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The Lonely Hearts Club.

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The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Mar 27 Mayo 2014, 5:25 am


The lonely hearts club.
«Juro solemnemente que no volveré a salir con chicos… por el momento».

Si te han roto el corazón. Si has sido utilizada. Si su influencia te ha separado de tus amigas. Si has dejado de ser quien eras por agradarles. Si te has cansado de sus manipulaciones:

Estás leyendo el artículo correcto, mi querida desconocida. No te preocupes, no eres la única que se ha llevado una desilusión de la envergadura de los Estados Unidos al descubrir que bajo las sonrisas encantadoras, las palabras encandiladoras y sus ojos luminosos, solo hay un enorme montón de basura.

Como he dicho, no tienes de qué preocuparte. Pronto descubrirás no solo que tu vida no será horrible sin su presencia, sino que mejorará notablemente. Dame la oportunidad de demostrarte que tu experiencia en el instituto será memorable con la sola presencia de tus amigas, porque ellas, nunca te abandonarán por un partido de fútbol, ni te engañarán con la primera que se cruce por su camino.

Yo también fui una adolescente, yo también me tumbé en la cama a llorar con el corazón lleno de agujeros.

Si te he convencido con mis palabras, te esperamos el sábado a las 9:00 de la noche en «The Cavern». Trae toda la compañía que quieras mientras que no sea alguien del especímen masculino.

¡Te esperamos!

Att: La antigua presidenta del Club de los Corazones Solitarios de Nueva York.


ficha obligatoria:

Ficha obligatoria
Título: The Lonely Hearts Club.
Autor: Varios.
Adaptación: Sí, del libro con el mismo nombre de Elizabeth Eulberg.
Género: General.
Contenido: Depende de cada escritora.
Otras páginas: No.
reglas:
-Respeto entre nosotras y responsabilidad. Comentar los capítulos de otras y subir los tuyos propios.
-El plazo para subir es ilimitado, pero si de antemano sabes que en el plazo de un mes va a ser imposible que subas el capítulo, te pido que pases de turno para que no se estanque la novela.
-No hay faltas, lo que significa que tengo la confianza de que avisarás de tus ausencias y de cuándo no podrás subir capítulo. Si desapareces sin más por mucho tiempo, estás fuera.
-Se narrará en tercera persona, en pasado.
-Haz capítulos de una extensión recomendable.
-Avisar si habrá contenido para mayores, no a todas les gusta leer ese tipo de cosas.
-Al final de cada capítulo se pondrá el nombre de la siguiente escritora.
-Si por algún motivo llego a ausentarme, la novela queda a cargo de de vosotras. Pasar mi turno y seguir escribiendo.
turnos:
1. lovely rita
2. Swan
3. penny lane
4. Torstein
6. Supertramp
7.prinsloo.
8. Finnellark.
links:
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Última edición por wanheda. el Dom 14 Ago 2016, 9:49 am, editado 16 veces

wanheda.
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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Mar 27 Mayo 2014, 5:29 am

Bueno chicas, finalmente, ¡empezamos!    A lo largo del día de hoy subiré el prólogo.
¡spam spam spam spam!

wanheda.
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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por crybaby. el Mar 27 Mayo 2014, 7:49 am

¡por fin! muévete con el prologo, kate, ahr.

crybaby.


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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Mar 27 Mayo 2014, 7:51 am

santorski. escribió:
¡por fin! muévete con el prologo, kate, ahr.
jajaja el prólogo ya está listo adry, lo subo ahora.

wanheda.
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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Mar 27 Mayo 2014, 8:12 am

Prólogo.


Cathy albergaba la esperanza de que la universidad fuera la liberación total de la adolescencia. Quedando atrás las envidias típicas, los cotilleos, los grupos preestablecidos, la inmadurez de esa época y sobre todo, los hombres llenos de granos, hormonas en lugar de cerebro y con menos tacto que un leñador de Wichita analfabeto con un par de cervezas de más. Sí, ella esperaba una comunidad inteligente, en la que se expusiesen ideas libremente, donde no se juzgaba por la apariencia y que los chicos serían personas hechas y derechas.

¿Sabéis una cosa?

No ha sido así en absoluto. La universidad es un instituto más amplio, un poco menos estúpido y con un banco mayor de idiotas entre los que elegir. Cathy se acababa de dar cuenta de ello.

Se encontraba en su derruido y minúsculo apartamento, tumbada en la cama ―aún con el pijama puesto―, en el que era su cuarto día «post-ruptura». Llevaba desde la madrugada mirando a la nada mientras de fondo sonaba toda la discografía completa de Taylor Swift. Había engullido una tarrina de helado tamaño «mi novio me ha engañado con otra» y le moqueaba la nariz de tanto llorar. Se sentía patética, desilusionada, pero sobre todo, estafada. Se suponía que los hombres firmaban un acuerdo inconsciente con ellos mismos al abandonar el instituto. Se suponía que encontraría al chico ideal, bueno, inteligente, divertido, cariñoso, atento…

«Sí claro, ¡y qué más!», se interrumpió.

Al principio pensó que Mick era todo lo que había estado buscando, que era la recompensa que le mandaba el cielo por todos los ineptos que se había visto obligada a soportar a lo largo del instituto, por haber creado un club para rescatar a chicas como ella de las fauces del desengaño adolescente. Pero Mick, había sido más bien, una víbora disfrazada de conejito blando y adorable. Lo que más le dolía, era haber tardado dos años en darse cuenta de todo lo que hacía a sus espaldas.

«Estúpida, estúpida, estúpida…»

Al recordar su antiguo Club de Corazones Solitarios, le entró una nostalgia enorme. Comenzó a recordar los sábados en el karaoke, cantando, bailando, haciendo planes para los distintos actos sociales. Las noches en las que todas habían acudido a rescatarse mutuamente cuando alguna se encontraba en problemas. Las compras estrambóticas en los centros comerciales, las tardes en Central Park… Definitivamente lo único bueno que había sacado de su adolescencia era dicho club y las amigas que hizo en él. A pesar de haber crecido y de que cada una se encontraba en un punto diferente del país haciendo su vida, continuaban quedando una vez al año para contarse las novedades de su vida.

A sus veintidós años, Cathy era la única con la que Cupido todavía no había tenido clemencia. Todas sus amigas habían encontrado a alguien, incluso muchas estaban en planes de boda. Pero ella no, ella seguía encontrándose con sapos feos y marrones… Creía estar condenada a ser una eterna chica de corazón solitario.

Necesitaba un giro de vuelta completa en su vida, sí, eso era lo que necesitaba. Un cambio de trabajo, por ejemplo, uno que le permitiera tener libres los fines de semana. Y un hobby, que le permitiera olvidar su nuevo desengaño amoroso.

Una lucecita se encendió en su cabeza, parpadeante, brillando con una gran intensidad. Sonrío por su ingeniosidad y se levantó de un salto de la cama para ir a por el teléfono. Marcó el número deseado, y a la vez que daba pequeños saltitos nerviosos sobre sus pies, esperó a que descolgaran.

― ¿Hola? ―dijo, cuando cesaron los pitidos ― ¿Puedo hablar con la señorita Amanda Loveless?

―Soy yo.

―¡Manda tengo una idea genial, perfecta, la mejor de mi vida! ―exclamó emocionada.

Amanda era su mejor amiga desde que comenzaron el instituto, además, aparte de Cathy, era el único miembro del club que quedaba en Nueva York.

―Tenemos esta conversación al menos una vez al mes ―respondió distraída ―. Y siempre se te ocurre llamarme cuando estoy en el trabajo, iré a parar a la cola del paro por tu culpa… Sí Raini, en seguida le llevo el café. ―Respondió a su jefa.

Amanda acababa de terminar el curso de administración y gestión, llevaba un par de meses trabajando en una empresa de Wall Street.
Obvió el comentario y prosiguió con su entusiasmo.

―Esta vez es diferente, ―hizo una pausa para sonreírse a sí misma ― ¡Voy a reabrir el club de los corazones solitarios!

La respuesta de su mejor amiga fue un quejido. Cathy podía asegurar que estaba poniendo los ojos en blanco y negando con incredulidad en ese momento.

―Ya no somos adolescentes, Cat ―terció ―. Ahora somos personas hechas y derechas, estamos cada una en una punta del país.

―No me refiero a nosotras ―respondió ―. Me refiero a abrirlo para otras chicas, ya sabes, pasarles el relevo. Y ayudarlas siempre que lo necesiten. Ser como una especie de… de carabinas.

En lugar de una respuesta, escuchó el crepitar de la línea telefónica.

―Ya nadie se acuerda del fenómeno del Club de los Corazones Solitarios, lo que era una moda en nuestra adolescencia ahora es una cosa de viejos.

―Lo pondremos de moda otra vez. Los chicos siguen siendo igual de estúpidos, ésas chicas necesitan nuestra ayuda, ¡vamos! ―la animó para convencerla ― ¡Haremos que su adolescencia sea mucho mejor!, ¿no crees que será divertido?
Amanda volvió a guardar silencio.

―Dado que nuestros trabajos nos han privado de toda actividad social, estará bien tener una excusa para ir a emborracharnos.
Cathy se mordió el labio interno, emocionada.

―Esto es serio, Manda.

―Lo sé, lo sé… ―otro suspiro, su mejor amiga era fanática de expulsar aire por la boca ―. Pero Cathy, ten en cuenta que puede que no vaya nadie.

―Vendrán, estoy segura. Tenemos que anunciarnos en los periódicos de los institutos de la ciudad, e imprimir folletos para repartirlos por las cafeterías, y…

―Déjame todo el proceso creativo a mí. Tú llama a Phillip para avisar de que vamos y que se reabre el club. ¿Te parece que sea dentro de dos semanas?

―Sí, perfecto. Gracias, Manda.

―No me las des, sino te avalo yo en tus ideas, nadie lo hará ―se burló ―. Te dejo.

Cuando colgó, Cathy casi había olvidado por completo que acababa de enfrentarse a otro desengaño y que probablemente para ella, jamás llegaría el chico correcto.


Dos semanas después, sentada en un reservado de «The Cavern» (el antiguo centro de reuniones), junto con Amanda, completamente solas. Su seguridad estaba a punto de lanzarse por el acantilado más alto. Pasaba media hora de la hora de queda.

―Puede que haya sido mala idea ―apostilló dando vueltas a la botella de cerveza, la tercera había bebido.

Gracias a la ayuda de una compañera de Amanda, habían conseguido publicar el artículo sobre el club en los institutos de la ciudad. Había quedado interesante llamativo, incluso habían incluido fotografías de su época. De los bailes a los que acudieron en calidad de club, de las noches en el bar… ¿Qué más podían hacer?

―Te advertí de que esto podía pasar. Aunque solo pasa media hora, tal vez la adolescencia de ahora sea más impuntual incluso que la nuestra ―bromeó Amanda, tratando de calmar los ánimos.

― ¡No me lo creo! ―exclamó desalentada ― ¿Es que las chicas ahora somos masoquistas? Les estamos dando una gran oportunidad.

―Las chicas de ahora tienen relaciones sexuales con doce años, tal vez… ―se interrumpió a sí misma, con una carcajada. Cathy se quedó atónita ― ¡Madre mía, estamos hablando como nuestras madres! ¿Sabes qué? Solo tenemos veintidós años, el amor todavía nos puede sonreír y si el club es una fracaso estrepitoso, usaremos esta noche para emborracharnos y cantar canciones viejas. Me niego a convertirme en mi madre tan pronto, sobre todo si ello implica que me salgan sus patas de gallo ―. Dio un trago a su cerveza, como si el alcohol sellará sus palabras.

Cathy río y bebió también. Bueno, ya encontraría otro hobby… Se escuchó un carraspeo a su espalda. Al darse la vuelta se encontró con una pequeña congregación de chicas.

―Perdonar, ¿es aquí la reunión del club que se anuncia en el periódico? ―preguntó la más bajita, de pelo oscuro y ojos azules, enseñando la página en la que estaba anunciado el club.

Cathy se volvió un segundo para observar a Amanda, que evaluaba a las chicas con la mirada.

―Sí, aquí es ―respondió con una sonrisa ―Bienvenidas al Club de los Corazones Solitarios de Nueva York.

Bueno, tal vez no haría falta buscarse otro hobby.

Abre o el Sargneto Pepper te perseguirá:
Bien solitarias hemos comenzado, oficialmente, lo hemos hecho  Ah, que me emociono hablando así. Disfrutar del prólogo, aunque sea lo más corto del mundo. Subo el primer capítulo antes de que se acabe el plazo. un besooo seboso para todas <3. 

wanheda.
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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por crybaby. el Mar 27 Mayo 2014, 8:38 am

la puta que pario al papa, me encanto, fue genial. adoro a cathy. ya quiero que la sigan, no puedo esperar tbh. ahq. de nuevo, me encanto.

crybaby.


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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por Invitado el Mar 27 Mayo 2014, 11:34 am

tengo hipo y es horrible leer el cap hipando(? cada 5 segundos, pero    ese cap fue tan dkasdgada ah en realidad es prólogo, bt la costumbre me hace poner cap (? en fin, kate-chan, ese loquesea fue demasiado daskgda para mis feelings. quién será la que habló al final, la morochita   bue, espero a quien sea que suba el cap 1, y suba rápido que mi hipo se aburre   

Invitado
Invitado


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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Mar 27 Mayo 2014, 11:51 am

santorski. escribió:
la puta que pario al papa, me encanto, fue genial. adoro a cathy. ya quiero que la sigan, no puedo esperar tbh. ahq. de nuevo, me encanto.
Cathy será genial, será un personaje que manejaremos entre todas, pero hablaremos de eso en el muro. Subo el capítulo en estos días, ¡ay, estoy eufórica porque comenzamos!

wanheda.
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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Mar 27 Mayo 2014, 11:54 am

taemin. escribió:
tengo hipo y es horrible leer el cap hipando(? cada 5 segundos, pero    ese cap fue tan dkasdgada ah en realidad es prólogo, bt la costumbre me hace poner cap (? en fin, kate-chan, ese loquesea fue demasiado daskgda para mis feelings. quién será la que habló al final, la morochita   bue, espero a quien sea que suba el cap 1, y suba rápido que mi hipo se aburre   
-insertando susto para que a Soph-chan se le quite el hipo- .... -soph-chan se asusta y se le va el hipo-.
Es genial que te haya gustado el PRÓLOGO, un poco más de atención al título, por favor, xd. Es Annie, un personaje de Lau. No sé, la primera que se me vino a la cabeza. Sigo yo, yo acaparo todos los capítulos xd. Subo en estos días. Ya no tienes hipo porque te lo he quitado, así que no puedes aburrirte. :meh: 

wanheda.
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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por Supertramp. el Mar 27 Mayo 2014, 12:25 pm

NO PUEDE SER oMG PRIMERO SUFRO MIS FEELS DE CHICA DIVERGENTE CON SUÉTER Y YA EN UN MOMENTO COMENTO EL PROLOGO OH OR EL ANGEL DKJGHKDJFGHDKFJHGDKJFGHDFKJG YO ESTYO DFJGDFKJGHDFJKGDFH me pondré a escribir DFGJDFGJ
Comentario decente:
Principalmente me encanta Cathy, su actitud es genial, además escuchaba a Taylor y cielos. ¡Su novia la engaño! Idiotas, plz. Y lo triste es que se sentía más triste)? por haber dejado el club, eso debió haber sido una perdida terrible para Cathy, pobre, o quizá más triste por su novio, el caso es que la mezcla no era cúl para ella. Todas sus amigas menos ella): SAD): Lo que le dijo Amanda fue fuerte "persona hechas y derechas" literalmente le dijo que no había crecido, ahque. ¡PERO LA AYUDO Y OMG! ME DIO EMOCIÓN LLEGARON LAS CHICAS MUERO MUERO MUERO Kathe de mi idk hígado)? xD amé el prologo y no puedo, en realidad no puedo, esperar a leer tú capítulo, solo  :aah:  esop ilysm

Supertramp.


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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por glacier. el Mar 27 Mayo 2014, 9:25 pm

OMG!OMG!OMG!  
ASDFGHJ. oh, si me has jodido con ese prólogo, me encantó, siempre digo eso, cuando no tengo palabras más inspiradoras, así que acostúmbrate mi querida lennon. me cae muy bien cathy y apenas la conozco.
 al fin empezamos, ya estaba ansiosa, dejarme. nada que estos días, debes de subir el día de hoy, o verás con mi vecino el barbudo. ah no, yo espero... 
pero no demasiado 

glacier.


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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Miér 28 Mayo 2014, 2:59 am

phillip escribió:NO PUEDE SER oMG PRIMERO SUFRO MIS FEELS DE CHICA DIVERGENTE CON SUÉTER Y YA EN UN MOMENTO COMENTO EL PROLOGO OH OR EL ANGEL DKJGHKDJFGHDKFJHGDKJFGHDFKJG YO ESTYO DFJGDFKJGHDFJKGDFH me pondré a escribir DFGJDFGJ
Comentario decente:
Principalmente me encanta Cathy, su actitud es genial, además escuchaba a Taylor y cielos. ¡Su novia la engaño! Idiotas, plz. Y lo triste es que se sentía más triste)? por haber dejado el club, eso debió haber sido una perdida terrible para Cathy, pobre, o quizá más triste por su novio, el caso es que la mezcla no era cúl para ella. Todas sus amigas menos ella): SAD): Lo que le dijo Amanda fue fuerte "persona hechas y derechas" literalmente le dijo que no había crecido, ahque. ¡PERO LA AYUDO Y OMG! ME DIO EMOCIÓN :AA:LLEGARON LAS CHICAS MUERO MUERO MUERO :AA:Kathe de mi idk hígado)? xD amé el prologo y no puedo, en realidad no puedo, esperar a leer tú capítulo, solo  :aah:  esop ilysm
vaya chica divergente con suéter, así que soy de tu hígado, qué interesante... ¿se vivirá bien ahí dentro? xd. Lo sé, yo sé que amaríais a Cathy, será un personaje fantástico. Me alegra que te haya gustado. Como me he resfriado y eso me da una mala excusa para no estudiar hoy, puede que me ponga a escribir y suba el capítulo. Pero no puedo prometer nada.
ilysmt <3<3.

wanheda.
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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Miér 28 Mayo 2014, 3:02 am

Alice. escribió:
OMG!OMG!OMG!  
ASDFGHJ. oh, si me has jodido con ese prólogo, me encantó, siempre digo eso, cuando no tengo palabras más inspiradoras, así que acostúmbrate mi querida lennon. me cae muy bien cathy y apenas la conozco.
 al fin empezamos, ya estaba ansiosa, dejarme. nada que estos días, debes de subir el día de hoy, o verás con mi vecino el barbudo. ah no, yo espero... 
pero no demasiado 
jajajaa me acostumbraré, esa palabra mola, creo que todas la usamos cuando no sabes que decir. es una palabra de emergencia. no me hagas caso, la congestión de la nariz me ha congestionado también el cerebro. bueno puede que no vea a tu vecino barbudo porque a lo mejor subo hoy. besos <3.

wanheda.
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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Miér 28 Mayo 2014, 8:11 am

en un rato subo el primer capítulo    

wanheda.
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Re: The Lonely Hearts Club.

Mensaje por wanheda. el Miér 28 Mayo 2014, 11:10 am

Capítulo 01.


Grey Longaster || Kate.

Trabajar en el restaurante de sus padres no era una de las actividades a realizar en familia que más le gustasen a Grey. No porque no disfrutara atendiendo entre las paredes llenas de fotografías de artistas de rock clásico que sus propios padres habían sacado en su época de groupies o escuchar la constante música susurrante que sonaba en el local, ni mucho menos le molestaba recomendar el plato estrella de la casa: el Rocky Raccoon. Simplemente, como cualquier adolescente, prefería irse a descansar a su casa tras el instituto en lugar de acudir a trabajar. Pero si le daban a elegir entre ser camarera o acudir a centros sociales para buscar nuevos niños/adolescentes de acogida, prefería sin lugar a dudas la primera opción.

La segunda opción, era el motivo por el que Grey debía quedarse a trabajar. Sus padres, además de ser dos amantes de la música que aunque rozaban los cuarenta se comportaban como dos veinteañeros, eran la caridad en forma humana. Los señores Longaster, en lugar de embarcarse en la placentera ―placentera para ellos, pues para ella, imaginarse a sus padres realizando ese tipo de acto, le provocaba arcadas― búsqueda de un segundo bebé cuando Grey dejó de ser una niña, decidieron apuntarse en la lista de familias de acogida. Y desde hacía un año, tiempo transcurrido desde el último niño que acogieron, empleaban las tardes en reuniones con trabajadores sociales. A Grey no le molestaba en lo absoluto tener que compartir su casa con unos desconocidos. La mayoría de ellos eran buenas personas, y los que no, bueno, sus padres se encargaban de encauzarlos. Esa era otra de las cualidades de sus padres; dar buenos consejos y ayudar a las personas a encontrar el rumbo. Tras cuatro años en el programa, Grey contaba con una gran cantidad de hermanos. De todos los sexos, edades y razas. Mantenía el contacto con la mayoría y siempre que necesitaba algo todos se ofrecían a ayudarla. Le gustaba presumir de familia numerosa, porque a grandes términos, lo eran. Cada chico que se alojaba en su casa, quedaba encandilado con sus padres y ya nunca salía de sus vidas.

Así pues, todas las tardes, de lunes a viernes y las mañanas de los sábados. El tío Bill ―que en realidad no era su tío de sangre, sino el mejor amigo de sus padres―, Lola y ella, eran los encargados de que todo saliera bien.

Pero ese sábado por la mañana en concreto, la única actividad que había eran los gritos del tío Bill, enfadado porque su equipo de béisbol preferido iba perdiendo. Lola y ella se encontraban sentadas en una de las mesas del fondo, observando la nada. No había nada que limpiar, ni que preparar.

―Grey, ¿crees que Bill me dejará marcharme antes? ―preguntó Lola, que se encontraba enzarzada en una lucha con el esmalte de sus uñas, que se negaba a quitarse.

Grey echó una vista en derredor, tío Bill tenía las pupilas dilatadas de la emoción, un puño cerrado sobre la mesa, listo para dar un golpe ante cualquier suceso importante del partido y su otra mano, sostenía un vaso de tubo lleno de cerveza.  Salvo por la tensión que emanaba del corpulento hombre, no había ninguna actividad destacable.

―Ahora mismo podría entrar Mick Jagger en el restaurante y él le pediría que regresara en otro momento ―respondió Grey ―. Si viene alguien puedo apañármelas sola. Vete, no hay problema.

Lola desistió de su empeño y dirigió su mirada azul grisácea, del color del cielo de Nueva York, a la chica. Su rostro era duro, ella era una chica dura, muy difícil de llevar si no la conocías. Pero como ellas no solo se conocían, sino que se llevaban perfectamente, la obsequió con una sonrisa huidiza, que muy pocas veces mostraba al mundo.

―Gracias, como llegue tarde Dylan me matará.

Eran cuatro cosas las que conocía Grey de la vida privada de su compañera: sus padres la abandonaron, vivía en un adosado de Brooklyn con su abuela y su tío, dos personas de los más excéntricas ―palabras de Lola― y a su mejor amigo, Dylan, que la había visitado un par de veces en su horario de trabajo.

―Entonces márchate ya, tienes que cruzar media ciudad y el puente para llegar a Brooklyn ―el restaurante de sus padres se encontraba en la 5 avenida.

―Genial, nos vemos el lunes por la tarde, si mi profesora de matemáticas me libra de las clases particulares que según ella necesito ―se incorporó y se desabrochó el delantal de la cintura ―. Adiós, Grey.

―Adiós, Lola.

Grey permaneció sentada un rato más, sin saber muy bien qué hacer. No podía poner música porque a Bill podría entrarle un ataque de ira por interrumpir las voces de los comentaristas, y por desgracia, su olvidadiza cabeza había olvidado los auriculares en casa. Ese fin de semana no tenía deberes, ya que el curso había comenzado hacia poco menos de dos semanas. Siempre podía llamar a Annie, su mejor amiga, para que le hiciera compañía y planearan la tarde. Eso fue lo que hizo, caminó al almacén, donde guardaba sus pertenencias y sacó el teléfono del bolso para escribir un mensaje.

«Sola y aburrida, tío Bill + béisbol, ¿vienes?».

Segundos después le llegó la respuesta.

«Dame una hora :)».

Se marchó del almacén, y en lugar de a la sala principal, se encerró la habitación que su padre utilizaba como despacho. Allí, además de una cómoda silla giratoria, había un ordenador. Podría ver vídeos divertidos hasta que llegara Annie.

Cuando entró una mezcla de olor a tinta, fotocopias recién hechas e incienso, la reconfortó. Era el olor de su infancia, junto con el de la cerveza y el tabaco que se congregaba en los conciertos de los amigos de sus padres, a los que la llevaban desde que era un bebé. Sus padres eran muy jóvenes cuando Grey llegó al mundo. En varias ocasiones, le hablaron que su origen tuvo lugar tras un concierto conmemorativo de la muerte de John Lennon, catorce años después de su muerte. Decían de ella haber sido un hermoso y llorón accidente. Por esos motivos, era imposible que Grey no amara la música y el rock, si la incentivaron a hacerlo ya desde la tripa y en su propio nacimiento. La banda sonora de ese momento, además de los gritos de su madre resonando en las paredes del paritorio, había sido la de «Michelle». Ella agradecía que no le hubieran puesto ese nombre, puesto que aunque eran su grupo preferido, hubiera sido raro llamarse como una canción. Más raro incluso que su propio nombre ―que estaba segura que se habían inventado sus padres―.

Se dejó caer en la silla, y pulsó el botón de arranque del destartalado ordenador, que ni siquiera contaba con una pantalla plana. Probablemente, era uno de los primeros modelos que salieron cuando se inventaron. Su madre y ella insistían a su padre casi todos los días para que comprara un nuevo modelo. Pero él no cedía de ninguna de las maneras, puesto que ya se había deshecho de demasiadas cosas de su juventud. Como sus pantalones de cuero, los pelos engominados y las camisetas con logotipos. Aunque deshacerse no era el término adecuado, más bien, las había escondido en la buhardilla, tras unas cuantas cajas de libros viejos.

El ordenador tardaba, con suerte, unos diez minutos en arrancar y otros diez en encenderse. Encontró un ejemplar del periódico del instituto sobre unos papeles, probablemente ella misma lo había depositado allí. En realidad no le importaban las noticias del instituto, lo compraba por caridad hacia Becky, que iba a clase de Español con ella y que dirigía el periódico.

A modo de entretención, comenzó a pasar las hojas, sin fijarse mucho en lo que ponía. Su padre siempre decía una cosa, que el mundo se dividía entre tres tipos de personas; las que compraban el periódico para hojearlo sin leerlo y así dar una imagen de persona interesada por el mundo, los que lo compraban y verdaderamente lo leían y los que ni se molestaban en hacerlo. Ella debía pertenecer a la cuarta e inexistente categoría: la de comprarlo por el simple placer de gastarse un dólar.

Continúo pasando hojas hasta que el título de un artículo le llamó irremediablemente la atención, «Club de los Corazones Solitarios». Al principio pensó que se trataba de una conmemoración o crítica a ese álbum de Los Beatles, pronto descubrió que no tenía nada que ver. El artículo hablaba de un fenómeno adolescente que tuvo lugar hace siete años entre las adolescentes de todo el país. Que se trataba exactamente de eso, de formar parte de un club solo de chicas, en el que se prohibían los chicos. El artículo incluía reseñas de periódicos importantes...

«El club de las chicas solitarias ya es un fenómeno imparable que se difunde por todo el país, ¡cuidado chicos, yo que vosotros mimaría bien a vuestras novias!, estoy seguro de que no queréis que os dejen plantados el día del baile de invierno», decía un periodista del New York Times.

También había explicaciones sobre lo que consistía el club hacía siete años.

«Solo somos adolescentes cansadas de ser floreros. No somos una secta feminista en contra de los hombres, tampoco queremos erradicarlos del planeta. Solo queremos hacer que la experiencia del instituto valga de verdad la pena y no esté llena de desengaños cuando dentro de unos años echemos la vista atrás. Nos apoyamos entre nosotras y los sábados nos reunimos para hablar de nuestra semana o preparar colectas para el equipo de baloncesto, programar salidas para comprar vestidos… ¡lo que hace cualquier adolescente, pero para ellas mismas, no para agradar a los chicos!». Decía Penny, la chica que inició el primer club. La fundadora del fenómeno.

«Esta tarde, las chicas del Club de los Corazones Solitarios de Nueva York, han brillado con luz propia al organizar un partido benéfico en Central Park, para recaudar fondos para la asociación contra el cáncer mama del que la madre de una de ellas es presidente. Como podemos comprobar, es un club benigno que además, ayuda a la comunidad.» Hablaba un tal Park, de un periódico local de la zona de Greenwich Village, el barrio de Grey.

A parte de los testimonios, había fotografías colocadas en distintos puntos de las dos páginas que ocupaba el artículo.  Con título y fecha bajo cada una de ellas.

«El club en el karaoke, junio de 2008».

«En el cumpleaños de Amanda, febrero de 2009».

«El club en el desfile de las flores, enero de 2010».

Y así, varias fotografías más. A esas alturas, Grey ya se había olvidado del ordenador que reclamaba su presencia con pequeños gruñidos electrónicos y se preguntaba por qué no había un club de esos ahora que ella era adolescente. Su deseo se cumplió poco después y su emoción alcanzó la envergadura de la Vía Láctea al leer el llamamiento que hacía una antigua miembro del club al final del artículo. Citaba a todas las chicas con el corazón roto ese misma noche en un bar que se encontraba en Central Park, que casualmente, se llamaba como el bar de Liverpool en el que Los Beatles hicieron sus primeras actuaciones; «The Cavern».

Tenía que acudir esa noche allí, esa tal Cathy debía darle la fórmula secreta para dejar de necesitar a los chicos y para no enamorarse siempre de los más gilipollas….

No es que hubiera salido con una larga lista de chicos. Solo tres, los dos primeros no eran dignos de mencionar. Al último, le hubiera gustado borrarlo de su memoria.

Había muchas razones por las que las chicas se destrozaban, no entrar en sus vaqueros favoritos, por ejemplo. Pero había pocas que las destrozaran de verdad. Cory Miller era la única que había dejado a Grey Long.  para el vertedero. Si se esforzaba mucho, aún podía sentir latiendo la desilusión y el dolor de aquella tarde dentro de ella. Cuando encontró a su novio, el que pensó que sería el amor de su vida y con el que formaría una bonita familia después de la universidad, besándose con otro chico en el almacén del bar de sus padres. Un engaño es algo a lo que muchas personas se enfrentan en su vida, algo que tienen que superar. Solo que Grey, hubiera preferido que el engaño fuera con alguien de su mismo sexo. No es que apoyara la homofobia, cada uno era libre de albergar sentimientos por quien quisiera. Pero había que entender a Grey. No es plato de buen gusto que te expongan como una bonita tapadera rubia ante todo el mundo, que finjan que te quieren y que luego tu novio tenga encuentro secretos con otros.

Ese fue el motivo por el que Lola trabajaba a día de hoy con ella. Al explicarles la situación a sus padres, le relevaron de su puesto, para hacer la ruptura de Grey más llevadera. De hecho, Cory podía agradecer que su padre no hubiera sacado la bestia que habitaba en su interior para echarlo a patadas por haberle hecho aquello a su niña.

«Tengo que ir esta noche a ese bar, tengo que ir…», repetía a modo de mantra.

En ese preciso momento, Annie irrumpió en la sala. Su amiga, inmediatamente, frunció el ceño al ver la expresión animosa de Grey. Conocía aquella expresión a la perfección, una que siempre acarreaba problemas. Se sentó en la silla de madera frente al escritorio, la que solían ocupar los proveedores. Posicionó sus bonitas e inmaculadas manos sobre la mesa, a expensas de que Grey hablara.

Annie y Grey no eran dos gotas de agua, ni física ni psicológicamente. Nadie esperaba que cuando Annie llegó al instituto dos años atrás se hicieran amigas. Grey era como el sol; sonriente, transparente, un tanto bruta. Mientras que Annie era como la luna; callada, misteriosa, delicada.

―Tengo plan para esta noche ―sentenció Grey dejándose caer satisfecha contra el respaldo. Sin ni siquiera explicárselo a la chica.

―No me voy a ir a meter a ninguna fiesta de borrachos, la última vez casi acabamos en el cuartel por juntarnos con gentuza ―. Annie frunció el ceño.

Grey desechó la idea con un movimiento enérgico de la mano. Arrastró la página del artículo por la mesa hasta posicionarla frente a Annie. La cual comenzó a leer de inmediato. Su ceño se iba frunciendo a medida que avanzaba en la lectura. Grey sabía que la respuesta iba a ser negativa antes de que hablara, a su mejor amiga no le gustaban los cambios. Necesita, por decirlo de alguna manera, un poco de tiempo para procesarlos.

―Es la peor idea que se te ha ocurrido en la vida ―concluyó devolviéndole el artículo, clavando en ella sus ojos cristalinos. Que cambiaban a su antojo, podían ser fríos como el cristal de una ventana en invierno. O brillar como el agua cristalina de una playa en verano.

― ¡Vamos Annie, es una idea genial! ―Grey comenzó con a sacar sus tácticas para convencerla ―Seguro que irá mucha gente, no somos las únicas a las que han roto el corazón, nos sentará bien conocer las desgracias de otras chicas.

Annie volvió a negar con la cabeza.

―No voy a ir a un bar de mala muerte a contarles mis penurias a unos desconocidos, como si acudiera a una reunión de alcohólicos anónimos.

―Acabas de leer el artículo, no se trata de eso. Mira las fotos ―volvió a señalar a las chicas sonrientes en blanco y negro―. Se las ve más felices de lo que hemos sido tú y yo juntas este último año.

Un leve tembleque en el labio inferior de Annie, le hizo darse cuenta de que empezaba a procesar la propuesta y que en las inmediaciones de su impenetrable mente estaba empezando a pensar de verdad en la idea.

―No quiero que se burlen de mí por meterme en un club feminista en contra de los tíos. Vale que sean unos idiotas integrales, pero quiero seguir saliendo con ellos en algún momento lejano de mi futuro.

Grey puso los ojos en blanco.

―Estás diciendo que no, porque te gusta esa palabra ―espetó inclinándose sobre el escritorio. Para quedar más cerca de ella ―. Es una buena oportunidad para conocer gente nueva. Y si nos gusta, tendremos compañía asegurada para todos los bailes restantes del instituto que nos queden.

Annie la miró, aunque sabía que en realidad no la miraba a ella, continuaba pensando. Siempre que pensaba, su mejor amiga adquiría una pose regia. Como la de una reina;  su mandíbula se tensaba y su aspecto dejaba de ser delicado y pequeño.

―No sé… ―Grey no pudo evitar sonreír, estaba cediendo.

―Será nuestra manera de demostrarles a Ryan y Cory que nos hicieron un favor al engañarnos. ―propuso como último recurso. No le gustaba recordarle a Ryan, puesto que le dolía. Como a ella le dolía Cory ―Te prometo que si es una tontería nos marcharemos a comer helado a mi casa y nunca más volveremos a mencionar el club.

―Está bien ―accedió alargando las palabras ―. Iremos a ver qué tal es ese fenómeno del pasado.

Grey aplaudió como una niña pequeña. Se comportaba así muchas veces.

―¡Perfecto, perfecto!

―Puedes venir a dormir a mi casa si quieres después de eso.

―Se lo comentaré a mis padres, sabes que el domingo es el día familiar. Querrán enseñar al mundo algunas de sus extravagancias y avergonzarme ante todo el que se pasee por delante.

Las dos rieron. El resto de la mañana lo pasaron hablando sobre cualquier trivialidad y viendo vídeos de gatos graciosos en internet. Grey también aprovechó para indagar en la vida de muchos de sus ídolos a través de las redes sociales. Algo que aburrió tremendamente a Annie. Hacia las dos de la tarde sus padres llegaron al restaurante y Annie se marchó, prometiendo pasar a buscar a Grey sobre las ocho para acudir a la cita.

Justo cuando su amiga dobló la esquina para introducirse en la primera boca de metro, las personas comenzaron a entrar al restaurante en tromba. Por lo que Grey se puso el delantal de nuevo, cogió la libreta y se dispuso a tomar pedidos. Sus padres y tío Bill comenzaban a cocinar, mientras su tradicional discusión sobre la música, también daba comienzo. Sus padres eran de Los Beatles y tío Bill de Los Rolling ―ese era el único punto de inflexión en su relación―. Siempre que ocurría aquello, Grey se hacía con el control del estéreo y ponía algo neutro, como Los Doors, Los Smiths o Pink Floyd.

Poco después llegó Allan, otro camarero y además, uno de los chicos que sus padres habían tenido de acogida hacia un par de años. Allan compaginaba su cuarto año de psicología con el trabajo en el restaurante.

―¿Cómo va todo, Grey? ―preguntó revolviéndole el pelo al pasar, como si todavía tuviera doce años.

Allan hacia honor a sus orígenes californianos a la perfección. Era alto, con la piel tostada todos los días del año. Una sonrisa de dentífrico que amenazaba con cegarte cuando la enseñaba. El pelo corto, y rubio como el trigo. Además de contar con unos preciosos ojos verdes. Todo el mundo pensaba que eran familia de sangre, no solo porque se comportaran como tal, sino también por el parecido. Allan parecía un Longaster más a su lado.

―Menos aburrido que hace una hora ―respondió cuando llegó a la barra para dejar el pedido de una de las mesas.

Y esa noche estaba segura de que le iría aún mejor.


Pasadas las seis de la tarde, sus padres por fin se apiadaron de ella y la dejaron marcharse. Cuando acababa de ponerse el jersey verde, sus padres entraron en el almacén. Con los brazos cruzados. Siendo sinceros, ellos no podían imponer autoridad ni aunque quisieran. Su aspecto era demasiado cálido.

―¿Ocurre algo? ―preguntó dando saltos sobre un pie, tratándose de poner la bota en el otro.

―Tenemos que contarte una cosa, escarabajito ―dijo su padre en tono serio. Como se podía comprobar, su mote cariñoso también tenía que ver con Los Beatles. Aunque en realidad, el nombre del grupo no se pudiera traducir literalmente como tal. Aunque a Grey le encantaba.

―Espero que no sea nada malo ―respondió sentándose en uno de los bidones vacíos de cerveza. Sus padres poseían rictus muy serios para su gusto.

―No,  cielo ―río su madre, a la vez que daba un manotazo a su padre en el hombro ―Tu padre solo quiere dar una imagen más seria, dice que todo el mundo se aprovecha de él por ser un buenazo.

Grey despegó los labios para responder. Pero su padre la interrumpió.

―Es la verdad ―se encogió de hombros―. Bien, hemos encontrado a un nuevo chico de acogida.

Grey no le dio la más mínima importancia, estaba más que acostumbrada a esa frase. De hecho, había echado de menos esa frase.

―No es ninguna novedad, espero que sea mayor que yo, así no tengo que… ―se acalló a sí misma al notar la cálida mano de su madre en el hombro.

―Sí es mayor que tú, aunque solo un año ―comenzó a explicar Thomas ―. Es un chico al que han echado de todas las casas de acogida o que se ha marchado de ellas por su propio pie. No frecuenta buenas compañías, su asistenta social piensa que tiene negocios con un mal tipo.  Necesitamos que nos ayudes, y que lo ayudes a él. Llegará mañana por la tarde, y el lunes acudirá contigo a clase. Habla con él, hazte su amiga, ayuda a que se centre en los estudios…

―Oírme, llevo haciendo lo mismo desde los doce años. Ayudándoos a encauzar chicos descarriados, no me estáis diciendo nada nuevo.

―Lo sabemos ―aseguró su madre ―. Solo queremos ser considerados y que no vayas tú a denunciarnos a los servicios sociales por explotación al progenitor.

Grey negó con la cabeza.

―Estos críos de hoy en día, cualquier cosa la toman por maltrato… ―se lamentó su padre, lo que provocó la risa de las dos. ― ¿Qué pasa?

―Papá, acabas de hablar como un viejo.

―Es que tú padre es viejo ―bromeó su madre junto con su hija,  a sabiendas de que eso le ponía de los nervios.

―Gracias chicas, eso es apoyo moral… ―suspiró con los brazos en jarras ―Se llaman Damen Strauss, por cierto.

―Tiene nombre de artista ―comentó Grey sin prestarle atención ―. Quien sabe, si lo encauzamos a lo mejor se convierte en uno y nos regala un par de millones a modo de agradecimiento.

Sus padres negaron en desacuerdo a la potente imaginación de Grey.

―Más bien, de vándalo ―la corrigió su madre, bromeando, por supuesto. Ella defendía que cualquier chico problemático era como era porque las experiencias de su pasado le había hecho ser de esa manera ―. Pásalo bien a lo que sea que vayas esta noche, nosotros volvemos al trabajo. Tú tío está de malhumor, corremos el riesgo de que nos rocíe con agua hirviendo.

―Siempre podéis ponerle Los Rolling, la música amansa a las fieras.

― ¡Antes muertos! ―exclamaron los dos al unísono antes de cerrar la puerta.

Grey terminó de vestirse y salió por la puerta trasera, la que daba al callejón donde tenía aparcada su Vespa. Un regalo de sus padres por su decimosexto cumpleaños. Tardó media hora en llegar a su casa. Lo que le dejaba con poco tiempo para prepararse. Si no estaba cuando Annie estuviera lista, estaba segura de que la regañaría. Ascendió las escaleras a toda prisa y se introdujo en el baño de sus padres para ducharse, ya que era más amplio. Dos horas más tarde, llevaba puesta una camiseta con una que llevaba el símbolo de Los Rolling ―a ella si le gustaban, aunque lo mantenía en secreto ―, unos vaqueros ceñidos, unas Vans negras y su chaqueta de cuero. Llevaba recogido el moño con una bandana roja. Y se había pintado los ojos con rímel y de carmín rojo los labios. En ese momento, sonó
la puerta.

―¿Lista para convertirnos en dos solteronas oficiales? ―saludó Annie más alegra que hacia unas horas.

Estaba espléndida, en su particular manera. No es que vistiera correctamente, a pesar de que su comportamiento si era muy correcto. Pero Annie tenía elegancia hasta en la ropa. Llevaba una camisa blanca ceñida, un pañuelo de cuadros descansando en sus hombros y unos vaqueros acompañados por botas negras. Y su pelo del color del caramelo, estaba peinado en perfectas hondas, como las de las olas del mar.

―Más que preparada.

Enlazó el brazo con el de su mejor amiga y se dieron a la calle. Cruzaron el paso de cebra y se introdujeron en la puerta del lado Oeste de Central Park. Caminaron en silencio todo hasta que llegaron a la pequeña zona de restaurantes del parque. Annie se había encargado de buscar la información en internet.  

―¿Crees que habrás alguien? ―preguntó Grey cuando se acercaban.

De pronto le entró miedo de que fueran las dos únicas que acudieran. No quería quedar como una excluida social o algo por el estilo.
Annie señaló a un punto frente a ellas. Congregadas en la puerta de «The Cavern». Grey tiró de Annie decidida, por algún motivo, presentía que aquellas chicas se encontraban allí por el mismo motivo. Reconoció a dos de ellas de inmediato. Eran hijas de estrellas de cine, la otra también le sonaba bastante. Le sorprendió encontrar a gente de la élite de Manhattan en un sitio como ese. Ella siempre había pensado que ese tipo de chicas tenían la vida solucionada. Por lo visto no era así, los tíos eran gilipollas en todas las clases sociales y barrios de la ciudad.  

―Hola ―saludó tirando de Annie, que continuaba resistiéndose ―¿Estáis aquí por lo del club?
 
La morena, que era alta y muy guapa. Aunque tampoco había menospreciar a las otras, dos rubias de porte regio.

―Sí, yo soy Lizzie ―sonrió ―. Estás son Maggie y Norine ―señaló primero a la rubia de ojos marrones y después a la de aspecto delicado de ojos azules ― ¿Vosotras cómo os llamáis?

―Me llamo Grey.

―Y yo soy Annie ―. Saludó con una sonrisa, ya estaba más receptiva que hacía unos segundos ― ¿Por qué no pasáis dentro?

―Porque no queremos ser las primeras, de hecho yo no quería venir ―respondió la que se llamaba Maggie, lanzando miradas reprobatorias a sus amigas.

―Ya somos dos ―se compadeció Annie.

―Bueno pues estamos aquí, y no somos las únicas ―dijo Grey, mucho más animada ―Son solo las nueve, ¿queréis que esperemos aquí a ver si llegan más chicas? ―propuso.

―Sí, genial ―respondieron las tres amigas al unísono.

Grey no sabía la de buenas experiencias que viviría a partir de aquella noche. Como tampoco sabía que el chico de acogida con nombre de artista le traería problemas nada más cruzar el umbral de su casa.


Sigue Lau.


Última edición por lennon. el Lun 02 Jun 2014, 9:26 am, editado 1 vez

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