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cuento de invierno. | resultados.

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Re: cuento de invierno. | resultados.

Mensaje por .::AbyDeHoran::. el Sáb 17 Mayo 2014, 3:43 pm

Hola Izzy, Soy Gabriela pero dime Aby, tengo 15 años && bueno me gusto tu idea y todo eso asi que voy a audicionar.
 
Yo que que quieres abrir este spoiler!:

Para ver al sexy...:

...de Hunter!! LOL:
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Re: cuento de invierno. | resultados.

Mensaje por michael. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:13 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Hola Izzy, Soy Gabriela pero dime Aby, tengo 15 años && bueno me gusto tu idea y todo eso asi que voy a audicionar.
 
Yo que que quieres abrir este spoiler!:

Para ver al sexy...:

...de Hunter!! LOL:
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hunter.   hunter everywhere.
me alegra que te gustara ccc: espero tu ficha
bai.
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Re: cuento de invierno. | resultados.

Mensaje por michael. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:35 pm

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Re: cuento de invierno. | resultados.

Mensaje por hood. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:35 pm

sigo sin saber a quien usar ):
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Re: cuento de invierno. | resultados.

Mensaje por PARACETAMOL el Sáb 17 Mayo 2014, 4:35 pm

Petra. || Javaad.
 



reservados: Ash Stymest; Selena Gomez.
nombres de tus pj's: Javaad Devile; Petra Paul.
rol: Modelo; Corazón roto. |?|
escrito de tu autoría:
Spoiler:
El funeral había comenzado bien.
La gente iba arreglada, seria y con ramos de violetas que, según Jade, eran las flores preferidas de Anabette.
En realidad, nadie se quedó al lado del muchacho cuando la caja se hundió en la tierra ni cuando los padres de su novia hablaron palabras desconsoladas a los invitados. Se quedó aislado en todo momento, casi lamentándose de la estúpida idea de haber querido siquiera aparecerse. Pero pensó que había sido lo mejor, sin embargo. Era la última vez, quizá, que volvería a ver a sus ya-no-suegros y tenía que parecer un buen ya-no-novio frente a la familia atormentada de Anabette, que en sí no se percataron en ningún momento de su presencia.                                                                                                    
Jade Cox era un chico alto e idiota. Un troglodita de cabello rizado y ojos verdes que no decía nunca lo que pensaba y que cuando tenía ganas de llorar no lloraba. En especial cuando tenía ganas de llorar por cosas importantes, lo cual casi nunca pasaba pues Jade podía llegar a ser un adolescente con la cabeza llena de frivolidades.
Se podría decir que después de que conoció a Anabette su cabeza se llenó sólo de ella. De su risa, de su pelo, de sus ojos, de su boca y de las palabras tan sencillas y dulces que expulsaba. Aunque su novia jamás haya sido una chica tan hermosa como él solía pensar, sí que era la amabilidad personificada. Su risa, que era áspera, sonaba como viento chocando contra la ventana. Sus ojos, que eran pequeños y cafés, parecían enormes y majestuosamente avellanados cuando él la tenía cerca.                                                                                            
Al fin y al cabo, lo único que Jade necesitaba era tenerla cerca. No necesitaba besarla, abrazarla ni tocarla para sentirla suya, siempre lo había sabido. Temía ahora, por supuesto, que nunca se lo haya hecho saber a ella, que murió de una manera tan rápida y tan injustamente poco amable que al chico le costó cada parte.
Tal vez ni siquiera lo había superado del todo, ni siquiera lo más mínimo.  
Quizá todavía no había superado esos ojos pequeños y cafés, ese pelo rubio tan descuidado ni esa risa grosera y ruidosa que jamás sonó como viento chocando contra una ventana.                                                                                          
–Ella era un ángel –el susurro que resonó en la oreja del chico estaba al borde de la desesperación.
Jade se despegó del muro y miró a la madre de Anabette a los ojos. Le costó mucho tratar de llorar como lo hacía ella, pero después de varios segundos los dos se abrazaron obligadamente y Jade sintió a su nariz arder y a sus ojos inundarse.
De verdad que se le dificultaba llorar cuando se sentía presionado. No era que recordar que ahora ya no tendría a Anabette a su lado no lo pusiera terriblemente nostálgico, pero tenía frente a él a la madre de su difunta novia, llorando a mares, lo que era una especie de presión para llorar. Y las lágrimas no salían así de fácil, no importaba lo triste de la situación.
–Cuando Anabette era pequeña –comenzó a contarle la mujer como si de su vida dependiera, como si Jade hubiera hecho una especie de señal para que ella se quedara ahí junto a él para hablarle–, solía despertarse llorando en las noches de tormenta.                                                                                                    
La madre rompió en un llanto y, a la misma vez, en una risa contenida mientras sostenía la mano del chico, el cual estaba comenzando a llorar de verdad.
–En realidad, solía llorar casi todas las noches –agregó con una sonrisa mojada de lágrimas saladas.
El llanto silencioso del muchacho le sirvió a ella como respuesta alentadora para seguir hablando.
–Entonces yo me levantaba e iba hasta su habitación –ahora la señora no lo miraba a él, observaba mientras hablaba el muro detrás de Jade–. Y le cantaba. Oh, le cantaba cualquier cosa. Desde canciones de cuna hasta las de aquel artista joven que estaba de moda en esos tiempos.                                                              
La mujer bajó los ojos y se rio de su pequeño chiste personal.                                                  
–Cuando yo regresaba a la cama –prosiguió-, Anabette se ponía a cantar por sí sola, ¿sabes? –Se cortó para llorar un poco–. Cantaba y lloraba, era tan pequeña que odiaba la oscuridad.
Jade abrió la boca, hubiera querido agregar que Anabette aún le temía a la oscuridad, confundiéndose de repente con una charla común entre la madre de su novia y él, como si Anabette estuviera por ahí todavía viva.                                  
–Creo que aún la escucho cantar –dijo con un tono abrumador la mujer, sacudiendo su cabeza y observando a las personas que estaban alrededor, abrazándose y hablando enfrente de la foto de Anabette–. Como si de alguna manera me llamara, diciéndome que todavía está viva.  
–Señora –habló por primera vez Jade, y le ardió la garganta.                                                
La madre de Anabette no levantó la vista y empezó a llorar de nuevo. Entonces giró con tanta dificultad sobre sus talones que pareció que se caería de espaldas. Colocó un pie enfrente del otro y empezó a caminar y a alejarse de ahí, regresando con su esposo.
El chico la miró alejarse con los ojos cansados, con los brazos caídos a cada lado de sus dos larguiruchas piernas y con la garganta ardiéndole. Le habían dado ganas de llorar y, por primera vez en toda una semana, comenzó a hacerlo.
–Una vez te dije que sin ti no podría vivir –habló el muchacho completamente fuera de sí, con la voz rasgada y solo–. Nena, juro que se me está haciendo difícil tratar de sobrevivir ahora.                                                                                        
Se sentó con la espalda apoyada en la pared y se sostuvo del cabello mientras lloraba a lágrima viva, con tanta pasión y enojo por no haberlo intentado antes y con una felicidad por estar llorando tan limpiamente ahora: sin ningún miedo y con unas ganas de morir irrevocables.                                                                            
Jade Cox sabía que no era el mejor momento para ponerse a pensar, pues sabía que interrumpiría su sufrimiento aguantado por tanto tiempo; pero la idea de que su llanto no fuera más por la muerte de Anabette, sino por él mismo y la soledad que lo inundaría de ese momento a siempre, lo hizo parar.  



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Mensaje por ceonella. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:38 pm

puedo jurarte que amé la idea, me encanto demasiado y espero no llegar tarde para dejar una audición. dada aunque sé que no quedaré voy a dejar mi ficha bc esto es perfecto, i hate you cause you make this perfect, ah. well, soy camille, y eso, ahora te dejo todo, saludos<3.

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Mensaje por .::AbyDeHoran::. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:40 pm

connor. escribió:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Hola Izzy, Soy Gabriela pero dime Aby, tengo 15 años && bueno me gusto tu idea y todo eso asi que voy a audicionar.
 
Yo que que quieres abrir este spoiler!:

Para ver al sexy...:

...de Hunter!! LOL:
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me alegra que te gustara ccc: espero tu ficha
bai.
      
Una pregunta en donde dice "Corazon roto"....lo dejo asi o ¿que?
En cuanto solucione el problema de las imagenes posteo la ficha
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Mensaje por michael. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:44 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:sigo sin saber a quien usar ):

tristan *****. idk, amo a ése chico. pero, ah, ignórame; quizá no te gusten*****y yo aquí diciendo pavadas ;-;
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Mensaje por hood. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:45 pm

connor. escribió:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:sigo sin saber a quien usar ):

tristan **** idk, amo a ése chico. pero, ah, ignórame; quizá no te gusten the vamps y yo aquí diciendo pavadas ;-;
ah le editaba el comentario bno
SI BB LO AMO MI VIDA ):
pero creo que voy a usar a james idk skjadh
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Mensaje por hood. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:46 pm

la mina no superaba que fueran conocidos viste
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Mensaje por michael. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:52 pm

samuel. escribió:
Petra. || Javaad.
 
reservados: Ash Stymest; Selena Gomez.
nombres de tus pj's: Javaad Devile; Petra Paul.
rol: Modelo; Corazón roto. |?|
escrito de tu autoría:
Spoiler:
El funeral había comenzado bien.
La gente iba arreglada, seria y con ramos de violetas que, según Jade, eran las flores preferidas de Anabette.
En realidad, nadie se quedó al lado del muchacho cuando la caja se hundió en la tierra ni cuando los padres de su novia hablaron palabras desconsoladas a los invitados. Se quedó aislado en todo momento, casi lamentándose de la estúpida idea de haber querido siquiera aparecerse. Pero pensó que había sido lo mejor, sin embargo. Era la última vez, quizá, que volvería a ver a sus ya-no-suegros y tenía que parecer un buen ya-no-novio frente a la familia atormentada de Anabette, que en sí no se percataron en ningún momento de su presencia.                                                                                                    
Jade Cox era un chico alto e idiota. Un troglodita de cabello rizado y ojos verdes que no decía nunca lo que pensaba y que cuando tenía ganas de llorar no lloraba. En especial cuando tenía ganas de llorar por cosas importantes, lo cual casi nunca pasaba pues Jade podía llegar a ser un adolescente con la cabeza llena de frivolidades.
Se podría decir que después de que conoció a Anabette su cabeza se llenó sólo de ella. De su risa, de su pelo, de sus ojos, de su boca y de las palabras tan sencillas y dulces que expulsaba. Aunque su novia jamás haya sido una chica tan hermosa como él solía pensar, sí que era la amabilidad personificada. Su risa, que era áspera, sonaba como viento chocando contra la ventana. Sus ojos, que eran pequeños y cafés, parecían enormes y majestuosamente avellanados cuando él la tenía cerca.                                                                                            
Al fin y al cabo, lo único que Jade necesitaba era tenerla cerca. No necesitaba besarla, abrazarla ni tocarla para sentirla suya, siempre lo había sabido. Temía ahora, por supuesto, que nunca se lo haya hecho saber a ella, que murió de una manera tan rápida y tan injustamente poco amable que al chico le costó cada parte.
Tal vez ni siquiera lo había superado del todo, ni siquiera lo más mínimo.  
Quizá todavía no había superado esos ojos pequeños y cafés, ese pelo rubio tan descuidado ni esa risa grosera y ruidosa que jamás sonó como viento chocando contra una ventana.                                                                                          
–Ella era un ángel –el susurro que resonó en la oreja del chico estaba al borde de la desesperación.
Jade se despegó del muro y miró a la madre de Anabette a los ojos. Le costó mucho tratar de llorar como lo hacía ella, pero después de varios segundos los dos se abrazaron obligadamente y Jade sintió a su nariz arder y a sus ojos inundarse.
De verdad que se le dificultaba llorar cuando se sentía presionado. No era que recordar que ahora ya no tendría a Anabette a su lado no lo pusiera terriblemente nostálgico, pero tenía frente a él a la madre de su difunta novia, llorando a mares, lo que era una especie de presión para llorar. Y las lágrimas no salían así de fácil, no importaba lo triste de la situación.
–Cuando Anabette era pequeña –comenzó a contarle la mujer como si de su vida dependiera, como si Jade hubiera hecho una especie de señal para que ella se quedara ahí junto a él para hablarle–, solía despertarse llorando en las noches de tormenta.                                                                                                    
La madre rompió en un llanto y, a la misma vez, en una risa contenida mientras sostenía la mano del chico, el cual estaba comenzando a llorar de verdad.
–En realidad, solía llorar casi todas las noches –agregó con una sonrisa mojada de lágrimas saladas.
El llanto silencioso del muchacho le sirvió a ella como respuesta alentadora para seguir hablando.
–Entonces yo me levantaba e iba hasta su habitación –ahora la señora no lo miraba a él, observaba mientras hablaba el muro detrás de Jade–. Y le cantaba. Oh, le cantaba cualquier cosa. Desde canciones de cuna hasta las de aquel artista joven que estaba de moda en esos tiempos.                                                              
La mujer bajó los ojos y se rio de su pequeño chiste personal.                                                  
–Cuando yo regresaba a la cama –prosiguió-, Anabette se ponía a cantar por sí sola, ¿sabes? –Se cortó para llorar un poco–. Cantaba y lloraba, era tan pequeña que odiaba la oscuridad.
Jade abrió la boca, hubiera querido agregar que Anabette aún le temía a la oscuridad, confundiéndose de repente con una charla común entre la madre de su novia y él, como si Anabette estuviera por ahí todavía viva.                                  
–Creo que aún la escucho cantar –dijo con un tono abrumador la mujer, sacudiendo su cabeza y observando a las personas que estaban alrededor, abrazándose y hablando enfrente de la foto de Anabette–. Como si de alguna manera me llamara, diciéndome que todavía está viva.  
–Señora –habló por primera vez Jade, y le ardió la garganta.                                                
La madre de Anabette no levantó la vista y empezó a llorar de nuevo. Entonces giró con tanta dificultad sobre sus talones que pareció que se caería de espaldas. Colocó un pie enfrente del otro y empezó a caminar y a alejarse de ahí, regresando con su esposo.
El chico la miró alejarse con los ojos cansados, con los brazos caídos a cada lado de sus dos larguiruchas piernas y con la garganta ardiéndole. Le habían dado ganas de llorar y, por primera vez en toda una semana, comenzó a hacerlo.
–Una vez te dije que sin ti no podría vivir –habló el muchacho completamente fuera de sí, con la voz rasgada y solo–. Nena, juro que se me está haciendo difícil tratar de sobrevivir ahora.                                                                                        
Se sentó con la espalda apoyada en la pared y se sostuvo del cabello mientras lloraba a lágrima viva, con tanta pasión y enojo por no haberlo intentado antes y con una felicidad por estar llorando tan limpiamente ahora: sin ningún miedo y con unas ganas de morir irrevocables.                                                                            
Jade Cox sabía que no era el mejor momento para ponerse a pensar, pues sabía que interrumpiría su sufrimiento aguantado por tanto tiempo; pero la idea de que su llanto no fuera más por la muerte de Anabette, sino por él mismo y la soledad que lo inundaría de ese momento a siempre, lo hizo parar.  




ficha aceptada.


jó-de-me(? uno: ASH, es decir: omg. segundo: el funeral, bc fue todo tan hermoso(? La ficha es tan hermosa cccc,: agdndksks<333 me encantó tu escritura y jade oh. jade también me encantó(? tu ficha está aceptada, ¡suerte! c:
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Mensaje por hood. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:57 pm

sophie & alexander
 
reservados: e.d. | j.m.
nombres de tus pj's: sophie morrison | alexander jenkins.
rol: corazón roto | futbolista profesional.
escrito de tu autoría:
tad:
El pequeño Aaron caminaba cabizbaja por los pasillos de TAD; en cualquier otro momento, a pesar de no hacerlo con demasiada emoción, miraría hacia arriba y contemplaría el lugar, pues se alardeaba mucho sobre aquel edificio y sobre todo sobre su diseño, pero a tan temprana hora del día, ya estaba sin ganas de nada, ¿qué acaso era imposible ir a algún lado y que nadie se burlara de él? Claro que no se lo desearía a nadie, es un ángel de persona y pelearía todas las batallas de los demás con tal de que ellos no sufran, pero eso no significaba que le gustaba sufrir a él. Sin embargo, ya se había acostumbrado a ese sentimiento.

— ¿Estás bien? —Su mellizo Ezra interrumpió sus pensamientos. Aaron asintió con la cabeza y enfocó su vista en el camino que hacía su hermano con los pies para seguirlo. 
Todos los nuevos alumnos tendrían tiempo libre por lo que decidió alejarse por un momento y salir a recorrer el patio trasero. Estaba lleno de chicos de su edad y un poco más grandes también, por lo que el edificio estaría lleno las 24 horas. No pensó que habría tanta cantidad de estudiantes. Genial, pensó para sí mismo, porque tengo tanta facilidad para hacer amigos que lo que más necesito es muchas personas a mi alrededor. Aaron todavía no encontraba la razón por la cual estaba desganado ese día, simplemente despertó así, no le importó que ese fuera su primer día en TAD ni nada por el estilo, nada haría a Aaron tan feliz como para combatir su tristeza. 
Sacó de su mochila sus auriculares y puso cualquier canción de All Time Low que tenía allí, y moviendo su cabeza al ritmo de la música se dirigió a uno de sus lugares favoritos con sus hermanos, la cancha de basketball. Si bien jamás fue una persona demasiado fanático de los deportes -de hecho cuando toda su familia miraba partidos de football por televisión el estaba arriba en su cuarto leyendo alguna revista sobre música-, este en particular era una debilidad para el y amaba jugarlo. Colocó bien su teléfono en un bolsillo de su pantalón, ajustó sus audífonos para que no se cayeran y comenzó a lanzar al aro. Eran simples tiros libres que hacía, y entre medio a veces picaba un poco la pelota y corría para entrar en calor, pero jugaba más por un hobbie que por profesionalismo, algo que no era ni tampoco pensaba ser en un futuro. 

Media hora había pasado y Aaron seguía allí, ahora con Therapy sonando en sus oídos. Fue interrumpido cuando un cuerpo se puso delante de él y lo empujó. Divisó que era el de una chica por obvias razones, sin embargo estaba sorprendido de que tenía mucha mas fuerza que él. La castaña, cuya cara todavía no había visto, corrió con la pelota en sus manos, dio un salto y, para otra sorpresa del rubio, encestó limpiamente. Se dio vuelta para mirarlo con un gesto que para Aaron fue un tanto egocéntrico, más como "Ja, patee tu trasero", y le dio una sonrisa triunfante. Se sintió un tanto intimidado por su presencia, parecía una de esas típicas chicas rudas con las que ya había tenido malas experiencias. Lucía extremadamente bien -para su humilde opinión sobre mujeres-, una remera blanca sin mangas, unos pantalones cortos negros y de tiro por la cintura, unas medias negras un poco transparentes y rasgadas y unas zapatillas converse negras, mientras que su cabello estaba decorado por un gorro negro de lana. Se dio cuenta de que se había quedado embobado con sus azules ojos bordeados con bastante delineador cuando ella hablo;

— ¿Te gusta lo que ves? —Preguntó burlona. Fue acercándose de a poco a él y cuando reaccionó para retroceder, ya la tenía a centímetros de su cuerpo. La castaña simplemente le dio la pelota y se marchó de allí, dejando a Aaron más desconcertado que cuando se la había quitado.
Su lista de reproducción ya había terminado y comenzó a sentir calor por haber corrido hace unos momentos, por lo que decidió marcharse de ahí como la misteriosa chica e ir a buscar a sus hermanos, básicamente las únicas personas con las que pretendía hablar en todo su tiempo en TAD, no importaba si encontraba buenas personas allí ni cuanta intriga le había dejado aquella chica de ojos y sonrisa cautivantes.

Secó la transpiración de su frente con su puño e intentó encontrar a sus hermanos. Christian estaba totalmente desaparecido, desde que entraron al edificio no lo volvió a ver, pero tampoco le preocupaba demasiado, él era el mayor y sabía lo que hacía. Sean tampoco parecía estar muy cerca, pero supuso que tampoco estaría demasiado lejos porque la mayoría de las chicas estaban por el sector donde caminaba él en ese momento. Ezra charlaba con una ¿niña? que no parecía de más de dieseis años. Como si tú fueras tan grande, Aaron, se reprochó. Genial. No tendría con quien estar, y de nuevo solo. 
Suspiró con frustración y sintió algo chocarle el hombro, ¿Acaso todo el mundo tiene que empujarme? Pero como siempre, no dijo nada, no se defendió, era demasiado débil. Giró su cabeza para saber de quien era aquel hombro tan duro y se encontró con nada más y nada menos que aquella chica, quien le guiñó un ojo y se dio la vuelta, desapareciendo por otro pasillo. 

{***}

Aaron se encontraba en un total trance, que los gritos de su hermano mellizo se encargó de desaparecer cuando empezó a gritar su nombre desde la otra punta del pasillo, un chico rubio y otro castaño lo acompañaban detrás. Ezra parecía más feliz de lo normal, pues corrió hacia el soltando carcajadas y sonriéndole.

— Hermano, te vimos con esa chica de allí, ¿Ya andas rompiendo corazones acaso? —Aaron se sonrojó a más no poder por el comentario de Ezra, mientras bajaba su cabeza y se concentraba en mirar al piso.
— Claro que no, solo apareció.
— Y estoy seguro de que va a quedarse —Bromeó este. —. Sabes, quiero que esta vez sea diferente, no vas a quedarte solo encerrado en tu habitación todo el día, ¿Estás al tanto de eso?
— Ya lo se. —Rodó los ojos el rubio.
— Bien —Respondió. —Este es Sid y este es Ian, has amigos y no los espantes con una de tus falsas historias.
Y quizás Ezra por primera vez estaba siendo el mellizo inteligente, porque a partir de ese día su vida había cambiado y no podía negarse a que algún día eso tendría que pasar de todas formas, y que no podría vivir bajo una roca todo el tiempo.

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

Cameron estaba a punto de dormirse cuando el conductor del taxi avisó que ya habían llegado a destino. Su hermano, Seth, le sio un sacudón para despertarla del todo y luego bajó del auto. La castaña se despabiló y realizó la misma acción, yendo hacia el baúl y tomando sus valijas, o al menos intentándolo; había tres de estas gigantes y dos pequeñas mochilas donde guardaba accesorios y cosas de aseo personal respectivamente. Su hermano no se molestó en ayudarla porque ya estaba caminando hacia la puerta, por lo que intentó hacerlo por si misma, y fracasó, porque terminó con todo en el piso.

— Mierda. —Murmuró. Miró hacia el desastre que era en el suelo y no se encontró con demasiadas ganas de levantarse. Suspiró, y segundos después un cuerpo le tapo el radiante sol que le daba en la cara, molestándola aún más.
— ¿Necesitas ayuda, preciosa? —Levantó su cabeza para ver que la voz provenía de un chico alto, con pelo semi-rubio y extremadamente llamativos ojos verdes.
— Claro que no. —Respondió, pero cuando intentó levantarse, una de sus valijas se atascó en su pie y volvió al piso. Él soltó una risa burlona y tendió una mano, a la que ella aceptó a regañadientes. Tomó la mitad de las maletas y ella hizo lo mismo con las restantes, en cuanto llegaron a la habitación de Cameron -según estaba informada-, entró y tiraron todo en el suelo.
— Soy Zeppelin, Zep para ti.—Alzó sus cejas. Ella le dio una falsa sonrisa y, dándose la vuelta, le cerró la puerta en la cara. Segundos después, sintió unos golpes en esta. Rodó sus ojos y la abrió, encontrándose con Zeppelin de nuevo.
— No voy a acostarme contigo.—Sentenció.
— Venía a darte esto, supongo que se te cayó en el camino. —Le tendió una de sus mochilas, con la misma mueca de burla que tenía antes. Cameron abrió su boca pero nada salió de allí, por lo que se la arrancó de las manos y se encerró en su habitación. Mal comienzo.
Notó que había dos chicas, una rubia y otra castaña, charlando animadamente sobre una de las camas, cama que decidió que sería suya. Aclaró su garganta para hacerse ver, ¿Qué acaso no habían escuchado todo lo anterior?

— Están sentadas en mi cama. —Escupió. Ambas se levantaron cuando Cameron arrojó su bolso.
— Lo siento. —Conestó una de ellas.
— Eso fue un poco rudo. —Se quejó la rubia. Ella alzó sus cejas.
— ¿Eso crees?
— Soy Sadie. —Interrumpió la castaña para evitar la tensión. Se inclinó para darle un abrazo que Cameron no devolvió.
— Cameron —Respondió seca.—, y mientras no me molesten —Voló su vista a la otra chica, cuyo nombre no conocía aún.—, todo estará bien entre nosotras.
Abandonó aquel lugar luego de acomodar sus maletas debajo de la cama y salió a caminar, chocando con un cuerpo que ni siquiera se molestó a ver al salir. Supuso que sería su tercer compañera de cuarto porque, luego de insultarla, entró a donde ella se había ido. Recibió unas cuantas miradas de chicos en su camino sin destino, que ella, complacida, respondió.
Llegó a las canchas de basketball y divisó a un chico rubio encestando libremente. Decidió molestarlo y hacer una canasta luego de sacarle la pelota. Se había quedado embobado mirándola y ella sonrió complacida, largándose de allí.
Se encontró de nuevo con Zeppelin en el camino, y el hizo una desviación, siguiéndola.

— ¿Tienes algo que hacer más tarde?
— De hecho, sí. Dos chicos me propusieron sexo y, supongo que ya sabes, tres siempre es mejor que dos. Lo siento, no estaré disponible para ti.—Se alzó de hombros. El rubio tomó por las muñecas a Cameron y la arrinconó contra la pared más cercana.
— No te creo en absoluto. —Murmuró contra su boca, sus alientos chocando.—Pero créeme que soy mejor que esos dos juntos. —Y así, ambos hicieron camino a la habitación de Zeppelin a los tropezones.

{***}

Luego de arreglar su cabello y salir de la habitación; Cameron hizo camino hacia la cafetería, luego de gastar tanta energía moría de hambre. Rió ante el pensamiento, Zeppelin de veras creía que se iba a repetir, no sabía lo equivocado que estaba.
Al entrar se sorprendió por el olor a cigarrillo que había, si bien no le molestaba demasiado, no le parecía demasiado bien el hecho de que se pudiera fumar en un espacio cerrado y mucho menos en un educativo. Aquel chico callado y de ojos azules estaba ahí y Cameron no podía evitarlo, pero se sentía bastante intrigada por él. Normalmente cuando ella se les tiraba como lo hizo en las canchas de baloncesto ellos responderían igual, él solo se quedó parado mirándola.

— Hey, ¿Eres mudo? —Preguntó la castaña sin pelos en la lengua. Aaron levantó su cabeza y la miró sorprendido, una de sus cejas alzadas.
— No. —Se inmutó a responder y volvió a concentrarse en sus pulseras, que al parecer eran más interesantes que Cameron. Fue turno de ella de alzar sus cejas, ofendida por la poca atención por parte del rubio. Dio un paso más hacia el pero no pareció importarle la cercanía.
— ¿Cómo te llamas?
— Aaron.
— Lindo nombre.
— Gracias.
— ¿No vas a preguntar el mio?
— No.
— ¿Tus conversaciones normales solo son de una persona preguntándote cosas y tu respondiendo monótonamente?
— Si. —Y se dio vuelta.
— Por lo menos podrías ser menos grosero.
— Generalmente soy amable con las personas que se hacen respetar, una chica como tú, siendo así de linda, no lo hace si se le tira a cada chico que le pasa por al lado. —Contestó Aaron tranquilamente. Cameron abrió sus ojos y su boca a más no poder.
— ¿Estás llamándome puta? —El rubio estaba a punto de responder, cuando un chico de cabello de distintos colores apareció por detrás de ella y pasó un brazo por sus hombros.

— Heeeey. —Saludó.— Espera, ¿no eres a la que casi violo hoy en el pasillo?
— Claro que sí, eras tú, como olvidarte.
— Soy Aoi. —Extendió su mano.
— Cameron. —Le devolvió el saludo, mientras Aaron festejaba internamente por ahora saber su nombre y no tener que dejar su orgullo de lado para preguntárselo.
— ¿Quieren oir un chiste? —Ambos se miraron algo confundidos por el cambio de tema, pero era obvio que el chico era así de improvisado para todo. —Esto era una mujer que quería a un hombre con las siguientes indicaciones: Que no le pegara, que no se fuese de su lado y que fuese muy potente, por lo que puso un anuncio en el periódico. Un día toca a su puerta un anciano que no tenía ni brazos ni piernas. La mujer le preguntó.
- ¿Usted me maltrataría?- A lo que el hombre contestó.
- ¿Cómo, si no tengo brazos?
- ¿Se iría de mi lado? - dijo la mujer.
- No, porque no tengo piernas.
- ¿Y es potente en la cama? -dijo la mujer.
- ¿Y como cree que he tocado la puerta?" —Cameron estalló en risas junto a Aoi y Aaron se los quedó mirando como si fueran dos retrasados. Una chica rubia pasaba mientras él ojiverde contaba su chiste y se rió mientras chocaba los cinco con él. Cuando los tres se calmaron, posaron su vista en el rubio, quien permanecía quieto, y luego se miraron entre sí, cuestionándose si había algo mal con aquel chico, mas no se había reído en absoluto. El peli-azul posó una mano en su hombro y le sonrió a su prima. —Aoi Rumsfeld tiene su nueva monja.

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Sean se odiaba a sí mismo en ese momento, pero no era algo que pudiera evitar. No había entrado al edificio hace más de cinco minutos y ya tenía un cigarrillo en su mano. Se reprochaba que iba a terminar igual que su padre, Christian le reprochaba, Ezra le reprochaba, Aaron le reprochaba; pero ese era el problema, cuando otras personas lo hacían, más grande era su necesidad de demostrarles que su vida no le pertenece, no era su mayor acto de orgullo, sin embargo.
Aún con su mochila colgando en su espalda y sus dos maletas en ambas manos, caminó hacia un rincón del patio trasero y se sentó, dedicándose a mirar gente y fumar tranquilo. Divisó a un chico alto y rubio empujando a otro, pero no se hizo cargo de problemas que no eran suyos. Rodó los ojos, en todos lados debía haber un idiota así.
Terminado el cigarro se dirigió tranquilamente hacia la que sería su nueva habitación por un largo tiempo. Eso era lo que más emocionaba a Sean sobre TAD; 1- Tendría todo el tiempo del mundo para hacer lo que quisiera ya que no tendría a nadie apurándolo ni diciéndole qué hacer -de hecho sí, pero poco le importaba-, y 2- Que tendría una nueva habitación luego de pasar diecinueve años en la misma. Tan solo esperaba que sus compañeros no fueran igual de revoltosos que sus hermanos ni que lo molestaran demasiado así podía estar tranquilo.
Llegó a la habitación y pasó, sin molestarse en tocar la puerta ya que de ahora en adelante ese lugar sería de su propiedad.

— Bienvenido. —Escuchó a un chico risueño del otro lado del lugar. Giró totalmente su cabeza y se encontró con un chico castaño tirado en su cama, con su cabeza siendo apoyada por sus brazos. Este lo miraba con una sonrisa de burla, pero una agradable, no de esas que le dan ganas de darle un puñetazo en la cara. —Soy Dipper. —Se levantó.
Sean decidió que por lo menos sería amable con dos personas por lo que soltó un respiro y contesto; — Sean. —Y tendió su mano. Si bien era un cretino, cuando su madre les enseñaba modales el si escuchaba. — ¿Tienes idea de quién más está en esta habitación?
— Nop. —Respondió, volviendo a su posición anterior. —Acabo de llegar, pero la verdad espero que sea alguien normal, he visto muchos colores de cabello mientras venía aquí. —El rubio rió ante el comentario, quizás no iba a ser tan malo como pensaba. —Y estoy hablando de una sola cabeza.
— Iré a buscar a mis hermanos, —Se dirigió hacia la puerta. —Nos vemos.
— Adiós. —Y el castaño volvió a su corta siesta.

{***}

Sean recorrió pasillo por pasillo pero no veía señal de ninguno de los otros Cartairs, y al no tener idea de sus habitaciones, decidió rendirse, y comenzar a caminar por todo el edificio para conocerlo mejor. En el camino el mismo chico con el que se había tropezado antes, moreno y con ojos extremadamente hipnotizantes para Sean, aunque por supuesto no lo admitiera, mantuvieron el contacto hasta que el rubio se chocó a alguien que ni siquiera se molestó en ver, y el soltó una risa desapareciendo al entrar.
Se dirigió hacia la zona de las habitaciones de mujeres. Si bien se propuso cambiar, no significaba que iba a ser una persona irreconocible, y las chicas se quedarían con él, además de querer evitar el recuerdo de los ojos de aquel chico, que le habían causado un extraño sentimiento ¿Aidan? Si, ese era su nombre, no se olvidaba la forma en la que el lo pronunció cuando chocaron por primera vez. Una cabellera rubia pasó por su lado y optó por seguirla ya que el lugar no estaba demasiado lleno de todas formas. Sean llegó a su lado y fingió tropezarse para chocar con ella, a lo que la chica respondió con un pequeño salto.

— ¡Oh por Dios! Lo siento tanto, tengo algo con chocarme con todo el mundo hoy. —El rubio sonrió al escucharla, bien, no parecía demasiado zorra regalada por lo que no era demasiado su estilo, pero probar no le hacía mal a nadie, ¿No?
— Está bien, preciosa. ¿Qué tal si me lo compensas saliendo a dar una vuelta conmigo? —La chica cuyo nombre aún no sabía retrocedió ante la cercanía que Sean había tomado, intentando ocultar sus mejillas rosadas.
— Es el primer día, no creo que debamos salir tan pronto.
— Vamos, solo una vuelta. —Dijo él, agitando las llaves del auto que había sacado de su bolsillo.
— ¿Tienes un auto? —Los ojos de la rubia se abrieron de golpe.
— No es precisamente mío, ¿vienes o no?
— No me vuelve loca la idea de ir en un auto robado.
— No es robado, solo lo tomé prestado.
Soltó un suspiro y respondió rápidamente, los chicos no llegaban a ella demasiado seguido por lo que no perdería la oportunidad; —Está bien.
— Genial, vámonos.
— A todo esto no me has dicho tu nombre.
— Soy Sean, y tengo la impresión de que vamos a vernos seguido.
— Anastasia, un gusto.

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— ¡Derek! —Llamó la rubia por tercera vez, pero el no pensaba hacerle caso. Luego de que su voz le retumbara en el tímpano otras cinco veces, contestó.
— ¿Qué mierda quieres Simone?
— ¿Podrías hacerme el favor de ayudarme por una vez en tu fracasada vida?
— ¿Por qué no vas y le pides a alguna chica con tu mismo problemita que te ayude? —Y ahí estaba de nuevo. Ella bajó la cabeza conteniendo las lágrimas, mientras que el rubio se marchó con sus maletas, sonriendo. Desde que Simone se había abierto hacia su familia sobre su sexualidad, todos la apoyaron incondicionalmente, salvo su hermano. Este era un caso especial, una mezcla entre estupidez y ceguera, donde no veía que cada día le deseaba la muerte a una de las personas que solía ser lo más importante en su vida. El hecho de que Derek fuera homofóbico, y a tal grado de decir que odiaba a su propia hermana y el tener que compartir sangre con ella, hizo que la familia Stank se desmoronara de a poco, pero a él no le importo, porque juraba que nadie jamás podría cambiar su opinión ni sus creencias.
Al entrar a aquel edificio se sintió bastante intimidado por la cantidad de chicos que había allí, y con chicos se refería a prácticamente hombres, que no aparentaban su edad en absoluto. Claro que no demostraría debilidad ante ellos, por lo que caminó con la frente en alto y dando algunas miradas de asco y se dirigió a la habitación 20 B, donde residiría a partir de ese momento.
Unos ojos celestes lo examinaron ni bien entró, pero se notaba a kilómetros que no lo hacía con las mismas intenciones que Derek miraba a todo el mundo, por lo que prefirió no seguir la corriente y terminar golpeándolo. Lamentablemente el rubio piensa que todo el mundo le tiene miedo y no sabe lo equivocado que está, porque aquel chico pudo notar lo que Derek había hecho y soltó una risa burlona, volviendo a su tema.

— Hola —Escuchó decir a alguien desde atrás, Derek casi se tropezó con una de sus maletas por el susto que le dio. —, me llamo Elías.
— ¿De dónde mierda saliste? —El castaño abrió los ojos de repente, sorprendido, esperando que su compañero fuera un poco más simpático. —Derek.
— Genial, ¿Y por qué entraste a TAD?
— Porque le pegaba a la mesa con las manos y mi "mejor amiga" —Respondió, haciendo comillas con sus dedos. — creyó que sería buen baterista. —Un poco de molestia se notaba en su voz.
— Está bien, lo siento —Elias puso sus manos a cada costado de su cabeza en modo de defensa. —. Solo quería saber.
— Todos quieren saber. —Ambos rodaron sus ojos, uno con arrogancia, el otro rindiéndose por lo terco que era.

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09:05 pm, y una Charlize Armstrong deseaba no haberse despertado nunca más. Su madre había llamado tres veces a su puerta para que fuera a tomar su desayuno y partiera hacia TAD. La colorada tomó aire y salió de la cama, yendo hacia su armario donde ya había preparado sus maletas y lo que se pondría ese día. Dentro de una de estas había un pequeño compartimiento donde guardaba sus cosas personales, que para una chica normal sería maquillaje y otros accesorios, pero para ella era un pequeño frasco de pastillas, las que estaba obligada a tomar y las que tomaba porque ella quería, y un metal escondido dentro de uno de estos. No importara que la mandaran a 200 kilómetros lejos de donde vivía, llevaría esa mochila hasta su tumba.

— Charlize. —Tocó otra vez la puerta su madre, ella guardó todo rápidamente y se acomodó para salir.
— Ya estoy mamá.
— ¿No vas a desayunar? —Preguntó al ver que luego de bajar de las escaleras se dirigía directo a la puerta. Para no dejarla preocupada, ya que dudaba que esta fuera a visitarla mientras se quedara en TAD, tomó una manzana de la cocina y se la comió, suficiente para el día.
— Adiós.
— Charlize —Ella bufó y se dio la vuelta, tomando los puños de su gran buzo, temiendo lo que podría preguntar. —. Kellin irá a visitarte una vez por mes.
— ¡¿Qué?!
— Lo que escuchaste. Se que estás viendo esto como una oportunidad para alejarte de mi y hacer lo que quieras, pero eres mi hija a pesar de todo y no voy a dejarte sola, te quiero viva para cuando vuelvas.
— Puedo ver notablemente que confías en mi, mamá.
— Ojalá pudiera hacerlo, pero la última vez que dijiste eso te encontré casi desangrándote en tu habitación. —La pelirroja rodó los ojos y sacudió su cabeza para evitar el recuerdo. Odiaba que su madre fuera tan insensible con ella y mucho más después de haberse enterado de todo. Sabía que todo lo que decía eran simples palabras y que no le importaba verdaderamente, quizás solo que la gente diría o pensaría sobre ella si se enteraban que sus dos hijos que habían suicidado.
— ¿Puedo irme ya?
— Muéstrame tus brazos.
— Mamá —Se quejó, pateando el piso. —, está limpios desde hace dos semanas.
— Muéstrame —Y así lo hizo. A Charlize no le importaba cuantas veces la encontrara drogándose o le viera los brazos, porque ambas sabían que ella no pararía. Una cachetada en su mejilla fue suficiente para que Kellin, quien se encontraba esperando en la puerta, interfiriera y se llevara a la chica hacia el auto. —. No entiendo como es que aún tienes cara para llamarme madre.

— ¿Estás bien? —Preguntó.
— No me toques.
— ¿Qué pasa, Charlize?
— ¡Eres un maldito traidor! —Gritó. — Siempre supe que estabas de su lado, ¿Vas a pedirme dinero a mi también ahora? —La chica secó un par de lágrimas que se le habían caído por el dolor del golpe y se adentró al auto antes de que Kellin, quien para ella era como un abuelo joven o un segundo padre, pudiera decir una palabra.
El viaje consistió en ella escuchando Bring Me The Horizon a todo volumen para evitar cruzar palabra alguna con él, mientras miraba por la ventana y esperaba llegar a su habitación, o por lo menos al edificio, y fumar. Cuando llegó a destino se encargó de descargar un poco su furia contra el auto y casi hizo giratoria la puerta cuando la cerró, pero no le importo en absoluto. Kellin se encontraba en el baúl ayudándola a bajar sus maletas e intento ignorarlo por completo.

— ¿Sabes? Vendré aquí a verte una vez por mes, será imposible que me evites.
— No me importa. —Contestó evadiendo su mirada. Él acarició su mejilla con su pulgar y le sonrió.  
— ¿No vas a darme ni siquiera un abrazo de despedida? — Ella apretó sus labios y segundos después se le tiró encima, apretándolo lo más fuerte que pudo.
— No puedo estar enojada contigo. —Revolvió su cabello por última vez y entró al auto. Mientras este se iba alejando, le dio una última mirada a la chica por el espejo retrovisor, y pudo leer un "te quiero" saliendo de sus labios.
Charlize suspiró por décima vez en el día y entró al edificio, esperando ya lo peor. Caminó y caminó y tan solo llegó a un baño, por lo que entró y se sentó, el peso de sus maletas ya la estaba haciendo cansar de todas formas. Quitó el delineador que se le había corrido por las lágrimas que soltó y usó lo último de base que le quedaba para tapar las ojeras que tenía. Acomodó todo en su espalda y salió. Al abrir la puerta se escuchó un golpe y ella cerró los ojos, rogando que aquella persona no le hiciera nada.

— ¿Estás bien? —Preguntó una chica castaña que se encontraba tirada en el piso mientras sobaba su frente con una mueca de dolor.
— E-eh, si. —No, así no debía hacer las cosas. Que bien te va en socializar, Charlize. — ¿Y tú?
— Sí, gracias. —Contestó mientras se levantaba y la miraba con una mueca extraña. — ¿Segura estás bien? —Asintió nuevamente.
— ¿No vas a hacerme nada?
— ¿Disculpa?
— Hice que te golpearas, te tiré al piso y ni siquiera te ayudé a levantarte.
— Claro que no —Frunció su ceño. —. Soy Maddie. —Tendió su mano.
— Charlize. —Y luego de que respondiera, desapareció de allí con una sonrisa agradable en su rostro, una que hace mucho no veía y la hizo sentirse bien. Ni que pudieras hacer amigos, de todas formas.
Supuso que debería ir a su habitación a acomodar sus cosas y luego dirigirse a la junta de estudiantes, pero no tenía un mapa del lugar o idea de a donde debería ir. Una espalda bastante grande -de un chico, supuso-, la empujó un poco, y decidió preguntarle a él ya que no parecía haber otra persona rondando por ahí. Tocó su hombro dos veces tímidamente. Cuando él se dio vuelta se le fue el aire del cuerpo, intentó disimular el color de sus mejillas cuando este le sonrió.

— ¿Necesitas algo? —Preguntó él. Cuando alguien es tan torpe como para hablarte lo poco que debes hacer es responder, Charlize.
— ¿Sabes dónde están las habitaciones de las chicas?
— Claro. Son las del oeste, vas hacia ese pasillo al fondo y luego doblas, ¿sabes cuál es la tuya?
— S-si, gracias. —No era la primera vez que ella se sentía intimidada por un chico, ni que se le trababan las palabras al hablar con ellos, pero si la primera que tanto, se reprochaba a si misma si él se había dado cuenta de lo embobada que se había quedado mirándolo.
— ¿No vas a decirme tu nombre? —Preguntó el a lo lejos, aún con la sonrisa pegada en su rostro.
— Charlize. —Se la devolvió ella tímidamente.
— Ian. —Escuchó decir cuando se dio vuelta. Y soltó otro suspiro, pero esta vez algo contenta porque ya había hablado con dos personas y ambas la habían tratado bien, incluso le sonrieron y preguntaron su nombre, algo a lo que Char definivitivamente no estaba acostumbrada.

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Mensaje por hood. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:57 pm

bueno use a mi bebe no me resistí ):
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Re: cuento de invierno. | resultados.

Mensaje por michael. el Sáb 17 Mayo 2014, 4:58 pm

Vicious. escribió:
puedo jurarte que amé la idea, me encanto demasiado y espero no llegar tarde para dejar una audición. dada aunque sé que no quedaré voy a dejar mi ficha bc esto es perfecto, i hate you cause you make this perfect, ah. well, soy camille, y eso, ahora te dejo todo, saludos<3.

¡camille! amo ése nombre<333 me alegra que te gustara ccc: no llegas tarde, llegas justo a tiempo
yo amé tu idea de las magias del insomnio.   pronto me verás por ahí e.é  espero tu ficha, linda
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Re: cuento de invierno. | resultados.

Mensaje por Invitado el Sáb 17 Mayo 2014, 4:59 pm

holi, izzy c: mis feels por tu nombre :o me llamo giannina. la idea me gustó muchísimo, y como hace tiempo que no audiciono en ninguna... las ganas que le tengo fueron demasiadas y no me aguanté.
amo a este hombre  
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