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Mensaje por Mess. el Dom 15 Jun 2014, 4:00 am

Dylan & Savannah


― Representantes: Dove Cameron & Dylan O'brian.
― Nombre del personaje femenino: Savannah Dawson.
― Nombre del personaje masculino: Dylan Lambert.
― Roles: El novio de su hermana.
― Edades: Savannah 18 - Dylan 23.
― Escrito de tu autoría:
De amor y otras Adicicones:

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Chapter XXXII



El repiqueteo de los tacones se sentía a lo largo de todo el callejón oscuro y asqueroso. La chaqueta que llevaba encima no era suficiente para las bajas temperaturas que asaltaban la fría noche de Los Ángeles y a través de las celdillas de sus medias negras, se filtraba la helada brisa. Aquel era el momento en que surgía su odio hacia Richie, ese momento en que su novio la enviaba a abastecer a sus preciados clientes que no eran más que unos cerdos que pensaban que podían tratarla como les diera la gana — especialmente de puta — por el solo hecho de ser una chica en aquel negocio sucio y buscaban obtener de ella algo más que solo la cantidad de droga solicitada. Suspiró y el vapor tibio salió de su boca imitando el humo tóxico de aquellos baratos cigarrillos de pésima categoría que solía fumar compulsivamente. Estaba entumecida y tendría que regresar a casa en metro ya que odiaba los otros medios de transporte público.
Se apoyó junto al tacho de basura verde que pertenecía al local de comida China cuya puerta trasera daba al callejón sin salida en que se encontraba.  El olor a pestilencia le provocaba unas incontrolables nauseas y un dolor punzante en las sienes. Pedía a Dios no tener que ver una asquerosa rata, lo cual ya era poco común ya que los gatos que se alimentaban de las sobras del restaurant les daban caza. Levantó la vista desde el piso hacia la entrada del callejón, donde un hombre pasaba, se detenía, pero finalmente seguía su camino. Bajó la vista hasta sus uñas ordinarias. El esmalte que les había puesto hace tres días, ya estaba todo descascarado y las uñas quebradas de tanto morderlas. Jamás tendría uñas lindas ni manos decentes… mejor dicho, ella jamás sería linda y decente. Su condición y su apestoso estilo de vida no se lo permitiría. La chica no tenía — para nada — un cuerpo bonito,  sino más bien era un costal de huesos. Las drogas y el cigarrillo sustituían los alimentos y saciaban su apetito. Su rostro demacrado era digno de una tipa sin un mínimo rastro de brillo vital, sus pómulos sobresalían notablemente, sus ojeras color lila azulado, se hundían en su piel blanquecina, dándole el toque de cansancio a sus ojos verdes que una vez habían tenido ese brillo que llamaba la atención de los hombres. Definitivamente no era bonita. De nada servía el maquillajes ni la ropa costosa que le daba Richie si no lucían en un cuerpo como suyo. Por más que se auto-analizara, no lograba encontrarle la lógica a la belleza que Kennan veía en ella. De pronto y sin quererlo, sus pensamientos viajaron a él y a aquella noche en que había perdido el tenue rayo de esperanza que el haberlo conocido le había otorgado.

(…) “Plantada en aquel callejón que tanto conocía, aguardaba a que uno de los tantos clientes de Richie hiciera su aparición. Odiaba la impuntualidad de aquellos cerdos, o quizá, ella era la puntual que salía con más de dos horas de anticipación del sombrío y deprimente apartamento buscando escapar de su realidad. De pronto un hombre apareció en la entrada del callejón, miro en todas direcciones y se metió dentro. La chica presionó una tecla de su teléfono celular y se sorprendió al ver que el cliente llegaba con poco más de cuarenta minutos antes de lo acordado.
– ¿Alicia? – susurró el hombre. Sin que ella se diera cuenta, ya había llegado a su lado. Levantó su mirada y enfocó la mirada para que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad y poder observar su rostro con claridad. Sus extremidades experimentaron una sensación de hielo recorriéndolas, para luego expandirse por todo su cuerpo. Las piernas le flaquearon y sintió que su cuerpo se desvanecería en cualquier momento. Él estaba frente a ella – así… así que es verdad – agregó el chico haciendo una pausa para recuperar el escaso aliento que entraba por sus pulmones en ese momento.
— ¿Qué haces aquí? — preguntó la chica sorprendida de que aquella pregunta saliera de su boca como si no se estuviera llenado a la mismísima mierda.
— ¿Qué importa eso ahora? — preguntó el muchacho escupiendo las palabras como si algo le provocara asco. Su rostro denotaba una mezcla de emociones: Sorpresa, asco, decepción, abatimiento, entre otras similares que pudieran agregarse a la situación.
— Yo… — comenzó a decir Alicia dejando la frase inconclusa.
— Tú no eres más que una maldita mentirosa — le espetó el chico con su voz cargada de rabia y resentimiento. De pronto, Alicia lo desconoció. Jamás pensó que aquellos labios, de los que no salían nada más hermosas palabras y frases de amor hacia ella, fueran usados para llamarla “maldita mentirosa” de esa manera.
— Kennan, por favor… —
— Por favor nada — la cortó de manera dura y tajante. La chica podía sentir como su mirada se nublaba y el nudo con el que ya estaba poco familiarizada, se situaba en su garganta — ¿Tan fácil de engañar he sido? — agregó Kennan. La rubia guardó silencio sin saber que responder mientras sentía que las tibias gotas caían con un simple parpadeo. Ally se sorprendió al darse cuenta que había olvidado como se sentía el simple y natural acto de llorar. El silencio de la chica, hizo que la ansiedad del chico incrementara y junto con ello, la rabia. — ¡Respóndeme! — gritó Kennan al ver que Alicia no le daba respuestas, pero definitivamente no las obtendría. — ¿Dónde quedó la chica extrovertida, la chica atrevida que decías ser?. Explícamelo Alicia, porque lo único que veo aquí, es una puta traficante — la voz del chico se quebró al pronunciar la última palabra. De pronto, la chica se sintió una estúpida ¿Cómo llegó a pensar que jamás la descubriría? Ahora nada tenía sentido, se había arriesgado a que Richie la descubriera, a que la golpeara o incluso, asesinara. Si bien su novio jamás había cometido alguna barbaridad con ell o algun acto de violencia, había sido porque ella jamás le había dado motivos. Ahora que la habían descubierto se daba cuenta de que su mentira no tenía por donde haber resultado, ahora que ya era demasiado tarde. — Vaya señorita de la que me fui a enamorar — dijo el chico sonriendo irónicamente mientras sus mejillas se humedecían producto de las lágrimas. Primera vez en mucho tiempo que Ally sentía un gran dolor en el centro del pecho. Aquel dolor en el pecho, le recordó que ella aún asentía, que las emociones dormidas aún estaban ocultas en los lugares más recónditos de su ser. — ¿No sentías alguna especie de remordimiento al estar conmigo sabiendo que no era más que un juego? — preguntó derrotado.
— Jamás jugué contigo — susurró la chica.
—  Cómo dices? —
— Jamás jugué contigo — reiteró la muchacha subiendo el tono de voz. — Y jamás te mentí… en verdad me estoy enamorando de ti — Finalizó con un sollozo.
— Oh, ya veo,  discúlpame, jamás me has mentido, ¿No es asi?  — se rió el castaño — todo esto es mentira, no has venido a entregar tu asquerosa “mercancía”, ¿Verdad? — el chico levantó sus manos para hacer comillas en la palabra “mercancía” — ¿Así es que eres una educadora de párvulos? —preguntó — ¿vives con tus padres en una lujosa casa de playa en Malibú? — preguntaba sin dejarla responder —por favor, Alicia, eres nadie ¿no te da vergüenza vivir de apariencias? ¿pensabas que jamás lo sabría? — se acercó peligrosamente a la chica que se aferraba a la pared atestada de musgo debido a la humedad, pero ya nada le importaba — ¿Creíste que nunca me enteraría que eres una maldita drogadicta? ¿Que aquella ropa costosa y de marca la obtienes de tus negocios turbios, a costa de la adicción de otros? ¿No pensaste que me enteraría que eres la prometida del traficante más buscado de California? — El chico le tomó de las muñecas levantándole los brazos y apegándola contra la pared. En esos momentos, Kennan le recordaba a Richie. El chico ya no era delicado con ella, era brusco e hiriente como su prometido. No quedaba pizca de ternura en él y todo por su culpa — Ni siquiera te dignaste en inventar una mentira más creíble. Sabías que mi padre es el encargado de la brigada de investigaciones del estado y aún así optaste por lo más fácil —el chico la soltó y se alejó de ella retrocediendo sin quitarle la vista. Alicia se ahogaba en un mar de lágrimas y sollozos. Unos segundos después — que para Ally fueron eternos — el chico dejó de mirarla y lanzó un fajo de billetes a sus pies — te buscan — dijo — te tienen identificada y saben cómo y dónde operas, vete de California mientras puedas —  finalizó. Sin mirarla, comenzó a caminar hacia la salida del callejón.
— Kennan… — susurró la chica. Obviamente no iba a ser escuchada. Se deslizó por la pared de ladrillos disparejos hasta quedar sentada en los fríos y húmedos adoquines del piso y apoyó su cabeza en tacho de basura. Quería gritar, gritar hasta volverse loca, hasta que sus cuerdas vocales estallaran de tanto chocar entre ellas, gritar hasta quedar sin voz. Ya nada le importaba… lo había perdido para siempre…” (…)


— …licia — le llamó una voz sacándola de sus pensamientos — ¿ Alicia ? — volvió a repetir el hombre. La rubia salió de sus pensamientos y se enfocó en el por qué estaba allí. Sacó la bolsa de plástico que contenían tres frascos diminutos como los que contenían las vacunas, dos cajas de pastillas y medio kilo de cocaína para luego tendérselo. El muchacho — que no tenía mas de veinte años — sonrió de oreja a oreja al ver el contenido de la bolsa y le entregó un fajo de billetes. El trueque estaba completo.
— Richard mandó a decir que la droga nueva le llega en trece días más desde Amsterdam, por si es que quieres hacer un encargo en preventa — le dijo la chica sin emoción alguna.  
— genial, se lo haré saber, muchas gracias — finalizó el chico corriendo hacia la salida del callejón. La chica suspiró y comenzó a caminar hacia la estación de metro más cercana.

Una vez llegada a su casa, sintió que ese sentimiento de vacío la invadía nuevamente, como cada vez que entraba a aquel apartamento que apestaba a una mezcla de cigarrillo barato y todo tipo de alcohol que Richie derramaba por todos lados. Sacó la cajetilla de cigarros de su bolso, se quitó los zapatos y los tiró donde fuera que cayeran. Se encaminó hasta el sillón de Richie y se tendió en él, no sin antes, encender el televisor. Hizo zapping sin saber que pasaba ante sus ojos. De pronto, una película en blanco y negro le llamó la atención. Dejó el mando a su lado y prendió un cigarrillo. Todo lo que acontecía en la película le recordaba a él y no se creía capaz de seguir soportándolo. Se sentía como si fuera la peor mierda en el mundo. Había estado jugando a dos bandos, algo que jamás pensó que llegaría a hacer. Por un lado estaba Richie, el hombre que la había salvado de la muerte pero que la había sumido en una lenta y tortuosa condena. Richie amaba a Ally, ella lo notaba, y ella también lo amaba ¿ Cómo no hacerlo ? Independiente de el mundo que los rodeaba, el chico la amaba y siempre le daba lo que necesitaba, nunca le faltaba nada, bueno, al menos en lo material. Y por otro lado estaba Kennan, que lo tenía todo, incluso aquello de lo que Richie carecía. No solo era capaz de mantenerla económicamente, sino que también de entregarle aquel amor que su prometido no sabía expresar. Con Kennan se sentía amada y no como un objeto que hay que mantener solo con cosas materiales.
Cansada de pensar en él y de sentirse de lo peor auto-destruyéndose, caminó hasta la habitación y sacó una dosis de Heroína y una jeringa nueva. Volvió a la sala de estar y dejó las cosas sobre la mesa para prepararse. Se descubrió el brazo y se acercó la jeringa con la solución dispuesta a inyectarse. Sin embargo, unos golpes en la puerta del apartamento hicieron que se detuviera justo cuando la aguja tocaba su piel. Miró extrañada hacia la puerta. Por lo general, casi nunca tenían visitas en casa, la mercancía no se vendía allí y los clientes lo sabían. Se levantó del sillón y se encaminó a la puerta para abrirla mientras se cubría el brazo nuevamente. La chica tuvo que sostenerse de la puerta para no caer al piso. Kennan estaba allí, frente a ella.
— ¿ Qu…qué haces aquí ? — preguntó la chica desconcertada.
— Pensé que te gustaría verme — respondió el chico apenado sonriendo de medio lado — lamento mucho lo que sucedió e… —
— No, no, no, no, no — le interrumpió la chica negando con su cabeza, sentía su pulso a mil y no era a causa de los narcóticos, era adrenalina pura — No puedes estar aquí, Kennan, Richie puede llegar en cualquier momento — le explicó la rubia.
— Me importa una mierda incluso si está allí adentro — señaló a espaldas de la chica con un movimiento de cabeza.
— Tú no lo conoces, no sabes de lo que es capaz — le dijo la ojiverde mirando detrás de Kennan hacia el ascensor.
— Veo que le tienes miedo… —afirmó el chico.
—No es por mí, es por ti — respondió — jamás me haría daño, Richie me ama — le espetó enfadada.
— Ya lo veo, por eso eres tan feliz —
— Vete — le dijo la chica molesta. No le gustaba que insultaran a su prometido, después de todo, Richard se comportaba de lo mejor con ella.
— No, no me iré — objetó el chico entrando al apartamento y cerrando la puerta tras su espalda. La tomó de la cintura y la apegó a la pared. Estaban tan juntos que no pasaba ni una sola partícula de aire entre ellos. — En verdad lo siento. Me importa un mierda quien seas. Te amo — confesó el castaño para luego juntar sus labios. El beso fue completamente apasionado, desde el inicio, sin una pizca de ternura aparente. Ally se dio cuenta de lo mucho que lo había necesitado en esas semanas en que pensaba que lo había perdido para siempre. Los besos que le daba no se parecían para nada a los besos de Kennan, sino que eran mas parecidos a los de Richie: Salvajes y desesperados. La necesitaba, lo podía sentir y ella lo necesitaba a él. Se necesitaban. El chico la tomó en brazos y ella le envolvió la cintura con las piernas dejándose llevar por el momento. Kennan caminó hasta adivinar cuál era la habitación, entro en ella y tiró a la Alicia en la cama. Una pasión punzante comenzó a inundar el interior de rubia, haciendo que algo se encendiera en su interior, ese algo que no lograba con Richie.
Kennan se separó de ella y la miró a los ojos sonriendo. Allí estaba su chica, con aquella belleza particular que le había cautivado. Sin quererlo, Alicia le regaló una sonrisa. Se sentía feliz y no podía controlarlo. Estaba enamorada, el chico le hacía olvidar su triste y solitaria vida con tan solo un beso, una mirada o una simple palabra.
— Ven conmigo… — soltó Kennan.
— ¿ Cómo dices ? — preguntó la rubia.
— Ven conmigo, deja a Richie —
— No — negó levantándose de la cama— no puedo hacer eso.
— Necesitas comenzar a vivir, Alicia.
— Demasiado tarde — dijo poniendo uno de sus brazos en jarra mientras que con la otra mano se tocaba la frente desorientada.
— Nunca es demasiado tarde, amor — le corrigió. Se acercó a ella, la sentó en la cama y le tomó las manos entre las suyas — Ally, tienes solo veintitrés años, tiene toda una vida por delante — le sonrió — al menos déjame intentar hacerte feliz… — finalizó.
¿ Escapar de Richie ? ¿ Con Kennan ? Era un idea realmente tentadora, pero no podía hacerle eso a Richard. No podía ser una perra mal agradecida. Pero tampoco podía desperdiciar la única oportunidad de reinventarse, de darse una oportunidad. Kennan tenía razón, la chica era joven y tenía derecho a intentar ser feliz.
— De acuerdo — aceptó finalmente.
— Vale — le dijo el chico sonriéndole — te ayudo a preparar una maleta.
Ambos se levantaron de la cama y comenzaron a rellenar una maleta con ropa. Cuando ya estaba casi todo listo para cerrar la maleta, la puerta de la entrada sonó estrepitosamente.
— ¿ Ally ? — le llamó Richie desde la sala. El miedo se apoderó de Alicia. Ella y Kennan estaban en la habitación separados por una simple muralla de Richie. Estaban cagados.
— Mierda — susurró la ojiverde, fue lo único que pudo pensar.
Explicación:

Dylan es el novio de la hermana de Savannah y estan por comprometerse. Durante los preparativos de la boda, la hermana de Savannah requerirá toda la ayuda posible de su hermana pequeña. Durante el lapsus de tiempo entre el momento en que la pareja se compromete y ep día de la boda, Dylan tendra que tomar la decision de hacer feliz a la hermana de Savannah o seguir su corazon y quedarse con la chica que en verdad ama.

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Mensaje por azura. el Dom 15 Jun 2014, 4:13 pm

catwoman. escribió:
Annie Cresta




― Representantes: Stef Dawson & Sam Claflin

― Nombre del personaje femenino: Annie Cresta

― Nombre del personaje masculino: Finnick Odair

― Roles: Profesor y Alumna

― Edades: ella 16/ el 21

― Escrito de tu autoría: 

escrito uno:
El cielo llora conmigo. Me llega el olor a tierra mojada y sin previo aviso caigo al suelo. Mi desdicha aumenta conforme el tiempo pasa. Fui engañada por mi supuesto “novio/mejor amigo”. Le entregué toda mi confianza y la rechazo como si no valiera nada. Me levanto y corro hacia mi casa con rapidez deseando que todo mi alrededor desapareciera, pero nada ocurre. ¿Por qué me tuve que enamorar del más canalla del mundo? No debí conocerlo, el solo hizo mi vida miserable y me ilusionó. Solo fui un juego para él, uno con el que se divirtió mucho.




— ¿Qué pasa niña? — Pregunta mi madre — ¿Qué es lo que ha ocurrido? — no respondo, no quiero hacerlo. Nota mis ojos rojos e hinchados y se preocupa. Mi pecho sube y baja con respiraciones rápidas y alteradas, estoy furiosa y triste… muy triste.




— Nada madre, simplemente fue un mal día en el instituto — mentirosa, ese no es el motivo. Pero no se lo puedo decir, ella aprecia mucho a Matt y se decepcionaría si se enterara.




— No te creo Jacy, pero si no me quieres decir no puedo hacer nada. — Me mira con decepción.
*No madre, no me mires así… si te digo lo que me pasa romperé tu corazón.*
Se voltea y se va. Quiero correr hacia ella y decirle cuanto la quiero, pero no debo. Subo hacia mi habitación y corro hacia mi cama. Necesito desahogarme. Tomo mi diario y comienzo a escribir con fluidez.




“La chica es arrojada como trapo sucio. En su mejilla está plasmada  una marca roja en forma de mano. Llora como si no hubiera mañana. Una vez más sufre a causa de su madre y sus arranques de violencia mientras está sumida en las drogas. Quiere enfrentarla, pero si lo hace seguro ella la echa de casa y no la dejara regresar jamás. Ella está enferma y solo puede ser ayudada ingresando a un centro de rehabilitación.”




Dejo mi diario de lado y suspiro, mi mente vaga por los momentos en los cuales fui de verdad feliz, son como unos cuatro o cinco… no más.




El primero fue mi cumpleaños número seis, recuerdo haber estado jugando todo el día con mis muñecas imaginando como seria cuando encontrara a mi príncipe azul. Aunque en ese momento no me daba cuenta que los príncipes solo existen en los cuentos de hadas. Entonces llegó Matt, sus ojos azules me veían con ternura y me sonreía con gracia.  Me entregó una cajita con chocolates en forma de conejo, ese fue mi primer momento de felicidad… y todo gracias a Matt.




El segundo fue el mi primer día de secundaria a la edad de doce años. Caminaba por los pasillos de la escuela con temor, no tenía ningún amigo más que “Matty”,  pero en ese momento me había distanciado de el por una pelea y no le había hablado por una semana. En ese momento me arrepentía de haberme peleado a causa de su novia, ella no me dejaba estar con él y se notaba desde luego que el la prefería mil veces (cosa que en ningún momento negó), y como toda niña me puse celosa y le replique de cosas que no valen la pena recordar. En fin pasaban los minutos y mi soledad incrementaba. Sentí una mano en mi hombro, miré hacia atrás y ahí estaba el. Me tendió un papelito el cual decía. “Perdoname, yo te quiero más a ti que a ella.” Me sentí tan conmovida que lo abrace fuertemente y le besé las dos mejillas.




El tercero fue más común y sencillamente mi favorito de los tres. Estaba vestida con un tutú a la edad de quince años, iba a bailar el lago de los cisnes. Salí a escena y baile con gracia y destreza. Amaba y amo bailar. Mis pasos eran ligeros y hermosos. Mientras bailaba sentía una mirada sobre mí, la busque por el gran auditorio y ahí estaba Matt quien me sonreía. Esa fue la primera vez que sentí las llamadas, mariposas en el estómago.




La cuarta vez fue la única que no me ocurrió con él a la edad de dieciocho, jugaba con mi celular a “temple run”, cuando sonó la puerta. En ese entonces la flojera me superaba y no tenía fuerzas para levantarme siquiera un poco. Grité lo más fuerte que pude un gran pase y los golpes cesaron. Me entró la curiosidad y a duras penas me levanté de la cama. En el marco de la puerta estaba mi hermano Jamie el cual no veía desde mis nueve años. Corrí hacia el con emoción. Mi hermanito había vuelto.




Recuerdo mis momentos felices y me entra la melancolía. Casi todos fueron gracias a él y ahora no lo tengo junto a mí. Lo mejor es olvidarlo y seguir mi vida como si nada, pero aunque trato no puedo. Lo amo y nada puedo hacer contra éste sentimiento. Tal vez no debí enamorarme y seguir siendo su amiga como en un principio, pero su belleza me gano. Y como siempre el triunfo dejándome un corazón roto. Dándome falsas ilusiones.
escrito dos:
No veo nada, volteo hacia los lados y lo único que me rodea es obscuridad pura, no hay principio ni fin. El frio se impregna bajo las delgadas telas de mi ropa haciéndome querer agarrar una manta y arroparme con ella. Estoy atada de pies a cabeza y sentada en una silla. Se escuchan susurros, susurros que conforme el tiempo pasa se vuelven más fuertes y roncos. Hay una persona cerca, pero no la puedo ver. Se me acerca y acaricia mi cara… de la nada me da una cachetada y me besa. Trato de luchar pero él es mucho más fuerte que yo. Sus manos me rodean y me aprietan a él. Entonces me doy cuenta de que solo soy una humana, no puedo hacer nada contra él. Me suelta de golpe y da media vuelta dejándome sola de nuevo. Se escucha mi respiración agitada y mis tripas suenan por el hambre. No sé cuánto tiempo he estado aquí, y la verdad no me importa mucho. Solo quiero salir ya…




Todas las historias que me contaron de niña eran ciertas. Los monstruos existen, y no son buenos. Alguien me tiene atrapada, mi último recuerdo son las campanas de mi boda sonando fuertemente, junto con el sonido de un disparo y gritos desgarradores, de ahí todo es negro. Quiero irme ya, quiero ver a mi esposo sonreír y decirle cuanto lo amo. Pero aunque eso sea lo que más quiero no creo que sea posible. Cierro los ojos fuertemente deseando que todo desaparezca y los abro,  estoy con mi ex-novio “muerto”, en la pradera a la que siempre íbamos, pasto verde, cielo azul, y un radiante sol que nos da calor. Él está en la colina del gran árbol viejo. Sus mejillas son rojizas y redondas, me encanta acariciarlas. Me ve y sonríe de forma maliciosa, eso me desconcierta. Se acerca a mí de forma lenta y sus ojos se tiñen de negro sin darme la oportunidad de distinguir el iris de la pupila.




Trato de escapar corriendo hacia abajo pero en un segundo esta frente a mí con unos puntiagudos colmillos. Me susurra en voz baja “esto solo dolerá un poco” y me muerde directamente en el cuello. Regreso a la realidad y él está aquí viéndome fijamente. Se percata de mi temor. Sonríe como hace unos momentos causándome más miedo del que pude haber imaginado alguna vez. ¿Por qué lo hace? ¿Qué hice para merecer esto? Al rato lo veo enseguida de mí, después atrás. Es rápido, casi como si pudiera tele-transportarse. Entonces me despierto, estoy en mi cuarto. Mi madre grita que me levante que hoy es el día de mi boda, recuerdo mi sueño y me estremezco, entonces todo encaja…




Era solo un sueño, pero también lo era una advertencia. Él no es quien dice ser, él es quien me tenía atrapada y su muerte fue toda una mentira. Mi mente me advierte de lo que puede ocurrir, no sé cómo voy a evitarlo para que no pase, pero lo hare a como dé lugar. Así lo tenga que hacer yo misma.



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Mensaje por azura. el Dom 15 Jun 2014, 4:14 pm

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Dylan & Savannah


― Representantes: Dove Cameron & Dylan O'brian.
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― Nombre del personaje masculino: Dylan Lambert.
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Chapter XXXII



El repiqueteo de los tacones se sentía a lo largo de todo el callejón oscuro y asqueroso. La chaqueta que llevaba encima no era suficiente para las bajas temperaturas que asaltaban la fría noche de Los Ángeles y a través de las celdillas de sus medias negras, se filtraba la helada brisa. Aquel era el momento en que surgía su odio hacia Richie, ese momento en que su novio la enviaba a abastecer a sus preciados clientes que no eran más que unos cerdos que pensaban que podían tratarla como les diera la gana — especialmente de puta — por el solo hecho de ser una chica en aquel negocio sucio y buscaban obtener de ella algo más que solo la cantidad de droga solicitada. Suspiró y el vapor tibio salió de su boca imitando el humo tóxico de aquellos baratos cigarrillos de pésima categoría que solía fumar compulsivamente. Estaba entumecida y tendría que regresar a casa en metro ya que odiaba los otros medios de transporte público.
Se apoyó junto al tacho de basura verde que pertenecía al local de comida China cuya puerta trasera daba al callejón sin salida en que se encontraba.  El olor a pestilencia le provocaba unas incontrolables nauseas y un dolor punzante en las sienes. Pedía a Dios no tener que ver una asquerosa rata, lo cual ya era poco común ya que los gatos que se alimentaban de las sobras del restaurant les daban caza. Levantó la vista desde el piso hacia la entrada del callejón, donde un hombre pasaba, se detenía, pero finalmente seguía su camino. Bajó la vista hasta sus uñas ordinarias. El esmalte que les había puesto hace tres días, ya estaba todo descascarado y las uñas quebradas de tanto morderlas. Jamás tendría uñas lindas ni manos decentes… mejor dicho, ella jamás sería linda y decente. Su condición y su apestoso estilo de vida no se lo permitiría. La chica no tenía — para nada — un cuerpo bonito,  sino más bien era un costal de huesos. Las drogas y el cigarrillo sustituían los alimentos y saciaban su apetito. Su rostro demacrado era digno de una tipa sin un mínimo rastro de brillo vital, sus pómulos sobresalían notablemente, sus ojeras color lila azulado, se hundían en su piel blanquecina, dándole el toque de cansancio a sus ojos verdes que una vez habían tenido ese brillo que llamaba la atención de los hombres. Definitivamente no era bonita. De nada servía el maquillajes ni la ropa costosa que le daba Richie si no lucían en un cuerpo como suyo. Por más que se auto-analizara, no lograba encontrarle la lógica a la belleza que Kennan veía en ella. De pronto y sin quererlo, sus pensamientos viajaron a él y a aquella noche en que había perdido el tenue rayo de esperanza que el haberlo conocido le había otorgado.

(…) “Plantada en aquel callejón que tanto conocía, aguardaba a que uno de los tantos clientes de Richie hiciera su aparición. Odiaba la impuntualidad de aquellos cerdos, o quizá, ella era la puntual que salía con más de dos horas de anticipación del sombrío y deprimente apartamento buscando escapar de su realidad. De pronto un hombre apareció en la entrada del callejón, miro en todas direcciones y se metió dentro. La chica presionó una tecla de su teléfono celular y se sorprendió al ver que el cliente llegaba con poco más de cuarenta minutos antes de lo acordado.
– ¿Alicia? – susurró el hombre. Sin que ella se diera cuenta, ya había llegado a su lado. Levantó su mirada y enfocó la mirada para que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad y poder observar su rostro con claridad. Sus extremidades experimentaron una sensación de hielo recorriéndolas, para luego expandirse por todo su cuerpo. Las piernas le flaquearon y sintió que su cuerpo se desvanecería en cualquier momento. Él estaba frente a ella – así… así que es verdad – agregó el chico haciendo una pausa para recuperar el escaso aliento que entraba por sus pulmones en ese momento.
— ¿Qué haces aquí? — preguntó la chica sorprendida de que aquella pregunta saliera de su boca como si no se estuviera llenado a la mismísima mierda.
— ¿Qué importa eso ahora? — preguntó el muchacho escupiendo las palabras como si algo le provocara asco. Su rostro denotaba una mezcla de emociones: Sorpresa, asco, decepción, abatimiento, entre otras similares que pudieran agregarse a la situación.
— Yo… — comenzó a decir Alicia dejando la frase inconclusa.
— Tú no eres más que una maldita mentirosa — le espetó el chico con su voz cargada de rabia y resentimiento. De pronto, Alicia lo desconoció. Jamás pensó que aquellos labios, de los que no salían nada más hermosas palabras y frases de amor hacia ella, fueran usados para llamarla “maldita mentirosa” de esa manera.
— Kennan, por favor… —
— Por favor nada — la cortó de manera dura y tajante. La chica podía sentir como su mirada se nublaba y el nudo con el que ya estaba poco familiarizada, se situaba en su garganta — ¿Tan fácil de engañar he sido? — agregó Kennan. La rubia guardó silencio sin saber que responder mientras sentía que las tibias gotas caían con un simple parpadeo. Ally se sorprendió al darse cuenta que había olvidado como se sentía el simple y natural acto de llorar. El silencio de la chica, hizo que la ansiedad del chico incrementara y junto con ello, la rabia. — ¡Respóndeme! — gritó Kennan al ver que Alicia no le daba respuestas, pero definitivamente no las obtendría. — ¿Dónde quedó la chica extrovertida, la chica atrevida que decías ser?. Explícamelo Alicia, porque lo único que veo aquí, es una puta traficante — la voz del chico se quebró al pronunciar la última palabra. De pronto, la chica se sintió una estúpida ¿Cómo llegó a pensar que jamás la descubriría? Ahora nada tenía sentido, se había arriesgado a que Richie la descubriera, a que la golpeara o incluso, asesinara. Si bien su novio jamás había cometido alguna barbaridad con ell o algun acto de violencia, había sido porque ella jamás le había dado motivos. Ahora que la habían descubierto se daba cuenta de que su mentira no tenía por donde haber resultado, ahora que ya era demasiado tarde. — Vaya señorita de la que me fui a enamorar — dijo el chico sonriendo irónicamente mientras sus mejillas se humedecían producto de las lágrimas. Primera vez en mucho tiempo que Ally sentía un gran dolor en el centro del pecho. Aquel dolor en el pecho, le recordó que ella aún asentía, que las emociones dormidas aún estaban ocultas en los lugares más recónditos de su ser. — ¿No sentías alguna especie de remordimiento al estar conmigo sabiendo que no era más que un juego? — preguntó derrotado.
— Jamás jugué contigo — susurró la chica.
—  Cómo dices? —
— Jamás jugué contigo — reiteró la muchacha subiendo el tono de voz. — Y jamás te mentí… en verdad me estoy enamorando de ti — Finalizó con un sollozo.
— Oh, ya veo,  discúlpame, jamás me has mentido, ¿No es asi?  — se rió el castaño — todo esto es mentira, no has venido a entregar tu asquerosa “mercancía”, ¿Verdad? — el chico levantó sus manos para hacer comillas en la palabra “mercancía” — ¿Así es que eres una educadora de párvulos? —preguntó — ¿vives con tus padres en una lujosa casa de playa en Malibú? — preguntaba sin dejarla responder —por favor, Alicia, eres nadie ¿no te da vergüenza vivir de apariencias? ¿pensabas que jamás lo sabría? — se acercó peligrosamente a la chica que se aferraba a la pared atestada de musgo debido a la humedad, pero ya nada le importaba — ¿Creíste que nunca me enteraría que eres una maldita drogadicta? ¿Que aquella ropa costosa y de marca la obtienes de tus negocios turbios, a costa de la adicción de otros? ¿No pensaste que me enteraría que eres la prometida del traficante más buscado de California? — El chico le tomó de las muñecas levantándole los brazos y apegándola contra la pared. En esos momentos, Kennan le recordaba a Richie. El chico ya no era delicado con ella, era brusco e hiriente como su prometido. No quedaba pizca de ternura en él y todo por su culpa — Ni siquiera te dignaste en inventar una mentira más creíble. Sabías que mi padre es el encargado de la brigada de investigaciones del estado y aún así optaste por lo más fácil —el chico la soltó y se alejó de ella retrocediendo sin quitarle la vista. Alicia se ahogaba en un mar de lágrimas y sollozos. Unos segundos después — que para Ally fueron eternos — el chico dejó de mirarla y lanzó un fajo de billetes a sus pies — te buscan — dijo — te tienen identificada y saben cómo y dónde operas, vete de California mientras puedas —  finalizó. Sin mirarla, comenzó a caminar hacia la salida del callejón.
— Kennan… — susurró la chica. Obviamente no iba a ser escuchada. Se deslizó por la pared de ladrillos disparejos hasta quedar sentada en los fríos y húmedos adoquines del piso y apoyó su cabeza en tacho de basura. Quería gritar, gritar hasta volverse loca, hasta que sus cuerdas vocales estallaran de tanto chocar entre ellas, gritar hasta quedar sin voz. Ya nada le importaba… lo había perdido para siempre…” (…)


— …licia — le llamó una voz sacándola de sus pensamientos — ¿ Alicia ? — volvió a repetir el hombre. La rubia salió de sus pensamientos y se enfocó en el por qué estaba allí. Sacó la bolsa de plástico que contenían tres frascos diminutos como los que contenían las vacunas, dos cajas de pastillas y medio kilo de cocaína para luego tendérselo. El muchacho — que no tenía mas de veinte años — sonrió de oreja a oreja al ver el contenido de la bolsa y le entregó un fajo de billetes. El trueque estaba completo.
— Richard mandó a decir que la droga nueva le llega en trece días más desde Amsterdam, por si es que quieres hacer un encargo en preventa — le dijo la chica sin emoción alguna.  
— genial, se lo haré saber, muchas gracias — finalizó el chico corriendo hacia la salida del callejón. La chica suspiró y comenzó a caminar hacia la estación de metro más cercana.

Una vez llegada a su casa, sintió que ese sentimiento de vacío la invadía nuevamente, como cada vez que entraba a aquel apartamento que apestaba a una mezcla de cigarrillo barato y todo tipo de alcohol que Richie derramaba por todos lados. Sacó la cajetilla de cigarros de su bolso, se quitó los zapatos y los tiró donde fuera que cayeran. Se encaminó hasta el sillón de Richie y se tendió en él, no sin antes, encender el televisor. Hizo zapping sin saber que pasaba ante sus ojos. De pronto, una película en blanco y negro le llamó la atención. Dejó el mando a su lado y prendió un cigarrillo. Todo lo que acontecía en la película le recordaba a él y no se creía capaz de seguir soportándolo. Se sentía como si fuera la peor mierda en el mundo. Había estado jugando a dos bandos, algo que jamás pensó que llegaría a hacer. Por un lado estaba Richie, el hombre que la había salvado de la muerte pero que la había sumido en una lenta y tortuosa condena. Richie amaba a Ally, ella lo notaba, y ella también lo amaba ¿ Cómo no hacerlo ? Independiente de el mundo que los rodeaba, el chico la amaba y siempre le daba lo que necesitaba, nunca le faltaba nada, bueno, al menos en lo material. Y por otro lado estaba Kennan, que lo tenía todo, incluso aquello de lo que Richie carecía. No solo era capaz de mantenerla económicamente, sino que también de entregarle aquel amor que su prometido no sabía expresar. Con Kennan se sentía amada y no como un objeto que hay que mantener solo con cosas materiales.
Cansada de pensar en él y de sentirse de lo peor auto-destruyéndose, caminó hasta la habitación y sacó una dosis de Heroína y una jeringa nueva. Volvió a la sala de estar y dejó las cosas sobre la mesa para prepararse. Se descubrió el brazo y se acercó la jeringa con la solución dispuesta a inyectarse. Sin embargo, unos golpes en la puerta del apartamento hicieron que se detuviera justo cuando la aguja tocaba su piel. Miró extrañada hacia la puerta. Por lo general, casi nunca tenían visitas en casa, la mercancía no se vendía allí y los clientes lo sabían. Se levantó del sillón y se encaminó a la puerta para abrirla mientras se cubría el brazo nuevamente. La chica tuvo que sostenerse de la puerta para no caer al piso. Kennan estaba allí, frente a ella.
— ¿ Qu…qué haces aquí ? — preguntó la chica desconcertada.
— Pensé que te gustaría verme — respondió el chico apenado sonriendo de medio lado — lamento mucho lo que sucedió e… —
— No, no, no, no, no — le interrumpió la chica negando con su cabeza, sentía su pulso a mil y no era a causa de los narcóticos, era adrenalina pura — No puedes estar aquí, Kennan, Richie puede llegar en cualquier momento — le explicó la rubia.
— Me importa una mierda incluso si está allí adentro — señaló a espaldas de la chica con un movimiento de cabeza.
— Tú no lo conoces, no sabes de lo que es capaz — le dijo la ojiverde mirando detrás de Kennan hacia el ascensor.
— Veo que le tienes miedo… —afirmó el chico.
—No es por mí, es por ti — respondió — jamás me haría daño, Richie me ama — le espetó enfadada.
— Ya lo veo, por eso eres tan feliz —
— Vete — le dijo la chica molesta. No le gustaba que insultaran a su prometido, después de todo, Richard se comportaba de lo mejor con ella.
— No, no me iré — objetó el chico entrando al apartamento y cerrando la puerta tras su espalda. La tomó de la cintura y la apegó a la pared. Estaban tan juntos que no pasaba ni una sola partícula de aire entre ellos. — En verdad lo siento. Me importa un mierda quien seas. Te amo — confesó el castaño para luego juntar sus labios. El beso fue completamente apasionado, desde el inicio, sin una pizca de ternura aparente. Ally se dio cuenta de lo mucho que lo había necesitado en esas semanas en que pensaba que lo había perdido para siempre. Los besos que le daba no se parecían para nada a los besos de Kennan, sino que eran mas parecidos a los de Richie: Salvajes y desesperados. La necesitaba, lo podía sentir y ella lo necesitaba a él. Se necesitaban. El chico la tomó en brazos y ella le envolvió la cintura con las piernas dejándose llevar por el momento. Kennan caminó hasta adivinar cuál era la habitación, entro en ella y tiró a la Alicia en la cama. Una pasión punzante comenzó a inundar el interior de rubia, haciendo que algo se encendiera en su interior, ese algo que no lograba con Richie.
Kennan se separó de ella y la miró a los ojos sonriendo. Allí estaba su chica, con aquella belleza particular que le había cautivado. Sin quererlo, Alicia le regaló una sonrisa. Se sentía feliz y no podía controlarlo. Estaba enamorada, el chico le hacía olvidar su triste y solitaria vida con tan solo un beso, una mirada o una simple palabra.
— Ven conmigo… — soltó Kennan.
— ¿ Cómo dices ? — preguntó la rubia.
— Ven conmigo, deja a Richie —
— No — negó levantándose de la cama— no puedo hacer eso.
— Necesitas comenzar a vivir, Alicia.
— Demasiado tarde — dijo poniendo uno de sus brazos en jarra mientras que con la otra mano se tocaba la frente desorientada.
— Nunca es demasiado tarde, amor — le corrigió. Se acercó a ella, la sentó en la cama y le tomó las manos entre las suyas — Ally, tienes solo veintitrés años, tiene toda una vida por delante — le sonrió — al menos déjame intentar hacerte feliz… — finalizó.
¿ Escapar de Richie ? ¿ Con Kennan ? Era un idea realmente tentadora, pero no podía hacerle eso a Richard. No podía ser una perra mal agradecida. Pero tampoco podía desperdiciar la única oportunidad de reinventarse, de darse una oportunidad. Kennan tenía razón, la chica era joven y tenía derecho a intentar ser feliz.
— De acuerdo — aceptó finalmente.
— Vale — le dijo el chico sonriéndole — te ayudo a preparar una maleta.
Ambos se levantaron de la cama y comenzaron a rellenar una maleta con ropa. Cuando ya estaba casi todo listo para cerrar la maleta, la puerta de la entrada sonó estrepitosamente.
— ¿ Ally ? — le llamó Richie desde la sala. El miedo se apoderó de Alicia. Ella y Kennan estaban en la habitación separados por una simple muralla de Richie. Estaban cagados.
— Mierda — susurró la ojiverde, fue lo único que pudo pensar.
Explicación:

Dylan es el novio de la hermana de Savannah y estan por comprometerse. Durante los preparativos de la boda, la hermana de Savannah requerirá toda la ayuda posible de su hermana pequeña. Durante el lapsus de tiempo entre el momento en que la pareja se compromete y ep día de la boda, Dylan tendra que tomar la decision de hacer feliz a la hermana de Savannah o seguir su corazon y quedarse con la chica que en verdad ama.


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ya estas participando ¡mucha suerte!
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Mensaje por Invitado el Lun 16 Jun 2014, 3:28 am

Me encanto la idea, audicionare  
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Re: our little secret. —resultados publicados.

Mensaje por Invitado el Lun 16 Jun 2014, 3:38 am

Amy Firt


― Representantes: Niall Horan & Mila Kunis.
― Nombre del personaje femenino: Amy May Firt.
― Nombre del personaje masculino: Peter Jack Page.
― Roles: El prometido de la hermana | La cuñada.
― Edades: 19 años {Amy} | 25 años {Peter}
― Escrito de tu autoría:
Spoiler:
El avión que trasladaba a la banda al continente americano llegaba al final de su viaje justo a las cinco de la mañana. Los chicos dormían plácidamente sobre los sillones de piel color beige de su jet privado, sin saber lo que les esperaba al bajar de su avión. Estaban tan exhaustos y concentrados en su sueño que no lograron darse cuenta cuando una de las puertas se abrió, dejando entrar una brisa helada que ni siquiera les hizo cosquillas. Por la misma puerta que segundos atrás había sido abierta entro un hombre de traje, alto y a pesar de sus cuarenta años aún mantenía todo su cabello, esté de un color cobrizo y sin ningún rastro de canas. Peter sonrió y cruzo sus brazos mientras observaba a los cinco jóvenes que desde ahora trabajarían para él y para sus seis adoradas hijas.
—Evan -se dirigió Peter al chico que se encontraba a sus espaldas-. Llama a Simon y dile que han llegado sanos y salvos.
—Sí señor.
El chico de tan solo 20 años de edad era la mano derecha de Peter. Evan conocía al señor Cartwright desde que podía recordar. Sus padres, quienes habían sido íntimos amigos de Peter, habían muerto en un terrible accidente automovilístico años atrás, y desde ese día, Peter le había dado un hogar a Evan junto a él y sus hijas. Ya que, su esposa Meredith había muerto recientemente, y Peter estaba seguro que las niñas encontrarían consuelo en aquel niño que al igual que ellas, había sentido aquel horrible dolor de perder a uno de su madre, o en ese caso, padre y madre.
Evan bajo del avión y Peter decidió que era hora de dar la bienvenida a los recién llegados. El señor comenzó a caminar por el ancho pasillo del jet con bastante confianza y en el camino les fue arrebatando los cobertores a los chicos de un jalón. Al sentir el frió que se colaba por la puerta abierta, comenzaron a despertar.
—¡Despierten inútiles, hoy tendrán mucho trabajo y si quieren comer tendrán que terminarlo antes del mediodía!
Niall fue el primero en abrir los ojos, preso por el mal humor que le provoco su sueño interrumpido. El rubio tomo su cobertor y se cubrió de nuevo dispuesto a seguir durmiendo. Sin embargo, Peter se dio cuenta y se lo arrebato por segunda vez.
—¡Quién demonios crees que eres para…!
Una mirada fría y matadora por parte de Peter le cerró la boca antes de terminar su oración. Los demás despertaron y se miraron confundidos ante la inesperada presencia de aquel desconocido que los había despertado con tanta agresividad y además les había insultado. Estaban asombrados de que un viejo cualquiera le faltara al respeto a la banda más exitosa del momento.
—¿Qué clase de recibimiento es este? -pregunto Liam, ofendido-. ¿Acaso no sabes quiénes somos? Será mejor que recompenses esto de inmediato antes de que hablemos pestes de la hospitalidad de este lugar.
—Yo los recibo como me venga en gana, y más vale que bajes el tono de voz pequeño insolente -respondió Peter.
—Te daré 60 segundos para que te disculpes, o llamare a nuestro representante para que nos saque de este lugar –amenazo Harry.
—Ignorare tu comentario –índico Peter revolviendo los rizos del chico-. Muy bien inútiles, antes de explicarles la razón de este recibimiento tan hostil, déjenme presentarme: mi nombre es Peter Cartwright y desde este momento, ustedes trabajan para mí y para mi familia.
Una fuerte carcajada por parte de los cinco hizo eco en cada rincón del avión. Peter frunció el ceño y se dispuso a reír por un momento junto a ellos, pensando que merecían un momento agradable antes de su merecida intervención.
—Mira anciano -hablo Louis sin temor-. Será mejor que te disculpes y te largues, estamos cansados por el viaje y queremos ir al hotel para descansar antes de ir a divertirnos a la playa.
Louis se levantó con toda la confianza del mundo y con su brazo dio un empujón a Peter para quitarlo del camino. Pero el anciano, como había sido llamado anteriormente, con mucha más fuerza  lo arrojo a su asiento logrando llamar la atención de todos y haciendo empalidecer a Louis.
—Louis Tomlinson, pronto te enseñare lo que significa la palabra respeto –le dijo Peter-. Ya arreglare esas personalidades tan groseras que llevan cargando por años.
El señor Cartwright arreglo su saco y dio la media vuelta para bajar del avión, pero antes de salir se giró hacia los chicos.
—En cuanto razonen y estén preparados para salir, una camioneta los estará esperando afuera, sus pertenencias ya no están a bordo si no en camino a mi casa. Les recomiendo que no tarden mucho tiempo o el transporte se ira y tendrán que caminar varios kilómetros para llegar a mi mansión. Bienvenidos a Tennessee chicos.
Horas después y unos cuantos kilómetros hacia el este, las hijas de Peter llegaban a la propiedad y las grandes puertas principales de la mansión Cartwright se abrían después de haber estado años bloqueadas por un pesado candado. Una nube de polvo se alzó hacia las seis chicas y sus acompañantes, y nadie pudo entrar hasta que la nube se dispersó.
Las primeras en ingresar fueron las gemelas Celeste y Belén, seguidas por sus cuatro hermanas: Carolina, Emily, Skylett y Heather. Ya adentro, las hermanas se quedaron en la estancia principal observando asombradas cada detalle de la casa en la que vivieron su feliz niñez y pasaron sus últimos minutos con su madre, Meredith. Mientras, sus chóferes subían a las habitaciones para dejar las pesadas maletas de las Cartwright en su lugar, y después de terminar sus cortas tareas que consistían en dejar la casa un poco más decente, retirarse.
—Habrá mucho que ordenar aquí -índico Belén, observando las blancas y polvorientas sábanas que cubrían gran parte de los muebles-. No pienso dormir en este lugar hasta que esté completamente limpio.
—La limpiadora compulsiva que llevas dentro nunca te abandona hermana -se dijo para sí misma Heather, pero al notar la mirada de Belén supo que lo había dicho en voz alta e inmediatamente agrego más dialogo-. Pero me parece correcto que quieras dormir en un lugar limpio y ordenado.
—Si me disculpan -interrumpió Emily-. Estoy cansada e iré a descansar un rato a mi antigua habitación, avísenme cuando llegue papá, necesito hablar con él.
—Cuando llegue papá o cuando lleguen los chicos -pensó en voz alta Heather. Cinco miradas se posaron en ella y la castaña se ruborizo-. Iré a mi habitación a taparme la boca con cinta adhesiva.
—Te ayudamos -dijeron Belén y Celeste al mismo tiempo.
Cuatro de las seis chicas desaparecieron de la estancia y solo quedaron Carolina y Skylett. La más pequeña se encontraba algo incomoda en la propiedad. No tenía recuerdos felices de Arkansas como sus hermanas mayores. Ni siquiera sabía cómo sería su vida en el campo después de tantos años viviendo en esa gran ciudad, y además, saber que compartiría techo con cinco desconocidos no le ayudaba a calmar sus nervios. Skylett miro a su hermana y se acercó a ella rodeándola con su brazo para dar apoyo. Aunque, el momento fraternal solo duro poco, ya que segundos después Peter y Evan aparecieron en la puerta.
—¿Ya no estas molesta conmigo? -pregunto Peter a Skylett.
A Skylett no le parecía correcta la decisión de su padre. Para ella, las personas superficiales y arrogantes jamás cambiaban.
—Esos chicos nunca cambiaran padre –contestó Skylett con frialdad-. Solo estás perdiendo tu tiempo y estás haciendo perder el mío para traerme a esta pocilga y alejarme de mis amistades.
—Con el tiempo me darás la razón hija.
La rubia mordió su lengua para no contestarle una grosería a Peter y comenzar una fuerte discusión, que era lo más común entre ellos. Así que, salió por la puerta directo a los establos donde su caballo preferido la esperaba. Carolina se acercó a su padre y lo abrazo.
—Yo no estoy molesta -dijo con una gran sonrisa-. Sé que Simon y tú quieren ayudar a esos chicos y estoy segura que lo lograran.
—Por lo menos una de las seis está a mi favor -contestó lanzándole una mirada a Evan para que se fuera.
—¿Dónde los dejaste? -pregunto Carolina, refiriéndose a los chicos-. ¿Por qué no entraron contigo, escaparon?
—Claro que no, están en la camioneta, se rehúsan a bajar.
Y Peter estaba en lo cierto. A unos diez metros del enorme portón, los chicos se encontraban al borde de la deshidratación en la camioneta. Peter, en un acto de maldad, había cerrado las puertas, subido las ventanas y dejado dos guardias para evitar que salieran hasta que ellos se disculparan y aceptaran entrar a la propiedad. Para lo cual, no faltaba mucho.
—¡No hay señal! ¿Por qué mierda no hay señal?-se desesperó Niall pateando la puerta con furia.
—¡Hey tú, no se patea la puerta! –le grito un guardia.
Niall asintió y volvió a su posición un poco intimidado por la mirada que le lanzo el guardia. Louis comenzó a burlarse de él.
—Nena –dijo el ojiazul.
—No comiencen a pelear –ordeno Zayn-. No estoy de humor para aguantarlos, aún sigo sin poder creer que Simon nos dejara a cargo de un loco que vive en medio de la nada y piensa que seremos sus sirvientas.
—Debí imaginarlo –continúo Harry-. ¡Como pudimos permitir que nos engañaran! ¿Ahora qué demonios vamos a hacer?
—Deja de quejarte José -le interrumpió Peter, abriendo la puerta de la camioneta-. Discúlpense ahora para que puedan salir, tienen que comer algo y no estoy de humor para aguantar sus aires de diva.
—Soy Harry no José -lo corrigió casi gritándole.
—Yo soy tu jefe ahora y te llamare como se me plazca, así que más te vale ir cambiando esa actitud -le amenazo.
—¿Cuánto tiempo estaremos aquí? -pregunto Niall con impaciencia.
—Eso dependerá de ustedes, de mí y de Simon. Pero, primero necesito hablarles de algo muy serio e importante para mí. Después, cuando me hayan escuchado, podrán hacer todas las preguntas que deseen.
—No escuchare nada de lo que tengas que hablar, me iré de aquí en cuanto pueda -aclaro Zayn-. Ni siquiera te darás cuenta cuando lo haga.
—Vas a escucharme, puberto, o sino comenzaras a trabajar desde ahora. Mis hijas están cansadas por el viaje y necesitan…
—¿Hijas? -pregunto Harry -. ¿No mencionaste nada de vivir con chicas?
—Mencione una familia, y justo de eso quería hablarles, de mis seis hijas –contesto Peter-. Vivirán con ellas y conmigo.
—Eso no será ningún problema -interrumpió Louis llevándose sus manos a la nuca.
—Simon me pidió que no fuera rudo con ustedes -siguió hablando, tratando de olvidar el comentario del ojiazul-. Pero no me dan confianza. Así que, les advierto, solo se acercaran a ellas cuando yo ordene, tendrán estrictamente prohibido entrar a sus habitaciones a menos que sea para limpiar, y si los veo molestándolas yo mismo me encargare de mandarlos a dormir a los establos con los caballos. ¿Entendido?
Los cinco asintieron sin decir una palabra, logrando que Peter sonriera satisfecho.
El moreno asintió bastante enojado y con ganas de golpear al hombre. El cual, justo cuando los chicos comenzaron a bajar, los detuvo.
—¿Y la disculpa?
Muy a su pesar, los cinco tuvieron que disculparse individualmente por su actitud para poder entrar a casa. Hasta entonces Peter les permitió la entrada, sin saber, que no solo los dejaba entrar en su casa por primera vez, si no también, a su vida y a la de sus hijas.
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Re: our little secret. —resultados publicados.

Mensaje por Percia. el Lun 16 Jun 2014, 6:33 am

Hola Sofi,     ¿la idea no es de tus preferidas? No me quiero imaginar las otras entoces. Voy a audicionar porque la idea me puede, ademas, tengo un par de escritos que se tratan de esto justamente y no sabia si hacer una nove o no con ellos. 
En un rato dejo la ficha :3
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Re: our little secret. —resultados publicados.

Mensaje por Percia. el Lun 16 Jun 2014, 7:23 am

Natasha Lewis.


― Representantes: Harold. S & Barbara Palvin. 
― Nombre del personaje femenino: Natasha Hope Lewis. 
― Nombre del personaje masculino: Bastian Jefferson. 
― Roles: El socio de su padre.
― Edades: Ella 19 y el 25.
― Escrito de tu autoría: 
garchme:

Lo ultimo que recuerdo después del fuerte chirrido de la ruedas de un auto es la mirada en los ojos verdes de Bastian, sus gritos desesperados me acompañan hasta que todo a mi alrededor se vuelve oscuro; hasta que todo a mi alrededor le da paso a la oscuridad y a las voces ahogadas. 
No se cuanto tiempo estuve dormida, o si aún sigo respirando, trato de abrir mis ojos pero ellos pesan y cada vez que me esfuerzo mi cabeza comienza a darme pequeñas puntadas que se sienten como miles de agujas siendo clavadas en mi sien; pero como la chica obstinada que soy no me doy por vencida y sigo tratando, una y otra vez, hasta que por fin luego de querer arrancarme completamente mi cabeza de mi cuerpo logro abrirlos.
El destello de una luz blanca hace arder mis ojos, parpadeo varias veces hasta que puedo mirar a mi alrededor sin que mis ojos lloren; sobre mi una enfermera con bata azul me esta diciendo algo que no logro entender, trato de decirle que no la puedo escuchar pero mi boca no se mueve. Mis parpados comienzan a pesar, por mas que me digo "mantente despierta" una y otra vez a mi misma, no hay caso. La oscuridad vuelve a envolverme. 
—No me hagas esto Hope.— La voz de Bastian me trae de regreso, aunque esta vez no puedo abrir mis ojos puedo escucharlo. A los lejos puedo jurar que mi madre solloza, también, siento un leve cosquilleo en mi mano derecha pero lo si alguien se estuviese aferrando fuertemente a ella. —Nena, tienes que quedarte con nosotros.
—Señor necesitamos llevarla a la sala de urgencia, no puede pasar. — Dice una voz desconocida para mi. 
—Por favor, no dejen que se vaya.— La voz quebrada de mi novio me destroza el corazón, desearía poder decirle que todo esta bien, que todo va a estar bien. Pero en este momento ni yo misma estoy segura de eso.
No me doy cuenta que me volví a dormir hasta que despierto nuevamente, pero esta vez, todo lo que puedo sentir es dolor, dolor en las piernas, en mis costillas, mi cabeza, absolutamente cada parte de mi cuerpo se encuentra adolorida. Siento lagrimas caer por mis mejillas y segundos después unos dedos limpiándolas. Un peso se cierne sobre mi y planta un beso en mi frente, me doy cuenta que es mi padre por el horrible olor a cigarrillos que tiene. 
—¿Papá?— No reconozco mi propia voz, sueno como si mi garganta hubiese sido rastrillada y como si no hubiese bebido agua en años. Además el dolor que siento en mi cuerpo lo transmito todo en esa única palabra, entre cortada. —Diles que paren el dolor. 
—Oh princesa, sabia que despertarías.—Nunca antes había escuchado a mi padre tan desesperado, tan echo trizas y no creí jamas estar viva para ver al "gran" Robert quebrarse. Era raro saber que una persona tan fría como mi padre podía sentir tristeza. —¡Beth llama a la enfermeras! Hope ha despertado. —Si estuviese en condiciones le daría una buena bofetada a mi padre por atreverse a traer a su futura mujer, ex amante, a un lugar en donde obviamente esa mujer esta cerca de mi madre. 
El sonido de la puerta abriéndose llama mi atención, trato de mirar pero no puedo, de todas formas no es necesario segundos después la cara llorosa y hinchada de mi madre aparece frente a mi, ella se ve horrible, sus ojos azules como el mar están hundidos y al mismo tiempo rojos e hinchados, su pelo rubio como el mio se encuentra enredado. Esta señora no se parece a mi perfecta madre modesta. 
—¡Niña! ¿quieres hacer morir a tu madre? ¡no te atrevas a volver a cerrar los ojos!— Sus brazos me rodean, mi madre me abraza fuertemente y todo el dolor se multiplica por mil, un grito capas de dejar sordo a medio mundo sale de mi boca, inmediatamente los brazos me sueltan. 
Dios, para el dolor o hazme volver a dormir hasta que ya no este. 
—Lo siento bebé, lo siento. Yo no...—Los sollozos de mi madre siempre logran ponerme incomoda y trasladarme a un tiempo donde los escuchaba una y otra vez cada noche a través de las finas paredes de nuestras habitaciones. Solo quisiera poder taparme los oídos hasta que Bastian se cuele en mi cama como todas esas oscuras noches. Él siempre lograba calmarme cantándome coldplay, su banda favorita.
—Allison deja de llorar, nuestra hija esta bien, solo... deja de llorar.
—¿Porque Robert? ¿porque debería dejar de llorar? Mi hija esta bien, gracias a Dios. Pero eso no quita que casi la pierdo, yo no puedo soportar pensar en perderle. Sin mi niña ya no tengo nada. — Y acá vamos otra vez, alguien que los callé por favor. 
—Debes dejar de llorar porque me alteras, alteras a nuestra hija y a mi mujer. ¿¡donde diablos esta la enfermera!? Hace una hora que Hope despertó y esta adolorida. 
—Tú me alteras con tus gritos y tu mujerzuela, no puedo creer que la hayas traído aquí. Le estas haciendo daño a mi hijas, trayendo a la mujer que rompió nuestro hogar. 
—¡No te atrevas a faltarle el respeto a Beth!— Ya estaba harta, ¿no podían simplemente ignorarse entre ellos un día y fijarse en mi? era tan ridículo. Yo en una cama de hospital y ellos compitiendo por ser la victima. 
—¡YA BASTA! ¡Fuera de aquí!—Toda la habitación quedo en silencio, mi madre me miro con una O perfecta formándose en su rostro. —Ambos. ahora.
—Hope lo sien...—Mi madre fue callada antes de poder terminar su oración por una enfermera. Al fin. 
—Señor y señora Smith deben salir del cuarto, le pondré a su hija un calmante para el dolor. Ella necesitará descansar e estar tranquila las próximas 24 horas para ver como sigue su situación. 
Después de que la enfermera al fin me dio una dosis de calmantes pude olvidarme del dolor, pero el sueño se hizo cada vez mas difícil de ignorar.
No estaba segura si estaba soñando o si nada de lo que paso antes era verdad, ¿esta viva al menos? 
A mi lado Bastian tiene la cabeza apoyada en el volante de su auto, sus rulos castaños lucen despeinado y él se pasa sus manos cada dos segundos despeinandolos aun más, estiro mi mando y le acarició suavemente el cuello, todo él se tensa, ¿que pasa?
—No.me.toques—rápidamente retiro mi mano, lo miro tratando de recordar que le hice. Cuando gira su mirada verdosa dolida a mi, todo vuelve como imágenes de una película en la que soy la protagonista... mala.
Yo discutiendo con mi madre, gritándole cosas realmente horribles por no parar de hablar de lo injusto que fue mi padre con ella, Bastian llegando a por mi después de que lo llame llorando, yo tratando de sacar un poco de dolor de mi diciéndole a mi novio que lo engañe, que nunca lo quise y no podre hacerlo.
"Nunca voy a amarte Bastian, y tu nunca vas a amarme porque las personas estamos hechas para hacer mal a los que pensamos que queremos. Tú como mi padre cuando te canses de mi huirás buscando a alguien mas bonita, y nuestros momentos quedaran conmigo marcándome cada día, no puedo permitirte hacerme eso, por eso todo se termina acá" 
—Sal de mi auto, Hope. —Niego con la cabeza y el golpea fuertemente el volante, luego gira su cuerpo y se pone frente a mi cara. Su hermoso rostro esta lleno de furia, tristeza y decepción. —Estas tan jodida Hope, lo supe desde el comienzo. Pero pensé que podría hacer que ames a alguien, no puedo hacerlo, me rindo. ¡tu solo estás sintiendo lastima por ti misma! Sal de tu culo y mira a los demás, todos tenemos problemas pero no dejamos que ellos guíen nuestra vida. 
— Me estas lastimando Bastian.— Sus palabras eran como cuchillos para mi, más de todo porque cada palabra era cierta. Yo estaba tan jodida.
—¿Lo estoy haciendo?— Vuelvo a asentir con la cabeza, el vuelve a su posición anterior y puedo ver lagrimas cayendo por sus mejillas. Quisiera borrar todo y comenzar nuestra historia desde una pagina en blanco. Pero no puedo. Bastian me mira y traga saliva.  —Bien, porque te aseguro que tu me rompiste el corazón.
—Lo siento tanto.
—No lo hagas, después de todo tu misma dijiste que las personas estamos echas para hacer mal a quienes queremos. —Mi visión se vuelve borrosa, pestañeo y comienzo a llorar en silencio. —Sal del auto Hope, la ultima vez que lo digo. 
— No saldré de tu auto.
—Sal.
No.
—¡SAL DE MI MALDITO AUTO!— Todo mi cuerpo vibra con su grito, limpio mis lagrimas y abro la puerta. El frio de Londres golpea mis huesos. Me agacho un poco para poder ver a Bastian y a pesar de saber que todo esta perdido debo decirle lo que siento. 
—Te amo Bastian, te amo tanto que tengo miedo de darte el poder de destruirme.— Antes de que pueda reaccionar luces me iluminan, chirridos de ruedas hacen que me congele en el lugar y lo ultimo que veo es a Bastian. 
Despierto transpirada, agitada y malditamente asustada. Los recuerdos del accidente llegan a mi uno tras otros, el dolor me congela en la cama, pero no el dolor físico, sino el del alma. Bastian jamas me va a perdonar, nunca volveré a sentir sus besos, su cuerpo ya no se recostara a mi lado cuando todo en mi vida se vuelva oscuro, él nunca me va a decir que me ama y no va a seguir esperando para escuchar que le diga cuanto lo amo. El dolor físico que sentía antes de pronto se me hace mucho mas llamativo. Dios, ¿porque espere hasta el final para decirle que lo amo? Lo amo tanto que me asusta a morir, Bastian es la única persona que tiene el poder de destruirme y sin dudas eso es gracias a mi.
La puerta se abre y la persona que entra hace que todo mi cuerpo vuelva a la vida, pensé que jamas lo volvería a ver, pensé que él me iba a odiar por el resto de su vida, pero no me di cuenta que... el no tiene la capacidad de odiar a nadie, él es un ángel.  
—Hope.— Bastian camina rápidamente y me tira a sus brazos, llorando me dice. —Lo siento tanto Hope. 
—No, yo lo siento. Te amo tanto Bastian. 
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Mensaje por azura. el Lun 16 Jun 2014, 11:19 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Me encanto la idea, audicionare  

¡me alegro mucho, honey! ahora acepto tu ficha ya la verifiqué
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Mensaje por azura. el Lun 16 Jun 2014, 11:23 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Amy Firt


― Representantes: Niall Horan & Mila Kunis.
― Nombre del personaje femenino: Amy May Firt.
― Nombre del personaje masculino: Peter Jack Page.
― Roles: El prometido de la hermana | La cuñada.
― Edades: 19 años {Amy} | 25 años {Peter}
― Escrito de tu autoría:
Spoiler:
El avión que trasladaba a la banda al continente americano llegaba al final de su viaje justo a las cinco de la mañana. Los chicos dormían plácidamente sobre los sillones de piel color beige de su jet privado, sin saber lo que les esperaba al bajar de su avión. Estaban tan exhaustos y concentrados en su sueño que no lograron darse cuenta cuando una de las puertas se abrió, dejando entrar una brisa helada que ni siquiera les hizo cosquillas. Por la misma puerta que segundos atrás había sido abierta entro un hombre de traje, alto y a pesar de sus cuarenta años aún mantenía todo su cabello, esté de un color cobrizo y sin ningún rastro de canas. Peter sonrió y cruzo sus brazos mientras observaba a los cinco jóvenes que desde ahora trabajarían para él y para sus seis adoradas hijas.
—Evan -se dirigió Peter al chico que se encontraba a sus espaldas-. Llama a Simon y dile que han llegado sanos y salvos.
—Sí señor.
El chico de tan solo 20 años de edad era la mano derecha de Peter. Evan conocía al señor Cartwright desde que podía recordar. Sus padres, quienes habían sido íntimos amigos de Peter, habían muerto en un terrible accidente automovilístico años atrás, y desde ese día, Peter le había dado un hogar a Evan junto a él y sus hijas. Ya que, su esposa Meredith había muerto recientemente, y Peter estaba seguro que las niñas encontrarían consuelo en aquel niño que al igual que ellas, había sentido aquel horrible dolor de perder a uno de su madre, o en ese caso, padre y madre.
Evan bajo del avión y Peter decidió que era hora de dar la bienvenida a los recién llegados. El señor comenzó a caminar por el ancho pasillo del jet con bastante confianza y en el camino les fue arrebatando los cobertores a los chicos de un jalón. Al sentir el frió que se colaba por la puerta abierta, comenzaron a despertar.
—¡Despierten inútiles, hoy tendrán mucho trabajo y si quieren comer tendrán que terminarlo antes del mediodía!
Niall fue el primero en abrir los ojos, preso por el mal humor que le provoco su sueño interrumpido. El rubio tomo su cobertor y se cubrió de nuevo dispuesto a seguir durmiendo. Sin embargo, Peter se dio cuenta y se lo arrebato por segunda vez.
—¡Quién demonios crees que eres para…!
Una mirada fría y matadora por parte de Peter le cerró la boca antes de terminar su oración. Los demás despertaron y se miraron confundidos ante la inesperada presencia de aquel desconocido que los había despertado con tanta agresividad y además les había insultado. Estaban asombrados de que un viejo cualquiera le faltara al respeto a la banda más exitosa del momento.
—¿Qué clase de recibimiento es este? -pregunto Liam, ofendido-. ¿Acaso no sabes quiénes somos? Será mejor que recompenses esto de inmediato antes de que hablemos pestes de la hospitalidad de este lugar.
—Yo los recibo como me venga en gana, y más vale que bajes el tono de voz pequeño insolente -respondió Peter.
—Te daré 60 segundos para que te disculpes, o llamare a nuestro representante para que nos saque de este lugar –amenazo Harry.
—Ignorare tu comentario –índico Peter revolviendo los rizos del chico-. Muy bien inútiles, antes de explicarles la razón de este recibimiento tan hostil, déjenme presentarme: mi nombre es Peter Cartwright y desde este momento, ustedes trabajan para mí y para mi familia.
Una fuerte carcajada por parte de los cinco hizo eco en cada rincón del avión. Peter frunció el ceño y se dispuso a reír por un momento junto a ellos, pensando que merecían un momento agradable antes de su merecida intervención.
—Mira anciano -hablo Louis sin temor-. Será mejor que te disculpes y te largues, estamos cansados por el viaje y queremos ir al hotel para descansar antes de ir a divertirnos a la playa.
Louis se levantó con toda la confianza del mundo y con su brazo dio un empujón a Peter para quitarlo del camino. Pero el anciano, como había sido llamado anteriormente, con mucha más fuerza  lo arrojo a su asiento logrando llamar la atención de todos y haciendo empalidecer a Louis.
—Louis Tomlinson, pronto te enseñare lo que significa la palabra respeto –le dijo Peter-. Ya arreglare esas personalidades tan groseras que llevan cargando por años.
El señor Cartwright arreglo su saco y dio la media vuelta para bajar del avión, pero antes de salir se giró hacia los chicos.
—En cuanto razonen y estén preparados para salir, una camioneta los estará esperando afuera, sus pertenencias ya no están a bordo si no en camino a mi casa. Les recomiendo que no tarden mucho tiempo o el transporte se ira y tendrán que caminar varios kilómetros para llegar a mi mansión. Bienvenidos a Tennessee chicos.
Horas después y unos cuantos kilómetros hacia el este, las hijas de Peter llegaban a la propiedad y las grandes puertas principales de la mansión Cartwright se abrían después de haber estado años bloqueadas por un pesado candado. Una nube de polvo se alzó hacia las seis chicas y sus acompañantes, y nadie pudo entrar hasta que la nube se dispersó.
Las primeras en ingresar fueron las gemelas Celeste y Belén, seguidas por sus cuatro hermanas: Carolina, Emily, Skylett y Heather. Ya adentro, las hermanas se quedaron en la estancia principal observando asombradas cada detalle de la casa en la que vivieron su feliz niñez y pasaron sus últimos minutos con su madre, Meredith. Mientras, sus chóferes subían a las habitaciones para dejar las pesadas maletas de las Cartwright en su lugar, y después de terminar sus cortas tareas que consistían en dejar la casa un poco más decente, retirarse.
—Habrá mucho que ordenar aquí -índico Belén, observando las blancas y polvorientas sábanas que cubrían gran parte de los muebles-. No pienso dormir en este lugar hasta que esté completamente limpio.
—La limpiadora compulsiva que llevas dentro nunca te abandona hermana -se dijo para sí misma Heather, pero al notar la mirada de Belén supo que lo había dicho en voz alta e inmediatamente agrego más dialogo-. Pero me parece correcto que quieras dormir en un lugar limpio y ordenado.
—Si me disculpan -interrumpió Emily-. Estoy cansada e iré a descansar un rato a mi antigua habitación, avísenme cuando llegue papá, necesito hablar con él.
—Cuando llegue papá o cuando lleguen los chicos -pensó en voz alta Heather. Cinco miradas se posaron en ella y la castaña se ruborizo-. Iré a mi habitación a taparme la boca con cinta adhesiva.
—Te ayudamos -dijeron Belén y Celeste al mismo tiempo.
Cuatro de las seis chicas desaparecieron de la estancia y solo quedaron Carolina y Skylett. La más pequeña se encontraba algo incomoda en la propiedad. No tenía recuerdos felices de Arkansas como sus hermanas mayores. Ni siquiera sabía cómo sería su vida en el campo después de tantos años viviendo en esa gran ciudad, y además, saber que compartiría techo con cinco desconocidos no le ayudaba a calmar sus nervios. Skylett miro a su hermana y se acercó a ella rodeándola con su brazo para dar apoyo. Aunque, el momento fraternal solo duro poco, ya que segundos después Peter y Evan aparecieron en la puerta.
—¿Ya no estas molesta conmigo? -pregunto Peter a Skylett.
A Skylett no le parecía correcta la decisión de su padre. Para ella, las personas superficiales y arrogantes jamás cambiaban.
—Esos chicos nunca cambiaran padre –contestó Skylett con frialdad-. Solo estás perdiendo tu tiempo y estás haciendo perder el mío para traerme a esta pocilga y alejarme de mis amistades.
—Con el tiempo me darás la razón hija.
La rubia mordió su lengua para no contestarle una grosería a Peter y comenzar una fuerte discusión, que era lo más común entre ellos. Así que, salió por la puerta directo a los establos donde su caballo preferido la esperaba. Carolina se acercó a su padre y lo abrazo.
—Yo no estoy molesta -dijo con una gran sonrisa-. Sé que Simon y tú quieren ayudar a esos chicos y estoy segura que lo lograran.
—Por lo menos una de las seis está a mi favor -contestó lanzándole una mirada a Evan para que se fuera.
—¿Dónde los dejaste? -pregunto Carolina, refiriéndose a los chicos-. ¿Por qué no entraron contigo, escaparon?
—Claro que no, están en la camioneta, se rehúsan a bajar.
Y Peter estaba en lo cierto. A unos diez metros del enorme portón, los chicos se encontraban al borde de la deshidratación en la camioneta. Peter, en un acto de maldad, había cerrado las puertas, subido las ventanas y dejado dos guardias para evitar que salieran hasta que ellos se disculparan y aceptaran entrar a la propiedad. Para lo cual, no faltaba mucho.
—¡No hay señal! ¿Por qué mierda no hay señal?-se desesperó Niall pateando la puerta con furia.
—¡Hey tú, no se patea la puerta! –le grito un guardia.
Niall asintió y volvió a su posición un poco intimidado por la mirada que le lanzo el guardia. Louis comenzó a burlarse de él.
—Nena –dijo el ojiazul.
—No comiencen a pelear –ordeno Zayn-. No estoy de humor para aguantarlos, aún sigo sin poder creer que Simon nos dejara a cargo de un loco que vive en medio de la nada y piensa que seremos sus sirvientas.
—Debí imaginarlo –continúo Harry-. ¡Como pudimos permitir que nos engañaran! ¿Ahora qué demonios vamos a hacer?
—Deja de quejarte José -le interrumpió Peter, abriendo la puerta de la camioneta-. Discúlpense ahora para que puedan salir, tienen que comer algo y no estoy de humor para aguantar sus aires de diva.
—Soy Harry no José -lo corrigió casi gritándole.
—Yo soy tu jefe ahora y te llamare como se me plazca, así que más te vale ir cambiando esa actitud -le amenazo.
—¿Cuánto tiempo estaremos aquí? -pregunto Niall con impaciencia.
—Eso dependerá de ustedes, de mí y de Simon. Pero, primero necesito hablarles de algo muy serio e importante para mí. Después, cuando me hayan escuchado, podrán hacer todas las preguntas que deseen.
—No escuchare nada de lo que tengas que hablar, me iré de aquí en cuanto pueda -aclaro Zayn-. Ni siquiera te darás cuenta cuando lo haga.
—Vas a escucharme, puberto, o sino comenzaras a trabajar desde ahora. Mis hijas están cansadas por el viaje y necesitan…
—¿Hijas? -pregunto Harry -. ¿No mencionaste nada de vivir con chicas?
—Mencione una familia, y justo de eso quería hablarles, de mis seis hijas –contesto Peter-. Vivirán con ellas y conmigo.
—Eso no será ningún problema -interrumpió Louis llevándose sus manos a la nuca.
—Simon me pidió que no fuera rudo con ustedes -siguió hablando, tratando de olvidar el comentario del ojiazul-. Pero no me dan confianza. Así que, les advierto, solo se acercaran a ellas cuando yo ordene, tendrán estrictamente prohibido entrar a sus habitaciones a menos que sea para limpiar, y si los veo molestándolas yo mismo me encargare de mandarlos a dormir a los establos con los caballos. ¿Entendido?
Los cinco asintieron sin decir una palabra, logrando que Peter sonriera satisfecho.
El moreno asintió bastante enojado y con ganas de golpear al hombre. El cual, justo cuando los chicos comenzaron a bajar, los detuvo.
—¿Y la disculpa?
Muy a su pesar, los cinco tuvieron que disculparse individualmente por su actitud para poder entrar a casa. Hasta entonces Peter les permitió la entrada, sin saber, que no solo los dejaba entrar en su casa por primera vez, si no también, a su vida y a la de sus hijas.

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Mensaje por azura. el Lun 16 Jun 2014, 11:27 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Hola Sofi,     ¿la idea no es de tus preferidas? No me quiero imaginar las otras entoces. Voy a audicionar porque la idea me puede, ademas, tengo un par de escritos que se tratan de esto justamente y no sabia si hacer una nove o no con ellos. 
En un rato dejo la ficha :3

hola, percia. gracias :P , tenía previsto que nadie audicionaría negatividad on , pero no fue así. muchas gracias por dejar tu ficha, ahora la acepto
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Re: our little secret. —resultados publicados.

Mensaje por azura. el Lun 16 Jun 2014, 11:32 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Natasha Lewis.


― Representantes: Harold. S & Barbara Palvin. 
― Nombre del personaje femenino: Natasha Hope Lewis. 
― Nombre del personaje masculino: Bastian Jefferson. 
― Roles: El socio de su padre.
― Edades: Ella 19 y el 25.
― Escrito de tu autoría: 
garchme:

Lo ultimo que recuerdo después del fuerte chirrido de la ruedas de un auto es la mirada en los ojos verdes de Bastian, sus gritos desesperados me acompañan hasta que todo a mi alrededor se vuelve oscuro; hasta que todo a mi alrededor le da paso a la oscuridad y a las voces ahogadas. 
No se cuanto tiempo estuve dormida, o si aún sigo respirando, trato de abrir mis ojos pero ellos pesan y cada vez que me esfuerzo mi cabeza comienza a darme pequeñas puntadas que se sienten como miles de agujas siendo clavadas en mi sien; pero como la chica obstinada que soy no me doy por vencida y sigo tratando, una y otra vez, hasta que por fin luego de querer arrancarme completamente mi cabeza de mi cuerpo logro abrirlos.
El destello de una luz blanca hace arder mis ojos, parpadeo varias veces hasta que puedo mirar a mi alrededor sin que mis ojos lloren; sobre mi una enfermera con bata azul me esta diciendo algo que no logro entender, trato de decirle que no la puedo escuchar pero mi boca no se mueve. Mis parpados comienzan a pesar, por mas que me digo "mantente despierta" una y otra vez a mi misma, no hay caso. La oscuridad vuelve a envolverme. 
—No me hagas esto Hope.— La voz de Bastian me trae de regreso, aunque esta vez no puedo abrir mis ojos puedo escucharlo. A los lejos puedo jurar que mi madre solloza, también, siento un leve cosquilleo en mi mano derecha pero lo si alguien se estuviese aferrando fuertemente a ella. —Nena, tienes que quedarte con nosotros.
—Señor necesitamos llevarla a la sala de urgencia, no puede pasar. — Dice una voz desconocida para mi. 
—Por favor, no dejen que se vaya.— La voz quebrada de mi novio me destroza el corazón, desearía poder decirle que todo esta bien, que todo va a estar bien. Pero en este momento ni yo misma estoy segura de eso.
No me doy cuenta que me volví a dormir hasta que despierto nuevamente, pero esta vez, todo lo que puedo sentir es dolor, dolor en las piernas, en mis costillas, mi cabeza, absolutamente cada parte de mi cuerpo se encuentra adolorida. Siento lagrimas caer por mis mejillas y segundos después unos dedos limpiándolas. Un peso se cierne sobre mi y planta un beso en mi frente, me doy cuenta que es mi padre por el horrible olor a cigarrillos que tiene. 
—¿Papá?— No reconozco mi propia voz, sueno como si mi garganta hubiese sido rastrillada y como si no hubiese bebido agua en años. Además el dolor que siento en mi cuerpo lo transmito todo en esa única palabra, entre cortada. —Diles que paren el dolor. 
—Oh princesa, sabia que despertarías.—Nunca antes había escuchado a mi padre tan desesperado, tan echo trizas y no creí jamas estar viva para ver al "gran" Robert quebrarse. Era raro saber que una persona tan fría como mi padre podía sentir tristeza. —¡Beth llama a la enfermeras! Hope ha despertado. —Si estuviese en condiciones le daría una buena bofetada a mi padre por atreverse a traer a su futura mujer, ex amante, a un lugar en donde obviamente esa mujer esta cerca de mi madre. 
El sonido de la puerta abriéndose llama mi atención, trato de mirar pero no puedo, de todas formas no es necesario segundos después la cara llorosa y hinchada de mi madre aparece frente a mi, ella se ve horrible, sus ojos azules como el mar están hundidos y al mismo tiempo rojos e hinchados, su pelo rubio como el mio se encuentra enredado. Esta señora no se parece a mi perfecta madre modesta. 
—¡Niña! ¿quieres hacer morir a tu madre? ¡no te atrevas a volver a cerrar los ojos!— Sus brazos me rodean, mi madre me abraza fuertemente y todo el dolor se multiplica por mil, un grito capas de dejar sordo a medio mundo sale de mi boca, inmediatamente los brazos me sueltan. 
Dios, para el dolor o hazme volver a dormir hasta que ya no este. 
—Lo siento bebé, lo siento. Yo no...—Los sollozos de mi madre siempre logran ponerme incomoda y trasladarme a un tiempo donde los escuchaba una y otra vez cada noche a través de las finas paredes de nuestras habitaciones. Solo quisiera poder taparme los oídos hasta que Bastian se cuele en mi cama como todas esas oscuras noches. Él siempre lograba calmarme cantándome coldplay, su banda favorita.
—Allison deja de llorar, nuestra hija esta bien, solo... deja de llorar.
—¿Porque Robert? ¿porque debería dejar de llorar? Mi hija esta bien, gracias a Dios. Pero eso no quita que casi la pierdo, yo no puedo soportar pensar en perderle. Sin mi niña ya no tengo nada. — Y acá vamos otra vez, alguien que los callé por favor. 
—Debes dejar de llorar porque me alteras, alteras a nuestra hija y a mi mujer. ¿¡donde diablos esta la enfermera!? Hace una hora que Hope despertó y esta adolorida. 
—Tú me alteras con tus gritos y tu mujerzuela, no puedo creer que la hayas traído aquí. Le estas haciendo daño a mi hijas, trayendo a la mujer que rompió nuestro hogar. 
—¡No te atrevas a faltarle el respeto a Beth!— Ya estaba harta, ¿no podían simplemente ignorarse entre ellos un día y fijarse en mi? era tan ridículo. Yo en una cama de hospital y ellos compitiendo por ser la victima. 
—¡YA BASTA! ¡Fuera de aquí!—Toda la habitación quedo en silencio, mi madre me miro con una O perfecta formándose en su rostro. —Ambos. ahora.
—Hope lo sien...—Mi madre fue callada antes de poder terminar su oración por una enfermera. Al fin. 
—Señor y señora Smith deben salir del cuarto, le pondré a su hija un calmante para el dolor. Ella necesitará descansar e estar tranquila las próximas 24 horas para ver como sigue su situación. 
Después de que la enfermera al fin me dio una dosis de calmantes pude olvidarme del dolor, pero el sueño se hizo cada vez mas difícil de ignorar.
No estaba segura si estaba soñando o si nada de lo que paso antes era verdad, ¿esta viva al menos? 
A mi lado Bastian tiene la cabeza apoyada en el volante de su auto, sus rulos castaños lucen despeinado y él se pasa sus manos cada dos segundos despeinandolos aun más, estiro mi mando y le acarició suavemente el cuello, todo él se tensa, ¿que pasa?
—No.me.toques—rápidamente retiro mi mano, lo miro tratando de recordar que le hice. Cuando gira su mirada verdosa dolida a mi, todo vuelve como imágenes de una película en la que soy la protagonista... mala.
Yo discutiendo con mi madre, gritándole cosas realmente horribles por no parar de hablar de lo injusto que fue mi padre con ella, Bastian llegando a por mi después de que lo llame llorando, yo tratando de sacar un poco de dolor de mi diciéndole a mi novio que lo engañe, que nunca lo quise y no podre hacerlo.
"Nunca voy a amarte Bastian, y tu nunca vas a amarme porque las personas estamos hechas para hacer mal a los que pensamos que queremos. Tú como mi padre cuando te canses de mi huirás buscando a alguien mas bonita, y nuestros momentos quedaran conmigo marcándome cada día, no puedo permitirte hacerme eso, por eso todo se termina acá" 
—Sal de mi auto, Hope. —Niego con la cabeza y el golpea fuertemente el volante, luego gira su cuerpo y se pone frente a mi cara. Su hermoso rostro esta lleno de furia, tristeza y decepción. —Estas tan jodida Hope, lo supe desde el comienzo. Pero pensé que podría hacer que ames a alguien, no puedo hacerlo, me rindo. ¡tu solo estás sintiendo lastima por ti misma! Sal de tu culo y mira a los demás, todos tenemos problemas pero no dejamos que ellos guíen nuestra vida. 
— Me estas lastimando Bastian.— Sus palabras eran como cuchillos para mi, más de todo porque cada palabra era cierta. Yo estaba tan jodida.
—¿Lo estoy haciendo?— Vuelvo a asentir con la cabeza, el vuelve a su posición anterior y puedo ver lagrimas cayendo por sus mejillas. Quisiera borrar todo y comenzar nuestra historia desde una pagina en blanco. Pero no puedo. Bastian me mira y traga saliva.  —Bien, porque te aseguro que tu me rompiste el corazón.
—Lo siento tanto.
—No lo hagas, después de todo tu misma dijiste que las personas estamos echas para hacer mal a quienes queremos. —Mi visión se vuelve borrosa, pestañeo y comienzo a llorar en silencio. —Sal del auto Hope, la ultima vez que lo digo. 
— No saldré de tu auto.
—Sal.
No.
—¡SAL DE MI MALDITO AUTO!— Todo mi cuerpo vibra con su grito, limpio mis lagrimas y abro la puerta. El frio de Londres golpea mis huesos. Me agacho un poco para poder ver a Bastian y a pesar de saber que todo esta perdido debo decirle lo que siento. 
—Te amo Bastian, te amo tanto que tengo miedo de darte el poder de destruirme.— Antes de que pueda reaccionar luces me iluminan, chirridos de ruedas hacen que me congele en el lugar y lo ultimo que veo es a Bastian. 
Despierto transpirada, agitada y malditamente asustada. Los recuerdos del accidente llegan a mi uno tras otros, el dolor me congela en la cama, pero no el dolor físico, sino el del alma. Bastian jamas me va a perdonar, nunca volveré a sentir sus besos, su cuerpo ya no se recostara a mi lado cuando todo en mi vida se vuelva oscuro, él nunca me va a decir que me ama y no va a seguir esperando para escuchar que le diga cuanto lo amo. El dolor físico que sentía antes de pronto se me hace mucho mas llamativo. Dios, ¿porque espere hasta el final para decirle que lo amo? Lo amo tanto que me asusta a morir, Bastian es la única persona que tiene el poder de destruirme y sin dudas eso es gracias a mi.
La puerta se abre y la persona que entra hace que todo mi cuerpo vuelva a la vida, pensé que jamas lo volvería a ver, pensé que él me iba a odiar por el resto de su vida, pero no me di cuenta que... el no tiene la capacidad de odiar a nadie, él es un ángel.  
—Hope.— Bastian camina rápidamente y me tira a sus brazos, llorando me dice. —Lo siento tanto Hope. 
—No, yo lo siento. Te amo tanto Bastian. 

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Re: our little secret. —resultados publicados.

Mensaje por Invitado el Lun 16 Jun 2014, 4:14 pm

{Sophie} escribió:
@Rain. escribió:
Amy Firt


― Representantes: Niall Horan & Mila Kunis.
― Nombre del personaje femenino: Amy May Firt.
― Nombre del personaje masculino: Peter Jack Page.
― Roles: El prometido de la hermana | La cuñada.
― Edades: 19 años {Amy} | 25 años {Peter}
― Escrito de tu autoría:
Spoiler:
El avión que trasladaba a la banda al continente americano llegaba al final de su viaje justo a las cinco de la mañana. Los chicos dormían plácidamente sobre los sillones de piel color beige de su jet privado, sin saber lo que les esperaba al bajar de su avión. Estaban tan exhaustos y concentrados en su sueño que no lograron darse cuenta cuando una de las puertas se abrió, dejando entrar una brisa helada que ni siquiera les hizo cosquillas. Por la misma puerta que segundos atrás había sido abierta entro un hombre de traje, alto y a pesar de sus cuarenta años aún mantenía todo su cabello, esté de un color cobrizo y sin ningún rastro de canas. Peter sonrió y cruzo sus brazos mientras observaba a los cinco jóvenes que desde ahora trabajarían para él y para sus seis adoradas hijas.
—Evan -se dirigió Peter al chico que se encontraba a sus espaldas-. Llama a Simon y dile que han llegado sanos y salvos.
—Sí señor.
El chico de tan solo 20 años de edad era la mano derecha de Peter. Evan conocía al señor Cartwright desde que podía recordar. Sus padres, quienes habían sido íntimos amigos de Peter, habían muerto en un terrible accidente automovilístico años atrás, y desde ese día, Peter le había dado un hogar a Evan junto a él y sus hijas. Ya que, su esposa Meredith había muerto recientemente, y Peter estaba seguro que las niñas encontrarían consuelo en aquel niño que al igual que ellas, había sentido aquel horrible dolor de perder a uno de su madre, o en ese caso, padre y madre.
Evan bajo del avión y Peter decidió que era hora de dar la bienvenida a los recién llegados. El señor comenzó a caminar por el ancho pasillo del jet con bastante confianza y en el camino les fue arrebatando los cobertores a los chicos de un jalón. Al sentir el frió que se colaba por la puerta abierta, comenzaron a despertar.
—¡Despierten inútiles, hoy tendrán mucho trabajo y si quieren comer tendrán que terminarlo antes del mediodía!
Niall fue el primero en abrir los ojos, preso por el mal humor que le provoco su sueño interrumpido. El rubio tomo su cobertor y se cubrió de nuevo dispuesto a seguir durmiendo. Sin embargo, Peter se dio cuenta y se lo arrebato por segunda vez.
—¡Quién demonios crees que eres para…!
Una mirada fría y matadora por parte de Peter le cerró la boca antes de terminar su oración. Los demás despertaron y se miraron confundidos ante la inesperada presencia de aquel desconocido que los había despertado con tanta agresividad y además les había insultado. Estaban asombrados de que un viejo cualquiera le faltara al respeto a la banda más exitosa del momento.
—¿Qué clase de recibimiento es este? -pregunto Liam, ofendido-. ¿Acaso no sabes quiénes somos? Será mejor que recompenses esto de inmediato antes de que hablemos pestes de la hospitalidad de este lugar.
—Yo los recibo como me venga en gana, y más vale que bajes el tono de voz pequeño insolente -respondió Peter.
—Te daré 60 segundos para que te disculpes, o llamare a nuestro representante para que nos saque de este lugar –amenazo Harry.
—Ignorare tu comentario –índico Peter revolviendo los rizos del chico-. Muy bien inútiles, antes de explicarles la razón de este recibimiento tan hostil, déjenme presentarme: mi nombre es Peter Cartwright y desde este momento, ustedes trabajan para mí y para mi familia.
Una fuerte carcajada por parte de los cinco hizo eco en cada rincón del avión. Peter frunció el ceño y se dispuso a reír por un momento junto a ellos, pensando que merecían un momento agradable antes de su merecida intervención.
—Mira anciano -hablo Louis sin temor-. Será mejor que te disculpes y te largues, estamos cansados por el viaje y queremos ir al hotel para descansar antes de ir a divertirnos a la playa.
Louis se levantó con toda la confianza del mundo y con su brazo dio un empujón a Peter para quitarlo del camino. Pero el anciano, como había sido llamado anteriormente, con mucha más fuerza  lo arrojo a su asiento logrando llamar la atención de todos y haciendo empalidecer a Louis.
—Louis Tomlinson, pronto te enseñare lo que significa la palabra respeto –le dijo Peter-. Ya arreglare esas personalidades tan groseras que llevan cargando por años.
El señor Cartwright arreglo su saco y dio la media vuelta para bajar del avión, pero antes de salir se giró hacia los chicos.
—En cuanto razonen y estén preparados para salir, una camioneta los estará esperando afuera, sus pertenencias ya no están a bordo si no en camino a mi casa. Les recomiendo que no tarden mucho tiempo o el transporte se ira y tendrán que caminar varios kilómetros para llegar a mi mansión. Bienvenidos a Tennessee chicos.
Horas después y unos cuantos kilómetros hacia el este, las hijas de Peter llegaban a la propiedad y las grandes puertas principales de la mansión Cartwright se abrían después de haber estado años bloqueadas por un pesado candado. Una nube de polvo se alzó hacia las seis chicas y sus acompañantes, y nadie pudo entrar hasta que la nube se dispersó.
Las primeras en ingresar fueron las gemelas Celeste y Belén, seguidas por sus cuatro hermanas: Carolina, Emily, Skylett y Heather. Ya adentro, las hermanas se quedaron en la estancia principal observando asombradas cada detalle de la casa en la que vivieron su feliz niñez y pasaron sus últimos minutos con su madre, Meredith. Mientras, sus chóferes subían a las habitaciones para dejar las pesadas maletas de las Cartwright en su lugar, y después de terminar sus cortas tareas que consistían en dejar la casa un poco más decente, retirarse.
—Habrá mucho que ordenar aquí -índico Belén, observando las blancas y polvorientas sábanas que cubrían gran parte de los muebles-. No pienso dormir en este lugar hasta que esté completamente limpio.
—La limpiadora compulsiva que llevas dentro nunca te abandona hermana -se dijo para sí misma Heather, pero al notar la mirada de Belén supo que lo había dicho en voz alta e inmediatamente agrego más dialogo-. Pero me parece correcto que quieras dormir en un lugar limpio y ordenado.
—Si me disculpan -interrumpió Emily-. Estoy cansada e iré a descansar un rato a mi antigua habitación, avísenme cuando llegue papá, necesito hablar con él.
—Cuando llegue papá o cuando lleguen los chicos -pensó en voz alta Heather. Cinco miradas se posaron en ella y la castaña se ruborizo-. Iré a mi habitación a taparme la boca con cinta adhesiva.
—Te ayudamos -dijeron Belén y Celeste al mismo tiempo.
Cuatro de las seis chicas desaparecieron de la estancia y solo quedaron Carolina y Skylett. La más pequeña se encontraba algo incomoda en la propiedad. No tenía recuerdos felices de Arkansas como sus hermanas mayores. Ni siquiera sabía cómo sería su vida en el campo después de tantos años viviendo en esa gran ciudad, y además, saber que compartiría techo con cinco desconocidos no le ayudaba a calmar sus nervios. Skylett miro a su hermana y se acercó a ella rodeándola con su brazo para dar apoyo. Aunque, el momento fraternal solo duro poco, ya que segundos después Peter y Evan aparecieron en la puerta.
—¿Ya no estas molesta conmigo? -pregunto Peter a Skylett.
A Skylett no le parecía correcta la decisión de su padre. Para ella, las personas superficiales y arrogantes jamás cambiaban.
—Esos chicos nunca cambiaran padre –contestó Skylett con frialdad-. Solo estás perdiendo tu tiempo y estás haciendo perder el mío para traerme a esta pocilga y alejarme de mis amistades.
—Con el tiempo me darás la razón hija.
La rubia mordió su lengua para no contestarle una grosería a Peter y comenzar una fuerte discusión, que era lo más común entre ellos. Así que, salió por la puerta directo a los establos donde su caballo preferido la esperaba. Carolina se acercó a su padre y lo abrazo.
—Yo no estoy molesta -dijo con una gran sonrisa-. Sé que Simon y tú quieren ayudar a esos chicos y estoy segura que lo lograran.
—Por lo menos una de las seis está a mi favor -contestó lanzándole una mirada a Evan para que se fuera.
—¿Dónde los dejaste? -pregunto Carolina, refiriéndose a los chicos-. ¿Por qué no entraron contigo, escaparon?
—Claro que no, están en la camioneta, se rehúsan a bajar.
Y Peter estaba en lo cierto. A unos diez metros del enorme portón, los chicos se encontraban al borde de la deshidratación en la camioneta. Peter, en un acto de maldad, había cerrado las puertas, subido las ventanas y dejado dos guardias para evitar que salieran hasta que ellos se disculparan y aceptaran entrar a la propiedad. Para lo cual, no faltaba mucho.
—¡No hay señal! ¿Por qué mierda no hay señal?-se desesperó Niall pateando la puerta con furia.
—¡Hey tú, no se patea la puerta! –le grito un guardia.
Niall asintió y volvió a su posición un poco intimidado por la mirada que le lanzo el guardia. Louis comenzó a burlarse de él.
—Nena –dijo el ojiazul.
—No comiencen a pelear –ordeno Zayn-. No estoy de humor para aguantarlos, aún sigo sin poder creer que Simon nos dejara a cargo de un loco que vive en medio de la nada y piensa que seremos sus sirvientas.
—Debí imaginarlo –continúo Harry-. ¡Como pudimos permitir que nos engañaran! ¿Ahora qué demonios vamos a hacer?
—Deja de quejarte José -le interrumpió Peter, abriendo la puerta de la camioneta-. Discúlpense ahora para que puedan salir, tienen que comer algo y no estoy de humor para aguantar sus aires de diva.
—Soy Harry no José -lo corrigió casi gritándole.
—Yo soy tu jefe ahora y te llamare como se me plazca, así que más te vale ir cambiando esa actitud -le amenazo.
—¿Cuánto tiempo estaremos aquí? -pregunto Niall con impaciencia.
—Eso dependerá de ustedes, de mí y de Simon. Pero, primero necesito hablarles de algo muy serio e importante para mí. Después, cuando me hayan escuchado, podrán hacer todas las preguntas que deseen.
—No escuchare nada de lo que tengas que hablar, me iré de aquí en cuanto pueda -aclaro Zayn-. Ni siquiera te darás cuenta cuando lo haga.
—Vas a escucharme, puberto, o sino comenzaras a trabajar desde ahora. Mis hijas están cansadas por el viaje y necesitan…
—¿Hijas? -pregunto Harry -. ¿No mencionaste nada de vivir con chicas?
—Mencione una familia, y justo de eso quería hablarles, de mis seis hijas –contesto Peter-. Vivirán con ellas y conmigo.
—Eso no será ningún problema -interrumpió Louis llevándose sus manos a la nuca.
—Simon me pidió que no fuera rudo con ustedes -siguió hablando, tratando de olvidar el comentario del ojiazul-. Pero no me dan confianza. Así que, les advierto, solo se acercaran a ellas cuando yo ordene, tendrán estrictamente prohibido entrar a sus habitaciones a menos que sea para limpiar, y si los veo molestándolas yo mismo me encargare de mandarlos a dormir a los establos con los caballos. ¿Entendido?
Los cinco asintieron sin decir una palabra, logrando que Peter sonriera satisfecho.
El moreno asintió bastante enojado y con ganas de golpear al hombre. El cual, justo cuando los chicos comenzaron a bajar, los detuvo.
—¿Y la disculpa?
Muy a su pesar, los cinco tuvieron que disculparse individualmente por su actitud para poder entrar a casa. Hasta entonces Peter les permitió la entrada, sin saber, que no solo los dejaba entrar en su casa por primera vez, si no también, a su vida y a la de sus hijas.

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ya estas participando ¡mucha suerte!
Gracias por aceptar mi ficha, espero resultados  :cosi:
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Mensaje por azura. el Lun 16 Jun 2014, 9:28 pm

y si audicionaran :meh: los resultados serían menos tardíos :meh:
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Mensaje por Percia. el Mar 17 Jun 2014, 6:37 am

Audicionen carajo.   
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Re: our little secret. —resultados publicados.

Mensaje por Mess. el Mar 17 Jun 2014, 6:45 am

 
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