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different feelings. audiciones cerradas. resultados.

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different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por chanyeol. el Lun 08 Sep 2014, 4:02 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


”He estado esperando un largo tiempo, para finalmente decirte lo que siento, pero ahora, que he visto que tu corazón está recientemente ocupado por alguien más, nada podría ser peor, ¿Por qué? Porque yo te amé primero.”

“Me gustaría ser tu último primer beso. El primero.
Quien te tome en cuenta en su vida, y, si tan solo supieras que quiero ser tu último primer beso, entonces, mi vida alegrarías”

“¿Sabe él que puedes moverte así? ¿Sabe él que tomas riesgos? ¿Podría él decir que está realmente enamorado de ti? Porque yo sí.”

“Sé que estas cansada de amar, de amar sin nadie a quién amar, sé que entre él y tú no hay amor, y eso se puede ver con claridad, así que, ¿Por qué no te quedas conmigo?
Todo lo que quiero ser y lo que siempre he querido ser, es alguien para ti.”

“Así que deja esa lista que escribiste, acerca de las razones por las que no puedes estar conmigo ahora. Sé que realmente quieres estar a mi lado.”

“Cariño, somos jóvenes, yo somos tontos; hacemos cosas estúpidas si del amor se trata y, aunque siempre terminemos llorando, nadie puede culparnos por solo intentarlo.”

 
reglas


aquí:

solo habrá unas diez reglas escenciales por ahora:
1.- respeto.
2.- no escoger a beau brooks, zayn malik, grace phillip ni a madison beer, plz.
3.- dejar tus representantes, nombres, rol y escrito.
4.- son audiciones, no reservas.
5.- dejar tu frase favorita en hide y un gif de dylan o’brien
6.- no hay ficha, pero puedes usar un code cualquiera, o simplemente así sin código.
7.- compromiso.
8.- pues no queda más que, divertirse.
9.- no sé porque dije que habría diez reglas.
10.- amarme por siempre, todas ustedes como yo las amo (??)


roles

aquí:

párrafo 4; rol 4: “nobody to love” sigma. “stay with me” sam smith. “somebody to you” the vamps. MIOS.
Párrafo 1; rol 1: “loved you first” one direction. LIBRES
Párrafo 2; rol 2: “last first kiss” one direction. LIBRES
Párrafo 3; rol 3: “I would” “does he know?” one direction. LIBRES
Párrafo 5; rol 5: “running out of reasons” the wanted. LIBRES
Párrafo 6; rol 6: “can’t blame a girl for trying” sara carpenter. LIBRES


Última edición por lightness el Vie 26 Sep 2014, 9:12 am, editado 3 veces
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por chanyeol. el Lun 08 Sep 2014, 4:04 pm

hay un defecto en el cuerpo del code, lo arreglo lo mas pronto.
AUDICIONEN
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por Invitado el Lun 08 Sep 2014, 8:17 pm

Holitas!! 
amo a ese viejito (?). Sinceramente la idea es original y muy hermosa, audicionare en un rato te dejo todo, cielo. Besos!

Invitado



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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por mindless el Mar 09 Sep 2014, 6:39 am

Holo Fer. Estoy aquí porque me ha encantado tu idea. So, en un rato dejo todo c:
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por mindless el Mar 09 Sep 2014, 6:54 am


representantes: louis tomlinson; emily rudd.
nombres: noah grand; louise sprayberry.
rol: “loved you first” one direction.
escritos: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]; [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por lovarou. el Mar 09 Sep 2014, 7:25 am


Representantes: Sasha Pieterse y Luke Hemmings. 
Nombres: Sarah Lewis y Sean Wood. 
Rol: Párrafo 3, rol 3: "I Would" "Does he know?" 
Escrito:
Escrito here:
 Capítulo 1: “Año escolar nuevo, chismes nuevos, chicos nuevos, misma suerte.”
La mejor manera de despertar en tu primer día escolar es escuchar un cariñoso: «¡Zero maldita sea levántate, el primer día y ya estás atrasada maldita yegua!» de tu mamá. Muy bien digamos que mi vida no es la mejor de todas ni la más envidiable pero lo que se tiene es lo que se tiene. 
Con toda la flojera del mundo puesta en mí me levante o bueno, me senté en la cama para luego caer de boca al piso de lo adormilada que estaba, por suerte el golpe me despertó un poco, aunque sea. Apoye mis manos en la alfombra y me incline hacia arriba como pude, logré ver la mancha de saliva que quedó en el piso, donde me caí con la boca abierta; con una mano me limpié la boca que tenía aún algo de saliva. Me levante, comencé a caminar y me di con dedo pequeñito del pie de lleno contra una de las patas de la cama.
—Demonios —murmuré con pesar.
Realmente espero que los siguientes días no sean como estos.
Me metí en el baño murmurando cosas en otro idioma seguramente, un idioma inventado por mí. Me quite el pijama y este cayó al suelo, ni me molesté en recogerlo. Largué el agua jurando que estaba tibia pero ésta cayó malditamente helada, quemando toda mi espalda, pecho, nuca y piernas, me quite del camino del agua helada rápidamente, pero resbale y caí de trasero. Ahí quedara un moretón tan sensual que iré a los bares a bailarles a los hombres borrachos, de seguro pagarán millones por ver mi moretón en el trasero. Me incorpore como pude dando resbalones ya que mis piernas estaban temblorosas y me aleje del agua helada, estaba indefensa en una esquina. Estaba lloriqueando mientras daba patadas al agua para que se alejara, gran día. 
—¡Mamá! —grité.
—¿Qué quieres ahora? —podía percibir su enojo por su tono de voz.
Me atemoricé.
—¿Por qué no hay agua caliente o siquiera tibiecita?
—No hay agua caliente para ti, por culera.
¿Mi mamá me acaba de decir….? ¿Dónde aprendió eso?
Reprimí un sollozo, maldita agua fría. El agua seguía saliendo y yo estaba como pendeja en una esquina. Tome aire, Me metí en bajo el chorro de agua fría y quise gritar como si me estuvieran apuñalando.
¿Quién quiere llorar por su miseria, ha? ¡Ni tu mamá te quiere lo suficiente ni para prender el gas para que salga el agua caliente! Se rió una voz. Esa voz. Bueno, por lo menos aún no me insulta. 
Gorda de mierda. 
Bueno…
Cerré los ojos. Ahora sí quería llorar, la voz había vuelto.
Nunca estuve en un tratamiento para eso porque nunca se lo comenté a alguien, pero en las vacaciones se había ido y no me había vuelto a molestar, por lo que pensé que por fin se había ido, pero ahora veo lo equivocada que estaba. Al estar en contacto con la gente la voz comienza a hablar, a insultar, etc. Pero como en vacaciones estoy encerrada comiendo y viendo series online fomentando mi obesidad, no había hablado ni con la vecina loca de al lado.  
¿Me extrañaste?  No, a decir la completa y santa verdad, no te extrañé para nada.
Apreté la mandíbula hasta que me dolieron los dientes y las encías, no podía seguir siendo así. Desde los 10 años he escuchado esa maldita voz en mi cabeza y la muy desgraciada está muy lejos de irse. Suspire resignada, supongo que el resto de mi vida tendré que soportarla. Escuchando sus insultos y críticas sobre mí.
Salí de la ducha temblando de frío. Me sequé, eché desodorante y me envolví en una toalla saliendo del baño.
—Maldito invierno —canturreaba mientras buscaba algo qué ponerme.
Nunca había sido una de esas chicas que se preocupaban de cómo se veían, pero tampoco me gustaba parecer vagabunda o algo así. Por fin encontré algo decente. Era un jean ajustado negro, una blusa blanca, un chaleco a botones sin abrochar negro y unos zapatos con tacón bajo negros, ¿ya les dije que amo el negro? No me puse maquillaje, ni tenía tiempo para maquillarme, de hecho, cuando me maquillo ni se nota ya que yo no soy de esas personas con paciencia como para estarce arreglando, mejor dicho; no tengo paciencia para nada, además no sé ni ponerme brillo de labios sin que me parezca al Guasón. En un futuro (ni siquiera ahora) no me voy a tener que arreglar, ya que no tendré marido, sólo tendré que arreglarme para mis gatos, supongo. Lo cual es reconfortante, aunque mi madre y padre piensen que soy lesbiana porque nunca he traído un chico a casa. El otro día me preguntaron si había dado el primer beso, yo solo me quedé callada, ni siquiera sé si paso o no, creo que sí, no es algo de lo que le de importancia. ¿Quién necesita a alguien para besar cuando poder leer novelas eróticas de Justin Bieber en internet, dime, quién? 
Baje las escaleras rápidamente, lo cual fue un problema porque andaba con tacos, no importa si son altos o bajos, yo soy un desastre caminando hasta sin tacos. Me torcí el pie y caí rodando cual cerdo con patines por las escaleras, malditas casas de dos pisos, maldita coordinación, ¡oh no, esperen! Ni siquiera tengo una jodida pizca de coordinación, por lo cual no la puedo maldecir, no se puede maldecir algo que no existe. Es como cuando intentas maldecir mi vida social, eso no existe y jamás existirá.
Ni coordinación tienes. ¿Existe algo que sí tengas? Oh, claro que sí hay algo que tengo, tengo una maldita voz que me dice lo malditamente miserable que soy. Aunque es más como de esos amigos molestosos que siempre se están riendo de ti. 
Me pare quejándome y escuchando la risa de parte de mi madre, ¿existe alguien mejor?
—¡Te parecías a Peter la Anguila, sólo que tú estabas cayendo por las escaleras! —y empezó a ahogarse en su propia risa, oh, y a bailar como Peter la Anguila.
Tan sólo imagínense a su mamá bailando así. Sacudiéndose, moviendo sus manos y piernas como si le diera un ataque o estuviera recibiendo descargas eléctricas mientras canta «Pe-Pe-Peter la anguila, Pe-Pe-Peter la anguila».
—Cómo sea mamá, ¿mi desayuno? —pregunte medio cabreada.
— ¿Qué desayuno? Hoy no tendrás nada, floja —sentenció—. Desayuno quería la yegua.
Yegua, ¿podrás acostumbrarte a eso? Después de todo, es lo que eres y lo que serás. Los gatos quieren a las yeguas, mis gatos me querrán.
—Cómo quieras —solté bruscamente.
Tome mi celular junto con mis audífonos, tome mi mochila (la cual estaba con sólo 2 cuadernos a lo mucho y mi pobre estuche que con suerte tenía un lápiz grafito, otro lápiz pasta ―los dos mordidos―y un cuarto de goma de borrar en su interior, los cuales habían sido robados de mis compañeros de curso anterior) y me largué de casa sin dirigirle ni la mirada a mi mamá, lo sé, soy ruda y arriesgada.
Salí de casa fijándome en el suelo con cuidado de no tropezarme con una roca y caerme, no me hace falta. Paré de caminar y me acomode los auriculares por debajo de la blusa y los acomode en mis oídos. Puse play a una canción al azar. pensé. La canción al azar era Don’t let me go de Harry Styles. Puse la canción al máximo, pero antes de llegar al máximo apareció la precaución de « ¿Aumentar el volumen por encima de nivel seguro? Si escuchas con el volumen alto durante períodos prolongados, puedes dañar tu audición». Mi dedo todo donde decía «aceptar». Suspiré. Emprendí marcha nuevamente y en unos cuantos minutos y unas canciones más, llegué. Mire la hora en mi celular 07:50pm. Y mi mamá decía que iba a llegar tarde. ¡Faltan 30 minutos para que empiecen las clases!
De seguro se quería deshacer de ti lo más pronto posible de ti, nadie te aguanta, nadie te quiere cerca, Zero.
Cerré los ojos. No, ya no me harían más daño. Además, antes era más dañina. 
Dentro de la institución estaba más fresco que fuera. Los alumnos se movían de aquí para allá como si fueran plagas, y las gemelas Blu estaban repartiendo los horarios de todos como de costumbre. Eran idénticas, lo único que las diferenciaba era el lápiz labial que usan, Dakota Blu usa rojo pasión y Dacota Blu usa rosado pastel (y sí, las dos solo se diferencian por «ko» y «co» sus padres ha de ser muy originales, de seguro tuvieron que haber estado borrachos cuando las bautizaron o fueron al registro civil). Lo sé mejor que nadie, una vez las confundí y me dieron una cachetada cada una,  desde ese día no se me ha vuelto a olvidar, ¿y cómo iba a saber yo que «Dakota» se pronuncia más fuerte que «Dacota» en la parte del «ko-co»? Las dos eran de cabello rubio largo con ojos pardos y labios finos.
– ¡Zero! –gritaron las dos al mismo tiempo al verme.
– ¡Dakota y Dacota! –dije con «emoción».
Amo ser tan hipócrita.
Ellas sonrieron alegremente y Dakota me entrego mi horario.
–Gracias –pronuncié en cuanto me lo entrego.
—De nada —dijo amablemente, luego abrió los ojos de par en par, cómo recordando el secreto del universo que una vez se lo revelaron y luego se le olvido, pero ahora, lo ha recordado—. ¿Has escuchado el nuevo rumor?
Dios mío. Tuve unas ganas tremendas de cachetearla y poner los ojos en blanco, pero no lo hice por algo que aún tengo que se llama «educación» y «prudencia», lo tenía, en un porcentaje mínimo pero no tenía.
—No, no los he escuchado —respondí canalizando mi paciencia. 
—¿Es que no te interesa lo que pasa a tu alrededor, Zero? —bufé.
–Una cosa es que mi interesa lo que pasa a mí alrededor y la otra es andar de chismosa.
¿Soy yo o el aire se puso más pesado?
–Tú siempre con ese humor. Y nosotras que queríamos ser tus amigas –pronunció algo dolida Dacota.
–Pero yo no lo he pedido.
–Da igual si lo hayas pedido o no. Necesitas más amigos y una vida social, sin ofender, pero es verdad.
–Créeme, no me ofende. Además, no necesito más amigos que mi consola de videojuegos, gracias.
–Ermitaña –dijeron las dos al mismo tiempo.
–Cómo sea. Para acabar con esto, ¿cuál es o son los rumores de este año?
–Dicen que Lily terminó con su novio universitario en las vacaciones porque lo pillo revolcándose con otra.
Lily es la chica de…coño sociable, coño amable, por decirlo así y  a veces dan ganas de sacarle los intestinos, ponerlos en una bolsa y comenzar a jugar futbol con eso, es más hipócrita que yo. 
—Dicen que va a llegar un chico nuevo…
—Pero siempre llegan chicos nuevos —la interrumpí.
—Pero éste, viene de la correccional. ¡Vamos a tener un chico malo! —dijo emocionada Dakota.
—Que divertido —dije con notorio sarcasmo—. Bueno, tengo que ir a mi casillero.
Antes de que empezara a caminar adentrándome en la masa de jóvenes Dacota me tomo el brazo.
—Te han cambiado de casillero —suspiré pesadamente—. En tu horario viene anotado el número de casillero, la llave de tu casillero —me entrego una llave  de color naranja que tenía anotado un 563 en negro—. Buena suerte —me deseó.
—Supongo que gracias —dicho esto me dispuse a caminar.
Siendo empujada y dando trompicones avance entre la multitud. Se podían apreciar muchas cosas, desde los de primer grado cuidándose que los de último grado no le den la “sorpresa” por su bienvenida tan amistosa que es como un ritual hasta los que simplemente todo le importaba un rábano todo esto y sólo se querían ir de aquí, cómo yo. Era reconfortante saber que no soy la única que odia la humanidad.
Observé el horario, cada año se pone más duro todo esto, ¿y así quieren que nos motivemos? Primero dividían “Naturaleza” en 3 partes: Química, Biología y Física, ¿ahora me suman más y más ramos? No mamen.
 Mi casillero ahora era el 563. ¡Dios que flojera, el segundo piso! Yo no podía subir 5 escalones sin que me dé un «ataque». Definitivamente, éste, no es mi año. Bueno, si lo pensamos y analizamos todo bien, ningún año ha sido el mío. Ni siquiera el que nací, mucho menos ese año, ¿por qué mis padres no usaron protección o algo así? ¿Es que son tan flojos? Pudieron haberse puesto por lo menos una bolsita de súper mercado o un envoltorio de helado. 
Las canciones se seguían reproduciendo en mi celular y yo las tarareaba mientras subía las escaleras con cuidado de no caerme, como en mi casa y que alguien me dijera que me parezco a Peter la Anguila y se ponga a bailar y a cantar. Y eso me recordó a mi mamá, cantando y bailando, otro trauma más agregado a la lista para ir al psicólogo. A decir verdad, mi madre un día me consiguió una cita al psicólogo sin siquiera preguntarme, pero le dije que «no lo necesitaba», lo cual es estúpido porque sé que lo necesito. Orgullo ante todo, señores. 
Con pereza termine de subir las escaleras, estaba tan cansada. Me dolían las piernas, y parte del vientre. Además se me estaba agotando el aire y me dolía el pecho. Pero sigo creyendo que estoy en buen estado físico.
Caminé con pesadez hasta el casillero 563. No lo encontraba, hasta que me di cuenta que un chico descansaba sobre él, tapando el número, es que todos aquí son tan inteligentes que dan ganas de pegarles con una sartén y que sus conocimientos y cordura salten, ¡vamos! ¡No sean egoístas y hagan que sus conocimientos salten e iluminen al mundo, malditos hijos de puta! Pero nunca lo había visto, por lo cual aún yo no le doy mi agradable bienvenida de «quítate pedazo de animal» (pronto lo haría) probablemente era uno de los chicos nuevos de los que hablan las gemelas Blu. En cuanto estuve al lado de él lo empuje (extrañaba dar la bienvenida) y metí la llave en la cerradura y la giré a la derecha. Pero antes de poder abrirlo la voz gruesa del chico que acabé de empujar me detuvo.
— ¿Y a ti qué te pasa, estúpida? —pregunto en un tono de voz alto.
Todos los que estaban en los pasillos nos comenzaron a observar pero siguieron con lo suyo al darse cuenta de que ésta era otra más de las típicas peleas de inicio de año.
—Primero, ¡agradéceme, te di la bienvenida! Te empujé, no te di con un huevo en la nuca, da las gracias. Y segundo, este es mi casillero y tú estabas echado sobre él.
—Primero —contra atacó—, no soy un perro, ni cualquier otro animal, por lo cual no estaba “echado” —dijo haciendo comillas con sus dedos—, estaba recostado, descansando. Además, no tuviste que haberme empujado, pudiste haberme pedido permiso y yo amablemente hago caso. Segundo, ¿no se supone que por ser el nuevo tienen que darme buena impresión e intentar ser mis amigos?
Yo reí irónicamente. Imbécil.
—Quiero que te vengas sacando esa idea de que yo te voy a tratar bien de tu cabeza. Y tú mismo acabas de decir que eres un perro y luego dices «y yo amablemente hago caso» —dije en un claro intento fallido de imitar su voz— los perros mansos como tú hacen caso.
El apretó la mandíbula. —Púdrete.
—Con mucho gusto después de ti.
El frunció el ceño y se largó. Gracias a Dios.
¿No se supone que tú eres atea? Cállate.
Abrí el casillero (el cual obviamente estaba vacío) y metí 3 cuadernos dentro de éste. Miré a los demás que acomodaban sus cosas en su casillero, y me fijé en una chica que en el interior de su casillero ponía sus cuadernos con estampados de flores (y si no me equivoco uno era de Justin Bieber) y pegaba algunas fotos en el interior. En las fotos salía ella con un chico, los dos sonreían, de seguro era su novio (ya que la chica era muy linda) o un familiar cercano. Y luego miré el mío, mis cuadernos eran de color negro, todos. Y eso era todo lo que contenía mi casillero. pensé y una media sonrisa salió de mis labios.
Pero aun así con los libros más coloridos del mundo en tu casillero nunca tendrás felicidad, y estarás sola. Planeo quedar sola.
Apreté la mandíbula y recordé al chico, lo que tenía de guapo lo tenía de idiota.
Igual le doy, claro, si tuviera pene. 
Podrías comprar de esos cinturones que usan las lesbianas. Repito: Cállate.
Cerré el casillero de un golpe (sin antes sacar las cosas necesarias para mí siguiente clase, un cuaderno) y las personas que estaban cerca pegaron un salto del susto, reí, inservibles ratas. Recargué mi cabeza en el casillero y suspire pesadamente. Algo me decía que este año sería más pesado que los otros.
Dios quiera que no. No lo soportaría.
¡MALDICIÓN SE SUPONE QUE ERES ATEA! Ups.
Para mí todo era una miseria. Todo el día, entero, lleno de bazofia caminante y no caminante. Y el problema era que muy pocas veces veía el lado bueno de las cosas, me costaba hacerlo. Y no me pidan que piense en cosas buenas que me han sucedido porque no han pasado. 
Con mochila al hombro me dirigí a mi siguiente clase. Siempre me gustó llegar antes que todos los demás, a veces ponía cosas en los asientos de personas al azar para hacerles la vida un poco más entretenida o dibujaba cosas obscenas en el pizarrón, ―sólo eran penes mal hechos― era toda una chica mala. 
Me senté al final en un rincón como si fuera una araña esperando a que una inocente mosca cayera en su telaraña y esperé a que los demás fueran llegando. Bastaron de unos 20 minutos más para que tocara el timbre que daba el inicio de clases para que llegaran todos empujándose (y no está de más decir que algunos gritaban, «déjame pasar, imbécil» o bramaban cosas en otro idioma como yo cuando me pego en el dedito pequeño del pie)  para pasar por la estrecha puerta. En cuanto entraron todos tomaron el puesto que se les dio la regalada gana. Observaba como todos pasaban y un chico de cabello café cortado a lo militar (pero otra cosa más de militar no tenía nada, puro hueso el chico) y ojos cafés igualmente, nada inusual, me saludó a lo que yo respondí  levantándole el dedo corazón con aprecio, el bajó su mirada y se sentó en un puesto que no estuviera ocupado por otra persona. 
El profesor en poco tiempo llego y calmó a todos los simios a los que rara vez llamo «compañeros de curso». Como ya lo conocíamos no se presentó ya que tampoco había alumnos nuevos en la sala de clases. Abrí mi cuaderno y dibujaba mientras el profesor explicaba de átomos y todo eso. Fruncí el cejo, ¿qué? ¿Átomos? Dejé de dibujar cosas con sin sentido y elevé la miraba al pizarrón, no había ni una pizca de átomos, ¡estábamos en lengua! Dios. 
Uhm… ¿atea? 
Me di un palmetazo en la frente tan fuerte que el sonido revotó en toda la habitación y todos se giraron a verme, otros rieron (como de costumbre) y otros volvieron su atención a la pizarra negando con la cabeza mientras seguían copiando los apuntes, cosa que imité, no quería estar aquí un año adicional, antes me tiro de un puente.  
Cuando el timbre toco, todos (al igual que entrar) se apretujaban entre ellos y se apiñaban en la puerta intentando salir y gritando. Cómo dije: simios. Cuando la gran mayoría ya salió, yo, calmadamente, cogí mis cosas y me largué de ahí. Entre a la cafetería donde todos estaban instalados comiendo, hablando y riendo con su respectivo grupo de amigos y más que otro antisocial como yo que simplemente quería estar solo. Bueno, algunos no quieren estar solos, pero la sociedad los rechaza, ellos no son antisociales, la sociedad es anti-ellos.  
Tomé mis muffins (4, exactamente) de chocolate y el jugo de naranja para ir a sentarme sola, como siempre ―la combinación de muffins de chocolate con jugo de naranja es buena, no juzguen―. Comí tranquilamente calculando el tiempo para cuando toque nuevamente el timbre de ingreso. Sentí mi celular vibrar y lo saqué de mi bolsillo, baje la vista era un mensaje de mi mamá.
Éste decía así: «Tu tía está de visita en casa, más te vale llegar presentable, no quiero problemas.»
Con el «más te vale llegar presentable, no quiero problemas» se refería a que una vez llegué con un moretón en la cara y con una nota del director quejándose de que golpeé a una alumna y a sus amigas. 
Rodé los ojos y levante la vista para fijarme que delante de mí había un chico de ojos claros verdes y cabello castaño medio rubio peinado al estilo Niall Horan 2011. El imbécil que estaba echado en mi casillero. 
— ¿Y tú qué quieres ahora, perro manso? —pregunté de mala gana.
 —Mira, princesa —JAJAJA, ¿qué? —sé que no comenzamos con el pie derecho…
 –Pero a mí, me gusta comenzar con el pie izquierdo —lo interrumpí— ¡No! ¿Sabes qué? —Agregué— no me gusta comenzar, que flojera. 
El suspiró —Cómo sea. Mira, allá —señalo disimuladamente donde se sientan los «populares» con la cabeza— hay que hacer una iniciación para poder estar con ellos. Tengo que besar a una chica hostil a la que todos tengan miedo y ningún chico se le acerca. Y no quiero estar solo, tengo que entrar en el grupo de los populares, quiero ser alguien aquí. 
—Pues buena suerte con esto, campeón —dije haciéndome la lesa, sabía que esa chica era yo. 
Palmeé su hombro y seguí comiendo. 
—Oh, vamos, esa eres tú, lo sabes. 
Llevé el vaso de jugo de naranja a mis labios para tomar, pero le eché un escupo sin que él se diera cuenta.  
—¿Qué gano si te beso? —pregunté. 
—Consigues que tu lengua ya no esté tan blanca, ¿hace cuánto tiempo que no besas a alguien? —oh cariño, esa es una falta grave— ¿Te lavas la boca siquiera?
Llevé el vaso nuevamente a mis labios, otro escupo ninja.
—Primero tengo que saber el nombre de quién voy a besar —dije como si no hubiera escuchado lo anterior. 
—Aarón Abigail Máster. 
—¿Abigail no es nombre de mujer? —dije empezando a reír. 
—¿Y a tus padres no le dijeron que Zero es nombre de hombre? —ouch, otra falta. 
Llevé el vaso a mis labios y escupí silenciosamente. 
 —¿Quién te dijo cuál es mi nombre? —el apuntó con su barbilla la mesa de los populares que miraban impacientes la escena—. Oh. 
—Y bien, ¿lo harás o no? —me levanté de mi asiento con el vaso aún en las manos.  
Me acerque a él, cerró los ojos y estiro los labios, me dieron ganas de reír, parecía un pato. pensé. 
¡Y BAM! El líquido se vertió sobre su cabeza y 2 cuartos de su cuerpo, todos se voltearon a ver y empezaron a reír. 
Y lo mejor es que los escupos que le eché quedaron en su cabello, como la guinda de la tarta. 
Sólo fue necesario esperar una fracción de segundo para que todos se dieran cuenta de lo sucedido y empezaran a reír descontrolados. Apuntaban con el dedo (cosa de mala educación, duh), gritaban y reían. 
Aarón, seguía ahí, en shock. Yo tenía una mirada de auto suficiencia. Miré hacía la mesa de los populares, todos estaban con la boca abierta y reían. 
—¡¡IDIOTA!! —reaccionó. 
—Así me dicen a menudo —murmuré con despreocupación.
Me volví a sentar como si nada hubiera ocurrido y comencé a ver mi uñas despreocupadamente.
—Me has dejado sin jugo de naranja —me quejé apropósito aun mirándome las uñas—. Por cierto, anda a cambiarte antes de que te resfríes. 
Quizá esto es lo bueno de la vida, lo único bueno que tiene esta maldita vida: hacérsela horrible a los demás.
 
Abre aquí, pan:
¡Hey! lovarou. here   Me encantó la idea, de verdad. I love it   Por algo audicioné, ¿no? uhm... ;-; Me presento: Mi nombre es Josefa pero lo odio, me gusta más mi segundo nombre, Saraí, pero ya me acostumbré a Josefa y sería raro que me llamaran por Saraí. Soy Chilena   Es kúl, lo sé, lo sé. Este país es hermoso aunque tienes que tener cuidado con que no te roben el celular o el dinero cada 10min.   Aunque se pasa muy bien aquí (?   
 
 
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por chanyeol. el Mar 09 Sep 2014, 1:35 pm

augustus escribió:
Holitas!! 
amo a ese viejito (?). Sinceramente la idea es original y muy hermosa, audicionare en un rato te dejo todo, cielo. Besos!

¡hola! muchas gracias por pasarte a participar. ¡espero tu ficha con ansias!
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Mensaje por chanyeol. el Mar 09 Sep 2014, 1:38 pm

tight. escribió:Holo Fer. Estoy aquí porque me ha encantado tu idea. So, en un rato dejo todo c:
¡sha! ¿te molesta que te siga diciendo sha, o realmente lo prefieres?
¡espero tu ficha!
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Mensaje por chanyeol. el Mar 09 Sep 2014, 1:44 pm

tight. escribió:

representantes: louis tomlinson; emily rudd.
nombres: noah grand; louise sprayberry.
rol: “loved you first” one direction.
escritos: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]; [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].


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Mensaje por chanyeol. el Mar 09 Sep 2014, 1:50 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:

Representantes: Sasha Pieterse y Luke Hemmings. 
Nombres: Sarah Lewis y Sean Wood. 
Rol: Párrafo 3, rol 3: "I Would" "Does he know?" 
Escrito:
Escrito here:
 Capítulo 1: “Año escolar nuevo, chismes nuevos, chicos nuevos, misma suerte.”
La mejor manera de despertar en tu primer día escolar es escuchar un cariñoso: «¡Zero maldita sea levántate, el primer día y ya estás atrasada maldita yegua!» de tu mamá. Muy bien digamos que mi vida no es la mejor de todas ni la más envidiable pero lo que se tiene es lo que se tiene. 
Con toda la flojera del mundo puesta en mí me levante o bueno, me senté en la cama para luego caer de boca al piso de lo adormilada que estaba, por suerte el golpe me despertó un poco, aunque sea. Apoye mis manos en la alfombra y me incline hacia arriba como pude, logré ver la mancha de saliva que quedó en el piso, donde me caí con la boca abierta; con una mano me limpié la boca que tenía aún algo de saliva. Me levante, comencé a caminar y me di con dedo pequeñito del pie de lleno contra una de las patas de la cama.
—Demonios —murmuré con pesar.
Realmente espero que los siguientes días no sean como estos.
Me metí en el baño murmurando cosas en otro idioma seguramente, un idioma inventado por mí. Me quite el pijama y este cayó al suelo, ni me molesté en recogerlo. Largué el agua jurando que estaba tibia pero ésta cayó malditamente helada, quemando toda mi espalda, pecho, nuca y piernas, me quite del camino del agua helada rápidamente, pero resbale y caí de trasero. Ahí quedara un moretón tan sensual que iré a los bares a bailarles a los hombres borrachos, de seguro pagarán millones por ver mi moretón en el trasero. Me incorpore como pude dando resbalones ya que mis piernas estaban temblorosas y me aleje del agua helada, estaba indefensa en una esquina. Estaba lloriqueando mientras daba patadas al agua para que se alejara, gran día. 
—¡Mamá! —grité.
—¿Qué quieres ahora? —podía percibir su enojo por su tono de voz.
Me atemoricé.
—¿Por qué no hay agua caliente o siquiera tibiecita?
—No hay agua caliente para ti, por culera.
¿Mi mamá me acaba de decir….? ¿Dónde aprendió eso?
Reprimí un sollozo, maldita agua fría. El agua seguía saliendo y yo estaba como pendeja en una esquina. Tome aire, Me metí en bajo el chorro de agua fría y quise gritar como si me estuvieran apuñalando.
¿Quién quiere llorar por su miseria, ha? ¡Ni tu mamá te quiere lo suficiente ni para prender el gas para que salga el agua caliente! Se rió una voz. Esa voz. Bueno, por lo menos aún no me insulta. 
Gorda de mierda. 
Bueno…
Cerré los ojos. Ahora sí quería llorar, la voz había vuelto.
Nunca estuve en un tratamiento para eso porque nunca se lo comenté a alguien, pero en las vacaciones se había ido y no me había vuelto a molestar, por lo que pensé que por fin se había ido, pero ahora veo lo equivocada que estaba. Al estar en contacto con la gente la voz comienza a hablar, a insultar, etc. Pero como en vacaciones estoy encerrada comiendo y viendo series online fomentando mi obesidad, no había hablado ni con la vecina loca de al lado.  
¿Me extrañaste?  No, a decir la completa y santa verdad, no te extrañé para nada.
Apreté la mandíbula hasta que me dolieron los dientes y las encías, no podía seguir siendo así. Desde los 10 años he escuchado esa maldita voz en mi cabeza y la muy desgraciada está muy lejos de irse. Suspire resignada, supongo que el resto de mi vida tendré que soportarla. Escuchando sus insultos y críticas sobre mí.
Salí de la ducha temblando de frío. Me sequé, eché desodorante y me envolví en una toalla saliendo del baño.
—Maldito invierno —canturreaba mientras buscaba algo qué ponerme.
Nunca había sido una de esas chicas que se preocupaban de cómo se veían, pero tampoco me gustaba parecer vagabunda o algo así. Por fin encontré algo decente. Era un jean ajustado negro, una blusa blanca, un chaleco a botones sin abrochar negro y unos zapatos con tacón bajo negros, ¿ya les dije que amo el negro? No me puse maquillaje, ni tenía tiempo para maquillarme, de hecho, cuando me maquillo ni se nota ya que yo no soy de esas personas con paciencia como para estarce arreglando, mejor dicho; no tengo paciencia para nada, además no sé ni ponerme brillo de labios sin que me parezca al Guasón. En un futuro (ni siquiera ahora) no me voy a tener que arreglar, ya que no tendré marido, sólo tendré que arreglarme para mis gatos, supongo. Lo cual es reconfortante, aunque mi madre y padre piensen que soy lesbiana porque nunca he traído un chico a casa. El otro día me preguntaron si había dado el primer beso, yo solo me quedé callada, ni siquiera sé si paso o no, creo que sí, no es algo de lo que le de importancia. ¿Quién necesita a alguien para besar cuando poder leer novelas eróticas de Justin Bieber en internet, dime, quién? 
Baje las escaleras rápidamente, lo cual fue un problema porque andaba con tacos, no importa si son altos o bajos, yo soy un desastre caminando hasta sin tacos. Me torcí el pie y caí rodando cual cerdo con patines por las escaleras, malditas casas de dos pisos, maldita coordinación, ¡oh no, esperen! Ni siquiera tengo una jodida pizca de coordinación, por lo cual no la puedo maldecir, no se puede maldecir algo que no existe. Es como cuando intentas maldecir mi vida social, eso no existe y jamás existirá.
Ni coordinación tienes. ¿Existe algo que sí tengas? Oh, claro que sí hay algo que tengo, tengo una maldita voz que me dice lo malditamente miserable que soy. Aunque es más como de esos amigos molestosos que siempre se están riendo de ti. 
Me pare quejándome y escuchando la risa de parte de mi madre, ¿existe alguien mejor?
—¡Te parecías a Peter la Anguila, sólo que tú estabas cayendo por las escaleras! —y empezó a ahogarse en su propia risa, oh, y a bailar como Peter la Anguila.
Tan sólo imagínense a su mamá bailando así. Sacudiéndose, moviendo sus manos y piernas como si le diera un ataque o estuviera recibiendo descargas eléctricas mientras canta «Pe-Pe-Peter la anguila, Pe-Pe-Peter la anguila».
—Cómo sea mamá, ¿mi desayuno? —pregunte medio cabreada.
— ¿Qué desayuno? Hoy no tendrás nada, floja —sentenció—. Desayuno quería la yegua.
Yegua, ¿podrás acostumbrarte a eso? Después de todo, es lo que eres y lo que serás. Los gatos quieren a las yeguas, mis gatos me querrán.
—Cómo quieras —solté bruscamente.
Tome mi celular junto con mis audífonos, tome mi mochila (la cual estaba con sólo 2 cuadernos a lo mucho y mi pobre estuche que con suerte tenía un lápiz grafito, otro lápiz pasta ―los dos mordidos―y un cuarto de goma de borrar en su interior, los cuales habían sido robados de mis compañeros de curso anterior) y me largué de casa sin dirigirle ni la mirada a mi mamá, lo sé, soy ruda y arriesgada.
Salí de casa fijándome en el suelo con cuidado de no tropezarme con una roca y caerme, no me hace falta. Paré de caminar y me acomode los auriculares por debajo de la blusa y los acomode en mis oídos. Puse play a una canción al azar. pensé. La canción al azar era Don’t let me go de Harry Styles. Puse la canción al máximo, pero antes de llegar al máximo apareció la precaución de « ¿Aumentar el volumen por encima de nivel seguro? Si escuchas con el volumen alto durante períodos prolongados, puedes dañar tu audición». Mi dedo todo donde decía «aceptar». Suspiré. Emprendí marcha nuevamente y en unos cuantos minutos y unas canciones más, llegué. Mire la hora en mi celular 07:50pm. Y mi mamá decía que iba a llegar tarde. ¡Faltan 30 minutos para que empiecen las clases!
De seguro se quería deshacer de ti lo más pronto posible de ti, nadie te aguanta, nadie te quiere cerca, Zero.
Cerré los ojos. No, ya no me harían más daño. Además, antes era más dañina. 
Dentro de la institución estaba más fresco que fuera. Los alumnos se movían de aquí para allá como si fueran plagas, y las gemelas Blu estaban repartiendo los horarios de todos como de costumbre. Eran idénticas, lo único que las diferenciaba era el lápiz labial que usan, Dakota Blu usa rojo pasión y Dacota Blu usa rosado pastel (y sí, las dos solo se diferencian por «ko» y «co» sus padres ha de ser muy originales, de seguro tuvieron que haber estado borrachos cuando las bautizaron o fueron al registro civil). Lo sé mejor que nadie, una vez las confundí y me dieron una cachetada cada una,  desde ese día no se me ha vuelto a olvidar, ¿y cómo iba a saber yo que «Dakota» se pronuncia más fuerte que «Dacota» en la parte del «ko-co»? Las dos eran de cabello rubio largo con ojos pardos y labios finos.
– ¡Zero! –gritaron las dos al mismo tiempo al verme.
– ¡Dakota y Dacota! –dije con «emoción».
Amo ser tan hipócrita.
Ellas sonrieron alegremente y Dakota me entrego mi horario.
–Gracias –pronuncié en cuanto me lo entrego.
—De nada —dijo amablemente, luego abrió los ojos de par en par, cómo recordando el secreto del universo que una vez se lo revelaron y luego se le olvido, pero ahora, lo ha recordado—. ¿Has escuchado el nuevo rumor?
Dios mío. Tuve unas ganas tremendas de cachetearla y poner los ojos en blanco, pero no lo hice por algo que aún tengo que se llama «educación» y «prudencia», lo tenía, en un porcentaje mínimo pero no tenía.
—No, no los he escuchado —respondí canalizando mi paciencia. 
—¿Es que no te interesa lo que pasa a tu alrededor, Zero? —bufé.
–Una cosa es que mi interesa lo que pasa a mí alrededor y la otra es andar de chismosa.
¿Soy yo o el aire se puso más pesado?
–Tú siempre con ese humor. Y nosotras que queríamos ser tus amigas –pronunció algo dolida Dacota.
–Pero yo no lo he pedido.
–Da igual si lo hayas pedido o no. Necesitas más amigos y una vida social, sin ofender, pero es verdad.
–Créeme, no me ofende. Además, no necesito más amigos que mi consola de videojuegos, gracias.
–Ermitaña –dijeron las dos al mismo tiempo.
–Cómo sea. Para acabar con esto, ¿cuál es o son los rumores de este año?
–Dicen que Lily terminó con su novio universitario en las vacaciones porque lo pillo revolcándose con otra.
Lily es la chica de…coño sociable, coño amable, por decirlo así y  a veces dan ganas de sacarle los intestinos, ponerlos en una bolsa y comenzar a jugar futbol con eso, es más hipócrita que yo. 
—Dicen que va a llegar un chico nuevo…
—Pero siempre llegan chicos nuevos —la interrumpí.
—Pero éste, viene de la correccional. ¡Vamos a tener un chico malo! —dijo emocionada Dakota.
—Que divertido —dije con notorio sarcasmo—. Bueno, tengo que ir a mi casillero.
Antes de que empezara a caminar adentrándome en la masa de jóvenes Dacota me tomo el brazo.
—Te han cambiado de casillero —suspiré pesadamente—. En tu horario viene anotado el número de casillero, la llave de tu casillero —me entrego una llave  de color naranja que tenía anotado un 563 en negro—. Buena suerte —me deseó.
—Supongo que gracias —dicho esto me dispuse a caminar.
Siendo empujada y dando trompicones avance entre la multitud. Se podían apreciar muchas cosas, desde los de primer grado cuidándose que los de último grado no le den la “sorpresa” por su bienvenida tan amistosa que es como un ritual hasta los que simplemente todo le importaba un rábano todo esto y sólo se querían ir de aquí, cómo yo. Era reconfortante saber que no soy la única que odia la humanidad.
Observé el horario, cada año se pone más duro todo esto, ¿y así quieren que nos motivemos? Primero dividían “Naturaleza” en 3 partes: Química, Biología y Física, ¿ahora me suman más y más ramos? No mamen.
 Mi casillero ahora era el 563. ¡Dios que flojera, el segundo piso! Yo no podía subir 5 escalones sin que me dé un «ataque». Definitivamente, éste, no es mi año. Bueno, si lo pensamos y analizamos todo bien, ningún año ha sido el mío. Ni siquiera el que nací, mucho menos ese año, ¿por qué mis padres no usaron protección o algo así? ¿Es que son tan flojos? Pudieron haberse puesto por lo menos una bolsita de súper mercado o un envoltorio de helado. 
Las canciones se seguían reproduciendo en mi celular y yo las tarareaba mientras subía las escaleras con cuidado de no caerme, como en mi casa y que alguien me dijera que me parezco a Peter la Anguila y se ponga a bailar y a cantar. Y eso me recordó a mi mamá, cantando y bailando, otro trauma más agregado a la lista para ir al psicólogo. A decir verdad, mi madre un día me consiguió una cita al psicólogo sin siquiera preguntarme, pero le dije que «no lo necesitaba», lo cual es estúpido porque sé que lo necesito. Orgullo ante todo, señores. 
Con pereza termine de subir las escaleras, estaba tan cansada. Me dolían las piernas, y parte del vientre. Además se me estaba agotando el aire y me dolía el pecho. Pero sigo creyendo que estoy en buen estado físico.
Caminé con pesadez hasta el casillero 563. No lo encontraba, hasta que me di cuenta que un chico descansaba sobre él, tapando el número, es que todos aquí son tan inteligentes que dan ganas de pegarles con una sartén y que sus conocimientos y cordura salten, ¡vamos! ¡No sean egoístas y hagan que sus conocimientos salten e iluminen al mundo, malditos hijos de puta! Pero nunca lo había visto, por lo cual aún yo no le doy mi agradable bienvenida de «quítate pedazo de animal» (pronto lo haría) probablemente era uno de los chicos nuevos de los que hablan las gemelas Blu. En cuanto estuve al lado de él lo empuje (extrañaba dar la bienvenida) y metí la llave en la cerradura y la giré a la derecha. Pero antes de poder abrirlo la voz gruesa del chico que acabé de empujar me detuvo.
— ¿Y a ti qué te pasa, estúpida? —pregunto en un tono de voz alto.
Todos los que estaban en los pasillos nos comenzaron a observar pero siguieron con lo suyo al darse cuenta de que ésta era otra más de las típicas peleas de inicio de año.
—Primero, ¡agradéceme, te di la bienvenida! Te empujé, no te di con un huevo en la nuca, da las gracias. Y segundo, este es mi casillero y tú estabas echado sobre él.
—Primero —contra atacó—, no soy un perro, ni cualquier otro animal, por lo cual no estaba “echado” —dijo haciendo comillas con sus dedos—, estaba recostado, descansando. Además, no tuviste que haberme empujado, pudiste haberme pedido permiso y yo amablemente hago caso. Segundo, ¿no se supone que por ser el nuevo tienen que darme buena impresión e intentar ser mis amigos?
Yo reí irónicamente. Imbécil.
—Quiero que te vengas sacando esa idea de que yo te voy a tratar bien de tu cabeza. Y tú mismo acabas de decir que eres un perro y luego dices «y yo amablemente hago caso» —dije en un claro intento fallido de imitar su voz— los perros mansos como tú hacen caso.
El apretó la mandíbula. —Púdrete.
—Con mucho gusto después de ti.
El frunció el ceño y se largó. Gracias a Dios.
¿No se supone que tú eres atea? Cállate.
Abrí el casillero (el cual obviamente estaba vacío) y metí 3 cuadernos dentro de éste. Miré a los demás que acomodaban sus cosas en su casillero, y me fijé en una chica que en el interior de su casillero ponía sus cuadernos con estampados de flores (y si no me equivoco uno era de Justin Bieber) y pegaba algunas fotos en el interior. En las fotos salía ella con un chico, los dos sonreían, de seguro era su novio (ya que la chica era muy linda) o un familiar cercano. Y luego miré el mío, mis cuadernos eran de color negro, todos. Y eso era todo lo que contenía mi casillero. pensé y una media sonrisa salió de mis labios.
Pero aun así con los libros más coloridos del mundo en tu casillero nunca tendrás felicidad, y estarás sola. Planeo quedar sola.
Apreté la mandíbula y recordé al chico, lo que tenía de guapo lo tenía de idiota.
Igual le doy, claro, si tuviera pene. 
Podrías comprar de esos cinturones que usan las lesbianas. Repito: Cállate.
Cerré el casillero de un golpe (sin antes sacar las cosas necesarias para mí siguiente clase, un cuaderno) y las personas que estaban cerca pegaron un salto del susto, reí, inservibles ratas. Recargué mi cabeza en el casillero y suspire pesadamente. Algo me decía que este año sería más pesado que los otros.
Dios quiera que no. No lo soportaría.
¡MALDICIÓN SE SUPONE QUE ERES ATEA! Ups.
Para mí todo era una miseria. Todo el día, entero, lleno de bazofia caminante y no caminante. Y el problema era que muy pocas veces veía el lado bueno de las cosas, me costaba hacerlo. Y no me pidan que piense en cosas buenas que me han sucedido porque no han pasado. 
Con mochila al hombro me dirigí a mi siguiente clase. Siempre me gustó llegar antes que todos los demás, a veces ponía cosas en los asientos de personas al azar para hacerles la vida un poco más entretenida o dibujaba cosas obscenas en el pizarrón, ―sólo eran penes mal hechos― era toda una chica mala. 
Me senté al final en un rincón como si fuera una araña esperando a que una inocente mosca cayera en su telaraña y esperé a que los demás fueran llegando. Bastaron de unos 20 minutos más para que tocara el timbre que daba el inicio de clases para que llegaran todos empujándose (y no está de más decir que algunos gritaban, «déjame pasar, imbécil» o bramaban cosas en otro idioma como yo cuando me pego en el dedito pequeño del pie)  para pasar por la estrecha puerta. En cuanto entraron todos tomaron el puesto que se les dio la regalada gana. Observaba como todos pasaban y un chico de cabello café cortado a lo militar (pero otra cosa más de militar no tenía nada, puro hueso el chico) y ojos cafés igualmente, nada inusual, me saludó a lo que yo respondí  levantándole el dedo corazón con aprecio, el bajó su mirada y se sentó en un puesto que no estuviera ocupado por otra persona. 
El profesor en poco tiempo llego y calmó a todos los simios a los que rara vez llamo «compañeros de curso». Como ya lo conocíamos no se presentó ya que tampoco había alumnos nuevos en la sala de clases. Abrí mi cuaderno y dibujaba mientras el profesor explicaba de átomos y todo eso. Fruncí el cejo, ¿qué? ¿Átomos? Dejé de dibujar cosas con sin sentido y elevé la miraba al pizarrón, no había ni una pizca de átomos, ¡estábamos en lengua! Dios. 
Uhm… ¿atea? 
Me di un palmetazo en la frente tan fuerte que el sonido revotó en toda la habitación y todos se giraron a verme, otros rieron (como de costumbre) y otros volvieron su atención a la pizarra negando con la cabeza mientras seguían copiando los apuntes, cosa que imité, no quería estar aquí un año adicional, antes me tiro de un puente.  
Cuando el timbre toco, todos (al igual que entrar) se apretujaban entre ellos y se apiñaban en la puerta intentando salir y gritando. Cómo dije: simios. Cuando la gran mayoría ya salió, yo, calmadamente, cogí mis cosas y me largué de ahí. Entre a la cafetería donde todos estaban instalados comiendo, hablando y riendo con su respectivo grupo de amigos y más que otro antisocial como yo que simplemente quería estar solo. Bueno, algunos no quieren estar solos, pero la sociedad los rechaza, ellos no son antisociales, la sociedad es anti-ellos.  
Tomé mis muffins (4, exactamente) de chocolate y el jugo de naranja para ir a sentarme sola, como siempre ―la combinación de muffins de chocolate con jugo de naranja es buena, no juzguen―. Comí tranquilamente calculando el tiempo para cuando toque nuevamente el timbre de ingreso. Sentí mi celular vibrar y lo saqué de mi bolsillo, baje la vista era un mensaje de mi mamá.
Éste decía así: «Tu tía está de visita en casa, más te vale llegar presentable, no quiero problemas.»
Con el «más te vale llegar presentable, no quiero problemas» se refería a que una vez llegué con un moretón en la cara y con una nota del director quejándose de que golpeé a una alumna y a sus amigas. 
Rodé los ojos y levante la vista para fijarme que delante de mí había un chico de ojos claros verdes y cabello castaño medio rubio peinado al estilo Niall Horan 2011. El imbécil que estaba echado en mi casillero. 
— ¿Y tú qué quieres ahora, perro manso? —pregunté de mala gana.
 —Mira, princesa —JAJAJA, ¿qué? —sé que no comenzamos con el pie derecho…
 –Pero a mí, me gusta comenzar con el pie izquierdo —lo interrumpí— ¡No! ¿Sabes qué? —Agregué— no me gusta comenzar, que flojera. 
El suspiró —Cómo sea. Mira, allá —señalo disimuladamente donde se sientan los «populares» con la cabeza— hay que hacer una iniciación para poder estar con ellos. Tengo que besar a una chica hostil a la que todos tengan miedo y ningún chico se le acerca. Y no quiero estar solo, tengo que entrar en el grupo de los populares, quiero ser alguien aquí. 
—Pues buena suerte con esto, campeón —dije haciéndome la lesa, sabía que esa chica era yo. 
Palmeé su hombro y seguí comiendo. 
—Oh, vamos, esa eres tú, lo sabes. 
Llevé el vaso de jugo de naranja a mis labios para tomar, pero le eché un escupo sin que él se diera cuenta.  
—¿Qué gano si te beso? —pregunté. 
—Consigues que tu lengua ya no esté tan blanca, ¿hace cuánto tiempo que no besas a alguien? —oh cariño, esa es una falta grave— ¿Te lavas la boca siquiera?
Llevé el vaso nuevamente a mis labios, otro escupo ninja.
—Primero tengo que saber el nombre de quién voy a besar —dije como si no hubiera escuchado lo anterior. 
—Aarón Abigail Máster. 
—¿Abigail no es nombre de mujer? —dije empezando a reír. 
—¿Y a tus padres no le dijeron que Zero es nombre de hombre? —ouch, otra falta. 
Llevé el vaso a mis labios y escupí silenciosamente. 
 —¿Quién te dijo cuál es mi nombre? —el apuntó con su barbilla la mesa de los populares que miraban impacientes la escena—. Oh. 
—Y bien, ¿lo harás o no? —me levanté de mi asiento con el vaso aún en las manos.  
Me acerque a él, cerró los ojos y estiro los labios, me dieron ganas de reír, parecía un pato. pensé. 
¡Y BAM! El líquido se vertió sobre su cabeza y 2 cuartos de su cuerpo, todos se voltearon a ver y empezaron a reír. 
Y lo mejor es que los escupos que le eché quedaron en su cabello, como la guinda de la tarta. 
Sólo fue necesario esperar una fracción de segundo para que todos se dieran cuenta de lo sucedido y empezaran a reír descontrolados. Apuntaban con el dedo (cosa de mala educación, duh), gritaban y reían. 
Aarón, seguía ahí, en shock. Yo tenía una mirada de auto suficiencia. Miré hacía la mesa de los populares, todos estaban con la boca abierta y reían. 
—¡¡IDIOTA!! —reaccionó. 
—Así me dicen a menudo —murmuré con despreocupación.
Me volví a sentar como si nada hubiera ocurrido y comencé a ver mi uñas despreocupadamente.
—Me has dejado sin jugo de naranja —me quejé apropósito aun mirándome las uñas—. Por cierto, anda a cambiarte antes de que te resfríes. 
Quizá esto es lo bueno de la vida, lo único bueno que tiene esta maldita vida: hacérsela horrible a los demás.
 
Abre aquí, pan:
¡Hey! lovarou. here   Me encantó la idea, de verdad. I love it   Por algo audicioné, ¿no? uhm... ;-; Me presento: Mi nombre es Josefa pero lo odio, me gusta más mi segundo nombre, Saraí, pero ya me acostumbré a Josefa y sería raro que me llamaran por Saraí. Soy Chilena   Es kúl, lo sé, lo sé. Este país es hermoso aunque tienes que tener cuidado con que no te roben el celular o el dinero cada 10min.   Aunque se pasa muy bien aquí (?   
 
 

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*creo que tu code tiene un problemín*


Última edición por bread el Mar 09 Sep 2014, 2:24 pm, editado 2 veces
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por panic. el Mar 09 Sep 2014, 1:56 pm

representantes: bea miller, keaton stromberg.
nombres: tris stone, robert miller.
rol: párrafo 5; rol 5: “running out of reasons” the wanted.
escritos: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]




Última edición por westcoast. el Mar 09 Sep 2014, 2:09 pm, editado 2 veces
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Mensaje por mindless el Mar 09 Sep 2014, 4:33 pm

Claro que no me molesta que me sigas diciendo Sha gracias por aceptar
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por chanyeol. el Miér 10 Sep 2014, 3:06 pm

westcoast. escribió:
representantes: bea miller, keaton stromberg.
nombres: tris stone, robert miller.
rol: párrafo 5; rol 5: “running out of reasons” the wanted.
escritos: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


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tu escrito de larry*-*
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por chanyeol. el Miér 10 Sep 2014, 3:07 pm

tight. escribió:Claro que no me molesta que me sigas diciendo Sha gracias por aceptar
bien, sha denada:)
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

Mensaje por lovarou. el Miér 10 Sep 2014, 3:20 pm

bread escribió:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:

Representantes: Sasha Pieterse y Luke Hemmings. 
Nombres: Sarah Lewis y Sean Wood. 
Rol: Párrafo 3, rol 3: "I Would" "Does he know?" 
Escrito:
Escrito here:
 Capítulo 1: “Año escolar nuevo, chismes nuevos, chicos nuevos, misma suerte.”
La mejor manera de despertar en tu primer día escolar es escuchar un cariñoso: «¡Zero maldita sea levántate, el primer día y ya estás atrasada maldita yegua!» de tu mamá. Muy bien digamos que mi vida no es la mejor de todas ni la más envidiable pero lo que se tiene es lo que se tiene. 
Con toda la flojera del mundo puesta en mí me levante o bueno, me senté en la cama para luego caer de boca al piso de lo adormilada que estaba, por suerte el golpe me despertó un poco, aunque sea. Apoye mis manos en la alfombra y me incline hacia arriba como pude, logré ver la mancha de saliva que quedó en el piso, donde me caí con la boca abierta; con una mano me limpié la boca que tenía aún algo de saliva. Me levante, comencé a caminar y me di con dedo pequeñito del pie de lleno contra una de las patas de la cama.
—Demonios —murmuré con pesar.
Realmente espero que los siguientes días no sean como estos.
Me metí en el baño murmurando cosas en otro idioma seguramente, un idioma inventado por mí. Me quite el pijama y este cayó al suelo, ni me molesté en recogerlo. Largué el agua jurando que estaba tibia pero ésta cayó malditamente helada, quemando toda mi espalda, pecho, nuca y piernas, me quite del camino del agua helada rápidamente, pero resbale y caí de trasero. Ahí quedara un moretón tan sensual que iré a los bares a bailarles a los hombres borrachos, de seguro pagarán millones por ver mi moretón en el trasero. Me incorpore como pude dando resbalones ya que mis piernas estaban temblorosas y me aleje del agua helada, estaba indefensa en una esquina. Estaba lloriqueando mientras daba patadas al agua para que se alejara, gran día. 
—¡Mamá! —grité.
—¿Qué quieres ahora? —podía percibir su enojo por su tono de voz.
Me atemoricé.
—¿Por qué no hay agua caliente o siquiera tibiecita?
—No hay agua caliente para ti, por culera.
¿Mi mamá me acaba de decir….? ¿Dónde aprendió eso?
Reprimí un sollozo, maldita agua fría. El agua seguía saliendo y yo estaba como pendeja en una esquina. Tome aire, Me metí en bajo el chorro de agua fría y quise gritar como si me estuvieran apuñalando.
¿Quién quiere llorar por su miseria, ha? ¡Ni tu mamá te quiere lo suficiente ni para prender el gas para que salga el agua caliente! Se rió una voz. Esa voz. Bueno, por lo menos aún no me insulta. 
Gorda de mierda. 
Bueno…
Cerré los ojos. Ahora sí quería llorar, la voz había vuelto.
Nunca estuve en un tratamiento para eso porque nunca se lo comenté a alguien, pero en las vacaciones se había ido y no me había vuelto a molestar, por lo que pensé que por fin se había ido, pero ahora veo lo equivocada que estaba. Al estar en contacto con la gente la voz comienza a hablar, a insultar, etc. Pero como en vacaciones estoy encerrada comiendo y viendo series online fomentando mi obesidad, no había hablado ni con la vecina loca de al lado.  
¿Me extrañaste?  No, a decir la completa y santa verdad, no te extrañé para nada.
Apreté la mandíbula hasta que me dolieron los dientes y las encías, no podía seguir siendo así. Desde los 10 años he escuchado esa maldita voz en mi cabeza y la muy desgraciada está muy lejos de irse. Suspire resignada, supongo que el resto de mi vida tendré que soportarla. Escuchando sus insultos y críticas sobre mí.
Salí de la ducha temblando de frío. Me sequé, eché desodorante y me envolví en una toalla saliendo del baño.
—Maldito invierno —canturreaba mientras buscaba algo qué ponerme.
Nunca había sido una de esas chicas que se preocupaban de cómo se veían, pero tampoco me gustaba parecer vagabunda o algo así. Por fin encontré algo decente. Era un jean ajustado negro, una blusa blanca, un chaleco a botones sin abrochar negro y unos zapatos con tacón bajo negros, ¿ya les dije que amo el negro? No me puse maquillaje, ni tenía tiempo para maquillarme, de hecho, cuando me maquillo ni se nota ya que yo no soy de esas personas con paciencia como para estarce arreglando, mejor dicho; no tengo paciencia para nada, además no sé ni ponerme brillo de labios sin que me parezca al Guasón. En un futuro (ni siquiera ahora) no me voy a tener que arreglar, ya que no tendré marido, sólo tendré que arreglarme para mis gatos, supongo. Lo cual es reconfortante, aunque mi madre y padre piensen que soy lesbiana porque nunca he traído un chico a casa. El otro día me preguntaron si había dado el primer beso, yo solo me quedé callada, ni siquiera sé si paso o no, creo que sí, no es algo de lo que le de importancia. ¿Quién necesita a alguien para besar cuando poder leer novelas eróticas de Justin Bieber en internet, dime, quién? 
Baje las escaleras rápidamente, lo cual fue un problema porque andaba con tacos, no importa si son altos o bajos, yo soy un desastre caminando hasta sin tacos. Me torcí el pie y caí rodando cual cerdo con patines por las escaleras, malditas casas de dos pisos, maldita coordinación, ¡oh no, esperen! Ni siquiera tengo una jodida pizca de coordinación, por lo cual no la puedo maldecir, no se puede maldecir algo que no existe. Es como cuando intentas maldecir mi vida social, eso no existe y jamás existirá.
Ni coordinación tienes. ¿Existe algo que sí tengas? Oh, claro que sí hay algo que tengo, tengo una maldita voz que me dice lo malditamente miserable que soy. Aunque es más como de esos amigos molestosos que siempre se están riendo de ti. 
Me pare quejándome y escuchando la risa de parte de mi madre, ¿existe alguien mejor?
—¡Te parecías a Peter la Anguila, sólo que tú estabas cayendo por las escaleras! —y empezó a ahogarse en su propia risa, oh, y a bailar como Peter la Anguila.
Tan sólo imagínense a su mamá bailando así. Sacudiéndose, moviendo sus manos y piernas como si le diera un ataque o estuviera recibiendo descargas eléctricas mientras canta «Pe-Pe-Peter la anguila, Pe-Pe-Peter la anguila».
—Cómo sea mamá, ¿mi desayuno? —pregunte medio cabreada.
— ¿Qué desayuno? Hoy no tendrás nada, floja —sentenció—. Desayuno quería la yegua.
Yegua, ¿podrás acostumbrarte a eso? Después de todo, es lo que eres y lo que serás. Los gatos quieren a las yeguas, mis gatos me querrán.
—Cómo quieras —solté bruscamente.
Tome mi celular junto con mis audífonos, tome mi mochila (la cual estaba con sólo 2 cuadernos a lo mucho y mi pobre estuche que con suerte tenía un lápiz grafito, otro lápiz pasta ―los dos mordidos―y un cuarto de goma de borrar en su interior, los cuales habían sido robados de mis compañeros de curso anterior) y me largué de casa sin dirigirle ni la mirada a mi mamá, lo sé, soy ruda y arriesgada.
Salí de casa fijándome en el suelo con cuidado de no tropezarme con una roca y caerme, no me hace falta. Paré de caminar y me acomode los auriculares por debajo de la blusa y los acomode en mis oídos. Puse play a una canción al azar. pensé. La canción al azar era Don’t let me go de Harry Styles. Puse la canción al máximo, pero antes de llegar al máximo apareció la precaución de « ¿Aumentar el volumen por encima de nivel seguro? Si escuchas con el volumen alto durante períodos prolongados, puedes dañar tu audición». Mi dedo todo donde decía «aceptar». Suspiré. Emprendí marcha nuevamente y en unos cuantos minutos y unas canciones más, llegué. Mire la hora en mi celular 07:50pm. Y mi mamá decía que iba a llegar tarde. ¡Faltan 30 minutos para que empiecen las clases!
De seguro se quería deshacer de ti lo más pronto posible de ti, nadie te aguanta, nadie te quiere cerca, Zero.
Cerré los ojos. No, ya no me harían más daño. Además, antes era más dañina. 
Dentro de la institución estaba más fresco que fuera. Los alumnos se movían de aquí para allá como si fueran plagas, y las gemelas Blu estaban repartiendo los horarios de todos como de costumbre. Eran idénticas, lo único que las diferenciaba era el lápiz labial que usan, Dakota Blu usa rojo pasión y Dacota Blu usa rosado pastel (y sí, las dos solo se diferencian por «ko» y «co» sus padres ha de ser muy originales, de seguro tuvieron que haber estado borrachos cuando las bautizaron o fueron al registro civil). Lo sé mejor que nadie, una vez las confundí y me dieron una cachetada cada una,  desde ese día no se me ha vuelto a olvidar, ¿y cómo iba a saber yo que «Dakota» se pronuncia más fuerte que «Dacota» en la parte del «ko-co»? Las dos eran de cabello rubio largo con ojos pardos y labios finos.
– ¡Zero! –gritaron las dos al mismo tiempo al verme.
– ¡Dakota y Dacota! –dije con «emoción».
Amo ser tan hipócrita.
Ellas sonrieron alegremente y Dakota me entrego mi horario.
–Gracias –pronuncié en cuanto me lo entrego.
—De nada —dijo amablemente, luego abrió los ojos de par en par, cómo recordando el secreto del universo que una vez se lo revelaron y luego se le olvido, pero ahora, lo ha recordado—. ¿Has escuchado el nuevo rumor?
Dios mío. Tuve unas ganas tremendas de cachetearla y poner los ojos en blanco, pero no lo hice por algo que aún tengo que se llama «educación» y «prudencia», lo tenía, en un porcentaje mínimo pero no tenía.
—No, no los he escuchado —respondí canalizando mi paciencia. 
—¿Es que no te interesa lo que pasa a tu alrededor, Zero? —bufé.
–Una cosa es que mi interesa lo que pasa a mí alrededor y la otra es andar de chismosa.
¿Soy yo o el aire se puso más pesado?
–Tú siempre con ese humor. Y nosotras que queríamos ser tus amigas –pronunció algo dolida Dacota.
–Pero yo no lo he pedido.
–Da igual si lo hayas pedido o no. Necesitas más amigos y una vida social, sin ofender, pero es verdad.
–Créeme, no me ofende. Además, no necesito más amigos que mi consola de videojuegos, gracias.
–Ermitaña –dijeron las dos al mismo tiempo.
–Cómo sea. Para acabar con esto, ¿cuál es o son los rumores de este año?
–Dicen que Lily terminó con su novio universitario en las vacaciones porque lo pillo revolcándose con otra.
Lily es la chica de…coño sociable, coño amable, por decirlo así y  a veces dan ganas de sacarle los intestinos, ponerlos en una bolsa y comenzar a jugar futbol con eso, es más hipócrita que yo. 
—Dicen que va a llegar un chico nuevo…
—Pero siempre llegan chicos nuevos —la interrumpí.
—Pero éste, viene de la correccional. ¡Vamos a tener un chico malo! —dijo emocionada Dakota.
—Que divertido —dije con notorio sarcasmo—. Bueno, tengo que ir a mi casillero.
Antes de que empezara a caminar adentrándome en la masa de jóvenes Dacota me tomo el brazo.
—Te han cambiado de casillero —suspiré pesadamente—. En tu horario viene anotado el número de casillero, la llave de tu casillero —me entrego una llave  de color naranja que tenía anotado un 563 en negro—. Buena suerte —me deseó.
—Supongo que gracias —dicho esto me dispuse a caminar.
Siendo empujada y dando trompicones avance entre la multitud. Se podían apreciar muchas cosas, desde los de primer grado cuidándose que los de último grado no le den la “sorpresa” por su bienvenida tan amistosa que es como un ritual hasta los que simplemente todo le importaba un rábano todo esto y sólo se querían ir de aquí, cómo yo. Era reconfortante saber que no soy la única que odia la humanidad.
Observé el horario, cada año se pone más duro todo esto, ¿y así quieren que nos motivemos? Primero dividían “Naturaleza” en 3 partes: Química, Biología y Física, ¿ahora me suman más y más ramos? No mamen.
 Mi casillero ahora era el 563. ¡Dios que flojera, el segundo piso! Yo no podía subir 5 escalones sin que me dé un «ataque». Definitivamente, éste, no es mi año. Bueno, si lo pensamos y analizamos todo bien, ningún año ha sido el mío. Ni siquiera el que nací, mucho menos ese año, ¿por qué mis padres no usaron protección o algo así? ¿Es que son tan flojos? Pudieron haberse puesto por lo menos una bolsita de súper mercado o un envoltorio de helado. 
Las canciones se seguían reproduciendo en mi celular y yo las tarareaba mientras subía las escaleras con cuidado de no caerme, como en mi casa y que alguien me dijera que me parezco a Peter la Anguila y se ponga a bailar y a cantar. Y eso me recordó a mi mamá, cantando y bailando, otro trauma más agregado a la lista para ir al psicólogo. A decir verdad, mi madre un día me consiguió una cita al psicólogo sin siquiera preguntarme, pero le dije que «no lo necesitaba», lo cual es estúpido porque sé que lo necesito. Orgullo ante todo, señores. 
Con pereza termine de subir las escaleras, estaba tan cansada. Me dolían las piernas, y parte del vientre. Además se me estaba agotando el aire y me dolía el pecho. Pero sigo creyendo que estoy en buen estado físico.
Caminé con pesadez hasta el casillero 563. No lo encontraba, hasta que me di cuenta que un chico descansaba sobre él, tapando el número, es que todos aquí son tan inteligentes que dan ganas de pegarles con una sartén y que sus conocimientos y cordura salten, ¡vamos! ¡No sean egoístas y hagan que sus conocimientos salten e iluminen al mundo, malditos hijos de puta! Pero nunca lo había visto, por lo cual aún yo no le doy mi agradable bienvenida de «quítate pedazo de animal» (pronto lo haría) probablemente era uno de los chicos nuevos de los que hablan las gemelas Blu. En cuanto estuve al lado de él lo empuje (extrañaba dar la bienvenida) y metí la llave en la cerradura y la giré a la derecha. Pero antes de poder abrirlo la voz gruesa del chico que acabé de empujar me detuvo.
— ¿Y a ti qué te pasa, estúpida? —pregunto en un tono de voz alto.
Todos los que estaban en los pasillos nos comenzaron a observar pero siguieron con lo suyo al darse cuenta de que ésta era otra más de las típicas peleas de inicio de año.
—Primero, ¡agradéceme, te di la bienvenida! Te empujé, no te di con un huevo en la nuca, da las gracias. Y segundo, este es mi casillero y tú estabas echado sobre él.
—Primero —contra atacó—, no soy un perro, ni cualquier otro animal, por lo cual no estaba “echado” —dijo haciendo comillas con sus dedos—, estaba recostado, descansando. Además, no tuviste que haberme empujado, pudiste haberme pedido permiso y yo amablemente hago caso. Segundo, ¿no se supone que por ser el nuevo tienen que darme buena impresión e intentar ser mis amigos?
Yo reí irónicamente. Imbécil.
—Quiero que te vengas sacando esa idea de que yo te voy a tratar bien de tu cabeza. Y tú mismo acabas de decir que eres un perro y luego dices «y yo amablemente hago caso» —dije en un claro intento fallido de imitar su voz— los perros mansos como tú hacen caso.
El apretó la mandíbula. —Púdrete.
—Con mucho gusto después de ti.
El frunció el ceño y se largó. Gracias a Dios.
¿No se supone que tú eres atea? Cállate.
Abrí el casillero (el cual obviamente estaba vacío) y metí 3 cuadernos dentro de éste. Miré a los demás que acomodaban sus cosas en su casillero, y me fijé en una chica que en el interior de su casillero ponía sus cuadernos con estampados de flores (y si no me equivoco uno era de Justin Bieber) y pegaba algunas fotos en el interior. En las fotos salía ella con un chico, los dos sonreían, de seguro era su novio (ya que la chica era muy linda) o un familiar cercano. Y luego miré el mío, mis cuadernos eran de color negro, todos. Y eso era todo lo que contenía mi casillero. pensé y una media sonrisa salió de mis labios.
Pero aun así con los libros más coloridos del mundo en tu casillero nunca tendrás felicidad, y estarás sola. Planeo quedar sola.
Apreté la mandíbula y recordé al chico, lo que tenía de guapo lo tenía de idiota.
Igual le doy, claro, si tuviera pene. 
Podrías comprar de esos cinturones que usan las lesbianas. Repito: Cállate.
Cerré el casillero de un golpe (sin antes sacar las cosas necesarias para mí siguiente clase, un cuaderno) y las personas que estaban cerca pegaron un salto del susto, reí, inservibles ratas. Recargué mi cabeza en el casillero y suspire pesadamente. Algo me decía que este año sería más pesado que los otros.
Dios quiera que no. No lo soportaría.
¡MALDICIÓN SE SUPONE QUE ERES ATEA! Ups.
Para mí todo era una miseria. Todo el día, entero, lleno de bazofia caminante y no caminante. Y el problema era que muy pocas veces veía el lado bueno de las cosas, me costaba hacerlo. Y no me pidan que piense en cosas buenas que me han sucedido porque no han pasado. 
Con mochila al hombro me dirigí a mi siguiente clase. Siempre me gustó llegar antes que todos los demás, a veces ponía cosas en los asientos de personas al azar para hacerles la vida un poco más entretenida o dibujaba cosas obscenas en el pizarrón, ―sólo eran penes mal hechos― era toda una chica mala. 
Me senté al final en un rincón como si fuera una araña esperando a que una inocente mosca cayera en su telaraña y esperé a que los demás fueran llegando. Bastaron de unos 20 minutos más para que tocara el timbre que daba el inicio de clases para que llegaran todos empujándose (y no está de más decir que algunos gritaban, «déjame pasar, imbécil» o bramaban cosas en otro idioma como yo cuando me pego en el dedito pequeño del pie)  para pasar por la estrecha puerta. En cuanto entraron todos tomaron el puesto que se les dio la regalada gana. Observaba como todos pasaban y un chico de cabello café cortado a lo militar (pero otra cosa más de militar no tenía nada, puro hueso el chico) y ojos cafés igualmente, nada inusual, me saludó a lo que yo respondí  levantándole el dedo corazón con aprecio, el bajó su mirada y se sentó en un puesto que no estuviera ocupado por otra persona. 
El profesor en poco tiempo llego y calmó a todos los simios a los que rara vez llamo «compañeros de curso». Como ya lo conocíamos no se presentó ya que tampoco había alumnos nuevos en la sala de clases. Abrí mi cuaderno y dibujaba mientras el profesor explicaba de átomos y todo eso. Fruncí el cejo, ¿qué? ¿Átomos? Dejé de dibujar cosas con sin sentido y elevé la miraba al pizarrón, no había ni una pizca de átomos, ¡estábamos en lengua! Dios. 
Uhm… ¿atea? 
Me di un palmetazo en la frente tan fuerte que el sonido revotó en toda la habitación y todos se giraron a verme, otros rieron (como de costumbre) y otros volvieron su atención a la pizarra negando con la cabeza mientras seguían copiando los apuntes, cosa que imité, no quería estar aquí un año adicional, antes me tiro de un puente.  
Cuando el timbre toco, todos (al igual que entrar) se apretujaban entre ellos y se apiñaban en la puerta intentando salir y gritando. Cómo dije: simios. Cuando la gran mayoría ya salió, yo, calmadamente, cogí mis cosas y me largué de ahí. Entre a la cafetería donde todos estaban instalados comiendo, hablando y riendo con su respectivo grupo de amigos y más que otro antisocial como yo que simplemente quería estar solo. Bueno, algunos no quieren estar solos, pero la sociedad los rechaza, ellos no son antisociales, la sociedad es anti-ellos.  
Tomé mis muffins (4, exactamente) de chocolate y el jugo de naranja para ir a sentarme sola, como siempre ―la combinación de muffins de chocolate con jugo de naranja es buena, no juzguen―. Comí tranquilamente calculando el tiempo para cuando toque nuevamente el timbre de ingreso. Sentí mi celular vibrar y lo saqué de mi bolsillo, baje la vista era un mensaje de mi mamá.
Éste decía así: «Tu tía está de visita en casa, más te vale llegar presentable, no quiero problemas.»
Con el «más te vale llegar presentable, no quiero problemas» se refería a que una vez llegué con un moretón en la cara y con una nota del director quejándose de que golpeé a una alumna y a sus amigas. 
Rodé los ojos y levante la vista para fijarme que delante de mí había un chico de ojos claros verdes y cabello castaño medio rubio peinado al estilo Niall Horan 2011. El imbécil que estaba echado en mi casillero. 
— ¿Y tú qué quieres ahora, perro manso? —pregunté de mala gana.
 —Mira, princesa —JAJAJA, ¿qué? —sé que no comenzamos con el pie derecho…
 –Pero a mí, me gusta comenzar con el pie izquierdo —lo interrumpí— ¡No! ¿Sabes qué? —Agregué— no me gusta comenzar, que flojera. 
El suspiró —Cómo sea. Mira, allá —señalo disimuladamente donde se sientan los «populares» con la cabeza— hay que hacer una iniciación para poder estar con ellos. Tengo que besar a una chica hostil a la que todos tengan miedo y ningún chico se le acerca. Y no quiero estar solo, tengo que entrar en el grupo de los populares, quiero ser alguien aquí. 
—Pues buena suerte con esto, campeón —dije haciéndome la lesa, sabía que esa chica era yo. 
Palmeé su hombro y seguí comiendo. 
—Oh, vamos, esa eres tú, lo sabes. 
Llevé el vaso de jugo de naranja a mis labios para tomar, pero le eché un escupo sin que él se diera cuenta.  
—¿Qué gano si te beso? —pregunté. 
—Consigues que tu lengua ya no esté tan blanca, ¿hace cuánto tiempo que no besas a alguien? —oh cariño, esa es una falta grave— ¿Te lavas la boca siquiera?
Llevé el vaso nuevamente a mis labios, otro escupo ninja.
—Primero tengo que saber el nombre de quién voy a besar —dije como si no hubiera escuchado lo anterior. 
—Aarón Abigail Máster. 
—¿Abigail no es nombre de mujer? —dije empezando a reír. 
—¿Y a tus padres no le dijeron que Zero es nombre de hombre? —ouch, otra falta. 
Llevé el vaso a mis labios y escupí silenciosamente. 
 —¿Quién te dijo cuál es mi nombre? —el apuntó con su barbilla la mesa de los populares que miraban impacientes la escena—. Oh. 
—Y bien, ¿lo harás o no? —me levanté de mi asiento con el vaso aún en las manos.  
Me acerque a él, cerró los ojos y estiro los labios, me dieron ganas de reír, parecía un pato. pensé. 
¡Y BAM! El líquido se vertió sobre su cabeza y 2 cuartos de su cuerpo, todos se voltearon a ver y empezaron a reír. 
Y lo mejor es que los escupos que le eché quedaron en su cabello, como la guinda de la tarta. 
Sólo fue necesario esperar una fracción de segundo para que todos se dieran cuenta de lo sucedido y empezaran a reír descontrolados. Apuntaban con el dedo (cosa de mala educación, duh), gritaban y reían. 
Aarón, seguía ahí, en shock. Yo tenía una mirada de auto suficiencia. Miré hacía la mesa de los populares, todos estaban con la boca abierta y reían. 
—¡¡IDIOTA!! —reaccionó. 
—Así me dicen a menudo —murmuré con despreocupación.
Me volví a sentar como si nada hubiera ocurrido y comencé a ver mi uñas despreocupadamente.
—Me has dejado sin jugo de naranja —me quejé apropósito aun mirándome las uñas—. Por cierto, anda a cambiarte antes de que te resfríes. 
Quizá esto es lo bueno de la vida, lo único bueno que tiene esta maldita vida: hacérsela horrible a los demás.
 
Abre aquí, pan:
¡Hey! lovarou. here   Me encantó la idea, de verdad. I love it   Por algo audicioné, ¿no? uhm... ;-; Me presento: Mi nombre es Josefa pero lo odio, me gusta más mi segundo nombre, Saraí, pero ya me acostumbré a Josefa y sería raro que me llamaran por Saraí. Soy Chilena   Es kúl, lo sé, lo sé. Este país es hermoso aunque tienes que tener cuidado con que no te roben el celular o el dinero cada 10min.   Aunque se pasa muy bien aquí (?   
 
 

aceptada

*creo que tu code tiene un problemín*
¿Cuál problemín? ;-; No lo veo, idk. Soy nueva en esto de los codes D: Y soy de esas personas bastante lentas para aprender   
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Re: different feelings. audiciones cerradas. resultados.

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