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Mensaje por gxnesis. el Dom 17 Ago 2014, 4:16 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Hace mucho tiempo que empecé a leer esto, pero por una u otra cosa tenía que parar (además, ultimamente estoy con flojera para comentar). Pero al fin lo acabé y aquí te dejo mi opinión.
Primero, me encanta tu narración. Describes bastante, pero sin ser cansino. Eso, para mí, tiene mucho peso. Creo que tiene una trama bastante original, al menos no tan trillada como los ángeles caídos y los vampiros. Es que... cansa. Y es fantasía, y necesitaba fantasía. De verdad. El realismo es guay, pero la fantasía... necesito mi dosis de fantasía para poder vivir.
Es decir... me gustó mucho. Mucho, mucho. Lo suficiente para buscar tu pvt y comentar. Escribes muy bien, así que sigue escribiendo, esto está lleno de comentarios y aquí tienes otro Premonición. - Página 3 1477071114
Jacky.
Hola Jacky, no esperaba tenerte aquí, pero es una muy grata sorpresa. Sobre todo porque te has tomado un tiempo para comentar y dar tu opinión. Solo puedo darte las gracias por lo que has dicho. Lo sé, demasiadas novelas con esa temática, por eso quise escoger otro tema "fantástico". Me alegra que te haya gustado y trataré de darte tu dosis de fantasía lo más pronto posible. Gracias de nuevo, por los halagos inmerecidos y por gastar tu tiempo buscando mi pvt y comentando. Bienvenida Jacky Premonición. - Página 3 1477071114
gxnesis.


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Mensaje por gxnesis. el Mar 02 Sep 2014, 6:49 am

Hola *se asoma por la esquina con miedo*. Bueno solo vengo a pedir disculpas por tardar tanto en subir el capítulo y a decir que finalmente hoy lo subiré. Un beso a las que continúen por aquí.
gxnesis.


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Mensaje por Richis. el Mar 02 Sep 2014, 7:28 am

Genial!!!!! Por fin cap.... oh Kathe bueno me voy por que estoy de la compu de la escuela... jijiji me voy por que me cachan y me regañan
Richis.


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Mensaje por gxnesis. el Mar 02 Sep 2014, 1:23 pm

Capítulo uno.



No volví a despertar de noche por las mañanas. Mi madre no tuvo más días libres en los que prepararme sirope de frambuesa con tortitas. Tampoco acudí al baile de graduación del brazo de Max Dawson, lo hizo Julia…

Los médicos dijeron que había tenido mucha suerte, que nuestro querido creador Todo Poderoso, lleno de sabiduría y guiado por su infinita bondad, me obsequiaba con una nueva oportunidad de vivir. Eso decían una y otra vez, una y otra vez…

«Has tenido mucha suerte Katrina… buenos días».

«Has tenido mucha suerte, por cierto, puede que te queden secuelas en la pierna».

«Has tenido mucha suerte, déjame que te desnude para lavarte tus partes íntimas, ya que no puedes hacerlo tú misma».

Lo que demostraba que si la «suerte» adoptara la forma de un animal, sería la del camaleón. Porque posee variaciones extralimitadas para cada quién.

No, desde luego, no pensaba en mi situación como algo bueno. Con una considerable cantidad de huesos resquebrajados, conmociones cerebrales que me hacían más lenta que de costumbre, y huérfana. Sobre todo, huérfana.

Era horrible, todos los meses que me vi confinada en el hospital fueron horribles, cada segundo peor que el anterior, uno más devastador que otro. Me convertí en un metrónomo de dolor, constante, que no podía olvidar lo que le había sucedido. Privada incluso de ese efímero segundo al despertar en el que la consciencia continúa dormida, donde no eres nadie, ni recuerdas nada. La verdad siempre estaba presente, tatuada en la cara interna de mi piel, invisible al mundo que pensaba que era afortunada.

Todos hablaban de las secuelas que el accidente podía dejar en mi cuerpo, pero nadie se veía capaz de hablar de las que dejarían en mi persona. Y eso que los psicólogos pasaron dos meses enteros tratando de convencerme para hablar ante de un grupo de personas destrozadas.

―Señorita Pray.

El carraspeo airado de mi profesor de Historia del Arte me sacó de mi ensoñación. Había pasado toda la hora mirando las partículas de polvo que flotaban en los haces de luz que se filtraban por entre las persianas bajadas. Preguntándome qué se sentiría siendo una partícula, flotando en el aire sin ninguna carga, sin ningún pensamiento, sin la carga que conlleva ser un ser humano.

―¿Disculpe? ―dije incorporándome en mi asiento, en el momento en el que una horda de risas maliciosas coreaba mi voz.

El señor Ramírez clavó sus ojos marrones en mí, circundados por arrugas de rabia. Afortunadamente, la artificial penumbra que había creado para visualizar las diapositivas en el proyector, ocultaba el rubor que ascendía a mis mejillas.

―Le preguntaba si puede decirme a qué etapa clásica pertenece ésta escultura.

Con la vara que sostenía, señaló la pantalla, plantándola en medio de la cara de un hombre de mármol desnudo, que sostenía sobre sus hombros un cabrito. Su mirada vacía se alzaba a un horizonte que solo él veía. Afortunadamente, el Clasicismo lo había dado en mi anterior instituto. Carraspeé lo más disimuladamente que pude antes de responder.

―Pertenece al Helenismo ―respondí concentrando mi completa atención en el señor Ramírez.

En un auto reflejo, sus labios se despegaron, preparados para imponerme un castigo por mi falta de atención. Después, con aire resuelto, dijo:

―Señorita Pray, es una lástima que desperdicie su potencial y desgaste su vista mirando clase tras clase por la ventana.

Si el profesor Ramírez fuera un poco benevolente, hubiera esperado al final de la clase para atacarme. Cuando mis compañeros se hubiesen marchado y no tuvieran su atención puesta en mí. Pero en el fondo tenía la leve sospecha de que al igual que el resto, me veía como un miserable bicho raro. Inmediatamente después de que su comentario llegara a los oídos de la clase, a los míos llegó la habitual cantinela maliciosa que hacía de banda sonora en mi nueva vida; «bicho raro», «leprosa» y mi melodía preferida; «La Mano Negra». Apodos que me había ganado en mi primer día en el instituto Westend, cuando en la clase de gimnasia, me negué rotundamente a deshacerme de los guantes de cuero que llevaba puestos. Pero al contrario de lo que mis apodos decían, no padecía de Lepra, ni pertenecía a una secta, ni mucho menos era mi fallida manera de destacar. Los guantes me protegían de mí misma, de lo que me había convertido.

No fui consciente de los límites de cambio que había alcanzado mi vida hasta que desperté en el hospital después de mi ataque de ira tras enterarme que mis padres estaban muertos.

Volvió a acogerme el mismo techo blanco y mi tía seguía al lado de mi cama. Pero las minas se habían trasladado a mi pecho, a un hueco vacío en el que podían explotar a sus anchas, sin obstáculos. Alex, que en cuanto vio que mis ojos estaban abiertos había saltado de su silla y acercaba su mano para acariciarme la mejilla, fue el desencadenante de todo. El contacto de su piel contra la mía, lejos de ser reconfortante, resultó terrorífico. Noté que una cuerda invisible tirana de mí hacia dentro, como si mi propio cuerpo quisiera engullirme.

Los ojos de Alex se difuminaron ante a mí. Siendo restituidos por una anciana confinada dentro de un féretro, plácidamente muerta, rodeada por coranas de flores y la luz tenue de unas velas que proyectaban sombras circulares en las paredes. Las sillas de plástico que la circundaban estaban vacías, salvo por la que ocupaba un cura que se aferraba al crucifijo que pendía de su cuello como si fuera lo único que lo sostuviera en el mundo y que movía los labios al son de las palabras de la Biblia. Y luego estaba yo, que lo sentía y veía todo como si me encontrase allí de verdad. En mi cuerpo, pisando con mis pies, como si de verdad lamentara la muerte de la anciana.

―¿No ha venido nadie más?―las palabras abandonaron mi boca involuntariamente.

El cura cesó de sus plegarias y me miró. Balanceó la cabeza de lado a lado, con suma tristeza. Entonces fue cuando me vi, o al menos, a la que sería yo pasados unos veinte años. Mi pelo castaño se había acortado hasta los hombros y lo decoraban finas mantas de canas. Bajo mis ojos sumidos en la tristeza, descansaban patas de gallo debidas a la edad.

―La señora Alexandra nunca contrajo matrimonio, usted es su único familiar con mi vida.

Y sin más, regresé a la habitación del hospital, como si nada hubiera sucedido.

Al principio pensé que mi viaje a un futuro inventado había sido fruto de los sedantes y de las drogas que me aliviaban el dolor físico. Pero cuando visualicé la muerte de la doctora Monroe (que moriría atropellada por un camionero borracho de camino al hospital) y una semana después, me dijeron que desafortunadamente la vivaracha mujer había abandonado el mundo de los vivos, supe que las secuelas del accidente iban mucho más allá que a unos simples problemas de movilidad en la pierna.

Resultaba que para el universo no era suficiente castigarme con la falta de padres, ni que mi mejor amiga dejara de serlo porque para ella ya no entraba en la categoría de persona, ni el irremediable hecho de tener que abandonar mi hogar y vivir en un recóndito pueblo que probablemente no salía en el mapa. No, también me había convertido en una especie de Oráculo viviente que cada vez que tocaba a una persona predecía su muerte.

Esa era la nueva Katrina, la chica que llevaba guantes de cuero para evitar conocer el futuro de las personas. La que observaba partículas de polvo deseando ser una. Y la que derrapaba cada mañana por la nieve a riesgo de partirse la crisma una vez más.

El timbre que marcaba el final de la clase ahogó las burlas y no esperé ni cinco segundos antes de coger mis cosas y precipitarme hacia la puerta como una bala. Sin embargo, no pude dar ni medio paso cuando la figura esquelética de la mismísima descendiente de Satán, me entorpeció la huida.

Al igual que David tenía a Goliat, los superhéroes tenían la kriptonita y el agua tenía al aceite. Yo tenía a Acacia Levin para hacer de mi desastrosa existencia, algo más desastroso todavía. Suspiré profundamente, atrapando el aire dentro de mí, y con suerte; un poco de paciencia.

―Vaya, vaya… ―canturreó mirándose la manicura (un gesto que las adolescentes malévolas debían llevar de fábrica)―.
Si nuestro bichito además de un peculiar talento para la moda, también sabe de arte. Dime, es uno de los requisitos para formar parte de tu secta ―unas cuerdas invisibles tiraron de las puntas de sus labios dibujando con ellos una sonrisa envenenada.

Mis labios eran una línea recta y mantenía la vista en un punto detrás de su espalda para evitar encontrarme con sus ojos. No mentiría diciendo que sus comentarios y las torturas diarias a las que me sometía (entra las que se encontraban el apasionante arte de dejarme notitas despectivas, menospreciarme en voz alta a la hora de la comida y pegar carteles en mi taquilla con alguno de mis apodos) no me dolían, porque debería estar hecha de acero inoxidable e insensible para no sentir nada. Sin embargo, tras mes y medio aguantando todas aquéllas cosas, me acostumbré. La indiferencia era mi única arma contra Acacia, que se molestaba conmigo por no huir con lágrimas en los ojos. A veces deseaba con todas mis ganas rodearle el cuello con las manos hasta estrangularla, pero cuando una persona evade el contacto físico como quien evade acercarse a un edificio ardiendo, termina cogiéndole pánico a que la toquen. Por otra parte, estaba el pequeño detalle de que si Acacia también me rodeaba el cuello nuestras pieles entrarían en contacto y yo vería su muerte.

La odiaba, es cierto, pero no quería conocer su final.

Esperé pacientemente a que se aburriese y me dejase marchar. Lo que sucedió minutos después, no sin que antes me susurrase una amenaza de muerte. Salí al pasillo cuando una aglomeración de adolescentes impedían el tránsito libre. Aquello era para mí la habitación del pánico, donde mis posibilidades de entrar en contacto no con uno, sino con varios seres humanos se multiplicaban. Tiré de los guantes todo lo que pude hacia arriba, me puse la capucha de la sudadera por si algún hombro descuidado me rozaba y bajé las mangas hasta que mis manos quedaron cubiertas.

Me quedaron secuelas en la pierna y por ello tuve que abandonar el atletismo, pero os aseguro que traspasé ese pasillo a una velocidad inhumana. Salí al comedor exterior, ya abarrotado de gente (no importaba que en pleno noviembre hiciese tres grados bajo cero, los habitantes de Westend no parecían sentirlo). Caminé entre las mesas de madera con la vista fija en mis pies, tratando de evadir la nueva ola de insultos, llegué a mi habitual sitio. Una mesa de madera, situada frente a los contenedores de basura, alejada de todo.

En la reconfortante soledad, me deshice de la capucha y de los guantes de piel, que hacían traspirar mis manos hasta decir basta. El viento frío me reconfortó y las pulsaciones regresaron a sus parámetros normales. Saqué la fiambrera de la mochila y le di un mordisco a la manzana sin muchas ganas.

En el momento en el que me disponía a dar el segundo mordisco, unas manos me privaron de la vista. Al principio estuve a punto de lanzarme sobre la mesa y huir. Pero al comprobar que no «veía» nada, la calma regresó de nuevo.

―¿Quién soy?―dijo una cálida y cantarina voz a mi espalda.

Sabía perfectamente de quién se trataba.

―Hummm…, no sé, ¿la única persona que me dirige la palabra en el instituto?―bromeé quitando la manos de mis ojos con cuidado.

Acto seguido, la menuda figura de Anastasia Noh, escogida reina de la simpatía durante dos años consecutivos y adorada por todo ser viviente que pisase el instituto, se sentó frente a mí en el banco. Con su inseparable sonrisa y sus pestañas «mariposa» acaparando la atención.

Lo sé, parece inconcebible que una persona como Anastasia se sentase con la «Mano Negra» a almorzar o que todas las tardes acudiese a su casa para ayudarla con Trigonometría. Pero ella resultó ser uno de ésos seres maravillosos que no estaban sujetos al estatuto social de la adolescencia. Que se acercó a mí el primer día y que desde entonces se convirtió en mi mejor amiga. La única amiga de verdad que había tenido.

―Traigo una buena noticia―dijo Ana tras quitar el envoltorio a su barrita de cereales.

―¿Buenas noticias para ti o para mí?

―Para las dos―aclaró dando un mordisco. Tuve que aguardar a que masticase y después, dijo:― Esta noche hay una fiesta en mi casa. Cerveza, música, vómitos y feromonas adolescentes en el aire.

Se me borró la pequeña sonrisa que me había provocado su presencia. Y de nuevo caí en la realidad: la cruda realidad de que no era una adolescente normal.

―Eso sería una buena noticia para mí en un mundo paralelo―mascullé, volcando mi frustración con la pobre manzana.

Antes me gustaban las fiestas y me tiraba de cabeza a cualquiera de ellas. En esa nueva vida, ocupaba uno de los primeros puestos en la lista de lugares que debía evitar a toda costa.

Anastasia me miró con una mezcla de pena y enfado. Pero se olvidó de lo segundo y posó una de sus suaves manos sobre el dorso de la mía.

―Podemos tomar medidas, guantes, una jersey de cuello vuelto… ―propuso mientras pensaba en cómo convencerme para acudir.

El motivo por el que permitía el contacto con Anastasia era que ya me había tocado, por lo tanto, conocía la forma en la que moriría; muchos, muchos años después, como una adorable ancianita rodeada de sus hijos y nietos (al contrario que mi tía). Comprobé que una predicha la muerte de alguien, podía tocarlos. Lo cual no me daba ganas de ir tocando a todo el mundo para así poder deshacerme de los guantes. Aquel contacto sobrenatural me dejaba exhausta, al riego del desvanecimiento e incluso con ganas de vomitar. Pero el motivo por el que Anastasia me hablaba de tomar medidas, era que sabía mi secreto. La única persona que lo conocía.

Sucedió unas semanas atrás. Tenía un día especialmente malo, porque aquel día hubiese sido el cumpleaños de mi padre. No paraba de maldecirme por todo lo que me había pasado, por haber aceptado ir a cenar aquélla noche a ese dichoso restaurante de la costa. Y entonces, Ana cometió el error de preguntarme si estaba bien. Todos sabemos lo que sucede con ésas preguntas; que o te pillan con la guardia baja y terminas confesándote o das la respuesta mecánica de «estoy bien». A mí me sucedió lo segundo, así que terminé contándole que desde el accidente había vuelto con el don del «Tercer Ojo» (como ella lo llamó después). Anastasia, en lugar de salir corriendo, llamar a un manicomio y quitarme la palabra. Dijo, literalmente: «qué guay, tengo una amiga con poderes paranormales».

Debía reconocer que el hecho de que Ana conociese mi secreto me liberaba de cierta manera. Porque con ella, y solo con ella, podía permitirme ser la nueva Katrina. Porque hacía de escudo humano cuando había mucha gente y porque hacía mi existencia mucho menos miserable.

―Ana, sería correr un riesgo innecesario―espeté, envolviendo el hueso de la manaza en una servilleta―. No quiero ponerme a gritar como una loca cuando tenga una premonición y dar más motivos a la gente para insultarme.

Anastasia frunció los labios, tratando de convencerme por medio de su mohín.

―No puedo, de verdad.

―¡Vamos Kat, solo una noche!―prosiguió suplicando.

Quería ir a esa dichosa fiesta, ponerme ilegalmente borracha y bailar hasta que mis pies me suplicasen que me detuviese. Pero no podía…

―Me lo pensaré, no prometo nada―sin embargo, decidí darle a Ana una ligera esperanza.

―Perfecto, te buscaré un modelito que pegue con tus guantes.


Tras el almuerzo, las tres horas restantes antes de marcharme a casa pasaron volando. Dado que poseía la compañía de Ana en aquellas clases. El número de insultos descendía notablemente si la tenía a mi lado, puesto que a ella la respetaban.

―Te veo esta noche, algo me dice que esta vez sí que vendrás ―se despidió Ana a la salida de clases, antes de marcharse en la dirección contraria. No tuve el valor para decirle que su presentimiento era fallido, porque no acudiría esa noche.

Caminé por entre los coches hasta llegar a mi BMV negro (uno de los muchos premios de consolación con los que Alex pretendía hacer la pérdida más llevadera). Me monté dentro, poniendo la calefacción al máximo y de nuevo, me deshice de los guantes. Esperé a que el parking se vaciase casi por completo antes de emprender el rumbo a «casa».

Conducía por un paisaje invariable; una carretera cubierta de hielo rodeada por frondosos bosques de pino y un cielo siempre neblinoso imponiéndose sobre todo ello. Así era Westend, mi nuevo hogar. La antípoda por excelencia a Florida, donde antes vivía. Mentiría si dijese que no echaba de menos el clima cálido, las palmeras, los atascos matutinos y las carreteras que traían brisas con olor a mar. En Westend todo era monótono, predecible y aburrido. Nunca sucedía nada y con el tiempo, uno empezaba a sentir que se había quedado estancado en el tiempo.

―Hola.

Pegué un frenazo que por poco hizo que me precipitase contra el salpicadero, a pocos centímetros de romperme la nariz. Cuando me recuperé, dirigí una mirada iracunda a mi repentino acompañante.

―¡Darren, te he dicho millones de veces que no hagas eso!

Subió los pies al salpicadero, colocó los brazos detrás del cuello y me dedicó una media sonrisa torcida.

―No sirve de nada ser una fantasma si no puedo asustar a la única persona que me ve―se defendió.

―Si sigues apareciendo mientras conduzco, terminaremos siendo compañeros de eternidad, y estoy segura de que ninguno de los dos quiere eso―dije arrancando el coche de nuevo.

Ah, sí, se me olvidaba. Resultaba que no solo predecía la muerte, además podía hablar y ver a los muertos que permanecían en el mundo de los vivos. Me había convertido en una Melinda Gordon de pacotilla. También lo descubrí al despertar de la droga que me inyectó la doctora.

Alex había salido para comer algo tras mis insistencias, necesitaba tiempo para procesar todo. Y con mi tía a mi lado no podía tirarme de los pelos tranquilamente. Entonces, Darren traspasó la pared como quien atraviesa una puerta y se sentó en la silla que había ocupado Alex minutos atrás, subiendo sus pies inertes a la cama (le encantaba subir los pies a los sitios).

―¿Estás muerto?―recuerdo que le pregunté, con toda la normalidad del mundo.

Ahí fue cuando me enseñó su media sonrisa por primera vez.

―Eres más lista de lo que pensaba, Trina―estaba segura que de haber podido tocarme, me hubiese dado unas palmaditas en la espalda.

―No me llames así.

―Yo soy Darren, por cierto, ex jugador de béisbol―se señaló la camiseta―, diecinueve años y ahora, muerto profesional.
Un placer.

―¿Por qué puedo verte?―pregunté, después de la visión, ya no me sorprendía estar hablando con un muerto.

Se encogió de hombros.

―¿Y por qué no?

Debía reconocer que la compañía de Darren durante ésos meses fue lo que me hizo sobrellevar todo medianamente bien. Acudía todos los días a la habitación a contarme cotilleos y mientras me hacían revisiones, se dedicaba a soltar improperios sobre los doctores. Por eso no me sorprendió que apareciese en mi nueva habitación en mi segundo día en Westend.

Su presencia, al igual que la de Anastasia, hacía de mi vida algo mucho mejor. Aunque por supuesto, eso nunca se lo diría a Darren.

―¿Dónde te metiste ayer?―pregunté tras pararme en uno de los pocos semáforos del pueblo.

Desvió la mirada hacia la ventana, se encogió de hombros, para variar y permaneció en silencio.

―Deberías ir a la fiesta de Anastasia―dijo meneando las cejas de arriba abajo(obvié el hecho de que hubiese escuchado una de mis conversaciones sin yo permitírselo)―. Desmelénate, bebe cerveza, mantén un amorío de una noche con un jugador de fútbol buenorro.

No sé por qué lo hacía, pero cada vez que le preguntaba a Darren a dónde iba cuando no estaba conmigo, o preguntaba algo acerca de su pasado, cambiaba bruscamente de actitud. Así que trataba de hacerlo lo menos posible, sin embargo, la curiosidad me vencía algunas veces.

―Claro, y cuando me rebele su futuro, le vomito encima.

―Bueno olvida lo del jugador de fútbol…

―No voy a ir a esa fiesta, ni a ninguna―finalicé la conversación.

Llegué a mi casa pocos minutos después. Estaba situada a las afueras, rodeada por el bosque y por nada más. Había que recorrer más de un kilómetro hasta la siguiente estructura. La casa era de estilo minimalista, lujosa y excesivamente grande. Como si alguien hubiese pensado que era buena idea construir un chiringuito en la Antártida.

―Puedes seguir teniendo una vida, Katrina―dijo Darren, antes de desaparecer ante mis ojos. No me sorprendió, acostumbraba a hacerlo a menudo.

Hice como que no había escuchado nada y me apeé del coche, olvidando los guantes en él. Puse cuidado en no resbalar con el hielo y me introduje en la casa. A veces, esperaba encontrar a mis padres en la sala de estar, esperándome para ponerme al día sobre su vida o simplemente, para ver la televisión los tres juntos mientras papá cocinaba la cena… era como si muriesen de nuevo.

―Hola―grité a ver si obtenía respuesta.

Solo me llegó el sonido del silencio. Alex era una importante abogada en el pueblo y pasaba el día metida en el bufete.
Aunque yo sabía que su ausencia se debía sobre todo a su empeño por evitarme, nadie quiere pasar mucho tiempo con una
adolescente que acaba de perder a sus padres. No me malinterpretéis, sabía que mi tía me quería y de hecho, hacía todo lo posible porque me adaptara a los cambios que sufría. Pero pasó de ser una joven encantadora sin ataduras a convertirse en «madre», era normal que necesitase procesarlo. Y yo le daba espacio, porque era la única que se había hecho cargo de mí. La familia tiende a desaparecer cuando pasaban cosas como la que me pasó a mí.

Pasé la tarde encerrada en mi habitación haciendo los deberes para el día siguiente y visualizando un maratón de Gossip Girl. Las series dramáticas sin alto cargo argumental era lo única que había perdurado de mi antigua vida. Hacia las siete de la tarde, escuché el sonido de la puerta y me obligué a levantarme. Descendí las escaleras arrastrando los pies, tanto tiempo tumbada empezaba a adormilarme. Encontré a Alex sacándose los tacones en la entrada. Podía ver su rostro cansado reflejado en los suelos de mármol.

―¿Un día cansado?―saludé, me esforzaba mucho por ser amable con ella. Para que creyese que de algún modo me estaba recuperando.

Resolló antes de hablar.

―Me han asignado un divorcio conflictivo, debo defender al marido, un mujeriego que se gasta el dinero en prostitutas.

Me importaba bien poco, en realidad, porque habían muy pocas cosas que me importasen de la vida a esas alturas.

―Eres la mejor abogada de todas, ganarías aunque tuvieses que defender al mismísimo Hitler―traté de animarla.

Alex me sonrió y levantó una bolsa frente a ella.

―Traigo comida italiana, ¿tienes hambre?

Mis tripas respondieron por mí, rugiendo como leones en huelga de hambre. Podía haber perdido el interés por muchas cosas, pero la comida no se encontraba entre ellas. Mi tía subió a su dormitorio a cambiarse mientras yo colocaba los manteles individuales en la mesita de café del salón. Saqué los recipientes, coloqué los cubiertos y le serví una copa de un vino excesivamente caro mientras que yo me llené un vaso gigante de gaseosa. Cenamos en un plácido silencio mientras veíamos el telediario de la tarde. Una vez hubimos terminado, Alex se levantó del sofá y volvió segundos después con un bote de pastillas en la mano.

―Toma la medicina.

Que yo dejase de mencionar que veía a un chico tendido a los pies de mi cama, no impidió que los médicos me recetasen antipsicóticos. Decían que me vendría bien para superar el trauma y para no sufrir ataques de terror, ni alucinaciones. No me negué, lo cual no quería decir que me los tomase. Me los ponía debajo de la lengua y después los guardaba bajo la cama.

Por eso agarré la pastilla la metí en mi boca y fingí que me la tragaba junto con un gran trago de gaseosa.

―Me voy a dormir, buenas noches.

―Espera―me retuvo Alex.

Por un momento pensé que había pillado mi pequeño truco y todo mi cuerpo se puso en tensión.

―¿Qué sucede?

―Este viernes tengo que ir a Washington a hacer unos encargos, lo decía por si quieres venir. Podemos ir de compras o ir al cine.

No pude negarme, sus ojos pedían a gritos un poco de normalidad. Un rato apacible como los que solíamos pasar antes cuando teníamos la oportunidad de vernos.

―Claro, este viernes―forcé la mejor sonrisa de todas.

―Dile a Anastasia que está invitada a venir.

Eso me animó un poco.

―Se lo diré, buenas noches―repetí y en aquella ocasión, sí pude regresar a mi cuarto.

Tras lavarme los dientes, echarme desodorante y enfundarme un pijama calentito, me lancé de nuevo al colchón. Me tapé con la colcha hasta barbilla y cerré los ojos, notando un placentero cosquilleo por todo el cuerpo. Tardé pocos minutos en dormirme, al menos, casi la totalidad de mi mente y mi cuerpo lo hicieron. Salvo mi parte premonitoria. A veces ocurría, cuando rozaba accidentalmente la piel de una persona y veía su muerte, ésta se repetía por la noche en mis sueños, mezclándose con mis habituales pesadillas. No pude evitar preguntarme qué roce involuntario me torturará ese día (a pesar de no haber tocado a nadie).


Me encuentro en un claro de bosque iluminado por la imponente luna llena, flanqueada por los árboles desnudos, siniestros. El viento fuerte que sopla hace danzar las ramas, creando una cacofonía espeluznante que me pega los mechones de pelo al rostro impidiéndome una visión completa del lugar. Sin embargo, aunque estoy segura de no haber estado nunca en aquel lugar, mis pies comienzan a moverse seguros, guiando el camino hacia una pendiente de piedras.

Doblo la espalda hasta que mis manos entran en contacto con la áspera y fría superficie de las rocas. Echo un vistazo a la luna, como si tratara de vislumbrar la posición en la que se encuentra, y emprendo la escalada. A medida que avanzo, el dolor de las manos se vuelve más palpitante, así como el frío me corta la piel de la nariz y las manos. Pero por muchas veces que pies se coloquen en el lugar erróneo y resbalen, mi afán por ascender crece y pongo más ahínco en alcanzar la cima.

Por fin, tras resbalar incontables veces más y que la sangre de las heridas abiertas de mi cuerpo comiencen a palpitar con vida propia. Me doy un último impulso con las manos y me dejo caer sobre la superficie de barro, ya en la cima. Mi respiración no tiene la oportunidad de regularse. Me incorporo de inmediato y comienzo a correr, internándome cada vez más en ese paraje digno de pesadilla.

Tras un largo tiempo corriendo, mis pies se enredan con una raíz del camino y caigo de bruces contra el suelo. Noto un dolor punzante en todo el cuerpo, que amenaza con paralizarme, noto el regusto del barro mezclado con la sangre dentro de mi boca; me obligo a escupir. Pero aquellos hechos, tampoco me detienen. Me levanto rápidamente y mi mirada viaja hacia la raíz que me ha hecho besar el suelo. Sin embargo, no es una raíz, ni ningún elemento de la naturaleza. Sino la puerta de una trampilla de madera gastada y desconchada en cuyo centro descansa una manilla de latón para abrirla.

Suelto un suspiro de alivio, acabo de encontrar lo que buscaba desesperadamente. Una trampilla en medio de un bosque...

Sé que no era una premonición que he tenido con anterioridad, ni siquiera estoy segura de que sea una. Quizá, el subconsciente de los sueños está interfiriendo en el de la clarividencia de alguna manera. Quiero despertar, pero por otro lado, quiero dejarme guiar por el carácter real que presenta el sueño. Sucumbo al segundo deseo.

Tras echar un nuevo vistazo a la luna, camino a un árbol hueco que se encuentra a mi lado, de donde saco una bolsa de lona. Es la bolsa que utilizaba para los entrenamientos de atletismo en mi anterior instituto. Sin embargo, al abrirla, en lugar de aparecer mi ropa de deporte, veo la luna reflejada en el filo de un cuchillo de cocina. Sin dudar, lo agarro por el mango y de una patada lanzo la bolsa de nuevo a su lugar.

Deshago mis pasos en dirección a la trampilla y tiro de la manilla con todas mis fuerzas. Dejo caer el cuadrado de madera contra el suelo; levantando polvo y hojas. Del fondo de aquel lugar llega una luz tenue, que ilumina parcialmente unas viejas escaleras de madera. Por lo que mi vista alcanza, debe de haber más de treinta escalones.

Suspiro profundamente, como si me preparase para algo y me introduzco dentro, deteniéndome solo para colocar la madera de nuevo en su lugar. Al parecer, lo que voy a hacer aquí abajo, no puede ser visto. Sigo la luz anaranjada, descendiendo cada escalón a una velocidad mayor que le anterior.

Al llegar abajo, me encuentro con una amplia estancia diáfana. Parece ser un bunker de la guerra civil. Por las gruesas paredes de cemento y el moho adherido en ellas. Pero la decoración, dista mucho de parecerse a la de un refugio de guerra. Hay incontables estanterías apiladas en paralelo, como las de una biblioteca. Solo que donde deberían encontrarse los libros, hay una abundancia de botes de cristal llenos de hierbas extrañas, polvos de colores, piedras preciosas, madreselva y muchas sustancias que no sé identificar. Esparcidas por aquí y por allí, incontables velas iluminan con luz tenue la estancia.

Me introduzco por un pasillo y giro a la izquierda en el límite, introduciéndome en otro pasillo. Al fondo, encuentro una adherido a la sala, una especie de salón con sofás y alfombras de felpa. Pero nada de esa estrafalaria decoración llama más mi atención que el chico maniatado a una silla de madera que se haya en el centro de un círculo dibujado con ceniza, que a su vez, está bordeado por otro círculo de velas.

El muchacho, eleva la vista y sus ojos verdosos casi cerrados en su totalidad, se encuentran con los míos. No sé cómo lo sé, porque estoy segura de no haberlo visto nunca. Pero algo en mi interior, se estremece ante el reconocimiento de aquél contacto visual me dice que me he introducido en esa profundidad verdosas en otras ocasiones.

Tiene el rostro manchado de barro y pequeñas gotas de sudor le resbalan por la barbilla. Las mejillas hundidas, el labio partido. Incluso con ese aspecto marchito, sigue emanando la vitalidad del Hayden Strossen en cada poro de su piel.

―Katrina, no tienes que hacerlo ―pide una voz ronca que sale de sus labios.

Con el cuchillo en ristre, me introduzco dentro del círculo, para acercarme a él. Me tiembla cada terminación nerviosa del cuerpo, sin embargo, también noto determinación dentro de mí.

Definitivamente, lo que estoy viviendo tiene que ser un sueño, no una premoción. O al menos eso quiero hacerme creer, pero no puedo obviar la realidad, la consciencia que siento, como si estuviese despierta. Dos cosas que distinguen la ficción nocturna, de mis visiones.

―No hay otra salida ―dice mi voz, obligándose a no temblar.

Aquellas palabras salen de manera automática de mi boca ―o de la boca de esa Katrina que conoce a un tal Hayden al que tiene maniatado en un lugar sacado de una película de brujas―, como si la hubiera repetido muchas veces.

―Katrina, por favor, piensa las consecuencias…

―Lo he pensado, se nos acaba el tiempo y esta es la mejor opción. Les daré a Los Ancianos lo que quieren.

―¡No! ―profirió Hayden con todas sus fuerzas, luchando contra las cuerdas que lo retienen.

Nuestros ojos se encuentran de nuevo. Rodeo el mango del cuchillo con mayor fuerza y lo dirijo hacia su corazón. Me inclino poco a poco hacia él, a la vez que él pone más y más fuerza en su empeño por soltarse.

―Te quiero.

Susurro, antes de hundir el cuchillo en su pecho, despojándole de la vida.


Desperté en un mar de gritos y sudor, con el pulso disparado y el corazón dando puñetazos contra mi pecho. Encendí la lámpara de la mesilla de noche. Tras ser capaz de respirar y cesaron un poco los temblores, me dediqué a escrutar mis manos en busca de las heridas de la escalada, el cuchillo o algún rastro que desmintiese lo que acababa de ver. Al no encontrar nada, me desinflé de nuevo contra la almohada, quitando los mechones sudorosos de mi frente.

No había pasado nada, solo se trataba de un sueño.

No había pasado, pero iba a pasar.

Lo que acababa de vivir no era un mero sueño, sino una premonición.

Voy a matar a alguien al que no conocía, pero que conocería.

Me convertiría en una asesina.

Y no había manera de evitarlo. Porque por experiencia propia sabía, que el destino era incorregible y mis premoniciones, siempre se cumplían.
Hola:
Lamento mucho la tardanza, espero que hayáis disfrutado del capítulo. Intentaré no tardar tanto en actualizar la próxima vez. Gracias por leer. Por cierto, el pueblo pertenece a mi imaginación, no existe de verdad. Un beso.
gxnesis.


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Mensaje por gxnesis. el Mar 02 Sep 2014, 1:26 pm

savannah alexandra escribió:
Genial!!!!! Por fin cap.... oh Kathe bueno me voy por que estoy de la compu de la escuela... jijiji me voy por que me cachan y me regañan
Ahí está el capítulo, espero que disfrutes y siento la tardanza Alex. Un beso.
gxnesis.


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Mensaje por Richis. el Mar 02 Sep 2014, 4:04 pm

No me ha gusta me ha encantado.... el pueblo a pesar de ser de tu imaginacion me recuerda a donde vivo... no sale en Google Maps... puedes creerlo... bueno me voy a hacer mi tarea de Filosofía, Bueno no, primero limpiare debajo de mi escritorio que has un tiradero de hojas para reciclar... bye
Richis.


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Mensaje por gxnesis. el Miér 03 Sep 2014, 5:23 am

savannah alexandra escribió:
No me ha gusta me ha encantado.... el pueblo a pesar de ser de tu imaginacion me recuerda a donde vivo... no sale en Google Maps... puedes creerlo... bueno me voy a hacer mi tarea de Filosofía, Bueno no, primero limpiare debajo de mi escritorio que has un tiradero de hojas para reciclar... bye
Me alegra mucho que te haya gustado Alex, sobre todo por todo el tiempo que te he hecho esperar para seguir leyendo. Hahahah, siempre quise inventarme un pueblo, ¿dónde es ese sitio para que no salgáis ni en el mapa? Espero que te haya ido bien con la tarea. ¡Besos!
gxnesis.


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Mensaje por Spencer el Mar 09 Sep 2014, 10:03 pm

Tal parece que seré la primera del club de lectura en participar (?


Espero que se valga un comentario por los dos capítulos, pero claro, voy a indicar cada uno.


Prefacio: Este inicio me gustó, buena manera de dar a conocer la historia de Katrina! La forma en la que narras también me gusta, la doctora también me desesperó con tanta demora en decir lo que pasó, la reacción, los comentarios del chico rubio...
Posdata porque siempre incluyo un dato innecesario: ¡Has cachado a una seguidora de Grey's Anatomy aquí! Esas dos referencias, pero lo más  Premonición. - Página 3 3212464482 fue que justo en la parte en la que se menciona por primera vez, me salió la versión del episodio musical de How To Save A Life casi siempre escucho música al leer, fue demasiado  Premonición. - Página 3 4162775227


Capítulo 1: Si antes dije "buena manera de dar a conocer la historia de Katrina", ahora me toca agregar "qué buena manera de dar a conocer la nueva vida de Katrina"! Por lo menos se lleva con dos personas: Anastasia me cayó bien, se le ve lo simpática, y Darren, aunque en realidad no sea una persona como tal porque es un fantasma, pero vale (? Por cierto, también me da curiosidad qué oculta Darren con ese cambio de semblante. El sueño-premonición estuvo de lo genial, te hace pensar qué se supone que va a pasar para llegar a eso (y me imagino que mucho más a Katrina, por supuesto).
Posdata aquí también porque en serio: La doctora murió, más razones para que sea apta para el estilo de Grey's Anatomy  Premonición. - Página 3 3373640616


Ya en serio, es que me encanta Grey's


En general, ¡no sabes lo mucho que me ha gustado esto! Sólo resaltaría que creo que algunos puntos están colocados en sitios donde debería haber una coma y algunos guiones de diálogo están raros (quiero decir, hay unos que son como un "... *inserte diálogo* —. *inserte narración*"). De repente será algún uso de los guiones que desconozco, pero nunca había visto algo así, por eso lo digo.


¡Seguiré leyéndola cuando subas el segundo capítulo! Bye Premonición. - Página 3 1922094727
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Mensaje por spirwell. el Vie 12 Sep 2014, 4:21 pm

soy la segunda del club de lectura en pasarse por acá, la verdad es que estoy un poco... FASINADA. Todo fue absolutamente genial y me gustó muchisímo apesar de que no soy de esas personas que disfrutan este género salvo por el romance. El prólogo fuelo que más me llamó gracias a que yo también llegué a pensarque todo era un mal sueño y a Katrina no le habia pasado nada y podría ir al baile. El segundo capítulo fue aún más interesante, Ana y Darren me agradaron mucho. Nunca pensé que la reina de la simpatía fuera a morir de otra forma que la descripta. En pocas palabrasmás merecés un premio por tu redacción maravillosa y excelencia a la hora de imaginar, juro que pensé que el pueblo existía. Un besito.
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Mensaje por Invitado el Lun 15 Sep 2014, 2:03 pm

Pues me he dado cuenta que somos pocos las del Club que hemos comentado. En esta oportunidad soy la tercera.
Aquí voy...
Emm.. ¡NO TENGO NADA QUE DECIRTE! ¡Escribes maravillosamente!. Me ha encantado completamente. Tan sólo llevas el prefacio y el primer capítulo y siento que son varios capítulos cuando me coloco a pensar en tu historia. Está excelente, es una historia que te atrapa, muy original a mi parecer. No tienes problemas de ortografía, gramática ni tampoco de coherencia, si te soy sincera me hace sentir que estoy leyendo un libro. Me encanta que tus capítulos sean largos, la mayoría de personas debe pensar "Que fastidio, es muy largo. Me da flojera leer todo eso" pero para nada, en tu caso vale la pena completamente, hace que la historia te atrape más y no te aburres en lo absoluto. Me gusta mucho ese tema del suspenso y la fantasía y tu historia tiene un poco de eso, creo que por eso me gusta tanto Premonición. - Página 3 3232760151 . Esperaré ansiosa tu siguiente capítulo y lo leeré gustosa, besos Premonición. - Página 3 1477071114
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Mensaje por Marina Scholl. el Lun 15 Sep 2014, 3:39 pm

lennon:
Me ha gustado muchísimo, Kate.
Katrina me cae demasiado genial con su visión crítica de absolutamente todo, aunque su vida parezca sacada de una novela lacrimógena de la rayis lo sabe llevar con mucha personalidad y un sarcasmo brutal y eso mola. Obviamente, luego está el tema de las premoniciones y los fantasmas que hacen la trama mucho MUCHO MÁS INTERESANTE.
Y lo de Hayden...¡Que para empezar se llama Hayden! (¿Crees que mi Hayden y tu Hayden se llevarían bien? Yo me los imaginos muy colegas ahí hablando de sus muertes inevitables). No puedo dejar de pensar en QUÉ NARICES VA A PASAR PARA QUE LLEGUEN A ESA SITUACIÓN.
En realidad todos los personajes que has presentado me han gustado. Bueno, Acacia es tan zorra de instituto americano cliché que me hace gracia, así que también la meto. Ana me ha parecido un amor, aunque es muy raro que se crea todo eso de las premoniciones porque a mí ni en mil años me convencía Katrina. Será porque Ana es así de confiada y adorable.

Luego está Darren que promete dar guerra. Aish, ¡qué bien me ha caido Darren! no sé, ese personaje parece creado para que le cojas cariño. Alex es muy genial, hay pocas adolescentes a las que se les de bien caracterizar a adultos, y con eso debo felicitarte. a pesar de todo el trasfondo sobrenatural ogras que la trama quede muy realista mediante pequeños detalles y referencias a series que todos hemos visto alguna vez aunque no queramos reconocerlo (me considero una ex-adicta a Anatomía de Grey y a los encantos de los sensuales cirujanos del Seattle Grace-Mercy West. Vale ya.)


Bueno, solo espero cecirte que espero que la continues. te debo un comentario extralargo en Los planes de Willow y Greg que espero saldar pronto.
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Mensaje por ceonella. el Lun 15 Sep 2014, 6:26 pm

Me ha fasinado, Kate. Sé cómo escribes porque he leído muchos escritos tuyos y la verdad que tienes un talento máximo para la escritura. Creo que preferiría leer esto antes que un best seller a lo "juegos del hambre" u know. Katrina es increíble, tiene una forma de describir y redactar que sólo tú puedes darnos, obviamente. La trama me encantó, sinceramente, tiene algo que lo hace distinto a los demás escritos. Viene más de una mezcla del lado fantastico y romántico, dos gustos perfectos para el paladar del lector. (ahre que flasheaba) La situación en la que pones a Hayden me encanta, creo que le da ese suspenso, idk, es como un libro en dónde puedes elegir el destinto, nos estas dando algo tan práctico y original, algo que me encanta demasiado. Los personajes en si me gustan, creo que tiene ese toque de personaje adolescente común que se mete en una trama increíble ¿me explico? Acacia, una típica chica aburrida y cínica, dentro de un relato orginial y bello. ¡ME ENCANTA! Bueno, hay algo en Alex que me hace cogerle cariño, sabes, amo como describes a cada uno de los personajes. Lo noto manipulador pero increíble, es, raro para mi leer este tipo de relatos pero ya no puedo parar. Admiro que puedas describir a tu manera, sabes, algunas escritoras directamente cogen frass y citaciones basandose en otro personaje histórico para poder sacar al suyo, cosa que no esta mal, pero tu lo haces a tu manera. (MY WAY, SID SID SID, bue.) Ya he leído muchos de tus escritos, haces historias tan, wow. Pido con mucho cariño que la sigas, srsly, esperaba comentar con muchas ansias en una de tus novelas, here i am. Eso, beso <3.

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Mensaje por dépayser el Lun 15 Sep 2014, 7:14 pm

Kate, escribís hermoso. Me atrevería a decir que sos de las mejores del foro, definitivamente. Tenés una forma de narrar que podría llamar perfecta si supiese más sobre la escritura, pero no me creo capacitada. Además de aquello, usás muy lindas metáforas y formas de descripción para los lugares y objetos. Lo que más me gustó fue el detalle del cielo estrellado, me pareció hermoso, quedé sorprendida y fascinada cuando leí eso. Creo que es algo común en mí que ese tipo de metáforas o simplemente hechos poéticos me emocionen e inspiren de tal manera. 
Tenés un talento impresionante. Como dijo Cam, esto es mejor que leer bastantes libros. Estoy completamente segura que si te proponés triunfar a nivel internacional en el ambiente literario, lo harías sin el más mínimo problema porque, ah, es hermoso leerte. 
Suerte en todo y gracias por entregarnos tan lindo texto literario. Perdón por el comentario carente de críticas constructivas como se ansiaba o esperaba, pero es lo que salió. Quedé maravillada. Verdaderamente te digo que quiero leer más y quiero gozar leyéndote por la noche.
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Mensaje por baekhyun. el Lun 15 Sep 2014, 7:16 pm

Bien, soy muy mala en esto de comentarios largos y que digan lo que en verdad pienso de la historia, pero intentaré xd.
Cuando la doctora dijo "no es la anatomía de grey"  Premonición. - Página 3 1313521601 fue bastante bueno xd. Escribes de una manera hermosa y que no duda en atraparte cuando comienzas a leer, amé el capítulo y el prefacio, fueron increíbles. Por cierto amé la parte donde ella dice "porque hacía de escudo humano cuando había mucha gente y porque hacía mi existencia mucho menos miserable." Fue hermoso, y cuando le mata a Hayden u.u pobre Katrina por todo lo que tiene que pasar u.u
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Mensaje por kane. el Lun 15 Sep 2014, 8:11 pm

Kaaate <3 mis comentarios super aduladores y extensos se hacen muy repetitivos asique voy a centrarme en los detalles :3
amo la manera en la que narras, a pesar de ser una historia de rango sibrenatural no es para nada repetitiva sino que algo que ultimamente no se acostumbra mucho, como que lo sobrenatural ahora se adhiere mas a la temática ángeles y demonios (yo tambien escribo de eso jahaj) y mr gusta que sea algo que no hay por estos lares (?)
la narracion perfecta obvio, Katrina me parece uno de los mejores personajes que has creado sin desmerecer a los demás (amo todas tus historias) pero katrina tiene ese drama y esa personalidad que con tan pocos capitulos ya se adhiere a uno mismo y amo eso de tus personajes, especialmente este.
Finalmente este comentario se convirtió en mis monótonos comentarios de siempre jajaja pero yo se que los amas igual (?) 
Besoss y espero la sigas <3
kane.


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