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'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por Invitado el Sáb 10 Ene 2015, 9:53 pm

alejandro le encanta ponerle la sangre a hervir a marina, ¿cierto? con todo respeto y amor a alejandro, merece una patada en el trasero por presumido y engreído. hasta me comienza a caer muy mal jiji bueh, síguela pronto bonita, me encanta, chau.
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Lun 12 Ene 2015, 8:19 pm

                                                                   CAPITULO 5. {Parte1de2}
Christopher siempre había sido un niño muy complicado. Nunca se desarrolló como un niño de su edad, debido a que se tardó mas en leer, escribir, y hablar. Debido a eso, repitió el ultimo año del preescolar. ______ esperanzada esperaba que esa decisión tan drástica despertara la atención de sus padres y lo ayudaran en su aprendizaje. Pero solo decidieron prestarle un poco más de atención, pero seguía sin ser suficiente. Su mama, trabajaba todo el tiempo y su padre también, pero la diferencia entre ellos es que su madre llegaba por la noche, y su padre no, porque trabajaba fuera del país. Estados Unidos, Japón, África, Australia, Rusia, etc. Porque él es piloto aviador. Cuando discuten, su mama le dice a su padre: “Conoces todo el mundo, pero no eres para conocer tu casa y pasar tiempo con tus hijos”, y era la verdad, pero tampoco es que su mama pase tanto tiempo con ellos.
Christopher era un paciente constante del psicólogo; para problemas de comportamiento y el logopeda; para la dicción, aprender a leer y escribir. Lo que más le molestaba a __________, era tener que esperar hasta altas horas de la madrugada para la llegada de su mama, y todavía platicarle todo lo que paso en la cita de su hermano. Ella solo había acompañado a Christopher el primer día de la cita, y eso solo por especificación del psicólogo.
Se encontraba en la sala del consultorio, esperando que su hermano no demorara mucho en su cita. De pronto, el teléfono sonó. Sin ver quien le llamaba, ella contesto.
. -¿Si? –dijo levantándose y disculpándose con una sonrisa muy tímida.
. – Hola, ____. –dijo una voz femenina muy conocida. Supo al instante que era Sophie. –Estas en casa?
. –No. Hoy es miércoles, le toca la cita con el psicólogo. –dijo un poco cansada.
. -¿No eran los martes? –pregunto.
. –Lo era, hasta que el psicólogo pidió ver más seguido a mi hermano. Por eso el cambio.
. –Entiendo. Oye, ¿Estas bien? Te escucho como cansada.
________ bufo mentalmente y se recargo en la pared con los ojos cerrados. Esa pregunta comenzaba a irritarla. No estaba bien. Aquella noche había vuelto a soñar con ese chico misterioso de la biblioteca, y no había parado de pensar en eso todo el tiempo. Su mente parecía no descansar nunca.
. -¿Has dormido bien? –pregunto de nueva cuenta Sophie.
. –No.
. -¿Quieres que me pase un rato por tu casa? –pregunto. Ella sonrió, alegre de tener una amiga como Soph.
. –Claro, si quieres puedes pasarte un rato. Hay cosas que quiero decirte…
»»»»»»»»»»

. –Te ves nerviosa y cansada. ¿Quieres hablar? –pregunto la castaña a ___________. Ella suspiro y dejo su segunda taza de café en la mesa.
. –Hay un chico. –comenzó. Soph esbozo una medio sonrisa. ____ negó con la cabeza. –Hay un chico, que desde que lo vi, no puedo dejar de soñar con él.
Le conto todos los detalles, desde la primera vez que lo vio, justo en la biblioteca. La manera en que se había comportado con ella, hasta de la forma en que se despidió. Le conto el primer sueño, al igual que a Niall, todos los detalles. Después los otros dos. Cada vez que le contaba uno, volvía esa emoción a su cuerpo. Recordaba la forma en que Marina se enojaba, la ira hacia Alejandro, absolutamente todo.
. –Quieres decir que el chico es… –ella asintió. –Es el mismo chico de la biblioteca.
. –Sí.
. –Por eso me pediste el nombre del que reservo el libro después de ti. –volvió a asentir. –Dios, nunca había escuchado algo similar.
. –Soph, crees que este loca por soñar con un chico desconocido? –Ella lo pensó. Al mirarla, se dio cuenta de la preocupación que había en ella.
. –No. Solamente… fue el impacto del trato que te dio ese chico. Dices que se mostró cambiante de humor, tal vez sea solo eso. –contesto tratando de calmarla. –No te preocupes, después lo olvidaras.
Después de esa platica con su amiga, ___________ se sintió más tranquila. Sin embargo, Soph se sentía preocupada por ella. Así que le cambio el tema al instante. Sophie se ofreció a ayudarla con la tarea pendiente mientras ella cocinaba la cena. Después de eso, se pusieron a fregar platos, ______ lavaba mientras su amiga secaba. Su amiga se marchó tarde, alrededor de las 10:30. Sin embargo, le agradeció por su visita, prometiendo volver a verse al día siguiente.
Antes de dormir, Encendió la luz del baño y se miró en el espejo. Alrededor de sus ojos había un color violáceo no saludable, además de estar hinchados. Al salir de la consulta, que fue 30 minutos después de recibir la llamada de su amiga, Christopher se había comportado de una manera insoportable. Nervioso por todo y dando molestias hasta las once de la noche, que logro dormirse. Su madre llego temprano, pero se fue directo a la cama, diciendo que estaba demasiado cansada y que ya habría tiempo después para hablar acerca de su hermano. Así que ella agradeció solo por hoy la actitud de su madre, y también se fue a dormir.
»»»»»»»»»»

Al día siguiente, sus ojeras se encontraban iguales o peor que el día anterior. Decidió no ponerles mucha atención. La noche de ayer, ella solo había podido dormir cuatro horas, lo cual era lo peor que le podía pasar en un sábado. Pero por el otro lado, se sentía más tranquila después de la plática con su amiga, aunque también debido a que no había soñado con aquel chico. Levanto a su hermano, le hizo de desayunar, le ayudo con su tarea y después lo dejo salir un rato con sus amigos del barrio mientras ella terminaba de hacer los deberes.
Alrededor de las 5:30 su madre llego a casa. Hoy salía temprano. Platicaron acerca del comportamiento y las consultas con el psicólogo de Christopher.  Después de terminar su madre se sentó en el sofá hojeando una revista de chismes.  _______  decidió prepararse un café, y comer unas cuantas galletas. Su madre levanto la mirada, y la sostuvo unos minutos. Después le hablo.
. –¿No saldrás hoy? –pregunto su madre. –Es sábado. –se encogió de hombros.
. –No tengo planes.
. –Deberías de salir. Te la pasas aquí encerrada en casa.
. –Tengo cosas que hacer aquí. Cuidar de mi hermano, por ejemplo. –dijo tomándole un sorbo al café, y sentándose en un taburete.
. –Deberías de salir. –repitió. –Eres joven, tienes 19 años, y nunca me has pedido permiso para salir a un antro, o cosas que hacen las muchachas de tu edad.
. –Vamos, mama. –suspiro poniendo los ojos en blanco. –No tengo ánimos para esas cosas. –hizo una pausa. –Ya que estas aquí, saldré un rato. Iré a la biblioteca.
Su madre hizo una mueca. No era lo que esperaba, y ________ se dio cuenta. Se encogió de hombros, tomo su celular junto con sus llaves y salió de casa.
Cuando llego a su destino, recorrió los pasillos buscando alguna lectura que la distrajera de sus alocados sueños y de su familia. Encontró una novela suficientemente larga, y la cogió. Después subió otra planta donde era la videoteca, y cogió tres películas. Fue hacia el mostrador donde se encontraban las bibliotecarias. Busco con la mirada a su amiga bibliotecaria, pero no la encontró. Se acordó que hoy era sábado, y ella descansaba los fines de semana. Se encogió de hombros y fue con la bibliotecaria más cercana. Le entrego el carne y la mujer que parecía un poco mayor que ella hablo.
. –Tú… ¿Tú eres _______ Florida? –Ella asintió, mirando confusa. –Tu cogiste el libro de Peter Pan, verdad? –volvió a asentir. La bibliotecaria se giró y busco por unos minutos en su escritorio.  ______ se empezaba a preguntar que buscaba hasta que extendió una hoja blanca doblada perfectamente y diciendo.
. –Han dejado esto para ti.
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Lun 12 Ene 2015, 8:24 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:OH <3 ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA xD LE ENTENDI HAHAHA!
Hermoso, Hermoso (como todos Cx) hahaha!

/Dile a Marina que tiene razón Ale en que vuelven HAHAHA

Jajaja, espero que te siga gustando! Acabo de seguirla, subi un capitulo :3 Al rato subiré otro.
Besos xx
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Lun 12 Ene 2015, 8:28 pm

niall. escribió:
alejandro le encanta ponerle la sangre a hervir a marina, ¿cierto? con todo respeto y amor a alejandro, merece una patada en el trasero por presumido y engreído. hasta me comienza a caer muy mal jiji bueh, síguela pronto bonita, me encanta, chau.

JaJaJa la verdad es que si, trata de hacerla enfurecer cada minuto que la ve xd Es cierto, cada vez que Alejando sale con sus cosas me da mas coraje que a Marina D:
Ya la segui, y mañana o hoy mas noche subiré otro :3
Besos xx
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Mar 13 Ene 2015, 1:20 pm

                                                    CAPITULO 5: {Parte2de2}
Los ojos me arden, al igual que la cara, y la garganta me duele, sobre todo, cuando hablo por una vez, decido que no habrá cuento de buenas noches. Arropo a Estela y Leonardo, y me dirijo hacia la puerta para salir y dejarlos dormir.
. –Marina, ¿Nos contaras un cuento? –me pregunta Estela, en medio de la obscuridad.
Me toco la frente. Cada minuto que pasa me siento peor. Intento respirar hondo, no puedo dejar que esto afecte mi trabajo. Asiento con la cabeza.
. -¿Cuál será hoy?
. –Juan sin miedo. –Respondo mientras me siento a lado de los pies del niño.
La garganta me arde más cuando salgo de la habitación. La cabeza me duele más que nunca y tengo los ojos llorosos. Sé que necesito dormir, pero no puedo irme hasta que los señores Lancaster lleguen. Salgo lentamente y me dirijo al salón. Una vez ahí me dejo caer sobre el sillón y cierro los ojos. Poco dura esa tranquilidad, porque una voz me sobresalta. Era Alejandro. Se encontraba sentado en el sillón frente a mí, con un libro en su regazo.
. –Te encuentras bien? Tienes peor cara que de costumbre.
Mi mente se debate entre contestar con amabilidad a su falsa preocupación y devolverle el insulto. Pero como no estoy dispuesta a pensar alguno, asiento y murmuro.
. –Estoy bien, solo un poco cansada.
Alejandro cierra el libro, lo deja en la mesita que tiene al lado y me observa con gesto incrédulo.
. –Pues estas sudando, tienes tos y las mejillas rojas. Yo diría que tienes fiebre.
. –Y yo diría que deberías meterte en tus asuntos. Mi estado de salud es cosa mía. –el me mira unos segundos, y tranquilamente dice:
. –Y mío y de mis hermanos mientras estés en casa. Si estas enferma, podrías contagiarnos.
. –No te preocupes, que nunca me acercare a ti. –dije fríamente. –En cuanto a los niños, te prometo que no voy a toserles encima. Tengo dos hermanos y ninguna medicina en casa. Te aseguro que se cómo evitar que alguien se contagie. Y de todos modos, no estoy enferma. Solo necesito dormir.
Y eso fue lo que sucedió. Alejandro me sacude violentamente, haciendo que me sobresalte. Me incorporo al instante, y siento que mi corazón golpea muy fuerte.
. –Mis padres están entrando por la puerta. –dice susurrando Alejandro mientras me quita de encima una manta que me cubre y me tira un pañuelo de tela. –Sécate el sudor y no se darán cuenta de que estas enferma.
Parpadeo dos veces, atónita y lo obedezco inmediatamente. No puedo apartar los ojos de la manta que tiene entre sus manos.
. –Estabas temblando. –dice, explicándose.  Miro el pañuelo empapado y después lo miro a él. –Puedes quedártelo, si quieres.
La puerta se y aparecen los señores Lancaster, así que me despido cortésmente y me excuso diciendo que.a es tarde. El señor Lancaster me paga y me apresuro a subir a casa sin despedirme ni agradecerle a Alejandro.
»»»»»»»»»»


La casa esta vacía cuando abro los ojos por la mañana. Probablemente padre y Aspen estén trabajado en la fábrica, y madre junto a Ann estén en el mercado. Trato de levantarme de la cama, pero el mundo empieza a dar vueltas sobre mi cabeza. Tengo la frente sudada, me moquea la nariz y la garganta me quema como si hubiera tragado toneladas de carbón ardiendo. Cierro los ojos y cuento hasta cien una y otra vez. Quizá si me duermo, el dolor desaparezca.
Unos golpes en la puerta interrumpen cuando voy a pronunciar el número sesenta y nueve por cuarta vez.
. –Voy. –intento que mi voz suene fuerte y segura. Pero consigo todo lo contrario, que casi doy miedo.
Me levanto poco a poco y avanzo lentamente hacia la puerta sin zapatos, maldiciendo a madre por haberse olvidado de las llaves. Cuando me acerco a la puerta, me da un presentimiento de que es Doña María la que toca la puerta, y que se encuentra aquí para anunciarme que los señores Lancaster requieren de mis servicios. Sin embargo, al abrir la puerta me encuentro con algo infinitamente peor: Alejandro. Tiene el cabello perfectamente peinado hacia atrás, junto con una nube de perfume toxico envolviéndolo, y me mira con los labios apretados. El mal presentimiento se intensifica, y algo me dice  que nunca volveré a la casa de los Señores Lancaster.
. -¿Qué haces aquí? –pregunto, angustiada. El abre la boca, y se queda en silencio. –¿y Bien? ¿Has venido a decirme que estoy despedida?
Alejandro hace una mueca y se alisa la camisa con delicadeza. –Tienes que aprender modales, Marina. –dijo, y al instante me sorprendí que por primera vez me llamara por mi nombre, y no por alguno de sus corrientes insultos. –Debería verte un médico.
. –Primero debería poder pagarlo. Estoy bien, no necesito de eso. Solo necesito descansar.
. –Mentira. No te preocupes, ya me he hecho cargo. El doctor vendrá en una hora. –anuncia. Debo de quedarme atónita, porque dibuja una medio sonrisa, a través de la cual veo sus perfectos dientes. -¿Por qué me miras así?
. –Por que debería venir un doctor?
. –Porque estas enferma, obviamente.
. –Quiero decir que por que tendría que visitarme un medico enviado por ti. –sin pretenderlo, la voz se me escapa de mis labios como un susurro y me coge un ataque de tos que hace que todo mi cuerpo convulsione. –¿O te envían tus padres?
Alejandro mueve la cabeza de un lado a otro, y me coge por los hombros y me empuja hasta una de las sillas de la cocina. Me quedo sentada, abrazándome a mi propio pecho para evitar movimientos bruscos, mientras observo como Alejandro vierte un vaso de agua y me lo extiende.
. –Porque, si estas enferma, no podrás cuidar de mis hermanos y a no ser de que encontremos a alguien que cumpla las expectativas de mis padres, tendré que hacerlo yo.-coge el vaso y lo deja en el fregadero. -¿Dónde está tu habitación? Necesitas tumbarte en ella y tener una buena manta.
Señalo la mano el único pasillo que sale de la cocina. Alejandro con una media sonrisa, me extiende la mano gentilmente dispuesto a ayudarme. Lo miro sorprendida y sin su ayuda, me dispongo a levantarme por mi sola. Él toma mi hombro y me vuelve a sentar con delicadeza. Toma mi mano y coloca su otro brazo en mis hombros, ofreciéndome soporte. Arrastro los pies hacia la primera puerta, incomoda por la atención y por el acercamiento de él. Abro la puerta, y me vuelvo a él, pidiéndole que se marche. No lo hace. Lejos de hacerlo, entra conmigo en la habitación, me tumba en la cama y él se sienta en una silla que se encuentra enfrente de mí.
Lo miro. Nunca le había prestado atención a Alejandro. Es alto, de tez blanca y delgado. Tiene el cabello negro azabache y largo, lo suficiente para recogérselo con una liga. Sus ojos son de color café avellana, que independientemente de su estado de ánimo, estos siempre traen consigo un brillo de tranquilidad y seriedad. Para decir verdad, tiene hermosas facciones. Sacudo la cabeza, aterrada de mis pensamientos. ¿En qué piensas, Marina? ¡Lo odias!
Se da cuenta de mi mirada que Parece que le incomoda, y dice:
. –No me iré hasta que el doctor llegue. Puedes dejar de mirarme así.
. –No hace falta que te quedes. Puedes irte, de verdad. –digo decidida. No soporto tenerlo aquí. –Estoy bien.
. –Deja de replicar y guarda silencio. Mi familia te paga, así que yo mando.
Resoplo y me escondo bajo la manta, dispuesta a no abrir la boca hasta que el doctor llegue. Podría intentar negarme a que me visitara, pero aunque puedo ser orgullosa, no soy estúpida. En mi casa ya habido suficiente pena por culpa de los catarros mal curados como para arriesgarme a repetir lo que mi familia vivió hace mucho tiempo. Yo solo tenía cuatro años, así que apenas recuerdo nada de esos días de angustia, únicamente las lágrimas y los gritos de frustración de madre. Y por supuesto, ese sentimiento de culpa que me acompaña.
. –Ten. –Alejandro está a mi lado, extendiéndome un trapo mojado. Unas gotas de agua caen sobre mi frente y resbalan por mi nariz hasta hacerme estornudar. –Póntelo sobre la frente. Hará que baje la fiebre.
. -¿De dónde has sacado el trapo?
. –He rebuscado entre tus cajones. –dijo encogiéndose de hombros.
. –Ah. –es todo lo que se me ocurre decir. No está bien que se invite a mi casa, mucho menos porque estamos solos y además revuelve las cosas mías y de mi familia sin permiso, pero no me encuentro bien para discutir. Alejandro no dice nada, y yo tampoco lo hago. Así que me tapo con la manta hasta el cuello.
El chillido de la puerta suena. Toso y separo dificultosamente los parpados pesados. Veo a un hombre enjuto, con pelo y el bigote castaños. Es un hombre joven, y va vestido con un traje marrón y un maletín en la mano derecha.
. –Así que tú eres la enferma. –dice, y deduzco que es el doctor.
. –Marina, Si no le importa.
Alejandro aparece detrás del hombre y se coloca junto al cabezal de mi cama. A pesar de que tengo la nariz congestionada, puedo oler el perfume que lo envuelve cuando sus manos se acercan a mi cara. Me aparto instintivamente. Él se mueve de forma rápida y me quita el trapo de la frente, Junto con una mirada de reproche.
. –Este es el Doctor Maxuell. –dice, tranquilo. Me pide que diga y haga algunas cosas, así que obedezco lo más rápido que puedo. Entre más rápido termine, más se ira él y Alejandro.
. -¿Has tenido una enfermedad grave antes?
Miro a Alejandro y luego a doctor, pensando que no me hace ninguna gracia que el mayor de los Lancaster conozca mi historial médico. De hecho, no me gusta la idea de que sepa algo de mí, cuanto más sepa más armas tendrá para utilizar en mi contra. Soy consciente de que no debería seguir desconfiando de él, y menos cuando el salario del médico que está examinándome sale de sus bolsillos, pero no puedo evitarla. Alejandro no me gusta y tengo la sensación de que trama algo. Al notar que los dos presentes me miran, termino por asentir.
. –A los cuatro años cogí una pulmonía y casi….
. –Entiendo. –dice, sonriendo con frialdad, mientras va guardando todos sus artilugios médicos en el maletín. –Bien, no creo que llegues a ese extremo. De todos modos, tienes que cuidarte. Si no, la cosa puede ir peor. Nara de salir de casa y esfuerzos físicos.
Intuyo que va a despedirse, y en ese momento comprendo que no puedo dejar que se vaya sin antes hablar con él.
. –Doctor… ¿Puedo hablar con usted un momento? –le pregunto con timidez. Le lanzo una mirada fugaz a Alejandro y matizo. –A solas, por favor.
El aludido mira a Alejandro, que tras unos segundos de duda asiente, y sale de la habitación. El doctor espera a que la puerta este cerrada y se vuelve hacia mí.
. –Tú dirás.
. -¿Es usted como un cura?
El hombre se ríe. Su bigote parece bailar encima de sus labios. -¿Cómo un cura?
. –Si yo le cuento algo, ¿puedo confiar en que quede entre usted y yo?
. –Por supuesto.
. -¿Me lo promete? –asiente.
 –Tengo miedo –susurro.
–Estás bien, niña –me asegura con un tinte dulce en la voz–. Sólo tienes que cuidarte.
 –No es por eso… Es decir, sí, pero… No lo sé. –La cabeza me duele de nuevo una barbaridad, tanto que incluso elegir las palabras se me hace una tarea casi imposible–. Ha prometido guardar mi secreto, ¿verdad?
–Por supuesto.
–Cuando cogí la pulmonía, se la contagié a mi hermano pequeño. O tal vez él me la contagió a mí… La verdad es que no me acuerdo. Sólo sé que en unos días yo ya estaba mejor, pero que por muchas medicinas que tomara mi hermano, o por muchos cuidados que recibiera, no mejoraba de ninguna manera. La cosa empeoró y sus pulmones no pudieron soportarlo. Murió el día en que cumplía cinco meses.
El día del funeral del pequeño Alejandro  es probablemente el primer recuerdo que tengo de toda mi vida. El día era soleado y a la capilla asistieron poco más de quince personas, lo que no hacía más que recordarnos que Alejandro no había llegado a vivir lo sucinte como para tener una vida y unos conocidos propios. A pesar de que en casa todos evitamos hablar del tema, sé que madre suele ir a visitar su tumba varias veces al año. Yo podría contar con los dedos de una mano las ocasiones en que he ido a ver a mi hermano fallecido. Sé que hay que honrar a los muertos, y así me lo ha repetido madre siempre, pero nunca encuentro fuerzas para cumplir con ese deber. En lo más profundo de mi alma, me siento culpable por haberme curado, mientras que él moría por la misma enfermedad. Ahora tengo la sensación de que Dios me ha enviado ese mal otra vez para correr la misma suerte que mi hermano. Observo al doctor, que no dice nada, y al fin me atrevo a añadir:
 –Lo cuidaron, le dieron todas las medicinas que mis padres pudieron permitirse, y aun así murió. No quiero correr la misma suerte. Dígame todo lo que tengo que hacer para curarme, doctor. No quiero morirme. Niega con la cabeza y me asegura que no empeoraré, siempre y cuando siga sus consejos y tome las medicinas que Víctor me traerá esa tarde.
–¿Era este tu secreto?
Supongo que le parecerá una tontería, pero no lo es. La gente no contrata a nodrizas a quienes se les ha muerto un hijo a edades tan tempranas. Está claro que los señores Lancaster no saben nada de mi hermano Alejandro, y si algún día lo describieran probablemente madre se quedaría sin trabajo y de paso, también yo. Ya conseguí que esta familia perdiera un salario, no quiero que perdamos otro salario.
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por Yess-JaramishanaDirection el Mar 13 Ene 2015, 10:03 pm

MOG!
ALEJANDRO, su hermanito se llamaba ALEJANDRO (me siento famosa porque yo soy Alejandra xD) EN FIN!
PULMONIA, Rayita tenia pulmonía :P Que feio
Ale la ayudo, ALE La ayudo
¿Porque repito todo dos ves, PORQUE? Ok YA
ME ENCANTO SIGUELA
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Vie 16 Ene 2015, 6:50 pm

                                                    CAPITULO 6 {Parten1de2}
Eran las 6:30 de la tarde del domingo, y _______ se encontraba con Niall en un centro comercial, el cual era un hervidero. No podrían dar tres pasos seguidos sin tener que pegar o codear a alguien. El ni lo notaba, porque estaba platicando animado acerca de la boda de su tio. Ella le prestaba atención, sin embargo resoplaba seguido preguntándose porque la gente tiene la obsecion de amontonarse en un mismo sitio. Un chico con pantalones caidos, gorra y una cadena gruesa que colgaba de su cuello se puso delante de ella y se alargo un papel. No quería aceptarlo, asi que se hizo la disimulada. Sin embargo el muchacho insistió, asi que lo acepto de mala gana. Le echo un vistazo y se dio cuenta que era la misma tienda de siempre.
. –Voy a coleccionar estos papeles. No hay dia que no me den uno.
. –Podriamos hacer confeti con ellos y echárselo a mi tio cuando salga de la iglesia.  –bromeo el rubio.
. –Saldrian toneladas. –rio _________. –Y bien, ¿A dónde vamos?
Niall levanto las tres bolsas que llevaba en la mano derecha de forma triunfante. Traje, camisa y zapatos. El kit del asistente a una boda completo. Casi completo.
. –Solo falta la corbata.
. -¡Pero parece que tu seras el novio! –dijo _____. Niall solto una risita por el pequeño enfado de su mejor amiga. Por otro lado, ella se encontraba desesperada de pasar horas buscando la ropa adecuada para Niall, además que fuera acorde a el vestido que _____ usaría como su acompañante.
. –Es la boda de mi tio favorito, tengo que estar aun mas guapo de lo que ya estoy. –Ahora fue el turno de ella para reir.
Media hora mas tarde, salieron de la tienda comercial con una corbata color rosa. _______ le había insistido a Niall que comprara otra, pero cuando la vio el afirmo que era la indicada diciendo “Este es el color de tu vestido, asi que tenemos que ir combinados”, a lo cual respondio bufando y saliendo del departamento, mientras el pagaba. Niall salio y la encontró sentada en una banca en frente del departamento, y fue hacia ella.
. –¿Estas bien? –pregunto mientras se sentaba.
. –Si. Solo estoy cansada. –dijo recargándose en el hombro de Niall.
. –Cansada. –repitio. –Siempre dices eso cuando algo te preocupa. ¿Otra vez ese chico? ¿El chico Sarten?
El chico sarten. Asi había llamado Niall al Alejandro de los sueños de ______, y al misterioso chico de la biblioteca. Según el, la razón era mas que ovbia. A ambos les gustaba leer Peter Pan, y Pan significa en ingles. De modo que los dos ern chico sarten.
. –He vuelto a soñar con el.
. -¿Otra ves? –asintio.
. –Pero eso no es lo peor. –Suspiro, sacando la carta de la chaqueta y se la alargo a su amigo.
. -¿Es de…? –asintio. Niall la abrió y leyó en voz alta: <<Este domingo a las 8 p.m. en la plaza central. Zxx >>
. –Me la dio la bibliotecaria. Dijo que era del chico que acababa de coger Peter Pan, así que supongo…
. –¡Te cita hoy! –la interrumpió Niall sin ninguna contemplación. Miró el reloj y gritó, exaltado–: ¡En menos de quince minutos!
.  –Lo sé.
. –¡Y es aquí al lado!
. –Lo sé.
. –Llegamos de sobra.
. –No.
. –¿Cómo que no?  –Dijo Niall. – ¿Es que no piensas ir?
.  –Claro. Para decirle: «Oye, no estoy loca ni nada por el estilo, pero tengo la terrible manía de soñar contigo noche tras noche. Si pudieras dejar de aparecer en mis sueños, sería un puntazo. Ya sabes, empieza a darme miedo. Gracias por tu atención».
–No seas tan dramática. Tu subconsciente está un poco alterado, nada más. Quizás si lo conoces dejas de soñar con él. Y quién sabe, a lo mejor …
. –No quiero ir –lo cortó ella.
. –Pobre Chico Sartén. ¿Vas a mandarlo a freír espárragos antes de conocerlo? –Niall bromeo. –Vamos, tienes que ir. Creo que eso es lo mejor para poder liberarte de el y de tus sueños.
. –Pero yo no….
. –Sin replica, _______. Vas a ir.
Se dejo llevar sin abrir la boca. En el fondo, pero muy en el fondo, sabia que su amigo tenia razón. Si no acudia a esa ‘cita’ se podría arrepentir. No es que no quisiera, simplemente no se atrevia. ¿Qué hara cuando lo viera de frente?¿Saludarlo al mas puro estilo del siglo xx?
. -¿Esta por ahí?
Habian llegado sin que ________ se diera cuenta. Miro a el rubio de reojo, y le hablo decidida, antes de que el hablara.
. –Espera, Niall. Hay que tomar asiento. –dijo mientras sentia temblar sus manos señalando una de las bancas que estaba enfrente de ellos. Niall camino detrás de ella, y se situo alado en la banca y la miro.
. –Asi que has vuelto a soñar con el.
. -¿Sabes? No es un buen tema de conversación ahora. –susurro sin mirarlo.
. –A veces eres muy insensible. –contesto.
No habían pasado mas de cinco minutos cuando ella lo reconocio. El muchacho de la bibloteca estaba ahí parado, a menos de 30 metros, parado justo en el centro de la estrella del piso. Tomo el brazo de Niall y le dio un apretón.
. –Esta ahí, Niall. El de chaqueta de cuero.
. -¿Ese? ¿El de pantalones negros? –asintio. –Pues, cualquier mujer diría que esta muy guapo. No me extraña que no te lo saques de la cabeza.  
. -¡Niall, por favor! –exclamo un poco avergonzada. Escondió sus manos en la chaqueta y encerró en su puño derecho la nota que la citaba encima del mosaico de la estrella en apenas un minuto. –Nos vemos luego, ¿vale?
. –¡Ni hablar! Quiero verlo. Y no me fío de ti –añadió. –Quiero ver cómo vas hacia ahí.
. –No quiero tener público, así que o desapareces o no me muevo de aquí. –Se cruzó de brazos y, al ver que Niall la miraba travieso, añadió–: Y nada de quedarse por aquí. Id a comprar algo para comer. Luego te llamo.
No replico. Era buena jugada tocarle el tema de la comida, por que al instante se levanto. Se alejo lanzándole un beso y deseándole suerte. Sin embargo, el miraba hacia la dirección de ella, y luego a la dirección de el. Despues de unos segundos se quedo sola, observando antentamente a el desconocido. Alejandro; en sus sueños, Chico Sarten; para Niall, y Z; según la nota que escribió. Respiró hondo e intentó ponerse de pie. Fue en vano. No se sentía capaz de acercarse a él.
Alejandro Lancaster.
Ahí estaba, mirando a su alrededor esperando verla aparecer, sin saber que estaba escondiéndose de él, aterrada como una niña pequeña delante de su peor pesadilla. Miraba el reloj, el móvil y de nuevo a su alrededor. Los minutos iban pasando, uno tras otro, imparables, mientras ella se hundía cada vez más en el fango de sus sueños. Alejandro  andando apresurado bajo la lluvia, llegando a casa de Marina con el doctor, los niños en sus camas escuchando los cuentos de su niñera.
Y ahí delante estaba él, quien fuera que fuese. El chico que la acosaba en sueños. Venia vestido con una chaqueta de cuero, que le daba un toque de chico malo, junto con unos pantalones negros desgastados, y una camisa completamente blanca. Su cabello era un poco mas largo de lo común, pero lo traía perfectamente peinado. Miró su móvil. Pasaban casi veinte minutos de las ocho. Levantó la cabeza hacia el chico, y lo miro. Parecia que buscaba algo en una bolsa de su chaqueta, y segundos después saco un cigarrillo junto con un encendedor. Se sorprendio al verlo fumar. Camino hacia la puerta que tenia acceso al exterior y se quedo ahí, fumando tranquilamente. Despues de unos minutos, apago el cigarrillo. Camino de regreso al lugar donde se encontraba, volvió a buscar en su chaqueta, pero esta vez, saco un paquete de chicles y se llevo a la boca uno. Se sento en una banca, y empezó a mirar alrededor, y justo ahí, sus miradas se cruzaron.  Fue sólo un instante, pero el mundo empezó a temblar bajo los pies de ella, que de forma instintiva se tumbó en el banco para evitar que la viera. Acudir a la cita había sido un error. Un error garrafal. Cruzó los dedos y rezó para que no la hubiera reconocido. Dejó pasar unos minutos antes de reincorporarse lentamente. Seguía ahí, esta vez con una pierna doblada y el cuerpo encorvado hacia delante. Parecía un flamenco. La chica estiró un poco el cuello y vio que estaba escribiendo algo. A los pocos minutos se sentó y siguió escribiendo cerca de un cuarto de hora ante la atenta mirada de ______, que había quedado hechizada bajo el onírico recuerdo de Alejandro.
De pronto se puso de pie y se volvió tan rápidamente hacia ella que no fue capaz de reaccionar. Esta vez no tuvo dudas: la había visto. Sin embargo, en lugar de acercarse a ella, todo cuanto hizo fue alzar su mano derecha, con la que sostenía un papel doblado. Esperó unos segundos y lo dejó caer al suelo.
 Sin hacer nada más, dio media vuelta y echó a andar en dirección contraria.
_____  parpadeó y comenzó a reír. Surrealista, aquella situación era completamente surrealista. Una bandada de palomas echó a volar y la hizo reaccionar. El papel. Tenía que cogerlo antes de que otra persona lo hiciera o saliera volando por el viento. Echó a correr hacia el centro del mosaico. Ahí estaba: una mancha blanca en la estrella color crema del suelo. Se abalanzó sobre él segundos antes de que una paloma lo convirtiera en su pista de aterrizaje particular.
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por Yess-JaramishanaDirection el Sáb 17 Ene 2015, 8:11 am

Perdon por no estar comentado pero pasarin unos problemillas c:
Asi que qiero avisarte que leere tus caps pero no comentare mucho!! 
Aun asi ya lei todo lo pendiente y me encantó siguela
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por Invitado el Sáb 17 Ene 2015, 9:40 am

no me había pasado, y no tienes ni idea de cuánto lo siento; es que recién inicio curso y me tiene estresada todo, mi horario extenso, y para no aburrirte tanto, dejo eso de lado, y te pido perdón, lo siento mucho :c me encantaron los tres capítulos ♥ pobre chris, mi bebé :c ow, anduve por su casa, e.e y po, sigue pareciéndome intrigante la historia de marina y alejandro. ¿la citó al parque? oie cyh ♥ quiero saber que decía la dichosa nota, ese zayn es re intrigante, eh. síguela pronto, adoro como escribes, simplemente perfecto, es tan precioso, y quiero leer más capítulos, de nuevo perdón por no pasarme y po, eso, síguela tan pronto como puedas, chau preciosa.
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por CrisCauich el Dom 18 Ene 2015, 9:07 pm

Tarde mucho en comentar pero aqui estoy, me gusto mucho, sabes me recuerda a una pelicula que me contaron una vez sobre un chico que viaja por el tiempo pero no es como que el lo quiera es como ¿su ciclo de vida? Algo asi el cado que se enamora de una chica y ella dr el pero no pueden estar juntos porque se va a otra epoca algo aso bueno me recuerda a eso aunque creo que ni la pude explicar bien. En fin siguela for please
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Lun 19 Ene 2015, 7:03 pm

                                                            CAPITULO 6 {Parte2de2}

Alejandro se ha marchado con el doctor Maxuell, no sin antes asegurarme que volvería por la tarde. Sus palabras me han sonado a amenaza, aunque sé que esa no era su intención. Madre ha llegado poco después de que se fueran, y al encontrarme en la cama, empapada en sudor frío, ha empezado a temblar. No hace falta ser adivino para saber que ella recuerda al pequeño Alejandro tanto como yo, y que la idea de que la historia pueda repetirse la atormenta. Quiere llamar al doctor inmediatamente, y aunque yo no tenía intención de explicarle lo ocurrido esta mañana, me veo obligada a hacerlo. Pagar a otro médico sería tirar el dinero a la basura. Además, el jarabe que me ha dado el doctor Maxuell está empezando a hacer efecto. La cabeza ya no me duele tanto y la fiebre ha bajado. Madre está sentada en la mecedora que ha colocado junto a mi cama, zurciendo ropa de algún cliente. De vez en cuando, me mira y exhala un suspiro. Le he asegurado que me encuentro bien y que en unos días estaré como nueva, pero, como era de esperar, eso no la tranquiliza en absoluto. Es lo mismo que dijo el médico que atendió a mi hermano Alejandro. Las campanas de la iglesia del barrio resuenan anunciando que ya son las seis de la tarde al mismo tiempo que alguien llama a la puerta. Madre me sonríe y sale de la habitación cojeando.
–Marina, tienes visita –me anuncia con voz sorprendida cuando regresa. Está claro que no esperaba ver al chico que ahora está entrando en mi habitación–. ¿Quiere tomar algo, señorito Alejandro?
Este niega con la cabeza secamente y le pide a madre que nos deje solos. Veo en la cara de ella su expresión de titubeo. No es apropiado que un chico soltero se quede a solas con una joven soltera, pero de todos modos se afana en desaparecer sin decir nada.
–¿Cómo te encuentras?
 –Mejor –respondo con un hilo de voz. A pesar de que me había advertido de su visita, estoy casi tan sorprendida como mi madre. Víctor se está tomando demasiadas molestias. Él asiente, serio, y me deja una bolsa de papel sobre la mesilla de noche.
–He hablado con mis padres y no van a necesitarte esta semana, así que no pierdas el tiempo y recupérate pronto.
–Pero… –murmuro, aterrada. Durante los tres meses que he trabajado para los Lancaster, me han llamado como mínimo tres veces por semana. El presentimiento de que Alejandro sólo está siendo amable para asestarme la puñalada final, es decir, comunicarme mi despido, se intensifica por momentos
–¿Estoy despedida?
 –No, pero estás enferma y no puedes trabajar. Lo entienden, así que esta semana reducirán sus salidas o las haremos en familia. Supongo que nos irá bien. Clara y Gabriel apenas pasan tiempo con mi padre. Y ya no digamos Xavier.
Me muerdo los labios, deseando poder confiar en sus palabras, pero no me fío de él. No me gustan sus ojos, tan fríos y altaneros, ni esa pose de seriedad que nunca abandona.
–El doctor Gracián me ha dicho que tienes que tomarte tres cucharadas al día del jarabe de la botella grande. El de la botella pequeña es sólo por si te dan ataques de tos. En unos días ya te encontrarás bien.
–¿Por qué haces esto? –Las palabras se escapan de mi boca con un tono demasiado exigente. Alejandro me mira de arriba abajo sin despegar los labios, escrutándome–. No te gusto, ¿recuerdas? Soy impertinente y maleducada.
–Y en lugar de darme las gracias por preocuparme por la salud de mis empleados, me exiges que te dé explicaciones –me reprocha. Clava sus fríos ojos en los míos y masculla–: Puede que no me gustes, pero a Clara y a Gabriel sí. De hecho, te adoran. Si empeoras, mis padres te echarán y eso no les gustará a mis hermanos. Así que todo esto es por ellos.
No deja de sorprenderme el hecho de que Alejandro anteponga las opiniones y los deseos de los niños a los suyos. Disimulo mi sorpresa y hago un movimiento comprensivo con la cabeza.
 –Por supuesto.
 Me vuelvo en dirección opuesta a él y me acurruco bajo la manta, suponiendo que, ahora que me ha dado las medicinas y ha dejado claro el porqué de su actuación, Alejandro ya puede irse. Sin embargo, oigo cómo se sienta sobre la cama de Ann y carraspea para que me vuelva hacia él.
–Te he oído.
–No he dicho nada –murmuro mientras voy dando la vuelta sobre mí misma para mirarlo. Está sentado con las piernas abiertas y los codos apoyados en estas. Ha unido las manos a la altura de su pecho, entrelazando los dedos, y apoya la cabeza sobre ellas.
–Antes, cuando hablabas con el doctor Maxuell.
Me levanto de un salto, asustada e indignada a partes iguales. La cara me arde de puro enfado y tengo ganas de tirarle el quinqué apagado a la cabeza. En lugar de eso, aprieto los labios hasta que me hago daño. La cabeza me da vueltas por mi gesto brusco al levantarme, y aunque deseo dejarme caer de nuevo sobre la cama, mantengo la vista fija en Alejandro.
–Era una conversación privada –mascullo, aunque dudo mucho que el señorito entienda qué significa esa palabra.
–Te diría que no era mi intención, pero mentiría. –Traza un amago de sonrisa, que desaparece cuando se da cuenta de la fuerza de mi enfado.
–¿No te han enseñado modales? ¡No se escucha detrás de las puertas!
Estoy nerviosa y no puedo evitar que mi voz truene. Me duele la garganta al pronunciar cada sílaba, pero ahora eso no me importa. Que Alejandro  sepa de la muerte de mi hermano no puede traer nada bueno.
–No voy a decir nada –asegura, como si me leyera la mente.
–No te creo.
Se pone de pie y me alarga la mano en un gesto de buena voluntad.
–Te lo prometo.
Miro su mano, con las uñas cuidadosamente recortadas, y luego su cara, en la que encuentro una expresión amable.
–Una promesa es una promesa –le advierto.
Parece sincero, así que me doy por vencida y le tiendo la mano, que coge de forma vacilante para sellar el trato. Espero que la retire al momento, pero en lugar de eso se queda mirándome con los labios apretados. Trago saliva, incapaz de apartar mi mirada de la suya, fría pero cercana al mismo tiempo. Por primera vez desde que nos conocemos, siento que está mirándome como a un ser humano, no como a un mueble o un ornamento más. Mi mano arde al contacto con su piel fría y mi cuerpo destemplado se estremece por el contraste de temperatura.
–Entonces, si no vas a decirles nada, ¿por qué me lo has contado? ¿Por qué sigues aquí?
Al escucharme hablar, Alejandro parece darse cuenta de que nuestras manos aún están en contacto. Retira el brazo bruscamente y se frota la mano con la pernera del pantalón. Quiero decirle que no va a contagiarse por tocarme; quiero gritarle que odio la forma en que me mira siempre, que odio sus desprecios y sus desaires, sus miradas de superioridad, y que no es más que un señorito rico que no aprecia lo que tiene. Son tantas las cosas que deseo decirle que no me sale ninguna, y en lugar de desfogarme me quedo callada viendo cómo se retira. Antes de cerrar la puerta a sus espaldas, oigo que murmura:
–Buena pregunta.
 

Alejandro no vuelve a visitarme en los siguientes cinco días, y aunque yo me alegro por ello, madre se extraña. He intentado explicarle la razón por la que contrató a un doctor para que me examinara, pero o no me escucha o no quiere hacerlo, porque sigue repitiéndome que él siente cierta simpatía por mí y llamándolo mi «amigo», algo que está muy lejos de ser. No le digo que apenas nos soportamos y que cuando tenemos una conversación a solas el mundo tiembla; hacerlo sería como pedir a gritos un sermón sobre lo importantes que son las relaciones sociales, y más aún cuando estas incluyen a un burgués. Me guardo ese secreto para mí, del mismo modo que madre no le dice nada a padre sobre el doctor Maxuell. Cuando pregunta, le dice que me ha visitado el doctor Sagrera, nuestro médico habitual, y que le hemos pagado con mi sueldo. Si padre supiera que otro ha pagado al médico, iría inmediatamente a devolver el dinero a los Lancaster, y eso es algo que no podemos permitir que ocurra. Por una parte, no estoy segura de que los señores Lancaster estén enterados de lo que ha hecho su hijo, y por otra, el dinero no nos sobra. Yo no le pedí ayuda, de modo que no le debo nada. Madre, mucho menos orgullosa que mi padre, no puede estar más de acuerdo:
–Es mejor tragarte tu orgullo y tener alimento en el plato con el que acompañarlo que intentar llenar la barriga sólo con él. –sentencia mientras prepara la comida. Estoy sentada en el escaño de la cocina, tapada con varias mantas tan ajadas que aún siento algo de frío colándose por sus filamentos.
–Padre se enfadará si lo descubre –murmuro. Madre se vuelve, me mira con sus ojos negros y sonrientes y se encoge de hombros. Los años han arrugado su rostro, en otro tiempo delicado como el de la señora Lancaster. Pero a madre no le importa, como tampoco presta atención a los cabellos blanquecinos que empiezan a poblar su cabeza. Dice que tiene demasiadas cosas en la cabeza como para que quepan esas tonterías. Noto en su expresión lo cansada que está, y no puedo evitar sentirme culpable. Durante estos últimos cinco días ha tenido que encargarse de todas las tareas de la casa, e incluso ha tenido que ir al lavadero a lavar la ropa de la que tenía que encargarme yo esta semana. Podría haberles dicho a los vecinos que estos días no podría hacer sus coladas, pero padre dijo que de ningún modo podíamos prescindir de esas pagas.
–Debería bajar a decirles a los Lancaster que ya me encuentro bien –comento.
Madre suspira y asiente. Aunque ella querría que guardara cama unos días más, padre es de la opinión de que todo esto es una excusa para holgazanear. Me levanto y me despido antes de salir.
–Ahora vuelvo.
Bajo las escaleras poco a poco, eternizando el momento. Por primera vez en días, estoy sola de verdad, sin nadie mirándome como si fuera la última vez que lo hiciera. Aunque sólo he cogido un resfriado, ha sido suficiente para resucitar el fantasma de mi hermano, cuyo recuerdo no me deja tranquila ni un segundo.
 –¡Marina!
La señora Maria me llama con voz alegre y me hace un gesto con la mano para que me acerque. –¿Cómo te encuentras, niña?
 –Mejor, gracias –respondo secamente. No tengo ganas de hablar, al contrario que la portera, que empieza a parlotear sobre lo preocupada que estaba por mí.
–Deberías cuidarte más, hija. En esta época los resfriados son muy malos, pero bueno, ya lo sabes, ¿qué te voy a contar a ti? Tu pobre hermano, tan pequeño… –Suspira de forma melodramática.
Asiento con la cabeza enérgicamente, dándole a entender que no tengo ganas de escucharla. Como de costumbre, pasa por alto mis insinuaciones y sigue cotorreando. Aprovecho unos segundos en que toma aire para despedirme, alegando que llego tarde a trabajar. La portera me ofrece una sonrisa desdentada y me dice adiós, no sin antes recordarme que me tape. Golpeo la puerta de servicio varias veces y en cuestión de medio minuto aparece Eduardo, el mayordomo de la familia.
–¿Se encuentran los señores Lancaster en casa?
 –Me temo que no, pero puedes hablar con el señorito Alejandro si quieres.
 No deja de sorprenderme escuchar al mayordomo tuteando a alguien. Aunque habla poco, siempre se dirige a todo el mundo tratándolo de usted, incluidos Clara y Gabriel. Supongo que me pone a su mismo nivel, si no en uno inferior, por lo que los formalismos no son necesarios. Accedo con un movimiento afirmativo de cabeza y él me hace un gesto con la mano para que entre. Lo sigo hasta el piso superior y me quedo esperando junto a la barandilla de la escalera mientras Eduardo va a buscar a Alejandro. Regresa en menos de un minuto y me indica que pase al salón.
 –¿Y bien? –me pregunta Alejandro, que está sentado en uno de los sillones, cuando el sirviente cierra la puerta a mis espaldas.
–Ya me encuentro mejor.
–Bien –dice, y me mira expectante, como si esperara que dijese algo más.
–Puedo volver a trabajar cuando lo necesitéis.
–¿Qué tal ahora? –No soy capaz ni de pestañear.
–¿Ahora? –balbuceo.
–Mis padres se han ido a pasear con Christian, y Estela y Leonardo están solos arriba. Podríamos ir a dar un paseo.
–¿Podríamos?
–¿Es que no sabes hacer nada más que repetir lo que yo digo?
Dudo, abro la boca para decir algo, cualquier cosa, pero la cierro al instante. Aunque debería volver a casa para ayudar a mi madre, enseguida pienso en padre y en el consejo que más le he oído decir durante mis años de vida: si puedes trabajar, hazlo. Así pues, asiento, aunque no logro disimular mi incomprensión.
–Quiero pasar algo de tiempo con mis hermanos –se justifica. Se levanta y sale de la habitación sin decir nada. Tengo la tentación de decirle que puede hacerlo sin mí, simplemente yendo arriba y jugando con ellos, pero me abstengo de cualquier comentario. Padre también me ha enseñado a no cuestionar jamás las opiniones de quien te paga.
–¡Marina! –grita Clara al entrar en el salón. Se me acerca corriendo y se tira encima de mí. Me da un sonoro beso y me acaricia las mejillas con sus diminutas manos–. ¿Ya no estás enfermita?
–¿Me ves mala cara?
Ella niega fervientemente con la cabeza y se ríe. –Te he echado de menos. Alejandro es un aburrido –se queja la niña señalando a su hermano mayor, que entra acompañado de Leonardo.
–Lo sé –le murmuro al oído para que Alejandro no me oiga.
–¿Nos vamos de paseo?
–¿Adónde? –inquiere Leonardo, alzando la cabeza para mirar a su hermano.
–A donde queráis. La señora Maria nos mira con curiosidad cuando salimos del portal.
 –Maria, dígale a la señora Rosa que su hija está trabajando.
Como si las palabras de Alejandro fueran mágicas, Maria se levanta de la silla y sale corriendo hacia mi casa.
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Lun 19 Ene 2015, 7:09 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Perdon por no estar comentado pero pasarin unos problemillas c:
Asi que qiero avisarte que leere tus caps pero no comentare mucho!! 
Aun asi ya lei todo lo pendiente y me encantó síguela

Hola!
Ntp, yo estoy igual. Acabo de empezar mi ultimo semestre de bachillerato y estoy super llena de actividades. Tratare de seguir subiendo capitulo, y en cuanto a lo tuyo con que de repente comentes esta bien, como quiera gracias por avisarme :)
Gracias! Me alegra que te guste, y espero que siga siendo asi :3
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Lun 19 Ene 2015, 7:14 pm

niall. escribió:
no me había pasado, y no tienes ni idea de cuánto lo siento; es que recién inicio curso y me tiene estresada todo, mi horario extenso, y para no aburrirte tanto, dejo eso de lado, y te pido perdón, lo siento mucho :c me encantaron los tres capítulos ♥ pobre chris, mi bebé :c ow, anduve por su casa, e.e y po, sigue pareciéndome intrigante la historia de marina y alejandro. ¿la citó al parque? oie cyh ♥ quiero saber que decía la dichosa nota, ese zayn es re intrigante, eh. síguela pronto, adoro como escribes, simplemente perfecto, es tan precioso, y quiero leer más capítulos, de nuevo perdón por no pasarme y po, eso, síguela tan pronto como puedas, chau preciosa.


Hola!
No te preocupes, que yo estoy igual :c Acabo de empezar mi ultimo semestre de bachillerato y estoy super llena de actividades y cosas asi, asi que tal vez me tarde un poco en subir un capitulo. Asi que te entiendo a la perfección :3
JaJaJa Zayn será muy intrigante en esta historia, traera a la rayota alusinando un rato, mientras que Alejandro seguirá de pesado y engreído con Marina. Hara muchas travesuras! baba
Asi que esta novela tendrá de todo, y espero que te sigua gustando :)  
Ya la sigo Linda xx
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Lun 19 Ene 2015, 7:19 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Tarde mucho en comentar pero aqui estoy, me gusto mucho, sabes me recuerda a una pelicula que me contaron una vez sobre un chico que viaja por el tiempo pero no es como que el lo quiera es como ¿su ciclo de vida? Algo asi el cado que se enamora de una chica y ella dr el pero no pueden estar juntos porque se va a otra epoca algo aso bueno me recuerda a eso aunque creo que ni la pude explicar bien. En fin siguela for please

Hola!
Me alegra que te siga gustando como ahora, y que sigas de cerca la novela baba
Es algo parecida a esto. La verdad es que en lo personal, no es porque yo estoy escribiéndola, me encanta. Tiene ese toque de amor tradicional tan hermoso <3
Ya la sigo xx
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

Mensaje por JessikaFlorydha1D! el Jue 22 Ene 2015, 8:29 pm

                                                    CAPITULO 7 {Parte1de2}
. -_______!
No podía ser posible.
. –Has vuelto a quedarte dormida, mujer.
Podia serlo.
Yesslin la miraba exigiendo una respuesta, pero a la vez, preocupada por su amiga. Alargo la mano y se la coloco en la espalda. ____ se levanto y miro alrededor para saber en donde estaban. En la cafetería de la universidad. Deberian de estar en la hora libre después de Estadistica. Suspiro y miro a Yesslin.
. –Hablabas en sueños. –Le dijo ella. Al no recibir respuesta, la preocupación se adueño de su rostro. –No me digas que tu haz vuelto a soñar con…
Miro el sándwich que acostumbraba comer a esa hora, y se dio cuenta que estaba completo. No recordaba haberle contado su extraña historia con el chico de la biblioteca, pero al instante recordó. Lo hizo en la primera hora. El profesor de Etimologias no había asistido a las clases, asi que tuvieron libre, y aprovecho para contárselo a Cristel y Yesslin. Las dos se sorprendieron por igual, sin embargo, no supieron de que manera ayudarle. Se sentía desesperada.
. –Empieza a ser muy…
. –No digas nada, por favor. –pidio ella. Cualquier adjetivo se quedaría corto.
. –Pero…
. –Nada.
Yesslin la miro. Miro alrededor y se acerco a ella para preguntarle: -¿Cómo ha ido la cita?
. –Te dije que bien.
. –Pero….
. –Pero ¿¡Que!? –gruño.
. –Te has ido, ¿no?
. –No. –respondio. Yesslin le dio una mirada dudosa.
. -_____...
. -¡Bien! No me he movido del banco. –se rindió ella–. Ya, ya lo sé… Quería hacerlo, pero… Es raro, ¿vale? Demasiado. Lo siento. Pero… –Suspiró y le tendió la segunda nota a Yesslin, que la observaba sin atreverse a pestañear
. –Antes de irse me ha mirado, ha levantado una mano, me ha enseñado esto y lo ha dejado en el suelo para que lo cogiera.
Yesslin lo cogio, dispuesta a a leerlo, pero ella se lo impido.
. –Espera a la salida. Quiero leerla cuando este Niall. –Yesslin asintió, y la abrazo, tratando de reconfortarla.
 

Sabia que recogerias el papel.
Hola, por cierto.
Te he visto. Y tu me haz visto a mi. Si no, no tendrías esto en tus manos ¿Cierto?
Me acercaría a saludarte, pero por la forma en que me mirabas, creo que no te gustaría. ¿Sabes? No me sorprende en lo absoluto. Quiza sea porque me han dicho un par de veces que tengo pinta de acosador. O tal vez de loco. Pero, si tengo pinta de acosador…. ¿Por qué has venido? ¿Estaras loca también?
Me sorprende que hayas venido. Supongo que lo has hecho porque quieres saber quien soy, ¿Es asi? Sin embargo, no haz terminado tu camino hacia mi. Algo te ha hecho venir, y estoy casi seguro que eso mismo te ha impedido acercarte en los mas de veinte minutos que has estado sentada a 30 metros de mi. Pero el caso, es que sigues ahí. Asi que voy a fingir que te tengo delante de mi.
Me llamo Zayn. Zayn Javadd Malik. (Por favor, omite el Javadd, no me agrada) Se que es un nombre poco común, pero asi es la verdad. Te diría que soy el vigilante del reyno literario infantil, y por esa causa es que nos topamos en la biblioteca, pero seria absurdo. Asi que me conformo con decirte que soy un simple estudiante de Idiomas. Mi ideal es ser maestro de Ingles. Y si te preguntas, la respuesta es si. El libro era para mi.
Ademas de eso, tengo aficiones. Ya sabes, música, en especial R&B. Literatura, ya sabes cual. Amigos, muchos. Pero tengo un gusto especial. Me encanta comunicarme con desconocidas a través de notas. ¿Verdad que soy sorprendente?
Alergias, no tengo. Fobias, tampoco. Bueno, a excepción del agua. Al mar, lo odio. ¿Tu no lo odias? Resulta sorprendente saber que por fuera es hermoso, pero adentro tiene cosas horribles como los tiburones. Tengo vicios, claro. Solo uno, fumar. Y creo que ya lo has visto, lo cual lamento.  Dicen que la primera impresión es la mas importante, y espero no haberlo arruinado contigo.
Me estoy aburriendo si solo hablo yo. Voy a mirarte y….
No, no quieres acercarte. Mal hecho, soy un idiota.
¿Nos vemos mañana? Quizas en un lugar menos concurrido. ¿La plaza Lincoln? ¿A las 7?
Hecho pues.
Tengo impresión de que vendrás, espero no equivocarme.
Zayn xx.

 

 –¿Qué vas a hacer?
Se encogió de hombros. Después de leer la carta por onceava vez, había decidido vencer la curiosidad y no acudir a la cita del día siguiente, pero el último sueño había trastocado sus planes. Se suponía que iban a desaparecer en cuanto volviera a ver al Chico Sartén. O al menos eso habían creído Niall. Estaba claro que se equivocaban y que su mente seguía tan dispersa como los últimos días. Conocerlo no era la solución.
. –Deberías despejarte un poco –le aconsejó Niall al tiempo que salían de la universidad. –En serio, tienes que olvidarte de todo esto. Haz lo que sea: toma una valeriana antes de ir a dormir, o somníferos, o calmantes… Pero haz que esto pare. No vayas a verlo mañana. Si quieres, te busco una cita. Creo que la necesitas.
Tenía razón. Niall siempre tenía razón. Y aun así, ella sólo podía pensar en la cara de Zayn esperando una vez más.
. –Hablo en serio. No vayas.
. –No te preocupes –dijo. Su amigo resopló y le devolvió la carta.
Terminaría haciendo lo que quisiera, como siempre, y _____ no se caracterizaba precisamente por sus buenas decisiones. A veces parecía que vivía sobre una nube de algodón de azúcar. Le hubiera gustado insistir, pero no era el momento, de modo que optó por dejar el tema.
. –Escucha esto. –dijo Yeslin. - He quedado con algunos amigos de clase. Iremos a cenar y a tomar algo. Te paso a buscar a las nueve, ¿de acuerdo?
. –No me apetece. Estoy cansada.
. –Quiza yo las pueda acompañar. –dijo Niall.
. –Necesitas despejarte, ____.
. –Lo que necesito –gruñó ella– es un poco de normalidad. No entiendo nada. Sigo soñando con él, y con Marina, y Aspen, Ann, María, los niños Lancaster y… Y yo… Creo que estoy volviéndome loca. Mi cabeza va a explotar de un momento a otro. Me da miedo cerrar los ojos. ¿Cuánto rato he dormido en el tren? ¿Dos minutos? ¿Tres? A mí me han parecido días enteros. Estoy volviéndome loca. No lo estoy, ¿verdad? –Ellos miraron durante unos segundos, sin atreverse a responder a su pregunta.
. –Oye, quizás te parezca una tontería, pero… ¿Chris no va al psicólogo cada miércoles? Podrías intentar hablar con él. Seguro que te da una buena explicación a todo esto. El cerebro es un gran desconocido para…
. –Ni hablar. Chris ya tiene suficiente con sus problemas como para que le haga cargar con una hermana demente.
. –Tú piénsalo mientras escoges qué ponerte esta noche, ¿de acuerdo?
. –Te he dicho que no voy a ir.
. –No es opcional –dijo Niall encogiéndose de hombros–. Y ni se te ocurra ir a esa maldita plaza mañana. A las nueve en tu portal, ¿de acuerdo?
_____ lo miró de hito en hito y chasqueó la lengua. Era inútil discutir con Ellos. Además, en el fondo sabía que tenía razón. Debía olvidarse del Chico Sartén y la mejor manera era llenar su cabeza con música y una noche banal con sus amigos.
. –De acuerdo.
 Cuando se separaron, a apenas dos manzanas de su casa, Abril había tomado una decisión. Le había hecho dos promesas a Héctor y estaría mal romper las dos, de modo que iba a cumplir al menos una de ellas.
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Re: 'Los Dias, nuestra distancia' |ZaynMalik&Tu| {Se necesitan lectoras}

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