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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por michael. el Vie 30 Mayo 2014, 11:20 am

crayón. escribió:
Alaska & Jeffrey
 
»reservados: Madisson Beer; Keaton Stromberg.
»nombres de tus pj's: Alaska Sheffield; Jeffrey Crawford.
»rol: ¿Posible embarazo?
»escrito de tu autoría:
Capítulo nc:
Hoy no había sido un buen día, de hecho, ni se acercaba a bueno.
Empezando por el despertador, olvidé programarlo y por ende este no sonó, quedándome dormida y llegando tarde a mi primer empleo estable.
Mi suerte fue empeorando cuando me desperté y me di cuenta de la hora, rápido me deshice de las sábanas y traté de descender de la cama pero estas se enredaron en mis pies haciéndome caer de bruces al suelo.  
Adolorida me levanté y me dirigí al baño para darme una ducha. Las gotas repiqueteaban en mi cuerpo, dándome una tenue sensación relajante, destensando mis músculos. Por desgracia, al meterme olvidé ponerme sandalias —ya que el suelo se ponía muy resbaloso por el agua que se acumulaba—, no creí que fuera muy necesario por lo que ignoré eso, sólo me importaba hacer las cosas rápido.
Y como el piso me quería mucho me atrajo hacia él,  fue inevitable caer cuando estaba a punto de salir, se me entumió mi trasero. Un fallido intento de levantarme pero volví a dar contra el suelo.
En ese momento deseé haberme puesto el calzado pero ya era demasiado tarde. Otra vez yacía tirada en el piso.
Esperé a que el dolor se calmara, finalmente pude ponerme de pie continuando con mi labor asegurándome de no pisar más charcos de agua y enrollando a su paso, una toalla alrededor de mi cuerpo.
Llegué a mi armario y me di cuenta que no tenía limpia la ropa que me tenía que colocar para el trabajo, bufé pateando todo lo que estaba cerca dándome con una pata de la cama en el dedo pequeño de mi pie derecho.
Entonces me di cuenta de que podría haber llamado y dar una explicación del por qué de mi ausencia. Busqué el celular y lo encontré en mi escritorio. Llamé al número de la empresa pero no respondían, revisé el teléfono y me di cuenta que no tenía servicio.
Frustrada me dirigí al computador para enviar un e-mail, mis dedos se movían febrilmente sobre el teclado, en cuanto finalicé intenté enviarlo, me marcó error, tampoco tenía internet.
Vociferé algunos insultos sólo para desahogarme.
El universo estaba en mi contra.
Las lágrimas se comenzaron a acumular nublando mi vista, parpadeé reiteradamente para alejarlas y ver claramente otra vez.
Tenía que presentarme forzosamente para dar una concreta explanación de lo acontecido. Ya me habían advertido lo que tenía que hacer si es que alguna vez llegaba tarde o no asistía a la empresa, claro, el dirigente de esta no debía de darse cuenta porque si no me despediría. Así era él, le gustaba que nadie rompiera las reglas, si lo hacían, tendrían que constatar las consecuencias de sus actos. Y eso era bueno, ya que te ayudaba a ser más responsable pero por ahora eso ya no me concernía. Sólo deseaba que no se enterara.
Examiné mi armario y solté un suspiro de alivio al encontrar en un rincón un conjunto presentable para el trabajo. Me coloqué las prendas y me arreglé buscando la mejor manera de verme decente, atando mi cabello en una coleta prolija y maquillándome sutilmente. Me encontraba más serena porque parecía que las cosas ya iban a empezar a salir mejor.
Tomé las llaves y cerrando la puerta tras de mí salí al porche para ir por mi automóvil. Entré a este, inserté la llave y el motor rugió como si fuera un Ferrari, aunque en realidad sólo era un viejo pero resistente volkswagen azul que, a decir verdad, estaba muy cuidado: la pintura seguía intacta y brillosa, se debía a que de vez en cuando le proporcionaba una lavada; los asientos de piel estaban relucientes, sin ninguna rasgadura, aunque a veces los odiaba porque en tiempo de calor quemaban; el motor, sin duda alguna, estaba en perfectas condiciones, aún se escuchaba como si estuviera recién comprado.
Estaba muy nerviosa, esperaba no toparme con ese señor gruñón que dirige la empresa.
El edificio conspicuo se hizo distinguir, era muy grande, una construcción conservadora pero a la vez moderna estaba completamente en mi visión. Intimidaba, estaba consciente de que el inmueble era inmenso.
Busqué un lugar para aparcar que no se encontrara muy retirado de la instalación. Bajé quedamente del coche admirando mi alrededor, no era la primera vez que me encontraba aquí sin embargo no había estado en el lugar muchas veces y eso no impedía que me maravillara por lo que veía.
Una gélida brisa se hizo presente, meneando mi cabellera castaña a todas direcciones. Pasé una mano por mi cabello y removí todo aquel que se interpusiera en mi vista o que se encontrase en mi rostro.
Caminando pesadamente me dirigí a la entrada. Avanzaba muy pausado buscando una manera de atrasar todo. Demasiado tarde, no lo hice lo suficientemente calmoso, ya había llegado.
«Ya no hay vuelta atrás.» Me dije a mi misma cuando me dispuse a ingresar al establecimiento de la empresa.
Todas las extremidades de mi cuerpo temblaban, estaba muy nerviosa.
Ojalá no se encuentre.
Ojalá lo haya arrollado un camión.
Ojalá que se haya ido por un tubo.
Especulaba diferentes formas que provocaran la ausencia del jefe mientras me aproximaba a la oficina para aclarar todo. Por más crueles y sádicas se oyeran, aun así lo deseaba, prefería mil veces salvar mi pellejo a que el patrón llegara en buenas condiciones.
Generalmente se encontraba su secretaria en su oficina, esperaba que esta vez así sucediera.
Reduje mi caminar, más de lo que ya iba, y me detuve justo en frente del lugar donde se dictaría mi destino. ¿Seguiré trabajando o ya no? Ese era el dilema que surcaba en mi mente.
Palpé la puerta antes de dar unos sonoros manotazos a esta para que me concedieran el permiso de ingresar al salón.
— Adelante. — Una voz grave e imponente llegó a mis oídos dejándome petrificada.
Oh. Por. Dios.
Sentí que mi corazón se detuvo por un momento, la bilis subió por mi garganta regalándome un mal sabor de boca.
¿Por qué justo hoy tenía que ser el día en que a este señor se le ocurría venir?
Giré la perilla para adentrarme al lugar. Ahora sólo quedaba esperar que estuviera de buen humor para que no me fuera tan dañina la decisión que tomara. Posiblemente esté enamorado de mí y me perdone todo. Bueno, eso es claramente quimérico. Cerré la puerta tras de mí, esta rechinó un poco dándole un aspecto tétrico a mi situación.
— Tome asiento, señorita Fellow. — Hizo un ademán apuntando una de las sillas que estaba posicionada en frente de su escritorio.
Acercándome lentamente tomé asiento, todos mis movimientos eran metódicos y calculadores para evitar que notara mi nerviosismo. Mi respiración era cortante y mis piernas temblaban pero trataba de hacer lo posible para que no fuera evidente.
— Me han informado que usted no se presentó a tiempo en su primer día de trabajo. — Soltó con voz neutra al ver que yo no hablaría.
Wao, que rápido corrían los chismes. Aquí tampoco me salvé de las personas quisquillosas.
Bajé mi mirada avergonzada y no dije nada. Como dicen, “El que calla otorga”.
— Lamento informarle que no puedo permitir tener personas irresponsables en mi empresa.
Volví a mirarlo con los ojos muy abiertos. ¿Había escuchado bien? ¿Me había despedido?
— Le prometo que no volverá a pasar. Esta fue la primera y última vez. — Le insté, mi voz sonaba temblorosa y mis ojos comenzaron a aguarse mientras esperaba su respuesta.
— Lo siento, señorita. Fui bastante claro con las reglas que estipulé al principio. — Chistó totalmente serio. Cruzó sus brazos y continuó: —Esperaba más de usted. —Negó con la cabeza. Por un momento noté una pisca de decepción en su mirada pero la apartó en cuanto se dio cuenta de ello, queriendo mantener su semblante duro. —Que tenga un buen día.
Y así, sin más, me retiré del lugar acongojada. Mis pasos se volvieron mucho más pesados, iba arrastrando los pies. Pasé al lado de algunos empleados que me miraban con lástima, otros simplemente me ignoraban.
Me equivoqué totalmente cuando pensé que las cosas ya iban a salir mejor. Todo salió peor de lo que esperaba.

{…}

Después de una mañana terrible me encuentro en el living de mi hogar, vestida con el pijama que tenía puesto y con un chongo desprolijo, en mis pies tengo mis pantuflas de conejito porque son muy cómodas. En cuanto llegué a mi casa me tiré a mi cama a echarme una siesta y por eso me encuentro así.
Ya es de noche y no tengo ganas de hacer nada por lo que me arrimo un tazón lleno de palomitas de mantequilla, un litro de té de limón —mi bebida favorita— y un paquete de gomitas, preparándome para ver mi película preferida “500 días con ella”.
A pesar de no ser exactamente una película de amor me encanta. Es una de esas películas en las que te pasan un final inesperado que por una parte te gusta pero por otra desearías que hubiera terminado de otra manera.
Le pongo play para que inicie la película. En algunas partes suelto unos suspiros al ver lo que él hacer por ella; y en otras bufo por lo estúpida que es Summer, no puedo creer que le haya hecho algo así a Tom, siendo que él la trató desde el principio bien lindo. Si a mí me tocara conocerlo estaría segura de que yo no le haría nada así.
Cuando la película está a punto de concluir mi teléfono suena. Se me hace extraño porque en la mañana no funcionaba. Me dirijo a mi habitación que es donde lo dejé la última vez que lo usé —que fue esta mañana—.
Lo tomo y sin revisar quién contesto: — ¿Hola?
— ¡Bree! — exclama Juliette, logrando aturdirme. Alejo un poco el móvil para evitar quedarme sorda.
Mi mejor amiga, como siempre de buen humor.
— Julie. — Digo con voz apagada.
— Brigette Fellow, ¿qué es lo que tienes? —Pregunta con voz seria. Está preocupada, lo sé porque cambió el sonido de su voz y me nombró por mi nombre completo.
— Nada más te digo que necesito un nuevo empleo. — Explico, tratando de que con esas palabras sepa cómo me encuentro, aunque no sea tan necesario porque ella me conoce muy bien.
— Bree, no sabes cuánto lo siento. — Dice con voz tranquila. — Me imagino que ahora estás con aspecto de vagabundo viendo una película. — Se burla y no la corrijo porque es cierto. En la forma que lo dice hace que suelte una pequeña risa.
— Pues entonces la noticia que tengo te agradará. — Menciona luego de un rato de silencio.
— ¿Cuál es?
— El padre de un amigo necesita una asistente, pensaba tomar ese puesto pero ahora veo que tú lo necesitas más que yo.
— ¿En serio harías eso por mí? —Exclamo emocionada, es la mejor noticia que he tenido en el día.
— Claro que sí, luego yo buscaré otro.
— Vaya, eres la mejor amiga que siempre deseé.
Estoy muy feliz por lo que ha hecho por mí.
Se ríe y yo también lo hago.
— Bueno, te enviaré la dirección y mañana te presentas diciendo que buscas el empleo. Hasta luego. —Se despide mandándome un beso y cuelga.
Unos segundos después me llega el mensaje con las indicaciones de lo que tengo que hacer y una sonrisa se forma en mi rostro.
Al parecer no fue mi peor día, todo se arregló a último momento.
Espero que mañana todo salga bien.

ficha aceptada.

¡suerte!
pd: amo a keaton<33 emblem3 plz<333
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por blake. el Vie 30 Mayo 2014, 1:33 pm

Lali & Harry.
 
»reservados: Cher Lloyd & Harry Styles
»nombres de tus pj's: Laurine Onetto & Harry Styles
»rol: Casada con un famoso
»escrito de tu autoría:
ephemeral.:

Los años pasan muy rápido. Todo cambia. Pero, ¿sabéis? Las personas no lo hacen. Fingen que sí, y crecen, mas siguen siendo los mismos. Calum siempre estuvo colado por aquella chica, Robin. Desde siempre y para siempre, gritaba constantemente. Nosotros nos reíamos de él, pero era cierto. Tan cierto...


{-------------------------------------------------------------}


Robin no era especialmente guapa. No tenía la piel tersa y suave y, por supuesto, no tenía un cuerpo perfecto. Pero, cuando se giró, y sus ojos tan oscuros se encontraron con los de ella, color chocolate, supo que ya era tarde, que se había enamorado. No se cansaba de observarla desde la distancia. Una y otra vez, parecía que no se sentía a gusto estando rodeada de tanta gente y presenció cómo más de una vez se quitaba el pelo de la cara como si le molestase demasiado, y sin embargo lo llevaba suelto. Y le quedaba muy, muy bien. No pudo evitar quedarse mirándola cuando su amiga la hizo reír, se había tapado la boca. Y Calum no pudo evitar preguntarse una y otra vez el por qué, teniendo una de las sonrisas más preciosa que había visto nunca.
Era una suerte que Elena, la novia de Michael, la hubiera traído aquella noche. Por mucho que hubieran sido unos cortos segundos, entre los que la chica se despedía de su novio, les presentaba a su amiga, y se iban, había podido apreciarla. No parecía muy interesada en ellos, es más, ni siquiera se había acercado a darles la mano, o un abrazo, cuando fueron presentados. Y vagamente los había mirado a los ojos. Era distante.
Calum siempre sonreía al recordar lo mucho que había tenido que rogarle a Elena que le diera el número de Robin. No había podido quitarse aquellos ojos marrones de la cabeza. Hasta se acordaba de su ropa. Estuvo toda la semana siguiéndolos, a ella y a Michael, una y otra vez esforzándose por demostrarle que era cierto, que no quería jugar con una de sus mejores amigas. Elena había repetido las palabras una y otra vez. “Me caéis bien los dos, pero si no le haces daño tú, te lo hará ella a ti. Y no quiero eso, para ninguno”.
No había hecho falta que siguiera rogando. A las dos semanas del primer y frío encuentro, la vio otra vez. Estaba sentada sola, como si no le agradase que otras personas estuvieran a su alrededor, y leía un libro. El chico se acercó y la estuvo mirando durante unos minutos hasta que ella levantó la vista, alzando una ceja.
—¿Quieres algo?— no era agradable, ni tan dulce como él se había imaginado.
Aquella contestación lo había dejado cortado. Parecía que su ingenio había desaparecido por arte de magia y no quedaba de él ni una sola pizca que pudiera improvisar para quitarle un poco de paja al asunto. El caso era que tenía a una chica claramente molesta porque la estaba distrayendo de su lectura y no sabía qué decir. Finalmente, se aclaró la garganta y se presentó, aun consciente de que Elena ya lo había hecho semanas atrás.
No fue tan mal aquel día, si obviamos el hecho de que Robin había dejado claro que no le interesaba lo más mínimo el chico, y se había ido a los pocos minutos, alegando que tenía prisa con una sonrisa de disculpa. Mas Calum no se daba por vencido. Había estado yendo día tras día durante diez días a aquel mismo banco, donde se la había encontrado, hasta que la vio de nuevo. Y aquella vez no la dejó escapar. Le pidió su número de teléfono. Robin estaba realmente impresionada de su persistencia, por lo que se lo dio.
No había tardado ni dos días en llamarla. No le había escrito ningún mensaje, porque quería asegurarse de que de verdad era ella y necesitaba darle la confianza de saber que sí que se interesaba, que quería escuchar su respuesta al preguntarle si quería salir con él. La muchacha aceptó, sonriendo con la llamada. Aquel chaval lo estaba haciendo bien.
La primera cita resultó ser un absoluto éxito. Calum, por mucho que había estado interrogando a Elena para que le dijese cosas de Robin, no sabía mucho de ella. Más bien nada. Solo que le gustaba leer y que parecía ser como una hermana para la novia de su mejor amigo, aunque ésta jurase que no se parecían en nada. Sus gustos eran iguales, pero sus personalidades no tenían nada que ver, al menos eso afirmaba Elena. Y había resultado cierto.
Elena era una persona muy agradable, en muchos sentidos. Era igualita que Michael y por eso los chicos la adoraban. No era simple, pero tampoco un puzzle sin resolver. No era tan complicado saber lo que estaba pensando y lo que sentía. Robin era completamente distinta. Era muy difícil averiguar lo que estaba pensando, y no parecía sentirse cómoda la mitad del tiempo. Sin embargo, después de una hora de paseo, empezó a soltarse. Sonreía mucho y hablaba más. Quedaron en verse otra vez.
Cuando, días después de su segunda cita, Calum habló con Elena, los dos estaban muy ilusionados. El chico sabía que las cosas iban de bien en mejor, estaba llegando a conocer a Robin y, sin duda, ya no estaba ni la mitad de distante que la primera vez. Elena le daba las gracias, sonriendo, una y otra vez, por mantener a su amiga contenta. “La estás haciendo realmente feliz”, comentó. Él no lo entendió en aquel momento, al menos, no comprendió el comentario en su totalidad. Por ello dijo que ella también le estaba haciendo feliz a él.
Los encuentros se estaban convirtiendo en rutina. Una muy dulce, y agradable. Robin y Calum hablaban constantemente y, cuando no estaban juntos, se escribían mensajes. Comentaban cualquier cosa que se les viniera a la cabeza, por muy estúpida que fuera. Era precioso. Ellos eran preciosos.
—Robin…— susurró una noche Calum. Estaban los dos en el parque, uno al lado del otro, pero sin rozarse. Era algo que ya era costumbre y, sin embargo, seguía sorprendiendo al chico. Intentó llevar su mano a la de ella, pero se vio rechazado, casi como un acto reflejo.— ¿Por qué no me dejas tocarte?
—Yo… no me gusta el contacto físico, eso es todo. Nunca me ha gustado que me toquen, es como un instinto, alejarme de todo contacto que pueda dejar a las personas llegar más a mí—. Él asintió. Había muchas cosas de Robin que no entendía y que, sin embargo, le sorprendían.
Como lo que acababa de hacer. Había cogido su mano y la había entrelazado con la suya propia. Calum sonrió y apretó suavemente los suaves dedos de ella, tan blancos. Ahí era donde su mano tenía que estar, agarrando la de Robin, dándole seguridad. Estaba con ella.
—Me gustas— susurró Robin, tan bajito que, si el parque no hubiera estado tan en silencio, él no la habría escuchado. Pero lo hizo.
—Tú también a mí. Y, ¿sabes? No es solo que me gustes. Es que estoy enamorado de ti. Y perdona si lo he jodido todo, pero necesitaba decírtelo— se lo había quitado de encima. Al fin. Pero no sabía cómo reaccionaría ella.
—No lo has jodido todo— fue la única respuesta. Bueno, no era lo que se esperaba, pero tampoco le había decepcionado. Robin apoyó su cabeza en el hombro de Calum y así se quedaron, en silencio.
Desde que la muchacha le había dicho que no le gustaba que la tocasen, todo había sido mucho más fácil. Estaba siendo más llevadero. Robin nunca le había dejado besarla, pero estaban en una relación. Definitivamente. Aunque ninguno de los dos hubiese aclarado nunca nada al respecto. Era normal que los chicos se llevasen a sus novias a sus casas, por lo que Elena siempre estaba por ahí. Y una y otra vez le daba abrazos y le comentaba lo feliz que hacía a la chica. Calum pensaba que lo entendía y se ponía contento. En realidad no tenía ni la menor idea.
Con la llegada del verano, el chico vio por primera vez a Robin en pantalones cortos y camiseta de tirantes. Estaba perfecta. Era realmente perfecta. Simplemente la forma en que su cabello caía por sus hombros ya la hacía parecer un ángel. Por primera vez en casi medio año que había conocido a la chica, Calum se preguntó por qué llevaba tantas pulseras. Parecían gastadas y molestas, pero ella nunca se las quitaba.
Se habían contado muchas cosas. Calum sentía que con ella podía hablar de cualquier cosa en la vida sin sentirse un idiota. Le confesaba sus mayores miedos, le hablaba de la banda, le contaba cómo era su familia y comentaba que no podía esperar a que conociese a su hermana Mali, a lo que ella sacudía la cabeza con una sonrisa. Robin era más reservada. Contaba cosas, era cierto, y una vez que empezaba a hablar, no había nadie que pudiera callarla. Pero no decía nada sobre su vida. Nunca le había hablado de sus padres, ni de su familia en general. No compartía sus problemas y tampoco hablaba de su vida pasada, porque estaba claro que era extrajera. Y Calum tampoco preguntaba. Lo que menos quería era presionarla o que ella se sintiese incómoda.
Después de ocho meses, Robin y Calum eran oficialmente novios. Compartieron el primer beso más dulce del mundo en un sitio cualquiera y ella sonrió, alegando que le había gustado. El chico supo que era el momento de decírselo. Y cuando aceptó, cuando dijo que sí a ser su novia, Calum Hood fue el chico más feliz del mundo entero.
Por fin, una vez, ella fue a su casa, como tantas veces hacía, pero de una manera especial. No llevaba pulseras. Aquella tarde, Calum pudo realmente ver quién era Robin y por todo lo que había pasado. Después de besar sus cicatrices una y otra vez, la había abrazado. Estaba orgulloso de ella, ya que eran antiguas, lo había dejado por él. Por primera vez vio a Robin llorar, derrumbarse por su debilidad en sus brazos. En ese momento lo supo todo. Aquella chica estaba mal, muy mal, era un desastre. Y debía ser arreglada por alguien que verdaderamente la quisiera. Alguien como él mismo.
Se lo tomaba a pecho. Desde aquel momento, no dejó sola a Robin ni un solo momento. Paseaba con ella y le contaba todo, cualquier cosa que se le ocurriera. Y ella también se abrió. Y le contó lo que jamás le había contado a nadie. Hablaba de su vida, de sus debilidades, de sus peores miedos y de sus más terribles pesadillas. Y Calum se ocupaba de decirle todos los días lo mucho que la quería. Ella no respondía siempre, pero el chico se sentía contento. No necesitaba una confirmación para saber lo único que tenía claro en su vida.
Robin recordaba la primera vez que habían hablado del futuro. Era obvio que el chico quería seguir en la banda, pero era más profundo que eso. Ella tenía claro que lo único que quería en la vida era ser feliz, y libre. Cuando comentó eso, Calum sonrió. “Yo también quiero ser feliz, a tu lado”, susurró. Dijo que quería casarse con ella y tener hijos. Aquella noche pensaron hasta nombres para éstos. Eran jóvenes, pero se querían. Y los dos tenían claro que el amor movía el mundo.
Conforme iba pasando el tiempo, los dos se iban haciendo mayores. La banda de Calum, 5 Seconds Of Summer, cada vez tenía más éxito. Llegaron al punto de ser realmente conocidos, tanto que tenían que irse de gira. El chico casi dejó escapar su sueño por ella. Menos mal que Robin siempre se había preocupado por los demás, antes que por ella misma. No dejó que dejase escapar la oportunidad, alegando que estaría bien. Y Calum se fue.
Aquellos meses fueron un desastre para los dos. Robin estaba siendo fuerte, por él. Elena y ella hablaban todos los días, quedaban para no sentirse solas, dado que sus novios se habían ido porque pertenecían a la misma banda, pero no era lo mismo. Cuando hablaban sobre ellos, Elena comentaba que Michael no dejaba de enviarle mensajes por todo tipo de redes sociales, contando cosas y también expresando lo mucho que echaba a su chica de menos. Robin no había recibido ni un solo mensaje de Calum, ni una llamada, ni una señal de vida desde que se fue.
La cosa no mejoró. Calum se había olvidado absolutamente de ella. Un par de whatsapps rápidos de vez en cuando le hicieron saber a Robin que él seguía vivo. Lo peor de todo era que no sabía si se estaba olvidando de ella o simplemente ya se había cansado de soportar su peso. Hasta que volvió.
Al conocer a la familia de Calum, iba a visitarlos de vez en cuando. Su madre le facilitó el sitio y hora exacta en los que su novio aterrizaría. Podría verle después de trece meses. La bienvenida fue patética para Robin. No supo qué hacer y se quedó parada mirándole, hasta que él se acercó. Estaban cara a cara por fin. En aquel momento, con esos movimientos de vacilación, los dos supieron que la relación ya no era la misma, porque ellos mismos habían cambiado.
La relación siguió durante un año más. En aquel período de tiempo, los padres de Calum le regalaron una casa para que se independizase y él, aun sabiendo que no era la mejor idea, se mudó allí, llevando a Robin con él. Se querían, pero no funcionaban. Habían pasado mucho tiempo separados y no se entendían ya.
La primera noche que Calum llegó borracho a casa, Robin se asustó mucho. Nunca le había visto en ese estado y ojalá no lo hubiera hecho. La chica lo ayudó a desvestirse y a acostarse en la cama. Aquella fue la primera vez de muchas. Había noches en las que el chico llegaba a las cinco, oliendo a perfume de mujer que, por supuesto, no era el suyo. La besaba en la cabeza antes de acostarse a su lado y abrazarla para dormir, oliendo a alcohol y otras sustancias tóxicas. Hasta que ella ya no pudo más.
Un día, Calum regresó a casa. Estaba fría. Faltaban cosas. Aquella noche no había salido, era consciente de que lo estaba haciendo todo mal, por lo que se había vestido con un traje y había comprado un anillo. Iba a pedirle a Robin que se casase con él. Pero, en vez de encontrarse a su preciosa chica esperándole con ojeras y ojos tristes, la luz estaba apagada. No había nadie y no lo había habido en todo el día.
Cuando Calum se dio cuenta de que ella no volvería nunca, se quitó el traje y se permitió llorar por primera vez. La rabia se apoderó de todo su cuerpo cuando se acostó en la cama. Después de cuatro años, estaba tan vacía que dolía. No podía creerse lo mucho que lo había estropeado todo.
A la mañana siguiente, recibió un mensaje de voz suyo. “Yo… no ha sido culpa tuya, ni de nadie. Pero tienes que entender que no funcionaba. No me quieres, Calum. Ya no. Estábamos enamorados del recuerdo y la ilusión que teníamos el uno del otro. Y quiero que sepas que, a pesar de todo, te quiero. Siempre lo he hecho y siempre lo haré. Hasta siempre, Cal”. Solo ella lo llamaba así. Al terminar el mensaje, el chico se acurrucó en una esquina. Ya no le importaba nada. Tiró el anillo al suelo, entre lágrimas. Nada tenía sentido sin ella, sin su Robin.
Tres días exactos después, recibió la noticia. Robin había muerto. Iba hablando por el móvil y un conductor borracho la había arrollado mientras ella conducía aquel pequeño coche que Calum tanto odiaba. Registrando su teléfono, habían hallado que la última actividad había sido el mensaje que le había mandado. En canto lo supo todo, soltó un grito. No podía ser ella. No podía ser.
Y sí que era. Por supuesto que era. Calum cogió su mano. Estaba fría, pero seguía oliendo a ella, aquel olor de fresas mezcladas con vainilla que tanto adoraba. Tenía el pelo hecho un desastre y llevaba la ropa que se había puesto el día de antes de irse. No podía hacer nada más.
El funeral fue privado y muy personal. Nadie de su familia asistió, tan solo Calum, su familia, y algunos amigos de ambos. Calum dijo algunas palabras, aunque no pudo terminar. Todos nos quedamos con la duda de cuál sería el final de su discurso. Cuando se abrió el ataúd por última vez, vimos que él había elegido el vestido que más le gustaba. Y, en el dedo anular, llevaba un discreto anillo de oro, que nunca habíamos visto antes. Le preguntamos a Calum y, ¿sabes? Era su anillo de compromiso. No lo llevaba en el dedo corazón, sino en el anular, como un actual anillo de boda. Y aquel fue el signo más bonito que pudo haber tenido. Cuando todos nos despedimos, Calum cerró el ataúd. Estaba llorando. Y, sin embargo, lo vimos sonreír. “Está en un lugar mejor ahora. Me está mirando. Va a cuidar de todos nosotros, como siempre hizo. Porque era un ángel y finalmente ha regresado a su casa”.



Canción.:

Bueno, es mi canción favorita de todos los tiempos so no podía poner otra que no fuera esa. Espero que os guste, bc ilysm a las dos.
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Vie 30 Mayo 2014, 2:07 pm

borro esto porque la audición es kk u-ú


Última edición por burgers. el Miér 04 Jun 2014, 6:12 pm, editado 1 vez
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por spitfire. el Vie 30 Mayo 2014, 5:31 pm

Vivian & Sam
 
»reservados: Bella Thorne & Brad Simpson
»nombres de tus pj's: Vivian Brooks & Sam Kelso 
»rol: amigos con derechos
»escrito de tu autoría:
amnesia:
Victoria Hemmings. La recordaba poco. Siempre que iba a casa de Luke ella estaba por allí, debía ser unos dos o tres años menor que nosotros, no estoy seguro. Me acuerdo ir a su casa a jugar unas partidas a algún videojuego y ella estaba con nosotros en el salón, viendo como jugábamos o haciendo alguna cosa, era muy simpática. Supongo que si nosotros teníamos diez y ella ocho se notaba bastante la diferencia. Luego la mandaron a aquel internado y no volví a saber de ella.
Volvió hacía unas semanas, al parecer pensaba pasar parte de nuestro tour en Reino Unido con nosotros, para estar con Luke. Llevaba pensando en como sería desde que él soltó, sin venir a cuento, y justo antes de irse:
-¿Sabías que le gustabas? Que tierna.
Yo me quedé pasmado. Aunque tampoco era tan raro, era el mejor amigo de su hermano mayor.
La verdad es que no le pongo cara, sé que no se parecía demasiado a Luke, al menos antes, quien sabe como es después de tanto tiempo, especialmente a su edad, que debe tener unos quince años.
Michael, Ashton y yo estábamos en la sala de ensayos. Mike estaba con el móvil, probablemente en Twitter o algo por el estilo. Ashton grababa un Keek. Y yo, bueno, yo estaba sentado con las piernas estiradas haciendo el vago. No podíamos hacer mucho sin Luke.
-La hermana de Lukey y él deberían llegar enseguida.-Dijo Ashton mirando hacia la cámara de su móvil, la verdad es que parecía estúpido al hablarle a un teléfono.-¡En cuanto estén aquí os la presentamos! Adiós Keek.
-¿No está tardando mucho?-Se quejó Michael.-Ya llegan diez minutos tarde.
-Habrá tenido un retraso el vuelo o algo así.-Supuse.
Ambos asintieron.
-¿Cómo es Cal?-Preguntó Ashton mirándome.
-¿Victoria?-Dije sin entender, él asiente.-Pues tampoco me acuerdo mucho de ella, era bajita y revoltosa, y siempre se reía por todo, cuando estaba en casa de Luke aparecía por ahí. No sé, se fue hace mucho a aquel internado.
-Es cierto,-comentó Mike-la última vez que la vi fue en unas Navidades de hace dos años. Pero tú no estabas Cal, no recuerdo porqué.
Ella siempre había sido una estudiante brillante, la mejor de la clase, y no se esforzaba demasiado. Me acordé de la decepción que se llevó Luke cuando Victoria aceptó una beca para estudiar en un internado en Wellington, la capital de Nueva Zelanda. Los vuelos eran caros, y los horarios del internado muy estrictos, lo que hizo que Victoria fuera muy poco a visitar a su familia. Hacía años que no la veía, unos tres o cuatro. Se había ido el año que Luke y yo cumplíamos trece.
Escuchamos unas risas al otro lado de la puerta, en el pasillo que daba a nuestro camerino.
-¡Es que eres tonto Luke!-Exclamó una voz femenina entre risas.
Sonaba jodidamente perfecta.
-¡Eres tú la más estúpida de la familia y lo sabes!
-Pero me queréis igualmente.
Probablemente ella había hecho algún gesto divertido, porque la risa de Luke resonó por toda la habitación ya que acababa de empujar la puerta. Ella también sonrió.
La miré. Era preciosa. Ya no era bajita, más o menos alta para una chica, pero como era de esperar Luke le llevaba como una cabeza. Era rubia como su hermano, pero tenía los ojos oscuros. Estaba sonriendo, algo incómoda, me miró, luego a Michael, después a Ashton, finalmente posó la mirada en su hermano, probablemente esperando que la presentara o algo por el estilo. Era guapísima joder. Aunque no debería pensar que estaba buena.
Me levanté para saludarla, Michael y Ashton hicieron lo mismo. Estaba algo incómoda, pero nos dio a todos dos besos, enseguida se tuvo que ir, ya que Liz la llamó. Supuse que dormiría con ella en los hoteles, era su madre.

Al día siguiente eran sobre las cinco cuando, casualmente, me quedé solo con Victoria. Luke estaba grabando en aquel momento, y Ashton y Michael habían ido a comprar no sé qué. Básicamente lo hicieron hecho para dejarme solo con ella. Porque dije que era guapa. Vamos, como si ellos no lo hubieran pensado. Era imposible no pensarlo.
-¿Qué estáis grabando ahora? –Me preguntó Victoria mirándome con una sonrisa, al parecer, ya se había cansado del móvil.
-Un par de canciones nuevas, o sea, que aún no las hemos tocado en concierto ni nada. ¿Luke no te ha enseñado nada?
-Que va. –Negó con la cabeza un poco, haciendo que su pelo se balanceara.- Me ha pasado algunas letras de canciones, pero solo trozos sueltos.
-Bueno, ¿de las que conoces cuál es tu favorita?
Se quedó pensando un rato.
-Creo que Everything I Want. Me acuerdo de vuestro primer concierto. Mi madre me obligó a ir. Fue horrible. Había menos de veinte personas y…
-Cállate –le pedí riendo- que me da vergüenza.
Ella pasó de mí como de la mierda, lo que me hizo reír más.
-Y yo no veía nada porque era muy bajita, y solo me acuerdo de Everything I Want porque mi madre me había subido en brazos para veros al menos una vez mientras tocábais. Teníais todos flequillo…
-Joder… No hables de nuestros pelos de antes. Es tabú. –Dije de broma.
Los dos nos echamos a reír.
-Yo en mi segundo año del internado me teñí un mechón de verde porque perdí una apuesta, salgo en la foto de grupo de ese año con verde fosforito en la cabeza. No superáis eso.
Reímos otra vez. Había pensado que sería incómodo hablar con ella, pero parece la clase de persona con la que es fácil mantener una conversación.

Nos hicimos amigos de ella en menos de dos días; Ashton, Michael y yo. Yo le llevaba dos años, pero al hablar con ella no se notaba la diferencia.
Recuero perfectamente el momento en el que me dí cuenta de que me gustaba. Fue en Manchester, nosotros estábamos ensayando, y ella parecía hacer Skype con alguien desde su teléfono. Cuando acabamos vino a hablar. Luke le había preguntado con quién había hablado, ella respondió un nombre de chico, Jim, Tim o algo por el estilo.
-¿Ese con el que saliste? –Le preguntó Luke.- Ni siquiera era guapo Vic.
Ella se había limitado a responder poniendo los ojos en blanco. Pero algo se revolvió en mi estómago en aquel momento. Me molestaba que hubiera salido con al chico, y me molestaba aún más que hubiera hablado con él. Estaba celoso, y me negaba a aceptarlo.

Un par de días después ella estaba en Instagram desde el móvil de Ashton. Nosotros dos estábamos corriendo, y pasábamos por delante de donde estaba sentada cada cuarenta segundos más o menos. De un modo u otro Ashton y yo habíamos perdido el ritmo, y yo pasaba por delante de Victoria, que era nuestra referencia para correr, bastante más tarde que él.
-Ahí va Ashton Irwin. Veloz como un caracol. Corre Forest, corre para Instagram. –Dijo Victoria, imitando la voz de los comentaristas de las parreras de motos.
Pasé yo por delante de ella.
-Y aquí viene Calum Hood en segunda posición.
Paré de correr y me acerqué a ella, mirando a la cámara del teléfono de Ash.
-¿Ya te rindes Cal? –Me preguntó alzando las cejas, solo para quemarme un poquito.
Oí a Ashton pasar por detrás de nosotros.
-No. –Respondí mirándola, luego volví los ojos hacia la cámara y dije:- os veo pronto.
Ella se rió y bajó el móvil. Me acuerdo como si fuera ayer, y pasó hace más de un año. Fue la primera vez que nos besamos. Metió el móvil en su bolsillo y me miró con una sonrisa. Había muy poco espacio entre nosotros. Por un momento, solo existimos ella y yo. Recuerdo avanzar un poco, para poner una de mis manos sobre su cintura. Recuerdo su sonrisa nerviosa. Recuerdo lo rápido que iba mi corazón, que parecía querer salirse de mi pecho. Lo recuerdo todo. Pero sobretodo lo que sentí cuando nuestros labios se rozaron. Fue un auténtico descontrol dentro de mí. Todo había explotado y solo importaba el sabor de su boca y el olor de su pelo.
También recuerdo nuestras sonrisas tontas cuando Ashton tosió al pasar por delante de nosotros. Había susurrado algo como:
-Luke no se enterará por mí.

Desde aquella vez, ocurrió mucho. Nos besábamos, y ambos confesamos que nos gustaba el otro. Era normal que nos agarráramos la mano bajo la mesa, cuando nadie se daba cuenta; o que nos tocáramos innecesariamente; nos sonreíamos de más y hablábamos mucho. Luke no sospechaba nada, pero Ashton y Michael estaban más que enterados. Y Liz tardó un par de semanas en enterarse.
Ambos éramos conscientes de que en algún momento tendríamos que ponerle nombre a nuestra relación. Pero aquello no era lo que más evitamos. Lo que realmente no quería pasar era por decírselo a Luke. ¿Cómo reaccionaría? Nunca antes había sentido aquello por nadie, ella realmente me gustaba, bueno no, joder, eso era mucho más que gustar. Habría ido al fin del mundo si hiciera falta, aunque era una auténtica gilipollez, cada vez que la miraba sentía como el pulso se me aceleraba y cuando nos besábamos... Eso sí que era indescriptible. Era, sin duda alguna, la mejor sensación del mundo. Incluso mejor que cuando estaba en el escenario, tocando y cantando. No había estado en una relación seria antes, pero ella me provocaba todas esas sensaciones, no eran mariposas en el estómago, eran malditos elefantes corriendo de un lado a otro dentro de mí. No sabía nada. De lo único que estaba seguro es de que la quería, la quería mucho, más de lo que debería querer a la hermana de mi mejor amigo.
Nunca le dije te quiero, y es algo de lo que me arrepiento a día de hoy. Porque a día de hoy estamos volviendo a casa de una gira que acaba de terminar. Y voy a verla.
Voy a ver a la chica que más he querido en toda mi existencia, y con la que no hablo desde hace un año aproximadamente. Vic me quita el sueño, yo solo quiero olvidarla, quiero olvidar todo lo que pasó entre nosotros. Pero me resulta imposible. Recuerdo perfectamente el día que dijo que se volvía a casa. Me lo había dicho llorando, y luego me había besado.
Creo que ahora tiene novio. Yo sería incapaz de salir en serio con otra persona ahora. ¿No había significado nada para ella? ¿Había sido todo una mentira? Me siento jodidamente solo, aunque esté en el coche con mis mejores amigos, camino de mi casa, a ver a mis padres y a mi hermana. Me siento solo porque me acuerdo de cada estúpido detalle de Victoria, de cómo me sentía cuando me despertaba por la mañana y ella estaba a mi lado, envuelta en las sábanas y con toda su melena rubia extendida por la almohada. No estoy bien, y ahora que voy a verla soy consciente de ello.

Estamos cenando las cuatro familias en casa de los Hemmings. Los hermanos de Luke se han ido con unos amigos, y mi hermana ha quedado con su novio. Lauren y Harry, los hermanos de Ashton, se han quedado en su casa con una niñera.
Pero nosotros cinco, Michael, Luke, Ashton, Vic y yo, estamos fuera. En el jardín de atrás, sentados en la hierba. No estoy atendiendo a la conversación, pero cada vez que uno de mis amigos dice su nombre, el de ella, siento como mi pecho se encoge un poco, y el nudo de mi garganta se hace más grande. Ella y yo no hemos hecho contacto visual en toda la noche. No he tenido los cojones de mirarla a la cara.

Al día siguiente, por la mañana, voy a dar una vuelta. Acabo en un parque de las afueras. Victoria me había hablado de él cuando estuvimos en Manchester, me había dicho que le habría encantado ir conmigo. Estoy sentado en un banco cuando la oigo llegar.
Se sienta a mi lado.
-Mi canción favorita es Amnesia. –Me dice.
Sabe que es sobre nosotros, sobre ella.
-También la mía. –Respondo.
-Lo siento.
La miro. Está mayor, y está más guapa.
-¿Por qué? –Pregunto.
-Por irme y dejar que nosotros nos fuéramos a la mierda.
Asiento mirando hacia la nada.
-Yo también lo siento.
-¿Por qué? –Pregunta ella ahora.
-Por dejar que te fueras y que nosotros acabáramos en nada.
-Te quise mucho Cal.
-Yo te sigo queriendo.
Se gira hacia mí y nos besamos. Esta vez nada va a separarnos.


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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Sáb 31 Mayo 2014, 6:44 am

iz y connu, no, pero crearon la n.c perfecta, primero que todo amo las vegas y el poker, se nota, bc dejare mi ficha en un rato c:
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Sáb 31 Mayo 2014, 7:20 am

Cam & Harry.
 
»reservados: selena gomez y harry styles.
»nombres de tus pj's: Seleste Camille Morgendorffer y Henry Edward Styles. 
»rol: Casada con un famoso
»escrito de tu autoría: 
AHS {cap 6}:
Los ojos castaños oscuros, casi negros, de Gwen observaron a la familia nueva, estaba segura que no durarían mucho en la antigua casa, siempre era igual. Al ver que los Harmon, abrían la puerta, se escondió y los siguió viendo minuciosamente. Vio a una chica encerrarse en el baño, que según había escuchado, se llamaba Violet. Miro por la rendija de la puerta que agarraba un objeto punzante y empezaba a hacerse cortes en las muñecas. El liquido rojo se hizo presente en los flacuchos brazos de la chica, sonrió esa escena era perfecta para la colección. Después de haber analizado a cada facción. Se dirigió hacia el sótano, abriendo la trampilla, esta era una gran habitación, iluminada por una lámpara de gas, las paredes estaban cubiertas de dibujos, por ejemplo, el favorito de ella, un boceto de Tate sonriendo. Peter su odioso compañero de casa, aborrecía la imagen, ella nunca entendió, el extraño odio de Pet hacia Tate.
Por mientras se dedico a dibujar a la nueva familia, le gustaba hacer eso, así cuando ellos de fueran, podría recordarlos. Trazo primero a Violet, preocupándose de que la tristeza en sus ojos se notara, que la sangre en sus muñecas fuera algo real, que las cicatrices realmente se sintieran reales. Que todo lo que dibujado, fuera factible, que después recordara todo sobre ellos.
Escucho como la puerta se abría, era Peter, el único que conocía la existencia del cuarto.
— ¿Qué quieres, Pete? —Dijo la chica.
—Oh, nada—Gwen hizo una ademan, prosiguió el chico—La otra noche deje un cuaderno forrado en…
La chica señalo un escritorio de caoba, donde se encontraba un libro forrado en cuero, el asistió.
Odiaba que ella fuera tan esquiva con él, intentaba todo, para poderle agradarle, pero nada funcionaba. Se sentó en una silla, observo a Gwen dibujar algo.
Abrió el cuaderno en una página al azar, encontrándose con dibujo de él, hojeo rápidamente, y luego vio la primera pagina donde se leía: “Diario de Wenddy”.
— ¡Adiós, Gwen¡ —Dijo cerrando la puerta apresuradamente, la chica simplemente suspiro.
{xxx}
Los gemidos resonaban en los oídos de la chica, ella había escuchado palabras extrañas para su conocimiento como: paja, masturbación, follar. “Nota mental: Preguntar a Pet, Tate o Rew, sobre el significado de esas palabras”. Siguió observando como el chico con pinturas en la piel hacia movimientos bruscos, metía y sacaba su pene del culo de su hermano.
Wendy no entendía lo que significaba eso, seguramente era algo común en los adolecente de esta época, sus ojos se fijaron en una figura distinta. Era un chico, lo que más destacaba era el bulto ente sus piernas.
{xxx}
El gran cuarto era iluminado por un par de lámpara de gas y un viejo candelabro inservible chino, todos se encontraban sentados en un círculo, hoy era la típica reunión donde se sentaban a hablar de los nuevos inquilinos.
—Un tal Jack, tiene excelente culo—Opino Tate.
—Una tal Violet tiene lindos ojos—Completo Rew, era idea de Peter o Tate realmente se había sonrojado.
—Cosas mías seguramente—Susurro, sin percatarse que Gwen lo había oído.
Con el paso de los minutos la risas fueron disminuyendo, Gwen solo anotaba la suposiciones sobre la familia en una libreta que decía Los Harmon, después junto a los dibujos iría la colección de carpeta que tenía sobre las familias, cada una de estas contenía dibujos detallados y la muertes extrañas de los integrantes, era como un archivo de la policía, pero mejor. Al cabo de una media hora solo quedaban Peter, Rew, Tate y Gwen. La chica supo que era el momento de preguntar las palabras que no entendía.
—Chicos…-Estos pusieron atención en el rostro de la joven y prosiguió—¿Qué es la masturbación, follar y… paja?
En la habitación se escuchaba una sonora carcajada por parte de los chicos, mientras que Gwen se enrojecía por la reacción de ellos, Pet empezó a dar golpes en el piso, Tate a sostenerse el estómago y Rew a llorar de tanta conmoción, la pobre chica estaba entre aterrada y avergonzada.
—¿Qué es tan gracioso?
—Oh, nada Gwen, nada. —La chica asistió, pero no estaba completamente segura de la respuesta de Pet.
—Entonces ¿Qué es masturbación…—Las risotadas se hicieron presentes—y follar?
Después de unos minutos de risas enloquecidas, Tate hablo:
—Creo que lo más conveniente es que Peter te lo explique—Dijo mirando a el recién mencionado con una cara pervertida, agarrando de la camisa a Rew para que o impidiera nada. Segundos después el chico relaciono lo dicho con Tate y lo que se refería, pero era demasiado tarde no había rastro de los jóvenes.
—Creo que lo mas prudente es que dejes que si diviertan—Expreso Tate, sabiendo de buena fuente que un buen sexo con Gwen relajaría Peter.
{xxx}
El chico había agarrado de la mano a Gwen, la conducía a la trampilla escondida, ella simplemente lo siguió, al entrar el chico hizo un rápido movimiento dejando acorralada a la chica contra la pared.
—¿Quiere que te lo demuestre o te lo explico?—Pregunto Peter al oído, mientras lamia el lóbulo. La chica simplemente no se resintió y asistió enérgicamente.
Peter beso a Gwen, ella entreabrió local labios como respuesta, la lengua del chico recorrió la cavidad bucal, los dos abrieron los ojos y la chica sonrió. Pet tomo la cintura de Gwen y ella apoyo sus brazos en el cuello y acaricio el cabello color azabache del chico. Peter tomo a Gwen entre sus brazos y la restos en la cama, apoyando sus dos extremidades entre la cabeza de la chica. Comenzó a besar a su cuello, produciendo espasmos y gemidos por parte de la chica. Pronto la ropa fue innecesaria, el recorrió todo el cuerpo de la chica con su lengua, ella acariciaba por debajo de la ropa la gran espalda de él, de repente los dos estaban desnudos, como el chico no tomaba la iniciativa, ella motivo a Peter a entrar en ella, eso consistía en hacer pequeñas caricia en el miembro de él, y en unos minutos la espera se hizo insaciable y entre finalmente en ella. Wendy beso a Peter, el comenzó a hacer movimientos despacio dentro de ella, los gemidos se hicieron presentes por parte de los dos, ahora eran más rápidos.
— ¡Peter, por Dios!—Grito agudamente.
— ¡Gwen!—Replico gravemente y los dos se desplomaban en la cama, después del mejor orgasmo de su vida.
songs :
perfume Do I Wanna Know? Hotel California Can't remember to forget you
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por khaleesi. el Sáb 31 Mayo 2014, 8:30 pm

Aurora & Echo.
 
»reservados: maia mitchell & dylan o'brien.
»nombres de tus pj's: Aurora "Rory" Finnigan - Echo Westwood.
»rol: casada con un famoso.
»escrito de tu autoría: 
bones.:

La cafetería se encontraba repleta de aromas deliciosos y esenciales para el sentido del olfato. El sonido de la cafetera eléctrica inundaba armoniosamente los oídos de todos los que solían frecuentar el lugar. A excepción de uno.
Zayn se encontraba sumido y completamente perdido en la melodía silenciosa de sus pensamientos. Una taza de café doble posaba entre sus manos, sin embargo esta estaba quieta, tiesa y sin moverse. Por supuesto que no lo podría hacer por acción propia, pero el tampoco tenía las ganas suficientes de tomar un sorbo de ese delicioso manjar. 
Las esperanzas nunca se habían extraviado tanto. Una tormenta acechaba hace tiempo su conciencia, y finalmente la lluvia se había liberado. Había pedido con toda su alma, sacar ese dolor que tanto lo destruía segundo por segundo. El problema, era que tanto ardía su mente, y no dejaba espacio alguno para encontrar una posible solución. 
Su tormento por primera vez tenía nombre y apellido: Fleur Devereaux. Su amiga de la infancia, la mejor compañía en adolescencia... y hoy la mujer en la cual su vida giraba en torno. Pero ella no tenía conocimiento alguno de la desesperación con la que convivía Zayn día a día. De la necesidad de expresar un deseo, que en el peor de los casos -y en ese momento, para él, muy realista- sería rechazado. Y eso lo terminaría definitivamente. 
Cualquiera que decidiera entablar una conversación con él en ese momento, estaría sorprendido de la facilidad que tenía el castaño por destacar miles de puntos favorables respecto a su amiga; su amor secreto. No obstante, la tensión en sus palabras podía ser fácilmente percibida, y la tristeza por igual. Verán, Fleur es un curioso caso; pero no único. Ella poseía ese síndrome que no poseía nombre; y a la vez, cien maneras de describir. La muchacha de cabello rojizo no encontraba ese refugio que tanto ansiaba. Esos brazos que no la acobijaban desde hace tiempo, ese amor que no se permitía sentir, pero que ansiaba con todo su ser. 
Fleur reía como si nunca hubiera estado sola, lloraba como si fuera una novedad; y sin embargo, seguía siendo por fuera esa Fleur que el pudo llegar a conocer. Nadie conocía su dolor, nadie conocía su verdadera meta: ser alguien para otro. Creía estar en la nada, pensaba que flotaba en una nube infinita de ausencia de cariño. Pero ella no sabía una cosa: él la amaba con todo su ser. 
Pero ahí estaba él, esperándola... aguardando por lo que parecía ser una eternidad. Empapándose en miseria, remojándose suavemente en dolor. Su corazón se encontraba frío, y al mismo tiempo ardía en pena. Se encontraba de luto por algo que nunca tuvo. Y así parecía que iba a ser siempre. 
Las campanas de la entrada sonaron delicadamente, pero más fina fue la persona que entró por la puerta. Un abrigo rojo cubría a la muchacha que había sido atacada por el invierno brutal de Londres. Pantalones negros, y botas del mismo color. Fleur siempre había tenido un sentido de la moda bastante simple, y muy pocas veces optaba por algo llamativo reluciente -además del hecho de que estado de ánimo la mayoría de las veces era nulo, y no quería ni colocarse una prenda de ropa decente-. Pero vaya que todo lo quedaba precioso, sus ojos se perdían en la belleza clásica y monumental de su amiga; siempre lo había hecho. Una amago de sonrisa cruzó por su rostro, convirtiéndose en una mueca al final, y decidiendo solamente elevar la comisura derecha de sus labios. Zayn se para, y se asegura de que esté todo en su lugar 'incluso mi pulso' pensó. Fleur iba a escoger otorgarle un simple beso en la mejilla, no quería ir más lejos, puesto que cualquier expresión de cariño la ponía nerviosa e inestable; sin embargo, la luz en los ojos de su amigo fue un detonante para que sus impulsos fueran liberados y corriera hacia sus brazos. Los sentimientos oscilaron entre la más fría y pura tristeza, hasta él más cálido y sincero cariño. Ambos se acobijaron uno al otro; uno queriendo quedarse ahí para siempre, y la otra, deseando encontrar ese refugio en otra persona. Porque para ella, el amor por Zayn tenía otro significado: Lo amaba, pero no como él quería que lo hiciera.
Él tenía miedo de sus  propios deseos y anhelos, expectativas que nunca llegarían a concretarse. 
Con un poco de valentía, el castaño ocultó su nariz en el cuello de la muchacha, y se alimentó del dulce aroma que emanaba. Fleur se quedó quieta durante un instante, congelada por la impresión y el temor. Porque su acto le había traído recuerdos, memorias de fragmentos de su vida que habían tomado lugar hace no más de un día. Su novio no le había dado lo que quería. El fruto de ese amor se había quedado en una especie de agujero negro, sin lugar a donde ir, sin más tiempo que disfrutar. Se encontraba sola, completamente sola. 
Ambos se separaron en silencio, y tomaron asiento en los bancos que se encontraban frente a la barra. Con una seña, Zayn le indicó al barman que le trajera otra taza de café, obviando el hecho de que el no había tocado la suya siquiera. Fleur se retiró con lentitud el abrigo, y se quedó en una polera con cuello de tortuga del mismo color. Sin saber que hacer, o decir, se instaló con ambas manos cruzadas enfrente suyo. Un silencio muerto tomó lugar, pero adentro de sus cabezas el bullicio todavía seguiría. 
La ironía era que ambos tenían motivos completamente opuestos, sin embargo estaban igual de perdidos en el mundo; a la deriva de un río acaudalado que no sabían a donde los llevaría. Fleur estaba desesperada por encontrar a alguien que ocupara el lugar de alguien a quien una vez tuvo; Zayn no podía vivir con el hecho de que la única persona que amaba verdaderamente no se diera cuenta de sus intenciones.
—No estás bien—Acató el castaño, mientras la mirada de su amiga se centraba en un punto vacío y se limitaba a simplemente asentir. Si había algo que Zaynhabía aprendido, era que con el tiempo uno sabe que preguntar o decir. Fleur casi nunca estaba bien, y honestamente interrogarle sobre su estado de ánimo con un '¿estas bien?' era estúpido e irrelevante. No cambiaría nada, y el tenía que intentar dar vuelta todo. El café llegó, y Fleur agradeció al hombre que le había brindado tal desayuno para ella. Tomó un sorbo, haciendo un sonido ronco mientras terminaba de saborear cada partícula de tremenda exquisitez para el paladar.
—Está un poco caliente— Señaló, mientras reía tímidamente. Pero para Zayneso no había sido reconfortante: la risa no había llegado hasta sus ojos. Esos ojos picarones, esa mirada traviesa y alegra, con ganas de vivir se encontraba perdida. El muchacho se aclaró la garganta, mientras se inclinaba hacia delante.
—¿Quieres que vayamos a algún lado?— Preguntó, en un leve susurro. Fleur se detuvo, y giró sus orbes celestes hacia el. Zayn se sintió sofocado por tal mirada, y sintió que se perdía en ella, listo para quedarse para siempre. "pero ella no está lista" señaló. Parpadeó unas cuantas veces, y apretó sus labios, estrujándolos entre sus dientes. Las lágrimas estaban listas para desbordarse, el estaba preparado para secarlas.
—No..—Pronunció, ahogándose con sus propias palabras. —Solo quiero quedarme acá, mientras que esté contigo...—Cerró los ojos, tratando de apagar el dolor; oscurecer esos sentimientos tan contradictorios e insoportables. Se tomó su tiempo, y luego decidió volver a encarar a su amigo, expectante de su respuesta, paciente y tranquilo. — Estaré bien, lo prometo—La palma delicada y desnuda de Fleur caminó hacia un encuentro con las de su amigo incondicional. Se mantuvieron firmes y apretadas, mientras ambos decidían compartir un silencio que ya no era incómodo. Era... satisfactorio. Para ambas partes, aunque no hayan dado cuenta. Fleur por su parte, no entendía el apoyo estable que surgía del alma pura de Zayn. Mientras que instantes atrás, el dolor y la ira todavía fluían con libertad por su sangre, el alivio había llegado de la mano de la esperanza. Se encontraba bien, aunque ella no quisiera enfrentarlo. ¿Quien necesitaba buscar a alguien, cuando él había estado para ella desde prácticamente siempre? 
ZaynZayn no encontraba satisfacción en ser simplemente una compañía reconfortante, pero... de alguna manera estaba bien. El amor para Fleur era un juego de niños, pasaba de blanco a negro, de negro a blanco. Fleur nunca tendría tranquilidad en su vida si no se dedicaba a ser feliz con lo que tenía, con quienes tenía a su lado; ella tendría que seguir riendo como si hubiera esperanza, como si tuviera fé en su historia, por más que las haya perdido. Y para el estaba bien eso
Estaba bien amara a otro con todo su ser.
Estaba bien que luchara por todos ellos como si fueran a estar siempre con ella.
Para él estaba bien solamente ser el amigo, y que ella tuviera amores inestables. Porque estaba en sus huesos, así era ella. 
Y mientras que ella se quedara a su lado, sea como sea, para el siempre iba a estar bien.
link a canción random(?)


Última edición por sweetheart. el Sáb 31 Mayo 2014, 8:34 pm, editado 1 vez
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por khaleesi. el Sáb 31 Mayo 2014, 8:33 pm

izzy, vos y tu cabeza tan empalagosa y contagiosa ;-; estás llena de amor y eso es bueno, porque se transmite en éstas ideas maravillosas que tenés. bueno, acá me tenés, bella): jodiendo, again.):
no me pude resistir bc ldahfsdflsdghsdlg, me encanta la idea. aunque hay tantas escritoras buenas, que idk, por lo menos lo intento. espero que esté todo bien y espero ansiosa todo.
besototes<333
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por michael. el Mar 03 Jun 2014, 1:37 pm

perdón la demora. exámenes y otras pendejadas mañana acepto fichas y respondo comentarios c:
AY. RO APARECIÓ , PUSHI APARECIÓ , POKER QUE YA NO ES POKER(? APARECIÓ. y si me dejo a alguien que conocía de anyes y que apareció, igual.
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por cute. el Mar 03 Jun 2014, 1:42 pm

JKSHKJFHJAKDSF, había visto esta idea, es decir, entrado y no audicioné de boba, pero ahora fjkdsafhds. Qué decir? me encantó<3 últimamente mis comentarios son horribles. En un rato dejo mi ficha<3
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Mar 03 Jun 2014, 1:53 pm

Me fui a la mierda con esta idea ;-; oaisjfioafa. Ahora mismo dejo mi audición. Ahqué. Soy Helena, conozco a Conny pero no a connor. (?) asofjioa. so.. (?) hola(?)
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por cute. el Mar 03 Jun 2014, 2:20 pm

Kyle & Caleb
 
»reservados: freya mavor; zayn malik.
»nombres de tus pj's: kimberly radowsky; caleb moonhigh.
»rol: amigos con derecho.
»escrito de tu autoría:
Spoiler:
El golpe en el estómago que Harry recibió al no dejar de moverse por parte de Juliette hizo que se detuviese y, por fin, se posicionara de espaldas a la rubia, maldiciéndola. Se aguantó las ganas de reír y pegó su espalda junto a la de el ruloso. No podía dormir, y no era la primera vez. No era que no estuviera cómoda, pero sus padres, como siempre, la atormentaban. Tenía miedo, tenía mucho miedo. Sabía que no tenía que pensar en aquello, pero era más fuerte que ella. Giro lentamente, ahora recibiendo un leve golpe de Harold. Decidió pensar en otra cosa totalmente distinta; Harry y Apple. Si ellos comenzaban una ''historia'', ¿qué sería de Juliette? La estúpida que sigue a los enamorados. Haría el papel de mamá y los interrumpiría cuando tuviesen sexo. Agh, lo que acababa de pensar la disgustó, sus mejores amigos reproduciéndose no era una imagen agradable. Como pudo, haciendo el pobre intento de no hacer ruido, se levantó de su lugar y caminó vagamente sin rumbo alguno.

— ¿Desvelada?— una voz la sobresaltó. Se llevó una mano al pecho y recordó que no solo eran ella, Harry y App.— Lo siento, yo solo quería...
— Esta bien, Myra— sonrió la rubia, sentándose en una roca— ¿Tu tampoco puedes dormir?
— ¿Sabes? Caitlin me atormenta hasta en mis sueños.— rió sin humor.
— Tú Caitlin, yo mi madre— suspiró—. La vida apesta a veces, ¿sabes? Últimamente me cuestiono qué rayos hago yo aquí.
— Todos pasamos por esa etapa en algún momento, Jules— coincidió la morena—. ¿Cómo.. cómo era tu vida antes de esto?
— Apestaba, incluso peor que los pies de Harry— amabas rieron—. En realidad, no era fácil. Mis padres esperaban cosas de mi, que nunca obtendrían. Ellos... querían que yo fuera la mejor en todo. Y yo sólo era una perdedora con una sola amiga, que usaba anteojos porque no veía bien y resultó ser algo psicológico. Ahora que lo escuchó, suena mucho peor.
Myra no pudo evitar reír.— Es que... siento reírme. Haces que eso luzca tan ¿divertido?
— Hay que tomárselo así, si no creo que estaría sumida en una depresión.

La mirada de Juliette se cruzó con la del moreno, quien se dirigía hacia ambas chicas. Estaba nerviosa, y Myra lo notó, negando levemente con una pequeña sonrisa. La rubia se acomodó el cabello, ugh demasiado infantil, pensó. Miró de reojo a la moreno que sonreía, ahora sabía de su repentino nerviosismo, mas bien, a quien se debía. Daniel Turner, desde que llegó tuvo un''pequeño'' crush para/con él. Nunca se había animado a hablar, a pesar de las estúpidas ideas que habían tenido Apple y Harry para que lo haga. Y cuando se enteró de su relación con Caitlin, le había dolido, y aun no lo superaba. Apple tuvo que aguantarla llorando y arrepintiéndose por no haberlo, por lo menos, intentado. ¿Qué podría ser peor que pensar en ''qué hubiese pasado...''? Todo el maldito tiempo imaginaba a Daniel besándola, abrazándola ya se sentía una pervertida, obsesionada, loca.

— Hola Myra— saludó, miró a la rubia a su lado, incomodo, pero aun conservaba la sonrisa en su rostro. Genial, ni siquiera recuerda mi nombre.
— Daniel, Juliette; Juliette, Daniel— presentó la hermana del moreno. Cómo si no lo conociera...
— Un gusto, Juliette.
— Si así me llamo— torpe, torpe, torpe, sonrisa de psicópata, seguro ya lo asustaste—. Lo siento, eh... el gusto es mío, Daniel. ¿Saben? Los dejaré solos.

Y sin esperar la respuesta de los hermanos Turner, se alejó rápidamente sin mirar hacia atrás. Tenía ganas de gritarse a si misma lo estúpida e infantil que había sido. Maldición, ya tenía diecisiete años.
(+++)
— ¡MALDITO IDIOTA!— acusó Jules colgándose en la espalda del ruloso— ¡No tienes idea de cuánto te he buscado! ¿Y Apple? ¿Acaso se fueron juntos? ¿Sabes lo que es estar aquí sola? Quiero decir SOLA.
— Okay— dijo conteniendo las ganas de largar una gran carcajada. Se veía tan adorable—. ¿Mucho chocolate esta mañana?
Aprovechó su posición para moderle la oreja.— ¿Quieres que le cuente a Apple nuestro pequeño secreto?— buscó con la mirada a la castaña, susurrando su nombre.
— ¿Quieres que le cuente nuestro pequeño secreto a Daniel?— contraatacó Harry— Oh, Daniel, si Daniel. Hazlo de nuevo. Mmm, Dan.
— Agh, Ivanoff no tiene una idea de cuánto te odio... ¡espera! ¿Así me oigo yo?— ambos rieron.
— ¡Ustedes dos son unos malditos traidores!— Apple apareció frente a ellos, acusándolos con un dedo.
— ¿Qué no estabas con Harry hace un rato?— cuestionó confundida Jules.
— No estaba conmigo, la ''Señorita que nos llama traidores y no aparece en toda la mañana''.
— Lo siento, ''Señor salgo a dar un paseo con Diane y me veo muy feliz''.
— Hola, ¿si? Aquí habla la ''Señorita que estuvo sola toda la mañana dando vueltas porque los traidores de Apple y Harold desaparecieron'' ¿bueno? Gracias por su atención.— agregó Juliette bajándose de la espalda de Harry.— ¿Van a seguir con esta estupidez? Porque tengo hambre, ¿vistes?
— Juliette...
— ¿Qué?
— Es ''viste''— Harry soltó la carcajada que estaba aguantando hace rato y Apple se sumo a él.
— Ya...— dijo la rubia cruzándose de brazos y sacándoles la lengua— Dejo de ser gracioso.

Ambos amigos se abalanzaron contra Juliette terminando en el suelo, riendo juntos. Fue cuando Jules recordó porque realmente valía la pena estar en el viaje. Apple y Harold, ellos eran su razón, la razón de lo que ella era. Su sonrisa, el saber que ellos nunca iban a dejarla caer. No iba a dejar que sus padres la atormentasen, había encontrado a dos personas que la amaban por lo que era, y no por lo que querían que fuera. En ese momento estaba siendo Juliette. Y nadie la juzgaba.
(+++)
Las razones por las que Holder había aceptado la propuesta de Cailtin no existían. Acababa de conocerla, de un modo… en el que las personas no entablan una amistad. Es decir, ¿quién es sus cinco sentidos invitaría a un chico que estuvo a punto de clavar una navaja en su cuello a ser parte de un viaje? Primero, el castaño nunca le hizo daño a nadie, entonces no se lo hubiese hecho a aquella morena, y como le había dicho, situaciones desesperadas, requieren medidas desesperas. Sin embargo, Caitlin lo había dejado sin palabras. Aquella chica era especial en todo sentido, pero no la veía como una futura novia, más bien sería su pequeña hermana menor, que sabía muy bien cuidarse sola. Lo irónico era que acababa de conocerla. Ella no sabía su historia, y él no sabía la suya. Algo le decía que no iba a ser así por mucho tiempo. ¿Confiaría en ella? ¿Le contaría el asco de historia de vida que tenía? Sólo él lo sabía. Nunca había confiado en nadie, ni tampoco tenido un buen amigo. Podría ser esa falta, la falta de un amigo por diecinueve años, hacer que Holder haya caído por Caitlin rápidamente.

Pronto se dio cuenta de que no tenia nada que perder, y quizá esa sea la razón por la cual se encontraba con aquellas personas desconocidas. El castaño era tan bueno haciendo amigos, como lo era robando. Imaginen la gravedad del caso. Caitlin, posiblemente, sería su única amiga. Sabía que no le había agradado ni a Mason, ni a Daniel. Aunque él último había accedido a que él participase del viaje… algo es algo, ¿no?

Se encontraba sumido en sus pensamientos, apoyado contra un árbol, mirando la nada. Caitlin, prácticamente había salido corriendo de sus brazos, luego de lo sucedido con aquella rubia, el llanto, la confesión de él. Si ella quería llorar, él iba a estar ahí para limpiar sus lagrimas. Y no sabía por qué, mas lo haría. Penny, apareció fugaz en sus pensamientos, otra persona que se sumaba al grupo en el no era bienvenido, junto con Mason y Daniel, quizá algunos mas, o no. Parecía nadie haber tenido problema con su llegada. Todos se habían presentado y saludado, unos mejor que otros. Y bueno, luego estaba, Penny que ni siquiera se acercó. No le importaba, pero no había sido una situación muy linda que digamos.

Pensó en su vida anterior, y el drástico cambio que estaba haciendo. Llevaba una vida de mierda, a decir verdad, nada era bueno. Desde sus amigos, hasta sus padres. Se estaba perdiendo a sí mismo y si todavía tenia corazón era gracias a la señora Morris, la que le daba de comer, a quien consideraba toda su familia. No tenían nada en común, absolutamente nada, quizá... que ambos tenían un gran corazón, aunque eso es algo que Holder no sabe.
(+++)
— ¿Qué hace una chica tan bonita aquí sola?— bromeó el castaño sentándose junto a Caitlin.
— ¿Qué hace un ser tan idiota vivo?— contestó rodando los ojos.
— ¡Wow! ¿Estamos de mal humor?— Holder sonrió sin saber qué mas agregar.— Estoy cansado y no he hecho nada, es gracioso creo.
La castaña sonrió— Definitivamente eres un idiota.
— Un idiota que te hizo sonreír. ¡Vamos! Cuéntame, Caitlin. ¿Estás en tu periodo? ¿Es eso?
— ¡Ya cállate Holder!— soltó un grito histérico— Agh, solo estoy harta de todo eso.
— Con ''eso'', ¿te refieres a Myra, Mason, Daniel? ¿Podrías ser mas especifica? Y confiar un poco mas en mí. Sé que no nos conocemos, sé que no llevamos una larga amistad y que podrías confiar en cualquiera de aquí mas que...
— Holder, confío en ti— Young miró al castaño frente a ella, se debatía internamente qué hacer.— Pero...
— ¿Pero qué, Cait?— el chico comenzaba a ponerse nervioso— Odio estos momentos, nunca sé que hacer o decir.
— ¿Qué tal si escuchas?— Holder no pudo evitar sonreír, asintió, escuchando atentamente cada palabra de la chica.

Si, ella había confiado en él. No hay por qué, tampoco es necesario el saberlo. Caitlin había confiado en Holder. Le había confiado cosas que nadie, ni siquiera Mason, sabía. Luego de la larga charla— exclusivamente sobre la vida de la castaña— Holder no pudo evitar pensar qué pasaría cuando llegara su turno de expresarse sin temores, contarle toda su historia a Young. Puesto que estaba decidido a hacerlo, pero no quería en ese momento comenzar a hablar porque sabía que no pararía. Además, Holder odia inmensamente que la gente le tenga lástima, sus miradas, sus palabras, todos siempre lo miraban con lástima. Seguro pensando cosas como: 'pobre chico', '¿no tendrá a nadie cerca?', porque lo único que todos hacían era mirarlo, nadie le hablaba, nadie se le acercaba.

— Tú no quieres habla, ¿verdad?— el castaño mira a la chica a su lado, no hacían falta palabras en realidad.
— Pero dime, Cait, ¿qué haces todavía con Daniel?— se animó a preguntar, no quería ofenderla, porque a pesar del poco tiempo que él llevaba allí, sabía que nadie querría ver Caitlin enojada.
— No sé ni siquiera que estoy haciendo con mi vida, Hold— respondió sin animo—. Dime, ¿qué te parece todo esto? ¿Has mirada a alguien? Digo, sabes a lo que me refiero.
Holder rió— No ha pasado mucho tiempo. Las únicas mujeres con las que entable una conversación fueron tú y Juliette— la castaña rodeó los ojos al escuchar el nombre de la rubia, cosa que Hold no pasó por alto—. ¿Qué tiene ella?
— Nada, simplemente no es de mi agrado. Demasiado estúpida y aniñada.
— Es linda.
— ¡Ay, Robberson, por favor! — soltó— ¿Hablas en serio? ¿La has visto bien? Es linda, pero...
— Young, no es como que vaya a declararme, me case con ella y tenga cuatro hijos. Sólo dije que era linda, porque lo es— reía él mientras hablaba. Le había quedado claro, Caitlin no soportaba a Juliette, como tampoco soportaba a muchos de aquí.
— Te estaré vigilando— dijo levantándose de su lugar—. Enseguida vuelvo— comenzó a correr—. Bueno, no enseguida así que... ya sabes.— gritó la morena para seguir su camino.
(+++)
La rubia vagaba por la especie de ''campamento'' que habían construido, maldecía a su cabeza por recordarle constantemente a su madre y no haberla dejado dormir. Rendida, se tiró al pasto y concentró su mirada en el cielo, mas allá del bullicio de sus compañeros. Desearía dejar de sentir esa culpa que siente cuando cierra los ojos. Ella estaba bien, pero... ¿sus padres? Odiaría que el momento en el que todo terminara, ese en que debes volver a casa cargada de miles de experiencias, dejando atrás personas que marcaron tu vida, y adentrándote nuevamente en tu casa con aquellas dos personas que la castigarían hasta que cumpla—con suerte— los sesenta.

En momentos así se preguntaba por qué no tenía los auriculares y las trecientas canciones de su celular. Bufó, removiéndose en el verde pasto, no era el lugar más cómodo para tomar una siesta, ya que si lo hacía iba a sufrir las consecuencias. Levanto los brazos y con las manos comenzó a hacer figuras en el cielo, ¡vaya que estaba aburrida! Miró a su izquierda, Harry dormía plácidamente en el hombro de Apple. Y el sentimiento de ser la madre que invadiera la privacidad de su hija— en este caso App— cuando estuviese Harry en la casa. No sabía si sentirse feliz, triste— es que en realidad no sabía qué sentir en momentos como ese— Estaba feliz por su amigo, pero a la vez, no podía describir el sentimiento. Tenía miedo de volver a estar sola.

— ¿Qué haces? — preguntó Holder sonriente.
— Suelo se paciente y agradable con la mayoría de las personas— comentó la rubia, el chico a su lado la miró sin entender mucho a qué quería referirse, pero una fugaz idea recorrió su mente y sonrió—, pero tú haces que me irrite con tu simple presencia, ¿sabes?
— Eso dolió, Jules. Justo aquí— ironizó señalando su corazón—. Me quieres explicar que hice mal. — Los chicos como tú no me agradan— Juliette soltó directa.
— ¿Los chicos cómo yo?— repitió incrédulo — Rubia, llevamos hablando cinco minutos, sin contar los otros cinco de ayer. No me conoces.
— No creo que haya mucha ciencia en un chico con tu fachada.
— ¿Estas hablando en serio?
— Nunca hable tan en serio en mi vida— dijo Julie.
— Como quieras— el tono de voz de Holder era gélido, tanto que Juliette sintió escalofríos al escucharlo—. Esto no va a quedar así, rubia.
— Vete a mierda.

Eso era lo que conseguía por hablar con el idiota de Holder, ¿quién se cree? Nadie nunca había conseguido ponerla de tan mal humor, como él en menos de quince minutos. Mucho menos. Holder Robberson tenía marcada la cruz negra y gigante en la vida de Juliette, si, suena infantil. Pero, de todos modos, así era ella. ¿Por qué no seguía con su vida? ¿Por qué no la ignoraba? Aunque tenía decidido, si Holder seguía así, ella iba a ser la que lo ignorara, por mucho que le cueste, y probablemente terminase mandándolo a la mierda— una vez mas— Juliette iba a ignorar a Holder.

— ¿Quién te dejo así, Jules? — se burló Myra alcanzándola.
— Myra, agh, ni siquiera me lo recuerdes— se limitó a decir con respecto al tema—. ¿Quieres caminar?
— Desde luego— ambas chicas comenzaron a caminar con destino al pequeño pueblo—. ¿Cómo estas? Quitando la parte de tu enojo, claro.
— Uhm, todo va bien. ¿Y tú?
— También— suspiro, la charla siguió variando los temas de conversación que cambiaban rotundamente. Se veía bien juntas, y tenían más cosas en común de lo que ella se imaginaban.
— ¿Myra? ¡MYRA! — una voz las sacó de su burbuja, sin darse cuenta, habían llegado ya hace rato al pueblo, Myra estaba congelada, con una expresión de sorpresa, en cambio Juliette parecía confundida.
— Eh…— la rubia tocó el brazo de la morena haciendo que esta reaccionase, mientras el chico corría hacia ellas— ¿Lo conoces?
— Si— pero no dijo nada más, sólo espero a que el chico de nombre desconocido para Jules se acercara.
— ¡Hola! No te imaginas cuánto te he buscado, Myra— sonaba agitado. Turner no contestó, divertida Juliette encarnó una ceja y decidió presentarse.
— Ehm, soy Juliette— le tendió la mano al chico, quien la acepto.
— William. Un gusto— habló sonriendo.
— ¿Saben? Creo que volveré, supongo que tienen que hablar. — William sonrió agradecido, mientras que Myra fruncía el ceño. La verdad no sabía si había hecho bien en dejarla sola, pero no creía que aquel chico pudiese hacerle daño. Sonrió por última vez en dirección a los chicos y se encaminó de regreso.

Pero no todo sale como uno cree que puede salir, Juliette estaba perdida. No recordaba el camino, y se golpeaba internamente por ser tan idiota y distraída. Probablemente Myra ya este con los chicos y ella —quien obviamente tendría que haber llegado primero— se encontraba en alguna calle sin nombre.

— ¿Perdida? — esa voz, esa voz que era inconfundible para ella, quería gritar, saltar y tirarse encima de él. Mas reprimió todas sus emociones de adolescente hormonática y giró para encontrarse con Daniel.
— ¿Te parece? — logró auricular— Porque en realidad no lo estoy. Sólo quería conocer un poco más el pueblo, ya sabes…— divagó.
— Como digas, Jules— rió el moreno, Jules sonaba tan bien salido de su boca—. ¿quieres volver conmigo o seguirás explorando? — claramente se estaba burlando de ella.
— Volvamos, mucho conocimiento por hoy— idiota.

El camino fue tranquilo, con cada palabra que Daniel decía, la rubia se enamoraba más y más, así era ella. Daniel para ella era el Robert Pattinson de muchas adolescentes. Imagínense convivir con un Robert, estar al lado de un Robert y no poder hacer lo que tantas ganas tienes. Ambos se llevaban bien, por lo poco que se conocían, tenían una conversación fluida, cuando Jules no estaba pensando en lo hermoso que era, claro. Descubrió la rubia que los hermanos Turner eran muy buenas personas, aunque no lo pareciesen, el tipo de personas con el que te encariñas rápidamente. Quitando el hecho de que ella ya estaba ‘encariñada’ con el mayor del dúo.
(+++)
— Mira quién se digna en aparecer, Harry— exclamo Apple irónicamente.
— Oh, la señorita con amigos traidores. — el ruloso le siguió el juego.
— Cállense, ¿quieren?
— Oh, encima está de mal humor, pero tranquila aquí tienes a Apple y Harold, quienes fueron hechos para alegrarte la vida.
— Chicos…
— Me asustas— dijo Harry serio.
— Chicos… hablé con Daniel. Es tan hermoso, Harry, ¿por qué no eres como Daniel? — soltó— No espera, si fueses como Daniel le quitarías todo lo lindo y las imágenes mentales arruinan mis fantasías.
— ¡JULIETTE! — gritó Hazza exageradamente— Acabas de traumarme de por vida, gracias.
— No hay de qué…
— Espera, espera, espera… ¿cuándo fue todo esto? Quiero detalles, no soy Harry— exigió la castaña, acomodándose en su lugar.
— ¿Cuánto tiempo va a llevar esto? Tengo sueño y no quiero escuchar nada que pueda quitarme lo poco que me queda de inocencia.
— Cállate, Harry— dijeron las chicas al mismo tiempo, Ivanoff rodeó los ojos y se acostó en las piernas de Jules. Quien hablaba, rápido, no muy claro y sobretodo emocionada. Vale decir que el chico no entendió casi nada, cuando en cambio Apple, sonreía, feliz por su amiga. Aunque no podía evitar pensar en Caitlin. Y no dudo en decírselo.

Juliette tampoco había pensado en Caitlin Young, sabía que no le caía bien, el sentimiento no era mutuo, a Jules no le importaba la castaña en lo más mínimo, pero sabía que no había que meterse con ella. Meterse con Daniel, era básicamente estar jugando con fuego. No se puede comparar a Cait con Jules, son personas completamente distintas. La rubia no tiene maldad y nunca pensaría en hacerle algo malo a Young; pero Young… era capaz de cualquier cosa. Si se enteraba de algo raro entre ella y Daniel, estaba jodida.

mi nombre es anto y soy de argentina (?
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por bigtimerush. el Miér 04 Jun 2014, 11:10 am

Dejaré mi ficha pronto, bella. Soy Mey, por si no leíste mi anterior mensaje.
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por holiscrayolis el Miér 04 Jun 2014, 11:12 am

Muchas escritoras muy buenas, creo que no quedaré.
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

Mensaje por bigtimerush. el Miér 04 Jun 2014, 11:18 am

¿Por qué rol vas, chica sexy de arriba?
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Re: what might happen. | audiciones abiertas.

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