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fraternities war | cerradas.

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por tobias. el Lun 07 Jul 2014, 7:33 pm

{Ally} escribió:ok, no pude resistirme
llevo desde que la abrieron viendo el tema.. pero hoy sucumbí, no puedo, ustedes son malas conmigo
dentro de un rato dejo la ficha

amo el code del tema
  allybby(?) ah. yo te amo  demos gracias a zoe por ser tan buena con los codes c:
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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por Kida el Lun 07 Jul 2014, 7:50 pm

"Esto es la guerra"
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+ Nombres: Cameron Thales & Ava Richardson
+ Representantes: Adam Brody & Leighton Meester
Cap.:
Mi mirada se encontraba fija en la ventana, se había encontrado viendo el mismo lugar a lo largo de toda la noche. Me encontraba en el blanco sillón de mi habitación, una habitación que no sentía como mía, nunca. Ni haber vivido mis dieciséis años rodeada de estas paredes color crema habían hecho que el sentimiento de hogar naciera en mi pecho, nada lo hacía. Lo único que podía sentir era un vacío, uno que me quemaba por dentro, uno que luchaba por salir en contra de mi voluntad.

¿Qué veía? No lo sé, pero era increíble cómo podía pasar el tiempo mientras mi cuerpo permanecía inmóvil, admirando cualquier cosa que se atreviera a cruzar la ventana. Pero nada lo hacía, solo tenía a la vista la copa de algunos árboles y el grisáceo cielo de Londres. Pero no me molestaba, la falta de sueño ya no me afectaba, la necesidad de estirar mis músculos había desaparecido tiempo atrás, ya había aceptado esto.

Raramente parpadeaba, aunque la verdad ya no sabía si lo hacía o era simplemente una falsa ilusión que creaba mi mente. Forcé mi agarre alrededor de mis rodillas, pegando más mis piernas a mi pecho, evitando que cayeran del borde del sofá. Estas palpitaban, esperando ser estiradas para permitir que la sangre corriera a través de ellas, pero permanecía en la misma posición, prefería aguantar el leve sufrimiento al que ya estaba acostumbrada, a que intentar realizar alguna otra actividad y fracasar, darme cuenta que mis movimientos físicos han sido limitados al paso de los años, darme cuenta que ya no disfruto de las actividades triviales, darme cuenta que soy una inútil. Pero pensándolo bien, no necesito intentar nada para parecer una inútil, ya lo soy, sin ayuda de nada ni nadie.

Un sonido me sobresalto. Mi corazón se encontraba desbocado, mi respiración se agitaba mientras mis ojos, ahora bien abiertos y alertas, buscaban el insoportable sonido. El sonido continuaba, martillando y destrozando todo lo que se pudiera encontrar dentro de mi cabeza. Solté el agarre hacia mis piernas y coloqué mis manos en mis oídos, tratando de apaciguar el sonido, pero no funcionaba, seguía resonando en mi cabeza y en la habitación.

Localicé el sonido a mi espalda, con dolor me volteé, ignorando el quejido por parte de mis músculos. El aparato seguía resonando, traté de enfocar mi vista en el objeto negro que vibraba encima de la mesa de noche. Luego de unos minutos logré visualizar que se trataba del reloj, uno que solo cumplía con su trabajo de reproducir la alarma. Con las mangas de mi vieja suéter gris, limpié las lágrimas que había salido de mis ojos debido al esfuerzo. Se supone que debía levantarme, tenía que estar lista para partir al instituto cuando mamá lo dijera. Volví mi vista de nuevo hacia la ventana. Hice un esfuerzo para levantarme, al principio mis piernas no se movían, ahora ninguna parte de mi cuerpo lo hacía. Supongo que saber que debía ir a un lugar donde solo sería criticada y burlada hacía que mi cuerpo protestara por querer moverse.

Levanté mis manos y moví mis piernas para que tocaran la suave alfombra que se posaba frente al sillón. Un hormigueo las recorría, pero el dolor que el sonido de ese aparato provocaba en mi cabeza era mucho más fuerte que el leve hormigueo que provocaba mi sangre al fluir libremente por mi cuerpo. Apoyé mis manos en el reposabrazos para poder levantarme, mis piernas estaban resentidas, por lo que al momento de levantarme caí en mis rodillas, provocando que ahora estas dolieran también. Me levanté con mayor esfuerzo y caminé a pasos lentos los pocos metros que me separaban de la mesa de noche.

El dolor de las piernas se incrementaba con cada paso que daba, pero no me iba a detener. Al llegar, con mano temblorosa, apreté el botón que cesaba con el insoportable sonido. Mi mano se quedó encima del botón, sin fuerza para levantarse. Todo mi cuerpo temblaba mientras intentaba controlar mi respiración. Cerré mis ojos con fuerza, y exhalé, lastimando mis pulmones y haciendo que como acto reflejo se resintieran. La mano libre se posó en mi pecho mientras encorvaba la espalda intentando llenar el vacío.

Luego de unos segundos en los cuáles las lágrimas caían por mis mejillas, suspiré, limpié las lágrimas y me enderecé, no totalmente, peor hice lo que pude. El temblor se había calmado un poco, pero no demasiado. Con pasos inseguros me encaminé hacia la puerta. La abrí y busqué a alguien por el pasillo, pero no había nadie. Papá siempre salía a las seis de la casa, por lo que a estas horas ya no lo vería aquí y mamá seguramente se encontraba en la cocina. Era hija única por lo que la ilusión de ver a un niño corriendo por los pasillos o las peleas con hermanos mayores que solo te confirman su amor, solo serían parte de mi imaginación.

Caminé unos pasos más cruzando el pasillo y llegando al cuarto de baño. Cerré la puerta detrás de mí y me miré en el espejo. Mi piel se encontraba más pálida de lo normal, las grandes ojeras enmarcaban la parte inferior de mis ojos, los cuáles se encontraban opacos, sin ningún brillo, nada que marcara aunque sea una pequeña felicidad en mi interior. El camino que había recorrido las lágrimas se encontraba marcado por, ahora, lágrimas secas, lágrimas que debieron escapar durante las horas de la noche y no había notado, o tal vez si lo había hecho pero a mis brazos les pareció inservibles de limpiar ya que sabía que serían remplazadas por unas nuevas. Aparté mi mirada del espejo y despojándome de mi ropa entré en la ducha. Abrí la llave para permitir la salida del agua. Estaba fría, muy fría. No me molesté en apartarme. Apoyé mis manos en las baldosas de la pared, mi pecho subía y bajaba fuertemente, tratando de soportar la temperatura. Respirar por la nariz no fue suficiente, por lo que comencé a respirar por la boca. Mis nudillos estaban blancos por la fuerte presión que ejercía contra la pared. Pero seguía sin alejarme.

Luego de unos minutos el agua se había tornado cálida, pero siendo sincera, prefería la fría, aunque doliera, me mantenía en la realidad, además no sentía que mereciera nada mejor. Aparté mis manos de la pared, mis dedos se relajaron. Los cerré y los abrí para recuperar la movilidad. Ahora con agua caliente, pasé mis manos por mi rostro, tratando de limpiar todo lo que pudiera de él. Me lavé el cabello, y luego enjaboné mi cuerpo. Me coloqué debajo del agua para eliminar los rastros del jabón y cerré de nuevo la llave. La salida del agua cesó en el momento de hacerlo.

Tomé dos toallas del mueble. Una la coloqué alrededor de mi cuerpo y la otra alrededor de mi cabello. Salí de la ducha y me miré al espejo nuevamente, ahora sólo quedaba un pequeño rastro de las ojeras, todo lo demás había desaparecido, pero todavía no encontraba el brillo perdido de mis ojos y todavía no había una sonrisa sincera en mis labios. No, no había ninguna sonrisa del todo. Abrí la puerta y corrí a mi habitación. Limpié las gotas de agua con la toalla y me puse la ropa interior. Para luego colocarme un pantalón negro tubo y una camiseta blanca en el torso con las mangas de un color papaya, un color parecido a las paredes de mi habitación, unas mangas que cubrían todos mis brazos. Me puse las medias blancas y luego los zapatos del mismo color. No me emocionaba el hecho de utilizar ropa tan clara, pero mamá insistía en que debía usar colores alegres. Además nada lograba provocar el sentimiento de ilusión últimamente, ya que no podía encontrar mi felicidad quería aunque sea verla feliz a ella.

Tomé mis útiles y salí de mi habitación, bajando por las escaleras y siguiendo el pasillo hacia la cocina. Mi mamá terminaba de poner mi plato de desayuno en la mesa. Me dio un beso en la mejilla al notar mi presencia. Intentaba sonreír, pero no podía. Su espíritu alegre y optimista debería hacer feliz a cualquier, aún no lograba entender por que no hacía ningún cambio en mí. Mantuvimos una leve conversación en el desayuno, más por parte de ella que mía, pero una conversación de todas maneras. Al terminar lavé mi plato, luego subí al baño, lavé mis dientes y bajé de nuevo.

-Que tengas un lindo día cariño.- me entregó unos billetes y me abrazó.
-Si mamá- desde hace un año que no tenía un lindo día y no estaba segura que lo tuviera pronto.
-Te tengo una sorpresa para cuando vuelvas del instituto- noté cierta emoción en su voz.
-Claro- dije extrañada.

Salí de la casa y comencé a caminar por las calles de Londres. No se encontraban tan frías como de costumbre, pero aun así, el clima se mantenía fresco, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Caminé las pocas cuadras de mi casa hasta el instituto. Unos metros antes ya veía los autos estacionarse en el instituto, y los alegres estudiantes encontrándose y preparándose para un nuevo día. Envidiaba su felicidad, una felicidad que por más que quisiera no lograba sentir. Caminé cabizbaja por los pasillos del lugar, casi nadie notaba mi presencia, y los que la notaban, me empujaban, me insultaban o se reían al verme pasar. ¿Cómo esperaba conseguir alguna clase de felicidad si tenía que vivir esto todos los días? Tomé mis cosas al abrir mi casillero, ocultando con la puerta las silenciosas lágrimas que caían de mis ojos. Las limpié rápidamente y cerré la puerta del casillero, luego comencé a caminar hacia la primera clase. Escuchando las risas a mí alrededor mientras caminaba.

A la hora del almuerzo mi cabeza dolía. Se encontraba cansada, cansada de intentar concentrarme en algo de los profesores hablaban, pero no lo lograba, me distraía con las ráfagas de viento que pasaban por la ventana, la mosca que se esmera en molestarme e incluso en las risas de mis compañeros, que estaba segura que se estaban burlando de mí aunque por otro lado podría ser mi inconsciencia la que me hace creer sucesos que en realidad no ocurren.

Le pagué mi almuerzo a la señora que me miraba con lástima, una de las miradas que más me dedicaban aparte del desprecio. Aunque la única que más he anhelado es la de cariño, una mirada que solo me han dedicado tres personas, mi padre, cuando era niña, mi madre, que al paso del tiempo esa mirada se transformó en otra de lástima, dejando de lado la primera, y la de, la de otra persona que no deseo recordar, una persona que se fue, alguien que al igual de los demás me dejó sola, pero no lo culpo, la única culpa la tengo yo.

-¿Se te ofrece algo más linda?- preguntó la cocinera. Me di cuenta de que no me había movido de la fila, todos los que estaban esperando me miraban con enojo. Me removí incómoda en mi lugar y negué con la cabeza. Sostuve con más fuerza la bandeja en mis manos y fui hacia una de las mesas más alejadas. Me senté, no había nadie más ahí, pero no me molestaba la soledad, al menos así no le debería explicaciones a nadie. Al menos así no podría decepcionar a nadie más, así al menos no me dolería tanto despedirme de esa persona en el momento de su partida, porque algo que había aprendido en estos últimos años, es que todo en mi vida era temporal.

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por Ledger. el Mar 08 Jul 2014, 1:50 pm

aaron & lion.
☯ representantes: Oliver Sykes & Alan Ashby.
☯ Escrito:
killers never sleep | prólogo:
Se aproximaban las tres de la madrugada cuando decidí acercarme al puente de la ciudad, y disfrutar de la nieve cayendo sobre mi cuerpo. La sensación del frío rozando el bello de mis extremidades, o colisionando contra mi rostro; el conocimiento de una manta helada que acomodaba mis pisadas, o la luz de los coches iluminando mi camino, eran simples cosas que mi mente deseaba y me exigía constantemente.
Acomodé mi calzado correctamente, impidiendo posibles molestias en mis pies y abrí la puerta, posteriormente cerrándola con dos vueltas. Guardé mi llave en el bolsillo delantero de mis vaqueros negros ajustados. Encontré dentro del mismo bolso, inconscientemente, una nota arrugada y rota por las esquinas que me recordaba recoger el traje de novia —de mi hermana—, el jueves a las cuatro de la tintorería
Con un suspiro la dejé caer en el suelo de la calle. Las esperanzas de que la nieve corriese por el papel la tinta azulina, y desintegrase la hoja, disminuyeron cuando comencé a andar hacia mi destino planificado.
Las farolas me rodeaban, fabricaban una sombra posada en el suelo que imitaba de forma permanente todos mis movimientos. Sentí una oleada de sueño acechando a mis movimientos, y lentamente, mis pasos se volvieron lentos, calmados, cansados, pesados. Cada pisada parecía un mundo, quizás un universo distribuido en millones de galaxias con infinitas constelaciones y una cifra elevada de seres que incluían a la raza humana.
Una voz acarició mis tímpanos con severidad. Tenía un tono masculino, con ligeros ronquidos que confundían a mi mente. Giré sobre mis talones, asustado, desorientado gracias al cansancio que comenzaba a sentir en pocos momentos.
Y allí estaba él, parado en medio de la calle con su mirada posada en mi figura. Su cuerpo estaba cubierto de tatuajes, su mirada había sido adornada con unas lentillas blanquecinas, con un punto grueso central que simulaban una pupila. Quería aparentar ser un ser monstruoso, sin escrúpulos, pero a simple vista su aspecto humano disminuía las aproximaciones a sus deseos.
El tono de su voz confirmó mis sospechas sobre su sexo. Era un hombre, de temprana edad, quizás de unos veintiséis años. Ocultaba sus manos en los bolsillos de su abrigo negruzco, de algún tipo de piel que no podía reconocer a simple vista a causa de mi escasez de sabiduría sobre ese tema.
Dio un pequeño paso hacia delante, aproximando su posición hacia la mía.
Rápidamente, la idea de la muerte acecho mis pensamientos, y decidí comenzar a acelerar mi ritmo para llegar al puente. Pero el terror inundó mi consciencia cuando me percate de que la dirección donde se encontraba mi casa, para resguardarme de cualquier agresión o robo, estaba hacia donde aquel desconocido se encontraba, y que el puente no era el mejor lugar para resguardarse de un posible criminal.
Tragué saliva, sintiendo mis extremidades temblar levemente. Estaba atemorizado. Estaba desorientado. Se me agotaban las ideas y mis pensamientos ágiles ante las planificaciones habían abandonado mi mente.
Sentí una mano posarse en mi hombro izquierdo, impidiendo que prosiguiera en mi camino y me parase instantáneamente. Mis uñas arañaron mi antebrazo, acompañados de unos nervios casi desconocidos para mi personalidad calmada. Volví mi cuerpo lentamente, observando como detrás de mí no había nadie.
A pesar de haber comprobado que aquel extraño no se encontraba conmigo y que no había posado su mano en mí, el sentimiento de pesadez sobre mi hombro proseguía constante. Era una sensación extraña que no conseguía eliminar.
La demente idea de sufrir un ataque de locura me heló la sangre, consiguiendo adquirir una temperatura similar a la de la nieve que pisaba.
Decidí volver a mi hogar, algo confuso y aún con algo de miedo en el cuerpo, para evitar volverme a encontrar con extraños de apariencia temerosa.
Pasaron cinco minutos hasta que llegué nuevamente a la puerta principal de mi casa, y en los escalones, descubrí como el chico que anteriormente había estado parado detrás de mí, con una expresión facial algo escalofriante, se encontraba sentado allí, abrazando sus rodillas y balanceándose levemente.
Fruncí el ceño. Me negaba a acercarme a él, mucho menos atender a sus problemas personales. ¿Y si estaba fingiendo? ¿Y si solo era una estrategia para atacar a sus víctimas mientras ellas creen que está sufriendo de algún recuerdo traumático? ¿Acaso creía que iba a ceder mis pertenencias tan fácilmente a alguien así?
Observé como los tatuajes asemejaban su cuerpo al de un muerto viviente, un zombie. Su cuello parecía estar descompuesto, siendo sujeto por la carne pútrida y elástica que anteriormente le formaba cuando estaba vivo. En su abdomen estaba escrito, con letras derretidas y en mayúsculas, tres iniciales —R.I.P.—. En variadas partes de su piel, encontré cucarachas y otros tipos de insectos, que repugnaban a mis gustos, tatuados con una calidad impecable.
Busqué con la mirada el abrigo negro que anteriormente vi, cuando él me observaba desde la distancia, parado en medio de la acera con las manos resguardadas en los bolsillos. Pero nunca le logré encontrar, quizás lo hubiese escondido en la penumbra, o lo quemase antes de que yo llegase. Contó con el tiempo suficiente como para haber asesinado a mi hermana y haber vuelto a añadir algún crimen a su lista interminable.
¿Quién era yo para juzgar a nadie por sus tatuajes? La respuesta era simple: el temor controlaba mi cuerpo.
Decidí que la mejor opción sería entrar por la puerta trasera, así que pasé por su lado, sin ser atacado o algo por el estilo, y me comencé a correr. Pero allí estaba él otra vez, sentado al pie de la puerta de madera, abrazando sus piernas mientras balanceaba su cuerpo incontables veces. ¿Cómo se había movido sin que le hubiese logrado ver, sin haber emitido ningún ruido?
Un susurro regaló a mis vértebras, por individual, un escalofrío repentino. No conocía a la perfección el tono de su voz, pero sabía que era masculino y algo maduro. No era posible que hablase tan cerca de mis tímpanos sin levantarse.
Finalmente, alzó su mirada y la posó en mí. Analizó lentamente mis rasgos faciales, las prendas que tapaban mi cuerpo, mi posición y mi reacción ante sus movimientos. Había logrado no mover ni un solo milímetro de mis expresiones, ni de mis dedos, ni de mis piernas. Me paralicé completamente sin encontrar razones de verdad para hacerlo.
Se levantó lentamente. Sus pantalones eran oscuros, anchos, caían por debajo de su trasero. Mostraba sus boxers grisáceos, y por alguna razón, una oleada ascendió mi temperatura corporal, centrándose en un solo sitio específico que, personalmente, prefiero no nombrar. Sus pasos se acercaron a mí, y me sonrío de manera amplia.
Me fijé en los piercings de su rostro. Fue curioso admitir que no me había percatado de su presencia anteriormente.
—¿Por qué tanto silencio? —murmuró divertido. El tono ronco, frío y masculino, pero con toques de humor, no era lo suficientemente conocido como para responder a la primera, por lo que siguió hablando con frases que me sorprendieron—: ¿Acaso crees que la oscuridad guarda algún monstruo que no sea humano? La noche solo ayuda a la raza humana a mejorar sus temores, y fabricar monstruo irreales que habitan en su mente.
Permanecí en silencio, centrado en su mirada. ¿Cómo serían sus ojos sin esas lentillas terroríficas? ¿Azules, verdes, marrones? ¿Y si los ocultaba detrás de ese color blanquecino porque el suyo real era mucho más monstruoso que el ficticio?
—De acuerdo. Creo que no vas a hablar así que iré directamente al grano —su sonrisa desapareció repentinamente, dejando solo la ausencia de un rasgo de felicidad—. Tony, estás perdiendo la cabeza.

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por chihiro el Mar 08 Jul 2014, 2:05 pm

en cuanto vea teen wolf acepto ;)

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Mensaje por tobias. el Mar 08 Jul 2014, 10:05 pm

paja de aceptar ;-;
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Mensaje por Ledger. el Miér 09 Jul 2014, 2:42 am

Subo mi ficha y vosotras os volvéis perezosas ;-; malotas.
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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por chihiro el Miér 09 Jul 2014, 2:48 am

tengo que limpiar la casa u,u
luego acepto.

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por tobias. el Miér 09 Jul 2014, 10:41 am

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por chihiro el Miér 09 Jul 2014, 10:45 am

{Ally} escribió:
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+ Nombres: Cameron Thales & Ava Richardson
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Mi mirada se encontraba fija en la ventana, se había encontrado viendo el mismo lugar a lo largo de toda la noche. Me encontraba en el blanco sillón de mi habitación, una habitación que no sentía como mía, nunca. Ni haber vivido mis dieciséis años rodeada de estas paredes color crema habían hecho que el sentimiento de hogar naciera en mi pecho, nada lo hacía. Lo único que podía sentir era un vacío, uno que me quemaba por dentro, uno que luchaba por salir en contra de mi voluntad.

¿Qué veía? No lo sé, pero era increíble cómo podía pasar el tiempo mientras mi cuerpo permanecía inmóvil, admirando cualquier cosa que se atreviera a cruzar la ventana. Pero nada lo hacía, solo tenía a la vista la copa de algunos árboles y el grisáceo cielo de Londres. Pero no me molestaba, la falta de sueño ya no me afectaba, la necesidad de estirar mis músculos había desaparecido tiempo atrás, ya había aceptado esto.

Raramente parpadeaba, aunque la verdad ya no sabía si lo hacía o era simplemente una falsa ilusión que creaba mi mente. Forcé mi agarre alrededor de mis rodillas, pegando más mis piernas a mi pecho, evitando que cayeran del borde del sofá. Estas palpitaban, esperando ser estiradas para permitir que la sangre corriera a través de ellas, pero permanecía en la misma posición, prefería aguantar el leve sufrimiento al que ya estaba acostumbrada, a que intentar realizar alguna otra actividad y fracasar, darme cuenta que mis movimientos físicos han sido limitados al paso de los años, darme cuenta que ya no disfruto de las actividades triviales, darme cuenta que soy una inútil. Pero pensándolo bien, no necesito intentar nada para parecer una inútil, ya lo soy, sin ayuda de nada ni nadie.

Un sonido me sobresalto. Mi corazón se encontraba desbocado, mi respiración se agitaba mientras mis ojos, ahora bien abiertos y alertas, buscaban el insoportable sonido. El sonido continuaba, martillando y destrozando todo lo que se pudiera encontrar dentro de mi cabeza. Solté el agarre hacia mis piernas y coloqué mis manos en mis oídos, tratando de apaciguar el sonido, pero no funcionaba, seguía resonando en mi cabeza y en la habitación.

Localicé el sonido a mi espalda, con dolor me volteé, ignorando el quejido por parte de mis músculos. El aparato seguía resonando, traté de enfocar mi vista en el objeto negro que vibraba encima de la mesa de noche. Luego de unos minutos logré visualizar que se trataba del reloj, uno que solo cumplía con su trabajo de reproducir la alarma. Con las mangas de mi vieja suéter gris, limpié las lágrimas que había salido de mis ojos debido al esfuerzo. Se supone que debía levantarme, tenía que estar lista para partir al instituto cuando mamá lo dijera. Volví mi vista de nuevo hacia la ventana. Hice un esfuerzo para levantarme, al principio mis piernas no se movían, ahora ninguna parte de mi cuerpo lo hacía. Supongo que saber que debía ir a un lugar donde solo sería criticada y burlada hacía que mi cuerpo protestara por querer moverse.

Levanté mis manos y moví mis piernas para que tocaran la suave alfombra que se posaba frente al sillón. Un hormigueo las recorría, pero el dolor que el sonido de ese aparato provocaba en mi cabeza era mucho más fuerte que el leve hormigueo que provocaba mi sangre al fluir libremente por mi cuerpo. Apoyé mis manos en el reposabrazos para poder levantarme, mis piernas estaban resentidas, por lo que al momento de levantarme caí en mis rodillas, provocando que ahora estas dolieran también. Me levanté con mayor esfuerzo y caminé a pasos lentos los pocos metros que me separaban de la mesa de noche.

El dolor de las piernas se incrementaba con cada paso que daba, pero no me iba a detener. Al llegar, con mano temblorosa, apreté el botón que cesaba con el insoportable sonido. Mi mano se quedó encima del botón, sin fuerza para levantarse. Todo mi cuerpo temblaba mientras intentaba controlar mi respiración. Cerré mis ojos con fuerza, y exhalé, lastimando mis pulmones y haciendo que como acto reflejo se resintieran. La mano libre se posó en mi pecho mientras encorvaba la espalda intentando llenar el vacío.

Luego de unos segundos en los cuáles las lágrimas caían por mis mejillas, suspiré, limpié las lágrimas y me enderecé, no totalmente, peor hice lo que pude. El temblor se había calmado un poco, pero no demasiado. Con pasos inseguros me encaminé hacia la puerta. La abrí y busqué a alguien por el pasillo, pero no había nadie. Papá siempre salía a las seis de la casa, por lo que a estas horas ya no lo vería aquí y mamá seguramente se encontraba en la cocina. Era hija única por lo que la ilusión de ver a un niño corriendo por los pasillos o las peleas con hermanos mayores que solo te confirman su amor, solo serían parte de mi imaginación.

Caminé unos pasos más cruzando el pasillo y llegando al cuarto de baño. Cerré la puerta detrás de mí y me miré en el espejo. Mi piel se encontraba más pálida de lo normal, las grandes ojeras enmarcaban la parte inferior de mis ojos, los cuáles se encontraban opacos, sin ningún brillo, nada que marcara aunque sea una pequeña felicidad en mi interior. El camino que había recorrido las lágrimas se encontraba marcado por, ahora, lágrimas secas, lágrimas que debieron escapar durante las horas de la noche y no había notado, o tal vez si lo había hecho pero a mis brazos les pareció inservibles de limpiar ya que sabía que serían remplazadas por unas nuevas. Aparté mi mirada del espejo y despojándome de mi ropa entré en la ducha. Abrí la llave para permitir la salida del agua. Estaba fría, muy fría. No me molesté en apartarme. Apoyé mis manos en las baldosas de la pared, mi pecho subía y bajaba fuertemente, tratando de soportar la temperatura. Respirar por la nariz no fue suficiente, por lo que comencé a respirar por la boca. Mis nudillos estaban blancos por la fuerte presión que ejercía contra la pared. Pero seguía sin alejarme.

Luego de unos minutos el agua se había tornado cálida, pero siendo sincera, prefería la fría, aunque doliera, me mantenía en la realidad, además no sentía que mereciera nada mejor. Aparté mis manos de la pared, mis dedos se relajaron. Los cerré y los abrí para recuperar la movilidad. Ahora con agua caliente, pasé mis manos por mi rostro, tratando de limpiar todo lo que pudiera de él. Me lavé el cabello, y luego enjaboné mi cuerpo. Me coloqué debajo del agua para eliminar los rastros del jabón y cerré de nuevo la llave. La salida del agua cesó en el momento de hacerlo.

Tomé dos toallas del mueble. Una la coloqué alrededor de mi cuerpo y la otra alrededor de mi cabello. Salí de la ducha y me miré al espejo nuevamente, ahora sólo quedaba un pequeño rastro de las ojeras, todo lo demás había desaparecido, pero todavía no encontraba el brillo perdido de mis ojos y todavía no había una sonrisa sincera en mis labios. No, no había ninguna sonrisa del todo. Abrí la puerta y corrí a mi habitación. Limpié las gotas de agua con la toalla y me puse la ropa interior. Para luego colocarme un pantalón negro tubo y una camiseta blanca en el torso con las mangas de un color papaya, un color parecido a las paredes de mi habitación, unas mangas que cubrían todos mis brazos. Me puse las medias blancas y luego los zapatos del mismo color. No me emocionaba el hecho de utilizar ropa tan clara, pero mamá insistía en que debía usar colores alegres. Además nada lograba provocar el sentimiento de ilusión últimamente, ya que no podía encontrar mi felicidad quería aunque sea verla feliz a ella.

Tomé mis útiles y salí de mi habitación, bajando por las escaleras y siguiendo el pasillo hacia la cocina. Mi mamá terminaba de poner mi plato de desayuno en la mesa. Me dio un beso en la mejilla al notar mi presencia. Intentaba sonreír, pero no podía. Su espíritu alegre y optimista debería hacer feliz a cualquier, aún no lograba entender por que no hacía ningún cambio en mí. Mantuvimos una leve conversación en el desayuno, más por parte de ella que mía, pero una conversación de todas maneras. Al terminar lavé mi plato, luego subí al baño, lavé mis dientes y bajé de nuevo.

-Que tengas un lindo día cariño.- me entregó unos billetes y me abrazó.
-Si mamá- desde hace un año que no tenía un lindo día y no estaba segura que lo tuviera pronto.
-Te tengo una sorpresa para cuando vuelvas del instituto- noté cierta emoción en su voz.
-Claro- dije extrañada.

Salí de la casa y comencé a caminar por las calles de Londres. No se encontraban tan frías como de costumbre, pero aun así, el clima se mantenía fresco, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Caminé las pocas cuadras de mi casa hasta el instituto. Unos metros antes ya veía los autos estacionarse en el instituto, y los alegres estudiantes encontrándose y preparándose para un nuevo día. Envidiaba su felicidad, una felicidad que por más que quisiera no lograba sentir. Caminé cabizbaja por los pasillos del lugar, casi nadie notaba mi presencia, y los que la notaban, me empujaban, me insultaban o se reían al verme pasar. ¿Cómo esperaba conseguir alguna clase de felicidad si tenía que vivir esto todos los días? Tomé mis cosas al abrir mi casillero, ocultando con la puerta las silenciosas lágrimas que caían de mis ojos. Las limpié rápidamente y cerré la puerta del casillero, luego comencé a caminar hacia la primera clase. Escuchando las risas a mí alrededor mientras caminaba.

A la hora del almuerzo mi cabeza dolía. Se encontraba cansada, cansada de intentar concentrarme en algo de los profesores hablaban, pero no lo lograba, me distraía con las ráfagas de viento que pasaban por la ventana, la mosca que se esmera en molestarme e incluso en las risas de mis compañeros, que estaba segura que se estaban burlando de mí aunque por otro lado podría ser mi inconsciencia la que me hace creer sucesos que en realidad no ocurren.

Le pagué mi almuerzo a la señora que me miraba con lástima, una de las miradas que más me dedicaban aparte del desprecio. Aunque la única que más he anhelado es la de cariño, una mirada que solo me han dedicado tres personas, mi padre, cuando era niña, mi madre, que al paso del tiempo esa mirada se transformó en otra de lástima, dejando de lado la primera, y la de, la de otra persona que no deseo recordar, una persona que se fue, alguien que al igual de los demás me dejó sola, pero no lo culpo, la única culpa la tengo yo.

-¿Se te ofrece algo más linda?- preguntó la cocinera. Me di cuenta de que no me había movido de la fila, todos los que estaban esperando me miraban con enojo. Me removí incómoda en mi lugar y negué con la cabeza. Sostuve con más fuerza la bandeja en mis manos y fui hacia una de las mesas más alejadas. Me senté, no había nadie más ahí, pero no me molestaba la soledad, al menos así no le debería explicaciones a nadie. Al menos así no podría decepcionar a nadie más, así al menos no me dolería tanto despedirme de esa persona en el momento de su partida, porque algo que había aprendido en estos últimos años, es que todo en mi vida era temporal.
aceptada.

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por chihiro el Miér 09 Jul 2014, 10:45 am

sykes. escribió:

aaron & lion.
☯ representantes: Oliver Sykes & Alan Ashby.
☯ Escrito:
killers never sleep | prólogo:
Se aproximaban las tres de la madrugada cuando decidí acercarme al puente de la ciudad, y disfrutar de la nieve cayendo sobre mi cuerpo. La sensación del frío rozando el bello de mis extremidades, o colisionando contra mi rostro; el conocimiento de una manta helada que acomodaba mis pisadas, o la luz de los coches iluminando mi camino, eran simples cosas que mi mente deseaba y me exigía constantemente.
Acomodé mi calzado correctamente, impidiendo posibles molestias en mis pies y abrí la puerta, posteriormente cerrándola con dos vueltas. Guardé mi llave en el bolsillo delantero de mis vaqueros negros ajustados. Encontré dentro del mismo bolso, inconscientemente, una nota arrugada y rota por las esquinas que me recordaba recoger el traje de novia —de mi hermana—, el jueves a las cuatro de la tintorería
Con un suspiro la dejé caer en el suelo de la calle. Las esperanzas de que la nieve corriese por el papel la tinta azulina, y desintegrase la hoja, disminuyeron cuando comencé a andar hacia mi destino planificado.
Las farolas me rodeaban, fabricaban una sombra posada en el suelo que imitaba de forma permanente todos mis movimientos. Sentí una oleada de sueño acechando a mis movimientos, y lentamente, mis pasos se volvieron lentos, calmados, cansados, pesados. Cada pisada parecía un mundo, quizás un universo distribuido en millones de galaxias con infinitas constelaciones y una cifra elevada de seres que incluían a la raza humana.
Una voz acarició mis tímpanos con severidad. Tenía un tono masculino, con ligeros ronquidos que confundían a mi mente. Giré sobre mis talones, asustado, desorientado gracias al cansancio que comenzaba a sentir en pocos momentos.
Y allí estaba él, parado en medio de la calle con su mirada posada en mi figura. Su cuerpo estaba cubierto de tatuajes, su mirada había sido adornada con unas lentillas blanquecinas, con un punto grueso central que simulaban una pupila. Quería aparentar ser un ser monstruoso, sin escrúpulos, pero a simple vista su aspecto humano disminuía las aproximaciones a sus deseos.
El tono de su voz confirmó mis sospechas sobre su sexo. Era un hombre, de temprana edad, quizás de unos veintiséis años. Ocultaba sus manos en los bolsillos de su abrigo negruzco, de algún tipo de piel que no podía reconocer a simple vista a causa de mi escasez de sabiduría sobre ese tema.
Dio un pequeño paso hacia delante, aproximando su posición hacia la mía.
Rápidamente, la idea de la muerte acecho mis pensamientos, y decidí comenzar a acelerar mi ritmo para llegar al puente. Pero el terror inundó mi consciencia cuando me percate de que la dirección donde se encontraba mi casa, para resguardarme de cualquier agresión o robo, estaba hacia donde aquel desconocido se encontraba, y que el puente no era el mejor lugar para resguardarse de un posible criminal.
Tragué saliva, sintiendo mis extremidades temblar levemente. Estaba atemorizado. Estaba desorientado. Se me agotaban las ideas y mis pensamientos ágiles ante las planificaciones habían abandonado mi mente.
Sentí una mano posarse en mi hombro izquierdo, impidiendo que prosiguiera en mi camino y me parase instantáneamente. Mis uñas arañaron mi antebrazo, acompañados de unos nervios casi desconocidos para mi personalidad calmada. Volví mi cuerpo lentamente, observando como detrás de mí no había nadie.
A pesar de haber comprobado que aquel extraño no se encontraba conmigo y que no había posado su mano en mí, el sentimiento de pesadez sobre mi hombro proseguía constante. Era una sensación extraña que no conseguía eliminar.
La demente idea de sufrir un ataque de locura me heló la sangre, consiguiendo adquirir una temperatura similar a la de la nieve que pisaba.
Decidí volver a mi hogar, algo confuso y aún con algo de miedo en el cuerpo, para evitar volverme a encontrar con extraños de apariencia temerosa.
Pasaron cinco minutos hasta que llegué nuevamente a la puerta principal de mi casa, y en los escalones, descubrí como el chico que anteriormente había estado parado detrás de mí, con una expresión facial algo escalofriante, se encontraba sentado allí, abrazando sus rodillas y balanceándose levemente.
Fruncí el ceño. Me negaba a acercarme a él, mucho menos atender a sus problemas personales. ¿Y si estaba fingiendo? ¿Y si solo era una estrategia para atacar a sus víctimas mientras ellas creen que está sufriendo de algún recuerdo traumático? ¿Acaso creía que iba a ceder mis pertenencias tan fácilmente a alguien así?
Observé como los tatuajes asemejaban su cuerpo al de un muerto viviente, un zombie. Su cuello parecía estar descompuesto, siendo sujeto por la carne pútrida y elástica que anteriormente le formaba cuando estaba vivo. En su abdomen estaba escrito, con letras derretidas y en mayúsculas, tres iniciales —R.I.P.—. En variadas partes de su piel, encontré cucarachas y otros tipos de insectos, que repugnaban a mis gustos, tatuados con una calidad impecable.
Busqué con la mirada el abrigo negro que anteriormente vi, cuando él me observaba desde la distancia, parado en medio de la acera con las manos resguardadas en los bolsillos. Pero nunca le logré encontrar, quizás lo hubiese escondido en la penumbra, o lo quemase antes de que yo llegase. Contó con el tiempo suficiente como para haber asesinado a mi hermana y haber vuelto a añadir algún crimen a su lista interminable.
¿Quién era yo para juzgar a nadie por sus tatuajes? La respuesta era simple: el temor controlaba mi cuerpo.
Decidí que la mejor opción sería entrar por la puerta trasera, así que pasé por su lado, sin ser atacado o algo por el estilo, y me comencé a correr. Pero allí estaba él otra vez, sentado al pie de la puerta de madera, abrazando sus piernas mientras balanceaba su cuerpo incontables veces. ¿Cómo se había movido sin que le hubiese logrado ver, sin haber emitido ningún ruido?
Un susurro regaló a mis vértebras, por individual, un escalofrío repentino. No conocía a la perfección el tono de su voz, pero sabía que era masculino y algo maduro. No era posible que hablase tan cerca de mis tímpanos sin levantarse.
Finalmente, alzó su mirada y la posó en mí. Analizó lentamente mis rasgos faciales, las prendas que tapaban mi cuerpo, mi posición y mi reacción ante sus movimientos. Había logrado no mover ni un solo milímetro de mis expresiones, ni de mis dedos, ni de mis piernas. Me paralicé completamente sin encontrar razones de verdad para hacerlo.
Se levantó lentamente. Sus pantalones eran oscuros, anchos, caían por debajo de su trasero. Mostraba sus boxers grisáceos, y por alguna razón, una oleada ascendió mi temperatura corporal, centrándose en un solo sitio específico que, personalmente, prefiero no nombrar. Sus pasos se acercaron a mí, y me sonrío de manera amplia.
Me fijé en los piercings de su rostro. Fue curioso admitir que no me había percatado de su presencia anteriormente.
—¿Por qué tanto silencio? —murmuró divertido. El tono ronco, frío y masculino, pero con toques de humor, no era lo suficientemente conocido como para responder a la primera, por lo que siguió hablando con frases que me sorprendieron—: ¿Acaso crees que la oscuridad guarda algún monstruo que no sea humano? La noche solo ayuda a la raza humana a mejorar sus temores, y fabricar monstruo irreales que habitan en su mente.
Permanecí en silencio, centrado en su mirada. ¿Cómo serían sus ojos sin esas lentillas terroríficas? ¿Azules, verdes, marrones? ¿Y si los ocultaba detrás de ese color blanquecino porque el suyo real era mucho más monstruoso que el ficticio?
—De acuerdo. Creo que no vas a hablar así que iré directamente al grano —su sonrisa desapareció repentinamente, dejando solo la ausencia de un rasgo de felicidad—. Tony, estás perdiendo la cabeza.


aceptada.

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por tobias. el Miér 09 Jul 2014, 11:13 am

zoe  ¿cómo vas con los crackships?  paja de enviarte emepé.
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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por chihiro el Miér 09 Jul 2014, 11:21 am

ahora los hago, es que he hecho como tres gifs del taller de edicion pero no me convence ninguno lol

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por chihiro el Miér 09 Jul 2014, 12:12 pm

listo ann <33

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por chihiro el Miér 09 Jul 2014, 9:28 pm

Audicionad y os doy besos francos
  

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Re: fraternities war | cerradas.

Mensaje por Kida el Miér 09 Jul 2014, 9:39 pm

yo ya audicioné... quiero mis besos

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