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Camp Ukiki |NC|

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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Rumplestiltskin. el Miér 07 Ene 2015, 8:55 pm

WIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII  

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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por prinsloo. el Jue 08 Ene 2015, 8:30 pm


Capítulo 01
Jenna Malone



Jenna elevó su cabeza para poder apreciar aquel cielo azul despejado, a su lado observó a Allfrie, aquel duende era su mejor amigo desde sus cuatro años cuando él empezó a visitarla en casa, sus padres jamás le habían tomado importancia a la supuesta presencia de aquella pequeña criatura considerando la grande imaginación de la rubia. El campo en que se hallaba Jenna, irradiaba vida, Allfrie junto a ella empezó a correr por el jardín, Jenna soltó risitas y lo imitó.

Se sentía feliz por alguna razón que desconocía, la alegría que experimentaba no era de aquellas que suponían ser una euforia momentánea con el presentimiento de que acabaría muy pronto, Jenna era capaz de dar volteretas en el aire, se sentía capaz de hacer todo.

— No me dejes, Jenna, no dejes que me lleven.— pronto volteó Allfrie para poder alzar la voz mientras seguía corriendo, Jenna se paralizó, y su sonrisa se esfumó de sus labios.

Escuchó un trueno a lo lejos, el cielo azul claro de hace algunos segundos de volvía de un color grisáceo. Las nubes se concentraban sobre la figura de la muchacha. Pronto, el duende enano desapareció de su vista, la rubia miraba a sus alrededores pero seguía sin respuesta, estaba sola.

La chica despertó sudorosa, abrió los ojos bruscamente, y tomó asiento en el colchón de su cama, respirando agitadamente. Desde hacía un año que no veía a Allfrie, sin embargo su presencia era lo único que tenía de bueno en sus sueños, pronto se volvían oscuros, y casi siempre era la misma forma que despertaba.

— Cheshire, ven aquí— llamó a su gato en sus susurros, y el animal se levantó pesadamente del cojín donde se hallaba durmiendo y saltó hacia el regazo de Jenna, la chica lo arropó con sus brazos y pudo casi jurar que el felino sonrió casi al igual que el personaje de cuento de hadas que llevaba su mismo nombre.

Volar siempre le había gustado a Jenna, era parte de su fantasía poder volar por sí sola algún día. Sentada en el asiento continuo a su madre y una señora de edad avanzada, disfrutaba del bocadillo de avión, mientras se dirigía rumbo a Canadá.

— Me encantan los aviones, además prefiero volar que viajar en el mar.— Comenzó a hacerle conversación a la señora de cabellos grises. Parte del encanto de la rubia, era su carisma al conocer nuevas personas.— Recuerdo que cuando era pequeña un tiburón atacó el barco de mi padre cuando él había ido a bucear, y cuando volvió luchó con el tiburón y lo mató. Pero a pesar de eso, no me gusta viajar por barco, prefiero la comodidad del avión, como usted.— le sonrió a la mujer que la miraba con suma atención.

— Jenna, basta, no molestes a la señora.— le recriminó su madre luego de haber suspirado repetidas veces durante la historia de su hija, la cual consideraba completamente falsa.

— No es ninguna molestia, todo lo contrario, su hija es una persona encantadora. — dijo la señora al lado con una sonrisa cálida.— Debes estar muy orgullosa de tu padre, Jenna.— continuó mirando a la rubia.

— Lo estoy, papá es un hombre asombroso.— respondió. Luego de un rato, Brooke Malone se dirigió al baño dejando a su hija en compañía de la anciana señora.— Gracias por considerarme una persona encantadora, nunca suelen creerme, mi mamá piensa que sólo miento porque papá aún no le han contado sobre eso. Pero jamás suelen creerme y siempre se alejan de mí, como por ejemplo cuando les dije a mis amigos que trabajaba para la NASA, como parte de un experimento.— dijo apenada mientras la señora a su lado, luego de sonreírle levemente, cerraba sus ojos.



{❀ ❀ ❀}



— ¿Tiene alguna idea de por qué la señora Broodist se desmayó en el avión, señorita Malone? — le preguntó el oficial del aeropuerto.

En su vida, la rubia sólo había visto aquellas salas de interrogación policial en las películas, ahora se encontraba con aquella luz blanca apuntándola mientras todo el resto de la sala se hallaba en pura oscuridad.

— No lo sé, oficial. Estaba hablando con ella sobre cuando fui un experimento de la NASA, y luego cerró sus ojos, supuse que a dormir.— respondió ella, estaba nerviosa, no le gustaba aquella sala de interrogatorio.

— Jenna, basta de mentiras, tú jamás has sido un experimento de la NASA, y mucho menos tu padre luchado con un tiburón. Basta de mentir, esto es serio.— habló Brooke desde algún lugar de la oscuridad donde su hija no podía verla, su voz se hallaba irritada.

— No miento, puedo jurarlo. Tú nunca me crees, mamá.— habló con la voz rota llena, estaba sumamente angustiada, no por ella, sino por la pobre señora que se había desvanecido en el avión a su lado.— ¿Podrán hacer algo por la señora Broodist? ¿Estará ella bien?— le preguntó al oficial frente a ella.

— Supongo que sí, reaccionó hace una hora, pero no quiere hablar.— le respondió éste.

— Eso es todo. Oficial ¿puedo hablar a solas con usted?— dijo Brooke molesta.



{❀ ❀ ❀}



Brooke Malone miraba con el ceño fruncido hacia la ventana del taxi, se habían retrasado un par de horas en aquel aeropuerto, y detestaba llegar tarde, llegar apenas cinco minutos antes, eran para ella una hora tarde. Jenna se encontraba encogida en el asiento, mientras sus rubios cabellos se despeinaban con la brisa de aire que entraba por la ventanilla del automóvil. Su madre le había hecho sentir totalmente culpable por el accidente que la señora Broodist había tenido, y ella sólo deseaba que su padre estuviese allí, él era el único al parecer que podía controlar a su mujer, y él único que jamás había dudado de lo que decía ella.

— Tienes suerte que Lilian atendió el teléfono, te hubieras metido en un gran problema de no ser por ella, gracias al cielo que pudieron confirmar tu diagnóstico.— habló la mujer castaña por primera vez desde que habían abandonado el aeropuerto.

— ¿Es necesario que vaya a este campamento? Me encuentro bien con Lilian y con papá en casa...— comenzó la muchacha.

— No digas tonterías, Jenna, llegarás tarde y encima te rehusas a ir.

— No me estoy rehusando, se que me ayudará, pero extrañaré mucho Irlanda, Allfrie siempre ha ido a visitarme solo en casa, y hace tiempo que no lo veo...

— Basta Jenna.— habló firmemente Brooke, mientras la rubia se daba por vencida.



{❀ ❀ ❀}



— Estás tarde, apresúrate.— Brooke tronaba sus dedos, luego de bajarse del taxi que las dejó en las puertas del campamento, las cuales estaban casi vacías, con ningún campista a la vista, todos ya debían estar adentro.— Toma tu mochila y ve a buscar cuál es tu cabaña.

— Cinco minutos no es tan tarde, madre.— suspiró la muchacha.— Te voy a extrañar mucho.— la mueca de Brooke cambió y sonrió.

— Yo también, pequeña, te quiero mucho, ahora ve.— dijo luego de abrazarla.

Jenna tomó su par de mochilas y comenzó a correr hacia donde parecía encontrarse el tablón de actividades. Estaba emocionada porque sería su primera vez en un campamento, pero andaba tarde y era consciente de que llegar con la excusa de que fue detenida por la policía no era la mejor forma de empezar con el pie derecho.

Habían unos cuantos campistas que se hallaban frente al tablón cuando Jenna se acercó lo suficiente, se abrió paso entre todos para poder ubicar su nombre en la lista de cabañas. Le había tocado la cabaña Amor, y apresurándose caminó un poco más allá hacia donde se veían las cabañas, sin embargo un golpe seco sonó cuando su maleta se cayó, y con eso provocó que todas sus pertenencias cayeran al suelo.

— Wow, ¿acaso estas llevando a cabo una mudanza?— dijo una voz masculina a las espaldas de la rubia, seguido del sonido de unos pasos que se acercaban a ella. Al voltear su cabeza, Jenna se encontró con un castaña rizado, verdaderamente atractivo, le correspondió al chico la sonrisa que éste llevaba formada en sus labios.— Hola, mi nombre es Harry, soy voluntario, supongo que necesitarás ayuda.— se presentó ofreciendo su mano.

— Soy Jenna y fue idea de mi mamá, toma muy enserio la palabra "pesado" luego de "equipaje".— respondió la rubia estrechando la mano que el chico había estirado, estaba perpleja, jamás había visto a un chico tan atractivo y carismático como lucía ser Harry. Tímidamente se agachó para recoger sus cosas, la mayoría ropa, y devolverlas a la maleta. El rizado la imitó y juntos pronto ya se encontraban de pie, en un silencio incómodo.— Ehmm... ¿Conoces la cabaña Amor? Llegué tarde y estoy algo perdida.— le preguntó Jenna intentando dejar al lado aquella incómoda barrera que se estaba formando entre los dos de casualidad.

— Claro, sígueme. Espera, yo te ayudo con eso.— dijo recogiendo las mochilas de Jenna y llevándolas sobre su espalda.— ¿Eres nueva en Ukiki?— preguntó mientras ambos comenzaban a caminar.

— Sí, mi terapeuta me lo recomendó aunque me gusta más estar en casa, soy de Irlanda. Mi papá solía traerme esos chocolates con leche envueltos en papel dorado, dicen que los traen los duendes en sus ollas donde traen el oro, pero... jamás he visto a uno trayendo alguno de esos chocolates.— dijo ella mientras se ponía a pensar y recordaba a Allfrie.— además, no creo que aquí, en Canadá, coman esos chocolates...

— No, definitivamente creo que no.— dijo él riendo.— pero si algún día veo un duende con esos chocolates, serás la primera en saberlo, una delicia como esa, debe ser compartida.— dijo mientras le guiñaba el ojo a la chica.

— ¿Tú eres nuevo aquí?— preguntó la irlandesa con evidente curiosidad en sus gigantes ojos azules.

— Es mi primer año como voluntario, sí.

— Se nota, no pareces tan loco como la mayoría de aquí, ni mucho menos luces tan chiflado como muchos dicen que soy.— dijo ella, mientras observaba la mayoría de las cabañas, la verdad era que sólo había visto a un par de personas desde que había cruzado las puertas del campamento, todos ellos lucían ansiosos y Jenna se preguntaba si también habían sido llamados "locos" como ella.

— Tú no pareces ninguna chiflada.— dijo él tomándola delicadamente del brazo con la mano libre que tenía, provocando que ambos se detuvieran en medio del camino.

— Pues así solían llamarme luego de que contara sobre los maravillosos talentos que tiene mi gato Cheshire, y de la hermosa sonrisa que él tiene.— dijo ella volteando a mirar al chico.— Me recuerdas un poco a él y su sonrisa...

— ¿El gato de Alicia en el país de las Maravillas acaso no se llamaba Cheshire?— preguntó el rizado alzando una ceja, la rubia asintió.— Lo sé, muchas personas suelen decirme que mi sonrisa es cautivadora. Me alegra que tu gato y yo compartamos ese encanto para iluminar el mundo.— dijo el chico sonriéndole, mientras la observaba atentamente, la rubia no pudo evitar sonrojarse y luego de sonreír un poco más agachó la cabeza.— Esta es la cabaña Amor.— dijo Harry luego de un rato, señalando la cabaña que tenían frente a ellos, se escuchó un par de voces desde adentro.— Creo que tus compañeras ya están acomodándose.

— Fue un gusto haberlo conocido, Harry...— dijo Jenna mientras recibía sus mochilas y las acomodaba en su espalda para poder entrar a la cabaña.

— Styles. El gusto fue mío, Jenna.— dijo tomando la mano de la rubia e inclinando su cabeza para besar el dorso de ésta. La irlandesa se preguntaba si ya se encontraba con el rostro como un tomate. El chico se reincorporó y luego de darle una última sonrisa, se dispuso a volver por el mismo camino donde habían venido, luego de unos cuantos pasos al alejarse, se volteó hacia Jenna que tenía su mano en la manija de la puerta de la cabaña.— ¡Jenna! — gritó para llamar su atención. La rubia volteó a verlo de inmediato sobresaltada.— Eres la persona menos chiflada que he conocido en toda mi vida.— exclamó el chico sin dejar de mostrar aquella sonrisa de gato Cheshire.

Jenna rió y con la mano se despidió del chico, para luego abrir la puerta de la cabaña y entrar. Siete pares de ojos voltearon a mirarla con suma atención.

— Hola.— sonrió.— Mi nombre es Jenna. — se presentó ante las siete chicas que se encontraban allí, la rubia cruzó los dedos a sus espaldas, necesitaba suerte.
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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Rumplestiltskin. el Jue 08 Ene 2015, 11:56 pm

MAREEEH!    
Me encantó tu capítulo
Fue perfectamente perfecto y mira que ya lo esperaba con demasiadas ansias  Jenna es totalmente adorable, wn. Como una nena juguetona y sonriente e.é
Amé la parte en que se demsaya la señora del avión  sigo como "por qué se desmayó? " pero no dejo de reír
Luego cuando Haroldo le tiró la mochila , fue mágico, al instante hubo mucha química ahí
Estoy segura de que el muchacho hará de las suyas para acercarse a la bella Jenna e.é
Lo amé!

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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Rumplestiltskin. el Jue 08 Ene 2015, 11:57 pm

Chicas, una cosita que olvidé aclarar. Los capítulos deben ser narrados en presente y primera persona, además, debemos leer TODOS los capítulos y postear cada uno de ellos. Tanto que nos esforzamos para no dejar un post  es algo djlasjdsldjsalkskjal.
Sólo eso Peter 

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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por miss patterson. el Vie 09 Ene 2015, 6:10 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:El campo en que se hallaba Jenna, irradiaba vida, Allfrie junto a ella empezó a correr por el jardín, Jenna soltó risitas y lo imitó.

No sé peeero esta escena me recuerda a mi mejor amigo y yo y y y no sé, por un momento me imaginé a Allfrie y Jenna correteando y y ¡me entró una inmensa ternura, gaaaad! Y JAJAJAJA, un duende muack

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:— No me dejes, Jenna, no dejes que me lleven.—

La diversión del besho principio se jueeee:cccc ktpza, cómo puedes escribir esto, ahquelepasa. ESPEREN JAJAJAJA ME IMAGINO A UN DUENDE TRISTE Y esperen... ¿cómo es un duende?  

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:— No lo sé, oficial. Estaba hablando con ella sobre cuando fui un experimento de la NASA, y luego cerró sus ojos, supuse que a dormir.— respondió ella, estaba nerviosa, no le gustaba aquella sala de interrogatorio.

— Jenna, basta de mentiras, tú jamás has sido un experimento de la NASA, y mucho menos tu padre luchado con un tiburón. Basta de mentir, esto es serio.— habló Brooke DESDE algún lugar de la oscuridad donde su hija no podía verla, su voz se hallaba irritada.

— No miento, PUEDO jurarlo. Tú nunca me crees, mamá.— habló con la voz rota llena, estaba sumamente angustiada, no por ella, sino por la pobre señora que se había desvanecido en el avión a su lado.— ¿Podrán hacer algo por la señora Broodist? ¿Estará ella bien?— le preguntó al oficial frente a ella.
JAJAJAJAJAJAJAJA. ESTO ME HACE GRACIA, ¿DEBERÍA HACERME GRACIA? #JennaElExperimento pero klepza a jenna, khé (?) bueh, yo suelo ser así... okno, o sí... nah.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:— Wow, ¿acaso estas llevando a cabo una mudanza?— dijo una voz masculina a las espaldas de la rubia, seguido del sonido de unos pasos que se acercaban a ella. Al voltear su cabeza, Jenna se encontró con un castaña rizado, verdaderamente atractivo, le correspondió al chico la sonrisa que éste llevaba formada en sus labios.— Hola, mi nombre es Harry, soy voluntario, supongo que necesitarás ayuda.— se presentó ofreciendo su mano.
UF, HARRY SALÍO, CHAU. -c muere- ay, qué lindo, no sé... Jenna necesitará de tu ayuda harry digo, en lo de su locura y eso... no en, ya sabes... yo me entiendo ahq.

AMÉ EL CAPÍTULO. Jenna me recuerda a mí, no sé... yo suelo ser así tipo ella, bueno... eh esu, tampoco estoy loca ahr escribes hermooooso marie de mi corazón <333333 #Henna.

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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Kida el Vie 09 Ene 2015, 9:51 pm

amé tu capítulo linda. Es en serio hermoso, amo como narrás y definitivamente estoy enamorada de ese gato
espero el siguiente capítulo

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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por HyunWoo. el Dom 11 Ene 2015, 9:25 am

Me encantó. En definitiva, me encanta como narras...
Ya llegó al campamento, aunque la desmayó a la pobre señora en el avión 
Harry, ruloso Styles que enamora con su sonrisa  ya apareció!! 
Jenna y sus anecdotas de locos xd
Espero el siguiente, ya voy escribiendo el mío. 
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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por wang. el Dom 11 Ene 2015, 9:59 am

Wow, paren todo. A M O profundamente a Jenna. No importa que este loca, yo quiero una amiga como ella. Es tan fiel a sus mentiras y en ningún momento duda de algo, eso es genial.
Te juro que no puedo parar de reírme con la parte del avión. Cuando se desmayó la señora quede como ¿Que le pasa a esta? Esta loca. Podre Jenna, debe ser horrible que te titulen de loca todo el tiempo.
Y después cuando se encontró con Harry    Todo era amor y paz.

— ¿El gato de Alicia en el país de las Maravillas acaso no se llamaba Cheshire?— preguntó el rizado alzando una ceja, la rubia asintió.— Lo sé, muchas personas suelen decirme que mi sonrisa es cautivadora. Me alegra que tu gato y yo compartamos ese encanto para iluminar el mundo.— dijo el chico sonriéndole, mientras la observaba atentamente, la rubia no pudo evitar sonrojarse y luego de sonreír un poco más agachó la cabeza.

Me encanto esa parte. Es tan dulce Jake  
Definitivamente Jenna ya esta en mi lista de personajes favoritos. El duende, la NASA, Cheshire, el padre y el tiburón. Quiero saber que más se esconde en la cabeza de Jenna.
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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Rumplestiltskin. el Miér 14 Ene 2015, 12:05 pm


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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Charlie. el Vie 16 Ene 2015, 7:42 pm

MAREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEH me encantó el capítulo quiero decir, que Jenna me causa tanta ternura, no sé por qué pero lo hace(?) y ajdslaksd me encanta su personalidad, de alguna manera se me hace tan inocente (?) además asldjalkdjklsd no sé, la historia del duende fue demasiado para mí y amé la parte en la que apareció Harreh y le ofreció ayuda aslkjdklasd me morí
amé el cap, Mari <333
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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Rumplestiltskin. el Sáb 17 Ene 2015, 7:06 pm


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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Charlie. el Sáb 17 Ene 2015, 7:13 pm


Capítulo 02
KESIA BOLOMEY




Yo misma me he puesto a analizar el punto de quiebre, el momento en el que mi vida tomó otro camino. Pero, simplemente, toda mi vida parece haber ido en otra dirección.

Nací por un error y fui criada como tal.

No conocí a mi madre y nunca pregunté qué fue de ella. Quiero creer que está feliz en otra parte y que no es una de las tantas putas que mi padre frecuenta por las noches.

Es triste pensar que toda mi vida se basa en buscar la aprobación de Bruce, mi padre. Siempre quise que me quisiera y siempre busqué sentir un poco de afecto de su parte, pero Bruce nunca me dio nada más de lo estrictamente necesario: un techo bajo el cual vivir, comida, educación y dinero para mantenerme con la boca cerrada. Ese es el tipo de vida que la mayoría de mis amigos quiere, sin embargo, yo quiero más. Por lo que me refugié en la casa de Martha y Joey, la amable pareja de adultos mayores que vivían frente a mi casa, quienes no tenían nietos en ese entonces ya que sus hijos –quienes estaban lejos del estado de Nevada, además–  no tenían planes de convertirse en padres pronto.  

Joey era como el abuelo que nunca llegué a conocer. Me enseñó a jugar cartas para mantenerme ocupada y entretenida, con el aprendí a jugar
póker y black Jack, era un alma jovial que sabía cómo alegrar a quienes estuviesen a su alrededor. Es por eso que su muerte nos tomó a todos por sorpresa.

Mi pequeño escape del mundo se desmoronó cuando él murió por un ataque al corazón. El pequeño espacio de cariño y afecto en mi vida, comenzó a desmoronarse. A los once años es difícil comprender que Martha, la mujer a quien considero mi abuela, se haya olvidado de mí por la repentina muerte de su esposo. Ella se fue, desapareciendo de mi vida a los once años sin mirar atrás. Me sentí devastada y, como respuesta típica inserta en mí sistema, busqué otros medios para sentirme aceptada y querida. En ese periodo de mi vida, conocí a Tobías y a Danna, al entrar en la secundaria, dos muchachos que tienen vidas de mierda como la mía y me sentí bien junto a ellos.

Entre los tres nos metíamos en problemas buscando la atención que nuestros jodidos padres se negaban a darnos. Entre los tres nos apoyamos y entre los tres buscamos soluciones de mierda para llenar el vacío que cada uno tiene dentro.

Caímos en demasiadas mierdas como para nombrarlas todas, pero la que más me marcó, fueron las apuestas.

Sentía la adrenalina de inmediato, la sensación de estar en las nubes con solo apostar un par de fichas. Todo cambió, comencé a apostar a los catorce y no dejaba de hacerlo en los años siguientes.

Mi vida se tornó patas arriba desde ese momento. No me importaba deber cantidades de dinero que no tenía, solo necesitaba obtener más de esa sensación de plenitud y un poco más de la atención de mi padre, Bruce.

Fue en esa oscuridad, que la luz apareció de nuevo; Martha regresó a Las Vegas y, a pesar de dejar que el dolor me controlara en un comienzo, la acepté de regreso y ella a mí.

Y, ahora,  es por ella que me encuentro caminando hacia el ridículo tablón de anuncios del campamento Ukiki.

El campamento está inserto en uno de los más grandes y verdes bosques que he visto nunca. Todo a su alrededor exhuma pureza. Las instalaciones rompen con la espesa vegetación. Construcciones de madera a unos metros antes del lago, cayacs, botes, canchas de fútbol, tenis y más cabañas y construcciones.

Todo es enorme y eso me da a entender por qué venir a este lugar es tan malditamente caro. Seguramente todos quienes vengan aquí sean unos niños de papá que causan demasiados problemas en casa.

Meneo la cabeza, regresando a la realidad.

No sé por qué le dije que sí a Martha en primer lugar. No debería haber dejado que pagara este lugar, tampoco mis deudas.

Me he sentido como una mierda desde entonces.

— ¡Cuidado! – advierte una voz masculina, justo al momento que siento el choque en mi hombro derecho.

Siento el impacto y me tambaleo hacia un lado, dejo caer mi bolso de mi mano derecha y recupero el equilibrio luego de unos segundos. Me enderezo con mis manos automáticamente convirtiéndose en puños mientras muerdo mi lengua para evitar decir la sarta de barbaridades que se cruzan por mi cabeza.

Lamentablemente, leí las estúpidas reglas del campamento en el avión.

Tomo una profunda respiración intentando controlarme.

<< Hago esto por Martha. >>

Repito aquella frase en mi cabeza casi un centenar de veces antes de subir la mirada hacia el chico que se encuentra mirándome con una ceja elevada. Es alto, con rubio cabello desordenado que cae por su frente y lleva una camisa de instructor. Lleva un par de bolsos y maletas en sus manos.

Mordiéndome la lengua, regreso por mi maleta, ignorando la mirada del rubio.

— ¿Estás bien? – pregunta con un acento extraño, clavando sus ojos en los míos con cierta preocupación.

Aspiro aire y no contesto, porque sé que nada lindo saldrá de mi boca en estos instantes. Ruedo los ojos y me giro sobre mis talones, no estoy de humor para esto.

Encuadro mis hombros y vuelvo a retomar mi camino, avanzando entre la gente intentando ignorar la mirada del rubio en mi espalda y la ridícula punzada de celos que siento al ver a las familias despidiéndose con tanto afecto unos de otros.

Soy como el jodido Grinch en navidad. Todo este afecto me hace querer vomitar.

Llego al tablón de anuncios rodeado de gente, evito empujar demasiado y me concentro en buscar mi nombre en alguna de las hojas.  
Luego de unos segundos, enfoco mi vista en la página de más abajo. Entrecierro los ojos y por fin logro ver con claridad la cabaña a la que fui asignada.

¿Cabaña “amor”?

¿Quién diantres llama una cabaña “la cabaña amor”? Jesús, ¿es un jodido motel?

<< Bienvenido a la cabaña amor, donde todas sus perversiones sexuales serán bien recibidas. En la esquina derecha se encuentran los látigos y a la izquierda las mordazas. >>

Meneo la cabeza y trato de quitar esa imagen de mi mente. No es agradable, para nada. Más sabiendo que tendré que estar en esa jodida cabaña todo el tiempo durante el que se lleve a cabo el campamento.

Látigos y mordazas. Bien, Kesia.

Negando con la cabeza, tomo mi mochila del suelo y la vuelvo a acomodar en mis hombros, miro a la izquierda y observo a una chica mirándome fijamente mientras me hace ademanes con su mano derecha para que me acerque a ella.

Su enorme y brillante sonrisa me da escalofríos.

Probablemente haya consumido algo de ácido para llegar a ese estado.

Pienso en ignorarla y buscar la cabaña con nombre de motel, pero me arrepiento casi al instante cuando la imagen de Martha aparece en mi cabeza.

Está claro que no me encuentro aquí por Bruce, tampoco por mí. Martha es la razón de que me encuentro aquí en primer lugar y sé muy bien que debería estar haciendo mi mejor esfuerzo para complacerla.

Demonios.

Con el rabo entre las piernas doy pasos hacia la muchacha que aún no deja de sonreír. Parece haber recibido una inyección de azúcar directo a sus venas, me ve acercarme a ella.

— ¡Hola, soy Wilhelmina! – Dice, con demasiada efusividad, luego de tenderme la mano y estrecharla rápidamente – puedes llamarme Wihel si gustas – aclara, acomodando el cabello tras su oreja – soy instructora del campamento. Y tú nombre es…

La miro alzando una ceja. La única vez que veo este tipo de efusividad es cuando Danna y Tobías se drogan hasta las nubes.

— Kesia – contesto, intentando que mi voz no suene desinteresada.

La muchacha me mira antes de mirar la lista que no había notado en sus manos.

— ¿Bolomey, Kesia? – pregunta, alzando nuevamente la cabeza para observarme.

Asiento lentamente, observando cada uno de sus movimientos.

La señorita efusividad busca rápidamente entre las hojas, paseando sus ojos por las letras en ella. Luego de unos segundos que me tiene parada frente a ella, levanta la vista y me tiende una hoja con i hombre y, por lo que noto a primera vista, mi horario.
Recibo la hoja y lo confirmo.

Son los horarios de la semana, las clases a las que fui asignada, con sus respectivos horarios, profesores que imparten e instructores que apoyan.

— Buscaré a alguien para que me remplace. Te llevaré a la cabaña y te ayude con tus cosas. Necesitas instalarte antes de que comencemos con los preparativos para la fogata de bienvenida.

Alzo una ceja.

Si hay algo que odio, es que me traten de inepta.

— ¿Crees que no puedo encontrar la cabaña por mi cuenta? – Inquiero, cambiando mi semblante – puede que sea rubia, pero no soy una imbécil – mascullo, cruzándome de brazos.

Wihelmina parece confundida.

— No es eso lo que quise decir… - balbucea, luciendo aún más confundida.

— Puedo encontrarla por mi cuenta, no es necesario – refuto, cruzándome de brazos.

— El campamento es grande, hay más cabañas y todo es  un desastre por la bienvenida de los campistas – se apresura a aclarar –  y, como decía, es mejor que alguien te acompañe – defiende su argumento sin quitarme los ojos de encima.

Lleno mis pulmones de aire y me resigno, de todas maneras resoplo como un toro enfadado.

— Bien – aprieto los dientes y junto mis puños.

Los hombros de la muchacha se relajan mientras un suspiro escapa de sus labios.

— Bueno, vamos.

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Comparto cabaña con una chica que tiene complejos de reina de Hielo, una hippie amante de los animales y mala actitud, una chica que luce como una Barbie y tiene acento irlandés, una copia de la Sirenita, la versión castaña de Blanca nieves, la señorita efusividad y su copia.

La cabaña es amplia y de dos pisos, con pisos de madera oscura y la madera de las paredes es un par de tonos más clara. Tiene grandes ventanas con cortinas de color verde manzana en el primer piso, junto con un juego de sofás negros, unas mesas de café, un par de escritorios y dos baños con sus respectivas duchas. En el piso de arriba se encuentran las literas, los armarios compartidos – de a dos personas – y tocadores correspondientes por literas.

Comparto la litera, el tocador y el armario con la copia de Blanca Nieves. Ella tomó la cama de arriba, preguntándome si estoy bien con ello. Al menos no hizo un escándalo como la chica hippie y la Barbie irlandesa. Ambas estaban gritando y peleando por la litera de abajo, tanto así que las dos instructoras tuvieron que intervenir en el asunto.

— ¿Quieres que te ayude a acomodar tus cosas? – pregunta la muchacha, logrando que levante la vista de mis prendas dobladas para mirarla.
Estoy sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, frente al armario. Alzo la vista y me la encuentro mirándome con una pequeña sonrisa en su rostro.

Me sorprende que me esté hablando, también mirando fijamente a los ojos. Por lo que había notado con anterioridad, esta muchacha no había pronunciado ni una sola palabra o había generado contacto visual con ninguna. Supongo que siente la obligación de hacerlo, ya que compartiremos el espacio durante nuestra estancia en este lugar.

— Sería genial – admito, moviéndome de mi lugar para darle espacio a ella – eh, soy Kesia, por cierto – digo, presentándome porque, en realidad, ni siquiera sé su nombre.

— Jayden – medio sonríe, sin llegar a mirarme. Sus ojos y sus manos están demasiado ocupadas guardando y doblando mis camisetas para ponerlas luego en las cajoneras que ella ha dejado libres.

Nos sumimos en la tarea de desempacar mis bolsos, los que tienen más cosas en ellos de las que recuerdo haber guardado. Jayden no habla demasiado, tampoco lo hago yo, sin embargo, la cabaña no está en silencio. Las demás están sumidas en sus propios asuntos, tal como nosotras.

Luego de una media hora, señorita euforia número uno y dos llegan al segundo piso con enormes sonrisas en sus rostros, un par de folletos y los panoramas del día.

Repiten lo que leí anteriormente en el folleto. Horarios para despertar, comer y dormir y, por último,  las consecuencias de las faltas de respeto a cualquier miembro del campamento. Hablan de la fogata y de lo maravilloso que será estar rodeada de más chicos y bla bla.
Finalmente, luego de unos quince minutos escuchándolas a ellas y sus ridículos chillidos, nos dejan libres para poder “conocernos mejor”, organizar nuestras pertenencias en los muebles compartidos –que se comparten con la chica asignada a la misma litera – y conocer las instalaciones del campamento.

— Pienso salir a recorrer un poco, ¿quieres salir? – pregunto por cortesía.

— No, me quedaré aquí a terminar de instalarme – dice, sin mirarme del todo a los ojos.

— ¿Quieres que ayude? – inquiero, levantándome del suelo.

— No, no te preocupes. También necesito una ducha – medio sonríe, incorporándose del suelo. Sacude la parte trasera de sus jeans y se mueve de regreso al tocador que nos asignaron.

Me encojo de hombros mentalmente y regreso a mi mochila, lugar donde se encuentran todos mis implementos de dibujo. Cojo una de las libretas de bocetos y los carboncillos que están a mano. Necesito relajarme un poco.

El dibujo siempre ha sido un mecanismo de relajación y algo que me gusta hacer para despejarme. Martha siempre dice que tengo talento, piensa que podría llegar a ser grande en lo que respecta a las artes, pero en lo que a mí respecta, es solo otro método de escape.

Bajo las escaleras y salgo de la cabaña, sumiéndome de lleno en el verde paisaje que se extiende por detrás del lago. Veo personas preparando la fogata, en el lado oeste del campamento, junto al lago.

Elijo moverme en dirección al muelle, en el que se encuentran amarradas las embarcaciones y cayacs. Es un lugar que se encuentra vacío y me da una buena perspectiva del horizonte.

Es extraño pensar que este lugar, de alguna manera, parece bastante normal. Puede que incluso parezca que es otro campamento más para pasar el verano, venir a emborracharse y hacer amigos, pero en el fondo todos sabemos que quienes nos encontramos aquí estamos jodidos en nuestras propias maneras. Cada uno de los que nos encontramos aquí, arrastramos el peso de nuestros propios tormentos… o, quizá sus familias no querían lidiar con adolescentes y jóvenes revoltosos. Las opciones son variadas, pero lo que sí es cierto, es que todos estamos jodidos.

Llego al muelle y me siento de frente a las montañas, las que se reflejan en el agua. Me acomodo cruzándome de piernas antes de guardar la caja de carboncillos en el bolsillo de la sudadera tipo canguro que llevo puesta y me centro en la manera que el  viento mueve suavemente la copa de los árboles a su propio ritmo.

La calma del lugar comienza a ponerme nerviosa. Todo es demasiado tranquilo para mi propio bien. Necesito algo más de movimiento, sonido y adrenalina, puede que quizá lo que necesite sea un poco de nicotina o alcohol en mi sistema.

— Lindo paisaje, ¿eh? – masculla una voz masculina tras de mí – es una lástima que seamos un montón de locos que no pueden apreciarlo – balbucea.

Giro mi cabeza, encontrándome con un enorme chico de cabello negro, ojos profundamente azules y una mirada tensa. Es alto, fornido y mantiene sus manos en sus bolsillos con su mirada perdida en el horizonte frente a nosotros. De alguna manera, su pose y su actitud me recuerdan a Tobías, él solía verle siempre el lado negativo a cada cosa que sucedía.

Me encojo de hombros y regreso la mirada al frente.

— Quizá – murmuro, sintiendo como el muchacho toma asiento junto a mí.

Miro hacia él y lo veo alzando una ceja oscura. Noto la perforación en su ceja y su pálida piel blanca. Lleva una camisa gris y un pantalón oscuro, veo un tatuaje aparecer en su cuello y el atisbo de una sonrisa amarillenta de fumador empedernido.

— Luces como alguien que necesita hablar – digo, mirando su  sonrisa expandirse y por primera vez noto su acento inglés.

— Puede ser, o quizá solo quería iniciar una conversación contigo – habla, enderezando sus hombros.

Asiento con la cabeza, sin saber muy bien qué decir.

— Bien, voy a adivinar. Eres de algún lugar soleado, por tu bronceado – aclara, mirándome fijamente – apostaría por Los Ángeles, debes tener unos diecisiete o dieciocho y pienso que tú nombre es Marie, tienes cara de Marie – finaliza, bastante satisfecho. Apoya las manos en la madera y se inclina un poco hacia atrás.

— Bueno, eres inglés, el acento no pasa desapercibido – el chico alza una ceja – probablemente tengas unos veinte años y tú nombre sea Mason – digo, posando mis manos sobre mis rodillas, sujetando mis cosas en mis manos.

— Al menos acertaste en la parte de inglés y en mi edad, pero no en mi nombre – sonríe – ¿acerté en algo?

Niego con la cabeza, medio sonriendo.

— Soy Axel – estira su mano en mi dirección y la estrecho rápidamente.

— Kesia. Dieciocho. Las Vegas – suelto, mientras estiro su mano.

— Vaya, soy pésimo con esto – suelta una pequeña risa.

Regreso mi mirada hacia el frente, manteniendo mis ojos en el horizonte y en el sol que comienza a descender.

— ¿Por qué estás aquí? – suelto, pronunciando las palabras antes de que pueda procesarlas.

— Define aquí – pide, en tono relajado.

Me encojo de hombros y señalo el lugar junto a mí y luego el campamento en toda su extensión.

— Vine para el muelle porque mis compañeros de cabaña parecen ser unos idiotas, todos estaban sumidos en su propia fiesta de autocompasión y no necesito más de eso por ahora. Y estoy aquí porque mis padres creen que es lo correcto – murmura, sin detenerse o titubear ni una sola vez. – y te hago la misma pregunta.

— Quería dibujar y este lugar estaba vacío, bueno, hasta que apareciste – Axel niega con la cabeza, algo divertido – y vine al campamento porque una persona muy importante para mí me lo pidió – contesto a su pregunta y me sorprende un poco que lo haya hecho.

— Bien, ahora que puedo decir que he hablado con alguien. Me siento satisfecho.

— ¿De qué hablas? – lo miro, con alzando una ceja.

— No lo sé, quiero decir, es difícil entablar conversaciones cuando sabes que cada persona que está en este lugar tiene algo malo, por llamarlo de alguna manera, consigo mismo. Muchas veces eso hace que las personas se cierren a los demás. - suspira - además, me has caído bien, pequeña rubia.

Parpadeo, un tanto sorprendida por su franqueza.

— ¿Eres psicólogo o algo? – pregunto, rodando los ojos.

— Estoy en primer año de Leyes. Congelé mis estudios para venir a este lugar.

— Wow.

— Tan impresionante como puedo ser – una enorme sonrisa aparece en su rostro – ¿qué me dices de ti, pequeña rubia?

— ¿Pequeña rubia?

— Te ves pequeña y eres rubia – contesta como su fuese lo más obvio del mundo. Ruedo los ojos.

— Terminé la secundaria hace algunos meses. Quizá consiga algún empleo cuando regrese. Quién sabe.

— ¿Qué hay de la universidad? ¿Sueños? ¿Metas? ¿Algo? – una pizca de compasión cruza por sus ojos.

No tengo. La respuesta es fácil y sencilla pero por alguna razón no me atrevo a decirlo en voz alta. Afortunadamente, un instructor se nos acerca y nos informa que la fogata está por comenzar.

— Sabes, nuestra conversación no acaba a aquí, Kesia – murmura Axel, una vez que nos incorporamos.

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No podría decir con exactitud un número exacto para la cantidad de personas que se encuentran alrededor de la enorme fogata junto al lago, tampoco puedo decir que he visto a alguna de mis compañeras de cabaña.

Incluso hay un par de tipos con guitarras animando el tétrico ambiente, lo que hace que no sea tan deprimente.

Axel me arrastra hasta los mesones en los que hay comida, como también hay bebidas –no alcohólicas, por supuesto–. Saco un par de botanas y me las como rápidamente, mientras el alto muchacho comienza a servir un par de vasos con zumo de naranja.

Antes de que pueda notarlo, Axel se para delante de mí y pone su vaso en medio, parpadeo y noto que saca una pequeña botella de su bolsillo antes de vaciarla en su vaso de plástico rojo.

No juzgo, porque no soy quién para hacerlo.

— Necesito algo más fuerte que zumo – me dice a modo de explicación, clavando sus ojos azules sobre los míos.

— Solo procura no beber cerca de los instructores. Estoy segura de que son como sabuesos entrenados para oler alcohol o sustancias ilícitas – me encojo de hombros – y yo también necesito un trago.

— Cualquiera te vería por una chica buena – ríe entre dientes, antes de entregarme el vaso.

Bebo un trago de licor y siento como el líquido calienta su mi garganta y posteriormente mi estómago.

Minutos después, Axel, un poco más animado debido al alcohol en su sistema, me vuelve a arrastrar con él hacia la fogata. El chico de cabello oscuro nos sitúa en unos espacios que hay cerca de ella, frente a quienes tocan un par de guitarras y otros instrumentos. Incluso hay un bongó.

— ¿Sabes, pequeña rubia? – inquiere Axel, moviéndose al ritmo de la música – me gustaría ver lo que hay en tú libreta.

— ¿Y debería mostrarte por qué…? – alargo las palabras, divirtiéndome al ver su expresión.

— Porque soy jodidamente genial – alza sus manos en el aire.

— ¿Y si no quiero?

— Eventualmente la veré – se encoge de hombros. – Bien, mientras lo meditas, iré por otro “zumo” – hace comillas con sus manos y se levanta rápidamente. Lo veo perderse entre la gente y finalmente, me concentro en lo que hay frente a mí.

Las llamas se mueven y la leña crepita frente a mí, distingo entre quienes se encuentran tocando instrumentos al imbécil que me empujó durante la llegada. El muchacho se encuentra tocando el bongó con la mirada perdida, su rostro se ilumina con las llamas y su pose es relajada y tranquila.

Por alguna razón, su postura me llama la atención. Abro mi libreta de dibujos y comienzo a trazar las líneas guías de su pose. Líneas largas y sin pensarlo demasiado, me sumerjo en el dibujo, alzando la mirada en ocasiones para no perderme algún detalle.

No puedo decir exactamente cuándo tiempo me quedo mirando el dibujo, analizando las líneas y trazos.

— Nunca me vi siendo el modelo de nadie, pero tengo potencial…

Alzo mi rostro para toparme con el idiota que estaba dibujando. Frunzo el entrecejo y lo veo sonreírme, mostrando los hoyuelos en sus mejillas. Siento mi cara calentarse y no precisamente a causa de la fogata.

— Pensé que no podías apartar los ojos de mí por alguna razón diferente – se burla con arrogancia, mirándome con diversión.

Estoy a punto de abrir mi boca para decir algo, lo que sea. Pero el chico rubio, que ahora lleva una bandana para sujetar su cabello, se voltea y camina de regreso al lugar del que vino, dejándome con las palabras atoradas en mi garganta.

Bufo por lo bajo, me levanto para ahogarme en mi propia vergüenza. Evito chocar con las personas y me centro en caminar directamente hacia el frente. Axel está moviéndose en mi dirección con una boba sonrisa en su rostro.

— Te sorprendería la cantidad de alcohol ilícito en esta fogata – balbucea, riéndose de su propio chiste. - uh, espera. ¿Está todo bien?

— Solo dame el vaso – balbuceo, aún con mis mejillas calientes.

Axel pone una mano en mi hombro, como si comprendiera algo de lo que me sucede y me entrega el vaso.

Definitivamente este lugar sacará a flote momentos que no quiero recordar.

Será más difícil de lo que pensé.







abrid, mujeres (?):
HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA espero que todas estén muy bien jojo, además espero que no encuentren mi capítulo demasiado aburrido (?) estaba seca de ideas y la inspiración no era demasiada. Me disculpo por tardar un par de días más de lo debido, soy un desastre :'c.
En fin, espero que les guste y sigue HyunWoo, HELEN <3
cuídense <3


Última edición por Charlie. el Miér 14 Sep 2016, 9:47 am, editado 2 veces
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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Kida el Sáb 17 Ene 2015, 7:57 pm

el capítulo es hermoso
yo estoy segura de que moriría de verguenza de haber estado en su lugar
pero, no me preguntés por qué, amé totalmente la personalidad de kesia.
espero el siguiente capítulo.
Besos.

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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Rumplestiltskin. el Lun 19 Ene 2015, 8:53 pm

Catoooooo!!!!!!!

Amé tu cap ggiohdser
cuando agarre la lap escribo un post más decente fhbcdfhbvgjkk

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Re: Camp Ukiki |NC|

Mensaje por Rumplestiltskin. el Mar 27 Ene 2015, 10:24 pm

Cap!!!!!!

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Re: Camp Ukiki |NC|

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