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red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por hood. el Sáb 17 Mayo 2014, 12:18 pm

pido disculpas por errores ortográficos/bb code pero los capítulos son largos y no pude revisar todo ): kjasdhsaj.
no sabía cuál elegir así que bueno, puse los dos. básicamente es lo último que escribí.
🍌
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por johnson♡ el Sáb 17 Mayo 2014, 1:11 pm

brooks. escribió:holaaaaaaaaaa <333 me encantó la trama  y me gustaría mucho participar sjadhsadja. soy cami(?) y ahora dejo mi ficha wohoo
Hola cami, me encanta que te encante la trama , ahora mismo la reviso, cuídate besos bella <3.
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por johnson♡ el Sáb 17 Mayo 2014, 1:20 pm

brooks. escribió:
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gía alexander
♡ Nombres: gianine alexander | ryan sulking.
♡ Edades:  16 años | 18 años
♡ Representantes: t.o | c.d.
♡ Escrito:
ajtr:

Irritado. La única palabra que se le venía a Zac en ese momento. Todos parecían felices por las nuevas noticias, él tan solo se reía porque sabía lo que había por delante. Se imaginaba a la mitad del grupo teniendo sexo las veinticuatro horas, chicas desesperadas por comprarse ropa y más que una pareja con tests de embarazo en la mano y poca esperanza. El tan solo pensar que debería estar en una ciudad lejos de sus rutinas matutinas y sus "amigos" lo estresaba, era totalmente injusto que el viaje fuera obligatorio. Como siempre, los directores se aprovechaban de que todos sus alumnos estaban en buenas situaciones económicas para que no tengan excusas de no ir, y a los becados les cubrían la mitad del viaje. No recibirían un no por respuesta, mucho menos cuando de limpiar su imagen se trataba. Soltó otra risa al pensar en ellos; la razón por la que amaba su escuela era simple, a nadie le importaba nadie y la mitad de los alumnos, profesores y directivos eran hipócritas llenos de dinero. Qué mejor lugar para Zachary Richard.
Su mejor amigo, Eddie, lo miró frunciendo las cejas mientras estiraba la mano para que el le devolviera el porro que ambos estaban compartiendo. Él más castaño sabía que él era una de esas personas que se perdían en sus pensamientos cada dos segundos, por lo que nunca se preocupada demasiado cuando su amigo se desconectaba de esa forma. Ambos se encontraban sentados encima del cartel principal del colegio, estaba hecho de cemento por lo que era más usado como un banco que otra cosa.
La campana tocó y ambos chicos se despidieron e hicieron camino a sus clases. A mitad de camino saludó a Waleska -su mejor amiga-, quien lo abrazó, le plantó un beso en la mejilla y siguió su camino. A pesar de su peculiar personalidad, el rubio tenía unas cuantes personas que realmente lo apareciaban, y otras que lo aborrecían, pero el sentimiento era mutuo. Hablando de roma, Samantha pasó por su lado y, con una sonrisa en su rostro, la empujó con su hombro, haciendo que se tambaleara un poco.

—Mierda, con el olor que tienes puedo encontrarte desde el otro pasillo hermano —Llegó Toby desde atrás, dándole un golpe en la espalda como saludo. —, ¿Cuántos fueron hoy? —Zac rodó sus ojos.
—Medio —Se quejó. —. Había traído solo para mí pero Eddie no tenía más y tuve que compartir.
—Eso debe ser difícil. —El sarcasmo claramente en su voz.
—Claro que lo es.

La clase de matemáticas se centró en dormir y babear el banco. El rubio sintió un golpe fuerte en su cabeza y despertó de repente.

—¡¿Qué diablos?!
—Levántate, idiota —Divisó a Waleska a su lado tendiéndole su mano. —. Acompáñame al almuerzo.
—¿No tienes uno de tus millones amigos para que vaya contigo? —La pelirroja rodó sus ojos.
—Vamos, Zac. Si alguien te ve aquí te castigarán y no deberías dejar que siga pasando eso.
—No me importa —Respondió el levantándose. —, no necesito una maldita buena reputación porque no entraré a una maldita universidad.
—¿Qué pretendes hacer de tu vida, entonces?
—Negocios. —Se limitó a responder, y su amiga levantó una ceja, sin entender a lo que se refería. Solo Eddie, Toby y, lastimosamente, Samantha, conocían su "trabajo" y pretendía mantenerlo en secreto por un tiempo más.
—¿Nunca pensaste en hacer un cambio a tu vida? —Cuestionó, mientras ambos llegaban a la cafetería a paso lento, Zac aún algo somnoliento.
—¿A qué te refieres?
—¿No piensas sentar cabeza? Quiero decir, jamás te he visto con una chica de novio, o me has hablado de alguien que robó tu corazón. Parece que solo vinieras aquí a pasar el tiempo y este año deberías graduarte pero no creo que lo vayas a hacer.
—No me importan esas mierdas. No digo que tú no lo hagas en algún momento, cosa que espero que sí, pero mi vida tiene otra perspectiva a la de los demás.
—Quizá solo lo digas porque jamás tuviste una experiencia en el amor. Quizá cuando te enamores pensarás distinto.
—Una estúpida a la que terminaré engañando o viceversa no cambiará mi visión de la vida, Waleska.
—Ya verás.


{***}


Era ya la hora de salir y Zac no podía estar más agradecido. El día se le había pasado más de lo normal y eso lo torturaba.

—Hey —Eddie llegó. El solo asintió con la cabeza en modo de saludo. Necesitaba droga y el no tenerla lo ponía nervioso. —. Lindo humor.
—No jodas.
—¿Qué pasa?
—Nada, solo no quiero hablar. —Bajó un poco su tono. El semi rubio se encogió de hombros y lo acompañó en su camino a casa.

La realidad era que a Zac lo estaba carcomiendo una idea en su cabeza. Durante la clase de Historia, un mensaje de texto hizo vibrar su teléfono. Se trataba de uno de los tantos clientes a los que él había estafado, no demasiado inteligente ya que este se había dado cuenta y, para peor, tenía su teléfono. Aún no había contestado el mensaje y lo preocupaba el hecho de que podría estar siguiéndolo o esperándolo en algún lado. Sabía que estaba seguro con Eddie, pero físicamente nadie imaginaría que un chico de metro ochenta pero con sonrisa de niño de cinco años sería como él lo es. Y estaba al tanto que su cara tampoco parecía de "chico malo que pateará tu trasero".
Al llegar a la puerta de su casa, frenó de golpe y dio la vuelta para enfrentar a su amigo, quien levantó sus cejas ante la acción.

—¿Que no vas a dejarme pasar? —Preguntó risueño.
—Preferiría que hoy no. Las cosas están jodidas.
—Oh entiendo. Bueno, sabes donde encontrarme. —Él solo asintió. Comenzó a girar la llave en la cerradura y volvió a mirar a Eddie, quien ya iba alejándose.
—Hey, idiota —Él giró, aún caminando. —. Mañana te toca llevar a mi o me dejarás seco de María.
—Oh, púdrete Richard. —Rió, negando con su cabeza. Con un suspiro, entró a su casa. Algunas botellas de cerveza estaban esparcidas por el piso ya vacías, ropa por todos lados y algún que otro plato por ahí, lo normal. Él rodó sus ojos y se encaminó a su habitación, intentando hacer el menor ruido posible. Su madre aún seguía dormida y dudaba que despertara por la hora a la que llegó la noche anterior, pero esta mujer tenía tantos problemas mentales que enserio dudaba si dormía o qué hacía.
Si Zac se era honesto a sí mismo, no podía esperar a terminar la escuela así se iba de ese infierno al que llamaban hogar.


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Toby estaba reunido en la mesa central del comedor con su grupo de amigos, totalmente ido de la conversación. Escuchaba a lo lejos como hablaban de las chicas con las que se habían acostado o alguna de sus fantasías sexuales que pretendían hacer realidad en el -ahora- tan esperado viaje. Los quería, realmente, pero le causaba cómo el ya se había acostado con todas esas chicas. Toby no se veía a si mismo como un "mujeriego" ni un rompe corazones, como la mayoría de su grupo era, solo se divertía, tenía sexo y se asegurara que las chicas no sintieran un poco de amor por si mismas como para dormir con cualquiera que se le ofreciera. El castaño había estado toda la hora del almuerzo observando a una chica sentada sola en una esquina. Juraba jamás haberla visto por los pasillos o en alguna de sus clases. Debe ser nueva, pensó, más aún si estaba sentándose sola. Se levantó de su asiento y comenzó a caminar hacia ella, dando una última mirada a su mesa, donde encontró a Craig mirándolo con una mueca de confusión, el solo negó con su cabeza. Al llegar a la mesa donde la castaña se encontraba, se sentó y fijó su mirada en ella, quien no se inmutó por su presencia. El admiró como su ceño estaba fruncido mientras leía un libro cuyo nombre no llegaba a descifrar. Aquella chica -que Toby supuso que no tendría más de dieciséis años-, estaba totalmente concentrada en su lectura, pero con auriculares puestos. Supuso que solo los usaba para que nadie se acercara a ella ni la molestara. Él estaba totalmente intrigado por aquella chica, así que decidió intentar llamar su atención de alguna forma. Lo único que pudo hacer fue pasar una mano por debajo de sus ojos, lo que la hizo saltar y cerrar su libro de golpe. Sacándose un auricular de su oído, levantó sus cejas.

—Hola —Saludó, sonriendo. —. ¿Hace cuánto entraste? Quiero darte una buena bienvenida.
—Hace seis años. —Respondió con su voz un poco baja. Auch. Eso si era un fallo.
—Oh —Se limitó a contestar. —¿Cómo es que jamás te había visto? —La chica cuyo nombre aún no sabía se encogió de hombros y se removió en su asiento, algo incómoda por estar hablando con él, no ansiaba por una larga charla tampoco.
—La gente no suele notarme, aunque tampoco sea una escuela demasiado grande —Contestó. A primera vista, a Toby le había parecido algo tímida, al parecer no se había equivocado. —. También teñí mi cabello. —Agregó.
—¿Enserio? —Ella asintió con su cabeza.
—Sip. Solía ser rubia y decidí que era tiempo de un cambio, aunque seguramente vuelva a mi otro color o algo más oscuro antes de ir al viaje.
—Oh, ¿Intentando impresionar a alguien?
—Tengo el presentimiento de que funcionó, aunque ya me cansé de estar detrás de alguien a quien no le intereso en absoluto. Digamos que aprovecharé las nuevas noticias e intentaré hacer algunos cambios.
—Suena bien.
—Espero que así resulte. —Sonrió. Toby no pudo evitar enternecerse por la mirada de esa chica... o su todo en general. Su cara era aniñada y cuando sonreía le recordaba mucho a su hermana por la forma en la que sus ojos se achinaban; todo en ella le parecía demasiado dulce y delicado, desde la forma en la que pasaba las páginas de su libro hasta cómo fijaba su mirada en alguien. Ésta siempre era suave y parecía atenta a todo, no como algunas miradas que cortaban como cuchillo.
La campana sonó y la castaña se levantó rápidamente de su asiento, dirigiéndose hacia la puerta de la cafetería, no sin antes tirar los restos de su almuerzo.

—¡Espera! —Gritó Toby siguiéndola. Ella se dio la vuelta. —¿Cómo te llamas?
Algo desganada y rodando sus ojos, contestó; —Charlotte.
—Soy Toby. —Sonrió.
—Lo sé —Repitió la mueca.—Todos lo saben. Guarda esa sonrisa para otras cosas. —Y desapareció. El chico frunció el ceño ante el repentino cambio de humor, ¿Había metido la pata en algo?. Al ver que casi todos habían salido ya del lugar, se apresuró para ir a clases, aunque claramente se le había hecho tarde. La profesora de Biología, mejor conocida como "Señorita Pharrel" lo miraba con una mueca de enojo, con sus brazos cruzados y cejas fruncidas, que le daban a Toby escalofríos por toda su espalda.

Antes de que pudiera hablar, él lo hizo; —Lo sé, lo sé. Castigo. —Y se dirigió al fondo del salón, donde Caspian se encontraba. Este lo miraba con una sonrisa burlona, pero solo lo ignoró y se sentó en su asiento, escondiendo su cabeza entre sus brazos.

—¿Tan mal te va?
—Bastante. —Contestó, y había un poco de verdad en esa respuesta, solo que Toby prefirió dejarla así porque no le gusta demasiado compartir sus problemas con los demás, fuera quien fuera.
—¿Qué hiciste este fin de semana? —Preguntó, buscando tema de conversación.
—Nada —Bufó. —. Llevé a mi hermana a una de sus estúpidas fiestas con sus estúpidas amigas. Juro que están obsesionadas con todo lo que tenga piernas y un pene.
—O quizás solo contigo.
—Oh espera —Una sonrisa comenzó a crecer por su cara. —, sí hice algo.
—¿Qué clase de algo?
—Dinah Rooney —Contestó, mordiendo su labio.
—¿Dinah quién?
—Rooney. Buena.
—¿Sí?
—Positivo.
—Sigo sin saber quién es. —Tres golpes se escucharon en la puerta y luego, Charlotte hizo paso por el salón, explicándole a la profesora el por qué de su llegada tan tarde y sentándose al lado de una de sus amigas. La castaña dio la vuelta para ver a Toby pero él evadió su mirada, volviendo a su amigo. No iba a estar como un idiota detrás de ella luego de lo del comedor y su repentino cambio de humor.
—Alta, castaña, ojos azules —Respondió, pero Caspian lo miraba con una de sus sonrisas burlonas, cruzado de brazos y recostado en su silla. —¿Qué te pasa, idiota? —Preguntó molesto. Su amigo asintió con su cabeza en dirección a Charlotte, y se ganó un golpe en el hombro de Toby. —Vete a la mierda.


{***}


Toby yacía perezosamente en su cama, boca abajo. Su mochila y ropa de abrigo estaban esparcidas por toda su habitación, luego de que entrara y las tirara como si nada. Sintió como la puerta se abría y su madre asomaba la mitad de su cuerpo por esta, sonriéndole.

—¿Qué pasa, ma?
—¿Cómo te fue, cariño? —Preguntó mientras se sentaba a su lado en la cama y sobaba su espalda suavemente.
—Bien —Suspiró. —. Sobre lo del viaje...
—No —Lo interrumpió. —Ni siquiera lo pienses. Irás a París, la pasarás bien con tus amigos, quizás encuentres una linda chica que te guste y luego de dos meses que pasarán volando, volverás conmigo y Camille.
—Pero mamá —Protestó. —¿Qué harás con Camille? ¿Cómo irá a la escuela y se juntará con sus amigas si yo no la llevo y tú estás trabajando?
—Ya veremos, pero quiero que tengas un poco de vida también, Toby. Quiero que hagas lo que te gusta y seas un poco libre, no podemos estar dependiendo de ti todo el tiempo —Acarició su mejilla. —. Dentro de uno o dos años te irás de casa y viviremos como podemos, pero eres casi un hombre y debes empezar a construir tu propia vida.
—Suenas como la directora. —Rodó sus ojos y ella rió ante su aniñado acto.
—Descansa un poco —Despeinó su cabello. —, es temprano para tu trabajo aún.


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Luca sabía que estaba siendo bastante obvio observando a Florida, pero no podría importarle menos. Juraba que podría pasar toda su vida admirándola, pero esos pensamientos surgían de su mente en las nubes y un tanto de sus alborotadas hormonas. De vez en cuando soltaba un suspiro cuando su enamorada se acomodaba el cabello o sonreía ante las páginas de su libro. Una observación que había hecho -una de sus tantas, en realidad-, era que muchos de su escuela leían libros, y se refería a los que podían estarlo horas, no los que simplemente los agarraban y dejaban. Eso lo ponía feliz, en parte. Luca era de esas personas que siempre se quejaban de las nuevas tecnologías con las que todo el mundo estaba obsesionado y que ya nadie leía, por ejemplo; pues había una larga lista de cosas las cuales el rizado se quejaba.

—Inundarás la escuela babeando si sigues mirándola. —Llegó Charlie a su lado, asustándolo.
—Buenos días a ti también, Charlotte. —Ella le ofreció una sonrisa y besó su mejilla, para acomodarse al frente suyo.
—La gente normal tiene hobbies como, no sé, mirar televisión, leer revistas, algunos disfrutan el porno también, ¿Sabes? Pero ninguno de ellos gasta su tiempo mirando a una chica que jamás en su vida le habló.
—Me duele la poca esperanza que tienes en mí, Charlotte —Contestó dolido. —. No te invitaré a nuestra boda si sigues así de negativa. Tampoco Toby te hablará, soy un fuerte creyente del karma. —La castaña rodó sus ojos.
—Hoy me habló. —Luca se atragantó con la manzana que estaba comiendo.
—¿Qué dices? —Gritó. Ella se encogió de hombros.
—Se apareció en mi mesa de la nada y me hablo, lo que usualmente hace cuando quiere alguna chica. Estoy bastante segura que ya se le acabaron todas las de la escuela y por eso vino a mí.
—No digas eso, Charlotte. Estoy segura que le pareciste linda y agradable y por eso se acercó a hablarte. —Ella apretó sus labios, no creyéndole a su mejor amigo.
—No lo sé, ya no importa. Decidí que debería ver a alguien más en este viaje, dejar de gustar siempre del mismo porque jamás me notará.
—Mejor así, no me gusta verte triste todos los días.
—¿Lo dice el que tiene un plan de seis meses para una chica con la que jamás cruzó palabra? —Charlie arqueó una ceja.
—No es tan así.
—Claro.
—Estoy seguro que ella está en la misma situación que yo, y es tímida para hablarme.
—Oh vamos, mírala. Su libro es más interesante que todo su alrededor, incluso es peor que yo. —Luca la miró en forma de reproche.
—Ella no se pone auriculares ni tiene un cartel gigante que dice "No me molesten o los patearé en la cara".
—No, no lo tiene porque su cara ya lo dice.
—Auch.
—0-1 hoy, ¿Qué pasa Togliatti?
—No me gusta que me llames por mi apellido.
—¿Por qué no? ¿No te gusta cuando imito tu acento?
—Eres mi mejor amiga y te amo, pero me das ganas de arrancarte el cabello. Que por cierto, ese color te queda bien. —La castaña torció su cabeza y sonrió.
—Gracias.  —Charlie se levantó de su asiento, y depositando un beso en la mejilla de su amigo, se largó. No sin antes chocarse con el cuerpo gigante -a comparación del suyo- de Craig, quien le dio una muy falsa sonrisa que ella devolvió.
El moreno palmeó la espalda de Luca y se sentó a su lado, riendo suavemente. Luca lo miró, algo sorprendido, pero le sonrió y ofreció un poco de la comida que tenía en su mesa. Craig negó con su cabeza excusándose de que no estaba hambriento, y sacó un ramo de rosas de detrás de su espalda.

—Whoa —Se alejó cuando tuvo las flores en su cara. —. Hermano, no quiero sonar ofensivo, y no estaba para nada enterado, pero me gustan las chicas.
—¿De qué hablas, idiota? Son para Florida, dáselas.
—¿Por qué se las daría? —El arqueó una ceja.
—Vamos, todo el mundo lo sabe, vas y se las das.
—¿Y por qué harías algo bueno por mi?
—¿Desde cuando dudas de la bondad de las personas y haces tantas preguntas? Es mi acto de la semana, solo quiero ayudar. —Se encogió de hombros y le entregó el ramo. Luca pensó que no tendría nada que perder, por lo que se paró y se dirigió hacia la chica. Dio la vuelta por un segundo, sin saber qué decir, y su "nuevo amigo" -vaya la inocencia del rizado- lo miraba sosteniendo una risa y con sus pulgares arriba.

Inhaló profundamente y habló; —Hey —La rubia levantó su cabeza, frunciendo el ceño. Mudo por ahora tener la mirada de su enamorada en la suya, lo único que pudo hacer fue darle las flores. —. Para ti.
—¿Q-Qué flores son estas? —La cara de Luca se deformó. Dio la vuelta para buscar a Craig pero este moría de la risa apoyado contra la mesa. No tenía a nadie que lo sacara de esa.
—N-No lo sé, ¿Qué tienen?
—Te juro que si llegan a ser mar- —Pero no llegó a terminar la oración, porque ya estaba todo su estornudo por la cara del castaño. Las bocas de ambos estaban abiertas a más no posible mientras se miraban el uno al otro. Las flores terminaron desparramadas por todo su cabello y cara mientras que la chica se iba del patio a paso furioso.
Luca se tiró contra la mesa, donde Craig aún seguía, y riéndose, para mejorar su ánimo.

—¿Sí sabías que era alérgica a las margaritas? —Se sentó derecho de repente e intentó mantener una cara seria, pero claramente falló, rompiendo en carcajadas de nuevo.
—Claro que no. Pero por las dudas me encargué de ponerles perfume extra y todo el polen que encontré.

tad:

El pequeño Aaron caminaba cabizbaja por los pasillos de TAD; en cualquier otro momento, a pesar de no hacerlo con demasiada emoción, miraría hacia arriba y contemplaría el lugar, pues se alardeaba mucho sobre aquel edificio y sobre todo sobre su diseño, pero a tan temprana hora del día, ya estaba sin ganas de nada, ¿qué acaso era imposible ir a algún lado y que nadie se burlara de él? Claro que no se lo desearía a nadie, es un ángel de persona y pelearía todas las batallas de los demás con tal de que ellos no sufran, pero eso no significaba que le gustaba sufrir a él. Sin embargo, ya se había acostumbrado a ese sentimiento.

— ¿Estás bien? —Su mellizo Ezra interrumpió sus pensamientos. Aaron asintió con la cabeza y enfocó su vista en el camino que hacía su hermano con los pies para seguirlo. 
Todos los nuevos alumnos tendrían tiempo libre por lo que decidió alejarse por un momento y salir a recorrer el patio trasero. Estaba lleno de chicos de su edad y un poco más grandes también, por lo que el edificio estaría lleno las 24 horas. No pensó que habría tanta cantidad de estudiantes. Genial, pensó para sí mismo, porque tengo tanta facilidad para hacer amigos que lo que más necesito es muchas personas a mi alrededor. Aaron todavía no encontraba la razón por la cual estaba desganado ese día, simplemente despertó así, no le importó que ese fuera su primer día en TAD ni nada por el estilo, nada haría a Aaron tan feliz como para combatir su tristeza. 
Sacó de su mochila sus auriculares y puso cualquier canción de All Time Low que tenía allí, y moviendo su cabeza al ritmo de la música se dirigió a uno de sus lugares favoritos con sus hermanos, la cancha de basketball. Si bien jamás fue una persona demasiado fanático de los deportes -de hecho cuando toda su familia miraba partidos de football por televisión el estaba arriba en su cuarto leyendo alguna revista sobre música-, este en particular era una debilidad para el y amaba jugarlo. Colocó bien su teléfono en un bolsillo de su pantalón, ajustó sus audífonos para que no se cayeran y comenzó a lanzar al aro. Eran simples tiros libres que hacía, y entre medio a veces picaba un poco la pelota y corría para entrar en calor, pero jugaba más por un hobbie que por profesionalismo, algo que no era ni tampoco pensaba ser en un futuro. 

Media hora había pasado y Aaron seguía allí, ahora con Therapy sonando en sus oídos. Fue interrumpido cuando un cuerpo se puso delante de él y lo empujó. Divisó que era el de una chica por obvias razones, sin embargo estaba sorprendido de que tenía mucha mas fuerza que él. La castaña, cuya cara todavía no había visto, corrió con la pelota en sus manos, dio un salto y, para otra sorpresa del rubio, encestó limpiamente. Se dio vuelta para mirarlo con un gesto que para Aaron fue un tanto egocéntrico, más como "Ja, patee tu trasero", y le dio una sonrisa triunfante. Se sintió un tanto intimidado por su presencia, parecía una de esas típicas chicas rudas con las que ya había tenido malas experiencias. Lucía extremadamente bien -para su humilde opinión sobre mujeres-, una remera blanca sin mangas, unos pantalones cortos negros y de tiro por la cintura, unas medias negras un poco transparentes y rasgadas y unas zapatillas converse negras, mientras que su cabello estaba decorado por un gorro negro de lana. Se dio cuenta de que se había quedado embobado con sus azules ojos bordeados con bastante delineador cuando ella hablo;

— ¿Te gusta lo que ves? —Preguntó burlona. Fue acercándose de a poco a él y cuando reaccionó para retroceder, ya la tenía a centímetros de su cuerpo. La castaña simplemente le dio la pelota y se marchó de allí, dejando a Aaron más desconcertado que cuando se la había quitado.
Su lista de reproducción ya había terminado y comenzó a sentir calor por haber corrido hace unos momentos, por lo que decidió marcharse de ahí como la misteriosa chica e ir a buscar a sus hermanos, básicamente las únicas personas con las que pretendía hablar en todo su tiempo en TAD, no importaba si encontraba buenas personas allí ni cuanta intriga le había dejado aquella chica de ojos y sonrisa cautivantes.

Secó la transpiración de su frente con su puño e intentó encontrar a sus hermanos. Christian estaba totalmente desaparecido, desde que entraron al edificio no lo volvió a ver, pero tampoco le preocupaba demasiado, él era el mayor y sabía lo que hacía. Sean tampoco parecía estar muy cerca, pero supuso que tampoco estaría demasiado lejos porque la mayoría de las chicas estaban por el sector donde caminaba él en ese momento. Ezra charlaba con una ¿niña? que no parecía de más de dieseis años. Como si tú fueras tan grande, Aaron, se reprochó. Genial. No tendría con quien estar, y de nuevo solo. 
Suspiró con frustración y sintió algo chocarle el hombro, ¿Acaso todo el mundo tiene que empujarme? Pero como siempre, no dijo nada, no se defendió, era demasiado débil. Giró su cabeza para saber de quien era aquel hombro tan duro y se encontró con nada más y nada menos que aquella chica, quien le guiñó un ojo y se dio la vuelta, desapareciendo por otro pasillo. 


{***}


Aaron se encontraba en un total trance, que los gritos de su hermano mellizo se encargó de desaparecer cuando empezó a gritar su nombre desde la otra punta del pasillo, un chico rubio y otro castaño lo acompañaban detrás. Ezra parecía más feliz de lo normal, pues corrió hacia el soltando carcajadas y sonriéndole.

— Hermano, te vimos con esa chica de allí, ¿Ya andas rompiendo corazones acaso? —Aaron se sonrojó a más no poder por el comentario de Ezra, mientras bajaba su cabeza y se concentraba en mirar al piso.
— Claro que no, solo apareció.
— Y estoy seguro de que va a quedarse —Bromeó este. —. Sabes, quiero que esta vez sea diferente, no vas a quedarte solo encerrado en tu habitación todo el día, ¿Estás al tanto de eso?
— Ya lo se. —Rodó los ojos el rubio.
— Bien —Respondió. —Este es Sid y este es Ian, has amigos y no los espantes con una de tus falsas historias.
Y quizás Ezra por primera vez estaba siendo el mellizo inteligente, porque a partir de ese día su vida había cambiado y no podía negarse a que algún día eso tendría que pasar de todas formas, y que no podría vivir bajo una roca todo el tiempo.


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Cameron estaba a punto de dormirse cuando el conductor del taxi avisó que ya habían llegado a destino. Su hermano, Seth, le sio un sacudón para despertarla del todo y luego bajó del auto. La castaña se despabiló y realizó la misma acción, yendo hacia el baúl y tomando sus valijas, o al menos intentándolo; había tres de estas gigantes y dos pequeñas mochilas donde guardaba accesorios y cosas de aseo personal respectivamente. Su hermano no se molestó en ayudarla porque ya estaba caminando hacia la puerta, por lo que intentó hacerlo por si misma, y fracasó, porque terminó con todo en el piso.

— Mierda. —Murmuró. Miró hacia el desastre que era en el suelo y no se encontró con demasiadas ganas de levantarse. Suspiró, y segundos después un cuerpo le tapo el radiante sol que le daba en la cara, molestándola aún más.
— ¿Necesitas ayuda, preciosa? —Levantó su cabeza para ver que la voz provenía de un chico alto, con pelo semi-rubio y extremadamente llamativos ojos verdes.
— Claro que no. —Respondió, pero cuando intentó levantarse, una de sus valijas se atascó en su pie y volvió al piso. Él soltó una risa burlona y tendió una mano, a la que ella aceptó a regañadientes. Tomó la mitad de las maletas y ella hizo lo mismo con las restantes, en cuanto llegaron a la habitación de Cameron -según estaba informada-, entró y tiraron todo en el suelo.
— Soy Zeppelin, Zep para ti.—Alzó sus cejas. Ella le dio una falsa sonrisa y, dándose la vuelta, le cerró la puerta en la cara. Segundos después, sintió unos golpes en esta. Rodó sus ojos y la abrió, encontrándose con Zeppelin de nuevo.
— No voy a acostarme contigo.—Sentenció.
— Venía a darte esto, supongo que se te cayó en el camino. —Le tendió una de sus mochilas, con la misma mueca de burla que tenía antes. Cameron abrió su boca pero nada salió de allí, por lo que se la arrancó de las manos y se encerró en su habitación. Mal comienzo.
Notó que había dos chicas, una rubia y otra castaña, charlando animadamente sobre una de las camas, cama que decidió que sería suya. Aclaró su garganta para hacerse ver, ¿Qué acaso no habían escuchado todo lo anterior?

— Están sentadas en mi cama. —Escupió. Ambas se levantaron cuando Cameron arrojó su bolso.
— Lo siento. —Conestó una de ellas.
— Eso fue un poco rudo. —Se quejó la rubia. Ella alzó sus cejas.
— ¿Eso crees?
— Soy Sadie. —Interrumpió la castaña para evitar la tensión. Se inclinó para darle un abrazo que Cameron no devolvió.
— Cameron —Respondió seca.—, y mientras no me molesten —Voló su vista a la otra chica, cuyo nombre no conocía aún.—, todo estará bien entre nosotras.
Abandonó aquel lugar luego de acomodar sus maletas debajo de la cama y salió a caminar, chocando con un cuerpo que ni siquiera se molestó a ver al salir. Supuso que sería su tercer compañera de cuarto porque, luego de insultarla, entró a donde ella se había ido. Recibió unas cuantas miradas de chicos en su camino sin destino, que ella, complacida, respondió.
Llegó a las canchas de basketball y divisó a un chico rubio encestando libremente. Decidió molestarlo y hacer una canasta luego de sacarle la pelota. Se había quedado embobado mirándola y ella sonrió complacida, largándose de allí.
Se encontró de nuevo con Zeppelin en el camino, y el hizo una desviación, siguiéndola.

— ¿Tienes algo que hacer más tarde?
— De hecho, sí. Dos chicos me propusieron sexo y, supongo que ya sabes, tres siempre es mejor que dos. Lo siento, no estaré disponible para ti.—Se alzó de hombros. El rubio tomó por las muñecas a Cameron y la arrinconó contra la pared más cercana.
— No te creo en absoluto. —Murmuró contra su boca, sus alientos chocando.—Pero créeme que soy mejor que esos dos juntos. —Y así, ambos hicieron camino a la habitación de Zeppelin a los tropezones.


{***}


Luego de arreglar su cabello y salir de la habitación; Cameron hizo camino hacia la cafetería, luego de gastar tanta energía moría de hambre. Rió ante el pensamiento, Zeppelin de veras creía que se iba a repetir, no sabía lo equivocado que estaba.
Al entrar se sorprendió por el olor a cigarrillo que había, si bien no le molestaba demasiado, no le parecía demasiado bien el hecho de que se pudiera fumar en un espacio cerrado y mucho menos en un educativo. Aquel chico callado y de ojos azules estaba ahí y Cameron no podía evitarlo, pero se sentía bastante intrigada por él. Normalmente cuando ella se les tiraba como lo hizo en las canchas de baloncesto ellos responderían igual, él solo se quedó parado mirándola.

— Hey, ¿Eres mudo? —Preguntó la castaña sin pelos en la lengua. Aaron levantó su cabeza y la miró sorprendido, una de sus cejas alzadas.
— No. —Se inmutó a responder y volvió a concentrarse en sus pulseras, que al parecer eran más interesantes que Cameron. Fue turno de ella de alzar sus cejas, ofendida por la poca atención por parte del rubio. Dio un paso más hacia el pero no pareció importarle la cercanía.
— ¿Cómo te llamas?
— Aaron.
— Lindo nombre.
— Gracias.
— ¿No vas a preguntar el mio?
— No.
— ¿Tus conversaciones normales solo son de una persona preguntándote cosas y tu respondiendo monótonamente?
— Si. —Y se dio vuelta.
— Por lo menos podrías ser menos grosero.
— Generalmente soy amable con las personas que se hacen respetar, una chica como tú, siendo así de linda, no lo hace si se le tira a cada chico que le pasa por al lado. —Contestó Aaron tranquilamente. Cameron abrió sus ojos y su boca a más no poder.
— ¿Estás llamándome puta? —El rubio estaba a punto de responder, cuando un chico de cabello de distintos colores apareció por detrás de ella y pasó un brazo por sus hombros.

— Heeeey. —Saludó.— Espera, ¿no eres a la que casi violo hoy en el pasillo?
— Claro que sí, eras tú, como olvidarte.
— Soy Aoi. —Extendió su mano.
— Cameron. —Le devolvió el saludo, mientras Aaron festejaba internamente por ahora saber su nombre y no tener que dejar su orgullo de lado para preguntárselo.
— ¿Quieren oír un chiste? —Ambos se miraron algo confundidos por el cambio de tema, pero era obvio que el chico era así de improvisado para todo. —Esto era una mujer que quería a un hombre con las siguientes indicaciones: Que no le pegara, que no se fuese de su lado y que fuese muy potente, por lo que puso un anuncio en el periódico. Un día toca a su puerta un anciano que no tenía ni brazos ni piernas. La mujer le preguntó.
- ¿Usted me maltrataría?- A lo que el hombre contestó.
- ¿Cómo, si no tengo brazos?
- ¿Se iría de mi lado? - dijo la mujer.
- No, porque no tengo piernas.
- ¿Y es potente en la cama? -dijo la mujer.
- ¿Y como cree que he tocado la puerta?" —Cameron estalló en risas junto a Aoi y Aaron se los quedó mirando como si fueran dos retrasados. Una chica rubia pasaba mientras él ojiverde contaba su chiste y se rió mientras chocaba los cinco con él. Cuando los tres se calmaron, posaron su vista en el rubio, quien permanecía quieto, y luego se miraron entre sí, cuestionándose si había algo mal con aquel chico, mas no se había reído en absoluto. El peli-azul posó una mano en su hombro y le sonrió a su prima. —Aoi Rumsfeld tiene su nueva monja.


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Sean se odiaba a sí mismo en ese momento, pero no era algo que pudiera evitar. No había entrado al edificio hace más de cinco minutos y ya tenía un cigarrillo en su mano. Se reprochaba que iba a terminar igual que su padre, Christian le reprochaba, Ezra le reprochaba, Aaron le reprochaba; pero ese era el problema, cuando otras personas lo hacían, más grande era su necesidad de demostrarles que su vida no le pertenece, no era su mayor acto de orgullo, sin embargo.
Aún con su mochila colgando en su espalda y sus dos maletas en ambas manos, caminó hacia un rincón del patio trasero y se sentó, dedicándose a mirar gente y fumar tranquilo. Divisó a un chico alto y rubio empujando a otro, pero no se hizo cargo de problemas que no eran suyos. Rodó los ojos, en todos lados debía haber un idiota así.
Terminado el cigarro se dirigió tranquilamente hacia la que sería su nueva habitación por un largo tiempo. Eso era lo que más emocionaba a Sean sobre TAD; 1- Tendría todo el tiempo del mundo para hacer lo que quisiera ya que no tendría a nadie apurándolo ni diciéndole qué hacer -de hecho sí, pero poco le importaba-, y 2- Que tendría una nueva habitación luego de pasar diecinueve años en la misma. Tan solo esperaba que sus compañeros no fueran igual de revoltosos que sus hermanos ni que lo molestaran demasiado así podía estar tranquilo.
Llegó a la habitación y pasó, sin molestarse en tocar la puerta ya que de ahora en adelante ese lugar sería de su propiedad.

— Bienvenido. —Escuchó a un chico risueño del otro lado del lugar. Giró totalmente su cabeza y se encontró con un chico castaño tirado en su cama, con su cabeza siendo apoyada por sus brazos. Este lo miraba con una sonrisa de burla, pero una agradable, no de esas que le dan ganas de darle un puñetazo en la cara. —Soy Dipper. —Se levantó.
Sean decidió que por lo menos sería amable con dos personas por lo que soltó un respiro y contesto; — Sean. —Y tendió su mano. Si bien era un cretino, cuando su madre les enseñaba modales el si escuchaba. — ¿Tienes idea de quién más está en esta habitación?
— Nop. —Respondió, volviendo a su posición anterior. —Acabo de llegar, pero la verdad espero que sea alguien normal, he visto muchos colores de cabello mientras venía aquí. —El rubio rió ante el comentario, quizás no iba a ser tan malo como pensaba. —Y estoy hablando de una sola cabeza.
— Iré a buscar a mis hermanos, —Se dirigió hacia la puerta. —Nos vemos.
— Adiós. —Y el castaño volvió a su corta siesta.


{***}


Sean recorrió pasillo por pasillo pero no veía señal de ninguno de los otros Cartairs, y al no tener idea de sus habitaciones, decidió rendirse, y comenzar a caminar por todo el edificio para conocerlo mejor. En el camino el mismo chico con el que se había tropezado antes, moreno y con ojos extremadamente hipnotizantes para Sean, aunque por supuesto no lo admitiera, mantuvieron el contacto hasta que el rubio se chocó a alguien que ni siquiera se molestó en ver, y el soltó una risa desapareciendo al entrar.
Se dirigió hacia la zona de las habitaciones de mujeres. Si bien se propuso cambiar, no significaba que iba a ser una persona irreconocible, y las chicas se quedarían con él, además de querer evitar el recuerdo de los ojos de aquel chico, que le habían causado un extraño sentimiento ¿Aidan? Si, ese era su nombre, no se olvidaba la forma en la que el lo pronunció cuando chocaron por primera vez. Una cabellera rubia pasó por su lado y optó por seguirla ya que el lugar no estaba demasiado lleno de todas formas. Sean llegó a su lado y fingió tropezarse para chocar con ella, a lo que la chica respondió con un pequeño salto.

— ¡Oh por Dios! Lo siento tanto, tengo algo con chocarme con todo el mundo hoy. —El rubio sonrió al escucharla, bien, no parecía demasiado zorra regalada por lo que no era demasiado su estilo, pero probar no le hacía mal a nadie, ¿No?
— Está bien, preciosa. ¿Qué tal si me lo compensas saliendo a dar una vuelta conmigo? —La chica cuyo nombre aún no sabía retrocedió ante la cercanía que Sean había tomado, intentando ocultar sus mejillas rosadas.
— Es el primer día, no creo que debamos salir tan pronto.
— Vamos, solo una vuelta. —Dijo él, agitando las llaves del auto que había sacado de su bolsillo.
— ¿Tienes un auto? —Los ojos de la rubia se abrieron de golpe.
— No es precisamente mío, ¿vienes o no?
— No me vuelve loca la idea de ir en un auto robado.
— No es robado, solo lo tomé prestado.
Soltó un suspiro y respondió rápidamente, los chicos no llegaban a ella demasiado seguido por lo que no perdería la oportunidad; —Está bien.
— Genial, vámonos.
— A todo esto no me has dicho tu nombre.
— Soy Sean, y tengo la impresión de que vamos a vernos seguido.
— Anastasia, un gusto.


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— ¡Derek! —Llamó la rubia por tercera vez, pero el no pensaba hacerle caso. Luego de que su voz le retumbara en el tímpano otras cinco veces, contestó.
— ¿Qué mierda quieres Simone?
— ¿Podrías hacerme el favor de ayudarme por una vez en tu fracasada vida?
— ¿Por qué no vas y le pides a alguna chica con tu mismo problemita que te ayude? —Y ahí estaba de nuevo. Ella bajó la cabeza conteniendo las lágrimas, mientras que el rubio se marchó con sus maletas, sonriendo. Desde que Simone se había abierto hacia su familia sobre su sexualidad, todos la apoyaron incondicionalmente, salvo su hermano. Este era un caso especial, una mezcla entre estupidez y ceguera, donde no veía que cada día le deseaba la muerte a una de las personas que solía ser lo más importante en su vida. El hecho de que Derek fuera homofóbico, y a tal grado de decir que odiaba a su propia hermana y el tener que compartir sangre con ella, hizo que la familia Stank se desmoronara de a poco, pero a él no le importo, porque juraba que nadie jamás podría cambiar su opinión ni sus creencias.
Al entrar a aquel edificio se sintió bastante intimidado por la cantidad de chicos que había allí, y con chicos se refería a prácticamente hombres, que no aparentaban su edad en absoluto. Claro que no demostraría debilidad ante ellos, por lo que caminó con la frente en alto y dando algunas miradas de asco y se dirigió a la habitación 20 B, donde residiría a partir de ese momento.
Unos ojos celestes lo examinaron ni bien entró, pero se notaba a kilómetros que no lo hacía con las mismas intenciones que Derek miraba a todo el mundo, por lo que prefirió no seguir la corriente y terminar golpeándolo. Lamentablemente el rubio piensa que todo el mundo le tiene miedo y no sabe lo equivocado que está, porque aquel chico pudo notar lo que Derek había hecho y soltó una risa burlona, volviendo a su tema.

— Hola —Escuchó decir a alguien desde atrás, Derek casi se tropezó con una de sus maletas por el susto que le dio. —, me llamo Elías.
— ¿De dónde mierda saliste? —El castaño abrió los ojos de repente, sorprendido, esperando que su compañero fuera un poco más simpático. —Derek.
— Genial, ¿Y por qué entraste a TAD?
— Porque le pegaba a la mesa con las manos y mi "mejor amiga" —Respondió, haciendo comillas con sus dedos. — creyó que sería buen baterista. —Un poco de molestia se notaba en su voz.
— Está bien, lo siento —Elias puso sus manos a cada costado de su cabeza en modo de defensa. —. Solo quería saber.
— Todos quieren saber. —Ambos rodaron sus ojos, uno con arrogancia, el otro rindiéndose por lo terco que era.


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09:05 pm, y una Charlize Armstrong deseaba no haberse despertado nunca más. Su madre había llamado tres veces a su puerta para que fuera a tomar su desayuno y partiera hacia TAD. La colorada tomó aire y salió de la cama, yendo hacia su armario donde ya había preparado sus maletas y lo que se pondría ese día. Dentro de una de estas había un pequeño compartimiento donde guardaba sus cosas personales, que para una chica normal sería maquillaje y otros accesorios, pero para ella era un pequeño frasco de pastillas, las que estaba obligada a tomar y las que tomaba porque ella quería, y un metal escondido dentro de uno de estos. No importara que la mandaran a 200 kilómetros lejos de donde vivía, llevaría esa mochila hasta su tumba.

— Charlize. —Tocó otra vez la puerta su madre, ella guardó todo rápidamente y se acomodó para salir.
— Ya estoy mamá.
— ¿No vas a desayunar? —Preguntó al ver que luego de bajar de las escaleras se dirigía directo a la puerta. Para no dejarla preocupada, ya que dudaba que esta fuera a visitarla mientras se quedara en TAD, tomó una manzana de la cocina y se la comió, suficiente para el día.
— Adiós.
— Charlize —Ella bufó y se dio la vuelta, tomando los puños de su gran buzo, temiendo lo que podría preguntar. —. Kellin irá a visitarte una vez por mes.
— ¡¿Qué?!
— Lo que escuchaste. Se que estás viendo esto como una oportunidad para alejarte de mi y hacer lo que quieras, pero eres mi hija a pesar de todo y no voy a dejarte sola, te quiero viva para cuando vuelvas.
— Puedo ver notablemente que confías en mi, mamá.
— Ojalá pudiera hacerlo, pero la última vez que dijiste eso te encontré casi desangrándote en tu habitación. —La pelirroja rodó los ojos y sacudió su cabeza para evitar el recuerdo. Odiaba que su madre fuera tan insensible con ella y mucho más después de haberse enterado de todo. Sabía que todo lo que decía eran simples palabras y que no le importaba verdaderamente, quizás solo que la gente diría o pensaría sobre ella si se enteraban que sus dos hijos que habían suicidado.
— ¿Puedo irme ya?
— Muéstrame tus brazos.
— Mamá —Se quejó, pateando el piso. —, está limpios desde hace dos semanas.
— Muéstrame —Y así lo hizo. A Charlize no le importaba cuantas veces la encontrara drogándose o le viera los brazos, porque ambas sabían que ella no pararía. Una cachetada en su mejilla fue suficiente para que Kellin, quien se encontraba esperando en la puerta, interfiriera y se llevara a la chica hacia el auto. —. No entiendo como es que aún tienes cara para llamarme madre.

— ¿Estás bien? —Preguntó.
— No me toques.
— ¿Qué pasa, Charlize?
— ¡Eres un maldito traidor! —Gritó. — Siempre supe que estabas de su lado, ¿Vas a pedirme dinero a mi también ahora? —La chica secó un par de lágrimas que se le habían caído por el dolor del golpe y se adentró al auto antes de que Kellin, quien para ella era como un abuelo joven o un segundo padre, pudiera decir una palabra.
El viaje consistió en ella escuchando Bring Me The Horizon a todo volumen para evitar cruzar palabra alguna con él, mientras miraba por la ventana y esperaba llegar a su habitación, o por lo menos al edificio, y fumar. Cuando llegó a destino se encargó de descargar un poco su furia contra el auto y casi hizo giratoria la puerta cuando la cerró, pero no le importo en absoluto. Kellin se encontraba en el baúl ayudándola a bajar sus maletas e intento ignorarlo por completo.

— ¿Sabes? Vendré aquí a verte una vez por mes, será imposible que me evites.
— No me importa. —Contestó evadiendo su mirada. Él acarició su mejilla con su pulgar y le sonrió.  
— ¿No vas a darme ni siquiera un abrazo de despedida? — Ella apretó sus labios y segundos después se le tiró encima, apretándolo lo más fuerte que pudo.
— No puedo estar enojada contigo. —Revolvió su cabello por última vez y entró al auto. Mientras este se iba alejando, le dio una última mirada a la chica por el espejo retrovisor, y pudo leer un "te quiero" saliendo de sus labios.
Charlize suspiró por décima vez en el día y entró al edificio, esperando ya lo peor. Caminó y caminó y tan solo llegó a un baño, por lo que entró y se sentó, el peso de sus maletas ya la estaba haciendo cansar de todas formas. Quitó el delineador que se le había corrido por las lágrimas que soltó y usó lo último de base que le quedaba para tapar las ojeras que tenía. Acomodó todo en su espalda y salió. Al abrir la puerta se escuchó un golpe y ella cerró los ojos, rogando que aquella persona no le hiciera nada.

— ¿Estás bien? —Preguntó una chica castaña que se encontraba tirada en el piso mientras sobaba su frente con una mueca de dolor.
— E-eh, si. —No, así no debía hacer las cosas. Que bien te va en socializar, Charlize. — ¿Y tú?
— Sí, gracias. —Contestó mientras se levantaba y la miraba con una mueca extraña. — ¿Segura estás bien? —Asintió nuevamente.
— ¿No vas a hacerme nada?
— ¿Disculpa?
— Hice que te golpearas, te tiré al piso y ni siquiera te ayudé a levantarte.
— Claro que no —Frunció su ceño. —. Soy Maddie. —Tendió su mano.
— Charlize. —Y luego de que respondiera, desapareció de allí con una sonrisa agradable en su rostro, una que hace mucho no veía y la hizo sentirse bien. Ni que pudieras hacer amigos, de todas formas.
Supuso que debería ir a su habitación a acomodar sus cosas y luego dirigirse a la junta de estudiantes, pero no tenía un mapa del lugar o idea de a donde debería ir. Una espalda bastante grande -de un chico, supuso-, la empujó un poco, y decidió preguntarle a él ya que no parecía haber otra persona rondando por ahí. Tocó su hombro dos veces tímidamente. Cuando él se dio vuelta se le fue el aire del cuerpo, intentó disimular el color de sus mejillas cuando este le sonrió.

— ¿Necesitas algo? —Preguntó él. Cuando alguien es tan torpe como para hablarte lo poco que debes hacer es responder, Charlize.
— ¿Sabes dónde están las habitaciones de las chicas?
— Claro. Son las del oeste, vas hacia ese pasillo al fondo y luego doblas, ¿sabes cuál es la tuya?
— S-si, gracias. —No era la primera vez que ella se sentía intimidada por un chico, ni que se le trababan las palabras al hablar con ellos, pero si la primera que tanto, se reprochaba a si misma si él se había dado cuenta de lo embobada que se había quedado mirándolo.
— ¿No vas a decirme tu nombre? —Preguntó el a lo lejos, aún con la sonrisa pegada en su rostro.
— Charlize. —Se la devolvió ella tímidamente.
— Ian. —Escuchó decir cuando se dio vuelta. Y soltó otro suspiro, pero esta vez algo contenta porque ya había hablado con dos personas y ambas la habían tratado bien, incluso le sonrieron y preguntaron su nombre, algo a lo que Char definivitivamente no estaba acostumbrada.
Ficha aceptada!

Me han encantado tus escritos!, son muy buenos chica muy buenos . Hay muy pocos (casi nada) de errores ortográficos, así que esta todo perfect *-*. Muchas gracias por pasarte y audicionar, suerte! <3.
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por Pinilla el Sáb 17 Mayo 2014, 1:46 pm

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Barbara Nielsen
♡ Nombres: Barbara Nielsen | Cody Wilder
♡ Edades: 16 | 19
♡ Representantes: Barbara Palvin | Cody Simpson
♡ Escrito:
CAP:
No se concentra. Llegan las clases y le es imposible ensayar. ¿Qué puede hacer?
Babi resopla. No le queda otra solución que tener paciencia y tranquilizarse. Más le vale, porque, si no, fallará en todo y no es la mejor manera de iniciar su experiencia en la academia de baile. Con lo que le costó conseguir esa beca y el esfuerzo que le está suponiendo estar allí, alejada de su familia, de sus amigos y de su pequeña Eva. ¡Ella tiene la culpa de que no se concentre!

Si estuviera con ella todo resultaría más sencillo. La echa de menos a todas horas. Es duro estar alejada de la persona a la que amas, y más cuando ésta sufre una enfermedad bastante complicada. Tal vez no debería de haber aceptado marcharse a Inglaterra. Seguramente, en una universidad cerca de casa, de su hermana, de todo lo que quiere, habría sido más feliz.

¿Ha habido algún día en el que no haya llorado? Seguramente, no. ¡Pero no se puede rendir!

Vuelve a levantarse. Suspira. Concentración. No es una coreografía fácil de realizar. Encima, practicar a esas horas de la noche no ayuda demasiado. Coge el ritmo y poco a poco se adapta a las nuevas bailarinas que compró ayer, y que hoy mismo a moldeado. Pasos elegantes y casi perfectos, pero cuando se bloquea, nada es fácil. Otra vuelta. Uff. El profesor no pretenderá que baile todo aquello, ¿verdad?

Nada: no está en condiciones de seguir. Imposible. Se lamenta de ser tan poco consistente. Al momento piensa en sus padres, ¿qué pensarían de ella si la vieran así? Jamás, volverá a repetirlo las veces que sean. Aparta los libros del suelo y enciende una pequeña lámpara situada en la mesilla. Suspira de nuevo. Toma aire. Una vuelta, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve... mira su reflejo en el espejo, y aumenta la velocidad. Pero un dolor insoportable en uno de los dedos provoca su caída inmediata. Protesta en voz baja, apenas ha entrenado y ya tiene una lesión, penoso. Quita lentamente la bailarina, desatando cada una de las cintas. Se ha partido una uña. Muestra una mueca de dolor y asco. Se siente culpable y débil. Aunque luego lo seguirá intentando. Trata de convencerse de ello. Además, es casi la hora de cenar, y las clases no empiezan hasta mañana. Pone música, un tema de Simple Plan, “Welcome to my life”, enciende su móvil para ver si encuentra a Eva disponible. Suspira una vez más y se lamenta: su hermana no está conectada.

Era lo lógico. Seguro que está muy liada con los nuevos tratamientos, al parecer su enfermedad avanza más rápido de lo previsto. Sin embargo, tenía esperanzas de dar con ella. ¡Cómo la echa de menos!

El ruido de unas llaves en el pasillo llama la atención de Babi. El pomo de la puerta se gira y alguien abre con ímpetu. Es una chica. 

—¡Buona notte, Babi! —exclama la recién llegada entrando en el cuarto.

—Hola, Valen.

—¡Oh! ¡Me encanta esta canción! 

Y se pone a bailar de forma exagerada, moviendo las caderas insinuantemente. 

—Estás loca —comenta Babi, bajando el volumen del reproductor y contemplando divertida a Valentina. 

Por si había alguna duda, ahora ya tiene la excusa perfecta para dejar de ensayar. Su compañera de piso acaba de llegar. Esta se quita el abrigo y la mochila, y los deja encima de su cama. Entre ellas hablan inglés, un inglés a veces salpicado de expresiones australianas e italianas que ayudan a que la conversación sea fresca y fluida.  

—¿Qué tal la tarde? ¿Has entrenado algo?

—Poco.

—Muy mal, muy mal...

La chica ni siquiera la mira. Continúa bailoteando. Después se sienta en el sillón que está libre y se descalza. Luego se levanta y guarda sus imponentes botas marrones en el armario. 

—Y tú, ¿de dónde vienes?

—De la biblioteca. Pero había mucho ruido allí —responde, haciendo aspavientos con las manos—. Estoy nerviosa. No me da tiempo. ¡No me da tiempo!

Babi sonríe. Le hace gracia la manera de hablar de Valentina. Siempre tan expresiva, tan gesticulante. Tan italiana. 
—Tranquila. Aún quedan unos días para tus exámenes.

—Ya. Ya lo sé. Pero es mucha tarea. ¡Es mucha! Los profesores no están bien. ¡Todos están locos! —grita, al tiempo que se baja los vaqueros de golpe. Los dobla y también los mete en el armario. 

Aquel comportamiento vuelve a sacar otra sonrisa a Babi. No ha conocido nunca a una persona más impulsiva y expresiva que ella. En cierta manera, le recuerda a Eva, en sus buenos tiempos. Valentina, además, es lo más parecido a una amiga que tiene en Inglaterra. A su manera, aquella chica pecosa, de larga melena negra, le ha servido de apoyo en los momentos más complicados. Especialmente, al principio de su llegada a Londres, cuando era a la única persona que entendía. Fue una suerte que le tocara como compañera de piso.

—Yo también tengo que entrenar bastante, mañana empiezan las clases de ballet.

La italiana mueve la cabeza negativamente y se pone un pantalón de pijama de la pantera rosa y unas zapatillas de estar por casa del mismo color. Luego la parte de arriba, que deja sin abrochar. Babi la mira extrañada: ¿es que no piensa bajar a cenar hoy? Pero enseguida obtiene la respuesta. Valentina, abre la mochila y saca un par de sándwiches de su interior.

—Son vegetales —dice, anticipándose a lo que Babi iba a preguntarle. 

—No tienen mala pinta.

—No, ¿verdad? —comenta, olisqueando uno de ellos—. Estoy harta de la comida de aquí. A partir de ahora me alimentaré de sándwiches de máquina. Mamma mia! ¡Con lo bien que se come en Italia!

En esto tiene razón. La comida inglesa no le termina de convencer. Y sus horarios tampoco. 

—Entonces, ¿no vienes conmigo hoy?

—No —contesta, sentándose delante de su ordenador—. Pero, si puedes, tráeme alguna pieza de fruta, per favore.  

—Vale. 

Babi se pone de pie y entra en el cuarto de baño para peinarse. Está desganada. No tiene ganas de comer, pero sabe que, si no come algo ahora, luego tendrá hambre. 

—¡Ah, me han dado recuerdos para ti! —grita Valentina. 

—¿Recuerdos? ¿Quién? 

Es extraño, porque no tiene muchos amigos allí. Su adaptación a aquel nuevo país le está costando más de lo que pensaba. Apenas sale de noche. Se limita sobrevivir, tratar de comprender lo que los profesores explican y realizar los ejercicios que le mandan.  

—Tu amigo —señala la italiana,  

—¿Mi amigo…? 

—Sí, ya sabes... 

La chica piensa un instante y por fin se da cuenta del tono sarcástico de Valentina.  

—¡Ah! ¿Y qué le has dicho? 

—Que se fuera a la mierda —contesta Valen, haciendo un gesto con el dedo corazón hacia arriba—. Como decís los australianos, “¡menudo capullo!”. 

Babi sonríe, aunque amargamente. La chica sale del cuarto de baño y apaga la música de su ordenador.  

—¿De verdad que no bajas a cenar? 

—No. Me quedaré hablando con Marco un rato. 

—Salúdale de mi parte. 

—Bien. 

—¿Sigue insistiendo en que seáis novios? 

—Sí. Es un pesado. Espero que se dé por vencido de una vez.  

—Pero si te sigue gustando… 

—Ya. Pero no es posible lo nuestro mientras yo esté aquí. 

—Pobrecillo. 

—¿Pobre? Nada de pobre. ¡A saber lo que hace él en Italia...! Lo nuestro se acabó. Ya sabes lo que pienso. 

Claro que lo sabe. Le ha contado en varias ocasiones que rompieron el mismo día en que ella decidió aceptar la beca en Londres. Y aunque Marco insistió una y otra vez para que se esperaran el uno al otro por lo menos ese año, no logró convencer a su novia. Valentina está en contra de las relaciones a distancia, se lo ha dicho muchas veces.  

—Bueno, me marcho a cenar, que si no, no me dejarán nada.

—Okey. Acuérdate de mi pieza de fruta. 

—No te preocupes. Te subiré una manzana. 

—O un plátano. 

—O un plátano —repite sonriente.  

—Muchas gracias, Babi. 

 Las chicas se despiden. Después de coger su teléfono, un paquete de billetes, y las llaves, Babi abandona la habitación sin imaginar que lo que va a acontecer en los días siguientes, complicaría todavía más su estancia en Londres.

 

 Al día siguiente, por la mañana.

Babi camina por las calles de Londres, como siempre, con tiempo suficiente para llegar. Hoy ha madrugado, quizá demasiado pronto, pero mejor prevenir que curar. Valentina seguiría durmiendo, seguramente ni se despierte hasta la hora de comer, y luego se queja de que no tiene tiempo para estudiar.

 Ya ha cogido el metro, tres trasbordos, nada menos. La academia de baile está bastante lejos. Cree divisar la entrada, con unas letras bastante voluptuosas de un color blanco marfil. En la puerta se encuentran dos chicos, riéndose y coqueteando mutuamente, Babi no sabe si saludar o simplemente pasar de largo, elige la segunda opción. 

 Intenta seguir todas las indicaciones, y por fin consigue dar con la gran sala. La cara se la ilumina. Cómo le gusta ese sitio. Va a vivir un sueño, su sueño, por fin. Ve a unas chicas sentadas en una esquina, preparándose, seguramente, para las clases. Da un primer paso y una de las tablas chirria. Perfecto. Las chicas se voltean, y para su agrado, sonríen. Babi saluda con la mano y se acerca a ellas.

 -Nunca te había visto por aquí, ¿eres nueva?- pregunta una de las chicas, dándola dos besos. Babi asiente.- Me llamo Ninna.

 -Bambi- contesta sonriente.

 Bien, parece que son simpáticas, eso a Babi le tranquiliza, Ninna es guapísima, menudos ojazos. A su lado está Dreyri, una chica curiosa, tanto física como psicológicamente, se la ve tímida, quizás esté incómoda. 

 -Y dime, ¿cuántos años llevas con esto?- pregunta Ninna, mientras practica unos estiramientos.

 -Desde los tres años

 -Toda una veterana- ríen- pues bienvenida.

 Babi sonríe de nuevo y decide cambiarse. La uña le duele, pero no puede permitirse mostrarse débil el primer día, tiene que darlo todo. La gente iba llegando, todos estaban entusiasmados, alegres de volverse a ver un año más. Una chica llama la atención de Babi, entra cantando y haciendo pasos de baile, por un momento le recuerda a Valentina, ¡qué energía! 

 La música suena, y parece que todos despiertan. Se colocan en las barras de ejercicio, y Babi simplemente les sigue. Entra por la puerta una señora bastante mayor, con un moño bien apretado en su cabeza. ¿la clase empieza ya?

 -Bien chicos, colocaros- dice la mujer con un acento francés

 Empieza la coreografía, los ejercicios de inicio, Babi intenta seguirlo, no tiene ningún problema.

 -Buenos días compañía, mi nombre es Madam LaRousse- empieza a decir- como algunos sabréis, cada año iniciamos la temporada con un nueva producción, bueno, esta vez será diferente- todos siguen practicando al compás de la música.- este año realizaréis una actuación junto a vuestros compañeros de baile moderna, una fusión, para demostrar que todas las danzas son compatibles.

 Babi intenta procesarlo, ¿baile moderno? Es como mezclar agua y aceite, esto no va a salir bien. Alguien interrumpe la clase haciendo que todos dejen los ejercicios, se trata de una chica y un chico, van cogidos del brazo y riendo, hasta que se percatan de que acaban de irrumpir.

 -Lo siento- dice la chica, intentando guardarse la risa.

 -No importa, les estábamos esperando- dice Madam Larousse.

 Babi intenta no mirarles demasiado, siente la mirada del chico clavada en ella, y en cuanto gira su cabeza lo afirma. Tiene unos bonitos ojos, y unos brazos y espalda bien tonificados. Entran todos los demás, algunos sonríen y otros muestran una cara no muy agradable. 

 

 En ese mismo momento, a unos pocos metros

 Harry se ríe con los comentarios de Perrie, qué chica, como le gusta su personalidad. Al entrar en la clase de ballet se siente como un niño en una tienda de golosinas, con la esperanza de poder probarlas todas.

 -Conozco esa mirada- le interrumpe Perrie, con media sonrisa.

 -¿Qué?

 -A ver, ¿quién?- pregunta evidente

 Harry señala con los ojos y deja ver a una chica. Largas piernas, cabello castaño, y ojos azules. Parece una pequeña muñequita de porcelana, no es el estilo de Harry, pero es muy guapa.

 -Ya...

 -¿Ya qué?- pregunta Harry riendo- ¿Crees que no soy capaz?

 -No he dicho eso

 -¿Quieres apostar Ayleen?

 -¿Contigo? No sueñes Styles, te conozco.

 -Dame tres días, si consigo acostarme con ella antes del jueves, gano.

 -¿Y qué ganas? 

 -Una noche contigo, nada más.

 La chica ríe sarcásticamente, no lo hará, ¿está loco?

-No te dará resultado Harry, jamás pasaría una noche contigo, además, ¿qué gano yo si no lo consigues, eh?

 -Si ganas, no tendré sexo en quince días.

 -Que sea un mes.

 Y un apretón de manos sella la apuesta.
PERSONAL:
Seres humanos, perfectamente imperfectos, adictos al placer de la vida, a la felicidad, al amor, a los retos y al éxito. Seres humanos que nos encontramos en continuo cambio ideológico, sentimental y social. Inconformistas buscamos siempre algo más, algo nuevo, diferente y excitante.  Se suele decir que somos complicados, y es cierto, lo somos. Los que no se consideren complicados, deberían proponerse serlo.  Lo normal nos aburre, lo complicado nos entretiene y excita.  Al ser seres tan perfectamente imperfectos y por consiguiente, seres humanos complicados, no sé por qué, pero nos enamoramos de lo imposible. Cierto es también que, desde pequeños nuestros padres, abuelos y profesores de matemáticas nos han dicho que no hay nada imposible, solo hay que luchar para que lo imposible se convierta en posible. Supongo que por eso cuando yo era pequeña ponía tanto empeño en  intentar volar saltando desde lo alto de un muro con una capa estilo Superman, me enamoré del Monstruo de las Galletas y practicaba trucos de magia. En fin, dulce juventud, dulce inocencia, que bonita fue. Pero nunca hemos dejado de enamorarnos de lo imposible. Nos enamoramos de algún componente de Nsinc,  actores como Brad Pitt o de nuestro profesor de deportes y, soñábamos  con cómo ellos suplicaban por nuestro amor.
Ahora, adulta dentro de lo que se puede considerar, veo que nada ha cambiado. Seguimos buscando lo difícil, lo complicado, lo imposible. Me recuerda a cuando jugaba al Tetris. Me podía pasar horas enganchada intentando encajar las piezas. Con cada nivel que subía, más se complicaba encajar las piezas de forma correcta, pero más me divertía, y ni un segundo habría pensado en volver a repetir el nivel básico que era mucho más sencillo y en el que conseguía encajara todas las piezas. El nivel básico se había convertido en aburrido, a pesar de que en él pudiera encajar todas las piezas a la perfección.  Siempre quería seguir intentándolo con el siguiente nivel, más complicado, donde las piezas no encajaban del todo.  Cuanto más costaba intentar encajar las piezas, más me excitaba, más empeño ponía en superar el nivel y me enfrentaba con ansia al siguiente. Había un tope, no recuerdo bien si llegaba hasta el 20 o el 30, pero claro está que el último nivel, el más complicado, por mucho que nos lo pasáramos, nunca nos llegó a aburrir. Algunos quizás no habrán jugado al Tetris o estarán cegados con el Candy Crash, pero supongo que la excitación de alcanzar el siguiente nivel, el más complicado, sigue siendo la misma. Siempre vamos en busca de un nuevo reto, en superarlo y ver que aventuras nos puede traer el siguiente.
Al final el amor no es mas que otro juego que nos apasiona.  Podemos encontrar al amor perfecto, donde todas las piezas parezcan encaja a la perfección. Pero parece que eso no nos basta. Cuando las piezas encajan con facilidad nos falta algo. Por mucho que nos fastidie,  somos humanos, somos complicados, masoquistas, idiotas  o como lo quieran llamar, pero el amor imposible y complicado, por muy consientes que seamos de lo imposible y complicado que es, es el que más ansiamos conquistar y el que más cuesta olvidar. Nos envolvemos y enganchamos a dramas estilo película Dinviny de los domingos por la tarde.  ¿Por qué nos complicamos tantos? Solo somos simples humanos. Pero complicarnos la vida se ha convertido en una nueva disciplina que quizás se represente próximamente en los Juegos Olímpicos.

  Gracias padres, abuelos, profesores, Hollywood, pics del facebook, gracias a todos por hacernos creer en lo imposible y hacernos perder la cabeza por él, que aburrida sería la vida si fuéramos conformistas. He aprendido a ver la vida como un juego. Un juego divertido, en el que a veces se gana y otras se pierde. Un juego en el que se engaña y se hace trampa. Cambiamos de contrincantes y de equipo. Cuando nos cansamos de un juego, buscamos uno más divertido, más retos, más aventuras, en continua búsqueda del éxito. Nos proponemos metas y objetivos, cuanto más nos cuesta conseguirlas, más satisfechos  y mayor felicidad nos proporcionará cuando las alcanzamos.  Y así sigue el circulo vicioso de la vida. 
 Al final hay personas que se conforman con llegar a casita cuando juegan al parchís, y otras que  se excitan intentando comerse al compañero de juego.
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por johnson♡ el Sáb 17 Mayo 2014, 3:19 pm

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No se concentra. Llegan las clases y le es imposible ensayar. ¿Qué puede hacer?
Babi resopla. No le queda otra solución que tener paciencia y tranquilizarse. Más le vale, porque, si no, fallará en todo y no es la mejor manera de iniciar su experiencia en la academia de baile. Con lo que le costó conseguir esa beca y el esfuerzo que le está suponiendo estar allí, alejada de su familia, de sus amigos y de su pequeña Eva. ¡Ella tiene la culpa de que no se concentre!

Si estuviera con ella todo resultaría más sencillo. La echa de menos a todas horas. Es duro estar alejada de la persona a la que amas, y más cuando ésta sufre una enfermedad bastante complicada. Tal vez no debería de haber aceptado marcharse a Inglaterra. Seguramente, en una universidad cerca de casa, de su hermana, de todo lo que quiere, habría sido más feliz.

¿Ha habido algún día en el que no haya llorado? Seguramente, no. ¡Pero no se puede rendir!

Vuelve a levantarse. Suspira. Concentración. No es una coreografía fácil de realizar. Encima, practicar a esas horas de la noche no ayuda demasiado. Coge el ritmo y poco a poco se adapta a las nuevas bailarinas que compró ayer, y que hoy mismo a moldeado. Pasos elegantes y casi perfectos, pero cuando se bloquea, nada es fácil. Otra vuelta. Uff. El profesor no pretenderá que baile todo aquello, ¿verdad?

Nada: no está en condiciones de seguir. Imposible. Se lamenta de ser tan poco consistente. Al momento piensa en sus padres, ¿qué pensarían de ella si la vieran así? Jamás, volverá a repetirlo las veces que sean. Aparta los libros del suelo y enciende una pequeña lámpara situada en la mesilla. Suspira de nuevo. Toma aire. Una vuelta, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve... mira su reflejo en el espejo, y aumenta la velocidad. Pero un dolor insoportable en uno de los dedos provoca su caída inmediata. Protesta en voz baja, apenas ha entrenado y ya tiene una lesión, penoso. Quita lentamente la bailarina, desatando cada una de las cintas. Se ha partido una uña. Muestra una mueca de dolor y asco. Se siente culpable y débil. Aunque luego lo seguirá intentando. Trata de convencerse de ello. Además, es casi la hora de cenar, y las clases no empiezan hasta mañana. Pone música, un tema de Simple Plan, “Welcome to my life”, enciende su móvil para ver si encuentra a Eva disponible. Suspira una vez más y se lamenta: su hermana no está conectada.

Era lo lógico. Seguro que está muy liada con los nuevos tratamientos, al parecer su enfermedad avanza más rápido de lo previsto. Sin embargo, tenía esperanzas de dar con ella. ¡Cómo la echa de menos!

El ruido de unas llaves en el pasillo llama la atención de Babi. El pomo de la puerta se gira y alguien abre con ímpetu. Es una chica. 

—¡Buona notte, Babi! —exclama la recién llegada entrando en el cuarto.

—Hola, Valen.

—¡Oh! ¡Me encanta esta canción! 

Y se pone a bailar de forma exagerada, moviendo las caderas insinuantemente. 

—Estás loca —comenta Babi, bajando el volumen del reproductor y contemplando divertida a Valentina. 

Por si había alguna duda, ahora ya tiene la excusa perfecta para dejar de ensayar. Su compañera de piso acaba de llegar. Esta se quita el abrigo y la mochila, y los deja encima de su cama. Entre ellas hablan inglés, un inglés a veces salpicado de expresiones australianas e italianas que ayudan a que la conversación sea fresca y fluida.  

—¿Qué tal la tarde? ¿Has entrenado algo?

—Poco.

—Muy mal, muy mal...

La chica ni siquiera la mira. Continúa bailoteando. Después se sienta en el sillón que está libre y se descalza. Luego se levanta y guarda sus imponentes botas marrones en el armario. 

—Y tú, ¿de dónde vienes?

—De la biblioteca. Pero había mucho ruido allí —responde, haciendo aspavientos con las manos—. Estoy nerviosa. No me da tiempo. ¡No me da tiempo!

Babi sonríe. Le hace gracia la manera de hablar de Valentina. Siempre tan expresiva, tan gesticulante. Tan italiana. 
—Tranquila. Aún quedan unos días para tus exámenes.

—Ya. Ya lo sé. Pero es mucha tarea. ¡Es mucha! Los profesores no están bien. ¡Todos están locos! —grita, al tiempo que se baja los vaqueros de golpe. Los dobla y también los mete en el armario. 

Aquel comportamiento vuelve a sacar otra sonrisa a Babi. No ha conocido nunca a una persona más impulsiva y expresiva que ella. En cierta manera, le recuerda a Eva, en sus buenos tiempos. Valentina, además, es lo más parecido a una amiga que tiene en Inglaterra. A su manera, aquella chica pecosa, de larga melena negra, le ha servido de apoyo en los momentos más complicados. Especialmente, al principio de su llegada a Londres, cuando era a la única persona que entendía. Fue una suerte que le tocara como compañera de piso.

—Yo también tengo que entrenar bastante, mañana empiezan las clases de ballet.

La italiana mueve la cabeza negativamente y se pone un pantalón de pijama de la pantera rosa y unas zapatillas de estar por casa del mismo color. Luego la parte de arriba, que deja sin abrochar. Babi la mira extrañada: ¿es que no piensa bajar a cenar hoy? Pero enseguida obtiene la respuesta. Valentina, abre la mochila y saca un par de sándwiches de su interior.

—Son vegetales —dice, anticipándose a lo que Babi iba a preguntarle. 

—No tienen mala pinta.

—No, ¿verdad? —comenta, olisqueando uno de ellos—. Estoy harta de la comida de aquí. A partir de ahora me alimentaré de sándwiches de máquina. Mamma mia! ¡Con lo bien que se come en Italia!

En esto tiene razón. La comida inglesa no le termina de convencer. Y sus horarios tampoco. 

—Entonces, ¿no vienes conmigo hoy?

—No —contesta, sentándose delante de su ordenador—. Pero, si puedes, tráeme alguna pieza de fruta, per favore.  

—Vale. 

Babi se pone de pie y entra en el cuarto de baño para peinarse. Está desganada. No tiene ganas de comer, pero sabe que, si no come algo ahora, luego tendrá hambre. 

—¡Ah, me han dado recuerdos para ti! —grita Valentina. 

—¿Recuerdos? ¿Quién? 

Es extraño, porque no tiene muchos amigos allí. Su adaptación a aquel nuevo país le está costando más de lo que pensaba. Apenas sale de noche. Se limita sobrevivir, tratar de comprender lo que los profesores explican y realizar los ejercicios que le mandan.  

—Tu amigo —señala la italiana,  

—¿Mi amigo…? 

—Sí, ya sabes... 

La chica piensa un instante y por fin se da cuenta del tono sarcástico de Valentina.  

—¡Ah! ¿Y qué le has dicho? 

—Que se fuera a la mierda —contesta Valen, haciendo un gesto con el dedo corazón hacia arriba—. Como decís los australianos, “¡menudo capullo!”. 

Babi sonríe, aunque amargamente. La chica sale del cuarto de baño y apaga la música de su ordenador.  

—¿De verdad que no bajas a cenar? 

—No. Me quedaré hablando con Marco un rato. 

—Salúdale de mi parte. 

—Bien. 

—¿Sigue insistiendo en que seáis novios? 

—Sí. Es un pesado. Espero que se dé por vencido de una vez.  

—Pero si te sigue gustando… 

—Ya. Pero no es posible lo nuestro mientras yo esté aquí. 

—Pobrecillo. 

—¿Pobre? Nada de pobre. ¡A saber lo que hace él en Italia...! Lo nuestro se acabó. Ya sabes lo que pienso. 

Claro que lo sabe. Le ha contado en varias ocasiones que rompieron el mismo día en que ella decidió aceptar la beca en Londres. Y aunque Marco insistió una y otra vez para que se esperaran el uno al otro por lo menos ese año, no logró convencer a su novia. Valentina está en contra de las relaciones a distancia, se lo ha dicho muchas veces.  

—Bueno, me marcho a cenar, que si no, no me dejarán nada.

—Okey. Acuérdate de mi pieza de fruta. 

—No te preocupes. Te subiré una manzana. 

—O un plátano. 

—O un plátano —repite sonriente.  

—Muchas gracias, Babi. 

 Las chicas se despiden. Después de coger su teléfono, un paquete de billetes, y las llaves, Babi abandona la habitación sin imaginar que lo que va a acontecer en los días siguientes, complicaría todavía más su estancia en Londres.

 

 Al día siguiente, por la mañana.

Babi camina por las calles de Londres, como siempre, con tiempo suficiente para llegar. Hoy ha madrugado, quizá demasiado pronto, pero mejor prevenir que curar. Valentina seguiría durmiendo, seguramente ni se despierte hasta la hora de comer, y luego se queja de que no tiene tiempo para estudiar.

 Ya ha cogido el metro, tres trasbordos, nada menos. La academia de baile está bastante lejos. Cree divisar la entrada, con unas letras bastante voluptuosas de un color blanco marfil. En la puerta se encuentran dos chicos, riéndose y coqueteando mutuamente, Babi no sabe si saludar o simplemente pasar de largo, elige la segunda opción. 

 Intenta seguir todas las indicaciones, y por fin consigue dar con la gran sala. La cara se la ilumina. Cómo le gusta ese sitio. Va a vivir un sueño, su sueño, por fin. Ve a unas chicas sentadas en una esquina, preparándose, seguramente, para las clases. Da un primer paso y una de las tablas chirria. Perfecto. Las chicas se voltean, y para su agrado, sonríen. Babi saluda con la mano y se acerca a ellas.

 -Nunca te había visto por aquí, ¿eres nueva?- pregunta una de las chicas, dándola dos besos. Babi asiente.- Me llamo Ninna.

 -Bambi- contesta sonriente.

 Bien, parece que son simpáticas, eso a Babi le tranquiliza, Ninna es guapísima, menudos ojazos. A su lado está Dreyri, una chica curiosa, tanto física como psicológicamente, se la ve tímida, quizás esté incómoda. 

 -Y dime, ¿cuántos años llevas con esto?- pregunta Ninna, mientras practica unos estiramientos.

 -Desde los tres años

 -Toda una veterana- ríen- pues bienvenida.

 Babi sonríe de nuevo y decide cambiarse. La uña le duele, pero no puede permitirse mostrarse débil el primer día, tiene que darlo todo. La gente iba llegando, todos estaban entusiasmados, alegres de volverse a ver un año más. Una chica llama la atención de Babi, entra cantando y haciendo pasos de baile, por un momento le recuerda a Valentina, ¡qué energía! 

 La música suena, y parece que todos despiertan. Se colocan en las barras de ejercicio, y Babi simplemente les sigue. Entra por la puerta una señora bastante mayor, con un moño bien apretado en su cabeza. ¿la clase empieza ya?

 -Bien chicos, colocaros- dice la mujer con un acento francés

 Empieza la coreografía, los ejercicios de inicio, Babi intenta seguirlo, no tiene ningún problema.

 -Buenos días compañía, mi nombre es Madam LaRousse- empieza a decir- como algunos sabréis, cada año iniciamos la temporada con un nueva producción, bueno, esta vez será diferente- todos siguen practicando al compás de la música.- este año realizaréis una actuación junto a vuestros compañeros de baile moderna, una fusión, para demostrar que todas las danzas son compatibles.

 Babi intenta procesarlo, ¿baile moderno? Es como mezclar agua y aceite, esto no va a salir bien. Alguien interrumpe la clase haciendo que todos dejen los ejercicios, se trata de una chica y un chico, van cogidos del brazo y riendo, hasta que se percatan de que acaban de irrumpir.

 -Lo siento- dice la chica, intentando guardarse la risa.

 -No importa, les estábamos esperando- dice Madam Larousse.

 Babi intenta no mirarles demasiado, siente la mirada del chico clavada en ella, y en cuanto gira su cabeza lo afirma. Tiene unos bonitos ojos, y unos brazos y espalda bien tonificados. Entran todos los demás, algunos sonríen y otros muestran una cara no muy agradable. 

 

 En ese mismo momento, a unos pocos metros

 Harry se ríe con los comentarios de Perrie, qué chica, como le gusta su personalidad. Al entrar en la clase de ballet se siente como un niño en una tienda de golosinas, con la esperanza de poder probarlas todas.

 -Conozco esa mirada- le interrumpe Perrie, con media sonrisa.

 -¿Qué?

 -A ver, ¿quién?- pregunta evidente

 Harry señala con los ojos y deja ver a una chica. Largas piernas, cabello castaño, y ojos azules. Parece una pequeña muñequita de porcelana, no es el estilo de Harry, pero es muy guapa.

 -Ya...

 -¿Ya qué?- pregunta Harry riendo- ¿Crees que no soy capaz?

 -No he dicho eso

 -¿Quieres apostar Ayleen?

 -¿Contigo? No sueñes Styles, te conozco.

 -Dame tres días, si consigo acostarme con ella antes del jueves, gano.

 -¿Y qué ganas? 

 -Una noche contigo, nada más.

 La chica ríe sarcásticamente, no lo hará, ¿está loco?

-No te dará resultado Harry, jamás pasaría una noche contigo, además, ¿qué gano yo si no lo consigues, eh?

 -Si ganas, no tendré sexo en quince días.

 -Que sea un mes.

 Y un apretón de manos sella la apuesta.
PERSONAL:
Seres humanos, perfectamente imperfectos, adictos al placer de la vida, a la felicidad, al amor, a los retos y al éxito. Seres humanos que nos encontramos en continuo cambio ideológico, sentimental y social. Inconformistas buscamos siempre algo más, algo nuevo, diferente y excitante.  Se suele decir que somos complicados, y es cierto, lo somos. Los que no se consideren complicados, deberían proponerse serlo.  Lo normal nos aburre, lo complicado nos entretiene y excita.  Al ser seres tan perfectamente imperfectos y por consiguiente, seres humanos complicados, no sé por qué, pero nos enamoramos de lo imposible. Cierto es también que, desde pequeños nuestros padres, abuelos y profesores de matemáticas nos han dicho que no hay nada imposible, solo hay que luchar para que lo imposible se convierta en posible. Supongo que por eso cuando yo era pequeña ponía tanto empeño en  intentar volar saltando desde lo alto de un muro con una capa estilo Superman, me enamoré del Monstruo de las Galletas y practicaba trucos de magia. En fin, dulce juventud, dulce inocencia, que bonita fue. Pero nunca hemos dejado de enamorarnos de lo imposible. Nos enamoramos de algún componente de Nsinc,  actores como Brad Pitt o de nuestro profesor de deportes y, soñábamos  con cómo ellos suplicaban por nuestro amor.
Ahora, adulta dentro de lo que se puede considerar, veo que nada ha cambiado. Seguimos buscando lo difícil, lo complicado, lo imposible. Me recuerda a cuando jugaba al Tetris. Me podía pasar horas enganchada intentando encajar las piezas. Con cada nivel que subía, más se complicaba encajar las piezas de forma correcta, pero más me divertía, y ni un segundo habría pensado en volver a repetir el nivel básico que era mucho más sencillo y en el que conseguía encajara todas las piezas. El nivel básico se había convertido en aburrido, a pesar de que en él pudiera encajar todas las piezas a la perfección.  Siempre quería seguir intentándolo con el siguiente nivel, más complicado, donde las piezas no encajaban del todo.  Cuanto más costaba intentar encajar las piezas, más me excitaba, más empeño ponía en superar el nivel y me enfrentaba con ansia al siguiente. Había un tope, no recuerdo bien si llegaba hasta el 20 o el 30, pero claro está que el último nivel, el más complicado, por mucho que nos lo pasáramos, nunca nos llegó a aburrir. Algunos quizás no habrán jugado al Tetris o estarán cegados con el Candy Crash, pero supongo que la excitación de alcanzar el siguiente nivel, el más complicado, sigue siendo la misma. Siempre vamos en busca de un nuevo reto, en superarlo y ver que aventuras nos puede traer el siguiente.
Al final el amor no es mas que otro juego que nos apasiona.  Podemos encontrar al amor perfecto, donde todas las piezas parezcan encaja a la perfección. Pero parece que eso no nos basta. Cuando las piezas encajan con facilidad nos falta algo. Por mucho que nos fastidie,  somos humanos, somos complicados, masoquistas, idiotas  o como lo quieran llamar, pero el amor imposible y complicado, por muy consientes que seamos de lo imposible y complicado que es, es el que más ansiamos conquistar y el que más cuesta olvidar. Nos envolvemos y enganchamos a dramas estilo película Dinviny de los domingos por la tarde.  ¿Por qué nos complicamos tantos? Solo somos simples humanos. Pero complicarnos la vida se ha convertido en una nueva disciplina que quizás se represente próximamente en los Juegos Olímpicos.

  Gracias padres, abuelos, profesores, Hollywood, pics del facebook, gracias a todos por hacernos creer en lo imposible y hacernos perder la cabeza por él, que aburrida sería la vida si fuéramos conformistas. He aprendido a ver la vida como un juego. Un juego divertido, en el que a veces se gana y otras se pierde. Un juego en el que se engaña y se hace trampa. Cambiamos de contrincantes y de equipo. Cuando nos cansamos de un juego, buscamos uno más divertido, más retos, más aventuras, en continua búsqueda del éxito. Nos proponemos metas y objetivos, cuanto más nos cuesta conseguirlas, más satisfechos  y mayor felicidad nos proporcionará cuando las alcanzamos.  Y así sigue el circulo vicioso de la vida. 
 Al final hay personas que se conforman con llegar a casita cuando juegan al parchís, y otras que  se excitan intentando comerse al compañero de juego.
Ficha aceptada!

Me han encantado tus escritos y me ha llegado bastante el segundo . no he encontrado ningún error ortográfico así que estaría todo perfecto *-*.
Muchas gracias por entrar y audicionar, suerte bella <3.
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por Pinilla el Sáb 17 Mayo 2014, 3:53 pm

Gracias Ems<3 ¿Te acuerdas que abrieron unas audiciones con el mismo tema? Pues se ha congelado(?) vamos, que la gente pasa de la nc' totalmente, por eso no audicioné para la tuya, así que grazie mille por esta segunda oportunidad.
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por johnson♡ el Sáb 17 Mayo 2014, 4:19 pm

Pinilla escribió:
Gracias Ems<3 ¿Te acuerdas que abrieron unas audiciones con el mismo tema? Pues se ha congelado(?) vamos, que la gente pasa de la nc' totalmente, por eso no audicioné para la tuya, así que grazie mille por esta segunda oportunidad.
no hay de que bella <3. claro que recuerdo ¿y por qué? :(( yo le veía mucho futuro :( , no tienes nada que agradecer yo te agradezco a ti por pasarte y audicionar .
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por johnson♡ el Sáb 17 Mayo 2014, 4:48 pm

Bueno si no llega nadie más en una hora, cierro las audiciones y doy resultados .
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por johnson♡ el Sáb 17 Mayo 2014, 6:05 pm

Bueeenop nadie más llego así que... audiciones CERRADAS! . en un rato dejo el resultado .
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por hood. el Sáb 17 Mayo 2014, 6:06 pm

ay no :lloro:
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por johnson♡ el Sáb 17 Mayo 2014, 6:08 pm

no llores , yo debo llorar porque me la dejaron muy difícil sad
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Re: red bracelets|audición cerrada{resultados puestos.

Mensaje por hood. el Sáb 17 Mayo 2014, 6:47 pm

:lloro:
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