolsillo vibró. “Creo que alguien está enviándote un mensaje.” El se encogió de hombros. “Lo reviso luego.” Ella le lanzó una mirada por entre sus largas pestañas. “Como sea, estaba diciendo que Alex está en camino también. Tiene que venir desde Brooklyn así que,” El teléfono de Simon vibró otra vez. “Está bien, eso es todo. Si no vas a contestarlo, yo sí.” Isabelle se inclinó hacia él, en contra de las protestas de Simon, y deslizó la mano en su bolsillo. La cima de su cabeza rozó contra su barbilla. Olía como a su perfume – vainilla- y la esencia de su piel debajo. Cuando sacó el teléfono y se alejó estaba ambos aliviado y decepcionado. Miró con los ojos entrecerrados a la pantalla. “¿Rebecca? ¿Quién es Rebeca?” “Mi hermana” El cuerpo de Isabelle se relajó. “Quiere reunirse contigo. Dice que no te ha visto desde …” Simon le quitó el teléfono de la mano y lo cerró antes de volverlo a meter en su bolsillo. “Lo sé. Lo sé.” “¿No quieres verla?” “Más que – más que casi nada. Pero no sé si quiero que ella sepa. Sobre mí.” Simon recogió un palo y lo lanzó lejos. “Mira lo que pasó cuando mi mamá se enteró.” “Entonces cítala en un lugar público. Donde no pueda ponerse histérica. Lejos de tu casa.” “Incluso si no puede ponerse histérica, ella aun puede verme del modo en que mi madre lo hizo,” dijo Simon en voz baja. “Como que soy un monstro.” Isabelle le tocó ligeramente la muñeca. “Mi mamá corrió a Jace cuando pensó que era el hijo de Valentine y un espía – luego se arrepintió horriblemente. Mi mamá y papá están tratando de entender el que Alec esté con Magnus. Tu mamá entenderá esto también. Pon a tu hermana de tu lado. Eso ayudará.” Inclinó la cabeza un poco. “Creo que algunas veces los hermanos entienden más que los padres. Las expectativas no tienen el mismo peso. Yo nunca, jamás podría despreciar a Alec. No importa lo que hiciera. Nunca. O a Jace.” Ella le apretó el brazo, y luego lo soltó. “Mi hermanito murió. No podré verlo otra vez. No pongas a tu hermana en esa situación.” “¿Cual situación?” Era Alec, saliendo de un lado de la colina, pateando hojas secas fuera de su camino. Estaba usando el suéter con agujeros y pantalones usuales, pero una bufanda azul oscuro que hacía juego con sus ojos enredada en su garganta. Eso tenía que ser un regalo de Magnus, pensó Simon. De ninguna manera Alec hubiera comprado algo así para él mismo. El concepto de hacer juego parecía estar muy lejos de su alcance. Isabelle se aclaró la garganta. “De la hermana de Simon-“ No fue más lejos de ahí. Hubo un golpe de aire helado, que trajo consigo un remolino de hojas muertas. Isabelle puso la mano enfrente para protegerse la cara del polvo mientras el aire comenzó a desprender el inconfundible brillo traslucido de un Portal abriéndose, y Clary apareció delante de ellos, con la estela en una mano y su cara húmeda de lágrimas.
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Mensaje por StephRG14 el Mar 05 Mayo 2015, 10:18 am

Capitulo 4; E inmortalidad


“¿Y estás totalmente segura de que era Jace?” preguntó Isabelle, por lo que a Clary le parecía como la vez cuarenta y siete. Clary se mordió su labio ya lastimado y contó hasta diez. “Soy yo Isabelle,” dijo. “¿Honestamente piensas que no reconocería a Jace?” miró a Alec de pie junto a ellas, con su bufanda azul flotando como un pendón en el viento. “¿Podrías confundir a Magnus con alguien más?” “No. Nunca,” dijo sin perder un segundo. Sus ojos azules estaban inquietos, oscuros con preocupación. “Es solo – quiero decir, por supuesto que vamos a preguntarlo. No tiene ningún sentido.” “Podría ser un rehén,” dijo Simon, inclinándose contra una roca. La luz del sol de otoño volvía sus ojos del color de los cafetales. “Algo como que Sebastian esté amenazándolo con que si Jace no sigue sus planes, Sebastian herirá a alguien que a él le importe.” Todos los ojos se fueron sobre Clary pero ella sacudió la cabeza con frustración. “Ustedes no los vieron juntos. Nadie actúa así cuando es un rehén. Parecían totalmente felices de estar ahí.” “Entonces está poseso,” dijo Alec. “Como lo estaba por Lilith.” “Eso fue lo que pensé al principio. Pero cuando estaba poseso por Lilith, era como un robot. Solo seguía diciendo las mismas cosas una y otra vez. Pero este era Jace. Estaba haciendo las bromas que hace Jace. Sonriendo como él.” “Puede que tenga el síndrome de Estocolmo,” sugirió Simon. “Ya sabes, que te lavan el cerebro y comienzas a simpatizar con tus captores.” “Toma meses desarrollar el síndrome de Estocolmo,” objetó Alec. “¿Cómo se veía? ¿Herido, o enfermo de alguna manera? ¿Puedes describirlos a ambos?” No era la primera vez que él preguntaba eso. El viento sopló las hojas secas alrededor de sus pies mientras Clary les contaba de nuevo como es que Jace se veía – vibrante y saludable. Sebastian también. Ellos se veían completamente calmados. Las ropas de Jace eran de marca, ordinarias. Sebastian estaba usando una larga gabardina negra de lana que parecía cara. “Como un anuncio malvado de Burberry,” dijo Simon cuando ella terminó. Isabelle le lanzó una mirada. “Tal vez Jace tiene un plan,” dijo ella. “Quizás está engañando a Sebastian. Tratando de congeniar con él, adivinar cuáles son sus planes.” “¿Crees que si estuviera haciendo eso no hubiera encontrado una forma de decírnoslo?” dijo Alec. “No dejarnos aquí en pánico. Es demasiado cruel.” “A menos que no pueda arriesgarse a enviar un mensaje. El creería que confiaríamos en él. Confiamos en él.” La voz de Isabelle se elevó y ella tembló enredando sus brazos alrededor de sí misma. Los árboles delineando el camino de graba en el que ellos estaban parados sacudieron sus ramas desnudas. “Quizás deberíamos decirle a la Clave,” dijo Clary, escuchando su voz como si viniera de lejos. “Esto es – No veo como podamos manejarlo por nosotros mismos.” “No podemos decirle a la Clave.” La voz de Isabelle era dura. “¿Por qué no?” “Si ellos piensan que está cooperando con Sebastian, la orden sería matarlo en cuanto lo veas,” dijo Alec. “Esa es la ley.” “¿Incluso si Isabelle tiene la razón? ¿Incluso si le está siguiendo el juego a Sebastian?” dijo Simon con una nota de duda en su voz. “¿Si está tratando de ponerse de su lado para conseguir información?” “No hay modo de probarlo. Y si declaramos que está haciéndolo, y eso llega a oídos de Sebastian, él probablemente mataría a Jace,” dijo Alec. “Si Jace está poseso, la Clave lo mataría. No podemos decirles nada.” Su voz era dura. Clary lo miró con sorpresa; Alec normalmente era el más apegado a la ley de todos ellos. “Es Sebastian de quien estamos hablando,” dijo Izzy. “No hay nadie a quien la Clave odie más salvo Valentine, y él está muerto. Pero prácticamente todos conocen a alguien que murió en la Guerra Mortal, y Sebastian es quien hizo caer las guardas.” Clary pateó la grava a sus pies con sus tenis. Toda la situación parecía como un sueño, como si pudiera despertar en cualquier momento. “¿Entonces qué sigue?” “Hablamos con Magnus. Ver si hay algo que pueda deducir.” Alec apretó la esquina de su bufanda. “No irá con el Consejo. No si yo se lo pido.” “Será mejor que no,” dijo Isabelle. “De otro modo, sería el peor novio de la historia.” “Dije que no lo haría” “¿Tiene algún caso ahora?” dijo Simon. “¿Ir a ver a la Reina Seelie? Ahora que sabemos que Jace está poseso , o quizás escondiéndose a propósito” “No pierdes una cita con la Reina Seelie,” dijo Isabelle firmemente. “No si valoras tu piel del modo en que está.” “Pero ella solo va a quitarle los anillos a Clary y no vamos a saber nada nuevo,” replicó Simon. “Sabemos más ahora. Tenemos diferentes preguntas para ella ahora. Aunque no las va a responder. Ella solo va a responder las viejas. Así es cómo funcionan las hadas. No hacen favores. No es como si fuera a dejarnos ir a hablar con Magnus y entonces regresar.” “No importa,” Clary se frotó las manos en la cara. Volvieron secas. En algún punto las lágrimas habían dejado de brotar, gracias a Dios. No quería encarar a la Reina mirándose como si hubiera llorado hasta que se le salieran los ojos. “Nunca conseguí los anillos.” Isabelle parpadeó. “¿Qué?” “Después de que vi a Jace y Sebastian, estaba demasiado consternada como para tomarlos. Solo salí corriendo del Instituto y luego hice un Portal hasta aquí.” “Bueno, no podemos ver a la Reina entonces,” dijo Alec. “Si no haces lo que ella te pidió, estará furiosa.” “Estará más que furiosa,” dijo Isabelle. “Ustedes vieron lo que le hizo a Alec la última vez que fuimos a la Corte. Y eso solo era un glamour. Probablemente convierta a Clary en una langosta o algo.” “Ella sabía,” dijo Clary. “Dijo, “‟cuando lo encuentres de nuevo, puede que no sea exactamente como lo dejaron.‟” La voz de la Reina se desvaneció en la Cabeza de Clary. Ella tembló. Podía entender porque Simon odiaba tanto a las hadas. Ellas sabían siempre las palabras exactas que se clavarían en tu cerebro como una astilla, dolorosa, imposible de ignorar o de remover. “Ella solo estaba jugando con nosotros. Quiere esos anillos, pero no creo que haya una oportunidad de que ella nos ayude en verdad.” “Muy bien,” dijo Isabelle dudosa. “Pero si sabía tanto, puede que sepa más. Y quien más podrá ser capaz de ayudarnos ya que no podemos ir con la Clave.” “Magnus,” dijo Clary. “Ha estado tratando de descifrar el hechizo de Lilith todo este tiempo. Quizás si le decimos lo que vimos eso ayude.” Simon rodó los ojos. “Es bueno que conozcamos a la persona que está saliendo con Magnus,” dijo. “De otro modo, tengo la impresión de que estaríamos todos sentados preguntándonos todo el tiempo que demonios hacer ahora. O tratar de juntar dinero para contratar a Magnus vendiendo limonada.” Alec solo se veía meramente irritado por este comentario. “La única forma de que puedas conseguir suficiente dinero para contratar a Magnus vendiendo limonada, es si le pones metanfetaminas.” “Es una expresión. Todos sabemos que tu novio es caro. Solo desearía no tener que correr siempre con él con cada problema.” “También él,” dijo Alec. “Magnus tiene otro trabajo hoy, pero creo que hablaré con él, hoy por la noche y todos podremos reunirnos con él mañana en la mañana.” Clary asintió. No podía ni siquiera imaginarse el levantarse la mañana siguiente. Ella sabía que entre más pronto hablaran con Magnus mejor, pero se sentía agotada y exhausta, como si hubiera dejado pintas de su sangre en el piso de la biblioteca del Instituto. Isabelle se había movido más cerca de Simon. “Supongo que eso nos deja libres al resto de nosotros por toda la tarde,” dijo. “¿Por qué no vamos a Taki‟s? Te servirán sangre.” Simon miró hacia Clary, visiblemente preocupado. “¿Quieres venir?” “No, está bien. Tomaré un taxi de regreso a Williamsburg. Debo pasar algo de tiempo con mi mamá. Todo este asunto con Sebastian la tiene desmoronándose, y ahora…” El cabello de Isabelle voló en el viento cuando movió la cabeza de un lado a otro. “No puedes decirle lo que viste. Luke está en el Consejo. El no puede ocultárselo a ellos y tú no puedes pedirle a ella que se lo oculte a él.” “Lo sé.” Clary vio las tres miradas ansiosas fijas en ella. ¿Cómo sucedió esto? Pensó. Ella que nunca le había ocultado secretos a Jocelyn – no de verdad, como fuera, estaba a punto de ir a casa y ocultarle algo enorme a ambos, a su madre y a Luke. Algo que ella podía hablar solo con personas como Alec e Isabelle Lightwood y Magnus Bane, personas que seis meses antes ni siquiera sabía que existían. Era extraño como tu mundo puede cambiar de eje y todo aquello en lo que confiaste puede invertirse en lo que pareciera nada de tiempo. Al menos aún tenía a Simon. El constante y permanente Simon. Lo besó en la mejilla, se despidió con la mano de los demás, y se dio la vuelta consciente de que los tres estaban mirándola preocupados mientras caminaba alejándose del parque, la última de las hojas muertas crujiendo bajo sus tenis como si fueran huesos pequeñitos. ::: Alec mintió. No era Magnus quien tenía algo que hacer esa tarde. Era él mismo. Sabía que lo que estaba haciendo era un error, pero no podía evitarlo: era como una droga, esta necesidad de saber más. Y ahora aquí estaba bajo tierra, sosteniendo su luz mágica y preguntándose qué demonios es lo que estoy haciendo. Como todas las estaciones de tren de Nueva York, esta olía como a oxido y agua, metal y decadencia. Pero a diferencia de las otras estaciones, Alec nunca había estado en esta, estaba escalofriantemente callada. A parte de las marcas del daño por el agua, los muros de la plataforma estaban limpios. Los techos abovedados, puntuados por algún candelabro ocasional, encima de él los arcos tenían patrones de azulejo verde. La placa en el muro decía CITY HALL en letra de molde. La estación del subterráneo CITY HALL estaba fuera de uso desde 1945 aunque la ciudad aun la tenía en orden como un hito; el tren numero 6 aún hacía una corrida ocasional, pero nadie nunca se paraba en esta plataforma. Alec se había arrastrad a través de una escotilla en City Hall Park rodeado de cornejos para encontrar este lugar, dejándose caer desde una distancia que probablemente le hubiera roto las piernas a cualquier mundano. Ahora estaba de pie, respirando el aire polvoso, con el corazón palpitándole aceleradamente. Aquí era donde, la carta que le había entregado el vampiro subyugado en la entrada de la casa de Magnus, le decía que tenía que ir. Al principio había determinado que nunca usaría la información. Pero luego no había sido capaz de tirarla. La había hecho bola y metido al bolsillo de su pantalón, y durante todo el día incluso en Central Park le había estado carcomiendo la mente. Era como con toda la situación con Magnus. No podía evitar preocuparse por eso del modo en que uno se preocupa por una enfermedad dental, sabiendo que estás haciendo la situación peor pero sin ser capaz de detenerte. Magnus no había hecho nada malo. No era su culpa que fuera miles de años mayor, y que hubiera estado enamorado antes. Pero le corroía la paz mental a Alec de cualquier manera. Y ahora sabiendo más y al mismo tiempo menos sobre la situación de Jace que el día anterior – era demasiado. Necesitaba hablar con alguien, ir a algún sitio, hacer algo. Así que aquí estaba. Y ahí estaba ella, estaba seguro de eso. Se movió lentamente por la plataforma. El techo abovedado sobre su cabeza, una luz cenital entrando desde el parque arriba, cuatro líneas de azulejos saliendo como radios de ésta como si fueran las patas de una araña. Al final de la plataforma había una corta escalera, que conducía a la penumbra. Alec pudo detectar la presencia de un glamour: cualquier mundano vería un muro de concreto, pero él vio una entrada abierta. Silenciosamente se encaminó escaleras arriba. Se encontró en una habitación en penumbras de techo bajo. Un tragaluz de cristal amatista dejaba entrar poca luz. En una esquina sombría de la habitación, estaba puesto un elegante sofá de terciopelo con un respaldo curvo, y en el sofá estaba Camille. Era tan hermosa como Alec la recordaba, aunque ella no había estado en su mejor apariencia la última vez que la vio, sucia y encadenada a una tubería en un edificio en construcción. Ahora estaba usando un traje negro y zapatos de tacón alto rojos, y su cabello derramándose sobre los hombros en ondas y rizos. Tenía un libro abierto en su regazo – La Place de l‟Étoile de Patrick Modiano. Sabía bastante francés como para traducir el título. “El Sitio de la Estrella.” Ella miró a Alec, como si esperara verlo. “Hola Camille,” dijo él. Ella parpadeo lentamente. “Alexander Lightwood,” dijo ella. “Reconocí tus pasos en la escalera.” Puso el dorso de la mano contra su mejilla y le sonrió. Había algo distante en su sonrisa. Tenía toda la calidez del polvo. “Supongo que no tienes un mensaje de Magnus para mí.” Alec no dijo nada. “Por supuesto que no,” dijo ella. “Tonta que soy. Como si él supiera dónde estás” “¿Como supiste que era yo?, dijo. “En las escaleras.” “Eres un Lightwood,” ella dijo. “Tu familia nunca se rinde. Sabía que no te quedarías tranquilo después de lo que te dije esa noche. El mensaje de hoy solo fue para estimular tu memoria.” “No necesito que me recuerdes tu promesa. ¿O estabas mintiendo?” “Hubiera dicho lo que fuera por conseguir ser libre esa noche,” dijo. “Pero no estaba mintiendo.” Se inclinó hacia adelante, sus ojos brillantes y oscuros al mismo tiempo. “Eres Nefilim, de la Clave y del Consejo. Hay un precio sobre mi cabeza por asesinar Cazadores de Sombras. Pero yo ya sé que tu no viniste aquí para llevarme con ellos. Tu quieres respuestas.” “Quiero saber dónde está Jace,” dijo él. “Quieres saber eso,” respondió. “Pero no hay ninguna razón para que yo tenga la respuesta, y no la tengo. Te la daría si la tuviera. Sé que fue secuestrado por el hijo de Lilith, y no tengo ninguna razón para ser leal a ella. Ella se ha ido. Sé que ha habido algunas patrullas buscándome, para descubrir lo que yo pudiera saber. Puedo decírtelo ahora, no sé nada. Te diría donde está tu amigo si lo supiera. No tengo ninguna otra razón para enemistarme con los Nefilim.” Ella pasó una mano por su cabello rubio. “Pero eso no es por lo que estás aquí. Admítelo Alexander.” Alec sintió que su aliento se aceleraba. Había pensado en este momento, acostado por la noche junto a Magnus, escuchando la respiración del brujo, escuchando su propia respiración y contándolas. Cada aliento era uno más cerca de envejecer y morir. Cada noche llevándolo más cerca del fin de todo. “Dijiste que sabías un modo de hacerme inmortal,” dijo Alec. “Dijiste que sabías una forma de que Magnus y yo pudiéramos estar juntos para siempre.” “Lo hice, ¿no es así? Qué interesante.” “Quiero que me lo digas ahora.” “Y lo haré,” dijo ella, dejando a un lado su libro. “Por un precio.” “Sin precio,” dijo Alec. “Te dejé en libertad. Ahora dime lo que quiero saber. O te llevaré con la Clave. Ellos te encadenarán en el techo del Instituto y esperarán a que salga el sol.” Sus ojos fueron duros y planos. “No me importan las amenazas.” “Entonces dame lo que quiero.” Ella se puso de pie, sacudiendo con las manos el frente de su chaqueta, alisando las arrugas. “Ven y tómalo de mi Cazador de Sombras.” Fue como si toda la frustración la desesperación y el pánico de las semanas anteriores explotaran en Alec. Se lanzó por Camille justo cuando ella lo hacía hacia él, con los colmillos brotándole. Alec apenas tuvo tiempo de sacar su cuchillo serafín de su cinto antes de que ella estuviera sobre él. Había peleado con vampiros antes; su rapidez y fuerza eran sorprendentes. Era como pelear contra el ataque de un tornado. Se lanzó a si mismo hacia un lado, rodando a sus pies, y pateando una piedra caída en su dirección; la detuvo por un breve momento lo bastante como para que levantara el cuchillo y susurrara “Nuriel.” La luz del cuchillo seráfico explotó como una estrella, y Camille dudó y luego se tiró hacia él otra vez. Lo atacó, rasguñándole con sus largas uñas la mejilla y hombro. Él sintió la tibieza y la humedad de la sangre. Saltando la atacó, pero ella se alzó en el aire saliendo fuera de su alcance, riéndose y burlándose de él. Corrió por las escaleras que lo llevaban a la plataforma. Ella se apresuró detrás de él; se hizo a un lado, giró y se empujó con el muro hacia el aire, saltando justo cuando ella se le lanzaba. Chocaron a medio vuelo, ella gritando y acuchillándolo, y él manteniendo un agarre firme en su brazo, incluso cuando cayeron al suelo, quedándose casi sin aire. Manteniéndola en el suelo como apoyo para ganar la pelea, silenciosamente le agradeció a Jace, quien lo había hecho practicar giros una y otra vez en la sala de entrenamientos hasta que pudo usar casi cualquier superficie para lanzarse a sí mismo al aire por al menos un segundo o dos. La acuchilló con la hoja serafín mientras rodaban por el piso, y ella desvió sus ataques fácilmente, moviéndose tan rápido que era una mancha borrosa. Lo pateó con sus tacones altos, apuñalándole las piernas con sus puntas. El hizo un gesto de dolor y maldijo, y ella respondió con un impresionante torrente de suciedad que involucraban su vida sexual con Magnus, la vida sexual de ella con Magnus, y debió haber más de no haber sido que alcanzaron el centro de la habitación donde la luz cenital proyectaba un círculo de sol sobre el piso. Aferrando su muñeca Alec forzó la mano de Camille hacia debajo de la luz. Ella gritó cuando unas enormes ampollas blancas aparecieron en su piel. Alec podía sentir el calor burbujeando de su mano. Con los dedos entrelazados con los de ella, jaló la mano de vuelta a las sombras. Ella gruño y tiró mordidas hacia él. El la golpeó con el codo en la boca, reventándole el labio. Sangre de vampiro – brillante y roja, más brillante que la sangre humana – goteaba de la esquina de su boca. “¿Tuviste suficiente?” le gruñó. “¿Quieres más?”. El comenzó a forzar su mano de vuelta hacia la luz. Ya estaba comenzando a sanar, la piel ampollada y roja desvaneciéndose al rosa. “No!” jadeó ella, tosió y todo su cuerpo comenzó a temblar con espasmos. Después de un momento se dio cuenta que ella estaba riéndose – riéndose de él a través de la sangre. “Eso me hace sentir viva, pequeño Nefilim. Una buena pelea como esa – debería darte las gracias.” “Agradéceme respondiendo a mi pregunta.” Dijo Alec jadeando. “O te convertiré en cenizas. Estoy asqueado de tus juegos.” Sus labios se estrecharon en una sonrisa. Sus cortes ya estaban sanados, aunque su rostro aun estaba sangriento. “No hay ninguna manera de hacerte inmortal. No sin usar magia negra o convertirte en un vampiro y has rechazado esas opciones.” “Pero tu dijiste – dijiste que había otra manera de que pudiéramos estar juntos-“ “Oh, y la hay.” Sus ojos danzaban. “Tú no podrás ser capaz de conseguir la inmortalidad, pequeño Nefilim, al menos no en términos que sean aceptables para ti. Pero puedes quitársela a Magnus.” ::: Clary estaba sentada en su habitación en casa de Luke con una pluma apretada en la mano y una pieza de papel extendido en el escritorio frente a ella. El sol había caído, y la luz del escritorio estaba encendida, flameando sobre la runa que ella acababa de comenzar. Había comenzado a llegar en la estación del tren L rumbo a casa, cuando comenzó a ver sin mirar por la ventana. No era nada que hubiera existido antes, y se apuró a casa desde la estación mientras la imagen todavía estaba fresca en su mente, sacudiéndose de las preguntas de su madre, encerrándose en su habitación, poniendo la pluma en el papel – Un golpe sonó en la puerta. Rápidamente Clary deslizó el papel en el que estaba dibujando sobre una hoja de papel en blanco cuando su madre entró en la habitación. “Lo sé. Lo sé,” dijo Jocelyn levantando las manos en contra de las protestas de Clary. “Querías que te dejáramos sola. Pero Luke hizo la cena, y debes comer.” Clary le lanzó una mirada a su madre. “También tu.” A Jocelyn como a su hija se le iba el apetito con el estrés, y su cara se veía hueca. Debería estar preparándose para su luna de miel, alistando maletas para irse a algún lugar hermoso y lejano. En vez de eso la boda estaba pospuesta indefinidamente, y Clary podía escuchar su llanto durante la noche a través de las paredes. Clary conocía esa clase de llanto, nacido de la rabia y la culpa, un llanto que que decía „Esto es todo mi culpa‟. “Comeré si tu comes,” dijo Jocelyn forzando una sonrisa. “Luke hizo pasta.” Clary volteó su silla, inclinándola deliberadamente para ocultarle a su madre la vista del escritorio. “Mamá”, dio. “Hay algo que quiero preguntarte.” “¿Qué es?” Clary mordió la punta de la pluma, un mal habito que tenía desde que comenzó a dibujar. “Cuando estaba en la Ciudad Silenciosa con Jace, los Hermanos me dijeron que hay una ceremonia realizada en los Cazadores de Sombras al nacer, una ceremonia que los protege. Y que las Hermanas de Hierro y los Hermanos silenciosos tienen que realizarla. Y estaba preguntándome…” “¿Si la ceremonia se realizó alguna vez contigo?” Clary asintió. Jocelyn exhaló y se pasó las manos por el cabello. “Así fue,” dijo ella. “Lo arreglé con Magnus. Un Hermano Silencioso estuvo presente, alguien que juró guardar el secreto, y una mujer bruja que tomó el lugar de la Hermana Silenciosa. Casi no quería hacerla. No pensé que pudieras estar en peligro de lo sobrenatural después de que te escondí tan cuidadosamente. Pero Magnus me convenció y tuvo razón.” Clary la miró con curiosidad. “¿Quien era la mujer brujo?” “Jocelyn!” Era Luke llamándola desde la cocina. “El agua está hirviendo!” Jocelyn puso un beso rápido en la mejilla de Clary. “Lo siento. Una emergencia culinaria. ¿Te veo en cinco minutos?” Clary asintió y su madre salió apurada de la habitación, entonces se volteó a su escritorio. La runa que había estado creando todavía estaba ahí, burlándose en el borde de su mente. Comenzó a dibujar de nuevo, completando el diseño que había comenzado. Cuando terminó, se reclinó y contempló lo que había hecho. Se veía un poco como la runa de Apertura, pero no lo era. Era un patrón tan simple como una cruz y tan nuevo para el mundo como un bebé recién nacido. Tenía una amenaza dormida, una sensación de que había nacido de su furia y culpa y rabia impotente. Era una runa poderosa. Pero aunque sabía exactamente qué significaba y para que podía usarse, ella no pudo pensar en una sola forma en la que podría ser útil en la situación actual. Era como tener un automóvil descompuesto en una carretera solitaria, buscando desesperadamente en la cajuela y triunfantemente encontrar una extensión eléctrica en vez de cables para pasar corriente. Sentía como si su propio poder se estuviera burlando de ella. Con una maldición soltó la pluma en el escritorio y puso la cara entre las manos. ::: El interior del viejo hospital había sido cuidadosamente lavado, dejando un brillo tétrico a cada una de las superficies. Muchas de las ventanas estaban cubiertas con tablas pero incluso en la ligera luz la visión mejorada de Maia podía notar los detalles – la gruesa capa de polvo de yeso en los pisos de los pasillos, las marcas donde las luces de la construcción habían sido puestas, pedazos de cableado pegados en las paredes con grumos de pintura, ratones escabulléndose en las esquinas oscuras. Una voz habló detrás de ella. “He buscado en el ala este. Nada. ¿Qué tienes tú?” Maia se volvió. Jordan estaba de pie detrás de ella, usando pantalones oscuros y un suéter negro con el cierre medio cerrado sobre una camiseta verde. Ella sacudió la cabeza. “Nada en el ala oeste tampoco. Algunas lindas escaleras desvencijadas. Bonitos detalles de arquitectura, si ese tipo de cosas te interesan.” El negó con la cabeza. “Salgamos de aquí, entonces. Este lugar me da escalofríos.” Maia estuvo de acuerdo, aliviada de no ser quien tuviera que decirlo. Le siguió el paso a Jordan mientras caminaban lado a lado por unas escaleras cuya madera estaba tan cubierta de copos de yeso que parecía nieve. No estaba segura de por qué accedió a patrullar con él, pero no podía negar que hacían un equipo decente. Era fácil estar con Jordan. A pesar de lo que había pasado con ellos justo antes de que Jace desapareciera, él era respetuoso manteniendo su distancia, sin hacerla sentir incómoda. La luz de luna brillaba sobre ambos cuando salieron del hospital hacia el espacio abierto enfrente de éste. Era un gran edificio de mármol blanco cuyas ventanas altas parecían como ojos ciegos. Un árbol torcido dejando caer sus últimas hojas, se inclinaba frente a las puertas principales. “Bueno, esa fue una pérdida de tiempo,” dijo Jordan. Maia lo miró. Él estaba viendo al viejo hospital naval, lo cual ella prefería. Le gustaba Jordan cuando no la estaba mirando. De ese modo podía ver el ángulo de su quijada, la forma en que su cabello oscuro se rizaba contra su nuca, la curva de su clavícula debajo de la V de su camiseta, sin sentir como si él esperara algo porque ella lo estuviera mirando. Él había sido un niño bonito rebelde cuando lo conoció, todo ángulos y pestañas, pero él se veía mayor ahora, con nudillos callosos y músculos que se movían acompasadamente debajo de su ceñida camiseta verde. Todavía tenía el color olivo de su piel que hacía eco de su herencia italiana, y los ojos caramelo que ella recordaba, aunque ahora tenían las pupilas con el anillo dorado de la licantropía. Las mismas pupilas que veía en el espejo ahora cada mañana. Las pupilas que ella tenía por culpa de él. “¿Maia?” El la estaba mirando con curiosidad. “¿Qué piensas?” “Oh.” Parpadeó. “Yo, ah – No, no creo que haya tenido mucho sentido buscar en el hospital. Quiero decir, para ser honesta, ni siquiera veo por qué nos mandaron aquí. ¿El pabellón naval de Brooklyn? ¿Por qué estaría Jace aquí? No es como si le gustaran los botes.” La expresión de Jonathan fue de curiosidad a algo más oscuro. “Cuando los cuerpos alcanzan en East River, muchas veces son arrastrados hasta aquí. El pabellón naval.” “¿Piensas que estamos buscando un cadáver?” “No lo sé.” Encogiéndose de hombros se dio la vuelta y comenzó a caminar. Sus botas crujiendo en el pasto seco. “Quizás a este punto solo estoy buscando porque se siente mal darse por vencido.” Su paso era lento, sin prisas; caminaron hombro con hombro casi tocándose. Maia mantuvo los ojos fijos en el paisaje de Manhattan a través del río, un baño de luz blanca brillante reflejándose en el agua. Cuando se acercaron a la Bahía poco profunda de Wallabout, el arco del Puente de Brooklyn apareció a la vista, y el rectángulo iluminado del Puerto Naval de South Street a través del agua. Podía olerse el vapor contaminado del agua, la suciedad y el diesel del pabellón naval, el olor de pequeños animales moviéndose en el pasto. “No creo que Jace esté muerto,” dijo ella finalmente. “Creo que no quiere ser encontrado.” Y con eso Jordan la miró. “¿Estás diciendo que no deberíamos estar buscándolo?” “No.” Ella dudó. Habían llegado por el río hasta un muro bajo cercano; ella pasó la mano por encima de este mientras caminaban. Había una delgada franja de asfalto entre ellos y el agua. “Cuando huí hacia Nueva York, no quería ser encontrada. Pero me hubiera gustado la idea de que alguien estaba buscándome tan duro como todo el mundo está buscando a Jace Lightwood.” “¿Te agrada Jace?” “¿Qué si me agrada? Bueno, no de esa manera.” Jordan se rió. “No quise decirlo de esa manera. Aunque parece ser considerado en su mayoría como asombrosamente atractivo.” “¿Y vas decirme eso de que eres un chico heterosexual que pretende que no puede saber si otros chicos son atractivos o no? Jace y el chico velludo del Deli en la Novena, ¿todos lucen del mismo modo para ti?” “Bueno, el chico velludo tiene una verruga, así que creo que Jace le gana por poco. Si te gustan los rubios cincelados del tipo „Abercrombie&Fitch desearía poder pagarme”.” La miró por entre sus pestañas. “Siempre me gustaron los chicos con el cabello oscuro,” dijo ella en voz baja. El miró al río. “Como Simon.” “Bueno – sip.” Maya no había pensado en Simon de ese modo en mucho tiempo. “Supongo que sí.” “Y te gustan los músicos.” El se estiró y arrancó una hoja de una rama baja sobre su cabeza. “Digo, soy cantante, y Bat era un DJ y Simon-“ “Me gusta la música.” Maia se quitó el cabello de la cara. “¿Qué más te gusta?” Jordan rompió la hoja entre los dedos. Se detuvo y se impulsó para sentarse en el muro bajo dando la vuelta para encararla. “Me refiero a, ¿hay algo que te guste tanto que te gustaría hacerlo como para vivir de eso?” Ella lo miró sorprendida. “¿Qué quieres decir?” “¿Recuerdas como conseguí estos?” El se abrió el cierre del suéter y se lo sacó de los hombros. La camiseta que estaba usando debajo tenía las mangas cortas. Enredados alrededor de cada bíceps estaban palabras en Sanscrito de Mantras Shanti. Ella los recordaba bien. Su amiga Valerie las había tatuado, después de horas, gratis, en su tienda de tatuajes, en Red Bank. Maia dio un paso hacia él. Con él sentado y ella de pie, estaban casi ojo con ojo. Extendió la mano y dudando pasó los dedos alrededor de las letras tatuadas en su brazo izquierdo. Los ojos de él se cerraron con el roce. “Llévanos de lo irreal a lo real,” leyó ella en voz alta. “Llévanos de la oscuridad a la luz. Llévanos de la muerte a la inmortalidad.” Su piel se sentía suave bajo los dedos. “Del Unpanishads.” “Fueron tu idea. Tú eras quien siempre estaba leyendo. Tú eras quien sabía todo…” Abrió los ojos y la miró. Eran unos tonos más claros que el agua detrás de él. “Maia, lo que sea que quieras hacer, yo voy a ayudarte. He ahorrado un montón con mi salario del Praetor. Puedo dártelo… Puede cubrir tu colegiatura en Stanford. Bueno, la mayoría de ella. Si aún quieres ir.” “No lo sé,” dijo ella, su mente en una espiral. “Cuando me uní a la manada, pensé que no podía ser una chica lobo y cualquier otra cosa. Pensé que era todo sobre vivir en la manada, y no tener una identidad en realidad. Me sentía más segura de ese modo. Pero Luke tiene una vida. Tiene una librería. Y tú estás en el Praetor. Supongo… que puedes ser más de una cosa.” “Siempre lo has sido.” Su voz era baja, profunda. “Sabes, lo que dijiste antes- que cuando huiste te hubiera gustado que alguien te buscara.” Tomó un aliento profundo. “Yo estuve buscándote. Nunca dejé de hacerlo.” Ella encontró su mirada dorada. Él no se movió, pero sus manos sujetándose las rodillas estaban blancas. Maia se inclinó hacia adelante, lo bastante cerca para ver el ligero temblor en su quijada, para oler el aroma de él, olor a lobo, a pasta de dientes y a muchacho. Puso las manos sobre las de él. “Bueno,” dijo ella. “Me encontraste.” Sus caras estaban a solo pulgadas de distancia. Sintió su aliento contra los labios antes de que la besara, y ella se dejó llevar, cerrando los ojos. Su boca era tan suave como la recordaba, sus labios frotando los suyos amablemente enviando escalofríos por toda ella. Levantó los brazos y los enredó en su cuello, para deslizar los dedos en su cabello rizado, para ligeramente tocar la piel desnuda en su nuca, en el límite del collar desgastado de su camiseta. El la jaló más cerca. Estaba temblando. Ella sintió el calor de su cuerpo fuerte contra el de ella cuando sus manos se deslizaron por su espalda. “Maia,” susurró. Comenzó a levantar la bastilla de su suéter, sus manos sujetando la parte baja de su espalda. Sus labios se movieron contra los de ella. “Te amo. Nunca dejé de amarte.” Eres mía. Siempre mía. Con el corazón golpeando como un martillo se alejó de él abruptamente bajando su sueter. “Jordan- para.” La miró con una expresión sorprendida y preocupada. “Lo siento. ¿No estuvo bien? No he besado a nadie más que a ti, no desde…” El se cortó. Ella negó con la cabeza. “No, es solo que – no puedo.” “Está bien,” dijo él. Se veía muy vulnerable, sentado ahí, con la decepción escrita por toda su cara. “No tenemos que hacer nada-“ Ella se retorció buscando palabras. “Simplemente es demasiado.” “Solo fue un beso.” “Dijiste que me amas.” Su voz tembló. “Me ofreciste darme tus ahorros. No puedo aceptar eso de ´ti.” “¿Cuál?” dijo con dolor tiñéndole la voz. “¿Mi dinero o la parte del te amo?” “Ninguna. Simplemente no puedo, ¿está bien? No contigo y no ahora.” Ella comenzó a irse. El estaba mirándola con la boca abierta. “No me sigas por favor,” dijo ella y se volteó para apurarse por donde habían venido.
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Mensaje por StephRG14 el Mar 05 Mayo 2015, 5:33 pm

Capitulo 5; Hijo de Valentine


Estaba soñando con paisajes congelados otra vez. Tundra mordaz que se extendía en todas direcciones, hielo flotando a la deriva por las oscuras aguas del océano Artico, nieve cubriendo las montañas y ciudades talladas en hielo cuyas torres brillaban como las torres demonio de Alicante. En frente de la Ciudad congelada estaba un lago congelado. Clary estaba deslizándose por una pendiente, tratando de alcanzar el lago aunque no estaba segura de por qué. Dos figuras oscuras estaban de pie en el centro del agua congelada. Mientras se acercaba al lago patinando en la superficie de la pendiente, sus manos quemaron con el contacto del hielo y la nieve le llenaba los zapatos, vio que una figura era un muchacho con alas negras que se extendían a su espalda como las de un cuervo. Su cabello era tan blanco como todo alrededor de ellos. Sebastian. Y junto a Sebastian estaba Jace, el color en su cabello era el único color en ese paisaje congelado que no era blanco o negro. Cuando Jace le dio la espalda a Sebastian y comenzó a caminar hacia Clary, aparecieron alas en su espalda que eran blancas y doradas y brillantes. Clary se deslizó los últimos pies hasta la superficie congelada del lago y cayó sobre las rodillas, exhausta. Sus manos estaban azules y sangrando, los labios partidos, le ardían los pulmones con cada aliento helado. “Jace” susurró. Y él estaba ahí, poniéndola de pie, sus alas envolviéndose alrededor de ella, y ella estaba tibia de nuevo, su cuerpo descongelándose desde su corazón a través de sus venas, dándole vida a sus manos y pies con un hormigueo que era medio doloroso y medio placentero. “Clary,” dijo él acariciando su cabello tiernamente. “¿Me prometes que no vas a gritar?” ::: Clary abrió los ojos. Por un momento se sintió tan desorientada que el mundo parecía estar girando alrededor de ella como la vista que se tiene desde un carrusel en movimiento. Estaba en su habitación en la casa de Luke – el futón conocido debajo de ella, su guardarropa con el espejo roto, la tira de ventanas que tenían vista hacia el East River, el calentador escupiendo y zumbando. Una luz tenue se derramaba por las ventanas y un ligero brillo rojo venía de la alarma contra incendios sobre el armario. Clary estaba recostada de lado, debajo de una pila de mantas y su espalda estaba deliciosamente tibia. Un brazo estaba puesto sobre su costado. Por un momento en el mareo de la semi-inconsciencia se preguntó si Simon se había metido por la ventana del modo en que solían dormir en la misma cama cuando eran pequeños. Pero Simon no tenía calor corporal. Su corazón se le deslizó en el pecho. Ahora completamente despierta se revolvió debajo de las mantas. Junto a ella estaba Jace, acostado de lado, mirándola con la cabeza apoyada en una mano. La luz difusa de la luna formaba un halo con su cabello, y sus ojos brillaban dorados como los de un gato. Estaba completamente vestido, aun usando la camiseta blanca de manga corta que le había visto usar más temprano ese mismo día, y sus brazos desnudos tenían runas enredadas como viñas trepadoras. Sorbió un aliento de sorpresa. Jace, su Jace, nunca la había visto de esa manera. El la había visto con deseo pero no de esta mirada floja, predadora, absorbente que hacía que su corazón palpitara desacompasadamente en su pecho. Abrió la boca para decir su nombre o para gritar, no estaba segura, y nunca tuvo la oportunidad de averiguarlo; Jace se movió tan rápido que ni siquiera lo vio. Un momento estaba recostado junto a ella, y el siguiente estaba encima de ella con una mano apretada contra su boca. Sus piernas aferrándole las caderas; podía sentir su cuerpo delgado y musculoso presionado contra ella. “No voy a lastimarte,” dijo él. “Nunca te lastimaría. Pero no quiero que grites. Necesito hablar contigo.” Ella lo miró furiosa. Para su sorpresa él ser rió. Su risa familiar, amortiguada en un susurro. “Puedo leer tus expresiones Clary Fray. En el minuto en que quite mi mano de tu boca vas a gritar. O usar tu entrenamiento para romperme las muñecas. Vamos, promete que no lo harás. Júralo por el Ángel. Esta vez ella rodó los ojos. “Está bien, tienes razón,” dijo él. “No puedes jurar con mi mano sobre tu boca. Voy a quitarla. Y si gritas-“ Inclinó la cabeza a un lado; oro pálido cayendo sobre sus ojos. “Voy a desaparecer.” Quitó su mano. Ella todavía estaba acostada muy quieta, respirando duro, la presión de su cuerpo sobre ella. Sabía que él era más rápido que ella, que no había modo de que lo pudiera superar, pero por el momento el parecía estar tratando su interacción como un juego, algo divertido. Se inclinó más cerca de ella y se dio cuenta de que su blusa se había subido, y pudo sentir los músculos de su estómago plano y duro contra su piel desnuda. Su cara se ruborizó. A pesar del calor en su cara; se sentía como si frías agujas de hielo estuvieran corriendo por sus venas. “¿Qué estás haciendo aquí?” El se echó para atrás un poco contrariado. “Esa no es en verdad una respuesta a mi pregunta ¿sabes? Estaba esperando algo más como un coro de Aleluya. Quiero decir no es como si todos los días tu novio regresa de la muerte.” “Yo ya sabía que no estabas muerto.” Ella habló a través de sus labios adormecidos. “Te vi en la biblioteca. Con-“ “¿El coronel Mostaza?” “Sebastian.” El dejó salir el aliento en una corta risa. “Yo también sabía que estabas ahí. Pude sentirlo.” Ella sintió su cuerpo tensarse. “Me dejaste pensar que te habías ido,” dijo. “Más que eso. Yo pensé – Yo en serio pensé era posible que tu-“se cortó. No podía decirlo. Muerto. “Es imperdonable. Si yo te hubiera hecho lo mismo a ti –“ “Clary.” El se inclinó otra vez sobre ella; sus manos eran tibias sobre las muñecas; su aliento suave en su oído. Ella podía sentir todas las partes en donde sus pieles desnudas se tocaban. Era horriblemente distractor. “Tenía que hacerlo. Era muy peligroso. Si te lo decía hubieras tenido que elegir entre decirle al Consejo que todavía estaba vivo – y dejarlos herirme – y mantener un secreto que te haría un cómplice ante sus ojos. Entonces cuando te vi en la biblioteca tuve que esperar. Necesitaba saber si todavía me amabas, si ibas con él Consejo o no por lo que viste. No lo hiciste. Tuve que darme cuenta que yo te importo más que la Ley. Y es así ¿cierto?” “No lo sé,” susurró ella. “No lo sé. ¿Quién eres?” “Sigo siendo Jace,” respondió. “Todavía te amo.” Lágrimas calientes le llenaron los ojos. Parpadeó y se derramaron por su cara. Él suavemente inclinó la aveza y le besó las mejillas y luego la boca. Ella probó sus propias lágrimas, saladas en sus labios, y él le abrió la boca con la suya, cuidadosamente, amablemente. El sabor conocido y la sensación de él la inundaron, y se dejó llevar por una fracción de segundo, sus dudas consumidas en la ceguera de su cuerpo, el reconocimiento irracional de la necesidad de tenerlo cerca, de tenerlo ahí – justo cuando la puerta de su dormitorio se abrió. Jace la dejó ir. Clary instantáneamente se alejó de él, removiéndose para bajarse la blusa. Jace se estiró para sentarse con una gracia floja y sin prisa, y sonriéndole a la persona que estaba de pie en la entrada. “Bueno, bueno,” dijo Jace. “Debes tener la peor sincronización desde que Napoleón decidió que lo más crudo del Invierno era el momento perfecto para invadir Rusia.” Era Sebastian. De cerca, Clary pudo ver más las diferencias en él desde cuando lo conoció en Idris. Su cabello era blanco como el papel, sus ojos negros túneles enmarcados por pestañas tan largas como patas de arañas. Usaba una camiseta blanca con las mangas remangadas y pudo ver una cicatriz roja alrededor de su muñeca como un brazalete puntiagudo. Había una cicatriz a través de la palma de su mano también que se veía nueva y cruda. “Esa es mi hermana a la que estás tratando de profanar ahí,” dijo, moviendo su negra mirada hacia Jace. Había diversión en su expresión. “Lo siento,” Jace no sonaba arrepentido. Estaba inclinándose sobre las mantas, como la gracia de un gato. “Nos dejamos llevar.” Clary jaló aire. Sonó áspero en sus propios oídos. “Largo,” le dijo a Sebastian. Él se inclinó contra el marco del a puerta, el codo y la cadera y ella se sorprendió de la similitud del movimiento con los de Jace. No se parecían, pero se movían parecido. Como si – Como si hubieran sido entrenados por la misma persona. “Vamos,” dijo él, “¿ese es el modo de hablarle a tu hermano mayor? “ “Magnus debió dejarte como un perchero,” escupió Clary. “Oh, ¿tu también recuerdas eso? Pensé que lo habíamos pasado muy bien ese día.” El sonrió un poco, y Clary con un salto enfermizo en su estómago recordó como él la había llevado a los restos quemados de la antigua casa de su madre, como la había besado entre las cenizas sabiendo todo el tiempo quienes eran en realidad el uno del otro, deleitándose en el hecho de que ella no lo sabía. Miró de reojo a Jace. El sabía perfectamente que Sebastian la había besado. Sebastian se había burlado de él con eso, y Jace casi lo había matado. Pero ahora no se veía enojado; se veía divertido y medio molesto por haber sido interrumpido. “Deberíamos hacerlo de nuevo,” dijo Sebastian, revisándose las uñas. “Tener algo de tiempo familiar.” “No me importa lo que creas, tú no eres mi hermano.” Dijo Clary. “Eres un asesino.” “En realidad no veo como esas dos cosas se cancelan entre sí,” dijo Sebastian. “No es como si lo hubieran hecho en el caso de nuestro querido papá.” Su mirada se movió perezosamente de vuelta a Jace. “Normalmente odio meterme en la vida amorosa de un amigo, pero en realidad me molesta estar aquí de pie parado en este pasillo indefinidamente. Especialmente cuando no puedo prender las luces. Es aburrido.” Jace se sentó derecho acomodándose la camisa. “Danos cinco minutos.” Sebastian suspiró exageradamente y cerró la puerta. Clary miró fijamente a Jace. “Que mie-“ “Lenguaje Fray.” Los ojos de Jace danzaban. “Relájate.” Clary señaló con la mano hacia la puerta. “Escuchaste lo que dijo. Sobre el día que me besó. El sabía que yo era su hermana. Jace-“ Algo relampagueó en sus ojos, oscureciendo el oro, pero cuando habló de nuevo, fue como si sus palabras hubieran impactado una superficie de teflón y hubieran rebotado sin causar ninguna impresión. Ella se alejó de él. “Jace, ¿estás escuchando algo de lo que estoy diciendo?” “Mira, entiendo que estés incómoda con tu hermano esperando en el pasillo. Yo no había planeado besarte.” El sonrió del modo en que, en algún otro momento, hubiera encontrado adorable. “Solo pareció una buena idea en su momento.” Clary se salió de la cama, mirándolo fijamente. Alcanzó una bata que estaba colgada en la cabecera y se la puso. Jace la miró sin hacer ningún movimiento para detenerla, aunque sus ojos brillaban en la oscuridad. “Yo- ni siquiera lo entiendo. Primero desapareces, y ahora vuelves actuando como si ni siquiera debiera importarme o recordarlo-“ “Te lo dije,” respondió. “Tenía que estar seguro de ti. No quería ponerte en la posición de saber donde estaba mientras la Clave todavía estaba investigándote. Pensé que sería difícil para ti – “ “¿Difícil para mí?” Estaba casi sin aliento de la rabia. “Los exámenes son difíciles. Carreras con obstáculos son difíciles. Tu desaparecido, eso casi me mata, Jace. Y que crees que le has hecho a Alec? Isabelle? Maryse? Sabes cómo ha sido? Puedes imaginarlo? No saber, la búsqueda –“ Esa extraña mirada paso otra vez por su cara, como si estuviera escuchando sin escuchar al mismo tiempo. “Oh si, Iba a preguntar.” Sonrió como un ángel. “¿Están todos buscándome?” “Que si están-“sacudió la cabeza, poniéndose la bata más apretada. De pronto sentía la necesidad de estar cubierta enfrente de él, en frente de toda esa familiaridad y belleza y de esa adorable sonrisa predadora que decía que estaba dispuesto a hacer lo que fuera con ella, a ella, sin importar quien estuviera esperando en el pasillo. “Esperaba que pusieran volantes como se hace con los gatos perdidos,” dijo. “Se busca a un adolescente sorprendentemente atractivo. Responde al nombre de „Jace‟, o „Cosa Sexy‟.” “No dijiste eso.” “¿No te gusta „cosa sexy‟? ¿Crees que „dulces cachetes‟ es mejor? ¿‟Bollito del amor‟? Ese último es un poco exagerado. Aunque técnicamente mi familia es británica –“ “Cállate,” le dijo salvajemente. “Y lárgate.” “Yo…” él parecía desconcertado, y recordó que tan sorprendido estuvo fuera de la casa solariega cuando lo rechazó. “Muy bien. Voy a ponerme serio. Clarissa, estoy aquí porque quiero que vengas conmigo.” “¿Ir contigo a dónde?” “Ven conmigo,” dijo él y luego dudó, “y Sebastian. Te lo explicaré todo.” Por un momento se quedó congelada, sus ojos fijos en los de él. La luz plateada de la luna delineaba las curvas de su boca, la forma de sus mejillas y la sombra de sus pestañas, el arco de su garganta. “La última vez que fui contigo a alguna parte, terminé inconsciente y arrastrada al centro de una ceremonia de magia negra.” “Ese no era yo. Era Lilith.” “El Jace Lightwood que conozco no estaría en la misma habitación con Jonathan Morgenstern sin matarlo.” “Pensé que eso te iba a parecer contraproducente,” dijo Jace a la ligera metiendo los pies en sus botas. “Estamos vinculados, él y yo. Córtalo a él y yo sangraré.” “¿Vinculados? ¿Qué quieres decir con vinculados?” Sacudió su cabello ignorando la pregunta. “Esto es más grande que tu, entiéndelo Clary. El tiene un plan. Está dispuesto a trabajar, a sacrificarse. Si me das una oportunidad de explicar –“ “El mató a Max, Jace,” dijo ella. “A tu hermano pequeño.” El hizo un gesto de dolor y por un momento de cruda esperanza pensó que había logrado llegar a él – pero su expresión se suavizo como una sábana siendo alisada. “Eso fue – eso fue un accidente. Además Sebastian es mi hermano por igual.” “No.” Clary negó con la cabeza. “El no es tu hermano. Es mío. Dios sabe que desearía que no fuera cierto. El nunca debió haber nacido.” “¿Cómo puedes decir eso?” demandó Jace. Puso las piernas fuera de la cama. “¿Nunca has considerado que las cosas quizás no son tan negras o blancas como piensas?” Se inclinó para tomar su cinto de armas y sujetárselo. “Hubo una guerra Clary, y la gente salió herida, pero – las cosas eran distintas entonces. Ahora conozco a Sebastian, él nunca lastimaría a nadie intencionalmente. Está sirviendo a una causa mayor. A veces hay daños colaterales –“ “¿Acabas de llamar a tu propio hermano un daño colateral?” Su voz se elevó en un grito de incredulidad. Sentía como si no pudiera respirar. “Clary no me estás escuchando. Esto es importante –“ “¿Así como Valentine pensaba que estaba haciendo algo importante?” “Valentine estaba equivocado,” dijo él. “Estaba en lo correcto en decir que la Clave estaba corrupta pero equivocado en la forma en que debían arreglarse las cosas. Pero Sebastian está en lo correcto. Si solo nos escucharas –“ “‟Nos‟,” dijo ella. “Por Dios. Jace…” Estaba mirándola desde la cama, y aunque ella sentía su corazón rompiéndose su mente estaba corriendo, tratando de recordar donde estaba su estela, preguntándose si podría alcanzar la navaja en el cajón de su mesa de noche. Preguntándose si podría forzarse a sí misma a usarla si la conseguía. “¿Clary?” Jace inclinó la cabeza, estudiando su cara. “Aún – Aún me amas, ¿cierto?” “Amo a Jace Lightwood,” dijo ella. “No sé quién eres tú.” Su rostro cambió pero antes de que ella pudiera hablar un grito rompió el silencio. Un grito y el sonido de un vaso rompiéndose. Clary supo inmediatamente de quien era la voz. Era su madre. Sin otra mirada hacia Jace, abrió de golpe la puerta de su habitación y salió al pasillo y luego a la sala de estar. La sala de la casa de Luke era larga dividida de la cocina por una larga barra. Jocelyn en pantalones de yoga y una camiseta delgada, con el cabello recogido en un moño desordenado, estaba parada junto a la barra. Claramente había venido a la cocina por algo para beber. Un vaso estaba quebrado a sus pies, el agua empapando la alfombra gris. Todo el color se había ido de su rostro dejándola tan blanca como arena desteñida. Estaba mirando a través de la habitación y aun antes de que Clary volteara su cabeza, ya sabía que es lo que su madre estaba viendo. A su hijo. Sebastian estaba recargado junto a la pared de la sala cerca de la puerta, con ninguna expresión en su rostro anguloso. Bajó los párpados y miró a Jocelyn a través de sus pestañas. Algo en su postura, su aspecto, podría haber pasado por la imagen de Valentine a los 17 años en la fotografía de Hodge. “Jonathan,” susurró Jocelyn. Clary se quedó congelada, incluso cuando Jace salió apresurado al pasillo y se dio cuenta de la escena frente a él en un momento y se detuvo. Su mano izquierda estaba en el cinto de armas; sus delgados dedos estaban a centímetros de una de sus dagas, pero Clary sabía que le tomaría menos que segundos sacarla. “Me dicen Sebastian ahora,” dijo el hermano de Clary. “Llegué a la conclusión de que no estaba interesado en mantener el nombre que tu y mi padre me dieron. Ambos me traicionaron, así que prefiero tener la menor relación posible con ustedes.” El agua estaba esparcida en un charco de cristales rotos en los pies de Jocelyn. Dio un paso adelante con los ojos intensamente fijos en el rostro de Sebastian. “Pensé que estabas muerto,” susurró. “Muerto. Vi tus huesos convertidos en cenizas.” Sebastian la miró con sus ojos negros tranquilos y estrechos. “Si fueras una madre de verdad,” dijo, “una buena madre, hubieras sabido que estaba vivo. Hubo un hombre una vez que dijo que las madres cargaban consigo la llave de nuestras almas durante toda nuestra vida. Pero tú te deshiciste de la mía.” Jocelyn hizo un sonido en el fondo de su garganta. Estaba inclinándose en la barra por soporte. Clary quería correr hacia ella, pero sus pies se sentían congelados en el suelo. Lo que fuera que estuviera sucediendo entre su hermano y su madre, era algo que no tenía nada que ver con ella. “No me digas que no estás un poquito contenta de verme, Madre,” dijo Sebastian, y aunque sus palabras eran suplicantes, su voz era plana. “¿No soy todo lo que deseaste en un hijo?” Extendió los brazos ampliamente. “Fuerte, guapo, justo como mi querido papá.” Jocelyn sacudió la cabeza, su rostro estaba gris. “¿Qué quieres Jonathan?” “Lo que todo el mundo quiere,” dijo Sebastian. “Quiero lo que se me debe. En este caso el legado de los Morgenstern.” “El legado de los Morgenstern es sangre y devastación,” dijo Jocelyn. “No somos Morgenstern aquí. Yo no, y tampoco mi hija.” Se enderezó, su mano aun aferrándose a la barra, pero Clary pudo ver algo del viejo fuego regresando a la expresión de su madre. “Si te vas ahora, Jonathan, no le diré a la Clave que estuviste aquí.” Sus ojos se movieron hacia Jace. “O tú. Si ellos saben que están cooperando, los matarán a los dos.” Clary se movió enfrente de Jace, pensativamente. El miró más allá de ella por encima del hombro a su madre. “¿Te importa si muero?” dijo Jace. “Me importa lo que le pasaría a mi hija,” dijo Jocelyn. “Y la Ley es dura – demasiado dura. Lo que te pasó puede que sea posible deshacerlo.” Sus ojos se movieron a Sebastian. “En cuanto a ti – mi Jonathan – es demasiado tarde.” La mano que había estado aferrándose a la barra se movió hacia adelante sosteniendo el cuchillo kindjal de Luke. Lagrimas cayeron por el rostro de Jocelyn. Pero su aferre en el cuchillo era firme. “Me veo justo como él, ¿verdad?” dijo Sebastian moviéndose. Parecía ni siquiera notar el cuchillo. “Valentine. Por eso es que me miras de ese modo.” Jocelyn sacudió la cabeza. “Te ves como siempre te viste, desde el primer momento en que te vi. Pareces algo del demonio.” Su voz era dolorosamente triste. “Los siento.” “¿Qué cosa?” “Por no haberte asesinado cuando naciste,” dijo y salió de detrás de la barra, girando el kindjal en su mano. Clary se tensó pero Sebastian no se movió. Sus ojos oscuros siguieron a los de su madre cuando ella se acercó a él. “¿Eso es lo que quieres,” dijo. “¿Qué esté muerto?” Abrió los brazos, como si fuera a abrazar a Jocelyn, y dio un paso adelante. “Adelante. Comete filicidio. No te detendré.” “Sebastian,” dijo Jace. Clary le lanzó una mirada incrédula. ¿En serio sonaba preocupado? Jocelyn dio otro paso al frente. El cuchillo era un borrón en su mano. Cuando se detuvo, la punta estaba señalando justo el corazón de Sebastian. Aún así, él no se movió. “Hazlo,” dijo suavemente. Inclinando su cabeza a un lado. ¿En serio puedes hacerlo? Pudiste haberme matado cuando nací. Pero no lo hiciste.” Su voz se hizo más baja. “Quizás tu sabes que no existe eso del amor condicionado por un hijo. Quizás si me amas lo suficiente, puedes salvarme.” Por un momento se miraron el uno al otro, madre e hijo, ojos verdes de hielo encontrándose con unos negros como el carbón. Había unas líneas duras en las esquinas de la boca de Jocelyn que Clary podría haber jurado que no estaban ahí dos semanas antes. “Estás fingiendo,” dijo ella con la voz temblándole. “Tú no sientes nada, Jonathan. Tu padre te enseñó a pretender emociones humanas, del mismo modo en que uno le enseña a un perico a repetir palabras. Este no entiende lo que está diciendo, y tampoco tú. Desearía – oh Dios, - desearía que sí. Pero –“ Jocelyn levantó el cuchillo en un arco rápido limpio y tajante. Un golpe perfectamente colocado, hubiera sido enviado justo debajo de las costillas de Sebastian y hasta su corazón. Hubiera sido así si él no se hubiera movido más rápido incluso que Jace; se lanzó lejos y hacia atrás y la punta del cuchillo le cortó solo un rasguño a lo largo de su pecho. Junto a Clary, Jace contuvo el aliento. Ella se giró para mirarlo. Estaba extendiéndose una mancha roja por el frente de su camisa. El puso su mano sobre ésta; los dedos se mancharon de sangre. Estamos vinculados. Córtalo a él y yo sangraré. Sin otro pensamiento Clary atravesó la habitación lanzándose entre Jocelyn y Sebastian. “Mamá,” jadeó. “Para.” Jocelyn todavía estaba sujetando el cuchillo, sus ojos en Sebastian. “Clary quítate del camino.” Sebastian comenzó a reírse. ¿No es dulce?,” dijo él. “Una hermana menor defendiendo a su hermano mayor.” “No estoy defendiéndote a ti.” Clary mantuvo sus ojos en el rostro de su madre. “Lo que sea que le pase a Jonathan le pasa a Jace. ¿Entiendes eso mamá? Si lo matas, Jace muere. Ya está sangrando. Mamá por favor.” Jocelyn estaba sujetando todavía el cuchillo, pero su expresión era insegura. “Clary…” “Bueno que incómodo,” observó Sebastian. “Estoy interesado en ver como resuelven esto. Después de todo no tengo ninguna razón para marcharme.” “Si, en realidad sí,” vino una voz desde el pasillo, “la tienes.” Era Luke, descalzo en pantalones y un suéter viejo. Parecía despeinado y extrañamente más joven sin sus lentes. También tenía un rifle balanceado sobre su hombro, el cañón apuntando directamente a Sebastian. “Este es un Winchester calibre veinte de bombeo. La manada lo usa para derribar a los lobos cuando se han vuelto salvajes,” dijo. “Incluso si no te mato, puedo volarte una pierna, Hijo de Valentine.” Fue como si todo el mundo en la habitación hubiera dado un rápido jadeo al mismo tiempo – todos excepto Luke. Y Sebastian cuya sonrisa dividía su rostro a la mitad, se dio la vuelta y caminó hacia Luke, como si no se diera cuenta del arma. “Hijo de Valentine,” dijo. “¿Así es como piensas de mi? En otras circunstancias podrías haber sido mi padrino.” “En otras circunstancias,” dijo Luke pasando el dedo al gatillo. “Podrías haber sido humano.” Sebastian se detuvo. “Lo mismo podría ser dicho de ti, hombre lobo.” El mundo parecía haberse vuelto más lento. Luke miró a través del cañón del rifle. Sebastian se quedó de pie sonriendo. “Luke,” dijo Clary. Era como uno de esos sueños, una pesadilla en la que quería gritar pero todo lo que salía de su garganta era un susurro. “Luke, no lo hagas.” El dedo de su padrastro en el gatillo se tensó – y entonces Jace se movió como una explosión, lanzándose a sí mismo de junto a Clary por encima del sofá y cayendo sobre Luke justo cuando el arma se disparaba. El tiro salió amplio; una de las ventanas se rompió hacia afuera cuando la bala se impactó en ella. Luke se quedó sin balance y se tambaleó hacia atrás. Jace le quitó el arma de las manos y la tiró por la ventana rota y Jace se volvió hacia el hombre mayor. “Luke -“ comenzó. Luke lo golpeó. Incluso sin saber todo lo que sabía, la impresión de ver a Luke, quien se había puesto de parte de Jace incontables veces en contra de su madre, de Maryse, de la Clave – Luke quien básicamente era amable y dulce – verlo golpear casualmente a Jace en la cara fue como si hubiera golpeado a Clary en su lugar. Jace totalmente desprevenido, fue lanzado hacia atrás a la pared. Y Sebastian, quien hasta ahora no había mostrado ninguna emoción real excepto burla y disgusto, gruñó – gruñó y sacó de su cinturón una daga larga y delgada. Los ojos de Luke se abrieron y comenzó a alejarse pero Sebastian era más rápido que él – más rápido que cualquiera que Clary hubiera visto. Más rápido que Jace. Puso la daga en el pecho de Luke retorciéndola duramente antes de sacarla, roja hasta la empuñadura. Luke cayó contra el muro – y luego se deslizó por él dejando una línea roja de sangre detrás mientras Clary lo miraba horrorizada. Jocelyn gritó. El sonido fue peor que el ruido de la ventana rompiéndose, aunque Clary lo escuchó como si viniera de una gran distancia, o como si estuviera debajo del agua. Estaba mirando a Luke quien había colapsado en el suelo, la alfombra alrededor de él rápidamente volviéndose roja. Sebastian levantó la daga otra vez y Clary se lanzó hacia él, estrellándose tan fuerte como pudo contra su hombro, tratando de sacarlo de balance. Apenas lo movió, pero soltó la daga. Se volvió hacia ella. Estaba sangrando de un labio partido. Clary no sabía por qué, hasta que vio a Jace entrar en su campo de visión y vio la sangre en su boca donde Luke lo había golpeado. “Basta!” Jace cogió a Sebastian de la espalda de su chaqueta. Estaba pálido sin mirar a Luke o a Clary. “Detente. Eso no es por lo que vinimos.” “Déjame ir –“ “No.” Jace se estiró y tomó la mano de Sebastian. Buscó los ojos de Clary. Sus labios formando palabras – hubo un relámpago plateado, un anillo en el dedo de Sebastian – y entonces ambos se habían ido, saliendo de la existencia en un parpadeo, entre un aliento y otro. Justo cuando se desvanecieron, el golpe de algo metálico sonó el aire donde ellos habían estado, y se clavó en el muro. El kindjal de Luke. Clary se volvió hacia su madre, quien había lanzado el cuchillo. Pero Jocelyn no estaba mirando a Clary. Estaba atravesando la habitación al lado de Luke, cayendo sobre sus rodillas en la alfombra sangrienta, y jalándolo a su regazo. Sus ojos estaban cerrados. La sangre caía de las comisuras de su boca. La daga de Sebastian brillando con más sangre, estaba tirada a un pie de distancia. “Mamá,” susurró Clary. “Está –“ “La daga era de plata.” La voz de Jocelyn se quebró. “No va a curarse tan rápido como debería, no sin un tratamiento especial.” Tocó la cara de Luke con sus dedos. Su pecho estaba moviéndose, superficialmente Clary vio con alivio. Pudo sentir las lágrimas quemando en el fondo de su garganta y por un momento estaba sorprendida de ver la calma de su madre. Pero esta era la mujer que una vez había estado de pie en las cenizas de su hogar, rodeada por los cuerpos ennegrecidos de su familia, incluyendo sus padres e hijo, y había salido de eso. “Trae algunas toallas del baño,” le dijo su madre. “Tenemos que detener el sangrado.” Clary se puso de pie y fue casi a ciegas hacia el pequeño baño de Luke. Había una toalla gris colgando detrás de la puerta. La jaló y regresó a la sala. Jocelyn estaba sosteniendo a Luke en su regazo con una mano; en la otra estaba un teléfono móvil. Lo dejó y estiró la mano para tomar la toalla cuando Clary entró. Doblándola a la mitad, la puso sobre la herida en el pecho de Luke y la aplastó. Clary miró como los bordes de la toalla gris se volvían escarlata con la sangre. “Luke,” susurró Clary. El no se movió. Su rostro era de un horrible color gris. “Acabo de llamar a su manada,” dijo Jocelyn. N miró a su hija. Clary se dio cuenta que Jocelyn no le había hecho ni una sola pregunta sobre Jace y Sebastian, o por qué Jace salió de su habitación o lo que habían estado haciendo ahí. Estaba completamente enfocada en Luke. “Hay algunos miembros patrullando el área. Tan pronto como lleguen aquí tenemos que irnos. Jace volverá por ti.” “No sabes eso, -“ comenzó Clary susurrando a través de su garganta reseca. “Lo sé,” dijo Jocelyn. “Valentine vino por mi después de quince años. Así son los hombres Morgenstern. Nunca se dan por vencidos. Vendrá por ti de nuevo.” Jace no es Valentine. Pero las palabras murieron en los labios de Clary. Quería dejarse caer en las rodillas y tomar la mano de Luke y sostenerla firmemente, decirle que lo amaba. Pero recordó las manos de Jace sobre ella en su habitación, y no lo hizo. Era su culpa. Ella no merecía consolar a Luke o a sí misma. Merecía el dolor y la culpa. El ruido de unos pasos sonó en el porche y el bajo murmullo de voces. La cabeza de Jocelyn se levantó de pronto. La manada. “Clary, ve y recoge tus cosas,” dijo ella. “Toma lo que creas que necesitas, pero no más de lo que puedas cargar. No vamos a volver a esta casa.”
StephRG14


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Mensaje por StephRG14 el Mar 05 Mayo 2015, 5:37 pm

Capitulo 6; Ningún arma en este mundo


Pequeños copos de nieve habían comenzado a caer desde el cielo color gris-acero como plumas Clary y su madre se apresuraron a lo largo de Greenpoint Avenue, las cabezas inclinadas contra el viento frío que sale del East River. Jocelyn no había dicho una palabra desde que había dejado a Luke en la estación de policía en desuso que servía de base sede. Todo había sido un desastre –la manada había llevado a su líder el kit de curación, Clary y su madre luchando para obtener una visión de Luke mientras los lobos parecía a cerrar filas en contra de ellas. Ella sabía por qué no podían llevarlo a un hospital mundano, pero había sido duro, más allá de difícil, dejarlo allí, en el cuarto encalado que les servía de enfermería. No es que a los lobos no les gustaran Jocelyn o Clary. La novia de Luke y su hija no eran parte de la manada. Nunca lo serían. Clary miró a su alrededor buscando en Maia, un aliado, pero ella no había estado allí. Finalmente, Jocelyn había enviado a Clary a esperar en el corredor ya que la habitación había estado demasiada llena de gente, y Clary se tumbado en el suelo, sosteniendo su mochila en su regazo. Habían sido las dos de la mañana, y ella que nunca se había sentido tan sola. Si Luke muriese... Apenas podía recordar una vida sin él. Porque de él y su madre, ella sabía lo que era ser amado incondicionalmente. Luke la balanceaba hacia arriba para que se columpiara de un manzano en su granja al norte del estado era uno de sus primeros recuerdos. En la enfermería él había estado respirando estrepitosamente, mientras que su tercero en el mando, Bat, había desempacado el kit de curación. La gente, como se suponía, respiraba estrepitosamente cuando muriere, ella había recordado. Ella no podía recordar la última cosa que le había dicho Luke. ¿No se supone que debemos recordar la última cosa que dices a alguien antes de morir? Cuando Jocelyn había salido de la enfermería, por fin, se miraba agotada tendió una mano a Clary y la había ayudado a levantarse del suelo. "¿Él esta...", Clary había comenzado. "Se ha estabilizado", dijo Jocelyn. Ella había mirado hacia arriba y por el pasillo. "Tenemos que irnos." "¿Ir a dónde?" Clary se había quedado desconcertada.. "Pensé que nos volveríamos a alojar aquí, con Luke. No quiero dejarlo. " "Ni yo" Jocelyn había sido firme. Clary pensó en la mujer que había dado la espalda a Idris, en todo lo que siempre había conocido, y se había alejado de ello para comenzar una nueva vida sola. "Pero no podemos atraer a Jace y Jonathan aquí tampoco. No es seguro para la manada, o Luke. Y éste es el primer lugar en que Jace te buscará " "Entonces, ¿dónde… ," Clary había comenzado, pero ella se había dado cuenta, incluso antes de que hubiera terminado su propia frase, y había cerrado la boca. ¿Dónde alguna vez fueron ellas cuando ellas necesitaron ayuda estos días? Ahora había una capa de azúcar blanca a lo largo del pavimento agrietado de la avenida. Jocelyn se había puesto un abrigo largo antes de que ellas hubieran dejado la casa, pero bajo ello ella todavía llevaba la ropa que fue manchada con la sangre de Luke. Su boca apretada, con la mirada firme en la carretera frente a ella. Clary se preguntó si era así como a su madre se había visto caminando fuera de Idris, sus botas llenas con cenizas, la Copa Mortal escondida en su abrigo. Clary sacudió su cabeza para despejarse. Estaba siendo fantasiosa, imaginando cosas que no había estado presente para ver, su mente la deriva, tal vez, por lo terrible de lo que acababa de ver. Espontáneamente, la imagen de Sebastián conduciendo el cuchillo en Luke vino a su cabeza, y el sonido de la voz familiar y querida de Jace diciendo "daños colaterales". >>Porque como sucede a menudo con lo que es precioso y perdido, que cuando lo encuentres de nuevo, es muy posible que no sea exactamente como lo dejaste.<< Jocelyn se estremeció y tiro su la capucha para cubrir su cabello. Copos blancos de nieve ya habían empezado a mezclarse con los hilos de color rojo brillante. Ella todavía estaba en silencio, y la calle, repleta de restaurantes, polacos y rusos en medio peluquerías y salones de belleza, estaba desierto en la noche, blanca y amarilla. Un recuerdo pasó por detrás de los de párpados de Clary- Uno real esta vez, no una quimera de la imaginación. Su madre estaba corriendo en la calle de la noche negra entre montones y montones de sucia nieve. Un cielo encapotado, gris plomizo... Había visto la imagen antes, la primera vez que los hermanos silenciosos habían hurgado en su mente. Se dio cuenta de lo que era ahora. El recuerdo de una época donde su madre la había llevado a Magnus para tener sus recuerdos alterados. Debió de haber sido el estado más crudo del invierno, pero reconoció Green Point Avenue en la memoria. El almacén de ladrillo rojo en que Magnus vivía pasaba por encima de ellas. Jocelyn abrió las puertas de cristal a la entrada, y se apiñaron en el interior, Clary trataba de respirar por la boca ya que su madre tocaba el timbre de Magnus uno, dos y tres veces. Por fin se abrió la puerta y se apresuraron a subir las escaleras. La puerta del apartamento de Magnus estaba abierta, el brujo estaba apoyado en el archivero, esperándolas. Él llevaba un pijama color amarillo canario, y en sus pies zapatillas verdes con alienígenas, completando con antenas elásticas. Su pelo era una maraña, rizada, una masa en punta negra, y sus ojos de oro-verde centellearon cansadamente en ellos. "Hogar de San Magnus para los caprichosos cazadores de sombras" dijo con una voz profunda. "Bienvenidas." abrió un brazo de par en par. "Las habitaciones libres están por aquella dirección. Limpien sus botas en la alfombra. "Volvió a entrar en el apartamento, dejándolas pasar por delante de él antes de cerrar la puerta. Hoy el lugar estaba decorado con falsas puertas. El lugar fue arreglado en una especie de imitación de decoración victoriana, con respaldo alto y sofás dorados grandes espejos por todas partes. Los pilares estaban atados con luces en forma de flores. Había tres habitaciones libres por un corto pasillo fuera de la sala principal; Clary al azar eligió una de la derecha. Estaba pintada de naranja, al igual que su antiguo dormitorio en el Park Slope, y tenía un sofá cama y una pequeña ventana que daba a las ventanas oscuras de un restaurante cerrado. Presidente Miau estaba acurrucado en la cama, la nariz metida debajo de su cola. Se sentó junto a él y acarició sus oídos, sintió el ronroneo que vibró a través de su pequeño cuerpo peludo. Cuando ella lo acarició, vio la manga de su suéter. Estaba cubierta de una manchada oscura y con costra con sangre. La sangre de Luke. Se puso de pie y se sacó el suéter con violencia. De su mochila sacó un par limpio de pantalones vaqueros y una camisa negra térmica con cuello en v y se cambió con ellos. Se miró a sí misma brevemente en la ventana, la que le mostro en un reflejo pálido, el pelo suelto colgando lánguidamente, húmedo con nieve, sus pecas destacando como manchas de pintura. No es que le importara como se veía. Ella pensó en Jace besándola-se sentía como días en lugar de horas y le dolía el estómago como si se hubiera tragado pequeños cuchillos. Se aferró a la orilla de la cama durante un largo rato hasta que el dolor desapareció. Luego tomó una respiración profunda y volvió a salir a la sala. Su madre estaba sentada en una de las doradas sillas con respaldo, sus dedos largos de artista en vueltos alrededor de una taza de agua caliente con limón. Magnus se desplomó en un sofá magenta, sus zapatillas verdes en la mesa café. "La manada le estabilizado ", Jocelyn estaba diciendo en una exhausta voz. "Ellos no saben por cuánto tiempo, sin embargo. Pensaban que podría haber sido polvo de plata en la hoja, pero parece ser otra cosa. La punta del cuchillo "Ella levantó la vista, vio a Clary, y se calló. "Está bien mamá. Soy lo suficientemente grande para oír lo que está mal con Luke ". "Bueno, no sé exactamente qué es", dijo Jocelyn en voz baja. "La punta de la hoja que utilizaba Sebastian se rompió contra una de sus costillas y se alojó en el hueso. Pero No se puede recuperar. Esto... se mueve ". "¿Se mueve?" Magnus parecía desconcertado. "Cuando ellos trataron de desenterrarlo, esto hurgó en el hueso y casi lo rompió, " dijo Jocelyn. " Él es un hombre lobo, se cura rápido, pero el corte está en allí encima de sus órganos internos, impidiendo a la herida cerrarse". "Metal demoniaco", dijo Magnus. "No es plata". Jocelyn se inclinó hacia delante. "¿Crees que puedas ayudarle? Cueste lo que cueste, voy a pagar-" Magnus se puso de pie. Sus zapatillas de alienígenas pisaba con suavidad, parecía muy incongruente dada la gravedad de la situación. "No sé". "Pero tu curaste a Alec," dijo Clary. "Cuando el Demonio Mayor lo hirió... " Magnus había comenzado lentamente. "Yo sabía lo que estaba mal con él. No sé qué tipo de metal demoniaco es este. Puedo experimentar, probar diferentes hechizos de curación, pero no será la manera más rápida para ayudarle. " "¿Cuál es la forma más rápida?", Dijo Jocelyn. "El Preator", dijo Magnus. "La Guardia del Lobo. Conocí al hombre que lo fundó-Woolsey Scott. Debido a ciertos incidentes... estaba fascinado por los detalles acerca de la forma en que los metales demoniacos y drogas demoniacas actuaba en licántropos, de la misma manera los Hermanos Silenciosos mantiene registros de los Nefilim de las maneras que se pueden curar. Durante años el pretor se ha vuelto muy cerrado y secreto, por desgracia. Pero un miembro del Preator puede acceder a su información. " "Luke no es un miembro", dijo Jocelyn. "Y su lista es secreta " "Sin embargo, Jordan," dijo Clary. "Jordan es un miembro. Él puede averiguarlo. Voy a llamarle, " "Le llamaré", dijo Magnus. "No puedo entrar en la sede del Preator, pero puedo transmitir un mensaje que debe tener un poco de peso extra. Estaré de vuelta." caminó con suavidad a la cocina, las antenas en sus zapatillas se movían suavemente como las algas marinas en una corriente. Clary se volvió hacia su madre, quien estaba mirando hacia abajo en su taza de agua caliente. Era uno de sus favoritos restauradores, aunque Clary no podía entender por qué alguien se quiere beber agua agria caliente. La nieve había empapado el pelo de su madre, y ahora que se estaba secado, empezaba a encresparse, como hacia el de Clary en climas húmedos. "Mamá," dijo Clary, y su madre levantó la vista. "Ese cuchillo que lanzaste detrás de Luke-era para Jace? " "Era para Jonathan." Nunca lo llamaría Sebastián, Clary sabía. "Es sólo que..." Clary tomó una respiración profunda. "Es casi lo mismo. Ya has visto. Cuando apuñaste a Sebastián, Jace comenzó a sangrar. Es como ser-espejo de alguna manera. Cortas a Sebastián, sangra Jace. Mátalo, y muere Jace. " "Clary". Su madre se frotó los ojos cansados. "¿Podemos no discutir esto ahora? " "Pero tú dijiste que parece que va a volver por mí. Jace, quiero decir. Necesito saber que no vas a hacerle daño-" "Bueno, no puedes saber eso. Porque no lo prometo, Clary. No puedo. "Su madre la miraba con ojos firmes. "Vi a los dos salir de tu dormitorio." Clary se sonrojó. "Yo no quiero-" “¿Qué? ¿Hablar de ello? Bueno, mala suerte. Tú los sacaste a relucir. Tienes suerte de que no ya no estoy más en la Clave, tu sabes. ¿Cuánto tiempo has sabido dónde estaba Jace? " "No sé dónde está. Esta noche es la primera vez que he hablado con él desde que desapareció. Lo vi en el Instituto con Sebcon Jonathan, ayer. Le dije a Alec e Isabelle y Simon. Pero no podía decirle a nadie más. Si la Clave se apodera de él, no puedo dejar que eso suceda. " Jocelyn levantó los ojos verdes. "¿Y por qué no?" "Porque es Jace. Porque le amo." "No es Jace. De eso se trata, Clary. Él no es quién era. ¿No puedes ver que-" "Por supuesto que puedo ver. No soy estúpida. Pero tengo fe. Vi cuando lo poseyó antes, y lo vi liberarse de él. Creo que Jace todavía está dentro en alguna parte. Creo que hay una manera de salvarlo. " "¿Qué pasa si no la hay?" "Pruébalo". "Tampoco se puede probar lo contrario, Clarissa,. Yo entiendo que lo amas. Siempre has amado demasiado. ¿Crees que no amaba a tu padre? ¿Crees que no le di todas las posibilidades? Y mira lo que fue el resultado. Jonathan. Si no me hubiera quedado con tu padre, no lo habría existido- " "Ni yo," dijo Clary. "En caso de que lo hayas olvidado, llegue después de mi hermano, no antes”. Ella miró a su madre, con dureza. "¿Estas diciendo que valdría la pena nunca haberme tenido, si pudieras deshacerte de Jonathan? " "No, yo" Era el chirrido de las llaves en la cerradura, y la puerta del apartamento se abrió. Era Alec. Llevaba un largo abrigo de cuero abierto sobre un suéter azul, y había copos blancos de nieve en su pelo negro. Tenía las mejillas rojas como manzanas dulces por el frío, pero su cara al contrario estaba pálida. "¿Dónde está Magnus?", Dijo. Cuando dirigió su mirada a la cocina, Clary vio una contusión en la mandíbula, por debajo de la oreja, aproximadamente del tamaño de una huella digital. "Alec" Magnus llegó patinando en la sala de estar y lanzó un beso a su novio en la habitación. Desechando sus zapatillas, ahora estaba descalzo. Sus ojos de gato brillaban mientras miraba a Alec. Clary conocía esa mirada. Era la misma con la que miraba a Jace. Alec no le devolvió la mirada, sin embargo. Se quito su abrigo y colgó de un gancho en la pared. Estaba visiblemente molesto. Sus manos temblaban, sus amplios hombros fijados firmemente. "¿Recibiste mi mensaje?", Preguntó Magnus. "Sí. Yo estaba a sólo unas cuadras de distancia de todos modos. "Alec miro a Clary, y luego a su madre, la ansiedad y la incertidumbre se peleaban en su expresión. Aunque Alec había sido invitado a la fiesta de recepción de Jocelyn, y se habían reunido varias veces, de cualquier manera no se conocían bien. "¿Es cierto, lo que Magnus dijo? ¿Viste Jace otra vez? " " Y a Sebastian ," dijo Clary. "Pero Jace", dijo Alec. "¿Cómo fue?,- quiero decir, ¿cómo se veía él?” Clary sabía exactamente lo que él preguntaba; por una vez ella y Alec se entendían mejor que cualquier persona en el cuarto. “Él no está jugando un truco con Sebastian,” ella contestó suavemente. “Él realmente ha cambiado. Él no se parece a sí mismo en absoluto.” "¿Cómo?" Exigió Alec, con una extraña mezcla de ira y la vulnerabilidad. "¿Cómo es diferente?" Había un agujero en la rodilla de los pantalones vaqueros de Clary, que ella picoteaba, raspaba la parte de abajo de su piel. "La forma en que conversaban-que cree en Sebastián. Cree en lo que es haciendo, sea lo que sea. Le recordé que Sebastian mató a Max, y que ni siquiera parecía importarle. "Su voz se corto. "Él dijo que Sebastian es tanto su hermano como Max era. " Alec palideció los puntos de su mejilla destacaban como manchas de sangre. "¿Ha dicho algo de mí? ¿O Izzy? ¿Le preguntará acerca de nosotros? " Clary negó con la cabeza, apenas capaz de soportar la mirada de la cara de Alec. Por el rabillo del ojo, pudo ver Magnus viendo a Alec también, su rostro casi en pálido de tristeza. Se preguntó si él estaba celoso de Jace todavía, o solo herido en nombre de Alec "¿Por qué vino a tu casa?"Alec sacudió su cabeza. “No lo entiendo." "Él quería que fuera con él. Para unirme a él y Sebastian. Supongo que quería que su pequeño dúo del mal fuese un pequeño trío del mal. "Ella se encogió de hombros. "Tal vez se sienta solo. Sebastian no puede ser la compañía más grande." "No lo sé. Él podría ser absolutamente fantástico en el Scrabble ", dijo Magnus. "Él es un psicópata asesino", dijo Alec rotundamente. "Y Jace lo sabe." "Pero Jace no es Jace ahora-," comenzó Magnus, y se interrumpió cuando sonó el teléfono. "Voy a contestar eso. ¿Quién sabe qué más podría haber sucedido en la Clave y haya necesidad de un lugar para alojarse? No es que no haya hoteles en esta ciudad." piso suavemente hacia la cocina. Alec se dejó caer en el sofá. "Está trabajando muy duro ", dijo, mirando preocupado hacia su novio."Él ha estado despierto toda la noche todas las noches tratando de descifrar las runas ". "¿Lo emplea la Clave?" Jocelyn quería saber. "No", dijo Alec lentamente. "Lo está haciendo por mí. Porque sabe lo que Jace significa para mí. "Se levantó la manga, mostrando a Jocelyn la runa parabatai en su parte interna del antebrazo. "Sabias que Jace no estaba muerto," dijo Clary, su mente empezando a trabajar sobre los pensamientos. "Porque eres su parabatai, debido a que hay un lazo entre ustedes. Pero dijiste que sentías algo mal ". "Porque él está poseído", dijo Jocelyn. "Ha cambiado él. Valentine dijo que cuando Luke se convirtió en un subterráneo, lo sentía. Esa sensación de estar equivocado. " Alec negó con la cabeza. "Pero cuando Jace estaba poseído por Lilith, yo no lo sentía ", dijo. "Ahora puedo sentir algo... malo. Algo apagado. "Miró hacia abajo a sus zapatos. "Se puede sentir cuando tu parabatai muere- como había una cuerda que te ata a algo y esto se ha roto, y ahora tú te caes. ". Miró a Clary. "Lo sentí una vez, en Idris, durante la batalla. Pero fue tan breve -Y cuando volvía a Alicante, Jace estaba vivo. Yo me convencí de que lo había imaginado." Clary negó con la cabeza, pensando en Jace empapado en sangre en la arena junto al lago de Lyn. "Tu no lo hiciste" "Lo que siento ahora es diferente", añadió. "Me siento como si él estuviera ausente del mundo, pero no muerto. No encarcelado... Pero no aquí ". "De eso se trata," dijo Clary. "Las dos veces que lo he visto, él y Sebastian, se han desvanecido en el aire. No en un Portal, sólo un minuto que estaban ahí y al siguiente se habían ido. " "Cuando se habla de allá o aquí", dijo Magnus, volviendo a la habitación con un bostezo ", y de este mundo y ese mundo, de lo que estamos hablando son dimensiones. Hay sólo unos pocos brujos que pueden hacer magia dimensional. Mi viejo amigo Ragnor podía. Las dimensiones no se encuentran al lado de la otra-están dobladas juntas, como el papel. Cuando se cruzan, bolsillos dimensionales pueden ser creados y evitan que la magia pueda encontrarte. Después de todo, tú no estás aquí, tú estás ahí. " "¿Tal vez por eso no podemos seguirle la pista? ¿Por qué Alec no puede sentirlo? "dijo Clary. "Podría ser". Magnus sonaba casi impresionado. ”Significaría que literalmente, no hay manera de no encontrarlos si no quieren ser encontrados. Y ninguna manera de conseguir un mensaje de nuevo a nosotros si los encontraste. Esa magia es complicada, costosa. Sebastian debe tener algunas conexiones. - "El timbre de la puerta sonó, y todos saltaron. Magnus rodo los ojos. "Todo el mundo calmado", dijo, y desapareció en la entrada. Estaba de regreso un momento después, con un hombre envuelto en un abrigo largo color pergamino, la parte posterior y a los lados tintado con los patrones de las runas en la oscuridad rojo -marrón. A pesar de su capucha estaba arriba, Sobre su la cara, parecía completamente seco, como si no hubiera caído ningún copo de nieve sobre él. Cuando empujó la capucha hacia atrás, Clary no estaba en absoluto sorprendido de ver el rostro del hermano Zachariah. Jocelyn puso su taza de repente sobre la mesa café. Estaba mirando al Hermano Silencio. Con su capucha hacia atrás, se podía ver su cabello oscuro, pero su rostro ensombrecido por lo que Clary no podía ver sus ojos, sólo sus altas, runas cicatrices en los pómulos. "Usted", Jocelyn, dijo, su voz se apagaba. "Pero Magnus me dijo que usted nuca-“ <>La voz de hermano Zachariah salió flotando, tocando el interior de la cabeza de Clary, sabía por las expresiones de los rostros de los demás, que podían oírlo también.<> <>dijo el hermano Zacariah. <> "¿Y de alguna manera todo lo que crea es una conexión entre ellos? "Dijo Clary. "Porque cuando mi madre apuñaló Sebastián, Jace comenzó a sangrar. " <> "Cuando usted dice que están inextricablemente unidos", dijo Alec, inclinado hacia adelante ", ¿significa eso me refiero, Jace odia Sebastián. Sebastián ha asesinado a nuestro hermano. " "Y no veo cómo Sebastian puede ser todo lo que le gusta Jace, tampoco. Él fue terriblemente celoso de él toda su vida. Él pensó que Jace era el favorito de Valentine", agregó Clary. "Por no hablar", señaló Magnus , “que Jace le mató. Eso pondría cualquier persona fuera". "Es como si Jace no se acordara de que alguna de estas cosas sucedieron, "dijo Clary con frustración. <> Clary pensó en lo que había sucedido cuando ella había recordó a Jace que Sebastián había matado a Max, cómo su rostro se había arrugado temporal en el pensamiento, luego suavizada a cabo como si hubiera olvidado lo que había dicho tan pronto como sea que ella había dicho. <>, Zacarías añadió. Alec levantó las manos. "¿Así que ellos se aman ahora? ¿Son los mejores amigos? "Era el dolor y los celos claros en su tono. <> "Así que él está poseído", dijo Alec rotundamente. <> "Entonces, ¿qué quiere de mí?" Exigió Clary en un temblor de voz. "¿Por qué vino a mi habitación esta noche?" Esperaba que sus mejillas no se sonrojaran. Trató de hacer retroceder la memoria de cuando la beso, la presión de su cuerpo contra el de ella en la cama. <<Él todavía te ama, >>dijo el hermano Zachariah, y su voz fue sorprendentemente suave. <> "Y es por eso que tuvimos que irnos", dijo Jocelyn tensa. "Él va a volver por ella. No nos pudimos quedar en la estación de policía. No sé donde estará a salvo-" "Aquí", dijo Magnus. "Puedo poner guardas que mantendrían a Jace y Sebastián fuera. " Clary vio el alivio en los ojos de su madre. "Gracias" dijo Jocelyn. Magnus agitó un brazo. "Es un privilegio. Amo apartar cazadores de sombras airados, especialmente de la variedad poseídos. " <<Él no está poseído>>, el hermano Zachariah les recordó. "Semántica", dijo Magnus. "La pregunta es, ¿Qué es lo que se traen ellos? ¿Qué están planeando?" "Clary explicó que cuando los vio en la biblioteca, Sebastián dijo a Jace que estarían dirigiendo el Instituto antes de lo necesario", dijo Alec. "Así que están haciendo algo". "Continuando con el trabajo de Valentine, probablemente", dijo Magnus. "¡Abajo Submundos, matar a todos los recalcitrantes Cazadores de Sombras, bla, bla. " "Tal vez". Clary no estaba segura. "Jace dijo algo acerca de Sebastian al servicio de una causa mayor ". "El Ángel solo sabe lo que eso significa," dijo, Jocelyn. "Yo estuve casada con un fanático durante años. Sé lo que significa una causa mayor . Esto significa torturar a los inocentes, asesinatos brutales, dar la espalda a sus antiguos amigos, todo en nombre de algo que tú crees que es más grande que tú, pero no es más que la codicia y el infantilismo vestido en un lenguaje de fantasía. " "Mamá", protestó Clary, preocupada por el sonido amargo de la voz de Jocelyn. Pero Jocelyn estaba mirando al hermano Zachariah. "Usted dijo que ninguna arma en este mundo puede herir a uno solo de ellos ", dijo. "Ninguna arma sabes de..." Los ojos de Magnus brillaron de repente, como cuando a gato lo atrapa un haz de luz . "¿Crees que ..." "Las Hermanas de hierro", dijo Jocelyn. "Ellas son las expertas sobre las armas y armamento. Ellas tal vez podría tener una respuesta”. Las Hermanas de Hierro, Clary sabía, eran la secta hermana de los Hermanos Silenciosos, a diferencia de sus hermanos, no tenían la boca o los ojos cosidos, sino que vivían en casi completa soledad en una fortaleza, cuya ubicación era desconocida. No eran combatientes, eran ellas las creadoras, las manos que daban forma a las armas, las estelas, las hojas serafines que mantenían vivos los Cazadores de Sombras. Había runas que sólo ellas podían tallar, y sólo ellas sabía el secretos de la moldura de la sustancia de color blanco plateado llamada adamas de las torres de los demonio, estelas, piedras rúnicas de luz mágica. Pocas veces vistas, ya que no asistían a las reuniones del Consejo y no se aventuraban en Alicante. <>, el hermano Zachariah dijo que después de un largo de hacer una pausa. "Si Sebastián podría ser asesinado-con un un arma que pudiera matarlo, significa eso que Jace quedaría libre de su influencia ", preguntó Clary. Hubo una pausa aún más larga<< Entonces, sí>>, dijo El hermano Zacarías. Esa sería el resultado más probable. "Entonces, tenemos que ir a ver a las hermanas." Agotamiento colgaba sobre Clary como una capa, lágrimas de sus ojos, agriando el sabor en la boca. Se frotó los ojos, tratando de tallar la basura. "Ahora". "Yo no puedo ir", dijo Magnus. "Sólo las Cazadoras de Sombras mujeres puede entrar en la Ciudadela Un Damant ". "Y tú no vas", dijo Jocelyn a Clary en su tono más severo-que-no-vas-a-discotecas-con-Simon-después-demedianoche. “Estas más segura aquí, dónde te protegen. " "Isabelle", dijo Alec. "Isabelle puede ir." "¿Tienes alguna idea de dónde está?" Dijo Clary. "En casa, me imagino", dijo Alec, en un encogimiento de hombros. "Puedo llamar a su-" "Yo me ocuparé de ello", dijo Magnus, sacando de su bolsillo su teléfono móvil tecleando un texto con la habilidad de un experto. "Es tarde, y nosotros no necesitamos despertarla. Todo el mundo necesita descansar. Si voy a enviar alguno de ustedes a través de las Hermanas de hierro, será mañana ". "Iré con Isabelle", dijo Jocelyn. "Nadie me está buscando a mí, en concreto, y es mejor que no vaya sola. Incluso si no soy técnicamente la Cazadora de Sombras, que alguna vez fui. Se requiere solamente que una de nosotras este en buen estado. " "Esto no es justo," dijo Clary. Su madre ni siquiera la miró. "Clary ..." Clary se puso en pie. "He sido prácticamente una prisionera las últimas dos semanas ", dijo con voz temblorosa. "La Clave no me dejó buscar a Jace. Y ahora que vino a verme a mí, que ni siquiera me dejas entrar con Hermanas de Hierro" "No es seguro. Jace, probablemente, te rastrea-" Clary explotó. "¡Cada vez que tratas de mantenerme a salvo, destrozas mi vida! " "No, entre más envuelta estés con Jace mas arruinas tu vida! "Espetó a su madre de vuelta. "Todos los riesgo que has tomado, todos los peligros en que has estado, es a causa de él! Él puso un cuchillo tu garganta, Clarissa " "Ese no era él," dijo Clary, en el más suave, el más mortífero tono de voz que ella podía imaginar. "¿Crees que me quedaría con un el chico que me amenazó con un cuchillo, incluso si yo lo amo? Tal vez has estado viviendo demasiado tiempo en el mundo terrenal, mamá, pero hay magia. La persona que me hizo daño a mí, no era Jace. Era un demonio vestido con su cara. Y a la persona que estamos buscando ahora no es Jace. Pero si se muere... " "No hay ninguna posibilidad de volver a Jace", dijo Alec. "Puede haber ya ninguna posibilidad", dijo Jocelyn. "Dios, Clary, mira la evidencia. ¡Ustedes pensaron que tu y Jace eran hermano y hermana! Sacrificaste todo para salvar su vida, ¡y un Demonio Mayor lo utilizó para llegar a ti! ¿Cuándo te vas a enfrentar el hecho de que los dos no están destinados a estar juntos? " Clary se echó hacia atrás como si su madre le hubiera pegado. El Hermano Zachariah estaba tan quieto como una estatua, como si nadie se gritara en absoluto. Magnus y Alec se miraban; Jocelyn tenía las mejillas sonrosadas, los ojos brillantes de cólera. No confiaba en sí misma para hablar, Clary giro sobre sus talones, camino por el pasillo a la habitación de invitados de Magnus, y cerró la puerta detrás de ella. :::: "Todo está bien, estoy aquí", dijo Simon. Un viento frío era soplando a través de la extensión plana del jardín de la azotea, y Metió las manos en los bolsillos de sus pantalones vaqueros. Él en realidad no siento el frío, pero sentía que debía. Él Alzó la voz. "Me presenté. ¿Dónde estás? " El jardín de la azotea del Hotel Greenwich estaba cerrado, y, por tanto vacio de gente, se hizo para arriba como un jardín Ingles, con árboles enanos metidos con cuidado en cajas, de mimbre con elegancia dispersos y muebles de cristal, y el pequeño paraguas que ondeaban al viento en popa. Los enrejados de rosales trepadores, desnudo en el frío, la araña-unidos por una membrana de la piedra murallas que rodeaban el techo, encima del cual podría Simon ver una vista brillante de la ciudad de Nueva York. "Estoy aquí ", dijo una voz, y una sombra delgada se separó a partir de sillón de mimbre y se levantó. "Ya había empezado a preguntar si vendrías, Diurno". "Raphael", dijo Simon con voz resignada. Caminó hacia adelante, a través de los tablones de madera que terminó entre las fronteras de flores y estanques artificiales forrados con brillantes de cuarzo. "Me estaba preguntando." Mientras se acercaba lo podía ver con claridad a Raphael. Simon tenía una excelente visión nocturna, y sólo de la habilidad de Rafael de mezcla con las sombras lo habían mantenido oculto antes. El otro vampiro, llevaba un traje negro, con los puños hacia arriba para mostrar el brillo de los gemelos en forma de cadenas. Él todavía tenía la cara de un niño ángel, aunque su mirada como la consideraba Simon era fría. "Cuando la cabeza de del clan de los vampiros en Manhattan te llama, Lewis, tu vienes. " "¿Y qué harías si no lo hiciera? ¿Estacarme? "Simón extendió los brazos. "Pégame un tiro. Te encantará." "Dios, pero que aburrido eres", dijo Raphael. Detrás de él, por el muro, Simon podía ver el brillo del cromo de la moto vampiro que había usado para llegar aquí. Simón bajó los brazos. "Tú eres el que pidió que me encontrara contigo. " "Tengo una oferta de trabajo para ti", dijo Raphael. "¿En serio? ¿Escasez de personal en el hotel? " "Yo necesito un guardaespaldas." Simón lo miró. "¿Has estado viendo el Guardaespaldas? Porque yo no voy a terminar enamorándome de tú y llevándote en mis brazos fornidos”. Raphael miró con amargura. "Me gustaría darte un pago extra de dinero para que guardes silencio mientras trabajabas. " Simón lo miró fijamente. "Hablas en serio, ¿no?" "No me molestaría en venir a verte si no fuera grave. Si yo estuviera en un estado de ánimo de broma, no pasaría el tiempo con alguien que no me agrada." Raphael se sentó de nuevo en el sillón. "Camille Belcourt está libre en la ciudad de Nueva York. Los cazadores de sombras están totalmente atrapados con ese asunto del hijo tonto de Valentine y no se tomaran la molestia de seguir su rastro. Ella representa un inmediato peligro para mí, porque ella desea reafirmar su control sobre el clan de Manhattan. La mayoría son leales a mí. Matándome sería la manera más rápida para que ella se ponga en la parte la parte superior de la jerarquía. " "Está bien", dijo Simon lentamente. "Pero ¿por qué yo?" "Eres un Diurno. Otros me pueden proteger durante el la noche, pero tú me puede protegerse en el día, cuando la mayoría de nuestra especie están indefensos. Y tu llevas la marca de Caín. Entre ella y yo, ella no se atrevería a atacarme a mí. " "Todo eso es verdad, pero no voy a hacerlo." Raphael miró incrédulo. "¿Por qué no?" Las palabras estallaron después de Simon. "¿Estas de broma? Es porque nunca has hecho una sola cosa por mí en todo el tiempo desde que me convertí en un vampiro. En su lugar, has hecho tu mejor esfuerzo para hacer mi vida miserable y a continuación, terminar con ella. Por lo tanto, si lo quieres en lenguaje de vampiro- es un gran placer mi señor, decirle ahora: Al infierno, que no!" "No es prudente para ti, hacerte un enemigo en mí, Diurno. Como amigos " Simón se echó a reír con incredulidad. "Espera un segundo. ¿Éramos amigos? ¿Eso era ser amigos?" Los colmillos Rafael se asomaban. Estaba muy enfadado de hecho, Simon observo "Yo sé por qué te niegas, diurno, y no estás fuera de un cierto sentido fingido del rechazo. Está tan involucrado con los Cazadores de Sombras, que te crees que eres uno de ellos. Te hemos visto con ellos. En lugar de pasar tus noches de caza, como debe ser, pasas el tiempo con la hija de Valentine. Vives con un hombre lobo. Eres una vergüenza. " "¿Actúas de esta manera con cada entrevista de trabajo?" Raphael le enseñó los dientes. "Debes decidir si eres un vampiro o un Cazador de Sombras, Diurno". "Escojo a los Cazadores de Sombras, entonces. Porque de lo que he experimentado de los vampiros, ellos se la chupan. Con doble sentido!”. Raphael se puso de pie. "Estas cometiendo un grave error". "Ya te lo dije-" El otro vampiro hizo un gesto con la mano, interrumpiendo. "Se acerca una gran oscuridad. Barrerá la Tierra con fuego y con sombra, y cuando se haya ido, ya no habrá más preciosos cazadores de sombras. Nosotros, los hijos la noche, vamos a sobrevivir, ya que vivimos en la oscuridad. Pero si insistes en negar lo que eres, tú también serás destruido, y ninguno levantara la mano para ayudarte." Sin pensarlo, Simon levantó la mano para tocar el Marca en su frente. Raphael se rió en silencio. "Ah, sí, la Marca sobre ti. En el momento de la oscuridad hasta los ángeles serán destruidos. Su fuerza no te ayudará. Y mejor rezar Diurno, para no pierdas esa Marca antes de la guerra que viene. Por que si lo haces, habrá una la línea de enemigos esperando su turno para matarte. Y estaré en la cabeza de ellos. " :::: Clary se había acostado sobre su espalda en la cama sofá de Magnus durante mucho tiempo. Había oído a su madre descender el pasillo y entrar en un dormitorio libre, cerrando la puerta detrás de ella. A través de su propia puerta podía oír Magnus en una conversación en voz baja con Alec en la sala de estar. Suponía que podía esperar a que se fueran de la sala de estar, pero Alec había dicho que Magnus ha estado trabajando últimamente hasta altas horas en el estudio de las runas, a pesar de que el hermano Zachariah parecía haberse retirado, No podía confiar en que Alec y Magnus se retirarían pronto. Ella se sentó en la cama junto a Presidente Miau, que hizo un ruido incómodo de protesta, y rebuscó en su mochila. Sacó de ella una caja de plástico transparente y Lo abrió. Allí estaban sus lápices Prismacolor, algunas cepas de la tiza y su estela. Se puso de pie, deslizando la estela en su bolsillo de la chaqueta. Tomando su teléfono de la mesa, ella envió un mensaje TE VEO EN TAKI'S. Vio que el mensaje se mando, a continuación, guardó el teléfono en sus pantalones vaqueros y respiró hondo. Esto no era justo para Magnus, ella lo sabía. Le había prometido su madre que cuidaría de ella, y eso no incluía escabullirse de su apartamento. Pero ella había mantenido su boca cerrada. No había prometido nada. Y, además, era Jace. Sabía que no podría quedarse sin hacer nada para salvarlo, lo que costara lo que debiese pagar al infierno o al cielo, ella lo haría ¿no? Sacó su estela, puso la punta en la pintura de color naranja de la pared, y comenzó a dibujar un portal. :::: Fuertes estruendos despertaron a Jordan de un profundo sueño, se puso rígido al instante y se levanto de la cama para tomar unas cuchillas del suelo. Años de entrenamiento con el Preator lo había dejado con reflejos rápidos y un permanente habito de dormir con ligereza. Una rápida exploración con la vista -el aroma de la habitación decía que la habitación estaba vacía, sólo la sombra de la luna suelo a sus pies. Los golpes se repitieron, y esta vez él reconoció el sonido. Era el sonido de alguien golpeando en la parte frontal de la puerta. Por lo general dormían en solo calzoncillos, tiro de unos vaqueros y una camiseta, abrió la puerta de su habitación y salió al pasillo. Si se trataba de un grupo de estudiantes universitarios borrachos divirtiéndose tocando todas las puertas en el edificio, estaban a punto de conocer la cara de un hombre lobo enojado. Llegó a la puerta y se detuvo. Las imágenes llegaron de nuevo a él, como lo habían hecho en las horas antes de caer dormido, de Maia huyendo de él en el Navy Yard. La expresión de su cara cuando ella se apartó de él. Él la había llevado demasiado lejos, lo sabía, pidió demasiado, iba con demasiada rapidez. Ella lo rechazó por completo. A menos que, tal vez ella lo había reconsiderado. Había habido un momento en que su relación había sido toda sobre luchas apasionadas e igual de apasionadas que sesiones de reconciliación. Su corazón latía con fuerza, él abrió la puerta. Y parpadeó. En el umbral estaba Isabelle Lightwood, su pelo largo y negro brillante que caía casi hasta la cintura. Ella vestía de terciopelo negro botas hasta la rodilla, pantalones ajustados su pelo negro y sedoso, y con su colgante familiar colgante rojo alrededor de la garganta. "¿Isabelle?" Él no pudo ocultar la sorpresa en su voz, o, sospechaba, la decepción. "Sí, bueno, como sea, yo no te estaba buscando a ti," dijo, pasando por delante de él al apartamento. Olía a Cazador de Sombras, como cristal calentado por el sol y por debajo de eso, un perfume olor a rosas. "Estaba buscando Simón ". Jordan la miró. "Son las dos de la mañana." Ella se encogió de hombros. "Él es un vampiro." "Pero yo no lo soy." "¿Ohhhhh" sus labios rojos se curvaron en las esquinas. " ¿te desperté?” Ella extendió la mano y tiro el botón superior sobre sus vaqueros, la punta de su uña rosando a través de su estómago plano. Él sintió sus músculos saltar.. Izzy era magnífica, no se podía negar eso. Ella era también un poco aterradora. Se preguntó cómo un modesto Simon había logrado manejarla en absoluto "Es posible que desees el botonar esos pantalones hasta arriba. Bonitos bóxers, por cierto. " Ella se movió más allá de él, hacia el dormitorio de Simon. Jordan la siguió, abrochándose los vaqueros y murmurando acerca de que no había nada de extraño en llevar un patrón de pingüinos bailarines en su ropa interior. Isabelle asomó la cabeza en la habitación de Simón. "No está aquí. "Cerró la puerta detrás de ella y se echó hacia atrás contra la pared, mirando a Jordan. "¿Dijiste que son las dos de la mañana? " "Sí. Esta probablemente con Clary. Él ha estado durmiendo ahí mucho últimamente”. Isabelle se mordió el labio. "Cierto. Por supuesto. " Jordan estaba empezando a tener esa sensación que tenía a veces, de que estaba diciendo algo lamentable, sin saber exactamente qué cosa era. "¿Hay una razón por la que vinieras aquí? Quiero decir, ¿Paso algo? ¿Te pasa algo? " "¿Malo?" Isabelle lanzó las manos. "¿Quieres decir aparte del hecho de que mi hermano haya desaparecido y probablemente le haya lavado el cerebro el demonio maligno que asesinó a mi otro hermano, y mis padres se están divorciado y Simon está pegado a Clary?-" Se detuvo bruscamente y se marchó por delante de él a la sala de estar. Él corrió tras ella. En el momento en que llego, ella estaba en la cocina, revolviendo los estantes de la despensa "¿Tienes algo de beber? Un buen Barolo? ¿Sagrantino? " Jordan, la cogió por los hombros y con movió con cuidado fuera de la cocina "Siéntate", dijo. "Te voy a conseguir algo de tequila ". "¿Tequila?" "El tequila es lo que tenemos. Eso y el jarabe para la tos." Sentada en uno de los taburetes que se alineaban en la cocina mostrador, hizo un gesto con la mano hacia él. El esperaba que ella tuvieran las unas largas rojas o, limadas a la perfección, para que coincidieran con el resto de ella, pero ella era una Cazador de Sombras. Sus manos estaban marcadas, las uñas cuadradas y hasta el tope. La runa de Videncia brilló oscuramente en su mano derecha. "Bien." Jordan cogió la botella de Cuervo, sin tapar, y le sirvió un trago. Empujó la copa sobre el mostrador. Ella se lo tomó al instante, frunció el ceño, estrelló el vaso. "No es suficiente", dijo, se inclinó sobre el mostrador, y tomó la botella de su mano. Inclinando la cabeza se engullo una, dos, tres veces. Cuando dejó la botella hacia abajo, tenía las mejillas sonrojadas. "¿Dónde aprendiste a beber de esa manera?" Él no estaba seguro de sí debería estar impresionado o asustado. "La edad legal para beber en Idris es de quince. No es que nadie preste atención. He estado bebiendo vino mezclado con agua junto con mis padres desde que era niña ". Isabelle se encogió de hombros. El gesto carecía de un poco de su habitual fluida coordinación. "Está bien. Bueno, hay algún mensaje que quieres que le dé a Simon, o algo que yo le pueda decir o-" "No." Ella tomó otro trago de la botella. ”Desperté toda nerviosa y vine para hablar con él, y desde luego él está con Clary. Figúrate." " Pensé que eras tú la que dijo que él debería estar allí en primer lugar. " " Sí. " Isabelle jugueteó con la etiqueta de la botella de tequila. "Lo hice". "Entonces", dijo Jordan, en lo que él creía que era un tono razonable. "Dile que no lo haga". "No puedo hacer eso." Ella sonaba agotada. "Yo se le debo." Jordan se inclinó sobre el mostrador. Se sintió un poco como un camarero en un programa de televisión, dispensando sabio consejo. "¿Qué le debes? " "La vida", dijo Isabelle. Jordan parpadeó. Esto iba un poco más allá de su sus habilidades que podía ofrece consejos. "¿Ella salvó tu vida?" "Ella salvó la vida de Jace. Ella podría haber tenido cualquier cosa del Ángel Raziel, y salvó a mi hermano. He confiado solamente en algunas personas en mi vida. Realmente confiado. Mi madre, Alec, Jace, y Max. He perdido a uno de ellos ya. Clary es la única razón por la que no perdí otra. " "¿Crees que alguna vez serás capaz de confiar realmente en alguien que no esté emparentado contigo? " "No estoy emparentada con Jace. En realidad no. “ Isabelle evito su mirada. "¿Sabes lo que quiero decir", dijo Jordan, con una mirada significativa a la habitación de Simón. Izzy frunció el ceño. "Los Cazadores de Sombras viven por un código de honor, hombre lobo ", dijo, y por un momento ella era una Nephilim toda arrogante, y Jordan, recordó por qué a muchos de los Submundos no les gustaban ellos. "Clary salvo a los Lightwood. Le debo mi vida. Si no puedo darle eso- y yo no veo cómo hay algún modo en que pueda - le puedo dar cualquier cosa para ella sea menos infeliz. " "No puedes darle a Simón. Simon es una persona, Isabelle. Él va donde él quiere. " "Sí", dijo. "Bueno, él no parece importarle ir dónde está, ¿verdad? " Jordan dudó. Había algo sobre Isabelle diciendo eso que parecía completamente fuera de lugar, pero ella tampoco estaba completamente equivocada. Simon tenía con Clary una tranquilidad que no parecía mostrar con nadie más. Habiendo estado enamorado de solo una chica en su vida y habiéndose quedado enamorado de ella, Jordan se sentía muy poco cualificado como para dar cualquier consejo en ese asunto – aunque recordaba a Simon advirtiéndole, con sequedad, que Clary tenía “la bomba nuclear de los novios”. Si había celos en esa sequedad, Jordan no estaba seguro. Tampoco estaba seguro de su uno podía olvidarse completamente de la primera chica a la que amaste. Especialmente cuando estaba justo frente a ti, todos los días. Isabelle chasqueó los dedos. “Hey, tú. ¿Siquiera estás poniéndome atención?” Ella inclinó la cabeza a un lado soplando oscuras mechas de cabello fuera de su rostro, y lo miró con dureza. “¿Qué está pasando entre tú y Maia de todos modos?” “Nada.” La simple palabra significaba un montón. “No estoy seguro siquiera de si dejó de odiarme.” “Puede que no,” dijo Isabelle. “Tiene buenas razones.” “Gracias.” “No doy falsas esperanzas,” dijo Isabelle y empujó lejos de ella la botella de tequila. Sus ojos en Jordan estaban vivamente oscuros. “Ven aquí, chico lobo.” Ella bajó la voz. Era, suave, seductora. Jordan tragó grueso contra su garganta de pronto seca. Recordó haber visto a Isabelle en su vestido rojo fuera de Ironworks y pensar, -¿Esa es la chica con la que Simon está engañando a Maia?- Ninguna de ellas era la clase de chica que te da la impresión de que puedes engañarlas. Y ninguna de ellas era la clase de chicas a las que les dices que no. Titubeante se movió alrededor de la barra hacia Isabelle. Estaba a unos cuantos pasos antes de que ella lo alcanzara y lo jalara hacia ella de las muñecas. Sus manos subieron por sus brazos, sobre la curva de sus bíceps, los músculos de sus hombros. Su palpitar se aceleró. Pudo sentir el calor viniendo de ella y pudo oler su perfume y dulce tequila. “Eres hermoso,” dijo. Sus manos deslizándose para aplanarse sobre el pecho. “Sabes eso, ¿verdad?” Jordan se preguntó si ella podía sentir su corazón palpitando a través de su camiseta. Sabía la forma en que las chicas lo miraban en la calle – algunas veces también chicos – sabía que lo que veía cada día en el espejo, pero nunca había pensado mucho en eso. Había estado tan enfocado en Maia por tanto tiempo que nunca pareció importar más allá de si ella todavía lo encontraría atractivo si se volvían a ver. Se lo habían dicho bastante pero no por chicas que se veían como Isabelle, y nunca por alguien tan franca. Se preguntó si ella lo besaría. No había besado a nadie salvo a Maia desde que tenía quince. Pero Isabelle estaba mirándolo, los ojos grandes y oscuros, y sus labios estaban ligeramente abiertos y del color de las fresas. Se preguntó si sabrían como las fresas si la besaba. “Y a mi simplemente no me importa,” dijo ella. “Isabelle, no creo que- Espera. ¿Qué?” “Debería importarme,” dijo ella. “Quiero decir, está Maia en quien pensar, así que probablemente no te arrancaría las ropas salvajemente de cualquier modo, pero la cosa es, que no quiero. Normalmente querría.” “Ah,” dijo Jordan. Se sintió aliviado y también un poquitito decepcionado. “Bueno… ¿eso está bien?” “Pienso en él todo el tiempo,” dijo. “Y es horrible. Nada como esto me ha pasado antes.” “¿Te refieres a Simon?” “Pequeño bastardo mundano flacucho,” dijo ella, y quitó las manos del pecho de Jordan. “Solo que, no lo es. Ya no es flacucho. O mundano. Y me gusta pasar tiempo con él. Me hace reír. Y me gusta la manera en la que sonríe. ¿Sabes cómo?, cuando un lado de su boca sube antes que el otro – Bueno tu vives con ´el. Debes haberte dado cuenta.” “En realidad no,” dijo Jordan. “Lo extraño cuando no está aquí,” confesó Isabelle. “Pensé.. No sé, después de lo que pasó con Lilith las cosas cambiaron entre nosotros. Pero ahora está con Clary todo el tiempo. Y ni siquiera puedo enojarme con ella.” “Tu perdiste a tu hermano.” Isabelle lo miró. “¿Qué?” “Bueno, él está esforzándose para hacer a Clary sentirse mejor porque ella perdió a Jace,” dijo Jordan. “Pero Jace es tu hermano. ¿No debería Simon estar esforzándose por hacerte sentir bien a ti también? Quizás no puedes enojarte con ella pero puedes enojarte con él.” Isabelle lo miró por un largo momento. “Pero no somos nada,” dijo. “No es mi novio. Solo me gusta.” Ella frunció el ceño. “Mierda. No puedo creer que dije eso. Debo estar más ebria de lo que pensé.” “Creo que me di cuenta por lo que estabas diciendo antes.” Él le sonrió. Ella no sonrió en respuesta, pero bajó las pestañas y lo miró a través de ellas. “No eres tan malo,” dijo. “Si quieres, puedo decirle cosas lindas a Maia sobre ti.” “No gracias,” dijo Jordan, quien no estaba seguro de la versión de Izzy sobre cosas lindas, y tenía miedo de averiguarlo. “Sabes, es normal cuando estás pasando por cosas difíciles, querer estar con la persona que –“ Iba a decir que amas, pero se dio cuenta de que ella nunca usó esa palabra así que cambió de estrategia . “Te importa. Pero no creo que Simon sepa que tú te sientes así por él.” Sus pestañas revolotearon abriéndose de nuevo. “¿Alguna vez ha dicho algo sobre mi?” “Piensa que eres muy fuerte,” dijo Jordan. “Y que no lo necesitas para nada. Creo que él piensa que para ti, él es… superficial en tu vida. ¿Cómo si él no pudiera darte algo cuando tu ya eres perfecta? ¿Por qué querrías a un chico cómo él?” Jordan parpadeó; no planeaba decir algo como eso, y no estaba seguro de que tanto de lo que dijo se aplicaba a Simon y que tanto a él con Maia. “Entonces ¿quieres decir, que yo debería decirle como me siento?” dijo Isabelle en voz baja. “Si. Definitivamente. Dile como te sientes.” “Muy bien.” Ella agarró la botella de tequila y tomó un trago. “Iré a casa de Clary justo ahora y se lo diré.” Una nota de alarma brotó en el pecho de Jordan. “No puedes. Son prácticamente las tres de la mañana-“ “Si espero, perderé los nervios,” dijo en ese tono razonable que solo las personas muy ebrias usan. Tomó otro trago de la botella. “Simplemente iré allá y tocaré en la ventana y le diré como me siento.” “¿Por lo menos sabes cual ventana es la de Clary?” Ella entrecerró los ojos. “Noooo.” La horrible visión de una Isabelle ebria despertando a Jocelyn y Luke flotaba en la cabeza de Jordan. “Isabelle, no.” Le quitó la botella de tequila y ella se la arrebató de vuelta. “Creo que estoy cambiando de opinión sobre ti,” dijo en una voz de advertencia a medias, que hubiera sido más aterrador si ella hubiera sido capaz de enfocar los ojos en él directamente. “No creo que me agrades tanto después de todo.” Ella se puso de pie, miró a sus pies con una expresión de sorpresa – y cayó de espaldas. Solo los rápidos reflejos de Jordan le permitieron atraparla antes de que golpeara el suelo.
StephRG14


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Mensaje por StephRG14 el Mar 05 Mayo 2015, 5:41 pm

Capitulo 7; Mar de cambios


Clary estaba en su tercera taza de café en Taki's cuando Simón finalmente llego. Estaba en jeans, una sudadera con cierre roja (¿por qué la molestarse cubriéndose con abrigos de lana cuando no se siente el frio?), y botas de trabajo. La gente giraba para mirarlo mientras caminaba entre las mesas hacia donde ella estaba sentada. Simón había cambiado mucho su estilo de vestir des de que Isabelle empezó a mostrar interés por su guardarropa, pensó Clary mientras avanzaba entre las mesas. Había copos de nieve aferrados en su pelo oscuro, pero donde las mejillas de un Alec habían tornado escarlata por el frío, Simón permanecía incoloro y pálido. Él se introdujo en la cabina y mírala, con ojos oscuros reflexivos y brillantes. "¿Llamaste?” preguntó, con su voz profundamente y resonante sonando idéntico a la del Conde Drácula. “Técnicamente, te escribí.” Ella deslizó el menú sobre la mesa hacia él, indicando la página especial para vampiros. Ella había echado un vistazo a ello antes, pero pensar en sangre el budín y batidos de leche de sangre hicieron se estremeciera. “Espero no haberte despertado" “Oh, no,” dijo él. “No podrás creer donde estaba… ” Con voz calmada cuando él vio la expresión en su cara. "Oye". Sus dedos estaban de repente bajo su barbilla, levantando su cara. La risa fue sustituida por ojos de preocupación "¿qué pasó? ¿Hay nuevas noticias sobre Jace?” "¿sabe ya desean?” Era Kaelie, la camarera hada de ojos azules que había dado a Clary a la campana de la reina. Miró a Clary y sonrió abiertamente, una sonrisa que hizo a Clary apretar los dientes. Clary pidió una rebanada de pastel de manzana; Simón una mezcla de taza de chocolate y sangre. Kaelie tomó los menús y se alejo, y Simón miró Clary con la preocupación. Ella suspiro profundo y le dijo sobre la noche, cada detalle sobre el aspecto de Jace, lo que le había dicho, la confrontación en la sala de estar, y lo que había pasado con Luke. Le conto sobre que Magnus dijo, sobre otras dimensiones y otros mundos, y como allí no había modo de rastrear a alguien escondido en la dimensión ni tampoco pasar un mensaje a ellos. Los ojos grises de Simón se volvían más oscuros mientras hablaba, y hacia el final de la historia, tenía su cabeza entre sus manos. "¿Simón?” Kaelie había venido e ido, dejando su la comida, que permanecía intacta. Clary tocó su hombro. "¿Qué es esto? Esta Luke -” "Es mi culpa". La miro con sus ojos secos. Los vampiros lloran lagrimas mezcladas con sangre pensó Clary, ella lo había leído en algún lado. “Si yo no hubiera mordido a Sebastian …” “Lo hiciste por mí. Para que yo viviera.” Su voz era suave. “Salvaste mi vida.” “Has salvado la mía seis o siete veces. Parecía justo.” Su voz se relajó; ella lo recordó con la sangre negra de Sebastian, de rodillas en el jardín del techo. “Culparnos no nos llevara a ninguna parte,” dijo Clary. “Y esa no es la razón de que te pidiera venir, sólo para decirte lo que pasó. Quiero decir, te lo habría dicho de todos modos, pero habría esperado a mañana si no fuera esto …” Él la miró cautelosamente y tomó un sorbo de su tasa. "¿No eran esto?” “Tengo un plan.” Él gimió. “Yo tenía miedo de esto.” “Mis planes no son terribles.” “Los planes de Isabelle son terribles.” Él la señalo con su dedo “Sus planes son suicidas. Como mejor.” Ella se recostó, con los brazos cruzados sobre el pecho. “¿Quieres oírlo o no? Pero tienes que guardarlo un secreto.” “Me arrancaría mis propios ojos con un tenedor antes de contar sus secretos,” Simón dijo, luego miro ansioso “Espere un segundo. "¿Piensa que eso sea probablemente requerido?” “No sé.” Clary cubrió su cara de con las manos. “Sólo dime.” Dijo resignado. Con un suspiro ella metió la mano en su bolsillo y sacó un pequeño bolso aterciopelado, y lo coloco sobre la mesa. Dos anillos de oro cayeron, aterrizando con un tintineo suave. Simón los miró, perplejo. "¿Quieres casarte?” “No seas idiota.” Ella se inclinó, susurrando “Simón, éstos son los anillos. Los que la reina Seelie quiere.” “Pensé que habías dijo que usted nunca los conseguiste -” Él se recargo, y levantando sus ojos a su cara. “Mentí. Realmente los tomé. Pero después de que vi a Jace en la biblioteca, no quise dárselos a la Reina. Tenía el presentimiento de que podríamos necesitarlos algún día. Pensé que ella nunca nos daría alguna información útil. Los anillos parecieron más valiosos que solo una ronda mas con la Reina.” Simón los alcanzó en su mano, escondiéndolos de la vista de Kaelie. “Clary, no puedes solo tomar algo que la Reina Seelie quiere y guardarlos para ti. Ella es un enemigo muy peligroso.” Ella le miró en un tono suplicante. “¿Podemos al menos ver cómo trabajan? Él suspiró y le tomo uno de los anillos; se sentían ligeros pero eran suaves como verdadero oro. Ella se preocupó durante un momento de que no le quedaran, pero tan pronto como ella lo introdujo en su dedo índice, pareció que se amoldaba a la forma de su dedo, hasta que quedara perfectamente en el espacio en bajo su nudillo. Echó un vistazo a la mano derecha de Simón, y noto que había sucedido lo mismo con él. “Ahora hablamos, creo,” dijo él. “Dime algo, ya sabes, mentalmente.” Clary giro hacia Simón, sintiendo absurdamente como si la hubieran invitar un jugar cuyas reglas no conocía. ¿Simón? Simón parpadeó. ¿Creo que - podrías hacerlo otra vez?” Esta vez Clary se concentró, tratando de enfocar su mente en Simón, solo en Simón, la forma en cómo piensa, el sentimiento de oír su voz, lo que siente cuando esta cerca. Sus susurros, sus secretos, el sonido de su risa. De este modo, ella pensó, ahora que estoy en tu mente, ¿quieras ver algunos recuerdos de Jace desnudos? Simón brincó. ¡Oí eso! Y, NO.” El entusiasmo burbujeó en las venas de Clary; esto funcionaba. “Piense algo para mí.” Se necesitó un segundo. Ella oyó a Simón, del modo que escuchaba al Hermano Zachariah, una voz sin el dentro de su mente. ¿Lo has visto desnudo? Bueno, no completamente. Pero yo... “Basta,” él dijo en voz alta, y aunque su voz tuviera una mezcla entre diversión y ansiedad, sus ojos brillaban. “Estas cosas trabajan. Mierda. Realmente funcionan.” Ella se inclinó. "¿Entonces puedo decirte mi idea?” Él tocó el anillo en su dedo, sintiendo su delicada forma, bajo la yema de su dedo. "Seguro." Ella comenzó a explicar, pero no había alcanzado el final de su descripción cuando Simón interrumpió, en voz alta. “No. Absolutamente no.” “Simón,” ella dijo. “Es un plan perfecto”. “El plan donde sigues a Jace y Sebastian lejos en alguna dimensión desconocido y usamos a éstos anillos para que te comuniques con nosotros aquí en la dimensión normal en la Tierra para que podamos rastrearte ¿Ese plan ? “Sí.” “No,” él dijo. “No, no es.” Clary se recostó. No puedes solo decir No.” "¡ este plan me incluye! ¡Y debo decir no! No.” "Simón-" Simón acarició el asiento junto a él como si alguien estuviera ahí. “Déjeme presentarte a mi buen amigo No.” “Tal vez podemos ajustarlo,” sugirió ella, mordiendo su rebanada de pastel. “No.” “SIMON.” “"No" es una palabra mágica,” él le dijo. "Así es como funciona, tú dices „Simón, tengo un plan insano y suicida. ¿Quieres ayudarme a realizarlo? ‟ Y yo digo, „Bueno, no. ‟” “Lo haré de todos modos,” dijo ella. La miro a través de la mesa "¿ Qué?” “Lo haré con o sin tu ayuda,” dijo ella. “Si no pudiera usar los anillos, de cualquier manera seguiría a Jace a dondequiera que fuera y trataría de comunicarme con ustedes escabulléndome, usando teléfonos, lo que sea. Simón. Tendré mejores posibilidad de la sobrevivencia si me ayudas. No hay ningún riesgo para ti.” “ No me preocupa el riesgo en mí,” siseo, inclinándose sobre la mesa. “Me preocupa que pasara contigo, Demonios, yo soy prácticamente indestructible. Déjeme ir a mí, y tú te quedas”. “Sí,” Clary dijo, “Jace no encontrará eso raro en absoluto. Puedes solo decirle que siempre has estado enamorado en secreto de él y que no pueden continuar separados.” “Yo podría decirle que he estado pensado y que estoy completamente de acuerdo con la filosofía de él y Sebastian y decidido lanzarme a él y tomarlo como mío". “No sabes siquiera cual es su filosofía” “Lo ves. Creo que tendré mejor suerte diciéndole que estoy enamorado de él. Jace piensa de todo el mundo enamorado de él de cualquier modo.” “Pero yo,” dijo Clary, “realmente lo estoy.” Simón la miró durante mucho tiempo atreves de la mesa, en silencio, “Hablas en serio,” dijo él finalmente. “Realmente harías esto... sin mí. Sin ninguna red de protección.” “No hay nada que yo no haría para Jace.” Simón apoyó su cabeza contra el asiento plástico. La Señal de Caín brilló con un suave color plata contra su piel. “No digas eso,” dijo él. "¿No haría tu cualquier cosa por salvar a quien amas?” “Yo haría casi lo que sea por ti,” dijo Simón quedamente. “Yo moriría para ti. Tú sabes eso. ¿Pero matarías a alguien más, alguien inocente? ¿Qué hay de la vida de muchos inocentes? ¿Y el mundo entero? ¿Es amor decirle a alguien que si debiera elegir entre ellos y el resto del planeta, tú los erigirías a ellos ? ¿Eso es- no lo sé, tiene moral esa clase de amor ?” “El amor no es moral o inmoral,” dijo Clary. “Sólo es.” “Sé,” dijo Simón. “Pero las acciones hacemos en el nombre del amor, esos son morales o inmorales. Y normalmente eso no importaría. Normalmente - todo pienso de Jace seria molesto - él nunca te pediría hacer algo en que fuera contra de tu naturaleza. No para él, no para alguien. ¿Pero él no es exactamente Jace, verdad? Y yo solo, no lo sé. Clary. No sé lo que él podría pedirte hacer.” Clary apoyó su codo en la mesa, de repente parecía muy cansada. “Tal vez él no es Jace. Pero él es la cosa más cercana a Jace que tengo. No hay ningún camino de regreso a Jace sin él.” Ella levantó sus ojos hacia Simón. “¿Están diciéndome que no hay esperanzas? Hubo un silencio largo. Clary podía ver en Simón la una honesta e innata preocupación por el deseo de proteger a su mejor amiga. Finalmente él dijo, “Yo nunca diría eso. Todavía soy judío, sabes, aun cuando soy un vampiro. En mi corazón recuerdo y creo, hasta las palabras que no puedo decir. D-” Él tosió y tragó. “Él hizo un convenio con nosotros, justo como el Cazadores de Sombras creen que Raziel hizo un convenio con ellos. Y nosotros creemos en sus promesas. Por lo tanto nunca podemos perder la esperanza porque si tu mantienes la esperanza viva, ella de mantendrá vivo. ”Él miró ligeramente avergonzado. “Mi rabino solía decir esto.” Clary deslizó su mano a través de la mesa y lo puso sobre la de Simón. Él raramente hablaba de su religión con ella o alguien, aunque ella sabía que él creía. "¿Esto significa que aceptas? Él gimió. “Pienso que esto significa que aplastaste mi espíritu y has vencido" “Fantástico.” “Por supuesto me dejas ser quien les avisar a los demás - su madre, Luke, Alec, Izzy, Magnus …” “Creo que no debí haber dicho que no habría ningún riesgo para ti ,” Clary dijo dócilmente. “Así es,” dijo Simón. “Sólo recuerda, que cuando tu madre golpee mi tobillo como una madre osa furiosa que han separado de su pequeño, lo hice para usted.” Jordan acababa de caer dormido cuando tocaron a la puerta principal por segunda vez. Se giro y gemido. El reloj al lado de su cama dijo marcaba con parpadeantes números amarillos las 4:00 am Más golpes a la puerta. Jordan rodó de mala gana se puso de pie, tomo uno de sus jeans prolongado sus vaqueros, y salió tambaleándose al vestíbulo. Exhausto, sacudió la puerta “Mire -” Las palabras murieron en sus labios. En el vestíbulo esta Maia. Ella llevaba vaqueros y una chaqueta de piel color caramelo, su pelo estaba recogido por detrás de la cabeza con palillos de bronce. Un rizo suelto solo se cayó sobre su cara. Los dedos de Jordan ardían por extender la mano y colocarlo detrás de su oído. En cambio él presiono sus manos en los bolsillos de sus vaqueros. “Linda Camisa,” dijo ella con un vistazo a su desnudo pecho. Había una mochila colgando de su hombre. Durante un momento su corazón brincó. ¿Estaba dejando la cuidad?¿Se alejaba de la cuidad para escaparse de él? “Mire, Jordan -” "¿Quién es?” La voz detrás de Jordan era ronca, como al levantarse de la cama, probablemente acababa de salir de ella. Él vio la boca de Maia abierta, y miró atrás sobre su hombro ver a Isabelle, llevando sólo un de las camisetas de Simón, de pie detrás de él y la frotándose los ojos. La boca de Maia se cerró con fuerza. “Soy yo,” dijo en tono en particular poco amistoso. ¿Esta de… visita con Simón?” "¿Qué? No, Simón no aquí.” Cállate Isabelle, pensó Jordan frenéticamente . “Él es …” Ella hizo gestos "fuera". Las mejillas de Maia se enrojecieron. “Huele a Bar aquí.” “Tequila barato de Jordan,” dijo Isabelle con un mechón de cabello en su mano. “Ya sabe …” "¿Es también su camisa?” Preguntó Maia. Isabelle se miro, y luego de regreso a Maia. Lentamente se dio cuenta lo que la otra chica pensaba. “Oh. No. Maia-” “Entonces primer Simón me engaño contigo, y ahora tu con Jordan -” “Simón,” dijo Isabelle, “también también me engaño contigo". "Da igual, no pasa nada entre mi y Jordan. Vine para ver a Simón, pero él no está entonces me decidí quedarme en su cuarto. Y mejor vuelvo allí ahora.” “No,” Dijo Maia bruscamente. “No lo hagas. Olvida a Simón y Jordan. Lo que tengo que decir, es algo que tú necesitas escuchar también.” Isabelle se congelo, y se sostuvo de la puesta de Simón, la adormilada cara de Isabelle palideció. "Jace", dijo ella. "¿Es por eso que estas aquí? Maia asintió con la cabeza. Isabelle se apoyo contra la puerta. “Es esta -” Su voz quebró. Comenzó nuevamente. “Han encontrado - ” “Volvió,” dijo Maia. “Por Clary.” Callo. “Tenia a Sebastian a su lado. Hubo una lucha, y Luke resulto herido. Está muriendo.” Isabelle hizo un sonido en la garganta. "¿Jace? ¿Jace ha lastimado a Luke?” Maia evitó sus ojos. “No sé lo que pasó con exactitud. Sólo Jace y Sebastian vinieron por Clary, y hubo lucha e hicieron daño a Luke.” "Clary-". “Está bien. Está con Magnus y su madre.” Maia giro hacia Jordan. “Magnus me llamó y me pidió viniera a verte. Trato de localizarte pero no lo logró. Quiere que le ayudes a contactar a los Praetor Lupus.” “Quiere comunicarse con …” Jordan sacudió su cabeza. “No se puede solo llamar a los Praetor. No es como llamar al 1-800- HOMBRE LOBO.” Maia cruzó los brazos. “Bien, ¿cómo podemos comunicarnos con ellos?” “Tengo a un supervisor. Él me busca cuando quiere hacerlo o yo puedo llamarlo si es una emergencia -” “ESTO es una emergencia.” Maia apretó los puños en su las presillas de su vaqueros. “Luke podría morir, y Magnus dice los Praetor podría tener la información que pro podría ayudar. ” Ella miró Jordan, con sus ojos grandes y oscuros. Debo decirle, pensó. Que a los Praetor no les agrada mezclarse en los asuntos de la Clave; que ellos mantienen apartados y enfocados en la misión - para ayudar a los nuevos Subterráneos. Que no había ninguna garantía de que ellos aceptarían ayudar, y que probablemente se ofenderían con la petición. Pero Maia se lo pedía. Esto era algo que él podía hacer por ella y probablemente sería el primer paso del largo camino para enmendar el daño que le había hecho antes. “Bien,” él dijo. “Entonces, vamos a su oficina central y preséntenos. Ellos se encuentran en la zona norte de Long Island. Bastante lejos de cualquier lugar. Podemos irnos en mi camioneta.” “De acuerdo.” Maia levantó mochila. “Pensé que era probable que tuviéramos que ir a algún sitio; por eso traje mis cosas.” “Maia.” Era Isabelle. Ella no había hablado durante un largo tiempo, tanto Jordan había olvidado que ella estaba allí; él giro y la vio apoyada contra la pared de la puerta Simón. Ella se abrazaba a sí misma como si estuviera sintiera demasiado frio. “¿Él está bien?” Maia se estremeció. "¿Luke? No, él -” “Jace.” La voz de Isabelle era un susurro. “¿Esta Jace bien? ¿Lo lastimaron o pudieron atraparlo o -” “Él está bien,” dijo Maia rotundamente. “Se ha ido. Ha desaparecido con Sebastian.” "¿Y Simón?” La mirada de Isabelle se fijo en Jordan. “Me dijiste que estaba con Clary-” Maia negó con la cabeza. “Él no estaba. Él no estaba allí.” Su mano estaba tensa en la correa de su mochila. “Pero hay una cosa que sabemos ahora, y no te gustará. Jace y Sebastian están unidos de alguna manera. Si Jace es herido, se hará daño a Sebastian. Mátalo, y Sebastian muere. Y viceversa. Eso fue lo que dijo Magnus.” "¿Lo sabe la Clave?” Isabelle exigió al instante. ¿No le informaron a la Clave, verdad?” Maia negó. “Todavía no.” “Lo descubrirán,” dijo Isabelle. “El grupo entero lo sabe. Alguien lo contará. Entonces será una persecución. Ellos van matarlo sólo para matar a Sebastian. Ellos lo matarán de todos modos.” Paso sus manos por su grueso cabello negro. “Quiero a mi hermano,” dijo ella. “Quiero ver Alec.” “Bien, eso está bien,” dijo Maia. “Después de Magnus de llamarme, envió un mensaje de texto. Él dijo que él tenía el presentimiento de que estarías aquí, y tengo un mensaje para ti. Quiere que vayas a un departamento en Brooklyn, de inmediato.” Hacía mucho frio afuera, tanto que ni las runas térmicas que se había colocado la protegían ( el delgado abrigo que había tomado del armario de de Simón - hacia mucho para evitara el escalofrió que sintió cuando empujo la puerta del edificio de departamentos de Magnus y entro. Luego de tocar el timbre, se dirigió a las escaleras, colocando su mano en la barandilla . Parte de ella quería apresurar los pasos, sabiendo un Alec estaría allí y el entendería lo que ella sentía. Pero otra parte de ella, la parte que había escondido el secreto de sus padres sus hermanos, querida para enroscarse y permanecer lejos, sola con su miseria. La parte que odiaba depender de alguien más - ¿Seria no sería justo defraudarlos ? - y estaba orgulloso de decir que Isabelle Lightwood no necesitaba de nadie se recordó que ella estaba ahí porque se lo pidieron. La necesitaban. Isabelle no se opuso a ser necesaria. Le gustaba, de hecho. Fue por eso que había tomado tanto tiempo encariñarse con Jace cuanto éste atravesó por primera vez el portar desde Idris, un muchacho de diez años delgado con ojos de oro pálidos. Habría estado encantada con él de inmediatamente, pero Isabelle se habría sentido mal al perder su autodominio. Cuando su madre le menciono que el padre de Jace había sido asesinado frente a él, ella le había imaginado viniendo a ella lloroso, buscando consuelo e incluso consejo. Pero el no parecía necesitar a nadie. A sus diez años que había él tenía una defensa fuerte, ingenio y un temperamento ácido. De hecho, Isabelle tenía pensamiento, de que era como ella. Al final el era un Cazador de Sombras y ellos se habían unido - compartiendo el un amor por las armas afiladas, brillando cuchillos serafín, el doloroso placer de las quemaduras de Marcas, los pensamientos previos a la batalla. Cuando Alec había querido salir a cazar solo con Jace, abandonando a Izzy, Jace había hablado para ella: “la necesitamos con nosotros; ella es la mejor. Después de mí, por supuesto.” Ella le había amado sólo para eso. Estaba frente a la puerta principal del departamento de Magnus. La luz manó por la grieta bajo la puerta, y ella escucho murmullo. Empujó la puerta, y una onda de calor la envolvió. Se detuvo agradecidamente. El calor provenía de un fuego que salta desde la chimenea - aunque no hubiera ningunas chimeneas en el edificio, y el fuego tenía el dejo azul-verde de llama encantada. Magnus y Alec estaban sentados en uno de los sillones cerca de la chimenea. Cuando entró, Alec el busco y la vio, y saltó a sus pies, apresurándose con los pies descalzos a través del cuarto - él vestía negro pantalones deportivos y una camiseta blanca con el cuello rasgado - para poner sus brazos alrededor de ella. Durante un momento ella permaneció quieta en el círculo de sus brazos, oyendo el latido de su corazón, sus manos acariciando torpemente de arriba abajo su espalda, su pelo. "Iz", él dijo. “Todo estará bien, Izzy.” Ella se apartó de él, limpiando sus ojos. Dios, lamentó no gritar. "¿Cómo puedes decir esto?” ella se rompió. " ¿cómo puede posiblemente estar bien después de esto?” “Izzy.” Alec dibujó el pelo de su hermana sobre un hombro y tiró suavemente. Esto le recordó de los años cuando ella solía llevar su pelo en trenzas y Alec jalaba de ellos, con menos suavidad que mostraba ahora. “No rompas en miles de piezas. Te necesitamos.” Bajando su voz. “A demás, ¿sabías que hueles a tequila? " Ella miro a Magnus, que observaba desde el sofá con sus ojos de su gato ilegibles. “¿Donde está Clary? ”Pregunto. "¿Esta con su madre? Pensé estarían aquí.” “Un sueño,” dijo Alec. “Pensamos que necesitaban descanso.” "¿Y yo no?” “¿Has visto el casi asesinato de tu novio o casi padrastro asesinado delante de tus ojos? ” preguntó Magnus con sequedad. Él vestía pijama rayado y una bata de seda. “Isabelle Lightwood,” él dijo, sentado y colocando sus manos frente a él. “Como Alex dijo, te necesitamos.” Isabelle se enderezó, bajando sus hombros. "¿Me necesitan para qué?” “Para ir con las Hermanas de Hierro,” dijo un Alec. “Necesitamos un arma que dividirá a Jace y Sebastian de modo el daño sea por separado - Bueno, tu sabes lo que quiero decir. Que Sebastián pueda ser asesinado sin hacer daño a Jace. Y es cuestión de tiempo antes del Clave sapa que Jace no es preso de Sebastian, sino que trabaja con él-” “No es Jace,” protestó Isabelle. “Puede no ser Jace,” dijo Magnus, “pero si él muere, su Jace muere directamente con él.” “Como sabes, las Hermanas de Hierro sólo hablan con mujeres,” dijo un Alec. “Jocelyn por ya no es una Cazadora.” "¿Y Clary?” “Ella todavía está en la formación. Ella no sabrá las preguntas correctas o el modo de encontrarlas. Pero usted y Jocelyn sí. Jocelyn dijo que ella ha ido antes; ella puede guiarte una vez te transportemos a las salas alrededor de Ciudadela Damant. Tú irás, las dos ira, por la mañana.” Isabelle lo consideró. La idea de tener finalmente algo para hacer, algo definido y activo e importante, era un alivio. Ella habría preferido una tarea relacionada con la matanza de demonios o cortando las piernas de Sebastian, pero esto era mejor que nada. Las leyendas que rodean la Ciudadela Damant y el hecho de ser un prohibido, distante, y el que las Hermanas de Hierro fueron vistas mucho más raramente que los Hermanos. Silenciosos. Isabelle nunca había conocido a una. "¿Cuándo nos marchamos?” ella dijo. Alec sonrió por primera vez desde que había llegado, y aproximo para agitar su pelo. “Esta es mi Isabelle.” “Déjelo.” Ella lo esquivo y vio Magnus que sonríe desde el sofá. Se levantó paso una mano en su pelo negro explosivamente puntiagudo. “Tengo tres cuartos libres,” dijo él. “Clary está en uno; su madre en el otro. Le mostraré el tercero.” Los cuartos se encontraban en un estrecho corredor, sin ventanas. Dos de las puertas estaban cerradas; Magnus guio a Isabelle a la tercera, un cuarto cuyas paredes estaban pintadas rosadas. Negras cortinas colgaban de barras de plata sobre las ventanas con esposas. La sobrecama tenía una letra de rojo oscuro con corazones en ella. Isabelle echó un vistazo alrededor. Se sentía nerviosa y sin ganas de dormir ahí. “Las Esposas son agradables. Puedo ver por qué no puso a Jocelyn en aquí.” “Necesitaba algo para acomodar las cortinas.” Magnus se encogió de hombros. ¿Tiene que usar para dormir?” Isabelle negó con la cabeza, no quería confesar que llevaba la camisa de Simón, la que había encontrado traído en el piso. Los vampiros realmente no tienen olor, pero la camisa todavía conservaba un débil aroma, un agradable olor a jabón de lavandería. “Es extraño,” dijo ella. "Tu exigiendo que venga en seguida, sólo para ponerme a dormir en esta cama y diciendo que empezaremos mañana.” Magnus se apoyó contra la pared por la puerta, con los brazos en el pecho, y mírala con sus ojos de gato. Durante un momento le recordó a Iglesia, sólo que menos afecto a morder. “Amo a su hermano,” dijo él. “Lo sabes, ¿no?." “Si quieres mi permiso para casarse con él, dilo ya" dijo Isabelle. “Otoño tiene un tiempo agradable para ello. Podría llevar un traje naranja .” “Él no es feliz,” dijo Magnus, como si ella no hubiera hablado. “Por supuesto que lo no es,” respondió Isabelle. “Jace-” “Jace,” dijo Magnus, y sus manos se hicieron puños a su lado. Isabelle siempre había pensado que Jace no le molestaba creyó que incluso le gustaba, en especial luego de la definición de los afectos de Alec Hablo en voz alta, “pensé que tu y Jace eran amigos.” “No es eso,” dijo Magnus. “Hay otras personas - Personas que el universo ha puesto por un especial propósito. Favores especiales y tormentos especiales. Dios sabe que nos sentimos atraídos hacia lo que es hermoso y roto; yo lo he sido, pero algunas personas no pueden arregladas. O si es posible, solo se logra por el amor y sacrificio que destruye al otro.” Isabelle asintió despacio con su a su cabeza. “Tú me has perdido. Jace es nuestro hermano, pero para Alec - el es su parabatai , también.” “Yo sé sobre parabatai,” dijo Magnus. “He conocido parabatais tan unidos que eran prácticamente la misma persona. ¿Tú sabes que sucede cuando uno de ellos muere? ¿Sabes lo que sucede con aquel que vive? "!Detente!” Isabelle coloco sus manos sobre sus oídos, y las retiro lentamente. “¿Cómo te atreves?, Magnus Bane” dijo. “¿Cómo te atreves a hacer esto peor de lo que ya es? "Isabelle". Las manos de Magnus se aflojaron; la miró un momento con los ojos muy abiertos, como si su enojo le hubiera asustado. "Lo lamento algunas veces olvido … que tú también puedes perder el control, que posees la misma vulnerabilidad que Alec.” “No hay nada débil en Alec,” dijo Isabelle. “No,” dijo Magnus. “Amar como lo que eliges, requiere de mucha fuerza. La cosa es, la quiero aquí para él. Hay cosas que yo no puedo hacer por él, ni que puedo darle.” En ese momento Magnus se veía de una manera rara y vulnerable. “Tu han conocido a Jace tanto como él. Puedes darle el consuelo que yo no. Y él te ama.” “Por supuesto que me ama. Soy su hermana.” “La sangre no es amor,” dijo Magnus, y su voz era amarga. “Sólo pregunte a Clary.” Clary salió atreves del Portal como si hubiera sido disparada por el cañón de un rifle y volando al otro extremo. Se cayó en el suelo y golpeando con fuerza en los pies, metiendo el aterrizaje al principio. La postura duró sólo un momento antes, demasiado mareada por el Portal como para concentrarse, perdió el equilibrio y cayó en el suelo, su mochila amortigua la caída. Suspiró - un día todo el entrenamiento realmente servirá - y puso de pies, sacudiéndose polvo de la parte de sus jeans. Estaba de pie delante de la casa de Luke. El río brillando sobre su hombro, la ciudad elevándose detrás de ella como un bosque de luces. La casa de Luke estaba como la habían dejado, unas horas antes, cerrada con llave y oscura. Clary, estaba de pie sobre el duro camino que conducía a los escalones de entrada. Toco despacio el anillo en su mano derecha con los dedos de la izquierda. ¿Simón? La respuesta vino inmediatamente. ¿Sí? ¿Dónde están estas? Camino hacia el metro. ¿Usaste el Portal para llegar a casa de Luke? Estoy en casa de Luke. Si Jace viene y pienso que lo hará, será el lugar. Silencio. Entonces, Pues supongo que sabrás como contactarme si me necesitas. Eso creo. Suspiro Clary. ¿Simón? ¿Sí? Te amo. Pausa... Yo te amo, también. Y eso fue todo. No había ningún clic, como sucede cuando se ha colgado un teléfono; Clary sólo sintió romperse la conexión, como si una cuerda hubiera sido cortada dentro de su cabeza. Se preguntó si esto le sucedió a Alec, lo que explico de la ruptura de la unión parabatai. Se movió despacio hacia la casa de Luke. Esta era su casa. Si Jace quiera venir por ella, como había dicho que lo haría, es aquí donde vendría. Se sentó en lo alto de la escalera, coloco la mochila en su regazo, y esperó. Simón permaneció de pie delante del refrigerador del departamento y tomó un último trago de la sangre fría con la voz de Clary grabada en su mente. Acababa de llegar a casa, y el departamento estaba oscuro, el sonido del refrigerador era fuerte, y el lugar olía de forma extraña a - ¿tequila? Tal vez Jordania había estado bebiendo. Su dormitorio tenia la puerta cerrada, de cualquier modo, Simón no lo le culpaba por estar dormido; pasaban de las cuatro de la mañana. Empujó la botella atrás en la nevera y se dirigió a su cuarto. Sería la primera noche de la semana que dormiría en su casa. Se había acostumbrado a compartir con alguien la cama, un cuerpo a rodar contra él en el medio de la noche. Le gustaba la manera en que Clary acomodaba contra él, movía su cabeza sobre su brazo. Debía admitir que le gustaba ella no pudiera dormir a menos que él estuviera con ella. Lo hacía sentir indispensable y necesario - aun si eso hecho provocara el disgusto de Jocelyn no a la que no le agradaba que durmiera en la cama de su hija o como lo consideraba tan sexualmente amenazador como un pez de colores. Por supuesto, él y Clary habían compartido camas a menudo, desde que tenían cinco años hasta que fueran aproximadamente doce. Esto podría haber tenido algo que ver con ello, reflexionó, empujo la puerta de su dormitorio. La mayor parte de aquellas noches las habían gastado involucrados en tórridas actividades, como tener competencias para ver quién podría comer más de mantequilla de maní. O se movían sigilosamente hasta el aparato de DVD portátil y - parpadeó. Su cuarto, el mismo - con paredes desnudas, su ropa en estantes plásticos, la guitarra cuelga de la pared, y un colchón en el suelo. Pero en la cama había una única pieza de papel - blanco y cuadrada contra la manta negra raída. La escritura, movimientos que le eran familiares: Isabelle. Lo tomo y leyó: Simón, He estado tratando de llamarle, pero tu teléfono parece estar apagado. No sé donde estas ahora mismo. No sé si Clary te ha contado lo que paso esta noche. Pero tengo con Magnus, realmente me gustaría que estuvieras allá. Nunca me asusto, pero estoy asustada por Jace. Estoy asustada por mi hermano. Nunca te he pedido algo, Simón, pero debo hacerlo. Por favor ven. Isabelle. Simón dejó caer la carta de su mano. Él estaba fuera del departamento y caminando por las escaleras antes de que la carta cayera al piso. Cuando Simón entró en el departamento de Magnus, todo estaba tranquilo. Había un fuego en la chimenea, y Magnus estaba sentado de frente en un sofá, con sus pies sobre la mesa de centro. Alec estaba dormido, con su cabeza en el regazo de Magnus, y él acariciaba el negro cabello Alec. La mirada fija del brujo, en las llamas, era distante, como si mirara hacia el pasado. Simón recordó que Magnus le había contado una vez, sobre la vida como inmortal: Un día tú y yo seremos los únicos. Simón se estremeció; Magnus levanto la vista. “Isabelle llamo por ti, lo sé.” dijo, habla con en voz baja para no despertar Alec. “Ella está por el pasillo - primer dormitorio a la izquierda.” Simón saludó con la cabeza y, se dirigió en la dirección de Magnus le indico por el pasillo. Él se movió especialmente nervioso, como si él se preparará para su primera cita. Isabelle, en su memoria, nunca había pedido su ayuda o nunca había conocido que necesitará su presencia antes, nunca pensó que ella lo necesaria de algún modo. Empujó la puerta del primer dormitorio y entro. Estaba oscuro, con las luces apagadas; si Simón no tuviera vista de vampiro, él probablemente solo vería oscuridad. Así las cosas, vio los contornos de una armario, sillas con ropa tirada por encima de ellos, y un cama, con las cobijas desdobladas. Isabelle estaba dormida de lado, con el cabello negro disperso en la almohada. Simón miró fijamente. Él nunca había visto a Isabelle dormir antes. Pareció más joven, su cara relajada, sus pestañas largas que sobre sus pómulos. Su boca estaba ligeramente abierta. Ella llevaba sólo una camisa - su camiseta, una camiseta azul que usa que decía "CLUB DE AVENTURAS DEL MOSNTRUO DEL MONSTRUO DEL LAGO NESS: BUSCANDO RESPUESTAS, IGNORANDO HECHOS. Simón cerró la puerta detrás de él, sintiéndose decepcionado por lo que había esperado. Esto no se le había ocurrido, que el llegara y ella estaría dormida. Él había imaginado diríjase a ella, y oír su voz. Se deshizo de sus zapatos y acostó junto a ella. Ella ciertamente ocupaba más espacio en la cama que Clary. Isabelle era alta, casi de su altura, aunque cuando él puso su mano sobre su hombro, sus huesos se sintieron delicados bajo su toque. Acaricio con la mano su brazo, "¿Iz?” él dijo. "¿Isabelle?” Ella murmuró y giro la cara hacia la almohada. Él se apoyo más cerca - ella olía a alcohol y perfume de rosas. Bien, esto respondía todo. Él había pensando acercarse y tomarla entre sus brazos y besarla suavemente, pero “Simón Lewis, Molestador de Mujeres Desmayadas” no era realmente el epitafio por el cual quisiera ser recordado. Se recostó sobre su espalda y contempló el techo. Yeso agrietado, marcado por manchas de agua. Magnus traer a alguien para repararlo. Como si sintiera su presencia, Isabelle giro contra él, su mejilla suave contra su hombro. "¿Simón?” ella dijo vacilante. “Sí.” dijo tocando ligeramente su cara. “Viniste.” Ella estiró su brazo sobre su pecho, el moviéndose de modo que su cabeza se acomodara en su hombro. “No pensé que lo harías.” Sus dedos formaron figuras en su brazo. “Por supuesto que vendría.” Las siguientes palabras de ellas fueron amortiguadas contra su cuello. “Lo siento, Estoy dormida.” Él sonrió, un poco, en la oscuridad. “Es bien. Incluso si todo que quisieras fuera que te abrazara mientras duerme, yo lo habría hecho.” Sintió como ella se ponía rígida, y luego se relajaba. ¿" Simón?” "¿sí?” "¿Me puedes contarme una historia?” Parpadeó. "¿qué tipo de historia?” “Alguna donde los tipos buenos ganan y el tipo malo pierde. Muere.” "Así que, ¿quieres un cuento de hadas?” dijo. Se devanó los sesos. Él sólo sabía las versiones Disney de cuentos de hadas, y la primer la imagen en venirle a la mente era Ariel con su sostén de concha de mar. El había estado loco por ella cuando él tenía ocho años. No es que este parecía que el momento indicado para mencionarlo. “No.” La palabra era apenas una exhalación. “Estudiamos los cuentos de hadas en escuela. Mucha de esa magia es verdadera - pero, de todos modos. No, quiero algo que no haya escuchado aún.” “Bien. Tengo uno bueno.” Simón acarició el cabello de Isabelle, sintiendo sus risos revolotear contra su cuello. “Hace tiempo, en una galaxia muy muy lejana …” Clary no sabía cuánto había estado sentada frente a la casa de Luke cuando el sol comenzó a salir. Esto se elevaba detrás de su casa, el cielo se tornaba rosáceo - el Río veía como una tira de azul acerado. Ella temblaba, había temblado por tanto tiempo que su cuerpo entero parecía una sola pieza contraída por el frío. Había utilizado dos runas calentadoras, pero ni ellas habían ayudado; tenía la sensación de que el temblor era psicológico tanto como algo más. ¿Vendría? Si Jace aun estaba dentro como ella pensaba, él vendría; cuando había dicho que él volviera por ella, ella había pensado que sería lo más pronto posible. Jace no era paciente. Y no jugaba con ello. Pero eso era todo lo que ella podía esperar. Eventualmente el sol saldría. El día comenzaría, y su madre la buscaría. Tendría que desista de Jace, durante al menos otro día, si no es que mas. Cerró los ojos contra el resplandor del sol, apoyando los codos en los escalones detrás de ella. Solo por ese momento se permitió volar en la fantasía, que todo lo era como siempre había sido, que nada había cambiado, que ella se encontraría con Jace por tarde para practicar, o por la noche para cenar, y él la abrazaría y la haría reír como siempre hacía. Brillos cálidos de luz tocaron su rostro. De mala gana abrió los ojos. Y ahí estaba él, caminando hacia ella por las escaleras, silencioso como un gato, como siempre. Usaba un suéter azul oscuro que hacía que pelo parecerá la luz del sol. Pensó esa noche en Idris, con los fuegos artificiales cruzando el cielo y ella imaginando ángeles, que se cayendo en llamas. Él llegó hasta ella y extendió las manos, se las tomo y permitió que la ayudara a ponerse de pie. Sus ojos de oro pálido buscaron su rostro. "No estaba seguro de que estarías aquí." "¿Desde cuándo no estás seguro de algo acerca de mí?” “Estabas bastante enojada antes.” Él acuno su cara con la mano. Había una cicatriz áspera en su palma; podía sentirla contra su piel. "¿Entonces si yo no hubiera estado aquí, qué habrías hecho?” Él la atrajo hacia sí. Temblaba también, y el viento hacía volar su pelo en rizos, desordenados y brillantes. “¿Cómo se encuentra Luke?” Con el sonido del nombre de Luke, otro estremecimiento la atravesó. Jace, pensó que era frío, la abrazo con más fuerza. "Él estará bien", dijo con cautela. Es su culpa, su culpa, su culpa. “Nunca pensé lastimarlo.” Las brazos de Jace estaban a su alrededor, sus dedos subían y bajaban sobre su espina. "¿puedes creerme?” “Jace …,” dijo Clary. "¿Por qué estás aquí?” “Para preguntarte nuevamente. Para que vengas conmigo.” Ella cerró sus ojos. “¿Y no me dirás a donde?” “Fe,” él dijo suavemente. “Debes tener la fe. Pero también debes saber, que si vienes conmigo no hay marcha. No por un largo tiempo.” Clary pensó en el momento cuando ella había salido de Java Jones y lo había visto esperándola. Su vida había cambiado en aquel momento, un camino que no podría ser deshecho. “Nunca ha habido marcha atrás,” dijo ella. “No contigo.” Abrió sus ojos. “Deberíamos irnos.” Él sonrió, tan brillante como el sol que sale de detrás de las nubes, y ella sintió que su cuerpo se relajaba. “¿Estas segura? “Lo estoy.” Él se inclinó y la besó. Ella se levanto de puntitas para alcanzarlo probó algo amargo en sus labios; entonces la oscuridad bajó como una cortina que señala de una obra de teatro.
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Mensaje por StephRG14 el Jue 07 Mayo 2015, 5:09 pm

Capitulo 8; El fuego prueba el oro


Maia nunca había estado en Long Island, pero cuando pensaba en él, siempre se había imaginado un sitio muy parecido a Nueva Jersey, sobre todo los suburbios, un lugar donde la gente que trabaja en Nueva York o en Filadelfia vivía realmente. Ella había dejado caer su bolsa en la parte posterior de la camioneta de Jordan, su camioneta la había sorprendido, cuando salían juntos tenía un destartalado Toyota, siempre lleno de tazas de café viejas y arrugas bolsas de comida rápida, el cenicero lleno de cenizas y cigarrillos fumados. La cabina de esta camioneta era relativamente limpia, tenía una pila de papeles en el asiento del pasajero que Jordan trasladó, a un lado sin hacer ningún comentario. No habían hablaron durante el trayecto, al final Maia se durmió con su mejilla apoyada contra el frío cristal de la ventana. Al final se despertó cuando atravesaron una zona de baches y uno de ellos la sacudió hacía delante. Parpadeó y se frotó los ojos. -Lo siento- Dijo Jordan con voz triste.- Yo te iba a dejar dormir hasta que llegáramos allí. Se había sentado, mirando a su alrededor. Él había estado conduciendo por una carretera de dos carriles de asfalto, el cielo alrededor de ellos estaba empezando a aclarar. Había campos a ambos lados del camino, casas de campo ocasionales estilo techos hechos con tablas de madera y vallas a su alrededor. -Es bonito.- Dijo ella con sorpresa. -Sí.- Jordan había cambiado los engranajes, aclarándose la garganta.- Ya que te despertaste, ¿Puedo mostrarte algo antes de que lleguemos a la casa del Praetor? Ella vaciló solo un momento antes de asentir, y ahora allí estaban, en un camino de tierra de un solo carril, con árboles en los dos lados. El camino estaba lleno de barro y tenía muchas hojas. Maia le dio la vuelta a la manivela de la camioneta para bajar la ventana y poder oler el aire. Los árboles, el agua salda, hojas en descomposición, los pasos de los pequeños animales corriendo por la hierba. Tomó otra respiración profunda, y miró de nuevo. Salieron fuera de la carretera y llegaron a un pequeño espacio circular de color gris. Delante de ellos estaba la playa, el agua se extendía hacia debajo de un color azul oscuro. El cielo era casi lila. Ella miró hacía Jordan, él miraba fijamente todo. -Solía venir aquí cuando me entrenaba en la Casa del Praetor.- dijo él.- A veces solamente para mirar el agua y limpiar mi cabeza, para ver la salida del sola aquí todas son diferentes, pero todas hermosas. -Jordan. Él no la miró.- ¿Sí? Lo siento por lo de antes. Sobre salir corriendo, ya sabes, del pabellón de la marina.” “Está bien.” Dejó salir el aire lentamente, pero ella pudo sentir por la tensión en sus hombros, su mano aferrando el cambio de velocidades, que no estaba bien, en realidad no. Trató de no mirar como la tensión delineaba los músculos de su brazo, acentuando las líneas de su bicep. “Era mucho que asimilar; lo entiendo. Es solo…” “Creo que deberíamos tomarlo lento. Trabajar para ser amigos.” “No quiero que seamos amigos,” dijo él. Ella no pudo ocultar su sorpresa. “¿Ah, no?” El movió las manos de la palanca hacia el volante. El aire tibio entraba del calentador dentro del automóvil mezclándose con el aire frío que entraba de por la ventana abierta de Maia. “No deberíamos hablar sobre esto ahora.” “Quiero hacerlo,” dijo ella. “Quiero hablar sobre eso ahora. No quiero estar estresándome por nosotros cuando estemos en la casa del Praetor.” El se deslizó por el asiento, mordiéndose el labio. Su cabello café cayéndole sobre la frente. “Maia…” “Si no quieres que seamos amigos, ¿entonces que somos? ¿Otra vez enemigos?” El volteó la cabeza, su mejilla contra el asiento del carro. Esos ojos eran justo como ella los recordaba, carameno con chispas de verde azul y dorado. “No quiero que seamos amigos,” dijo él, “porque yo todavía te amo. Maia, ¿sabes que ni siquiera he besado a nadie desde que terminamos?” “Isabelle…” “Quería emborracharse y hablar sobre Simon.” Quitó la mano del volante y la estiró hacia ella, luego las dejó caer de vuelta en su regazo, con una mirada de derrota en su cara. “Siempre te he amado solamente a ti. Pensar en ti me hizo pasar el entrenamiento. La idea de que pudiera compensártelo algún día. Y lo haré, de cualquier manera, excepto una.” “No serás mi amigo.” “No seré solamente tu amigo. Te amo Maia. Estoy enamorado de ti. Siempre lo he estado. Siempre lo voy a estar. Ser solamente tu amigo me mataría.” Ella miró hacia el océano. El borde del sol estaba mostrándose sobre el agua, sus rayos iluminando el océano en tonos de morado y oro y azul. “Es tan hermoso aquí.” “Es por lo que solía venir aquí. No podía dormir, y me quedaba mirando salir el sol.” Su voz era suave. “¿Puedes dormir ahora?” Ella volvió a mirarlo. El cerró los ojos. “Maia… si vas a decir que no, que no quieres ser nada más que amigos… solo dilo. Arranca la bandita, está bien?” El parecía como si estuviera preparándose para un golpe. Sus pestañas hacían sombra en sus mejillas. Había blancas cicatrices pálidas en la piel olivo de su garganta, cicatrices que ella le había hecho. Se quitó el cinturón de seguridad y se arrastró por el asiento hacia él. Lo escuchó jadear, pero no se movió cuando ella se inclinó y le besó la mejilla. Inhalando el aroma de él. El mismo jabón, el mismo champú, pero ya no el persistente olor de los cigarrillos. El mismo chico. Lo besó por su mejilla, en la esquina de la boca y finalmente acercándose más, puso la boca sobre la de él Sus labios se abrieron debajo de los de ella, y gruñó profundo en su garganta. Los lobos no eran amables entre sí, pero sus manos eran ligeras sobre ella cuando la levantó y la puso sobre su regazo, enredando los brazos en ella mientras su beso se profundizaba. La sensación de él, la calidez de sus brazos envueltos en pana alrededor de ella, el palpitar de su corazón, el sabor de su boca, el encuentro de sus labios, dientes, y lengua, le robó el aliento. Sus manos se deslizaron por la nuca y se derritió contra él mientras sentía mientras sentía los gruesos rizos de su cabello, exactamente del modo en que habían sido. Cuando finalmente se separaron, sus ojos estaban vidriosos. “He estado esperando eso por años.” Ella trazó la línea de su clavícula con un dedo. Pudo sentir su propio corazón latiendo. Por unos cuantos minutos no habían sido dos lobos en una misión hacia una mortal organización secreta – habían sido dos adolescentes, besándose en un carro en la playa. “¿Compensó tus expectativas?” “Fue mucho mejor.” Su boca se curvó en una esquina. “Eso quiere decir…” “Bueno,” dijo ella. “No es el tipo de cosa que haces con tus amigos, ¿cierto?” “¿Ah no? Tendré que decírselo a Simon, va a estar en serio muy decepcionado.” “Jordan.” Ella lo golpeó a la ligera en el hombro pero estaba sonriendo, y también él, una atípica sonrisa enorme y juguetona extendiéndose por toda su cara. Ella se inclinó más cerca y puso su cara contra la curva de su cuello, respirándolo a él, junto con el aire de la mañana. ::: Clary despertó con su corazón martilleando, enredada en un nudo de mantas. Se sentó subiendo las mantas hasta la cintura. Era un cuarto desconocido. Los muros tenían encalado blanco, y estaba descansando en una cama hecha de madera negra, aun usando la ropa que usó la noche anterior. Se deslizó fuera de la cama, con los pies descalzos golpeando el piso de piedra, y miró alrededor en busca de su mochila. La encontró fácilmente, puesta encima de una silla de cuero negro. No había ventanas en la habitación; la única luz venía de una lámpara de cristal colgando sobre su cabeza hecha de vidrio negro. Metió una mano en la bolsa y con molestia, aunque sin sorprenderse, se dio cuenta que alguien ya había estado hurgando en su contenido. Su caja de arte se había ido, incluida su estela. Todo lo que quedaba era su cepillo del pelo, y un cambio de pantalones y ropa interior. Al menos el anillo de oro estaba en su dedo todavía. Lo tocó ligeramente y pensó en Simon. –Ya estoy dentro.- Nada. -¿Simon?- No hubo respuesta. Se tragó su inquietud. No tenía idea de donde estaba qué hora era o que tanto había estado inconsciente. Simon podría estar dormido. No podía entrar en pánico y asumir que los anillos no funcionaron. Tenía que irse en piloto automático. Revisar en donde estaba, averiguar lo que pudiera. Trataría de contactar con Simon más tarde. Respiró profundo, y trató de enfocarse en sus alrededores inmediatos. Dos puertas llevaban fuera de la habitación. Intentó con la primera y esta llevaba a un pequeño baño de cristal y cromo, con una bañera de pies de cobre. No había ventanas ahí tampoco. Se dio un baño de prisa y se secó con una toalla blanca y esponjosa, luego se cambió con unos pantalones limpios y un suéter antes de regresar a la habitación, recogiendo sus zapatos e intentando con la segunda puerta. Bingo. Ahí estaba el resto de la – casa? Departamento? Estaba en una gran habitación, la mitad de la cual estaba ocupada por una larga mesa de cristal. Había más lámparas de cristal cortado colgando del techo, enviando luces danzarinas por las paredes. Todo era muy moderno, desde las sillas de cuero negro hasta la enorme chimenea enmarcada con como lavado. Había un fuego ardiendo en ella. Así que alguien tenía que estar en casa, o al menos debía haberlo estado muy recientemente. En la otra mitad de la habitación estaba una enorme pantalla de televisión, una brillante mesa de café negra sobre la cual estaban desparramados juegos y controles y asientos bajos de cuero. Un juego de escaleras de cristal subían en una espiral. Después de un vistazo, Clary comenzó a subirlas. El cristal era perfectamente transparente, y daba la impresión de que estuviera subiendo por una escalera invisible hacia el cielo. El segundo piso era muy similar al primero – paredes pálidas, piso negro, un largo corredor con puertas abriéndose hacia este. La primera puerta conducía al o que claramente era la recámara principal. Una enorme cama de palisandro, con cortinas de gasa colgando de ésta, ocupaba la mayoría del espacio. Había ventanas ahí, teñidas de azul oscuro. Clary atravesó la habitación y miró hacia afuera. Se preguntó por un momento si estaba de regreso en Alicante. Estaba viendo a un edificio que estaba a través de un canal, sus ventanas cubiertas y cerradas con persianas verdes. El cielo por encima era gris, el canal de un azul verdoso oscuro, y había un puente visible justo a su derecha, cruzando el canal. Dos personas estaban de pie en el puente. Una de ellas sostenía una cámara en su rostro y estaba ocupadísimo tomando fotografías. No era Alicante entonces. ¿Ámsterdam? ¿Venecia? Miró a todos lados buscando una forma de abrir la ventana, pero no parecía tener ninguna; se lanzó contra el cristal y gritó, pero los caminantes en el puente no la notaron. Después de unos momentos se fueron. Clary volteó de nuevo hacia el dormitorio y fue hacia uno de los guardarropas y lo abrió. Su corazón se saltó un latido. El guardarropa estaba lleno de ropa – ropas de mujer. Hermosos vestidos – de encaje y satín y bordados y flores. Los cajones tenían camisolas y ropa interior, b lusas de algodón y seda, faldas, pero ningún pantalón. Había incluso zapatos alineados, sandalias y tacones altos, y pares doblados de medias. Por un momento solo contempló, preguntándose si habría otra chica quedándose aquí, o si Sebastian se habría comenzado interesar en el travestismo. Pero la ropa era casi de su medida. No solo eso, se dio cuenta lentamente, contemplando. Eran exactamente de las formas y colores que le quedarían bien a ella – azules y verdes y amarillos, con cortes para una persona bajita. Eventualmente tomó una de las blusas más simples, una de mangas cortas de color verde oscuro, con un encaje de seda en el frente. Después de descartar su blusa desgastada en el piso se metió en la blusa y se miró en el espejo que estaba colgado dentro del guardarropa. Le quedaba a la perfección. Hecha para resaltar lo mejor de su pequeña figura, aferrándose a su cintura, oscureciendo el verde de sus ojos. Le quitó la etiqueta, sin querer que tanto costaba, y se apresuró a salir de la habitación, sintiendo un escalofrío corriéndole por la espalda. La siguiente habitación era claramente la de Jace. Lo supo en el minuto en que entró. Olía como él, como a su colonia y a jabón y al aroma de su piel. La cama era de ébano con sábanas blancas y mantas perfectamente hechas. Estaba tan ordenado como su habitación en el Instituto. Los libros estaban apilados junto a su cama, títulos en italiano y francés y latín. La daga plateada de los Herondale con su patrón de aves estaba clavada en el aplanado del muro. Cuando miró más de cerca se dio cuenta de que estaba sosteniendo una fotografía en su sitio. Una fotografía de sí misma y de Jace, tomada por Izzy. La recordaba, un día claro en principios de Octubre, Jace sentado en los escalones del frente del Instituto, un libro en su regazo. Ella estaba sentada un escalón por encima de él, con la mano en su hombro, inclinándose para ver lo que estaba leyendo. La mano de él cubría la de ella, casi de un modo ausente y él estaba sonriendo. Ella no había podido ver su rostro aquel día, no había sabido que estaba sonriendo de esa manera, no hasta ahora. Su garganta se contrajo, y salió de la habitación conteniendo el aliento. No podía comportarse así, se dijo duramente. Como si cada visión de Jace del modo en que fue ahora fuera un golpe en su tripa. Tenía que pretender que eso no importaba, como si no notara la diferencia. Se fue hacia la siguiente habitación, era muy parecida a la anterior, pero esta era un desastre – la cama era un enredo de sábanas negras de seda y colcha, un escritorio de acero y cristal lleno de libros y papeles, ropas de chico regadas por todos lados. Pantalones y chaquetas y camisetas y ropas de combate. Su ojo cayó en algo que brillaba plateado recargado contra la mesa de noche cerca de la cama. Se movió hacia adelante, mirándola, incapaz de creerle a sus ojos. Era la pequeña caja de su madre, aquella con las iniciales J.C. en ella. La que su madre solía sacar cada año, una vez al año, y llorar con ella en silencio, las lágrimas corriendo por su cara para estrellarse sobre las manos. Clary sabía lo que había en la caja – un mechón de cabello, tan delgado y blanco como la pelusa de un diente de león; retazos de una camiseta de niño; un zapatito de bebé, tan pequeño como para caber dentro de la palma de su mano. Pedazos y piezas de su hermano, una especie de collage del niño que su madre hubiera querido tener, que había soñado con tener, antes que Valentine hubiera convertido a su propio hijo en un monstruo. J.C. Jonathan Christopher. Su estómago se retorció y salió de prisa de la habitación, directo hacia un muro de carne viviente. Unos brazos la rodearon enredándose en ella apretadamente, y vio que eran delgados y musculosos, cubiertos con cabello delgado y rubio, y por un momento pensó que era Jace sujetándola. Comenzó a relajarse. “¿Qué estabas haciendo en mi habitación?” dijo Sebastian en su oído. Isabelle había sido entrenada para levantarse temprano cada mañana, estuviera lluvioso o soleado, y una ligera resaca no hizo nada para impedir que eso pasara de nuevo. Se sentó lentamente y parpadeó hacia Simon. Nunca había pasado toda la noche en la cama con nadie, a menos que contaras el subirse a la cama de sus padres cuando tenía cuatro y tenía miedo de las tormentas. No podía evitar mirar a Simon como si fuera alguna clase de animal exótico. El estaba acostado sobre su espalda, su boca ligeramente abierta, su cabello en los ojos. Cabello café ordinario. Ojos café ordinarios. Su camiseta estaba levantada ligeramente. No era musculoso como un Cazador de Sombras. Tenía el estómago plano, pero no tenía un six-pack, y todavía tenía esa ligera suavidad en su rostro. ¿Qué tenía que la fascinaba tanto? Era bastante lindo, pero había salido con hermosos guerreros hada, sexys cazadores de Sombras… “Isabelle,” dijo Simon sin abrir los ojos. “Deja de mirarme fijamente.” Isabelle suspiró irritada y se salió de la cama. Rebuscó en su bolso entre sus cosas por su ropa de combate y lo sacó, encaminándose hacia el baño. Estaba a medio camino por el pasillo, cuando la puerta se abrió, Alec salió en una nube de vapor. Tenía una toalla alrededor de su cintura y otra alrededor de los hombros y estaba frotándose enérgicamente el cabello negro húmedo. Isabelle supuso que no debía sorprenderle verlo ahí; él también estaba entrenado para levantarse temprano en la mañana justo como ella. “Hueles a sándalo,” le dijo a manera de saludo. Odiaba el olor del sándalo. Le gustaban los aromas dulces – vainilla, canela, gardenias. Alec la miró. “Nos gusta el sándalo.” Isabelle hizo una cara. “O es el nos de la realeza o tú y Magnus están convirtiéndose en una de esas parejas que creen que son una sola persona. „Nos gusta el sándalo‟ „adoramos la sinfonía‟ „esperamos que disfrutes tu regalo de cumpleaños‟ – lo cual, si me preguntas es solo una manera barata de evadir el comprar dos regalos.” Alec parpadeó unas pestañas húmedas hacia ella. “Lo entenderás –“ “Si me dices que lo voy a entender cuando esté enamorada, te voy a dar con esa toalla.” “Y si sigues evitando que regrese a mi habitación y me vista, traeré a Magnus para que invoque duendes que te amarren el cabello con nudos.” “Oh, sal de mi camino.” Isabelle pateó el tobillo de Alec hasta que éste se movió, sin prisa por el pasillo. Tenía la sensación de que si volteaba a verlo, él estaría sacándole la lengua, así que no volteó. En vez de eso se encerró en el baño y abrió la ducha con todo el chorro. Miró al estante de productos de baño y dijo una palabra muy poco femenina. Champú de sándalo, acondicionador de sándalo, y jabón. Ugh!. Cuando por fin salió, vestida en ropa de combate y el cabello recogido, encontró a Alec, Magnus y Jocelyn esperándola en la habitación. Había donas, lo cual ella no quería, y café lo cual si quería. Se sirvió una cantidad liberal de leche y se sentó de nuevo, mirando a Jocelyn quien estaba también vestida – para sorpresa de Isabelle – en ropa de combate de Cazador de Sombras. Era raro, se dijo. Las personas a menudo le decían que se parecía a su madre, aunque ella no lo veía, y se preguntó ahora, si era del mismo modo en que Clary se parecía a Jocelyn. El mismo color de cabello sí, pero también la forma de los rasgos, la misma inclinación de la cabeza, y la postura terca de su mandíbula. La misma sensación de que esta persona podría verse como una muñeca de porcelana pero era de acero por dentro. Aunque, Isabelle desearía que, del mismo modo en que Clary había sacado los ojos verdes de su madre, ella hubiera sacado los ojos azules de Maryse y Robert. El azul era mucho más interesante que el negro. “Así como con la Ciudad Silenciosa, solo hay una Ciudadela Adamat, pero hay muchas puertas a través de las cuales puedes encontrarla,” dijo Magnus. “La más cercana a nosotros es el Monasterio Agustino en Grymes Hill, en Staten Island. Alec y yo vamos a ir con ustedes mediante Portal y esperar ahí hasta que regresen pero no podemos ir todo el camino hasta allá.” “Lo sé,” dijo Isabelle. “Porque ustedes son chicos. Idiotas.” Alec la señaló con un dedo. “Tómate en serio estoy Isabelle. Las Hermanas de Hierro no son como los Hermanos Silenciosos. Son menos amigables y no les gusta ser molestadas.” “Prometo estar con mi mejor comportamiento.” Dijo Isabelle y dejó su taza de café vacía en la mesa. “Vámonos.” Magnus la miró con sospecha por un momento y luego se encogió de hombros. Su cabello estaba levantado hoy, en un millón de puntas afiladas, y sus ojos estaban sombreados con negro, haciéndolos verse aún más como los de un gato, que nunca. Se movió más allá de ella, hacia la pared, ya murmurando en Latín; el conocido perfil de un Portal; con la figura de su puerta arcana delineada con brillantes símbolos, comenzó a tomar forma. El viento se elevó, frío y agudo, soplando hacia atrás las puntas del cabello de Isabelle. Jocelyn entró primero, y caminó a través del Portal. Era como mirar a alguien desaparecer dentro del costado de una ola de agua: una niebla plateada pareciera habérsela tragado, diluyendo el color rojo de su cabello mientras se desvanecía en un brillo débil. Isabelle fue después. Estaba acostumbrada a la sensación del estómago cayendo al ser transportada por un Portal. Había un rugido sin sonido en sus oídos y no había aire en sus pulmones. Ella cerró los ojos, y entonces los abrió de nuevo cuando el remolino la liberaba y ella caía en unos arbustos secos. Se puso de pie sacudiéndose el pasto muerto de sus rodillas y vio a Jocelyn mirándola. La madre de Clary abrió la boca, y volvió a cerrarla cuando Alec apareció cayendo en la vegetación junto a Isabelle, y luego Magnus, el brillo del portal a medio verse cerrándose detrás de él. Incluso el viaje a través del Portal no había desacomodado las puntas del cabello de Magnus. Se jaló una orgullosamente. “Mira esto,” le dijo a Isabelle. “¿Magia?” “Gel para el cabello. $3.99 en Ricky‟s.” Isabelle giró los ojos, y se volteó para ver sus alrededores. Estaban de pie en una colina, su pico cubierto en arbustos secos y pasto marchito. Más abajo habían arboles oscurecidos por el otoño y mas allá en la distancia Isabelle vio un cielo sin nubes y la cima del Puente Verrazano-Narrows conectando Staten Island con Brooklyn. Mientras se daba la vuelta, Isabelle vio el monasterio detrás de ella, elevándose fuera del aburrido follaje. Era un edificio grande de ladrillo rojo, la mayoría de sus ventanas estaban rotas o cubiertas con madera. Estaba marcado aquí y allá con graffitti. Buitres, espantados por la llegada de los viajeros, encerraban la dilapidada torre de la campana. Isabelle entrecerró los ojos, preguntándose si había un glamour que quitar. Si lo había era uno fuerte. Trató como pudo pero no podía ver nada más que el ruinoso edificio delante de ella. “No hay ningún glamour,” dijo Jocelyn, asustando a Isabelle. “Lo que ves es lo que hay.” Jocelyn caminó hacia este, sus botas aplastando la vegetación seca, en frente de ella. Luego de un momento Magnus se encogió de hombros y la siguió, e Isabelle y Alec fueron detrás. No había un camino; las ramas crecían enredándose, oscuras contra el aire limpio, y el follaje debajo de sus pies, crujía con la sequedad. Mientras se acercaban al edificio, Isabelle vio parches en el pasto seco que estaban quemados y con Pentagramas y círculos rúnicos pintados con aerosol en el pasto. “Mundanos,” dijo Magnus, levantando una rama del camino de Isabelle. “Jugando sus jueguecitos con la magia que en realidad no entienden. A menudo son atraídos hacia lugares como estos – centros de poder – sin realmente entender por qué. Beben, y pasan el tiempo manchando con aerosol las paredes, como si pudieran dejar una marca humana en la magia. No puedes.” Habían llegado a una puerta de madera en el muro de ladrillo. “Aquí estamos.” Isabelle miró duramente a la puerta. De nuevo, no había ninguna sensación de que un glamour lo cubriera, aunque si se concentraba duro, un débil brillo se hacía más visible, como el sol brillando desde el agua. Una mirada pasó entre Jocelyn y Magnus. Jocelyn se volteó hacia Isabelle. “¿Estás lista?” Isabelle asintió, y sin añadir nada más Jocelyn caminó hacia adelante y desapareciendo entre las tablas de la puerta. Magnus miró expectante a Isabelle. Alec se inclinó más cerca de ella, y ella sintió como rozaba su mano sobre su hombro. “No te preocupes,” dijo él. “Estarás bien Iz.” Ella alzó la barbilla. “Lo sé,” dijo, Y siguió a Jocelyn a través de la puerta. ::: Clary contuvo el aliento, pero antes de que pudiera responder hubo unos pasos en la escalera y Jace apareció al final del pasillo. Sebastian inmediatamente la dejó ir y le dio la vuelta. Con una sonrisa como la de un lobo le revolvió el cabello. “Es bueno verte, hermanita.” Clary no tenía palabras. Aunque Jace, sí; se movió hacia ellos sin hacer sonido. Estaba usando una chaqueta de cuero, una camiseta blanca y pantalones, y estaba descalzo. “¿Estabas abrazando a Clary?” Miró a Sebastian sorprendido. Sebastian se encogió de hombros. “Es mi hermana. Estoy contento de verla.” “Tu no abrazas a la gente,” dijo Jace. “Me quedé sin tiempo de hacerle un guiso.” “No fue nada,” dijo Clary, ondeando una mano despreciando las palabras de Sebastian. “Me tropecé. El solo estaba evitando que me cayera.” Si Sebastian estaba sorprendido de que ella lo defendiera, no lo demostró. Estaba sin expresión cuando se movió a través del corredor hacia Jace, quien la besó en la mejilla, sus dedos fríos contra su piel. “¿Qué estabas haciendo acá arriba?” preguntó Jace. “Buscándote.” Se encogió de hombros. “Desperté y no pude encontrarte. Pensé que quizás estabas dormido.” “Veo que descubriste el alijo de ropa.” Sebastian indicó su blusa con un gesto. “¿Te gustan?” Jace le lanzó una mirada. “Estábamos fuera por comida,” le dijo a Clary. “Nada elegante. Pan y queso. ¿Quieres comer?” Y así fue como, minutos después, Clary estaba instalada en la gran mesa de cristal y metal. De los comestibles que estaban esparcidos por la mesa, Clary dedujo que su segunda opción había estado en lo correcto. Estaban en Venecia. Había pan, quesos italianos, salami, prosciutto, uvas, mermelada de higos, y botellas de vino italiano. Jace se sentaba enfrente de ella, Sebastian en la cabecera de la mesa. Le recordaba inquietantemente a la noche en que había conocido a Valentine en Renwicks en Nueva York, como él se había puesto entre Jace y Clary en la cabecera de la mesa, como les había ofrecido vino y les había dicho que eran hermano y hermana. Lanzó una mirada a su verdadero hermano ahora. Pensó en como su madre se había visto cuando lo miró. Valentine. Pero Sebastian no era una copia al carbón de su padre. Había visto fotos de Valentine cuando tenía su edad. El rostro de Sebastian tenía las duras facciones de su padre, pero suavizadas con la hermosura de su madre; era alto pero de hombros menos anchos, más ligero y felino. Tenía los pómulos de Jocelyn y la boca suave y delgada, los ojos oscuros y el cabello rubio blanquecino de Valentine. La miró entonces, como si la hubiera atrapado mirándole. “¿Vino?”. Le ofreció la botella. Ella asintió, aunque nunca le había gustado mucho el sabor del vino, y desde Renwicks lo odiaba. Se aclaró la garganta cuando Sebastian le llenó el vaso. “Entonces,” dijo ella. “Este sitio – es tuyo?” “Era de nuestro padre,” dijo Sebastian, dejando la botella.”De Valentine. Se mueve dentro y fuera de los mundos – el nuestro y otros. Lo usaba como un medio de escape tanto como una manera de viajar. Me trajo aquí unas cuantas veces, me mostró como entrar y salir y cómo hacerlo viajar.” “No hay una puerta principal.” “La hay si sabes cómo encontrarla,” dijo Sebastian. “papá fue muy astuto sobre este sitio.” Clary miró a Jace, quien negó con la cabeza. “El nunca me lo mostró. Nunca hubiera adivinado que existía tampoco.” “Tiene un aire… muy de soltero,” dijo Clary. “Nunca hubiera pensado en Valentine como del tipo…” “¿Que tiene una pantalla plana?” Jace le sonrió. “No agarra canales, pero puedes ver DVD‟s en él. Allá en la casa Solariega teníamos una vieja hielera energizada con luz de bruja. Aquí tiene un refrigerador Sub-Zero.” “Era para Jocelyn,” dijo Sebastian. Clary lo miró. “¿Qué?” “Todas las cosas modernas. Las aplicaciones. Y las ropas. Como la blusa que estás usando. Eran todas para nuestra madre. En caso de que decidiera regresar.” Los oscuros ojos de Sebastian se encontraron con ella. Se sintió un poco enferma. -Es mi hermano, y estamos hablando sobre nuestros padres.- Se sintió mareada, estaba pasando demasiado y demasiado rápido como para asimilarlo en el proceso. Nunca había tenido tiempo de pensar en Sebastian como su hermano vivo. Para el tiempo en que supo quien era en realidad, estaba muerto. “Lo siento si es raro,” dijo Jace disculpándose, indicando su blusa. “Podemos comprarte más ropa.” Clary tocó la manga ligeramente. La tela era sedosa, fina, cara. Bueno eso explicaba que todo estuviera cerca de su talla, que todos los colores le quedaran. Porque ella se veía justo como su madre. Respiró profundo. “Está bien,” dijo. “Es solo que - ¿Qué es lo que hacen exactamente? Solo viajar alrededor del mundo dentro de este departamento y…” “¿Ver el mundo?” dijo Jace a la ligera. “Hay cosas peores.” “Pero no puedes hacer eso por siempre.” Sebastian no había comido mucho, pero bebió dos vasos de vino. Iba por el tercero y sus ojos estaban brillando. “¿Por qué no?” “Bueno porque la Clave está buscándolos a los dos, y no pueden pasarse huyendo para siempre y escondiéndose…” la voz de Clary se detuvo cuando miró de uno al otro. Estaban mirándose- del modo en que se ven dos personas que saben algo juntas, y que nadie más. No era una mirada que Jace compartiera con alguien más enfrente de ella desde hacía mucho tiempo. Sebastian habló suave y lentamente. “¿estás haciendo una pregunta o haciendo una observación?” “Tiene derecho a saber nuestros planes,” dijo Jace. “Ella vino aquí sabiendo que no puede volver.” “Un salto de fe,” dijo Sebastian, pasando su dedo alrededor del borde de su vaso. Era algo que había visto a Valentine hacer. “En ti. Ella te ama a ti. Eso es por lo que está aquí. ¿No es así?” “¿Y qué si así es?” dijo Clary. Suponía que podría pretender que había otra razón, pero los ojos de Sebastian eran oscuros y agudos, y dudó que le creyera. “Confío en Jace.” “Pero no en mí,” dijo Sebastian. Clary escogió sus palabras con extremo cuidado. “Si Jace confía en ti, entonces yo quiero confiar en ti,” dijo. “Y tú eres mi hermano. Eso cuenta para algo.” La mentira sabía amarga en su boca. “Pero yo en realidad no te conozco.” “Entonces quizás debas pasar más tiempo conmigo para conocerme,” dijo Sebastian. “Y entonces, te diremos nuestros planes.” „Te diremos‟ „Nuestros planes‟. En su mente eran un él y Jace; no habían un Jace y Clary. “No me gusta dejarla sin saber,” dijo Jace. “Le diremos en una semana. ¿Cuál es la diferencia?” Jace lo miró. “Hace dos semanas tú estabas muerto.” “Bueno no estaba sugiriendo dos semanas,” dijo Sebastian. “Eso sería una locura.” La boca de Jace se levantó en una esquina. Miró a Clary. “Estoy dispuesta a esperar hasta que confíes en mi,” dijo, sabiendo que era lo que correcto, lo inteligente que decir. Odiando decirlo. “Tanto como sea necesario.” “Una semana,” dijo Jace. “Una semana,” acordó Sebastian. “Y eso significa que se queda aquí en el departamento. Ninguna comunicación con nadie. Nada de destrabar la puerta para ella, nada de entrar y salir.” Jace se recargó contra la silla. “¿Y si yo estoy con ella?” Sebastian le lanzó una mirada desde pestañas caídas. Era una mirada calculadora. Estaba decidiendo que iba a permitirle hacer a Jace, se dio cuenta Clary. Estaba decidiendo que tanta cuerda soltarle a su „hermano‟. “Bien,” dijo al último, su voz llena de condescendencia. “Si tú estás con ella.” Clary miró su vaso de vino. Escuchó como Jace replicaba en un murmullo pero no lo miró. La idea de un Jace al que le permitían hacer cosas – Jace, quien siempre hacía lo que le daba la gana – hizo que se le revolviera el estómago. Quería levantarse y estrellarle la botella de vino en la cabeza a Sebastian, pero sabía que era imposible. Corta a uno y el otro sangrará. “¿Cómo está el vino?” Era la voz de Sebastian, una corriente subyacente de diversión clara en su tono. Ella vació el vaso, atragantándose con el sabor amargo. “Delicioso.” ::: Isabelle salió hacia un paraje alienígena. Un verde profundo se extendía delante de ella debajo de un cielo gris negro descendiendo. Isabelle se puso la capucha de su ropa de combate y miró hacia afuera fascinada. Nunca había visto tanta increíble extensión del cielo , o una planicie tan basta – estaba brillando, como una joya, en forma del musgo. Mientras Isabelle daba un paso adelante, se dio cuenta que era musgo, creciendo sobre y alrededor de piedras negras repartidas a través de la tierra del color del carbón. “Es una planicie volcánica,” dijo Jocelyn. Estaba de pie junto a Isabelle, y el viento estaba sacando hebras rojo-doradas de su cabello, de su apretado moño. Se veía tan parecida a Clary que era inquietante. “Estas fueron camas de lava en algún momento. Toda el área posiblemente es volcánica en alguna medida. Para trabajar con el adamas, las Hermanas de Hierro necesitan una increíble cantidad de calor para forjarlo.” “Pensarías que son un poco más cálidas entonces,” murmuró Isabelle. Jocelyn le lanzó una mirada seca y comenzó a caminar, en lo que a Isabelle le parecía una dirección elegida al azar. Se las arregló para seguirla. “Algunas veces te pareces tanto a tu madre que me sorprendes Isabelle.” “Lo tomaré como un cumplido.” Isabelle entrecerró los ojos. Nadie insultaba a su familia. “No lo dije como un insulto.” Isabelle mantuvo los ojos en el horizonte donde el cielo oscuro se encontraba con la gema verde del suelo. “¿Qué tan bien conoces a mis padres?” Jocelyn la miró de reojo. “Bastante bien, cuando estábamos todos en Idris juntos. No los había visto en años hasta hace muy poco.” “¿Los conociste cuando se casaron?” El camino que Jocelyn estaba tomando había comenzado a ir cuesta arriba así que su respuesta fue un poco sin aliento. “Sí.” “¿Estaban enamorados?” Jocelyn se detuvo en seco y se volteó a ver a Isabelle. “Isabelle, ¿de qué va todo esto?” “¿Amor?” sugirió Isabelle después de una pausa. “No sé por qué piensas que yo soy una experta en eso.” “Bueno te las arreglaste para tener a Luke alrededor por toda su vida, básicamente, antes de acceder a casarte con él. Eso es impresionante. Desearía tener esa clase de poder sobre un chico.” “La tienes,” dijo Jocelyn. “Y no es algo que desear.” Se pasó las manos por el cabello, e Isabelle sintió un sobresalto. Por todo lo que Jocelyn se parecía a su hija, sus manos delgadas flexibles y delicadas, eran de Sebastian. Isabelle recordaba haber rebanado una de esas hasta arrancársela, en el valle de Idris, su látigo cortando a través de piel y hueso. “Tus padres no son perfectos, Isabelle, porque nadie es perfecto. Son personas complicadas. Y acaban de perder a un hijo. Si esto es sobre tu padre quedándose en Idris-“ “Mi padre engañó a mi madre,” dijo Isabelle, y casi se tapó la boca con la mano. Había guardado ese secreto por años, y decirlo en voz alta a Jocelyn parecía una traición a pesar de todo. La cara de Jocelyn cambió. Tenía simpatía ahora. “Lo sé.” Isabelle respiró profundo. “¿lo sabe todo mundo?” Jocelyn negó con la cabeza. “No. Solo unas cuantas personas. Estaba en una posición privilegiada para saberlo. No puedo decir más que eso.” „ “¿Quién fue?” exigió Isabelle. “¿Con quién la engañó?” “No fue nadie que conozcas, Isabelle-“ “Tu no sabes a quién conozco!” la voz de Isabelle se elevó. “Y deja de decir mi nombre de esa manera, como si fuera una niña pequeña.” “No me corresponde decírtelo,” dijo Jocelyn planamente, y comenzó a caminar. Isabelle se las arregló para seguirla, incluso cuando el camino se volvió aun más empinado, una pared de verde elevándose para encontrarse con el cielo tormentoso. “Tengo todo el derecho a saberlo. Son mis padres. Y si no me lo dices yo-“ Se detuvo e inhaló cortante. Habían alcanzado la cima de la cresta, y de algún modo, en frente de ellas, una fortaleza se había levantado como una flor que brota con rapidez, saliendo del suelo. Estaba labrada en adamas blanco-plateado, reflejando el cielo lleno de nubes, y la fortaleza estaba rodeada por un alto muro, también de adamas, formado de dos grandes hojas que se encajaban en el suelo en ángulos, de modo que parecían un par de monstruosas tijeras. “La Ciudadela Adamant,” dijo Jocelyn. “Gracias,” replicó Isabelle. “Me lo había imaginado.” Jocelyn hizo ese sonido que Isabelle conocía por sus propios padres. Isabelle estaba segura de que era el idioma de los padres para hablarle a los adolescentes.” Entonces Jocelyn comenzó a bajar la colina hacia la fortaleza. Isabelle cansada de seguirla se adelantó. Era más alta que la madre de Clary y tenía piernas más largas, y no veía razón para esperar a Jocelyn si la otra mujer persistía en tratarla como una niña. Bajó dando pisotones por la colina, aplastando el musgo bajo sus botas, y se metió por las puertas como tijeras. Y se congeló. Estaba de pie en un pequeño afloramiento de la roca. Enfrente de ella, la tierra caía en un vasto abismo, al final del cual hervía un rio de lava roja-dorada, encerrando la fortaleza. A través del abismo, demasiado lejos como para saltar incluso para un Cazador de Sombras- estaba la única entrada visible a la fortaleza, un puente levadizo cerrado. “Algunas cosas,” dijo Jocelyn a su costado, “no son tan simples como aparentan al principio.” Isabelle dio un brinco y luego la miró con enfado. “Así que no es un sitio para husmear.” Jocelyn simplemente cruzó los brazos sobre su pecho y levantó las cejas. “Seguramente Hodge te enseñó el método apropiado para acercarse a la Ciudadela Adamant,” dijo. Después de todo, se abre solo a las Cazadoras de Sombras mujeres, en buena posición con la Clave.” “Por supuesto que lo hizo,” dijo Isabelle altivamente, retorciéndose mentalmente por recordarlo. –Solo aquellos con sangre Nefilim… - Ella estiró la mano para tomar uno de sus palillos de metal en su cabello. Cuando torcías la base, se abría y desdoblaba en una daga con una runa del Valor en la hoja. Isabelle levantó las manos sobre el abismo. “Ignis aurum probat,” dijo, y usó la daga para abrirse la palma de la mano izquierda; fue un rápido ardor, y la sangre corrió desde el corte, un flujo rubí que salpicó en el abismo debajo. Hubo un chispazo de luz azulada, y un sonido de crujir. El puente levadizo estaba lentamente descendiendo. Isabelle sonrió y limpió la hoja de su cuchillo en su ropa de combate. Después de otro giro, se había vuelto un delgado palillo de metal de nuevo. Lo puso otra vez en su cabello. “¿Sabes lo que significa?” preguntó Jocelyn, sus ojos en el puente que descendía. “¿Qué?” “Lo que acabas de decir. El lema de las Hermanas de Hierro.” El puente estaba casi plano. “Significa „El fuego prueba al oro.” “Correcto,” dijo Jocelyn. “Eso no solo se aplica al metal que se forja. Significa que la adversidad pone a prueba la fuerza de carácter de cada uno. En tiempos difíciles, algunas personas brillan.” “¿Ah, sí?” dijo Izzy. “Bueno, estoy harta de los tiempos oscuros y difíciles. Quizás yo no quiero brillar.” El puente se azotó a sus pies. “Si en algo te pareces a tu madre,” dijo Jocelyn, “no podrás evitarlo.”
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Mensaje por StephRG14 el Jue 07 Mayo 2015, 5:14 pm

Capitulo 9; Las hermanas de hierro


Alec levantó su piedra de luz mágica en la mano, una luz brillante irradiando de ella, alumbrando ahora una esquina de la estación City Hall y luego otra. Brincó cuando un ratón chilló, corriendo a través de la polvorienta plataforma. Era un Cazador de Sombras; había estado en muchos lugares oscuros pero había algo sobre el aire abandonado de esta estación que hacía que un frío temblor le corriera por la espalda. Quizás el frío de la deslealtad que había sentido, al zafarse de su guardia en Staten Island y dirigirse por la colina hacia el ferri en cuanto Magnus se fue. No había pensado lo que estaba haciendo solo lo hizo como si estuviera en piloto automático. Si se apresuraba estaba seguro de que podía estar de vuelta antes de que Isabelle y Jocelyn volvieran, antes de que nadie se diera cuenta que se había ido. Alec alzó la voz. “Camille!” la llamó. “Camille Belcourt!” Escuchó una risa ligera; hizo eco en las paredes de la estación. Entonces ella estuvo ahí, en la cima de la escalera, la brillantez de su luz mágica delineando su silueta. “Alexander Lightwood,” dijo ella. “Sube.” Ella desapareció. Alec la siguió con la luz mágica por delante, y encontró a Camille donde había estado antes, en el lobby de la estación. Estaba vestida a la moda de una era pasada – un largo vestido de terciopelo ajustado en la cintura, su cabello arreglado alto en rizos rubios platinados, sus labios de un rojo oscuro. Supuso que era hermosa, aunque no era el mejor juez del atractivo femenino, y no ayudaba que la odiara. “¿Por qué el disfraz?” exigió. Ella sonrió. Su piel era muy suave y blanca sin líneas oscuras – se había alimentado recientemente. “Un baile de máscaras en el centro. Me alimenté bastante bien. ¿Por qué estás aquí, Alexander? ¿Hambriento de una buena conversación?” Si él fuera Jace, Alec pensó, hubiera hecho un comentario inteligente al respecto, algún tipo de chiste o un revés inteligentemente disfrazado. Alec solo se mordió el labio y dijo. “Me dijiste que volviera si estaba interesado en tu oferta.” Ella pasó una mano por el respaldo del diván, la única pieza de mobiliario en la habitación. “Y has decidido que lo estás.” Alec asintió. Ella se rió. “¿Entiendes lo que estás pidiendo?” El corazón de Alec estaba martilleando. Se preguntó si Camille podía escucharlo. “Dijiste que podías hacer a Magnus mortal. Como yo.” Sus labios llenos se apretaron. “Lo hice,” dijo ella. “Debo admitir que dudaba de tu interés. Te fuiste muy aprisa.” “No juegues conmigo,” dijo. “No quiero lo que estás ofreciéndome tan desesperadamente.” “Mentiroso,” dijo ella casualmente. “O no estarías aquí.” Se movió alrededor del diván acercándose a él, sus ojos examinándole la cara. “Acércate,” dijo ella, “No te pareces tanto a Will como pensaba. Tienes sus colores, pero tu rostro tiene una forma distinta… quizás una ligera debilidad en tu mandíbula – “ “Cállate,” dijo él. Bueno, no era ingenioso al nivel de Jace, pero era algo. “No quiero escuchar sobre Will.” “Muy bien.” Ella se estiró lánguidamente, como un gato. “Fue hace muchos años, cuando Magnus y yo éramos amantes. Estábamos juntos en la cama, después de una tarde bastante apasionada.” Ella lo vio estremecerse y sonrió. “Ya sabes cómo son esas charlas de almohada. Uno revela sus debilidades. Magnus me habló de un hechizo que existe, uno que puede ser tomado para quitarle a un brujo su inmortalidad.” “Entonces, ¿por qué no simplemente encuentro el hechizo y lo hago?” La voz de Alec se elevó y se quebró. “¿Para qué te necesito?” “Primero, porque eres un cazador de Sombras; no tienes ni idea de cómo hacer funcionar un hechizo,” dijo ella tranquilamente. “Segundo porque si tu lo haces, él sabrá que fuiste tú. Si yo lo hago, él asumirá que fue por venganza. Muy mal de mi parte. Y a mí no me importa lo que Magnus piense. Pero a ti si.” Alec la miró firmemente. “¿Y vas a hacer esto por mí como un favor?” Ella se rió, como campanas repicando. “Por supuesto que no,” dijo. “Tú me haces un favor a mí y yo hago uno por ti. Así es como se hacen las cosas.” La mano de Alec se apretó alrededor de la luz mágica hasta que los bordes le cortaron la mano. “¿Y qué favor quieres de mi?” “Es muy simple,” dijo ella. “Quiero que mates a Rafael Santiago.” ::: El puente que cruzaba la brecha que rodeaba la Ciudadela Adamant estaba delineado con cuchillos. Estaban hundidos y apuntando hacia arriba a intervalos al azar en el camino, de modo que era imposible cruzar el puente si no era muy lentamente, escogiendo tu camino con destreza. Isabelle tuvo muy poco problema pero estaba sorprendida de ver que tan ligera era Jocelyn, quien no había sido una Cazadora de Sombras activa en quince años. Para cuando Isabelle alcanzó el otro extremo del puente, su runa de agilidad se había desvanecido de la piel, dejando una ligera marca blanca detrás. Jocelyn estaba a solo un paso detrás de ella, y tan irritante como le pareciera a Isabelle la madre de Clary, estaba contenta de momento, cuando Jocelyn levantó la mano y una piedra de luz mágica brilló iluminando el espacio en el que estaban. Las paredes eran de adamas plateado, de modo que una ligera luz parecía brillar desde dentro de ellas. El piso era piedra de demonio también, y tallado en el centro estaba un círculo negro. Dentro del círculo estaba tallado el símbolo de las Hermanas de Hierro - un corazón perforado a través por una espada. Voces susurrantes hicieron que Isabelle levantara la mirada del suelo. Una sombra apareció dentro de los blancos muros lisos – una sombra que se iba volviendo cada vez más clara mientras se acercaba. De pronto una porción del muro se deslizó hacia atrás y una mujer salió. Usaba un vestido largo y suelto, amarrado firmemente a las muñecas y debajo de sus pechos con una cuerda plateada – cable de demonio. Su rostro era ambos: sin arrugas y ancestral. Pudo haber tenido cualquier edad. Su cabello era largo y oscuro, cayendo en una gruesa trenza por su espalda. Alrededor de los ojos y por sus sienes estaba tatuada una máscara de intrincadas curvas y líneas, encerrándole ambos ojos que eran del color naranja de las flamas. “¿Quién llama a las Hermanas Silenciosas?” dijo. “Digan sus nombres.” Isabelle miró a Jocelyn, quien le hizo un gesto de que debía hablar primero. Ella se aclaró la garganta. “Soy Isabelle Lightwood y esta es Jocelyn Fr – Fairchild. Hemos venido a pedir su ayuda.” “Jocelyn Morgenstern,” dijo la mujer. “Nacida Fairchild, pero no puedes tan fácilmente quitar la tinta de Valentine de tu pasado. ¿No le diste la espalda a la Clave?” “Es verdad,” dijo Jocelyn. “Estoy exiliada. Pero Isabelle es una hija de la Clave. Su madre –““Dirige el Instituto de Nueva York,” dijo la mujer. “Estamos lejos, pero no sin fuentes de información; no soy una tonta. Mi nombre es Hermana Cleophas, y soy una Creadora. Forjo el adamas para que las otras hermanas lo tallen. Reconozco el látigo que enredas tan astutamente en tu muñeca.” Señaló a Isabelle. “Así como esa chuchería en tu garganta –“ Si sabes tanto,” dijo Jocelyn, cuando la mano de Isabelle subía al rubí en su cuello, “entonces ¿sabes por qué estamos aquí? ¿Por qué hemos venido con ustedes?” Los párpados de la Hermana Cleophas descendieron y sonrió lentamente. “A diferencia de nuestros hermanos mudos, n podemos leer mentes aquí en la Fortaleza. De manera que nos debemos únicamente a nuestra red de información, en su mayoría bastante confiable. Asumo que ésta visita tiene algo que ver con la situación que involucra a Jace Lightwood – ya que su hermana está aquí – y a tu hijo, Jonathan Morgenstern.” “Estamos en una encrucijada,” dijo Jocelyn. “Jonathan Morgenstern conspira contra la Clave como su padre. La Clave ha señalado una orden de muerte en contra de él. Pero Jace – Jonathan Lightwood – quien no ha hecho nada malo, es muy amado por su familia, y por mi hija. Estamos en la encrucijada de que Jace y Jonathan están vinculados, por una magia de sangre muy antigua.” “¿Magia de sangre? ¿Qué tipo de magia de Sangre?” Jocelyn tomó las notas dobladas de Magnus del bolsillo de su ropa de combate y se las entregó. Cleophas las estudió con una intensa mirada feroz. Isabelle vio con sorpresa que los dedos de sus manos eran muy largos, - no de un modo elegante sino grotescamente, como si los huesos hubieran sido estirados para que cada mano semejara una araña albina. Sus uñas tenían puntas afiladas cada una punta de electrum. Sacudió la cabeza. “Las Hermanas tenemos muy poco que ver con magia de sangre.” El flama del color de sus ojos parecía saltar y luego difuminarse, y un momento después otra sombra apareció detrás de la superficie cristalina del muro de adamas. Esta vez Isabelle miró más de cerca cuando la segunda Hermana de Hierro salía. Era como mirar a alguien emerger de una neblina de humo blanco. “Hermana Dolores,” dijo Cleophas, entregándole las notas de Magnus a la recién llegada. Se parecía mucho a Cleophas, la misma forma alta y estrecha, el mismo vestido blanco, el mismo cabello largo, aunque en este caso su cabello era gris, y estaba anudado en los extremos con dos trenzas de cable dorado. A pesar de su cabello gris su rostro no tenía líneas, sus ojos color de fuego eran brillantes. “¿Le encuentras sentido a esto?” Dolores miró sobre los pasajes rápidamente. “Un hechizo vinculante,” dijo ella. “Muy parecido a nuestra ceremonia parabatai, pero su alianza es demoníaca.” “¿Qué la hace demoníaca?” preguntó Isabelle. “Si el hechizo parabatai es inofensivo –“ “¿Lo es?” dijo Cleophas, pero Dolores le lanzó una mirada acusadora. “El ritual parabatai vincula a dos individuos pero deja libres sus voluntades,” explicó Dolores. “Esto une a dos pero hace a uno subordinado del otro. Lo que el principal de los dos crea, el otro lo creerá; lo que el principal quiera, el otro lo querrá. Esencialmente remueve el libre albedrio del compañero secundario en el hechizo, y esa es la razón por la cual es demoníaco. Porque el libre albedrío es lo que nos hace creaturas del Cielo.” “Parece que también significa que si uno es herido el otro también resulta herido,” dijo Jocelyn. “¿Podemos asumir lo mismo de la muerte?” “Si. Ninguno sobreviviría la muerte del otro. Esto, de nuevo, no es parte de nuestro ritual parabatai, porque es demasiado cruel.” “Nuestra pregunta para ustedes es,” dijo Jocelyn. “¿Hay algún arma forjada, o que ustedes puedan crear, que pueda herir a uno pero no al otro? ¿O que pueda separarlos?” La hermana Dolores miró hacia las notas, y entonces se las entregó a Jocelyn. Sus manos, como esas de su Colega eran largas y delgadas y blancas como hilo dental. “Ningún arma forjada o que pudiéramos forjar podría hacer eso.” La mano de Isabelle se apretó a su costado, sus uñas cortando en su palma. ¿Quieren decir que no hay nada?” “Nada en este mundo,” dijo Dolores. “Una espada del Cielo o del Infierno quizás podría hacerlo. La espada del Arcángel Miguel con la que Josué peleó en Jericó, porque está llena del Fuego Celestial. Y hay espadas forjadas en la negrura del Infierno que podrían asistirlas, aunque como puede uno obtenerlas, no lo sé.” “Y por Ley no podríamos decirles si lo supiéramos,” dijo Cleophas con aspereza. “Ustedes entienden, por supuesto, que también debemos decirle a la Clave sobre su visita –“ “¿Qué hay de la espada de Josué?” interrumpió Isabelle. “¿Pueden conseguirla? ¿O podríamos nosotros?” “Solo un ángel puede darte esa espada,” dijo Dolores. “E invocar a un ángel se castiga con fuego celestial.” “Pero Raziel –“comenzó Isabelle. Los labios de Cleophas se apretaron en una línea delgada. “Raziel dejó los Instrumentos Mortales para ser llamado en un momento de extrema necesidad. Una oportunidad que fue desperdiciada cuando Valentine lo invocó. Nunca podremos convocar su poder de nuevo. Fue un crimen que se usaran los Instrumentos de esa manera. La única razón por la que Clarissa Morgenstern escapó a la culpabilidad es que fue su padre quien lo invocó, no ella.” “Mi esposo también invocó a otro ángel,” dijo Jocelyn. Su voz estaba tranquila. “El ángel Ithuriel. Lo mantuvo prisionero por muchos años.” Ambas Hermanas dudaron antes de que Dolores hablara. “Es el más terrible de los crímenes atrapar a un ángel,” dijo ella. “La Clave nunca lo aprobaría. Incluso si pudieran invocar a uno, nunca podrían obligarlo a que haga su voluntad. No hay un hechizo para eso. Nunca podrían conseguir que un ángel les de la espada del Arcángel; pueden tomarla a la fuerza de un ángel, pero no hay un crimen mayor. Sería mejor que su Jonathan muriera a que un ángel fuera mancillado.” Y con eso, el enojo de Isabelle que había estado elevándose, explotó. “Ese es el problema con ustedes – todos ustedes, las Hermanas de Hierro, los Hermanos Silenciosos. Lo que sea que hagan que los cambia de Cazadores de Sombras a lo que son, les quita los sentimientos. Podremos ser parte ángeles pero somos parte humanos también. Ustedes no entienden el amor, o las cosas que las personas hacen por amor, o la familia – La flama saltó en los ojos naranjas de Dolores. “Tuve una familia,” dijo. “Un esposo y un hijo, todos asesinados por demonios. No quedaba nada más para mí. Siempre tuve habilidad en crear cosas con las manos así que me convertí en una Hermana de Hierro. La paz que me ha traído es una paz que creo que nunca hubiera encontrado en ningún otro lugar. Es por esa razón que escogí el nombre Dolores “pesar”. Así que no presuman decirnos que sabemos o que no sobre el dolor, o la humanidad.” “Ustedes no saben nada,” dijo Isabelle. “Son tan duras como la piedra de demonio. No hay duda de por qué se rodean de ella.” “El fuego templa el oro, Isabelle Lightwood,” dijo Cleophas. “Oh, cállate,” dijo Isabelle. “Han sido muy inútiles, ambas.” Se dio la vuelta sobre los tacones de sus botas y salió corriendo de regreso por el puente, apenas notando donde los cuchillos convertían el camino en una trampa mortal, dejando que su cuerpo entrenado la guiara. Alcanzó el otro extremo y caminó a través de las puertas; solo cuando estuvo afuera se dejó caer. Arrodillada entre el musgo y la piedra volcánica, debajo del gran cielo gris, de permitió temblar en silencio, aunque no vinieron las lágrimas. Pareciera que habían pasado años cuando escuchó unos suaves pasos detrás de ella, y Jocelyn se arrodilló y puso sus brazos alrededor de ella. Extrañamente, Isabelle se dio cuenta, que no le importaba. Aunque nunca le había gustado mucho Jocelyn, había algo tan universalmente maternal en su toque que Isabelle se dejó llevar por eso, casi en contra de su voluntad. “¿Quieres saber que dijeron después de que te fuiste?” preguntó Jocelyn, cuando los temblores de Isabelle disminuyeron. “Estoy segura que fue algo sobre como soy una desgracia para los Cazadores de Sombras en todas partes, etcétera.” “En realidad, Cleophas dijo que serías una excelente Hermana de Hierro, y que si algún día estabas interesada se los hicieras saber.” La mano de Jocelyn le acariciaba el cabello ligeramente. A pesar de todo, Isabelle contuvo una risa. Miró a Jocelyn. “Dime,” le dijo. La mano de Jocelyn dejó de moverse. “¿Decirte qué?” “¿Quién fue? ¿Con quien tuvo un romance mi padre? Tú no lo entiendes. Cada vez que veo a una mujer de la edad de mi madre, me pregunto si fue ella. La hermana de Luke. La Cónsul. Tú-“ Jocelyn suspiró. “Fue Annamarie Highsmith. Murió en el ataque de Valentine sobre Alicante. Dudo que alguna vez la conocieras.” La boca de Isabelle se abrió, y luego se cerró de nuevo. “Nunca he escuchado ese nombre antes.” “Que bien.” Jocelyn acomodó un mechón del cabello de Isabelle. “¿Te sientes mejor ahora que lo sabes?” “Claro,” mintió Isabelle, mirando al suelo. “Me siento mucho mejor.” ::: Después del almuerzo Clary regresó a la recámara escaleras abajo con la excusa de que estaba exhausta. Con la puerta firmemente cerrada trató de contactar a Simon de nuevo, aunque se dio cuenta que dada la diferencia de horario entre donde estaba ahora – Italia – y Nueva York, habían todas las posibilidades de que estuviera dormido. Era preferible esperar que fuera eso, a considerar la posibilidad de que los anillos no funcionaran. Había estado en su habitación por solo media hora, cuando un golpe sonó en su puerta. Ella dijo “Entre,” moviéndose para recargarse en sus manos, con los dedos curvados como si pudiera esconder el anillo. La mano se abrió lentamente, y Jace la miró desde el pasillo. Recordó otra noche, caliente de verano, un golpe en su puerta. Jace. Limpio en pantalones y una camiseta gris, su cabello lavado un halo de oro húmedo. Los moretones en su cara estaban ya desvaneciéndose del morado al ligero gris, y sus manos estaban detrás de su espalda. “Hey,” dijo él. Sus manos estaban completamente a la vista ahora, y estaba usando un sueter de aspecto suave de color bronce que resaltaba el dorado de sus ojos. No había moretones en su cara y las sombras a las que casi se había acostumbrado se habían ido. ¿Es feliz así? ¿En serio feliz? Y si lo es, ¿De qué lo estás salvando? Clary alejó la pequeña voz en su cabeza y forzó una sonrisa. “¿Qué pasa?” El sonrió. Era una sonrisa retorcida, del tipo que hacía que la sangre en las venas de Clary corriera más rápido. “¿Quieres tener una cita?” Tomada fuera de guardia ella tartamudeó. “U-una qué?” “Una cita,” repitió Jace. “A menudo esa cosa aburrida que tienes que memorizar en clase de historia, pero en este caso, una oferta de romance candente al rojo vivo, contigo.” “¿En serio?” Clary no estaba segura de que hacer con eso. “¿Candente al rojo vivo?” “Soy yo,” dijo Jace. “Verme jugar Scrabble es suficiente para hacer que la mayoría de las mujeres se desmayen. Imagina si en serio me esfuerzo.” Clary se sentó y se miró a sí misma. Pantalones, una blusa verde de seda. Pensó en los cosméticos en esa recámara que parecía un santuario. No pudo evitarlo, estaba deseando tener un poco de brillo labial. Jace extendió su mano hacia ella. “Te ves hermosa,” le dijo. “Vamos.” Ella tomó su mano y lo dejó ponerla de pie. “No lo sé…” “Vamos.” Su voz tenía ese tono medio burlón y seductor, que le recordaba cuando se estaban conociendo en un principio, cuando la llevó al invernadero para mostrarle la flor que brotaba a media noche. “Estamos en Italia. Venecia. Una de las ciudades más hermosas en el mundo. Es una pena no verla, ¿no crees?” Jace la jaló, de modo que cayó sobre su pecho. El material de su camiseta era suave bajo sus dedos y olía como al conocido jabón y champú. Su corazón hizo un salto dentro del pecho. “O podemos quedarnos aquí,” dijo él y sonaba un poco sin aliento. “¿Para desmayarme viéndote hacer puntos de palabra triple?” Con mucho esfuerzo ella se alejó de él. “Y librarme de las bromas sobre anotar puntos.” “Maldita sea, mujer, me lees la mente,” dijo él. “¿No hay ningún sucio juego de palabras que no puedas anticipar?” “Es mi poder mágico especial. Puedo leer tu mente cuando estás teniendo pensamientos sucios.” “Entones el noventa y cinco por ciento del tiempo.” Ella levantó la cabeza para mirarlo. “¿Noventa y cinco por ciento? ¿Qué pasa con el otro cinco por ciento?” “Oh, ya sabes, lo usual – demonios que puedo matar, runas que tengo que aprender, personas a quienes he molestado recientemente, personas a quienes he molestado no hace tan poco, patos.” “¿Patos?” El rechazó la pregunta con un gesto de la mano. “Está bien. Ahora, mira esto.” Tomó sus hombros y la giró amablemente de manera que estaban ambos mirando al mismo sitio. Un momento después – no estuvo segura cómo – los muros de la habitación parecieron derretirse alrededor de ellos, y se encontró a sí misma parada sobre una calle de piedra. Jadeó y se volteó para mirar detrás de ella, y solo vio un muro en blanco con las ventanas muy en alto en un viejo edificio de piedra. Filas de casas similares se alineaban por el canal junto al que estaban parados. Si inclinaba la cabeza a la izquierda podía ver en la distancia que el canal se abría hacia una vía acuática mucho más grande, alineada con edificios más grandes. Donde quiera estaba el olor de agua y piedra. “Genial, ¿no?” dijo Jace orgullosamente. Ella se volteó a mirarlo. “¿Patos?” dijo otra vez. Una sonrisa estiró las comisuras de su boca. “Odio los patos. No sé por qué. Simplemente siempre lo he hecho.” :::Era temprano en la mañana cuando Maia y Jordan llegaron a la casa del Praetor, el cuartel del Praetor Lupus. La camioneta retumbando y rebotando todo el largo camino blanco que atravesaba sobre campos cuidados de la masiva casa que se elevaba como la proa de un barco en la distancia. Detrás de esta, Maia podía ver las puntas de los árboles, y detrás de eso, el azul del agua del represo a alguna distancia lejos. “¿Aquí es donde hiciste tu entrenamiento?” preguntó. “Este lugar es hermoso.” “No te engañes,” dijo Jordan con una sonrisa. “Este lugar es un campo de entrenamiento, y hago énfasis en la palabra campo.” Ella lo miró de reojo. Aun estaba sonriendo. Lo había hecho sin parar desde que lo besó en la playa al amanecer. Parte de Maia se sentía como si una mano la hubiera levantado y luego soltado de vuelta en su pasado, cuando ella amaba a Jordan más que nada que pudiera imaginar, y parte de ella se sentía totalmente a la deriva, como si hubiera despertado en un paisaje completamente distinto, lejos de lo conocido de su vida diaria, y el calor de la manada. Era muy peculiar. No era malo, pensó. Solo… peculiar. Jordan se detuvo en un camino circular en frente de la casa, la cual, de cerca, Maia pudo ver que estaba hecha con bloques de piedra dorada, el color bronceado del pelo de un lobo. Unas puertas dobles de color negro estaban situadas al final de una enorme escalera de piedra. En el centro del camino circular estaba un gigantesco reloj de sol, su cara elevada diciendo que eran las siete de la mañana. Alrededor del borde del reloj de sol estaban grabadas las palabras: Solo marco las horas que brillan. Le quitó el seguro a su puerta y se bajó de un brinco de la cabina justo cuando las puertas de la casa se abrieron y una voz retumbó: “Praetor Kyle!”Jordan y Maia miraron hacia arriba. Bajando las escaleras estaba un hombre de mediana edad en un traje de carbonero, su cabello rubio estaba manchado con gris. Jordan, alisando la expresión de su cara se volteó hacia él. “Praetor Scott,” dijo. “Esta es Maia Roberts, de la manada Garroway. Maia este es el Praetor Scott. El básicamente dirige el Praetor Lupus.” “Desde 1800 los Scott han dirigido siempre el Praetor,” dijo el hombre, mirando a Maia, quien inclinó su cabeza, un signo de sumisión. “Jordan, tengo que admitir que no esperaba que regresaras tan pronto. La situación con el vampiro en Manhattan, el Diurno – “ “Está bajo control,” dijo Jordan apresuradamente. “No es la razón por la que estamos aquí. Esto es sobre algo bastante distinto.” El Praetor Scott levantó las cejas. “Ahora has picado mi curiosidad.” “Es un asunto de suma urgencia,” dijo Maia. “Luke Garroway, nuestro líder de manada –“ El Praetor Scott le lanzó una mirada aguda, silenciándola. Aunque él pudiera no tener manada, era un alfa, era claro por su manera de comportarse. Sus ojos, debajo de sus tupidas cejas, eran de un verde grisáceo, alrededor de su garganta debajo del collar de su camiseta, brillaba el pendiente de bronce del Praetor, con su insignia de la garra de un lobo. “El Praetor elije que asunto es considerado como urgente,” dijo. “No somos un hotel abierto a visitas. Jordan apostó trayéndote aquí, y él sabe eso. Si no fuera uno de nuestros más graduados más prometedores, podría enviarlos lejos a los dos.” Jordan enganchó los pulgares en la cinturilla de su pantalón y miró al suelo. Un momento después el Praetor Scott puso su mano en el hombro de Jordan. “Pero,” dijo, “tu eres uno de nuestros graduados más prometedores. Y te ves exhausto; puedo ver que han estado despiertos toda la noche. Vengan y discutamos esto en mi oficina.” La oficina resultó estar al fondo de un largo y ondulante pasillo, elegantemente recubierto con madera oscura. La casa estaba viva con los sonidos de voces, y había un letrero que decía Las Reglas de la Casa clavado en el muro junto a la escalera que llevaba arriba. Las Reglas de la Casa. No cambiar en los pasillos. No aullar. No plata. La ropa debe usarse todo el tiempo. TODO EL TIEMPO. No pelear. No morder. Marca tu comida antes de que la pongas en el refrigerador comunal. El olor del desayuno cocinándose viajaba por el aire haciendo que el estómago de Maia gruñera. El Praetor Scott parecía divertido. “Haré que alguien nos traiga algún bocadillo si están hambrientos.” “Gracias,” murmuró Maia. Habían alcanzado el final del pasillo, y el Praetor Scott abrió una puerta marcada como Oficina. Los ojos del lobo más viejo se entrecerraron. “Rufus,” dijo. “¿Qué estás haciendo aquí?” Maia miró por encima de él. La oficina era una habitación grande, cómodamente desordenada. Había una ventana rectangular que daba hacia los amplios prados, en los cuales grupos de gente joven en su mayoría, estaban ejecutando lo que parecía obras de perforación, usando pantalones calentadores negros. Las paredes de la habitación estaban llenas de libros sobre licantropía, la mayoría en latín, pero Maia reconocía la palabra Lupus. El escritorio era una pieza de mármol puesta sobre estatuas de dos lobos gruñendo. Enfrente de ésta estaban dos sillas. En una de ellas se sentaba un gran hombre – un hombre lobo- encogido con las manos apretadas juntas. “Praetor,” dijo en una voz áspera. “Esperaba poder hablar con usted sobre el incidente en Boston.” “¿Aquél en que le rompiste la pierna a tu asignado?” dijo el Praetor secamente. “Hablaré contigo sobre eso, Rufus, pero no ahora. Algo más urgente me llama.” “Pero Praetor –“ “Eso sería todo, Rufus,” dijo Scott en el timbre de voz del lobo alfa cuyas órdenes no pueden ser desafiadas. “Recuerda, éste lugar es un sitio de rehabilitación. Parte de eso es aprender a respetar la autoridad.” Murmurando bajo su aliento, Rufus se levantó de la silla. Solo cuando se puso de pie, Maia se dio cuenta de su enorme tamaño. Era más alto que ella y que Jordan, su camiseta negra estirándose sobre su pecho, las mangas a punto de rasgarse alrededor de sus bíceps. Su cabeza estaba pelada casi a rape, su cara surcada con profundas marcas de garras a través de una mejilla, como surcos en el barro. Le dio una mirada ácida cuando pasó junto a ellos hacia el pasillo. “Por supuesto, algunos de nosotros,” murmuró Jordan, “somos más fáciles de rehabilitar que otros.” Cuando la pesada figura de Rufus se desvaneció en el pasillo, Scott se dejó caer en la silla de respaldo alto de detrás del escritorio y llamó a través de un intercomunicador de aspecto moderno. Después de pedir el desayuno en una voz tersa, se inclinó con las manos cruzadas detrás de la cabeza. “Soy todo oídos,” dijo. Mientras Jordan le contaba su historia al Praetor Scott, Maia no pudo evitar que sus ojos y su mente vagaran. Se preguntaba cómo habría sido ser educada aquí, en esta elegante casa, con sus reglas y restricciones, en vez de con la casi anárquica libertad de la manada. En algún punto un hombre lobo vestido de negro – parecía ser la vestimenta reglamentaria en el Praetor – entró con rebanadas de filetes de carne, queso, y malteadas de proteínas en una bandeja. Maia miró el desayuno con un poco de espanto. Era cierto que los hombres lobo necesitaban más proteínas que la mayoría de las personas, muchas más, pero ¿filetes de carne para el desayuno? “Se darán cuenta,” dijo Praetor Scott mientras Maia bebía su malteada cautelosamente, “que, de hecho, la azúcar refinada es inofensiva para los hombres lobo. Si dejas de consumirla por un período de tiempo, dejarás de desearla. ¿No les ha dicho eso su líder de manada?” Maia trató de imaginarse a Luke, a quien le gustaba hacer panqueques en formas divertidas, dándole una lección sobre el azúcar y no pudo. Aunque no era el momento para mencionarlo. “No, si lo ha hecho, por supuesto,” dijo ella. “Tiendo a tener recaídas en tiempos de estrés.” “Entiendo su preocupación por el líder de su manada,” dijo Scott. Con un reloj Rolex dorado brillando en su muñeca. “Normalmente mantenemos una política estricta de no interferir en asuntos que no están relacionados con Subterráneos recién convertidos. De hecho, no damos prioridad por encima de otros Subterráneos, aunque solo los licántropos están permitidos en el Praetor.” “Pero es exactamente por eso por lo que necesitamos su ayuda,” dijo Jordan. “Las manadas son por naturaleza nómadas y transitorias. No tienen oportunidad de construir cosas como bibliotecas o archivos de conocimiento. No estoy diciendo que no tengan sabiduría, pero todo se transmite por vía oral, y cada manada sabe cosas distintas. Podemos ir de manada en manada y quizás alguien en algún sitio pudiera saber cómo curar a Luke, pero no tenemos tiempo. Aquí” – Jordan señaló los libros apilándose en las paredes – “está lo más cercano que los hombres lobo tienen, por decir, a los archivos de los Hermanos Silenciosos o el Laberinto Espiral de los Brujos.” A Scott no parecían convencerle. Maia dejó la malteada de proteína. “Y Luke no es solamente un líder de manada,” dijo. “El es el representante de los licántropos en el Consejo. Si ayudas a curarlo, sabrás que el Praetor siempre tendrá una voz en el Consejo a su favor.” Los ojos de Scott brillaron. “Interesante,” dijo. “Muy bien. Tendré que revisar en los libros. Probablemente me tome unas cuantas horas. Jordan sugiero que si van a conducir de regreso a Manhattan, descansen un poco. No necesitamos que tu camioneta quede prensada en un árbol.” “Puedo manejar-,” dijo Maia. “Tu te ves igualmente exhausta. Jordan como sabes siempre habrá espacio para ti en la casa del Praetor, aunque te hayas graduado. Y Nick está en una misión, así que hay una cama para Maia. Por qué no descansan los dos y los llamaré cuando haya terminado.” Se dio vuelta en su silla para examinar los libros en las paredes. Jordan le hizo un gesto a Maia de que esta era su señal para irse; ella se paró sacudiendo las migajas de sus pantalones. Estaba a medio camino hacia la puerta cuando el Praetor Scott habló de nuevo. “Oh, y Maia Roberts,” dijo, y su voz contenía una nota de advertencia. “Espero que entiendas que cuando haces promesas en nombre de alguien más, cae sobre tu cabeza el asegurarte de que las cumplan.” ::: Simon despertó sintiéndose exhausto todavía, parpadeando en la oscuridad. Las espesas cortinas negras sobre las ventanas dejaban entrar muy poca luz, aunque su reloj interno le decía que era de día. Eso y el hecho de que Isabelle se hubiera ido – su lado de la cama, arrugado, las mantas revueltas. De día, y él no había hablado con Clary desde que se fue. Sacó las manos de debajo de las mantas y miró el anillo dorado en su mano derecha. Delicado, estaba labrado en lo que eran ya sea diseños o palabras en un alfabeto que no conocía. Apretando la mandíbula se sentó y tocó el anillo. -¿Clary? La respuesta fue inmediata y clara. Casi se cae de la cama por el alivio. -Simon. Gracias a Dios. -¿Puedes hablar? -No. El sintió que había una tensa distracción en la mente de ella. -Estoy contenta de que me hablaras pero ahora no es un buen momento. No estoy sola. -¿Pero estás bien? -Estoy bien. Nada ha pasado aún. Estoy tratando de reunir información. Te prometo que te hablaré en el momento en que escuche algo. -Muy bien. Cuídate. -Tu también. Y ella se fue. Deslizando las piernas por un lado de la colcha, Simon hizo lo mejor que pudo para alisar su cabello desordenado por la cama, y fue a ver si alguien más estaba despierto. Lo estaban. Alec, Magnus, Jocelyn, e Isabelle, estaban sentados alrededor de la mesa de la sala de Magnus. Mientras que Alec y Magnus estaban en pantalones, ambas Jocelyn e Isabelle usaban ropa de combate, Isabelle con su látigo enredado en su brazo derecho. Miró hacia arriba cuando él salió pero no le sonrió; sus hombros estaban tensos, su boca era una línea delgada. Todos tenían tazas de café enfrente de ellos. “Hay una razón por la cual el ritual de los Instrumentos Mortales es tan complicado.” Magnus hizo flotar el tazón de la azúcar hacia él mismo y puso un poco del polvo blanco en su café. “Los ángeles actúan en beneficio de Dios, no de los humanos – ni siquiera de los Cazadores de Sombras. Si invocas a uno seguramente te encontrarás siendo consumido por la ira divina. Todo el punto del ritual de los Instrumentos Mortales no es para permitir que alguien invoque a Raziel. Era para proteger al que lo invoque de la ira del Ángel una vez que aparece.” “Valentine –“comenzó Alec. “Si, Valentine invocó a un ángel muy menor. Y éste nunca le habló, ¿o sí? Nunca le dio ni un poco de ayuda, aunque estuviera cosechando su sangre. E incluso entonces él debió haber estado usando hechizos increíblemente poderosos solo para atarlo. Según entiendo es que él ató la vida del ángel al de la Casa Wayland, de modo que cuando el ángel murió la Casa colapsó hasta los escombros.” El golpeteo su taza con una uña pintada de azul. “Y se condenó a sí mismo. Ya sea que creas en el Cielo o en el Infierno o no, el se condenó seguro. Cuando invocó a Raziel, Raziel lo aplastó. Parte en venganza por lo que Valentine le había hecho a su hermano ángel.” “¿Por qué estamos hablando de invocar ángeles?” preguntó Simon, acomodándose en el extremo de la larga mesa. “Isabelle y Jocelyn fueron a ver a las Hermanas de Hierro,” dijo Alec. “A buscar un arma que pueda ser usada en Sebastian sin afectar a Jace.” “¿Y no hubo ninguna?” “Nada en este mundo,” dijo Isabelle. “Un arma celestial podría hacerlo, o algo con una importante alianza demoníaca. Estamos explorando la primera opción. “¿Invocar a un ángel para que te de un arma?” “Ha pasado antes,” dijo Magnus. “Raziel le dio la espada Mortal a Jonathan Cazador de Sombras. En las viejas historias, en la noche antes de la batalla de Jericó, un ángel se le apareció a Josué y le dio una espada.” “Huh,” dijo Simon. “Hubiera pensado que los ángeles eran todos pacifistas y nada de armas.” Magnus se burló. “Los ángeles no solo son mensajeros. Son soldados. Miguel es conocido por dirigir ejércitos. No son pacientes los ángeles. Y seguro no lo son con las vicisitudes de los seres humanos. Alguien que trate de invocar a Raziel sin los Instrumentos Mortales para protegerse, probablemente terminarán consumidos hasta la muerte en el acto. Los demonios son más fáciles de invocar. Hay más de ellos y muchos son débiles. Pero en este caso, un demonio débil no nos ayudaría mucho –“ “No podemos invocar a un demonio,” dijo Jocelyn de inmediato. “La Clave-“ “Pensé que había dejado de importarte lo que pensara la Clave hace muchos años,” dijo Magnus. “No soy solo yo,” dijo Jocelyn. “El resto de ustedes. Luke. Mi hija. Si la Clave sabe –“ “Bueno, no lo sabrán, ¿o sí?” dijo Alec, su voz usualmente amable con borde. “A menos que tú les digas.” Jocelyn miró de la cara tensa de Isabelle a la cuestionadora de Magnus, y a los ojos obstinados de Alec. “¿En serio están considerando esto? ¿Invocar a un demonio?” “Bueno, no solo a un demonio,” dijo Magnus. “Azazel.” Los ojos de Jace flamearon. “¿Azazel?” Sus ojos buscaron en los de los demás tratando de encontrar algo de apoyo, per Izzy y Alec miraron hacia abajo a sus tazas, y Simon solo se encogió de hombros. “No sé quién es Azazel,” dijo. “¿Es el gato de los Pitufos?” Miró a los demás pero Isabelle solo rodó los ojos. -¿Clary? Pensó. Su voz vino a través de su mente teñida de alarma. -¿Qué pasa? ¿Qué sucede? ¿Ya sabe mi mamá que me fui? -Todavía no. Le respondió con el pensamiento. – ¿Azazel es el gato de los Pitufos? Hubo una larga pausa. –Ese es Azrael Simon. Y no uses más los anillos mágicos para hacerme preguntas sobre los pitufos. Y se fue. Simon dejó de mirar su mano para encontrar la mirada curiosa de Magnus. “El no es un gato, Silvestre,” le dijo. “Es un demonio mayor. Comandante del Infierno y Creador de Armas. Era un ángel que le enseñó a los seres humanos como hacer armas, cuando antes era un conocimiento que solo los ángeles poseían. Eso causó su caída, y ahora es un demonio. Y toda la tierra ha estado corrompida por los trabajos enseñados por Azazel. A él se le atribuye todo pecado.” Alec lo miró asombrado. “¿Cómo sabes todo eso?” “Es un amigo mío,” dijo Magnus, y, notando sus expresiones, suspiró. “Está bien, no es verdad. Pero está en el libro de Enoch.” “Parece peligroso.” Alec frunció el ceño. “Suena como si fuera más que un Demonio Mayor, incluso. Como Lilith.” “Afortunadamente, ya está atrapado,” dijo Magnus. “Si lo invocan, su espíritu vendrá pero su forma corpórea permanecerá atado en las afiladas rocas de Duduael.” “Las afiladas rocas de… Oh, como sea,” dijo Isabelle amarrando su largo cabello oscuro en un moño. “Es el demonio de las armas. Bien. Digo que le demos una oportunidad.” “No puedo creer que estén incluso considerando esto,” dijo Jocelyn. “He aprendido, por ver a mi marido lo que incursionar en invocar demonios puede hacer. Clary-“Se cortó entonces, como si sintiera la mirada de Simon sobre ella, y volteó. “Simon,” dijo, “¿sabes si Clary ya despertó? Hemos estado dejándola dormir, pero son casi las once.” Simon dudó. “No lo sé.” Esto, razonándolo, era cierto. Donde sea que estuviera Clary podría estar dormida. Incluso aunque acabara de hablar con ella. Jocelyn parecía confundida. “¿Pero que no estabas en la habitación con ella?” “No. Yo estaba en-“Simon se cortó, dándose cuenta del hoyo en el que se había metido. Había solo tres habitaciones libres. Jocelyn había estado en una, Clary en la otra. Lo que obviamente decía que había dormido en la tercera pieza con – “¿Isabelle?” dijo Alec, sus cejas levantadas. “¿Dormiste en el cuarto de Isabelle?” Isabelle hizo un gesto con la mano. “No hay necesidad de preocuparse hermano mayor. Nada pasó. Por supuesto,” añadió cuando los hombros de Alec se relajaron. “Estaba completamente botada de borracha, así que en realidad pudo haberme hecho cualquier cosa que quisiera y yo no me hubiera despertado.” “Oh por favor,” dijo Simon. “Todo lo que hice fue contarte la trama completa de Star Wars.” “No creo que recuerde eso,” dijo Isabelle tomando una galleta de un plato en la mesa. “¿Ah sí?, ¿Quién era el mejor amigo de la infancia de Luke Skywalker?” “Biggs Darklighter,” dijo Isabelle inmediatamente, y entonces golpeó la mesa con la palma extendida. “Eso es hacer trampa!” Aún así le sonrió alrededor de su galleta. “Ah,” dijo Magnus. “Amor Nerd. Es una cosa hermosa aunque a menudo es objeto de burla e hilaridad por aquellos quienes somos más sofisticados.” “Muy bien, es suficiente.” Jocelyn se puso de pie. “Voy a buscar a Clary. Si van a invocar a un demonio no quiero estar aquí y no quiero a mi hija aquí tampoco.” Se encaminó hacia el pasillo. Simon le bloqueó el paso. “No puedes hacer eso,” dijo. Jocelyn lo vio con una mirada resoluta. “Se lo que vas a decir, que este es el lugar más seguro para nosotras, Simon, pero con un demonio invocado, yo solamente –“ “No es eso.” Simon jaló una respiración profunda, lo cual no ayudó ya que su sangre ya no procesaba el oxigeno. Se sintió ligeramente mareado. “No puedes ir a despertarla porque… porque no está aquí.”
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Mensaje por StephRG14 el Jue 07 Mayo 2015, 5:20 pm

Capitulo 10; La caza salvaje




El antiguo dormitorio de Jordan en la casa del Praetor se veía como cualquier habitación de un dormitorio de Universidad. Había dos camas con marco de fierro, cada una contra un muro distinto. A través de la ventana que las separaba se veían las tierras verdes tres pisos abajo. El lado de Jordan de la habitación se veía como si hubiera llevado la mayoría de sus fotografías y libros consigo a Manhattan – aunque había algunas todavía clavadas- fotos de la playa y del océano, y una tabla de surf recargada contra un muro. Una pequeña sorpresa atravesó a Maia cuando vio que en la mesa de noche estaba una foto con un marco dorado de ella con Jordan, tomada en Ocean City, el paseo y la playa detrás de ellos. Jordan miró la fotografía y entonces a ella y se ruborizó. Dejó caer su bolsa en la cama y se quitó la chaqueta dándole la espalda. “¿Cuándo regresa tu compañero?” preguntó en el silencio de pronto incómodo. No estaba segura de por qué estaban los dos avergonzados. No lo habían estado para nada cuando estuvieron en la camioneta juntos, pero ahora, en el espacio de Jordan, los años que habían pasado sin hablar parecían separarlos. “¿Quién sabe? Nick está en una asignación. Son peligrosas. Puede que no vuelva.” Jordan sonaba resignado. Puso su chaqueta sobre el respaldo de una silla. “¿Por qué no te recuestas? Me voy a dar un baño.” Se encaminó hacia el baño, el cual, Maia se sintió aliviada de ver que estaba adjunto a la habitación. No se sentía con ganas de lidiar con uno de esos que están al final del pasillo y que todos usan. “Jordan-,” comenzó, pero el ya había cerrado la puerta del baño detrás de él. Pudo escuchar el agua correr. Con un suspiro se quitó los zapatos de una patada y se quedó recostada ausente en la cama de Nick. La manta era a cuadros azul oscuro, olía como a conos de pino. Miró hacia arriba y vio que el techo tenía un papel tapiz de fotografías. El mismo chico rubio y risueño que parecía de unos diecisiete, le sonreía desde cada fotografía. Nick supuso. Se veía feliz. ¿Fue feliz Jordan en la casa del Praetor? Estiró la mano y alcanzó la fotografía de ellos dos volteándola hacia ella. Había sido años atrás cuando Jordan era flacucho y sus grandes ojos caramelo dominaban su cara. Tenían los brazos alrededor del otro y parecían quemados por el sol y felices. El verano había oscurecido las pieles de ambos y puesto mechones más claros en el pelo de Maia, y Jordan tenía su cara ligeramente hacia ella, como si fuera a decir algo o a besarla. No podía recordar cuál. Ya no. Pensó en el muchacho cuya cama estaba sentada ahora, el muchacho que podría no regresar. Pensó en Luke, muriendo lentamente, y como Alaric y Gretel y Justine y Teo y todos los otros de su manada que perdieron la vida en la guerra contra Valentine. Pensó en Max, y en Jace, dos Lightwood perdidos – porque ella tenía que admitir en su corazón, que no creía que fueran a poder traer a Jace de regreso. Y por ultimo y extrañamente pensó en Daniel, el hermano a quien nunca lloró, y para su sorpresa sintió las lágrimas punzando detrás de sus ojos. Se sentó abruptamente. Se sentía como si el mundo estuviera inclinándose y ella estuviera colgada de éste desamparada, tratando de no caer en el negro abismo. Podía sentir las sombras cerniéndose. Con Jace perdido y Sebastian ahí fuera, las cosas solo podían volverse más oscuras. Solo habría más pérdida y más muerte. Tenía que admitir, que era lo más viva que se había sentido en semanas, en esos momentos al amanecer, besando a Jordan en su camioneta. Como si fuera un sueño, se encontró poniéndose de pie. Caminó a través de la habitación y abrió la puerta del baño. La ducha era un cuadrado de cristal escarchado; podía ver la silueta de Jordan a través de él. Dudaba que pudiera oírla sobre el ruido del agua corriendo, mientras se quitaba el sueter y se sacaba los pantalones y la ropa interior. Con una respiración profunda cruzó la habitación, abrió la puerta de la ducha y se metió dentro. Jordan se dio la vuelta, quitándose el cabello húmedo de los ojos. El agua estaba caliente y su cara estaba sonrojada, haciendo que sus ojos brillaran como si el agua les hubiera sacado lustre. O quizás no era solo el agua haciendo subir la sangre debajo de su piel cuando sus ojos cayeron en ella – en toda ella. Ella lo miró tranquila, sin avergonzarse, mirando la forma que el pendiente del Praetor brillaba en el húmedo hueco de su garganta, y la espuma de jabón deslizándose sobre sus hombros y su pecho, mientras él la miraba a ella parpadeando el agua que tenía en los ojos. Era hermoso, pero ella siempre lo había pensado. “¿Maia?” dijo inquieto. “¿Estás…?” “Shh.” Le puso un dedo contra los labios cerrando la puerta de la ducha con la otra mano. Entonces caminó más cerca enredando ambos brazos alrededor de él, dejando que el agua los lavara a ambos de toda la oscuridad. “No hables. Solo bésame.” Y así lo hizo él. :::“En el nombre del Ángel, ¿Qué quieres decir con que Clary no está ahí?” demandó Jocelyn con la cara blanca. “¿Como sabes eso, si acabas de levantarte? ¿A dónde ha ido?” Simon tragó grueso. Había crecido con Jocelyn casi como una segunda madre para él. Estaba acostumbrado a la sobreprotección hacia su hija, pero ella siempre lo había visto como un aliado en eso, alguien que podía interponerse entre Clary y los peligros del mundo. Ahora lo estaba mirando como si fuera el enemigo. “Me envió un mensaje anoche…” comenzó Simon, luego se detuvo cuando Magnus les hizo señas desde la mesa. “Mejor se sientan,” dijo. Isabelle y Alec estaban mirando con los ojos muy abiertos desde cada lado de Magnus, pero el brujo no parecía particularmente sorprendido. “Dinos que está pasando. Tengo el sentimiento de que esto va a tomar un buen rato.” Y así fue, aunque no tanto como Simon hubiera esperado. Cuando acabó de explicar, encorvado sobre su silla y mirando la mesa de Magnus, levantó la cabeza para ver a Jocelyn con su mirada verde fija en él, tan fría como el agua del ártico. “¿Dejaste a mi hija irse… con Jace… a algún sitio imposible de encontrar, donde ninguno de nosotros puede contactarla?” Simon miró sus manos. “Puedo contactar con ella,” dijo, levantando la mano con el anillo dorado en el dedo. “Te lo dije. Supe de ella esta mañana. Dijo que estaba bien.” “Nunca debiste haberla dejado irse en primer lugar!” “Yo no la dejé. Ella iba a irse de todos modos. Pensé que por lo menos tendría algún tipo de línea de vida ya que no era como si pudiera detenerla.” “Para ser justos,” dijo Magnus “No creo que nadie hubiera podido. Clary hace lo que quiere.” Miró a Jocelyn. “No puedes mantenerla en una jaula.” “Yo confié en ti,” le soltó a Magnus. “¿Cómo salió?” “Hizo un Portal.” “Pero dijiste que había guardas-“ “Para mantener fuera las amenazas no para mantener a los invitados dentro. Jocelyn tu hija no es estúpida, y hace lo que cree que es correcto. Nadie puede detenerla. Se parece muchísimo a su madre.” Jocelyn miró a Magnus por un momento, con la boca ligeramente abierta, y Simon se dio cuenta que por supuesto, Magnus debió haber conocido a Jocelyn cuando era joven, cuando traicionó a Valentine y al Círculo y casi murió en el Levantamiento. “Es una niñita,” dijo, y se volvió contra Simon. “¿Le has hablado? ¿Usando esos anillos? ¿Desde cuándo se fue?” “Esta mañana,” dijo Simon. “Dijo que estaba bien. Que todo estaba bien.” En vez de tranquilizarse, Jocelyn solo se veía más molesta. “Estoy segura de que eso es lo que dijo. Simon. No puedo creer que le permitieras hacer esto. Debiste haberla detenido-“ “¿Cómo? ¿Amarrándola?” dijo Simon sin creerlo. “¿Esposándola a la mesa del restaurante?” “Si era necesario. Tú eres más fuerte que ella. Estoy decepcionada-“Isabelle se puso de pie. “Muy bien, ya es suficiente.” Miró enfadada a Jocelyn. “Es total y completamente injusto que le grites a Simon sobre algo que Clary decidió hacer por sí misma. ¿Y si Simon la hubiera amarrado, entonces qué? ¿Planeas mantenerla así amarrada para siempre? Tendrías que dejarla ir en algún momento y entonces qué? Ella no confiaría en Simon nunca más y ella ya no confía en ti por que le robaste sus recuerdos. Y eso, si recuerdo bien, fue por que estabas tratando de protegerla. Quizás si no la hubieras protegido tanto, ella hubiera sabido más sobre lo que es peligroso y lo que no, y sería un poco menos reservada – y menos imprudente!” Todo el mundo miró a Isabelle, y por un momento Simon recordó de algo que Clary le había dicho una vez – que Izzy rara vez decía discursos pero que cuando lo hacía, hacía que contaran. Jocelyn tenía los labios un poco blancos. “Voy a ir a la estación a estar con Luke,” dijo. “Simon, espero reportes cada veinticuatro horas, de que mi hija está bien. Si no tengo noticias cada noche, voy a ir con la Clave.” Y salió del departamento, azotando la puerta tan fuerte que una larga grieta apareció en el yeso junto a ella. Isabelle se sentó de nuevo, esta vez junto a Simon. El no dijo nada sino que le extendió la mano, y ella la tomó, deslizando los dedos entre los de él. “Entonces,” dijo Magnus finalmente, rompiendo el silencio. “¿Quién se apunta para invocar a Azazel? Porque vamos a necesitar un montón de velas.” :::Jace y Clary pasaron el día vagando por el laberinto de callejones que corrían a lo largo de los canales, cuyas aguas iban del verde oscuro al azul turbio. Hicieron su camino entre los turistas en la plaza de San Marcos y sobre el Puente de los Suspiros y bebieron pequeñas y poderosas tazas de expresso en el Caffé Florian. El desorientador laberinto de calles le recordaban a Clary un poco a Alicante, aunque Alicante carecía de esa sensación de decadencia de Venecia. Aunque no había caminos aquí, no carros, solo pequeños callejones retorcidos y puentes curvándose sobre canales cuyas aguas eran tan verdes como la malaquita. Cuando el cielo sobre sus cabezas se oscureció hasta el azul del crepúsculo del otoño tardío, las luces comenzaron a encenderse en las pequeñas boutiques, en bares y restaurantes que parecían aparecer de la nada y desaparecer de nuevo en las sombras cuando ella y Jace pasaban, dejando luz y risas detrás. Cuando Jace le preguntó a Clary que si estaba lista para la cena, ella asintió firmemente, sí. Comenzó a sentir culpa de no haber conseguido información de él y de que estuviera de hecho, disfrutándolo. Cuando pasaron el puente de Dorsoduro, una de las secciones tranquilas de la ciudad, lejos del afluente de turistas, ella decidió que conseguiría algo de él esa noche, algo que fuera digno de contarle a Simon. Jace sostuvo su mano firmemente cuando llegaron al final del puente y la calle se abrió hacia una gran plaza al lado de un enorme canal del tamaño de un río. La domo de la una iglesia se elevaba a si derecha. A través del canal más de la ciudad encendía la noche, lanzando iluminación hacia el agua, que cambiaba y brillaba con luz. Las manos de Clary picaban por gises y colores para dibujar la luz cuando se diluía en el cielo, el agua oscurecida, las líneas aserradas de los edificios, sus reflejos que lentamente se iban diluyendo en el canal. Todo parecía bañado en una estela de azul. En algún sitio las campanas de una iglesia estaban sonando. Ella apretó la mano de Jace. Aquí se sentía muy lejos de todo en su vida, distante de un modo que no sintió en Idris. Venecia compartía con Alicante la sensación de ser un lugar fuera de tiempo, arrancado del pasado, como si hubieras entrado en una pintura o en las páginas de un libro. Pero también era un lugar real, uno que creció sabiendo que existía, y quería visitar. Miró de reojo a Jace, quien estaba mirando hacia abajo al canal. La estela azul de luz estaba en él también, oscureciendo sus ojos, las sombras debajo de sus pómulos, las líneas de su boca. Cuando captó su mirada en él, la miró y sonrió. El la llevó alrededor de la iglesia y bajaron por unos escalones llenos de musgo por un camino a lo largo del canal. Todo olía a piedra húmeda y agua y humedad y años. Cuando el cielo se oscureció, algo rompió la superficie del agua del canal a unos cuantos pies de Clary. Escuchó el salpicar y miró a tiempo para ver a una mujer de cabello verde salir del agua y sonreírle. Tenía un lindo rostro, pero dientes como de tiburón y unos ojos de pez amarillos. Había perlas cosidas entre su cabello. Se sumergió de nuevo debajo del agua sin ondularse. “Sirena,” dijo Jace. “Hay viejas familias de ellas que viven aquí en Venecia desde hace mucho, mucho tiempo. Son un poco raras. Les va mejor en el agua limpia en mar adentro viviendo de peces en vez de la basura.” Miró la puesta de sol. “Toda la ciudad se está hundiendo,” dijo. “Estará bajo el agua en unos cien años. Imagina nadar en el océano y tocar la cima de la Basílica de San Marcos.” Señaló a través del agua. Clary sintió una punzada de tristeza con la idea de tanta belleza perdida. “¿No hay nada que se pueda hacer?” “¿Elevar toda la ciudad? ¿O detener el océano? No hay mucho.” Dijo Jace. Habían llegado a un juego de escaleras que subían. El viento venía del agua y levantaba su cabello dorado de la frente, y su cuello. “Todas las cosas tienden hacia la entropía. Todo el universo está moviéndose hacia afuera, las estrellas alejándose unas de otras, Dios sabe que caerá entre las grietas entre ellas.” hizo una pausa. “Está bien. Eso sonó un poco loco.” “Tal vez fue el vino en el almuerzo.”“Puedo con el licor.” Giraron en una esquina y un país de hadas de luces brilló hacia ellos. Clary parpadeó, sus ojos ajustándose. Era un restaurante pequeño con mesas dentro y afuera, lámparas de calor entrelazadas con luces de navidad como un bosque de arboles mágicos entre las mesas. Jace se alejó de ella el tiempo suficiente para conseguirles una mesa, tan pronto como estuvieron sentados junto al canal, escuchando el salpicar del agua contra las rocas y el sonido de pequeñas botes subiendo y bajando con las olas. El cansancio estaba comenzando a llegarle a Clary en oleadas, como el ir y venir del agua contra los costados del canal. Le dijo a Jace lo que quería y lo dejó ordenar en italiano aliviada cuando el mesero se fue para poder recargarse en los codos sobre la mesa con la cabeza en las manos. “Creo que tengo jet lag,” dijo. “Jet lag interdimensional.” “¿Sabes? el tiempo es una dimensión,” dijo Jace. “Pedante,” Ella tomó una migaja de pan de la canasta sobre la mesa y se la tiró a él. El sonrió. “Estaba tratando de recordar todos los pecados capital el otro día,” dijo. “Avaricia, envidia, gula, ironía, pedantería…” “Estoy bastante segura que la ironía no es un pecado capital.” “Estoy bastante seguro que sí lo es.” “Lujuria,” dijo ella. “La lujuria es un pecado capital.” “Y los azotes.” “Creo que eso cae en la lujuria.” “Creo que debería tener su propia categoría,” dijo Jace. “Avaricia, envidia, gula, ironía, pedantería, lujuria, azotes.” Las luces blancas navideñas se reflejaban en sus ojos. Se veía más hermoso de lo que nunca se había visto, pensó Clary, y equitativamente más distante, más difícil de tocar. Pensó en lo que dijo sobre la ciudad hundiéndose, y los espacios entre las estrellas, y recordó las líneas de la canción de Leonard Cohen que la banda de Simon solía tocar como cover, no muy bien. “Hay una grieta en todo/Así es como entra la luz.” Tenía que haber una grieta en la calma de Jace, algún modo de que pudiera traspasarlo y llegar al verdadero él que ella creía que estaba ahí todavía. Los ojos ambarinos de Jace la estudiaban. Estiró la mano para tocar la de ella, fue solo después de un rato que Clary se dio cuenta que sus dedos estaban sobre su anillo de oro. “¿Qué es esto?” dijo. “No recuerdo que tuvieras un anillo hecho por las hadas.” El tono era neutral, pero su corazón se saltó un latido. Mentirle a Jace a la cara no era algo en lo que tuviera mucha práctica. “Era de Isabelle,” dijo encogiéndose de hombros. “Estaba tirando todas las cosas que su ex-novio hada – Meliorn – le dio, y yo pensé que este era lindo, así que ella dijo que podía quedármelo.” “¿Y el anillo Morgenstern?” Esto parecía algo en lo que podía decir la verdad. “Se lo di a Magnus para que pudiera rastrearte.” “Magnus” Jace dijo el nombre como si fuera el de un extraño y soltó la respiración. “¿Todavía sientes que hiciste lo correcto? ¿Viniendo conmigo?” “Si. Estoy feliz de estar contigo. Y bueno – siempre quise ver Italia. Nunca he viajado mucho. Nunca he estado fuera del país –““Estuviste en Alicante,” le recordó. “Está bien, aparte de visitar tierras mágicas que nadie más puede ver, no he viajado mucho. Simon y yo teníamos planes. Íbamos a ir de mochileros alrededor de Europa cuando nos graduáramos de la preparatoria…” la voz de Clary se cortó. “Suena tonto ahora.” “No lo es.” El estiró la mano para acomodar un mechón de su cabello detrás de la oreja. “Quédate conmigo. Podemos ver todo el mundo.” “Estoy contigo. No voy a ningún lado.” “¿Hay algo en especial que quieras ver? ¿París? ¿Budapest? ¿La torre inclinada de Pisa?” Solo si cae encima de la cabeza de Sebastian, pensó ella. “¿Podemos viajar a Idris? ¿Me refiero a que si el departamento puede viajar allá?” “No podemos pasar las guardas.” Su mano trazó un camino por su mejilla. “Sabes, en serio te extrañé.” “¿Quieres decir que no has ido a citas románticas con Sebastian mientras has estado lejos de mi?” “Lo intenté,” dijo Jace, “pero no importa que tan alcoholizado lo pongas el simplemente no cede.” Clary tomó una copa de vino. Estaba comenzando a acostumbrarse al sabor de este. Podía sentirlo quemar un camino por su garganta, calentándole las venas y añadiendo una calidad de ensueño a la noche. Estaba en Italia con su hermoso novio, en una hermosa noche, comiendo comida deliciosa que se derretía en la boca. Esa es la clase de momentos que recuerdas toda la vida. Pero se sentía solamente como tocar los bordes de la felicidad; cada vez que miraba a Jace, la felicidad se le escapaba. ¿Cómo podía ser Jace y no serlo todo a la vez? ¿Cómo podías tener el corazón roto y estar feliz al mismo tiempo? :::Estaban recostados en la angosta cama gemela que estaba hecha solo para una persona, enredados apretadamente bajo la sábana de franela de Jordan. Maia estaba recostada con la cabeza en el hueco de su brazo, el sol de la ventana calentándole la cara y los hombros. Jordan estaba recargado en su brazo, inclinado sobre ella, su mano libre paseándose por su cabello, jalando sus rizos hasta toda su extensión y luego dejándolos retorcerse de nuevo entre sus dedos. “Extrañaba tu cabello,” dijo, y le puso un beso sobre la frente. La risa borboteó desde algún lugar dentro de ella, ese tipo de risa que viene con la felicidad del enamoramiento. “¿Solo mi cabello?” “No.” El estaba sonriendo, sus ojos caramelo iluminados con verde, su cabello café ahora completamente desordenado. “Tus ojos.” Los besó, uno y luego el otro. “Tu boca,” besó ésta también, y ella enredó los dedos en la cadena contra su pecho desnudo que sostenía el pendiente del Praetor Lupus. “Todo sobre ti.” Ella enredó la cadena en sus dedos. “Jordan… lo siento por lo de antes. Sobre tomarla contra ti sobre el dinero y Stanford. Era mucho para asimilar.” Sus ojos se oscurecieron, y él inclinó la cabeza. “No es que no sepa qué tan independiente eres. Solo quería hacer algo bueno por ti.” “Lo sé,” susurró ella. “Sé que te preocupa el que yo te necesite, pero no debería estar contigo porque te necesito. Debo estar contigo porque te amo.” Sus ojos se iluminaron, incrédulos, esperanzados. “Tú – quiero decir, ¿crees que es posible que puedas sentirte así por mi otra vez?” “Nunca dejé de amarte Jordan,” dijo ella, y él la apretó contra él en un beso tan intenso que dejaba marcas. Ella se acercó más a él y las cosas hubieran seguido como en la ducha si no fuera por un golpe agudo en la puerta. “Praetor Kyle!” gritó una voz a través de la puerta. “Despierta! Praetor Scott quiere verte abajo en su oficina.” Jordan, con los brazos alrededor de Maia maldijo por lo bajo. Riéndose Maia pasó la mano lentamente por su espalda, enredando los dedos en su cabello. “¿Crees que el Praetor Scott pueda esperar?” “Creo que tiene una llave de esta habitación y puede usarla si le place.” “Está bien,” dijo ella, rozando sus labios contra su oreja. “Tenemos un montón de tiempo, ¿cierto? Todo el tiempo que necesitemos.” ::: Presidente estaba acostado en la mesa enfrente de Simon completamente dormido, sus cuatro patas apuntando al aire. Esto, pensó Simon, era todo un logro. Desde que se convirtió en vampiro, los animales tendían a odiarle; lo evitaban si podían o gruñían o ladraban si se les acercaba. Para Simon quien siempre fue un amante de los animales, esto fue una pérdida. Pero supuso que ya que eras una mascota de un brujo, quizás aprendías a aceptar a criaturas extrañas en tu vida. Resultó que Magnus no estaba bromeando sobre las velas. Simon estaba tomando un momento para descansar y tomar algo de café; le sentaba bien, y la cafeína se llevaba el borde del comienzo de los cosquilleos del hambre. Toda la tarde habían estado ayudando a Magnus a preparar la escena para invocar a Azazel. Habían asaltado las bodegas locales para conseguir velas y cirios, los cuales colocaron en un cuidadoso círculo. Isabelle y Alec estaban rociando el exterior del círculo con una mezcla de sal y belladona seca como Magnus les indicaba, leyendo en voz alta de los Ritos Prohibidos del Manual de Necromancia del siglo Quince. “¿Qué le hiciste a mi gato?” exigió Magnus regresando a la sala trayendo una olla de café, con un círculo de tazas flotando alrededor de su cabeza como un modelo de los planetas flotando alrededor del sol. “Te bebiste su sangre, ¿verdad? Dijiste que no tenías hambre!” Simon se quedó indignado. “No me bebí su sangre. Está bien!” Le picó la barriga a Presidente. El gato bostezo. “Segundo, me preguntaste si tenía hambre cuando estaban ordenando pizza, así que dije que no, porque no puedo comer pizza. Estaba siendo educado.” “Eso no te da el derecho de comerte a mi gato.” “Tu gato está bien!” Simon estiró la mano para recoger al gato, quien saltó indignado poniéndose de pies y saltó de la mesa. “¿Ves?” “Lo que sea.” Magnus se dejó caer en el asiento en la cabecera de la mesa; los tazones cayendo en su sitio mientras Alec e Izzy se enderezaban habiendo terminado su tarea. Magnus aplaudió. “Todo el mundo! Reúnase aquí. Es tiempo de una reunión. Voy a enseñarles como invocar a un demonio.” ::: El Praetor Scott estaba esperándolos en la biblioteca, aun en la misma silla giratoria, había una caja de color bronce en el escritorio entre ellos. Maia y Jordan se sentaron frente a él, y Maia no pudo evitar preguntarse si estaba escrito por toda su cara lo que ella y Jordan habían estado haciendo. No es como si el Praetor los estuviera mirando con mucho interés. Empujó la caja hacia Jordan. “Es un ungüento,” dijo. “Si se aplica a la herida de Garroway, filtrará el veneno de su sangre y permitirá que el acero de demonio encuentre su camino hacia afuera. Deberá sanar en unos cuantos días.”El corazón de Maia dio un salto – finalmente buenas noticias. Ella alcanzó la caja antes que Jordan pudiera y la abrió. De hecho estaba llena de un ungüento oscuro y aceitoso que olía intensamente herbal, como algas aplastadas. “Yo-“ dijo el Praetor, sus ojos yendo hacia Jordan. “Ella debe tomarlo,” dijo Jordan. “Ella es cercana a Garroway y es parte de la manada. Ellos confían en ella.” “¿Estás diciendo que no confían en el Praetor?” “La mitad de ellos piensa que el Praetor es un cuento de hadas,” dijo Maia añadiendo un señor después de pensárselo mejor. El Praetor Scott parecía molesto, pero antes de que pudiera decir nada, el teléfono en su escritorio sonó. Pareció dudar, y luego levantó el auricular. “Scott aquí,” dijo y luego después de un momento, “Sí- sí, eso creo.” Colcó, su boca curvándose en una sonrisa no muy placentera. “Praetor Kyle,” dijo. “Estoy contento de que hayan pasado por aquí hoy precisamente. Quédate un momento. Este asunto te concierne de algún modo.” Maya estaba sorprendida de esa declaración, pero no tan sorprendida como cuando un momento después la esquina de la habitación comenzó a brillar y una figura apareció, lentamente desarrollándose – era como ver las imágenes aparecer en un rollo de película en un cuarto oscuro – y la figura de un muchacho joven tomó forma. Su cabello era café oscuro, corto y lacio, y tenía una cadena de oro que brillaba contra el café de la piel de su garganta. Se veía ligero y etéreo, como un chico del coro, pero había algo en sus ojos que lo hacía verse mucho mayor. “Raphael,” dijo ella, reconociéndolo. Era tan ligero y transparente – una proyección, se dio cuenta. Había escuchado de ellas pero nunca había visto una de cerca. Praetor Scott la miró con sorpresa. “¿Conoces al líder del clan de vampiros de Nueva York?” “Nos conocimos una vez, en los bosques de Brocelind,” dijo Raphael mirándola sin mucho interés. “Es amiga del Diurno, Simon.” “Tu asignación,” dijo el Praetor Scott a Jordan como si Jordan lo hubiera olvidado. La frente de Jordan se llenó de arrugas. “¿Le ha pasado algo?” preguntó. “¿Está bien?” “Esto no es sobre él,” dijo Raphael. “Es sobre la vampiro salvaje, Maureen Brown.” “¿Maureen?” exclamó Maia, “pero si solo tiene ¿cuántos? ¿Trece años?” “Un vampiro salvaje es un vampiro salvaje,” dijo Raphael. “Y Maureen ha estado cortando su camino a través de TriBeCa y el Lower East Side. Muchos heridos y al menos seis muertos. Nos la hemos arreglado para cubrirlos, pero…” “Es la asignación de Nick,” dijo el Praetor Scott con el ceño fruncido. “Pero no ha sido capaz de rastrearla. Puede que necesitemos enviar a alguien con más experiencia.” “Les urjo a que lo hagan,” dijo Raphael. “Si los Cazadores de Sombras no estuvieran tan preocupados con su propia… emergencia, a estas alturas seguramente ya se hubieran involucrado. Y la última cosa que necesita el clan después del romance con Camille es ser censurado por los Cazadores de Sombras.” “¿Asumo con eso que Camille está desaparecida también?” dijo Jordan. “Simon nos dijo todo lo que pasó la noche que Jace desapareció, y Maureen parecía estar haciendo los negocios de Camille.” “Camille no es una neófita y por lo tanto no nos concierne,” dijo Scott. “Lo sé, pero – encuéntrala y puede que encuentres a Maureen, es lo único que digo,” dijo Jordan. “Si ella estuviera con Camille no estuviera asesinando al ritmo en que lo está haciendo,” dijo Raphael. “Camille lo evitaría. Ella es sanguinaria pero conoce el Cónclave, y la Ley. Mantendría a Maureen y sus actividades fuera de la vista. No, el comportamiento de Maureen tienen los signos de un vampiro que se ha salido de control.” “Entonces creo que tienes razón.” Jordan se enderezó. “Nick debería tener un respaldo en lidiar con ella, o –“ “¿O algo podría pasarle? Si es así, quizás te ayudará a enfocarte más en el futuro,” dijo el Praetor Scott. “En tu propia asignación.”Jordan abrió la boca. “Simon no fue responsable de convertir a Maureen,” dijo. “Te lo dije –“ El Praetor Scott rechazó sus palabras con un gesto de la mano. “Si, ya se,” dijo, “o te hubiera quitado esa asignación, Kyle. Pero tu sujeto la mordió, y bajo tu vigilancia. Y fue su asociación con el Diurno, aunque fuera distante, lo la que llevó eventualmente a ser transformada.” “El Diurno es peligroso,” dijo Raphael, sus ojos brillando. “Es lo que he dicho todo el tiempo.” “Él no es peligroso,” dijo Maia ferozmente. “Tiene un buen corazón.” Vio que Jordan la veía de reojo tan rápido que creyó haberlo imaginado. “Sip, sip, sip,” dijo Raphael despectivamente. “Ustedes hombres lobo, no pueden concentrarse en el asunto en cuestión. Confié en ustedes Praetor, porque los neófitos son su jurisdicción. Pero el permitir que Maureen se volviera salvaje se ve mal en mi clan. Si no la encuentran pronto, llamaré a cada vampiro en mi disposición. Después de todo,” sonrió mostrando sus delicados incisivos “ – al final nos corresponde matarla.” ::: Cuando terminaron de comer, Clary y Jace caminaron de regreso al departamento a través de una noche envuelta en niebla. Las calles estaban desiertas y el canal de agua brillaba como el cristal. Dando vuelta en una esquina se encontraron junto a un canal tranquilo, alineado con casas cerradas. Los botes se balanceaban amablemente en las curvas del agua, cada uno, una media luna negra. Jace se rió suavemente y caminó hacia adelante, con su mano jalando la de Clary. Sus ojos estaban muy abiertos y dorados en las luces de las lámparas. Se hincó junto al costado del canal, y ella vio un relámpago plateado – una estela – y luego uno de los botes quedó libre de su cadena de ancla y comenzó a flotar a la deriva hacia el centro del canal. Jace deslizó la estela de vuelta a su cinturón y saltó cayendo ligeramente en el asiento de madera en el frente del bote. Extendió la mano hacia Clary. “Vamos.” Ella lo miró y luego al bote y negó con la cabeza. Era solo un poco más grande que una canoa, pintado de negro, aunque la pintura estaba húmeda y astillada. Parecía tan ligero y frágil como un juguete. Se imaginó volcándolo y los dos cayendo en el verde helado del canal. “No puedo. Lo tiraría.” Jace negó impaciente. “Puedes hacerlo,” le dijo. “Yo te entrené.” Para demostrárselo, dio un paso atrás. Ahora estaba de pie en la orilla del bote justo detrás del tolete. La miró, con la boca torcida en una media sonrisa. Por todas las leyes de la física, pensó ella, el bote, desequilibrado, debería haberse dado la vuelta hacia el agua. Pero Jace se balanceaba ligeramente ahí, con la espalda derecha, como si estuviera hecho a base de nada excepto humo. Detrás de él, un telón de fondo de agua y piedra, canales y puentes, ni un solo edificio moderno a la vista. Con su brillante cabello y la forma en que se movía, podría haber pasado por un príncipe del Renacimiento. Extendió la mano hacia ella otra vez. “Recuerda. Eres tan ligera como quieras ser.” Ella recordó. Horas de entrenamiento sobre como caer, como equilibrarse, como aterrizar del modo en que Jace lo hizo, como si fueras un pedazo de ceniza cayendo suavemente. Contuvo la respiración y saltó, el agua verde volando debajo de ella. Cayó en la cola del bote, bamboleándose en el asiento de madera, pero firme. Soltó el aliento en un suspiro de alivio y escuchó a Jace reír cuando saltaba hacia el fondo plano del bote. Se estaba filtrando. Una delgada capa de agua cubría la madera. Él también era nueve pulgadas más alto que ella así que con ella de pie en el asiento de la cola, sus cabezas estaban a nivel. Puso las manos en su cintura. “Entonces,” dijo él. “¿A dónde quieres ir ahora?” Ella miró alrededor. Se habían ido a la deriva lejos de la orilla del canal. “¿Estamos robando este bote?” “Robar es una palabra muy fea,” dijo él. “¿Cómo quieres llamarlo?” El la levantó y le dio una vuelta antes de ponerla abajo. “Un caso extremo de irnos de escaparates.” La jaló más cerca y ella se tensó. Los pies de ella patinaron y los dos se deslizaron al piso curvo del bote, el cual estaba plano y húmedo y olía como a agua y madera húmeda. Clary terminó descansando sobre Jace, con las rodillas a cada lado de sus caderas. El agua estaba empapándole la camisa pero a él no parecía importarle. Puso las manos detrás de su cabeza doblándolas, la camiseta subiéndosele. “Literalmente me tiraste al suelo con la fuerza de tu pasión,” señaló. “Buen trabajo, Fray.” “Solo te caíste porque lo querías. Te conozco.” Respondió. La luna brillaba sobre ellos como un faro, como si fueran las únicas personas debajo de ella. “Nunca tropiezas.” Él tocó su rostro. “Puede que no tropiece,” dijo, “pero si caigo.” Su corazón comenzó a bombear, y tuvo que tragar grueso antes de poder replicar a la ligera, como si él estuviera bromeando. “Esa debe haber sido tu peor frase en toda la vida.” “¿Quién dice que es una frase?”El bote se meció y ella se inclinó hacia adelante, equilibrándose con las manos en su pecho. Sus caderas presionadas contra las de él y miró como sus ojos se abrían muy amplios yendo de un retorcido oro brillante a oscuro, las pupilas tragándose el iris. Se pudo ver a sí misma y el cielo nocturno en ellas. El se enderezó sobre un codo, y deslizó una mano por la nuca de ella. Lo sintió arquearse contra ella, sus labios rozando los suyos, pero ella se echó atrás sin permitirle besarla. Lo deseaba, lo deseaba tanto que sentía un hueco por dentro, como si el deseo la hubiera quemado por dentro. No importaba que su mente dijera - que este no era Jace, no era su Jace, su cuerpo aún lo recordaba, la forma de él, y su sensación, el aroma de su piel y cabello, y lo quería de vuelta. Sonrió contra su boca como si estuviera jugando con él, y se hizo a un lado girando, acurrucándose junto a él, en el fondo húmedo del bote. Él no protestó. Su brazo se curvó alrededor de ella, y el mecer del bote debajo de ellos era amable y adormecedor. Ella quería poner la cabeza en su hombro pero no lo hizo. “Estamos a la deriva,” le dijo. “Lo sé. Hay algo que quiero que veas.” Jace estaba mirando al cielo. La luna era una gran ola blanca, como un velero; el pecho de Jace subía y caía rítmicamente. Sus dedos enredados en el cabello de ella. Ella se quedo recostada, quieta junto a él, esperando y mirando como las estrellas pasaban como un reloj astrológico, y se preguntó qué estaban esperando. Al final lo escuchó, un largo y lento sonido apresurado, como el agua derramándose a través de una presa rota. El cielo se oscureció y se revolvió cuando unas figuras pasaron de prisa a través de él. Apenas podía definirlos a través de las nubes y la distancia, pero parecían ser hombres, con cabello largo como las nubes cirros, jineteando caballos cuyos cascos brillaban del color de la sangre. El sonido de un cuerno de caza hizo eco a través de la noche, y las estrellas temblaron y la noche se replegó sobre sí misma cuando los hombres desaparecieron detrás de la luna. Ella dejó salir el aire en una lenta exhalación. “¿Qué fue eso?” “La caza salvaje,” dijo Jace. Su voz sonaba distante, como en un sueño. “Los perros de caza de Gabriel. La Hueste salvaje. Tienen muchos nombres. Son hadas que desdeñaron las cortes terrenas. Cabalgan a través del cielo, persiguiendo una caza eterna. En una noche al año, un mortal puede unírseles – pero una vez que te unes a la Caza, no puedes dejarla jamás.” “¿Por qué querría alguien hacer eso?” Jace se dio la vuelta y de pronto estaba encima de Clary, presionándola contra el bote. Ella apenas podía notar la humedad; podía sentir el calor llegándole de él en oleadas, y sus ojos quemaban. El tenía una manera de posarse sobre ella de modo que no estuviera aplastada pero pudiera sentir cada parte de él contra ella – la forma de sus caderas, las costuras de sus pantalones, los patrones de sus cicatrices. “Hay algo atractivo en la idea,” dijo. “De perder todo tu control. ¿No lo crees?” Ella abrió la boca para responder pero él ya estaba besándola. Lo había besado tantas veces – besos suaves y gentiles, duros y desesperados, rápidos roces en los labios para despedirse y besos que parecían durar horas – y este no fue distinto. Del modo en el que el recuerdo de alguien que alguna vez vivió en una casa permanece aun después de haberse ido, como una especie de impresión psíquica, su cuerpo recordaba a Jace. Recordaba el modo en que sabía, la sensación de su boca sobre la de ella, sus cicatrices debajo de sus dedos, la figura de su cuerpo bajo las manos. Dejó ir sus dudas y se estiró para jalarlo más cerca. El rodó hacia su costado, sosteniéndola, el bote meciéndose debajo de ellos. Clary podía escuchar el salpicar del agua cuando las manos de él se deslizaron por su costado en la cintura, sus dedos ligeramente acariciando la sensible piel de la parte baja de su espalda. Ella deslizó las manos en su cabello y cerró los ojos, envuelta en la niebla, el sonido y el olor del agua. Interminables eras pasaron, y solo existía la boca de Jace en la suya, el movimiento adormecedor del bote, sus manos sobre la piel. Finalmente, después de lo que pudieron haber sido horas o minutos, escuchó el sonido de alguien gritando, una voz enojada en italiano, elevándose y rompiendo la noche. Jace se echó hacia atrás, su mirada perezosa y arrepentida. “Mejor nos vamos.” Clary lo miró, sorprendida. “¿Por qué?” “Porque ese es el hombre al que le robamos el bote.” Jace se sentó, acomodándose la camisa. “Y está a punto de llamarle a la policía.”
StephRG14


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Cazadores de sombras Empty RE: CAZADORES DE SOMBRAS

Mensaje por StephRG14 el Jue 07 Mayo 2015, 5:31 pm

Capitulo 11; Atribuid todo pecado



Magnus dijo que nada de electricidad podría ser usada durante la convocatoria de Azazel, por lo que el apartamento solo estaba iluminado por la luz de las velas. Las velas ardían en un círculo en el centro de las habitaciones, todas de diferente altura y brillo, compartían entre ellas una similar llama blanca azulada. Dentro del círculo, un pentagrama había sido dibujado por Magnus, utilizando una vara de serbal con la que se quemaron patrones de triángulos superpuestos en el suelo. De entre el espacio formado por el pentagrama había símbolos que no se parecían a nada que Simon hubiese visto antes: no del todo letras y no del todo runas, ellas desprendían una fría sensación de amenaza a pesar del calor de las llamas de las velas. Estaba oscuro fuera de las ventanas ahora, el tipo de oscuridad que viene con la temprana puesta del sol aprovechando el invierno. Isabelle, Alec, Simon, y finalmente, Magnus -quien estaba cantando en voz alta Ritos Prohibidos- estaban situados en un punto cardinal alrededor del círculo. La voz de Magnus subía y bajaba, las palabras en latín como una oración, pero que parecían invertidas y siniestras. Las llamas se elevaron y los símbolos tallados en el suelo comenzaron a arder en negro. Presidente Miau, que había mirado desde una esquina de la habitación, siseó y huyó entre las sombras. Las llamas blancas azuladas se elevaron y ahora Simon apenas podía ver a Magnus a través de ellas. La habitación estaba cada vez más caliente, el brujo cantado más rápido, su cabello negro rizado del calor húmedo, un brillante sudor en sus pómulos. "Quod tumeraris: per Jehovam, Gehennam, et consecratam aquam quam nunc spargo, signumque crucis quod nunc facio, et per vota nostra, ipse nunc surgat nobis dicatus Azazel!". Hubo un estallido de fuego del centro del pentagrama, una ola de humo negro espeso se elevó, disipándose lentamente a través de la sala, haciendo que todos excepto Simon tosieran y se ahogaran. Se arremolinaban como un torbellino, uniéndose lentamente en el centro del pentagrama en la de figura de un hombre. Simon pestañeó. Él no estaba seguro de lo que esperaba, pero no era eso. Un hombre alto con cabello castaño, ni joven ni viejo- un rostro sin edad, inhumano y frío. Ancho de espaldas, vestido con un traje-negro-de-buen-corte y brillantes zapatos negros. Alrededor de cada muñeca había un oscuro surco rojo, las marcas de algún tipo de unión, de cuerda o de metal, que había cortado en la piel durante muchos años. En sus ojos saltaban llamas rojas. Él habló. "¿Quién convocó a Azazel?". Su voz era como el chirrido de metal sobre metal. "Yo". Magnus cerró con firmeza el libro que estaba sosteniendo. "Magnus Bane". Azazel estiró la cabeza lentamente hacia Magnus. Su cabeza parecía girar de forma antinatural sobre su cuello, como la cabeza de una serpiente."Brujo", dijo él. "Yo sé quién eres." Magnus enarcó las cejas, "En serio?". "El Invocador. El vinculante. Destructor del demonio Marbas. Hijo de..." "Ahora" dijo Magnus rápidamente. "No hay necesidad de entrar en detalles." "Pero la hay." Azazel sonaba razonable, incluso divertido. "Si lo que necesitas es asistencia infernal, ¿Por qué no invocas a tu padre?". Alec estaba mirando a Magnus con la boca abierta. Simon lo sentía por él. No se le ocurrió que ninguno de ellos habría asumido que Magnus supiera quién era su padre, más allá de que debía de ser un demonio que había engañado a su madre haciéndose pasar por su marido. Alec claramente desconocía esto tanto como el resto de ellos, lo cual, Simon imaginaba, era algo con lo que él probablemente no estaba muy contento. "Mi padre y yo no estamos en el mejor de los términos", dijo Magnus. "Preferiría no tener que involucrarlo a él". Azazel levantó las manos. "Como usted diga Maestro. Me tiene esperando dentro del sello. ¿Qué es lo que quiere?". Magnus no dijo nada, pero estaba claro por la expresión en la cara de Azazel que el brujo estaba hablándole silenciosamente, mente a mente. Las llamas saltaron y bailaron en los ojos del demonio, como niños ansioso de escuchar una historia. "Inteligente Lilith" dijo el demonio al final. "Traer al chico de la muerte, y asegurar su vida por medio de un vinculo con alguien a quien no puedes soportar el matar. Ella siempre era mejor que el resto de nosotros manipulando las emociones humanas. Tal vez porque ella fue algo parecido a un humano alguna vez." "¿Hay alguna manera" Magnus sonaba impaciente. "de romper el vínculo entre ellos?". Azazel negó con la cabeza. "No sin matarlos a ambos". "Entonces, ¿Hay una forma de dañar solamente a Sebastian, sin perjudicar a Jace?". Era Isabelle, ansiosa; Magnus le lanzó una mirada de reproche. "No con un arma que podría crear, o tener a mi disposición" dijo Azazel. "Puedo crear armas cuya alianza es sólo demoníaca. Un rayo de luz de la mano de un ángel, tal vez, podría quemar la maldad en el hijo de Valentine y también romper el vínculo o hacer que sea más de naturaleza benévola. Si se me permite hacer una sugerencia..." "Oh", dijo Magnus, estrechando sus ojos de gato "Por favor hazlo". "Puedo pensar en una simple solución que separe a los muchachos, mantenga al suyo con vida, y neutralizado el peligro del otro. Y voy a pedir algo pequeño de ustedes a cambio". "Tú eres mi sirviente", dijo Magnus. "Si deseas dejar este pentagrama, harás lo que yo te pida, y no reclamaras favores a cambio". Azazel siseó, y el fuego de sus labios se encogió. "Si yo no estoy confinado aquí, entonces estoy prisionero allá. No hay mucha diferencia para mí" "Por que esto es el Infierno, ni yo estoy fuera de él" dijo Magnus, con el aire de alguien citando un viejo refrán. Azazel mostró una sonrisa metálica. "Tú no eres orgulloso como el viejo Fausto, brujo, pero eres impaciente. Estoy seguro que mi voluntad de permanecer en este pentagrama durará más que tu deseo de verme dentro de él." "Ah, no sé" dijo Magnus. "Siempre he sido bastante atrevido en lo que a decoración se refiere, y el tenerte aquí le añade un toque extra de algo a la habitación." toque extra de algo a la habitación." "Magnus" dijo Alec, claramente descontento con la idea de un demonio inmortal fijando residencia en el departamento de su novio. "¿Celoso, pequeño Cazador de Sombras?" Azazel sonrió a Alec. "Tu brujo no es mi tipo, y además, difícilmente querría enfadar a su..." "Suficiente", dijo Magnus. "Cuéntanos que es esa "pequeña" cosa que quieres a cambio de tu plan". Azazel levantó sus manos -manos duras de obrero-, del color de la sangre rematadas por uñas negras. "Un recuerdo feliz", dijo él. "De cada uno de ustedes. Algo que me divierta mientras estoy encadenado como Prometeo a su roca". "¿Un recuerdo?" dijo Isabelle del asombro. "Quieres decir que desaparecerán de nuestras cabezas? ¿No seremos capaces de recordarlos nunca más?". Azazel la miró a través de las llamas. "¿Qué eres pequeña? ¿Una Nefilim? Sí, tomaré tu recuerdo y lo haré mío. Jamás sabrás que eso pasó. Aunque, por favor no me den recuerdos de demonios que hayan sacrificado bajo la luz de la luna. No es el tipo de cosas que disfruto. No, quiero esos recuerdo que son... íntimos". Él sonrió, y sus dientes brillaron como un rastrillo de hierro. "Soy viejo", dijo Magnus. "Tengo mucho recuerdos. Puedo darte uno si es necesario. Pero no puedo hablar por el resto de ustedes. Ninguno debe estar forzado a dar algo como esto." "Yo lo haré", dijo Isabelle inmediatamente. "Por Jace". "Yo también, por supuesto", dijo Alec, y luego fue el turno de Simon. Pensó de pronto en Jace, cortando su muñeca y dándole su sangre en el pequeño cuarto en la embarcación de Valentine. Podría haber sido por el bien de Clary y el amor en su corazón, pero aún así era una deuda. "Estoy dentro". "Bueno", dijo Magnus. "Todos ustedes, traten de pensar en un recuerdo feliz. Deben ser genuinamente felices. Algo que les de placer en el recuerdo." Le lanzó una mirada agria al demonio con aire de satisfecho en el pentagrama. "Estoy lista", dijo Isabelle. Ella estaba de pie con sus ojos cerrados, su espalda recta, como si se prepararan para el dolor. Magnus se movió hacia ella y puso los dedos en su frente, murmurando en voz baja. Alec observó a Magnus junto a su hermana, con la boca apretada, y luego cerró los ojos. Simon cerró los suyos también, a toda prisa, y trató de evocar un recuerdo feliz -¿Algo que ver con Clary? pero muchos de sus recuerdos de ella estaban teñidos ahora con la preocupación por su bienestar. ¿Algo de cuando ellos eran muy jóvenes?. Una imagen pasó al primer plano de su mente -un cálido día de verano en Coney Island, él sobre los hombros de su padre, Rebecca corriendo detrás de ellos, detrás de un puñado de globos. Mirando al cielo, tratando de encontrar formas en las nubes, y el sonido de la risa de su madre.-"No"-pensó-"No eso. No quiero perder eso"-. Hubo un frío toque en su frente. Abrió los ojos y vio a Magnus bajando su mano. Simon pestañeo, de repente con la mente en blanco. "Pero no estaba pensando en nada", protestó. Los ojos de gato de Magnus se veían tristes. "Sí, lo estabas." Simon miró alrededor de la habitación. Sintiéndose un poco mareado. Los demás parecían estar igual, como si hubiesen despertado de un extraño sueño; captó la mirada de Isabelle, el aleteo de sus oscuras pestañas, y se preguntó qué había pensado, qué momento de felicidad había dejado ir. Un sordo ruido proveniente del centro del pentagrama, sacó su mirada de Izzy. Azazel estaba de pie, lo más cerca del borde de los patrones como le era posible, un lento gruñido de hambre saliendo de su garganta. Magnus se volvió y lo miró con una expresión de disgusto en su rostro. Su mano se cerró en un puño, y algo parecía estar brillando entre sus dedos, como si tuviera una piedra runa de luz mágica. Se volvió y lo arrojó, rápido y hacia los lados, en el centro del pentagrama. La visión de vampiro de Simon lo escrutó. Era una gota de luz que se expandió mientras volaba, se expandió en un círculo tomando las múltiples imágenes. Simon vio un trozo de océano azul, la esquina de un vestido satinado que tintineaba cuando su dueña daba vueltas, un vistazo a la cara de Magnus, un chico de ojos azules- y a continuación Azazel abrió sus brazos y el circulo de imágenes se desvaneció dentro de su cuerpo, como una trozo de basura perdida arrastrada hacia el fuselaje de un jet. Azazel se quedó sin aliento. Sus ojos, que habían sido veloces destellos de llamas rojas, ardían como hogueras ahora, y su voz crujió cuando habló. "Ahhhh. Delicioso". Magnus habló bruscamente. "Ahora a por tu parte del trato". Él demonio lamió sus labios. "La solución a tu problema es este. Tú libérame dentro del mundo, y yo tomaré al hijo de Valentine y lo llevaré a vivir al Infierno. Él no morirá, y por lo tanto su Jace vivirá, pero él dejará este mundo atrás, y lentamente su conexión se quemará. Ustedes tendrán a su amigo de vuelta". "¿Y luego qué?" Dijo Magnus lentamente. "Nosotros te liberamos en la Tierra, y luego tú regresas y te dejas encadenar otra vez?". Azazel se echó a reír. "Claro que no, brujo tonto. El precio por el favor es mi libertad". "¿Libertad?" Alec habló, sonando incrédulo. "¿Un Príncipe del Infierno, puesto en libertad en el mundo? Nosotros ya te dimos nuestros recuerdos..." "Los recuerdos fueron el precio que ustedes pagaron por oír mi plan", dijo Azazel. "Mi libertad es lo que ustedes deben pagar para que mi plan esté en marcha". "Esto es un engaño, y lo sabes", dijo Magnus. "Pides lo imposible". "Tú también lo haces", dijo Azazel. "Según todos los derechos su amigo está perdido para siempre. "Porque si un hombre hace un voto, un voto al Señor, o hiciere un juramento de ligar su alma con un vinculo, no faltará a su palabra". Y según las condiciones del hechizo de Lilith, sus almas están unidas, y ambos de acuerdo". "Jace nunca estaría de acuerdo-", comenzó Alec. "Él dijo las palabras", dijo Azazel. "Por su propia voluntad o bajo compulsión, eso no importa. Me estás pidiendo romper un vínculo que solo el Cielo puede romper. Pero el Cielo no los ayudará; y tú sabes eso tan bien como yo. Ese es el porqué los hombres invocan demonios y no ángeles, ¿no?. Este es el precio que tienen que pagar por mi intervención. Si no lo quieren pagar, deben aprender a aceptar lo que han perdido.". La cara de Magnus estaba pálida y tiesa. "Vamos a conversar entre nosotros y analizar si tu oferta es aceptable. Mientras tanto, desaparece". Agitó su mano, y Azazel desapareció, dejando detrás un olor a madera carbonizada. Las cuatro personas en la sala se miraron con incredulidad. "¿Lo que está pidiendo..." dijo Alec, finalmente, "...no es posible, ¿verdad?" "Teóricamente nada es posible", dijo Magnus, mirando al frente como si estuviera en un abismo. "Pero soltar a un Demonio Mayor en el mundo- no solo un Demonio Mayor, un Príncipe del Infierno, sólo superado por el mismo Lucifer- la destrucción que podría causar..." "No es posible", dijo Isabelle, "¿Puede causar Sebastian aún más destrucción? " "Al igual que Magnus "dijo: Simon puso en amargura, "todo es posible. " "No hay ningún delito mayor a los ojos de la Clave ", dijo Magnus. "El que soltó Azazel al mundo será un criminal muy buscado . " "Pero si se trata de destruir a Sebastian ..." comenzó Isabelle "No tenemos ninguna prueba de lo que planea Sebastian", dijo Magnus. "Por lo que sabemos, lo único que quiere es instalarse en una casa de campo agradable en Idris. " "Con Clary y Jace?", Dijo Alec con incredulidad. Magnus se encogió de hombros. "¿Quién sabe lo que quiere con ellos? Tal vez sólo se sienta solo." "De ninguna manera secuestra a Jace fuera del tejado porque necesita desesperadamente un bromance ", dijo Isabelle."Está planeando algo. " Todos miraron a Simon. "Clary está tratando de encontrarlo. Ella necesita un poco de tiempo. Y no digáis "No tenemos tiempo '", agregó. "Ella lo sabe. "Alex se pasó una mano por el cabello oscuro. "Está bien, pero acaba de perder un día entero. Un día que no teníamos. Basta de ideas estúpidas. "Su voz era inusitadamente fuerte ."Alec", dijo Magnus. Puso una mano sobre el hombro de su novio, Alec estaba inmóvil, mirando con enfado al suelo. "¿Estás bien?" Alec miró. "¿Me podrías repetir quien eres?" Magnus dio un grito ahogado, se veía - por primera vez por lo que Simon podía recordar - en realidad nervioso. Duró sólo un momento, pero que estaba allí. "Alexander", dijo. "Es demasiado pronto para bromear sobre mi feliz memoria, lo entiendo ", dijo Alec. "¿Eso crees?" Se elevó la voz de Magnus. Antes de que pudiera decir otra cosa, la puerta se abrió y Maia y Jordan entraron. Sus mejillas estaban rojas por el frío, y Simon vio como un pequeño comienzo - Maia llevaba la chaqueta de cuero de Jordan. "Acabamos de salir de la estación", dijo emocionada. "Luke no ha despertado todavía, pero parece que va a estar bien"-Se interrumpió, mirando a su alrededor al brillo constante del pentagrama, las nubes de humo negro, y las manchas quemadas en el suelo."Está bien, ¿que han estado haciendo chicos? " Con la ayuda de un glamour y la capacidad de Jace para balancearse a sí mismo con un solo brazo sobre un puente curvo viejo, Clary y Jace se escaparon de la policía italiana, sin ser arrestado. Una vez que habían dejado de correr, se derrumbaron contra el lado de un edificio, riendo, uno al lado del otro, con las manos entrelazadas. Clary sintió un momento de pura felicidad y tuvo que enterrar la cabeza en el hombro de Jace, recordándose a sí misma, con voz interna, que este no era él, antes de su risa se calmara en silencio. Jace pareció tomar su calma repentina como un signo de que estaba cansada. Le tomó la mano a la ligera, mientras se abrieron camino de vuelta a la calle donde había empezado, un estrecho canal con puentes en ambos extremos. En medio Clary reconoció la casa blanca, sin rasgos que habían dejado. Un estremecimiento pasó por ella. "¿Frío?" Jace la atrajo hacia sí y la besó, él era mucho más alto que ella por lo que Ho bein tenía que agacharse o levantarla, en este caso lo hizo el segundo, y ella reprimió un grito de asombro cuando él abrió y entró a través de la pared de la casa. Soltándola, él dio una patada a la puerta, que había aparecido de repente detrás de ellos, la que se cerró con un portazo, y estaba a punto de quitarse la chaqueta cuando se escuchó el sonido de una risa ahogada. Clary se apartó de Jace con las luces que ardían en torno a ellos. Sebastian se sentó en el sofá, con los pies sobre la mesa de café. Su pelo rubio estaba revuelto y sus ojos eran de un color negro brillante. Él tampoco estaba sólo. Había dos chicas allí, una a cada lado de él. Una de ellas iba un poco ligera de ropa, con una falda corta y un top brillante de lentejuelas. Tenía la mano extendida por todo el pecho de Sebastian. El otro era más joven, más suave de aspecto, con el pelo corto negro, una banda de terciopelo roja alrededor de su cabeza, y un vestido negro de encaje. Clary sintió que sus nervios asomaban. Vampiro, pensó. No sabía cómo lo sabía, pero ella lo hizo, ya fuera por el brillo de cera blanca que tenía la piel de la chica del cabello oscuro, o el sin fondo de sus ojos, o tal vez era sólo Clary que había aprendido a percibir éstas cosas, como hacen Cazadores de Sombras. La chica sabía que ella lo sabía; Clary podía decirlo. La chica sonrió, mostrando sus afilados dientes, y luego se inclinó para incarlos en la clavícula de Sebastian.y luego se inclinó para ejecutarlos en la clavícula de Sebastian. Sus párpados revolotearon, justo bajando las pestañas de sus ojos oscuros. Él miró a Clary a través de ellos, haciendo caso omiso a Jace. "¿Has disfrutado de la salida?" Clary deseó poder decir algo grosero, pero en lugar de eso se limitó a asentir. "Bueno, entonces, ¿te gustaría unirte a nosotros?", Dijo, indicándose a sí mismo y las dos chicas. "¿Para tomar una copa?"La chica de cabello oscuro se rió y dijo algo en Italiano a Sebastian, su cuestionamiento de voz."No", dijo Sebastian. "Lei è mia sorella". La chica se echó hacia atrás, mirándole decepcionada. La boca de Clary estaba seca. De pronto sintió la mano de Jace sobre la suya, sus yemas de los dedos ásperos y con callos. "Yo no lo creo", dijo él. "Vamos arriba. Te veré por la mañana. "Sebastian movió los dedos, y el anillo de los Morgenstern de mano atrapaba la luz, lo que generó como una señal de fuego.“Ci vediamo.” Jace llevó fuera de la habitación a Clary y subieron las escaleras de cristal; Solo cuando se encontraban en el pasillo ella se sintió como si de qué se sentía como si le llegara el aliento. Este Jace era algo diferente. Sebastian era otra cosa. El sentido de la amenaza que se levantó sobre él era como el humo de un incendio. “¿ Qué ha dicho? ", preguntó. "¿En italiano?" "Él dijo: 'No, ella es mi hermana'", dijo Jace. Jace no dijo que era lo que había pedido la chica a Sebastian."¿Lo hace mucho?" Preguntó ella. Se habían detenido frente a la habitación de Jace, en el umbral. "¿Devuelve a las chicas? " Jace le tocó la cara. "Él hace lo que quiere, y yo no preguntó ", dijo. "Él podría traer un conejo de seis píes de altura en bikini a casa con él si quería. Este no es mi negocio. Pero si tú me estas preguntando si he traído alguna chica aquí, la respuesta es que no. No quiero a nadie que no seas tú.” No era lo que ella había pedio, pero asintió con la cabeza de todos modos, como si eso la hubiera tranquilizado. "No quiero volver la planta baja." "Puedes dormir conmigo en mi habitación esta noche." Sus ojos dorados estaban iluminados en la oscuridad. "O puedes dormir en la dormitorio principal. Tu sabes que yo nunca te pediría que" "Quiero estar contigo", dijo, sorprendiéndose a sí misma con su propia vehemencia. A lo mejor era que la idea de dormir en esa habitación, donde había dormido Valentine alguna vez, donde tenía la esperanza de volver a vivir con su madre, era demasiado. O tal vez fue que estaba cansado, y que sólo había pasado una noche en la misma cama que Jace, y que se había acostado con sólo tocar sus manos, como si una espada desenvainada había estado entre ellos. "Dame un segundo para limpiar la habitación. Está hecha un desastre ". "Sí, cuando yo he estado ahí antes creo que he visto una mancha de polvo en el alféizar de la ventana. Es mejor que cambies eso ". Él tiró de un mechón de su pelo, cogiéndolo a través de sus dedos. "No quiero trabajar en contra de mis propios intereses, pero se necesita algo para dormir? Pijamas, o ... " Ella pensó en el armario lleno de ropa en el dormitorio principal. Iba a tener que acostumbrarse a la idea. Así que podría empezar ahora. "Voy a buscar un camisón." Por supuesto, pensó unos instantes más tarde, de pie sobre un cajón abierto, el tipo de camisones que un hombre compra para las mujeres que quiere en su vida no tiene que ser necesariamente lo que una compraría para sí misma. Clary solía dormir con una camiseta y unos pantalones cortos de pijama, pero aquí todo lo que había era de seda o encaje y sólo había tres. Se puso al fin una camiseta verde pálido que le golpeo en la mitad del muslo. Pensó en una uñas de color rojo de la chica que tenía la mano en el pecho de Sebastian. Porque sus uñas de los pies que jamás llevaba decoradadas con mucho más que un esmalte transparente. Se preguntó cómo sería ser más como Isabel, tan consciente de su propio poder femenino que podrían servirse de ella como un arma en lugar de mirarlo desconcertado, como si alguien presentara a la inauguración de una casaregalo que no tenía idea de dónde se debe mostrar. Ella se tocó el anillo de oro con el dedo de la suerte antes de partir a la habitación de Jace. Él estaba sentado en la cama, sin camisa y con el pantalón negro de pijama, leyendo un libro bajo la pequeña piscina de luz amarilla que creaba la lámpara de la mesilla. Ella se detuvo un momento, mirándolo. Podía ver el delicado juego de músculos bajo la piel cuando volvió la página, y podía ver la marca de Lilith justo sobre su corazón. No encajaba con el resto de sus negras Marcas, era plateada-roja, como el mercurio pero teñido de sangre. Lo que daba la impresión de que no le pertenecía. La puerta se cerró detrás de ella se deslizó con un solo clic, y Jace miró hacia arriba. Clary vio que su rostro cambiaba. Ella no podría han sido un gran fan de la camisa de dormir, pero él sin duda lo era. La expresión de su rostro hizo que la recorriera un escalofrío sobre su piel. "¿Tienes frío?” Él retiró las sábanas, y ella se arrastró mientras él dejaba el libro en la mesita de noche, y se deslizaron juntos bajo la manta, hasta que estuvieron uno frente al otro.Habían permanecido en el barco por lo que parecían horas, besándose, pero esto era diferente. Eso había sido en público, bajo la mirada de la ciudad y las estrellas. Esta fue una repentina intimidad, los dos solos debajo de la manta, la respiración y el calor de sus cuerpos mezclándose. No había nadie para verlos, nadie para detenerlos, no había razón para parar. Cuando él se acerco y le puso la mano en la mejilla, ella pensó que el trueno de su propia sangre en sus oídos podría ensordecerla. Sus ojos estaban tan cerca, podía ver el patrón de oro y el tono más oscuro en sus iris, como un mosaico. Ella había sido fría durante tanto tiempo, y ahora se sentía como si se quemara y fundiera al mismo tiempo, se disolviera en él - y eso apenas se tocaban. La mirada de ella se encontró atraída por los ligares más vulnerables de las suenes, los ojos, el pulso en la base de su garganta, con ganas de darle un beso allí, para sentir sus latidos del corazón en los labios. Su mano derecha llena de cicatrices se movió por su mejilla, a través de su hombro y de lado y con una sola, pero larga caricia que terminó en la cadera. Ella podía entender porque a los hombres les gustaban los camisones de seda para dormir. No hubo fricción, sino que era como deslizarse a través de unas manos de cristal. "Dime lo que quiere ", dijo en un susurro que no acababa de ocultar la ronquera de su voz. "Sólo quiero que me abraces", dijo. "Mientras yo duermo. Eso es todo lo que quiero ahora mismo. " Sus dedos, que había estado acariciando en círculos lentos la cadera, quedaron inmóviles. "Eso es todo?" No era lo que quería. Lo que ella quería era besarlo hasta que perdiera la noción del espacio y el tiempo y la ubicación, como lo había hecho en el barco - para darle un beso, hasta que olvidó quién era y por qué estaba aquí. Ella lo quería para usarlo como una droga. Pero eso era una muy mala idea. Él la miró, inquieto, y ella se acordó de la primera vez que lo había visto y cómo ella había pensado que parecía mortal, así como hermoso, como un león. Esta es una prueba, pensó. Y quizá una peligrosa. "Eso es todo ". Su pecho subía y bajaba. La Marca de Lilith parecía latir contra su piel justo encima de su corazón. Su mano se cerró en su cadera. Oía su propia respiración, tan superficial como la marea baja. Él la atrajo hacia él, rodando sobre ella hasta que estaba escondido entre sí como las cucharas, de espaldas a él. Ella se tragó un suspiro. Su piel estaba caliente contra el suyo, como si tuviera un poco de fiebre. Pero sus brazos, los que tenía alrededor, le eran familiares. Los dos se encajan entre sí, como siempre, con la cabeza debajo de la barbilla, la espalda contra los duros músculos de su pecho y el estómago, las piernas flexionadas en torno suyo. "Muy bien”, susurró, y la sensación de su aliento contra la parte posterior de su cuello levantado la piel de gallina . "Así que vamos a dormir." Y eso fue todo. Poco a poco su cuerpo se relajó, el latidos de su corazón se desacelero. Los brazos de Jace a su alrededor la hacías sentir de la forma que siempre lo habían hecho. Cómoda. Cerró sus manos alrededor de las de él y cerró los ojos, imaginó su cama, libre de esta prisión extraño, flotando en el espacio o en la superficie del océano, sólo ellos dos, solos. Ella dormía así, con la cabeza metida debajo de la barbilla de Jace, la columna vertebral instalada en su cuerpo, sus piernas entrelazadas. Era el mejor sueño que había tenido en las últimas semanas. Simon se sentó en el borde de la cama de repuesto de Magnus, con la mirada fija en la bolsa de lona que tenía en su regazo. Podía oír las voces de la sala de estar. Magnus estaba explicando a Maia y Jordan lo que había sucedido esa noche, con Izzy intercalando ocasionalmente algún detalle. Jordan estaba diciendo algo acerca de que tenían que pedir comida china para no morirse de hambre; Maia se echó a reír y dijo que mientras no fuera de Jade Wolf, estaría bien. Hambriento, pensó Simon. Él tenía hambre- hambre suficiente como para haber comenzado a sentir, como un tirón en todas sus venas. Era un tipo diferente de hambre humana. Sintió que raspaba, un vacío interior hueco. Si se le ocurrió que si lo golpeara sonaría como una campana. "Simon". Abrió su puerta e Isabelle se deslizó a su interior. Su cabello negro estaba largo y suelto, casi le llegaba por la cintura. "¿Estás bien?" "Estoy bien". Ella vio el bolso en su regazo y tensó los hombros. "¿Te vas?" "Bueno, no tengo la intención de quedarme para siempre", dijo Simon. "Quiero decir, ayer por la noche fue - diferente. Tú lo pediste... " "Cierto", dijo con una voz extrañamente brillante. "Bueno, puedes volver con Jordan, al menos. ¿Sabes la noticia sobre él y Maia? " "¿El que acerca de ellos?" Ella bajó la voz. "Algo pasó definitivamente entre ellos en su pequeño viaje por carretera. Son como una pareja ahora ". "Bien, eso es bueno." "¿No estás celoso?" "¿Celoso?" Se hizo eco de él, confundido. "Bueno, tú y Maia ..." Ella hizo un gesto con la mano, mirándole a través de sus pestañas. "Tú eras ..." "Oh. No. No, en absoluto. Me alegro por Jordan. Esto se que lo hará muy feliz. "Lo decía en serio. "Bien". Isabelle miró a continuación, y vio que sus mejillas estaban rosadas, y no solo por el frío "¿Te quedas aquí esta noche, Simon? " "¿Contigo?" Ella asintió con la cabeza, sin mirarlo. "Alec va a conseguir un poco más de su ropa en el Instituto. Me preguntó si quería volver con él, pero yo - Prefiero quedarme aquí, contigo. "Ella levantó la barbilla, mirándolo directamente. "No quiero dormir sola. Si me quedo aquí, ¿te quedarás conmigo? "Se dio cuenta de lo mucho que odiaba preguntar. "Por supuesto", dijo, lo más suavemente que pudo, empujando el pensamiento de su hambre fuera de su cabeza, o intentándolo. La última vez que había tratado olvidarlo, había terminado con Jordan tirando de una semi-inconsciente Maureen.Pero eso era cuando no había comido durante días. Esto era diferente. Él conocía sus límites. Él estaba seguro de ello. "Por supuesto", dijo otra vez. "Eso sería genial." -- Camille sonrió a Alec desde el diván. "¿Entonces, ¿dónde crées que está Magnus ahora? Alec, que había puesto un tablón de madera a través de dos bloques de cemento, para crear una especie de banco, estiró sus largas piernas y se miró las botas. "En el Instituto, cogiendo algo de ropa. Yo iba a ir al Harlem Spanish, pero he venido aquí al final." Sus ojos se estrecharon. "¿Y eso por qué? "Porque yo no puedo hacerlo. No puedo matar a Rafael". Camille levantó las manos. "¿Por qué no? ¿Tienes alguna clase de vinculo personal con él?" "Casi ni le conozco" dijo Alex. "Sin embargo, si le mato estaré rompiendo deliberadamente el Pacto. No es que no se hayan roto las leyes antes, pero hay una diferencia, romperla por una buena razón o por egoísmo". "Oh, Dios mío". Camille comenzó a pasearse "Ahórrate la conciencia de los Nefilim". "Lo siento". Sus ojos se estrecharon. "¿Lo siento? Yo te haré - Ella se calló. "Alexander" prosiguió con una voz más tranquila. "¿Qué pasa con Magnus? Si sigues así, lo perderás". Alec la miraba mientras ella se movía, como un gato, con el rostro blanco , pero con una curiosa simpatía. "¿Donde nació Magnus?" Camille rió. "¿ Ni siquiera sabes eso? Por Dios. Batavia, si quieres saberlo" Ella resopló por su mirada de incomprensión. "Indonesia. Por supuesto, es de las Indias Holandesas del Este. Su madre era una nativa, creo; su padre era un aburrido colonial. Bueno, no su verdadero padre." Sus labios se curvaron en una sonrisa. "¿Quien es su verdadero padre?" "¿El padre de Magnus? Un demonio, por supuesto." "Sí, pero que demonio?" "¿Cómo puede importar eso, Alexander?" "Tenía curiosidad" Alec continuó tercamente "sé que es un demonio fuerte. Pero Magnus no quiere hablar sobre eso". Camille se tumbó de nuevo sobre el diván con un suspiro. "Bueno, por supuesto que no lo hará. Uno debe preservar cierto, misterio, en una relación, Alec Lightwood. Un libro que no has leído es más excitante que uno que ya has memorizado." "¿Quieres decir que yo le cuento demasiado?" Alec preguntó por un consejo. Ya que en algún lugar, dentro de esa cáscara fría y hermosa de una mujer, era alguien que había compartido una experiencia única con él, de amar y ser amado por Magnus. Sin duda ella debía saber algo, algún secreto, alguna clave que le impidiera fastidiarlo todo. "Estoy casi segura. A pesar de que tú has vivido durante tan poco tiempo, no me puedo imaginar lo mucho que puedes llegar a decir. Ciertamente, no deberías contar anécdotas". "Bueno, me parece claro que tu política de no decirle nada no funcionó demasiado bien.""Yo no estaba intentando mantenerte como eres." "Bueno", le preguntó Alec, sabiendo que era una mala idea, pero quizá fuera capaz de ayudar , "si hubieras estado interesada en mantenerlo, ¿qué hubieras hecho diferente? " Camille suspiró dramáticamente. "Lo que pasa es que eres demasiado joven para comprender que todos esconden cosas. Se la escondemos a nuestros amantes, porque queremos demostrar lo mejor de nosotros, y también porque si es verdadero amor, esperaremos que nuestro amado, simplemente lo entienda, sin necesidad de preguntar. En una verdadera sociedad, la clase que dura a través de las edades, tiene una tácita comunión ". "P-pero," tartamudeó Alec: "Yo creía que él quería que me abriera. Quiero decir, tengo dificultad para ser abierto, incluso con gente que he conocido mi vida - al igual que Isabelle, o Jace ... " Camille soltó un bufido. "Eso es otra cosa", dijo. "Tú ya no vas a necesitar a nadie más en tu vida una vez que hayas encontrado el verdadero amor. No es de extrañar que Magnus sienta que no puede abrirse contigo, cuando tú dependes tanto de esas otras personas. Cuando el amor es verdadero, tú debes cumplir con cada un deseo, cada necesidad de la otra personaMe estas escuchando joven Alexander? Para mi consejo es precioso, y no lo doy a menudo...” La habitación estaba llena de la luz del amanecer translúcido. Clary se sentó, mirando a Jace mientras dormía. Él estaba de su lado, su el pelo de un color bronce pálido en el aire azulado. Su mejilla estaba apoyada en la mano, como un niño. La cicatriz en forma de estrella en su hombro fue revelada, lo mismo que los patrones de las runas antiguas arriba y bajo de sus brazos, la espalda, y los lados. Se preguntó si las otras personas encontraban tan hermosas las cicatrices como lo había ella, o si ella sólo lo veía de esa manera porque ella lo amaba y que formaban parte de él. Cada una contaba la historia de un momento. Algunas incluso le había salvado su vida. Él murmuró en su sueño y enseñándole su espalda. Su mano, la runa de Videncia claro y negro en la detrás de él, y extendidos a través de su estómago, y por encima de ella estaba una runa que Clary no encontró hermosa: Lilith runa, la que le unía a Sebastian. Se parecía al latir del collar del rubí de Isabelle, como un segundo corazón. Silenciosa como un gato, se trasladó hasta la cama y sobre sus rodillas. Ella se acercó y sacó la daga Herondale de la pared. La fotografía de ella y de Jace en conjunto ondeaba libre, dando vueltas en el aire antes de aterrizar boca abajo en el suelo. Tragó saliva y le devolvió la mirada. Incluso ahora, era tan vivo, que parecía brillar desde el interior, como si iluminado por un fuego interior. La cicatriz en su pecho latía su ritmo constante. Ella levantó el cuchillo.Clary se despertó con un sobresalto, con el corazón golpeando en contra de su caja torácica. La sala se dio la vuelta como a un carrusel: todavía estaba oscuro, y el brazo de Jace estaba a su alrededor de ella, su aliento cálido en la parte posterior de su cuello. Ella pudo sentir su latido del corazón en contra de su columna vertebral. Cerró los ojos, y se tragó el sabor amargo en la boca. Era un sueño. Sólo un sueño. Pero no había forma en que pudiera volver a dormir ahora. Se sentó con cuidado, moviendo suavemente el brazo de Jace, y se bajó de la cama. El suelo estaba frío como el hielo, y ella hizo una mueca cuando sus pies descalzos lo tocaron. Ella encontró el pomo de la puerta de la habitación en la penumbra, y la abrió. En un segundo se congeló. Aunque no había ventanas en el pasillo exterior, estaba iluminada por candelabros colgantes. Los charcos de algo que parecía pegajoso y oscuro estaba estropeado el suelo. Una larga pintada de blanco en la pared era la marca clara de una sangrienta huella de una mano. La sangre salpicó la pared, a intervalos que conducían a las escaleras, donde había una sola mancha larga y oscura. Clary miró hacia la habitación de Sebastian. Estaba tranquila, la puerta estaba cerrada, sin luz mostrándose por debajo. Pensó en la chica rubia con el top de lentejuelas, que la miraba. Ella miró la huella sangrienta de nuevo. Era como un mensaje, metió su mano, diciendo que parada. A continuación, la puerta de Sebastian se abrió. Salió. Llevaba una camisa térmica más unos jeans negros y su pelo blanco plateado estaba arrugado. Él estaba bostezando, e hizo un respingo cuando la vio, y una expresión de auténtica sorpresa cruzó su rostro. "¿Qué estás haciendo? " Clary contuvo el aliento. El aire era metálico. "¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estás haciendo tú? " "El ir abajo para conseguir unas toallas para limpiar este desastre ", dijo con total naturalidad. "Vampiros y sus juegos ... " "Esto no se ve como el resultado de un juego," Clary , dijo. "La chica - la chica humana que estaba contigo, que le pasó a ella? " "Se asusto un poco al ver los colmillos, a veces lo hacen. " Al ver su cara, se rió."Ella vino de vuelta. Aún quería más. Está durmiendo en mi cama, ahora, si quieres comprobarlo y asegurarse de que está viva "."No ... Eso no es necesario." Clary bajó los ojos. Lamentó no haber llevado algo más que esa camisa de dormir. Se sentía desnuda. "¿Y qué pasa contigo?" "¿De nuevo preguntas si estoy bien?" Ella no había sido, pero Sebastian se mostró complacido. Apretó el cuello de la camisa a un lado, y ella pudo ver dos heridas punzantes ordenadas en su clavícula. "Yo podría utilizar una iratze". Clary no dijo nada. "Vamos abajo", dijo, e hizo un gesto para que ella le siguiera pasando junto a ella, descalzo, y bajando las escaleras de cristal. Después de un momento hizo lo que le había dicho. Él encendió las luces a su paso, así que cuando llegaron a la cocina, estaba brillando con una luz cálida."¿Vino?", Dijo él, tirando de la puerta de la nevera para abrirla. Ella se acomodó en uno de los taburetes del mostrador, y se alisó el camisón. "Sólo agua". Ella lo observó como él sirvió dos vasos de agua mineral, uno para ella, y uno para él. Sus movimientos, suaves eran como los de Jocelyn, pero el control con que se movía debió ser inculcado por Valentine. Le recordaba la forma en que Jace se movía, como si estuvieran cuidadosamente entrenados para bailar. Él le empujó el agua hacia ella con una mano, y con la otra se inclinó la copa hacia los labios. Cuando lo hizo, empujó el vaso sobre el mostrador. "Probablemente sabes esto, pero si juegas con vampiros sin duda le dará sed. " "¿Por qué iba yo a saber eso?" La pregunta venía a cabo más aguda de lo previsto. Se encogió de hombros. "Supuse que estaba jugando un mordaz juegos con el Vampiro Diario". "Simon y yo nunca hemos jugado a juegos que muerden", dijo en un tono congelado. "De hecho, no entiendo porque alguien puede querer que un vampiro se alimente de él. ¿No odian y desprecian a los Subterráneos? ""No", dijo. "No me mezcle con Valentine." "Sí", murmuró. "Sí, un error difícil de cometer." "No es mi culpa que sea exactamente como él, y tú te pareces a ella. " Su boca se curvo en una expresión de disgusto ante la idea de Jocelyn. Clary frunció el ceño."Mira, ahí lo tienes. Siempre me verás de esa manera. " "¿Cómo qué?" "Como incendiar los refugios de animales para divertirse y encender mis cigarros con los huérfanos. "Se sirvió otro vaso de agua. A medida que él volvía la cabeza ella vio que las heridas punzantes en la garganta ya empezaban a cicatrizar. "Has matado a un niño", dijo secamente, a sabiendas de que ella sabía que se debe mantener la boca cerrada, eso fue junto con el pretexto de que ella no creía que Sebastian fuera un monstruo. Pero Max. Él estaba vivo en su cabeza como si fuera la primera vez que ella lo había visto, dormido en un sofá en el Instituto con un libro en su regazo y las gafas oblicuamente en la cara pequeña. "Eso no es algo que no se puede perdonar, nunca. " Sebastian respiró. "Así que es eso", dijo. "Las cartas sobre la mesa tan pronto, hermanita?" "¿Qué te parece?" Su voz sonaba delgada y cansada a sus propios oídos, pero él dio un respingo como si le hubieran espetado a él. "¿Me creerías si te dijera que se trataba de un accidente? ", dijo él, dejando el vaso sobre el mostrador."Yo no tenía intención de matarlo. Sólo quería dejarlo fuera, por lo que no se lo diría-" Clary le hizo callar con una mirada. Ella sabía que no podía ocultar el odio en sus ojos: sabía que no debía, lo sabía, pero era imposible. "Lo digo en serio. Me refiero a noquear, como le hice yo Isabelle. Calculé mal mi propia fuerza. " "Sebastian Verlac? El verdadero? Tú le mataste, acaso no lo hiciste? " Sebastian miró a sus propias manos como si fueran extraño para él: había una cadena de plata la celebración en una placa de metal, como un brazalete de identificación, alrededor de su muñeca derecha ocultando la cicatriz donde Isabelle le había cortado la mano. "Se suponía que él no debía luchar-" Disgustada, Clary comenzó a deslizarse fuera, pero Sebastian cogió su muñeca, tirando de ella hacia él. Su la piel estaba caliente contra la suya y recordó, en Idris, el tiempo en que su contacto le había quemado. "Jonathan Morgenstern mató a Max. Pero ¿y si yo no soy el mismo persona? ¿No has notado que ni siquiera uso el mismo nombre? " "Déjame ir". "Tú crees que Jace es diferente", dijo Sebastian en voz baja."Tú crees que él no es la misma persona, que mi sangre lo cambió. ¿No? " Ella asintió con la cabeza sin decir nada."Entonces, ¿por qué es tan difícil de creer que podría ir a la otra manera? Tal vez su sangre me ha cambiado. Quizás no soy de la misma persona que era. " "Tú apuñalaste a Luke", dijo. "Alguien que me importa. Alguien que me encanta-" "Él estaba a punto de volarme en pedazos con una escopeta" , dijo Sebastian. "Tú lo amas, yo no lo conozco. Yo estaba salvando mi vida, y la de Jace. ¿De verdad no entiendes eso? " "Quizá tu estás diciendo lo que crees que necesitas decir para ganarte mi confianza”"¿Por qué debería usar algo para ganarme tu confianza?” "Quieres algo." "Tal vez sólo quiero una hermana."Sus ojos se alzaron involuntariamente - incrédula. "Tú no sabe lo que es una familia", dijo. "O lo que tendrías que hacer con una hermana si tuvieras unas." "Yo tengo una." Su voz era baja. Había manchas de sangre en el cuello de su camisa, justo donde se tocaba con su piel. "Te estoy dando una oportunidad. Para ver que lo que Jace y yo estamos haciendo es lo correcto. ¿Me puede dar una oportunidad?" Pensó en el Sebastian que había conocido en Idris. Ella le había parecido divertido, amable, individual, irónico, intenso, y con rabia. Nunca lo había oído suplicando. "Jace confía en ti", dijo. "Pero yo no lo hago. Él cree que lo amo lo suficiente como para valorar por encima de todo lo que él valora o se cree que pasará y estaré con él. No importa lo que pase. "Su mandíbula estaba apretada. "¿Cómo sabes que lo haré?" Se echó a reír. "Porque eres mi hermana". "No somos nada", le espetó ella, y vio una sonrisa lenta en su rostro. Ella tragó el resto de sus palabras, pero ya era demasiado tarde. "Eso es lo que yo hubiera dicho", dijo. "Pero vamos, Clary. Tú estás aquí. No se puede volver atrás. Te has lanzado a la suerte de Jace. Es posible que lo hayas hecho de todo corazón. En parte se por lo que estas pasando. Ya puedes sacar tu conclusión sobre... mí. " Sin mirarlo, con la cabeza hacia abajo al suelo de mármol, asintió con la cabeza, muy ligeramente. Él se acercó y apartó el cabello que había caído en sus ojos, y las luces de la cocina desencadenó el brazalete que llevaba, el que ella había visto antes, con las letras grabadas en él. Acheronta movebo. Valentía le puso la mano en su muñeca. "¿Qué significa esto?" Él miró la mano donde tocaba la plata en su muñeca. Esto significa que "Siempre los tiranos " Me lo pongo para acordarme de la Clave. Se dijo que esto se gritó por Los romanos que asesinaron a César antes de que pudiera convertirse en un dictador ". "Traidores", dijo Clary, dejando caer su mano. Los ojos negros de Sebastian brillaron. "O los combatientes por la libertad. La historia se escribe por los ganadores, hermanita. " "¿Y tú tienes la intención de escribir esa parte?" Él le sonrió, sus ojos era fuego oscuro. "Por supuesto que sí."
StephRG14


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Mensaje por StephRG14 el Jue 07 Mayo 2015, 5:35 pm

Capitulo 12; Cosa del cielo


Cuando Alec regresó al departamento de Magnus, todas las luces estaban apagadas, pero la sala de estar estaba brillando con una flama azul blanca. Le tomó mucho tiempo entender que venía del pentagrama. Se quitó los zapatos en la puerta y se encaminó silenciosamente hacia la recámara principal. La habitación estaba oscura, una tira de luces de navidad multicolor que estaba enredada alrededor del marco de la ventana era la única fuente de iluminación. Magnus estaba dormido sobre su espalda, las mantas subidas hasta su cintura, la mano extendida sobre su estómago sin ombligo. Alec rápidamente se desnudó hasta quedarse en bóxers y se metió a la cama esperando no despertar a Magnus. Desafortunadamente no contaba con Presidente Miau quien se había metido debajo de las mantas. El codo de Alec cayó directo sobre la cola del gato, y el Presidente maulló y se salió de la cama causando que Magnus se sentara, parpadeando. “¿Qué está pasando?” “Nada,” dijo Alec, maldiciendo silenciosamente al gato. “No podía dormir.” “¿Entonces saliste?” Magnus rodó sobre su costado y tocó el hombro desnudo de Alec. “Tu piel está fría y hueles a la noche.” “Estuve caminando,” dijo Alec, contento de que estuviera demasiado oscuro en la habitación como para que Magnus le viera el rostro. Sabía que era un terrible mentiroso. “¿Por dónde?” Uno debe conservar cierto misterio en su relación, Alec Lightwood. “Sitios,” dijo Alec a la ligera. “Ya sabes. Lugares misteriosos.” “¿Lugares misteriosos?” Alec asintió.Magnus se dejó caer de vuelta contra las almohadas. “Ya veo que fuiste al barrio de los locos,” murmuró, cerrando los ojos. “¿Me trajiste algo?” Alec se reclinó y besó a Magnus en la boca. “Solo eso,” dijo suavemente, quitándose; pero Magnus quien había comenzado a sonreír, ya tenía agarrados sus brazos. “Bueno, si vas a despertarme,” dijo, “por lo menos has que valga mi tiempo,” dijo, y jaló a Alec encima de él. ::: Considerando que ya habían pasado una noche en la cama juntos, Simon no esperaba que esta segunda noche con Isabelle fuera tan incómoda. Pero entonces, Isabelle ahora estaba sobria, y despierta, y obviamente esperando algo de él. El problema es que no estaba seguro de exactamente qué. Le había dado una camisa con botones para que la usara y se había dado la vuelta educadamente mientras ella se metía debajo de la manta y se recargaba contra la pared, dándole bastante espacio. No se molestó en cambiarse, solo se quitó los zapatos y calcetines y se metió junto a ella en su camiseta y pantalones. Estuvieron acostados uno junto al otro por un momento, y entonces Isabelle se dio la vuelta contra él, enredando un brazo, torpemente en su costado. Sus rodillas chocaron. Una de las uñas de Isabelle le rasguñó el tobillo. Trató de moverse hacia adelante pero sus frentes se golpearon. “Ouch!” dijo Isabelle indignada. “¿No deberías ser mejor en esto?” Simon estaba sorprendido. “¿Por qué?” “Todas esas noches que pasas en la cama de Clary, enredados en sus hermosos abrazos platónicos,” dijo, presionando la cara contra su hombro de modo que su voz estaba amortiguada. “Me imaginé que…” “Solo dormimos,” dijo Simon. No quería decir nada sobre como Clary encajaba perfectamente contra él, sobre como estar en la cama con ella era tan natural como respirar, sobre como la manera en que olía su cabello le recordaba a su infancia y al brillo del sol, y a simplicidad y a gracia. Eso, sintió él, no sería de ayuda para nada. “Lo sé. Pero yo no „solo duermo‟”, dijo Isabelle irritada, “con nadie. Usualmente nunca me quedo toda la noche. Nunca.” “Dijiste que querías –“ “Oh, cállate,” dijo ella, y lo besó. Esto fue marginalmente más exitoso. Había besado antes a Isabelle. Amaba la textura de sus labios suaves, la forma en que sus manos se sentían en su largo cabello oscuro. Pero cuando ella se aplastó contra él, también sintió el calor de su cuerpo, sus piernas largas desnudas contra él, el pulso de su sangre – y el chasquido de sus colmillos brotando. Se echó atrás aprisa.“¿Ahora qué? ¿No quieres besarme?” “Si quiero,” intentó decir, pero sus colmillos estaban en el camino. Los ojos de Isabelle se abrieron muy grandes. “Oh, estás hambriento,” dijo. “Cuando fue la última vez que tuviste algo de sangre?” “Ayer,” se las arregló para decir, con algo de dificultad. Ella se recostó de vuelta sobre las almohadas. Sus ojos eran imposiblemente grandes y brillantes. “Quizás deberías alimentarte,” dijo ella “Sabes lo que pasa si no lo haces.” “No tengo nada de sangre. Tendría que volver al apartamento,” dijo Simon. Sus colmillos habían comenzado a retraerse. Isabelle lo agarró por el brazo. “No tienes que beber sangre de animal. Estoy justo aquí.” La impresión por sus palabras fue como un pulso de energía entrando por su cuerpo, poniendo sus nervios en llamas. “No estás hablando en serio.” “Claro que sí.” Ella comenzó a desabotonar la camisa que estaba usando, dejando su garganta al descubierto, sus clavículas, el trazo de ligeras venas visibles debajo de su pálida piel. La camiseta se abrió. Su sostén azul cubría más de lo que muchos bikinis podrían pero aún así Simon sintió que se le secaba la boca. Su rubí brilló como un reflector rojo bajo su clavícula. Isabelle. Como si le leyera la mente, ella se inclinó y quitó el cabello del camino, poniéndolo sobre un hombro dejando el lado de su garganta desnudo. “¿No quieres…?” El la tomó de la muñeca. “Isabelle, no,” dijo urgentemente. “No puedo controlarme, no puedo controlarlo. Podría herirte, matarte.” Sus ojos brillaron. “No lo harás. Puedes controlarte. Lo hiciste con Jace.” “No me siento atraído por Jace.” “¿Ni siquiera un poco?” dijo ella esperanzada. “¿Ni un poquitito? Porque eso sería un poco sexy. Ah, bueno. Que mal. Mira, estés atraído o no, lo mordiste cuando estabas hambriento y muriendo, y aún así te contuviste.” “No me contuve con Maureen. Jordan tuvo que quitarme.” “Lo hubieras hecho.” Ella puso un dedo y lo presionó contra los labios de él, y luego lo dejó correr por su garganta, a través de su pecho hasta donde su corazón alguna vez latía. “Confío en ti.” “Quizás no deberías.” “Soy una Cazadora de Sombras. Puedo combatirte si tengo que hacerlo.”“Jace no lo hizo.” “Jace está enamorado de la idea de morir,” dijo Isabelle. “Yo no.” Paso las piernas alrededor de sus caderas – ella era increíblemente flexible- y se deslizó hacia delante hasta que pudo rosar sus labios contra los de él. Quería besarla, lo quería tan desesperadamente que todo su cuerpo dolía. Abrió la boca tentativamente, tocó con su lengua la de ella, y sintió un agudo dolor. Su lengua había rozado contra el afilado borde de su colmillo. Probó su propia sangre y se echó atrás abruptamente volteándole la cara. “Isabelle, no puedo.” Cerró los ojos. Ella era tibia y suave en su regazo, tentadora, tortuosa. Sus colmillos le dolían; en todo su cuerpo se sentía como si agudos cables estuvieran retorciéndose a través de sus venas. “No quiero que me veas así.” “Simon.” Amablemente ella tocó su mejilla volteándole la cara hacia ella. “Esto es quien tu eres-“ Sus colmillos se retrajeron lentamente pero aún dolía. El escondió la cara entre las manos y habló entre los dedos. “No puede ser que quieras esto. No puede ser que me desees. Mi propia madre me sacó de la casa. Mordí a Maureen – ella era solo una niña. Quiero decir, mírame, mira lo que soy, dónde vivo, lo que hago. Soy nada.” Isabelle acarició su cabello ligeramente. El la miró entre los dedos. De cerca pudo ver que sus ojos no eran negros sino de un café muy oscuro con chispas doradas. Estaba seguro de que podía ver lástima en ellos. No sabía que esperaba que ella dijera. Isabelle usaba a los chicos y luego los desechaba. Isabelle era hermosa y fuerte y perfecta y no necesitaba nada. Menos que cualquier cosa a un vampiro quien ni siquiera era bueno siendo un vampiro. Pudo sentirla respirando. Olía dulce – sangre, mortalidad, gardenias. “Tu no eres nada.” Dijo ella. “Simon. Por favor. Déjame ver tu rostro.” De mala gana él bajó las manos. Podía verla más claramente ahora. Ella se veía suave y adorable en la luz de la luna, su piel era pálida y cremosa, su cabello como una negra cascada. Ella desenganchó las manos de la nuca de Simon. “Mira estas,” dijo tocando las blancas cicatrices de Marcas sanadas que eran como copos de nieve en su piel plateada- en su garganta, en sus brazos, en las curvas de sus pechos. “Son feas, ¿verdad?” “Nada en ti es feo, Izzy,” dijo Simon, honestamente sorprendido. “No se supone que las chicas estén cubiertas de cicatrices,” dijo Isabelle como un hecho. “Pero a ti no te molestan.” “Son parte de ti – No, por supuesto que no me molestan.” Ella tocó sus labios con los dedos. “Ser un vampiro es parte de ti. No te pedí que vinieras anoche por que no podía pensar en nadie más a quien pedírselo. Quería estar contigo, Simon. Me aterra como el infierno, pero es lo que quiero.” Los ojos de ella brillaron y antes de que pudiera pensar por más de un momento en si era por causa de lágrimas, él se había inclinad hacia adelante y estaba besándola. Esta vez no fue torpe. Esta vez ella se dejó llevar y él estaba de pronto debajo de ella, dándole vuelta para que estuviera sobre él. Su largo cabello cayendo alrededor de ambos como una cortina. Ella susurraba suavemente cuando él pasó las manos hacia arriba por su espalda. Pudo sentir sus cicatrices en las puntas de los dedos, y quería decirle que pensaba sobre ellas como si fueran adornos, testigos de su valentía y que eso solo la hacían más hermosa. Pero eso hubiera significado tener que dejar de besarla y no quería hacer eso. Ella estaba gimiendo y moviéndose en sus brazos; sus dedos estaban en su cabello cuando ambos se dieron la vuelta y ahora ella estaba debajo de él, y sus brazos se sentían llenos de la suavidad y calor de ella, y su boca con el sabor de ella y el aroma de su piel, sal y perfume y … sangre. Se puso tenso de nuevo, todo él; Isabelle lo sintió. Se aferró a sus hombros. Estaba radiante en la oscuridad. “Sigue,” susurró. El podía sentir su corazón golpeando en contra de su pecho. “Quiero que lo hagas.” El cerró los ojos, presionando su frente contra la de ella, tratando de calmarse. Sus colmillos habían vuelto, presionando contra su labio inferior, dura y dolorosamente. “No.” Sus piernas largas y perfectas se enredaron alrededor de él, sus tobillos encerrándolo, sujetándolo contra ella. “Quiero que lo hagas.” Sus pechos estaban aplastados contra el de él cuando ella se arqueó en contra suya descubriéndole la garganta. El aroma de su sangre estaba en todos lados, sobre él, llenando la habitación. “¿No estás asustada?” susurró. “Si. Pero aún así quiero que lo hagas.” “Isabelle – Yo – no pued- “ El la mordió. Sus dientes se deslizaron, afilados, en la vena en su garganta, como una cuchilla cortando la piel de una manzana. La sangre le explotó en la boca. Fue como ninguna otra cosa que hubiera experimentado antes. Con Jace apenas estaba vivo; con Maureen la culpa lo había aplastado incluso mientras estaba bebiendo de ella. Verdaderamente nunca había tenido la sensación de que a ninguna de las personas a las que había mordido les hubiera gustado. Pero Isabelle jadeó, sus ojos abriéndose y su cuerpo arqueándose en contra de él. Ronroneaba como un gato, acariciando su cabello, su espalda, con un pequeño movimiento de urgencia de sus manos diciendo – No te detengas, No pares.- El calor salía de ella hacia él, palpitando a través de sus venas hacia las de él, y por ese momento fue como si estuviera vivo de nuevo, y su corazón se contrajo con pura adoración.El se alejó. No estuvo seguro de cómo pero se alejó y se dio la vuelta cayendo sobre su espalda, sus dedos escarbando duro contra la colcha a sus costados. Todavía estaba temblando cuando sus colmillos se retrajeron. La habitación brillaba alrededor de él del modo en que las cosas lo hacían en los escasos momentos después de que bebía sangre humana viva. “Izzy…” susurró. Tenía miedo de mirarla, miedo de que ahora, que sus dientes ya no estaban en su garganta, ella lo miraría con asco u horror. “¿Qué?” “No me detuviste,” le dijo. Era a medias una acusación y a medias una esperanza. “No quería que lo hicieras.” El la miró. Ella estaba sobre su espalda, con el pecho subiendo y bajando muy rápidamente, como si hubiera estado corriendo. Había dos claras heridas de pinchazos en el costado de su garganta y dos líneas de sangre que corrían bajando por su cuello y su clavícula. Obedeciendo un instinto que parecía correr profundamente debajo de su piel, Simon se inclinó hacia ella y lamió la sangre de su garganta, probando sal, probando a Isabelle. Ella se estremeció, sus dedos moviéndose para acariciarle el cabello. “Simon…” El se echó hacia atrás. Ella todavía lo estaba mirando con sus ojos oscuros muy serios, las mejillas enrojecidas. “Yo…” “¿Qué?” Por un momento enloquecido Simon pensó que ella iba a decir „yo te amo”, pero en vez de eso ella negó con la cabeza, bostezó, y enganchó un dedo en uno de los aros del cinturón del pantalón de Simon. Sus dedos jugaron con la piel desnuda de su cintura. En algún lugar Simon había escuchado que un bostezo podía ser signo de pérdida de sangre. Entró en pánico. “¿Estás bien? ¿Bebí demasiado? ¿Te sientes cansada? ¿Estás –“ Ella se acomodó más cerca de él. “Estoy bien. Te obligaste a detenerte. Y yo soy una Cazadora de Sombras. Reemplazamos la sangre el triple de rápido que un ser humano.” “A ti…” El apenas podía preguntarlo. “¿Te gustó?” “Si.” Su voz era áspera. “Me gustó.” “¿En serio?” Ella se rió nerviosa. “¿No te diste cuenta?” “Pensé que podrías estar fingiéndolo.” Ella se enderezó sobre un codo y lo miró con unos ojos oscuros y brillantes – ¿cómo podían los ojos ser oscuros y brillantes al mismo tiempo? “Yo no finjo nada, Simon,” dijo. “Y no miento, y no pretendo.” “Eres una rompecorazones, Isabelle Lightwood,” dijo tan a la ligera como pudo, con la sangre de ella todavía corriéndole por las venas como si fuera fuego. “Jace le dijo a Clary una vez que tu ibas a pasar por encima de mí con botas de tacón.” “Eso era entonces. Tu eres distinto ahora.” Ella lo miró. “Tú no me tienes miedo.” Él le tocó la cara. “Y tú no le tienes miedo a nada.” “No lo sé.” Su cabello cayó hacia adelante. “Quizás seas tú quien rompa mi corazón.” Antes de que él pudiera decir nada, ella lo besó, y se preguntó si ella podría saborear su propia sangre. “Ahora cállate. Quiero dormir,” dijo ella y se acomodó contra su costado y cerró los ojos. De algún modo, ahora encajaban, como no habían encajado antes. Nada estaba incómodo, o golpeándole, o chocando contra sus piernas. No se sentía como a infancia y luz de sol o amabilidad. Se sentía extraño y emocionante y poderoso y … distinto. Simon se quedó recostado despierto, con los ojos en el techo, su mano acariciando el sedoso cabello de Isabelle de un modo ausente. Se sentía como si lo hubiera atrapado un tornado y lo hubiera puesto en un sitio muy, muy lejos donde nada era conocido. Eventualmente el volteó la cabeza, y besó a Izzy, muy ligeramente en la frente; ella se estiró y murmuró pero no abrió los ojos. ::: Cuando Clary despertó en la mañana, Jace todavía estaba dormido, enroscado a su lado, su brazo extendido solo lo suficiente para tocarle el hombro. Ella besó su mejilla y se puso de pie. Estaba a punto de entrar al baño cuando le ganó la curiosidad. Fue en silencio a la puerta de la habitación y se asomó. La sangre en el pasillo se había ido, el yeso sin marcas. Estaba tan limpio que se preguntó si todo había sido un sueño – la sangre, la conversación en la cocina con Sebastian, todo. Dio un paso por el corredor, puso su mano contra el muro donde la mancha de sangre con forma de mano había estado – “Buenos días.” Ella se dio la vuelta. Era su hermano. Había salido de su habitación sin hacer ruido y estaba de pie en medio del pasillo mirándola con una sonrisa torcida. Se veía recién bañado; su cabello rubio, húmedo, era del color de la plata, casi metálico. “¿Planeas usar eso todo el tiempo?” le preguntó mirando su camisón. “No, yo solo…” Ella no quería decirle que había estado revisando si todavía había sangre en el pasillo. El solo la miró divertido y con aires de superioridad. Clary se echó atrás. “Voy a vestirme.” El dijo algo detrás de ella, pero no se detuvo a escucharlo, solo se metió de vuelta en la habitación de Jace y cerró la puerta detrás de ella. Un momento después escuchó voces en el pasillo – la de Sebastian de nuevo y una chica hablando en un melódico italiano. La chica de anoche, pensó. Fue solamente ahora se dio cuenta que tanto había sospechado que estaba mintiendo. Pero había estado diciendo la verdad. –Estoy dándote una oportunidad,- dijo él. –Puedes darme una oportunidad.- ¿Podría? Era Sebastian de quien estaban hablando. Ella estuvo dándole vueltas de manera enfebrecida mientras se bañaba y se vestía cuidadosamente. Las ropas en el armario habiendo sido elegidas para Jocelyn, eran tan distintas de su estilo usual que era difícil elegir que ponerse. Encontró un par de pantalones – de diseño según la etiqueta todavía puesta – y una blusa de seda moteada con un moño en el cuello que tenía un aire vintage que le agradaba. Se puso encima su propia chaqueta de terciopelo y se encaminó de vuelta al cuarto de Jace, pero él se había ido, y no era difícil adivinar a dónde. El sonido de platos y la risa, y el olor de algo cocinándose flotaba hacia abajo por las escaleras. Ella tomó las escaleras de cristal dos a la vez, deteniéndose en el último peldaño, mirando hacia la cocina. Sebastian estaba inclinado contra el refrigerador, con los brazos cruzados, y Jace estaba haciendo algo en un sartén que incluía cebolla y huevos. Estaba descalzo, su cabello desordenado, la camisa abrochada sin orden, y la visión de él hizo que su corazón diera un vuelvo. Nunca lo había visto así, a primera hora de la mañana, aun con la dorada aura cálida del sueño colgando de él, y sintió un pinchazo de tristeza de que todas estas primeras veces estuvieran sucediendo con un Jace que no era en verdad su Jace. Incluso si él se veía feliz, con los ojos sin sombras, riendo cuando le daba vueltas a los huevos en el sartén y deslizaba un omelette en un plato. Sebastian le dijo algo y Jace volteó a mirar a Clary y sonrió. “¿Revueltos o fritos?” “Revueltos. No sabía que supieras hacer huevos.” Ella se aproximó de la escalera hacia la barra de la cocina. El sol estaba brillando por las ventanas- a pesar de la falta de relojes en la casa ella supuso que era tarde por la mañana – y la cocina brillaba en cristal y metal cromado. “¿Quién no sabe hacer huevos?” se preguntó Jace en voz alta. Clary levantó la mano – y al mismo tiempo lo hizo Sebastian. No pudo evitar sentir un poco de sorpresa, y bajó la mano apuradamente, aunque no antes de que Sebastian lo viera y sonriera. Siempre estaba sonriendo. Quería quitársela de la cara de una bofetada. Miró a otro lado y se ocupó en poner armarse un plato de desayuno con lo que había en la mesa – pan, mantequilla fresca, jamón, rebanadas de tocino – del tipo chicloso y ondulado. Había jugo también y té. Comían muy bien aquí, pensó. Aunque si Simon era una comparación, los chicos adolescentes siempre estaban hambrientos. Miró hacia la ventana y luego volvió a mirar. La vista ya no era un canal sino una colina alzándose en la distancia, coronada con un castillo. “¿Dónde estamos ahora?” preguntó. “En Praga,” dijo Sebastian. “Jace y yo tenemos un asunto que hacer aquí.” Él miró por la ventana . “Probablemente tengamos que irnos pronto, de hecho.” Ella le sonrió dulcemente. “¿Puedo ir con ustedes?” Sebastian negó con la cabeza. “No.” “¿Por qué no?” Clary cruzó los brazos sobre su pecho. “Es algo sobre formar vínculos masculinos en lo que no pueda participar? ¿Van a cortarse el pelo a juego?” Jace le dio un plato con huevos revueltos pero estaba viendo a Sebastian. “Tal vez ella pueda venir,” dijo. “Digo, este asunto en particular – no es peligroso.” Los ojos de Sebastian eran como los bosques del poema de Frost, oscuros y profundos. No dejaban entrever nada. “Todo puede volverse peligroso.”“Bueno, es tu decisión.” Jace se encogió de hombros, se estiró por una fresa y se la metió en la boca sorbiendo el jugo de sus dedos. Eso, pensó Clary, era una clara y absoluta diferencia entre éste Jace, y el suyo. Su Jace tenía una feroz y absoluta curiosidad que lo consumía, sobre todo. Nunca se hubiera encogido de hombros y estado de acuerdo con el plan de alguien más. Era como el océano, incansablemente lanzándose a sí mismo en contra de una orilla rocosa, y éste Jace era… como un río en calma, brillando en el sol. >¿Será porque es feliz?< La mano de Clary se tensó en el tenedor, los nudillos se le pusieron blancos. Odiaba a esa vocecita en su cabeza. Como la Reina Seelie, plantaba dudas donde no debería haberlas, le hacía preguntas que no quería responder. “Voy a recoger mis cosas.” Después de coger otra fresa del plato, Jace la metió en su boca y se fue por las escaleras. Clary levantó la cabeza. Los escalones de cristal parecían invisibles, haciéndole parecer como si estuviera flotando hacia arriba y no corriendo. “No estás comiendo tus huevos.” Era Sebastian. Le había dado la vuelta a la barra – aún sin hacer ruido, maldición – y la estaba viendo, con las cejas levantadas. Tenía el acento más ligero, mezcla del acento de la gente que había vivido en Idris y algo más británico. Se preguntó si había estado ocultándolo antes, o simplemente no lo había notado. “En realidad no me gustan los huevos,” confesó.“Pero quisiste decírselo a Jace por que el parecía demasiado complacido de hacerte desayuno.” Ya que esto era cierto, Clary no dijo nada. “¿No es divertido?” dijo Sebastian. “Las mentiras que dice la gente buena. Probablemente él te hará huevos todos los días por el resto de sus vidas ahora, y tú te atragantarás con ellos solo porque no quieres decirle que no te gustan.” Clary pensó en la Reina Seelie. “¿El amor nos hace a todos mentirosos?” “Exacto. Eres una estudiante rápida, ¿no es así?” Dio un paso hacia ella, y una comezón de ansiedad le picó en los nervios. Estaba usando la misma colonia que Jace usaba. Reconoció el aroma cítrico y de pimienta negra, pero en él, olía distinto. De un modo que se sentía mal. “Tenemos eso en común,” dijo Sebastian, y comenzó a desabrocharse la camisa. Ella se puso de pie de prisa. “¿Qué estás haciendo?” “Tranquila hermanita,” El abrió el último botón y se abrió toda la camisa. Sonrió perezosamente. “Eres la chica de las runas mágicas, ¿cierto?” Clary asintió. “Quiero una runa de Fortaleza,” dijo. “Y si tu eres la mejor, la quiero de ti. No le negarías una runa a tu hermano mayor, ¿o sí?” Sus ojos la estudiaron. “Además, querías que te diera una oportunidad.” “Y tú quieres que yo te de una oportunidad,” dijo ella. “Así que haré un trato. Te doy la runa de Fortaleza si me dejas ir con ustedes a su asunto.” El se quitó la camisa completamente y la dejó caer en la barra. “Hecho.” “No tengo una estela.” Ella no quería mirarlo pero era difícil no hacerlo. Parecía estar invadiendo su espacio personal deliberadamente. Su cuerpo era muy parecido al de Jace – duro sin una onza de carne extra en ninguna parte, los músculos mostrándose claramente debajo de la piel. Tenía cicatrices como Jace también, aunque era tan pálido que las marcas blancas resaltaban menos que como lo hacían en la piel dorada de Jace. En su hermano eran como una tinta plateada sobre papel blanco. Sacó una estela de su cinturón y se la dio. “Usa la mía.” “Está bien,” dijo ella. “Date la vuelta.” Él lo hizo. Y se tragó un jadeo. Su espalda desnuda estaba rayada con cicatrices crudas, una tras otra, demasiado parejo como para ser un accidente. Marcas de látigo. “¿Quién te hizo esto?” dijo. “¿Quién crees? Nuestro padre,” dijo él. “Usaba un látigo de metal de demonio, para que ningún iratze pudiera curarlas. Eran un recordatorio.” “¿Un recordatorio de qué?” “De los peligros de la obediencia.” Ella tocó una. Se sentía caliente sobre sus dedos, como si estuviera recién hecha, y áspera, aunque la piel alrededor era suave. “¿No querrás decir desobediencia?” “Dije lo que quería decir.” “¿Duelen?” “Todo el tiempo.” Impaciente, miró sobre su hombro. “¿Qué estás esperando?” “Nada.” Puso la punta de la estela en su omóplato, tratando de mantener la mano firme. Parte de su mente corriendo, pensando en qué tan sencillo podría ser, Marcarlo con algo que le hiciera daño, que lo enfermara, que le retorciera las entrañas – pero ¿qué le pasaría a Jace si lo hiciera? Sacudiéndose el pelo de la cara, cuidadosamente dibujó la runa Fortis en la unión de su omóplato con la espalda justo donde, si fuera un ángel tendría alas. Cuando terminó él se volteó y le quitó la estela, entonces se puso de vuelta su camisa negra. No esperó un gracias, y no obtuvo uno. El movió los hombros hacia atrás mientras se abotonaba la camisa. “Eres buena,” dijo, pero fue todo. Un momento después sonaron unos pasos y Jace regresó, poniéndose una chaqueta de gamuza. Se abrochó su cinto de armas también y estaba usando guantes oscuros sin las puntas de los dedos. Clary le sonrió con una calidez que no sentía. “Sebastian dice que puedo ir con ustedes.” Jace levantó las cejas “¿Todos tendremos cortes de pelo a juego?” “Espero que no,” dijo Sebastian. “Me veo horrible con rizos.” Clary se miró a sí misma. “¿Tendré que cambiarme con ropa de combate?” “No, en realidad. Este no es el tipo de asunto en el que esperas tener que pelear. Pero es bueno estar preparado. Te traeré algo del cuarto de armas,” dijo Sebastian, y desapareció escaleras arriba. Clary maldijo en silencio por no haber encontrado el cuarto de armas mientras estuvo buscando. Seguramente tenía algo dentro que podría darle alguna pista de lo que estaban planeando. – Jace tocó un lado de su cara, y ella saltó. Casi se había olvidado de que estaba ahí. “Estas segura de que quieres hacer esto?” “Absolutamente. Me voy a volver loca en la casa. Además tu me enseñaste a pelear. Me imagino que querías que lo usara.” Sus labios se curvaron con una sonrisa diabólica; le acarició el cabello acomodándoselo y murmuró algo en su oído sobre usar lo que aprendió en él. El se alejó cuando Sebastian se reunió con ellos, su propia chaqueta y cinturón de armas en una mano. Había una daga que metida en él, un chuchillo serafín. Se estiró y jaló a Clary cerca de él y le puso el cinturón alrededor de la cintura anudándolo dos veces poniéndoselo bajo en las caderas. Estaba demasiado sorprendida para alejarlo y ya estaba hecho antes de que tuviera oportunidad; dándose la vuelta, el se movió hacia la pared donde la silueta de una puerta apareció brillando como una puerta en un sueño. Salieron por ahí. ::: Un suave golpe en la puerta de la biblioteca hizo que Maryse levantara la cabeza. Era un día nublado, oscuro fuera de las ventanas de la biblioteca, y las lámparas con mamparas verdes sombreaban con pequeños charcos de luz en la habitación circular. No pudo decir que tanto tiempo había estado sentada detrás del escritorio. Había tazas vacías de café apiladas en la superficie delante de ella. Se levantó. “Adelante,” Hubo un suave clic y la puerta se abrió, pero ningún sonido de pasos. Un momento después una figura encapuchada se deslizó en la habitación, su capucha estaba levantada ensombreciendo su cara. >>Nos llamaste, Maryse Lightwood?<< Maryse cuadró los hombros. Se sentía menuda y cansada y vieja. “Hermano Zachariah. Estaba esperando a – Bueno. Eso no importa.” >> ¿Al Hermano Enoch? El es superior a mí pero pensé que quizás su llamada tendría algo que ver con la desaparición de su hijo adoptivo. Tengo un interés particular en su bienestar. << Ella lo miró con curiosidad. La mayoría de los Hermanos Silenciosos no daban su opinión personal, o hablaban de sus sentimientos, si es que tenían alguno. Alisándose el cabello, salió de detrás del escritorio. “Muy bien. Quiero mostrarte algo.” Ella nunca se había acostumbrado en realidad a la manera silenciosa en que los Hermanos Silenciosos se movían, como si sus pies no tocaran el suelo. Zacariah parecía flotar junto a ella mientras lo conducía a través de la biblioteca hacia un mapa del mundo clavado en el muro norte. Era un mapa de Cazador de Sombras. Mostraba Idris en el centro de Europa y las guardas alrededor de él eran un borde dorado. En una repisa debajo del mapa había dos objetos. Uno era un pedazo de cristal manchado con sangre seca. El otro era un brazalete de cuero desgastado decorado con la runa de poder angelical. “Estos son-“ >> El brazalete de Jace Herondale y la sangre de Jonathan Morgenstern. Entiendo que sus intentos de rastrearlos han sido un fracaso.<< “Esto no es precisamente rastrear.” Maryse cuadró los hombros. “Cuando estuve en el Círculo, había un mecanismo que Valentine utilizaba, por medio del cual podía localizarnos a todos. A menos que estuviéramos en ciertos lugares protegidos, él sabía dónde estábamos todo el tiempo. Pensé que había una posibilidad de que él hubiera hecho lo mismo a Jace cuando era un niño. Nunca pareció tener problemas para encontrarlo.” << ¿De qué clase de mecanismo estás hablando?<< “Una Marca. No una del libro gris. Todos la teníamos. Y casi me había olvidado de ella; después de todo no hay modo de deshacerse de ella.” >> Si Jace la tuviera, no sabría de ella, y hacer lo necesario para que no la usaran para encontrarlo?<< Maryse negó con la cabeza. “Podría ser tan pequeña como diminuta, una marca blanca casi invisible, debajo de su cabello como está la mía. El podría no saber que la tiene – Valentine podría no haber querido decírselo.” El hermano Zachariah se alejó de ella examinando el mapa. >> ¿Y exactamente cuál ha sido el resultado del experimento?<< “Jace la tiene,” dijo Maryse pero no sonaba complacida o triunfante. “Lo he visto en el mapa. Cuando aparece, el mapa brilla, como una chispa de luz, en el lugar en donde está; y su brazalete brilla al mismo tiempo de modo que se que es él y no Jonathan Morgenstern. Jonathan nunca aparece en el mapa.” >> ¿Y en dónde está? ¿Dónde está Jace? << “Lo he visto aparecer, solo por unos cuantos segundos cada vez, en Londres, Roma, Shanghái. Justo hace un momento apareció en Venecia y luego desapareció de nuevo.” >> ¿Cómo está viajando tan rápido entre ciudades? << “¿Por portal?” Se encogió de hombros. “No lo sé. Solo sé que cada vez que el mapa brilla, sé que está vivo… por ahora. Y es como si pudiera respirar de nuevo, solo por un rato.” Cerró la boca con decisión, impidiendo que el resto de las palabras se derramaran – sobre cómo extrañaba a Alec e Isabelle pero no podía soportar traerlos de regreso al Instituto donde Alec al menos, tendría que tomar responsabilidad de la cacería de su propio hermano. Como aún pensaba en Max cada día y era como si alguien le hubiera vaciado los pulmones de aire, y se apretaba el pecho con miedo de estar muriendo. No podía perder a Jace también. >>Puedo entender eso.<< El Hermano Zachariah dobló las manos enfrente de sí mismo. Sus manos se veían jóvenes, no dobladas o retorcidas, sus dedos eran delgados. Maryse a menudo se preguntaba como envejecían los Hermanos y qué tanto vivían, pero esa información era un secreto de su orden>> Hay pocas cosas que sean más poderosas que el amor o la familia. Pero lo que no se es por qué elegiste mostrarme esto a mí. << Maryse tomó una temblorosa respiración. “Se que debería mostrárselo a la Clave,” dijo. “Pero la Clave ahora sabe su vínculo con Jonathan. Están cazándolos a ambos. Matarían a Jace si lo encontraran. Y aún así, guardármelo para mi es seguramente traición.” Dejó caer la cabeza. “Decidí que diciéndoselos a ustedes, los Hermanos, era algo que podía soportar. Entonces su decisión si mostrárselo a la Clave. Yo- yo no puedo soportar ser yo quien lo haga.” Zachariah estuvo en silencio por un largo momento. Entonces su voz fue amable en su cabeza, dijo, >> Tu mapa te dice, que tu hijo está todavía vivo. Si se lo das a la Clave, no creo que les ayude mucho, aparte de decirles que está viajando muy rápido y que es imposible de rastrear. Eso ya lo saben. Conserva el mapa. No les diré por ahora.<< Maryse lo miró en total asombro. “Pero… eres un sirviente de la Clave…” >> Alguna vez fui un Cazador de Sombras como tú. Viví como tú lo haces. Y como tú, había aquellos a quienes amé lo bastante como para poner su bienestar antes que nada más – cualquier promesa, cualquier deuda. << “Alguna vez…” Maryse dudó. “¿Alguna vez tuviste hijos?” >>No. Ningún hijo. << “Lo siento.” >>No lo hagas. Y trata de no dejar que el miedo que sientes por Jace te devore. El es un Herondale, y ellos son sobrevivientes-<< Algo saltó en Maryse. “El no es un Herondale. Es un Lightwood. Jace Lightwood. Es mi hijo.” Hubo una larga pausa. Entonces, >>No quise implicar lo contrario,<< dijo el Hermano Zachariah. Abrió sus delgadas manos y se alejó. >> Hay algo de lo que tienes que estar consciente. Si Jace aparece en el mapa por más de unos cuantos segundos, tendrás que decirle a la Clave. Debes prepararte para la posibilidad.<< “No creo que pueda hacerlo,” dijo ella. “Enviarán cazadores detrás de él. Le tenderán una trampa. Es solo un muchacho.” >> El nunca fue solamente un muchacho,<< dijo Zachariah, y se dio la vuelta para salir de la habitación. Maryse no lo observó marcharse. Ella regresó a contemplar el mapa. ::: -¿Simon?- El alivio se abrió en su pecho como una flor. La voz de Clary, dudosa pero conocida, llenó su corazón. Miró de reojo. Isabelle todavía estaba dormida. La luz de medio día era visible por entre las cortinas. -¿Estás despierto?- El se dio la vuelta sobre su espalda, mirando al techo. –Por supuesto que estoy despierto- -Bueno no estaba segura. ¿Estás a cuánto? ¿Seis siete horas detrás de donde yo estoy? Está atardeciendo aquí.- -¿Italia?- -Estamos en Praga ahora. Es lindo. Hay un gran río y un montón de edificios con agujas. Se parece a Idris a lo lejos. Aunque aquí hace frío. Es más helado que en casa.- -Muy bien, suficiente con el reporte del clima. ¿Estás a salvo? ¿Dónde están Sebastian y Jace?- -Están conmigo. Aunque, me alejé un poco de ellos. Dije que quería compenetrarme con la vista desde el punte.- -Entonces, soy la vista desde el puente.- Ella se rió, o al menos se sintió algo que era como risa en su cabeza – una risa suave y nerviosa. –No puedo tardarme mucho. Aunque ellos no parecen sospechar nada. Jace… Jace definitivamente no. Sebastian es más difícil de leer. No creo que él confíe en mi. Busqué en su habitación ayer, pero no hay nada, quiero decir, nada que indique lo que están planeando. Anoche…- -¿Anoche?- -Nada.- Fue raro. Como podía ella estar en su cabeza y aun tener la sensación de que estaba ocultándole algo. -Sebastian tiene en su habitación la caja que era de mi mamá. Con sus cosas de bebé dentro. No puedo imaginarme por qué.- -No pierdas el tiempo tratando de entender a Sebastian,- le dijo Simon. –No vale la pena. Descifra lo que van a hacer.- -Estoy tratando.- Sonaba irritable. –¿Todavía estás con Magnus?- -Si. Pasamos a la fase dos de nuestro plan.- -Ah sí? ¿Cuál era la fase uno?- -La fase uno era sentarse alrededor de la mesa, ordenar pizza y discutir.- -¿Cuál es la fase dos? ¿Sentarse alrededor de la mesa, beber café y discutir?- -No exactamente.- Simon tomó aliento profundamente. –Invocamos al demonio Azazel.- -¿Azazel?- La voz mental de ella se elevó; Simon casi se tapó los oídos. –Entonces por eso era la estúpida pregunta de los pitufos. Dime que estás bromeando.- -No lo hago. Es una larga historia.- La puso al tanto lo mejor que pudo, viendo como Isabelle respiraba mientras lo hacía, viendo como la luz de la ventana se hacía cada vez más brillante. –Pensamos que podía ayudarnos a encontrar un arma que pudiera herir a Sebastian sin herir a Jace.--Si pero, ¿invocar un demonio?- Clary no sobaba convencida. –Y Azazel no es ningún demonio ordinario. Yo soy la del Team Malvado aquí. Ustedes son los del Team Buenos. Tengan eso en mente.- -Sabes que no es tan simple, Clary.- Fue como si pudiera sentirla suspirar, un aliento pasando por su piel, poniendo en punta los vellos de la nuca. –Lo sé.- ::: Ciudades y ríos, pensó Clary cuando quitó los dedos del anillo dorado en su mano derecha y quitó la mirada de la vista del Puente Charles, y miró de nuevo a Jace y Sebastian. Estaban en el otro extremo del viejo puente de piedra, señalando algo que ella no podía ver. El agua debajo era del color del metal, deslizándose silenciosamente alrededor de las estructuras ancestrales del puente; el cielo era del mismo color, manchado con nubes blancas. El viento azotaba su cabello y abrigo mientras caminaba para reunirse con Sebastian y Jace. Estando todos juntos de nuevo, y los chicos conversando suavemente; ella pudo haberse unido a la conversación si hubiera querido supuso, pero había algo sobre la adorable quietud de la ciudad, sus agujas elevándose en la niebla a la distancia, que la hacía querer estar en silencio y mirar y pensar por su cuenta. El puente se vaciaba en una calle empedrada ondulante, bordeada de tiendas para turistas, que vendían granates rojo sangre y grandes pedazos de ámbar dorado pulidos, pesados cristales bohemios y juguetes de madera. Incluso a esta hora, los turistas estaban afuera de los centros nocturnos, sosteniendo pases gratis o tarjetas que podrían darles descuentos en bebidas; Sebastian los hizo a un lado impacientemente, escupiendo su molestia en checo. La gente apretada se aligeró cuando la calle se amplió hacia una vieja plaza medieval. A pesar del clima frío, estaba llena de peatones y de kioscos donde se vendían salchichas y sidra especiada. Los tres se detuvieron por comida y comieron alrededor de una mesa desvencijada, el enorme reloj astronómico en la plaza comenzó a repicar la hora. El traqueteo de la maquinaria comenzó y un círculo de figuras de madera apareció danzando por unas puertas a cada lado del reloj – los doce apóstoles, Sebastian explicó mientras las figuras daban vueltas y vueltas. “Hay una leyenda,” dijo, inclinándose hacia adelante con sus manos envolviendo una taza de sidra caliente, “que el rey hizo que le sacaran los ojos al relojero después de que terminó el reloj, para que así no pudiera construir nunca más algo tan hermoso.” Clary se estremeció y se movió un poco más cerca de Jace. El había estado callado desde que dejaron el puente, como perdido en sus pensamientos. La gente – las chicas en su mayoría- se detenían a mirarlo cuando pasaban, su cabello brillante y sorprendente entre los colores oscuros invernales de la Vieja Plaza. “Eso es sádico,” dijo ella. Sebastian pasó un dedo alrededor del borde de su taza, y chupó la sidra de él. “El pasado es otro país.” “Un país extranjero,” dijo Jace. Sebastian lo miró con ojos perezosos. “¿Qué?” “El pasado es un país extranjero: hacen las cosas distinto allá,” dijo Jace. “Esa es la cita completa.” Sebastian se encogió de hombros e hizo a un lado su taza. Te daban un euro si la devolvías al lugar donde compraste la sidra, pero Clary sospechó que Sebastian no se iba a molestar en fingir ser un buen ciudadano por un simple euro. “Vámonos.” Clary no se había terminado su sidra, pero la dejó de todos modos, y los siguió mientras Sebastian los conducía lejos de la plaza, entre un laberinto de calles retorcidas y estrechas. Jace había corregido a Sebastian, pensó. Ciertamente había sido sobre algo menor, pero ¿no se suponía que la magia de Lilith lo vinculaba a su hermano de tal manera que él pensara que todo lo que Sebastian hacía estaba bien?. ¿Podría esto ser una señal – incluso una pequeñita señal- de que el hechizo que los conectaba estaba comenzando a desvanecerse? Era una estupidez tener esperanza, lo sabía. Pero a veces, la esperanza es lo único que tienes. Las calles se volvieron más estrechas y más oscuras. Las nubes sobre sus cabezas estaban bloqueando completamente la luz del sol en descenso, y lámparas de gas pasadas de moda iluminaban la nubosa penumbra aquí y allá. Las calles se habían vuelto de piedra y los caminos estaban tan estrechos que les forzaban a caminar en una línea, como si estuvieran caminando sobre un puente angosto. Solo la vista de otros transeúntes aquí y allá, apareciendo y desapareciendo en la niebla, le hacía sentir a Clary que no había caído en una especie de agujero en el tiempo hacia una ciudad de ensueño salida de su propia imaginación. Finalmente alcanzaron un arco de piedra que se abría hacia una pequeña plaza. La mayoría de las tiendas habían apagado sus luces, aunque enfrente de ellas había una que estaba encendida. Decía ANTIKVARIAT en letras doradas, y la ventana estaba llena de una vieja exhibición de botellas de diferentes sustancias, sus etiquetas despegadas tenían letreros en latín. Clary estaba sorprendida cuando Sebastian se encaminó hacía allí. ¿Qué uso podrían darle a unas botellas viejas? Hizo a un lado el pensamiento cuando pasaron la puerta. Dentro de la tienda estaba en penumbras y olía a motas de polvo, pero estaba atiborrado, cada rendija, con una increíble selección de basura y no basura. Hermosos mapas celestiales, peleándose por el espacio con saleros y pimenteros con formas como las figuras del reloj en la Plaza del pueblo viejo. Había montones de tabaco viejo y latas de cigarros, etiquetas montadas en cristales, viejas cámaras de diseño del Este de Alemania y de Rusia, un hermoso tazón de cristal cortado con una intensa sombra esmeralda puesto lado a lado con una pila de viejos calendarios manchados con agua. Una antigua bandera checa colgaba de un tubo montado sobre sus cabezas.Sebastian se movió hacia adelante por entre las pilas hacia la barra en la parte de atrás de la tienda, y Clary se dio cuenta de que lo que había tomado como un maniquí era de hecho un hombre viejo con una cara tan arrugada como una vieja sabana, inclinándose contra la barra con los brazos cruzados. La barra misma era de cristal y sostenía joyería vintage y brillantes cuentas de cristal pequeños bolsos de cadenas con cierres de gemas, y eslabones de remaches. Sebastian dijo algo en Checo, y el hombre asintió y les indicó a Clary y a Jace con un movimiento de su barbilla y una mirada sospechosa. Clary vio que sus ojos eran de un rojo oscuro. Ella entrecerró los ojos, concentrándose duro, y comenzó a quitar el glamour en él. No fue fácil, parecía pegársele como un volante. Al final se las arregló para quitárselo y ver solo retazos de la criatura real parada frente a ella – alto y de forma humana, con la piel gris y ojos de rubí, una boca llena de dientes puntiagudos que sobresalían hacia todos lados, y brazos largos como serpientes que terminaban en cabezas como anguilas- angostas, de aspecto malvado, y dentados. “Un demonio Vetis,” murmuró Jace en su oído. “Son como dragones. Les gusta acumular cosas brillantes. Basura, joyas, les da lo mismo.” Sebastian estaba mirando hacia atrás sobre su hombro a Jace y Clary. “Son mi hermano y hermana,” dijo luego de un momento. “Se puede confiar en ellos completamente, Mirek.” Un suave escalofrío le corrió a Clary por la piel. No le gustaba la idea de pasar por hermana de Jace, incluso para el beneficio de un demonio. “No me gusta esto,” dijo el demonio Vetis. “Dijiste que estaríamos negociando solo contigo, Morgenstern. Y mientras que se que Valentine tuvo una hija” – su cabeza señaló hacia Clary – “También sabemos que solo tuvo un hijo.” “Es adoptado,” dijo Sebastian a la ligera señalando a Jace. “¿Adoptado?” “Creo que te darás cuenta que la definición de la familia moderna está cambiando a un ritmo de verdad impresionante estos días,” dijo Jace. El demonio –Mirek- no se veía impresionado. “No me gusta esto,” dijo otra vez. “Pero a ti te gustará esto,” dijo Sebastian, tomando una bolsa atada en el extremo, de su bolsillo. La vació en la barra, y una pila de tintineantes monedas de bronce cayeron, amontonándose mientras rodaban por el vidrio. “Centavos de los ojos de hombres muertos. Cientos de ellas. Ahora, ¿Tienes lo que acordamos?” Una mano dentada cayó a través del mostrador y mordió suavemente una moneda. Los ojos del demonio revolotearon sobre la pila. “Esto está muy bien, pero no es suficiente para comprar lo que buscas.” El señaló con un brazo ondulante, y sobre este apareció lo que le pareció a Clary una piedra de cristal – solo que era más luminoso, más fino, plateado y hermoso. Se dio cuenta con sobresalto que era el material del que estaban hechos los cuchillos serafín. “Puro adamas,” dijo Mirek. “La cosa del cielo. Sin precio.” A través del rostro de Sebastian crujió la ira como un rayo, y por un momento Clary vio al malvado muchacho debajo, aquel que se había reído de Hodge mientras agonizaba. Entonces la mirada se había ido. “Pero acordamos un precio.” “También acordamos que vendrías solo,” dijo Mirek. Sus ojos volvieron hacia Clary y hacia Jace, quien no se había movido pero cuyo aspecto había tomado la controlada quietud de un gato agazapado. “Te diré que más puedes darme,” dijo. “Un rizo el bonito cabello de tu hermana.” “Bien,” dijo Clary, dando un paso adelante. “Quieres un pedazo de mi cabello-““No!” Jace se movió para bloquearle el camino. “El es un mago oscuro, Clary. No tienes ni idea de lo que puede hacer con un rizo de tu cabello o con un poco de sangre.” “Mirek,” dijo Sebastian lentamente, sin mirar a Clary. Y en ese momento ella se preguntó, si Sebastian quisiera intercambiar un rizo de su cabello por el adamas, ¿qué lo detendría? Jace había objetado pero él también estaba movido a hacer lo que Sebastian le pidiera. En el momento de la verdad, ¿qué ganaría? ¿La compulsión o los sentimientos de Jace por ella? “Absolutamente no.” El demonio parpadeó lentamente como una lagartija. “¿Absolutamente no?” “No tocarás un cabello en la cabeza de mi hermana,” dijo Sebastian. “Y no te echarás atrás en nuestro acuerdo. Nadie engaña al hijo de Valentine Morgenstern. Acordamos un precio, o-“ “¿O qué?” gruño Mirek. “¿O me arrepentiré? Tú no eres Valentine, muchachito. Aquel era un hombre quien inspiraba lealtad-“ “No,” dijo Sebastian, deslizando un cuchillo serafín del cinturón en su cintura. “No soy Valentine. N pretendo hacer acuerdos con demonios del modo en que Valentine lo hizo. Si no puedo tener tu lealtad, puedo tener tu temor. Sabe que soy más poderoso que lo que mi padre fue alguna vez, y si no haces un acuerdo justo conmigo, tomaré tu vida y por lo que he venido.” Levantó el cuchillo que sostenía. “Dumah,” susurró, y a continuación el cuchillo disparó una luz como una columna de fuego.El demonio retrocedió, diciendo muchas palabras en un lenguaje fangoso. La mano de Jace ya tenía una daga. Llamó a Clary pero no fue lo bastante rápido. Algo la golpeó duro en el hombro y cayó hacia adelante, desmadejada a los pies del mostrador. Se dio la vuelta sobre su espalda, rápidamente miró hacia arriba – Y gritó. Cerniéndose sobre ella estaba una enorme serpiente, o al menos tenía un grueso cuerpo escamoso y una cabeza cubierta como la de una cobra, pero su cuerpo tenía articulaciones, como de insecto, con una docena de patas deslizantes que terminaban en garras afiladas. Clary se apuró hacia su cinto de armas cuando la creatura tomaba impulso, veneno amarillo goteando de sus colmillos y atacó. ::: Simon se había quedado dormido después de “hablar” con Clary. Cuando despertó de nuevo, las luces estaban encendidas, e Isabelle estaba hincada en el borde de la cama usando pantalones y una camiseta gastada que debió haber tomada prestada de Alec. Tenía agujeros en las mangas, y la costura alrededor de la bastilla estaba deshaciéndose. Tenía el collar echado a un lado de su garganta y estaba usando la punta de la estela para dibujar una runa en su pecho, justo debajo de su clavícula. El se enderezó sobre los codos. “¿Qué estás haciendo?” “Iratze”, dijo ella. “Por estas.” Se acomodó el cabello detrás de la oreja, y vio las dos heridas de punciones que le había hecho a un lado de la garganta. Cuando terminó la runa, se suavizaron dejando solo unas marcas del blanco más ligero detrás. “¿Estás… bien?” su voz salió en un susurro. Leve. Estaba tratando de tragarse las otras preguntas que quería hacerle. ¿Te lastimé? ¿Ahora crees que soy un monstruo? ¿Te aterré totalmente? “Estoy bien. Dormí hasta mucho más tarde de lo que normalmente, pero creo que eso posiblemente es algo bueno.” Viendo su expresión Isabelle deslizó la estela en su cinturón. Gateó hacia Simon con una gracia felina y se ubicó sobre él, su cabello cayendo alrededor de ambos. Estaban tan cerca que sus narices se tocaban. Lo miró sin pestañear. “¿Por qué estás tan loco?”, dijo y él pudo sentir su respiración sobre su rostro, tan suave como un susurro. Quería jalarla y besarla – no morderla, solo besarla – pero en ese momento exacto el timbre del departamento sonó. Un segundo después alguien tocó en la puerta de la recámara – la aporreó en realidad, haciendo que temblara en el marco. “Simon. Isabelle.” Era Magnus. “Miren, no me importa si están dormidos o haciéndose cosas innombrables el uno al otro. Vístanse y salgan a la sala de estar. Ahora.” Simon e Isabelle se miraron, y ella se veía tan confundida como él. “¿Qué está pasando?” “Solo salgan de ahí,” dijo Magnus, y el sonido de sus pasos alejándose era fuerte cuando se alejaba de la habitación. Isabelle rodó de encima de Simon, para su decepción, y suspiró. “¿Qué crees que sea?” “Ni idea,” dijo Simon. “Una reunión de emergencia del Team Buenos, supongo.” A él le pareció una frase divertida cuando Clary la usó. Isabelle sin embargo, sacudió la cabeza y suspiró. “No estoy segura de que exista algo como el Team Buenos en estos días,” dijo.
StephRG14


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Mensaje por StephRG14 el Jue 07 Mayo 2015, 5:43 pm

Capitulo 13; El candelabro de hueso


Mientras la cabeza de la serpiente bajaba hacia Clary, una bruma brillante golpeó cruzó a través a través de ella, casi cegándola. Un cuchillo serafín, la luz trémula del filo del cuchillo cortando la cabeza del demonio limpiamente. La cabeza se derrumbó, esparciendo veneno e icor; Clary rodó a un lado, pero algo de la sustancia toxica se esparció en su torso. El demonio desapareció antes de que sus dos mitades cayeran al suelo.Clary frenó su llanto de dolor y se movió para quedar sobre sus pies. Una mano cruzó repentinamente en su campo de visión… una oferta para ayudarla a pararse. Jace, ella pensó, pero cuando levantó la mirada, se dio cuenta de que estaba mirando a su hermano. “Vamos” dijo Sebastian, con su mano todavía allí “Hay más de ellos” Ella tomó su mano y lo dejó ayudarla a pararse. El estaba salpicado con sangre de demonio también. Una cosa verde que quemaba cuando se tocaba, dejando chamuscada parte de su ropa. Mientras ella lo miraba, una de las cosas con cabeza de serpiente -demonios Elapid, se dio cuenta, recordando un dibujo de un libro- apareció detrás de él, con su cuello moviéndose como el de una cobra. Sin pensarlo, Clary agarró su hombro, y lo sacó fuera del camino, costosamente; él se dio vuelta mientras el demonio atacaba, y Clary se acercó a su encuentro con la daga que había agarrado de su cinturón. Ella giró su cuerpo mientras dirigía la daga, ignorando los colmillos de la criatura; su siseo se convirtió en un gorgoteo mientras el filo de la hoja bajaba, y ella lo estacaba, dejando a la criatura abierta de la manera en que alguien debe destripar un pescado. La sangre ardiente (que-quema) del demonio explotó sobre su mano en un chorro caliente. Ella gritó pero mantuvo su agarre en la daga mientras el Elapid dejaba de existir. Ella miró alrededor rápidamente. Sebastian estaba luchando otro Elapid en la puerta de la tienda; Jace estaba se estaba defendiendo de dos al lado de la cerámica antigua. Fragmentos de loza habían esparcidos por el suelo. Clary movió su brazo y tiró la daga, como Jace le había enseñado. Viajó por el aire y estacó una de las criaturas en un lado, mandándola lejos de Jace. Él miró alrededor y, viéndola a ella, guiño un ojo antes de cortar la cabeza del demonio Elapid restante. Su cuerpo colapso mientras desaparecía y Jace, salpicado con sangre negra, sonrió. El golpe de algo llegó a través de Clary, una sensación de alegría. Ambos, Jace e Isabelle le habían contado sobre el alto de una batalla, pero ella nunca lo había experimentado realmente antes. Ahora lo hizo. Ella se sentía todopoderosa, sus venas “volando”, fuerza desenroscándose por su espina dorsal. Todo parecía haberse vuelto más lento a su alrededor. Ella miró mientras el demonio Elapid herido se daba vuelta, yendo hacia ella sobre sus pies de insecto, sus labios enrolándose sobre sus colmillos. Ella caminó hacia tras, dando un tirón a una antigua bandera, sacándola de su lugar en la pared, y clavando la punta de esta en la boca abierta del Elapid. El palo atravesó su cabeza, y el Elapid desapareció, llevándose la bandera con él. Clary se rió. Sebastian, quien acababa de terminar con otro demonio, siguiendo el ruido, con sus ojos abiertos “Clary! Páralo!” gritó, y ella se dio vuelta para ver a Mirek, con sus manos tratando de abrir una puerta en la parte de atrás de la tienda. Ella corrió, dando un tirón al cuchillo serafín de su cinturón mientras corría. “Nakir!” gritó, subiendo por el mostrador, y saltando de él mientras su arma explotaba en brillantez. Ella aterrizó en el demonio Vetis, tirándolo al piso. Una de sus brazos-como-anguila trató de cogerla, y ella lo cortó fuera (Nota: o sea, lo sacó de su lugar, el demonio se quedó sin un brazo) con un movimiento de su cuchillo serafín. Mas sangre negra se esparció. El demonio la miro con ojos rojos y temerosos. “Para. Puedo darte cualquier cosa que quieras…” “Tengo todo lo que quiero” ella susurró, y dirigió su cuchillo serafín hacia abajo. Este se hundió en el pecho del demonio, y Mirek desapareció con un grito. Clary calló sobre sus rodillas en la alfombra. Un momento después, dos cabezas aparecieron del otro lado del mostrador, mirándola. –una rubia-dorada y una rubia-plateada-. Jace y Sebastián. Jace estaba con los ojos abiertos; Sebastian se veía pálido. “En el nombre del Ángel, Clary” el respiró “Los adamas…” “Oh, esa cosa que querías? Esta justo ahí”. Había rodado abajo del mostrador. Clary lo levantó, un luminoso pedazo de plata, manchado donde sus manos con sangre lo habían tocado. Sebastian tomó los adamas de sus manos mientras Jace pasaba obre el mostrador en un solo movimiento y aterrizaba al lado de Clary. Él se agachó y se puso cerca, moviendo sus manos sobre ella, sus ojos oscuros preocupados. Ella tomó su muñeca. “Estoy bien” ella dijo. Su corazón estaba latiendo, su sangre seguía corriendo por sus venas. El abrió la boca para decir algo, pero ella se acercó más y puso cada mano en un lado de su cara, sus uñas clavándose. “Me siento bien” Ella lo miró, dulcemente y así de sangriento como él estaba, y quería besarlo. Ella quería… “Okay, ustedes dos” dijo Sebastian. Clary se alejó de Jace, y miró a su hermano. El les estaba sonriendo, vagamente dando vuelta los adamas en una mano. “Mañana usaremos esto” el dijo, asintiendo “Pero esta noche –una vez que nos limpiemoscelebraremos”::: Simon fue descalzo hacia el living, Isabelle detrás de él, para encontrarse con cuadro sorprendente. El círculo y el pentagrama en medio del suelo estaban brillando con una luz plateada, como mercurio. Humo se alzaba en el centro, una columna negroroja, con algo de blanco. La habitación entera olía a humo. Magnus y Alec estaban parados fuera del círculo, con ellos Jordan y Maia quien –por los abrigos y sombreros que usaban- parecían recién llegados. “¿Qué está pasando?” preguntó Isabelle, estirando sus largas extremidades con un bostezo “¿Por qué están todos mirando el Canal Pentagrama?” “Solo espera un segundo” dijo Alec “Ya verás” Isabelle se encogió de hombros y añadió su mirada a la de los demás. Mientras todos miraban, el humo blanco comenzó a arremolinarse, rápido luego más rápido, un mini-tornado que se precipitaba en el centro del pentagrama, dejando palabras detrás, que escribían en marcas abrasadores: ¿YA TOMARON LA DECISIÓN?“Ah” dijo Simon “¿Estuvo haciendo eso toda la mañana?” Magnus levantó sus brazos. El estaba usando pantalones de cuero y una remera con un brillo zigzagueante en el “Toda la noche, también” “¿Solo preguntando lo mismo una y otra vez?” “No, dice cosas diferentes. A veces maldice. Azazel parece estar divirtiéndose.” “Puede escucharnos?” Jordan movió su cabeza a un costado “Hey, ahí, chico demonio” Las letras se ordenaron de nuevo. HOLA, HOMBRE LOBO. Jordan retrocedió un paso y miró a Magnus “¿Es esto…normal?” Magnus se veía profundamente infeliz. “Es decididamente no normal. Nunca he llamado a un demonio tan poderoso como Azazel, pero aún así… He estado investigando y no puedo encontrar alguna ocasión en el que esto haya pasado. Esta fuera de control” “Azazel debe ser regresado” dijo Alec. “Como.. Permanentemente” El sacudió la cabeza. “Quizás Jocelyn tenía razón. Nada bueno puede venir de invocar demonios.” “Estoy muy seguro de que yo vengo de alguien invocando a un demonio” Magnus notó. “Alec, he hecho esto cientos de veces. No sé por qué esta vez debería ser diferente.” “Azazel no puede salir, ¿cierto?” dijo Isabelle “Del pentagrama, quiero decir.” “No” dijo Magnus, “pero tampoco debería ser capaz de hacer cualquiera de las otras cosas que está haciendo.” Jordan se acercó al fuego, sus manos en sus rodillas “¿Cómo es estar en el Infierno, viejo?” él pregunto “¿Caliente o frío? Escuché que ambos.” No hubo respuesta. “Gran trabajo, Jordan,” dijo Maia “Creo que lo fastidiaste” Jordan apuntó al borde del pentagrama. “¿Puede decir el futuro? Entonces, pentagrama, ¿nuestra banda se va a hacer grande?" “Es un demonio del Infierno, no una bola mágica, Jordan” dijo Magnus irritablemente. “Y quédate fuera de los bordes del pentagrama. Invoca un demonio y atrápalo en un pentagrama, y no puede dañarte. Pero entra en el pentagrama, y te pones a ti mismo en el rango de poder del demonio…” En ese momento el pilar de humo comenzó a fundirse. Magnus levantó la cabeza, y Alec se paró, casi tirando la silla, mientras el humo tomaba la forma de Azazel. Su traje se formó primero –uno gris y plateado, con puños elegantes- y luego él pareció formarse, sus ojos fueron lo último en aparecer. Miro alrededor con un placer evidente. “Están todos aquí, ya veo” dijo “Entonces, ¿ya tomaron la decisión?” “Lo hicimos” dijo Magnus “No creo que necesitemos de tus servicios. Gracias de todas formas” Hubo un silencio. “Te puedes ir ahora.” Magnus movió sus dedos en un saludo. “Ta.” “No lo creo” dijo Azazel con placer, moviendo su pañuelo. “Creo que me quedaré. Me gusta aquí.” Magnus suspiró y le dijo algo a Alec, quien fue a la mesa y volvió con un libro, que le dio al brujo. Magnus lo abrió y comenzó a leer. „Maldito espíritu, vete. Vuelve al reino del humo y la llama, de la ceniza y…” “Eso no funcionará en mi” dijo el demonio con voz aburrida “Adelante, inténtalo si quieres. Seguiré aquí.” Magnus lo miró con ojos rabiosos. “No puedes forzarnos a hacer un trato contigo.” “Puedo intentarlo. Como si tuviera algo mejor en lo que ocupar…” Azazel se interrumpió mientras una figura familiar cruzó la habitación. Era Presidente Miau, persiguiendo lo que parecía un ratón. Mientras todos miraban en sorpresa y horror, el pequeño gato atravesó la línea exterior del pentagrama, y Simon, actuando más por instinto que pensamiento racional, saltó dentro del pentagrama detrás de él y lo alzó sus brazos. “Simon!” Él sabía sin darse vuelta, que era Isabelle, su grito reflexivo. Se dio vuelta para mirarla mientras ella ponía sus manos sobre su boca y lo miraba con ojos bien abiertos. Estaban todos mirándolo. La cara de Izzy estaba llena de horror, y hasta Magnus lucía perturbado. Invoca un demonio y atrápalo en un pentagrama, y no puede herirte. Pero entra en el pentagrama y te pondrás en el radar de poder del demonio. Simon sintió un golpecito en su hombro. Dejó caer a Presidente Miau mientras se daba la vuelta, y el pequeño gato salió del pentagrama y cruzó la habitación para esconderse debajo del sofá. Simon miró. La cara de Azazel apareció sobre él. Tan cerca, el podía ver las grietas en la piel del demonio, y las llamas profundas en los ojos de Azazel. Cuando Azazel sonrió, Simon vio que cada uno de sus dientes tenía un pedacito de hierro. Azazel exhaló. Una nube de azufre se expandió alrededor de Simon. Él escuchaba la voz de Magnus, alzándose y cayendo en un cántico, Isabelle gritando algo mientras las manos del demonio sujetaban sus brazos. Azazel despegó a Simon del suelo, para que sus pies estuvieran danzando en el aire… y lo arrojó. O eso intentó. Sus manos se resbalaron de Simon; Simon se calló al piso mientras Azazel retrocedía, y parecía pegarle a una barrera invisible. Hubo un sonido como una piedra rompiéndose. Azazel se deslizó a sus rodillas, luego dolorosamente a sus pies. El miró hacia arriba con un rugido, mostrando los dientes, y se deslizó hacia Simon, quien, dándose cuenta de lo que estaba pasando, levantó una mano temblorosa y corrió el pelo de su frente. Azazel se detuvo. Sus manos, con sus uñas, las cuales tenían el mismo trocito de hierro que su frente, se doblaron en los costados. “Vagante” el exhaló. “¿Eres tú?” Simon se congeló. Magnus seguía cantando apagadamente detrás, pero todos los demás estaban en silencio. Simon tenía miedo de mirar alrededor, de ver a cualquiera de sus amigos. Clary y Jace, pensó, ya habían visto el trabajo de la Marca. Pero nadie más lo había hecho. “No” dijo Azazel, con sus ojos entrecerrándose. “No, eres demasiado joven, y el mundo demasiado viejo. ¿Pero quién podría poner una marca del Cielo en un vampiro? ¿Y por qué?” “Tócame de nuevo y lo sabrás” Simon dijo. Azazel hizo un ruido. Medio risa y medio disgusto. “Creo que no” dijo. “Si has estado jugando a atar a ti la voluntad del Cielo, incluso mi libertad no vale la pena apostarla, aliando mi destino al suyo”. El miro la habitación. “Todos ustedes están locos. Buena suerte, chico humano. La necesitaras.” Y desapareció en una llamarada dejando humo negro –y azufre- detrás. ::: “Sigue aguantando.” Dijo Jace, tomando la daga Herondale en su mano y usando la punta para abrir la remera de Clary de arriba a abajo. Tomó los dos trozos y los empujo fuera de sus hombros, dejándola a ella sentada en el borde del fregadero solo en sus pantalones y una camisola. La mayor parte del icor y el veneno había estado en sus jeans y su abrigo, pero la frágil remera quedó inutilizable. Jace la tiró en el fregadero, donde aterrizó en el agua, y puso su estela en el hombro de ella, trazando las líneas de la runa curativa. Ella cerró sus ojos, sintiendo la quemazón de la runa, y luego rápidamente el dolor se alivió en sus brazos y su espalda. Era como la Novocaína, pero sin hacerla entumecer. “Mejor?” Preguntó Jace. Ella abrió los ojos. “Mucho” No era perfecto, la iratze no tenía mucho efecto en las quemaduras causadas por veneno e demonio, pero estas comenzaban a sanar rápido en la piel de Cazadores de Sombras. Mientras lo hacían, molestaban solo un poco, y Clary, todavía sintiendo el alto de la batalla, a penas lo notó. “¿Tu turno?” El sonrió y le ofreció la estela. Estaban en la parte de atrás de la tienda de antigüedades. Sebastian se había ido a cerrar y prender las luces, para atraer menos atención de los mundanos. Estaba emocionado por la “celebración” y cuando lo dejaron había estado debatiendo si ir al departamento a cambiarse, o ir derecho al club en el Malá Strana. Si había una parte de Clary que sentía lo mal que estaba eso, la idea de celebrar algo, estaba perdido muy profundo en sus sangre. Sorprendente que hubiera tenido que luchar junto a Sebastian, de todas las personas, para accionar el interruptor que parecía haber encendido sus instintos de Cazadores de Sombras. Ella quería saltar edificios altos en un solo latido, dar cien golpes, aprender a manejar las espadas como lo hacía Jace. En vez de eso, ella tomó la estela de él y dijo “Entonces sácate la remera” El se la sacó por la cabeza, y ella trató de parecer no afectada. Tenía un largo corte en un costado, violeta-rojo en los bordes, y una quemadura de sangre de demonio en su cuello y su hombro derecho. Igual, seguía siendo la persona más hermosa que ella jamás haya conocido. Piel dorado pálido, hombros amplios, cintura y cadera angosta, esa línea de cabello dorado que corría desde su ombligo hasta la banda gastada de sus jeans. Ella sacó sus ojos lejos de él, y puso la estela en sus hombros, cavando en su piel lo que vendría a ser la millonésima runa de curación que él alguna vez haya tenido. “¿Mejor?” ella preguntó al finalizar. “Ahá” Ella pudo oler su esencia. Sangre, dulce, y el jabón barato que hallaron en el fregadero. “Me gustó eso” dijo él. “Tú no? Combatir juntos así?” “Fue… intenso.” El estaba parado entre sus piernas ya; se movió más cerca, sus dedos entrelazándose en la banda de los jeans de ella. Las manos de ella fueron hasta sus hombros, y vio el resplandor del anillo en su dedo. No te distraigas; no te pierdas en esto. Este no es Jace, no es Jace, no es Jace. Sus labios tocaron los de ella. “Creo que fue increíble. Tú estabas increíble.”“Jace” ella susurro, y luego hubo un golpe en la puerta. Jace se alejó de ella sorprendido, mientras ella se deslizaba hacia atrás, golpeando el grifo, que inmediatamente se abrió, rociándolos ambos con agua. Ella chilló en sorpresa, y Jace comenzó a reírse, girándose a la puerta abierta mientras Clary se daba vuelta para cerrar el grifo. Era Sebastian, obviamente. El se veía remarcablemente limpio, considerando por lo que habían pasado. Él había cambiado su chaqueta de cuero por un abrigo militar antiguo, el cual, sobre su remera, le daba una apariencia de tienda-de-ahorro chic. El estaba cargando algo en sus manos, algo negro y brillante. Levantó las cejas. “Hay alguna razón por la cual tiraste a mi hermana dentro del fregadero?” “Estaba alcanzándole sus pies” dijo Jace, agarrando su remera. El se la puso. Como Sebastian, su ropa había soportado el daño, aunque había un corte en un lado de la remera por donde la garra de un demonio había pasado. “Te traje algo para que uses” dijo Sebastian, mostrándole la cosa negra brillante a Clary, quien había salido del fregadero y estaba ahora parada sobre el agua jabonosa en el piso. “Es vintage. Parece de tu talla” Clary le devolvió la estela a Jace y tomó la prenda de vestir. Era un vestido negro, con elaboradas cintas y lazos. Las cintas eran ajustables, y era tan estrecho que ella creyó que Sebastian estaba en lo cierto, probablemente le andaría. A parte de ella no le gustaba la idea de usar algo que Sebastian hubiera tomado, pero no podía exactamente ir a un club en una camisola y unpar de jean húmedos“Gracias” dijo finalmente. “Okay, ambos salgan fuera mientras me cambio” Ellos se fueron, cerrando la puerta detrás. Podía oírlos, voces de chicos, y aunque no podía oír las palabras, podía decir que estaban bromeando entre ellos. Confortablemente. Familiarmente. Era tan extraño, ella pensó mientras se sacaba los jeans y la camisola y se ponía el vestido sobre su cabeza. Jace, quien raramente se abría a lo demás, estaba riendo y bromeando con Sebastian. Ella giró para mirarse en el espejo. El negro lavaba el color de su piel, hacía que sus ojos se vieran más grandes y oscuros, y su pelo más rojo, sus brazos y piernas largos, finos y pálidos. Sus ojos tenían sombras oscuras. Las botas que había estado usando debajo de sus jeans añadían un toque final al outfit. Ella no estaba segura de si lucía linda exactamente, pero seguramente lucía como alguien que no tenía un lío con ella misma. Se preguntó si Isabelle lo aprobaría. Ella desbloqueó la puerta del baño y salió. Estaba en la parte de atrás de la tienda, donde todas las cosas que no entraban en la parte de al frente, eran llevadas. Una cortina separaba el lugar del resto del establecimiento. Jace y Sebastian estaban del otro lado de la cortina, hablando, aunque ella todavía no lograba comprender las palabras. Corrió la cortina y salió. Las luces estaban encendidas. Sebastian estaba yendo a través de los objetos en repisas, sus largas manos tomando objeto tras objeto, sometiéndolos a una inspección, y dejándolos de vuelta en la repisa. Jace fue el primero en ver a Clary. Ella vio sus ojos resplandecer, mientras recordaba la primera vez que él la había visto en un vestido, usando la ropa de Isabelle, en su camino a la fiesta de Magnus. Como en ese momento, sus ojos viajaron lentamente de sus botas, hacia sus piernas, cadera, cintura, pecho y descansaron en su cara. El sonrió perezosamente. “Podría decir que eso no es un vestido, es ropa interior” él dijo “Pero dudo que sea mi mayor interés” “¿Necesito recordarte,” dijo Sebastian, “que esa es mi hermana?” “La mayoría de los hermanos deberían estar deleitados de ver cómo caballeros como yo, agasajan a sus hermanas sobre la ciudad” dijo Jace, tomando una chaqueta en sus brazos. “Agasaja?” Clary inquirió. “La próxima vez me vas a decir que eres un pícaro y un ahorrador” “Ahora vengo. Tengo que lavar la sangre de mi cabello” “Delicado, delicado” Jace le dijo con una sonrisa, luego fue hacia Clary y la empujó hacia él. Su voz se convirtió en un susurro. “Recuerdas cuando fuimos a la fiesta de Magnus? Saliste al salón con Isabelle y Simon casi tiene una crisis apoplética" “Divertido, yo estaba pensando en la misma cosa” Tiró su cabeza hacia atrás para mirarlo. “No recuerdo que hayas dicho nada en ese momento sobre la forma en que me veías.” Sus dedos se deslizaron por debajo de las tiras vestido, las puntas de los dedos deslizándose sobre su piel. “No creía que yo te agradara mucho. Y no creía que una descripción detallada de todas las cosas que te quería hacer, deliberadamente en frente de la audiencia, hubiera sido la cosa para cambiar tu opinión” “No pensabas que tú me gustaras?” Su voz se alzó incrédula “Jace, cuando a una chica no le has gustado?” Él se encogió de hombros “Sin duda, los manicomios del mundo están llenos de mujeres desafortunadas que no han podido ver mis encantos.” Una pregunta amenazaba en la punta de su lengua, una que siempre quiso preguntarle pero nunca lo hizo. Después de todo, ¿realmente importaba lo que él hubiera hecho antes de conocerla? Como si pudiera leerle la expresión en su cara, sus ojos dorados se apagaron. “Nunca me ha importado lo que las chicas piensen de mi” él dijo. “No antes de ti” Antes de ti. La voz de Clary flaqueó un poco “Jace, me preguntaba…” “Su juego verbal es aburrido e irritante” dijo Sebastian, reapareciendo detrás de la cortina, su cabello plateado húmedo. “¿Listos para irnos?” Clary se liberó de Jace; Jace se veía sin perturbarse “Nosotros somos los que te estábamos esperando.” “Parece que han encontrado una manera de pasar la agonizante espera. Ahora vengan. Vamos. Les aviso, van a amar este lugar.” ::: “Nunca conseguiré mi depósito de seguridad de nuevo” dijo Magnus. El se sentó en la punta de la mesa, ignorando las cajas de pizza y las tazas de café, mirando al resto del Equipo del Bien limpiando la destrucción que dejó la aparición de Azazel. Los agujeros humeantes en las paredes, la ceniza y otras sustancias negras esparcidas por el piso. Magnus no limpiaba porque él permitió que su departamento fuera casi-destruido; Simon no limpiaba porque después del incidente del pentagrama nadie parecía saber qué hacer con él. Había tratado de hablar con Isabelle, pero ella solo había agitado su bayeta para fregar el suelo hacia él en mala manera. “Tengo una idea” dijo Simon. Estaba sentado al lado de Magnus, con los codos en las rodillas. “Pero no les va a gustar” “Tengo el sentimiento de que tienes razón, Sherwin” “Simon. Me llamo Simon” “Como sea” Magnus agitó una mano.”Cuál es tu idea?” “Tengo la Marca de Caín” dijo Simon “Eso significa que nadie puede matarme, cierto?” “Tú puedes matarte” dijo Magnus, sin ayudar. “Tan lejos como se, objetos inanimados pueden matarte accidentalmente. Así que si estabas planeando aprender lambida en una plataforma engrasada sobre cuchillos, yo no lo haría” “Ahí se va mi Sábado" “Pero nada más puede matarte” dijo Magnus. Sus ojos se habían corrido de Simon, y estaba mirando a Alce, quien parecía estar en una batalla con Swiffer. “Por qué?” “Lo que pasó en el pentagrama, con Azazel, me hizo pensar” dijo Simon “dijiste que invocar ángeles es más peligroso que invocar demonios, porque ellos pueden herir a la persona que los invoca, o atacarlos con fuego celestial. Pero si yo lo hiciera…” Su voz se apagó. “Bueno, yo estaría seguro, no?” Eso captó la atención de Magnus otra vez. “Tú? Invocar un ángel?” “Me podrías mostrar como” dijo Simon “Sé que no soy un brujo, pero Valentine lo hizo. Si él lo hizo, no puedo yo también? Quiero decir, hay humanos que pueden hacer magia.” “No puedo prometerte que vivirás” dijo Magnus, pero había una chispa de interés en su voz. “La Marca es la protección del Cielo, pero te protegerá de él? Yo no sé la respuesta.” “No esperaba que la sepas. Pero estas de acuerdo en que de todos nosotros yo tengo la mejor posibilidad, cierto?” Magnus miró a Maia, quien estaba salpicando agua sucia a Jordan y riendo mientras él se corría. Ella puso su cabello hacia atrás, dejando una mancha de suciedad en su frente. Ella se veía joven. “Si. Probablemente la tienes” “Quien es tu padre?” preguntó Simon. Los ojos de Magnus regresaron a Alec. Eran dorado-verde, tan ilegibles como los ojos del gato que él sostenía en su regazo. “No es mi tema favorito, Smedley” “Simon” dijo Simon “Si voy a morir por ti, por lo menos podrías recordar mi nombre” “No morirás por mí” dijo Magnus “Si no fuera por Alec, yo estaría…” “Estarías donde?” “Tuve un sueño” dijo Magnus, con ojos distantes “Vi una ciudad toda de sangre, con torres hechas de hueso, la sangre corriendo en las calles como agua. Quizás puedas salvar a Jace, Daylighter, pero no puedes salvar el mundo. La oscuridad está viniendo. „Una tierra de oscuridad, tan oscura como ella misma; y de la sombra de la muerte, sin ningún orden, y donde la luz es oscuridad‟ Si no fuera por Alec, me habría ido de aquí” “A donde irías?” “A esconderme. A esperar que todo se acabe. No soy un héroe” Magnus tomó a Capitán Miau lo puso en el piso. “Amas a Alec lo suficiente para quedarte” dijo Simon “Eso es algo heroico” “Tu amas a Clary lo suficiente para arriesgar tu vida por ella” dijo Magnus con una amargura que no era característica de él “Veamos a donde te lleva” el levantó su voz “Okay, todo el mundo. Vengan aquí. Sheldon tiene una idea” “Quien es Sheldon?” dijo Isabelle ::: Las calles de Praga eran frías y oscuras, y aunque Clary se mantuvo en su saco quemado, ella encontró el helado aire cortando el zumbido en sus venas, apagando el alto de la batalla. Ella compró una copa de vino caliente para mantener el zumbido, frotando sus manos para mantenerlas calientes mientras ella, Jace y Sebastian se perdían en un laberinto de cada vez más angostas, más oscuras y más viejas calles. No habían signos de calle, ni nombres, ni ningún otro peatón; la única cosa constante era la luna moviéndose entre las nubes sobre su cabeza. Al final un conjunto de escalones de piedra los llevó abajo a una pequeña plaza, un lado de la cual tenía un cartel de neón que decía KOSTI LUSTR. Debajo del signo había una puerta abierta, blanca, que en la pared se veía como un diente faltante. “Qué significa “Kosti Lustr?” Preguntó Clary. “Significa „El candelabro de hueso‟. Es el nombre del club”, dijo Sebastian, acercándose. Su pálido cabello reflejaba el cambio de colores en el cartel de neón: rojo fuerte, azul frio, oro metálico. “Vienen?” Una pared de sonido y luces le pegó a Clary en el momento en que entró al club. Era un grande, y lleno espacio que lucía como si una vez hubiera sido el interior de una iglesia. Todavía se podían ver las ventanas de vidrio alto en las paredes. Luces de colores mostraban las caras de los bailarines uno a la vez: rosado fuerte, verde neón, violeta ardiente. Había un DJ en una pared, y música trance salía de los parlantes. La música vibraba en sus pies, en su sangre, en sus huesos. La habitación estaba calurosa con la presión de los cuerpos y el olor del humo y la cerveza. Estaba por darse vuelta y preguntarle a Jace si quería bailar, cuando sintió una mano en su espaldaEra Sebastian. Se tensó, pero no corrió la mano “Vamos” dijo en su oído “No nos quedaremos aquí con el hoi polloi” Su mano era como hierro presionando su espina dorsal. Ella se dejó llevar entre los bailarines; la multitud parecía separarse para dejarlos pasar, la gente mirando Sebastian, y luego desviando su mirada. El calor se incrementó, y Clary estaba casi hiperventilando cuando llegaron al otro lado de la habitación. Había un sillón ahí que no había notado antes. Y un conjunto de escalones de piedra se curvaban lejos en la oscuridad. Miró mientras Sebastian sacaba la mano de su espalda. Luz resplandecía alrededor. Jace había sacado su piedra-runa de luz mágica. Él le sonrió, su cara todo ángulos y sombras en la luz. “Fácil es el descenso” él dijo. Clary tembló. Ella conocía la frase completa. Fácil es el descenso al Infierno. “Vamos” Sebastian movió su cabeza, y luego se estaba moviendo, con gracia y seguridad, sin importarle poderse resbalar en las rocas lisas por el tiempo.(Nota: Rocas de los escalones) Clary lo siguió un poco más despacio. El aire se hizo más frio mientras bajaban, y el sonido se fue apagando. Podía oír sus respiraciones, y ver sus sombras distorsionadas en las paredes. Escuchó la música antes de llegar al final de las escaleras. Tenía un bajo incluso más insistente que en la parte de arriba del club; se metía en sus oídos y en sus venas y la hacía dar vueltas. Estaba casi aturdida cuando llegaron al final de las escaleras y entraron en una habitación que le robó la respiración. Todo era de piedra, las paredes hinchadas, el piso liso bajo sus pies. Una gran estatua de un ángel con alas blancas se alzaba a lo largo de la pared más alejada, su cabeza perdida en las sombras altas, sus alas desprendían granate y se veía como si desprendiera sangre. Explosiones de color y luces explotaban como bombas de cereza por toda la habitación, nada como las luces artificiales del club de arriba, estas eran hermosas, brillando como fuegos artificiales, y cada vez que uno explotada, llovía brillantina en la multitud danzante debajo. Fuentes gigantes desprendían agua; pétalos de rosa negros flotaban en la superficie. Y muy arriba de todo, balanceándose sobre los bailarines en un cordón dorado, había un gran candelabro hecho de huesos. Era tan intricado como terrorífico. Todo el cuerpo del candelabro estaba formado por columnas espinales, fusionadas juntas; fémures y tibias decoraban los brazos del objeto. Cera negra estaba salpicada como sangre de demonio para caer sobre los bailarines, aunque ninguno parecía notarlo. Y los bailarines –dando vueltas, aplaudiendo- ninguno de ellos era humano. “Hombre lobos y vampiros” dijo Sebastian, respondiendo la pregunta no formulada de Clary. “En Praga son aliados. Aquí es donde se… relajan” Una bisa caliente flotó por la habitación, como un viento del desierto; hizo que su cabello plateado tapara sus ojos, ocultando su expresión. Clary se sacó la chaqueta y la sostuvo presionándola en su pecho, casi como un escudo. Miró alrededor con ojos bien abiertos. Podía sentir la no-humanidad de los demás en la habitación, los vampiros con su palidez y su gracia, la fiera del hombre lobos y su rapidez. La mayoría de ellos eran jóvenes, bailando cerca, subiendo y bajando en los cuerpos de los otros. “Pero… no se molestarán de que nosotros estemos aquí? ¿Nefilims?” “Ya me conocen” dijo Sebastian. “Y sabrán que estás conmigo” El sacó el abrigo que ella sostenía. “Tomaré esto por ti” “Sebastian…” Pero ya se había ido entre la multitud. Miró a Jace a su lado. Estaba mirando alrededor con interés casual. “Control de abrigos de vampiro?” ella dijo “Por qué no?” Jace sonrió. “Habrás notado que no recogió mi abrigo. La caballerosidad a muerto, te digo” El movió su cabeza a un lado al ver su expresión de intriga. “Lo que sea. Probablemente tiene que hablar con alguien” “Así que esto no es solo por diversión?” “Sebastian nunca hace cosas solo por diversión” Jace tomó sus manos y las puso cerca de él. “Pero yo si” ::: Para completar la sorpresa de Simon, nadie estaba entusiasta sobre su plan. Hubo un fuerte coro de desaprobación, seguido por un clamor de voces tratando de hablar por encima de él, y preguntas, la mayoría dirigidas a Magnus, sobre la seguridad de la empresa. Simon descansó sus codos en sus rodillas y esperó. Luego el sintió un toque en su hombro. Se dio vuelta, y para su sorpresa era Isabelle. Ella le indicó que la siguiera. Fueron hacia las sombras cerca de uno de los pilares mientras el resto rabiaba detrás de ellos. Isabelle había sido uno de los que más disentían en el plan. Como sea, ella solo lo miró con la boca tensa “Okay” dijo él finalmente, odiando el silencio. “Supongo que no estás complacida conmigo justo ahora” “Supones? Patearía tu trasero, vampiro, pero no quiero arruinar mis botas nuevas” “Isabelle…” “No soy tu novia” “Bien” dijo Simon, aunque no pudo evitar decepcionarse. “Ya se eso” “Nunca te envidié el tiempo que pasaste con Clary. Lo alenté. Se cuanto te importa ella. Y cuanto le importas a ella. Pero esto… este insensato riesgo que estás hablando de tomar. Estas seguro?” Simon miró alrededor, al desordenado departamento de Magnus, el pequeño grupo en la esquina hablando sobre su falla. “No es solamente sobre Clary” “Bueno, no es sobre tu madre, no?” Isabelle dijo. “La que te llamo un monstruo? No tienes nada que probar Simon. Es su problema, no el tuyo”“No es eso. Jace salvó mi vida. Se lo debo.” Isabelle parecía sorprendida. “No estás haciendo esto para pagarlo, no? Porque creo que no te van a dejar” “No, no completamente” dijo “Mira, todos conocemos la situación. Sebastian no puede ir corriendo perdido. No es seguro. La Clave tiene mucha razón en eso. Pero si el muere, Jace muere. Y si Jace muere, Clary…” “Sobrevive” dijo Isabelle, con la voz rápida y dura. “Ella es fuerte” “Va a ser lastimada. Quizás para siempre. No quiero que se lastime así. Y no quiero que tú te lastimes así” Isabelle se cruzó de brazos. “Claro que no. ¿Pero no crees que ella se lastimaría, Simon, si algo te pasara a ti?” Simon mordió su labio. Realmente no había pensado en eso. No así. “Y que hay de ti?” “Qué sobre mi?” “Te lastimaría que algo me pasara a mí?” Ella lo siguió mirando, su espalda recta, su barbilla firme. Pero sus ojos brillaban. “Si” “Pero quieres que ayude a Jace” “Si. También quiero eso”“Tienes que dejarme hacer esto” él dijo “No es solo por Jace, tú y Clary, aunque ustedes son una gran parte de ello. Es porque creo que la oscuridad está viniendo. Le creo a Magnus cuando lo dice. Creo que Rafael tiene realmente miedo de una guerra. Creo que estamos viendo una pequeña parte del plan de Sebastian, pero no creo que sea ninguna coincidencia que él haya tomado a Jace con él. O que él y Jace están vinculados. Él sabe que Jace necesita ganar una guerra. Él sabe lo que es Jace” Isabelle no lo negó. “Eres tan valiente como Jace” “Quizás” dijo Simon “Pero no soy un Nefilim. No puedo hacer lo que él hace. Y no significo tanto para tantas personas” “Destinos especiales y tormentos especiales” Isabelle susurró “Simon… significas mucho para mí” “Eres una guerrera, Iz. Es lo que haces. Es lo que eres. Pero si no puedes pelear con Sebastian porque lastimarlo a él es lastimar a Jace, no puedes pelear la guerra. Y si tienes que matar a Jace para ganar la guerra, creo que eso matará parte de tu alma. Y no quiero ver eso, no si puedo hacer algo para evitarlo” Ella tragó. “No es justo,” dijo “que tengas que ser tú…” “Es mi decisión, el hacer esto. Jace no tiene una elección. Si él muere, será por algo que no tiene nada que ver con él, no realmente” Isabelle soltó el aire. Descruzó sus brazos y lo agarró del codo “Okay” dijo “Vamos” Ella lo llevó de vuelta al grupo, quien se la quedó mirando cuando aclaró la garganta, como si nunca hubieran notado los dos miembros que faltaban hasta este momento. “Es suficiente” dijo ella. “Simon tomó su decisión, y es su decisión. El va a invocar a Raziel. Y vamos a ayudarlo como podamos” ::: Ellos bailaron. Clary intentó perderse en el golpe de la música, el correr de la sangre en sus venas, la vez que ella una vez había ido al Pandemonium con Simon. Obviamente, Simon había sido un bailarín terrible, para ser justos, y Jace era un excelente bailarín. Ella supuso que tenía sentido. Con todo el entrenamiento de lucha y gracia cuidadosa, no había mucho que su cuerpo no pudiera hacer. Cuando él movió su cabeza hacia atrás, su cabello estaba oscuro, y la curva de su garganta resplandecía en la luz del candelabro de hueso. Vio la manera en que los demás bailarines lo miraban a él. Apreciación, especulación, hambre predatoria. Una posesividad que ella no podía nombrar o controlar se alzó en ella. Se movió más cerca, deslizando su cuerpo de la manera que había visto chicas hacer en el piso de baile antes pero que nunca tuvo los nervios para intentar. Ella se había convencido que su cabello se atraparía en algún lado, pero las cosas eran diferentes ahora. Sus meses de entrenamiento no servían solamente para luchar, también para cualquier momento en el que usar su cuerpo. Se sentía fluida, en control, de una manera que nunca había estado antes. Presionó su cuerpo contra el de Jace. Sus ojos habían estado cerrados; los abrió justo cuando una explosión de luces de colores iluminó la oscuridad sobre ellos. Gotitas metálicas cayeron sobre ellos; algunas de ellas quedaron atrapadas en el cabello de Jace, y brillaban en su piel como mercurio. El tocó con sus dedos una de las gotas en su cuello y se la mostró a ella, con sus labios curvándose. “Recuerdas lo que te dije esa primera vez en Taki‟s? Sobre la comida de hadas?” “Recuerdo que dijiste que corriste en Madison Avenue desnudo con una cornamenta en tu cabeza” dijo Clary, pestañando para sacar las gotas plateadas de sus pestañas. “No creo alguna vez haya sido probado que fui exactamente yo” Solamente Jace podía hablar mientras bailaba y no hacerlo ver raro “Bueno, esta cosa,” dijo tocando el líquido plateado que se mezclaba con su pelo y su piel, dejándolos plateado. “es como eso. Te hace…” “Volar?” La miro con ojos más oscuros “Puede ser divertido” Otra de las cosas-flores explotó sobre sus cabezas; lo que esparció era plateado-azul, como agua. Jace miró una gota en el lado de su mano, estudiándola. Volar. Clary nunca se drogó, ni siquiera se emborrachó. Quizás si contaba la botella de Kahlúa que ella y Simon habían robado de la vitrina de su mamá, y que tomaron cuando tenían trece años. Habían estado enfermos luego; Simon estuvo, en realidad, en cama. No había valido la pena, pero ella recordaba la sensación de estar feliz sin ninguna razón. Cuando Jace bajó su mano, su boca estaba pintada de plateado. Él seguía mirándola, sus ojos dorados, oscuros bajo sus pestañas. Feliz sin ninguna razón. Ella pensó en la manera en la que habían estado juntos después de la Guerra Mortal, antes de que Lilith hubiera comenzado a poseerlo. Él había sido el Jace en la fotografía de su pared: muy feliz. Los dos habían estado felices. No había habido ninguna duda cuando ella lo miraba, ninguno de esos sentimientos de pequeñas navajas bajo su piel, corroyendo la cercanía entre ellos. Ella se alzó, y lo beso, lenta y definitivamente, en los labios. Su boca explotó en un sabor dulce, una combinación de vino y caramelo. Más del líquido plateado llovió sobre ellos mientras ella se alejaba de él, lamiendo su boca deliberadamente. Jace estaba respirando duramente; se acercó a ella, pero ella lo empujo, riendo. Se sintió rara y libre de repente, e increíblemente luminosa. Ella sabía que había algo terriblemente importante que debería estar haciendo, pero no podía recordar qué era, o por qué le importaba. Las caras de los bailarines alrededor de ella, ya no se veían astutos y terroríficos, solamente lindos. Ella estaba en una buena caverna, y las sombras alrededor de ella estaban pintadas con colores adorables y más brillantes que cualquier puesta de sol. La estatua del ángel que se veía sobre ella parecía benévolo, mil veces más que Raziel y su luz blancay fría, y una alta nota cantada salía de él, pura, limpia y perfecta. Ella giró, rápido y más rápido, dejando atrás la pena, los recuerdos, las pérdidas, hasta que giró a un par de brazos que se envolvieron a su alrededor desde atrás y la sostuvieron fuerte. Miró hacia abajo y vio unas manos bloqueándola sobre su cintura, delgados y hermosos dedos, con la runa de la Visión. Jace. Ella cerro sus ojos, dejando su cabeza caer en la curva de su hombro. Ella podía sentir su corazón latiendo contra su espina dorsal. El corazón de nadie late, ni podría latir, como el de Jace. Sus ojos de abrieron, se dio vuelta, sus manos lo empujaron lejos. “Sebastian” ella susurró. Su hermano le sonrió, plateado y negro, como el anillo de los Morgenstern. “Clarissa,” él dijo. “Quiero mostrarte algo.” No. La palabra llegó y se fue, disolviéndose como el azúcar en el líquido. No podía recordar porque se suponía que le tenía que decir que no. Él era su hermano; debería amarlo. Él la había traído a este hermoso lugar. Quizás, él había hecho cosas malas, pero había sido hace mucho tiempo, y no podía recordar qué eran. “Puedo oír a los ángeles cantando” le dijo Él se rió entre dientes. “Veo que has descubierto que esa cosa plateada no es solamente brillantina” Él se acercó y pasó su dedo índice por su mejilla; cuando lo retiro se veía plateado, como si lo hubiera pintado. “Vamos, chica ángel” “Pero Jace,” ella dijo. “Lo perdí en la multitud” “Nos encontrará” La mano de Sebastian se cerró sobre la de ella, sorprendentemente cálida y reconfortante. Se dejó arrastrar hacia una de las fuentes en la mitad de la habitación, y se sentó en el borde. Él se sentó a su lado, su mano todavía en la de él. “Mira el agua” dijo “Dime lo que ves” Ella se movió para mirar en la suave superficie del estanque. Podía ver su propia cara reflejada, sus ojos raros y abiertos, su cabello enmarañado. Y luego Sebastian también se giró, y ella pudo ver su cara junto a la suya. El plateado de su cabello se reflejaba en el agua, y la hacía pensar en la luna sobre el río. Se estiró para tocar la su brillantez, y el agua tembló, distorsionando sus reflejos, haciéndolos irreconocibles. “Qué es?” dijo Sebastian, y había una urgencia en su voz. Clary sacudió su cabeza; él estaba siendo muy tonto. “Nos veo a tí y a mí.” Dijo “Qué más?” Él puso su mano debajo de su barbilla, y movió su cara para que lo mirara. Sus ojos eran negros, negros como la noche, con solamente un anillo de plateado separando la pupila del iris. “No lo vez? Somos lo mismo, tú y yo” “Lo mismo?” Ella pestañó hacia él. Había algo realmente mal en lo que estaba diciendo, aunque no podía decir qué. “No…” “Eres mi hermana” él dijo. “Tenemos la misma sangre” “Tú tienes sangre de demonio” dijo. “La sangre de Lilith.” Por alguna razón esto le pareció gracioso. “Tú eres oscuro, oscuro, oscuro. Jace y yo somos luz.” “Tú tienes un corazón oscuro dentro tuyo, hija de Valentine” él dijo “Solo que no quieres admitirlo. Si quieres a Jace, mejor acéptalo. Porque él me pertenece ahora.” “Entonces, a quien le perteneces tú?” Los labios de Sebastian se abrieron; no dijo nada. Por un momento, Clary pensó, se veía como si no tuviera nada que decir. Ella estaba sorprendida; sus palabras no habían significado mucho para ella, y debería haber sentido curiosidad. Antes de que pudiera decir algo, una voz por encima de ellos dijo: “Qué está pasando?” Era Jace. Miró de uno al otro, con una cara ilegible. Más de las cosas brillantes lo habían cubierto, gotas plateadas colgaban de su cabello dorado. “Clary” Sonaba irritado. Ella se alejó de Sebastian y se puso de pie. “Lo siento” dijo sin aliento “Me perdí en la multitud” “Me di cuenta” dijo “Un segundo estaba bailando contigo, y al otro te habías ido y un hombre lobo muy persistente estaba tratando de abrir los botones de mis jeans” Sebastian dijo “Chica o chico hombre lobo?” “No estoy seguro. Igual, podría haber usado un cuchillo” Él tomó la mano de Clary, suavemente rozando su muñeca con los dedos. “Quieres ir a casa? O bailar un poco más?” “Bailar un poco más. Está bien?”“Vayan” Sebastian retrocedió, sus manos detrás de él en el borde de la fuente, su sonrisa como el filo de una navaja “No me importa mirar” Algo cruzó en la visión de Clary: el recuerdo de una mano pintada con sangre. Se había ido tan pronto como había llegado, y frunció el entrecejo. La noche era demasiado hermosa para pensar en cosas feas. Miró a su hermano un momento, antes de que Jace la arrastrara entre la multitud, hacia el borde, cerca de las sombras, donde la presión de los cuerpos era más leve. Otra bola de luces de colores explotó sobre sus cabezas mientras iban, esparciendo gotas plateadas, y echó su cabeza para atrás, atrapando las gotas dulces-saladas en su lengua. En el centro de la habitación, debajo del candelabro de hueso, Jace se detuvo, y ella se movió hacia él. Sus brazos estaban alrededor del, y ella podía sentir el líquido plateado deslizándose sobre su cara como lagrimas. La remera de él era delgada, y podía sentir lo caliente de su piel debajo. Sus manos se deslizaron, sus manos rasguñando suavemente sus costillas.Gotas plateadas estaban sobre sus pestañas, mientras bajaba su mirada a ella, acercándose para susurrarle en el oído. Sus manos se movían sobre los hombros de ella, bajando por sus brazos. Ninguno de ellos estaba realmente bailando todavía: la música hipnótica flotaba a su alrededor, y sobre los demás bailarines, pero Clary ni lo notaba. Una pareja paso frente a ellos riéndose, e hicieron un comentario burlón en checo.Clary no lo entendió, pero sospecho que era Busquen un cuarto. Jace hizo un sonido de impaciencia, y luego se estaba moviendo entre la multitud otra vez, guiándola a una de las alcobas ensombrecidas alineadas en las paredes. Había una docena de ellas, cada una con un banco de piedra y una cortina que podía cerrarse para proveer algo de privacidad. Jace cerró la cortina y chocaron uno con el otro como el mar choca contra la costa. Sus bocas colisionaron y se deslizaron juntas; Jace levantó a Clary para presionarla contra él, sus dedos enrollándose en el material de su vestido. Clary era consciente de la pasión y la dulzura, manos buscando y encontrando, apresuradas. Sus manos debajo de la remera de Jace, sus uñas clavándose en su espalda, salvajemente complacida cuando él suspiró. Él mordió su labio de abajo, y ella saboreó la sangre en su boca, salada y caliente. Era como si quisieran cortar al otro, ella pensó, entrar dentro del cuerpo del otro y encontrar los latidos de su corazón, aunque los matara a los dos. Estaba oscuro en la alcoba, tan oscuro que Jace era solo un contorno de sombras y oro. Su cuerpo clavó el de Clary contra la pared. Sus manos se deslizaron hacia abajo por su cuerpo y encontraron el final de su vestido, a lo largo de sus piernas. “Que estás haciendo?” ella susurró. “Jace?” Él la miró. La luz peculiar del club hizo a sus ojos verse de colores. Su sonrisa era malvada. “Puedes decirme que pare cuando quieras,” el dijo. “Pero no lo harás” ::: Sebastian miró por un lado de la cortina que cerraba la alcoba y sonrió. Un banco corría alrededor en el interior de la pequeña habitación circular, y había un hombre sentado ahí, apoyando sus codos sobre una mesa de madera. Tenía pelo largo y negro atado hacia atrás, una cicatriz, o marca, con la forma de una hoja en una mejilla, y sus ojos eran tan verdes como el pasto. Estaba usando un traje blanco, y un pañuelo con una hoja verde bordada, que salía de un bolsillo. “Jonathan Morgenstern,” dijo Meliorn. Sebastian no lo corrigió. Las hadas tienen un gran patrón de nombres, y nunca lo llamarían de otra manera que no fuera el nombre que su padre eligió. “No estaba seguro de que estuvieras aquí a la hora arreglada, Meliorn” “Debo recordarte que el pueblo de las hadas no miente?” dijo el caballero. El fue y cerró la cortina detrás de Sebastian. La música de afuera fue discretamente amortiguada, aunque seguía escuchándose. “Vamos, entra, siéntate. Vino?” Sebastian se sentó en el banco. “No, nada” Vino, como el licor de las hadas, solamente nublaría sus pensamientos, y las hadas parecían tener más tolerancia. “Debo admitir que me sorprendí cuando recibí el mensaje de que deseabas verme aquí” “Tú, de todas las personas, deberías saber que la Señora tiene un interés especial en ti. Ella conoce todos tus movimientos” Meliorn tomó un trago de vino “Hubo un disturbio demoníaco grande aquí anoche. La Reina estaba preocupada” Sebastian abrió sus brazos. “Como puedes ver, estoy ileso” “Un disturbio como ese, seguramente atraerá la atención de los Nefilims. En realidad, si no estoy equivocado, muchos de ellos se divierten sin.” “Sin qué?” Sebastian preguntó inocentemente. Meliorn tomó otro sorbo de vino y sonrió. “Oh, okay. Siempre olvido la manera divertida en que las hadas hablan. Te refieres a que hay Cazadores de Sombras en la multitud, buscándome. Ya sé eso. Me di cuenta antes. La Reina no piensa mucho de mi si no piensa que puedo con un puñado de Nefilims por mi cuenta” Sebastian sacó una daga de su cinturón y la giró rápidamente, la pequeña luz de la alcoba resplandeciendo en la hoja.“Debo decirle que dijiste eso,” dijo Meliorn. “Debo admitir, no tengo ni idea qué atracción sientes por ella. He tomado tu precaución y la he encontrado defectuosa, pero yo no tengo el gusto de mi señora” “Lo sopesaste en la balanza y lo encontraste deficiente?” Divertido, Sebastian se acercó. “Déjame decirte algo, caballero de las hadas. Soy joven. Soy lindo. Y estoy dispuesto a quemar el mundo entero hasta sus cimientos para conseguir lo que quiero” Su daga quebró la mesa de piedra “Como yo, la Reina está jugando un largo juego. Pero lo que deseo saber esto: Cuando el final de los Nefilims llegue, la Corte estará con o en contra mío?” La cara de Meliorn estaba blanca. “La Señora dice que se queda contigo” La boca de Sebastian se alzo de un lado. “Esas son excelentes noticias” Meliorn bufó. “Siempre digo que la raza de los humanos van a terminarla ellos mismos” dijo él. “Durante miles de años he predicho que ustedes serían la causa de su propia muerte. Pero no esperaba que el final sea así” Sebastian giró la daga brillante entre sus dedos. “Nadie lo esperaba” ::: “Jace” Clary susurró “Jace, cualquiera podría venir y vernos” Sus manos no pararon de hacer lo que estaban haciendo. “No lo harán” Él trazó un camino de besos en su cuello, efectivamente dispersando sus pensamientos. Era difícil saber qué era real, con sus manos en ella, y su mente y memoria confusa, y sus dedos tan apretados en la remera de Jace que estaba segura de que iba a romper el material. La piedra estaba fría contra su espalda, pero Jace estaba besando su hombro, bajando la tira de su vestido. Ella estaba caliente, fría y temblando. El mundo se estaba rompiendo en pedacitos, como las piezas brillantes dentro de un caleidoscopio. Ella iba a correr las manos de él. “Jace…” Ella se aferró a la camiseta de él. Estaba viscosa. Miró hacia sus manos y por un momento no comprendió lo que estaba viendo. Liquido plateado, mezclado con rojo. Sangre. Miró hacia arriba. Colgando del techo, sobre ellos, como una piñata, había un cuerpo humano, colgando de los tobillos. Sangre caía de su garganta cortada. Clary gritó, pero el grito no hizo sonido alguno. Empujó a Jace, quien se tambaleó; había sangre en su pelo, en su remera, en su piel. Ella se subió las tiras de su vestido, y abrió la cortina de la alcoba. La estatua del ángel no estaba tranquila como antes. Las alas eran alas de murciélago, la adorable y benévola cara, convertida en una de desprecio. Pendiendo del techo, atados con sogas, había cuerpos muertos de hombres, mujeres, animales, acuchillados, la sangre cayendo como lluvia. Las fuentes expulsaban sangre, y lo que flotaba sobre el líquido no eran flores, si no manos cortadas abiertas. La multitud alterada de bailarines estaba empapada en sangre. Mientras Clary miraba, una pareja apareció, el hombre alto y pálido, la mujer yaciendo en sus brazos, su cuello desgarrado, obviamente muerta. El hombre lamió sus labios y fue en busca de otra mordida, pero antes de eso, miró a Clary y le sonrió, su cara con sangre y plata. Sintió la mano de Jace en su hombro, empujándola hacia atrás, pero ella peleó para liberarse de él. Ella estaba mirando a los tanques de vidrio a lo largo de la pared, que creía que tenían peces brillantes. El agua no era clara, si no oscura y barrosa, y había cuerpos humanos flotando en ella, su pelo alrededor de ellos como filamentos de luminosos de una medusa. Ella pensó en Sebastian flotando en ese recipiente de vidrio. Un gritó subió desde su garganta, pero ella lo contuvo mientras la oscuridad la aplastaba.
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