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Playboys

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Re: Playboys

Mensaje por oktubre. el Mar 09 Sep 2014, 6:14 pm

En unas horas subo. Perdonen la demora.
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Re: Playboys

Mensaje por Invitado el Mar 09 Sep 2014, 6:17 pm

bris, ¿te parece mal sí subo mi capítulo ahora y luego lo subes tú? yo ya lo tengo escrito
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Re: Playboys

Mensaje por oktubre. el Mar 09 Sep 2014, 6:26 pm

Esta bien c:
Igual en unas horas subo
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Re: Playboys

Mensaje por Invitado el Mar 09 Sep 2014, 6:34 pm



Capítulo 003
Codes × Karly
I've got one less problem without you.
—¡Vamos Pezza, por favor! Juro que será sólo esta noche, antes de que te transformes en la mujer más sería y aburrida del planeta —La rubia lanzó un grito.
—¡Eso no es verdad! Sabes que yo no me convertiré en eso, es sólo que mañana empiezo mi nuevo trabajo y quiero estar perfecta, sabes que es muy importante para mi, podría impulsar mi carrera y... —Summer me tapó la boca mientras rodaba los ojos.
—Sí, sí, lo mismo de siempre, entiendo. Pero tómalo como... ¿Cómo una fiesta de despedida? Sí, eso. Venga Charlotte, hazlo por mí, por tu mejor amiga.
—Bueno, esta vez ganas tú. Tan sólo deja de llamarme por mi segundo nombre, sabes que lo odio —Le supliqué, haciendo una mueca con mis labios—. Y bien... ¿Sabes adónde iremos esta noche?
—Lo odias pero sabía que con eso te convencería —Bufé al sentir como se enorgullecía de sus actos—. Es un bar bastante rico, se llamaba... Eh... ¡Ah, sí! Era algo así como “Sweetheart” —Me sorprendí al escucharla.
—Tenía entendido que a ese bar sólo iban los más ricos, ¿Cómo demonios has conseguido el dinero para entrar? —Sabía que no debía preguntar, pero era algo que no podía evitar.
—Oh, bueno... —Sabía que estaba dudando en si decirme la verdad o no— Es una muy larga historia, ¿Sabes?
Rodé los ojos— Tengo todo el tiempo del mundo, Summer.
—Bueno... Yo encontré una carta en tu buzón —Abrí la boca enfadada para decir algo—. ¡Sí, ya sé que está mal! Pero escúchame, la carta era un pase VIP. Sabía que sí eso llegaba a tus manos, lo rechazarías.
—¡Pero ese no es motivo para revisarme el correo! —Grité indignada, cruzándome de brazos.
—Esa ha sido la única vez que lo he hecho, ¡Lo juro! Créeme, no lo volveré a hacer más... Entonces... ¿Vamos a la fiesta, por favor? —Juntó sus manos y se puso de rodillas, mordiendo su labio inferior. Volví a rodar los ojos por segunda vez.
—Está bien, pero sólo iremos hoy y se acabaron, ¿Entendido? Ahora rápido, necesito un conjunto, desde que me he mudado mi armario necesita un cambio urgente de ropa.
—¡Eso ni se pregunta! ¿Rojo o negro?
—¿Qué? —Pregunté confusa.
—La lencería, tonta —Esta vez fue su turno de rodar los ojos.
—¡Summer! Me refería a un maldito vestido, ¡No voy a acostarme con nadie, por Dios!
—Bueno, nunca se sabe —Se encogió de hombros mientras desaparecía por la puerta. Hacíamos una combinación explosiva, pero quizá fue eso lo que nos unió y nos hizo convertirnos en lo que somos ahora, mejores amigas.
Después de media hora, apareció por la puerta de mi habitación, enfundada en un precioso vestido blanco liso y bastante corto a decir verdad, tenía unos enormes tacones de cristal en sus pies, pero estaba demasiado ocupada viendo lo que sostenía en sus brazos como para fijarme en esas cosas. No, por favor, de ninguna manera me pondría aquel vestido.
—¡Tú, rubia! No te quedes ahí parada, entra al baño y ponte guapa —Me gritó, lanzándome una bolsa con lo que supuse que era ropa... Bastante ligera.
—No voy a ponerme ésto ni loca.
Mi tono intimidante no causó ni que dudase— Pues qué lástima, porque no hay otra cosa. Y me has prometido que irías, así que no tienes elección.
Gruñí furiosa y me puse de pie sin saber muy bien si aceptar aquel regalo o no. Definitivamente lo acepté, porque era una maldita idiota que no sabía decirle que no a su maldita mejor amiga que no dejaba de hacer unos malditos pucheros. Arranqué el traje de un tirón de sus manos y caminé como un animal hacia el baño, al abrir la pequeña funda que evitaba que la ropa no se arrugase, negué con la cabeza. Tacones negros, un vestido entallado negro y miles y millones de botes específicamente de maquillaje. Eso sólo hizo aclarar mis dudas, antes muerta que ponerme aquellas cosas.

{...}

—¡Como no salgas ahora mismo Edwards, juro que tiraré la puerta abajo! ¡Tú sabes bien que no bromeo con esas cosas!
Mis dedos comenzaron a temblar, estaba horrible y ya no sólo por vestirme, sino por el maquillaje. ¿Quién me había dicho que me maquillase? No sabía, nunca lo había hecho y estaba segura de que debía parecer en aquellos momentos una niña pequeña en el cuerpo de una mujer... No tan mujer. Di un paso hacia la puerta, pero en el intento me tropecé, como llevaba haciendo desde que me había puesto aquellos horrorosos tacones. Rápidamente volví a escuchar unos enfadados golpes en la puerta.
—¡Perrie, sal ya! Cuento hasta tres... Tres... Dos... Uno... —Mierda, tenía que salir. Mi amiga era capaz de derrumbar la puerta y todo lo que se le antepusiese por delante con tal de alcanzar su destino.
Abrí la puerta precipitadamente, cerrando los ojos para no ver la muy sorprendida reacción de mi mejor amiga. Me mordí el labio inferior, probando el dulce sabor del pinta labios rojo, obvio también comprado por la rubia. Abrí tímidamente un sólo ojo, arrugando mi nariz al ver a Summer con la boca abierta.
—Estás... Ésto es... Dios...
—Lo sé, lo sé, estoy horrible. Será mejor que vayas tú sola a la fiesta, ya me contarás como te fue... —Me giré para volver a meterme en el baño y cambiarme de vuelta, pero un brazo agarró mi muñeca deteniéndome.
—¿Estás de broma, verdad? Pezza, sé que no te lo digo mucho pero estás preciosa —Me crucé de brazos, ¿Cómo sabía que no era una mentira solamente para llegar más pronto? No sería la primera vez que lo hacía—. ¡Oye! No me mires así, no miento. ¿Te has visto al espejo?
—Está bien, está bien, ¿Nos vamos?
—¡Prepárate para la mayor fiesta de la historia! ¿Sabes? Eso es lo genial, nunca tienes idea ni de qué va a pasar.
Y sin que yo lo supiese, aquellas últimas palabras serían lo que definirían mi salida. Realmente no tenía ni idea de lo que iba a pasar.

{...}

Antes de que pudiese darme cuenta, el taxi ya había aparcado en el estacionamiento del club. Un cielo oscuro se cernía sobre nosotras mientras caminábamos por aquél lúgubre pasillo que conducía a la entrada. Sentí la miradas de los hombres borrachos que se encontraban allí posaese sobre mí y los escuché decir algunas groserías acerca de mi trasero. Mis mejillas se tiñeron de rojo y como si fuera un acto involuntario, tomé la mano de Summer y me aferré a ella. La rubia me miró y contuvo la risa, pero su rostro la hizo evidente.
Cuando finalmente entramos al lugar, quise salir corriendo. Yo no pertenecía allí.
Un escalofrío recorrió por completo mi columna vertebral. Miré hacia todos lados, aferrándome con fuerza a la mano de quién caminaba con tranquilidad a mi lado. Me sentí como una niña indefensa en medio de una selva.
Los olores de cigarrillo, droga, alcohol y sudor se mezclaban y llenaban aquel triste club. La música parecía reventar los parlantes y los hombres buscaban alguna chica para apretarse mientras bailaban hasta caer desplomados en el suelo… O en la cama de un motel.
Fuimos abriendo paso entre el tumulto de frente y caminamos hacia la barra. Nos sentamos la una al lado de la otra sobre los taburetes de madera.
—Dos Jack Daniels —Mi mejor amiga se dirigió al camarero de ojos grises, que luego le sonrió amistosamente mientras asentía con la cabeza y se daba la vuelta para servir su pedido, no sin antes mirarme y guiñarme un ojo.
Hice caso omiso a aquel gesto y ladeé la cabeza hacia la rubia con el ceño fruncido.
—Dios mío —Con una mueca de asco recorrí el lugar con la mirada—. Sácame ahora mismo, llévame a casa. No me gusta este lugar.
Me miró seria unos instantes y no dijo nada, luego su carcajada llegó a mis oídos. Me encogí, sintiéndome pequeña también interiormente. Cada vez que ella se reía de mí de esa forma, me hacía sentir así. Me intimidaba.
Me limité a rodar los ojos y me obligué a forzar una sonrisa sarcástica para contraatacar. Ella suavizó su rostro y se levantó casi de un salto, parándose frente a mí.
—Venga Pezz, no seas aburrida —Su sonrisa se ensanchó. Tomó de la barra los pedidos y me entregó mi Jack Daniels. Con su mano libre tomó la mía, obligándome a levantarme—. Vamos a bailar un rato.
Una sonrisa inerte se asomó entre las comisuras de mis labios. Asentí con la cabeza y le di un gran trago a mi bebida. Por aquellos momentos me olvidé completamente de que mañana tenía que ir a trabajar y guardé en otro lado la estructurada Perrie Edwards que solía ser.
Sabía que era una buena bailarina, de hecho, mis doce años estudiando danza me habían servido de mucho, pero aun así me costaba ablandarme en aquel lugar. La gente no dejaba de empujarme y su sudor pegajosa hacía que desease volver a la barra. Simplemente me limitaba a mover mis caderas de un lado a otro, siguiendo el ritmo de la música que retumbaba en mis oídos. Sin duda, bailar no era el fuerte de mi mejor amiga, aunque lo disimulaba bastante bien.
Fue entonces cuando escuché una respiración ronca y pesada detrás de mí, chocando contra mi nuca. Unas grandes manos ocuparon mi cintura, separándome de Summer.
—Lo siento señorita, pero su amiga lleva llamándome la atención desde que entró. ¿Le importaría mucho si me concede este baile?
Cuando vi a mi mejor amiga sonreír y asentir frenéticamente, mis ojos se abrieron de golpe.
Me quedé inmóvil en mi lugar, incrédula de lo que acababa de presenciar. Si bien Summer estaba en su derecho de decidir si cuidar de mí o no, pero me acababa de dejar con un completo desconocido al cual, no había visto aún la cara. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo podía ser tan desconsiderada?
Ahora me encontraba con él, en medio de la pista y con los insultos hacia Summer picándome la garganta.
En ese momento solo quería estar en casa, sola.
La culpabilidad comenzó a invadirme cuando su nombre pasó por mis pensamientos. ¿En qué estaba pensando cuando accedí a ir de fiesta con mi amiga?
Me abracé a mí misma mentalmente, sintiéndome desolada. No supe qué hacer ni a dónde ir. Busqué a la rubia con mi mirada, pero ella ya se había perdido entre la gente. Sin embargo, no tenía otra opción, así que me decidí a buscarla.
Pero entonces una voz me detuvo en seco.
—Así es como quería encontrarte, Perrie Edwards. Sola —Me mordí el labio inferior nerviosa, intenté escaparme de su agarre, pero sus brazos se apretaron aún más contra mí y me hicieron girarme para encararle.
El lugar estaba tenuemente iluminado por luces de colores, pero aun así, pude distinguir al misterioso hombre con claridad.
Era dueño de un cuerpo esbelto de tez morena. Lo que su camiseta de Jimi Hendirx dejaba sin cubrir era la piel tatuada de sus brazos. Su cabello era simpáticamente colocado en forma de tupé y si no me equivocaba, de color negro.
Sin embargo, lo más impactante en aquel chico era en la forma que su mirada me penetraba.
Ladeé la cabeza hacia atrás para comprobar que él realmente me estaba mirando a mí. Pero no había nadie más a mis espaldas, ni a mi lado. Solo estaba yo.
Mi corazón se sacudió contra mis costillas cuando vi una sonrisa asomarse entre las comisuras de sus labios y él comenzó a acercar sus labios lentamente hacia mí. La piel se me erizó y mis piernas flaquearon.
Respiré hondo, pero el aire de mi entorno no era suficiente para mis pulmones. Ignoré lo que estaba ocurriendo, o al menos lo intentaba pues él parecía estar cada vez más cerca.
—¿Y qué hace una chica tan guapa sola?
—¿Y qué hace un estúpido como tú todavía hablándome? —Reuní fuerzas para encararle— Mira —Comencé—, no sé si este truco te funcionará para ganarte a las mujeres, pero conmigo lo único que te ganarás es una bofetada.
—La gatita tiene garras, me gusta —Ronroneó acercándose más a mí, mientras yo me ponía de pie—. Pero no hace falta que te hagas la tonta y la difícil, esas cosas no funcionan conmigo —Explicó sonriendo ladeadamente y matando con ella a todo el sector femenino que había en el bar, había que reconocer que por muy idiota que estuviera siendo, tenía una sonrisa preciosa.
Pero de repente, todo se tornó oscuro. ¿¡ESO QUE ACABO DE SENTIR ES SU MANO EN MI TRASERO?!
Lo último que se escuchó fue el sonido de mi mano impactar en su cara.
—¿¡Tú estás loca!? —Exclamó llamando la atención de todo el local.
Como pude, conseguí zafarme de su agarre. Caminé con pasos torpes y rápidos abriéndome paso entre la gente. Estaba buscando la salida desesperadamente, necesitaba tomar un poco de aire. Pero entonces sentí que alguien tomaba mi mano con fuerza. Mi corazón se detuvo unos instantes. Giré sobre mi eje y mis ojos reconocieron al mismo chico al que minutos antes había abofeteado. Tiró de mi mano y me aferró a su cuerpo con violencia. Luché para zafarme, pero aquel moreno de ojos negros tenía notablemente muchas horas de gimnasio.
—¡Suéltame! —Jadeé cuando sentí sus dedos bajar hasta mi trasero.
—Oh vamos, no seas así. Diviértete un poco conmigo —Susurró en mi oído.
Me mordí la lengua para no gritar y seguí mi primer instinto. Levanté mi rodilla y lo golpeé fuertemente en su entrepierna. Él se retorció de dolor y apenas pudo balbucear sus siguientes palabras:
—¡Maldita perra!
—No me dejaste opción —Me encogí de hombros y me alejé de él rápidamente.
A duras penas logré finalmente salir de casa. Me senté en uno de los escalones en el porche y llené mis pulmones del aire fresco que corría por la ciudad. Arrugué la nariz al observar con mayor claridad una mancha de cerveza sobre mi vestido.
Resoplé aburrida y apoyé mi mejilla sobre mi puño. Mi vista viajó hasta el estrellado cielo nocturno que se cernía sobre mí. Definitivamente, quedarme en casa leyendo Orgullo y Prejuicio o viendo una película junto con Dorothy, mi gato, parecía una mejor opción en esos momentos.
Suspiré y tomé mi móvil. Deslicé mi dedo por la pantalla y miré la hora. Eran apenas las dos de la madrugada. Fiestas como aquellas no se replanteaban terminar hasta el amanecer.
Pasé los siguientes cuarenta minutos sentada en el mismo lugar, sola y mirando fotos absurdas que solíamos hacernos Summer y yo. Cualquier cosa era mejor que volver a entrar, pero realmente quería volver a casa.
Tomé una gran bocanada de aire y me puse de pie. Apenas pisé el segundo escalón, el sonido de un crujido se hizo presente. Sentí un tirón hacia abajo en mi pie izquierdo y negué con la cabeza exasperada cuando vi el tacón de mi zapato fuera de él. Se había salido.
—¡Maldición! —Grité enfurecida con la situación, con toda la gente allí dentro y conmigo misma incluso. ¿Acaso la noche podía ser peor?
—Vaya, un ángel maldiciendo. ¿Quién lo diría? —Una voz ronca y lenta habló a mis espaldas, haciendo que un escalofrío recorriese mi espina dorsal.
Era él.
Ladeé la cabeza hacia atrás para ver al dueño de esa profunda voz. Mis ojos se encontraron con un hombre de casi un metro ochenta que prometía no más de veinticinco años. Observé con cautela su rostro, que parecía tallado a mano por los mismísimos ángeles. Sus labios mullidos esbozaban una sonrisa resplandeciente y su nariz era fina y perfilada. No pude evitar detenerme en ese par de punzantes ojos marrones. En esa mirada que me traspasaba, pero no me dejaba ver qué había dentro de ella y parecía tener secretos bien guardados. Esa mirada que me congeló.
El corazón me latió frenéticamente y una corriente eléctrica recorrió cada parte de mi cuerpo. Me obligué mentalmente a ignorar aquella sensación de temor que me producía la oscuridad de sus ojos e hice de cuenta que no me provocaban nada.
—¿Me estás siguiendo? —Aunque desconfiaba de mi voz, mis palabras habían sonado seguras y desafiantes. Tal y cómo quería.
Él rió y echó su cabeza hacia atrás, sacudiendo de un lado a otro. Su actitud autosuficiente me hizo sentir pequeña e indefensa.
—Bien, entonces... ¿Qué quieres? ¿Por qué hablas conmigo?
—Uh, parece que alguien no está de buen humor hoy —Se burló—. ¿Siempre eres así de amargada?
En mi defensa, podría haberle contestado que no había sido un buen día para mí. Pero luego me arrepentí y cerré la boca. Él no tenía por qué enterarse de mis malas pasadas aquella noche. Aunque, era evidente de todas formas.
—¿Te esfuerza en ser molesto o es un talento natural? —Dije con suficiencia y un atisbo de irritación.
Me miró de soslayo y se encogió de hombros. Las comisuras de su boca se curvaron en una sonrisa y no dijo nada más.
—Quiero irme a casa ahora mismo —Esta vez no me dirigí a él, ni a nadie. Más bien, lo dije para mí misma.
Me quité el par de zapatos de mis pies y caminé descalza por el frío suelo. Antes de que pudiese entrar nuevamente a la casa, su cálida mano atrapó la mía y me tiró hacia él, haciendo que nuestras miradas se encontrasen.
—¿Te llevo a casa? —Preguntó, aunque en realidad sonó más como una orden.
Por algunos segundos no pude responder, la forma en la que sus ojos me penetraban me había dejado sin aliento. Sacudí la cabeza a modo de respuesta, pero él no soltó mi mano. Él esperaba una respuesta con palabras.
—Nunca, ni en tus más salvajes sueños —Dije con firmeza—. Mi amiga sigue aquí y jamás dejaría que un extraño me lleve a casa. De hecho, no sé ni por qué estoy hablando contigo.
Otra sonrisa se asomó en su perfecto rostro.
—Soy Javadd —Dijo él—. Javadd Hendrix.
—N-No te pregunté quién eras —Jadeé con un hilo de voz y pude finalmente zafarme de su agarre.
Me adentré en la pista de baile y tuve la suerte de distinguir fácilmente la melena rubia de mi mejor amiga. Corrí hacia ella antes de perderla de vita nuevamente y la tomé por el codo, haciendo que su baile se detuviese.
—Summer, quiero irme de aquí —Dije casi como una súplica—. No lo estoy pasando para nada bien.
—¿Qué? —Chilló y pude notar cuán borracha estaba— ¡Tómate un buen trago y deja de ser tan llorona, cariño!
Reprimí un bufido y me limité a poner los ojos en blanco. No podía hablar con ella en ese estado. Bajé la mirada y asentí con la cabeza, resignada. No tenía derecho a arruinar su noche solo por mí. Ellos lo estaban pasando realmente bien.
Rendida, volví a salir del bar.
Calculé la distancia a casa y sin saber qué más hacer, decidí tomar el camino de vuelta y caminar. La noche era oscura y eso me aterraba, pero solo quería regresar y descansar. No tuve tiempo para pensarlo ya que ya estaba a dos cuadras de la fiesta, encaminándome a mi casa, con los pies descalzos y el cuerpo cansado. Sonreí al pensar cuán valiente estaba siendo.
Sin embargo, me detuve en seco cuando escuché el bullicio proveniente de un grupo de chicos dirigiéndose a mí. Me pareció que el corazón se me iba a escapar del pecho. Latía frenéticamente. Mis piernas no respondían a las órdenes de mi cerebro: Correr.
—¡Eh, preciosa! —Gritó uno de tez pálida y cabello platinado, notablemente alcoholizado, con una sonrisa perversa.
Tragué saliva con dureza. Cada vez estaban más cerca y claramente, sus intenciones no eran nada buenas.
Aunque estaba sumida en mis pensamientos negativos sobre lo que me esperaba si continuaba parada en el lugar, pude escuchar el sonido de un motor rugiendo detrás de mí.
—J-Javadd —Murmuré con la voz quebrada en cuando lo vi detener su moto justo a mi lado.
—Venga, sube ahora. Te sacaré de aquí —Dijo y ladeó su cabeza señalando la parte trasera de aquel vehículo que tanto me aterrorizaba.
Otra vez, me mantuve callada mientras mi mente debatía entre mis opciones: Quedarme en dónde estaba y ser violada por un grupo de adolescentes ebrios o subirme a la moto con un extraño llamado Javadd y probablemente... Ser violada también.
Antes de tomar una decisión miré hacia la esquina. Ellos estaban apenas unos metros de distancia y me desnudaban con la mirada mientras se acercaban y se murmuraban cosas entre ellos.
Como primer reflejo, me acerqué más al moreno, buscando –de algún modo– algo de protección en él.
—¡No intentes escapar, preciosa! —Exclamó otro de ellos.
Miré al chico otra vez y él sonrió ampliamente— Es ahora o nunca, nena.
—No quiero ir contigo —Balbuceé nerviosa.
—¿Tienes una mejor opción? —Su mirada se deslizó hacia el grupo que ya prácticamente estaba a mi lado.
Respiré hondo y sin esperar un segundo más, me monté detrás de él en la motocicleta. Envolví su cintura entre mis delgados brazos y me aferré a su cuerpo con fuerza. Cerré los ojos y pude escuchar su melodiosa risa, que luego se perdió entre los rugidos del motor.
Oh, iba a arrepentirme de eso más tarde.

{...}

Cerré los ojos con fuerza cuando el viento chocó de lleno contra mi cara. Tomé una gran bocanada de aire y llené mis pulmones. Mientras tanto, la motocicleta se deslizaba veloz sobre el pavimento.
Cada vez que él aceleraba, yo me aferraba aún más a su cintura y me mordía la lengua para evitar que ese grito histérico que me quemaba la garganta se escapara de mis labios. Mis ojos se abrieron lentamente cuando la velocidad disminuyó un poco y él se giró hacia mí, risueño.
—¿Por qué tanto miedo, nena? —Preguntó con una perfecta sonrisa asomada entre las comisuras de su boca.
—¿Q-Qué? —Balbuceé como si no le hubiera oído.
—Me estás dejando sin aire —Dijo y con la mirada señaló mis brazos alrededor de su cintura. Inmediatamente aflojé un poco mi agarre y sentí mis mejillas arder de la vergüenza. Sólo podía esperar que bajo la tenue iluminación que la luna llena brindaba aquella noche, no se me notara el rubor.
Él se limitó a sonreír, haciéndome sentir más aliviada. Sin embargo, la forma en la que sus ojos me miraron hizo que un escalofrío viajara desde mi espina dorsal al resto de mi cuerpo. Me perdí completamente en ellos. En el odio y rencor que se escondía dentro de esos grandes orbes y que su sonrisa pretendía ocultar.
Aclaré mi garganta y me obligué a apartar la vista. Aquellos segundos habían parecido horas. Él rápidamente volvió su mirada al frente y el motor rugió otra vez.
—¿Por qué estás tan asustada? —Su voz invadió mi poca tranquilidad nuevamente.
—Es que nunca he estado... —Vacilé.
—¿En una de estas? —Completó mi oración haciendo referencia a su Harley. Sacudí mi cabeza de un lado a otro.
—No me refería a eso —Aclaré—. Bueno... Eso también. Pero jamás había dejado que un extraño me llevase a casa.
Él no dijo nada más. Y aunque estaba de espaldas a él, pude jurar que entornó sus ojos y se tragó un bufido.
Cuando salimos de la autopista, el moreno ladeó su cabeza hacia mí y me mostró una media sonrisa. Al hacerlo, mis ojos tuvieron mejor acceso a su cuello y con claridad observé las marcas de su piel. Marcas de chupetones.
«Promiscuo.» Pensé. Aunque no podía culparlo. Ese hombre tenía todo lo que cualquier mujer podría desear. Los tatuajes en su piel, su cabello alborotado, su forma de vestir, todo en él emanaba peligro. Él tenía ese típico aspecto de chico malo que lo hacía lucir completamente irresistible. Debía tener una larga fila de mujeres para elegir, y dudaba que no sacara provecho de aquello.
Pero claro que yo no iba a ser tan tonta. No caería en su trampa. No sería otra de sus presas. Todo lo contario. Personas como él era a las que quería y debía mantener al margen de mi vida.
—¿Dirección, preciosa? —Habló nuevamente con una pizca de arrogancia en su tono de voz.
—Deja de llamarme así —Reprimí.
—¿Por qué? ¿Te pongo nerviosa? —El arqueó una ceja, divertido y lentamente acercó su rostro al mío. Percibí su exquisito aroma: Una mezcla de menta y algo de Calvin Klein. Finalmente, aparté mi cabeza para alejarme de él. Claro que me ponía nerviosa, pero jamás iba a admitirlo en voz alta.
Suspiré, segura de que luego me arrepentiría de mis siguientes palabras.
—Oxford Street, 847 —Dije y fingí una tos—. Y mi nombre es Perrie. Sólo llámame Perrie.
—Ya sabía tu nombre de todas formas —Él asintió, se encogió de hombros y apretó el acelerador.
Aquello me dejó confundida, ¿Cuándo demonios le había dicho yo mi nombre? ¿Acaso se lo habría escuchado decir a Summer? Imposible. Quería preguntárselo, pero como no paramos en ningún semáforo, me dejó claro que no íbamos a hablar.
Luego de los que me parecieron veinte eternos minutos, el vehículo aparcó frente a la fachada de mi casa.
Casi de un salto me bajé de la motocicleta y con mis dedos acomodé mi enmarañado cabello. Le mostré una tímida sonrisa sin despegar mis labios, en forma de agradecimiento. Corrí hacia la puerta sin decir nada más.
En ese momento, todo lo que quería era volver a mi cama y olvidar todo lo que esa noche había sucedido.
—¿Ya no quieres esto? —Me detuve en seco y giré sobre mis talones para verle. Él agitaba entre sus dedos un teléfono móvil. Mi teléfono móvil.
Fruncí el ceño. ¿En qué momento lo había perdido? O ¿En qué momento él lo había tomado?
—¿Cómo… —Titubeé— ¿Querías robármelo?
—Tranquila, sólo se te cayó y yo lo tomé —Él puso sus ojos en blanco y se justificó—. Deberías agradecerme, ahora tienes mi número. Puedes llamarme cuando desees volverme a ver.
Antes de que pudiera decir algo, él estaba frente a mí. Tan cerca, que podía sentir su frío aliento chocando contra mis labios. Miró mi boca y luego clavó su efervescente mirada en la mía. Temblé cuando sus dedos rozaron mi frente y quitaron de ella un mechón, para luego ponerlo tras mi oreja.
—Bonitos ojos, Perrie —Dijo con la voz ronca y lenta.
Mi nombre sonó tan lindo cuando salió de sus labios que provocó que un cosquilleo me recorriera internamente. Me quedé estática, y sin poder decir nada. Él me dejaba sin aliento.
Tuve que golpearme por dentro para devolverme a la realidad. Me aclaré a garganta y retrocedí un paso, buscando un espacio razonable entre ambos cuerpos.
—Buenas noches —Musité con frialdad.
—Dulces sueños, cariño —Sonrió él—. No dudes en que te veré pronto.
Con la mirada al frente y pasos seguros, caminó lejos de mí.
—Ah, por cierto —Murmuró ya encima de su motocicleta, arrancando el motor—. Ten suerte mañana, mi padre puede ser un poco idiota cuando se lo propone.
Sacudí mi cabeza confusa, ¿Qué tenía que ver su padre con todo ésto? Fruncí el ceño y antes de siquiera poder abrir la boca, él se marchó. Bufé exasperada ante su actitud y me adentré en mi casa, entonces todo vino a mí. Mierda.
Acababa de dejar que el hijo de mi jefe me llevase a casa. Y horas antes le había abofeteado. Joder. Estaba en un gran problema.

Spoiler:
Bueno, aunque nadie haya hecho ésto yo sí que lo haré porque soy increíblemente cúl y siento que necesito aclararlos unas cosas. La primera es que puse todo el capítulo en cursiva para que entendieran que son recuerdos de Perrie, de cómo conoció a su "playboy" Y la segunda es que, en el próximo capítulo ya escribiré la vida de ella actual. Y ya está.
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Re: Playboys

Mensaje por Robin. el Mar 09 Sep 2014, 7:44 pm

Ahi esta mi Summer :')
Me encanto el capítulo, escribes muy hermoso.
Jajaajajaj perrie es muy tierna, ya quisiera que un chico tan sensual me salvara la vida,
pero se que no ocurrira :'( Me terminaría salvando un feo. Pero bah, espero el próximo capítulo.
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Re: Playboys

Mensaje por jackson. el Miér 10 Sep 2014, 6:38 am

El capítulo es perfecto en todos los sentidos
No puedo creer que Perrie fuera en un carro con
Malik   fue tan extraño


Última edición por Cover. el Vie 12 Sep 2014, 5:05 pm, editado 1 vez
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Re: Playboys

Mensaje por Invitado el Vie 12 Sep 2014, 4:44 pm

Hay aasdfghjklñ:3
Que largo LOL
¿Y yo cuando sigo?
Ayale vai.
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Re: Playboys

Mensaje por Invitado el Mar 16 Sep 2014, 6:01 pm



Capítulo 004
Codes × Karly

Había partido mas temprano de lo normal, hace días que llegaba tarde al trabajo y no me daban mucho excepto para comer una vez al día, debía trabajar para mantener a mis hermanas y lo hago orgullosamente. Estos días estaban haciendo unos fríos que ni siquiera mi pequeño y delgado abrigo podían soportar; las hojas muertas cayendo de los árboles que se secaban poco a poco, el viento justo a mi dirección y ni una pizca de sol. Mi jefe no era TAN malo como creen, si, era arrogante...si, también estricto, pero a pesar de todo tenía su pequeñísimo toque amable, el cual no sirve para pagar bien a sus empleados. Corrí—literalmente—hacia el local que se encontraba justo frente a mi, yo era un mesero, uno muy torpe según todos—he incluyendo a mi jefe—. No trabajaba en una empresa pero...es algo.
—¿Oswald? ¿Que he dicho del uniforme de trabajo?—pregunta mi jefe con su gran toque de enojo matutino. Suspiré, me levanté temprano, si, pero olvidé por completo llegar a tiempo para ponerme el maldito uniforme 'del trabajo'.
—Lo siento, no..volverá a pasar—dije asintiendo y tomándolo para pasar al baño de hombres.
—La misma frase de ayer, Peters.—dice para luego entrar yo al baño.
Me coloqué el absurdo 'uniforme', que ni lo parecía, era una camisa blanca larga de botones y un pequeño mantel negro que colgaba de mi cintura, junto a unos pantalones negros y gastados.
Puse mi ropa en el mismo estante y salí para luego trabajar, y conseguir algo, debían pagarme hoy, esta misma noche.
(...)

—Claro, lo siento señor, ahora mismo.
—Y rápido, niño.
Asentí torpe yendo a por unas servilletas, hoy había mas gente de lo normal y yo parecía estallar, aun me falta pedir la orden de un par de gente mas y al parecer mas. Había olvidado llevarle sus 'servilletas' al amargado señor del traje negro, era un cliente bastante arrogante que atender, pero algo mal y este hombre le dice a mi jefe, el cual chasquea sus dedos y me despide. Tomé un par y fui hacia el señor de la mirada castaña y cansada.
Noté algo muy extraño, una mirada que me veía desde lejos, voltee a mi derecha, nada, a la izquierda, un hombre de unos veinticinco o menos, cabello castaño ligeramente rizado que tenía sus pupilas justo en mis ojos, los suyos me miraban atento, eran verdosos-azulados que penetraban cada parte de mi. Traté de ignorarlo pero fue en vano, podía sentir su mirada en mi a kilómetros. Sentado en una silla, solitario, serio y sus ojos aun clavados en los míos.
—¿Trajiste lo que te pedí, niño?—el hombre me arrebató las servilletas de la mano y se dedicó a fulminarme.
Aun así la mirada del señor no era peor que la del misterioso hombre solitario de la esquina.
Desvié mi mirada y volteé a las personas de la mesa de la entrada, se veían tranquilan y se hablaban en voz baja mirándome de arriba a abajo, eran 2 hombres y dos chicas, un poco mayores que yo pero menores de 30, usaban de esa ropa y peinados modernos....mucha tecnología para mi. Me dirigí a ellos.
—¿Puedo ayudares en algo?—saco la libreta de los bolsillos del mantel.
—Si..¿no deberías estudiar?—pregunta una chica...o chico, el caso es que tenía puesto maquillaje y una peluca.
—T-Tengo 22 años—.Respondí.
—En ese caso, ¿porque no en ves de hacerle de mesero inútil,—frunzo el ceño—le haces de modelo, eh?
—Eso no es lo mio.—dije. ¿Para que diablos me detengo aquí? Soy un mesero, ME-SE-RO. No me pagan un dolar al mes para que haga este tipo de cosas.
—Te aseguro que si lo es—otra chica me mira de nuevo.
—Si, n-no necesitan nada, me iré por acá...
—Espera—me detiene el o la que me habló primero.
—¿Y bien?
—Te diré algo—comienza—. Deberías irte a otro trabajo si no quieres que tu belleza se vaya por el inodoro.
—¿De que me hablan?
—Lisa, el chico debería ser actor porno—le dice a una chica y esta asiente.
—¿Perdón?
—Desde acá tengo una muy linda vista de ti.
—Eh..
—Jane, lo confundes—le dice otra.
—Bien, basta. Dejemos que se dedique a su película porno. Ya puedes irte.
—¿No necesitan nada?—niegan.
Asiento confundido y me alejo.
(...)

—Bien, acá está tu pago—me dio Carl el sobre blanco cerrado.
—Tomé el sobre y lo abrí. Cada vez me pagaban menos.—P-Pero, esto no es..
—¿Suficiente?—me interrumpe.—Te diré que no es suficiente, no es suficiente tu trabajo, debe esforzarse mas, Peters.
—¿Qué?—lo miro frunciendo el ceño—.¡Pero si yo trabajo lo mas que puedo!
—Pues eso no es suficiente.
Estaba a punto de gritarle, ¿que no era suficiente?, ¡casi me mato corriendo a todos lados! Creo que perderé la capacidad de caminar después de esto.
—¡¿Cómo que no es suficiente?!—dejé mi poca dignidad a un lado.
—¡NO LO ES! ¡Y YA!—grita con algo mas que furia—.¡SI ESO NO TE PARECE PUEDES IRTE! ¡SABES QUE PUEDO DESPEDIRTE, NO!
Y esa era la mala cara de mi jefe, Carl.
—¡¿QUIERES ESO!?—pregunta a gritos.
—N-No..
—¡¿ENTONCES?!
—Está bien..
—BIEN.—se aleja y me mira fulminándome—Sal de aquí si no quieres que te despida.
Asentí y salí. Me había puesto mi ropa antes y ya eran como las 10:00 pm. Debería haber llegado antes a no ser por los gritos de mi jefe. Debía darle algo a mamá, saber si estaban bien o que diablos pasaba.
Empecé a caminar por las frías calles, me sujeté mas a mi abrigo—el cual no servía de mucho—y seguí. Estaba mas que oscuro y juraba que podía oír susurros y pisadas tras mío. Volteé rápido para mirar una figura a lo lejos, el mismo hombre de el bar.
—¿Hola?—digo a la nada.
Podría jurar que escuché mi propio eco. Por un momento la silueta parece acercarse pero en vez de eso se aleja. Voltee de nuevo a mi camino, caminando despacio, porque aun oía pasos, los escuchaba, estaba seguro. Bajé la cabeza y seguí sin darle importancia.
—¡Por fin!—dije al ver mi casa cerca.
Mi muy—muy—pequeña casa.
—¡Hijo! ¿Por qué tan tarde? ¿Donde estaba mi bebé?—se escucha la ya pasada de años, voz de mi madre. Ella me llama siempre así, joder que no lo soporto.
Mamá se cruza de brazos.
—¿Sabes? Soy mayor de edad.—digo. ¿Bebé? ¿Bebé? Al diablo.
—En ese caso, deberías irte.
—Pienso—. Estaba platicando con Carl.
—¿Tu jefe?—pregunta Fizzy. Era la del medio, tenía a penas 15 años y la verdad que siento que ya tiene novio.
—El mismo.
—¿Sobre..?—sigue Lottie. Ella era la menor, 12 años, y es menos aventada o atrevida, ambas parecidas a mi madre.
—Nada importante.
''Si supieran''—escucho una voz en mi interior.
''Shh''
Subconsciente inútil.
—Mamá, me voy a dormir.—empiezo a subir las escaleras mirándola de reojo.
La verdad, no desayuné, no comí ni cené. A menos esa manzana que comí a las cuatro de la madrugada.
—Mamá, necesito un cuaderno nuevo—le dice Lottie.
—Bueno...
—Hoy me pagaron—digo—. Pero no lo necesario.
—Discutiste con el, por eso llegaste tarde, ¿no?—pregunta mamá.
—Da, si, eso.—obviamente, ¿que mas sería?
—Basta, hijo. Sabes que debes aceptar eso y listo.—dice. Literalmente no sabe lo que paso de lunes a jueves en un horario de todo el día.
—Lo se pero..
—Así. ¿No cenarás?—pregunta interrumpiéndome.
—No.—sigo subiendo ignorando la pregunta de mi madre, la cual me mira con las manos en la cadera, con su rostro de 'indignación'.
—Hijo..
—Mamá, ya déjalo, es su problema. Debo estudiar si quiero ser doctora.—dice Fizzy.
—Si, lo que sea. En un año querrás vender Bonice.
—Cállate ya.—me dice bufando y yendo a la mesa.
—No gracias—digo contestando a la pregunta de mamá—. Toma el dinero de mi suéter y puedes comprarle un cuaderno nuevo a Fizzy y a Lottie.
Dije para luego subir arriba. Me quedé pensando en el hombre del bar, era extraño, muy extraño. Y me miraba igual, ¿me acosa? Pff.., no lo creo.
Hola!!:
Perdonars que la inspiración genuina no me nace :c Pero bue' ¿que les pareció? deci que no me enojo. Pero siguiendo quiero decir que todas saben escribir bien hermozoim, me siento como una novata rodeada de escritoras profesionales Por cierto, ¿que ya todas se cambian el nombre, eh?   Esperando un nuevo cap, beibis.
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Re: Playboys

Mensaje por Robin. el Mar 16 Sep 2014, 7:36 pm

Escribes super ^^ La verdad es que todas tenemos nuestro estilo al escribir.
Me ha encantado el capítulo, el chico misterioso e.e Presiento que es muy guapo, más que eso. Un sensualon de 1° Jaajajajajaja. Yo le hubiera gritado más cosas al jefe de mie*da, pero como no tengo jefe :) Soy feliz así.
Al parecer sigo yo, subire pronto ^^
Besos xx
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Re: Playboys

Mensaje por jackson. el Jue 18 Sep 2014, 6:17 pm

Me encanto el capítulo es perfecto de inicio a fin. No tengo palabras para describirlo, escribes perfecto :3 Espero el siguiente.
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Re: Playboys

Mensaje por Robin. el Lun 22 Sep 2014, 1:00 pm

Hoy es mi último día, asi que subiré hoy.
PD:lamento no haber subido antes. No tuve internet todo el fin.
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Re: Playboys

Mensaje por Robin. el Lun 22 Sep 2014, 6:08 pm



Capítulo 005
Codes [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] Karly
¡ACOSADOR!

— ¡Perdóname Pezza!— Llevaba más de una hora tratando de hacer que mi mejor amiga me perdonara, pero algo me decía que ella no cambiaría de opinión.
— Me dejaste, en medio de la nada. — Apuesto que ni recuerdas lo que paso anoche. — Un silencio incomodo invadió la habitación, ella tenía razón, solo podía recordar pequeños fragmentos de la noche anterior y no eran del todo claros.
Movía mis caderas al ritmo de la música, trataba de llamar la atención de algún chico, pero era en vano, ninguno se acercaba y era simplemente irritante.
— ¿Bailas? — Susurro una voz a mi oído, provocando que me sobresaltara. Asentí mientras él me jalaba más a su cuerpo.
— ¿Ves? Sabía que no recordabas nada. — Gruñí.
Tome mis cosas y sin más salí de su casa, cuando ambas estuviéramos tranquilas hablaríamos. La mañana de hoy había sido muy ¿excitante? Sí, eso, había despertado en la casa de un desconocido.
Mire el reloj 7:30, aún era temprano. Me dirigí a la oficina, estaba segura de que el jefe me regañaría por haber faltado la noche anterior.
— ¡Summer a mi oficina!— Trague saliva, mis compañeros de trabajo me miraban con lastima y otros burlonamente.
— ¿Hice algo malo? — Estaba sorprendida, mi voz había sonado lo más tranquila posible.
— No— ¿No?
El Señor Hayes me explicaba uno de sus planes de trabajo, no era la primera vez que trabajaba con él, pero a pesar de eso me sentía nerviosa. 
— Lo lamento Sr. Hayes, pero no está bien que siga a un artista, me llamaran entrometida. — El Sr. Hayes bufó.
— ¿Quieres dinero y ser independiente? — Asentí.
— Entonces trabaja. —
Me retire de la oficina, no sin antes recibir un apretón de manos de su parte. Simplemente agradecía no haberme metido en problemas.
Paro en un café para realizar mi trabajo, necesitaba investigar más sobre aquel chico. “Scott Kensington” Su nombre me sonaba de algún lugar. Me encogí de hombros.
— ¿Puedo sentarme?— Una voz varonil, la conocía de algún lado.
Alcé mi rostro, un chico. Ojos verdes, cabello rubio. Era el, el chico de la noche anterior.
— ¿Te conozco? — Se encogió de hombros y continúo haciendo lo suyo.
— ¡Hey! Ese soy yo. — Miro sobre mi hombro y señaló la foto de mi computador.
¡OH MI DIOS! Lo miré con los ojos abiertos, me había acostado con él. Me acosté con Scott Kensington Carter.
— Sé que estoy muy bueno, pero…— Hizo una pausa. — ¿Cuál es la necesidad de tener una foto mía?
Me sonroje violentamente, ¿él creía que yo lo deseaba? Pues de ser así, no, no lo deseo. Gruñí, guarde mi lap top en  la mochila y salí de ahí.
Di vueltas por la calle, lo cierto es que no tengo rumbo así que simplemente admiro la ciudad. Capturo varias fotos de pequeñas cosas en las que me voy fijando y me van gustando. Me siento sobre el borde grueso que hay en el paseo de la playa para seguir captando los instantes que me parecen más bellos, voy intentando ver algo con mi objetivo cuando alguien se sienta sobre donde iba a enfocar para hacer la foto, iba a quitar mi ojo de la cámara para decirle algo cuando me fijo que es el mismo chico de la cafetería. Entonces mi estómago se revuelve, desconcertada guardo la cámara y me marcho de aquél lugar. ¿Me estaba siguiendo?
— Hola— Me sobresalto, mientras pongo una mano sobre mi pecho por el susto.
Ahí estaba él de nuevo, esto parecía loco, se supone que mi trabajo era seguirlo, no que yo fuera perseguida por él, parecía un psicótico.
— ¡Déjame en paz! — Estaba enojadísima, y él se dio cuenta, pues bajo la cabeza.
Camine a pasos rápidos y firmes hacía el departamento de Perrie, abro la cerradura. Hago una mueca, cierro la puerta y dejó mis cosas sobre la mesa. Quería disculparme de nuevo
— ¿Quieres salir? —le pregunto con un tanto de indiferencia.
— ¿Qué haces aquí? — Me dice ella sin despegar la vista de su libro, después se gira y me mira dispuesta a hablarme. Pero se queda callada.
— Es sábado y quería saber si podíamos ir a un bar o algo. — Me encogí de hombros, negó con la cabeza. — Debes salir más
— ¿Para qué? ¿Para contraer alguna enfermedad sexual como el sida? —preguntó irónica— No, gracias.
— Que graciosa— Contesto posando mis manos sobre mis caderas— Siempre estás metida en casa y no se creó que te vendría bien salir, porque pareces bastante amargada.
—Pero si yo…—no la dejo acabar ya que la interrumpo.
— Si, lo sé. Te quiero lista en 30 min. —Le contesto a ella con un tono irónico para luego salir por la puerta.
Genial, ahora Pezza estará más enojada conmigo, yo y mi bocota. Este día no puede ser mejor. Tomo un el primer conjunto que veo en mi armario y me dirijo al baño.
Definitivamente necesito un buen baño para relajarme. Me deshago de mis prendas de vestir, lleno la bañera, hecho los chorros de jabón y especias naturales un poco de música y relax absoluto.
Me quedo medio dormida, pero pronto recuerdo a Pezza, tenía que asegurarme que ya estuviera vestida. Rápidamente me visto y aplico un poco de maquillaje en mi rostro, tenía unas ojeras terribles, pero el corrector lo hacía todo. Salí de mi departamento y me encontré con unos ojos verdes viéndome fijamente. ¿Otra vez el?.

Hola:
Tal vez no es lo que esperan, pero no tuve Internet en todo el fin de semana. Aun así disfruten el cap.

SIGUE: Cara de Ardilla
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Re: Playboys

Mensaje por Invitado el Mar 23 Sep 2014, 10:46 pm

que lindo es tener un acosador personal :)
escribes demasiado bien!
estoy en medio de unproyecto, te amo<3
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Re: Playboys

Mensaje por jackson. el Vie 26 Sep 2014, 12:14 pm

Me encanta el capítulo espero el siguiente
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Re: Playboys

Mensaje por сσвαιи. el Mar 30 Sep 2014, 11:07 am

me ausento unos dias  ya hay dos capitulos me encantaron *---*
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Re: Playboys

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