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Re: All too well

Mensaje por hypatia. el Dom 16 Ago 2015, 3:36 pm

Hahaha no me estreseis a Steph
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Re: All too well

Mensaje por Kurisu el Dom 16 Ago 2015, 9:38 pm

Tarda lo que gustes Steph xdd bc creo que sigo yo y nonononono xddd

Bienvenida Mari!! pronto le dare amor a tus pj's por MP

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"Just tell me why baby, They might call me crazy, For saying I'll fight until there is no more,
Brief flashes of anguish contained by subconscious impulse, Blinded I can't see the end,
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Re: All too well

Mensaje por hypatia. el Miér 16 Sep 2015, 4:51 pm

Es el turno de Mía, puesto que Steph lleva casi dos meses para subir el capítulo y como está ocupada con la uni no sé cuando pueda subir. No quiero que la nc se quede muerta Pasé el turno de Teph porque está ausente.

También quiero pedir por favor que las que siguen en la nc lo digan por aquí porque no sé quién se fue y quién sigue.
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Re: All too well

Mensaje por Kida el Miér 16 Sep 2015, 5:30 pm


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Lost in the light
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Re: All too well

Mensaje por prinsloo. el Miér 16 Sep 2015, 5:37 pm

yo sigo no se libraran de mi facilmente ya hago mis fichas perdon por tardarme u.u
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Re: All too well

Mensaje por Invitado el Jue 17 Sep 2015, 4:07 am

Obvio sigo
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Re: All too well

Mensaje por hypatia. el Dom 20 Sep 2015, 6:19 am

Aquí está el link al nuevo muro, para las que quedamos en la nc
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Re: All too well

Mensaje por hypatia. el Miér 02 Dic 2015, 5:48 pm

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Re: All too well

Mensaje por Invitado el Vie 04 Dic 2015, 8:32 am

Se supone que subía yo
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Re: All too well

Mensaje por Kurisu el Sáb 05 Dic 2015, 8:11 pm

Holaa perdon por estar re ausente ;-; ya me paso por el nuevo muro, obvio que sigo las amodoro

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Re: All too well

Mensaje por Invitado el Mar 08 Dic 2015, 2:35 pm

Capítulo 10.


Athena Pendragon  ➸ Warren Rutherford ➸ Winter Cypress.|| Supertramp.


Era pelirroja, tenía el nombre de una diosa griega y el apellido de un personaje del libro, en ocasiones, bastante continuas, era ella la que parecía el personaje de una libro.

No por excéntrica, ni por belleza indescriptible, ella era una chica normal con unos aspectos que la hacían única. Ella era normal, tenía el cabello rojo, unos ojos verdes brillantes, que parecían de gato, tenía pecas en el rostro y era pálida a más no poder. Totalmente normal. Athena, y no acabó su segundo año de universidad en Estados Unidos, de hecho, se fue a vivir durante largo tiempo a Londres. Athena era una persona feliz, una adolescente con notas promedio, que entró a una excelente universidad, como Harvard. Pero finalmente su vida se destrozó y lo dejo todo.

En ese justo momento se encontraba empacando porque había ingresado a la universidad de nuevo, pero no precisamente a una con estatus tan alto como la anterior, que era Harvard. Pero era buena y haría algo después de dos años de su vida desperdiciada, durante ese periodo, perdió el contacto con su familia, con sus amigos, con todo el mundo, y sentía demasiado extraño regresar a su hogar, Canadá, ni siquiera Estados Unidos, era Canadá, ese era su hogar. Su ropa estaba mal doblada dentro de las maletas, y solo le quedaba por guardar una mínima cantidad de libros, que era lo que más había hecho durante su larga estadía en Londres, leer, leer y viajar un poco, pero solo un poco, también había conocido personas, pero la única que realmente le preocupaba era Karma Freeman, una chica que también había salido de una relación, se entendían muy bien y durante toda su estadía hablaron frecuentemente.
Era una manotada de libros los que había comprado, eran montones, en realidad, se quedaba leyendo tanto tiempo que cuatro en una semana habían sido finalizados, los analizaba de una manera tan ligera y rápida, y extrañamente llegaba a buenas conclusiones de ellos, como si los hubiera analizado durante mucho tiempo.

Cuando sacó el último libro del estante del apartamento pequeño amueblado, un cartón salió volando, chocando delicadamente contra el suelo, Athena no tenía que pensar qué era porque ya sabía de qué se trataba, ni más ni menos que un cartón que le había regalado…él, que decía en letras grandes “Athena Rutherford”, la vez que se lo dio no era el simple cartón de color blanco con letras doradas, sino también un estuche rojo con un anillo de compromiso, cada vez que ella lo veía, se echaba a llorar atacadamente hasta quedarse dormida. Era una historia realmente cliché, del chico que amaba y le pidió matrimonio, pero luego la botó por alguien más. Aunque cuando ella se enteró, Warren reiteró mil veces que no era cierto, que todo estaba mal visto, pero Athena evidentemente no le creyó ni una palabra y canceló todo. Básicamente ella lo dejo a él, pero él la dejo a ella primero, al menos así lo veía ella, pero tantos años de relación y amistad habían sido echados a la caneca de basura, y pegaba fuertemente en el pecho de la muchacha de cabello rojizo, pegaba muy fuertemente.

En ese preciso momento ninguna sensación recorrió, su cuerpo, ningún escalofrío, ningún recuerdo, era, es más, molesto el efecto de no sentir nada, nada.  Con las manos rígidas recogió el cartón, y sin resentimiento lo dobló arrugando los prenses pequeño y bien formados del cartón pequeño, y se acercó a la basura de la pequeña cocina del apartamento. Eso era lo que ella iba a hacer, olvidar, porque Warren Rutherford se iba a quedar como ese cartón desechado en la basura…en el olvido.

Su viaje fue un desastre molesto, tuvieron que requisarla porque hubo algún error e intercambiaron su maleta con la de algún hombre hacker, pues llevaba montones de tecnología en la maleta, sabiendo que la suya llevaba un montón de papel impreso. Tardaron casi una hora en hallar su maleta, haciendo retrasar a todos los pasajeros y a ella, obviamente, el vuelo fue arduo pues el clima directo a Canadá, la asfixio de manera impresionante, era un cambio de clima desagradable que se podía sentir incluso dentro del metal donde ella estaba, era caluroso un largo rato y luego helaba, fue insoportable, le dio dolor de cabeza y comenzaba a sentir fiebre. Pero se calmó diciéndose a sí misma que estaría bien todo. Muy bien.  

Ella no avisó a nadie su llegada, simplemente llegó y así fue todo. Cuando dejó caer las maletas en frente de la casa de su madre, y timbró, todo giro dentro de ella, sucumbiéndose como barco en plena tormenta. Fue un sentimiento lleno de vacío al principio, y luego recargado en sentimientos y emociones, en recuerdos y remordimientos, en que se fue sin decir nada y en que regresó sin hacer exactamente lo mismo. Adentro escuchaba las risas, de sus hermanos, de su padre, de su familia. De hecho allí dentro podían encontrarse sus amigos. Ella pensaba que la habían buscado al momento en que se fue, pero simplemente no dieron con ella.
La puerta se abrió lentamente y una mujer distraída de planto frente a ella, sus ojos se expandieron cuando la diviso, tenía el mismo cabello de Athena, era solo un poco más alta, para ser su madre se conservaba de manera sorprendente algunas arrugas se marcaban en sus ojos, pero eso no era nada, era su madre, era ella.

Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas y aunque Athena no era la misma, Athena no sentía de manera igual, ya no era tan sensible como antes, no pudo hacer otra cosa que abrazarla, la mujer correspondió sollozando de alegría. Gritó a todos los demás para que vieran quién estaba en la puerta.

Su hermano mayor soltó un gritó de sorpresa y no dudó en abrazarla, Agatha, su hermana menor, que ya no era tan menor, comenzó a agitarse de la alegría, su padre, no dijo nada y no reacciono, estaba demasiado feliz, pero a la vez estaba molesto como nadie. Simplemente se retiró. Athena tenía mucho que arreglar. La cena fue tan cómoda, casi como si no hubiese pasado nada en absoluto, como si dos años se hubiesen tratado de dos simples días, su familia comprendió y acató todo lo que ella dijo y la cantidad de veces que se disculpó, aunque ella ya no solía pedir perdón, pero la situación lo ameritaba. Se rieron y hablaron de todo, de cómo Agatha ya había entrado a la universidad y de cómo Terrence se había graduado de ella. Todo eso se había perdido Athena, dos importantes acontecimientos de sus hermanos. Los cumpleaños de todos, las reuniones familiares, de hecho había comprado dos gatos y ella se lo había perdido todo.

— Creo que es hora de que todos los sepan —las tres personas presentes guardaron silencio y miraron a Athena fijamente—, deberían saber que me aceptaron en la universidad.

Su madre fue la primera en dar felicitaciones por eso, pero su hermano fue el primero en entender la situación.

— ¿Y por eso has regresado? —inquirió.
— No —aclaró Athena, con las mejillas sonrosadas—, debería  admitir que si me presente a la universidad, antes de tener claro que regresaría, pero la carta de aceptación fue mi motor para volver, de lo contrario, no hubiese tenido la fuerza suficiente para afrontarlos a todos ustedes, y peor aún, si todos hubiesen tenido la misma reacción que tuvo papá.

El comedor quedó en un silencio sepulcral, nadie dijo nada hasta que Agatha felicito a Athena por su entrada a la universidad, a sabiendas que no se verían porque no era la misma. Agatha era un genio, y había entrado a la que una vez Athena piso, Harvard. Athena explicó que viviría en el campus porque quería experimentar algo nuevo, aunque iría a visitarlos todos los fines de semana, si podía. Y que el día siguiente era su entrada a la universidad, así que así eran las cosas. No tuvo que desempacar ropa y obviamente, no tuvo que empacarla. La noche se pasó con rapidez. Y el encargado de llevarla a la universidad, fue su padre.

Athena se abrochó el cinturón del copiloto y no dijo ni una palabra, su padre tenía el semblante serio, su cabello negro carecía de canas o cabellos grises. Se veía demasiado joven para ser su padre. Pero pasaba, de todas formas, de los cuarenta y cinco años. Él arrancó el auto, el cual silbó un poco y luego las ruedas anduvieron con tranquilidad. Era una mezcla de colores café, verde muerto, naranja y rojo escarlata, así era como se veía Canadá en otoño, era una cosa bellísima que a Athena le gustaba apreciar, pero el hecho de tener a su padre al lado, le quitaba la ilusión.

— Papá…

El hombre no la miro, estaba atento en la carretera pero mostró señal de que la estaba escuchando, no había necesidad de decir una palabra, ambos entendían ese idioma.

— Papá, lo siento mucho.
— Me alegra verte aquí, de nuevo, Athena —él sonrió melancólicamente mientras daba un cambio en el auto, y giraba hacía la derecha—, de alguna manera, esa noche, sabía que te estabas yendo. No entiendo porque me afectó tanto que no me lo hubieses dicho.

— Yo quería decirlo, pero, debo hacer mi vida yo, ¿sabes? Y no sabía cómo, y antes no tenía la idea y pensé que irme era lo mejor, veinte años son veinte años, lo sé. Sin embargo, aún no pensaba muy bien las cosas, sabes que no pero mi espíritu adolescente y siempre tomó las decisiones más erradas.
— Lo sé, siento mucho que todo sea por ese chico que te rompió el corazón, Athena, ese…Warren. Pero debes saber que, a veces tienes varios grandes amores de tu vida, no solo uno, y no debes lanzarte al vacío, por pensar que él era el correcto.

Su padre tenía la razón, sin embargo, Athena no pensaba lo mismo.

El auto se detuvo frente a una gran construcción con un gigantesco campus, lleno de personas, el lugar se veía cálido a pesar del frio de otoño. Athena se bajó del auto con ojos brillantes, en realidad, comenzar la universidad de nuevo le hacía mucha ilusión, casi como si tuviera dieciocho de nuevo, aunque claramente, había aumentado, tenía veintidós años, casi corriendo hacía los veintitrés, y sentía que había perdido cuatro largos años de su vida, demasiado largos. Su padre le ayudó a bajar sus maletas, y solamente le dio un abrazo y un beso en la frente antes de irse en un soplido dentro del auto. Athena se quedó mirando fijamente el auto hasta que desapareció de su zona visual, algo agudo pico dentro de su pecho, pero después de unos segundo cuando volvió a si, se dio media vuelta para mirar los edificios construidos por ahí, también lograba divisar las tontas hermandades y esos eventos para unirse a ellos. Se dirigió a la oficina de información general para que le dijeran donde sería su habitación, le dieron el número de su habitación, unas llaves  y un pequeño mapa que debía seguir para llegar al lugar. Fue demasiado sencillo llegar, cuando abrió la puerta, dentro había una chica pelinegra de cabello corto y ojos verdes, para Athena tenía diecisiete, pero no podía decir mucho, por el vestido blanco ceñido a su cuerpo y la chaqueta de cuero negra que llevaba y la pañoleta roja que decoraba su cabello. Se veía más grande por eso, y por el delineado que tenía en los ojos y el labial rojo pero no tan llamativo de sus labios.

La muchacha la miro fijamente mientras levantaba una ceja, inquiriendo.

— ¿Y tú…?
— Soy Athena Pendragon…tu nueva compañera.

Athena sonrió amablemente, pero su nueva compañera rió de manera burlona mientras comenzaba a negar con la cabeza, ella guardó silencio.

— Soy Winter Cypress, pero no me interesa llevarme bien contigo, por otra parte, si piensas que tengo diecisiete, para tú información, tengo diecinueve. Bien, la cama de la derecha es mía, como puedes notarlo. Hasta luego.

Y cerró con un portazo la puerta de color blanco hueso de la habitación, Athena suspiró por la maravillosa bienvenida que le había dado su compañera de habitación, que tenía tres notorios años menos que ella y la trataba como si fuese mayor, además de la exuberante decoración de la parte de Winter en la habitación, había muchas cosas que Athena no podía describir, tenía una montón de afiches pegados en la pared de bandas como Nirvana, Sex Pistols. The Clash, Green Day y otras bandas que parecían de rock demasiado pesado para que Athena pudiese reconocer.

En un suspiro, recogió su largo cabello rojo en una desordenada cola de caballo y dejo las maletas sobre su cama, la cual estaba impecable con unas sábanas de color blanco y un cobertor que graciosamente tenía su color favorito, el azul, encima.  
Comenzó a desempacar ropa, pero terminada la primera maleta la lanzo dentro de su armario y salió de la habitación sin importarle que lucía agotada, y llevaba ropa fuera de lugar, aunque no tanto, solo llevaba unos jeans de color azul claro, rasgados en las rodillas y otros lugares de la pierna, una camisa de color negro ancha y un suéter rojo más claro que su cabello, el cual naturalmente era de color naranja, pero ella se lo teñía de un rojo oscuro llamativo, pero quedaba bien con sus ojos verdes.

Se dedicó a recibir folletos de hermandades, a ver proyectos empresariales y charlar con personas de aquí y de allá, incluso con personas que eran maestros o ex maestros de la universidad, o graduados incluso.

La jornada transcurría realmente bien y todo estaba más tranquilo de lo que ella esperaba, hasta que algún chillido de su nombre por parte de una chica llamó completamente su atención y la obligó a mirar a todas partes hasta que desde lejos una pequeña figura se acercó a ella, tenía el cabello castaño claro y uno cabello ondulado precioso, corto, unos dos centímetros por debajo de los hombros, tenía unas facciones hermosas, sus ojos eran café oscuro, pero seguía siendo demasiado linda y excéntrica. Karma.

— ¡Santo cielo, Athena!

Karma era una chica, que Athena había tenido el gusto de conocer en sus dos años de estadía en Londres, ambas había pasado por situaciones con similitudes; que te dejen o dejar a alguien. Ambas se habían devuelto juntas a Canadá, pero tuvieron la mala suerte de que una viajo antes que la otra, por supuesto, la primera en irse fue Karma, después, al día siguiente, se fue Athena. Karma aparentemente se había establecido con sus primos y su tío político.

No era más de un día en el que no se había visto, pero Karma era algo de esa manera, muy amor y paz, sí, pero a veces era extrañamente extrovertida.

— Karma, no nos hemos visto hace solo dos días.
— ¡Lo sé! Pero contactarte es complicado, sabes.

Athena rodó los ojos divertida pero no dijo nada al respecto. Se quedó mirando una figura conocida a los lejos, tenía un perfecto corte de cabello, era de color negro oscuro, tenía una espalda ancha y se veía alto de estatura. Sus ojos volaron fugazmente a la mano derecha del muchacho, que fue lo pegó duro en ella, tenía un anillo de compromiso de oro. Se exasperó y resintió al darse cuenta que esa figura frente suyo era Warren, y por pensar que él se había comprometido  con alguien más, pero después se dio cuenta de que el anillo, era el mismo que ella uso una vez. Que era uno de los anillos que él había comprado, en realidad, que ambos habían comprado.  
Ella no pudo soportarlo y simplemente se dio media vuelta, caminando hacía su habitación.

—Oye, Athena! ¿A dónde vas? —chilló Karma.

Pero ella siguió caminando, esperando que Warren no hubiese escuchado.


Las cajas eran realmente pesadas, Charlie llevaba quejándose cada dos minutos al llevarla al auto, su hermana menor había crecido lo suficiente, no parecía una niña de catorce años, sino más bien de dieciocho, o más, por su estatura, además se había teñido el pelo de rubio. Warren siempre se había sentido a gusto con su familia, era un gran ambiente el que tenía con ellos, aunque su madre casi nunca estaba en casa.

Warren había vivido algún tiempo por su cuenta, en un bonito apartamento en Victoria. Allí las cosas habían marchado bien, hasta que Athena lo dejo por una grave confusión y las cosas poco a poco se desmoronaron hasta el punto en que no aguanto solo en esa ciudad y se fue devuelta a los brazos de su familia, Athena lo malinterpretó todo, él no estaba con alguien más, él estaba ayudando a una amiga a salir con su mejor amigo, solo eso, pero todo se dio realmente mal y Athena acabó con el compromiso, luchar por ella fue realmente difícil, así que la dejo ir.

Después de eso su vida se hizo algo complicada, era casi imposible que saliera de casa, de su habitación de hecho, eran sus padres o su hermana los que entraba a la habitación. Pero después lo comenzó a superar y comenzó a buscar universidades, hasta que finalmente fue aceptado en una, y ahí estaba el, con sus cosas empacadas, preparado para el mundo que le venía, uno nuevo, renovado, se mudaría al campus, de hecho.

Cuando todas las cajas estuvieron dentro del auto, su hermana dio un suspiro largo.

— No seas exagerada, niña.
— ¡Oye, estoy en plena pre-adolescencia! ¡Tiendo a ser dramática por naturaleza!

Warren rió divertido, su hermana no era la típica chica de su edad, ella era más inteligente, más culta, bastante precavida, era mucho más vieja mentalmente, de hecho iba adelantada un curso. Para cuando se dio cuenta, su hermana se había subido ya al asiento de copiloto.

— Oye, fuera de ahí, enana —dijo War al subirse al asiento del conductor—, papá irá ahí, lo sabes. Además sería peligroso…
— Si vas en ese lado del auto —interrumpió con voz chillona, saltando a los asientos de atrás en una sola maniobra, interesante, porque se fue de cara, pero buena. Warren rió de nuevo.
— Estás mal, enana.
— Oye deja de llamarme eso, ¿sí?
— ¿Cómo? ¿Enana?
— Si, duh, mido uno setenta, casi diez centímetros de diferencia.  

Antes de que Warren dijera algo, su padre se subió sonriente al asiento de copiloto, cerró la puerta y dejo sus gafas en la guantera, se veía agotado, pero feliz.

— Sabeeees —alargó Charlie con voz socarrona—, War dijo que podía sentarme hoy en ese puesto.
— Eso no es cierto, Charlotte.
— Pero, ¿por qué? —pestañeó juguetonamente, mirando a Robert, el hombre se rió divertido.
— Pues porque no —Warren curvo su boca en un sonrisa, y se adelantó a decir, burlándose de su hermana pequeña.

El camino a la universidad era una cosa larguísima, porque él vivía bastante lejos y tenía que conducir mucho, Warren medianamente disfrutaba de los paisajes, a sus ojos se alcanzaba a distinguir el bello otoño que tenía Canadá, era una de sus cosas favoritas, tenía un otoño hermoso, con una combinación casi perfecta de colores rojizos, amarillos y cafés.
Después de casi una hora y media de conducir y mucho silencio, porque su padre se quedó dormido y Charlie estaba escuchando música mientras distraídamente por la ventana, a Charlie, al igual que a él, les gustaba mucho los viajes en carretera, además de eso les gustaba los mismo tipos de cosas, solían hacer los mismos hobbies, como el dibujo y el diseño, por eso Warren sería arquitecto, pero además de eso, le había aceptado la doble carrera y estudiaría también idiomas.

— ¡Oye, para, para, para! —exclamó Charlotte, preocupando a Warren y haciendo que su padre se despertara con un brusco salto y un golpe en la cabeza, War estaba demasiado inquieto como para reírse de su padre.
— ¿Qué demonios, Charlie?

Ella señaló hacía un lado de la carretera un lugar pequeñito que marcaba arriba que era un café restaurante, abierto las 24 horas del día.

— Tengo hambre.

Se encogió de hombros de manera despreocupado, y luego se carcajeó por la reacción de su hermano y su padre, los arrastro básicamente fuera del auto, y obligo a su padre comprar combos de hamburguesa más papás y aparte de es una limonada natural gigante, Warren se sorprendió en lo mucho que comía su hermana, y más aún en lo delgada y esbelta que se veía, y ella no era precisamente la chica más deportiva, alguna vez Warren la llevo a correr un maratón y a los diez minutos comenzó a respirar irregularmente y sudar, acabó la carrera como tres horas más tarde y después de eso no se quiso mover de su cama, agradecía todos los días que estaba en vacaciones de verano.

Sin embargo, fue ella la primera en acabar su comida, sin importar que lo único que su padre había comprado para él era un café y una dona, y Warren un sándwich y una limonada de tamaño mediano, a diferencia de su hermana, que era tamaño gigantesco, exagerando un poco.

Después de la comida, solo fue una media hora de conducción para llegar a la universidad, Warren no tenía palabras respecto a su aspecto era un lugar bonito, se veía tranquilo aunque en el momento, abundante de personas. Por todas partes había personas, sentadas en el césped, caminando, algunos gritaban, lloraban o reían. Era demasiado bueno regresar a todo, era casi como si no hubiese perdido varias cosas, o personas.

— ¡Mira!

Charlie, la cual se había puesto un gigante sombrero de color negro, lo agarró de la mano con entusiasmo y lo jaló a alguna parte que le había interesado, era en realidad algo de alguna de las hermandades, en las cuales él no estaba para nada interesado, pero se quedó escuchando lo que estaban diciendo, Charlie desapareció porque fue a comprar unas fresas cubiertas en chocolate y agarró su mano de nuevo, esta vez el tacto le hizo sentir el anillo que llevaba puesto, y en ese justo instante alguien gritó el nombre de Athena, pero pensó que era solo imaginación suya y no prestó mucha atención.

Para Warren, era hora de comenzar de nuevo.


Winter Cypress era  una persona de constantes cambios, su nombre se adaptaba a su personalidad, excepto porque el invierno era generalmente el mismo, pero ella no, excepto por la frialdad. Desde los catorce años, comenzó sus cambios constantes, desde la dulce chica, pasando por la chica popular, la misteriosa, y por último su más larga forma de ser la chica mala; la feminista, que fumaba y escuchaba bandas de rock como Sex Pistols. Ella dejo de hacer cosas normales, como ver una película, a grabar cortometrajes cínicos, o como leer un libro de Julio Verne, para leer libros como “El segundo sexo” “La ciudad de las damas” y libros con títulos de ese tipo; feministas, o si no se dedicaba a leer biografías de artistas como Kurt Cobain, dejo de escuchar las cosas que se ponían de modo, para escuchar bandas que aunque algunas eran muy buenas, sí, otras para algunas personas sonaban terroríficas. Y además su ropa, realmente, no había mucho que decir de su ropa. 

La única verdadera yo, había sido cuando Winter había estado con Tyberius, las con él ella había dejado de ser extravagante, leía lo que le gustaba leer, veía lo que le gustaba ver, escuchaba lo que le gustaba escuchar, tan simple e ilógico como eso, solo no hacía los cosas porque se encontraba en un constante bosque y se perdía, solo las hacía porque era lo que le gustaba hacer. Pero después de toda la farsa que resulto ser su relación, quizá porque eran jóvenes, quizá porque Tyberious no estaba tan enamorado de ella como creía, quizá porque Winter lo usaba, de alguna manera, para ser ella misma, quizá por una cantidad innumerable de cosas, quizá por eso. 

Su compañera de cuarto le parecía interesante, según el análisis completo que Winter le dio, es que era una chica de veinte años, probablemente, tenía un acento inglés pegado así que lo más seguro es que era de allí o vivió allí por los últimos años, parecía bastante cerrada, ella lo sabía: corazón roto. Su cabello no era teñido, no aparentaba muchas cosas porque sus jeans desgatados su suéter café y sus zapatillas no daban mucho que decir, tenía unos ojos verdes como los suyos propios, quizá podrían llegarse a llevar bien. 

Su cintura comenzó a arder por lo ajustado del vestido, era una cosa horrible, ella lo odiaba, pero si alguien le llegaba a preguntar que porqué razón lo usaba, ella no diría algo más que porque las personas debían dejar de sexualizar el cuerpo femenino, que si una mujer quería mostrar lo que quisiese pues que podía, y ya, pero aunque de cierta forma si estuviese de acuerdo con eso, solo le gustaría decir que le gustaba, pero en realidad, le desagradaba, era ajustado molesto, era ese tipo de cosa que antes hubiese visto y dicho “nunca me pondría”, pero igual lo llevaba puesto.
 
Cuando sus pies comenzaron a doler no tuvo de otra que detenerse, sentarse en el césped y quitarse los tacones gigantes que llevaba puesto, por favor, sus pies dolían. Solo le llevo unos segundos darse cuenta a quién tenía en frente. Callet Forrest. El hermano de Tyberius. Tenían que estar bromeando.

— ¿A quién tenemos aquí? —se acercó con una sonrisa socarrona, realmente molesta. 
— Aléjate de mí, Forrest, lo digo en serio. 

Callet la miró y llevó sus ojos de su rostro hasta sus pies, parecía que la estuviese analizando para planear algún comentario y bombardearla con ellos después del primero, Callet era así, y todo por las mismas razones por las cuales ella lo era, le habían dejado y eso lo llevo a ser un mísero ser humano, todo un mujeriego, rompe-corazones, idiota, todo eso.

— ¿Qué te has hecho chiquita? ¿En qué grupo de pandilleros te has metido? Ese vestido no es nada a lo que solías usar antes.
— Vete a la mierda, Callet, eres un idiota.

Mientras se ponía de pie, la preguntaba picaba en la punta de su lengua y su corazón gritaba que la hiciera, pero ella y su instituto estaban tercos con ello y guardaron silencio. 

— Sé lo que piensas. Eres tan fácil de leer, Cypress —se burló—, él no ha aplicado a esta universidad, por si quieres saberlo.
Winter respiró con tranquilidad, pero algo había sobre ello que no lograba creer y más si era una afirmación de parte de Callet Forrest. 
holi:
Siento que tardé mil años en eso, la verdad, Kathe ya me había dicho hace tiempo si podía subir, y la verdad me deje coger la tarde, pero al fin aquí está, ahí introduzco a algunos de mis nuevos personajes que añadí xd. Espero les guste, aunque esta bastante corto, por eso, lo lamento, la verdad no sé quién sigue, aunque me pareci´´o ver en el muro que Ally, así que Ally, es tú turno.
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Re: All too well

Mensaje por hypatia. el Dom 13 Dic 2015, 9:58 am

Voy a comenotar de manera digna en cuanto empiecen mis vacaciones, aunque tú ya sabes que me ha encantado y que el principio ha sido como muack muack
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Re: All too well

Mensaje por Kurisu el Vie 15 Ene 2016, 7:56 pm


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Brief flashes of anguish contained by subconscious impulse, Blinded I can't see the end,
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Re: All too well

Mensaje por hypatia. el Vie 15 Ene 2016, 11:40 pm

Ally tiene esta semana para subir, sino sube se pasa el turno a Mari
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Re: All too well

Mensaje por Kida el Mar 19 Ene 2016, 9:06 am

Capítulo 11.


Blaire Fedder; Charlie Fedder; Eddie Tanner; Zack Hampthon; Summer Jones || Ally.


–  Pensé que ibas a Harvard.

Desde su lugar podía ver perfectamente como las ciudades se veían tan diminutas que incluso la inmensidad que conservaba cada una de ellas parecía meramente un mito. No obstante, los pensamientos de Blaire no estaban en el paisaje a sus pies, si no en la conversación que había mantenido con su madre unas semanas antes del viaje.

– Puede que la UBC no tenga tanto prestigio como Harvard, pero tiene un excelente programa de medicina.

Escuchaba las indicaciones de la aeromoza a unos pocos metros suyo, pero ella parecía ajena a su persona, por lo que nada más se colocó el cinturón de seguridad y permaneció con la vista pegada a la ventana, siendo el esfuerzo de voltear a verla mucho mayor que su lucha interna por dejar de analizar su decisión.

– ¿Cambiaste de decisión por él?

Nunca entendió por qué su madre se empeñaba en sacarlo en cada conversación que tenían, peor aún, por qué su opinión respecto a su hija había cambiado. Él no la quebró, fue una mala relación que terminó de una mala manera, no estaba deprimida. Sus prioridades habían cambiado, y probablemente ella también, pero no había sido para mal.

– No, lo hice porque estoy cansada de seguir un plan.

Había organizado su vida desde niña, estaba cansada de hacerlo. Probablemente fuera una perfeccionista y probablemente estuviera acostumbrada a planear cada segundo de su vida, pero algo le había dado a entender que era suficiente. Así que, por primera vez, iba a dejar de caminar por el lado seguro, iba dejar de lado su temor de cometer errores y si se equivocaba y caía, se levantaría, de nuevo.

– Blaire, llegamos – despegó la mirada de la ventana y miró a su hermana. Sonrió hacia ella y besó su mejilla. Al menos no estaría completamente sola.

***********

– Ahora, ¿adónde vamos? – preguntó Charlie, ya con ambas de sus maletas en mano y con la mirada fija en Blaire.
– No lo sé – la rubia se encogió de hombros y su hermana la miró extrañada.
– ¿Cómo que no lo sabes? – levantó una ceja, aún incrédula de que Blaire no tu viera nada preparado para su llegada a un nuevo país.
– Eddie dijo que él nos recogería y se encargaría de todo.
– ¿Eddie? ¿El muchacho que sólo has visto una vez en tu vida y el cuál sólo has hablado por mensaje?
– Ese mismo – Blaire asintió.

Charlie se quedó sin palabras, más que todo porque no sabía que estaba sucediendo. Blaire, la persona más controladora y perfeccionista que había conocido, su hermana, primero había cambiado su solicitud de inscripción de la universidad, luego había escogido un vuelo nocturno para llegar desde Australia a Vancouver el mismo día que entraba a la universidad y luego dejaba su llegada y preparación en manos de un completo extraño. No iba mentir, le gustaba esa parte de su hermana, le parecía extraño que hasta ahora la sacara a relucir, no obstante, le gustaba.

Blaire cambió la vista y se dedicó a buscar al muchacho que se había comprometido llegar a buscarlas, más que todo porque la mirada que le dedicaba su hermana le incomodaba. Sí, no era típico de ella, pero debía admitir que cierta parte de ella se encontraba dolida por el hecho de que su propia hermana se encontrara tan escéptica ante su nuevo comportamiento.

Entre los carteles pudo visualizar su nombre y al subir la mirada se encontró una gran sonrisa y un par de ojos azules que la miraban con alegría. Sabía que el cartel era más de broma y detalle, pero apreció el gesto. Le indicó a Charlie a qué lugar se dirigían y caminó con rapidez hasta el muchacho que la recibió con un gran abrazo.

Sólo había visto a Eddie una vez en su vida, pero esa vez él no se separó de su lado y le ayudó en todo al saber que era extranjera. Se conocieron el día que había viajado a Vancouver por primera vez debido a que tenía que hacer el examen de admisión. Él la llevó a conocer parte de la ciudad y se han mantenido en contacto desde entonces. Así mismo ese día supo que Eddie no sería nada más que un buen amigo, y aunque el área social no se le presentara tan sencillo, el rubio era una persona que se llegaba a querer con facilidad.

– Eddie, ella es mi hermana Charlotte.
– Charlie – corrigió ella, tendiendo su mano hacia el muchacho, quien repentinamente se encontraba más tenso de lo que alguna vez estuvo en presencia de Blaire.
– Un gusto, ¿vienes de visita?
– No, en teoría mis padres no quieren cargar conmigo entonces vengo a estudiar al internado, mientras Blaire estudia en la universidad, así ella puede vigilarme y ellos se libran de mí.
– Charlie – regañó – mamá creyó que estaríamos mejor la una con la otra y el peso de la distancia sería menos para mí.
– Cómo si no pudieras cuidarte sola, por favor Blaire, lo hace para deshacerse de mí. Pero en realidad no me molesta.

Blaire rodó los ojos sabiendo que sería ridículo hacerla cambiar de opinión. Volvió su vista a Eddie, creyendo que estaría incómodo ante la situación. Al hacerlo, pudo notar que su vista estaba fija en Charlotte y por lo que podía deducir él no había prestado atención a absolutamente nada de lo que habían hablado y que probablemente esa pregunta fuera la única que se hubiera encontrado capaz de formular. Le pareció adorable, y exactamente ese era el problema. Amaba a su hermana, pero Charlotte no era una persona sencilla y era, probablemente, el peor interés romántico que alguien pudiera elegir, así al igual que ella.

***********

Desde hace varios minutos que habían tomado camino hacia el internado en el que se quedaría Charlotte, por lo tanto, desde hacía varios minutos que Eddison luchaba por mantener su vista en el camino y no en el espejo retrovisor. Podía escuchar a las hermanas hablando, por lo tanto, cuando de reojo veía que Blaire o Charlie lo miraban atentamente asentía o reía ocasionalmente para no parecer tan estúpido como realmente se sentía. Y, honestamente, no entendía que le sucedía, pero algo en la menor le cautivaba. Podría ser porque se mostraba tan extrovertida con cualquiera cuando él sólo podría serlo con sus amigos, o tan directa como él no lo era, o simplemente porque destellaba un sentimiento de vida, ese que se te contagia y te hace pensar si realmente has vivido o si simplemente has sido más espectador que protagonista. Esa era la palabra, ella era la protagonista de su vida, y eso le atraía a Eddie, que atraía, le encantaba.

Más de una vez intentó hablar, más de una vez intentó hacer cualquier cosa que fuera dejar de asentir, pero su voz simplemente se negaba a salir. Maldijo en su mente, nunca había sido bueno cuando se trataba de temas románticos. Antes de que pudiera darse cuenta, estaba buscando un lugar de parqueo en el instituto y podía asegurar que era capaz de contar las palabras que le había dicho con los dedos de sus manos y aún le sobrarían.

Se estacionó, bajó del auto, y abrió su maletero para sacar las maletas de la muchacha, unas que entregó al botones que esperaba en la entrada. Escuchó como Blaire se despedía de ella, no obstante, puesto que se encontraban a diez minutos de distancia no fue una despedida muy dolorosa.

Luego Charlie se volvió a él, lo despidió con un abrazo, y antes de que pudiera tomar la suficiente valentía para decir algo más, ella se fue. Pero si de algo estaba seguro, era que no sería la última vez que la vería, no quería que lo fuera.

***********

Al momento en el que Eddie parqueó en la universidad, Blaire suspiró, más que todo para liberarse un poco de todas las emociones que la embarcaban, miedo, seguridad, nervios, nostalgia, felicidad. Pero debía decir que más que cualquier otra, se encontraba feliz. Había hecho un cambio en su vida y hasta el momento, todo parecía ir perfecto. Se convenció que por primera vez se daría la oportunidad de experimentar de nuevo, y dejaría los planes por un tiempo.

Hace bastante tiempo que había venido y realmente sus recuerdos no le hacían ninguna justicia a la gran universidad que se encontraba frente a ella. Puede que para muchos fuera incluso pequeña si la llegaban a poner en comparación, no obstante, luego de haber salido de un pequeño pueblo de Australia con apenas un instituto que abarcaba todas las áreas de aprendizaje, para ella eso era enorme, y absolutamente perfecto.

Volvió de nuevo a la realidad al ver que Eddie le había abierto la puerta, aparentemente se había quedado mirando fijamente al edificio. Sin embargo, sabía que Eddie lo hacía por ser caballeroso y no por apresurarla. Bajó del auto y agradeció a Eddie antes de que él se fuera al maletero del auto para, esta vez, sacar las maletas de la rubia.

Caminó a su lado e intentó agarrar una de ambas maletas, no obstante, él no la dejó, simplemente le sonrió y le indicó que comenzara a caminar. Blaire lo miró por unos segundos indecisa, no era normal en ella dejar que otra persona se encargara de sus cosas, pero la mirada decidida de Eddie le impedía hacer algo más. Algo en ella le decía que él no la dejaría tocar ninguna de ambas maletas por más que intentara convencerlo de lo contrario. Ese tipo de mirada que sólo había visto una vez en su vida con sólo una persona. Se negó a llegar ahí. Ella no caería en la autocompasión como todas las personas a su alrededor habían creído que había pasado. Dejó pasar el recuerdo y le devolvió la sonrisa a Eddie, agradeciéndole antes de comenzar a caminar hacia la entrada de la universidad.

– ¿Ya tienes todo listo?
– Sí, la secretaria me mandó todo por correo debido a que tenía que trasladarme desde un continente diferente. Lo único que me queda ahora es presentar mis papeles en la secretaría para confirmar la beca, pero eso lo puedo hacer en la tarde.
– ¿Te dieron la beca? – exclamó sorprendido, asentió. Eddie sonrió aún más y la abrazó de nuevo. – Felicidades Blaire, la beca de la exoneración total no se la dan a cualquiera. Yo por más que intenté no me dan más que un sesenta por ciento. Pero en realidad, felicidades.
– Gracias Eddie – le devolvió el abrazo. Ella sabía que Eddie también era realmente inteligente. Para poder conseguir una beca tan alta, cuidar de su madre y trabajar al mismo tiempo, realmente lo admiraba. Pero no sólo eso, lo que más admiraba de él es que siempre lograba mantener una sonrisa en su rostro.
– Bueno, vamos a dejar todo esto a tu habitación y te llevo por tu primer mal café de universidad. – ambos rieron. Blaire le dijo su número de habitación y ambos continuaron su camino.

Esta vez la charla era amena y Eddie estaba mucho más relajado que cuando estaban en el auto. Había vuelto a ser el mismo muchacho bromeante y chispeante que ella había conocido cuando habían hecho el examen. De pronto, Eddie se detuvo y miró fijo a unos muchachos que se encontraban a unos metros de ellos, más específicamente a uno de rulos que era efusivamente abrasado por otro castaño.

– ¿Lo conoces?
– Sí, es un amigo de infancia, pero había viajado hace  mucho, no sabía que había vuelto.
– Pues ve a saludarlo – aseguró Blaire mientras hacía ademán por tomar las maletas, Eddie no la dejó.
– ¿Qué? ¿Tan rápido te quieres deshacer de mí? – preguntó con una ceja elevada conteniendo la risa. – Vamos Blaire, aún tenemos que ir por ese café ¿no? Lo saludo luego, no te preocupes, la universidad no es tan grande, lo veré luego.

Aclaró dedicándole una sonrisa, de nuevo, y continuando su camino, esta vez logrando sostener ambas maletas y aún así tomarla del brazo para hacer que se moviera. Río ante su creciente emoción e internamente agradeció que el rubio no la dejara sola. Ya que, no podía mentir, era, de cierto modo, intimidante la cantidad de personas que podía ver a su alrededor. Haciéndola sentir de alguna manera una chica de pueblo que por fin se quita la venda y ve realmente lo grande puede llegar a ser el mundo a su alrededor.

***********

– Vamos Summer, déjalo, estás bien – aclaró mientas escuchaba que su novia se cambiaba por tercera vez de atuendo.
– Ni siquiera estás viendo – reclamó ella al salir del armario y ver a Zack acostado en su cama con el brazo encima de sus ojos.
– Te vez bien con cualquier cosa, principalmente con eso – completó al quitar el brazo de sus ojos y ver que se encontraba en ropa interior.
– Idiota – bromeó ella tirándola la almohada que más cerca tenía y volviendo al armario para finalmente escoger un último atuendo.
– Sólo decía – se encogió de hombros y volvió a recostar la cabeza en la suave colcha. El sueño y el cansancio se apoderaron de él rápidamente, pero se negó a dormir, más que todo porque Summer le patearía el trasero si descubría que se había vuelto a dormir – ¿sabes? Podría aún estar dormido, mis clases empezarían hasta mañana y podría haber tenido un último día sin alarma como cualquier persona normal que ya va para su tercer año de universidad.
– Yo voy para mi cuarto año, y no me estoy quejando. – escuchó la voz de Summer desde, seguramente, su armario. Bufó.
– Estamos inscritos en el programa de orientación porque tú nos inscribiste en él, sería irónico si lo estuvieras. – rió mientras sentía que le quitaban el brazo de la cara y besaban sus labios.
– Ya, no seas gruñón. Ahora mueve tu lindo trasero de mi cama y llévalo al auditorio. – bufó y tomó esfuerzo antes de levantarse de la cama.
– Aún tenemos tiempo, y si no quieres que me quede dormido en media ceremonia es obligatorio pasar a la cafetería primero. – la miró suplicante, con un puchero en su rostro mientras se acercaba ella y tomaba sus manos. Su ceño se suavizó y asintió accediendo a los caprichos de Zack.
– Bueno, pero muévete. – habló mientras comenzaba a empujarlo para sacarlo de la habitación.

***********

Las carcajadas de Eddie llenaron la pequeña cafetería al momento en el que Blaire arrugó la cara debido al mal sabor que destilaba el líquido que recién resbalaba por su garganta, y rió aún más al ver el esfuerzo que hacía ella por no botarlo.

– Deja de reírte – pidió intentando parecer seria, lo que fue en vano ya que las risas de su amigo eran contagiosas provocando que pequeñas sonrisas escaparan de sus propios labios.
– Debiste de ver tu cara, es lo único que puedo decir – aclaró ya más calmado pero aún con risas ocasionales.
– Admito que pensé que exagerabas, ¿cómo puedes seguir tomando? – preguntó al ver que terminaba su tercer sorbo.
– Ya estoy acostumbrado, puede que no sea el mejor, pero créeme, comparado con el café de hospital, este es un pequeño sorbo de gloria.

Blaire asintió con una pequeña sonrisa al ver que la de Eddie aún se encontraba en su rostro. Realmente él era único. Se atrevió a tomar una segunda probada luego del comentario de su compañero, ésta vez teniendo en cuenta que no debía esperar mucho del café y esta vez no le supo tan mal. De todas maneras, si dependiera de ella en comprarlo, ciertamente no lo haría. Durante todo el trayecto del vaso a su boca y luego de nuevo a la mesa, Eddie la evaluaba, como si estuviera a punto de votar el café y el no quisiera perderse un segundo de ello.

Ambos rieron luego y Blaire miró detenidamente a Eddie. Agradeció tenerlo ahí, agradeció tener un amigo en quien poder realmente confiar y agradeció también la decisión que tomó, esa decisión que la llevó a aquel momento donde por primera vez en mucho tiempo, se sentía completamente feliz. Eso al menos hasta que se abrió de nuevo la puerta de la cafetería, y en ese exacto momento, donde lo vio entrar, su felicidad cayó y recordó un pequeño detalle, el por qué nunca se había alejado de sus planes.  

Open me:
Perdón por la tardanza, eso primero que todo es que con un viaje de por medio todo se me complicó pero realmente tenía ganas de subir este capítulo porque amo esta nc, entonces espero que disfruten leyendolo tanto como yo disfruté escribiéndolo. Puede que sea un poco aburrido y que no merezca la pena de la espera pero prometo que el próximo será mejor. Besos


Sigue: Mari.

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