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Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

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Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 10:37 am


Los pecados capitales.


Todas las personas del mundo son pecadoras.

Los reconocidos o tradicionales “siete pecados capitales”, la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, son un conjunto de vicios opuestos a la enseñanza moral que el Catolicismo y el Cristianismo transmiten. Cada uno de ellos fue recopilado y clasificado por San Gregorio Magno (540 – 604 d.C.), también conocido como Gregorio I, el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia Católica.
Posteriormente, el poeta italiano, Dante Alighieri, los integro en la redacción de “La Divina Comedia” (c.1308-1321), un poema teológico considerado hoy en día una obra maestra de la literatura italiana y mundial. También otros artistas europeos tuvieron su parte en la promulgación de estos pecados capitales, gracias a la idea de utilizarlos como fuentes de inspiración en sus grandes obras.
Mas allá de esto, la comunidad religiosa ha debatido durante años el verdadero contenido de los mismos llegándose, en muchos casos, a diferentes interpretaciones con sus respectivos castigos.
El primero en encabezar la lista, la lujuria, ha sido definido como aquel pecado que incluye pensamientos o deseos obsesivos o excesivos de naturaleza sexual o en palabras de Dante, “el amor excesivo por los demás”. El castigo correspondiente a la lujuria incluye el ser asfixiado en fuego y azufre.
La gula, el segundo vicio, ha sido interpretada como el consumo excesivo de comida y bebida aunque antiguamente se utilizaba para señalar toda clase de exceso. Aquellos que cometieran este pecado serian forzados a comer ratas, sapos, lagartijas y serpientes vivas.
La avaricia ha sido considerada como un pecado muy similar a la lujuria o a la gula pero aplicada a la adquisición de riquezas en particular. Su castigo, el ser colocado en aceite hirviendo.
La pereza, ha sido catalogada como la “tristeza de ánimo” que nos aparta de las obligaciones espirituales o divinas. La misma nos llevaría a una fosa con serpientes.
La ira ha sido descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo. El resultado de este acto seria el desmembramiento.
La envidia, el sexto pecado capital, se relaciona con la avaricia, sin embargo, la envidia desea algo que alguien más tiene, y que percibe que hace falta. Este pecado se castiga sumergiendo al acusado en agua helada.
Por ultimo, la soberbia o el orgullo, el deseo por ser más importante o atractivo que los demás, es considerado el mas grave de los pecados capitales y fuente de los mismos. El mismo era penalizado con el cruel método de tortura conocido como “La rueda


Rules

✞ Bueno, antes que nada, la primera regla, que es la más importante..., les pido respeto entre todas nosotras, si tienes algún problema con alguna chica que esta audicionando, mándame un MP. Se que tememos gustos y disgustos diferentes..., pero no quiero tener problemas en esta ene cé, pueden jalarse los cabellos virtualmente, pero aquí esta prohibido hacer eso. 
✞ Les pido compromiso y responsabilidad: se que tenemos una vida fuera del foro, pero necesito que ustedes sean responsables y tengan el tiempo para estar en esta novela, y también que se comprometan a estar con ella, no quiero que por culpa de una, la novela se quede estancada, porque "comenzamos juntas, terminamos juntas". 
✞ Esta claro que esta es una novela colectiva por lo tanto necesito escritoras, no chicas. No quiero que pongan ¿No quieres una chica para tu novela?, si ponen eso les juro que las saca de un trino de oreja, xd no mentira, no soy muy mala, soy una nutella amable.
✞ Chicas, no les pido que tengan una excelente ortografía, pero como saben eso es lo esencial al escribir -todas tenemos errores- pero chicas, existe Word, el nos acompañara toda la vida o no.(?
También les pido que tengan una buena gramática, son las cosas más importante a la hora de escribir.
✞ Como saben el total de escritoras serán de siete, pero, eso ya lo voy a ver como lo arreglo para que seamos más..
✞ Se les permiten que tengan personajes homosexuales :D.
✞ Otra cosa, no soy amiga del guion teatral, les pido que usen el guion largo, que creo que muchas ya lo conocen (—).
✞ Les pido originalidad, se que a todas nos gusta 1D, y tambien 5SOS, pero hay muchos otros artistas, no les digo que no pueden elegirlos, pueden ir por ellos, pero si pueden por favor elijan otros, ellos no son los únicos.
✞ Pueden elegir como mínimo a tres personajes..,(lo máximo son diez). Pueden ser creativas y crear otros, así no hay conflictos con los personajes repetidos, pero esto se arreglara en el muro.
También les digo que quiero que les cambien los nombres, no quiero ver como ejemplo: Representante: Niall Horan..., Nombre: Niall Horan. ¡NO!, sean originales con los nombres.
✞ Les pido que no elijan como representantes a Barbara Palvin, ni a Dylan O'brien, eso son elegidos por mi.
✞ Los roles los dejare abajo ↓. Bueno es más que obvio que saben que roles son, pero por favor no se tiren todas a un mismo rol, por que se me va hacer difícil elegir...
✞ Eso si, no hay fecha exacta de cuando yo cierre las audiciones.
✞ Solo voy ah aceptar las fichas que tengan el code, que yo eh dejado, espero que no tengan inconvenientes con el, y si lo tienen, manden un MP. :D
✞ Si leíste hasta aquí, veo que eres atenta, bueno, te pido que me pongas un gif graciosos y también que pongas dos películas que te gusten en Hide.
✞ Creo que esta es la ultima regla, -que es también importante- Les ordeno que se ¡Diviertan!. Háganse amigas, para eso son las ene cé, para conocer a otras chicas.


Roles.

Roles.:
✞ Lujuria:

Libre 1 más: La lujuria es uno de los pecados más escandalosos, y también de los más tentadores. Gracias a ella, todos vinimos al mundo.
¿Pero cuál es realmente la esencia mala de la lujuria? ¿En qué sentido quienes no tenemos especial afán puritano podemos encontrar algo defectuoso en el exceso de la lujuria? Tengo claro que si hay algo bueno en ella es precisamente el placer. Creo que el placer es bueno, sano y recomendable. Si hay algo malo en la lujuria, será el daño que podamos hacer a otros para conseguir goce, al abusar de ellos, aprovecharnos de la inocencia de menores o de gente que por su situación económica tiene que someterse.
No creo que, a pesar de lo que San Agustín y otros santos padres han dicho de la sexualidad, hayamos venido a este mundo a sufrir. La sexualidad no es un instrumento que debamos utilizar casi con repugnancia sólo para la reproducción, sino que es una fuente de relación humana y de contento en un mundo donde las alegrías no abundan.
Pero, como en todos los casos a los que estamos refiriéndonos, el límite de la lujuria desde el punto de vista humanista es causar daño a otro. El sexo con niños es malo por el daño que se les hace. No es malo disfrutar, pero sí es censurable causar mal a otro. Antes se condenaba al placer, ahora al daño y el dolor que se producen. Es la visión progresista de los pecados. 
Poker {selena gomez & harry styles.}
✞ Gula:

Lbre: El pecado de la gula es el ansia inmoderada de comer, de beber, ese afán de asimilarse Codo el universo por la vía digestiva. Es un pecado que nos deja un poco perplejos en este mundo dietético en el que estamos, choca tanto con la ética como con la estética y quizá tengan más contra él los médicos que los propios clérigos.
A mi juicio, el problema de la gula es mucho más una cuestión de higiene que de moral. Se trata de ver cómo administramos nuestros placeres y cómo podemos comer para vivir satisfactoriamente. No debemos obsesionarnos con vivir para comer, ni con vivir para evitar las calorías. Lo peor de la gula hoy es que, mientras algunos tenemos la suerte de poder comer y ayunar a nuestro albedrío, muchas personas están privadas de lo imprescindible y no pueden siquiera alimentar a sus hijos con lo mínimo necesario.
La gula se transforma en pecado cuando ofende el derecho y las expectativas del otro al comer lo de los. demás, acaparar y dejarlo con poco o nada. Olvidar eso sería el peor pecado o la peor forma de gula en nuestro tiempo.
✞ Avaricia:

Libre 1 más: El pensador alemán Arthur Schopenhauer decía que el dinero es felicidad abstracta. Ser feliz porque tienes una gran cuenta en el banco, o porque guardas un gran saco con oro debajo de la cama, es algo completamente imaginario.
Comprendo que alguien se sienta feliz porque tiene en sus brazos a una mujer hermosa, en su mesa una comida estupenda y una botella de vino incomparable. Yo no termino de entender a aquellos que se sienten felices cuando ven un cheque, míe. sólo son unas palabras y algunos números.
Lo que da fuerza al dinero es la necesidad de intercambio, que los seres humanos requieran cosas unos de otros. Si no se deseara nada, no habría tenido sentido inventar el vil metal. El dinero permite generar un elemento que te da acceso a algo que tiene otro y tú quieres. De no existir, las variantes serían pocas: el trueque, pero allí necesitas que al otro le interese lo que tú le ofreces, o lisa y llanamente sacárselo por la fuerza, robarle o estrangularlo.
Pero el avaro es el que convierte este acuerdo social en una idolatría, sin entender la utilidad del dinero, que es absolutamente virtual. Si se tratase de cupones que dijeran: "Vale por un refrigerador" o "Vale por una merluza en salsa verde", tendría un interés más limitado, ya que si no te gusta la merluza no sabrás qué hacer con ese vale. La gracia del dinero es que tiene un número y no te dice qué puedes hacer con él.
dacey. {sophie turner and daniel radcliffe.}
✞ Pereza:

Libre 1 más: La pereza es la falta de estímulo, de deseo, de voluntad para atender a lo necesario e, incluso, para realizar actividades creativas o de cualquier índole. Es una congelación de la voluntad, el abandono de nuestra condición de seres activos y emprendedores.
Un viejo cuento narra cómo un padre luchaba contra la pereza de su hijo pequeño, que no quería nunca madrugar. Un día llegó muy temprano por la mañana, lo despertó y le dijo: "Mira, por haberme levantado temprano he encontrado esta cartera llena de dinero en el camino". El niño, tapándose, le contestó: "Más madrugó el que la perdió".
La pereza siempre encuentra excusas. Es perezoso quien renuncia a sus deberes con la sociedad, con la ciudadanía, quien abandona su propia formación cultural. La persona que nunca tiene tiempo para leer un libro, para ver una película, para escuchar un concierto, para prestar atención a una puesta de sol. Aquel que tiene pereza de convertirse en más humano.
El escritor y humorista argentino Roberto Fontanarrosa tiene una teoría: "La pereza ha sido el motor de las grandes conquistas del progreso. El que inventó la rueda, por ejemplo, no quería empujar y caminar más. Detrás de casi todos los elementos del confort supongo que ha habido un perezoso astuto, pensando cómo hacer para trabajar menos".
Jacky{george henley & steven mcqueen}
✞ Ira:

Libre 1 más: La ira, esa pasión arrebatadora, esa furia que de vez en cuando nos convierte en auténticas fieras. En apariencia somos personas como las demás, y ante un pequeño estímulo, o una provocación, nos transformamos en auténticos salvajes.
El pecado de la ira es una cuestión de grados. Es un movimiento, una reacción que puede indicar simplemente que estamos vivos y, por lo tanto, nos revelamos contra injusticias, amenazas o abusos.
Cuando el movimiento instintivo pasional de la ira se despierta, nos ciega, nos estupidiza y nos convierte en una especie de bestias obcecadas. Ese exceso es perjudicial, pero yo creo que un punto de cólera es necesario.
El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique se reconoce admirador de los iracundos "cuando se ponen rabiosos ante una situación infame por la que callan los demás. El que se rebela, habla, grita y muchas veces se juega el pellejo es muy distinto del que tiene un colerón porque le sirvieron la carne fuera de punto".
Como en muchas cosas de la vida, con los pecados primero hay que tener la experiencia. Si eres una persona tan pacífica que nunca te has enfadado, aunque te describan mucho la ira nunca la entenderás. Si eres justo, puedes sentirte arrebatado por la ira. Ahí nos topamos con el pecado.
santorski.{S.R||A.T.}
✞ Envidia:

Libre 1 más: La envidia, definida como la tristeza ante el bien ajeno, ese no poder soportar que al otro le vaya bien, ambicionar sus goces y posesiones, es también desear que el otro no disfrute de lo que tiene.
¿Qué es lo que anhela el envidioso? En el fondo, no hace más que contemplar el bien como algo inalcanzable. Las cosas son valiosas cuando están en manos de otro. El deseo de despojar, de que el otro no posea lo que tiene, está en la raíz del pecado de la envidia. Es un pecado profundamente insolidario, que también tortura y maltrata al propio pecador. Podemos aventurar que el envidioso es más desdichado que malo.
El envidioso siembra la idea, ante quienes quieran escucharlo, de que el otro no merece sus bienes. De esta actitud se desprenden la mentira, la traición, la intriga y el oportunismo.
La envidia es muy curiosa porque tiene una larga y virtuosa tradición, lo que parecería contradictorio con su calificación de pecado. Es la virtud democrática por excelencia.
Fernanda Aleman :*{acacia clark and bradley simpson}
✞ Soberbia.:

Libre 1 más: Ser soberbio es básicamente el deseo de ponerse por encima de los demás. No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo —salvo que nos fastidie mucho con los relatos de sus hazañas, reales o inventadas—, lo malo es que no admita que nadie en ningún campo se le ponga por encima.
En general, podemos-admitir que tenemos cierto lugar en el ranking humano, y que hay otros que son más prestigiosos. Pero los soberbios no le dejan paso a nadie, ni toleran que alguien piense que puede haber otro delante de él. Además sufren la sensación de que se está haciendo poco en el mundo para reconocer su superioridad, pese a que siempre va con él ese aire de "yo pertenezco a un estrato superior".
Silent Screams. {Barbara Palvin y Dylan O'brien}


Ficha.


En Hide:





Última edición por Silent Screams. el Lun 26 Mayo 2014, 2:35 pm, editado 9 veces
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 11:05 am

¿Nadie?
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 11:07 am

¡Qué interesante!

¿Pero las fichas donde están? De todas formas, voy a ir por la pereza.
¡Chao y buena suerte!
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 11:15 am

@Jacky. escribió:¡Qué interesante!

¿Pero las fichas donde están? De todas formas, voy a ir por la pereza.
¡Chao y buena suerte!
Hola, bueno lo de la ficha es error mio, hay la eh dejado, :D
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por midway. el Sáb 24 Mayo 2014, 11:27 am

Magnífica idea. Audicionare, aunque todavía no me decido entre la envidia o la ira. 
Mi ficha entre hoy y el martes.
Lia
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 12:02 pm



Nombre.

☦Representantes: George Henley & Steven R. McQueen.
☦Nombre de los personajes: Angelle (Blue) Adams & William (Will) Bloods
☦Rol: Pereza.
☦Capítulo de tu autoría: después de la ficha



Mentiras:

MENTIRAS


¿Podría haber sabido Eva como acabarían las cosas?


Prefacio



Cuando abres los ojos, normalmente todo se vuelve de color. Aunque antes estuviese todo negro. Aunque antes no hubiese por dónde cogerlo. Es la magia de separar los párpados: que todo cambia. Abiertos, lo que antes era inseguridad y miedo, ahora es seguridad y confianza. Como si el sentido de la vista, ver lo que nos rodea nos hiciesen todopoderosos. Como si saber que existe hiciese todo más fácil.
Ese no es mi caso.
Si tengo los ojos cerrados, no tengo que afrontar el mundo. Si lo hago, si abro los ojos, veo muchos más mirándome, clavándose en mí y exprimiéndome la vida y mi confianza. Es como si me dijesen: «¿Tú quién eres? ¿Qué tienes que contarnos?» Como si me echasen en cara que ellos son mejor que yo. Que soy miserable. Si nuevamente los cierro, aunque todo esté oscuro, totalmente negro… Aunque vuelva a sentirme indefensa…Los demás ya no están. Entonces, solo somos yo, la oscuridad y mi mundo. La nada. No noto que nada se pose en mí.
Pero no puedo estar eternamente con los ojos cerrados, ¿no? Yo una vez pensé que sí, pero no tardé en descubrirlo que esto no funcionaba así. Que todo lo que hacemos, cae sobre nosotros, como cuando tiramos una moneda al aire. Nuestras acciones siempre vuelven, pero con más fuerza que antes, embistiendo sobre nosotros. ¿Y qué pasa cuando eres capaz de aguantar esa presión que hacen? Que lentamente te vas metiendo más en el pozo, hasta que no puedas soñar siquiera con salir, hasta que nadie pueda siquiera oírte. Hasta que no seamos más que polvo de estrellas. Las cenizas que hay en la chimenea. La agua que queda al día siguiente del que nevó.
Cuando estás así, ves en las sombras soluciones, cuerdas a las que agarrarte para subir y llegar a la superficie. Pero no ves que estas sólo te llevan al fondo. Que te hundes en tus escombros, que los espejismos te cortan, te despedazan y te deshacen en fragmentos más minúsculos y matan a lo que queda de ti. Si que queda algo.
De nuevo, no te queda más remedio que volver a cerrar los ojos. Una y otra vez, todo se repite.
Para no hundirme más, intenté reafirmar mi vida con mentiras, diferentes tipos de mentiras, las que resultaron ser un arma de doble filo. Acabé aislada, sola… y perdí realmente todo lo que tenía. Ellos pararon de creer de mí. Ambos salimos heridos, yo con esa ponzoña en la sangre que me quemaba como si fuese una droga y ellos con ese sentimiento de haberme perdido. O de no haberme nunca conocido. Me deshice como se deshace un personaje después de una mala obra de teatro.
Es verdad que todo empezó mucho antes y a si se hubiesen dado cuenta de lo que me ocurría, del agujero negro en el que me estaba metiendo para no salir nunca, jamás me habría convertido en una persona tan poco fidedigna. Todo fue una sucesión de acontecimientos, una serie de errores, una cadena condenada al fracaso.
Acontecimientos que se llevaron poco a poco mi vida, hasta dejarme en la nada más absoluta. Abiertos los ojos o cerrados, era igual, nada me esperaba. Mi estrella había desaparecido, dejando en su lugar un único halo de luz que se emancipaba poco a poco, como si se tratase de ese brillo fantasmal que deja una farola cuando se funde de noche.
Y todo por un día, que me preguntaron si había ido a París. Yo, que nunca lo había hecho, dije que sí, para no quedarme atrás que las demás chicas. Para no sentirme en un planeta tan lejano al de ellas. Para no sentirme ET entre los humanos.
Les conté que había ido hace cinco años con mi madre. Que había visto la torre Eiffel de noche y que, en ese momento, pasó una estrella fugaz. Me inventé un paisaje angelical, con los transeúntes pasando de la mano y los comerciantes vendiendo sus productos en la terraza y, nosotras, ahí sentadas, encima de la torre Eiffel. Dije que fue un momento maravilloso.
Pero era una completa mentira.
Aún así, no les fue difícil creerme. En ese entonces, yo era una completa desconocida, una don nadie cuya vida podía ser cualquiera. Digo ese entonces porque luego me fui empezando a ser más conocida. Esa fama, primeramente buena, luego empezó a volverse oscura a medida que se descubrían mis embustes. Cómo me gustaría ahora volver atrás y cambiarlo todo. Decir simplemente: «yo no he ido a París y no creo que nunca vaya. No sé francés» Pero no lo hice, mentí, una mentira total, sin dejar un hueco de verdad.
Allí empezó todo.
Todo. Todo. Todo por esas miradas incrédulas, llenas de admiración.
Todo. Sin saber que lo único que debía estar haciendo era siendo yo misma. Pero eso es tan difícil, ¿no? Ser uno mismo. Necesitas ser valiente, arriesgarte a lo que piensen los demás sobre ti. Es más fácil esconderse. Tejer una red. Inventarte un personaje como si estuvieses en un juego de rol. Cerrar los ojos un momento e intentar esconderte en un maquillaje que se convierte en polvo poco a poco, lentamente y dejando marcas imborrables para el resto de la vida. Unas marcas que, aunque no lo sepas, los demás ven a simple vista.
Por las que te señalan con los dedos, diciendo: «es ella, es ella. Ella es la que hizo eso» Por las que bajas la vista y te ocultas en la oscuridad, en las sombras. Por las que vuelves a cerrar los ojos y esperas nunca tener que volver a abrirlos. Nunca más. Deseas fundirte de una vez con la oscuridad; desaparecer del mundo de los vivos y de las responsabilidades. Por lo que más tarde lloras apretándote el rostro contra la almohada y te giras y te preguntas por qué.
Pero tú ya sabes por qué. Tienes claro que nunca, por más que lo desees, lo podrás olvidar. Siempre tendrás que volver a abrir los ojos, vivir un día más y enfrentarte a lo que rodea, responsabilizándote de tus errores.

lo que queda:

Lo que queda


Sobre lo que queda, lo que no y lo que hace su falta.


*          *          *          *          *          *
El doctor Lawn camina hasta su puesto de trabajo. Es un hombre un poco atractivo, de relucientes ojos negros, barbilla fina y cuerpo esbelto. Cuando llega, su compañero, Doris Memphow, le da un saludo, acompañado de una sonrisa.
— ¡Buenos días, Lawn!
A esto, le responde con un escueto hola. El doctor Lawn no está de buen humor por las mañanas. Para ser sincero, nadie puede estar sonriente ni festivo dentro de ese oscuro edificio, excepto Memphow.
El doctor Lawn no sabe cómo se las ingenia para mantenerse con tal alegría siempre, rodeado de semejante paisaje. Si, de repente, entrase un extraño, este seguramente gritaría del miedo. Su puesto de trabajo está lleno de muestras de sangre, de batas corroídas y de herramientas de última generación. A lo lejos, puedes oír algún grito desesperado, el sonido de un martillo y los aporreos a la puerta detrás de la cual están las con las muestras para experimentar.
Si entrase alguien totalmente desconocido al proyecto y se acercase a estos recipientes, se pondría llorar. Los especimenes están apartados de ellos por unos barrotes de metal algo oxidado y sus jaulas hieden a muerte, a suciedad, a horror, a sufrimiento… En resumen, huelen a inhumanidad. Cientos de cuerpos humanos, arrancados de su casa, vestidos con una túnica de hospital. Personas, puede. Ahora mismo, simples ratas de laboratorio destinadas a un fin mayor; tal y como son tratadas, de tal manera que han acabado por perder la facultad de hablar. Tienen los músculos agarrotados y débiles. Su piel es de un enfermizo color amarillo verdoso.
Un día, el doctor Lawn fue ese extraño. Por suerte, ya se acostumbró a lo que pasa a su alrededor. O, si no, ha aprendido a cerrar los ojos y olvidarse de que todos son personas.
Lawn va junto a una jaula y coge un espécimen para poder continuar con su trabajo. Buscando a la víctima adecuada, se encuentra con los ojos verdes de una mujer. Enseguida, busca a otro.
Esos ojos son tan parecidos a los de su hija que no puede hacer más que intentar ignorarlo.
De todas formas, su hija debe estar ya muerta. Es una triste excusa, pero es la única que tiene Lawn para aligerarse la conciencia. Al menos en parte, porque no consigue deshacerse de que de eso el tiene algo de culpa. Sin embargo, se sigue repitiendo ese mantra:
Su hija, al igual que el resto de su familia, deben estar ya muerta, así que nunca la puede ver ahí, en un paisaje tan deshumanizante.
Entristecido, Lawn lleva al cuerpo manso y dejado hasta una ducha. Lo lava, pero no lo seca. Hoy le toca probar la resistencia de esas nuevas pastillas. Le da algunas y espera treinta minutos, aunque con veinte debía haber sido ya suficiente. Coge un cubo y lo llena un poco de agua. Con una esponja, le vuelve a humedecer los brazos.
El doctor Lawn antes no era malo. Ahora tampoco. Pero las cosas cambian. La forma de pensar se altera. En este nuevo presente, Lawn solo piensa en su supervivencia. ¿En qué si no? Ya no le queda nada más.
El hombre, protegido con unos guantes de goma, coge la pistola eléctrica. Comprueba que funciona y, en el nivel mínimo, acaricia con ellas las manos del espécimen.
Mimphow le ha avisado varias veces que no vaya tan lento, que no sea tan piadoso ni tan perfeccionista; sea lo que sea lo que intente. Si va más rápido hará más experimentos y, así, él no tendrá nunca que cruzar el cristal y pasar al otro lado.
Encerrarse en una jaula. Lawn tiembla en solo pensar en eso.
No obstante, eso no hace que el doctor Lawn cambie su forma de actuar. Simplemente, no puede. No se puede olvidar de lo que está delante de él, ese «experimento» es humano. Como él. Podía ser él.
Lawn comprueba que en el nivel uno no le hace daño para nada. Entonces, aumenta el nivel.
El doctor Lawn vuelve ha preguntarse para qué será todo esto. ¿Para qué necesitan tanto sufrimiento?
— No te muevas —le susurra, a pesar de que sabe que su cobaya hace tiempo perdió su capacidad de comunicarse.
Lawn vuelve a aumentar el nivel. Está casi al límite. Esta vez, tiene un mal presentimiento.
Le frota con el arma las yemas de los dedos y la palma; las muñecas. El doctor Lawn cierra con fuerza los suyos. No quiere encontrarse con los de su victima, aunque sabe que ahora están blancos.
Escribe en el papel hasta dónde aguantó la resistencia eléctrica de las pastillas. Luego le da las palmaditas en la espalda al muerto.
— Lo has hecho muy bien —y de nuevo, sabe que este no podrá escucharle. No solo porque haya perdido su facultad de comunicación, sino porque ahora ya lo ha perdido todo, no solo su humanidad. También su vida.
Lawn lleva al cuerpo con los demás que perecieron. Se contiene las lágrimas, pero hace tiempo que no le cuesta tanto. Se había prometido llorar en el mismo día que entró en ese infernal laboratorio, que parecía sacado de Franfestein. El doctor Lawn no recuerda haber tenido tantas ganas de llorar por un paciente.
Se está haciendo débil, además de viejo, decide. Se acerca a su libreta y mira lo que le toca ahora. Resistencia ígnea ganada con las pastillas. Tiene que volver a la jaula, pero le da miedo volver a encontrarse con esos ojos que se parecen tanto a los de su hija…
Muchas veces, Lawn piensa en cuánto le gustaría morir de una vez. Para siempre. Otras, piensa en escaparse y en unirse a la gente del bosque. El doctor nunca ha entendido de todo qué son, pero, de todas formas, tampoco para qué ellos tienen que crear superhombres.
Doris Mimphow deja otro cuerpo, verdaderamente chamuscado, al lado del suyo.
— Lawn, ya me he ocupado de la resistencia ígnea. Aguanta hasta el nivel doce —le explica, y luego se vuelve a su puesto de trabajo silbando.
Al doctor Lawn le revuelven las tripas. ¿Es que la humanidad se ha perdido de todo?


Última edición por Jacky. el Sáb 07 Jun 2014, 1:32 pm, editado 1 vez
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por crybaby. el Sáb 24 Mayo 2014, 12:09 pm

yo quiero audicionar pq la idea es muy kul. ahora dejo mi ficha.
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por crybaby. el Sáb 24 Mayo 2014, 12:25 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Morley Mayne.
☦Representantes: S.R||A.T.
☦Nombre de los personajes: Morley Mayne||Bender Bones.
☦Rol: ira.
☦Capítulo de tu autoría: 
one shot.:
Las gotas de lluvia caían por su rostro, confundiéndose así con sus lágrimas mientras que “Wake me up when september ends” de Green Day resonaba en sus oídos. Jamás le habían gustado los funerales, puede que su vida se resumiera en funeral tras funeral, pero eso no significaba que debía acostumbrarse alguna vez a ello. Jamás se le dio tiempo para eso, así como tampoco se le dio para asimilar que algún día tendría que asistir al de su padre. Mucho menos tan pronto.
Se le llego a pasar por la cabeza que ya le era imposible llorar más, pero si lo fue, lo fue en cuanto los recuerdos lo inundaron. Cuando la imagen de su padre tan débil y roto volvió a reflejarse en su mente como si ya no estuviese sufriendo lo suficiente. De chico lo había visto llorar y maldecir al aire, mientras que su madre prometía que jamás se olvidaría de ellos y abandonada la casa para no volver jamás. Ese fue el día en el que Brian prometió no darle ni el mínimo chance al amor, porque se había dado cuenta de que no existía. Y lo único que pudo hacer a través de los años era llegar a pensar que su padre era fuerte y lo había superado como lo hacían la mayoría de hombres y mujeres que perdían a sus parejas. No se dio cuenta de que su corazón roto jamás logro arreglarse hasta que lo encontró en el suelo de la habitación con un cuchillo en su mano y el brazo contrario rasgado. 
Brian sorbió por la nariz, las lágrimas no cesaban y los recuerdos solo evitaban que lo hicieran. ¿Por qué su padre no fue fuerte? ¿Por qué se dejó vencer después de tantos años? ¿Por qué no fue aquella mujer que se decía llamar su madre la que murió? Se preguntaba, y lejos de ayudarse, se atormentaba a sí mismo. Por qué… ¿Por qué no fue fuerte por él? ¿Qué iba a ser de él ahora? Solo era un crio de dieciséis años, en toda su vida no tuvo a nadie más que a su padre… y ahora no tenía a nadie, absolutamente a nadie. Miro a su alrededor, dos familias vecinas, un par de compañeros de trabajo de su padre y el reverendo, eran los únicos que ocupaban el cementerio, aparte de él. 
La lluvia no paraba y él ya quería desesperadamente dejar de llorar. No quería seguir sintiendo que le faltaba el aire, que cada vez que cerrara la boca iba a ahogarse. Quería apartar ese dolor en su pecho, esa soledad que desde que le dieron la noticia, lo había atrapado y no quería dejarlo. Quería, no, necesitaba que el dolor parara. Necesitaba a su padre, necesitaba a alguien, un abrazo, un “todo estará bien”, lo que fuera, pero necesitaba dejar de sentirse tan solo.
Le tomo un momento asimilar que ya no había nadie en el cementerio. Se habían ido y no habían sido capaces de avisarle que lo harían. Tal vez pensaban que estaba demasiado jodido como para irse, y tenían razón, porque no pensaba abandonar ese maldito lugar, por lo menos no pronto.
{***}
No fue el frió viento lo que lo despertó, ni las hojas que caían sobre su rostro. Fue la dulce y encendida voz de una chica que trataba de despertarlo a su lado. 
— ¿Y tú quién eres? —pregunto enderezándose, posiblemente más exaltado de lo que debería. Pero era que normalmente no estaba acostumbrado a despertarse en un cementerio con una chica escandalosamente pelirroja a su lado.
— Oh, lo siento. Soy Mia. Estaba paseando por aquí y…
— ¿Qué? Espera, espera. —Le interrumpió— ¿estabas paseando? ¿En un cementerio? ¿A estas horas? ¡Tú sí que sabes divertirte! —soltó sarcástico.
— En realidad no es tan tarde. Son solo las ocho de la noche. —respondió esta sin quitar esa gran sonrisa que la había acompañado desde que había llegado al cementerio. 
Brian bufo algo exasperado. Solo las ocho de la noche, por supuesto.
— Además —continuo la chica— no estaba paseando, visitaba a mi hermana. —dijo para luego señalar una lápida que yacía justo al lado de la de su padre.
El chico no sabía que decir ante eso, y menos cuando se le pasó por la cabeza una idea más que descabellada. Miro a la pelirroja alarmado a lo que esta soltó una muy pequeña carcajada haciéndole fruncir el ceño a Brian.
— ¿De qué te reis? —cuestiono ya perdiendo la paciencia sin saber porque. 
Era obvio que ese no había sido su día y no estaba para aguantar a una niña perdida.
— Es que no puedo creer que pienses que soy un fantasma, te acabo de explicar que vine a visitar a mi hermana.
Y eso si había logrado asustarlo.
— Si no eres un fantasma, como… ¿Cómo sabias que yo pensaba que eras un fantasma? —Mia volvió a reír.
— Suelo venir casi todos los días a estas horas y a veces me encuentro con personas que creen exactamente lo mismo que tú. —explico. Brian solo pudo asentir como si no supiera hacer nada más. — ¿Qué hay de ti? ¿Qué haces aquí? —pregunto la chica tomando lugar a su lado.
Brian se sentó recto no porque quisiera darle espacio, él quería estar solo pero a la vez no, solo fuer cortes porque así era él… a veces. 
Se quedó pensando en su respuesta hasta que recordó porque estaba allí —era algo lento, eso no era una novedad— sintió entonces como su mundo se volvió a venir abajo. Recordó que estaba solo, que su padre lo había dejado por voluntad propia. Que nadie en ese maldito mundo lo quería, podían ser más de ocho billones de personas pero ni una de ellas lo quería. Como era posible que ni un mejor amigo tenía. Solía conformarse con su padre pero era obvio que ya no podría. 
—  Escavaba las tumbas y le robaba sus pertenecías a los muertos, ¿tú que crees colorada? —dije cruzando sus brazos bajo sus hombros y colocándose en posición para volver a dormirse.
— Creo que deberías calmarte y volver a casa.
Bueno, es que esa chica no podía cerrar la boca, ¿no? Casa, ¿Cuál casa? Vivían arriendados en un departamento de mala muerte y estaba seguro de que cuando volviera todas sus cosas —las pocas que tenían—, estarían esparcidas por toda la calle. Brian culpaba de todo a su madre, si le podía decir así. Cuando ella se fue se llevó todo lo que tenían dejándolos como lo que eran, una mierda, una completa mierda.
— ¡Claro! Como no se me había ocurrido antes. —escupió con especial sarcasmo. Brian era así, algo no muy agradable para las personas que solían rodearlo, en especial cuando no estaba de humor. Pero ya que importaba, ya no estaba su padre para que se quejara de él.
— Oh… no tienes a donde ir, ¿cierto? —el tono penoso que uso le molesto a Brian, tanto que se levantó y sin decirle nada camino hacia la salida.
—  ¡Oye, espera! —sintió unas pasos tras el— espera, discúlpame. No quise ser entrometida, solo...
— Pero lo eres. —Se volteo— Ahora, déjame en paz ¿sí? Mi vida no es de tu incumbencia así como la tuya no lo es para mí. Asimila eso.
Mia dejo de caminar. En su rostro se veía que la había herido, ¿Por qué? Si ni la conocía, eso le pasaba por ser demasiado buena con extraños.
— V-vale. Discúlpame, enserio. —Brian no dijo nada y retomo su camino.
No tenía ni mierda de idea a donde iría pero debía encontrar algún lugar urgente. Decidió volver a su departamento a comprobar si ya los habían echado, y era evidente. Pero aparte de eso, se tomó con la sorpresa de que los vecinos estaban dispuestos a acogerlo hasta el tiempo necesario, hasta que terminara la secundaria incluso. Le agradeció al cielo por aquello, tal vez no estaba tan abandonado como pensaba. 
{***}
Cuatro meses habían pasado desde que su padre decidió atentar contra su propia vida y dejarlo, solo cuatro meses pero ya entonces Brian no había cambiado nada. Lo que hubiese sido normal después de todo pero no. Seguía siendo el mismo chico callado que solo hablaba para soltar una que otra verdad disfrazada con sarcasmo. Aun así, había algo en su vida que si había cambiado, y es que tenía una nueva amiga, si es que podía decirle así a la colorada y extravagante Mia Monchare. 
Después del entierro había decidido no volver a visitar a su padre, si, estaba siendo estúpido porque le estaba guardando rencor. Pero no fue por mucho tiempo, a los cinco días de no volver a visitarlo lo estaba carcomiendo la culpa y nostalgia, tanto que salió corriendo en medio de la lluvia sin importarle que se refriaba, y duro más o menos una hora y media pidiéndole perdón por no haber ido a verlo en esos cinco días. Brian podía ser todo lo que quisiera, pero malo no, aunque lo intentara, su padre no había fallado en inculcarle buenos valores y amor, que hasta ese punto se llegó a cuestionar si había sido real o no.
Lo raro fue volver a encontrarse con aquella extraña chica de cabellos rojizos y darse cuenta de que aunque no tenían nada en común, ella no era tan mala compañía como parecía. Y no lo fue por un par de meses más. Casualmente se la volvió a encontrar todos los días que iba a visitar a su padre, tanto que llego a pensar en retomar la idea de que ella era un fantasma. Pero la volvió a descartar cuando le invito a su casa. 
Fue sin duda uno de los días más extraños de su vida. La familia de Mia eran peculiarmente extraños, y lo trataban como si lo conocieran de toda la vida. Le decían cosas como “cuida a mi bebita” “mi hermana si sabe elegir” “si le haces daño te mato” y otras trivialidades que no lograba entender. Eso de que era lento, era enserio y le toco un par de comentarios más prometedores darse cuenta de que ellos pensaban que salía con su hija. No pudo evitar mostrar su desconcierto ante eso, pero también le fue fácil dejarlo ir.
Tres meses y había descubierto más de la vida de Mia que de la suya misma. Desde su pasado más pasado, la causa de la muerte de Bárbara, su hermana, hasta lo que tenía planeado para el futuro. Y estaba seguro de que él también le había dejado ver más del de lo que alguna vez le soltó a alguien. Posiblemente ya era su mejor amiga y podría llamarla así, pero no se sentía como haciéndolo porque de un modo u otro, no la veía como eso. No sabía aun que significaba ella para él pero su mejor amiga no era, era más que eso. Era la chica que lo hacia reír cuando antes lo hacía tan poco, le ayudaba en los exámenes pasándole las respuestas, lo cubría cuando se metía en problemas y siempre estaba para el cuándo la necesitaba, siempre. Lo menos que él podía hacer era pagarle con lo mismo, y no le molestaba en lo absoluto hacerlo. 
{***}
Ese día Mia estaba en su casa —la de los vecinos para ser exactos—, tirada en su cama. Llevaba más o menos tres horas llorando. ¿Por qué? Por el amor, aquel maldito sentimiento que nos hace cometer estupideces y nos sube hasta las nubes para luego bajarnos de un tirón. Mientras que ella lloraba, Brian estaba acariciando su cabello tratando de no jalárselo por la impotencia. Se sentía inútil por no poder hacer nada, porque le advertido a su amiga, que el amor hacia esas cosas. Lastimaba y lastimaba a cualquier persona que decidiera aceptarlo en su vida. Pero ella no lo escucho, dijo que todos merecían amor y había una persona en el mundo para cada una, y no importaba si le durara la vida entera, ella iba a encontrar la suya. Y aunque le habían roto el corazón minutos antes, ella seguía pensando eso ¿Por qué? Él no lo sabía, debía estar loca supuso el. Idea que no era tan descabellada conociéndola.
Esa misma noche era el baile de graduación, Mia ya no tenía pareja. Y Brian nunca había encontrado. Decidieron ir juntos, como amigos, claro, solo como amigos. O eso pensaron hasta que estaban bajo los reflectores y la atmosfera romántica y mágica del baile. Brian jamás experimentado nada como eso, su estómago daba vuelcos cada que miraba a los ojos de su amiga. Su sonrisa le tranquilizaba de una manera que no había sentido desde que su madre se fue, y su tacto era tan cálido como una cobija en épocas  de invierno. Ella era lo único que necesitaba y él no sabía que esa misma afirmación estaba pasando por la cabeza de la chica. Que le miraba como si fuese su mundo y le brillaban los ojos cuando este sonreía. Claro que Mia seguía creyendo en el amor, lo hacía porque estaba enamorada, enamorada del chico retraído y pragmático que estaba frente suyo. Y esperaba con toda su alma que el pudiera sentir lo mismo. Y pensó en que tal vez podía hacerlo cuando el junto sus labios con los suyos, uniéndolos así como dos puzles que encajan a la perfección.
Esa noche Brian se dio cuenta de una cosa, siempre había una excepción. Para lo que fuera, incluso el amor y Mia, era su única excepción.
hola linda, lamento que no te deje la ficha obligatoria pero es que no tengo autorizado usar codes hasta dentro de 7 días. espero que me la aceptes aun así. saludos.
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por chanyeol. el Sáb 24 Mayo 2014, 1:56 pm

yo querer audicionar...
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 1:59 pm

@Jacky. escribió:

Nombre.

☦Representantes: George Henley & Steven R. McQueen.
☦Nombre de los personajes: Angelle (Blue) Adams & William (Will) Bloods
☦Rol: Pereza.
☦Capítulo de tu autoría: después de la ficha



Mentiras:

MENTIRAS


Mentir puede estropear tu vida


Prefacio



Cuando abres los ojos, normalmente todo se vuelve de color. Aunque antes estuviese todo negro. Aunque antes no hubiese por dónde cogerlo. Es la magia de abrir los ojos: que todo cambia. Con los ojos abiertos, lo que antes era inseguridad y miedo, ahora es seguridad y confianza. Como si el sentido de la vista, ver lo que nos rodea nos hiciesen todopoderosos. Como si saber que existe hiciese todo más fácil.
Ese no es mi caso.
Si tengo los ojos cerrados, no tengo que afrontar el mundo. Si lo hago, si abro los ojos, veo muchos más mirándome, clavándose en mí y exprimiéndome la vida y mi confianza. Es como si me dijesen: «¿Tú quién eres? ¿Qué tienes que contarnos?» Como si me dijesen que ellos son mejor que yo. Que soy miserable. Y si nuevamente los cierro, ya no están. Entonces, solo somos yo, la oscuridad y mi mundo. No noto que nada se pose en mí.
Pero no puedo estar eternamente con los ojos cerrados, ¿no? Yo una vez pensé que sí, pero no tardé en descubrirlo que esto no era así. Que todo lo que hacemos, cae sobre nosotros, como cuando tiramos una moneda al aire. Siempre vuelven, pero con más fuerza que antes, embistiendo sobre nosotros. ¿Y qué pasa cuando eres capaz de aguantar esa presión que hacen? Que lentamente te vas metiendo más en el pozo, hasta que no puedas soñar siquiera con salir, hasta que nadie te pueda oír. Hasta que no seamos más que polvo de estrellas.
Cuando estás así, ves en las sombras soluciones, cuerdas a las que agarrarte para subir y llegar a la superficie. Pero no ves que estas sólo te llevan al fondo. Que te hunde en tus escombros, te deshacen en fragmentos más minúsculos y matan a tu ya ensombrecido corazón.
Y no te queda más remedio que volver a cerrar los ojos.
Para no hundirme más, intenté reafirmar mi vida con mentiras, diferentes tipos de mentiras, las que resultaron ser un arma de doble filo. Acabé aislada, sola… y perdí realmente todo lo que tenía. Ellos pararon de creer de mí. Ambos salimos heridos, yo con esa ponzoña en la sangre que me quemaba como si fuese una droga y ellos con ese sentimiento de haberme perdido, a mí, a Eva, la que siempre fue tan honesta.
Es verdad que todo empezó mucho antes y a si se hubiesen dado cuenta de lo que me ocurría, del agujero negro en el que me estaba metiendo para no salir nunca, nunca me había convertido en una persona tan poco fidedigna. Todo fue una cadena de acontecimientos, una cadena de errores, una cadena condenada al fracaso.
Sucesos que se llevaron poco a poco mi vida, hasta dejarme en la nada más absoluta. Abiertos los ojos o cerrados, era igual, nada me esperaba. Mi estrella había desaparecido, dejando en su lugar un único halo de luz que se emancipaba poco a poco, como si se tratase de ese brillo fantasmal que deja una farola cuando se funde de noche.
Y todo por un día, que me preguntaron si había ido a París. Yo, que nunca lo había hecho, dije que sí, para no quedarme atrás que las demás chicas. Para no sentirme en un planeta tan lejano al de ellas. Para no sentirme ET entre los humanos.
Les conté que había ido hace cinco años con mi madre. Que había visto la torre Eiffel de noche y que, en ese momento, pasó una estrella fugaz. Me inventé un paisaje angelical, con los transeúntes pasando de la mano y los comerciantes vendiendo sus productos en la terraza y, nosotras, ahí sentadas, encima de la torre Eiffel. Dije que fue un momento maravilloso.
Pero era una completa mentira.
Aún así, no les fue difícil creerme. En ese entonces, yo era una completa desconocida, una don nadie cuya vida podía ser cualquiera. Digo ese entonces porque luego me fui empezando a ser más conocida. Y esa fama, primeramente buena, luego empezó a volverse oscura a medida que se descubrían mis embustes. Cómo me gustaría ahora volver atrás y cambiarlo todo. Decir simplemente: «yo no he ido a París y no creo que nunca vaya. No sé francés» Pero no lo hice, mentí, una mentira total, sin dejar un hueco de verdad.
Allí empezó todo.
Todo. Todo. Todo por esas miradas incrédulas, llenas de admiración.
Todo. Sin saber que lo único que debía estar haciendo era siendo yo misma. Pero eso es tan difícil, ¿no? Ser uno mismo. Necesitas ser valiente, arriesgarte a lo que piensen los demás sobre ti. Cerrar los ojos un momento e intentar esconderte en un maquillaje que se convierte en polvo poco a poco, lentamente, y dejando marcas imborrables para el resto de la vida. Unas marcas que los demás ven a simple vista.
Por las que te señalan con los dedos, diciendo: «es ella, es ella. Ella es la que hizo eso» Por las que bajas la vista y te ocultas en la oscuridad, en las sombras. Por las que cierras los ojos y esperas nunca tener que volver a abrirlos. Y lloras apretándote el rostro contra la almohada, y te giras y te preguntas por qué.
Pero tú ya sabes por qué. Y nunca, por más que lo desees lo podrás olvidar. Siempre tendrás que volver a abrir los ojos, vivir un día más y enfrentarte a lo que rodea, responsabilizándote de tus errores.
lo que queda:

Lo que queda


Sobre lo que queda, lo que no y lo que hace su falta.


*          *          *          *          *          *
El doctor Lawn camina hasta su puesto de trabajo. Es un hombre un poco atractivo, de relucientes ojos negros, barbilla fina y cuerpo esbelto. Cuando llega, su compañero, Doris Memphow, le da un saludo, acompañado de una sonrisa.
— ¡Buenos días, Lawn!
A esto, le responde con un escueto hola. El doctor Lawn no está de buen humor por las mañanas. Para ser sincero, nadie puede estar sonriente ni festivo dentro de ese oscuro edificio, excepto Memphow.
El doctor Lawn no sabe cómo se las ingenia para mantenerse con tal alegría siempre, rodeado de semejante paisaje. Si, de repente, entrase un extraño, este seguramente gritaría del miedo. Su puesto de trabajo está lleno de muestras de sangre, de batas corroídas y de herramientas de última generación. A lo lejos, puedes oír algún grito desesperado, el sonido de un martillo y los aporreos a la puerta detrás de la cual están las con las muestras para experimentar.
Si entrase alguien totalmente desconocido al proyecto y se acercase a estos recipientes, se pondría llorar. Los especimenes están apartados de ellos por unos barrotes de metal algo oxidado y sus jaulas hieden a muerte, a suciedad, a horror, a sufrimiento… En resumen, huelen a inhumanidad. Cientos de cuerpos humanos, arrancados de su casa, vestidos con una túnica de hospital. Personas, puede. Ahora mismo, simples ratas de laboratorio destinadas a un fin mayor; tal y como son tratadas, de tal manera que han acabado por perder la facultad de hablar. Tienen los músculos agarrotados y débiles. Su piel es de un enfermizo color amarillo verdoso.
Un día, el doctor Lawn fue ese extraño. Por suerte, ya se acostumbró a lo que pasa a su alrededor. O, si no, ha aprendido a cerrar los ojos y olvidarse de que todos son personas.
Lawn va junto a una jaula y coge un espécimen para poder continuar con su trabajo. Buscando a la víctima adecuada, se encuentra con los ojos verdes de una mujer. Enseguida, busca a otro.
Esos ojos son tan parecidos a los de su hija que no puede hacer más que intentar ignorarlo.
De todas formas, su hija debe estar ya muerta. Es una triste excusa, pero es la única que tiene Lawn para aligerarse la conciencia. Al menos en parte, porque no consigue deshacerse de que de eso el tiene algo de culpa. Sin embargo, se sigue repitiendo ese mantra:
Su hija, al igual que el resto de su familia, deben estar ya muerta, así que nunca la puede ver ahí, en un paisaje tan deshumanizante.
Entristecido, Lawn lleva al cuerpo manso y dejado hasta una ducha. Lo lava, pero no lo seca. Hoy le toca probar la resistencia de esas nuevas pastillas. Le da algunas y espera treinta minutos, aunque con veinte debía haber sido ya suficiente. Coge un cubo y lo llena un poco de agua. Con una esponja, le vuelve a humedecer los brazos.
El doctor Lawn antes no era malo. Ahora tampoco. Pero las cosas cambian. La forma de pensar se altera. En este nuevo presente, Lawn solo piensa en su supervivencia. ¿En qué si no? Ya no le queda nada más.
El hombre, protegido con unos guantes de goma, coge la pistola eléctrica. Comprueba que funciona y, en el nivel mínimo, acaricia con ellas las manos del espécimen.
Mimphow le ha avisado varias veces que no vaya tan lento, que no sea tan piadoso ni tan perfeccionista; sea lo que sea lo que intente. Si va más rápido hará más experimentos y, así, él no tendrá nunca que cruzar el cristal y pasar al otro lado.
Encerrarse en una jaula. Lawn tiembla en solo pensar en eso.
No obstante, eso no hace que el doctor Lawn cambie su forma de actuar. Simplemente, no puede. No se puede olvidar de lo que está delante de él, ese «experimento» es humano. Como él. Podía ser él.
Lawn comprueba que en el nivel uno no le hace daño para nada. Entonces, aumenta el nivel.
El doctor Lawn vuelve ha preguntarse para qué será todo esto. ¿Para qué necesitan tanto sufrimiento?
— No te muevas —le susurra, a pesar de que sabe que su cobaya hace tiempo perdió su capacidad de comunicarse.
Lawn vuelve a aumentar el nivel. Está casi al límite. Esta vez, tiene un mal presentimiento.
Le frota con el arma las yemas de los dedos y la palma; las muñecas. El doctor Lawn cierra con fuerza los suyos. No quiere encontrarse con los de su victima, aunque sabe que ahora están blancos.
Escribe en el papel hasta dónde aguantó la resistencia eléctrica de las pastillas. Luego le da las palmaditas en la espalda al muerto.
— Lo has hecho muy bien —y de nuevo, sabe que este no podrá escucharle. No solo porque haya perdido su facultad de comunicación, sino porque ahora ya lo ha perdido todo, no solo su humanidad. También su vida.
Lawn lleva al cuerpo con los demás que perecieron. Se contiene las lágrimas, pero hace tiempo que no le cuesta tanto. Se había prometido llorar en el mismo día que entró en ese infernal laboratorio, que parecía sacado de Franfestein. El doctor Lawn no recuerda haber tenido tantas ganas de llorar por un paciente.
Se está haciendo débil, además de viejo, decide. Se acerca a su libreta y mira lo que le toca ahora. Resistencia ígnea ganada con las pastillas. Tiene que volver a la jaula, pero le da miedo volver a encontrarse con esos ojos que se parecen tanto a los de su hija…
Muchas veces, Lawn piensa en cuánto le gustaría morir de una vez. Para siempre. Otras, piensa en escaparse y en unirse a la gente del bosque. El doctor nunca ha entendido de todo qué son, pero, de todas formas, tampoco para qué ellos tienen que crear superhombres.
Doris Mimphow deja otro cuerpo, verdaderamente chamuscado, al lado del suyo.
— Lawn, ya me he ocupado de la resistencia ígnea. Aguanta hasta el nivel doce —le explica, y luego se vuelve a su puesto de trabajo silbando.
Al doctor Lawn le revuelven las tripas. ¿Es que la humanidad se ha perdido de todo?
Audición Aceptada.

Paja, pero bueno, tienes muy lindos escritos, escribes, perfecto! :D, tu ficha esta aceptada.!, 
Estar participando, Suerte Linda.!
Invitado



Invitado

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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 2:01 pm

santorski. escribió:
Morley Mayne.
☦Representantes: S.R||A.T.
☦Nombre de los personajes: Morley Mayne||Bender Bones.
☦Rol: ira.
☦Capítulo de tu autoría: 
one shot.:
Las gotas de lluvia caían por su rostro, confundiéndose así con sus lágrimas mientras que “Wake me up when september ends” de Green Day resonaba en sus oídos. Jamás le habían gustado los funerales, puede que su vida se resumiera en funeral tras funeral, pero eso no significaba que debía acostumbrarse alguna vez a ello. Jamás se le dio tiempo para eso, así como tampoco se le dio para asimilar que algún día tendría que asistir al de su padre. Mucho menos tan pronto.
Se le llego a pasar por la cabeza que ya le era imposible llorar más, pero si lo fue, lo fue en cuanto los recuerdos lo inundaron. Cuando la imagen de su padre tan débil y roto volvió a reflejarse en su mente como si ya no estuviese sufriendo lo suficiente. De chico lo había visto llorar y maldecir al aire, mientras que su madre prometía que jamás se olvidaría de ellos y abandonada la casa para no volver jamás. Ese fue el día en el que Brian prometió no darle ni el mínimo chance al amor, porque se había dado cuenta de que no existía. Y lo único que pudo hacer a través de los años era llegar a pensar que su padre era fuerte y lo había superado como lo hacían la mayoría de hombres y mujeres que perdían a sus parejas. No se dio cuenta de que su corazón roto jamás logro arreglarse hasta que lo encontró en el suelo de la habitación con un cuchillo en su mano y el brazo contrario rasgado. 
Brian sorbió por la nariz, las lágrimas no cesaban y los recuerdos solo evitaban que lo hicieran. ¿Por qué su padre no fue fuerte? ¿Por qué se dejó vencer después de tantos años? ¿Por qué no fue aquella mujer que se decía llamar su madre la que murió? Se preguntaba, y lejos de ayudarse, se atormentaba a sí mismo. Por qué… ¿Por qué no fue fuerte por él? ¿Qué iba a ser de él ahora? Solo era un crio de dieciséis años, en toda su vida no tuvo a nadie más que a su padre… y ahora no tenía a nadie, absolutamente a nadie. Miro a su alrededor, dos familias vecinas, un par de compañeros de trabajo de su padre y el reverendo, eran los únicos que ocupaban el cementerio, aparte de él. 
La lluvia no paraba y él ya quería desesperadamente dejar de llorar. No quería seguir sintiendo que le faltaba el aire, que cada vez que cerrara la boca iba a ahogarse. Quería apartar ese dolor en su pecho, esa soledad que desde que le dieron la noticia, lo había atrapado y no quería dejarlo. Quería, no, necesitaba que el dolor parara. Necesitaba a su padre, necesitaba a alguien, un abrazo, un “todo estará bien”, lo que fuera, pero necesitaba dejar de sentirse tan solo.
Le tomo un momento asimilar que ya no había nadie en el cementerio. Se habían ido y no habían sido capaces de avisarle que lo harían. Tal vez pensaban que estaba demasiado jodido como para irse, y tenían razón, porque no pensaba abandonar ese maldito lugar, por lo menos no pronto.
{***}
No fue el frió viento lo que lo despertó, ni las hojas que caían sobre su rostro. Fue la dulce y encendida voz de una chica que trataba de despertarlo a su lado. 
— ¿Y tú quién eres? —pregunto enderezándose, posiblemente más exaltado de lo que debería. Pero era que normalmente no estaba acostumbrado a despertarse en un cementerio con una chica escandalosamente pelirroja a su lado.
— Oh, lo siento. Soy Mia. Estaba paseando por aquí y…
— ¿Qué? Espera, espera. —Le interrumpió— ¿estabas paseando? ¿En un cementerio? ¿A estas horas? ¡Tú sí que sabes divertirte! —soltó sarcástico.
— En realidad no es tan tarde. Son solo las ocho de la noche. —respondió esta sin quitar esa gran sonrisa que la había acompañado desde que había llegado al cementerio. 
Brian bufo algo exasperado. Solo las ocho de la noche, por supuesto.
— Además —continuo la chica— no estaba paseando, visitaba a mi hermana. —dijo para luego señalar una lápida que yacía justo al lado de la de su padre.
El chico no sabía que decir ante eso, y menos cuando se le pasó por la cabeza una idea más que descabellada. Miro a la pelirroja alarmado a lo que esta soltó una muy pequeña carcajada haciéndole fruncir el ceño a Brian.
— ¿De qué te reis? —cuestiono ya perdiendo la paciencia sin saber porque. 
Era obvio que ese no había sido su día y no estaba para aguantar a una niña perdida.
— Es que no puedo creer que pienses que soy un fantasma, te acabo de explicar que vine a visitar a mi hermana.
Y eso si había logrado asustarlo.
— Si no eres un fantasma, como… ¿Cómo sabias que yo pensaba que eras un fantasma? —Mia volvió a reír.
— Suelo venir casi todos los días a estas horas y a veces me encuentro con personas que creen exactamente lo mismo que tú. —explico. Brian solo pudo asentir como si no supiera hacer nada más. — ¿Qué hay de ti? ¿Qué haces aquí? —pregunto la chica tomando lugar a su lado.
Brian se sentó recto no porque quisiera darle espacio, él quería estar solo pero a la vez no, solo fuer cortes porque así era él… a veces. 
Se quedó pensando en su respuesta hasta que recordó porque estaba allí —era algo lento, eso no era una novedad— sintió entonces como su mundo se volvió a venir abajo. Recordó que estaba solo, que su padre lo había dejado por voluntad propia. Que nadie en ese maldito mundo lo quería, podían ser más de ocho billones de personas pero ni una de ellas lo quería. Como era posible que ni un mejor amigo tenía. Solía conformarse con su padre pero era obvio que ya no podría. 
—  Escavaba las tumbas y le robaba sus pertenecías a los muertos, ¿tú que crees colorada? —dije cruzando sus brazos bajo sus hombros y colocándose en posición para volver a dormirse.
— Creo que deberías calmarte y volver a casa.
Bueno, es que esa chica no podía cerrar la boca, ¿no? Casa, ¿Cuál casa? Vivían arriendados en un departamento de mala muerte y estaba seguro de que cuando volviera todas sus cosas —las pocas que tenían—, estarían esparcidas por toda la calle. Brian culpaba de todo a su madre, si le podía decir así. Cuando ella se fue se llevó todo lo que tenían dejándolos como lo que eran, una mierda, una completa mierda.
— ¡Claro! Como no se me había ocurrido antes. —escupió con especial sarcasmo. Brian era así, algo no muy agradable para las personas que solían rodearlo, en especial cuando no estaba de humor. Pero ya que importaba, ya no estaba su padre para que se quejara de él.
— Oh… no tienes a donde ir, ¿cierto? —el tono penoso que uso le molesto a Brian, tanto que se levantó y sin decirle nada camino hacia la salida.
—  ¡Oye, espera! —sintió unas pasos tras el— espera, discúlpame. No quise ser entrometida, solo...
— Pero lo eres. —Se volteo— Ahora, déjame en paz ¿sí? Mi vida no es de tu incumbencia así como la tuya no lo es para mí. Asimila eso.
Mia dejo de caminar. En su rostro se veía que la había herido, ¿Por qué? Si ni la conocía, eso le pasaba por ser demasiado buena con extraños.
— V-vale. Discúlpame, enserio. —Brian no dijo nada y retomo su camino.
No tenía ni mierda de idea a donde iría pero debía encontrar algún lugar urgente. Decidió volver a su departamento a comprobar si ya los habían echado, y era evidente. Pero aparte de eso, se tomó con la sorpresa de que los vecinos estaban dispuestos a acogerlo hasta el tiempo necesario, hasta que terminara la secundaria incluso. Le agradeció al cielo por aquello, tal vez no estaba tan abandonado como pensaba. 
{***}
Cuatro meses habían pasado desde que su padre decidió atentar contra su propia vida y dejarlo, solo cuatro meses pero ya entonces Brian no había cambiado nada. Lo que hubiese sido normal después de todo pero no. Seguía siendo el mismo chico callado que solo hablaba para soltar una que otra verdad disfrazada con sarcasmo. Aun así, había algo en su vida que si había cambiado, y es que tenía una nueva amiga, si es que podía decirle así a la colorada y extravagante Mia Monchare. 
Después del entierro había decidido no volver a visitar a su padre, si, estaba siendo estúpido porque le estaba guardando rencor. Pero no fue por mucho tiempo, a los cinco días de no volver a visitarlo lo estaba carcomiendo la culpa y nostalgia, tanto que salió corriendo en medio de la lluvia sin importarle que se refriaba, y duro más o menos una hora y media pidiéndole perdón por no haber ido a verlo en esos cinco días. Brian podía ser todo lo que quisiera, pero malo no, aunque lo intentara, su padre no había fallado en inculcarle buenos valores y amor, que hasta ese punto se llegó a cuestionar si había sido real o no.
Lo raro fue volver a encontrarse con aquella extraña chica de cabellos rojizos y darse cuenta de que aunque no tenían nada en común, ella no era tan mala compañía como parecía. Y no lo fue por un par de meses más. Casualmente se la volvió a encontrar todos los días que iba a visitar a su padre, tanto que llego a pensar en retomar la idea de que ella era un fantasma. Pero la volvió a descartar cuando le invito a su casa. 
Fue sin duda uno de los días más extraños de su vida. La familia de Mia eran peculiarmente extraños, y lo trataban como si lo conocieran de toda la vida. Le decían cosas como “cuida a mi bebita” “mi hermana si sabe elegir” “si le haces daño te mato” y otras trivialidades que no lograba entender. Eso de que era lento, era enserio y le toco un par de comentarios más prometedores darse cuenta de que ellos pensaban que salía con su hija. No pudo evitar mostrar su desconcierto ante eso, pero también le fue fácil dejarlo ir.
Tres meses y había descubierto más de la vida de Mia que de la suya misma. Desde su pasado más pasado, la causa de la muerte de Bárbara, su hermana, hasta lo que tenía planeado para el futuro. Y estaba seguro de que él también le había dejado ver más del de lo que alguna vez le soltó a alguien. Posiblemente ya era su mejor amiga y podría llamarla así, pero no se sentía como haciéndolo porque de un modo u otro, no la veía como eso. No sabía aun que significaba ella para él pero su mejor amiga no era, era más que eso. Era la chica que lo hacia reír cuando antes lo hacía tan poco, le ayudaba en los exámenes pasándole las respuestas, lo cubría cuando se metía en problemas y siempre estaba para el cuándo la necesitaba, siempre. Lo menos que él podía hacer era pagarle con lo mismo, y no le molestaba en lo absoluto hacerlo. 
{***}
Ese día Mia estaba en su casa —la de los vecinos para ser exactos—, tirada en su cama. Llevaba más o menos tres horas llorando. ¿Por qué? Por el amor, aquel maldito sentimiento que nos hace cometer estupideces y nos sube hasta las nubes para luego bajarnos de un tirón. Mientras que ella lloraba, Brian estaba acariciando su cabello tratando de no jalárselo por la impotencia. Se sentía inútil por no poder hacer nada, porque le advertido a su amiga, que el amor hacia esas cosas. Lastimaba y lastimaba a cualquier persona que decidiera aceptarlo en su vida. Pero ella no lo escucho, dijo que todos merecían amor y había una persona en el mundo para cada una, y no importaba si le durara la vida entera, ella iba a encontrar la suya. Y aunque le habían roto el corazón minutos antes, ella seguía pensando eso ¿Por qué? Él no lo sabía, debía estar loca supuso el. Idea que no era tan descabellada conociéndola.
Esa misma noche era el baile de graduación, Mia ya no tenía pareja. Y Brian nunca había encontrado. Decidieron ir juntos, como amigos, claro, solo como amigos. O eso pensaron hasta que estaban bajo los reflectores y la atmosfera romántica y mágica del baile. Brian jamás experimentado nada como eso, su estómago daba vuelcos cada que miraba a los ojos de su amiga. Su sonrisa le tranquilizaba de una manera que no había sentido desde que su madre se fue, y su tacto era tan cálido como una cobija en épocas  de invierno. Ella era lo único que necesitaba y él no sabía que esa misma afirmación estaba pasando por la cabeza de la chica. Que le miraba como si fuese su mundo y le brillaban los ojos cuando este sonreía. Claro que Mia seguía creyendo en el amor, lo hacía porque estaba enamorada, enamorada del chico retraído y pragmático que estaba frente suyo. Y esperaba con toda su alma que el pudiera sentir lo mismo. Y pensó en que tal vez podía hacerlo cuando el junto sus labios con los suyos, uniéndolos así como dos puzles que encajan a la perfección.
Esa noche Brian se dio cuenta de una cosa, siempre había una excepción. Para lo que fuera, incluso el amor y Mia, era su única excepción.
hola linda, lamento que no te deje la ficha obligatoria pero es que no tengo autorizado usar codes hasta dentro de 7 días. espero que me la aceptes aun así. saludos.
Audición Aceptada.

Como dije, hoy es mi día de tener paja xD, bueno el vamos al grano, escribes hermoso, y no importa, te entiendo, pero la cosa que tu ficha esta más que aceptada.!.
Suerte Linda, estas audicionando!
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 2:04 pm

Paja citar:
Westlife.: Okey espero tu ficha  
Fernanda Aleman :*: Okey espero tu ficha con ansias, el gif, te juro que mi hermano es así cuando pierdo contra el, ... 
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 2:22 pm

Audicionen  
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por chanyeol. el Sáb 24 Mayo 2014, 2:23 pm



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Beth Smith.

☦Representantes: Acacia Clark and Bradley Simpson
☦Nombre de los personajes: América Bethany Smith Edwards and Thomas Bradley Stuart Millan.
☦Rol: Envidia
☦Capítulo de tu autoría:
capítulo uno. preciosas. n.c:

Happiness Jones



" — Tú nunca volverás a ser cómo antes, ¿Cierto? — le dije con lágrimas en los ojos. No le quedó de otra, más que estirar más mi cabello hacia él.
— No me importa lo que digas, tu madre murió por tú culpa — mi corazón latió rápido. Jamás había mencionado la muerte de mi madre.
Sentí que el coraje corría por mis venas. ¡Quería golpearlo! ¡Quería golpear a mi intento de padre!"




El sudor corría por mi cuello, frente, brazos, y por la mayoría de las partes de mi cuerpo. Miré el reloj despertador, eran las seis treinta, tenía tiempo para darme una ducha, desayunar, e ir a pie a la preparatoria.

Ya en el baño, abrí la llave de agua caliente, hasta que salió ardiendo, para después regularla con el agua fría.
Entré en la lluvia artificial, y mis músculos se relajaron.

Cuando las gotas caían por los moretones que mi "padre" había hecho en mis brazos, dolían, pero nada se igualaba al dolor de mi corazón, cuando mi madre murió, y mi hermano huyó de casa.


Minutos después, salí con una toalla atada a mi cuerpo, y una silueta se asomaba por la ventana.

— Sal de ahí, Mike. — susurré para no despertar a mi padre, quién dormía en la siguiente habitación. El chico de cabello ahora verde, salió de su escondite, para después mirarme con lástima.

— Hola, Happy. — saludó con ojos tristes. Michael es mi mejor amigo, él sabía todo acerca de la actitud de mi padre.

Varias veces ya me había dicho que lo denunciara; que él me ayudaría, pero no es tan simple.
— Gracias por estar aquí, pero, necesito vestirme, Mikey. — un sonrojo apareció en el rostro del chico y salió por donde había entrado; la ventana, gritándome un "te quiero"

Fuí a mí vestidor, tomé una blusa de manga tres cuartos color negro, para que cubriera mis brazos moretonados; unos jeans entallados y rasgados de color negro, unas converse blanco y tomé unas gafas de sol, cubriéndo una pequeña herida que sobresalía del rabillo de mis ojos.

Salí cuidadosamente de mi habitación, corrí a la cocina y tomé una botella de jugo de naranja, y un paquete de galletas de chocolate, para compartirlas entre Michael y yo.

Corrí hacia al puerta principal y fuí en busca de mi amigo, para ir a la preparatoria. Mi lugar seguro.



[***]



Mikey, Anabelle, Niall y yo, hablábamos animadamente, diciéndo tonterías sin parar. No éramos los más populares, pero, ciertamente, eso no nos importaba del todo.

Abrí mi casillero, para guardar mis libros, y algo cayó al suelo.

Era un pedazo de papel, una simple hoja de libreta, que decía: "Quizá sea mi misión ser el único que esté aquí para apoyarte, estarás bien, lo sé." Una sonrisa se formó en mi boca involuntariamente.

Al instante pensé que Ashton la había enviado, pero no era su letra, a parte, él me lo diría directamente, no por medio de la caligrafía.

Guardé aquél trozo de papel de libreta de vuelta en el casillero, y corrí al salón de la profesora Rain, quién nos hablaría de psicología y eso, aburriéndonos con temas cómo el auto-estima y la importancia de la salud.

— ¡Jones! — el grito masculino de Liam, interrumpió mi camino.
— ¿Qué pasa, Payne?
— Me han pedido que te de ésto. — extendió una pequeña carta hacia mí, con el sello y firma de la señorita Rain.

Mi cara palideció. Ella quería que fuera a sus clases extendidas. ¡Mi padre me mataría esta vez en serio!

— ¿Estás bien, Happy? — asentí con mi cabeza, él se alejó y comencé a pensar. Mi dios, si mi padre no me había asesinado ya, era porque siempre lo obedecía, pero ahora, no aceptará que su hija esté "loca". No estoy loca, ¿o sí? Necesito hablar con Stephen... Mis ojos comenzaron a agüarse, no podía llegar a casa y permitir que mi padre me golpeara hasta morir. Simplemente no podía.


"Querido Dios, conviérteme en pájaro, para poder salir volando de aquí"
one shot. larry stylison:

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One Shot: Larry Stylison.

“Everything Has Changed Between Us”
Prólogo


 

Entonces, Louis miró sus ojos, aquellos ojos verdosos que brillaban bajo la luz de la luna. Los vió, porque era la última vez que los vería de aquella manera.
Era verdad todo lo que pensaban aquellas chicas que deseaban que estuvieran juntos, era verdad, que ellos se amaban profundamente, era verdad, que Modest! Magnament no los dejaba estar juntos, todo era verdad, menos la supuesta relación de Louis con Eleanor Calder, su “novia contratro”


Harry se movió bajo las sábanas que cubrían su cuerpo desnudo, y Louis, tomó la decisión de irse de aquella casa, que sólo le traía buenos y maravillosos momentos, que se había propuesto olvidar.

¿Qué pasaba con el Louis Tomlinson caza-novas, aquél que amaba salir con las chicas? Éra irreconocible éste Tomlinson enamorado de su mejor amigo. De Harry Styles, su compañero de banda.

     ¿Qué pasa, Lou? – preguntó el ruloso, viéndolo tomar el pestillo de la puerta de la habitación.

     Pasa, qué, querido Harry, debo partir. — el ojiverde sonrió y le susurró:

     Bien, nos vemos mañana, BooBear. – el ojiceleste negó triste con la cabeza.

     No, Harry, no habrá un mañana para nosotros

     ¿Qué dices?

     Que… ya no podemos vernos, Hazz. – los ojos esmeralda del ruloso se cristalizaron. Esto era lo que más temía; que Louis se alejara de él

     Tienes miedo, ¿cierto?, tienes miedo de lo que los demás digan, ¿cierto?– Louis comenzó a negar con la cabeza, y las lágrimas caían por sus ojos

     No, Harry, no es eso, Hazz

     Es eso, Louis, no lo nieges, ¿sí?

     Jamás lo negaría, HazzaBear, y ¿sabes por qué?– el ruloso negó con su cabeza, secando las lágrimas de sus ojos. — Porque te amo…

one shot. larry stylison. cap1:

Capítulo uno; parte uno.
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— ¿Qué es lo que harás, Louis? No puedes dejar la banda. –el rubio amigo de Louis se encontraba en el nuevo departamento de éste, comiendo plácidamente una galleta con chispas de chocolate

— Lo sé, pero, puedo tomar unas vacaciónes... no será mucho, unos tres meses quizá. – Niall comenzó a negar levemente con su cabeza.

— No puedes dejarnos así, mucho menos a Harry; son amigos de toda la vida. – la sonrisa de Louis se ensanchó. "Amigos" ellos eran mucho más que amigos.

— Harry lo entenderá, lo sé, lo conozco demasiado bien

— Y ¿a dónde irás? ¿Puedo recomendarte irlanda? hay comida muy buena ahí...

— Niall, amigo, perdón si rompo tus ilusiónes, pero, Irlanda está demasiado cerca de todos... no podría estar cerca de Modest! o de ustedes...

— ¡De nosotros! ¿Quieres tomar un descanso de nosotros? – Louis comenzó a reír, su amigo se había puesto de un color rojizo adorable, ¿cómo ese rubio era adorable en un momento cómo estos?

— No, Niall, tomaré un descanso de ésto de la fama... quizá visite Chile, Argentina, Rusia... no tengo idea... ¿Sabes si Ashton podría alojarme con su tía?, quizá Michael o Calum me acepten en sus departamentos... no sé, algo encontraré...

— Pues... te deseo suerte, hermano... ¿Tienes mi número de teléfono, cierto? – Louis asintió, mientras tomaba sus cosas para partir a su hogar, dónde acomodaría todas y cada una de sus maletas, para viajar al día siguiente, al lugar que él deseara.
Pasar tiempo lejos de Harry le afectaría mucho. Definitivamente extrañaría acariciar sus rulos por la madrugada, o susurrarle un "te quiero" cada mañana... en fin, extrañaría a Harry.


(***)


Había despertado a las cinco de la mañana, sabiendo que todo marcharía bien, sabiendo que su vjaje sería un largo descanso para él. ¿Por qué se estaba alejando del amor de su vida? ¿Y si Harry tenía razón? ¿Se estaba alejando por que tenía miedo
?
Louis frunció el ceño, estaba haciéndo las cosas mal... ¡Si trataba de olvidarse de Harry, realmente tenía que hacerlo, y no recordarlo cada cinco minutos!, pero, ¡Qué va! No podría olvidar su aroma, sus besos, sus caricias, sus "te quiero", ¡nada!, ¡no lo haría así!, pero, ya no había marcha atrás...
Acababa de aterrizar en Australia... Sydney, Australia; demasiado tarde para regresar de nuevo a Londres... regresar a Harry, principalmente.



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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

Mensaje por Invitado el Sáb 24 Mayo 2014, 3:04 pm

mierda, ame la idea, quiero ir por la lujuria, no eh leido absolutamente nada y ya me enamore de la idea c:
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Re: Los pecados capitales.|NC| Inscripciones Abiertas

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